- 2 Introducción
- 2.1 ¿Comunicación o marketing?
- 2.2 La publicidad en el marketing
- 2.3 Publicidad y sistema de valores
- 2.4 La magia de la publicidad
- 2.5 El nombre del producto
- 2.6 El logotipo, un ayuda visual
- 2.7 La marca
- 2.8 ¿Cómo definir la publicidad?
- 2.9 Recuerda sus características
- 2.10 Tipos de publicidad
- La creación de esta web
- Videos Publicitarios
- Mapa de la web
INTRODUCCIÓN
¿Qué es exactamente el marketing? ¿Qué relación tiene con
los procesos de comunicación?
El marketing es una de las piezas esenciales del motor de
las empresas y de otras entidades y la comunicación, a su
vez, una de sus herramientas.
Seguro que llevas tiempo oyendo hablar del tema. Te
proponemos saber, por fin, por qué es tan importante y qué
objetivos persiguen los departamentos de marketing de
empresas e instituciones.
2.1 ¿COMUNICACIÓN
O MARKETING?
Si te digo publicidad, ¿en qué piensas? Seguramente en
anuncios y marcas. ¿Y eso qué es, marketing o comunicación?
Para la mayoría esta diferencia puede no tener importancia
pero si te interesa la publicidad, tienes que hacer algún
trabajo sobre ella o, incluso, si estás pensando en estudiar
esta carrera, vale la pena saber qué es cada cosa.
La publicidad es una de las posibilidades que tiene la
empresa para comunicarse con el mercado y apoyar así sus
objetivos de marketing. Es comunicación al servicio del
marketing. Seguramente habrás oído muchas veces esta palabra,
no sólo ligada al mundo empresarial, sino también al
político y al de instituciones de todo tipo. En realidad
cualquier organización, para poder crecer o mantenerse,
necesita que su oferta tenga aceptación en el mercado,
entendido en su sentido más amplio. El departamento de
marketing se ocupa de diseñar productos y servicios que
atiendan las necesidades de determinados grupos de personas,
de producirlos, de conseguir que sean aceptados y lograr que
los destinatarios estén satisfechos, tanto como para que se
muestren dispuestos a seguir adquiriendo bienes, votando un
determinado programa o creyendo en lo que representamos.
Philip Kotler, gurú reconocido en el mundo de los negocios,
dice que el marketing es un conjunto de actividades humanas
dirigidas a facilitar o realizar intercambios. El director
de marketing tiene responsabilidad sobre el proceso que se
pone en marcha para dar sentido a esta función. Tal proceso
consiste en analizar la información necesaria, planear
acciones oportunas a corto, medio y largo plazo, ejecutarlas
y controlar los resultados, todo ello para producir
intercambios convenientes con determinado público de forma
que se obtengan ganancias personales y colectivas.
El éxito de un plan de marketing depende en gran medida de
la adaptación y la coordinación de todos los aspectos que
integran el producto: su calidad, el precio, la forma de
venderlo, el servicio complementario y la campaña de
comunicación que se elige para darlo a conocer.
Una de las actividades que se pueden realizar para que el
producto se conozca es la publicidad. La empresa hará
publicidad cuando necesite comunicar quién es y cuál es su
oferta a un grupo de personas suficientemente numeroso sobre
el que la empresa tiene interés, bien porque pueden comprar
su producto, consumirlo, recomendarlo o, simplemente, hablar
de él.
En esencia, como dice Luis Bassat -quizá el publicitario
español más conocido- marketing, comunicación y publicidad,
responden a la idea de ofrecer “el producto oportuno, en el
momento oportuno, al cliente oportuno, con el argumento
oportuno”. Dicho de otro modo: se trata de lograr que otras
personas acepten algo y para conseguirlo se utiliza la
persuasión. No debe extrañarte por tanto oír hablar de
marketing o de publicidad aplicado al contexto político o
social, ya que cualquier organización, desde un partido
político a una ONG, una fundación o la Administración
pública pueden utilizar esta herramienta del marketing de
naturaleza comunicativa para trasladar su mensaje al
público.
