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La vida no es la que uno vivió, sino la
que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
Gabriel García Márquez
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Introducción
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Clasificación
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Calificativos
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Especificativos
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Epítetos
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Determinativos
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Demostrativos (este, ese,
aquel)
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Indefinidos (algunos,
pocos, cualquiera, bastantes)
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Numerales cardinales
(tres, cuatro, veinte)
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Numerales ordinales
(primero, segundo, vigésimo)
-
Numerales partitivos
(quinta parte,...)
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Posesivos (mi,
nuestra, vuestros)
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La posesión de la salud es como
la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta, no se
goza.
Francisco de
Quevedo
I. Introducción
Para los gramáticos grecolatinos, no existía distinción alguna entre
el adjetivo y el sustantivo, ya que ambos se englobaban en la
categoría gramatical del nombre, un constituyente que se declinaba
según género, número y caso. Tan sólo a partir de la Edad Media se
introdujo la distinción entre nomen substantivum y nomen adiectivum,
que ha pervivido hasta la actualidad, aunque esta división es
bastante artificial y se basa en criterios semánticos y
extralingüísticos. La lingüística actual tiende a considerar al
sustantivo y al adjetivo como dos categorías gramaticales diferentes
por motivos históricos, aunque con un único comportamiento
morfosintáctico, lo cual explica por qué muchos adjetivos pueden
funcionar como sustantivos y viceversa (por ejemplo, español es
básicamente un adjetivo, como en el orgullo español, pero desempeña
las funciones de sustantivo en el español es una lengua universal).
Cualquier clase de
adjetivo puede desempeñar su función de dos maneras, y no
todos los adjetivos pueden usarse en ambas:
II. Clasificación
Desde el punto de vista sintáctico, se distingue entre
adjetivos atributivos —atributos o epítetos—, que aparecen
en el contexto inmediato del núcleo nominal del que dependen
(ojos azules, buena persona), y adjetivos predicativos,
ligados al nombre mediante un verbo copulativo (sus ojos son
azules). Desde el punto de vista semántico se diferencian
también los adjetivos calificativos, que expresan una
cualidad del sustantivo, y los adjetivos determinativos, que
se anteponen a éstos, en la posición característica de los
determinantes, delimitando su extensión. Desde el punto de
vista funcional, se da el nombre de adjetivo
atributivo-adverbial al que funciona como complemento
atributivo, ya que por un lado modifica al núcleo nominal
del sujeto y por otro actúa como adverbio dentro del
predicado (la lluvia cae lenta y silenciosa). El adjetivo
adverbial es similar, aunque en este caso funciona como
complemento verbal exclusivamente (la bala dio alto, y no
*alta). El adjetivo sustantivado (o absoluto) es el que
desempeña en la frase la función de sustantivo por un
proceso de trasposición categorial (el inglés es una lengua
universal). El adjetivo verbal es el participio en función
adjetiva, cuando no ha perdido aún su naturaleza de verbo
(los niños están dormidos). En español resulta difícil
trazar un límite preciso entre el adjetivo verbal y el
participio; en otras lenguas, como por ejemplo el francés,
tan sólo el primero concuerda gramaticalmente con el
sustantivo, mientras que el participio permanece invariable
(compárese il n'avait jamais vu son amie dormant
[participio] con il n'avait jamais vu une femme si vivante
[adjetivo verbal]).
Los adjetivos calificativos pueden tener intención expresiva
según sea la relación de permanencia o accidentalidad de la
cualidad en el significado del nombre al que modifican. En
unos casos, la cualidad destacada del sustantivo lo
distingue e individualiza al subrayar una modalidad del
referente que se opone a otras modalidades posibles; por
ejemplo, globo verde diferencia un tipo particular de globo
de todos aquellos que son de otro color. En otros casos, en
cambio, la cualidad destacada del sustantivo no lo distingue
ni individualiza, porque es inherente a su propia naturaleza
y por lo tanto esencial; se dice, por ejemplo, alto
rascacielos, en lugar de rascacielos alto, porque se supone
que este tipo de edificio es siempre de gran altura. En el
primer caso, en que se hace una positiva distinción y
particularización del nombre, el adjetivo se llama
especificativo. En el segundo caso, en que no se añade
ningún rasgo individualizador y simplemente se subraya
redundantemente una cualidad implícita en el concepto de la
realidad que se evoca, el adjetivo se llama explicativo.
