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Mateo 1
1 Libro de la generación
de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
2 Abraham engendró a
Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus
hermanos,
3 Judá engendró, de Tamar,
a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram,
4 Aram engendró a
Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón,
5 Salmón engendró, de
Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé,
6 Jesé engendró al rey
David. David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón,
7 Salomón engendró a
Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf,
8 Asaf engendró a Josafat,
Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías,
9 Ozías engendró a Joatam,
Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías,
10 Ezequías engendró a
Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías,
11 Josías engendró a
Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.
12 Después de la
deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel
engendró a Zorobabel,
13 Zorobabel engendró a
Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor,
14 Azor engendró a Sadoq,
Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud,
15 Eliud engendró a
Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob,
16 y Jacob engendró a
José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.
17 Así que el total de las
generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones;
desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones;
desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
18 La generación de
Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con
José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta
por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como
era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en
secreto.
20 Así lo tenía planeado,
cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José,
hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo
engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y
tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados.»
22 Todo esto sucedió para
que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
23 = Ved que la virgen
concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, =
que traducido significa: «Dios con nosotros.»
24 Despertado José del
sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo
a su mujer.
25 Y no la conocía hasta
que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.
Mateo 2
1 Nacido Jesús en Belén de
Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente
se presentaron en Jerusalén,
2 diciendo: «¿Dónde está
el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el
Oriente y hemos venido a adorarle.»
3 En oyéndolo, el rey
Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
4 Convocó a todos los
sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo
informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
5 Ellos le dijeron: «En
Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
6 = Y tú, Belén, tierra de
Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá;
porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.»
=
7 Entonces Herodes llamó
aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición
de la estrella.
8 Después, enviándolos a
Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y
cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»
9 Ellos, después de oír al
rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían
visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se
detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
10 Al ver la estrella se
llenaron de inmensa alegría.
11 Entraron en la casa;
vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron;
abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y
mirra.
12 Y, avisados en sueños
que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro
camino.
13 Después que ellos se
retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le
dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto;
y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al
niño para matarle.»
14 El se levantó, tomó de
noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
15 y estuvo allí hasta la
muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por
medio del profeta: = De Egipto llamé a mi hijo. =
16 Entonces Herodes, al
ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente
y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de
dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los
magos.
17 Entonces se cumplió el
oráculo del profeta Jeremías:
18 = Un clamor se ha oído
en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y
no quiere consolarse, porque ya no existen. =
19 Muerto Herodes, el
Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
20 «Levántate, toma
contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de
Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»
21 El se levantó, tomó
consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.
22 Pero al enterarse de
que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo
miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de
Galilea,
23 y fue a vivir en una
ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los
profetas: = Será llamado Nazoreo. =
Mateo 3
1 Por aquellos días
aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
2 «Convertíos porque ha
llegado el Reino de los Cielos.»
3 Este es aquél de quien
habla el profeta Isaías cuando dice: = Voz del que clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. =
4 Tenía Juan su vestido
hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y
su comida eran langostas y miel silvestre.
5 Acudía entonces a él
Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,
6 y eran bautizados por él
en el río Jordán, confesando sus pecados.
7 Pero viendo él venir
muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras,
¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?
8 Dad, pues, fruto digno
de conversión,
9 y no creáis que basta
con decir en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque
os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
10 Ya está el hacha puesta
a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será
cortado y arrojado al fuego.
11 Yo os bautizo en agua
para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que
yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en
Espíritu Santo y fuego.
12 En su mano tiene el
bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero
la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
13 Entonces aparece Jesús,
que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por
él.
14 Pero Juan trataba de
impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti,
¿y tú vienes a mí?»
15 Jesús le respondió:
«Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.»
Entonces le dejó.
16 Bautizado Jesús, salió
luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu
de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.
17 Y una voz que salía de
los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»
Mateo 4
1 Entonces Jesús fue
llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
2 Y después de hacer un
ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3 Y acercándose el
tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes.»
4 Mas él respondió: «Está
escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que
sale de la boca de Dios.» =
5 Entonces el diablo le
lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
6 y le dice: «Si eres Hijo
de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te
encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie
en piedra alguna.» =
7 Jesús le dijo: «También
está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios.» =
8 Todavía le lleva consigo
el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo
y su gloria,
9 y le dice: «Todo esto te
daré si postrándote me adoras.»
10 Dícele entonces Jesús:
«Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios
adorarás, y sólo a él darás culto.» =
11 Entonces el diablo le
deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.
12 Cuando oyó que Juan
había sido entregado, se retiró a Galilea.
13 Y dejando Nazará, vino
a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y
Neftalí;
14 para que se cumpliera
el oráculo del profeta Isaías:
15 = ¡Tierra de Zabulón,
tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los
gentiles! =
16 = El pueblo que
habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en
paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. =
17 Desde entonces comenzó
Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos
ha llegado.»
18 Caminando por la ribera
del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su
hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,
19 y les dice: «Venid
conmigo, y os haré pescadores de hombres.»
20 Y ellos al instante,
dejando las redes, le siguieron.
21 Caminando adelante, vio
a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que
estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los
llamó.
22 Y ellos al instante,
dejando la barca y a su padre, le siguieron.
23 Recorría Jesús toda
Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del
Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24 Su fama llegó a toda
Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con
enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y
paralíticos, y los curó.
25 Y le siguió una gran
muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro
lado del Jordán.
Mateo 5
1 Viendo la muchedumbre,
subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.
2 Y tomando la palabra,
les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados los
pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Bienaventurados = los
mansos =, porque = ellos poseerán en herencia la tierra. =
5 Bienaventurados los que
lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que
tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
7 Bienaventurados los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que
trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los
perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de
los Cielos.
11 Bienaventurados seréis
cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de
mal contra vosotros por mi causa.
12 Alegráos y regocijaos,
porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la
misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
13 «Vosotros sois la sal
de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya
no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por
los hombres.
14 «Vosotros sois la luz
del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un
monte.
15 Ni tampoco se enciende
una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero,
para que alumbre a todos los que están en la casa.
16 Brille así vuestra luz
delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
17 «No penséis que he
venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a
dar cumplimiento.
18 Sí, os lo aseguro: el
cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley
sin que todo suceda.
19 Por tanto, el que
traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a
los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en
cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino
de los Cielos.
20 «Porque os digo que, si
vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no
entraréis en el Reino de los Cielos.
21 «Habéis oído que se
dijo a los antepasados: = No matarás; = y aquel que mate será reo
ante el tribunal.
22 Pues yo os digo: Todo
aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el
tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el
Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de
fuego.
23 Si, pues, al presentar
tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo
tiene algo contra ti,
24 deja tu ofrenda allí,
delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano;
luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25 Ponte enseguida a
buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea
que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te
metan en la cárcel.
26 Yo te aseguro: no
saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
27 «Habéis oído que se
dijo: = No cometerás adulterio. =
28 Pues yo os digo: Todo
el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en
su corazón.
29 Si, pues, tu ojo
derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te
conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu
cuerpo sea arrojado a la gehenna.
30 Y si tu mano derecha te
es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene
que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a
la gehenna.
31 «También se dijo: = El
que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. =
32 Pues yo os digo: Todo
el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace
ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.
33 «Habéis oído también
que se dijo a los antepasados: = No perjurarás, sino que cumplirás
al Señor tus juramentos. =
34 Pues yo digo que no
juréis en modo alguno: ni por el = Cielo =, porque es = el trono de
Dios, =
35 ni por = la Tierra, =
porque es = el escabel de sus pies; = ni por = Jerusalén =, porque
es = la ciudad del gran rey. =
36 Ni tampoco jures por tu
cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o
negro.
37 Sea vuestro lenguaje:
“Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.
38 «Habéis oído que se
dijo: = Ojo por ojo y diente por diente. =
39 Pues yo os digo: no
resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla
derecha ofrécele también la otra:
40 al que quiera pleitear
contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;
41 y al que te obligue a
andar una milla vete con él dos.
42 A quien te pida da, y
al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.
43 «Habéis oído que se
dijo: = Amarás a tu prójimo = y odiarás a tu enemigo.
44 Pues yo os digo: Amad a
vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,
45 para que seáis hijos de
vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos,
y llover sobre justos e injustos.
46 Porque si amáis a los
que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo
también los publicanos?
47 Y si no saludáis más
que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso
mismo también los gentiles?
48 Vosotros, pues, sed
perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.
Mateo 6
1 «Cuidad de no practicar
vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos;
de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
2 Por tanto, cuando hagas
limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los
hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser
honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
3 Tú, en cambio, cuando
hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;
4 así tu limosna quedará
en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5 «Y cuando oréis, no
seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en
las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los
hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.
