El alfabeto español

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¿CÓMO HA SURGIDO EL ALFABETO? - LAS LETRAS - LOS SÍMBOLOS - SIGNOS

 

Los numerosos dibujos dejados en las cavernas (lugares de refugio) por el hombre prehistórico, los petroglifos, indican que desde los tiempos más remotos, los seres humanos sintieron la necesidad de expresarse por escrito, aunque en sus principios haya sido gráficamente, usando la fauna y la flora que los rodeaba, y haciendo toscos dibujos pintados o coloreados con elementos que en cada lugar brindaba la naturaleza. Así nacieron los primeros jeroglíficos. También en estos rastros se muestra cómo imaginaban a sus dioses.

El hombre del neolítico usó las "pictografías" para representar ciertas cosas que podía dibujar. En un segundo pasó, comenzó a combinar dibujos para expresar ideas, incluso abstracciones: los ideogramas.

La escritura pictográfica de los sumerios, hecha sobre placas de barro y con estilete, presentaba rasgos en forma de cuñas, por lo que se denominó cuneiforme.

El hombre pasó por las fases de escritura de la pictografía, ideografía, y el fonograma, para llegar a crear silabas. cada signo expresaba una sílaba y combinada con otras formaba una palabra. Esta escritura silábica de los sumerios, fue adoptada por los semitas, y prevaleció en Asiria y en Babilonia.

El pueblo egipcio uso el jeroglífico como tipo de escritura. Si bien tuvieron una avanzada cultura, reflejada en los templos, las pirámides y los objetos hallados en las tumbas. No inventaron un alfabeto de caracteres independientes, debido en parte a que consideraban sagrada la escritura jeroglífica.

Egipto tuvo tres tipos de escritura: la jeroglífica, la hierática (usada por los sacerdotes) y la demótica, usada para usos más sencillos y cotidianos.

La hierática fue una escritura adoptada por varios pueblos de las culturas mediterráneas, que le fueron sacando todo lo que tenía de pictográfica e ideográfica, hasta convertirla en un sistema de sonidos puros.

Fue el pueblo fenicio el primero en modificar la escritura jeroglífica, comenzaron a introducir caracteres independientes, y formaron un alfabeto de 22 signos, que no poseía vocales, era netamente consonántico y se escribía de derecha a izquierda. No se conoce bien su origen, pero existió en el milenio anterior al nacimiento de Jesucristo e influyó en todas las lenguas ribereñas del Mar Mediterráneo.

Según ciertas leyendas, entre los siglos IX y VIII antes de Cristo, el hijo del rey Agenor de Fenicia, Cadmo, personaje entre histórico y legendario dotado de gran inteligencia, suponen que fue quien introdujo el alfabeto en Grecia, con el objeto de difundir la cultura y el progreso.

En el alfabeto fenicio, cada signo representa un sonido.
Del alfabeto fenicio han derivado seis ramas diferentes:

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Escritura hebreo-samaritana

Escritura aramea primitiva (Del cual derivan otros que dieron origen al árabe, el armenio, el georgiano

Rama central, de la cual se desprende el griego, el latín y el etrusco. El ruso derivó del griego. (Alrededor del año 500 a.C. el griego se comenzó a escribir de izquierda a derecha).

Ibérico, Turdestano y Bástulo-Fenicio.
Rama septentrional: alfabetos rúnicos.

Rama Hindohomerita: derivaron el sánscrito, el magadhi y el devanagari.

Aunque otras teorías, citan el alfabeto original nombrándolo como semítico septentrional, y del que han derivado cuatro ramas: la escritura semítica meridional, la cananea, la aramea y la griega, alrededor del año 1000 antes de Cristo.

LA ESCRITURA CUNEIFORME

La escritura cuneiforme es la forma más temprana conocida de expresión escrita de la que se han encontrado restos arqueológicos. Creada por los sumerios a finales del cuarto milenio AC. Esta escritura surgió como un sistema de pictogramas. Con el tiempo, las representaciones pictóricas se simplificaron y se hicieron más abstractas, dando lugar a lo que se conoce como escritura cuneiforme.

El alfabeto sumerio fue adaptado para la escritura de las lenguas acadia, elamita, hitita y luvita e inspiró a los alfabetos del antiguo

Los primeros pictogramas fueron grabados sobre tablillas de arcilla en columnas verticales, con un punzón o estilo afilado, fabricado a partir de un cáñamo. Después dos desarrollos hicieron el proceso más rápido y fácil: la gente comenzó a escribir de izquierda a derecha en filas horizontales (rotando en sentido levógiro 90º a todos los pictogramas en el proceso) y un nuevo estilo de punta de cuña que fue usado introduciéndolo en la arcilla, dando lugar a caracteres en forma de cuña (cuneiformes). Mediante el ajuste de la posición relativa de la tabla frente al estilo, el escriba podía usar una única herramienta para una amplia variedad de signos.

Estas tablas podían ser cocidas en kilns para dar lugar a un registro permanente, o podían ser recicladas si no era necesario que perduraran. Muchas de las tablas encontradas por los arqueólogos se conservan porque fueron cocidas accidentalmente en el momento en que ejércitos atacantes prendían fuego al edificio en el que se guardaban.

Creado por los sumerios para registrar la lengua sumeria, la escritura cuneiforme fue posteriormente adoptada por los acadios, babilonios, elamitas, hititas y asirios para escribir sus propias lenguas. Fue ampliamente usado en Mesopotamia durante 3000 años, pese a que la naturaleza silábica del alfabeto, al ser refinado por los sumerios, resultaba poco intuitiva a los hablantes de lenguas semíticas. Este hecho, antes de que la civilización Sumeria fuera redescubierta, llevo a muchos filólogos a sospechar de una civilización que precediera a Babilonia.

La mayoría de las adaptaciones posteriores de la escritura cuneiforme preservaron al menos ciertos aspectos del alfabeto sumerio. El acadio escrito incluía tanto símbolos fonéticos del silabario sumerio, como logogramas que eran leídos como palabras completas. Muchos signos en el alfabeto eran polivalentes, teniendo un significado a la vez fonético y logográfico. Cuando el alfabeto cuneiforme se adaptó para escribir la lengua hitita, una nueva capa de pronunciaciones logográficas acadias fue añadida al alfabeto, con el resultado de que ya no se conoce la pronunciación de muchas palabras hititas convencionalmente escritas con logogramas. La complejidad del sistema tiene cierta semejanza con el japonés clásico, escrito con un sistema derivado del chino; algunos de estos sinogramas fueron usados como logogramas, otros como caracteres fonéticos. El japonés contemporáneo distingue gráficamente los logogramas (kanji) de los caracteres silábicos (kana) pero aparte de eso es un sistema similar.

Esta complejidad dio lugar a varias versiones simplificadas del sistema de escritura. El persa antiguo era escrito en un subconjunto de caracteres cuneiformes simplificados, que formaban un simple alfabeto semi-silábico, utilizando bastantes menos trazos en forma de cuña que los que usaba el asirio, junto con unos cuantos logogramas para palabras que aparecían con frecuencia como "dios" o "rey". La lengua ugarítica se escribía usando el alfabeto ugarítico, un alfabeto estándar de estilo semítico (un abjad) que se escribía utilizando el método cuneiforme.

El uso del arameo llegó a ser de gran difusión durante el imperio asirio, reemplazando gradualmente al cuneiforme. La última inscripción cuneiforme conocida, un texto astronómico, data del año 75 adC.

El conocimiento de la escritura cuneiforme estaba perdido hasta que en 1835 Henry Rawlinson, un oficial de la armada británica, la encontró en la Inscripción de Behistún, en un acantilado en Behistún en Persia. Talladas durante el reinado del rey Darío I de Persia (522 adC - 486 adC, consistían en textos idénticos en los tres lenguajes oficiales del imperio: el persa antiguo, babilonio, y elamita. La inscripción de Bisitún fue al descrifrado de la escritura cuneiforme lo que la piedra de Rosetta fue para el descifrado de los jeroglíficos egipcios.

Rawlinson dedujo correctamente que el persa antiguo era un alfabeto silábico, y lo descifró correctamente. Trabajando de forma independiente, el asiriólogo irlandés Edward Hincks también contribuyo al descifrado. Después de traducir el persa, Rawlinson y Hincks comenzaron a traducir los otros. En gran medida fueron ayudados por el descubrimiento de la ciudad de Nínive por parte de Paul Émille Botta en 1842. Entre los tesoros descubiertos por Botta estaban los restos de la gran biblioteca de Asurbanipal, un archivo real conteniendo varios miles de tablas de arcilla cocidas con inscripciones cuneiformes sobre ellas.

Por 1851 Hincks y Rawlinson podían leer ya 200 signos babilonios. Pronto se les unieron otros dos criptólogos, un joven estudiante de origen alemán, llamado Julius Oppert, y el versátil orientalista británico William Henry Fox Talbot. En 1857 los cuatro hombres se conocieron en Londres y tomaron parte en el famoso experimento para comprobar la precisión de sus investigaciones.

Edwin Norris, el secretario de la Real Sociedad Asiática, les dio a cada uno de ellos una copia de una inscripción recientemente descubierta del reino del emperador asirio Tiglath-Pileser I. Un jurado de expertos fue convocado para examinar las traducciones resultantes y certificar su exactitud.

En todos los puntos esenciales, se vio que las traducciones resultantes de los cuatro expertos coincidían. Hubo por supuesto algunas pequeñas discrepancias. El inexperto Talbot había cometido unos cuantos errores, y la traducción de Oppert contenía unos cuantos pasajes dudosos debido a que el inglés no era su lengua materna. Pero las versiones de Hincks y Rawlinson era virtualmente idénticas. El jurado declaró que estaba satisfecho, y el descifrado de la escritura cuneiforme acadia paso a ser un fait accompli.

La escritura cuneiforme tiene un formato específico de transliteración. Debido a la polivalencia del sistema de escritura, la transliteración no es únicamente sin pérdida, sino que además puede contener más información que el documento original.Por ejemplo, el signo DINGIR en un texto hitita puede representar tanto la sílaba hitita an, o puede ser parte de una frase acadia, representando la sílaba il, o puede ser un sumerograma, representando el significado sumerio original, dios.

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LOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS

Se estima que la escritura jeroglífica se comenzó a utilizar hacia 3300 adC, aproximadamente en la misma época en la que surgió la escritura cuneiforme en Mesopotamia. Fue empleada durante más de 3600 años, pues la última inscripción conocida se graba el día 24 de agosto de 394 y se encuentra en el templo de File.

Desde la época del Imperio Antiguo los jeroglíficos egipcios fueron un sistema de escritura en el que se mezclaban ideogramas, signos consonánticos (simples, dobles e incluso triples) y determinantes (signos mudos que indicaban a qué familia conceptual pertenece una palabra). A partir de la dinastía XVIII, los escribas comenzaron a utilizar cierto número de signos consonánticos dobles silábicos (sȝ, bȝ, kȝ etc.) para transcribir los nombres semíticos o de dicho origen, pero este tipo de escritura quedó exclusivamente restringida a tal ámbito.

Los símbolos eran también figurativos: representaban algo tangible, a menudo fácil de reconocer, incluso para alguien que no conociese el significado del mismo. Y es que, para diseñar la escritura jeroglífica los egipcios se inspiraron en su entorno: objetos de la vida cotidiana, animales, plantas, partes del cuerpo, etc. Durante el Antiguo, Medio y Nuevo Imperio se calcula que existían alrededor de 700 símbolos jeroglíficos, mientras que en la época greco-latina, su número aumentó a más de 6.000.

Los jeroglíficos se grababan en piedra o bien, en el caso de la escritura hierática y demótica, con cálamo y tinta sobre papiros, madera, o soportes menos perdurables.

El uso de los jeroglíficos grabados se limitaba a los dominios en los que la estética o el valor mágico de las palabras adquirían relevancia: fórmulas de ofrendas, frescos funerarios, textos religiosos, inscripciones oficiales, etc.

La escritura hierática, era de grafía más sencilla, reservada a documentos administrativos o privados y generalmente utilizada sobre papiro, ostracon (fragmentos cerámicos), e incluso tablillas de madera. Los egiptólogos las distinguen de los llamados jeroglíficos lineales, que se pintaban sobre los sarcófagos de madera y en los textos del "Libro de los Muertos". Los jeroglíficos lineales conservan el aspecto figurativo de los jeroglíficos grabados, pero los trazos son mucho menos precisos que estos últimos.

A partir de la época saíta (dinastía XXVI), la escritura hierática fue parcialmente suplantada por una nueva escritura básica: la demótica. Se trataba de una simplificación extrema de la hierática reservada a las actas administrativas y a los documentos de la vida cotidiana, de ahí su nombre de escritura "popular". La escritura hierática será utilizada preferentemente para transcribir textos religiosos o sacerdotales, conjuntamente con la escritura jeroglífica, de ahí su nombre de escritura "sacerdotal". En la época ptolemaica, el griego se irá imponiendo progresivamente como lengua administrativa: del año 146 adC en adelante, los contratos escritos exclusivamente en demótico pierden todo el valor legal.

El copto es el último estado de la lengua y escritura egipcias. Aún se emplea en nuestros días, pero sólo como lengua litúrgica. Se escribe utilizando el alfabeto griego junto con siete caracteres demóticos para transcribir fonemas no existentes en griego. A parte de esto, la escritura egipcia no ha sido empleada nunca más para transcribir ninguna lengua moderna.

Por otra parte, es preciso señalar que, según ciertos investigadores, la escritura jeroglífica sería, junto con la influencia del proto-sinaítico, el origen del alfabeto fenicio, el cual a su vez derivaría en el alfabeto hebreo, arameo y griego, de los cuales provienen los alfabetos latino y cirílico.

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ESCRITURA DEMÓTICA

El término demótico se refiere tanto a la caligrafía que siguió al hierático en el Antiguo Egipto como a la última etapa del idioma egipcio, que se solía escribir con el alfabeto demótico.

Tras su introducción, el hierático se siguió utilizando por motivos religiosos, mientras que el demótico se usó con fines económicos y literarios. En contraste con el hierático, que solía escribirse en papiros u ostraca, el demótico a menudo se grababa en piedra y madera.

Se comenzó a usar alrededor del 660 adC y se convirtió en la escritura dominante del Antiguo Egipto cerca del 600 adC. A inicios del siglo IV fue siendo reemplazado por el idioma griego en los textos oficiales; el último uso que se conoce es en el año 452 de nuestra Era, sobre los muros del templo dedicado a Isis, en File.

En el Antiguo Egipto se desarrollaron tres tipos básicos de escritura:

La escritura jeroglífica egipcia fue utilizada desde c. 3200 adC en tablillas epónimas, objetos rituales y monumentos. Fue la más antigua y compleja. Jeroglífico proviene del griego "ta hieroglyphica" que significa "letras grabadas en piedra".
La escritura hierática egipcia surgió como grafía abreviada de la jeroglífica. Proviene del griego "hieratika", que significa sacerdotal.
La escritura demótica es una forma abreviada de la escritura hierática. El término demótico proviene del griego "demotika", "popular", referente a los asuntos cotidianos.

Demótico antiguo

El demótico antiguo se concibió en el Bajo Egipto durante la última época de la dinastía XXV, figurando en las estelas del Serapeum de Saqqara. Está generalmente datado entre 650 y 400 adC mientras que la mayoría de los textos escritos en demótico antiguo se fechan en la dinastía XXVI y el periodo de dominación persa, la dinastía XXVII. Después de la reunificación de Egipto bajo Psamético I, el demótico substituyó al hierático en el Alto Egipto, particularmente durante el reinado de Amasis cuando se convirtió en la escritura oficial administrativa y legal. Durante este periodo, el demótico fue utilizado solamente en los textos administrativos, legales, y comerciales, mientras que el jeroglífico e hierático fueron reservados para textos ceremoniales.

Demótico medio (ptolemaico)

El demótico medio (c. 400 a 30 adC) es la etapa de la escritura usada durante el período ptolemaico. A partir del cuarto siglo adC, la utilización del demótico crece, como se puede ver por el incremento del uso en textos literarios y religiosos. Hacia el final de tercer siglo adC, el Griego era ya más importante, pues era la lengua administrativa del país; Los contratos en demótico perdieron la mayor parte de su fuerza legal a menos que hubiera una anotación en griego colocada por las autoridades.

Demótico tardío (romano)

Al principio de la época romana de Egipto, el demótico fue progresivamente menos utilizado en la vida pública. Hay, sin embargo, un número de textos literarios escritos en demótico tardío (de 30 adC a 452), especialmente en los siglos primero y segundo, aunque la cantidad de textos en demótico disminuyó rápidamente hacia el final del siglo segundo. Después el demótico solamente fue utilizado en algunos ostraca, anotaciones en textos griegos, etiquetas de momias, y pintadas. El último ejemplo de escritura demótica se fecha el día 11 de diciembre del año 452, y consiste en una pintada en los muros del templo del Isis, en File.

