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INTRODUCCIÓN
Es sabido: a los comunicadores publicitarios les
interesa todo sobre nuestra conducta: cuáles son
nuestras motivaciones, nuestras necesidades, qué nos
persuade para cambiar nuestras opciones o qué valoramos
para permanecer fieles a ellas.
Para llegar a ello la psicología intenta ofrecer
respuestas que expliquen por qué nos comportamos del
modo en que lo hacemos, de modo que lo que a
continuación te proponemos es el conocimiento de algunas
de estas claves de análisis de nuestra dimensión
psicosocial, de los resortes que nos activan.
En todas nuestras decisiones subyacen una serie de
mecanismos de carácter psicológico y sociológico que
están permanentemente activos, y el hecho de que estén
siempre funcionando hace que nos olvidemos de que están
ahí, dirigiendo nuestra mirada, perfilando nuestros
deseos, configurando, en suma, nuestra forma de
relacionarnos con el mercado. ¿Qué saben los publicistas
sobre nosotros? ¿Qué puedes llegar a saber tú sobre tu
público objetivo? ¿Qué puedes llegar a saber sobre ti
mismo y sobre tus motivaciones? He aquí algunas
respuestas.
COMPRAR, PRESCRIBIR, CONSUMIR
Cada uno de nosotros desempeñamos en la sociedad
diferentes papeles. Por ejemplo, somos al tiempo varones,
jóvenes y votantes, o chicas, estudiantes y miembros de
una ONG, o padres, trabajadores y contribuyentes, o
jubilados, lectores y ciudadanos, o europeos, turistas y
conductores. Ya has podido comprobar a través de los
ejemplos y explicaciones de Media, que la publicidad no
es exclusivamente un mecanismo para vender. Cualquier
organización o incluso un solo individuo puede
utilizarla para apoyar sus objetivos (mira el punto
9.2.) o, lo que es lo mismo, convertirse en anunciante.
Quizá por ello la legislación publicitaria no habla de
consumidores sino de “destinatarios”, a los que entiende
como “personas a las que se dirige el mensaje
publicitario o a las que éste alcanza” (Título 1,
Disposiciones Generales, artíc. 2).
La asociación publicidad-consumo no se cumple siempre,
sin embargo está en la mente de todos por una razón
lógica: quienes utilizan mayoritariamente esta manera de
dirigirse a un segmento de la población son empresas que
comercializan productos y servicios. Esto ha sido así a
lo largo de la historia, que nos demuestra que el
desarrollo de esta forma de comunicar ha estado
directamente vinculada al mundo empresarial. El coste de
los espacios publicitarios es, con frecuencia, el
principal motivo de que particulares y organizaciones de
otro tipo accedan con dificultad al circuito
publicitario.
No obstante, la definición dada por la Ley General de
Publicidad para el gran protagonista de la comunicación
resulta demasiado general a la hora de planificar una
acción publicitaria. El trabajo estratégico exige, si se
quiere ser eficaz, contar con información específica
sobre aquellos a los que conviene dirigir el mensaje. El
primer paso para tomar decisiones relativas a público
objetivo es conocer al máximo a quienes están implicados
en el proceso de decisión, compra y consumo del producto,
servicio o idea que se quiere difundir. Investigado este
proceso se comprueba que dentro de los círculos sociales
concretos en los que nos movemos (familia, trabajo,
etc.) intercambiamos tres roles básicos que conviene
precisar:
El de prescriptor o persona que decide la compra del
producto e influye directa o indirectamente en el
comprador para que éste lo adquiera, con independencia
de que lo consuma o no personalmente.
El de comprador o cliente, la persona que adquiere el
producto en el punto de venta, bien para sí mismo o para
otro u otros.
El de consumidor, aquél que usa o gasta el producto
personalmente, con independencia de que haya sido o no
el comprador o/y el decisor de la compra.
Piensa en los productos para niños. Por ejemplo en unos
potitos para bebé. ¿Quién decide o aconseja cuáles
comprar? ¿Quién los compra? ¿Y quien los consume? Por lo
tanto, la pregunta final es ¿a quién dirigirías una
campaña publicitaria sobre potitos?
Hay numerosos casos en los que las tres figuras
coinciden en un solo individuo, es decir, quien decide,
compra y consume el producto es la misma persona, pero,
como puedes ver en el ejemplo anterior, no siempre es
así. Cada producto o tipo de compra requiere estudiar el
proceso de decisión, compra y consumo, de modo que el
plan de publicidad tenga como destinatario al público
que realmente interesa para lograr los objetivos. Una
vez elegido ese público, el siguiente paso será analizar
las características concretas que explican y distinguen
su manera de actuar.
DEFINIENDO EL PÚBLICO OBJETIVO
Una de las afirmaciones más repetidas sobre la
publicidad es que se utiliza cuando se quiere llegar al
máximo posible de público. Estrictamente esta creencia
no es cierta ya que no se trata de llegar a cuanta más
gente mejor, sino a todo el público que interesa el
mayor número posible de veces. ¿Para qué gastar parte de
la inversión en llegar a aquellos que no están
dispuestos o no pueden comprar el producto que les
ofrecemos? Piénsalo con una marca concreta: BMW o
Versace ¿hacen publicidad para todo el mundo?
La selección del público al se quiere alcanzar es, junto
con los objetivos publicitarios y el presupuesto, la
decisión más importante a la hora de crear la campaña.
Supone elegir al público objetivo o target, conjunto de
personas con ciertas características en común al que se
dirige una acción publicitaria.
El público objetivo suele ser, por tanto, un segmento de
la población seleccionado en función de sus rasgos y con
un determinado nivel de homogeneidad. Consumidores y
público objetivo no son términos sinónimos. De hecho la
campaña puede estar dirigida a prescriptores o a
compradores que no consumen personalmente el producto.
Por el momento la publicidad de gran parte de los bienes
de consumo va dirigida principalmente a las amas de
casa, no porque ellas consuman solas todo lo que compran,
sino porque siguen siendo ellas quienes deciden y llevan
a cabo esta tarea en la mayoría de las familias.
Para definir el público objetivo se manejan tres tipos
de criterios que permiten agrupar a los miembros de una
comunidad en función de características que, o bien les
vienen dadas, o bien eligen, sea por razones
demográficas, económicas o psicológicas.
