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ALAS, LEOPOLDO (Zamora, 1852-Oviedo, 1901). Conocido por el
seudónimo de «Clarín», forma con Pérez Galdós la pareja de
grandes novelistas españoles del siglo XIX. Comparable a su
labor de novelista es la desarrollada como cuentista, y la
periodística: crítica, teoría literaria y temas políticos. Vivió
en León y en Guadalajara durante la infancia, debido al cargo de
Gobernador Civil que su padre desempeñó en esas ciudades; sin
embargo, su persona y su obra están entrañablemente asociadas
con Asturias, y aún más concretamente con la ciudad de Oviedo, a
donde se trasladó en 1865, y donde estudió el bachillerato. Pasó
en Madrid casi siete años, de 1871 a 1878, estudiando la carrera
de Derecho, en la que se doctoró. En 1883 regreso a Asturias
para ocupar en la Universidad la cátedra de Derecho Romano.
Cinco años después obtuvo la de Derecho Natural.
Los años madrileños fueron provechosos en cuanto que comenzó a
escribir artículos periodísticos, tanto de pensamiento
filosófico y religioso, como políticos y literarios. Esta faceta
de Clarín, dedicado a explorar las cuestiones sociopolíticas de
su época, ha sido olvidada durante mucho tiempo (igual que la
actividad paralela de Galdós). Aparte del interés en las
cuestiones del día, debe recordarse que Clarín estudió en una
Universidad donde los maestros más estimulantes eran los
seguidores del filósofo alemán Karl Krause. La gran aportación
de estos hombres, especialmente de Francisco Giner de los Ríos,
fue reformar la filosofía y la enseñanza en la España del último
tercio del siglo pasado. El krausismo influyó en Clarín porque
avivó en él una innata inclinación idealista, orientando su vida
intelectual hacia la búsqueda de un sentido espiritual y
metafísico de la existencia. Clarín fue el heredero de Mariano
José de Larra, en cuanto que buscaba, como el escritor
romántico, un sentido racional a la vida. Ambos preceden a los
modernistas en la preocupación por las formas y en el culto de
la belleza.
Para entender a Clarín en cuanto a lo literario, conviene
recordar que el interés intelectual, crítico, de origen
krausista, da un sentido especial a sus obras; a ello se suman
otros elementos de la filosofía de la época, en especial de la
corriente positivista, del realismo y del naturalismo. Si el
krausismo marcó el horizonte ético e intelectual del escritor,
la corriente positivista del realismo y el naturalismo le
proporcionó una manera de poner entre paréntesis ciertas
parcelas del mundo y de examinar, valiéndose del microscopio
naturalista, al ser humano de su tiempo. Las mencionadas
corrientes filosófico-literarias le sirvieron de instrumento
para la creación literaria, instrumento que, con la excepción de
Galdós, supo utilizar en nuestra lengua mejor que nadie. El tono
moralista de Alas aparece reforzado por su desengaño ante la
sociedad de su época. Intentaba en sus escritos elevar el tono
del discurso nacional sobre aspectos que afectaban a España y a
sus habitantes, considerando como norte del cambio el ideal
krausista de verdad y perfectibilidad humana. Sus artículos
periodísticos y su crítica en general llamaron la atención sobre
la problemática del país; sus extraordinarias novelas
dramatizaron la situación de una nación cuya vida política y
social vivía momentos contradictorios de apatía y confusión.
España iba reduciéndose en tamaño, y no sólo geográfico. Al
perder las colonias de América, cayó en una anemia espiritual,
producida por la carencia de ánimo y de las ideas fertilizantes
que la revolución industrial trajo consigo, contribuyendo a
transformar las grandes naciones europeas. No olvidemos que
Clarín vivió tres acontecimientos dramáticos de la historia
española: la revolución liberal de 1868, la Restauración y la
pérdida de las últimas colonias, en 1898.
Pasando del trasfondo intelectual del pensamiento de Clarín a su
práctica crítica, se observa que fue prolífico escritor y
periodista. Sus escritos se caracterizan por una punzante
ironía, que se ensañó en cuantos escritores de mal gusto cayeron
en sus manos, aunque también supo ensalzar los méritos de
quienes lo merecían. Sus críticas de las novelas de Galdós
constituyen un auténtico estudio moderno, el primero de los
dedicados a don Benito: su talento analítico y su modernidad
conceptual sirvieron para elevar la figura del novelista a la
categoría de maestro, a la vez que descubrían en él una veta
crítico-teórica. En Galdós (1912) se recogió mucho de lo escrito
sobre este autor. Es el libro fundacional de la crítica
galdosiana. La crítica que podemos adscribir a Clarín es la que
dedicó a zaherir el mal gusto y la inepcia artística, mientras
que a Leopoldo Alas le atribuiríamos la más seria y reflexiva
que dedica a escritores y obras dignos de atención.
La mejor crítica de Clarín se encuentra en Solos de Clarín
(1881), La literatura en 1881 (1882; en colaboración con Armando
Palacio Valdés), Sermón perdido (1885), Folletos literarios
(1886-91), Nueva campaña (1887), Mezclilla (1888), Ensayos y
revistas (1892), Palique (1893), y Siglo pasado (1901). Varios
investigadores han recogido la obra periodística del autor:
Preludios de Clarín (1875-1880) (Jean-François Botrel, 1972),
Obra olvidada, artículos de crítica (1882-1901) (Antonio
Ramos-Gascón, 1973) y Clarín político, tomos I y II (artículos
dedicados a temas sociales y políticos, escritos entre
1875-1901, Yvan Lissorgues, 1980). Los prólogos de Leopoldo Alas
fueron recogidos por David Torres (1984).
La agresividad crítica de Clarín y el cortante filo de sus
opiniones estéticas contrastan con la cautela con que aborda su
labor creadora. Comenzó escribiendo cuentos cortos, en los que
reflejó lo que el mundo y sus gentes ofrecían de interesante. La
primera entrega fue Pipá (1879), novela corta influenciada por
el naturalismo, que presenta en germen personajes que aparecerán
en La Regenta (1884-85). La Revista de Asturias publicó en 1880,
entre abril y junio, tres capítulos de Speraindeo, primer
intento de novela, que nunca llegó a terminar.
