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Cuán presto se va el placer, cómo después
de acordado, da dolor, cómo a nuestro parecer, cualquier tiempo
pasado fue mejor."
Jorge Manrique
Partimos cuando nacemos, andamos mientras
vivimos,
y llegamos al tiempo que fenecemos;así que cuando morimos
descansamos.
Jorge Manrique
MARCO HISTÓRICO
La vida de Jorge Manrique (1440-1479) se inscribe en el periodo de
crisis del feudalismo, tanto en España como en el resto de Europa.
Tanto es así que en el año de su muerte se inicia el reinado de los
Reyes Católicos, la primera monarquía autoritaria en España. En
Europa, por otro lado, entre 1440 y 1479 se producen tres
importantes hechos: finaliza la guerra de los Cien Años, se inicia
en Inglaterra la guerra de las Dos Rosas y en 1453 cae Constatinopla.
En 1453 los franceses derrotan a los ingleses en Castillón y reducen
el dominio inglés a Calais.
La derrota en la Guerra de los Cien años provoca un conflicto
dinástico en Inglaterra entre la casa reinante(Lancaster, rosa roja)
y otra aspirante (York, rosa blanca) iniciado en 1459. La inicial
superioridad de los Lancaster cae con la derrota de Towton (1461)
con lo que asciende al trono Eduardo IV de York. El intento por
parte de los Lancaster de recuperar el poder acaba con la derrota de
Tewkesbury(1471). A Eduardo IV le sucede su hijo Eduardo V pero el
trono será usurpado por su hermano Ricardo(Ricardo III). Su reinado
despótico finaliza en 1485 cuando Enrique Tudor, último descendiente
de la casa de Lancaster derrota a Ricardo en Bosworth e inaugura una
nueva dinastía.
La caída de Constantinopla(1453), El sultán otomano Mehmet II inicio
el asedio de la ciudad en Abril de 1453 con un gran ejército de
80.000 hombres y 200 barcos. Tras más de un mes de asedio el 29 de
Mayo de ese año, los 8.000 defensores(bizantinos, catalanes,
genoveses y venecianos) fueron derrotados.
En España, el periodo se caracteriza por los conflictos entre el
poder real y la nobleza castellana. En 1445 Álvaro de Luna,
condestable de Castilla y “valido“ de Juan II de Trastámara, derrota
a Juan de Navarra y a un poderoso grupo de nobles en la batalla de
Olmedo.Más tarde, en 1453, los nobles consiguen que Juan II ordene
la ejecución del condestable, que tendrá lugar en Valladolid el 5 de
Junio de ese año.
En 1454 muere Juan II y se inicia el reinado de Enrique IV, último
rey de Trastámara, con el que prosiguen las luchas corona-nobleza,
símbolo del declive del régimen feudal.
La proclamación como rey en Ávila(1465) de Alfonso, hermanastro de
Enrique IV, por parte de unos nobles(entre los que figuraba Rodrigo
Manrique) lleva a un enfrentamiento cuyo punto álgido será la
segunda batalla de Olmedo(1467), donde vence Enrique IV; victoria
ratificada en el tratado de las Toros de Guisando(1468), por el cual
se reconoce a Enrique IV como único rey de Castilla a cambio de
nombrar como sucesora a su hermanastra Isabel, lo que supone
desheredar a su hija Juana.
Al año siguiente se produce el matrimonio entre Isabel, heredera de
Castilla, y Fernando, hijo de Juan II de Aragón.
En 1474 muere Enrique IV y se inicia la guerra entre Juana “La
Beltraneja”, apoyada por parte de la nobleza y Portugal, e Isabel,
apoyada por otra parte de la nobleza y Aragón. La guerra, en la quel
destaca la batalla de Toro(1476), finaliza con el tratado de
Alcaçovas, por el cual Juana renuncia a la corona de Castilla que
cede a su tiastra Isabel. Este hecho ratifica la unión futura de
España.
BIOGRAFÍA
Aristócrata y poeta
castellano, nacido en Paredes de Nava (Palencia) hacia 1440 y
fallecido en Castillo de Garcimuñoz (Cuenca) el 24 de abril de 1479.
