|
|
3.
Introducción
¿Sabes qué diferencia existe entre
televisión pública y servicio público de
televisión? ¿Sabes qué papel juegan los Estados en el
desarrollo del medio televisivo en los modelos europeo y
estadounidense? En los siguientes epígrafes haremos un
repaso de los principales aspectos de esta relación.
El modelo televisivo se ha ido
transformando desde que, finales de los 70, el Estado
cediera su monopolio sobre el medio -un proceso conocido
como desregulación- y nos encontráramos con un
universo televisivo completamente distinto, con canales
públicos y privados que emiten en abierto –sin pago de
cuotas- y canales de pago que cobran por sus
contenidos.
¿De qué viven las
empresas televisivas, de dónde se alimentan económicamente?
Las posibilidades de financiación son varias y
generalmente coexisten. Aquí veremos las más importantes.
Y una última pregunta: ¿eres un apocalíptico, un
integrado o tienes algo de ambos? Toma la palabra en el
interminable debate entre quienes ven en la televisión un
medio cargado de posibilidades y quienes la perciben como un
elemento creador de mentes alienadas.
3.1. El
servicio público de radiodifusión
El desarrollo de la Televisión está
determinado porque en muchos lugares del mundo es una
actividad que se entiende como de servicio público;
es decir, que los poderes públicos consideran que por sus
particulares características la Televisión debe
tener una reglamentación distinta que la de otros
medios de comunicación.
A nuestros efectos, el servicio público televisivo significa
que el Estado es el dueño del espectro de
radiofrecuencias, por donde se difunden las ondas
hertzianas transmisoras de los programas de televisión, y
también quien concede las frecuencias y las
licencias de emisión a los distintos operadores
televisivos. Asimismo, es el Estado quien, a través de la
legislación pertinente, determina quiénes y bajo qué
condiciones pueden ser operadores estipulando parámetros más
o menos básicos acerca de los contenidos mínimos de la
programación, cuotas diversas y otras obligaciones que se
imponen a los licenciatarios.
La televisión está compuesta por una serie de actividades de
distinta naturaleza que abarcan desde creatividad a la hora
de concebir un determinado programa hasta la puesta en
marcha de complejos dispositivos tecnológicos para la
emisión y recepción de las señales. Así, es posible
distinguir básicamente las siguientes actividades:
-
La producción de
programas audiovisuales, la cual puede o no estar a
cargo del operador televisivo
-
La emisión de los
programas a partir de la elaboración de una rejilla de
programación responsabilidad exclusiva de la emisora
-
La difusión de la
señal en una determinada zona geográfica,
responsabilidad de la emisora o de otras empresas ajenas
a su actividad, por ejemplo las empresas de correos.
Excusado es decir que el servicio
público televisivo puede referirse a las tres actividades
mencionadas, tal como ocurrió en el pasado en muchos países
europeos, y en otras ocasiones centrarse tan sólo en la
emisión.
Llegado a este punto debemos hacer una
diferenciación entre servicio público y la televisión
pública. A pesar de que en muchas ocasiones se
omite, lo cierto es que en España toda la actividad
televisiva es considerada servicio público; de esta manera
buena parte de la legislación se aplica por igual a todas
las emisoras con independencia de la titularidad jurídica de
la misma; por ejemplo: el tiempo máximo de emisión
publicitaria o la imposibilidad de emitir programas
violentes antes de las diez de la noche.
Sin embargo, como se sabe, no todas las emisoras son de
titularidad pública. Se supone que estas últimas poseen
compromisos adicionales con la sociedad establecidos, a
veces anualmente, por sus órganos de control y tutela (con
frecuencia los parlamentos de representación política).
3.2
Modelos fundadores
Dos son los sistemas tradicionales de
funcionamiento del medio televisivo que se conforman a la
terminación de la II Guerra Mundial: uno, el modelo
europeo, desarrollado a partir de la concepción de
la televisión como un servicio público gestionado por el
Estado y cuyo “correcto” funcionamiento es esencial para el
conjunto de la sociedad; y otro, el modelo
estadounidense, comercial y privado, en el cual el
Estado ni gestiona televisiones ni produce contenidos.
