José Fita Albi

   
 
 

 

 

 

 

 

 

BIOGRAFÍA

Poeta, narrador y crítico de arte y de literatura español, nacido en Valencia en 1922. Volcado desde su temprana juventud al estudio de las disciplinas humanísticas y al cultivo de la creación literaria (fundamentalmente, poética), ha desempeñado también importantes labores como animador cultural, promotor de publicaciones literarias y artísticas, y editor de obras ajenas y muestras antológicas, actividades que, junto con la hondura y calidad de su producción lírica, le sitúan entre las voces más destacadas de las Letras valencianas -escritas en lengua castellana- del siglo XX.

Tras obtener el título de Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, José Albi Fita comenzó a participar activamente en el panorama intelectual de su época, al que enriqueció de forma notable con la fundación de algunas publicaciones culturales tan relevantes como las revistas Anupe y Cuadernos literarios. Además, en su faceta de estudioso de la literatura española contemporánea, a comienzos de los años cincuenta publicó, en colaboración con Joan Fuster Ortells, uno de los trabajos de recopilación y selección más completos -entre los aparecidos hasta la fecha- sobre la corriente surrealista en España, presentado bajo el título de Antología del surrealismo español (1952).

Respecto a su brillante producción poética, conviene comenzar por destacar la aportación decisiva de José Albi a esa corriente cultista que, a partir de una continua experimentación con los materiales lingüísticos que conforman el poema, buscaba un profunda renovación de los modelos formales vigentes hasta entonces, sin apartarse por ello de una línea temática tradicional que, en el caso del poeta levantino, se confunde con los argumentos universales de la poesía de cualquier época y lugar: la radical soledad de hombre, las contradicciones de la vida humana, el valor del silencio, la fugacidad del tiempo, etc.

Su primer volumen de versos salió de la imprenta a comienzos de los años cuarenta, bajo el título de Orillas del Júcar (Valencia: Ed. Blanco y Azul, 1942). Posteriormente, José Albi Fita publicó Elegía al hombre europeo (Alicante: Ed. Verbo, 1948) y Vida de un hombre (Valencia: Diputación Provincial, 1958), obra -esta última- que, galardonada con el premio "Valencia" de poesía en su convocatoria de 1957, le supuso su consagración como uno de los poetas más prometedores de su tiempo.

Dos años después, el escritor valenciano volvió a los anaqueles de las librerías con su cuarta entrega poética, Bajo palabra de amor (Bilbao: Comunicación Poética, 1960), obra a la que siguieron otros poemarios tan interesantes como Elegías apasionadas (Palencia: Ed. Rocamador, 1962), Piedra viva (Zaragoza: Col. Poemas, 1963), Guadalest, amor (Ávila: Diputación Provincial, 1969), Picasso azul (Madrid: Ed. Cultura Hispánica, 1973) y Odisea 77 (Valencia: Diputación Provincial, 1977). Con esta última obra, Albi Fita volvió a alzarse con la palma en el certamen poético más prestigioso de su ciudad natal, que ya había ganado veinte años atrás con Vida de un hombre.

Su voz poética volvió a sonar con fuerza en Elegía Atlántica (Santander: Ed. Sur, 1979), obra a la que siguieron, ya en la década de los años ochenta, los poemarios titulados Doménikos, Ego (Melilla: Rusadir, 1984) y Ágatas para Ágata van Schoenhoven (Valencia: Ojuebuey, 1986). Tras una interesante muestra antológica de su creación poética publicada hasta entonces -aparecida en dos volúmenes, bajo los títulos de Antología poética I. 1942-1980 (Valencia: Ed. Poética, 1991) y Antología poética II. 1982-1990 (Valencia: Ed. Poética, 1993)-, José Albi Fita ofreció nuevas pruebas de su espléndida madurez lírica a través de otros títulos como Ensayo sobre un parque en noviembre (Madrid: Adonais, 1993), El temps ombrívol de les roses (Jávea: Ayuntamiento, 1994) e Improvisaciones a cuatro manos (Valencia: Ayuntamiento, 1995). Además, intervino en la obra colectiva Poesía vora mar (Jávea: Ayuntamiento, 1997), en compañía de los poetas Manuel Bertolín Peña y Manuel Cisneros.

