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1.0
Introducción
La prehistoria de la televisión
abarca un amplio período que se extiende, aproximadamente,
desde finales del siglo XIX hasta 1935. En principio
surgirán dos modelos: la televisión mecánica
defendida por John Baird y la televisión electrónica creada
por el investigador ruso-norteamericano Vladimir Zworikyn.
Aunque la televisión mecánica de Baird empezó a sus
emisiones un poco antes que la televisión
electrónica de Zworikyn, lo cierto es que la
superioridad técnica de esta última se impuso.
En este bloque podrás conocer cómo fueron estos comienzos y
cómo pasó de ser un invento de laboratorio a convertirse en
un medio al alcance del público. Interrumpido por
la I Guerra Mundial, su desarrollo se retomó al acabar la
contienda permitiéndole ocupar su puesto entre los medios de
comunicación más extendidos como la prensa o la radio.
Cumplida la etapa de nacimiento y consolidación,
llegará la época del color y, tras ella, la
internacionalización del medio y de sus contenidos. Esta
vocación internacional impulsó el lanzamiento de los
primeros satélites de comunicación y de otras
tecnologías como la distribución de señal televisiva por
cable.
Por otro lado la televisión se extiende a continentes como
Iberoamérica y, en otro sentido, se crea una necesidad
aparentemente opuesta que es la de contar con contenidos de
carácter local. Con la televisión local se completa la
presencia de la televisión en todos los ámbitos de
socialización del individuo, desde lo global hasta
lo local.
1.1 La
prehistoria de la televisión
La prehistoria de la televisión abarca un
amplio período que se extiende, aproximadamente, desde
finales del siglo XIX hasta 1935. Durante este período un
puñado de investigadores en los países tecnológicamente más
avanzados (EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania) buscan
transmitir imágenes a distancia: la televisión. Como ya se
había logrado con el sonido, se trataba de captar
imágenes utilizando una cámara, transmitir
esas imágenes a través del aire y recibirlas
en un aparato receptor a cierta distancia de donde
originariamente se habían captado.
Como afirman los investigadores franceses Pierre Albert y
Andre-Jean Tudesq (2001) en su clásico libro Historia de
la radio y la televisión, la televisión es el resultado
de la conjunción de tres series de descubrimientos: los
referidos a la fotoelectricidad
(la capacidad de ciertos cuerpos de transformar energía
eléctrica en energía luminosa), los referidos a los
procedimientos de análisis de fotografías
transformadas en líneas de puntos claros u oscuros,
y, por último, los que han permitido utilizar las
ondas hertzianas para la transmisión de las señales
eléctricas correspondientes a cada punto de una imagen.
Luego de una serie de inventos, marchas y contramarchas, en
los años ’20 surgen los dos primeros modelos de televisión:
por un lado, la televisión mecánica, por otro, la
televisión electrónica. Ambas se desarrollaron de
forma paralela y accidentada en un período caracterizado por
la lucha, fundamentalmente en los EEUU y en Gran Bretaña,
entre distintas compañías e inventores por la adopción de un
estándar técnico en los sistemas de difusión y recepción de
imágenes.
La televisión mecánica, el primer
modelo en funcionar, se basó en el disco de Nipkow mediante
el cual una imagen era explorada mecánicamente por un haz
luminoso que repercute en una celda fotoeléctrica
produciendo una corriente eléctrica variable. Este modelo
tuvo a su gran defensor en el escocés John Baird,
quien una vez creada la primera compañía de
televisión del mundo (Televisión Limited, 1924),
obtuvo dos años después una licencia experimental. Y un
tiempo después, el 10 de septiembre de 1929,
Baird -en colaboración con la British Broadcasting
Corporation (BBC) de Londres- comenzó con emisiones de
prueba.
La definición de las imágenes del sistema mecánico empleado
por Baird (originalmente 30 líneas y 12,5 imágenes por
segundo), a pesar de que mejoró notablemente con el
transcurso del tiempo, siempre fue pobre en comparación con
el sistema electrónico.
Por su parte, la televisión electrónica
se basó en el inoscopio (un aparato capaz de “traducir”
imágenes en señales electrónicas), creación del científico
ruso-norteamericano Vladimir Zworykin
trabajando en la compañía estadounidense Radio
Corporation of America (RCA) hacia finales de los años
20. Así, en 1931 la RCA
colocó una antena emisora en la terraza del Empire State
Building, el edificio más alto de Nueva York, y comenzó
con sus transmisiones experimentales.
