La gramática

 

 

 

 

   

 

La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde.
Miguel de Cervantes

___________________________

 

___________________________

Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado.
Francisco de Quevedo

___________________________

¿Qué es la Gramática?

Lingüística, filología, lengua, expresión, trivio, dicción, sintaxis, ortografía

El término "gramática" hace referencia a distintos conceptos, según la visión que de él se tenga.

En un sentido estricto, la gramática es una rama de la lingüística que estudia, mediante un método de análisis sistemático, la estructura de una determinada lengua. Las dos disciplinas básicas que la integran son la morfología (que se ocupa de la forma y estructura de las palabras) y la sintaxis (que analiza las relaciones mutuas de las palabras dentro de las oraciones).

En un sentido más general y extendido, la gramática se identifica con la lingüística, y por tanto engloba la fonología, la morfología, la sintaxis y la semántica como sistemas interrelacionados dentro de una jerarquía global en las lenguas humanas.

Por último, en su sentido más genérico (ajeno ya al marco del lenguaje humano), una gramática es cualquier sistema de símbolos organizados y estructurados, en particular los que se emplean para programar ordenadores y comunicarse con ellos.

Volver al inicio de Gramática española


Distintos tipos de gramática

Se distinguen numerosas modalidades de gramática, según su mayor o menor enfoque en diferentes aspectos del lenguaje. Una primera distinción es la que se establece entre gramática descriptiva, que únicamente se limita a reflejar de forma precisa el uso que los hablantes hacen de su lengua, y gramática normativa (o prescriptiva), que intenta establecer reglas para el correcto uso de ésta.

En un sentido más amplio, la gramática descriptiva estudia igualmente la modalidad concreta de una lengua en una determinada fase de su evolución, y por tanto se opone a la gramática histórica, que se ocupa de su desarrollo a lo largo del tiempo.

La gramática comparada busca establecer las diferencias y semejanzas entre distintos idiomas o variedades lingüísticas. La gramática estructural (o funcional) estudia las lenguas en sí mismas como sistemas que son, tratando de explicar el funcionamiento y estructura de los elementos que las componen.

La gramática teórica (o general) va más allá de la observación de lenguas individuales, y se propone descubrir la naturaleza misma del lenguaje mediante la recogida de datos lingüísticos.

La gramática generativa (o transformativa) es un sistema teórico que se propone para describir y explicar las oraciones de una lengua a partir de un número limitado de reglas.

A diferencia de las anteriores gramáticas, que consideran el lenguaje en su aspecto visible de sistema estructural, la generativa lo ve como una capacidad mental del ser humano para adquirir una determinada lengua.

Existen una serie de reglas lingüísticas universales y subyacentes mediante las que se construyen los distintos sistemas lingüísticos utilizados por todos los hablantes del mundo, reglas que no se aprenden a través de la experiencia sino que son innatas.
 

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA

1. Arte de hablar y escribir correctamente una lengua: las academias romanas enseñaban gramática y retórica como parte de una formación humanista integral. [Por especialización] Libro en el que se enseña gramática: necesito una gramática del neerlandés.

2. [Lingüística] Disciplina lingüística que estudia los elementos de una lengua y sus combinaciones: la gramática generativa trata de formular una serie de reglas capaces de producir o generar todas las oraciones posibles y aceptables de un idioma.  

El término "gramática" hace referencia a distintos conceptos, según la visión que de él se tenga.

En un sentido estricto, la gramática es una rama de la lingüística que estudia, mediante un método de análisis sistemático, la estructura de una determinada lengua. Las dos disciplinas básicas que la integran son la morfología (que se ocupa de la forma y estructura de las palabras) y la sintaxis (que analiza las relaciones mutuas de las palabras dentro de las oraciones).

En un sentido más general y extendido, la gramática se identifica con la lingüística, y por tanto engloba la fonología, la morfología, la sintaxis y la semántica como sistemas interrelacionados dentro de una jerarquía global en las lenguas humanas.

Por último, en su sentido más genérico (ajeno ya al marco del lenguaje humano), una gramática es cualquier sistema de símbolos organizados y estructurados, en particular los que se emplean para programar ordenadores y comunicarse con ellos. 

Volver al inicio de Gramática española

Niveles en el estudio de la gramática

Se dice que el lenguaje es "articulado" porque está compuesto por cuatro sistemas lingüísticos (fonología, morfología, sintaxis y semántica) que se articulan o conectan entre sí de forma ordenada y jerárquica: los sonidos se combinan formando morfemas, que son las unidades más pequeñas de la lengua con significado propio; a su vez, los morfemas se unen para formar palabras, unidades básicas de la gramática; la combinación de las palabras a través de sintagmas da lugar a oraciones, que se utilizan para comunicar significados.

En primer lugar, la fonología tiene como objetivo la descripción de los sonidos de una lengua como unidades contrastivas dentro del sistema lingüístico general, que constituyen los elementos más básicos de la gramática (no debe confundirse esta disciplina con la fonética, que estudia los sonidos en su realización material o fónica).

En el siguiente nivel se halla la morfología, que es el estudio de la formación de las palabras (unidades con sentido pleno) a partir de los sonidos (unidades carentes de significado), así como sus modificaciones gramaticales.

A continuación, la sintaxis se ocupa de agrupar estas unidades léxicas mediante reglas de combinación para formar sintagmas y oraciones, que son las unidades superiores de la gramática.

Por último, la semántica es la disciplina encargada de clasificar y estructurar los diferentes significados que se pueden expresar mediante las oraciones de una lengua (no debe confundirse con la lexicología, que estudia el léxico o conjunto de palabras de cada una de las diferentes lenguas y sus relaciones contrastivas en un determinado momento de su evolución, ni con la lexicografía, aplicación práctica de la anterior disciplina lingüística destinada a la composición de diccionarios).  

Volver al inicio de Gramática española

CLASES DE GRAMÁTICA

Se distinguen numerosas modalidades de gramática, según su mayor o menor enfoque en diferentes aspectos del lenguaje. Una primera distinción es la que se establece entre gramática descriptiva, que únicamente se limita a reflejar de forma precisa el uso que los hablantes hacen de su lengua, y gramática normativa (o prescriptiva), que intenta establecer reglas para el correcto uso de ésta.

En un sentido más amplio, la gramática descriptiva estudia igualmente la modalidad concreta de una lengua en una determinada fase de su evolución, y por tanto se opone a la gramática histórica, que se ocupa de su desarrollo a lo largo del tiempo.

La gramática comparada busca establecer las diferencias y semejanzas entre distintos idiomas o variedades lingüísticas. La gramática estructural (o funcional) estudia las lenguas en sí mismas como sistemas que son, tratando de explicar el funcionamiento y estructura de los elementos que las componen.

La gramática teórica (o general) va más allá de la observación de lenguas individuales, y se propone descubrir la naturaleza misma del lenguaje mediante la recogida de datos lingüísticos.

La gramática generativa (o transformativa) es un sistema teórico que se propone para describir y explicar las oraciones de una lengua a partir de un número limitado de reglas. A diferencia de las anteriores gramáticas, que consideran el lenguaje en su aspecto visible de sistema estructural, la generativa lo ve como una capacidad mental del ser humano para adquirir una determinada lengua.

Existen una serie de reglas lingüísticas universales y subyacentes mediante las que se construyen los distintos sistemas lingüísticos utilizados por todos los hablantes del mundo, reglas que no se aprenden a través de la experiencia sino que son innatas. 

Volver al inicio de Gramática española

HISTORIA DE LA GRAMÁTICA

En el estudio del lenguaje a lo largo de los años se puede hablar de tres grandes corrientes gramaticales: gramática tradicional, gramática estructural y gramática generativa. 

GRAMÁTICA TRADICIONAL

Las primeras reflexiones acerca del lenguaje las llevaron a cabo los filósofos de la Grecia clásica, alrededor del siglo IV a.C.

Preocupados básicamente por cuestiones generales acerca de la naturaleza de los seres humanos y el universo, y con la firme creencia de que debían existir verdades eternas e inmutables, estos filósofos se aproximaron al lenguaje (una capacidad única de los hombres, como creían) con la esperanza de poder hallar en él las respuestas a algunos de los grandes misterios de la vida. Pensaban que los dioses habían otorgado a los hombres el don divino del lenguaje, y que por lo tanto representaba la perfección suma.

Por supuesto, dado que se tenía conocimiento de pocas culturas más aparte de la helénica, sólo el griego era digno de estudio; el resto de lenguas eran consideradas como hablas degeneradas o "bárbaras".

Platón opinaba que las palabras mantenían una relación inherente, natural y lógica con los entes o conceptos que representaban. A partir de esta idea, construyó un sistema gramatical (posiblemente el primero del mundo occidental) formado por dos clases de palabras: ×noma y »Åma.

Las primeras designan la entidad que lleva a cabo una acción o aquélla de la que se afirma algo. Los elementos de la segunda clase representan la realización de la acción o la afirmación que se hace del ×noma. Puede verse que esta diferenciación está muy próxima a la actual entre nombre y verbo.

Aristóteles, el discípulo más aventajado de Platón, continuó las investigaciones lingüísticas de su maestro. Entre sus más importantes contribuciones al estudio del lenguaje destacan: la definición de una tercera clase de palabras, sÝndesmoj (conjunción), que englobaba a todas aquéllas que no eran ni ×noma ni »Åma; el descubrimiento de determinados rasgos estructurales de las palabras (como por ejemplo el hecho de que los nombres poseyeran caso y los verbos tiempo); la que posiblemente es la primera definición del término "palabra": la más pequeña unidad lingüística con significado pleno.

Sin embargo, su principal contribución fue un sistema de lógica natural cuidadosamente desarrollado, basado en el silogismo. Aristóteles defendía que el razonamiento mental de este esquema de proposiciones reflejaba perfectamente el pensamiento del ser humano, y por lo tanto consideraba el lenguaje como un proceso mental de naturaleza lógica.

La siguiente escuela de pensamiento que se ocupó del lenguaje fueron los estoicos (alrededor del año 300 a.C.). Ampliaron la clasificación gramatical de Aristóteles a cuatro elementos con la adición de la categoría "artículo" y subdividieron los nombres en comunes y propios. Por otra parte, llevaron a cabo detallados estudios acerca del tiempo y la concordancia verbal, y llegaron a la conclusión de que el nombre poseía cinco casos: nominativo, acusativo, dativo, genitivo y vocativo.

Alrededor del siglo II a.C., Dionisio de Tracia amplió a ocho las clases de palabras, dando lugar a una clasificación que perduró en el mundo occidental hasta bien entrada la época moderna: nombre, pronombre, verbo, participio, artículo, adverbio, conjunción y preposición.

Posteriormente, los romanos recogieron esta tradición gramatical griega prácticamente en su integridad. Advirtieron que el latín (a diferencia del griego) poseía un sexto caso, el ablativo, y se preocuparon por la conservación del lenguaje en toda su pureza.

Durante la Edad Media se continúan en gran medida los estudios clásicos de la gramática. Por otro lado, las distintas escuelas filosóficas empiezan a sentir interés por las relaciones existentes entre el significante (o forma material de las palabras) y el significado (o sentido de las mismas). Con la llegada del Renacimiento y el descubrimiento de nuevas culturas, los gramáticos se muestran muy interesados en conocer la genealogía de las lenguas.

La creencia general es que todas son variantes lingüísticas de un único conjunto de principios universales originarios, comunes a todas las lenguas humanas.

Tras una primera etapa de devoción cultural hacia las lenguas clásicas (especialmente el latín y el griego), las lenguas vernáculas van incrementando su importancia y es entonces cuando se escriben las primeras gramáticas autóctonas de cada nación. La Gramática de la lengua castellana (1492), de Antonio de Nebrija, constituye el primer intento serio de clasificación gramatical del español.

Los estudios gramaticales durante los siglos XVII y XVIII se polarizan en torno al gran debate filosófico del momento entre racionalismo (cuyo máximo representante era Descartes) y empirismo (basado en las doctrinas de Locke y Hume). Los racionalistas sostenían que ciertas ideas y capacidades mentales de los seres humanos (la principal de las cuales es el lenguaje) eran innatas.

Los empiristas, en cambio, defendían que todo conocimiento humano (incluido el lenguaje) se puede explicar como conocimiento adquirido a través de la experiencia mediante los sentidos.

Los gramáticos de la escuela racionalista retomaron las teorías lingüísticas del mundo griego y propusieron una serie de postulados generales: la universalidad del pensamiento se refleja en el lenguaje humano; el gramático ha de ocuparse únicamente de describir, lo más precisa y objetivamente posible, la lengua hablada por una comunidad tal cual es, sin basarse en criterios prescriptivos; la unidad básica no es la palabra, sino el sintagma, representante de un pensamiento o idea subyacente; en el lenguaje existen dos niveles complementarios: una estructura profunda, formada por el conjunto de ideas abstractas y relaciones mentales comunes a todo el pensamiento humano, y una estructura superficial, que representa la forma gramatical que adopta la primera en las diferentes lenguas habladas en el mundo.

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA ESTRUCTURAL

Durante el siglo XIX se empieza a investigar con especial interés acerca del origen de las lenguas y sus relaciones mutuas, lo que da lugar al nacimiento de la gramática histórica y la gramática comparada.

El método principal empleado por estas dos disciplinas consistía en reunir gran cantidad de datos lingüísticos (especialmente de carácter fonológico y textual) y extraer conclusiones a partir de ellos.

Gracias a estos estudios se consiguió desarrollar auténticas genealogías de las lenguas y clasificar el mapa lingüístico mundial. A comienzos del siglo XX, la gramática estructural abandonó esta dependencia de los testimonios escritos y se centró en el estudio de las lenguas en sí mismas, como sistemas autocontenidos y vivos.

Para ello, los estructuralistas tomaron como base de todas sus investigaciones la morfología, disciplina lingüística que se ocupa de la estructura formal de las palabras. Su método de análisis de la lengua se basa en la observación cuidadosa de un corpus lingüístico (o conjunto de datos) tomado del habla de una comunidad para llegar al conocimiento del sistema subyacente a tal manifestación externa.

En palabras del lingüista suizo Ferdinand de Saussure, considerado como uno de los padres del estructuralismo, la gramática debe describir la langue ‘lengua’, el sistema de signos lingüísticos comunes a una comunidad de hablantes, en lugar de la parole ‘habla’, realización concreta de la lengua que en sí misma no constituye un sistema organizado. Todo individuo posee un conocimiento interno y subconsciente de la lengua, aunque su habla particular no tiene por qué reflejarlo fielmente debido a causas externas (como pueden ser lapsos de memoria o incapacidad articulatoria).

La gramática estructural considera que cada lengua es un "metasistema" compuesto por varios otros sistemas organizados en niveles interrelacionados: en la escala más baja se encuentran los sonidos, que se combinan para formar palabras, que a su vez se combinan para formar oraciones, cuya agrupación se usa para comunicar significados.

De esta forma, las distintas disciplinas que estudian estos elementos anteriores (fonología, morfología, sintaxis y semántica) constituyen la gramática en su sentido más general. 

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA GENERATIVA

En 1957, el lingüista americano Noam Chomsky publica Estructuras sintácticas, obra de clara inspiración matemática en la que critica los métodos empleados por la gramática estructural. Para él, el estudio de la gramática debe centrarse en el lenguaje mismo como capacidad cognitiva del ser humano, y no en la simple recogida y análisis de datos formales, que no son más que una manifestación externa de aquél.

De esta forma, la gramática se equipara a las hipótesis científicas, ya que pasa a definirse como una teoría o sistema que se propone para describir y explicar las oraciones de una lengua específica, no como elementos aislados, sino como reflejo de la capacidad mental del lenguaje común a todas las personas.

Una gramática adecuada será aquélla que sea capaz de generar oraciones gramaticales (es decir, ajustadas a una serie de reglas formales y comprensibles por parte de un hablante nativo) y descartar las que no lo sean; pero, sobre todo, ha de ser capaz de generar todas las posibles oraciones gramaticales de una lengua. Por lo tanto, la gramática debe basarse no en la semántica (como hacía la gramática tradicional) ni en la morfología (como hacía la gramática estructural), sino en la sintaxis.

Para Chomsky, la sintaxis descansa sobre el principio de la recursividad, un proceso formal mediante el cual se pueden crear infinitas oraciones a partir de la aplicación de un número finito de reglas a un número también limitado de constituyentes sintácticos.

En última instancia, la gramática generativa retoma las teorías mentalistas del racionalismo del siglo XVIII, en la medida en que considera el lenguaje como una capacidad innata de las personas cuyas reglas formales reflejan el mecanismo del pensamiento humano.

La gramática transformativa (o transformacional) es un desarrollo posterior de la generativa en la que se establece que el paso de un esquema oracional a otro se lleva a cabo mediante la aplicación de determinadas reglas o transformaciones (por ejemplo, la que se aplica a una oración cualquiera para convertirla en interrogativa o formar su correspondiente estructura pasiva).

 Dos modelos en el estudio de las lenguas: gramática comparada y gramática formal

A continuación se presentan dos perspectivas gramaticales distintas —aunque en muchos aspectos complementarias: gramática comparada y gramática formal. La primera, que se engloba dentro de la corriente estructuralista anteriormente explicada, surgió a raíz de las inquietudes de los lingüistas del siglo XIX por encontrar las semejanzas que pudieran existir entre las distintas lenguas conocidas hasta entonces; su estudio se mueve en el doble eje diacrónico y sincrónico, ya que basa sus supuestos en la evolución histórica de las variedades lingüísticas y en sus cambios formales (fundamentalmente de carácter fonológico).

La gramática formal, por su parte, se originó tras las investigaciones de la gramática generativa, y busca categorizar las lenguas en base a reglas formales de carácter matemático; su orientación computacional es evidente, en el sentido de que emplea una sintaxis "comprensible" para las máquinas (amén de una terminología básicamente informática).

Como puede verse, la gramática comparada y la gramática formal se asemejan en el hecho de que ambas buscan establecer reglas fijas, aunque la primera se basa en el cotejo de varias lenguas y la segunda se centra en el sistema propio de cada una.  S. Velasco Sol - ENCICLONET

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA CLÁSICA

& Con este nombre se denomina el conjunto de estudios y observaciones acerca del lenguaje que se desarrollaron en el mundo grecolatino de la antigüedad. Dado que durante aquel período histórico se conocían pocas lenguas, únicamente el latín y el griego (las llamadas "lenguas clásicas") eran objeto de estudio en Occidente.

Introducción

Una de las consecuencias metodológicas más interesantes que se pueden extraer de los gramáticos clásicos, especialmente los latinos, para la enseñanza de la Lingüística, es precisamente lo que podríamos titular "cómo se hace una gramática".

Es imprescindible la Introducción, en la que se plantea la cuestión de si el lenguaje se origina por naturaleza, convención, analogía o anomalía y se discuten las interpretaciones de Platón y Aristóteles. La línea propiamente tradicional es aristotélica, convencionalista, y se mueve entre un analogismo mitigado y el anomalismo.

La Gramática clásica se divide en sus partes tradicionales: Prosodia, Etimología, Analogía y Sintaxis. Los gramáticos anomalistas, más tarde, construyen una Etimología de tipo morfológico y lexicológico, que pierde sus aspectos analógicos de justificación semántica y engloba a la antigua Analogía.

Lo esencial del tratamiento de esta parte, que pasará a llamarse Morfología, es el tratamiento de las ocho partes de la oración: nombre, verbo, participio, pronombre, adverbio, preposición, interjección, conjunción.

El adjetivo sustituirá al participio (o convivirá con él), y lo mismo ocurrirá entre interjección y artículo. De este modo, el número de partes de la oración oscilará entre ocho y diez durante unos dieciséis siglos.

Las partes de la oración son básicas en toda gramática no sólo para la Morfología, sino también para la Sintaxis. En el análisis morfológico se tienen en cuenta:

1) La categoría.

2) Sus consecuencias y accidentes, en las clases de nombre y verbo:

Nombre: género, número, caso, especie (para la clasificación de primitivos y derivados) y figura (para la división en simples o  compuestos).

Verbo: modo, tiempo, número, persona, género, especie y figura. 

La Sintaxis tradicional sigue una concepción sintagmática, de unión de un vocablo con el antecedente o el siguiente. Las nociones fundamentales son las de régimen, que desarrollará Alexander de Villa Dei, en 1199, y concordancia.

La importancia de la Retórica impone un apéndice en el que, según el modelo de Donato, se habla de barbarismo, solecismo, metaplasmo, esquemas oracionales y tropos. Su finalidad es prioritariamente normativa, más que estética.

Gramática clásica: visión panorámica

A partir del siglo V a.C. tenemos ya noticias de una preocupación acerca del lenguaje en el mundo griego. Esta preocupación está naturalmente vinculada a la especulación filosófica que, como se sabe, nace en la civilización helénica con mucha fuerza y tiene ya en el siglo IV a.C. con la figura de Platón (427-347 a.C.), a uno de los filósofos más notables de todos los tiempos. 

Al mismo tiempo, esta corriente de preocupación por el lenguaje se va plasmando en otro tipo de actividades, ahora no de carácter especulativo y teórico, sino de índole más práctica y dominio más restringido: nos referimos a la acción de todos los conservadores, transmisores y correctores de textos literarios, ocupados en fijar por escrito la gran literatura griega, transmitida originariamente por vía oral.