Hoy, cualquier organización debe saber que la base de su
negocio es la relación con sus clientes, de modo que ha de
cuidarla proporcionándoles productos y servicios en la
cantidad, calidad y tiempo que ellos necesitan. Hacer
marketing significa saber que sólo se pueden obtener
beneficios –no sólo económicos- si se satisfacen las
necesidades.
2.2 LA PUBLICIDAD EN EL MARKETING
La empresa se organiza en torno a una serie de funciones que
aseguran la posibilidad de hacer realidad su visión del
negocio y cumplir la misión que se haya fijado. Estas
funciones son, esencialmente, producción, financiera,
marketing y comercialización, recursos humanos, comunicación,
calidad e investigación y desarrollo. Los objetivos de cada
una de estas áreas, así como las estrategias que se pongan
en marcha para alcanzarlos, deben ser consecuentes con lo
que la compañía quiere lograr. Todo debe estar coordinado.
¿Te imaginas el resultado si la política de producción no
fuera coherente con la de ventas o con las decisiones del
departamento financiero?
Marketing se ocupa de traducir los objetivos generales de la
empresa en las cuatro competencias básicas de las que es
responsable: producto, precio, distribución y comunicación
comercial, conocidas en inglés como las 4 Pes del marketing
mix (product, price, place and promotion). Para resolver la
última, promoción, puede utilizar diferentes posibilidades:
publicidad, marketing directo, marketing promocional,
relaciones públicas de producto, merchandising, etc. Lo más
frecuente hoy es crear un plan de comunicación que combine
varias de estas fórmulas, así el contacto con el público
puede ser más efectivo.
Cuando veas un anuncio, piensa en todo este entramado. Es
conveniente conocerlo para evitar tres equivocaciones. La
primera, caer en una visión frívola de la publicidad o,
segunda, creer que es la actividad más extraordinaria que
realiza la organización. La tercera es pensar que el
publicitario trabaja tan libre de condicionamientos como lo
hace un artista.
Las mejores campañas de publicidad suelen surgir después de
comprender muy bien la actividad de la empresa y los cuatro
Pes del marketing mix. Estos no son los únicos factores que
hay que conocer, pero sí son los factores imprescindibles.
Que un producto o un servicio funcione no depende sólo de la
publicidad. Como vemos, en la oferta interviene un conjunto
amplio de variables y, a la hora de que el consumidor se
decida a elegir, el peso que concede a la publicidad cambia,
entre otras razones, de acuerdo con el tipo de producto.
Convencer no es tan simple, por alta que sea la calidad de
tu producto, interesante tu idea, o útil tu servicio, sobre
todo si tienes competidores que ponen en el mercado ofertas
realmente parecidas a la tuya.
La dificultad de lograr ser una marca conocida y querida por
el público es hoy mayor que nunca. Los países desarrollados
viven un periodo económicamente muy distinto al de otras
épocas. Si aplicas lo que sabes de historia, economía y
ciencias sociales, estarás de acuerdo con estas cinco etapas
de la gestión empresarial que han condicionado la actividad
de marketing y el papel de la publicidad:
Etapa de la producción, definida por un mercado que absorbe
totlamente la oferta, ésta es limitada y el consumidor no
tiene dificultades para conocer las posibilidades que se le
ofrecen. El precio es la razón principal de actuación en el
mercado.
Etapa del producto, propia de un entorno que se desarrolla:
el número de productos crece y también las diferencias entre
unos y otros. Los productos se pueden clasificar en función
de su calidad. El consumidor empieza a elevar su nivel de
exigencia.
Etapa de la venta, en la que la oferta es superior a la
demanda gracias a la mejora de los sistemas de producción.
Las empresas tienen la necesidad de estimular la salida de
productos para equilibrar su actividad. La competencia se
multiplica.
Etapa del consumidor, que sitúa la figura del cliente en el
centro de la gestión. Para optimizar los resultados se
investigan las necesidades y deseos de cada grupo de
consumidores y, a partir de ellas, se diseñan ofertas lo más
ajustadas posible a las soluciones que se demandan.