En forma concurrente, del otro lado del Atlántico, la
inglesa Electrical and Musical Industries (EMI) se
lanzó a trabajar en el terreno de la televisión electrónica.
Los ingenieros de EMI realizaron
una demostración a la BBC sobre su
sistema televisivo. Los especialistas no tuvieron dudas: la
calidad de este sistema era muy superior (tres veces más
líneas por imagen y dos veces más imágenes por segundo). Las
horas de la televisión mecánica estaban contadas...
1.2. El nacimiento
(1935-1941)
Frente a la competencia entre los
modelos de televisión defendidos por Baird y por la EMI,
el Gobierno británico decide nombrar una
comisión investigadora para definir la posición del Estado
en materia televisiva. En enero de 1935,
dicha comisión adoptó una definición mínima de 240
líneas y 25 imágenes por segundo de forma que el
sistema mecánico quedaba relegado frente a la calidad de las
imágenes electrónicas. Casi dos años más tarde (el 2
de noviembre de 1936), la BBC
comenzó sus transmisiones desde los míticos estudios
londinenses de Alexandra Palace.
Hacia mediados de la década de 1930 gobiernos y compañías
televisivas de los países tecnológicamente más desarrollados
se decantan por la televisión electrónica,
al tiempo que las transmisiones tienden a
regularizarse y a crecer en las principales urbes (Londres,
Berlín, París, Nueva York).
En los EEUU -pese a la temprana apuesta por
la vía electrónica- el desorden fue moneda corriente: las
definiciones técnicas de la televisión variaban año a año
(de 240 líneas, en 1933, a 525 líneas, en 1941). La primera
emisora en establecer un servicio regular fue la
National Broadcasting Company (NBC), subsidiaria de la
RCA, en marzo de 1939; sin embargo, el organismo regulador
de la radio y la televisión, la Federal Communications
Commission (FCC), sólo autorizó la televisión
comercial en 1941.
En Francia, donde diversos equipos de
especialistas venían trabajando desde finales del siglo XIX
en la puesta a punto del nuevo medio, fue René
Barthélemy quien instaló (abril de 1935) un estudio
de televisión en la parisina Escuela Superior de
Electricidad y utilizó la Torre Eiffel como
soporte de la primera antena emisora. En pocos años
(1935-1939) los franceses adoptaron el sistema
electrónico.
Alemania es otro país donde la actividad en
torno a la televisión fue intensa. Ejemplo del avance en
materia televisiva experimentado entonces, fue la
retransmisión en directo de los Juegos Olímpicos
de Berlín 1936. La recepción de las emisiones
tuvo lugar en lugares públicos: “teatros” con capacidad para
50 personas y pantallas de cerca de dos metros de diagonal
(Palacio, 1992). Hacia 1937 los alemanes
perfilaban su propio sistema electrónico de televisión con
una definición de 441 líneas.
Algo más rezagados en el liderazgo televisivo se encontraban
Italia (en 1941 tenía una televisión
experimental de 441 líneas) o la URSS
(adoptó un sistema electrónico de 343 líneas hacia 1937).
Pese a las fuertes inversiones económicas de la industria de
la radio estadounidense (sólo en investigación y compra de
patentes la RCA invirtió 9 millones de dólares
durante 1930-39) y de los Estados británico y alemán, la
ausencia de una producción industrial de aparatos receptores
lastraba el desarrollo de la televisión. Fue en Gran
Bretaña en 1937 y en los EEUU en 1939
cuando tuvieron lugar las primeras
fabricaciones en serie de aparatos para uso
doméstico-familiar.
Sin embargo, los avances en materia televisiva
experimentados entonces se vieron congelados y las
transmisiones en Europa suspendidas ante la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Así, por
ejemplo, en septiembre de 1939 la BBC decide
interrumpir sus 14 horas semanales de programación a partir
de la declaración de guerra del Gobierno británico a
Alemania. En tanto que, en los EEUU, país que en 1941
contaba con cerca de cinco mil aparatos y las primeras
quince licencias de emisoras comerciales, el Gobierno
prohibió la fabricación de televisores orientando los
recursos de la industria electrónica hacia la Guerra en
curso.
1.3 Un nuevo
comienzo (1946-1949)
Concluida la II Guerra Mundial,
Gobiernos y los sectores industriales ligados a la
televisión (compañías emisoras y fabricantes de aparatos
receptores) volvieron su mirada a la pequeña pantalla en un
contexto de recuperación social, económica y tecnológica.
