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EL MUNDO HISPANO - HISPANOAMERICANO
- HISPANIDAD
Ser hispano significa
tener algún tipo de identidad física o cultural con España. Este
término hispano se refiere fundalmentalmente a aquellos que
habitaron la antigua Hispania y por antonomasia a todos los
ciudadanos de las muchas nacionas de
Hispanoamérica e Hispanoasia.
El término hispanoamericano significa lo mismo en sus distintas
definiciones ya que agrupa a españoles y
americanos de lengua castellana.
___________________________________
HISPANO
Término que denota
una derivación cultural y o física de España.
Según las definiciones que da la Real
Academia Española del término hispano estos
serían fundamentalmente los habitantes de la
antigua Hispania, es decir los españoles de
la península ibérica y por extensión todos
los ciudadanos de las naciones de
Hispanoamérica e Hispanoasia , entre las que
se incluyen España y los países
hispanohablantes de América, África Asia y Oceanía así como los habitantes de Estados
Unidos que sean originarios de alguno de
estos países. El término hispanoamericano
viene a significar lo mismo en sus distintas
definiciones ya que agrupa a españoles y
americanos de lengua castellana.
Principalmente en Estados Unidos, se utiliza
el término hispano para nombrar a todos los
hablantes del español o castellano, (en vez
de llamarles hispanohablantes)
independientemente de su raza, grupo étnico
y nacionalidad. Así en Estados Unidos, un
cubano de origen africano, un argentino de
origen italiano, un mexicano de origen
amerindio, un chileno de origen europeo o
incluso un mismo español (de España), son
todos ellos hispanos ante la sociedad
mayoritaria (anglosajones), pues su lengua
es el español, mientras que entre ellos
mismos no se identificarían así, prefiriendo
hacerlo por su país de origen o por ser
latino- o ibero-americanos en general. Los
filipinos no están dentro de esta
consideración que los anglo-estadounidenses
hacen del término "hispano", puesto a que la
gran mayoría de estos llegados de Filipinas
hablan inglés y un número muy escaso el
español, independientemente de si llevan
nombre o apellido español o no, y a esto
agregar que serían hispanos sólo los que
tienen raíz española parcial o totalmente.
Volviendo al término hispano, este uso de la
palabra no ocurre en Latinoamérica, donde la
gente primero se identifica por su
nacionalidad, y los únicos que se nombran
como hispanos son los que son en parte o en
completo de ascendencia española. El uso
erróneo del término hispano en Estados
Unidos ha sido combatido en los últimos años
por grupos de iberoamericanos de origen no
español, que no se identifican como hispanos
dadas las connotaciones colonizadoras de
dicho término y no desean ser asociados con
España ni sus ascendientes en América que
colonizaron sus tierras. El término hispano
antes se usaba en el censo estadounidense
como una identificación racial dentro de una
lista excluyente de categorías en la que se
incluían, por ejemplo, blanco, negro o
amerindio. En la actualidad hispano en dicho
censo se encaja en una categoría
independiente, la de etnia, la cual
identifica si la persona es de origen de un
país donde la mayoría son hispanos o
hispano-hablantes. De esa forma, ahora se
requiere identificar dos categorías, raza y
etnia, y, por ejemplo, un español residiendo
en EE.UU. sería un hispano blanco (White
Hispanic) denotando así su raza (blanca) y
su origen (o etnia) de un país de mayoría
hispana (en este caso España es 95% White
hispanic).
En América latina, dada la inmigración
histórica de españoles, hispano se refiere a
los habitantes de ascendencia española, no
incluyendo a personas latinoamericanas de
ascendencia portuguesa o francesa, o de
etnia africana o amerindia. Por lo tanto,
hispano no puede ser usado como un sinónimo
de latino o latinoamericano, tampoco de
iberoamericano, puesto que incluiría a
Brasil. El conjunto de países donde la
población hispana es la mayoritaria se
conoce como Hispanoamérica.
De esta forma, hispana, es solamente
cualquier persona cuyo linaje, en total o en
gran parte, proceden de la gente de España.
En este sentido, hablando de una población
hispana, los implicados son españoles (de
España), criollos (latinoamericanos de
ascendencia española ; españoles nacidos en
América), mestizos (mezcla de español y
amerindio), y mulatos (mezcla de español y
africano). Se excluyen los indígenas y los
descendientes solo de africanos u otros
pueblos no españoles independientemente de
si ellos ahora usan el español como su
primera o única lengua.
LENGUA
HABLADA POR LOS PAÍSES HISPANOAMERICANOS
Lengua
romance originada en España y que
actualmente constituye la lengua primordial
de América. En España y algunos países
latinoamericanos, se le conoce también como
"castellano", por referencia a Castilla,
donde se habló antes de su expansión a la
hispanidad. Es junto con el inglés la lengua
occidental que cuenta con más hablantes, y
es la lengua de origen europeo más uniforme
en las distintas partes del mundo donde se
habla y escribe, gracias al cuidado de una
activa
Asociación de Academias de la Lengua
Española.
Indoeuropeo > Itálico > Grupo Romance >
Romance > Lenguas Romances
Ítalo-Occidentales > Grupo Ítalo-Occidental
- Subgrupo Occidental > Grupo Galo-Ibérico >
Grupo Ibero-Romance > Grupo Ibero-Occidental
> Subgrupo Castellano
Mientras
que en la lista mundial de lenguas más
habladas figura en tercera o cuarta posición
según la fuente consultada (al fin y al cabo
los censos de la
India y
Sudamérica varían mucho según el
organismo consultado), lo que sí queda claro
es que en la lista mundial de importancia
ocupa la segunda posición detrás del inglés,
con casi 400 millones de hablantes nativos.
Aunque el
castellano es una lengua referentemente
americana, se lo habla en los seis
"continentes", aunque en algunos de forma
casi testimonial:
América:
Es
oficial en
Argentina,
Bolivia,
Chile,
Colombia,
Costa Rica,
Cuba,
Ecuador,
El Salvador,
Guatemala,
Honduras,
México,
Nicaragua,
Panamá,
Paraguay, Perú,
Puerto Rico,
República Dominicana,
Uruguay y
Venezuela, pero su presencia también
es importante en las
Antillas Holandesas,
Belice,
Estados Unidos de América,
Trinidad y Tobago y en algunos
pequeños sectores del
Brasil,
Canadá y
Haití.
África:
Canarias,
Ceuta, algunas zonas de
Marruecos,
Melilla,
Guinea Ecuatorial, Sáhara Occidental y al resto del
norte de África, por las comunidades
sefardíes. El
11 de julio de
2001, el español fue declarado una
de las lenguas oficiales de la
Organización de la Unidad Africana
(OUA), junto con el
árabe,
francés,
inglés,
portugués y
swahili.
Antártida:
Argentina, Chile, España y Perú han
establecido bases en esta parte del
mundo.
Europa:
Es oficial en
España, se habla también en
Andorra,
Gibraltar y por muchas comunidades
sefardíes en los
Balcanes, como
Bulgaria,
Grecia y
Rumania. Núcleos de emigrantes en
Alemania,
Francia,
Italia,
República Checa y
Suiza. Es una de las lenguas
oficiales de la
Unión Europea.
Asia:
Minorías en
Filipinas (2.900.000, sin contar los
hablantes de "chabacano"),
Israel (100.000 a 160.000) y
Turquía (20.000-30.000), actualmente
también existen, algunos emigrantes
radicados en
Arabia Saudí,
Japón y
Kuwait.
Oceanía:
Isla de Pascua (Chile). Núcleos de
emigrantes en
Australia. El
chamorro se habla en Guam y las
Marianas.
LENGUAS
PRERROMANAS El
español que hoy hablamos deriva directamente del latín a través de un largo
proceso de transformaciones. Incluso podemos decir con todo rigor que
nuestro español actual es el latín hablado en el siglo XX en el dilatado
mundo hispanohablante. La lengua de Roma se extendió por la península
ibérica a partir del año 218 a. J. C.. y poco a poco fue fue ocupando casi
todo nuestro territorio y anulando paulatinamente la cultura y la lengua de
los pueblos que aquí habitaban antes de su llegada.
Por la región levantina, en el territorio
comprendido entre los ríos Segura y Ródano,
y alcanzando probablemente hasta la
Cordillera Ibérica, se extendían los iberos,
poseedores de una cultura muy desarrollada.
Estos habitantes procedían del norte de
África, y a ellos se debe el nombre de
Iberia.
Por la baja Andalucía y sur de Portugal se
extendían los tartesos o turdetanos. Y los
fenicios fundaron en el 1100 a. J. C. Gádir,
que significa "recinto amurallado", para
controlar la zona del estrecho y la costa
africana atlántica y proseguir su comercio
del cobre y del estaño, así como de salazón
de pescado. Cuando Tiro perdió su hegemonía,
las colonias fenicias pasaron a depender de
Cartago, intensificando ésta su influencia
por el Mediterráneo, donde fundó diversas
colonias, como Cartagena, Mahón, etcétera.
Desde época muy remota, los griegos fueron
los rivales de los fenicios en el comercio
del Mediterráneo. En la Península fundaron
varias colonias. A partir del 535 a. J. C.,
una serie de catástrofes debilitaron el
poderío griego en nuestras costas hasta
perder prácticamente todas sus colonias en
el 237 a. J. C.
Hacia el 800 a. J. C. comenzaron a invadir
el centro y noroeste peninsular los celtas.
Su figura aparece mucho más desdibujada que
la de los pobladores del litoral: no hay
referencias escritas que aludan a ellos:
sólo huellas toponímicas y arqueológicas.
Los celtas llegaron en sucesivas oleadas a
la Península: unos se establecieron en gran
parte de Cataluña y Aragón a caballo sobre
la Cordillera Ibérica, constituyendo lo que
se llamó la Celtiberia, cuyo máximo
desarrollo cultural se centra en las ruinas
de Numancia. Otros se establecieron en la
meseta (provincias de Palencia, Valladolid,
Zamora, Salamanca, Ávila, Burgos y parte de
Soria; una de sus manifestaciones son los
famosos toros de Guisando), llegando hasta
Sierra Morena, y algunos incluso más al sur.
Un tercer núcleo se estableció en Galicia y
norte de Portugal.
Los testimonios que han llegado hasta
nosotros de lo que fue la lengua de los
iberos se hallan en diversos alfabetos
encontrados en el este y sur de la Península.
Estos monumentos gráficos se han conservado
en monedas, plomos, bronces, inscripciones
lapidarias e inscripciones basculares.
Entre los eruditos vascos dominaba desde el
siglo XVI la idea de que su lengua, el
vascuence o euskera, era, ni más ni menos,
que la descendiente de la ibérica. Y la
teoría vasco-iberista de Humboldt, elaborada
por Hübner y por Schuchardt, fue la que
predominó en los medios lingüísticos durante
muchos años. Basándose en que hay líneas que
unen el vasco con el N. de África y con el
Cáucaso, se desarrollaron dos hipótesis
sobre su origen: a) para unos, el vasco es
de procedencia africana, por las similitudes
que presenta con las lenguas camíticas; b)
para otros, es de origen caucásico,
apoyándose, sobre todo, en semejanzas de
estructura gramatical.