La lengua demótica

La lengua demótica es una variedad de la lengua egipcia, la última cronológicamente, y comparte mucho con la lengua Copta posterior. En las fases anteriores del demótico, tal como los textos escritos en la antigua escritura demótica, representó probablemente el idioma hablado de la época. Pero, como fue utilizada cada vez más solamente con propósitos literarios y religiosos, la lengua escrita divergió cada vez más de la forma hablada, dando a los últimos textos demóticos un carácter artificial, similar al uso del egipcio medio clásico durante el período Ptolemaico.

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IDEOGRAMAS


En la prehistoria, el medio más accesible que tuvieron los hombres para comunicarse las noticias, o dejar rastros de hechos, fue el dibujo.
Por ejemplo, en Cogul, Lérida, España, fue hallada una pintura sobre la roca representando un ciervo y un hombre, con el significado de dejar aviso que salía de cacería.
 

ESCRITURA DE OTRAS CIVILIZACIONES

La escritura China primitiva era de tipo jeroglífico.
Posteriormente, las disposiciones establecieron enseñar en las escuelas, la escritura alfabética.

Los mayas usaron pictogramas.
 

ALFABETOS ARTIFICIALES


Se denominaron así, ciertos alfabetos que en lugar de basarse y evolucionar de otros más antiguos, fueron inventados para pueblos que no poseían lengua escrita.
Así se dan ejemplos como el armenio, alfabeto inventado por San Mesrob en el año 405, todavía está vigente.

Otro ejemplo es el silabario del cherokee inventado en 1820 por el jefe indio Secuoya.
 

ALFABETO CIRÍLICO

El alfabeto cirílico fue inventado en el siglo X por un misionero del Imperio Bizantino en Bulgaria, posiblemente San Clemente de Ohrid. Este alfabeto está basado en el alfabeto glagolítico, inventado por los santos Cirilo y Metodio, misioneros del Imperio Bizantino para traducir la Biblia a los pueblos eslavos en el siglo IX. El idioma de esta Biblia es el eslavo eclesiástico antiguo, basado en un dialecto eslavo que aprendieron en Tesalónica. Este idioma se usó por la Iglesia ortodoxa rusa entre los siglos IX y XII. En el siglo XIV surge el eslavo eclesiástico, usado hoy en día en el culto. El alfabeto actual data de 1708 y sufrió una reforma en 1918, cuando se le eliminaron cuatro letras.

Entre las lenguas que usan este alfabeto se cuentan abjaso, azerí, bielorruso, búlgaro, kazako, komi, macedonio, moldavo, mongol, ruso, serbio, tártaro, tayik, turcomano, ucranio, uzbeko, yakuto y otras varias. Algunas de estas lenguas se escriben también en alfabeto latino.

El alfabeto cirílico fue inventado en el siglo X por un misionero del Imperio Bizantino en Bulgaria, posiblemente San Clemente de Ohrid. Este alfabeto está basado en el alfabeto glagolítico, inventado por los santos Cirilo y Metodio, misioneros del Imperio Bizantino para traducir la Biblia a los pueblos eslavos en el siglo IX. El idioma de esta Biblia es el eslavo eclesiástico antiguo, basado en un dialecto eslavo que aprendieron en Tesalónica. Este idioma se usó por la Iglesia ortodoxa rusa entre los siglos IX y XII. En el siglo XIV surge el eslavo eclesiástico, usado hoy en día en el culto. El alfabeto actual data de 1708 y sufrió una reforma en 1918, cuando se le eliminaron cuatro letras.

Entre las lenguas que usan este alfabeto se cuentan abjaso, azerí, bielorruso, búlgaro, kazako, komi, macedonio, moldavo, mongol, ruso, serbio, tártaro, tayik, turcomano, ucranio, uzbeko, yakuto y otras varias. Algunas de estas lenguas se escriben también en alfabeto latino.

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ALFABETO ETRUSCO

El alfabeto etrusco fue un sistema alfabético desarrollado en la península itálica (El norte) a finales del octavo siglo antes de Cristo. Pudo ser una evolución del griego, ya que pertenecen al mismo sistema y los caracteres son muy similares a los coptos y griegos. Consta de 26 caracteres básicos y otros 22 expandidos para la transcripción.

A la larga desaparecieron letras de su evolución del griego como Ϝ,Ω o Ϡ, aparición de nuevas como sería el caso de 𐌎,o cambios de orden como el caso de la invención de 𐌂, la que será la C latina, que se cambió por la antigua Γ griega,que no era necesaria por una Z, pero que en un futuro será la G inventada por los romanos.

ALFABETO LATINO

El Latín se expandió en Europa con la expansión del Imperio Romano. Con la evolución de este latín, asentado sobre las lenguas existentes en cada región, en provincias del imperio que fueron perdiendo su contacto con el centro político: Roma, a partir de la caída del Imperio además de las distancias geográficas, dio lugar a otras lenguas, modernas, las lenguas romances, como son el francés, el castellano, el provenzal, el catalán, el sardo, el portugués, el italiano, el rumano.
 

LA ESCRITURA ROMANA

Los romanos usaron distintos tipos de escrituras: lapidaria (De molde).
Capital cuadrada (Se usaba en los escritos de monumentos).  Capital rústica.  Uncial elegante (Medía una pulgada de altura). (Se usaba en los títulos ornamentales escritos con pluma).
Uncial cursiva.

A partir del Siglo IV se comenzó a usar en la Corte Pontificia una escritura a la que llamaron Escritura de las cartas pontificales.

En el Siglo VIII se empleó la "escritura libresca italiana" en los manuscritos de la época.

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LA EVOLUCIÓN POSTERIOR DE LA ESCRITURA

Alrededor del Siglo XV se comenzó a emplear la escritura gótica, con excesivos adornos y recargada, que se continuó usando para resaltar algunos títulos. Se la enseñaba en las escuelas hasta promediar el Siglo XX.
Durante el Siglo XVI, y hasta el XVIII, se empleó la escritura de caracteres cancillerescos romanos, cuyo invento en 1545, se atribuye a Juan Bautista Palatino, de Rossano. En esta escritura, por primera vez aparecen los caracteres unidos unos a otros formando las palabras.

A fines del Siglo XVIII aparece:

En Francia la Escritura Redonda, que se utilizó en numerosos documentos, direcciones, cartas.
La Escritura Inglesa cursiva, usada hasta nuestros días.
 

TAQUIGRAFÍA O ESTENOGRAFÍA

Este nombre recibieron los sistemas de escritura rápidos y concisos.
En la antigüedad ya el historiador griego Jenofonte había inventado una escritura para realizar la vida de Sócrates.

Ya en la edad Moderna,en el año 1558, el clérigo inglés Timothy Bright patentó un sistema de taquigrafía. A éste le siguieron varios más.

En 1837, el pedagogo inglés, sir Isaac Ptimana, a los 24 años publicó un sistema taquigráfico completamente fonético. Los caracteres Pitman son geométricos, con líneas y curvas. Representa las vocales por medio de puntos y rayas que se colocan delante y detrás de los signos consonánticos. Se debe escribir en un papel rayado; la colocación de un signo encima o debajo del renglón indica si se han omitido las vocales. Curvas, arcos y círculos representan los prefijos y sufijos más frecuentes. éste sistema se usó en América latina. Hubo otros posteriores, en especial el más usado en Europa, inventado por el alemán Franz Xaver Gabelsberg (1789-1849).

En el Siglo XIX se inventaron varias máquinas que permitían escribir a la velocidad del habla. Llegaron a lograr reproducir más de 200 palabras por minuto. Su utilización era esencial en sesiones parlamentarias, juicios, actos de Tribunales, etc.

LA ESCRITURA DE LOS NÚMEROS

Desde la antigüedad se utilizaron palabras para designar números, pero ante la imposibilidad o infinitud de dar una palabra diferente a cada número, llevó a inventar otro sistema. En Egipto se usaron rayitas que luego se agrupaban de dos en dos.

Los griegos usaron sus letras del alfabeto seguidas de un apóstrofe. Los romanos también se valieron de letras. Usaron la I para el 1, la V para el 5, la X para el diez, la L para el 50, la C para el 100, la D para el 500 y la M para el 1000.

Luego se agrupaban mediante un sistema, para indicar las distintas cifras. Hoy en día se usan los números romanos en relojes, siglos y otras notaciones.

Se enseña en las escuelas como un sistema de numeración. Los números que usamos actualmente se denominan arábigos, aunque se cree que fueron los hindúes sus inventores.

Fueron difundidos en Europa por Leonardo Fibonacci, quien escribió en 1202 el primer libro de aritmética en que se utilizaron los números arábigos: "Liber Abaci".

Material desarrollado, compilado y revisado por la educadora Nidia Cobiella

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LA PALABRA ALFABETO

Es de origen griego formada a partir del nombre de las dos primeras letras de su abecedario (el griego) alpha y beta. El alfabeto es una serie de signos escritos que cada uno representa un sonido o más de uno que se combinan para formar todas las palabras posibles de una lengua dada.

El alfabeto trata de representar cada sonido por medio de un solo signo, lo que se consigue pocas veces, excepción hecha del coreano (que es el más perfecto) y, en menor grado, de los silabarios japoneses. Los alfabetos son algo distinto a los silabarios, pictogramas e ideogramas.

En un silabario un solo signo representa una sílaba (secuencia de fonemas, entre dos y cuatro, que se emiten sin pausa).Por ejemplo, el japonés posee dos silabarios completos — el hiragana y el katakana — inventados para complementar los caracteres que poseían de origen chino. Un sistema pictográfico representa por medio de dibujos los objetos que así lo permiten, por ejemplo, el dibujo de un sol significa la palabra sol. Un sistema ideográfico emplea la combinación de varios pictogramas para representar lo que no se puede dibujar, como las ideas y los verbos de significación abstracta. Así si se combinan los pictogramas chinos sol y árbol representan la palabra del punto cardinal Este. Casi todos los alfabetos poseen entre veinte y treinta signos, aunque el rokotas, de las islas Salomón, sólo contiene once letras, mientras que el khmer cuenta nada menos que con setenta y cuatro letras.

Los primeros sistemas de escritura son de carácter pictográfico, ideográfico o una combinación de los dos; entre éstos están la escritura cuneiforme de los babilonios y los asirios, la escritura jeroglífica de los egipcios, los símbolos de la escritura china, japonesa y los pictogramas de los mayas. Lo que distingue a estos sistemas de un silabario o de un alfabeto es que el signo deja de representar un objeto o una idea y pasa a representar un sonido.

Normalmente, el sonido es el sonido inicial de la palabra hablada indicada por el pictograma original. Así en el semítico temprano, un pictograma que representaba una casa, pasó a ser la escritura de la b, primera letra de la palabra beth que en este idioma es como se decía casa. El símbolo primero significó casa, luego la idea del sonido b y más tarde es la letra b, tal y como ha llegado al alfabeto español.

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MODIFICACIONES DE LOS ALFABETOS

Cualquier alfabeto sufre modificaciones a lo largo de los tiempos por el empleo que de él hacen sus usuarios. Ello es especialmente claro respecto al número de caracteres y de las marcas diacríticas que necesita, como los acentos, tildes o puntos y que combina con los ya existentes para expresar las modificaciones de los sonidos a través de los tiempos. Por ejemplo la letra c en francés, portugués y turco se combina con una marca diacrítica que se llama cedilla ç para representar una s predorsal sorda ante a, o, en portugués y francés. También existió en español pero hoy ha desaparecido la letra porque no existe el sonido; en tanto que en turco la ç tiene un sonido próximo a la ch del español, combinación que se emplea en español a partir del siglo XV para el sonido /ch/ alveolar africado sordo. La letra ñ es una combinación surgida de la escritura cursiva en la edad media como abreviatura de dos nn seguidas, que representaban el sonido que hoy tiene esa letra. Otras lenguas mantienen para ese mismo sonido otras escrituras diferentes, como ny para el catalán y provenzal, nh para el gallego y el portugués, gn para el francés, italiano e inglés, por citar algunos casos próximos al español. No siempre la misma letra representa el mismo sonido, pues aunque los alfabetos tengan el mismo origen (el romano en el caso de los ejemplos que acaban de citarse), las lenguas han evolucionado en su uso oral más rápidamente que en la escritura puesto que ésta es más conservadora.

Las divergencias profundas entre la lengua escrita y la oral han impulsado en muchos casos la reforma de la escritura.

ORÍGENES DE LAS LETRAS DEL ALFABETO Y SUS SIGNIFICADOS

El siguiente resumen explica brevemente el origen de cada una de las letra de nuestro actual alfabeto. En la lista de letras puedes dar un clic sobre la que te interesa:

A,  1. f. Primera letra del abecedario español y del orden latino internacional, que representa un fonema vocálico abierto y central.

2. f. Fil. Signo de la proposición universal afirmativa. Pronúnciase con los labios más abiertos que en las demás vocales y con la lengua extendida en el hueco de la mandíbula inferior y un poco elevada por la mitad del dorso hacia el centro del paladar. Su sonido tiene de ordinario un timbre medio, ni palatal ni velar.

ORIGEN - En el alfabeto proto-sinaítico la palabra alef significa ‘buey’, y los símbolos en que deriva en otros alfabetos se caracterizan por la constante presencia en el símbolo de los cuernos del animal: , tanto en posición derecha como tumbada o invertida. Esto ocurre tanto en el hebreo, ? (álef), como en el griego, a/A (alfa), y posteriormente en el latino, a/A (obsérvese que la minúscula no es más que una forma cursiva de escribir la mayúscula). Del significado abstracto inicial, “fuerza”, derivan los de “ser humano, inicio, posibilidad”.

FON. Presenta ciertas variedades en español. La media es la a normal. Seguida de ch, ll, ñ o y, o formando el diptongo ai, adquiere un timbre palatal, pero apenas se diferencia de la anterior. Ante j o g, l o las vocales o y u, adquiere un timbre velar. También hay una nasal, perceptible sobre todo entre dos consonantes nasales y muy apreciable en dialectos como el chileno o el andaluz. Por último, una relajada, en posición final o entre sílabas acentuadas.

LING. La letra A procede del alfabeto romano, que la tomó de los alfabetos griegos occidentales. Las formas más antiguas de esta letra, quizá tomadas del egipcio hierático, se remontan a los ss. XIII-XI a.J.C. y corresponden más o menos a una cabeza de buey con sus cuernos (su nombre fenicio alf -hebreo alef- significa precisamente buey). Con el tiempo, se han regularizado las formas primitivas latinas. Otra forma de la letra, procedente de cursivas, fue adoptada durante el s. I a.J.C.: es el prototipo de la minúscula carolina que los humanistas introdujeron en la escritura de los libros y que los impresores italianos y parisienses utilizaron desde 1470.

-- *La a primitiva subsiste ordinariamente en castellano, aun en aquellos casos en que ha degenerado, por perifonía en e, en los textos del antiguo alemán; v. gr.: albergue (harjis), escanciar (skenkan)

-- *Fonéticamente posee gran variedad de matices, pues, por influencia de los sonidos vecinos adquiere a veces un timbre palatal o velar; en posición inacentuada tiende a relajarse ligeramente

-- *Es el nombre de la primera letra de los alfabetos latino y español y del fonema vocálico central que dicha letra representa. Esta vocal se pronuncia con mayor abertura maxilar y labial y sin la elevación de lengua con que se pronuncian las demás vocales. Su timbre es intermedio en la serie vocálica. Por influencia de los sonidos vecinos adquiere a veces un timbre más o menos palatal o velar; en posición inacentuada tiende a relajarse ligeramente.

-- *Vocal fundamental de la lengua protoaria, anterior a la distinción entre las familias aria y semítica. Por su forma, deriva del fenicio que, a su vez, la tomó de los jeroglíficos egipcios, probablemente de la escritura hierática. El caracter de aspirada que tenía entre los fenicios, pasó igualmente a los hebreos y árabes; en sánscrito y persa, las aes breve y larga predominan en grado extraordinario. Figura a la cabeza de los alfabetos a excepción del etíope o abisinio, en el que ocupa el decimoter¬cer lugar. En armenio es la inicial de una séptima parte de las palabras. La duodécima parte de las palabras derivadas del latín empiezan por esta vocal y es una de las finales más comunes en las lenguas del sur de Europa, así como en las lenguas rusa y eslava.

-- *Desde una perspectiva de la lengua se realiza como central (vocalismo central, punto de articulación central), sonoro (oral), y el timbre o modo de articulación bajo (abierto o grave). Dis¬tancia entre la lengua y el paladar: máxima. A diferencia de las demás vocales, no requiere la menor contrac¬ción de los órganos bucales; en ninguna otra vocal se abren tanto los labios; su sonido ofrece sus gradaciones, variando según su duración, acento silábico, articulaciones y entonación de la frase.

-- *En castellano se halla a menudo antepuesta:
1. Por eufonía delante de y; v. gr.: aya, ayer, ayunar.
2. Delante de muchos substantivos, donde recuerda el artículo árabe; v. gr.: abedul, alerce, arruga, avispa, azufre.
3. En muchos verbos, donde no tiene el sentido de la partícula ad; v. gr.: aconsejar, amenazar, arrepentirse, atajar.