Por entonces, en muchos países europeos fueron frecuentes
las pruebas públicas de televisión con la finalidad dar a
conocer el nuevo medio. Así, en España, la
empresa holandesa Philips y la corporación
estadounidense RCA organizaron en 1948
sendas exhibiciones
públicas de televisión en Barcelona y Madrid
respectivamente.
En Gran Bretaña, la emisora pública BBC
remozó sus instalaciones y volvió a transmitir imágenes a
mediados de 1946. A este nuevo comienzo le
siguió un desarrollo lento y constante: sólo en 1960 se
completó la cobertura de todos los rincones de las islas, y
en 1962 se contabilizaron cerca de 12 millones de
televisores.
En Francia, si bien las tropas de ocupación
nazis pusieron nuevamente en funcionamiento los estudios
parisinos hacia 1943, los pocos telespectadores franceses de
entonces pudieron disfrutar de doce horas semanales de
programación regular del primer canal público recién en el
otoño de 1947; con anterioridad, las
fuerzas políticas francesas habían promulgado la
nacionalización de radiodifusión gala.
En el lado occidental y capitalista de una Alemania
derrotada y dividida en dos, los Aliados impusieron a la
radio y televisión alemana la descentralización por länder,
dando lugar a uno de los sistemas federales más complejos
del mundo. En diciembre de 1952, la
Nordwest Deutscher Rundfunk fue la
emisora pionera de este nuevo comienzo.
Del otro lado de “la cortina de hierro”, los estudios de
Moscú volvieron a poner imágenes en el aire
de forma irregular a partir de mayo de 1945 para,
finalmente, regularizar las transmisiones a partir de
1948.
En los EEUU el crecimiento económico de
posguerra tuvo su correlato en el crecimiento del número de
emisoras, horas de programación y televisores en los
hogares. Algunos de los programas creados en ese entonces se
revelarían clásicos con el paso de los años (por ejemplo,
El show de Sullivan o Martín Kane, detective privado).
Por su parte, la FCC, estableció en 1947 la
normalización técnica de todas las
emisiones televisivas, lo cual dio lugar al reinicio de la
expansión del medio por todo el país.
A medida que los servicios de televisión se regularizaron
fueron ganando fervorosos televidentes allí donde comenzaban
las emisoras y estableciendo un novedoso equilibrio
en relación a los otros medios de comunicación de masas
(prensa, cine y radio). Asimismo se perfilaron dos modos
diferenciados de entender la televisión en
Occidente: mientras que en los EEUU, y luego en
Iberoamérica, la industria televisiva se asentó en redes de
empresas privadas y comerciales en
competencia (cuyas cabeceras eran la ABC, la NBC y la
CBS), en la Europa del Oeste de posguerra la
reconstrucción implicó la construcción de fuertes
sistemas públicos y nacionales de radio y
televisión.
1.4 La
"colorida" expansión mundial
Los años 50 han sido
calificados por muchos analistas como aquellos del “gran
salto de la televisión en el mundo”, puesto
que es entonces cuando los servicios regulares
de televisión se extendieron gradualmente por las grandes
urbes del mundo.
Así, por ejemplo, México y Brasil contaron con una
programación regular a partir de 1950; Holanda y Argentina,
al año siguiente; Italia, Alemania Oriental y Venezuela,
hacia 1952; Bélgica, Dinamarca, Polonia, Checoslovaquia y
Canadá, en 1953; Austria, Luxemburgo y Mónaco, en 1955;
España y Suecia, en 1956;
Portugal, un año más tarde; y, Suiza, Finlandia, Yugoslavia,
Hungría, Rumania y China, en 1958.
En la gran mayoría de los casos la cobertura
geográfica de las televisiones era muy pequeña
(de carácter local diríamos hoy día), y eran pocas las horas
del día en que se transmitían imágenes. Asimismo, la
presencia del televisor en los hogares no estaba extendida;
a cambio, distintos lugares públicos -como
los bares- servían de escenario de encuentro a los
telespectadores.
Frente a este panorama, gobiernos y empresarios dedicaron
esfuerzo e imaginación, a construir redes nacionales de
televisión hertziana. Para ello se instalaron
nuevas emisoras, postes repetidores y líneas de cables. Las
grandes distancias y los accidentes topográficos debían
rendirse ante un sistema planificado.
