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ARGENTINA: CRISOL DE RAZAS |
Los
primeros pobladores del actual territorio argentino fueron indígenas
quienes, congregados en diversas tribus, desarrollaron sus
respectivas culturas en grado diverso.
En el siglo XVI, se produce el arribo de los conquistadores
españoles, quienes traen consigo sus costumbres y valores propios,
generándose un encuentro cultural de dimensiones perdurables, no
exento de dolor en muchos casos y de cooperación en otros. Desde el
punto de vista poblacional, dicho encuentro dio lugar al mestizaje
de blancos e indios, al que se sumaría en grado menor, el aporte de
habitantes negros traídos desde África o desde el Brasil en calidad
de esclavos, particularmente en la zona del Río de la Plata.
Mestizos, mulatos y zambos han de sentar así la conformación de la
población criolla.
En la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, se produjo el
arribo de un importantísimo caudal inmigratorio de origen
predominantemente europeo, que constituye otro pilar fundamental a
la hora de definir la esencia de la argentinidad, como producto de
un verdadero “crisol de razas”.
“Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos
indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el
derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la
personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y
propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y
regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo
humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni
susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en
la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses
que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente
estas atribuciones.” Artículo 75, Inciso 17 de la Constitución
Nacional.
Las
primeras tribus de cazadores de origen asiático llegaron a América a
través del Estrecho de Bering hace unos 30.000 años aproximadamente,
en tanto que su arribo al actual territorio argentino se considera
producto de migraciones internas ocurridas hace 18.000 años.
Estos pueblos se asentaron básicamente en dos regiones: la montaña y
la llanura. Con respecto al primer hábitat, los testimonios más
antiguos con que se cuenta son los rastros de núcleos poblacionales
que datan de hace 8.000 años en Ayamapatín (Provincia de Córdoba) e
Inti Huasi (Provincia de San Luis). Vestigios hay también de otra
cultura antigua en Tafí (Provincia de Tucumán), de pueblos que
trabajaban la piedra y la cerámica. Más reciente resulta la
civilización de La Aguada (territorio comprendido por las provincias
de San Juan, La Rioja y Catamarca), cuyos pobladores se dedicaban al
cultivo del maíz y al trabajo en bronce y cuyo desarrollo se ubica
entre los años 800 a 650.
En cuanto a los asentamientos de llanura, se registra la presencia
de un núcleo poblacional en Tandil (Provincia de Buenos Aires), de
aproximadamente 6.000 años de antigüedad, cuyos habitantes
trabajaban la piedra y la cerámica. En el Litoral, iguales vestigios
dan cuenta de la llamada Cultura del Alto Paraná, de la misma data.
En el extremo sur y los canales fueguinos se considera la llegada de
los primeros hombres hace 6.000 años, los que habitaban en viviendas
circulares semienterradas, vivían de la caza y la pesca, empleaban
botes y arpones para la caza de mamíferos marinos y recolectaban
moluscos.
Con la llegada de los conquistadores españoles los pueblos indígenas
vieron truncadas sus posibilidades de desarrollo cultural.
EN EL
NORORESTE
La cultura diaguita fue la más
compleja y numerosa de las poblaciones indígenas. Aproximadamente unos
200.000 habitantes conformaban su población a la llegada de los
conquistadores. Eran expertos agricultores que habían desarrollado
canales de riego para sus plantaciones de maíz, zapallo y porotos.
Adoraban al sol, el trueno y el relámpago. Tenían jefaturas similares a
los cacicazgos y sus familias eran monogámicas.
EN LAS SIERRAS
En la zona de las sierras
centrales estaban asentados los comechingones y los sanavirones. Vivían
de la caza, la recolección y la pesca; cosechaban maíz, porotos y
zapallos. Practicaban el culto al sol y a la luna.
EN CUYO Y NEUQUÉN
La cultura de los huarpes
ocupó las actuales provincias de San Juan, San Luis y Mendoza. Eran
agricultores, cosechaban maíz y cazaban guanacos y ñandúes. Trabajaban
la cerámica y creían en la existencia de un ser supremo.
