Gonzalo de Berceo

   
 
 

 

 

 

BIOGRAFÍA

Poeta religioso español, nacido en Berceo, un pueblo riojano cercano a la actual Logroño, a finales del siglo XII y fallecido, aproximadamente, en 1252. Fue un poeta excepcional, interesado siempre en celebrar la grandeza y la bondad de la Virgen y los santos. Es el primer autor literario de nombre conocido en las letras españolas.

  • Vida y obra
  • Poesías de este autor

 

Vida

Se conocen pocos datos acerca de la existencia de Gonzalo de Berceo. Algunos estudiosos de su vida y obra creen que nació en un barrio de Berceo llamado "Madrid". En 1221 fue nombrado diácono en el monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, centro de cultura en el camino de Santiago. Para acceder a este cargo religioso era necesario haber cumplido los veinticinco años de edad, por eso tuvo que nacer, aproximadamente, en 1196.

Se sabe también con seguridad que se educó desde muy joven en ese monasterio, donde fue, además de diácono, notario del abad Juan Sánchez. En sus propios versos, Berceo se llamó a sí mismo "maestro". Según esto, algunos piensan que cursó una carrera superior en los Estudios Generales de Palencia (la primera universidad fundada en España); sin embargo, también puede entenderse que era "maestro de confesión", es decir, el encargado de confesar a los monjes de su convento.

El monasterio de San Millán de la Cogolla al que pertenecía Gonzalo de Berceo se llamó también San Millán de Suso (que quiere decir 'de arriba'), ya que pronto se fundó otro monasterio del mismo nombre que se conoció como San Millán de Yuso (o sea, 'de abajo').

Parece ser que Berceo también perteneció durante un tiempo a este monasterio "de Yuso", así como a una tercera congregación de monjes: la del monasterio de Santo Domingo de Silos (en la actual provincia de Burgos).

No se sabe con exactitud la fecha de la muerte de Berceo, pero debió de ocurrir siempre después de 1252, pues en un poema suyo menciona la muerte del rey Fernando III el Santo, que falleció en dicho año.

Obra

Berceo es el principal exponente del cultivo de la cuaderna vía, estrofa compuesta de cuatro versos de catorce sílabas (llamados alejandrinos) que mantienen la misma rima consonante. Su nombre ha corrido asociado al del Mester de clerecía, una corriente que apostaba por esa forma métrica en unión de unos contenidos morales, religiosos, históricos y verídicos en su conjunto.

Fue un hombre culto, que conocía bien la literatura latina. Además de la literatura propia de los clérigos o religiosos (el mester de clerecía), a Berceo le debieron de gustar los poemas y las canciones populares que cantaban los juglares, pues a veces utiliza en sus versos fórmulas propias del mester de juglaría (como, por ejemplo, pedir un vaso de buen vino al lector o al oyente de sus poemas, como recompensa por los versos que le ha ofrecido).

El lenguaje de Berceo es llano y sencillo, capaz de ser entendido a la perfección por cualquier lector y oyente. Él mismo dice que se propone escribir con las mismas palabras que utiliza las gentes corrientes para hablar con sus vecinos.

Berceo escribió vidas de santos, textos marianos y tratados de tipo doctrinal.

Vidas de santos

Berceo escribió, en verso, la vida y milagros de los santos venerados en los monasterios a los que pertenecía. Se trataba de que los peregrinos pasasen por aquellos lugares, y de conseguir, con esta publicidad, mayores derechos legales y beneficios económicos.

Entre las vidas de santos, conservamos su temprana Vida de San Millán de la Cogolla, su ambiciosa Vida de santo Domingo de Silos, el Martirio de san Lorenzo y la Vida o visiones de Santa Oria; en las dos primeras, ya que las otras no son propiamente vitae sanctorum, el esquema narrativo es idéntico: en primer lugar, Berceo cuenta la vida del santo; en segundo, sus milagros en vida; en tercer y último lugar, sus milagros tras la muerte de santo. Berceo compuso otros textos hagiográficos que, por desgracia, no se han conservado. Sus obras doctrinales son el Sacrificio de la misa y los Signos que aparecerán ante del Judicio.

Poemas sobre la Virgen

Berceo supo unir las dos tradiciones existentes en la literatura religiosa de su época: las colecciones de milagros y la exaltación mariana. Muchas de estas historias milagrosas habían circulado ya por otras literaturas de Europa. La originalidad de Berceo consiste en adjudicárselos a la Virgen, que en sus versos aparece como una figura muy humanizada (sobre todo los sentimientos que expresa: pena, dolor, amor, bondad, dulzura, etc.). El corpus mariano de Berceo está compuesto por el Duelo que fizo la Virgen María, los Loores de Nuestra Señora y sus célebres Milagros de Nuestra Señora.

Su obra más conocida es Milagros de Nuestra Señora, obra maestra de la literatura mariana universal. Es una colección de veinticinco poemas (más uno que hace de introducción o presentación alegórica) que cuentan, cada uno de ellos, una intervención milagrosa de Virgen. Según Berceo, María siempre salva a los que la aman, aunque haya pecado.

Para escribir esta obra, Berceo debió de utilizar como modelo alguna colección de milagros en latín de la que hoy no tenemos noticia; sin embargo, hay varios manuscritos con tales Miracula que muestran una extraordinaria proximidad respecto del texto de Berceo; aparte, el prólogo y uno de los milagros ("La iglesia robada") son una aportación original del clérigo riojano.

La maestría del poeta se demuestra en la técnica de adaptación de los originales latinos al vernáculo riojano, lo que supone mucho más que una simple traducción literal; ahí, precisamente, es donde radica la aportación de Berceo, que trató en sus Milagros una materia del gusto de sus contemporáneos, como se ve por la obra francesa de Gautier de Coincy, latina de Juan Gil de Zamora o gallego-portuguesa de Alfonso X el Sabio dentro del mismo siglo.

Poemas doctrinales

Son los menos importantes en el conjunto de su obra. Tratan de asuntos relacionados con la doctrina cristiana. Son "El Sacrificio de la Misa", "Signos que aparecerán el día del Juicio" y tres himnos litúrgicos.

Poesías de este autor

Cantica / EL clérigo simple / EL clérigo y la flor / EL pobre caritativo / Escomienza la vida del glorioso confesor / Introducción / La imagen respetada por el incendio / Martirio de San Lorenzao - Coplas 1 a 11 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 12 a 22 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 23 a 32 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 33 a 44 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 45 a 56 /Martirio de San Lorenzo - Coplas 57 a 69 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 70 a 80 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 81 a 91 / Martirio de San Lorenzo - Coplas 92 a 105 / Los signos del juicio final / El ladrón devoto / Los dos hermanos / El labrador ávaro

 

CANTICA

¡Eya, velar! ¡Eya, velar! ¡Eya, velar!

Velat, aljama de los judíos,
¡eya, velar!,
que non vos furten al Fijo de Díos.
¡Eya, velar!
Ca furtárvoslo querrán,
¡eya, velar!,
Andrés e Peidro et Johán.
¡Eya, velar!
Non sabedes tanto descanto,
¡eya, velar!,
que salgades de so encanto.
¡Eya, velar!
Todos son ladronciellos,
¡eya, velar!,
que assechan por los pestiellos.
¡Eya, velar!
Vuestra lengua tan palabrera,
¡eya, velar!,
havos dado mala carrera.
¡Eya, velar!
Todos son omnes plegadizos,
¡eya, velar!,
rioaduchos mescladizos.
¡Eya, velar!
Vuestra lengua sin recabdo,
¡eya, velar!,
por mal cabo vos ha echado.
¡Eya, velar!
Non sabedes tant de engaño,
¡eya, velar!,
que salgades ende este año.
¡Eya, velar!
Non sabedes tanta razón,
¡eya, velar!,
que salgades de la prisión.
¡Eya, velar!
Tomaseio e Matheo,
¡eya, velar!,
de furtarlo han gran deseo.
¡Eya, velar!
El discípulo lo vendió,
¡eya, velar!,
el Maestro non lo entendió.
¡Eya, velar!
Don Philipo, Simón e Judas,
¡eya, velar!,
por furtar buscan ayudas.
¡Eya, velar!
Si lo quieren acometer,
¡eya, velar!,
¡oy es día de parescer!
¡Eya, velar!
¡Eya, velar! ¡Eya, velar! ¡Eya, velar!

EL CLÉRIGO SIMPLE

Milagros de Nuestra Señora - versos 877 a 940

IX

Era un simple clérigo pobre de clerecía
dicié cutiano missa de la Sancta María;
non sabié decir otra, diciéla cada día,
más la sabié por uso que por sabiduría.

Fo est missacantano al bispo acusado,
que era idïota, mal clérigo provado;
Salve Sancta Parens sólo tenié usado,
non sabié otra missa el torpe embargado.

Fo durament movido el Obispo a sanna,
dicié: «Nunqua de preste oí atal hazanna.»
Disso: «Diçit al fijo de la mala putanna
que venga ante mí, no lo pare por manna.»

Vino ante el obispo el preste peccador,
avié con el grand miedo perdida la color,
non podíe de vergüenza catar contra'l sennor,
nunqua fo el mesquino en tan mala sudor.

Díssoli el obispo: «Preste, dime la verdat,
si es tal como dizen la tu necïedat.»
Díssoli el buen omne: «Sennor, por caridat,
si disiesse que non, dizría falsedat».

Díssoli el obispo: «Quando non as cïencia
de cantar otra missa, nin as sen nin potencia,
viédote que non cantes, métote en sentencia,
vivi como merezes por otra agudencia.»

Fo el preste su vía triste e dessarrado,
avié muy grand vergüenza, el danno muy granado;
tornó en la Gloriosa, ploroso e quesado,
que li diesse consejo ca era aterrado.

La madre pïadosa que nunqua falleció
a qui de corazón a piedes li cadió,
el ruego del su clérigo luego gelo udió:
no lo metió por plazo, luego li acorrió.

La Virgo glorïosa, madre sin dición,
aparecio'l al obispo luego en visïón;
díxoli fuertes dichos, un brabiello sermón,
descubrióli en ello todo su corazón.

Díxoli brabamientre: «Don Obispo lozano,
¿contra mí por qué fust tan fuert e tan villano?
Yo nunqua te tollí valía de un grano,
e tú ásme tollido a mí un capellano.

»El que a mí cantava la missa cada día,
tú tovist que facié yerro de eresía;
judguéstilo por bestia e por cosa radía,
tollisteli la orden de la capellanía.

»Si tú no li mandares decir la missa mía
como solié decirla, grand querella avría,
e tú serás finado hasta el trenteno día,
¡Desend verás qué vale la sanna de María!»

Fo con estas menazas el bispo espantado,
mandó envïar luego por el preste vedado;
rogó'l que'l perdonasse lo que avié errado,
ca fo él en su pleito durament engannado.