No hay Literatura sin texto y, puesto que éste requiere para su interpretación una labor previa de fijación, o sea, de crítica textual, podemos decir que no hay Literatura sin Filología, en el sentido más amplio del término. Ya en el siglo I a.C., Dionisio el Tracio, al estudiar las partes de la Gramática, en la línea de su maestro, el célebre filólogo alejandrino Aristarco de Samotracia afirma que la sexta parte es la dedicada a examinar críticamente los poemas y la considera la culminación de las cinco anteriores.

Tampoco olvidemos, porque está en el nombre mismo de la nueva técnica, que el nombre Gramática está directamente relacionado con la capacidad de escribir: gramma es una palabra griega que significa 'letra'.

Los griegos supieron construir unos esquemas rigurosos, unos modelos que pudieron aplicarse, no sólo a las lenguas indoeuropeas, como el latín, las lenguas germánicas, bálticas o eslavas, sino a las lenguas indoamericanas, más tarde. Téngase en cuenta que no hablamos ahora de que ese modelo fuera perfecto y definitivo, desde el punto de vista científico, sino de que se tomó como tal y se mantuvo, básicamente, hasta nuestro siglo.

Arranca de los griegos un modelo teórico, lógico-filosófico, especulativo, junto con un modelo aplicado, normativo, escolar, vigente en lo fundamental hasta mediados del siglo XX y todavía no sustituido por completo.

El primer modelo se preocupa por la conexión del lenguaje con el pensamiento, por las categorías universales, las partes de la gramática, mientras que el segundo se preocupa de la corrección, a partir del ejemplo que ofrecen las autoridades del idioma, los grandes autores, en un momento en el que todo lo que se escribe se considera en conjunto, sin establecer diferencias entre un texto científico y un texto literario. La obligación de cualquier escritor era hacerlo bien y para ello tenía que seguir unas normas, impuestas en la escuela. Roma heredará esta concepción y la transmitirá a las escuelas medievales.

Aprender a leer será aprender también a conocer un texto modelo, una manera ejemplar de escribir y unas construcciones que se deben copiar. Los autores imitables, las autoridades del idioma, son los clásicos.

No significa esto que el modelo especulativo no tuviera un carácter  también aplicativo. Ni los conocimientos científicos de la época ni el modelo de sociedad permitían el desarrollo de un pensamiento teórico en el sentido de una lingüística inmanente, que, de hecho, será una de las grandes innovaciones de Saussure en el segundo decenio del siglo XX.

La Filosofía, el Foro y la Literatura son los tres ejes en torno a los cuales gira esta especulación gramatical.

Se trataba de una gramática, por una parte, de contenido, de relación de categorías mentales y categorías lingüísticas, y por otro lado de expresión. Para cumplir estas finalidades se dividía en cuatro partes:

1) La Prosodia trataba de los sonidos y lo significativo de las diferencias entre ellos, pero sin estudiar la oposición de unos a otros para aislar unidades, innovación que habrá de esperar hasta después de 1920, con la Fonología estructural. Podríamos definirla como un tipo de Fonética con algunos puntos de pre-fonología.

2) La Etimología se ocupaba del origen de las palabras; pero no en el sentido que tiene ahora esta definición, sino en el de la relación entre los nombres y las cosas. Abarcaba así los problemas de la convención o motivación, anomalía y analogía en la relación entre el objeto, la cosa, y el nombre, así como el de las derivaciones, aunque de manera muy poco fiel, por falta de mecanismos de análisis.

3) La Sintaxis trataba de las frases en lo que hoy llamaríamos su estructura superficial:  construcción de la oración y clases de oraciones. Es una sintaxis de tipo muy morfológico, a lo que ayuda también la estructura de la lengua griega, con la posibilidad de asignar funciones sintácticas a las formas gramaticales de los casos. No se trata de lo que podemos entender hoy por Sintaxis, que es más bien un sistema de reglas y principios.

4) La Analogía, por último, aunque está relacionada con las construcciones morfológicas y, con el paso del tiempo, será la ciencia que corresponde a la Morfología tradicional, no era en principio lo mismo. Ya desde el nombre arrancaba de un intento de explicar ciertos elementos lingüísticos de modo analógico, no convencional.

Se trataba en ella de acercarse a los elementos o características motivados de la lengua natural a través del estudio de las partes de la oración, o sea, por la caracterización formal y funcional de los distintos elementos oracionales. No olvidemos que el problema fundamental era el del origen del lenguaje y el estudio de las estructuras lingüísticas era un modo de buscar una respuesta a esa pregunta.

Más que de partes de la oración tendríamos que hablar de partes de la proposición lógica que enuncia un juicio: Ps, "predicado se da en sujeto", "Leónidas es hombre: la hombría se da en Leónidas".

Todavía hoy se conserva esta notación en Lógica. De acuerdo con ello, Platón distingue ónoma 'nombre' de rhêma 'verbo', como sujeto y predicado lógicos. Aristóteles (384-322 a.C.), en su Poética, nos permite comprobar también que esa distinción es más lógica que morfológica: ónoma es el nombre como sujeto y rhêma es "siempre la expresión de aquello que se dice de otro, es decir, de un sujeto (sustrato) o de aquello que está en el sujeto".

Los griegos no llegan a establecer unidades estrictamente lingüísticas, como habían hecho los gramáticos del indoario antiguo, quienes ya podían analizar una unidad mínima dotada de significado, es decir, un monema o morfema, que podían dividir en dos tipos, uno con significado léxico, o raíz, y otro con significado gramatical (flexivo), o desinencia. Los griegos, en cambio, tenían como unidades dos, procedentes del análisis de la lengua escrita: la letra y la palabra.

La demostración de la propiedad de las palabras se consigue, según los interlocutores, aplicando el método etimológico. Estas etimologías, que llegan hasta la ciencia etimológica actual de modo mucho más científico y depurado, son en la Edad Antigua y Media, y todavía en la Moderna, una mezcla de suposiciones, supersticiones y confusiones.

En la Lógica de Aristóteles se plantea ya de otra manera la relación entre el objeto y su expresión lingüística. Por un lado se advierte que las impresiones psíquicas, como imágenes de las cosas, "son las mismas en todos",  la base que permite que todas las lenguas humanas sean intertraducibles.

Los signos de esas impresiones psíquicas son las expresiones lingüísticas. La relación entre expresión lingüística e impresión psíquica, que se refiere a la cosa, es convencional, negándose expresamente el significado de los componentes.

 Como ciencia, la gramática efectúa pocos progresos, aunque en la Poética (cap. III especialmente) se desarrollan algunos puntos. No se divide la Gramática; pero sí se deslindan algunas categorías: "Las partes de toda suerte de habla son éstas: elemento, sílaba, nombre, verbo, palabra de enlace, artículo, caso, palabra". Una gran heterogeneidad preside la enumeración anterior. En ella, elemento viene a coincidir con "letra", sílaba es la combinación de vocal y semivocal o muda, sin significación.

 En lo que concierne a la definición de las voces, la conjunción o palabra de enlace es voz no significativa que une voces significativas,  mientras que "artículo es una voz no significativa, la cual muestra el principio o el fin, o la distinción de la palabra; v. g.: Lo dicho, acerca de esto, etcétera". Ésta categoría sólo aparece en la Poética y en la Retórica, por lo que ya desde antiguo la crítica ha negado que fuera formulada por Aristóteles (Steinthal, en 1890).

El nombre es voz significativa sin tiempo y compuesta de varios elementos, que no mantienen su significación separados. El  verbo es voz significativa con tiempo, también compuesta. El caso (ptôsis) no es exactamente la flexión nominal y verbal, aunque así es como podemos interpretarlo; se refiere  sencillamente a las variaciones que sufre la forma fundamental de una palabra, no solamente por flexión, sino también por traslación o cambio de categoría, la adverbialización por ejemplo, o por composición lexicológica.

En cuanto a la palabra, definida como "voz compuesta significativa, de cuyas partes algunas significan por sí, más no siempre con tiempo, porque no toda palabra se compone de nombres y verbos", se trata en realidad de una definición sintagmática, que corresponde a una extensión amplia entre la unidad léxica y la unidad sintáctica.

Volver al inicio de Gramática española

Desarrollo de los modelos y categorías gramaticales

Nombre, verbo y palabra de enlace o conjunción (syndesmoi) son las categorías que parecen más claras en Aristóteles. Las cuatro partes, con el artículo, no aparecerán con claridad hasta los estoicos. A la generación anterior a su fundador pertenece Epicuro (341-270 a.C.), interesado en la discusión sobre el origen del lenguaje.

El movimiento estoico corresponde a la época política postalejandrina. Su fundador, Zenón de Citio, era de origen semítico, fenicio y bilingüe. Autores como Robins han señalado el interés que este bilingüismo, con una lengua no indoeuropea, por otra parte, pudiera tener y su influencia en el desarrollo de su gramática. Desgraciadamente, los testimonios que tenemos de los estoicos son posteriores e indirectos, a través de la obra de Diógenes Laercio, De vitis philosophorum.

Con todo, sabemos que su especulación etimológica los lleva al origen natural del lenguaje, aunque son anomalistas para explicar la relación entre palabra o expresión lingüística y cosa u objeto en las lenguas humanas que conocen. El movimiento estoico, como las otras escuelas griegas posteriores, repercutirá además en la gramática latina.

Si repasamos brevemente sus aportaciones, vemos enseguida que son mucho más concretas que las de Aristóteles. Restringen la flexión a los cinco casos del nombre, frente a la pluralidad de mutaciones que señalábamos en Aristóteles, por ejemplo, y se ocupan de las clases de verbos y sus accidentes, especialmente la voz, a la que se dedicaron Diógenes Babilonio y Crisipo (II a.C.). En el siglo I a.C., Antípater de Tarso añadió la voz media.

Con ellos quedan configuradas, por tanto, las categorías morfológicas, de un lado, y las partes de la oración, de otro. A las primeras, para el sustantivo, corresponden número, género, caso, mientras que en las segundas tenemos el nombre, que es el nombre propio, para expresión de la cualidad individual, "ser Sócrates", el apelativo, para expresar la cualidad general, "ser un caballo", el verbo, la conjunción y el artículo, categoría a la que corresponden el artículo determinante del griego así como los personales y los posesivos.

Lo que se va desarrollando, en consecuencia, es un modelo de análisis del lenguaje, más interpretativo que creativo. Este aspecto se completa en la parte especulativa con el desarrollo de las intuiciones aristotélicas en una primera posible teoría del signo, en la que por un lado se distingue el objeto y por otra el designador y lo designado, como significante-significado.

Así se transmite esta diferencia ya en la obra de un pensador escéptico, Sexto Empírico, Adversus mathematicos, quien nos transmite los puntos de vista de los estoicos para discutir sobre ellos.

El desarrollo del pensamiento de Aristóteles corresponde sin embargo más a otra escuela, la de los neoplatónicos, uno de cuyos representantes más ilustres, Porfirio, compuso uno de los libros más influyentes en ciertas corrientes de pensamiento medieval, la Eisagoge (introducción) a la teoría de las categorías de Aristóteles. Este libro, difundido gracias al comentario medieval de Boecio, es la base de la disputa de los universales.

Paralelamente al desarrollo del movimiento estoico y el neoplatónico va evolucionando el movimiento helenístico. Sus dos escuelas principales, la de Alejandría y la de Pérgamo, difieren en que los primeros son analogistas, consideran esencial la regularidad del lenguaje humano, mientras que los segundos son anomalistas, más preocupados por la irregularidad.

Téngase en cuenta que los filólogos, en la crítica textual, se enfrentaban con una gran variedad de formas, en principio merecedoras de atención y crítica, por formar parte de la tradición. Ante ellas no cabía propiamente el modelo  normativo, sino que era necesario realizar una previa labor de recogida y clasificación.

Se origina así el modelo descriptivo, que tan extraordinaria importancia tendrá en la evolución de la gramática y cuya validez todavía hoy es indiscutible.

Aunque parece ser que los principios de esta escuela estaban ya establecidos en la obra de Aristarco de Samotracia, la Gramática de Dionisio el Tracio, donde ya aparece el título de Têchne ("arte" en la versión latina, pero claro antecedente de "técnica"), es la primera gran obra específica y explícitamente gramatical, al menos que conozcamos. 

Encontramos en esta obra seis apartados básicos, que corresponden a la lectura con pronunciación  correcta, la explicación de giros, la transmisión de glosas y ejemplos mitológicos, la etimología, la  analogía y el examen crítico de los poemas. Se presenta lo gramatical, pues, en relación con la crítica textual, o sea, lo filológico, dentro de una preocupación por la corrección que nos sitúa en los primeros  desarrollos completos del modelo prescriptivo o normativo.

Las partes de la oración son ya ocho: a las cuatro que conocemos —nombre, verbo, palabras de enlace y artículo— se añaden adverbio (epírrêma), preposición (próthesis), participio (metochê) y pronombre (antinymía). En lo que se refiere al artículo, ya desde los estoicos se encuentra la distinción entre definidos (risména) e indefinidos (aoristides). Entre los primeros se incluyen los personales, entre los segundos los relativos.

El concepto de adverbio parece en principio una de las adiciones más interesantes; pero se queda en un cajón de sastre, por la excesiva amplitud de su definición: "adición al predicado".

Tampoco queda muy clara la distinción entre preposición y relacionantes, que se interfieren  continuamente. Gramáticos alejandrinos posteriores, como Apolonio Díscolo (s. II d.C.), en su  Sintaxis, llegarán a establecer diecinueve tipos de relacionantes.

El concepto de pronombre, por su parte, surge confundido con el de artículo, originariamente. Se  distinguen los deícticos y los anafóricos. También se tenía en cuenta una forma que no se consideraba parte de la oración, la interjección, a la que llamaban álogoi 'excluida del discurso', si bien algunas de ellas, en la obra de Dionisio, figuraban entre los adverbios.

 Dionisio el Tracio y Apolonio, cuya obra fue continuada por su hijo Herodiano, influyeron  directamente en la gramática latina. A partir de este momento nos movemos ya en una continuidad de  tratadistas y de influencias.

Habrán de pasar muchos siglos para que los tres modelos se alteren, y la gramática sea mayoritariamente especulativa o normativa; pero no faltarán muestras interesantes del  modelo descriptivo. Será necesario esperar al siglo XIX, con antecedentes en el XVIII, para la incorporación del modelo comparativo y el tipológico tras él, sin que ninguno de los que desarrollaron los griegos desaparezca.

Volver al inicio de Gramática española

La continuación de la gramática griega en Roma y su desarrollo

El tratado De lingua latina de Varrón (116-27 a.C.), la primera muestra de la gramática latina, recoge influencias helenísticas, aunque no el influjo, al menos destacable, de su casi coetáneo Dionisio el Tracio. Para encontrar una versión completa adaptada al latín de la obra de éste habrá que esperar al siglo I d.C., con la obra también perdida, pero conocida, de Remmio Palemón. 

De los veinticinco libros del tratado de Varrón se nos conservan seis (5-10), suficientes para hacer lamentar la pérdida de los restantes, no sólo por su relativa, aunque interesante, originalidad, sino por las muchas noticias de otros gramáticos que, gracias a él, se nos conservan. Sabemos que dividió su obra en Etimología, Analogía y Sintaxis, aunque la última no se nos ha conservado.

En lo que concierne a las partes de la oración, Varrón muestra su originalidad. Las divide,  con un criterio morfológico que el lingüista danés Jespersen, muchos siglos después, encontrará  ingenioso, en cuatro grupos, según la inflexión de caso y tiempo:

a) Palabras con caso (nombres), categoría a la que corresponden el sustantivo, el pronombre y el adjetivo.

b) Palabras con tiempo (verbos).

c) Palabras con caso y tiempo (participios).

d) Palabras sin caso ni tiempo (adverbios y partículas). 

Esta originalidad se extiende también a la terminología. Así, por ejemplo, para resolver la incomodidad  del uso polisémico de verbum, que en latín significa tanto 'palabra' como 'verbo', acuñará  el término verbum temporale, que hará fortuna, como muestra el alemán Zeitwort,  que es su transposición exacta.

Aunque los retóricos, como Quintiliano (I d.C.) y los padres de la Iglesia, posteriormente (como San Gregorio Niceno o San Agustín), se ocupan de cuestiones gramaticales, su importancia en este terreno es mucho menor que la de las dos grandes figuras que constituyen la transición de la Edad Antigua a la Media, Ælio Donato (IV d.C.) y el bizantino Prisciano (VI d.C.), en los que se realiza también la síntesis de la gramática greco-latina.

La Ars Grammatica de Donato se convirtió en el manual elemental durante los siglos en los que —no lo olvidemos— aprender a leer era aprender a leer en latín y por tanto, cuando éste ya no era la lengua hablada, significaba "aprender latín". Cuando se habla del Donato se quiere significar, generalmente, la versión abreviada, la Ars minor, donde se ocupa de las ocho partes de la oración, con sus paradigmas, en forma de preguntas y respuestas, frente a la Ars maior o versión completa, menos reproducida.

La primera parte se dedica a vox, littera, syllaba, pedes, toni, posituræ, es decir, a la noción de palabra y las bases prosódicas necesarias para la métrica.

En la segunda se tratan las clases de palabras (nombre, pronombre, verbo, adverbio, participio, conjunción, preposición, interjección); pero se suprimen los paradigmas y se amplía la discusión de problemas teóricos, bien sobre clasificaciones, o sobre cuestiones formales, como los comparativos  irregulares.

La tercera parte es una retórica y se dedica a barbarismos y solecismos, así como a tropos y otras figuras. Como incluye citas para ejemplificar cada punto estudiado se convirtió en un resumen de autoridades.

El gran modelo, a partir del siglo VI y hasta las Institutiones Latinæ de Elio Antonio de Nebrija (nótese el nombre latino inicial igual a Donato), serían las Institutiones rerum grammaticarum de Prisciano, cuyos dieciséis primeros libros forman el Priscianus maior y los dos últimos, dedicados a la constructio, se llaman Priscianus minor y se reprodujeron con frecuencia independientemente, como tratados de Sintaxis.

Inicialmente tuvo más relevancia otra obra, la Institutio de nomine et pronomine et verbo, porque, entre otros méritos, clasifica con claridad las declinaciones, abandonando el complejo y oscuro sistema de géneros de Donato.

Volver al inicio de Gramática española

LA GRAMÁTICA MEDIEVAL

Para establecer unas líneas básicas de la gramática medieval es preciso tener en cuenta que muchas de las preocupaciones lingüísticas de la época son comunes a cristianos, musulmanes y judíos, aunque, en el caso de los primeros, irán tomando una dimensión propia, que conduce a la gramática humanística y al Renacimiento. De los tres aspectos que resumen, a continuación, la evolución general, sólo el tercero es específico de las sociedades cristianas.

· La Gramática todavía sigue siendo "arte" en ese sentido de "técnica" que domina todavía la semántica de esta palabra. Por ello, es una época de producción de gramáticas siguiendo las líneas generales perfectamente establecidas por el modelo grecolatino.

· El desarrollo de la Filosofía y, sobre todo, de la Teología, propicia una serie de discusiones sobre el  signo y la relación entre expresión y contenido, caracterizadas por la preocupación por los "modos de significar". Esta corriente constituye una línea teórica especulativa, con originalidad en muchos aspectos.

· El desarrollo de las lenguas vernáculas, con la fragmentación del latín en las lenguas románicas, por  un lado, y la alfabetización de las lenguas germánicas, celtas, bálticas y eslavas, por otro, provoca una actuación que podemos considerar dentro del ámbito de la planificación lingüística en el apartado de la "reforma" de las lenguas.

Recordemos que el estudio de la gramática era el estudio del latín según el modelo de los clásicos: "latín clásico" y "gramática" eran todavía sinónimos para Dante. Esta gramática se estudia además con las de los autores latinos, como Ælio Donato y Prisciano, además de las que se van escribiendo nuevas.

Los gramáticos medievales utilizan su ciencia en función de la Lógica y esta última como fundamento de su Metafísica, encaminada a su vez hacia la Teología. Gramática, Lógica o Dialéctica y Retórica constituyen, en la organización cristiana de la enseñanza, el Triuium, primer grado de la enseñanza.

Esta ciencia gramatical, que para griegos y romanos había sido una arte humanística, pasa a convertirse en fundamento de la Teología, en un mundo cuyo esquema de conocimiento enciclopédico coloca a Dios en el inicio de todo, hasta de los diccionarios: las verdades gramaticales se pondrán en relación con los misterios teológicos y se llegará a parangonar las tres personas del verbo con las Tres Divinas Personas, en un ms. anónimo del s. IX, o a hablar de las ocho partes de la oración en relación probablemente con las ocho órdenes (ostiario, lector, exorcista, acólito, subdiácono, diácono, presbítero, obispo) en la obra del abad de Verdún Esmaragdo (805-824), aunque el mismo autor no se muestra totalmente convencido y se remite al carácter sagrado del número 8 en los libros sagrados.

En relación con la Etimología, tal vez el punto que menos nos dice hoy, se debe señalar, para los primeros siglos sobre todo, la presencia de una gramática medieval de abolengo latino, frecuentemente versificada, junto a la corriente lógico-dialéctica. Así lo testimonian la obra de Remigio de Auxerre, en el siglo X o, en el XII, el Doctrinale, gramática rimada de Alexander de Villa Dei, o Villedieu, y el Graecismus de Eberardo de Béthune, también en verso, que llegó hasta el siglo XV y fue estudiado por el Erasmo joven de Davenrer.

