La farmacéutica
  Trabajar es imponer a los materiales y a los seres que nos dio la Naturaleza, transformaciones o desplazamientos que les hagan más útiles o más bellos...

  

La farmacéutica

...es, también, estudiar las leyes de las transformaciones, prepararlas o dirigirlas
André Maurois

Historia de la Farmacia                     

La farmacia en la Prehistoria

El estudio de los usos médicos y medicamentosos en la Prehistoria se basa en la paleopatología, en la etnofarmacología, en suposiciones lógicas y en determinadas comparaciones de los pueblos primitivos actuales con los prehistóricos; no obstante, ninguna suposición es segura.

Los antepasados de los humanos contemporáneos padecieron la mayoría de las enfermedades hoy conocidas: osteomielitis, gota, artritis, tuberculosis, cáncer, etc.; practicaban la trepanación y sobrevivían a fracturas óseas; sin embargo, no se puede probar la intervención de prácticas médicas en estos fenómenos.

Los pueblos primitivos actuales suelen incluir un personaje que hace de curandero (chamán, medicine-man), que practica usos curativos religiosos (rezos, invocación de dioses, exorcismos), mágicos (amuletos) y empíricos (plantas medicinales, masajes). Prácticas entremezcladas y que se suponen extrapolables a la Prehistoria. No se debe confundir la medicina chamánica con la folklórica o popular.

Las culturas prehistóricas cultivaron vegetales medicinales, por ejemplo, las plantas lacustres de la zona del actual Nauchatel correspondientes al género Papaver; en el Paleolítico se empleaban ya especies como Fumaria officinalis, Saponaria officinalis, Sambucus edulis y Papaver somniferum, y es lógico suponer que las primeras drogas utilizadas por los homínidos con fines médicos serían los purgantes y analgésicos, por su acción inmediata.

Mesopotamia: inicios en materia farmacéutica

Las fuentes históricas disponibles de esta época son las tablillas cuneiformes de la biblioteca del rey asirio Asurbanipal (ca. 630 a.C.), las tablillas de las ciudades de Nippur (ca. 2000 a.C.) y Ebla (ca. 1500 a.C.), el Código de Hammurabi (ca. 1700 a.C.). Una de las tablillas de Nippur es llamada El texto más antiguo de la Medicina (tablilla Kramer).

Los mesopotámicos concibieron la enfermedad como de origen teúrgico, mágico y empírico. No diferenciaban bien enfermedad, pecado e impureza. Su pensamiento teocrático implicaba la práctica médico-farmacéutica en los templos por los sacerdotes, que empleaban la astrología, la hepatoscopia, la empiromancia, la oniromancia y otras formas de magia.

La observación empírica mostraba enfermedades obviamente de origen natural, por ejemplo, producidas por gusanos o heridas. No obstante, se confundía la enfermedad con los síntomas, aunque alguna se llegara a individualizar hasta recibir un nombre específico: gonorrea (musu), epilepsia (benu), etc.

Las drogas de los mesopotámicos son conocidas, sobre toto, por las tablillas de Nínive y Nippur; de hecho, El más antiguo texto de la Medicina es El más antiguo texto de la Farmacia, puesto que consiste en una decena de recetas farmacéuticas. En referencia a las drogas o sustancias utilizadas en Mesopotamia pueden citarse plantas como la adormidera, la belladona, el cáñamo, la mandrágora, el eléboro, el plátano, el boj, el algarrobo, la mirra y el puplier del Éufrates. De origen animal cabe citar la leche, la sangre, la grasa, la carne, las pieles de serpiente, las conchas de tortuga, pájaros e insectos, anfibios, pelos y huesos. Entre los minerales se encuentran la sal común, la sal de cobre, el arsénico, el zinc, el hierro y el azufre, entre otros. Del valle del Indo se exportaban a Mesopotamia y de allí a Egipto la canela, el jengibre, acoro o cálamo, la asafétida y el sándalo, entre otros.

Las operaciones galénicas de los mesopotámicos están recogidas en varias tablillas, en especial en la tablilla sumeria de Filadelfia; consistían en extracción de aceites vegetales, desecación de plantas, extractos acuosos y oleosos, infusiones, pulverización de drogas, cristalización fraccionada, decocción, etc. Las formas farmacéuticas utilizadas era pomadas, enemas, ungüentos, fumigaciones, supositorios de hueso o piedra y lavados, entre otras. El vehículo de administración más común fue la cerveza y los "animales de experimentación" eran esclavos y prisioneros de guerra.

Antiguo Egipto: grandes avances en terapéutica

Las fuentes históricas de esta época son los papiros de Ramesseum y de Kahun, Smith, Ebers, Hearst, Erman, London, Berlín, Beatty, Carlsberg y otros. El más famoso es, sin duda, el de Ebers (18ª dinastía), que se puede encontrar fácilmente traducido.

Los egipcios concebían la enfermedad como castigo divino, posesión demoníaca o debida a causas naturales, como por ejemplo las enfermedades parasitarias. Entre los muchos dioses egipcios relacionados con la Medicina se encuentran Thoth-el ibis, Sekhmet, Heket, Horus, Isis e Imhotep, éste último, un personaje histórico deificado. Los conocimientos médicos eran transmitidos de padres a hijos, entre sacerdotes y en la Casa de la Vida (institución médica estatal).

Egipto fue muy rico en plantas medicinales. En los papiros médicos son citadas unas 700 drogas, de las que casi 500 han sido identificadas; otras, con nombres simbólicos (pluma de Thoth, ojo del cielo...), aún no. Conocían drogas vegetales como las correspondientes a la adormidera, que aparece por primera vez en un escrito; la mandrágora, que Nefertiti se la ofrece a su esposo en un bajorrelieve; y también las del beleño, la datura, la levadura de cerveza y el incienso; además, conocían los efectos del ajo, la cebolla y el rábano (ricos en antibióticos intestinales); también el eléboro, el ricino, las gomas, los zumos y vinos.

De procedencia animal utilizaban la miel; la cera; la sangre de perro, lagarto y murciélago; la leche de mujer, oveja y vaca; el hígado de buey y asno; la bilis de tortuga, cabra y puerco; la grasa de león, cocodrilo, hipopótamo, gato, serpiente, etc. Entre los minerales utilizados por los egipcios se encontraban el arsénico, el natrón, el petróleo, la crisocola o colirio verde, la galena o colirio negro y el alumbre, entre otros. La cosmetología floreció en Egipto, pues sus mujeres amaban los cosméticos.

Los egipcios medían las drogas, más que pesarlas, es decir, las mezclaban a la mitad, al doble o al triple; sin embargo, pesar fue más propio de los griegos antiguos que de los egipcios.

Formas farmacéuticas eran cervezas, vinos, mieles, aceites, pociones, ungüentos y gomas; incluso las nodrizas tomaban medicamentos para que por la leche pasaran a los recién nacidos. Los colirios y medicinas oftálmicas alcanzaron gran perfección en Egipto, por la mucha frecuencia de infecciones oculares, portadas por las moscas y la arena.

La Medicina egipcia se relacionó con la mesopotámica (ésta con la hindú y china) y con todo Oriente Medio, Creta, la Hélade y el interior de Africa. Y los conocimientos egipcios no desaparecieron perdidos para siempre, sino que se diluyeron en el helenismo, la cultura copta, la islámica, etc.

Grecia Antigua: el influjo de la medicina hipocrática

La Historia de la Medicina griega acostumbra a ser dividida en períodos: prehipocrático (mal llamado homérico), hipocrático y helenístico o alejandrino (Medicina greco-romana).

Las fuentes históricas disponibles de esta época son La Ilíada y La Odisea, que fueron los primeros textos históricos estudiados por los historiadores de la Farmacia; esto constituyó un grave error metodológico, al no tratarse de obras médico-farmacéuticas. Los escritos prehipocráticos han desaparecido casi en su totalidad; se conocen por referencias de Aristóteles, Teofrasto, Galeno, Aecio de Amida y otros. En el período hipocrático la gran fuente histórica es el Corpus Hippocraticum; lo forman 53 tratados que exponen doctrinas de las escuelas de Kos y Knido. Sus escritos más significativos datan de entre el 420 y el 350 a.C., pero contiene literatura muy anterior y posterior. En el siglo III a.C., en la Biblioteca de Alejandría, se le añadieron tratados más modernos. En la época de los Antoninos el Corpus Hippocraticum ya era el clásico más importante de la Medicina; Galeno lo comentó y glosó. En el siglo X, en Constantinopla el Corpus terminó de adquirir la forma en que hoy es conocido. Su tratado más famoso es quizá Aforismos, y los de mayor contenido farmacéutico son: Sobre las heridas y Sobre las fístulas.

