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Quien escribe gusta del
halago, pero el 'escritor' en cambio, ha de aprender a gozar con el
arrecio, con el golpe de martillo sobre el yunque de su obra. Sólo
así podrá forjar aiestos.
Rafael Gibelli
El escritor, muchas
veces, es como un caballo de carreras que ha perdido su jinete y ya
no sabe porque está corriendo ni dónde está la meta y, sin embargo,
se le exige seguir corriendo aunque no sepa ni hacia dónde ni por
qué razón.
Antonio Gala
Introducción
Con las tendencias del
movimiento romántico mermadas, a mediados del siglo XIX se impuso en
Europa una nueva orientación literaria: el Realismo. Es una
corriente procedente de Francia que, hacia 1850, desarrolló gérmenes
ya existentes en el Romanticismo, sobre todo el costumbrismo. Las
ideas románticas se irían disolviendo poco a poco y se empezaba a
reaccionar contra "el arte por el arte"; la mirada estaba cansada de
lo imaginativo y pintoresco, y contempló objetivamente a las
personas, sociedad y acciones contemporáneas. El principal precursor
fue Honoré de Balzac (1799-1850) que, con obras como La Comedia
Humana, impuso en la novela un fin moral y social. Esta finalidad,
haciéndose casi exclusiva, muy pronto condujo al Naturalismo.
El término "realista" se empleó por primera vez en 1850, referido a
la pintura, pero se amplió con posterioridad al resto de las artes.
En literatura se plasmó mayormente en la novela. Quizá uno de los
motivos del éxito popular de las novelas se encuentra en su
publicación en los periódicos de la época. Los editores utilizaban
la novela por entregas para conseguir que el público se viera
obligado a comprar diariamente el periódico. La actitud del escritor
realista es analítica y crítica, y se suele mantener al margen de lo
que relata. Las principales novelas del siglo XIX eran de carácter
social, y a los escritores se les consideraba como "historiadores
del presente".
Marco histórico
Durante el siglo XIX, España vivió uno de los periodos más convulsos
de su historia. Se abrió la centuria con la guerra de la
Independencia contra Francia y se cerró con la Guerra Hispano-estadounidense
y el Desastre del 98, que significaron la pérdida de Cuba en América
y de Filipinas en Asia. La dinastía borbónica, tras los reinados de
Fernando VII (1814-1833) y de Isabel II (1833-1868), fue derrocada
por la revolución de este último año, La Gloriosa. Sucedieron la
regencia de Serrano (1869-1870) y el breve reinado de Amadeo de
Saboya (1871-1873). Se abrió después la corta etapa de la Primera
República (1873-1874), a la que siguieron la jefatura de Estado de
Serrano (1874) y la Restauración de la dinastía borbónica en manos
de Alfonso XII (1875-1885, hijo de Isabel II, tras el
pronunciamiento de Martínez Campos. Muerto el rey, su segunda esposa,
María Cristina asumió la Regencia hasta 1902, año en que comenzó a
reinar su hijo Alfonso XIII.
El naturalismo
Esta tendencia
literaria nació en Francia y su máximo representante fue Émile Zola
(1840-1902). Éste parte de la filosofía positivista de Auguste Comte
(1798-1857), de los métodos del fisiólogo Claude Bernard (1813-1878)
y de varios de los logros definitorios del espíritu moderno: la
democracia, los métodos experimentales (Claude Bernard) y las
teorías sobre la herencia (Charles Darwin). De esta manera, Zola
busca la razón de los problemas sociales en el ambiente, y la de los
individuos, en la herencia biológica. Así, el Naturalismo adopta una
concepción materialista y determinista de las personas, que no son
responsables moralmente, pues son resultado del ambiente que les
rodea y de la herencia. Si el escritor realista es consciente de lo
que sucede, el naturalista actúa como un juez de instrucción que
investiga los antecedentes y las causas. Zola poseía una ideología
socialista, y en sus obras abundan personajes como los alcohólicos,
locos y psicópatas.
El texto donde se encuentra la teoría naturalista ideada por Zola es
La novela experimental (1880). En este texto de crítica literaria,
sostiene que el novelista es observador y experimentador. Desde el
punto de vista del observador, el escritor ofrece los hechos tal y
como los ha observado, establece el terreno sobre el que se moverán
los personajes y se desarrollarán los hechos. Desde el punto de
vista experimentador, el novelista instituye la experiencia, es
decir, mueve a los personajes en una historia particular para
mostrar en ella que la sucesión de hechos será la que exige el
determinismo de los fenómenos a estudiar.
