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Un optimista es el que cree que todo
tiene arreglo. Un pesimista es el que piensa lo mismo, pero sabe que nadie va a
intentarlo.
Jaume Perich
La gente joven está
convencida de que posee la verdad. Desgraciadamente, cuando logran
imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad.
Jaume Perich
La
denominación
La denominación de este grupo de poetas ha sido motivo de polémica durante mucho
tiempo. Hoy se acepta generalmente la etiqueta Generación del 27 o Grupo del 27.
Los autores que forman esta etapa dorada de nuestras letras han recibido otras
muchas denominaciones, como Generación del 25 (por ser la fecha en la que varios
miembros del grupo publicaron sus primeras obras), Generación del 24 (por la
misma razón), Generación de la Dictadura (ya que la formación y primeras
publicaciones del grupo coinciden con la Dictadura de Primo de Rivera –de 1923 a
1929–), Generación de la vanguardia (a causa de las influencias recibidas tanto
de las vanguardias europeas –futurismo, dadaísmo y surrealismo– como de las
españolas –creacionismo y ultraísmo–), Generación de la amistad (por las
afinidades que había entre la mayoría de sus miembros) y Generación de los
poetas-profesores (puesto que algunos de ellos se dedicaron profesionalmente a
esta labor –Salinas, Guillén, Diego y Cernuda–, pero no todos).
La denominación Generación o Grupo del 27 ha triunfado porque recoge el interés
de estos autores por la recuperación de un poeta prácticamente olvidado a
principios del siglo XX: Luis de Góngora y Argote. Un rasgo que destaca dentro
de la poética de este grupo es la atención que prestan a todas las innovaciones
aportadas por las vanguardias artísticas, así como la atención preferente a la
historia de nuestra literatura. En 1927 se cumplieron trescientos años de la
muerte de Góngora, y por este motivo varios poetas se reunieron en el Ateneo de
Sevilla para rendirle un homenaje. Este hecho generacional puede ser considerado
el punto de unión de un gran número de autores, entre los cuales no se destaca
hoy a más de ocho o diez, aunque el grupo pudo estar compuesto en sus orígenes
por más de veinte poetas, como veremos.
Góngora, convertido en el emblema de la renovación esteticista y neobarroca, fue
recuperado y valorado en su justa medida. De hecho, hoy en día es uno de los
principales poetas de la literatura española, lo cual se debe, en gran medida, a
los autores del 27. De todos modos, estos poetas no fueron los primeros en
reclamar la figura de Góngora. Rubén Darío, el gran poeta modernista, publicó en
La Ilustración Española y Americana (Madrid, 15 de junio de 1899) dos sonetos
dedicados a Góngora en forma epistolar. El primero se titula “De D. Luis de
Góngora y Argote a D. Diego de Silva Velázquez” y el segundo “De D. Diego de
Silva Velázquez a D. Luis de Góngora y Argote”. Se trata de dos supuestas cartas
enviadas entre los dos genios de la literatura y de la pintura, en una especie
de intento por parte de Darío de alabar y ensalzar la figura de ambos,
especialmente la de Góngora. Estos sonetos fueron incluidos posteriormente en
Cantos de vida y esperanza (1905).
Nómina de autores
La nómina de autores del 27 es muy
amplia. Los poetas de primera línea o más importantes son Pedro Salinas, Jorge
Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Dámaso Alonso,
Vicente Aleixandre y Gerardo Diego. Hay dos autores que, sin ser de los más
importantes, pueden ser citados como autores secundarios: Emilio Prados y Manuel
Altolaguirre. Por último, encontramos poetas cuya adscripción al 27 es más
problemática por causas diversas, aunque indudablemente formaron parte de la
gran eclosión de nuestra poesía en el primer tercio del siglo XX: Juan José
Domenchina, León Felipe, Juan Chabás, Pedro Garfias, José María Hinojosa,
Antonio Espina, Juan Larrea y Miguel Hernández.