Mandólo que cantasse como solié cantar,
fuesse de la Gloriosa siervo del su altar;
si algo li menguasse en vestir o calzar,
él gelo mandarié del suyo mismo dar.

Tornó el omne bueno en su capellanía,
sirvió a la Gloriosa, madre Sancta María;
finó en su oficio de fin qual yo querría,
fue la alma a gloria, a la dulz cofradía.

Non podriemos nos tanto escrivir nin rezar,
aun porque podiéssemos muchos annos durar,
que los diezmos miraclos podiéssemos contar,
los que por la Gloriosa denna Dios demostrar.

EL CLÉRIGO Y LA FLOR

Milagros de Nuestra Señora - versos 401 a 460

III

Leemos de un clérigo que era tiestherido,
ennos vicios seglares ferament embevido;
peroque era locco, avié un buen sentido,
amava la Gloriosa de corazón complido.

Comoquiere que era en ál malcostumnado,
en saludar a ella era bien acordado;
nin irié a la eglesia nin a ningún mandado,
que el su nomne ante non fuesse aclamado.

Dezir no lo sabría sobre quál ocasión
ca nos no lo sabemos si lo buscó o non,
diéronli enemigos salto a est varón,
ovieron a matarlo: ¡Domne Dios lo perdón!

Los omnes de la villa e los sus companneros
esto como cuntiera com non eran certeros,
defuera de la villa entre unos riberos,
allá lo soterraron, non entre los dezmeros.

Pesó'l a la Gloriosa con est enterramiento,
que yazié el su siervo fuera de su conviento;
apareció'l a un clérigo de buen entendimiento,
díssoli que fizieran en ellos fallimiento.

Bien avié treinta días que era soterrado:
en término tan luengo podié seer dannado;
dísso'l Sancta María: «Fizistes desguissado,
que yaz el mi notario de vos tan apartado.

»Mándote que lo digas: que el mi cancellario
non merecié seer echado del sagrario;
dilis que no lo dexen ý otro trentanario,
métanlo con los otros en el buen fossalario.»

Demandóli el clérigo que yazié dormitado,
«¿Quí eres tú que fablas? Dime de ti mandado,
ca quando lo dissiero seráme demandado
quí es el querelloso o quí el soterrado.»

Díssoli la Gloriosa: «Yo so Sancta María
madre de Jesu Christo que mamó leche mía;
el que vos desechastes de vuestra compannía,
por cancellario mío yo a éssi tenía.

»El que vos soterrastes luenne del cimiterio,
al que vos non quisiestes fazer nul ministerio,
yo por ésti te fago todo est reguncerio:
si bien no lo recabdas, tente por en lazerio.»

El dicho de la duenna fue luego recabdado,
abrieron el sepulcro apriesa e privado;
vidieron un miraclo non simple ca doblado,
el uno e el otro, fue luego bien notado.

Issiéli por la boca una fermosa flor
de muy grand fermosura, de muy fresca color;
inchié toda la plaza de sabrosa olor,
que non sentién del cuerpo un punto de pudor.

Trobáronli la lengua tan fresca e tan sana
qual parece de dentro la fermosa mazana;
no la tenié más fresca a la meredïana
quando sedié fablando en media la quintana.

Vidieron que viniera esto por la Gloriosa,
ca otri non podrié fazer tamanna cosa;
transladaron el cuerpo, cantando «Specïosa»,
aprés de la eglesia en tumba más preciosa.

Todo omne del mundo fará grand cortesía
qui fiziere servicio a la Virgo María;
mientre que fuere vivo verá plazentería,
e salvará la alma al postremero día.

EL POBRE CARITATIVO
Milagros de Nuestra Señora - versos 525 a 564

V

Era un omne pobre que vivié de raziones,
non avié otras rendas nin otras furcïones
fuera quanto lavrava, esto poccas sazones:
tenié en su alzado bien poccos pepïones.

Por ganar la Gloriosa que él mucho amava,
partiélo con los pobres todo quanto ganava;
en esto contendié e en esto punnava,
por aver la su gracia su mengua oblidava.

Quando ovo est pobre d'est mundo a passar,
la Madre glorïosa vínolo combidar;
fablóli muy sabroso, queriélo falagar,
udieron la palavra todos los del logar.

«Tú mucho cobdiciest la nuestra compannía,
sopist pora ganarla bien buena maestría,
ca partiés tus almosnas, diziés Ave María,
por qué lo faziés todo yo bien lo entendía.

»Sepas que es tu cosa toda bien acabada,
ésta es en que somos la cabera jornada;
el Ite, missa est, conta que es cantada,
venida es la ora de prender la soldada.

»Yo so aquí venida por levarte comigo,
al regno de mi Fijo, que es bien tu amigo,
do se ceban los ángeles del buen candïal trigo;
a las Sanctas Virtutes plazerlis há contigo.»

Quando ovo la Gloriosa el sermón acabado,
desamparó la alma al cuerpo venturado,
prisiéronla de ángeles, un convento onrrado,
leváronla al Cielo, ¡Dios sea end laudado!

Los omnes que avién la voz ante oída,
tan aína vidieron la promesa complida:
a la Madre gloriosa que es tan comedida,
todos li rendién gracias, quisque de su partida.

Qui tal cosa udiesse serié malventurado
si de Sancta María non fuesse muy pagado,
si más no la onrrase serié desmesurado,
qui de ella se parte es muy mal engannado.

Aun más adelante queremos aguijar:
tal razón como ésta non es de destajar,
ca éstos son los árboles do devemos folgar,
en cuya sombra suelen las aves organar.

ESCOMIENZA LA VIDA DEL GLORIOSO CONFESOR SANCTO DOMINGO DE SILOS
Vida de Santo Domingo de Silos - versos 1 a 36

I

En el nomne del Padre, que fizo toda cosa,
Et de don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa,
Et del Spíritu Sancto, que egual d'ellos posa,
De un confesor sancto quiero fer una prosa.

Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

Quiero que lo sepades luego de la primera
Cuya es la ystoria, metervos en carrera:
Es de Sancto Domingo toda bien verdadera,
El que diçen de Silos, que salva la frontera.

En el nomne de Dios, que nombramos primero
Suyo sea el preçio, yo seré su obrero,
Galardón del laçerio yo en él lo espero,
Que por poco serviçio da galardón larguero.

Señor Sancto Domingo, dizlo la escritura,
Natural fue de Cañas, non de basa natura,
Lealmente fue fecho a toda derechura,
De todo muy derecho, sin nula depresura.

Parientes ovo buenos, del Criador amigos,
Que siguíen los ensiemplos de los padres antigos.
Bien sabíen escusarse de ganar enemigos:
Bien les veníe en mientes de los buenos castigos.

Juhán avíe nomne, el su padre ondrado,
Del liñaje de Mans un omne señalado,
Amador de derecho, de seso acabado,
No l'falsaríe su dicho por aver monedado.

El nombre de la madre deçir non lo sabría.
Como non fue escripto non l'devinaría;
Mas váyala el nombre de Dios, e Sancta María:
Prosigamos el curso, tengamos nuestra vía.

La çepa era buena, emprendió buen sarmiento,
Non fue como caña, que la torna el viento,
Ca luego así prendió, como de buen çimiento,
De oír vanidades non le prendíe taliento.

INTRODUCCIÓN
Milagros de Nuestra Señora - versos 1 a 184

Amigos e vassallos de Dios omnipotent,
si vos me escuchássedes por vuestro consiment,
querríavos contar un buen aveniment:
terrédeslo en cabo por bueno verament.

Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.

Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las [carnes] e las mientes,
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.

Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas no avié ningunas podridas [nin] azedas.

La verdura del prado, la odor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
refrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.

Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada, [nin] olor tan sabroso:
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.

Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.

Unas tenién la quinta e las otras doblavan,
otras tenién el punto, errar no las dexavan:
al posar [e] al mover, todas se esperavan,
aves torpes nin roncas ý non se acostavan.

Non serié organista nin serié vïolero,
nin giga nin salterio nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse con esto un dinero.

Peroque [nos] dissiemos todas estas bondades,
non contamos las diezmas, esto bien lo creades:
que avié de noblezas tantas diversidades
que no las contarien priores [nin] abbades.

El prado que vos digo avié otra bondat:
por calor nin por frío non perdié su beltat,
siempre estava verde en su entegredat,
non [perdié] la verdura por nulla tempestat.

Manamano que fui en tierra acostado,
de todo el lazerio fui luego folgado;
oblidé toda cuita, [e] lazerio passado:
¡Qui allí se morasse serié bienventurado!

Los omnes e las aves, quantos acaecién,
levavan de las flores quantas levar querién,
mas mengua en el prado ninguna non façién:
por una que levavan tres e quatro nacién.

Semeja esti prado egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand graçia, tan grand bendiçión miso;
él que crió tal cosa maestro fue anviso:
omne que ý morasse nunqua perdrié el viso.

El fructo de los árbores era dulz e sabrido,
si don Adam oviesse de tal fructo comido,
de tan mala manera non serié decibido,
nin tomarién tal danno Eva [nin] so marido.

Sennores e amigos, lo que dicho avemos
palavra es oscura, esponerla queremos:
tolgamos la corteza, al meollo entremos,
prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos.

Todos quantos vevimos, que en piedes andamos,
siquiere en [presión] o en lecho yagamos,
todos somos romeos que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, por él vos lo provamos.

Quanto aquí vivimos en ageno moramos;
la ficança durable suso la esperamos;
la nuestra romería estonz la acabamos,
quando a Paraíso las almas envïamos.

En esta romería avemos un buen prado
en qui trova repaire tot romeo cansado,
la Virgin Glorïosa, madre del buen Criado,
del qual otro ninguno egual non fue trobado.

Esti prado fue siempre verde en onestat,
ca nunca hobo mácula la su virginidat,
post partum et in partu fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta en su entegredat.

Las quatro fuentes claras que del prado manavan,
los quatro evangelios, esso significavan,
ca los evangelistas quatro que los dictavan,
quando los escrivién, con ella se fablavan.

Quanto escrivién ellos, ella lo emendava,
esso era bien firme lo que ella laudava;
parece que el riego todo d'ella manava
quando a menos d'ella nada non se guiava.

La sombra de los árbores, buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire toda la romería,
sí son las oraciones que fas Santa María
que por los peccadores ruega noch e día.

Quantos que son en mundo, justos e peccadores,
coronados e legos, reys e emperadores,
allí corremos todos, vassallos e sennores,
todos a la su sombra imos coger las flores.

Los árbores que facen sombra dulz e donosa
son los santos miraclos que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulzes que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita raviosa.

Las aves que organan entre essos fructales,
que han las dulzes vozes, dizen cantos leales,
estos son Agustino, Gregorio, otros tales,
[quantos] que escrivieron los sos fechos reales.