Cuestión interesante sería determinar de dónde le viene la
ambición y el impulso de escribir una novela como La Regenta.
Quizá el de mayor significación le fue dado por el naturalismo,
según el propio autor sugiere al reseñar la obra de Galdós; por
ejemplo, al considerar La desheredada (1881), indicó las
posibilidades que ofrecía, por la concepción de la novela
naturalista y sus técnicas. Por otro lado, la temática epocal
iba perfilándose y se repetía en formas parecidas, con
variaciones formales en las diferentes novelas del momento.
El tema del adulterio, central en La Regenta, se rastrea en
Madame Bovary, de Flaubert, O primo Basilio, de Eça de Queiroz,
Ana Karenina, de Tolstoï, y La conquete de Plassans, de Zola, la
obra que más se asemeja a la de Alas, aunque se le suele dar
prioridad a Madame Bovary. Fenómeno digno de mención es el auge
de la novela durante la década de los ochenta, con la aparición
de una docena de obras relevantes de Galdós, Pardo Bazán, Ortega
Munilla, Palacio Valdés y Pereda. Década áurea de la novela en
el siglo XIX español, coincidiendo con la primera salida de Alas
al campo de la narrativa extensa.
La Regenta es el resultado de una conjunción: la suma de
flaubertismo (la novela autoconsciente) más naturalismo (visión
«moderna» de la realidad, que permitía ver en profundidad), más
las circunstancias propicias (el público quería novelas), más el
interés del autor por lo ético (krausismo) y el deseo del
artista de ser oído en toda España.
Todo ello dio lugar a la invención de un mundo ficticio y de un
escenario cuyo referente es la ciudad de Oviedo (en la novela,
Vetusta): la bella y sensible Ana Ozores, recién casada con el
maduro Víctor Quintanar, ex regente de la Audiencia, se ve
acosada por el donjuán de la ciudad, Álvaro Mesía, y por el
magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Acaba cediendo al
cerco de don Álvaro, tras rechazar al sacerdote que tan
apasionadamente la ama. Don Víctor, que descubre el adulterio,
presionado por Pas, desafía a don Álvaro, y muere en el duelo.
La novela resulta extraordinaria por el cuidado y detalle con
que se presenta la vida de Vetusta y sus diferentes clases
sociales; para la descripción del ambiente provinciano y del
entramado de la vida colectiva, lo más naturalista de la obra,
utiliza las técnicas más apropiadas, como el monólogo interior y
el estilo indirecto libre, aptos para que la historia parezca
contarse por sí misma -la narran los personajes- y para penetrar
en el interior de los seres ficticios, en su sentir.
La segunda novela, Su único hijo (1890), es otra obra maestra;
aunque menor que La Regenta en el número de registros temáticos,
la iguala en el acierto con que usa los recursos técnicos. La
novela ejemplifica a la perfección las asimilaciones que el
género realizaba a expensas del teatro, el esfuerzo por
dramatizar la realidad en una intensa representación de los
sucesos. El narrador cede la palabra con frecuencia a los
personajes con el fin de que la ilusión de realidad se
intensifique. El argumento de Su único hijo es sencillo: un
hombre débil y sin fortuna, Bonifacio Reyes, vive sometido a la
voluntad de su mujer, Emma, que lo tiraniza. Se consuela con la
música, a la que es muy aficionado; llega a la ciudad una
compañía de ópera y Bonifacio es seducido por Serafina, tiple y
amante del director de la compañía, que a su vez se relaciona
íntimamente con Emma. Queda esta embarazada, pero ¿de quién?
Bonifacio, movido por el impulso de la paternidad, afirma que el
hijo es suyo, su único hijo.
Muchos y muy buenos cuentos y novelas cortas escribió Alas: El
Señor y lo demás son cuentos (1892), Doña Berta, Cuervo y
Superchería (los tres de 1892) y Cuentos morales (1896) son,
posiblemente, los relatos más notables de la literatura española
de su tiempo. Intentó, sin éxito, triunfar en el teatro; el
estreno de Teresa (1895) fue un fracaso.
Datos extraídos de: Ricardo Gullón (dir.), Diccionario de
Literatura española e hispanoamericana, Madrid, Alianza, 1993,
pp. 22-25.
CRONOLOGÍA DE SU OBRA - J. Mª Martínez Cachero
1852 El día 25 de abril nace en Zamora Leopoldo Enrique
García-Alas Ureña, hijo de Genaro García Alas (asturiano) y de
Leocadia Ureña (leonesa). Su padre, amigo y correligionario
político del conservador José Posada Herrera, era a la sazón
gobernador civil (jefe político, se llamaba entonces) de esa
provincia.
1854 Se traslada con su familia a León, provincia de la que el
padre había sido nombrado (día 14 de agosto) gobernador civil,
cesado en 1863 (día 12 de febrero) por traslado, con el mismo
cargo, a Pontevedra. Alumno de los jesuitas -«Recordé la
infancia [escribía en 1878], aquellos plácidos días en que yo
merendaba con los jesuitas en San Marcos, de León; con aquellos
padres que me daban recetas para ganar el cielo, guindas con
aguardiente y muchos pellizcos en las rosadas u mofletudas
mejillas».
1859 Regresa su familia (excepto el padre) a Oviedo, ciudad que
Leopoldo Alas acaso viera por primera vez.
1863 Comienza el bachillerato en el instituto de Oviedo -«¡El
griego! Tomás [Tuero], ¿te acuerdas? ¿Te acuerdas de aquel
griego que nos enseñaba aquel dómine que no lo sabía? [...]»-;
allí tiene como condiscípulos a Tomás Tuero y a Armando Palacio
Valdés, quien recordará en La novela de un novelista (capítulo
XXXIII): «Pasamos la vida disputando. [...] Todo era materia
para disputas acaloradas que duraban indefinidamente, pues
ninguno quería quedar convicto de ignorancia [...]».