Sin duda alguna, se trata del más acusado prototipo del caballero
literato medieval: por su vida, dedicada al oficio militar, y por su
obra poética, una de las cumbres de la poesía castellana de todos
los tiempos. Por la fama imperecedera de sus coplas, resulta
complejo aventurarse en desgranar el mito, la leyenda y la verdadera
historia tejida alrededor de Jorge Manrique, quien, pese a todo,
participa objetivamente de todas las características de la convulsa
época en que se desarrolló su vida y su obra.
VIDA
Según suposición comúnmente aceptada, Jorge Manrique nació hacia el
año 1440 en la villa de Paredes de Nava (Palencia), aunque otras
fuentes parecen apuntar a que su nacimiento se produjo en Segura de
la Sierra (Jaén), donde residió durante largo tiempo su padre,
Rodrigo Manrique, al ser beneficiado por la orden de Santiago con
esta encomienda, fronteriza con los musulmanes granadinos. Fue Jorge
el cuarto hijo de Rodrigo Manrique, conde de Paredes y maestre de la
orden de Santiago, y de doña Mencía de Figueroa, prima del marqués
de Santillana. Tal como era habitual durante toda la decimoquinta
centuria, las luchas de bandos entre las diferentes familias de la
aristocracia castellana también salpicaron, desde el principio de
sus días y aun antes de su nacimiento, la vida de Jorge Manrique.
Tanto su abuelo (el adelantado Pedro Manrique) como su padre habían
abrazado la causa de los hijos de Fernando de Antequera, los famosos
infantes de Aragón, Juan y Enrique. Por esta razón, el linaje
Manrique entabló una férrea enemistad con el que fuese el hombre más
poderoso del reino: el condestable Álvaro de Luna, quien gobernaba
de facto el reino desde su posición de favorito del rey Juan II de
Castilla. De esta forma, la participación de Jorge Manrique en las
cuestiones bélicas y políticas del reino quedó sometida a los
intereses de su padre, enfrentado aún más con el condestable Luna al
pugnar ambos por el maestrazgo de Santiago. De esta manera, Jorge
Manrique, al igual que sus hermanos, comenzó a velar sus primeras
armas junto a la frontera de Granada, pues su padre era comendador
de Segura de la Sierra, desde donde partían muchas incursiones de
castigo hacia el enemigo islámico.
Posteriormente, los Manrique se declararon firmes partidarios del
infante Alfonso el Inocente y en contra del rey legítimo, su hermano
Enrique IV de Castilla. Desde aproximadamente 1462 el poeta estuvo
totalmente dedicado a su labor como comendador de Montizón, de la
orden de Santiago, haciendo buena la carrera de armas a imagen y
semejanza de su padre. Pese a ello, Jorge Manrique fue rechazado,
entre el 1 y el 22 de octubre de ese mismo año, como candidato a una
canonjía (rentas eclesiásticas) en el cabildo catedralicio de
Palencia, tras el fallecimiento de uno de sus posesores, Gonzalo
Díaz de Mata. Con casi total seguridad, el motivo del rechazo fue
político, toda vez que, al menos en teoría, el obispo debía
sancionar sin más intromisión la propuesta del cabildo. Sin embargo,
el obispo palentino de entonces, Gutierre de la Cueva, era hermano
de Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, el poderoso favorito
y privado de Enrique IV y, naturalmente, el presunto padre de la
infanta Juana de Castilla la Beltraneja. Pese a que en esta época
los Manrique aún se mantenían fieles al hijo de Juan II, el
enfrentamiento de ambos linajes por el poder político en Castilla
tiene aquí, en la canonjía palentina, uno de sus primeros indicios,
extensibles, si se quiere, a la guerra civil que tendría lugar
posteriormente entre los partidarios de Isabel la Católica y la
propia Beltraneja.
Poco antes de la insurrección de parte de la nobleza a favor del
infante Alfonso, la conocida Farsa de Ávila de junio de 1465, el rey
Enrique IV concedió a Jorge Manrique una buena cantidad de dinero,
22.500 maravedíes, en calidad de juro de heredad por los servicios
militares que le había prestado, esperando con ello contar con su
apoyo en la cada vez más inminente sublevación. Sin embargo, apenas
un mes más tarde los Manrique, y con ellos Jorge, se aliaban con el
infante insurrecto, que confirmó esa misma cantidad de dinero al
comendador de Montizón a cambio de que prestase sus servicios
militares. Y así fue: Manrique participó al lado de Alfonso de Ávila
en la bicefalia castellana de la época, pero fue más allá: en la
efímera mas brillante corte literaria creada alrededor del llamado
Alfonso XII, Jorge Manrique fue uno de los más destacados miembros
de la misma, junto con su tío, Gómez Manrique.
