

LOS
MEJORES DATOS DEL IDIOMA ESPAÑOL RECOPILADOS EN LA RED, AQUÍ
Sigue todos los demás
temas de Recursos Didácticos Gratis al final de esta
página..
A
B
C
D
E
F G
H
I
J
K
L
M
N
Ñ
O
P
Q
R
S
T
U
V
W
X
Y
Z
¿CÓMO HA SURGIDO EL
ALFABETO? - LAS LETRAS - LOS SÍMBOLOS - SIGNOS
Los numerosos
dibujos dejados en las cavernas (lugares de refugio) por el
hombre prehistórico, los petroglifos, indican que desde los
tiempos más remotos, los seres humanos sintieron la
necesidad de expresarse por escrito, aunque en sus
principios haya sido gráficamente, usando la fauna y la
flora que los rodeaba, y haciendo toscos dibujos pintados o
coloreados con elementos que en cada lugar brindaba la
naturaleza. Así nacieron los primeros jeroglíficos. También
en estos rastros se muestra cómo imaginaban a sus dioses.
El hombre del neolítico usó las "pictografías" para
representar ciertas cosas que podía dibujar. En un segundo
pasó, comenzó a combinar dibujos para expresar ideas,
incluso abstracciones: los ideogramas.
La escritura pictográfica de los sumerios, hecha sobre
placas de barro y con estilete, presentaba rasgos en forma
de cuñas, por lo que se denominó cuneiforme.
El hombre pasó por las fases de escritura de la pictografía,
ideografía, y el fonograma, para llegar a crear silabas.
cada signo expresaba una sílaba y combinada con otras
formaba una palabra. Esta escritura silábica de los sumerios,
fue adoptada por los semitas, y prevaleció en Asiria y en
Babilonia.
El pueblo egipcio uso el jeroglífico como tipo de escritura.
Si bien tuvieron una avanzada cultura, reflejada en los
templos, las pirámides y los objetos hallados en las tumbas.
No inventaron un alfabeto de caracteres independientes,
debido en parte a que consideraban sagrada la escritura
jeroglífica.
Egipto tuvo tres tipos de escritura: la jeroglífica, la
hierática (usada por los sacerdotes) y la demótica, usada
para usos más sencillos y cotidianos.
La hierática fue una escritura adoptada por varios pueblos
de las culturas mediterráneas, que le fueron sacando todo lo
que tenía de pictográfica e ideográfica, hasta convertirla
en un sistema de sonidos puros.
Fue el pueblo fenicio el primero en modificar la escritura
jeroglífica, comenzaron a introducir caracteres
independientes, y formaron un alfabeto de 22 signos, que no
poseía vocales, era netamente consonántico y se escribía de
derecha a izquierda. No se conoce bien su origen, pero
existió en el milenio anterior al nacimiento de Jesucristo e
influyó en todas las lenguas ribereñas del Mar Mediterráneo.
Según ciertas leyendas, entre los siglos IX y VIII antes de
Cristo, el hijo del rey Agenor de Fenicia, Cadmo, personaje
entre histórico y legendario dotado de gran inteligencia,
suponen que fue quien introdujo el alfabeto en Grecia, con
el objeto de difundir la cultura y el progreso.
En el alfabeto fenicio, cada signo representa un sonido.
Del alfabeto fenicio han derivado seis ramas diferentes:
Escritura hebreo-samaritana
Escritura aramea primitiva (Del cual derivan otros que
dieron origen al árabe, el armenio, el georgiano
Rama central, de la cual se desprende el griego, el latín y
el etrusco. El ruso derivó del griego. (Alrededor del año
500 a.C. el griego se comenzó a escribir de izquierda a
derecha).
Ibérico, Turdestano y Bástulo-Fenicio.
Rama septentrional: alfabetos rúnicos.
Rama Hindohomerita: derivaron el sánscrito, el magadhi y el
devanagari.
Aunque otras teorías, citan el alfabeto original nombrándolo
como semítico septentrional, y del que han derivado cuatro
ramas: la escritura semítica meridional, la cananea, la
aramea y la griega, alrededor del año 1000 antes de Cristo.
LA
ESCRITURA CUNEIFORME
La escritura cuneiforme es la forma más temprana conocida de
expresión escrita de la que se han encontrado restos
arqueológicos. Creada por los sumerios a finales del cuarto
milenio AC. Esta escritura surgió como un sistema de
pictogramas. Con el tiempo, las representaciones pictóricas
se simplificaron y se hicieron más abstractas, dando lugar a
lo que se conoce como escritura cuneiforme.
El alfabeto sumerio fue adaptado para la escritura de las
lenguas acadia, elamita, hitita y luvita e inspiró a los
alfabetos del antiguo
Los primeros pictogramas fueron grabados sobre tablillas de
arcilla en columnas verticales, con un punzón o estilo
afilado, fabricado a partir de un cáñamo. Después dos
desarrollos hicieron el proceso más rápido y fácil: la gente
comenzó a escribir de izquierda a derecha en filas
horizontales (rotando en sentido levógiro 90º a todos los
pictogramas en el proceso) y un nuevo estilo de punta de
cuña que fue usado introduciéndolo en la arcilla, dando
lugar a caracteres en forma de cuña (cuneiformes). Mediante
el ajuste de la posición relativa de la tabla frente al
estilo, el escriba podía usar una única herramienta para una
amplia variedad de signos.
Estas tablas podían ser cocidas en kilns para dar lugar a un
registro permanente, o podían ser recicladas si no era
necesario que perduraran. Muchas de las tablas encontradas
por los arqueólogos se conservan porque fueron cocidas
accidentalmente en el momento en que ejércitos atacantes
prendían fuego al edificio en el que se guardaban.
Creado por los sumerios para registrar la lengua sumeria, la
escritura cuneiforme fue posteriormente adoptada por los
acadios, babilonios, elamitas, hititas y asirios para
escribir sus propias lenguas. Fue ampliamente usado en
Mesopotamia durante 3000 años, pese a que la naturaleza
silábica del alfabeto, al ser refinado por los sumerios,
resultaba poco intuitiva a los hablantes de lenguas
semíticas. Este hecho, antes de que la civilización Sumeria
fuera redescubierta, llevo a muchos filólogos a sospechar de
una civilización que precediera a Babilonia.
La mayoría de las adaptaciones posteriores de la escritura
cuneiforme preservaron al menos ciertos aspectos del
alfabeto sumerio. El acadio escrito incluía tanto símbolos
fonéticos del silabario sumerio, como logogramas que eran
leídos como palabras completas. Muchos signos en el alfabeto
eran polivalentes, teniendo un significado a la vez fonético
y logográfico. Cuando el alfabeto cuneiforme se adaptó para
escribir la lengua hitita, una nueva capa de pronunciaciones
logográficas acadias fue añadida al alfabeto, con el
resultado de que ya no se conoce la pronunciación de muchas
palabras hititas convencionalmente escritas con logogramas.
La complejidad del sistema tiene cierta semejanza con el
japonés clásico, escrito con un sistema derivado del chino;
algunos de estos sinogramas fueron usados como logogramas,
otros como caracteres fonéticos. El japonés contemporáneo
distingue gráficamente los logogramas (kanji) de los
caracteres silábicos (kana) pero aparte de eso es un sistema
similar.
Esta complejidad dio lugar a varias versiones simplificadas
del sistema de escritura. El persa antiguo era escrito en un
subconjunto de caracteres cuneiformes simplificados, que
formaban un simple alfabeto semi-silábico, utilizando
bastantes menos trazos en forma de cuña que los que usaba el
asirio, junto con unos cuantos logogramas para palabras que
aparecían con frecuencia como "dios" o "rey". La lengua
ugarítica se escribía usando el alfabeto ugarítico, un
alfabeto estándar de estilo semítico (un abjad) que se
escribía utilizando el método cuneiforme.
El uso del arameo llegó a ser de gran difusión durante el
imperio asirio, reemplazando gradualmente al cuneiforme. La
última inscripción cuneiforme conocida, un texto astronómico,
data del año 75 adC.
El conocimiento de la escritura cuneiforme estaba perdido
hasta que en 1835 Henry Rawlinson, un oficial de la armada
británica, la encontró en la Inscripción de Behistún, en un
acantilado en Behistún en Persia. Talladas durante el
reinado del rey Darío I de Persia (522 adC - 486 adC,
consistían en textos idénticos en los tres lenguajes
oficiales del imperio: el persa antiguo, babilonio, y
elamita. La inscripción de Bisitún fue al descrifrado de la
escritura cuneiforme lo que la piedra de Rosetta fue para el
descifrado de los jeroglíficos egipcios.
Rawlinson dedujo correctamente que el persa antiguo era un
alfabeto silábico, y lo descifró correctamente. Trabajando
de forma independiente, el asiriólogo irlandés Edward Hincks
también contribuyo al descifrado. Después de traducir el
persa, Rawlinson y Hincks comenzaron a traducir los otros.
En gran medida fueron ayudados por el descubrimiento de la
ciudad de Nínive por parte de Paul Émille Botta en 1842.
Entre los tesoros descubiertos por Botta estaban los restos
de la gran biblioteca de Asurbanipal, un archivo real
conteniendo varios miles de tablas de arcilla cocidas con
inscripciones cuneiformes sobre ellas.
Por 1851 Hincks y Rawlinson podían leer ya 200 signos
babilonios. Pronto se les unieron otros dos criptólogos, un
joven estudiante de origen alemán, llamado Julius Oppert, y
el versátil orientalista británico William Henry Fox Talbot.
En 1857 los cuatro hombres se conocieron en Londres y
tomaron parte en el famoso experimento para comprobar la
precisión de sus investigaciones.
Edwin Norris, el secretario de la Real Sociedad Asiática,
les dio a cada uno de ellos una copia de una inscripción
recientemente descubierta del reino del emperador asirio
Tiglath-Pileser I. Un jurado de expertos fue convocado para
examinar las traducciones resultantes y certificar su
exactitud.
En todos los puntos esenciales, se vio que las traducciones
resultantes de los cuatro expertos coincidían. Hubo por
supuesto algunas pequeñas discrepancias. El inexperto Talbot
había cometido unos cuantos errores, y la traducción de
Oppert contenía unos cuantos pasajes dudosos debido a que el
inglés no era su lengua materna. Pero las versiones de
Hincks y Rawlinson era virtualmente idénticas. El jurado
declaró que estaba satisfecho, y el descifrado de la
escritura cuneiforme acadia paso a ser un fait accompli.
La escritura cuneiforme tiene un formato específico de
transliteración. Debido a la polivalencia del sistema de
escritura, la transliteración no es únicamente sin pérdida,
sino que además puede contener más información que el
documento original.Por ejemplo, el signo DINGIR en un texto
hitita puede representar tanto la sílaba hitita an, o puede
ser parte de una frase acadia, representando la sílaba il, o
puede ser un sumerograma, representando el significado
sumerio original, dios.
LOS
JEROGLÍFICOS EGIPCIOS
Se estima que la escritura jeroglífica se comenzó a utilizar
hacia 3300 adC, aproximadamente en la misma época en la que
surgió la escritura cuneiforme en Mesopotamia. Fue empleada
durante más de 3600 años, pues la última inscripción
conocida se graba el día 24 de agosto de 394 y se encuentra
en el templo de File.
Desde la época del Imperio Antiguo los jeroglíficos egipcios
fueron un sistema de escritura en el que se mezclaban
ideogramas, signos consonánticos (simples, dobles e incluso
triples) y determinantes (signos mudos que indicaban a qué
familia conceptual pertenece una palabra). A partir de la
dinastía XVIII, los escribas comenzaron a utilizar cierto
número de signos consonánticos dobles silábicos (sȝ, bȝ, kȝ
etc.) para transcribir los nombres semíticos o de dicho
origen, pero este tipo de escritura quedó exclusivamente
restringida a tal ámbito.
Los símbolos eran también figurativos: representaban algo
tangible, a menudo fácil de reconocer, incluso para alguien
que no conociese el significado del mismo. Y es que, para
diseñar la escritura jeroglífica los egipcios se inspiraron
en su entorno: objetos de la vida cotidiana, animales,
plantas, partes del cuerpo, etc. Durante el Antiguo, Medio y
Nuevo Imperio se calcula que existían alrededor de 700
símbolos jeroglíficos, mientras que en la época greco-latina,
su número aumentó a más de 6.000.
Los jeroglíficos se grababan en piedra o bien, en el caso de
la escritura hierática y demótica, con cálamo y tinta sobre
papiros, madera, o soportes menos perdurables.
El uso de los jeroglíficos grabados se limitaba a los
dominios en los que la estética o el valor mágico de las
palabras adquirían relevancia: fórmulas de ofrendas, frescos
funerarios, textos religiosos, inscripciones oficiales, etc.
La escritura hierática, era de grafía más sencilla,
reservada a documentos administrativos o privados y
generalmente utilizada sobre papiro, ostracon (fragmentos
cerámicos), e incluso tablillas de madera. Los egiptólogos
las distinguen de los llamados jeroglíficos lineales, que se
pintaban sobre los sarcófagos de madera y en los textos del
"Libro de los Muertos". Los jeroglíficos lineales conservan
el aspecto figurativo de los jeroglíficos grabados, pero los
trazos son mucho menos precisos que estos últimos.
A partir de la época saíta (dinastía XXVI), la escritura
hierática fue parcialmente suplantada por una nueva
escritura básica: la demótica. Se trataba de una
simplificación extrema de la hierática reservada a las actas
administrativas y a los documentos de la vida cotidiana, de
ahí su nombre de escritura "popular". La escritura hierática
será utilizada preferentemente para transcribir textos
religiosos o sacerdotales, conjuntamente con la escritura
jeroglífica, de ahí su nombre de escritura "sacerdotal". En
la época ptolemaica, el griego se irá imponiendo
progresivamente como lengua administrativa: del año 146 adC
en adelante, los contratos escritos exclusivamente en
demótico pierden todo el valor legal.
El copto es el último estado de la lengua y escritura
egipcias. Aún se emplea en nuestros días, pero sólo como
lengua litúrgica. Se escribe utilizando el alfabeto griego
junto con siete caracteres demóticos para transcribir
fonemas no existentes en griego. A parte de esto, la
escritura egipcia no ha sido empleada nunca más para
transcribir ninguna lengua moderna.
Por otra parte, es preciso señalar que, según ciertos
investigadores, la escritura jeroglífica sería, junto con la
influencia del proto-sinaítico, el origen del alfabeto
fenicio, el cual a su vez derivaría en el alfabeto hebreo,
arameo y griego, de los cuales provienen los alfabetos
latino y cirílico.
ESCRITURA
DEMÓTICA
El término demótico se refiere tanto a la caligrafía que
siguió al hierático en el Antiguo Egipto como a la última
etapa del idioma egipcio, que se solía escribir con el
alfabeto demótico.
Tras su introducción, el hierático se siguió utilizando por
motivos religiosos, mientras que el demótico se usó con
fines económicos y literarios. En contraste con el hierático,
que solía escribirse en papiros u ostraca, el demótico a
menudo se grababa en piedra y madera.
Se comenzó a usar alrededor del 660 adC y se convirtió en la
escritura dominante del Antiguo Egipto cerca del 600 adC. A
inicios del siglo IV fue siendo reemplazado por el idioma
griego en los textos oficiales; el último uso que se conoce
es en el año 452 de nuestra Era, sobre los muros del templo
dedicado a Isis, en File.
En el Antiguo Egipto se desarrollaron tres tipos básicos de
escritura:
La escritura jeroglífica egipcia fue utilizada desde c. 3200
adC en tablillas epónimas, objetos rituales y monumentos.
Fue la más antigua y compleja. Jeroglífico proviene del
griego "ta hieroglyphica" que significa "letras grabadas en
piedra".
La escritura hierática egipcia surgió como grafía abreviada
de la jeroglífica. Proviene del griego "hieratika", que
significa sacerdotal.
La escritura demótica es una forma abreviada de la escritura
hierática. El término demótico proviene del griego "demotika",
"popular", referente a los asuntos cotidianos.
Demótico antiguo
El demótico antiguo se concibió en el Bajo Egipto durante la
última época de la dinastía XXV, figurando en las estelas
del Serapeum de Saqqara. Está generalmente datado entre 650
y 400 adC mientras que la mayoría de los textos escritos en
demótico antiguo se fechan en la dinastía XXVI y el periodo
de dominación persa, la dinastía XXVII. Después de la
reunificación de Egipto bajo Psamético I, el demótico
substituyó al hierático en el Alto Egipto, particularmente
durante el reinado de Amasis cuando se convirtió en la
escritura oficial administrativa y legal. Durante este
periodo, el demótico fue utilizado solamente en los textos
administrativos, legales, y comerciales, mientras que el
jeroglífico e hierático fueron reservados para textos
ceremoniales.
Demótico medio (ptolemaico)
El demótico medio (c. 400 a 30 adC) es la etapa de la
escritura usada durante el período ptolemaico. A partir del
cuarto siglo adC, la utilización del demótico crece, como se
puede ver por el incremento del uso en textos literarios y
religiosos. Hacia el final de tercer siglo adC, el Griego
era ya más importante, pues era la lengua administrativa del
país; Los contratos en demótico perdieron la mayor parte de
su fuerza legal a menos que hubiera una anotación en griego
colocada por las autoridades.
Demótico tardío (romano)
Al principio de la época romana de Egipto, el demótico fue
progresivamente menos utilizado en la vida pública. Hay, sin
embargo, un número de textos literarios escritos en demótico
tardío (de 30 adC a 452), especialmente en los siglos
primero y segundo, aunque la cantidad de textos en demótico
disminuyó rápidamente hacia el final del siglo segundo.
Después el demótico solamente fue utilizado en algunos
ostraca, anotaciones en textos griegos, etiquetas de momias,
y pintadas. El último ejemplo de escritura demótica se fecha
el día 11 de diciembre del año 452, y consiste en una
pintada en los muros del templo del Isis, en File.
