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LA HISTORIA DE LA
LINGÜÍSTICA
4.0
Historia de la lingüística
La historia de
la lingüística está construida desde la antigüedad por una
tradición de ideas y tratados sobre el lenguaje tales como
la retórica, la gramática, la filología, la morfología y la
sintaxis para fundirse en esta ciencia que queda comprendida
en la semiología y ésta a su vez en la psicología social.
4.1 El mundo
griego
La especulación
lingüística comenzó esporádicamente entre los filósofos
retóricos presocráticos. Se discutieron dos cuestiones
fundamentales: hasta qué punto el lenguaje era "natural", y
hasta qué punto "convencional"; y hasta qué punto el
lenguaje es analógico (estructurado y ordenado mediante
reglas), y hasta qué punto es anómalo (variable, irregular e
impredecible.) Ya aparecen cuestiones lingüísticas en
algunos diálogos de Platón, como el Cratilo, por lo cual es
probable que Sócrates ya se interesase por esas cuestiones.
Luego, Aristóteles retomó el interés por el lenguaje y trató
cuestiones lingüísticas relacionadas con la retórica y la
crítica literaria en sus obras Retórica y Poética. A pesar
de que Platón y Aristóteles se interesaron por las
cuestiones del lenguaje, fueron los filósofos del Estoicismo
los primeros en reconocer a la lingüística como una rama
separada de la filosofía.
En la época helenística, el estudio de la lingüística era
necesario, ya que el imperio de Alejandro Magno era muy
extenso y dentro de él se hablaban muchas lenguas
diferentes. Por eso se crearon institutos de enseñanza de la
lengua griega (la lengua oficial del imperio), como medio de
cohesión y dominio de los pueblos bajo la influencia griega.
Asimismo, los estudiosos intentaban preservar los niveles de
gramática y estilo griegos que habían alcanzado los grandes
autores clásicos. Algunos estudiosos del lenguaje se
orientaban hacia la literatura (como Dionisio de Tracia);
otros, hacían mayor referencia a los principios lógicos y
psicológicos que subyacen al lenguaje.
4.2 El mundo
romano
Cuando Roma
entró en contacto con Grecia, la lingüística estaba ya bien
desarrollada. Basándose en las gramáticas griegas, los
estudiosos romanos intentaron concebir la gramática de la
lengua latina. Había tantas semejanzas entre ambas lenguas,
tanto tipológicas como lexicales, que se llegó a difundir la
idea errónea de que el latín descendía directamente del
griego, con alguna mezcolanza bárbara. Solo hubo un
gramático que demostró orginialidad en sus estudios: Marco
Terencio Varrón (116-27 a.C.). Varrón realizó una larga
disquisición acerca de la lengua latina, en la que investigó
su gramática, su historia y su uso contemporáneo. Asimismo,
trató cuestiones de lingüística general, como la
controversia entre analogía y anomalía. Llegó a la
conclusión de que el lenguaje es análogo, está gobernado por
reglas; que es tarea del lingüista descubrir y clasificar
esas reglas; que existen anomalías, pero que son semánticas
o gramaticales y que éstas deben aceptarse y registrarse,
pero que no es parte del trabajo del lingüista el tratar de
mejorar la estructura de la lengua desafiando el uso
establecido. Una opinión bastante revolucionaria, teniendo
en cuenta las ideas de aquella época y las de hoy en día.
Desde los comienzos de la era cristiana apareció un gran
número de gramáticas latinas. Las más importantes son la de
Donato y la de Prisciano.
4.3 La
Europa Medieval
Durante la Edad
Media, los textos de Donato y Prisciano fueron esenciales
para la enseñanza del latín —la lengua oficial del Imperio
Romano de Occidente y posteriormente de la Iglesia—, en que
se basaba toda la educación y los estudios lingüísticos. En
la etapa conocida como Renacimiento Carolingio, la obra de
Prisciano cobró cada vez más importancia, hasta que se
convirtió en la base erudita para la enseñanza de la
gramática. Alrededor del siglo XII, se produjo un
resurgimiento de la filosofía europea a manos de hombres
como San Anselmo de Canterbury y Pedro Abelardo, siempre
dentro de la Iglesia, único sostén de la educación. A raíz
de los contactos que Europa tuvo con la erudición griega del
Este se retomó la lectura de los textos de Aristóteles, con
lo cual renació el estudio del griego. Gracias a este
resurgimiento, cambió la concepción de la gramática latina,
considerada más como una disciplina filosófica que didáctica
y literaria. Con los estudios gramaticales controlados por
los filósofos, se la empezó a considerar como un medio de
relacionar el lenguaje con la mente humana. "La teoría del
lenguaje con la que operaban los gramáticos especulativos
adoptaba tres niveles interrelacionados: realidad externa o
formas en las que el mundo existe, sus propiedades reales (modi
essendi), las capacidades de la mente para aprehender y
comprender éstas (modi intelligendi) y los medios a través
de los cuales la humanidad puede comunicar esta comprensión
(modi significandi)".
El aporte más importante de la gramática especulativa es la
teoría de la gramática universal. Gracias al estudio de las
lenguas vernáculas, los gramáticos llegaron a la conclusión
de que todos lo seres humanos tienen la capacidad de
aprender un lenguaje, y que las diferencias no son más que
accidentes. Los estudios gramaticales se dejaron de lado,
por considerarse de escaso interés teórico. Lo mismo ocurrió
con el estudio de los textos clásicos latinos. Sin embargo,
nunca fueron desechados del todo. Y en el Renacimiento
fueron definitivamente retomados.
