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Ezequiel 1
1 El año treinta, el día
cinco el cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a
orillas del río Kebar, se abrió el cielo y contemplé visiones
divinas.
2 El día cinco del mes -
era el año quinto de la deportación del rey Joaquín -
3 la palabra de Yahveh fue
dirigida al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, en el país de los
caldeos, a orillas del río Kebar, y allí fue sobre él la mano de
Yahveh.
4 Yo miré: vi un viento
huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y
resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en
medio del fuego.
5 Había en el centro como
una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían
forma humana.
6 Tenían cada uno cuatro
caras, y cuatro alas cada uno.
7 Sus piernas eran rectas
y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey, y
relucían como el fulgor del bronce bruñido.
8 Bajo sus alas había unas
manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus
caras y sus alas, las de los cuatro.
9 Sus alas estaban unidas
una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente.
10 En cuanto a la forma de
sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león
a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los
cuatro tenían cara de águila.
11 Sus alas estaban
desplegadas hacia lo alto; cada uno tenía dos alas que se tocaban
entre sí y otras dos que le cubrían el cuerpo;
12 y cada uno marchaba de
frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se volvían
en su marcha.
13 Entre los seres había
algo como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que se
movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego
salían rayos.
14 Y los seres iban y
venían con el aspecto del relámpago.
15 Miré entonces a los
seres y vi que había una rueda en el suelo, al lado de los seres de
cuatro caras.
16 El aspecto de las
ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían
las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda
estuviese dentro de la otra.
17 En su marcha avanzaban
en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha.
18 Su circunferencia tenía
gran altura, era imponente, y la circunferencia de las cuatro estaba
llena de destellos todo alrededor.
19 Cuando los seres
avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se
elevaban del suelo, se elevaban las ruedas.
20 Donde el espíritu les
hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos,
porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
21 Cuando avanzaban ellos,
avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando
ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con
ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
22 Sobre las cabezas del
ser había una forma de bóveda resplandeciente como el cristal,
extendida por encima de sus cabezas,
23 y bajo la bóveda sus
alas estaban rectas, una paralela a la otra; cada uno tenía dos que
le cubrían el cuerpo.
24 Y oí el ruido de sus
alas, como un ruido de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando
marchaban, era un ruido atronador, como ruido de batalla; cuando se
paraban, replegaban sus alas.
25 Y se produjo un ruido.
26 Por encima de la bóveda
que estaba sobre sus cabezas, había algo como una piedra de zafiro
en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo
más alto, una figura de apariencia humana.
27 Vi luego como el fulgor
del electro, algo como un fuego que formaba una envoltura, todo
alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde
lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi algo como fuego que
producía un resplandor en torno,
28 con el aspecto del arco
iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto
de este resplandor, todo en torno. Era algo como la forma de la
gloria de Yahveh. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que
hablaba.
Ezequiel 2
1 Me dijo: «Hijo de
hombre, ponte en pie, que voy a hablarte».
2 El espíritu entró en mí
como se me había dicho y me hizo tenerme en pie; y oí al que me
hablaba.
3 Me dijo: «Hijo de
hombre, yo te envío a los israelitas, a la nación de los rebeldes,
que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres me han sido
contumaces hasta este mismo día.
4 Los hijos tienen la
cabeza dura y el corazón empedernido; hacia ellos te envío para
decirles: Así dice el señor Yahveh.
5 Y ellos, escuchen o no
escuchen, ya que son una casa de rebeldía, sabrán que hay un profeta
en medio de ellos.
6 Y tú, hijo de hombre, no
les tengas miedo, no tengas miedo de sus palabras si te contradicen
y te desprecian y si te ves sentado sobre escorpiones. No tengas
miedo de sus palabras, no te asustes de ellos, porque son una casa
de rebeldía.
7 Les comunicarás mis
palabras, escuchen o no escuchen, porque son una casa de rebeldía.
8 «Y tú, hijo de hombre,
escucha lo que voy a decirte, no seas rebelde como esa casa de
rebeldía. Abre la boca y come lo que te voy a dar.»
9 Yo miré: vi una mano que
estaba tendida hacia mí, y tenía dentro un libro enrollado.
10 Lo desenrolló ante mi
vista: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había
escrito: «Lamentaciones, gemidos y ayes.»
Ezequiel 3
1 Y me dijo: «Hijo de
hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a
hablar a la casa de Israel.»
2 Yo abrí mi boca y él me
hizo comer el rollo,
3 y me dijo: «Hijo de
hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.» Lo comí y
fue en mi boca dulce como la miel.
4 Entonces me dijo: «Hijo
de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con mis palabras.
5 Pues no eres enviado a
un pueblo de habla oscura y de lengua difícil, sino a la casa de
Israel.
6 No a pueblos numerosos,
de habla oscura y de lengua difícil cuyas palabras no entenderías.
Si te enviara a ellos, ¿no es verdad que te escucharían?
7 Pero la casa de Israel
no quiere escucharte a ti porque no quiere escucharme a mí, ya que
toda la casa de Israel tiene la cabeza dura y el corazón
empedernido.
8 Mira, yo he hecho tu
rostro duro como su rostro, y tu frente tan dura como su frente;
9 yo te hecho tu frente
dura como el diamante, que es más duro que la roca. No los temas, no
tengas miedo de ellos, porque son una casa de rebeldía.»
10 Luego me dijo: «Hijo de
hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu corazón
y escúchalas atentamente,
11 y luego, anda, ve donde
los deportados, donde los hijos de tu pueblo; les hablarás y les
dirás: “Así dice el Señor Yahveh”, escuchen o no escuchen.»
12 Entonces, el espíritu
me levantó y oí detrás de mí el ruido de una gran trepidación:
«Bendita sea la gloria de Yahveh, en el lugar donde está»,
13 el ruido que hacían las
alas de los seres al batir una contra otra, y el ruido de las ruedas
junto a ellos, ruido de gran trepidación.
14 Y el espíritu me
levantó y me arrebató; yo iba amargado con quemazón de espíritu,
mientras la mano de Yahveh pesaba fuertemente sobre mí.
15 Llegué donde los
deportados de Tel Abib que residían junto al río Kebar - era aquí
donde ellos residían -, y permanecí allí siete días, aturdido, en
medio de ellos.
16 Al cabo de los siete
días, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
17 «Hijo de hombre, yo te
he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la
palabra y les advertirás de mi parte.
18 Cuando yo diga al
malvado: “Vas a morir”, si tú no le adviertes, si no hablas para
advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que
viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te
pediré cuentas a ti.
19 Si por el contrario
adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala
conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.
20 Cuando el justo se
aparte de su justicia para cometer injusticia, yo pondré un
obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú, morirá él
por su pecado y no se recordará la justicia que había practicado,
pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
21 Si por el contrario
adviertes al justo que no peque, y él no peca, vivirá él por haber
sido advertido, y tú habrás salvado tu vida.»
22 Allí fue sobre mí la
mano de Yahveh; me dijo: «Levántate, sal a la vega, y allí te
hablaré.»
23 Me levanté y salí a la
vega, y he aquí que la gloria de Yahveh estaba parada allí,
semejante a la gloria que yo había visto junto al río Kebar, y caí
rostro en tierra.
24 Entonces, el espíritu
entró en mí y me hizo tenerme en pie, y me habló. Me dijo: «Ve a
encerrarte en tu casa.
25 Hijo de hombre, he aquí
que se te van a echar cuerdas con las que serás atado, para que no
aparezcas en medio de ellos.
26 Yo haré que tu lengua
se te pegue al paladar, quedarás mudo y dejarás de ser su censor,
porque son una casa de rebeldía.
27 Mas cuando yo te hable,
abriré tu boca y les dirás: Así dice el Señor Yahveh; quien quiera
escuchar, que escuche, y quien no quiera, que lo deje; porque son
una casa de rebeldía.»
Ezequiel 4
1 Tú, hijo de hombre, toma
un ladrillo y ponlo delante de ti; grabarás en él una ciudad,
Jerusalén,
2 y emprenderás contra
ella un asedio: construirás contra ella trincheras, levantarás
contra ella terraplenes, emplazarás contra ella campamentos,
instalarás contra ella arietes, todo alrededor.
3 Toma luego una sartén de
hierro y colócala como un muro de hierro entre ti y la ciudad.
Fijarás tu rostro sobre ella, y quedará en estado de sitio: tú la
sitiarás. Es una señal para la casa de Israel.
4 Acuéstate del lado
izquierdo y pon sobre ti la culpa de la casa de Israel. Todo el
tiempo que estés acostado así, llevarás su culpa.
5 Yo te he impuesto los
años de su culpa en una duración de trescientos noventa días,
durante los cuales cargarás con la culpa de la casa de Israel.
6 Cuando hayas terminado
estos últimos, te acostarás otra vez del lado derecho, y llevarás la
culpa de la casa de Judá durante cuarenta días. Yo te he impuesto un
día por año.
7 Después fijarás tu
rostro y tu brazo desnudo sobre el asedio de Jerusalén, y
profetizarás contra ella.
8 He aquí que yo te he
atado con cuerdas, y no te darás vuelta de un lado a otro hasta que
no hayas cumplido los días de tu reclusión.
9 Toma, pues, trigo,
cebada, habas, lentejas, mijo, espelta: ponlo en una misma vasija y
haz con ello tu pan. Durante todo el tiempo que estés acostado de un
lado - trescientos noventa días - comerás de ello.
10 El alimento que comas
será de un peso de veinte siclos por día, que comerás de tal a tal
hora.
11 También beberás el agua
con medida, beberás la sexta parte de un sextario, de tal a tal
hora.
12 Comerás este alimento
en forma de galleta de cebada que será cocida, a la vista de ellos,
sobre excrementos humanos.»
13 Y dijo Yahveh: «Así
comerán los israelitas su alimento impuro en medio de las naciones
donde yo los arrojaré.»
14 Yo dije entonces: «¡Ah,
Señor Yahveh!, mi alma no está impura. Desde mi infancia hasta el
presente jamás he comido bestia muerta o despedazada, ni carne
corrompida entró en mi boca.»
15 El me dijo: «Bien, en
lugar de excrementos humanos te permito usar boñiga de buey para que
hagas tu pan encima.»
16 Luego me dijo: «Hijo de
hombre, he aquí que yo voy a destruir la provisión de pan en
Jerusalén: comerán el pan con peso y con angustia; y el agua con
medida y con ansiedad la beberán,
17 porque faltarán el pan
y el agua: quedarán pasmados todos juntos y se consumirán por sus
culpas.»
Ezequiel 5
1 Tú, hijo de hombre, toma
una espada afilada, tómala como navaja de barbero, y pásatela por tu
cabeza y tu barba. Luego tomarás una balanza y dividirás en partes
lo que hayas cortado.
2 A un tercio le prenderás
fuego en medio de la ciudad, al cumplirse los días del asedio. El
otro tercio lo tomarás y lo cortarás con la espada todo alrededor
de la ciudad. El último tercio lo esparcirás al viento, y yo
desenvainaré la espada detrás de ellos.
3 Pero de aquí tomarás una
pequeña cantidad que recogerás en el vuelo de tu manto,
4 y de éstos tomarás
todavía un poco, lo echarás en medio del fuego y lo quemarás en él.
De ahí saldrá el fuego hacia toda la casa de Israel.
5 Así dice el Señor
Yahveh: Esta es Jerusalén; yo lo había colocado en medio de las
naciones, y rodeado de países.
6 Pero ella se ha rebelado
contra mis normas con más perversidad que las naciones, y contra mis
decretos más que los países que la rodean. Sí, han rechazado mis
normas y no se han conducido según mis decretos.
7 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Porque vuestro tumulto es mayor que el de las naciones
que os rodean, porque no os habéis conducido según mis decretos ni
habéis observado mis normas, y ni siquiera os habéis ajustado a las
normas de las naciones que os rodean,
8 por eso, así dice el
Señor Yahveh: También yo me declaro contra ti, ejecutaré mis juicios
en medio de ti a los ojos de las naciones,
9 y haré contigo lo que
jamás he hecho y lo que no volveré a hacer jamás, a causa de todas
tus abominaciones.
10 Por eso, los padres
devorarán a sus hijos, en medio de ti, y los hijos devorarán a sus
padres. Yo haré justicia de ti y esparciré lo que quede de ti a
todos los vientos.
11 Por eso, por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que de la misma manera que tú has
contaminado mi santuario con todos tus horrores y todas tus
abominaciones, yo también te rechazaré a ti sin una mirada de
piedad, tampoco yo perdonaré.
12 Un tercio de los tuyos
morirá de peste o perecerá de hambre en medio de ti, otro tercio
caerá a espada, en tus alrededores, y al otro tercio lo esparciré
yo a todos los vientos, desenvainando la espada detrás de ellos.
13 Mi cólera se desahogará
y saciaré en ellos mi furor; me vengaré y sabrán entonces que yo,
Yahveh, he hablado en mi celo, cuando desahogue mi furor en ellos.
14 Y haré de ti una ruina,
un oprobio entre las naciones que te rodean, a los ojos de todos los
transeúntes.
15 Serás oprobio y blanco
de insultos, ejemplo y asombro para las naciones que te rodean,
cuando yo haga justicia de ti con cólera y furor, con furiosos
escarmientos. Yo, Yahveh, he hablado.
16 Cuando lance contra
ellos las terribles flechas del hambre, que causan el exterminio, y
que yo enviaré para exterminaros, añadiré el hambre contra vosotros,
y destruiré vuestras provisiones de pan.
17 Enviaré contra vosotros
el hambre y las bestias feroces, que te dejarán sin hijos; la peste
y la sangre pasarán por ti, y haré venir contra ti la espada. Yo,
Yahveh, he hablado.
Ezequiel 6
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos.
3 Dirás: Montes de Israel,
escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a los
montes, a las colinas, a los barrancos y a los valles: He aquí que
yo voy a hacer venir contra vosotros la espada y destruiré vuestros
altos.
4 Vuestros altares serán
devastados, vuestros braseros de incienso serán rotos, haré caer a
vuestros habitantes, acribillados, delante de vuestras basuras,
5 pondré los cadáveres de
los israelitas delante de sus basuras, y esparciré sus huesos
alrededor de vuestros altares.
6 En todo lugar donde
habitéis, las ciudades quedarán en ruinas y los altos serán
devastados, de forma que vuestros altares queden en ruinas, como
cosa culpable, vuestras basuras sean destrozadas y aventadas,
vuestros braseros de incienso hechos pedazos y aniquiladas vuestras
obras.
7 Caerán las víctimas en
medio de vosotros, y sabréis que yo soy Yahveh.
8 Pero haré que os queden,
entre las naciones, algunos supervivientes de la espada, cuando
seáis dispersados por los países.
9 Y vuestros
supervivientes se acordarán de mí, entre las naciones adonde hayan
sido deportados, aquellos a quienes yo haya quebrantado el corazón
adúltero que se apartó de mí y los ojos que se prostituyeron detrás
de sus basuras. Tendrán horror de sí mismos por las maldades que
cometieron con todas sus abominaciones.
10 Y sabrán que yo soy
Yahveh: no había hablado en vano de infligirles todos estos males.
11 Así dice el Señor
Yahveh. Bate las manos, patalea y di: «¡Ay!», por todas las
execrables abominaciones de la casa de Israel, que va a caer por la
espada, el hambre y la peste.
12 El que esté lejos
morirá de peste, el que esté cerca caerá a espada, el que quede
sitiado morirá de hambre, porque yo desahogaré mi furor en ellos.
13 Y sabréis que yo soy
Yahveh, cuando sus víctimas queden allí entre sus basuras alrededor
de sus altares, en toda colina elevada, en la cima de todos los
montes, bajo todo árbol verde, bajo toda encina frondosa,
dondequiera que ofrecen calmante aroma a todas sus basuras.
14 Extenderé mi mano
contra ellos y haré de esta tierra una soledad desolada, desde el
desierto hasta Riblá, en todo lugar donde habiten; y sabrán que yo
soy Yahveh.
Ezequiel 7
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, di: Así
dice el Señor Yahveh a la tierra de Israel: ¡El fin! Llega el fin
sobre los cuatro extremos de esta tierra.
3 Ahora es el fin para ti;
voy a desencadenar mi cólera contra ti, para juzgarte según tu
conducta y pedirte cuentas de todas tus abominaciones.
4 No tendré para ti una
mirada de piedad, no te perdonaré, sino que te pediré cuentas de tu
conducta; aparecerán tus abominaciones en medio de ti, y sabréis que
yo soy Yahveh.
5 Así dice el Señor
Yahveh: ¡Desgracia única! ¡Ya viene la desgracia!
6 Se acerca el fin, el fin
se acerca vigilante sobre ti, es ya inminente.
7 Te llega el turno,
habitante del país. Llega el tiempo, está cercano el día,
consternación, que no ya ¡hurra!, en los montes.
8 Ahora voy a derramar sin
tregua mi furor sobre ti y a desahogar mi cólera en ti; voy a
juzgarte según tu conducta y a pedirte cuentas de todas tus
abominaciones.
9 No tendré una mirada de
piedad, no perdonaré; te pediré cuentas de tu conducta; tus
abominaciones aparecerán en medio de ti, y sabréis que yo soy
Yahveh, el que hiere.
10 He aquí el día, hele
que viene: sale el turno, la vara está florida, florida la
insolencia.
11 Se ha erguido la
violencia para hacerse vara de maldad...
12 Ha llegado el momento,
está cercano el día. No se alegre el comprador, no se entristezca el
vendedor, porque la ira es contra toda su multitud.