Por ejemplo, en Francia, el Gobierno lanzó,
en 1954, un plan nacional quinquenal que
contempló el emplazamiento de 45 transmisores de televisión.
El plan tuvo su razón de ser en el bajo porcentaje de
hogares con televisor (en 1953, sólo 60.000 aparatos) y en
la falta de cobertura de todas las regiones del “hexágono”.
Sin embargo, un país se destaca por la conformación de una
poderosa industria televisiva: EEUU. Hacia
1952 se calcula que unas 108 emisoras estadounidenses
alimentaban las pantallas de unos 21 millones de
televisores.
Al ritmo que crecía el número de emisoras y televisores se
disparaba la publicidad que explotaba este
nuevo medio. Las cifras son reveladoras: de una inversión
publicitaria de un poco más de 10 millones dólares, en 1950,
se pasó a 1.500 millones, en 1960. A
comienzos de los años ’50 la diferencia entre los EEUU y el
resto de los países desarrollados era notoria. Durante los
primeros meses de 1952, en Gran Bretaña sólo se habían
vendido 1,2 millones de televisores, en Francia cerca de
10.558, y en la entonces Alemania Federal apenas se
contabilizaban tan sólo 300 aparatos.
El encanto de la televisión comenzaba a causar furor en
otras culturas. En Japón, la televisión
pública, la NHK (Japan Broadcasting Corporation),
comenzó a operar en 1953 y al año siguiente
hizo lo propio la primera estación comercial.
Un importante avance técnico registrado fue la
incorporación del color a las transmisiones
televisivas. Las grandes compañías estadounidenses fueron
las primeras en proponer un sistema de televisión color: el
NTSC. Con la aprobación de la FCC,
EEUU se convirtió, en 1953, en el
primer país en contar con televisión color. Hoy el NTSC está
en funcionamiento en los EEUU, Canadá y Japón, entre otros
países.
Posteriormente en Europa se puso en marcha una serie de
investigaciones para perfeccionar el sistema estadounidense.
Los resultados de éstas dieron lugar a dos sistemas
de televisión color. En 1959, el Gobierno galo puso
en marcha un sistema denominado SECAM;
mientras que en Alemania Telefunken- ideó el
sistema PAL (en 1963. Así las cosas, como
indican Albert y Tudesq (2001), “en los años 1962-1965, los
países de Europa no supieron elegir un sistema único y hoy
en día, si el PAL ha ganado el mercado de los principales
países europeos occidentales, el SECAM se ha impuesto en los
países del Este, en numerosos países del cercano Oriente, en
algunos países de América Latina y en África francófona”.

1.5 Una
televisión internacional
La internacionalización de los
programas es una tendencia observable a lo largo de la
historia de la televisión.
La Europa de posguerra, un continente partido en dos, fue el
escenario donde surgieron dos grandes redes de cooperación
técnica e intercambio de información y programas. Por un
lado, Eurovisión, creada por la
Unión Europea de Radiodifusión (UER)
a mediados de los años ’50. Por otro, Intervisión,
en parte, una respuesta de la comunista Organización
Internacional de Radio y Televisión (OIRT) a la apuesta
de la UER. Años más tarde, en 1993, el cambio de las
relaciones políticas y la desintegración del bloque
soviético propiciarían la fusión de la OIRT con la UER.
Por su parte, en el continente americano venía funcionando,
desde 1946, la Asociación Interamericana de
Radiodifusión (AIR). En el resto de las
regiones se fueron conformando asociaciones similares: la
URTNA africana (1962), la ABU asiática (1964), la ASBU para
los países árabes (1969), la CBU caribeña (1970), etcétera.
Gran parte de los intercambios entre países y entre
organismos internacionales se basa en la difusión de
programas a través de los satélites de
comunicaciones. Así, desde el lanzamiento del primer
satélite sputnik, en 1957,
y de satélites cada vez más perfeccionados, estadounidenses,
rusos, luego europeos, japoneses, etc., los intercambios de
informaciones y de programas se multiplican (Flichy, 1993).
Con el correr de los años la relación televisión-satélite
fue dando fruto a una escalera de hitos históricos. En julio
de 1962, el Telstar I, permitió
“viajar” a una imagen televisiva entre EEUU y Europa. Un año
después, el primer satélite geoestacionario, el
Syncom III, permitió a estadounidenses y
europeos seguir los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964.