4.4 El
Renacimiento
En 1492 aparece
la primera gramática castellana de Nebrija, en la que se
eleva esta lengua a la categoría de la toscana, heredera
privilegiada del latín.
Durante todo el siglo XVI aparecen gramáticas de lenguas
vernáculas (español, francés), de lenguas indígenas
(quechua, náuhatl), lo que demuestra la necesidad que tienen
el nacionalismo político, por un lado, y la Iglesia por
otro, de disponer de un instrumento de identificación y de
divulgación respectivamente. A pesar de ello, no decae el
interés por el estudio del latín, entre otras razones porque
una vez desaparecido el latín vulgar como lingua franca,
existe en el Renacimiento la imperiosa necesidad de rescatar
el latín clásico como lengua de cultura. Al mismo tiempo, el
interés que ha despertado el estudio de las lenguas vulgares
hace posible estudios comparativos que buscan sus rasgos
comunes y más generales.
4.5 La
Ilustración
En efecto,
durante el Renacimiento, la eclosión de las lenguas
vernáculas va a dar lugar a la revitalización de las
investigaciones sobre la lengua perfecta o común. En esta
línea aparece la Minerva de el Brocense o la conocida
gramática de Port-Royal, que actúa como eslabón entre las
teorías racionalistas del s. XVII y las del XVIII.
A propósito del origen del lenguaje y sus relaciones con el
pensamiento, el siglo XVIII se haya dividido entre hipótesis
racionalistas e hipótesis empírico sensistas. Muchos
pensadores de la Ilustración están influidos por los
principios cartesianos que se habían expresado, a nivel
semiótico, en la Grammaire (1660) y La Logique (1692) de
Port-Royal. Autores como Beauzée y De Marsais intentan
distinguir un perfecto isomorfismo entre lengua, pensamiento
y realidad, y en esta línea discurrirán muchas de las
discusiones sobre la racionalización de la gramática. Frente
a ello se encuentra la llamada lingüística ilustrada,
representada por Condillac, para quien toda la actividad del
alma, además de las percepciones, procede de los sentidos.
Esta polémica llegará hasta nuestros días de la mano de
Chomsky y su Gramática generativa.
4.6
La lingüística comparada
Será con la
llegada del romanticismo cuando se produzca un importante
resurgir de todo lo que tenga que ver con la cultura de los
pueblos y de las naciones, con sus particularidades, y en
consecuenta, con lo que pudiera significar la expresión del
alma del pueblo. En este contexto, uno de los aspectos más
apreciados será el de las lenguas nacionales como principal
expresión del alma de los pueblos, de ahí el resurgimiento
en esta época de abundantes estudios comparativos,
etnográficos y descriptivos relacionados con la lengua. Las
lenguas tienen vida, se quiere saber cómo son, por qué
cambian, para qué se usan realmente, cuál es su origen. Se
busca el parentesco entre las distintas lenguas, las leyes
que expliquen las analogías, los elementos comunes y
diferenciales, etc.
El descubrimiento del sánscrito significa todo un empujón en
este sentido. En 1786, William Jones establece el parentesco
del sánscrito con el latín, el griego y las lenguas
germánicas. Posteriormente, en 1816, en una obra titulada
Sistema de la conjugación del sánscrito, Franz Bopp
comprendió que las relaciones entre lenguas parientes podían
convertirse en una ciencia autónoma. Pero esta escuela, con
haber tenido el mérito indisputable de abrir un campo nuevo
y fecundo, no llegó a constituir la verdadera ciencia
lingüística. Nunca se preocupó por determinar la naturaleza
de su objeto de estudio. Y sin tal operación elemental, una
ciencia es incapaz de procurarse un método.
El primer error, y el que contiene en germen todos los
otros, es que en sus investigaciones -limitadas por lo demás
a las lenguas indoeuropeas- nunca se preguntó a qué
conducían las comparaciones que establecía, qué es lo que
significaban las relaciones que iba descubriendo. Fue
exclusivamente comparativa en vez de ser histórica; pero,
por sí sola, no permite llegar a conclusiones. Y las
conclusiones se les escapaban a los comparatistas, tanto más
cuanto se consideraba el desarrollo de dos lenguas como un
naturalista lo haría con el cruzamiento de dos vegetales.
Hasta 1870, más o menos, no se llegó a plantear la cuestión
de cuáles son las condiciones de la vida de las lenguas. Se
advirtió entonces que las correspondencias que las unen no
son más que uno de los aspectos del fenómeno lingüístico,
que la comparación no es más que un medio, un método para
reconstruir los hechos.
La lingüística propiamente dicha, que dio a la comparación
el lugar que le corresponde exactamente, nació del estudio
de las lenguas romances y de las lenguas germánicas. Los
estudios románicos inaugurados por Diez -su Gramática de las
lenguas romances datan de 1836-1838- contribuyeron
particularmente a acercar la lingüística a su objeto
verdadero. Y es que los romanistas se hallaban en
condiciones privilegiadas, desconocidas de los
indoeuropeístas; se conocía el latín, prototipo de las
lenguas romances, y luego, la abundancia de los documentos
permitía seguir la evolución de los idiomas en los detalles.