Tradicionalmente el Corpus Hippocraticum se consideró obra de Hipócrates, pero esta atribución legendaria es irrelevante, puesto que es decisivo por sí mismo. El Corpus Aristotelicum, obras de Aristóteles y sus discípulos, es la fuente histórica principal posterior al Corpus Hippocraticum. Aristóteles fue, ante todo, un naturalista; sus contribuciones a la Medicina están contenidas en la Física, en la Historia natural de los animales. Su discípulo Teofrasto completó los aspectos botánicos. El resto de las fuentes posthipocráticas han ido perdiéndose; se las conoce por Galeno, Oribasio, Celio Aureliano, Aecio y otros.

La concepción de la enfermedad en la Hélade primitiva era mágica, sacra y empírica. Se conviene en que Hipócrates le aplicó el gran invento griego, la Razón, iniciando de esta manera la Medicina científica.

El culto a Asclepio entra dentro de la concepción religiosa; los recolectores de plantas (rhizotomoi) practicaban la magia, pero por la fuerza de la práctica aprendieron conceptos empíricos.

Los filósofos presocráticos intentaron organizar los fenómenos naturales en un orden racional; esto influyó en la Medicina, al surgir un concepto de salud como equilibrio, isonomía, de cualidades opuestas (frío y caliente, húmedo y seco, dulce y amargo). La enfermedad sería un desequilibrio. Heráclito marcó la Medicina con su eterno fluir, el cambio constante y la tensión de los opuestos. Anaxágoras habló de bilis negra y amarilla, y Filolao de Crotone, de sangre, bilis y flema. Demócrito lo hizo de átomos.

En las escuelas médicas prehipocráticas (Knido, Kos, Crotone) se empezó a integrar por analogía los cuatro elementos y sus temperamentos con los cuatro humores del cuerpo: sangre, flema, bilis negra y amarilla. Por analogía, por tanto, surgió el esquema humoral básico de sangre caliente y húmeda, flema fría y húmeda, bilis amarilla caliente y seca, y bilis negra fría y seca. La Medicina hipocrática aceptó este esquema, Galeno lo convirtió en dogma científico y así determinó la Farmacia y la Medicina hasta el siglo XVIII, por lo menos. Consecuencia indirecta de la teoría humoral fue la sangría (flebotomía) y los purgantes, para eliminar el humor en exceso.

A partir del siglo V a.C., la Medicina hipocrática adquirió carácter científico, liberando las ciencias médicas de magia, religiones y filosofía que, sin embargo, no desaparecieron.

La Historia ha sido muy crítica con Hipócrates, al negar su existencia, considerándole una familia de médicos o una escuela; pero existen testimonios fiables de su vida real. De todos modos importa, más que él, el Corpus Hippocraticum. Las drogas citadas en el Corpus Hippocraticum son unas 250; algunas son repetidas muchas veces: la mirra (65), el eléboro (53), el comino (51); como vehículos de administración aparecen el vino (381), la miel (153) y el aceite (84). Existió intercambio de drogas entre la Hélade, Egipto y Mesopotamia.

Formas farmacéuticas empleadas eran la hidromiel o aguamiel, la oximiel (un expectorante preparado con dos partes de miel por una de vinagre, que se cuece hasta conseguir la densidad de jarabe), tisanas, bolos, ungüentos, pomadas, ceratos (mezcla de ceras y aceites) y clísteres.

Aristóteles fue el autor griego mas influyente posterior a Hipócrates durante la Antigüedad y la Edad Media. Naturalista ante todo, aceptó muchas informaciones anteriores a él, pero las comprobó generalmente. Siguió la teoría de los cuatro elementos, a los que añadió el éter, y la mayoría de los conceptos básicos griegos: physis, pneuma...Teofrasto, discípulo de Aristóteles, fue con Dioscórides, el botánico antiguo más conocido hasta el Renacimiento. El libro IX de su Historia de las plantas inició el género literario farmacéutico de los herbarios.

El Helenismo: la farmacia alejandrina

Aristóteles fue maestro de Alejandro Magno (356-323 a.C.); las conquistas de éste comunicaron las culturas de Europa y Oriente Próximo, y esta unificación cultural se llamó Helenismo. Su primera fase finalizó al dominar Roma el Oriente, pero después se integró perfectamente en la sociedad imperial romana (período helenístico-romano).

Durante el Helenismo hubo muchas escuelas médicas: dogmática, empírica, pneumática, ecléctica, etc. Unas creían en el hipocratismo, los cuatro humores y los cuatro elementos, otras no. La ciudad principal del Helenismo fue Alejandría. El Museo (equivalente a una universidad actual) y la Biblioteca fueron los centros de la cultura alejandrina. Allí se realizó la disección de cadáveres, prohibida durante casi toda la Antigüedad.

Herofilo de Calcedonia y Erasístrato son recordados como los mejores médicos del período helenístico alejandrino. Herófilo abusó de la sangría y la polifarmacia. Erasístrato combatió, por el contrario, la flebotomía y la doctrina humoral. Los medicamentos helenísticos abarcaron desde los más simples a los más complicadamente polifarmacéuticos. Erasístrato recomendaba la leche de mujer contra la mordedura de animales ponzoñosos y los cerebros de pájaros en vino contra el veneno de serpiente. El excremento de cocodrilo llegó a ser una droga más cara que el oro.

Los reyes helenísticos invirtieron en toxicología. Atalo de Pérgamo arrastra fama de envenenador. Mitrídates VI del Ponto ha pasado a la Historia por su afición a los venenos, como el legendario inventor del mitridatismo y mithridateios (antídoto universal, en uso hasta la Edad Moderna). Y Cleopatra se suicidó probablemente con una pócima alejandrina y no con un áspid, para evitar ser hecha prisionera por Augusto, el primer emperador romano.

Roma: la influencia de Galeno

La Medicina-Farmacia de la Roma más antigua era equivalente a la de otros pueblos incultos. La influencia etrusca (oriental) y la helénica aparecían ya manifiestamente en el año 600 a.C. En aquella época los remedios los aplicaba el pater familias y ser médico se consideraba indigno de los ciudadanos romanos. La Medicina la ejercían, sobre todo, los griegos.

Los autores más famosos de comienzos de la época imperial podrían ser Celso y Plinio el Viejo. Dioscórides fue el botánico de la Antigüedad más conocido y comentado durante la Edad Media y el Renacimiento; su obra, llamada comúnmente El Dioscórides, sirvió de presente entre emperadores y califas medievales y, en el Renacimiento, su comentario se convirtió en un género literario farmacéutico. Pedáneo Dioscórides (que sobresalió entre los años 50-70) nació en Anazarbo, Asia Menor, y estudió en Tarsos y Alejandría. Practicó la Medicina en las legiones de Nerón y, al desplazarse con el ejército, herborizó amplias regiones. Su tratado Peri y les íatrikes se denominó De materia medica en latín; formado por cinco libros, cita 600 plantas medicinales, 35 drogas animales y 90 minerales. Aún existen Dioscórides tan antiguos como el de Anicia Juliana, del 502. La obra de Dioscórides se imprimió en 1478 en latín y en 1499 en griego. Traducciones, variaciones y comentarios dificultan conocer el original.

Galeno ha de ser considerado un griego que vivió en el Imperio Romano, pero no un romano; los emperadores Marco Aurelio, C ómodo y Septimio Severo lo tuvieron a su servicio y lo apreciaron.

Galeno ha sido el autor más influyente en la Farmacia y la Medicina de Occidente, junto con el Corpus Hippocraticum y sin comparación posible con otros, hasta la Edad Contemporánea. Su interpretación de las ideas médicas hipocráticas y filosóficas aristotélicas, y la construcción a partir de ellas de un cuerpo doctrinal, del que no se dudó hasta el siglo XVI, es la verdadera aportación de Galeno a la Historia Universal.

El dogmatismo galénico anquilosó los estudios médicos y farmacéuticos de siglos posteriores; pero esto no se debió tanto a la tendencia tipificadora de Galeno, como a la perezosa inercia de sus seguidores. En todo caso, nada puede disminuir la importancia de la obra de Galeno: completó por primera vez una Anatomía (sobre disecciones de animales, no de humanos), integró los anteriores conceptos fisiológicos helénicos en su teoría humoral (cuatro elementos: agua fuego, aire y tierra; cuatro propiedades: frío, caliente, húmedo y seco; cuatro humores: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema o pituita; cuatro temperamentos: sanguíneo, flemático, melancólico y colérico; ideas de physis, psykhé, dynamis, etc.; todo trabado en una doctrina complicadísima, sólo inteligible tras prolongado estudio); impuso la teoría del desequilibrio humoral en patología; pero de forma sobresaliente, sometió la Medicina a la Razón y desarrolló unos conceptos medicamentosos con cualidades, elementos, potencia, acto, grados, etc.