Hasta el Doctrinale, en lo que respecta a la división de la Gramática (también en el Imperio Bizantino), seguía en vigor la distinción de Prosodia, Etimología, Analogía y Sintaxis, establecida en el siglo II a.C. en la Gramática de Dionisio de Tracia. Con la sustitución de la Etimología por la Ortografía y la consideración crecientemente morfológica de la Analogía, dicha división ha llegado hasta el siglo XX.

La obra de Alexander de Villa Dei (1199) supone ya un cambio en este sentido, con su división en Orthographia, Etymologia, Dyasistastica y Prosodia, en la cual la Etymologia era el estudio formal de las partes de la oración, la flexión y la formación de palabras, mientras que la Dyasintastica era una protosintaxis, es decir, un análisis sintagmático o del discurso, en el que se incluían las partes de la oración en conjunto.

Todas estas gramáticas se hacen acreedoras de un reproche común, el de que el estudio del uso, entendido como uso correcto, predomina sobre la concepción especulativa y la investigación, ante todo, de las causas: lo normativo se impone a lo especulativo y etiológico.

El valor antiguo de la etimología se ejemplifica en la magna obra del hispanogodo Isidoro de Sevilla (m. 636 y santo de la Iglesia cristiana), conocida como Isidori Hispalensis episcopi etymologiarum siue originum libri XX, ampliamente difundida a partir del año 636.

Todavía es estudio del origen de las palabras, vinculado al del origen del lenguaje, antes de pasar a estudio morfológico, de las formas de las palabras, en las gramáticas relacionadas con la filosofía escolástica.

La etimología así concebida, de escaso o nulo valor científico, según nuestros conocimientos, sirve para transmitirnos un mundo cultural, el de la lejana Edad Media, y sirvió también para hacer llegar a su época parte, inevitablemente deturpada, de la cultura clásica. Además, las Etimologías son aún buena muestra de la interpretación del origen del lenguaje por razones naturales, no convencionales y de la tendencia analogista en la formación de las palabras, revitalizada por el neoplatonismo agustiniano, pues buscan algún tipo de motivación en la relación nombre-cosa. Veamos una, a partir de la relación de la lechuga con la leche, llamada por la semejanza formal:

17.10.11. lactura dicta est quod abundantia lactis exuberet, seu quia lacte nutrientes feminas implet ... lactuca agrestis est quam sarraliam nominamus, quod dorsus eius in modum serrae est.

("se llama lechuga porque está colmada por la abundancia de leche, o porque llena de leche a las nodrizas ... la lechuga silvestre es la que denominamos sarraja, porque su dorso tiene forma de  sierra".)

El libro primero contiene un sumario de gramática latina, muy breve y dedicado sobre todo a la discusión de problemas terminológicos. Su brevedad y la rapidez con la que circuló convirtieron este compendio en una obra sumamente citada, junto con las Artes de Donato y la Institutio de nomine de Prisciano.

Las Etimologías son también, en buena medida, ejemplo de glosario. Los glosarios son las manifestaciones lexicográficas características del mundo latino medieval y tienen, incluso, importancia notable en la Península Ibérica.

Quintiliano había definido las glosas como "interpretaciones de una expresión algo enrevesada", y  también "explicación de voces poco usadas". Se trata de una labor de filólogo, por tanto, y corresponde a esa continuidad de la corriente de depuración de textos, comprensión y fijación de modelos con los que incrementar las autoridades del idioma.

La nómina de glosadores es amplia y va de Elio Estilón, Ateyo Filólogo y Varrón a Verrio Flaco, en el siglo I d.C. y Nonio Marcelo para alcanzar una cima sobresaliente en los siglos IV-VI con las glosas de Plácido Gramático o los Synonima Ciceronis, cuya influencia en San Isidoro está bien comprobada.

Después de la obra isidoriana, en el sur de Francia o norte de Italia, en el siglo VIII, probablemente, se compiló el Liber Glossarum o Glosario de Ansileubo. Este libro refleja la huella de San Isidoro e incluso permite rastrear la existencia de obras isidorianas perdidas, como un Liber Artium, Safficum o Saffica, cuyas referencias lo acercan a las Etimologías, y un libro sin nombre del que se rastrean huellas en otras gramáticas medievales.

También debemos citar la obra de Paulo Diácono, autor del siglo VIII perteneciente al monasterio de Monte Cassino y, en el siglo XI, el Elementarium del erudito lombardo Papías, para llegar, en 1286, al Catholicon de Johannes Balbi de Janua (genovés).

En la Península Ibérica son célebres las Glosas Emilianenses y las Glosas Silenses, compiladas respectivamente en los monasterios riojano-burgaleses de San Millán y Santo Domingo de Silos, cuya fecha se discute entre los siglos X y XI.

Estas glosas no son sólo latinas, sino romances, del incipiente castellano e incluso vascas. Más abundantes son las glosas latinas conservadas, como los glosarios editados por Américo Castro (1936). Lugar destacadísimo ocupan los glosarios latino arábigos, como el Latino-Arabicum de Leiden, el Vocabulista atribuido a Ramón Martí y la culminación romance de todos ellos, en la obra de Pedro de Alcalá, Arte para ligeramente saber la lengua aráuiga o Vocabulista aráuigo (1505).

Volver al inicio de Gramática española

El modelo árabe y el grecolatino en la Edad Media

La transición de la Edad Antigua a la Media no podría estar completa sin referirnos a un modelo  lingüístico que convivió con el grecolatino durante estos siglos y que, en buena medida, es una variante de éste, aunque con diferencias debidas a haber bebido en fuentes a veces desconocidas de Occidente y aplicarse a una lengua no indoeuropea que convive con otra indoeuropea que le proporciona buen número de tratadistas. Nos referimos, como es fácil adivinar, al árabe y al persa, respectivamente.

Volver al inicio de Gramática española

Gramática, texto y diccionario en el mundo islámico 

Un dicho árabe tardío, que adaptamos ligeramente, dice lo que sigue: "La Sabiduría brilla en el cerebro de los europeos, las manos de los chinos y la lengua de los árabes".  El foco del Islam es un libro, el Alcorán, o sea, 'la lectura', es lo que Dios, por medio de Gabriel, lee al Profeta Muhammad de la madre del Libro, es decir, del arquetipo celestial, que fue dictado, según los musulmanes, palabra por palabra. Así se dice taxativamente:

Él se encuentra en la Madre del Libro, cerca de Nos, es sublime, sabio (43: 3/4)

El término árabe correspondiente a nuestra ciencia es Qilm; pero Qilm sólo  significa 'conocimiento' o 'aprendizaje'. El verbo Qalama significa 'saber, conocer'. La Lingüística sería así Qilm al-luga 'conocimiento de la lengua'; pero este término designa, sobre todo, a la Lexicografía, mientras que la Filología es fiqh al-luga, 'inteligencia de la lengua'.

La preocupación por el idioma está unida, en los árabes, tradicionalmente, a dos cuestiones: la lectura correcta del Alcorán y la interpretación de la poesía, especialmente las casidas, que iluminan los "tiempos de ignorancia", o sea, la poesía preislámica, de extraordinario interés e influjo básico en toda su literatura.

Volver al inicio de Gramática española

Problemas comunes a las tres religiones: los universales

La gramática medieval, tanto del mundo cristiano como del judío o el islámico, está inmersa en la gran discusión filosófica de la época, la de los universales, entre los dos realismos (extremo y moderado) y el nominalismo, problema planteado en el comentario de Boecio al neoplatónico Porfirio y que se tiende a ver en Lingüística de una manera excesivamente simplificada, diciendo que los realistas creen que las palabras son el reflejo de las Ideas o que, para los nominalistas, los nombres se han dado arbitrariamente a las cosas.

El planteamiento de Porfirio (h.233-305 d.C.), según la Introducción a la Teoría de las  Categorías de Aristóteles, I, citada según la versión de Patricio de Azcárate, en el primer tomo de las Obras de Aristóteles, es el siguiente:

"Por lo pronto, en lo que respecta a los géneros y a las especies, no me meteré a indagar si existen en sí mismos, o si sólo existen como puras nociones del espíritu: y, admitiendo que existen por sí mismos, si son corporales o incorporales; y, en fin, si están separados, o si sólo existen en las cosas sensibles de que se componen".

Si se postula una congruencia entre la palabra y la cosa, partiendo de que la idea se hace palabra, se llega a un triángulo de motivación en el que la palabra da existencia al concepto. Este es el planteamiento básico del realismo.

Los nominalistas, en cambio, con Guillermo de Ockham (1270-1347) a la cabeza, defenderán que el conocimiento experimental es la base de la categorización y, en consecuencia, de la ciencia: sólo existen las cosas, los conceptos son productos de la mente; los términos del lenguaje humano no tienen valor fuera del mismo, son sólo términos generales o universales que usan los hablantes.

La línea convencionalista, generalmente también anomalista, podía contar con la nueva filosofía de Tomás de Aquino (1221-1274), en lo que concierne a las relaciones entre la palabra y la significación con el objeto, aunque ello no impidiera el surgimiento de matices heréticos que obligaron al Venerabilis Inceptor, como se conoce a Ockham, a escapar de la sede papal de Aviñón (estamos en pleno Cisma de Occidente), huyendo de Juan XXII, para refugiarse en Múnich, en 1329, en la corte de Luis de Baviera.

De manera esquemática, se han reducido a tres las soluciones del problema de los universales; dos de ellas son mejor recibidas por los gramáticos, desde el punto de vista de su actividad. El realismo extremo cree que los términos del lenguaje humano corresponden a universales reales, diferentes de los particulares.

Así, para una cierta corriente de interpretación del mundo cultural islámico, existe realmente un arquetipo celestial alcoránico, la "Madre del Libro", y existe también, por ello, una forma perfecta de la lengua árabe, que es la que se encuentra en el Alcorán.

En un mundo en el que la  controversia religiosa era básicamente entre el Islam y el Cristianismo, nada tiene de extraño que se quisiera responder con el texto bíblico y se defendiera una interpretación literal, aunque no sea ésta la única causa.

Nos parece más interesante y gramaticalmente productiva la tesis del realismo moderado, según el cual los términos del lenguaje existen como propiedades o caracteres de los particulares: la Belleza se da en los objetos bellos y a través de ellos tiene existencia, no en sí.

Su repercusión retórica, por ejemplo en la adjetivación, lleva a la especialización de la categoría del epíteto, como adjetivo que expresa la propiedad esencial en un sustantivo. El nominalismo, como hemos indicado, separa la realidad de las denominaciones de los objetos: poder dar un nombre no implica realidad, salvo en el interior del lenguaje.

Con estas definiciones tan simples es difícil precisar los autores que pertenecen a las distintas tendencias, si bien parece aceptable considerar a Duns Scoto (h. 1274-1308) en el realismo moderado que tiende hacia el realismo extremo, pero sin entrar en él; mientras que Santo Tomás estaría en el realismo moderado que tiende hacia el nominalismo.

Los realistas, por su creencia, en distintos  grados, de que las ideas tienen una cierta existencia real, al menos, son también llamados "idealistas", concepto aplicado especialmente en Literatura.

La idea de una grammatica universalis, vinculada a un planteamiento científico y racionalista, se conecta con el interés por las reglas y propiedades generales y debe buena parte de su contenido a los tratadistas musulmanes. Tomás de Erfurt cita al Commentator, es decir, a Averroes, Ibn Ruxd, y precisaba que "los nominalistas del siglo XIV renovaron muchas de las doctrinas de los filósofos árabes, como la teoría de los tres estados de Avicena, según la cual los universales son un producto del entendimiento, pues únicamente existen en los individuos".

La universalidad de la gramática ha de establecerse mediante principios generales. A mediados de ese siglo, Robertus Kilwardby afirmaba que "los modos de pronunciar sustanciales de los elementos y de manera similar los modos de significar y cosignificar generales".

La preocupación por la significación y la cosignificación, las referencias al objeto y al concepto, dentro de cada corriente, es algo común a los modalistas o modistas y a los nominalistas; pero la aportación de estos últimos es importante, al aparecer en ellos precedentes de la Semántica, como la interpretación significativa del concepto.

No obstante, la aparición de estos valores semánticos, más o menos diferenciados, destacables porque la Semántica, como tal ciencia, no recibe un nombre y unos límites hasta fines del XIX, no está vinculada sólo al nominalismo. Los nominalistas, sin embargo, dan al concepto de suposición una interpretación y un desarrollo dentro de su doctrina. La suposición es un concepto fundamental; pero no es exclusivo de los nominalistas.

Para el desarrollo de la Gramática era necesario separarla de la Lógica. Este proceso se inicia en el siglo XII con Hugo de San Víctor y se consolida en el XIII con los modistas o modalistas: se distingue un sermo congruus, objeto de estudio gramatical, de un sermo uerus, objeto de la Lógica.

Lo que sea propiamente gramatical aparece ya en el gramático danés Boecius Dacus, profesor de la Sorbona en la década de 1270, en quien encontramos ya la posibilidad de distinguir el significado léxico del gramatical, cuya combinación dentro de una palabra "es una capacidad inherente y creadora del lenguaje". 

La teoría de la suposición

Desde el punto de vista semántico, sin limitarnos a los modalistas, se puede llegar a decir que lo especialmente interesante de los estudios de gramática en la Edad Media es la teoría de la suposición.

En Petrus Hispanus, un gramático del siglo XIII que llegó a ser Juan XXI, se encuentra ya la distinción entre la significatio y la suppositio. La primera es la relación entre el signo o palabra y lo que significa, mientras que la suppositio es la aceptación de un concepto en lugar de un objeto o clase, por la relación significativa, o sea, como elemento del contenido.

La significatio es anterior a la suppositio o, lo que es lo mismo, la segunda presupone la primera. La suppositio puede ser formal, cuando tomamos la palabra por el término referido:

Juan es mi vecino

donde Juan se refiere a un objeto concreto, 'Juan', del que predico la vecindad. Puede ser también material, cuando tomamos la palabra por sí misma, convirtiéndola entonces en referido, dentro del metalenguaje utilizado, o sea, hablando de la lengua mediante la propia lengua, por ejemplo: 

"Juan" es un nombre propio

donde "Juan" se refiere a un elemento lingüístico, no a un objeto concreto.

 Nótese la innovación que suponen dos aspectos de la teoría: la distinción entre materia y forma y la diferencia entre lo que hoy designamos como lengua y metalengua. 

El concepto de suposición adquiere importancia capital en el nominalismo de Guillermo de Ockham, en el cual, frente a los tratadistas anteriores, como Guillermo de Shyreswood y Petrus Hispanus, quienes consideraban la suposición como "propiedad de los términos y de los términos arbitrarios, y de éstos en una situación extraproposicional o, al menos, proposicional", Ockham defiende la suposición de modo exclusivamente proposicional al afirmar que "es propiedad que conviene al término [también y sobre todo al mental] pero nunca salvo en la proposición".

El significado, por tanto, no se considera aisladamente, sino que se habla del valor contextual que puede adquirir el empleo de un término, con su relación significativa, dentro de una oración. El arte de la lengua se convierte en puerta de las ciencias, afirmación que llegará a ser generalmente admitida en el humanismo y que encontraremos mucho más tarde formulada en autores como Cervantes.

La doble división de la suposición, formal y material que dimos anteriormente, se complica, en su inicio, en una división triple: material, personal y simple.

En la suposición material, como acabamos de ver, se emplea un signo lingüístico en lugar de otro signo lingüístico, pero no conceptual, sino arbitrario, es decir, sin referencia a un objeto exterior a la lengua. Se trata de la significación metalingüística de un signo, como en homo est nomen, que es, en realidad "homo" est nomen.

La suposición personal o lógica "es la plena actuación proposicional de la significación de un signo lingüístico, en cuanto que éste ocupa en la proposición el lugar de los existentes como "cosas en sí". Puesto que Ockham rechaza el concepto de "naturaleza", la referencia del signo homo en

omnis homo est animal

se hace a algo común a ellos, a una "naturaleza humana", no a "ellos-en-sí". Cada uno de los hombres y todos ellos conjuntamente admiten la predicación animal.

La suposición simple se da cuando el signo lingüístico reemplaza a otro signo lingüístico, sin posibilidad de que sea a la cosa, sino a la clase, es decir, a un signo lingüístico conceptual, como en

homo est species

donde no se puede predicar de algún hombre que sea especie, sino sólo de la totalidad, que es la que constituye una especie, la humana.

Lo mismo cuando decimos
Colón introdujo el caballo en América
donde es imposible tomar caballo para decir algo como:
Me gustaría montar el caballo que introdujo Colón en América
ya que, en el primer ejemplo, se habla de la clase y en el segundo de un individuo de la misma.
Kukenheim habla también de una suppositio singularis:
homo mihi taedium est
que supone la existencia de un hombre que me fastidia, y de una suppositio distributiva:  
homo terram habitat
con lo cual no se agota la taxonomía.  

La planificación de las nuevas lenguas  

El mundo latino se fragmentó política y lingüísticamente, al mismo tiempo que la cultura clásica llegó a tierras muy distantes de la influencia de Roma y hablantes de lenguas muy dispersas. La conciencia de la diferencia y de las posibilidades de representación es a veces sorprendente, como en el caso del anónimo islandés del siglo XII que emprendió una reforma del alfabeto, extremadamente minuciosa, con el objeto de representar adecuadamente el islandés.

Más cerca de nosotros, la Castilla medieval, donde en el siglo XIII especialmente se produce el gran movimiento científico y cultural de trasvase de la cultura árabe sobre todo al castellano, en vez de al latín, nos permite observar, en la figura de Alfonso X el Sabio, un proceso de reforma y modernización de la lengua.  

Todo ello no surgió de la nada; al contrario, el rey actuó dentro de una tradición que le ofrecía ya una serie de textos, especialmente traducciones, en alguno de los cuales había tenido parte decidida con anterioridad a 1252, cuando aún era infante.

Se habla también mucho de la labor alfonsí sobre el romance y con ello se da la falsa impresión de que su actitud fue negativa hacia el latín, lo cual es inexacto. No cabe duda de que, al impulsar las traducciones del árabe hacia el castellano y no hacia el latín, se convirtió en el motor de un cambio sustancial, que no culminaría hasta el siglo XVIII, por lo menos; pero, simultáneamente, sabemos cómo, preocupado por la degradación del latín, también se ocupó activamente de esta lengua.

Toledo, desde su reconquista por Alfonso VI en 1085, se había convertido en un destacado centro cultural. Allí pudo el Rey Sabio perfeccionar el sistema de estudio, traducción y trabajo, creando una auténtica escuela, a la que se debe una de las contribuciones más importantes de España a la cultura de Occidente, una vez más sirviendo a su función específica de enlace entre Oriente y Europa.

Su actitud, así como la de sus colaboradores, se plasma en textos como el de la General Estoria que citamos:

"El Rey faze un libro, non porquel escriua con sus manos, mas porque compone las razones del, e las enmienda e yegua [iguala] e enderça [endereza], e muestra la manera de como se deuen fazer, e desi [según esta manera] escriuelas qui el manda: pero [sin embargo] dezimos por esta razon que el faze el libro".

 Las traducciones eran imprescindibles entonces como hoy y más si se tiene en cuenta que el concepto de originalidad medieval, muy distinto del nuestro, había de incluir el obligado tratamiento de los temas de los grandes autores, el respeto a las fuentes, para permitir el escaso margen entre la abreviación y la amplificación.

Por eso es muy importante saber cómo trabajaba el taller alfonsí y quiénes eran los encargados de las distintas misiones, mencionados con frecuencia en los prólogos, cuya lectura nos transmite una sorprendente idea de equipo. Bastarán como ejemplo los ordenamientos que preceden al prólogo de los IV Libros de las Estrellas de la Ochava Esfera:

"En nombre de Dios amen. Este es el libro de las figuras de las estrellas fixas que son en ell ochavo cielo, que mando trasladar de caldeo e de arabigo en lenguage castellano el Rey D. Alfonso, ...; et trasladolo por su mandado Yhuda el Coheneso, su alfaquin, et Guillen Arremon d'Aspa, so clerigo".

"Et despues lo endreço [corrigió] et lo mando conponer este rey sobredicho, et tollo [quitó] las razones [expresiones] que entendio eran sobejanas [sobradas] et dobladas et que non eran en castellano drecho et puso las otras que entendio que cunplian; et quanto en el lenguage, endreçolo el por sise [por sí mismo].

"Et en los otros saberes hobo por ayuntadores a maestre Joan de Mesina et a maestre Joan de Cremona et a Yhuda el sobredicho et a Samuel".

El texto citado y lo que sabemos del proceso nos permite recomponerlo del modo siguiente: dos trasladadores hicieron una primera traducción, en 1256; el rey, luego, mandó componerlo e intervino junto con los enmendadores y, finalmente intervinieron los ayuntadores, de modo que se terminó el libro en 1276, veinte años después.

La intervención del rey, por su parte, tiene dos aspectos: hacer que el texto fuera inteligible, eliminando el sobrante, es decir, una labor de tipo filológico, de corrección textual y enmienda, y hacer un texto correcto, en el sentido normativo, para lo cual tenía que fijar una norma, la que se ha llamado alfonsí, que perduró hasta fines del siglo XV y, en muchos aspectos, hasta la reforma académica de principios del siglo XVIII, reforzada por los gramáticos clásicos.