6 Tú, en cambio, cuando
vayas a orar, = entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta,
ora = a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve
en lo secreto, te recompensará.
7 Y al orar, no charléis
mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a
ser escuchados.
8 No seáis como ellos,
porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
9 «Vosotros, pues, orad
así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
Nombre;
10 venga tu Reino; hágase
tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
11 Nuestro pan cotidiano
dánosle hoy;
12 y perdónanos nuestras
deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
13 y no nos dejes caer en
tentación, mas líbranos del mal.
14 «Que si vosotros
perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros
vuestro Padre celestial;
15 pero si no perdonáis a
los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
16 «Cuando ayunéis, no
pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro
para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya
reciben su paga.
17 Tú, en cambio, cuando
ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
18 para que tu ayuno sea
visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
19 «No os amontonéis
tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y
ladrones que socavan y roban.
20 Amontonaos más bien
tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan,
ni ladrones que socaven y roben.
21 Porque donde esté tu
tesoro, allí estará también tu corazón.
22 «La lámpara del cuerpo
es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23 pero si tu ojo está
malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es
oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
24 Nadie puede servir a
dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se
entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al
Dinero.
25 «Por eso os digo: No
andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro
cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento,
y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del
cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro
Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
27 Por lo demás, ¿quién de
vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la
medida de su vida?
28 Y del vestido, ¿por qué
preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se
fatigan, ni hilan.
29 Pero yo os digo que ni
Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
30 Pues si a la hierba del
campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no
lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
31 No andéis, pues,
preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con
qué vamos a vestirnos?
32 Que por todas esas
cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial
que tenéis necesidad de todo eso.
33 Buscad primero su Reino
y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
34 Así que no os
preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día
tiene bastante con su propio mal.
Mateo 7
1 «No juzguéis, para que
no seáis juzgados.
2 Porque con el juicio con
que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os
medirá.
3 ¿Cómo es que miras la
brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que
hay en tu ojo?
4 ¿O cómo vas a decir a tu
hermano: “Deja que te saque la brizna del ojo”, teniendo la viga en
el tuyo?
5 Hipócrita, saca primero
la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del
ojo de tu hermano.
6 «No deis a los perros lo
que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no
sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os
despedacen.
7 «Pedid y se os dará;
buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
8 Porque todo el que pide
recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá.
9 ¿O hay acaso alguno
entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra;
10 o si le pide un pez, le
dé una culebra?
11 Si, pues, vosotros,
siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más
vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se
las pidan!
12 «Por tanto, todo cuanto
queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a
ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
13 «Entrad por la entrada
estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva
a la perdición, y son muchos los que entran por ella;
14 mas ¡qué estrecha la
entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los
que lo encuentran.
15 «Guardaos de los falsos
profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por
dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los
conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los
abrojos?
17 Así, todo árbol bueno
da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 Un árbol bueno no puede
producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.
19 Todo árbol que no da
buen fruto, es cortado y arrojado al fuego.
20 Así que por sus frutos
los reconoceréis.
21 «No todo el que me
diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre celestial.
22 Muchos me dirán aquel
Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”
23 Y entonces les
declararé: “¡Jamás os conocí; = apartaos de mí, agentes de
iniquidad!” =
24 «Así pues, todo el que
oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el
hombre prudente que edificó su casa sobre roca:
25 cayó la lluvia,
vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra
aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
26 Y todo el que oiga
estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre
insensato que edificó su casa sobre arena:
27 cayó la lluvia,
vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra
aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»
28 Y sucedió que cuando
acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su
doctrina;
29 porque les enseñaba
como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.
Mateo 8
1 Cuando bajó del monte,
fue siguiéndole una gran muchedumbre.
2 En esto, un leproso se
acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes
limpiarme.»
3 El extendió la mano, le
tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de
su lepra.
4 Y Jesús le dice: «Mira,
no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y
presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de
testimonio.
5 Al entrar en Cafarnaúm,
se le acercó un centurión y le rogó
6 diciendo: «Señor, mi
criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»
7 Dícele Jesús: «Yo iré a
curarle.»
8 Replicó el centurión:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas
de palabra y mi criado quedará sano.
9 Porque también yo, que
soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste:
“Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”,
y lo hace.»
10 Al oír esto Jesús quedó
admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no
he encontrado en nadie una fe tan grande.
11 Y os digo que vendrán
muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham,
Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
12 mientras que los hijos
del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el
llanto y el rechinar de dientes.»
13 Y dijo Jesús al
centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.
14 Al llegar Jesús a casa
de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.
15 Le tocó la mano y la
fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.
16 Al atardecer, le
trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una
palabra, y curó a todos los enfermos,
17 para que se cumpliera
el oráculo del profeta Isaías: = El tomó nuestras flaquezas y cargó
con nuestras enfermedades. =
18 Viéndose Jesús rodeado
de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla.
19 Y un escriba se acercó
y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»
20 Dícele Jesús: «Las
zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del
hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
21 Otro de los discípulos
le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
22 Dícele Jesús: «Sígueme,
y deja que los muertos entierren a sus muertos.»
23 Subió a la barca y sus
discípulos le siguieron.
24 De pronto se levantó en
el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las
olas; pero él estaba dormido.
25 Acercándose ellos le
despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»
26 Díceles: «¿Por qué
tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a
los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.
27 Y aquellos hombres,
maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el
mar le obedecen?»
28 Al llegar a la otra
orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos
endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie
era capaz de pasar por aquel camino.
29 Y se pusieron a gritar:
«¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para
atormentarnos antes de tiempo?»
30 Había allí a cierta
distancia una gran piara de puercos paciendo.
31 Y le suplicaban los
demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos.»
32 El les dijo: «Id.»
Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara
se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.
33 Los porqueros huyeron,
y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los
endemoniados.
34 Y he aquí que toda la
ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se
retirase de su término.
Mateo 9
1 Subiendo a la barca,
pasó a la otra orilla y vino a su ciudad.
2 En esto le trajeron un
paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos,
dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
3 Pero he aquí que algunos
escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»
4 Jesús, conociendo sus
pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir:
5 “Levántate y anda”?
6 Pues para que sepáis que
el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -
dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a
tu casa”.»
7 El se levantó y se fue a
su casa.
8 Y al ver esto, la gente
temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
9 Cuando se iba de allí,
al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho
de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
10 Y sucedió que estando
él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y
pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Al verlo los fariseos
decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los
publicanos y pecadores?»
12 Mas él, al oírlo, dijo:
«No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal.
13 Id, pues, a aprender
qué significa aquello de: = Misericordia quiero, que no sacrificio.
= Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
14 Entonces se le acercan
los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos
ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
15 Jesús les dijo: «Pueden
acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está
con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio;
entonces ayunarán.
16 Nadie echa un remiendo
de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del
vestido, y se produce un desgarrón peor.
17 Ni tampoco se echa vino
nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan,
el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el
vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»
18 Así les estaba
hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él
diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre
ella y vivirá.»
19 Jesús se levantó y le
siguió junto con sus discípulos.
20 En esto, una mujer que
padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y
tocó la orla de su manto.
21 Pues se decía para sí:
«Con sólo tocar su manto, me salvaré.»
22 Jesús se volvió, y al
verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la
mujer desde aquel momento.
23 Al llegar Jesús a casa
del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando,
24 decía: «¡Retiraos! La
muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él.
25 Mas, echada fuera la
gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.
26 Y la noticia del suceso
se divulgó por toda aquella comarca.
27 Cuando Jesús se iba de
allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de
nosotros, Hijo de David!»
28 Y al llegar a casa, se
le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer
eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29 Entonces les tocó los
ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.»
30 Y se abrieron sus ojos.
Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!»
31 Pero ellos, en cuanto
salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
32 Salían ellos todavía,
cuando le presentaron un mudo endemoniado.
33 Y expulsado el demonio,
rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio
cosa igual en Israel.»
34 Pero los fariseos
decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»
35 Jesús recorría todas
las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la
Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.
36 Y al ver a la
muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y
abatidos como ovejas que no tienen pastor.
37 Entonces dice a sus
discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.
38 Rogad, pues, al Dueño
de la mies que envíe obreros a su mies.»
Mateo 10
1 Y llamando a sus doce
discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para
expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2 Los nombres de los doce
Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano
Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
3 Felipe y Bartolomé;
Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;
4 Simón el Cananeo y Judas
el Iscariote, el mismo que le entregó.
5 A estos doce envió
Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de
gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
6 dirigíos más bien a las
ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Id proclamando que el
Reino de los Cielos está cerca.
8 Curad enfermos,
resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo
recibisteis; dadlo gratis.
