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Apocarse es virtud, poder y humildad;
dejarse apocar es vileza y delito.
Francisco de Quevedo
Encomiéndate a Dios de
todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el
tiempo que están más secas las esperanzas.
Miguel de Cervantes
INTRODUCCIÓN HISTÓRICA
"Etimología" es una voz de origen griego que remite en última
instancia al adjetivo étymos ‘verdadero, auténtico’. Este sentido
está presente ya en la definición que del ejercicio etimológico
proporcionan algunos filósofos desde el siglo III a.C., según los
cuales el estudio de las palabras en su origen permitía buscar la
verdad o esencia de las cosas. Desde esas mismas fechas, se
encuentran el adjetivo etymologikós 'etimológico', el sustantivo
etymologikón ‘diccionario etimológico’ y el verbo etymologéo
‘estudiar el origen de una palabra’. Aunque son los estoicos quienes
ofrecen por vez primera este rico léxico de las pesquisas
etimológicas, la ciencia contaba ya con bases desde varios siglos
atrás (de acuerdo con el testimonio de Platón, éstas se remontan a
la época de Sócrates); en Aristóteles y en sus contemporáneos,
posteriormente, hay una constante preocupación por lo que él llama
el étymon o ‘valor verdadero’ de las palabras.
Con el término español etimología (con voces equivalentes en otras
lenguas que no se despegan del término griego, como el francés
étymologie, el inglés etymology y el alemán Etymologie) se
identifica la ciencia o conocimiento que estudia el origen de las
palabras y que las relaciona con otras anteriores —en la misma
lengua o en otras distintas— de las que aquéllas procederían. En el
pasado helénico, en el que se hallan las primeras pesquisas
etimológicas, los estudios de esta índole buscaban mucho más que
satisfacer una mera curiosidad científica y filológica; en realidad,
se pretendía explicar la naturaleza de las cosas por medio de un
conocimiento previo de las palabras que las denotaban. Con el paso
de los siglos, la etimología abandonó la pretensión de determinar
esa relación intrínseca entre las palabras y las cosas y, poco a
poco, se fue constituyendo en una disciplina erudita que permitiese
investigar la raíz histórica de las palabras.
Los rudimentos de los modernos estudios etimológicos se encuentran
ya en los filósofos griegos; posteriormente, eruditos romanos como
Verrio Flaco en De significatu (gramático augústeo que se conoce
gracias a un epítome de Festo hecho por Paulo Diácono en el siglo
VIII), Varrón en De lingua latina o Aulo Gelio en sus Atticae noctes
aportaron explicaciones etimológicas a una cantidad considerable de
términos. El Medievo contará, sobre todo, con los materiales de san
Isidoro, cuyas Etimologías serán la fuente de información primordial
desde el siglo VII hasta la revolución cultural de los humanistas;
en éstos se ha de ver, en último término, a los verdaderos
antecesores de la erudición histórico-filológica del siglo XIX, a
los creadores de los modernos estudios de la etimología.
Los estudios etimológicos, desde entonces, están estrechamente
ligados a las investigaciones lingüísticas en general, en materia
ortográfica, fonética, léxica o semántica; no obstante, la relación
más estrecha es la que esta rama de los estudios
histórico-filológicos guarda con la gramática histórica, ciencia
nacida también propiamente al amparo del positivismo y el
historicismo comparatista decimonónicos. Al adentrarse en el siglo
XX, los estudios de etimología se beneficiaron de la madurez
alcanzada por la lingüística y del desarrollo experimentado por los
diversos métodos histórico-comparativos, particularmente en el
ámbito del indoeuropeo; al mismo tiempo, para el conocimiento
etimológico, fue determinante la evolución en la investigación de
los hechos históricos, desde el mundo antiguo hasta la Edad Media.
Por ello, los modernos estudiosos de la etimología manejan por lo
común al mismo tiempo la información lingüística e histórica, como
se aprecia en los estudios de lexemática de un Benveniste, un
Malkiel o un Baldinger.
