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Libertador de Argentina, Chile y Perú, nacido en Yapeyú (hoy San
Martín, Argentina) el 25 de febrero de 1778 y murió en Boulogne el
17 de agosto de 1850. Entre las grandes personalidades que dieron
realidad a la independencia de la América española destaca la de San
Martín, por su especial desinterés, su fino instinto político y su
generosidad. San Martín y Bolívar, que no llegaron a entenderse
entre sí, forman la pareja de los grandes caudillos libertadores y
por su obra, victorias, cualidades, trascendencia de su actuación,
celebridad y hasta culto que se les tributa, ninguna figura de la
época de la emancipación está a su altura.
José de San Martín era hijo de un oficial español destacado en el
Río de la Plata en la provincia de Misiones, Juan de San Martín, que
no pasó de capitán. Era natural de Cervatos de la Cueza (Palencia);
su madre fue Gregoria Matorras, de Paredes de Nava (también en
Palencia). Fue el hijo menor y sus hermanos varones fueron siempre
oficiales del ejército español. En 1784 la familia pasó a España y
San Martín estudió en Madrid, en el Real Seminario de Nobles, según
se cree, aunque esta parte de su educación no es segura. A los once
años sentó plaza en el ejército y después de tomar parte en diversas
acciones de guerra en Melilla, Orán, el Rosellón, el combate naval
de San Vicente en Portugal y la guerra de la Independencia
peninsular (batallas de Bailén y Arjonilla en 1808), ascendió a
teniente coronel graduado. En los 22 años que perteneció al ejército
español participó en 31 acciones de guerra, siendo al final de esta
etapa de su vida comandante en el regimiento de Dragones de Sagunto.
Influido por el liberalismo y el espíritu de las logias masónicas,
ya que como tantos otros pertenecía a la Lautaro de caballeros
racionales, al conocer el estallido de la Revolución de Mayo en el
Río de la Plata decidió incorporarse a la causa de la independencia
de su tierra natal. El camino de regreso le llevó en un primer
momento a Inglaterra, donde se inició en la logia Gran Reunión
Americana de Francisco de Miranda, y en 1812 llegó a Buenos Aires,
junto a Alvear y Zapiola.
(Véase Independencia de América -en voz Independencia- y Francisco
de Miranda).
En forma autodidacta San Martín había adquirido amplia cultura y
leído los autores enciclopedistas y liberales. El gobierno del
Triunvirato le reconoció el grado de teniente coronel de caballería
y le encomendó la organización del regimiento de granaderos a
caballo. San Martín obtuvo frente a los realistas la victoria de San
Lorenzo de Paraná (1813), gozando de gran fama sus dotes de mando
con los granaderos montados y, después, al frente del ejército del
Alto Perú, a cuyo frente estuvo como general por breve tiempo a
comienzos de 1814, al renunciar Belgrano por los malos resultados
que había obtenido a su mando. Al poco de llegar a Buenos Aires, San
Martín y Alvear habían organizado la logia Lautaro, cuya influencia
sería enorme en lo sucesivo, dedicada a luchar por la independencia
americana y a implantar un régimen liberal. Posteriormente sería
llevada a Chile y el Perú y sería por algunos años el verdadero
gobierno secreto en los tres países, llegando a prestar su nombre a
uno de los primeros buques de la recién nacida armada chilena. La
logia organizó el motín que derribó al primer Triunvirato en 1812.
En agosto de 1814 José de San Martín fue nombrado gobernador
intendente de la provincia de Cuyo. Ante el fracaso de las
expediciones al Alto Perú, se pensó en invadir el Perú, foco de la
resistencia española, desde Chile, pero la derrota de los patriotas
chilenos en Rancagua (1814) y el fin de la Patria Vieja obligaron a
los independentistas a aplazar sus planes y atender primero a la
emancipación de Chile. San Martín acogió en Cuyo a los fugitivos de
Chile, se puso de acuerdo con otros generales que luchaban por la
emancipación de América, y concretó con O'Higgins el plan para la
liberación de Chile y el Perú mediante la organización del ejército
de los Andes.
En la rivalidad entre O'Higgins y Carrera, San Martín se inclinó
decididamente por el primero y prescindió totalmente del segundo, lo
que le permitiría en años posteriores gozar de fuerte influencia en
la política chilena. El proyecto emancipador de San Martín fue
aprobado por el mandatario argentino Posadas y luego por Pueyrredón,
de modo que pudo contar con el apoyo político necesario para
adelantar su proyecto. Antes de acometer la empresa, San Martín
influyó para que el Congreso de Tucumán de 1816 proclamara la
independencia de derecho del Río de la Plata y asimismo se inclinó a
la adopción de la monarquía, tendencia entonces del partido unitario.