Criterios sociodemográficos: agrupan a los individuos en
función de variables como el sexo, la edad, su hábitat,
el nivel de estudios y su posición en el hogar.
Criterios socieconómicos: relacionan a los individuos
debido a aspectos como su nivel de ingresos, su
horizonte de consumo o la clase social a la que
pertenecen.
Criterios psicográficos: aportan razones más
recientemente consideradas que completan el conocimiento
de la conducta de los individuos. Entre ellas se tiene
en cuenta la personalidad, el estilo de vida y el
sistema de valores.
Nuestra conducta está determinada en gran medida por
estas variables. Si se estudia un conjunto social, es
posible clasificar el total de sus miembros en perfiles
o grupos con rasgos comunes. Anunciantes y publicitarios
tienen como reto descubrir y profundizar en los datos,
preferencias y sentimientos de sus públicos objetivo.
Toda la actividad de marketing debe estar volcada en
crear ofertas y mensajes que se ajusten a las
necesidades, las motivaciones y los hábitos de consumo
que, en gran medida, derivan de los criterios
anteriormente citados. Así, el sector automovilístico,
en el que se encuentran algunos de los anunciantes que
más invierten en publicidad, viene lanzando modelos para
conductores solteros, jóvenes parejas y sufridores de
atascos. Para que sus coches sean elegidos por este
grupo han tenido que asumir sus prioridades: poder
callejear, aparcar en huecos pequeños, consumir poco,
exigir un mantenimiento sencillo y resultar económicos.
A cambio ellos están dispuestos a renunciar al tamaño y
la amplitud. Con estas condiciones Volkswagen lanza el
Lupo, SEAT su modelo Arosa que sustituye al Panda, Ford
la gama KA, Renault, su Twingo y así las diferentes
marcas (Smart, Fiat Seicento, Opel Agila, Lancia Y,
Hyundai Atos, Honda Jazz, Suzuki Wagon, Daewoo Matiz
...). Son los “coches urbanos”.
Las conclusiones sobre los diferentes tipos de público
objetivo tienen que actualizarse de acuerdo con los
cambios sociales que se registran. Las marcas más
atentas a la realidad de la gente y a las tendencias,
suelen demostrar mayor capacidad para adelantarse a los
gustos del público.
EL
COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR
Descubrir y
comprender el comportamiento de los consumidores (como,
en su caso, el de los votantes o los ciudadanos) es una
necesidad para quienes tienen que crear un mensaje que
les haga reaccionar a favor de un producto o un servicio.
El discurso publicitario y las disciplinas que lo
estudian se van desarrollando para satisfacer esta
prioridad (Mira el Bloque 1, “Historia de la publicidad”).
La publicidad es comunicación creada para persuadir, si
quien la utiliza quiere lograr su objetivo es
imprescindible que parta del conocimiento de aquellos
sobre los que quiere influir.
Dado que por lo general los principales anunciantes son
compañías privadas que nos ofrecen productos y servicios,
el comportamiento más estudiado por los publicitarios es
el de consumo. ¿Por qué compramos?
Esta pregunta se ha abordado, antes que desde el
marketing o la publicidad, desde la psicología, la
sociología, la economía, la antropología y la historia.
Igual que al buscar razones sobre por qué realizamos
otras actividades, nos encontramos con enfoques
diferentes y con dificultad para enunciar una sola
explicación que convenza a todo el mundo. Para
averiguarlo lo lógico sería preguntar a cada persona por
los motivos de sus decisiones de compra. Naturalmente
este dato tiene valor, sin embargo es sabido que en
muchas ocasiones las respuestas a cuestionarios o a
entrevistadores no obedecen a la razón cierta, sea
porque el encuestado prefiere no declararla o sea porque
no sabe realmente el porqué de su conducta.
Desde la ciencia, la experiencia o la opinión se
amontonan respuestas demasiado específicas, válidas para
un caso o un individuo concretos en una situación
determinada. ¿Existe una respuesta universal a esta
cuestión? Quizá la más general de todas sea que la
conducta humana es una respuesta a las necesidades.
Éstas son su fuerza impulsora. Cuando la persona
identifica una deficiencia se mueve para suplirla y es
ese esfuerzo lo que le lleva hacia sus metas. Diferentes
autores han aportado distintas clasificaciones sobre las
necesidades (puedes ampliar en el epígrafe 9.1.), por el
momento distinguimos dos tipos:
Necesidades
biológicas o simples, básicas para la supervivencia
inmediata del individuo.
Necesidades sociales, imprescindibles para el desarrollo
humano.
El
psicólogo clínico A. H. Maslow nos enseñó que ambas se
rigen por un principio de jerarquía, de modo que cuando
una necesidad se satisface el individuo manifiesta sus
exigencias para solventar otra nueva. Su pirámide de
necesidades establece que existen seis niveles que
motivan nuestra conducta:
Necesidad de alimentación, bebida, abrigo y calor.
Necesidad de seguridad y protección frente a los
peligros.
Necesidad de amor, de afecto, de pertenencia y de ser
aceptado por los demás.
Necesidad de estima, de autorrespeto y del respeto de
los otros miembros de la sociedad.
Si no satisfacemos estas necesidades, experimentamos
frustración y desasosiego (son las necesidades de la
deficiencia). Una vez que están satisfechas buscamos
otro tipo de crecimiento:
Necesidad de saber y de gozar de la belleza.
Necesidad de fomentar nuestras potencialidades a fin de
facilitarnos formas de satisfacción superiores (autorrealización).
Estas metas, a diferencia de las anteriores, no se
intentan alcanzar para evitar un peligro, tienen sentido
por sí mismas y se relacionan con valores éticos,
estéticos o de prudencia.
Para plantearse la posible influencia de la publicidad
en el comportamiento resulta interesante una segunda
clasificación:
Necesidades absolutas, independientes del resto de
personas cercanas o ajenas a nuestra vida.
Necesidades relativas, que vienen dadas por el afán de
sentirnos superiores a los otros, de hecho su
satisfacción crea la sensación de que eso nos eleva
respecto a ellos.