La lengua demótica
La lengua demótica es una variedad de la lengua egipcia, la
última cronológicamente, y comparte mucho con la lengua
Copta posterior. En las fases anteriores del demótico, tal
como los textos escritos en la antigua escritura demótica,
representó probablemente el idioma hablado de la época. Pero,
como fue utilizada cada vez más solamente con propósitos
literarios y religiosos, la lengua escrita divergió cada vez
más de la forma hablada, dando a los últimos textos
demóticos un carácter artificial, similar al uso del egipcio
medio clásico durante el período Ptolemaico.
IDEOGRAMAS
En la prehistoria, el medio más accesible que tuvieron los
hombres para comunicarse las noticias, o dejar rastros de
hechos, fue el dibujo.
Por ejemplo, en Cogul, Lérida, España, fue hallada una
pintura sobre la roca representando un ciervo y un hombre,
con el significado de dejar aviso que salía de cacería.
ESCRITURA DE OTRAS CIVILIZACIONES
La escritura China primitiva era de tipo jeroglífico.
Posteriormente, las disposiciones establecieron enseñar en
las escuelas, la escritura alfabética.
Los mayas usaron pictogramas.
ALFABETOS
ARTIFICIALES
Se denominaron así, ciertos alfabetos que en lugar de
basarse y evolucionar de otros más antiguos, fueron
inventados para pueblos que no poseían lengua escrita.
Así se dan ejemplos como el armenio, alfabeto inventado por
San Mesrob en el año 405, todavía está vigente.
Otro ejemplo es el silabario del cherokee inventado en 1820
por el jefe indio Secuoya.
ALFABETO CIRÍLICO
El alfabeto cirílico fue inventado en el siglo X por un
misionero del Imperio Bizantino en Bulgaria, posiblemente
San Clemente de Ohrid. Este alfabeto está basado en el
alfabeto glagolítico, inventado por los santos Cirilo y
Metodio, misioneros del Imperio Bizantino para traducir la
Biblia a los pueblos eslavos en el siglo IX. El idioma de
esta Biblia es el eslavo eclesiástico antiguo, basado en un
dialecto eslavo que aprendieron en Tesalónica. Este idioma
se usó por la Iglesia ortodoxa rusa entre los siglos IX y
XII. En el siglo XIV surge el eslavo eclesiástico, usado hoy
en día en el culto. El alfabeto actual data de 1708 y sufrió
una reforma en 1918, cuando se le eliminaron cuatro letras.
Entre las lenguas que usan este alfabeto se cuentan abjaso,
azerí, bielorruso, búlgaro, kazako, komi, macedonio, moldavo,
mongol, ruso, serbio, tártaro, tayik, turcomano, ucranio,
uzbeko, yakuto y otras varias. Algunas de estas lenguas se
escriben también en alfabeto latino.
El alfabeto cirílico fue inventado en el siglo X por un
misionero del Imperio Bizantino en Bulgaria, posiblemente
San Clemente de Ohrid. Este alfabeto está basado en el
alfabeto glagolítico, inventado por los santos Cirilo y
Metodio, misioneros del Imperio Bizantino para traducir la
Biblia a los pueblos eslavos en el siglo IX. El idioma de
esta Biblia es el eslavo eclesiástico antiguo, basado en un
dialecto eslavo que aprendieron en Tesalónica. Este idioma
se usó por la Iglesia ortodoxa rusa entre los siglos IX y
XII. En el siglo XIV surge el eslavo eclesiástico, usado hoy
en día en el culto. El alfabeto actual data de 1708 y sufrió
una reforma en 1918, cuando se le eliminaron cuatro letras.
Entre las lenguas que usan este alfabeto se cuentan abjaso,
azerí, bielorruso, búlgaro, kazako, komi, macedonio, moldavo,
mongol, ruso, serbio, tártaro, tayik, turcomano, ucranio,
uzbeko, yakuto y otras varias. Algunas de estas lenguas se
escriben también en alfabeto latino.
ALFABETO ETRUSCO
El alfabeto etrusco fue un sistema alfabético desarrollado
en la península itálica (El norte) a finales del octavo
siglo antes de Cristo. Pudo ser una evolución del griego, ya
que pertenecen al mismo sistema y los caracteres son muy
similares a los coptos y griegos. Consta de 26 caracteres
básicos y otros 22 expandidos para la transcripción.
A la larga desaparecieron letras de su evolución del griego
como Ϝ,Ω o Ϡ, aparición de nuevas como sería el caso de 𐌎,o
cambios de orden como el caso de la invención de 𐌂, la que
será la C latina, que se cambió por la antigua Γ griega,que
no era necesaria por una Z, pero que en un futuro será la G
inventada por los romanos.
ALFABETO LATINO
El Latín se expandió en Europa con la expansión del Imperio
Romano. Con la evolución de este latín, asentado sobre las
lenguas existentes en cada región, en provincias del imperio
que fueron perdiendo su contacto con el centro político:
Roma, a partir de la caída del Imperio además de las
distancias geográficas, dio lugar a otras lenguas, modernas,
las lenguas romances, como son el francés, el castellano, el
provenzal, el catalán, el sardo, el portugués, el italiano,
el rumano.
LA ESCRITURA
ROMANA
Los romanos usaron distintos tipos de escrituras: lapidaria
(De molde).
Capital cuadrada (Se usaba en los escritos de monumentos).
Capital rústica. Uncial elegante (Medía una pulgada de
altura). (Se usaba en los títulos ornamentales escritos con
pluma).
Uncial cursiva.
A partir del Siglo IV se comenzó a usar en la Corte
Pontificia una escritura a la que llamaron Escritura de las
cartas pontificales.
En el Siglo VIII se empleó la "escritura libresca italiana"
en los manuscritos de la época.
LA EVOLUCIÓN POSTERIOR DE LA ESCRITURA
Alrededor del Siglo XV se comenzó a emplear la escritura
gótica, con excesivos adornos y recargada, que se continuó
usando para resaltar algunos títulos. Se la enseñaba en las
escuelas hasta promediar el Siglo XX.
Durante el Siglo XVI, y hasta el XVIII, se empleó la
escritura de caracteres cancillerescos romanos, cuyo invento
en 1545, se atribuye a Juan Bautista Palatino, de Rossano.
En esta escritura, por primera vez aparecen los caracteres
unidos unos a otros formando las palabras.
A fines del Siglo XVIII aparece:
En Francia la Escritura Redonda, que se utilizó en numerosos
documentos, direcciones, cartas.
La Escritura Inglesa cursiva, usada hasta nuestros días.
TAQUIGRAFÍA O ESTENOGRAFÍA
Este nombre recibieron los sistemas de escritura rápidos y
concisos.
En la antigüedad ya el historiador griego Jenofonte había
inventado una escritura para realizar la vida de Sócrates.
Ya en la edad Moderna,en el año 1558, el clérigo inglés
Timothy Bright patentó un sistema de taquigrafía. A éste le
siguieron varios más.
En 1837, el pedagogo inglés, sir Isaac Ptimana, a los 24
años publicó un sistema taquigráfico completamente fonético.
Los caracteres Pitman son geométricos, con líneas y curvas.
Representa las vocales por medio de puntos y rayas que se
colocan delante y detrás de los signos consonánticos. Se
debe escribir en un papel rayado; la colocación de un signo
encima o debajo del renglón indica si se han omitido las
vocales. Curvas, arcos y círculos representan los prefijos y
sufijos más frecuentes. éste sistema se usó en América
latina. Hubo otros posteriores, en especial el más usado en
Europa, inventado por el alemán Franz Xaver Gabelsberg
(1789-1849).
En el Siglo XIX se inventaron varias máquinas que permitían
escribir a la velocidad del habla. Llegaron a lograr
reproducir más de 200 palabras por minuto. Su utilización
era esencial en sesiones parlamentarias, juicios, actos de
Tribunales, etc.
LA
ESCRITURA DE LOS NÚMEROS
Desde la antigüedad se utilizaron palabras para designar
números, pero ante la imposibilidad o infinitud de dar una
palabra diferente a cada número, llevó a inventar otro
sistema. En Egipto se usaron rayitas que luego se agrupaban
de dos en dos.
Los griegos usaron sus letras del alfabeto seguidas de un
apóstrofe. Los romanos también se valieron de letras. Usaron
la I para el 1, la V para el 5, la X para el diez, la L para
el 50, la C para el 100, la D para el 500 y la M para el
1000.
Luego se agrupaban mediante un sistema, para indicar las
distintas cifras. Hoy en día se usan los números romanos en
relojes, siglos y otras notaciones.
Se enseña en las escuelas como un sistema de numeración. Los
números que usamos actualmente se denominan arábigos, aunque
se cree que fueron los hindúes sus inventores.
Fueron difundidos en Europa por Leonardo Fibonacci, quien
escribió en 1202 el primer libro de aritmética en que se
utilizaron los números arábigos: "Liber Abaci".
Material desarrollado, compilado y revisado por la educadora
Nidia Cobiella
LA PALABRA ALFABETO
es de origen griego formada a partir
del nombre de las dos primeras letras de su abecedario (el griego) alpha y
beta. El alfabeto es una serie de signos escritos que
cada uno representa un sonido o más de uno que se combinan para formar
todas las palabras posibles de una lengua dada.
El
alfabeto trata de representar cada sonido por medio de un solo signo, lo
que se consigue pocas veces, excepción hecha del coreano (que es el más
perfecto) y, en menor grado, de los silabarios japoneses. Los alfabetos
son algo distinto a los silabarios, pictogramas e ideogramas.
En
un silabario un solo signo representa una sílaba (secuencia de fonemas,
entre dos y cuatro, que se emiten sin pausa).Por ejemplo, el japonés
posee dos silabarios completos — el hiragana y el katakana
— inventados para complementar los caracteres que poseían de origen
chino. Un sistema pictográfico representa por medio de dibujos los
objetos que así lo permiten, por ejemplo, el dibujo de un sol significa
la palabra sol. Un sistema ideográfico emplea la combinación de
varios pictogramas para representar lo que no se puede dibujar, como las
ideas y los verbos de significación abstracta. Así si se combinan los
pictogramas chinos sol y árbol representan la palabra del
punto cardinal Este. Casi todos los alfabetos poseen entre veinte
y treinta signos, aunque el rokotas, de las islas Salomón, sólo contiene
once letras, mientras que el khmer cuenta nada menos que con setenta y
cuatro letras.
Los primeros sistemas de escritura son de carácter pictográfico,
ideográfico o una combinación de los dos; entre éstos están la escritura
cuneiforme de los babilonios y los asirios, la escritura jeroglífica de
los egipcios, los símbolos de la escritura china, japonesa y los
pictogramas de los mayas. Lo que distingue a estos sistemas de un
silabario o de un alfabeto es que el signo deja de representar un objeto
o una idea y pasa a representar un sonido.
Normalmente, el sonido es el sonido inicial de la palabra hablada
indicada por el pictograma original. Así en el semítico temprano, un
pictograma que representaba una casa, pasó a ser la escritura de
la b, primera letra de la palabra beth que en este idioma
es como se decía casa. El símbolo primero significó casa,
luego la idea del sonido b y más tarde es la letra b, tal
y como ha llegado al alfabeto español.
MODIFICACIONES DE
LOS ALFABETOS
Cualquier alfabeto sufre modificaciones a lo largo de los tiempos por el
empleo que de él hacen sus usuarios. Ello es especialmente claro
respecto al número de caracteres y de las marcas diacríticas que
necesita, como los acentos, tildes o puntos y que combina con los ya
existentes para expresar las modificaciones de los sonidos a través de
los tiempos. Por ejemplo la letra c en francés, portugués y turco
se combina con una marca diacrítica que se llama cedilla ç para
representar una s predorsal sorda ante a, o, en
portugués y francés. También existió en español pero hoy ha desaparecido
la letra porque no existe el sonido; en tanto que en turco la ç
tiene un sonido próximo a la ch del español, combinación que se
emplea en español a partir del siglo XV para el sonido /ch/ alveolar
africado sordo. La letra ñ es una combinación surgida de la
escritura cursiva en la edad media como abreviatura de dos nn
seguidas, que representaban el sonido que hoy tiene esa letra. Otras
lenguas mantienen para ese mismo sonido otras escrituras diferentes,
como ny para el catalán y provenzal, nh para el gallego y
el portugués, gn para el francés, italiano e inglés, por citar
algunos casos próximos al español. No siempre la misma letra representa
el mismo sonido, pues aunque los alfabetos tengan el mismo origen (el
romano en el caso de los ejemplos que acaban de citarse), las lenguas
han evolucionado en su uso oral más rápidamente que en la escritura
puesto que ésta es más conservadora.
Las divergencias profundas entre la lengua escrita y la oral han
impulsado en muchos casos la reforma de la escritura.
ORÍGENES DE LAS LETRAS DEL ALFABETO Y SUS SIGNIFICADOS
El
siguiente resumen explica brevemente el origen de cada una de las letra
de nuestro actual alfabeto. En la lista de letras puedes dar un clic
sobre la que te interesa:
A,
1. f. Primera letra del abecedario español y del orden
latino internacional, que representa un fonema vocálico
abierto y central.
2. f. Fil. Signo de la proposición universal afirmativa.
Pronúnciase con los labios más abiertos que en las demás
vocales y con la lengua extendida en el hueco de la
mandíbula inferior y un poco elevada por la mitad del dorso
hacia el centro del paladar. Su sonido tiene de ordinario un
timbre medio, ni palatal ni velar.
ORIGEN - En el alfabeto proto-sinaítico la palabra alef
significa ‘buey’, y los símbolos en que deriva en otros
alfabetos se caracterizan por la constante presencia en el
símbolo de los cuernos del animal: , tanto en posición
derecha como tumbada o invertida. Esto ocurre tanto en el
hebreo, ? (álef), como en el griego, a/A (alfa), y
posteriormente en el latino, a/A (obsérvese que la minúscula
no es más que una forma cursiva de escribir la mayúscula).
Del significado abstracto inicial, “fuerza”, derivan los de
“ser humano, inicio, posibilidad”.
FON. Presenta ciertas variedades en español. La media es la
a normal. Seguida de ch, ll, ñ o y, o formando el diptongo
ai, adquiere un timbre palatal, pero apenas se diferencia de
la anterior. Ante j o g, l o las vocales o y u, adquiere un
timbre velar. También hay una nasal, perceptible sobre todo
entre dos consonantes nasales y muy apreciable en dialectos
como el chileno o el andaluz. Por último, una relajada, en
posición final o entre sílabas acentuadas.
LING. La letra A procede del alfabeto romano, que la tomó de
los alfabetos griegos occidentales. Las formas más antiguas
de esta letra, quizá tomadas del egipcio hierático, se
remontan a los ss. XIII-XI a.J.C. y corresponden más o menos
a una cabeza de buey con sus cuernos (su nombre fenicio alf
-hebreo alef- significa precisamente buey). Con el tiempo,
se han regularizado las formas primitivas latinas. Otra
forma de la letra, procedente de cursivas, fue adoptada
durante el s. I a.J.C.: es el prototipo de la minúscula
carolina que los humanistas introdujeron en la escritura de
los libros y que los impresores italianos y parisienses
utilizaron desde 1470.
-- *La a primitiva subsiste ordinariamente en castellano,
aun en aquellos casos en que ha degenerado, por perifonía en
e, en los textos del antiguo alemán; v. gr.: albergue (harjis),
escanciar (skenkan)
-- *Fonéticamente posee gran variedad de matices, pues, por
influencia de los sonidos vecinos adquiere a veces un timbre
palatal o velar; en posición inacentuada tiende a relajarse
ligeramente
-- *Es el nombre de la primera letra de los alfabetos latino
y español y del fonema vocálico central que dicha letra
representa. Esta vocal se pronuncia con mayor abertura
maxilar y labial y sin la elevación de lengua con que se
pronuncian las demás vocales. Su timbre es intermedio en la
serie vocálica. Por influencia de los sonidos vecinos
adquiere a veces un timbre más o menos palatal o velar; en
posición inacentuada tiende a relajarse ligeramente.
-- *Vocal fundamental de la lengua protoaria, anterior a la
distinción entre las familias aria y semítica. Por su forma,
deriva del fenicio que, a su vez, la tomó de los
jeroglíficos egipcios, probablemente de la escritura
hierática. El caracter de aspirada que tenía entre los
fenicios, pasó igualmente a los hebreos y árabes; en
sánscrito y persa, las aes breve y larga predominan en grado
extraordinario. Figura a la cabeza de los alfabetos a
excepción del etíope o abisinio, en el que ocupa el
decimoter¬cer lugar. En armenio es la inicial de una séptima
parte de las palabras. La duodécima parte de las palabras
derivadas del latín empiezan por esta vocal y es una de las
finales más comunes en las lenguas del sur de Europa, así
como en las lenguas rusa y eslava.
-- *Desde una perspectiva de la lengua se realiza como
central (vocalismo central, punto de articulación central),
sonoro (oral), y el timbre o modo de articulación bajo
(abierto o grave). Dis¬tancia entre la lengua y el paladar:
máxima. A diferencia de las demás vocales, no requiere la
menor contrac¬ción de los órganos bucales; en ninguna otra
vocal se abren tanto los labios; su sonido ofrece sus
gradaciones, variando según su duración, acento silábico,
articulaciones y entonación de la frase.
-- *En castellano se halla a menudo antepuesta:
1. Por eufonía delante de y; v. gr.: aya, ayer, ayunar.
2. Delante de muchos substantivos, donde recuerda el
artículo árabe; v. gr.: abedul, alerce, arruga, avispa,
azufre.
3. En muchos verbos, donde no tiene el sentido de la
partícula ad; v. gr.: aconsejar, amenazar, arrepentirse,
atajar.
-- *En alemán, la a germánica antigua es a un tiempo de la
equivalente de la a y o griegas y latinas. Se pronuncia
aproximadamente como en español, pero conviene distinguir
entre la a larga de la a breve; v. gr.: Aa, aa, ah, se
pronuncian siempre como una a larga. La Ä, ä, tanto si es
larga como breve tiene el sonido de la e abierta (ae). La
gótica ê, que corresponde al antigüo alto alemán â, no ha
penetrado en el castellano.
