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BIOGRAFÍA
Poeta, narrador, ensayista
y crítico de arte francés, nacido en Roma el 26 de agosto de 1880 y
fallecido en París el 9 de noviembre de 1918. Inscrito en el
registro civil como Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky, afrancesó
su nombre en la forma Guillaume Apollinaire, con la que ha pasado a
la historia de la literatura universal como uno de los poetas más
lúcidos, audaces y renovadores de todos los tiempos. En su constante
afán de innovación y experimentación, fue precursor de algunas
corrientes vanguardistas tan fecundas como el Surrealismo y el
Cubismo, incorporó nuevas concepciones estéticas -procedentes de
otras civilizaciones, como la del África negra- al arte occidental,
y difundió por todo el mundo una suerte de ideogramas líricos
-bautizados por él como caligramas- en los que la disposición
tipográfica de los versos que configuran el poema adopta la forma de
la figura nombrada en su título o en su contenido. A pesar de su
breve existencia -falleció, víctima de una mortífera epidemia de
gripe, cuando aún le faltaban dos años para alcanzar los cuarenta de
edad-, ejerció con su obra literaria y sus postulados estéticos una
poderosísima influencia sobre otros creadores, y merced a su fecundo
aliento creativo -a la vez iconoclasta y respetuoso con las grandes
aportaciones del pasado-, vivificó la poesía y la pintura
contemporáneas, dotándolas de nuevos registros temáticos y
expresivos y de un candoroso lirismo primitivo que proporcionaron a
ambas disciplinas creativas un vigor pocas veces conocido en la
historia del arte universal.
El sincretismo cultural
que se oculta tras sus orígenes fue, sin duda alguna, el punto de
partida de esa asombrosa capacidad desarrollada luego por
Apollinaire para la búsqueda incesante de nuevas vías de expresión
artística. Hijo natural de un italiano que había servido en el
ejército borbónico, y de una ciudadana rusa perteneciente a una
familia aristocrática oriunda de la Polonia austríaca
(concretamente, del castillo de Wawel, emplazado en Cracovia), en su
acta de nacimiento sólo quedó registrado el apellido de su madre,
que profesaba la religión católica y era nieta de un célebre general
polaco -antecedente militar que tal vez pueda explicar el entusiasmo
del poeta ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, en la que
tomó parte activa y cayó herido de extrema gravedad-. Tras haber
recibido las aguas bautismales en la Basílica de San Pedro, pasó su
infancia al lado de su madre, en un constante peregrinar que le
llevó a residir, durante estos primeros años de su vida, en Roma,
Mónaco, Niza, Cannes y Lyon.
Sobre la identidad de su progenitor han circulado numerosas leyendas
alimentadas por la fantasía y la extravagancia del propio poeta,
quien, en su etapa de mayor esplendor literario, se complacía en
difundir rumores que le hacían proceder de un alto funcionario
vaticano, de un cardenal de la curia romana e, incluso, del
mismísimo papa. Según las voces más dignas de crédito, el padre del
poeta fue un tal Constantino o Francesco Flugi d´Aspremont, miembro
de una familia suiza integrada en las altas esferas del Vaticano,
quien a los cuarenta y cuatro años había "raptado" a Angélica
Alejandrina de Kostrowitzky, hija de Miguel Appollinaris de
Kostrowitzky, chambelán honorario del Sumo Pontífice. Este alto
cargo desempeñado por su abuelo materno explica que el fruto de las
relaciones "ilícitas" de Angélica Alejandrina -inscrito, pese a
todo, en el Ayuntamiento de Roma por una comadrona, pues sus padres
deseaban mantener el anonimato- fuera cristianado en la Basílica de
San Pedro, a pesar de sus oscuros orígenes. Angélica Alejandrina,
que ya era sobradamente conocida en Roma por su talante aventurero y
libertino (a los dieciséis años había sido expulsada de un colegio
religioso por su comportamiento licencioso), dio a luz al futuro
poeta a los veintidós años, época por la que el padre del recién
nacido le doblaba la edad. Dos años después, fue madre de otro hijo
engendrado, también, por un "padre desconocido", y logró sacar
adelante a los pequeños Guillaume y Albert merced a los regalos y
donativos que le hacía su nutrida corte de admiradores,
incrementados por los beneficios que obtenía de su incorregible
inclinación al juego. Fue esta pasión por el mundo de las apuestas
lo que la condujo hasta algunas ciudades del Sur de Europa célebres
por sus casinos, como Mónaco, Niza y Cannes, de la primera de las
cuales tuvo que salir precipitadamente debido a las numerosas deudas
de juego que había contraído.
En la capital monegasca -protectorado francés desde 1860-, el futuro
poeta había iniciado su formación escolar bajo la tutela de los
maestros del prestigioso colegio de San Carlos, un centro religioso
donde el joven Guillaume y su hermano menor Albert hicieron la
primera comunión y recibieron la confirmación. Imbuido, por aquel
entonces, de un acusado sentimiento católico que, en opinión de sus
más autorizados biógrafos, tenía más que ver con la emoción lírica
de la espiritualidad cristiana que con el auténtico fervor
religioso, Apollinaire recorría sin cesar iglesias y capillas,
haciendo gala de unas firmes creencias que, años después, siguió
exhibiendo ostentosamente (solía adornar su pecho con numerosas
medallas y escapularios) ante quienes se empecinaban en rastrear en
sus orígenes una ascendencia judía, con el propósito de
desacreditarle en una época en la que el antisemitismo se extendía
velozmente por Europa. En lo que atañe estrictamente a su producción
literaria, esta severa educación religiosa dejó un innegable poso de
misticismo en sus poemas y relatos, así como un clara tendencia a la
discusión de ideas y conceptos propios del debate teológico.
La formación secundaria de Guillaume Apollinaire, completada en
diferentes liceos de Niza y Cannes, contribuyó a consolidar su
innata vocación literaria y orientó sus estudios hacia la lectura de
numerosas y variadísimas obras que, procedentes de las más diversas
épocas y culturas, le proporcionaron esa vasta erudición -bien es
verdad que un tanto anárquica y caótica- plasmada luego en sus
escritos. Sólo contaba trece años de edad cuando compuso sus
primeros poemas, firmados con su auténtico nombre (Wilhelm
Kostrowitzky) o con el extravagante pseudónimo de Guillermo Macabro,
y concebidos bajo la notoria influencia de la poesía de Rimbaud
(1854-1891), cuya pasión por la imagen habría de mantenerse
constante en la obra de madurez de Apollinaire.
Tras una adolescencia y una primera juventud marcadas por los
desplazamientos geográficos al lado de su madre y su hermano menor,
llegó en 1898 a París, en donde Angélica Alejandrina de Kostrowitzky
conoció a Jules Weil, un joven banquero que habría de acompañarla
durante el resto de sus días. En la capital francesa, Guillaume
Apollinaire fue subsistiendo durante algunos años merced a la
redacción de folletines que se publicaban bajo el nombre de otros
autores. Mientras ejercía estas labores de "negro", seguían
ampliando su ya extensa formación literaria con -según sus propias
palabras- "inmensas lecturas", al tiempo que complementaba sus
menguados ingresos impartiendo clases como preceptor particular.