El ejército franqueó los Andes al pie del Aconcagua, mientras otras
divisiones cruzaban la cordillera por otros pasos. La dificultad de
atravesarla con un ejército por los obstáculos naturales, ya que los
pasos no estaban guardados por los realistas, han hecho famosa esta
travesía de los Andes y le han acreditado como jefe previsor y gran
estratega. A continuación, San Martín derrotó a los realistas en
Chacabuco y consiguió conquistar Santiago en 1817. Allí, a pesar de
sus méritos, renunció al puesto de dictador supremo que le
ofrecieron los chilenos, recayendo el nombramiento en O'Higgins. No
por eso dejó de apoyar la causa de la independencia, que se afirmó
resueltamente en la victoria de Maipú de 1818 en la que dirigió las
operaciones militares, destacándose una vez más como un brillante y
sólido estratega. San Martín acometió después la penetración en el
Perú, para declarar su independencia y asestar un golpe definitivo
al baluarte de la resistencia realista en América del Sur. Con el
apoyo de O'Higgins preparó el ejército y previamente formó una
escuadra, clave del éxito de la campaña, para lograr el dominio del
mar, con el apoyo del corsario inglés Lord Cochrane. San Martín se
negó a llevar su ejército al Río de la Plata en ayuda del gobierno,
que atravesaba grandes dificultades, y con la seguridad de que la
insurrección liberal de Riego en 1820 impediría la llegada de la
expedición española destinada a sojuzgar el Río de la Plata,
desembarcó en el virreinato peruano en septiembre de 1820. San
Martín, a fin de evitar más derramamiento de sangre, quiso resolver
la cuestión independentista por vía diplomática y sostuvo
conversaciones con Pezuela y luego con La Serna, jefes de los
realistas peruanos. Las negociaciones fracasaron, por lo que no hubo
otra salida que continuar la guerra. San Martín entró en Lima el 9
de julio de 1821, y el 28 proclamó la independencia del Perú. Fue
proclamado Protector, manteniendo así cierta ambigüedad sobre la
forma de gobierno, ya que deseaba una monarquía para el país. Los
refuerzos que envió San Martín a Sucre, que luchaba en el norte
contra los realistas, le permitieron obtener la victoria de
Pichincha en 1822, que dio la independencia al Ecuador.
El último foco de resistencia español estaba en el Alto Perú, y para
vencerlo, San Martín se entrevistó con Bolívar en Guayaquil, donde
se trató de la ayuda a la guerra, la cuestión del régimen político y
la anexión de Guayaquil a Colombia. Al parecer no hubo avenencia por
parte de Bolívar, por lo que San Martín se enfrentó a un verdadero
dilema. Por una parte, su propósito en la entrevista había sido la
terminación de la guerra de independencia; por otra, su
interlocutor, inmerso en la lucha política, no estaba dispuesto al
menos en apariencia a pasar al segundo plano en el que ya el propio
San Martín se había colocado. A consecuencia de la falta de acuerdo
dejó libre el terreno a Bolívar, dimitió de su cargo de protector
ante el congreso peruano y se retiró embarcándose en Ancón rumbo a
Valparaíso. De allí pasó a Santiago y a Mendoza observando los
distintos acontecimientos y enfrentamientos que tenían lugar en el
Perú, donde se criticaba con ferocidad su intervención militar y
política. Los acontecimientos no daban mucho lugar al optimismo, ya
que se preveía el derrocamiento de O'Higgins en Santiago y la
situación miltar distaba de estar completamente controlada. En 1824
San Martín obtuvo finalmente pasaporte para viajar a Europa, donde
había decidido retirarse al menos de manera temporal para marginarse
de las luchas políticas intestinas que caracterizarían los primeros
años de la vida republicana. Tras llegar al puerto francés de Le
Havre pasó a Londres y después se trasladó a Bruselas, siendo
constantemente requerido para participar en diversas campañas
militares y políticas. El espíritu civilista y conciliador de San
Martín, decidido a no ser motivo de disensión, se mostró con
claridad en 1829, cuando no desembarcó del navío que lo había vuelto
a traer a Buenos Aires, donde se había desplazado con el propósito
exclusivo de vivir sus últimos años en un retiro privado. Tras
considerar su posición decidió volver a Europa, tratando de evitar
la división en el país causada por su regreso. En Europa José de San
Martín pasó sus últimos años, y tras residir en París y Bruselas se
estableció en 1834 en Boulogne, donde le sorprendería la muerte en
1850. Sus cenizas fueron repatriadas a Argentina en 1880.
SU
FAMILIA
José
Francisco de San Martín y Matorras nació en Yapeyú, misión jesuítica,
situado a orillas del Río Uruguay en la Gobernación de las Misiones
del Virreinato del Río de la Plata, en la actual Provincia de
Corrientes, el 25 de febrero de 1778.
Su padre, don Juan de San Martín y Gómez, había nacido en la Villa
de Cervatos de la Cueza, en la provincia de Palencia, España, y era
teniente gobernador del departamento. Su madre, doña Gregoria
Matorras del Ser, era sobrina de un conquistador del Chaco. Fue el
menor de cinco hermanos: María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín
Rafael y Justo Rufino.
En 1781, cuando San Martín tenía 3 años, la familia se trasladó de
Yapeyú a Buenos Aires. Luego se mudaron a España, embarcando rumbo a
Cádiz el 6 de diciembre de 1783. San Martín comenzó sus estudios en
el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de
Temporalidades de Málaga en 1786. Allí aprendió latín, francés,
castellano, alemán, baile, dibujo, poética, esgrima, retórica,
matemática, historia y geografía.
En 1789, a los once años de edad, comienza su carrera militar en el
regimiento de Murcia, mientras estallaba la Revolución Francesa.
Luchó en la campaña del norte de África combatiendo a los moros en
Melilla y Orán. En 1797 es ascendido a subteniente por sus acciones
en los Pirineos frente a los franceses 1793. En agosto de ese año su
regimiento, que había participado en las batallas navales contra la
flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió.