En España, debido a las contradicciones entre las teorías
naturalistas y las creencias religiosas, tuvo escaso eco, llegando
la crítica a preguntarse si efectivamente se dio ese movimiento en
sentido estricto. De ello trata la propia Emilia Pardo Bazán en su
artículo La cuestión palpitante, que sí se consideraba en dicha
escuela. También se han considerado naturalistas pasajes de autores
como Benito Pérez Galdós, pero fue explícitamente rechazado por la
mayoría. Al hablar de naturalismo español, la frontera con el
realismo no es clara y, al no adoptarse las teorías francesas, no es
fácil diferenciar bien ambos movimientos.
Características del Realismo
En España, el mejor
fruto literario de la segunda mitad del siglo XIX fue la novela,
consecuencia, a su vez, del florecimiento internacional del género
en esa época como expresión del auge de la clase media o burguesía
que, a lo largo de sucesivas revoluciones (1789, 1820, 1830, 1848),
fue conquistando el poder político. Los valores e inquietudes de la
clase burguesa aparecen reflejados como en un espejo en la
literatura del Realismo: individualismo, materialismo, deseo de
ascenso social y aprecio por lo cotidiano e inmutable.
Los temas del Realismo literario son fundamentalmente el contraste
entre los valores tradicionales y campesinos y los valores modernos
y urbanos o el éxodo del campo a la ciudad y los contrastes sociales
y morales que provoca, la lucha por el ascenso social y el éxito
moral y económico, la condición insatisfecha de la mujer que ya
posee derecho a la instrucción elemental pero no puede acceder al
mundo del trabajo y a la independencia e individualismo burgueses,
con lo que aparece el tema del adulterio y la fantasía folletinesca
y sentimental, a manera de escape. Hay dos tendencias en el Realismo:
la progresista y la conservadora.
La
novela realista de este periodo se caracteriza por:
Visión objetiva de la realidad a través de la observación directa de
costumbres o de caracteres psicológicos. Eliminan cualquier aspecto
subjetivo, sucesos fantásticos y todo sentimiento que se aleje de la
realidad: "La novela es la imagen de la vida" (Galdós), "una copia
artística de la realidad" (Clarín).
Defensa de una tesis:
los narradores escriben sus obras enfocando la realidad desde su
concepción moral. Es el llamado narrador omnisciente. La defensa de
una tesis suele comprometer la objetividad de la novela.
Temas cercanos al
lector: conflictos matrimoniales, infidelidad, defensa de los
ideales, etc.
El lenguaje coloquial y
popular adquiere gran importancia ya que sitúa a los personajes en
su ambiente real.
El
Realismo y Naturalismo en España
En España el Realismo
caló con suma facilidad, ya que existía un precedente en las novelas
picarescas y en El Quijote. Alcanzó su máximo esplendor en la
segunda mitad del siglo XIX (Juan Valera, Pereda y Galdós), aunque
sin llegar al punto de rigurosidad de los cánones establecidos por
la escuela de Balzac.
En Galdós, y posteriormente en Clarín, Pardo Bazán y Blasco Ibáñez,
existen claras influencias naturalistas, pero sin los fundamentos
científicos y experimentales que Zola quiso imprimir en sus obras.
Únicamente comparten el espíritu de lucha contra la ideología
conservadora y, en muchas ocasiones, su comportamiento subversivo.
La novela realista
refleja generalmente ambientes regionales, como Pereda en Cantabria,
Juan Valera en Andalucía, Clarín en Asturias, etc. Benito Pérez
Galdós es una excepción, pues prefiere ambientarse en el espacio
urbano madrileño.
El naturalismo en
España, al igual que en Francia, también tuvo sus detractores y se
crearon grandes polémicas. Entre los opositores es encuentran Pedro
Antonio de Alarcón y José María de Pereda, los cuales llegaron a
calificarlo de «inmoral». Sus defensores más encarnizados fueron
Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. La controversia más dura
tuvo lugar a partir de 1883, a raíz de la publicación de La cuestión
palpitante de Pardo Bazán.
Generación del 68
Esta generación está
formada por una serie de escritores considerada nueva clase nacional.