Como recuerda J. R. Sánchez Guzmán, catedrático de
marketing, las necesidades absolutas son limitadas, de
modo que van reduciéndose a medida que son atendidas,
sin embargo, las relativas son insaciables. La voluntad
de demostrar superioridad ante otros miembros de la
sociedad generaría por tanto una serie de necesidades
relativas, siempre cambiantes e ilimitadas. En la
sociedad de consumo este tipo de necesidades, que
algunos sólo reconocen como apetencias, son moneda de
cambio ya que sirven para definir fácilmente la posición
en la escala social. Este punto conecta directamente con
la organización básica de nuestro mundo personal,
organizado como expusimos en el epígrafe 2.3. de
publicidad, en un grupo de pertenencia y uno o varios
grupos de aspiración. Muchos anuncios nos enseñan el
producto en un contexto que señala con claridad el grupo
al que pertenecen las personas que lo consumen. Las
propuestas más o menos explícitas suelen ser: si te
sientes como uno de ellos tu marca es ésta, si quieres
ser reconocido y apreciado en este grupo o nivel social,
tu opción es ésta. Se ha comprobado que este tipo de
mensajes tienen valor para la inmensa mayoría de las
personas.
La tercera clasificación:
Necesidad
fundamental, que lleva al sujeto a satisfacerla en
función de sus posibilidades.
Necesidad derivada, que se manifiesta en el deseo de
adquirir el producto que permite cubrirla.
Para el
profesor americano L. Abbott, las necesidades
representan una estructura compleja que se compone de
una necesidad fundamental y varias derivadas. Dicho de
otro modo, cuando alguien compra algo desea satisfacer
varias necesidades simultáneamente. A menudo, al elegir
entre las posibilidades que le ofrece el mercado
comprueba que todos los productos de una misma categoría
sirven para satisfacer la necesidad fundamental, en ese
caso lo que crea la diferencia es la satisfacción
añadida o derivada de comprar uno u otro producto. ¿Acaso
la compra de un móvil o de un coche, incluso de un
perfume no se adapta a esta explicación? Todos los
pantalones vaqueros atienden la misma necesidad, pero ¿te
da la misma satisfacción comprar marca?
PERSUASIÓN Y COMPORTAMIENTO
Persuadir implica la intención de incidir sobre la
conducta del otro. El análisis de las necesidades es un
primer paso para lograrlo, pero se impone ir más allá,
conocer cómo se produce el comportamiento, por qué y si
existen factores que lo determinan.
Sabemos que la conducta de compra se explica
principalmente por:
la
personalidad, conjunto de características que
constituyen y diferencian a una persona,
la actitud, tendencia adquirida mediante el aprendizaje,
a responder de una manera concreta ante un objeto o
situación y
los hábitos, respuesta adquirida en el tiempo, también
mediante un proceso de instrucción, concretamente a
través de la repetición de los mismos actos.
Para profundizar en el estudio complejo del
comportamiento vamos a identificar en el individuo tres
categorías, ya que es –somos- al tiempo y como mínimo
sujeto económico, individuo receptor y miembro de un
grupo social. Nos asomamos así a los diferentes campos
de investigación y a las principales aportaciones de la
economía, la psicología, las sociología y la
psicosociología. Ya sabes, si este tema te atrae, puedes
ampliarlo recurriendo a estas disciplinas.
1. Categoría económica: nuestro sujeto
económico
El
consumidor es un elemento básico en el sistema económico.
Como tal es estudiado por la economía, ésta enuncia la
“Teoría Económica del Consumo“ que ofrece un
planteamiento racional para explicar la compra: el
individuo elige entre la oferta disponible aquello que
le ofrece el máximo grado posible de utilidad. Este
concepto le lleva a realizar un proceso lógico de
identificación de su necesidad y de comprobación de las
ventajas que proporcionan todas las opciones entre las
que puede elegir. Desde este enfoque clásico, la renta y
el precio son los factores básicos en la determinación
de la demanda, mientras que los gustos y necesidades
quedarían fuera del análisis. Según esta explicación del
comportamiento del consumidor, éste actúa de forma
consciente y es capaz de delimitar con exactitud tanto
sus necesidades como el valor de utilidad que representa
cada producto.
La dificultad real de que el consumidor pueda (o quiera)
realizar una valoración minuciosa de toda la oferta
motivó, entre otras razones, la búsqueda de nuevas
teorías económicas que incorporaran otras variables. La
interpretación del consumo lógico ha dado paso a una
concepción más abierta que admite que la utilidad es
también una magnitud psicológica. Básicamente las
teorías económicas actuales admiten las aportaciones
proporcionadas por la psicología y la sociología en este
terreno.
2. Categoría individual: el individuo
receptor
Aunque la
publicidad sea comunicación masiva su mensaje invita
personalmente a cada individuo miembro del público
elegido. Por eso recurre a la psicología para ayudarse
con sus principios sobre el comportamiento. Esta
disciplina ha aportado modelos que explican cómo se
produce el comportamiento y porqué se produce, es decir,
si existen determinantes que lo provocan. En los
próximos epígrafes, 7.5. y 7.6., puedes conocer lo
esencial de la llamada psicología del consumo. La
aplicación a la publicidad de las teorías del
aprendizaje, la percepción, el psicoanálisis y la
motivación es hoy un aspecto muy atractivo para los
investigadores.
3. Categoría social: miembro de un grupo
La
sociología estudia las sociedades humanas, las
relaciones que se establecen y los elementos que
explican la vinculación entre los individuos. El grupo
proporciona al individuo pautas de comprensión del mundo,
seguridad y una función, pero también ejerce un poder
sobre él, fundamentalmente a través de las normas, usos
y costumbres establecidas y de las sanciones sociales
que llevan aparejadas. En definitiva, avisan de las
funciones y de las disfunciones sociales y de los
efectos que recaen sobre el individuo si las asume o,
por el contrario, las perturba o desobedece. El objetivo
del grupo es mantener su sistema social equilibrado y
ordenado.
Las sanciones introducen el concepto de presión social
que se puede ejercer directamente, articulando
normativas y jueces que deliberan y dictaminan, o
indirectamente, por medio de mecanismos de persuasión.
Quienes los utilizan defienden un planteamiento mediante
la argumentación, con el fin de lograr un comportamiento
entre un grupo de individuos. La publicidad es, como
hemos explicado (Bloque 2), un sistema de comunicación
y, como tal, de persuasión, por lo tanto, la publicidad
ejerce presión social. Lo hace dirigiéndose a la
categoría social del individuo: el receptor de los
mensajes publicitarios es miembro de un grupo social en
el que desempeña determinados papeles y ocupa ciertas
posiciones que mediatizan su nivel y también su forma de
consumo. Los publicitarios estudian el grupo al que
pertenece el público objetivo, así como las normas e
intereses comunes establecidas en él ya que éstas
provocan unas pautas de comportamiento asumidas. Su
mensaje incluye el juego de tales normas, intereses y
pautas.
