

LAS
FALLAS DE VALENCIA - FIESTA CELEBRADA EN EL MES DE MARZO
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LA CIUDAD
Valencia es una ciudad española al lado del Mediterráneo y capital
de la provincia homónima y de la Comunidad Valenciana; con poco más
de 800.000 habitantes. Se sitúa la ciudad en la margen derecha del
río Turia.
HISTORIA
Valencia fue fundada en el año 138 antes de Cristo, siendo cónsul
romano Décimo Junio Bruto, para instalar soldados licenciados, a los
que repartió tierras junto a la nueva ciudad. La arqueología ha
sacado a la luz evidencias del primer asentamiento, agujeros para
postes de cabañas y tiendas de campaña, seguramente un refugio
provisional que en pocos años dio paso a edificaciones más sólidas.
Valentia prosperó con rapidez y en poco tiempo comenzó a acuñar
moneda propia.
La ciudad fue destruida en el año 75 antes de Cristo en el curso de
la guerra entre Pompeyo y Sertorio. En la excavación de la Almoina
se han descubierto los restos descuartizados de varios soldados
junto con sus armas, evidencia de lo que debió de ser una escaramuza
de la batalla. De resultas de ello, parece ser que quedó
prácticamente abandonada durante al menos cincuenta años.
Desde mediados del siglo I Valentia había recuperado ya el ritmo
perdido e iniciaba una larga etapa de desarrollo, caracterizada por
el crecimiento urbano, la afluencia de nuevos colonos, y el
engrandecimiento de la urbe mediante la construcción de grandes
edificios públicos ––como el foro o el circo–– y la ejecución de
importantes obras de infraestructura, como un puerto fluvial junto a
las actuales Torres dels Serrans o la traída de aguas, un
equipamiento del que los valencianos no volverían a gozar hasta
mediados del siglo XIX. (Foto 2)
En la segunda mitad del siglo III, de manera paralela al resto del
Imperio, Valentia atravesó una etapa de crisis que marcó el inicio
de un largo periodo de decadencia, a lo largo del cual la ciudad fue
retrayendo su perímetro, despoblándose barrios enteros, y se
abandonaron las redes de infraestructuras. Desde mediados del siglo
IV pudo existir una comunidad cristiana en la ciudad conformada en
torno a la memoria de san Vicente, martirizado aquí en el año 304.
Un siglo después, coincidiendo con las primeras oleadas de pueblos
germánicos y con el vacío de poder dejado por la administración
imperial, la iglesia asumió las riendas de la ciudad y los edificios
de culto cristiano fueron reemplazando los antiguos templos romanos.
En tiempos del obispo Justiniano, en el siglo VI, Valentia
experimentó una cierta recuperación, frenándose por algún tiempo la
degradación urbana y se celebró en ella un importante concilio
regional. Con la invasión bizantina del sudeste de la península en
554 la ciudad cobró una importancia estratégica, instalándose en
ella contingentes militares visigodos y emprendiendo tareas de
fortificación del antiguo circo romano. Tras la expulsión de los
bizantinos en el 625 se inicia una etapa oscura de la que apenas
existe documentación y que parece testimoniar un tono de vida urbana
muy bajo.
LA ÉPOCA MULSUMANA
Tras la conquista
musulmana del 711, y siguiendo con la tónica anterior, la primera
etapa de dominio musulmán constituye un periodo sobre el que tenemos
escasas referencias de Valencia (Balansiya en las fuentes árabes).
Una de ellas nos habla de la destrucción de la ciudad por Abd al-Rahman
I —primer emir de Córdoba—, pero probablemente el hecho más
relevante de la etapa emiral sea la presencia de Abd allah al-Balansi,
hijo de aquel, quien ejerció una especie de gobierno autónomo sobre
el área valenciana, y ordenó construir en las afueras de la ciudad
un lujoso palacio, la Russafa, origen del actual barrio del mismo
nombre. Más allá de los hechos políticos, lo verdaderamente
trascendente es la entrada de la ciudad dentro de la órbita del
Islam que, en poco tiempo, cambió la lengua, la religión y las
costumbres de sus habitantes.
En época califal, Balansiya inició el camino de la recuperación
urbana mediante la construcción de un primer perímetro de huerta en
el actual barrio del Carmen (Foto 4) y la remodelación de la antigua
área episcopal visigoda ––en el entorno de la catedral–– para
convertirlo en un zoco vinculado a la residencia del gobernador.
El verdadero auge de la ciudad comenzó tras la caída del califato de
Córdoba, en el 1010, que dio inicio a la aparición de toda una serie
de reinos autónomos o de taifas, uno de ellos el de Valencia. La
ciudad creció, y en tiempos del Rey Abd al-Aziz se edificó una nueva
muralla, de la cual todavía se conservan restos en el barrio del
Carmen (Foto 5). Numerosos hallazgos arqueológicos testimonian la
importancia alcanzada por la ciudad en este momento.
A finales del siglo XI, aprovechando el clima de inestabilidad
política, el Cid se hizo con el control de Valencia, la cual
permaneció en manos de las tropas cristianas hasta el 1102. A su
marcha, los almorávides ocuparon la ciudad y reinstauraron el culto
musulmán, dejando un gobernador a su cargo.
La decadencia del poder almorávide coincidió con el ascenso de una
nueva dinastía norteafricana, los almohades, que gobernaron la
península a partir del 1145. Su entrada en Valencia, sin embargo, se
vio frenada por Ibn Mardanis, el Rey Lobo, monarca de Valencia y
Murcia, pero finalmente la ciudad cayó en manos de los
norteafricanos en 1171.
En las primeras décadas del siglo XIII la ciudad se refortificó ante
la inminencia del avance aragonés. Las fuentes cristianas la
describen como una urbe populosa y rodeada por una fértil huerta. (Foto
6)
Con la conquista de Valencia por Jaime I en 1238 se puso fin a cinco
siglos de cultura musulmana, pero ésta dejó una sólida impronta en
la ciudad y en el territorio valenciano.
LA ÉPOCA FEUDAL
Tras la victoria cristiana, la población musulmana fue expulsada y
el Rey Jaime I hizo el reparto de las nuevas tierras entre aquellos
que habían participado en la conquista, de lo que queda testimonio
en el Llibre del Repartiment. El Rey otorgó a la ciudad unas nuevas
leyes, els Furs, que años después hizo extensivas a todo el Reino de
Valencia. Comenzaba aquí una etapa nueva, de la mano de una nueva
sociedad, que sentó las bases del pueblo valenciano tal y como lo
conocemos hoy.
La ciudad pasó por graves aprietos a mediados del siglo XIV. Por un
lado, la peste negra de 1348 y las sucesivas epidemias de los años
siguientes, que diezmaron a la población. Por otro, la guerra de la
Unión, una revuelta ciudadana, encabezada por Valencia como capital
del Reino, contra los excesos de la monarquía. Por último, la guerra
con Castilla, que obligó a levantar rapidamente una nueva muralla
para contener, por dos veces ––en 1363 y 1364––, el ataque
castellano. En premio, el Rey Pedro el Ceremonioso concedió a la
ciudad de Valencia el título de "dos veces leal", representado por
las dos “L” que ostenta su escudo.