-- *En alemán, la a germánica antigua es a un tiempo de la equivalente de la a y o griegas y latinas. Se pronuncia aproximadamente como en español, pero conviene distinguir entre la a larga de la a breve; v. gr.: Aa, aa, ah, se pronuncian siempre como una a larga. La Ä, ä, tanto si es larga como breve tiene el sonido de la e abierta (ae). La gótica ê, que corresponde al antigüo alto alemán â, no ha penetrado en el castellano.

-- *En catalán, la a ofrece varios matices de fonética: la tónica se pronuncia como en las demás lenguas neolatinas; la pretónica algo apagada, mucho más si dista dos o más lugares del acento tónico; esta atenuación de sonido se hace mas sensible cuando es postónica, sobre todo si es final de palabra y en este caso adquiere el sonido de la e semimuda francesa, marcadamente en la provincia de Lleida y en Valencia.

-- *En esperanto, cada sonido tiene una sóla representación escrita y cada letra posee un sonido distinto e invariable; su pronunciación es rigurosamente fonética. La a que termina una palabra no forma nunca sinalefa con la vocal con que empiece la palabra siguiente; añadida a una raíz cualquiera forma su adjetivo (patro, padre; patra, paternal); ant y at constituyen respectiva¬mente las terminaciones de los tres participios activos y pasivos.

-- *En francés, se deriva, la más de las veces, de la a latina tónica seguida de consonante, debiendo distinguirse entre breve (transc. a, pa; ejem.: nouveau) y larga (transc. aa, paa; ejem.: donner), y de esta última entre abierta y cerrada. La *a. abierta se transcribe a, à y ä. Sin acento se pronuncia como en castella¬no y con acento se alarga el sonido.

-- *En griego: alfa. De trazo y nombre genuinamente fenicios, presenta modalidades según los diversos alfabetos regionales, eolo-dórico, de las islas, ático o jónico. Su parentesco con la a etrusca y romana primitiva es evidente por razón de la comu¬nidad de origen de sus respectivos alfabetos, cuya semejanza se revela en el número, forma y valor fonético de las letras. La forma primitiva, así griega como romana, era la mayúscula, con pocas líneas curvas; era la letra monumental o capital. Después aparecía la uncial, redondeada y cómoda, y la cursiva que va atada a las demás. Más tarde se empleó la rústica, caracterizada por sus rasgos verticales muy delgados en contraposición al travesaño. De los griegos provino su valor de vocal primera, que conservaron también los judíos para su álef. La a griega equivalente, por regla general, de la a latina, se convierte en determinados casos, en e (epsilón) u o (omicrón) por ley de atenuación fónica del vocablo. La a larga se observa claramente en los dialéctos eólico y dórico; el grupo jónico la confunde con la e (heta), cosa que ocurre asimismo en el dialecto ático, si bien de una manera no tan absoluta.

-- *En hebreo: álef o aleph, símbolo de buey, de donde deriva, al parecer porque el signo ideográfico original, toscamente representativo de la cabeza de dicho rumiante. Una de las tres letras madres, perteneciente al grupo de las letras débiles. Tiene esta letra en la lengua hebrea, la significación ideográfica de prioridad, creación, jefatura; unida a cualquier otra palabra le comunica esta idea. En la pronunciación española la alef es muda y por eso se omite en la transliteración. Es gutural y no puede ser redoblada. Cuando está acentuada por un ségol, o de un sheva ségol, alef se pronuncia como *é.. Al puntualizarse mediante un tsére, se pronuncia como ê, como indica en la partícula êth, que expresa el acusativo. Si está subrayada por medio de un pataj, y también por un qamés, o por un sheva pataj, se pronuncia como a. Si se le superpone un jirik (hiriq), se pronuncia como o. Subrayada por esta misma vocal, se pronuncia como i. Con un kibutz se pronuncia como ou (u). Al no encontrarse puntualizada será muda. Tiene el valor numérico de uno (1). Corresponde al plano cabalístico de los arquetipos. Sentido ontológico: Espíritu Creador.

-- *En inglés, como tal a, tiene en rigor cuatro sonidos, diferenciables en las palabras cat, art, car, ask; estos tres últimos son casi iguales a la a española y con ella se transcriben en la pronunciación figurada. El sonido de la a en cat se expresa en ocasiones con ä. Cuando la a es larga, por estar en sílaba abierta, su sonido es equivalente al español éi, con la i muy breve y como fugitiva. En sílaba abierta seguida de r y e muda, la a se pronuncia ee, siendo la primera como en español y la segunda igual pero obscurecida. Seguida de l o ll (salt, ball), suena en muchos casos (no siempre) como la o castellana; también se pronuncia muchas veces como o detrás de qu o de w (quarter, water). Finalmente tiene el sonido de i breve, en las ter¬minaciones átonas: -age, -ate; ao suena a veces como e; estas dos vocales escritas juntas como en el diptongo latino ae suenan como i. El diptongo ai se pronuncia en general como ei, con la i más o menos fugitiva; otras veces suena como ai, y seguido de r en sílaba cerrada, se pronuncia ee, como se ha dicho anterior¬mente. au en general, se pronuncia como la o española; pero en ocasiones tiene el sonido de la a española y alguna vez el de la ei; aw suena siempre como o; ay se pronuncia como ei, con la i fugitiva.

-- *En polaco, la a con cedilla es de sonido nasal.

-- *En portugués, la a sin acento (sorda) suena según los casos, natural, abierta, débil o cerrada; la a con tilde (~), el sonido (an) es nasal y largo; con acento agudo es abierta. Antes de n y m es nasal.

-- *En ruso, tiene el sonido de la e francesa.

-- *En sueco, aparte de la ä con diéresis o crema, disponen de la que lleva un cerito encima å, que suena como o castellana u o abierta francesa.

a: acentuada
Vocal con acento de intensidad, distinguiéndola de las demás por una mayor intensidad o por un tono más alto; v. gr.: dirÁ
Terminación aguda en la lengua antillana, que por lo general indica acción: de macana, macaná, acto de golpear.

a: débil

Se pronuncia con menor tensión muscular, en el lenguaje corriente, en posición final o entre sílabas acentuadas ( cántAro, aguA), emitiendo la voz con la boca regularmente abierta, la lengua algo pegada a los dientes inferiores. Se nota en sílaba abierta pretó¬nica o postónica, en un lenguaje coloquial.
S? a: relajada.

a: larga

La perceptible porque el velo del paladar baja para permitir el paso del aire, en parte, por la nariz; tiene plena intensidad en dialectos semíticos; v. gr.: palA Azul; dabA Amor; enterAdo.

a: media.

La lengua se mantiene en posición de reposo, y las demás zonas de articulación, a suficiente distancia para dejar paso libre a la emisión del sonido; se percibe en sílaba abierta acentuada y en sílaba cerrada por consonantes no palatares ni velares. Es la *a normal., pronunciada con mucha abertura de los labios, el dorso de la lengua elevado hacia la parte media de la boca y la punta de aquella rozando el interior de los incisivos inferiores. Se percibe en sílaba abierta acentuada y en sílaba cerrada por consonantes no palatales ni velares. Seguida de ch, ll, ñ o y, o formando el diptongo ai, adquiere un timbre palatal; v. gr.: mAsa, pAta.

-- Como vocal media es aconsejada el fonema a por los alfabetos de la *Revista de Filología Española y el alfabeto de los Romanistas

a: nasal.

Perceptible sobre todo entre las consonantes nasales (mano); el velo del paladar baja para permitir el paso del aire, en parte, por la nariz; su grado de nasalidad no es com¬parable al del francés y del protugués, pero sí tiene plena intensidad en dialectos como el chileno, el mexicano o el andaluz.

a: palatal

Se produce ante consonantes palatales y adquiere las características propias de su articulación. Fónicamente se transcribe a, como aconsejan el alfabeto de *máquina de escribir., el alfabeto de los *arabistas. y en el de los sanscritistas.; v. gr.: Año, cAlle; es decir, la lengua poco tensa, se inclina ligera¬mente hacia delante (caña, baile); es una articulación parecida a a la del francés patte, pero su diferencia con la *a. media es tan débil que los fonetistas no han creído necesario crear un signo fonético especial para su representación en castellano. Se produce ante consonantes palatales y adquiere las características propias de su articulación.

a: relajada.

Se nota en sílaba abierta pretónica o postónica, en un lenguaje coloquial.

a: velar

Se articula con la lengua ligeramente inclinada hacia atrás y toma este matíz ante j, g, l, o las vocales o, u, (ajo, caótico); esta articulación no es tan velar como la a del fran¬cés ni como la del español regional de los catalanes. Aparece ante consonantes velares, de cuyo matiz toma algo y ante las vocales velares o, u.

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B,. f. Segunda letra del abecedario español y del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico labial y sonoro. Su nombre es be, be alta o be larga; es oclusiva en posición inicial o detrás de una nasal, y fricativa en las demás posiciones.

ORIGEN - Es la primera letra de la palabra bayit, que en hebreo y en el lenguaje protosemítico, significa ‘casa’, de donde la forma primitiva , que al ser tumbada originó la ß/B griega y las latinas b/B. El hebreo prefirió el símbolo beth, ?, que figuradamente significa “lumbre, chimenea”, una cavidad abierta, la de la casa o la del fuego de hogar. Por ello adquiere un significado netamente femenino: “cavidad, abrigo, intimidad, familia, pareja casada”.

• LING. La B capital romana deriva del alfabeto griego occidental, que, a su vez, la tomó del fenicio. Su origen parece remontarse a un carácter egipcio que significa «pierna» o a la bet del alfabeto hebreo, que significa «casa» o «tienda». La forma capital clásica fue fijada en el s. III a.J.C. En sus formas capital y minúscula, sólo ha sufrido modificaciones de detalle en la Edad Media. Desde 1470, los impresores adoptaron las formas carolingias, junto con las «góticas» y las «bastardas». Las formas manuscritas modernas se remontan a la «cursiva humanística».

-- Representa un sonido de articulación bilabial sonora, y oclusiva cuando va en posición inicial absoluta o después de nasal, como en bien, ambos; en cualquier otra posición es, por lo general, fricativa, como en lobo, árbol, sobre, etc.
b: bilabial.
b: bilabial-oclusiva.
b: descripción de su articulación.
b: ensordecimiento de la b.
b: fricativa alargada.
b: modificaciones de su sonoridad.
b: procedente de p.
b: pronunciación de la b en los grupos ó
b: relajada.
b: sonora
b: sonoridad.
b: su uso en relación con la oclusiva b
b: tensión.
b: Uso de la b

1. En las combinaciones bl, br y mb como, por ejemplo, en las palabras: oblea, blanco, ebrio, broma, combate y embajada.

2. En la partícula aba con la que se construye el pretérito imperfecto de los verbos regulares de 10 conjugación, terminados en AR. Por ejemplo, de amar, amabas; de conversar, conversábamos.

3. En los verbos terminado en bir, aber y eber, como, por ejemplo, recibir, caber y deber; y en sus conjugaciones correspondientes, por ejemplo, recibo, cabía y debemos. Son excepción a esta regla los verbos hervir, servir, vivir y precaver.

4. En las palabras que comienzan por bu, bur, bus, como, por ejemplo, bueno, burdo y búsqueda.

5. En las palabras que comienzan por ab, sub, y ob, seguidas de consonante, como absurdo, subsidio y obtener.

6. En las palabras terminadas en bilidad, bundo y bunda. Por ejemplo, responsabilidad, abunda y vagabundo. Se exceptúan las palabras civilidad y movilidad.

7. Antes de la combinación ui, como en las palabras atribuir y buitre.
8. En las mayoría de los sustantivos que llevan el sonido abo, como abogado, abono y nabo. Se exceptúan, entre otras, pavo, clavo y esclavo.

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C, 1. f. Tercera letra del abecedario español y del orden latino internacional, que representa, ante las vocales e, i, un fonema consonántico fricativo, interdental, sordo, identificado con el alveolar o dental en zonas de seseo, y en los demás casos un fonema oclusivo, velar y sordo. Su nombre es ce. Seguida de c o n puede sonorizarse. El habla vulgar tiende a suprimirla en posición final. Seguida de h, forma la letra compuesta ch.

2. f. Letra numeral que tiene el valor de 100 en la numeración romana, y que también se usa en español. Cuando se le ponía una línea encima, valía 100 000.

• LING. La C latina es la gamma capital griega, tomada de los etruscos por los latinos. El nombre fenicio de esta letra, gaml (gímel en hebreo), significa «camello». Del s. IV al VIII d.J.C., formó con las letras vecinas numerosas ligaduras que fueron eliminadas por la minúscula carolina. La ç (cedilla), que tiene su origen en la z, pasó del español al francés para indicar la s sorda ante a, o, u.

c: africada.
c: articulación.
c: palatal.
c: sorda

Paleografía. La letra C del alfabeto latino se deriva como otras letras, de carácter griego; mas estas dos letras no han conservado el mismo valor. Después de haber tenido como en griego el signo de una gutural dulce, la C representó en latín el sonido de la gutural dura, homófona de la K, á la cual llegó á sustituir. Siendo necesario expresar la gutural dulce, cuyo sonido no había desaparecido de la lengua, tuvo que modificarse ligeramente el signo de la C, apareció así la G, modificación que se realizó á mediados del siglo v de Roma. Los dos signos C y G provienen, pues, de un solo, el de la G (gamma) griega.

Puede establecerse fácilmente la derivación de esta letra comparando los caracteres griegos eolodóricos con los caracteres arcaicos cadmeos derivados del fenicio. Los fenicios lo habían tomado, sin duda, de un ideograma egipcio.

Es la c uno de los signos que menos transformaciones ha sufrido en el transcurso de los tiempos.

La C capital de las antiguas inscripciones persiste durante varios siglos en las inscripciones lapidarias y en los manuscritos. A partir del siglo VI, paralelamente con la antigua forma, aparece una C cuadrada, muy frecuente en las inscripciones, aunque rara en los manuscritos. La c uncial ó semiuncial no se distingue de la capital rústica de los manuscritos; desde el siglo V hasta el XI se modificó muy poco el signo en cuestión, y únicamente se nota una tendencia á trazarla en dos partes, dado más importancia á la superior. La C de los grafitos y de las tabletas de cera no se distinguen de la de los manuscritos sino por el instrumento con que se tranzaban y por las materias sobre las que se escribía. Las formas especiales de esta letra se notan mejor en la escritura cursiva. En su forma manuscrita la rama inferior de la C termina en punta.

En los papiros no se han conservado los modelos de la antigua cursiva, la C es una letra casi siempre mayor que los demás caracteres y formada de dos partes. Este signo más ó menos modificado, persistió hasta el siglo XI, encontrándose en ciertas escrituras diplomáticas. La C minúscula aparece siempre como un pequeño signo que se trazaba en dos rasgos y se unía á la letra siguiente. En las escrituras llamadas nacionales, la C no tiene caracteres particulares, no distinguiéndose de la misma letra de las escrituras latinas.

Durante el segundo período de la Edad media la C va tomando poca á poco formas angulosas, como todas las demás letras; aparecen en las inscripciones lapidarias y en las leyendas sigilográficas en el siglo XIV, y persisten en las mayúsculas góticas de las centurias siguientes.

Fonética. Ante a, o, u y precediendo á cualquier consonante, suena k; antes de las vocales llamadas anteriores (e, i), suena z. Hallándose en fin de la palabra tiene sonido de k. Ejemplos: casa=kasa, coco=Koco, culpa=kulpa. Por el órgano de producción es consonante gutural o velaria, que se forma en el golpe del velo del paladar contra el dorso posterior de la lengua (la c-k), ó chocando la raíz de la lengua con la parte inmediata del paladar óseo (la c-z). Por la formación de la c-k es explosiva, produciéndose sin salir por un momento nada de aire por la boca y por la narices, la c-z es continua-fricativa.

Por el juego de las cuerdas vocales la c-k y la c-z son mudas, sordas ó afónicas. Por la tensión muscular la c-k es tensa, pronunciada con energía; la c-z es media. Por su representación gráfica es simple (c) y compuesta (ch); la segunda constituye una nueva especie de consonante.

La diferencia de sonido entre K y C suave es producto de lentas transformaciones hasta que llega un momento que el efecto de estas transformaciones se manifiesta por la aparición de un nuevo sonido, que no es otra cosa que el resultado de aquellas alteraciones.

Puede suponerse con fundamento que en latín la c sonaba como gutural, no sólo ante a, o, u, sino también ante é, i; así el pretérito cenini, del verbo cano, se pronunciaba kekini, pues no tendría explicación posible el que se pronunciasen de distinta manera las letras radicales de un mismo verbo, según las vocales que les siguiesen.

En las lenguas neoliticas se pronunciaba de tres maneras la cdebil; así en castellano suena como la z; en francés y catalán como s silbante, y en italiano como ch. En inglés la c tiene los dos sonidos de k y de s, y lo mismo en alemán. En el idioma auxiliar internacional esperanto la c ante la e, i, suenan como ts; leciono, lección, se pronuncian letsiono; como acento circunflejo tiene el sonido de ch española: cevalo=caballo, se pronuncian chevalo. Ante a, o, u no se usa, sustituyéndola la k.

