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Mateo 1
1 Libro de la generación
de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
2 Abraham engendró a
Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus
hermanos,
3 Judá engendró, de Tamar,
a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram,
4 Aram engendró a
Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón,
5 Salmón engendró, de
Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé,
6 Jesé engendró al rey
David. David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón,
7 Salomón engendró a
Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf,
8 Asaf engendró a Josafat,
Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías,
9 Ozías engendró a Joatam,
Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías,
10 Ezequías engendró a
Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías,
11 Josías engendró a
Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.
12 Después de la
deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel
engendró a Zorobabel,
13 Zorobabel engendró a
Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor,
14 Azor engendró a Sadoq,
Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud,
15 Eliud engendró a
Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob,
16 y Jacob engendró a
José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.
17 Así que el total de las
generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones;
desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones;
desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
18 La generación de
Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con
José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta
por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como
era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en
secreto.
20 Así lo tenía planeado,
cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José,
hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo
engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y
tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados.»
22 Todo esto sucedió para
que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
23 = Ved que la virgen
concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, =
que traducido significa: «Dios con nosotros.»
24 Despertado José del
sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo
a su mujer.
25 Y no la conocía hasta
que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.
Mateo 2
1 Nacido Jesús en Belén de
Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente
se presentaron en Jerusalén,
2 diciendo: «¿Dónde está
el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el
Oriente y hemos venido a adorarle.»
3 En oyéndolo, el rey
Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
4 Convocó a todos los
sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo
informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
5 Ellos le dijeron: «En
Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
6 = Y tú, Belén, tierra de
Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.»
=
7 Entonces Herodes llamó
aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición
de la estrella.
8 Después, enviándolos a
Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y
cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»
9 Ellos, después de oír al
rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían
visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se
detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
10 Al ver la estrella se
llenaron de inmensa alegría.
11 Entraron en la casa;
vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron;
abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y
mirra.
12 Y, avisados en sueños
que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro
camino.
13 Después que ellos se
retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le
dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto;
y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al
niño para matarle.»
14 El se levantó, tomó de
noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
15 y estuvo allí hasta la
muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por
medio del profeta: = De Egipto llamé a mi hijo. =
16 Entonces Herodes, al
ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente
y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de
dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los
magos.
17 Entonces se cumplió el
oráculo del profeta Jeremías:
18 = Un clamor se ha oído
en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y
no quiere consolarse, porque ya no existen. =
19 Muerto Herodes, el
Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
20 «Levántate, toma
contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de
Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»
21 El se levantó, tomó
consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.
22 Pero al enterarse de
que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo
miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de
Galilea,
23 y fue a vivir en una
ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los
profetas: = Será llamado Nazoreo. =
Mateo 3
1 Por aquellos días
aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
2 «Convertíos porque ha
llegado el Reino de los Cielos.»
3 Este es aquél de quien
habla el profeta Isaías cuando dice: = Voz del que clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. =
4 Tenía Juan su vestido
hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y
su comida eran langostas y miel silvestre.
5 Acudía entonces a él
Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,
6 y eran bautizados por él
en el río Jordán, confesando sus pecados.
7 Pero viendo él venir
muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras,
¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?
8 Dad, pues, fruto digno
de conversión,
9 y no creáis que basta
con decir en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque
os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
10 Ya está el hacha puesta
a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será
cortado y arrojado al fuego.
11 Yo os bautizo en agua
para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que
yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en
Espíritu Santo y fuego.
12 En su mano tiene el
bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero
la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
13 Entonces aparece Jesús,
que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por
él.
14 Pero Juan trataba de
impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti,
¿y tú vienes a mí?»
15 Jesús le respondió:
«Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.»
Entonces le dejó.
16 Bautizado Jesús, salió
luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu
de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
17 Y una voz que salía de
los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»
Mateo 4
1 Entonces Jesús fue
llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
2 Y después de hacer un
ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3 Y acercándose el
tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes.»
