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Sé orgulloso, porque en
el orgullo
va el respeto a la dignidad
de tu persona y de tu labor.
Angel Osorio


Todos
significamos algo personal
y propio, y todos hacemos
falta en el mundo
Angel Osorio

Enfermería
{f.} | nursing, the practice or profession of caring for the
sick as a nurse. 2 infirmary, sick-quarters, sick-bay,
sanatorium. 3 nurses' home
u (De enfermo); sust. f.
1. Ciencia que se ocupa de la atención y el cuidado de los
enfermos, el restablecimiento de su salud y la prevención de
la aparición de nuevas enfermedades: la carrera de
enfermería requiere una gran vocación.
2. Dependencia
o sala que poseen algunos establecimientos acondicionada
para atender a los enfermos o heridos (especialmente los de
primera urgencia): llevaron al niño a la enfermería del
colegio y allí le dieron cinco puntos en la rodilla.
3. Conjunto de
enfermos que se hallan en un determinado lugar o que padecen
una misma enfermedad: la gripe ocasiona una gran enfermería
cada invierno.
4. Sala de un
establecimiento de salud reservada a los enfermeros.
5. [Desusado]
En Madrid, se llamaba así a los coches tirados por dos mulas
pesadas y viejas.
Modismos
Estar en la enfermería. [Uso figurado y familiar] Dícese de
todo mueble o alhaja que está en casa del artífice a
componerse.
Tomar enfermería. Ser considerada una persona como enfermo.
Sinónimos
Dispensario, botiquín, hospital, clínica, sanatorio,
ambulatorio, consultorio, manicomio, frenopático,
psiquiátrico.
Introducción
La enfermería es la más antigua de las artes y la más joven
de las profesiones. Los cuidados aparecen con el hombre y
persisten a lo largo de las distintas etapas de su evolución.
"Cuidar" durante años no fue un oficio ni una profesión, era
la forma en que una persona ayudaba a otra a sobrevivir
dentro de un grupo. La enfermería, en su origen, respondió a
la necesidad de ocuparse de los desvalidos y enfermos. Este
papel fue asumido preferentemente por la mujer, primero en
su hogar y luego en centros institucionales o sociales. Así
la historia de la enfermería ha girado en torno a la
situación de la mujer en las distintas épocas.
Los pueblos primitivos
El hombre primitivo personificaba todo lo que veía en la
naturaleza y creía que los fenómenos de la misma eran
misterios, de ahí que desarrollara ritos místicos para el
tratamiento de las enfermedades. Así, los sucesos eran
interpretados como algo mágico-religioso, con origen
sobrenatural, incluida la enfermedad, que sólo podía ser
curada por el hechicero o por el sacerdote. Paralelamente a
los hechiceros o sanadores aparecieron mujeres de la tribu
que habían descubierto los beneficios de las plantas
medicinales y aplicaban tratamientos. Estas "mujeres sabias"
tuvieron un papel fundamental en el cuidado de los enfermos
en épocas prehistóricas y su saber ha llegado hasta nuestros
días.
Antiguas civilizaciones
Del mismo modo que en las sociedades primitivas, la magia y
la religión eran las responsables de la curación de los
enfermos. En estas sociedades ya existía la escritura, por
eso se tiene constancia escrita de estos hechos, aunque muy
poco se revela sobre los cuidadores de enfermos.
Egipto
El papiro de Ebers refleja los conocimientos y la práctica
de la Medicina en el Antiguo Egipto. Los conocimientos de
salud los tenían los sacerdotes, que combinaban las
prácticas sanitarias con el hipnotismo y la astrología. La
mujer tenía mayor reconocimiento que en otros países
orientales y quizá los cuidados de enfermería fueran su
responsabilidad. A través del manuscrito se sabe que los
varones no realizaban las técnicas de la obstetricia, pero
existían "casas de parir", por lo que tenían que existir
parteras que ayudaran en los nacimientos.
La India
Es aquí donde por primera vez aparece constancia escrita de
la práctica de la enfermería. La religión de Buda defendía
un tratamiento humanitario a todos los hombres y esta
filosofía promovió el desarrollo de instituciones sociales.