Si en la Generación del 98 fue fundamental el papel que Azorín desempeñó para
aglutinar al grupo a través de unos artículos publicados en el diario ABC, en la
Generación del 27 ese papel correspondió a Gerardo Diego. Él fue el organizador
del homenaje a Góngora en el tercer centenario de su muerte, pero mayor
trascendencia tuvo la publicación en 1932 de Poesía española. Antología,
1915-1931. Se trata de una antología de poesía más o menos inédita que el propio
autor reunió. Aparecen los siguientes autores: Unamuno, Manuel Machado, Juan
Ramón Jiménez, Moreno Villa, Salinas, Guillén, Dámaso Alonso, el propio Gerardo
Diego, García Lorca, Alberti, Villalón, Prados, Cernuda, Altolaguirre,
Aleixandre y Larrea. Como vemos, aparecen la mayoría de los autores del 27,
además de algunos del 98 y otros modernistas. Gerardo Diego se había propuesto
recoger los mejores ejemplos de poesía del periodo que indica en el título
(entre 1915 y 1931), y no podemos olvidar que cuando los autores del 27
iniciaban su carrera literaria, los miembros de la Generación del 98 y algunos
de los modernistas estaban en plena efervescencia creativa, de ahí la
coincidencia de nombres tan importantes. En 1934 Gerardo Diego publicó una nueva
edición de esta obra, titulada ahora Poesía española. Antología. Contemporáneos.
El autor incluye algunos poetas, como Rubén Darío, y desaparecen otros, como
Juan Ramón Jiménez, que se había disgustado a causa de algunas críticas que
había recibido su poesía por parte de José Bergamín. Las dos antologías de
Gerardo Diego deben ser consideradas como la reunión y compendio de la mejor
poesía del primer tercio del siglo XX, así como la fijación de los autores que
forman la Generación del 27.
Contactos entre
los miembros del grupo
Todos los autores del 27 procedían
de la alta burguesía y la mayoría se encontraron en la conocida Residencia de
Estudiantes de Madrid, dependiente del programa de investigación de la Junta de
Ampliación de Estudios y el Centro de Estudios Históricos. Se trataba de una
institución cultural de primer orden en el que los jóvenes autores artísticos se
encontraban bajo la supervisión de los intelectuales más importantes del
momento, como Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Juan Ramón Jiménez o José
Ortega y Gasset. Además de los poetas del 27, en la Residencia coincidieron
artistas como Salvador Dalí o Luis Buñuel, de ahí sus posteriores colaboraciones
en proyectos cinematográficos, pictóricos o poéticos.
El homenaje a Góngora puede ser considerado el acto central para la formación
del grupo. El poeta francés Mallarmé ya había demostrado su interés por Góngora,
así como Rubén Darío. Federico García Lorca recogió este interés en su
conferencia titulada “La imagen poética de Góngora”, en la que negó la oposición
entre lo popular y lo culto en la poesía del poeta cordobés y reclamó una lírica
libre de las amarras realistas, basada en la metáfora y la creación sin
ataduras.
La colaboración de los autores del 27 en las mismas revistas literarias es otro
hecho que debe ser tenido en cuenta. Alrededor de 1927 las revistas más
importantes eran: Mediodía, Litoral, Papel de Aleluyas, Carmen, Verso y Prosa,
La Gaceta Literaria, Gallo, Manantial y Meseta.
Etapas de la Generación
Nos encontramos ante otro aspecto
que ha resultado polémico a lo largo de los años, prácticamente desde el inicio
de la actividad de los poetas de esta etapa literaria, puesto que diferenciar
unas etapas comunes concernientes a autores tan diversos es complicado.
Luis Cernuda (1957), en un ensayo titulado “Generación de 1925” (incluido en
Estudios sobre poesía española contemporánea), establece cuatro etapas en la
poesía del grupo entre 1918 y 1936:
En los últimos años se ha impuesto
la siguiente separación de las etapas de la Generación, que aúna lo cronológico
a lo estético:
Hasta 1927. Influjo de las primeras vanguardias. Tonos becquerianos y
modernistas. Poesía pura.