Años más tarde, tuvo lugar la publicitada “primera
transmisión planetaria”: el programa Nuestro Mundo
se difundió en simultáneo para 31 países.
Ante estos avances, los gobiernos vieron la necesidad de
crear una red mundial de satélites de comunicaciones. El
Early Bird, puesto en órbita en 1965
por el consorcio privado internacional Intelsat, fue el
primer satélite que tuvo esa finalidad..
También por esos años hicieron su aparición los
satélites de difusión directa (DBS, Direct
Broadcast Satellite), los cuales permitían la difusión de
una decena de señales de televisión hasta antenas
parabólicas “domésticas” y de éstas al televisor.
Hacia 1989, la fusión del decano de los satélites europeos
de televisión, Sky Channel, con el
consorcio British Satellite Broadcasting, dando
nacimiento a BskyB (hoy, Sky Digital),
dio el pistoletazo para la segunda generación de operadores
televisivos vía satélite. En poco tiempo la creación de
diversas plataformas multicanales vía satélite en todos los
países fue un hecho.
Un paso más se dará cuando las plataformas satelitales se
digitalicen totalmente. Así, en EEUU se lanza, a mediados de
1994, Direct TV. Mientras que en la UE, Canal
Satellite Numérique, filial de Canal Plus
(Francia), se convertirá en la primera plataforma digital
europea.
Al finalizar el 2000 un informe auspiciado por Eutelsat
indicaba que en los países de la UE se contaba con 15
millones de receptores de televisión por satélite; siendo
los británicos (cinco millones), los franceses (tres
millones), y los italianos y españoles (dos millones cada
uno) sus principales usuarios.
1.6 La
televisión en latinoamérica
Desde que la televisión irrumpe en la
vida de las sociedades iberoamericanas, se ha ido
consolidando como el principal medio de difusión de masas.
Como características comunes debemos señalar el
carácter comercial del medio y la estrecha relación
que históricamente ha guardado con los gobiernos de turno,
tanto civiles como militares. Hoy como ayer, son millones
los latinoamericanos que encienden, día tras día, sus
televisores para entretenerse e informarse.
En sintonía con el investigador australiano John Sinclair
(2000), constatamos que si bien cada país tiene su propia
historia del desarrollo de la televisión, en el caso de
América Latina, es posible observar
tres etapas comunes a todos las naciones. A saber:
Primera etapa: correspondiente al período
de implantación de la televisión durante
las décadas de 1950 y 1960. Esta fase se
caracterizó por el “apoyo” prestado por las redes de
radiotelevisión estadounidenses (NBC, ABC y CBS) a
la consolidación del nuevo medio bajo el modelo comercial.
Asimismo, la influencia de las empresas
norteamericanas en el Centro y el Sur del
continente americano se hizo notar en la exportación de
programas y en la inversión de capitales para la creación de
emisoras (la presencia del consorcio Time-Life en el grupo
O Globo de Brasil, por ejemplo) y en productoras de
televisión (como sucedió en Argentina).
Segunda etapa: caracterizada por la
madurez de la industria televisiva, tiene lugar en
los años 70 y 80. Se trata de mercados
nacionales consolidados con una importante
producción propia de programas que en algunos
géneros, como las telenovelas, se exportan de una manera
generalizada..
Tercera etapa: Las emisiones televisivas
vía satélite llegan hasta los hogares más
remotos. Asimismo, la distribución de señales de televisión
por cable alcanza en algunos países (por ejemplo, Argentina)
cuotas de penetración altas.
En este nuevo escenario los grandes productores
latinoamericanos están formando alianzas con
empresas globales, por ejemplo Televisa
(México) y Globo (Brasil) con la compañía de Rupert
Murdock, News Corporation y Sky Latin America en
DTH (Televisión Directa al Hogar). En consecuencia, las
audiencias se internacionalizan y, al mismo tiempo, se
fragmentan.
Como singularidad del continente puede decirse que grandes
mercados de la región están dominados por cadenas de
televisión que poseen un doble rol de productoras-emisoras
de programas.
Dentro de la producción televisiva de los países que
componen el mosaico iberoamericano, cabe destacar un género
propio de formato televisivo que los países productores de
América Latina exportan hoy a todos los continentes y por
los que la televisión latinoamericana es conocida:
la telenovela. Según el investigador mexicano
Guillermo Orozco (2002), se trata del “producto más
distinguido” de la programación latinoamericana
puesto que, la telenovela, “además de reflejar rasgos de
identidad, aglutina grandes audiencias frente a los
televisores, provocando distintos sentimientos y evocando
diversas aspiraciones”.