1865-1866 Con fecha 12 de julio de 1865 don Genaro, su padre,
tomó posesión del gobierno civil de Guadalajara, cargo que
desempeñó hasta abril del año siguiente. Cabe pensar -a la vista
de las alusiones a Guadalajara que se encuentran en la obra
narrativa de Clarín, sobre todo en Superchería- que nuestro
escritor conoció directamente la cuidad alcarreña, en cuyo
instituto debió de proseguir sus estudios de bachillerato.
En mayo de 1866 su padre tomó posesión del gobierno civil de
Toledo.
1868 El día 1 de marzo comienza la redacción de su periódico
manuscrito Juan Ruiz, que duró hasta el 14 de enero del año
siguiente. Colabora también (con prosa y verso) en los
periódicos ovetenses El Eco de Asturias (diario) y La Estación
(semanario). Se declara republicano, lleno de entusiasmo y
expectación ante la revolución de septiembre.
1869 Concluye el bachillerato e ingresa en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Oviedo.
1870 Colaboración de Alas -poema elegíaco A la memoria de
Gonzalo Castañón- en la Corona literaria que un grupo de amigos
y colegas periodistas sacó en Oviedo como homenaje a Gonzalo
Castañón, asesinado en Cayo-Hueso (31.I) -«De Cuba el redentor
Gonzalo sea./Haced, sí, que su muerte le redima».
1871 A favor de un decreto firmado por Ruiz Zorrilla termina la
licenciatura de Derecho; en octubre se traslada a Madrid para
doctorarse y para cursar Letras en la Universidad Central -«Un
pobre estudiante que venía a hacerse filósofo y literato de
oficio, y a contemplar y admirar a todas las lumbreras de la
ciencia, del arte y demás, que en su sentir pululaban en la
capital de las Españas», «en el primer año de mis estudios en
Madrid, no me acerqué a las cátedras de los vitandos; veíales
cruzar por los pasillos y seguíanles mis ojos espantados, me
temblaban las carnes; y sobre todo, me temblaba el corazón,
porque sentía la atracción del abismo» (recordaría años más
tarde). Entre otros profesores tuvo al helenista Lázaro Bardón y
al latinista Alfredo Camús; Nicolás Salmerón (Metafísica) y su
auxiliar Urbano González Serrano, Francisco de Paula Canalejas y
José Amador de los Ríos (ambos, de Literatura), Castelar
(Historia), Francisco Giner de los Ríos (Derecho Natural). Las
vacaciones escolares las pasaba en Oviedo, con su familia.
1872 En el otoño, Leopoldo Alas, Tomás Tuero, Pío Rubín y
Armando Palacio Valdés, asturianos, amigos estudiantes en Madrid
(con domicilio en Capellanes 2, principal), sacan tres números
de Rabagás, «periódico audaz» ciertamente habida cuenta de la
naturaleza de su contenido (político) y de su tono (satírico).
1875 Colaborador de El Solfeo, periódico madrileño fundado y
dirigido por Antonio Sánchez Pérez, cuyo primer número salió el
día 7 de marzo. En el número 11 de abril estrenó Alas el
seudónimo «Clarín», firmando un Azotacalles de Madrid. (Apuntes
en la pared).
1878 Leopoldo Alas publicó en la revista asturiana Ecos del
Nalón el artículo «La verdad suficiente», cuyo sentido y algunas
afirmaciones del mismo produjeron la irritación y la repulsa de
ciertos sectores ideológicos de Oviedo; comenzaría así lo que
pudiera llamarse su mala fama ovetense: «Aquí sencillamente, no
hay acólito mi agregado a ninguna hermandad, que no le mire como
a un réprobo de ideas absolutamente vitandas [...]», escribió
Tuero comentando el suceso.
Para el último domingo de marzo se anunciaba que «vería la luz
pública la revista literaria que con el título de El Domingo
dirigirá el conocido escritor Leopoldo Alas», que tal vez no
llegó a aparecer.
El día 10 de junio leyó Alas su tesis doctoral, El derecho y la
moralidad, dirigida por Francisco Giner de los Ríos -«Escribió
Alas su tesis en pocas semanas y casi toda en la nada tranquila
y silenciosa biblioteca del Ateneo de Madrid (calle de la
Montera)».
El día 27 de julio sale en Madrid el diario La Unión, también
fundado y dirigido por Sánchez Pérez y con características
semejantes a las de El Solfeo; Clarín figura entre sus
redactores.
Durante el mes de noviembre se celebró la oposición a la cátedra
de Economía Política y Estadística vacante en la Universidad de
Salamanca; el tribunal «ha colocado en el primer lugar de la
terna elevada al Ministerio de Fomento a nuestro querido
compañero y colaborador Leopoldo Alas Ureña, de cuyos brillantes
ejercicios se han ocupado los periódicos de Madrid», (la noticia
viene en Revista de Asturias, Oviedo, nº 40, 5.XII.1878, sección
«Ecos y rumores»). Esta revista (nº del 5.I.1879, ídem)
informaba que Leopoldo Alas «ha sido postergado al que ocupaba
(en la terna del tribunal) el lugar segundo. Hízolo así el Conde
de Toreno», cuya decisión, protestada por el perjudicado en
carta abierta dirigida al ministro, Francisco Queipo del Llano,
sería recordada por él años después con estas palabras: «Yo
aprendí de ellos [Salmerón y Giner] a respetar convicciones, y
el mayor ultraje que me hizo, tal vez sin saberlo, el conde de
Toreno, al negarme una cátedra que era mía, fue la implícita
sospecha de que fuese yo un libre pensador como el boticario
Homais de Flaubert, capaz de apedrear y despedazar con las
herejías que a mí se me ocurriesen, el fanal en que guardaran su
fe mis discípulos».