Estas dos circunstancias limitaban el campo de las
conjeturas y daban a toda la investigación una fisonomía
particularmente concreta. Los germanistas estaban en
situación análoga; sin duda el protogermánico no se conoce
directamente, pero la historia de las lenguas de él
derivadas se puede seguir, con la ayuda de numerosos
documentos, a través de una larga serie de siglos. Y también
los germanistas, más apegados a la realidad, llegaron a
concepciones diferentes de la de los primeros
indoeuropeístas.
Un primer impulso se debió al americano Whitney, el autor de
La vida del lenguaje (1875). Poco después, se formó una
escuela nueva, la de los neogramáticos, liderada por
alemanes. Su mérito consistió en colocar en perspectiva
histórica todos los resultados de las comparaciones, y
encadenar así los hechos en su orden natural. Gracias a los
neogramáticos ya no se vio en la lengua un organismo que se
desarrolla por sí mismo, sino un producto del espíritu
colectivo de los grupos lingüísticos. Al mismo tiempo se
comprendió cuan erróneas e insuficientes eran las ideas de
la filología y de la gramática comparada
4.7 La
lingüística moderna
La lingüística
moderna tiene su comienzo en el siglo XIX con las
actividades de los conocidos como neogramáticos, que,
gracias al descubrimiento del sánscrito, pudieron comparar
las lenguas y reconstruir una supuesta lengua original, el
protoindoeuropeo (que no es una lengua real, sino una
construcción teórica).
Con estos precedentes y el impulso de la corriente
estructuralista que se adueña de la metodología aplicada a
las ciencias sociales y etnográficas, surge la figura del
suizo Ferdinand de Saussure, quien señala las insuficiencias
del comparatismo al tiempo que acota claramente el objeto de
estudio de la lingüística como ciencia —a la que integra en
una disciplina más amplia, la semiología que a su vez forma
parte de la psicología social—, a saber, el funcionamiento
de los signos en la vida social, en su "Curso de Lingüística
General", una edición póstuma de sus lecciones
universitarias realizada por sus alumnos.
Lo fundamental del aporte de Saussure como padre de la nueva
ciencia fueron la distinción entre lengua (sistema) y habla
(realización), y la definición de signo lingüístico
(significado y significante). Sin embargo, su enfoque
—conocido como estructuralista y que podemos calificar, por
oposición a corrientes posteriores, como de corte empirista—
será puesto en cuestión en el momento en que ya había dado
la mayor parte de sus frutos y por lo tanto sus limitaciones
quedaban más de relieve.
En el siglo XX el lingüista estadounidense Noam Chomsky crea
la corriente conocida como generativismo. Con la irrupción
de esta escuela de éxito fulgurante, puesto que las
limitaciones explicativas del enfoque estructuralista eran
evidentes, hay un desplazamiento del foco de atención que
pasa de ser la lengua como sistema (la langue saussuriana) a
la lengua como producto de la mente del hablante, la
capacidad innata para aprender y usar una lengua (la
competencia chomskiana). Según Chomsky, la capacidad de
aprender una lengua es genética. Plantea una cuestión
fundamental: el argumento de Platón: ¿cómo es posible que el
ser humano aprenda un sistema tan complejo (basado en las
jerarquías) a partir de estímulos tan pobres e incompletos?
Es decir, la persona que ha aprendido una lengua es capaz de
formular enunciados que nunca antes ha escuchado, porque
conoce las reglas según las cuales los enunciados deben
formarse. Este conocimiento no es adquirido mediante el
hábito (sería imposible) sino que es una capacidad innata.
Todo ser humano que nace ya lleva consigo esta capacidad,
que es la Gramática Universal, reglas gramaticales que rigen
a todas las lenguas por igual.
Toda propuesta de modelo lingüístico debe pues —según la
escuela generativista— adecuarse al problema global del
estudio de la mente humana, lo que lleva a buscar siempre el
realismo mental de lo que se propone; por eso al
generativismo se le ha descrito como una escuela mentalista
o racionalista.
Tanto la escuela chomskiana como la saussureana se plantean
como objetivo la descripción y explicación de la lengua como
un sistema autónomo, aislado. Chocan así —ambas por igual—
con una escuela que toma fuerza a finales del siglo XX y que
es conocida como funcionalista. Por oposición a ella, las
escuelas tradicionales chomskiana y saussuriana reciben
conjuntamente el calificativo de formalistas. Los autores
funcionalistas —algunos de los cuales proceden de la
antropología o la sociología— consideran que el lenguaje no
puede ser estudiado sin tener en cuenta su principal
función: la comunicación humana. La figura más relevante
dentro de esta corriente tal vez sea el lingüísta holandés
Simon Dik, autor del libro Functional Grammar. Esta posición
funcionalista acerca la lingüística al ámbito de lo social,
dando importancia a la pragmática, al cambio y a la
variación lingüística.
La escuela generativista y la funcionalista han configurado
el panorama de la lingüística actual; de ellas y de sus
mezclas arrancan prácticamente todas las corrientes de la
lingüística contemporánea. Tanto el generativismo como el
funcionalismo persiguen explicar la naturaleza del lenguaje,
no sólo la descripción de las estructuras lingüísticas.
