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Lengua castellana

 

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LENGUA  CASTELLANA - LENGUA  ESPAÑOLA - LENGUA  LATINA

¿Español o Castellano? Esa es una cuestión que le trae al alumno del idioma español muchas dudas. En algunos casos no se le dice realmente de dónde ha surgido el idioma y tampoco se hace referencia a esta historia. Por detrás de este idioma hay mucho que saber y aprender. En esta recopilación de datos, este artículo está bastante completo y hace referencia a muchas cosas y términos que son importantes para conocer un poco de esta historia.

___________________________________

ORIGEN Y NOMBRE

El castellano se originó como un dialecto del latín en las zonas limítrofes entre Cantabria, Burgos, Álava y La Rioja, provincias del actual norte de España, convirtiéndose en el principal idioma popular del Reino de Castilla (el idioma oficial era el latín). De allí su nombre original de idioma castellano, en referencia a la zona geográfica donde se originó. La otra denominación del idioma, español, procede del latín medieval Hispaniolus o más bien de su forma ultracorrecta Spaniolus (literalmente: "hispanito", "españolito"), a través del occitano espaignol.

Con la conquista de América, que era una posesión personal del monarca de Castilla, el idioma castellano se extendió a través de todo el continente, desde California hasta la Tierra del Fuego. En esa época no existía España como entidad unificada, sino una unión dinástica de varios reinos y territorios con grados diversos de autonomía: la Corona de Castilla, los reinos y territorios de la Corona de Aragón y el reino de Navarra.

El original idioma castellano derivó luego en numerosas variantes dialectales que, si bien respetan el tronco principal, tienen diferencias de pronunciación y vocabulario. A esto hay que agregar la influencia de los idiomas de las poblaciones nativas de América, como el aimara, náhuatl, guaraní, chibcha, mapudungun, taíno, maya, y quechua, que hicieron también contribuciones al léxico del idioma, no sólo en sus zonas de influencia, sino en algunos casos en el léxico global.

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¿ESPAÑOL O CASTELLANO?

Esta lengua también se llama castellano...por ser el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales: Castilla. Existe alguna polémica en torno a la denominación del idioma; el término español es relativamente reciente y no es admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio de sus comunidades autónomas respectivas; son esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la lengua, castellano entendido como ‘lengua de Castilla’.

En los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los términos castellano y español. En los primeros documentos tras la fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por acuerdo la denominación de lengua española.

Quien mejor ha estudiado esta espinosa cuestión ha sido Amado Alonso en un libro titulado Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres (1943). Volver a llamar a este idioma castellano representa una vuelta a los orígenes y quién sabe si no sería dar satisfacción a los autores iberoamericanos que tanto esfuerzo y estudio le dedicaron, como Andrés Bello, J. Cuervo o la argentina Mabel Manacorda de Rossetti.

Renunciar al término español plantearía la dificultad de reconocer el carácter oficial de una lengua que tan abierta ha sido para acoger en su seno influencias y tolerancias que han contribuido a su condición. Por otro lado, tanto derecho tienen los españoles a nombrar castellano a su lengua como los argentinos, venezolanos, mexicanos, o panameños de calificarla como argentina, venezolana, mexicana o panameña, por citar algunos ejemplos. Lo cual podría signifcar el primer paso para la fragmentación de un idioma, que por número de hablantes ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo. En España se hablan además el catalán y el gallego, idiomas de tronco románico, y el vasco, de origen desconocido.

Como dice Menéndez Pidal "la base del idioma es el latín vulgar, propagado en España desde fines del siglo III a.C., que se impuso a las lenguas ibéricas" y al vasco, caso de no ser una de ellas. 

De este substrato ibérico procede una serie de elementos léxicos autónomos conservados hasta nuestros días y que en algunos casos el latín asimiló, como: cervesia > cerveza, braca > braga, camisia > camisa, lancea > lanza. 

Otros autores atribuyen a la entonación ibérica la peculiar manera de entonar y emitir el latín tardío en el norte peninsular, que sería el origen de una serie de cambios en las fronteras silábicas y en la evolución peculiar del sistema consonántico.

Otro elemento conformador del léxico en el español es el griego, puesto que en las costas mediterráneas hubo una importante colonización griega desde el siglo VII a.C.; como, por otro lado, esta lengua también influyó en el latín, voces helénicas han entrado en el español en diferentes momentos históricos. Por ejemplo, los términos huérfano, escuela, cuerda, gobernar, colpar y golpar (verbos antiguos origen del moderno golpear), púrpura (que en castellano antiguo fue pórpola y polba) proceden de épocas muy antiguas, así como los topónimos Denia, Calpe.

A partir del renacimiento siempre que se ha necesitado producir términos nuevos en español se ha empleado el inventario de las raíces griegas para crear palabras, como, por ejemplo, telemática, de reciente creación, o helicóptero.

Entre los siglos III y VI entraron los germanismos y su grueso lo hizo a través del latín por su contacto con los pueblos bárbaros muy romanizados entre los siglos III y V. Forman parte de este cuerpo léxico guerra, heraldo, robar, ganar, guiar, guisa (compárese con la raíz germánica de wais y way), guarecer y burgo, que significaba 'castillo' y después pasó a ser sinónimo de 'ciudad', tan presente en los topónimos europeos como en las tierras de Castilla, lo que explica Edimburgo, Estrasburgo y Rotemburgo junto a Burgos, Burguillo, Burguete, o burgués y burguesía, términos que entraron en la lengua tardíamente. 

Hay además numerosos patronímicos y sus apellidos correspondientes de origen germánico: Ramiro, Ramírez, Rosendo, Gonzalo, Bermudo, Elvira, Alfonso. Poseían una declinación especial para los nombres de varón en -a, -anis, o -an, de donde surgen Favila, Froilán, Fernán, e incluso sacristán.

Junto a estos elementos lingüísticos también hay que tener en cuenta al vasco, idioma cuyo origen se desconoce, aunque hay varias teorías al respecto. Algunos de sus hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales ejercieron poderosa influencia en la conformación del castellano por dos motivos: el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte de León; junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos, que, lógicamente, llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del substrato vasco proceden dos fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano. 

La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra, llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la (r).

La otra herencia del vasco consiste en que ante la imposibilidad de pronunciar una f en posición inicial, las palabras latinas que empezaban por ese fonema lo sustituyeron en épocas tempranas por una aspiración, representada por una h en la escritura, que con el tiempo se perdió: así del latín farina > harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en rumano; en vasco es irin.

La lengua árabe fue decisiva en la configuración de las lenguas de España, y el español es una de ellas, pues en la península se asienta durante ocho siglos la dominación de este pueblo. Durante tan larga estancia hubo muchos momentos de convivencia y entendimiento. Los cristianos comprendieron muy pronto que los conquistadores no sólo eran superiores desde el punto de vista militar, sino también en cultura y refinamiento. 

De su organización social y política se aceptaron la función y la denominación de atalayas, alcaldes, robdas o rondas, alguaciles, almonedas, almacenes. Aprendieron a contar y medir con ceros, quilates, quintales, fanegas y arrobas; aprendieron de sus alfayates (hoy sastres), alfareros, albañiles que construían zaguanes, alcantarillas o azoteas y cultivaron albaricoques, acelgas o algarrobas que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, albuferas, norias y azadones. 

Influyeron en la pronunciación de la s- inicial latina en j- como en jabón del latín 'saponem'. Añadieron el sufijo -í en la formación de los adjetivos y nombres como jabalí, marroquí, magrebí, alfonsí o carmesí. Se arabizaron numerosos topónimos como por ejemplo Zaragoza de "Caesara(u)gusta", o Baza de "Basti". No podría entenderse correctamente la evolución de la lengua y la cultura de la península sin conceder al árabe y su influencia el lugar que le corresponde.

POLÉMICA EN TORNO A ESPAÑOL O CASTELLANO

La polémica en torno a los términos "español" y "castellano" consiste en decidir si, dado el uso histórico de los dos términos, resulta más adecuado llamar a la lengua hablada en la mayor parte de América Latina y la península ibérica "español", o bien, "castellano".

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INTRODUCCIÓN

Aunque la introducción del idioma en los países conquistados fue previa a la existencia de España como Estado moderno, el Diccionario de Lengua Española de la Real Academia Española de la Lengua, da castellano y español como sinónimos. La denominación español fue predominando en la península ibérica a partir de la unificación de los reinos de España durante el reinado de Carlos I de España en el siglo XVI.

La denominación castellano es más frecuente en Sudamérica y península ibérica, mientras que en Centroamérica, México y Colombia es más frecuente el término español, si bien cuesta discernir si la respuesta es condicionada por la pregunta, pues la denominación de castellano es más frecuente en contextos de oficialidad, y el término español es más frecuente en la denominación espontánea.

En España a menudo se usa el término español al referirse a la lengua en contraposición a lenguas extranjeras, y castellano con relación a otras lenguas que también son españolas. Este es el uso que recomienda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades del castellano. La Constitución Española de 1978, en su artículo tercero, utiliza la denominación castellano para la lengua, diferenciándola de las otras lenguas españolas:

El castellano es la lengua española oficial del Estado. (...) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas...

Se arguye que el resto de lenguas habladas en España, como el euskera, el catalán o el gallego, también son españolas, y que los casos del alemán en Alemania y del francés en Francia surgen de una centralización lingüística con orígenes completamente diferentes a los del castellano en España.

Por el contrario, hay quienes argumentan que el término español hace referencia a la lengua oficial del Estado español, mientras que un idioma como el gallego hace referencia a la lengua propia de Galicia. El hecho de que provincias como La Coruña sean gallegas y españolas a la vez, son la base de la llamada cooficialidad de los idiomas español y gallego.

Otros autores afirman que aunque el castellano medieval se vio influido en su evolución por otras lenguas peninsulares, los cambios no fueron significativos. En base a esto se propone como denominación correcta el término castellano, pues es el idioma que surgió en Castilla y después se extendió por todo el territorio español por la supremacía política del Reino de Castilla sobre los demás reinos peninsulares. Estos autores suelen poner como ejemplo que en el Reino Unido y otros países angloparlantes el idioma se denomina inglés (y no británico), pues es originario de Inglaterra, aunque éste caso no es enteramente extrapolable a nuestra lengua pues el término castellano no encuentra eco en otras lenguas como sí lo halla el inglés (y ente caso el término español).