Desde 1927 hasta 1936. La lírica se rehumaniza. Aparece el Manifiesto por una
poesía sin pureza en la revista Caballo verde para la poesía, fundada por Pablo
Neruda.
Después de la guerra. El grupo se dispersa y podemos considerar que la Guerra
Civil Española marcó el fin de la Generación como tal. Lorca murió asesinado;
Salinas, Guillén, Cernuda y Alberti tuvieron que exiliarse; Alonso, Aleixandre y
Diego permanecieron en España. Cada autor siguió un camino personal y estético,
y los lazos que existían entre los autores de la Generación se rompieron
bruscamente. Por tanto, la guerra puede ser considerada el elemento disgregador
del grupo.
Influencias
Las influencias que los autores del
27 reciben en sus obras son variadas y muy diversas. Vamos a citar las más
importantes:
El Futurismo no influye demasiado en los miembros de la Generación del 27,
aunque podemos destacar a algunos de ellos, como Pedro Salinas y Rafael Alberti.
El Creacionismo, movimiento literario de vanguardia desarrollado por Huidobro,
tiene como principal representante dentro de este grupo a Gerardo Diego, que en
algunos de sus poemas (“Imagen”, 1922) se plantea la necesidad de crear una
nueva realidad, ajena por completo al mundo sensible. Las palabras se convierten
en el centro de atención, no su significado.
El Ultraísmo se propone captar el mundo a través de percepciones fragmentarias e
imágenes ilógicas. La revista Grecia acoge este ismo partir de la publicación en
1919 del Manifiesto Ultra.
El Surrealismo influye prácticamente sobre todos los miembros de la Generación.
Llega a finales de la década de 1920 y es acogido por un gran número de poetas.
La expresión del mundo subconsciente, de los elementos oníricos y de las
visiones aparece frecuentemente en la obra de Lorca, Alberti, Aleixandre o
Cernuda. La poesía gana en libertad –tanto temática como formal– y vuelve a los
contenidos humanos. Gracias al Surrealismo, la poesía de los años 30 de
desarrolla plenamente.
Entre las influencias sobre los autores del 27, hemos de mencionar a dos poetas
que por entonces ya estaban completamente consagrados: Juan Ramón Jiménez y
Antonio Machado. Ambos son tomados como modelos y son admirados y respetados, a
pesar de la diferente concepción estética que plasman en sus obras. Además, los
franceses Valéry y Mallarmé; el gran introductor de las vanguardias en España,
Ramón Gómez de la Serna; el líder de la Generación del 98, Miguel de Unamuno; el
gran ensayista y filósofo José Ortega y Gasset.
A pesar de que las vanguardias propugnaran la ruptura absoluta con todo el arte
anterior a ellas, los autores del 27, aun aprovechándose de las innovaciones que
aportaron los ismos, prefirieron fijarse en lo mejor de nuestra literatura. Así,
admiraron a Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Lope de
Vega o Quevedo. De Rubén Darío tomaron el valor plástico de la lengua y de
Gustavo Adolfo Bécquer el tratamiento aparentemente sencillo de los temas y las
formas poéticas. Además, autores como Alberti o Lorca se inspiraron en la poesía
popular española –romances y cancioncillas breves-, aunque le dieron un
tratamiento culto, denominado neopopularismo.
Con todo esto, podemos precisar las principales tendencias de los poetas del 27
de una manera muy general, teniendo en cuenta que ningún autor de los del 27 se
conformó con un solo estilo en su poesía, ya que todos fueron evolucionando:
-
Poesía neopopular: Rafael
Alberti y Federico García Lorca
-
Poesía pura: Jorge Guillén
-
Poesía neorromántica: Pedro
Salinas
-
Poesía surrealista: Federico
García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y Luis Cernuda
Características
de la poesía de la Generación del 27
Intentan la renovación estética de
nuestra poesía. Para ello, toman las innovaciones que aportan las vanguardias,
aunque sin olvidar la importancia de la tradición literaria española.
En sus poemas, cuidan y renuevan la forma a través de la utilización de léxico
culto, palabras coloquiales, términos alejados hasta entonces de la poesía, etc.
