Odette Alonso

   
 
 

 

 

 

BIOGRAFÍA

Poeta y narradora cubana nacida en Santiago de Cuba en 1964. Obtuvo su Licenciatura en Filología por la Universidad de Oriente, Cuba,  y posteriormente viajó por varios países de América radicándose definitivamente en México desde 1992.

Gracias a su intenso y productivo trajinar literario su obra ha sido incluida en varias antologías, revistas y publicaciones culturales de Cuba, México, Estados Unidos y Canadá. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de la Unión de Mujeres Escritoras de las Antillas y editora de la antología Las cuatro puntas del pañuelo, Poetas cubanos de la diáspora, con el que que obtuvo uno de los Premios 2003 de Cuban Artists Fund, con sede en Nueva York.

Ha publicado: «Criterios al pie de la obra», Premio Nacional 13 de Marzo 1988, «Enigma de la sed» 1989, «Historias para el desayuno», Premio de poesía Adelaida del Mármol 1989, «Palabra del que vuelve», Premio de poesía Pinos Nuevos, Cuba 1996, «Linternas» 1997, «Onírica, última función» 1999, «Insomnios en la noche del espejo», Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 1999, «Visiones Prosa poética» 2000, «Antología cósmica de Odette Alonso» 2001, «Cuando la lluvia cesa» 2002 y «Diario del caminante» en 2003.

CON DELICADEZA, CON LEVEDAD: LA POESÍA DE ODETTE

Por: Marithelma Costa

El levísimo ruido de sus pasos constituye una magnífica colección de poesía de tema homoerótico donde la poeta cubana radicada en México, nos propone una búsqueda constante de un objeto amoroso que se aleja o acerca según los casos, y que siempre es tratado con delicadeza, con levedad. El cuerpo femenino es el gran protagonista de estos textos líricos, un cuerpo que se ubica sobre todo, en espacios urbanos. Aunque no siempre estén claramente identificados, ante el lector desfilan Madrid, La Habana y Pompeya, además de calles, camas, puentes, patios y parques ubicadas en urbes abstractas que constituyen el locus privilegiado para los múltiples encuentros (y a veces desencuentros) amorosos.

Estas ciudades abstractas, neutras en las que a veces se intuye la presencia mejicana, aportan a las protagonistas poemáticas –y amantes// la libertad del anonimato. Como se expresa a través de la insólita metáfora visual con que cierra el poema “Extrañas en la ciudad”, las ciudades protegen a las amantes de los censores: “La paciencia son dos que esperan para amarse / otra ciudad neutral donde nadie las sepa/ donde ningún vecino y ninguna ventana/ donde todos nos miren con sus ojos de vidrio” (p. 19).

Odette Alonso cultiva el tema homoerótico con valentía, sutileza y profundidad. En sus poemas, el cuerpo constituye el lugar de la certeza y la seguridad: “Nada tiene sentido / sólo tu cuerpo desnudo en esa cama / esperando mi abrazo” (p. 31). En esta fascinante propuesta poética, el amor se presenta como la única forma de existir y afianzarse en el lento e inexorable devenir del tiempo. La fugacidad, ese tema de honda raigambre existencial tan presente en la poesía hispánica desde las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique surge en el texto “Cortina de agua” a través de una interrogación retórica de difícil respuesta: “¿Será el amor este segundo cósmico / que no va a repetirse ni a regresar jamás?” (p. 33).

En 1998 Odette Alonso publicó en la editorial La Candelaria de Nueva York Linternas , una “plaquette” que tuve el placer de reseñar. Las composiciones recogidas allí, estaban muy vinculadas a la biografía de la autora, quien deja Cuba en febrero de 1992 y se instala en el DF en junio del mismo año. Los poemas de Linternas recreaban las disyuntivas y paradojas de ser cubano y vivir fuera de la isla, y respondían a su procedencia dual: pasado Caribe, presente mexicano. Y aunque El levísimo ruido de sus pasos la nueva entrega de Odette incluye un texto como “Lejos de Cuba” donde domina el tono elegíaco y se recrean con melancolía los encuentros en las calles de La Habana, la poeta se centra ahora en el presente y, como dijimos al principio, explora las infinitas facetas del amor.

Ejemplo de ello es “El arquero” donde se nos ofrece una magnífica definición del amor centrada en una paradoja que hace eco de los aforismos del filósofo presocrático Zenón de Elea: “Soy el arquero / y apunto al corazón de una muchacha./ Mientras tenso la cuerda / ella me mira / indiferente se aleja da la espalda/ y yo disparo la flecha contra mi corazón” (p. 49).

En El levísimo ruido de sus pasos Odette Alonso hace otras incursiones en la antigüedad sin la pesadez erudita que puede acompañar las referencias clásicas en la poesía de tono hermético o intelectual. Eva, Artemisa, las ninfas y Orfeo desfilan por sus páginas en textos donde se canta y explora el cuerpo y se afirma el deseo. En el “Lamento de Orfeo” la voz poética se apropia de la voz del hijo de Apolo y Calíope para intentar recuperar a su amada. El conmovedor poema construido sobre estructuras anafóricas y paralelismos, que contiene en su octavo verso el expresivo título de la colección, cierra con una súplica: “Devuélvemela Hades/ devuélveme a la vida que es Eurídice / o deja que las Furias me devoren” (p. 34).

