INTRODUCCIÓN
El traje de baño ha sufrido una gran evolución a lo
largo del tiempo, del vestido de baño de seis piezas
del siglo XIX, pasando por el bikini de los años
cuarenta y el monokini reivindicador de los setenta,
hasta el más audaz y provocativo de los de hoy día.
Las playas son los terrenos sociales en los que se
llevan a cabo estos juegos de seducción y exhibición
o de vestido desvestido que establecen a los
veraneantes como autenticos objetos de deseo.
Pretexto de desnudez o accesorio de moda, el traje
de baño nos ayuda a ejercer esa libertad nueva tan
de moda en el siglo XIX.
SUS COMIENZOS
Desde la antigüedad el hombre ha asociado la
limpieza y la higiene con actos mágicos o
religiosos, ha buscado en el agua la fuente de la
belleza o simplemente un instante de relajación...
El primer traje de baño, fue un taparrabos velado
que utilizó una cortesana egipcia, de nombre Tais,
para darse un chapuzón junto con Alejandro Magno y
todo su ejercito, estando todos los hombres en
cuestión desnudos.
En tiempos de Griegos y Romanos se crearon baños y
termas, edificios de grandes dimensiones dedicados
al aseo y al desarrollo de la vida pública. Además,
en estos recintos se podían practicar ejercicios
como la natación, o recibir masajes con aceites
especiales. Tenemos conocimiento de la existencia de
este tipo de instalaciones también en Egipto, en la
ciudad de Tell el amarna, o en el palacio de Knosos,
en la isla de Creta.
Unos mosaicos del siglo IV de la villa siciliana de
Plazza Amerina representan a diez jóvenes de
familias acomodadas bañandose en una piscina,
jugando a juegos de pelota o practicando ejercicios
físicos con un traje de dos piezas: calzón y banda
sostén (llamado strophium) no podemos estar seguros
de si estos atuendos cotidianos habían sido creados
especialmente para el disfrute de juegos náuticos.
La gracia de los movimientos corporales de estas
figuras hace pensar que se trata de una exhibición
coreográfica.
Desde la Edad Media hasta finales del siglo XV la
gente se bañaba desnuda, siendo este un hecho
bastante inusual, ya que la limpieza corporal perdió
toda su importancia, al ser considerada más
importante la limpieza de espíritu, esta
desaprobación de la higiene fue la causante de que
se produjeran gran cantidad de enfermedades e
infecciones, llegando a ser cerrados los baños por
epidemia de sífilis. Solo subsistieron los baños
terapéuticos, como las termas de Pozzuoli en Italia
o las de Baden en Suiza, estas termas estaban
frecuentadas por mujeres adineradas que acudían a
curarse de sus enfermedades ataviadas con una
especie de camisa muy corta y escotada, los hombres
vestían calzoncillos o un albornoz cruzado. La gente
que carecía de medios económicos para ir a estos
edificios se conformaba con bañarse en el mar o en
el río que atravesase su ciudad de residencia.
Con la Reforma protestante, los paises holandeses se
alzaron contra las exhibiciones en público, y visto
que la gente no obedecía a estos mandatos terminaron
prohibiendo el baño.
En el siglo XVII, Madame de Maintenon consiguió que
los parisinos no se privaran del espectáculo que
suponía ver a las jóvenes bañistas a lorillas del
Sena, en tanto que los caballeros seguían el ejemplo
de soberanos como Enrique IV o Luis XVI, y preferían
bañarse en las orillas de la aún no contaminada Ille
de France. El traje de baño de las fiestas
campestres era una camisa de baño, la cual guardaba
las apariencias, al menos mientras no se entrase en
el agua.
En el periodo revolucionario antes del siglo XVIII,
resultaba muy tentador para los nudistas el darse un
baño en un río, las repetidas ordenes y
prohibiciones policiales llevaron a más de uno a ser
incluso azotado al ser detenido en pleno chapuzón.
Al final, se optó por crear unos baños públicos
controlados, en los cuales se colocaban una especie
de barreños de tela agujereada que se introducían en
los ríos. Por Ana Alvarez - Fuente:
estiloymoda.com