Los historiadores del XVI y sus continuadores han querido plasmar esa diferenciación de normas en la forma de un decreto en el que el todavía infante habría dispuesto que los documentos públicos de los notarios reales se escribieran en castellano y no en latín.

Las investigaciones de F. González Ollé en 1978 nos permiten considerar estas afirmaciones como legendarias: ahora bien, la ausencia de una disposición legal concreta no es óbice para que interpretemos en este sentido toda la actividad lingüística del rey, para quien la lengua de su reino, en todas las esferas, era el castellano, aunque escribiera en gallego su propia producción poética.

Las reformas del castellano emprendidas por el rey afectan a la ortografía, la morfología, la sintaxis y el léxico.

El sistema gráfico, que atiende a las diferencias entre significados que se expresan mediante variantes gráficas en la lengua medieval, como dezir "decir" y deçir "bajar", con un criterio de tipo fonemático, en suma, fue mantenido, con raras excepciones, por los gramáticos clásicos, como servidumbre a la ortografía establecida, aunque las grafías ya no tuvieran valor distintivo (como se ve en el ejemplo citado).

En el aspecto morfológico las preferencias apuntadas (conjugación palatal en -IR con predominio sobre -ER, tendencia a la distinción entre "persona" y "no persona" en el sistema pronominal, en lucha con la etimología), configurarán una lengua coherente.

Esta coherencia se notará también en el aspecto sintáctico, donde la influencia de la prosa árabe no rompe una estractura sintáctica románica, sino que refuerza en ocasiones tendencias que en latín no se reflejaban generalmente en la prosa culta, como la tendencia a la colocación del verbo en posición inicial, o la redundancia pronominal, especialmente del objeto indirecto y en las construcciones de relativo, ligadas a la necesidad de crear una prosa científica, con unos esquemas retóricos diferentes de la poesía, con soluciones capaces de perdurar durante siglos.

En el aspecto léxico, por su parte, el interés de la escuela alfonsí, en la que el rey tenía ese destacado papel, refleja una doble actitud, la de recepción y creación. No sólo se crea introduciendo un nuevo léxico técnico y científico a partir del latín (además de lo que se recibe directamente, sobre todo del árabe), sino que se busca una cuidadosa distribución en campos conceptuales, donde se desarrollan escalas completas: ninnez, moçedat, mançebia, omne con seso, veiedat, fallescimiento, decrepitud.

Es como si, al igual que las letras de su nombre, del alfa a la omega, el rey hubiera querido abarcar del principio al fin. Esta ambición, lejana en nuestro tiempo de especialización, es muy propia de la mentalidad medieval y proseguirá durante la época siguiente, época dorada en muchas culturas europeas, empezando por la española.

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA HUMANÍSTICA

& Con todas las novedades que el humanismo, el renacimiento y el barroco trajeron al mundo cultural latino-germánico, no hay, en esta primera etapa, una alteración sustancial del modelo de gramática, con una excepción, precisamente española, aunque de mayor influencia fuera de nuestras fronteras, constituida por la figura de Sanctius, "el Brocense".

La aportación del humanismo, en el terreno gramatical, fue la extensión de la construcción de gramáticas a las lenguas vulgares. Con el mundo nuevo descubierto, esta ampliación fue mucho mayor de lo originariamente previsible. El esquema, sin embargo, comparado con la estructura de las gramáticas medievales (véase más arriba), poco varía.

Dado que, hasta la segunda mitad del siglo XVII, la lengua española ocupa un lugar de privilegio, tanto en los tratados escritos para el conocimiento de ella como en los dedicados a la enseñanza a extranjeros, hemos decidido convertirla en una muestra de lo que sucedía, en general, en la Europa de aquel tiempo y en un espejo reflector del mundo que la circundaba.

A menudo se repite que los gramáticos renacentistas hacen las gramáticas vulgares calcando los moldes latinos. Esto es cierto sólo en parte, puesto que veremos la aparición de innovaciones en un sentido o en otro.

Lo que es cierto y conviene no olvidar es que la tradición gramatical es una de las más persistentes y una de las que más favorece, con citas y glosas, la persistencia de los argumentos de autoridad.

Nebrija

En nuestra selección de gramáticos españoles de la primera época de los siglos de oro (fines del XV y principios del XVI) corresponde el primer lugar a Elio Antonio de Nebrija o Lebrixa, tanto por sus Introductiones Latinae (1480) como por su Gramática Castellana (1492) o sus Diccionario latino-español (1492) o el Vocabulario de romance en latín (1495?).

Nebrija, entre las dos divisiones medievales de la Gramática, se inclina por la de Analogía, Sintaxis, Prosodia y Ortografía. En cuanto a las partes de la oración, en las Introductiones mantiene las ocho latinas tradicionales, aunque en las glosas añade dos: gerundia y supina. En la Gramática, en cambio, en lugar de las ocho latinas distingue diez, a las que llega tras agrupar en una adverbio e interjección, añadir gerundio y artículo y desdoblar el participio pasivo en dos: participio variable y nombre participial infinito, invariable, que es la forma participial de los tiempos compuestos.

Ni la diferenciación de la gramática en cuatro partes ni la diferenciación de la Sintaxis son novedad. Algunas novedades hay, por supuesto, en las teorías del gramático sevillano, como el estudio del artículo, en el que señala la distinción entre éste y el pronombre (él, la, lo) sintagmáticamente; la descripción de los sonidos y su relación con el latín, así como un adelanto de la teoría de la elipsis, que luego aparecerá, mucho más desarrollada, en la Minerva de Francisco Sánchez de las Brozas. En Nebrija, en el capítulo VII del libro IV de la Gramática (fol. g. iiii), donde se habla de las figuras, dice así:

"Eclipsi es defecto de alguna palabra necessaria para hinchir la sentencia: como diziendo buenos dias. falta el verbo que alli se puede entender & suplir: el cual es aiais. o vos de Dios. Esso mesmo se comete eclipsi: & falta en verbo en todos los sobre escriptos delas cartas mensajeras: donde se entiende sean dadas. tan bieñ falta el verbo en la primera copla del laberinto de Juan de Mena que comiença. Al mui prepoteñte don Juañ el Seguñdo A el las rodillas hincadas por suelo. entieñde se este verbo sean. & llamase eclipsi que quiere dezir desfallecimiento".

Poco es, evidentemente, para una construcción cuya importancia no quedará plenamente de manifiesto hasta 1587.

Nebrija fue también muy consciente de la necesidad del apoyo oficial para el establecimiento de una gramática normativa, convencido de las escasas posibilidades de que el simple acuerdo de los doctos fuera bastante.

Los tiempos no eran adecuados y la reforma del español en el siglo XVI se haría sin intervenciones oficiales y, por ello, en los aspectos formales, como, por ejemplo, la ortografía, no lograría establecer ningún estándar. Esta preocupación puede vincularse con la que tuvo por la lengua de la enseñanza: inicialmente partidario del latín, acaba traduciendo sus Instituciones al castellano, por especial empeño de la reina Católica.

No debe verse en su confesión de error y en su satisfacción por dar la razón a la reina una muestra de servilismo, sino un resultado de su actitud de búsqueda de la norma y su convencimiento de que sólo por la acción de los poderes políticos pueden consolidarse las reformas.

En él debe buscarse también la razón de por qué seis años más tarde de esa traducción publica la Gramática de la Lengua Castellana. Su insistencia en la publicación de las Reglas de Orthographía en la Lengua Castellana, para al menos rescatar esa parte de la Gramática de la indiferencia, demuestra su interés como reformador.

Al mismo tiempo, el hecho de que estas normas sean la primera codificación fonémico grafémica de una lengua vulgar occidental es prueba de su innegable capacidad. Paradójicamente, la suerte no le acompañó en lo que más certeramente podía haber reformado, mientras que su obra gramatical latina, por circunstancias ajenas al autor, ocupó un lugar de excesivo privilegio en la enseñanza del latín y, por ende, de la gramática en las tierras de la Corona española.

La gramática latina de Nebrija tuvo el privilegio de ser declarada de obligatoria enseñanza en las universidades, como texto único a partir de una real orden de fines del siglo XVI, la cual daba también privilegio de impresión al Hospital General. La pervivencia del Antonio, como fue conocido este libro, se vio favorecida por la incuria científica general y por la exclusividad concedida a la compañía de Jesús para enseñar el latín en varias universidades, como las de Zaragoza y Valencia, con los comentarios de la gramática del sevillano en obras como la del P. Álvarez, S.I., por ejemplo.

Sanctius

Francisco Sánchez de las Brozas ha sido, probablemente, el gramático español más perjudicado por un predecesor: un predecesor del que además se considera de algún modo sucesor, como puede leerse en el prólogo-dedicatoria: "me dejó lo que entonces no pudo terminar para que yo lo llevara a buen término".

Toda su vida se vio obligado a sufrir las consecuencias académicas de la preferencia oficial por el Antonio, que debieron causarle innegables padecimientos morales. Debió de sumarse a su postergación su condición de converso, con la constante persecución inquisitorial que padeció. Tal vez se deba asimismo a esta circunstancia la falta de apoyo de los estudiantes salmantinos, por la que, a la muerte de León de Castro, no pudo conseguir la cátedra de prima de Salamanca.

Sus reformas gramaticales, para las que contaba con el apoyo de otro gran converso, Fray Luis de León, tampoco tuvieron éxito y, por último, su fama, tras su muerte, fue muy superior en el extranjero, hasta la edición de las Opera Omnia por Mayans (1766).

El oscurecimiento de la Minerva, que así se titula la gramática latina de Sanctius, por el Antonio o, mejor, por el favor oficial que se otorgó a éste, no debe llevarnos a falsas interpretaciones. No hubo, en primer lugar, posibilidad de contacto personal, Nebrija vivió entre 1444 y 1522, el Brocense entre 1523 y 1601, aunque sí hubo relación de conocimiento a través del padre de Sanctius, quien contó a éste las circunstancias de la muerte del lebrijano. La obra de Sánchez de las Brozas, por tanto, se puede situar en una línea que prolongara la actividad del primero, como en parte ocurre: ambos fueron reformadores de la enseñanza del latín.

Nebrija renovó desde el criterio de autoridad, mientras que el Brocense hizo una investigación, a lo largo de toda su vida, sobre las causas de las construcciones gramaticales. Si del primero se ha dicho que fue el primer gramático español, del segundo se ha reiterado que fue el primer gramático general.

No nos interesa la etopeya, sino el cambio de modelo. Más en este segundo caso, porque durante algunas etapas de la lingüística contemporánea, como la generativa de la década de 1965 a 1975, Sanctius ha sido citado y discutido y también aceptado como precursor, especialmente por su teoría central, la teoría de la elipsis.

El libro fundamental de Francisco Sánchez de las Brozas es la Minerva sive de Causis Latinae linguae Commentarius, que vio la luz en Salamanca en 1587 en su forma definitiva (usaremos Sánchez: 1664); pero de la que hubo una edición primera, mucho más breve, en 1562.

A diferencia de Scaligero, quien había dedicado una parte interesante a la Prosodia, en 1540, al escribir sus De causis linguae latinae libri XIII, el Brocense no toca los aspectos fonéticos, pese a haber mantenido la división tradicional de la Gramática en cuatro partes: Ortografía, Prosodia, Etimología y Sintaxis, desde 1562 hasta 1587. La parte principal de la Gramática, a su juicio, es la Sintaxis, que comprende el estudio de las partes de la oración.

Ahora bien, la Sintaxis de la Minerva es mucho más compleja que las anteriores, pues no se limita a ser expositiva de la constructio, sino que trata de ser explicativa, una de las razones por la que los gramáticos transformacionales h. 1970 lo consideraban precursor de sus estudios y su método.

Su preocupación por una gramática sintáctica, o sintáctico-morfológica, pese al mantenimiento de la división cuatripartita en las obras, le llevó a eliminar dicha división desde el capítulo II de la Minerva, que lleva el expresivo título de "Que la Gramática no se divide en histórica y metódica, ni en ortografía, prosodia, etimología y sintaxis", y que se justifica por la anteposición de la razón al argumento de autoridad. De este modo se le puede considerar con justicia el creador (no sin precedentes) de una gramática racional, explicativa.

También es formalista constructivista: "Para mí, el perfecto y consumado gramático es aquél que en los libros de Cicerón o Virgilio entienda qué vocabulario (dictio) es nombre, cuál verbo, y las restantes cosas que competen sólo a la gramática, incluso si no comprende el sentido de los verbos (verborum, 'las palabras')".

No es de extrañar, en consecuencia, que considere que la Sintaxis no es una parte de la Gramática, sino un fin en sí misma, lo que, apoyándose en Cicerón (Fin. 5) le lleva a afirmar: "Otros dividen la gramática en letra, sílaba, palabra y oración, o lo que es lo mismo, en ortografía, prosodia, etimología y sintaxis. Pero la oración o sintaxis es el fin de la gramática, por tanto no es parte de ella". (Estamos citando del capítulo II según la traducción de Riveras; las observaciones entre paréntesis son nuestras).

La Gramática, finalmente, es el arte de expresarse correctamente cuyo fin es la oración bien construida, en latín congruens, o sea 'conforme' (a las reglas del arte gramatical). El arte es disciplina, es decir, ciencia adquirida por el discente, u objeto de estudio.

Para las partes de la oración, en principio, una vez negada la validez de las clasificaciones anteriores, arranca de las cinco partes de los estoicos, según Diógenes Laercio: nomen, appelationem (o sea, nombre propio y nombre común o apelativo), verbum, coniunctionem, & articulum.

Rechaza la interjección y el pronombre, así como el participio, que se engloba con el nombre. La categoría nombre queda formada por las antiguas de nombre propio, apelativo, pronombre y participio y se opone a verbo, mientras que las partes invariables se agrupan como partículas, aunque se añadan precisiones muy interesantes desde el punto de vista de la rección y la modificación: así, la preposición es partícula ligada al nombre, mientras que el adverbio es partícula ligada al verbo; la conjunción tiene un valor amplio de nexo.

El esquema sanctiano anticipa los esquemas de la gramática de constituyentes, al establecer dos grandes grupos, nominal y verbal, que se relacionan con las dos estructuras oracionales básicas, sujeto y predicado. La triple división en nombre, verbo y partículas refleja la usual en las gramáticas de las lenguas semíticas, árabe y hebreo.

Pudo conocer el De Rudimentis Hebraicis de J. Reuchlin publicado en Pforzheim en 1506, libro en el que se destaca la triple clasificación de los gramáticos hebreos, cuyas relaciones con los gramáticos árabes hace tiempo que quedaron bien planteadas (Hirschfeld: 1926, Wechter: 1964.)

Uno de los aspectos que todos los investigadores coinciden en señalar como muy interesante en el pensamiento de nuestro autor, es la teoría de la elipsis; revitalizada por el influjo de Port Royal esta tesis se mantiene hasta principios del siglo XX, para eclipsarse durante un tiempo por el predominio del estructuralismo taxonómico y volver con pujanza en las versiones transformacionales de la gramática.

Las necesidades de la lingüística computacional, especialmente en el terreno de la traducción por ordenador y de las aplicaciones de lengua natural en inteligencia artificial (sistemas expertos), han vuelto a traerla a primer plano a finales de los ochenta.

En el libro cuarto de la Minerva se define la elipsis como "la falta de una palabra o varias en construcción correcta", donde el autor se ve en la precisión de ampliar el concepto clásico que, a partir de Prisciano, consideraba la elipsis como construcción correspondiente a la figura que los retóricos llamaban aposiopesis.

La aportación del Brocense consiste en desarrollar teóricamente la construcción de oraciones faltas de un elemento de los tradicionalmente considerados necesarios, nombre o verbo y en mostrar cómo ese elemento está incluido en otro de los presentes en la oración. Cuando se dice, por ejemplo, pœnitet, se entiende pœna pœnitet.

La doctrina culmina con tres máximas generales:

1) Los elementos de la oración son nombre y verbo. Si no aparece el verbo, está sobrentendido: es lo que luego se ha expresado como ausencia de verbo en la estructura patente o de superficie pero necesidad de él en la latente o profunda y más tarde como necesidad de su presencia en la estructura-d para poder asignar una forma lógica a la oración.

2) Todo verbo tiene su nominativo, expreso o elíptico. Principio de rección propio de una gramática de constituyentes, que exige un constituyente nominal sujeto del núcleo de la frase verbal.

3) Si hay presente un adjetivo hay un sustantivo, expreso o elíptico, al que ese adjetivo modifica: es necesario postular un nivel lógico en el que el adjetivo exige su regente.

Su enfoque es claramente formal y funcional, con una semántica secundaria, relegada y, nos atreveríamos a decir, interpretativa. Otro de los puntos en los que su influencia es manifiesta es la aplicación de su concepción racional de la gramática a la gramática universal.

En cuanto a la influencia de nuestro autor, ya hemos indicado que fracasó en España su intención pedagógica, al no ser tomado en consideración como texto.

En el resto de Europa ocupó, durante muchos años y con glosas de Gaspar Scioppius y Jacobo Perizonius, el primer lugar entre los textos de gramática latina en la enseñanza. Su influencia como gramático, sin adjetivos, sin necesidad de ir precisado como "gramático latino", ha sido mayor y llegó a los gramáticos del castellano.

En la Gramática General se le considera antecedente de los italianos, hasta Vico, e incluso B. Croce, y de los franceses de Port Royal, especialmente Lancelot. En Inglaterra, ya en el siglo XVIII, ejerció una apreciable influencia a través del Hermes de Harris, quien conoció la Minerva gracias a la recomendación de su hijo y se sirvió bien de ella. 

Algunos gramáticos del español

Las gramáticas de la lengua española florecieron en los siglos XVI y XVII, no sólo en España, sino muy principalmente en los restantes países europeos, de Italia a Inglaterra o Dinamarca. Por ello la tradición de enseñanza del español se vincula desde sus orígenes con la de la enseñanza de una segunda lengua, del mismo modo que proliferan los diccionarios bilingües e incluso trilingües (con el latín) o plurilingües.

La Biblioteca Histórica de la Filología Castellana de don Cipriano Muñoz y Manzano, Conde de la Viñaza (1893), sigue siendo todavía hoy obra de consulta imprescindible para estos estudios, aunque en los últimos años el número de gramáticas clásicas españolas re-editadas ha crecido notablemente.

Los gramáticos españoles del Siglo de Oro se sitúan en la línea de "autoridades" más que en la lógica, especulativa o analítica que representa el Brocense.

En la Gramática castellana de Cristóbal de Villalón (Amberes, 1558) las partes de la Gramática se reducen a Ortografía, Morfología y Sintaxis, no incluye la Prosodia, como el Brocense y basa la gramática en la norma, como Nebrija en las Instituciones, aunque no explica quiénes sean los sabios en cuya autoridad esta norma se basa.

Pese a la división teórica, no hay una diferencia marcada entre Morfología y Sintaxis, pues en una parte se ocupa del nombre, en otra del verbo y en otra de la Sintaxis, que se sigue entendiendo como constructio, de lo que colegimos que su morfología se apoya en la consideración, cada vez más frecuente, del sintagma nominal y el sintagma verbal, como constituyentes inmediatos de la oración.

En cuanto a las partes de esta última, en las líneas iniciales del capítulo primero las divide en nombre, verbo y palabras indeclinables, que llama artículos, para más adelante emplear la clasificación tradicional y hablar de adverbios, preposiciones, conjunciones e interjecciones, aunque, pese a haber llamado "artículos" a las partículas, no se ocupa del artículo, en el sentido actual del término.

En la Ortografía, por último, se ocupa de la descripción de algunos sonidos cuando habla de su representación, si bien de modo confuso.

La Gramática de la Lengua Vulgar de España, anónima (Lovaina, 1559), es un texto interesante por varios motivos: por las noticias sobre pronunciación, por los comentarios acerca del nombre de la lengua española y por el entusiasmo personal de su desconocido autor. Sobre este último poco pudieron añadir Balbín y Roldán al editarla, sólo negar su atribución a Francisco Villalobos.

En el contenido distinguiremos dos partes: la primera se ocupa de las lenguas de España (vascuence, árabe, catalán y la lengua 'vulgar', es decir, 'común', salvando así la necesidad de usar castellano o español, lo que pudiera hacernos pensar que el autor era aragonés o catalán, indicio reforzado por la Ortografía, donde se presta especial atención a las sibilantes (letras 'culebrinas'), dentro de la minuciosa descripción de los sonidos); la segunda parte es la propiamente gramatical.

De su división podemos deducir que clasificaba las partes de la Gramática en Ortografía, Etimología, Sintaxis y Prosodia, aunque no trata de las dos últimas, que deja "al uso común, de donde se aprenderán mejor i mas fácilmente". Al entender que la Etimología se ha de ocupar del origen de las palabras y de los elementos flexivos, sólo se ocupa de las partes flexivas de la oración: artículo, nombre, pronombre y verbo, en cuya exposición está muy cerca de Nebrija.

Poseemos una buena edición, con extenso estudio preliminar, de las Instituciones de la Gramática Española de Bartolomé Jiménez Patón (cuya edición primera conocida no tiene ni año ni lugar, aunque es de 1614).