La metáfora se convierte en el recurso literario más importante. Se trata de una
figura muy adecuada para expresar los contenidos surrealistas.
En cuanto a la métrica, utilizaron estrofas clásicas como el soneto, el romance
o el villancico, pero también innovaron con la utilización de versos blancos,
versos libres y versículos. En cualquier caso, la libertad métrica es uno de los
rasgos característicos de este grupo.
Evolucionan desde el punto de vista temático. Al principio la preocupación
principal era la forma del poema, el arte por el arte, pero poco a poco (bajo la
influencia del Surrealismo) los autores del 27 desarrollan una poesía
humanizada, más preocupada por el dolor, la alegría o los recuerdos. La Guerra
Civil acentúa esta visión humanizada de la poesía, hasta el punto de que muchos
autores se decantan por los temas comprometidos. Observamos que un autor como
Alberti, por ejemplo, pasará de la poesía aséptica y pura de Marinero en tierra
(1924) al compromiso más profundo en El poeta en la calle (1936).
Los autores del 27
Pedro Salinas (1892-1951)
Ha sido calificado como el poeta
del amor de la Generación del 27. Nació en Madrid y estudió Filosofía y Letras y
Derecho. En plena juventud fue catedrático de Literatura en las universidades de
Sevilla y Murcia y lector de español en La Sorbona y Cambridge. Durante la
República desempeñó el cargo de secretario de la Universidad Internacional de
Verano de La Magdalena (Santander). A raíz de la Guerra Civil, se exilió y
continuó con su labor de profesor en Estados Unidos y Puerto Rico. Falleció en
Boston.
Pedro Salinas no destaca sólo como poeta, sino también como crítico y estudioso
de la literatura, con importantes ensayos como los dedicados a Jorge Manrique y
a Rubén Darío o los trabajos reunidos en Literatura española. Siglo XX (1949) y
Ensayos de literatura hispánica (1958).
La mayor parte de su poesía tiene como tema principal el amor. En la poesía de
Salinas se nota una sensibilidad especial, así como una sinceridad cierta y no
fingida. Sus poemas suelen ser cortos y prescinden frecuentemente de la rima.
Consigue el ritmo mediante la repetición de palabras o estructuras sintácticas.
Presagios (1923) es su primera obra, que junto a Seguro azar (1929) y Fábula y
signo (1932) forman un primer bloque dentro de su obra. Se perciben las
influencias del Romanticismo de Bécquer, de Juan Ramón Jiménez, y de los
movimientos de vanguardia, como el Futurismo o el Ultraísmo. El autor establece
un diálogo continuo entre su yo y un tú imaginario, que representa tanto a las
cosas como a otra persona.
La voz a ti debida (1934) y Razón de amor (1936) son las dos grandes obras de
Salinas. El tema fundamental es el amor, que lo impregna todo. De nuevo aparece
el yo y el tú en un diálogo íntimo que atrapa misteriosamente al lector. Los
poemas, breves, son aparentemente sencillos. El lenguaje de Salinas es casi
coloquial y contribuye a demostrar la autenticidad que lleva al autor a
escribir.
En su exilio americano compone sus dos últimas grandes obras: El contemplado
(1946) y Todo más claro (1949). La evolución temática es plena en Salinas: de
los poemas de amor pasa a la desesperación y la desolación por la situación de
España, inmersa en las terribles consecuencias de la guerra. Expresa su
situación personal como exiliado y no olvida el estado en el que se encuentra el
mundo que le rodea.
Jorge Guillén (1893-1984)
Nacido en Valladolid, se doctoró en
Letras en la Universidad de Madrid y fue profesor de literatura en diversas
universidades españolas y europeas. Tras la guerra, se exilió a América y
continuó dando clases en Colombia, México, Puerto Rico y Estados Unidos.
