Miguel Ángel Asturias

   
 
 

 

 

 

 

 

 

BIOGRAFÍA

Escritor y periodista guatemalteco, nacido en 1899 en Guatemala y muerto en Madrid el 9 de junio de 1974. Interesado por las leyendas y mitos de su país, trabajó afanosamente por una literatura comprometida con los derechos y las necesidades de los más pobres. Fue embajador de Guatemala en Francia y recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1967.


Sus principales sobras son: Sien de alondra (1948), Hombres de maíz (1949), Viento fuerte (1950), Week end en Guatemala (1956) y El señor Presidente (1946).

Sus estudios en Francia y su amistad con Georges Raynaud y el escritor rnexicano J.A. González de Mendoza (con quien tradujo el Popol Vuh, libro sagrado de los indios quichés de Guatemala), determinaron su obra literaria, influida tanto por el surrealismo como por el mundo mágico de las leyendas de su país.

Aunque Asturias era un excelente poeta (Sien de alondra, 1948; Ejercicios poéticos en forma de soneto sobre temas de Horacio, 1952 y Clarivigilia primaveral, 1956), además de dramaturgo y ensayista, desde siempre se le reconoció como novelista. Su nombre saltó a la fama a partir de su celebérrima novela El señor Presidente (1946). Por eso, cuando se le otorgó el Premio Nobel, en 1967, se hizo hincapié en su labor como novelista.

El señor Presidente, empezada en 1923, sólo se publicó en 1946. J. Himelblau, en su libro The Sociopolítical Views of M.A. Asturias (1920-30), asegura que a raíz de la caída de Estrada Cabrera (el ?señor presidente? de la novela), y el encumbramiento sucesivo de Orellana, no menos siniestro y traidor a los intereses del país, Asturias sufrió una honda desilusión política. Hay que tener en cuenta esta desilusión al interpretar El señor Presidente.

Es, desde luego, un libro de protesta militante. Tal es, de hecho, el aspecto destacado casi unánimemente por la crítica: la descripción de un régimen dictatorial en términos de terror, maldad y muerte. En las cuatro cadenas de episodios que integran la trama predominan el miedo y la crueldad. Es más, la crueldad arbitraria se erige en sistema político. Como dice el Auditor de Guerra: «La regla de conducta del Señor Presidente es no dar esperanzas y pisotearlos y zurrarse en todos porque sí». De forma que la afirmación de Asturias que ?el elemento característico es el miedo; no es un producto literario sino humano, real?, resulta plenamente justificada. La novela transmite magistralmente lo aterrador de tales regímenes. En ese sentido, pertenece a la gran tradición que se remonta hasta Amalia, del argentino Mármol, aunque su antecedente más directo sea el Tirano Banderas de Valle-Inclán.

La última fase narrativa de Asturias comprende cuatro obras: El alhajadito (1961), Mulata de tal (1963), los relatos de El espejo de la sal (1967) y la novela histórica Malandrón (1969). En las tres Miguel Ángel Asturias, ya superado el momento traumático de su exilio y de la intervención Norteamericana en Guatemala, que reflejan la trilogía bananera y sus apendices, vuelve nostálgicamente a la tarea de ?expresar el sentir y el pensar de las gentes de mi raza...?.

Así, el humanismo socialista de Asturias, para llamarlo de algún modo, que le valió el premio Lenin (1966) antes que el Premio Nobel, queda arraigado en las creencias antiguas de su pueblo.

Poesías de este autor

Guatemala / Tecún-Umán / Marimba tocada por indios / Habla el gran lengua / Cerbatanero / ¡Salve Guatemala! / Letanías del desterrado / Credo...

 

 

GUATEMALA
(Cantata)
1954

¡Patria de las perfectas luces, tuya
la ingenua, agraria y melodiosa fiesta,
campos que cubren hoy brazos de cruces!

¡Patria de los perfectos lagos, altos
espejos que tu mano acerca al cielo
para que vea Dios tantos estragos!

¡Patria de los perfectos montes, cauda
de verdes curvas imantando auroras,
hoy por cárcel te dan tus horizontes!

¡Patria de los perfectos días, horas
de pájaros, de flores, de silencio
que ahora, ¡oh dolor!, son agonías!

¡Patria de los perfectos cielos, dueña
de tardes de oro y noches de luceros,
alba y poniente que hoy visten tus duelos!