El modelo europeo
A pesar de las diferencias de cada experiencia nacional, los
países de Europa han guardado ciertos puntos en común en el
desarrollo de sus sistemas nacionales de televisión. En la
gran mayoría de los casos el Estado tuvo una fuerte
intervención tanto en la producción de los
programas como en la gestión, en forma
directa o delegada, de las estaciones de televisión.
Partiendo de la base de lo limitado del espectro de las
radiofrecuencias por el que circulan las señales de
televisión, y de la falta de un mercado de consumo capaz de
garantizar la venta de televisores y la rentabilidad de las
inversiones publicitarias, las Administraciones centrales de
los Estados se volcaron a gestionar uno o dos canales de
televisión de alcance nacional financiados a través de un
impuesto específico llamado canon.
En la base de estos sistemas estuvo la idea de que la
televisión es un instrumento formidable para educar,
informar y entretener a los ciudadanos. Y que la
Televisión, nuevo y vital espacio público de la democracia,
debe garantizar el derecho a la libertad de expresión y
estar al servicio del pluralismo.
Del conjunto de sistemas televisivos surgidos en Europa, el
británico, con la emisora pública
British
Broadcasting Corporation a la cabeza, ha sido (y
aún hoy lo es) el más celebrado. La BBC ha enarbolado
estándares de calidad de realización e independencia
informativa tomados como modelos en todo el mundo.
El modelo estadounidense
Este modelo, conmformado a lo largo de varias décadas, se
basa en la actuación de empresas de televisión
privadas y comerciales -denominadas
networks- que fueron estableciendo cadenas de
emisoras a lo largo del territorio estadounidense. Empero,
el Estado se reserva un cierto control del funcionamiento
del sistema a partir del funcionamiento de la agencia
federal FCC (Federal Communications Commisission).
Fue en los años 50 cuando la FCC dictó una norma clave en la
ordenación del sistema audiovisual del país: puso un
límite a la cantidad de emisoras que podía tener
una cadena (no más de siete), al tiempo que impidió que
éstas fueran productoras de programas (salvo porcentajes
mínimos). Asimismo, a partir de esta norma se prohibió que
los grandes estudios cinematográficos de Hollywood fueran
propietarios de canales de televisión.
El sistema se estabilizó con la presencia de tres grandes
networks nacionales (NBC,
CBS y
ABC)
conformadas por una emisora-cabecera unida
a una amplia red de emisoras afiliadas.
Estas últimas emiten entre 80 y 100 horas semanales de
programación suministrada por la cabecera y completan sus
emisiones con programación local. Por último no podemos
dejar de hacer referencia a la
Public
Broadcasting System (PBS), una corporación
de televisión no comercial, fundada en 1969,
financiada a través del dinero público (Administraciones) y
privado (fundaciones, particulares, etc.)
3.3 La televisión pública: fuentes de financiación públicas
La televisión pública, principalmente
en Europa Occidental, se financia básicamente a través de
cuatro vías:
-
El pago de un impuesto
directo por parte de los propietarios de
televisores, denominado canon
-
Las subvenciones públicas
provenientes de los presupuestos del Estado
-
Los ingresos publicitarios
provenientes de la venta de espacios.
-
La venta de programas
en los mercados internacionales, cantidades
significativas en el caso británico y testimonial en los
otros países.
La financiación de las estaciones
públicas a través del canon es la base del
modelo europeo de televisión. Esta inyección de dinero da a
las emisoras independencia respecto a la presión que los
anunciantes puedan ejercer respecto de los contenidos, al
tiempo que obliga a las emisoras a satisfacer, mediante la
programación, las necesidades de todos los públicos sin
tener en cuenta la “dictadura del rating”.
El canon es un impuesto que grava el hecho
de poseer un televisor; habitualmente se paga con
periodicidad anual tal como ocurre con otros tipos de
impuestos conceptualmente similares como por ejemplo el de
circulación automovilística.