Las investigaciones más recientes de A.
Tovar y de J. Hubschmidt, han puesto de
relieve que el vasco y el ibero son dos
lenguas distintas, aunque entre ambas se
produzcan muchos rasgos comunes.
La aportación de J. Hubschmidt se resume con
sus propias palabras del siguiente modo: "El
vasco es un último resto de, por lo menos,
dos grandes familias lingüísticas
preindoeuropeas, que se han superpuesto en
Europa occidental, el euroafricano y el
hispano-caucásico". "Aunque, desde el punto
de vista lingüístico, no pueda demostrarse,
no hay que excluir la tesis, generalmente
aceptada hoy en día, según la cual el
ibérico habría tenido una influencia de
superestrato sobre el léxico protovasco; con
ello podría hablarse de un sustrato
hispánico preibérico, últimamente
relacionado con el vascuence.
La aportación de J. Hubschmidt se resume con
sus propias palabras del siguiente modo: "El
vasco es un último resto de, por lo menos,
dos grandes familias lingüísticas
preindoeuropeas, que se han superpuesto en
Europa occidental, el euroafricano y el
hispano-caucásico". "Aunque, desde el punto
de vista lingüístico, no pueda demostrarse,
no hay que excluir la tesis, generalmente
aceptada hoy en día, según la cual el
ibérico habría tenido una influencia de
superestrato sobre el léxico protovasco; con
ello podría hablarse de un sustrato
hispánico preibérico, últimamente
relacionado con el vascuence.
Antonio Tovar, después de reunir casi un
millar de palabras en su vocabulario ibérico,
en las que las coincidencias con el vasco
son muy limitadas, opina también que el
vasco y el ibero son lenguas distintas.
LA ROMANIZACIÓN
DE HISPANIA
Por romanización se
entiende el proceso histórico mediante el
cual los pueblos peninsulares se
incorporaron al mundo cultural romano (Ubieto
et al., pág. 22).
El desembarco de los
Escipiones en Ampurias, en 218 a. J. C.,
señaló el comienzo de la romanización de
Hispania. El motivo inicial fue militar:
aislar a Aníbal, en su expedición por tierra
hacia Roma, de sus bases de
aprovisionamiento. Pero después, los
objetivos económicos decidirían la conquista
total de la Península.
La conquista de Hispania
fue muy lenta. Según Ubieto et al., el
litoral mediterráneo y la mayor parte de la
actual Andalucía fueron ocupados entre los
años 218-206 a. J. C. En el 194 a. J. C., la
cuenca del Ebro hasta el Moncayo y las
Bardenas. Entre los años 193-172 a. J. C.,
la cuenca del Ebro navarro y riojano y las
cuencas altas del Guadiana, Júcar y Turia.
En el año 153 a. J. C. se inició la
conquista de la Meseta, se ocupó Segeda (cerca
de Calatayud), se fundó Ocilis (Medinaceli),
se puso sitio a Numancia (153) y se ocupó en
el 13 a. J. C. junto con toda la cuenca del
Duero. Las tierras de Galicia, Asturias y
Santander continuaron libres hasta la época
de Augusto (29-19 a. J. C.).
Si la conquista fue lenta,
la total romanización lo fue aún más, y no
tuvo la misma intensidad en toda la
Península: desde la Bética, por ejemplo, la
de más primitiva e intensa romanización,
hasta Lusitania o los pueblos astures,
galaicos y cántabros, hay todo un abanico de
grados de culturización romana. El mismo
Estrabón decía que "las (tribus) que viven a
uno y otro lado del Betis se han cambiado
totalmente al estilo romano, y ya no
recuerdan su propia lengua", mientras que en
el centro y norte de la Península la
presencia de las legiones romanas estaba
civilizando aquellos pueblos. "En conjunto,
puede decirse que hacia el siglo III la
romanización de España era total -si no
geográficamente, al menos en densidad-, que
sus habitantes hablaban exclusivamente latín
y que el Gobierno de Roma se ejercía sobre
ciudadanos romanos, no sólo por la concesión
universal de derechos en tiempo de Caracalla,
sino por auténtica fusión de indígenas y
gentes de Italia" (Díaz y Díaz, 1960 a, pág.
154). Indígenas, que desaparecieron poco a
poco.
A la adopción de la
civilización seguiría inmediatamente la de
la lengua, que no se impuso radicalmente,
sino a través de muchísimos años de
bilingüismo, en detrimento de las lenguas
indígenas. Las causas de la romanización
son, por un lado, humanas y, por otro,
culturales. La presencia en Hispania de las
legiones romanas, el alistamiento de
hispanos en esas legiones, la existencia de
matrimonios mixtos, los lazos comerciales,
la presencia de colonos romanos en la
Península, etc., son las razones humanas.
Pero, al mismo tiempo, los romanos traían
una estructura administrativa coherente y
eficaz, un derecho bien probado y una gran
experiencia en las obras públicas. La
instalación de escuelas en nuestro
territorio (por ejemplo, la escuela de
gramática que Sertorio estableció hacia el
año 80 a. J. C. en Huesca) permitió inculcar
a los jóvenes hispanos la lengua y la
cultura romanas al mismo tiempo que el
pensamiento heleno, hasta tal punto que
Julio César pudo arengar públicamente en
latín a sevillanos y cordobeses, mientras
que en las Galias tenía que hablar por medio
de intérpretes (Oliver, HLE, pág. 20). Todo
este peso cultural influyó notablemente en
la romanización de las regiones.
Del
latín al romance hispánico
LAS LENGUAS ROMÁNICAS
Con la desmembración del Imperio romano
comenzó la fragmentación lingüística, que
evolucionando a lo largo de los siglos ha
dado lugar a la división de la Romania en
tres grandes regiones con un determinado
número de lenguas en cada una de ellas:
I. Romania occidental, que comprende:
1. La Galorromania, con las siguientes
lenguas: a) El francés propiamente dicho, el
literario, la lengua oficial, que es el
francés del Norte. b) El provenzal, en el
Sur. c) El francoprovenzal, entre el
provenzal y el francés. Sus límites
formarían como una elipse cuyos focos fuesen
Ginebra y Lyon. d) El catalán, en el
Rosellón.
2. La Retorromania, con el retorrománico,
que forma tres zonas lingüísticas,
independientes geográficamente: a) El
grisonés, en el Cantón de los Grisones, en
el S. E. de Suiza, con literatura propia y
muchos dialectos. b) En los valles del N. de
Italia, en los Alpes Dolomíticos y al N. de
Trento. c) En la provincia de Udine, cerca
del río Tagliamento. d) N. de Italia.
3. La iberorromania. con las siguientes
lenguas: a) El castellano, procedente de un
pequeño rincón de Burgos. b) El catalán, con
varios dialectos. c) El gallego-portugués,
hoy gallego y portugués: históricamente es
una misma lengua.
II. Romania oriental, que comprende:
1. La Dalmacia, con el dálmata, en la isla
de Veglia y en la costa dalmática. Se
extinguió en 1898.
2. Rumania, con el rumano, dividido en
cuatro dialectos principales: a) El Rumano o
Dacorrumano, hoy la lengua oficial del país.
b) E! Macedorrumano, hablado fuera de
Rumania, entre Albania y N. de Grecia, en la
Macedonia. c) El Meglenorrumano, en una
pequeña región al N. O. de Salónica. d) El
Istriorrománico, en la Península de Istria.
3. Centro y S. de Italia. La división entre
Italia del N. o Italia continental y la
peninsular (Centro y Sur) se establece por
medio de la línea Spezzia-Rimini.
III. Cerdeña:
En toda la isla se habla el sardo, muy
influido por el catalán y el español.
LA IBERORROMANIA
LA ESPAÑA VISIGODA (SIGLOS V, VI y VII)
Diversos acontecimientos comenzaron a poner
en peligro el Imperio romano. Desde el
exterior, a partir del siglo III se cernía
la amenaza de los bárbaros, cuyas agresiones
eran muy frecuentes. El Mediterráneo estaba
dominado por piratas, que hacían muy difícil
la comunicación entre España e Italia. Los
francos y germanos atravesaron el Rhin,
devastaron la Tarraconense y la Bética y
llegaron a Africa en el siglo III. En el
interior, la reforma fiscal emprendida en
todo el imperio fue injusta; el valor de la
moneda descendió. La descomposición fue tan
grande que el Imperio se dividió en dos
partes: la oriental y la occidental.
La decadencia política llevaba paralelamente
la pérdida del peso cultural, que junto al
aislamiento de cada provincia iba a influir
decisivamente en la lengua, que, sin la
fijación que supone una manifestación
escrita, e irradiada principalmente desde
Roma, se fue circunscribiendo en cada
territorio y allí fue adoptando nuevas
peculiaridades, evoluciones autóctonas, que
poco a poco convertieron el latín imperial
en las diversas lenguas románicas.
En el año 406, los suevos, los vándalos y
los alanos pasaron el Rhin e invadieron el
Imperio. En la Península penetraron,
atravesando el Pirineo, el año 409. Hasta el
411 vagaron por todo el territorio, pero ya
en esa época se fueron asentando: los
vándalos asdingos entre los ríos Miño y Sil
y el Cantábrico; los suevos entre la línea
Miño, Sil y Duero; los alanos en la
Cartaginense y en la Lusitania; los vándalos
silineos en la Bética. La Tarraconense
continuó integrada en el Imperio romano. La
suerte de estos pueblos, con la excepción de
los suevos, que permanecieron, fue efímera.
Otro pueblo, el de los visigodos, invadió el
sur del imperio y llegó también a España. El
rey Ataulfo ocupó Barcelona en el 415. El
número de invasores escasamente llegó a cien
mil, localizando sus asentamientos
preferentemente en la meseta castellana,
desde el norte de Palencia y Burgos, hasta
Soria, Madrid, Toledo, Segovia. Estos
visigodos eran los más civilizados de todos
los pueblos bárbaros invasores. Su contacto
durante siglo y medio con el pueblo romano
les hizo asimilar gran parte de su cultura,
lo que facilitó seguramente la convivencia
con los antiguos pobladores hispanos.
Algunas de las instituciones romanas, como
el Derecho vulgar, fueron revitalizadas,
pero otras, como el Derecho Fiscal,
suprimidas. La época visigoda fue de gran
esplendor en muchos órdenes, entre los que
hay que destacar la aparición de un
nacionalismo hispánico, que consideró la
Península como algo diferente del Imperio
romano. En Hispania los visigodos se
romanizaron poco a poco, aunque dejaron su
huella en las costumbres y en el Derecho. La
romanización alcanzó a su lengua, que fueron
perdiendo, en favor del latín; por eso, es
muy escasa la huella lingüística de estas
lenguas germanas en el español: sólo algunas
palabras pasaron al latín de entonces.