Después que España perdiera sus últimas colonias americanas, algunos intelectuales americanos siguieron empleando el término "América Española", en las primeras décadas del siglo XX. Aunque esto causó rechazo en algunos sectores sociales, todos los países de habla castellana denominan oficialmente española a su lengua , como lo evidencian sus afiliaciones a la Asociación de Academias de la Lengua Española.

ALGUNAS RAZONES DE LA CONTROVERSIA

La controversia trasciende el debate méramente académico o de adecuación terminológica, ya que con cierta frecuencia el debate se ha mezclado con intencionalidades políticas de dos tipos:

Dentro de España, ciertos sectores nacionalistas y/o regionalistas han preferido el término castellano por entender que todas las lenguas de España son autóctonas de un cierto territorio que es subparte del territorio español. Sin embargo, en los últimos tiempos puede percibirse también una tendencia a utilizar el término español por parte de estos sectores, para reforzar la idea de que los territorios como Cataluña o Euskadi no forman parte de España. En contraposición, el españolismo, defiende mayoritariamente el término español para señalar la preeminencia o naturalidad de describir a la lengua como forma predominante de comunicación en España.

En tiempos de la dictadura de Primo de Rivera se produce un apropiamiento del término español al mismo tiempo que se fijan cánones de corrección basados en el uso castellano (y concretamente burgalés) para evitar la centrifugación patente en las hablas periféricas (bable, andaluz, panocho...). Más tarde durante la dictadura de Franco se reforzará la identificación del español con la indisolubilidad de la patria.

En América latina, se ha llegado a considerar que el uso del término español era una forma de subordinación cultural a España.

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PREFERENCIAS DE USO - Las academias de la lengua

Las Academias de la Lengua de los países en los que el término castellano es usado corrientemente (como Chile, o Argentina) han adoptado la denominación de idioma español. Para estas academias, que fijan el vocabulario oficial de su país, el término es de origen filológico y no tiene connotaciones políticas. Por ejemplo, según la Academia Argentina de Letras:

En el uso general las denominaciones «castellano» y «español» son equivalentes. No obstante, es preferible, en razón de una más adecuada precisión terminológica, reservar el tradicional nombre de «castellano» para referirse al dialecto de Castilla anterior a la unificación, y llamar «español» -como internacionalmente se hace- a la lengua que desde entonces lleva en sí, junto al viejo tronco, los múltiples aportes que otros pueblos de España y de América han dado al «castellano»

Por su parte la Asociación de Academias de la Lengua Española mediante su publicación, el Diccionario panhispánico de dudasha dicho:

Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América, y que también se habla como propia en otras partes del mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada.

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HISTORIA

La historia del idioma castellano comienza con el latín vulgar del Imperio Romano. Específicamente tiene su origen en el latín vulgar presente en la zona central del norte de Hispania. Tras la caída del Imperio Romano en el siglo V la influencia del latín culto en la gente común fue disminuyendo paulatinamente. El latín hablado de entonces fue el fermento de las variedades romances hispánicas, entre ellas el castellano, origen a su vez (al menos en la proporción mayor), de las variedades que constituyen la lengua española. En el siglo VIII, la invasión musulmana de la Península Ibérica hace que se formen dos zonas bien diferenciadas. En Al-Ándalus, se hablarán los dialectos romances englobados con el término mozárabe, además de las lenguas de la minoría alóctona (árabe y bereber). Mientras, en la zona en que se forman los reinos cristianos, desde pocos años después del inicio de la dominación musulmana, comenzará una evolución divergente, en la que surgen varias modalidades romances; la catalana, la aragonesa, la asturiano-leonesa y la gallega, además de la castellana.

El dialecto castellano primigenio se originó en el condado medieval de Castilla (oriente de Santander y norte de Burgos), con influencias vascas e idioma germánico-visigodo. Se extendió al sur de la península gracias a la Reconquista. En el siglo XV, durante el proceso de unificación española de sus reinos, Antonio de Nebrija publica en Salamanca su Grammatica. Es el primer tratado de gramática de la lengua castellana, y también primero de una lengua vulgar europea. Los textos más antiguos que se conocen en castellano son las Glosas Emilianenses, escritas por monjes vascos tal y como lo demuestran las anotaciones en los márgenes, que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (Logroño), localidad considerada centro medieval de cultura.

Algunas de las características distintivas de la fonología incluyen la lenición (latín vita - castellano vida, latín lupus - castellano lobo), la diptongación en los casos fonéticamente breves de la E y la O (latín terra - castellano - tierra, latín novum - castellano nuevo), y la palatalización (latín annum - castellano año). Algunas de estas características están también presentes en otras lenguas romances.

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DIALECTOS DEL CASTELLANO

Como todas las lenguas ampliamente difundidas el español está sujeto a variaciones regionales y sociolingüísticas. No obstante a pesar de esa heterogeneidad el grado de variación no es muy grande y sólo raramente hay interrupciones de mutua ininteligibilidad, Las dificultades nacen con los criollos basados en el español de Filipinas y Colombia y con el judeo-español, la lengua hablada por las comunidades sefarditas expulsadas de España en 1492. El sefardí tiene fama de haber preservado numerosas características del siglo XV, pero tal afirmación es exagerada; es vedad que ciertas peculiaridades fonéticas, como la preservación de la /f-/ inicial es un elemento arcaico, pero esa lengua también ha evolucionado extensamente en su morfología y ha asimilado gran número de préstamos léxicos. La figura inferior muestra la distinción dialectal en México.

Entre las variedades dialectales españolas del romance tenemos el asturiano-leonés, cuyos límites no coinciden ni con los antiguo reino de León ni con la actual provincia de León. Entre algunas características que lo acercan al gallego-portugués destacan: ou < au, al- + consonante (cousa, touro, outro); se conserva f- (filo, farina); se pierde toda -n- intervocálica, como raa < rana; la l pasa a r después de consonante sorda, como praza < platea. Una variedad parecida al leonés pero que apunta al gallego-portugés es el mirandés, hablado en Miranda do Douro, en Portugal.

Otro dialecto importante es el aragonés, que en parte se funda históricamente en el antiguo reino de Aragón y Navarra, pero que recibió gran influencia del castellano. Hoy se habla en la provincia de Huesca, al pie de los Pirineos.

El extremeño, ligado históricamente con el asturiano-leonés, se habla en una región septentrional de Extremadura.

Aparte de estas lenguas que tienen personalidad propia, las hablas dialectales del castellano se pueden clasificar en dos grupos: las septentrionales y las meridionales, comprendiendo éstas al murciano, al andaluz y al canario, hablados en Murcia, Andalucía y Canarias, respectivamente.

Los dialectos septentrionales se caracterizan por ser más conservadores y abarcan las tierras castellanas y las que ocuparon los dialectos históricos del latín, como el aragonés y el asturiano-leonés. En el habla de las tierras donde nació el castellano encontramos una serie de rasgos dialectales, como el uso del leísmo (le como complemento directo: Este piso ya le vimos), laísmo y loísmo (la y lo como complemento indirecto: La dije que no viniera); pronunciación de la d final como z: Madriz; aparición de una s en la segunda persona del singular del pretérito imperfecto: vinistes; uso del infinitivo para la segunda persona del plural del imperativo: ¡Traerme algo!. Hacia el este (La Rioja, Navarra y Aragón) hay una influencia de la huella aragonesa, como el uso de pronombres precedidos de preposición: con tú, con mí; el uso del diminutivo -ico: pajarico; abundante uso de pues. Hacia el oeste (León, Zamora y Salamanca) hay huellas del leonés, como la tendencia a cerrar las vocales finales: otru; diminutivos en -ín, -ina: niñín, niñina; uso del indefinido en el vez del perfecto compuesto: hoy fui a tu casa.

Los dialectos meridionales se caracterizan por ser más evolucionados en su pronunciación y por rasgos fonéticos muy marcados. En esta región dialectal se hallan el andaluz, el extremeño, el canario y el murciano. Las principales características de estos dialectos son: confusión de r y l en posición final de sílaba o palabra: arta, cuelpo y otras se pierden, como españó; seseo (pronunciación de la z o la c ante e o i como s: sielo; ceceo (pronunciación de la s como z: zerio; pérdida de la d y de la n intervocálicas o ante r: cansao, mare; yeísmo con distintas pronunciaciones: yuvia.

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LISTA TENTATIVA DE CLASIFICACIÓN DE LOS DIALECTOS




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DIALECTOS EN ESPAÑA

dialecto castellano septentrional
dialecto andaluz
dialectos de transición entre andaluz y castellano
dialecto canario
dialecto churro
dialecto murciano

DIALECTOS EN ÁFRICA

español ceutí
español melillense
dialecto canario
español saharauí
español ecuatoguineano

DIALECTOS EN AMÉRICA

español amazónico
español andino
español antioqueño (paisa)
español camba
español caleño
español cundiboyacense
español llanero
español caribeño
español cubano
español dominicano
español marabino
español panameño
español puertorriqueño
español venezolano
español centroamericano
español chileno
español chilote
español ecuatorial
español mexicano
español paraguayo
español peruano ribereño
español norperuano ribereño
español rioplatense
español santandereano-tachirense
español tolimense(opita)
español yucateco

DIALECTOS EN ASIA

español filipino

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OTRAS DIFERENCIAS LINGÜÍSTICAS EN PAÍSES DONDE EL CASTELLANO NO ES LENGUA OFICIAL:

español estadounidense
español beliceño
español gibraltareño
español andorrano
judeo-español, sefardí o ladino;
djudezmo;
haquetía o haketiyya;
chabacano;
chamorro;
papiamento (también considerada como lengua criolla del portugués);
papiamento de Aruba;
papiamento de Bonaire;
papiamento de Curaçao;
palenquero;

LENGUAS DERIVADAS

judeo-español, sefardí o ladino;
djudezmo;
haquetía o haketiyya;
chabacano;
chamorro;
papiamento (también considerada como lengua criolla del portugués);
papiamento de Aruba;
papiamento de Bonaire;
papiamento de Curaçao;
palenquero;  

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DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

El castellano es la lengua oficial de más de veinte países, principalmente en América además de España. México es el país con el mayor número de personas que hablan el idioma español (más de 104 millones), esto es, una cuarta parte del total mundial castellanohablante.