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EL TÉRMINO Y EL
CONCEPTO
Dentro del campo de la lingüística, la etimología es la disciplina
que estudia el origen de las palabras y la evolución de su
significado y forma. El étimo de una palabra es aquella otra de la
cual desciende de forma próxima (un término castellano actual puede
derivar, por ejemplo, de otro medieval), lejana (la voz latina de la
que nace) o remota (los sustratos prerromanos o la raíz indoeuropea
de la que parte, sin ir más lejos). La palabra "etimología" proviene
precisamente del étimo griego tumologˆa, que es un término
compuesto por tumoj 'verdadero, real' y lÕgoj 'palabra'; por otra
parte, "étimo" proviene del griego tumon 'sentido verdadero'. La
introducción histórica de la palabra "etimología" se remonta a 1438,
mientras que "étimo" es un término de la lingüística moderna acuñado
en 1910. Algunos otros derivados importantes son etimológico (1705),
etimologista o etimólogo (1705) y etimologizar (1832).
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ANTIGÜEDAD
GRECO-LATINA
Dentro del mundo griego, Platón, en el Cratilo, expone por primera
vez una teoría completa sobre el lenguaje; a la pregunta de si éste
se adecua a la realidad o es más bien fruto de la convención,
responde, por boca de Sócrates, que existe una relación de necesidad
entre el concepto de la realidad externa (designatum) y el
significado de la palabra (significatum). De acuerdo con este
principio, Platón alude a la existencia de una especie de lengua
natural y universal, a la que hay que retrotraer las palabras de las
distintas lenguas históricas. En este diálogo, se incluyen también
algunas consideraciones sobre el origen de las palabras primeras que
algunos estudiosos identificaron con una concepción de la etimología
basada en la estrecha relación que existe entre sentido y sonido, es
decir, fundamentada en la onomatopeya.
Esta interpretación ha sido rechazada por críticos como Belardi,
quien señala que Sócrates no alude en ningún momento a la posible
creación de palabras y significados apoyados en los valores fónicos;
por el contrario, se ha de interpretar el pasaje platónico como un
análisis articulatorio de los distintos fonemas: la rho evoca un
movimiento y un correr agitado; la lambda podría evocar lo líquido y
resbaladizo (leîos, liparós); la iota, las cosa sutiles y delgadas (iénai).
Estas concepciones se acercan muchísimo a las intuiciones
fonosimbólicas o a lo que Leroy llama, aludiendo a dicho texto
platónico, "fonética impresiva" (imágenes acústicas imitadoras de
algunos aspectos de lo real).
En realidad, son los estoicos los elaboradores de la teoría de las
palabras expresivas, en las que hay una motivación según su
naturaleza, y los creadores del término ethimologia como método de
búsqueda de lo verdadero (étymos) "en las palabras" o "a través de
las palabras". Ellos fueron, a su vez, los primeros en estudiar la
naturaleza del signo lingüístico, que constaba de un significante (semaînon),
un significado (semainómenon) y, como tercer elemento, la realidad
externa o el accidente (prágma, tynchanón); aunque la lengua es una
convención, no se puede negar, en opinión de estos filósofos, la
necesidad de una conexión natural entre los sonidos y las cosas
significadas. Estas teorías son recogidas por Dionisio de
Halicarnaso, quien habla realmente del valor de la onomatopeya como
principio formador de palabras.
Pero la etimología no sólo es objeto de discusión por parte de los
filósofos, sino que también, al ser una ars (método que sirve para
explicar y ordenar y, como tal, opuesto a empeiría y a epistéme), es
usada por los poetas y retóricos que se complacen con los juegos
etimológicos; así, Aristóteles la sitúa entre los veintiocho tópicos
de la demostración y la coloca en último lugar. En el mundo latino,
Cicerón TULIO adopta la doctrina aristotélica y emplea la palabra
notatio para referirse a etimología:
“Multa etiam ex notatione sumuntur. Ea est autem, cum ex vi nominis
argumentum elicitur; quam Græeci etymologían appellant, id est
verbum ex verbo veriloquium [...] Itaque hoc quidem Aristoteles
sýmbolon appellat, quod Latine est nota.” (Topica, 35)
Por otro lado, el célebre orador incluye también en sus tratados la
