ARTE -
CULTURA - CONOCIMIENTO - HABILIDAD -
MAESTRÍA - SABER Y ETC
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Por otro lado,
Charles Baudelaire fue uno de los
primeros autores que analizaron la
relación del arte con la recién surgida
era industrial, prefigurando la noción
de “belleza moderna”: no existe la
belleza eterna y absoluta, sino que cada
concepto de lo bello tiene algo de
eterno y algo de transitorio, algo de
absoluto y algo de particular. La
belleza viene de la pasión y, al tener
cada individuo su pasión particular,
también tiene su propio concepto de
belleza. En su relación con el arte, la
belleza expresa por un lado una idea
“eternamente subsistente”, que sería el
“alma del arte”, y por otro un
componente relativo y circunstancial,
que es el “cuerpo del arte”. Así, la
dualidad del arte es expresión de la
dualidad del hombre, de su aspiración a
una felicidad ideal enfrentada a las
pasiones que le mueven hacia ella.
Frente a la mitad eterna, anclada en el
arte clásico antiguo, Baudelaire vio en
la mitad relativa el arte moderno, cuyos
signos distintivos son lo transitorio,
lo fugaz, lo efímero y cambiante
–sintetizados en la moda–. Baudelaire
tenía un concepto neoplatónico de
belleza, que es la aspiración humana
hacia un ideal superior, accesible a
través del arte. El artista es el “héroe
de la modernidad”, cuya principal
cualidad es la melancolía, que es el
anhelo de la belleza ideal.
En
contraposición al esteticismo,
Hippolyte-Adolphe Taine elaboró una
teoría sociológica del arte: en su
Filosofía del arte (1865-1869) aplicó al
arte un determinismo basado en la raza,
el contexto y la época (race, milieu,
moment). Para Taine, la estética, la
“ciencia del arte”, opera como cualquier
otra disciplina científica, basándose en
parámetros racionales y empíricos.
Igualmente, Jean Marie Guyau, en Los
problemas de la estética contemporánea
(1884) y El arte desde el punto de vista
sociológico (1888), planteó una visión
evolucionista del arte, afirmando que el
arte está en la vida, y que evoluciona
como ésta; y, al igual que la vida del
ser humano está organizada socialmente,
el arte debe ser reflejo de la sociedad.
La estética sociológica tuvo una
gran vinculación con el realismo
pictórico y con movimientos políticos de
izquierdas, especialmente el socialismo
utópico: autores como Henri de
Saint-Simon, Charles Fourier y Pierre
Joseph Proudhon defendieron la función
social del arte, que contribuye al
desarrollo de la sociedad, aunando
belleza y utilidad en un conjunto
armónico. Por otro lado, en el Reino
Unido, la obra de teóricos como John
Ruskin y William Morris aportó una
visión funcionalista del arte: en Las
piedras de Venecia (1851-1856) Ruskin
denunció la destrucción de la belleza y
la vulgarización del arte llevada a cabo
por la sociedad industrial, así como la
degradación de la clase obrera,
defendiendo la función social del arte.
En El arte del pueblo (1879) pidió
cambios radicales en la economía y la
sociedad, reclamando un arte “hecho por
el pueblo y para el pueblo”. Por su
parte, Morris –fundador del movimiento
Arts & Crafts– defendió un arte
funcional, práctico, que satisfaga
necesidades materiales y no sólo
espirituales. En Escritos estéticos
(1882-1884) y Los fines del arte (1887)
planteó un concepto de arte utilitario
pero alejado de sistemas de producción
excesivamente tecnificados, próximo a un
concepto del socialismo cercano al
corporativismo medieval.
Por otro
lado, la función del arte fue
cuestionada por el escritor ruso Lev
Tolstoi: en ¿Qué es el arte? (1898) se
planteó la justificación social del
arte, argumentando que siendo el arte
una forma de comunicación sólo puede ser
válido si las emociones que transmite
pueden ser compartidas por todos los
hombres. Para Tolstoi, la única
justificación válida es la contribución
del arte a la fraternidad humana: una
obra de arte sólo puede tener valor
social cuando transmite valores de
fraternidad, es decir, emociones que
impulsen a la unificación de los pueblos.
En esa época se empezó a abordar el
estudio del arte desde el terreno de la
psicología: Sigmund Freud aplicó el
psicoanálisis al arte en Un recuerdo
infantil de Leonardo da Vinci (1910),
defendiendo que el arte sería una de las
maneras de representar un deseo, una
pulsión reprimida, de forma sublimada.
Opinaba que el artista es una figura
narcisista, cercana al niño, que refleja
en el arte sus deseos, y afirmó que las
obras artísticas pueden ser estudiadas
como los sueños y las enfermedades
mentales, con el psicoanálisis. Su
método era semiótico, estudiando los
símbolos, y opinaba que una obra de arte
es un símbolo. Pero como el símbolo
representa un determinado concepto
simbolizado, hay que estudiar la obra de
arte para llegar al origen creativo de
la obra. Igualmente, Carl Gustav Jung
relacionó la psicología con diversas
disciplinas como la filosofía, la
sociología, la religión, la mitología,
la literatura y el arte. En
Contribuciones a la psicología analítica
(1928), sugirió que los elementos
simbólicos presentes en el arte son
“imágenes primordiales” o “arquetipos”,
que están presentes de forma innata en
el “subconsciente colectivo” del ser
humano.
