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La falsedad tiene alas y
vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las
gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde.
Miguel de Cervantes
Todos deseamos llegar a viejos; y
todos negamos que hemos llegado.
Francisco de Quevedo
Gramática -
Sinónimos
Lingüística,
filología, lengua, expresión, trivio, dicción, sintaxis,
ortografía
El término "gramática" hace referencia a distintos
conceptos, según la visión que de él se tenga. En un sentido
estricto, la gramática es una rama de la lingüística que
estudia, mediante un método de análisis sistemático, la
estructura de una determinada lengua. Las dos disciplinas
básicas que la integran son la morfología (que se ocupa de
la forma y estructura de las palabras) y la sintaxis (que
analiza las relaciones mutuas de las palabras dentro de las
oraciones). En un sentido más general y extendido, la
gramática se identifica con la lingüística, y por tanto
engloba la fonología, la morfología, la sintaxis y la
semántica como sistemas interrelacionados dentro de una
jerarquía global en las lenguas humanas. Por último, en su
sentido más genérico (ajeno ya al marco del lenguaje
humano), una gramática es cualquier sistema de símbolos
organizados y estructurados, en particular los que se
emplean para programar ordenadores y comunicarse con ellos.
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española
Niveles en el estudio de la gramática
Se dice que el lenguaje es "articulado" porque está
compuesto por cuatro sistemas lingüísticos (fonología,
morfología, sintaxis y semántica) que se articulan o
conectan entre sí de forma ordenada y jerárquica: los
sonidos se combinan formando morfemas, que son las unidades
más pequeñas de la lengua con significado propio; a su vez,
los morfemas se unen para formar palabras, unidades básicas
de la gramática; la combinación de las palabras a través de
sintagmas da lugar a oraciones, que se utilizan para
comunicar significados.
En primer lugar, la fonología tiene como objetivo la
descripción de los sonidos de una lengua como unidades
contrastivas dentro del sistema lingüístico general, que
constituyen los elementos más básicos de la gramática (no
debe confundirse esta disciplina con la fonética, que
estudia los sonidos en su realización material o fónica). En
el siguiente nivel se halla la morfología, que es el estudio
de la formación de las palabras (unidades con sentido pleno)
a partir de los sonidos (unidades carentes de significado),
así como sus modificaciones gramaticales. A continuación, la
sintaxis se ocupa de agrupar estas unidades léxicas mediante
reglas de combinación para formar sintagmas y oraciones, que
son las unidades superiores de la gramática. Por último, la
semántica es la disciplina encargada de clasificar y
estructurar los diferentes significados que se pueden
expresar mediante las oraciones de una lengua (no debe
confundirse con la lexicología, que estudia el léxico o
conjunto de palabras de cada una de las diferentes lenguas y
sus relaciones contrastivas en un determinado momento de su
evolución, ni con la lexicografía, aplicación práctica de la
anterior disciplina lingüística destinada a la composición
de diccionarios).
Distintos tipos de gramática
Se distinguen numerosas modalidades de gramática, según su
mayor o menor enfoque en diferentes aspectos del lenguaje.
Una primera distinción es la que se establece entre
gramática descriptiva, que únicamente se limita a reflejar
de forma precisa el uso que los hablantes hacen de su
lengua, y gramática normativa (o prescriptiva), que intenta
establecer reglas para el correcto uso de ésta. En un
sentido más amplio, la gramática descriptiva estudia
igualmente la modalidad concreta de una lengua en una
determinada fase de su evolución, y por tanto se opone a la
gramática histórica, que se ocupa de su desarrollo a lo
largo del tiempo. La gramática comparada busca establecer
las diferencias y semejanzas entre distintos idiomas o
variedades lingüísticas. La gramática estructural (o
funcional) estudia las lenguas en sí mismas como sistemas
que son, tratando de explicar el funcionamiento y estructura
de los elementos que las componen. La gramática teórica (o
general) va más allá de la observación de lenguas
individuales, y se propone descubrir la naturaleza misma del
lenguaje mediante la recogida de datos lingüísticos.
La gramática generativa (o transformativa) es un sistema
teórico que se propone para describir y explicar las
oraciones de una lengua a partir de un número limitado de
reglas. A diferencia de las anteriores gramáticas, que
consideran el lenguaje en su aspecto visible de sistema
estructural, la generativa lo ve como una capacidad mental
del ser humano para adquirir una determinada lengua. Existen
una serie de reglas lingüísticas universales y subyacentes
mediante las que se construyen los distintos sistemas
lingüísticos utilizados por todos los hablantes del mundo,
reglas que no se aprenden a través de la experiencia sino
que son innatas.
Historia de la gramática
En el estudio del lenguaje a lo largo de los años se puede
hablar de tres grandes corrientes gramaticales: gramática
tradicional, gramática estructural y gramática generativa.