¡Patria de los perfectos valles, tienden
de volcán a volcán verdes hamacas
que escuchan hoy llorar casas y calles!

¡Patria de los perfectos frutos, pulpa
de paraíso en cáscara de luces,
agridulces ahora por tus lutos!

¡Patria del armadillo y la luciérnaga
del pavoazul y el pájaro esmeralda,
por la que llora sin cesar el grillo!

¡Patria del monaguillo de los monos,
el atel colilargo, los venados,
los tapires, el pájaro amarillo

y los cenzontles reales, fuego en plumas
del colibrí ligero, juego en voces
de la protesta de tus animales!

Loros de verde que a tu oído gritan
no ser del oro verde que ambicionan
los que la libertad, Patria, te quitan.

Guacamayas que son tu plusvalía
por el plumaje de oro, cielo y sangre,
proclamándote va su gritería...

¡Patria de las perfectas aves, libre
vive el quetzal y encarcelado muere,
la vida es libertad, Patria, lo sabes!

¡Patria de los perfectos mares, tuyos
de tu profundidad y ricas costas,
más salóbregos hoy por tus pesares!

¡Patria de las perfectas mieses, antes
que tuyas, júbilo del pueblo, gente
con la que ahora en el pesar te creces!

¡Patria de los perfectos goces, hechos
de sonido, color, sabor, aroma,
que ahora para quién no son atroces!

¡Patria de las perfectas mieles, llanto
salado hoy, llanto en copa de amargura,
no la apartes de mí, no me consueles!

¡Patria de las perfectas siembras, calzan
con hambre de maíz sus pies desnudos,
los que huyen hoy, tus machos y tus hembras!

TECÚN-UMÁN

Tecún-Umán, el de las torres verdes,
el de las altas torres verdes, verdes,
el de las torres verdes, verdes, verdes,
y en fila india indios, indios, indios
incontables como cien mil zompopos:
diez mil de flecha en pie de nube, mil
de honda en pie de chopo, siete mil
cerbateneros y mil filos de hacha
en cada cumbre ala de mariposa
caída en hormiguero de guerreros.
Tecún-Umán, el de las plumas verdes,
el de las largas plumas verdes, verdes,
el de las plumas verdes, verdes, verdes,
verdes, verdes, Quetzal de varios
frentes
y movibles alas en la batalla,
en el aporreo de las mazorcas
de hombres de maíz que se desgranan
picoteados por pájaros de fuego,
en red de muerte entre las piedras
sueltas.
Quetzalumán, el de las alas verdes
y larga cola verde, verde, verde,
verdes flechas verdes desde las torres
verdes, tatuado de tatuajes verdes.
Tecún-Umán, el de los atabales,
ruido tributario de la tempestad
en seco de los tamborones, cuero
de tamborón medio ternero, cuero
de tamborón que lleva cuero, cuero
adentro, cuero en medio, cuero afuera,
cuero de tamborón, bón, bón, borón,
bón,
bón, bón, borón, bón, bón, bón, borón,
bón,
bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón,
bón,