4 Mas él respondió: «Está
escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios.» =
5 Entonces el diablo le
lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
6 y le dice: «Si eres Hijo
de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te
encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie
en piedra alguna.» =
7 Jesús le dijo: «También
está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios.» =
8 Todavía le lleva consigo
el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo
y su gloria,
9 y le dice: «Todo esto te
daré si postrándote me adoras.»
10 Dícele entonces Jesús:
«Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios
adorarás, y sólo a él darás culto.» =
11 Entonces el diablo le
deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.
12 Cuando oyó que Juan
había sido entregado, se retiró a Galilea.
13 Y dejando Nazará, vino
a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y
Neftalí;
14 para que se cumpliera
el oráculo del profeta Isaías:
15 = ¡Tierra de Zabulón,
tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los
gentiles! =
16 = El pueblo que
habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en
paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. =
17 Desde entonces comenzó
Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos
ha llegado.»
18 Caminando por la ribera
del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su
hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,
19 y les dice: «Venid
conmigo, y os haré pescadores de hombres.»
20 Y ellos al instante,
dejando las redes, le siguieron.
21 Caminando adelante, vio
a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que
estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los
llamó.
22 Y ellos al instante,
dejando la barca y a su padre, le siguieron.
23 Recorría Jesús toda
Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del
Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24 Su fama llegó a toda
Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con
enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y
paralíticos, y los curó.
25 Y le siguió una gran
muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro
lado del Jordán.
Mateo 5
1 Viendo la muchedumbre,
subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.
2 Y tomando la palabra,
les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados los
pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Bienaventurados = los
mansos =, porque = ellos poseerán en herencia la tierra. =
5 Bienaventurados los que
lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que
trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de
los Cielos.
11 Bienaventurados seréis
cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de
mal contra vosotros por mi causa.
12 Alegráos y regocijaos,
porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la
misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
13 «Vosotros sois la sal
de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya
no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por
los hombres.
14 «Vosotros sois la luz
del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un
monte.
15 Ni tampoco se enciende
una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero,
para que alumbre a todos los que están en la casa.
16 Brille así vuestra luz
delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
17 «No penséis que he
venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a
dar cumplimiento.
18 Sí, os lo aseguro: el
cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley
sin que todo suceda.
19 Por tanto, el que
traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a
los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en
cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino
de los Cielos.
20 «Porque os digo que, si
vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no
entraréis en el Reino de los Cielos.
21 «Habéis oído que se
dijo a los antepasados: = No matarás; = y aquel que mate será reo
ante el tribunal.
22 Pues yo os digo: Todo
aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el
tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el
Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de
fuego.
23 Si, pues, al presentar
tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo
tiene algo contra ti,
24 deja tu ofrenda allí,
delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano;
luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25 Ponte enseguida a
buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea
que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te
metan en la cárcel.
26 Yo te aseguro: no
saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
27 «Habéis oído que se
dijo: = No cometerás adulterio. =
28 Pues yo os digo: Todo
el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en
su corazón.
29 Si, pues, tu ojo
derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te
conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu
cuerpo sea arrojado a la gehenna.
30 Y si tu mano derecha te
es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene
que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a
la gehenna.
31 «También se dijo: = El
que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. =
32 Pues yo os digo: Todo
el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace
ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.
33 «Habéis oído también
que se dijo a los antepasados: = No perjurarás, sino que cumplirás
al Señor tus juramentos. =
34 Pues yo digo que no
juréis en modo alguno: ni por el = Cielo =, porque es = el trono de
Dios, =
35 ni por = la Tierra, =
porque es = el escabel de sus pies; = ni por = Jerusalén =, porque
es = la ciudad del gran rey. =
36 Ni tampoco jures por tu
cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o
negro.
37 Sea vuestro lenguaje:
“Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.