13 El vendedor no volverá
a lo vendido, mientras viva entre los vivos, pues la ira contra toda
su multitud no será revocada; y nadie, por su iniquidad, tendrá
segura su vida.
14 Se tocará la trompeta,
todo estará a punto, pero nadie marchará al combate, porque mi ira
es contra toda su multitud.
15 Está la espada afuera,
la peste y el hambre dentro. El que se encuentre en el campo morirá
a espada, y al que esté en la ciudad, el hambre y la peste lo
devorarán.
16 Sus supervivientes
escaparán, andarán por los montes, como las palomas de los valles,
todos ellos gimiendo, cada uno por sus culpas.
17 Todas las manos
desmayarán, todas las rodillas se irán en agua.
18 Se ceñirán ellos de
sayal, un escalofrío los invadirá. En todos los rostros la
vergüenza, todas las cabezas rasuradas.
19 Arrojarán su plata por
las calles y su oro se convertirá en inmundicia; ni su plata, ni su
oro les podrán salvar el día del enojo de Yahveh. No se saciarán
más, no llenarán más su vientre, porque ello era la ocasión de su
culpa.
20 De la hermosura de sus
joyas hicieron el objeto de su orgullo: con ellas fabricaron las
imágenes de sus monstruos abominables; por eso yo se lo convertiré
en inmundicia.
21 Yo lo entregaré al
saqueo de los extranjeros, al despojo de los más impíos de la
tierra, que lo profanarán.
22 Retiraré mi rostro de
ellos, mi tesoro será profanado: los invasores penetrarán en él y lo
profanarán.
23 Haz una cadena, porque
esta tierra está llena de delitos de sangre, la ciudad repleta de
violencia.
24 Yo haré venir a las
naciones más crueles, que se apoderarán de sus casas. Pondré fin al
orgullo de los poderosos y sus santuarios serán profanados.
25 Llega el terror; ellos
buscarán la paz, pero no la habrá.
26 Vendrá desastre tras
desastre, noticia tras noticia: se pedirá al profeta una visión, le
faltará al sacerdote la ley, el consejo a los ancianos.
27 El rey estará en duelo,
el príncipe hundido en la desolación, las manos del pueblo de la
tierra temblarán. Yo los trataré según su conducta, los juzgaré
según sus juicios, y sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel 8
1 El año sexto, el día
cinco del sexto mes, estaba yo sentado en mi casa y los ancianos de
Judá sentados ante mí, cuando se posó allí sobre mí la mano del
Señor Yahveh.
2 Miré: había allí una
forma con aspecto de hombre. Desde lo que parecían ser sus caderas
para abajo era de fuego, y desde sus caderas para arriba era algo
como un resplandor, como el fulgor del electro.
3 Alargó una especie de
mano y me agarró por un mechón de mi cabeza; el espíritu me elevó
entre el cielo y la tierra y me llevó a Jerusalén, en visiones
divinas, a la entrada del pórtico interior que mira al norte, allí
donde se alza el ídolo de los celos, que provoca los celos.
4 Y he aquí que la gloria
del Dios de Israel estaba allí; tenía el aspecto de lo que yo había
visto en la vega.
5 El me dijo: «Hijo de
hombre, levanta tus ojos hacia el norte.» Levanté mis ojos hacia el
norte y vi que al norte del pórtico del altar estaba este ídolo de
los celos, a la entrada.
6 Me dijo: «Hijo de
hombre, ¿ves lo que hacen éstos, las grandes abominaciones que la
casa de Israel comete aquí para alejarme de mi santuario? Todavía
has de ver otras grandes abominaciones».
7 Me llevó a la entrada
del atrio. Yo miré: había un agujero en la pared.
8 Y me dijo: «Hijo de
hombre, perfora la pared.» Perforé la pared y se hizo una abertura.
9 Y me dijo: «Entra y
contempla las execrables abominaciones que éstos cometen ahí.»
10 Entré y observé: toda
clase de representaciones de reptiles y animales repugnantes, y
todas las basuras de la casa de Israel estaban grabados en la pared,
todo alrededor.
11 Y setenta hombres, de
los ancianos de la casa de Israel - uno de ellos era Yazanías, hijo
de Safán -, estaban de pie delante de ellos cada uno con su
incensario en la mano. Y el perfume de la nube de incienso subía.
12 Me dijo entonces: «¿Has
visto, hijo de hombre, lo que hacen en la oscuridad los ancianos de
la casa de Israel, cada uno en su estancia adornada de pinturas?
Están diciendo: “Yahveh no nos ve, Yahveh ha abandonado esta
tierra.”»
13 Y me dijo: «Todavía les
verás cometer otras grandes abominaciones.»
14 Me llevó a la entrada
del pórtico de la Casa de Yahveh que mira al norte, y vi que allí
estaban sentadas las mujeres, plañiendo a Tammuz.
15 Me dijo: «¿Has visto,
hijo de hombre? Todavía verás abominaciones mayores que éstas.»
16 Me condujo luego al
atrio interior de la Casa de Yahveh. Y he aquí que a la entrada del
santuario de Yahveh, entre el vestíbulo y el altar, había unos
veinticinco hombres que, vuelta la espalda al santuario de Yahveh y
la cara a oriente, se postraban en dirección a oriente hacia el sol.
17 Y me dijo: «¿Has visto,
hijo de hombre? ¿Aún no le bastan a la casa de Judá las
abominaciones que cometen aquí, para que llenen también la tierra de
violencia y vuelvan a irritarme? Mira cómo se llevan el ramo a la
nariz.
18 Pues yo también he de
obrar con furor; no tendré una mirada de piedad, no perdonaré. Con
voz fuerte gritarán a mis oídos, pero yo no les escucharé.
Ezequiel 9
1 Entonces gritó a mis
oídos con voz fuerte: «¡Se acercan los castigos de la ciudad, cada
uno con su azote en la mano!»
2 Y en esto vinieron, de
la dirección del pórtico superior que mira al norte, seis hombres,
cada cual con su azote en la mano. En medio de ellos había un hombre
vestido de lino con una cartera de escriba a la cintura. Entraron y
se detuvieron ante al altar de bronce.
3 La gloria del Dios de
Israel se levantó de sobre los querubines sobre los cuales estaba,
hacia el umbral de la Casa. Llamó entonces al hombre vestido de
lino que tenía la cartera de escriba a la cintura;
4 y Yahveh le dijo: «Pasa
por la ciudad, por Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los
hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se
cometen en medio de ella.»
5 Y a los otros oí que les
dijo: «Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis una
mirada de piedad, no perdonéis;
6 a viejos, jóvenes,
doncellas, niños y mujeres matadlos hasta que no quede uno. Pero al
que lleve la cruz en la frente, no le toquéis. Empezad a partir de
mi santuario.» Empezaron, pues, por los ancianos que estaban delante
de la Casa.
7 Luego les dijo: «Manchad
la Casa, llenad de víctimas los atrios; salid.» Salieron y fueron
hiriendo por la ciudad.
8 Mientras ellos herían,
yo quedé solo allí y caí rostro en tierra. Exclamé: «¡Ah, Señor
Yahveh!, ¿vas a exterminar a todo el resto de Israel, derramando tu
furor contra Jerusalén?»
9 Me dijo: «La culpa de la
casa de Israel y de Judá es muy grande, mucho; la tierra está llena
de sangre, la ciudad llena de perversidad. Pues dicen: “Yahveh ha
abandonado la tierra, Yahveh no ve nada.”
10 Pues bien, tampoco yo
tendré una mirada de piedad ni perdonaré. Haré caer su conducta
sobre su cabeza».
11 En aquel momento el
hombre vestido de lino que llevaba la cartera a la cintura, vino a
hacer su relación: «He ejecutado lo que me ordenaste.»
Ezequiel 10
1 Miré y vi que sobre el
firmamento que estaba sobre la cabeza de los querubines aparecía,
semejante a la piedra de zafiro, algo como una forma de trono, por
encima de ellos.
2 Y dijo al hombre vestido
de lino: «Métete entre las ruedas, debajo de los querubines, toma a
manos llenas brasas ardientes de entre los querubines y espárcelas
por la ciudad.» Y él entró, ante mis ojos.
3 Los querubines estaban
parados a la derecha de la Casa cuando el hombre entró, y la nube
llenaba el atrio interior.
4 La gloria de Yahveh se
elevó de encima de los querubines hacia el umbral de la Casa y la
Casa se llenó de la nube, mientras el atrio estaba lleno del
resplandor de la gloria de Yahveh.
5 Y el ruido de las alas
de los querubines llegaba hasta el atrio exterior, semejante a la
voz del Dios Sadday cuando habla.
6 Cuando dio esta orden al
hombre vestido de lino: «Toma fuego de en medio de las ruedas, de
entre los querubines», el hombre fue y se detuvo junto a la rueda;
7 el querubín alargó su
mano de entre los querubines hacia el fuego que había en medio de
los querubines, lo tomó y lo puso en las manos del hombre vestido de
lino. Este lo tomó y salió.
8 Entonces apareció en los
querubines una especie de mano humana debajo de sus alas.
9 Miré: había cuatro
ruedas al lado de los querubines, cada rueda junto a cada querubín,
y el aspecto de las ruedas era como el destello del crisólito.
10 Las cuatro parecían
tener la misma forma, como si una rueda estuviese dentro de la otra.
11 En su marcha, avanzaban
en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha; seguían, en
efecto, la dirección del lado adonde miraba la cabeza, y no se
volvían en su marcha.
12 Y todo su cuerpo, su
espalda, sus manos y sus alas, así como las ruedas, estaban llenos
de destellos todo alrededor; sus ruedas, las de los cuatro.
13 Oí que a las ruedas se
les daba el nombre de «galgal».
14 Y cada uno tenía cuatro
caras: la primera era la cara del querubín, la segunda una cara de
hombre, la tercera una cara de león y la cuarta una cara de águila.
15 Los querubines se
levantaron: era el ser que yo había visto sobre el río Kebar.
16 Cuando los querubines
avanzaban, avanzaban las ruedas a su lado; cuando los querubines
desplegaban sus alas para elevarse del suelo, las ruedas no se
volvían tampoco de su lado.
17 Cuando ellos se
paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban, se elevaban
con ellos las ruedas, porque el espíritu del ser estaba en ellas.
18 La gloria de Yahveh
salió de sobre el umbral de la Casa y se posó sobre los querubines.
19 Los querubines
desplegaron sus alas y se elevaron del suelo ante mis ojos, al
salir, y las ruedas con ellos. Y se detuvieron a la entrada del
pórtico oriental de la Casa de Yahveh; la gloria del Dios de Israel
estaba encima de ellos.
20 Era el ser que yo había
visto debajo del Dios de Israel en el río Kebar; y supe que eran
querubines.
21 Cada uno tenía cuatro
caras y cuatro alas, y bajo sus alas formas de manos humanas.
22 En cuanto a la forma de
sus caras, tenían la apariencia de las caras que yo había visto
junto al río Kebar. Cada uno marchaba de frente a derecho.
Ezequiel 11
1 El espíritu me elevó y
me condujo al pórtico oriental de la Casa de Yahveh, el que mira a
oriente. Y he aquí que a la entrada del pórtico había veinticinco
hombres, entre los cuales vi a Yazanías, hijo de Azzur, y a
Pelatías, hijo de Benaías, jefes del pueblo.
2 El me dijo: «Hijo de
hombre, éstos son los hombres que maquinan el mal, que dan malos
consejos en esta ciudad.
3 Dicen: “¡No es para
pronto el construir casas! Ella es la olla y nosotros somos la
carne.”
4 Por eso, profetiza
contra ellos, profetiza, hijo de hombre.»
5 El espíritu de Yahveh
irrumpió en mí y me dijo: «Di: Así dice Yahveh: Eso es lo que habéis
dicho, casa de Israel, conozco bien vuestra insolencia.
6 Habéis multiplicado
vuestras víctimas en esta ciudad; habéis llenado de víctimas sus
calles.
7 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Las víctimas que habéis tirado en medio de ella son la
carne, y ella es la olla; pero yo os haré salir de ella.
8 Teméis la espada, pues
yo traeré espada contra vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
9 Os sacaré de la ciudad,
os entregaré en mano de extranjeros, y haré justicia de vosotros.
10 A espada caeréis; en el
término de Israel os juzgaré yo, y sabréis que yo soy Yahveh.
11 Esta ciudad no será
olla para vosotros, ni vosotros seréis carne en medio de ella;
dentro del término de Israel os juzgaré yo.
12 Y sabréis que yo soy
Yahveh cuyos preceptos no habéis seguido y cuyas normas no habéis
guardado - por el contrario habéis obrado según las normas de las
naciones que os circundan.»
13 En esto, mientras yo
estaba profetizando, Pelatías, hijo de Benaías, murió. Yo caí rostro
en tierra y grité con voz fuerte: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a
aniquilar al resto de Israel?»
14 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
15 «Hijo de hombre; de
cada uno de tus hermanos, de tus parientes y de toda la casa de
Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid lejos de Yahveh;
a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.
16 Por eso, di: Así dice
el Señor Yahveh: Sí, yo los he alejado entre las naciones, y los he
dispersado por los países, pero yo he sido un santuario para ellos,
por poco tiempo, en los países adonde han ido.
17 Por eso, di: Así dice
el Señor Yahveh: Yo os recogeré de en medio de los pueblos, os
congregaré de los países en los que habéis sido dispersados, y os
daré la tierra de Israel.
18 Vendrán y quitarán de
ella todos sus monstruos y abominaciones;
19 yo les daré un solo
corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el
corazón de piedra y les daré un corazón de carne,
20 para que caminen según
mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así
sean mi pueblo y yo sea su Dios.
21 En cuanto a aquellos
cuyo corazón va en pos de sus monstruos y abominaciones, yo haré
recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh.»
22 Los querubines
desplegaron sus alas y las ruedas les siguieron, mientras la gloria
del Dios de Israel estaba encima de ellos.
23 La gloria de Yahveh se
elevó de en medio de la ciudad y se detuvo sobre el monte que está
al oriente de la ciudad.
24 El espíritu me elevó y
me llevó a Caldea, donde los desterrados, en visión, en el espíritu
de Dios; y la visión que había contemplado se retiró de mí.
25 Yo conté a los
desterrados todo lo que Yahveh me había dado a ver.
Ezequiel 12
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, tú vives
en medio de la casa de rebeldía: tienen ojos para ver y no ven,
oídos para oír y no oyen, porque son una casa de rebeldía.
3 Ahora, pues, hijo de
hombre, prepárate un equipo de deportado y sal deportado en pleno
día, a sus propios ojos. Saldrás del lugar en que te encuentras
hacia otro lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una casa de
rebeldía.
4 Arreglarás tu equipo
como un equipo de deportado, de día, ante sus ojos. Y saldrás por la
tarde, ante sus ojos, como salen los deportados.
5 Haz a vista de ellos un
agujero en la pared, por donde saldrás.
6 A sus ojos, cargarás con
tu equipaje a la espalda y saldrás en la oscuridad; te cubrirás el
rostro para no ver la tierra, porque yo he hecho de ti un símbolo
para la casa de Israel.
7 Yo hice como se me había
ordenado; preparé de día mi equipo, como un equipo de deportado, y
por la tarde hice un agujero en la pared con la mano. Y salí en la
oscuridad, cargando con el equipaje a mis espaldas, ante sus ojos.
8 Por la mañana la palabra
de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
9 Hijo de hombre, ¿no te
ha preguntado la casa de Israel, esta casa de rebeldía: «Qué es lo
que haces»?
10 Diles: Así dice el
Señor Yahveh. Este oráculo se refiere a Jerusalén y a toda la casa
de Israel que está en medio de ella.
11 Di: Yo soy un símbolo
para vosotros; como he hecho yo, así se hará con ellos; serán
deportados, irán al destierro.
12 El príncipe que está en
medio de ellos cargará con su equipo a la espalda, en la oscuridad,
y saldrá; horadarán la muralla para hacerle salir por ella; y se
tapará la cara para no ver la tierra con sus propios ojos.
13 Mas yo tenderé mi lazo
sobre él y quedará preso en mi red; le conduciré a Babilonia, al
país de los caldeos; pero no lo verá, y morirá allí.
14 Y a todo su séquito, su
guardia y todas sus tropas, yo los esparciré a todos los vientos y
desenvainaré la espada detrás de ellos.
15 Y sabrán que yo soy
Yahveh cuando los disperse entre las naciones y los esparza por los
países.
16 Sin embargo, dejaré que
un pequeño número de ellos escapen a la espada, al hambre y a la
peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones
adonde vayan, a fin de que sepan que yo soy Yahveh.
17 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de hombre, comerás
tu pan con temblor y beberás tu agua con inquietud y angustia;
19 y dirás al pueblo de la
tierra: Así dice el Señor Yahveh a los habitantes de Jerusalén que
andan por el suelo de Israel: comerán su pan con angustia, beberán
su agua con estremecimiento, para que esta tierra y los que en ella
se encuentran queden libres de la violencia de todos sus habitantes.
20 Las ciudades populosas
serán destruidas y esta tierra se convertirá en desolación; y
sabréis que yo soy Yahveh.
21 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
22 Hijo de hombre, ¿qué
queréis decir con ese proverbio que circula acerca del suelo de
Israel: Los días se prolongan y toda visión se desvanece?
23 Pues bien diles: Así
dice el Señor Yahveh: Yo haré que calle ese proverbio; no se le
repetirá más en Israel. Diles en cambio: Llegan los días en que toda
visión se cumplirá,
24 pues ya no habrá ni
visión vana ni presagio mentiroso en medio de la casa de Israel.