-- *En catalán, la a ofrece varios matices de fonética: la
tónica se pronuncia como en las demás lenguas neolatinas; la
pretónica algo apagada, mucho más si dista dos o más lugares
del acento tónico; esta atenuación de sonido se hace mas
sensible cuando es postónica, sobre todo si es final de
palabra y en este caso adquiere el sonido de la e semimuda
francesa, marcadamente en la provincia de Lleida y en
Valencia.
-- *En esperanto, cada sonido tiene una sóla representación
escrita y cada letra posee un sonido distinto e invariable;
su pronunciación es rigurosamente fonética. La a que termina
una palabra no forma nunca sinalefa con la vocal con que
empiece la palabra siguiente; añadida a una raíz cualquiera
forma su adjetivo (patro, padre; patra, paternal); ant y at
constituyen respectiva¬mente las terminaciones de los tres
participios activos y pasivos.
-- *En francés, se deriva, la más de las veces, de la a
latina tónica seguida de consonante, debiendo distinguirse
entre breve (transc. a, pa; ejem.: nouveau) y larga (transc.
aa, paa; ejem.: donner), y de esta última entre abierta y
cerrada. La *a. abierta se transcribe a, à y ä. Sin acento
se pronuncia como en castella¬no y con acento se alarga el
sonido.
-- *En griego: alfa. De trazo y nombre genuinamente
fenicios, presenta modalidades según los diversos alfabetos
regionales, eolo-dórico, de las islas, ático o jónico. Su
parentesco con la a etrusca y romana primitiva es evidente
por razón de la comu¬nidad de origen de sus respectivos
alfabetos, cuya semejanza se revela en el número, forma y
valor fonético de las letras. La forma primitiva, así griega
como romana, era la mayúscula, con pocas líneas curvas; era
la letra monumental o capital. Después aparecía la uncial,
redondeada y cómoda, y la cursiva que va atada a las demás.
Más tarde se empleó la rústica, caracterizada por sus rasgos
verticales muy delgados en contraposición al travesaño. De
los griegos provino su valor de vocal primera, que
conservaron también los judíos para su álef. La a griega
equivalente, por regla general, de la a latina, se convierte
en determinados casos, en e (epsilón) u o (omicrón) por ley
de atenuación fónica del vocablo. La a larga se observa
claramente en los dialéctos eólico y dórico; el grupo jónico
la confunde con la e (heta), cosa que ocurre asimismo en el
dialecto ático, si bien de una manera no tan absoluta.
-- *En hebreo: álef o aleph, símbolo de buey, de donde
deriva, al parecer porque el signo ideográfico original,
toscamente representativo de la cabeza de dicho rumiante.
Una de las tres letras madres, perteneciente al grupo de las
letras débiles. Tiene esta letra en la lengua hebrea, la
significación ideográfica de prioridad, creación, jefatura;
unida a cualquier otra palabra le comunica esta idea. En la
pronunciación española la alef es muda y por eso se omite en
la transliteración. Es gutural y no puede ser redoblada.
Cuando está acentuada por un ségol, o de un sheva ségol,
alef se pronuncia como *é.. Al puntualizarse mediante un
tsére, se pronuncia como ê, como indica en la partícula êth,
que expresa el acusativo. Si está subrayada por medio de un
pataj, y también por un qamés, o por un sheva pataj, se
pronuncia como a. Si se le superpone un jirik (hiriq), se
pronuncia como o. Subrayada por esta misma vocal, se
pronuncia como i. Con un kibutz se pronuncia como ou (u). Al
no encontrarse puntualizada será muda. Tiene el valor
numérico de uno (1). Corresponde al plano cabalístico de los
arquetipos. Sentido ontológico: Espíritu Creador.
-- *En inglés, como tal a, tiene en rigor cuatro sonidos,
diferenciables en las palabras cat, art, car, ask; estos
tres últimos son casi iguales a la a española y con ella se
transcriben en la pronunciación figurada. El sonido de la a
en cat se expresa en ocasiones con ä. Cuando la a es larga,
por estar en sílaba abierta, su sonido es equivalente al
español éi, con la i muy breve y como fugitiva. En sílaba
abierta seguida de r y e muda, la a se pronuncia ee, siendo
la primera como en español y la segunda igual pero
obscurecida. Seguida de l o ll (salt, ball), suena en muchos
casos (no siempre) como la o castellana; también se
pronuncia muchas veces como o detrás de qu o de w (quarter,
water). Finalmente tiene el sonido de i breve, en las
ter¬minaciones átonas: -age, -ate; ao suena a veces como e;
estas dos vocales escritas juntas como en el diptongo latino
ae suenan como i. El diptongo ai se pronuncia en general
como ei, con la i más o menos fugitiva; otras veces suena
como ai, y seguido de r en sílaba cerrada, se pronuncia ee,
como se ha dicho anterior¬mente. au en general, se pronuncia
como la o española; pero en ocasiones tiene el sonido de la
a española y alguna vez el de la ei; aw suena siempre como
o; ay se pronuncia como ei, con la i fugitiva.
-- *En polaco, la a con cedilla es de sonido nasal.
-- *En portugués, la a sin acento (sorda) suena según los
casos, natural, abierta, débil o cerrada; la a con tilde
(~), el sonido (an) es nasal y largo; con acento agudo es
abierta. Antes de n y m es nasal.
-- *En ruso, tiene el sonido de la e francesa.
-- *En sueco, aparte de la ä con diéresis o crema, disponen
de la que lleva un cerito encima å, que suena como o
castellana u o abierta francesa.
a: acentuada
Vocal con acento de intensidad, distinguiéndola de las demás
por una mayor intensidad o por un tono más alto; v. gr.:
dirÁ
Terminación aguda en la lengua antillana, que por lo general
indica acción: de macana, macaná, acto de golpear.
a: débil
Se pronuncia con menor tensión muscular, en el lenguaje
corriente, en posición final o entre sílabas acentuadas (
cántAro, aguA), emitiendo la voz con la boca regularmente
abierta, la lengua algo pegada a los dientes inferiores. Se
nota en sílaba abierta pretó¬nica o postónica, en un
lenguaje coloquial.
S? a: relajada.
a: larga
La perceptible porque el velo del paladar baja para permitir
el paso del aire, en parte, por la nariz; tiene plena
intensidad en dialectos semíticos; v. gr.: palA Azul; dabA
Amor; enterAdo.
a: media.
La lengua se mantiene en posición de reposo, y las demás
zonas de articulación, a suficiente distancia para dejar
paso libre a la emisión del sonido; se percibe en sílaba
abierta acentuada y en sílaba cerrada por consonantes no
palatares ni velares. Es la *a normal., pronunciada con
mucha abertura de los labios, el dorso de la lengua elevado
hacia la parte media de la boca y la punta de aquella
rozando el interior de los incisivos inferiores. Se percibe
en sílaba abierta acentuada y en sílaba cerrada por
consonantes no palatales ni velares. Seguida de ch, ll, ñ o
y, o formando el diptongo ai, adquiere un timbre palatal; v.
gr.: mAsa, pAta.
-- Como vocal media es aconsejada el fonema a por los
alfabetos de la *Revista de Filología Española y el alfabeto
de los Romanistas
a: nasal.
Perceptible sobre todo entre las consonantes nasales (mano);
el velo del paladar baja para permitir el paso del aire, en
parte, por la nariz; su grado de nasalidad no es com¬parable
al del francés y del protugués, pero sí tiene plena
intensidad en dialectos como el chileno, el mexicano o el
andaluz.
a: palatal
Se produce ante consonantes palatales y adquiere las
características propias de su articulación. Fónicamente se
transcribe a, como aconsejan el alfabeto de *máquina de
escribir., el alfabeto de los *arabistas. y en el de los
sanscritistas.; v. gr.: Año, cAlle; es decir, la lengua poco
tensa, se inclina ligera¬mente hacia delante (caña, baile);
es una articulación parecida a a la del francés patte, pero
su diferencia con la *a. media es tan débil que los
fonetistas no han creído necesario crear un signo fonético
especial para su representación en castellano. Se produce
ante consonantes palatales y adquiere las características
propias de su articulación.
a: relajada.
Se nota en sílaba abierta pretónica o postónica, en un
lenguaje coloquial.
a: velar
Se articula con la lengua ligeramente inclinada hacia atrás
y toma este matíz ante j, g, l, o las vocales o, u, (ajo,
caótico); esta articulación no es tan velar como la a del
fran¬cés ni como la del español regional de los catalanes.
Aparece ante consonantes velares, de cuyo matiz toma algo y
ante las vocales velares o, u.
B,.
f. Segunda letra del abecedario español y del orden latino
internacional, que representa un fonema consonántico labial
y sonoro. Su nombre es be, be alta o be larga; es oclusiva
en posición inicial o detrás de una nasal, y fricativa en
las demás posiciones.
ORIGEN - Es la primera letra de la palabra bayit, que en
hebreo y en el lenguaje protosemítico, significa ‘casa’, de
donde la forma primitiva , que al ser tumbada originó la ß/B
griega y las latinas b/B. El hebreo prefirió el símbolo beth,
?, que figuradamente significa “lumbre, chimenea”, una
cavidad abierta, la de la casa o la del fuego de hogar. Por
ello adquiere un significado netamente femenino: “cavidad,
abrigo, intimidad, familia, pareja casada”.
• LING. La B capital romana deriva del alfabeto griego
occidental, que, a su vez, la tomó del fenicio. Su origen
parece remontarse a un carácter egipcio que significa
«pierna» o a la bet del alfabeto hebreo, que significa
«casa» o «tienda». La forma capital clásica fue fijada en el
s. III a.J.C. En sus formas capital y minúscula, sólo ha
sufrido modificaciones de detalle en la Edad Media. Desde
1470, los impresores adoptaron las formas carolingias, junto
con las «góticas» y las «bastardas». Las formas manuscritas
modernas se remontan a la «cursiva humanística».
-- Representa un sonido de articulación bilabial sonora, y
oclusiva cuando va en posición inicial absoluta o después de
nasal, como en bien, ambos; en cualquier otra posición es,
por lo general, fricativa, como en lobo, árbol, sobre, etc.
b: bilabial.
b: bilabial-oclusiva.
b: descripción de su articulación.
b: ensordecimiento de la b.
b: fricativa alargada.
b: modificaciones de su sonoridad.
b: procedente de p.
b: pronunciación de la b en los grupos ó
b: relajada.
b: sonora
b: sonoridad.
b: su uso en relación con la oclusiva b
b: tensión.
b: Uso de la b
1. En las combinaciones bl, br y mb como, por ejemplo, en
las palabras: oblea, blanco, ebrio, broma, combate y
embajada.
2. En la partícula aba con la que se construye el pretérito
imperfecto de los verbos regulares de 10 conjugación,
terminados en AR. Por ejemplo, de amar, amabas; de
conversar, conversábamos.
3. En los verbos terminado en bir, aber y eber, como, por
ejemplo, recibir, caber y deber; y en sus conjugaciones
correspondientes, por ejemplo, recibo, cabía y debemos. Son
excepción a esta regla los verbos hervir, servir, vivir y
precaver.
4. En las palabras que comienzan por bu, bur, bus, como, por
ejemplo, bueno, burdo y búsqueda.
5. En las palabras que comienzan por ab, sub, y ob, seguidas
de consonante, como absurdo, subsidio y obtener.
6. En las palabras terminadas en bilidad, bundo y bunda. Por
ejemplo, responsabilidad, abunda y vagabundo. Se exceptúan
las palabras civilidad y movilidad.
7. Antes de la combinación ui, como en las palabras atribuir
y buitre.
8. En las mayoría de los sustantivos que llevan el sonido
abo, como abogado, abono y nabo. Se exceptúan, entre otras,
pavo, clavo y esclavo.
Volver al inicio de El alfabeto
español
C,
1. f. Tercera letra del abecedario español y del orden
latino internacional, que representa, ante las vocales e, i,
un fonema consonántico fricativo, interdental, sordo,
identificado con el alveolar o dental en zonas de seseo, y
en los demás casos un fonema oclusivo, velar y sordo. Su
nombre es ce. Seguida de c o n puede sonorizarse. El habla
vulgar tiende a suprimirla en posición final. Seguida de h,
forma la letra compuesta ch.
2. f. Letra numeral que tiene el valor de 100 en la
numeración romana, y que también se usa en español. Cuando
se le ponía una línea encima, valía 100 000.
• LING. La C latina es la gamma capital griega, tomada de
los etruscos por los latinos. El nombre fenicio de esta
letra, gaml (gímel en hebreo), significa «camello». Del s.
IV al VIII d.J.C., formó con las letras vecinas numerosas
ligaduras que fueron eliminadas por la minúscula carolina.
La ç (cedilla), que tiene su origen en la z, pasó del
español al francés para indicar la s sorda ante a, o, u.
c: africada.
c: articulación.
c: palatal.
c: sorda
Paleografía. La letra C del alfabeto latino se deriva como
otras letras, de carácter griego; mas estas dos letras no
han conservado el mismo valor. Después de haber tenido como
en griego el signo de una gutural dulce, la C representó en
latín el sonido de la gutural dura, homófona de la K, á la
cual llegó á sustituir. Siendo necesario expresar la gutural
dulce, cuyo sonido no había desaparecido de la lengua, tuvo
que modificarse ligeramente el signo de la C, apareció así
la G, modificación que se realizó á mediados del siglo v de
Roma. Los dos signos C y G provienen, pues, de un solo, el
de la G (gamma) griega.
Puede establecerse fácilmente la derivación de esta letra
comparando los caracteres griegos eolodóricos con los
caracteres arcaicos cadmeos derivados del fenicio. Los
fenicios lo habían tomado, sin duda, de un ideograma
egipcio.
Es la c uno de los signos que menos transformaciones ha
sufrido en el transcurso de los tiempos.
La C capital de las antiguas inscripciones persiste durante
varios siglos en las inscripciones lapidarias y en los
manuscritos. A partir del siglo VI, paralelamente con la
antigua forma, aparece una C cuadrada, muy frecuente en las
inscripciones, aunque rara en los manuscritos. La c uncial ó
semiuncial no se distingue de la capital rústica de los
manuscritos; desde el siglo V hasta el XI se modificó muy
poco el signo en cuestión, y únicamente se nota una
tendencia á trazarla en dos partes, dado más importancia á
la superior. La C de los grafitos y de las tabletas de cera
no se distinguen de la de los manuscritos sino por el
instrumento con que se tranzaban y por las materias sobre
las que se escribía. Las formas especiales de esta letra se
notan mejor en la escritura cursiva. En su forma manuscrita
la rama inferior de la C termina en punta.
En los papiros no se han conservado los modelos de la
antigua cursiva, la C es una letra casi siempre mayor que
los demás caracteres y formada de dos partes. Este signo más
ó menos modificado, persistió hasta el siglo XI,
encontrándose en ciertas escrituras diplomáticas. La C
minúscula aparece siempre como un pequeño signo que se
trazaba en dos rasgos y se unía á la letra siguiente. En las
escrituras llamadas nacionales, la C no tiene caracteres
particulares, no distinguiéndose de la misma letra de las
escrituras latinas.
Durante el segundo período de la Edad media la C va tomando
poca á poco formas angulosas, como todas las demás letras;
aparecen en las inscripciones lapidarias y en las leyendas
sigilográficas en el siglo XIV, y persisten en las
mayúsculas góticas de las centurias siguientes.
Fonética. Ante a, o, u y precediendo á cualquier consonante,
suena k; antes de las vocales llamadas anteriores (e, i),
suena z. Hallándose en fin de la palabra tiene sonido de k.
Ejemplos: casa=kasa, coco=Koco, culpa=kulpa. Por el órgano
de producción es consonante gutural o velaria, que se forma
en el golpe del velo del paladar contra el dorso posterior
de la lengua (la c-k), ó chocando la raíz de la lengua con
la parte inmediata del paladar óseo (la c-z). Por la
formación de la c-k es explosiva, produciéndose sin salir
por un momento nada de aire por la boca y por la narices, la
c-z es continua-fricativa.
Por el juego de las cuerdas vocales la c-k y la c-z son
mudas, sordas ó afónicas. Por la tensión muscular la c-k es
tensa, pronunciada con energía; la c-z es media. Por su
representación gráfica es simple (c) y compuesta (ch); la
segunda constituye una nueva especie de consonante.
La diferencia de sonido entre K y C suave es producto de
lentas transformaciones hasta que llega un momento que el
efecto de estas transformaciones se manifiesta por la
aparición de un nuevo sonido, que no es otra cosa que el
resultado de aquellas alteraciones.
Puede suponerse con fundamento que en latín la c sonaba como
gutural, no sólo ante a, o, u, sino también ante é, i; así
el pretérito cenini, del verbo cano, se pronunciaba kekini,
pues no tendría explicación posible el que se pronunciasen
de distinta manera las letras radicales de un mismo verbo,
según las vocales que les siguiesen.
En las lenguas neoliticas se pronunciaba de tres maneras la
cdebil; así en castellano suena como la z; en francés y
catalán como s silbante, y en italiano como ch. En inglés la
c tiene los dos sonidos de k y de s, y lo mismo en alemán.
En el idioma auxiliar internacional esperanto la c ante la
e, i, suenan como ts; leciono, lección, se pronuncian
letsiono; como acento circunflejo tiene el sonido de ch
española: cevalo=caballo, se pronuncian chevalo. Ante a, o,
u no se usa, sustituyéndola la k.
Gramática. El sonido de la c termina frecuentemente en
sílaba; ac-to, efec-to, invic-to, oc-tavo, fruc-tífero. Sólo
termina palabras en ruc, nombre de un ave fabulosa, y en
algunas palabras de origen extranjero, como clac, coñac,
frac, cinc.
Además se escribe la c, 1º las palabras en que esta precede
como sonido fuerte ó de k, á las vocales a, o, u, ó bien á
una consonante: cámara, colegio, cubo, clase, cromo; 2º las
palabras en que precede con sonido de z á e, i: cetro,
cincha. En otras que terminan en z, también se convierten
esta en c: paz, paces, juez, jueces, feliz, felices.