Según el
Informe anual de cumplimiento de la función de servicio
público 2002, elaborado por el Grupo RTVE, durante
el 2001 los italianos propietarios de un televisor debieron
hacer frente a un pago directo anual, en concepto de canon,
de 90,9 euros; dicho canon fue de 116,5 euros para los
franceses; de 178,1 euros para los habitantes de Gran
Bretaña; mientras que los alemanes debieron abonar unos
193,8 euros.
Así, durante el 2001, las emisoras públicas alemanas
ARD y
ZDF
y la británica BBC se financiaron básicamente mediante el
canon, el cual representó más del 80 por ciento de la
financiación total; en las emisoras públicas francesas y la
RAI italiana el canon alcanzó un 50 por ciento de la
financiación.
Sin embargo, los ingresos que las televisiones públicas
obtienen del canon se han estancado en las
últimas décadas debido, en primer lugar, a la imposibilidad
de mantener las ventas de televisores. Asimismo, han
influido en su estancamiento las lógicas excepciones de pago
decididas políticamente (pensionistas, parados, pobres,
etc.), la evasión creciente de su abono y el hecho de que su
incremento no ha alcanzado la subida del coste de la vida y
la inflación concreta de la industria audiovisual.
El ingreso de dinero a través de la publicidad
fue tardío, comenzó de forma reciente y tímidamente en los
años 70, y controlado de manera severa por las distintas
administraciones. Sólo en los años 80 y 90, con la llegada
de la televisión comercial privada, la publicidad se
convirtió en una fuente de ingresos primordial
para muchas cadenas públicas.
Si analizamos el panorama actual de
televisiones públicas en la Unión Europea encontramos que
hay países que:
-
Se financian básicamente a través
de un canon televisivo: Gran Bretaña, Alemania y los
Países Nórdicos.
-
Tienen financiación mixta que
comprende tanto los ingresos procedentes del canon como
los originarios de la publicidad: Irlanda, Países Bajos
y Austria;
-
Reciben financiación pública, canon
y publicidad: Francia, Italia y Bélgica;
-
Reciben el mayor ingreso de la
publicidad y marginalmente financiación pública (subvenciones
ligadas a contratos programas): Portugal y España
3.4 La televisión privada: fuentes de financiación
La televisión como negocio incluye dos
grandes apartados: por una parte la producción y
compra-venta de programas y por otro, la
venta de tiempo de difusión a anunciantes
publicitarios. La televisión privada, basada en el modelo de
funcionamiento de las estaciones de radio comerciales, ha
tenido su cuna en los EEUU pero se ha extendido
tempranamente hacia otras regiones como bien lo atestiguan
los sistemas desarrollados en los países latinoamericanos.
Con respecto a la venta de programas, pocos países o
productoras tienen capacidad de traspasar las
fronteras nacionales. Por supuesto, es el caso de
Estados Unidos y en menor medida de las emisoras privadas (o
públicas) de Gran Bretaña; asimismo en algunos formatos
Japón (dibujos animados), Brasil y otras naciones
latinoamericanas (telenovelas) son significativos
exportadores de programas. Más recientemente alguna
productora como la holandesa Endemol han sabido vender sus
programas incluso al muy autárquico mercado estadounidense (Gran
Hermano, entre otros)
Sin embargo, hace ya algunos años que investigadores de los
medios masivos de comunicación han argumentado que el
verdadero negocio de las empresas de televisión es
vender audiencias a los anunciantes publicitarios.
Para ello los programadores de televisión deben ser
competentes a la hora de captar la atención de hombres y
mujeres, de ricos y pobres, de grandes y niños... Por su
lado, los anunciantes han concebido a la televisión como un
medio capaz de llegar a la intimidad del hogar de cada
familia para ofertar sus marcas y productos.