El periodo de máxima coincidencia como generación tuvo lugar en la
década de los ochenta. Dicha generación la integran: Pedro Antonio
de Alarcón, José María de Pereda, Benito Pérez Galdós, Juan Valera,
Leopoldo Alas Clarín, Emilia Pardo Bazán y Armando Palacio Valdés.
Las características que definen a este grupo son una conciencia de
clase y optimismo (que más tarde tornará al pesimismo, por la
revolución de 1868). A nivel individual cada uno presenta un estilo
propio. De todos los autores de este grupo, Alarcón es el único que
presenta algunos rasgos heredados del romanticismo, sobre todo el
costumbrismo más romántico. Esta influencia se aprecia claramente en
Cuentos amatorios (1881), Historias nacionales (1881) y Narraciones
inverosímiles (1881).
La novela:
principales autores
Juan Valera
Juan Valera y
Alcalá-Galiano (Cabra (Córdoba), 18 de octubre de 1824 - Madrid, 18
de abril de 1905) perteneció a una familia aristócrata. Desempeñó
misiones diplomáticas en varios países y ocupó importantes cargos
políticos. Comenzó su carrera como novelista alrededor de los
cincuenta años de edad. En sus últimos años fue víctima de una
ceguera progresiva.
Desde sus comienzos, Valera fue reacio tanto al Romanticismo, por
sus extremismos, como al Realismo, porque le impedía desarrollar
plenamente su fantasía. Solo adoptó una postura realista cuando
eligió ambientes reales (como su Andalucía natal) y personajes
verosímiles, aunque rechazó los aspectos menos atrayentes de la
realidad, tan al gusto de los naturalistas y algunos realistas.
Su importancia se le debe a las novelas; la primera de ellas es
Pepita Jiménez (1874), escrita en su mayor parte en forma de carta.
En esta obra, se narra la historia de una viuda que se pone de
acuerdo con el padre de un seminarista para alejarlo de su falsa
vocación. Otras obras importantes son Doña Luz (abordando cuestiones
de vocación religiosa) y Juanita la Larga. Esta segunda novela
cuenta el idilio de don Paco, un cincuentón, y de la protagonista,
que desea redimirse de él por un honrado matrimonio.
Juan Valera fue liberal político y escéptico en cuanto a la religión.
Empleó un lenguaje literario sencillo, aunque no vulgar. Al morir,
los escritores de la Generación del 98 le guardaron un profundo
respeto. Hoy se le considera por gran parte de la crítica como el
mejor prosista del siglo XIX, pese a reconocer la superioridad
creadora de Galdós.
José María de Pereda
Artículo principal:
José María de Pereda
José María de Pereda nació en Polanco (provincia de Santander,
actual Cantabria) en 1833. Perteneciente a una familia hidalga,
viajó mucho por el extranjero y fue diputado carlista, aunque más
tarde se dedicó al cultivo de sus tierras y a la literatura. Contó
con la amistad de Galdós, pese su opuesta ideología política. Murió
en 1906 en su pueblo natal.
Comenzó su producción literaria como costumbrista: inclinado al
realismo con dotes de observación, publicó Escenas montañesas. Más
tarde encontraría su fórmula ideal de la novela, al insertar aquel
costumbrismo en una visión enamorada del paisaje y de las gentes de
la montaña, con sus pasiones y su lenguaje característico. En sus
primeras novelas de este tipo (novela idilio), solía enfrentar la
paz y la ignorancia de aquella gente rústica con las asechanzas
políticas de la vida moderna (Don Gonzalo de la Gonzalera y De tal
palo tal astilla). Defendía una tesis que hoy en día aceptarían muy
pocos. La novela idilio termina cuando Pereda decidió renunciar a la
defensa explícita de tesis alguna. A esta segunda época pertenecen
relatos como Sotileza (epopeya de unos pescadores cántabros) y La
puchera. La que es considerada su obra maestra es Peñas arriba
(1895), cuyo bucolismo descriptivo y el casticismo de su estilo
puede parecer hoy en día obsoleto. Pese a ello, José María de Pereda
es considerado un gran narrador, dotado de gran capacidad
descriptiva y épica.
Pedro Antonio de
Alarcón
Pedro Antonio de Alarcón nació en Guadix (Granada) en 1833.Fue uno
de los pricipales responsables de que el realismo se impusiera a la
prosa romántica en boga en aquellos momentos.Fue político además de
escritor y en su ideología evolucionó desde posturas liberales a más
tradicionalistas.