Entre sus pupilos figuraba Gabrielle de Milhau, hija de la
vizcondesa viuda de Milhau, una poderosa terrateniente de Renania
que invitó al joven escritor a desplazarse con su familia a sus
dominios en Alemania. Así fue como, en 1902, Apollinaire conoció en
el castillo de la vizcondesa a Annie Playden, una bella muchacha
inglesa de ojos azules que ejercía de aya de Gabrielle Milhau.
Perdidamente enamorado de ella, le propuso matrimonio y, ante el
rechazo de la joven, la amenazó con despeñarla desde la cima del
Drachenfels (donde, según la leyenda, Sigfrido había acabado con el
dragón). La joven aya, aterrorizada, aceptó la propuesta conyugal de
Apollinaire, pero se retractó en cuanto hubieron llegado al pie de
la montaña; poco después, abandonó el castillo de la vizcondesa y
regresó a su hogar familiar en Londres, mientras el poeta emprendía
un largo recorrido por Walonia, Baviera y otras regiones
centroeuropeas. Sus inquietudes viajeras y su afán por seguir
ampliando horizontes culturales y vitales le permitió olvidar
durante algún tiempo el rechazo de Annie, inmerso en una azarosa
peregrinación condicionada únicamente por su escasez de recursos
económicos (años después, al relatar las aventuras vividas durante
esta etapa bohemia y disipada de su vida, Apollinaire exageraba las
calamidades pasadas afirmando que había realizado a pie todos sus
desplazamientos, y que, durante su estancia en Praga, sobrevivió
durante varios días racionándose el consumo de un pequeño queso de
Camembert). A su regreso a París, se dio cuenta de que seguía
enamorado de la joven inglesa y la visitó en Londres en dos
ocasiones (1903 y 1904), donde volvió a renovar su proposición
matrimonial y, ante la terca renuencia de Annie Playden, sus
amenazas de muerte. Diez días después de la segunda visita de
Apollinaire, la joven huyó a los Estados Unidos de América, en donde
había buscado un empleo para librarse del acoso del poeta, quien no
volvió a verla nunca más. Su desesperación quedó plasmada en
patéticos versos de amor no correspondido.
En 1904, Apollinaire se hallaba instalado nuevamente en la mansión
familiar de Vesinet, un pequeño núcleo de lujosas villas
residenciales ubicado a unos diez kilómetros de París. Comoquiera
que pasaba la mayor parte de su tiempo en la gran urbe, cansado de
perder siempre el tren nocturno en el que había de retornar a su
casa se afincó definitivamente en la Ciudad del Sena, donde pronto
se integró de lleno -merced, en buena medida, a uno de los rasgos de
su personalidad que más subrayaron quienes le conocieron: la
simpatía- en los principales círculos artísticos e intelectuales de
la capital francesa. En Vesinet había trabado amistad con los
pintores Maurices de Vlaminck (1876-1958) y André Derain
(1880-1954), que compartían estudio y habían creado la denominada
"Escuela de Chatou". De las largas conversaciones sostenidas con
ambos artistas plásticos -que fueron expulsados en 1905 del "Salón
de Otoño" de París, y bautizados con el nombre despectivo de fauves
("fieras"), del que luego derivó el marbete de fauvisme ("fauvismo"
o "fovismo")-, surgió en Apollinaire el vivo deseo de consagrarse al
estudio, la difusión y la defensa de la pintura moderna.
Entretanto, se ganaba la vida en París como empleado de un banco,
donde pasaba diez horas diarias consagrado a la contabilidad. Aunque
sus conocimientos sobre este particular eran prácticamente nulos,
fingía ser un competente "financiero" -nombre que, con gran
satisfacción para él, le daban sus amigos- y presumía de asesorar
con buen tino a todos sus allegados en lo tocante a cualquier
operación bursátil o bancaria. Simultáneamente, colaboraba con
asiduidad en diferentes rotativos y revistas especializados en el
mundo de las finanzas, como La Guía del Rentista -fundada por la
entidad bancaria a la que pertenecía- o el periódico bursátil La
Información, y llegó a entrevistar en persona al Gran Tesorero del
Sultán de Marruecos durante un viaje de este alto funcionario a
París. Como recuerdo de esta actividad laboral tan ajena a su
sensibilidad de poeta, le quedó -entre sus múltiples y peregrinas
extravagancias- la manía de tasar las bellas puertas de todas las
grandes mansiones que visitaba.
Pero su impostada condición de competente "financiero" y su
irreductible inclinación a la vida nocturna y desordenada -al
parecer, era un comedor voraz, un contumaz bebedor y un fumador
empedernido, y alardeaba de reponerse de los estragos de una noche
de juerga y borrachera con una cabezada de quince minutos- no le
impidieron desplegar, por aquellos primeros años del siglo XX, una
intensa actividad cultural, plasmada en la fundación de varias
publicaciones en las que se anunciaba ya el espíritu rebelde,
inquieto, rupturista e innovador de la Vanguardia. En octubre de
1906, en colaboración con su antiguo compañero de bachillerato
Toussaint-Luca, fundó en París la revista El Festín de Esopo, de la
que sólo salieron a la venta nueve números; poco después, lanzó una
nueva publicación cultural, La Revista Inmoralista, cuya cabecera se
transformó, en su segunda y última salida a la calle, en Las Letras
Modernas. A pesar de su breve andadura, en este medio vieron la luz
los primeros poemas de algunos autores tan relevantes luego en la
historia del movimiento vanguardista como Max Jacob (1876-1944). A
partir de entonces, Apollinaire mantuvo una fructífera colaboración
en diferentes periódicos y revistas franceses, como La Democracia
Social -en cuya sección "Francia juzgada en el extranjero" firmaba
sus artículos con el pseudónimo de El Políglota, a todas luces
exagerado, pues sólo dominaba el francés y el italiano, aunque tenía
algunos conocimientos de latín, alemán, provenzal y walón-; Verso y
Prosa -donde ejerció el cargo de Secretario de Redacción-; Los
márgenes -donde, bajo el pseudónimo de Louise Lalanne, firmó poemas
y artículos de crítica artística y literaria-; La falange -en cuyo
número de febrero de 1908 publicó su célebre poema en prosa "Onirocrítica",
que se adelantó en tres lustros a los postulados estéticos
formulados por el movimiento surrealista-; y Mercurio de Francia -donde
mantuvo una columna fija titulada "La vida anecdótica".