Gramática. El sonido de la c termina frecuentemente en sílaba; ac-to, efec-to, invic-to, oc-tavo, fruc-tífero. Sólo termina palabras en ruc, nombre de un ave fabulosa, y en algunas palabras de origen extranjero, como clac, coñac, frac, cinc.

Además se escribe la c, 1º las palabras en que esta precede como sonido fuerte ó de k, á las vocales a, o, u, ó bien á una consonante: cámara, colegio, cubo, clase, cromo; 2º las palabras en que precede con sonido de z á e, i: cetro, cincha. En otras que terminan en z, también se convierten esta en c: paz, paces, juez, jueces, feliz, felices.

Se exceptúan zen, Zendavesta, zeugma, zigzag, zipizape, zirigaña ¡zis zas! ¡ziszás!

La c (cedilla) se usa antes para expresar un sonido parecido al de la z. Hoy sólo se emplea cuando se copian textos con ortografía anticuada ó se quiere representar con nuestros caracteres el sonido de la letra árabe ? cad.

Lingüística: La lengua antigua distinguía la pronunciación de la c sorda y la z sonora, que daban un sonido que puede representarse por t y d: placa, hacer. Ambos sonidos se confundieron á partir del siglo XVII en uno solo representado por c ó por z. Y si la ortografía moderna distingue c y z, lo hace para usar la una antes a, o, u, y la otra ante e, i, sin atender nada á la antigua ortografía etimológica, pues las sílabas ce, ci se escribían constantemente con z, que era sonora: dize, haze. La C dura precede de una C latina: cabeza-capitia; de una q: cuadro-quadrum, la k germánica: claro-klar.

La c-z proviene de la C latina: cierto-certum: de tante i semivocal: paciencia-patientia; de s: sedezo-setaceum; de sc: cetro-sceptrum.

Algunos nombres geográficos de localidades y pueblos de México aparecen escritos con la C inicial al revés, de esta forma ?. Con ella se ha querido representar un sonido especial de la lengua maya, hablada por los indígenas del Yucatán, y que equivale fonéticamente al sonido que resulta de la X y la C. Por consiguiente aquellos nombres geográficos irán escritos en nuestra enciclopedia con las iniciales Xc.

Las lenguas quechúa y aymará, habladas en el Perú, tienen esta letra tres pronunciaciones diversas: la primera es igual á la c castellana; la segunda es más áspera, como k, y la tercera muy áspera y casi gutural. Para iniciar estos sonidos no se han usado siempre la misma ortografía, exceptuando cuando el sonido de la c es igual al castellano; para iniciar el sonido más áspero unos han usado de la doble CC, mientras que otros la han iniciado por la misma C atravesada en medio con una linea horizontal, ó con acento, como si fuera vocal; y la tecera generalmente la expresan con la K. La doble CC antes de e, i suena, pues, como Q, pero más gurutal; verbigracia, Ccero de pronuncia Quero.

Ortografía. En los plurales y derivados de las palabras terminadas en Z. Por ejemplo, el plural y derivados de cruz: cruces, crucifijo, crucificar.
2. En los verbos terminados en ciar, cer, cir, ceder, cender, cibir y cidir, y en sus conjugaciones correspondientes. Por ejemplo, los verbos despreciar, conocer, reducir, conceder, ascender, recibir y decidir. Son excepciones a esta regla los verbos ansiar, anestesiar, ser, coser (con hilo), toser, asir, residir y presidir.

3. En las palabras que terminan en una vocal seguida de la combinación ncia, como Francia, carencia, provincia, ortodoncia y denuncia. Son excepciones a esta regla las palabra ansia y Hortensia.

4. En las palabras terminadas en ción que sean derivadas de una palabra que termine en "to" o "do". Por ejemplo, la palabra bendición, que deriva de bendito. Lo mismo ocurre cuando la palabra deriva de un verbo terminado en ar o en gir, como estación, de estar, y dirección, de dirigir.

5. En la mayoría de palabras terminadas en cia y cio, como gracia y socio. Algunas excepciones son idiosincrasia, antonomasia, autopsia, gimnasio, potasio, magnesio, y los nombres propios Asia, Anastasia, Gervasio, Nicasio.

6. En los diminutivos formados con la terminación cito, cita, cillo y cilla, por ejemplo, pancito, madrecita, ratoncillo y viejecilla. Naturalmente, los diminutivos de las palabras terminadas en s, o que incluyen una s en su raíz, se forman agregando solo las terminaciones ito, ita, illo, illa, y conservan la s de la palabra original: Andresito, de Andrés; bolsita, de bolsa.

ceceo.
Acción y efecto de cecear.
Fonét. Pronunciación de la S con una articulación interdental de timbre igual o parecido al de la C o Z actual. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Patol. sigmatismo interdental, a extremidad de la lengua queda demasiado cerca de los incisivos o entre los dientes. [Ajuriaguerra, 1987]
Fenómeno estrechamente ligado a la transformación del sistema de sibilantes medievales del español; es un trueque que se extiende por las zonas de Andalucía siguientes: S. de la prov. de Huelva, la mayor parte de la de Sevilla, toda Cádiz, casi toda Málaga y el O. de Granada además de Las Alpujarras, entrando en la zona oriental de Almería
ceceo gitano. Fenómeno estrechamente ligado a ciertas capas sociales como son los gitanos. [Joäo de Barros]

cecear intr. Pronunciar las eses como ces, como peculiaridad lingüística de ciertas regiones o por defecto de pronunciación.

seseo. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Fonét. Pronunciación de la C o Z como S, ya sea ésta corono-dental o predorso-dental (Andalucía), ya áfrico-alveolar (Cataluña, Valencia, Baleares).

zopas (inf.; con artículo sing.) n. Se aplica a la persona que cecea, por alusión a la manera de pronunciar la palabra «sopas».

reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »

El grafema C interviene en la representación ortográfica de tres fonemas:

1 - Forma parte del dígrafo ch para representar el fonema palatal africado sordo //.

2 - Representa al fonema interdental fricativo sordo // cuando precede a los grafemas e (cena) e i (cine).

3 - En todos los demás contextos representa al fonema velar oclusivo sordo /k/:

4 - Como ataque silábico simple, ante a (casa), o (copa) y u (cuadro).

5 - Como ataque silábico complejo, ante l (clase) y r (cromo).

6 - Como coda silábica simple en posición final (coñac) e interior de palabra (acto).

7 - Como coda silábica compleja, agrupada con [s], en posición final absoluta (fracs).

Sólo son precisas dos reglas para asignar una representación fonémica adecuada a este grafema. La transcripción del primer elemento del dígrafo ch es innecesaria porque en nuestro alfabeto fonético hemos adoptado el signo c como representación del fonema africado; obsérvese la contradicción formal que expresaría la regla correspondiente, con un mismo signo en el foco y en el cambio:

Regla 1: c = k

Regla 2 : c = z

Enunciada en esos términos, la Regla {c = k} es más económica y tiene más capacidad predictiva que si fuese enunciada indicando los contextos exactos en los que c se interpreta como /k/. En ese caso deberíamos incluir, además de las vocales { a, o, u }2 (acentuadas e inacentuadas) y el contexto límite de palabra (en las reglas se formaliza con el signo « _ »), todas las consonantes del alfabeto español, por si se incorporaran a la lengua nuevas palabras con una combinación de grafemas {c + Consonante} inexistente hasta entonces. Si indicáramos los únicos signos consonánticos ante los que aparece este grafema, obtendríamos una solución más económica en cuanto a número de signos, pero más costosa lingüísticamente en la medida que sería menos predictiva

Regla 3: ch = c

Para la transcripción del dígrafo ch sólo se deberá crear una regla que elida la letra h.

En el diseño de las reglas de C se toma la representación del fonema oclusivo velar sordo /k/ como relación no marcada, porque es la que tiene más contextos de aparición: c se interpretará como el fonema oclusivo velar sordo /k/ en todos los contextos excepto en los que representa a los fonemas africado palatal sordo // y fricativo interdental sordo //.

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ch, El dígrafo ch era la cuarta letra del alfabeto del español hasta 1994. Su origen se remonta al uso que hacían los latinos en las traducciones griegas de la letra Χ χ cuyo sonido no existía en latín: v.g. Christo etc. Para efectos del orden alfabético dejó de considerarse como una letra independiente a partir del X Congreso de Academias de la Lengua Española (celebrado en Madrid en abril de 1994). Representa al fonema africado /t∫/. Su nombre es femenino: la che y plural es ches.

En el estándar fonético de España, y de buena parte de América, el sonido de Ch es prepalatal africado sordo, semejante a la Ch inglesa, pero articulado con más suavidad y en un punto más cercano a los alveolos. En España y América existen otras realizaciones para Ch que podemos resumir del modo siguiente: una realización fricativa [∫] como la Ch francesa o portuguesa, una africada débil casi alveolar de tipo [ts] y otra africada palatal con fase fricativa muy débil que suena algo así como [t] seguida de una [y] muy breve. La variante fricativa, [∫], se produce principalmente en posición intervocálica ("leche", "muchacho") y es típica de muchas zonas de Andalucía y también de zonas de la ribera caribeña (partes de Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Panamá). La realización [ty], se articula con una [t] alveolar seguida de un elemento palatal muy breve, la oclusión se produce en la zona predorsal, con la lengua casi plana y la punta descansando en los incisivos inferiores, ésta es la variante típica de las Islas Canarias y también, al menos, de algunos hablantes de la República Dominicana, de Colombia y Puerto Rico. La otra variante comentada es una africada débil, donde el un punto de articulación es más alveolar que palatal, dando un efecto acústico de tipo [ts]. Esta realización [ts] se oye de forma ocasional en España alternando con la variante prepalatal.

D, 1. f. Cuarta letra del abecedario español, y cuarta del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico dental y sonoro. Su nombre es de.

2. f. Letra numeral romana, que, generalmente mayúscula, tiene el valor de 500.

• FON. La consonante dental sonora conoce en español dos modalidades: la oclusiva y la fricativa. La oclusiva se da en posición inicial absoluta o al anteponérsele n o l; la fricativa se da en toda posición que no sea inicial absoluta o que no vaya precedida de n o l.

• LING. Su forma triangular deriva del nombre fenicio de la letra delt («hoja de puerta»), entendida como «trozo de piel que cierra la entrada de una tienda». La forma redondeada de la D latina indica un préstamo de los alfabetos griegos occidentales. Las escrituras cursivas de los tres primeros siglos d.J.C. revelan el giro hacia la derecha que sufrió entonces la escritura latina. A fines del s. III, las «minúsculas primitivas», o «semiunciales», estabilizaron estas formas, que fueron adoptadas por las escrituras documentales latinas y «bárbaras». En el s. VIII, la carolina escogió la forma minúscula. En el s. XII, la escritura gótica reintrodujo las formas unciales, eliminadas definitivamente por las escrituras «humanísticas»

 

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E, 1. Gram. Quinta letra del abecedario español, segunda de sus vocales, y quinta del orden latino internacional. Representa un fonema vocálico medio y palatal, con un sonido que se pronuncia elevando un poco el predorso de la lengua hacia la parte anterior del paladar y estirando levemente los labios hacia los lados.

2. Dial. Signo de la proposición universal negativa.
e: abierta v. gr.: pErro, vErdad
e: acentuada v. gr.: entrÉ
e: átona
e: cerrada
e: larga
e: muda
e: nasal
e: relajada
mE, amEnaza, lóbrEgo.

En el alfabeto griego hay una «e» breve, «épsilon» y una «e» larga, «eta»

• FÍS. Símbolo con que se representa la carga del electrón.

• MAT. Número irracional trascendente que se toma como base de los logaritmos naturales o neperianos y de la función exponencial simple. Su valor es: 2,718281828...

• FON. Es una vocal palatal anterior, que en español tiene tres sonidos: una e cerrada, una e abierta y una e relajada.

• LING. El griego adoptó la he fenicia para notar tanto la vocal E como la aspirada. El etrusco, los dialectos italiotas y el latín tomaron su E del griego occidental. La arcaica latina recibió en el s. II a.J.C. su forma clásica. La minúscula primitiva, o semiuncial, y la uncial desarrollaron una forma cursiva, característica de las escrituras cursivas de los ss. IV al VIII.

F, 1. f. Sexta letra del abecedario español, y sexta del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico fricativo, labiodental, sordo. Su nombre es efe.

FON. La F española se pronuncia siempre del mismo modo, tanto en posición inicial como interior. No se encuentra en posición final. La F inicial latina presenta una evolución característica: su aspiración y pérdida ulterior, fenómeno que se produjo debido a la influencia del sustrato ibérico.

LING. Se remonta a la waw semítica. Es probable que los griegos desdoblaran la waw semítica en la digamma, que indica un sonido labiodental de v, y la ypsilon, que representa el sonido u. La digamma desapareció del alfabeto ático, excepto para las cifras: significaba el 6. Se conservó hasta el s. II a.J.C. en los alfabetos occidentales, de los que pasó al etrusco, a los dialectos italiotas y al latín. El origen de la F latina está ligado al de la e.

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G,1. f. Séptima letra del abecedario español, y séptima del orden latino internacional, que representa, ante las vocales e, i un fonema consonántico fricativo velar y sordo, y en los demás casos un fonema consonántico velar y sonoro.

ORTOGR. Para representar el fonema velar y sonoro ante e, i, se escribe una u interpuesta, que no se pronuncia; p. ej., en guedeja, guisa. En los casos en que la u se pronuncia en alguna de estas combinaciones, debe llevar diéresis; p. ej., en Sigüenza, argüir.

FON. Seguida de e y de i, representa un sonido de articulación velar, fricativa, sorda, como la de la j (gema, girón, colegio). En cualquier otra posición representa un sonido de articulación velar, sonora, que puede ser oclusiva si está en posición inicial absoluta (gamo) o precedida de nasal (angustia), o puede ser fricativa si se encuentra en las restantes posiciones (paga, agredir, algo, ignorar). Cuando la g ha de tener sonido velar sonoro y precede a una e o una i , entonces se transcribe interponiendo una u que no se pronuncia (gue , gui). En caso de que en esta combinación deba pronunciarse la u, entonces ésta debe llevar diéresis (güe, güi).

LING. La G es una creación romana. En 312 a.J.C., la z fue suprimida del alfabeto latino y remplazada por una c, a la que, cuando actuaba como velar sorda, se añadió un pequeño trazo vertical y que sirvió para la notación de la sonora. En la mayoría de los casos, la minúscula carolina deriva directamente de la semiuncial; sin embargo, en el caso de la G es una copia de las formas merovingias.

reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »

Representa dos fonemas:

1 - La consonante oclusiva velar sorda /x/, ante las vocales { e, é, i, í }, relación grafema-fonema que transcribe la Regla {g = x}.

Regla 1: g = x

2 - La consonante oclusiva velar sonora /g/, en todos los demás contextos:

3 - Como ataque silábico simple, ante las vocales a (gato), o (gota) y u, representada ésta con diéresis o sin diéresis (guerra, argüir), es decir, con interpretación fonética o sin ella.

4 - Como ataque silábico complejo, formando grupo con las consonantes l y r (glacial, grueso).

5 - Como coda silábica simple, en posición final absoluta (bulldog) e interior de palabra (agnóstico).

6 - Como coda silábica compleja, agrupada con [s] (bulldogs)3.

Para expresar estas relaciones no es necesaria regla alguna, ya que los signos ortográfico y fonético coinciden. La hipotética Regla {g = g} es innecesaria:

Regla 2: g = g
                         
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H, Octava letra del abecedario español, y octava del orden latino internacional. Su nombre es hache. En la lengua general no representa sonido alguno. Suele aspirarse en la dicción de algunas zonas españolas y americanas y en determinadas voces de origen extranjero.

FÍS. Símbolo de la constante de acción de Planck.
Abreviatura de altura.
METROL. Símbolo de la hora.
Símbolo del prefijo hecto

MÚS. Nombre de la nota si, natural en los países que utilizan la nomenclatura musical alemana.

FON. En ciertas lenguas y dialectos puede indicar la presencia de una aspiración. En español no representa ningún sonido. Su presencia se justifica por razones etimológicas: en la mayoría de los casos, corresponde, bien a una ha inicial latina, bien a una f inicial latina que, después de una fase de aspiración, desapareció y dejó la h como huella gráfica.

LING. La h latina corresponde a la eta griega, que procede de la het fenicia. El nombre español hache fue tomado del francés.

reglas de transcripción grafema-fonema

Este grafema interviene en la representación de tres fonemas:

1 - Es el segundo elemento del dígrafo ch en la representación del fonema africado palatal sordo //.

2 - En el grupo grafemático complejo hi, cuando éste va seguido de vocal (siempre y cuando no haya hiato), representa el fonema oclusivo palatal sonoro //; lo encontramos en posición inicial absoluta (hielo) y, en posición interior de palabra, en formas compuestas (rompehielos) o derivadas por prefijación (deshielo) de palabras con { hi V } inicial.

3 - En el grupo grafemático complejo hu, seguido de vocal (tampoco ha de haber hiato), representa el fonema aproximante labiovelar /w/. Al igual que hi, aparece en posición inicial absoluta (hueso) y, en interior de palabra, en formas compuestas (quebrantahuesos) o derivadas por prefijación (deshuesar) de palabras con { hu V } inicial; también en formas simples (marihuana).