Por su parte en “Amantes de Pompeya” quizás mi poema favorito, la poeta recrea magistralmente el instante de la erupción de Vesubio en el año 79 de nuestra era, enmarcándolo en una escena amorosa. A lo largo del texto un yo poemático desprovisto de marca de género, dialoga con una amiga: “Moriremos de amor amiga mía / presiento que un tropel desciende de las cumbres / siento su oleada tibia presionando mi espalda”. El texto se detiene y cierra justo en el momento de la tragedia: “Hace un segundo la luna era distinta / y no había ese susto en tu mirada. / Algo nos viene encima / ese sordo rumor es un presagio. / Cierra los ojos pronto amiga mía. / Es el amor que llega” (p. 18). Como en “Cortina de agua” donde tiempo y amor se conjugaban, y el segundo lograba vencer la inexorabilidad del primero; aquí muerte y amor se funden, confunden y cristalizan en una escena delicada y altamente emotiva.

Por otro lado, en “Vivimos en el desierto” se da un cambio de registro y domina un tono misterioso y sugestivo que linda con lo siniestro. Desde el incipit se imponen unas imágenes crípticas e impactantes: “Vamos por el desierto / bebemos ese licor amargo agua curada/ mezcla de lluvia espesa / radioactiva”. Por vez primera en la colección el yo poético se confiesa impotente ante un entorno marcado por la hostilidad y la balacera. Una violencia sorda se impone en un discurso amoroso que se satura de elementos bélicos: “Cuando digo te amo / un aleteo azul alumbra mi cabeza / pero cae el misil astilla el ojo / la mano frente al ojo que da pena”. El texto termina como comenzó, pero esta vez cerrándose sobre sí mismo y cerrando las esperanzas a toda redención: “Vamos por el desierto / vuelta y vuelta a la arena / camino sin retorno” (p. 55).

En fin, en El levísimo ruido de sus pasos Odette Alonso explora la historia, la vida y la muerte, y sobre todo el amor que presenta como única salvación posible. Para ello utiliza un lenguaje claro, fresco y un tono íntimo y conversacional que posibilita el milagro de la comunicación poética. Queda sólo felicitarla por este hermoso libro e invitar a los lectores a que conozcan esta excelente muestra de poesía amorosa.

Odette Alonso. El levísimo ruido de sus pasos. Barcelona, Ellas Editorial, 2005, 64 pp

POESÍAS DE ESTA AUTORA

Antesala del miedo / Bailarina / Balcón al mar / Caja de música / Canción antigua / Canción sobre la yerba /Carnaval de invierno / Canción del manso pastorzuelo /  / Dedo que no tapa el sol / El equilibrista / Elegido de Dios / El diablo en el cuerpo / El túnel / En el puente Eva o el pecado original / Errancias / Fábula de domindo / Fábula del aguador y la ciudad de enfrente / Helena o la otra cara del silencio / Historia breve de una mujer de lejos / Insomnios en la noche del espejo / La patria / La visión / La mordida de cronos / Las islas / Lejos de Cuba / Linternas / Los amantes de pompeya / Llanto por la ciudad cuando me alejo / Los héroes y los fantasmas Margarita o la idea de la felicidad / Moriremos de amor / Náufrago sentado frente al mar / Parpadeos / Palabra del que vuelve / Plaza de oriente / Penélope o la utilidad de la esperanza / Portales de la calle infanta / Premonición / Primeras aguas de mayo / Que la ciudad espera / Óleo / Onírica última función / Retrato / Romanza del amor raro / S.O.S. (por si regresa abril) / Siluetas en la arena / Tango del solitario / Transparencia / Virglio Piñeras lee sus poemas efímeros...

 

ANTESALA DEL MIEDO

Supe de la neblina
y salí al mundo.
El miedo era un planeta extraño
verte venir desde la acera opuesta
toda tu luz burlando el mediodía.
Yo que apuré el asfalto
todo el viento del mundo reteniéndome.
De qué sirve el amor
qué extraña esencia nutre su llegada
para que se convierta en una espera
en una melodía.
Calle para mis pasos
y el mar que desemboca a la vuelta de tus ojos
como el deseo de ser mar
encrucijada.
Qué luz viene de ti que me enceguece.
No puedo darte la felicidad sino su anverso.
Voy a decir amor trazo de sombra y no te marches.
El miedo es un planeta absurdo y cierto.

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BAILARINA

A Radhis Curí

Saltó desde mi ojo a la ventana
desnuda está en la acera mojada a la intemperie
bajo una luna extraña.
De pronto ya no baila
me sigue el rastro ajeno taciturno
la ira del zapato sobre el lomo.
Salta la bailarina
me recorre la espalda
habla de Irlanda en mis hombros y no entiendo
la hago saltar a punta de pistola
dolor para gritar malas palabras
y no aguantar ni un poco
y no tener piedad.
Gritar para que salte disparar
y ver su cuerpecito llevado por el aire
danzando a contraluz.

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BALCÓN AL MAR

Llego a tus costas
como al reverso menos cruel de la moneda
y tengo todo el tiempo para amarte
aunque el amor no sea más que alguna carta
a veces una espera.
Me desvisto en el muelle
me deslumbro
tiendo mi mano para hallar otra respuesta
y allí estás tú
allí vuelvo a encontrarte
toda tu firma voluntad sobre mis huesos.
La Habana
al otro lado
es una mancha
una extensa muchacha de luces en la espalda
siempre llena de veredas y centauros.
Porque no soy igual a los demás es que te amo
cuando la muerte es una rosa de los vientos
un golpe de suerte
una limpia palmada sobre el hombro.
Porque no soy igual a los demás es que te canto
que asciende mi canción buscando un puerto
un balcón frente al mar
donde dejar mi mano
donde dejar toda mi voz a buen recaudo
sobre el reverso menos cruel de la moneda.

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CANCIÓN ANTIGUA

Antiguos poderíos
reinos donde brillaron el alcohol y los sudores.
La hierba se ha secado
se apagaron las luces de eternos escenarios
donde los amuletos se volvieron tatuajes
y cayeron los puentes &nbsplas nubes sin color.
Antiguos poderíos cubiertos por la sombra
casa donde el cadáver se impregna en las paredes
y prueba sus linternas enfrente del espejo.
Huele a ciudad podrida.
Queda sólo el silencio de un arpa en el desierto.