Estuvo en la guerra de Marruecos como voluntario y dejó testimonio
escrito sobre su experiencia en Diario de un testigo de la guarra
Africana (1859). Durante un tiempo fue escritor de viajes relatando
en sus artículos varios de sus viajes. En su tiempo destacó por sus
novelas religosas siendo la mas popular de todas ellas El escandalo
(1875), en esta novela defendía a los jesuitas lo que fue muy
polémico. Su obra más popular, sin embargo, y por la que es
recordado, es el sombrero de tres picos publicada en 1874, que
inspiraría a Falla su famoso ballet.
Benito Pérez Galdós
Galdós es considerado
como el escritor más representativo del movimiento. Nació en Las
Palmas de Gran Canaria, en 1843. Estudió leyes en Madrid, donde
conoció la vida de la Corte. En París, quedó perplejo ante las
novelas de Balzac, quien influiría notablemente en su obra. Se
declaraba progresista y anticlerical, lo que no supuso un obstáculo
para entablar grandes amistades con Menéndez Pelayo y José María de
Pereda, de ideologías opuestas. Aunque se definió republicano, poco
a poco su radicalismo fue templándose. Incluso Alfonso XIII y él
guardaron una mutua simpatía personal. A partir de 1910 comenzó a
perder la vista y quedó arruinado por los elevados gastos de su
desarreglada vida íntima. Se le solicitó el Premio Nobel, pero
lamentablemente media España, junto a la Real Academia, se opusieron
a su galardón; en vano resultó el apoyo por los altos dignatarios
eclesiásticos. Falleció, ciego, en 1920.
Los Episodios
Nacionales
Dada la prolífica obra de Galdós, se comenzará mencionando los
Episodios Nacionales, distribuidos en cinco series, con un total de
46 tomos. Representan un marco amplísimo de la historia española
contemporánea, entre la Guerra de la Independencia y la Restauración,
con cierta trama imaginativa.
En la primera serie (1873-1875), figuran los episodios Trafalgar,
Bailén, Zaragoza y Gerona. En casi todos ellos, el protagonista es
Gabriel Araceli, joven que vive en los momentos culminantes de la
Guerra de la Independencia. De series posteriores son El equipaje
del rey José, Los Cien mil hijos de San Luis, Zumalacárregui (de la
Primera Guerra Carlista), Prim o La de los tristes destinos (sobre
Isabel II). La última serie trataba de hechos vividos por el propio
Galdós, pero quedó inacabada y es más descuidada.
Novelas
En su primera época (1867-1878), Galdós escribía comprometidamente
contra la intolerancia y la hipocresía. Sus novelas enfrentan a un
joven técnico con el ambiente hostil de una pequeña ciudad; lo hace
con una intolerancia parecida a la que condena (Doña Perfecta,
Gloria, La familia de León Roch, a este grupo, aunque carente de
tesis, pertenece su novela favorita, Marianela, idilio trágico entre
un ciego y una muchacha ignorante y fea, que decide huir cuando su
amado recobra la vista, temerosa de mostrarle su rostro, y muere
cuando él se casa con otra mujer.
Más tarde, entre 1881 y 1915, publicó 24 novelas cuyo conjunto
constituye una especie de "comedia humana" de la vida cotidiana de
Madrid. Mantenían tesis progresistas, pero menos hirientes. Su
interés se centraba en la clase media, contemplada con exactitud y
melancolía. Entre este conjunto de novelas destacan La de Bringas;
Fortunata y Jacinta, su obra más importante; Miau, dramática visión
de la burocracia de la época; Torquemada en la hoguera, estudio de
la avaricia; Misericordia, con personajes de bajos fondos.
Obras dramáticas
Pérez Galdós inició muy tarde su carrera de autor dramático. Entre
sus obras destacan La loca de la casa, La hija de San Quintín,
Electra (cuyo estreno causó conmoción social) y El Abuelo, adaptada
cinematográficamente por José Luis Garci. El teatro galdosiano se
caracteriza por su sinceridad e inconformismo, aunque su lenguaje
teatral resulta actualmente anticuado.