25 Yo, Yahveh, hablaré, y
lo que yo hablo es una palabra que cumple sin dilación. Sí, en
vuestros días, casa de rebeldía, yo pronunciaré una palabra y la
ejecutaré, oráculo del Señor Yahveh.
26 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
27 Hijo de hombre, mira,
la casa de Israel está diciendo: «La visión que éste contempla es
para días lejanos, éste profetiza para una época remota.»
28 Pues bien, diles: Así
dice el Señor Yahveh: Ya no habrá más dilación para ninguna de mis
palabras. Lo que yo hablo es una palabra que se cumple, oráculo del
Señor Yahveh.
Ezequiel 13
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
profetiza contra los profetas de Israel; profetiza y di a los que
profetizan por su propia cuenta: Escuchad la palabra de Yahveh.
3 Así dice el Señor
Yahveh: ¡Ay de los profetas insensatos que siguen su propia
inspiración, sin haber visto nada!
4 Como chacales entre las
ruinas, tales han sido tus profetas, Israel.
5 No habéis escalado a las
brechas, no habéis construido una muralla en torno a la casa de
Israel, para que pueda resistir en el combate, en el día de Yahveh.
6 Tienen visiones vanas,
presagio mentiroso los que dicen: «Oráculo de Yahveh», sin que
Yahveh les haya enviado; ¡y esperan que se confirme su palabra!
7 ¿No es cierto que no
tenéis más que visiones vanas, y no anunciáis más que presagios
mentirosos, cuando decís: «Oráculo de Yahveh», siendo así que yo no
he hablado?
8 Pues bien, así dice el
Señor Yahveh: Por causa de vuestras palabras vanas y vuestras
visiones mentirosas, sí, aquí estoy contra vosotros, oráculo del
Señor Yahveh.
9 Extenderé mi mano contra
los profetas de visiones vanas y presagios mentirosos; no serán
admitidos en la asamblea de mi pueblo, no serán inscritos en el
libro de la casa de Israel, no entrarán en el suelo de Israel, y
sabréis que yo soy el Señor Yahveh.
10 Porque, en efecto,
extravían a mi pueblo diciendo: «¡Paz!», cuando no hay paz. Y
mientras él construye un muro, ellos le recubren de argamasa.
11 Di a los que lo
recubren de argamasa: ¡Que haya una lluvia torrencial, que caiga
granizo y un viento de tormenta se desencadene,
12 y ved ahí el muro
derrumbado! ¿No se os dirá entonces: «¿Dónde está la argamasa con
que lo recubristeis?»
13 Pues bien, así dice el
Señor Yahveh: Voy a desencadenar en mi furor un viento de tormenta,
una lluvia torrencial habrá en mi cólera, granizos caerán en mi
furia destructora.
14 Derribaré el muro que
habéis recubierto de argamasa, lo echaré por tierra, y sus cimientos
quedarán al desnudo. Caerá y vosotros pereceréis debajo de él, y
sabréis que yo soy Yahveh.
15 Cuando haya desahogado
mi furor contra el muro y contra los que lo recubren de argamasa, os
diré: Ya no existe el muro ni los que lo revocaban,
16 los profetas de Israel
que profetizaban sobre Jerusalén y veían para ella visiones de paz,
cuando no había paz, oráculo del Señor Yahveh.
17 Y tú, hijo de hombre,
vuélvete hacia las hijas de tu pueblo que profetizan pro su propia
cuenta, y profetiza contra ellas.
18 Dirás: Así dice el
Señor Yahveh: ¡Ay de aquellas que cosen bandas para todos los puños,
que hacen velos para cabezas de todas las tallas, con ánimo de
atrapar a las almas! Vosotras atrapáis a las almas de mi pueblo, ¿y
vais a asegurar la vida de vuestras propias almas?
19 Me deshonráis delante
de mi pueblo por unos puñados de cebada y unos pedazos de pan,
haciendo morir a las almas que no deben morir y dejando vivir a las
almas que no deben vivir, diciendo mentiras al pueblo que escucha la
mentira.
20 Pues bien, así dice el
Señor Yahveh: Heme aquí contra vuestras bandas con las cuales
atrapáis a las almas como pájaros. Yo las desgarraré en vuestros
brazos, y soltaré libres las almas que atrapáis como pájaros.
21 Rasgaré vuestros velos
y libraré a mi pueblo de vuestras manos; ya no serán más presa en
vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.
22 Porque afligís el
corazón del justo con mentiras, cuando yo no lo aflijo, y aseguráis
las manos del malvado para que no se convierta de su mala conducta a
fin de salvar su vida,
23 por eso, no veréis más
visiones vanas ni pronunciaréis más presagios. Yo libraré a mi
pueblo de vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.
Ezequiel 14
1 Algunos ancianos de
Israel vinieron a mi casa y se sentaron ante mí.
2 Entonces la palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
3 Hijo de hombre, estos
hombres han erigido sus basuras en su corazón, han puesto delante de
su rostro la ocasión de sus culpas, ¿y voy a dejarme consultar por
ellos?
4 Habla, pues, y diles:
Así dice el Señor Yahveh: A todo aquel de la casa de Israel que
erija sus basuras en su corazón o que ponga delante de su rostro la
ocasión de sus culpas, y luego se presente al profeta, yo mismo,
Yahveh, le responderé, a causa de la multitud de sus basuras,
5 a fin de prender a la
casa de Israel en su corazón, a aquellos que se han alejado de mí a
causa de todas sus basuras.
6 Por eso, di a la casa de
Israel: Así dice el Señor Yahveh: Convertíos, apartaos de vuestras
basuras, de todas vuestras abominaciones apartad vuestro rostro,
7 porque a todo hombre de
la casa de Israel, o de los forasteros residentes en Israel, que se
aleje de mí para erigir sus basuras en su corazón, que ponga delante
de su rostro la ocasión de sus culpas, y se presente al profeta
para consultarme, yo mismo, Yahveh, le responderé.
8 Volveré mi rostro contra
ese hombre, haré de él ejemplo y proverbio, le extirparé de en medio
de mi pueblo, y sabréis que yo soy Yahveh.
9 Y si el profeta se deja
seducir y pronuncia una palabra, es que yo, Yahveh, he seducido a
ese profeta; extenderé mi mano contra él y le exterminaré de en
medio de mi pueblo Israel.
10 Cargarán con el peso de
sus culpas ambos: la culpa del profeta será como la del que le
consulte.
11 Así, la casa de Israel
no se desviará más lejos de mí ni seguirá manchándose con todas sus
culpas. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, oráculo del Señor
Yahveh.
12 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
13 Hijo de hombre, si un
país peca contra mí cometiendo infidelidad, y yo extiendo mi mano
contra él, destruyo su provisión de pan y envío contra él el hambre
para extirpar de allí hombres y bestias,
14 y en ese país se hallan
estos tres hombres, Noé, Danel y Job, ellos salvarán su vida por su
justicia, oráculo del Señor Yahveh.
15 Si yo suelto las
bestias feroces contra ese país para privarle de sus hijos y
convertirle en una desolación por donde nadie pase a causa de las
bestias,
16 y en ese país se hallan
esos tres hombres: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni
hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos, pero el
país quedará convertido en desolación.
17 O bien, si yo hago
venir contra ese país la espada, si digo: «Pase la espada por este
país», y extirpo de él hombres y bestias,
18 y esos tres hombres se
hallan en ese país: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no
podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos se salvarán.
19 O si envío la peste
sobre ese país y derramo en sangre mi furor contra ellos, extirpando
de él hombres y bestias,
20 y en ese país se hallan
Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni
hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos por su
justicia.
21 Pues así dice el Señor
Yahveh: Aun cuando yo mande contra Jerusalén mis cuatro terribles
azotes: espada, hambre, bestias feroces y peste, para extirpar de
ella hombres y bestias,
22 he aquí que quedan en
ella algunos supervivientes que han podido salir, hijos e hijas; y
he aquí que salen hacia vosotros, para que veáis su conducta y sus
obras y os consoléis de la desgracia que yo he acarreado sobre
Jerusalén, de todo lo que he acarreado sobre ella.
23 Ellos os consolarán
cuando veáis su conducta y sus obras, y sabréis que no sin motivo
hice yo todo lo que hice en ella, oráculo del Señor Yahveh
Ezequiel 15
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, ¿en qué
vale más el leño de la vid que el leño de cualquier rama que haya
entre los árboles del bosque?
3 ¿Se toma de él madera
para hacer alguna cosa? ¿Se hace con él un gancho para colgar algún
objeto?
4 No, se tira al fuego
para que lo devore: el fuego devora los dos cabos; el centro está
quemado, ¿sirve aún para hacer algo?
5 Si ya, cuando estaba
intacto, no se podía hacer nada con él, ¡cuánto menos, cuando lo ha
devorado el fuego y lo ha quemado, se podrá hacer con él alguna
cosa!
6 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Lo mismo que el leño de la vid, entre los árboles del
bosque, al cual he arrojado al fuego para que lo devore, así he
entregado a los habitantes de Jerusalén.
7 He vuelto mi rostro
contra ellos. Han escapado al fuego, pero el fuego los devorará. Y
sabréis que yo soy Yahveh, cuando vuelva mi rostro contra ellos.
8 Convertiré esta tierra
en desolación, porque han cometido infidelidad, oráculo del Señor
Yahveh.
Ezequiel 16
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, haz
saber a Jerusalén sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice el Señor
Yahveh a Jerusalén: Por tu origen y tu nacimiento eres del país de
Canaán. Tu padre era amorreo y tu madre hitita.
4 Cuando naciste, el día
en que viniste al mundo, no se te cortó el cordón, no se te lavó con
agua para limpiarte, no se te frotó con sal, ni se te envolvió en
pañales.
5 Ningún ojo se apiadó de
ti para brindarte alguno de estos menesteres, por compasión a ti.
Quedaste expuesta en pleno campo, porque dabas repugnancia, el día
en que viniste al mundo.
6 Yo pasé junto a ti y te
vi agitándote en tu sangre. Y te dije, cuando estabas en tu sangre:
«Vive»,
7 y te hice crecer como la
hierba de los campos. Tú creciste, te desarrollaste, y llegaste a la
edad núbil. Se formaron tus senos, tu cabellera creció; pero
estabas completamente desnuda.
8 Entonces pasé yo junto a
ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo de los amores. Extendí sobre ti
el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; me comprometí con
juramento, hice alianza contigo - oráculo del señor Yahveh - y tú
fuiste mía.
9 Te bañé con agua, lavé
la sangre que te cubría, te ungí con óleo.
10 Te puse vestidos
recamados, zapatos de cuero fino, una banda de lino fino y un manto
de seda.
11 Te adorné con joyas,
puse brazaletes en tus muñecas y un collar a tu cuello.
12 Puse un anillo en tu
nariz, pendientes en tus orejas, y una espléndida diadema en tu
cabeza.
13 Brillabas así de oro y
plata, vestida de lino fino, de seda y recamados. Flor de harina,
miel y aceite era tu alimento. Te hiciste cada día más hermosa, y
llegaste al esplendor de una reina.
14 Tu nombre se difundió
entre las naciones, debido a tu belleza, que era perfecta, gracias
al esplendor de que yo te había revestido - oráculo del Señor
Yahveh.
15 Pero tú te pagaste de
tu belleza, te aprovechaste de tu fama para prostituirte, prodigaste
tu lascivia a todo transeúnte entregándote a él.
16 Tomaste tus vestidos
para hacerte altos de ricos colores y te prostituiste en ellos.
17 Tomaste tus joyas de
oro y plata que yo te había dado y te hiciste imágenes de hombres
para prostituirte ante ellas.
18 Tomaste tus vestidos
recamados y las recubriste con ellos; y pusiste ante ellas mi aceite
y mi incienso.
19 El pan que yo te había
dado, la flor de harina, el aceite y la miel con que yo te
alimentaba, lo presentaste ante ellas como calmante aroma. Y sucedió
incluso - oráculo del Señor Yahveh -
20 que tomaste a tus hijos
y a tus hijas que me habías dado a luz y se los sacrificaste como
alimento. ¿Acaso no era suficiente tu prostitución,
21 que inmolaste también a
mis hijos y los entregaste haciéndoles pasar por el fuego en su
honor?
22 Y en medio de todas tus
abominaciones y tus prostituciones no te acordaste de los días de tu
juventud, cuando estabas completamente desnuda, agitándote en tu
sangre.
23 Y para colmo de maldad
- ¡ay, ay de ti!, oráculo del Señor Yahveh -
24 te construiste un
prostíbulo, te hiciste una altura en todas las plazas.
25 En la cabecera de todo
camino te construiste tu altura y allí contaminaste tu hermosura,
entregaste tu cuerpo a todo transeúnte y multiplicaste tus
prostituciones.
26 Te prostituiste a los
egipcios, tus vecinos, de cuerpos fornidos, y multiplicaste tus
prostituciones para irritarme.
27 Entonces yo levanté mi
mano contra ti. Disminuí tu ración y te entregué a la animosidad de
tus enemigas, las hijas de los filisteos, que se avergonzaban de la
infamia de tu conducta.
28 Y no harta todavía, te
prostituiste a los asirios; te prostituiste sin hartarte tampoco.
29 Luego, multiplicaste
tus prostituciones en el país de los mercaderes, en Caldea, y
tampoco esta vez quedaste harta.
30 ¡Oh, qué débil era tu
corazón - oráculo del Señor Yahveh - para cometer todas estas
acciones, dignas de una prostituta descarada!
31 Cuando te construías un
prostíbulo a la cabecera de todo camino, cuando te hacías una altura
en todas las plazas, despreciando el salario, no eras como la
prostituta.
32 La mujer adúltera, en
lugar de su marido, toma ajenos.
33 A toda prostituta se le
da un regalo. Tú, en cambio, dabas regalos a todos tus amantes, y
los atraías con mercedes para que vinieron a ti de los alrededores y
se prestasen a tus prostituciones.
34 Contigo ha pasado en
tus prostituciones al revés que con las otras mujeres; nadie andaba
solicitando detrás de ti; eras tú la que pagabas, y no se te pagaba:
¡ha sido al revés!
35 Pues bien, prostituta,
escucha la palabra de Yahveh.
36 Así dice el Señor
Yahveh: Por haber prodigado tu bronce y descubierto tu desnudez en
tus prostituciones con tus amantes y con todas tus abominables
basuras, por la sangre de tus hijos que les has dado,
37 por esto he aquí que yo
voy a reunir a todos los amantes a quienes complaciste, a todos los
que amaste y también a los que aborreciste; los voy a congregar de
todas partes contra ti, y descubriré tu desnudez delante de ellos,
para que vean toda tu desnudez.
38 Voy a aplicarte el
castigo de las mujeres adúlteras y de las que derraman sangre: te
entregaré al furor y a los celos,
39 te entregaré en sus
manos, ellos arrasarán tu prostíbulo y demolerán tus alturas, te
despojarán de tus vestidos, te arrancarán tus joyas y te dejarán
completamente desnuda.
40 Luego, incitarán a la
multitud contra ti, te lapidarán, te acribillarán con sus espadas,
41 prenderán fuego a tus
casas y harán justicia de ti, a la vista de una multitud de mujeres;
yo pondré fin a tus prostituciones, y no volverás a dar salario de
prostituta.
42 Desahogaré mi furor en
ti; luego mis celos se retirarán de ti, me apaciguaré y no me airaré
más.
43 Porque no te has
acordado de los días de tu juventud, y con todas estas cosas me has
provocado, he aquí que también yo por mi parte haré recaer tu
conducta sobre tu cabeza, oráculo del Señor Yahveh. Pues ¿no has
cometido infamia con todas tus abominaciones?
44 Mira, todos los autores
de proverbios harán uno a propósito de ti, diciendo: «Cual la madre,
tal la hija.»
45 Hija eres, sí, de tu
madre, que dejó de amar a sus maridos y a sus hijos, y hermana de
tus hermanas, que dejaron de amar a sus maridos y a sus hijos.
Vuestra madre era una hitita y vuestro padre un amorreo.
46 Tu hermana mayor es
Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas. Tu hermana menor
es Sodoma, que habita a tu derecha con sus hijas.
47 No has sido parca en
imitar su conducta y en cometer sus abominaciones; te has mostrado
más corrompida que ellas en toda tu conducta.
48 Por mi vida, oráculo
del Señor Yahveh, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como
habéis obrado vosotras, tú y tus hijas.
49 Este fue el crimen de
tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad, indolencia de la dulce vida
tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron al pobre y al indigente,
50 se enorgullecieron y
cometieron abominaciones ante mí: por eso las hice desaparecer, como
tú viste.
51 En cuanto a Samaria, ni
la mitad de tus pecados ha cometido. Tú has cometido muchas más
abominaciones que ellas y, al cometer tantas abominaciones, has
hecho parecer justas a tus hermanas.
52 Así, pues, carga con tu
ignominia por haber decidido el fallo en favor de tus hermanas: a
causa de los pecados que has cometido, mucho más abominables que los
suyos, ellas resultan ser más justas que tú. Avergüénzate, pues, y
carga con tu ignominia por hacer parecer justas a tus hermanas.
53 Yo las restableceré.
Restableceré a Sodoma y a sus hijas, restableceré a Samaria y a sus
hijas, y después te restableceré a ti en medio de ella,
54 a fin de que soportes
tu ignominia y te avergüences de todo lo que has hecho, para
consuelo de ellas.
55 Tu hermana Sodoma y sus
hijas serán restablecidas en su antiguo estado. Samaria y sus hijas
serán restablecidas en su antiguo estado. Tú y tus hijas seréis
restablecidas también en vuestro antiguo estado.