9 No os procuréis oro, ni
plata, ni calderilla en vuestras fajas;
10 ni alforja para el
camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero
merece su sustento.
11 «En la ciudad o pueblo
en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí
hasta que salgáis.
12 Al entrar en la casa,
saludadla.
13 Si la casa es digna,
llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva
a vosotros.
14 Y si no se os recibe ni
se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad
aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.
15 Yo os aseguro: el día
del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que
para aquella ciudad.
16 «Mirad que yo os envío
como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las
serpientes, y sencillos como las palomas.
17 Guardaos de los
hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus
sinagogas;
18 y por mi causa seréis
llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante
ellos y ante los gentiles.
19 Mas cuando os
entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que
tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento.
20 Porque no seréis
vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que
hablará en vosotros.
21 «Entregará a la muerte
hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres
y los matarán.
22 Y seréis odiados de
todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin,
ése se salvará.
23 «Cuando os persigan en
una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos
a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de
Israel antes que venga el Hijo del hombre.
24 «No está el discípulo
por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo.
25 Ya le basta al
discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño
de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!
26 «No les tengáis miedo.
Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni
oculto que no haya de saberse.
27 Lo que yo os digo en la
oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído,
proclamadlo desde los terrados.
28 «Y no temáis a los que
matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a
Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.
29 ¿No se venden dos
pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin
el consentimiento de vuestro Padre.
30 En cuanto a vosotros,
hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
31 No temáis, pues;
vosotros valéis más que muchos pajarillos.
32 «Por todo aquel que se
declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante
mi Padre que está en los cielos;
33 pero a quien me niegue
ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los
cielos.
34 «No penséis que he
venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino
espada.
35 Sí, he venido a
enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera
con su suegra;
36 y enemigos de cada cual
serán los que conviven con él.
37 «El que ama a su padre
o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o
a su hija más que a mí, no es digno de mí.
38 El que no toma su cruz
y me sigue detrás no es digno de mí.
39 El que encuentre su
vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
40 «Quien a vosotros
recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que
me ha enviado.
41 «Quien reciba a un
profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien
reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.
42 «Y todo aquel que dé de
beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por
ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»
Mateo 11
1 Y sucedió que, cuando
acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de
allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
2 Juan, que en la cárcel
había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a
decirle:
3 «¿Eres tú el que ha de
venir, o debemos esperar a otro?»
4 Jesús les respondió: «Id
y contad a Juan lo que oís y veis:
5 los ciegos ven y los
cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los
muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
6 ¡y dichoso aquel que no
halle escándalo en mí!»
7 Cuando éstos se
marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8 ¿Qué salisteis a ver, si
no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con
elegancia están en los palacios de los reyes.
9 Entonces ¿a qué
salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
10 Este es de quien está
escrito: = He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que
preparará por delante tu camino. =
11 «En verdad os digo que
no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el
Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es
mayor que él.
12 Desde los días de Juan
el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y
los violentos lo arrebatan.
13 Pues todos los
profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
14 Y, si queréis
admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
15 El que tenga oídos, que
oiga.
16 «¿Pero, con quién
compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que,
sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
17 “Os hemos tocado la
flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os
habéis lamentado.”
18 Porque vino Juan, que
ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.”
19 Vino el Hijo del
hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis un comilón y un
borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha
acreditado por sus obras.»
20 Entonces se puso a
maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de
sus milagros, porque no se habían convertido:
21 «¡Ay de ti, Corazín!
¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho
los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y
ceniza se habrían convertido.
22 Por eso os digo que el
día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para
vosotras.
23 Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta
el cielo te vas a encumbrar? = ¡Hasta el Hades te hundirás! = Porque
si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti,
aún subsistiría el día de hoy.
24 Por eso os digo que el
día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para
ti.»
25 En aquel tiempo,
tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e
inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
26 Sí, Padre, pues tal ha
sido tu beneplácito.
27 Todo me ha sido
entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre,
ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el
Hijo se lo quiera revelar.
28 «Venid a mí todos los
que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29 Tomad sobre vosotros mi
yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y
hallaréis descanso para vuestras almas. =
30 Porque mi yugo es suave
y mi carga ligera.»
Mateo 12
1 En aquel tiempo cruzaba
Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre
y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.
2 Al verlo los fariseos,
le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en
sábado.»
3 Pero él les dijo: «¿No
habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le
acompañaban,
4 cómo entró en la Casa de
Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito
comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?
5 ¿Tampoco habéis leído en
la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan
el sábado sin incurrir en culpa?
6 Pues yo os digo que hay
aquí algo mayor que el Templo.
7 Si hubieseis comprendido
lo que significa aquello de: = Misericordia quiero, que no
sacrificio, = no condenaríais a los que no tienen culpa.
8 Porque el Hijo del
hombre es señor del sábado.»
9 Pasó de allí y se fue a
la sinagoga de ellos.
10 Había allí un hombre
que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en
sábado, para poder acusarle.
11 El les dijo: «¿Quién de
vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado,
no la agarra y la saca?
12 Pues, ¡cuánto más vale
un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.»
13 Entonces dice al
hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida,
sana como la otra.
14 Pero los fariseos, en
cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo eliminarle.
15 Jesús, al saberlo, se
retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos.
16 Y les mandó
enérgicamente que no le descubrieran;
17 para que se cumpliera
el oráculo del profeta Isaías:
18 = He aquí mi Siervo, a
quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi
Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. =
19 = No disputará ni
gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. =
20 = La caña cascada no la
quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la
victoria el juicio: =
21 = en su nombre pondrán
las naciones su esperanza. =
22 Entonces le fue
presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el
mudo hablaba y veía.
23 Y toda la gente atónita
decía: «¿No será éste el Hijo de David?»
24 Mas los fariseos, al
oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por Beelzebul,
Príncipe de los demonios.»
25 El, conociendo sus
pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda
asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá
subsistir.
26 Si Satanás expulsa a
Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a subsistir
su reino?
27 Y si yo expulso los
demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por
eso, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si por el Espíritu
de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el
Reino de Dios.
29 «O, ¿cómo puede uno
entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero
al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.
30 «El que no está
conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
31 «Por eso os digo: Todo
pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia
contra el Espíritu no será perdonada.
32 Y al que diga una
palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la
diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo
ni en el otro.
33 «Suponed un árbol
bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será
malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 Raza de víboras, ¿cómo
podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que
rebosa el corazón habla la boca.
35 El hombre bueno, del
buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca
cosas malas.
36 Os digo que de toda
palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del
Juicio.
37 Porque por tus palabras
serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»
38 Entonces le
interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una
señal hecha por ti.»
39 Mas él les respondió:
«¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará
otra señal que la señal del profeta Jonás.
40 Porque de la misma
manera que Jonás = estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres
noches, = así también el Hijo del hombre estará en el seno de la
tierra tres días y tres noches.
41 Los ninivitas se
levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque
ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo
más que Jonás.
42 La reina del Mediodía
se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque
ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de
Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
43 «Cuando el espíritu
inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de
reposo, pero no lo encuentra.
44 Entonces dice: “Me
volveré a mi casa, de donde salí.” Y al llegar la encuentra
desocupada, barrida y en orden.
45 Entonces va y toma
consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan
allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.
Así le sucederá también a esta generación malvada.»
46 Todavía estaba hablando
a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron
fuera y trataban de hablar con él.
47 Alguien le dijo: «¡Oye!
ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»
48 Pero él respondió al
que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»
49 Y, extendiendo su mano
hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
50 Pues todo el que cumpla
la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y
mi madre.»
Mateo 13
1 Aquel día, salió Jesús
de casa y se sentó a orillas del mar.
2 Y se reunió tanta gente
junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la
gente quedaba en la ribera.
3 Y les habló muchas cosas
en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.
4 Y al sembrar, unas
semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las
comieron.
5 Otras cayeron en
pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no
tener hondura de tierra;
6 pero en cuanto salió el
sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.
7 Otras cayeron entre
abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.
8 Otras cayeron en tierra
buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.
9 El que tenga oídos, que
oiga.»
10 Y acercándose los
discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
11 El les respondió: «Es
que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de
los Cielos, pero a ellos no.
12 Porque a quien tiene se
le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le
quitará.
13 Por eso les hablo en
parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14 En ellos se cumple la
profecía de Isaías: = Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar,
miraréis, pero no veréis. =
15 = Porque se ha embotado
el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han
cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su
corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. =
16 «¡Pero dichosos
vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!
17 Pues os aseguro que
muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no
lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
18 «Vosotros, pues,
escuchad la parábola del sembrador.
19 Sucede a todo el que
oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y
arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo
largo del camino.