Hacia el año 250 a.C. se fundaron hospitales financiados por
el erario público, en los que se enseñaban prácticas médicas
a jóvenes que, durante su formación, "cuidaban" a los
enfermos. No se tiene constancia escrita de que las
prácticas de enfermería fueran realizadas por esclavos o por
un grupo profesional, pero aun así son los primeros
enfermeros que menciona la historia. Éstos estaban ligados a
los hospitales ya que al crearse estos centros surgió la
necesidad de cuidadores. La mayoría de las veces eran
varones, aunque a veces éstos eran sustituidos por mujeres
ancianas. Según algunos documentos de la época, los
cuidadores de enfermos debían ser personas de trato afable,
fríos de mente y atentos en todo momento a las necesidades
del enfermo, y debían seguir estrictamente las indicaciones
del médico. Las mujeres tenían entre sus competencias los
partos (eran las parteras) y el conocimiento de las hierbas
medicinales.
La Grecia antigua
En la Grecia antigua, y a partir de la mitología, surgió el
culto a Esculapio, lo que le dio a las creencias sobre la
curación un carácter religioso. Se levantaron templos
erigidos en honor de este personaje mitológico en los que se
ofrecían tratamientos naturales y sobrenaturales. Los
sacerdotes de Esculapio fueron de dos tipos, unos
estrictamente médicos (que ofrecían curación a través de
conocimientos objetivos sobre las enfermedades y realizaban
medicina general y cirugía), y otros místicos (que ofrecían
curación desde un punto de vista religioso).
En el siglo V a.C. apareció la figura de Hipócrates,
considerado el más importante médico de la Antigüedad. En
sus escritos no se nombra específicamente a la enfermería,
pero se cita al asistente o servidor, colaborador del médico,
que realizaba prácticas hoy consideradas propias de esta
profesión, como baños, indicaciones dietéticas, higiene,
etc.
Las mujeres, excepto las sacerdotisas, no debían iniciarse
en ningún arte; sus funciones quedaban relegadas al hogar,
sin embargo, realizaban labores de enfermeras, ya que eran
habituales cuidadoras de niños, amas de cría y parteras.
Roma
En el siglo II a.C Grecia fue sometida por el pueblo romano.
Sus médicos fueron hechos esclavos y debieron realizar sus
prácticas médicas por toda Roma. Durante el gobierno de
Julio César a los más destacados de todos ellos se les
otorgó la ciudadanía romana. Uno de los más afamados médicos
griegos de esta época fue Galeno.
El pueblo romano era un pueblo eminentemente guerrero, de
ahí que fuera fundamental la medicina militar. Los soldados
eran atendidos en el campo de batalla y posteriormente eran
trasladados a los valentudinaria, 'hospitales militares', en
los que los nosocomi, 'subalternos', actuaban como
enfermeros.
En los hogares, el cuidado de los enfermos estaba destinado
a los esclavos y sirvientes. De la asistencia al parto se
ocupaban las obstetrix o matronas, que generalmente eran
libres, aunque podían ser también esclavas.
La era cristiana
Con la llegada del cristianismo apareció una nueva visión en
la actividad de cuidar, ésta pasó a ser una tarea dedicada a
los pobres y desvalidos, como una respuesta vocacional. La
religión influyó en el cuidado de los enfermos ya que dio un
sentido espiritual tanto al cuidado de los enfermos como al
sufrimiento que éstos debían soportar. Desde esta época
hasta la actualidad la documentación escrita referente a la
enfermería es continua.
El pensamiento cristiano supuso una gran herencia para la
enfermería, pero a la vez un estancamiento de la misma ya
que esta última se relacionó estrechamente con la religión y
las órdenes religiosas, por lo que la enfermería se
convirtió en sinónimo de vocación religiosa.