Después de la muerte de Alfonso el Inocente (1468), y una vez
ratificado en su encomienda de Montizón, en 1470 tuvieron lugar dos
de los hechos más destacados de la vida de Jorge Manrique. En primer
lugar, y en el campo de batalla, la restitución del priorato de San
Juan a favor de su primo, Álvaro de Estúñiga, desplazado de tal
dignidad por Juan de Palenzuela, quien se había hecho cargo de la
situación merced al apoyo de Enrique IV. La lid se dirimió en la
toledana villa de Ajofrín, resultando vencedoras las tropas de ambos
primos y quedando el usurpador con la fuga como único remedio.
También en este año de 1470, Jorge Manrique contrajo matrimonio con
doña Guiomar de Meneses, tía suya por ser, a la sazón, hermana de la
tercera esposa de su padre, doña Elvira de Castañeda. El matrimonio
tendría dos hijos, Luisa Manrique y Luis Manrique de Lara, heredando
el varón la encomienda de su padre a la muerte de éste. Por otra
parte, Luisa Manrique se casó con un miembro de la nobleza sevillana,
Manuel de Benavides el Bueno, señor de Jabalquinto. De este
matrimonio descendería, en época posterior, la rama de los marqueses
de Orellana.
1474 fue un año importante en la vida del reino de Castilla y, por
ende, también en la del poeta Jorge Manrique. El deceso del monarca
Enrique IV en el citado año procuró el inicio de toda clase de
intrigas para la sucesión al trono. Los Manrique, con el maestre
Rodrigo a la cabeza, se mostraron firmes partidarios de la hermana
del fallecido, la princesa Isabel (futura Reina Católica), lo que
produjo que se entablaran, entonces, nuevas intrigas políticas y
escaramuzas militares entre éstos y los partidarios de la supuesta
hija de Enrique, Juana la Beltraneja, quien siempre vivió bajo la
sospecha de ser, en realidad, hija de Beltrán de la Cueva, privado
del rey y conocido amante de la reina. En efecto, de nuevo la guerra
civil asoló Castilla durante largos años, deparando el destino a
Jorge Manrique la participación en varios destacados acontecimientos
de la contienda. Un año después de la muerte del rey Enrique,el
poeta combatió con crudeza contra los más firmes partidarios de la
Beltraneja: el poderoso marqués de Villena, Juan Pacheco, y Alfonso
V de Portugal.
La lucha tuvo como escenario el campo de Calatrava, en el que las
tropas dirigidas por el poeta intentaron parar la invasión de los
contingentes filolusos. Remediada la situación en el sur, Jorge
corrió en ayuda de su padre, que se encontraba asediado en el
castillo de Uclés por el arzobispo Alonso Carrillo. Como quiera que
la llegada del poeta coincidió también con la de las tropas del
marqués de Villena, partidario de la invasión portuguesa, ambos
caminaron paralelos hacia la batalla que, finalmente, acabó por
decantarse a favor de los Manrique. Pocos meses más tarde, en
noviembre de ese mismo año de 1474, el maestre Rodrigo Manrique
falleció, al parecer, debido a una enfermedad cancerígena que le
tuvo sumido en un estado lamentable durante sus últimos días. No
hace falta explicar el lamento de Jorge por la muerte del maestre,
uno de los más hábiles guerreros e intrigantes políticos del siglo
XV castellano. Por fortuna, podemos disponer de sus sentimientos
gracias a las singulares Coplas.
Pero las luchas de bandos aún no habían acabado. Un año más tarde de
la muerte de su padre, en 1475, Jorge Manrique comandó un saqueo en
Bailén contra el conde de Cabra. Otro posterior episodio de su
itinerario militar fue su participación, en el año 1477, en la lucha
acontecida en Baeza entre Juan de Benavides, a quien le ligaban
intereses de linaje, y Diego Fernández de Córdoba, mariscal de Baena
y quien tenía encomendado el regimiento de la ciudad en ausencia de
su padre, el conde de Cabra. Seguramente fue duro para Jorge
Manrique tener que elegir entre el obligado servicio a su linaje y
la desobediencia a los Reyes Católicos. Como mínimo, resultó tan
duro como el castigo que recibió ya que fue hecho prisionero en la
lucha y conducido a la villa de Baena, y posteriormente, fue
declarado culpable de desacato a la monarquía, tal como relata el
cronista Alonso de Palencia:
Jorge Manrique, guerrero esforzado, perito en la ciencia militar y
muy afortunado en los combates [...] se acarreó nota de perfidia
[...] para venir al cabo a atentar contra el honor y la vida de los
antiguos amigos, movido por el nuevo parentesco con Juan de
Benavides [...] Alegó éste [i.e., Jorge Manrique] algunas excusas
inadmisibles, pero, en consideración a los méritos de su padre,
túvosele mayor que a los demás prisioneros.