Estos avién con ella amor e atenencia,
en laudar los sos fechos metién toda femencia;
todos fablavan d'ella, cascuno su sentencia,
pero tenién por todo todos una creencia.

El rosennor que canta por fin maestría,
siquiere la calandria que faz grand melodía,
mucho cantó mejor el barón Isaía
e los otros prophetas, onrrada compannía.

Cantaron los apóstolos muedo muy natural,
confessores e mártires [facién otro] tal;
las vírgenes siguieron la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella canto bien festival.

Por todas las eglesias, esto es cada día,
cantan laudes ant ella toda la clerecía:
todos li façen cort a la Virgo María;
estos son rossennoles de gran placentería.

Tornemos ennas flores que componen el prado,
que lo façen fermoso, apuesto e temprado;
las flores son los nomnes que li da el dictado
a la Virgo María, madre del buen Criado.

La benedicta Virgen es estrella clamada,
estrella de los mares, guïona deseada,
es de los marineros en las cuitas guardada,
ca quando éssa veden es la nave guiada.

Es clamada, y éslo de los cielos, reína,
tiemplo de Jesu Christo, estrella matutina,
sennora natural, pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas salud e medicina.

Ella es vellocino que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia, una grand vissïón;
ella es dicha fonda de David el varón
con la qual confondió al gigant tan fellon.

Ella es dicha fuent de qui todos bevemos,
ella nos dio el cevo de qui todos comemos;
ella es dicha puerto a qui todos corremos,
e puerta por la qual entrada atendemos.

Ella es dicha puerta en sí bien encerrada,
pora nos es abierta pora darnos la entrada;
ella es la palomba de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira, siempre está pagada.

Ella con grand derecho es clamada Sïon,
ca es nuestra talaya, nuestra defensïón:
ella es dicha trono del reï Salomón,
reï de grand justicia, sabio por mirazón.

Non es nomne ninguno que bien derecho venga
que en alguna guisa a ella non avenga;
non ha tal que raíz en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga.

Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada,
que de granos de graçia está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, palma bien ajumada,
piértega en que sovo la serpiente alzada.

El fust que Moïsés enna mano portava
que confondió los sabios que Faraón preciava,
el que abrió los mares e depués los cerrava,
si non a la Gloriosa ál non significava.

Si metiéremos mientes en ell otro bastón
que partió la contienda que fue por Aarón,
ál non significava, como diz la lectión,
si non a la Gloriosa, esto bien con razón.

Sennores e amigos, en vano contendemos,
entramos en grand pozo, fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes que nos d'ella leemos
que las flores del campo, del más grand que savemos.

Desuso lo dissiemos que eran los fructales
en qui facién las aves los cantos generales,
los sus sanctos miraclos, grandes e principales,
los quales organamos ennas fiestas caubdales.

Quiero dexar con tanto las aves cantadores,
las sombras e las aguas, las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales tan plenos de dulzores
fer unos pocos viessos, amigos e sennores.

Quiero en estos árbores un ratiello sobir
e de los sos miraclos algunos escrivir;
la Gloriosa me guíe que lo pueda complir,
ca yo non me trevría en ello a venir.

Terrélo por miráculo que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia, reína poderosa,
tú me guía en ello, ca eres pïadosa.

LA IMAGEN RESPETADA POR EL INCENDIO
Milagros de Nuestra Señora - versos 1265 a 1316

XIV

San Miguel de la Tumba es un grand monesterio,
el mar lo cerca todo, elli yaze en medio,
el logar perigloso do sufren grand lazerio
los monges que ý viven en essi ciminterio.

En esti monesterio que avemos nomnado,
avié de buenos monges buen convento provado,
altar de la Gloriosa rico e muy onrrado,
en él rica imagen de precio muy granado.

Estava la imagen en su trono posada,
so fijo en sus brazos, cosa es costumnada,
los reïs redor ella, sedié bien compannada,
como rica reína de Dios santificada.

Tenié rica corona como rica reína,
de suso rica impla en logar de cortina,
era bien entallada, de lavor muy fina,
valié más essi pueblo que la avié vezina.

Colgava delant ella un buen aventadero,
en el seglar lenguage dízenli moscadero;
de alas de pavones lo fizo el obrero,
luzié como estrellas, semejant de luzero.

Cadió rayo del cielo por los graves peccados,
encendió la eglesia de todos quatro cabos,
quemó todos los libros e los pannos sagrados,
por pocco que los monges que non foron quemados.

Ardieron los armarios e todos los frontales,
las vigas, las gateras, los cabrios, los cumbrales,
ardieron las ampollas, cálizes e ciriales,
sufrió Dios essa cosa como faz otras tales.

Maguer que fue el fuego tan fuert e tan quemant,
nin plegó a la duenna nin plegó al ifant,
nin plegó al flabello que colgava delant,
ni li fizo de danno un dinero pesant.

Nin ardió la imagen nin ardió el flabello,
nin prisieron de danno quanto val un cabello;
solamiente el fumo non se llegó a ello,
ni'l nució más que nuzo yo al obispo don Tello.

Continens e contetu fue todo astragado,
tornó todo carbones, fo todo asolado,
mas redor de la imagen, quanto es un estado,
non fizo mal el fuego ca non era osado.

Esto tovieron todos por fiera maravella,
que nin fumo nin fuego non se llegó a ella,
que sedié el flabello más claro que estrella,
el ninno muy fermoso, fermosa la ponzella.

El precioso miraclo non cadió en oblido,
fue luego bien dictado, en escripto metido;
mientre el mundo sea será él retraído;
algún malo por ello fo a bien combertido.

La Virgo benedicta, reína general,
como libró su toca de esti fuego tal,
asín libra sus siervos del fuego perennal,
liévalos a la Gloria do nunqua vean mal.

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 1 a 11


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

1

En el glorioso nombre del Rey Omnipotente
que hace nacer el sol y la luna en oriente,
de San Lorenzo quiero, su martirio inclemente,
contar en lengua fácil para toda la gente.

2

San Vicente y Lorenzo, hombres sin tachadura,
fueron ambos de Huesca, —lo dice la Escritura—;
ambos fueron católicos, ambos de gran cordura,
criados de Valerio y de su estirpe pura.

3

En el tiempo en que aquel poderoso ejercía
en Huesca el obispado —muy noble canongía—,
instruyó a estos discípulos mostrándoles la vía
para servir al Hijo de la Virgen María.

4

En tal consejo fueron prontamente acordados
como si por San Pablo fuesen adoctrinados;
mantenían sus cargos muy bien ejercitados,
ejerciendo sus obras con frutos mesurados.

5

Cumplir en el oficio era una gran misión:
convertir a los hombres con su predicación,
juzgando a los judíos con certera razón.
Eran para Jesús plenos de bendición.

6

En ese tiempo, en Roma mantenía el Papado
un apóstol santísimo que Sixto era llamado
y en el país de Grecia fue nacido y criado.
Después de ser filósofo, fue el Pastor Consagrado.

7

Para ordenar las obras ahora encomendadas
de modo que en su alma no fuesen objetadas,
envió sus designios bajo cartas selladas.
Las clerecías fueron a su Sede llamadas.

8

Don Valerio, el obispo de todo bien amigo,
a aquellos dos discípulos llevó a Roma consigo.
El Papa, complacido como del pan de trigo,
le dijo a don Valerio: —Pláceme estar contigo.

9

Ganó su voluntad con estos compañeros,
pues eran los mejores como monjes claustreros,
que hablando cuerdamente, con sus dichos certeros
eran en los debates los mejores voceros.

10

El Papa expresó entonces su nueva voluntad:
—«Te ruego, amigo mío, por Dios y caridad,
que recibas mi ruego y tengas la bondad
de dejarme estos clérigos para nuestra ciudad.

11

»Yo te lo apreciaré de todo corazón
y te seré deudor para toda ocasión;
piénsalo rectamente y no digas que «non»
negándote a aceptarlo contra ley y razón».

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 12 a 22


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

12

Valerio dijo: —«Padre de nuestra Cristiandad,
por el mando que tienes como por tu piedad,
comprende mi flaqueza y mi necesidad;
seremos perdedores yo mismo y mi ciudad».

13

—«Lo entenderás, señor, pues eres renombrado,
que el uno era mi lengua y el otro mi privado.
Sin ellos me tendría por pobre y por menguado.
Prefiero devolverte, señor el obispado».

14

El Papa respondió que un error cometía
cuando al Sumo Pontífice le desobedecía.
Quienquiera lo supiese, así lo entendería,
y en resguardo de riesgo todo lo aceptaría.

15

Valerio dijo: —«Padre, sólo haya inteligencia,
y que nadie conozca nuestras desaveniencias.
Toma tú a quien quisieras; elígelo en conciencia.
Conviviré con él en esta contingencia».
El Pontífice dijo: —«Otorgo la sentencia».

16

San Sixto y San Valerio quedaron convenidos,
y con sus propios diáconos de piedad adheridos.
Lorenzo con San Sixto, como desconocidos;
Vicente con Valerio, muy tristes y abatidos.

17

Era mucho lo que ambos debían conversar.
Su larga narración os podría cansar.
Volvamos a Lorenzo, y su drama, a contar.
Hacia lo prometido pensamos regresar.

18

San Sixto en San Lorenzo tuvo gran alegría
al ver que hallaba un bien en esa compañía,
ya que por toda Roma su mérito crecía.
Todos iban luciendo la mayor gallardía.

19

Excepto los apóstoles de los más consagrados,
nunca hubo en el Consejo hombre más apreciado.
Decían que Dios mismo lo había designado,
y era, por esa causa, aplaudido y loado.

20

La Santa Iglesia estaba por él iluminada;
daba a los desvalidos su paternal mirada.
No había sombra alguna en su alma guardada,
ni se oía en sus labios palabras destempladas.

21

Ayudaba a San Sixto en el sagrado altar,
mostrándose valioso en leer y en cantar.
Era un leal ministro para justificar,
que en sus juicios sabía lo correcto expresar.

22

Por su criterio era un leal consejero.
De lo que Dios le daba, era buen mensajero.
Tenía discreción sin ser sepulturero.
No pagaba una nuez por hombre lisonjero.

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 23 a 32


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

23

Era un varón perfecto, de hermosa discreción
que oía a los cuitados poniéndose en razón.
Sufría por las almas negadas al perdón.
Moría por ser mártir de su propia pasión.

24

Todo estaba tranquilo. El viento, temperado.
No sacaba a su hijo de casa, el asilado.
Volvió a girar la rueda, con el eje gastado.
El invierno de entonces fue en verano cambiado.

25

Tuvieron los romanos tan mal emperador,
que si Nerón fue malo, éste lo fue peor.
Cogió contra Jesús tan hondo desamor
que oír sólo su nombre le daba mal sabor.