Entre los países con presencia del idioma sin estatus oficial, encontramos una realidad lingüística singular en Estados Unidos, debido al avance progresivo del bilingüismo, especialmente en ciudades cosmopolitas como Nueva York, Los Ángeles, Denver, Baltimore, Houston y Miami.

En el Estado Libre Asociado de Puerto Rico es el idioma oficial junto con el inglés, y en el estado de Nuevo México el castellano es ampliamente utilizado, incluso por la administración estatal, aunque ese estado no tiene ninguna lengua oficial establecida por su constitución.

El caso de las islas Filipinas, antigua colonia española, es bastante atípico ya que a diferencia de otros países hispanos, no consiguió su independencia tras sus movimientos revolucionarios del siglo XIX. Por el contrario, y debido a la intervención norteamericana, Filipinas pasó a ser colonia de los EE.UU. a partir de 1899. Desde entonces, sus autoridades siguieron una política de descastellanizacion del país, e imposición del inglés. A pesar de que en Filipinas había un 10%-15% de castellanohablantes (unas 900.000 personas) a principios del Siglo XX, y que su primera constitución (promulgada en 1899) tenía establecido el castellano como lengua oficial, las autoridades estadounidenses impusieron progresivamente el uso del inglés, especialmente después de la Guerra Filipino-Estadounidense que diezmó a la burguesía urbana castellanohablante. Según fuentes del Instituto Cervantes y en un comunicado de la presidenta filipina Gloria Macapagal-Arroyo el castellano volverá a ser oficial en Filipinas a principios de 2008.

Otros lugares donde el español tiene presencia es Luena, en Angola por la presencia del ejército cubano y Tinduf, en Argelia por la presencia de refugiados saharauíes. Recientemente la ciudad de Cocobeach, en Gabón, empleó el uso oficial de la lengua española.

La cadena de televisión de China CCTV comenzó en octubre de 2007 a emitir un canal de TV solo en español, (CCTV-E) y Rusia hará lo propio en 2008, bajo el nombre de Rusia Hoy.

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POBLACIÓN HISPANOHABLANTE

A continuación figura una tabla estadística de la población de los países con el español como idioma oficial (con *), y la población hispana en los países con el español como lengua no oficial. En las dos últimas columnas, figura el porcentaje y número de hablantes de español

Pincha allí para que  se te abra  la
tabla HABLANTES POR PAÍSES

El 94,6%*, es la media de los porcentajes de los países donde se habla español como idioma oficial.

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SONIDOS

La estructura silábica más frecuente del castellano es CV (consonante más vocal), de forma que tiende hacia la sílaba abierta.

Caracteriza al castellano una tensión articulatoria alta, no tan relajada como en italiano, y estadísticamente una gran presencia de la vocal a. El acento es de intensidad y estadísticamente dominan las palabras llanas, o acentuadas en la penúltima sílaba, después las agudas y por último las esdrújulas. Gracias a la Real Academia Española, fundada en el siglo XVIII, la ortografía del castellano se ha ido simplificando buscando el patrón fonético, aunque esta tendencia se paralizó a mediados del siglo XIX pese a las propuestas en ese sentido del gramático Andrés Bello.

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VOCALES

En castellano hay cinco vocales fonológicas: /a/, /e/, /i/, /o/ y /u/. La /e/ y /o/ son vocales medias, ni cerradas ni abiertas, pero pueden tender a abrirse y cerrarse [e], [ɛ], [o] y [ɔ] dependiendo de su posición y de las consonantes por las que se hallan trabadas. Sin embargo, estos sonidos no suponen un rasgo distintivo en castellano, a diferencia del catalán o del italiano, considerándolos por tanto como alófonos.

Según Tomás Navarro Tomás, los fonemas vocálicos /a/, /e/ y /o/ presentan diferentes alófonos.

Las vocales /e/ y /o/ presentan unos alófonos algo abiertos, muy aproximados a [ɛ] y [ɔ], en las siguientes posiciones:

En contacto con el sonido doble erre ("rr") [r], como en "perro", "torre", "remo", "roca".

Cuando van precediendo al sonido [x], como en "teja", "hoja".
Cuando van formando parte de un diptongo decreciente, como en "peine", "boina".

Además, el alófono abierto de /o/ se produce en toda sílaba que se encuentre trabada por consonante y el alófono abierto de /e/ aparece cuando se halla trabado por cualquier consonante que no sea [d], [m] y [n]: "pelma", "pesca", "pez", "costa", "olmo".

El fonema /a/ presenta tres variedades alofónicas:

Una variedad palatal, cuando precede a consonantes palatales, como en "malla", "facha", "despacho".

Otra variante velarizada se produce cuando precede a las vocales [o], [u] o a las consonantes [l], [x]: "ahora", "pausa", "palma", "maja". Una variante media, que se realiza en los contornos no expresados en los párrafos anteriores: "caro", "compás", "sultán".

Tanto /i/ como /u/ pueden funcionar también como semivocales ([i^] y [u^]) en posición postnuclear de sílaba y como semiconsonantes ([j̞] y [w̞]) en posición prenuclear. En el castellano existe una pronunciada tendencia antihiática que con frecuencia convierte en diptongos los hiatos en una pronunciación relajada, como héroe ['eroe]-['erue], o línea ['línea]-['linia].

Además en castellano todas las vocales pueden nasalizarse al encontrarse trabadas por una consonante nasal dando como resultado [ã], [ẽ], [ĩ], [õ] y [ũ]. Este rasgo es más destacado en unos dialectos que en otros.

En diversos dialectos meridionales del castellano de España, como el andaluz y el murciano entre otros, se distinguen 10 vocales, e incluso 15 si se cuentan las vocales nasales, las cuales están muy presentes en estos dialectos. Cualquier vocal al hallarse trabada por una "s" (muda), o por las demás consonantes (mudas), dan como resultado las siguientes vocales /ɑ/, /ɛ/, /ɪ/, /ɔ/ y /ʊ/; formándose así los siguientes pares vocálicos: /a/-/ɑ/, /e/-/ɛ/, /i/-/ɪ/, /o/-/ɔ/ y /u/-/ʊ/. Estos pares vocálicos son distintivos en estos dialectos, como hasta y asta /ɑt̪a/ - ata (verbo atar) /at̪a/, mes /mɛ/ - me /me/, los /lɔ/ - lo /lo/.

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CONSONANTES

Según la mayoría de los autores, se distinguen por lo general 24 fonemas en el castellano, cinco de los cuales corresponden a vocales ([a e i o u]) y 19 a consonantes [b s k d f g x l m n ɲ p r ɾ t ʧ ʝ ʎ θ]), además de otros fonemas dialectales y/o alofónicos, vocales aunque la mayoría de los dialectos sólo cuentan con 17, y algunos otros con 18. Las diferencias fonológicas dialectales, debidas en su mayoría a diferencias en las consonantes, son las siguientes:

Ningún dialecto del castellano hace la distinción espontánea entre la pronunciación de las letras "b" y "v". Esta falta de distinción se conoce como betacismo. Sin embargo hay que tener en cuenta que en algunos países, particularmente Chile, se presiona mucho a los niños en la escuela para que pronuncien la 'v' como labiodental, por ello uno puede encontrarse ocasionalmente con esta pronunciación (percibida por muchos como afectada), especialmente en los medios. La pronunciación de la "v" como fonema bilabial oclusivo o fricativo, idéntico al de "b", es compartida también con el gallego, occitano, sardo y varios dialectos del catalán, entre otros. Una posible causa de esta peculiaridad es la influencia del substrato vascoide, lo que explicaría su extensión en estas lenguas citadas a partir de un foco vasco-pirenaico. Otra posible explicación, más bien estructural, es que aunque el latín tenía la letra 'v' que en realidad era solamente una variante escrita de la 'u' semivocal, ésta se pronunciaba /w/ y evolucionó en otras lenguas romances hacia /v/. Por otro lado, la fricativización de /b/, común en todas las lenguas romances, dio lugar a los alófonos /b/ oclusivo y /β/ fricativo. El segundo es casi indistinguible de la aproximante /w/, con lo que la 'v' [w] latina pasó directamente a [b, β] en castellano.

En general existe confusión entre la "y" (pronunciada [ʝ] o [ɟ]) consonántica y la "ll" (originalmente [ʎ]), salvo en diversas zonas de España (en regresión) y, en América, en los dialectos con sustratos de lenguas en que existe dicha diferencia, como en las zonas bilingües castellano-quechua o castellano-guaraní.

En la mayoría de variedades de América y sur de España /s/ es un sonido laminoalveolar, mientras que en otras variedades americanas (la mayoría de Colombia, Perú, Bolivia, zonas dispersas de México y República Dominicana) y en el centro y norte de España la /s/ es apicodental [s̪].

Se considera característica particular y singular de la lengua castellana el uso de la letra "ñ" (procedente del grupo latino nn que en la Edad Media comenzó a abreviarse como una "n" con una raya encima que luego tomó la forma ondulada representando su pronunciación palatal), aunque también existe en otras lenguas como el aragonés, gallego, el bretón, el quechua, el guaraní, el mixteco, otomí, el bubi o el chamorro. En algunos dialectos la 'ñ' se pronuncia [nj] en vez de [ɲ].
El castellano de España, salvo Canarias y gran parte de Andalucía, distingue entre [θ] (escrito 'z' o 'ce', 'ci') y [s]: casa ['kasa], caza ['kaθa].
La mayoría de los dialectos registra una pérdida más o menos avanzada de la s implosiva, un fenómeno típico de las 'tierras bajas' americanas, en un proceso parecido al del francés medieval. Las excepciones son México (salvo algunas zonas costeras del Caribe), mitad norte de España (donde empieza a aparecer) y en la zona andina (especialmente en Colombia, Ecuador y Perú).

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FONOLOGÍA DEL CASTELLANO

El sistema fonológico del castellano está compuesto por un mínimo de 22 fonemas consonánticos (y algunas variedades de España pueden llegar a presentar hasta 24 fonemas al disponer además de los fonemas /ʎ/ y /θ/). En cuanto a las vocales, la mayoría de variedades sólo cuentan con 5 fonemas y varios alófonos. En algunas variedades del andaluz y otros dialectos meridionales del castellano pueden tener hasta 10 vocales en oposición fonológica, ya que en ellas el rasgo ATR de apertura puede llegar a ser relevante, duplicándose el número de vocales.