20 El que fue sembrado en
pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con
alegría;
21 pero no tiene raíz en
sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una
tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba
enseguida.
22 El que fue sembrado
entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones
del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda
sin fruto.
23 Pero el que fue
sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende:
éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro
treinta.»
24 Otra parábola les
propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre
que sembró buena semilla en su campo.
25 Pero, mientras su gente
dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se
fue.
26 Cuando brotó la hierba
y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.
27 Los siervos del amo se
acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu
campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?”
28 El les contestó: “Algún
enemigo ha hecho esto.” Dícenle los siervos: “¿Quieres, pues, que
vayamos a recogerla?”
29 Díceles: “No, no sea
que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.
30 Dejad que ambos crezcan
juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los
segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para
quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero.”»
31 Otra parábola les
propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza
que tomó un hombre y lo sembró en su campo.
32 Es ciertamente más
pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las
hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del
cielo vienen y anidan en sus ramas.»
33 Les dijo otra parábola:
«El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una
mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó
todo.»
34 Todo esto dijo Jesús en
parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas,
35 para que se cumpliese
el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo
que estaba oculto desde la creación del mundo. =
36 Entonces despidió a la
multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo:
«Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»
37 El respondió: «El que
siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
38 el campo es el mundo;
la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos
del Maligno;
39 el enemigo que la
sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores
son los ángeles.
40 De la misma manera,
pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al
fin del mundo.
41 El Hijo del hombre
enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los
escándalos y a los obradores de iniquidad,
42 y los arrojarán en el
horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
43 Entonces los justos
brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos,
que oiga.
44 «El Reino de los Cielos
es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo
un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va,
vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.»
45 «También es semejante
el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas,
46 y que, al encontrar una
perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
47 «También es semejante
el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge
peces de todas clases;
48 y cuando está llena, la
sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y
tiran los malos.
49 Así sucederá al fin del
mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los
justos
50 y los echarán en el
horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
51 «¿Habéis entendido todo
esto?» Dícenle: «Sí.»
52 Y él les dijo: «Así,
todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es
semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo
viejo.»
53 Y sucedió que, cuando
acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
54 Viniendo a su patria,
les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados:
«¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?
55 ¿No es éste el hijo del
carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago,
José, Simón y Judas?
56 Y sus hermanas, ¿no
están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»
57 Y se escandalizaban a
causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en
su casa carece de prestigio.»
58 Y no hizo allí muchos
milagros, a causa de su falta de fe.
Mateo 14
1 En aquel tiempo se
enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús,
2 y dijo a sus criados:
«Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y
por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
3 Es que Herodes había
prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por
causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
4 Porque Juan le decía:
«No te es lícito tenerla.»
5 Y aunque quería matarle,
temió a la gente, porque le tenían por profeta.
6 Mas llegado el
cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos
gustando tanto a Herodes,
7 que éste le prometió
bajo juramento darle lo que pidiese.
8 Ella, instigada por su
madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el
Bautista».
9 Entristecióse el rey,
pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le
diese,
10 y envió a decapitar a
Juan en la cárcel.
11 Su cabeza fue traída en
una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su
madre.
12 Llegando después sus
discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a
informar a Jesús.
13 Al oírlo Jesús, se
retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto
lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las
ciudades.
14 Al desembarcar, vio
mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
15 Al atardecer se le
acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la
hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los
pueblos y se compren comida.»
16 Mas Jesús les dijo: «No
tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»
17 Dícenle ellos: «No
tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
18 El dijo: «Traédmelos
acá.»
19 Y ordenó a la gente
reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos
peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y,
partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a
la gente.
20 Comieron todos y se
saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
21 Y los que habían comido
eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
22 Inmediatamente obligó a
los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra
orilla, mientras él despedía a la gente.
23 Después de despedir a
la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo
allí.
24 La barca se hallaba ya
distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues
el viento era contrario.
25 Y a la cuarta vigilia
de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.
26 Los discípulos,
viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un
fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.
27 Pero al instante les
habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»
28 Pedro le respondió:
«Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»
29 «¡Ven!», le dijo. Bajó
Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia
Jesús.
30 Pero, viendo la
violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse,
gritó: «¡Señor, sálvame!»
31 Al punto Jesús,
tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué
dudaste?»
32 Subieron a la barca y
amainó el viento.
33 Y los que estaban en la
barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de
Dios.»
34 Terminada la travesía,
llegaron a tierra en Genesaret.
35 Los hombres de aquel
lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda
aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
36 Le pedían que tocaran
siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron
salvados.
Mateo 15
1 Entonces se acercan a
Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen:
2 «¿Por qué tus discípulos
traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las
manos a la hora de comer.»
3 El les respondió: «Y
vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra
tradición?
4 Porque Dios dijo: =
Honra a tu padre y a tu madre, = y: = El que maldiga a su padre o a
su madre, sea castigado con la muerte. =
5 Pero vosotros decís: El
que diga a su padre o a su madre: “Lo que de mí podrías recibir como
ayuda es ofrenda”,
6 ése no tendrá que honrar
a su padre y a su madre. Así habéis anulado la Palabra de Dios por
vuestra tradición.
7 Hipócritas, bien
profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:
8 = Este pueblo me honra
con los labios, pero su corazón está lejos de mí. =
9 = En vano me rinden
culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.» =
10 Luego llamó a la gente
y les dijo: «Oíd y entended.
11 No es lo que entra en
la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso
es lo que contamina al hombre.»
12 Entonces se acercan los
discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado
al oír tu palabra?»
13 El les respondió: «Toda
planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de
raíz.
14 Dejadlos: son ciegos
que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán
en el hoyo.»
15 Tomando Pedro la
palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.»
16 El dijo: «¿También
vosotros estáis todavía sin inteligencia?
17 ¿No comprendéis que
todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al
excusado?
18 En cambio lo que sale
de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al
hombre.
19 Porque del corazón
salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones,
robos, falsos testimonios, injurias.
20 Eso es lo que contamina
al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al
hombre.»
21 Saliendo de allí Jesús
se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.
22 En esto, una mujer
cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo:
«¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente
endemoniada.»
23 Pero él no le respondió
palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que
viene gritando detrás de nosotros.»
24 Respondió él: «No he
sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»
25 Ella, no obstante, vino
a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
26 El respondió: «No está
bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
27 «Sí, Señor - repuso
ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de
la mesa de sus amos.»
28 Entonces Jesús le
respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y
desde aquel momento quedó curada su hija.
29 Pasando de allí Jesús
vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí.
30 Y se le acercó mucha
gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros
muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó.
31 De suerte que la gente
quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados
quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y
glorificaron al Dios de Israel.
32 Jesús llamó a sus
discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya
tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero
despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»
33 Le dicen los
discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para
saciar a una multitud tan grande?»
34 Díceles Jesús:
«¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos
pececillos.»
35 El mandó a la gente
acomodarse en el suelo.
36 Tomó luego los siete
panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los
discípulos, y los discípulos a la gente.
37 Comieron todos y se
saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas
llenas.
38 Y los que habían comido
eran 4.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
39 Despidiendo luego a la
muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán.
Mateo 16
1 Se acercaron los
fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les
mostrase una señal del cielo.
2 Mas él les respondió:
«Al atardecer decís: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene
un rojo de fuego”,
3 y a la mañana:’ Hoy
habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío.” ¡Conque
sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las
señales de los tiempos!
4 ¡Generación malvada y
adúltera! Una señal pide y no se le dará otra señal que la señal de
Jonás.» Y dejándolos, se fue.
5 Los discípulos, al pasar
a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes.
6 Jesús les dijo: «Abrid
los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.»
7 Ellos hablaban entre sí
diciendo: «Es que no hemos traído panes.»
8 Mas Jesús, dándose
cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre
vosotros de que no tenéis panes?
9 ¿Aún no comprendéis, ni
os acordáis de los cinco panes de los 5.000 hombres, y cuántos
canastos recogisteis?
10 ¿Ni de los siete panes
de los 4.000, y cuántas espuertas recogisteis?
11 ¿Cómo no entendéis que
no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los
fariseos y saduceos.»
12 Entonces comprendieron
que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los
panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
13 Llegado Jesús a la
región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
14 Ellos dijeron: «Unos,
que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de
los profetas.»
15 Díceles él: «Y vosotros
¿quién decís que soy yo?»
16 Simón Pedro contestó:
«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»
17 Replicando Jesús le
dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha
revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los
cielos.
18 Y yo a mi vez te digo
que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las
puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
19 A ti te daré las llaves
del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en
los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los
cielos.»