La cultura pehuenche caracterizó a la zona de Neuquén. Sus habitantes
vivían de la caza y de la recolección, se agrupaban en clanes familiares
y creían en un ser supremo que moraba más allá del mar.
EN LA PAMPA Y EN LA PATAGONIA
Fue habitada por los
querandíes y los araucanos provenientes del Chile actual. Los tehuelches
y los onas ocupaban el sur, en tanto que en la zona central se hallaban
asentados los pampas. Todos estos pueblos tenían características comunes:
vivían de la caza de liebres, zorros, ñandúes y de la pesca. Tenían
asimismo un grado importante de organización social que les permitía
convivir agrupados, bajo el liderazgo de un cacique.
EN EL GRAN CHACO
Antes de la llegada de la
conquista española, esta región era habitada por tobas, mocovíes y
abipones. Eran básicamente cazadores y recolectores. Estaban integrados
en un sistema social de clanes, liderados por un cacique. La estructura
social era de carácter monogámico pero a los jefes les estaba permitida
la poligamia.
EN EL LITORAL
En esta zona predominó la
cultura guaraní, fruto de un pueblo de mansos agricultores que muy
pronto se sometieron al dominio español. Vivían en grandes casas donde
se alojaban varias familias. Creían en la tierra sin mal, una suerte de
paraíso perdido, al que regresarían algún día.
REGIÓN
CHAQUEÑA
Con el nombre de guaycurúes se
conoce a un conjunto de pueblos de origen patagónido que habitaban las
inmensidades del Chaco, divididos en: abipones, mbayaes, payaguaes,
mocovíes, tobas y pilagaes. De estos grupos actualmente sobreviven los
mocovíes, tobas y pilagaes en Chaco y Formosa.
Fundamentalmente recolectores de frutos (algarrobo, chañar, mistol,
tusca, higos de tuna y pequeños ananás silvestres), practicaban la caza
fuera de la estación más propicia para la pesca.
Los matacos/wichis fueron llamados bajo la primera de las denominaciones
por los españoles, término que en castellano viejo significaba "animal
de poca monta, sin importancia". Wichi en nomenclatura etnográfica
significa "gente". De tipo racial patagónido con influencia andina y
brasílida, basaban su economía en la recolección y la pesca. Habitaban
chozas de forma cupular hemisférica, hechas de ramas y paja, que medían
3 metros de diámetro por otros 3 de alto, sin puertas. Solían comer
carne, por lo general poco asada, charqui de pescado, frutas de
algarrobo, porotos del monte.
El gran consumo de estas
tribus fue el tabaco: secaban las hojas al fuego y luego,
desmenuzándolas entre las palmas de las manos, las fumaban en pipas de
madera o barro cocido.
Los chiriguanos en tanto, entraron al Chaco salteño con el conquistador
portugués Alejo García, a mediados del 1500, superponiéndose a los
pueblos de origen andino que ya ocupaban el territorio y adoptaron esa
cultura existente, más fuerte y sofisticada.
Su organización económica se
basó principalmente en la agricultura, cultivando maíz, poroto, calabaza,
mandioca dulce, sorgo, melones y algunas frutas. Para ahuyentar a los
loros de las sementeras ponían sobre estacas las máscaras de carnaval
que descartaban después de las fiestas, mientras que para almacenar sus
cosechas, construían graneros sobre pilotes.
REGIÓN PAMPEANA
En un principio deambulaban
por esta región los antiguos pampas, compuestos por los querandíes junto
a los taluhet, que habitaban la Pampa Húmeda y los diuihet que poblaron
la Pampa Seca.
El nombre de querandíes era un apelativo que los guaraníes daban a este
grupo que en su dieta diaria consumía grasa de animal, y que significaba
"hombres o gente con grasa". Al fundarse la ciudad de Buenos Aires las
poblaciones indígenas con las que debieron lidiar los conquistadores
fueron precisamente los querandíes.