La convivencia entre las tres comunidades, cristiana, judía y
musulmana, que ocupan la ciudad, fue conflictiva a lo largo de toda
la edad media. Los judíos, instalados en torno a la calle de la Mar,
habían progresado económica y socialmente, y su barrio fue ampliando
progresivamente los límites a costa de las parroquias contiguas (Foto
8). Por su parte, los musulmanes que permanecieron en la ciudad tras
la conquista fueron instalados en una morería junto al actual
mercado de Mosen Sorell, contigua al entonces barrio artesanal del
Carmen. En 1391 una turba descontrolada asaltó el barrio judío, lo
que supuso la práctica desaparición de la comunidad y la conversión
forzosa de sus miembros al cristianismo, aunque muchos siguieron
practicando su religión en secreto. En 1456, de nuevo un tumulto
popular condujo al asalto de la morería, aunque sus consecuencias
fueron de menor trascendencia.
A finales del siglo XIV adquirieron especial virulencia los
conflictos entre las diferentes familias de los Centelles y los
Vilaragut. Alineadas en dos bandos antagónicos, tuvieron una
destacada influencia en el conflicto dinástico que se produjo a la
muerte sin descendientes de Martín el Humano, y que desembocó en el
Compromiso de Caspe y en la entronización de la casa de Trastamara
en la Corona de Aragón. En la sentencia desempeñaron un destacado
papel los hermanos Ferrer, Bonifaci y Vicent, este último canonizado
por Calixto III en 1455.
En el siglo XV Valencia vivió una etapa de gran desarrollo económico
y esplendor cultural y artístico. Se creó la Taula de canvis, una
banca municipal de apoyo de las operaciones comerciales (Foto 10);
la economía local —con los tejidos de seda en un destacado lugar—
alcanzó un gran desarrollo, y la ciudad se convirtió en un emporio
comercial al que acuden mercaderes de toda Europa. A finales de
siglo se erigió La Lonja de la Seda y de los Mercaderes, uno de los
más importantes centros de transacciones mercantiles del
Mediterráneo.
Este auge económico tiene su reflejo en el plano artístico y
cultural. Se levantan ahora algunos de los edificios más
emblemáticos de la ciudad, como las Torres dels Serrans (1392) (Foto
11), La Lonja (1482) (Foto 12), el Micalet o la capilla de los Reyes
del Convento de Santo Domingo. En pintura y escultura se dejan
sentir las tendencias flamencas e italianas en artistas como Lluís
Dalmau, Gonçal Peris o Damian Forment. En literatura, al amparo de
la corte de Alfonso el Magnánimo florece la producción escrita, de
la mano de autores como Ausias March, Roiç de Corella o Sor Isabel
de Villena. Hacia 1460 Joanot Martorell escribe el Tirant lo Blanch,
una innovadora novela de caballería que influyó en numerosos autores
posteriores, desde Cervantes a Shakespeare
DESARROLLO
SOCIAL Y ECONÓMICO
En los siglos XIV y XV la ciudad de Valencia fue capital cultural y
económica del Mediterráneo. Las principales rutas de mercaderes
pasaban por Valencia y abundaban los autores y artistas de las más
diversas ramas de la creación.
En la época del
Renacimiento sufrió la primera gran crisis, cuando la revuelta de
los "agermanados" cuestionó la supremacía de la nobleza. La dinastía
de los Austrias detuvo las reivindicaciones y anuló la prosperidad
del Reino con los decretos de expulsión de judíos y de moriscos.
Valencia decayó en siglos posteriores hasta la Guerra de Sucesión,
cuando la instauración de la dinastía de los Borbones supuso la
centralización estatal, aboliendo los Fueros, Privilegios y
Libertades del Reino. Pasó de ser capital de Reino independiente a
capital provincial.
El leve resurgir de la Ilustración valenciana, fines del XVIII, fue
fulminado por la guerra contra los franceses. No fue hasta la
Restauración alfonsina cuando se vislumbró un poco de tranquilidad.
La floreciente agricultura dio paso a una tímida industrialización.
Se acometieron grandes obras públicas y las ansias de futuro se
concretaron en sucesivas exposiciones regionales que reunían de
nuevo a la ciudad con sus hermanas Castellón y Alicante.
Parejo a esta recuperación vino la Renaixença, una nueva generación
de autores y creadores que se expresaban en lengua valenciana. Del
valencianismo cultural se pasó al valencianismo político que
reclamaba la autonomía valenciana. La calle se dividió entre los
sectores conservadores carlistas y los sectores republicanos afines
a Blasco Ibáñez, quien elaboró el mejor retrato de la capital en sus
famosas novelas de temática valenciana. Blasco Ibáñez no llegó a ver
el triunfo de su programa, con la proclamación popular de la II
República en el año 1931.
En la época de la Guerra Civil española Valencia vivió graves
momentos. Aquí se instaló provisionalmente el Gobierno de la
República y aquí se eternizó la lucha casi durante todo el tiempo
que duró el conflicto. Después se vivió la dura y fatigosa
posguerra, con hambre mitigada por el boniato y productos de huerta.
LA CIUDAD MODERNA
La industrialización llegó con el desarrollismo, ya en los años
sesenta. La ciudad se transformó por completo. Se edificaron
apresuradamente nuevos barrios, cometiendo torpezas urbanísticas que
después ha habido que corregir con paciencia y buena voluntad.
Valencia, haciendo gala del espíritu creador que la caracteriza, se
convirtió en capital internacional de la moda y de las artes
plásticas. Ese impulso espontáneo de los años setenta posibilitó
mucho la estética impactante que ahora ofrece.
En los últimos años Valencia ha ganado, por méritos propios, el
reconocimiento como capital europea e internacional de cultura. Se
han abierto nuevas avenidas, se han inaugurado nuevos museos y
centros de cultura, se ha reactivado el Centro Histórico, se han
construido palacios de música y de congreso, se ha girado la mirada
al Mediterráneo con el paseo marítimo y el balcón al mar, se ha
apostado por el futuro y la tecnología en la Ciudad de la Ciencia...
y un largo etcétera de posibilidades que han mudado positivamente el
rostro de una ciudad que tiene a sus espaldas más de dos mil años.
La ciudad es la Sede
del Tribunal de las Aguas, organización creada para solventar
conflictos entre regantes, existente desde antes del S. XI y que
desde su creación se reúnen todos las semanas para mediar en los
conflictos entre los regantes.
LAS FALLAS
¿Qué son las fallas?
Las fallas de Valencia se convierten en un espejo que deforma y
caricaturiza nuestra propia existencia.
Las fallas son
auténticos monumentos formados por una o dos figuras gigantescas
rodeadas por grupos de figuras más pequeñas, “ninots”. Las fallas
principales llegan a alcanzar los veinte metros de altura, que se
convierten en el eje central del monumento y representan el tema de
la falla, el cual se explica en las escenas o grupos de "ninots" que
las rodean.