Gramática tradicional
Las primeras reflexiones acerca del lenguaje las llevaron a
cabo los filósofos de la Grecia clásica, alrededor del siglo IV a.C. Preocupados básicamente por cuestiones generales
acerca de la naturaleza de los seres humanos y el universo,
y con la firme creencia de que debían existir verdades
eternas e inmutables, estos filósofos se aproximaron al
lenguaje (una capacidad única de los hombres, como creían)
con la esperanza de poder hallar en él las respuestas a
algunos de los grandes misterios de la vida. Pensaban que
los dioses habían otorgado a los hombres el don divino del
lenguaje, y que por lo tanto representaba la perfección
suma. Por supuesto, dado que se tenía conocimiento de pocas
culturas más aparte de la helénica, sólo el griego era digno
de estudio; el resto de lenguas eran consideradas como
hablas degeneradas o "bárbaras".
Platón opinaba que las palabras mantenían una relación
inherente, natural y lógica con los entes o conceptos que
representaban. A partir de esta idea, construyó un sistema
gramatical (posiblemente el primero del mundo occidental)
formado por dos clases de palabras: ×noma y »Åma. Las
primeras designan la entidad que lleva a cabo una acción o
aquélla de la que se afirma algo. Los elementos de la
segunda clase representan la realización de la acción o la
afirmación que se hace del ×noma. Puede verse que esta
diferenciación está muy próxima a la actual entre nombre y
verbo.
Aristóteles, el discípulo más aventajado de Platón, continuó
las investigaciones lingüísticas de su maestro. Entre sus
más importantes contribuciones al estudio del lenguaje
destacan: la definición de una tercera clase de palabras, sÝndesmoj (conjunción), que englobaba a todas aquéllas que
no eran ni ×noma ni »Åma; el descubrimiento de determinados
rasgos estructurales de las palabras (como por ejemplo el
hecho de que los nombres poseyeran caso y los verbos
tiempo); la que posiblemente es la primera definición del
término "palabra": la más pequeña unidad lingüística con
significado pleno. Sin embargo, su principal contribución
fue un sistema de lógica natural cuidadosamente
desarrollado, basado en el silogismo. Aristóteles defendía
que el razonamiento mental de este esquema de proposiciones
reflejaba perfectamente el pensamiento del ser humano, y por
lo tanto consideraba el lenguaje como un proceso mental de
naturaleza lógica.
La siguiente escuela de pensamiento que se ocupó del
lenguaje fueron los estoicos (alrededor del año 300 a.C.).
Ampliaron la clasificación gramatical de Aristóteles a
cuatro elementos con la adición de la categoría "artículo" y
subdividieron los nombres en comunes y propios. Por otra
parte, llevaron a cabo detallados estudios acerca del tiempo
y la concordancia verbal, y llegaron a la conclusión de que
el nombre poseía cinco casos: nominativo, acusativo, dativo,
genitivo y vocativo.
Alrededor del siglo II a.C., Dionisio de Tracia amplió a
ocho las clases de palabras, dando lugar a una clasificación
que perduró en el mundo occidental hasta bien entrada la
época moderna: nombre, pronombre, verbo, participio,
artículo, adverbio, conjunción y preposición.
Posteriormente, los romanos recogieron esta tradición
gramatical griega prácticamente en su integridad.
Advirtieron que el latín (a diferencia del griego) poseía un
sexto caso, el ablativo, y se preocuparon por la
conservación del lenguaje en toda su pureza.
(Véase gramática clásica) - Dentro de poco tendremos este
artículo
Durante la Edad Media se continúan en gran medida los
estudios clásicos de la gramática. Por otro lado, las
distintas escuelas filosóficas empiezan a sentir interés por
las relaciones existentes entre el significante (o forma
material de las palabras) y el significado (o sentido de las
mismas). Con la llegada del Renacimiento y el descubrimiento
de nuevas culturas, los gramáticos se muestran muy
interesados en conocer la genealogía de las lenguas. La
creencia general es que todas son variantes lingüísticas de
un único conjunto de principios universales originarios,
comunes a todas las lenguas humanas. Tras una primera etapa
de devoción cultural hacia las lenguas clásicas
(especialmente el latín y el griego), las lenguas vernáculas
van incrementando su importancia y es entonces cuando se
escriben las primeras gramáticas autóctonas de cada nación.
La Gramática de la lengua castellana (1492), de Antonio de Nebrija, constituye el primer intento serio de clasificación
gramatical del español.
(Véase gramática medieval y gramática humanística) - Dentro
de poco tendremos este artículo
Los estudios gramaticales durante los siglos XVII y XVIII se
polarizan en torno al gran debate filosófico del momento
entre racionalismo (cuyo máximo representante era Descartes)
y empirismo (basado en las doctrinas de Locke y Hume). Los
racionalistas sostenían que ciertas ideas y capacidades
mentales de los seres humanos (la principal de las cuales es
el lenguaje) eran innatas. Los empiristas, en cambio,
defendían que todo conocimiento humano (incluido el
lenguaje) se puede explicar como conocimiento adquirido a
través de la experiencia mediante los sentidos. Los
gramáticos de la escuela racionalista retomaron las teorías
lingüísticas del mundo griego y propusieron una serie de
postulados generales: la universalidad del pensamiento se
refleja en el lenguaje humano; el gramático ha de ocuparse
únicamente de describir, lo más precisa y objetivamente
posible, la lengua hablada por una comunidad tal cual es,
sin basarse en criterios prescriptivos; la unidad básica no
es la palabra, sino el sintagma, representante de un
pensamiento o idea subyacente; en el lenguaje existen dos
niveles complementarios: una estructura profunda, formada
por el conjunto de ideas abstractas y relaciones mentales
comunes a todo el pensamiento humano, y una estructura
superficial, que representa la forma gramatical que adopta
la primera en las diferentes lenguas habladas en el mundo.