Se exceptúan zen, Zendavesta, zeugma, zigzag, zipizape,
zirigaña ¡zis zas! ¡ziszás!
La c (cedilla) se usa antes para expresar un sonido parecido
al de la z. Hoy sólo se emplea cuando se copian textos con
ortografía anticuada ó se quiere representar con nuestros
caracteres el sonido de la letra árabe ? cad.
Lingüística: La lengua antigua distinguía la pronunciación
de la c sorda y la z sonora, que daban un sonido que puede
representarse por t y d: placa, hacer. Ambos sonidos se
confundieron á partir del siglo XVII en uno solo
representado por c ó por z. Y si la ortografía moderna
distingue c y z, lo hace para usar la una antes a, o, u, y
la otra ante e, i, sin atender nada á la antigua ortografía
etimológica, pues las sílabas ce, ci se escribían
constantemente con z, que era sonora: dize, haze. La C dura
precede de una C latina: cabeza-capitia; de una q: cuadro-quadrum,
la k germánica: claro-klar.
La c-z proviene de la C latina: cierto-certum: de tante i
semivocal: paciencia-patientia; de s: sedezo-setaceum; de sc:
cetro-sceptrum.
Algunos nombres geográficos de localidades y pueblos de
México aparecen escritos con la C inicial al revés, de esta
forma ?. Con ella se ha querido representar un sonido
especial de la lengua maya, hablada por los indígenas del
Yucatán, y que equivale fonéticamente al sonido que resulta
de la X y la C. Por consiguiente aquellos nombres
geográficos irán escritos en nuestra enciclopedia con las
iniciales Xc.
Las lenguas quechúa y aymará, habladas en el Perú, tienen
esta letra tres pronunciaciones diversas: la primera es
igual á la c castellana; la segunda es más áspera, como k, y
la tercera muy áspera y casi gutural. Para iniciar estos
sonidos no se han usado siempre la misma ortografía,
exceptuando cuando el sonido de la c es igual al castellano;
para iniciar el sonido más áspero unos han usado de la doble
CC, mientras que otros la han iniciado por la misma C
atravesada en medio con una linea horizontal, ó con acento,
como si fuera vocal; y la tecera generalmente la expresan
con la K. La doble CC antes de e, i suena, pues, como Q,
pero más gurutal; verbigracia, Ccero de pronuncia Quero.
Ortografía. En los plurales y derivados de las palabras
terminadas en Z. Por ejemplo, el plural y derivados de cruz:
cruces, crucifijo, crucificar.
2. En los verbos terminados en ciar, cer, cir, ceder, cender,
cibir y cidir, y en sus conjugaciones correspondientes. Por
ejemplo, los verbos despreciar, conocer, reducir, conceder,
ascender, recibir y decidir. Son excepciones a esta regla
los verbos ansiar, anestesiar, ser, coser (con hilo), toser,
asir, residir y presidir.
3. En las palabras que terminan en una vocal seguida de la
combinación ncia, como Francia, carencia, provincia,
ortodoncia y denuncia. Son excepciones a esta regla las
palabra ansia y Hortensia.
4. En las palabras terminadas en ción que sean derivadas de
una palabra que termine en "to" o "do". Por ejemplo, la
palabra bendición, que deriva de bendito. Lo mismo ocurre
cuando la palabra deriva de un verbo terminado en ar o en
gir, como estación, de estar, y dirección, de dirigir.
5. En la mayoría de palabras terminadas en cia y cio, como
gracia y socio. Algunas excepciones son idiosincrasia,
antonomasia, autopsia, gimnasio, potasio, magnesio, y los
nombres propios Asia, Anastasia, Gervasio, Nicasio.
6. En los diminutivos formados con la terminación cito,
cita, cillo y cilla, por ejemplo, pancito, madrecita,
ratoncillo y viejecilla. Naturalmente, los diminutivos de
las palabras terminadas en s, o que incluyen una s en su
raíz, se forman agregando solo las terminaciones ito, ita,
illo, illa, y conservan la s de la palabra original:
Andresito, de Andrés; bolsita, de bolsa.
ceceo.
Acción y efecto de cecear.
Fonét. Pronunciación de la S con una articulación
interdental de timbre igual o parecido al de la C o Z
actual. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Patol. sigmatismo interdental, a extremidad de la lengua
queda demasiado cerca de los incisivos o entre los dientes.
[Ajuriaguerra, 1987]
Fenómeno estrechamente ligado a la transformación del
sistema de sibilantes medievales del español; es un trueque
que se extiende por las zonas de Andalucía siguientes: S. de
la prov. de Huelva, la mayor parte de la de Sevilla, toda
Cádiz, casi toda Málaga y el O. de Granada además de Las
Alpujarras, entrando en la zona oriental de Almería
ceceo gitano. Fenómeno estrechamente ligado a ciertas capas
sociales como son los gitanos. [Joäo de Barros]
cecear intr. Pronunciar las eses como ces, como peculiaridad
lingüística de ciertas regiones o por defecto de
pronunciación.
seseo. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Fonét. Pronunciación de la C o Z como S, ya sea ésta
corono-dental o predorso-dental (Andalucía), ya
áfrico-alveolar (Cataluña, Valencia, Baleares).
zopas (inf.; con artículo sing.) n. Se aplica a la persona
que cecea, por alusión a la manera de pronunciar la palabra
«sopas».
reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre
- La Transcripción Fonética Automática del Diccionario
Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio
Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »
El grafema C interviene en la representación ortográfica de
tres fonemas:
1 - Forma parte del dígrafo ch para representar el fonema
palatal africado sordo //.
2 - Representa al fonema interdental fricativo sordo //
cuando precede a los grafemas e (cena) e i (cine).
3 - En todos los demás contextos representa al fonema velar
oclusivo sordo /k/:
4 - Como ataque silábico simple, ante a (casa), o (copa) y u
(cuadro).
5 - Como ataque silábico complejo, ante l (clase) y r
(cromo).
6 - Como coda silábica simple en posición final (coñac) e
interior de palabra (acto).
7 - Como coda silábica compleja, agrupada con [s], en
posición final absoluta (fracs).
Sólo son precisas dos reglas para asignar una representación
fonémica adecuada a este grafema. La transcripción del
primer elemento del dígrafo ch es innecesaria porque en
nuestro alfabeto fonético hemos adoptado el signo c como
representación del fonema africado; obsérvese la
contradicción formal que expresaría la regla
correspondiente, con un mismo signo en el foco y en el
cambio:
Regla 1: c = k
Regla 2 : c = z
Enunciada en esos términos, la Regla {c = k} es más
económica y tiene más capacidad predictiva que si fuese
enunciada indicando los contextos exactos en los que c se
interpreta como /k/. En ese caso deberíamos incluir, además
de las vocales { a, o, u }2 (acentuadas e inacentuadas) y el
contexto límite de palabra (en las reglas se formaliza con
el signo « _ »), todas las consonantes del alfabeto español,
por si se incorporaran a la lengua nuevas palabras con una
combinación de grafemas {c + Consonante} inexistente hasta
entonces. Si indicáramos los únicos signos consonánticos
ante los que aparece este grafema, obtendríamos una solución
más económica en cuanto a número de signos, pero más costosa
lingüísticamente en la medida que sería menos predictiva
Regla 3: ch = c
Para la transcripción del dígrafo ch sólo se deberá crear
una regla que elida la letra h.
En el diseño de las reglas de C se toma la representación
del fonema oclusivo velar sordo /k/ como relación no
marcada, porque es la que tiene más contextos de aparición:
c se interpretará como el fonema oclusivo velar sordo /k/ en
todos los contextos excepto en los que representa a los
fonemas africado palatal sordo // y fricativo interdental
sordo //.
ch,
El dígrafo ch era
la cuarta letra del alfabeto del español hasta 1994.
Su origen se remonta al uso que hacían los latinos en las
traducciones griegas de la letra Χ χ cuyo sonido no existía
en latín: v.g. Christo etc. Para efectos del orden
alfabético dejó de considerarse como una letra independiente
a partir del X Congreso de Academias de la Lengua Española
(celebrado en Madrid en abril de 1994). Representa al fonema
africado /t∫/. Su nombre es femenino: la che y plural es
ches.
En el estándar fonético de España, y de buena parte de
América, el sonido de Ch es prepalatal africado sordo,
semejante a la Ch inglesa, pero articulado con más suavidad
y en un punto más cercano a los alveolos. En España y
América existen otras realizaciones para Ch que podemos
resumir del modo siguiente: una realización fricativa [∫]
como la Ch francesa o portuguesa, una africada débil casi
alveolar de tipo [ts] y otra africada palatal con fase
fricativa muy débil que suena algo así como [t] seguida de
una [y] muy breve. La variante fricativa, [∫], se produce
principalmente en posición intervocálica ("leche",
"muchacho") y es típica de muchas zonas de Andalucía y
también de zonas de la ribera caribeña (partes de Cuba,
República Dominicana, Puerto Rico y Panamá). La realización
[ty], se articula con una [t] alveolar seguida de un
elemento palatal muy breve, la oclusión se produce en la
zona predorsal, con la lengua casi plana y la punta
descansando en los incisivos inferiores, ésta es la variante
típica de las Islas Canarias y también, al menos, de algunos
hablantes de la República Dominicana, de Colombia y Puerto
Rico. La otra variante comentada es una africada débil,
donde el un punto de articulación es más alveolar que
palatal, dando un efecto acústico de tipo [ts]. Esta
realización [ts] se oye de forma ocasional en España
alternando con la variante prepalatal.
D,
1. f. Cuarta letra del abecedario español, y cuarta del
orden latino internacional, que representa un fonema
consonántico dental y sonoro. Su nombre es de.
2. f. Letra numeral romana, que, generalmente mayúscula,
tiene el valor de 500.
• FON. La consonante dental sonora conoce en español dos
modalidades: la oclusiva y la fricativa. La oclusiva se da
en posición inicial absoluta o al anteponérsele n o l; la
fricativa se da en toda posición que no sea inicial absoluta
o que no vaya precedida de n o l.
• LING. Su forma triangular deriva del nombre fenicio de la
letra delt («hoja de puerta»), entendida como «trozo de piel
que cierra la entrada de una tienda». La forma redondeada de
la D latina indica un préstamo de los alfabetos griegos
occidentales. Las escrituras cursivas de los tres primeros
siglos d.J.C. revelan el giro hacia la derecha que sufrió
entonces la escritura latina. A fines del s. III, las
«minúsculas primitivas», o «semiunciales», estabilizaron
estas formas, que fueron adoptadas por las escrituras
documentales latinas y «bárbaras». En el s. VIII, la
carolina escogió la forma minúscula. En el s. XII, la
escritura gótica reintrodujo las formas unciales, eliminadas
definitivamente por las escrituras «humanísticas»
Volver al inicio de El alfabeto
español
E,
1. Gram. Quinta letra del abecedario español, segunda de sus
vocales, y quinta del orden latino internacional. Representa
un fonema vocálico medio y palatal, con un sonido que se
pronuncia elevando un poco el predorso de la lengua hacia la
parte anterior del paladar y estirando levemente los labios
hacia los lados.
2. Dial. Signo de la proposición universal negativa.
e: abierta v. gr.: pErro, vErdad
e: acentuada v. gr.: entrÉ
e: átona
e: cerrada
e: larga
e: muda
e: nasal
e: relajada
mE, amEnaza, lóbrEgo.
En el alfabeto griego hay una «e» breve, «épsilon» y una «e»
larga, «eta»
• FÍS. Símbolo con que se representa la carga del electrón.
• MAT. Número irracional trascendente que se toma como base
de los logaritmos naturales o neperianos y de la función
exponencial simple. Su valor es: 2,718281828...
• FON. Es una vocal palatal anterior, que en español tiene
tres sonidos: una e cerrada, una e abierta y una e relajada.
• LING. El griego adoptó la he fenicia para notar tanto la
vocal E como la aspirada. El etrusco, los dialectos
italiotas y el latín tomaron su E del griego occidental. La
arcaica latina recibió en el s. II a.J.C. su forma clásica.
La minúscula primitiva, o semiuncial, y la uncial
desarrollaron una forma cursiva, característica de las
escrituras cursivas de los ss. IV al VIII.
F,
1. f. Sexta letra del abecedario español, y sexta del orden
latino internacional, que representa un fonema consonántico
fricativo, labiodental, sordo. Su nombre es efe.
FON. La F española se pronuncia siempre del mismo modo,
tanto en posición inicial como interior. No se encuentra en
posición final. La F inicial latina presenta una evolución
característica: su aspiración y pérdida ulterior, fenómeno
que se produjo debido a la influencia del sustrato ibérico.
LING. Se remonta a la waw semítica. Es probable que los
griegos desdoblaran la waw semítica en la digamma, que
indica un sonido labiodental de v, y la ypsilon, que
representa el sonido u. La digamma desapareció del alfabeto
ático, excepto para las cifras: significaba el 6. Se
conservó hasta el s. II a.J.C. en los alfabetos occidentales,
de los que pasó al etrusco, a los dialectos italiotas y al
latín. El origen de la F latina está ligado al de la e.
G,1.
f. Séptima letra del abecedario español, y séptima del orden
latino internacional, que representa, ante las vocales e, i
un fonema consonántico fricativo velar y sordo, y en los
demás casos un fonema consonántico velar y sonoro.
ORTOGR. Para representar el fonema velar y sonoro ante e, i,
se escribe una u interpuesta, que no se pronuncia; p. ej.,
en guedeja, guisa. En los casos en que la u se pronuncia en
alguna de estas combinaciones, debe llevar diéresis; p. ej.,
en Sigüenza, argüir.
FON. Seguida de e y de i, representa un sonido de
articulación velar, fricativa, sorda, como la de la j (gema,
girón, colegio). En cualquier otra posición representa un
sonido de articulación velar, sonora, que puede ser oclusiva
si está en posición inicial absoluta (gamo) o precedida de
nasal (angustia), o puede ser fricativa si se encuentra en
las restantes posiciones (paga, agredir, algo, ignorar).
Cuando la g ha de tener sonido velar sonoro y precede a una
e o una i , entonces se transcribe interponiendo una u que
no se pronuncia (gue , gui). En caso de que en esta
combinación deba pronunciarse la u, entonces ésta debe
llevar diéresis (güe, güi).
LING. La G es una creación romana. En 312 a.J.C., la z fue
suprimida del alfabeto latino y remplazada por una c, a la
que, cuando actuaba como velar sorda, se añadió un pequeño
trazo vertical y que sirvió para la notación de la sonora.
En la mayoría de los casos, la minúscula carolina deriva
directamente de la semiuncial; sin embargo, en el caso de la
G es una copia de las formas merovingias.
reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre
- La Transcripción Fonética Automática del Diccionario
Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio
Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »
Representa dos fonemas:
1 - La consonante oclusiva velar sorda /x/, ante las vocales
{ e, é, i, í }, relación grafema-fonema que transcribe la
Regla {g = x}.
Regla 1: g = x
2 - La consonante oclusiva velar sonora /g/, en todos los
demás contextos:
3 - Como ataque silábico simple, ante las vocales a (gato),
o (gota) y u, representada ésta con diéresis o sin diéresis
(guerra, argüir), es decir, con interpretación fonética o
sin ella.
4 - Como ataque silábico complejo, formando grupo con las
consonantes l y r (glacial, grueso).
5 - Como coda silábica simple, en posición final absoluta
(bulldog) e interior de palabra (agnóstico).
6 - Como coda silábica compleja, agrupada con [s]
(bulldogs)3.
Para expresar estas relaciones no es necesaria regla alguna,
ya que los signos ortográfico y fonético coinciden. La
hipotética Regla {g = g} es innecesaria:
Regla 2: g = g
Volver al inicio de El alfabeto
español
H,
Octava
letra del abecedario español, y octava del orden latino
internacional. Su nombre es hache. En la lengua general no
representa sonido alguno. Suele aspirarse en la dicción de
algunas zonas españolas y americanas y en determinadas voces
de origen extranjero.
FÍS. Símbolo de la constante de acción de Planck.
Abreviatura de altura.
METROL. Símbolo de la hora.
Símbolo del prefijo hecto
MÚS. Nombre de la nota si, natural en los países que
utilizan la nomenclatura musical alemana.
FON. En ciertas lenguas y dialectos puede indicar la
presencia de una aspiración. En español no representa ningún
sonido. Su presencia se justifica por razones etimológicas:
en la mayoría de los casos, corresponde, bien a una ha
inicial latina, bien a una f inicial latina que, después de
una fase de aspiración, desapareció y dejó la h como huella
gráfica.
LING. La h latina corresponde a la eta griega, que procede
de la het fenicia. El nombre español hache fue tomado del
francés.
reglas de transcripción grafema-fonema
Este grafema interviene en la representación de tres fonemas:
1 - Es el segundo elemento del dígrafo ch en la
representación del fonema africado palatal sordo //.
2 - En el grupo grafemático complejo hi, cuando éste va
seguido de vocal (siempre y cuando no haya hiato),
representa el fonema oclusivo palatal sonoro //; lo
encontramos en posición inicial absoluta (hielo) y, en
posición interior de palabra, en formas compuestas (rompehielos)
o derivadas por prefijación (deshielo) de palabras con { hi
V } inicial.
3 - En el grupo grafemático complejo hu, seguido de vocal (tampoco
ha de haber hiato), representa el fonema aproximante
labiovelar /w/. Al igual que hi, aparece en posición inicial
absoluta (hueso) y, en interior de palabra, en formas
compuestas (quebrantahuesos) o derivadas por prefijación (deshuesar)
de palabras con { hu V } inicial; también en formas simples
(marihuana).
En todos sus demás contextos de aparición, h no tiene
realización fonética, salvo en algunos extranjerismos,
pronunciados con aspiración en la lengua de origen, que en
español estándar transcribiríamos con /x/ (hándicap).