Todos estos fonemas son analizables mediante un mínimo de 9 rasgos binarios (para las variedades sin /θ/), aunque normalmente con el fin de hacer más natural la descripción se usan algunos más. La tabla de consonantes en términos de estos rasgos viene dada por:

poner un cuadro aqui...

Donde se han indicado mediante paréntesis (·) los fonemas que no están presentes en todas las variedades de castellano.

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GRAMÁTICA

La influencia del árabe en el español tiene carácter casi exclusivamente léxico. Una serie de términos que se refieren a la cultura árabe medieval (astronomía, matemática, medicina, filosofía, etc.) entra a formar parte del patrimonio cultural europeo. Se trata de palabras que, a partir casi siempre de la Península Ibérica o de Sicilia, se difunden al italiano, al francés, y de ellos a las otras lenguas europeas. A veces son de origen erudito, como álgebra, procedente del árabe al-gabr que propiamente significa "restauración, reducción".

Un término matemático menos técnico y más común, que se manifiesta con doble aspecto en las lenguas cultas occidentales, es el representado por las voces cifra y cero. El árabe tenía la palabra sifr, que al principio era (y ha seguido siéndolo en la lengua común) un adjetivo que significaba "vacío"; merced a un calco del sánscrito sunyá, que significaba también "vacío", pero que los matemáticos indios emplearon para "cero", el árabe ,sifr adquirió, entre los matemáticos, el mismo sentido de 'cero'. Leonardo Fibonacci latinizó el término a zephirum que luego, en las fuentes italianas, se volvió zeliro, zefro y al fin zero (atestiguado desde 1491; de él procede el español 'cero'). Una adaptación de la palabra árabe más próxima al original es la del español cifra.

También viene del árabe la costumbre de designar la incógnita por X; en los textos árabes de álgebra, la incógnita era indicada mediante la letra S, inicial de la palabra sai', 'res, aliquid, quicquam'. Esta letra sonaba casi lo mismo que la patatal aspirante sorda que el español antiguo escribía x, según se aprecia por las transcripciones latinas de palabras árabes. Leonardo Fibonacci, en Liber abbaci, no hizo más que transliterar la S con X, y así entró X en uso para la incógnita.

Diversos términos árabes que se han difundido por todas las lenguas europeas tienen que ver con la astronomía, de la que los árabes fueron maestros, como es sabido; casi inalterados, con forma árabe, aparecen algunos términos técnicos como azimut; nadir < árabe nazir, 'opuesto' (esto es, nazir as-samt, 'opuesto al zenit'); se ha hecho popular almanaque, < árabe al-manah, 'calendario'.

Notables son también los nombres relativos a la química o, mejor dicho, a la química medieval o alquimia, empezando por esta mismísima palabra, atestiguada desde el siglo XIII y que viene del árabe al-kimiya ("fusión"), cuyo sentido era "piedra filosofal, sustancia que transforma los metales bajos en oro". El nombre más común de la piedra filosofal en árabe era, en cambio, al-iksir ( < gr. "seco"), de donde elixir, con el sentido de "remedio maravilloso, licor mágico".

Y ya que hablamos de palabras de la química, recordemos también el árabe al-kuhl, al-kuhul, 'polvos para teñir cejas y párpados > español alcohol.

Proceden del árabe o de otras lenguas orientales, pasando por el árabe, algunos nombres de juegos (y las terminologías correspondientes), ante todo el ajedrez, que los árabes aprendieron de los persas como éstos de los indios. No hay que ser orientalista para saber que en persa sah significa "rey", y basta conocer los rudimentos del juego para saber que su objeto es inmovilizar el "rey" del adversario; en persa, y de ahí en árabe, tal operación se llama, en la terminología del juego, sah mát, que al pie de la letra significa "el rey (está) muerto"; de ahi el español jaque mate.

Sin salir de la terminología ajedrecística, se puede señalar que el término alfil, que designa cada una de las dos piezas que franquean al rey y a la reina viene del árabe al-fil, "elefante", pues en los ajedreces más antiguos, dos elefantes ocupaban los lugares de los alfiles.

Encontramos voces árabes en la toponimia, como Albacete < al-basit; esp. Alcalá < qal'a, "castillo, fortaleza"; Gibraltar, < gebel Tariq, "monte de Tariq", del nombre del comandante árabe que en 711 emprendió desde allí la conquista de España. Son importantes los nombres de ríos compuestos con guad- del árabe wad(i) "río, valle". Tenemos así los hidrónimos Guadiana, Guadalquivir < wadi al-kabir, "el río grande"), etc.

Pero en la Península Ibérica la influencia árabe llega a los términos administrativos: por ejemplo alcalde < al-qa'dí, "juez"; alguacil < al-wazir, "ministro".

Otra observación notable es la siguiente: como se habrá visto por los ejemplos citados, las lenguas iberorromances, en la mayoría de los casos, adoptan las palabras árabes con el artículo determinado unido (artículo que suena al, pero cuya 1 se asimila, según regla constante en todo el dominio árabe, ante algunas consonantes). Así encontramos azúcar < árabe (as-)sukkar; azafrán < ár. (az-)za'farán, etcétera.

Aunque abundantes voces de origen árabe atestiguadas en el español antiguo están a estas alturas fuera de uso (si bien no pocas siguen vivas en los dialectos españoles o en portugués), no cabe duda de que la influencia árabe sobre las lenguas iberorromances fue importantísima, desde los puntos de vista cuantitativo y cultural, hasta el punto de afectar la sintaxis del espacio¡ antiguo.

Entre las características principales del español podemos recordar: la diptongación de e y o en sílaba abierta y cerrada, como tiene < tenet, tierra < terra, bueno < bonu(m), puerta < porta. Luego, por influencia de fonemas adyacentes, los diptongos pueden reducirse (ie > i y ue > e, respectivamente) como castillo, frente. Las vocales finales se han conservado bien, como en toscano (-a > -a; -e, -i > -e; -o, -u > -o.

En el consonantismo las iniciales suelen conservarse aunque f- pasa a h-, hoy muda, como fabulare > hablar (si bien se conserva ante el diptongo ur, como fuerte, fuego); los grupos de consonantes + l tienden a reducirse a ll (correspondiente al italiano gli), como llamar < clamare, llano < planu(m). Las consonantes sordas intervocálicas sufren lenición y se vuelven fricativas, como vita > vida, lupu(m) > lobo. Las consonantes largas y geminadas se simplifican pero no se sonorizan, como bucca > boca; ll y nn pasan en cambio a palatales, como annu(m) > año, caballu(m) > caballo. El grupo ct, a través de it (como en francés y portugués) pasa a la palatal ch, como lacte > leche, octo > ocho. El grupo li pasa a j, como muliere(m) > mujer.

Las tendencias naturales a la divergencia lingüística son combatidas en el caso del español por poderosos lazos culturales y también por mecanismos normativos bien desarollados, cuyos antecedentes proceden de hace varios siglos. Uno de los más antiguos y mejor conocidos ejemplos de prejuicio lingüístico es la crítica hecha por Juan de Valdés en su Diálogo de la Lengua (1535) contra la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija (1492) porque Nebrija, siendo andaluz, no podía conocer el castellano lo suficientemente bien para la obra que se traía entre manos.

Aunque el español tiene fama de ser una lengua 'fonética' (más exactamente habría que decir fonémica) la realidad es que presenta ciertas dificultades para hacer tal aseveración. Por ejemplo, c y g tienen dos pronunciaciones, dependiendo de la vocal que sigue; la h es muda; b y v corresponden a un solo fonema.

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CLASIFICACIÓN ARTICULATORIA DE LOS FONEMAS Y CLASIFICACIÓN ARTICULATORIA DE LOS SONIDOS ESPAÑOLES (AFI)

El verbo tiene tres modos: indicativo, imperativo y subjuntivo. Se distinguen tres conjugaciones: -ar, -er, -ir.

El español también se caracteriza por su constante empleo del pronombre se, y el uso vivo del subjuntivo que tantos problemas origina a quienes aprenden español como segunda lengua. Entre las características heredadas del latín debe destacarse la sintaxis y los procedimientos sintácticos para matizar, calificar o convertir en nombres, y por tanto sujetos, a oraciones completas.

El orden de la frase es sujeto, verbo y objeto o verbo, sujeto y objeto.

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Valor de las letras en algunas lenguas romances

  Italiano Español Portugués Catalán Francés Rumano
a [a] [a] [á; ] [á; ] [a, ] [a]
ãe     []      
ai [ai] [ai] [ai] [ai] [ε] [ai]
ain         []  
an         [ã]  
ão     [ ]      
au [au] [au] [au] [au] [o] [au]
â     []   [] []
ǎ           []
ã     [ã]      
b [b] [b~β] [b] [b~β] [b] [b]
c [t] [θ] [s] [s] [s] [t]
c [k] [k] [k] [k] [k] [k]
ch [k]..i,e [t] [] [k] raro [] [k]..i,e
ç     [s]..i,e [s]..i,e [s]..i,e  
d [d] [d~ð] [d] [d~ð] [d] [d]
e [e,ε] [e] [é, ; i] [é, ; ] [e, ε; ] [e]
è *     [] [ε]  
ê     [é]   [ε]  
é     [] [é] [e]  
eau         [o]  
ei [ei] [ei] [ei] [ei] [ε] [ei]
ein_s         []  
en_s         []  
eu [eu] [eu] [eu] [eu] [ø, œ] [eu]
f [f] [f] [f] [f] [f] [f]
g [d] [χ] [] [d~] [] [d]
g [g] [g~] [g] [g~] [g] [g]
gh [g]..i,e          
gl [(:)]          
gn [(:)]       []  
gu [gw] [g] [g] [g] [g] [gw]
gu [gw] [gw] [gw] [gw]   [gw]
  [gw] [gw] [gw]    
h ø ø ø ø ø [h]
i []..V,
[i]
[]..V,
[i]
[]..V,
[i]
[]..V,
[i]
[]..V,
[i]
[]..V,
[i]
î         [i] []
j   [χ] [] [d~] [] []
k [k] [k] [k] [k] [k] [k]
l [l] [l] [l] [l] [l] [l]
lh     []      
ll   [] (América [j]) []      
l.l       [l]    
m [m] [m] [m] [m] [m] [m]
n [n] [n] [n] [n] [n] [n]
nh     []      
ñ, ny   []   []    
o [o, ] [o] [ó, ;u] [ó, ;u] [o, ] [o]
ò *     []    
ô     [ó]   [o]  
ó   * [] [ó]    
õ     [õ]      
õe     [õ]      
œ(u)         [œ]  
oi oi oi oi oi [w] oi
on..s         []  
ou     [ou]   [w]..V,
[u]
 