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CANCIÓN SOBRE LA YERBA

Está lloviendo mayo sobre la ciudad
no hay zapato posible en la corriente
tiempo que se diluye bajo el agua.
Vengo en la séptima ola
tu corazón llega despacio hasta el coral que traigo
un rayo de luz verde cuando la tarde apaga.
va creciendo otro erizo dentro de mi chaqueta
si después las estrellas son más limpias
y yo me calzo
umbral en la tormenta.
Dejo de ser el carrusel vacío
el satélite ajeno su brújula amarilla
soy un zapato saltando a flor de miedo.
Está lloviendo mayo sobre la ciudad
un mes de mayo largo como todos sus truenos.

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CAJA DE MÚSICA

A Veleta. A Piri

Alza la tapa.
Escucha.
La música será como un alivio
como un bálsamo azul
como un portazo y luego este silencio.
Los amigos se fueron
perdieron el camino y los recuerdos.
Sólo queda esa música.
Alza la tapa y oye.
Piensa que ellos han vuelto y empujarán la puerta
que traen los rones viejos y la inconformidad
que bailarán de nuevo aquella melodía
aunque no sea igual
aunque no lleguen nunca
aunque alces la tapa y no suene la música.

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CARNAVAL DE INVIERNO

La tumba se coló por la puerta trasera
por la hendija bien tapiada
por el postigo azul
y tú que por siglos odiaste el carnaval
tú que gritaste solavaya fuera fuera
estás marcando el paso en la comparsa
tu orgullo diluido en la carne del tambor
en el fragor de la corneta china.
Arrollando van los negros
y los blancos
y tú.
No hay disfraz ni careta en esa ola
fuera fuera solavaya gritan todos
y alzan las manos
rehiletes que ya nada detendrá.
Tú que por siglos odiaste el carnaval
olvidas la decencia y las santas prohibiciones
olvidas a tus hijos y a tu mujer adusta
juramentos vacíos
máscara infértil de la fertilidad.
Tú sin resuello golpeas el tambor
gozando la cintura de la negra
y de la blanca
descoyuntando la cintura tú
bajo el tremor de la corneta china.

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CANCIÓN DEL MANSO PASTORZUELO

Ella alzaba el martillo
y lo dejaba caer una vez y otra vez sobre mi frente
luego abría las piernas
y yo volvía a entrar en un mundo cercano a la esperanza.
Decía las manzanas la luz el precipicio
y dejaba mi cuerpo enlodarse en la pendiente.
Mentira tras mentira
levantamos la casa y acunamos al hijo
soñamos un futuro que supimos incierto.
Yo cortaba la leña
y encendía la hoguera que me consumiría
yo le decía amor
y esperaba anhelante la primera patada
o el beso más certero.
Oteaba la llanura desde lo alto
veía con envidia a las ovejas descarriarse
y regresaba manso al calor de su falda.
Lloré todas las noches
un llanto recalentado y torpe
y así la vi partir
sin voltearse a mirar el humo de la choza.

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DEDO QUE NO TAPA EL SOL

Una mordida de pantera en lo más mío.
Silvio Rogríguez

Llegamos a la ciudad como a la casa
la casa ajena en la que hemos crecido
debajo de un mantel de poca lumbre.
Aquí vendrán los hijos
los hijos soldaditos y pelotas.
Esta ciudad les dará el pan y la inocencia
les dará la pupila y la mordaza
los hará grandes y heroicos y eternos.
Ésta será la casa y la ciudad de su mirada
aquí será el rugido del mar que entra en el mar
y la cortina verde de agua sobre la espuma.
Cambiar no es esperanza florida y sonriente
el salitre también ha cambiado mis huesos
y el mar va entrando en mí como un rugido.
Y aquí vendrán los hijos
ésta será la casa y la ciudad de su mirada
éstas las letras y el pasado que les toque
nosotros
para decirles verdades al oído y que no las repitan.
No van a ser turistas ni fantoches
me da miedo el arpón que les anuncia
me da miedo que se pudran de solos y arponeados.
No van a ser felices.
Que no lleguen.

(Selección: Carlota Caulfield)

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EL EQUILIBRISTA

Ahí está la vida-cuerda floja y yo encima
muñeco de trapo
bruja sobre su escoba
luna tras el cristal
yo encima
brújula o caminante
saltando dinamita campo ardiendo
a cada lado del cordel.
Abajo están las fauces
los profetas
el mundo el equilibrio cuesta abajo.
Qué va a importar el torpe manifiesto
las paredes las letras la endeblez de las uñas
la vida-cuerda floja nos sorprende
escogiendo entre el abismo
y el abismo
a sólo un paso.
Quizás si fuera la vida-hilo de Ariadna
la vida-manantial-rosa fugaz
pero es sólo la vida-cuerda floja
y hay un equilibrista
contemplando el espacio que se ensancha
al borde mismo de su impávida pupila.
Es tan sólo la vida-cuerda floja
y hay un equilibrista
que soy yo.