(Véase gramática racionalista)
- Dentro de poco tendremos este artículo
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Gramática estructural
Durante el siglo XIX se empieza a investigar con especial
interés acerca del origen de las lenguas y sus relaciones
mutuas, lo que da lugar al nacimiento de la gramática
histórica y la gramática comparada. El método principal
empleado por estas dos disciplinas consistía en reunir gran
cantidad de datos lingüísticos (especialmente de carácter
fonológico y textual) y extraer conclusiones a partir de
ellos. Gracias a estos estudios se consiguió desarrollar
auténticas genealogías de las lenguas y clasificar el mapa
lingüístico mundial. A comienzos del siglo XX, la gramática
estructural abandonó esta dependencia de los testimonios
escritos y se centró en el estudio de las lenguas en sí
mismas, como sistemas autocontenidos y vivos. Para ello, los
estructuralistas tomaron como base de todas sus
investigaciones la morfología, disciplina lingüística que se
ocupa de la estructura formal de las palabras. Su método de
análisis de la lengua se basa en la observación cuidadosa de
un corpus lingüístico (o conjunto de datos) tomado del habla
de una comunidad para llegar al conocimiento del sistema
subyacente a tal manifestación externa. En palabras del
lingüista suizo Ferdinand de Saussure, considerado como uno
de los padres del estructuralismo, la gramática debe
describir la langue ‘lengua’, el sistema de signos
lingüísticos comunes a una comunidad de hablantes, en lugar
de la parole ‘habla’, realización concreta de la lengua que
en sí misma no constituye un sistema organizado. Todo
individuo posee un conocimiento interno y subconsciente de
la lengua, aunque su habla particular no tiene por qué
reflejarlo fielmente debido a causas externas (como pueden
ser lapsos de memoria o incapacidad articulatoria). La
gramática estructural considera que cada lengua es un "metasistema"
compuesto por varios otros sistemas organizados en niveles
interrelacionados: en la escala más baja se encuentran los
sonidos, que se combinan para formar palabras, que a su vez
se combinan para formar oraciones, cuya agrupación se usa
para comunicar significados. De esta forma, las distintas
disciplinas que estudian estos elementos anteriores
(fonología, morfología, sintaxis y semántica) constituyen la
gramática en su sentido más general.
(Véase gramática
estructural) - Dentro de poco tendremos este artículo
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Gramática
generativa
En 1957, el lingüista americano Noam Chomsky publica
Estructuras sintácticas, obra de clara inspiración
matemática en la que critica los métodos empleados por la
gramática estructural. Para él, el estudio de la gramática
debe centrarse en el lenguaje mismo como capacidad cognitiva
del ser humano, y no en la simple recogida y análisis de
datos formales, que no son más que una manifestación externa
de aquél. De esta forma, la gramática se equipara a las
hipótesis científicas, ya que pasa a definirse como una
teoría o sistema que se propone para describir y explicar
las oraciones de una lengua específica, no como elementos
aislados, sino como reflejo de la capacidad mental del
lenguaje común a todas las personas. Una gramática adecuada
será aquélla que sea capaz de generar oraciones gramaticales
(es decir, ajustadas a una serie de reglas formales y
comprensibles por parte de un hablante nativo) y descartar
las que no lo sean; pero, sobre todo, ha de ser capaz de
generar todas las posibles oraciones gramaticales de una
lengua. Por lo tanto, la gramática debe basarse no en la
semántica (como hacía la gramática tradicional) ni en la
morfología (como hacía la gramática estructural), sino en la
sintaxis. Para Chomsky, la sintaxis descansa sobre el
principio de la recursividad, un proceso formal mediante el
cual se pueden crear infinitas oraciones a partir de la
aplicación de un número finito de reglas a un número también
limitado de constituyentes sintácticos. En última instancia,
la gramática generativa retoma las teorías mentalistas del
racionalismo del siglo XVIII, en la medida en que considera
el lenguaje como una capacidad innata de las personas cuyas
reglas formales reflejan el mecanismo del pensamiento
humano.
La gramática transformativa (o transformacional) es un
desarrollo posterior de la generativa en la que se establece
que el paso de un esquema oracional a otro se lleva a cabo
mediante la aplicación de determinadas reglas o
transformaciones (por ejemplo, la que se aplica a una
oración cualquiera para convertirla en interrogativa o
formar su correspondiente estructura pasiva).