38 «Habéis oído que se
dijo: = Ojo por ojo y diente por diente. =
39 Pues yo os digo: no
resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla
derecha ofrécele también la otra:
40 al que quiera pleitear
contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;
41 y al que te obligue a
andar una milla vete con él dos.
42 A quien te pida da, y
al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.
43 «Habéis oído que se
dijo: = Amarás a tu prójimo = y odiarás a tu enemigo.
44 Pues yo os digo: Amad a
vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,
45 para que seáis hijos de
vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos,
y llover sobre justos e injustos.
46 Porque si amáis a los
que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo
también los publicanos?
47 Y si no saludáis más
que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso
mismo también los gentiles?
48 Vosotros, pues, sed
perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.
Mateo 6
1 «Cuidad de no practicar
vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos;
de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
2 Por tanto, cuando hagas
limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los
hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser
honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
3 Tú, en cambio, cuando
hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
4 así tu limosna quedará
en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5 «Y cuando oréis, no
seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en
las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los
hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
6 Tú, en cambio, cuando
vayas a orar, = entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta,
ora = a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve
en lo secreto, te recompensará.
7 Y al orar, no charléis
mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a
ser escuchados.
8 No seáis como ellos,
porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
9 «Vosotros, pues, orad
así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre;
10 venga tu Reino; hágase
tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
11 Nuestro pan cotidiano
dánosle hoy;
12 y perdónanos nuestras
deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
13 y no nos dejes caer en
tentación, mas líbranos del mal.
14 «Que si vosotros
perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros
vuestro Padre celestial;
15 pero si no perdonáis a
los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
16 «Cuando ayunéis, no
pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro
para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya
reciben su paga.
17 Tú, en cambio, cuando
ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
18 para que tu ayuno sea
visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
19 «No os amontonéis
tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y
ladrones que socavan y roban.
20 Amontonaos más bien
tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan,
ni ladrones que socaven y roben.
21 Porque donde esté tu
tesoro, allí estará también tu corazón.
22 «La lámpara del cuerpo
es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23 pero si tu ojo está
malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es
oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
24 Nadie puede servir a
dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se
entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al
Dinero.
25 «Por eso os digo: No
andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro
cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento,
y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del
cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro
Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
27 Por lo demás, ¿quién de
vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la
medida de su vida?
28 Y del vestido, ¿por qué
preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se
fatigan, ni hilan.
29 Pero yo os digo que ni
Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
30 Pues si a la hierba del
campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no
lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
31 No andéis, pues,
preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con
qué vamos a vestirnos?
32 Que por todas esas
cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial
que tenéis necesidad de todo eso.
33 Buscad primero su Reino
y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
34 Así que no os
preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día
tiene bastante con su propio mal.
Mateo 7
1 «No juzguéis, para que
no seáis juzgados.
2 Porque con el juicio con
que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os
medirá.
3 ¿Cómo es que miras la
brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que
hay en tu ojo?
4 ¿O cómo vas a decir a tu
hermano: “Deja que te saque la brizna del ojo”, teniendo la viga en
el tuyo?
5 Hipócrita, saca primero
la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del
ojo de tu hermano.
6 «No deis a los perros lo
que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no
sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os
despedacen.
7 «Pedid y se os dará;
buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
8 Porque todo el que pide
recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá.
9 ¿O hay acaso alguno
entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra;
10 o si le pide un pez, le
dé una culebra?
11 Si, pues, vosotros,
siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más
vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se
las pidan!
12 «Por tanto, todo cuanto
queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a
ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
13 «Entrad por la entrada
estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva
a la perdición, y son muchos los que entran por ella;
14 mas ¡qué estrecha la
entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los
que lo encuentran.
15 «Guardaos de los falsos
profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por
dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los
conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los
abrojos?
17 Así, todo árbol bueno
da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 Un árbol bueno no puede
producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.
19 Todo árbol que no da
buen fruto, es cortado y arrojado al fuego.
20 Así que por sus frutos
los reconoceréis.
21 «No todo el que me
diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre celestial.