Durante el período que sigue lucha, con el grado de capitán 2° de
infantería ligera, en diferentes acciones en Gibraltar y Cádiz.
En 1808 las tropas de Napoleón invaden la Península y el rey
Fernando VII es hecho prisionero. Estalla la rebelión contra el
emperador y contra su hermano José Bonaparte, que había sido
proclamado Rey de España. Se establece una Junta Central de Gobierno
que actúa primero en Sevilla y luego en Cádiz. San Martín es
ascendido por la Junta al cargo de ayudante 1° del regimiento de
Voluntarios de Campo Mayor. Distinguido por sus acciones contra los
franceses, es ascendido a capitán del regimiento de Borbón. El
ejército ataca y vence a los franceses en la Batalla de Bailén el 19
de julio de 1808, teniendo San Martín una actuación destacada.
Esta victoria permite al ejército de Andalucía recuperar Madrid y es
la primera derrota importante de las tropas de Napoleón. San Martín
recibe el grado de teniente coronel y es condecorado con una medalla
de oro. Continúa luchando contra los franceses en el ejército de los
aliados: España, Portugal e Inglaterra. Combate a las órdenes del
general Beresford en la batalla de Albuera. Conoce a Lord Macduff,
noble escocés, que lo introduce a las logias secretas que
conspiraban para conseguir la independencia de América del Sur. Ahí
hace contacto por primera vez con círculos de liberales y
revolucionarios, que simpatizaban con la lucha por la independencia
americana.
En 1811
renuncia a su carrera militar en España. Por intermedio de Lord
Macduff obtuvo un pasaporte para viajar a Inglaterra, partiendo el
14 de septiembre de ese año para residir en el número 23 de la calle
Park Road en el distrito de Westminster, en Londres. Allí se
encontró con compatriotas de la América española: Carlos María de
Alvear, José Matías Zapiola, Andrés Bello y Tomás Guido, entre otros.
Todos formaban parte de la Gran Reunión Americana, sociedad
patriótica ligada a la masonería (grupo que proclamaba igualdad,
libertad y fraternidad), que había fundado el "precursor" Francisco
de Miranda quien, junto con Simón Bolívar, ya luchaba en América por
la independencia de Venezuela. Ya dentro de la hermandad se
relacionó con políticos británicos, quienes le hicieron conocer el
Plan de Maitland, una estrategia para que América se liberara de
España.
En
enero de 1812 San Martín se embarca hacia Buenos Aires en la fragata
inglesa George Canning. Fue recibido por los miembros del Primer
Triunvirato, quienes le reconocieron su grado de Teniente Coronel.
El 16 de marzo le pidieron que creara un regimiento de soldados para
custodiar las costas del Paraná. Durante el año 1812 se ocupó de
instruir a la tropa en las modernas técnicas de combate que conocía
por su extensa actuación europea contra los ejércitos de Napoleón.
Junto con Alvear, fundó a mediados de 1812 una filial de la Logia de
los Caballeros Racionales, que rebautizó con el nombre de Logia
Lautaro. El nombre fue tomado de un cacique araucano que se sublevó
en el siglo XVI contra los españoles. La sociedad estaba formada
como las logias masónicas de Cádiz y de Londres, similar a la que en
Venezuela tenía como miembros a Francisco de Miranda, Simón Bolívar
y Andrés Bello. Su objetivo era: "trabajar con sistema y plan en la
independencia de la América y su felicidad". Sus miembros
principales, además de San Martín y Alvear, eran: Zapiola, Bernardo
Monteagudo y Juan Martín de Pueyrredón.
En octubre de 1812, cuando llega la noticia de la victoria del
Ejército del Norte comandado por Belgrano en Tucumán, se produce en
Buenos Aires un movimiento preparado por la Logia con el objeto de
imponer a sus candidatos en el Triunvirato. Con la presión de los
cuerpos armados y del pueblo, se nombra el Segundo Triunvirato
constituido por: Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio
Álvarez Jonte. Se exige además llamar a una Asamblea Suprema con
delegados de todas las provincias con el fin de dictar una
constitución.
El 12 de noviembre de 1812 contrae matrimonio con María de los
Remedios de Escalada, de 15 años.
Las costas del Paraná eran atacadas permanentemente por los
realistas y San Martín se instaló con sus tropas en el convento de
San Carlos, posta de San Lorenzo. El 3 de febrero de 1813 y ante el
desembarco de 300 españoles, se libró en la zona el Combate de San
Lorenzo.
SUSCRITO POR EL CORONEL JOSE de SAN
MARTIN, AL SUPERIOR GOBIERNO. SAN LORENZO, 3 de FEBRERO de 1813:
Exmo Señor. Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de
febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado
un nuevo triunfo á las armas de la patria. Los enemigos en número de
250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto
de S. Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al colegio S. Carlos
conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60
hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no
obstante una esforzada resistencia sostenida por lo fuegos de los
buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los
granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se
replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40
muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se
desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que
se ven en las barrancas considero mayor número. Dos cañones, 40
fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la
arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial D. Hipolito
Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y
los demás heridos, de este número son: el capitán D. Justo Bermúdez,
y el teniente Manuel Díaz Velez, que avanzándose con energía hasta
el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del
enemigo. El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y
tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y
atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito
párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con
su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de
batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D.
Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos
permanecieron con denuedo en todos los peligros. Seguramente el
valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día
de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del
Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga,
pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un
principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos
pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo
febrero 3 de 1813.
Luego de esta victoria San Martín fue designado para hacerse cargo
del Ejército del Norte, donde debió reemplazar al general Manuel
Belgrano. Desde su reciente cargo de Mayor General del Ejército
Auxiliar del Perú debía reorganizar un ejército deshecho por las
derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Al poco tiempo de encontrarse San
Martín en Tucumán, se dio cuenta que era imposible llegar a Lima,
que en ese momento era el centro del poder realista, por el camino
del Alto Perú. Cada vez que un ejército realista descendía del
altiplano hacia los valles de Salta, era derrotado, y cada vez que
un ejercito patriota ingresaba en el Alto Perú, era también
aniquilado.
Fue entonces que el General concibió la idea, que luego realizaría
con éxito, de cruzar la cordillera y atacar la ciudad de Lima por
mar. Para mantener segura la frontera del norte bastaban las tropas
salteñas al mando del general Güemes. Acordó con Martín Miguel de
Güemes la defensa de la frontera norte y comenzó a preparar una
futura estrategia militar. Dejó brevemente el mando del ejército al
general Francisco Fernández de la Cruz retirándose a Saldán,
provincia de Córdoba, para reponerse de una úlcera estomacal. Allí
mantendría conversaciones con su amigo Tomás Guido en las que
convencería a este de la necesidad de independizar la región
ocupando Chile. El 20 de mayo de 1816 Guido presentaría un documento,
su célebre "Memoria", al Director Supremo de aquel entonces, Juan
Martín de Pueyrredón, en el que exponía con detalles el plan.
Pueyrredón aprobaría y mandaría a ejecutar dicho plan.
En
1814, Gervasio Antonio Posadas lo nombró Gobernador de Cuyo, su plan
ya estaba terminado y aprobado, y a partir de ese momento San Martín
comienza los preparativos de la organización del Ejército de los
Andes.
Con el apoyo del nuevo director supremo, Carlos María de Alvear, a
quien había conocido en Cádiz, se dedicó a organizar un ejército con
los refugiados, al tiempo que el Congreso de Tucumán declaraba la
independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 9 de
julio de 1816. En el noroeste de Mendoza constituyó su Estado Mayor
en el campamento de El Plumerillo.
El 23 de agosto de 1816 nació en Mendoza su única hija, Mercedes
Tomasa, quien lo acompañaría en el exilio.
El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón lo nombró general en
jefe del Ejército de los Andes y el 12 de enero de 1817 se inició
desde Mendoza el Cruce de los Andes en dirección a Chile. El
Ejército de los Andes fue uno de los dos grandes cuerpos militares
que la provincia de Cuyo desplegó en la Guerra de Independencia
Hispanoamericana; contó inicialmente con 4000 hombres y 1200
milicianos de tropa de auxilio para conducción de víveres y
municiones.
El Ejército se dividíó en seis columnas, cuatro secundarias, cuyo
objetivo era distraer a las fuerzas enemigas y provocar movimientos
favorables a la Revolución en zonas elejadas de la Capital, y dos
principales, concentrando el grueso del Ejército, ambas comandadas
por el capitán general San Martín. En el cruce de los Andes, para
acometer contra las tropas realistas asentadas en el actual
territorio chileno, la primera debía atravesar la cordillera de los
Andes por el paso de Los Patos, al mando del general Bernardo
O'Higgins. La segunda columna estaba bajo el mando del general Juan
Gregorio Las Heras, y debía marchar por el camino de Uspallata,
conduciendo todo el parque y la artillería, cuyo transporte era
imposible por el más escabroso paso de Los Patos.
Las dos debían reunirse en el valle del Aconcagua, mientras que
efectivos menores dispersaban las fuerzas enemigas, induciéndolas a
engaño respecto del avance de la agrupación principal.
Las fuerzas de Las Heras, de O’Higgins y de Soler se reúnen el 8 de
febrero en el Campamento de Curimón. Ante las noticias del avance
del jefe realista, Coronel Rafael Maroto, hacia las casas de
Chacabuco, San Martín ordenó el avance y el 12 de febrero se libra
la Batalla de Chacabuco. El Ejército de Los Andes obtuvo la victoria
sobre los realistas a las órdenes de Marco del Pont; hubo 500
muertos y 600 prisioneros.
Esto permitió la entrada del ejército en Santiago. El 18 de febrero
se convocó a un Cabildo Abierto que propuso a San Martín como
Director Supremo de la naciente república, pero éste rechazó el
ofrecimiento para evitar sospechas sobre un posible avasallamiento
de la Provincias Unidas sobre la autonomía de Chile. Dos días
después el cabildo nombra finalmente a O'Higgins como director
supremo, designación que avaló. Sin embargo, el Libertador tuvo
opositores locales, como los hermanos Carrera, líderes de un sector
opositor a O'Higgins, que comenzaron a conspirar para declarar a
éste último traidor, juzgar a San Martín como criminal y fusilar a
sus seguidores. El complot fue descubierto, Juan José y Luis Carrera
fueron fusilados, y José Miguel huyó a la Banda Oriental
Luego de la emancipación chilena San Martín se trasladó a Buenos
Aires para obtener del gobierno un empréstito que permitiera costear
los gastos de la Expedición Libertadora del Perú. Pueyrredón le
prometió 500.000 pesos pero luego hubo dificultades para cumplir la
promesa debido a las luchas internas entre Buenos Aires y los
caudillos; entonces San Martín renunció a la jefatura del ejército.