Importancia de Galdós
El éxito de los Episodios Nacionales y de muchas de sus novelas y
obras dramáticas fue absoluto. Los críticos y los escritores de su
época lo consideraron como un genio, aunque su compromiso en lo
religioso, en lo social y en lo político le creó grandes adversarios.
También los escritores del 98 recibieron sus influencias, aunque se
revelaron contra su "chabacanería" (Valle-Inclán, por ejemplo, lo
apodó "don Benito el garbancero"), sin percatarse quizá de que lo
únicamente chabacano eran las vidas que describía. Actualmente es
considerado como uno de los primeros novelistas españoles.
Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña en 1851. Hija única de los
condes de Pardo Bazán, a los diecisiete años se casó y se instaló en
Madrid. Fue una mujer con una amplia cultura, realizó numerosos
viajes y se creó para ella una cátedra de Literatura en la
Universidad de Madrid, ciudad donde falleció en 1921.
Obra
Entre sus estudios sobre la actualidad literaria, destaca La
cuestión palpitante, y aunque en él no acepta el materialismo
naturalista, defiende una actitud realista y se enfrenta a aquellos
que sostienen que el mal solo puede aparecer en la literatura para
ser derrotado.
Su estilo fue enérgico y ahonda en problemas y situaciones difíciles.
Escribió cientos de cuentos que publicó reunidos, como los Cuentos
de Marianela. Pero su producción literaria goza de mayor importancia
en novelas como Un viaje de novios, que narra la historia de un
matrimonio entre un hombre maduro y una joven inculta y adinerada; o
La tribuna, la más naturalista de sus novelas, donde describe la
dura vida proletaria en una fábrica de tabaco. También son de suma
importancia Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza, con personajes
y paisajes gallegos, con un argumento apasionado y, en ocasiones,
violento.
Luis Coloma
Luis Coloma (Jerez de
la Frontera, 19 de enero de 1851 - Madrid, 1914), hijo de un médico
famoso, a los doce años entró en la Escuela Naval preparatoria de
San Fernando (1863), pero más tarde la abandonó y se licenció en
Derecho en la Universidad de Sevilla, aunque nunca llegó a ejercer
la profesión de abogado. Fue miembro de la Real Academia en 1908 y
murió en 1914.
Cultivó la literatura con un gran éxito entre los lectores. Escribió
dos importantes novelas: Pequeñeces y Boy. En la primera realiza una
crítica de la alta sociedad madrileña en los años anteriores a la
Restauración monárquica (1814) en la figura de Alfonso XII, hijo de
la destronada Isabel II. Más tarde publicó únicamente narraciones de
carácter histórico, como Jeromín, sobre don Juan de Austria.
Leopoldo Alas
(Clarín)
Leopoldo Alas nació en
Zamora (1852), aunque él siempre se sintió profundamente asturiano.
Realizó sus estudios de Derecho en Oviedo, y el doctorado en Madrid,
donde perdió la fe. A partir de entonces viviría en permanente lucha
espiritual, de la que da testimonio su obra. A los veintitrés años
usó en sus escritos el pseudónimo de Clarín. Catedrático de la
Universidad de Oviedo (1883), defendió ideas republicanas, pero
pronto se abrumó de la política. En el año 1892, una crisis de
conciencia le devolvió la fe, aunque no llegó a los extremos de la
ortodoxia católica. Murió en Oviedo en 1901.
Obra
Clarín gozó de un gran prestigio como crítico literario. Sus
artículos evidencian su gran conocimiento y rectitud de juicio (expresado
en muchas ocasiones con hiriente sarcasmo). Sus artículos, que le
dieron una temida autoridad en el panorama literario español, fueron
recopilados por el autor en volúmenes como Solos de Clarín y
Paliques.
También cultivó el cuento y la novela breve; publicó más de setenta
obritas de este género. Entre los primeros relatos cortos que
compuso, destaca Pipá (1879), que cuenta la tragedia de un pillete
ovetense. También merece mención Adiós, Cordera, clásico idilio
dramático.