La obligación cristiana de cuidar a los enfermos dio a la
enfermería la oportunidad de organizarse. Aparecieron así
las diaconisas, término que designa a 'toda aquella mujer
que atiende la necesidad de los otros', que se encargaban
del cuidado de los enfermos. Otras personas que también se
dedicaron al cuidado de los enfermos bajo el amparo de la
Iglesia fueron las viudas y las vírgenes, que compartían
obligaciones con las diaconisas y que aspiraban al diaconato.
Existían también las matronas romanas, mujeres de clase alta,
independientes y acaudalas que se dedicaban a estas tareas
caritativas.
En el siglo III d.C., cuando la peste negra asoló Europa,
los hombres enfermeros se organizaron en la Hermandad de los
Parabaloni, que creó un hospital en Alejandría y recorrió
dicha ciudad ocupándose de los enfermos afectados por dicha
enfermedad.
(Véase Peste)
El desarrollo y construcción de los hospitales no se dejó
exclusivamente en manos de la caridad. Los obispos, tras el
Concilio de Nicea, establecieron hospitales que fueron
administrados por diaconisas y que eran visitados por viudas.
Aunque de este período existe una mayor referencia histórica
de la enfermería, los conocimientos sobre su práctica siguen
siendo escasos.
La Edad Media
En la Edad Media, la esposa del noble feudal se encargaba de
cuidar a los invitados de la casa y a los sirvientes,
actuaba al mismo tiempo como suministradora de las medicinas
y como cuidadora. Tenía conocimientos de los remedios
fundamentales para las enfermedades más frecuentes, ya que
en los feudos, aun habiendo médicos, éstos eran muy escasos.
Los monasterios daban cobijo a los pobres, enfermos y
refugiados; allí los monjes actuaban como sanadores de almas
y cuidadores del cuerpo. A partir de ese momento el cuidado
de los enfermos fue una labor primordial de la vida monacal.
Muchos monasterios tenían un infirmarium para sus miembros y
un hospitalarius para los necesitados de la comunidad. Poco
a poco, los monasterios evolucionaron. Primero, buscaron
asistencia en estos recintos los más humildes, pero, al
aumentar la fama de estos monjes, sus servicios fueron
reclamados por reyes y aristócratas. Al mismo tiempo, se
separó la zona destinada a los pobres y abandonados de la
zona destinada al cuidado de enfermos. Se cree que de esta
última zona derivan los primeros hospitales, que dependieron
de órdenes monásticas cuyos monjes realizaban los cuidados
propios de la práctica enfermera.
Paralelamente a la aparición de los monasterios masculinos,
surgieron órdenes religiosas femeninas. Algunos monasterios
tenían edificaciones comunes, aunque con una rígida
separación entre los bloques para varones y los destinados a
las mujeres. Los varones ejercían la enfermería en los
pabellones masculinos y las monjas en las salas de mujeres y
niños.
La enfermería la asumían los monjes y monjas, ya que -como
se ha indicado más arriba- éstos pretendían obtener la
santificación mediante la ayuda y el cuidado al enfermo. Se
desconoce si existía división del trabajo entre monjes y
monjas y si éstos recibían formación científica. Durante
este periodo estaban poco diferenciadas las funciones
propias del médico y del enfermero, de tal modo que los
monjes practicaban ambas disciplinas.
Hospitales importantes de la época, creados al margen de los
monasterios, fueron: L' Hôtel de Dieu de Lyon, cuyas
primeras enfermeras fueron mujeres laicas; L' Hôtel de Dieu
de París, donde las enfermeras y enfermeros se encargaban de
la admisión y el alta de los pacientes, las cocinas, la
lavandería y el entierro de los difuntos; y, por último, el
Hospital del Espíritu Santo de Roma.
En la Baja Edad Media hubo grandes movimientos de población
y los individuos fueron desvinculándose de los señores
feudales para refugiarse en las ciudades; estos nuevos
asentamientos hicieron que los enfermeros salieran de las
instituciones para llevar a cabo sus tareas en los hogares
de los enfermos. En este periodo los cuidados de enfermería
seguían siendo realizados por monjes y monjas, pero además,
por damas procedentes de la aristocracia y de la burguesía.