4.8 Sobre
la lingüística
1.Ciencia del lenguaje articulado y de su funcionamiento
general como sistema de comunicación entre los seres
humanos: la lingüística estudia el lenguaje humano en toda
su extensión y, técnicamente hablando, abarca tanto la
gramática (estudio de la estructura formal del lenguaje)
como la filología (estudio de los testimonios escritos de
las lenguas dentro de su contexto histórico).
La lingüística es la ciencia del lenguaje, el estudio
objetivo, descriptivo y explicativo de la estructura,
funcionamiento y evolución en el tiempo de las lenguas
naturales humanas. En un sentido más amplio, se define como
la ciencia que estudia el lenguaje articulado en todos sus
aspectos, no sólo estructurales sino también fisiológicos,
psicológicos, sociales, etc. Se opone a la gramática
normativa y a la filosofía del lenguaje, que postulan
hipótesis metafísicas, biológicas o estéticas sobre el
origen y funcionamiento del lenguaje. Algunos autores
afirman que esta disciplina adquirió carácter científico a
partir de los estudios comparados e históricos de fines del
siglo XIX; otros, en cambio, opinan que fue en 1916, cuando
se publicó el Curso de Lingüística General, de Ferdinand de
Saussure, principal impulsor de la llamada lingüística
estructural. Esta disciplina pretende estudiar la lengua
considerada en sí misma y por sí misma, desligada de otros
factores externos a ella. Por ello, el lingüista ha de
diferenciar claramente entre lengua (un sistema formal de
signos lingüísticos convencionales adoptado por los
hablantes para comunicarse) y habla (la realización
particular de ese sistema que cada hablante lleva a cabo), y
debe dedicarse al estudio de lo primero, que es lo
estructural, lo homogéneo, lo regular. Constituyen parte del
estudio lingüístico ?entendido de esta forma? la fonología,
la fonética, la morfología, la sintaxis, la lexicología y la
semántica.
Se ha establecido hoy en día una distinción entre
lingüística y filología, de modo que la primera estudia el
lenguaje humano en general y en su sentido más estricto y la
segunda lo pertinente al estudio literario e histórico de
las lenguas humanas. No se trata, pues, de dos ciencias
separadas, sino de dos puntos de vista acerca de una sola
realidad, de forma que la lingüística supone el estudio
científico del lenguaje y la filología su estudio artístico
y estético. Por otra parte, la lingüística se identifica en
muchas ocasiones con la gramática, aunque siempre la primera
es más general que la segunda. La gramática se centra más en
el estudio de la lengua como sistema, mientras que la
lingüística la estudia como fenómeno social y manifestación
cultural del ser humano.
4.9 La
actividad lingüística
El lenguaje,
objeto de estudio de la lingüística, se halla profundamente
imbricado con otros dos procesos característicos del ser
humano: la comunicación y la cognición. Ya en 1916 Ferdinand
de Saussure, en su obra anteriormente citada, señalaba que
"tomado en su conjunto, el lenguaje es multiforme y
heteróclito; a caballo en diferentes dominios, a la vez
físico, fisiológico y psíquico, pertenece además al dominio
individual y al dominio social; no se deja clasificar en
ninguna de las categorías de los hechos humanos, porque no
se sabe cómo desembrollar su unidad". Anteriormente, en
1836, el lingüista Wilhelm von Humboldt consideraba el
lenguaje como ergon (producto) y como energeia (actividad).
Esta misma dualidad aparece en el modelo generativo de Noam
Chomsky, quien distingue la competencia (conocimiento
interiorizado de la lengua como sistema de reglas que
relacionan representaciones fónicas con representaciones
semánticas y que se articulan en las gramáticas) y la
actuación (uso concreto que el hablante hace de su
competencia). La naturaleza del lenguaje humano gira, pues,
en torno al anterior esquema de oposiciones: ergon ?
energeia, lengua ? habla, competencia ? actuación. La
lingüística moderna se ha orientado preferentemente hacia el
primer aspecto (ergon, lengua, competencia), mientras que la
psicolingüística, ciencia interdisciplinaria, ha desplazado
su interés prioritario hacia el lenguaje como fenómeno
físico (energeia, habla, actuación).
Considerado como actividad lingüística, el lenguaje humano
aparece integrado por una serie de rasgos que explican su
naturaleza compleja y pluridimensional:
1) Doble articulación (o dualidad del lenguaje). Considera
que toda las lenguas se estructuran en dos niveles o
articulaciones: uno formado por unidades mínimas sin
significado propio (fonemas) y otro formado por unidades
mínimas provistas de significado (morfemas), que se crean de
forma ilimitada por combinación de las anteriores.
2) Productividad (o recursividad). Este rasgo posibilita la
producción de nuevas e infinitas expresiones lingüísticas
por analogía con un determinado modelo de ordenamiento
sintáctico de las palabras, mediante la combinación de
reglas y elementos finitos.
3) Jerarquía de constituyentes. Los textos se analizan
dividiéndolos sucesivamente en enunciados, oraciones,
frases, sintagmas, palabras, morfemas, fonemas y rasgos
fonéticos distintivos.
4) Organización interna. El lenguaje se puede segmentar en
distintos componentes: fonológico, morfológico, sintáctico,
léxico, semántico y pragmático.