1.7 La televisión por cable
Los comienzos de la televisión
distribuida a través de sistemas de cables
tuvo su origen hacia finales de la década de 1940
en EEUU. El objetivo inicial era hacer llegar las
imágenes televisivas a aquellas localidades que por
cuestiones topográficas quedaban “a la sombra” de la
difusión de las estaciones hertzianas.
En la televisión por cable es el televidente quien paga por
la instalación del sistema, además de abonar una cuota
mensual por el acceso al servicio. Dicho abono se incrementa
si el suscriptor desea recibir otras señales catalogadas
como premium (por ejemplo,
películas de estreno, espectáculos deportivos o musicales,
etc).
Se suelen distinguir tres fases en el
desarrollo de la televisión por cable:
Primera fase: el cable coaxial se utiliza
como prolongación y mejora de las emisiones
hertzianas de televisión; varía cronológicamente
según los países pero genéricamente llega hasta finales de
la década de 1960. Se trata de operadores unidireccionales,
emplazados en áreas rurales y ciudades pequeñas, que
garantizan la recepción de algunas señales de televisión.
Segunda fase: iniciada durante los primeros
años de la década de los 70, se caracterizó por la
especialización de la oferta (largometrajes,
música, noticias, etc.) y porque las emisoras de cable se
ven obligadas a producir programación propia (en los EEUU) y
a pagar derechos de transmisión de los programas de
televisiones internacionales (Europa). Paulatinamente el
cable va expandiéndose entre ciudades densamente pobladas.
Un cambio de singular importancia en la historia del
desarrollo de la televisión por cable se produjo en
septiembre de 1975 cuando Home Box Office (HBO),
alquiló una conexión con el satélite Satcom I, lo
que indirectamente permitió dejar de pensar en el cable como
parte de la iniciativa local de televisión y comenzar a
hablar de una “Nación cableada”. Mediante
esta operación HBO se colocó a la altura de las tres grandes
cadenas estadounidenses y se convirtió en el modelo a seguir
por otras compañías.
En Europa, desde los orígenes de los años sesenta Holanda,
Suiza y sobre todo Bélgica han estado a la cabeza del cable
del Viejo Continente. En Bélgica, el Estado obligó a que
cada operadora, además de canales estrictamente locales,
incorpore en su oferta canales de libre acceso de los
ciudadanos así como otros de televisión internacional tales
como televisión francesa y de Radio Tele Luxemburgo
(en alemán) e incluso españolas.
Tercera fase: desde mediados de los años
ochenta hasta la actualidad, la relación entre emisoras, a
través de su oferta de programas y
servicios, y audiencias se está volviendo cada vez más
interactiva (acceso de banda ancha a
Internet, elección de idiomas, etc.). Esta novedosa relación
es posible gracias a la digitalización,
parcial o total de la red, en gran parte posible a partir de
la incorporación del cableado con fibra óptica. Asimismo, se
produce una complementariedad, ya presente en la etapa
anterior, y, en algunos casos, una simbiosis entre los
operadores de televisión por cable y los operadores de
televisión por satélite.
Actualmente, en EEUU hay unos 73 millones de hogares
abonados a empresas de televisión (un 70 por ciento de los
hogares estadounidenses). Por su parte, Japón cuenta con
unos 15 millones de suscriptores, una penetración sobre el
30 por ciento de los hogares. Mientras que en la UE son más
de 50 millones los abonados, con penetraciones en los
respectivos mercados que van desde cifras cercanas o
superiores al 90 por ciento en países como Bélgica, Holanda
o Luxemburgo, a presencias meramente testimoniales de un 4
como España e Italia.
1.8 Las televisiones
locales
Una de las tendencias observables en
las últimas dos décadas es la consolidación de sistemas
televisivos regionales y locales.
Éste tipo de emisoras, de un alcance menor que las
estaciones de cobertura estatal, forman parte de un fenómeno
que comienza a darse, en primer lugar, en EEUU. Por su
parte, en la Europa de los años 70, tiempo en el que algunos
países que ya contaban con sistemas nacionales de televisión
consolidados, como por ejemplo Francia, comenzó a ser
corriente la emisión desconectada de programas regionales y
locales por un canal de televisión nacional dando lugar a la
“televisión de proximidad”. Con el correr de los
años esta manifestación temprana de descentralización de la
televisión se profundizará y se volverá más compleja.