Estos "naturales de la tierra" – tal como se referían a ellos los
españoles– ocuparon un área que va desde el sur de Santa Fe por el norte,
hasta el pie de las Sierras Grandes hacia el oeste y toda el área norte
de la Provincia de Buenos Aires hasta el Río Salado, por el sur.
Eran, al decir de los cronistas, gente robusta y de tez morena, vivían
formando grupos organizados que obedecían a jefes y caciques. Eran
cazadores y pescadores nómades que viajaban cuando la temporada de caza
les era favorable. Desarrollaron armas especializadas, entre ellas, las
boleadoras. El pescado, el huemul (un tipo de venado), las raíces, los
frutos y la langosta constituían su dieta básica. La vivienda de los
pampas primitivos es el típico toldo de llanura que persistió en siglos
posteriores.
Un dato curioso con respecto a los pampas es que su existencia fue
puesta muchas veces en duda. La razón de esa incertidumbre radica en que
las poblaciones indígenas que fueran objeto de las expediciones del
Presidente Julio A. Roca en el siglo XIX no pertenecían a esta familia.
La realidad es que queda muy poco de aquella Nación querandí. Por un
lado, hacia el siglo XV los tehuelches avanzaron sobre la región
pampeana, provocando cambios culturales en los grupos locales. Por el
otro, la conquista española, con sus armas y enfermedades, provocó su
desaparición.
También la zona fue habitada por los pampas cheche–hei desde las sierras
del sur de la Provincia hasta la desembocadura de los ríos Negro y
Colorado, pero se extinguieron completamente a mediados del siglo XVIII,
como consecuencia de la invasión de las tribus araucanas procedentes de
Chile.
Su economía se basaba asimismo en la caza, especialmente de caballos
cimarrones, hecha con boleadoras y lazo. Las armas más frecuentes eran
la lanza, las boleadoras, el arco y la flecha y la honda, en tanto que
como herramienta defensiva usaban una suerte de túnica de cuero de hasta
seis capas, que pintaban con manchas negras, a imitación de la piel del
jaguar. En tiempos más antiguos cazaban guanacos, ñandúes y otros
animales menores, a la vez que recogían frutos y semillas silvestres.
En el siglo XVI, los mapuches de origen trasandino iniciaron su avance
sobre la Patagonia y provocaron la paulatina aculturación de las tribus
locales, las que a partir de esa situación reemplazaron su idioma y sus
creencias. Hacia fines del siglo XIX la región sólo era habitada por
poblaciones de origen araucano. Este proceso de araucanización fue
consecuencia de la presión española sobre los indios de la región de
Chile, quienes habían sido expulsados desde el otro lado de la
Cordillera de los Andes.
REGIÓN DE LITORAL Y MOSOPOTOMIA
Los Kaingang (hombres del
bosque): Este grupo humano fue el que encontraron los conquistadores a
su llegada a la mesopotamia. Al poco tiempo este grupo desapareció como
entidad étnica al ser absorbida por los Charrúas y los Guaraníes.
Su organización económica estaba basada en la recolección, la caza y la
pesca.
Utilizaban como vivienda paravientos de vegetal trenzado, que se unían
para formar chozas de dos aguas, sin paredes.
Grupos de estas construcciones formaban las poblaciones que eran
gobernadas por un cacique.
Los Guaraníes (guerreros): Más allá de la dificultad que aún hoy
representa determinar con precisión el origen del pueblo Guaraní, es
importante destacar la trascendencia que culturalmente tuvo en el
territorio misionero y la región.
Vivían en aldeas, en los claros que formaba naturalmente la selva y
constituyendo una verdadera unidad tribal por ser entidades económicas
independientes una de otra y, por lo tanto, autosuficientes.
La
costumbre generalizada, practicada por los demás integrantes de la
comunidad tribal era la monogamia. Las uniones no eran muy estables, por
ello el divorcio era común.