Alrededor de 375 fallas grandes y otras tantas infantiles se alzan
en la ciudad. Durante cuatro días y cuatro noches permanecen
plantados en numerosas calles y plazas inmensos monumentos de
cartón, burla plástica y escandalosa, proferida con tanto arte como
desenfado.
Esta es la manera de recibir el comienzo de la primavera, con
explosión y fuego (que es lo que significa la palabra falla). El
último día, el 19 de marzo, día de San José, los queman en
impresionantes hogueras, reminiscencia de un rito ancestral; la
ciudad arde por sus cuatro costados.
ORIGEN DE LAS FALLAS
Declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional, famosas en
todo el mundo, nacieron del pueblo y fueron rechazadas, en un
principio, por la burguesía y el clero.
Tiene su origen en la
costumbre de los artesanos que en el invierno encendían al anochecer
candiles suspendidos en el "estai", "parot" o "pelmodo", similar a
un largo candelabro con varios brazos; al llegar el buen tiempo, la
primavera, lo quemaban y los carpinteros, que durante todo el año
habían estado trabajando en sus talleres, aprovechaban la llegada
del buen tiempo para limpiar sus carpinterías sacando los tablones,
tablillas, viguetas y demás a la calle y apilándolas les prendían
fuego; con el tiempo, los vecinos comenzaron a apilar muebles y
otros elementos viejos que ya no les servían en la casa. Esto se
convirtió en una fiesta popular y lo que en un primer momento eran
muebles poco a poco se llegó a representar mediante "ninots" la
sociedad en la que vivían, lo que provocó el disgusto de la
burguesía y del clero (generalmente ironizaban sobre ellos). Se
encuentra una cita sobre las fallas dedicadas a San Vicente (la
fogata primaveral): en 1596 fueron pagados a Pedro Torralba 74
libras, un sueldo y seis dineros por "les graelles" (las parrillas)
donde se quemaban "les falles que fan en la festa del gloriós San
Vicent Ferrer".
LA HISTORIA DE
LAS FALLAS
Hacia mediados del siglo XVIII, las fallas eran un simple festejo
incluido en el programa de actos típicos de la fiesta de San José
(19 de marzo). Al amanecer del día 18 en algunas vías urbanas
aparecian peleles colgados en medio de la calle de ventana a ventana,
o pequeños tablados colocados junto a la pared, sobre los cuales se
exponían a la vergüenza pública uno o dos muñecos (ninots) alusivos
a algún suceso, conducta o personaje censurables. Durante el día,
los niños y adolescentes recogían material combustible y preparaban
pequeñas piras de trastos viejos que también recibían el nombre de
fallas. Unas y otras eran quemadas al anochecer de la víspera de San
José congregando en torno a la hoguera una amplia participación
popular.
Al día siguiente era
día de media fiesta y los carpinteros y los valencianos devotos
acudían a los templos parroquiales para festejar a su patrono. En
muchos hogares se celebraban fiestas onomásticas en las que se
agasajaba a los Pepes con tortadas, buñuelos y anís. En suma, una
fiesta popular y vecinal.
La primera
documentación con la que contamos sobre las fallas, es un oficio
dirigido al corregidor de la ciudad de Valencia para que prohibiera
la colocación de los monumentos (especialmente los de tipo teatral)
en las calles estrechas y junto a las fachadas de las casas. Como
consecuencia de estas medidas de policía urbana (prevención de
incendios) se obligaba a los vecinos a plantar fallas en las calles
anchas, en los cruces de calles y en las plazas. Curiosamente, sin
pretenderlo, una simple medida como ésta provocaría, a la larga, una
importante transformación. Aunque las fallas seguían manteniendo una
estructura horizontal y teatral en dos cuerpos (un tablado y una
escena sobre el mismo), al colocarlas en el centro de una calle o
plaza era preciso concebirlas de forma exenta, puesto que podían ser
rodadas. Para verlas en su totalidad, había que darles la vuelta, y
al liberarlas de su anexión a una pared, se liberaron también nuevas
potencialidades constructivas y la necesidad de inscribir mensajes
en todos sus lados.
Antorchas, hogueras,
peleles y entablados, durante mucho tiempo recibieron el nombre de
fallas, pero progresivamente se fue restringiendo el uso de esta
denominación para referirse a las piras satíricas, es decir a
aquellas que sobre un tablado exponían a la vergüenza pública los
vicios o prejuicios imperantes. Eran estas fallas las que suscitaban
expectación cada año y las que la población acudía a visitar
masivamente. Consistían en una estructura prismática, generalmente
cuadrangular, con armazón de madera, recubierta ornamentalmente con
bastidores pintados, con lienzos o con paneles que ocultaban los
materiales combustibles amontonados a su base. Los ninots o figuras
que aparecían en el escenario se vestían con telas o ropas viejas.
Estas fallas satíricas, al igual que els miracles de sant Vicent, se
acompañaban siempre de unas hojas de versos que, colgadas como
pasquines en las paredes próximas o en los bastidores del pedestal,
desarrollaban la glosa rimada del tema que se escenificaba en la
falla. A Mediados del siglo xix, al imprimir estos versos y
editarlos en pequeños pliegos, dieron origen al llibret y, en
consecuencia, se amplió considerablemente la posibilidad de
desarrollar el argumento.
La característica peculiar de las fallas satíricas es la figuración
de un hecho social censurable. Tienen un tema concreto y responden a
una intención crítica o cuando menos burlesca. A diferencia de las
simples hogueras y de las piras de trastos viejos, en ellas se
representan escenas que aluden a personas, sucesos o comportamientos
colectivos que los falleros consideran merecedores de corrección o
dignos de irrisión. Dos temas ocuparon preferentemente a los
falleros a mediados del siglo xix: la falla erótica y la crítica
social.
En 1858, los falleros
de la plaza del Teatro pretendían levantar una falla de movimiento
con una alusión directa a las desigualdades sociales. Los versos
eran de Josep María Bonilla. La falla fue prohibida por la autoridad,
pero los falleros repitieron el tema al año siguiente. Por otra
parte, con el nombre de falla erótica o tendencia anticonyugal, la
prensa de la época designaba un tipo de fallas, muy abundantes, que
eran prolíficas en alusiones picantes o escabrosas mediante un
lenguaje plagado de equívocos y que reflejaba una mentalidad
hedonista y procaz. Bernat i Baldoví escribió algunos llibrets que
abordaban esta temática, pero tal vez el más conocido es el escrito
por Blai Bellver para la falla de la plaza de la Trinidad de Xátiva
en 1866, denominado La creu del matrimoni, que mereció una rotunda
condena por parte del arzobispado.