Cuando la propuesta del anunciante sigue el juego del
grupo, tiene, en principio, más posibilidades de ser
eficaz sobre los individuos. Por el contrario, cuando
propone alejarse de lo establecido en el grupo, lo
normal es que encuentre mayor resistencia. Por eso, en
publicidad es preciso partir de un trabajo de
segmentación del mercado, que en realidad es una
clasificación de grupos sociales: se establecen
tipologías, se investigan sus pautas de conducta y se
crea un mensaje distinto acorde con cada objetivo y
público objetivo. Finalmente la propuesta del anunciante
será una de las siguientes:
Reforzar
las pautas de comportamiento establecidas.
Difundir otras nuevas
Suscitar convicciones que puedan derivar en conductas
posteriores.
En síntesis,
el comportamiento del consumidor y la elección concreta
del producto puede explicarse mediante cuatro tipos de
causas:
Causas racionales: el consumidor compara la satisfacción
que le pueden proporcionar diversos productos, los
ordena y, según el grado de utilidad, realiza la
elección óptima.
Causas de costumbre: el consumidor decide de acuerdo con
sus hábitos, adquiridos por aprendizaje, sea éste
entendido en términos conductistas de estímulo-respuesta,
o a partir de la prueba sucesiva de productos para
constatar cuál de ellos proporciona el mejor resultado,
lo que se conoce como ensayo-error. En cualquier caso,
una vez realizado el proceso de aprendizaje, la elección
del producto se convierte en un hábito que se repite
automáticamente.
Causas instintivas: el consumidor actúa
inconscientemente, valorando los objetos desde un
entramado propio de intereses, intenciones, deseos y
creencias. En realidad, selecciona aquello que le
produce una mayor sensación placentera.
Causas sociales: el consumidor acepta la influencia de
otros individuos que forman parte de su comunidad, de su
mundo. Se siente ligado a un contexto social que marca
la elección del producto.
A pesar de
todas las explicaciones, es imposible asegurar el
resultado de una acción publicitaria. Si conociéramos
con total seguridad por qué compra, vota o ama la gente
tendríamos el futuro asegurado ¿no crees?
LA
PSICOLOGÍA DEL CONSUMO
Se ha discutido suficientemente sobre si se puede hablar
o no de una “Teoría general del comportamiento del
consumidor”. Lo que no es discutible es la utilidad de
aplicar ciertos modelos de conducta al análisis del acto
de elección y compra que, en sociedades como la nuestra,
realizamos constantemente. Estos modelos tienen su
influencia en el proceso de creación de los mensajes
publicitarios. Aquí tienes las tres líneas más
importantes aportadas desde la psicología:
1.
Teorías del aprendizaje
El
comportamiento del consumidor, según su planteamiento,
deriva del aprendizaje, que implica siempre un cambio de
conducta provocado por una experiencia o por una
práctica que tiene cierta permanencia temporal. Se han
presentado dos maneras elementales de explicar el
proceso de aprendizaje: su punto de partida es que la
interacción entre el individuo y su mundo origina en él
fenómenos psíquicos. El desencadenante son los estímulos
que encuentra, ante los que aprende a dar una respuesta
apetitiva, o evitativa.
Aprendizaje por condicionamiento
El
fisiólogo I. P. Pávlov, el neurólogo V. M. Bechterev y
el conductista J. B. Watson estudiaron la conducta a
través de sus experimentos: asociando mediante refuerzo
un estímulo neutro (campana) a otro no neutro (comida)
se puede obtener una respuesta condicionada (salivación).
El individuo aprende a dar una respuesta específica a un
estímulo.
Supuestamente, si conseguimos condicionar al individuo,
es decir, que asocie un estímulo (mensaje, nombre,
música, olor ...) a otro estímulo (ayuda, bienestar,
seguridad, miedo, sed ...) reaccionará dando una
respuesta de aceptación o de rechazo.
El aprendizaje por condicionamiento mecánico explica,
mediante el modelo E-R (estímulo-respuesta), que
nosotros, como todo ser viviente, respondemos
automáticamente ante estímulos externos (luz, oscuridad,
frío ...) o internos (llamadas del organismo por falta
de alimentos, actividad sexual ...). E. L. Thorndike y
B. F. Skinner desarrollaron el planteamiento conductista
aportando el condicionamiento operante, según el cual se
puede llegar a moldear la conducta del sujeto mediante
el uso apropiado de estímulos. Por ejemplo, un mensaje.
Thorndike enuncia las leyes del
aprendizaje:
1.1 Ley de la preparación: la disposición del individuo
contribuye a intensificar el aprendizaje.
Ley del ejercicio: cuanto más frecuente sea la relación
entre situación-respuesta, mayor es el vínculo
asociativo entre ambas. La práctica conduce a la
perfección.
Ley del efecto: cuando un acto va seguido de una
recompensa aumenta la probabilidad de que se repita;
cuando va seguido de un error (castigo), disminuye.
Apliquemos estos principios: si alguien está motivado
para comprar, cabe esperar que realice la compra y que
lo haga más de una vez; si utiliza varias veces un
producto o un servicio, cada vez lo usará con más
destreza y facilidad; si le resulta gratificante y
satisface una necesidad, mayor posibilidad de que vuelva
a comprarlo o a usarlo.
Aprendizaje perceptivo
El
neoconductismo dice que aprendemos mediante la
observación y la comprensión del entorno. Creamos y
memorizamos un mapa cognitivo o, lo que es lo mismo, nos
familiarizamos con la situación. Esta corriente dice,
por tanto, que el individuo aprende a percibir una
situación estimuladora y, ante ella, a dar una respuesta
adecuada. Su principal representante, E. C. Tolman,
distingue varios tipos de aprendizaje entre los que
destacamos el aprendizaje del lugar: se aprende dónde
están los obstáculos y las recompensas. Cuando hemos
ubicado estas últimas actuamos para obtenerlas.
Si aprendemos que los centros comerciales son para
nosotros un lugar donde encontramos estímulos positivos,
¿no será que pasaremos el máximo número de veces y de
tiempo dentro de uno de ellos?