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EL ELEGIDO DE DIOS

...con su lombriz de tierra en el ojal.
León Estrada

El dios levanta el dedo se incorpora
y no hay voz que le llegue a la cintura.
Él preside su gloria
él elige su séquito de ciegos
él dilata a su gusto la trompeta.
Una escalera revuelve otros motivos
las razones buscan sitio en la asamblea
y él aplasta con su bota el desacuerdo.
Sus elegidos deslumbrados enmudecen
gustosos de su pose y su perfume.
Él cree en su omnipotencia
en su estandarte
en su disparo cierto
y él es también un elegido de otros
reproducción de Dios en miniatura.
De:Cuando la lluvia cesa

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EL DIABLO EN EL CUERPO

El diablo se ha metido en mi cabeza
viene con su correo de fantasmas
que me llaman.
Yo perforo mi frente hasta el delirio
trato de no mirarlos
de no encontrar su imagen en mi espejo
y acabo deisfrazándome detrás de los armarios.
Soy un ángel que llega con su lámpara
y danzo sin pensarlo sobre la cuerda floja
mientras ellos preparan su brebaje
su mágico licor en apariciones.
El diablo está feliz en su trono de espantos
y toda mi cabeza es una escaldadura.
Soy un ángel bribón lámpara incandescente
enrojecido duende con cara de suicida
comerciante de almas en remojo.
El diablo se ha robado mi cabeza
el correo soy yo
soy un ángel malvado que descubre su cuota
y no sabe qué hacer.
Los que me vieron reír no lo comprenden
no pueden comprender mi casta de fantasma
de señuelo del diablo.
Yo soy un lobo más en la manada
un ángel trasformado que llega con su lámpara
y se lanza al vacío
mientras el diablo suelta su enorme carcajada.

(De: Cuando la lluvia cesa
Fuente: Luzmaría Jiménez Faro)

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EL TÚNEL

Como la placidez de un rostro familiar
no tiene fin
y creo que tampoco hubo principio.
Tanteo el aire la luz que me rodea
tenue y blanquísima como en un nacimiento.
Estoy flotando
acaso soy una burbuja
y acaso estallaré para ser aire luz
la extraña placidez de un rostro familiar
o un fuego fatuo.

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EN EL PUENTE

A Dora

Al extremo del puente la luz es más intensa
enceguece la luz cambia nociones.
Las brújulas atrofian su certeza
los mapas desdibujan sus contornos
la noche apaga la verdad del firmamento.
Sólo queda un camino lleva al final del puente.
Basta extender las manos y preparar el salto
caer hacia el abismo luminoso de tus ojos.

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EVA O EL PECADO ORIGINAL

Nada fue como dicen.
Yo descubrí mi cuerpo mojado en la maleza
y lo empecé a palpar.
Era mi cuerpo solo el que se hinchaba
inflamada mi vela.
No supe qué corría por mi vientre
trepaba hasta mi pecho
enceguecía.
Tuve miedo y grité
tuve miedo y rodé por la maleza.
Era fuego era sangre era lava de volcán
era espejismo.
No supe qué pasaba y tuve miedo
pero dejé rodar mi cuerpo y la llovizna
y algo estalló vibrante quién sabe en qué recodo.
Después dormí tranquila
un tiempo inexplicablemente largo.
Después quizás llegara Adán pero ya no lo vi
otra vez la llovizna humedeció mi cuerpo
y me sentí gritar.

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ERRANCIAS

A Teresa Melo

Sobre estos mares extendieron nuestras redes
eran la oscura puerta y el oscuro pasillo
para avanzar a tientas santo y seña
para retroceder buche de sangre
para bailar lo noche que ríe como niña.
Noches aquellas de la isla
en que el viento colaba su dolor por las hendijas
y el hedor en oleadas nos llegaba del mar.
Fue también el amor invento de esos años
dibujo que supimos pudriéndose en la taza.
Cuánto habremos salvado de aquella bocanada
saltando sobre el mástil de la duda.
Vacío está el buzón de los silencios
tampoco pude ser el buen amigo
ni el hombro de llorar maldiciones.
Por encima del túnel se empinan las agujas
se pudren los poemas si los echo a esas aguas.
Intento una señal desde las nubes viejas
que acorte la pared definitiva.
Brilla revuelto el sol atraviesa la isla.

(Selección: Carlota Caulfield)

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FÁBULA DE DOMINGO

El domingo no existe.
Todos saben por qué
pero no lo evitaron
y el domingo recogió sus pertenencias
toda su ropa limpia de cada tendedero
el brillo en los vitrales de cada mediopunto.
No llora su muchacha porque no tiene llanto
porque ya se ha secado
de tanto acariciarlo y que no exista.
Él que siempre fue un marido regresando
para sembrar un poco de calma sobre el pecho
él que fue siempre
al fin de la semana
el respiro profundo para empezar de nuevo.
Ahora se fue el domingo
el planeta es una cruz que se desploma
y se ha quedado viuda su muchacha sin llanto.

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FÁBULA DEL AGUADOR Y LA CIUDAD DE ENFRENTE

Ella confunde la piel con algún río
y al corazón con la ciudad de enfrente
F. A. Dopico

Ella confunde la piel con un estanque
canta junto a mi oído su vieja melodía.
Yo le traía el agua
vaciaba la botija en sus arenas
mitigaba su sed.
La sed mi corazón en la ciudad de enfrente
un río subterráneo para mis pies cansados.
Yo ganaba su sed
y me iba a buscar frutas al pie de la montaña
para escanciar el néctar sobre sus dientes nuevos.
Un día no volví
al pie de la montaña era el abismo
pozo donde caer agua que hierve.
Ella confunde el corazón con una espera larga
canta junto a la fuente
espera por las aguas que no llegan.
Oh mi ciudad dormida
qué silbido recuerda a las aguas de antaño
que corriente vendrá de nuevo a tus orillas.

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HELENA O LA OTRA CARA DEL SILENCIO

Sentada ante la rueca
Helena piensa en Paris.
Sus hijos crecen
y Menelao dormita entre las mantas
en un rincón desde donde la mira a veces.
Ella hilando la rueca
está pensando en Paris
la hermosura y el pánico
y tal vez una lágrima o un pálpito
mientras el hilo corre entre sus dedos
y Menelao dormita
y sus hijos persiguen mariposas
y Paris es un sueño que el tiempo le devuelve detenido
engalanado vencedor de nada
en esta dulce tarde en que Helena está hilando su recuerdo
con una limpia lágrima o un pálpito.