1879 El día 15 de enero Leopoldo Alas llega a Oviedo, donde
permanecerá algún tiempo: enfermo en cama la segunda quincena de
marzo («sin saber qué hacer, sin gusto para leer nada»); elegido
en los primeros días de mayo miembro del comité de la Unión
Democrática Republicana ovetense; en julio acude a la fiesta
sacramental de Serín, donde le conocería Alonso Posada: «Pasamos
juntos la tarde, divertidísimos. Era Leopoldo jovial en extremo,
animoso, comunicativo, amable...»; en octubre estuvo presente en
la apertura del curso académico de la Universidad de Oviedo y
comentó el discurso inaugural de Buylla para los lectores de La
Unión, a quienes anuncia su próximo regreso a Madrid.
1880 Comienza su colaboración en el semanario festivo Madrid
Cómico, en el que vería la luz la mayor parte de los «paliques».
En marzo está en Oviedo y pronuncia una conferencia en la
Academia de Jurisprudencia (aneja a la Facultad de Derecho); en
mayo vuelve a estar en Oviedo, donde su actividad es abundante y
diversa pues sabemos que: intervino en la velada-homenaje al
poeta Ventura Ruiz Aguilera, fue a los toros y al teatro de
Fontán, y anduvo de fiesta (en el martes del Bollo, Oviedo, y en
la romería de la Virgen de la Luz, Villalegre).
En el Ateneo -que podríamos llamar su hogar madrileño- tomó
parte en el debate sobre el origen del lenguaje (como lo haría
en otros de años después) -«en aquellas discusiones se reveló,
no como un orador correcto no de pretensiones retóricas, pero sí
un orador temible e improvisador formidable».
1881 Fue nombrado (sesión del día 29 de enero) socio honorario
de la Academia de Jurisprudencia, fundada en Oviedo el año 1879.
El día 12 de agosto acudió a la inauguración del Ateneo Obrero
de Gijón e intervino en el acto con un breve discurso. En
septiembre, tras una enfermedad, prepara su vuelta a Madrid -«Ha
estado bastante malucho pero ya se repuso» (contaba Palacio
Valdés s Galdós).
Se publica el libro Solos de Clarín, colección de artículos de
crítica literaria, con prólogo de Echegaray.
Con fecha 18 de octubre ve la luz en La Ilustración Gallega y
Asturiana (nº 29) el artículo «La Universidad de Oviedo», que es
un elogio de lo que Alas llama el claustro restaurado (Buylla,
Aramburu, Díaz Ordóñez, etc.), al que había de pertenecer no
tardando.
En febrero se pone a la venta el libro La literatura en 1881, en
colaboración con Armando Palacio Valdés (diez y seis artículos
de este y quince de Alas), a manera de repaso a nuestras letras
a lo largo de 1881. El día 5 de marzo se celebró en el paraninfo
de la Universidad de Oviedo, organizado por esta y por la
Academia de Jurisprudencia, un acto necrológico homenaje a José
Moreno Nieto, recientemente fallecido; entre otros oradores,
intervino Clarín, «quien se mostró fogoso e intencionado, y
habló bajo la impresión de su amistad íntima y respetuosa con
Moreno Nieto, destacando que el destino del extinto fue fundar
la tolerancia científica de nuestra sociedad dogmática».
El día 22 de marzo el diario madrileño La Correspondencia de
España daba la noticia de que no tardando ingresarían en el
profesorado universitario aquellos que, como Leopoldo Alas,
habían sido víctimas de alguna injusticia; por disposición de
fecha 10 de julio, firmada por el ministro de Fomento José Luis
Albareda, se le concedía la cátedra de Economía Política y
Estadística de la Universidad de Zaragoza, comenzando su trabajo
con el nuevo curso académico.
Con el mes de julio coincide la aparición de la revista
barcelonesa Arte y Letras, mensual, de cuyo consejo de redacción
formaba parte Leopoldo Alas.
El día 29 de agosto contrae matrimonio con Onofre García
Argüelles y García Bernardo en la capilla de la residencia en La
Laguna (concejo de Sotrondio)de la familia García Argüelles. El
viaje de novios, que emprendieron tiempo después desde Zaragoza,
duró desde el 25 de diciembre hasta el 29 de enero de 1883 y
visitaron lugares como Córdoba, Granada y Jerez de la Frontera;
conoció Alas de cerca los problemas que aquejaban entonces a la
gente del sur de España y escribió así los artículos de la serie
«EL hambre en Andalucía» (seguida de «La crisis de Andalucía»),
publicados en el diario madrileño El día.
1883 Alas participa en un acto de homenaje a Galdós (Zaragoza,
mes de marzo) -«Yo iba a hablar con miedo pero luego me calenté
y dije todo lo que sentía, y lo entendieron y asistieron, y hubo
bravos y bravos para Gloria»-. En abril (carta a Palacio Valdés
el día 3) anda preocupado por su salud: «[...] llevo una
temporada de no hacer más que pensar en si defeco bien o
mal[...]».
En mayo y junio, acompañado de su esposa, estuvo en Madrid,
acaso gestionando el traslado a la Universidad de Oviedo,
finalmente conseguido pues el día 10 de julio tomaba posesión de
la cátedra de Prolegómenos, Historia y Elementos de Derecho
Romano. Ya en Oviedo, en el mes de septiembre forma parte del
jurado que concedió el premio de los Juegos Florales convocado
poe la Sociedad Económica Ovetense de Amigos del País.
De este año data la composición de los cuentos Un documento
(Madrid, junio), Amor è furbo, Mi entierro y Avecilla
(Zaragoza).
1884 Instalado gustosamente en Oviedo (calle Uría, nº34), tal
como le confesaba a Galdós (carta del 15 de marzo): «De Oviedo
no pienso salir (a no ser por temporadas) en algunos años. Hago
una vida de hombre bueno que me sienta muy bien. Mi mujer y mi
hijo (seis meses) [Leopoldo], mi casita con luz, aire, techos
altos y vistas a la nieve de Morcín; por café, la casa de mis
padres, que ambos viven; en el casino, billar; en cátedra, algún
discípulo listo, y libros de Vds. y trabajo mío. No es mal
lote».