Etapa de la responsabilidad social, que requiere de la
empresa ser consciente de su dimensión, no sólo económica,
sino social y humana. La gestión debe contemplar, junto al
beneficio, valores relacionados con la ética y el bienestar
general. Esta etapa ha de corresponderse con un consumidor
también más exigente y crítico en sus decisiones de compra.
Esta evolución continua ha ido modificando las estrategias
de marketing e incorporando novedades en los mensajes
publicitarios. En los últimos años el llamado “marketing
relacional” busca hacer real la orientación hacia las
personas y los procesos, dejando definitivamente atrás la
idea de empresa como centro exclusivo de producción. El
objetivo no es ya la venta a corto plazo, sino la
fidelización de los clientes y la creación de relaciones con
las personas implicadas en la empresa que sean beneficiosas
para ambas partes.
Ocurra lo que ocurra en el futuro, lo que el marketing y la
publicidad han aprendido es que deben basar su trabajo en
prestar atención a las necesidades, gustos y deseos de la
gente.
2.3 PUBLICIDAD
Y SISTEMA DE VALORES
Una empresa debe elaborar buenos productos, adaptados a las
necesidades y los deseos de los consumidores, pero además
tiene que saber contarlo. Por otra parte, si su publicidad
gusta, es más fácil vender más. Éstas dos ideas son tan
simples como incuestionables. Aquella frase de el buen paño
en el arca se vende que habrás escuchado más de una vez, ya
no se cumple en los países más desarrollados. El nivel de
calidad ofrecida dentro de cada categoría de productos o
servicios es tan parecido que no resulta suficiente para
diferenciar a unos de otros. La publicidad y otras fórmulas
de marketing y comunicación trabajan para presentar el
producto de una manera especial y actuar así sobre la
actitud y el comportamiento de las personas.
¿Cómo conseguir que la publicidad guste y, sobre todo, que
influya sobre las actitudes y el comportamiento? El primer
paso es estudiar las características y posibilidades del
producto y el sistema de valores vigente en el grupo al que
nos dirigimos. El segundo paso consiste en asociar un valor
al producto. El tercero, en contarlo de forma clara y
atractiva. En términos profesionales se trata de posicionar
el producto. El posicionamiento es algo más que el lugar que
ha alcanzado en el mercado, mucho más que el sitio físico
del hiper o la tienda en la que lo encontramos situado, es
el lugar que ocupa en la mente del consumidor. Así lo
definió recientemente Jack Trout, otro nombre que pasará a
la historia de los negocios.
Entre productos iguales el reto es diferenciarse. Si
realmente no tienes ningún rasgo exclusivo, propio, puedes
crearlo asociando un valor, un concepto o una característica
que tu público aprecie. A continuación comunícaselo, haz que
sepa que ésa es tu diferencia; de esta manera tendrá una
razón para comprarte; ya no será sólo un producto más. Por
ejemplo, ¿qué es Levi’s? ¿Sólo un pantalón? ¿Y El Almendro?
¿Sólo un turrón? ¿Y Rolex, Bayer, El Corte Inglés, Amena o
Zara?
El consumo no es sólo una transacción económica, también es
un acto social. Lo que compramos, dónde vivimos o lo que nos
ponemos habla socialmente de nosotros. Una buena parte de
los individuos tienen, básicamente, un grupo de pertenencia
y un grupo de aspiración. Se sienten parte del primero y
desearían formar parte del segundo, lo que no está exento de
conflictos. Además pueden tener otros grupos de referencia,
a los que ni pertenecen ni aspiran pero que identifican como
alternativas. Cada grupo social tiene unos signos de
identidad entre los que se encuentran, entre otros factores,
las marcas. Si quieres ser aceptado por un grupo, sea cual
sea, una manera de lograrlo es utilizar sus signos de
identidad. Se trata de hacer patente tus preferencias para
identificar y ser identificado, para ser aceptado por unos o
no ser confundido con otros. Los libros que lees, tu
periódico, el actor al que admiras te identifican. El tipo y
la marca del coche que conduces, también. Lo mismo ocurre
con muchos de los productos que están en tu armario, en tu
biblioteca o en el frigorífico; incluso el lugar donde haces
la compra habla de ti..