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HISTORIA BREVE DE UNA MUJER DE LEJOS

Una mujer espera en el andén
y se asoma al hueco breve de su impronta.
Cuando llegó
sin haberlo previsto
el sol quebró su cápsula rojiza
y sorprendió un quejido de escorpiones.
Quizá entonces no pensara en la estampida
y fuera un simple juego comenzar
pero hoy el sol es una moraleja.
Con su abolida oscuridad de cobres
oculta una nostalgia entre los hombros
y destruye el cascarón
oyendo voces
quizás pasos ascendiendo la escalera
o algún ruido inusual
inesperado.
Una mujer de lejos se convence
desdice sus arranques y sus duda
con tal de que alguien quiera responderle
de que alquien quiera amar
de que alguien pueda.
Una mujer recoge caracoles
insuficientes como cuello de botella
y cuelga en su cadena una angustia amarilla.
Disfraza cuanto puede su estirpe de ermitaño
pidiendo a gritos una desbandada
y el corazón se vuelve un rótulo impreciso
que dice ya no puedo.

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INSOMNIOS EN LA NOCHE DEL ESPEJO

Como sombras danzantes saliendo del telón
azules los anillos te atenazan
bajo una lluvia espesa.
Era tibio tu cuerpo
arañas asesinas sobre los vidrios rotos
y el atrio de la iglesia donde jugaba un niño.
Voces lejanas alegres pesadillas
bailan sobre la inútil falange enfebrecida
colman como lamentos la noche del espejo.
La luz no será alivio
el sueño no vendrá.

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LA PATRIA

Se fue quedando sola
rodeada de fantasmas
que subían del mar con las venas abiertas
y chupaban la savia
el famélico paso de una bala astillada que atravesaba el aire.
Se apagaron los cantos
la fiebre del verano desataba la lluvia
y el agua se llevaba el torvo plano
trazado a semejanza de un antiguo velero.
Como lenguas fe fuego
las olas carcomieron el muro del cansancio
y no enciende el verdor a la yerba quemada.
Los fantasmas pasean
envueltos en banderas que destiñó el salitre
pendón de carnaval que el viento deshilacha.
Allí tras las ventanas
algún ojo translúcido se resigna al recuerdo
a un bahído de espanto que intenta la nostalgia.
Flota una esencia inmunda
una vergüenza
como el escalofrío de una mueca en la tarde.
Y retorna el fantasma
a pisotear el asco en sus calles maltrechas
desde el oscuro vientre de aquella catedral.

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LA VISIÓN

Fue ella quien se metió
tan suave
en mi cabeza
que yo no supe cuándo
dejé de ser yo misma.
Fue ella
quien me vertió su néctar
en los ojos
para que en mi ceguera
sólo hubiera una imagen.
Ella fue
despeinada y rebelde
la que torció mis pasos
hacia el camino único
que marcaba su huella.
Su huella
que mientras avanzaba
iba borrando todo
el principio
y el fin.

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LA MORDIDA DE CRONOS

Quién lo iba a predecir entonces
el sol al rojo vivo sobre el hombro
cuatro gotas de azufre marcando el rosetón.
Quién lo iba a predecir
el aire dividido de un sablazo
un hálito fatal
un gesto que los años han borrado.
Yo no podría
ahora
estar tan cerca
despertar con el ojo en otro ojo
una voluta perdida entre los labios
la palabra no dicha.
Yo no podría
no
yo no sabría
poner mi dedo sobre la herida mustia
y fingir que no duele
y sonreír
y dormir cada noche
como un ángel caído
al que han vaciado el alma.

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LAS ISLAS

Sentada en su balcón
mirando al horizonte
la niña sueña con viajar muy lejos.
Europa bajo sus plantas
las luces de París en una mano
reconquista del mundo en sentido contrario.
La despeina el viento suave de las islas
y ella cierra los ojos atisbando a lo lejos
marido rico que mantendrá su ocio
y tiendas coloridas donde cubrir su cuerpo.
Sentada en el balcón ve pasar los aviones
aparatos plateados que atraviesan el mar
y pisan otras tierras
donde el verano ha de ser menos caliente
y la nieve una fiesta de muñecos blanquísimos.
Viajes y fiestas imagina
mientras las olas se estrellan contra el muro
viajes y fiestas
y no añoranza de las islas
y no morirse sola
donde ser extranjero no es ningún privilegio
y no deudas y trabajo y centavos contados.
Viajes y fiestas y vestidos bonitos
y dólares que caen como un milagro.
Sentada en su balcón
mirando al horizonte,
la niña sueña.

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LEJOS DE CUBA

No son largos sus dedos
al menos no tan largos
como la suerte que dibuja un océano
entre ella y las calles del Vedado
entre ella y el diente de perro en 16
entre ella y la palabra entonces.
La mano
una caricia sobre el negro y el blanco
sobre el hedor sin fondo del Almendares seco
sobre los techos de Cubanacán.
Como la rosa como el perfume
así era ella
son y guajira en el aire extranjero
contradanza y montuno en la melancolía
de un amor que se hizo ajeno en 12 y 23
y de otro amor resucitado en la calle Concordia.
Como lo triste como una lágrima
así soy yo
el ceño se contrae
nota a nota se desgrana el clarinete.
El pie redobla el ritmo
e inaugura otra espera
otro pozo en la fuga y en el pecho.
Como lo triste como una lágrima
así soy yo.