Poco duró la prisión, ya que el 28 de octubre del mismo año fue
públicamente excusado de tan ingrato hecho, después de que, a la
típica manera caballeresca, Manrique redactase un cartel de desafío
a todos aquellos que osasen acusarle de culpable. Una vez ocurrida
la reconciliación con los monarcas, Jorge Manrique fue nombrado uno
de los ocho capitanes de la Hermandad. Concretamente, ostentó la
capitanía de Toledo. El 30 de septiembre de 1478 fue enviado a
combatir contra el más férreo de todos los resistentes al nuevo
gobierno: de nuevo, el viejo enemigo de Jorge y de la familia
Manrique, el marqués de Villena. Resistía éste en abierta rebeldía
contra el gobierno real desde las posesiones cercanas al marquesado
de Villena, especialmente las fortalezas de Garcimuñoz, Belmonte y
Chinchilla. Precisamente en una escaramuza acontecida en el primero
de ellos, Jorge Manrique fue herido de muerte, tal y como narra otro
cronista contemporáneo de los hechos, Hernando del Pulgar:
El capitán don Jorge Manrique se metió con tanta osadía entre los
enemigos que, por no ser visto de los suyos para que fuera socorrido,
le firieron muchos golpes, e murió peleando cerca de las puertas del
castillo de Garcimuñoz.
Como ya se ha
indicado al principio de esta biografía, la razonada y razonable
suposición de Derek W. Lomax acerca de la muerte del poeta es
admitida por todos los estudiosos, fijándose la datación en el día
24 de abril de 1479. Aunque se ignora la existencia de un documento
testamentario, es cierto que, seguramente siguiendo las indicaciones
de su último deseo, Jorge Manrique fue transportado hasta la villa
de Uclés, donde descansaron sus restos mortales en el iglesia de
Santiago hasta que ciertas remodelaciones perdieron su sepulcro y el
de su hermano Pedro. Otro cronista, Alonso de Palencia, le dedica un
epitafio más lírico que sirve para finalizar este recorrido
biográfico antes de pasar a analizar su obra literaria:
Vuela inmediatamente Jorge con un pequeño pelotón de caballería en
persecución de los que ya se iban en retirada con los prisioneros; y
puestos en fuga los contrarios, libera a los amigos y recupera el
botín recogido por el enemigo. Llega el marqués -a quien el tumulto
poco antes había soliviantado- con el fin de prestar socorro a los
suyos desde la guarnición más cercana. Se entabla un nuevo combate
entre Jorge y el marqués. El resultado final no fue otro que la
consabida victoria, pues Jorge con un pequeño contingente contra una
multitud pudo obtener el triunfo con la dispersión y fuga de las
tropas del marqués. Pero el vencedor perdió la vida en la batalla.
Desangrándose por una herida en la ingle expiró aquel mismo día, con
grande luto de todos los fernandinos y de toda clase de amigos de
probada caballerosidad. Fue singular imitador de la fortaleza y
talento de su padre, altamente elogiado por todos los suyos, y
adivino de su desgracia, puesto que aquel día, hablando con sus
camaradas de milicia -antes que se produjesen los alborotos-
profirió algunas frases que indicaban la proximidad del peligro;
además de que poco antes había compuesto en castellano unos versos
de sentido más profundo que su educación y años requerían, llenos de
maravillosa suavidad, en los cuales disertaba extensamente acerca de
la vida bienaventurada y de la inmortalidad del alma, con profunda
admiración y pena de todos aquellos que amaban a tan excelente varón
y se dolían de aquella repentina y desoladora tempestad.
BATALLAS
Participó en
numerosas batallas defendiendo la honra de sus amigos, familiares e
incluso la suya propia.