56 ¿No hiciste burla de tu
hermana Sodoma, el día de tu orgullo,
57 antes que fuese puesta
al descubierto tu desnudez? Como ella, eres tú ahora el blanco de
las burlas de las hijas de Edom y de todas las de los alrededores,
de las hijas de los filisteos, que por todas partes te agobian a
desprecios.
58 Tú misma soportas las
consecuencias de tu infamia y tus abominaciones, oráculo de Yahveh.
59 Pues así dice el Señor
Yahveh: Yo haré contigo como has hecho tú, que menospreciaste el
juramento, rompiendo la alianza.
60 Pero yo me acordaré de
mi alianza contigo en los días de tu juventud, y estableceré en tu
favor una alianza eterna.
61 Y tú te acordarás de tu
conducta y te avergonzarás de ella, cuando acojas a tus hermanas,
las mayores y las menores, y yo te las dé como hijas, si bien no en
virtud de tu alianza.
62 Yo mismo restableceré
mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahveh,
63 para que te acuerdes y
te avergüences y no oses más abrir la boca de vergüenza, cuando yo
te haya perdonado todo lo que has hecho, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 17
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, propón
un enigma, presenta una parábola a la casa de Israel.
3 Dirás: Así dice el Señor
Yahveh: El águila grande, de grandes alas, de enorme envergadura, de
espeso plumaje abigarrado, vino al Líbano y cortó la cima del cedro;
4 arrancó la punta más
alta de sus ramas, la llevó a un país de mercaderes y la colocó en
una ciudad de comerciantes.
5 Luego, tomó de la
semilla de la tierra y la puso en un campo de siembra; junto a una
corriente de agua abundante la colocó como un sauce.
6 Y brotó y se hizo una
vid desbordante, de pequeña talla, que volvió sus ramas hacia el
águila, mientras sus raíces estaban bajo ella. Se hizo una vid, echó
cepas y alargó sarmientos.
7 Había otra águila
grande, de grandes alas, de abundante plumaje, y he aquí que esta
vid tendió sus raíces hacia ella, hacia ella alargó sus ramas, para
que la regase desde el terreno donde estaba plantada.
8 En campo fértil, junto a
una corriente de agua abundante, estaba plantada, para echar ramaje
y dar fruto, para hacerse una vid magnífica.
9 Di: Así dice el Señor
Yahveh: ¿Le saldrá bien acaso? ¿No arrancará sus raíces el águila,
no cortará sus frutos, de suerte que se sequen todos los brotes
tiernos que eche, sin que sea menester brazo grande ni pueblo
numeroso para arrancarla de raíz?
10 Vedla ahí plantada,
¿prosperará tal vez? Al soplar el viento del este, ¿no se secará
totalmente? En el terreno en que brotó, se secará.
11 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
12 Di a esa casa de
rebeldía: ¿No sabéis lo que significa esto? Di: Mirad, el rey de
Babilonia vino a Jerusalén; tomó al rey y a los príncipes y los
llevó con él a Babilonia.
13 Escogió luego a uno de
estirpe real, concluyó un pacto con él y le hizo prestar juramento,
después de haberse llevado a los grandes del país,
14 a fin de que el reino
quedase modesto y sin ambición, para guardar su alianza y
mantenerla.
15 Pero este príncipe se
ha rebelado contra él enviando mensajeros a Egipto en busca de
caballos y tropas en gran número. ¿Le saldrá bien? ¿Se salvará el
que ha hecho esto? Ha roto el pacto ¡y va a salvarse!
16 Por mi vida, oráculo
del Señor Yahveh, que en el lugar del rey que le puso en el trono,
cuyo juramento despreció y cuyo pacto rompió, allí en medio de
Babilonia morirá.
17 Ni con su gran ejército
y sus numerosas tropas le salvará Faraón en la guerra, cuando se
levanten terraplenes y se hagan trincheras para exterminar muchas
vidas humanas.
18 Ha despreciado el
juramento, rompiendo el pacto; aun después de haber dado su mano, ha
hecho todo esto: ¡no tendrá remedio!
19 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Por mi vida que el juramento mío que ha despreciado,
mi alianza que ha roto, lo haré recaer sobre su cabeza.
20 Extenderé mi lazo sobre
él y quedará preso en mi red; le llevaré a Babilonia y allí le
pediré cuentas de la infidelidad que ha cometido contra mí.
21 Lo más selecto, entre
todas sus tropas, caerá a espada, y los que queden serán dispersados
a todos los vientos. Y sabréis que yo, Yahveh, he hablado.
22 Así dice el Señor
Yahveh: También yo tomaré de la copa del alto cedro, de la punta de
sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una montaña
elevada y excelsa:
23 en la alta montaña de
Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá fruto, y se hará un
cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda clase de pájaros, toda
clase de aves morarán a la sombra de sus ramas.
24 Y todos los árboles del
campo sabrán que yo, Yahveh, humillo al árbol elevado y elevo al
árbol humilde, hago secarse al árbol verde y reverdecer al árbol
seco. Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
Ezequiel 18
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 ¿Por qué andáis
repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: Los padres
comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera?
3 Por mi vida, oráculo del
Señor Yahveh, que no repetiréis más este proverbio en Israel.
4 Mirad: todas las vidas
son mías, la vida del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El
que peque es quien morirá.
5 El que es justo y
practica el derecho y la justicia,
6 no come en los montes ni
alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la
mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su impureza,
7 no oprime a nadie,
devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas, da su pan al
hambriento y viste al desnudo,
8 no presta con usura ni
cobra intereses, aparta su mano de la injusticia, dicta un juicio
honrado entre hombre y hombre,
9 se conduce según mis
preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un
hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor Yahveh.
10 Si éste engendra un
hijo violento y sanguinario, que hace alguna de estas cosas
11 que él mismo no había
hecho, un hijo que come en los montes, contamina a la mujer de su
prójimo,
12 oprime al pobre y al
indigente, comete rapiñas, no devuelve la prenda, alza sus ojos a
las basuras, comete abominación,
13 presta con usura y
cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno después de haber
cometido todas estas abominaciones; morirá sin remedio, y su sangre
recaerá sobre él.
14 Y si éste, a su vez,
engendra un hijo que ve todos los pecados que ha cometido su padre,
que los ve sin imitarlos,
15 que no come en los
montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no
contamina a la mujer de su prójimo,
16 no oprime a nadie, no
guarda la prenda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento, viste
al desnudo,
17 aparta su mano de la
injusticia, no presta con usura, ni cobra intereses, practica mis
normas y se conduce según mis preceptos, éste no morirá por la culpa
de su padre, vivirá sin duda.
18 Su padre, porque fue
violento, cometió rapiñas y no obró bien en medio de su pueblo, por
eso morirá a causa de su culpa.
19 Y vosotros decís: «¿Por
qué no carga el hijo con la culpa de su padre?» Pero el hijo ha
practicado el derecho y la justicia, ha observado todos mis
preceptos y los ha puesto en práctica: vivirá sin duda.
20 El que peque es quien
morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con
la culpa de su hijo: al justo se le imputará su justicia y al
malvado su maldad.
21 En cuanto al malvado,
si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis
preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no
morirá.
22 Ninguno de los crímenes
que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que
ha practicado.
23 ¿Acaso me complazco yo
en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh - y no más bien
en que se convierta de su conducta y viva?
24 Pero si el justo se
aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las
abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará
ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino
que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que
ha cometido, morirá.
25 Y vosotros decís: «No
es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿Que no
es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es
justo?
26 Si el justo se aparta
de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha
cometido muere.
27 Y si el malvado se
aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la
justicia, conservará su vida.
28 Ha abierto los ojos y
se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin
duda, no morirá.
29 Y sin embargo la casa
de Israel dice: «No es justo el proceder del Señor.» ¿Que mi
proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más bien vuestro
proceder el que no es justo?
30 Yo os juzgaré, pues, a
cada uno según su proceder, casa de Israel, oráculo del Señor
Yahveh. Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya
para vosotros más ocasión de culpa.
31 Descargaos de todos los
crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo y
un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?
32 Yo no me complazco en
la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh.
Convertíos y vivid.
Ezequiel 19
1 Y tú entona una elegía
sobre los príncipes de Israel.
2 Dirás: ¿Qué era tu
madre? Una leona entre leones. Echada entre los leoncillos, criaba a
sus cachorros.
3 Exaltó a uno de sus
cachorros, que se hizo un león joven; y aprendió a desgarrar su
presa, devoró hombres.
4 Oyeron hablar de él las
naciones, en su fosa quedó preso; con garfios le llevaron al país de
Egipto.
5 Vio ella que su espera
era fallida, fallida su esperanza; y tomo otro de sus cachorros, le
hizo un león joven.
6 Andaba éste entre los
leones, se hizo un león joven, aprendió a desgarrar su presa, devoró
hombres;
7 derribó sus palacios,
devastó sus ciudades; la tierra y sus habitantes estaban aterrados
por la voz de su rugido.
8 Se alzaron contra él las
naciones, las provincias circundantes; tendieron sobre él su red y
en su fosa quedó preso.
9 Con garfios le cerraron
en jaula, le llevaron al rey de Babilonia en calabozos le metieron,
para que no se oyese más su voz por los montes de Israel.
10 Tu madre se parecía a
una vid plantada a orillas de las aguas. Era fecunda, exuberante,
por la abundancia de agua.
11 Tenía ramas fuertes
para ser cetros reales; su talla se elevó hasta dentro de las nubes.
Era imponente por su altura, por su abundancia de ramaje.
12 Pero ha sido arrancada
con furor, tirada por tierra; el viento del este ha agostado su
fruto; ha sido rota, su rama fuerte se ha secado, la ha devorado el
fuego.
13 Y ahora está plantada
en el desierto, en tierra de sequía y de sed.
14 Ha salido fuego de su
rama, ha devorado sus sarmientos y su fruto. No volverá a tener su
rama fuerte, su cetro real. Esto es una elegía; y de elegía sirvió.
Ezequiel 20
1 El año séptimo, el día
diez del quinto mes, algunos de los ancianos de Israel vinieron a
consultar a Yahveh y se sentaron ante mí.
2 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
3 Hijo de hombre, habla a
los ancianos de Israel. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¿A
consultarme venís? Por mi vida, que no me dejaré consultar por
vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
4 ¿Vas a juzgarlos? ¿Vas a
juzgar, hijo de hombre? Hazles saber las abominaciones de sus
padres.
5 Les dirás: Así dice el
Señor Yahveh: El día que yo elegí a Israel, alcé mi mano hacia la
raza de la casa de Jacob, me manifesté a ellos en el país de Egipto,
y levanté mi mano hacia ellos diciendo: Yo soy Yahveh, vuestro
Dios.
6 Aquel día alcé mi mano
hacia ellos jurando sacarlos del país de Egipto hacia una tierra que
había explorado para ellos, que mana leche y miel, la más hermosa
de todas las tierras.
7 Y les dije: Arrojad cada
uno los monstruos que seducen vuestros ojos, no os contaminéis con
las basuras de Egipto; yo soy Yahveh, vuestro Dios.
8 Pero ellos se rebelaron
contra mí y no quisieron escucharme. Ninguno arrojó los monstruos
que seducían sus ojos; ninguno abandonó las basuras de Egipto. Pensé
entonces, derramar mi furor sobre ellos y desahogar en ellos mi
cólera, en medio del país de Egipto.
9 Pero tuve consideración
a mi nombre y procedí de modo que no fuese profanado a los ojos de
las naciones entre las que ellos se encontraban, y a la vista de las
cuales me había manifestado a ellos, sacándolos del país de Egipto.
10 Por eso, los saqué del
país de Egipto y los conduje al desierto.
11 Les di mis preceptos y
les di a conocer mis normas, por las que el hombre vive, si las pone
en práctica.
12 Y les di además mis
sábados como señal entre ellos y yo, para que supieran que yo soy
Yahveh, que los santifico.
13 Pero la casa de Israel
se rebeló contra mí en el desierto; no se condujeron según mis
preceptos, rechazaron mis normas por las que vive el hombre, si las
pone en práctica, y no hicieron más que profanar mis sábados.
Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos en el desierto, para
exterminarlos.
14 Pero tuve consideración
a mi nombre, y procedí de modo que no fuese profanado a los ojos de
las naciones, a la vista de las cuales los había sacado.
15 Y, una vez más alcé mi
mano hacia ellos en el desierto, jurando que no les dejaría entrar
en la tierra que les había dado, que mana leche y miel, la más
hermosa de todas las tierras.
16 Pues habían despreciado
mis normas, no se habían conducido según mis preceptos y habían
profanado mis sábados; porque su corazón se iba tras sus basuras.
17 Pero tuve una mirada de
piedad para no exterminarlos, y no acabé con ellos en el desierto.
18 Y dije a sus hijos en
el desierto: No sigáis las reglas de vuestros padres, no imitéis sus
normas, no os contaminéis con sus basuras.
19 Yo soy Yahveh, vuestro
Dios. Seguid mis preceptos, guardad mis normas y ponedlas en
práctica.
20 Santificad mis sábados;
que sean una señal entre yo y vosotros, para que se sepa que yo soy
Yahveh, vuestro Dios.
21 Pero los hijos se
rebelaron contra mí, no se condujeron según mis preceptos, no
guardaron ni pusieron en práctica mis normas, aquéllas por las que
vive el hombre, si las pone en práctica, y profanaron mis sábados.
Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos y desahogar en
ellos mi cólera, en el desierto.
22 Pero retiré mi mano y
tuve consideración a mi nombre, procediendo de modo que no fuese
profanado a los ojos de las naciones, a la vista de las cuales los
había sacado.
23 Pero una vez más alcé
mi mano hacia ellos, en el desierto, jurando dispersarlos entre las
naciones y esparcirlos por los países.
24 Porque no habían puesto
en práctica mis normas, habían despreciado mis preceptos y profanado
mis sábados, y sus ojos se habían ido tras las basuras de sus
padres.
25 E incluso llegué a
darles preceptos que no eran buenos y normas con las que no podrían
vivir,
26 y los contaminé con sus
propias ofrendas, haciendo que pasaran por el fuego a todo
primogénito, a fin de infundirles horror, para que supiesen que yo
soy Yahveh.
27 Por eso, hijo de
hombre, habla a la casa de Israel. Les dirás: Así dice el Señor
Yahveh: En esto todavía me ultrajaron vuestros padres siéndome
infieles.
28 Yo les conduje a la
tierra que, mano en alto, había jurado darles. Allí vieron toda
clase de colinas elevadas, toda suerte de árboles frondosos, y en
ellos ofrecieron sus sacrificios y presentaron sus ofrendas
provocadoras; allí depositaron el calmante aroma y derramaron sus
libaciones.
29 Y yo les dije: ¿Qué es
el alto adonde vosotros vais?; y se le puso el nombre de = Bamá =,
hasta el día de hoy.
30 Pues bien, di a la casa
de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Conque vosotros os contamináis
conduciéndoos como vuestros padres, prostituyéndoos detrás de sus
monstruos,
31 presentando vuestras
ofrendas, haciendo pasar a vuestros hijos por el fuego; os
contamináis con todas vuestras basuras, hasta el día de hoy, ¿y yo
voy a dejarme consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que no me dejaré consultar por vosotros.
32 Y no se realizará jamás
lo que se os pasa por la imaginación, cuando decís: «Seremos como
las naciones, como las tribus de los otros países, adoradores del
leño y de la piedra.»
33 Por mi vida, oráculo
del Señor Yahveh, que yo reinaré sobre vosotros, con mano fuerte y
tenso brazo, con furor derramado.
34 Os haré salir de entre
los pueblos y os reuniré de los países donde fuisteis dispersados,
con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado;
35 os conduciré al
desierto de los pueblos y allí os juzgaré cara a cara.
36 Como juzgué a vuestros
padres en el desierto de Egipto, así os juzgaré a vosotros, oráculo
del Señor Yahveh.
37 Os haré pasar bajo el
cayado y os haré entrar por el aro de la alianza;
38 separaré de vosotros a
los rebeldes, a los que se han rebelado contra mí: les haré salir
del país en que residen, pero no entrarán en la tierra de Israel, y
sabréis que yo soy Yahveh.
39 En cuanto a vosotros,
casa de Israel, así dice el Señor Yahveh: Que vaya cada uno a servir
a sus basuras; después, yo juro que me escucharéis y no profanaréis
más mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestras basuras.
40 Porque será en mi santa
montaña, en la alta montaña de Israel - oráculo del Señor Yahveh -
donde me servirá toda la casa de Israel, toda ella en esta tierra.
Allí los acogeré amorosamente y allí solicitaré vuestras ofrendas y
las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas santas.
41 Como calmante aroma yo
os acogeré amorosamente, cuando os haya hecho salir de entre los
pueblos, y os reúna de en medio de los países en los que habéis sido
dispersados; y por vosotros me mostraré santo a los ojos de las
naciones.
42 Sabréis que yo soy
Yahveh, cuando os conduzca al suelo de Israel, a la tierra que, mano
en alto, juré dar a vuestros padres.
43 Allí os acordaréis de
vuestra conducta y de todas las acciones con las que os habéis
contaminado, y cobraréis asco de vosotros mismos por todas las
maldades que habéis cometido.
44 Sabréis que yo soy
Yahveh, cuando actúe con vosotros por consideración a mi nombre, y
no con arreglo a vuestra mala conducta y a vuestras corrompidas
acciones, casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 21
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia el mediodía, destila tus palabras hacia el sur,
profetiza contra el bosque de la región del Négueb.
3 Dirás al bosque del
Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh: He
aquí que yo te prendo fuego, que devorará todo árbol verde y todo
árbol seco; será una llama que no se apagará, y arderá todo, desde
el Négueb hasta el Norte.