Dos modelos en el estudio de las lenguas: gramática
comparada y gramática formal
A continuación se presentan dos perspectivas gramaticales
distintas —aunque en muchos aspectos complementarias:
gramática comparada y gramática formal. La primera, que se
engloba dentro de la corriente estructuralista anteriormente
explicada, surgió a raíz de las inquietudes de los
lingüistas del siglo XIX por encontrar las semejanzas que
pudieran existir entre las distintas lenguas conocidas hasta
entonces; su estudio se mueve en el doble eje diacrónico y
sincrónico, ya que basa sus supuestos en la evolución
histórica de las variedades lingüísticas y en sus cambios
formales (fundamentalmente de carácter fonológico). La
gramática formal, por su parte, se originó tras las
investigaciones de la gramática generativa, y busca
categorizar las lenguas en base a reglas formales de
carácter matemático; su orientación computacional es
evidente, en el sentido de que emplea una sintaxis
"comprensible" para las máquinas (amén de una terminología
básicamente informática). Como puede verse, la gramática
comparada y la gramática formal se asemejan en el hecho de
que ambas buscan establecer reglas fijas, aunque la primera
se basa en el cotejo de varias lenguas y la segunda se
centra en el sistema propio de cada una.
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Más adelante
tendremos también estos temas en la página...
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Sustantivos
Introducción
Sustantivo, categoría léxica que
expresa la pertenencia de las cosas a alguna clase o conjunto de
entidades que poseen rasgos en común y que se caracteriza por
ser núcleo de sintagmas nominales.
Forma
Desde el punto de vista formal, el
sustantivo es una categoría con flexión en muchas lenguas, es
decir, admite variaciones en su terminación para indicar las
categorías gramaticales de género, número y, a veces, caso.
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El género de los sustantivos
Los sustantivos en español
pueden ser masculinos o femeninos.
No debe confundirse el género
con el sexo: el género es una característica gramatical
mientras que el sexo es una característica biológica de
algunos seres vivos. De hecho, los sustantivos tienen
género independientemente de que los seres referidos
tengan sexo o no, como sol, que es masculino o luna,
que es femenino. No hay nada en las entidades
designadas que determine el género gramatical de los
sustantivos. De hecho, en otras lenguas, estos
sustantivos presentan otros rasgos de género (como en
alemán Sonne, femenino y Mond masculino).
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Los sustantivos que designan seres animados
suelen indicar la diferencia de género, y de
sexo, con morfemas de género, es decir presentan
moción:
Formas masculinas señaladas
por los morfos de género masculino -o, -e o
-Ø: chico, jefe, señor.
Formas femeninas señaladas
por el morfo -a: chica, jefa, señora.
En muchas ocasiones, aunque los sustantivos se
refieren a seres sexuados, tienen género
inherente, es decir, son sólo masculinos o sólo
femeninos. Algunos pueden referirse a seres de
cualquier sexo: persona es siempre
femenino aunque designe a hombres; abanto o
desastre son siempre masculinos. Otros
sustantivos, aparte de tener género inherente,
se refieren a seres de un único sexo, por lo que
se recurre a palabras diferentes para establecer
el contraste de sexo: hombre/mujer; caballo/yegua, etcétera.
En el caso de sustantivos con género inherente
referidos a animales o plantas, la distinción de
sexo se realiza añadiendo ‘macho’ o ‘hembra’:
la araña macho / la araña hembra;
el abrótano macho / el abrótano hembra.
La gramática tradicional llamaba a estos
sustantivos epicenos.
Otros sustantivos referidos a seres animados se
dice que son comunes en cuanto al género pues,
según el contexto, tienen un género u otro para
referirse a un sexo o a otro: el/la
estudiante.
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Entidades inanimadas
La mayoría de los sustantivos que se refieren a entidades
inanimadas tienen género inherente. No obstante,
algunos sustantivos son ambiguos en cuanto al
género pues pueden acompañarse indistintamente
de artículos o determinantes femeninos o
masculinos (el/la maratón). En algunos
casos, sin embargo, existen connotaciones
diferentes (el/la mar). No deben
confundirse este tipo de sustantivos con
aquellos que cambian radicalmente de significado
según se trate del femenino o del masculino,
como coma, y que normalmente tienen
orígenes diferentes. No se trata en este caso de
sustantivos ambiguos en cuanto al género, sino
de sustantivos homógrafos.
El número del sustantivo
En español, los sustantivos pueden ser
singulares o plurales. La mayoría de los
sustantivos presentan flexión de número,
es decir tienen formas diferentes para el
singular y para el plural, lo que se señala con
el morfo Ø (o ausencia de morfema de número,
según los autores) en casa y canción,
frente a los alomorfos de plural /s/, casas,
o /es/, canciones. Véase Número.
Algunos sustantivos son invariables, es decir,
tienen la misma forma en singular y en plural,
como los llanos que acaban en –s o –x, por
ejemplo tesis o clímax, incluidos
los compuestos formados a partir de un verbo y
un sustantivo, como saltamontes o
guardaespaldas.