Por otra parte, las Cruzadas y las guerras contra el infiel
favorecieron el desarrollo de la enfermería ya que se
constituyeron Órdenes organizadas que ayudaban y curaban a
los enfermos y heridos en el campo de batalla y fuera de él,
en los denominados hospitales de campaña. Entre las Órdenes
militares más importantes es obligado citar: los Caballeros
Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, constituida por
nobles cruzados que dejaron las armas para dedicarse al
cuidado de los enfermos; los Caballeros de San Lázaro, que
cuidaron principalmente leprosos; los Caballeros Teutónicos,
que realizaron actividades de enfermería en diversos
hospitales. Tanto Los Caballeros Hospitalarios de San Juan
de Jerusalén como los Caballeros Teutónicos constituyeron
Órdenes de mujeres subordinadas a las de los varones.
Aparecieron también las Órdenes mendicantes, Órdenes
religiosas en las que la pobreza era el voto principal. Su
ideal era llevar la religión y la enfermería al pueblo.
Figura destacada fue San Francisco de Asís que fundó las
Órdenes de los Franciscanos y las Clarisas.
Junto a las Órdenes militares y religiosas aparecieron
grupos de trabajadoras que se unían formando Órdenes
semirreligiosas. Destacan las Beguinas de Flandes, mujeres
de cualquier clase social que atendían a los enfermos en sus
propios hogares o en hospitales, pero que sufrieron la
persecución de las jerarquías eclesiásticas a causa de sus
innovaciones en la vida comunitaria. Estas mujeres abrieron
un camino importante para la profesionalización de la
enfermería.
Cuando surgieron las primeras universidades, la enseñanza de
la Medicina, que hasta ese momento se había realizado en los
monasterios y escuelas, pasó a ocupar un lugar preeminente
en la enseñanza universitaria. Una consecuencia fundamental
de la incorporación de los estudios de Medicina al programa
universitario fue su importante evolución científica; sin
embargo, la enfermería, que había quedado fuera de los
estudios universitarios, permaneció en un proceso de
retroceso que se prolongó hasta finales del siglo XIX.
Renacimiento
Durante el Renacimiento, los adelantos de las ciencias
médicas fueron relevantes debido a la curiosidad científica
del hombre renacentista, aunque aún perduraban las
supersticiones medievales: astrología, magia, etc. En la
enfermería, el progreso científico no se produjo ya que se
consideraba una ocupación exclusivamente religiosa.
En el siglo XVI se produjo una crisis en el seno de la
Iglesia. El resultado fue una Europa católica y otra
protestante. Consecuencia de esta crisis fue la expulsión de
las órdenes religiosas de aquellos países en los que se
había rechazado la autoridad papal. En dichos países, las
instituciones dedicadas al cuidado de pobres y enfermos
pasaron a ser dirigidas por protestantes. Los gobiernos
entregaron la gestión de los hospitales a civiles, que
contrataron a mujeres sin formación para atender a los
enfermos. Éstas trabajaban un número de horas excesivo, sus
salarios eran míseros, y daban una atención a sus enfermos
ínfima. No había gente cualificada que pudiera sustituir a
los miembros de las Órdenes religiosas, por lo que se
reclutaron mujeres de todos los estratos sociales, incluso
se llegaron a conmutar penas de cárcel a cambio de la
realización de tareas de enfermería. Esta situación condujo
a la enfermería de la Europa protestante al denominado
Período Oscuro (1550-1850).
En cambio, en la Europa católica, el cuidado de los enfermos
continuó en manos de los religiosos, de tal manera que la
situación de los enfermos no fue tan lamentable como en la
Europa protestante.
Tras el Concilio de Trento, que pretendió poner fin a los
problemas derivados de la escisión religiosa, se crearon más
de un centenar de Órdenes cuya función específica fue la
práctica de la enfermería. Las más significativas fueron:
Orden de San Juan de Dios, en un principio integrada por
enfermeros laicos; Orden de Padres y Hermanos Camilos, de
origen italiano y constituida por enfermeros varones; Orden
de Vicente de Paúl; Orden de las Hermanas o Hijas de la
Caridad, también llamadas Hermanas de San Vicente, que
fundaron Caridades parroquiales en cuyo programa se incluía
el cuidado a los enfermos. Éstas recibían clases impartidas
por médicos sobre las actividades de enfermería practicadas
en la época.