Durante todo el siglo XIX, el Ayuntamiento y en general también las
instituciones de autoridad, mantuvieron una actitud vigilante y
censora ante las fallas. Esta política represiva, justificada por la
necesidad de modernizar y civilizar las costumbres de la ciudad,
pretendía erradicar los festejos p opulares (Carnaval y Fallas,
entre otros), y se intensificó durante los años setenta al
establecer gravosos impuestos sobre el permiso de plantar fallas o
tocar música. Esta presión generó, como reacción, un movimiento en
defensa de las tradiciones típicas y en 1885 la revista La Traca
otorgó por primera vez premios a las mejores fallas. La iniciativa
sería continuada por la asociación renaixentista Lo Rat Penat en
1887. Este apoyo explícito de la sociedad civil mediante premios,
despertó un espíritu competitivo entre comisiones de vecinos,
estimuló el fervor fallero y produjo una decantación esteticista,
dando lugar a la falla artística. En ella no desaparecía
necesariamente la crítica (incluso podía experimentar una radicación
política), pero comenzaba a predominar la preocupación formal,
constructiva y estética sobre el conocimiento del monumento.
Aunque con titubeos y
timideces, en 1901 el Ayuntamiento de Valencia, tomó el relevo de Lo
Rat Penat y otorgó los primeros premios municipales a las fallas.
Eso sí, una vez pasadas las fiestas. Se trataba de dos pren dos: uno
de 100 y otro de 50 pesetas. El clima social para esta intervención
municipal no sólo era favorable, sino exigente. Y abarcaba todo un
abanico amplio de organizaciones, que incluía tanto asociaciones
culturales y recreativas, como valencianistas y deportivas,
políticas y obreras, que potenciaron el desarrollo de las fallas
durante la primera década del siglo. En reciprocidad con este apoyo
social las fallas se decantaron cada vez más hacia la exaltación
valencianista y se produjo una creciente fusión entre la fiesta
fallera y la entidad valenciana. Desde principios del siglo xx, las
fallas abandonaron la estructura dual (tablado/escena) y comenzó a
desarrollarse una nueva concepción de las mismas, en el cual los
ninots no eran ya la figura más impactante. La falla se componía
ahora de la superposición de diversos elementos y niveles,
fundamentalmente de tres: una base de escasa altura compuesta de
repiés para las diversas escenas, un cuerpo central que servía de
sustentación del monumento y un remate.
Este último solía consistir en una figura de grandes dimensiones
constituida por un motivo alegórico capaz de condensar el tema que
explayaban y glosaban las escenas inferiores.
El contenido de la
falla no se hallaba ya inscrito solamente en una escena realzada por
el tablado, sino que estaba latente en todo el conjunto escultórico
y debía ser descifrado rodando la falla y recorriéndola con la
mirada de arriba abajo. La falla ahora debía ser fastuosa, imponente,
majestuosa y sugestiva, visible desde la lejanía.
Bajo la presión de los
premios, las fallas adoptaron como ideal modélico la monumentalidad,
la proporcionalidad y el barroquismo.
En 1927, la asociación
para el fomento del turismo Valencia Atracción organizó el primer
Tren Fallero. El acto tuvo tal éxito que la sociedad valenciana se
volcó todavía más en las fallas, incrementando considerablemente el
número de monumentos que se erigían. El crecimiento de la fiesta
obligó también a una mejor organización. Así surgieron la Asociación
General Fallera Valenciana y el Comité Central Fallero, que
representaban a las comisiones y organizaban la fiesta.
En 1929, el
Ayuntamiento creó un concurso de carteles para hacer promoción de
las fallas y en 1932 se convirtió en la entidad organizadora y
gestora de todo el programa de actos, instaurando la Semana Fallera.
La mayoría de los monumentos eran obra de artesanoslartistas
especializados que durante varios meses vivían para la construcción
de los mismos en sus talleres y que se habían organizado en la
Asociación de Artistas Falleros. Fue en estos años cuando las fallas
se convirtieron realmente en la fiesta mayor de los valencianos.
El artículo publicado
en 1935 y firmado por Y Llopis Piquer que lleva por título "Cómo se
preparan las fallas" nos describe con cierto detalle cómo se
confeccionaba una falla:
En ellas son los más
importantes elementos: el cartón, el yeso y la cera, sin olvidar la
madera de los bastidores ni la tela metálica cubierta de arpillera
para las grandes masas.
Con estos sencillos
materiales, los artistas valencianos compiten con los grandes y
perdurables creaciones de la escultura, patentizando su valía con la
erección de grandiosos monumentos.
La tarea más difícil y
entretenida estriba en la confección de los moldes para las cabezas,
moldes que saca el artista de un barro en el que plasma la efigie de
una mujer o de un hombre según los casos, y que, vaciados en yeso,
servirán para obtener una serie de cabezas en cera a las que bastará
el aditamento de unos bigotes o la desviación de un ojo, o el
añadido de un rictus a los labios para que dejen de ser humanas,
yendo a constituir diversas personalidades dentro del conjunto de la
falla.
Más fácil es la construcción de los cuerpos, para la que el cartón
sujeto a moldes de yeso, a presión en mojado, da un margen
admirable. Labor esta a la que se dedican los aprendices de todo
artista fallero que se precie. Escultores de categoría volvieron a
manejar el barro y un nuevo molde recogió el trabajo, saliendo una
nueva encarnación humana, que, con su cortejo de desviaciones
físicas y añadidos materiales, complementaban más y más, y así
pudiéramos ir sucesivamente señalando el nacimiento de los diversos
personajes de la falla, unos en su origen, múltiples en su
apariencia e igual podríamos citar con referencia a las manos, pese
a sus distintas actitudes. Difícil, muy difícil es el pintado de esa
cera. Muy pocos aciertan a saber infiltrar con sus colores el
aspecto de vida que requieren los tipos de una falla; más, a fuerza
de estudio y de perseverancia, el milagro se efectúa. ¿Qué falta
después de esto realizado? Montar los cuerpos metiéndoles dentro de
un alma, esta vez de madera, para sujetar fuertemente materiales tan
débiles como la paja, las telas, el serrín y la cera, y una vez en
marcha y compuestas las personas, el mismo día de la plantá alinear
junto a las paredes, mientras se clavan los bastidores y molduras a
los muñecos, que en la oscuridad de la noche se confunden con la
gente de verdad, llegando al observador a no saber distinguir entre
lo real y lo fantástico. Textos: Antonio Ariño
Notas interesantes de la historia de las fallas:
- La característica peculiar de las fallas es la figuración satírica
de un hecho social censurable. Tienen un tema concreto y responden a
una intención crítica o burlesca. A diferencia de las simples
hogueras y de las piras de trastos viejos, en ellas se representan
escenas que aluden a personas, sucesos o comportamientos colectivos
que los falleros consideran merecedores de corrección o dignos de
irrisión. A mediados del siglo XIX dos temas ocuparon
preferentemente a los falleros: la falla erótica y la crítica
social.
Censura: En 1858, los falleros de la plaza del Teatro pretendían
levantar una falla de movimiento con una alusión directa a las
desigualdades sociales. Los versos eran de Josep María Bonilla. La
falla fue prohibida por la autoridad, pero los falleros repitieron
el tema al año siguiente. Por otra parte, con el nombre de falla
erótica o tendencia anti-conyugal, la prensa de la época designaba
un tipo de fallas, muy abundantes, que eran prolíficas en alusiones
picantes o escabrosas mediante un lenguaje plagado de equívocos y
que reflejaba una mentalidad hedonista.