LA
INVASIÓN ÁRABE
En el año 711, el musulmán Tárik desembarca
en Gibraltar con el objeto de ayudar a los
partidarios de Witiza contra el rey visigodo
Rodrigo. Éste fue vencido en la batalla de
Guadalete, y a partir de este momento
comenzó la conquista musulmana de la
Península que se llevó a cabo con una
rapidez asombrosa. Tárik llegó hasta Toledo
en el mismo año. Muza. en el 712, tomó
Sevilla y Mérida; en e1 714, Lugo y Zaragoza.
La conquista de Cataluña se culminó en el
año 719. Sólo las montañas del norte
resistieron a la invasión.
Si el mundo romano había encontrado su línea
de continuación en los pueblos que habían
surgido de la simbiosis con los invasores
bárbaros, la llegada del Islam, en el siglo
VIII, produce una ruptura con lo anterior:
se pierde la cultura romana; los nuevos
invasores son fundamentalmente guerreros.
Los hispanos se convirtieron masivamente al
islamismo: con ello, se olvidó el legado de
Roma conservado en la época visigótica. Así,
se creó un gran vacío que no se llenaría
hasta el siglo IX, en el que comenzó el
renacimiento cultural bajo el signo del
Islam. Por otra parte, la !legada de los
musulmanes acabó dividiento el viejo mundo
romano en dos partes antagónicas,
caracterizadas por sus creencias: la
cristiana y la musulmana.
Con la invasión musulmana penetraron nuevos
credos en Hispania que dieron lugar a la
aparición de núcleos religiosos en enclaves
de religión diferente; se encontraban: a)
los judíos, que primero vivieron entre los
musulmanes y a partir del siglo XII entre
los cristianos; b) los mozárabes, que eran
los cristianos que practicaban su religión
en territorio gobernado por los musulmanes,
con la condición de pagar tributo; c) los
mudéjares: musulmanes que vivían en
territorio gobernado por cristianos. Su
número fue muy elevado; obligados a
bautizarse se convirtieron en moriscos.
Desde el punto de vista lingüístico hay que
fijar la atención en la lengua románica de
los hispanorromanos que vivían sometidos al
islam, es decir, los mozárabes, que
conservaban su lengua y en gran parte su
cultura. Su habla era el mozárabe.
La influencia árabe fue muy amplia y
lingüísticamente se refleja sobre todo en el
léxico. El número de arabismos que pasaron
al español es muy difícil de calcular: al
parecer, entre los simples y los derivados
se alcanzaría un total de unas 4.000
palabras. Piénsese en que términos como
azequía, zanja, noria, res, jabalí, alcalde,
alguacil, arroba, albañil, tabique, alfiler,
jubón, laúd; trompeta, tambor, etc., son
otros tantos términos árabes utilizados hoy
en e! español.
En el aspecto fonológico el árabe no ejerció
ningún influjo en los fonemas españoles,
pese a la creencia de Nebrija y gramáticos
posteriores. En el nivel morfológico sólo
nos dejó el sufijo -i: jabalí; baladí,
adoptado en castellano durante la Edad Media
para la formación de nuevas palabras:
alfonsí, zaragozí. En la sintaxis, hay que
mencionar la influencia del árabe en las
traducciones de esa lengua al castellano
medieval.
EL ROMANCE PRIMITIVO (SIGLOS
VIII, IX Y X)
La invasión islámica dividió la Península en
dos núcleos de extensión desigual; uno, al
norte, refugio de los viejos cristianos
hispanos, reducido a poco más que la
cordillera cántabro-pirenaica, y otro que
abarcaba el resto del territorio, con
capital en Córdoba, cuya fe, cultura y
lengua eran diferentes.
En la España cristiana del norte existen los
siguientes núcleos políticos:
a) El núcleo asturiano, que elige como rey a
Pelayo (718-737). Este núcleo alcanzó
verdadera importancia con Alfonso I, yerno
de Pelayo, que aprovechó las circunstancias
socioeconómicas del momento (guerra civil
entre bereberes y árabes, época de sequía y
hambre que obligó a los musulmanes a
abandonar el valle del Duero y a replegarse
hacia el sur o hacia el valle del Ebro) para
acabar con los pocos musulmanes que quedaban
y hacer que los mozárabes que había en estas
tierras pasaran la cordillera y fuesen a
repoblar el interior de Asturias, donde la
sequía y el hambre eran menores. Así se
consiguió un gran desierto fronterizo entre
el reino asturiano y la España musulmana,
que se extendía por todo el valle del Miño,
del Duero, las Bardenas navarroaragonesas,
el desierto de la Violada, Los Monegros, La
Litera y los llanos de Lérida, y ciudades
como León, Lugo, Astorga, etc., quedaron
vacías. El reino de Asturias inició la
fortificación de "las tierras donde el río
Ebro queda estrangulado por las
estribaciones de las cordilleras Cantábrica
e Ibérica, lugar por donde necesariamente
pasarían los musulmanes cordobeses para
atacar el reino asturiano. La zona de
Cellórigo, Haro, Pancorbo y Llantarón se
pobló de Castillos (Castella, en latín), y
hacia el año 800 las viejas tierras de
Bardulia cambiaron su nombre por el de
Castella, que conoceremos más tarde por
Castilla" (Ubieto et al., pág. 81).
El reino asturiano comienza teniendo su sede
en Oviedo, a la que sus sucesivos reyes
trataron de engrandecer para que emulase a
la perdida capital visigótica, Toledo. Más
tarde, Ordoño II (914-924) trasladó la
capitalidad del reino a León con el fin de
estar más próximo a la cuenca del Duero, que
ya había empezado a repoblarse.
Pese a esta hegemonía política, León entró
pronto en decadencia, sobre todo a partir de
las incursiones de Almanzor contra distintas
partes del reino y contra la misma capital,
León, cuyas murallas arrasó (988).
b) El núcleo navarro, centrado en Pamplona,
procuró mantener su independencia entre el
reino asturiano, el poderío musulmán y la
influencia franca, aliándose con quien más
convenía.
c) El núcleo pirenaico, desde Aragón hasta
Gerona, estaba fragmentado en varios
condados, dependientes del reino franco
hasta finales del siglo IX y principios del
X. La independencia total se logra a finales
del siglo X, cuando se extingue la dinastía
carolingia y Almanzor ataca las tierras
catalanas (985), sin que reciban ayuda del
monarca francés.
En todos estos núcleos los eruditos seguían
empleando el latín para todos los usos
cultos y oficiales y además era la lengua
que se aprendía en las escuelas. Con él
coexistían, desde finales de la época
visigoda, además de un romance llano, un
latín avulgarado, que probablemente sería la
lengua hablada y escrita de la gente
semidocta. Esta lengua amoldaba las formas
latinas a la fonética romance y conservaba
restos de declinación y voz pasiva, así como
multitud de partículas y vocablos cultos.
Mientras perduró tal forma de lenguaje
intermedio, no estuvieron bien marcados los
linderos entre el latín y el romance;
palabras absolutamente romances aparecen
latinizadas, mientras se romanceaban otras
que seguramente no habían pertenecido nunca
al habla vulgar. Durante toda esa época
primitiva, toda voz latina era susceptible
de ser deformada, y toda palabra vulgar
podía ver detenido o desviado su proceso por
influjo del latín culto.
El romance primitivo de los estados
cristianos españoles ha llegado a nosotros
gracias a documentos notariales que, a pesar
de su empeño en mantener el uso del latín,
insertan por descuido, ignorancia o
simplemente por necesidad de hacerse
entender, formas, voces y construcciones en
lengua vulgar.
Este romance aparece usado con plena
conciencia en las Glosas Emilianenses, del
monasterio de San Millán de la Cogolla, y en
las Glosas Silenses, incluidas en un
manuscrito proveniente de la biblioteca del
monasterio de Silos; seguramente copiado en
este monasterio de un original procedente de
San Millán de la Cogolla. Unas y otras datan
del siglo X y están escritas en dialecto
navarro-aragonés. El centro irradiador de
estos y otros manuscritos procedentes de
otros monasterios parece haber sido San
Millán de la Cogolla.
El español primitivo carece de fijeza.
Coinciden en el habla formas que representan
diversos estados de evolución y en medio de
esta coexistencia de normas, la evolución
lingüística avanza con pasos lentos, pero
firmes. Poco a poco se van eliminando los
arcaísmos y disminuye la anarquía. La
fijación de criterios llegará más adelante,
a partir del siglo XII, como fruto del
cultivo literario.
A causa de la inseguridad del lenguaje y de
la aspiración de los hablantes a hablar bien
para hacerse entender, eran frecuentes los
errores de falsa corrección, pues no había
idea clara de las formas que debían
emplearse. Algunos juzgaban que era
demasiado vulgar emplear determinadas formas
a la manera castellana, otros que a la
manera leonesa.
A partir del siglo XI y de la modificación
del trazado del abrupto camino francés,
haciendo que atravesara por tierra llana,
empezaron a afluir a Compostela innumerables
devotos europeos; la abundancia de franceses
da a la ruta el nombre de "camino francés".
La influencia ultrapirenaica se acentúa
durante el reinado de Alfonso VI, casado
sucesivamente con tres reinas extranjeras.
España sale de su aislamiento, pero con
perjuicio de sus tradiciones. Desaparece la
escritura visigoda y en su lugar se emplea
la carolingia. En el lenguaje entran muchos
términos provenzales y franceses.
LA ÉPOCA DE ALFONSO X EL
SABIO
Y LA TRANSIÇIÓN DEL
del español medieval al
clásico
(siglos XIII al XV)
Apuntes
históricos
Durante el siglo XIII
queda prácticamente terminada Ia Reconquista:
sólo Granada quedará como último reducto
musulmán, pero su rey será vasallo de
Castilla. Los acontecimientos más
importantes de ese siglo son: la derrota
musulmana en las Navas de Tolosa (1212); la
conquista de Sevilla en 1248; la conquista
de las Baleares y del reino de Valencia por
la Corona de Aragón; el impulso cultural de
Alfonso X El Sabio.
El siglo XIV supone una
gran crisis en todos los terrenos: comienza
por la aparición de la peste bubónica, que
diezmó la población de Occidente en un 50%.
Más tarde, la crisis económica, y junto a
ella la crisis de autoridad, tanto
espiritual como temporal. Castilla había
detenido la Reconquista en los límites del
reino de Granada. La Corona de Aragón se
extendía por el Mediterráneo, logrando la
vinculación de Sicilia, Córcega y Cerdeña.
El siglo XV representa el
final de la Edad Media y el tránsito a la
Edad Moderna, que surge con el reinado de
los Reyes Católicos. Es la época del reinado
de Juan II en Castilla y de la entronización
de la casa de Trastamara en Aragón, con
Fernando I de Antequera. La crisis iniciada
en el siglo anterior tiene sus repercusiones
más hondas en el XV: la autoridad real era
nula; el poder de los nobles aumentó.