Los
guaraníes eran básicamente agricultores, las familias poseían un lote
exclusivo en las plantaciones comunitarias y a su vez cada esposa tenía
una huerta personal.
Es un pueblo profundamente religioso, con alto grado de espiritualidad.
El “Shamán” o “Page” posee poderes sobrenaturales y desempeña una
función directriz –conductor de su pueblo en todos los actos
comunitarios–.
En el sitio web de la Provincia de Misiones se pueden encontrar
antecedentes de esos y otros grupos étnicos de la región.
REGIÓN PATAGÓNICA
Distintas poblaciones
indígenas habitaron la Patagonia miles de años antes de la llegada de
los españoles. Hoy sólo quedan depósitos funerarios, cuevas, escrituras
rupestres, lugares de laboreo de piedras o conchillas.
Patagones del norte (meseta patagónica)
Esta zona fue habitada por dos grupos de indígenas muy diferentes entre
sí: los tehuelches y los mapuches.
Los primeros habitaron desde el Río Colorado hasta los canales
magallánicos, divididos en varios grupos, en un territorio signado por
fuertes vientos, inviernos muy fríos y escasez de agua, lo que les
impedía cultivar la tierra. Eran, en consecuencia, de vida nómade:
cazadores de guanacos y avestruces. Hablaban la lengua del grupo ken, y
poseían un físico muy desarrollado, con la cabeza angosta y la cara
alargada.
Los mapuches (término que significa "gente de la tierra"), eran
cazadores y agricultores, con conocimientos de tejidos y alfarería y, a
diferencia de los tehuelches, eran sedentarios, lo que les permitió
alcanzar un mayor nivel de desarrollo. Originariamente habitaban en
territorio chileno, aunque luego emigraron a caballo hacia el territorio
argentino, donde se mezclaron con tehuelches y pampas a quienes
impusieron sus costumbres y su lengua, en función de su supremacía
cultural. Finalmente cayeron bajo el exterminio español.
Los mapuches contaban ya desde entonces con su propio calendario, el que
aún hoy en día rige algunas de sus festividades. Su lengua, como la de
la mayoría de los indígenas americanos, no poseía escritura. La
transmisión de las historias y leyendas, como así también de los saberes,
se hacía y hace en forma oral.
Patagones del sur (Tierra del Fuego)
En Tierra del Fuego, habitaron los onas, también pertenecientes al grupo
de los tehuelches. Se destacaron como cazadores de guanacos, que
constituía la base de su economía. No tenían caciques, sino una élite
integrada por "chamanes", sabios y profetas que gozaban de privilegios y
reconocimiento social.
Por otro lado, en las costas e islas de los canales de Tierra del Fuego
vivían los yámanas (en su lengua significaba "individuo, ser humano") y
los alacaluf, pueblos similares en cuanto a características físicas como
en sus pautas culturales, excepto en el aspecto lingüístico. Vivían en
chozas de ramas y hacían uso del arpón con punta desmontable para la
pesca de animales marinos, tales como moluscos, mejillones, cangrejos y
peces del mar. Se vestían con mantos de pieles de focas o de nutria que
abrigaban su contextura pequeña de piernas arqueadas.
REGIÓN DEL NORORESTE
Existieron cinco culturas
indígenas en la región: diaguitas, omaguacas (humahuacas), atacamas,
chiriguanos y lule–vilelas.
La cultura diaguito–calchaquí es la más representativa de los antiguos
habitantes indígenas del Noroeste argentino, y conforma la más compleja
y numerosa de las poblaciones.
Este grupo está integrado por tres entidades distintas, que se suelen
conocer como: pulares, en el Valle de Salta; calchaquíes, en los valles
de Calchaquí y Yocavil –Salta–, en Tucumán y Catamarca; y diaguitas, en
zonas de La Rioja. Sus componentes eran racialmente andinos. Todas ellas
tenían en común la lengua “caca” o “cacán”.