- Durante todo el siglo XIX, el Ayuntamiento y en general también
las instituciones de autoridad, mantuvieron una actitud vigilante y
censora ante las fallas. Esta política represiva, justificada por la
necesidad de modernizar y civilizar las costumbres de la ciudad,
pretendía erradicar los festejos populares (Carnaval y Fallas, entre
otros), y se intensificó durante los años setenta al establecer
gravosos impuestos sobre el permiso de plantar fallas o tocar
música.
Reacción contra la censura: Esta presión generó, como reacción, un
movimiento en defensa de las tradiciones típicas y en 1884 la
revista La Traca otorgó por primera vez premios a las mejores
fallas. La iniciativa sería continuada por la asociación
renaixentista Lo Rat Penat en 1885. Este apoyo explícito de la
sociedad civil mediante premios, despertó un espíritu competitivo
entre comisiones de vecinos, estimuló el fervor fallero y produjo
una decantación esteticista, dando lugar a la falla artística. En
ella no desaparecía necesariamente la crítica (incluso podía
experimentar una radicación política), pero comenzaba a predominar
la preocupación formal, constructiva y estética sobre el
conocimiento del monumento
La oficialidad: Aunque con titubeos y timidece, en 1901 el
Ayuntamiento de Valencia, tomó el relevo de Lo Rat Penat y otorgó
los primeros premios municipales a las fallas. Eso sí, una vez
pasadas las fiestas. Se trataba de dos premios: uno de 100 y otro de
50 pesetas. El clima social para esta intervención municipal no sólo
era favorable, sino exigente. Y abarcaba todo un abanico amplio de
organizaciones, que incluía tanto asociaciones culturales y
recreativas, como valencianistas y deportivas, políticas y obreras,
que potenciaron el desarrollo de las fallas durante la primera
década del siglo. En reciprocidad con este apoyo social las fallas
se decantaron cada vez más hacia la exaltación valencianista y se
produjo una creciente fusión entre la fiesta fallera y la entidad
valenciana.
La concepción moderna: Desde principios del siglo XX, las fallas
abandonan la estructura dual (tablado/escena) y comienza a
desarrollarse una nueva concepción de las mismas, en la cual los
ninots no son ya la figura más impactante. La falla se compone ahora
de la superposición de diversos elementos y niveles,
fundamentalmente de tres: una base de escasa altura compuesta de
repiés para las diversas escenas, un cuerpo central que sirve de
sustentación del monumento y un remate. Este último suele consistir
en una figura de grandes dimensiones constituida por un motivo
alegórico capaz de condensar el tema que explayan y glosan las
escenas inferiores.
El contenido de la
falla no se halla ya inscrito solamente en una escena realzada por
el tablado, sino que está latente en todo el conjunto escultórico y
debe ser descifrado rodeando la falla y recorriéndola con la mirada
de arriba abajo. La falla ahora debe ser fastuosa, imponente,
majestuosa y sugestiva, visible desde la lejanía. Bajo la presión de
los premios, las fallas adoptan como ideal modélico la
monumentalidad, la proporcionalidad y el barroquismo.
Atracción turística y promoción: En 1927, la asociación para el
fomento del turismo “Valencia Atracción” organizó el primer Tren
Fallero. El acto tuvo tal éxito que la sociedad valenciana se volcó
todavía más en las fallas, incrementando considerablemente el número
de monumentos que se erigían. El crecimiento de la fiesta obligó
también a una mejor organización. Así surgieron la Asociación
General Fallera Valenciana y el Comité Central Fallero, que
representaban a las comisiones y organizaban la fiesta.
En 1929, el Ayuntamiento creó un concurso de carteles para hacer
promoción de las fallas y en 1932 se convirtió en la entidad
organizadora y gestora de todo el programa de actos, instaurando la
Semana Fallera. La mayoría de los monumentos eran obra de artesanos
artistas especializados que durante varios meses vivían para la
construcción de los mismos en sus talleres y que se habían
organizado en la Asociación de Artistas Falleros. Fue en estos años
cuando las fallas se convirtieron realmente en la fiesta mayor de
los valencianos.
La tarea de la construcción de la falla: - "Cómo se preparan las
fallas" es un artículo publicado en 1935 y firmado por Llopis Piquer
que nos describe con bastante detalle cómo se confecciona una falla:
Primero es la
elaboración de la maqueta, sobre esta se establece una escala para
poder proyectar el monumento fallero. Lo siguiente que hace el
artista es la carpintería, realiza el esqueleto de la falla. En
ellas son los más importantes elementos: el cartón, el yeso y la
cera, sin olvidar la madera de los bastidores ni la tela metálica
cubierta de arpillera para las grandes masas.
Con estos sencillos materiales, los artistas valencianos compiten
con los grandes y perdurables creaciones de la escultura,
patentizando su valía con la erección de grandiosos monumentos.
La tarea más difícil y
entretenida estriba en la confección de los moldes para las cabezas,
moldes que saca el artista de un barro en el que plasma la efigie de
una mujer o de un hombre según los casos, y que, vaciados en yeso,
servirán para obtener una serie de cabezas en cera a las que bastará
el aditamento de unos bigotes o la desviación de un ojo, o el
añadido de un rictus a los labios para que dejen de ser humanas,
yendo a constituir diversas personalidades dentro del conjunto de la
falla.
Más fácil es la
construcción de los cuerpos, para la que el cartón sujeto a moldes
de yeso, a presión en mojado, da un margen admirable. Labor esta a
la que se dedican los aprendices de todo artista fallero que se
precie.
Muy difícil es el pintado de la cera. Muy pocos aciertan a saber
infiltrar con sus colores el aspecto de vida que requieren los tipos
de una falla; más, a fuerza de estudio y de perseverancia, el
milagro se efectúa.
Otras formas de trabajar: hoy en día muchos artistas en vez de
trabajar el barro utilizan otros elementos más rápidos y cómodos,
estos elementos son o bien, el porespán expandido o hacen
reproducciones en resina y fibra de vidrio. ¿Qué falta después de
esto realizado? Montar los cuerpos metiéndolos dentro de un alma,
esta vez de madera, para sujetar fuertemente materiales tan débiles
como la paja, las telas, el serrín y la cera, y una vez en marcha y
compuestas las personas, el mismo día de la plantá alinear junto a
las paredes, mientras se clavan los bastidores y molduras a los
muñecos, que en la oscuridad de la noche se confunden con la gente
de verdad, llegando el observador a no saber distinguir entre lo
real y lo fantástico.
Finalmente como indica la tradición, solo queda encender la mecha y
prender fuego a la falla.
Los ninots indultados: cada falla selecciona un "ninot" o grupo de "ninots"
del monumento que quedan expuestos al público y por votación popular
se libera a uno de éstos de las llamas. El Museo fallero de la
Ciudad alberga la colección de los Ninots que cada año, desde 1934,
se indultan del fuego. Puedes visitar el museo en la Calle
Monteolivete, 4 (teléfono de información 96.352.54.78). Si vienes a
Valencia en otra época del año, no te preocupes, está abierto todo
el año.