De este esquema deriva la importancia suprema que ha ido
cobrando la rentabilidad máxima de las audiencias
a la hora de elaborar una parrilla de programación. El
rating, nombre que recibe la unidad de
medición de audiencia televisiva, es un
indicador de referencia central para la definición de las
tarifas publicitarias, al asignar un valor al número de
personas que ven un determinado programa y, consecuentemente,
son alcanzados por la publicidad inserta en éste. Así, en
general, anunciar en los programas más vistos suele ser más
caro, pues suponen para el anunciante una alta audiencia
para sus avisos comerciales.
Sin embargo, la proliferación de cadenas de televisión con
sus variadas ofertas temáticas hace cada día más discutible
esta ecuación simple. Hoy es complicado reeditar históricos
éxitos de audiencias y la diversidad de opciones
audiovisuales da lugar a una cada vez mayor
especialización a la hora de investigar los
perfiles de las audiencias de las cadenas y de los
programas. A la hora de publicitar ya no es tan decisivo el
mayor rating sino también el perfil de los
telespectadores (edades, sexo, nivel educativo, nivel
económico, hobbies, etc) más adecuado para el producto a
anunciar.
Por último, cabe señalar que si bien es cierto que los
anunciantes y sus mensajes publicitarios inciden en los
contenidos ofertados por las televisiones, también es
verificable el fenómeno contrario: los efectos sobre
nuevas formas de negocio que pueden llegar a incorporar
determinados programas. Por ejemplo el programa
estrella de la temporada televisiva española 2002,
“Operación Triunfo” produjo espectaculares entradas de
dinero a través de las llamadas por teléfono (fijos e
inalámbricos) y los mensajes SMS utilizados por el público
para elegir a sus candidatos, en total cerca de cinco
millones de llamadas efectuadas al programa que equivalen a
unos ingresos de 6 millones de euros aproximadamente.
3.5 La
publicidad y el patrocionio en TV
El ingreso de dinero proveniente de la
emisión de publicidad en la pequeña
pantalla es el principal sostén de las
televisiones comerciales y, hoy por hoy, de muchas
televisiones públicas. La estructura básica de la actividad
publicitaria televisiva nos indica la presencia de una serie
de agentes que se relacionan entre sí, a saber:
-
Anunciantes: las
grandes multinacionales junto a algunas grandes empresas
nacionales son los principales anunciantes de este
sector en las cadenas de cobertura nacional; pero
encontramos anunciantes económicamente mucho más
modestos en las ofertas publicitarias de las cadenas
autonómicas o locales.
-
Agencias de publicidad:
tienen a su cargo la creatividad de las campañas
publicitarias y la inserción de éstas en los espacios
ofertados por las emisoras.
-
Centrales de Medios:
son las empresas mayoristas del mercado publicitario,
compran minutos y segundos de emisión en gran cantidad
para luego venderlos a diferentes anunciantes y agencias
de publicidad.
-
Emisoras de televisión:
elaboran el flujo de imágenes y sonidos que constituye
la programación televisiva y definen los perfiles de los
canales de televisión y sus audiencias.
El tipo de publicidad principal es el
spot o anuncio, que es como se
denomina a aquellas películas cortas -entre 10 y 90 segundos
de duración aunque casi todos son de veinte- que se
intercalan a lo largo de la programación del día.
Otra modalidad de publicidad importante es el
patrocinio; es decir, la implicación de un
anunciante en la oferta de un programa o segmento de
programa determinado. Este tipo de publicidad, presente en
la historia de la televisión comercial desde sus primeros
días, puede ser “pasivo”, en caso de ser
externo a la producción del programa (anuncios en los
estadios en las retrasmisiones deportivas, caretas de avance,
de entrada, intermedias o de salida) o “activo”
con intervención en los contenidos mismos del programa.
La época dorada del patrocinio de programas terminó cuando
una investigación del Congreso estadounidense comprobó, en
1957, la manipulación de los contenidos de un programa
patrocinado. La película Quiz Show (El dilema),
realizada por Robert Reford en 1994, muestra
aquellos primeros pasos de la televisión y cómo el famoso
ganador de un programa de preguntas y respuestas,
patrocinado por la compañía Revlon, vio empañada su fama al
descubrirse que el espacio estaba amañado y la empresa
patrocinadora proporcionaban a los concursantes las
preguntas por anticipado.