Por entonces estaba escribiendo La Regenta, y de ello informaba
también a Galdós: «[...] yo también me he metido a escribir una
novela, vendida ya (aunque no cobrada) a Cortezo, de Barcelona.
Si no fuera por el contrato, me volvería atrás y no la
publicaba: se llama La Regenta y tiene dos tomos -po exigencias
editoriales».
Veraneo en la finca familiar de Guimarán (concejo de Carreño),
donde pasaba desde acabado el curso académico hasta los exámenes
de septiembre, con grandes deseos de trabajar, contrariados por
la mala salud -«yo tengo la salud muy quebradiza; cada pocos
días me dan jaquecas con acompañamiento de fenómenos nerviosos,
pérdida del habla y otras menudencias que son una delicia: el
primer síntoma es perder la vista. Así no se puede trabajar
formalmente»-. En el mismo mes de julio (cuando escribe esto a
Galdós), ocurre su rompimiento con El Día, porque al Marqués de
Riscal, propietario del periódico, le desagradan los artículos
de Clarín elogiosos para Zola y el naturalismo.
El día 24 de noviembre muere en Oviedo el padre que, además de
gobernador civil de varias provincias, fue -en Asturias-
diputado regional, concejal y alcalde del Ayuntamiento de Oviedo
y persona distinguida con diversos honores y condecoraciones.
1885 En enero y julio salen a la luz, respectivamente, el tomo I
y el tomo II de La Regenta en su primera edición (Barcelona,
Biblioteca de «Arte y Letras»); en mayo, el obispo de Oviedo, el
dominico fray Ramón Martínez Vigil, mal informado, arremete
contra el novelista en unas duras líneas añadidas a una carta
pastoral, lo que produce en la ciudad -donde la novela no tuvo
una muy favorable acogida- escándalo no pequeño.
En la primavera recibe la visita del periodista asturiano,
residente en Puerto Rico, Manuel Fernández Juncos, quien da
cuenta (en el libro De Puerto Rico a Madrid...) De la
conversación mantenida con Leopoldo Alas y del eco de La Regenta
en Oviedo; también, la de Pereda, en cuya compañía y la de
algunos amigos, pasó, en Oviedo y en otras localidades
asturianas, cinco gratos y ajetreados días.
A principios de octubre veía la luz Sermón perdido, conjunto de
artículos de crítica literaria inmediata, escogidos de entre los
publicados anteriormente en la prensa -Pereda comentaba a
propósito de este libro: «¡Cuantísima gracia y cuantísimo
garrotazo! La verdad es que buena falta hace».
1886 Funda su propia y personal revista Folletos literarios, de
los cuales saca el primero, titulado Un viaje a Madrid -se
presenta como «un exmadrileño, hoy humilde provinciano, que
vuelve a la patria de su espíritu después de tres años de
ausencia»-, a donde efectivamente viaja para conferenciar en el
Ateneo acerca de Antonio Alcalá Galiano, lo que le ocupa dos
sesiones (26 de febrero y 1 de marzo) -Fernández Bremón
comentaría en la muy leída «Crónica general» de La Ilustración
Española y Americana (28 de febrero) el «fracaso» del
conferenciante que (a su ver) hizo un «papel desairado y
triste», divagó «perturbado», procuró «excitar la hilaridad con
chistes impropios de aquella sociedad culta» e incurrió en
«estupendos disparates»-. En el teatro de la Princesa vio Alas
El archimillonario, obra de Pedro Novo y Colson, a la que
atacaría muy duramente, por lo que su autor, ofendido, se
trasladó a Oviedo para batirse en duelo con el crítico, quien
dio satisfacción al dramaturgo declarando que «no fue su ánimo
ofender a la persona del Sr. Novo, como particular ni como
escritor».
Publica un primer libro de cuentos, Pipá, que incluye relatos
compuestos en Zaragoza, Oviedo y Madrid, fechados entre 1879 y
1884.
1887 En marzo la Sociedad Económica Ovetense de Amigos del País
le nombra miembro de una comisión encargada de preparar los
Juegos Florales para las fiestas de San Mateo.
En abril comunicaba lleno de contento a Galdós que «yo me siento
este año mejor de los nervios. [...] me siento fecundo, [...] Se
me ocurren más cosas que nunca y tengo planes para escribir diez
o doce cuentos, o novelas», feliz situación que había
desaparecido meses más tarde, cuando (octubre) se quejaba a
Yxart: «Estoy en una época de no creer en mis novelas pretéritas
ni futuras [...]».
En abril recibió en Oviedo, donde permanecería cuatro días, a
Boris de Tannenberg, «un joven ruso-francés, escritor parisién
que ha venido a España a estudiar de cerca [...] a los literatos
y las costumbres literarias», a quien parece ser que informó
claramente de la situación que se vivía al respecto.
Alas, representante en Oviedo del partido republicano histórico
(o partido posibilista) de Emilio Castelar, salió elegido (día 1
de mayo) concejal del Ayuntamiento ovetense por el distrito de
Santa Clara.
El día 20 de septiembre nace Adolfo, su segundo hijo.
Es también el año de publicación de dos Folletos literarios
(Cánovas y su tiempo, II, y Apolo en Pafos, III) y del volumen
Nueva campaña, otra colección de artículos periodísticos de
crítica literaria.
1888 Con fecha 6 de enero le escribía Giner de los Ríos desde
Madrid:
«[...] sé perfectamente que es usted uno de los hombres que
hacen más labor en esta poética misión de desasnar a los demás
[...] todos los de ahí dicen que es usted el mejor profesor de
esa Facultad: en saber, enseñar y calabacear [...]».