26

Desafió a todo el mundo de aquella cristiandad.
Empezó con los clérigos a ejercer crueldad.
Les daba penas duras sin ninguna piedad
con los peores ejemplos de mala voluntad.

27

Llegó a saberlo Sixto ejerciendo el Papado
de cómo el Soberano actuaba: un ser malvado.
Comprendió que su hora ya había comenzado,
porque él tendría ahora que ser martirizado.

28

Entre todos sus actos, disfrutó una alegría:
reunir en Concilio toda la clerecía.
—«Amigos, —dijo— vamos ante Santa María
llevando nuestra cuita hasta su pleitesía.

29

»Decio proyecta ahora nuestra fe destrozar
y hacer a los cristianos, de Cristo renegar
para que a falsos dioses se pongan a rezar.
y a los que no lo hicieren los va a martirizar.

30

»Amigos, una vida así no la apreciamos.
Olvidemos el mundo y en las almas pensemos.
Todo lo que perdamos, después recobraremos.
No nos embargue el miedo. En Dios sólo fiemos.

31

»Para su Santa Iglesia salvar y redimir,
el Señor dio su cuerpo, y en la Cruz fue a morir.
Murieron los apóstoles queriéndolo seguir,
elevar a su Iglesia y la herejía hundir.

32

»Quienes vivimos hoy, conviene que muramos
y a nuestros ascendientes en la muerte sigamos
donándole a la Iglesia los cuerpos que cebamos.
Por un pequeño daño, las almas no perdamos».

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 33 a 44


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

33

En tanto que San Sixto decía este sermón,
confortaba a los clérigos como santo patrón.
Meditó en su mensaje con firme decisión
de llegar ante Decio a exponer su razón.

34

El vio que de el martirio, librado no iba a ser.
Gozó tanto que nunca tuvo mayor placer
recurriendo a Lorenzo, servidor de valor.
De todos sus tesoros, hízolo canciller.

35

El Santo Padre fuese ante el Emperador.
Disputó con el lobo como leal pastor.
Dijo: «¿Qué quieres Decio? Habla ya a tu sabor,
pues te responderemos gracias al Criador».

36

Decio díjole a Sixto: —«Esto de ti querría:
que me des tus tesoros; los de la obispalía.
Si tú lo haces así, tendrás la gracia mía;
si no, sufrirás tú junto a tu clerecía».

37

Díjole Sixto a Decio: —«Tú no hablas con mesura.
Pareces hombre cuerdo, pero dices locura.
Los bienes de la Iglesia, sería una amargura
destinarlos a usos para ganancia impura.

38

»Los bienes de la Iglesia, de Dios deben de ser,
o darlos a los pobres si fuese menester.
Quienes adoran ídolos no los deben tener,
o al hacerlo debían en el Infierno arder».

39

Díjole Decio a Sixto: —«Eres un mal pensado.
Deberías hablar solamente en privado.
Puedes llevar a un hombre hasta un desaguisado.
Si una injuria recibes, nunca serás vengado».

40

Díjole Sixto a Decio: —«Óyeme, Emperador:
déjame que yo hable por Dios, Nuestro Señor.
Tú eres un grande hombre; Dios es mucho mayor.
Tu amenaza carece de precio y de valor.

41

»Los tesoros que pides están bien resguardados.
Quien los tuvo en sus manos, los tiene recaudados.
No podrán usurparlos ni tú ni tus criados,
pues no serán ellos en el Bien empleados».

42

Decio díjole a Sixto: —«Estás enloquecido.
Andas por mal camino haciendo extraño ruido.
Sacrifícate ahora y cambia ese sentido;
si no te sacrificas, serás un desvalido».

43

Díjole Sixto: —«Decio, hablas con vanidad.
No existe en tus halagos ni pizca de piedad.
Al querer confundir a nuestra cristiandad,
tú serás confundido. Esta es la gran verdad.

44

»Yo quiero a Jesucristo mi sacrificio dar.
El se transformó en hostia, por las almas salvar.
Yo no quiero a tus ídolos asistir ni adorar,
porque sería absurdo a ellos invocar».

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 45 a 56


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

45

El gran furor de Decio contra Sixto fue tal
que ordenó lo llevasen afuera, al arenal,
para descabezarlo con la muerte final.
Dijo Sixto: —«Perdónate sólo al Dios sin igual».

46

Mientras que Sixto tuvo con Decio esta contienda,
los tesoros que tuvo Lorenzo en su encomienda,
los entregó a los pobres, pues según la leyenda
«quien reparte entre ellos, conquista rica hacienda».

47

San Lorenzo era hombre de una gran santidad
que entre la gente pobre hacía caridad:
sanaba a los enfermos de toda enfermedad,
y donaba a los ciegos la luz de la verdad.

48

Si sobre los enfermos imponía sus manos,
los que estaban dolientes se retornaban sanos;
los que apenas andaban por los caminos planos
corrían la pelota después hasta en los llanos.

49

Con sus sagradas manos muchos bienes se hicieron;
los enfermos sanaron; los pobres se nutrieron;
los ciegos contemplaron; los desnudos vistieron,
y bienaventurados, los que en la fe creyeron.

50

El devoto varón, libre de lo usurario,
repartió los tesoros como leal vicario.
Andando por la villa le ocurrió que en un barrio
halló una Santa Biblia de gran devocionario.

51

Había en esa zona una viuda enlutada
que ya 32 años llevaba de enviudada.
Asilaba cristianos en su propia posada
prestándoles ayuda en forma ponderada.

52

Sufría en la cabeza dolencia cotidiana,
tanto que siempre estaba más enferma que sana.
Le dijo: «Padre mío, de quien tanto bien mana,
pon tus sagradas manos por sobre esta cristiana».

53

A todos los que eran cristianas y cristianos
él lavaba los pies con sus benditas manos.
Oró junto a la viuda con rezos muy humanos
y luego le alivió sus males cotidianos.

54

Se despidió de ellos al dar la bendición,
y de aquellos tesoros dio a todos su ración.
Fue en busca de otros pobres e hizo otra procesión
para lavar sus pies y dar consolación.

55

En casa de Narciso, el noble senador,
encontró a muchos pobres, siervos del Creador,
creyentes de que Cristo fue nuestro Salvador,
seres que recelaban del mal Emperador.

56

Eran gentes muy pobres, de recursos menguados,
que antes injustamente fueron desheredados.

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 57 a 69


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

57

Lavó luego sus pies; los limpió con su paño.
A cuantos allí estaban, él les hizo ese baño.
Repartió los tesoros entre ellos, sin engaño;
sin provocar a nadie reyerta ni regaño.

58

Cuando los tuvo a todos servidos y agradados,
les dijo: —«Sed, amigos, y a Dios encomendados.
Yo cumpliré mi oficio; buscaré a los menguados,
porque pronto seremos por Decio reclamados».

59

Entre esos compañeros de casa de Narciso
había un hombre bueno presente, aunque sin «viso»,
que le dijo: —«Te ruego, si ves el Paraíso
que coloques tus manos como el Señor lo hizo».

60

El le impuso sus manos e hizo su oración:
—«Cristo, por quien tu Madre nunca causó lesión,
te pido que ilumines a este hombre sin visión,
y dejes en el ciego santa consolación».

61

Cuando Lorenzo tuvo su oración concluida,
fue toda la ceguera de Crecencio vencida.
El varón santo y bueno realizó esa partida,
pues deseaba que fuese ya su hora venida.

62

Ya su tesoro estaba todo muy bien empleado.
El fue para su obispo su servidor privado.
Descubrió que querían sacarlo del poblado
para darle el martirio, como estaba planeado.

63

Cuando al obispo vio Lorenzo condenar,
empezó, inconsolable, gravemente a llorar,
y dando grandes voces, a exclamar y clamar:
—«¿Señor, por qué me quieres así desesperar?

64

»Yo pido, Padre mío, a tu gran voluntad
que no me desampares, por Dios, por caridad.
Si no me llevas, Padre, hasta tu eternidad,
quedaré siendo huérfano de la peor orfandad.

65

»Siempre, cuando querías al Señor ofrendar
y la sagrada misa decir en el altar,
me llevabas contigo para ser tu auxiliar.
No me dejes ahora, por tanto, de amparar.

66

»Si en algo te produje yo mismo algún pesar,
cuando juntos estemos, me debes perdonar.
A tu siervo no puedes tanto enojo guardar,
pues por ello tu alma podrías lastimar.

67

»Santo Padre, sería por gran yerro tenido
que entraras en tal cena estando yo excluido.
Señor, llévame allá. Esta merced te pido.
En el martirio quiero ser el primer herido.

68

»Los tesoros que tuve por ti recomendados,
por la gracia de Dios están bien recaudados.
No los hallará Decio, pues se hayan resguardados.
Ni los malgastaremos, pues ya fueron donados.

69

»Aumentados serán donde los hallaremos.
No nos serán negados; doblados los tendremos.
Padre, no me desdeñes. Unidos sufriremos
mejor, tú y yo, señor; juntos nos confortaremos».

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 70 a 80


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

70

El obispo le dijo al diácono entretanto:
—«Hijo, bastante has dicho; no porfíes tanto.
De mi gloria y mi premio será tu propio manto.
Como el martirio mío. Esto yo te lo canto.

71

»Cual viejo pecador recaído en flaqueza,
caminó hacia la Gloria con marcada pereza;
pero tú, como joven, de mayor fortaleza,
puedes sobreponerte y ganar más riqueza.

72

»Antes de cinco días será lo que te auguro.
Te verás prisionero de combate muy duro.
Obtendrás la victoria. Puedes estar seguro.
Ganarás la corona del mejor oro puro.

73

»Cuando el vaso de mártir ya te lo hayas bebido,
estarás con nosotros de gloria revestido.
En la Corte del Cielo serás bien recibido.
Verás como honra Dios a quienes le han servido».

74

«Santo Padre, si quieres correctamente obrar,
a tu ministro debes delante enviar.
Del Patriarca, tú debes ejemplo tomar,
que antes su propio Hijo quiso sacrificar».

75

—«Hijo, —contestó Sixto—: no es posible esperar.
Con tregua, yo podría lo contrario probar.
Elías, cuando pudo este mundo dejar,
a su propio ministro designó en su lugar».

76

Inquietos los soldados que lo llevaban preso,
dijeron: —«Somos torpes si obramos con mal seso.
Pudiera sublevarse. Lo llevaremos en peso.
Si no, Decio ha de darnos gran disgusto por eso».

77

Los descreídos hombres cumplieron su inconsciencia,
y Sixto fue pasado por la dura sentencia:
para su santo cuerpo terminó la existencia,
más dos criados suyos de mayor preferencia.