La poesía de Guillén puede ser definida como pura o intelectual, ya que
desaparecen en ella los elementos decorativos que había aportado el Modernismo,
para quedar solo como una pura emoción lírica. Va a lo esencial, eliminando todo
lo anecdótico, aunque no el sentimiento. Asocia la perfección a la existencia y
canta en sus poemas a realidades tangibles y cotidianas, como, por ejemplo, a la
hora del mediodía. Muchos de sus poemas son una exclamación gozosa y plena, un
canto a la existencia y al presente, al aquí y al ahora. Utiliza palabras
sencillas, con predominio de los sustantivos y las estructuras sintácticas
simples. Desde el punto de vista métrico, utiliza estrofas cultas y
tradicionales, como el soneto o la décima, y algunas populares, como el romance.
Jorge Guillén agrupó toda su producción en tres obras que fue aumentando con el
tiempo: Cántico (1928-1950), Clamor (1957-1963) y Homenaje (1967).
Posteriormente publicó Y otros poemas (1973). Además, puso un título unitario a
toda su obra: Aire Nuestro, obsesionado por la unidad global.
Cántico es un canto al mundo, a la existencia, a la vida sencilla y cotidiana, a
la naturaleza. Es su obra más importante y una de las más importantes de la
poesía española del siglo XX. Clamor es la otra cara de la moneda. Sigue
cantando a la belleza, pero ahora introduce la parte negativa de todas las
cosas, en una especie de contraste: el mal, el hambre, la guerra, etc. A pesar
de ello, Guillén sigue apostando por lo positivo. Homenaje es una vuelta a
Cántico, pero con más amplitud de miras: canta a la amistad, al arte a la
cultura...
Gerardo Diego (1896-1987)
Nació en Santander. Estudió
Filosofía y Letras en Madrid y fue catedrático de Literatura. Fundó las revistas
Carmen y Lola. Cultivó, junto a Larrea y a Huidobro, el Creacionismo, aunque
esto no impidió que en su obra desarrollase estilos literarios muy diversos,
como la poesía tradicional, vanguardista, humanizada o los poemas sobre
tauromaquia.
Diego se hizo eco de las diversas tendencias que se dieron en nuestra
literatura, aunque en todas ellas destacó por un elemento común: el dominio de
la forma y de la integración de lo clásico y de lo nuevo.
Escribió casi cincuenta libros, aunque nosotros nos centraremos sólo en los
principales.
Desde el punto de vista de la vanguardia, destacan Imagen (1922) y Manual de
espumas (1924). Se trata de una poesía deshumanizada, cargada de imágenes
complicadas de interpretar, en busca de una nueva realidad (Creacionismo).
Utiliza el verso libre y prescinde de la puntuación. Al mismo tiempo que Gerardo
Diego desarrolla la poesía de vanguardia, no olvida los temas y formas
tradicionales en obras como El romancero de la novia (1918), Soria (1923),
Versos humanos (1925), Versos divinos (1938-41) y su gran obra Alondra de verdad
(1941). Emplea el romance, la décima y el soneto. Expresa su emoción ante temas
tan diversos como el amor, el paisaje, la religión, la música o los toros.
Gerardo Diego está considerado uno de los mejores autores de sonetos del siglo
XX, lo cual queda demostrado en su gran obra Alondra de verdad.
En su poesía demuestra poseer una gran sensibilidad para la captación de la
belleza, pero quizás esa poesía tan bella carece de la emoción que, por ejemplo,
Pedro Salinas ponía en cada poema. Aun así, hay que destacar la labor de
integración de las nuevas tendencias literarias aportadas por las vanguardias y
la tradición literaria española llevada a cabo por Gerardo Diego en su obra.
En cuanto a la prosa, hemos de recordar la importante labor de recopilación de
poemas y poetas llevada a cabo por Gerardo Diego en sus dos antologías (1932 y
1934), panorama excepcional de la poesía más destacada del primer tercio del
siglo XX en España.