Además de spots y patrocinios, debemos señalar un
conjunto de otras modalidades de publicidad
que en la última década van ganando espacio en las pequeñas
pantallas de las distintas regiones: sobreimpresiones,
publirreportajes, trueque (bartering),
emplazamiento de producto o televenta, entre otros. Asimismo,
el desarrollo tecnológico del medio televisivo está dando
lugar a nuevos formatos de publicidad (anuncios interactivos,
t-commerce, quiz, banners, tv site) que se engloban
bajo el rótulo “publicidad interactiva”, la
cual busca la interacción del público intentando superar el
concepto de mero receptor al que se ve resignado en la
televisión analógica.
No obstante, en Media-Publicidad podrás ampliar todo lo
referente al complejo e interesante mundo de la publicidad.
3.6
Desregulación
Las últimas décadas han sido de
transformaciones estructurales en los modelos
tradicionales de los sistemas de televisión. Una mayoría de
analistas utiliza el término “desregulación”,
aunque no siempre con el mismo significado, para referirse a
estas transformaciones. En términos generales los cambios
han implicado un cambio del rol histórico
que los Estados nacionales habían tenido en relación con el
funcionamiento del sector y un intento de potenciar la
competencia entre empresas de televisión.
En los EEUU la “desregulación”, que se dio de forma
relativamente ordenada a partir de la segunda mitad de los
años 70, se orientó a permitir el desarrollo de la
televisión por cable, la televisión de pago y la oferta
fragmentada de señales (Bustamante, 1999). Por un lado,
se eliminaron las restricciones que tenían
las empresas de televisión por cable las cuales entraron a
competir en el terreno de las networks que con ello
comenzaron a perder audiencia. Por otro, se
flexibilizó un conjunto de normas que ponían
límites a la concentración de empresas en el sector: en los
años 90 se autorizó a las productoras a entrar en el mercado
de la difusión, se crearon nuevas networks y a las
televisiones se les permitió aumentar la cuota de
producción propia.
En Europa, mosaico de muy distintas tradiciones y
estructuras, la “desregulación” ha adquirido diferentes
formas según cada país. Hitos importantes fueron el que el
Poder Judicial italiano autorizase la televisión privada a
nivel local (1976) o que el Gobierno francés privatizara la
primera cadena pública, la de más audiencia, en 1981.
Finalmente en todos los países acabaron por
desmantelarse los monopolios públicos de televisión.
En términos generales podemos afirmar que la “desregulación”
en Europa trajo aparejado:
-
El incentivo a la televisión
comercial privada
-
La desestabilización de la
televisión pública
-
La competencia comercial entre
televisiones (públicas y/o privadas)
-
La flexibilización de la regulación
de la publicidad en televisión
Asimismo, la “desregulación” europea
impulsó la implantación de un nuevo modelo de
televisión (de pago) y la presencia cuasi
monopólica del sector privado en los nuevos dispositivos de
emisión de señales (cable y satélite).
La ausencia de una concepción de servicio público y el
financiamiento publicitario de la televisión estatal
hicieron que la de España fuese una “desregulación” peculiar
que tuvo grandes diferencias con el entorno europeo. El
monopolio estatal público comenzó a desquebrajarse con el
surgimiento de los canales autonómicos (1982-88) y la
obligatoriedad de financiar
RTVE
exclusivamente con publicidad (1983), y se completó
finalmente con la irrupción de los canales privados
(1989-90) y la promulgación de las leyes de Televisión por
satélite (1992), de Televisión por cable (1995) y de
Televisión digital (1997).
En consecuencia, los modelos americano y europeo han acabado
curiosamente por coincidir (Contreras/Palacio, 2001).