78

Mientras Lorenzo iba estas cosas sintiendo,
los soldados le fueron la ocasión ofreciendo,
y luego fue apresado cuando él iba corriendo.
Cuando Decio lo supo gozó mucho sabiendo.

79

Los esbirros de Decio, caudillos carniceros,
lo echaron a la cárcel con otros compañeros.
Daría el soberano por él muchos dineros
o los eximiría de pagar más los fueros.

80

Entre aquellos cristianos que estaban en prisión
había una persona privada de visión,
la que rogó a Lorenzo que ese santo varón
le hiciese a su ceguera una sola oración.

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 81 a 91


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

81

San Lorenzo le dijo: —«Si en Cristo tú creyeres
y en el su santo nombre bautismo recibieres,
podrás salvar tu vista; mas, si esto no lo hicieres,
nunca podrás hallar las luces que ahora quieres».

82

Complacido, le dijo Lucillo, el afectado:
—«Eso lo habría hecho de bastante buen grado,
pues yo quise y yo quiero cumplir con lo deseado,
y en tus manos me pongo con vestido y calzado».

83

Como para estas cosas él era muy humano,
hizo la buena obra: Lucillo fue cristiano.
Lorenzo lo tocó con su bendita mano,
y él recobró la vista, feliz de verse sano.

84

Fue por toda la tierra la noticia lanzada,
de cómo obtuvo el ciego la visión recobrada,
y mucha gente vino a verlo en su posada
para estar con el hombre de virtud tan probada.

85

Todos los visitantes sus cuitas demostraron.
Si llegaron enfermos, sin dolencias tornaron.
Todos los desvalidos, alimentos llevaron.
Innumerables fueron los que por él sanaron.

86

Decio envió por Lorenzo. Ante el mal gobernante
lo llevó el carcelero y lo puso delante:
—«Entregad los tesoros en cantidad abundante
o sufriréis castigo muy duro, y al instante».

87

San Lorenzo le dijo: —«Todas tus amenazas
me saben más sabrosas que las cenas escasas.
Ni todos tus esbirros, ni tú con esas trazas
me metes mayor miedo que palomas torcazas».

88

Decio se disgustó y se quiso ensañar;
pero por la codicia del tesoro atrapar,
dijo que dejaría ese día pasar,
porque con Valeriano esa noche iba a estar.

89

Valeriano dudó de llevarlo consigo.
No lo quería mucho ni lo estimaba amigo.
Entregóselo a Hipólito: —«El estará contigo;
de la doctrina nuestra es mortal enemigo».

90

Lorenzo agradó a Hipólito y a los demás que había
en aquella familia, con la que ganaría.
Curó a muchos enfermos de toda fechoría.
Hacía a aquellos ciegos, milagros cada día.

91

Se inspiró Dios en él por su benignidad,
y de hacerlo cristiano le vino voluntad.
Solicitó el bautismo, —ley de la cristiandad—
dado por ese diácono de tanta santidad.

MARTIRIO DE SAN LORENZO
Coplas 92 a 105


Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

92

Un día, Valeriano les dijo de mañana:
—«Traedme a ese Lorenzo que los enfermos sana.
Veremos qué bondades hay en su yerba vana,
pues temo que salgamos con ganancia liviana».

93

Luego que hubo llegado, le dijo Valeriano:
—«Lorenzo, me pareces más perdido que sano.
Manda que los tesoros pasen a nuestra mano,
o lograrás perderte por torpe y por liviano».

94

Lorenzo dijo: —«Dame tregua hasta el tercer día.
Antes quiero el consejo de mi propia abadía.
Tú verás los tesoros, pero hoy no podría».
Contestó Valeriano: —«Eso es lo que quería».

95

Creyó en estas palabras el duque Valeriano
pensando que tendría ya el total en su mano.
Y se alabó ante Decio diciendo muy ufano
que él le daría luego hasta el último grano.

96

Lorenzo, al fin del plazo, resolvió convocar
la multitud de pobres, de los que pudo hallar.
Se los llevó consigo y allá empezó a rezar:
—«Estos son los tesoros que Dios más quiere amar.

97

»Estos son los tesoros que jamás envejecen.
Cuanto más se reparten, mucho más enriquecen.
Los que éstos ayudan, quieren y compadecen,
alcanzarán el Reino en que Glorias florecen».

98

Suponiendo Valerio haber sido engañado
y que el plan no salía como había pensado,
fue ante el Emperador sumamente enojado
a decirle que el pleito se había trastornado.

99

Buscaron a Lorenzo, sin poderlo aprehender.
Dijeron: «O se entrega, o el martirio va a ser».
En esa disyuntiva, para salvar su ser
Lorenzo prefirió por Jesús perecer.

100

Para que su martirio más inhumano fuera,
los esbirros le hicieron un lecho de manera
que ni tenía ropa ni tenía madera.
Todo lo que tenía, sólo de fierro era.

101

De parrillas de hierro era el lecho fatal,
separadas entre ellas, para el fuego colar.
Le ordenaron las manos y los pies amarrar,
y luego lo obligaron en ese fuego estar.

102

Lo bañaron en fuego. Así lo oiréis contar.
Los esbirros planearon las llamas atizar
y avivaron el fuego sin hacerse esperar.
A Lorenzo le dieron más placer que pesar.

103

Las llamas eran vivas y ardientes, sin mesura.
Ardía el santo cuero en esa calentura
y hervían las entrañas en aquella tortura.
Quien planeó tal horror no se ahorre amargura.

104

«Pensad —dijo Lorenzo—. Volvedme al otro lado.
Buscad en la conciencia si estoy ya bien asado.
Pensad ahora en nutriros, pues os habéis dañado.
Hijos, Dios os perdone actos de tal pecado.

105

»Me disteis buen yantar y me hicisteis buen lecho.
Os lo agradezco mucho, y lo hago en mi derecho.
No os guardaré rencor por estos que habéis hecho,
ni os tendré saña alguna, ni tampoco despecho».


MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA

Introducción

Amigos e vassallos de Dios omnipotent,
si vos me escuchássedes por vuestro consiment,
querríavos contar un buen aveniment:
terrédeslo en cabo por bueno verament.

Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.

Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las [carnes] e las mientes;
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.

Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas non avié ningunas podridas [nin] azedas.

La verdura del prado, la olor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
resfrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.

Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada [nin] olor tan sabroso;
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.

Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves, dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.

Unas tenién la quinta, e las otras doblavan,
otras tenién el punto, errar no las dexavan:
al posar [e] al mover, todas se esperavan,
aves torpes nin roncas non se acostavan.

Non serié organista nin serié vïolero,
nin giga nin salterio nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse con esto un dinero.

Peroque [nos] dissiemos todas estas bondades,
non contamos las diezmas, esto bien lo creades:
que avié de noblezas tantas diversidades
que no las contarien priores [nin] abbades.

El prado que vos digo avié otra bondat:
por calor nin por frío non perdié su beltat,
siempre estava verde en su entegredat,
non [perdié] la verdura por nulla tempestat.

Manamano que fui en tierra acostado,
de todo el lazerio fui luego folgado;
oblidé toda cuita [e] lazerio passado:
¡Qui allí se morasse serié bienventurado!

Los omnes e las aves, quantos acaecién,
levavan de las flores quantas levar querién,
mas mengua en el prado ninguna non façién:
por una que levavan tres e quatro nacién.

Semeja esti prado egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand graçia, tan grand bendiçión miso;
él que crió tal cosa maestro fue anviso:
omne que ý morasse nunqua perdrié el viso.

El fructo de los árbores era dulz e sabrido,
si don Adám oviesse de tal fructo comido,
de tan mala manera non serié decibido,
ni tornárién tal danno Eva [nin] so marido.

Sennores e amigos, lo que dicho avemos
palavra es oscura, esponerla queremos:
tolgamos la corteza, al meollo entremos,
prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos.

Todos quantos vevimos, que en piedes andamos,
siquiere en [presión] o en lecho yagamos,
todos somos romeos que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, por él vos lo provamos.

Quanto aquí vivimos en ageno moramos;
la ficança durable suso la esperamos;
la nuestra romería estonz la acabamos,
quando a Paraíso las álmas envïamos.

En esta romería avemos un buen prado
en qui trova repaire tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa, madre del buen Criado,
del qual otro ninguno egual non fue trobado.

Esti prado fue siempre verde en onestat,
ca nunca ovo mácula la su virginidat,
post partum et in partu fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta en su entegredat.

Las quatro fuentes claras que del prado manavan,
los quatro evangelios, esso significavan,
ca los evangelistas quatro que los dictavan,
quando los escrivién, con ella se fablavan.

Quanto escrivién ellos, ella lo emendava,
esso era bien firme lo que ella laudava;
parece que el riego todo d'ella manava
quando a menos d'ella nada non se guiava.

La sombra de los árbores, buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire toda la romería,
sí son las oraciones que faz Santa María
que por los peccadores ruega noch e día.

Quantos que son en mundo, justos e peccadores,
coronados e legos, reys e emperadores,
allí corremos todos, vassallos e sennores,
todos a la su sombra imos coger las flores.

Los árbores que facen sombra dulz e donosa
son los santos miraclos que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulzes que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita raviosa.

Las aves que organan entre essos fructales,
que han las dulzes vozes, dizen cantos leales,
estos son Agustino, Gregorio, otros tales,
[quantosl que escrivieron los sos fechos reales.

Estos avién con ella amor e atenencia,
en laudar los sos fechos metién toda femencia;
todos fablavan d'ella, cascuno su sentencia,
pero tenién por todo todos una creencia.

El rosennor que canta por fin maestría,
siquiere la calandria que faz grand melodía,
mucho cantó mejor el barón Isaía
e los otros prophetas, onrrada compannía.

Cantaron los apóstolos muedo muy natural,
confessores e mártires [facién otro] tal;
las vírgenes siguieron la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella canto bien festival.

Por todas las eglesias, esto es cada día,
cantan laudes ant ella toda la clerecía:
todos li façen cort a la Virgo María;
estos son rossennoles de gran placentería.

Tornemos ennas flores que componen el prado,
que lo façen fermoso, apuesto e temprado;
las flores son los nomnes que lida el dictado
a la Virgo María, madre del buen Criado.

La benedicta Virgen es estrella clamada,
estrella de los mares, guïona deseada,
es de los marineros en las cuitas guardada,
ca quando éssa veden es la nave guiada.

Es clamada, y éslo de los cielos, reína,
tiemplo de jesu Christo, estrella matutina,
sennora natural, pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas salud e medicina.

Ella es vellocino que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia, una grand vissïón;
ella es dicha fonda de David el varón
con la qual confondió al gigant tan fellón.

Ella es dicha fuent de qui todos bevemos,
ella nos dio el cevo de qui todos comemos;
ella es dicha puerto a qui todos corremos,
e puerta por la qual entrada atendemos.