Junto al libro en sí, nos interesa hoy la existencia de una escuela de gramáticos manchego-jiennenses, con centro en la cátedra del maestro Jiménez Patón, en Villanueva de los Infantes, con su Mercurius Trimegistus como texto de Retórica y con cátedras destacables en Ciudad Real, Albacete y Jaén (Úbeda y Baeza). Las Instituciones no son un tratado, sino un bosquejo, reducido y conciso para que resalten sus nuevos puntos de vista. 

No son una gramática completa, sino sólo la exposición de una parte de ella: la Etimología, que tiene un valor terminológico de Morfología, al ocuparse del estudio paradigmático de las partes de la oración, que, para el autor, son cinco: nombre, verbo, preposición, adverbio y conjunción. Aunque el gramático pretenda separarse del Brocense y afirme que, según éste, son seis, lo cierto es que repite la clasificación en nombre, verbo y partículas, en el fondo, pues en el desarrollo de su exposición se va desvelando que la preposición se caracteriza funcionalmente por unirse al nombre, el adverbio al verbo y que las oraciones, "que constan de las cuatro cosas dichas", se unen entre sí mediante la conjunción.

El modelo de constituyentes, que es más claro en la Minerva que en ninguna otra obra de las que comentamos, es el que ahorma esta división.

Nos ocuparemos finalmente de la gramática, en sus dos versiones, del maestro Gonzalo Correas, sobre todo del que su autor llamaba Arte Grande, cuya edición, en 1954, gracias a Emilio Alarcos García, sirvió de modelo a las de otros gramáticos de la época. Correas no vio impreso el Arte, aunque sí su resumen, el Arte Kastellana (1627) reeditado en 1984 por Manuel Taboada y que no es más que un compendio, por lo que no nos entretendremos en aquilatar posibles matices.

Correas coincide con los gramáticos anteriores y con el espíritu de la época en el punto de partida pedagógico. La gramática es un auxiliar imprescindible, una puerta de entrada a las demás ciencias, incluyendo el latín y el griego, ya que nuestro autor es también innovador en la propuesta de que la enseñanza gramatical se inicie en la lengua castellana.

En sus obras gramaticales adopta la cuádruple división de la Gramática que ya hemos repetido: Ortografía, Prosodia, Etimología y Sintaxis. Su carácter de fonetista, casi de fonólogo, se aprecia claramente en las reformas ortográficas propuestas por él, en general muy avanzadas, que llevó a la imprenta; pero que no tuvieron éxito. De haber triunfado la reforma de la lengua española en el siglo XVI habría culminado, como la alfonsí, en una reforma ortográfica drástica.

En el resto de la doctrina, aunque presume de no aceptar el argumento de autoridad, no es un gran innovador, aunque para él tiene cierta importancia el uso, rasgo en el que coincide con Jiménez Patón, hasta el punto de inclinarse por la lengua de "la xente de mediana i menor talla" como norma lingüística, para defender el uso tradicional.

Las primeras páginas del Arte se dedican a una cuestión que tuvo gran incidencia en la gramática del siglo XVII y de la que sólo haremos una referencia rápida, la del origen autónomo del castellano. Se suma así, como Jiménez Patón, a la tesis del doctor Gregorio López Madera, para quien el castellano, anterior al latín, sería nada menos que una de las setenta y dos lenguas que nacieron en la torre de Babel.

Esta tesis se sustentó en el descubrimiento de los plomos del Sacromonte, en Granada, donde, en castellano, se fingían textos del primer siglo de la evangelización que favorecían el sincretismo cristiano islámico, textos forjados por los moriscos Alonso del Castillo y Juan de Luna para evitar la persecución, tras la reconquista de Granada y las sublevaciones que llevaron a la expulsión de este pueblo.

La primera parte de su gramática es la Ortografía, tema predilecto de sus escritos y que muestra su concepción clara de una unidad que llama "letra" y que tiene rasgos próximos a nuestro concepto de "fonema". Dentro de la Ortografía se incluye el tratado de las sílabas, desde el folio 35v. al 40r. En cuanto a la Prosodia, tan relacionada con el problema silábico, nuestro autor cree (fol. 58r.) que es más parte del Arte Poética que de la Gramática.

Por ello da una definición de oración que es de tipo sintáctico: "la rrazon i sentido ò habla conzertada que se haze con nonbre y verbo de un mesmo numero i persona, el nonbre en nominativo, i el verbo en cadenzia ò persona finita, no infinitivo, i se adorna con la particula si quiere i con otros casos destas partes, i con ellas mesmas rrepetidas.

Las partes forzosas desta orazion son el nonbre i el verbo. La particula es azesoria" (fol. 58v.). También en él aparece, por tanto, el análisis de la oración en lo que llamaríamos sintagma nominal y verbal. La triple división de las partes de la oración coincide, en el fondo, con el Brocense y Jiménez Patón y no ha de extrañar en un catedrático de hebreo. Él mismo se encarga de aclarárnoslo (fol. 59r):

"todos los vocablos son en tres maneras, i se dividen en tres partes ò montones, i se rreduzen à estos tres xeneros dichos nonbre, verbo, i particula, como está llano i asentado en Hebreo, Caldeo i Aravigo, i en todas las lenguas Orientales i de Africa, i todas las del mundo convienen a esto; i era ansi claro i asentado antiguamente en Griego i Latin como lo rrefiere Iuan Issak en su Arte Hebrea del otro Rrabino que dize en el Libro que escrivió contra el Rrei Cosdroas, que antes en Griego, i Latin no avia mas de tres partes de orazion".

Todas las otras partes de la oración se reducen a éstas: las que tienen singular y plural, así como casos en otras lenguas, son nombres, por lo que esta categoría incluye otra vez el pronombre y el participio; las que, además de singular y plural, tienen personas y tiempos son verbos y las invariables (adverbio, conjunción, preposición e interjección) partículas.

El artículo, que no había aparecido hasta ahora como tal, figura, en el fol. 60v., entre los morfemas nominales. La gran novedad de este apartado, casi medio siglo antes que en los gramáticos de Port Royal, es la oposición el/un. A este segundo llama indefinito (fol. 61v.):

"si dixesemos dame un libro, un rrei, un leon, una rraposa, se entiende uno qualquiera sin determinazion zierta: lo mesmo si no se pusiese articulo, ni el indefinito un, una."

A partir del folio 131r. se ocupa, específicamente, de la Sintaxis, entendida, según costumbre, como construcción: concordancias y formación de sintagmas y oraciones. La bipartición sintagmática y por ende su adscripción a un modelo de constituyentes quedan claras en los capítulos distintos que dedica a la construcción del nombre y del verbo, a los que añade el de construcción de las partículas, muy breve, que no encaja bien en el texto y que parece reiterativo al mismo autor.

El resto del libro está dedicado a figuras, métrica y una comparación final entre el latín y el castellano, con ventaja para este último.

En estas obras se fue modificando un modelo que, aunque arrancaba de la concepción clásica, fue incorporando elementos nuevos. Efectivamente, se siguieron haciendo gramáticas como en el modelo de Donato y Prisciano; pero se fue perfilando, poco a poco, la fundamentación sintáctica, que condujo a un esquematismo basado en la reducción de la oración a sus dos constituyentes básicos, el sintagma nominal y el verbal.

La Morfología fue incorporando abundantes elementos sintácticos, aunque sin llegar a cuajar la mezcla teórica de una Morfosintaxis. En este sentido, estos gramáticos nos dan una útil lección metodológica: aunque Morfología y Sintaxis tengan un límite borroso y confuso, como es natural, si tenemos en cuenta la unicidad del proceso lingüístico, es posible mantener la separación convencionalmente, como criterio científico, para proceder a un estudio más minucioso. La razón radica en la posibilidad de estudiar paradigmáticamente las relaciones de esas partes básicas de la oración con sus propios constituyentes, llamados, con terminología tradicional, lógica, accidentes, pero que, en algunos gramáticos, como Correas, son concebidos como auténticos morfemas gramaticales.

Este estudio se sitúa frente al sintagmático o de la combinación lineal de esas partes, previamente estudiadas en su paradigma. La distinción entre Morfología y Sintaxis es, por supuesto, más metodológica que lingüística.

Una nueva etapa de la Gramática, en la que los escritos del Brocense tendrán una importancia radical, dejará de ocuparse de la discusión, entonces estéril, sobre el origen del lenguaje o de la relación con el latín, para tener una mayor preocupación por las categorías y por los procesos mentales subyacentes a las operaciones lingüísticas, dentro del pensamiento racionalista (véase más adelante).

La frontera entre lo que llamamos Gramática y la Lingüística, a partir de los escritos del Brocense y de la Gramática de Port Royal, es decir, el mundo de los estudios lingüísticos a partir del Brocense es muy difícil de establecer ya con total claridad.

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA RACIONALISTA

& Después de los desarrollos anteriores de la corriente humanística en material gramatical (véase gramática humanística), los grandes nombres de los siglos XV y XVI, como Nebrija y Sanctius (el Brocense) dan paso a una corriente de pensamiento que enlaza con la Filosofía y se mueve en el terreno intermedio que conducirá a la Lingüística Contemporánea.

No es curioso, sino natural, que el reflejo de los planteamientos racionalistas que Chomsky (véase gramática generativa-transformativa) intentaba ver en su obra haya sido tan discutido y negado. Hoy, con muchos años de perspectiva, queda más patente que lo que el autor norteamericano buscaba era situar su modelo gramatical en una línea de trabajo y de pensamiento, sin reclamar una paternidad exclusiva.

Ahora que el tiempo va colocando a cada uno en su lugar y que es innegable —sin necesidad de trabajar en la metodología generativa— que desde 1957 a 1965, especialmente, se produjo un cambio decisivo en la Lingüística, es de justicia reconocer que en ese planteamiento, por inexacto que pareciera a especialistas en campos bien delimitados, se recogía una ambición que sólo puede adjetivarse de positiva.

Port-Royal 

La gramática francesa, aunque de nacimiento tardío y ligada a la enseñanza del francés a extranjeros, especialmente ingleses, cuenta, desde el principio, con manifestaciones enjundiosas, que conducirán a una de las gramáticas más influyentes de todos los tiempos, la Grammaire Générale et Raisonnée de Lancelot y Arnauld o de Port-Royal.

Téngase en cuenta que Francia ha sido uno de los países románicos que más ha tardado en hacer oficial la lengua de su literatura y sus ciudadanos: hasta 1510, reinando Luis XII, no se introdujo el francés en los tribunales de justicia y hasta 1539, por la famosa disposición de Villers-Cotterets, no se convirtió, de derecho, en lengua administrativa oficial. Sin embargo, los primeros textos escritos en francés remontan al siglo IX.

La gramática de Port-Royal no fue un fruto espontáneo e imprevisible, sino la culminación de una serie de obras, entre las que deben incluirse algunas no francesas, como la Minerva del Brocense, y el justo resultado de una etapa de inquietudes filosóficas acerca de la actividad racional.

Antes de la Grammaire hubo, por tanto, una corriente gramatical y otra filosófica a las que es conveniente dedicar unas líneas.

Pierre de la Ramée, o Petrus Ramus, es el nombre que marca el hito entre la gramática medieval y la moderna en Francia. Fue un gramático notable; pero, sobre todo, fue un luchador de la independencia intelectual.

Nacido hacia 1515, fue asesinado en la de San Bartolomé (1572). Se opuso a Aristóteles y al escolasticismo medieval aristotélico, por lo que se enfrentó con los modalistas. Basó la enseñanza gramatical en el criterio de autoridades, en su caso un criterio normativo apoyado en las grandes figuras literarias, por lo que se le puede considerar precursor del "buen gusto" del clasicismo francés y de su espíritu selectivo.

Prestó atención especial a la Fonética, alteró el esquema de la Morfología, al basar el estudio de las partes de la oración en el número y no en el caso, lo que hacía de la morfología latina un modelo válido para la francesa; pero siguió siendo medieval en su Sintaxis, basada en la concordancia y la rección.

La fundamentación filosófica de la gramática racionalista se encuentra en la obra de Renato Descartes (La Haya de Turena, 1596-Estocolmo, 1650). Si se nos permitiera reunir en una sola idea el origen de su preocupación filosófica, diríamos que ésta parte del problema de la distinción entre verdad y falsedad. Se trata de la duda absoluta, que exige un replanteamiento desde el comienzo, con la razón como auxiliar, sin que ello implique el abandono de sus creencias cristianas. Hay en Descartes, como corresponde a un gran pensador, afirmaciones de importancia general que permiten remontar hasta él muchas corrientes de pensamiento, lingüístico o no.

Aunque la concepción cartesiana de Chomsky, en los trabajos publicados entre 1966 y 1969, como se le ha observado, sea parcial e interesada, no podemos dudar de una coincidencia metodológica extraordinariamente importante: para la gramática generativa, la introspección permite al individuo el estudio de la lengua por su propia competencia lingüística; para Descartes, la introspección permite solucionar la duda inicial y sentar el primer postulado de su Filosofía del Método (Discurso del Método, IV, 3):

"Mientras quería pensar de este modo que todo era falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese algo, y dándome cuenta de que esta verdad: pienso, luego existo era tan firme y tan segura que todas las más extravagantes supersticiones de los escépticos no eran capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que yo buscaba".

Del mismo modo que hay un Descartes matemático que puede servir de modelo ideal a los matemáticos que construyen modelos lingüísticos, Chomsky buscó un cordón umbilical que nutriera los fundamentos de la gramática generativa con nociones como la introspección o la necesidad de formalizar la lógica para que la intuición no quede en pura imaginación. 

Otra concepción cartesiana básica es la de las ideas innatas, que no hay que entender, como a veces se sigue intentando, como algo distinto de la capacidad de pensar, sino como "datos de conciencia" que no se originan por el mundo exterior, por los objetos, ni por la voluntad del individuo.

Las ideas innatas del pensador francés llegan a nosotros por la vía de las "verdades de razón" de Leibniz, empalman con los aprioris y están siempre presentes en discusiones filosóficas de singular interés para los lingüistas, como las de la forma interior y las formas simbólicas.

Se trata de una concepción fundamental de la lingüística de la segunda mitad del siglo XX, como veremos, que ha buscado sus orígenes en la filosofía del XVII, por lo que conviene detenerse en ello.

Algunas ideas, como la de Dios, lo infinito, la substancia, no pueden explicarse empíricamente de modo satisfactorio; por ello la escuela racionalista supone que se trata de algo que está en la mente del hombre, como rasgo específico humano y que no puede descubrirse o analizarse por medios experimentales.

Frente a ello está el principio básico del empirismo de que nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos. Los empiristas no aceptan las ideas innatas, porque no pueden aceptar ese origen del conocimiento: todo conocimiento procede de sensación y reflexión.

Descartes, aunque sólo fuera metodológicamente, separó la razón de la fe, consiguiendo, a continuación, construir un cuerpo coherente de doctrina a partir de la sola razón. Aunque no le hayan faltado precedentes desde los orígenes del pensamiento occidental, las circunstancias particulares de su época hicieron que su influencia pudiera extenderse y universalizarse.

Lo anterior, aunque sea breve, permite hacerse una idea de cómo se produjo en el XVII una línea de pensamiento innovador basado en la razón de la que la gramática de Port-Royal, crítica e innovadora, no fue sino un avance más.

Hay un componente de ruptura y otro de continuidad: la huella medieval en Descartes no es despreciable, mientras que la corriente racionalista, por su lado, influía en la gramática antes de la publicación del Discurso del Método (1637), muy posterior al De causis linguae latinae libri tredecim (1540) de J. J. Escalígero y a la Minerva del Brocense (1587), libros cuya base racionalista influyó en gramáticos precartesianos. Incluso se puede señalar que uno de los dos autores de Port-Royal, Arnauld, objetó varios puntos de la filosofía de Descartes. Teorías como la de la introspección, por otra parte, podían verse favorecidas por movimientos espirituales de la época.

Vossler, tras hablar de restos de religiosidad medieval en las penitencias de los jansenistas de Port-Royal, precisa: "La significación del movimiento jansenista hay que buscarla, no obstante, menos en esa renuncia violenta a las cosas sensibles que en el retorno a sí mismo".

La primera edición de la Grammaire Générale et Raisonnée fue impresa en París, Chez Pierre Le Petit, Imprimeur et Libraire ordinaire du Roy, ruë S. Iacques, à la Croix d'Or, M.DC.LX. La segunda edición (1664) se incrementó con el capítulo de los verbos impersonales. La tercera y definitiva (1676) corrigió y modificó algunos puntos. El pensamiento y la evolución de sus dos autores son conocidos y pueden sintetizarse.

Claude Lancelot fue, además de conocido helenista, autor de métodos para la enseñanza del latín, el griego, el italiano y el español. En el terreno de su formación lingüística merece destacarse su profundo conocimiento de la obra del Brocense y la de dos de los gramáticos en quienes más se aprecia la influencia de este último, pues editaron la Minerva anotándola: Scioppius y Vossius, influencia que confiesa paladinamente en la quinta edición de su Método para aprender el latín (1656).

El gramático que se menciona constantemente en otro de sus métodos, el de griego en este caso (1655), es Petrus Ramus.

El segundo de los autores, Antoine Arnauld, era lógico, autor, junto con Pierre Nicole, de una Lógica de gran influencia, publicada en 1662, dos años después de la Gramática. Pese al prefacio, en el que Lancelot le atribuye casi todas las ideas de la obra, su contribución hubo de ser menor.

Su influjo, en cualquier caso, fue decisivo en la orientación del libro, marcada por la relación de pensamiento y lenguaje, fundamental para un lógico, y por la mayor preocupación por los conceptos y la relación entre conceptos y formas lingüísticas que por estas últimas.

En su teoría del signo (3ª ed. p. 5)  continúan una bifacialidad que arranca de los gramáticos estoicos y consideran dos facetas:

"La primera lo que son ellos por su naturaleza; es decir, en tanto que sonidos y caracteres.

"La segunda, su significación; es decir, la manera como los hombres se sirven de ellos para significar sus pensamientos"

Pese a otras muchas novedades en distintos lugares, la división de la gramática sigue siendo la tradicional: ortografía, prosodia, analogía (o etimología) y sintaxis. En lo que concierne a las partes de la oración, en cambio, la novedad es que estamos ante una división en dos clases, que no tienen que ver con los constituyentes oracionales, sino con el pensamiento. Nombre, artículo, pronombre, participio, preposición y adverbio pertenecen a una clase porque significan el objeto del pensamiento, mientras que el verbo, la conjunción y la interjección pertenecen a la segunda clase, porque significan según la forma del pensamiento.

El criterio de clasificación es novedoso, aunque las partes sólo tengan la pequeña variación de ser nueve, en vez de las ocho tradicionales; pero ya hemos visto en distintos gramáticos que el número de ocho es relativamente variable.

Entre las puntualizaciones concretas, podemos destacar la inclusión de "un" como artículo y la división de esta parte de la oración en definido e indefinido. Ésta es la auténtica novedad, pues ya se ha visto que, treinta y cinco años antes, Correas oponía "el" y "un" en la gramática española; en la francesa lo había hecho J. Palsgrave, en su Esclarcissement de la Langue Françoyse de 1530.

La oración gramatical se estudia, en la línea logicista, como proposición, expresión de un juicio lógico. Como todavía mantienen unidas las relaciones sintácticas a las partes de la oración, su sintaxis no puede ser, propiamente, una teoría de las relaciones. En cambio, en el estudio de las proposiciones complejas aparecen ya consideraciones que tendrán un claro eco en las versiones racionalistas de la gramática posterior, hasta Chomsky. Así, por ejemplo, una oración compuesta como Dios invisible ha creado el mundo visible es expresión de tres juicios:

1. Dios es invisible   
2. Dios ha creado el mundo  
3. El mundo es visible 

La gramática de Port-Royal es, metodológicamente, un gran paso, al utilizar el método demostrativo, que supone la autocrítica de toda afirmación, para lo que dispone del recurso a la argumentación lógica.

Distingue la gramática general de la particular y ambas de la gramática del uso, que se apoya en el criterio de autoridades y conduce al criterio normativo. Por eso, al tratar de aplicar reglas de validez general en la gramática particular del francés y encontrarse con que el uso autoriza construcciones que escapan a las reglas, señala esas excepciones y advierte que no se pueden reducir todos los ejemplos a una norma. 

Por otro lado, al ser una gramática preocupada por la fundamentación de la ciencia, más que por la descripción de una lengua concreta, sobrepasa los límites de ésta, estableciendo principios comunes a todas las lenguas:

1. No hay nominativo sin verbo, 
2. ni verbo sin nominativo, 
3. ni adjetivo sin sustantivo. 
4. El genitivo es regido por el nombre, no por el verbo. 
5. La determinación del régimen tras los verbos es más cuestión de uso que de relación específica.

Estas preocupaciones estaban en buena medida en la Minerva, como se ve en los tres principios comunes que acabamos de enunciar, para cuya explicación es preciso aplicar la teoría de la elipsis. Lo que confiere una nueva luz es la relación con el pensamiento cartesiano, en el inicio de un camino de fundamentación diferente de la ciencia lingüística, el de los principios matemáticos, en ese momento todavía muy dependientes de la Lógica, que sigue siendo la ciencia fundamental.

La polémica del racionalismo 

La discusión entre empirismo y racionalismo puede explicarse desde la síntesis de las ideas de dos pensadores que vivieron en el siglo XVII casi toda su vida; pero que ejercieron su mayor influencia a partir del siglo de la Ilustración: John Locke y Gottfried Wilhelm Leibniz.