Galeno aceptó la complicada polifarmacia helenística y se manifestó decidido partidario de la sangría (un lastre para el futuro); divulgó ideas hipocráticas: primum non nocere (no dañar, antes que curar), contraria contrariis curantur (tratamiento por los contrarios), lo semejante arrastra lo semejante...

En el siglo III aconteció una crisis social y económica profundísima en todo el Imperio Romano y, en especial, en el de Occidente; la cultura se empobreció y medievalizó y las ciencias médico-farmacéuticas tardaron siglos en volver a alcanzar el nivel de conocimientos de la época de Galeno.

Imperio de Bizancio: el galenismo

El Imperio de Bizancio adoptó la religión cristiana; por sus creencias religiosas obligó a los filósofos paganos griegos a emigrar a Oriente (La Academia fue cerrada por Justiniano en el 529); además, también los nestorianos (ver nestorianismo) hubieron de huir y, al dispersarse, crearon florecientes escuelas de Medicina, primero en Edesa y después en Gundishapur, para al final unirse a la cultura islámica del Califato de Bagdad. Estos exilios llevaron las obras médicas clásicas a Oriente, donde muchas se salvaron de las destrucciones de la Alta Edad Media.

Los historiadores han visto por esto al Imperio de Bizancio como un mero conservador y transmisor de la cultura de la Antigüedad y a sus científicos como simples compiladores de las obras griegas y helenísticas. Tampoco se acepta que la Farmacia y la Medicina estuvieran separadas en Bizancio, aunque llegaron a estarlo en su contemporánea cultura islámica. A falta de estudios más rigurosos habrá que admitir este punto de vista, por el momento, aunque ya es evidente la originalidad de algunos sabios bizantinos, entre los que son más conocidos: Oribasio, Celio Aureliano, Aecio de Amida, Pablo de Egina y, sobre todos, Alexandro de Tralles.

Los myrépsicos eran vendedores bizantinos de medicamentos preparados por ellos mismos, que parecen anunciar la entrada de los farmacéuticos en la Historia.

El Islam: separación de la medicina y la farmacia

Convienen los historiadores en que en la cultura islámica la Farmacia se separó de la Medicina por primera vez. Dicha separación la marca la obra de Al-Biruni (973-1051) titulada Kitab al-Saydanah fi-al-Tibb, en la que el autor distinguió inequívocamente al farmacéutico (llamado al-Saydalani) y a la botica (al-Saydanah).

Las fuentes históricas de la Farmacia islámica consisten en miles de manuscritos, que se conservan en las principales bibliotecas del mundo (en ocasiones se redescubre alguno), y en los escritos de algunos historiadores de la Medicina musulmanes, entre ello Al-Biruni y Ibn Abi Usaybia.

Las prácticas médicas de las tribus árabes de los tiempos de Mahoma eran las propias de los pueblos primitivos (mágicas, teúrgicas y empíricas). No obstante, los coraichitas mantenían un activo comercio de drogas, especias y perfumes con la India y Persia desde los puertos yemeníes.

El Profeta dictó practicas higiénicas como normas de su religión, y como tales fueron recogidas en el Corán. Pero fue al conquistar Oriente Medio, Persia y Egipto cuando los árabes conocieron las formas más avanzadas de la Medicina de su época y las adoptaron. Los médicos nestorianos de Gundishapur aportaron por vez primera la Medicina científica griega y romana al mundo islámico. Abu Zakariya Yuhanna ibn Masawayh, llamado Mesué el Viejo o Juan Damasceno en la Cristiandad, inició la traducción de las obras médicas helenísticas al árabe.

Aún más importante se considera a Abu Zayd Hunayn ibn Ishaq al-Ibadi, el Johannitius (Ioannitius, Joanitius) de los cristianos, que participó en la búsqueda de manuscritos grecorromanos, ordenada por el califa Al-Mamun en todo Oriente Medio. Johannitius, además de traductor, fue creador de una escuela de traductores y autor original. Su escrito Al-Masa fi l tibb (Introducción a la Medicina) es el famoso Isagoge, inicio del género isagógico.

La calidad de los farmacéuticos y médicos islámicos (nestorianos, hebreos y musulmanes) alcanzó tal grado que sus traducciones se vertieron posteriormente al latín medieval; así a la Cristiandad llegaron las obras hipocrático-galénicas por dos vías: desde el árabe y directamente desde el griego y el latín clásicos. Entre los géneros literarios médicos y farmacéuticos islámicos deben ser citados: el isagógico (Introducciones a la Medicina), los Aqrabadhin (formularios farmacéuticos), enciclopedias médicas, cuadros sinópticos y libros de venenos, entre otros.

Farmacéuticos y médicos islámicos importantes y famosos hay tantos como se quiera, entre ellos: Abu Mansur, Al-Kindi, Al-Malaki, Al-Razi (el Rhazes de la latinidad), Masawaih al-Mardini (llamado Mesué el Joven), Abul-Qasim Khalaf ibn Abbas Al-Zahrawi (Abulcasis), Abu Ali Al-Hisayn ibn-Abdallah Ibn Sina (Avicena), Ibn Wafid, (Avenzoar), (Averroes), Moses ben Maimon (Maimónides), Ibn Al-Baytar, Ibn al-Nafis, etc.

La Edad Media: la consolidación de la profesión farmacéutica

En la Edad Media el Occidente de Europa se sumió en una depresión cultural sin precedentes. Las formas mágicas y teúrgicas de curar reaparecieron con gran fuerza. El triunfo de la religión cristiana impulsó la creación de hospitales, pronto anexos a los monasterios benedictinos (ejemplo, St. Gall en el 830); monasterios que en sus bibliotecas preservaron y copiaron los manuscritos de Medicina antigua y donde los monjes los fueron traduciendo poco a poco al latín medieval.

La obra literaria arquetípica de este período es de carácter enciclopédico; sus autores más destacados son Cassiodoro, Anthimus, Martianus Capella, San Isidoro de Sevilla, etc. Beda el Venerable fue determinante en establecer el sistema pedagógico medieval, que en tiempos de su discípulo Alcuin de York se benefició del renacimiento carolingio. Este sistema incluía las escuelas catedralicias, algunas de las cuales evolucionaron hacia las primeras universidades. Hildegard de Bingen representa la labor cultural de los monasterios femeninos y escribió la obra Liber simplicis medicinae.

La Escuela de Traductores de Toledo, fundada hacia 1135, resultó esencial en la transmisión de la Medicina musulmana y clásica a la cultura cristiana; su principal representante fue Gerardo de Cremona. La Escuela de Salerno es probablemente la institución médico-farmacéutica más famosa del Medievo. Se gestó a partir de un monasterio benedictino con hospital (en el año 820) y fue un confluir de cultura griega, hebrea, islámica y latina. Sus representantes más conocidos fueron Gariopontus, Petronius o Petricellus, Alphanus, Constantino el Africano, Nicolaus Salernitanus o Myrepsus, y Mattheus Platearius el Joven, entre otros. Quizá los textos salernitanos más famosos son: Antidotarium Nicolai, Antidotarium Magnum, Regimen sanitatis Salernitanus (Flos medicinae) y Tractatus de aegritudinum curatione. La Escuela de Salerno se considera el primer lugar donde aparecen separadas Farmacia y Medicina, con continuidad en Europa Occidental. Separación reconocida en la Ordenanza de Federico II de 1224.

Las universidades surgieron a partir de las escuelas catedralicias y los Studium generale. Sus profesores pertenecían frecuentemente a los franciscanos o dominicos, y el espíritu se manifestaba escolástico. Los médicos universitarios gozaron de una mejor posición social y se legisló incesantemente contra los clérigos médicos. Autores universitarios fueron San Albertus Magnus, Santo Tomás de Aquino, Roger Bacon, Petrus Hispanus (Juan XXI), Simón Genuensis, Jean de Saint Amand, Taddeo Alderotti, Arnau de Vilanova, Guy de Chauliac, Varignana (inició las disecciones de cadáveres). También coincide cronológicamente con estos Ramón Llull.