4 Todo el mundo verá que
yo, Yahveh, lo he encendido; y no se apagará.
5 - Yo dije: ¡Ah, Señor
Yahveh!, ésos andan diciendo de mí: «¿No es éste un charlatán de
parábolas?» -
6 Entonces, la palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
7 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia Jerusalén, destila tus palabras hacia su santuario y
profetiza contra la tierra de Israel.
8 Dirás a la tierra de
Israel: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti; voy a sacar
mi espada de la vaina y extirparé de ti al justo y al malvado.
9 Para extirpar de ti al
justo y al malvado va a salir mi espada de la vaina, contra toda
carne, desde el Négueb hasta el Norte.
10 Y todo el mundo sabrá
que yo, Yahveh, he sacado mi espada de la vaina; no será envainada.
11 Y tú, hijo de hombre,
lanza gemidos, con corazón quebrantado. Lleno de amargura, lanzarás
gemidos ante sus ojos.
12 Y si acaso te dicen:
«¿Por qué esos gemidos?», dirás: «Por causa de una noticia a cuya
llegada todos los corazones desfallecerán, desmayarán todos los
brazos, todos los espíritus se amilanarán, y todas las rodillas se
irán en agua. Ved que ya llega; es cosa hecha, oráculo del Señor
Yahveh.»
13 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
14 Hijo de hombre,
profetiza. Dirás: Así dice el Señor. Di: ¡Espada, espada! Afilada
está, bruñida.
15 Para la matanza está
afilada, para centellear está bruñida...
16 Se la ha hecho bruñir
para empuñarla; ha sido afilada la espada, ha sido bruñida para
ponerla en mano de matador.
17 Grita, da alaridos,
hijo de hombre, porque está destinada a mi pueblo, a todos los
príncipes de Israel destinados a la espada con mi pueblo. Por eso
golpéate el pecho,
18 pues la prueba está
hecha... oráculo del Señor Yahveh.
19 Y tú, hijo de hombre,
profetiza y bate palmas. ¡Golpee la espada dos, tres veces, la
espada de las víctimas, la espada de la gran víctima, que les
amenaza en torno!
20 A fin de que desmaye el
corazón y abunden las ocasiones de caída, en todas las puertas he
puesto yo matanza por la espada, hecha para centellear, bruñida para
la matanza.
21 ¡Toma un rumbo: a la
derecha, vuélvete a la izquierda, donde tus filos sean requeridos!
22 Yo también batiré
palmas, saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he hablado.
23 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
24 Y tú, hijo de hombre,
marca dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia,
que salgan los dos del mismo país, y marca una señalización, márcala
en la cabecera del camino de la ciudad;
25 trazarás el camino para
que venga la espada hacia Rabbá de los ammonitas y hacia Judá, a la
fortaleza de Jerusalén.
26 Porque el rey de
Babilonia se ha detenido en el cruce, en la cabecera de los dos
caminos, para consultar a la suerte. Ha sacudido las flechas, ha
interrogado a los terafim, ha observado el hígado.
27 En su mano derecha está
la suerte de Jerusalén: para situar arietes, dar la orden de
matanza, lanzar el grito de guerra, situar arietes contra las
puertas, levantar un terraplén, hacer trincheras.
28 Para ellos y a sus
ojos, no es más que un vano presagio: se les había dado un
juramento. Pero él recuerda las culpas por las que caerán presos.
29 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Por haber hecho recordar vuestras culpas, descubriendo
vuestros crímenes, haciendo aparecer vuestros pecados en todas
vuestras acciones, y porque así se os ha recordado, caeréis presos
en su mano.
30 En cuanto a ti, vil
criminal, príncipe de Israel, cuya hora ha llegado con la última
culpa,
31 así dice el Señor
Yahveh: La tiara se quitará, se depondrá la corona, todo será
transformado; lo humilde será elevado, lo elevado será humillado.
32 Ruina, ruina, ruina,
eso es lo que haré con él, como jamás la hubo, hasta que llegue
aquel a quien corresponde el juicio y a quien yo se lo entregaré.
33 Y tú, hijo de hombre,
profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh a los ammonitas y sus
burlas. Dirás: ¡La espada, la espada está desenvainada para la
matanza, bruñida para devorar, para centellear
34 - mientras se tienen
para ti visiones vanas, y para ti se presagia la mentira -, para
degollar a los viles criminales cuya hora ha llegado con la última
culpa!
35 Vuélvela a la vaina. En
el lugar donde fuiste creada, en tu tierra de origen, te juzgaré yo;
36 derramaré sobre ti mi
ira, soplaré contra ti el fuego de mi furia, y te entregaré en manos
de hombres bárbaros, agentes de destrucción.
37 Serás pasto del fuego,
tu sangre correrá en medio del país, no quedará de ti recuerdo
alguno, porque yo, Yahveh, he hablado.
Ezequiel 22
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Y tú, hijo de hombre,
¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la ciudad sanguinaria? Hazle
saber todas sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice el Señor
Yahveh: Ciudad que derramas sangre en medio de ti para que llegue tu
hora, que haces basuras en tu suelo para contaminarte,
4 por la sangre que
derramaste te has hecho culpable, con las basuras que hiciste te has
contaminado; has adelantado tu hora, ha llegado el término de tus
años. Por eso yo he hecho de ti la burla de las naciones y la
irrisión de todos los países.
5 Próximos y lejanos, se
reirán de ti, ciudad de nombre impuro, llena de desórdenes.
6 Ahí están dentro de ti
los príncipes de Israel, cada uno según su poder, sólo ocupados en
derramar sangre.
7 En ti se desprecia al
padre y a la madre, en ti se maltrata al forastero residente, en ti
se oprime al huérfano y a la viuda.
8 No tienes respeto a mis
cosas sagradas, profanas mis sábados.
9 Hay en ti gente que
calumnia para verter sangre. En ti se come en los montes, y se
comete infamia.
10 En ti se descubre la
desnudez del propio padre, en ti se hace violencia a la mujer en
estado de impureza.
11 Un comete abominación
con la mujer de su prójimo, el otro se contamina de manera infame
con su nuera, otro hace violencia a su hermana, la hija de su
propio padre;
12 en ti se acepta soborno
para derramar sangre; tomas a usura e interés, explotas a tu prójimo
con violencia, y te has olvidado de mí, oráculo del Señor Yahveh.
13 Mira, yo voy a batir
palmas a causa de los actos de pillaje que has cometido y de la
sangre que corre en medio de ti.
14 ¿Podrá tu corazón
resistir y tus manos seguir firmes el día en que yo actúe contra ti?
Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
15 Te dispersaré entre las
naciones, te esparciré por los países, borraré la impureza que hay
en medio de ti,
16 por ti misma te verás
profanada a los ojos de las naciones, y sabrás que yo soy Yahveh.
17 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de hombre, la casa
de Israel se me ha convertido en escoria; todos son cobre, estaño,
hierro, plomo, en medio de un horno; ¡escoria son!
19 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Por haberos convertido todos vosotros en escoria, por
eso voy a juntaros en medio de Jerusalén.
20 Como se pone junto
plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el horno, y se atiza el
fuego por debajo para fundirlo todo, así os juntaré yo en mi cólera
y mi furor; os pondré y os fundiré.
21 Os reuniré, atizaré
contra vosotros el fuego de mi furia, y os fundiré en medio de la
ciudad.
22 Como se funde la plata
en medio del horno, así seréis fundidos vosotros en medio de ella, y
sabréis que yo, Yahveh, he derramado mi furor sobre vosotros.
23 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
24 Hijo de hombre, dile:
Eres una tierra que no ha tenido lluvia ni inundación en el día de
la Ira;
25 los príncipes que en
ella residen son como un león rugiente que desgarra su presa. Han
devorado a la gente, se han apoderado de haciendas y joyas, han
multiplicado las viudas en medio de ella.
26 Sus sacerdotes han
violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no han hecho
diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a
distinguir entre lo puro y lo impuro; se han tapado los ojos para no
ver mis sábados, y yo he sido deshonrado en medio de ellos.
27 Sus jefes, en medio de
ella, son como lobos que desgarran su presa, que derraman sangre,
matando a las personas para robar sus bienes.
28 Sus profetas los han
recubierto de argamasa con sus vanas visiones y sus presagios
mentirosos, diciendo: «Así dice el Señor Yahveh», cuando Yahveh no
había hablado.
29 El pueblo de la tierra
ha hecho violencia y cometido pillaje, ha oprimido al pobre y al
indigente, ha maltratado al forastero sin ningún derecho.
30 He buscado entre ellos
alguno que construyera un muro y se mantuviera de pie en la brecha
ante mí, para proteger la tierra e impedir que yo la destruyera, y
no he encontrado a nadie.
31 Entonces he derramado
mi ira sobre ellos; en el fuego de mi furia los he exterminado: he
hecho caer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 23
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre: Había
dos mujeres, hijas de la misma madre.
3 Se prostituyeron en
Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí fueron palpados sus
pechos y acariciado su seno virginal.
4 Estos eran sus nombres:
Oholá, la mayor, y Oholibá, su hermana. Fueron mías y dieron a luz
hijos e hijas. Sus nombres: Oholá es Samaria; Oholibá, Jerusalén.
5 Oholá se prostituyó
cuando me pertenecía a mí; se enamoró perdidamente de sus amantes,
los asirios sus vecinos,
6 vestidos de púrpura,
gobernadores y prefectos, todos ellos jóvenes apuestos y hábiles
caballeros.
7 Les otorgó sus favores -
eran todos ellos la flor de los asirios - y, con todos aquellos de
los que se había enamorado, se contaminó al contacto de todas sus
basuras.
8 No cejó en sus
prostituciones comenzadas en Egipto, donde se habían acostado con
ella en su juventud, acariciando su seno virginal, y desahogando con
ella su lascivia.
9 Por eso yo la entregué
en manos de sus amantes, en manos de los asirios de los que se había
enamorado.
10 Estos descubrieron su
desnudez, se llevaron a sus hijos y sus hijas, y a ella misma la
mataron a espada. Vino así a ser ejemplo para las mujeres, porque se
había hecho justicia de ella.
11 Su hermana Oholibá vio
esto, pero su pasión y sus prostituciones fueron todavía más
escandalosas que las de su hermana.
12 Se enamoró de los
asirios, gobernadores y prefectos, vecinos suyos, magníficamente
vestidos, hábiles caballeros, y todos ellos jóvenes apuestos.
13 Yo vi que estaba
impura; la conducta era la misma para las dos,
14 pero ésta superó sus
prostituciones: vio hombres pintados en la pared, figuras de caldeos
pintadas con bermellón,
15 con cinto en las
caderas y amplios turbantes en sus cabezas, con aspecto de escuderos
todos ellos, que representaban a los babilonios, caldeos de origen,
16 y en cuanto los vio se
enamoró de ellos y les envió mensajeros a Caldea.
17 Los babilonios vinieron
donde ella, a compartir el lecho de los amores y a contaminarla con
su lascivia; y cuando se contaminó con ellos, su deseo se apartó de
ellos.
18 Dejó así al descubierto
sus prostituciones y su desnudez; y yo me aparté de ella como me
había apartado de su hermana.
19 Pero ésta multiplicó
sus prostituciones, acordándose de los días de su juventud, cuando
se prostituía en el país de Egipto,
20 y se enamoraba de
aquellos disolutos de carne de asnos y miembros de caballos.
21 Has renovado así la
inmoralidad de tu juventud, cuando en Egipto acariciaban tu busto
palpando tus pechos juveniles.
22 Pues bien, Oholibá, así
dice el Señor Yahveh: He aquí que yo suscito contra ti a todos tus
amantes, de los que te has apartado; los voy a traer contra ti de
todas partes,
23 a los babilonios y a
todos los caldeos, los de Pecod, de Soa y de Coa, y con ellos a
todos los asirios, jóvenes apuestos, gobernadores y prefectos,
todos ellos escuderos de título y hábiles caballeros;
24 y vendrán contra ti
desde el norte carros y carretas, con una asamblea de pueblos. Por
todas partes te opondrán el pavés, el escudo y el yelmo. Yo les daré
el encargo de juzgarte y te juzgarán conforme a su derecho.
25 Desencadenaré mis celos
contra ti, y te tratarán con furor, te arrancarán la nariz y las
orejas, y lo que quede de los tuyos caerá a espada; se llevarán a
tus hijos y a tus hijas, y lo que quede de los tuyos será devorado
por el fuego.
26 Te despojarán de tus
vestidos y se apoderarán de tus joyas.
27 Yo pondré fin a tu
inmoralidad y a tus prostituciones comenzadas en Egipto; no
levantarás más tus ojos hacia ellos, ni volverás a acordarte de
Egipto.
28 Porque así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo te entrego en manos de los que
detestas, en manos de aquellos de los que te has apartado.
29 Ellos te tratarán con
odio, se apoderarán de todo el fruto de tu trabajo y te dejarán
completamente desnuda. Así quedará al descubierto la vergüenza de
tus prostituciones. Tu inmoralidad y tus prostituciones
30 te han acarreado todo
esto, por haberte prostituido a las naciones, por haberte
contaminado con sus basuras.
31 Has imitado la conducta
de tu hermana, y yo pondré su cáliz en tu mano.
32 Así dice el Señor
Yahveh: Beberás el cáliz de tu hermana, cáliz ancho y profundo, que
servirá de burla e irrisión, tan grande es su cabida.
33 Te empaparás de
embriaguez y de aflicción. Cáliz de desolación y de angustia, el
cáliz de tu hermana Samaria.
34 Lo beberás, lo
apurarás; roerás hasta los cascotes, y te desgarrarás el seno.
Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
35 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Puesto que me has olvidado y me has arrojado a tus
espaldas, carga tú también con tu inmoralidad y tus prostituciones.
36 Después, Yahveh me
dijo: Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá y Oholibá? Repróchales
sus abominaciones.
37 Han cometido adulterio,
están ensangrentadas sus manos, han cometido adulterio con sus
basuras, y hasta a sus hijos, que me habían dado a luz, los han
hecho pasar por el fuego como alimento para ellas.
38 Han llegado a hacerme
hasta esto: han contaminado mi santuario en este día y han profanado
mis sábados;
39 después de haber
inmolado sus hijos a sus basuras, el mismo día, han entrado en mi
santuario para profanarlo. Esto es lo que han hecho en mi propia
casa.
40 Más aún, mandaron en
busca de hombres que vinieran de lejos, enviándoles un mensajero, y
cuando vinieron te bañaste, te pintaste los ojos y te pusiste las
joyas;
41 luego te reclinaste en
un espléndido diván, ante el cual estaba aderezada una mesa en la
que habías puesto mi incienso y mi aceite.
42 Se oía allí el ruido de
una turba indolente, por la multitud de hombres, de bebedores
traídos del desierto; ponían ellos brazaletes en las manos de ellas
y una corona preciosa en su cabeza.
43 Y yo decía de aquella
que estaba gastada de adulterios: Todavía sigue entregándose a sus
prostituciones,
44 y vienen donde ella,
como se viene donde una prostituta. Así han venido donde Oholá y
Oholibá, estas mujeres depravadas.
45 Pero hay hombres justos
que les aplicarán el juicio reservado a las adúlteras y a las que
derraman sangre, porque ellas son adúlteras y hay sangre en sus
manos.
46 Porque así dice el
Señor Yahveh: Convóquese contra ellas una asamblea para entregarlas
al terror y al pillaje,
47 y la asamblea las
matará a pedradas y las acribillará a golpes de espada; matarán a
sus hijos y a sus hijas, y prenderán fuego a sus casas.
48 Yo pondré fin a la
inmoralidad en esta tierra; todas las mujeres quedarán así avisadas
y no imitarán vuestra inmoralidad.
49 Se hará recaer sobre
vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis con los pecados cometidos
con vuestras basuras, y sabréis que yo soy el Señor Yahveh.
Ezequiel 24
1 El año noveno, el día
diez del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre, escribe
la fecha de hoy, de este mismo día, porque el rey de Babilonia se ha
lanzado sobre Jerusalén precisamente en este día.
3 Compón una parábola
sobre esta casa de rebeldía. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh:
Arrima la olla al fuego, arrímala, y echa agua en ella.
4 Amontona dentro trozos
de carne, todos los trozos buenos, pierna y espalda. Llénala de los
huesos mejores.
5 Toma lo mejor del ganado
menor. Apila en torno la leña debajo, hazla hervir a borbotones, de
modo que hasta los huesos se cuezan.
6 Porque así dice el Señor
Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla toda roñosa, cuya
herrumbre no se le va! ¡Vacíala trozo a trozo, sin echar suertes
sobre ella!
7 Porque su sangre está en
medio de ella, la ha esparcido sobre la roca desnuda, no la ha
derramado en la tierra recubriéndola de polvo.
8 Para que el furor
desborde, para tomar venganza, he puesto yo su sangre sobre roca
desnuda, para que no fuera recubierta.
9 Pues bien, así dice el
Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo voy a hacer
un gran montón de leña.
10 Apila bien la leña,
enciende el fuego, cuece la carne a punto, prepara las especias, que
los huesos se abrasen.
11 Y mantén la olla vacía
sobre las brasas, para que se caliente, se ponga al rojo el bronce,
se funda dentro de ella su suciedad, y su herrumbre se consuma.
12 Pero ni por el fuego se
va la herrumbre de la que está roñosa.
13 De la impureza de tu
inmoralidad he querido purificarte, pero tú no te has dejado
purificar de tu impureza. No serás, pues, purificada hasta que yo no
desahogue mi furor en ti.