Federico García Lorca (1898-1936)
Nació en Fuentevaqueros (Granada) y
estudió Derecho y Filosofía y Letras. En Madrid, se alojó en la Residencia de
Estudiantes, donde entró en contacto con los intelectuales más importantes de
nuestro país. Además de poeta, se dedicó a la música y a la pintura. Durante su
vida, caracterizada por el triunfo, cultivó con igual éxito la poesía y el
teatro. De hecho, hoy en día puede ser considerado uno de los autores
fundamentales de nuestra historia literaria. Murió fusilado cerca de Granada a
causa de su apoyo a la República.
Publica Libro de poemas en 1921 y Canciones en 1922, por lo que es uno de los
primeros en publicar dentro de la Generación del 27. En estas obras se nota una
gran influencia de Bécquer y del Modernismo. Poco a poco va encontrando su
propia voz poética, y en Canción del jinete. Poema del cante jondo (compuesto en
1921, publicado en 1931) se encuentra ya formada. Lo andaluz aparece en este
libro representado por los cantes flamencos, cuyo tema principal es la muerte.
Trata temas populares desde un punto de vista culto e imprime en cada poema un
sello propio e inconfundible.
Romancero gitano (1928) es una de sus grandes obras poéticas. El autor asocia el
mundo de los gitanos –completamente estilizado e irreal– a la libertad y a la
alegría. Como contraposición, aparece la Guardia Civil, símbolo de la represión
y la tristeza. Se trata, en realidad, de la oposición vida / muerte. En esta
obra encontramos la unión entre la vanguardia y la tradición. La vanguardia
aparece en las imágenes y el uso de la metáfora, difícilmente interpretable en
ocasiones, mientras que la tradición se encuentra en la utilización constante
del romance. El mundo andaluz aparece visto desde una perspectiva irreal y
fantástica.
Lorca viaja a Nueva York en 1929 y se ve hondamente impresionado por la gran
ciudad americana. Este impacto es el motivo de Poeta en Nueva York (1935). A
través del Surrealismo, ve a esta ciudad como la representación de lo más
negativo de la civilización, fundamentalmente la deshumanización de sus
construcciones. Lorca expresa, así, su desprecio por este tipo de vida con el
empleo de metáforas e imágenes muy innovadoras. Con esta obra Lorca da un giro a
su estilo. Desde ahora, las imágenes ilógicas y oníricas, las asociaciones
extrañas y los versos libres aparecerán frecuentemente en su poesía. El
Surrealismo aparece igualmente en Diván del Tamarit (1931-34), compuesto por
dieciocho poemas breves centrados sobre la cultura árabe y andaluza.
Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (1934) es una de sus mejores
obras. Dedicada a la muerte de su amigo Sánchez Mejías, torero y poeta, en la
plaza de toros, es un resumen y compendio del mundo de Lorca: combina lo popular
con el Surrealismo, el lenguaje se estiliza hasta límites insospechados y la
utilización de la metáfora y las repeticiones es magistral.
La poesía de Lorca es, posiblemente, la mejor de la Generación del 27. Sabe
mezclar como nadie lo culto y lo popular. El colorido y la brillantez de sus
poemas son indiscutibles y el sello de Lorca se convierte en inconfundible.
El teatro de Lorca es fundamental para nuestra literatura, como veremos en El
teatro español de la primera mitad del siglo XX.
Vicente Aleixandre (1898-1984)
Nació en Sevilla, aunque pasó la mayor parte de su infancia en Málaga. Se
trasladó a Madrid, donde estudió Derecho. Se dedicó plenamente a la literatura,
labor por la cual recibió el premio Nobel de Literatura en 1977. Aleixandre se
convirtió en uno de los maestros de la poesía de posguerra.
Sus primeras obras son un poco más tardías que las de los demás miembros de la
Generación. En 1928 publica Ámbito y en 1932 una de sus grandes obras, Espadas
como labios. Estas obras están escritas bajo la técnica del surrealismo. También
bajo esta técnica llega en 1934 su gran obra, La destrucción o el amor. El mundo
aparece como una unidad total en la que el hombre se ve obligado a amar, porque
todo le invita a ello. Utiliza versos libres y muy largos, además de un lenguaje
solemne.