En nuestras decisiones de compra intervienen distintas
variables. Como hemos visto, el marketing se ocupa de todas
ellas: un producto adaptado a las necesidades del cliente,
que se compre con comodidad, a un precio que esté dispuesto
a pagar y con una imagen asociada que encaje con sus
preferencias. Normalmente, el mercado descarta por sí solo
aquellos productos y servicios que no cumplan los tres
primeros requisitos, luego la imagen que el consumidor tiene
de cada producto, tan parecido por lo demás al resto, se
convierte en el elemento discriminador.
Fernando Ocaña, Presidente del Grupo de comunicación FCB
TAPSA, lo explica así: “Hoy el marketing es una guerra de
percepciones, no de productos”. Así lo entendieron cuando
trabajaron para crear no sólo las campañas, sino la marca
Amena, una compañía telefónica que apostó por un
posicionamiento muy diferente al de Telefónica o Vodafone.
“Tu libertad” y su verde característico la identifican. En
poco tiempo ha llegado a ser considerada como una de las
cinco marcas más reconocidas del estado español.
2.4
LA MAGIA DE LA PUBLICIDAD
Coca-Cola es una soda refrescante. Se bebe en más de
doscientos países, su nombre se dice en ochenta y cinco
idiomas y es la segunda palabra más pronunciada del mundo.
Hay tiendas especializadas en productos de Coca-Cola, no en
bebidas, ni siquiera sólo en bandejas, vasos o manteles,
sino en un buen número de artículos destinados a los usos
más variados que llevan el nombre “Coca-Cola”. Efectivamente,
el universo en torno a la marca incluye Coca-Cola Classic,
Light, Sin cafeína ... pero además la comercialización de
otros productos que se venden gracias a su imagen de marca.
Quizá se trate de algo más que un refresco ¿no te parece?
Aunque las cifras producen fascinación, el verdadero
atractivo no está en el dinero que mueven las campañas de
promoción del producto. La magia de la publicidad está en
sus mensajes, en el objetivo y en sus recursos. Cada anuncio
permite conocer a las personas a las que va destinado, su
nivel de satisfacción de necesidades, sus preferencias, la
prioridad en el sistema de valores y sus estereotipos
vigentes. A través de los anuncios se refleja nuestra
sociedad. Aunque no nos guste reconocerlo, sus protagonistas
pertenecen en la mayoría de los casos a un grupo de
pertenencia o de aspiración. Nos hablan de lo que somos o de
lo que queremos ser. Un ejemplo, en el anuncio del ron
Pampero aparecen los cuatro componentes del grupo musical
Maná y el siguiente mensaje: “dicen que a los latinos nos
ven creativos ... lo somos. Pampero. Auténtico espíritu
latino”.
En una sociedad como la nuestra, la publicidad se presenta
como una comunicación especializada en persuadir; sus
recursos pueden estar a disposición de cualquiera –dentro de
los límites establecidos–, sea cual sea su pretensión:
apoyar la venta de un producto o evitar el consumo, difundir
las bondades de una compañía o prevenir sobre una conducta
determinada o incentivar otra. Puede ser utilizada por una
organización y por su competidor; ambos, éste es un
condicionante de entrada, tendrán que pagar el precio que
los medios estipulan por ceder el espacio que permite la
difusión de sus mensajes. El signo ideológico de la
publicidad está pues en función de quien la utilice.
Para ser capaz de convencer, los publicitarios han ido
comprobando la eficacia de recursos de todo tipo que se han
depurado e incorporado a la profesión. A lo largo de décadas
de historia, sus fuentes de aprendizaje han sido el
conocimiento de la psicología del consumidor, de los medios
de comunicación masiva, la expresión lingüística y estética,
la comunicación gráfica y audiovisual y toda disciplina o
campo que permitiera ampliar las posibilidades de obtener
sus objetivos de persuasión. A cada una de sus fórmulas se
ha llegado a través de la intuición, de la experiencia y,
cada vez más, del estudio y la investigación.