El poeta valenciano -que, en su única incursión en el género narrativo, ganó el premio Gabriel Miró de novela por su obra titulada El silencio de Dios (Madrid: Aguilar, 1969)-, fue también galardonado en 1993 con el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana, en la modalidad de poesía.


Poesías de este autor

A brazo partido / Amor lejano / Estrella de alta mar, márcame el rumbo / Definitiva soledad / Soneto de la ausencia / Y a ti que te diré, río del alma...

 

A BRAZO PARTIDO

Llevo en los huesos tanto amor metido
que sólo en carne viva y a bandazos,
voy capeando el mar de estos dos brazos
entre los que me encuentro sometido.

No, no basta gritar, tomar partido,
morir hasta caerse uno a pedazos;
hay que hundir a caricias y a zarpazos
tu corazón, tu corazón vencido.

Quiero daros la vida que me sobra,
y este amor que me arranca de los huesos.
Vuestro mi corazón, vuestra mi obra

de compartir lo vuestro y nuestro y mío,
consumidos en cólera y en besos.
Sólo a mi amor vuestro dolor confío.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

AMOR LEJANO

Abro, de par en par, el viento, la ventana
y te contemplo, amor, voy contemplando todo lo que fue mío:
los almendros alegres todavía,
y el mar en los almendros, la luz en los almendros,
y más mar todavía allá a lo lejos.
Quizá piense en tu piel,
quizá vaya pasando la mano por la corteza de los pinos,
quizá los años vayan cayendo como las gotas del grifo;
quizá los siglos.
Y quizá todavía te tenga entre los brazos,
como ayer, como siempre.

¿Oyes los montes? Puede que canten.
Puede que se derrumben,
que se acuerden de ti, que te nombren,
que inventen la palabra burbujeantes, nueva, '
como el agua de los neveros despeñándose,
como mi voz en medio de la noche.
-¿Duermes, amor?
No me contesta nadie. Sé que duermes.
Bernia, como un gran perro bajo la luna,
se acurruca a mis pies.
Oigo su palpitar estremecido.
Ifach, allá a lo lejos, se nos hunde en el mar,
golpea las estrellas con su silencio.
Más cerca, las luces chiquitinas, lentas y fieles de Guadalest.
vuelvo a rozar tu sueño
tu piel con luna,
los dos ríos lejanos de tus piernas.
Tú, montaña también, valle dormido,
mar toda tú.
-¿Duermes, amor?
Gotea el grifo, ladra un perro
infinito, remoto como la eternidad.
Voy a ciegas, tanteo las paredes
y los acantilados y los vientos.
Te amé, te estoy amando, te estoy llamando.
Sólo un eco de piedra me contesta:
Aytana, Chortá, Bernia...
La casa está vacía.
El silencio respira aquí, a mi lado.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

ESTRELLA DE ALTA MAR, MÁRCAME EL RUMBO

Estrella de alta mar, márcame el rumbo.
Puerta del corazón, dame cobijo.
Enamorada miel, tenme en tus labios.
Arrebatada luz, ponme en tus ojos.
Paloma en libertad, cédeme el vuelo.
Palmera, cielo al fin, hazme a tu imagen.
Ámbito de mi fe, cólmame el gozo.
Mujer y nada más, sé toda mía.
Tú, mi dolor, mi sed, mi sobresalto,
mi júbilo y mi luz a manos llenas.
Revelación total, regocijémonos
Llave de mi ansiedad, dame la vida.
Hoguera de cristal, torre encendida, ensimismada
alondra de la tarde,
gloriosa claridad, lirio iniciado, milagro de la
paz y de la espiga.
Dame la paz, la paz, tú siempre amada.
Para siempre la paz y la esperanza.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

DEFINITIVA SOLEDAD

¿Oyes el mar?
Eternamente estaremos escuchándolo.
Lo llevaremos dentro como la sangre, como la paz
como te llevo a ti misma.
Todo, todo irá acabando: la tristeza, la vida,
la soledad tan grande en que me has dejado.
Sólo el mar, amor mío, el mar sigue existiendo.
Me asomo: lo contemplo desde esta tarde lenta,
desde esta fría y herrumbrosa baranda
adonde no te asomas.