pepitoria de trueno que golpea
con pepitas gigantes en el hueso
del eco que desdobla el teponastle,
teponpón, teponpón, teponastle,
teponpón, teponpón, teponastle,
tepón, teponpón, tepón, teponpón,
teponpón, teponpón, teponpón...
Quetzalumán, el de las tunas verdes,
el de las altas tunas verdes, verdes,
el de las tunas verdes, verdes, verdes.
Las astas de las lanzas con metales
preciosos de victoria de relámpago
y los penachos despenicados
entre los estandartes de las tunas
y el desmoronamiento de la tierra
nublada y los lagos que apedrean
con el tún de sus tumbos sin espuma.
Tún, munición de guerra de Tecún
que llama, clama, junta, saca hombres
de la tierra para guerrear el baile
de la guerra que es el baile del tún.
Tún, tambor de guerra de Tecún,
ciego por dentro como el nido túnel
del colibrí gigante, del Quetzal,
el colibrí gigante de Tecún.
Quetzal, imán del sol, Tecún, imán
del tún, Quetzaltecún, sol y tún, túnbo
del lago, tún-bo del monte, túnbo
del verde, tún-bo del cielo, tún,
tún, tún, tún-bo del verde corazón
del tún, palpitación de la primavera,
en la primera primavera tún-bo
de flores que bañó la tierra viva.
¡Abuelo de ambidiestros! ¡Mano grande
para cubrirse el pecho con tlascalas
y españoles, fieras con cara humana!
¡Varón de Galibal y Señorío
de Quetzales en el patrimonio
testicular del cuenco de la honda,
y barba de pájaros goteantes
hasta la última generación
y pelo de frijol enredador
en penachos de águilas cautivas!
¡Jefe de valentías y murallas
de tribus de piedra brava y clanes
de volcanes con brazos! Fuego y lava.
¿Quien se explica los volcanes sin
brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Arbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!
¡Tecún-Umán!
Silencio en rama...
Máscara de la noche agujereada...
Tortilla de ceniza y plumas muertas
en los agarraderos de la sombra,
más alla de la tiniebla, en la tiniebla
y bajo la tiniebla sin curación.
El Gavilán de Extremadura, uñas,
armadura y longinada lanza...
¿A quién llamar sin agua en las pupilas?
En las orejas de los caracoles sin viento
a quién llamar... a quién llamar...
¡Tecún-Umán! ¡Quetzalumán!
No se corta su aliento porque sigue en
las llamas
Una ciudad en armas en su sangre
sigue, una ciudad con armadura
de campanas en lugar de tún, dueña
de semilla de libertad en alas
del colibrí gigante, del quetzal,
semilla dulce al perforar la lengua
en que ahora le llaman ¡Capitan!
¡Ya no es el tún! ¡Ya no es Tecún!
¡Ahora es el tán-tán de las campanas,
Capitán!
de jefes pintados con achiote rojo.

MARIMBA TOCADA POR INDIOS

La marimba pone huevos en los astros...
¡Para un huevo que ponés
tanta bulla que metés!
¡Vení ponelo, vos, pues!
La marimba pone huevos en los astros...
El sol la desangra, la monta, es su gallo.
La marimba pone huevos en los astros.
¡Para un huevo que ponés
tanta bulla que metés!
¡Vení ponelo, vos, pues!
¡Serpiente que muda de piel en los ecos!
¡Grito de madera que se bate en jícaras como el chocolate!
¡Sonido de hojas que van sobre hormigas de palo de hormigo!
¡Pereza de razas!
¡Pereza de lluvia!
¡Pereza de teclas que mascan copal!
Se masca la pena del hule.
Se tasca la pena del freno.
Los flecos se suenan mocosos de luna.
Se escupe la pena del guaro, tiñoso de riñas,
y huye el mujerío, pies, tetas y críos.
¡Para un huevo que ponés
tanta bulla que metés!
¡Vení ponelo, vos, pues!
En los tecomates de negro agujero de coco
cubiertos de tela de tripa hay llanto de moscas,
peces-moscas y pájaros-moscas...
Y el gran alboroto del verde perico,
y el chisporroteo de chorchas de fuego,
y el vuelo redondo del cielo azulejo,
y los cuatrocientos sonidos cenzontles.
Trinó pito de agua, voló el azulejo,
la chorcha fue llama y gritó el perico.

¡Para un huevo que ponés
tanta bulla que metés!
¡Vení ponelo, vos, pues!
Tempestad de trinos entre sus costillas,
atada de espalda, de faz a los cielos,
en el sacrificio de los prisioneros.
Danza de raíces y tribus maiceras.
La hieren de sangre picos de aves verdes
que le abren el pecho.
La hieren de leche saetas de plumas.
Flechas picaflores de punta de espina
la hieren de sueño. ¡Es sangre,
y es leche, y es sueño!...
Sangre de madera,
elástica leche de palo de hule
y sueño de cera pegado a las teclas
que cambia de carne al sonido,
que muda de hueso al sonido,
la carne africana
y el hueso de indio
se mezclan en lluvia sonora de varas y lanzas
de piedras de punta afilada,
garras de jaguares que destilan uñas,
peines de colmillos de lagartos sordos,
y belfos de pumas que destilan dientes.
Música entre dientes y miedo dormido.
La tocan varones de piedra de rayo vestidos de blanco.
Desde el sol alargan sus brazos de fuego.
Prolongan sus dedos varillas tostadas que al golpear sus yemas
de cabello de hule, en la faz sonora del teclado apenas sostenido en
hilos
de cuatro colores, van tiñendo el aire de verde, de rojo, azul y
amarillo...
Temblor coloreado de atmósfera y tierra
en que danzan montes, ceibas, caseríos
y quedan las huellas de pies, en los cactos,
huellas de las tunas en el baile verde,
huellas vegetales del gran cataclismo
que dejó las cosas vestidas de espejo,
como se vistieron cuando se creó el mundo,
como se vistieron cuando se creó el son...