En marzo, pese al desánimo que le apodera en ocasiones, trabaja
intensamente, ocupado sobre todo por las colaboraciones
periodísticas -«[...] como ahora tengo salud y dos hijos no hay
más remedio que trabajar. Ahora escribo en La Justicia y en La
Ilustración Ibérica [...]».
Con la publicación del folleto Yo y el plagiario «Clarín», de
Luis Bonafoux «Aramis», que recoge sus escandalosas acusaciones
contra el narrador Leopoldo Alas -a quien acusa de plagiario de
Zola, Flaubert e Isidoro Fernández Flórez-, culmina una
hostilidad personal y literaria, una de las más violentas que
sufrió Clarín, quien responderá no tardando mucho con Mis
plagios (cuarto de los Folletos literarios).
Pasa a desempeñar en octubre la cátedra de Derecho Natural, que
ocupará hasta su muerte -«Yo lo soy [le contaba al uruguayo
Rodó] de Derecho Natural [...], y mi cátedra es mis amores.
Allí, a cuatro paredes, les digo lo mejor de mi alma, lo que es
vivir más vida, de fijo».
1889 Publica Mezclilla (volumen de crítica literaria), la novela
corta Superchería y una semblanza de Galdós, ofrecida como
estudio crítico-biográfico dentro de la serie titulada
«Celebridades españolas contemporáneas».
A principios de agosto interrumpió el veraneo en Guimarán para
asistir en Oviedo -fiestas de San Salvador- a una corrida de
toros en la que se enfrentaban Lagartijo y Frascuelo.
La hostilidad contra Clarín aumenta considerablemente y Lázaro
Galdeano le advierte: «[... ] por cierto que hay aquí mucha
gente que tiene empeño en que no admita yo nada de usted, y
gente gorda».
1890 En el mes de febrero, desde las páginas de su periódico La
Cruz de la Victoria, primero, y La Victoria de la Cruz, después,
el sacerdote ovetense Ángel Rodríguez Alonso (don Angelón) hizo
objeto a Clarín de una persecución incesante, mantenida hasta
1895, por medio de unos sueltos, Incidencias, en los cuales se
comentaba negativamente cualquier actividad clariniana,
reparándose principalmente en supuestos errores gramaticales,
con una expresión desenfadada e insultante; el atacado, molesto
por lo que de él se decía, contestaba a tales Incidencias desde
La Horma y El Liberal Asturiano, y los ovetenses (lo recuerda
Pérez de Ayala) asistían a esta trifulca entre apasionados y
divertidos.
En la sesión municipal del día 16 de mayo Leopoldo Alas defendió
una moción presentada por cinco concejales (él, uno de ellos)
para que se diera el nombre de Campoamor al teatro que se estaba
construyendo en Oviedo, «honrando así los merecimientos de tan
insigne coterráneo».
Rompe con Lázaro Galdeano y deja de colaborar en La España
Moderna como consecuencia de una carta-petición del editor
(fechada a 12 de junio) que Alas consideró una ofensa para su
dignidad y libertad de crítico literario. En julio agradece en
carta a Galdós su intervención para que le contrataran en un
periódico bonaerense -La Argentina- dos artículos-cartas al mes
por un total de cincuenta duros.
Salen los Folletos Literarios VI (Rafael Calvo y el teatro
español) y VII (Museum. Mi revista).
Nace su hija Elisa (23 de septiembre).
1891 En marzo hay compañía de teatro en Oviedo y Leopoldo Alas
tiene ocasión de ver la obra de Echegaray, Un crítico
incipiente, de la que hablará en sendos artículos de Madrid
Cómico. En junio espera en Oviedo a su amigo el actor Antonio
Vico.
A finales de junio ve la luz, de mano del editor Fernando Fe, la
novela Su único hijo.
Entre junio y agosto se insertaron en El Eco Montañés, de Cádiz,
los seis «Repasos» que Ramón León Máinez (con el seudónimo de
«Baltasar Gracián») dedicó a comentar desfavorablemente la obra
narrativa y crítica de Clarín, quien, por su parte, atacaba a
los agustinos Francisco Blanco García y Conrado Muiños, que le
replicaron en la revista de su orden, La Ciudad de Dios.
Pasa los meses de verano, entregado a «una vida
estúpido-recreativa que me sienta muy bien [...] dormir mucho,
nadar, comer, jugar al monte y bailar rigodones», entre Guimarán
-hasta el 21 de agosto- y Salinas (Castrillón) -desde ese día
hasta el regreso a Oviedo-, en tanto prepara el discurso de
apertura de curso en la Universidad acerca de El utilitarismo en
la enseñanza.
En febrero sale el volumen Doña Berta, Cuervo, Superchería,
«tres deliciosos cuentos o novelas cortas, [libro que] no
tenemos para qué recomendarle porque los libros de nuestro
compañero se venden como pan bendito, sin recomendaciones ni
bombos de amigos. Cuesta 3 pesetas», (sección anónima «Chismes y
Cuentos», Madrid Cómico, nº 471). Media peseta más era el precio
de Ensayos y Revistas, que se puso a la venta en el mes de mayo.
La polémica con Emilio Bobadilla («Fray Candil»), en tiempos
amigo suyo, mantenida por ambas partes con extremada dureza de
tono y expresión en las páginas de Madrid Cómico, llevó
finalmente a un duelo, celebrado, aprovechando la estancia de
Clarín en Madrid, el día 20 de marzo; estando en él, «tuvo el
Sr. Alas la desgracia de caerse, causándose una herida
ligerísima en un labio»; en su necrología de Clarín recuerda «Fray
Candil» que «nos pusimos de oro y azul, acabando por batirnos en
duelo. [...] Aquella fue la primera vez que yo vi a Clarín. No
le conocía personalmente. Lo que yo padecí, nadie lo sabe.
¡Tener que matarme con un hombre a quien yo quería y admiraba!»
Su nombradía, para bien y para mal, era el motivo de que le
fuesen pedidos por algunos colegas prólogos para sus libros,
petición que Alas atendió en bastantes casos; uno de ellos fue
el de Guasa viva, libro de Juan Pérez Zúñiga, prólogo en cuyos
versos 3-4 se cuenta que «llevo escritos cinco/desde el mes de
abril», (estamos en junio).
