HISTORIA DE
LA VIVIENDA - EL HOGAR - VIVIENDA
–
DOMICILIO
Los grupos humanos paleolíticos eran nómadas, buena
parte de los neolíticos también, o eran
semisedentarios. Debieron existir, además de los
refugios en cuevas, formas de protección contra la
intemperie y la acción de los depredadores; es
posible que fueran "construcciones" efímeras de las
que no han quedado vestigios.
Ya en Çatal Hüyük, actual Turquía, (10.000-6.000
antes de Cristo) se encuentran restos de viviendas
estables; el material de construcción era la arcilla
(piezas secadas al sol). Las sucesivas
construcciones sobre los restos neolíticos hacen
difícil conocer cómo era esa primera arquitectura.
En Babilonia (la legendaria Torre de Babel), cuna de
la civilización de Mesopotamia, no había piedra; la
construcción se hacía con ladrillo de arcilla secado
al sol (adobe) y ladrillo cocido. Los muros son
macizos y ciegos (es decir, sin ninguna abertura).
La escasa suntuosidad de los materiales obligaba al
revestimiento de los muros con cerámica cocida,
incrustada a modo de cuñas en el adobe; también se
utilizó la cerámica vidriada coloreada.
Tanto los palacios como las casas se articulaban en
torno a un patio al que se abrían, mientras que los
exteriores eran prácticamente ciegos. Las cubiertas
de las naves eran planas y en terraza. Para las
cubiertas de luces (entradas y ventanas) se
utilizaba el arco y la bóveda. La forma dominante
era el cubo, lo que confiere una gran pesantez al
conjunto, sólo aligerada por el escalonamiento de
los edificios.
Nada subsiste, de las más antiguas viviendas chinas.
Contrastando en forma sorprendente con las primeras
grandes civilizaciones de la historia, los chinos no
empleaban para la construcción sino materiales muy
frágiles, como la greda, la madera, el bambú y la
porcelana, y mostraban además una marcada
predilección por los tabiques delgados. Sin embargo,
no es imposible imaginar la forma de sus casas y la
manera en que éstas estaban arregladas.
Hasta que la influencia europea se hizo sentir en el
Imperio de los chinos, éstos tuvieron durante siglos
los mismos tipos de viviendas; las de los
comerciantes constaban casi siempre de varios pisos,
estando destinados los más elevados a depósitos de
mercaderías; las otras eran de un solo piso, y se
las construía en ocasiones sobre un terraplén,
pareciendo de esta manera más altas. En general, las
casas se componían de varios compartimientos
rectangulares o cuadrados, y con frecuencia se las
rodeaba de jardines.
Los compartimientos, considerablemente numerosos en
las moradas de los ricos, se veían reducidos en
aquellas de las familias modestas a un vestíbulo o
sala de recepción y a una pieza común donde los
ocupantes pasaban la mayor parte del tiempo; en esa
habitación la familia se reunía para comer y se
practicaba el complicado ceremonial del té, y
frecuentemente, a falta de otra pieza, se dormía
sobre esteras improvisadas, que durante el día eran
guardadas en nichos especiales.
La casa, generalmente desprovista de ventanas,
recibe la luz por un patio interior, lugar de
reunión de la familia cuando hacia buen tiempo. Para
cerrar las aberturas empleaban papel aceitado, gasa,
nácar o cortinados.
En las piezas se disponían, con sabio desorden que
evidenciaba un singular talento, hermosos biombos de
juncos trenzados, de seda o papel pintado; se
conseguían así pequeños rincones íntimos, reservados
a la conversación y al reposo.
Los techos, marcadamente inclinados, estaban
cubiertos de tejas pintadas de colores
tradicionales, que respondían a las diferentes
castas, y constituían signos exteriores de elegancia
o dignidad.
La casa china en sus tipos más perfeccionados estuvo
provista de un curioso sistema de calefacción
diversos conductos de barro, disimulados en las
paredes, difundían en las distintas piezas el calor
proveniente de un brasero, ubicado en el exterior y
constantemente alimentado. Los pobres disponían
solamente de un brasero, ubicado en la habitación en
que permanecían.
Las paredes tapizadas de sedas multicolores, los
muebles barnizados o adornados con rica marquetería,
las porcelanas y los objetos de metal esmaltado y,
en el patio, los revestimientos de porcelana y las
columnas, cuya única misión era la de enmarcar los
retratos de los antepasados, conferían a las moradas
de las ciudades un carácter artístico y lujoso.
Fuente:
profesorenlinea.cl
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