p [p] [p] [p] [p] [p] [p]
qu..i,e [kw] [k] [k] [k] [k]  
qu [kw]       [k]  
r [r] [r:~] [r:~] [r:~] [] [r]
rr   [r:] [r:] (América [χ])   [r:]  
s [s~z] [s] []_s
[s~z]
[s~z] [s~z] [s]
ss     [s] [s]    
ş           []
t [t] [t] [t] [t] [t] [t]
ţ           [ts ]
u []..V,
[u]
[]..V,
[u]
[]..V,
[u]
[]..V,
[u]
[]..V,
[y]
[]..V,
[u]
un_s         []  
v [v] [b~β] [v] [b~β] [v] [v]
w [v, w] [w] [v, w] [w] [v, w] [v, w]
x [ks] [ks] [, ks] [, ks] [ks] [ks]
y (en préstamos menos en español) [j] [i] (aislada)
[j]
[j] [j] [i,j] [j]
z [ts, dz] [θ] (América [s]) [z] [z] [z] [z]
Notas: El símbolo .. significa 'precede'; _s es límite de sílaba; V significa vocal; el asterisco * recuerda que el acento grave en italiano y el acento en español acentúan la palabra.

Tabla de Valor de las letras en algunas lenguas romances

Fuente: http://www.proel.org/

MORFOLOGÍA

Las palabras del castellano se forman mediante lexemas o raíces a los que se agregan morfemas gramaticales o gramemas (como el género masculino o femenino y el número singular o plural para los sustantivos y adjetivos, y el modo, tiempo, voz, aspecto y persona y número para el verbo), más todo tipo de afijos que sirven para formar palabras derivadas o bien para marcar la afectividad, como ocurre con la especialmente abundante y característica derivación en sufijos diminutivos, muchos de ellos de uso más bien local.

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LÉXICO

Aproximadamente un 94% del vocabulario del castellano de uso diario es de origen latino, lo que es natural y no muy sorprendente teniendo en cuenta que se trata de un idioma románico. Sin embargo, como en caso de cualquier lengua, también tiene préstamos de otros idiomas con los cuales se haya encontrado durante su historia de más de mil años.

De las lenguas prerromanas de la península (íbero, euskera, celta o tartesio) existen bastantes topónimos, algunas palabras ("barro", "perro", "cama", "gordo", "nava"...) y algún antropónimo aislado, como "Indalecio". La invasión de los visigodos insertó bastantes nombres de pila ("Enrique", "Gonzalo") y sus respectivos apellidos, el sufijo "-engo" en palabras como "realengo" y vocabulario referente a la guerra como "yelmo" y "espía".

Además, la ya mencionada ocupación musulmana dio paso a la adopción de numerosos arabismos. En morfología, cabe apuntar que viene del árabe el sufijo "-í" de gentilismos tales como "ceutí" o "israelí".

En el siglo XVI se introdujeron numerosos italianismos referentes a las artes, pero también gran número de palabras indígenas o americanismos, referentes a plantas, costumbres o fenómenos naturales propios de esas tierras, como "batata","papa", "yuca", "cacique", "hamaca", "huracán", "tabaco", "cacao", "chocolate". En el XVII entraron numerosos cultismos por influjo de la lengua gongorina o culterana. En el XVIII, galicismos o palabras tomadas del francés referentes sobre todo a la moda, la cocina y la burocracia: "puré", "tisú", "menú", "peluquín", "maniquí", "restorán", "buró", "carné", "gala", "collage", "bricollage". En el XIX, se incorporan nuevos préstamos, sobre todo del inglés y el alemán, aunque también del italiano en ámbitos referentes a la música, en particular la ópera ("batuta", "soprano", "piano", "radio"), y la cocina. En el XX se acentúa muchísimo la presión del inglés en los campos de la tecnología, la informática, la ciencia y el deporte: "set", "penalti", "fútbol", "e-mail", "internet", "software". Todos estos son conocidos como préstamos lingüísticos.

Sin embargo, la Real Academia Española ha hecho, durante estos últimos años, grandes esfuerzos para evitar el uso de estos vocablos proponiendo alternativas más acordes con nuestra ortografía tradicional (entre otros muchos ejemplos: zum en lugar de zoom, correo electrónico en lugar de e-mail, fútbol en lugar de football...). Aunque la mayoría de estas iniciativas han ido calando en la sociedad, ciertas propuestas como "yaz" en lugar de "jazz" no han tenido demasiada acogida, a pesar de ser preferentes para la RAE.

Por lo general, Latinoamérica y sobre todo México es más susceptible a los préstamos del inglés o anglicismos ("mouse", en España: "ratón"), debido en buena medida al contacto con el vecino Estados Unidos de América. Por su lado, España lo es a los galicismos o palabras tomadas de la vecina Francia (como el galicismo "ordenador" en el castellano de la península Ibérica, en contraste con el anglicismo "computador" o "computadora" en el castellano de México).

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VOSEO

En algunas variantes del castellano americano se emplea la forma vos para el pronombre de segunda persona singular en lugar del tú estándar; normalmente esta variación está acompañada de una conjugación particular.

En el castellano de la península el vos fue, en un principio, tratamiento solo propio de nobles o como forma de respeto similar al actual usted (> vuestra merced). La irrupción de la forma vuestra merced, progresivamente contraída a usted, comienza a reestructurar el uso de los pronombres en España, de forma que vos comenzaba a usarse como fórmula de trato entre iguales y entraba en competencia con tú. Con el paso del tiempo el uso culto de España rechazó vos dejando usted como forma de respeto y tú para el uso familiar o entre iguales. La colonización de América a finales del siglo XVI se produce en el momento en que vos todavía se usaba para el trato entre iguales y con este valor se implantó en varias zonas como forma popular de tratamiento para la segunda persona del singular, pero perdió sus connotaciones de prestigio. En España solo sobrevive actualmente en una de las formas de la segunda persona del plural, vosotros. Los núcleos urbanos cultos de América que quedaron más expuestos a la influencia del castellano europeo siguieron la reestructuración de los pronombres de la península y rechazan el vos en favor del tuteo (casi todo México, las Antillas y Perú), mientras que en el resto el voseo ha sobrevivido, con distinta consideración, hasta la actualidad.

El voseo se presenta marcadamente en Argentina, Bolivia (este), Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Uruguay. Aparece, de maneras ligeramente distintas en Venezuela (noroeste), Colombia (occidente), Chile (centro) y Ecuador (norte). Menos frecuentemente y limitado a un ámbito familiar, el “vos” se puede encontrar en México (norte de Chiapas), Colombia (costa pacífica), Ecuador (sierra), Chile (norte y sur) y en zonas más reducidas del interior de México (Tabasco), Panamá (Península de Azuero), Colombia (centro), Ecuador (sur) y Belice (sur). En el Perú, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana está extinto su uso.

Sólo en el ámbito del castellanorioplatense, castellano antioqueño,castellano camba y centroamericano se emplea regularmente como forma prestigiosa; en otras regiones existe cierta diglosia entre ambas conjugaciones. En Argentina y Uruguay el “vos” ha incluso desplazado casi por completo al tú de las fuentes escritas. No obstante hay escritores rioplatenses que aún mantienen la forma clásica "tú" para sus obras de ficción, como Daniel Herrendorf (escritor franco-argentino, cf. sus obras "Evita, la Loca de la Casa" o "Memorias de Antínoo") o Mario Benedetti (poeta uruguayo). En Costa Rica el tuteo es evitado por completo en la conversación porque se considera pedantesco y está sancionado socialmente.

En Guatemala el uso del tuteo es usado mas frecuentemente entre personas de diferente sexo, cuando un hombre le habla a una mujer que está conociendo por lo general el trato es de "tú", cuando hay mas confianza es usado el "vos". Cuando un hombre trata de "tú" a otro hombre se presume de homosexualidad.

En El Salvador el uso del tuteo es poco, al igual que en Guatemala el hablado de "tú" entre hombres es signo de homosexualidad, para un trato más respetuoso a otras persona se emplea el uso de "usted".

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SISTEMA DE ESCRITURA

El castellano se escribe mediante una variante del alfabeto latino con la letra adicional "ñ" y los dígrafos "ch" y "ll", consideradas letras del abecedario desde 1803 (cuarta edición del DRAE), debido a que representan un solo sonido, distinto de las letras que lo componen.

Así, el alfabeto castellano está formado por 29 letras:

a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

Durante el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Madrid, 1994), se acordó adoptar el alfabeto latino universal, en el cual ch y ll no son letras independientes, lo que afecta a la alfabetización de las palabras que contengan esas dos letras, que desde entonces deben aparecer ordenadas en el lugar que les corresponde dentro de la c y la l. Sin embargo, de acuerdo con las Academias, esta reforma «afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte».[18]

Además, el castellano emplea signos gráficos de interrogación y exclamación que no poseen otras lenguas ("¿" y "¡"). Estos signos especiales facilitan la lectura de interrogaciones y exclamaciones largas que oralmente solo se expresan por variaciones de entonación. En otros idiomas ("¿" y "¡") no son necesarios debido a que su sintaxis oral no causa ambigüedad al ser leída, ya que existen inversión de sujeto, auxiliares especiales, locuciones... (ejemplo: Is he coming tomorrow?, Est-ce qu'il vient demain? Kommt er morgen? ¿Viene mañana?).