Entretanto, había encontrado un nuevo filón para complementar sus
siempre reducidos ingresos: la literatura pornográfica. Ya en 1901
había ganado cien francos con una novelita escabrosa que pronto cayó
en el olvido; seis años después, acuciado de nuevo por las deudas,
recuperó su juvenil inspiración libertina y escribió dos auténticas
obras maestras del género: Les onze mille verges (Las once mil
vergas, 1907), un auténtico catálogo de excesos y depravaciones
sexuales, desde el sadismo al masoquismo, pasando por la tortura, la
humillación y la búsqueda del placer en el asesinato; y Les exploits
d´un jeune Don Juan (Las hazañas de un joven Don Juan, 1907). Las
ediciones clandestinas de estas dos breves narraciones -firmadas
sólo con las iniciales "G. A."- granjearon a su autor un merecido
prestigio entre los lectores y editores habituales del género
sicalíptico; y tan alta reputación llegó a alcanzar en esta materia,
que en 1909 fue contratado por un sello editor para que dirigiera
una colección de clásicos eróticos en la que, bajo el título de "Les
maîtres de l´amour" ("Los maestros del amor"), publicó algunas obras
señeras de la literatura licenciosa de todos los tiempos,
minuciosamente analizadas y anotadas. Fueron muy elogiadas las
ediciones de las obras de Pietro Aretino (1492-1556) y, sobre todo,
del marqués de Sade (1740-1814), escritor -este último- al que
Apollinaire rescató del olvido y colocó entre las figuras más
influyentes de la literatura contemporánea, gracias a la espléndido
estudio introductorio que el propio autor de Las once mil vergas
puso al frente de la edición de sus obras.
Tras haber participado activamente en las discusiones del Bateau-Lavoir,
de Montmartre, en las que fue tomando vida, entre 1906 y 1908, el
movimiento cubista -según el propio Apollinaire, fue Matisse
(1869-1954) el primero que utilizó dicho término, aplicándolo a un
paisaje de Braque (1882-1963) expuesto en el "Salón de Otoño" de
1908-, a finales de la primera década del siglo XX dio a la imprenta
su opera prima, una novela titulada L´enchanteur pourrissant (El
encantador putrefacto, 1909), de la que sólo vieron la luz ciento
seis ejemplares, enriquecidos por bellos grabados en madera de André
Derain. Escrita más de diez años antes -es decir, cuando el joven
Guillaume sólo contaba dieciocho-, esta obra está ambientada en la
tumba del mago Merlín, el encantador al que alude su título,
sepultado en la selva de Broselandia (en Bretaña); por sus páginas
transitan santa Angélica, el hada Viviana y varios seres legendarios
y mitológicos (druidas, esfinges, etc.). Poco después, en el folleto
titulado La poésie symboliste (La poesía simbolista, 1909), vio la
luz el texto de una conferencia pronunciada por Apollinaire en abril
de 1908 en el transcurso de las jornadas denominadas "Las tardes de
los poetas", celebradas en el seno de la 24ª Exposición de los
Artistas Independientes; dentro del título general de la sesión,
"Los tiempos heroicos", la disertación de Apollinaire se anunció
bajo el epígrafe de "La falange nueva".
Desde finales del siglo XIX, Apollinaire venía trabajando en la
redacción de una serie de cuentos que, agrupados bajo el título de
L´hérésiarque et Cie (El heresiarca y Cía., 1910), constituyeron una
grata sorpresa en el panorama literario francés de la época y
estuvieron a punto de granjearle el prestigioso "Premio Goncourt",
que finalmente no recayó en ese volumen de relatos debido a las
acusaciones de extravagancia que contra el libro y su autor lanzó la
prensa conservadora. El mismo año en que vieron la luz estas
narraciones breves -caracterizadas por su desbordada fantasía-
apareció un breve ensayo de Apollinaire, El teatro italiano (1910),
obra que escribió por encargo debido a las graves dificultades
económicas por las que, a la sazón, atravesaba. Estos problemas
monetarios del eficiente "financiero" provocaron su salida de París
para buscar residencia en un lugar más modesto: la barriada
industrial y periférica de Auteuil, en la que había vivido Honoré de
Balzac (1799-1850). Mantenía, por aquel entonces, una relación
amorosa con la pintora Marie Laurencin (1885-1956), a la que estuvo
unido desde 1908 hasta 1912, autora del célebre cuadro Apollinaire y
sus amigos, adquirido por la escritora norteamericana Gertrude Stein
(1874-1946); pero pasaba la mayor parte de su tiempo con un viejo
camarada de desventuras bohemias, con el que solía compartir, por
todo menú, exiguas raciones de carne fiambre. Esta escasez
desesperaba al poeta, tan conocido por su glotonería como por sus
vastos saberes culinarios, en los que se mostraba tan riguroso,
exigente y exhaustivo como en sus críticas de arte (solía ensalzar,
por encima de todas, las cocinas italiana y francesa).
De aquella época en Anteuil data su primer libro de poemas,
Bestiaire ou Cortège d?Orphée (Bestiario o Cortejo de Orfeo, 1911),
un volumen en el que cada página, dedicada a un animal, presentaba
una cuarteta de Apollinaire acompañada por una xilografía del pintor
fauvista Raoul Dufy (1877-1953). Pero la difusión de sus obras
literarias seguía limitada a un reducidísimo círculo de lectores
interesados por las propuestas transgresoras de los jóvenes
creadores, por lo que no es extrañar que su nombre se hiciera famoso
en todo el mundo, antes que por sus méritos artísticos, por los
rocambolescos episodios que protagonizó a lo largo de su excéntrica
vida. Entre ellos, resulta obligado detenerse en el que tuvo lugar
en el transcurso de aquel mismo año de 1911, cuando tras el robo de
La Gioconda efectuado en el Museo del Louvre el día 22 de agosto,
Apollinaire fue a parar a la prisión de La Salud, acusado de haberse
apropiado del lienzo pintado por Leonardo da Vinci. En realidad, el
verdadero autor del robo había sido un obrero italiano, apellidado
Feruggia, que trabajaba en las labores de reforma del museo; pero
esto no se supo hasta dos años después, cuando el cuadro fue
recuperado por la policía. La prensa relacionó a Apollinaire con la
desaparición de La Gioconda cuando, una semana después del robo, se
supo que alguien, misteriosamente, había devuelto al Louvre un par
de estatuillas fenicias que también habían sido substraídas del
museo, aunque hacía ya varios años. El autor de este otro hurto fue
el ciudadano belga Géry Piéret, secretario personal de Apollinaire,
quien había vendido las estatuillas a un pintor amigo de ambos -según
especulaba la prensa parisina, el español Pablo Picasso
(1881-1973)-. Asustados por la repercusión del robo de la obra
inmortal de Leonardo, todos los que estaban al tanto del delito de
Piéret le instaron a que devolviera cuanto antes las estatuillas;
así las cosas, la inepta policía parisina -objeto de numerosas
burlas durante los dos años que permaneció La Gioconda en paradero
desconocido- detuvo a Apollinaire, convencida de que tanto él como
Piéret pertenecían a una red internacional de ladrones de arte
empecinada en despojar a Francia de sus tesoros más valiosos. La
prensa sensacionalista de París contribuyó a enredar aún más este
embrollo recordando que, recientemente, el líder del movimiento
futurista, el poeta y narrador italiano Marinetti (19876-1944),
había defendido públicamente la necesidad de destruir los museos y
las obras de arte del pasado, drásticos postulados con los que se
identificaba también a Apollinaire, quien, desde 1910, ejercía una
demoledora crítica de arte desde las páginas del diario vespertino
L´Intransigeant. Cuando el Juez de Instrucción aclaró el error
policial y decretó la inocencia de Apollinaire en el robo de La
Gioconda y las dos figuras fenicias, el poeta ya había pasado seis
días en la cárcel, donde, muy abatido por la privación de libertad y
la gravedad de los cargos que se le imputaban, escribió un sentido
poema titulado "Apollinaire en la Salud". Mientras estaba en
presidio, sus numerosos amigos recogieron firmas en demanda de su
libertad, acción en la que obtuvieron algunas respuestas como la de
Franz Jourdain, presidente de la Sociedad del Salón de Otoño, quien
declaró que jamás firmaría en pro de la libertad de Apollinaire,
aunque con gusto estamparía su rúbrica en la sentencia que decretase
su condena a morir en la horca. Tal era el efecto que producían las
virulentas críticas de arte publicadas por el poeta en
L´Intransigeant, en las que arremetía con saña contra cualquier
manifestación artística que no siguiese los postulados de la
Vanguardia (y, en particular, de la corriente cubista). En cualquier
caso, lo cierto es que, muchos años después de que quedara probada
su inocencia, Apollinaire seguía siendo conocido en numerosos
lugares del mundo como "el hombre que robó la Mona Lisa".