2.
Teorías de la percepción
Los
investigadores de la percepción afirman que la forma en
que el individuo percibe el mundo que le rodea
constituye uno de los determinantes fundamentales de su
conducta. Los movimientos que hacemos y los pensamientos
que tenemos dependen, en gran media, de la percepción,
esto es, de la información que captamos del entorno.
Una de las características de la percepción es su
naturaleza selectiva: el individuo selecciona entre
multitud de estímulos sólo aquello que le llama la
atención. Existen determinantes de la atención, tanto
internos como internos.
Factores externos: variables ambientales que aumentan la
posibilidad de ser seleccionados por el individuo. Son
cuatro:
intensidad
y tamaño
contraste
repetición
movimiento
Podemos
pensar que cuanto mayor es el anuncio y cuanto más
elementos distintos a lo conocido incluye, más llamará
la atención. Lo mismo ocurre cuando nos aseguramos que
es visto en varias ocasiones y cuando incluye el efecto
del movimiento.
Factores internos: variables psicológicas que favorecen
la atención del individuo. Son dos: lo que le más le
interesa y lo que está dispuesto atender. De modo que la
publicidad ha aprendido que conviene conocer los
intereses, las motivaciones y las expectativas del
público objetivo, de modo que pueda incluirlos en los
mensajes que le dirige.
Si te gusta
este tema busca en la biblioteca algún libro que
profundice sobre cómo percibimos. Encontrarás dos
escuelas psicológicas distintas, el asociacionismo y la
gestalt. Esta última ha favorecido que en publicidad
seamos conscientes de que la forma está al servicio del
contenido y, también importante, que al percibir la
forma percibimos parte del mensaje.
Teoría del psicoanálisis
Para
Sigmund Freud la causa del comportamiento está en el
inconsciente y la fuente impulsora de la actividad
mental son los instintos. Tratamos de satisfacer
instintivamente nuestras necesidades naturales, con el
mayor goce posible (principio del placer), pero el medio
nos impone todo tipo de normas éticas, sociales,
religiosas, así como ideales, escrúpulos, convenciones,
prejuicios, etc. que restringen nuestra actuación. El
resultado es la represión de nuestros instintos y la
consecuente sensación de angustia o ansiedad.
Este proceso se apoya en la estratificación de la
personalidad psíquica, seguro que la recuerdas:
Ello (inconsciente), regido por el principio del placer.
Ego (consciente), regido por el principio de la realidad.
Superego (preconsicente), regido por el principio del
deber.
“La vida humana es un continuo conflicto entre el deseo
y la norma, los instintos y la autoridad social”. Para
eliminar la tensión psicológica que se produce el
individuo utiliza mecanismos de defensa, método
inconsciente que se manifiesta de diferentes maneras.
Algunas de ellas son utilizadas en publicidad
Instinto de enmascaración, que consiste en olvidar la
angustia.
Ejemplo de
mensaje publicitario: tener que limpiar ... después de
una fiesta. La limpieza se presenta así en un contexto
atractivo y confortable donde pueda olvidarse que esta
tarea es desagradable.
Instinto de proyección, que envía la angustia hacia algo
o alguien externo o ajeno al individuo.
Ejemplo de
mensaje publicitario: quedarse sin dinero y tener que
pedirlo es algo que en estos tiempos nos pasa a todos.
El banco es quien te salva.
Instinto de identificación del individuo con alguien que
no sufre la angustia.
Ejemplo de mensaje publicitario: una modelo te dice cómo
le ayuda en su trabajo una marca de belleza. Podemos
pensar: “si la uso, seré como ella”.
Instinto de sublimación o sustitución de la causa que
produce la angustia por otro elemento (objeto,
sentimiento, actividad ...) que es aceptado socialmente,
incluso premiado.
Ejemplo de
mensaje publicitario: no se debe ir mal vestidos a
determinados lugares, ni ser demasiado informal, pero si
llevas el reloj de nuestra marca, todos te admitirán.
La publicidad instintiva (ver epígrafe 6.7.) ofrece el
producto como una manera de descargar la tensión, la
energía acumulada. El producto no es un simple objeto y
su compra en sí proporciona satisfacción.
MOTIVACIÓN: LOS DETERMINANTES DE LA CONDUCTA
La aspiración de la comunicación publicitaria es
resolver una estrategia de la manera más eficaz posible,
por eso se interesa, como hemos visto, por segmentar el
público en diferentes perfiles, elegir un target y
conocer su comportamiento pero, además, trata de saber
cuáles son los determinantes de los actos de ese tipo de
personas. Esta meta le lleva a los “Estudios de
motivación”, que han sido objeto de disciplinas como la
bioquímica, la antropología, la economía y la sociología.
¿Qué hace que los individuos inicien conscientemente una
acción que persigue un propósito concreto? Hay tres
respuestas que han obtenido mayor crédito entre los
investigadores: los instintos, los impulsos y los
incentivos. Los estudios de motivación tienen como
objeto estos determinantes de la conducta.
Teoría de la motivación a través de los instintos
El ser
humano sigue sus instintos, el motivo de sus actos debe
buscarse en estas motivaciones intrínsecas, unas innatas,
otras heredadas. En el punto anterior (7.5) hemos
estudiado el enfoque del psicoanálisis, destacando
cuatro de los mecanismos de defensa identificados por
Freud. Lo cierto es que ha habido grandes desacuerdos
sobre cuántos y cuáles son los instintos que compartimos
los individuos. Hay listas que reducen el número
sorprendentemente y otras que acercan la cifra al millar.
Recurrimos a la primera relación de instintos presentada
en 1908 por William McDougall, para quien lo que origina
nuestros actos es una de estas doce motivaciones que, en
cada caso, llevan una emoción asociada.
Instinto de fuga, que provoca la emoción del miedo.
Algunos anunciantes apelan al peligro en sus campañas.
Nos previenen de lo que nos puede ocurrir por falta de
dinero, seguridad, prevención, etc., nos recuerdan las
alternativas que tenemos en determinados lugares,
momentos o etapas de nuestra vida y lo que nosotros
poder hacer o elegir.
Instinto de combate, que aviva la emoción de la ira.
Hay marcas que han optado por señalar en sus mensajes la
lucha física o intelectual que supone la vida, incluso
respecto a los demás. Afirmación como “somos los líderes”,
“llegamos los primeros”, etc. son muy frecuentes en la
publicidad.