La enfermería en el mundo moderno
Los hospitales, durante los siglos XVII y XVIII, fueron
populares por la mala atención que recibían los pacientes.
La enfermería, que seguía sumida en el periodo oscuro, tuvo
sin embargo algunas figuras relevantes que pretendieron
luchar contra tal situación: John Howard (1726-1790), que
conmovió a la opinión pública sobre la situación de los
enfermos en los hospitales y los presos en las cárceles;
Elizabeth Gurney Fry (1780-1845), que fundó una asociación
para mejorar las condiciones de las mujeres y los niños en
los presidios y hospitales; Pinel (1745-1826), que quitó a
los enfermos psiquiátricos el estigma de locos dándoles el
trato de personas enfermas, frente al de seres despreciables
que habían recibido hasta entonces.
En el siglo XVII, en los países protestantes, resurgió con
fuerza el movimiento de las Diaconisas con la aparición del
instituto de las Diaconisas de Kaiserswerth, que instruía a
las mujeres en el cuidado de los enfermos, lo que supuso una
renovación de la enfermería en la Europa no católica. Éstas
vivían y vestían como las religiosas de las comunidades
católicas, pero no hacían votos perpetuos. Su formación
duraba tres años y estaba encaminada a la formación en el
campo de la enfermería y a la enseñanza. Su formación
teórico-práctica se realizaba en los servicios clínicos de
los hospitales. Recibían también conocimientos de enfermería
domiciliaria, ética, religión y farmacia. Sus actividades se
dividían en cuatro áreas: enfermería, ayuda a los pobres,
cuidado de los niños y trabajo de auxilio a las mujeres
presas. No recibían compensación económica, pero se cubrían
sus necesidades y se les daba protección.
Sus logros
sentaron la necesidad de una enseñanza adecuada en la
enfermería y establecieron las bases para el nacimiento de
una nueva profesión.
Florence Nightingale
Con Florence Nightingale (1820-1910) se profesionalizó la
enfermería, pues obligó a la sociedad de su época a
comprender la importancia de los cuidados y la necesidad de
la formación de las enfermeras.
Desde muy joven, Florence expresó su intención de dedicarse
a la enfermería, pero encontró la oposición de su madre, que
no aceptaba la idea de que su hija se dedicase a la misma
actividad que las desprestigiadas mujeres que actuaban como
enfermeras en los decadentes hospitales del siglo XIX.
Recibió de su padre una esmerada educación que incluyó
conocimientos de griego, latín, matemáticas y ciencias. Para
completar su formación viajó por Italia, Francia y Suiza,
países en los que recogió información sobre las
instituciones de caridad, el estado de los hospitales, la
salud pública, las órdenes religiosas católicas de la época,
etc.
A los 26 años tuvo noticia de la existencia de las
diaconisas de Kaiserswerth, lo que aumentó su afán por
dedicarse a la enfermería. Viajó a Alemania y se puso en
contacto con las diaconisas, con las que permaneció un
tiempo para ampliar sus conocimientos.
Después decidió ir a París para estudiar con las Hermanas de
la Caridad de San Vicente de Paúl y a Dublín para hacerlo
con las Hermanas de la Misericordia.
Tras conseguir la autorización familiar se encargó de la
dirección de una pequeña institución privada en Londres,
donde se dio cuenta de la necesidad de formación en
enfermería para poder realizar unos buenos cuidados.