Ante este hecho San Martín recibe del Directorio 200.000 pesos, y
junto a la ayuda financiera obtenida del Director Supremo de Chile,
Bernardo O'Higgins, ambos logran armar una escuadra. El gobierno de
Chile determinó que San Martín sería el comandante en jefe de la
expedición, que la expedición navegaría bajo bandera chilena y que
el mando de la escuadra recaería en el marino escocés Lord Thomas
Cochrane. Finalmente San Martín es designado Brigadier del Ejército
de Chile para posteriormente, cuando zarpe la expedición, ser
designado Capitán General del Ejército de Chile.
El 19 de marzo de 1818 se produce la batalla o sorpresa de Cancha
Rayada; el ejército unido bajo las órdenes de San Martín acampaba
cerca de Talca, cuando se supo que Mariano Osorio, jefe español, le
preparaba un ataque por sorpresa en la noche. San Martín dispuso
cambiar su posición de sus tropas para, a su vez, sorprender a los
realistas. Cuando la maniobra no se había completado los españoles
iniciaron el ataque. En la oscuridad se generó una gran confusión,
ya que tanto realistas como patriotas equivocaron sus posiciones,
aquéllos por desconocer el traslado de tropas ordenado por San
Martín, éstos por no haberlo completado. Los españoles perdieron 300
hombres, y quedaron dueños del campo; los patriotas tuvieron 120
bajas, pero perdieron el parque, fusiles y 26 cañones. La división a
cargo de Las Heras emprendió una retirada ordenada sustrayéndose a
la lucha. Así se pudo encolumnar y salvar sus efectivos y su parque
de artillería. De inmediato San Martín decidió reorganizar sus
medios en las llanuras de Maipú.
El 5 de abril se vuelven a enfrentar en la batalla de Maipú. Esta
batalla se desarrolló en tres etapas. Primero, San Martín decidió
desplazar a las fuerzas patriotas linealmente, para atacar a los
realistas alineados en la parte alta de una lomada. Formaron un
triángulo para atacar con la caballería, la artillería y la
caballería chilena y patriota por el sur. Osorio impulsó sus fuerzas
por la derecha, pero la izquierda cedió por completo. El ejército
realista debió retroceder en desorden, los granaderos persiguieron
al galope a las últimas fracciones que se retiraban. El adversario
dejaba en el campo de batalla 2.000 cadáveres, cerca de 2.500
prisioneros, todo su armamento y material de guerra. El general
O'Higgins, herido durante la batalla, se acercó sin embargo montado
en su caballo para abrazar a San Martín. Muchos han relatado esta
escena con honda emoción. La victoria de Maipú pasa a la historia
como una gran batalla a partir de una maniobra extraordinaria. El
parte de la victoria dice así: Acabamos de ganar completamente la
acción. Nuestra caballería los persigue hasta concluirlos. La patria
es libre, abril de 1818. San Martín. El gobierno de Chile lo premia
con una vajilla de plata y 6.000 pesos, pero el Libertador rechazó
ambos regalos diciendo :No estamos en tiempos para tanto lujo.
Con la batalla de Maipú se obtiene definitivamente la victoria sobre
las tropas realistas asegurando finalmente la independencia de
Chile. Cuando se dispuso a reanudar la campaña al Perú recibe la
orden del Directorio de marchar hacia el Litoral fluvial con su
ejército para combatir a los federales de Santa Fe y Entre Ríos. San
Martín se niega declarando: "el general San Martín jamás
desenvainará su espada para combatir a sus paisanos".
Finalmente el 20 de agosto de 1820 parte San Martín junto a la
expedición desde Valparaíso hacia el Perú. La expedición estaba
constituida por alrededor de 4,500 hombres, pertenecientes al
Ejército Libertador de los Andes y al Ejército de Chile, de los
cuales 1,600 eran marinos y se embarcaron en ocho navíos de guerra y
dieciséis transportes.
El 8 de septiembre, el General y su ejército desembarcan en el
puerto de Pisco haciendo retroceder al ejército realista, que se
repliega a la zona de Sierra.
El virrey Pezuela, jefe del ejército realista, tenía bajo su mando a
unos 20.000 soldados, distribuidos por todo el virreinato, de los
cuales la mayor parte defendía Lima; tratando de ganar tiempo para
reunir a todos los soldados, plantea una salida diplomática al
conflicto, que finalmente no llegó a ningún acuerdo aceptable para
San Martín. Éste envía inmediatamente una división al mando del
general Juan Antonio Álvarez de Arenales hacia Lima, por la ruta de
la sierra, para propiciar la insurrección de las poblaciones a lo
largo de su trayecto. San Martín sigue con la flota y en los
primeros días de noviembre desembarca en la localidad de Huacho,
donde fortifica su posición e inicia su estrategia para sitiar
definitivamente Lima.
El 29 de enero de 1821 se sublevan altos oficiales realistas contra
el virrey Pezuela, quien es derrocado y sustituido por el general
José de La Serna, que será nombrado virrey del Perú por la corona.