En la representación de la consonante africada // hemos
tomado como signo el primer elemento del dígrafo ch. Sería
necesaría una regla adicional de elisión de h para completar
la conversión de este dígrafo. Ya que en la mayoría de
contextos el grafema h no tiene realización fonética, podrá
ser elidido en todos los casos si en la transcripción de los
grupos grafemáticos hi = // y hu = /w/ tomamos el segundo
miembro como signo sobre el que se ha de operar el cambio
indicado por las reglas que realicen la transcripción
pertinente. Con esta estrategia podemos simplificar con una
única regla la transcripción de h: este grafema podrá ser
elidido en todos sus contextos de aparición, como se indica
en la Regla {h = Ø}.
Regla: h = Ø
I,1.
f. Novena letra del abecedario español, y novena del orden
latino internacional, que representa un sonido vocálico
cerrado y palatal.
2. f. Letra numeral que vale uno en la numeración romana.
3. f. Fil. Signo de la proposición particular afirmativa.
4. f. Mat. Símbolo del número v-¹, unidad de los números
imaginarios.
i griega. Nombre de la letra y, también llamada ye.
i: abierta.
i: acentuada.
i: cerrada.
i: implosiva: consonante implosiva.
i: larga.
i: nasal.
i: relajada.
i: semiconsonante Vid. j
i: semivocal.
FON. Es el sonido más cerrado de la serie de vocales
anteriores. Salvo en castellano antiguo y dialectal y en los
cultismos, no suele darse en posición final.
LING. Procede de la I latina y de la iota griega, que, a su
vez, procede de la yod o yaud fenicia. En el s. III a.J.C.,
los romanos le dieron su forma clásica. En el s. XI, comenzó
a sobreponerse un acento a la i para distinguirla de los
palos de otras letras. El punto no fue de uso corriente
hasta fines del s. XV.
reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre
- La Transcripción Fonética Automática del Diccionario
Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio
Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »
Representa la vocal alta anterior /i/, silábica (cine) o no
silábica (cielo, peine), salvo en dos casos, en los que
puede ser interpretada como la consonante oclusiva palatal
sonora //:
(1) Formando parte del grupo grafemático { hi V }, en
posición inicial de palabra o interior tras vocal o
consonante (cf. supra, Letra h).
(2) En las agrupaciones grafemáticas { i V } inicial y { V i
V }; ésta puede ser inicial de palabra o estar en posición
interior.
Por tanto, se trataría de los contextos ortográficos
_ h i V
V h i V
C h i V
_ i V
V i V
siempre que, en la pronunciación, la división silábica no se
ajuste a la opción marcada en español: el hiato ante la
vocal final de estos grupos (cf. Harris, 1989a). El valor
consonántico del grafema i viene dado como consecuencia de
los procesos fonológicos que hemos descrito en el apartado
5.4.7.3. Naturalmente, en las agrupaciones { C h i V } la
consonante no puede ser c, puesto que sería interpretada
como //.
Cuando el grupo grafemático { hi V } está precedido por una
consonante, la interpretación fónica de la letra i es
impredecible teniendo en cuenta únicamente la ortografía.
Tiene valor vocálico en palabras como adhiera y enhiesto, y
consonántico en deshielo y enhielar. Hemos de tener en
cuenta que en este contexto la realización consonántica es
una propiedad idiosincrásica de cada elemento léxico,
depende de sus características morfológicas: del hecho de
ser una palabra compleja en cuya formación interviene otra
simple con { hi V } inicial.
De las combinaciones posibles con el esquema { _ h i V }, la
única con cierta productividad es hie: La encontramos en las
formas flexivas de los verbos herir (hiera, hieran, hieras,
hiere, hieren, hieres, hiero), herrar (hierra, hierran,
hierras, hierre, hierren, hierres, hierro) y hervir (hierva,
hiervan, hiervas, hierve, hierven, hierves, hiervo); y en
hiedra, hiel, hielo, hiena, hierba, hierbabuena, hierro,
etc. Lo mismo sucede con { V h i V }, también tenemos hie en
las formas flexivas de los verbos reherir, reherrar y
rehervir (derivados de los ya mencionados herir, herrar y
hervir), en el sustantivo desusado mohiento, y en
rompehielos.
Los contextos {_ i V, V i V} en los que i tiene valor
consonántico son anómalos en español. La normativa prescribe
que entre vocales la consonante // se representa como y; lo
observamos en los casos de resilabación y consonantización
obligatoria de la vocal /i/: ley /'lei/ - leyes /'le.es/;
oír /o.'i/ - oyes /'o.es/. De hecho, en el DEFSFE hemos
registrado pocas palabras en las que se aplicarían las
reglas de transcripción correspondientes: los gentilicios
hawaiano, hawaiana, hawaianos, hawaianas; ushuaiense,
ushuaienses.
El carácter anómalo de esos grupos ortográficos y escaso
número de ocurrencias exigirían su tratamiento como
excepciones en la transcripción. Sin embargo, siempre
tendrán la misma interpretación fónica, en las palabras que
existen y cualquier otra que se incorpore a la lengua. La
complitud de la que queremos dotar a nuestro sistema
justifica que incluyamos las reglas que transcribirían todas
esas combinaciones grafemáticas, las existentes y las
posibles, en el módulo de FON1.
Como los signos ortográfico y fonético con los que se
representa la vocal /i/ coinciden, las reglas que operen
sobre el grafema i se referirán a su conversión en el signo
con el representamos la consonante //.
(4.1) Para el primer caso de i como consonante, una versión
general de la regla de transcripción ha de contener todas
las vocales (acentuadas e inacentuadas) en el contexto
precedente a h y en el contexto siguiente a i, además del
símbolo de posición inicial:
Regla 5 : i = y (primera versión)
La primera versión de la Regla {i = y} contempla todos los
casos predecibles a partir de la ortografía: la posición
inicial de palabra { _ hi V } y la posición intervocálica {
V hi V }; éste último sería equivalente, desde el punto de
vista fónico, al del grupo grafemático {V i V }, puesto que
h ha de ser interpretado con un valor fonético nulo.
En el sistema de transcripción fonética que genera el DEFE,
los casos de la combinación {C hi V } en los que i tiene
valor consonántico han de ser tratados como excepciones: se
ha de marcar el límite morfológico (coincidente con el
silábico) antes de la aplicación de FON1, de modo que las
reglas puedan realizar una interpretación fónica correcta.
Comentaremos este procedimiento, que denominamos "presilabación",
en su correspondiente apartado (cf. infra, § 6.8). En las
reglas se ha de incluir la marca límite silábico (« - ») en
los signos que preceden a h.
La Regla { i = y }, como ha sido formulada, transcribiría
las siguientes combinaciones grafemáticas:
_hia
ahia
áhia
ehia
éhia
ihia
íhia
ohia
óhia
uhia
úhia |
_hiá
ahiá
áhiá
ehiá
éhiá
ihiá
íhiá
ohiá
óhiá
uhiá
úhiá |
_hie
ahie
áhie
ehie
éhie
ihie
íhie
ohie
óhie
uhie
úhie |
_hié
ahié
áhié
ehié
éhié
ihié
íhié
ohié
óhié
uhié
úhié |
_hii
ahii
áhii
ehii
éhii
ihii
íhii
ohii
óhii
uhii
úhii |
_hií
ahií
áhií
ehií
éhií
ihií
íhií
ohií
óhií
uhií
úhií |
_hio
ahio
áhio
ehio
éhio
ihio
íhio
ohio
óhio
uhio
úhio |
_hió
ahió
áhió
ehió
éhió
ihió
íhió
ohió
óhió
uhió
úhió |
_hiu
ahiu
áhiu
ehiu
éhiu
ihiu
íhiu
ohiu
óhiu
uhiu
úhiu |
_hiú
ahiú
áhiú
ehiú
éhiú
ihiú
íhiú
ohiú
óhiú
uhiú
úhiú |
Podemos observar que no siempre
sería correcta la transcripción que obtendríamos con la
aplicación de la regla. Si las vocales que siguen a grupo hi
son i e í, la interpretación fónica del grafema situado en
el foco no sería como consonante sino como vocal. Lo
observamos en los siguientes ejemplos: antihidrópico,
antihigiénico, antihistérico, nihilidad, nihilismo,
nihilista. No existen en la lengua española grupos
tautosilábicos de vocal silábica y vocal no silábica
homorgánicas (cf. Harris, 1991: 29). Además, algunos
contextos contemplados por la regla no existen: como todos
los signos contenidos se combinan entre sí, tendríamos casos
de dos vocales acentuadas en la misma palabra.
Por tanto, la Regla { i = y } ha de ser reformulada;
necesariamente, se ha de desdoblar la información:
(i) En el contexto siguiente al foco no deben ser incluidos
los grafemas i, í.
(ii) No existen restricciones cuando las vocales de los
grupos no están acentuadas gráficamente:
Regla 5 (I) : i = y
(iii) Cuando la vocal que precede a h está acentuada
gráficamente, la vocal que sigue al foco no ha de llevar
tilde:
Regla 5 (II) : i = y
Los signos que representan el contexto inicial de palabra y
la marca de límite silábico sólo han de constar en una de
las dos reglas porque de otro modo la información sería
redundante: en ambas se contempla la transcripción de i como
consonante palatal ante las letras a, e, o, u cuando sigue a
h y ésta se sitúa en posición inicial o tras límite de
sílaba.
(iv) Cuando la vocal que sigue al foco está acentuada
gráficamente, no ha de estarlo la que precede a h:
Regla 5 (III) : i = y
Las nuevas versiones de la Regla {i = y} pueden reducirse a
dos: o unimos la información contenida en (I) y (II), que
sólo difieren en el contexto precedente a h, o unimos la
información de (I) y (III), que sólo difieren en el contexto
siguiente a i. Cualquiera de las dos posibilidades es válida;
optamos por la primera, de modo que también se rompa la
redundancia de los signos que indican la posición inicial de
palabra y el límite silábico.
Las versiones definitivas de las reglas serán:
Regla 5 : i = y (I)
Regla 6 : i = y (II)
(4.2) Para el segundo contexto de i como consonante, además
de las restricciones ya comentadas para el primero (no hay
dos vocales con tilde en una misma palabra ni grupos
tautosilábicos de vocal silábica y vocal no silábica
homorgánicas), se ha de tener en cuenta que la vocal inicial
del grupo no ha de ser u cuando forma parte de los grupos
complejos gui y qui; en ellos la letra i tiene valor de
vocal.
Las reglas de transcripción serán semejantes a las dos
últimas comentadas, pero en el contexto precedente al foco
no constará h sino los signos contenidos en el segundo
contexto anterior de aquellas. Además, deberemos tener
reglas específicas para la vocal u, por la restricción de
los grupos gui y qui, en las que deberá especificarse que no
se aplican cuando dicho grafema está precedido de g y q.
Se incluye la marca de presilabación en estas reglas, aunque,
en principio, sólo sería necesario hacerlo en las palabras
formadas con otra que empieza por hi: dicha marca permite
detectar que tras la consonante que precede a este grupo hay
un límite silábico (deshielo), a diferencia del
comportamiento general de la lengua, según el cual, la h
tiene valor mudo y la secuencia ortográfica representa un
grupo de /consonante/ + /vocal/ homosilábico (adhiero). No
existe en la lengua ninguna palabra que se ajuste a la
secuencia { C - i V }, se trataría de un caso anómalo en la
ortografía española; pero en el caso de alguna nueva
incorporación léxica en la que esa marca silábica fuera
pertinente, la interpretación fónica regular de i sería como
consonante y no como vocal.
Las reglas que transcriben el segundo contexto de i como
consonante serán:
Regla 7 : i = y (III) /
Regla 8 : i = y (IV) /
Regla 9 : i = y (V) /
Regla 10 : i = y (VI)
J ,
f. Décima letra del abecedario
español, y décima del orden latino internacional, que
representa un fonema consonántico de articulación fricativa,
velar y sorda. Su nombre es jota. La mayor o menor tensión
con que se articula en diferentes países y regiones produce
variedades que van desde la vibrante a la simple aspiración.
• FON. Es una consonante fricativa velar sorda, la más
interior de las articulaciones españolas. Pasa de fricativa
a vibrante en una pronunciación enérgica, y a una simple
aspiración en caso de pronunciación relajada. En final de
palabra se debilita.
• LING. Su origen se remonta a la I alargada que los romanos
usaban para señalar la vocal i larga. A principios de la
Edad Media, las escrituras beneventinas y visigóticas
empleaban una i larga al comienzo de las palabras y para
notar la semivocal. En la Baja Edad Media, la grafía
castellana de la i alta se asoció a la representación de la
semiconsonante i.
reglas de transcripción grafema-fonema
Siempre representa al fonema velar fricativo sordo /x/, en
todos sus contextos de aparición. La Regla {j = x} es
necesaria por la discordancia entre los signos alfabético y
fonético6.
Regla: j = x
Volver al inicio de El alfabeto
español
K,1.
f. Undécima letra del abecedario español, y undécima del
orden latino internacional, que representa un fonema
consonántico oclusivo, velar y sordo. Su nombre es ka.
ORTOGR. Se emplea en palabras de origen griego o extranjero.
En las demás, su sonido se representa con c antes de a, o,
u, y con qu, antes de e, i.
FON. Su articulación se realiza mediante la elevación del
posdorso de la lengua contra el velo del paladar (cerrando
por completo la salida del aire) y el descenso de la punta
de la lengua a los incisivos inferiores.
LING. La K latina es la kappa griega, que, a su vez, se
remonta a la kaf fenicia. En la Edad Media, en España, sólo
se encuentra la k usada en la escritura visigoda, con formas
muy semejantes a las empleadas en la actualidad. Desapareció
muy pronto y se convirtió en una letra exótica. En la
actualidad la k sólo se utiliza en palabras de procedencia
griega o extranjera, y durante muchos años ha estado en
desuso.
L,1.
f. Duodécima letra del abecedario español, y duodécima del
orden latino internacional, que representa un fonema
consonántico lateral y alveolar. Su nombre es ele.
2. f. Letra numeral que tiene el valor de 50 en la
numeración romana.
Representa un sonido de articulación ápico-alveolar,
lateral, fricativa y sonora.
Paleografía. La letra l del alfabeto latino corresponde
gráficamente á la lambda griega arcaica, anterior á la época
en que ya afecta la forma o disposición que se ve en las
inscripciones clásicas, y ésta , á su vez, había tomado su
representación de la letra lamed fenicia, que, á su vez,
derivaba de un signo de la escritura hierática egipcia. Su
origen se encuentra en un signo de la escritura jeroglífica
que en los antiguos monumentos egipcios representaba una
leona (labo), signo que, por ser en la escritura la inicial
del nombre que representaba, tuvo valor de l. Pasó de la
escritura jeroglífica á la hierática y la demótica,
transformándose, como ocurría con los otros signos hasta
perder su semejanza con la representación simbólica.
Al pasar á la
escritura fenicia se redujo á dos trazos formando gancho ó
aguijón ( y de aquí su nombre lamed), derivándose de este
signo las diversas formas que tomó de la escritura hebrea,
samaritana, aramea, zend, árabe, etc.
En la escritura
griega uncial el rasgo menor aparece á la izquierda del
menor, uniéndose á él oblicuamente hacia el medio, y en la
capital ambos rasgos, de igual longitud, se junta en la
parte superior formando una especie de V invertida de
nuestra escritura.
En el copto,
ulfilano y ruso se redondearon algo los trazos rectilíneos,
perpetuándose sin cambios á través de la Edad Media.
La L mayúscula en los manuscritos españoles del siglo V al
XV es la misma latina ó presenta la forma de un número 2,
debido á la curvatura del trazo vertical de la parte
superior. La influencia italiana hace que desde el siglo XVI
se modifique la L en su trazo de arranque y en el de unión
con el inferior, presentando dos ojos caligráficos, que
facilitan su trazo y evitan su rigidez de línea.
Del siglo V al XII la l minúscula presenta en los dos
manuscritos españoles la forma de la latina, redondeándose
después el trazo vertical.
Esta letra ha variado relativamente poco del egipcio al
griego. En latín, en las escrituras efectuadas sobre cera,
se observa una forma parecida a la lambda griega minúscula.
Fonética. La letra L pertenece al grupo de las consonantes
sonoras líquidas, linguales ó semivocales. Esta letra, cuyo
sonido es igual en todas las lenguas, se pronuncia aplicando
la punta de la lengua al reborde alveolar de la mandíbula
superior y la parte anterior de la bóveda palativa, y una
vez dispuesto en esta forma el aparato vocal, retirando con
prontitud la lengua, con lo cual la corriente de aire pasa
por ambos lados, entre los molares anteriores, y haciendo
vibrar los bordes de la lengua. El sonido de la l se
confunde frecuentemente con el de la r, por producirse los
dos de una manera análoga, y se cambian y substituyen con
gran facilidad, y este cambio ó permuta de las dos letras se
encuentra, no sólo en la lengua vulgar, sino también en el
erudito.
Una
circunstancia digna de tener en cuenta es la de que los
niños que empiezan á hablar substituyen la l á la r. Este
hecho, llamado lambdacismo en los adultos cuyo órganos
vocales son defectuosos, indican que el sonido l es el
estado débil del sonido r, y que ha debido producirse ne las
mismas circunstancias que han dado origen, en el curso de la
evolución fonética del lenguaje, á la debilitación de los
otros sonidos vocales ó consonantes.
La L española se articula apoyando la punta de la lengua
contra los alvéolos de los incisivos superiores y dejando, a
uno o ambos lados de la boca, una abertura por donde se
escapa el aire. En posición final de sílaba, adopta el punto
de articulación de la consonante siguiente; de este modo se
convierte en dental ante t y d, en interdental ante z y ce o
ci, y en palatal ante ch, ñ, etc. En la pronunciación
relajada se articula una L débil, sin formar contacto
completo con los alvéolos, que, en algunas regiones, se
confunde con facilidad con la r relajada.
reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre
- La Transcripción Fonética Automática del Diccionario
Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio
Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »
El grafema l representa a la lateral alveolar /l/ excepto
cuando forma parte del dígrafo ll, representación de la
lateral palatal //. Puesto que los signos ortográfico y
fonético usados en la representación de la lateral alveolar
coinciden, no es necesaria ninguna regla para la
transcripción de este fonema; sí, en cambio, para la
transcripción de la lateral palatal // a partir del dígrafo
ll.