En 1912, el poeta abandonó su modesta residencia de Auteuil y se
afincó nuevamente en París, en un piso alto del céntrico Boulevard
Saint-Germain, en donde habría de perder la vida al cabo de seis
años. Obsesionado por su defensa a ultranza de cualquier innovación
artística -que le llevaba a ensalzar toda obra vanguardista, por
mala que fuera, metiendo en un mismo lote a los grandes genios de la
pintura del momento y a los mediocres emuladores que intentaban
medrar al socaire de la mutación de gustos y criterios de valoración-,
dio a la imprenta sus dos escritos sobre arte más conocidos: Les
peintres cubistes (Los pintores cubistas, 1913) y L´antitradition
futuriste (La antitradición futurista, 1913). En el segundo de
ellos, un manifiesto de cuatro páginas, englobaba bajo el marbete de
"MERDE" -escrito en mayúsculas y resaltado por notas musicales a su
alrededor- a Dante (1265-1321), Shakespeare (1564-1616), Goethe
(1749-1832), Beethoven (1770-1827), Wagner (1813-1883), Tolstoi
(1828-1910) y otros grandes creadores del pasado, lo que llevó a
muchos críticos y lectores a tenerle por loco. La polémica en torno
a sus escritos arreció cuando, en el transcurso de aquel mismo año,
publicó su espléndido poemario titulado Alcools (Alcoholes, 1913),
en el que recogía la mayor parte de sus composiciones líricas
escritas en los últimos quince años. Al corregir las pruebas de
imprenta, Apollinaire había decidido suprimir en el libro todos los
signos de puntuación, innovación que causó tanto estupor como las
voces soeces que figuraban en algunos poemas.
Los cincuenta poemas que conforman Alcools suscitaron opiniones muy
diversas entre los lectores y la crítica especializada. Entre los
partidarios de la renovación radical de la expresión artística, el
poemario de Apollinaire fue saludado con alborozo, a pesar de que la
amplitud cronológica de la redacción de los poemas (1898-1913) daba
cabida a ciertos elementos formales y temáticos propios del neo-romanticismo
(así, v.gr., en el poema "Le pont de Mirabeau") y de otros modelos
estéticos más novedosos, pero ya en trance de superación por parte
de la Vanguardia (como el simbolismo). Sin embargo, fueron muchos
los críticos que mostraron su rechazo hacia esa naturaleza
heterogénea del poemario, entre ellos Georges Duhamel -que publicaba
sus reseñas en Le Mercure de France, revista en la que Apollinaire
esperaba que se le elogiase abiertamente, ya que en su páginas había
estampado numerosos poemas-, quien comparó el volumen de versos con
"una tienda de objetos usados". En cualquier caso, lo cierto es que
algunos de los poemas más rupturistas e innovadores de Alcools (como
los titulados "Zona" o "El emigrante de Lander Road") causaron una
profunda conmoción por sus audaces propuestas estéticas: discurso
fragmentario próximo a las técnicas pictóricas del cubismo, ausencia
de signos de puntuación, acumulación de materiales heterogéneos
procedentes de la vida cotidiana, reiteración de ideas y expresiones
altamente provocadoras, etc.
Fiel, en todo momento, a ese espíritu bohemio y estrafalario que ya
le había hecho famoso en el París de comienzos del siglo XX,
Apollinaire estuvo a punto de retar a duelo al citado Duhamel
(quien, paradójicamente, habría de acabar convirtiéndose en uno de
los máximos valedores de su poesía). Poco después, una nueva
polémica le animó a recurrir otra vez al campo del honor: Mr. Fabian
Lloyd, un ciudadano inglés que firmaba sus artículos con el
pseudónimo de "Arthur Cravan", publicó una reseña sobre la
Exposición de Pintores Independientes en la que afirmaba que
Apollinaire era judío. Una violenta ola de antisemitismo azotaba, a
la sazón, a toda Europa, y de forma muy señalada a Francia, todavía
conmocionada por las consecuencias políticas y sociales del Caso
Dreyfus; de ahí que el poeta nacido en Roma, bautizado en San Pedro,
educado en prestigiosos centros religiosos y obsesionado, en su
infancia y adolescencia, por la hondura de la espiritualidad
católica, se sintiera gravemente ofendido por la reseña de Lloyd, a
quien llegó a enviar a sus padrinos, el narrador Tharaud (1874-1953)
y el pintor Claude Chéreau. Afortunadamente, las negociaciones de
éstos obtuvieron una rectificación de Lloyd que satisfizo al
agraviado Apollinaire, con lo que el duelo no llegó a celebrarse.