Las epidemias aumentaron en la Alta Edad Media al empeorar las condiciones de vida; muy llamativas resultaron las de Fuego de San Antonio (ergotismo) y el baile de San Vito. En la Baja Edad Media, los cruzados volvieron con enfermedades endémicas orientales, que provocaron epidemias o las agravaron; es el caso de la lepra y el tracoma. Los mongoles, por ejemplo, portaban la plica polonica; la epidemia de 1357 dio nombre a la influenza (gripe); el tifus exantemático se detecta durante todo el Medievo; pero la epidemia más mortífera que ha sufrido la humanidad en toda su Historia fue la peste negra de 1348, que mató a un tercio, aproximadamente, de los habitantes del Viejo Mundo.

Desde finales del siglo XI va perfilándose la figura del farmacéutico en toda Europa, con distintos nombres: apotecarius, speciator, aromatarii, pigmentarii, boticario, etc. La legislación se ocupa de regular el ejercicio de la Farmacia y las farmacias se conforman a partir de las herboristerías.

El Renacimiento: Paracelso y su influencia

Con el Renacimiento llegó a Europa Occidental la imprenta, que difundió las obras grecolatinas, muchas de ellas traídas de Bizancio, conquistado por los turcos. La ciencia del mundo islámico fue retrasándose respecto a la Europea; esta se secularizó; los dogmas religiosos y los hipocrático-galénicos fueron puestos en duda, y triunfaron los nacionalismos y el humanismo.

En el Renacimiento fueron publicadas las primeras farmacopeas: Recetario Florentino (1498), Concordia ...de Barcelona (1511). También se conformaron, a partir de cofradías y gremios bajomedievales, los colegios de boticarios: Nobile collegio degli aromatari (Roma, 1429), colegios de Valencia (1441), Zaragoza (1506), etc.

Otras modas renacentistas consistieron en los jardines botánicos, las cátedras de simples (donde se estudiaba materia médica), los museos de materia farmacéutica y los herbarios modernos.

Aunque durante el Renacimiento no cesó la influencia de los textos enciclopédicos y de los herbarios medievales, así como de las obras de los clásicos del Islam, la característica fundamental de este período es el auge del interés por los autores antiguos: Hipócrates, Teofrasto, Galeno (600 ediciones de sus obras entre 1474 y 1600) y, sobre todos Dioscórides, cuya obra comentada y ampliada se convirtió en un género literario farmacéutico. Entre los Dioscórides más famosos están los de Mattioli, Amatus Lusitanus, Andrés Laguna y Valerius Cordus.

A las drogas empleadas durante el Medievo se les añadieron las traídas de las Indias. Las crónicas de los conquistadores y descubridores dedican generalmente atención a "los simples"; pero los libros más conocidos por divulgar las drogas de América en Europa son: el Códice Badiano y los de Bernardino de Sahagún, Nicolás Monardes y Francisco Hernández. Clusius editó las obras de Orta, Monardes y Acosta.

Las novedosas plantas y drogas americanas eran el guayaco o palosanto, el tabaco, la zarzaparrilla, la coca, el maíz, la jalapa, el sasafrás, los bálsamos de Perú y Tolú (ver bálsamo), etc. García d´Orta y Cristobal Acosta representan a los estudiosos de las drogas de las Indias Orientales comercializadas por los portugueses: catecú, áloe, benjuí, alcanfor, ruibarbo y acíbar, entre otras.

Además de las drogas nuevas, los farmacéuticos renacentistas usaron las más reputadas de la Antigüedad y el Medievo, tales como mitridato, piedra Bezoar, unicornio, triaca, y los remedios secretos, como píldoras de Barbarroja, panacea Anwaldina o bálsamos de Fiorabanti.

Los descubrimientos geográficos causaron un intercambio de enfermedades entre los pobladores del Viejo y del Nuevo Mundo: sífilis, fiebre amarilla, viruela, paludismo, gripe, peste, etc., atravesaron el Atlántico en uno u otro sentido. Siguieron apareciendo epidemias de tifus y peste. La sífilis puede ser considerada la pandemia del siglo. Implicó el uso de medicamentos especiales (guayaco, mercuriales) y una mejor comprensión del concepto de contagio, por ser tan obvio. Fracastoro lo dedujo teóricamente de forma genial.

Durante el Renacimiento comenzó el ataque a las doctrinas hipocrático-galénicas y si no fueron demolidas, sí resquebrajadas. Vesalio probó que la Anatomía de Galeno estaba plagada de errores; Falloppio, Bahuin y muchos más abundaron en la crítica. En Fisiología negaron a Galeno, entre otros, Miguel Serveto (Servet), Cesalpino y Colombo, entre otros. El concepto de enfermedad hipocrático-galénico fue discutido por Fracastoro, Paracelso, Cardano, Jean Fernel, Platearius y otros. Y si Paré o Fabrici d´Acquapendente pueden simbolizar la renovación de la Cirugía durante el Renacimiento, es, sin duda, Paracelso el símbolo de la nueva Farmacia química renacentista.

Paracelso alteró la teoría humoral al introducir en ella conceptos químicos; se opuso a la polifarmacia, predicó la especificidad de los medicamentos; inició la iatroquímica (yatroquímica) y marcó con su personalidad la Farmacia y la Medicina del Renacimiento.

Farmacéuticos de este período autores de libros sobre su profesión son Pedro Benedicto Mateo, Suardus, Dusseau, Melich, Fernández de Sepúlveda, Luis de Oviedo, etc.

Las formas farmacéuticas evolucionaron durante el Renacimiento y, en general, permanecieron hasta el siglo XIX. La legislación del Renacimiento (real, municipal, del Protomedicato creado por los Reyes Católicos o los colegios) se ocupó específicamente de los exámenes de boticarios, inspecciones de boticas, intrusismo profesional, forma oficial de preparar los medicamentos, ética farmacéutica, etc. Queda así definida la línea legislativa de los siglos posteriores.

El siglo XVII: primeras regulaciones de la profesión farmacéutica

En este siglo triunfó la mentalidad barroca y también la Ciencia experimental (Bacon, Galileo, Descartes, Newton,...). Fueron abiertas las primeras academias científicas, como la Accademia dei Segreti, la Accademia dei Lincei, la Accademia del Cimento, la Royal Society, la Academie Française, y en España la Real Academia de Medicina de Sevilla.

La Anatomía y la Fisiología siguieron alejándose del modelo hipocrático-galénico, al cofrontar éste con los resultados de la experimentación. Los anatomistas (Bartholin, Ruysch, Willis) resultaron menos revolucionarios que los de la centuria anterior; pero los fisiólogos sí realizaron descubrimientos revolucionarios: circulación sanguínea (Harvey), respiración (Boyle, Robert Hooke...). Las teorías médicas y farmacéuticas innovadoras consistieron en la iatromecánica y la iatroquímica (J.B. van Helmont, Sylvius...). Sydenham debe ser considerado el clínico y patólogo por excelencia del siglo XVII; Boerhaave, además de como clínico, se distinguió como naturalista; Stahl desarrolló la teoría del phlogiston, inicio de la química médica; sus conceptos de Química, al igual que la obra de Lemery, tuvieron gran repercusión en la Farmacia.

En el siglo XVII aparecieron las primeras revistas científicas, aún no específicamente farmacéuticas, por ejemplo el Journal des Sçavans, y se inventó una tecnología decisiva, el microscopio (Jansen, Galileo, Leeuwenhoek), el termómetro, el barómetro, etc.

Las Ciencias Naturales progresaron con el siglo. Algunos naturalistas fueron considerados autores farmacéuticos; es el caso de Tournefort, John Ray, Bahuin (1560-1624) y otros.

La Terapéutica abusó hasta el homicidio de las sangrías, y de los enemas o clisteres. Se siguió usando el arsenal terapéutico tradicional (triaca, mitridato, unicornio, mumia), pero fueron aceptados muchos medicamentos químicos y preparados galénicos nuevos; estos eran en numerosas ocasiones puestos a la venta como remedios secretos. Medicamentos químicos de la época eran el vino emético, la sal de Seignette (tartrato sódico potásico), la sal de Glaubero (sulfato sódico), la sal de Epsom (sulfato de magnesio), etc. Y entre los preparados galénicos están el láudano de Sydenham, las píldoras Escocesas y el agua de Alibour, entre otros. Desde América llegaron a Europa drogas efectivas, en especial la quina y la ipecacuana. Otras drogas de las Indias consolidaron su empleo, como los bálsamos de Perú y Tolú, el chocolate, el té, el café y el tabaco.