5) Canal auditivo-vocal. Significa que la comunicación
humana utiliza como canal de transmisión el aparato fonador
(en el caso del emisor) y el aparato auditivo (en el caso
del receptor), lo que posibilita que la persona pueda tener
libertad para utilizar el resto de su cuerpo en actividades
complementarias de comunicación (como gestos, indicaciones,
etc.).
Considerado como actividad comunicativa, el lenguaje hunde
sus raíces en los procesos biológicos y socioculturales del
ser humano. Todos los modelos comunicativos propuestos giran
en torno a dos entidades básicas: un emisor del mensaje y un
receptor del mismo. Alrededor de ellos se definen otros
conceptos como el propio mensaje (contenido informativo), el
código (sistema de signos usado para transcribir el mensaje,
común al emisor y al receptor) y el canal (medio a través
del cual se desplaza el mensaje).
Considerado como actividad cognitiva, el lenguaje muestra
igualmente su pluridimensionalidad. Algunos autores, como
Posner, distinguen entre la estática cognitiva (las
representaciones simbólicas, icónicas o motoras) y la
dinámica cognitiva (operaciones y estrategias). Otros, como
Simon, señalan la existencia de tres niveles: el neuronal,
el de los procesos elementales y el de los procesos
superiores. La mayoría, con una terminología u otra,
contraponen la dimensión estructural (estructuras,
representaciones, conocimiento) y la dimensión procedural
(procesos, operaciones, transformaciones).
La mayoría de los estudiosos del lenguaje (tanto lingüistas
como psicólogos) defienden en la actualidad posiciones
interactivas o parcialmente modulares. Si bien aceptan que
las modalidades de la actividad humana, las funciones y
procesos psicológicos, tienen entidad en sí mismos,
sostienen que dependen unos de otros. Los actos lingüísticos
y los comunicativos no se reducen los unos a los otros, sino
que se solapan parcialmente y son interdependientes. El
lenguaje es comunicación, pero no sólo eso; la comunicación
puede ser lingüística, pero también no verbal. La relación
entre ambas actividades se puede definir estructuralmente
como relación de intersección (algunos elementos, rasgos o
componentes son comunes y otros son específicos de cada
una), funcionalmente como relación de mutua dependencia, y
genéticamente como relación de progresiva especificidad e
interacción (el lenguaje surge de la comunicación, pero la
comunicación se desarrolla a partir del lenguaje). De la
misma forma, la actividad lingüística y la cognitiva tampoco
se reducen la una a la otra, sino que se solapan
parcialmente y son interdependientes: desde el punto de
vista estructural existe entre ambas un isomorfismo parcial;
desde una perspectiva funcional, los procesos cognitivos
constituyen variables importantes de la actividad
lingüística (al planear el discurso, al hacer inferencias,
al interpretar un texto, etc.) y, a la inversa, la actividad
lingüística es una variable decisiva de la actividad
cognitiva (respecto de la representación y conocimiento del
mundo, del procesamiento, mantenimiento y recuperación de la
información, de la categorización y conceptualización de la
expresión y fijación del pensamiento, de la capacidad para
razonar, etc.); desde un enfoque genético, actualmente
parece claro que las actividades cognitivas y lingüísticas
surgen de forma independiente y se influyen progresivamente.
Estas actividades lingüística, comunicativa y cognitiva han
sido analizadas por diversas disciplinas: la propia
lingüística, la psicología del lenguaje o psicolingüística,
la psicología de la comunicación y la psicología cognitiva
(véase psicología). La psicolingüística surgió a finales del
siglo XIX como consecuencia de un doble movimiento
convergente desde la psicología que se ocupaba del lenguaje
y desde la lingüística que se interesaba por sus
implicaciones psicológicas. A mediados del siglo XX, esta
disciplina se orienta en dos direcciones contrapuestas: por
un lado el conductismo (cuyo máximo representante es el
psicólogo Skinner, con su obra Comportamiento verbal), que
reduce el lenguaje a mera respuesta del organismo ante los
estímulos ambientales; por otro lado el mentalismo postulado
por el lingüista Chomsky en su Estructuras sintácticas, que
considera la capacidad del lenguaje como algo innato en el
ser humano. Poco a poco surgen nuevas orientaciones y
modelos, y la psicolingüística se hace más compleja,
desplazando su foco desde la respuesta abierta al
procesamiento interno, desde el enunciado al texto, desde
las unidades lingüísticas aisladas a las dependientes del
contexto, desde la preocupación prioritaria por la sintaxis
al interés por la semántica y la pragmática, desde la
actividad individual a la interacción comunicativa. No
obstante, la psicolingüística no surgió únicamente como
resultado de la interacción entre la psicología y la
lingüística: se trata de una ciencia multidisciplinaria
porque el estudio del lenguaje como conducta humana también
interesa a otros campos como la antropología, la sociología,
la neurobiología, la filosofía, la lógica, la semiótica y la
inteligencia artificial. A partir del interés de estas
disciplinas por el lenguaje humano se han originado
distintas especialidades híbridas:
1) Lingüística antropológica (o antropología
lingüística). Se propone descubrir, utilizando métodos de la
antropología, los orígenes y la evolución del lenguaje
humano. Para ello, estudia las relaciones y correlaciones
entre los procesos lingüísticos y, en general, expresivos e
intelectuales, y los modos de comportamiento y las
instituciones socioculturales del hombre.
2) Etnolingüística. Rama de la lingüística que trata
el estudio de las lenguas en relación con los distintos
pueblos que las hablan.