Por aquel tiempo, Apollinaire dirigía -en colaboración don Jean
Cerusse- la revista cultural Las veladas de París, fundada en 1912
por Andrés Billy, René Dupuy y Andrés Tudesq, y adquirida por el
autor de Las once mil vergas, previo pago de doscientos francos,
tras la publicación de su segundo número. Bajo la dirección de
Apollinaire -que la convirtió en "su" revista-, Las veladas de París
llegó a ofrecer su ejemplar número veintitrés, fechado el 15 de
abril de 1914, cuando ya toda Europa se preparaba para una inminente
conflagración bélica internacional. Apollinaire, preso de un
entusiasmo tan sincero como extravagante y pueril, recibió con
alborozo el estallido de la Primera Guerra Mundial y dispuso todo lo
necesario para entrar en combate. En su condición de extranjero, no
estaba obligado a incorporarse a la defensa armada de Francia; sin
embargo, solicitó la nacionalidad francesa y, a pesar de su ya
alarmante obesidad -fruto de su apetito pantagruélico- intentó
alistarse en el ejército de su país adoptivo, donde fue en un
principio rechazado debido a que contaba ya treinta y cuatro años de
edad. Ante su insistencia por acudir al frente, fue finalmente
movilizado y destinado a una unidad de artillería de campaña en un
campo de instrucción cercano a Nîmes, donde, merced a su carácter
abierto y extravertido, pronto se ganó las simpatías de todos los
reclutas. Cursó, en dicho destino, estudios destinados a la
obtención del grado de suboficial de artillería, y pronto fue
nombrado sargento brigadier; promovido, en abril de 1915, a sargento
mayor, fue enviado a la segunda línea de trincheras, con gran pesar
por su parte, pues deseaba entrar cuanto antes en combate. Para
entretenerse durante este período de inacción, editó a mediados de
1915 veinticinco ejemplares de un breve poemario que, publicado bajo
el título de Caja de armones, pasó luego a integrar su obra maestra
dentro del género poético, Caligramas (1918). Con la ayuda de dos
sargentos de artillería que hicieron las veces de impresores,
Apollinaire estampó en tinta violeta los ejemplares artesanales de
esta reducida tirada, que fueron vendidos a veinte francos; los
beneficios obtenidos fueron destinados al socorro de los heridos de
guerra.
Desesperado por no poder hallarse en primera línea de batalla,
permutó su puesto con otro suboficial y pasó a la infantería, donde
la oportunidad de ascender era mayor, debido al incremento de los
riesgos. Así logró el grado de teniente y su posterior condecoración
con la Croix de Guèrre, por la valentía que había acreditado en la
lucha armada. El 17 de marzo de 1916, mientras leía un ejemplar del
Mercurio en una trinchera cerca de Verdún, un fragmento de obús
perforó su casco militar y se incrustó en su cráneo. Según sus
propias declaraciones, siguió leyendo como si nada hubiera pasado,
hasta que vio cómo la sangre que manaba de su cabeza teñía de rojo
la página en la que estaba enfrascado. Trasladado urgentemente a
París, quedó ingresado en el hospital de guerra establecido en la
Villa Molière -en aquella barriada de Auteuil donde había residido
el poeta-, y hubo de ser sometido a una trepanación que le obligó a
guardar un largo período de convalecencia. Durante esta prolongada
recuperación, recibía en el hospital a sus amigos con la cabeza
vendada, ataviado con su uniforme de la 6ª compañía del 96º
regimiento de infantería, en el que había prendido con orgullo la
Cruz de Guerra; solía mostrar a las visitas su casco agujereado por
la metralla, y bromear sobre su feliz paso por las trincheras,
aunque lo cierto es que su carácter alegre y extravagante -en
ocasiones, ciertamente infantil- había dado paso a un poso de
amargura que le empujaba a mostrarse irascible y desconfiado.
Con la intención de no ser enviado nuevamente a Nîmes, donde la
inactividad le abrumaba, solicitó un puesto burocrático en la
Censura Militar de París, y quedó encargado de la lectura de
pequeñas revistas, así como de la traducción al francés de algunos
artículos periodísticos ingleses que, tras su visto bueno, eran
publicados luego en el rotativo París-Mediodía. Además, colaboraba
con asiduidad en el Boletín de Informaciones Coloniales y, preso de
una febril actividad que bien podía ser fruto de la intuición de su
próximo fin, se afanaba en la conclusión de varias obras que quería
dar a la imprenta antes de su muerte. A pesar del letargo, los
mareos y vómitos y la parálisis de su mano izquierda que le quedaron
como secuelas de la trepanación -y que hicieron necesaria una
segunda intervención quirúrgica en su bóveda craneal-, y de la
deforme obesidad adquirida durante tan prolongado reposo en cama, el
poeta tuvo ánimos para entablar relaciones con una bella joven
llamada Jacqueline Kolb, con la que contrajo matrimonio el 2 de mayo
de 1918, con Pablo Picasso como testigo. Pero sus serias dolencias,
agravadas con varios ataques crónicos de enfisema, no le permitieron
disfrutar mucho tiempo de este tardío enlace conyugal. A comienzos
de noviembre de aquel mismo año, una virulenta epidemia de gripe se
cebó en su frágil salud y acabó con su vida cuando sólo contaba
treinta y ocho años de edad. Seis meses después -en mayo de 1819-,
fallecía en París Angélica Alejandrina de Kostrowitzky, y al cabo de
un mes perdía la vida en México, víctima del tifus, Albert de
Kostrowitzky, el hermano menor del poeta.
A título anecdótico, conviene hacerse eco de un curioso detalle que
prueba de forma fehaciente que Apollinaire, en su vida privada, no
era tan dado a la experimentación como en su faceta de creador. Al
parecer, el poeta francés de origen suizo Frédéric-Louis Sauser
Halle (1887-1961), más conocido por su pseudónimo literario de
Blaise Cendrars, estaba en posesión del llamado "aceite de Harlem",
un antiguo remedio de la medicina tradicional que mostró su eficacia
terapéutica durante la mortífera epidemia de gripe que se llevó a
Apollinaire. Paradójicamente, el autor de Calligrammes había
elogiado esta medicina en su sección periodística "La vida
anecdótica", pero se negó a tomarla durante su enfermedad. Blaise
Cendrars, con su "aceite de Harlem", salvó la vida de más de setenta
amigos afectados seriamente por la gripe, pero vio cómo fallecían
dos conocidos suyos que desconfiaron de la eficacia del remedio; uno
de ellos era Guillaume Apollinaire.
En sus últimos años de existencia, Apollinaire dio a la imprenta
algunas de sus obras mayores, como el volumen de prosas de ficción
titulado Le poète assassiné (El poeta asesinado, 1916), el drama
presurrealista Les mamelles de Tiresias (Las tetas de Tiresias,
1917) y la colección de poemas Calligrammes (Caligramas, 1918), obra
-esta última- por la que ha pasado a la historia de la literatura
universal. El poeta de asesinado comprende la novelita homónima y
quince relatos del mismo tono que los que conforman El heresiarca y
Cía, escritos entre 1910 y 1916. La obra estaba en la imprenta
cuando estalló la I Guerra Mundial, lo que provocó el retraso de su
salida a la calle y permitió a Apollinaire introducir, a última
hora, un relato que había escrito después de someterse a la
trepanación. En la novela breve que abre el volumen, el lector
asiste a una conspiración internacional para exterminar a todos los
poetas del mundo, lo que hace exclamar a su protagonista
Croniamental -alter ego del propio Apollinaire- cuando la plebe está
a punto de asesinarlo: "Vuestro héroe, pueblo, es el aburrimiento,
que trae consigo a la desesperación".