Pero fundamentalmente se reconoce su faceta como novelista, por las
dos únicas novelas que escribió: La Regenta y Su único hijo. La
primera de ellas (1885) es la más importante. Con claras influencias
de Madame Bovary de Flaubert, presenta física y moralmente a Vetusta
(nombre metafórico de Oviedo) como prototipo de una ciudad española,
dormida en el tradicionalismo. Utilizó Alas una técnica naturalista;
pero no pintó ambientes sórdidos como Zola (cuya acción transcurre
en medios burgueses), sino que el pesimismo aparece con rasgos
evidentes de ternura e ironía. En La Regenta salen a debatir las
conciencias (en especial la de su protagonista Ana Ozores, de
carácter similar al de Emma Bovary), en su lucha con su deber y con
el ambiente, dando una imagen a la ciudad que muchos consideraron
injuriosa. La novela fue condenada rápidamente por la Iglesia,
aunque con el paso del tiempo Clarín y el obispo entablaron una
franca amistad. Hoy se considera a La Regenta como la novela cumbre
del Realismo español, junto a Fortunata y Jacinta de Galdós.
Armando Palacio
Valdés
Armando Palacio Valdés
(Entralgo, Asturias, 1853 - Madrid, 1938) se educó en Avilés y
terminó el bachillerato en Oviedo; siguió la carrera de Leyes en
Madrid. Dirigió la Revista Europea, donde publicó artículos que
luego reunió en Semblanzas literarias (1871). A la muerte de José
María de Pereda en 1905, asumió su cargo en la Real Academia de la
Lengua.
Gran amigo de Clarín, escribió varias novelas importantes, como
Marta y María, en la que las dos hermanas bíblicas son trasladadas a
un ambiente contemporáneo, que combate el falso misticismo. La más
popular de sus obras es La hermana de San Sulpicio, donde narra las
aventuras que anteceden al matrimonio de un médico gallego y de la
protagonista, una monja sin vocación que no renueva sus votos.
También cabe destacar La aldea perdida, historia dramática de un
pueblo degradado por la explotación minera.
Vicente Blasco
Ibáñez
Vicente Blasco Ibáñez
nació en Valencia en 1867. Mantuvo ideas republicanas radicales por
las que sufrió arrestos y destierros. Fue diputado en siete
legislaturas. En el año 1909 partió a Argentina en busca de fortuna,
pero su intento fracasó. Defendió a los aliados durante la Primera
Guerra Mundial (1914-1918); con ese fondo escribió Los cuatro
jinetes del Apocalipsis, novela de gran éxito mundial. Siguió una
vida de millonario cosmopolita y muchos de sus relatos fueron
adaptados al cine en Hollywood. Falleció en 1928 en Menton, en la
Costa Azul. Sus restos fueron trasladados a Valencia en 1933, donde
fueron recibidos triunfalmente.
Blasco produjo una enorme obra novelesca; en ella destacan las obras
ambientadas en Valencia o en su provincia, tan intensamente amada
por el escritor (Arroz y tartana, La barraca, Entre naranjos, Cañas
y barro). Reflejó sus ideas políticas, sociales y antirreligiosas en
La catedral o en La bodega, aunque como se ha comentado
anteriormente, su fama se debe en gran parte a Los cuatro jinetes
del Apocalipsis, que trata sobre dramas familiares durante la Gran
Guerra.
Sin embargo, el Blasco Ibáñez mejor tratado por la crítica es el de
inspiración valenciana. En ocasiones se le ha considerado como el
Zola español porque comparte con el novelista francés una actitud
subversiva, predilección por los ambientes sórdidos, preocupación
por la herencia biológica, etc. Escribe intensamente y su estilo
puede ser calificado de basto, pese a que no carece de imágenes de
pureza plástica. Por su edad, pudo haber pertenecido a la Generación
del 98, pero su espíritu mundano difiere de la ascética y la cultura
de estos escritores.
La poesía
Cierto es que hacia la segunda mitad del siglo XIX la novela
evolucionó rápidamente hacia el Realismo, pero esto no ocurrió con
la lírica y en el teatro, cuya transformación fue menos violenta y
aún continuaron impregnados de romanticismo hasta final de siglo.
Este romanticismo postrero es más aparente que real; en ocasiones
carece de fondo y sin la exaltación lírica a la que se entregaba el
romanticista de pro. Esto es debido a la sociedad, pues era el
momento de la burguesía que consolidaría la Restauración de 1875.
Dicha sociedad, que estaba sentando las bases del capitalismo y
dando los primeros pasos de industrialización del país, no dejó
cabida para las personas que admiraban el arte de forma
desinteresada.
