Juan de Arguijo

   
 
 

 

 

 

 

 

 

BIOGRAFÍA

Poeta español, nacido en Sevilla, de la escuela de Fernando de Herrera y hombre destacado de la vida literaria sevillana. Era hijo de un traficante de esclavos de Tenerife. Curso estudios con los jesuitas (1576-1580) y desempeñó varios cargos oficiales de alto rango. Casado con la hija de un socio de su padre, a la muerte de ambos se convirtió en uno de los personajes más acaudalados de la entonces riquísima ciudad de Sevilla. Más dado a la literatura y a la buena vida que a los negocios, pronto dilapidó esa fortuna, y murió en la pobreza. Su obra es de extensión reducida, pues no llega a los cien poemas; por lo demás, permaneció inédita (como era común) fuera de unos pocos versos recogidos por Espinosa en sus Flores. Pensaba que el componente básico de su oficio era la imitatio, y el soneto el género por excelencia; así, no es de extrañar que en su corpus haya sesenta y seis sonetos sobre asuntos de la poesía clásica. De todos modos, su poema más celebrado es una silva: A la vihuela. Las fuentes latinas explican la tersura epigramática de su estilo. Durante varios años vivió en Madrid, donde conoció a Lope de Vega, Góngora y los Argensola. Rodrigo Caro, en su libro Varones insignes de Sevilla, lo describe como "no sólo elegantísimo poeta, sino el Apolo de todos los poetas de España". Compuso algunas obras en prosa, recopiló cuentos y facecias e incluso, en sus años de estudiante, colaboró en la composición de la Tragedia de San Hermenegildo, representado en 1590 en el Colegio de los Jesuitas de Sevilla.

Su nombre poético fue Arcicio. No fue amante de lo gongorino, como la mayoría de los poetas pertenecientes a la escuela sevillana, y sí de la erudicción clásica y arqueológica. Su características de ser algo frío y cerebral, y su constante voluntad para conseguir el perfeccionismo formal tuvo sus frutos. Escribió cartas de gran valor literario, de las que el Fénix de los ingenios hizo mención en su famosa leyenda La niña boba, y muchos sonetos que algunos críticos juzgan superiores a los de Quevedo, Lope y los Argensola.
 

POESÍAS DE ESTE AUTOR

A Baco / A Curcio / A Dido oyendo a Eneas / A Faetón / A Ganímedes / A Julio César / A Julio César mirando la cabeza de Pompeyo / A la mudanza de la fortuna / A Narciso / A Rómulo, que mató a su hermano Remo / A Tántalo / Psique a cupido / A Ulises / Una estatua de Niobe, que labró praxíteles, de ausonio  / Lamento de Ariadna / Al guadalquivir / Soneto / A Lucrecia / A don Fernando Saavedra...

 

A BACO

A ti, de alegres vides coronado,
Baco, gran padre, domador de Oriente,
he de cantar; a ti que blandamente
tiemplas la fuerza del mayor cuidado

Ora castigues a Licurgo airado
o a Penteo en tus aras insolente,
ora te mire la festiva gente
en sus convites dulce y regalado,

O ya de tu Ariadna al alto asiento
subas ufano la inmortal corona,
ven fácil, ven humano al canto mío;

Que si no desmerezco el sacro aliento
mi voz penetrará la opuesta zona,
y el Tibre envidiará al hispalio río.

A CURCIO

La horrible sima con espanto mira
en su gran plaza Roma, y el dudoso
portento, grave al pueblo victorïoso,
no enseñado a temer, suspenso admira.

En tanta confusión turbado aspira
a buscar el remedio, y presuroso
consulta si de Jove poderoso
se pudiese aplacar la justa ira.

Asegura el oráculo invocado
al pueblo de temor si a la gran cueva
lo más ilustre ofrece de su gloria.

Curcio, de acero y de valor armado,
se arroja dentro, y deja con tal prueba
libre su patria, eterna su memoria.

A DIDO OYENDO A ENEAS

De la fenisa reina importunado
el teucro huésped le contaba el duro
estrago que asoló el troyano muro
y echó por tierra el Ilión sagrado.

Contaba la traición y no esperado
engaño de Sinón falso y perjuro,
el demarrado fuego, el humo oscuro,
y Anquises en sus hombros reservado.

Contó la tempestad qu'embravecida
causó a sus naves lamentable daño,
y de Juno el rigor no satisfecho.

Y mientras Dido escucha enternecida
las griegas armas y el incendio extraño,
otro nuevo y mayor le abrasa el pecho.

A FAETÓN

Pudo quitarte el nuevo atrevimiento,
bello hijo del Sol, la dulce vida;
la memoria no pudo, qu'extendida
dejó la fama de tan alto intento.