Instinto de repulsión, relacionado con la emoción del
disgusto.
Muchos
productos de limpieza o higiene personal centran su
publicidad en el efecto de sensaciones desagradables (malos
olores, rechazo social, incomodidad...) para presentar
el producto como la solución.
Instinto
paternal/maternal, asociado a la emoción de la ternura.
La ternura
conmueve incluso a los personajes más duros. Si se trata
de unos padres, es previsible que reacciones positivas
ante una escena protagonizada por un niño.
Instinto de curiosidad, conectado con la emoción del
asombro.
Si hay una
forma de comunicación que sabe crear espectáculo en poco
más de 20 segundos, esa es la publicidad. Se pueden
incluir imágenes o propuestas que provoquen el asombro
o, es otra opción muy frecuente en los últimos años,
llegar a la intriga dividiendo la campaña en dos fases,
¿recuerdas el género de suspense? (6.4.)
Instinto de autoafirmación, que nos aporta la emoción
del orgullo.
Determinados objetos y marcas se mantienen en el mercado
gracias a su vínculo con el orgullo de ser símbolo de un
grupo social, del éxito económico o de un alto nivel
cultural. Mira los productos estatus (7.7.)
Instinto de la autohumillación, ligado a la emoción de
la sumisión.
La sumisión es enfocada en publicidad principalmente por
la vía de la admiración ante otras personas con mayor
capacidad o con una cualidad determinada, también por lo
que posee. Así surgen algunos testimoniales y los bustos
parlantes (6.4.).
Instinto de reproducción, que invita a la emoción del
deseo sexual.
La
utilización del sexo en publicidad es muy frecuente.
También, como el propio recurso, es uno de los aspectos
por lo que más se la critica, aduciendo razones morales
o sociales. La mayoría de las escenas publicitarias que
incluyen apelaciones sexuales se resuelven a través del
erotismo.
Instinto gregario, que nos conecta con la emoción de la
soledad.
La
necesidad del individuo de agruparse y, más allá, de
sentirse parte de un grupo de semejantes con los que
realizar su vida da pie precisamente a la proliferación
de elementos de identidad o de reconocimiento, entre los
que están las marcas (2.7.).
Instinto de adquisición, que estimula la emoción de la
propiedad.
La sociedad
del consumo facilita que se experimente el placer del
“tener por tener” y del “comprar por comprar”. La
publicidad es siempre juzgada por su llamada al consumo:
disfrute comprando, cuando tenga esto o aquello podrá
relajarse ...
Instinto de construcción, unido a la emoción de la
creación.
Algunos
publicitarios defienden que los mensajes incompletos o
complejos desencadenan que la audiencia reaccione para
completarlos o descifrarlos, movidos por el estímulo de
cerrar el contenido, de solucionarlo.
Instinto de búsqueda de alimentos, vinculado a la
emoción del hambre.
La
publicidad de productos de alimentación o relacionados
con ella buscan provocar el apetito. Pueden hacerlo con
apelaciones al sabor, la salud, la preparación, el
proceso de fabricación o la estética.
Teoría de la motivación a través de los
impulsos
El
individuo se comporta de acuerdo con sus impulsos lo que
le permite mantener el equilibrio que necesita. La base
de esta teoría se encuentra en los trabajos de Claude
Bernard, quien en 1859 descubre la homeostasia,
tendencia general del organismo a mantener el equilibrio
entre las condiciones fisiológicas internas. Puede
lograrlo a través de su propio organismo o de objetos
que obtiene en el exterior, válidos siempre que eviten
el desequilibrio fisiológico. Esta interpretación de la
motivación es una variable del modelo estímulo-respuesta
(7.5.).
Teoría de la motivación a través de los
incentivos
El
comportamiento atiende a unos incentivos que determinan
las necesidades. Éstos son como una invitación para que
el individuo reaccione y quiera conseguirlo.
Como en otros contextos que conviven con el mercado, el
enfoque de incentivar al consumidor está muy asimilado.
Hay dos vías principales de aplicación. La primera es la
vía publicitaria, que convierte al producto mismo en un
incentivo, bien asociando valores tangibles y/o
intangibles, bien rodeándolo de valores positivos; la
segunda es la vía promocional (10.2.) que añade al
producto un elemento que se obtiene por la compra, los
más habituales son un regalo o una ventaja económica.
Aunque existen muchas teorías y cada anunciante y
publicitario aprovecha su experiencia y tiene sus
propias recetas, el comportamiento de la gente encierra
siempre una incógnita. Nada asegura absolutamente que se
vaya a acertar con la oferta y el mensaje. Un ejemplo
curioso que refleja esta realidad es la campaña
publicitaria de Acuarius que se está viendo este año
2004 en televisión. Esta bebida se concibió para
deportistas, así se refleja en las latas y se publicitó
expresamente, sin embargo, como dice el spot, la bebe
todo el mundo. Podemos ver personas de distintos grupos
y edades, que en principio no debieron probar este
producto, pero –añade la voz en off– “la gente hace lo
que quiere”.
PUBLICIDAD
DE PRODUCTOS DE CONSUMO
Los productos de consumo forman parte, junto con los
industriales, de la categoría de productos tangibles,
artículos que podemos ver y tocar. Piensa tú algún
ejemplo. Bien. Alimentos, electrodomésticos, ropa...
Como la mayoría de ellos se crean para un público muy
numeroso, los anunciantes necesitan un recurso
comunicativo que haga llegar su mensaje a cada individuo
sin que la inversión sea desproporcionada.
La publicidad es ese recurso, incluso se puede afirmar
que su evolución esta íntimamente ligada a los productos
de consumo masivo. Entre ellos hay grandes diferencias,
ya que su prescripción, compra y consumo no son
idénticos; tampoco su duración ni, consecuentemente, el
comportamiento que desencadenan. Se ve más claramente
con una clasificación. Antes de que la leas, un
comentario sobre los ejemplos: el mismo tipo de artículo
puede pertenecer a distintas categorías, según sus
características específicas y su posicionamiento. Una
prenda de ropa puede ser un producto funcional o uno de
estatus, lo mismo ocurre con las marcas de coches y
hasta de muebles.