Elección falleras mayores
Cada año en el mes de octubre tiene lugar en el Salón de Cristal del
Ayuntamiento de Valencia el Pleno Extraordinario de Junta Central
Fallera. Siguiendo el protocolo de nombramiento de Falleras Mayores
de Valencia, el Presidente de la Junta Central Fallera, entrega a
el/la alcalde/sa de Valencia, el sobre con las actas del jurado
designado para elegir a las Falleras Mayores de Valencia.
Cumplida esta parte de la ceremonia, el/la alcalde/sa, presidirá la
Asamblea Extraordinaria de Presidentes en la que los presidentes le
cederán el honor de ser el/ella mismo/a quien lea el acta y llame
por teléfono a las elegidas.
De esta manera el mundo fallero conoce a las representantes en el
mismo momento en el que ellas mismas reciben la noticia y la
felicitación del representante de la ciudad. Sin duda uno de los
momentos más emocionantes en el ejercicio fallero que marca el fin
de un reinado y el principio de otro.
Se seleccionan 13 finalistas para nombrar a una de ellas como
Fallera mayor de Valencia del año; a dicho acto asisten componentes
de las comisiones falleras. La expectación es muy grande y muchas
personas tienen que esperar en la puerta del Ayuntamiento, llegando
a temblar el salón de los gritos y aplausos de los asistentes y en
especial de los componentes de la comisión, cuando el/la alcalde/sa
pronuncia el nombre de la elegida como nueva Fallera Mayor de
Valencia,
Actos falleros
LA CRIDA
Las Fallas, como no podía ser menos, tienen su pregón: se trata de
la Crida (que en valenciano significa llamada). Este acto es el
inicio oficial de la fiesta, y el primero que sirve de excusa para
que los falleros lo pasen bien, aunque no hace falta mucho para
animarles.
El día de la Crida, miles de falleros de toda la ciudad llegan en
autobús (los más ricos) o andando (los más pobres o los que viven
cerca) hasta el punto de reunión: las Torres de Serranos. Allí se
juntan todos, cada comisión con su estandarte, a la espera del
discurso del alcalde o alcaldesa y de la Fallera Mayor de Valencia.
Mientras llega la hora, los falleros, la mayoría con blusón (el
traje de valenciano informal) y algunos con el traje regional,
montan la juerga cantando, bailando, tocando instrumentos o incluso,
los más valientes, formando torres humanas.
Cuando llega la hora del discurso, aparecen sobre un andamio montado
en la cara de las torres que mira hacia el cauce del río, las Cortes
de Honor mayor e infantil, las Falleras Mayores, el/la Alcalde/sa de
Valencia y otras personalidades locales. Lo primero que hacen es
esperar que el público se calle, naturalmente, y luego la Fallera
Mayor y el/la Alcalde/sa realizan sendos discursos para animar a los
valencianos y a los de fuera a que participen en las próximas
Fallas. Los falleros presentes corean sus palabras, y cuando acaba
el parlamento, suena el himno regional, que cantan todos los
presentes. Una vez acabado, se dispara un pequeño castillo de fuegos
artificiales desde el cauce del río Turia.
En resumen, si visitáis Valencia en el domingo que se realiza la
Crida, ¡no os la perdáis! Lo pasaréis muy bien en ese ambiente,
veréis a la Fallera Mayor de Valencia (que es muy guapa) y además
disfrutaréis de fuegos artificiales.
¿Cuándo se celebra la Crida?
Último domingo de
febrero, terminada la tarde, en las Torres de Serranos (C/
Blanquerías, junto al cauce del Turia)
LA PLANTÁ
Uno de los momentos más esperados por todos los falleros es la
plantà. En ella, el artista fallero ayudado por la comisión fallera,
terminan de montar el monumento y lo adornan para que esté bonito y
así convenza al jurado para que le den un premio.
En teoría, la plantà es la noche del 15 al 16 de marzo a las 12,00 h
después de sopar (cenar) en el Casal para las fallas grandes, y el
15 de marzo a las 8 de la mañana para los infantiles. Sin embargo,
si el monumento es muy grande, la plantá puede empezar con una
semana o más días de antelación. Y aun no siendo grande, en la
semana anterior a Fallas es fácil ver piezas de monumentos por las
calles, aunque sin montar, y camiones transportando ninots. La noche
de la plantà es cuando se dan los últimos retoques a las fallas: se
arreglan los pequeños detalles como pintura que haya saltado, se
montan los ninots que quedan pendientes de colocar, se colocan los
carteles que explican las escenas, etc.
Para montar una falla, antes que nada hay que poner arena en el
sitio donde se plantará, para que el fuego no estropee el suelo
(aunque de todas maneras, el asfalto se derrite). Según se va
montando la falla, se van colocando sacos de arena en la parte
inferior para que quede bien fijada al suelo. Una vez colocada la
parte central y las bases laterales, se sitúan los ninots,
clavándolos con un palo de madera en su lugar. Mientras, se van
colocando los carteles en valenciano que explican las fallas.
Toda esto es necesario hacer para plantar la falla grande. La falla
infantil es más fácil: el artista fallero la lleva el día 14, ya
montada, al casal de la falla. Los falleros la guardan, y a las 8 de
la mañana del día siguiente, la sacan y la ponen en su sitio,
adornándola con césped alrededor. ¡Así de fácil!
¿Cuándo empieza La plantà ?
Fallas infantiles: 15 de marzo, suele ser a las 8.00 h
Fallas grandes: noche del 15 de marzo, a partir de las 0.00 h
LA DESPERTÁ
La despertà es uno de los actos que más gustan a muchos falleros, y
también uno de los más odiados por muchos vecinos. ¿Por qué? Porque
se basa en que las Fallas es una fiesta para no dormir, ya que se
disfruta día y noche. Y para que la gente no duerma, los falleros a
las 8 de la mañana, todos los días de Fallas, tiran petardos
acompañados por su banda de música por todo el barrio: eso es la
despertà. Con ella se pretende conseguir que todo el barrio se
despierte para disfrutar desde primera hora de la mañana de las
Fallas, paseando para ver los monumentos que hay por las calles, o
para participar en actos que desde las 8 de la mañana organizan
muchas comisiones falleras. Algunos ni tirando una bomba en la
puerta de su casa se despiertan. Como para muchos falleros es un
esfuerzo acudir a la despertà, sobre todo los que no han dormido en
toda la noche disfrutando de la fiesta, algunas comisiones se lo
pagan organizando una xocolatà, es decir, invitándolos después del
paseo por la demarcación a chocolate caliente, que entra muy bien a
esas horas de la mañana. Si no aparecen, se lo pierden. También hay
falleros que para acudir a este acto, no duermen en toda la noche, y
después de tirar todos los petardos se van a casa a dormir hasta la
hora de la mascletà. Otros van justo después de la despertà, ya que
se han despertado gracias a la misma. ¡No todos los falleros son tan
madrugadores!
¿Cuándo es la despertà?