Glorioso aunque infelice pensamiento
desculpó la carrera mal regida;
y del paterno carro la caída
subió tu nombre a más ilustre asiento.

En tal demanda al mundo aseguraste
que de Apolo eras hijo, pues pudiste
alcanzar dél la empresa a que aspiraste.

Término ponga a su lamento triste
Climente, si la gloria ganaste
excede al bien que por osar perdiste

A GANÍMEDES

No temas, o bellísimo troyano,
viendo que arrebatado en nuevo vuelo
con corvas uñas te levanta al cielo
la feroz ave por el aire vano.

¿Nunca has oído el nombre soberano
del alto Olimpo, la piedad y el celo
de Júpiter, que da la pluvia al suelo
y arma con rayos la tonante mano;

A cuyas sacras aras humillado
gruesos toros ofrece el Teucro en Ida,
implorando remedio a sus querellas?

El mismo soy. No al'águila eres dado
en despojo; mi amor te trae. Olvida
tu amada Troya y sube a las estrellas

A JULIO CÉSAR

Del gran Pompeyo el enemigo fuerte
llega en oscura noche al pobre techo,
do Amiclas con seguro y libre pecho
ni teme daño ni recela muerte.

Ya que llamar segunda vez advierte,
rogado deja el mal compuesto lecho,
y en frágil barca el peligroso estrecho
rompe, presagio de siniestra suerte.

Brama furioso el mar sintiendo el peso
que sostiene, y al tímido piloto
César anima, y dice: «Rema amigo,

»Rema; no temas infeliz suceso
por más que te contrasten Euro y Noto;
la fortuna de César va contigo».

A JULIO CÉSAR MIRANDO LA CABEZA DE POMPEYO

Prepara ufano a César victorioso
el tirano de Menfis inclemente
la temida cabeza que al Oriente
tuvo al son de sus armas temeroso.

No pudo dar el corazón piadoso
enjutos ojos ni serena frente
al don funesto; mas gimió impaciente
de tal crueldad, y repitió lloroso;

«Tú, gran Pompeyo, en la fatal caída
serás ejemplo de la humana gloria
y cierto aviso de su fin incierto.

»¡Cuánto se debe a tu virtud crecida!
¡Cuán costosa en tu muerte es mi victoria!
Vivo te aborrecí, y te lloro muerto».

A LA MUDANZA DE LA FORTUNA

Yo vi del rojo sol la luz serena
turbarse, y que en un punto desaparece
su alegre faz, y en torno se oscurece
el cielo, con tiniebla de horror llena.

El Austro proceloso airado suena,
crece su furia, y la tormenta crece,
y en los hombros de Atlante se estremece
el alto Olimpo, y con espanto truena;

Mas luego vi romperse el negro velo
deshecho en agua, y a su luz primera
restituirse alegre el claro día,

Y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?

A NARCISO

Crece el insano ardor, crece el engaño
del que en las aguas vio su imagen bella;
y él, sola causa en su mortal querella,
busca el remedio y acrecienta el daño.

Vuelve a verse en la fuente ¡caso extraño!:
del'agua sale el fuego; mas en ella
templarlo piensa, y la enemiga estrella
sus ojos cierra al fácil desengaño.

Fallecieron las fuerzas y el sentido
al ciego amante amado, que a su suerte
la costosa beldad cayó rendida.

Y ahora, en flor purpúrea convertido,
l'agua, que fue principio de su muerte,
hace que crezca, y prueba a darle vida.

A RÓMULO, QUE MATÓ A SU HERMANO REMO

Las armas tomó aprisa el esforzado
Quirino de su hermano mal seguro,
y en la nueva ciudad el primer muro
con la sangre fraterna fue manchado.

Primero dividido que fundado,
sintió el pueblo de Marte el hierro duro,
presagio cierto del rigor futuro
que amenazaba el disponer del hado.

No consintió a sus ojos ver presente
algún igual el ánimo ambicioso,
ni sufrió compañero la corona.

Al natural amor venció impaciente
el amor de reinar más poderoso,
que aun a su misma sangre no perdona.

A TÁNTALO

Castiga el cielo a Tántalo inhumano,
que en impia mesa su rigor provoca,
medir queriendo en competencia Ioca
saber divino con engaño humano.

Agua en las aguas busca, y con la mano
el árbol fugitivo casi toca;
huye el copioso Erídano a su boca
y en vez de fruta aprieta el aire vano.

Tú, qu'espantado de su pena admiras
qu'el cercano manjar en largo ayuno
al gusto falte y a la vista sobre,

¿Cómo de muchos Tántalos no miras
ejemplo igual? Y si cudicias uno,
mira al avaro en sus riquezas pobre.

PSIQUE A CUPIDO

A tu divina frente ¡oh poderoso
Niño! una venda con trabajo y arte
tejí de oro y colores, donde parte
retraté de tu triunfo glorioso.