utilidad de la etimología del nombre propio como claro reflejo de un
atributo de la persona:
“Ac personis has res attributas putamus: nomen, naturam, victum,
fortunam, habitum, affectionem, studia, consilia, facta, casus,
orationes. Nomen est quod uni cuique personæ datur quo suo quæque
propio et certo vocabulo appellatur.” (De inventione, 1, 24, 35)
En época más tardía, Quintiliano se hace eco de estas doctrinas:
"Etymologia, quæ verborum originem inquirit, a Cicerone dicta est
notatio, quia nomen eius apud Aristotelem invenitur sýmbolov, quod
est nota; nam verbum ex verbo ductum, id est veriloquium, ipse
Cicero, qui finxit, reformidat. Sunt qui vim potius intuiti
originationem vocent.” (Institutio oratoria, 1, 6, 28)
“Ponunt in persona et nomen; quod quidem ei accidere necesse est,
sed in argumentum raro cadit, nisi cum aut ex causa datum est, ut
Sapiens, Magnus, Pius; aut et ipsum alicuius cogitationis attulit
causam, ut Lentulo coniurationis, quod libris Sybillinis
aruspicumque responsis dominatio dari tribus Corneliis dicebatur,
seque eum tertium esse credebat post Sullam Cinnamque, quia et ipse
Cornelius erat.” (Institutio oratoria, 5, 10, 30)
Pero, dentro del mundo romano, es Varrón el autor que mejor recoge
el espíritu de la etimología, con una concepción claramente estoica,
en su obra De lingua latina; esa continuidad metódica se pone de
manifiesto al referirse a dicho método lingüístico (Lingua, 5, 2)
“illam partem, ubi cur et unde sint verba scrutantur, Græci vocant
etymologían”. En esta obra, Varrón reúne explicaciones semánticas
sobre distintos términos y los agrupa, según los casos, en familias
de palabras; por lo que se refiere a la búsqueda del étimo, de
acuerdo con los gramáticos estoicos, establece cuatro grados:
“Nunc singulorum verborum origines expediam, quorum quattor
explanandi gradus. Infimus quo populus etiam venit: quis enim non
videt unde argentifodinæ et viocurus? Secundus quo grammatica
escendit antiqua, quæ ostendit, quemadmodum quodque poeta finxerit
verbum, quod confixerit, quod declinarit [...] Tertius gradus, quo
philosophia ascendens pervenit atque ea quæ in consuetudine communi
essent aperire coepit, ut a quo dictum esset oppidum, vicus, via.
Quartus, ubi est adytum et initia regis: quo si non perveniam ad
scientiam, at opinionem aucupabor, quod etiam in salute nostra
nonnunquam facit cum ægrotamus medicus.” (De lingua latina, 5, 7-8)
Al mismo tiempo, este autor pasa a hablar de conceptos que hoy se
consideran como pilares de cualquier estudio etimológico: el
préstamo, las palabras olvidadas y la derivación:
"Igitur quoniam in hæc sunt tripertita verba, quæ sunt aut nostra
aut aliena aut oblivia, de nostris dicam cur sint, de alienis unde
sint, de obliviis reliquam.” (De lingua latina, 5, 10.)
Aparte de una influencia estoica en la teoría gramática, en el mundo
romano se observa una leve penetración de las teorías epicúreas,
cuya concepción atomista del lenguaje aparece recogida en la obra de
Lucrecio:
“[...] Quo pacto verba quoque ipsa / inter se paulo mutatis sunt
elementis, / cum ligna atque ignes distincta voce notemus.” (De
rerum natura, 1, 912 y ss.)
Por lo que respecta al uso de la etimología por parte de los poetas,
se pueden encontrar numerosos ejemplos en Virgilio y en Ovidio; con
este último, comienzan las interpretaciones disparatadas, como mero
artificio poético-erudito, basadas muy a menudo en las llamadas
"etimologías populares" (véase más abajo); en otras ocasiones, de
acuerdo con el gusto varroniano (es decir, el propio de gramáticos y
profesores de retórica), abunda la etimología con base histórica o
arqueológica —falsa a menudo—, que se basa en la búsqueda del étimo
ex contrariis:
“at puer Ascanius, cui nunc nomen Iulo
additur (Ilus erat, dum res stetit Ilia regno).” (Eneida, 1, 267)
“Romulus excipiet gentem et Mavortia condet
mœnia Romanosque suo de nomine dicet.” (Eneida, 1, 276.)
“mercatique solum, facti de nomine Byrsam.
taurino quantum possent circundare tergo.” (Eneida, 1, 367.)
Un ejemplo de las interpretaciones ovidianas, a todas luces falsas,
se halla en los Fasti de Ovidio (cf. 1, 317 y ss., y comienzos de
los libros V y VI), donde el autor ofrece cinco etimologías
diferentes para el término Agonalia.