22 Muchos me dirán aquel
Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”
23 Y entonces les
declararé: “¡Jamás os conocí; = apartaos de mí, agentes de
iniquidad!” =
24 «Así pues, todo el que
oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el
hombre prudente que edificó su casa sobre roca:
25 cayó la lluvia,
vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra
aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
26 Y todo el que oiga
estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre
insensato que edificó su casa sobre arena:
27 cayó la lluvia,
vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra
aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»
28 Y sucedió que cuando
acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su
doctrina;
29 porque les enseñaba
como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.
Mateo 8
1 Cuando bajó del monte,
fue siguiéndole una gran muchedumbre.
2 En esto, un leproso se
acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes
limpiarme.»
3 El extendió la mano, le
tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de
su lepra.
4 Y Jesús le dice: «Mira,
no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y
presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de
testimonio.
5 Al entrar en Cafarnaúm,
se le acercó un centurión y le rogó
6 diciendo: «Señor, mi
criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»
7 Dícele Jesús: «Yo iré a
curarle.»
8 Replicó el centurión:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas
de palabra y mi criado quedará sano.
9 Porque también yo, que
soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste:
“Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”,
y lo hace.»
10 Al oír esto Jesús quedó
admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no
he encontrado en nadie una fe tan grande.
11 Y os digo que vendrán
muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham,
Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
12 mientras que los hijos
del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el
llanto y el rechinar de dientes.»
13 Y dijo Jesús al
centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.
14 Al llegar Jesús a casa
de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.
15 Le tocó la mano y la
fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.
16 Al atardecer, le
trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una
palabra, y curó a todos los enfermos,
17 para que se cumpliera
el oráculo del profeta Isaías: = El tomó nuestras flaquezas y cargó
con nuestras enfermedades. =
18 Viéndose Jesús rodeado
de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla.
19 Y un escriba se acercó
y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»
20 Dícele Jesús: «Las
zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del
hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
21 Otro de los discípulos
le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
22 Dícele Jesús: «Sígueme,
y deja que los muertos entierren a sus muertos.»
23 Subió a la barca y sus
discípulos le siguieron.
24 De pronto se levantó en
el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las
olas; pero él estaba dormido.
25 Acercándose ellos le
despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»
26 Díceles: «¿Por qué
tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a
los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.
27 Y aquellos hombres,
maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el
mar le obedecen?»
28 Al llegar a la otra
orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos
endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie
era capaz de pasar por aquel camino.
29 Y se pusieron a gritar:
«¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para
atormentarnos antes de tiempo?»
30 Había allí a cierta
distancia una gran piara de puercos paciendo.
31 Y le suplicaban los
demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos.»
32 El les dijo: «Id.»
Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara
se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.
33 Los porqueros huyeron,
y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los
endemoniados.
34 Y he aquí que toda la
ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se
retirase de su término.
Mateo 9
1 Subiendo a la barca,
pasó a la otra orilla y vino a su ciudad.
2 En esto le trajeron un
paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos,
dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
3 Pero he aquí que algunos
escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»
4 Jesús, conociendo sus
pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir:
5 “Levántate y anda”?
6 Pues para que sepáis que
el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -
dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a
tu casa”.»
7 El se levantó y se fue a
su casa.
8 Y al ver esto, la gente
temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
9 Cuando se iba de allí,
al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho
de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
10 Y sucedió que estando
él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y
pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Al verlo los fariseos
decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los
publicanos y pecadores?»
12 Mas él, al oírlo, dijo:
«No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal.
13 Id, pues, a aprender
qué significa aquello de: = Misericordia quiero, que no sacrificio.
= Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
14 Entonces se le acercan
los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos
ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
15 Jesús les dijo: «Pueden
acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está
con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio;
entonces ayunarán.
16 Nadie echa un remiendo
de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del
vestido, y se produce un desgarrón peor.