20 Entonces mandó a sus
discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
21 Desde entonces comenzó
Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y
sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los
escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.
22 Tomándole aparte Pedro,
se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún
modo te sucederá eso!»
23 Pero él, volviéndose,
dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para
mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los
hombres!
24 Entonces dijo Jesús a
sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame.
25 Porque quien quiera
salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la
encontrará.
26 Pues ¿de qué le servirá
al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede
dar el hombre a cambio de su vida?
27 «Porque el Hijo del
hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y
entonces pagará a cada uno según su conducta.
28 Yo os aseguro: entre
los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que
vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»
Mateo 17
1 Seis días después, toma
Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva
aparte, a un monte alto.
2 Y se transfiguró delante
de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se
volvieron blancos como la luz.
3 En esto, se les
aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.
4 Tomando Pedro la
palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres,
haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías.»
5 Todavía estaba hablando,
cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía
una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco;
escuchadle.»
6 Al oír esto los
discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.
7 Mas Jesús, acercándose a
ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.»
8 Ellos alzaron sus ojos y
ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.
9 Y cuando bajaban del
monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el
Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»
10 Sus discípulos le
preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe
venir primero?»
11 Respondió él:
«Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo.
12 Os digo, sin embargo:
Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él
cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer
de parte de ellos.»
13 Entonces los discípulos
comprendieron que se refería a Juan el Bautista.
14 Cuando llegaron donde
la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él,
15 le dijo: «Señor, ten
piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces
cae en el fuego y muchas en el agua.
16 Se lo he presentado a
tus discípulos, pero ellos no han podido curarle.»
17 Jesús respondió: «¡Oh
generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros?
¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!
18 Jesús le increpó y el
demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.
19 Entonces los discípulos
se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros
no pudimos expulsarle?
20 Díceles: «Por vuestra
poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de
mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se
desplazará, y nada os será imposible.»
22 Yendo un día juntos por
Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre va a ser entregado en
manos de los hombres;
23 le matarán, y al tercer
día resucitará.» Y se entristecieron mucho.
24 Cuando entraron en
Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le
dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?»
25 Dice él: «Sí.» Y cuando
llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?;
los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus
hijos o de los extraños?»
26 Al contestar él: «De
los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos.
27 Sin embargo, para que
no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el
primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un
estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti.»
Mateo 18
1 En aquel momento se
acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el
mayor en el Reino de los Cielos?»
2 El llamó a un niño, le
puso en medio de ellos
3 y dijo: «Yo os aseguro:
si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino
de los Cielos.
4 Así pues, quien se haga
pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.
5 «Y el que reciba a un
niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.
6 Pero al que escandalice
a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen
al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le
hundan en lo profundo del mar.
7 ¡Ay del mundo por los
escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay
de aquel hombre por quien el escándalo viene!
8 «Si, pues, tu mano o tu
pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale
entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos
pies, ser arrojado en el fuego eterno.
9 Y si tu ojo te es
ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en
la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la
gehenna del fuego.
10 «Guardaos de
menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus
ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que
está en los cielos.
12 ¿Qué os parece? Si un
hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará
en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la
descarriada?
13 Y si llega a
encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que
por las 99 no descarriadas.
14 De la misma manera, no
es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de
estos pequeños.
15 «Si tu hermano llega a
pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás
ganado a tu hermano.
16 Si no te escucha, toma
todavía contigo uno o dos, para que = todo asunto quede zanjado por
la palabra de dos o tres testigos. =
17 Si les desoye a ellos,
díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti
como el gentil y el publicano.
18 «Yo os aseguro: todo lo
que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que
desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
19 «Os aseguro también que
si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo,
sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.
20 Porque donde están dos
o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
21 Pedro se acercó
entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las
ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?»
22 Dícele Jesús: «No te
digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»
23 «Por eso el Reino de
los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus
siervos.
24 Al empezar a
ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos.
25 Como no tenía con qué
pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y
todo cuanto tenía, y que se le pagase.
26 Entonces el siervo se
echó a sus pies, y postrado le decía: “Ten paciencia conmigo, que
todo te lo pagaré.”
27 Movido a compasión el
señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
28 Al salir de allí aquel
siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien
denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: “Paga lo que debes.”
29 Su compañero, cayendo a
sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.”
30 Pero él no quiso, sino
que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
31 Al ver sus compañeros
lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor
todo lo sucedido.
32 Su señor entonces le
mandó llamar y le dijo: “Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda
aquella deuda porque me lo suplicaste.
33 ¿No debías tú también
compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de
ti?”
34 Y encolerizado su
señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le
debía.
35 Esto mismo hará con
vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a
vuestro hermano.»
Mateo 19
1 Y sucedió que, cuando
acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de
Judea, al otro lado del Jordán.
2 Le siguió mucha gente, y
los curó allí.
3 Y se le acercaron unos
fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno
repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?»
4 El respondió: «¿No
habéis leído que el Creador, desde el comienzo, = los hizo varón y
hembra, =
5 y que dijo: = Por eso
dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y
los dos se harán una sola carne? =
6 De manera que ya no son
dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe
el hombre.»
7 Dícenle: «Pues ¿por qué
Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?»
8 Díceles: «Moisés,
teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió
repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así.
9 Ahora bien, os digo que
quien repudie a su mujer - no por fornicación - y se case con otra,
comete adulterio.»
10 Dícenle sus discípulos:
«Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae
cuenta casarse.»
11 Pero él les dijo: «No
todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha
concedido.
12 Porque hay eunucos que
nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a
sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que
entienda.»
13 Entonces le fueron
presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase;
pero los discípulos les reñían.
14 Mas Jesús les dijo:
«Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los
que son como éstos es el Reino de los Cielos.»
15 Y, después de
imponerles las manos, se fue de allí.
16 En esto se le acercó
uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir
vida eterna?»
17 El le dijo: «¿Por qué
me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si
quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»
18 «¿Cuáles?» - le dice
él. Y Jesús dijo: = «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás,
no levantarás falso testimonio, =
19 = honra a tu padre y a
tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» =
20 Dícele el joven: «Todo
eso lo he guardado; ¿qué más me falta?»
21 Jesús le dijo: «Si
quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los
pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.»
22 Al oír estas palabras,
el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
23 Entonces Jesús dijo a
sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en
el Reino de los Cielos.
24 Os lo repito, es más
fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un
rico entre en el Reino de los Cielos.»
25 Al oír esto, los
discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá
salvar?»
26 Jesús, mirándolos
fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios
todo es posible.»
27 Entonces Pedro, tomando
la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te
hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?»
28 Jesús les dijo: «Yo os
aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración,
cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os
sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce
tribus de Israel.
29 Y todo aquel que haya
dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por
mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna.
30 «Pero muchos primeros
serán últimos y muchos últimos, primeros.»
Mateo 20
1 «En efecto, el Reino de
los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de
la mañana a contratar obreros para su viña.
2 Habiéndose ajustado con
los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
3 Salió luego hacia la
hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados,
4 les dijo: “Id también
vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.”
5 Y ellos fueron. Volvió a
salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo.
6 Todavía salió a eso de
la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice:
“¿Por qué estáis aquí todo el día parados?”
7 Dícenle: “Es que nadie
nos ha contratado.” Díceles: “Id también vosotros a la viña.”
8 Al atardecer, dice el
dueño de la viña a su administrador: “Llama a los obreros y págales
el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.”
9 Vinieron, pues, los de
la hora undécima y cobraron un denario cada uno.
10 Al venir los primeros
pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario
cada uno.
11 Y al cobrarlo,
murmuraban contra el propietario,
12 diciendo: “Estos
últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a
nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.”
13 Pero él contestó a uno
de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste
conmigo en un denario?
14 Pues toma lo tuyo y
vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.
15 ¿Es que no puedo hacer
con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy
bueno?”.
16 Así, los últimos serán
primeros y los primeros, últimos.»
17 Cuando iba subiendo
Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino:
18 «Mirad que subimos a
Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos
sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte
19 y le entregarán a los
gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer
día resucitará.
20 Entonces se le acercó
la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como
para pedirle algo.
21 El le dijo: «¿Qué
quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten,
uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.»
22 Replicó Jesús: «No
sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?»
Dícenle: «Sí, podemos.»
23 Díceles: «Mi copa, sí
la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa
mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi
Padre.
24 Al oír esto los otros
diez, se indignaron contra los dos hermanos.
25 Mas Jesús los llamó y
dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores
absolutos, y los grandes las oprimen con su poder.
26 No ha de ser así entre
vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros,
será vuestro servidor,
27 y el que quiera ser el
primero entre vosotros, será vuestro esclavo;
28 de la misma manera que
el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar
su vida como rescate por muchos.»