14 Yo, Yahveh, he hablado,
y cumplo la palabra: no me retraeré, no tendré piedad ni me
compadeceré. Según tu conducta y según tus obras te juzgarán,
oráculo del Señor Yahveh.
15 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
16 «Hijo de hombre, mira,
voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos. Pero tú no te
lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima.
17 Suspira en silencio, no
hagas duelo de muertos; ciñe el turbante a tu cabeza, ponte tus
sandalias en los pies, no te cubras la barba, no comas pan
ordinario.»
18 Yo hablé al pueblo por
la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y al día siguiente por la
mañana hice como se me había ordenado.
19 El pueblo me dijo: «¿No
nos explicarás qué significado tiene para nosotros lo que estás
haciendo?»
20 Yo les dije: «La
palabra de Yahveh me ha sido dirigida en estos términos:
21 Di a la casa de Israel:
Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a profanar mi
santuario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de vuestros ojos,
pasión de vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras hijas que
habéis abandonado, caerán a espada.
22 Y vosotros haréis como
yo he hecho: no os cubriréis la barba, no comeréis pan ordinario,
23 seguiréis llevando
vuestros adornos en la cabeza y vuestras sandalias en los pies, no
os lamentaréis ni lloraréis. Os consumiréis a causa de vuestras
culpas y gemiréis los unos con los otros.
24 Ezequiel será para
vosotros un símbolo; haréis todo lo que él ha hecho. Y cuando esto
suceda, sabréis que yo soy el Señor Yahveh.»
25 Y tú, hijo de hombre,
el día en que yo les quite su apoyo, su alegre ornato, el encanto de
sus ojos, el anhelo de su alma, sus hijos y sus hijas,
26 ese día llegará donde
ti el fugitivo que traerá la noticia.
27 Aquel día se abrirá tu
boca para hablar al fugitivo; hablarás y ya no seguirás mudo; serás
un símbolo para ellos, y sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel 25
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia los ammonitas y profetiza contra ellos.
3 Dirás a los ammonitas:
Escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh: Por
haber dicho: «¡Ja, ja!» sobre mi santuario cuando era profanado,
sobre la tierra de Israel cuando era devastada y sobre la casa de
Judá cuando marchaba al destierro,
4 por eso, he aquí que yo
te entrego en posesión a los hijos de Oriente; emplazarán en ti sus
campamentos, y pondrán en ti sus tiendas; ellos comerán tus frutos
y ellos beberán tu leche.
5 Yo haré de Rabbá un
establo de camellos, y de las ciudades de Ammón un redil de ovejas.
Y sabréis que yo soy Yahveh.
6 Así dice el Señor
Yahveh: Por haber batido palmas y haber pataleado, por haberte
alegrado, con todo tu desprecio y animosidad, a costa de la tierra
de Israel,
7 por eso, he aquí que yo
extiendo mi mano contra ti y te entregaré al saqueo de las naciones,
te extirparé de entre los pueblos y te exterminaré de entre los
países. Te destruiré, y sabrás que yo soy Yahveh.
8 Así dice el Señor
Yahveh: Porque Moab y Seír han dicho: «Mirad, la casa de Judá es
igual que todas las naciones»,
9 por eso, he aquí que yo
voy a abrir las espaldas de Moab, y a destruir de un extremo al otro
sus ciudades, las joyas de ese país, Bet Hayesimot, Baal Meón,
Quiryatáyim.
10 A los hijos de Oriente,
además de los ammonitas, la entrego en posesión, para que no se
recuerde más entre las naciones.
11 Haré justicia de Moab,
y se sabrá que yo soy Yahveh.
12 Así dice el Señor
Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su venganza sobre la casa de Judá y
se ha hecho gravemente culpable al vengarse de ella,
13 por eso, así dice el
Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra Edom y extirparé de ella
hombres y bestias. La convertiré en desierto; desde Temán a Dedán
caerán a espada.
14 Pondré mi venganza
contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom según
mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es mi venganza, oráculo del
Señor Yahveh.
15 Así dice el Señor
Yahveh: Porque los filisteos han actuado vengativamente y han
ejecutado su venganza con desprecio y animosidad, tratando de
destruir a impulsos de un odio eterno,
16 por eso, así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo extiendo mi mano contra los filisteos;
extirparé a los kereteos y destruiré lo que queda en el litoral del
mar.
17 Ejecutaré contra ellos
terribles venganzas, furiosos escarmientos, y sabrán que yo soy
Yahveh, cuando les aplique mi venganza.
Ezequiel 26
1 El año undécimo, el día
primero del mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre, porque
Tiro ha dicho contra Jerusalén: «¡Ja, ja! ahí está rota, la puerta
de los pueblos; se vuelve hacia mí, su riqueza está en ruinas»,
3 por eso, así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Tiro. Voy a hacer subir contra
ti a naciones numerosas, como el mar hace subir sus olas.
4 Derruirán las murallas
de Tiro y abatirán sus torres. Yo barreré de ella hasta el polvo y
la dejaré como roca pelada.
5 Quedará, en medio del
mar, como un secadero de redes. Porque he hablado yo, oráculo del
Señor Yahveh. Tiro será presa propicia para las naciones.
6 Y sus hijas que están
tierra adentro serán muertas a espada. Y se sabrá que yo soy Yahveh.
7 Pues así dice el Señor
Yahveh: He aquí que yo traigo contra Tiro, por el norte, a
Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros
y jinetes y gran número de tropas.
8 A tus hijas que están
tierra adentro las matará a espada. Hará contra ti trincheras,
levantará contra ti un terraplén, alzará contra ti un testudo,
9 lanzará los golpes de su
ariete contra tus murallas, demolerá tus torres con sus máquinas.
10 Sus caballos son tan
numerosos que su polvo te cubrirá. Al estrépito de su caballería, de
sus carros y carretas, trepidarán tus murallas cuando entre él por
tus puertas, como se entra en una ciudad, brecha abierta.
11 Con los cascos de sus
caballos hollará todas tus calles, a tu pueblo pasará a cuchillo, y
tus grandiosas estelas se desplomarán en tierra.
12 Se llevarán como botín
tus riquezas, saquearán tus mercancías, destruirán tus murallas,
demolerán tus casas suntuosas. Tus piedras, tus vigas y tus
escombros los echarán al fondo de las aguas.
13 Yo haré cesar la
armonía de tus canciones, y no se volverá a oír el son de tus
cítaras.
14 Te convertiré en roca
pelada, quedarás como secadero de redes; no volverás a ser
reconstruida, porque yo, Yahveh, he hablado, oráculo del Señor
Yahveh.
15 Así dice el Señor
Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída, cuando giman las víctimas,
cuando hierva la carnicería en medio de ti, ¿no temblarán las islas?
16 Bajarán de sus tronos
todos los príncipes del mar, se quitarán sus mantos, dejarán sus
vestidos recamados. Se vestirán de pavores, se sentarán en tierra,
sin tregua temblarán y quedarán pasmados por ti.
17 Entonarán por ti una
elegía y te dirán: ¡Ah! ahí estás destruida, desaparecida de los
mares, la ciudad famosa, que fue poderosa en el mar, con tus
habitantes, los que infundían el terror en todo el continente.
18 Ahora tiemblan las
islas en el día de tu caída, las islas del mar están aterradas de tu
fin.
19 Porque así dice el
Señor Yahveh: Cuando yo te convierta en una ciudad en ruinas como
las ciudades despobladas, cuando yo empuje sobre ti el océano, y te
cubran las muchas aguas,
20 entonces te precipitaré
con los que bajan a la fosa, con el pueblo de antaño; te haré
habitar en los infiernos, como las ruinas de antaño, con los que
bajan a la fosa, para que no vuelvas a ser restablecida en la tierra
de los vivos.
21 Haré de ti un objeto de
espanto, y no existirás más. Se te buscará y no se te encontrará
jamás, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 27
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Y tú, hijo de hombre,
entona una elegía sobre Tiro.
3 Dirás a Tiro, la ciudad
sentada a la entrada del mar, centro del tráfico de los pueblos
hacia islas sin cuento: Así dice el Señor Yahveh: Tiro, tú decías:
Yo soy un navío de perfecta hermosura.
4 En el corazón de los
mares estaban tus fronteras. Tus fundadores hicieron perfecta tu
hermosura.
5 Con cipreses de Senir te
construyeron todas tus planchas. Del Líbano tomaron un cedro para
erigirte un mástil.
6 De las encinas de Basán
hicieron tus remos. El puente te lo hicieron de marfil incrustado en
cedro de las islas de Kittim.
7 De lino recamado de
Egipto era tu vela que te servía de enseña. Púrpura y escarlata de
las islas de Elisá formaban tu toldo.
8 Los habitantes de Sidón
y de Arvad eran tus remeros. Y tus sabios, Tiro, iban a bordo como
timoneles.
9 En ti estaban los
ancianos de Guebal y sus artesanos para reparar tus averías. Todas
las naves del mar y sus marineros estaban contigo para asegurar tu
comercio.
10 Los de Persia, de Lud y
de Put servían en tu ejército como hombres de guerra; suspendían en
ti el escudo y el yelmo, te daban esplendor.
11 Los hijos de Arvad, con
tu ejército, guarnecían por todas partes tus murallas, y los
gammadeos tus torres. Suspendían sus escudos en tus murallas, todo
alrededor, y hacían perfecta tu hermosura.
12 Tarsis era cliente
tuya, por la abundancia de toda riqueza: plata, hierro, estaño y
plomo daba por tus mercancías.
13 Yaván, Túbal y Mések
traficaban contigo: te daban a cambio hombres y utensilios de
bronce.
14 Los de Bet Togarmá
daban por tus mercancías caballos de tiro y de silla, y mulos.
15 Los hijos de Rodán
traficaban contigo; numerosas islas eran clientes tuyas; te pagaban
con colmillos de marfil y madera de ébano.
16 Edom era cliente tuyo
por la abundancia de tus productos: daba por tus mercancías
malaquita, púrpura, recamados, batista, coral y rubíes.
17 Judá y la tierra de
Israel traficaban también contigo: te daban a cambio trigo de
Minnit, pannag, miel, aceite y resina.
18 Damasco era cliente
tuya por la abundancia de tus productos; gracias a la abundancia de
toda riqueza, te proveía de vino de Jelbón y lana de Sajar.
19 Dan y Yaván, desde
Uzal, daban por tus mercancías hierro forjado, canela y caña.
20 Dedán traficaba contigo
en sillas de montar.
21 Arabia y todos los
príncipes de Quedar eran también tus clientes: pagaban con corderos,
carneros y machos cabríos.
22 Los mercaderes de Sabá
y de Ramá traficaban contigo: aromas de primera calidad y toda clase
de piedras preciosas y oro daban por tus mercancías.
23 Jarán, Kanné y Edén,
los mercaderes de Sabá, de Asur y de Kilmad traficaban contigo.
24 Traían a tu mercado
vestidos de lujo, mantos de púrpura y brocado, tapices multicolores
y maromas trenzadas.
25 Las naves de Tarsis
formaban tu flota comercial. Estabas repleta y pesada en el corazón
de los mares.
26 A alta mar te
condujeron los que a remo te llevaban. El viento de oriente te ha
quebrado en el corazón de los mares.
27 Tus riquezas, tus
mercancías y tus fletes, tus marineros y tus timoneles, tus
calafates, tus agentes comerciales, todos los guerreros que llevas,
toda la tripulación que transportas, se hundirán en el corazón de
los mares el día de tu naufragio.
28 Al oír los gritos de
tus marinos, se asustarán las costas.
29 Entonces desembarcarán
de sus naves todos los remeros. Los marineros, todos los hombres de
mar, se quedarán en tierra.
30 Lanzarán su clamor por
ti, gritarán amargamente. Se echarán polvo en la cabeza, se
revolcarán en la ceniza;
31 se raparán el pelo por
tu causa, se ceñirán de sayal. Llorarán por ti, en la amargura de su
alma, con amargo lamento.
32 Entonarán por ti, en su
duelo, una elegía, harán por ti esta lamentación: «¿Quién era
semejante a Tiro en medio del mar?
33 Cuando tus mercancías
se desembarcaban, saciabas a muchos pueblos; con la abundancia de
tus riquezas y productos enriquecías a los reyes de la tierra.
34 Mas ahora estás ahí
quebrada por los mares en las honduras de las aguas. Tu carga y toda
tu tripulación se han hundido contigo.
35 Todos los habitantes de
las islas están pasmados por tu causa. Sus reyes están estremecidos
de terror, descompuesto su rostro.
36 Los mercaderes de los
pueblos silban sobre ti, porque te has convertido en objeto de
espanto, y has desaparecido para siempre.»
Ezequiel 28
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, di al
príncipe de Tiro: Así dice el Señor Yahveh: ¡Oh!, tu corazón se ha
engreído y has dicho: «Soy un dios, estoy sentado en un trono
divino, en el corazón de los mares.» Tú que eres un hombre y no un
dios, equiparas tu corazón al corazón de Dios.
3 ¡Oh sí, eres más sabio
que Danel! Ningún sabio es semejante a ti.
4 Con tu sabiduría y tu
inteligencia te has hecho una fortuna, has amontonado oro y plata en
tus tesoros.
5 Por tu gran sabiduría y
tu comercio has multiplicado tu fortuna, y por su fortuna se ha
engreído tu corazón.
6 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Porque has equiparado tu corazón al corazón de Dios,
7 por eso, he aquí que yo
traigo contra ti extranjeros, los más bárbaros entre las naciones.
Desenvainarán la espada contra tu linda sabiduría, y profanarán tu
esplendor;
8 te precipitarán en la
fosa, y morirás de muerte violenta en el corazón de los mares.
9 ¿Podrás decir aún: «Soy
un dios», ante tus verdugos? Pero serás un hombre, que no un dios,
entre las manos de los que te traspasen.
10 Tendrás la muerte de
los incircuncisos, a manos de extranjeros. Porque he hablado yo,
oráculo del Señor Yahveh.
11 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
12 Hijo de hombre, entona
una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh:
Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en
belleza.
13 En Edén estabas, en el
jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto:
rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro,
malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes
que llevabas, aderezados desde el día de tu creación.
14 Querubín protector de
alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de
Dios, caminabas entre piedras de fuego.
15 Fuiste perfecto en su
conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló
en ti iniquidad.
16 Por la amplitud de tu
comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo
te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín
protector, de en medio de las piedras de fuego.
17 Tu corazón se ha pagado
de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu
esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como
espectáculo a los reyes.
18 Por la multitud de tus
culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus
santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado;
te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que
te miraban.
19 Todos los pueblos que
te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has
desaparecido para siempre.
20 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
21 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia Sidón y profetiza contra ella.
22 Dirás: Así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Sidón; en medio de ti seré
glorificado. Se sabrá que yo soy Yahveh, cuando yo haga justicia de
ella y manifieste en ella mi santidad.
23 Mandaré contra ella la
peste, habrá sangre en sus calles; las víctimas caerán en medio de
ella, bajo la espada que la cercará por todas partes, y se sabrá que
yo soy Yahveh.
24 No habrá más, para la
casa de Israel, espina que punce ni zarza que lacere, entre todos
sus vecinos que la desprecian, y se sabrá que yo soy el Señor
Yahveh.
25 Así dice el Señor
Yahveh: Cuando yo reúna a la casa de Israel de en medio de los
pueblos donde está dispersa, manifestaré en ellos mi santidad a los
ojos de las naciones. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo
Jacob;
26 habitarán allí con
seguridad, construirán casas y plantarán viñas; vivirán seguros.
Cuando yo haga justicia de todos sus vecinos que los desprecian, se
sabrá que yo soy Yahveh su Dios.
Ezequiel 29
1 El año décimo, el día
doce del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y
contra todo Egipto.
3 Habla y di: Así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, gran
cocodrilo, recostado en medio de sus Nilos, tú que has dicho: «Mi
Nilo es mío. yo mismo lo he hecho.»
4 Voy a ponerte garfios en
las quijadas, pegaré a tus escamas los peces de tus Nilos, te sacaré
fuera de tus Nilos, con todos los peces de tus Nilos, pegados a tus
escamas.
5 Te arrojaré al desierto,
a ti y a todos los peces de tus Nilos. En la haz del campo caerás,
no serás recogido ni enterrado. A las bestias de la tierra y a las
aves del cielo te entregaré como pasto,
6 y sabrán todos los
habitantes de Egipto que yo soy Yahveh. Porque has sido un apoyo de
caña para la casa de Israel;
7 cuando ellos te
agarraban, te rompías en sus manos y desgarrabas toda su palma;
cuando se apoyaban en tí, te hacías pedazos y hacías vacilar todos
los riñones.
8 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra ti la espada, para
extirpar de ti hombres y bestias.
9 El país de Egipto se
convertirá en desolación y ruina, y se sabrá que yo soy Yahveh. Por
haber dicho: «El Nilo es mío, yo mismo lo he hecho»,
10 por eso, aquí estoy yo
contra ti y contra tus Nilos. Convertiré el país de Egipto en
ruinas, devastación y desolación, desde Migdol hasta Siene y hasta
la frontera de Etiopía.
11 No pasará por él pie de
hombre, pie de animal no pasará por él. Quedará deshabitado durante
cuarenta años.
12 Yo haré del país de
Egipto una desolación en medio de países desolados; sus ciudades
serán una desolación entre ciudades en ruinas, durante cuarenta
años. Dispersaré a los egipcios entre las naciones y los esparciré
por los países.
13 Porque así dice el
Señor Yahveh: Al cabo de cuarenta años, reuniré a los habitantes de
Egipto de entre los pueblos en los que habían sido dispersados.