Los investigadores españoles Moragas Spà, Garitaonandía y
López (1999) al estudiar las experiencias de
descentralización de la televisión en Europa señalan una
serie de factores que han contribuido a su realización:
-
Factores políticos:
paralelismo entre regionalización
político-administrativa de los Estados y la
descentralización televisiva; la influencia de grupos y
partidos políticos; el predominio de la iniciativa
pública.
-
Factores culturales (y
lingüísticos): estrechamente vinculados a los
factores políticos, en mucha televisiones regionales el
factor lingüístico ha sido motor principal para su
creación.
-
Factores tecnológicos:
los avances en el terreno de las tecnologías de
producción (vídeo, cámaras ligeras, equipos ENG) no
hubiese sido posible la creación de las emisoras locales
o regionales.
Asimismo, y a partir de la combinación
e influencia recíproca de estos factores, pueden
distinguirse cuatro fases en el desarrollo histórico
de la descentralización televisiva europea:
-
Finales de los años 60 y
década de 1970:
las televisiones públicas crean los segundos y terceros
canales; las grandes emisoras
nacionales crean sus estructuras regionales (centros en
las principales ciudades que cumplen un papel secundario
actuando como corresponsalías). En España, es el caso
principalmente de Barcelona y Canarias
-
De mediados de los años 70
a mediados de los 80: corriente que critica la
estructura centralista de los monopolios de la
televisión pública. Surgen las primeras
televisiones locales, en muchas ocasiones
ilegales o piratas. Se refuerzan las estructuras
regionales existentes (creación de terceros canales de
base regional en Francia e Italia). En España, a pesar
de que no se crea un tercer canal, surgen las
televisiones de las Comunidades Autónomas en País Vasco,
Cataluña y Galicia.
-
De mitad de los años 80 a
principio de los 90: ante un nuevo panorama
marcado por la competencia entre las televisiones
públicas y las nuevas cadenas nacionales privadas, se
congelan o reducen las actividades descentralizadas. En
países como España, las emisoras locales se constituyen
a partir de pequeños empresarios.
-
Actualmente: las
desconexiones regionales recobran
protagonismo; nuevas experiencias de ámbito regional,
local o micro-urbanas (ej., ciudades o medios de
transporte –metros, aeropuertos, autobuses, etc.- que
cuentan con televisiones propias
1.9. La
televisión digital terrestre
La generalización de los
satélites de difusión directa (DBS) y de la
televisión por cable (CATV) en vastas regiones del
mundo, unida a la digitalización de las señales y de los
servicios ofrecidos por ambos soportes, ha producido un
nuevo escenario televisivo con posibilidades no imaginadas
años atrás: la multiplicación exponencial
de señales, la fragmentación de audiencias
y el surgimiento de nuevas formas de financiación,
como el abono mensual o el pago por visión, por ejemplo.
A este nuevo escenario se vino añadir, desde la segunda
mitad de los años 90, el debate acerca de los cambios que
traería aparejados la denominada televisión digital
hertziana o televisión digital terrestre (TDT). Son
numerosos los investigadores que coinciden en señalar que
actualmente la televisión se encuentra ante el
proceso de transición tecnológica más importante
desde sus comienzos hace algo más de medio siglo, puesto que
a partir de la digitalización total de los sistemas
de televisión (producción, emisión y recepción de programas)
emerge una serie de posibilidades que puede llegar a
terminar con la televisión hasta hoy conocida.
La digitalización permite ofrecer una
amplia gama de posibilidades que va desde la difusión de
televisión de alta definición -el formato que ofrece la
mejor calidad de imagen hasta hoy conocida- hasta la
interactividad. En apretada síntesis podemos decir que la
televisión digital terrestre permitirá, entre otras cosas:
-
incrementar notablemente el
número de programas, servicios y señales
actualmente disponibles
-
mejorar la calidad
de las imágenes y del sonido de las transmisiones y de
las recepciones televisivas
-
establecer servicios
personalizados e interactivos (relación empresa
televisiva-audiencia) de radiodifusión y
telecomunicaciones
-
facilitar la convergencia
entre el sector audiovisual, las telecomunicaciones y la
informática.