No obstante, un publicitario no sabe sacar conejos de una
chistera. Una buena campaña surge de la aplicación de
recursos puramente comunicativos y de la puesta en marcha de
un proceso al que llamamos planificación. En él se
incorporan los pasos necesarios para asegurar en la medida
de lo posible el nivel de acierto que los anunciantes exigen.
Detrás de la magia hay mucho trabajo y mucha gente,
profesionales, no estrellas, que se ocupan de una parte del
proceso. Como en otras actividades, el trabajo en equipo es
clave.
2.5 EL NOMBRE DEL
PRODUCTO
El nombre del producto es su elemento básico de identidad y
de diferenciación. Integra un signo verbal, un sonido del
habla y una grafía. Su elección es importante y aún más su
modificación, que puede suponer una decisión arriesgada, por
ello en ambos casos es conveniente apoyarse en la
investigación.
Los buenos nombres se caracterizan por seis rasgos que te
explicarás si aplicas el principio de economía lingüística
que dice que, como en otros terrenos, al comunicarnos
tratamos de comprendernos haciendo el mínimo esfuerzo
posible. Estos seis rasgos son: brevedad, eufonía,
pronunciabilidad, recordabilidad, sugerencia y efecto
positivo.
Básicamente la palabra o palabras que designan al producto o
la compañía deben transmitir una imagen positiva, sonar bien
y recordarse con facilidad. La creciente
internacionalización de los mercados provoca en ocasiones
verdaderos retos para solucionar los problemas fonéticos que
se plantean cuando un producto pasa a comercializarse en
distintos países. Un nombre alemán puede resultar
impronunciable para un español y un italiano no tiene porqué
saber decir correctamente una marca francesa. Por ello, en
caso de estar previsto un lanzamiento internacional, se
aconseja elegir un nombre que permita una lectura fácil al
menos en los idiomas principales del público objetivo.
En caso de que el nombre pueda suponer un freno, los
responsables de marketing podrán decidir cambiarlo y
comercializar el mismo producto con nombres diferentes para
cada zona lingüística. Hay otras posibilidades, como
convertirlo en siglas, por ejemplo el champú Head & Soulders,
que después de un tiempo pasó a ser H&S, más fácil de
recordar y pronunciar; enseñar a los consumidores a
pronunciar la marca, como lo hizo Schweppes al introducirse
en España a través de las históricas campañas del hombre de
la tónica, un actor que se hizo famoso demostrando cómo
podíamos hacer schwepping; o aceptar la pronunciación
literal que se hace en un país; es el caso de Scotch Brite,
que en sus anuncios cantaba su eslogan con una pronunciación
muy española.
Una marca puede basarse en un nombre inventado, no existente
en el diccionario de ninguna lengua (Kodak o Xerox), pero
cabe también encontrarlo entre el registro lingüístico del
público al que nos dirigimos (Flor, Planeta, Control, Aire,
Passion, Jaguar ...), esta opción es la más frecuente.
Muchas veces el nombre elegido surge al tomar las iniciales
de varias palabras o nombres sin que necesariamente se trate
de solucionar un problema de pronunciación, por ejemplo,
¿sabes lo que significa AVE, TALGO, BBVA o DYC? Pues son las
siglas de Alta Velocidad Española, Tren Articulado y Ligero
Goicoechea-Oriol, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria y
Destilerías y
Una alternativa es la manipulación de palabras, uniendo
partes o utilizando prefijos, sufijos, diminutivos o
cualquier otro procedimiento: los relojes Swatch deben su
nombre a la contracción de swiss y watch (reloj suiizo). Hay
más opciones: si repasamos algunas de las marcas más famosas
podemos ver que algunos nombres propios de personas se han
hecho muy populares gracias a convertirse en una marca
(Mercedes, Chanel, Michellin o Pascual, Martínez y Carmen).
O personajes famosos, como el modelo Xara Picasso de Citroën
o el Woyager Warner Bros de Chrysler. Y SEAT ha preferido
elegir lugares para nombrar sus coches: Ronda, Marbella,
Málaga, Toledo, Ibiza, Córdoba, Arosa, Alhambra o León