El nuevo virrey propone a San Martín nuevas negociaciones
diplomáticas, las cuales finalmente fracasan debido a que la
propuesta definitiva del General era la independencia del Perú. El
sitio de Lima se prolongó por algunos meses y en el mes de marzo
arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, enviado por el rey de España
como emisario pacificador, sin ninguna consecuencia favorable para
los independentistas. San Martín decide iniciar una nueva estrategia
y envía dos ejércitos, uno al mando del general Guillermo Miller,
para desembarcar en las costas del sur y otra al mando del general
Arenales, hacia a la sierra.
San Martín deja Huacho y desembarca en Ancón, estrechando el cerco a
Lima. A la vez, inicia negociaciones de paz, que se realizan en la
hacienda de Punchauca, cerca de Lima, a fines de abril, mediante sus
delegados Guido, García del Río y José Ignacio de la Rosa y los del
virrey La Serna, Abreu, Manuel de Llano y Mariano Galdiano. Las
negociaciones fracasan nuevamente. El alzamiento del regimiento
realista Numancia -integrado por venezolanos- a favor de la
independencia, le abre las puertas de Lima a San Martín, obligando a
La Serna a abandonar la ciudad el 5 de julio, internándose en la
sierra.
San Martín ocupa Lima y reúne a Cabildo Abierto el 15 de julio. El
día 28 San Martín declara la independencia y es nombrado Protector
del Perú con autoridad civil y militar. Ese mismo año fundó la
Biblioteca Nacional del Perú a la cual donó su colección personal de
libros y creó la Orden El Sol del Perú. Gobierna el Perú desde el 3
de agosto de 1821 hasta el 20 de septiembre de 1822.
Durante su protectorado recibe un pedido de ayuda del general
Antonio José de Sucre, lugarteniente de Simón Bolívar, para la
campaña en Ecuador. San Martín envía soldados que participaron en
las victorias de Riobamba y Pichincha, que garantizaron la rendición
de Quito. Entre los días 26 y 27 de julio de 1822 se realiza la
Entrevista de Guayaquil, donde se reúne con Bolívar, teniendo como
tema principal la liberación del Perú, principal baluarte realista
en Sudamérica, cediendo a éste la iniciativa y conducción de la
campaña libertadora. Poco después decide retirarse de todos los
cargos y volver a su país.
Vuelto a Mendoza pidió autorización para regresar a Buenos Aires y
reencontrarse con su esposa que estaba gravemente enferma.
Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín
Rodríguez, se lo negó argumentando que no sería seguro para San
Martín volver a la ciudad. Su apoyo a los caudillos del interior y
la desobediencia a una orden que había recibido del gobierno de
reprimir a los federales, le valió que los unitarios quisieran
someterlo a un juicio.
No obstante, como la salud de su esposa empeoraba decidió viajar a
Buenos Aires, donde a su llegada ya ella había fallecido el 3 de
agosto de 1823.
Se desarrolló en los años 1817 y 1818.
Las tropas salieron de Plumerillo (Mendoza) el 18 de enero de 1817
al mando de San Martín. Atravesaron la Cordillera de los Andes en
dos columnas, una al frente de Soler y O'Higgins con San Martín
(Camino de los Patos, Villavicencio) y otra al frente de Las Heras
(Camino de Uspallata).
Las victorias fueron en Chacabuco (12 de febrero de 1817) y Maipú (5
de abril de 1818). El 14 de febrero San Martín entró en Santiago de
Chile y fue nombrado Director Supremo del Estado de Chile.
Las derrotas fueron en Talcahuano (diciembre de 1817) y Cancha
Rayada (19 de marzo de 1818), al sur de Chile.
Existen dos teorías en torno a la supuesta filiación Masónica del
General San Martín que generaron polémicas durante varios años.
Si bien diversos historiadores, entre los cuales algunos son
partidarios de la Iglesia y en cierto modo de tendencia antimasónica,
infieren que en ningún momento ingresó en una Logia Masónica
regularmente constituida, numerosos autores, argentinos y
extranjeros, aportaron pruebas que demuestran categóricamente la
autenticidad de su carrera iniciática. Entre los primeros, se
argumenta que la totalidad de las Logias con las que mantuvo
contacto a lo largo de su vida, principalmente la Lautaro, no eran
estrictamente masónicas, sino que habrían sido únicamente grupos
revolucionarios que tomaron como base de su organización elementos y
símbolos masónicos que serían funcionales a su carácter de Sociedad
Secreta[1]. Los documentos, no obstante, demuestran que se trataría
de una Logia Operativa, no en el sentido literalmente constructivo
como es el caso de las cofradías medievales, sino que ostentaría
objetivos revolucionarios, sin detrimento de los elementos
ritualísticos e iniciáticos de la masonería especulativa.
Por su parte, el historiador Emilio J Corbiere, señala que José de
San Martín dio sus primeros pasos en la masonería iniciándose en la
Logia Integridad de Cádiz, luego pasaría a formar parte de la Logia
Caballeros Racionales Nº 3, donde, el 6 de Mayo de 1808, le será
otorgado el 3º Grado de la masonería simbólica, accediendo de este
modo al título de Maestro Masón. Tras renunciar a su carrera militar
en España, viajó a Inglaterra donde se reunió con Carlos María de
Alvear, un reconocido miembro de la Logia Lautaro que trabajaba con
la Logia Flor de los Americanos. En una de las Tenidas (o reuniones)
se decidió abatir columnas y regresar a suelo americano para llevar
a cabo la campaña que allí se habría gestado. Mientras tanto, Simón
Bolivar era iniciado por Francisco de Miranda. Al poco tiempo, San
Martín, Alvear y Zapiola obtenían el Grado 5º.