Ejemplificamos con este grupo grafemático la transcripción
de los dígrafos cuando describimos los tipos de reglas
usadas en el sistema (cf. supra, § 3.3.2). Se necesita una
regla que transforme una de las eles en el carácter de la
representación mediante signos fonéticos; tomamos como foco
el primer elemento del dígrafo (Regla {l = L}). Una segunda
regla elidirá la segunda ele (Regla {l = Ø}).
Regla 12 : l = L (primera versión)
Regla 13 : l = Ø
La formulación de estas dos reglas es contradictoria, como
ya explicamos. Ambas se refieren a los mismos contextos de
entrada, pero tienen salidas diferentes: en la Regla 12, el
contexto no especificado anterior al foco incluye también l,
como en la Regla 13, y el contexto no especificado posterior
al foco en la Regla 13 también incluye l, como en la Regla
12. Para evitar el solapamiento negamos la aplicación de la
Regla {l = L} en el contexto precedente al foco cuando éste
es l. La versión definitiva es: Regla 12 : l = L
Ll,1.
que representan el sonido de otra consonante, la elle. Este sonido se
produce al apoyar la parte central de la lengua curvada en el centro del
paladar, mientras se deja pasar el aire por los lados que configura esa
barrera, en una ligera implosión. Ese sonido es el de las palabras
‘calle’, ‘lluvia’ y ‘cuello’. Existen diferencias importantes en la
pronunciación de esta consonante, dependiendo de las diversas zonas
dialectales. También existe un uso bastante extendido de pronunciar
igual la elle y la y griega. A este fenómeno se le llama
yeísmo. En catalán existe la posibilidad de escribir l.l, para
representar el sonido de dos eles, que a pesar de estar juntas cada una
pertenece a una sílaba distinta, como en la palabra il.luminació;
a este diágrafo se le llama ele geminada.
Volver al inicio de El alfabeto
español
M,1.
f. Decimotercera letra del abecedario español, y
decimotercera del orden latino internacional, que representa
un fonema consonántico nasal y labial. Su nombre es eme.
Representa un sonido de articulación bilabial, nasal,
oclusiva y sonora.
2. f. Letra numeral que tiene el valor de 1000 en la
numeración romana.
m f. Decimotercera letra del abecedario español, y duodécima
de sus consonantes. Su nombre es eme.
FON. En su articulación, la úvula hace contacto con el
posdorso de la lengua y desvía la emisión del aire hacia las
fosas nasales. El español no tolera la m final, que se
transforma de forma sistemática en n.
LING. La m latina deriva de una letra fenicia que
significaba «agua». El jeroglífico que, en egipcio, notaba
n, tenía forma de línea ondulada, símbolo del agua. El
griego occidental presentaba dos formas. En la época de
Augusto, la forma clásica fue modificada con
el alargamiento hacia lo alto de los trazos oblicuos de
izquierda a derecha. De esta forma modificada derivan todas
las escrituras corrientes posteriores. Las formas minúsculas
proceden de deformaciones cursivas y del movimiento de
rotación hacia la derecha que afectó a todas las letras del
alfabeto hacia el s. III.
N,
Decimocuarta letra del alfabeto español que procede del latín y que a su
vez viene de una letra griega. Su nombre es ene. Los griegos la llamaron
nu, por su denominación semítica y fenicia nun, que
significa 'pez', tomada de la representación de una línea de agua en un
jeroglífico egipcio.
El
sonido de esta letra se emite a través de la nariz, con la vibración de
las cuerdas vocales, en tanto que la lengua, apoyada en los alvéolos,
impide el paso del aire por la boca. Así se pronuncia la n de
'nena' o la de 'son'. Existe una n dental producida por la
posición de la lengua en contacto con la parte posterior de los dientes,
cuando va delante de t, o de d, como en las palabras
'antes' y 'andar', aunque es más clara en francés. Se pronuncia como m cuando va junto a
v, como en la palabra 'envidia'. Apenas
tiene sonido o lo tiene muy relajado cuando va junto a m en el
grupo nm, como en la palabra 'inmenso'.
Ñ,
Decimoquinta letra del alfabeto español. Su nombre es eñe y sólo
se usa en español. La N es la En la norma culta del español en España y
América la grafía N tiene una articulación alveolar nasal,
/n/, con la punta de la lengua apoyada en la montaña
alveolar, justo encima de los incisivos superiores. Esta /n/
suele asimilarse al punto de articulación de la consonante
que le sigue, así la /n/ es dental delante de /t/ (antes),
velar [ŋ] delante de /x/, /k/ y /g/ (baŋco, coŋ gente),
bilabial [m] delante de /m/ (inmóvil, con matices) o /b/ (han
bombardeado).
A pesar de lo dicho anteriormente, en extensas áreas de
América y España la -n final e implosiva no se articula
alveolar /n/ sino velar [ŋ]. Esta articulación es igual a la
de la /n/ seguida de consonantes velares, como en "banco".
Actualmente la -n se articula velar en casi toda Andalucía,
Extremadura, León, Asturias y Galicia y se encuentra en
expansión en las regiones vecinas (en Murcia y partes de la
Mancha por ejemplo). En la América hispana la -n velar se
conoce en toda la cuenca caribeña, a saber, América Central,
norte de Colombia, Venezuela y las Antillas (Cuba, Puerto
Rico, República Dominicana). También suele ser velar la -n
en todas las regiones del pacífico, desde la costa pacífica
colombiana hasta Chile. Son tantas las zonas con -n velar en
América latina que resulta más fácil decir las que tienen -n
alveolar: casi todo México (excepto alguna zona costera del
Caribe), interior de Colombia, casi toda Bolivia, Paraguay,
Uruguay y Argentina, pese que también en el cono sur se ha
encontrado -n velar. En buena parte de las regiones
latinoamericanas la -n velar no es sólo final de palabra (camióŋ,
paŋ) como sucede en las zonas de España señaladas sino que
cualquier -n implosiva se articula velar: cambio ['kaŋbjo],
antes ['aŋtes].
Volver al inicio de El alfabeto
español
O,f. Decimosexta letra del abecedario español, y decimoquinta
del orden latino internacional, que representa un fonema
vocálico, medio y posterior.
2. f. Fil. Signo de la proposición particular negativa.
no saber ni hacer la a con un canuto.1. fr. coloq. Ser muy
ignorante.
2.(Del lat. ubi).
1. adv. l. desus. En donde.
3.(Del lat. aut).
1. conj. disyunt. Denota diferencia, separación o
alternativa entre dos o más personas, cosas o ideas. Antonio
o Francisco. Blanco o negro. Herrar o quitar el banco.
Vencer o morir.
2. conj. disyunt. U. generalmente ante cada uno de dos o más
términos contrapuestos. Lo harás o de grado o por fuerza.
3. conj. disyunt. Denota equivalencia, significando 'o sea,
o lo que es lo mismo'. El protagonista, o el personaje
principal de la fábula, es Hércules.
En el alfabeto griego hay una «o» breve, «ómicron» y una «o»
larga, «omega»
Se emplea como nombre de *forma: ‘Una varilla doblada en
forma de o’.
FON. En español se distingue un matiz de o cerrada y otro de
o abierta, cuya oposición sólo tiene valor fonético. La o
cerrada tiene el punto de articulación situado hacia la
parte posterior del paladar duro; por el contrario, la o
abierta es una vocal posterior, con un punto de articulación
más bajo que el propio de la modalidad cerrada.
LING. El ain fenicio significa «ojo», lo que concuerda con
las formas adoptadas por la O en las escrituras anteriores.
En el etrusco y en el latín arcaico está formada por dos
semicírculos de sentido contrario. Sólo aparece como un
círculo escrito de un solo trazo en los textos latinos
tardíos.
P,Decimoséptima
letra del alfabeto español, que procede del latín como
adaptación de la letra griega pi, que a su vez tuvo
su origen inicial en un jeroglífico egipcio. Su nombre es pe.
En español la
consonante p no presenta diferencias notables en su
pronunciación; fonéticamente se describe como una consonante
oclusiva, sorda, que tiene el mismo punto de articulación de
la b, porque es bilabial. En las palabras españolas
que son préstamos de otras lenguas el sonido p en
posición inicial corresponde a otra p
originaria, como ‘pala’ del latín ‘pala’, ‘paradigma’ del
griego paradeigma, ‘patata’ que se tomó de América, y
‘papaya’, palabra de origen filipino. Es muda cuando va en
posición inicial en los grupos ps y
pn como en ‘psicólogo’, ‘pneumólogo’. La Real
Academia Española permite incluso su desaparición de los
escritos y así se ha generalizado en el grupo pn,
pero existe una mayor resistencia a borrar la p del
grupo ps. En español no existe la combinación ph
para representar el sonido f, cosa que sí sucede en
las demás lenguas romances, y sólo se admite este dígrafo en
el caso de algunas marcas comerciales.
Q,Decimoctava letra del alfabeto español, procedente, a través del latín y
del griego, de la letra fenicia qoph, que a su vez se desarrolló
desde un jeroglífico egipcio. En las lenguas semíticas, la qoph
representa un sonido explosivo, y muy diferente de la menos enérgica
consonante griega.
En
las lenguas románicas y en otras lenguas modernas, siempre va delante de
la letra u excepto en las transcripciones de la semítica qoph,
como en la palabra ‘Iraq’, de donde procede el gentilicio ‘iraquí’,
aunque en el español escrito, como en otras lenguas, se vacila entre
Iraq e Irak. En castellano la letra se llama cu, y como en el
resto de las lenguas procedentes del latín, sólo se utiliza acompañada
de la u muda con las vocales e, i, como en las palabras ‘queso’,
‘pequeño’, ‘quien’ y ‘mantequilla’. Tiene el mismo sonido consonante que
la c ante la a, la o y la u.
Volver al inicio de El alfabeto
español
R,
RR,
Decimonovena *letra del abecedario.
Letra griega correspondiente, «rho» (r R). Su nombre es «erre»;
cuando se quiere aludir especialmente a su sonido suave, se
llama también «ere». Hay, en efecto, en español dos sonidos
representados por esta letra, ambos fricativos sonoros
laterales; pero uno suave (vibrante simple), representado
por «r», y otro fuerte (vibrante múltiple), representado por
«rr»; son tan distintos que, en realidad, se trata,
fonéticamente, de dos letras diferentes, e interesa
subrayarlo así para los extranjeros; en principio de palabra
y en principio de sílaba, cuando la sílaba anterior termina
en «b, l, n» o «s», es siempre fuerte por naturaleza, aunque
se representa por «r»: ‘ramo, subrepticio, alrededor,
Enrique, Israel’; en cualquier otro caso la escritura indica
la pronunciación: ‘cara, carro, cortar’.
En Andalucía tiende a desaparecer
en el final del infinitivo de cualquier verbo y, en general,
en cualquier palabra aguda: [llorá, comé, señó].
Para producir un efecto cómico, así como para poner énfasis
en la palabra, se mantiene el sonido «r» convirtiéndolo en «rrr...»
con sonido fuerte: ‘¡He dicho brrruto! ¡Te vas a cortarrr!’.
• METROL. Símbolo del roentgen.
• FON. En español existen dos fonemas representados por r:
la alveolar vibrante simple, para cuya articulación la punta
de la lengua se apoya en los alvéolos produciendo una
vibración, y la alveolar vibrante múltiple, caracterizada
por la pluralidad de vibraciones. Para representar el sonido
simple se emplea una sola r en la escritura, y se da en
posición no inicial (cara, pureza, mar) y siempre que no
vaya precedida de n, l o s (cuadro). Para la forma múltiple
corresponde ortográficamente la doble rr cuando va en
posición intervocálica (carreta, manirroto), y una sola r
cuando va en posición inicial (ramo) o precedida de n, l o s
(enredar, Israel, malrotar).
• LING. El nombre fenicio, ros, que significa cabeza, se
conservó en el nombre griego rho. La mayor parte de las
lenguas y dialectos italianos, comprendido el etrusco,
mantuvieron una forma sin pata anterior, como la del griego
clásico. El latín formó su r sobre la r con pata anterior
del griego occidental y de algunos dialectos italiotas. La r
normal de nuestras escrituras manuscritas proviene de la r
redonda carolina.
-RR- -rr-
1 Grupo de sonidos expresivos que entra en la terminación de
muchos nombres y adjetivos despectivos: ‘birria, cacharro,
ceporro, fanfarria, mamandurria, bodorrio, murria,
pequeñarro, purrela, purria, purriela, soñarra’.
2 También con carácter expresivo,
forma parte de muchas palabras relacionadas con el gato,
aludiendo al sonido producido por este animal: ‘ronronear,
marrullar, morro, morrongo’.
lalación f. Hablar balbuciente de los niños, consistente en
especial en pronunciar la «r» como «l».
¤ Anomalía que consiste en hablar de manera semejante, en
los adultos.
lambdacismo m. Fon. Defecto de *pronunciación que consiste
en pronunciar la «r» como «l».
rotacismo m. Fon. Conversión de «s» en «r» en posición
intervocálica.
reglas de transcripción grafema-fonema
Esta letra representa dos fonemas: las consonantes
alveolares vibrantes simple // y múltiple /r/. Además, forma
parte del dígrafo rr en la representación de la última.
(i) Se interpreta como la consonante alveolar vibrante
simple // cuando está situada en posición interior de
palabra entre vocales (caro) o precedida de los signos
consonánticos p, t, c, b, d, g y f, con los que representa
un grupo tautosilábico de /obstruyente/ + /líquida/ (prado,
tronco, acre, cabra, droga, gracia, frente). Debemos tener
en cuenta que no todos los grupos ortográficos br
representan una combinación tautosilábica de fonemas /b/: en
las palabras complejas formadas por prefijo terminado en /b/
y palabra con /r/ inicial (subrayar, subrogar, subrepticio y
abrogar), br representa los fonemas heterosilábicos /b.r/.
En la transcripción del DEFE estos casos deberán ser
tratados como excepciones ya que no son predecibles a partir
de la ortografía.
(ii) Se interpreta como la consonante alveolar vibrante
múltiple /r/ cuando está situada en posición inicial de
palabra, o en interior si va precedida de los signos
consonánticos n, l, s y z, con los que no forman grupo
tautosilábico (honra, alrededor, Israel, azre). La vibrante
múltiple en posición intervocálica es representada con el
dígrafo rr (carro). En todos estos casos, la vibrante
múltiple ocupa la posición de ataque silábico.
(iii) En posición de coda silábica, ya sea en interior -ante
signo consonántico- (carne) o en final de palabra (amar),
hemos considerado que la vibrante simple // es el segmento
no marcado por énfasis en la pronunciación, como prueba que
en el decurso ante la vocal de la palabra siguiente se
resilabea como vibrante simple y no como múltiple: (mar azul)
/'ma.a.'ul/, */'ma.ra.'ul/. La representación gráfica de
estos contextos siempre es r.
En el DEFE, representamos la vibrante simple con el signo r
y la múltiple con R. Por la coincidencia de los signos
ortográfico y fonético, no son necesarias reglas para la
transcripción de la primera consonante, éstas deberán
referirse a la realización de r como la vibrante múltiple y
al dígrafo rr.
La Regla {r = R (I)} convierte la letra r en el signo que
representa la vibrante múltiple cuando está en posición
inicial de palabra y ante las consonantes l, n, s y z.
También, en casos como subrayar, subrogar, subrepticio y
abrogar, en los que será necesario hacer una presilabación (introduciendo
el signo « - » entre el prefijo y la palabra con vibrante
múltiple inicial representada con r) antes de la aplicación
de FON1.
Regla 16 : r = R (I) (primera versión)
Para la transcripción del dígrafo necesitamos dos reglas:
una de conversión de uno de los grafemas en R y otra que
elida el segundo grafema. Una primera aproximación a estas
reglas es la siguiente:
Regla 17 : r = R (II) (primera versión)
Regla 18 : r = Ø
En el contexto anterior al foco de la Regla 17 negamos el
signo r para evitar la contradicción formal que ya
comentamos en el dígrafo ll: distintas salidas para una
misma entrada de dos reglas (el contexto no especificado
anterior al foco de 17 incluiría r, como 18, y el contexto
no especificado posterior al foco en 18 también incluiría r,
como en 17).
No obstante, la aplicación de la Regla 17, tal y como está
formulada, coincidiría con la transcripción que realiza la
Regla 16: el contexto anterior al foco, "distinto a r", de
aquélla incluye los signos que aparecen en el contexto
anterior al foco de la Regla 16, y el contexto siguiente al
foco no especificado de ésta incluye el signo r de ese mismo
contexto en la Regla 17. Para romper este solapamiento se ha
de restringir la transcripción en una de ellas, por ejemplo,
negando en el contexto anterior al foco de la Regla 17 los
contextos de aplicación de 16:
Regla 17 : r = R (II)
Las reglas para la transcripción de r que hemos mostrado
sólo contemplan los casos existentes en la lengua española;
con ellas no podríamos transcribir los contextos
ortográficos mr, ñr, llr, yr (y con valor consonántico), jr
y wr. Aunque estas combinaciones de grafemas no aparezcan en
ninguna palabra, debemos considerar cuál sería su
interpretación fónica para prever el comportamiento de la
vibrante en el caso de nuevas adquisiciones léxicas que las
contengan.
Desde nuestra competencia, y atendiendo a los valores
regulares de m como /m/, ñ como // y ll como //, tras estos
fonemas habría un límite silábico, y r sería interpretada
como vibrante múltiple. Serían casos semejantes a los de /r/
tras la lateral /l/ y la nasal /n/. De hecho, las palatales
// y // no son propias del español en la distensión silábica
y se realizarían como alveolares; también sería esa la
tendencia de la nasal bilabial en dicha posición, al menos
en el habla menos cuidada. Por tanto, debemos introducir en
el contexto anterior al foco de las Reglas 16 y 17 los
signos m y ñ. El dígrafo ll quedaría incluido con la letra
l: como no especificamos el segundo contexto anterior al
foco de esas reglas, "cualquier contexto" abarcaría también
la primera ele del dígrafo.