A comienzos del siglo XXI, ya son
varios los países que han comenzado a implementar planes de
migración de la televisión analógica a la
televisión digital. Sin embargo, esta migración
exige tanto una compleja coordinación entre programadores,
fabricantes de equipos receptores y operadores de redes,
como cuantiosas inversiones tanto de la industria como del
público televidente.
Actualmente se encuentran en juego tres normas de
transmisión de televisión digital terrestre. Elaboradas por
empresas estadounidenses, japonesas y europeas, estas normas
-como ocurriera décadas atrás con los sistemas de televisión
color concebidos en EEUU, Francia y Alemania- compiten entre
sí con la finalidad de captar la mayor cantidad de mercados
posibles (Albornoz y otros, 2000).
Si bien la mayor parte de los planes gubernamentales sitúa
como fecha límite para que tenga lugar el “apagón
analógico”, según los países, entre los años 2006 y
2012, un importante grupo de analistas del sector televisivo
califica a estas estimaciones demasiado optimistas y
considera que la realización efectiva del “apagón” demandará
un plazo mínimo de entre 15 y 20 años (Bustamante, 2003).
1.10 Televisión e internet
Desde finales de la década de 1990
asistimos a la creciente relación que establecen los
sistemas de televisión digital en sus
diferentes soportes (ondas hertzianas, vía satélite y cable)
con la denominada red de redes, Internet.
Se trata de una relación de ida y vuelta -la televisión en
Internet e Internet en la televisión- que se desarrolla, día
tras día, dando lugar a más de una polémica. Según el
investigador español Enrique Bustamante (2003), el panorama
previsible de los servicios interactivos en la televisión
digital se centrará durante mucho tiempo, además de los
servicios vinculados a la programación televisiva ya
contemplados en todos los soportes en las mezclas y
vinculaciones diversas con Internet.
En el marco de esta relación los televidentes
se convierten cada vez con más frecuencia en
usuarios-consumidores que pagan distintos servicios
interactivos; entre éstos, actualmente, los más importantes
son el video on demand (vídeo bajo
demanda: la posibilidad de ver una determinada película
cuando el usuario lo desea), los videojuegos en red y la
telecompra.
Si nos detenemos a observar que es lo que hoy está
ocurriendo con la televisión en Internet, tenemos que miles
de emisoras de televisión y productoras de todo el mundo se
han volcado a crear sitios web en la Red. Por el
momento, existe una gran variedad de tipos de sitios que van
desde simples páginas institucionales
donde, por ejemplo, se presenta información acerca de la
empresa emisora y su programación (rejilla, sinopsis de
programas, etc.) hasta sitios a partir de los cuales se
puede acceder a la emisión en vivo a la
emisión o a determinados programas de archivo. En estos
últimos casos, un ancho de banda adecuado
sumado a las tecnologías streamming (transmisión de
flujos de datos a través de Internet) de audio y video,
posibilitan la oferta de contenidos televisivos en la Red.
Asimismo, entre el gran número de emisoras que emiten a
través de Internet se encuentran las denominadas
bitcasters, emisoras sólo existentes
en la Red, que en muchas ocasiones se valen únicamente de
webcams para difundir en directo los más variados
contenidos.
En el marco de una Red que se ha ido expandiendo y
comercializando rápidamente en los últimos años, las
empresas de televisión y las del mundo puntocom se
han ido relacionando a través de alianzas y fusiones; así,
en 1998 la cadena estadounidense ABC compró la
mayoría de Infoseek o la NBC se alió con
la empresa del magnate Bill Gates, Microsoft,
conformando MSNBC...
Por otro lado, es posible observar cómo algunas televisiones
o plataformas digitales de televisión enriquecen sus canales
y servicios con elementos interactivos limitados, tomados o
simulados del mundo Internet, utilizando a la Red como
complemento y vía para mantener a los usuarios ante la
televisión; por ejemplo los SMS, mensajes de teléfonos
móviles, a programas que son incorporados en el desarrollo
del mismo..
Algunas empresas de televisión están ofertando una suerte de
Intranet a la cual se accede a través del
mando a distancia y la pantalla del televisor. Un ejemplo de
lo señalado, y al margen de experiencias españolas de éxito
limitado, nos lo da la empresa estadounidense AOL,
que con más de 23 millones de abonados en Internet comenzó
su trasvase a la televisión digital (1.500 hogares) a
mediados de 2002 ofertando servicios como el envío y
recepción de correo electrónico o chats.
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