17 Ni tampoco se echa vino
nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan,
el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el
vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»
18 Así les estaba
hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él
diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre
ella y vivirá.»
19 Jesús se levantó y le
siguió junto con sus discípulos.
20 En esto, una mujer que
padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y
tocó la orla de su manto.
21 Pues se decía para sí:
«Con sólo tocar su manto, me salvaré.»
22 Jesús se volvió, y al
verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la
mujer desde aquel momento.
23 Al llegar Jesús a casa
del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando,
24 decía: «¡Retiraos! La
muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él.
25 Mas, echada fuera la
gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.
26 Y la noticia del suceso
se divulgó por toda aquella comarca.
27 Cuando Jesús se iba de
allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de
nosotros, Hijo de David!»
28 Y al llegar a casa, se
le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer
eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29 Entonces les tocó los
ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.»
30 Y se abrieron sus ojos.
Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!»
31 Pero ellos, en cuanto
salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
32 Salían ellos todavía,
cuando le presentaron un mudo endemoniado.
33 Y expulsado el demonio,
rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio
cosa igual en Israel.»
34 Pero los fariseos
decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»
35 Jesús recorría todas
las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la
Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.
36 Y al ver a la
muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y
abatidos como ovejas que no tienen pastor.
37 Entonces dice a sus
discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.
38 Rogad, pues, al Dueño
de la mies que envíe obreros a su mies.»
Mateo 10
1 Y llamando a sus doce
discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para
expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2 Los nombres de los doce
Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano
Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
3 Felipe y Bartolomé;
Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;
4 Simón el Cananeo y Judas
el Iscariote, el mismo que le entregó.
5 A estos doce envió
Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de
gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
6 dirigíos más bien a las
ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Id proclamando que el
Reino de los Cielos está cerca.
8 Curad enfermos,
resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo
recibisteis; dadlo gratis.
9 No os procuréis oro, ni
plata, ni calderilla en vuestras fajas;
10 ni alforja para el
camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero
merece su sustento.
11 «En la ciudad o pueblo
en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí
hasta que salgáis.
12 Al entrar en la casa,
saludadla.
13 Si la casa es digna,
llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva
a vosotros.
14 Y si no se os recibe ni
se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad
aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.
15 Yo os aseguro: el día
del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que
para aquella ciudad.
16 «Mirad que yo os envío
como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las
serpientes, y sencillos como las palomas.
17 Guardaos de los
hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus
sinagogas;
18 y por mi causa seréis
llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante
ellos y ante los gentiles.
19 Mas cuando os
entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que
tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento.
20 Porque no seréis
vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que
hablará en vosotros.
21 «Entregará a la muerte
hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres
y los matarán.
22 Y seréis odiados de
todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin,
ése se salvará.
23 «Cuando os persigan en
una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos
a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de
Israel antes que venga el Hijo del hombre.
24 «No está el discípulo
por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo.
25 Ya le basta al
discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño
de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!
26 «No les tengáis miedo.
Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni
oculto que no haya de saberse.
27 Lo que yo os digo en la
oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído,
proclamadlo desde los terrados.
28 «Y no temáis a los que
matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a
Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.
29 ¿No se venden dos
pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin
el consentimiento de vuestro Padre.
30 En cuanto a vosotros,
hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
31 No temáis, pues;
vosotros valéis más que muchos pajarillos.
32 «Por todo aquel que se
declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante
mi Padre que está en los cielos;
33 pero a quien me niegue
ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los
cielos.
34 «No penséis que he
venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino
espada.
35 Sí, he venido a
enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera
con su suegra;
36 y enemigos de cada cual
serán los que conviven con él.
37 «El que ama a su padre
o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o
a su hija más que a mí, no es digno de mí.
38 El que no toma su cruz
y me sigue detrás no es digno de mí.
39 El que encuentre su
vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
40 «Quien a vosotros
recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que
me ha enviado.
41 «Quien reciba a un
profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien
reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.