Sombra del Paraíso (compuesta en 1939, publicada en 1944) narra las
consecuencias de la guerra. En medio del dolor, Aleixandre busca la belleza. En
Historia del corazón (1954) se centra en la solidaridad humana como camino hacia
el futuro. Va madurando y entramos en la tercera etapa con dos obras: Poemas de
la consumación (1968) y Diálogos del conocimiento (1974). En ellas el autor
enlaza con el Surrealismo inicial.
Fue considerado como uno de los maestros de la poesía de posguerra, sobre todo a
través de la utilización de dos temas elementales: el amor y la vida.
Dámaso Alonso (1898-1990)
Madrileño, estudió primero Derecho, pero lo abandonó para dedicarse a la
filología. Fue catedrático en las Universidades de Valencia y Madrid y
presidente de la Real Academia Española de la Lengua (1968-1982).
Comenzó su carrera literaria con Poemas puros. Poemillas de la ciudad (1921),
influidos por el Romanticismo y el Modernismo. Se notan sus lecturas de Antonio
Machado y de Juan Ramón Jiménez. Su segundo libro, El viento y el verso (1925),
es del mismo tipo. Tras un largo periodo de silencio, publica su obra capital y
una de las obras más importantes de la posguerra española, Hijos de la ira
(1944). El propio autor calificó su poesía como desarraigada, la poesía de los
que no se sienten cómodos en un mundo gobernado por el odio y la venganza. El
autor se queja de la injusticia y la pobreza y se pregunta por el sentido de la
vida en estremecedores poemas (“Insomnio”). Las poesías que forman esta obra
están llenas de sentimiento, completamente humanizadas, y son un buen ejemplo de
la poesía existencial de posguerra. Oscura noticia también fue publicado en
1944, aunque reúne poemas de distintas épocas. Hombre y Dios (1955) también
trata, al igual que Hijos de la ira, sobre la existencia humana y la situación
social de España.
La labor de Dámaso Alonso como crítico literario no es nada desdeñable. Publicó
ensayos como La lengua poética de Góngora (1935), La poesía de San Juan de la
Cruz (1942), Poesía española (1950) o Poetas españoles contemporáneos (1952).
Luis Cernuda (1902-1963)
Sevillano, se licenció en Derecho.
Decidió dedicarse a la literatura y fue nombrado lector de español en la École
Normale de Toulouse. Posteriormente vivió en Madrid. Durante la Guerra Civil se
exilió a Inglaterra y ya nunca volvió a España. Dio clases en universidades
inglesas y norteamericanas. En 1952 se trasladó a México, donde falleció.
Fue un hombre solitario y dolorido. Él mismo se sentía un marginado, quizás a
causa de su condición de homosexual, razón por la cual se aisló y se rebeló
contra todo. Durante toda su vida escribió sobre la imposibilidad de alcanzar
los sueños en una realidad hostil como la que le rodeaba. La frustración, la
añoranza de un mundo más habitable, el aburrimiento y el amor son los temas más
frecuentes en su poesía.
La influencia de Bécquer se deja sentir en la mayoría de sus poemas. Rechaza el
lenguaje ampuloso y grandilocuente y utiliza un tono conversacional con palabras
cotidianas y coloquiales. Utiliza versos largos y prescinde de la rima. Refleja
su mundo interior en cada uno de sus poemas con un gran sentimiento romántico.
Con influencias de Jorge Guillén, publica Perfil en el aire (1927), compuesto
por poemas juveniles y tiernos. En Un río, un amor (1929) y Los placeres
prohibidos (1931) el tema central es el amor. Cernuda comienza a aplicar las
técnicas surrealistas, fruto de lo cual es Donde habite el olvido (1932-33).
Deja el amor de lado, y queda el olvido. Reúne todos los poemas escritos hasta
ese momento en La realidad y el deseo (1936). Los temas románticos se repiten
–amor, muerte, soledad– y el lenguaje es claro y sincero.
Tras la guerra, Cernuda amplía los temas sobre los que escribe. Aparece el
destierro y la guerra en obras como Las nubes (1940) y Vivir sin estar viviendo
(1944-49). Desolación de la quimera (1962) es su mejor obra. En ella se despide
como poeta y vuelve a tratar sobre la niñez, el amor, el destierro y el arte.