Del 16 al 19 de marzo
en toda Valencia, a partir de las 8 de la mañana
LA MASCLETÁ
¡La mascletà! Es una especialidad pirotécnica compuesta de una serie
de petardos con cierta potencia que se disparan continuamente con la
finalidad básica de producir mucho ruido. Las mascletàs se disparan
siempre de día, aunque actualmente suelen poner colores para que
hagan mas bonito. La mascletà comienza cuando las Falleras mayores
de Valencia acompañadas de sus respectivas Cortes de Honor y
Autoridades, desde el balcón del Ayuntamiento dan la orden al
Maestro pirotécnic diciendo "SR. PIROTÉCNIC, POT, ESCOMENÇAR LA
MASCLETÀ ". Acto seguido se lanzan truenos de aviso, que indican a
todos los asistentes el comienzo de la mascletà, el disparo empieza
despacito y va aumentando progresivamente, hasta llegar a lo que se
conoce como "El terremoto", que es la parte final, donde explotan a
la vez montones de petardos provocando un ruido ensordecedor.
Después se disparan unas carcasas al aire, también muy potentes, que
finalizan la mascletà. Todo dura unos ocho minutos, pero ¡qué
minutos! A algunos, sobre todo los que no están acostumbrados, les
saca los sudores, y a los apasionados, hasta las lágrimas.
Una mascletà es muy, muy ruidosa, como podéis suponer. Pero a los
Valencianos les encanta, y más les gusta cuanto más ruido hace. ¿Estan
locos? ¡Quién sabe!. El caso es que del 1 al 19 de marzo, la plaza
del Ayuntamiento se llena de gente desde las 13.30 para ver la
mascletà de las dos. Y los fines de semana y en Fallas, no hay quien
se pueda mover en la plaza de la gente que hay. A las dos menos
cinco algunos impacientes empiezan a silbar porque desean que
empiece cuanto antes (si se retrasa la mascletà, el público empieza
con el abucheo y silbidos).Y cuando acaba, la gente aplaude a
rabiar, si ha sido buena la mascletà (es decir, si ha tenido ritmo y
ha sido fuerte), muchos van a buscar al pirotécnico para subirlo a
hombros, cosa que ocurre casi siempre.
Todo eso ocurre en la plaza del Ayuntamiento; en las mascletàs de
las comisiones falleras que se disparan en toda la ciudad, no existe
tal aglomeración, pero aunque son más pequeñas, tienen la ventaja de
que es más fácil verlas y acercarse a ella, y que cuando acaba una,
empieza la de la comisión vecina. Así, puedes ver las mascletàs de
las fallas colindantes hasta más de las dos y media.
Unos consejos por si vas a la mascletà del Ayuntamiento: si es la
primera vez, ponte por la zona de la fuente, ya que ahí empieza y se
nota menos el ruido del final. Pero si quieres vivirla a tope porque
ya has visto otras o porque eres muy valiente, ponte cerca del
edificio de Correos o de Telefónica para tener cerca el final.
¡Verás como vibras!
Recomendaciones para ver una mascletà:
- Si el ruido te parece
muy fuerte, ¡no te tapes los oídos, que es peor! Mejor que abras la
boca un poco.
- Como te pongas
demasiado cerca, aparte de oír más fuerte la mascletà, cuando acabe
estarás lleno de papelitos de colores provenientes de los petardos
que explotan; ponte a favor del la dirección del viento, para evitar
así el humo y los papelitos.
- Respeta las medidas
de seguridad por muy pequeño que sea el disparo, porque un masclet
que salte y explote a lado puede ocasionarte graves quemaduras.
¿Cuándo empiezan las mascletàs?
Del 1 al 19 de marzo en la Plaza del Ayuntamiento
Del 16 al 19 de marzo en casi todas las calles de Valencia
Hora habitual: 14.00 h
LA OFRENDA DE FLORES
La tradicional Ofrenda de flores a la Virgen de los Desamparados es
uno de los actos más emotivos, especiales y esperados por todos los
valencianos en las fiestas falleras, miles de valencianos se unen
para ofrecer flores a la "Cheperudeta", nombre popular con el que se
conoce a la Virgen de los Desamparados, homenaje que todos los años
realizan las Comisiones falleras, sin duda uno de los actos más
coloristas y emotivos de las fiestas Josefinas.
Dos días de flores y música
A la Ofrenda acuden alrededor de unas 250.000 personas, entre
comisiones y músicos, es uno de los actos más conocidos de las
Fallas. Durante dos días, los miles de falleros y falleras que
existen en Valencia acuden a la plaza de la Virgen a ofrecer sus
flores a la patrona de Valencia. Desde las cuatro de la tarde y
hasta bien pasadas las doce de la noche, los días 17 y 18 de marzo
todas las comisiones falleras desfilan con trajes típicos y
acompañadas cada una de su banda de música, hacia una reproducción
enorme de la Virgen de los Desamparados situada frente a la Basílica.
Este acto se celebra los días 17 y 18 de marzo desde las cuatro de
la tarde.
Las falleras desfilan con un ramo de flores cada una que servirá
para formar el manto de la Virgen y cuando éste se haya completado,
un tapiz que habrá junto a la Basílica. El color del ramo lo
determina Junta Central Fallera para que el diseño floral sea
perfecto. Muchas comisiones falleras, además, llevan consigo una
cesta enorme con flores que se ofrece también a la Virgen.
Durante los días de ofrenda, puede verse desfilar a las Comisiones
Falleras por la calle de la Paz, la calle San Vicente, la plaza de
la Reina y finalmente, desembocan todos en la plaza de la Virgen. A
lo largo del recorrido hay mucha gente contemplando el magnífico
pasacalle. Este acto termina con la ofrenda de Flores de las
Falleras Mayores de Valencia a la Virgen, donde lucen con el máximo
esplendor su riquísimo traje típico de gala, el día 17 cierra el
acto la Fallera Mayor Infantil de Valencia y el día 18 la Fallera
Mayor de Valencia .
Este festejo fallero surgió en el año 1945, se celebraba en el
interior de la Real Basílica: Las falleras desfilaban y depositaban
sus flores en el Altar Mayor, a los pies de la Virgen. En 1947 es
tanta la afluencia que la Basílica es insuficiente y se decide que
tenga lugar en la Plaza la de Virgen, construyendo un entarimado que
cubría los frontales de la Real Basílica en el que se depositaba los
ramos de flores.
En la década de los 80 es tan masiva la asistencia de las comisiones
falleras, que la Junta Central Fallera encarga al escultor José
Azpeitia la realización de una gigantesca imagen de la Virgen de los
Desamparados, con el fin de que se depositen las flores formando el
cuerpo y manto de la imagen, efectuando el Escultor la cara de la
Virgen, el Niño y las manos de la patrona, el resto del cuerpo es un
entarimado de madera, como se puede apreciar en la imagen de arriba,
donde los llamados VESTIDORES DE LA VIRGEN van colocando los ramos
artísticamente, efectuando un precioso manto diferente cada año.