42 «Y todo aquel que dé de
beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por
ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»
Mateo 11
1 Y sucedió que, cuando
acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de
allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
2 Juan, que en la cárcel
había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a
decirle:
3 «¿Eres tú el que ha de
venir, o debemos esperar a otro?»
4 Jesús les respondió: «Id
y contad a Juan lo que oís y veis:
5 los ciegos ven y los
cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los
muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
6 ¡y dichoso aquel que no
halle escándalo en mí!»
7 Cuando éstos se
marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8 ¿Qué salisteis a ver, si
no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con
elegancia están en los palacios de los reyes.
9 Entonces ¿a qué
salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
10 Este es de quien está
escrito: = He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que
preparará por delante tu camino. =
11 «En verdad os digo que
no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el
Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es
mayor que él.
12 Desde los días de Juan
el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y
los violentos lo arrebatan.
13 Pues todos los
profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
14 Y, si queréis
admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
15 El que tenga oídos, que
oiga.
16 «¿Pero, con quién
compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que,
sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
17 “Os hemos tocado la
flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os
habéis lamentado.”
18 Porque vino Juan, que
ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.”
19 Vino el Hijo del
hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis un comilón y un
borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha
acreditado por sus obras.»
20 Entonces se puso a
maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de
sus milagros, porque no se habían convertido:
21 «¡Ay de ti, Corazín!
¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho
los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y
ceniza se habrían convertido.
22 Por eso os digo que el
día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para
vosotras.
23 Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta
el cielo te vas a encumbrar? = ¡Hasta el Hades te hundirás! = Porque
si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti,
aún subsistiría el día de hoy.
24 Por eso os digo que el
día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para
ti.»
25 En aquel tiempo,
tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e
inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
26 Sí, Padre, pues tal ha
sido tu beneplácito.
27 Todo me ha sido
entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre,
ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el
Hijo se lo quiera revelar.
28 «Venid a mí todos los
que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29 Tomad sobre vosotros mi
yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y
hallaréis descanso para vuestras almas. =
30 Porque mi yugo es suave
y mi carga ligera.»
Mateo 12
1 En aquel tiempo cruzaba
Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre
y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.
2 Al verlo los fariseos,
le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en
sábado.»
3 Pero él les dijo: «¿No
habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le
acompañaban,
4 cómo entró en la Casa de
Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito
comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?
5 ¿Tampoco habéis leído en
la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan
el sábado sin incurrir en culpa?
6 Pues yo os digo que hay
aquí algo mayor que el Templo.
7 Si hubieseis comprendido
lo que significa aquello de: = Misericordia quiero, que no
sacrificio, = no condenaríais a los que no tienen culpa.
8 Porque el Hijo del
hombre es señor del sábado.»
9 Pasó de allí y se fue a
la sinagoga de ellos.
10 Había allí un hombre
que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en
sábado, para poder acusarle.
11 El les dijo: «¿Quién de
vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado,
no la agarra y la saca?
12 Pues, ¡cuánto más vale
un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.»
13 Entonces dice al
hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida,
sana como la otra.
14 Pero los fariseos, en
cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo eliminarle.
15 Jesús, al saberlo, se
retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos.
16 Y les mandó
enérgicamente que no le descubrieran;
17 para que se cumpliera
el oráculo del profeta Isaías:
18 = He aquí mi Siervo, a
quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi
Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. =
19 = No disputará ni
gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. =
20 = La caña cascada no la
quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la
victoria el juicio: =
21 = en su nombre pondrán
las naciones su esperanza. =
22 Entonces le fue
presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el
mudo hablaba y veía.
23 Y toda la gente atónita
decía: «¿No será éste el Hijo de David?»
24 Mas los fariseos, al
oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por Beelzebul,
Príncipe de los demonios.»
25 El, conociendo sus
pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda
asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá
subsistir.
26 Si Satanás expulsa a
Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a subsistir
su reino?