14 Recogeré a los cautivos
egipcios y los haré volver al país de Patrós, su país de origen.
Allí formarán un reino modesto.
15 Egipto será el más
modesto de los reinos y no se alzará más sobre las naciones; le haré
pequeño para que no vuelva a imponerse a las naciones.
16 No volverá a ser para
la casa de Israel apoyo de su confianza, que provoque el delito de
irse en pos de él. Y se sabrá que yo soy el Señor Yahveh.
17 El año veintisiete, el
día uno del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en
estos términos:
18 Hijo de hombre,
Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha emprendido con su ejército
grandes movimientos contra Tiro. Todas las cabezas han quedado
peladas y todas las espaldas llagadas, pero no ha obtenido de Tiro,
ni para sí ni para su ejército, ningún provecho de la empresa
acometida contra ella.
19 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo entrego a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, el país de Egipto. El saqueará sus riquezas, se apoderará
de sus despojos y se llevará su botín, que será la paga de su
ejército.
20 En compensación de su
esfuerzo contra Tiro, yo le entrego el país de Egipto, porque han
trabajado para mí, oráculo del Señor Yahveh.
21 Aquel día yo haré
brotar un cuerno a la casa de Israel, y a ti te permitiré abrir la
boca en medio de ellos. Y sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel 30
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh: Gemid: «¡Ah, el día
aquel!»
3 Porque está cercano el
día, está cercano el día de Yahveh, día cargado de nubarrones, la
hora de las naciones será.
4 Vendrá la espada sobre
Egipto, cundirá el pánico en Kus, cuando las víctimas caigan en
Egipto, cuando sean saqueadas sus riquezas y sus cimientos
derruidos.
5 Kus, Put y Lud, toda
Arabia y Kub, y los hijos del país de la alianza, caerán con ellos a
espada.
6 Así dice Yahveh: Caerán
los apoyos de Egipto, se desplomará el orgullo de su fuerza; desde
Migdol a Siene, caerán todos a espada, oráculo del Señor Yahveh.
7 Quedarán desolados entre
los países desolados, y sus ciudades estarán entre las ciudades en
ruinas.
8 Sabrán que yo soy
Yahveh, cuando prenda fuego a Egipto, y se rompan todos sus apoyos.
9 Aquel día saldrán de mi
presencia mensajeros en navíos a sembrar el terror en Kus que se
cree segura. Cundirá el pánico entre sus habitantes, en el día de
Egipto, vedle aquí que llega.
10 Así dice el Señor
Yahveh: Yo pondré fin a la multitud de Egipto, por mano de
Nabucodonosor, rey de Babilonia.
11 El, y su pueblo con él,
la más bárbara de las naciones, serán enviados a asolar el país.
Desenvainarán la espada contra Egipto, y llenarán el país de
víctimas.
12 Yo dejaré secos los
Nilos, y venderé el país en manos de malvados. Devastaré el país y
todo lo que encierra, por mano de extranjeros. Yo, Yahveh, he
hablado.
13 Así dice el Señor
Yahveh: Haré desaparecer las basuras, y pondré fin a los falsos
dioses de Nof. No habrá más príncipes en Egipto, y yo sembraré el
terror en el país de Egipto.
14 Devastaré Patrós,
prenderé fuego a Soán, haré justicia de No.
15 Derramaré mi furor en
Sin, la fortaleza de Egipto, exterminaré la multitud de No.
16 Prenderé fuego a
Egipto. Sin se retorcerá de dolor, en No se abrirá brecha y cundirán
las aguas.
17 Los jóvenes de On y de
Pi Béset caerán a espada, y las ciudades mismas partirán al
cautiverio.
18 En Tafnis el día se
convertirá en tinieblas cuando yo quiebre allí el yugo de Egipto y
se acabe el orgullo de su fuerza. A ella le cubrirá un nubarrón, y
sus hijas partirán al cautiverio.
19 Así haré justicia de
Egipto, y se sabrá que yo soy Yahveh.
20 El año undécimo, el día
siete del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
21 Hijo de hombre, yo he
roto el brazo de Faraón, rey de Egipto, y he aquí que nadie ha
curado su herida aplicándole medicamentos y vendas para curarle, de
modo que recobre el vigor para empuñar la espada.
22 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra Faraón, rey de Egipto; quebraré
sus brazos, el que está sano y el que está roto, y haré que la
espada caiga de su mano.
23 Dispersaré a Egipto
entre las naciones, lo esparciré por los países.
24 Robusteceré los brazos
del rey de Babilonia, pondré mi espada en su mano y romperé los
brazos de Faraón, que lanzará ante él gemidos de víctima.
25 Robusteceré los brazos
del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón desmayarán. Y se sabrá
que yo soy Yahveh, cuando pongo mi espada en la mano del rey de
Babilonia y él la esgrima contra el país de Egipto.
26 Dispersaré a Egipto
entre las naciones, lo esparciré por los países; y se sabrá que yo
soy Yahveh.
Ezequiel 31
1 El año undécimo, el día
uno del tercer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre, di a
Faraón, rey de Egipto, y a la multitud de sus súbditos: ¿A quién
compararte en tu grandeza?
3 Mira: a un cedro del
Líbano de espléndido ramaje, de fronda de amplia sombra y de elevada
talla. Entre las nubes despuntaba su copa.
4 Las aguas le hicieron
crecer, el abismo le hizo subir, derramando sus aguas en torno a su
plantación, enviando sus acequias a todos los árboles del campo.
5 Por eso su tronco
superaba en altura a todos los árboles del campo, sus ramas se
multiplicaban, se alargaba su ramaje, por la abundancia de agua que
le hacía crecer.
6 En sus ramas anidaban
todos los pájaros del cielo, bajo su fronda parían todas las bestias
del campo, a su sombra se sentaban naciones numerosas.
7 Era hermoso en su
grandeza, en su despliegue de ramaje, porque sus raíces se alargaban
hacia aguas abundantes.
8 No le igualaban los
demás cedros en el jardín de Dios, los cipreses no podían competir
con su ramaje, los plátanos no tenían ramas como las suyas. Ningún
árbol, en el jardín de Dios, le igualaba en belleza.
9 Yo le había embellecido
con follaje abundante, y le envidiaban todos los árboles de Edén,
los del jardín de Dios.
10 Pues bien, así dice el
Señor Yahveh: Por haber exagerado su talla, levantando su copa por
entre las nubes, y haberse engreído su corazón de su altura,
11 yo le he entregado en
manos del conductor de las naciones, para que le trate conforme a su
maldad; ¡le he desechado!
12 Extranjeros, los más
bárbaros entre las naciones, lo han talado y lo han abandonado. En
los montes y por todos los valles yace su ramaje; sus ramas están
destrozadas por todos los barrancos del país; toda la población del
país se ha retirado de su sombra y lo ha abandonado.
13 Sobre sus despojos se
han posado todos los pájaros del cielo, a sus ramas han venido todas
las bestias del campo.
14 Ha sido para que ningún
árbol plantado junto a las aguas se engría de su talla, ni levante
su copa por entre las nubes, y para que ningún árbol bien regado se
estire hacia ellas con su altura. ¡Porque todos ellos están
destinados a la muerte, a los infiernos, como el común de los
hombres, como los que bajan a la fosa!
15 Así dice el Señor
Yahveh: El día que bajó al seol, en señal de duelo yo cerré sobre él
el abismo, detuve sus ríos, y las aguas abundantes cesaron; por
causa de él llené de sombra el Líbano, y todos los árboles del campo
se amustiaron por él.
16 Hice temblar a las
naciones por el estrépito de su caída, cuando le precipité en el
seol, con los que bajan a la fosa. En los infiernos se consolaron
todos los árboles de Edén, lo más selecto y más bello del Líbano,
regados todos por las aguas.
17 Y al mismo tiempo que
él, bajaron al seol, donde las víctimas de la espada, los que eran
su brazo y moraban a su sombra en medio de las naciones.
18 ¿A quién eras
comparable en gloria y en grandeza, entre los árboles de Edén? Sin
embargo has sido precipitado, con los árboles de Edén, en los
infiernos; en medio de incircuncisos yaces, con las víctimas de la
espada: ése es Faraón y toda su multitud, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 32
1 El año duodécimo, el día
uno del duodécimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre, entona
una elegía sobre Faraón, rey de Egipto. Le dirás: Leoncillo de las
naciones, estás perdido. Eras como un cocodrilo en los mares,
chapoteabas en tus ríos, enturbiabas el agua con tus patas, agitabas
su corriente.
3 Así dice el Señor
Yahveh: Yo echaré sobre ti mi red entre una asamblea de pueblos
numerosos, en mi red te sacarán.
4 Te dejaré abandonado por
tierra, te tiraré sobre la haz del campo, haré que se posen sobre ti
todos los pájaros del cielo, hartaré de ti a todas las bestias de la
tierra.
5 Echaré tu carne por los
montes, de tu carroña llenaré los valles.
6 Regaré el país con tus
despojos, con tu sangre, sobre los montes, y los barrancos se
llenarán de ti.
7 Cuando te extingas,
velaré los cielos y oscureceré las estrellas. Cubriré el sol de
nubes y la luna no dará más su claridad.
8 Oscureceré por tu causa
todos los astros que brillan en el cielo, y traeré tinieblas sobre
tu país, oráculo del Señor Yahveh.
9 Entristeceré el corazón
de muchos pueblos cuando haga llegar la noticia de tu ruina entre
las naciones, hasta países que no conoces.
10 Dejaré pasmados por ti
a muchos pueblos, y sus reyes se estremecerán de horror por tu
causa, cuando yo blanda mi espada ante ellos. Temblarán sin tregua,
cada uno por su vida, el día de tu caída.
11 Porque así dice el
Señor Yahveh: La espada del rey de Babilonia caerá sobre ti.
12 Abatiré la multitud de
tus súbditos, por la espada de guerreros, todos ellos los más
bárbaros de las naciones; arrasarán el orgullo de Egipto y toda su
multitud será exterminada.
13 Y haré perecer a todo
tu ganado, junto a las aguas abundantes. No las enturbiará más pie
de hombre, no volverá a enturbiarlas pezuña de animal.
14 Entonces yo amansaré
sus aguas, haré correr sus ríos como aceite, oráculo del Señor
Yahveh.
15 Cuando yo convierta a
Egipto en desolación, y el país sea despojado de cuanto contiene,
cuando hiera a todos los que lo habitan, sabrán que yo soy Yahveh.
16 Una elegía es ésta, que
cantarán las hijas de las naciones. La cantarán sobre Egipto y sobre
toda su multitud. Cantarán esta elegía, oráculo del Señor Yahveh.
17 El año duodécimo, el
quince del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
18 Hijo de hombre, haz una
lamentación sobre la multitud de Egipto, hazle bajar, a él y a las
hijas de las naciones, majestuosas, a los infiernos, con los que
bajan a la fosa.
19 ¿A quién superas en
belleza? Baja, acuéstate con los incircuncisos.
20 En medio de las
víctimas de la espada caen (la espada ha sido entregada, la han
sacado) él y todas sus multitudes.
21 Le hablan de en medio
del seol los más esclarecidos héroes, con sus auxiliares: «Han
bajado, yacen ya los incircuncisos, víctimas de la espada».
22 Allí está Asur y toda
su asamblea con sus sepulcros en torno a él, todos caídos, víctimas
de la espada;
23 sus sepulcros han sido
puestos en las profundidades de la fosa, y su asamblea está en torno
a su sepulcro, todos caídos víctimas de la espada, los que
sembraban el pánico en la tierra de los vivos.
24 Allí está Elam con toda
su multitud en torno a su sepulcro; todos caídos víctimas de la
espada, han bajado, incircuncisos, a los infiernos, ellos que
sembraban el pánico en la tierra de los vivos. Soportan su ignominia
con los que bajan a la fosa.
25 En medio de estas
víctimas se le ha preparado un lecho, entre toda su multitud con sus
sepulcros en torno a él; todos ellos incircuncisos, víctimas de la
espada, por haber sembrado el pánico en la tierra de los vivos;
soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. Se les ha puesto
en medio de estas víctimas.
26 Allí están Mesek, Túbal
y toda su multitud con sus sepulcros en torno a él, todos
incircuncisos, atravesados por la espada, por haber sembrado el
pánico en la tierra de los vivos.
27 No yacen con los héroes
caídos de antaño, aquellos que bajaron al seol con sus armas de
guerra, a los que se les ha puesto la espada bajo su cabeza y los
escudos sobre sus huesos, porque el pánico de los héroes cundía en
la tierra de los vivos.
28 Pero tú serás
quebrantado en medio de incircuncisos y yacerás con las víctimas de
la espada.
29 Allí está Edom, sus
reyes y todos sus príncipes, que fueron puestos, a pesar de su
prepotencia, entre las víctimas de la espada. Yacen entre
incircuncisos, con los que bajan a la fosa.
30 Allí están todos los
príncipes del norte, todos los sidonios, que bajaron con las
víctimas, a pesar del pánico que sembraba su prepotencia.
Confundidos, yacen, incircuncisos, entre las víctimas de la espada,
y soportan su ignominia con los que bajan a la fosa.
31 Faraón los verá y se
consolará a la vista de toda esa multitud, víctima de la espada,
Faraón y todo su ejército, oráculo del Señor Yahveh.
32 Porque había sembrado
el pánico en la tierra de los vivos, será tendido en medio de
incircuncisos, con las víctimas de la espada: Faraón y toda su
multitud, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 33
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, habla a
los hijos de tu pueblo. Les dirás: Si yo hago venir la espada sobre
un país, y la gente de ese país escoge a uno de los suyos y le ponen
como centinela;
3 y éste, al ver venir la
espada sobre el país, toca el cuerno para advertir al pueblo:
4 si resulta que alguien
oye bien el sonido del cuerno, pero no hace caso, de suerte que la
espada sobreviene y le mata, la sangre de este hombre recaerá sobre
su propia cabeza.
5 Ha oído el sonido del
cuerno y no ha hecho caso: su sangre recaerá sobre él. En cambio, el
que haya hecho caso, salvará su vida.
6 Si, por el contrario, el
centinela ve venir la espada y no toca el cuerno, de suerte que el
pueblo no es advertido, y la espada sobreviene y mata a alguno de
ellos, perecerá éste por su culpa, pero de su sangre yo pediré
cuentas al centinela.
7 A ti, también, hijo de
hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas
una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
8 Si yo digo al malvado:
«Malvado, vas a morir sin remedio», y tú no le hablas para advertir
al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por su
culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
9 Si por el contrario
adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se
convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás
salvado tu vida.
10 Y tú, hijo de hombre,
di a la casa de Israel: Vosotros andáis diciendo: «Nuestros crímenes
y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por causa de ellos nos
consumimos. ¿Cómo podremos vivir?»
11 Diles: «Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del
malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva.
Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de
morir, casa de Israel?»
12 Y tú, hijo de hombre,
di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no le salvará el
día de su perversión, ni la maldad del malvado le hará sucumbir el
día en que se aparte de su maldad. Pero tampoco el justo vivirá en
virtud de su justicia el día en que peque.
13 Si yo digo al justo:
«Vivirás», pero él, fiándose de su justicia, comete la injusticia,
no quedará memoria de toda su justicia, sino que morirá por la
injusticia que cometió.
14 Y si digo al malvado:
«Vas a morir», y él se aparta de pecado y practica el derecho y la
justicia,
15 si devuelve la prenda,
restituye lo que robó, observa los preceptos que dan la vida y deja
de cometer injusticia, vivirá ciertamente, no morirá.
16 Ninguno de los pecados
que cometió se le recordará más: ha observado el derecho y la
justicia; ciertamente vivirá.
17 Y los hijos de tu
pueblo dicen: «No es justo el proceder del Señor.» El proceder de
ellos es el que no es justo.
18 Cuando el justo se
aparta de su justicia para cometer injusticia, muere por ello.
19 Y cuando el malvado se
aparta de su maldad y observa el derecho y la justicia, vive por
ello.
20 Y vosotros decís: «No
es justo el proceder del Señor.» Yo os juzgaré, a cada uno según su
conducta, casa de Israel.
21 El año duodécimo, el
día cinco del décimo mes de nuestra cautividad, llegó donde mí el
fugitivo de Jerusalén y me anunció: «La ciudad ha sido tomada.»
22 La mano de Yahveh había
venido sobre mí, la tarde antes de llegar el fugitivo, y me había
abierto la boca para cuando éste llegó donde mí por la mañana; mi
boca se abrió y no estuve más mudo.
23 Entonces, la palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Hijo de hombre, los que
habitan esas ruinas, en el suelo de Israel, dicen: «Uno solo era
Abraham y obtuvo en posesión esta tierra. Nosotros somos muchos; a
nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.»
25 Pues bien, diles: Así
dice el Señor Yahveh: Vosotros coméis con sangre, alzáis los ojos
hacia vuestras basuras, derramáis sangre, ¡y vais a poseer esta
tierra!
26 Confiáis en vuestras
espadas, cometéis abominación, cada cual contamina a la mujer de su
prójimo, ¡y vais a poseer esta tierra!
27 Les dirás: Así dice el
Señor Yahveh: Por mi vida, que los que están entre las ruinas caerán
a espada, a los que andan por el campo los entregaré a las bestias
como pasto, y los que están en las escarpaduras y en las cuevas
morirán de peste.
28 Convertiré esta tierra
en soledad desolada, y se acabará el orgullo de su fuerza. Los
montes de Israel serán devastados y nadie pasará más por ellos.
29 Y se sabrá que yo soy
Yahveh, cuando convierta esta tierra soledad desolada, por todas las
abominaciones que han cometido.