En todos sus demás contextos de aparición, h no tiene realización fonética, salvo en algunos extranjerismos, pronunciados con aspiración en la lengua de origen, que en español estándar transcribiríamos con /x/ (hándicap).

En la representación de la consonante africada // hemos tomado como signo el primer elemento del dígrafo ch. Sería necesaría una regla adicional de elisión de h para completar la conversión de este dígrafo. Ya que en la mayoría de contextos el grafema h no tiene realización fonética, podrá ser elidido en todos los casos si en la transcripción de los grupos grafemáticos hi = // y hu = /w/ tomamos el segundo miembro como signo sobre el que se ha de operar el cambio indicado por las reglas que realicen la transcripción pertinente. Con esta estrategia podemos simplificar con una única regla la transcripción de h: este grafema podrá ser elidido en todos sus contextos de aparición, como se indica en la Regla {h = Ø}.

Regla: h = Ø

I,1. f. Novena letra del abecedario español, y novena del orden latino internacional, que representa un sonido vocálico cerrado y palatal.

2. f. Letra numeral que vale uno en la numeración romana.
3. f. Fil. Signo de la proposición particular afirmativa.
4. f. Mat. Símbolo del número v-¹, unidad de los números imaginarios.

i griega. Nombre de la letra y, también llamada ye.

i: abierta.
i: acentuada.
i: cerrada.
i: implosiva: consonante implosiva.
i: larga.
i: nasal.
i: relajada.
i: semiconsonante Vid. j
i: semivocal.

FON. Es el sonido más cerrado de la serie de vocales anteriores. Salvo en castellano antiguo y dialectal y en los cultismos, no suele darse en posición final.

LING. Procede de la I latina y de la iota griega, que, a su vez, procede de la yod o yaud fenicia. En el s. III a.J.C., los romanos le dieron su forma clásica. En el s. XI, comenzó a sobreponerse un acento a la i para distinguirla de los palos de otras letras. El punto no fue de uso corriente hasta fines del s. XV.

reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »

Representa la vocal alta anterior /i/, silábica (cine) o no silábica (cielo, peine), salvo en dos casos, en los que puede ser interpretada como la consonante oclusiva palatal sonora //:

(1) Formando parte del grupo grafemático { hi V }, en posición inicial de palabra o interior tras vocal o consonante (cf. supra, Letra h).

(2) En las agrupaciones grafemáticas { i V } inicial y { V i V }; ésta puede ser inicial de palabra o estar en posición interior.

Por tanto, se trataría de los contextos ortográficos

_ h i V
V h i V
C h i V
_ i V
V i V

siempre que, en la pronunciación, la división silábica no se ajuste a la opción marcada en español: el hiato ante la vocal final de estos grupos (cf. Harris, 1989a). El valor consonántico del grafema i viene dado como consecuencia de los procesos fonológicos que hemos descrito en el apartado 5.4.7.3. Naturalmente, en las agrupaciones { C h i V } la consonante no puede ser c, puesto que sería interpretada como //.

Cuando el grupo grafemático { hi V } está precedido por una consonante, la interpretación fónica de la letra i es impredecible teniendo en cuenta únicamente la ortografía. Tiene valor vocálico en palabras como adhiera y enhiesto, y consonántico en deshielo y enhielar. Hemos de tener en cuenta que en este contexto la realización consonántica es una propiedad idiosincrásica de cada elemento léxico, depende de sus características morfológicas: del hecho de ser una palabra compleja en cuya formación interviene otra simple con { hi V } inicial.

De las combinaciones posibles con el esquema { _ h i V }, la única con cierta productividad es hie: La encontramos en las formas flexivas de los verbos herir (hiera, hieran, hieras, hiere, hieren, hieres, hiero), herrar (hierra, hierran, hierras, hierre, hierren, hierres, hierro) y hervir (hierva, hiervan, hiervas, hierve, hierven, hierves, hiervo); y en hiedra, hiel, hielo, hiena, hierba, hierbabuena, hierro, etc. Lo mismo sucede con { V h i V }, también tenemos hie en las formas flexivas de los verbos reherir, reherrar y rehervir (derivados de los ya mencionados herir, herrar y hervir), en el sustantivo desusado mohiento, y en rompehielos.

Los contextos {_ i V, V i V} en los que i tiene valor consonántico son anómalos en español. La normativa prescribe que entre vocales la consonante // se representa como y; lo observamos en los casos de resilabación y consonantización obligatoria de la vocal /i/: ley /'lei/ - leyes /'le.es/; oír /o.'i/ - oyes /'o.es/. De hecho, en el DEFSFE hemos registrado pocas palabras en las que se aplicarían las reglas de transcripción correspondientes: los gentilicios hawaiano, hawaiana, hawaianos, hawaianas; ushuaiense, ushuaienses.

El carácter anómalo de esos grupos ortográficos y escaso número de ocurrencias exigirían su tratamiento como excepciones en la transcripción. Sin embargo, siempre tendrán la misma interpretación fónica, en las palabras que existen y cualquier otra que se incorpore a la lengua. La complitud de la que queremos dotar a nuestro sistema justifica que incluyamos las reglas que transcribirían todas esas combinaciones grafemáticas, las existentes y las posibles, en el módulo de FON1.

Como los signos ortográfico y fonético con los que se representa la vocal /i/ coinciden, las reglas que operen sobre el grafema i se referirán a su conversión en el signo con el representamos la consonante //.

(4.1) Para el primer caso de i como consonante, una versión general de la regla de transcripción ha de contener todas las vocales (acentuadas e inacentuadas) en el contexto precedente a h y en el contexto siguiente a i, además del símbolo de posición inicial:

Regla 5 : i = y (primera versión)

La primera versión de la Regla {i = y} contempla todos los casos predecibles a partir de la ortografía: la posición inicial de palabra { _ hi V } y la posición intervocálica { V hi V }; éste último sería equivalente, desde el punto de vista fónico, al del grupo grafemático {V i V }, puesto que h ha de ser interpretado con un valor fonético nulo.

En el sistema de transcripción fonética que genera el DEFE, los casos de la combinación {C hi V } en los que i tiene valor consonántico han de ser tratados como excepciones: se ha de marcar el límite morfológico (coincidente con el silábico) antes de la aplicación de FON1, de modo que las reglas puedan realizar una interpretación fónica correcta. Comentaremos este procedimiento, que denominamos "presilabación", en su correspondiente apartado (cf. infra, § 6.8). En las reglas se ha de incluir la marca límite silábico (« - ») en los signos que preceden a h.

La Regla { i = y }, como ha sido formulada, transcribiría las siguientes combinaciones grafemáticas:

_hia
ahia
áhia
ehia
éhia
ihia
íhia
ohia
óhia
uhia
úhia
_hiá
ahiá
áhiá
ehiá
éhiá
ihiá
íhiá
ohiá
óhiá
uhiá
úhiá
_hie
ahie
áhie
ehie
éhie
ihie
íhie
ohie
óhie
uhie
úhie
_hié
ahié
áhié
ehié
éhié
ihié
íhié
ohié
óhié
uhié
úhié
_hii
ahii
áhii
ehii
éhii
ihii
íhii
ohii
óhii
uhii
úhii
_hií
ahií
áhií
ehií
éhií
ihií
íhií
ohií
óhií
uhií
úhií
_hio
ahio
áhio
ehio
éhio
ihio
íhio
ohio
óhio
uhio
úhio
_hió
ahió
áhió
ehió
éhió
ihió
íhió
ohió
óhió
uhió
úhió
_hiu
ahiu
áhiu
ehiu
éhiu
ihiu
íhiu
ohiu
óhiu
uhiu
úhiu
_hiú
ahiú
áhiú
ehiú
éhiú
ihiú
íhiú
ohiú
óhiú
uhiú
úhiú

Podemos observar que no siempre sería correcta la transcripción que obtendríamos con la aplicación de la regla. Si las vocales que siguen a grupo hi son i e í, la interpretación fónica del grafema situado en el foco no sería como consonante sino como vocal. Lo observamos en los siguientes ejemplos: antihidrópico, antihigiénico, antihistérico, nihilidad, nihilismo, nihilista. No existen en la lengua española grupos tautosilábicos de vocal silábica y vocal no silábica homorgánicas (cf. Harris, 1991: 29). Además, algunos contextos contemplados por la regla no existen: como todos los signos contenidos se combinan entre sí, tendríamos casos de dos vocales acentuadas en la misma palabra.

Por tanto, la Regla { i = y } ha de ser reformulada; necesariamente, se ha de desdoblar la información:

(i) En el contexto siguiente al foco no deben ser incluidos los grafemas i, í.

(ii) No existen restricciones cuando las vocales de los grupos no están acentuadas gráficamente:

Regla 5 (I) : i = y

(iii) Cuando la vocal que precede a h está acentuada gráficamente, la vocal que sigue al foco no ha de llevar tilde:

Regla 5 (II) : i = y

Los signos que representan el contexto inicial de palabra y la marca de límite silábico sólo han de constar en una de las dos reglas porque de otro modo la información sería redundante: en ambas se contempla la transcripción de i como consonante palatal ante las letras a, e, o, u cuando sigue a h y ésta se sitúa en posición inicial o tras límite de sílaba.

(iv) Cuando la vocal que sigue al foco está acentuada gráficamente, no ha de estarlo la que precede a h:

Regla 5 (III) : i = y

Las nuevas versiones de la Regla {i = y} pueden reducirse a dos: o unimos la información contenida en (I) y (II), que sólo difieren en el contexto precedente a h, o unimos la información de (I) y (III), que sólo difieren en el contexto siguiente a i. Cualquiera de las dos posibilidades es válida; optamos por la primera, de modo que también se rompa la redundancia de los signos que indican la posición inicial de palabra y el límite silábico.

Las versiones definitivas de las reglas serán:

Regla 5 : i = y (I)
Regla 6 : i = y (II)

(4.2) Para el segundo contexto de i como consonante, además de las restricciones ya comentadas para el primero (no hay dos vocales con tilde en una misma palabra ni grupos tautosilábicos de vocal silábica y vocal no silábica homorgánicas), se ha de tener en cuenta que la vocal inicial del grupo no ha de ser u cuando forma parte de los grupos complejos gui y qui; en ellos la letra i tiene valor de vocal.

Las reglas de transcripción serán semejantes a las dos últimas comentadas, pero en el contexto precedente al foco no constará h sino los signos contenidos en el segundo contexto anterior de aquellas. Además, deberemos tener reglas específicas para la vocal u, por la restricción de los grupos gui y qui, en las que deberá especificarse que no se aplican cuando dicho grafema está precedido de g y q.

Se incluye la marca de presilabación en estas reglas, aunque, en principio, sólo sería necesario hacerlo en las palabras formadas con otra que empieza por hi: dicha marca permite detectar que tras la consonante que precede a este grupo hay un límite silábico (deshielo), a diferencia del comportamiento general de la lengua, según el cual, la h tiene valor mudo y la secuencia ortográfica representa un grupo de /consonante/ + /vocal/ homosilábico (adhiero). No existe en la lengua ninguna palabra que se ajuste a la secuencia { C - i V }, se trataría de un caso anómalo en la ortografía española; pero en el caso de alguna nueva incorporación léxica en la que esa marca silábica fuera pertinente, la interpretación fónica regular de i sería como consonante y no como vocal.

Las reglas que transcriben el segundo contexto de i como consonante serán:

Regla 7 : i = y (III) / Regla 8 : i = y (IV) / Regla 9 : i = y (V) / Regla 10 : i = y (VI)

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J, f. Décima letra del abecedario español, y décima del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico de articulación fricativa, velar y sorda. Su nombre es jota. La mayor o menor tensión con que se articula en diferentes países y regiones produce variedades que van desde la vibrante a la simple aspiración.

• FON. Es una consonante fricativa velar sorda, la más interior de las articulaciones españolas. Pasa de fricativa a vibrante en una pronunciación enérgica, y a una simple aspiración en caso de pronunciación relajada. En final de palabra se debilita.

• LING. Su origen se remonta a la I alargada que los romanos usaban para señalar la vocal i larga. A principios de la Edad Media, las escrituras beneventinas y visigóticas empleaban una i larga al comienzo de las palabras y para notar la semivocal. En la Baja Edad Media, la grafía castellana de la i alta se asoció a la representación de la semiconsonante i.

reglas de transcripción grafema-fonema

Siempre representa al fonema velar fricativo sordo /x/, en todos sus contextos de aparición. La Regla {j = x} es necesaria por la discordancia entre los signos alfabético y fonético6.

Regla: j = x

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K,1. f. Undécima letra del abecedario español, y undécima del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico oclusivo, velar y sordo. Su nombre es ka.

ORTOGR. Se emplea en palabras de origen griego o extranjero. En las demás, su sonido se representa con c antes de a, o, u, y con qu, antes de e, i.

FON. Su articulación se realiza mediante la elevación del posdorso de la lengua contra el velo del paladar (cerrando por completo la salida del aire) y el descenso de la punta de la lengua a los incisivos inferiores.

LING. La K latina es la kappa griega, que, a su vez, se remonta a la kaf fenicia. En la Edad Media, en España, sólo se encuentra la k usada en la escritura visigoda, con formas muy semejantes a las empleadas en la actualidad. Desapareció muy pronto y se convirtió en una letra exótica. En la actualidad la k sólo se utiliza en palabras de procedencia griega o extranjera, y durante muchos años ha estado en desuso.


L,1. f. Duodécima letra del abecedario español, y duodécima del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico lateral y alveolar. Su nombre es ele.

2. f. Letra numeral que tiene el valor de 50 en la numeración romana.

Representa un sonido de articulación ápico-alveolar, lateral, fricativa y sonora.

Paleografía. La letra l del alfabeto latino corresponde gráficamente á la lambda griega arcaica, anterior á la época en que ya afecta la forma o disposición que se ve en las inscripciones clásicas, y ésta , á su vez, había tomado su representación de la letra lamed fenicia, que, á su vez, derivaba de un signo de la escritura hierática egipcia. Su origen se encuentra en un signo de la escritura jeroglífica que en los antiguos monumentos egipcios representaba una leona (labo), signo que, por ser en la escritura la inicial del nombre que representaba, tuvo valor de l. Pasó de la escritura jeroglífica á la hierática y la demótica, transformándose, como ocurría con los otros signos hasta perder su semejanza con la representación simbólica.

Al pasar á la escritura fenicia se redujo á dos trazos formando gancho ó aguijón ( y de aquí su nombre lamed), derivándose de este signo las diversas formas que tomó de la escritura hebrea, samaritana, aramea, zend, árabe, etc.

En la escritura griega uncial el rasgo menor aparece á la izquierda del menor, uniéndose á él oblicuamente hacia el medio, y en la capital ambos rasgos, de igual longitud, se junta en la parte superior formando una especie de V invertida de nuestra escritura.

En el copto, ulfilano y ruso se redondearon algo los trazos rectilíneos, perpetuándose sin cambios á través de la Edad Media.
La L mayúscula en los manuscritos españoles del siglo V al XV es la misma latina ó presenta la forma de un número 2, debido á la curvatura del trazo vertical de la parte superior. La influencia italiana hace que desde el siglo XVI se modifique la L en su trazo de arranque y en el de unión con el inferior, presentando dos ojos caligráficos, que facilitan su trazo y evitan su rigidez de línea.
Del siglo V al XII la l minúscula presenta en los dos manuscritos españoles la forma de la latina, redondeándose después el trazo vertical.

Esta letra ha variado relativamente poco del egipcio al griego. En latín, en las escrituras efectuadas sobre cera, se observa una forma parecida a la lambda griega minúscula.

Fonética. La letra L pertenece al grupo de las consonantes sonoras líquidas, linguales ó semivocales. Esta letra, cuyo sonido es igual en todas las lenguas, se pronuncia aplicando la punta de la lengua al reborde alveolar de la mandíbula superior y la parte anterior de la bóveda palativa, y una vez dispuesto en esta forma el aparato vocal, retirando con prontitud la lengua, con lo cual la corriente de aire pasa por ambos lados, entre los molares anteriores, y haciendo vibrar los bordes de la lengua. El sonido de la l se confunde frecuentemente con el de la r, por producirse los dos de una manera análoga, y se cambian y substituyen con gran facilidad, y este cambio ó permuta de las dos letras se encuentra, no sólo en la lengua vulgar, sino también en el erudito.

Una circunstancia digna de tener en cuenta es la de que los niños que empiezan á hablar substituyen la l á la r. Este hecho, llamado lambdacismo en los adultos cuyo órganos vocales son defectuosos, indican que el sonido l es el estado débil del sonido r, y que ha debido producirse ne las mismas circunstancias que han dado origen, en el curso de la evolución fonética del lenguaje, á la debilitación de los otros sonidos vocales ó consonantes.

La L española se articula apoyando la punta de la lengua contra los alvéolos de los incisivos superiores y dejando, a uno o ambos lados de la boca, una abertura por donde se escapa el aire. En posición final de sílaba, adopta el punto de articulación de la consonante siguiente; de este modo se convierte en dental ante t y d, en interdental ante z y ce o ci, y en palatal ante ch, ñ, etc. En la pronunciación relajada se articula una L débil, sin formar contacto completo con los alvéolos, que, en algunas regiones, se confunde con facilidad con la r relajada.