El drama presurrealista Las tetas de Tirésias (estrenado el 24 de
junio de 1917) está considerado como la pieza precursora del teatro
Vanguardista. Recurriendo a un punto de vista cáustico y humorístico
para abordar algunos asuntos de notable seriedad (como la
emancipación de la mujer y el descenso del índice de natalidad),
Apollinaire presenta sobre el escenario un cambio de sexo que, a
pesar de su formulación simbólica -la protagonista, Teresa, se
convierte en Tirésias cuando hace estallar los dos globos que lleva
bajo su blusa-, causó un verdadero escándalo durante las primeras
representaciones de la obra. En el prefacio que antecede a la
edición de esta pieza teatral (1918), Apollinaire acuñó el término
surréalisme, que en su opinión era más adecuado y fácil de manejar
que surnaturalisme, "ya utilizado por los señores filósofos".
De los ochenta y seis poemas que conforman el volumen Calligrammes
(1918), sólo diecinueve poseen esa estructura peculiar que habría de
hacer universalmente famoso a Apollinaire, consistente en el empleo
de una creativa disposición tipográfica de los versos que reproduce
la figura del objeto central del poema. Pero, al margen de esta
audaz explotación de las posibilidades figurativas de los signos
verbales en el lenguaje escrito, Caligramas ofrece también otras
innovaciones vanguardistas de acusada originalidad, como el "poème-conversation"
-en el que, por medio de la yuxtaposición caótica de fragmentos de
diálogo, Apollinaire intenta borrar las fronteras entre prosa y
poesía, y reproducir en un texto literario las múltiples facetas de
lo cotidiano y real. Con esta obra -ilustrada, en su primera
edición, con un retrato del poeta pintado por Picasso-, Apollinaire
mostró definitivamente su habilidad para tender puentes entre la
tradición y los nuevos cauces formales que buscaba desesperadamente
la Vanguardia: durante sus largas horas de estudio e investigación
en la Biblioteca Nacional de París -donde, entre otras muchas
secciones, había explorado sin descanso el famoso "Infierno", es
decir, el estante en el que se adunaban esos clásicos de la
literatura erótica y pornográfica que con tanto esmero editó, y de
los que sacó un enorme provecho para sus propias obras licenciosas-,
Apollinaire había tenido oportunidad de leer y analizar las
Mezcolanzas de Tabourot des Accords, en sus dos ediciones de 1582 y
1662. De esta curiosa colección de poemas tan originales como
ingeniosos (equívocos, adivinanzas, acrósticos, etc.), el futuro
autor de Calligrammes se quedó con la posibilidad de poner los
significantes al servicio de los significados, idea que luego fue
desarrollando en sus largos ratos de ocio cuartelero,
enriqueciéndola con sus conocimientos sobre las artes plásticas.
Al margen de las obras mayores citadas en parágrafos superiores,
Apollinaire fue autor de otros textos en verso y prosa que merecen
una mención dentro de esta reseña bio-bibliográfica. Vitam Impendere
Amori (1917), en su reducida tirada de doscientos quince ejemplares,
contiene poemas del extravagante escritor nacido en Roma,
acompañados de bellas ilustraciones de André Rouveyre. Por su parte,
El paseante de las dos orillas (1918) es una colección de diez
crónicas sobre diversos aspectos de la vida parisina, tamizadas por
los recuerdos personales del autor. La mayor parte de estos escritos
había visto ya la luz en las páginas del Mercurio de Francia, dentro
de la sección "La vida anecdótica". Otros textos de Apollinaire
impresos en esta sección, junto a las numerosas anécdotas que había
acumulado durante un breve permiso de guerra que disfrutó en Orán
(Argelia), quedaron recogidos en el volumen donde apareció su novela
inconclusa La mujer sentada y un largo fragmento de otra narración a
medio hacer, centrada en la vida de los mormones. Estos inéditos
fragmentarios vieron la luz, póstumamente, en 1920, como también
aparecieron en ediciones póstumas otras obras que Apollinaire no
había llegado a dar a la imprenta, entre ellas sus piezas teatrales
Casanova y Colores del tiempo -esta última, publicada en la Nouvelle
Revue Française en 1920-, y su libro Il y a... (Hace..., 1925), que
recoge los primeros textos ensayísticos de Apollinaire,
sorprendentes por su clásica y tradicional factura. A finales de la
década de los años veinte, casi todos los artículos que había
publicado en el Mercurio de Francia vieron la luz bajo el título de
Anecdóticas (1928).
Dentro de un volumen titulado La obra libertina de los poetas del
siglo XIX, Apollinaire insertó algunos poemas propios disfrazados
bajo los pseudónimos de Germain Amplecas y El Abad de Thelème.
Además, en su faceta de investigador de la literatura clásica editó,
dentro de la colección "Biblioteca de los Curiosos", diversas obras
del marqués de Sade, Baffo, Andrea de Nerciat, John Cleland, Pierre
Corneille, etc., acompañadas de brillantes estudios introductorios
y, en algún caso, traducidas por él mismo. En colaboración con
Fleuret y Perceau, publicó en 1912 el catálogo comentado de los
libros del "Infierno" de la Biblioteca Nacional de París, obra de
obligada consulta para el estudioso de la literatura erótica. Su
erudición y su penetrante agudeza crítica brillaron a gran altura en
algunas de estas ediciones, principalmente en la publicada por el
Mercurio de Francia bajo el título de Las más bellas páginas del
Aretino. En su condición de crítico, se sentía muy satisfecho del
espléndido prefacio que había escrito para la edición de Las flores
del mal, de Baudelaire (1821-1867).
No pertenecen, en cambio, a Apollinaire las obras tituladas El fin
de Babilonia (1913) y Los tres don Juan (1914), publicadas bajo su
nombre pero escritas en realidad por su amigo y compañero de colegio
René Dupuy (o René Dalize, según su pseudónimo literario).
PRISIONERO SIN HORIZONTE
Prisionero sin horizonte
Oigo los ruidos de la calle
Y veo sólo un cielo hostil
Y el blanco muro de mi cárcel
Huye la tarde en mi prisión
Una dulce lámpara arde
Estamos solos en mi celda
Bella luz razón adorable
Versión de Andrés Holguín
POESÍAS DE ESTE AUTOR
Cuarto poema secreto a Madelaine
/ El adiós
/
El bestiario o cortejo de orfeo
/
El puente mirabeau /
Escribo solo... /
La hoguera
/
La linda pelirroja /
Las campanas /
Las horas pasan... /
Noche renana /
Oh puertas de tu cuerpo
/
Si yo muero allá lejos
/
Tuve el valor de mirar hacia
atrás /
Un pájaro canta...
CUARTO POEMA
SECRETO A MADELAINE
Mi boca tendrá ardores de averno,
mi boca será para ti un infierno de dulzura,
los ángeles de mi boca reinarán en tu corazón,
mi boca será crucificada
y tu boca será el madero horizontal de la cruz,
pero qué boca será el madero vertical de esta cruz.
Oh boca vertical de mi amor,
los soldados de mi boca tomarán al asalto tus entrañas,
los sacerdotes de mi boca incensarán tu belleza en su
templo,
tu cuerpo se agitará como una región durante un
terremoto,
tus ojos entonces se cargarán
de todo el amor que se ha reunido
en las miradas de toda la humanidad desde que existe.