Jorge Manrique ocupó un relevante puesto dentro de la nueva
estructura político-militar destinada a fortalecer la corona, el
mando de la capitanía de Toledo.
GUERRA CIVIL
Desde 1465, Jorge Manrique se vió involucrado en importantes
actividades guerreras: participó en la guerra civil entre el rey
Enrique IV de Castilla y la nobleza. En 1474 luchó en la guerra
civil castellana entre los partidarios de Juana la Beltraneja , hija
de Enrique IV, y los de Isabel la Católica, hermanastra del rey.
OTRAS
En 1434 el poeta y por aquel entonces caballero Manrique, tomó
Huéscar en una campaña. Luchó contra Álvaro de Luna en Toledo en
1441, en Jaén en 1443 y en Olmedo en 1445. Sabemos también que Jorge
Manrique estuvo en los entornos de Carrillo y que tuvo lugar un
incidente en Baeza en el que el poeta se vió inmerso. Asimismo
participó en la ocupación de Ciudad Real (1475) y la Batalla de
Uclés (1476).
ASALTO AL
CASTILLO DE GARCIMUÑOZ
Es muy comentada la
relación de Jorge Manrique con este castillo, defendido por el
Marqués de Villena, ya que en 1478, encontrándose ya cerca del final
de la guerra, Manrique fue herido de muerte en una escaramuza
delante de los muros del castillo. Sin embargo no falleció allí; fue
trasladado a Santa Maria del Campo de Rus (Cuenca), donde tenía
instalado su campamento. El 24 de Abril de 1479 Jorge Manrique murió
y fue enterrado en el monasterio de Uclés, cabeza de la orden de
Santiago.
LUGARES EN LOS QUE HA ESTADO JORGE MANRIQUE
BAEZA (Jaén)
CASTILLO DE GARCIMUÑOZ (Cuenca)
HUÉSCAR (Granada)
PAREDES DE NAVA (Palencia)
SANTA MARÍA DEL CAMPO RUS (Cuenca)
SEGURA DE LA SIERRA (Jaén)
UCLÉS (Cuenca)
TODOS LOS LUGARES
OBRAS
La Obra poética de Jorge Manrique que ha llegado hasta nosotros es
escasa, esta formada por 49 poemas, aunque puede ser que escribiera
aun mas y se halla perdido.
Su obra se ha dividido en: poesía amorosa, burlesca y moral.
Dentro de la poesía moral se incluye su obra más importante: La
Coplas a la Muerte de su Padre, una colección de 40 coplas dobles de
pie quebrado (sextinas). Manrique expresa aquí el poder igualatorio
de la muerte que no respeta a nada ni nadie. Jorge Manrique recoge
en su obra el sentido religioso de su época sobre la brevedad de la
vida en el mundo y lo transmite a la poesía española posterior.
Las composiciones amorosas y burlescas son de escaso interés,
mientras que las Coplas a la Muerte de su padre son más importantes.
En estos poemas no hay desesperación, sino todo lo contraro:
serenidad, dignidad de expresión, sencillez que dan al poema una
gran emoción.
POESÍA AMOROSA
La poesía amorosa de Jorge Manrique no aporta originalidad y se
inserta en la corriente del amor cortés, tal como había sido
concebido por los provenzales Para Manrique el amor es el eje de la
existencia: alabar a la dama y servirla constantemente. La señora
suele pertenecer a un estado social más alto y la pretensión del
amante se convierte en una auténtica osadía. Crea una poesía amorosa
sin un sentimiento sincero, a partir de los tópicos del amor cortés.
Cree firmemente en el dios del amor y es consciente de que la
plenitud amorosa sólo llega con la muerte, donde se alcanza el
supremo bien. Jorge Manrique, después de divinizar el amor, lo
proclama "señor" en el sentido en que la sociedad medieval se da la
relación de señor y súbdito. En la poesía amorosa se refleja la
guerra que se expresa con un léxico belicoso.Alguna de las obras de
este estilo son:
Castillo de Amor, que es una alegoría de la vida guerrera
Escala de Amor.
Don Jorge Manrique quejándose del dios del amor.
A la Fortuna
Porque estando él dormido le besó su amiga.
Diciendo que cosa es amor.
De la profesión que hizo en la orden del amor.
Con el gran mal que me sobra.
En una llaga mortal.
Acordaos, por Dios, señora.