29 Cuando salían de
Jericó, le siguió una gran muchedumbre.
30 En esto, dos ciegos que
estaban sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se
pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de
David!»
31 La gente les increpó
para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten
compasión de nosotros, Hijo de David!»
32 Entonces Jesús se
detuvo, los llamó y dijo: «¿Qué queréis que os haga?»
33 Dícenle: «¡Señor, que
se abran nuestros ojos!»
34 Movido a compasión
Jesús tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le
siguieron.
Mateo 21
1 Cuando se aproximaron a
Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos,
entonces envió Jesús a dos discípulos,
2 diciéndoles: «Id al
pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un
asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos.
3 Y si alguien os dice
algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.»
4 Esto sucedió para que se
cumpliese el oráculo del profeta:
5 = Decid a la hija de
Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un
pollino, hijo de animal de yugo. =
6 Fueron, pues, los
discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:
7 trajeron el asna y el
pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó
encima.
8 La gente, muy numerosa,
extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los
árboles y las tendían por el camino.
9 Y la gente que iba
delante y detrás de él gritaba: = «¡Hosanna = al Hijo de David! =
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna = en las
alturas!»
10 Y al entrar él en
Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían.
11 Y la gente decía: «Este
es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.»
12 Entró Jesús en el
Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el
Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los
vendedores de palomas.
13 Y les dijo: «Está
escrito: = Mi Casa será llamada Casa de oración. = ¡Pero vosotros
estáis haciendo de ella una = cueva de bandidos!» =
14 También en el Templo se
acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó.
15 Mas los sumos
sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a
los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosanna al Hijo de David!»,
se indignaron
16 y le dijeron: «¿Oyes lo
que dicen éstos?» «Sí - les dice Jesús -. ¿No habéis leído nunca que
= De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste
alabanza?» =
17 Y dejándolos, salió
fuera de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.
18 Al amanecer, cuando
volvía a la ciudad, sintió hambre;
19 y viendo una higuera
junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que
hojas. Entonces le dice: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!» Y al
momento se secó la higuera.
20 Al verlo los discípulos
se maravillaron y decían: «¿Cómo al momento quedó seca la higuera?»
21 Jesús les respondió:
«Yo os aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de la
higuera, sino que si aun decís a este monte: “Quítate y arrójate al
mar”, así se hará.
22 Y todo cuanto pidáis
con fe en la oración, lo recibiréis.»
23 Llegado al Templo,
mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y
quién te ha dado tal autoridad?»
24 Jesús les respondió:
«También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo
os diré a mi vez con qué autoridad hago esto.
25 El bautismo de Juan,
¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre
sí: «Si decimos: “Del cielo”, nos dirá: “Entonces ¿por qué no le
creísteis?”
26 Y si decimos: “De los
hombres”, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por
profeta.»
27 Respondieron, pues, a
Jesús: «No sabemos.» Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo
con qué autoridad hago esto.»
28 «Pero ¿qué os parece?
Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo,
vete hoy a trabajar en la viña.”
29 Y él respondió: “No
quiero”, pero después se arrepintió y fue.
30 Llegándose al segundo,
le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo
la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Díceles Jesús:
«En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que
vosotros al Reino de Dios.
32 Porque vino Juan a
vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que
los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni
viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.
33 «Escuchad otra
parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una
cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos
labradores y se ausentó.
34 Cuando llegó el tiempo
de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus
frutos.
35 Pero los labradores
agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a
otro le apedrearon.
36 De nuevo envió otros
siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la
misma manera.
37 Finalmente les envió a
su hijo, diciendo: “A mi hijo le respetarán.”
38 Pero los labradores, al
ver al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos,
matémosle y quedémonos con su herencia.”
39 Y agarrándole, le
echaron fuera de la viña y le mataron.
40 Cuando venga, pues, el
dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
41 Dícenle: «A esos
miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros
labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.»
42 Y Jesús les dice: «¿No
habéis leído nunca en las Escrituras: = La piedra que los
constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el
Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? =
43 Por eso os digo: Se os
quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus
frutos.»
45 Los sumos sacerdotes y
los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba
refiriéndose a ellos.
46 Y trataban de
detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por
profeta.
Mateo 22
1 Tomando Jesús de nuevo
la palabra les habló en parábolas, diciendo:
2 «El Reino de los Cielos
es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo.
3 Envió sus siervos a
llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
4 Envió todavía otros
siervos, con este encargo: Decid a los invitados: “Mirad, mi
banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales
cebados, y todo está a punto; venid a la boda.”
5 Pero ellos, sin hacer
caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio;
6 y los demás agarraron a
los siervos, los escarnecieron y los mataron.
7 Se airó el rey y,
enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego
a su ciudad.
8 Entonces dice a sus
siervos: “La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos.
9 Id, pues, a los cruces
de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.”
10 Los siervos salieron a
los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos,
y la sala de bodas se llenó de comensales.
11 «Entró el rey a ver a
los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de
boda,
12 le dice: “Amigo, ¿cómo
has entrado aquí sin traje de boda?” El se quedó callado.
13 Entonces el rey dijo a
los sirvientes: “Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas
de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”
14 Porque muchos son
llamados, mas pocos escogidos.»
15 Entonces los fariseos
se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en
alguna palabra.
16 Y le envían sus
discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos
que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que
no te importa por nadie, porque no miras la condición de las
personas.
17 Dinos, pues, qué te
parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?»
18 Mas Jesús, conociendo
su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
19 Mostradme la moneda del
tributo.» Ellos le presentaron un denario.
20 Y les dice: «¿De quién
es esta imagen y la inscripción?»
21 Dícenle: «Del César.»
Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de
Dios a Dios.»
22 Al oír esto, quedaron
maravillados, y dejándole, se fueron.
23 Aquel día se le
acercaron unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le
preguntaron:
24 «Maestro, Moisés dijo:
Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer
de aquél para dar descendencia a su hermano.
25 Ahora bien, había entre
nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, no teniendo
descendencia, dejó su mujer a su hermano.
26 Sucedió lo mismo con el
segundo, y con el tercero, hasta los siete.
27 Después de todos murió
la mujer.
28 En la resurrección,
pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.»
29 Jesús les respondió:
«Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de
Dios.
30 Pues en la
resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán
como ángeles en el cielo.
31 Y en cuanto a la
resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de
Dios cuando os dice:
32 = Yo soy el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? = No es un Dios de
muertos, sino de vivos.»
33 Al oír esto, la gente
se maravillaba de su doctrina.
34 Mas los fariseos, al
enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron
en grupo,
35 y uno de ellos le
preguntó con ánimo de ponerle a prueba:
36 «Maestro, ¿cuál es el
mandamiento mayor de la Ley?»
37 El le dijo: = «Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda
tu mente. =
38 Este es el mayor y el
primer mandamiento.
39 El segundo es semejante
a éste: = Amarás a tu prójimo como a ti mismo. =
40 De estos dos
mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»
41 Estando reunidos los
fariseos, les propuso Jesús esta cuestión:
42 «¿Qué pensáis acerca
del Cristo? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.»
43 Díceles: «Pues ¿cómo
David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice:
44 = Dijo el Señor a mi
Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo
de tus pies?
45 Si, pues, David le
llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»
46 Nadie era capaz de
contestarle nada; y desde ese día ninguno se atrevió ya a hacerle
más preguntas.
Mateo 23
1 Entonces Jesús se
dirigió a la gente y a sus discípulos
2 y les dijo: «En la
cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
3 Haced, pues, y observad
todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no
hacen.
4 Atan cargas pesadas y
las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo
quieren moverlas.
5 Todas sus obras las
hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las
filacterias y bien largas las orlas del manto;
6 quieren el primer puesto
en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
7 que se les salude en las
plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
8 «Vosotros, en cambio, no
os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y
vosotros sois todos hermanos.
9 Ni llaméis a nadie
“Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el
del cielo.
10 Ni tampoco os dejéis
llamar “Directores”, porque uno solo es vuestro Director: el Cristo.
11 El mayor entre vosotros
será vuestro servidor.
12 Pues el que se ensalce,
será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
13 «¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino
de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están
entrando no les dejáis entrar.
15 «¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para
hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de
condenación el doble que vosotros!
16 «¡Ay de vosotros, guías
ciegos, que decís: “Si uno jura por el Santuario, eso no es nada;
mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!”
17 ¡Insensatos y ciegos!
¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el
oro?
18 Y también: “Si uno jura
por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está
sobre él, queda obligado.”
19 ¡Ciegos! ¿Qué es más
importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?
20 Quien jura, pues, por
el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él.
21 Quien jura por el
Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.
22 Y quien jura por el
cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.