Los adjetivos determinativos añaden diversos significados al
sustantivo al que preceden. Los adjetivos numerales expresan
la noción de número o cantidad, y pueden ser a su vez
cardinales (tres puestos), ordinales (tercer puesto),
partitivos (tercera parte) o múltiplos (triple salto); los
adjetivos posesivos indican posesión o pertenencia (mi
casa); los adjetivos demostrativos señalan localización
relativa en el espacio, en el tiempo o en el contexto
lingüístico (este hombre); los adjetivos interrogativos
sirven para preguntar por el sustantivo modificado (¿qué
calle?); los adjetivos exclamativos lo resaltan o enfatizan
(¡qué mujer!); los adjetivos indefinidos, a diferencia de
los numerales, denotan una idea de imprecisión o generalidad
(algunos hombres buenos); una subclase de estos últimos son
los adjetivos abundanciales, que expresan la noción de
abundancia (muchos hombres).
Existe en español una serie de adjetivos que adoptan
diferentes matices semánticos según su posición anterior o
posterior con respecto al sustantivo al que modifica. Véase
los siguientes ejemplos:
viejo amigo — amigo viejo
medio hombre — hombre medio
pobre persona — persona pobre
pura ilusión — ilusión pura
verdadera catástrofe — catástrofe verdadera
única oportunidad — oportunidad única
nueva casa — casa nueva
En general, el adjetivo antepuesto posee un valor más
subjetivo e inmaterial que el pospuesto, que tiene un
carácter más objetivo, concreto e intrínseco. Un viejo
amigo, por ejemplo, es un amigo al que conocemos desde hace
muchos años, pero no especificamos ninguna de sus cualidades
inherentes; un amigo viejo, por el contrario, es alguien en
particular de avanzada edad del que no decimos nada más.
Ambas formas son plenamente compatibles, ya que pueden
aparecer dentro del mismo sintagma: un viejo amigo viejo.
Gradación adjetiva
Además de caso, género y número, el adjetivo se puede
declinar según el accidente gramatical llamado grado (o
gradación). En español puede ser de dos tipos: léxica,
cuando existen palabras distintas para expresar los
distintos grados de intensidad del adjetivo (bueno / malo,
caliente / tibio / frío, cómodo / incómodo); morfosintáctica,
cuando se logra por medio de derivados léxicos o
construcciones perifrásticas. Esta última es en realidad la
gradación adjetiva propiamente dicha. La gramática
tradicional establece tres grados distintos: positivo (base
léxica del adjetivo), comparativo y superlativo, estos dos
últimos con una doble formación léxica y perifrástica. El
adjetivo positivo expresa una significación absoluta o
simple (alto). El adjetivo comparativo es el que denota
comparación entre términos afines, y puede ser de igualdad
(tan alto), de superioridad (más alto) o de inferioridad
(menos alto). El adjetivo superlativo posee valor absoluto
cuando denota el sumo grado de la cualidad que con él se
expresa (muy alto / altísimo), y relativo cuando asigna el
grado máximo o mínimo de la cualidad a uno o varios
referentes en relación con las demás dentro de un
determinado conjunto (el más alto). Algunos adjetivos poseen
lo que se llama formas supletivas, que tienen una base
léxica distinta de la del adjetivo positivo (ej.: bueno —
mejor — óptimo; grande — mayor — máximo
Expresan una cualidad
del nombre.
Ejs.
Un niño simpático
Un árbol alto
Un famoso artist
Expresan algo
atribuido al nombre por el que habla.
Ejs.
La mesa sucia
El vestido está pasado de moda
II.1.b. Epítetos
Expresan algo que es
inherente al nombre del que se habla.
Ejs.
El espacio infinito
El cristal transparente
Expresen a cuáles o
cuántos de los objetos designados por éste se refiere el que
habla.
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II.2.b. Indefinidos (algunos, pocos, cualquiera, bastantes)
cualesquiera quienquiera
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