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El grafema l representa a la lateral alveolar /l/ excepto cuando forma parte del dígrafo ll, representación de la lateral palatal //. Puesto que los signos ortográfico y fonético usados en la representación de la lateral alveolar coinciden, no es necesaria ninguna regla para la transcripción de este fonema; sí, en cambio, para la transcripción de la lateral palatal // a partir del dígrafo ll.

Ejemplificamos con este grupo grafemático la transcripción de los dígrafos cuando describimos los tipos de reglas usadas en el sistema (cf. supra, § 3.3.2). Se necesita una regla que transforme una de las eles en el carácter de la representación mediante signos fonéticos; tomamos como foco el primer elemento del dígrafo (Regla {l = L}). Una segunda regla elidirá la segunda ele (Regla {l = Ø}).

Regla 12 : l = L (primera versión)

Regla 13 : l = Ø

La formulación de estas dos reglas es contradictoria, como ya explicamos. Ambas se refieren a los mismos contextos de entrada, pero tienen salidas diferentes: en la Regla 12, el contexto no especificado anterior al foco incluye también l, como en la Regla 13, y el contexto no especificado posterior al foco en la Regla 13 también incluye l, como en la Regla 12. Para evitar el solapamiento negamos la aplicación de la Regla {l = L} en el contexto precedente al foco cuando éste es l. La versión definitiva es:  Regla 12 : l = L

 Ll,1. que representan el sonido de otra consonante, la elle. Este sonido se produce al apoyar la parte central de la lengua curvada en el centro del paladar, mientras se deja pasar el aire por los lados que configura esa barrera, en una ligera implosión. Ese sonido es el de las palabras ‘calle’, ‘lluvia’ y ‘cuello’. Existen diferencias importantes en la pronunciación de esta consonante, dependiendo de las diversas zonas dialectales. También existe un uso bastante extendido de pronunciar igual la elle y la y griega. A este fenómeno se le llama yeísmo. En catalán existe la posibilidad de escribir l.l, para representar el sonido de dos eles, que a pesar de estar juntas cada una pertenece a una sílaba distinta, como en la palabra il.luminació; a este diágrafo se le llama ele geminada. 

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M,1. f. Decimotercera letra del abecedario español, y decimotercera del orden latino internacional, que representa un fonema consonántico nasal y labial. Su nombre es eme.

Representa un sonido de articulación bilabial, nasal, oclusiva y sonora. 2. f. Letra numeral que tiene el valor de 1000 en la numeración romana.

m f. Decimotercera letra del abecedario español, y duodécima de sus consonantes. Su nombre es eme.

FON. En su articulación, la úvula hace contacto con el posdorso de la lengua y desvía la emisión del aire hacia las fosas nasales. El español no tolera la m final, que se transforma de forma sistemática en n.

LING. La m latina deriva de una letra fenicia que significaba «agua». El jeroglífico que, en egipcio, notaba n, tenía forma de línea ondulada, símbolo del agua. El griego occidental presentaba dos formas. En la época de Augusto, la forma clásica fue modificada con el alargamiento hacia lo alto de los trazos oblicuos de izquierda a derecha. De esta forma modificada derivan todas las escrituras corrientes posteriores. Las formas minúsculas proceden de deformaciones cursivas y del movimiento de rotación hacia la derecha que afectó a todas las letras del alfabeto hacia el s. III.

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N, Decimocuarta letra del alfabeto español que procede del latín y que a su vez viene de una letra griega. Su nombre es ene. Los griegos la llamaron nu, por su denominación semítica y fenicia nun, que significa 'pez', tomada de la representación de una línea de agua en un jeroglífico egipcio.

El sonido de esta letra se emite a través de la nariz, con la vibración de las cuerdas vocales, en tanto que la lengua, apoyada en los alvéolos, impide el paso del aire por la boca. Así se pronuncia la n de 'nena' o la de 'son'. Existe una n dental producida por la posición de la lengua en contacto con la parte posterior de los dientes, cuando va delante de t, o de d, como en las palabras 'antes' y 'andar', aunque es más clara en francés. Se pronuncia como m cuando va junto a v, como en la palabra 'envidia'. Apenas tiene sonido o lo tiene muy relajado cuando va junto a m en el grupo nm, como en la palabra 'inmenso'. 

Ñ, Decimoquinta letra del alfabeto español. Su nombre es eñe y sólo se usa en español. La N es la En la norma culta del español en España y América la grafía N tiene una articulación alveolar nasal, /n/, con la punta de la lengua apoyada en la montaña alveolar, justo encima de los incisivos superiores. Esta /n/ suele asimilarse al punto de articulación de la consonante que le sigue, así la /n/ es dental delante de /t/ (antes), velar [ŋ] delante de /x/, /k/ y /g/ (baŋco, coŋ gente), bilabial [m] delante de /m/ (inmóvil, con matices) o /b/ (han bombardeado).

A pesar de lo dicho anteriormente, en extensas áreas de América y España la -n final e implosiva no se articula alveolar /n/ sino velar [ŋ]. Esta articulación es igual a la de la /n/ seguida de consonantes velares, como en "banco". Actualmente la -n se articula velar en casi toda Andalucía, Extremadura, León, Asturias y Galicia y se encuentra en expansión en las regiones vecinas (en Murcia y partes de la Mancha por ejemplo). En la América hispana la -n velar se conoce en toda la cuenca caribeña, a saber, América Central, norte de Colombia, Venezuela y las Antillas (Cuba, Puerto Rico, República Dominicana). También suele ser velar la -n en todas las regiones del pacífico, desde la costa pacífica colombiana hasta Chile. Son tantas las zonas con -n velar en América latina que resulta más fácil decir las que tienen -n alveolar: casi todo México (excepto alguna zona costera del Caribe), interior de Colombia, casi toda Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina, pese que también en el cono sur se ha encontrado -n velar. En buena parte de las regiones latinoamericanas la -n velar no es sólo final de palabra (camióŋ, paŋ) como sucede en las zonas de España señaladas sino que cualquier -n implosiva se articula velar: cambio ['kaŋbjo], antes ['aŋtes].                        

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O,f. Decimosexta letra del abecedario español, y decimoquinta del orden latino internacional, que representa un fonema vocálico, medio y posterior.

2. f. Fil. Signo de la proposición particular negativa.
no saber ni hacer la a con un canuto.1. fr. coloq. Ser muy ignorante.
2.(Del lat. ubi).
1. adv. l. desus. En donde.
3.(Del lat. aut).

1. conj. disyunt. Denota diferencia, separación o alternativa entre dos o más personas, cosas o ideas. Antonio o Francisco. Blanco o negro. Herrar o quitar el banco. Vencer o morir.

2. conj. disyunt. U. generalmente ante cada uno de dos o más términos contrapuestos. Lo harás o de grado o por fuerza.

3. conj. disyunt. Denota equivalencia, significando 'o sea, o lo que es lo mismo'. El protagonista, o el personaje principal de la fábula, es Hércules.

En el alfabeto griego hay una «o» breve, «ómicron» y una «o» larga, «omega»

Se emplea como nombre de *forma: ‘Una varilla doblada en forma de o’.

FON. En español se distingue un matiz de o cerrada y otro de o abierta, cuya oposición sólo tiene valor fonético. La o cerrada tiene el punto de articulación situado hacia la parte posterior del paladar duro; por el contrario, la o abierta es una vocal posterior, con un punto de articulación más bajo que el propio de la modalidad cerrada.

LING. El ain fenicio significa «ojo», lo que concuerda con las formas adoptadas por la O en las escrituras anteriores. En el etrusco y en el latín arcaico está formada por dos semicírculos de sentido contrario. Sólo aparece como un círculo escrito de un solo trazo en los textos latinos tardíos.

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P,Decimoséptima letra del alfabeto español, que procede del latín como adaptación de la letra griega pi, que a su vez tuvo su origen inicial en un jeroglífico egipcio. Su nombre es pe.

En español la consonante p no presenta diferencias notables en su pronunciación; fonéticamente se describe como una consonante oclusiva, sorda, que tiene el mismo punto de articulación de la b, porque es bilabial. En las palabras españolas que son préstamos de otras lenguas el sonido p en posición inicial corresponde a otra p originaria, como ‘pala’ del latín ‘pala’, ‘paradigma’ del griego paradeigma, ‘patata’ que se tomó de América, y ‘papaya’, palabra de origen filipino. Es muda cuando va en posición inicial en los grupos ps y pn como en ‘psicólogo’, ‘pneumólogo’. La Real Academia Española permite incluso su desaparición de los escritos y así se ha generalizado en el grupo pn, pero existe una mayor resistencia a borrar la p del grupo ps. En español no existe la combinación ph para representar el sonido f, cosa que sí sucede en las demás lenguas romances, y sólo se admite este dígrafo en el caso de algunas marcas comerciales.

Q,Decimoctava letra del alfabeto español, procedente, a través del latín y del griego, de la letra fenicia qoph, que a su vez se desarrolló desde un jeroglífico egipcio. En las lenguas semíticas, la qoph representa un sonido explosivo, y muy diferente de la menos enérgica consonante griega.

En las lenguas románicas y en otras lenguas modernas, siempre va delante de la letra u excepto en las transcripciones de la semítica qoph, como en la palabra ‘Iraq’, de donde procede el gentilicio ‘iraquí’, aunque en el español escrito, como en otras lenguas, se vacila entre Iraq e Irak. En castellano la letra se llama cu, y como en el resto de las lenguas procedentes del latín, sólo se utiliza acompañada de la u muda con las vocales e, i, como en las palabras ‘queso’, ‘pequeño’, ‘quien’ y ‘mantequilla’. Tiene el mismo sonido consonante que la c ante la a, la o y la u.

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R, RR, Decimonovena *letra del abecedario. Letra griega correspondiente, «rho» (r R). Su nombre es «erre»; cuando se quiere aludir especialmente a su sonido suave, se llama también «ere». Hay, en efecto, en español dos sonidos representados por esta letra, ambos fricativos sonoros laterales; pero uno suave (vibrante simple), representado por «r», y otro fuerte (vibrante múltiple), representado por «rr»; son tan distintos que, en realidad, se trata, fonéticamente, de dos letras diferentes, e interesa subrayarlo así para los extranjeros; en principio de palabra y en principio de sílaba, cuando la sílaba anterior termina en «b, l, n» o «s», es siempre fuerte por naturaleza, aunque se representa por «r»: ‘ramo, subrepticio, alrededor, Enrique, Israel’; en cualquier otro caso la escritura indica la pronunciación: ‘cara, carro, cortar’.

En Andalucía tiende a desaparecer en el final del infinitivo de cualquier verbo y, en general, en cualquier palabra aguda: [llorá, comé, señó].
Para producir un efecto cómico, así como para poner énfasis en la palabra, se mantiene el sonido «r» convirtiéndolo en «rrr...» con sonido fuerte: ‘¡He dicho brrruto! ¡Te vas a cortarrr!’.

• METROL. Símbolo del roentgen.

• FON. En español existen dos fonemas representados por r: la alveolar vibrante simple, para cuya articulación la punta de la lengua se apoya en los alvéolos produciendo una vibración, y la alveolar vibrante múltiple, caracterizada por la pluralidad de vibraciones. Para representar el sonido simple se emplea una sola r en la escritura, y se da en posición no inicial (cara, pureza, mar) y siempre que no vaya precedida de n, l o s (cuadro). Para la forma múltiple corresponde ortográficamente la doble rr cuando va en posición intervocálica (carreta, manirroto), y una sola r cuando va en posición inicial (ramo) o precedida de n, l o s (enredar, Israel, malrotar).

• LING. El nombre fenicio, ros, que significa cabeza, se conservó en el nombre griego rho. La mayor parte de las lenguas y dialectos italianos, comprendido el etrusco, mantuvieron una forma sin pata anterior, como la del griego clásico. El latín formó su r sobre la r con pata anterior del griego occidental y de algunos dialectos italiotas. La r normal de nuestras escrituras manuscritas proviene de la r redonda carolina.

-RR- -rr-
1 Grupo de sonidos expresivos que entra en la terminación de muchos nombres y adjetivos despectivos: ‘birria, cacharro, ceporro, fanfarria, mamandurria, bodorrio, murria, pequeñarro, purrela, purria, purriela, soñarra’.

2 También con carácter expresivo, forma parte de muchas palabras relacionadas con el gato, aludiendo al sonido producido por este animal: ‘ronronear, marrullar, morro, morrongo’.

lalación f. Hablar balbuciente de los niños, consistente en especial en pronunciar la «r» como «l».

¤ Anomalía que consiste en hablar de manera semejante, en los adultos.

lambdacismo m. Fon. Defecto de *pronunciación que consiste en pronunciar la «r» como «l».

rotacismo m. Fon. Conversión de «s» en «r» en posición intervocálica.

reglas de transcripción grafema-fonema

Esta letra representa dos fonemas: las consonantes alveolares vibrantes simple // y múltiple /r/. Además, forma parte del dígrafo rr en la representación de la última.

(i) Se interpreta como la consonante alveolar vibrante simple // cuando está situada en posición interior de palabra entre vocales (caro) o precedida de los signos consonánticos p, t, c, b, d, g y f, con los que representa un grupo tautosilábico de /obstruyente/ + /líquida/ (prado, tronco, acre, cabra, droga, gracia, frente). Debemos tener en cuenta que no todos los grupos ortográficos br representan una combinación tautosilábica de fonemas /b/: en las palabras complejas formadas por prefijo terminado en /b/ y palabra con /r/ inicial (subrayar, subrogar, subrepticio y abrogar), br representa los fonemas heterosilábicos /b.r/. En la transcripción del DEFE estos casos deberán ser tratados como excepciones ya que no son predecibles a partir de la ortografía.

(ii) Se interpreta como la consonante alveolar vibrante múltiple /r/ cuando está situada en posición inicial de palabra, o en interior si va precedida de los signos consonánticos n, l, s y z, con los que no forman grupo tautosilábico (honra, alrededor, Israel, azre). La vibrante múltiple en posición intervocálica es representada con el dígrafo rr (carro). En todos estos casos, la vibrante múltiple ocupa la posición de ataque silábico.

(iii) En posición de coda silábica, ya sea en interior -ante signo consonántico- (carne) o en final de palabra (amar), hemos considerado que la vibrante simple // es el segmento no marcado por énfasis en la pronunciación, como prueba que en el decurso ante la vocal de la palabra siguiente se resilabea como vibrante simple y no como múltiple: (mar azul) /'ma.a.'ul/, */'ma.ra.'ul/. La representación gráfica de estos contextos siempre es r.

En el DEFE, representamos la vibrante simple con el signo r y la múltiple con R. Por la coincidencia de los signos ortográfico y fonético, no son necesarias reglas para la transcripción de la primera consonante, éstas deberán referirse a la realización de r como la vibrante múltiple y al dígrafo rr.

La Regla {r = R (I)} convierte la letra r en el signo que representa la vibrante múltiple cuando está en posición inicial de palabra y ante las consonantes l, n, s y z. También, en casos como subrayar, subrogar, subrepticio y abrogar, en los que será necesario hacer una presilabación (introduciendo el signo « - » entre el prefijo y la palabra con vibrante múltiple inicial representada con r) antes de la aplicación de FON1.

Regla 16 : r = R (I) (primera versión)

Para la transcripción del dígrafo necesitamos dos reglas: una de conversión de uno de los grafemas en R y otra que elida el segundo grafema. Una primera aproximación a estas reglas es la siguiente:

Regla 17 : r = R (II) (primera versión)

Regla 18 : r = Ø

En el contexto anterior al foco de la Regla 17 negamos el signo r para evitar la contradicción formal que ya comentamos en el dígrafo ll: distintas salidas para una misma entrada de dos reglas (el contexto no especificado anterior al foco de 17 incluiría r, como 18, y el contexto no especificado posterior al foco en 18 también incluiría r, como en 17).

No obstante, la aplicación de la Regla 17, tal y como está formulada, coincidiría con la transcripción que realiza la Regla 16: el contexto anterior al foco, "distinto a r", de aquélla incluye los signos que aparecen en el contexto anterior al foco de la Regla 16, y el contexto siguiente al foco no especificado de ésta incluye el signo r de ese mismo contexto en la Regla 17. Para romper este solapamiento se ha de restringir la transcripción en una de ellas, por ejemplo, negando en el contexto anterior al foco de la Regla 17 los contextos de aplicación de 16:

Regla 17 : r = R (II)

Las reglas para la transcripción de r que hemos mostrado sólo contemplan los casos existentes en la lengua española; con ellas no podríamos transcribir los contextos ortográficos mr, ñr, llr, yr (y con valor consonántico), jr y wr. Aunque estas combinaciones de grafemas no aparezcan en ninguna palabra, debemos considerar cuál sería su interpretación fónica para prever el comportamiento de la vibrante en el caso de nuevas adquisiciones léxicas que las contengan.