Amor, no estás conmigo. ¿Ves el silencio en torno?
Baja como las olas,
me roza como el río de tu piel,
se aleja para siempre.
Tú, mar, eterno mar de mi sueño,
sueño ya tú, lejana, irremediable.

El viento te acaricia. Yo soy el viento.
Pero estoy solo.
Y tú, tú estás lejana.
Sólo el mar te recuerda, te vive, te arrebata.
Siento tus labios, que es sentirte entera;
siento tu carne, calladamente mía.
Mis manos en el aire te dan vida,
y la playa, ya inútil sin tu huella,
deshabitada y torpe se aleja como el día.
Sólo la tarde existe;
existe y va muriendo. Unos dedos de espuma
me agitan los cabellos;
unas hojas doradas por el sol van cayendo.
Quizá son tus palabras,
quizá el cerco ya inútil de tus brazos.

Escucha, amor, te voy nombrando
como te nombra el mar. Algún abismo
se quiebra no sé dónde, y este mar que respiro
no es el mío
con capiteles rotos y con mirto.
Es tu terrible mar, tu ecuatoriana selva,
como tú, tormentosa; como tú, quieta, insospechada, dulce,
y otra vez angustiosa y arrebatada. Amor,
me vas muriendo. Este mar que era nuestro
me mira indiferente. Quisiera levantarme
como un viento tremendo
y sacudir las velas, descerrojar los brazos,
morirme a chorros.
Pero sólo el silencio. Yo, acodado en en el aire,
contemplo tu recuerdo.
No hay más que arena.
La ciudad, a lo lejos, se desdibuja.
Es un humo borroso como el olvido.
Ahora estiro los brazos y te busco.
Aquí están nuestras rocas. El mar se mira en ellas;
también te busca.
Una estrella de mar va acariciando mi sombra:
mi sombra que, sin la tuya, no es más que un pozo seco.
Esta tarde es como media vida: la media que me falta.
La que tú te has llevado.
No, no has venido.
Eternamente no vendrás. Caerán constelaciones,
se hundirán montes, siglos, tempestades,
y no vendrás. Y yo estaré mirando
lo que nos une todavía: el mar.
Un buque remotísimo buscará el horizonte;
pasará una pescador con sus cañas al hombro.
Sólo tú no vendrás.
No vendrás nunca.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

SONETO DE LA AUSENCIA

¿Me oyes, amor? Hay un fragor de trenes,
o quizá de batanes o de espigas
que te aleja de mí. No, no me digas
que te irás para siempre. Los andenes

se despoblaron. Yo, regreso. Penes
por donde penes, corazón, no sigas,
no te sigas marchando. Más fatigas
y más amor perdido si no vienes.

Ay, dolor, que yo sé lo que me pasa.
Que mi casa sin ti ya no es mi casa,
y el aire ni respira ni madura.

Que estás dentro de mí, pero no basta
aunque te lleve hasta los huesos, hasta
la misma pena que hasta ti me dura.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

¿Y A TI QUE TE DIRÉ, RÍO DEL ALMA?