En junio fue su primera visita a Covadonga: «¡Impresión solemne,
de las que hacen época! ¡Gran emoción!»
El día 27 de julio publica el diario madrileño El Liberal el
cuento ¡Adiós, Cordera! llamado a convertirse en uno de los
suyos más famosos.
El día 3 de diciembre fallece en Oviedo el periodista Tomás
Tuero, amigo desde la infancia y, siempre, fiel y entrañable;
por eso su desaparición le llena de pena y le lleva a decir que
«a mí casi me inicia en la vejez y en sus pensamientos serios y
tristes».
1893 Publicación del libro El Señor y los demás son cuentos.
Anunciada la elección por los integrantes del claustro
universitario ovetense de un senador que lo representara, Alas
se convirtió en un eficaz electorero a favor de su amigo
Marcelino Menéndez Pelayo, pese a las diferencias ideológicas
existentes entre ellos; sin oposición fue elegido (mes de marzo)
don Marcelino.
1894 Publicación de Palique, libro que ofrece una muestra de su
actividad periodística más conocida y seguida entonces.
En el mes de enero forma parte del tribunal que juzga en Oviedo
unas oposiciones a notarías.
En el mes de marzo atiende a Galdós durante la visita de este a
Oviedo, que coincidió con el estreno de La loca de la casa y La
de San Quintín. Hubo un banquete, con asistencia de autoridades,
políticos y periodistas, y algún discurso homenaje al ilustre
escritor, lo cual produjo los consabidos dimes y diretes: «Aquí
[escribía Alas a don Benito] siguen los periódicos neos
discutiéndole a Vd. y a los carlistas que fueron a la comida, y
de camino me insultan a mí».
Los días 14, 15 y 16 de septiembre el hispanista italiano Arturo
Farinelli está en Oviedo y visita a Leopoldo Alas, a quien
recordaría años más tarde: «ágil, agudo, de rapidísima intuición
y profundamente versado en la cultura de su tiempo».
La Navidad la pasa con los suyos, «malito, con un poco de
calentura».
1895 El día 20 de marzo se estrenó en el teatro Español, de
Madrid (sesión homenaje a la actriz María Guerrero), Teresa,
ensayo dramático en un acto y en prosa, obra en la que Leopoldo
Alas tenía puestas muchas ilusiones, venidas a tierra como
consecuencia de la mala acogida que le dispensaron público y
crítica, lo cual le produjo considerable indignación,
manifestada en las polémicas que sostuvo con los detractores.
Había dejado a sus tres hijos enfermos de gripe y al regreso a
Oviedo los encuentra casi curados.
Verano escasamente fecundo porque la salud no le ayuda: «Yo no
he hecho nada, ni lo haré, si no me sopla la musa, para lo cual
será necesario que el estómago calle. Tengo que pensar tanto en
los intestinos, que no hay poesía posible».
En septiembre, un artículo de Clarín en Madrid Cómico a
propósito de la catástrofe del crucero Barcáiztegui molesta
grandemente a los marinos españoles, una comisión de los cuales
se desplazaría a Oviedo para pedir explicaciones al escritor
-«una retractación completa del articulo [...], o una reparación
por medio de las armas»-; la cuestión concluyó con la firma de
un acta por los representantes de ambas partes.
1896 Entre febrero y abril sostiene Leopoldo Alas una especie de
polémica, desprovista de la acritud de otras muchas, acerca de
la lengua catalana y del catalanismo político con Enrique Prat
de la Riba; la postura de Clarín está presidida por una clara
exaltación del español, la lengua de todos sus compatriotas.
El día 29 de mayo el librero ovetense Juan Martínez, de cuya
tienda era visitante asiduo Alas, comunica a los hijos de
Hidalgo (Madrid) que envió al escritor «las pesetas 122,25 que
Vds. me ordenaban le entregase», (tal vez producto de la venta
de ejemplares de Teresa).
A finales de junio asiste como invitado a la fiesta sacramental
de la parroquia de Serín, jornada de alegría y de cansancio,
juntamente, pues (como le participaba a Galdós) «vengo de una
romería, de comer con curas y tengo ardor de estómago, gracias a
los potajes del país».
El día 18 de septiembre, cuando la familia se reúne para
celebrar la fiesta de San Genaro, moría de repente doña Leocadia
Ureña, la madre, con la que tan unido estuvo siempre Leopoldo
Alas, que respondía así al pésame de su amigo Juan Ochoa: «Tengo
miedo del padecer lento y muy duradero que vendrá después de
este aturdimiento del principio. Yo estaba aniñado respecto del
cariño de mi madre».
Publica el libro Cuentos morales.
1897 El día 11 de febrero intervino en un mitin que recordaba en
Oviedo la república española de 1873.
Condenado a muerte el anarquista Angiolillo, asesino de Cánovas,
Leopoldo Alas publica un artículo en Madrid Cómico donde pedía
piedad con el sentenciado, motivo por el cual la Fiscalía del
Tribunal Supremo ordena del procesamiento del escritor quien,
citado por el juez de Oviedo, escribe a Sinesio Delgado,
director del semanario, encargándole que le represente pues no
dispone de tiempo para comparecer en Madrid como reo.
Invitado por el Ateneo madrileño para explicar unas lecciones en
la Escuela de Estudios Superiores sobre Teorías religiosas de la
filosofía novísima -«materia que es muy de mi gusto y sobre la
que he leído mucho, y pensado y sentido muchísimo»-, Alas pasó
en Madrid casi mes y medio (noviembre y diciembre); el éxito fue
considerable: asistencia de público, noticias en la prensa -como
las reseñas debidas al joven José Martínez Ruiz, recién llegado
a Madrid, quien repararía en que «Clarín insertaba un inciso en
el período; luego, en ese inciso incrustaba otro; su habla era
torcida, enmarañada; pero expresiva, incisiva. [...]»-, nuevas
amistades. Es entonces cuando ocurrió el incidente con Francisco
Navarro Ledesma, quien llegó a abofetear a Clarín.