Desde nuestra competencia, y atendiendo a los valores regulares de m como /m/, ñ como // y ll como //, tras estos fonemas habría un límite silábico, y r sería interpretada como vibrante múltiple. Serían casos semejantes a los de /r/ tras la lateral /l/ y la nasal /n/. De hecho, las palatales // y // no son propias del español en la distensión silábica y se realizarían como alveolares; también sería esa la tendencia de la nasal bilabial en dicha posición, al menos en el habla menos cuidada. Por tanto, debemos introducir en el contexto anterior al foco de las Reglas 16 y 17 los signos m y ñ. El dígrafo ll quedaría incluido con la letra l: como no especificamos el segundo contexto anterior al foco de esas reglas, "cualquier contexto" abarcaría también la primera ele del dígrafo.

Regla 16 : r = R (I)

Regla 17 : r = R (II)

En cuanto a los grafemas y, interpretado como //, y j, interpretado como /x/, han de representar con r un grupo de /obstruyente/ + /líquida/, en el que r tendría valor de vibrante simple. Harris (1991:25) menciona la pronunciación /xus'ef/ (Kruschev) en el español de la ciudad de Méjico. No necesitaremos regla de transcripción para estos casos.

Finalmente, el valor fónico de w es impredecible, por lo que no tendremos en cuenta su agrupación con r en las reglas de transcripción; cualquier neologismo con esta agrupación grafemática deberá ser tratado como una excepción.

El conjunto de Reglas 16, 17 y 18 que hemos presentado transcriben correctamente el grafema r como vibrante simple en los contextos descritos, pero podemos realizar una modificación formal que simplifica su aplicación:

En lugar de restringir el contexto anterior al foco de la Regla 17, lo dejamos sin especificar (evitamos que el programa tenga en cuenta nueve combinaciones grafemáticas, pues se aplicaría sin restricciones en cualquier contexto) y negamos la aplicación de las Reglas 16 y 18 cuando en el contexto siguiente al foco sea r, para evitar los solapamientos entre 16 y 17 y entre 17 y 18.

Las versiones definitivas de las reglas de transcripción de r son:

Regla 16 : r = R (I) - Regla 17 : r = R (II) - Regla 18 : r = Ø

El contexto no especificado anterior al foco de la Regla 17 incluye todos los signos contenidos en ese mismo lugar en la Regla 16; ambas reglas tendrían la misma aplicación, pero se diferencian en las especificaciones del contexto posterior al foco: en 17 sólo se aplica ante r; en 16, en cualquier situación excepto en r. También el contexto no especificado anterior al foco de 17 incluye el signo r de la regla 18 en esa misma posición, pero ambas se diferencian en las especificaciones del contexto posterior: "sólo ante r" (Regla 17) - "siempre, menos ante r" (Regla 18). Las Reglas 16 y 18 tienen en común las especificaciones del contexto posterior al foco, pero difieren en las del contexto anterior; no se solapan.

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S, 1. f. Vigésima segunda letra del abecedario español, y decimonovena del orden latino internacional, que representa un sonido consonántico fricativo sordo. Entre muchas variedades de articulación tiene dos principales: la apical, que domina en la mayor parte de España, y la predorsal, más frecuente en las regiones meridionales de España y en Hispanoamérica; al final de palabra, se suprime o se aspira: [loójo, lojójo]; y hay zonas donde se pronuncia como «z». Ver Ceceo y Seseo.

Su nombre es «ese». Es una consonante alveolar fricativa sorda; se articula aplicando la punta de la lengua a los alvéolos superiores y dejando cerrado con los bordes de ella el velo del paladar; el aire se abre paso por una abertura muy pequeña entre la punta y los alvéolos. Delante de «r», lo que ocurre cuando un artículo plural precede a un nombre que empieza por «r», se debilita mucho y, en lenguaje rápido, puede llegar a perderse: ‘lo ríos’.
En regiones meridionales de España y en Hispanoamérica S líquida. Fon. S inicial seguida de otra consonante, por ejemplo la «s» de «snob».

FÍS. NUCL. Letra con la que se designa el número cuántico de espín.

Símbolo de la extrañeza.
METROL. Símbolo del segundo.

FON. En español existen dos tipos de s: la alveolar fricativa sorda o apicoalveolar, que se articula aplicando el ápice de la lengua en los alvéolos de los incisivos superiores, lo que confiere a este fonema un carácter semipalatal, y la predorsal fricativa sorda, característica del andaluz y de parte del español de América, que se diferencia de la anterior por apoyar la punta de la lengua en la cara interna de los incisivos inferiores. La s española, por lo general, es sorda, y de forma esporádica puede sonorizarse por la vecindad de una consonante sonora, pero no constituye un fonema, sino una variante combinatoria.

LING. La letra s en fenicio significa probablemente «diente»; el signo protosinaítico habría tenido una forma redondeada. En latín, las formas primitivas se encuentran en la forma clásica, realizada en tres trazos. Reaparece con simplificaciones en las cursivas y en todas las formas ulteriores. En las góticas, en posición final, aparece la S capital a fines del s. XII. La escritura humanística mantiene la s larga a fines del s. XVIII.

ceceo.
Acción y efecto de cecear.

Fonét. Pronunciación de la S con una articulación interdental de timbre igual o parecido al de la C o Z actual. [Rodríguez-Castellano, 1933]

Patol. sigmatismo interdental, a extremidad de la lengua queda demasiado cerca de los incisivos o entre los dientes. [Ajuriaguerra, 1987]

Fenómeno estrechamente ligado a la transformación del sistema de sibilantes medievales del español; es un trueque que se extiende por las zonas de Andalucía siguientes: S. de la prov. de Huelva, la mayor parte de la de Sevilla, toda Cádiz, casi toda Málaga y el O. de Granada además de Las Alpujarras, entrando en la zona oriental de Almería

ceceo gitano. Fenómeno estrechamente ligado a ciertas capas sociales como son los gitanos. [Joäo de Barros]

cecear intr. Pronunciar las eses como ces, como peculiaridad lingüística de ciertas regiones o por defecto de pronunciación.

seseo. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Fonét. Pronunciación de la C o Z como S, ya sea ésta corono-dental o predorso-dental (Andalucía), ya áfrico-alveolar (Cataluña, Valencia, Baleares).

zopas (inf.; con artículo sing.) n. Se aplica a la persona que cecea, por alusión a la manera de pronunciar la palabra «sopas».

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T, Vigésima primera letra del alfabeto español. Su nombre es te. Se deriva de un carácter romano del mismo nombre, que se tomó de la letra griega tau. Procede de taw, última letra del alfabeto fenicio que representa una cruz o marca de pertenencia. Ésta a su vez tiene su origen en un jeroglífico egipcio.

La letra t representa el sonido que se produce al chocar el paso del aire con la punta de la lengua, que está apoyada en la parte interior de los dientes mientras permanecen inactivas las cuerdas vocales. La consonante t presenta escasas variaciones dentro del español. Existe una pronunciación parecida a la del inglés americano en el español de Chile. 

La T es consonante dental oclusiva sorda. Se articula apoyando fuertemente la punta de la lengua contra la cara interna de los dientes superiores, y manteniendo muy poco abiertos los maxilares, de manera que la lengua toca también con la punta los dientes inferiores. Los lados de la lengua tocan la cara interna de los molares superiores y cierran por allí el paso al aire.

En medio de sus características generales, la T, como las demás consonantes plosivas, ofrece una intensidad articulatoria diferente según el lugar que ocupa dentro de la palabra. Así, la T es producida con más fuerza en posición inicial absoluta de palabra y al principio de sílaba precedida de otra consonante que no lo es cuando se encuentra situada entre dos vocales. La T, en tiempo, temible, toma, arte, partido, contra, etc., posee una intensidad de articulación mayor que en vocablos como pato, y pito.

Este aflojamiento en la intensidad de la articulación de T entre dos vocales, explicable por el carácter abierto de dichos sonidos, es el que explica también el por qué la T, en la posición dicha, manifiesta una etapa de evolución histórica más pronunciada que en otras. Así, tenemos que la T del latín, en posición intervocálica, no se conserva como t, como ocurre en posición inicial (tempus da tiempo, tantum da tan, timere da temer, etc.), sino que á través de modalidades fonéticas sucesivas se convierte en d en castellano (pratum da prado, acutum da agudo, amatum da amado, etc.), y, en algunos idiomas, por ejemplo en el francés, llega incluso a desaparecer completamente (rotam da español rueda, francés roue; setam da español seda, francés soie, etc.).

Ha sido dicho que la T es un fonema de articulación post-dental. Ello, como cosa general, y en particular para el español. Porque es innegable que en algunos idiomas dicha consonante asume un carácter de articulación pronunciada más hacia dentro de la cavidad bucal, de modalidad alveolar y a veces prepaladial, lo que explica que la emisión de la consonante vaya, seguida de una especie de desgaje espiratorio represen-table por una h aspirada. Anótese que esto no es lo normal en las lenguas neolatinas. Como fenómeno peculiar de éstas, sobre todo en sus representantes el francés y el español, consígnese la pérdida de la t cuando originariamente forma grupo con r. La observación de ejemplos típicos, como patrem, matren, fratrem, petram, etc., en sus reflejos padre (pop. páere), madre (pop. mare), y en francés père, mère, frère, pièrre, ilustra suficientemente el caso.

Indiquemos, finalmente, el resultado actual de la ch española, procedente del grupo ct evolucionado (factum da hecho, lactem da leche, lectum da lecho, noctem da noche, etc.), que el francés nos ofrece en una etapa al parecer todavía retrasada.

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U, Vigésima segunda *letra del alfabeto español. Es una vocal velar, la más cerrada, que se pronuncia con los labios más abocinados que para pronunciar la «o» y con la lengua más retraída. Se aprecia fácilmente la debilitación de la «u» cuando está en diptongo o contigua a sílaba acentuada: se llama «semivocal» en los diptongos «au, eu» y «semiconsonante» en «ua, ue, ui, uo», designaciones cuya justificación se encuentra fácilmente en la práctica; y se llama «relajada» cuando va delante o detrás de una sílaba acentuada (no acentuada, por tanto, ella misma), caso en el cual se pasa rápidamente de la una a la otra de las dos consonantes.

El nombre de la «u» se emplea como nombre de su forma; particularmente, aplicado a las barras de acero laminado cuyo perfil la tiene.

FON. La u española es una vocal posterior para cuya articulación el posdorso de la lengua se levanta hacia el velo del paladar, manteniéndose la punta de la lengua a la altura de los alvéolos inferiores, los cuales puede rozar; los labios permanecen alargados y abocinados durante la emisión. Se distinguen una u cerrada, una u abierta, una u relajada (cuando forma parte de una sílaba situada entre un acento principal y otro secundario), una u semivocal (como segundo elemento de diptongos decrecientes) y una u semiconsonante (como primer elemento de diptongos crecientes).

reglas de transcripción grafema-fonema

Letra u (y ü).

La letra u ha de llevar diéresis para representar el valor vocálico en las sílabas /ge/ y /gi/. Como éste es el único contexto de la diéresis en las palabras de la lengua española, la Regla {ü = u}, que realiza la transcripción pertinente, no necesitará más especificaciones.

Regla 19 : ü = u

La letra u (sin diéresis) representa la vocal media alta posterior /u/, excepto en tres de sus contextos de aparición:

(1) Cuando forma parte de los grupos grafemáticos que, qui, gue, gui, acentuados o no gráficamente, en los que no tiene realización fonética.

(2) En el grupo grafemático hu seguido de vocal, donde representa el fonema aproximante labiovelar /w/ (cf. supra, letra h). Este grupo puede encontrarse en posición inicial absoluta (hueco, hueso, huevo) y en posición interior tras vocal (alcahuete, ahuecar, chihuahua), con la condición, en este caso, de que no haya hiato entre la u y la vocal que le sigue. En posición interior tras consonante el valor fónico de u es impredecible a partir de la ortografía: generalmente representa a la consonante /w/, por ejemplo, en deshuesar (se trataría de palabras formadas a partir de { h u V } inicial); pero también puede representar a la vocal /u/, por ejemplo, en ushuaiense. Este último valor fónico es poco productivo, pero ha de ser tenido en cuenta. En las agrupaciones { C h u V }la consonante no puede ser c, puesto que sería interpretada como //. El comportamiento de u en todos estos casos es paralelo al de i en la misma configuración grafemática.

(3) En las combinaciones de grafemas { V u V } también representa la consonante aproximante labiovelar /w/. Dichas combinaciones tendrían una estructura silábica { V-uV }, puesto que una vocal velar es un segmento que no puede aparecer como ataque silábico. Es un caso paralelo que hemos descrito de { V i V }.

No necesitaremos regla alguna para transcribir la representación del grafema u como vocal, sí para elidirlo cuando su representación fonética sea nula. La Regla {u = Ø} realiza la operación pertinente:

Regla 20 : u = Ø

Se ha especificar el contexto posterior al foco para poder elidir la u correctamente. Tras q, la letra u tiene una realización fónica como vocal en palabras como quark, quásar, quáter y quórum. No existe ningún ejemplo con la agrupación quu, pero si la hubiese, la interpretación fónica del hablante sería /ku.u/: ambos signos u se pronunciarían como vocal y habría un límite silábico entre ellos. La u del grupo qu tiene una realización fónica nula sólo ante e, é, i, í. En cuanto a gu, puede representar al grupo de fonemas /gu/ (por ejemplo, en guante y gula); al igual que en qu, la u sólo tiene valor fónico nulo cuando precede a e, é, i, í.

En cuanto a la interpretación de u como consonante, ya hemos indicado que los contextos ortográficos en los que aparece son equivalentes a los de i con el mismo valor:

_ h u V / V h u V / C h u V / _ u V / V u V

Los tres primeros tienen cierta productividad, tanto en palabras propias del llamado español peninsular (hueso, deshuesar, ahuecar, parihuela, vihuela, etc.), como en americanismos (ahuehué, cacahual, cacahué, nahua, etc.); pero no sucede lo mismo con los dos últimos. En posición inicial tenemos el término desusado uebos, y ueste, uesnorueste y uessudueste, variantes ortográficas de oeste, oesnorueste y oessudueste, respectivamente; en posición interior sólo cleuasmo. El DGILE (1986) recoge el verbo interviuar, que en la última edició
n del diccionario académico (DRAE, 1992) ha sido adaptado como interviuvar.

Para interpretar u en su valor consonántico necesitamos un conjunto de reglas semejantes a las ya descritas para i con ese mismo valor; en su diseño deberemos tener en cuenta las siguientes consideraciones, equivalentes a las comentadas para dicha letra:

(i) Las reglas con un formato generalizador, como las que a continuación se indican, contemplan casos inexistentes: secuencias con dos tildes en una misma palabra. Para evitarlo, deberemos desdoblar la información contextual siguiendo la pauta comentada para i.

Regla u = w (I)

Regla u = w (II)

(ii) Con esas reglas también obtendríamos transcripciones incorrectas: si las vocales que siguen al foco son u y ú, la interpretación fónica de u es como vocal y no como consonante. No hemos localizado ejemplos con estas combinaciones, pero debemos preverlas porque ésa sería su pronunciación regular.

(iii) También debemos incluir la marca de división silábica en el contexto anterior al foco para poder transcribir aquellos casos en que ésta sea pertinente en la interpretación fónica de u y no pueda ser deducida del contexto ortográfico, por ejemplo, en deshuesar.

(iv) Para la letra u no se ha de tener en cuenta la restricción de los grupos qu y gu comentada para i: en el contexto anterior al foco de las reglas que transcribirán u como consonante no aparecerán q y g sino los signos que ya hemos mencionado.

Las reglas de transcripción {u = w} serán las siguientes:

Regla 21 : u = w (I)
Regla 22 : u = w (II)
Regla 23 : u = w (III)
Regla 24 : u = w (IV)

«Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »

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V, Vigésima tercera *letra del alfabeto español. La «v» no se pronuncia en español con el sonido labiodental que tiene en otros idiomas, sino exactamente con el mismo sonido de la «b». Sin embargo, la distinción de la «v» y la «b» es corriente en comunidades autónomas españolas con lengua propia, por ejemplo en Valencia o Cataluña, cuando se habla español. Su nombre es «uve» o «ve». Este último es el nombre tradicional, pero, como identificaba la pronunciación de esta letra a la de la «be», surgió el nombre «uve», que es el usado corrientemente.
(con mayúsc.) En la numeración romana, representa *cinco.

LING. La historia de la letra v se corresponde con la de la letra u : la u latina deriva de la ípsilon griega, que procede a su vez del fenicio wau. La v se empleó cada vez con más frecuencia en posición inicial en la época gótica, y en 1492 Antonio de Nebrija defendió la necesidad de distinguir en la escritura la vocal u de la consonante v ; la independencia entre ambas letras se consolidó en el español a partir del s. XVI. El español conservó la v labiodental hasta los ss. XVI-XVII, pero en la actualidad ésta se mantiene únicamente en el judeoespañol de Oriente.

reglas de transcripción grafema-fonema

Siempre representa la consonante bilabial oclusiva sonora /b/. La Regla {v = b} realiza su transcripción:

Regla 25 : v = b

«Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »


La historia de la V está indisolublemente unida a la de la letra B.