1. Productos funcionales
Son
productos de uso cotidiano que, en muchos casos, obligan
a una compra en un periodo normalmente reducido (diaria,
semanal, mensual ...) y concreto de acuerdo, por una
parte, con la caducidad del bien y, por otra, con las
posibilidades o costumbres. Ejemplo: pan, detergente o
algunos productos de higiene personal.
Suele tratarse de productos poco diferenciados en cuanto
sus características tangibles. Por eso el comprador
tiende a comprar otro parecido al que buscaba si no lo
encuentra en el punto de venta, o bien el que está en
oferta. En estos casos se trabaja para diferenciar el
producto vía marca. Se invierte en darle notoriedad y
convencer mediante las novedades y las ventajas que
aporta frente a los demás. De esta forma se trabaja la
fidelidad del consumidor.
2. Productos de impulso
Se trata de
caprichos que el comprador se permite de vez en cuando.
No están en su lista de la compra, pero cuando los ve
reacciona a la tentación. Dulces, aperitivos, música ...
Aprecia la marca y conoce bien el producto. El problema
es que incluirlo en el carro o la cesta le hace sentir
culpable ya que, en el fondo, piensa que no lo necesita
realmente. Para contrarrestar este sentimiento el
anunciante se dirige a él con mensajes reafirman su
personalidad y le recuerdan que se lo merece.
3. Productos de alto precio
Representan
las grandes compras de cada momento de la vida. Las más
importantes son la vivienda y el coche. Se trata de
bienes de larga duración sobre los que el comprador se
informa y a menudo consulta. Se busca una compra
adaptada a las necesidades y aspiraciones en calidad,
estilo y precio.
La publicidad de estos productos proporciona información
concreta, incluso detallada y comparada, además cuida la
imagen del producto yla fiabilidad del servicio que
completa la oferta.
Productos de estatus
Son
referencias, símbolos de grupo admirados por su imagen
de lujo. El público los conoce por la marca: Rolex,
Mercedes, Louis Vuitton ... El cliente está dispuesto a
pagar un alto precio por ellos y a esforzarse por que
los demás sepan que se los consume. Los mensajes giran
en torno al prestigio de la marca y al grupo social que
lo elige.
Productos especializados
Se trata de
la gama más alta del mercado. Se diferencian por sus
prestaciones y están en continua renovación. Permiten al
usuario obtener los mejores resultados posibles, como
una cámara que utiliza un fotógrafo profesional o la
ropa que usa un deportista. La publicidad suele destacar
precisamente lo que se puede lograr con ellos o apoyarse
en un gran especialista que recomienda el producto.
Productos no buscados
Son los que
implican una novedad en la compra habitual y se
adquieren por curiosidad o porque pueden ser muy útiles.
Sólo se compran cuando se encuentran. ¿Te has dejado
tentar alguna vez por los productos de Teletienda? La
publicidad se ocupa, en primer lugar, de llamar la
atención sobre ellos y, en segundo, de despertar el
interés y el deseo.
Como suele
decirse, esto no son matemáticas. No todos estamos de
acuerdo con la manera de clasificar cada producto. Por
otra parte, es posible que hayan quedado fuera algunos
tipos de producto o características que te parecen
básicas. Es tu turno para completar esta clasificación.
LA
PUBLICIDAD, ¿CÓMO ACTÚA SOBRE EL PÚBLICO?
La madre,
la hija estudiante, el ciudadano, el votante de un
partido o del contrario, el ejecutivo, la abuela, el
mecánico, el presidente de un banco, el pacifista, el
farmacéutico, el ama de casa trabajadora ... todos
los individuos y roles que compartimos o que nos
diferencian tienen un punto en común: son
audiencia, esto es, acceden a los medios de
comunicación. Podemos compartir varios papeles en
nuestra vida diaria pero, salvo raras excepciones, desde
todos ellos conectamos con la información o el
entretenimiento que proporcionan la televisión, los
medios gráficos, la radio, el cine o la red. Este
espacio-tiempo que cualquier persona dedica a los medios
es prioritariamente el que le pone en contacto con la
publicidad.
Los anuncios conectan con el público cuando éste está
ejerciendo su rol de audiencia. Por eso, además de
conocer el comportamiento del consumidor de productos,
servicios, ideas o sueños, los publicitarios deben
hacerse la siguiente pregunta:
¿cómo somos con respecto a los medios?
La forma en la que se recibe un mensaje y las
condiciones que afectan su interpretación son elementos
que el emisor debe tener en cuenta. En el caso de la
publicidad hay que considerar dos aspectos básicos:
-
La publicidad es, por lo general, un contenido
rechazado
por la mayor parte de la audiencia. Al menos ésta es
la impresión que transmite un rotundo porcentaje de
personas encuestadas.
El exceso de publicidad es una de las quejas más
permanentes (9.1.) y lo que más se agradece de ella
es el tiempo que da para buscar otros contenidos en
el caso de la televisión o para realizar otras
actividades antes de que vuelva la película, la
información o el programa interrumpido por los
anuncios.
-
Los medios de comunicación utilizados para difundir
las campañas no son idénticos
(Bloque 8), ofrecen condiciones particulares debido
a su forma de transmitir el mensaje y al esfuerzo y
la aptitud que exige a quien los lee, mira, escucha
o navega. Por lo tanto, es necesario comprender las
cualidades técnicas de cada medio para obtener de
ellas el mayor partido posible, aunque esto no es
suficiente. Es preciso comprender también la
conducta que se desarrolla al poner la radio,
comprar el periódico o situarse ante una pantalla de
televisión, de cine o de ordenador.
Por cierto, ¿cómo actúas tú en estas situaciones? ¿Por
dónde empiezas a leer el periódico?, ¿en qué te fijas
primero, en las imágenes o en los titulares?. ¿Cuántas
horas ves la tele al día?, ¿cambias siempre cuando
llegan los anuncios?, ¿cómo tiene que ser un anuncio
para que te quedes viéndolo?. ¿Qué tres cosas más
frecuentes haces cuando pones la radio? ¿Por qué crees
que la publicidad en radio suele rechazarse menos que la
publicidad de televisión?
Una vez que el público está ante el anuncio y el mensaje
es total o parcialmente percibido, el anunciante puede
valorar el efecto del impacto. Entre las preguntas más
frecuentemente formuladas, tanto por los interesados
como por los más ajenos a la publicidad, encontramos
ésta: ¿cómo actúa sobre el público, qué hace para
buscar su reacción? La acción más básica es la de
informar (6.6.). El individuo necesita conocer las
diferentes alternativas que están en el mercado y los
que van apareciendo. Cada anunciante que invierte en
difundir su oferta refuerza su información con recursos
que hagan preferible la marca a ojos del público.