3.7
Televisión de pago
Un nuevo modelo de televisión se
generalizó en los años 80 en varias
regiones del mundo: la televisión de pago. En términos
generales podríamos afirmar que la televisión de pago es un
servicio de televisión, suministrado vía herciana (satélite
o terrestre) o por cable, que ofrece la posibilidad de
acceder a una o más programaciones específicas a cambio del
pago regular, generalmente mensual, de un abono.
Técnicamente el funcionamiento de la televisión de pago es
simple: la estación de televisión emite una señal codificada
que un aparato en poder del abonado (el decodificador)
decodifica y restituye para su visión en el televisor. El
decodificador se convierte en la pieza
fundamental en los servicios de televisión de pago ya que a
través de éste se accede a la programación. El decodificador
es puesto a disposición del abonado (normalmente a cambio de
un depósito) en el momento del inicio del abono; con
frecuencia las disputas económicas entre los agentes de la
televisión de pago se centran en la manera de proveer ese
aparato.
En cuanto a los contenidos, las empresas que gestionan
televisiones de pago presentan una oferta
heterogénea compuesta por programas o productos de
contenidos temáticos, monográfico o especializado (canales
de deportes, de películas, de información, de geografía, de
medicina, de historia, etc.) para públicos
específicos.
Los inicios de la televisión de pago se remontan a comienzos
de los años 70 cuando en EEUU el grupo editorial Time
concibe la exitosa
Home Box Office
(HBO). Esta iniciativa fue emulada por Warner
Communication y Viacom al crear The Movie Channel
(1975) y Show-time (1976), respectivamente. El
estadounidense es un mercado de canales de pago altamente
competitivo.
Mientras, la televisión de pago llegó a Europa en la década
de los 80 con la aparición en Francia de Canal +,
sociedad que comenzó sus emisiones en noviembre de
1984 situándose, desde el punto de vista de sus contenidos,
a medio camino entre un canal temático y uno
generalista.
A principios del siglo XXI la televisión de pago por abono
se presenta como la modalidad dominante. Sin embargo, desde
principios de los años 80 se encuentra en expansión el pago
por consumo o pago por visión (ppv, pay
per view en su denominación en inglés) en la que el
espectador paga únicamente el programa que ve: una película,
un partido de fútbol o un combate de boxeo, por ejemplo). En
el mercado estadounidense. Viewer’s Choice y Request
Television son las dos principales cadenas de pago por
visión asociadas a la televisión por cable.
Hoy en día la mayoría de las televisiones de pago adopta la
fórmula “producto combinado”: las empresas
además de ofertar señales de televisión (canales
generalistas y temáticos, algunos de éstos últimos de
producción propia) ofrecen productos y servicios de
telecomunicaciones, como el acceso a Internet o la telefonía
básica.
3.8 La
fascinación de los grandes eventos
Muy de vez en cuando el flujo continuo y planificado de
imágenes emitidas que es la programación televisiva se ve
alterado por un acontecimiento de carácter
excepcional. Es entonces cuando la Televisión es
atravesada por momentos llenos de emoción colectiva que
aumentan la cohesión social de una
comunidad. A estos acontecimientos los investigadores Daniel
Dayan y Elihu Katz los denominaron con un calificativo que
ha prendido en muchos lugares: Media Events (ME),
eventos mediáticos que tienen la base de su
sentido social y colectivo precisamente en su emisión
televisiva.
Los ME son acontecimientos de relevancia nacional o
internacional, en ocasiones planificados y anunciados con
antelación a los potenciales televidentes, que
congregan frente al televisor a vastos sectores sociales
más allá de diferencias de sexo, edad o clase. Se trata de
acontecimientos únicos, retransmitidos en directo, que
tienen lugar obviamente fuera de los estudios de televisión.
Otra de las características de muchos de éstos
acontecimientos (calificados por el propio medio de)
históricos es que tienden a monopolizar las ondas hertzianas,
puesto que varias (o incluso) todas las cadenas los
retransmiten simultáneamente.