Amor mío
mi boca será un ejército contra ti,
un ejército lleno de desatinos,
que cambia lo mismo que un mago
sabe cambiar sus metamorfosis,
pues mi boca se dirige también a tu oído
y ante todo mi boca te dirá amor,
desde lejos te lo murmura
y mil jerarquías angélicas
que te preparan una paradisíaca dulzura en él se agitan,
y mi boca es también la Orden que te convierte en mi
esclava,
y me da tu boca Madeleine,
tu boca que beso Madeleine.
Versión de José Umaña
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EL ADIÓS
Recogí esta brizna en la nieve
Recuerda aquel otoño
En breve
No nos veremos más
Yo muero
Olor del tiempo brizna leve
Recuerda siempre que te espero
Versión de Andrés Holguín
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EL BESTIARIO O
CORTEJO DE ORFEO
I. El dromedario
Teniendo cuatro dromedarios
Don Pedro de Alfarubeira
Fue por el mundo y lo admiró.
Él hizo lo que hiciera yo
Teniendo cuatro dromedarios.
2. La cabra del Tibet
Los pelos de esta cabra, y esos
Dorados, el embeleso
De Jasón, nada son al lado
De los que me han enamorado.
3. La langosta
Es esta la esbelta langosta,
El alimento de San Juan;
Ojalá mis versos, como ella,
De buenas gentes sea el pan.
4. El delfín
Delfines, jugáis en el mar,
Pero las olas son amargas.
¿A veces brota mi alegría?
La vida es siempre despiadada.
5. Elcangrejo
Incertidumbre, iremos lejos
y alegres, sin volver jamás,
Así como van los cangrejos;
De para atrás... de para atrás...
6. La carpa
En los estanques y en las charcas,
Cuánto tiempo vivís, ¡áh carpas!
¿Acaso la muerte os olvida,
Peces de la melancolía?
Versión de Otto de Greiff
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EL PUENTE
MIRABEAU
El puente Mirabeau mira pasar el Sena
Mira pasar nuestros amores.
Y recuerda al alma serena
Que la alegría siempre viene tras de la pena
Viene la noche suena la hora
Y los días se alejan
Y aquí me dejan
Frente a frente mirémonos-las manos enlazadas-
Mientras que pasan bajo el puente
De nuestros brazos -fatigadas-
Las hondas silenciosas de nuestras dos miradas
Viene la noche suena la hora
Y los días se alejan
Y aquí me dejan
El amor se nos fuga como esta agua corriente
El amor se nos va
Se va la vida lentamente
Cómo es de poderosa la esperanza naciente
Viene la noche suena la hora
Y los días se alejan
Y aquí me dejan
Huyen el lento día y la noche serena
Mas nunca vuelven
Los tiempos que pasaron ni el amor ni la pena
El puente Mirabeau mira pasar el Sena
Viene la noche suena la hora
y los días se alejan
y aquí me dejan
Versión de Andrés Holguín
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ESCRIBO SOLO...
Escribo solo a las cambiantes luces
Que arroja un leño ardiente
A veces se lamentan los obuses
Frecuentemente
Oigo el galope de un corcel que cruza
Por el campo lejano
El siniestro graznar de la lechuza
Sube al cielo mi mano
Traza estas líneas desoladamente
Adiós mi corazón
Trazo el signo también místicamente
De la Gran Ilusión
Oh mi místico amor oh Lou la vida
Nos dará el doble fuego
De la delectación nunca extinguida
Compartiremos luego
Un amor que será el único amor
Adiós mi corazón
Enciende un astro místico su fuego
Tiene el color
Del ambiguo color de tu mirada
Que entre las sombras arde
Siento una aguda herida renovada
Adiós. Es tarde
Versión de Andrés Holguín
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LA HOGUERA
A Paul-Napoléon Roinard
Tiré en el noble fuego
Que transporto y adoro
Vivas manos y mismo fuego
Ese Pasado esas cabezas de muertos
Llama hago lo que tú quieres
Ese galope repentino de las estrellas
No siendo más que en lo que se convertirá
Se mezcla con el macho relincho
De los centauros en sus acaballaderos
Y de los grandes lamentos vegetales
Dónde están esas cabezas que yo tenía
Dónde el Dios de mi juventud
El amor se ha vuelto malo
Que en la hoguera las llamas renazcan
Mi alma al sol se desnuda
En la llanura han crecido llamas
Nuestros corazones cuelgan de los limoneros
Las cabezas cortadas que me aclaman
Y los astros que han sangrado
No son sino cabezas de mujeres
El río prendido con alfileres sobre la ciudad
Te fija como una prenda
Partiendo del anfión dócil
Padeces todos los tonos encantadores
Que vuelven ágiles las piedras
Versión de Claire Deloupy
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LA LINDA
PELIRROJA
Estoy aquí delante de todos un hombre con sentido común
que conoce la vida y de la muerte lo que un hombre
puede conocer
probó los dolores y los goces del amor
impuso algunas veces sus ideas
conoce varias lenguas
y no ha viajado poco
vio la guerra en la infantería y la artillería
herido en la cabeza trepanada bajo el cloroformo
perdió sus mejores amigos en la espantosa lucha
sé de lo antiguo y de lo nuevo lo que un hombre
solitario
puede saber de esas cosas
y sin inquietarme hoy de esta guerra
entre nosotros y para vosotros amigos míos
juzgo esta larga querella de la tradición y de la
invención
del orden y de la aventura
Vosotros con la boca hecha a la imagen de la boca de
Dios
boca que es el orden mismo
sed indulgentes al compararnos
con los que fueron la perfección y el orden
nosotros que siempre buscamos la aventura
no somos enemigos
Al queremos daros vastos y extraños dominios
donde el misterio germina para el que quiera cosecharlo
hay fuegos nuevos colores nunca vistos
mil fantasmas imponderables
para darles realidad
y explorar la bondad país enorme y silencioso
hay tiempo para desterrar
y tiempo para el regreso
piedad para nosotros que combatimos siempre en las
fronteras
de lo ilimitado y lo porvenir
piedad para nuestros errores piedad para nuestros
pecados
He aquí que viene el estío la estación violenta
y mi juventud ha muerto como la primavera
oh sol es el tiempo de la razón ardiente y espero
para seguir la forma noble y dulce
que adopta ella para que pueda amarla
llega y me atrae como al hierro el imán
tiene el aspecto encantador
de una adorable pelirroja
Sus cabellos son de oro se diría
un bello relámpago que nunca acaba
o esas llamas que presumen
en las rosas te marchitas ya
Reíd reíd de mí
hombres de todas partes sobre todo gentes de aquí
porque hay tantas cosas que no me atrevo a decir
tantas cosas que no me dejaríais decir
tened piedad de mí
Versión de José Umaña Bernal
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LAS CAMPANAS
Entre el rumor de las campanas,
bella gitana, amante y mía,
nos amamos perdidamente
y nadie, nadie, nos veía.
Olvidamos que las campanas,
asomadas al campanario,
nos vieron, ay, y noche y día
se lo cuentan al vecindario.