El deporte renacentista, y de toda la Historia, de envenenar a la gente se siguió practicando, pero a gran escala y con grave riesgo para todas las partes implicadas; véanse los casos de Toffana di Adamo y de la Marquesa de Brinvilliers.

Siguieron apareciendo más farmacopeas (Ausburg, París, Pharmacopoeia Londinensis, Dispen satorium Brandemburgicum...). La literatura farmacéutica además fue muy abundante con libros de Charas, Glaubero, Boyle, Glaser, Lemery y, en España, J.de la Fuente Pierola, Vélez de Arciniega, Martínez de Leache, etc.

Las formas farmacéuticas tradicionales fueron ordenadas sistemáticamente en las farmacopeas; además, apareció alguna nueva; por ejemplo, se intentó seriamente la inyección parenteral. La legislación farmacéutica continuó las líneas de actuación del siglo anterior: regulación de inspecciones, exámenes de boticarios, dignificación profesional (disposición de Felipe IV de 1650, que consideraba la Farmacia Arte científico), lucha contra el intrusismo de los religiosos, etc. En los países anglosajones la regulación legislativa fue mínima.

Hubo en esta centuria agrupaciones de boticarios en todas las naciones: corporaciones farmacéuticas francesas, comunidades farmacéuticas italianas, la Society of the Art and Mystery of the Apotecaires of the City of London, y cofradías y colegios en España. En América, en el siglo XVII, faltaban boticarios. En 1536 el Rey había dispuesto que las leyes médicas y farmacéuticas de la Península fueran aplicadas en Hispanoamérica. Y en 1579 Felipe II había aumentado la autoridad del Protomedicato al otro lado del Atlántico.

En el siglo XVII, mientras en los territorios de la actual Argentina predominaba aún la improvisación y se vendían los medicamentos en las tiendas y pulperías, en Nueva España y Perú se reguló más el ejercicio de la profesión farmacéutica, debido al interés que despertaban por sus riquezas mineras. En todo caso la confusión fue grande, y las farmacias de los conventos, las mejores.

Siglo XVIII: las expediciones y el auge de la literatura farmacéutica

En el siglo XVIII triunfó la Ilustración. En los círculos ilustrados, la Ciencia experimental derrotó definitivamente a las doctrinas hipocrático-galénicas, que subsistieron de forma residual entre los menos cultos.

Botamen de la Botica. Palacio Real. Madrid

El XVIII fue un siglo de expansión y progreso, en el que desaparecieron de Occidente enfermedades seculares, como la peste, al mejorar la higiene pública. Y, si es cierto que la viruela marcó el rostro de toda la gente, también lo es que Jenner en 1796 difundió la vacuna, como el remedio definitivo de la viruela. Las Ciencias Naturales progresaron durante toda la centuria, de mano de Buffon, Spallanzani, Jussieu y muchos otros; Linneo superó a todos al imponer su sistema universal de clasificación de plantas y animales.

La Química adquirió sus características modernas al final del siglo por obra de Lavoisier; pero entre el XVII y el XVIII, Sthal había empezado el proceso de debate en Química con su teoría del flogisto; después siguieron las aportaciones de Geoffroy, Macquer, Beaumé, Black, Caven-dish, Priestley, Scheele, Fourcroy, y Berthollet, entre otros, para culminar en el más grande de todos: Lavoisier.

Los farmacéuticos no sólo se beneficiaron de los descubrimientos de la Química y las Ciencias Naturales, sino que ellos resultaron ser generalmente los mejores químicos y naturalistas. En España, no obstante, una fuerte corriente reaccionaria se opuso a principios de siglo a las innovaciones que pretendían introducir los llamados novatores; de manera que siguieron preparándose medicamentos antiguos, como el mitridato o la triaca (de la que dependían los ingresos del Colegio de Madrid); pero fueron perdiendo partidarios frente a la medicación no polifarmacéutica. Algunos "simples" conocidos desde siempre probaron su efectividad, como el helecho macho o el ricino. De las Indias siguieron llegando drogas nuevas (polígala, casia, etc.) y otras como la quina se hicieron populares.

Algunos medicamentos que aún son empleados fueron descubiertos en el XVIII; es el caso de la planta digital (Withering, 1785) o del aceite de hígado de bacalao. Los preparados galénicos más variados eran la moda: polvos de Dower, licor arsenical de Fowler, agua de laurel cerezo, tintura tónico-nervina de Bestuchef, etc. Resulta difícil, frecuentemente, distinguir estos preparados galénicos de los remedios secretos (Gran Elixir Cordial de Stoughton, bálsamo de las maravillas, ungüento del canario...).

En Gran Bretaña, la publicidad en la prensa periódica (representada por The English Mercury) y la ley de patentes (de 1711) fueron dos costumbres imprescindibles para el nacimiento de la Industria Farmacéutica en el siglo XIX.

La literatura farmacéutica del siglo XVIII puede ser calificada de abundantísima, con autores como Baumé, Macquer, Parmentier, Hagen y los Trommsdorf, y en España, Félix Palacios (traductor de Lemery y autor de la Palestra), Juan de Loeches (Tyrocinium...), Pedro de Viñaburu (Cartilla...), Francisco de Brihuega (Examen...), Pedro Gutiérrez Bueno (introductor de Lavoisier), etc.

Además, en el siglo XVIII las farmacopeas adquieren ámbito nacional: Dispensatorium Pharmaceuticum Austriaco-Viennense (1729), Pharmacopoeia Matritensis (1739,1762) o Pharmacopea Hispana (1794,1797). También salieron en esta centuria las primeras revistas farmacéuticas: Journal der Pharmazie (Trommsdorff,1794) y Journal de la Societé des Pharmaciens de París (1797). Las oficinas de farmacia no variaron demasiado su apariencia; en el Museo de la Farmacia Hispana, de la Facultad de Farmacia de Madrid, existen representadas varias de esta y otras épocas conservadas o reproducidas.

El Colegio de Boticarios de Madrid se distinguió por su actividad científica y docente (Botánica, Química) durante este siglo. Siguió las instrucciones del Protomedicato, pero no faltaron duros enfrentamientos.

La decimoctava centuria es la de las academias nacionales; así, la Real Academia Nacional de Medicina nació en la tertulia de José Hortega, la Academia de Ciencias de Barcelona también se ideó en una rebotica y el Colegio de Boticarios de Madrid se transformará dos siglos después, en el XX, en la Real Academia de Farmacia.

Los farmacéuticos españoles adquirieron categoría científica; es el caso de la familia Salvador, Quer (ver Quer y Martínez, José), Minuart, Barnades (ver Barnades, Miguel), Palau (ver Palau Verdera, Antonio) y muchos más. Boticarios eran los protagonistas de las reales expediciones botánicas a ultramar, que buscaban explorar y explotar los recursos naturales de las colonias, a imitación de lo que hacían franceses e ingleses. Casimiro Gómez Ortega las impulsó, Hipólito Ruiz y José Pavón viajaron a Perú y Chile (orden de 1777), Celestino Mutis a Nueva Granada (1783); Sesse, Mociño, Vicente Cervantes y Juan del Castillo a Nueva España (1787), y Juan de Cuellar a Las Filipinas (1785).

Otra expedición científica famosa mundialmente fue la de Jorge Juan, Ulloa, La Condamine y J. Jussieu

La legislación farmacéutica dieciochesca recogió esta dignificación profesional de los farmacéuticos por su valor científico (Real célula de 1780 de Carlos III, creación del Protofarmaceuticato, Facultad Reunida de Carlos IV en 1799, etc).

En América, Luis Blet realizó un informe de las boticas de Buenos Aires en 1777; en 1795 había ocho farmacias en Caracas; en 1743 los médicos aún actuaban como farmacéuticos en Ecuador. Pero en el XVIII, el Protomedicato fue ordenando la Farmacia en Hispanoamérica.

Siglo XIX: los principios activos y el desarrollo de la microbiología

La Historia de la Farmacia actual es, con mucho, Historia de los siglos XIX y XX, porque la mayoría de los medicamentos actuales han sido descubiertos en este tiempo. El XIX comenzó con mentalidad romántica y finalizó siendo positivista. La concepción etiopatológica de la enfermedad borró los últimos restos de la teoría humoral hipocrático-galénica.

El progreso de la Química permitió el aislamiento en laboratorios químicos de los principios activos de las plantas que los contenían. Primero fueron aislados los alcaloides; así, Sertürner obtuvo el morphium (morfina) en 1805, Derosne la sal de Derosne (narcotina) en 1803, Gomes la cinconina en 1810, Meissner la veratrina en 1818, Runge la cafeína en 1820, Pelletier y Caventou la estricnina, quinina, brucina y colchicina entre 1818 y 1820, etc.