También en sus vidas hay elementos comunes: ambos viajaron mucho, aunque en el caso de Locke (Wrington, Inglaterra, 1632-Oates, 1704) el alejamiento de su patria, a la que regresó, fue en parte por estudios y en parte por razones políticas. Sus escritos se concentran en temas religiosos, filosóficos y educativos. Leibniz (Leipzig, 1646-Hannover, 1716), en cambio, trabajó en campos tan diversos como el cálculo infinitesimal (que descubrió poco después que Newton, sin previa noticia de éste) y la historia.

El Essay Concerning Human Understanding 'Ensayo sobre el entendimiento humano' de Locke fue escrito en 1687 y publicado en 1690. Los "Nuevos ensayos" Nouveaux essais sur l'entendement humain, de Leibniz, escritos en 1704, no fueron publicados hasta 1765.

 El primero de estos dos autores representa la corriente empirista, el segundo la racionalista, lo que no significa la total ausencia de puntos comunes. Nos limitaremos a cuestiones relacionadas directamente con la Lingüística, aunque ya hemos señalado cómo nuestra disciplina ha adquirido una nueva fundamentación y está desarrollando una nueva metodología en esta época.

Podemos partir de una coincidencia relativa entre ambos autores: la relación arbitraria entre la expresión y lo designado por ella. A partir de ahí empieza una serie de innegables divergencias, que no se plantean por primera vez, sino que resultan de la necesaria síntesis del pensamiento anterior. Locke, p. ej., niega la existencia de las ideas innatas: se ha hecho famosa la comparación de la mente del niño con una tabla rasa en la que la experiencia va dejando impresiones sucesivas, en conformidad con Aristóteles.

Leibniz, en quien es patente la influencia platónica, cree en estas ideas innatas, en estas impresiones de conceptos y principios que están ya en el hombre y que la experiencia despierta: para evitar los errores que en la aprehensión de la esencia de las cosas causaría la materia, tenemos esta representación innata de las esencias, como verdades primitivas de la razón. En consecuencia, la noción de "idea" varía en ambos autores. Locke es partidario de que es un resultado de la percepción, o puede ser objeto de la percepción: la idea, cree, precisa la previa experiencia para formarse en nuestro entendimiento, porque las ideas son representaciones sensibles.

Puede llegarse, por ello, a un concepto dualista de la relación entre lenguaje y pensamiento. En la mente las ideas funcionan atomísticamente, asociando fragmentos de la experiencia que se obtienen por medio de la abstracción. El proceso del conocimiento exige, previamente, una experiencia mediante la cual la mente configura los conceptos gracias a la aprehensión de lo perceptible.

La mente elabora sobre estas ideas en el proceso cognoscitivo, estableciendo correspondencias que han de ser de identidad, relación, coexistencia y existencia. Como las ideas de nuestra mente proceden de la impresión dejada por la aprehensión de los objetos en la experiencia, existe una relación entre la realidad y el concepto. En este punto Locke se aparta del nominalismo, con el que está relacionado en otras cuestiones, como su creencia en que el lenguaje no tiene influencia constitutiva en el proceso racional.

Locke es un filósofo eminentemente moderado, tanto en su realismo como en lo que, aparentemente, sería contradictorio, su nominalismo. Esto último se puede observar en el tratamiento que hace de algunas cuestiones, como la de la sustancia, en la que no cree, mientras que el realismo moderado y crítico predomina en otros puntos, como puede ser la representación mental del mundo objetivo.

Aunque no se puede hablar, en su caso, de que el proceso racionalizador carezca de importancia, su gnoseología se apoya antes en la intuición que en la demostración. Y esta intuición es mucho menos "racional", valga la expresión, que la que podemos apreciar en Descartes.

La huella del filósofo francés es mucho mayor en el filósofo alemán que en el británico. Aunque los dos arranquen del principio de la arbitrariedad del signo, de la relación arbitraria entre sus constituyentes, hay dos diferencias esenciales entre ellos en lo que concierne a los puntos que estamos tratando aquí: Leibniz parte de la existencia de ideas innatas y cree que el lenguaje es imprescindible para el proceso racional, puesto que es elemento constitutivo del mismo, al darse una total interdependencia del pensamiento y el lenguaje.

Otra diferencia destacable radica en la valoración de la experiencia: para Locke la experiencia era la puerta de las ideas, pues sin la previa etapa empírica no podían éstas formarse en la mente. Para Leibniz, por el contrario, es posible que utilicemos los datos de la experiencia gracias a que poseemos en nuestra mente las ideas innatas que nos permiten estructurar "racionalmente" ese mundo exterior.

Las ideas innatas, sin embargo —y aquí conviene precisar para no caer en un error comúnmente extendido—, no son los conceptos mismos, sino una facultad activa de configuración mental de lo aprehendido. La misma posibilidad de que se dé la relación circular entre actividad y producto caracterizará a Guillermo de Humboldt.

La crítica que Leibniz pudo hacer del empirismo puede parangonarse con la que los generativistas han podido hacer al estructuralismo taxonómico: la experiencia permite acumular gran número de datos, sin que nunca se llegue a la totalidad. La razón, en cambio, permite establecer reglas de necesidad y validez universales, superando así el particularismo empírico. En cierto modo, esto no es sino un aspecto de la lucha entre el método deductivo (racional) y el inductivo (empírico).

La preferencia por el método deductivo, propia de las matemáticas y la gramática generativa, no supone la negación del inductivo, epistemológicamente válido, sino el reconocimiento de un fallo inicial de éste, defecto constitutivo enunciado así por Bertrand Russell:

"El principio inductivo, no obstante, es igualmente incapaz de ser probado recurriendo a la experiencia. Es posible que la experiencia confirme el principio inductivo en relación con los casos que han sido ya examinados; pero en lo que se refiere a los casos no examinados, sólo el principio inductivo puede justificar una inferencia de lo que ha sido examinado a lo que no lo ha sido todavía.

Todos los argumentos que, sobre la base de la experiencia, se refieren al futuro o a las partes no experimentadas del pasado o del presente suponen el principio de la inducción, de tal modo que no podemos usar jamás la experiencia para demostrar el principio inductivo sin incurrir en una petición de principio".

Volver al inicio de Gramática española

Gramática General y Teoría del Conocimiento 

Las tesis empíricas de Locke encontraron en Inglaterra una serie de opositores entre los que destacan los "platónicos de Cambridge", con quienes se relaciona James Harris Lord Malmesbury, en quien se da, además de esta formación, un influjo fundamental de Aristóteles, por lo que se le puede adscribir a un realismo moderado. Se une a los racionalistas, con quienes lo situamos, por su concepción de una gramática general y la teoría del conocimiento que la sustenta.

El Hermes or a Philosophical Enquiry Concerning Language and Universal Grammar, de 1751, nos presenta una doctrina de interés. Cree Harris, su autor, que las lenguas individuales distintas de cada comunidad de hablantes tienen peculiaridades específicas, son particulares, lo que no impide la existencia de principios comunes, que justifican la búsqueda de una gramática general. Buscando estos principios arranca de una distinción que se puede retrotraer hasta Aristóteles, la de materia-forma. Las unidades lingüísticas se dividirían en dos clases, según pertenecieran a la materia —como el sonido, que es sólo materia— o a la forma —como la palabra, unidad mínima, o la oración.

Al eliminar lo material, como algo que atañe exclusivamente al significante, corresponden a lo formal los dos tipos de significación, la gramatical, con todo lo relativo a las funciones de las palabras, y la léxica. En su definición de palabra como "sonido significativo que no se puede dividir en partes significativas por sí mismas" observamos la coincidencia de los significados, pues la definición está presidida, en Harris, por el criterio formal.

Vemos claramente este aspecto funcionalista de su gramática en su división de las palabras, clases de palabras o partes de la oración, realizada con un criterio funcional que llega a ser absoluto en algunos puntos. Puesto que, en su estudio, corresponde a la forma lo que algunos gramáticos actuales llamarían forma, función y significación, hay que pensar, como hace Antonio Llorente, que no se justifica en él una diferencia entre Morfología y Sintaxis. 

En lo que concierne a las partes de la oración, se destacan dos partes principales, los sustantivos, definidos lógicamente y que incluyen nombre y pronombre, y los atributivos, que a su vez comprenden dos órdenes. Al primer orden de atributivos corresponden verbos, participios y adjetivos (diferenciados por su condición de modificadores de los sustantivos); el segundo orden corresponde a los atributivos de otros atributivos, o sea, a los adverbios. Tras esas dos partes principales tenemos dos accesorias: los definitivos, que abarcan artículos y algunos pronombres, como los personales, son los que se construyen con una palabra (el artículo con el sustantivo, los personales con el verbo), mientras que las conjunciones, que sirven de nexo entre regente y regido y que abarcan tanto las conjunciones tradicionales como las preposiciones, se construyen con dos palabras.

Aunque Harris puede quedar adscrito a la corriente racionalista, nos muestra con bastante claridad cómo se pueden establecer puntos de contacto entre esta corriente y la empirista. Su creencia en las ideas innatas y su concepción de la existencia de ideas generales comunes a toda la humanidad lo sitúan entre los racionalistas, así como su uso de la distinción entre materia y forma, frente a los empiristas. No es por ello extraño que Herder alabara su obra, que puede considerarse uno de los precedentes de las teorías lingüísticas de Guillermo de Humboldt y puente entre éste y Sánchez de las Brozas, gracias al conocimiento de la Minerva que tuvo Harris, por intervención y afortunada idea de su hijo. Este pre-humboldtismo es bastante claro en algunos puntos del Hermes, como las relaciones que en él se establecen entre lenguaje e historia de los pueblos.

Otros aspectos del autor inglés no son tan claramente racionalistas y se puede apreciar en ellos cierto compromiso con un empirismo moderado. En su concepción de los universales, en su creencia en ideas generales y en la relación de las palabras, de los términos, con las ideas, dentro del realismo moderado, se une a Condillac y también a Herder. Precisamente es éste uno de los puntos en los que el vacilante sensualista francés se manifiesta seguidor de Locke, aunque, de todos modos, este último no es en ello muy empirista. Los empiristas extremos posteriores, como Berkeley y Hume, por ejemplo, sólo hablarán de palabras generales, no de ideas, se referirán a los términos sólo, no a los conceptos, con una actitud más nominalista.

A pesar de esta aproximación relativa, el distanciamiento es mayor en otros puntos, en los que Harris llega casi al extremo de la corriente analogista de la que arranca el racionalismo, como su afirmación de que existe una "cierta analogía", entre la palabra y el objeto, que lleva hasta postular que, por ello, el sol parece exigir el masculino y la luna el femenino, por ejemplo, hecho absolutamente falso (en alemán, verbigracia, es al contrario), afirmación que en él procede de un conocimiento imperfecto de realidades lingüísticas concretas, lo cual le fue reprochado duramente por los críticos.

Con todo, a partir de la difusión del Hermes, especialmente en la traducción francesa de 1795, cuyas primeras páginas son, tal vez, la primera historia de la gramática, la concepción racionalista y el adjetivo "general" se unen a una de las corrientes de ésta, propiciando un cambio de modelo. Su criterio formal y su clasificación funcional entran en lo que hoy llamaríamos tratamiento gramatical de los datos lingüísticos, mientras que su amplia perspectiva filosófica y su búsqueda de afirmaciones cuya validez se extienda más allá de las lenguas particulares lo sitúan en una línea de fundamentación teórica basada en la teoría del conocimiento. 

Volver al inicio de Gramática española

GRAMÁTICA COMPARADA

Disciplina de la gramática que estudia las relaciones genéticas y lingüísticas que se establecen entre las distintas lenguas.

Comparatistas y neogramáticos

La fecha tópica para el inicio del comparatismo lingüístico es el año 1786, cuando sir William Jones (1746-1794) leyó su discurso presidencial ante la Asiatic Society en Calcuta y afirmó la afinidad entre el sánscrito, el griego y el latín, así como con el gótico (es decir, el germánico), el celta y el persa. Su teoría fue publicada en 1788 en la nueva revista Asiatic Researches y tuvo una repercusión científica definitiva, al sistematizar observaciones que, si bien parcialmente, ya habían sido hechas anteriormente por viajeros y estudiosos.

No se trataba, en sí mismo, de ninguna novedad, pues desde el contacto de los europeos con la India, a partir del siglo XVI, había observaciones aisladas e incluso estudios más completos, aunque no vieron la luz sino más tarde.

Tópicos aparte, los avances de las ciencias, especialmente las naturales, a lo largo del XVIII, el desarrollo de las teorías evolucionistas en Biología, así como el fin del ciclo natural de la discusión especulativa original en gramática, hasta que pudiera ser reavivada con nuevos datos y perspectivas, crearon unas circunstancias especiales en las que se pudo desarrollar un modelo lingüístico que podemos considerar nuevo, por la nueva metodología que desarrolló. Este modelo es la gramática histórica y comparada y se mueve originariamente en torno al estudio de dos «familias» lingüísticas: la indoeuropea y la finougria.

Las similitudes entre elementos léxicos de diversas lenguas habían sido señaladas en numerosas ocasiones y no suponen ninguna novedad. La construcción de patrones más completos, como el de los numerales en las lenguas indoeuropeas, permite algún avance en una línea más prometedora:

No es difícil extraer de la tabla anterior algunas reglas sencillas, como la aspiración de la /s/ inicial indoeuropea en griego, testimoniada por los numerales '6' y '7'. Podríamos formular este hecho incluso en forma de regla y decir:

s- indoeuropea >> h- griega

Esta posibilidad de expresar los fenómenos mediante reglas es una de las primeras características de la gramática comparada. La evolución fonética se regula según leyes. El concepto de ley fonética como regularidad en el desarrollo de una evolución fonética en una lengua o grupo de lenguas ha sido considerado de modo diverso por los tratadistas. Inicialmente, en los comparatistas, como son denominados a partir de la obra de Federico von Schlegel, Über die Sprache und Weisheit der Indier 'Sobre la lengua y la sabiduría de los indostánicos', con nombres como Franz Bopp, Rasmus Rask y Jakob Grimm, cuyos libros fundamentales datan de 1816, 1818 y 1819, respectivamente, se trata de tendencias a la regularidad, tan generales que han podido ser fácilmente criticadas, como hace Jespersen. Son leyes similares a las leyes naturales, que constituyen entonces el paradigma epistemológico.

El programa del comparatismo puede extraerse de la Gramática Comparada de Franz Bopp, aunque no todos sus puntos fueron desarrollados por él. En primer lugar se situó la exposición detallada de los rasgos de parentesco de las lenguas indoeuropeas, un largo proceso en el que al sánscrito, iranio, latín, báltico, griego y germánico se fueron añadiendo el antiguo eslavo, el armenio, el celta (por Schleicher) y posteriormente el albanés, el ilirio, o las lenguas indoeuropeas descubiertas en el siglo XX como el hetita y el tocario. El segundo punto, la «investigación de sus leyes físicas y mecánicas», tendría su expresión en la ley fonética. El punto tercero, el descubrimiento del origen de las formas gramaticales, desarrollado por el propio Bopp, conduciría al preciso estudio paradigmático y a las detalladas fonética y morfología históricas que caracterizan a esta corriente científica.

Más tarde, para los neogramáticos, se pasa a una concepción más rigurosa, al defenderse su similitud con las leyes físicas, como hacen August Schleicher (1821-68) y August Leskien (1840-1916).

 August Schleicher, aunque formado inicialmente en la filosofía hegeliana, fue atraído por las tesis evolucionistas darwinianas y, desde esta nueva perspectiva de la ciencia, propone una nueva metodología lingüística que se impone en los centros de estudio del siglo XIX europeo. Su planteamiento supondrá una crítica del sistema humboldtiano e instaurará una época de signo positivista, en la que las preocupaciones teóricas estarán bastante alejadas de los supuestos de la gramática racionalista que todavía pervivieron en Humboldt.

Las leyes fonéticas no conocen excepción, aunque esta aseveración debe explicarse: el concepto de regularidad sin excepciones (Ausnahmslosigkeit 'unexcepcionalidad') de la ley fonética fue efectivamente expuesto por los principales neogramáticos, W. Scherer (1875), H. Osthoff y K. Brugmann (1878); pero requiere precisiones.

Las leyes fonéticas son leyes históricas, mientras que la excepción no es un hecho histórico, sino sincrónico, por lo que resulta contradictorio con el carácter diacrónico de la lengua. Para resolver esta contradicción es preciso considerar que la excepción aparente está también sujeta a la ley, aunque esta ley puede no ser la general, sino una segunda o tercera ley de variación.

Es natural que a medida que se iban abandonando los fundamentos metodológicos y epistemológicos extraídos de las ciencias naturales o físicas se fuera abandonando esta concepción de la ley fonética, que ya en autores como H. Paul se presenta como un procedimiento para dar cuenta de regularidades, no para hacer predicciones.

El método histórico-comparativo estaba bien establecido; pero los neogramáticos le dieron rigor, precisando la ley fonética y desarrollando un concepto esencial junto a ella, el de analogía. Antes de estudiar este segundo mecanismo podemos volver al planteamiento de la ley, para ver cómo se diferencia la formulación comparatista de la neogramática.

Volver al inicio de Gramática española

La ley fonética

El ejemplo más claro, a nuestro juicio, para entender la diferencia entre los dos criterios de «ley fonética» es la llamada ley de Grimm, o ley de las mutaciones consonánticas de las lenguas germánicas (véase germánico). Es muy conocido que Jacobo Grimm no habló de «ley», y señaló que esta mutación, como él la llama, no se cumple en todos los casos particulares, aunque sí en general (advertencia que debe tenerse en cuenta para matizar las observaciones que siguen.)

La mutación fonética se presenta como una tabla en la que se comparan el griego, el gótico y el alto alemán antiguo (nótese que CH es la fricativa velar 'aspirada' /x/).

gr.      P    B    F         T     D    TH            K    G   CH

gót.     F    P    B         TH    T     D            H    K    G

aaa.   B(V)   F    P         D     Z     T            G    CH   K

Si reconvertimos el cuadro y la explicación de Grimm a la relación entre indoeuropeo, germánico y antiguo alto alemán, el resultado será:

ie.     p      b    bh        t    d    dh         k     g    gh

germ.   f      p    b         þ    t     d         x     k     g

aaa.    B(V)   F    P         D    Z     T         G     CH    K

Las inconsistencias de esta formulación son demasiadas: gr. poûs got. fotus es en alemán fuss y no */bus/ ni /vus/; lo que corresponde al griego kardía no es */gertz/, sino herz [hertz], gót. hairto. Estas inconsistencias no se producen sólo entre el gótico y el alto alemán antiguo o (luego) el alemán moderno, sino también en el paso del indoeuropeo al germánico: ie. frater >> germ. braþar es regular, frente a pater >> fadar. Las formas modernas Bruder, Vater muestran resultados diferentes también.

La solución requiere un planteamiento sin excepciones, es decir, un planteamiento neogramático, que obtiene parcialmente, para el paso del indoeuropeo al germánico, con la ley de Verner (1877), aunque tampoco su autor habló de ley, sino de «una excepción de la primera mutación consonántica».

Su punto de partida es que «debe existir [cuando los casos de mutación irregular en el interior son casi tan frecuentes como los de la mutación regular] una regla para la irregularidad; sólo hace falta descubrirla.»

La regla se formula de este modo:

Indoeuropeo k t p pasan, en todo el territorio, primero a  h þ f; las fricativas sordas así originadas, juntamente con la sorda s heredada del indoeuropeo, se convirtieron después, en posición interior y en la proximidad de sonoras también en sonoras, pero se mantuvieron como sordas en sonido que sigue a sílabas acentuadas.

La explicación que se da a esta regla es una causa física: en el grupo acentuado hay una presión del aire superior a la del grupo átono, por eso la sorda tras grupo tónico se ve reforzada por esa tensión y se conserva.

La libre formulación inicial de Grimm se ha convertido en una compleja regla contextual, que tiene en cuenta el tipo de acento del indoeuropeo, la posición de intervocálica o no de la consonante del germánico, así como su posición respecto del acento de la palabra. Hoy día es muy discutido que ése pudiera ser el sistema de las oclusivas del indoeuropeo y el presentarlo aquí de este modo no hace sino seguir el planteamiento de los comparatistas y neogramáticos, sin recoger la discusión actual.

Las leyes fonéticas pueden ser válidas para una lengua o un grupo; pero no son necesariamente universales. En 1876 formuló A. Darmesteter una ley según la cual la vocal protónica interna evoluciona igual que la final, salvo interferencias analógicas. Esta ley no es válida para el español ni el portugués. En español la vocal final se reduce a los timbres [a, e, o] o se pierde [0] tras m, n, s, d, z, x, j, l, r, mientras que la protónica se pierde en todos los casos, excepto si se trata de una [a] o si es forma de verbo, donde se apoya en la alternancia tónica / átona: recíbo / recibír; castígo / castigár; aunque cambie de timbre repíto / repetír.

Volver al inicio de Gramática española

La analogía

 Un estudio de las regularidades de la evolución de las lenguas debe, ineludiblemente, dar cuenta también de las irregularidades o excepciones. La intervención de factores de tipo psicológico produce asociaciones, relaciones entre formas que se interfieren en la evolución esperable según los patrones reglados.