Existen sustantivos que designan entidades
formadas por dos partes simétricas y que pueden
significar lo mismo en singular que en plural:
Ayer me corté con una tijera/unas tijeras.
Tanto si existe la forma en singular (pantalón/pantalones)
como si no (prismáticos), el plural puede
referirse a un solo objeto o a varios: Me
gustan las gafas que llevas puestas (un
objeto); En su casa tiene muchas gafas (varios
objetos).
Algunos sustantivos sólo tienen forma singular.
Se trata de los singularia tántum, como
sed.
Los sustantivos que sólo tienen número plural se
denominan pluralia tántum, por ejemplo
víveres o bártulos.
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La función
La función primordial del sustantivo
es la de constituir el núcleo de un
sintagma nominal.
En la oración María ve la
televisión, María es el sintagma
nominal sujeto, constituido en este
caso únicamente por un núcleo; televisión es el núcleo del
sintagma nominal la televisión,
que hace la función de complemento
directo.
Dentro de un sintagma nominal, el
sustantivo puede ir acompañado y ser
modificado por:
a) Determinantes
de cualquier tipo o artículos:
‘Esta’ casa me gusta.
b) Adjetivos:
El hombre ‘alegre’ resulta siempre
agradable.
c) Sustantivos:
Han construido una nueva ciudad
‘dormitorio’.
d) Sintagmas
preposicionales: El estuche ‘de
cuero’ es bonito. Quiero café ‘con
leche’.
e) Oraciones de
relativo: El balón ‘que me regaló
mi tío’ es grande.
El sustantivo, como núcleo del sintagma nominal, impone el género y
el número a los determinantes,
adjetivos o participios que lo
acompañan o complementan: El
zapato es precioso; Esas chicas son
portuguesas; La niña estaba cansada.
Véase Concordancia.
Cuando un sustantivo completa el
significado de otro sustantivo
realiza la misma función que un
adjetivo. Véase Adjetivación.
Ciertas palabras, sin ser
sustantivos ni pronombres, realizan
en la oración la misma función que
estos; se dice entonces que están
sustantivadas o que son sustantivos
de discurso. En estos casos
van precedidas de un determinante o
de artículo: Siempre tiene un
‘no’ para todo. Véase
Sustantivación.
Significación
Los sustantivos pueden
ser sometidos a diversas
clasificaciones
semánticas:
Hoy día se habla de sustantivos
o de nombres, aunque a la
hora de distinguir entre
comunes y propios se utiliza
el término ‘nombre’ más
frecuentemente que el de
sustantivo. Así se habla de
nombres propios o nombres
comunes y no de sustantivos
propios o sustantivos
comunes.
Los nombres comunes aluden a
personas, animales o
conceptos en general que
existen en la realidad o son
producto de la imaginación
humana y cuyas
características especiales
no difieren de los de su
misma clase: zapato,
cisne, unicornio,
masmédula (Oliverio Girondo), jitanjáfora.
Asocian un
elemento a un determinado
conjunto de elementos (zapato
al conjunto de los zapatos).
A diferencia de los comunes,
los nombres propios
distinguen o identifican un
individuo entre los demás
elementos de una misma clase:
Leonor, Babieca,
Tizona. Cuando se
refieren a personas o cosas
personificadas reciben el
nombre de antropónimos,
si aluden a espacios
geográficos se denominan topónimos. Se escriben
siempre con mayúscula
inicial (véase
Antroponimia; Toponimia).
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Contables y no contables
Los sustantivos no contables
son aquellos que se refieren a
materias y son medibles. Denotan
cosas que pueden dividirse hasta
el infinito conservando su
naturaleza. Los sustantivos
contables, por otro lado,
designan entidades individuales
que al dividirse no mantienen su
naturaleza. Un poco de agua (no
contable) sigue siendo agua,
mientras que una parte de una
silla (contable) no es una silla.
Esta clasificación semántica
tiene notables consecuencias
sintácticas.
Los contables pueden combinarse
con numerales cardinales (una
silla, dos sillas, etcétera) al
contrario que los no contables
(*un dinero, *dos dineros,
etcétera). En algunos casos, los
nombres no contables se
recategorizan como contables
para referirse a unidades
típicas o a tipos de sustancia:
un café es una taza
(contable) de café en Se
tomó un café; un
establecimiento (contable) en Quedamos en el café de la
esquina o un tipo (contable)
de café en Compró un café
brasileño en lugar de colombiano.
Los sustantivos no contables
pueden utilizarse sin
determinantes como complementos,
lo que no sucede con los
contables, que para aparecer sin
determinación deben presentar
forma plural, como se observa en
los siguientes ejemplos: La
niña pidió pan; *La niña pidió
libro; La niña pidió libros.
Véase Determinantes.
Los sustantivos contables
pueden subdividirse a su vez en
colectivos e individuales. Los
sustantivos colectivos designan
en singular conjuntos de
entidades, como familia o
ejército, mientras que
los individuales designan una
sola entidad, como soldado.
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Concretos y abstractos
Los sustantivos concretos
designan elementos
individuales cuya
existencia el hablante
percibe a través de los
sentidos o de su
representación en
imágenes: libro,
tejado.