Después fueron aislados los heterósidos; así, Paucquy, Homolle y Quevenne descubrieron la digitalina o digitoxina (esto permitió años después a Ludwig y Stannius solucionar las dudas de Withering); Vauquelin aisló la dafnina; Robiquet y Boutron, la amigdalina, y así sucesivamente.

Otros medicamentos obtenidos químicamente fueron el bicarbonato (V. Rose), los terpenos (por Wallach), etc. La Química orgánica se desarrolló y obtuvo hidratos de carbono, fermentos, proteínas. El químico más representativo del Romanticismo probablemente fue Julius von Liebig.

Los fundadores de la Fisiología moderna inmediatamente se implicaron en estudios farmacológicos; es el caso de François Magendie, J. Müller, J. Pereira, Claude Bernard y Buchheim; éste último creó en Dorpat el primer instituto farmacológico, tipo de institución que fue perfeccionándose en la segunda mitad del siglo XIX, hasta alcanzar su cumbre en el instituto de Schmiedeberg en Estrasburgo. Había nacido la Farmacología.

Orfila, el creador de la Toxicología, también realizó numerosos estudios farmacológicos.

Tres escuelas médicas dominaron el Romanticismo: la homeopatía de Christian Hahnemann, la isopatía y la alopatía.

Con el Positivismo llegó el progreso a la farmacia y a la medicina, y que las ha llevado a su eficacia actual. Seguramente la obra de Louis Pasteur y la de Robert Koch es la más importante de toda la Historia de la Medicina y la Farmacia, al probar que los microbios causaban las infecciones y al crear la Microbiología.

Gracias a Pasteur y a Koch, Joseph Lister pudo desarrollar la Asepsia y la Antisepsia (de la que el húngaro Semmelweis había sido su precursor), y que, con el descubrimiento de los anestésicos generales (por parte de Horace Wells, William Morton y J. Simpson), permitieron el nacimiento de la Cirugía moderna.

A finales de siglo, la mayoría de las bacterias causantes de las enfermedades infecciosas más graves habían sido desenmascaradas, por obra de microbiologos tales como: Eberth y Gaffky (bacilo tífico), Löffler (difteria), Nicolaier (tetános), Alexandre Yersin y Kitasato (peste), D. Bruce (brucelosis)y, por supuesto, Pasteur (Vibrión séptico, cólera de las gallinas...) y Koch (esporas del carbunco, tuberculosis, cólera, micrococo...); además, habían sido creadas numerosas vacunas (por Pasteur y su escuela) y se había iniciado la sueroterapia.

La Química seguía dando medicamentos en el Positivismo, tales como hipnóticos, por ejemplo el hidrato de cloral, y también proporcionó paraldehídos, sulfonal y barbitúricos (gracias a E. Fischer y a Von Mehring). No hay que olvidar los analgésicos, como los salicilatos (gracias a Gerhardt, Dreser y Hoffmann, que inventó la aspirina) y otros como antipirina, fenacetina y aminopirina, de nombre comercial piramidón; anéstesicos locales fueron introducidos por Anrep, Knapp, Wölfler, Landerer, Fourneau y, sobre todo, por C. Koller). También se iniciaba la terapéutica hormonal gracias a Brown-Sequar.

La preparación de medicamentos en las reboticas dio paso durante el XIX a la Industria Farmacéutica, que se formó primero en Gran Bretaña, Francia y Alemania. La Industria Farmacéutica británica nació, a partir de los remedios secretos, la publicidad en los periódicos y las patentes, de la forma más variopinta. La francesa, desde las farmacias-laboratorio; la alemana partió de la Industria Química (colorantes) y las farmacias-laboratorios. Ligado a la Industria Farmacéutica, en el XIX se impone el específico, más tarde llamado especialidad farmacéutica; el específico es el remedio secreto legalizado, para lo cual ante todo debe dejar de ser secreto. En España la Ley del Timbre, de 1892, aceptó una situación de hecho, la venta de específicos.

La legislación decimonónica se ocupó del monopolio en la dispensación de medicamentos, el establecimiento de farmacias, el precio de los medicamentos, inspecciones, situación de viudas y huérfanos de farmacéuticos, etc.

En España destacaron las Ordenanzas de Farmacia de 1800, que creaban la Junta Superior G. de la Facultad de Farmacia; las Cortes de Cádiz reinstauraron el desaparecido Protomedicato; Fernando VII volvió a la Junta Superior Gubernativa (luego de Sanidad). En 1855 se promulgó la Ley General de Sanidad y en 1860 salieron unas nuevas ordenanzas de farmacia. Terminó el siglo con un Real Decreto de 1896 sobre colegios y colegiación obligatoria.

La enseñanza de Farmacia se reguló en el siglo XIX en todos los países desarrollados, y se hizo en muchos, una enseñanza universitaria. En España, en 1801 y 1804 se crearon los Colegios de Farmacia. En 1845, los Colegios se transformaron en Facultades de Farmacia universitarias.

Las formas farmacéuticas se perfeccionaron y renovaron en forma de tabletas, píldoras, sellos, supositorios modernos, óvulos, comprimidos, inyectables, etc. Las operaciones farmacéuticas se mecanizaron en el XIX, hasta alcanzar la industrialización en el XX.

Siglo XX: la era de los antibióticos y las nuevas vertientes farmacéuticas

Quizá la característica más importante de la Farmacia del siglo XX sea la eficacia de sus medicamentos, ya que los medicamentos por primera vez en la historia ejercen la acción que se espera de ellos y curan realmente y con regularidad.

Hacia 1910, Paul Ehrlich descubrió el primer quimioterápico capaz de matar un microbio patógeno, causante de una enfermedad grave y común, dentro del organismo humano sin dañar a éste. Esta droga fue el Salvarsan o 606, un antisifilítico eficaz. Gerhard Domagk hizo público el descubrimiento de la primera sulfamida a comienzos de los años treinta, un medicamento que podía eliminar algunas de las bacterias más dañinas y frecuentes: estreptococos, gonococos, etc.

La década siguiente fue la de los antibióticos. Alexander Fleming, Florey y Chain prepararon la penicilina para ser usada. En 1943 Waksman descubrió la estreptomicina, la primera arma contra la tuberculosis. Siguieron muchos antibióticos y quimioterápicos, tales como el PAS (Lehman, 1946), el cloranfenicol (Burkholder, J. Ehrlich y Bartz, 1947), la clortetraciclina (Duggar, 1948), la eritromicina (Mc Guire y col. 1949), la isoniacida (Domagk y Behnischy, 1952), la gentamicina (Weinstein y col. 1963), etc.

En 1921 Banting y Best, del equipo de Macleod, aislaron la insulina; la diabetes dejó de ser mortal de necesidad y empezó a ser tratada. También en los primeros años del siglo, H. Braun, Fourneau, Hoffmann y otros perfeccionaron los anestésicos locales. En 1899 F. Hoffmann y Dreser comercializaron la aspirina.

Durante el XX han ido descubriéndose los agentes terapéuticos hormonales; así por ejemplo, J.J. Abel, Von Fürt y Takamine dejaron la adrenalina lista para su empleo en 1901; Kendall aisló en 1915 la tiroxina; Roche en 1952 la triyodotironina; Mc Collum inició el uso de antitiroideos azufrados en 1941; Butenant y Laqueur extrajeron la testosterona en los años treinta; Pincus, Chang, Rock, Rice-Wray, García, Djerassi, Colton y otros prepararon los primeros anovulatorios hacia 1956.

Vitaminas, neurolépticos, antiinflamatorios, medicamentos cardiovasculares y muchos otros grupos terapéuticos han sido puestos al servicio de la Humanidad por la Farmacia en el siglo XX. La Industria Farmacéutica ha ido pasando desde la manufactura a la gran industria a partir de finales del XIX: Bayer, Hoechst, Merk, Instituto Pasteur, Rhône-Poulenc, Roussel-Uclaf, Du Pont de Nemours, Glaxo, Wellcome, Ciba Geigy, Roche, Sandoz, Abbott, Lilly, Searle, Smith Kline, Beecham, Squibb, Upjohn, Wyeth, American Home Products, Johnson & Johnson, Pfizer, Astra, Schering, Hollister, etc. son los apellidos de la Farmacia del siglo XX.

En España la Industria Farmacéutica ha estado dominada por las compañías extranjeras; pero algunos laboratorios españoles han tenido éxito: Grupo Ferrer, Doctor Andreu, Antibióticos S.A., CEPA, Cusi, Gayoso, IBYS, Uriach, Abelló, etc. La distribución farmacéutica se ha ordenado en cooperativas (ACFESA), centros farmacéuticos y sociedades anónimas y limitadas.