Las dos fuerzas que actúan en la evolución de las lenguas, para los neogramáticos, son el cambio fonético y la analogía. La segunda es necesariamente un proceso sincrónico, pues se trata del restablecimiento de un sistema de relaciones o valores que se dirige a mantener la cohesión del sistema; por eso algunos autores, como Grammont, señalan que puede ser gramatical, cuando se da en un conjunto de variaciones gramaticales, como el paradigma verbal, por poner un ejemplo corriente, o léxica, cuando se da entre formas o unidades léxicas que pertenecen a distintas categorías gramaticales o «clases de palabras».

No es sencillo establecer los principios de la analogía, como no lo es establecer los de las leyes fonéticas. Buena prueba de ello es la discusión de Kuryáowicz y Maczak, entre 1949 y 1958, de la que, dado el enfrentamiento entre las posturas, parecería imposible extraer más conclusión que el carácter de «tendencias» que tienen los cambios analógicos, la principal de las cuales sería, naturalmente, reducir en lo posible las alternancias de los radicales, tanto en la analogía gramatical como en la léxica.

Dentro de la romanística, como rama de la gramática comparada en la que hay que señalar los nombres de Friedrich Diez (1794-1876), Wilhelm Meyer-Lübke (1861-1936) o Américo Castro (1885-1972), se sitúa la hispanística, cuyo magisterio recae históricamente en la figura de Ramón Menéndez Pidal (1869-1968).

El Manual de Gramática Histórica Española de este último es una obra que se considera en general representativa de la metodología neogramática. Si bien esta afirmación no es del todo exacta, porque ya hay en este libro componentes que proceden de la crítica de las posturas extremas de esta escuela, como la introducción de elementos de Historia de la Lengua, podemos aceptar aquí ese neogramatismo, porque la discusión de ese punto no es esencial para nuestro propósito actual.

Aunque un repaso al contenido de la obra deja traslucir inmediatamente que la mayor preocupación de la misma va hacia los fenómenos regulares, constantemente afloran aspectos de lo que se puede definir como analógico. Así lo advierte García de Diego a propósito de fenómenos como la equivalencia acústica.

Este último autor, por su parte, dedica un capítulo entero a la analogía, que, con criterio más riguroso que el citado de Grammont, divide en fonética, morfológica y sintáctica.

En el prólogo señala que «no pueden entrar los ejemplos de la analogía en el campo de la fonética, porque son dos mundos distintos»; pero ello no impide considerar esos casos de equivalencia acústica, como la fácil confusión de [f] y [q], que explica los ejemplos de Celipe por Felipe y que, en el caso de un célebre locutor español, de origen cordobés y seseante, Matías Prats, fue el procedimiento de que tuvo que valerse para poder avanzar en su profesión, en una época en la que el seseo no estaba ni siquiera tolerado en la radio española de dimensión nacional. (Tomo la anécdota directamente del Sr. Prats.)

La analogía morfológica es para García de Diego analogía formal, no se trata necesariamente del mismo paradigma, ni del mismo lexema: «Haz de facie y de fasce atrajo a az de acie, aplicándole su h aspirada». La analogía de prefijos es de excepcional interés en la historia del léxico. Offocare ha evolucionado a ahogar por interpretación falsa del principio de la palabra como el prefijo a-. En esconder es ex- el que ha sustituido a ab- en abscondere. Lo mismo sucede en los sufijos. Es imprescindible en este terreno citar la obra extensísima de Yakov Malkiel.

La analogía sintáctica sería así la responsable de fenómenos bien conocidos, como el paso de transitivos a intransitivos y el aumento o la pérdida de pronominales, cfr. suspendí por me suspendieron. El dequeísmo no es más que un fenómeno de analogía sintáctica, y tantos otros. 

Volver al inicio de Gramática española

La clasificación de las lenguas: familias y tipos

El siglo XIX se abre con la versión definitiva, en español, del Catálogo de las lenguas de L. Hervás y Panduro. Si, hasta entonces, los criterios para establecer las similitudes lingüísticas habían sido obtenidos mediante la comparación del léxico, a partir de Hervás y gracias al desarrollo de sus puntos de vista en la obra de Humboldt los gramáticos plantearán la clasificación lingüística con criterios gramaticales, es decir, mediante la comparación de los paradigmas. Los seis volúmenes de Hervás, todavía necesitados de un estudio adecuado a su importancia, no se originan por preocupaciones propiamente lingüísticas, sino que toman la lengua como base para la clasificación de los pueblos. Este criterio etnológico sigue vigente e introduce elementos de perturbación en los planteamientos sociolingüísticos. Así, en la República Popular de China, se produce constantemente una mezcla de conceptos entre lenguas minoritarias y poblaciones minoritarias o «minorías» y son muchas las lenguas que se designan por el pueblo que las habla, es decir, por su nombre étnico, en vez de por su denominación lingüística, por su nombre como lenguas.

La obra de Hervás no habría pasado de ser una contribución al estudio de la raza humana y su distribución si Humboldt no hubiera encontrado interesantes sus planteamientos gramaticales, que, en lo general, aparecen también en investigadores germánicos, como Johann Ch. Adelung (1732-1806). Los gramáticos fueron conscientes de algo que escapaba al planteamiento meramente naturalista: que un pueblo puede dejar de hablar una lengua y pasar a hablar otra, como ha ocurrido con mucha frecuencia, lo que debe llevar a la conclusión de que las lenguas no están sustancialmente vinculadas a los pueblos que las hablan. Desgraciadamente, la interpretación romántica de conceptos como «el espíritu de los pueblos» y su pretensión de identificarlo con las lenguas que éstos hablan se convirtió en un pretexto para los nacionalismos y el racismo, de tan tristes consecuencias en la historia europea del siglo XX.

Las técnicas de comparatistas, primero, y neogramáticos después, permitirán ir precisando al aplicarse en el establecimiento de criterios que, en un principio, en línea con el modelo de las ciencias naturales, son de tipo genético. El modelo estrictamente lingüístico, o tipológico, hará también su aparición en la obra humboldtiana, en la cual llegarán a una formulación precisa ideas que se rastrean desde Johann G. Herder (1744-1803) o, en el ámbito del inglés, con conocida repercusión en el propio Herder, en James Burnett, Lord Monboddo (1714-99), parcialmente traducido al alemán por encargo del propio Herder, quien trata ya de establecer una tipología de las lenguas indoamericanas conocidas por él, o en Augusto Guillermo von Schlegel (1767-1845) y Federico von Schlegel (1772-1829).

Hoy nos resulta difícil concebir que uno de los obstáculos para la clasificación de las lengua y su comparación fuera la creencia en el hebreo como lengua primitiva del hombre. Aunque muchos gramáticos, especialmente a partir del siglo XVI, buscaron otras soluciones, apoyados en general también en la nefasta interpretación literal del texto bíblico, como la idea de que la lengua primitiva desapareció tras la confusión de Babel, lo cierto es que hasta Leibniz no se impuso el convencimiento de que el hebreo era una lengua como las otras y se podían buscar también sus parientes. Por ello vale la pena señalar que el propio Hervás, jesuita, fue el primero que presentó con bastante exactitud, en una obra general, la relación del hebreo con las otras lenguas de la familia semítica, dando unas precisiones sobre las relaciones de estas lenguas que resultan, a grandes rasgos, sumamente acertadas.

El establecimiento de familias lingüísticas se vincula en los comparatistas a la reconstrucción y se expone metodológicamente en forma de árboles genealógicos cuyos prototipos y estereotipos aparecen en la obra de Schleicher.

Jeffers y Lehiste presentan con claridad el problema de la reconstrucción y sus consecuencias; para el español y las lenguas románicas es muy interesante el planteamiento de Ferguson. Por nuestra parte, utilizaremos un ejemplo no indoeuropeo, sino de tres lenguas finougrias de la rama baltofínica: el livonio, hablado en Letonia, el estonio y el finés. Es preciso advertir que en estonio /g/ y /d/ son consonantes lenes sordas. En cuanto a la notación, dos puntos tras una vocal indican que es larga.

      Livonio    Finés      Estonio

 1.   säv        savi       savi      'arcilla'

 2.   tämm       tammi      tamm      'roble'

 3.   säpp       sappi      sapp      'bilis'

 4.   lüm        lumi       lumi      'nieve'

 5.   o:da       hauta      haud      'tumba'

 6.   umal       humala     humal     'lúpulo'

 7.   ja:lga     jalka      jalg      'pie'

 8.   ne:l'a     neljä      neli      'cuatro'

 9.   ä:ga       härkä      härg      'buey'

10.   o:r'a      harja      hari      'cepillo'

La reconstrucción (indicada con un asterisco ante la palabra) nos daría las formas siguientes:

1. *savi, en livonio la -i final se perdió tras inflexionar la vocal a >> ä.

2. tammi, no requiere otra explicación para el livonio; pero para el estonio es preciso tener en cuenta que de toda la lista sólo se conserva la vocal final en estonio en 1 y 4. Se pierde tras doble consonante (consonante larga), en 2, 3; tras grupo consonántico (7, 8, 9, 10); tras dos sílabas (6) o tras una sílaba cuya vocal no es corta, p. ej. el diptongo de 5.

3. *sappi obedece a la regla anterior.

4. *lumi como 1.

5. *hauta, se reconstruye a partir de la dental sorda del finés y el estonio (en éste escrita d). El livonio sonoriza, como en 7, la oclusiva sorda (t, k, respectivamente). h- inicial se pierde en livonio, cfr. tb. 6, 9, 10. Suponemos que el livonio monoptonga au en o:, aunque la evidencia de estos ejemplos no es concluyente.

6. *humala está aclarado por reglas de 2 y 5.

7. *jalka, con explicación para el livonio, como en 8 y 9, de alargamiento de vocal ante líquida (l, r).

8. *nelja exige para el finés una asimilación vocálica progresiva, que palataliza la -a en -ä, mientras que en estonio la -j vocaliza al quedar en posición final como consecuencia de la pérdida de -i. Lo mismo sucede en 10. En livonio la j detrás de líquida se pierde después de palatalizarla, como también ocurre en 10.

9. *härka, con fenómenos de pérdida de vocal final, sonorización y pérdida de h inicial ya conocidos.

10. *harja plantea problemas en livonio, nos obliga a postular una regla que diga que a evoluciona a o: en sílaba libre.

El desarrollo de la fonología, especialmente de los universales fonológicos, nos permite hoy ser mucho más rigurosos en la reconstrucción; pero con la metodología comparatista se alcanzaron resultados notables.

 

Nuestro contexto cultural nos lleva a elegir el árbol genealógico del indoeuropeo como ejemplo de este tipo de representaciones. Para conseguir una mayor claridad iremos distribuyendo las ramificaciones por estratos, aunque así se pierde una cierta visión de conjunto, nada difícil de obtener consultando cualquier obra introductoria o enciclopédica. No incluimos el ilirio, sobre cuya caracterización hay mucha controversia.

Al grupo anatolio, extinguido, perteneció el hetita o hitita. El grupo tocario se divide en dos ramas, llamadas simplemente A y B, mientras que el indoiranio comprende al índico (al que pertenecen, entre otras, la lengua llamada en Pakistán urdú y en India hindí, el romaní o lengua original de los gitanos, y el bengalí de Bangla Desh) y al iranio, (que comprende al tayiquí de Tayijistán y el vají y saricolí de China, al pasto de Afganistán, al curdo del Kurdistán, zona fronteriza entre Turquía, Irán e Iraq, al avéstico de los antiguos textos zoroastrianos y al persa). Al grupo helénico corresponde el griego; al armenio el armenio, con numerosa población dispersa por el mundo, además de en la República de Armenia y zonas caucásicas entre Armenia, Turquía y el Azerbaiyán. También el albanés es el único representante de la rama albanesa del protoindoeuropeo. (Véase lenguas indoeuropeas).

Naturalmente, esta síntesis reduce a la nada las variaciones de las lenguas diatópica o diastráticamente, es decir, los dialectos geográficos y sociales, así como diacrónicamente, o sea, las variantes que una lengua ha podido tener, como el griego clásico, el bizantino y el moderno.

Para establecer la relación con las lenguas románicas, nos detendremos en el árbol genealógico del grupo itálico.

En el conjunto de las lenguas románicas caben dos consideraciones generales: el dálmata está extinguido, por un lado; por otro, habría que incluir los dialectos románicos, como el asturleonés, el aragonés, el franco-provenzal, las variantes réticas, italianas o rumanas.

Más complejas son las ramificaciones, que obviamos, de las lenguas celtas, germánicas o balto-eslavas, éstas con sus dos grandes grupos, las lenguas bálticas, por un lado y las eslavas, por otro, subdivididas a su vez en occidentales, del sur y del este (donde se sitúa el ruso).

Las posibilidades de reconstrucción no se agotan en el siglo XIX, ni tampoco la vitalidad de la gramática comparada, aunque, por supuesto, ésta se beneficia de los nuevos desarrollos metodológicos que iremos estudiando y de otros planteamientos, menos restrictivos. Greenberg presenta en esta línea sus conclusiones sobre la reconstrucción de una familia euroasiática, integrada por nueve grupos lingüísticos, alguno de ellos está formado por varias lenguas, con relaciones bien establecidas, otros, en cambio, sólo por una: indoeuropeo; uralo-yucaguiro; altaico (es decir, túrquico, mongólico y manchú-tungúsico); coreano; japonés; ainú; nivejí; chucoto y esquimo-aleutiano. Esta clasificación supone sumarse a la separación de las lenguas altaicas y las urálicas y de éstas últimas y el coreano, que formaría probablemente un subgrupo con el japonés y el ainú. El planteamiento no supone que haya existido alguna vez una lengua llamada «altaica», en el sentido que habitualmente entendemos por «lengua».

En 1872 Johannes Schmidt (1843-1901) propuso un nuevo modelo de reconstrucción, que no tiene por qué ser excluyente del anterior y que, de hecho, tampoco supone la aportación fundamental de su autor a la lingüística histórica. Nos referimos a la teoría de las ondas, en busca de la explicación de fenómenos compartidos por lenguas vecinas, que no se deben a un antecesor común. La propagación de un fenómeno en una lengua, al avanzar, más que como una onda, como en un plano inclinado (concepto que recuerda inmediatamente lo que, h. 1920, constituirá la deriva, drift de Sapir), se extiende a lenguas y dialectos vecinos, donde no se pueden explicar por evoluciones propias de su antecesor. El fenómeno más característico, según esta teoría, sería el umlaut: la inflexión y palatalización de las vocales alemanas, que no aparece en la lengua germánica más antigua atestiguada, el gótico, único testimonio de la rama oriental del germánico. Se trataría de un cambio originado en lenguas norgermánicas o germánicas occidentales y extendido desde allí.

La consecuencia más llamativa, pero no la más importante, fue la negación de la posibilidad de reconstruir un estadio anterior de una lengua, como el indoeuropeo, a partir de las lenguas derivadas de él, sin otros testimonios. Las formas reconstruidas (es decir, las marcadas con asterisco) serían simples suposiciones, sin posibilidad alguna de comprobación. El conjunto de caracteres de cualquier lengua es incomprensible a partir de los supuestos metodológicos de la teoría del árbol genealógico, si no se amplía con otros.

Otro concepto que se resquebraja, en este caso, creemos, por las limitaciones de la notación, en buena parte, es el de ley fonética. Hermann Paul (1846-1921), a quien Arens (I, 460) presenta como el «sistemático oficial de la escuela neogramática», es en realidad mucho más que eso. En el capítulo 3, párrafo 46 de sus Prinzipien der Sprachgeschichte (1880/1970, 74) afirma:

La noción de «ley fonética» no debe comprenderse en el sentido que damos a ley en física o en química, o sea, en el sentido que tuve presente cuando opuse las ciencias exactas a las ciencias históricas. La ley fonética no afirma lo que debe repetirse siempre bajo determinadas condiciones generales, sino que verifica solamente la regularidad dentro de un grupo de determinados fenómenos históricos.

La ley es, por tanto, la verificación de una regularidad. El problema de saber hasta qué punto las leyes fonéticas deben ser consideradas sin excepción no se puede resolver directamente (§ 49), porque en la lengua se pueden obtener los mismos resultados por alteraciones que son totalmente diferentes de la fonética.

El mecanismo arranca del empleo individual, que se torna usual poco a poco, al extenderse dentro de la comunidad de hablantes. Nunca ocurre que varios individuos creen nada en conjunto, en el terreno lingüístico, a diferencia de lo que ocurre en el plano político o económico, la creación lingüística es siempre individual, aunque varios individuos creen lo mismo. Esta comunidad no tiene nada que ver con conceptos como «psicología de los pueblos» y otras nociones igualmente vagas, que son explícitamente rechazadas. Se opone así a Moritz Lazarus y Heyman (Hajim) Steinthal y a su Zeitschrift für Völkerpsychologie und Sprachwissenschaft, 'Revista de Psicología de los Pueblos y Lingüística', en la que se puede ver una de las posibles ramas derivadas de ideas de G. de Humboldt, aun con su parte crítica, que es precisamente la que hoy puede interesarnos menos, al tratar de buscar explicaciones en la línea de las percepciones y no de la forma interior, sobre todo en el Steinthal de la segunda época. Francisco A. Marcos Marín - ENCICLONET

Volver al inicio de Gramática española

TÉRMINOS GRAMATICALES

Adjetivo

adjetivo. 1. Palabra cuya función propia es la de modificar al sustantivo —con el que concuerda en género y número—, bien directamente: casa pequeña; magníficas vistas; aquel avión; bien a través de un verbo, caso en el que el adjetivo funciona como atributo (→ atributo) o como predicativo (→ predicativo): La casa es pequeña; Los niños comen tranquilos. Los adjetivos se dividen en dos grandes clases:

a) adjetivos calificativos. Son los que expresan cualidades, propiedades, estados o características de las entidades a las que modifican, como suave, valiente, nervioso, conductivo, magnético, u otras nociones, como relación o pertenencia, origen, etc.: materno, policial, químico, aristócrata, americano, siguiente, presunto. Los que expresan relación o pertenencia, como materno, policial o químico, se denominan, más específicamente, adjetivos relacionales; y los que expresan nacionalidad u origen, como americano o cordobés, se llaman adjetivos gentilicios (→ gentilicio).

b) adjetivos determinativos. Son los que tienen como función básica introducir el sustantivo en la oración y delimitar su alcance, expresando a cuáles o cuántas de las entidades designadas por el nombre se refiere el que habla: este coche, algunos amigos, tres días.
2. adjetivos gentilicios. → 1a.
3. adjetivos relacionales. → 1a.

Artículo

Clase de palabras que se antepone al sustantivo e indica si lo designado por este es o no conocido o consabido por los interlocutores, señalando, además, su género y su número: el árbol, unas mujeres, lo que me preocupa. Se distinguen dos clases de artículo:

a) artículo definido o determinado. Es átono e indica que la entidad a la que se refiere el sustantivo es conocida o consabida, esto es, identificable por el receptor del mensaje. Sus formas son el, la, lo, los, las.

b) artículo indefinido o indeterminado. Es tónico e indica que la entidad a la que se refiere el sustantivo no es conocida o consabida y, por tanto, no necesariamente identificable por el receptor del mensaje. Sus formas son un, una, unos, unas.

Volver al inicio de Gramática española

Adverbio

adverbio. 1. Palabra invariable cuya función propia es la de complementar a un verbo (Hablaba pausadamente), a un adjetivo (menos interesante) o a otro adverbio (bastante lejos, aquí cerca); también puede incidir sobre grupos nominales (solamente los jueves), preposicionales (incluso sin tu ayuda) o sobre toda una oración (Desgraciadamente, no pudo llegar a tiempo). Aportan significados muy diversos: lugar (aquí, cerca, dónde), tiempo (hoy, luego, recién, cuándo), modo (así, bien, cortésmente, cómo), negación (no, tampoco), afirmación (sí, efectivamente), duda (quizá, posiblemente), deseo (ojalá), cantidad o grado (mucho, casi, más, cuánto), inclusión o exclusión (incluso, inclusive, exclusive, salvo, excepto, menos), oposición (sin embargo, no obstante) u orden (primeramente), entre otras nociones.

2. adverbio comparativo. → comparativo.
3. adverbio exclamativo. → exclamativo.
4. adverbio interrogativo. → interrogativo.
5. adverbio relativo. → relativo.
adversativo -va. 1. Que denota o implica contraste u oposición de sentido.
2. conjunción adversativa. → conjunción, 2.
3. oración adversativa. → oración, 5.

Volver al inicio de Gramática española

Categoría gramatical

categoría gramatical. Cada una de las clases de palabras establecidas en función de sus propiedades gramaticales. Las categorías fundamentales son el artículo, el sustantivo, el adjetivo, el pronombre, el verbo, el adverbio, la preposición, la conjunción y la interjección.
causal. 1. Que denota o expresa causa.
2. conjunción causal. → conjunción, 3.
3. oración causal. → oración, 6.

Causativo -va. Se dice de un verbo que tiene sentido o valor causativo cuando la entidad designada por el sujeto no realiza por sí misma la acción de la que se habla, sino que la ordena o la encarga a otros: El dictador fusiló a miles de opositores; Me he cortado el pelo en una peluquería nueva. También se aplica a los verbos intransitivos que tienen variantes transitivas, como en Herví la leche durante diez minutos (transitivo y causativo), frente a La leche hirvió durante diez minutos (intransitivo). Los verbos causativos admiten paráfrasis con «hacer + infinitivo» o «hacer que + verbo en subjuntivo»: Hice hervir la leche durante diez minutos; El dictador hizo que fusilaran a miles de opositores.