Se trataba de una cultura de agricultores sedentarios, poseedores de
irrigación artificial por medio de canales y con andenes de cultivo para
sus productos principales: maíz, zapallo y porotos. Fueron criadores de
llamas, de las cuales emplearon su lana para tejidos y para carga. La
recolección fue otra de sus actividades, especialmente de la algarroba y
el chañar, que almacenaban en grandes cantidades.
Tenían fuertes jefaturas, probablemente hereditarias, que llegaban a
desplegar su autoridad sobre varias comunidades. La familia monogámica
era el núcleo vital de la comunidad, destacándose la práctica de la
poligamia entre los caciques.
Eran adoradores del sol, el trueno y el relámpago. Celebraban rituales
propiciatorios de la fertilidad de los campos y tenían una funebria
elaborada, expresión de un culto a los muertos como tránsito crucial en
el ciclo de vida de la cultura.
Su arte, dirigido muchas veces a lo religioso, es el más acabado de
nuestras culturas indígenas. No solo en cerámica sino también en
metalurgia.
La cultura diaguita fue guerrera; hecho demostrado a la llegada de los
españoles, cuando opusieron una feroz resistencia, quizá la más fuerte.
El instrumental bélico era muy variado y la guerra contra el español
asumió las características de un fenómeno integral en el que participó
la comunidad entera.
Aproximadamente unos 200.000 indígenas conformaban este pueblo a la
llegada de los españoles.
REGIÓN SERRANA Y CUYO
Esta zona fue habitada por los
comechingones, los sanavirones, los pehuenches y los puelches.
Los comechingones recibieron tal denominación por parte de los
conquistadores españoles, quienes entendían que dicha palabra aludía a
un grito de guerra. Habitaban el cordón montañoso ubicado entre las
provincias de Córdoba y San Luis. Formaban pequeños grupos
independientes, al mando de caciques. Los grupos de población más
numerosa fueron los de las áreas de Quilino y Ongamira y los valles de
Punilla, Calamuchita, Río Cuarto y Río Primero. Vivían en chozas
construidas sobre pozos a ras del suelo, con entradas muy pequeñas para
conservar el calor interior y protegerse de las inclemencias del tiempo.
Fueron uno de los pueblos más
destacados en la elaboración pictográfica, legando grabados y dibujos en
el interior de numerosas grutas.
Los sanavirones pertenecían al grupo amazónido y en su avance sobre el
territorio del río Dulce (que incluía también la depresión de Mar
Chiquita) sometieron a los huarpes (de origen comechingón). Vivían en
casas muy grandes, donde albergaban a varias familias, construidas con
vegetales y ubicadas en lugares de cardones y arboledas que les servían
de protección. Eran agricultores, aunque también practicaron la
recolección, la pesca y la caza. Para esta última recurrían a la macana,
una suerte de garrote triangular con una protuberancia en un extremo,
también usada como arma de guerra.
Los pehuenches habitaron el sur de Mendoza y la región cordillerana de
Neuquén. En lengua araucana, la voz pehuén significa pino y che: gente,
es decir que el nombre alude a la "gente de los pinares".
Su alimento principal era el piñón del que extraían harina para hacer
pan y para obtener una bebida alcohólica similar a la chicha, una vez
fermentada.
Los puelches habitaron el norte de la zona en Mendoza. En la lengua
araucana el término significa "gente del este". Tenían a la algarroba
como dieta principal; de allí el mote de "algarroberos".
Pehuenches y puelches, quienes pertenecían al grupo huárpido, eran
cazadores de guanacos y ñandúes, así como recolectores de semillas,
entre ellas: algarroba, molle y piñones de la araucaria. Con la
conquista, comenzaron a comer caballos. Vivían cerca los bosques para
acceder fácilmente a los frutos, en toldos de cueros sostenidos por
ramas. De ese material era también su vestimenta, que combinaban con
plumas, aros de cobre o plata y pintura en rostro, brazos y piernas.
Cada tipo de atuendo o complemento tenía su significación: duelo, guerra
o paz.
Fuente de este artículo:
http://www.argentina.gov.ar
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