Ved qué congoja la mía.
Ni vivir quiere mi vida.
Los fuegos que en mí encendieron.
Estando ausente de su amiga.
Memorial que hizo a su corazón.
Otras obras suyas en que pone el nombre de su dama.
Otra obra suya en que puso el nombre de su esposa.
POESÍA BURLESCA
Jorge Manrique compuso tan solo tres poemas burlescos en los que
nunca llegó a la sátira feroz y encarnizada.
A una Prima suya que le estorbaba unos amores.- Juega con el doble
sentido de la palabra prima (cuerda para tañer y pariente),
refiriéndose al mal servicio que le hacía una prima suya en unos
amores.
Coplas a una Beoda que Tenia empeñado un Brial en la Taberna.- Es la
más conocida por lo jocoso del tema. Una mujer borracha empeña su
brial (manto) para poder seguir viviendo
Un Convite Que Hizo a su Madrasta.- Es el poema burlesco más extenso
y se cree que fue escrito en 1476. Es el retrato de un banquete
dedicado a doña Elvira, donde se aprecia el poco respeto que le
tenía su hijastro Jorge Manrique.
POESÍA MORAL
Se incluyen en este grupo las 40 coplas dobles dedicadas a la muerte
de su padre, compuestas en el último tercio del siglo XV. Esta obra
no es importante porque Jorge Manrique aborde un tema omnipresente
en la cultura medieval castellana, sino por el peculiar tratamiento
que hace del tema. Manrique prescinde de la pomposidad y del
engalanamiento de los poemas para dar una sensación de intimidad.
Considera a la muerte como un personaje que se reduce a una voz
interior y mantiene un diálogo con don Rodrigo. Otra alteración del
esquema tradicional es la utilización que hace del tópico "Ubi Sunt",
no para evocar las glorias antiguas de personajes lejanos sino para
presentar la fugacidad de unos rasgos esenciales que son
conmovedores porque los sitúa en un pasado inmediato. La mayor nota
de originalidad esta en concebir la muerte como parte de la vida.
Están escritas en pie quebrado y se observa una organización en tres
partes simétricas:
De la I a la XIII; reflexiona sobre la muerte en abstracto.
De la XIV a la XXIV; visión más concreta de la muerte.
De la XXV a la XL; individualización de la muerte en el caso de su
padre.
Las Coplas parten de la muerte de Don Rodrigo, pero nos invitan a
reflexionar sobre lo que ha sido, lo que ya no es, y no podrá volver
a ser, a asumir la fugacidad de la vida como aquello que lo dota de
belleza. Nos transmite Manrique a través de las Coplas el profundo
amor a la vida.
COPLAS
Jorge Manrique debe
su fama a sus "Coplas a la muerte de su padre", el Maestre don
Rodrigo. Con esta obra quiso el poeta rendir tributo al que fue su
ejemplo en la vida, e inmortalizando al héroe se inmortalizó a sí
mismo.
El poema está formado por 40 coplas de pie quebrado, estrofa que
puede ofrecer variadas combinaciones. La forma escogida por
Manrique(parejas de sextillas constituidas a su vez por una doble
serie de dos octosílabos más un tetrasílabo, con rima abc, abc).
Había sido utilizada anteriormente por otros poetas pero adquirió su
mayor difusión con Jorge Manrique, ha pasado por lo que a
denominarse "copla manriqueña".
El poema puede considerarse dividido en tres partes: Las trece
primeras estrofas plantean el tema de la fugacidad de la vida de
forma general, sin ninguna particularización.
La segunda parte abarca desde la estrofa XIV a la XXIV, y lo dicho
anteriormente se ilustra con ejemplos concretos.
A partir de la estrofa XXV hace su entrada el Maestre, y comienza
con ello la tercera parte. En la primera mitad el autor hace un
elogio del héroe, sus virtudes naturales y sus hazañas; después
aparece la muerte, que dialoga con don Rodrigo, y éste acepta con
cristiana resignación su tránsito final. Estas tres partes vienen
denominándose las tres vidas.
El estudio de Salinas sobre las Coplas ha definido los dos elementos
que deben considerarse en el famoso poema de Manrique: la tradición
que recoge el poeta, en temas y en formas expresivas, y la
aportación personal que le permite recrear aquella herencia y
levantar con los más conocidos materiales el prodigio de su
construcción originalísima.