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EDAD MEDIA
A lo largo de la Edad Media, la etimología, entendida como medio de
interpretación de la realidad, jugó un papel de extraordinaria
importancia; por esta razón, Ernst Robert Curtius la definió como la
"forma de pensamiento" medieval por excelencia. De entre los autores
tardíos, destaca San Agustín por su afición a esta disciplina, sobre
todo a causa de sus constantes indagaciones etimológicas acerca de
los nombres propios: Paulus, Felicitas, Primus, Perpetua, etc.
No obstante, el máximo exponente de esta tradición medieval será San
Isidoro, quien, para realizar su compilación de todo el saber humano
en su obra Etymologiarum libri u Origines, parte de la etimología, a
la que considera fundamento de la retórica y de la gramática. Su
obra enseñaba, pues, el "origen" (origo) y la "fuerza" (vis) de las
cosas. Dentro de este esquema, es muy importante la intuición
histórica; por ello, San Isidoro habla de la existencia de varios
estratos cronológicos en la latinidad, que parte de un estadio
antiguo para desembocar en lo que se denomina estadio "mixto": éste
habría surgido tras la caída del Imperio Romano y se habría
propagado por medio de las gentes bárbaras, encargadas de contaminar
la prístina pureza de la lengua. Los tipos fundamentales de
etimología que establece son: 1) ex causa (reges a regendo et recte
agendo); 2) ex origine (homo de humus); 3) ex contrariis (lucus,
quia umbra opacus parum luceat); 4) la derivación (prudens de
prudentia); 5) el venero griego; asimismo, se incluye una
interpretación de los principales nombres del Antiguo Testamento,
tal y como había hecho antes San Jerónimo.
De acuerdo con Alberto Zamboni, hay dos maneras distintas de
acercarse a la etimología en la Edad Media: por un lado, San Isidoro
—a cuya concepción de esta disciplina gramatical ya se ha aludido— y
Hugo de San Víctor son los representantes de la llamada "etimología
tradicionalista"; por otro, destaca la figura de Pedro Elías,
seguidor de la antigua doctrina helenística, en la que el
significado, por un lado, y el origen de las palabras, por otro,
desempeñan un papel relevante. En el siglo XII, con la aparición de
los modistæ (véase modalista), se descubre una interpretación
errónea del término etymologia; así, sus obras gramaticales,
intituladas De modis significandi, contienen dos partes, a la manera
de los tratados de Prisciano: Ethymologia (breve tratado de
morfología) y Diasynthetica (sintaxis); además de esta división, en
la introducción a sus trabajos incluían unos breves tratados
filosófico-lingüísticos (modi essendi, modi intelligendi y modi
significandi), que hoy en día asombran por su extraordinaria
modernidad al interpretar que la lengua forma una estructura en la
que el significado de las palabras viene determinado por su relación
con las demás. También en París, en el siglo XII, se configura el
sistema analítico de las distinctiones, que analizaba el significado
último de las palabras a través de una consideración exhaustiva de
sus partes constituyentes con el propósito de captar mejor su
esencia; en ellas, se unían distintos tipos de información:
gramática, retórica o metafórica, junto a diferentes formas de
exégesis.
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DEL
HUMANISMO A LA ILUSTRACIÓN
Los humanistas desarrollaron sus investigaciones etimológicas dentro
de su ambicioso proyecto de recuperación del griego, depuración del
latín, profundización en el hebreo y reivindicación de las lenguas
vernáculas. Si las pesquisas de estos intelectuales fueron cada vez
más frecuentes y sólidas desde el Quattrocento, el verdadero
terminus a quo lo marca Giulio Cesare Escaligero con su tratado De
causis linguae latinae libri XIII (1540). Aunque el desarrollo de
unas pautas o leyes en la evolución y transformación de las palabras
sólo se dio al llegar a las medianías del siglo XIX, la obra de
Étienne Guichard y, sobre todo, los Principes de l’art des
étymologies de Gilles Ménage (1613-1692), supusieron un
extraordinario avance en este sentido. En esta centuria, hay algunas
personalidades y corrientes de análisis que fortalecieron
extraordinariamente los estudios de lingüística en general y, de
pasada, los de materia etimológica; entre todos, hay que destacar el
nombre de Descartes y la corriente lingüística que desemboca en la
gramática de Port Royal (véase gramática racionalista). En
Inglaterra, el pensamiento filosófico de Francis Bacon culminará en
la gramática filosófica del siglo XVII.