3) Sociolingüística. Estudia el lenguaje humano
dentro de su contexto social. Para ello tiene en cuenta el
análisis de las comunicaciones de masas y las motivaciones
psicosociológicas del propio acto comunicativo. Cuestiona el
supuesto de una comunidad lingüística homogénea, y se centra
en el análisis de las diferentes variedades diastráticas de
habla y su correlación con las clases sociales. La
sociolingüística analiza, por ejemplo, el empleo de las
formas de tratamiento en español (tú, usted, señor,
señorita, etc.) dependiendo de la situación comunicativa y
de la clase social de los interlocutores.
4) Neurolingüística. Estudia las correlaciones entre
la conducta lingüística y las estructuras y funciones
neurológicas. Se centra en aspectos como el origen biológico
del lenguaje, el análisis neuropsicológico de las funciones
lingüísticas, el estudio de los procesos periféricos de
producción y recepción del habla, las afasias o trastornos
del lenguaje, etc.
5) Filosofía del lenguaje. Busca descubrir la esencia
misma del acto comunicativo. Su principal postulado es que
la verdadera realidad del lenguaje es el hecho social de la
interacción y su uso dentro de la sociedad. Los más
importantes defensores de estas teorías son Wittgenstein,
Austin y Searle.
6) Lingüística matemática. Rama de la lingüística que
emplea para sus investigaciones métodos matemáticos y
formales.
4.10
Lingüística precientífica
La ciencia que
se ha constituido en torno de los hechos del lenguaje ha
pasado por tres fases sucesivas antes de reconocer cuál es
su verdadero y único objeto.
Se comenzó por organizar lo que se llamaba la gramática.
Este estudio, inaugurado por los griegos y continuado
especialmente por los franceses, estaba fundado en la lógica
y desprovisto de toda visión científica y desinteresada de
la lengua misma; lo que la gramática se proponía era
únicamente dar reglas para distinguir las formas correctas
de las formas incorrectas; se trataba de una disciplina
normativa, muy alejada de la pura observación y su punto de
vista era, por lo tanto, necesariamente estrecho.
Después apareció la filología. Ya en Alejandría existía una
escuela filológica, pero este término se asocia sobre todo
con el movimiento científico creado por Friedrich August
Wolf a partir de 1777, que continúa hasta nuestros días. La
lengua no es el único objeto de la filología, que quiere
sobre todo fijar, interpretar, comentar los textos. Este
primer estudio lleva también a la historia literaria, de las
costumbres, de las instituciones, etc.; en todas partes usa
el método que le es propio, que es la crítica. Si aborda
cuestiones lingüísticas, es sobre todo para comparar textos
de diferentes épocas, para determinar la lengua particular
de cada autor, para descifrar y explicar inscripciones
redactadas en una lengua arcaica u oscura. Sin duda estas
investigaciones son las que se prepararon para lingüística
histórica: los trabajos de Ritschl sobre Plauto pueden ya
llamarse lingüísticos, pero, en ese terreno, la crítica
filológica falla en un punto: en que se atiene demasiado
servilmente a la lengua escrita, y olvida la lengua
viviente. Por lo demás la antigüedad grecolatina es la que
la absorbe casi por entero.
El tercer período comenzó cuando se descubrió que las
lenguas podían compararse entre sí. Este fue el origen de la
filología comparada o gramática comparativa. En 1816, en una
obra titulada Sistema de la conjugación del sánscrito, Franz
Bopp estudió las relaciones que unen el sánscrito con el
germánico, el griego, el latín, etc. y comprendió que las
relaciones entre lenguas parientes podían convertirse en una
ciencia autónoma. Pero esta escuela, con haber tenido el
mérito indisputable de abrir un campo nuevo y fecundo, no
llegó a constituir la verdadera ciencia lingüística. Nunca
se preocupó por determinar la naturaleza de su objeto de
estudio. Y sin tal operación elemental, una ciencia es
incapaz de procurarse un método.
4.11
Lingüística moderna
La lingüística
moderna tiene su comienzo en el siglo XIX con las
actividades de los conocidos como neogramáticos, que,
gracias al descubrimiento del sánscrito, pudieron comparar
las lenguas y reconstruir una supuesta lengua original, el
protoindoeuropeo (que no es una lengua real, sino una
reconstrucción teórica).
No será, sin embargo, hasta la publicación del libro Curso
de lingüística general (1916), del suizo Ferdinand de
Saussure, que se convierta la lingüística en una ciencia a
la que integra en una disciplina más amplia, la semiología,
que a su vez forma parte de la psicología social, y defina
su objeto de estudio. La distinción entre lengua (el
sistema) y habla (el uso) y la definición de signo
lingüístico (significado y significante), han sido
fundamentales para el desarrollo posterior de la nueva
ciencia. Sin embargo, su enfoque —conocido como
estructuralista y que podemos calificar, por oposición a
corrientes posteriores, como de corte empirista— será puesto
en cuestión en el momento en que ya había dado la mayor
parte de sus frutos y por lo tanto sus limitaciones quedaban
más de relieve.