Las Coplas son claramente una elegía a la muerte del Maestre, género
que ha sido muy cultivado a lo largo de toda la Edad Media, con
poetas como: Juan Ruiz, el Marqués de Santillana, Gómez Manrique y
Fernán Pérez de Guzmán. Para aliviar la monotonía del tema,
Santillana incorporó al género los recursos de la alegoría al modo
italiano, llenándolos de cultismos y haciéndolos acompañar de todo
género de personajes, divinidades y eminencias grecorromanas.
Salinas explica que estas elegías medievales son poesía moral.
Ningún aspecto de las Coplas está, sin embargo, tan inserto en la
tradición como el tema fundamental que nos impone desde los versos
primeros: el de la muerte, la fugacidad del tiempo...El autor de las
coplas contaba con modelos próximos en la literatura castellana que
habían de serle muy conocidos: los poemas de Berceo, numerosos
poemas del Cancionero de Baena, Santillana y su tío Gómez Manrique.
Al estudiar las Coplas surge la pregunta:¿en qué consiste la
importancia y la originalidad de las Coplas de Jorge Manrique, si el
género, los temas, el molde conceptual en que se exponen, la misma
forma métrica habían sido utilizados hasta la saciedad antes de él?
Pues esta aclaración es prácticamente imposible, continuamos
ignorando por qué las Coplas son insuperables.
La ligera forma estrófica utilizada por el autor y que podría
teóricamente parecer poco apropiada para la gravedad de la elegía,
contribuye, sin embargo, con su musical flexibilidad a la fluidez
del pensamiento. Pocas veces unas palabras y un ritmo poético se han
ceñido tan magistralmente a un pensamiento. Era inevitable la
acumulación de nombres y nombres de todos los lugares y épocas de la
historia para ilustrar la caducidad de lo humano; sin embargo,
Manrique se queda con sólo siete nombres que se confinan además, al
tiempo del poeta o al inmediatamente anterior. Y aún a cuatro de los
siete personajes seleccionados no se les cita por su nombre: sólo se
les alude en su desgracia, para que el lector piense por sí mismo lo
que calla el poeta, persuadido de que todo el mundo ha de
identificarlos sin esfuerzo. Manrique enriquece, en cambio, su
sobria redacción por otros medios.
Tras el desfile de ejemplaridad le llega su momento al Maestre,
objeto de la elegía, y con él se alcanza el punto de máxima
humanización y aproximación. La muerte gravita densamente en toda la
parte central de la composición, pero tan solo vemos sus efectos,
pues el poeta omite su mención casi por entero; está sólo
sobreentendida. Con breves, bellísimas y sugerentes imágenes, alude
el poeta a los efectos destructores de la muerte. Lo que hace más
cruda y agresora esta muerte de Manrique, que sentimos y nos vemos,
es que se acerca "tan callando", con enorme desproporción entre
víctima y verdugo. Manrique rechaza la truculenta y macabra
presencia de la muerte, propia de las Danzas, como un recurso
superficial, porque sabe que el verdadero horror de la muerte se
debe a que no tenemos contacto con ella y sólo podemos sugerirla con
metáforas. Y es nada menos que la misma muerte quien se la ofrece a
don Rodrigo cuando va a llamar a su puerta, después de pedir casi
disculpas por presentarse a recoger el indeclinable tributo.
Las Coplas, en su concepción global, son un canto sereno, reposado y
alentador. Estas se muestran así como un conjunto perfectamente
estructurado, del que no podemos tomar tan sólo pasajes a sentencias
aisladas, aunque su lapidaria formulación pueda tan justamente
seducirnos. L a última parte del poema, la elegía al Maestre, no
sólo completa sino que da sentido a su meditación sobre la muerte en
las dos primeras partes y a sus respectivas confrontaciones con la
vida.
FORTUNA DE LAS
COPLAS DE JORGE MANRIQUE
Jorge Manrique fue el poeta modélico para quienes escribieron versos
en los años de los Reyes Católicos y todavía lo sería en la primera
mitad del siglo XVI. A diferencia de lo ocurrido con el resto de la
poesía de cancionero, las Coplas a la muerte de su padre
consiguieron sobreponerse a cualquier cambio en la estética. De
hecho, el verso solemne de Jorge Manrique ha sobrecogido y
emocionado a los lectores de todos los tiempos, incluidos los del
momento presente.
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