Los sustantivos abstractos nombran un concepto,
una cualidad o un estado
que sólo es aprehensible
por la mente humana: libertad, amor.
Muchos sustantivos
abstractos de cualidad
derivan de adjetivos: simpleza, hermosura.
Algunos sustantivos son
abstractos en singular y
concretos en plural. Por
ejemplo, amistad
es abstracto en Aquel
abrazo fue una
manifestación de amistad,
mientras que amistades es
concreto en A su
madre no le gustan sus
amistades, pues se
refiere a los amigos de
alguien.
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Adjetivo
Adjetivo, parte variable de la
oración que acompaña opcionalmente
al sustantivo en el sintagma
nominal, para calificarlo (adjetivo
calificativo) o determinarlo (adjetivo
determinativo), concordando con él
en género, número y en algunas
lenguas también en caso.
Adjetivo
calificativo
En la gramática tradicional
se le llama nombre adjetivo, y
comparte con el sustantivo el
género, el número y alguna
función gramatical.
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Forma
El adjetivo, desde un punto de
vista formal, está compuesto por
un lexema o raíz, que aporta el
significado de la palabra, y
unos morfemas que lo completan.
Los morfemas son de dos tipos:
constituyentes y facultativos.
Los constituyentes u obligatorios
son los gramaticales de género
(masculino y femenino) y número
(singular o plural). Como el
adjetivo calificativo no tiene
un género específico, se limita
a adoptar el del sustantivo al
que acompaña. Puede presentar
dos formas: una variable, que
ofrece una terminación para el
masculino y otra para el
femenino, cuya oposición es
-o/-a, -e/a, ø/a: bueno/buena,
rubiete/rubieta,
cantarín/cantarina, y otra
invariable, cuya única forma
sirve para ambos géneros:
rebelde, infantil.
Cuando aparecen antepuestos a un
sustantivo masculino, algunos
adjetivos presentan una forma
apocopada: mal asunto / mala
noticia. Véase Apócope.
El adjetivo toma el mismo número
que el del sustantivo, ya que ha
de establecer la concordancia
con él. Los adjetivos que en
singular terminan en vocal átona
forman su plural añadiendo una
-s; los que en singular acaban
en consonante o en vocal tónica,
lo hacen añadiendo -es.
El artículo no es, como ocurre
con el sustantivo, un morfema
del adjetivo. Si en un sintagma
aparecen un artículo y un
adjetivo sin ningún sustantivo
al que completen, el artículo
sustantiva al adjetivo.
Los constituyentes facultativos
del adjetivo son los prefijos y
sufijos, que modifican el
significado del lexema. Los
sufijos pueden ser:
aumentativos, diminutivos y
derivativos.
Ejemplos de análisis de
adjetivos desde el punto de
vista formal: Bajito: baj-
(lexema), -it- (morfema
diminutivo), -o (morfema
gramatical de género), -ø
(ausencia de morfema gramatical
de número).
Mexicanas: Mexic- (lexema), -an-
(morfema derivativo), -a
(morfema gramatical de género),
-s (morfema gramatical de
número).
Algunos adjetivos se han formado
a partir de palabras primitivas
que originalmente no tenían esta
categoría gramatical, pues eran
sustantivos, adjetivos o verbos,
pero a las que al añadir a su
lexema un morfema derivativo,
además de darles éste un nuevo
significado, las ha convertido
en adjetivos: Colonia, colonial;
trigo, trigueño; azul, azulado;
amar, amable; oír, oíble. Otros
se han formado a partir de dos
palabras primitivas:
barbilampiño.
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Grado
del adjetivo
Casi todos los adjetivos
(los que señalan propiedades o
características cuantificables)
pueden presentar su cualidad en
diferentes grados de intensidad
o plenitud para mostrarla tal
cual es, para establecer una
comparación entre dos elementos
o para potenciar al máximo la
cualidad del adjetivo.
El grado positivo presenta
la cualidad del adjetivo en su
término medio, sin ponerla en
relación con ninguna otra:
alegre, bondadoso. El grado
comparativo presenta la cualidad
del adjetivo en relación con
otra, estableciendo su
superioridad (más generoso),
igualdad (tan agradable) o
inferioridad (menos risueño) con
respecto a ella. Más, tan y
menos son adverbios, adyacentes
del adjetivo al que acompañan;
el segundo término de la
comparación se establece
mediante otros marcadores, los
nexos conjuntivos comparativos
que y como. El grado superlativo
expresa la cualidad en su más
alto grado, marcando una
relación absoluta (superlativo
absoluto) mediante:
a) los adverbios muy,
extraordinariamente, enormemente,
altamente, extremadamente: Muy
especial, enormemente listo.
b) los
prefijos archi-, extra-, requete-,
super-: Requetelimpio,
superinteligente.
c) con
los sufijos -ísimo o -érrimo:
listísimo, celebérrimo.
d)
locuciones adverbiales: la mar
de simpático.