LA CREMÁ
La cremà, como casi todo el mundo sabe, es el acto en el cual un
monumento fallero que ha costado millones de pesetas se prende fuego
y se convierte en ceniza negra. Es un gran momento en la fiesta de
las Fallas, pero también muy triste, ya que marca el final de la
fiesta, aunque con cierta esperanza ya que es el inicio de un nuevo
año fallero.
Para hacerlo, los falleros retiran del monumento las vallas que
tenía alrededor desde la plantà y después el pirotécnic la rodean de
una traca incendiaria, todo ello precedido por un castillo de fuegos
artificiales que le da más color al acto. Para que prenda bien, le
hacen agujeros y la rocían de gasolina. Al acabar esto, suele ser la
fallera mayor quién enciende la mecha de la traca desde lejos, y
ésta prende a la falla (momento más triste para la fallera mayor).
El público se aparta un poco del monumento, no para verlo mejor,
sino porque pueden acabar chamuscados del calor que desprende.
Cuando el fuego ha consumido gran parte del monumento, el público
espera ver caer el remate, y cuando lo hace, aplauden.
Tras unos minutos, de la falla no quedan más que cenizas y una
huella en el asfalto . Los falleros celebran el fin de fiesta, y los
más trabajadores recogen los trastos que han quedado por la calle.
Después toma el relevo un ejército de barrenderos, que se encargan
de recoger todas las cenizas para que al día 20 no haya ni rastro de
lo que habían sido unos magníficos monumentos de cartón-piedra o
corcho actualmente.
¿Cuándo es la cremà?
Día 19 de marzo
Fallas infantiles: a las 22.00 h en general
Fallas grandes: a las 0.00 h en general
La última siempre, la Falla del Ayuntamiento
Instrumentos falleros
DOLÇAINA
Al margen de la participación en los desfiles falleros de las bandas
de música, los actos falleros se suelen acompañar con el sonido del
"tabal" (su diminutivo es "tabalet") y de la "dolçaina".
La dolçaina, también conocida como donsaina, xirimia, xirimita e
incluso en las zonas limítrofes con Teruel como gaita, es un
instrumento tradicional de la cultura valenciana. Está fabricada con
madera (palosanto, granadillo, algarrobo, etc.), de forma cónica y
unos 30,5 cms. de longitud. El tubo cónico tiene tres zonas
diferenciadas llamadas :cubilete, cuerpo y campana.
Cubilete: es la parte superior donde se coloca a presión el tudel
con la caña.
Tudel:es un tubo cónico de metal en el que se superpone la caña.
Caña: o pipa está
formada por dos palas de caña simétricas pero independientes, unidas
entre sí por hilo o alambre.
Cuerpo: es la parte
central del instrumento y en el que están realizados siete orificios
en la parte delantera y uno en la parte trasera situado
aproximadamente entre los dos primeros delanteros, tiene una
longitud aproximada de 18 cms.
Campana: con un
diámetro aproximado de 5,5 cms. y una longitud de 9 cms. es la parte
final, es el amplificador natural y tiene un orificio a cada lado.
La dolçaina valenciana
no tiene llaves y el ejecutante abre o cierra los orificios con los
dedos para obtener los sonidos. Forma parte de la familia del oboe
ya que es de doble lengüeta aunque la caña utilizada es la mas
grande por lo que es necesario mayor cantidad de aire para hacerla
vibrar lo que dificulta su ejecución.
TABALET
El "tabal" o "tabalet" es el instrumento de percusión que siempre
acompaña a la dolçaina. Los dos instrumentos son complementarios, no
solamente en la Comunidad sino en todos los lugares donde existe la
dolzaina (dulzaina y caja, xirimia y tabalet, gralla y timbal,
bolingozo y tambor). Su altura aproximada es de 20 cms. y su
diámetro de 30 cms. Se "afina" tensando las cuerdas laterales
mediante unas piezas de cuero.
GASTRONOMÍA
VALENCIANA
La Paella es el plato más conocido de la gastronomía Valenciana.
Aquí tienes todos los ingredientes necesarios para la elaboración de
este exquisito plato.
Ingredientes para 10 personas:
Arroz (1Kg) (100-120 grs. por persona)
Pollo (1Kg)
Conejo (1 Kg.)
Judía verde ancha o ferraura (500 grs.)
Judía blanca o tabella (300 grs.)
Garrafón (300 grs.)
Pimentón rojo dulce molido.
Azafrán colorante.
1/4 de tomate natural.
Aceite de oliva virgen (4 cucharadas soperas).
Sal al gusto.
Agua (Dos vasos de agua por cada uno de arroz).
Bachoqueta" y "Garrofó"
La Paella recibe su nombre por el recipiente en el que se cocina.
Este recipiente es LA PAELLA en lengua Valenciana y que no es otra
cosa que una sartén sin mango en la que se han fijado dos asas.
Tiene un mínimo de 30 cm. De diámetro, no es muy honda, con unos
bordes de 4 a 5 cm. de altura, dependiendo de su diámetro.
Elaboración:
1. Se coloca la paella sobre el fuego y se vierte el aceite de oliva.
Poner sal y mover para mezclar con el aceite.
2. Se sofríen el pollo y el conejo repartido por toda la paella para
que tome el gusto de la sal y el aceite.
3. Cuando la carne está bien sofrita, se añade el tomate, la judía
verde, el garrofó y el pimentón. Se remueve bien con la carne.
4. Se añade agua (casi cubriendo los clavos de las asas) antes de
que el tomate y el pimentón se quemen y se agarren a la paella.
5. Se deja hervir para que el caldo vaya cogiendo sabor.
6. Se echa el arroz dibujando una cruz en la paella. Con la paleta
se reparte el arroz por la paella.
7. Se deja cocer el arroz alrededor de unos 15 minutos más o menos
controlando el fuego.
TRUCOS:
- Aproximadamente debe de haber el doble de agua que de arroz a la
hora de ponerlo en la paella, en Valencia, se suele usar como
referencia los remaches internos de las asas .
- A más fuego, mayor
evaporación del caldo, si veis que os va a quedar duro el arroz,
bajad el fuego y si veis que os va sobrar caldo, aumentadlo.
- Mas vale pasarse con
el agua que quedarse corto, siempre se puede quitar algo de caldo si
vemos que va a sobrar. Además un arroz caldosito se puede comer, uno
duro ni el perro lo querrá.
- Si el arroz os ha
quedado un poco duro, a veces se puede arreglar tapando la paella
con papel de aluminio y dejando que repose unos minutos.
- De todos modos, el
mejor consejo lo da la experiencia, ya sabéis, practicad en casa y
veréis como al final os salen riquísimas.
Fuente de estos
artículos:
valencia.es /
wikipedia
.....................................................................................
Esta es una página de recopilación de los mejores datos del español
que he encontrado en Internet para mis estudios. Aquí hay
muchos artículos e incluso muchas fotos que me bajé de la red hace
mucho tiempo. Si de alguna manera me he olvidado
de hacerle la referencia a algún autor o
fotógrafo, os pido que por favor me ayudéis,
avísandome de la autoría de los mismos, será
un placer poner los nombres de los
responsables por estos trabajos:
esf@espanolsinfronteras.com
.....................................................................................
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