Castilla sigue con la
Reconquista detenida. Aragón aumenta su
poderío en el Mediterráneo: además de la
incorporación de Sicilia, que permanecerá
unida a Aragón hasta 1713, en Cerdeña y
Córcega se reconoce la autoridad del rey
aragonés y Alfonso V ocupa el reino de
Nápoles y ejerce cierta protección sobre el
ducado de Milán.
Del
español medieval al clásico
Evolución
lingüística
En el aspecto cultural,
desde los primeros años del siglo, surge la
admiración por el pasado de Roma, cuya
cultura estudian simultáneamente los reyes
de Castilla (Juan II) y de Aragón (Alfonso
V). En esta época son conocidas e imitadas
las obras de Dante y de Boccaccio, cuyo
lenguaje aristocrático, con su vocabulario y
sintaxis latinizante, deslumbra a los
escritores castellanos.
A medida que la
Reconquista baja hacia el Sur, los dialectos
románicos que se van perfilando en la
Península aumentan progresivamente. El
gallego y el portugués ocupan todo el Oeste
peninsular; el leonés se detiene al Sur del
Tajo; el catalán alcanza sus limites
actuales, más el reino de Murcia, a causa de
la conquista de Jaime I y su repoblación
catalana. El aragonés se filtra hasta el Sur
entre el castellano y el catalán. Y lo que
es importante observar es cómo el castellano
penetra como una cuña en la hasta entonces
relativa unidad lingüística de la Península.
La Reconquista Ilevó hacia el Sur,
fundamentalmente, cinco tipos lingüísticos:
el gallegoportugués, el leonés, el
castellano, el navarro-aragonés y el
catalán. Por ello, puede decirse que la
fragmentación lingüística actual de la
Península es básicamente el resultado de la
Reconquista.
Durante estos siglos, el
castellano escrito se siguió perfeccionando
para hacerse capaz de ser instrumento de la
más alta expresión artística, a la par que
comprensible y utilizable por toda la
sociedad. La lengua liquidó en estos siglos
alguna de sus más importantes vacilaciones,
caminando hacia su regularización.
En la fijación del
castellano es fundamental la labor de
Alfonso X, más brillante como científico que
como gobernante. El conocido como Rey Sabio
congregó a su alrededor a todos los sabios
del país: judíos, mahometanos, cristianos,
en verdaderas academias constituidas en sus
palacios. La labor de todos estos eruditos
era dirigida por el rey, y él intervenía en
ella en dos momentos: en el primero, para
dirigir su composición, y en el último en la
misión delicada de su corrección. Entre
estas dos intervenciones directas del rey
actuaban los traductores de las obras. Era
ya tradicional en Toledo la versión al latín
de las obras científicas árabes. Esta
versión se realizaba por medio de dos
personas impuestas en la materia: una
conocía la lengua original; otra era
entendida en la lengua en la que se hacía la
versión; la primera, por ejemplo, realizaba
la traducción del árabe al castellano, y la
segunda del castellano al latín. Pero
Alfonso X introdujo una novedad: hizo que un
escriba copiase la variante castellana,
haciendo que desapareciesen poco a poco las
traducciones al latín.
A partir de 1296 el rey
empezó a intervenir más intensamente en la
actividad cultural: no se limitaba a dirigir
y a corregir lo hecho, sino que
personalmente acopiaba y seleccionaba los
materiales para la obra. En esta época
nacieron las obras más personales y también
más originales: las Cantigas, las Crónicas,
etcétera.
Es importante señalar
que, ya en el siglo XIII, en el reinado de
Fernando III, fue declarado el castellano
lengua oficial de la cancillería. Con
Alfonso X, los documentos ya se redactaban
en castellano, no en latín, proclamando, por
otra parte, la lengua de Toledo como norma
en los casos de dudosa interpretación de
palabras. El mismo rey Sabio aunó el leonés
y el castellano al ordenar que fuesen
redactados en esta lengua los edictos de las
ciudades del Reino de León. Según Américo
Castro, "La súbita aparición en la corte de
Alfonso X el Sabio de magnas obras
históricas, jurídicas y astronómicas,
escritas en castellano y no en latín, es un
fenómeno insuficientemente explicado, si nos
limitamos a decir que un monarca docto quiso
expresar en lengua accesible a todos grandes
conjuntos de sabiduría enciclopédica. Tal
aserto equivale a una abstracción, pues no
tiene en cuenta el horizonte vital de
Alfonso X, ni las circunstancias dentro de
las cuales existía.
En ninguna corte de la
Europa del siglo XIII podía ocurrírsele a
nadie redactar en idioma vulgar obras como
la Grande e General Estoria, los
Libros del saber de astronomía o las
Siete Partidas. Tampoco se dio el caso
de que el texto bíblico se tradujera
íntegramente fuera de España en aquel siglo.
Tal hecho es solidario de la escasez en
España de obras de carácter teológico,
filosófico, científico o jurídico dotadas de
alguna significación y redactadas en latín"
(España en su historia, Buenos Aires, 1948,
pág. 478). Y un poco más adelante: "Mas la
cultura viva de Castilla era a la vez
cristiana, islámica y judía, y su común
denominador tenía que ser el idioma
entendido por quienes integraban tan extraño
conglomerado. Era patente el fracaso de las
fuerzas africanas interesadas en reanimar la
lenta agonía del Imperio islámico en España,
ya incapaz de reaccionar. Castilla se
afirmaba como potencia dominante e
indiscutida, y sobre el trono de Alfonso X
lucía la estrella de un imperio peninsular y
quizá europeo. Como todo imperio necesita
una lengua de cultura, los judíos, siempre
despiertos proponían una `era alfonsí' y
allegaban materias con que henchir la lengua
hablada, compatibles con la especialísima
forma del vivir castellano" (pág. 485). Cabe
añadir, según el parecer de muchos autores,
que los judíos, además, eran poco amigos de
la lengua litúrgica de los cristianos, el
latín.
De este modo, Alfonso X
tuvo la necesidad de acuñar una nueva lengua
que cubriese las necesidades de la prosa que
con él comenzaba a tomar cuerpo duradero, y
en la que se iban a verter todos los
conocimientos científicos de la época.
Pretendía el rey Sabio
plasmar en sus libros la realidad de su
país, que hasta entonces hablaba en
castellano pero escribía en latín. Él pone
todo su entusiasmo en hacer del castellano
también una lengua escrita y con ello
fijarlo para la posteridad. En esta empresa,
rehuye el latín, castellanizando cuantos
términos científicos puede. El Padre Mariana
dijo de él: "Él fue el primero de los reyes
de España que mandó que las cartas de ventas
y contratos e instrumentos todos se
celebrasen en lengua española con deseo que
aquella lengua que era grosera se puliese y
enriqueciese. Con el mismo intento hizo que
los sagrados libros de la Biblia se
tradujeran en lengua castellana. Así, desde
aquel tiempo, se dejó de usar la lengua
latina en las provisiones y privilegios
reales y en los públicos instrumentos".
El lenguaje constituye
una preocupación constante para el rey
Sabio; su trabajo consiste en eliminar lo
superfluo y conservar lo esencial, dando el
justo significado a cada término y a cada
expresión. Como dice Antonio G. Solalinde:
"El lenguaje constituía, en efecto, una
noble preocupación de Alfonso; gracias a
este interés la prosa castellana, reducida
antes a traducciones infelices y a
documentos notariales, da un gigantesco
paso. Las obras del rey Sabio, por la
variedad de sus asuntos, por la
multiplicidad de sus fuentes, obligaban a la
creación de un vocabulario abundante. Así,
los científicos que forman los libros
astronómicos o el Lapidario adaptan y
traducen una buena cantidad de palabras
árabes y latinas: en el Libro de Ajedrez se
introducen multitud de neologismos. Y nada
digamos de la enciclopedia medieval de las
Partidas, donde se tocan todos los puntos
esenciales de la vida, sin que en su
expresión se eche de menos la palabra
precisa, o de las obras históricas, en que
por la misma calidad del asunto, y por los
modelos que habían de imitarse o traducirse
hubo que forjar todo un nuevo léxico
literario" (Antología de Alfonso X el Sabio,
Madrid, 3.a ed., Espasa-Calpe, Col. Austral,
1946, págs. 20-21).
La evolución del
castellano en el siglo XIV
Con la muerte de Alfonso
X, se redujo la actividad de sus escuelas.
Sancho IV (1284-1295) concentró su interés,
más que en la continuación de la obra de su
padre, en la formación de su heredero
mediante enseñanzas prácticas sobre conducta
y gobernación para lo cual fomentó la
constitución de un vademécum que condensara
los saberes reconocidos sobre Dios y el
mundo; también se aplicó a corregir los
textos y materiales alfonsíes sobre el
pasado de España. Faltan la grandeza de
miras y la potencia impulsora del Rey Sabio,
pero se prepara el camino a los grandes
moralistas don Juan Manuel, don Sem Tob y
Ayala. El "castellano drecho" propugnado por
Alfonso X como norma de la lengua escrita se
impone definitivamente.
A lo largo del siglo XIV
el castellano invade el terreno de la lírica,
hasta entonces reservado al gallego. En el
Cancionero de Baena sólo los poetas
más antiguos siguen prefiriendo el gallego
en sus obras de amores, pero la mayoría de
la producción lírica recogida está en
castellano. Además el gallego usado es muy
impuro, casi una lengua híbrida con un
ligero barniz gallego. De todos modos, el
influjo de la lírica gallego-portuguesa dejó
huellas lingüísticas en castellano.
El dialecto leonés se
mezcla con el castellano en cierto número de
producciones literarias. La independencia
política de Aragón respecto de Castilla, y
su unión con Cataluña, explican la mayor
resistencia del dialecto aragonés, así como
el fuerte influjo catalán que en él se
percibe. En este siglo el aragonés tiene un
considerable florecimiento autónomo, sobre
todo en obras históricas.
Por su parte, el
castellano liquida alguna de sus más
importantes vacilaciones, desecha anteriores
prejuicios con respecto a fenómenos típicos
de la fonética castellana y camina hacia su
regularización. Durante todo este siglo
continúa sin interrupción la entrada de
cultismos, impulsada por la actividad de las
nacientes universidades, la formación de
juristas en el Colegio español de Bolonia y
las traducciones de las obras doctrinales e
históricas.
La convivencia de gentes
"de las tres religiones" en la España
medieval hizo que el romance no se
escribiera sólo en caracteres latinos, sino
también en los del alfabeto hebreo y en los
del califato árabe. Es lo que se conoce como
literatura aljamiada (del árabe al –
‘agamïya, ‘lengua extranjera’).
Después de 1492 siguieron haciéndolo en
España los moriscos hasta su expulsión en
tiempos de Felipe III, y aún más tarde en el
norte de África. Los judíos sefardíes en la
diáspora publicaron en caracteres hebreos
Biblias y otros textos romances. El rasgo
lingüístico más destacado de los manuscritos
aljamiados es su notable arcaísmo, que les
hace conservar usos que en el siglo XVI
habían desaparecido en la norma de la
sociedad cristiana.