El superlativo puede ser
también relativo, si expresa la
máxima cualidad de algo o
alguien en relación con otras
personas, animales o cosas de un
grupo determinado: Sonia es la
más simpática de mis amigas (de
superioridad), Juan es el menos
complaciente de la clase (de
inferioridad). Muy es
incompatible con la terminación
-ísimo: muy buenísimo.
Procedentes del latín, en
español se conservan
comparativos y superlativos
irregulares que conviven con las
regulares correspondientes. Así,
del bueno surge el comparativo
mejor y el superlativo óptimo,
que pueden alternar con más malo
y muy malo. Los demás
comparativos y superlativos
irregulares son:
de malo: peor; pésimo
de grande: mayor; máximo
de pequeño: menor; mínimo
de alto: superior; supremo o
sumo
de bajo: inferior; ínfimo.
Además, existen otros
superlativos irregulares,
procedentes del latín, de
carácter culto o literario,
cuyas formas más usadas son:
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española
acre:
acérrimo
amable: amabilísimo
amigo: amicísimo
antiguo: antiquísimo
áspero: aspérrimo
benévolo: benevolentísimo
célebre: celebérrimo
cierto: ciertísimo o certísimo
cruel: crudelísimo
fiel: fidelísimo
frío: frigidísimo
fuerte: fortísimo
libre: libérrimo
mísero: misérrimo
noble: nobilísimo
nuevo: novísimo
pobre: paupérrimo
pulcro: pulquérrimo
sagrado: sacratísimo
salubre: salubérrimo
simple: simplicísimo
Estos superlativos presentan
otra forma popular o coloquial,
como amiguísimo, asperísimo,
cruelísimo, integrísimo...
Algunos adjetivos tienen formas
duplicadas en el superlativo con
variaciones fonéticas: bonísimo/buenísimo,
fortísimo/fuertísimo, o cambios
de grafías: antiquísimo (derivado
de antiguo). Potísimo, ‘muy
poderoso’ y ubérrimo, ‘muy
abundante y fértil’ son
superlativos cultos, no existen
en español adjetivos en grado
positivo de los que se hayan
formado.
Relacionados con los comparativos
y superlativos tradicionales
están los aumentativos,
diminutivos y los despectivos,
que establecen también una
relativa idea comparativa y que
se hallan a medio camino entre
la flexión y la derivación.
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Función
El adjetivo calificativo
puede acompañar a un sustantivo,
apareciendo antepuesto o
pospuesto a éste, o puede
aparecer de forma independiente
realizando las siguientes
funciones:
a) adyacente: modificador
o adjunto de un sustantivo.
Puede aparecer antepuesto o
pospuesto a éste: un ‘claro’
día, un niño ‘alegre’.
b) atributo o
predicado nominal, si en la
oración aparecen los verbos ser o
estar: Mis
amigas son ‘simpáticas’.
c)
predicativo: Vi a Raúl muy
‘enfadado’.
d) núcleo de
un sintagma adjetivo: Está
‘lleno’ de alegría.
e) núcleo de
un sintagma adjetivo
sustantivado: El ‘verde’
me gusta.
f) aposición:
mi amigo, ‘feliz por
verme’, me abrazó.
En algunos países de América
es frecuente la adverbialización
de los adjetivos: Toca ‘lindo’.
El participio equivale
a un adjetivo, por lo cual puede
realizar sus mismas funciones.
Si el participio conserva su
naturaleza verbal puede ir
complementado por otras palabras
y formar una proposición de
participio.
Significación
El adjetivo calificativo
expresa una cualidad del
sustantivo al que acompaña o
con el que se relaciona.
Puede ser especificativo
o explicativo. El
especificativo es el que
delimita (especifica) la
significación del sustantivo;
aporta una información
necesaria, por lo que no se
puede suprimir sin que varíe
sustancialmente el
significado de la frase.
Suele ir pospuesto al
sustantivo: El libro
‘pequeño’ está sobre la
mesa. El explicativo o
epíteto aporta una
información ya conocida e
intrínseca al significado
del sustantivo; por lo tanto,
si se prescinde de él no
varía notablemente el
significado de la frase: Dejó su huella en la
‘blanca’ nieve. Aparece
antepuesto al sustantivo.
La posición que ocupa el
adjetivo con respecto al
sustantivo al cual acompaña
suele estar muy relacionada
con lo semántico.
Generalmente se afirma que
en español el hablante goza
de una cierta libertad para
anteponer o posponer el
adjetivo al sustantivo en
función de su preferencia o
intencionalidad: prado
verde, verde prado; la casa
alta, la alta casa, pero
hay veces en las que la
norma impone su anteposición
o posposición; así se dice,
por ejemplo, mujer casada,
color azul, cosa
difícil de
conseguir. A veces
cambia el significado del
adjetivo dependiendo de su
posición: buen
hombre/hombre bueno, pobre
hombre/hombre pobre, mala
comida/comida mala.