Sea cual sea el medio elegido para la difusión de la
campaña, el mensaje publicitario obedece a un esquema
de interpretación del comportamiento del público
objetivo al que dirige. Las cuatro teorías expuestas
sobre las causas de elección de los productos (7.4.) han
sido respondidas publicitariamente por una manera de
actuar:
-
Apelación racional:
el anuncio debe llamar la atención, despertar el
interés, provocar el deseo y mover a la acción (AIDA).
-
Reforzamiento de los hábitos:
el beneficio del producto, el posicionamiento de la
marca, los recursos utilizados para transmitir se
repiten para asegurar el efecto buscado.
-
Contenido sugestivo:
se busca llevar una señal al inconsciente del
individuo que convierta la propuesta en una opción
que se adapta a su verdadera necesidad personal.
-
Argumentación social:
el producto o la marca se identifica con un grupo
social o una serie de valores admitidos o admirados
por una parte de la sociedad. Al adquirirlo se
dispone de un símbolo de promoción social.
James W. Young, mítico miembro de la agencia J.
Walter Thompson resumía hace décadas los cinco
modos básicos a través de los que la publicidad
actúa:
-
Familiarizando;
un primer paso que sirve de base a todos los demás
modos de actuación. Consiste en lograr que el
producto, marca o propuesta sea conocida entre el
público. Ejemplo: La Casera, que a través de
sus campañas consiguió que en lugar de comprar una
gaseosa pidiéramos el producto por su marca.
-
Recordando,
sea el posicionamiento de la marca, el producto, sus
prestaciones, usos, diferenciación o lugar donde
encontrarlo. La falta de presencia publicitaria o de
contacto con el público puede provocar un olvido que
no beneficia en ningún caso el objetivo de obtener
la preferencia. Ejemplo: las campañas de Navidad de
Coca-Cola que parecen decir que además del
cava, los vinos y demás, ella está siempre
ahí.
-
Divulgando noticias,
o novedades sobre aquello que se ofrece, ya que
éstas suelen actuar como razones que atraen y llevan
a probar, repetir o, simplemente, hablar del tema.
Ejemplo: el último producto anticelulítico de
L’Oréal, el único que puede demostrar
científicamente sus resultados.
-
Venciendo inercias,
el gran obstáculo cuando se propone un cambio de
actitud o de hábito que facilite la conducta buscada.
Los productos se renuevan al tiempo que surgen
competidores distintos y alternativas para
satisfacer de otra forma las necesidades. La
publicidad tiene en ocasiones el cometido de
dirigirse a un público reticente a probar o cambiar
en algo. Ejemplo: Nivea for men, que para ser
aceptada tiene que superar el freno del público
masculino a utilizar cosméticos.
-
Añadiendo valor,
de modo que el producto aparece ante el público con
una característica que antes no tenía o no había
sido destacada. Ejemplo: Axe, el desodorante
que asegura que usándolo cualquier hombre provocará
el deseo de las mujeres.
En realidad muchas campañas, además de aprovechar las
cualidades de cada medio, combinan varias de estas
funciones, de esta manera luchan contra la relativa
importancia que se le suele dar al tiempo o el espacio
dedicado a la publicidad.
ESTUDIAR
PARA PREDECIR LA CONDUCTA
Cuando se
trata de conocer el comportamiento individual o social
de los destinatarios del mensaje la publicidad se apoya
en la investigación (ver 5.6. y 7.9.) y en cualquier
tipo de estudios y disciplinas que puedan ayudar a
entenderlo. De ello depende en buena parte el acierto o
el fracaso de la estrategia, la creatividad y el plan de
medios seleccionados.
La información es primordial para captar a consumidores
y clientes, aunque lo es mucho más si queremos
mantenerlos. El fin del marketing relacional (2.2) es
precisamente conseguir la fidelidad, meta realmente
ambiciosa cuando hablamos de individuos o grupos cuya
vida se desarrolla en una cara del mundo que ha
alcanzado los grados más altos de calidad de vida, al
menos material, consumo y saturación informativa.
Las principales investigaciones que se realizan sobre
público objetivo se agrupan en:
Estudios de segmentación, que analizan variables clave
para la clasificación de la población en tipologías: qué
compran, qué buscan obtener, quién decide/compra/consume,
motivaciones y frenos principales.
Estudios de imagen, centrados en conocer el nivel de
conocimiento del público hacia el producto y/o la marca:
notoriedad y aceptación, atributos positivos y negativos,
actitudes, etc.
Estudios de eficacia, cuyo cometido es solventar uno de
los aspectos más complejos: la medición del efecto
producido por la publicidad realizada en un periodo de
tiempo. Las tres variables más estudiadas son: el índice
de recuerdo, el grado de comprensión del mensaje y el de
aceptación del mismo.
La
investigación es la base para ser capaz de predecir el
comportamiento de los consumidores, incluso permite
hacer pronósticos sobre los cambios que se producirán en
el futuro. En este sentido la clave consiste en
descubrir las variaciones en los valores vigentes
provocados por el paso de décadas y generaciones. De
unas a otras no todos los cambios son superficiales, las
banderas sociales y los modelos de referencia se van
transformando: la manera de entender el éxito, la
valoración del esfuerzo, la vida sana, el cuidado del
medio ambiente, la presencia de la tecnología, el
equilibrio trabajo-familia son aspectos que definen no
sólo a cada grupo social, sino cada época. Los
publicitarios estudian el mapa social e incorporan
símbolos y modelos a sus mensajes. Si la sociedad habla
de seguridad, compromiso, de cuidarte tú mismo, de
cooperación, solidaridad o desarrollo personal, la
publicidad hablará de ello.
Mira estos anuncios: Renault quiere que recuerdes que
sus automóviles “pueden salvarte la vida”; Ron Barceló
solicita “ayuda urgente para la República Dominicana y
Haití después de las lluvias y riadas del pasado mes de
mayo”; Cepsa se compromete a facilitarte “una vida más
cómoda”; y La Caixa dice: “¿Hablamos?”, “Tranquilo, no
importa lo que pueda cambiar tu vida”.
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