EL ESPAÑOL DEL SIGLO DE
ORO
EL ESPAÑOL LENGUA
UNIVERSAL EN LA ÉPOCA DE CARLOS I
(1517-1556)
El siglo XVI lo Ilenan
los reinados de Carlos I (1517-1556) y de
Felipe Il (1556-1598); en el final, comienza
el reinado de Felipe III (1598-1621). Desde
el punto de vista de la historia de la
lengua literaria se pueden señalar dos
épocas:
-
la del reinado de Carlos V; en ella
la lengua española alcanza la cota de
mayor esplendor; el modelo sigue siendo
la norma toledana;
- la época de los grandes místicos,
aproximadamente entre 1555 y 1585, que
comprende los años del reinado de Felipe
II; en esta época predomina un tipo de
lenguaje nacional, en el que se imponen
las modalidades de Castilla la Vieja.
Desde el punto de vista
histórico, según Ubieto et al. (págs.
309-311), estos tres reinados coinciden con:
a) Tres actitudes
diferentes ante Europa: "la apertura
del imperio universal de Carlos I, el
repliegue del imperio hispánico de
Felipe II y el pacifismo, doblado de
la inoperante hegemonía dinástica de Felipe
III".
b) Tres posiciones
culturales: "el erasmismo (fecundos
contactos con el humanismo occidental,
empeñado en zanjar la crisis religiosa e
ideológica de la época mediante el diálogo,
con la esperanza –fallida- de lograr
la reunificación cristiana), el
neoescolasticismo (fundamentación doctrinal
filosófica y teológica de la Contrarreforma
durante las guerras de religión) y el
barroco (expresión genial en la literatura y
en el arte, de los varios matices del alma
hispánica)".
c) Tres fases en la
expansión económica general: "prosperidad
bajo Carlos I, primeras crisis con Felipe II
y cambio de coyuntura -de la expansión a la
depresión- con Felipe III.
d) Tres fases dentro de
la estructura constitucional de la monarquía
hispánica: "la normalidad bajo Carlos I, las
primeras fisuras con Felipe II y el
planteamiento de la crisis con Felipe III".
Características generales
del lenguaje
Los años que transcurren
bajo el cetro de Carlos I son de pleno
optimismo. Farinelli pinta la época del
siguiente modo: "Granada caída, descubierto
por Colón un Nuevo Mundo, dueño Carlos V de
dos coronas, Francia humillada y vencida, el
orbe entero parece obedecer a un solo cetro,
a una sola espada. En esta Monarquía sin
límites nunca se pone el sol. Por un
conjunto de circunstancias que nunca podrán
ser igualadas, España iba a la cabeza del
mundo. Las grandes y heroicas hazañas, las
peregrinaciones atrevidas, una milicia de
las mejor organizadas y de las más temibles,
la conciencia nacional despierta, el ingenio
español más vivo, dúctil y poderoso; capaz
de ideas más grandes y robustas que en
ningún otro siglo: todo parecía prometer una
preponderancia política e intelectual sin
contraste, prosperidad duradera, perpetua".
Tal situación era
propicia para buscar un sentido de
perfección que en opinión de los eruditos de
la época aún no se había logrado: la
literatura de la centuria anterior dejaba
mucho que desear en cuanto al logro
artístico del lenguaje: ni Mena ni
Santillana representaban la cima de nuestras
letras. El buen gusto, nota predominante de
la época, lo iba a imponer el humanismo como
reacción frente a la etapa pasada. Para
lograr esa perfección pusieron todo su
esfuerzo Valdés, con su Diálogo de la
lengua, marcando las directrices del uso
del lenguaje, Garcilaso con su poesía y
Boscán con el dominio de la prosa reflejado
en la traducción de El cortesano.
Para lograr esa
naturalidad, que debe emanar de la
Naturaleza, cuyo centro es el hombre, hay
que buscar las palabras, las expresiones, en
el lenguaje vulgar, natural, del coloquio y
engarzarlas en el lenguaje del Arte. Pero no
todo el lenguaje vulgar puede pasar a la
literatura. Hay que realizar una selección,
es decir, es menester "usar lo mejor de la
lengua hablada corrientemente, escogiendo
elementos no sólo de la lengua hablada por
todos, sino de una manera muy especial
aquellos vocablos propios de la lengua de la
aldea, del pueblo, que por fuerza ha de ser
la más natural" (Oliver, HLE, 84.)
Entre estos elementos
vulgares, existen unos que ya gozaban de
tradición literaria, como hemos señalado
anteriormente: los refranes. Ellos
representan, como señala Jaime Oliver, la
quintaesencia de la sabiduría popular, de la
pureza y corrección, de la belleza natural
en la forma de expresión, y, además, son
típicamente españoles.
Como dice Menéndez Pidal
"en la época de Nebrija se intenta la
primera solución al problema lingüístico de
España con una orientación andaluza. Se
forma el tipo social del cortesano y la
lengua de la cortesanía hispano-italiana,
bajo los auspicios del "buen gusto".
En el período de
Garcilaso de la Vega esa lengua cortesana se
impone en la literatura, regida por una
norma toledana que repele la andaluza. Auge
del italianismo. Se desechan los últimos
restos de afectación del período nebrisense"
(Op. cit., pág. 83).
El español lengua
universal
Si Fernando III, Alfonso
X y los Reyes Católicos suponen hitos
importantes para la unificación y extensión
del castellano en la Península, no lo es
menos Carlos I, que logró hacer del español
una lengua universal. A los dieciocho años
aún no hablaba español; cuando llegó a
España, se tenía que valer de intérpretes,
pero bien pronto sorprendió a todos: ante el
senado genovés comenzó su discurso con estas
palabras: "Aunque pudiera hablaros en latín,
toscano, francés y tudesco, he querido
preferir la Iengua castellana porque me
entiendan todos". Y el 17 de abril de 1536,
cuando ante el Papa Paulo III desafiaba al
rey de Francia, enemigo de la cristiandad,
hablaba en español. Cuando el obispo de
Macôn, que representaba al rey francés, le
interrumpió alegando que no entendía el
español, Carlos I le contestó: "Señor obispo,
entiéndame si quiere, y no espere de mí
otras palabras que de mi lengua española, la
cual es tan noble, que merece ser sabida y
entendida de toda la gente cristiana", Desde
que el emperador aprendió el español,
siempre lo utilizó como medio de
comunicación, e hizo que también lo
utilizasen los que estaban ante él.
A partir de este momento,
el español comenzó a difundirse por todo el
mundo. No sólo inció en América su largo
peregrinar de hispanización aún no concluida,
sino que alcanzó también a Italia, Francia,
Flandes, Filipinas, y con la diáspora de los
judíos llegó hasta los confines del Asia
Menor.
El contacto entre España
e Italia era muy intenso en aquella época.
No sólo Sicilia y Nápoles pertenecían a
España, sino que Roma, Bolonia, etc., eran
centros culturales importantes donde
nuestros humanistas iban a estudiar. Muchos
de nuestros libros se imprimieron en Italia
(lo mismo que en Francia o Flandes), se
representaba nuestro teatro y existían
Estudios donde se enseñaba la lengua
española. Surgen las primeras gramáticas,
que pudiéramos Ilamar comparadas, del
español y otras lenguas. Baltasar de
Castiglione, embajador del Papa ante el rey
de España, escribe
El cortesano, que
es el prototipo del noble que rodea al
príncipe. Para Castiglione, los españoles
eran los modelos del cortesano: si el
cortesano ha de ser esforzado y tener
desenvoltura, estas dos cualidades
son innatas al español. De ahí que estos
hispanismos pasen inmediatamente al italiano
(sforzato, disinvoltura)
La época de Felipe II y
de los grandes místicos (1555-1597)
En la segunda mitad del
siglo XVI comienzan a cambiar las tendencias
aparecidas en el anterior. Estas tendencias
se pueden concretar en los siguientes
puntos:
1.° Parece que se había
exagerado al otorgar tanto prestigio al
habla popular o natural, poniéndola como
modelo de la lengua literaria; por ello, en
la época, escritores como Ambrosio de
Morales o Fray Luis de León piensan que las
cualidades y dignidad de la lengua serán
tanto mejores cuanto más se seleccionen los
vocablos, se apropien, se repartan y se
mezclen suavemente y con diversidad.
2.° Se rechaza la
supremacía que en materia de lenguaje le
había sido concedida a Toledo, y también se
rechaza el lenguaje cortesano para imponer
un tipo nacional, pero predominando
modalidades de Castilla la Vieja. Al mismo
tiempo, hay un atisbo de reacción andaluza,
en cuya región tan brillantes poetas y
escritores había en aquel tiempo.
3.° Si a los escritores
de la época no les conviene el habla popular
ni los modelos toledano o cortesano, tienen
que forjar el lenguaje artístico utilizando
para ello cuantos elementos encuentren a su
alcance: enriquecen y adornan la poesía
siguiendo el criterio del buen gusto y
huyendo de la afectación. Si para Valdés el
neologismo se debe usar por ornamento y
necesidad a la vez, para Herrera se puede
usar por ornamento o por necesidad haciendo
la salvedad de que "no a todos compete la
formación de voces nuevas, pues requiere
excelente juicio".
4.º Dos tendencias
opuestas se estaban produciendo en la época:
por un lado, como vemos, se buscaba la
perfección en la lengua para la
manifestación artística, pero por otro se
huía del español para escribir obras
científicas. (Por ejemplo, Fray Luis debe
justificar el empleo del español en una obra
de tanta profundidad teológica como la de
Los Nombres de Cristo, que a juicio de
los eruditos debió haber escrito en latín.)
Lo mismo que los libros
de ciencia se escribían en latín, no sólo
las clases sino la lengua común en las
universidades, debía ser el latín. Contra
esta tiranía se levantaron Fray Luis de León,
el Brocense, Pedro Simón Abril, el Dr.
Laguna, etcétera.
Pero de cualquier modo,
"el español del Siglo de Oro era mucho más
seguro que el de la Edad Media aunque fuese
también un idioma en evolución muy activa.
El concepto de corrección lingüística era
más amplio que en los períodos posteriores.
En los siglos XVI y XVII se produjo una
labor de selección entre sonidos, formas y
giros coincidentes, que condujo a una
considerable fijación de la lengua
literaria, y, en menor grado, en la lengua
hablada también. Mucho influyó en esta
regulación el desarrollo de la imprenta,
capaz de reproducir un mismo texto en
multitud de ejemplares sin las anárquicas
variantes de la transmisión manuscrita. La
imprenta, imponía normas gráficas,
corrigiendo el individualismo de los
originales, de ordinario libre y caprichoso"
(Véase Rafael Lapesa, Historia de la
lengua española, Gredos, 1985, 367-68.).
