|
1
|
2
|
3
Busca una palabra en este apartado con
Ctrl+F
Nahúm 1
1 Oráculo sobre Nínive.
Libro de la visión de Nahúm de Elcós.
2 ¡Dios celoso y vengador
Yahveh, vengador Yahveh y rico en ira! Se venga Yahveh de sus
adversarios, guarda rencor a sus enemigos.
3 Yahveh tardo a la
cólera, pero grande en poder, y a nadie deja impune Yahveh. En la
tempestad y el huracán camina, y las nubes son el polvo de sus pies.
4 Amenaza al mar y lo deja
seco, y todos los ríos agota. ... languidecen el Basán y el Carmelo,
la flor del Líbano se amustia.
5 Tiemblan los montes ante
él, y las colinas se estremecen; en su presencia se levanta la
tierra, el orbe y todos los que en él habitan.
6 Ante su enojo ¿quién
puede tenerse? ¿Quién puede resistir el ardor de su cólera? Su furor
se derrama como fuego, y las rocas se quiebran ante él.
7 Bueno es Yahveh para el
que en él es pera, un refugio en el día de la angustia; él conoce a
los que a él se acogen,
8 cuando pasa la
inundación. Hace exterminio de los que se alzan contra él, a sus
enemigos persigue hasta en las tinieblas.
9 ¿Qué meditáis contra
Yahveh? El es el que hace exterminio, no se alzará dos veces la
opresión;
10 porque ellos, espinos
aún enmarañados, empapados de bebida, como paja seca serán
enteramente consumidos.
11 ¡De ti ha salido el que
medita el mal contra Yahveh, el consejero de Belial!
12 Así dice Yahveh: Por
más incólumes que estén, por más que sean, serán talados y
desaparecerán. Si te he humillado, no volveré a humillarte más.
13 Y ahora voy a quebrar
de sobre ti su yugo, y a romper tus cadenas.
14 Y sobre ti ha dado
orden Yahveh: No habrá más descendencia de tu nombre; de la casa de
tus dioses extirparé imágenes esculpidas y fundidas, preparé tu
tumba, porque eres despreciable.
Nahúm 2
1 ¡He aquí por los montes
los pies del mensajero de buenas nuevas, el que anuncia la paz!
Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus votos, porque no volverá a
pasar por ti Belial: ha sido extirpado totalmente.
2 ¡Sube un destructor
contra ti! ¡Monta la guardia en la fortaleza, vigila el camino,
cíñete los lomos, refuerza bien tu fuerza!
3 Pues Yahveh restablece
la viña de Jacob, como la viña de Israel. Devastadores la habían
devastado, habían destruido sus sarmientos.
4 El escudo de sus bravos
es rojo, valientes vestidos de escarlata; con fuego de hierros
brillan los carros, el día que los preparan, y son impacientes los
jinetes.
5 Por las calles corren
furiosos los carros, se precipitan en las plazas, su aspecto es
semejante a antorchas, como relámpago se lanzan.
6 Se da la voz a los
bravos; en su marcha se entrechocan; se apresuran hacia la muralla y
se prepara el parapeto.
7 Las puertas que dan al
Río se abren y en el palacio cunde el pánico.
8 La Belleza es deportada,
arrancada, sus siervas gimen, como gemido de palomas, y se golpean
el corazón.
9 Nínive es como una
alberca cuyas aguas se van. «¡Deteneos, deteneos!» Pero nadie se
vuelve.
10 «Saquead la plata,
saquead el oro.» ¡Es un tesoro que no tiene fin, grávido de todos
los objetos preciosos!
11 ¡Destrozo, saqueo,
devastación! ¡Corazones que se disuelven y rodillas que vacilan y
estremecimiento en todos los lomos y todos los rostros que mudan de
color!
12 ¿Dónde está el cubil de
los leones, la cueva de los leoncillos, a donde iba el león a llevar
la cría del león, sin que nadie le inquietase?
13 El león dilaceraba para
sus cachorros, estrangulaba para sus leonas, llenaba de presas sus
escondrijos y de rapiñas sus cubiles.
14 Aquí estoy contra ti, -
oráculo de Yahveh Sebaot -: encenderé en humareda tus carros, y la
espada devorará a tus leoncillos; suprimiré de la tierra tu presa, y
no se oirá más la voz de tus mensajeros.
Nahúm 3
1 ¡Ay de la ciudad
sanguinaria, mentira toda ella, llena de rapiña, de incesante
pillaje!
2 ¡Chasquido de látigos,
estrépito de ruedas! ¡Caballos que galopan, carros que saltan,
3 caballería que avanza,
llamear de espadas, centellear de lanzas... multitud de heridos,
montones de muertos, cadáveres sin fin, cadáveres en los que se
tropieza!
4 Es por las muchas
prostituciones de la prostituta, bella de gracia y maestra en
sortilegios, que vendía a las naciones con sus prostituciones y a
los pueblos con sus sortilegios.
5 Aquí estoy contra ti -
oráculo de Yahveh Sebaot -: voy a alzar tus faldas hasta tu cara,
mostraré a las naciones tu desnudez, a los reinos tu vergüenza.
6 Arrojaré inmundicia
sobre ti, te deshonraré y te pondré como espectáculo.
7 Y sucederá que todo el
que te vea huirá de ti y dirá: «¡asolada está Nínive! ¿Quién tendrá
piedad de ella? ¿Dónde buscarte consoladores?»
8 ¿Eres acaso tú mejor que
No Amón, la asentada entre los Nilos, (rodeada de aguas), cuya
barrera era el mar, cuya muralla las aguas?
9 Etiopía y Egipto eran su
fuerza que no tenía límite; Put y los libios venían en su ayuda.
10 También ella fue al
destierro, al cautiverio partió, también sus niños fueron
estrellados en el cruce de todas las calles; se echaron suertes
sobre sus notables, y todos sus grandes fueron aherrojados con
cadenas.
11 También tú quedarás
ebria, serás ésa que se esconde, también tú buscarás un refugio
contra el enemigo.
12 Todas tus fortalezas
son higueras cargadas de brevas: si se las sacude, caen en la boca
de quien va a comerlas.
13 He ahí a tu pueblo:
mujeres en medio de ti; a tus enemigos se abren enteras las puertas
de tu país, el fuego ha devorado tus cerrojos.
14 Sácate agua para el
asedio, refuerza tus fortalezas, métete en la arcilla, pisa el
mortero, toma el molde de ladrillos.
15 Allí el fuego te
consumirá, la espada te exterminará, (te devorará como el pulgón.)
Multiplícate como el pulgón, multiplícate como la langosta;
16 multiplica tus
mercaderes más que las estrellas del cielo, se despliegan los
pulgones y se vuelan,
17 tus guardias como
langostas, y tus escribas como enjambres de insectos, que se posan
en las tapias en un día de frío; sale el sol y se van, y nadie sabe
dónde. ¡Ay, cómo están
18 dormidos tus pastores,
rey de Asur! Dormitan tus capitanes, tu pueblo está disperso por los
montes, y no hay quien los reúna.
19 ¡No hay remedio para tu
herida, incurable es tu llaga! Todos los que noticia de ti oyen
baten palmas sobre ti; pues ¿sobre quién no pasó sin tregua tu maldad?
|