Regla 16 : r = R (I)
Regla 17 : r = R (II)
En cuanto a los grafemas y, interpretado como //, y j,
interpretado como /x/, han de representar con r un grupo de
/obstruyente/ + /líquida/, en el que r tendría valor de
vibrante simple. Harris (1991:25) menciona la pronunciación
/xus'ef/ (Kruschev) en el español de la ciudad de Méjico. No
necesitaremos regla de transcripción para estos casos.
Finalmente, el valor fónico de w es impredecible, por lo que
no tendremos en cuenta su agrupación con r en las reglas de
transcripción; cualquier neologismo con esta agrupación
grafemática deberá ser tratado como una excepción.
El conjunto de Reglas 16, 17 y 18 que hemos presentado
transcriben correctamente el grafema r como vibrante simple
en los contextos descritos, pero podemos realizar una
modificación formal que simplifica su aplicación:
En lugar de restringir el contexto anterior al foco de la
Regla 17, lo dejamos sin especificar (evitamos que el
programa tenga en cuenta nueve combinaciones grafemáticas,
pues se aplicaría sin restricciones en cualquier contexto) y
negamos la aplicación de las Reglas 16 y 18 cuando en el
contexto siguiente al foco sea r, para evitar los
solapamientos entre 16 y 17 y entre 17 y 18.
Las versiones definitivas de las reglas de transcripción de
r son:
Regla 16 : r = R (I) -
Regla 17 : r = R (II) -
Regla 18 : r = Ø
El contexto no especificado anterior al foco de la Regla 17
incluye todos los signos contenidos en ese mismo lugar en la
Regla 16; ambas reglas tendrían la misma aplicación, pero se
diferencian en las especificaciones del contexto posterior
al foco: en 17 sólo se aplica ante r; en 16, en cualquier
situación excepto en r. También el contexto no especificado
anterior al foco de 17 incluye el signo r de la regla 18 en
esa misma posición, pero ambas se diferencian en las
especificaciones del contexto posterior: "sólo ante r"
(Regla 17) - "siempre, menos ante r" (Regla 18). Las Reglas
16 y 18 tienen en común las especificaciones del contexto
posterior al foco, pero difieren en las del contexto
anterior; no se solapan.
S,
1. f. Vigésima segunda
letra del abecedario español, y decimonovena del orden
latino internacional, que representa un sonido consonántico
fricativo sordo. Entre muchas variedades de articulación
tiene dos principales: la apical, que domina en la mayor
parte de España, y la predorsal, más frecuente en las
regiones meridionales de España y en Hispanoamérica; al
final de palabra, se suprime o se aspira: [loójo, lojójo]; y
hay zonas donde se pronuncia como «z». Ver Ceceo y Seseo.
Su nombre es «ese». Es una consonante alveolar fricativa
sorda; se articula aplicando la punta de la lengua a los
alvéolos superiores y dejando cerrado con los bordes de ella
el velo del paladar; el aire se abre paso por una abertura
muy pequeña entre la punta y los alvéolos. Delante de «r»,
lo que ocurre cuando un artículo plural precede a un nombre
que empieza por «r», se debilita mucho y, en lenguaje rápido,
puede llegar a perderse: ‘lo ríos’.
En regiones meridionales de España y en Hispanoamérica S
líquida. Fon. S inicial seguida de otra consonante, por
ejemplo la «s» de «snob».
FÍS. NUCL. Letra con la que se designa el número cuántico de
espín.
Símbolo de la extrañeza.
METROL. Símbolo del segundo.
FON. En español existen dos tipos de s: la alveolar
fricativa sorda o apicoalveolar, que se articula aplicando
el ápice de la lengua en los alvéolos de los incisivos
superiores, lo que confiere a este fonema un carácter
semipalatal, y la predorsal fricativa sorda, característica
del andaluz y de parte del español de América, que se
diferencia de la anterior por apoyar la punta de la lengua
en la cara interna de los incisivos inferiores. La s
española, por lo general, es sorda, y de forma esporádica
puede sonorizarse por la vecindad de una consonante sonora,
pero no constituye un fonema, sino una variante combinatoria.
LING. La letra s en fenicio significa probablemente «diente»;
el signo protosinaítico habría tenido una forma redondeada.
En latín, las formas primitivas se encuentran en la forma
clásica, realizada en tres trazos. Reaparece con
simplificaciones en las cursivas y en todas las formas
ulteriores. En las góticas, en posición final, aparece la S
capital a fines del s. XII. La escritura humanística
mantiene la s larga a fines del s. XVIII.
ceceo.
Acción y efecto de cecear.
Fonét. Pronunciación de la S con
una articulación interdental de timbre igual o parecido al
de la C o Z actual. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Patol. sigmatismo interdental, a
extremidad de la lengua queda demasiado cerca de los
incisivos o entre los dientes. [Ajuriaguerra, 1987]
Fenómeno estrechamente ligado a la
transformación del sistema de sibilantes medievales del
español; es un trueque que se extiende por las zonas de
Andalucía siguientes: S. de la prov. de Huelva, la mayor
parte de la de Sevilla, toda Cádiz, casi toda Málaga y el O.
de Granada además de Las Alpujarras, entrando en la zona
oriental de Almería
ceceo gitano. Fenómeno estrechamente ligado a ciertas capas
sociales como son los gitanos. [Joäo de Barros]
cecear intr. Pronunciar las eses como ces, como peculiaridad
lingüística de ciertas regiones o por defecto de
pronunciación.
seseo. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Fonét. Pronunciación de la C o Z como S, ya sea ésta corono-dental
o predorso-dental (Andalucía), ya áfrico-alveolar (Cataluña,
Valencia, Baleares).
zopas (inf.; con artículo sing.) n. Se aplica a la persona
que cecea, por alusión a la manera de pronunciar la palabra
«sopas».
T,
Vigésima
primera letra del alfabeto español. Su nombre es te. Se deriva de un
carácter romano del mismo nombre, que se tomó de la letra griega tau.
Procede de taw, última letra del alfabeto fenicio que representa
una cruz o marca de pertenencia. Ésta a su vez tiene su origen en un
jeroglífico egipcio.
La
letra t representa el sonido que se produce al chocar el paso del
aire con la punta de la lengua, que está apoyada en la parte interior de
los dientes mientras permanecen inactivas las cuerdas vocales. La
consonante t presenta escasas variaciones dentro del español.
Existe una pronunciación parecida a la del inglés americano en el
español de Chile.
La T es consonante dental oclusiva
sorda. Se articula apoyando fuertemente la punta de la
lengua contra la cara interna de los dientes superiores, y
manteniendo muy poco abiertos los maxilares, de manera que
la lengua toca también con la punta los dientes inferiores.
Los lados de la lengua tocan la cara interna de los molares
superiores y cierran por allí el paso al aire.
En medio de sus características generales, la T, como las
demás consonantes plosivas, ofrece una intensidad
articulatoria diferente según el lugar que ocupa dentro de
la palabra. Así, la T es producida con más fuerza en
posición inicial absoluta de palabra y al principio de
sílaba precedida de otra consonante que no lo es cuando se
encuentra situada entre dos vocales. La T, en tiempo,
temible, toma, arte, partido, contra, etc., posee una
intensidad de articulación mayor que en vocablos como pato,
y pito.
Este aflojamiento en la intensidad de la articulación de T
entre dos vocales, explicable por el carácter abierto de
dichos sonidos, es el que explica también el por qué la T,
en la posición dicha, manifiesta una etapa de evolución
histórica más pronunciada que en otras. Así, tenemos que la
T del latín, en posición intervocálica, no se conserva como
t, como ocurre en posición inicial (tempus da tiempo, tantum
da tan, timere da temer, etc.), sino que á través de
modalidades fonéticas sucesivas se convierte en d en
castellano (pratum da prado, acutum da agudo, amatum da
amado, etc.), y, en algunos idiomas, por ejemplo en el
francés, llega incluso a desaparecer completamente (rotam da
español rueda, francés roue; setam da español seda, francés
soie, etc.).
Ha sido dicho que la T es un fonema de articulación
post-dental. Ello, como cosa general, y en particular para
el español. Porque es innegable que en algunos idiomas dicha
consonante asume un carácter de articulación pronunciada más
hacia dentro de la cavidad bucal, de modalidad alveolar y a
veces prepaladial, lo que explica que la emisión de la
consonante vaya, seguida de una especie de desgaje
espiratorio represen-table por una h aspirada. Anótese que
esto no es lo normal en las lenguas neolatinas. Como
fenómeno peculiar de éstas, sobre todo en sus representantes
el francés y el español, consígnese la pérdida de la t
cuando originariamente forma grupo con r. La observación de
ejemplos típicos, como patrem, matren, fratrem, petram,
etc., en sus reflejos padre (pop. páere), madre (pop. mare),
y en francés père, mère, frère, pièrre, ilustra
suficientemente el caso.
Indiquemos, finalmente, el resultado actual de la ch
española, procedente del grupo ct evolucionado (factum da
hecho, lactem da leche, lectum da lecho, noctem da noche,
etc.), que el francés nos ofrece en una etapa al parecer
todavía retrasada.
Volver al inicio de El alfabeto
español
U,
Vigésima segunda *letra del alfabeto español. Es una vocal
velar, la más cerrada, que se pronuncia con los labios más
abocinados que para pronunciar la «o» y con la lengua más
retraída. Se aprecia fácilmente la debilitación de la «u»
cuando está en diptongo o contigua a sílaba acentuada: se
llama «semivocal» en los diptongos «au, eu» y «semiconsonante»
en «ua, ue, ui, uo», designaciones cuya justificación se
encuentra fácilmente en la práctica; y se llama «relajada»
cuando va delante o detrás de una sílaba acentuada (no
acentuada, por tanto, ella misma), caso en el cual se pasa
rápidamente de la una a la otra de las dos consonantes.
El nombre de la «u» se emplea como nombre de su forma;
particularmente, aplicado a las barras de acero laminado
cuyo perfil la tiene.
FON. La u española es una vocal posterior para cuya
articulación el posdorso de la lengua se levanta hacia el
velo del paladar, manteniéndose la punta de la lengua a la
altura de los alvéolos inferiores, los cuales puede rozar;
los labios permanecen alargados y abocinados durante la
emisión. Se distinguen una u cerrada, una u abierta, una u
relajada (cuando forma parte de una sílaba situada entre un
acento principal y otro secundario), una u semivocal (como
segundo elemento de diptongos decrecientes) y una u
semiconsonante (como primer elemento de diptongos crecientes).
reglas de transcripción grafema-fonema
Letra u (y ü).
La letra u ha de llevar diéresis para representar el valor
vocálico en las sílabas /ge/ y /gi/. Como éste es el único
contexto de la diéresis en las palabras de la lengua
española, la Regla {ü = u}, que realiza la transcripción
pertinente, no necesitará más especificaciones.
Regla 19 : ü = u
La letra u (sin diéresis) representa la vocal media alta
posterior /u/, excepto en tres de sus contextos de aparición:
(1) Cuando forma parte de los grupos grafemáticos que, qui,
gue, gui, acentuados o no gráficamente, en los que no tiene
realización fonética.
(2) En el grupo grafemático hu seguido de vocal, donde
representa el fonema aproximante labiovelar /w/ (cf. supra,
letra h). Este grupo puede encontrarse en posición inicial
absoluta (hueco, hueso, huevo) y en posición interior tras
vocal (alcahuete, ahuecar, chihuahua), con la condición, en
este caso, de que no haya hiato entre la u y la vocal que le
sigue. En posición interior tras consonante el valor fónico
de u es impredecible a partir de la ortografía: generalmente
representa a la consonante /w/, por ejemplo, en deshuesar
(se trataría de palabras formadas a partir de { h u V }
inicial); pero también puede representar a la vocal /u/, por
ejemplo, en ushuaiense. Este último valor fónico es poco
productivo, pero ha de ser tenido en cuenta. En las
agrupaciones { C h u V }la consonante no puede ser c, puesto
que sería interpretada como //. El comportamiento de u en
todos estos casos es paralelo al de i en la misma
configuración grafemática.
(3) En las combinaciones de grafemas { V u V } también
representa la consonante aproximante labiovelar /w/. Dichas
combinaciones tendrían una estructura silábica { V-uV },
puesto que una vocal velar es un segmento que no puede
aparecer como ataque silábico. Es un caso paralelo que hemos
descrito de { V i V }.
No necesitaremos regla alguna para transcribir la
representación del grafema u como vocal, sí para elidirlo
cuando su representación fonética sea nula. La Regla {u = Ø}
realiza la operación pertinente:
Regla 20 : u = Ø
Se ha especificar el contexto posterior al foco para poder
elidir la u correctamente. Tras q, la letra u tiene una
realización fónica como vocal en palabras como quark, quásar,
quáter y quórum. No existe ningún ejemplo con la agrupación
quu, pero si la hubiese, la interpretación fónica del
hablante sería /ku.u/: ambos signos u se pronunciarían como
vocal y habría un límite silábico entre ellos. La u del
grupo qu tiene una realización fónica nula sólo ante e, é, i,
í. En cuanto a gu, puede representar al grupo de fonemas /gu/
(por ejemplo, en guante y gula); al igual que en qu, la u
sólo tiene valor fónico nulo cuando precede a e, é, i, í.
En cuanto a la interpretación de u como consonante, ya hemos
indicado que los contextos ortográficos en los que aparece
son equivalentes a los de i con el mismo valor:
_ h u V /
V h u V /
C h u V /
_ u V /
V u V
Los tres primeros tienen cierta productividad, tanto en
palabras propias del llamado español peninsular (hueso,
deshuesar, ahuecar, parihuela, vihuela, etc.), como en
americanismos (ahuehué, cacahual, cacahué, nahua, etc.);
pero no sucede lo mismo con los dos últimos. En posición
inicial tenemos el término desusado uebos, y ueste,
uesnorueste y uessudueste, variantes ortográficas de oeste,
oesnorueste y oessudueste, respectivamente; en posición
interior sólo cleuasmo. El DGILE (1986) recoge el verbo
interviuar, que en la última edición del diccionario
académico (DRAE, 1992) ha sido adaptado como interviuvar.
Para interpretar u en su valor consonántico necesitamos un
conjunto de reglas semejantes a las ya descritas para i con
ese mismo valor; en su diseño deberemos tener en cuenta las
siguientes consideraciones, equivalentes a las comentadas
para dicha letra:
(i) Las reglas con un formato generalizador, como las que a
continuación se indican, contemplan casos inexistentes:
secuencias con dos tildes en una misma palabra. Para
evitarlo, deberemos desdoblar la información contextual
siguiendo la pauta comentada para i.
Regla u = w (I)
Regla u = w (II)
(ii) Con esas reglas también obtendríamos transcripciones
incorrectas: si las vocales que siguen al foco son u y ú, la
interpretación fónica de u es como vocal y no como
consonante. No hemos localizado ejemplos con estas
combinaciones, pero debemos preverlas porque ésa sería su
pronunciación regular.
(iii) También debemos incluir la marca de división silábica
en el contexto anterior al foco para poder transcribir
aquellos casos en que ésta sea pertinente en la
interpretación fónica de u y no pueda ser deducida del
contexto ortográfico, por ejemplo, en deshuesar.
(iv) Para la letra u no se ha de tener en cuenta la
restricción de los grupos qu y gu comentada para i: en el
contexto anterior al foco de las reglas que transcribirán u
como consonante no aparecerán q y g sino los signos que ya
hemos mencionado.
Las reglas de transcripción {u = w} serán las siguientes:
Regla 21 : u = w (I)
Regla 22 : u = w (II)
Regla 23 : u = w (III)
Regla 24 : u = w (IV)
«Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática
del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del
Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999)
»
V,
Vigésima tercera *letra del
alfabeto español. La «v» no se pronuncia en español con el
sonido labiodental que tiene en otros idiomas, sino
exactamente con el mismo sonido de la «b». Sin embargo, la
distinción de la «v» y la «b» es corriente en comunidades
autónomas españolas con lengua propia, por ejemplo en
Valencia o Cataluña, cuando se habla español. Su nombre es «uve»
o «ve». Este último es el nombre tradicional, pero, como
identificaba la pronunciación de esta letra a la de la «be»,
surgió el nombre «uve», que es el usado corrientemente.
(con mayúsc.) En la numeración romana, representa *cinco.
LING. La historia de la letra v se corresponde con la de la
letra u : la u latina deriva de la ípsilon griega, que
procede a su vez del fenicio wau. La v se empleó cada vez
con más frecuencia en posición inicial en la época gótica, y
en 1492 Antonio de Nebrija defendió la necesidad de
distinguir en la escritura la vocal u de la consonante v ;
la independencia entre ambas letras se consolidó en el
español a partir del s. XVI. El español conservó la v
labiodental hasta los ss. XVI-XVII, pero en la actualidad
ésta se mantiene únicamente en el judeoespañol de Oriente.
reglas de transcripción grafema-fonema
Siempre representa la consonante bilabial oclusiva sonora
/b/. La Regla {v = b} realiza su transcripción:
Regla 25 : v = b
«Antonio Ríos Mestre - La Transcripción Fonética Automática
del Diccionario Electrónico de Formas Simples Flexivas del
Español: Estudio Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999)
»
La historia de la V está indisolublemente unida a la de la
letra B.
A efectos de estas grafía, importa considerar que el latín
contaba con el fonema consonántico /b/ (oclusivo sonoro
bilabial) y con el fonema vocálico /u/; el primero, se
grafiaba con B y el segundo con V.
Este fonema vocálico, siempre que precedía a una vocal en la
misma sílaba, desarrolló, ya antes del siglo I adC, un
alófono asilábico [w] caracterizado como fricativo
labiovelar. Tras producirse determinados cambios fónicos del
tipo HOIC > HVIC, la anterior situación dejó de ser
predecible, por lo que ese alófono se fonologizó y
consonantizó en forma de /β/ (fricativo bilabial sonoro; que
sería el correlato sonoro del fonema /f/).