En el siglo XVIII vieron la luz los dos volúmenes de Traité de la
formation méchanique des langues et des principes physiques de
l'étymologie (1765), del francés Charles de Brosses, una historia de
la palabra sorprendentemente avanzada que sirvió de base a numerosas
entradas de la Encyclopédie française. Otros tantas obras impresas
durante esa centuria desarrollaban esa misma labor sobre las lenguas
vernáculas o el latín, como las de Giambattista Vico o Johann
Heinrich Voss, con su Etymologicum linguae latinae. Todos estos
trabajos aportan pinceladas curiosas y, con frecuencia,
atinadísimas, pero carecen de la coherencia global que aportará el
siglo XIX, al brindar una visión ordenada de las lenguas en familias
por medio de un árbol como el de la genealogía, la herencia genética
o los stemmata de la crítica textual de corte lachmanniano. Todo
ello fue posible, no obstante, gracias al descubrimiento del
sánscrito y la percepción de los puntos de unión con las lenguas
europeas, magno acontecimiento que tuvo lugar al cierre del siglo
XVIII.
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LA ETIMOLOGÍA MODERNA
La aportación de la lingüística decimonónica fue sensacional en
gramática diacrónica (o histórica), con el desarrollo de unas leyes
de cambio lingüístico de las que los estudios etimológicos supieron
sacar un enorme provecho. La etimología convivió con los principales
cambios de la teoría gramatical y pasó por una etapa de transición
desde el método comparatista decimonónico hasta el desarrollo de la
neogramática. El primer gran nombre de un erudito moderno en este
campo de trabajo es el de Hugo Schuchardt (1842-1927), gran
especialista en latín, sabires y lenguas criollas; por encima en sus
resultados, al plasmarse en un diccionario que se tiene por
modélico, queda Wilhelm Meyer-Lübke, con su Romanisches
Etymologisches Wörterbuch (editado y revisado entre 1911 y 1935).
Con el idealismo de Croce y Vossler de las primeras décadas del
siglo XX, surgieron otras investigaciones en clara sintonía con los
cambios de trayectoria, como las de Leo Spitzer (1887-1960); por
esos mismos años, el desarrollo de la geografía lingüística y del
método Wörter und Sachen 'palabras y cosas', en unión con las nuevas
corrientes de estudio sincrónico y diacrónico, harán posible la
constitución del modelo del suizo Walther von Wartburg (1888-1971),
en su Französisches etymologisches Wörterbuch. Otros nombres de gran
talla que han cambiado radicalmente el panorama son los de Coseriu,
Guiraud, Baldinger o Malkiel.
Más allá de cualquier investigación limitada a un término o a un
manojo de palabras, el propósito último de la etimología es la
creación de diccionarios etimológicos, tras los mencionados modelos
de Meyer-Lübke y Wartburg; por ello, en la actualidad existen
magníficas herramientas de trabajo, diccionarios históricos o
etimológicos propiamente dichos, para las principales lenguas
modernas y clásicas. De la enorme producción desarrollada a lo largo
de varios siglos da buena cuenta Alberto Zamboni en La etimología
(Madrid, 1988), obra de referencia obligada y que desarrolla
cumplidamente los aspectos aquí considerados.
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ETIMOLOGÍA POPULAR
La etimología popular (también llamada etimología cruzada) es una
interpretación espontánea que en el lenguaje corriente o vulgar se
da a una palabra, relacionándola con otra de distinto origen. La
razón por la que se llama a este fenómeno etimología popular (en
inglés, folk etymology) se debe a que esta reinterpretación de las
palabras puede causar tanto cambios semánticos como formales. Un
ejemplo de lo primero lo constituye el término artístico
"miniatura", que proviene del italiano miniatura y significa
literalmente 'pintura de pequeñas dimensiones, realizada
generalmente sobre vitela u otra superficie delicada', aunque, por
etimología popular, ha generalizado su significado, y hoy día
designa cualquier objeto de reducidas dimensiones. Como ejemplos de
etimología popular en que se produce un cambio formal puede citarse
el caso del término vulgar "vagamundo", que constituye una
alteración fonética a partir de vagabundo (ya que vagabundo es aquél
que anda errante por el mundo, y este significado ha contaminado la
forma original); tales cambios existen desde la Antigüedad clásica,
como se observa en el paso que lleva de la magia de los muertos (en
griego, necros es el término para 'muerto') a la magia negra
(nigromancia), al haberse convertido previamente en la latina
nigromantia. Los ejemplos son numerosísimos en cualquier diccionario
o gramática histórica.Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A.
1995-2006
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