Al estallar la Guerra de Crimea la situación militar de
Inglaterra era pésima. Los soldados franceses eran atendidos
por las hermanas de la Caridad y los rusos por las hermanas
de la Misericordia, mientras que los ingleses carecían de
servicios de enfermería. El Ministro de Guerra solicitó la
ayuda de Florence Nightingale, a la que adjudicó el cargo de
Superintendente del cuerpo femenino de enfermeras de las
fuerzas inglesas establecidas en el Hospital General Inglés
de Turquía. Hasta entonces solamente unos pocos asistentes
sin preparación se habían ocupado del cuidado de enfermos y
heridos. Florence acudió con 38 enfermeras, tanto seglares
como religiosas. Su llegada fue mal recibida por los médicos,
que nunca habían tenido enfermeras en sus ejércitos y
rehusaban tenerlas. Su labor poco a poco fue reconociéndose
ya que la mortalidad descendió en un 40%, lo que le hizo
merecedora del sobrenombre de "el ángel de los heridos".
A su regreso a Inglaterra, en reconocimiento a su labor en
Crimea, el gobierno sufragó la creación de una fundación con
su nombre que se encargó de la formación de enfermeras (no
de varones). El programa de estudios comprendía un año de
teoría tras el cual se realizaban dos años de formación
práctica en el hospital. La influencia de esta escuela fue
muy grande y en muchos países se abrieron escuelas que
seguían este modelo.
La enfermería en España
En España, del mismo modo que en otros países, ni la
enfermería ni la medicina fueron antes del siglo X un arte o
una ciencia, sino un conjunto de conocimientos trasmitidos
por tradición a determinadas personas que ejercían funciones
para la continuidad de la vida.
Del siglo XV al siglo XVIII
Durante estos siglos la decadencia económica era tal que
sólo una minoría selecta, y más tarde los burgueses,
recibían asistencia en sus hogares. Los enfermos pobres
estaban desamparados. Algunas veces éstos eran acogidos en
los hospitales de Beneficencia, Religiosos, Municipales o
Reales. Como respuesta a esa situación aparecieron las
Cofradías y las Hermandades. Las primeras eran asociaciones
populares de individuos, con un fin piadoso, que pretendían
tanto la mejora del espíritu de los asociados como el
servicio, alivio y consuelo de los enfermos. En las
Hermandades la acción se limitaba a proteger tan sólo a las
personas que pertenecían a la misma.
España no se vio afectada por la aparición del
protestantismo ya que siguió siendo católica y la atención a
los enfermos permaneció en manos de religiosos y religiosas.
Las Órdenes, cuya misión era cuidar a los enfermos -como la
de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl y la de
San Juan de Dios-, estaban motivadas por la vocación, el
amor a Dios y a los hombres.
Tuvo gran importancia la Orden de los Hermanos Hospitalarios,
introducida en España por San Juan de Dios. En esta orden,
los cuidados eran realizados por varones que contaban con un
reglamento en el que estaban delimitadas las funciones de
enfermería. Dichas funciones comprendían la asistencia a
huérfanos, la realización de curas menores, etc.
Existen testimonios documentales, ya en el año 1210, donde
se menciona el término "enfermera". La palabra "enfermero"
aparece documentada, por primera vez en España, en el año
1316.
En los hospitales del siglo XVII surgió la figura del "enfermero
mayor" que era elegido por el capellán de entre los
enfermeros de todo el hospital. Los enfermeros eran
colaboradores del médico y la máxima responsabilidad de los
cuidados recaía en el enfermero mayor el cual tenía que
vigilar la evolución de las enfermedades, dar purgas y
jarabes, estar presente en la visita del médico, al que
informaba de la evolución de los pacientes, etc. En
ocasiones ejercían de "barberos sangradores".
En los siglos XVII y XVIII se menciona a las "enfermeras"
como responsables de las religiosas enfermas en los
conventos. Este mismo término se utilizaba para las mujeres
que cuidaban a las enfermas y a los niños.
En los documentos escritos es más frecuente encontrar citado
el término "enfermero" que el de "enfermera", tal vez porque
éstas estuvieran subordinadas a los primeros. Aunque ellas
poseían grandes conocimientos empíricos, no gozaban de
reconocimiento social.
En esta época aparecieron los primeros manuales de
enfermería. En 1541 se publicó el Libro del arte de las
comadres, cuyo autor fue Damián Carbón. El Hermano Mayor (D.