Poco después de su llegada, en 1812, junto a sus Hermanos Masones
Carlos María de Alvear y José Matías Zapiola funda un Triángulo
Masónico que constituiría la base de la futura Logia Lautaro. En ese
entonces la Orden ya estaba implantada, con la Logia Independencia
que funcionaba desde 1795, pues su llegada al Río de la Plata data
de finales del Siglo XVIII, con una importante influencia de la
masonería española y no así de la inglesa, como se creyó en un
momento. Con el mismo nombre, Independencia, se funda en 1810 una
nueva Logia, también conocida como Logia de San Juan, bajo las
órdenes del doctor Julián Alvarez que colaboraría enormemente en los
comienzos de la Lautaro.
Siguiendo la antigua tradición de adoptar nombres simbólicos o
iniciáticos, José de San Martín era conocido entre los lautarinos
como Hermano Inaco.
En una carta dirigida al General Guillermo Miller, respondiendo a
preguntas concernientes a la Logia de Buenos Aires, San Martín
escribe:
"No creo conveniente hable Ud. lo más mínimo de la logia de Buenos
Aires. Estos son asuntos enteramente privados, y que aunque han
tenido y tienen una gran influencia en los acontecimientos de la
revolución de aquella parte de América no podrían manifestarse sin
faltar por mi parte a los más sagrados compromisos. A propósito de
logias, sé a no dudar, que estas sociedades se han multiplicado en
el Perú de un modo extraordinario. Esta es una guerra de zapa que
difícilmente se podrá contener, y que hará cambiar los planes más
bien combinados".
La Logia de Buenos Aires, de acuerdo a las palabras del investigador
y escritor masónico Albert Gallatin Mackey, sería destinada a los
Grados Superiores y determinaría las decisiones políticas que
deberían ser implementadas.
El General Tomás de Iriarte en sus memorias declara que tanto la
Logia Lautaro como la Logia de Julián Álvarez eran masónicas. Sin
embargo, Bartolomé Mitre, masón grado 33, escribió en su Historia de
San Martín y la Emancipación Sudamericana, que la Logia Lautaro, era
una sociedad secreta de carácter netamente político, que no
pertenecía a la masonería.
En 1825, en Bruselas, San Martín recibe una medalla masónica con su
efigie por parte de la Logia belga La Parfaite Amitié (La Perfecta
Amistad), en reconocimiento a su labor desempeñada en la revolución
americana. Esta medalla suele ser utilizada para demostrar la
pertenencia de San Martín a la masonería, cosa que no está probada
documentalmente.
En todo caso, todo parece indicar que si bien es cierto es muy
probable que San Martín haya sido iniciado en Europa, su relación
con la masonería se diluyó con el paso de los años. La polémica
seguirá abierta entre quienes defienden un punto de vista y otro,
ambas posturas son desde luego respetables y exhiben sus respectivos
argumentos.
Al llegar a Buenos Aires se le acusó de haberse convertido en un
conspirador. Desalentado por las luchas internas entre unitarios y
federales decidió marcharse del país con su hija, quien había estado
al cuidado de su abuela. El 10 de febrero de 1824 partió hacia el
puerto de El Havre, Francia. Tenía 45 años y era Generalísimo del
Perú, Capitán General de la República de Chile y General de las
Provincias Unidas del Río de la Plata. Luego de un breve período en
Londres, se instalaron en Bruselas y poco después en París.
En 1825 redactó las Máximas para Merceditas, donde sintetizaba
cuáles eran sus ideales educativos.
En 1828 intentó regresar a Buenos Aires, aunque no llegó a
desembarcar. Por tres meses permaneció en Montevideo. El
levantamiento de su antiguo compañero Juan Lavalle contra el
gobernador Manuel Dorrego, el posterior fusilamiento de Dorrego, las
rivalidades y la profunda decepción que sentía por lo que acontecía
en la política del país fueron los motivos principales para que San
Martín decidiera instalarse definitivamente en Europa.
Durante los años en que duró su exilio San Martín mantuvo contacto
con sus amigos en Buenos Aires, en donde trataba de interiorizarse
de lo que sucedía en su país. Al enterarse, en 1827, de la guerra
que Argentina mantenía con Brasil, se ofreció para luchar en ella
pero nunca fue llamado.
En 1831 se radicó en Francia en una finca de campo cercana a París.
Por esos años tiene lugar su afortunado encuentro con su ex
compañero de armas, Alejandro Aguado, marques de las Marismas, quien
convertido en un exitoso banquero, designa a San Martín tutor de sus
menores hijos, con una generosa paga. Tres años más tarde y gracias
al dinero ahorrado trabajando con su amigo, San Martín se mudó a una
casa en Grand Bourg, lugar que compró y donde residió hasta 1848.