Daniel Dayan y Elihu Katz (1995) han establecido la
siguiente tipología básica para ordenar los ME a partir de
su contenido:
-
Competición:
retransmisiones de grandes acontecimientos deportivos de
carácter nacional o internacional (por ejemplo, los
Juegos Olímpicos, los Mundiales de Fútbol o las finales
de las ligas de campeones), o de los enfrentamientos
políticos de primer orden como el debate entre el
entonces presidente de gobierno Felipe González y el
líder de la oposición José María Aznar de 1993.
-
Conquista:
retransmiten la actuación de los líderes en sus misiones
históricas; por ejemplo, la añorada llegada del hombre a
la Luna, en 1969, o la visita del Papa Juan Pablo II a
la Cuba socialista, en 1998.
-
Coronación:
implica la retransmisión de los ritos de “los grandes”
(por ejemplo, los funerales celebrados con motivo del
asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy,
en 1963; la boda real británica celebrada entre el
príncipe Carlos de Inglaterra y la malograda princesa
Diana, en 1981 o la boda de la infanta Cristina Borbón
en Sevilla).
Otros grandes acontecimientos no suelen
dar preaviso. Irrumpen con la fuerza de lo
imprevisible. Es el momento en que un austero
presentador suele reclamar la atención y la inquietud de los
televidentes con la clásica frase “Interrumpimos este
programa para...”
Ejemplos de este tipo de acontecimientos históricos, fuera
de cualquier guión y que tienen a la televisión como testigo
privilegiado, podrían ser la noticia del fallido golpe de
Estado del 23 de febrero de 1981 (puedes oír la
retransmisión radiofónica en la galería de audio de
media-Radio) que culminó en la madrugada del 24 cuando el
rey Juan Carlos se dirigió al país a través de TVE
condenando el levantamiento militar. Más cerca en el tiempo
y de carácter mundial podemos señalar la retransmisión, en
gran parte en directo, del ataque contra las Torres Gemelas
en Nueva York el pasado 11 de septiembre de 2001.
3.9
Ver y leer la televisión: apocalípticos
La implantación de la televisión como
medio de información y entretenimiento hegemónico a lo largo
del pasado siglo XX trajo aparejados una serie de
debates en torno a los usos y los efectos de la televisión.
A riesgo de pecar de cierto reduccionismo y sólo a fines
explicativos, vamos a utilizar una célebre clasificación
debida al investigador italiano Umberto Eco que dividía los
análisis sobre el ejercicio de ver y leer la televisión en
dos grandes grupos: aquellos que critican el funcionamiento
de la Televisión denominados “apocalípticos”,
y aquellos otros que observan a la cultura de masas, en
general, y a la Televisión, en particular, como un elemento
democratizador y positivo, los llamados “integrados”.
Las discusiones entre “apocalípticos” e “integrados” lleva
produciéndose varias décadas. Se trata de un debate
histórico que se actualiza permanentemente a partir
nuevas constataciones relacionadas con el consumo televisivo
o con la aparición de nuevos formatos de programación (por
ejemplo, el programa Gran Hermano en sus diferentes
versiones nacionales).
Los apocalípticos afirman que la televisión es un medio que
favorece la manipulación, la
alienación, y da lugar a la imitación casi simiesca.
Desde los contenidos emitidos por televisión, critican la
violencia, sexo, lenguaje soez, reproducción de estereotipos
negativos de clase, raza y sexo con frecuencia habituales en
las parrillas de la pequeña pantalla.
Las críticas apocalípticas provienen de intelectuales de
procedencia muy diversa tales como educadores; sociólogos;
filósofos, artistas, asociaciones de consumidores y amas de
casa; sindicatos; ONG’s; congregaciones religiosas; etc.
En el campo de este tipo de pensamiento uno de los últimos
conceptos acuñados es el de “telebasura”
utilizado por críticos de muy diversa procedencia para
denunciar el amarillismo y el sensacionalismo
con que se tiñe la pantalla nuestra de cada día. En España
la Asociación de Usuarios de la Comunicación; los sindicatos
Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras; la
Confederación Española de Madres y Padres de Alumnos; la
Unión de Consumidores de España y la Confederación de
Asociaciones de Vecinos de España han elaborado un
Manifiesto contra la telebasura.