Al finalizar el Siglo de
Oro, se pone fin a una larga etapa de la
evolución del castellano, que desde sus
orígenes se mostró como lengua más
cambiante. Los verbos ser y estar habían
llegado a alcanzar un uso muy semejante al
del español actual. La forma en -ra del
subjuntivo se irá sustituyendo por la del
pluscuamperfecto de indicativo, etc. Todo
camina ya hacia la modernización de la
lengua que, a partir de aquí, sin cambios
bruscos, dará lugar al español actual
EL ESPAÑOL MODERNO
Durante el Siglo de Oro la fijación del
idioma había progresado mucho, pero los
preceptos gramaticales habían tenido escasa
influencia reguladora. Desde el siglo XVIII
la elección es menos libre; se siente el
peso de la literatura anterior. Sobre la
estética gravita la idea de corrección
gramatical y se acelera el proceso de
estabilización emprendido por la lengua
literaria desde Alfonso el Sabio. La
evolución del idioma no se detuvo en ningún
momento, lo cual se percibe en el lenguaje
escrito que, con ser tan conservador, revela
una constante renovación, aún más intensa
que el hablado, a juzgar por la literatura.
Las novedades y vulgarismos tropiezan desde
el siglo XVIII con la barrera de normas
establecidas que son muy lentas en sus
concesiones.
El reflejo de este conservadurismo es la
fundación de la Real Academia Española
(l713) y la protección oficial que recibió.
En los primeros tiempos, la Academia realizó
una eficacísima labor, que le ganó merecido
crédito. Publicó entonces el excelente
Diccionario de Autoridades (1726-1739). Dio
a luz también la Orthographía (1741) y la
Gramática (1771). Su lema "limpia, fija y da
esplendor" quedó cumplido en cuanto a criba,
regulación y estímulo.
El estudio y purificación del dioma tiene
cabida también en la obra de otros conocidos
eruditos. Toda esta preocupación por la
regularidad idiomática permitió resolver en
el siglo XVIII dos de los problemas en que
más habían durado las inseguridades. Quedaba
por decidir si los grupos consonantes que
presentaban las palabras cultas debían
pronunciarse con fidelidad a su articulación
latina, o si, por el contrario, se admitía
definitivamente su simplificación, según los
hábitos de la fonética española. La academia
impuso las formas latinas concepto, efecto,
digno, solemne, excelente, etc., rechazando
las reducciones conceto, efeto, dino, solene,
ecelente. Por concesión al uso prevalecieron
multitud de excepciones, como luto, fruto,
respeto, afición, cetro, sino. Cuando en los
cultismos había grupos de tres consonantes
que resultaban duros para nuestra
articulación, como en prompto, sumptuoso,
fueron también preferidas las formas
sencillas, pronto, suntuoso; oscuro,
sustancia, generales en la pronunciación,
van desterrando de la escritura a obscuro,
substancia.
Otro problema grave era el de la ortografía.
El sistema gráfico que había venido
empleándose durante los siglos XVI y XVII
era esencialmente el mismo de Alfonso X, que
no se correspondía con la pronunciación real
de 1700. La Academia, con un apoyo oficial
que no habían tenido los ortógrafos
anteriores, emprendió la reforma,
jalonándola en una serie de etapas, la
primera de las cuales se formuló en el
prólogo al Diccionario de Autoridades
(1726). En 1815 quedó fijada la ortografía
hoy vigente. Las reformas posteriores han
sido mínimas y se han limitado a la
acentuación y a casos particulares. En 1999
se ha publicado la edición más reciente de
la Ortografía.
En el siglo XVIII se registra una
justificada preocupación por el idioma y se
produce una auténtica lucha contra el mal
gusto imperante en la literatura plagada de
escritores de poca monta y predicadores
ignorantes que prolongan los gustos barrocos
de la extrema decadencia. El abuso de
metáforas e ingeniosidades llega al grado de
chabacanería. Fustigadas estas aberraciones
y el amaneramiento avulgarado por escritores
como el padre Isla, Mayans, Cadalso, Forner
y Moratín, sólo les quedó como último
reducto el teatro.
Con el neoclasicismo se produjo una vuelta a
los escritores de nuestro siglo XVI, pero
también se volvió la vista hacia los
escritores franceses cuya prosa llegó a
despertar gran admiración hasta tal punto
que los galicismos empezaron a admitirse con
gran indulgencia: la introducción de voces o
construcciones extrañas resultaba más cómoda
que el aprovechamiento de los recursos
propios del idioma, y a veces inevitable.
El alud de galicismos desencadenó una
actitud defensiva que trató de acabar con la
corrupción del idioma, tan lleno de
excelentes cualidades. Poseéis –decía Forner-
una lengua de exquisita docilidad y aptitud
para que, en sus modos de retratar los seres,
no los desconozca la misma naturaleza que
los produjo; y esta propiedad admirable,
hija del estudio de vuestros mayores,
perecerá del todo si, ingratos al docto afán
de tantos y tan grandes varones, preferís la
impura barbaridad de vuestros hambrientos
traductores y centonistas."
A fuerza de repetir imágenes y conceptos, la
literatura se había apartado del habla, y el
léxico estaba empobrecido. Los escritores
más notables del siglo XVIII pugnaron por
recobrar el dominio de la lengua y aumentar
el vocabulario disponible. Durante la
Ilustración, la renovación del vocabulario
cultural español se hizo por trasplante del
que había surgido o iba surgiendo más allá
del Pirineo, aprovechando el común vivero
grecolatino. El vocabulario científico y
especialmente el político es
fundamentalmente el mismo en España y la
América hispana.
Durante el siglo XIX, las nuevas apetencias
expresivas pugnaban por romper el caparazón
neoclásico de la lengua. Los nuevos tiempos
y los nuevos estilos literarios pedían un
lenguaje variado y flexible, pero la
educación estética de los escritores
mantenía resabios puristas. La artificiosa
imitación del español del Siglo de Oro,
acompañada por el uso de voces antiguas o
regionales, dio lugar a la tendencia
casticista, que si en ocasiones aportó un
notable caudal de palabras jugosas y
coloridas, resultó disfraz incómodo llevada
al extremo por muchos autores. A este
respecto decía Larra que "las lenguas siguen
la marcha de los progresos y las ideas;
pensar fijarlas en un punto dado a fuer de
escribir castizo, es intentar imposibles".
Los románticos todavía conservaron muchos
hábitos del siglo XVIII a pesar de sus
alardes de crudeza realista, de desenfreno
imaginativo y sentimental, de cambios
bruscos de la altisonancia a la vulgaridad,
de libertades expresivas inusitadas. En la
poesía continuaron el boga palabras y giros
gratos a la poesía neoclásica, pero a la
relamida expresión neoclásica sucede otra
directa y enérgica. No obstante, la eficacia
se pierde en medio de adjetivos vacuos y
hojarasca palabrera.
En la prosa, la novela histórica dejó paso a
la novela realista que exigió a los
escritores el aguzamiento de las
posibilidades descriptivas de la lengua,
acostumbrarla al análisis psicológico, y
caldear el diálogo con la expresión
palpitante del habla diaria. Como reacción
contra el atildamiento hinchado, los
novelistas del realismo se abandonaron con
frecuencia al desaliño y a la frase hecha,
pero dieron a la novela el tono medio que
necesitaba.
EL VOCABULARIO
CULTO A PARTIR DEL ROMANTICISMO
Los cambios radicales experimentados por las
formas de vida y pensamiento a lo largo del
siglo XIX y durante el actual han influido
en el vocabulario español igual que en el de
todos los idiomas europeos. Ciencias,
filosofía, progresos técnicos, cuestiones
políticas y sociales exigen la constante
ampliación de las nomenclaturas. El
incremento léxico se ha hecho mediante la
formación de derivados. El léxico literario
se resiente de la sequedad que traen estas
voces de acarreo, cómodas en un momento,
pero artificiales y de estructura complicada.
La lengua se encuentra en una encrucijada:
la exactitud de la expresión incita a pecar
contra la eufonía. La introducción de
palabras tomadas del latín y del griego hace
que el vocabulario moderno carezca de íntima
coherencia y el léxico se hace cada vez más
abstracto e intelectual.
LOS
EXTRANJERISMOS
La infiltración de voces francesas aumenta
ya en tiempo de Carlos II, pero desde el
siglo XVIII se intensificó
extraordinariamente. Al incrementarse las
actividades comerciales y bancarias y
desarrollarse el sistema capitalista, su
terminología se nutrió de galicismos o de
voces venidas a través de Francia. Pero la
infiltración no se quedó ahí. Son también
legión los galicismos sintácticos que pone
en circulación el descuido con que se
redactan y traducen noticias, libros,
documentos oficiales, fruto de la ignorancia
gramatical de gran parte de la población
instruida y que habrían desaparecido si la
enseñanza del español fuera más eficaz.
La lengua inglesa, que había permanecido
ignorada en el continente durante los siglos
XVI y XVII empezó a ejercer influencia,
primero con su literatura y pensadores, más
tarde por prestigio social. Los románticos
fueron especialmente receptivos a las voces
inglesas. También a través del francés se
han incorporado numerosos anglicismos
durante el último siglo. El el siglo que
acaba, el anglicismo ha ido aumentando en
intensidad, primero en los países
hispanoamericanos más estrechamente
afectados por la expansión política y
económica de los Estados Unidos y después en
todo el mundo hispánico, incluida España.
Muchos anglicismos son voces pasajeras que
desaparecen en cuanto surje el sustituto
adecuado.
LA
TERMINOLOGÍA CIENTÍFICA Y TÉCNICA
La mayoría de los anglicismos que entran en
el español y se quedan son las traducciones
o calcos de términos especializados de la
ciencia y de la técnica. El hecho de que los
inventos tecnológicos y los descubrimientos
científicos del último siglo hayan tenido
lugar en el ámbito de los países
anglosajones, especialmente en el Reino
Unido y Estados Unidos; la circunstancia de
que el inglés se haya consolidado como
lengua mundial paralelamente al aumento de
la influencia política y militar de los
EE.UU. han sido decisivos a la hora de crear
los nuevos términos especializados que con
diversa fortuna se van adaptando o
traduciendo, o incluso adoptando en su forma
original, en las diferentes lenguas de
origen latino e incluso en las de origen
eslavo. Países como Francia o Alemania,
Austria o los escandinavos, han reaccionado
ante la invasión de la terminología en
inglés creando sus propios organismos
normalizadores de la lengua científica y
técnica a cuyo cargo se encuentra la
búsqueda de equivalentes propios para los
términos ingleses. En el ámbito del español,
y mucho menos en el del portugués o del
italiano, no se produjo una reacción
paralela. Los países de lengua española no
comparten, en gran número de casos, ni los
equivalentes, ni los calcos, ni las
adaptaciones al español de la terminología
científica y técnica que reciben del inglés
y del francés, principalmente. Esto está
creando una situación de anarquía y
desconcierto que impedirá a medio plazo que
puedan compartirse entre los diferentes
países los manuales de instrucciones de
aparatos, máquinas y programas informáticos.
También surgirán dificultades de
comunicación entre los especialistas de las
diferentes disciplinas a la hora de
compartir resultados dentro de los mismos
campos. Es un contrasentido que a medida que
se avanza en la unificación de la lengua
general creando un español normativo
administrado por las Academias de la Lengua,
estemos dando marcha atrás en los lenguajes
especializados.