Mañana Pedro y Catalina,
el panadero y su mujer,
Juan y María Golondrina,
mi amiga Luz, mi prima Ester,
sonreirán, de cierta manera...
Yo no sabré dónde meterme...
Tú estarás lejos... Lloraré...
Y hasta es posible que me muera...
Versión de Eduardo Carranza
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LAS HORAS
PASAN...
Las horas pasan lentamente
Como el desfile de un entierro
Llorarás la hora en que lloras
Que huirá también rápidamente
Como pasan todas las horas
Versión de Andrés Holguín
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NOCHE RENANA
Colma mi vaso un vino como una llama trémulo
Escuchen la canción lenta de un barquero
Sobre siete mujeres vistas sobre la luna
Trenzándose su verde y larguísimo pelo
Canten de pié más alto mientras bailan la ronda
Que yo no escuche más cantar al barquero
Y pongan cerca mío a las muchachas rubias
De mirada inmóvil de trenzas recogidas
El Rin el Rin está ebrio donde viñas se miran
Todo el oro nocturno temblando ahí se refleja
En su agonía la voz canta siempre a estas hadas
De los verdes cabellos que hechizan al verano
Mi vaso se ha quebrado como una carcajada
Versión de L.S.
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OH
PUERTAS DE TU CUERPO
Oh puertas de tu cuerpo
Son nueve y las he abierto todas
Oh puertas de tu cuerpo
Son nueve y para mí se han vuelto a cerrar todas
En la primera puerta
La Clara Razón ha muerto
Era ¿te acuerdas? el primer día en Niza
Tu ojo izquierdo así como una culebra se desliza
Hasta mi corazón
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta de tu mirada
izquierda
En la segunda puerta
Ha muerto toda mi fuerza
Era ¿te acuerdas? en un albergue en Cagnes
Tu ojo derecho palpitaba como mi corazón
Tus párpados latían como en la brisa laten las flores
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta de tu mirada
derecha
En la tercera puerta
Escucha latir la aorta
Y todas mis arterias hinchadas por tu sólo amor
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta de tu oído
izquierdo
En la cuarta puerta
Me escoltan todas las primaveras
Y aguzando el oído se escucha del bonito bosque
Subir esta canción de amor y de los nidos
Tan triste para los soldados que están en la guerra
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta de tu oído
derecho
En la quinta puerta
Es mi vida que te traigo
Era ¿te acuerdas? en el tren que volvía de Grasse
Y en la sombra muy cerca muy bajito
Tu boca me decía
Palabras de condenación tan perversas y tan tiernas
Que pregunto a mi alma herida
Cómo pude oírlas sin morir
Oh palabras tan dulces tan fuertes que cuando lo pienso
me parece tocarlas
Y que se abra de nuevo la puerta de tu boca
En la sexta puerta
Tu gestación de putrefacción oh Guerra está abortando
He aquí todas las primaveras con sus flores
He aquí las catedrales con su incienso
He aquí tus axilas con su divino olor
Y tus cartas perfumadas que huelo
Durante horas
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta del lado
izquierdo de tu nariz
En la séptima puerta
Oh perfumes del pasado que la corriente de aire se lleva
Los efluvios salinos daban a tus labios el sabor del mar
Olor marino olor de amor bajo nuestras ventanas se moría
el mar
Y el olor de los naranjos te envolvía de amor
Mientras en mis brazos te acurrucabas
Quieta y callada
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta del lado
derecho de tu nariz
En la octava puerta
Dos ángeles mofletudos cuidan de las rosas temblorosas
que soportan
El cielo exquisito de tu cintura elástica
Y heme aquí armado con un látigo hecho con rayos de luna
Los amores coronados con jacinto llegan en tropel.
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta de tu alma
Con la novena puerta
Es preciso que salga el amor mismo
Vida de mi vida
Me junto contigo para la eternidad
Y por el amor perfecto y sin ira
Llegaremos a la pasión pura y perversa
Según lo que queramos
A todo saber a todo ver a todo oír
Yo me renuncié en el secreto profundo de tu amor
Oh puerta umbrosa oh puerta de coral vivo
Entre dos columnas de perfección
Y que se vuelva a abrir de nuevo la puerta que tus manos
saben abrir tan bien
Versión de Claire Deloupy
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SI YO
MUERO ALLÁ LEJOS...
Si yo muero allá lejos en el frente de guerra
Tú llorarás un día oh Lou mi gran amor
y después mi recuerdo se apagará en la tierra
Como un obús que estalla en el frente de guerra
Bello obús semejante a la mimosa en flor
Más tarde este recuerdo que en el aire ha estallado
Cubrirá con mi sangre la tierra toda entera
El valle el mar y el astro que pasa como al lado
De Baratier los frutos de oro en primavera
Presencia en cada cosa olvidada y viviente
Yo encenderé el color de tus senos rosados
Encenderé tus labios y tu cabello ardiente
Tú no envejecerás y todo lo existente
Cobrará nueva vida sobre el destino amado
La fuga ineluctable de mi sangre en el mundo
Dará un fulgor más vivo al sol agonizante
Hará la flor más roja y hará el mar más profundo
Un amor inaudito descenderá hasta el mundo
Y tendrá más poder en tu cuerpo tu amante
Si al morir allá lejos mi recuerdo se olvida
Recuerda Lou en los éxtasis más puros de tu vida
-En tus días de ardor y pasión amorosa-
Que mi sangre es la fuente de esta dicha futura
Y siendo la más bella sé tú la más dichosa
Oh mi amor oh mi única oh mi inmensa locura!
Versión de Andrés Holguín
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TUVE EL
VALOR DE MIRAR HACIA ATRÁS
Tuve el valor de mirar hacia atrás
Los cadáveres de mis días
Marcan mi camino y les voy llorando
Unos se pudren en las iglesias italianas
O en pequeños bosques de limoneros
Que florecen y fructifican
Al mismo tiempo y en todas las estaciones
Otros días lloraron antes de morir en las tabernas
Donde ardientes ramos rodaban
Ante los ojos de una mulata que inventaba la poesía
Y las rosas de la electricidad se abren aún
En el jardín de mi memoria
Versión de Claire Deloupy
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UN PÁJARO CANTA
Canta un pájaro no sé dónde
Debe ser tu alma siempre en vela
Que entre los soldados se esconde
Su canto me encanta y desvela
Escucha canta tiernamente
No sé desde qué rama canta
Mas noche y día eternamente
Semana y domingo me encanta
Qué decir del pájaro que ama
Su transformación milagrosa
Del alma que canta en la rama
De amor en cielo y cielo en rosa
Ave del soldado es amor
y es mi amor una hermosa niña
La rosa es menos bella y por
Mí solo el pájaro azul trina
Ave azul como el corazón
Azul que entre mi pecho llora
Haz que oiga tu dulce canción
La funesta ametralladora
Que restalla en la lejanía
Siembran astros con su canción?
Va así la noche va así el día
Amor azul como mi corazón
Versión de Andrés Holguín
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