27 Y si yo expulso los
demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por
eso, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si por el Espíritu
de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el
Reino de Dios.
29 «O, ¿cómo puede uno
entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero
al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.
30 «El que no está
conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
31 «Por eso os digo: Todo
pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia
contra el Espíritu no será perdonada.
32 Y al que diga una
palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la
diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo
ni en el otro.
33 «Suponed un árbol
bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será
malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 Raza de víboras, ¿cómo
podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que
rebosa el corazón habla la boca.
35 El hombre bueno, del
buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca
cosas malas.
36 Os digo que de toda
palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del
Juicio.
37 Porque por tus palabras
serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»
38 Entonces le
interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una
señal hecha por ti.»
39 Mas él les respondió:
«¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará
otra señal que la señal del profeta Jonás.
40 Porque de la misma
manera que Jonás = estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres
noches, = así también el Hijo del hombre estará en el seno de la
tierra tres días y tres noches.
41 Los ninivitas se
levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque
ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo
más que Jonás.
42 La reina del Mediodía
se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque
ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de
Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
43 «Cuando el espíritu
inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de
reposo, pero no lo encuentra.
44 Entonces dice: “Me
volveré a mi casa, de donde salí.” Y al llegar la encuentra
desocupada, barrida y en orden.
45 Entonces va y toma
consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan
allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.
Así le sucederá también a esta generación malvada.»
46 Todavía estaba hablando
a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron
fuera y trataban de hablar con él.
47 Alguien le dijo: «¡Oye!
ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»
48 Pero él respondió al
que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»
49 Y, extendiendo su mano
hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
50 Pues todo el que cumpla
la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y
mi madre.»
Mateo 13
1 Aquel día, salió Jesús
de casa y se sentó a orillas del mar.
2 Y se reunió tanta gente
junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la
gente quedaba en la ribera.
3 Y les habló muchas cosas
en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.
4 Y al sembrar, unas
semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las
comieron.
5 Otras cayeron en
pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no
tener hondura de tierra;
6 pero en cuanto salió el
sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.
7 Otras cayeron entre
abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.
8 Otras cayeron en tierra
buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.
9 El que tenga oídos, que
oiga.»
10 Y acercándose los
discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
11 El les respondió: «Es
que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de
los Cielos, pero a ellos no.
12 Porque a quien tiene se
le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le
quitará.
13 Por eso les hablo en
parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14 En ellos se cumple la
profecía de Isaías: = Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar,
miraréis, pero no veréis. =
15 = Porque se ha embotado
el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han
cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su
corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. =
16 «¡Pero dichosos
vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!
17 Pues os aseguro que
muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no
lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
18 «Vosotros, pues,
escuchad la parábola del sembrador.
19 Sucede a todo el que
oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y
arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo
largo del camino.
20 El que fue sembrado en
pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con
alegría;
21 pero no tiene raíz en
sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una
tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba
enseguida.
22 El que fue sembrado
entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones
del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda
sin fruto.
23 Pero el que fue
sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende:
éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro
treinta.»
24 Otra parábola les
propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre
que sembró buena semilla en su campo.
25 Pero, mientras su gente
dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se
fue.
26 Cuando brotó la hierba
y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.
27 Los siervos del amo se
acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu
campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?”
28 El les contestó: “Algún
enemigo ha hecho esto.” Dícenle los siervos: “¿Quieres, pues, que
vayamos a recogerla?”
29 Díceles: “No, no sea
que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.
30 Dejad que ambos crezcan
juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los
segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para
quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.”»
31 Otra parábola les
propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza
que tomó un hombre y lo sembró en su campo.
32 Es ciertamente más
pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las
hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del
cielo vienen y anidan en sus ramas.»
33 Les dijo otra parábola:
«El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una
mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó
todo.»
34 Todo esto dijo Jesús en
parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas,
35 para que se cumpliese
el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo
que estaba oculto desde la creación del mundo. =
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