A efectos de estas grafía, importa considerar que el latín contaba con el fonema consonántico /b/ (oclusivo sonoro bilabial) y con el fonema vocálico /u/; el primero, se grafiaba con B y el segundo con V.

Este fonema vocálico, siempre que precedía a una vocal en la misma sílaba, desarrolló, ya antes del siglo I adC, un alófono asilábico [w] caracterizado como fricativo labiovelar. Tras producirse determinados cambios fónicos del tipo HOIC > HVIC, la anterior situación dejó de ser predecible, por lo que ese alófono se fonologizó y consonantizó en forma de /β/ (fricativo bilabial sonoro; que sería el correlato sonoro del fonema /f/).

Estos cambios provocaron que, en posición intervocálica, este nuevo fonema se confundiese con la evolución de /b/ intervocálico, un alófono también fricativo bilabial sonoro. Consecuentemente, en latín vulgar son frecuentes las alternancias gráficas de B/V en formas como VIVA/VIBA o SIVI/SIBI.

Por lo que respecta a la posición inicial de palabra, y sobre todo si la palabra anterior terminaba en vocal, también se daban confusiones, aunque en menor medida.

En la Edad Media, los fonemas /b/ y /β/ existían de forma perfectamente diferenciada en situación intervocálica y, menos claramente, en inicial. Según algunos estudiosos, como Alarcos Llorach, esa distinción se mantendría hasta el siglo XV, aunque en opinión de otros habría desaparecido antes.

En principio, la ortografía medieval no distingue los resultados de B y V latinas en situación intervocálica, por lo que ambas se suelen escribir como V. En posición postconsonántica, el fonema /β/ se grafía como U hasta el siglo XIV y luego alterna con V: encontramos, así, selva y selua.

En su evolución en determinados territorios, en el periodo que va del siglo VI al X, la V (/β/) se hizo labiodental, /v/, tal y como hoy se pronuncia en francés, italiano y en algunos dialectos catalanes (en las Islas Baleares) y en el valenciano).

Sobre la naturaleza de la pronunciación de la V en castellano medieval hacia esos siglos hay muchas dudas, pues no hay pruebas concluyentes al respecto y además parece claro que hacia el siglo XI esa pronunciación ya era otra vez /β/.

Mientras que para Menéndez Pidal la hipótesis es descartable, para otros autores esta V sería labiodental, como sucede en casi todas las lenguas neolatinas. Dámaso Alonso, por ejemplo, afirma que en el norte peninsular esa pronunciación labiodental no se dio por influjo del vasco y del sustrato en general, pero reconoce que sí se dio en el sur.

Un hecho que podría demostrar que el castellano antiguo tenía un fonema /v/ labiodental es la situación de los dialectos de las lenguas vecinas, catalán y portugués, donde la distinción /v/-/b/ convive con su confusión, igual que en castellano. Tanto en portugués como en catalán hay dialectos que confunden B/V, mientras que los dialectos distinguidores tienen todos /v/ labiodental. Podemos constatar también que esos dialectos que confunden las grafías históricas B y V partían de una distinción previa donde una /b/ bilabial se oponía a una /v/ labiodental. Como el portugués y el catalán ocupan las áreas laterales de la Península Ibérica, podemos pensar que la existencia de la labiodental debía tener una extensión mucho mayor que la actual en territorio peninsular. Otro hecho que apoya la existencia de /v/ en castellano antiguo es la supervivencia de esa articulación en algunos dialectos del judeoespañol (en Bucarest, por ejemplo) que conservan muchos rasgos del español hablado en España en el siglo XV.

¿Por qué se perdió la distinción de las grafías B/V en español? Si suponemos que en español antiguo hubo una oposición del tipo /v/ labiodental opuesta a /b/ bilabial podemos pensar que la confusión se produjo del mismo modo que actualmente ocurre en catalán. De ser cierta esta teoría, el betacismo (articulación de /v/ como /b/) se produce en español por la conjunción de dos hechos fonéticos comunes a algunos dialectos catalanes y portugueses: una /v/ labiodental sin fricción audible, como la W del neerlandés, y una /b/ articulada aproximante o fricativa en contexto intervocálico(como la "b" o "v" actual en "pavo" o "sabor"). Como la distancia auditiva entre unas /v/ y /b/ aproximantes es muy estrecha, cuando confluyen los dos procesos mencionados el fonema /v/ desaparece absorbido por el fonema /b/. Es probable que el castellano antiguo, el portugués septentrional, el gallego y el occitano meridional compartieran ese mismo proceso que condujo a la eliminación temprana de la /v/ labiodental.

Ningún dialecto español moderno conserva la antigua distinción entre las grafías B y V, pero frecuentemente hallamos una articulación labiodental /v/ en hablantes con conocimientos de lenguas extranjeras, concretamente el inglés o el francés. Esta tradición de pronunciar /v/ la grafía V tiene su origen en dos hechos concretos: la mayoría de las gramáticos españoles desde la época clásica describían una /v/ labiodental para la grafía V del español, además la mayoría de las lenguas cultas vecinas tienen /v/ por lo cual la confusión del español es vista por algunos como una pronunciación defectuosa. Este supuesto defecto de confundir B y V tuvo el amparo de la Real Academia Española, la cual aconsejó la pronunciación labiodental hasta su Ortographía de 1754.

Actualmente ninguna autoridad normativa del español recomienda la distinción de B y V y se suele considerar que la articulación labiodental /v/ es incorrecta y afectada. A pesar de esta consideración, lo cierto es que muchos hablantes cultos de español, especialmente en América, producen a veces una /v/ labiodental, un hábito articulatorio que no constituye arcaísmo alguno ni responde a la pronunciación espontánea de ningún sujeto hispanohablante nativo. Como decíamos, esta distinción artificial, meramente ortográfica, de las grafías B y V se debe a la influencia de lenguas como el inglés o el francés donde sí existe una articulación labiodental para la V.

Según los estudios realizados, casi todo el español habría perdido la distinción entre las grafías B y V en torno al siglo XV. La pérdida de esta distinción creó una gran confusión acerca del uso de estas dos grafías de modo que en el Diccionario de Autoridades de 1726 se modificó la ortografía de B o V en función de criterios etimológicos y no del uso que antaño distinguía, a nivel oral y escrito, las grafías de B y V. Siguiendo los nuevos criterios ortográficos la V del imperfecto de indicativo pasa a B, como en latín. Como ejemplos de la nueva ortografía encontramos que "cantava" pasó a "cantaba" y "cavallo" se cambió por "caballo" (comparar con portugués "cantava", "cavalo" y catalán "cantava", "cavall").

W, 1. f. Vigésima cuarta letra del abecedario español, y vigésima tercera del orden latino internacional, usada en voces de procedencia extranjera. En las lenguas en las que existe como fonema, su articulación es ora de u semiconsonante, como en inglés, ora fricativa labiodental y sonora, como en alemán. En español se pronuncia como b en nombres propios de personajes godos, p. ej., en Walia, Witerico, Wamba; en nombres propios o derivados procedentes del alemán, p. ej., en Wagner, Westfalia, wagneriano, y en algunos casos más. En vocablos de procedencia inglesa conserva a veces la pronunciación de u semiconsonante; p. ej., en Washington, washingtoniano. Su nombre es uve doble, ve doble o doble ve.

La forma primitiva de la W fue una VV (V doble) usada en el siglo VII por los primeros amanuenses anglosajones; fue a partir de este dígrafo <uu> que la letra tomó su nombre (doble u o doble v según la pronunciación particular de cada idioma). Este dígrafo no tuvo en principio amplio uso, pues el sonido solía ser representado por la runa wynn Ƿ. Denotaba la semiconsonante germánica W, pues no tenía correspondencia en las lenguas románicas, ya que la W latina había pasado a ser labiodental.

La W ganó popularidad a partir de la conquista normanda de 1066, de tal modo que alrededor 1300 ya había tomado el lugar de wynn en el uso común. Otras formas de la letra fueron un par de V cuyos brazos se cruzaban en el medio. Una forma cursiva obsoleta que se encuentra tanto en el inglés como en el alemán del siglo XI es la forma de una n cuyo brazo derecho se curva hacia arriba como una v cursiva (compárese con ƕ).

El fonema /w/ del latín devino en /v/ en las lenguas romances; por esta razón la V dejó de ser apropiada para representar el sonido /w/ de las lenguas germánicas. En alemán, al igual que sucedió en las lenguas romances, el fonema /w/ terminó siendo /v/ (ésta es la razón por la cual la W alemana representa tal sonido). En holandés, W es una aproximante labiodental (salvo las palabras que contienen el diptongo eeuw, que se pronuncia /eːw/), o cualquier otro diptongo que contenga –uw).

ORTOGR. En palabras totalmente incorporadas al idioma es frecuente que la grafía w haya sido reemplazada por v simple; p. ej., en vagón, vals, vatio.

FON. En alemán, la w tiene el valor de la v en las lenguas románicas. En inglés y neerlandés, tiene el sonido de u semiconsonante. Sin embargo, esta regla presenta, en inglés, numerosas excepciones, y los diptongos en w, sobre todo los situados al final de palabra, tienen sonidos muy variados.

LING. Fue creada a comienzos de la Edad Media para notar la semiconsonante germánica w, que no tenía correspondencia en las lenguas románicas, en las que la w latina había pasado a labiodental. En la época moderna, se ha conservado en los vocablos tomados del alemán y del inglés.
                                   

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X, 1. f. Vigésima quinta letra del abecedario español, y vigésima cuarta del orden latino internacional, que representa un sonido consonántico doble, compuesto de k, o de g sonora, y de s, p. ej., en axioma, exento, que ante consonante suele reducirse a s; p. ej., en extremo, exposición. Antiguamente representó también un sonido consonántico simple, fricativo, palatal y sordo, semejante al de la sh inglesa o al de la ch francesa, que hoy conserva en algunos dialectos, como el bable. Este sonido simple se transformó después en fricativo, velar y sordo, como el de la j actual, con la cual se transcribe hoy, salvo excepciones, como en el uso mexicano de México, Oaxaca. Su nombre es equis.

2. f. Se emplea también para designar a una persona supuesta a la que no se asigna nombre determinado, o de nombre desconocido.

3. f. Mat. Signo con que puede representarse en los cálculos la incógnita, o la primera de las incógnitas, si son dos o más.

4. f. Letra numeral que tiene el valor de diez en la numeración romana(con mayúsc.) rayos X, sala X

¤ (inf.) O para referirse a una cosa cualquiera, aunque no sea una cantidad: ‘Algo hubo entre ellos, llámalo x’.

(con mayúsc.) Se utiliza como abreviatura de «miércoles» en calendarios, horarios, etc., para evitar la confusión con «martes».

(con mayúsc.) Se usa en aposición a «película» para indicar que ésta tiene un alto contenido erótico.

(con mayúsc.) También a «sala» para indicar el local que exhibe este tipo de películas.

• LING. Se desconoce el origen exacto del signo X. El griego representaba el sonido ks con un signo derivado del samek fenicio, reservando el signo X para la gutural sorda kh. En latín, el nombre de la letra (iks) es tardío; la pronunciación ordinaria es ks y algunas veces casi sonora gs. En español, su empleo es muy reducido.

reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »

Representa una agrupación de dos fonemas /k/ + /s/, según se expresa en la Regla {x = ks}.

Regla 26 : x = k + s

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Y, f. Vigésima sexta letra del alfabeto. Se la llama «i griega» o, raramente, «ye». Letra griega correspondiente, ípsilon (U, u). En final de palabra o, en palabras extranjeras, en final de sílaba, suena como «i». En otro caso, es una consonante palatal africada sonora y se articula de manera semejante a la «ch», pero con más amplio contacto entre la lengua y el paladar y la punta de aquélla aplicada naturalmente a los dientes inferiores, aunque esto no es necesario. En algunas regiones españolas, especialmente en Andalucía, zonas de Toledo y en algunas hispanoamericanas, tiene sonido semejante al de la «j» francesa y antigua castellana; esto da lugar en Hispanoamérica a una discriminación de sonidos en palabras que, escritas en español unas veces con «y» y otras con «hie», se pronuncian siempre igual; por ejemplo, mientras «hierba» se pronuncia a la española, «yerba» (la hierba mate), escrita así, con «y», se pronuncia con esta letra al estilo de la «j» francesa.

• FON. En castellano antiguo, la z correspondía a una africada sonora. En el s. XVI se convirtió en interdental fricativa sorda. Para su articulación, la punta de la lengua se sitúa entre los incisivos, sin que se produzca vibración de las cuerdas vocales.

• LING. La dzeta griega corresponde al zai fenicio, que en arameo significa arma; no obstante, la palabra es de origen iranio. La z habría existido antiguamente en latín, pero habría sido suprimida en la época del censor Apio Claudio (312 a.J.C.). Fue reintroducida hacia mediados del s. I a.J.C., para representar la s sonora en los préstamos del griego; se colocó al final del alfabeto.

yeísmo m. Pronunciación de la «ll» como «y».
reglas de transcripción grafema-fonema

Este grafema representa la consonante fricativa palatal sonora // excepto cuando aparece en posición final de palabra, donde es interpretado como la vocal cerrada anterior /i/, no silábica, de los diptongos decrecientes tónicos; por ejemplo, hay, hoy, comboy, buey, Espeluy. En el primer caso no se necesita transcripción por la correspondencia entre los signos de las representaciones ortográfica y fonémica del DEFE.

Siguiendo la norma ortográfica, la regla que transcribiría y como vocal sólo debería especificar en el contexto siguiente al foco la marca de límite de palabra:

Regla 27 : y = i (primera versión)

Sin embargo, hemos constatado casos anómalos en la interpretación fónica regular de ese grafema. Existen los gentilicios fraybentino (de Fray Bentos, Uruguay) y chachapuyno, variante ortográfica de chachapoyano (de Chachapoyas, Perú), en los que y con valor de vocal aparece en posición interior. Además, tenemos ejemplos de extranjerismos (generalmente provenientes del inglés) acabados en y final cuyo plural es ys: cowboys, ferrys, gays, hobbys, rallys8.

Si queremos transcribir correctamente estos casos, debemos cambiar la información contextual de la regla. La letra y se interpretará como consonante // cuando precede a una vocal, de la que será ataque silábico; y se interpretará como vocal /i/ cuando no precede a una vocal, es decir, cuando está situada ante consonante y en posición final.

La Regla {y = i} convertirá y en su valor vocálico. En el contexto siguiente al foco de esta regla no indicamos la posición final de palabra, sino "distinto a vocal"9.

Regla 27 : y = i

Debemos comentar que la Regla {y = i} transcribirá una vocal en el contexto yr, para el que habíamos propuesto una pronunciación hipotética // al describir las reglas de transcripción de r. Preferimos mantener el valor de y como vocal en estos casos, porque un grupo // es más extraño en la lengua española que /i/10.

 

Z, 1. f. Vigésima séptima letra del abecedario español, y vigésima sexta del orden latino internacional, que, en la mayor parte de España, representa un fonema consonántico fricativo, interdental y sordo, distinto del correspondiente a la s; en casi toda Andalucía, así como en Canarias, Hispanoamérica, etc., se articula como una s. Su nombre es zeta o zeda.
Representa un sonido de articulación interdental, fricativo y sordo.

FON. En castellano antiguo, la z correspondía a una africada sonora. En el s. XVI se convirtió en interdental fricativa sorda. Para su articulación, la punta de la lengua se sitúa entre los incisivos, sin que se produzca vibración de las cuerdas vocales.

LING. La dzeta griega corresponde al zai fenicio, que en arameo significa arma; no obstante, la palabra es de origen iranio. La z habría existido antiguamente en latín, pero habría sido suprimida en la época del censor Apio Claudio (312 a.J.C.). Fue reintroducida hacia mediados del s. I a.J.C., para representar la s sonora en los préstamos del griego; se colocó al final del alfabeto.

ceceo.
Acción y efecto de cecear.

Fonét. Pronunciación de la S con una articulación interdental de timbre igual o parecido al de la C o Z actual. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Patol. sigmatismo interdental, a extremidad de la lengua queda demasiado cerca de los incisivos o entre los dientes. [Ajuriaguerra, 1987]

Fenómeno estrechamente ligado a la transformación del sistema de sibilantes medievales del español; es un trueque que se extiende por las zonas de Andalucía siguientes: S. de la prov. de Huelva, la mayor parte de la de Sevilla, toda Cádiz, casi toda Málaga y el O. de Granada además de Las Alpujarras, entrando en la zona oriental de Almería

-- ¦ ceceo gitano. Fenómeno estrechamente ligado a ciertas capas sociales como son los gitanos. [Joäo de Barros]

cecear intr. Pronunciar las eses como ces, como peculiaridad lingüística de ciertas regiones o por defecto de pronunciación.

seseo. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Fonét. Pronunciación de la C o Z como S, ya sea ésta corono-dental o predorso-dental (Andalucía), ya áfrico-alveolar (Cataluña, Valencia, Baleares).

zopas (inf.; con artículo sing.) n. Se aplica a la persona que cecea, por alusión a la manera de pronunciar la palabra «sopas».

Fuente: DiccionariosDigitales.net

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