Las vocales constituyen siempre el centro o núcleo de la sílaba, aunque la "i" y la "u" pueden funcionar como semiconsonantes antes de otro núcleo vocálico y como semivocales después. Un núcleo vocálico de sílaba puede sonar más fuerte y alto que los restantes núcleos silábicos de la palabra si lleva el llamado acento de intensidad, que se escribe según unas normas ortográficas con el signo denominado acento gráfico o tilde para marcar el golpe de voz cuando este no sigue el patrón habitual, o para distinguir palabras que se escriben igual (véase acento diacrítico).

Además, la "u" puede llevar diéresis ("ü") para indicar que se pronuncia en los grupos "güe", "güi". En la poesía, las vocales "i" y "u" pueden llevar también diéresis para romper un diptongo y ajustar convenientemente la métrica de un verso determinado (por ejemplo, "ruido" tiene dos sílabas, pero "ruïdo" tiene tres). El español es una lengua que posee una marcada tendencia antihiática, por lo cual suelen reducirse en el habla relajada los hiatos a diptongos, e incluso reducirse estos a una sola vocal: indoeuropeo > indouropeo > induropeo; ahora > ahura > ara; héroe > herue.

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CURIOSIDADES

Las palabras más largas del idioma castellano son anticonstitucionalmente, electroencefalografista y otorrinolaringológicamente.

La única palabra del idioma castellano que contiene dos veces todas las vocales es Guineoecuatoriano

En la escritura, la letra que más se repite en el idioma castellano es la <e>, y la letra consonante más repetida es <r> (que puede representar al fonema [r] a principio de palabra o cuando es doble, o bien al fonema [ɾ] en el resto de posiciones).

La primera gramática europea de una lengua moderna es del idioma , castellano escrita por Elio Antonio de Nebrija en 1492.

En www.escueladeescritores.com se pueden apadrinar palabras para que no caigan en desuso.
En la escritura española es habitual utilizar expresiones latinas.

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BIBLIOGRAFÍA

Cano, Rafael (coord.): Historia de la lengua castellana, Ariel Lingüística, Barcelona, 2005.
Grijelmo, A.: Defensa apasionada del idioma astellano, Grupo Santillana de Ediciones, Madrid, España, 1998. ISBN 968-19-1132-6.
López García, Ángel: El rumor de los desarraigados: conflicto de lenguas en la Península Ibérica, Barcelona, Anagrama, 1985. (XIII Premio Anagrama.)

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RUTA DE LA LENGUA CASTELLANA

Los gobiernos autónomos de Castilla y León, La Rioja y Madrid, junto con los Ayuntamientos de Valladolid, Salamanca, Avila y Alcalá de Henares y la Diputación vallisoletana, crearon el 22 de febrero del 2000 la Fundación Camino de la Lengua Castellana.

Su objetivo principal es la difusión de la historia y el conocimiento de nuestro idioma. Para ello, se propone conseguir que el Camino sea declarado Camino de Interés Cultural e Itinerario Cultural Europeo, para más adelante extender el trayecto a Sudamérica y dar a conocer el desarrollo que tuvo el castellano a partir de 1492 en este continente. También se trabaja en la elaboración de una serie de tomos enciclopédicos sobre la historia, el arte y la literatura de cada uno de los lugares de la ruta, se ha organizado una exposición itinerante para dar a conocer y promocionar esta iniciativa turística, y se desarrolla una continua labor de estudio y promoción cultural del Camino.

Los impulsores de la Fundación han realizado una campaña dirigida a captar visitantes, consistente en la elaboración y distribución de folletos y guías y en la celebración de distintas actividades, jornadas y congresos sobre la lengua y el turismo, con el propósito de beneficiar al propio idioma y ayudar al desarrollo económico y social del entorno por el que transcurre la ruta, cuyo interés turístico está fuera de toda duda. A lo largo de ella se pueden conocer interesantes paisajes, monumentos e incluso degustar una variada gastronomía.

El Camino de la Lengua enlaza en su itinerario (700 km.) seis lugares muy vinculados con el proceso de fijación y expansión del castellano. A los balbuceos de las glosas Emilianenses y Silenses seguirá una gloriosa madurez, encarnada por un lado en los quehaceres universitarios de vallisoletanos, salmantinos y complutenses, y por otro en la obra cumbre del también alcalaíno Miguel de Cervantes. Una lengua capaz incluso de expresar la encendida mística de los abulenses Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. De este modo se conforman las seis etapas del Camino: San Millán de la Cogolla (La Rioja), Santo Domingo de Silos (Burgos), Valladolid, Salamanca, Ávila y Alcalá de Henares (Madrid).

Este recorrido es pues una aproximación física e intelectual a los orígenes del castellano y a los lugares por donde comenzó a evolucionar esta lengua, hoy hablada por unos 400 millones de personas. Se trata de unos pueblos y ciudades repletos de cultura, historia y simbolismo en relación con la lengua, en los cuales nacieron o vivieron personajes de la talla de Gonzalo de Berceo, el Infante don Juan Manuel, el Marqués de Santillana, Antonio de Nebrija, Fray Luis de León, Luis de Góngora, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Pedro Calderón de la Barca, Miguel de Unamuno o Miguel Delibes entre otros muchos, nombres que por sí solos componen una completísima historia de la literatura castellana.

  • 1o. destino: San Millán de la Cogolla

  • 2o. destino: Santo Domingo de Silos

  • 3o. destino: Valladolid

  • 4o. destino: Salamanca

  • 5o. destino: Ávila

  • 6o. destino: Alcalá de Henares

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DE VIAJE POR EL CAMINO DE LA LENGUA CASTELLANA

Lengua y camino son realidades que casan bien, que unidas potencian su fertilidad metafórica y despliegan una especial capacidad de sugestión. Cuando leemos o escribimos, seguimos las líneas que dibuja el texto en la página, igual que cuando, al andar, damos un paso detrás de otro. Las lenguas, además, se encuentran, se mezclan y se propagan por los caminos, que son espacios favorables a los contactos entre personas y a los intercambios de cosas y palabras. En concreto, el español –se ha dicho muchas veces- es un idioma de viajeros y emigrantes, forjado y extendido por gentes andarinas, nómadas de buen grado o a la fuerza. Y la lengua puede ser una excusa como otra cualquiera, o mejor, para echarse al camino, para emprender un viaje y disfrutarlo.

Eso es precisamente lo que propone el Camino de la Lengua Castellana, un itinerario de turismo cultural por varios de los lugares que, entre los siglos X y XVII, resultaron determinantes por un motivo u otro en el origen, el desarrollo y el primer lustre literario del español, y que contribuyeron de manera destacada a asentar sus cimientos como idioma de cultura y de comunicación internacional. La idea surgió a finales de 1997, en el gobierno regional de La Rioja, a raíz de la declaración por la UNESCO de los monasterios de Suso y Yuso, en San Millán, como Patrimonio de la Humanidad por su papel en el nacimiento del castellano escrito. Poco después se iniciaron los contactos entre los responsables políticos de varias ciudades y comunidades autónomas para poner en marcha esta iniciativa de promoción turística basada en el atractivo cultural e histórico de la lengua, y se fijaron los hitos que compondrían el recorrido.

Partiendo de San Millán, donde se originaron algunas de las muestras más tempranas de escritura en romance, la ruta del Camino se dirige al monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, otro de los principales centros de producción escrita del castellano incipiente. Después se encamina a Valladolid, foco difusor del idioma, en torno a cuya Corte se desarrolló una intensa actividad cultural que dio lugar a un modelo de lengua. El hito siguiente es Salamanca, que dio al idioma rango universitario y sustancia humanística, y de cuyas imprentas salió la primera gramática de una lengua europea, la que Antonio de Nebrija le dedicó al castellano. Tras pasar por Ávila, donde Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz desbordaron los límites expresivos de la lengua, el Camino termina en Alcalá de Henares, ciudad natal de Miguel de Cervantes.

Para la gestión del proyecto, en febrero del año 2000 los ayuntamientos y las comunidades autónomas participantes constituyeron, con el apoyo adicional del Ministerio de Cultura, la Fundación Camino de la Lengua Castellana; pronto se obtuvo también el respaldo de otro ministerio, el de economía, a través de la Secretaría General de Turismo; se inició la difusión de la ruta (las agencias de viajes Maravilla Travel y Ultramar Express lo van a incluir entre sus ofertas de paquetes turísticos); se organizaron viajes promocionales para periodistas extranjeros, en colaboración con Turespaña; se creó una página web, se editaron guías y folletos...

Los responsables de la iniciativa pensaron también en su extensión internacional. De ahí que la Fundación del Camino se propusiera enseguida establecer vínculos con la América hispanohablante (organiza ya en Salamanca unos encuentros hispanoamericanos de poesía, y el año pasado llevó a México, al Museo Nacional de las Culturas, una exposición sobre su recorrido) y que trabajara para darle una dimensión europea a la ruta, vinculándola con las líneas de difusión del judeoespañol por varios países del continente, fruto de la dispersión de los sefardíes expulsados de España. Así, el Camino español tendrá una continuación por el Mediterráneo, uniendo las ciudades de Tetuán, Salónica, Sofía, Estambul y Jerusalén, motivo por el cual fue declarado por el Consejo de Europa, el 25 de junio de 2002, Itinerario Cultural Europeo.

Hasta aquí, se puede hablar de un inteligente y bien ejecutado proyecto de explotación económica de ese recurso intangible y prestigioso -aunque no siempre bien conocido ni respetado- que es la lengua española. Una iniciativa, además, basada en precisas consideraciones mercadotécnicas sobre la mejor forma de “diseñar” un “producto turístico-cultural” para suscitar su “demanda” en el “mercado” (los promotores de la idea no evitan este vocabulario), y que sin duda debió de costar no pocos esfuerzos poner en marcha. Tal vez sólo quien sepa de las pejigueras sin fin que comporta en España la firma de un simple convenio entre un ministerio y una comunidad autónoma, podrá ponderar en su justa medida el valor de este Camino como experiencia de cooperación entre distintas administraciones.