23 «¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta,
del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la
justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que
practicar, aunque sin descuidar aquello.
24 ¡Guías ciegos, que
coláis el mosquito y os tragáis el camello!
25 «¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y
el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e
intemperancia!
26 ¡Fariseo ciego,
purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera
quede pura!
27 «¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están
llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
28 Así también vosotros,
por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis
llenos de hipocresía y de iniquidad.
29 «¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de
los profetas y adornáis los monumentos de los justos,
30 y decís: “Si nosotros
hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos
tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!”
31 Con lo cual atestiguáis
contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los
profetas.
32 ¡Colmad también
vosotros la medida de vuestros padres!
33 «¡Serpientes, raza de
víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
34 Por eso, he aquí que yo
envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y
los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los
perseguiréis de ciudad en ciudad,
35 para que caiga sobre
vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la
sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de
Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar.
36 Yo os aseguro: todo
esto recaerá sobre esta generación.
37 «¡Jerusalén, Jerusalén,
la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados!
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne
a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!
38 Pues bien, se os va a
dejar desierta vuestra casa.
39 Porque os digo que ya
no me volveréis a ver hasta que digáis: = ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor!» =
Mateo 24
1 Salió Jesús del Templo
y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las
construcciones del Templo.
2 Pero él les respondió:
«¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra
que no sea derruida.»
3 Estando luego sentado en
el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos,
y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de
tu venida y del fin del mundo.»
4 Jesús les respondió:
«Mirad que no os engañe nadie.
5 Porque vendrán muchos
usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a
muchos.
6 Oiréis también hablar de
guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso
es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
7 Pues se levantará nación
contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares
hambre y terremotos.
8 Todo esto será el
comienzo de los dolores de alumbramiento.
9 «Entonces os entregarán
a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones
por causa de mi nombre.
10 Muchos se
escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.
11 Surgirán muchos falsos
profetas, que engañarán a muchos.
12 Y al crecer cada vez
más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.
13 Pero el que persevere
hasta el fin, ése se salvará.
14 «Se proclamará esta
Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a
todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.
15 «Cuando veáis, pues, =
la abominación de la desolación, = anunciada por el profeta Daniel,
erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda),
16 entonces, los que estén
en Judea, huyan a los montes;
17 el que esté en el
terrado, no baje a recoger las cosas de su casa;
18 y el que esté en el
campo, no regrese en busca de su manto.
19 ¡Ay de las que estén
encinta o criando en aquellos días!
20 Orad para que vuestra
huida no suceda en invierno ni en día de sábado.
21 Porque habrá entonces
una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del
mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22 Y si aquellos días no
se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos
se abreviarán aquellos días.
23 «Entonces, si alguno os
dice: “Mirad, el Cristo está aquí o allí =, no lo creáis.
24 Porque surgirán falsos
cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios,
capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.
25 ¡Mirad que os lo he
predicho!
26 «Así que si os dicen:
“Está en el desierto”, no salgáis; “Está en los aposentos”, no lo
creáis.
27 Porque como el
relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la
venida del Hijo del hombre.
28 Donde esté el cadáver,
allí se juntarán los buitres.
29 «Inmediatamente después
de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no
dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de
los cielos serán sacudidas.
30 Entonces aparecerá en
el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el
pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir
sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
31 El enviará a sus
ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus
elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
32 «De la higuera aprended
esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas,
sabéis que el verano está cerca.
33 Así también vosotros,
cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas.
34 Yo os aseguro que no
pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
35 El cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán.
36 Mas de aquel día y
hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo,
sino sólo el Padre.
37 «Como en los días de
Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
38 Porque como en los días
que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido,
hasta el día en que entró Noé en el arca,
39 y no se dieron cuenta
hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también
la venida del Hijo del hombre.
40 Entonces, estarán dos
en el campo: uno es tomado, el otro dejado;
41 dos mujeres moliendo en
el molino: una es tomada, la otra dejada.
42 «Velad, pues, porque no
sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
43 Entendedlo bien: si el
dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón,
estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.
44 Por eso, también
vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis,
vendrá el Hijo del hombre.
45 «¿Quién es, pues, el
siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su
servidumbre para darles la comida a su tiempo?
46 Dichoso aquel siervo a
quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
47 Yo os aseguro que le
pondrá al frente de toda su hacienda.
48 Pero si el mal siervo
aquel se dice en su corazón: “Mi señor tarda”,
49 y se pone a golpear a
sus compañeros y come y bebe con los borrachos,
50 vendrá el señor de
aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,
51 le separará y le
señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el
rechinar de dientes.
Mateo 25
1 «Entonces el Reino de
los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la
mano, salieron al encuentro del novio.
2 Cinco de ellas eran
necias, y cinco prudentes.
3 Las necias, en efecto,
al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;
4 las prudentes, en
cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.
5 Como el novio tardara,
se adormilaron todas y se durmieron.
6 Mas a media noche se oyó
un grito: “¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”
7 Entonces todas aquellas
vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
8 Y las necias dijeron a
las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se
apagan.”
9 Pero las prudentes
replicaron: “No, no sea que no alcance para nosotras y para
vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo
compréis.”
10 Mientras iban a
comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con
él al banquete de boda, y se cerró la puerta.
11 Más tarde llegaron las
otras vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”
12 Pero él respondió: “En
verdad os digo que no os conozco.”
13 Velad, pues, porque no
sabéis ni el día ni la hora.
14 «Es también como un
hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su
hacienda:
15 a uno dio cinco
talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y
se ausentó.
16 Enseguida, el que había
recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros
cinco.
17 Igualmente el que había
recibido dos ganó otros dos.
18 En cambio el que había
recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de
su señor.
19 Al cabo de mucho
tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con
ellos.
20 Llegándose el que había
recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: “Señor,
cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he
ganado.”
21 Su señor le dijo:
“¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de
lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”
22 Llegándose también el
de los dos talentos dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; aquí
tienes otros dos que he ganado.”
23 Su señor le dijo:
“¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de
lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”
24 Llegándose también el
que había recibido un talento dijo: “Señor, sé que eres un hombre
duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.
25 Por eso me dio miedo, y
fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es
tuyo.”
26 Mas su señor le
respondió: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no
sembré y recojo donde no esparcí;
27 debías, pues, haber
entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría
cobrado lo mío con los intereses.
28 Quitadle, por tanto, su
talento y dádselo al que tiene los diez talentos.
29 Porque a todo el que
tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que
tiene se le quitará.
30 Y a ese siervo inútil,
echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar
de dientes.”
31 «Cuando el Hijo del
hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces
se sentará en su trono de gloria.
32 Serán congregadas
delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los
otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
33 Pondrá las ovejas a su
derecha, y los cabritos a su izquierda.
34 Entonces dirá el Rey a
los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia
del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
35 Porque tuve hambre, y
me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero,
y me acogisteis;
36 estaba desnudo, y me
vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a
verme.”
37 Entonces los justos le
responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de
comer; o sediento, y te dimos de beber?
38 ¿Cuándo te vimos
forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
39 ¿Cuándo te vimos
enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”
40 Y el Rey les dirá: “En
verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos
más pequeños, a mí me lo hicisteis.”
41 Entonces dirá también a
los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno
preparado para el Diablo y sus ángeles.
42 Porque tuve hambre, y
no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
43 era forastero, y no me
acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la
cárcel, y no me visitasteis.”
44 Entonces dirán también
éstos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o
desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”
45 Y él entonces les
responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno
de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.”
46 E irán éstos a un
castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»
Mateo 26
1 Y sucedió que, cuando
acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
2 «Ya sabéis que dentro de
dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para
ser crucificado.»
3 Entonces los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del
Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
4 y resolvieron prender a
Jesús con engaño y darle muerte.
5 Decían sin embargo:
«Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.»
6 Hallándose Jesús en
Betania, en casa de Simón el leproso,
7 se acercó a él una mujer
que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó
sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
8 Al ver esto los
discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro?
9 Se podía haber vendido a
buen precio y habérselo dado a los pobres.»
10 Mas Jesús, dándose
cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una “obra
buena” ha hecho conmigo.
11 Porque pobres tendréis
siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.
12 Y al derramar ella este
ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.
13 Yo os aseguro:
dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se
hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
14 Entonces uno de los
Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
15 y les dijo: «¿Qué
queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta
monedas de plata.
16 Y desde ese momento
andaba buscando una oportunidad para entregarle.
17 El primer día de los
Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde
quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de
Pascua?»
18 El les dijo: «Id a la
ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo
está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis
discípulos.”»
19 Los discípulos hicieron
lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20 Al atardecer, se puso a
la mesa con los Doce.
21 Y mientras comían,
dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.»