1898 En el claustro de profesores de la Universidad de Oviedo,
reunido el día 11 de octubre, Leopoldo Alas propone la creación
de la Extensión Universitaria, habida cuenta de la necesidad de
que el saber universitario y la actividad intelectual de los
hombres que son sus poseedores se proyecten fuera del recinto
estricto de la docta institución en una docencia más amplia;
Alas tomó parte en sus actividades como conferenciante sobre
diversos temas durante los cursos 1898-99, 1899-1900 y
1900-1901.
Sabemos por el testimonio del actor Vicente García Valero que en
el mes de agosto (fiestas de Begoña), Clarín estaba en Gijón, a
donde «había acudido para presenciar las corridas de toros que
daba Rafael Guerra, Guerrita».
1899 El día 26 de abril muere en Oviedo el escritor Juan Ochoa,
uno de los más queridos amigos de Clarín, quien le recordará (en
el artículo necrológico que le dedica) como «confidente de mis
intimidades en las melancólicas mañanas que pasábamos juntos
hablando de Dios, del amor y de la muerte, en este delicioso
pedazo de paraíso que se llama el Campo de San Francisco».
A 20 de junio le revelaba a Jacinto Octavio Picón el mal estado
de su ánimo, pues «trabajo sin fe, sin esperanza... y sin
caridad para mi pobre estómago y mi pobre ingenio».
En un artículo publicado en el periódico madrileño El Español
(número de 28 de octubre) declara que «cuando se me pregunta qué
soy, respondo: principalmente, periodista».
1900 Recibe en Oviedo la visita de Salvador Canals, periodista
que habla tenido tiempo atrás alguna agarrada con Alas pero
ahora, «en cuanto le vi en el patio de la Universidad me quité
el sombrero. Lo encontré cuando entraba en su clase de Derecho
Natural [...]. A la salida era otro hombre. Los nervios seguían
vibrando dentro del gabán, pero por entre la barba rubia salía
una voz amable que invitaba a las afectuosas confidencias. Me
pareció entristecido [...] trabajaba en una nueva edición de La
Regenta, con prólogo de Galdós, y hacía uno para las obras
completas del malogrado Juan Ochoa».
El día 5 de agosto habla en el acto de colocación de la primera
piedra del teatro Palacio Valdés, de Avilés.
Con fecha 13 de octubre, desde el Ministerio de Instrucción
Pública y Bellas Artes se oficia al Rector de la Universidad de
Oviedo para que «inmediatamente proceda V.I. a hacer comparecer
en su presencia al catedrático numerario de la Facultad de
Derecho de esa Universidad D. Leopoldo García Alas, para que
manifieste si son suyos los artículos que aparecen en la prensa
con el pseudónimo de Clarín [...]», a lo que el interesado
respondió «que nada tenía que ver con cuanto publicase la prensa
que no llevase su firma»; el motivo de tal requisitoria fue un
«palique» (publicado en Heraldo de Madrid, 12.X) en el que se
atacaba, por desatinada, la reforma de la enseñanza propuesta
por el ministro del ramo, García Alix.
1901 Prepara dos libros: El gallo de Sócrates, cuentos, y Siglo
pasado, ensayos, que verían la luz póstumamente.
En abril entregó Galdós su prólogo para una segunda edición de
La Regenta, dispuesta ya en la imprenta tiempo atrás; y Alas
envía a la editorial barcelonesa Maucci, su traducción de
Travail, de Zola, para la que había pedido ayuda a varios de sus
amigos de Oviedo (Posada, Sela, Altamira, y el marqués de Valero
de Urría).
El día 27 de febrero intervino en la velada necrológica homenaje
a Campoamor, celebrada en el ovetense teatro de su nombre,
-«Hizo una oración de gran mérito: recogida, sentidísima,
enternecedora en varios pasajes, pintándonos el alma del
celebérrimo cantor y escritor: sus tendencias y su fondo
nobilísimo; aquel talento clarividente y sincero del poeta, todo
esto y mucho más, dicho como sabe decirlo el Sr. Alas [...]. El
ex-voto del final y otros párrafos arrancaron lágrimas a
muchos», (reseña anónima del acto, El Carbayón, Oviedo, 1 de
marzo).
También en el mes de febrero media, sin éxito, en la huelga de
los obreros portuarios de Gijón.
El día 27 de mayo está Alas en León, donde asiste a la
reinauguración de la catedral -se abrió de nuevo al culto,
consagrada por el obispo de Osma-, después de largas y costosas
obras de restauración.
A la vuelta de este viaje, cambia de domicilio: «Ahora me mudo a
una casa con una gran huerta, muy ancha y alegre. [...]» (en la
Fuente del Prado, afueras de Oviedo).
El jueves 13 de junio (a las siete de la mañana) muere Leopoldo
Alas, a causa de una tuberculosis intestinal. «Hace cuatro días
salió aún de su casa pálido y demacrado y muchos de sus amigos
creíamos, al verle, que con algún tiempo de estancia en el
campo, en aquella antigua posesión de Guimarán, lograría
reponerse. Anteayer los médicos habían perdido toda esperanza,
pero el enfermo aún paseaba por las galerías de su casa y
recibía visitas de sus amigos. Al llegar la noche se acostó y
cuando se esperaba que su excitación nerviosa se calmase para
que pudiera recibir los auxilios espirituales, en que él mismo
había pensado si aumentaba la gravedad de su estado, del cual el
enfermo no se dio cuenta, un ataque de disnea puso fin a su
vida», (de una necrología anónima en El Carbayón, Oviedo, 14.VI).
Datos extraídos de:
F. Caudet et J. Mª Martínez Cachero, Pérez Galdós y Clarín,
Madrid, Júcar, 1993, pp.193-208.
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