Clítico

clítico, ca.
1. adj. Gram. Dicho de un elemento gramatical átono: Que se liga morfológicamente a una forma anterior o posterior. U. m. c. s. m.

Compuesto

3. adj. Gram. Dicho de un vocablo: Formado por composición de dos o más voces simples; p. ej., cortaplumas, vaivén.

Complemento

1. Palabra o grupo de palabras que depende sintácticamente de otro elemento de la oración.

2. complemento agente. El que en una oración pasiva (→ pasivo, 1) aparece encabezado por la preposición por e indica la persona, animal o cosa que realiza la acción denotada por el verbo (→ agente): La ciudad fue destruida por los romanos. También puede complementar a un sustantivo, si este implica una acción verbal: El texto describe la destrucción de la ciudad por los romanos.

3. complemento circunstancial. Complemento del verbo no exigido por el significado de este y que expresa las circunstancias de lugar, tiempo, modo, instrumento, medio, causa, finalidad, cantidad, etc., relacionadas con la acción verbal: Trabajo en un banco; Amanece a las cinco; Llovía intensamente; Cavé la zanja con una pala; Te llamaré por teléfono; Ahorro para las vacaciones.

4. complemento de régimen. Complemento encabezado siempre por una preposición y exigido por el verbo, de forma que, si se suprime, la oración resulta anómala o adquiere otro significado: La victoria depende de los jugadores; Se empeñó en hacerlo; Me conformo con esto. También pueden llevar complementos de régimen algunos sustantivos y adjetivos: Su renuncia al cargo sorprendió a todos; Es propenso a los resfriados.

5. complemento directo. El que está exigido por el verbo y completa su significación al designar la entidad a la que afecta directamente la acción verbal. Se construye sin preposición o, en determinadas circunstancias, con la preposición a (→ a2, en el cuerpo del diccionario): El editor aún no ha leído tu última novela; Cómprate esas; No creo que venga; Estoy esperando a mis padres. Puede sustituirse, y a veces coaparecer, con los pronombres átonos de acusativo (→ acusativo), que en tercera persona adoptan las formas lo(s), la(s): La he leído; Cómpratelas; No lo creo; A mis padres los estoy esperando. En la versión pasiva (→ pasivo) de la oración, cuando esta es posible, el complemento directo desempeña la función de sujeto: Tu última novela aún no ha sido leída por el editor.

6. complemento indirecto. Complemento del verbo que, si es un nombre o un grupo nominal, va precedido siempre de la preposición a y puede sustituirse o coaparecer con los pronombres átonos de dativo (→ dativo), que en tercera persona adoptan las formas le, les (o se, si el pronombre de dativo precede a otro de acusativo): (Le) di el paquete a tu hermano; Le di el paquete; Se lo di. Según el significado del verbo al que complementa, puede designar al destinatario de la acción: Le hablé de ti a mi jefe; al que resulta beneficiado o perjudicado por ella: Te he limpiado la casa o Le han roto la bicicleta a mi hermano; al que experimenta la noción que el verbo denota: Le cuesta pedir disculpas; o a la persona o cosa afectadas positiva o negativamente por las características de algo: Los pantalones le están grandes.

7. complemento partitivo. → partitivo.

8. complemento predicativo. → predicativo.
Conjugación

Conjunción

Conjunto de todas las formas de un verbo, correspondientes a los distintos modos, tiempos, números y personas. También, cada uno de los grupos a los que pertenece un verbo según la terminación de su infinitivo y que determina el modo en que se conjuga; así, los verbos terminados en -ar son de la primera conjugación, los terminados en -er son de la segunda y los terminados en -ir son de la tercera.

conjunción. 1. Palabra invariable que introduce diversos tipos de oraciones subordinadas (conjunción subordinante) o que une vocablos o secuencias sintácticamente equivalentes (conjunción coordinante).

2. conjunción adversativa. La que une palabras u oraciones cuyos sentidos se oponen parcial o totalmente. Son pero, mas y sino.

3. conjunción causal. La que introduce oraciones subordinadas causales (→ oración, 6). Las más representativas son porque y pues.

4. conjunción comparativa. La que introduce el segundo término de comparación en las construcciones u oraciones comparativas (→ oración, 7). Son que y como.

5. conjunción completiva. La que introduce oraciones subordinadas sustantivas (→ oración, 35). Son que (a veces, también como) y, en cierto tipo de oraciones interrogativas indirectas, si.

6. conjunción concesiva. La que introduce oraciones subordinadas concesivas (→ concesivo, 1). La más representativa es aunque.

7. conjunción condicional. La que introduce oraciones subordinadas condicionales (→ oración, 10). La más representativa es si.

8. conjunción consecutiva. a) La que une oraciones o enunciados entre los que se establece una relación de causa-deducción o causa-consecuencia, como conque, luego o la locución así que, llamadas también conjunciones ilativas: Pienso, luego existo; Tengo mucho trabajo, así que este año no me voy de vacaciones.

b) En las llamadas construcciones consecutivas intensivas, la que introduce la subordinada que expresa la consecuencia o el efecto de lo denotado en la principal a través de los intensificadores, tácitos o expresos, tan(to) o tal (o de los determinantes un o cada): Puso tanta sal en la ensalada que no había quien se la comiera; Canta que da gusto; Hace un frío que pela; Dice cada tontería que es imposible hacerle caso.
9. conjunción coordinante. → 1.

10. conjunción copulativa. La que une palabras, oraciones y otros grupos sintácticos estableciendo entre ellos relaciones de adición o de agregación. Son y, e, ni.

11. conjunción distributiva. La que se antepone a los diferentes miembros de una coordinación distributiva, que es aquella en la que se presenta una sucesión de alternativas o situaciones contrapuestas. Se construyen generalmente estas secuencias con adverbios usados correlativamente con valor de conjunciones, los cuales se anteponen a los diferentes términos que aparecen como opciones: bien..., bien...; ya..., ya...; ora..., ora...

12. conjunción disyuntiva. La que expresa al ternancia o elección entre palabras u oraciones. Son o, u.

13. conjunción final. La que introduce oraciones subordinadas finales (→ oración, 25). Las más representativas son las locuciones para que y a fin de que.

14. conjunción ilativa. → 8a.
15. conjunción subordinante. → 1.

Género

género1. Esta palabra tiene en español los sentidos generales de ‘conjunto de seres u objetos establecido en función de características comunes’ y ‘clase o estilo’: «El citado autor [...] ha clasificado los anuncios por géneros» (Díaz Radio [Esp. 1992]); «Ese género de vida puede incluso agredir a su salud mental» (Grande Fábula [Esp. 1991]). En gramática significa ‘propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros’: «El pronombre él, por ejemplo, indica género masculino» (Casares Lexicografía [Esp. 1950]). Para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término sexo: «En el mismo estudio, las personas de sexo femenino adoptaban una conducta diferente» (Barrera/Kerdel Adolescente [Ven. 1976]). Por tanto, las palabras tienen género (y no sexo), mientras que los seres vivos tienen sexo (y no género). No obstante, en los años setenta del siglo xx, con el auge de los estudios feministas, se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término género (ingl. gender) con un sentido técnico específico, que se ha extendido a otras lenguas, entre ellas el español. Así pues, en la teoría feminista, mientras con la voz sexo se designa una categoría meramente orgánica, biológica, con el término género se alude a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. Es en este sentido en el que cabe interpretar expresiones como estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc. Dentro del ámbito específico de los estudios sociológicos, esta distinción puede resultar útil e, incluso, necesaria. Es inadmisible, sin embargo, el empleo de la palabra género sin este sentido técnico preciso, como mero sinónimo de sexo, según se ve en los ejemplos siguientes: «El sistema justo sería aquel que no asigna premios ni castigos en razón de criterios moralmente irrelevantes (la raza, la clase social, el género de cada persona)» (País@[Esp.] 28.11.02); «Los mandos medios de las compañías suelen ver como sus propios ingresos dependen en gran medida de la diversidad étnica y de género que se da en su plantilla» (Mundo [Esp.] 15.1.95); en ambos casos debió decirse sexo, y no género. Para las expresiones discriminación de género y violencia de género existen alternativas como discriminación o violencia por razón de sexo, discriminación o violencia contra las mujeres, violencia doméstica, violencia de pareja o similares.

género2. 1. Los sustantivos en español pueden ser masculinos o femeninos. Cuando el sustantivo designa seres animados, lo más habitual es que exista una forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos, bien por el uso de desinencias o sufijos distintivos de género añadidos a una misma raíz, como ocurre en gato/gata, profesor/profesora, nene/nena, conde/condesa, zar/zarina; bien por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del referente (heteronimia), como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera; no obstante, son muchos los casos en que existe una forma única, válida para referirse a seres de uno u otro sexo: es el caso de los llamados «sustantivos comunes en cuanto al género» (→ a) y de los llamados «sustantivos epicenos» (→ b). Si el referente del sustantivo es inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, césped, día) o solo femenino (mesa, pared, libido), aunque existe un grupo de sustantivos que poseen ambos géneros, los denominados tradicionalmente «sustantivos ambiguos en cuanto al género» (→ c).

a) Sustantivos comunes en cuanto al género. Son los que, designando seres animados, tienen una sola forma, la misma para los dos géneros gramaticales. En cada enunciado concreto, el género del sustantivo, que se corresponde con el sexo del referente, lo señalan los determinantes y adjetivos con variación genérica: el/la pianista; ese/esa psiquiatra; un buen/una buena profesional. Los sustantivos comunes se comportan, en este sentido, de forma análoga a los adjetivos de una sola terminación, como feliz, dócil, confortable, etc., que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos: un padre/una madre feliz, un perro/una perra dócil, un sillón/una silla confortable.

b) Sustantivos epicenos. Son los que, designando seres animados, tienen una forma única, a la que corresponde un solo género gramatical, para referirse, indistintamente, a individuos de uno u otro sexo. En este caso, el género gramatical es independiente del sexo del referente. Hay epicenos masculinos (personaje, vástago, tiburón, lince) y epicenos femeninos (persona, víctima, hormiga, perdiz). La concordancia debe establecerse siempre en función del género gramatical del sustantivo epiceno, y no en función del sexo del referente; así, debe decirse La víctima, un hombre joven, fue trasladada al hospital más cercano, y no La víctima, un hombre joven, fue trasladado al hospital más cercano. En el caso de los epicenos de animal, se añade la especificación macho o hembra cuando se desea hacer explícito el sexo del referente: «La orca macho permanece cerca de la rompiente [...], zarandeada por las aguas de color verdoso» (Bojorge Aventura [Arg. 1992]).

c) Sustantivos ambiguos en cuanto al género. Son los que, designando normalmente seres inanimados, admiten su uso en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado: el/la armazón, el/la dracma, el/la mar, el/la vodka. Normalmente la elección de uno u otro género va asociada a diferencias de registro o de nivel de lengua, o tiene que ver con preferencias dialectales, sectoriales o personales. No deben confundirse los sustantivos ambiguos en cuanto al género con los casos en que el empleo de una misma palabra en masculino o en femenino implica cambios de significado: el cólera (‘enfermedad’) o la cólera (‘ira’); el editorial (‘artículo de fondo no firmado’) o la editorial (‘casa editora’). De entre los sustantivos ambiguos, tan solo ánade y cobaya designan seres animados.

2. Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos

2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.

2.2. Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.; → 2.1), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.

3. Formación del femenino en profesiones, cargos, títulos o actividades humanas. Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc.— como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:

a) Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a: bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga. Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes: el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo (no debe considerarse una excepción el sustantivo reo, cuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es rea, aunque funcione asimismo como común: la reo). También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos: el/la fisio, el/la otorrino. En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del lat. -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo: diácono/diaconisa; y excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa): diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.

b) Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes: el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra. En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de poeta, existen ambas posibilidades: la poeta/poetisa. También tiene dos femeninos la voz guarda, aunque con matices significativos diversos (→ guarda): la guarda/guardesa. Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista: el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista. Es excepcional el caso de modista, que a partir del masculino normal el modista ha generado el masculino regresivo modisto.

c) Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.): el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche. Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina: alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque sacerdote también se usa como común: la sacerdote). En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.

Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente, procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante, etc.): el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante. No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos: la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’)

d) Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes: el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.

e) En cuanto a los terminados en -y, el femenino de rey es reina, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes: el/la yóquey.

f) Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a: compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora. En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del lat. -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo: actor/actriz, emperador/emperatriz.

g) Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a: el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar (pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer (raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.

h) Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a: guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa. Se exceptúan barón e histrión, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente: baronesa, histrionisa. También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecán, que es común en cuanto al género (el/la edecán; → edecán). Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes: el/la barman.

i) Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.

j) Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes: el/la chef, el/la médium, el/la pívot. Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda.

k) Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar: el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez; los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca: el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo; y los sustantivos compuestos que designan persona: el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.

l) Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc.: «Me llamo Patricia Delamo y soy detective privada» (Beccaria Luna [Esp. 2001]).

4. Género de los nombres de países y ciudades. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones. En general puede decirse que los nombres de países que terminan en -a átona concuerdan en femenino con los determinantes y adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del próximo siglo» (Tiempo [Col.] 2.1.90); «Hizo que la vieja España pensara sobre sus colonias» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]); mientras que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino: «Para que [...] construyan juntos el Panamá del futuro» (Siglo [Pan.] 15.5.97); «El México de hoy ya no es el México de hace tres años» (Proceso [Méx.] 19.1.97); «La participación de Rusia en el Iraq que resultará de la guerra dependerá de si adopta una “postura constructiva” en la ONU» (Razón [Esp.] 9.4.03). En lo que respecta a las ciudades, las que terminan en -a suelen concordar en femenino: «Hallado un tercer foro imperial en la Córdoba romana» (Vanguardia [Esp.] 10.3.94); mientras que las que terminan en otra vocal o en consonante suelen concordar en masculino, aunque en todos los casos casi siempre es posible la concordancia en femenino, por influjo del género del sustantivo ciudad: «Puso como ejemplo de convivencia cultural y religiosa el Toledo medieval» (Vanguardia [Esp.] 16.10.95); «Ya vuela [...] sobre la Toledo misteriosa» (Reyes Letras [Méx. 1946]); «El Buenos Aires caótico de frenéticos muñecos con cuerda» (Sábato Héroes [Arg. 1961]); «Misteriosa Buenos Aires» (Mujica Buenos Aires [Arg. 1985] tít.). Con el cuantificador todo antepuesto, la alternancia de género se da con todos los nombres de ciudades, independientemente de su terminación: «—¿Lo sabías tú? —Bueno, Javier, lo sabe todo Barcelona» (Mendoza Verdad [Esp. 1975]); «Por toda Barcelona corre un rumor de llanto y de promesa» (Semprún Autobiografía [Esp. 1977]). La expresión masculina «el todo + nombre de ciudad» se ha lexicalizado en países como México y España con el sentido de ‘élite social de una ciudad’: «Su pequeño bar es el lugar donde se reúne “el todo Barcelona”» (Domingo Sabor [Esp. 1992])

 

Volver al inicio de Gramática española

GERUNDIO
DICCIONARIO CLAVE

s.m.
Forma no personal del verbo, que presenta la acción en su curso de desarrollo y que generalmente tiene una función adverbial: ‘Habiendo comido’ es el gerundio compuesto del verbo ‘comer’.
ETIMOLOGÍA: Del latín gerundium, y este de gerundus (el que se debe llevar a cabo).

WIKIPEDIA
En el contexto particular de la gramática,el gerundio es una conjugación del verbo que demuestra una acción; pero no está definida ni por el tiempo,el modo,el número ni la persona.( Desinencia o terminaciónes: -ando' para la primera conjugación (-ar); -iendo para las conjugaciones segunda y tercera (-er, -ir)).

En castellano deriva del gerundium latino que, inicialmente, era el caso ablativo del gerundivum (participio de futuro pasivo). Junto con el participio y el infinitivo, el gerundio es una de las formas no personales del verbo o verboides. Este tipo de forma no personal del verbo expresa anterioridad o simultaneidad y, en ocasiones, una posterioridad inmediata. En español, el verbo está en gerundio cuando tiene el sufijo -ando, -iendo o -yendo, y muchas veces es precedido por alguna forma del verbo estar. El gerundio compuesto de determinado verbo se forma con dicho verbo en participio simple, precedido por el verbo haber en gerundio. Para usarlo se necesita poner antes un verbo copulativo.
Ejemplos del gerundio:

* Marta estaba ingresando.
* Pedro está escribiendo.
* José estaría leyendo.

Ejemplo del gerundio compuesto:

* Habiendo caminado.
* Habiendo escrito.

IMPERATIVO
DICCIONARIO CLAVE
imperativo, va
adj./s.m.
1 Que manda o que expresa mandato u obligación: ‘Ven aquí’ es una oración imperativa.

WIKIPEDIA
El modo imperativo es un modo gramatical, empleado para expresar mandatos, órdenes o solicitudes taxativas. Es frecuente en todas las lenguas del mundo, entre ellas las lenguas indoeuropeas donde suele realizarse mediante la el fruto verbal se desnuda sin morfemas de tiempo. Aunque en algunas lenguas como el latín el imperativo distingue entre formas de presente (raíz desnuda) y formas de futuro (con sufijos).

En español, el imperativo, es uno de los cuatro modos finitos del español moderno, junto con el modo indicativo, el subjuntivo y el condicional. Por su propia naturaleza, el imperativo es normalmente un modo defectivo, vale decir, no presenta formas para todas las personas y números.
 

INFINITIVO
DICCIONARIO CLAVE

s.m.
Forma no personal del verbo, que expresa la acción sin matiz temporal: ‘Pensar’, ‘hacer’ y ‘dormir’ son infinitivos.

WIKIPEDIA
En gramática, el infinitivo es una forma verbal no finita que comparte características propias de un sustantivo; generalmente no distingue persona, número ni tiempo, aunque por ejemplo en portugués se conjuga según persona y número. Es una forma apta para expresar la idea de una acción como noción general, sin especificar las circunstancias de su realización particular (cómo, cuándo, qué o quién).

El carácter abstracto del acto que evoca el infinitivo explica que en muchos idiomas lo encontremos como entrada ( lema) en el diccionario para agrupar todas las formas conjugadas que el verbo engloba. Por esta razón también lo encontramos frecuentemente en las frases donde se dice algo en general sobre el acto en el infinitivo.

Ejemplos en español:
* Querer es poder
* El comer y el rascar todo es empezar
* Ver para creer

Dentro de las características del infinitivo en la mayoría de los idiomas, con algunas excepciones como el portugués, se pueden enumerar:
* Uso del infinitivo como verboide en la mayoría de los casos.
* Cumple la función de otras categorías léxicas -generalmente la de un sustantivo- en las oraciones en que están incluidas, como por ejemplo como sujeto de otro verbo.
* No se conjugan de acuerdo a ningún sujeto, y en los casos en que el sujeto está presente, no presenta caso.
* No cumplen la función de verbo declarativo en los casos en que son el único verbo presente en la frase.
* Por convención lexicográfica, es la forma verbal considerada como lema, nombre o forma no conjugada del verbo, y es la forma inicial usual para referirse a un verbo o investigar sus conjugaciones.
* No presentan tiempo, modo, aspecto, ni voz.
* Son utilizados con verbos auxiliares.

Sin embargo, no siempre el infinitivo presenta todas estas características en un idioma en particular. Los infinitivos de los idiomas pueden presentar otras características, incluyendo la ausencia de algunas de las características listadas previamente. Además, hay idiomas sin un infinitivo estricto, como el japonés.
 

INTERJECCIÓN
DICCIONARIO CLAVE
s.f.
En gramática, parte invariable de la oración que equivale a una oración completa y que, dotada de la entonación apropiada, sirve para expresar un estado de ánimo o para llamar la atención del oyente: ‘¡Ay!’, ‘¡olé!’ y ‘¡canastos!’ son interjecciones.
ETIMOLOGÍA: Del latín interiectio (intercalación).
ORTOGRAFÍA: Las interjecciones deben escribirse entre signos de admiración.

WIKIPEDIA

Sustantivo femenino
1 Gramática Voz que expresa alguna impresión súbita —como asombro, sorpresa, dolor, etc.—, sin mostrar conexión sintáctica con el resto del enunciado, poseyendo sentido holofrástico. Muchas veces muestran peculiaridades articulatorias, empleando fonemas que no aparecen regularmente en la lengua, como el chasquido de la lengua, usado para expresar desagrado o impaciencia

Modificador verbal
Nombre colectivo
Número
Complemento directo
Oración
Partícula modal
Plural
Postposición
Predicado
Predicativo
Preposición
Pronombre
Pronombre personal
Singular
Sintaxis
Sujeto
Superlativo
Sustantivo
Verbo
Verbo auxiliar
Verbo intransitivo
Verbo transitivo

 

Volver al inicio de Gramática española

___________________________

  • Recopilado de ENCICLONET: Basada en la Enciclopedia Universal editada por Micronet brinda acceso a artículos sobre distintas ramas del conocimiento: artes plásticas, arquitectura, cine. /

  • http://buscon.rae.es/dpdI/

   

 

                                                                        Principal Arriba El alfabeto español La acentuación La puntuación La apócope Los prefijos Los sufijos Palabras Compuestas El número El género El plural El adjetivo El adjetivo plural Los pronombres Artículo neutro - lo El Verbo