LA EXTENSIÓN E
IMPORTANCIA DEL ESPAÑOL ACTUAL
La vitalidad del español ha resistido todas
las vicisitudes de la crisis de identidad y
política que atravesó el mundo hispánico a
partir del siglo XVIII. Hoy es lengua
oficial y de cultura de más de 350 millones
de seres humanos lo que lo pone a la cabeza
de la familia de las lenguas románicas,
seguido a gran distancia por el portugués ,
con alrededor de 200 millones, el francés,
con unos 120 millones, y el italiano, que
cuenta alrededor de los 65. La extensión
geográfica del español es también
extraordinaria: comprende España, parte del
Suroeste de los Estados Unidos, México,
América Central y Meridional, a excepción de
Brasil y Guayanas; Cuba, Santo Domingo y
Puerto Rico y una minoría hispanohablante en
Filipinas. Puede decirse que el español es
el instrumento expresivo de una comunidad
que abarca dos mundos y en la que entran
gentes de todas las razas.
LA NORMA CULTA ESPAÑOLA La vitalidad de la lengua española se echa
de ver no sólo en su creciente difusión,
sino también en la fundamental unidad que
ofrece, a pesar de usarse en tierras y
ámbitos sociales tan diversos. Esta cohesión
se debe principalmente a la robustez de la
tradición literaria, que mantiene vivo el
sentido de la expresión correcta. El uso
culto elimina o reduce las particularidades
locales para ajustarse a un modelo común,
que dentro de España se ha venido
identificando con el lenguaje normal de
Castilla. Las diferencias aumentan conforme
es más bajo el nivel cultural y menores las
exigencias estéticas; entonces asoma el
vulgarismo y se incrementan las notas
regionales. Pero es muy significativo que
los rasgos vulgares sean, en gran parte,
análogos en todos los países de lengua
española. Es difícil establecer lo que puede ser la
norma culta de la lengua española, máxime si
tenemos en cuenta la extensión y la
diversidad geográfica y social que se ha
mencionado. En los Estados Unidos, hace
muchos años, se optó por la solución
práctica, con fines didácticos, de tomar por
norma culta la que se establecía a partir
del habla de informantes cultos,
universitarios, siempre que la sociedad la
aceptase como tal, y dio buen resultado.
Evidentemente, esta norma así establecida
difiere de la literaria, pero así como ésta
puede ser divergente en ciertos sectores por
la imposibilidad de ser alcanzada, la otra
es al final convergente y se aproxima más de
lo que parece a la norma literaria.
Posiblemente sería esta la solución que
habría que adoptar en nuestro ámbito
hispánico.
LOS PROBLEMAS DEL BILINGÜISMO El contacto de dos lenguas supone a la larga
un proceso de bilingüismo sobre los
hablantes, empezando, lógicamente, por los
niveles más cultos hasta llegar a los menos
cultos. El bilingüismo lleva aparejados
varios fenómenos: a) El trasvase de elementos de una lengua a
otra. Generalmente este trasvase se produce
principalmente desde la lengua de mayor
prestigio, o si se quiere de mayor presión
política, cultural, social a la de menor
prestigio, aunque el fenómeno inverso, en
menor cuantía, también se da. Los elementos
que más fácilmente se toman en préstamo, son
los léxicos, e incluso los semánticos; en
segundo lugar, determinadas construcciones
sintácticas, y por último los fonemas:
cuanto más finito y cerrado sea el sistema,
tanto menor será la posibilidad de que pase
de un sistema a otro. b) El trasvase de elementos no sólo
lingüísticos, sino culturales. c) El verdadero bilingüismo lleva consigo un
enriquecimiento cultural e intelectual del
individuo.
España, con cuatro lenguas, tres de ellas
cooficiales con el castellano en sus
respectivas Comunidades Autónomas, tiene una
vivencia actual muy directa del bilingüismo.
Superada, o en vías de superación, la
situación de diglosia en la que vivieron
durante varios siglos por la imposición del
castellano, la Constitución garantiza en la
actualidad la plena utilización de todas
ellas en sus Comunidades Autónomas
respectivas, sin dejar por ello de
establecer la obligatoriedad de estudiar y
usar la lengua común de todos los españoles.
Pero la cooficilidad está forzando un cambio
de mentalidad en los habitantes de otras
partes de España que viven y trabajan en las
Comunidades Autónomas de Galicia, Euskadi y
Cataluña. Las leyes de desarrollo del
gallego, del euskera y del catalán suponen
una prueba de fuego para el sistema
educativo, cuyas competencias han sido
traspasadas a los respectivos gobiernos
autónomos. La aplicación del método de
inmersión, con el dictado de todas las
asignaturas en la lengua autóctona y del
castellano como si se tratase de una
asignatura más, ha despertado duras
controversias y agrias polémicas,
especialmente en Cataluña donde a la
enseñanza en catalán se suma la obligatoria
catalanización de los rótulos de empresas y
comercios y de las indicaciones que ostentan
los productos que se comercializan. En las
tres comunidades con lengua propia las
dificultades no han hecho más que empezar y
de momento no se vislumbra en España una
solución al modo suizo. Fuente
de algunos de estos artículos: wikipedia.
¿LATINOAMÉRICA O IBEROAMÉRICA?
¿Latinoamérica? ¿Iberoamérica?
¿Hispanoamérica? ¿Suramérica?
Algunas
ideas sueltas sobre esta importante cuestión
Publicado por Santiago Armesilla
En aquel continente, y no sólo allí, actualmente hay un debate treméndamente
importante, que no es otro que la definición del mismo. La cuestión es que
en España no somos ajenos a ésta definición, y hay que mojarse.
¿Cómo definir un “continente”?
Veamos las siguientes opciones, y su definición en
Wikipedia
SURAMÉRICA

O América del Sur, o Sudamérica, o América Meridional. Es un subcontinente
atravesado por la línea ecuatorial, con la mayor parte de su área en el
Hemisferio Sur. Está situado entre el Océano Pacífico y el Océano Atlántico.
HISPANOAMÉRICA

O América Hispana. Es la región integrada por las naciones americanas de
habla española.
IBEROAMÉRICA

Es el término que designa a las naciones ibéricas (Portugal, Andorra, el
Reino de España, excepto el sur de Francia y la colonia británica de
Gibraltar) y a las naciones americanas que se independizaron de su
dominación colonial española y portuguesa y, por extensión, a la comunidad
de los nacidos o naturalizados en esas naciones.
LATINOAMÉRICA

O América Latina. Se encuentra constituida por el conjunto de países de
América que fueron antiguas colonias de potencias europeas y en los que se
habla español, portugués y, en algunos francés, es decir lenguas romances
derivadas del latín.
En un primer momento parecería que no hay ningún problema. Pero veamos:
Suramérica es una definición púramente geofísica, por lo que no hay nada que
objetar.
De Hispanoamérica se excluye -algunas voces lo hacen- a España. No así con
Iberoamérica, ya que también se incluye a Portugal e incluso a Andorra. Y se
quiere extender el término Iberoamérica a todos los países del mundo en los
que se habla español (Guinea Ecuatorial, Filipinas, Sáhara Occidental) y
portugués (Angola, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe, Guinea Bissau, Cabo
Verde, Timor Oriental, Macao) fuera de América. Sería, en todo caso, la
definición más integradora y menos, por decirlo de alguna manera,
“nacionalista”.
Latinoamérica es el más polémico. Es, además, el que más se usa en la
actualidad, el más de moda. El termino fue utilizado por primera vez en
1856, en una conferencia por el socialista chileno Francisco Bilbao[2] y el
mismo año por el escritor colombiano José María Torres Caicedo, en su poema
“Las dos Américas”, que decía lo siguiente:
Las dos Américas (frag.)
La raza de la América latina,
Al frente tiene la sajona raza,
Enemiga mortal que ya amenaza
Su libertad destruir y su pendón.
José María Torres Caicedo
Pero, y esto es lo más importante, el término América Latina fue apoyado por
el Imperio Francés de Napoleón III, durante su Invasión francesa de México,
como forma de incluir a Francia entre los países con influencia en América y
para excluir a los anglosajones, pero también para ponerse por encima de las
influencias española y portuguesa en el continente. El término ha ido
evolucionando para comprender un concepto de características culturales,
étnicas, políticas, sociales y económicas similares.
Si se sigue la definición de Wikipedia, Latinoamérica debería incluir al
Quebec, en Canadá. Sin embargo, salvo muy pocas voces, Quebec es incluído.
Por no hablar de la Guayana francesa, de las posesiones francesas del Caribe
o, incluso, de Haití. En España, el término Latinoamérica es el más usado,
desplazando a los otros dos, Hispanoamérica e Iberoamérica, que por
tradición histórica y por, por qué no decirlo, orgullo patrio, están
postergados por relacionarlos con términos políticos erróneos. Pero no se
repara en que Latinoamérica es un término tan político como los otros,
aunque eso sí, es un término que atenta contra la influencia y comunión de
Iberoamérica con las dos naciones que de verdad hicieron a ese continente:
España y Portugal. Además, Latinoaméricano no incluye en ningún momento a
países de lengua francesa fuera de América, ni tampoco a otros países con
lengua romance, como Rumanía, Moldavia, San Marino, Suíza, Bélgica,
Luxemburgo, Andorra o Italia.
¿ Por qué al referirse a Latinoamérica los “latinos” no incluyen a Quebec ?
Me llama mucho la atención. ¿ Y por qué en ciertos ambientes decir
Hispanoamérica se ve con malos ojos ?
No hablo de definiciones geofísicas, porque entonces nosotros, españoles, no
estaríamos en Europa (un concepto político), sino en Eurasia, o más aún, en
Euroafrasia (Europa más Asia más África, la porción de tierra más grande del
planeta).
Yo a “Europa” la llamo “Europa”, pero “Europa” es un concepto político, no
geográfico. Prueba de ello es la discusión sobre si Turquía es Europa o es
Asia.
El dilema está en que, por ejemplo, Suramérica es un concepto geofísico,
estático, y sin discusión alguna. Latinoamérica es un término muy polémico,
rechazado tanto por indigenistas radicales como por hispanistas, y recalco
que el término fue generalizado por el Imperio Colonial Francés. El lenguaje
es algo muy importante, y lo que buscaba Francia con el término
Latinoamérica era luchar contra el Imperio Británico por una parte y contra
España y Portugal por otra.
Hispanoamérica es un término que se sigue utilizando mucho, pero las
connotaciones políticas del presente y lo políticamente correcto (o sea, los
tópicos) no permiten ver más allá de este término. Hasta tal punto llega que
España es excluída de Hispanoamérica, y por lo tanto de la Hispanidad, ya
que Hispanidad e Hispanoamérica son en cierto sentido conceptos análogos.
Hoy, hablar de Hispanidad, conlleva que a uno le asimilen con el Florido
Pensil franquista.