Hasta sus últimos años mantuvo correspondencia con su gran amigo
Tomás Guido, quien le mantenía informado sobre la situación política
en Argentina y América. Finalmente, en marzo de 1848 se trasladó a
Boulogne-sur-Mer, en donde falleció a la edad de 72 años, a las tres
de la tarde del 17 de agosto de 1850 en compañía de su hija Mercedes
y de su yerno Manuel Balcarce. En su testamento firmado en 1844
declaró como su primer título el de Generalísimo del Ejército del
Perú y expresó su voluntad de que no se le hicieran grandes
funerales "pero sí desearía que mi corazón fuese sepultado en Buenos
Aires".
En 1861 sus restos fueron trasladados a la bóveda de la familia
González Balcarce, ubicada en el cementerio de Brunoy, Francia.
Posteriormente hubo varios intentos de repatriarlos. Durante la
presidencia de Nicolás Avellaneda se creó la "Comisión encargada de
la repatriación de los restos del Libertador", hecho que finalmente
se produjo el 28 de mayo de 1880. En principio, se abogaba por
depositar sus restos en la Catedral de la ciudad de Buenos Aires,
frente a la Plaza de Mayo. Este acontecimiento jamás sucedió debido
a la oposición de la Iglesia que, apoyándose en los cánones
apostólicos romanos y en virtud de la filiación masónica del General
San Martín (ver sección masonería) no podría consentir la petición,
pues dicha situación implicaba la excomunión inmediata del
Libertador. Por este motivo no podría ser alojado en un templo
consagrado. Esta dificultad se vio agravada por los enfrentamientos
primitivos entre la Iglesia y la masonería, que se produjeron entre
otras varias cuestiones, por la expulsión de los jesuitas del Río de
la Plata. Tras largas negociaciones se llegó a un acuerdo no del
todo satisfactorio. Desde entonces, el féretro descansa en un
mausoleo fuera de la planta principal de la Catedral e inclinado
unos 45º con su cabeza hacia abajo, como símbolo, según argumentos
eclesiásticos, de una supuesta condena infernal a la que estarían
expuestos los masones. Reconocido como Libertador de tres naciones,
los americanos recuerdan y recordarán siempre de él, lo que está
escrito en su tumba "Triunfó en San Lorenzo, afirmó la independencia
argentina, pasó los Andes, llevó su bandera emancipadora a Chile, al
Perú y al Ecuador".
El testamento ológrafo fue fechado en París el 23 de enero de 1844,
dejando como única heredera a su hija Mercedes de San Martín, casada
con Mariano Balcarce. Otras cláusulas fueron:
Que Mercedes otorgue a su tía María Elena una pensión hasta su
fallecimiento.
Que a la muerte de María Elena le otorgue una pensión a la hija de
ésta, Petronila.
Que su sable corvo fuera entregado a Juan Manuel de Rosas.
Prohibió la realización de funerales y de acompañamientos hasta el
cementerio, aunque su voluntad era que su corazón descansara en
Buenos Aires.
Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que
nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana
para que saliese: "Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande
para nosotros dos..."
Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.
Inspirarle una gran confianza y amistad, pero unida al respeto.
Estimular en Mercedes la Caridad con los pobres.
Respeto sobre la propiedad ajena.
Acostumbrarla a guardar un secreto.
Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.
Dulzura con los criados, pobres y viejos.
Que hable poco y lo preciso.
Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
Amor al aseo y desprecio al lujo.
Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad.
(Bruselas, Bélgica, 1825)
En 2000, el escritor José Ignacio García Hamilton en su libro Don
José expone una versión controvertida acerca del origen mestizo de
San Martín. En toda su vida surgieron anécdotas sobre la tonalidad
oscura, morena del prócer. La versión de mestizo se basó en otra del
historiador argentino Hugo Chumbita, en donde el general sería hijo
del español Diego de Alvear (padre de Carlos María de Alvear) y de
una joven guaraní llamada Rosa Guarú. Según Chumbita, Alvear habría
entregado a José al matrimonio formado por Juan de San Martín y doña
Gregoria Matorras, quienes lo bautizaron dándole su apellido. Para
estas afirmaciones Chumbita se basó en un libro de memorias de María
Joaquina de Alvear y Sáenz de Quintanilla (1823-1889), hija de
Carlos de Alvear.
La figura de San Martín tiene el primer lugar dentro de la versión
de la historia que ha circulado en las escuelas argentinas, a través
de las cuales se ha conformado la identidad de muchos de los
ciudadanos y ciudadanas de este Estado latinoamericano. A San Martín
se lo ha considerado "Padre de la Patria", fundamentalmente a través
de la ingente obra de Bartolomé Mitre, Historia de San Martín y de
la Emancipación Americana y de la de Ricardo Rojas, El Santo de la
Espada. Es por esto que siempre se lo ha considerado argentino, ya
que en la explicación mitrista, la nación, el pueblo argentino,
existe con anterioridad a la constitución del Estado, es por eso que
sin problema se lo podía considerar a San Martín, argentino, e
inclusive correntino, pese a haber nacido mucho antes de la
Constitución del Estado Argentino y de la Provincia de Corrientes.
Desde otras perspectivas historiográficas actuales, se considera que
la Nación es una construcción ideológica que sirve de fundamento
para la legitimación de los Estados. Es decir, la identidad nacional
se da con posterioridad al Estado. Ciertos historiadores como
Rodolfo Terragno o Luis Alberto Romero sostienen que tenía a lo sumo
un ideal americanista y no una identidad argentina ya que no podía
ser parte de algo que aun no existía. Fuente de este artículo:
wikipedia
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