¡Sonido de lluvia del telar del cielo!
¡Sonido de lluvia del panal del mundo!
¡Sonido de lluvia del sudor del hombre!
¡Sonido de lluvia de pelo de tigre!
¡Sonido de lluvia de pelo de pluma!
¡Sonido de lluvia de pelo de elote!
¡Sonido de lluvia de pelo de pino!
¡Sonido de lluvia de pelo de danta!
El son de las piedras debajo del agua,
el son del venado debajo del viento,
el son que se baila con pies parpadeantes,
carne en flor de jade, la mujer,
y el hombre,
erizo de chicha,
bajo su sombrero,
sobre sus dos pies.
¡La Juana conmigo!
Caen los refajos. Huyen las mujeres.
Pies, tetas y críos. Plomazos. Caballos.
Asamblea de corvos teñidos de sangre.
Parihuela de hojas teñidas de sangre.
Tierra de por medio teñida de sangre.
Escala de teclas que sirve de puente teñido de sangre.
¿Quién te hizo las teclas con brazos de cruces teñidos de sangre?
¡Torre a mecapal!
¡Algarabia de cotorritas!
¡Almáciga verde de loros que vuelan!
¡Grito de madera que se bate en jícaras como el chocolate!
¡Tejado de ocote sobre las casas de la luna!
¡Carpintero en la carpintería de la selva!
¡Manantial de trinos de guardabarranca!
¡Cenzontle borracho de aguardiente blanco!
¡Marimba tocada por indios!

HABLA EL GRAN LENGUA

Ceñimos las diademas del fuego,
las diademas del hombre,
para defender nuestra heredad,
el patrio elemento terrenal
sin tráfago de dueños;
tenemos las llaves del futuro
donde comienza el tiempo
y el cielo que atraviesa
el caminante de las sandalias de oro.
Vestimos nuestro plumaje, orlamos
nuestros pechos de acolchado silencio
con la flor heroica, candente,
y empezamos a batallar en las montañas,
en los campos,
en la ordenación de los telares,
de las palabras conjugadas con rocío,
de las herramientas bañadas de sudor,
de los candelarios de turquesa y jade,
petrificados en las escalinatas de los vertederos
de silencio lunar.
Tuvimos la mañana en el pecho.
Los ojos de las mujeres de senos en yunta
vieron amanecer entre criaturas
y amamantó a los hijos la leche tributaria
del bien y la alegría.
Tuvimos la mañana en las manos.
Tuvimos la mañana en la frente.
Y nadie avanzó allá de las pestañas del mar,
espumosas, salobres,
y nadie alteró el ritmo de su paso.
Las cabezas movíanse en redor de los cuellos,
al inclinarse para la reverencia, alzarse para andar
erguidas o volverse de un lado a otro: ¿Cuántas cabezas?
La selva las contaba. Cuantas cabezas firmes
en los cuellos, en los hombros, el tórax,
las piernas, las pantorrillas, los tobillos
y el lenguaje de los dedos de los pies
de la raza que sosegó caminos.
Una gran asamblea.
Agua nacida de las rocas, los ojos en las caras.

Grandes o pequeñas gotas de agua, las pupilas,
en las caras de piel lisa, fresca,
pulida por el viento, húmedo lunar.
Veían. Hablaban. Inexistentes y existentes.
Su presencia era el hablar y el callar.
Las manos en balanzas de antebrazos con brazaletes
que pesaban el dicho del sabio,
daban alas a la elocuencia del vidente
y se abrían y cerraban, como hojas de adormidera
en los antebrazos dolidos del extático,
quietud que rompió el Gran Lengua,
al que seguían las luciérnagas
entre la luz y el sueño, las joyas, el colibrí,
la pelambre graciosa de la mazorca de maíz verde,
la cárcel de los tatuajes
y las pieles de venadas que lo hacían distante.