Andrés Fernández) y otros Hermanos cuidadores del Hospital
General de Madrid publicaron en 1623 la Instrucción de
Enfermeros, el primero que trata de forma extensa de los
cuidados. Aunque en el campo de la enfermería la presencia
femenina está atestiguada desde antiguo, estos manuales
estaban dirigidos a enfermeros varones, salvo los dirigidos
a la formación de parteras y comadronas.
Los siglos XIX y XX
En el siglo XIX se secularizó en gran medida la práctica de
la enfermería. A finales de este siglo y principios del XX
se reconoció legalmente a las enfermeras, es decir, se
institucionalizaron los cuidados bajo tres denominaciones
distintas: enfermeras, practicantes y matronas. En 1857 los
estudios para obtener el título de practicante consistían en
una serie de actividades determinadas para ser auxiliar de
la Medicina. Los aspirantes debían poseer conocimientos
sobre vendajes, "dentistería", curas, pedicura, etc.
En 1904 apareció la Ley de Instrucción General de Sanidad
Pública que organizó las profesiones sanitarias
reconociendo: la Medicina y Cirugía, Farmacia, Veterinaria,
Arte de los partos, Dentista, Practicante y las
complementarias que con título oficial pudieran crearse. Los
títulos debían estar legitimados para evitar intrusismos. A
raíz de esta ley se organizaron los estudios de practicantes
y matronas; en esta legislación se especificaba que las
mujeres podían optar al título de practicante si cumplían
los requisitos marcados por la ley.
En 1915 se reconoció la actividad profesional de las
enfermeras para aquellas mujeres religiosas o seglares que
estuvieran capacitadas para realizar dicha profesión tras
superar un examen. Así se creó una profesión sanitaria -la
enfermera- distinta de la creada en el año 1857 -el
practicante.
La enfermera y el practicante tenían funciones y formación
semejantes, sin embargo, las enfermeras cursaban sus
estudios en escuelas dependientes de hospitales, mientras
que los practicantes lo hacían en las facultades de
Medicina. Las matronas tenían sus propias Escuelas de
aarteras o matronas, ligadas a hospitales de maternidad.
En 1929 se exigió a los profesionales de la enfermería estar
colegiados para poder ejercer la profesión, según una Real
Orden del 28 de diciembre de ese año, establecida por el
general Martínez Anido por la que se establece la
colegiación obligatoria a la clase de Practicantes y se
aprueba para el régimen de los Colegios los Estatutos que se
insertan (Gaceta de 29-12-1929). En 1945 se definieron las
funciones de cada uno de los profesionales auxiliares
sanitarios: el practicante era el auxiliar inmediato al
médico en todas sus actividades; la matrona estaba
autorizada a asistir a los partos y sobrepartos normales; y
la enfermera era la auxiliar subalterna del médico y estaba
siempre bajo sus órdenes. Por sí sola no tenía facultades
para desempeñar su cometido. Mientras que en Europa estas
funciones eran predominantemente femeninas, en España hay
dos vertientes: los practicantes, mayoritariamente varones,
y las enfermeras y matronas, actividades exclusivamente
femeninas.
Durante la Guerra civil española, la formación de
practicantes, matronas y enfermeras quedó paralizada. No se
renovó hasta 1939, año en el que finalizó la contienda. Para
cubrir las necesidades creadas por la guerra, la Falange
Española favoreció una serie de iniciativas para hacer útil
toda la ayuda voluntaria y además organizó cursillos de
enfermeras hospitalarias, enfermeras sociales, y creó el
título de "dama enfermera española". Al finalizar la guerra,
estos títulos no tuvieron ningún valor académico.
En 1951 en España hubo un gran crecimiento hospitalario lo
que motivó una gran demanda de profesionales de enfermería.