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EL CAMINO ALTERNATIVO

Ahora bien, ¿no era de esperar que quisieran sumarse a la idea otros pueblos y ciudades con títulos suficientes para albergar esa pretensión? ¿No cabía prever que el éxito de la iniciativa, el prestigio que iba adquiriendo y -por qué no- los beneficios económicos que podía reportarles a los hitos de la ruta, alentarían en otros gobiernos locales y regionales el deseo de integrarse en ella? En realidad, los promotores del Camino sí lo habían previsto, y frente a posibles discrepancias, habían afinado el criterio justificador de su itinerario: el de “enlazar entre sí aquellos lugares en los que escritores e instituciones importantes llevaron a cabo, entre los siglos X y XVII, no antes ni después, una destacada labor en pro del desarrollo, consolidación y proyección de la lengua y la literatura entonces castellanas y después españolas”. Tal vez esto podía descartar a Burgos, pero, aun así, ¿por qué Toledo quedó fuera? ¿Y Sevilla o Madrid? “El Camino de la Lengua Castellana”, escribía en una ocasión uno de sus responsables, “pone en valor, subraya, resalta y presenta seis hitos de entre todos los posibles”.

Todo ello no impidió que el 21 de julio del año pasado, en la sexta edición del Día de las Merindades, celebrado en Villarcayo, el presidente de la asociación de amigos de esa localidad burgalesa, Francisco López Huidobro, afirmara que “la cuna de Castilla coincide con el territorio del nacimiento de la lengua castellana” y que por ello “sería muy justo incluir en el Camino de la Lengua localidades como Valpuesta y Rioseco, ya que el estudio de sus cartularios será cada vez más fundamental para probar que nuestra lengua nació aquí”.

Unos meses después, el 10 de octubre, el filólogo e historiador vallisoletano Jorge María Ribero-Meneses anunció que había “impugnado” el Camino “ante la UNESCO”, por considerar errónea la teoría de que el castellano nació en La Rioja. Para el investigador, que debió de confundir la UNESCO con el Consejo de Europa, el origen de la lengua reside más bien en la cabecera del río Ebro, en tierras de Cantabria, el norte de Burgos y Palencia y el sur de Álava. En apoyo de su tesis, Ribero-Meneses, que tildó de “aberración” al Camino de la Lengua Castellana, adujo la existencia en esa zona de numerosos testimonios escritos del castellano anteriores a las famosas glosas de San Millán.

El filólogo también propuso un trazado alternativo de la ruta, a su juicio “más fiel a los orígenes de nuestra lengua”. Su línea principal uniría Santoña, en Cantabria, con Toledo, y a ella se incorporarían siete ramales procedentes de otros tantos puntos clave del nacimiento del idioma: Oviedo, Ardón (León), Aguilar de Campoo (Palencia), Vitoria, Santo Domingo de Silos (Burgos), Soria y Nájera (La Rioja). Al parecer, el itinierario -una auténtica red de caminos, más que un trayecto único- se complica con tres ramales secundarios, que parten de Santo Toribio de Liébana (Cantabria), San Millán de la Cogolla y Espinosa de los Monteros (Burgos). Otras localidades incluidas en este complejo mapa serían, en Burgos, las de Valpuesta, San Martín de Herrán, Frías, Oña, Briviesca, San Pedro de Arlanza, San Pedro de Cardeña y Aranda de Duero; en las provincias de León y Palencia, Sahagún y Dueñas, además de las capitales; El Burgo de Osma y San Esteban de Gormaz, en Soria; y también Valbuena de Duero, Valladolid, Tordesillas, Toro, Salamanca, Ávila, Segovia y Alcalá de Henares...

Una propuesta con el atractivo y la virtud innegables de dar cabida a muchos parajes y territorios que probablemente desempeñaron un papel esencial en la configuración y la temprana pujanza del romance castellano. Pero también con un pequeño inconveniente, y es que, de querer llevarse a la práctica, resultaría inviable, o al menos mucho más difícil de gestionar y explotar turísticamente que el Camino “oficial”, debido a su extensión y sus ramificaciones y al mayor número de ayuntamientos y comunidades autónomas implicadas. Pero esta objeción no iba a poder ofrecer mucha resistencia ante el potencial intrínseco de la alternativa, ante su fuerza fabulosa (y un punto demagógica): como la ruta planteada dibuja un mapa muy amplio, se multiplican sus posibilidades de captar adhesiones fáciles y entusiastas en pueblos y comarcas tal vez despechados por su ausencia del proyecto inicial. Pueblos y comarcas -y sus políticos- razonablemente deseosos de ver reconocida su participación en la gestación de la lengua, y también de beneficiarse de los réditos económicos que de ello se pudieran derivar. Quien expresara con rotundidad ese reconocimiento, quien lo sustentara con datos y argumentos y exigiera a las autoridades su aceptación, ¿no encontraría un eco inmediato, un apoyo incondicional y hasta ferviente en los lugares afectados?

Eso es lo que empezó a suceder con la tesis de Ribero-Meneses. De nada sirvió que el lingüista riojano Claudio García Turza saliera al paso de sus declaraciones, asegurando que “la producción glosística riojana no admite parangón con [la de] otras regiones” y recordando que, en realidad, desde un punto de vista científico, “las lenguas no nacen en ninguna parte”. La propuesta de aquél pronto empezó a encontrar eco en medios locales. El 5 de diciembre, un noticiero electrónico de San Esteban de Gormaz (Soria) titulaba: “Proponen que San Esteban sea incluida en el Camino de la Lengua”. Días más tarde, el presidente del patronato soriano de turismo y alcalde de El Burgo de Osma, Antonio Pardo, prometía apoyar el trazado alternativo del Camino, por incluir “a Soria en una iniciativa en la que siempre hemos considerado que teníamos que estar, como así lo solicitamos en numerosas ocasiones a la Fundación”. En ese mismo acto, Ribero-Meneses había regalado los oídos de los políticos locales sorianos con una conferencia en la que afirmó que “Soria es una de las provincias [...] que ha jugado un papel fundamental (sic) en la configuración de la lengua, sobre todo en las poblaciones de la Ribera del Duero como El Burgo de Osma y San Esteban de Gormaz”.

Después, ya en el pasado mes de enero, la polémica alcanzó tierras burgalesas: tres ayuntamientos del norte de la provincia, los de Frías, Oña y Valle de Tobalina, reclamaron que se reconociera que el castellano nació en el alto Ebro y se adhirieron al Camino de la Lengua de Ribero-Meneses mediante acuerdos aprobados en los correspondientes plenos municipales. El ayuntamiento de Frías, además de pedir apoyo a la Junta de Castilla y León, aseguró que en la comarca existió “un uso generalizado y documentado de nuestra lengua muy anterior al pretendido nacimiento del castellano en La Rioja”. Por su parte, los concejales de Oña reivindicaron “el reconocimiento oficial de que el nacimiento de la lengua castellana se establezca y mantenga en la propia y actual Castilla”, para lo que demandó el respaldo, no ya de las autoridades regionales, sino “de los organismos nacionales e internacionales” competentes.

¿Y quién es este Jorge María Ribero-Meneses que de tal manera ha conseguido encender algunos ánimos? Un historiador que sostiene, entre otras teorías, la de Los orígenes ibéricos de la Humanidad (título de uno de sus ¡más de 80 libros!); la tesis de que el castellano es autóctono de la Península Ibérica, y no una evolución del latín; o la idea de que el eusquera es “la lengua más antigua y más importante del mundo” y constituye el sustrato lingüístico europeo. Pero, al margen del perfil del “impugnador”, el caso es que su intervención ha conseguido convocar en torno al Camino de la Lengua el fantasma de los agravios comparativos, las pulsiones localistas y la tendencia a la mixtificación pseudocientífica, todo ello revuelto con otros ingredientes más puros, como el amor a la lengua, el cariño por la tierra natal y la búsqueda de la verdad histórica, y también con legítimos intereses materiales, con comprensibles expectativas de beneficios económicos fundadas en un bien compartido, como es el español.

Pero hay que entender que el Camino (que no tiene previsto por el momento ampliar su itinerario, aunque sí integrará, en calidad de puntos de interés”, a varias localidades cercanas a sus seis hitos principales) no es sino una iniciativa de promoción turística conjunta de varias administraciones públicas, y como tal, una convención: la única razón concreta de que pase por los sitios por donde pasa –más allá de sus atractivos y de sus “méritos” en la historia de la lengua-, es la de que fueron sus autoridades, y no las de otros pueblos o regiones, las que se pusieron de acuerdo para practicar este brillante ejercicio de fomento del turismo cultural y de interior.

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LENGUA Y CAMINO VAN BIEN JUNTOS

Dejando de lado estas cuestiones, puede decirse que el solo hecho de unir la idea del camino con la de la lengua confiere una fascinación particular al proyecto del que venimos hablando. Porque lengua y camino van bien juntos, tienen un maridaje fácil y fértil, son realidades con una densidad semántica y una potencia metáforica propias que unidas se refuerzan, engendrando nuevas sugestiones y correspondencias. Los caminos son, para empezar, vías de comunicación, igual que las lenguas, y también lugares propicios al intercambio, al encuentro y el trato con personas de otras tierras, y por ello espacios favorables al trasiego de palabras, al enriquecimiento y la mezcla lingüística.

Hablar, leer y escribir, por otra parte, son como caminar, se avanza paso a paso de la misma manera que se pone letra tras letra y que a una palabra le sigue otra palabra; si en el camino hay encrucijadas, atajos y bifurcaciones, o se desdibujan a veces la huella y los márgenes de la pista, tampoco cuando se habla o se escribe se siguen siempre las sendas marcadas; y echarse en un veril a la sombra de un olmo, interrumpiendo la andadura, vendría a ser como el silencio, como dejar pasar el ángel que visita de improviso la conversación o levantar la mirada de la página para degustar, como un eco callado, las palabras recién leídas... Están también los caminantes que pasean hablando y hacen camino al hablar (la charla en movimiento, oxigenada, no puede ser igual que la de gabinete), y ya se sabe que nuestra mejor novela es precisamente eso, una larga ruta dialogada o un coloquio vivo y en marcha: las voces de don Quijote y Sancho hechas uno con el silencio y la soledad del campo -que es donde mejor suena y resuena una lengua- o mezcladas con las de los demás, en el bullicio de las ventas y los mesones del camino.