¿Y a ti qué te diré, río del alma, cántaro de mi sed,
jardín cerrado?
¿Y a ti qué te diré, mujer que dejas tu corazón al borde
de mi vida?
Hasta ti llegaré y, entre las manos, tomaré viento y agua;
luz y tierra,
y amasaré nuestros dos nombres juntos.
Qué nuestra es la esperanza, que nos gana y nos pierde
cada día.
Qué nuestra es la tristeza, que se escurre a lo largo de los
hombros y nos deja indefensos, solitarios.
Qué nuestro es el recuerdo, que nos une lo mismo que un
abrazo.
Qué nuestro es nuestro amor. Con él estamos igual que
un niño con zapatos nuevos.
Qué nuestro es nuestro mundo: isla de guerra y paz,
isla profunda
hecha a la dimensión de nuestras almas.
Qué nuestro es nuestro amor,
Qué indescifrable, qué remoto, qué mío

Qué mía que eres tú, qué mío el mundo, que mía mi verdad
cuando te tengo.
Encontrándome en ti, me hallo a mí mismo. Mi vida empieza
donde tú terminas.
Mi vida es despeñarse, como un toro por las encrucijadas
del misterio.
Mi vida es caminar, morirse a ratos, y comenzar de nuevo
la jornada.
Pero tú eres la paz. La paz ganada a pulso, a fuerza de
huracanes y batallas.
No hay victoria que valga si no arriesgamos nuestra propia
vida
Y la nuestra aquí está. Sin burladeros, jugando con el mundo
a cuerpo limpio.
Amor es bello si la herida es honda. Horademos la piedra
gota a gota.
Hay que aprender la paz de cada día. Yo la aprendí
en tus ojos.
Aprenderla y vivirla. Yo he aprendido a vivir a tu manera.
No hay paz para quien lleva sus dos manos vacías de
esperanza
No hay paz para quien niega sombra o luz á su hermano.
No hay paz para quien cierra el corazón, y calla si alguien
llama a su puerta.
Ni hay paz para la fuente que no mana, para el árbol
sin fruta,
para el labio sin beso, sin perdón y sin fuego...
No, no hay paz para el hombre vacío de esperanza.

Haya paz para el hombre que te busca, como el campo
la lluvia de setiembre.
Haya paz para el hombre que está solo, con su destino
a cuestas
Haya paz y haya amor. Romped los diques de la fe y de los
besos, y ahogadme en sus dulces huracanes.
Yo te llamo mujer, y te llamo ternura y fortaleza; y alegría
y dolor a un mismo tiempo.
¡Oh, región fabulosa de tus brazos! Aprenderemos a vivir
de nuevo.
Dame tú luz, tu cumbre, tu destino. Dame más, mucho más:
tu propia vida, pues sabes darlo todo a manos llenas.
Eres incalculable como un mundo. Y tiernísima y frágil como
un niño.
Me sorprendes, me empujas, me acorralas, y entre los labios
te me mueres dócil.
Eres tú y eres yo. Todo es a un tiempo rabia de destrucción
y de ternura,
de inexplicable y de gozoso hallazgo, de generoso encono
de caricia.
Nuestra vida se suma y se desborda. Mi encarnizada
soledad es tuya.
Tu terquedad dulcísima y el agua de tu mirada triste son ya
sangre en mi piel, ya son cascada.
Somos un viento que en la vida clama, abriendo puertas,
derribando muros,
levantando la niebla de los turbios callejones del hombre.
Aquí está nuestra lluvia de esperanza. Somos la vida.
Detened el brazo que amenaza y conmina. ..
Nada podéis, porque la tierra muere, pero nace otra vez.
Somos la tierra que nos forma, nos une y nos libera.
Tierra de Dios, con fuego en el costado que incendia
un corazón para dos vidas.

¡Qué terrible esperanza! ¡Qué delirante gozo! ¡Qué vértigo
en el alma!
¡Qué insumisión, qué cólera, qué fuego...!
Si fuimos dos, ya somos uno mismo.

 

Volver al inicio

 
Google
 
Web www.espanolsinfronteras.com

Principal | Arriba | José Fita Albi | Manuel Alcántara | Baltasar del Alcázar | Francisco de Aldana | Claribel Alegría | Vicente Aleixandre | Alfonso X El Sabio | Dámaso Alonso | Manuel Altolaguirre | Francisco Álvares  

Este sitio se actualizó por última vez el 02/07/08