Estos cambios provocaron que, en posición intervocálica,
este nuevo fonema se confundiese con la evolución de /b/
intervocálico, un alófono también fricativo bilabial sonoro.
Consecuentemente, en latín vulgar son frecuentes las
alternancias gráficas de B/V en formas como VIVA/VIBA o SIVI/SIBI.
Por lo que respecta a la posición inicial de palabra, y
sobre todo si la palabra anterior terminaba en vocal,
también se daban confusiones, aunque en menor medida.
En la Edad Media, los fonemas /b/ y /β/ existían de forma
perfectamente diferenciada en situación intervocálica y,
menos claramente, en inicial. Según algunos estudiosos, como
Alarcos Llorach, esa distinción se mantendría hasta el siglo
XV, aunque en opinión de otros habría desaparecido antes.
En principio, la ortografía medieval no distingue los
resultados de B y V latinas en situación intervocálica, por
lo que ambas se suelen escribir como V. En posición
postconsonántica, el fonema /β/ se grafía como U hasta el
siglo XIV y luego alterna con V: encontramos, así, selva y
selua.
En su evolución en determinados territorios, en el periodo
que va del siglo VI al X, la V (/β/) se hizo labiodental,
/v/, tal y como hoy se pronuncia en francés, italiano y en
algunos dialectos catalanes (en las Islas Baleares) y en el
valenciano).
Sobre la naturaleza de la pronunciación de la V en
castellano medieval hacia esos siglos hay muchas dudas, pues
no hay pruebas concluyentes al respecto y además parece
claro que hacia el siglo XI esa pronunciación ya era otra
vez /β/.
Mientras que para Menéndez Pidal la hipótesis es descartable,
para otros autores esta V sería labiodental, como sucede en
casi todas las lenguas neolatinas. Dámaso Alonso, por
ejemplo, afirma que en el norte peninsular esa pronunciación
labiodental no se dio por influjo del vasco y del sustrato
en general, pero reconoce que sí se dio en el sur.
Un hecho que podría demostrar que el castellano antiguo
tenía un fonema /v/ labiodental es la situación de los
dialectos de las lenguas vecinas, catalán y portugués, donde
la distinción /v/-/b/ convive con su confusión, igual que en
castellano. Tanto en portugués como en catalán hay dialectos
que confunden B/V, mientras que los dialectos distinguidores
tienen todos /v/ labiodental. Podemos constatar también que
esos dialectos que confunden las grafías históricas B y V
partían de una distinción previa donde una /b/ bilabial se
oponía a una /v/ labiodental. Como el portugués y el catalán
ocupan las áreas laterales de la Península Ibérica, podemos
pensar que la existencia de la labiodental debía tener una
extensión mucho mayor que la actual en territorio
peninsular. Otro hecho que apoya la existencia de /v/ en
castellano antiguo es la supervivencia de esa articulación
en algunos dialectos del judeoespañol (en Bucarest, por
ejemplo) que conservan muchos rasgos del español hablado en
España en el siglo XV.
¿Por qué se perdió la distinción de las grafías B/V en
español? Si suponemos que en español antiguo hubo una
oposición del tipo /v/ labiodental opuesta a /b/ bilabial
podemos pensar que la confusión se produjo del mismo modo
que actualmente ocurre en catalán. De ser cierta esta teoría,
el betacismo (articulación de /v/ como /b/) se produce en
español por la conjunción de dos hechos fonéticos comunes a
algunos dialectos catalanes y portugueses: una /v/
labiodental sin fricción audible, como la W del neerlandés,
y una /b/ articulada aproximante o fricativa en contexto
intervocálico(como la "b" o "v" actual en "pavo" o "sabor").
Como la distancia auditiva entre unas /v/ y /b/ aproximantes
es muy estrecha, cuando confluyen los dos procesos
mencionados el fonema /v/ desaparece absorbido por el fonema
/b/. Es probable que el castellano antiguo, el portugués
septentrional, el gallego y el occitano meridional
compartieran ese mismo proceso que condujo a la eliminación
temprana de la /v/ labiodental.
Ningún dialecto español moderno conserva la antigua
distinción entre las grafías B y V, pero frecuentemente
hallamos una articulación labiodental /v/ en hablantes con
conocimientos de lenguas extranjeras, concretamente el
inglés o el francés. Esta tradición de pronunciar /v/ la
grafía V tiene su origen en dos hechos concretos: la mayoría
de las gramáticos españoles desde la época clásica
describían una /v/ labiodental para la grafía V del español,
además la mayoría de las lenguas cultas vecinas tienen /v/
por lo cual la confusión del español es vista por algunos
como una pronunciación defectuosa. Este supuesto defecto de
confundir B y V tuvo el amparo de la Real Academia Española,
la cual aconsejó la pronunciación labiodental hasta su
Ortographía de 1754.
Actualmente ninguna autoridad normativa del español
recomienda la distinción de B y V y se suele considerar que
la articulación labiodental /v/ es incorrecta y afectada. A
pesar de esta consideración, lo cierto es que muchos
hablantes cultos de español, especialmente en América,
producen a veces una /v/ labiodental, un hábito
articulatorio que no constituye arcaísmo alguno ni responde
a la pronunciación espontánea de ningún sujeto
hispanohablante nativo. Como decíamos, esta distinción
artificial, meramente ortográfica, de las grafías B y V se
debe a la influencia de lenguas como el inglés o el francés
donde sí existe una articulación labiodental para la V.
Según los estudios realizados, casi todo el español habría
perdido la distinción entre las grafías B y V en torno al
siglo XV. La pérdida de esta distinción creó una gran
confusión acerca del uso de estas dos grafías de modo que en
el Diccionario de Autoridades de 1726 se modificó la
ortografía de B o V en función de criterios etimológicos y
no del uso que antaño distinguía, a nivel oral y escrito,
las grafías de B y V. Siguiendo los nuevos criterios
ortográficos la V del imperfecto de indicativo pasa a B,
como en latín. Como ejemplos de la nueva ortografía
encontramos que "cantava" pasó a "cantaba" y "cavallo" se
cambió por "caballo" (comparar con portugués "cantava", "cavalo"
y catalán "cantava", "cavall").
W,
1. f. Vigésima cuarta letra
del abecedario español, y vigésima tercera del orden latino
internacional, usada en voces de procedencia extranjera. En
las lenguas en las que existe como fonema, su articulación
es ora de u semiconsonante, como en inglés, ora fricativa
labiodental y sonora, como en alemán. En español se
pronuncia como b en nombres propios de personajes godos, p.
ej., en Walia, Witerico, Wamba; en nombres propios o
derivados procedentes del alemán, p. ej., en Wagner,
Westfalia, wagneriano, y en algunos casos más. En vocablos
de procedencia inglesa conserva a veces la pronunciación de
u semiconsonante; p. ej., en Washington, washingtoniano. Su
nombre es uve doble, ve doble o doble ve.
La forma primitiva de la W fue una
VV (V doble) usada en el siglo VII por los primeros
amanuenses anglosajones; fue a partir de este dígrafo <uu>
que la letra tomó su nombre (doble u o doble v según la
pronunciación particular de cada idioma). Este dígrafo no
tuvo en principio amplio uso, pues el sonido solía ser
representado por la runa wynn Ƿ. Denotaba la semiconsonante
germánica W, pues no tenía correspondencia en las lenguas
románicas, ya que la W latina había pasado a ser labiodental.
La W ganó popularidad a partir de la conquista normanda de
1066, de tal modo que alrededor 1300 ya había tomado el
lugar de wynn en el uso común. Otras formas de la letra
fueron un par de V cuyos brazos se cruzaban en el medio. Una
forma cursiva obsoleta que se encuentra tanto en el inglés
como en el alemán del siglo XI es la forma de una n cuyo
brazo derecho se curva hacia arriba como una v cursiva (compárese
con ƕ).
El fonema /w/ del latín devino en /v/ en las lenguas
romances; por esta razón la V dejó de ser apropiada para
representar el sonido /w/ de las lenguas germánicas. En
alemán, al igual que sucedió en las lenguas romances, el
fonema /w/ terminó siendo /v/ (ésta es la razón por la cual
la W alemana representa tal sonido). En holandés, W es una
aproximante labiodental (salvo las palabras que contienen el
diptongo eeuw, que se pronuncia /eːw/), o cualquier otro
diptongo que contenga –uw).
ORTOGR. En palabras totalmente incorporadas al idioma es
frecuente que la grafía w haya sido reemplazada por v
simple; p. ej., en vagón, vals, vatio.
FON. En alemán, la w tiene el valor de la v en las lenguas
románicas. En inglés y neerlandés, tiene el sonido de u
semiconsonante. Sin embargo, esta regla presenta, en inglés,
numerosas excepciones, y los diptongos en w, sobre todo los
situados al final de palabra, tienen sonidos muy variados.
LING. Fue creada a comienzos de la Edad Media para notar la
semiconsonante germánica w, que no tenía correspondencia en
las lenguas románicas, en las que la w latina había pasado a
labiodental. En la época moderna, se ha conservado en los
vocablos tomados del alemán y del inglés.
Volver al inicio de El alfabeto
español
X,
1. f. Vigésima quinta letra
del abecedario español, y vigésima cuarta del orden latino
internacional, que representa un sonido consonántico doble,
compuesto de k, o de g sonora, y de s, p. ej., en axioma,
exento, que ante consonante suele reducirse a s; p. ej., en
extremo, exposición. Antiguamente representó también un
sonido consonántico simple, fricativo, palatal y sordo,
semejante al de la sh inglesa o al de la ch francesa, que
hoy conserva en algunos dialectos, como el bable. Este
sonido simple se transformó después en fricativo, velar y
sordo, como el de la j actual, con la cual se transcribe hoy,
salvo excepciones, como en el uso mexicano de México,
Oaxaca. Su nombre es equis.
2. f. Se emplea también para designar a una persona supuesta
a la que no se asigna nombre determinado, o de nombre
desconocido.
3. f. Mat. Signo con que puede representarse en los cálculos
la incógnita, o la primera de las incógnitas, si son dos o
más.
4. f. Letra numeral que tiene el valor de diez en la
numeración romana(con mayúsc.) rayos X, sala X
¤ (inf.) O para referirse a una cosa cualquiera, aunque no
sea una cantidad: ‘Algo hubo entre ellos, llámalo x’.
(con mayúsc.) Se utiliza como abreviatura de «miércoles» en
calendarios, horarios, etc., para evitar la confusión con «martes».
(con mayúsc.) Se usa en aposición a «película» para indicar
que ésta tiene un alto contenido erótico.
(con mayúsc.) También a «sala» para indicar el local que
exhibe este tipo de películas.
• LING. Se desconoce el origen exacto del signo X. El griego
representaba el sonido ks con un signo derivado del samek
fenicio, reservando el signo X para la gutural sorda kh. En
latín, el nombre de la letra (iks) es tardío; la
pronunciación ordinaria es ks y algunas veces casi sonora gs.
En español, su empleo es muy reducido.
reglas de transcripción grafema-fonema «Antonio Ríos Mestre
- La Transcripción Fonética Automática del Diccionario
Electrónico de Formas Simples Flexivas del Español: Estudio
Fonológico en el Léxico - Volumen 4 (1999) »
Representa una agrupación de dos fonemas /k/ + /s/, según se
expresa en la Regla {x = ks}.
Regla 26 : x = k + s
Y,
f. Vigésima sexta letra del
alfabeto. Se la llama «i griega» o, raramente, «ye». Letra
griega correspondiente, ípsilon (U, u). En final de palabra
o, en palabras extranjeras, en final de sílaba, suena como «i».
En otro caso, es una consonante palatal africada sonora y se
articula de manera semejante a la «ch», pero con más amplio
contacto entre la lengua y el paladar y la punta de aquélla
aplicada naturalmente a los dientes inferiores, aunque esto
no es necesario. En algunas regiones españolas,
especialmente en Andalucía, zonas de Toledo y en algunas
hispanoamericanas, tiene sonido semejante al de la «j»
francesa y antigua castellana; esto da lugar en
Hispanoamérica a una discriminación de sonidos en palabras
que, escritas en español unas veces con «y» y otras con «hie»,
se pronuncian siempre igual; por ejemplo, mientras «hierba»
se pronuncia a la española, «yerba» (la hierba mate),
escrita así, con «y», se pronuncia con esta letra al estilo
de la «j» francesa.
• FON. En castellano antiguo, la z correspondía a una
africada sonora. En el s. XVI se convirtió en interdental
fricativa sorda. Para su articulación, la punta de la lengua
se sitúa entre los incisivos, sin que se produzca vibración
de las cuerdas vocales.
• LING. La dzeta griega corresponde al zai fenicio, que en
arameo significa arma; no obstante, la palabra es de origen
iranio. La z habría existido antiguamente en latín, pero
habría sido suprimida en la época del censor Apio Claudio
(312 a.J.C.). Fue reintroducida hacia mediados del s. I
a.J.C., para representar la s sonora en los préstamos del
griego; se colocó al final del alfabeto.
yeísmo m. Pronunciación de la «ll» como «y».
reglas de transcripción grafema-fonema
Este grafema representa la consonante fricativa palatal
sonora // excepto cuando aparece en posición final de
palabra, donde es interpretado como la vocal cerrada
anterior /i/, no silábica, de los diptongos decrecientes
tónicos; por ejemplo, hay, hoy, comboy, buey, Espeluy. En el
primer caso no se necesita transcripción por la
correspondencia entre los signos de las representaciones
ortográfica y fonémica del DEFE.
Siguiendo la norma ortográfica, la regla que transcribiría y
como vocal sólo debería especificar en el contexto siguiente
al foco la marca de límite de palabra:
Regla 27 : y = i (primera versión)
Sin embargo, hemos constatado casos anómalos en la
interpretación fónica regular de ese grafema. Existen los
gentilicios fraybentino (de Fray Bentos, Uruguay) y
chachapuyno, variante ortográfica de chachapoyano (de
Chachapoyas, Perú), en los que y con valor de vocal aparece
en posición interior. Además, tenemos ejemplos de
extranjerismos (generalmente provenientes del inglés)
acabados en y final cuyo plural es ys: cowboys, ferrys,
gays, hobbys, rallys8.
Si queremos transcribir correctamente estos casos, debemos
cambiar la información contextual de la regla. La letra y se
interpretará como consonante // cuando precede a una vocal,
de la que será ataque silábico; y se interpretará como vocal
/i/ cuando no precede a una vocal, es decir, cuando está
situada ante consonante y en posición final.
La Regla {y = i} convertirá y en su valor vocálico. En el
contexto siguiente al foco de esta regla no indicamos la
posición final de palabra, sino "distinto a vocal"9.
Regla 27 : y = i
Debemos comentar que la Regla {y = i} transcribirá una vocal
en el contexto yr, para el que habíamos propuesto una
pronunciación hipotética // al describir las reglas de
transcripción de r. Preferimos mantener el valor de y como
vocal en estos casos, porque un grupo // es más extraño en
la lengua española que /i/10.
Z,
1. f. Vigésima séptima
letra del abecedario español, y vigésima sexta del orden
latino internacional, que, en la mayor parte de España,
representa un fonema consonántico fricativo, interdental y
sordo, distinto del correspondiente a la s; en casi toda
Andalucía, así como en Canarias, Hispanoamérica, etc., se
articula como una s. Su nombre es zeta o zeda.
Representa un sonido de articulación interdental, fricativo
y sordo.
FON. En castellano antiguo, la z correspondía a una africada
sonora. En el s. XVI se convirtió en interdental fricativa
sorda. Para su articulación, la punta de la lengua se sitúa
entre los incisivos, sin que se produzca vibración de las
cuerdas vocales.
LING. La dzeta griega corresponde al zai fenicio, que en
arameo significa arma; no obstante, la palabra es de origen
iranio. La z habría existido antiguamente en latín, pero
habría sido suprimida en la época del censor Apio Claudio
(312 a.J.C.). Fue reintroducida hacia mediados del s. I
a.J.C., para representar la s sonora en los préstamos del
griego; se colocó al final del alfabeto.
ceceo.
Acción y efecto de cecear.
Fonét. Pronunciación de la S con
una articulación interdental de timbre igual o parecido al
de la C o Z actual. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Patol. sigmatismo interdental, a extremidad de la lengua
queda demasiado cerca de los incisivos o entre los dientes.
[Ajuriaguerra, 1987]
Fenómeno estrechamente ligado a la
transformación del sistema de sibilantes medievales del
español; es un trueque que se extiende por las zonas de
Andalucía siguientes: S. de la prov. de Huelva, la mayor
parte de la de Sevilla, toda Cádiz, casi toda Málaga y el O.
de Granada además de Las Alpujarras, entrando en la zona
oriental de Almería
-- ¦ ceceo gitano. Fenómeno
estrechamente ligado a ciertas capas sociales como son los
gitanos. [Joäo de Barros]
cecear intr. Pronunciar las eses como ces, como peculiaridad
lingüística de ciertas regiones o por defecto de
pronunciación.
seseo. [Rodríguez-Castellano, 1933]
Fonét. Pronunciación de la C o Z como S, ya sea ésta corono-dental
o predorso-dental (Andalucía), ya áfrico-alveolar (Cataluña,
Valencia, Baleares).
zopas (inf.; con artículo sing.) n. Se aplica a la persona
que cecea, por alusión a la manera de pronunciar la palabra
«sopas».
Fuente: DiccionariosDigitales.net
Fuente de estos artículos:
Wikipedia
/
educar.org/inventos/alfabeto
/
Diccionariosdigitales.net
.....................................................................................
Esta es una página de recopilación de los mejores datos del español
que he encontrado en Internet para mis estudios. Aquí hay
muchos artículos e incluso muchas fotos que me bajé de la red hace
mucho tiempo. Si de alguna manera me he olvidado
de hacerle la referencia a algún autor o
fotógrafo, os pido que por favor me ayudéis,
avísandome de la autoría de los mismos, será
un placer poner los nombres de los
responsables por estos trabajos:
esf@espanolsinfronteras.com
.....................................................................................
|