La actividad de las oficinas de farmacia ha variado casi completamente durante el siglo XX, a causa de la sustitución de la fórmula magistral por la especialidad farmacéutica y la colectivización de la Medicina y la farmacia. Farmacia y Medicina han sido colectivizadas según tres modelos fundamentales: el alemán, el soviético y el británico.

Bismarck creó en 1884 el primer seguro de enfermedad obligatorio y estatal. Aceptó las cajas del seguro (Krankenkassen). Austria, Hungría, Noruega, Suiza, Francia, Luxemburgo, España (1942), entre otros, siguieron su ejemplo. Gran Bretaña se inspiró en el caso alemán en 1911, pero tras la Segunda Guerra Mundial universalizó la atención sanitaria (National Health Service). Rusia creó en 1864 un seguro de base agraria zemstvo; Lenin respetó el sistema, pero lo estatalizó absolutamente; se caracterizó por su dedicación a la medicina preventiva. Estados Unidos aún no ha conseguido un seguro de enfermedad nacional.

Las obras de Von Pettenkofer y J.P. Frank, las campañas de vacunación, las medidas de cuarentena, etc., han mejorado la higiene, desterrado las epidemias y aumentado la esperanza de vida en los países desarrollados de manera sorprendente durante el presente siglo.

Las formas farmacéuticas de finales del XIX han seguido perfeccionándose en el XX: cápsulas, comprimidos, grageas, granulados, inyectables, etc. Además, se anunció, y ya está puesto en marcha, una nueva generación basada en la genética, la biotecnología, etc., para el siglo XXI.

Las farmacopeas tienden a la supranacionalidad: Farmacopea Internacional (OMS, 1951), Pharmacopea Nórdica (1960), Farmacopea Europea (1969) etc. Los farmacéuticos van especializándose, con cargos como oficina de farmacia, análisis químicos, industria, farmacia hospitalaria, etc.

La legislación farmacéutica en el XX ha tratado de regular todos los aspectos de la profesión. En España pueden ser consideradas disposiciones especialmente importantes: Instrucción General de Sanidad (1904), colegiación obligatoria (1917), Unión Farmacéutica Nacional (1914), Reglamento de sueros y vacunas (1919), Restricción de Estupefacientes (1928), obligatoriedad de recetas (1930), Farmacéuticos Titulares (1930), Consejo G. de Colegios O. de Farmacéuticos (1938), Decreto de 1941 (regulación del establecimiento de farmacias), ley del S.O.E. (1942), Ley de Bases de Sanidad (1944), Decreto de 1957, R. Decreto 909/1978, Ley General de Sanidad (1986) y Ley del Medicamento (1990)

La Farmacia en Oriente y en el Nuevo Mundo

Farmacia China

La Farmacia y la Medicina chinas no son primitivas; pueden ser valoradas tanto como las de Occidente, aunque sean muy distintas. China ha influido en las ciencias médicas de Occidente y viceversa, pero las Historias de las Farmacias de China y Occidente son más cómodas de explicar cuando se hace de forma independiente.

La civilización china se creía antes más antigua; hoy se suele aceptar que los primeros signos de civilizaciones urbanas en China aparecieron entre el 1600 y el 1208 a.C., en la dinastía Shang.

Fuentes médicas y farmacéuticas son Tso-chuan, Yi-king, Nei-king, Nan-king, Pents´ao king, Cheuli y miles de textos más. A los anteriores acostumbra atribuírseles origen legendario y han ido ampliándose con el paso de los siglos. Actualmente siguen siendo usados. El primer médico histórico chino, Pien Ts´io (que destacó en el año 450 a.C.), opinaba que el origen de las enfermedades residía en desequilbrios Yang-Yin; es un indicio de la enorme importancia del taoísmo luego del budismo y confucionismo en la Medicina y la Farmacia chinas.

El Imperio Antiguo se data entre el 220 a.C. y el 589 d.C.; su dinastía cumbre es la Han (contemporánea del Imperio Romano). Médicos y farmacéuticos ilustres fueron Chuen-yu Yi, Hua T´o, Chang Chong-king, Huang-Fu Mi, Wang Chu-Ho, Ko-Hong, T´ao Hong-king.

En el Imperio Medio (589-907 d.C.) destacan las dinastías Suei y Tang. Su estructura social estaba muy estatalizada, pues la dominaban funcionarios elegidos por exámenes, entre los que se contaban médicos y farmacéuticos. En el 624 el T´ai-yi-chu (Gran Consejo Médico) ya distinguía totalmente Medicina y Farmacia. Médicos y farmacéuticos de la época fueron Suen Sseu-miao, Wang Ping, y Ts´uei che-tí, entre otros.

La dinastía Song (960-1126) tuvo sus mejores sabios en Ts´ien Yi, Wang Tang y Wan Wei-Yi. Un siglo después de los Song los mongoles de Gengis Khan invadieron China y adoptaron su cultura. Esta dinastía se llamó Yuan (1260-1367); Marco Polo la conoció. Médicos y farmacéuticos yuan fueron Ye-lu Ch´u-ts´ai, Hu Sseu-huei, Hua Cheu, Lieu Wan-su, etc.

La dinastía Ming (1368-1644) significó una reacción china entre dos dinastías extranjeras. Se mostró muy culta y refinada, y durante esta época alcanzaron China los barcos europeos y el intercambio científico Oriente-Occidente se incrementó. La flota imperial viajó a África, de donde trajo drogas. Sabios ming son Li Che-Chen, y Yang ki-cheu, entre otros.

Los manchúes invadieron China y aceptaron su cultura superior. Su dinastía se denominó Ts'ing (1644-1911). En este tiempo se publicaron enormes enciclopedias con contenido sanitario, además otras obras médicas, como Chen-kieu y yi-hieu (1798) y Cheng-che t´u-chu heu-k´o (1822).

Las técnicas más características de la Medicina y Farmacia chinas han sido la acupuntura, moxibustión, pulsología, farmacología (el Pen-ts´aso es el género literario farmacéutico por excelencia), ejercicio físico (t´ai-ki, chao-lin), masajes (ngan-mo, t´uei na), sexología, cirugía, hidroterapia, etc.

Desde que se abrió la Ruta de la Seda el intercambio de drogas Oriente-Occidente ha existido; a partir del siglo XVI los misioneros católicos (sobre todo jesuitas) lo intensificaron, también los misioneros protestantes anglosajones en el siglo XIX. Pero el volumen y variedad de drogas intercambiadas no ha sido tan significativo como para cambiar las Historias de las Farmacias de China y Occidente, de forma decisiva y constante. Las Medicinas y Farmacias coreana, indochina, tibetana y otras asiáticas no son sino variantes de las chinas. Las japonesas son también chinas, pero con un importante sincretismo con las de Occidente.

Farmacia India

La Farmacia y la Medicina hindúes son equiparables a las de Occidente, aunque radicalmente distintas. La fusión de la Medicina occidental con la china e hindú probablemente creará campos terapéuticos hoy impensables. La Historia de la Farmacia hindú es una Historia de la Farmacia, la china otra y la occidental otra, que en el futuro muchos expertos opinan que habrá que unir.

El tiempo entre aproximadamente el 1500 y el 800 a.C. se acostumbra llamar a Período Védico de la Medicina india; le sigue el Período Brahmánico, hasta el año 1000 d.C., más o menos; después se dejó sentir la influencia islámica; en el siglo XVI los europeos y su ciencia alcanzaron la India por vía marítima y en el XVIII se impuso el colonialismo británico. Los vedas son las fuentes históricas del Período Védico, mientras que los clásicos más conocidos de la Medicina brahmánica serían Caraka-samhitâ (ca. 50 a.C.), atribuido a Caraka y el Sushruta (ca. 100 d.C.), que se acepta fue escrito por Sushruta.

La Medicina védica se mostró mágico-teúrgica, confundió enfermedad y pecado y tomó los síntomas por el mal. La teoría hindú de los tres elementos (prâna, pitta, kapha), quizá, influyera en la análoga griega. Como métodos terapéuticos fueron usados, entre otros, el baño, la ingestión de orina humana y de vaca, y las drogas vegetales.