En el siglo XX el lingüista estadounidense Noam Chomsky crea
la corriente conocida como generativismo. Con la idea de
solventar las limitaciones explicativas del enfoque
estructuralista, se produce un desplazamiento del foco de
atención que pasa de ser la lengua como sistema (la langue
saussuriana) a la lengua como producto de la mente del
hablante, la capacidad innata (genética) para aprender y
usar una lengua, la competencia. Toda propuesta de modelo
lingüístico debe pues —según la escuela generativista—
adecuarse al problema global del estudio de la mente humana,
lo que lleva a buscar siempre el realismo mental de lo que
se propone; por eso al generativismo se le ha descrito como
una escuela mentalista o racionalista.
Tanto la escuela chomskiana como la saussureana se plantean
como objetivo la descripción y explicación de la lengua como
un sistema autónomo, aislado. Chocan así —ambas por igual—
con una escuela que toma fuerza a finales del siglo XX y que
es conocida como funcionalista. Por oposición a ella, las
escuelas tradicionales chomskiana y saussuriana reciben
conjuntamente el nombre de formalistas. Los autores
funcionalistas —algunos de los cuales proceden de la
antropología o la sociología— consideran que el lenguaje no
puede ser estudiado sin tener en cuenta su principal
función: la comunicación humana. La figura más relevante
dentro de esta corriente tal vez sea el lingüísta holandés
Simon Dik, autor del libro Functional Grammar. Esta posición
funcionalista acerca la lingüística al ámbito de lo social,
dando importancia a la pragmática, al cambio y a la
variación lingüística.
La escuela generativista y la funcionalista han configurado
el panorama de la lingüística actual: de ellas y de sus
mezclas arrancan prácticamente todas las corrientes de la
lingüística contemporánea. Tanto el generativismo como el
funcionalismo persiguen explicar la naturaleza del lenguaje,
no sólo la descripción de las estructuras lingüísticas.
4.12
Niveles de estudio
Nos podemos
aproximar al estudio de la lengua en sus diferentes niveles,
por un lado, como sistema, atendiendo a las reglas que la
configuran como código lingüístico, es decir, lo que
tradicionalmente se conoce como gramática, y por otro lado,
como instrumento para la interacción comunicativa, desde
disciplinas como la pragmática y la lingüística textual.
Desde el punto de vista de la lengua como sistema, los
niveles de indagación y formalización lingüísticas que
convencionalmente se distinguen son:
Nivel fonético-fonológico que comprende:
Fonología: Estudio de los fonemas de una lengua.
Fonética: Estudio de la realización alofónica individual de
dichos fonemas. Los alófonos son sonidos del habla,
realizaciones diferenciadas de un mismo fonema.
Aunque no son campos estrictamente lingüísticos, ya que
intervienen factores culturales e históricos también se
suele considerar dentro de este nivel el estudio la
Grafémica, la Ortología y la Ortografía.
Niveles
morfológico y sintáctico que comprende:
Morfología: Estudio de la mínima unidad con significado (el
morfema), la palabra y los mecanismos de formación y
creación de palabras.
Sintaxis: Estudio de la combinatoria sintagmática, en dos
niveles: el suboracional, que corresponde al propio de los
llamados sintagmas, y el oracional que estudia las
relaciones específicas sintagmáticas de los signos
lingüísticos que conforman, a su vez, el signo lingüístico
gramatical superior del sistema de la lengua.
Nivel
léxico, que comprende:
Lexicología: Estudio de las palabras de una lengua, su
organización y sus significados.
Lexicografía: Se ocupa de los principios teóricos en que se
basa la composición de diccionarios.
Nivel
semántico, que, aún no siendo propiamente un nivel, puesto
que afecta a todos, excepto al fonético-fonológico,
comprende:
Semántica: Estudio del significado de los signos
lingüísticos.
Desde el
punto de vista del habla, como acción, destacamos:
Texto: Unidad superior de comunicación.
Pragmática:
estudia cómo Enunciación y enunciado, la deixis, las
modalidades, los actos de habla, la presuposición, la
estructura informativa del enunciado, el análisis del
discurso, el diálogo y la lingüística textual.
Dependiendo del
enfoque, el método y los componentes de análisis varían,
siendo distintos, por poner un ejemplo, para la escuela
generativista y para la escuela funcionalista; por tanto no
todos estos componentes son estudiados por ambas corrientes,
sino que una se centra en algunos de ellos, y la otra en
otros. Del estudio teórico del lenguaje se encarga la
Lingüística general o teoría de la lingüística, que se ocupa
de métodos de investigación y de cuestiones comunes a las
diversas lenguas.
4.13 Lingüística estructuralista y descriptiva
La
verdadera revolución en la lingüística teórica la produjo Ferdinand de
Saussure con la publicación, que hicieron sus discípulos Bally, Frei y
Sechehaye, del Curso de Lingüística General, como reacción a los neogramáticos. Expone que la facultad de hablar, el lenguaje, se
estructura en un completo sistema de signos, la lengua, que se hace
presente en cada una de las realizaciones de los hablantes, el habla. El
sistema de signos que es la lengua debe estudiarse dentro de una ciencia
general, la semiología, que abarca toda la teoría de los signos. Define
el signo lingüístico como la unidad psíquica de dos caras, el
significante, esto es, los sonidos y las formas de las palabras, y el
significado, lo que esos sonidos y palabras significan dentro y sólo
dentro del sistema que es la lengua. Con él nace la fonología, que otros
desarrollarán después.