En ella se ve atado al victorioso
carro el gran Febo, que la luz reparte,
preso Mercurio, encadenado Marte,
y Vulcano con muestras de celoso.

No se pudo librar con las reales
insignias Jove; mal pudiera Psique
resistir, si a éstos rinde tu fiereza.

Agravan mi prisión mayores males,
pues es fuerza que a un niño sacrifique
mi firme amor, y a un ciego mi belleza.

A ULISES

El griego vencedor que tantos años
vio contra sí constante la fortuna;
el que pudo, sagaz, de la importuna
Circe vencer los mágicos engaños;

El que en nuevas regiones y en extraños
mares temer no supo vez alguna;
el que bajando a la infernal laguna
libre volvió de los eternos daños,

Los ojos cubre y cierra los oídos
de las Sirenas a la vista y canto
y se manda ligar a un mástil duro.

Y negando al objeto los sentidos,
la engañosa belleza y fuerte encanto
huyendo vence, y corta el mar seguro.

A UNA ESTATUA DE NIOBE, QUE LABRÓ PRAXÍTELES, DE AUSONIO

Viví, y en dura piedra convertida,
labrada por la mano artificiosa
de Praxíteles, Niobe hermosa,
vuelvo segunda vez a tener vida.

A todo me dejó restituida,
mas no al sentido, l'arte poderosa;
que no le tuve yo, cuando furiosa
los altos dioses desprecié atrevida.

¡Ay triste! Cuán en vano me consuelo,
si ardiente llanto mana el mármol frío
sin que mi antigua pena el tiempo cure;

Pues ha querido el riguroso cielo,
porque fuese perpetuo el dolor mío,
que faltándome l'alma, el llanto dure.

LAMENTO DE ARIADNA

"¿A quién me quejaré del cruel engaño,
árboles mudos, en mi triste duelo,
sordo mar, tierra extraña, nuevo cielo,
fingido amor, costoso desengaño?

Huyó el pérfido autor de tanto daño
y quedé sola en peregrino suelo
do no espero a mis lágrimas consuelo,
que no permite alivio mal tamaño.

Dioses, si entre vosotros hizo alguno
de un desamor ingrato amarga prueba
vengadme, os ruego, del traidor Teseo."

Tal se queja Ariadna en importuno
lamento al cielo y entretanto lleva
el mar su llanto, el viento su deseo.

AL GUADALQUIVIR

Tú, a quien ofrece el apartado polo,
hasta donde tu nombre se dilata,
preciosos dones de luciente plata
que envidia el rico Tajo y el Pactolo;
para cuya corona, como a solo
rey de los ríos, entreteje y ata

Palas su oliva con la rama ingrata
que contempla en tus márgenes Apolo;
claro Guadalquivir, si impetuoso
con crespas ondas y mayor corriente
cubrieres nuestros campos mal seguros,
de la mejor ciudad, por quien famoso
alzas igual al mar la altiva frente,
respeta humilde los antiguos muros.

SONETO

En segura pobreza vive Eumelo
con dulce libertad y le mantienen
las simples aves que engañadas vienen
a los lazos y ligas sin recelo.

Por mejor suerte no importuna al Cielo
ni se muestra envidioso a la que tienen
los que con ansia de subir sostienen
en flacas alas el incierto vuelo.

Muerte tras luengos años no le espanta
ni la recibe con indigna queja,
mas con sosiego grato y faz amiga.

Al fin, muriendo con pobreza tanta,
ricos juzga a sus hijos pues les deja
la libertad, las aves y la liga.

A LUCRECIA

Baña llorando el ofendido lecho
de Colatino la consorte amada;
y, en la tirana fuerza disculpada,
si no la voluntad castiga el hecho.

Rompe con hierro agudo el casto pecho
y abre camino al alma que, indignada,
baja a la oscura sombra do, vengada,
aún duda si su agravio ha satisfecho.
Venció al paterno llanto endurecida
y de su esposo el ruego que no basta
menospreció con un fatal desvío.

"Ceda al debido honor la dulce vida,
que no es bien", dijo, "que otra menos casta ose vivir con el ejemplo mío".

A DON FERNANDO SAAVEDRA

Mira con cuánta prisa se desvía
de nosotros el sol al mar vecino
y aprovecha, Fernando, en tu camino
la luz pequeña deste breve día.

Antes que en tenebrosa noche fría
pierdas la senda y de buscarla el tino
y aventurado en manos del destino
vagues errando por incierta vía,
hágante ajenos casos enseñado
y el miserable fin de tantos pueda
con fuerte ejemplo apercibir tu olvido.

Larga carrera, plazo limitado
tienes, veloz el tiempo corre, y queda
sólo el dolor de haberlo mal perdido

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Este sitio se actualizó por última vez el 02/07/08