Cerbatanero

Muchas veces volvió el Cerbatanero
con los ojos más hondos que el desvelo.
-Cerbatanero di ¿dónde está el cielo?
-Ya Dios se lo llevó...
-¿Entero?...
-Entero,
y fue mejor...
-¿Por qué, Cerbatanero?
-Porque después, se llevará el anhelo,
la tierra quedará para el guerrero
y el mar irá detrás llorando el duelo.
-Cuando el hombre se cansa de ser hombre,
(¿de qué flor no hay aroma en tu cansancio?)
Dios se lleva lo bueno de la tierra,
bajan arcones de color de nube
para el aljófar, el rocío, el viento,
y el agua de los ríos, y en estuches
de fuentes irisadas van los sueños,
cabellos de mujer, senos nadando
y caritas de niños sonrosados.
-¿Se llevará a los niños?
-Se los lleva:
si los niños no ríen ni sonríen
de qué sirven los niños en la vida.
-Pero, Cerbatanero, ¿habrá cosechas?
-El campesino ya se siente falso,
trabaja humedecido de nostalgia.
Arar, sembrar, vivir para el guerrero.
Es mejor que se acaben las cosechas
que enantes eran fiestas, las vendimias
en que había la luz enamorada
del hombre en la dulzura de las vidas.
Cosechar ¿para qué?, si la matanza,
la ingratitud y la miseria es tanta,
como si fuera el triste resultado
de todas las industrias, tal industria.

La nupcia de los astros esta noche
sobre el dormido espacio de los seres.
Ciega y profunda oscuridad del suelo
sube a los pies. Adiós, Cerbatanero.

¡Salve Guatemala!

¡Salve, Guatemala del anhelo y de las alas rubias
dos veces extraída del amor!
¡Salve, Guatemala del no callado musical silencio!
¡Salve, mano del Bien!
¡Salve mano de Dios!
Puertas son las espaldas. No veas extramuros.
Puertas de hueso y carne a la entrada del mundo,
en la ciudad del grito, donde se lustran las botas
con sangre, militares de muerte.
¡No veas! Las espaldas del hombre encadenado
oculten la visión de las cárceles llenas, los muros
fusilados, los caminos huyendo pavoridos
¡No veas, lo que fue ameno entre campos de flores,
fiesta del poderío del hombre ciudadano,
hoy convertido en yugo, picota y sacristía!
¡Ciégate la ventura de no ver
y deja que nosotos no apartemos los ojos
de ti que eres esposa, madre, hija, doncella,
hoy vendida al extraño! ¡Oh castigo! ¡Castigo!
Nadie mueve los labios y todos ven incrédulos,
ven de día y de noche, lo que, Patria, no veas,
al gran filibustero morder los onomásticos
de tus senos granudos de tierra cariñosa,
huesudo carnicero, y a los que te vendieron
cuidar que no interrumpa ninguno el festín de oro.
Sople el viento la antorcha de colores
que pinta con su luz tu firmamento,
la noche oculte el día para siempre,
el gran filibustero con ojos animales
devora intimidades de la Patria,
la palpa igual que un pelotero
y la aguija para que de vergüenza
se desmaye en sus brazos...
¿Por qué Dios es tan malo que no se apaga el cielo?
Sálgase el mar y barra con la tierra y los lagos,
tanta dulzura, tanta riqueza acumulada,
un terremoto acabe con todo para siempre,
el gran filibustero, baboso de tabaco,
taladra con su idioma trepidante
el oído de aroma de la Patria,
que ya no tiene nombre...
¿Por que Dios es tan malo que no se apaga el cielo?