22 Muy entristecidos, se
pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?»
23 El respondió: «El que
ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
24 El Hijo del hombre se
va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del
hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
25 Entonces preguntó
Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí,
tú lo has dicho.»
26 Mientras estaban
comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus
discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
27 Tomó luego una copa y,
dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,
28 porque ésta es mi
sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los
pecados.
29 Y os digo que desde
ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que
lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
30 Y cantados los himnos,
salieron hacia el monte de los Olivos.
31 Entonces les dice
Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche,
porque está escrito: = Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas
del rebaño =.
32 Mas después de mi
resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
33 Pedro intervino y le
dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me
escandalizaré.»
34 Jesús le dijo: «Yo te
aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás
negado tres veces.»
35 Dícele Pedro: «Aunque
tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron
también todos los discípulos.
36 Entonces va Jesús con
ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
37 Y tomando consigo a
Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y
angustia.
38 Entonces les dice: «Mi
alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad
conmigo.»
39 Y adelantándose un
poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es
posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino
como quieras tú.»
40 Viene entonces donde
los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no
habéis podido velar una hora conmigo?
41 Velad y orad, para que
no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne
es débil.»
42 Y alejándose de nuevo,
por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin
que yo la beba, hágase tu voluntad.»
43 Volvió otra vez y los
encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
44 Los dejó y se fue a
orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
45 Viene entonces donde
los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar.
Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser
entregado en manos de pecadores.
46 ¡Levantaos!, ¡vámonos!
Mirad que el que me va a entregar está cerca.»
47 Todavía estaba
hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un
grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes
y los ancianos del pueblo.
48 El que le iba a
entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso,
ése es; prendedle.»
49 Y al instante se acercó
a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
50 Jesús le dijo: «Amigo,
¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano
a Jesús y le prendieron.
51 En esto, uno de los que
estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al
siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
52 Dícele entonces Jesús:
«Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a
espada perecerán.
53 ¿O piensas que no puedo
yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de
doce legiones de ángeles?
54 Mas, ¿cómo se
cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
55 En aquel momento dijo
Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a
prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el
Templo para enseñar, y no me detuvisteis.
56 Pero todo esto ha
sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.»
Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
57 Los que prendieron a
Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían
reunido los escribas y los ancianos.
58 Pedro le iba siguiendo
de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se
sentó con los criados para ver el final.
59 Los sumos sacerdotes y
el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús
con ánimo de darle muerte,
60 y no lo encontraron, a
pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se
presentaron dos,
61 que dijeron: «Este
dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días
edificarlo.»
62 Entonces, se levantó el
Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos
atestiguan contra ti?»
63 Pero Jesús seguía
callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que
nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
64 Dícele Jesús: «Sí, tú
lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis = al hijo
del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes
del cielo.» =
65 Entonces el Sumo
Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad
tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
66 ¿Qué os parece?»
Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»
67 Entonces se pusieron a
escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle,
68 diciendo: «Adivínanos,
Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»
69 Pedro, entretanto,
estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le
dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.»
70 Pero él lo negó delante
de todos: «No sé qué dices.»
71 Cuando salía al portal,
le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con
Jesús el Nazoreo.»
72 Y de nuevo lo negó con
juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
73 Poco después se
acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú
también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»
74 Entonces él se puso a
echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
Inmediatamente cantó un gallo.
75 Y Pedro se acordó de
aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me
habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar
amargamente.
Mateo 27
1 Llegada la mañana, todos
los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo
contra Jesús para darle muerte.
2 Y después de atarle, le
llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
3 Entonces Judas, el que
le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el
remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos
sacerdotes y a los ancianos,
4 diciendo: «Pequé
entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú
verás.»
5 El tiró las monedas en
el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
6 Los sumos sacerdotes
recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el
tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
7 Y después de deliberar,
compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura
para los forasteros.
8 Por esta razón ese campo
se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
9 Entonces se cumplió el
oráculo del profeta Jeremías: = «Y tomaron las treinta monedas de
plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio
algunos hijos de Israel, =
10 = y las dieron por el
Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.» =
11 Jesús compareció ante
el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los
judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.»
12 Y, mientras los sumos
sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
13 Entonces le dice
Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
14 Pero él a nada
respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.
15 Cada Fiesta, el
procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que
quisieran.
16 Tenían a la sazón un
preso famoso, llamado Barrabás.
17 Y cuando ellos estaban
reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a
Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?»,
18 pues sabía que le
habían entregado por envidia.
19 Mientras él estaba
sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con
ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»
20 Pero los sumos
sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese
la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
21 Y cuando el procurador
les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron:
«¡A Barrabás!»
22 Díceles Pilato: «Y ¿qué
voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea
crucificado!» -
23 «Pero ¿qué mal ha
hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza:
«¡Sea crucificado!»
24 Entonces Pilato, viendo
que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó
agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente
soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
25 Y todo el pueblo
respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
26 Entonces, les soltó a
Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que
fuera crucificado.
27 Entonces los soldados
del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron
alrededor de él a toda la cohorte.
28 Le desnudaron y le
echaron encima un manto de púrpura;
29 y, trenzando una corona
de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una
caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo:
«¡Salve, Rey de los judíos!»;
30 y después de escupirle,
cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
31 Cuando se hubieron
burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le
llevaron a crucificarle.
32 Al salir, encontraron a
un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
33 Llegados a un lugar
llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
34 le dieron a beber vino
mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo.
35 Una vez que le
crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
36 Y se quedaron sentados
allí para custodiarle.
37 Sobre su cabeza
pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Jesús, el
Rey de los judíos.»
38 Y al mismo tiempo que a
él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la
izquierda.
39 Los que pasaban por
allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
40 «Tú que destruyes el
Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres
Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
41 Igualmente los sumos
sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él
diciendo:
42 «A otros salvó y a sí
mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la
cruz, y creeremos en él.
43 Ha puesto su confianza
en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que
dijo: “Soy Hijo de Dios.”»
44 De la misma manera le
injuriaban también los salteadores crucificados con él.
45 Desde la hora sexta
hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
46 Y alrededor de la hora
nona clamó Jesús con fuerte voz: = «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», =
esto es: = «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» =
47 Al oírlo algunos de los
que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»
48 Y enseguida uno de
ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y,
sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
49 Pero los otros dijeron:
«Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
50 Pero Jesús, dando de
nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
51 En esto, el velo del
Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las
rocas se hendieron.
52 Se abrieron los
sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
53 Y, saliendo de los
sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad
Santa y se aparecieron a muchos.
54 Por su parte, el
centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el
terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
«Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»
55 Había allí muchas
mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús
desde Galilea para servirle.
56 Entre ellas estaban
María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de
los hijos de Zebedeo.
57 Al atardecer, vino un
hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también
discípulo de Jesús.
58 Se presentó a Pilato y
pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le
entregase.
59 José tomó el cuerpo, lo
envolvió en una sábana limpia
60 y lo puso en su
sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar
una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
61 Estaban allí María
Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
62 Al otro día, el
siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se
reunieron ante Pilato
63 y le dijeron: «Señor,
recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: “A los tres días
resucitaré.”
64 Manda, pues, que quede
asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus
discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: “Resucitó de entre los
muertos”, y la última impostura sea peor que la primera.»
65 Pilato les dijo:
«Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
66 Ellos fueron y
aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
Mateo 28
1 Pasado el sábado, al
alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María
fueron a ver el sepulcro.
2 De pronto se produjo un
gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y,
acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
3 Su aspecto era como el
relámpago y su vestido blanco como la nieve.
4 Los guardias,
atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como
muertos.
5 El Ángel se dirigió a
las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a
Jesús, el Crucificado;
6 no está aquí, ha
resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.
7 Y ahora id enseguida a
decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos e irá
delante de vosotros a Galilea; allí le veréis.” Ya os lo he dicho.»
8 Ellas partieron a toda
prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la
noticia a sus discípulos.
9 En esto, Jesús les salió
al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose, se
asieron de sus pies y le adoraron.
10 Entonces les dice
Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea;
allí me verán.»
11 Mientras ellas iban,
algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos
sacerdotes todo lo que había pasado.
12 Estos, reunidos con los
ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los
soldados,
13 advirtiéndoles: «Decid:
“Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros
dormíamos.”
14 Y si la cosa llega a
oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos
complicaciones.»
15 Ellos tomaron el dinero
y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa
versión entre los judíos, hasta el día de hoy.
16 Por su parte, los once
discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había
indicado.
17 Y al verle le adoraron;
algunos sin embargo dudaron.
18 Jesús se acercó a ellos
y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la
tierra.
19 Id, pues, y haced
discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo,
20 y enseñándoles a
guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con
vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
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