El otro término, Iberoamérica, es más abierto. No sólo porque incluye a
España y Portugal (que, por otra parte, ambas naciones son parte de la
Hispanidad -tan hispánica es Portugal como España), sino también a países
asiáticos, africanos y a ciertas islas de Oceanía. Es el término más
“internacionalista”, con lo que se podría hablar sin duda alguna de un
“internacionalismo iberoamericano“, ya que va más allá de la Península
Ibérica o de Suramérica.
El dilema está en que la definición de un territorio depende de las fuerzas
políticas que luchen por su dominio. No es lo mismo “España” que “Estado
Español” o que “Al-Ándalus”, como no es lo mismo “Euskadi” que “Vascongadas”
o que “Euskal Herría”. De la misma manera, no es lo mismo Iberoamérica que
Latinoamérica o que Hispanoamérica.
La discusión sobre si Turquía es Asia o Europa es más antigua que la Unión
Europea. Estambul es una ciudad entre dos continentes políticos, pero si
hablamos de Eurasia o de Euroafrasia, Turquía está en un sólo continente
físico.
La cuestión es que, a nivel político, lo físico sólo importa en términos
geopolíticos.
Los rumanos también son latinos. ¿ Por qué Rumanía no es Latinoamérica? ¿
Puede -si se me permite la broma- un rumano tener “flow latino” ?
Sobre naciones que desbordan en la actualidad su límite geofísico, hay
varias:
Turquía es una nación euroasiática.
Rusia es una nación euroasiática.
Egipto es una nación afroasiática (por el Sinaí).
España es una nación euroafricana (Ceuta, Melilla y las Islas Canarias).
Francia es una nación euroafricanoamericanoceánica (Guayana francesa, Nueva
Caledonia, &c.).
El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte es una nación
euroasiáticoafricanoamericoceánica.
Dinamarca es una nación euroamericana (por Groenlandia).
Estados Unidos de Norteamérica es una nación americoceánica (tiene varias
islas en el Pacífico).
Chile es una nación américoceánica (Isla de Pascua, &c.).
Por no hablar de las soberanías de ciertas naciones en la Antártida, como
Francia, Estados Unidos de Norteamérica, Reino Unido, Noruega, Argentina,
Chile, Australia o Nueva Zelanda.
En lo que a definiciones de continentes se refiere, ¿ a qué obedece la
utilización de términos que cierran más las posibilidades de apertura a
otras poblaciones hermanas ? Latinoamérica es un concepto muy cerrado, tan
cerrado que incluso se niega que poblaciones latinas de América sean
latinoamericanas (Quebec).
Algunos desde las “izquierdas” hablan de Islamoeuropa. Islamoeuropa, o
Eurabia como diría Oriana Fallaci, tendría que ser hasta el Reino Unido, por
la extensa población de pakistaníes, o Francia (con el mayor número de
población musulmana de Europa), o Rusia, o Kosovo. España no es islámica
desde 1492 más o menos, porque, aparte, cuando era islámica no era España,
sino Al-Ándalus.
Influencia lingüística e histórica igual a influencia política. La lengua y
la lucha de las lenguas por sobrevivir es una lucha política que, por
fuerza, lleva a la lucha contra otras lenguas y a la solidaridad con otras
lenguas también. Si nos ponemos a ser tiquismiquis, hay abismos hasta dentro
de un propio país, como por ejemplo Bolivia -entre la “Nación Camba” y el
resto de los bolivianos- o Venezuela -con el separatismo de la región de
Zulia-, lo que no quita que conformen una misma entidad nacional. Incluso en
una misma ciudad hay abismos culturales. Pero no se trata de separar, sino
de buscar términos lo más universales posibles.
En eso, Iberoamérica es el término más universal porque, repito, se extiende
o podría extenderse a naciones de África, Asia y Oceanía. Filipinas, Guinea
Ecuatorial, Timor Oriental y con la excepción de Belice, ex-colonia
británica, ya se encuentran en proyecto para ingresar y formar parte,
sobretodo en la Cumbre Iberoamericana, como ser participantes junto a las
demás naciones dentro de este término. Esto es síntoma de que podría
extenderse a Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe o el
Sáhara Occidental.
A mí me parece un error garrafal llamar a todo lo que está por debajo de
Estados Unidos Latinoamérica, que es el que más se usa, pero en todo el
mundo además.
Surinam, Guyana, Jamaica, Barbados, Bahamas, Dominica, San Vicente y
Granadinas, Trinidad y Tobago, Islas Vírgenes, Santa Lucía, Antigua y
Barbuda, Aruba, &c., fueron colonias británicas u holandesas. Por lo tanto,
de latinas tienen más bien poco. Habría que desecharlas como parte de
Latinoamérica, si es que esa cosa existe.
En segundo lugar, Guayana francesa (parte de Francia hoy por hoy), algunas
islas más del Caribe y Haití son los únicos territorios de lengua francesa
de América. Y sigo diciendo que se obvia Quebec. Se ha dicho que los
quebecqueses de latinos tienen poco. ¿ Pero es que el francés no es una
lengua latina ? ¿ No son tan latinos los francófonos como los lusoparlantes
o los hispanoparlantes ? Parece ser que la mentalidad de la gente identifica
sólo Latinoamérica con lo hispano y lo luso (e incluso sólo con lo hispano).
Repito, que el término Latinoamérica sea el más extendido y usado supone una
aberración, teniendo además en cuenta para qué se utiliza. Digamos que el
uso masivo del término Latinoamérica es el triunfo de Francia (y, más tarde,
adoptado por Estados Unidos) sobre España y Portugal en el siglo XIX.
Teniendo en cuenta que la presencia francesa en América fue mínima, salvo en
-curiosamente- el Norte de ese gran continente, aparte de Suramérica, el
término correcto para definir aquel territorio, desde El Paso hasta Tierra
de Fuego -en principio, ya que se podría extender el territorio comprendido
bajo ese término-, es Iberoamérica (o Hispanoamérica, pero no vamos a ir de
“patrioteros”, no vaya a ser que nos llamen fachas por defender la
Hispanidad). Pero es una pena que, una vez más, los españoles (no se lo que
pensarán de ésto los portugueses) se avergüencen de su propia historia, se
alejen de unos países hermanos y abran sus brazos a Europa, como si Europa
fuese el sumun del progresismo y la democracia.
Yo hay palabras que no soporto por el uso extensivo que se hacen, por ser
políticamente correctas pero que se usan sin saber lo que significan:
palabras como Solidaridad, Desarrollo Sostenible, Comercio Justo, Fascismo,
Estado Español o Latinoamérica son ese tipo de palabras. El usar palabras
sin pensar en su significado real es muy grave. El ejemplo se da al decir
que Quebec no es latino, y es por ello que es necesario separar cada término
y definirlo certéramente. Quebec es tan latinoamericano como Haití, Brasil o
Costa Rica. Pero Quebec no es Iberoamérica ni Hispanoamérica. De la misma
manera, España y Portugal son Iberoamérica -o Hispanomérica, si se acepta
que Portugal fue Hispania- tanto como Brasil, Cabo Verde, Timor Oriental,
Guinea Ecuatorial, Andorra, Argentina o Méjico. Que no se meta Quebec en
Latinoamérica-por motivos púramente ideológicos pero que se escapan a la
psicología de mucha gente- es prueba de la confusión de términos, derivada
de intereses políticos y geoestratégicos, en que vivimos.
No entiendo por qué una nación como España ha de arrepentirse de haber sido
un Imperio. Un Imperio tiene sus luces y sus sombras, pero no se puede negar
su contribución inestimable a la historia universal. Antes de que España
existiese, Cataluña y Aragón juntos -como condados y reino respectívamente-
habían conformado un gran Imperio mediterráneo. ¿ Alquien se lo reprocha ? ¿
Alguien reprocha a los catalanes que introdujeran el catalán a golpe de
espada en las islas Baleares, en Sicilia o en Cerdeña ? Yo, desde luego, no.
Aragón y Cataluña contribuyeron decisívamente a la conformación de la
Hispanidad, y son los culpables de la cercanía entre los pueblos español e
italiano (aparte de la era de dominación romana, claro).
Lo que trato de dar a entender es que el lenguaje es política. Y que la
definición de un continente entero depende de la política. Si a eso se le
llama Latinoamérica es por obra y gracia de Francia y de los Estados Unidos
de Norteamérica (ellos son América y el resto los “latinos”). Que España no
lo llame Hispanoamérica o Iberoamérica (donde Portugal también entra, aunque
Portugal también fue parte de la Hispania romana) es sintomático del
autodesprecio que tenemos hacia nuestra historia, incomparable e
incomprensible en otras naciones.
Mi tesis es que el Imperio Estadounidense, desde la Doctrina Monroe, y
coadyuvado por Francia, trata por todos los medios de acabar con la
Hispanidad que sirve de nexo de unión entre los países iberoamericanos
(tanto fomentando el inglés en la América hispana como mediante la
colonización religiosa de los predicadores protestates, como en España
mostrando sus simpatías hacia los separatismos catalán y vasco). Por ello,
toda aquella ideología que recuerde mínimamente a la Hispanidad (sea la idea
de Patria Grande de Bolivar y ahora de Hugo Chavez o cualquier otra) ha de
ser combatida. Estados Unidos utiliza la máxima de César de divide y
vencerás. El indigenismo ahora tan de moda en aquel continente ha sido
fomentado durante décadas por antropólogos estadounidenses pagados con
fondos públicos de dudoso origen (militar, si me quereis entender) como
forma de acabar con cualquier posibilidad de unión hispana frente al
Imperio. Es más fácil de domeñar una población indígena aislada que una o
más naciones unidas bajo una sóla bandera. Es la típica táctica anglosajona
de dominación imperial: “que sigan orando a sus piedras, que yo me hare con
lo que en sus tierras hay y ni ellos saben“.
Lo que escribo no es una muestra de nostalgia del pasado, sino, por mi
parte, una reivindicación de la idea de Hispanidad -como Hispanoamérica o
como Iberoamérica- que pueda entenderse de manera socialista,
internacionalista si se quiere y enfrentada al colonialismo yanki y francés.
¿ Por qué se habla de América anglosajona al referirse a Estados Unidos y
Canadá, entre otras naciones, y no de América Germánica o Germanoamérica, ya
que el inglés es una lengua germánica ?
¿ Por qué no se habla de Latinoáfrica o África Latina ? ¿ Por qué los
franceses hablan con tanto orgullo del África Francófona ?
En Estados Unidos ya son más de 50 millones de hispanos. Para este siglo XXI
se espera que se suba a 80 millones. Estados Unidos es ya el tercer país con
más hispanoparlantes del mundo, tras Méjico y Colombia (después iría Brasil,
curiosamente).

Fuente:
izquierdahispanica
Estos son los mejores datos del idioma español
que he encontrado en internet. Estos artículos no han sido escritos por mí y
tampoco me pertenecen, los he recopilado desde de la red. En el caso de que me haya
olvidado de hacerle la debida referencia a alguna fuente, os pido que por
favor me aviséis de la autoría de los mismos envíandome un correo a:
esf@espanolsinfronteras.com
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