En el Período Brahmánico, la idea de enfermedad era más empírica y aumentan las similitudes doctrinales y clínicas con la Medicina griega. Se admitía la existencia de cinco elementos (dhâtu). El pulso, el gusto de las secreciones y la magia definían el diagnóstico y el pronóstico. El tratamiento consistía en medidas higiénicas, dieta y drogas. Sushruta describió 700 plantas medicinales y Caraka unas 500. Muchas drogas hindúes terminaron por ser adoptadas en Occidente e, incluso, algunas han probado su efectividad en pleno siglo XX, como la rauwolfia.

Los hindúes antiguos fueron grandes cirujanos; la rinoplastia, la oroplastia y los injertos de piel tienen su origen en la India. El yoga, la hipnosis, la sugestión tienen mucho que aportar a Occidente.

Medicina y farmacia precolombina

La Medicina precolombina fue primitiva; aunque su brillantez exige referirse a ella, su influencia en la Farmacia y Medicinas mundiales no ha sido determinantes, excepto por algunas drogas importantes que sí aportó.

Fuentes conocidas de esta medicina son Códices de Villodas, Chilam Balam, de Sahagún, Badiano (de Martín de la Cruz), etc. Drogas utilizadas en esta medicina son quina, ipecacuana, coca, jalapa, lobelia, ololiuhqui, peyotl (peyote), etc.

Medicina y Farmacia hebreas

La Medicina hebrea fue en principio mesopotámica y egipcia, después absorbió conceptos sanitarios de los países donde los judíos vivieron. Su originalidad consiste en haber incluido en el Talmud y Torah conceptos higiénicos con carácter de mandatos religiosos que, además, han pasado a la Biblia cristiana.

La Farmacia en la España Moderna y Contemporánea

Durante los siglos XVI y XVII fue muy corriente y usual la existencia de monasterios con botica, como los de El Escorial y el de Guadalupe, que preparaban medicamentos para su propio colectivo y para los hospitales protegidos por éstos. Hay que destacar a Fray Bernardino de Laredo como uno de los mejores exponentes de la farmacia monástica del siglo XVI, con una gran experiencia en la práctica farmacéutica, en la que maneja numerosas formas y considera a la píldora como la forma farmacéutica más eficaz. En el siglo XVII cabe mencionar a Fray Esteban Villa, famoso por su Examen de boticarios (1632), un libro de orientación para la práctica profesional, casi una obra de consulta, y por su Ramillete de Plantas Medicinales, donde expone las plantas que son más necesarias en los compuestos medicinales.

El boticario madrileño Luis de Oviedo marcó la transición entre ambos siglos, con una obra de lenguaje sencillo y gran éxito: Método de la recolección y reposición de las medicinas y de su corrección y preparación. En su obra, una de las más veces editadas, explica la forma de confeccionar jarabes, ungüentos, de hacer una lavación, de aromatizar, y de los remedios minerales y animales existentes.

En este mismo periodo no hay que olvidar el importante impacto que tuvo, para la farmacia europea y especialmente para la española, el descubrimiento del Nuevo Mundo. De América llegaron nuevas plantas, nuevas drogas y nuevas propiedades que se sumaban al arsenal terapéutica ya existente, de manera que a finales del siglo XVII, éstas ya aparecen en los inventarios, hospitales, etc., y entre ellas cabe destacar la zarzaparrilla, la coca, el cacao y el preciado chocolate. Este hecho no obstaculizó la entrada de especias y drogas desde Oriente, gracias a las buenas relaciones existentes entre España y Portugal por aquélla época; y en materia médica asiática cabe destacar al portugués Cristóbal de Acosta, que en 1578 publicó en Burgos un Tratado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales, con descripciones muy minuciosas y en el que reconoce ampliamente los méritos de García de Orta; esta obra la dedicó a la ciudad de Burgos.

Mesué es interpretado por varios farmacéuticos españoles, pero también era abundante la práctica de una farmacia mágica, de la que se publicaron obras con secretismos e ideas selectas. Al mismo tiempo, algunos farmacéuticos, como Vélez de Acieniega con su Historia de los Animales, explicaban las utilidades de los medicamentos de origen animal. En 1660 se publica una importante obra, Tyrocinio Pharmacopeo. Methodo médico y chímico, escrita por De la Fuente Pierola, en la que se ve la gran influencia de Mesué y en la que cabe resaltar la inclusión de la palabra "química", que incluso forma parte de su título.

También hay que destacar que a lo largo de los siglos XVI y XVII varios profesionales españoles comenzaron a conceder una gran importancia a los alimentos, de manera que muchas publicaciones médicas se convierten en auténticos textos de nutrición. Se explicaban los grados y cualidades de cada alimento (Jorge Enríquez), se habla de cómo alimentarse según la época del año, y se hacen auténticos estudios bromatológicos, como los de Nuñez de Oria.

La farmacoquímica de Paracelso influye de forma muy significativa en Europa y en España (como antes lo había hecho la farmacia galénica), dando lugar a la denominada Farmacia Química que triunfó en el siglo XVIII con la traducción del Curso Químico de Nicolás Lemery por Félix Palacios. Los alquimistas fueron protagonistas de todo el Renacimiento y el Barroco.

En el siglo XVIII las grandes expediciones científicas favorecen la introducción de nuevas drogas procedentes de América y los medicamentos químicos van a ser numerosos e importantes. Desde el punto de vista del marco institucional, este siglo supone un triunfo de la Farmacia; las pequeñas cofradías madrileñas se reúnen en un Real Colegio que edita una Farmacopea general para todo el país y la confección de la triaca. Jardines Botánicos y Laboratorios de Química se centran en enseñanzas vinculadas a la Farmacia.

Ya desde el siglo XVI existía una Congregación y Colegio de Boticarios de Madrid, que mantenía ciertas actividades profesionales, y que gozaba de gran prestigio y autoridad, lo que hizo que en 1650 Felipe IV declarase a la Farmacia "Arte Científico". De tal prestigio gozaba esta Congregación y Colegio, que en 1737 Felipe V creó el Real Colegio de Farmacéuticos, con el objeto de que se dedicase al "cultivo y adelantamiento de la Farmacia, Química, Botánica e Historia Natural". El Real Colegio tenía la misión de publicar la Farmacopea, de fomentar la ciencia y de establecer las enseñanzas farmacéuticas, y muy pronto se convierte en el eje central de la Farmacia española; un protagonismo que se mantendría durante todo el siglo XIX.

Es en el siglo XIX donde se inicia el comienzo del medicamento actual y se observa un intento de los farmacéuticos españoles por aproximarse a los estudios europeos de la época, muchos de los cuales son traducidos al castellano. No obstante, en la segunda mitad de siglo, aún hay polémicas sobre los remedios secretos, elaboración y venta de específicos, y la industrialización de los medicamentos, que en Europa comienza a producirse sin ningún problema.

En el primer cuarto de siglo se establece en España el Decreto que regula las Especialidades Famacéuticas. Publicaciones, congresos y exposiciones contribuyen favorablemente a la proliferación de Especialidades, que lentamente se van introduciendo, y comienza la fabricación nacional. En este sentido cabe destacar el aceite de hígado de bacalao, como uno de los medicamentos más característicos y de mayor difusión. También en este siglo se establecen claramente los métodos de estudio que han de seguir los estudiosos de esta ciencia y los grados que se les concederán. De esta manera, la caótica profesión de Farmacia quedaba regulada para su práctica dentro de la legalidad. En 1885 se promulga la primera Ley de Sanidad en España. Diferentes Colegios se van transformando en Facultades y en 1886 la Historia de la Farmacia ya figura como asignatura de Doctorado.

La primera prensa farmacéutica y más representativa que aparece es El Restaurador farmacéutico (editado por vez primera en 1844), luego vino la Farmacia Española (1869) y el Monitor de la Farmacia (1872) que perdura hasta nuestros días.

Además del Colegio de Madrid, se crearon el de Sevilla en 1853, el de Granada en 1856 y el de Cádiz en 1858, entre otros. Pero los acontecimientos históricos favorecieron una débil industria del medicamento en España, si se compara con la industria europea, que tuvo en las dos guerras mundiales una vía para emplear y probar los efectos terapéuticos de muchos de ellos.

Enlaces en internet

http://raf.insde.es/  (Página de la Real Academia de Farmacia de España)

Bibliografía

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GUERRA, F.: Historia de la Medicina, Madrid, Ediciones Norma S.A., 1982.
LAÍN ENTRALGO, P, y col.: Historia Universal de la Medicina, Salvat.
HUARD, P, y MING WONG: La Medicina china. Madrid, Guadarrama, Madrid, 1968.
MUÑOZ CALVO, S.: Historia de la Farmacia en la España Moderna y Contemporánea. Madrid. Editorial Síntesis, S.A. 1944.

 

 

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