No hay tiempo en las arenas
de las esclavitudes.
En las hojas, hay tiempo,
en las ramas, los troncos y raíces,
hay ese tiempo vivo que es del que vive el hombre
y el que la Patria un día tenía en sus relojes,
hoy el filibustero le cuenta las jornadas
para que satisfaga su ambición de pirata...
¡Oh, tardanza del fuego, del huracán y el rayo!
¡Patria con su cintura de bisagra quebrada!
¿Que otro atributo el suyo que su esbeltez?
¿Que otro atributo, en alto, que el cántaro con agua?
¿Que borceguí más fino que la piel de su planta?
¡Salid, filudas llamas y degollad cosechas!
¡Hay que incendiar la tierra contra el filibustero!
No es un mito el veneno que adormece y enjuta,
las cadenas del hielo, el vinagre en la esponja...
¡Poblad de muerte el tiempo!
¡Poblad de muerte el mundo!
¡Ni una isla de vida!
¡Ni una isla de sueño!
¡La Patria fue vendida al gran filibustero!
Los árboles se duermen en invierno.
Así la Patria duerma mientras ellos imperen,
el gran filibustero y los mil cancerberos,
así la Patria duerma mientras ellos dominen,
así la Patria duerma en espera del día
en que habrá que decir a las estrellas, brillen,
a las aguas reflejen la alegría sonora
de la cara del cielo y a los muertos despierten
que ha llegado la hora del hogar sin verdugos,
de la vida sin miedo, de la tierra sin amos,
de la siembra y cosecha de los preciosos granos,
del día venturoso de abrir los brazos todos
para echarnos al cuello de la Patria querida
y decirle con lluvia de júbilo en los ojos,
estás entre tus hijos,
y ellos están contigo.

Letanías del desterrado

Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tener la tierra como posada,
contemplar cielos que no son nuestros,
vivir con gente que no es la nuestra,
cantar canciones que no son nuestras,
reír con risa que no es la nuestra,
estrechar manos que no son nuestras,
llorar con llanto que no es el nuestro,
tener amores que no son nuestros,
probar comida que no es la nuestra,
rezar a dioses que no son nuestros,
oír un nombre que no es el nuestro,
pensar en cosas que no son nuestras,
usar moneda que no es la nuestra,
sentir caminos que no son nuestros...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tenerlo todo como prestado,
besar a niños que no son nuestros,
hacerse a fuego que no es el nuestro,
oír campanas que no son nuestras,
poner la cara que no es la nuestra,
llorar por muertos que no son nuestros,
vivir la vida que no es la nuestra,
jugar a juegos que no son nuestros,
dormir en cama que no es la nuestra,
subir a torres que no son nuestras,
leer noticias, menos las nuestras,
sufrir por todos y por lo nuestro,
oír que llueve con otra lluvia
y beber agua que no es la nuestra...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
no tener sombra, sino equipaje,
brindar en fiestas que no son nuestras
compartir lecho que no es el nuestro,
lecho y "pan nuestro" que no es el nuestro,
contar historias que no son nuestras,
cambiar de casas que no son nuestras,
hacer trabajos que no son nuestros,
andar ciudades que no la nuestra
y en hospitales que no son nuestros
cura de males que tienen cura,
alivio al menos, que no del nuestro,
que sólo sana con el regreso...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tal vez mañana, mañana o nunca..
El tiempo falso de los relojes
no cuenta el tiempo, cuenta la ausencia,
envejecerse cumpliendo años
que no son años sino descuentos
del almanaque que no es el nuestro,
morir en tierra que no es la nuestra,
oír que lloran sin ser los nuestros,
que otra bandera, que no es la nuestra,
cubre maderas que no son nuestras,
ataúd nuestro que no es el nuestro,
flores y cruces que no son nuestras,
dormir en tumba que no es la nuestra,
mezclarse a huesos que no son nuestros,
que al fin de cuentas, hombre sin patria
hombre sin nombre, hombre sin hombre...
Y tú, desterrado:
Estar de paso, siempre de paso,
tener la tierra como posada,
tenerlo todo como prestado,
no tener sombra sino equipaje,
tal vez mañana, mañana o nunca...

CREDO

Credo en la Libertad, Madre de América
creadora de mares dulces en la tierra,
y en Bolívar, su hijo, Señor Nuestro
que nació en Venezuela, padeció
bajo el poder español, fue combatido,
sintióse muerto sobre el Chimborazo,
resucitó a la voz de Colombia,
tocó al Eterno con sus manos
y está parado junto a Dios!
¡No nos juzgues, Bolívar, antes del día último,
porque creemos en la comunión de los hombres
que comulgan con el pueblo, sólo el pueblo
hace libres a los hombres, proclamamos
guerra a muerte y sin perdón a los tiranos
creemos en la resurrección de los héroes
y en la vida perdurable de los que como Tú,
Libertador, no mueren, cierran los ojos y se
quedan velando.

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Este sitio se actualizó por última vez el 02/07/08