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LINTERNAS

Hoja que marca el curso de la noche
el filo de una esquina traicionera
vendedora de historias trashumantes
disueltas en la bruma.
Nadie pasa a través de la muralla
nadie espera ya el soplo de la brisa
a las cinco de la tarde.
La arena te ha poblado los recuerdos
devuelve el bofetón a los alisios
enciende la linterna.
Ayer éramos más
un ejército de desesperanzados
cómplices de la noche
alcohol en el paseo y 23
ramas absurdas y árboles caídos ebrios también
desencantados.
Ayer éramos niños
de milagro escondido en los bolsillos
y canción recitada como un himno.
Ayer pintamos muros o creímos hacerlo
escribimos consignas en el forro de los libros de historia
al pie del alma mater.
Soñábamos soldados pastelitos caravanas
y éramos más.
Llovía a cántaros sobre la suciedad de las fachadas
siglos de polvo hollín
conspiración del tiempo.
Luego la desbandada
hoja que marca el curso del olvido
linterna que se enciende o que se apaga
según quien le haga el guiño.

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LOS AMANTES DE POMPEYA

La luna era distinta hace un segundo
te iluminaba
entraba por la hendija como un sorbo.
Moriremos de amor amiga mía
presiento que un tropel desciende de las cumbres
siento su oleada tibia presionando mi espalda.
Moriremos de amor
todos los vientos llegan como una manotada
y yo cubro tu cuerpo lo incorporo
quiero aliviarme en ti.
Hace un segundo la luna era distinta
y no había ese susto en tu mirada.
Algo nos viene encima
ese sordo rumor es un presagio.
Cierra los ojos pronto amiga mía.
Es el amor que llega.

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LLANTO POR LA CIUDAD CUANDO ME ALEJO

qué sola te quedaste,
mi madre, con tus huesos
Eliseo Diego
A Santiago de Cuba
Qué culpa tiene madre
que tanto orgullo y tanto título en la frente
de que sus hijos huyan para hacerse crecer.
Qué culpa tiene la pobre de los muros
del que se eleva sobre su cadáver
y le vacía el alma.
Oh ciudad
cuánto amor se me cae
qué triste te me vuelves entre tanta montaña.
Qué sola estás.
A qué manos entregaste tu vejez
con qué artificios te cubren el semblante.
Cómo es posible ciudad
cómo es posible
este patriótico olvido en que te dejan.

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LOS HÉROES Y LOS FANTASMAS

En un tiempo creía que mis héroes
no eran como los héroes de la patria
cabalgando sobre el lomo de la historia.
Creía en esos héroes
que fundaban la vida en sus guitarras
en el mural obsceno
con el ojo aguzado que ve el derrumbe detrás de los
fantasmas
y predice.
Esos héroes sin hijos
no aguantaban la sangre en la garganta
y escupían verdades a diestra y a siniestra
sin esperar a cambio ni un aplauso.
Pude haber sido también uno de aquellos
conocí el agua fría
el alacrán sin nombre
la traición en la punta de la lengua.
Pude llenarme la cuenca de los ojos
de palabras aguerridas y tatuajes
pude firmar un par de manifiestos
mientras sentía en mi piel el filo de la espada.
Cuando el mar puso la orilla al otro lado
y apagó a golpes el fuego de los años
con el verde brillante y los perdones
fui el fantasma predicho
y nunca un héroe
ni siquiera un costal donde enterrar la espada.

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MARGARITA O LA IDEA DE LA FELICIDAD

Vender el alma al Diablo
o vender el alma a Dios.
Vender el alma y que ella llegue alguna tarde
a ponerme su almíbar en los labios
a dejarme danzar descalza en esta alfombra.
Su almíbar o su furia sobre mis tristes huesos
que esperan por la muerte o la felicidad.
Vender el alma el cuerpo y que ella diga sí
que me ponga en los labios el pedazo de dolor que tenga
vivo
toda su indecisión o su perfume.
Margarita esta tarde con su frío mosaico
Margarita y mis manos tanteándole la furia y los almíbares
Margarita y el miedo de que dijera no.

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MORIREMOS DE AMOR

Todos los vientos llegan como una manotada
y yo cubro tu cuerpo lo incorporo
quiero aliviarme en ti.
Hace un segundo la luna era distinta
y no había ese susto en tu mirada.
Algo nos viene encima
ese sordo rumor es un presagio.
Cierra los ojos pronto amiga mía.
Es el amor que llega.

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NÁUFRAGO SENTADO FRENTE AL MAR

Alguien lanza el oscuro mandamiento
la muerte es el mejor de los anuncios
cualquiera es el profeta.
Yo aquí me siento a ver el mar cuando anochece
a ver las horas regresar a su tumulto.
Los buques se deshacen al final de la línea
sin ver mi vela blanca ni mi hoguera.
Los marineros señalan desde el puente y ríen.
Un náufrago es un hombre en una piedra
un hombre con su piedra y con su oscuridad
un hombre solo.
Otro lanza el oscuro mandamiento
y soy un pedazo de tela desgarrada
un profeta sentado en esta roca
sin que nadie me escuche.

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PARPADEOS

Junto a la puerta del baño de La Lupe está Virginia
interminable júbilo bajo la noche eterna
el humo haciendo grises en todos los rincones
la copa hueca una vez y otra vez.
Cierro los ojos y pasan
como el ritmo inalterable de un reggae
un vuelo sobre Irlanda
el río revuelto y el molino rojo
en la ribera del puente el campanario
y en los horrores de la noche un tren.
En un tugurio de la plaza de Callao
el hachís trae las visiones del tesoro perdido
la muralla medieval sobre la roca estrecha
Quevedo en una calle de Madrid
sombras chinescas fotografía inútil.
Abro los ojos y estás tú amor mío
confluencia de todos los paisajes
paz de mi alma.
Con un hilo de voz digo tu nombre
dos sílabas se encienden en mis labios
y entonces puedo
una vez más
cerrar los ojos.