Cernuda escribió dos grandes libros en prosa poética: Ocnos (1942-1963) y
Variaciones sobre tema mexicano (1949-1950), evocaciones de Andalucía, la
primera, y sobre México, la segunda.
Como crítico literario destaca su ensayo Estudios sobre poesía española
contemporánea (1957).
Rafael Alberti (1902-1999)
Es el miembro de la Generación del
27 que ha vivido hasta más recientemente. Nació en el Puerto de Santa María
(Cádiz). Empezó dedicándose a la pintura, pero la abandonó por la poesía. En
1934 fundó la revista revolucionaria Octubre. A causa de la Guerra Civil, se
exilió a Argentina y, en 1962, se trasladó a Roma. Murió en su pueblo natal.
Alberti conoció muy bien la literatura española, lo cual se trasluce en su obra.
Las influencias del Romancero y el Cancionero, Garcilaso, Góngora, Lope,
Bécquer, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado son evidentes. Cultivó estilos
diversos: lo popular, el surrealismo, la poesía pura, la poesía humanizada.
Junto a Lorca, es el mejor ejemplo de la poesía neopopularista del 27.
Marinero en tierra (1924), primera obra del autor, fue Premio Nacional de
Literatura. Está formada por poemas breves de tema popular, en los que domina la
gracia ligera y la musicalidad. Trata sobre la añoranza del mar y de su tierra
natal. La amante (1925) es el resultado de un viaje del autor por España. Al
igual que la anterior, está inspirada por la poesía popular.
Con Cal y canto (1929) el autor se vuelca hacia la influencia de las vanguardias
y la poesía culta. Aun así, hay influencia de Góngora, la cual se acentúa en
Sobre los ángeles (1929). Se trata de un libro plenamente surrealista dominado
por un mundo turbulento y angustioso.
En una tercera etapa, Alberti, influido por la Guerra Civil, publica El poeta en
la calle (1938) y De un momento a otro (1937-39). Afiliado al Partido Comunista,
desarrolla una importante labor propagandística a favor de la República. Se
trata de poemas comprometidos con la causa, humanizados, a veces panfletarios.
Una vez en el exilio, Alberti publica una gran cantidad de obras. A la pintura
(1948) es un homenaje que rinde a una de sus pasiones. En Retornos de lo vivo
lejano (1952) y Ora marítima (1953) escribe sobre España, en poemas nostálgicos
dedicados a la patria lejana. Baladas y canciones del Paraná (1954) continúa el
tema de la nostalgia a causa del destierro. Por último, Alberti homenajea a
Roma, la ciudad en la que vivió su última etapa desterrado, en Roma, peligro
para caminantes (1968).
Otros autores adscritos
al 27
Encontramos otros autores menos
conocidos que también pueden ser incluidos junto a los grandes poetas que hemos
repasado. La mayoría nace entre 1895 y 1905 y mantienen una evolución literaria
paralela.
Manuel Altolaguirre (1905-1959) y Emilio Prados (1899-1962) se exiliaron a
México. Altolaguirre siguió una trayectoria eminentemente romántica –escribe
sobre la angustia y el amor– representada en su mejor obra: Las islas invitadas
(1926). Prados colaboró frecuentemente en revistas como Litoral (fundada por
Altolaguirre y él mismo) y Caballo verde para la poesía. Su poesía se
caracteriza por el compromiso político: Cancionero menor para los combatientes
(1938).
Juan José Domenchina (1898-1959), influido por Juan Ramón Jiménez en sus
primeras obras, desarrolló posteriormente el surrealismo en Las interrogaciones
del silencio (1929).
Otros autores cercanos al 27 son León Felipe, Juan Chabás, Pedro Garfias, José
María Hinojosa, Mauricio Bacarisse, Ramón Basterra, Antonio Espina y Juan Larrea.
José Carlos Carrillo Martínez
Fuente de algunos de estos artículos:
wikipedia
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