Ella es dicha puerta en sí bien encerrada,
pora nos es abierta pora darnos la entrada;
ella es la palomba de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira, siempre está pagada.

Ella con grand derecho es clamada Sïón,
ca es nuestra talaya, nuestra defensïón:
ella es dicha trono del reï Salomón,
reï de grand justicia, sabio por mirazón.

Non es nomne ninguno que bien derecho venga
que en alguna guisa a ella non avenga;
non ha tal que raíz en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga.

Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada,
que de granos de graçia está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, palma bien ajumada,
piértega en que sovo la serpiente alzada.

El fust que Moïsés enna mano portava
que confondió los sabios que Faraón preciava,
el que abrió los mares e depués los cerrava,
si non a la Gloriosa ál non significava.

Si metiéremos mientes en ell otro bastón
que partió la contienda que fue por Aarón,
ál non significava, como diz la lectión,
si non a la Gloriosa, esto bien con razón.

Sennores e amigos, en vano contendemos,
entramos en grand pozo, fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes que nos d'ella leemos
que las flores del campo, del más grand que savemos.

Desuso lo dissiemos que eran los fructales
en qui facién las aves los cantos generales,
los sus sanctos miraclos, grandes e principales,
los quales organamos ennas fiestas caubdales.

Quiero dexar con tanto las aves cantadores,
las sombras e las aguas, las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales tan plenos de dulzores
fer unos pocos viessos, amigos e sennores.

Quiero en estos árbores un ratiello sobir
e de los sos miraclos algunos escrivir;
la Gloriosa me guíe que lo pueda complir,
ca yo non me trevría en ello a venir.

Terrélo por miráculo que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia, reína poderosa,
tú me guía en ello, ca eres pïadosa.

LOS SIGNOS DEL JUICIO FINAL

Sennores, si quisiéssedes attender un poquiello,
querríavos contar un poco de ratiello
un sermón que fue preso de un sancto libriello,
que fizo sant Jerónimo, un precioso cabdiello.

Nuestro padre Jherónimo, pastor de nos e tienda,
leyendo en ebreo en essa su leyenda,
trovó cosas estrannas, de estranna facienda;
qui las oír quisiere, tenga que bien merienda.

Trovó el omne bueno entre todo lo ál,
que ante del Judicio, del Judicio cabdal,
verrán muy grandes signos, un fiero temporal,
que se verá el mundo en pressura mortal.

Por esso lo escripso el varón acordado,
que se tema el pueblo que anda desvïado,
mejore en costumnes, faga a Dios pagado,
que non sea de Christo estonz desemparado.

Esti será el uno de los signos dubdados,
subirá a las nubes el mar muchos estados,
más alto que las sierras e más que los collados,
tanto que en sequero fincarán los pescados.

Pero en su derecha será él muy quedado,
non podrá estenderse, será como elado,
como parés enfiesta o muro bien labrado,
quiquiere que lo vea será mal espantado.

En el secundo día pareçrá affondado,
más vaxo que la tierra, bien tant com fue pujado;
de catarlo nul omne sól non será pensado,
pero será aína en su virtut tornado.

En el tercero signo nos conviene fablar,
que será grant espanto e un fiero pesar,
andarán los pescados todos sobre la mar,
metiendo grandes voces, non podiendo quedar.

Las aves esso misme, menudas e granadas,
andarán dando gritos todas mal espantadas;
assí farán las bestias por domar e domadas,
non podrán a la noche tornar a sus posadas.

El signo empués ésti es mucho de temer,
los mares e los ríos ardrán a grant poder;
desarrarán los omnes, iránse a perder,
querriénse si podiessen so la tierra meter.

El quinto de los signos será de grant pavura,
de yervas e de árbores e de toda verdura,
como diz sant Jherónimo, manará sangre pura;
los que no lo vidieren serán de grant ventura.

Será el día sexto negro e carboniento,
non fincará ninguna lavor sobre cimiento,
nin castiellos nin torres, nin otro fraguamiento,
que non sea destructo e todo fondamiento.

En el día seteno verrá priessa mortal,
avrán todas las piedras entre sí lit campal;
lidiarán como omnes que, se quieren fer mal,
todas se farán piezas menudas como sal.

Los omnes con la cuyta e con esta pressura,
con estos tales signos de tan fiera figura,
buscarán do se metan en una angostura;
dizrán: "Montes, cobritnos ca somos en ardura."

En el octavo día verrá otra miseria:
tremerá tod el mundo mucho de grant manera,
non se terrá en piedes ninguna cannavera
que en tierra non caya, non será tan ligera.

En el noveno día verrán otros porteros,
aplanar's án las sierras e todos los oteros;
serán de los collados los valles companneros,
todos serán iguales, carreras e senderos.

El día que viniere, el noveno passado,
istrán todos los omnes, quisque de su forado;
andarán estordidos, pueblo mal desarrado,
mas de fablar ninguno sól non será pensado.

El del onzeno día, si saberlo queredes,
será tan bravo signo que vos espantaredes;
abrirse án las fuessas que cerradas veedes,
istrán fuera los huessos de entre las paredes.

Non será el dozeno qui lo ose catar,
ca verá por el Zielo grandes flamas volar;
verá a las estrellas caer de su logar
como caen las fojas quand caen del figar.

Del trezeno fablemos, los otros terminados,
morrán todos los omnes, menudos e granados,
mas a poco de término serán resucitados,
por venir al Judicio justos e condenados.

El día quarto décimo será fiera varata,
ardrá todo el mundo, el oro e la plata,
balanquines e púrpuras, xamit et escarlata,
non fincará conejo en cabo nin en mata.

El día postremero, como diz el propheta,
el ángel pregonero sonará la cometa;
oírlo án los muertos, quisque en su capseta,
correrán al Judicio quisque con su maleta.

Quantos nunca nascieron e fueron engendrados,
quantos almas ovieron, fueron vivificados,
si los comieron aves o fueron ablentados,
todos en aquel día allí serán juntados.

Quantos nunca murieron en qualquiere edat,
o ninnos o eguados, o en grant vegedat,
todos de treinta annos, cuento de Trinidat,
verrán en essi día ante la Magestat.

Serán puestos los justos a la diestra partida,
los malos a siniestro, pueblo sines medida;
el Rey será en medio con su az revestida,
cerca de la Gloriosa, de caridat complida.

Allí será traído Judas el traïdor,
que por su abze mala vendió a su Sennor;
como él lo meresce verrá con tal honor,
veráse en porfazo, non podrié en mayor.

Tornar's há a los justos el Reï glorïoso,
ferlis há un sermón temprado e sabroso:
"Venit los benedictos del mi Padre precioso,
recebit el mi regno largo e delicioso.

Rescebit gualardón de lo que me sirviestes,
ca quando ovi famne vos bien me apaciestes,
vidiéstesme sediento, bien a bever me diestes,
si me menguó vestido, de grado me vestiestes.

Quando a vuestras puertas demandava posada,
vos luego me la diestes con voluntat pagada;
en las cuitas que ovi, trové en vos entrada,
quiérovos yo agora de todo dar soldada.

De lo que me serviestes, buen gualardón avredes,
por seculorum sécula conmigo regnaredes;
vivredes en grant gloria, nunca pesar veredes,
siempre laudes angélicas ante mí cantaredes."

Tornará a siniestro sannoso e irado,
dezirlis há por nuevas un esquivo mandado:
"Idvos los maledictos, ministros del Peccado,
it con vuestro maestro, vuestro adelantado.

It arder en el fuego que está avivado,
pora vos e a Lúcifer, a todo su fonsado;
acorro non avredes, esto es delibrado,
a qual sennor serviestes recibredes tal dado.

Quando famne avía, andava muy lazrado,
oírme non quisiestes nin darme un bocado;
si yo grant set avía, non aviédes cuidado,
e muy bien vos guardastes de darme hospedado.

Si vos alguna cosa me oviéssedes dada,
yo bien vos la terría agora condessada;
mas soviestes tan cruos que non me diestes nada;
yo la vuestra crüeza non la he oblidada.

Quando el pobreciello a vuestra puerta vino,
pediendo en mi nomne con hávito mezquino,
vos dar no li quisiestes nin del pan nin del vino,
oy si vos d'é1 pensássedes él vos serié padrino."

Presos serán los ángeles, ángeles infernales,
con cadenas ardientes e con fuertes dogales;
cogerlos án delante con azotes mortales,
?Jhesu Christo nos guarde de tales serviciales!

Levarlos án al fuego, al fuego infernal,
do nunca verán lumne si non cuyta e mal;
darlis án sendas sayas de áspero sayal,
tal que cascuna d'ellas pesará un quintal.

Avrán famne e frío, temblor e calentura,
ardor buelto con frío, set fiera sin mesura;
entre sus corazones avrá muy grant ardura,
que creer non quisieron la Sancta Escriptura.

Comerlos án serpientes e los escorpiones,
que an amargos dientes, agudos aguijones;
meterlis án los rostros fasta los corazones,
nunca avrán remedio en ningunas sazones.

Darlis án malas zenas e peores yantares,
grant fumo a los ojos, grant fedor a las nares,
vinagre a los lavios, fiel a los paladares,
fuego a las gargantas, torzón a los ijares.

Colgarán de las lenguas los escatimadores,
los que testiguan falso e los escarnidores;
non parcirán a reyes nin a emperadores,
avrán tales servientes quales fueron sennores.

Los omnes cobdiciosos del aver monedado,
que por ganar riqueza non dubdan fer peccado,
metránlis por las vocas el oro regalado,
dizrán que non oviessen atal aver ganado.

Los falsos menestrales e falsos labradores
allí darán derecho de las falsas lavores,
allí prendrán emienda, de los falsos pastores;
que son de fer cubiertas maestros savidores.

Algunos ordenados que lievan las obladas,
que viven seglarmente, tienen sucias posadas,
no lis avrán vergüenza las vestias enconadas,
darlis án por ofrenda grandes aguijonadas.

Los omnes soverviosos que roban los mezquinos,
que lis tuellen los panes, assí facen los vinos,
andarán mendigando corvos como encinos;
conteçrá esso mismo a los malos merinos.

Los que son invidiosos, aquessos malfadados,
qui por el bien del próximo andan descolorados,
serán en el infierno de todos coceados,
ferlis án lo que facen madrastras a annados.

Las penas del infierno de dur serién contadas,
ca d'éstas son muchas e mucho más granadas;
Jhesu Christo nos guarde de tales pescoçadas,
qui guardó a sant Peidro ennas ondas iradas.

Cambiemos la materia, en otro son cantemos,
en raçón desabrida mucho non detardemos;
a la buena companna de los justos tornemos,
el bien que esperamos, esso versifiquemos.