Mientras
en Europa se hace el estudio teórico de la estructura y se realiza su
clasificación en el sistema de signos, en Estados Unidos se analizan y
aíslan los datos concretos de las lenguas indígenas y del inglés. La
labor la inician Franz Boas y Edward Sapir, quienes organizan esos datos
y establecen sus relaciones de jerarquía y dependencia. Gracias a la
fundamentación del Círculo de Praga, que Sapir conocía bien, descubren
unidades mínimas de significación, que son los fonemas y construyen el
método de conmutación que las identifica. Esas técnicas estructuralistas
serán la base y el fundamento del estructuralismo americano que
representa Leonard Bloomfield.
4.14 El Círculo de Praga
Su
fundador es Nikolái Serguéiech Trubetzkoi, príncipe ruso que vive en la
ciudad de Praga, muy interesado en el estudio de los sonidos desde una
perspectiva diferente. Sus integrantes trabajan en la década de 1930 y
no se interesan por la materia fónica, sino por lo que los sonidos
significan dentro del sistema de la lengua; es un trabajo fonológico.
Además, explican la relación que existe entre lo que se habla y el
contexto en el que se produce. Señalan que el estudio del lenguaje tiene
que ocuparse de los mensajes que se emiten en el código lingüístico, lo
que funda el estudio de la semiología, que apuntara Saussure y que ha
tenido tantas repercusiones en el lenguaje de la publicidad o las
gramáticas formales que necesitan las máquinas inteligentes. En el campo
de la fonología descubren el concepto de rasgo distintivo, lo que supone
la división del sonido en cada uno de sus componentes. Este concepto ha
trascendido el ámbito de lo estrictamente fónico y ha sido reelaborado
por semantistas, semiólogos y antropólogos.
En el
ámbito del español ha sido una de sus escuelas derivadas, la de
Copenhague, la que ha dado sustento teórico a los fonólogos Alarcos
Llorach, seguidor de las teorías de Louis Trolle Hjelmslev y Bröndal, y
Antonio Quilis, discípulo del danés Bertil Malmbreg, que ha estudiado la
situación de las lenguas americanas precolombinas, así como el
estadounidense de origen hispano J. Fernández.
4.15 Gramática generativa-transformacional
A
mediados del siglo XX, el lingüista estadounidense Noam Chomsky afirmó
que la lingüística tiene que describir la estructura de las lenguas, lo
que supone explicar cómo se entienden e interpretan las oraciones de
cualquier idioma. Cree que el proceso es posible porque lo explica la
gramática universal (que es una teoría o un modelo del conocimiento
lingüístico o competencia). La competencia lingüística supone el
conocimiento innato, e incluso inconsciente, que posee cualquier persona
y que le permite producir y comprender las oraciones de su lengua, aun
en el caso de que alguna no la haya escuchado jamás. Gracias a esto es
posible elaborar una gramática para cualquier lengua, que genere todas
las oraciones gramaticalmente aceptables y elimine las agramaticales.
Según
Chomsky hay unas cuantas reglas gramaticales universales y otras muchas
específicas de cada lengua. Tales reglas son las que permiten que los
elementos que forman una oración se puedan ordenar de varias maneras (por
ejemplo, 'Almudena ha escrito esta novela' y 'Esta novela ha sido
escrita por Almudena'). La gramática que disponga de las unidades
semánticas subyacentes y las transforme mediante reglas en los elementos
de una oración, que se pueden reconocer e interpretar, es una gramática
transformacional. Se llama gramática generativa porque genera o produce
todas las oraciones aceptables, y transformacional porque emplea las
reglas, que se han llamado transformaciones, para transformar o cambiar
las unidades subyacentes en lo que cualquier hablante entiende.
La tesis
según la cual la competencia lingüística supone un conocimiento innato y
que el lenguaje es una capacidad prefigurada genéticamente parece verse
corroborada por recientes investigaciones que demostrarían que esta
capacidad humana se basa en módulos cerebrales especializados innatos y
por el descubrimiento de un gen cuyas mutaciones producen deficiencias
específicas en la función cerebral del lenguaje y no en otras.
4.16 Estudios sociológicos y psicológicos
La
psicolingüística es una disciplina a caballo entre la psicología y la
lingüística. Estudia temas como el proceso por el que un niño adquiere
una lengua, la emplea y presenta o no determinados trastornos como la
disfasia; busca los mecanismos neurolingüísticos y trata de las
relaciones entre el cerebro y el lenguaje. La sociolingüística estudia
el uso del lenguaje en la sociedad: cómo se emplean determinadas reglas
del idioma en función de las diferentes situaciones sociales en las que
se encuentre el hablante. Por ejemplo, cómo sabe el hablante qué termino
emplear para dirigirse a un interlocutor: señor, señora, don X, doctor,
o sencillamente tú y qué situación determina cada uso. Estudia
cómo y por qué cambia la lengua en función de las fuerzas sociales que
organicen el cambio. Por ejemplo, la aparición de los igualitarismos
políticos impuso el empleo del tu como forma de tratamiento en el
español peninsular; a medida que la sociedad se jerarquiza se restituye
el empleo de la fórmula de respeto y se consagra la más irrespetuosa,
según sea la condición del interlocutor. Eso explica la diferencia de
tú, usted, o colega, como elementos de un paradigma para la segunda
persona en el español de finales del siglo XX en el área peninsular,
frente al tú o camarada de la década de 1950 o el tú y usted de los
primeros treinta años del mismo siglo.
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