Debates candentes tiene la relación de la infancia
con la pequeña pantalla. Mucho se ha escrito sobre
la influencia negativa de la televisión en la formación de
los pequeños y muchos informes vincularon la delincuencia y
el vandalismo presentes en nuestras sociedades con las
imágenes televisadas. La resolución de conflictos apelando a
la violencia, el incentivo al
consumo desde los programas infantiles o el
inculcar en los menores estereotipos sexistas
son con frecuencia materia de condena por parte de
educadores, padres y legisladores.
Tales preocupaciones han propiciado en EEUU, por ejemplo, el
ensayo de una solución tecnológica: el
V-Chip. Como reza el folleto de FCC, el V-Chip es un
dispositivo tecnológico que se instala en los televisores
para ayudar a los padres a bloquear los programas que
consideren inadecuados para sus hijos, sobre la base de la
clasificación por edades y las categorías del contenido,
tales como sexo, violencia, lenguaje para adultos o diálogo
insinuante.
3.10 Ver
y leer la televisión: integrados
Numerosos profesionales del medio,
junto a periodistas e intelectuales, constituyen el núcleo
de los integrados y juntos unen sus voces y
recursos para señalar que la televisión es un fantástico
medio de comunicación que, lejos de cualquier elitismo
pasado o presente, forma parte del sistema nervioso de las
sociedades contemporáneas.
En la defensa del medio televisivo y de los contenidos que
éste transmite subyace una defensa de los gustos masivos y
populares, puesto que la cultura de masas
de nuestros días es la cultura genuina de la sociedad. En
este sentido, la televisión es “una ventana al mundo”
y un formidable instrumento de socialización
que sirve de elemento de cohesión social y de satisfacción
personal al poner al alcance de cualquiera entretenimiento,
información y cultura.
El investigador español Raúl Rodríguez Ferrándiz (2001)
explica que las defensas de la televisión pasan en resumidas
cuentas por:
En suma, que la televisión elabora los
verdaderos discursos pedagógicos que circulan
hegemónicamente por la nación: el medio nos tiene al
corriente de las amenazas que nos rodean, nos informa sobre
el cáncer, el alcoholismo, las enfermedades de transmisión
sexual, nos advierte de las precauciones que debemos tomar
en las carreteras, en las playas. La Televisión
promueve un individualismo narcisista pero tolerante,
de principios fluctuantes y moralidad esencialmente abierta;
por ejemplo en la representación social e ideológica de los
valores ‘políticamente correctos’ que
trasmiten las series de ficción.
De esta manera, los medios, entre ellos evidentemente la
televisión, han conseguido completar en un ciclo
temporal más corto los valores pedagógicos y de
socialización que emanan a medio plazo de otras instancias
de socialización y de transmisión del saber, como la familia
o la escuela.
Los integrados consideran que la Televisión es uno
de los mecanismos básicos de socialización y una de
las principales fuentes de información de los niños. Además,
señalan numerosos investigadores, la influencia de la
televisión en la conducta del niño depende en gran medida
del entorno familiar y social en que se desarrolla el
pequeño televidente.
En otro orden, se señala que la televisión y la
“irrefutabilidad” de sus imágenes enseña a considerar
la política y la información como bienes consumibles.
Lejos de denunciar la función mediadora de la televisión y
la construcción de la realidad de cada día, sus defensores
apelan la objetividad de las crónicas y
reportajes televisivos, el clásico “Así sucedió, así se lo
contamos”.
Por último, señalemos una corriente de pensamiento que en
los últimos años viene revalorizando la figura del
televidente activo, es decir, un televidente
capaz de analizar críticamente los productos
audiovisuales ofertados y de dar a los mismos significados
funcionales para sus necesidades
Volver al inicio
|