El Reï de los reyes, alcalde derechero,
qui ordena las cosas sin ningún consegero,
con su processión rica, pero El delantero,
entrará enna gloria del Padre verdadero.

La companna preciosa, de Christo consagrada,
del Padre benedicta, del Fijo combidada,
entrará en el Cielo alegre e pagada,
rendiendo a Dios gracias, a la Virgen ondrada.

Los ángeles del Cielo farán grant alegría,
nunca mayor d'aquélla ficieron en un día,
ca verán que lis cresze solaz e compannía,
¡Dios mande que entremos en essa confradía!

Dexemos de las penas de los malastrugados,
digamos de los gozos de los bienventurados;
éstos serán más grandes, demás serán doblados,
la alma con el cuerpo ambos serán juntados.

El cuerpo e la alma yaçrán en refrigerio,
esso clama doblado gozo el evangelio;
otrosí los dampnados avrán doble lazerio,
devié movernos mucho sólo esti proverbio.

De la primera gracia vos queremos decir,
avrán vida sin término, nunca an de morir;
demás serán tan claros, ?non vos cuido mentir?
non podrién siete soles tan fuertmientre lucir.

Serán mucho sobtiles, en veer muy certeros,
no lis farán embargo nin sierras nin oteros,
nin nieblas nin colinas, nin leguas nin migeros,
verán del mundo todo los cabos postremeros.

Avrán la quarta gracia por mayor complimiento,
serán mucho ligeros más que non es el viento;
volarán sus e yuso a todo su taliento,
en escripto yaz esto, sepades, non vos miento.

Assí serán ligeros, ésta es la verdat,
como es en nos mismos la nuestra voluntat,
que corre quanto quiere sin nulla cansedat;
en qual comarca quiere, y prende vezindat.

Avrán el quinto gozo que de todos más val,
que serán bien seguros de nunca aver mal;
sennor que a sus siervos da gualardón atal,
éssi es verdadero, nadi non crea ál.

Todos abrán femencia en laudar al Sennor,
avrán entre sí todos caridat e amor;
non terrán por la paz oración nin clamor,
nin catarán las nubes si tienen mal color.

Jhesu Christo nos lieve a essa compannía,
do tantos bienes yazen e tanta alegría;
guíenos la Gloriosa, Madre Sancta María,
que es fuente de gracia e mana cada día.

Quando el Rey de Gloria vinier a judicar,
bravo como león que se quiere cevar,
¿quí será tan fardido que lo ose sperar?
ca el leon irado save mal trevejar.

Las Virtudes del Cielo, dizlo la Escriptura,
las que nunca ficieron liviandat nin locura,
éssas en essi día avrán muy grant pavura,
ca verán el alcalde irado sin mesura.

Quand los ángeles sanctos tremerán con pavor,
que yerro non ficieron contra el su Sennor,
¿qué faré yo, mezquino, que só tan peccador?
Bien d'agora m'espanto, tanto he grant pavor.

Porque de la su vista me quiera asconder,
nin será aguisado nin avría poder;
yo razón non podría contra El mantener,
seo mal aguisado por ant El parescer.

Non avrá essi día ningunos rogadores,
todos serán callando, justos e peccadores;
todos avrán grant miedo e muy grandes temblores,
pero los de siniestro más grandes e peores.

Verán por el su ojo los infiernos ardientes,
como tienen las vocas abiertas las serpientes,
como sacan las lenguas e aguzan los dientes,
entendrán bien que tienen a mala parte mientes.

Aquél será el día que diz la Escriptura,
que será mucho luengo e de grant amargura,
onde deviémos todos aver ende pavura;
será qui ál ficiere de grant mala ventura.

Luengo será el día a los bienventurados,
ca nunca avrán noche que sean embargados;
será amargo mucho pora los condempnados,
que serán pora siempre del bien desfeduzados.

El día del Judicio mucho es de temer,
más que ninguna cosa que podiesse seer;
avrá omne sus males ante sí a traer,
non podrá nulla cosa de su mal esconder.

Todo quanto que fizo, menudo e granado,
fuera si penitencia lo ovo deslavado,
todo será a ojo en medio del mercado,
conoscerlo án todos, non lis será celado.

Las vidas de los omnes allí serán contadas,
de malos e de buenos serán fuert porfazadas;
como serán abiertas sin puertas las posadas,
pareçrán las paredes que fueron mal tapiadas.

La cuyta del Judicio será muy desguisada,
por omnes nin por ángeles nunca será asmada;
¡válanos Jhesu Christo, la su Virtut sagrada,
que estonz non podamos caer en desprunada!

Si cataren a suso verán a Dios irado,
de yuso el infierno, ardient e avivado,
derredor los dïablos sobra grant en fonsado;
con visïón tan brava ¿quí non será coytado?

Si cerraren los ojos porque non vean nada,
dentro será el bierven que roe la corada;
la mala repindencia de la vida passada,
que fue mala e sucia, fedient e enconada.

Jhesu Christo nos guarde de tales visiones,
a todos los christianos, mugieres e varones;
pora'l dïablo sean tales discreciones,
que da a sus amigos amargos gualardones.

Los qui somos christianos e en Christo creemos,
si estas visïones escusarlas queremos,
mejoremos las vidas, penitencia tomemos,
ganaremos la Gloria, el mal escusaremos.

Digamos Pater Nóster que nos esto ganemos,
laudemos la Gloriosa, mercet nos li clamemos;
todos Ave María a su honor cantemos,
que nos con el su Fijo e con ella regnemos. Amen.

EL LADRÓN DEVOTO

Era un ladrón malo que más querié furtar
que ir a la eglesia nin a puentes alzar;
sabié de mal porcalzo su casa governar,
uso malo que priso, no lo podié dexar.

Si facié otros males, esto no lo leemos,
serié mal condempnarlo por lo que non savemos,
mas abóndenos esto que dicho vos a vemos,
si ál fizo, perdóneli Christus en qui creemos.

Entre las otras malas, avié una bondat
que li vahó en cabo e dioli salvedat;
credié en la Gloriosa de toda voluntat,
saludávala siempre contra la su magestat.

[Si fuesse a furtar, o a otra locura,
siempre se inclinava contra la su figura,
dizié "Ave María" e más de escriptura],
tenié su voluntad con esto más segura.

Como qui en mal anda en mal á a caer,
oviéronlo con furto est ladrón a prender;
non ovo nul consejo con qué se defender,
judgaron que lo fuessen en la forca poner.

Levólo la justicia pora la crucejada,
do estava la forca por concejo alzada;
prisiéronli los ojos con toca bien atada,
alzáronlo de tierra con soga bien tirada.

Alzáronlo de tierra quanto alzar quisieron,
quantos cerca estavan por muerto lo tovieron:
si ante lo sopiessen lo que depués sopieron,
no li ovieran fecho esso que li fizieron.

La Madre glorïosa, duecha de acorrer,
que suele a sus siervos ennas cuitas valer,
a esti condempnado quísoli pro tener,
membróli del servicio que li solié fer.

Metióli so los piedes do estava colgado
las sus manos preciosas, tóvolo alleviado:
non se sintió de cosa ninguna embargado,
non sovo plus vicioso nunqua nin más pagado.

Ende al día terzero vinieron los parientes,
vinieron los amigos e los sus connocientes,
vinién por descolgallo rascados e dolientes,
sedié mejor la cosa que metién ellos mientes.

Trobáronlo con alma alegre e sin danno,
non serié tan vicioso si yoguiesse en vanno;
dizié que so los piedes tenié un tal escanno,
non sintrié mal ninguno si colgasse un anno.

Quando lo entendieron los que lo enforcaron,
tovieron que el lazo falsso gelo dexaron;
fueron mal rependidos que no lo degollaron,
tanto gozarién d'esso quanto depués gozaron.

Fueron en un acuerdo toda essa mesnada,
que fueron engannados enna mala lazada,
mas que lo degollassen con foz o con espada;
por un ladrón non fuesse tal villa afontada.

Fueron por degollarlo los mancebos más livianos,
con buenos seraniles grandes e adïanos;
metió Sancta María entre medio las manos,
fincaron los gorgueros de la golliella sanos.

Quando esto vidieron que no'l podién nocir,
que la Madre gloriosa lo querié encobrir,
oviéronse con tanto del pleito a partir,
hasta que Dios quisiesse dexáronlo vevir.

Dexáronlo en paz que se fuesse su vía,
ca ellos non querién ir contra Sancta María,
mejoró en su vida, partióse de follía:
quando cumplió so corso murióse de su día.

Madre tan pïadosa, de tal benignidat,
que en buenos e en malos face su pïadat,
devemos bendicirla de toda voluntat:
los que la bendissieron ganaron grand rictat.

Las mannas de la Madre con las d'El que parió
semejan bien calannas qui bien las connoció;
Él por bonos e malos, por todos descendió,
Ella, si la rogaron, a todos acorrió.

LOS DOS HERMANOS

Enna villa de Roma, essa noble cibdat,
maestra e sennora de toda christiandat,
avié ý dos ermanos de grant auctoridat,
el uno era clérigo, el otro podestat.

Peidro'1 dizién al clérigo, avié nomne atal,
varón sabio e noble, del papa cardenal;
entre las otras mannas avié una sin sal,
avié grand avaricia, un peccado mortal.

Estevan avié nomne el secundo ermano,
entre los senadores non avié más lozano;
era muy poderoso en el pueblo romano,
avié en "prendo prendis" bien usada la mano.

Era muy cobdicioso, querié mucho prender,
falssava los judizios por gana de aver;
tolliélis a los omnes lo que lis podié toller,
más preciava dineros que justicia tener.

Con sus judicios falsos de los sus paladares,
a Sant Laurent el mártir tollióli tres casares;
perdió Sancta Agnés por él bonos logares,
un uerto que valié de sueldos muchos pares.

Murió el cardenal don Peidro el onrrado,
fo a los purgatorios, do merecié seer levado;
ante de poccos días fo Estevan finado,
atendié tal judizio qual él lo avié dado.

Víolo San Laurencio, católo feamientre,
primió'1 en el brazo tres vezes duramientre;
quessóse don Estevan bien entro en el bientre,
no'l primiren tenazas de fierro tan fuertmientre.

Vío'l Sancta Agnés a qui tollió el uerto,
tornóli las espaldas, cató'1 con rostro tuerto;
estonz dixo Estevan: "Esto es mal confuerto,
toda nuestra ganancia ixiónos a mal puerto."

Dios el nuestro Sennor, alcalde derechero,
al que non se encubre bodega nin cellero,
dixo que esti omne fuera mal ballestero,
cegó a muchos omnes, non a uno sennero:

"Deseredó a muchos por mala vozería,
siempre por sus peccados asmó alevosía.
Non mereze entrar en nuestra compannía,
¡vaya yacer con Judas en essa fermería!"