Los escritores más representativos son Gaspar Núñez de Arce y Ramón
de Campoamor, en ocasiones adscritos al Romanticismo como opositores
al movimiento, pues en este romanticismo tardío aún quedaban
pequeños vestigios con Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro
Ramón de Campoamor
Ramón de Campoamor
nació en Navia (Asturias) en 1817, y murió en 1901. Perteneció al
Partido Moderado, además de ser empleado de Hacienda, gobernador y
diputado. Escribió tratados sobre temas filosóficos (Lo absoluto),
obras dramáticas, poemas de pretensiones épicas y filosóficas (Colón,
El drama universal y El licenciado Torralba).
Su creación más personal, sin embargo, son sus pequeños poemas, como
Humoradas, Doloras y Pequeños poemas. Con ellos pretendió romper con
el Romanticismo, creando una poesía acorde con el momento, prosaica,
sencilla, escéptica y en algunos casos irónica, con una moraleja que
suele ser trivial. Hoy puede ser considerada por los estudiosos
ramplona y banal. En cualquier caso, Campoamor explicó sus ideas
innovadoras en Poética, en la que dice:
La poesía es la representación rítmica de un pensamiento por medio
de una imagen, y expresado en un lenguaje que no se puede decir en
prosa ni con más naturalidad ni con menos palabras... Sólo el ritmo
debe separar al lenguaje del verso del propio de la prosa...
Siéndome antipático el arte por el arte y el dialecto especial del
clasicismo, ha sido mi constante empeño el de llegar al arte por la
idea y el de expresar ésta en el lenguaje común, revolucionando el
fondo y la forma de la poesía.
Gaspar Núñez de Arce
Gaspar Núñez de Arce
(1834-1903), nació en Valladolid. Fue gobernador de Barcelona,
diputado y Ministro de Ultramar.
Escribió dramas, como El haz de leña, que trata sobre del tema del
príncipe don Carlos, hijo de Felipe II, un tema ya tratado por
Schiller; aunque su obra mejor valorada está constituida por sus
poesías y sus poemas extensos.
Núñez de Arce cuidaba la expresión, pero sus poemas están cargados
de artificiosidad política (como en Gritos del combate, en los que
pretendía conseguir una poesía civil y patriótica); en exaltados
discursos de corte filosófico (La duda). Se le suele achacar el
abuso de una retórica demasiado fácil. También escribió cuentos o
leyendas versificadas, como Un idilio, La pesca y El vértigo.
Otros poetas
Ventura Ruiz Aguilera
(1820-1881): Nacido en Salamanca y autor de Ecos nacionales,
leyendas patrióticas, y Elegías.
Vicente Wenceslao Querol (1836-1889): Natural de Valencia, autor de
Rimas.
Federico Balart (1831-1905): Escribió Dolores, una colección de
elegías escritas a la muerte de su esposa.
Emilio Ferrari (1850-1907): Vallisoletano, imitó a Núñez de Arce.
José Velarde (1849-1892): Al igual que Ferrari, siguió los pasos de
Núñez de Arce.
Manuel Reina (1856-1905): Plasmó en sus poemas el color de Andalucía,
su tierra.
Joaquín Bartrina (1850-1880): Nacido en Barcelona, llevó al extremo
el humorismo y el prosaísmo de Campoamor, al que añadió un pesimismo
materialista, en su obra Algo.
El teatro
El teatro realista
español describe un arco desde las posturas más conservadoras y
acríticas a las más progresistas y ácidas: desde la alta comedia de
Adelardo López de Ayala y Ventura de la Vega, al teatro éticamente
inquieto de Benito Pérez Galdós y la acerada crítica de Enrique
Gaspar (1842-1902), dramaturgo de minorías. Junto a estos autores,
se reanudó el interés por el costumbrismo que reflejó el público
burgués más conservador a través de géneros como la zarzuela o
género chico, el sainete o el teatro por horas. Se trataba de un
teatro fundamentalmente de evasión, que procuraba no plantear
problemas de conciencia al burgués. Junto a ello, se intentaba
revitalizar los anticuados valores conservadores de la honra con las
iniciativas para hacer revivir el drama histórico romántico por
parte de Manuel Tamayo y Baus o por parte del neorromanticismo del
matemático José Echegaray
José Echegaray
José Echegaray (1832-1916) nació en Madrid y ocupó altos cargos
políticos. Fue ingeniero de Caminos, de cuya escuela fue director.