Por esta causa se crearon numerosas escuelas sin programas
planificados ni criterios geográficos. Este problema se
solucionó cuando el Ministerio de Educación Nacional, en
1953, organizó los estudios de la carrera de enfermería, con
los que se obtenía el título de Ayudante Técnico Sanitario
(ATS), según Orden del 4 de agosto de ese mismo año relativa
al reconocimiento, funcionamiento y normas de estudios de
las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios (BOE de
1-9-1953); las tres profesiones, así, quedaron reducidas a
una.
Al elevarse los estudios de enfermería, mejoró la asistencia
sanitaria y pasó de ser una ocupación casi exclusivamente
religiosa a ser una profesión cualificada, técnica, basada
en la observación de síntomas, hospitalocentrista, que
respondía al modelo curativo del sistema sanitario.
Con el desarrollo de las especialidades médicas,
evolucionaron también los estudios de especialización de los
ATS, se crearon nueve subespecialidades: Asistencia
obstétrica, Fisioterapia, Radiología y Electrología,
Pediatría y Puericultura, Neurología, Psiquiatría, Análisis
clínicos, Urología y Nefrología, y, por último, Podología.
Desde 1970 los ATS solicitaron la revisión de sus planes de
estudio para mejorar la calidad de sus actividades y así en
1977 se aprobó la Ley de Integración en la Universidad de
las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios como Escuelas
Universitarias de Enfermería. Esta ley supone el acceso de
la enfermería a la Universidad y el cambio de la
denominación de ATS a Diplomado en Enfermería. Desde
entonces, ha habido múltiples Reales Decretos, Órdenes
ministeriales y Leyes destinados a marcar las directrices
del profesional sanitario. En 1980 los estudios de
Fisioterapia y Podología se separaron de Enfermería, y éstos
pasaron a realizarse en sus respectivas escuelas
universitarias. En 1987 apareció el nuevo plan de estudios
de la Diplomatura de Enfermería. Y, en 1992 se aprobó y
reguló el título de Enfermera Especialista en Enfermería
Obstétrico-Ginecológica (matrona).
La enfermería en la actualidad
Actualmente los estudios de enfermería duran tres años.
Constan de una formación general en medicina y de una
experiencia práctica: los aspirantes trabajan con enfermos
bajo la supervisión de enfermeras veteranas. Al finalizar la
formación, los estudiantes deben someterse a unos exámenes
ante organismos sanitarios o consejos de enfermería
diferentes según cada país. Tras superar dicha prueba, se
obtiene la diplomatura o título con el que se puede ejercer
la profesión en cualquier país en el que sea reconocida su
titulación.
El personal de enfermería tiene múltiples funciones, desde
la toma de la temperatura hasta el manejo de aparatos de
mantenimiento de las funciones vitales en los servicios de
cuidados intensivos. Debe preocuparse de la promoción y
mantenimiento de la salud de los pacientes y de
proporcionarles los cuidados adecuados cuando están
enfermos.
Sus funciones son de dos tipos: dependientes, que son
aquellas que llevan a cabo bajo las órdenes del médico
(administración de fármacos, curas y vendajes, etc.); e
independientes, que son las llevadas a cabo bajo su propia
responsabilidad (lavado de enfermos, cambios de postura de
los mismos, consejos nutricionales, etc.). Una de las
funciones del personal de enfermería es la administración de
medicamentos, por lo que éste debe conocer en profundidad la
farmacología, es decir, las interacciones farmacológicas,
las reacciones adversas, dosis, vías de administración,
etc., para así garantizar la eficacia y la seguridad de los
fármacos administrados.
Bibliografía
DONAHUE, P.
Historia de la Enfermería. Barcelona, Doyma, 1985. GARCÍA
BARRIOS, Silvia y CALVO CHARRO, Elena. Historia de la
Enfermería. Málaga, Secretariado de Publicaciones e
Intercambio Científico de la Universidad de Málaga, 1992.
HERNÁNDEZ CONESA, Juana. Historia de la Enfermería. Un
análisis histórico de los cuidados de enfermería. Madrid,
McGraw-Hill-Interamericana, 1995. MOLINA, M.T. Historia de
la Enfermería. Buenos Aires, Intermédica, 1973. Enciclopedia
Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2004 |