Wilhelm Dilthey, desde la
estética cultural, formuló una teoría
acerca de la unidad entre arte y vida.
Prefigurando el arte de vanguardia,
Dilthey ya vislumbraba a finales del
siglo XIX cómo el arte se alejaba de las
reglas académicas, y cómo cobraba cada
vez mayor importancia la función del
público, que tiene el poder de ignorar o
ensalzar la obra de un artista
determinado. Encontró en todo ello una
“anarquía del gusto”, que achacó a un
cambio social de interpretación de la
realidad, pero que percibió como
transitorio, siendo necesario hallar
«una relación sana entre el pensamiento
estético y el arte». Así, ofreció como
salvación del arte las “ciencias del
espíritu”, especialmente la psicología:
la creación artística debe poder
analizarse bajo el prisma de la
interpretación psicológica de la
fantasía. En Vida y poesía (1905)
presentó la poesía como expresión de la
vida, como ‘vivencia’ (Erlebnis) que
refleja la realidad externa de la vida.
La creación artística tiene pues como
función intensificar nuestra visión del
mundo exterior, presentándolo como un
conjunto coherente y pleno de sentido.
El siglo XX ha supuesto una radical
transformación del concepto de arte: la
superación de las ideas racionalistas de
la Ilustración y el paso a conceptos más
subjetivos e individuales, partiendo del
movimiento romántico y cristalizando en
la obra de autores como Kierkegaard y
Nietzsche, suponen una ruptura con la
tradición y un rechazo de la belleza
clásica. El concepto de realidad fue
cuestionado por las nuevas teorías
científicas: la subjetividad del tiempo
de Bergson, la Teoría de la relatividad
de Einstein, la mecánica cuántica, la
teoría del psicoanálisis de Freud, etc.
Por otro lado, las nuevas tecnologías
hacen que el arte cambie de función,
debido a que la fotografía y el cine ya
se encargan de plasmar la realidad.
Todos estos factores producen la génesis
del arte abstracto, el artista ya no
intenta reflejar la realidad, sino su
mundo interior, expresar sus
sentimientos. El arte actual tiene
oscilaciones continuas del gusto, cambia
simultáneamente junto a éste: así como
el arte clásico se sustentaba sobre una
metafísica de ideas inmutables, el
actual, de raíz kantiana, encuentra
gusto en la conciencia social de placer
(cultura de masas). También hay que
valorar la progresiva disminución del
analfabetismo, puesto que antiguamente,
al no saber leer gran parte de la
población, el arte gráfico era el mejor
medio para la transmisión del
conocimiento –sobre todo religioso–,
función que ya no es necesaria en el
siglo XX.
Una de las primeras
formulaciones fue la del marxismo: de la
obra de Marx se desprendía que el arte
es una “superestructura” cultural
determinada por las condiciones sociales
y económicas del ser humano. Para los
marxistas, el arte es reflejo de la
realidad social, si bien el propio Marx
no veía una correspondencia directa
entre una sociedad determinada y el arte
que produce. Georgi Plejánov, en Arte y
vida social (1912), formuló una estética
materialista que rechazaba el “arte por
el arte”, así como la individualidad del
artista ajeno a la sociedad que lo
envuelve.[27] Walter Benjamin incidió de
nuevo en el arte de vanguardia, que para
él es «la culminación de la dialéctica
de la modernidad», el final del intento
totalizador del arte como expresión del
mundo circundante. Intentó dilucidar el
papel del arte en la sociedad moderna,
realizando un análisis semiótico en el
que el arte se explica a través de
signos que el hombre intenta descifrar
sin un resultado aparentemente
satisfactorio. En La obra de arte en la
época de la reproductibilidad técnica
(1936) analizó la forma cómo las nuevas
técnicas de reproducción industrial del
arte pueden hacer variar el concepto de
éste, al perder su carácter de objeto
único y, por tanto, su halo de
reverencia mítica; esto abre nuevas vías
de concebir el arte –inexploradas aún
para Benjamin– pero que supondrán una
relación más libre y abierta con la obra
de arte.
Theodor W. Adorno, como
Benjamin perteneciente a la Escuela de
Frankfurt, defendió el arte de
vanguardia como reacción a la excesiva
tecnificación de la sociedad moderna. En
su Teoría estética (1970) afirmó que el
arte es reflejo de las tendencias
culturales de la sociedad, pero sin
llegar a ser fiel reflejo de ésta, ya
que el arte representa lo inexistente,
lo irreal; o, en todo caso, representa
lo que existe pero como posibilidad de
ser otra cosa, de trascender. El arte es
la “negación de la cosa”, que a través
de esta negación la trasciende, muestra
lo que no hay en ella de forma
primigenia. Es apariencia, mentira,
presentando lo inexistente como
existente, prometiendo que lo imposible
es posible.
Recopilado de: Wikipedia
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