Alternó el estudio de las matemáticas y de los problemas científicos
(sobre los que publicó dos libros: Ciencia popular y Vulgarización
científica) con la poesía dramática, que según Lázaro Carreter «le
da una cierta sequedad sistemática que muestra más el esfuerzo que
el instinto poético». En 1904 se le concedió, junto a Frédéric
Mistral, el Premio Nobel.
Echegaray trató de combinar dos elementos incompatibles: un
romanticismo exagerado con el positivismo y realismo latente en su
tiempo. Como resultado se da un teatro de costumbre contemporáneas,
a base de procedimientos románticos, en los que según la crítica
abusa de las situaciones trágicas y patéticas, y se caracteriza por
que en cada una de sus obras plantea un caso de conciencia, un
problema ideológico o, como se titula una de sus obras, un Conflicto
entre los deberes. Entre sus obras más destacadas se encuentran El
loco Dios, Mancha que limpia, El gran Galeoto, O locura o santidad.
Manuel Tamayo y Baus
Manuel Tamayo y Baus
(1829-1898) nació en Madrid. Fue hijo de actores y se casó con la
hija del famoso actor Isidoro Máiquez. Estuvo en permanente contacto
con el teatro y abarcó en sus obras gran variedad de temas. Escribió
tragedias clásicas (Virginia), dramas románticos (Locura de amor,
sobre Juana la Loca), teatro costumbrista (La bola de nieve y Lo
positivo) y el teatro de tesis (Lances de honor y Los hombres de
bien). Su obra más importante es Un drama nuevo, en la que presenta
a la compañía teatral de Shakespeare, que ha de representar un drama
en el que el actor Walton descubre que Alicia, su mujer, que
desempeña este papel en la obra, le es infiel. Pero lo que ocurre
ficticiamente en la ficción, también ocurre en la realidad: Alicia
ama a Edmundo y, al representarse la obra, Walton mata a su esposa
en escena para limpiar su honor. Finalmente Shakespeare explica al
público lo ocurrido.
Otros dramaturgos
Además de los citados,
también destacan:
Adelardo López de Ayala (1828-1865): Ocupó altos cargos políticos (Ministro
y Presidente del Congreso). Desarrolló la alta comedia con obras
como El tanto por ciento, El tejado de vidrio, Consuelo y El nuevo
don Juan, en las cuales planteó tesis moralizantes.
Eugenio Sellés
(1844-1926): Escribió El nudo gordiano, en el que planteó los
problemas que acarrea el matrimonio.
Enrique Gaspar
(1842-1902): Autor de comedias como La levita, Las personas decentes
y Las circunstancias que reflejan el ambiente burgués de su tiempo.
José Feliú y Codina
(1847-1897): Escribió el drama rural La Dolores y teatro de
costumbres regionales.
Leopoldo Cano
(1844-1934): Sus obras más destacadas son La Pasionaria y La
Mariposa.
Entre los libretistas
de zarzuelas, destacan Marcos Zapata, Ricardo de la Vega, José López
Silva y Miguel Ramos Carrión y, entre los autores de sainetes, Tomás
Luceño y Vital Aza.
La critica de
Menéndez Pelayo
Menéndez Pelayo fue quizá la figura cumbre de la cultura española en
el siglo XIX, maestro del pensamiento, la historia y la crítica
contemporánea. Nació en Santander en 1856 y estudió en varios países.
A los veintidós años obtuvo una cátedra en la Universidad de Madrid.
A los veinticinco fue nombrado miembro de la Real Academia Española
y, poco más tarde, de la de Historia. También dirigió la Biblioteca
Nacional. Al morir en 1912 dejó a Santander como legado su valiosa
biblioteca personal.
La obra de Menéndez Pelayo es muy extensa y cuenta con una gran
capacidad de síntesis. En sus libros se puede apreciar su amor a
España y un encendido catolicismo. Pretendió reconstruir todo el
pasado histórico español, con una finalidad revalorizadora que en
varias ocasiones le arrastró a fuertes polémicas (por ejemplo, la
originada por su libro La ciencia española). Para muchos críticos ha
trazado las líneas fundamentales del pensamiento español en obras
como Historia de los heterodoxos españoles y la Historia de las
ideas estéticas en España. En cuanto a la historia literaria,
construyó obras como Orígenes de la novela, Antología de poetas
líricos (detenida a finales de la Edad Media), los prólogos a las
Obras de Lope de Vega, entre otras.
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