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PALABRA DEL QUE VUELVE

El que pregona la suerte tendrá que regresar
las esquinas esperan
líneas que son caminos para la madrugada.
Nunca sabe por qué pero regresa
riega su desventura la alcohólica muchacha entre los muros
con la mano tendida.
El descubre la suerte la del otro
se echa a llorar en pleno laberinto
no sabe qué mordaza pero vuelve.
Siempre se queda solo el agorero
lo escuchan y sonríen y se marchan.
Siempre se queda solo
y es por la oscuridad que se alumbra las noches.
Las calles son el siglo que termina
son chozas transparentes donde aguarda el peligro.
Ayer es una espuela
una mano tendida pidiéndole la suerte
ese sueño dorado para nadie.
El agorero inventa
dice su profecía aunque nadie la crea
dice la luz
y es sólo un caminante que la suerte abandona.
Ha venido a romper quién sabe qué corrientes
ha venido a decir la desventura
habla de cambios que no quiero que no quiere.
El agorero alcanza las líneas de tu mano
dice que no eres tú sino la imagen otra
que volverás al fin
para ser tú la verdadera otra.
El agorero ríe
la alcohólica muchacha se revienta en pedazos
y es un camino más un sueño para andar desde su cuerpo.
Él vislumbró la luz mas yo la tengo
él frotaba la lámpara la bola de cristal y retardó la chispa.
Yo tengo el fogonazo y no lo suelto
el agorero no va a hacer que me desvíe
el que pregona la suerte tendrá que regresar.

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PLAZA DE ORIENTE

A Mabel
No es la sangre del indiano presumido
la que hace enardecer las faldas de Almudena
será tal vez la polska del acordeonista
o el beso anticipado que salta al viaducto.
También en Sabatini
el rubor amordaza las pompas del palacio
y entre flashes y turistas japoneses
la tarde pierde su gracia y su perfume

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PENLÓPE O LA UTLIDAD DE LA ESPERANZA

Espero
echada al sol como los gatos
con la misma paciencia.
He soñado la estrella cayendo al horizonte
he observado los barcos entrar en la bahía
sabiendo que no vuelve mas contando uno a uno todos los
tripulantes.
En todos creí ver su rostro iluminado
quise sentir en todos su beso milagroso.
Al sol echada al sol como los gatos
atizaba el recuerdo de las horas perdidas
detenía el reloj.
He destejido mil veces la madeja
creyendo que al final me sirviera de algo
y la he vuelto a tejer
con la misma esperanza.
Nadie llegó ni llega
y yo sueño la estrella cayendo al horizonte
y tejo la madeja
esperando que un día o no esperando nada.

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PORTALES DE LA CALLE INFANTA

Atrás queda el mar con sus olores
camino tierra adentro por los sucios portales de la calle
Infanta.
Ya no sé a dónde voy ya no s é lo que quiero
el rumbo es una suerte de inercia involuntaria.
Ah la añoranza de los tiempos idos
de los viajes de abuelo y la casa de huéspedes que era
casi un hotel.
Ni siquiera mi infancia
ah lo que nos contaron y no vimos
los que llegamos luego a ver esta ciudad desmoronarse.
Avanzo tierra adentro
polvo sobre la acera y los apuntalamientos
los rostros de la gente los comercios vacíos
el pobre zapatero sin tintes que poner en sus zapatos.
¿No es acaso un mendigo?
¿Y aque que vende libros y viejas melodías
amarillentos fósiles en la Iglesia del Carmen?
¿Y el loco vivo-grito entorpeciendo el tránsito?
Ah vieja calle Infanta
¿no soy mendigo yo que camino sin rumbo por tus
sucios portales?
Esta ciudad se cae y a nadie le interesa.
Atrás se queda el mar
el mar es una lástima de azul desperdiciado.

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PREMONICIÓN

Cuando el avión se alzó sobre La Habana
y se perdió hacia el sur como una baratija
era otra vez el rito de las horas
y el aullido del mar
otra vez esa música enterrada en la arena.
Todavía te alzabas sobre mi dedo índice
desde allí me observabas aterradoramente.
Pero aquella ciudad ya no sería mi límite
ni colgaría en la puerta tus lluvias ternecitas.
La píldora horadaba el iracundo vientre
y la noche era un ave
un halcón que se pierde con las alas desnudas.

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PRIMERAS AGUAS DE MAYO

Extrañas nubes son
dobles y grises como hermosos ataúdes
como gatas en celo.
Extraña va cubriéndome su sombra
se abrirá sobre mí
quiero y no quiero que me trague su espesa continencia.
Va subiendo ese vapor amargo
ni una gota siquiera ese vapor.
Subiendo van las nubes
viento de lluvia que no llega
que nunca va a llegar
que no me traga.

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QUE LA CIUDAD ESPERA

Lo supe desde ayer
o desde siempre
alguien estaba esperando la salida
y caminar sería una esperanza alegre
bajo los pies
que la ciudad espera.
Por eso demoré menos que de costumbre
y bajé sospechando que la incredulidad
era sólo un fantasma persiguiendo.
La ciudad es un misterio
que cambia sus colores
un lagarto dormido y acechante
una vieja inquisidora y alcahueta.
Por eso permití que me escondiera los zapatos
y me tomé de su mano para cruzar la calle
por eso hicimos el amor con la ventana abierta
para que la ciudad
recostada al balcón
nos contemplara.
Afuera ya no llueve
se poblaron los charcos
y la ciudad espera por los sueños de todos.
De:Cuando la lluvia cesa.