Prisiéronlo por tienllas los guerreros antigos
los que siempre nos fueron mortales enemigos,
dávanli por pitanza non mazanas nin figos,
mas fumo e vinagre, feridas e pelcigos.

Vío a su ermano con otros peccadores,
do sedié el mesquino en muy malos sudores;
metié vozes e gritos, lágrimas e, plangores,
avié grand abundancia de malos servidores.

Aviénla ya levada cerca de la posada,
do nunqua verié cosa de que fuesse pagada,
nin verié sol ni luna nin buena rucïada,
e serié en tiniebra como emparedada.

Díxo'l: "Decit, ermano, preguntárvoslo quiero,
¿por quál culpa yaçedes, en lazerio tan fiero?
ca si Dios lo quisiere e yo ferlo podiero,
buscarvos é acorro en quanto que sopiero."

Dixo Peidro: "En vida trasqui grand avaricia,
óvila por amiga abueltas con cobdicia;
por esso so agora puesto en tan mala tristicia;
qui tal faze, tal prenda, fuero es e justicia.

Mas si el apostóligo con la su clerecía
cantasse por mí missa solamientre un día,
fío en la Gloriosa, madre Sancta María,
que me darié Dios luego alguna mejoría."

D'est varón don Estevan de qui fablamos tanto,
porque muchas maldades trayé so el su manto,
avié una bondat, amava a un sancto,
tanto que non podriémos demostrarvos nos quanto.

Amava a Proyecto, mártir de grand valor,
guardava'l bien la festa como al Buen Sennor,
facié'1 rico officio e muy grand onor,
de pobres e de clérigos, quanto podié mejor.

Laurencio e Agnés, maguer que despechados,
porque los ovo elli ante deseredados,
moviólos pïadad e fueron amanssados,
cataron más a Dios que a los sos peccados.

Fueron pora Proyecto, fuera cuyo rendido,
dissiéronli: Proyecto, non seas adormido,
piensa del tu Estevan que anda escarnido,
réndili gualardón ca óvote servido."

Fue pora la Gloriosa que luz más que estrella,
movióla con grand ruego, fue ante Dios con ella,
rogó por esta alma que trayén como a pella,
que non fuesse judgada secundo la querella.

Disso a esti ruego Dios el nuestro Sennor:
"Faré tanta de gracia por el vuestro amor;
torne aún al cuerpo la alma peccador,
desend qual mereciere, recibrá tal onor.

Aya tanto de plazo hasta los treynta días,
que pueda mejorar todas sus malfetrías;
mas bien gelo afirmo par las palavras mías,
ý serán rematadas todas sus maestrías."

Rendieron "Gratias multas" a Dios los rogadores,
porque empïadava a los sos peccadores,
que libró esta alma de manos de traïdores,
que son de los fideles siempre engannadores.

Quando lo entendió la gent adïablada,
quitóse de la alma, que tenié legada;
prísola Sant Proyecto que la avié ganada,
guïóla pora'1 cuerpo, a essa su posada.

Díssoli la Gloriosa, madre del Crïador,
"Estevan, rendi gracias a Dios el buen Sennor:
gran gracia te á fecha que non podrié mayor;
del mal, si non te guardas, caerás en peor.

Estevan, un consejo te quiero aún dar,
Estevan, es consejo que deves tú tomar:
mándote cada día un salmo recitar,
"Beati inmaculati..." bien bueno de rezar.

Si tú cada mannana esti salmo rezares,
e tú a las eglesias los tuertos enmendares,
ganará la tu alma Gloria quando finares,
escusarás las penas e los graves logares".

Resuscitó Estevan, ¡grado a Jesu Christo!
Regunzóli al Papa quanto que avié visto,
lo que li disso Peidro, su ermano bienquisto,
que yazié en grand pena, lazrado e muy tristo.

Demostrava el brazo que tenié livorado,
en el que Sant Laurent lo ovo apretado,
pidié merced al Papa con el cuerpo prostrado,
que cantasse la missa por Peidro el lazrado.

Por ferlis bien creencia, por seer bien creído,
disso que a los treynta días serié transido;
dissieron todos: "Esto signo es connocido,
si diz verdat o non será bien entendido."

Entregó ricamientre a los deseredados,
a los que tuerto tovo fízolos bien pagados,
confessóse al preste de todos sos peccados,
de quantos avié fechos e dichos e asmados.

Ya andava en cabo de las quatro semanas,
hasta los treynta días avié poccas mannanas,
despidióse Estevan de las yentes romanas,
sabié que las palabras de Dios non serién vanas.

En el día trenteno fizo su confessión,
recibió Corpus Dómini con grand devocïón;
echóse en su lecho, fizo su oración,
tendió a Dios la alma, finó con bendición.

EL LABRADOR AVARO

Era en una tierra un omne labrador
que usava la reja más que otra lavor;
más amava la tierra que non al Crïador,
era de muchas guisas omne revolvedor.

Fazié una nemiga, suziela por verdat,
cambiava los mojones por ganar eredat,
façié a todas guisas tuerto e falsedat,
avié mal testimonio entre su vecindat.

Querié, peroque malo, bien a Sancta María,
udié los sus miráculos, dávalis acogía;
saludávala siempre, diciéli cada día:
"Ave gratïa plena que parist a Messía."

Finó el rastrapaja de tierra bien cargado,
en soga de dïablos fue luego cativado,
rastrávanlo por tienllas, de cozes bien sovado,
pechávanli a duplo el pan que dio mudado.

Doliéronse los ángeles d'esta alma mesquina,
por quanto la levavan dïablos en rapina;
quisieron acorrelli, ganarla por vecina,
mas pora fer tal pasta menguavalis farina.

Si lis dizién los ángeles de bien una razón,
ciento dicién los otros, malas que buenas non;
los malos a los bonos teniénlos en rencón,
la alma por peccados non issié de presón.

Levantóse un ángel, disso: "Yo so testigo,
verdat es, non mentira esto que yo vos digo:
el cuerpo, el que trasco esta alma consigo,
fue de Sancta María vassallo e amigo.

Siempre la ementava a yantar e a cena,
diciéli tres palabras: 'Ave gratïa plena'
la boca por qui essié tan sancta cantilena
non merecié yazer en tan mala cadena."

Luego que esti nomne de la Sancta Reína
udieron los dïablos cogieron's de ý aína;
derramáronse todos como una neblina,
desampararon todos a la alma mesquina.

Vidiéronla los ángeles seer desemparada,
de piedes e de manos con sogas bien atada;
sedié como oveja que yaze ensarzada,
fueron e adussiéronla pora la su majada.

Nomne tan adonado e de vertut atanta,
que a los enemigos seguda e espanta,
non nos deve doler nin lengua nin garganta
que non digamos todos: "Salve Regina Sancta."

EL NOVIO Y LA VIRGEN


Enna villa de Pisa, cibdat bien cabdalera,
en puerto de mar yaze rica de grand manera,
avié ý un calonge de buena alcavera,
dizién Sant Cassïán ond el calonge era.

Como fizieron otros que de suso contamos,
que de Sancta María fueron sos capellanos,
ésti amóla mucho, más que muchos christianos,
e faziéli servicio de piedes e de manos.

Non avié essi tiempo uso la clerecía
dezir ningunas oras a ti, Virgo María,
pero elli diziélas siempre e cada día,
avié en la Gloriosa sabor e alegría.

Avién los sos parientes esti fijo sennero,
quando ellos finassen era buen eredero;
dessávanli de mueble assaz rico cellero,
tenié buen casamiento, assaz cobdiziadero.

El padre e la madre quando fueron finados,
vinieron los parientes tristes e desarrados:
diziénli que fiziesse algunos engendrados,
que non fincassen yermos logares tan preciados.

Cambióse del propósito, del que ante tenié,
moviólo la ley del sieglo, dixo que lo farié;
buscáronli esposa qual a él convenié,
destajaron el día que las bodas farié.

Quando vino el día de las bodas correr,
iva con sos parientes la esposa prender;
tan bien en la Gloriosa non podié entender,
como lo solié ante otro tiempo fazer.


Yendo por la carrera a complir el so depuerto,
membró'1 de la Gloriosa, que li yazié en tuerto,
tóvose por errado e tóvose por muerto,
asmó bien esta cosa que'1 istrié a mal puerto.

Asmando esta cosa de corazón cambiado,
halló una eglesia, lugar a Dios sagrado,
dessó las otras yentes fuera del portegado,
entró fer oración el novio refrescado.

Entró en la eglesia al cabero rencón,
inclinó los enojos fazié su oración,
vínoli la Gloriosa, plena de bendición,
como qui sannosamientre, dissoli tal razón:

"Don fol malastrugado, torpe e enloquido,
¿en qué roídos andas? ¿en qué eres caído?
Semejas ervolado, que as yervas bevido,
o que eres del blago de Sant Martín tannido.

Assaz eras varón bien casado comigo,
yo mucho te quería como a buen amigo;
mas tú andas buscando mejor de pan de trigo,
non valdrás más por esso quanto vale un figo.

Si tú a mí quisieres escuchar e creer,
de la vida primera non te querrás toller:
a mí non dessarás por con otra tener,
si non, avrás la lenna a cuestas a traer."

Issió de la eglesia el novio maestrado,
todos avién querella que avié tardado,
fueron cabadelante recabdar su mandado,
fo todo el negocio aína recabdado.

Fizieron ricas bodas, la esposa ganada,
ca serié lo ál fonta si fuesse desdennada;
era con esti novio la novia bien pagada,
mas non entendié ella do yazié la celada.

Supo bien encobrirse el de suso varón,
la lengua poridat tovo al corazón;
ridié e deportava todo bien por razón,
mas aviélo turrado mucho la visïón.

Ovieron ricas bodas e muy grand alegría,
nunqua mayor siquiere ovieron en un día;
mas echó la redmanga por ý Sancta María
e fizo en sequero una grand pesquería.

Quando veno la noch, la ora que dormiessen,
fizieron a los novios lecho en que yoguiessen;
ante que entre sí ningún solaz oviessen,
los brazos de la novia non tenién qué prisiessen.

Issióseli de manos, fússoli el marido,
nunqua saber podieron omnes dó fo caído,
sópolo la Gloriosa tener bien escondido,
no lo consintió ella que fuesse corrompido.

Dessó mugier fermosa e muy grand posesión,
lo que farién bien poccos de los que oï son;
nunqua lo entendieron do cadió, o do non:
qui por Dios tanto faze, aya su bendición.

Creemos e asmamos que esti buen varón
buscó algún lugar de grand religïón,
y sovo escondido faciendo oración,
por ond ganó la alma de Dios buen gualardón.

Bien devemos creer que la Madre gloriosa,
porque fizo est omne esta tamanna cosa,
no lo oblidarié, como es pïadosa,
bien allá lo farié posar do ella posa.
 

 

 

 

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