Quizá no en vano esto es así, porque si lengua y camino, en general, casan bien, su correspondencia resulta aún más apropiada en el caso del español, que es una lengua de caminantes, hecha y extendida por gentes que no se estaban quietas, viajeros y emigrantes, exploradores y colonos, peregrinos y arrieros, corredores de comercio y pastores trashumantes, refugiados y transterrados, fugitivos de mil exilios y persecuciones. Esto sucede también hoy, cuando los emigrantes son -como ha señalado alguna vez Carlos Fuentes- “el agente más eficaz, más numeroso y más vivo” de la lengua y la cultura en español, un idioma que “no sólo viaja en la cabeza de sus pensadores y poetas, también viaja en los pies y las manos de sus trabajadores”.

En un catálogo completo de los posibles motivos para viajar, para lanzarse al camino, no podría faltar la lengua. Entre los casos más obvios estarían los viajes al extranjero para estudiar otro idioma y las encuestas itinerantes de los dialéctologos (recuérdese a ese gran caminante del español que fue don Manuel Alvar). Y si la ruta escogida recorre algunos de los parajes más significativos en el nacimiento y la expansión inicial del castellano, como hace el Camino de la Lengua, mejor que mejor. En ella encontrará el viajero, además de pueblos y ciudades de gran belleza, una ocasión inmejorable para detenerse a considerar cómo un tosco y equívoco romance fronterizo, de guerreros, pastores y comerciantes, llegó a convertise –circulando por nuevas sendas y tras muchas idas y venidas- en la lengua de comunicación de millones de personas. Victoriano Colodrón Denis.

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LA BIBLIOTECA DEL MONASTERIO DE YUSO

La grandeza de la Biblioteca Emilianense se debe más al mérito de algunas obras que en ella se guardan que al número de volúmenes que contiene. La sala destinada para biblioteca y su artística estantería no admite más de diez mil volúmenes. Los monjes que habían cursado estudios especiales para obtener grados académicos tenían su librería particular.

En los últimos decenios del siglo XII y los primeros del XIII se produce en muchos monasterios, entre ellos San Millán, una intensa labor de copia de los más importantes manuscritos guardados en la biblioteca, especialmente los de vidas de santos, Biblias y textos históricos de todo tipo. Al mismo tiempo, surgió otra situación: en los centros dependientes del cenobio emilianense (que cada vez contaba con más posesiones) la conservación de códices antiguos no ofrecía especiales alicientes, por lo que, en más de una ocasión, fueron remitidos probablemente a San Millán para incorporarlos a la Biblioteca central.

Desde el año 1835, en el que tuvieron que abandonar el monasterio los monjes benedictinos, hasta el 1878, en el que se instalaron los Agustinos Recoletos, fueron numerosos los saqueos y despojos de que fue víctima el cenobio. Por lo tanto, cuando llegaron los Agustinos, la Biblioteca estaba prácticamente vacía. Los Agustinos fueron recobrando muchos libros que habían desaparecido y hoy en día la Biblioteca, aunque no está tan completa como antes, posee una verdadera riqueza de libros antiguos.

Desde la Fundación San Millán de la Cogolla se ha pretendido realizar un esfuerzo para poner a disposición de todo el público esta gran maravilla que es la Biblioteca del Monasterio de San Millán. Inicialamente se han escogido los libros más emblemáticos y se han digitalizado por un equipo de profesionales. Este trabajo ha supuesto un esfuerzo muy grande pero una vez visto el resultado, creemos que ha merecido la pena. Confiamos que esta sección sea de su agrado.

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ANTONIO DE NEBRIJA

Uno de los grandes humanistas del Renacimiento y ciertamente el más grande de España, Antonio de Nebrija conquistó un sitial de honor en la historia de la lengua española como autor de la primera gramática española (1492) y el primer diccionario de nuestra lengua (1495). Fue filólogo, historiador, pedagogo, gramático, astrónomo y poeta.

Nacido en 1444 en Lebrija, en la provincia de Sevilla, hijo de Juan y Catalina, bautizado como Antonio Martínez de Cala e Hinojosa, Nebrija empezó sus estudios a los 15 años en la Universidad de Salamanca, donde se graduó cuatro años más tarde en Retórica y Gramática.

Tras recibir su diploma, viajó a Italia y se inscribió en la Universidad de Bolonia, alegando que le interesaban, sobre todo, el buen decir y un perfecto aprendizaje de griego y latín, lenguas que él creía que en Salamanca no eran tratadas como merecían. En Bolonia, prosiguió sus estudios durante diez años más, consagrándose a la Teología, al latín, al griego, al hebreo, y aprendió también Medicina, Derecho, Cosmografía, Matemáticas, Geografía, Historia y, por supuesto, la Gramática, materia en la que tuvo como maestro a Martino Galeotto. También recordaría más tarde con cariño las clases de ética de Pedro de Osma.

En Italia bebió con avidez de la fuente del naciente humanismo, que estaba mucho más avanzado que en España, probablemente debido a la Inquisición, que temía y perseguía las nuevas ideas.

En 1470, Nebrija volvió a España como portador el humanismo renacentista, «para desbaratar la barbarie por todas partes de España tan ancha y luengamente derramada». Fue por entonces que adoptó el nombre con el cual lo conocemos. Añadió Elio como homenaje al conquistador romano que conquistó la Bética, que era el nombre latino de Sevilla y "de Nebrija", por ser Nebrissa el nombre en latín de su Lebrija natal.

A su regreso, contrajo matrimonio con Isabel de Solís, con quien tuvo seis hijos y una hija. Pero el matrimonio no atemperó sus ímpetus de conquistador y se cuenta que durante muchos años pasó por dificultades económicas debido a sus gastos con un incontable número de hijos habidos fuera del matrimonio y de ex amantes que lo acosaban.

En esta época, Nebrija trabajó durante algún tiempo para el obispo Fonseca, pero su ambición lo llamaba a Salamanca, adonde finalmente fue en 1475, decidido a revolucionar la enseñanza del latín en España. Con ese fin, publicó en 1481 Introductiones latinae, que serviría como texto de los estudiantes de la lengua de los césares hasta el siglo XIX.

Esta gramática latina se dividía en dos partes: La Analogía, que trataba sobre morfología y otra parte que versaba sobre problemas de sintaxis, ortografía, prosodia, figuras de dicción y un léxico que no era muy extenso. Sorprendido por el retumbante éxito de su obra, Nebrija se lanzó a la tarea de traducirla a la "lengua vulgar", como se llamaba por entonces al castellano. En diez años, llevó a cabo en Salamanca una labor titánica y, a la llegada de los humanistas italianos Mártir de Anglería y Luigi Marineo, él había formado ya varias generaciones de alumnos.

Confiado en su saber y dueño de la cátedra de Retórica, arremetió contra sus compañeros claustro por el carácter poco científico de sus enseñanzas. En medio de esta lucha, cuando intentaban expulsarlo de la Universidad, Nebrija obtuvo el apoyo del maestre de la Orden de Alcántara y frecuentó Alcalá de Henares, con la tarea de corregir la Biblia Políglota. En 1490, se consagró como poeta y conquistó el cargo de cronista real, en el que permaneció hasta 1509, cuando decidió volver a Salamanca como catedrático de Retórica.

En la vieja universidad donde había comenzado sus estudios, fue perseguido por sus colegas, que le impideron concursar en la cátedra de Gramática, por lo que decidió abandonar Salamanca y volver a Sevilla.

Pero su permanencia en Andalucía duró menos de un año; el cardenal Cisneros lo llamó a la Universidad de Alcalá donde enseñó retórica y escribió un texto de esa disciplina, además de terminar sus gramáticas y léxicos.

Su Introductiones Latinae, que había publicado en 1481, se constituyó en el texto más importante escrito hasta entonces sobre ese tema y se convirtió en manual para los estudiantes hasta el siglo XIX.

Lo más importante de su obra se completó en la última década del siglo XV, con su Gramática de la lengua castellana y sus dos diccionarios de latín y castellano.

De todas sus obras, ninguna tuvo el peso y la importancia histórica de su Gramática, que se adelantó a todos los estudios hechos en todas las lenguas romances sobre esta materia. Fue el primer gramático de destaque en considerar una lengua romance (por entonces llamada "lengua vulgar") como digna de ser estudiada.

La novedad de la gramática residía en que nunca antes se había escrito una gramática en una lengua contemporánea. Para los hombres de la Edad Media, sólo el latín y el griego estaban dotados de una grandeza que hacía esas lenguas merecedoras de estudio y análisis, mientras que las "lenguas vulgares" se regían apenas por el gusto de los hablantes, sin necesidad de que éste fuera estudiado ni de que sus reglas se establecieran.

Razones políticas habían llevado a Nebrija a escribir su Gramática castellana. Como explicó en una extraña premonición al presentarla a Isabel la Católica, era preciso fijar la lengua, que sería "la compañera del Imperio" que nacería tras la Reconquista de Granada y la llegada del Colón al Nuevo Mundo. Nadie soñaba aún las consecuencias del Descubrimiento de América, pero es como si Nebrija de algún modo hubiera intuido que aquella oscura lengua nacida en la tierra de los bárdulos, en el Norte de España, estaba en vías de convertirse en el gran idioma internacional, segundo del planeta, que es hoy el castellano.

La Gramática de Nebrija inspiró el surgimiento de una serie de obras similares que fue surgiendo en toda Europa, a medida que los idiomas del Viejo Continente cobraban conciencia de que eran tan nobles como el viejo latín.

En 1495, publicó una nueva obra en la misma dirección: Su vocabulario español latín, latín-español, el primer diccionario de nuestra lengua.

Pero Nebrija fue mucho más que un filólogo y un lingüista. Hombre de su tiempo, con la amplitud de horizontes que caracterizaba a los intelectuales del Renacimiento, se ocupó también la Teología, de la que trató en Quinquagenas; del Derecho, que abordó en Lexicon Iurus Civilis; de Arqueología, con Antigüedades de España; y de Pedagogía, con De liberis educandis.

Si como hombre de su tiempo, se empeñó en difundir los clásicos, su obra estuvo marcada también por deseo de sistematizar el conocimiento que había adquirido en Salamanca y en Bolonia y tornarlo accesible al mayor número posible de personas.

Nebrija murió en Alcalá de Henares el 5 de julio de 1522.

Fuente de algunos de estos artículos y de las Fotos: Wikipedia / Castillo Luna - Guiaojodijital.com / Foto con Cervantes Cervantes CVC / ENCICLONET

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