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Adjetivos determinativos
Los adjetivos determinativos
acompañan al nombre en
el sintagma nominal para
actualizarlo: limitan la
significación del nombre
de varias formas. Si
delimitan la
significación en el
espacio se trata de
adjetivos demostrativos,
del tipo este, ese,
aquel. Si refieren
el significado del
nombre a las relaciones
de posesión, se trata de
adjetivos posesivos, del
tipo mi, mío, tu,
tuyo, su, suyo; las
formas breves, que son
apocopadas, se emplean
sólo antepuestas al
nombre; las plenas van
pospuestas y tienen un
carácter estilístico. Si
limitan la significación
del nombre y la
cuantifican u ordenan,
se trata de adjetivos
numerales, del tipo dos, segundo, doble,
mitad. Esta clase de
adjetivos se ve
seriamente discutida por
algunas escuelas
lingüísticas: las que
admiten su existencia
distinguen entre
numerales cardinales,
que dan cuenta de la
cantidad, como tres
o trescientos;
numerales ordinales, los
que refieren la
significación a un
determinado orden, como
tercero o tricentésimo. Hay
otros tipos de adjetivos
determinativos, los que
presentan al nombre de
forma deliberadamente
imprecisa; se trata de
los indefinidos, como algún, ningún, todo,
cierto o semejante.
Todos los adjetivos determinativos
pueden pasar a funcionar
como pronombres; a su
vez, pueden acompañar a
un pronombre en función
de adjetivo. A veces un
solo nombre puede ir
acompañado por más de un
tipo de adjetivos
determinativos: las
dos primeras sillas son
para esos amigos tuyos.
Salvo en un caso así,
los adjetivos
determinativos se
anteponen al nombre; la
posposición ofrece
posibilidades
estilísticas: Este
cuadro es de Miró;
el cuadro este es de
Miró.
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Pronombres
Pronombre, parte de la oración
que puede ocupar el
lugar de un nombre o
hacer alusión a él.
Procede del latín pronomen, que
significa ‘en lugar del
nombre’; sustituye en
ocasiones, aunque no
siempre, a un sustantivo,
al que se denomina
antecedente.
Los gramáticos latinos
mantenían una categoría
gramatical única que
incorporaba las
funciones del artículo y
del pronombre. Fue en el
siglo XVI cuando J. C.
Escalígero demostró que
en el pronombre
confluían tres funciones,
la de señalar la
atención sobre un nombre
presente, como en: A
María ‘le’ duele la
cabeza; la de
auténtico sustituto del
nombre, como en: Vi a
María contenta y ‘la’
saludé, y la de
figurar junto a un
nombre con valor
enfático, como en: ‘Nosotros’
los andaluces.
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Forma
Algunas gramáticas distinguen
entre pronombres
sustantivos, aquellos
cuya aparición evita la
repetición de un
sustantivo nombrado
anteriormente: Encontré
a Marcos en la calle,
‘lo’ encontré, y
pronombres adjetivos,
los que acompañan a un
nombre, modificándolo,
al tiempo que reproducen
a otro anterior o
sobrentendido: ‘nuestro’
equipo. Otras prefieren
denominar directamente a
los primeros como
pronombres y a los
segundos como adjetivos.
También algunos
adverbios pueden
funcionar como
pronombres: donde,
cuando.
Ambas categorías se presentan
en grupos de número
limitado: personales (sólo
pronombre sustantivo),
demostrativos, posesivos,
indefinidos, relativos,
numerales,
interrogativos y
exclamativos.
Muchos de ellos presentan
en su flexión
variaciones de género
masculino, femenino e
incluso neutro: alguno
(-a, -os, -as), suya,
aquello; de número
singular y plural: ésta/éstas,
él/ellos, y los
personales y posesivos
también indican la
persona gramatical.
Otros se mantienen
invariables en cuanto a
la forma, por lo que se
debe recurrir a la
concordancia para
conocer su género o
número.
Función
Los pronombres realizan
las mismas funciones que
los adjetivos
determinativos
(pronombres adjetivos):
determinante o
modificador del
sustantivo al que
acompaña: ‘éste’ por este papel;
sustantivos (pronombres
sustantivos): sujeto: ‘éste’
me gusta,
complemento directo: ‘las’ vendí,
complemento indirecto: ‘les’
compré la máquina,
atributo: Juan es
‘aquél’, complemento
circunstancial: ¿con
‘quiénes’ saliste?...;
adverbios (pronombres
adverbios): complemento
circunstancial: ésta
es la ciudad ‘donde’
nací.
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Significación
Su significado es casi
siempre contextual
porque depende en
muchos casos del
significado de
alguna palabra del
texto en el que se
halle inserto el
pronombre o del
contexto: éste puede
referirse a una
persona, animal o
una cosa, según a lo
que haga alusión.
Algunos de ellos son
deícticos.
Los pronombres personales
yo y tú indican las
personas que
intervienen en un
discurso; otros
hacen una referencia
anafórica a algo
expresado
anteriormente: un
sustantivo, un
sintagma nominal o
una proposición; un
tercer grupo
anticipa algo que se
expone con
posterioridad (referencia
catafórica): un
sintagma nominal o
una proposición. Microsoft ® Encarta ® 2006. ©
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