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ÓLEO

La muchacha del óleo me ha mirado
de su pincel renazco sin saberlo
dos manchas sobre el lienzo
tinta negra.
El pincel es mi dedo dibujado en su espalda
su dedo en mi nariz
la caricia en la nuca.
El lienzo es esta cama
y la ciudad entera
corazón que se abre sin confianza
blanco y negro en el lienzo
esa muchacha y yo.

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ONÍRICA ÚLTIMA FUNCIÓN

Por Tosca, a Margarita

Terminó la función
y me he soñado arcángel
cuando soy sólo un violinista dormido ante su atril.
Vacía la taberna
vacío el corazón como una plaza pública
me encuentro frente a ti
frente a mí misma.
También yo fui una niña y luego fui un traidor
y luego un marinero naufragando
en el agua podrida de su charca.
Y quise desnudarme
echarme sobre ti como sobre el abismo
y después no ser yo sino tu piel
el insalvable pozo de tus ojos
o un violinista dormido ante su atril
soñando que despierta y que te ama.

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RETRATO

No es mío este país
es del que viene verde a sus alfombras
a sus playas de arenas exclusivas
a sus hoteles caros en los que nunca entro.
Solo tengo esta lluvia y este viento
y la ilusión del mar que no es el mar.
Vida provisional la que vivimos
escuchando las voces de quién sabe qué ancestros
prefiriendo el exilio a esta esperanza.
Qué quedará mañana sino este oleaje terco
lamiéndonos las ruinas.
Qué sucesor de nadie regresará a pasear por
estas alamedas.

(De: Insomnios en la noche del espejo
II Premio internacional de poesía "Nicolás Guillén",
México, 1999)

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ROMANZA DEL AMOR RARO

Ella huye de mis manos mariposa nocturna
aletea desnuda al borde del sillón.
Ella nunca fue mía
antes fue de su madre y sus amigas
antes fue de la patria y esas lejanas tierras exquisitas.
Inventó otros amores fue feliz
compartiendo el rumor pausado de otras lenguas
y ciertas explosiones en la mañana bélica.
Entonces tampoco ella era mía
era de la aventura cercana de la muerte
y de otras aventuras más cercanas.
Ella nunca fue mía y sin embargo
quizás nadie fue mía como ella
ni yo tuve insistencia más rara que su amor.
Porque arqueaba su espalda y yo resplandecía
me tragaba su lengua dentelleaba.
En las tardes ardientes aún sueño nuestros cuerpos
el humo del cigarro
el rocío final
y entonces sé que ella fue mía a su manera
y eso basta.

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S.O.S (POR SI REGRESA ABRIL)

Pudo haber sido un martes y un balcón colonial
fuiste llegando
breve
a mis zancadas
algún lugar de la ciudad abrió sus puertas
y luego ni relojes
ni miradas severas
tú podías estar en cualquier parte
y la ciudad poblarse de todos los milagros.
Si hubiera sido abril
siempre las flores
una sábana azul que levitara sueños.
A veces son tan breves los minutos
que la ciudad se puebla de todos los presagios.
Entonces tengo miedo
un miedo universal
a algún viento imprevisto
a que no quede nada
ni la noche.
Por eso se revienta mi granada de tiempo
y levanto adoquines buscando marejadas
porque en abril la lluvia no da tregua
y salimos convencidos de su influjo.
Bajo mi corazón
la ciudad se ha poblado de todos los secretos
como una alucinante primavera.

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SILUETAS EN LA ARENA

Desde la terraza se ve el mar
la niebla distorsiona las siluetas
que avanzan lentamente por la orilla
y ella traza en el vidrio
una letra indescifrable.
Su dedo abre un camino
señala el tiempo en que regresará.
Entonces será un sueño de cantos y de trenes
una gota de sal sobre el mosaico
un hexagrama chino.
Cual filamento de fuego hacia el ocaso
la palabra robada se convirtió en sentencia
una copia de la palabra vieja
una falacia.
Ya no tendrá memoria
a no ser esas filosas certidumbres
esas tenazas que la arrancan de la bruma.
En su garganta están los fosos del infierno
un aluvión de gaviotas
el filo del cuchillo
y en los vidrios opacos
la letra indescifrable
que ella trazó algún día.

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TANGO DEL SOLITARIO

Los solitarios danzan su eterna soledad
se hacen sombra en las calles
noviembre ese traidor
los ha olvidado
y Dios se vuelve torpe.
La casa es un disparo
una sombrilla azul.
No existe al otro lado el espejismo
cada quien es su espacio vital
su pobre puntería.
La casa empequeñece
se entrega como un manto
es un trofeo un escondite una escafandra
es una gota pura en la pupila de las madres.
Los solitarios danzan
es el minuto exacto para que abran la puerta
y se quede una mano a la intemperie.
Los solitarios danzan
y Dios se vuelve torpe.
Noviembre es un pedazo de amor que se derrumba.

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TRANSPARENCIA

A Teresa. A Darsi

Yo nunca fui la luz
yo sólo era la lámpara que su mano encendía
o el fuego primigenio que ella me descubrió.
Toda anticipación era ilusoria
yo broté de su mano como una planta nueva
me inflamé en esa llama torpe viento.
Yo nunca fui la luz
y nunca volverá a ser lo que era
polvo que se dispersa y me vacía.
Veo llegar la muerte como un sueño
y el sueño es esa franja transparente
donde todo es mentira.

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VIRGILIO PIÑERA LEE SUS POEMAS EFÍMEROS

Azul era la llama del hornillo
y pequeña
en la afectada penumbra de la habitación.
Su voz entrecortada
máscara teatral.
Todo escenografía y coro tintineante.
Azul era la llama
donde se consumían los pliegos ya leídos
y el sueño del poeta.
Virgilio no existía
ardía entre las llamas
para flotar después como un ánima en pena
sobre el cielo azulado de la isla
como una cancioncilla
que no acabara nunca.

 

 

 

 

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