30 En cuanto a ti, hijo de
hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti a la vera de los muros y
a las puertas de las casas. Se dicen unos a otros: «Vamos a
escuchar qué palabra viene de parte de Yahveh.»
31 Y vienen a ti en masa,
y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no
las ponen en práctica. Porque hacen amores con su boca, pero su
corazón sólo anda buscando su interés.
32 Tú eres para ellos como
una canción de amor, graciosamente cantada, con acompañamiento de
buena música. Escuchan tus palabras, pero no hay quien las cumpla.
33 Mas cuando todo esto
llegue - y he aquí que ya llega -, sabrán que había un profeta en
medio de ellos.
Ezequiel 34
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los
pastores: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los pastores de Israel
que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el
rebaño?
3 Vosotros os habéis
tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado
las ovejas más pingües; no habéis apacentado el rebaño.
4 No habéis fortalecido a
las ovejas débiles, no habéis cuidado a la enferma ni curado a la
que estaba herida, no habéis tornado a la descarriada ni buscado a
la perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza.
5 Y ellas se han
dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de
todas las fieras del campo; andan dispersas.
6 Mi rebaño anda errante
por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por
toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni
salga en su busca.
7 Por eso, pastores,
escuchad la palabra de Yahveh:
8 Por mi vida, oráculo del
Señor Yahveh, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje
y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de
pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos,
los pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño;
9 por eso, pastores,
escuchad la palabra de Yahveh.
10 Así dice el Señor
Yahveh: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de
sus manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no
volverán a apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su
boca, y no serán más su presa.
11 Porque así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré
por él.
12 Como un pastor vela por
su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así
velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde
se habían dispersado en día de nubes y brumas.
13 Las sacaré de en medio
de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a
su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los
barrancos y por todos los poblados de esta tierra.
14 Las apacentaré en
buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa
Israel. Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos
por los montes de Israel.
15 Yo mismo apacentaré mis
ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahveh.
16 Buscaré la oveja
perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a
la enferma; pero a la que está gorda y robusta la exterminaré: las
pastorearé con justicia.
17 En cuanto a vosotras,
ovejas mías, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a juzgar
entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.
18 ¿Os parece poco pacer
en buenos pastos, para que pisoteéis con los pies el resto de
vuestros pastos? Os parece poco beber en agua limpia, para que
enturbiéis el resto con los pies?
19 ¡Mis ovejas tienen que
pastar lo que vuestros pies han pisoteado y beber lo que vuestros
pies han enturbiado!
20 Por eso, así les dice
el Señor Yahveh: Yo mismo voy a juzgar entre la oveja gorda y la
flaca.
21 Puesto que vosotras
habéis empujado con el flanco y con el lomo y habéis topado con los
cuernos a todas las ovejas más débiles hasta dispersarlas fuera,
22 yo vendré a salvar a
mis ovejas para que no estén más expuestas al pillaje; voy a juzgar
entre oveja y oveja.
23 Yo suscitaré para
ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará, mi siervo
David: él las apacentará y será su pastor.
24 Yo, Yahveh, seré su
Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellos. Yo, Yahveh,
he hablado.
25 Concluiré con ellos una
alianza de paz, haré desaparecer de esta tierra las bestias feroces.
Habitarán en seguridad en el desierto y dormirán en los bosques.
26 Yo los asentaré en los
alrededores de mi colina, y mandaré a su tiempo la lluvia, que será
una lluvia de bendición.
27 El árbol del campo dará
su fruto, la tierra dará sus productos, y ellos vivirán en seguridad
en su suelo. Y sabrán que yo soy Yahveh, cuando despedace las barras
de su yugo y los libre de la mano de los que los tienen
esclavizados.
28 No volverán a ser presa
de las naciones, las bestias salvajes no volverán a devorarlos.
Habitarán en seguridad y no se les turbará más.
29 Haré brotar para ellos
un plantío famoso; no habrá más víctimas del hambre en el país, ni
sufrirán más el ultraje de las naciones.
30 Y sabrán que yo, Yahveh
su Dios, estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi
pueblo, oráculo del Señor Yahveh.
31 Vosotras, ovejas mías,
sois el rebaño humano que yo apaciento, y yo soy vuestro Dios,
oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 35
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia la montaña de Seír, y profetiza contra ella.
3 Le dirás: Así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, montaña de Seír. Voy a extender
mi mano contra ti: te convertiré en soledad desolada,
4 y dejaré en ruinas tus
ciudades; serás una desolación, y sabrás que yo soy Yahveh.
5 Por haber alimentado un
odio eterno y haber entregado a la espada a los hijos de Israel el
día de su desastre, el día de su última culpa,
6 por eso, por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que yo te dejaré en sangre y la sangre te
perseguirá. Sí, eres rea de sangre, ¡y la sangre te perseguirá!
7 Haré de la montaña de
Seír una soledad desolada, y extirparé de allí al que va y al que
viene.
8 Llenaré de víctimas sus
montes; en tus colinas, en tus valles y en todos tus barrancos,
caerán las víctimas de la espada.
9 Te convertiré en
soledades eternas, tus ciudades no volverán a ser habitadas, y
sabréis que yo soy Yahveh.
10 Por haber dicho tú:
«Las dos naciones, los dos países son míos, vamos a tomarlos en
posesión», siendo así que Yahveh estaba allí,
11 por eso, por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que procederé con la misma cólera y los
mismos celos con que tú has procedido en tu odio contra ellos, y me
daré a conocer, por ellos, cuando te castigue.
12 Sabrás que yo, Yahveh,
he oído todos los insultos que lanzabas contra los montes de Israel
diciendo: «Están devastados, nos han sido entregados como pasto.»
13 Me habéis desafiado con
vuestra boca, habéis multiplicado contra mí vuestras palabras, lo he
oído todo.
14 Así dice el Señor
Yahveh: Para alegría de toda esta tierra yo haré de ti una
desolación.
15 Como tú te alegraste
cuando la heredad de la casa de Israel era una desolación, yo te
trataré a ti de la misma manera. Serás una desolación, montaña de
Seír, así como Edom entero, y se sabrá que yo soy Yahveh.
Ezequiel 36
1 Y tú, hijo de hombre,
profetiza sobre los montes de Israel. Dirás: Montes de Israel,
escuchad la palabra de Yahveh.
2 Así dice el Señor
Yahveh: Porque el enemigo ha dicho contra vosotros: «¡Ja, ja, estas
alturas eternas han pasado a ser posesión nuestra!»,
3 por eso, profetiza.
Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Porque habéis sido asolados y se os
ha codiciado por todas partes hasta pasar a ser posesión de las
otras naciones, porque habéis sido el blanco de la habladuría y de
la difamación de la gente,
4 por eso, escuchad,
montes de Israel, la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor
Yahveh a los montes, a las colinas, a los barrancos y a los valles,
a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas que han sido
entregadas al pillaje y a la irrisión del resto de las naciones
circunvecinas.
5 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Sí, en el ardor de mis celos voy a hablar contra las
otras naciones y contra Edom entero, que, con alegría en el corazón
y desprecio en el alma, se han atribuido mi tierra en posesión para
entregar su pasto al pillaje.
6 Por ello, profetiza
sobre la tierra de Israel. Dirás a los montes y a las colinas, a los
barrancos y a los valles: Así dice el Señor Yahveh: Ved que hablo en
mis celos y mi furor: Porque habéis sufrido el ultraje de las
naciones,
7 por eso, así dice el
Señor Yahveh: Juro mano en alto que las naciones que os rodean
cargarán con sus propios ultrajes.
8 Y vosotros, montes de
Israel, vais a echar vuestras ramas y a producir vuestros frutos
para mi pueblo Israel, porque está a punto de volver.
9 Sí, heme aquí por
vosotros, a vosotros me vuelvo, vais a ser cultivados y sembrados.
10 Yo multiplicaré sobre
vosotros los hombres, la casa de Israel entera. Las ciudades serán
habitadas y las ruinas reconstruidas.
11 Multiplicaré en
vosotros hombres y bestias, y serán numerosos y fecundos. Os
repoblaré como antaño, mejoraré vuestra condición precedente, y
sabréis que yo soy Yahveh.
12 Haré que circulen por
vosotros los hombres, mi pueblo Israel. Tomarán posesión de ti, y tu
serás su heredad, y no volverás a privarles de sus hijos.
13 Así dice el Señor
Yahveh: Porque se ha dicho de ti que devoras a los hombres y que has
privado a tu nación de hijos,
14 por eso, ya no
devorarás más hombres, ni volverás a privar de hijos a tu nación,
oráculo del Señor Yahveh.
15 No consentiré que
vuelvas a oír el ultraje de las naciones, no sufrirás más los
insultos de los pueblos, y no volverás a privar de hijos a tu
nación, oráculo del Señor Yahveh.
16 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
17 Hijo de hombre, los de
la casa de Israel que habitaban en su tierra, la contaminaron con su
conducta y sus obras; como la impureza de una menstruante era su
conducta ante mí.
18 Entonces yo derramé mi
furor sobre ellos, por la sangre que habían vertido en su tierra y
por las basuras con las que la habían contaminado.
19 Los dispersé entre las
naciones y fueron esparcidos por los países. Los juzgué según su
conducta y sus obras.
20 Y en las naciones donde
llegaron, profanaron mi santo nombre, haciendo que se dijera a
propósito de ellos: «Son el pueblo de Yahveh, y han tenido que salir
de su tierra.»
21 Pero yo he tenido
consideración a mi santo nombre que la casa de Israel profanó entre
las naciones adonde había ido.
22 Por eso, di a la casa
de Israel: Así dice el Señor Yahveh: No hago esto por consideración
a vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros
habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis.
23 Yo santificaré mi gran
nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros. Y
las naciones sabrán que yo soy Yahveh - oráculo del Señor Yahveh -
cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista
de ellos.
24 Os tomaré de entre las
naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro
suelo.
25 Os rociaré con agua
pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas
vuestras basuras os purificaré.
26 Y os daré un corazón
nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra
carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
27 Infundiré mi espíritu
en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis
y practiquéis mis normas.
28 Habitaréis la tierra
que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré
vuestro Dios.
29 Os salvaré de todas
vuestras impurezas, llamaré al trigo y lo multiplicaré y no os
someteré más al hambre.
30 Multiplicaré los frutos
de los árboles y los productos de los campos, para que no sufráis
más el oprobio del hambre entre las naciones.
31 Entonces os acordaréis
de vuestra mala conducta y de vuestras acciones que no eran buenas,
y sentiréis asco de vosotros mismos por vuestras culpas y vuestras
abominaciones.
32 No hago esto por
vosotros - oráculo del Señor Yahveh - sabedlo bien. Avergonzaos y
confundíos de vuestra conducta, casa de Israel.
33 Así dice el Señor
Yahveh: El día que yo os purifique de todas vuestras culpas,
repoblaré las ciudades y las ruinas serán reconstruidas;
34 la tierra devastada
será cultivada, después de haber sido una desolación a los ojos de
todos los transeúntes.
35 Y se dirá: «Esta
tierra, hasta ahora devastada, se ha hecho como jardín de Edén, y
las ciudades en ruinas, devastadas y demolidas, están de nuevo
fortificadas y habitadas.»
36 Y las naciones que
quedan a vuestro alrededor sabrán que yo, Yahveh, he reconstruido lo
que estaba demolido y he replantado lo que estaba devastado. Yo,
Yahveh, lo digo y lo hago.
37 Así dice el Señor
Yahveh: Me dejaré todavía buscar por la casa de Israel, para hacer
por ellos esto: multiplicarlos como un rebaño humano,
38 como un rebaño de reses
consagradas, como el rebaño reunido en Jerusalén, en las fiestas
solemnes. Así se llenarán de un rebaño humano vuestras ciudades en
ruinas, y se sabrá que yo soy Yahveh.
Ezequiel 37
1 La mano de Yahveh fue
sobre mí y, por su espíritu, Yahveh me sacó y me puso en medio de la
vega, la cual estaba llena de huesos.
2 Me hizo pasar por entre
ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el
suelo de la vega, y estaban completamente secos.
3 Me dijo: «Hijo de
hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo dije: «Señor Yahveh, tú lo
sabes.»
4 Entonces me dijo:
«Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la
palabra de Yahveh.
5 Así dice el Señor Yahveh
a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en
vosotros, y viviréis.
6 Os cubriré de nervios,
haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os
infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.»
7 Yo profeticé como se me
había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo
un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros.
8 Miré y vi que estaban
recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por
encima, pero no había espíritu en ellos.
9 El me dijo: «Profetiza
al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice
el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre
estos muertos para que vivan.»
10 Yo profeticé como se me
había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se
incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército.
11 Entonces me dijo: «Hijo
de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan
diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra
esperanza, todo ha acabado para nosotros.
12 Por eso, profetiza. Les
dirás: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo abro vuestras
tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré
de nuevo al suelo de Israel.
13 Sabréis que yo soy
Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras
tumbas, pueblo mío.
14 Infundiré mi espíritu
en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis
que yo, Yahveh, lo digo y lo haga, oráculo de Yahveh.»
15 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
16 Y tú, hijo de hombre,
toma un leño y escribe en él: «Judá y los israelitas que están con
él.» Toma luego otro leño y escribe en él: «José, leño de Efraím, y
toda la casa de Israel que está con él.»
17 Júntalos el uno con el
otro de suerte que formen un solo leño, que sean una sola cosa en tu
mano.
18 Y cuando los hijos de
tu pueblo te digan: «¿No nos explicarás qué es eso que tienes ahí?»,
19 les dirás: Así dice el
Señor Yahveh: He aquí que voy a tomar el leño de José (que está en
la mano de Efraím) y las tribus de Israel que están con él, los
pondré junto al leño de Judá, haré de todo un solo leño, y serán
una sola cosa en mi mano.
20 Los leños en los cuales
hayas escrito tenlos en tu mano, ante sus ojos,
21 y diles: Así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo recojo a los hijos de Israel de entre
las naciones a las que marcharon. Los congregaré de todas partes
para conducirlos a su suelo.
22 Haré de ellos una sola
nación en esta tierra, en los montes de Israel, y un solo rey será
el rey de todos ellos; no volverán a formar dos naciones, ni
volverán a estar divididos en dos reinos.
23 No se contaminarán más
con sus basuras, con sus monstruos y con todos sus crímenes. Los
salvaré de las infidelidades por las que pecaron, los purificaré, y
serán mi pueblo y yo seré su Dios.
24 Mi siervo David reinará
sobre ellos, y será para todos ellos el único pastor; obedecerán mis
normas, observarán mis preceptos y los pondrán en práctica.
25 Habitarán en la tierra
que yo di a mi siervo Jacob, donde habitaron vuestros padres. Allí
habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, para siempre, y
mi siervo David será su príncipe eternamente.
26 Concluiré con ellos una
alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los
estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de
ellos para siempre.
27 Mi morada estará junto
a ellos, seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
28 Y sabrán las naciones
que yo soy Yahveh, que santifico a Israel, cuando mi santuario esté
en medio de ellos para siempre.
Ezequiel 38
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve
tu rostro hacia Gog, en el país de Magog, príncipe supremo de Mesek
y Túbal, y profetiza contra él.
3 Dirás: Así dice el Señor
Yahveh: Aquí estoy contra ti, Gog, príncipe supremo de Mesek y
Túbal.
4 Yo te haré dar media
vuelta, te pondré garfios en las quijadas, y te haré salir con todo
tu ejército, caballos y caballeros, todos bien equipados, inmensa
asamblea, todos con escudos y paveses, y diestros en el manejo de la
espada.
5 Persia, Kus y Put están
con ellos, todos con escudo y yelmo.
6 Gómer, con todas sus
huestes, Bet Togarmá, en el extremo norte, con todas sus huestes,
pueblos numerosos, están contigo.
7 Disponte y prepárate, tú
y toda tu asamblea concentrada en torno a ti, y ponte a mi servicio.
8 Al cabo de muchos días,
recibirás órdenes. Después de muchos años, vendrás hacia la tierra
cuyos habitantes escaparon a la espada y fueron congregados de entre
una multitud de pueblos en los montes de Israel, que habían sido un
desierto permanente. Desde que fueron separados de los otros
pueblos, habitan todos en seguridad.
9 Tú subirás, avanzarás
como un huracán, como un nubarrón que cubrirá la tierra, tú y todas
tus huestes, y los numerosos pueblos que están contigo.
10 Así dice el Señor
Yahveh: Aquel día te vendrán al corazón proyectos y concebirás
perversos planes.
11 Dirás: «Voy a subir
contra una tierra abierta, marcharé contra gente tranquila que
habita en seguridad. Habitan todos en ciudades sin murallas, sin
cerrojos ni puertas.»
12 Irás a saquear, a hacer
botín, a poner tu mano sobre ruinas repobladas, en un pueblo
congregado de entre las naciones, entregado a reponer el ganado y la
hacienda, que habita en el centro de la tierra.»
13 Sabá, Dedán, los
mercaderes de Tarsis y todos sus leoncillos te dirán: «¿A saquear
has venido? ¿Para hacer botín has concentrado tu asamblea? ¿Para
llevarte el oro y la plata, para apoderarte de ganados y haciendas,
para hacer un gran botín?»
14 Por eso, profetiza,
hijo de hombre. Dirás a Gog: Así dice el Señor Yahveh: ¿No es verdad
que aquel día, cuando mi pueblo Israel viva en seguridad, te pondrás
en movimiento?
15 Vendrás de tu lugar,
del extremo norte, tú y pueblos numerosos contigo, todos montados a
caballo, enorme asamblea, ejército innumerable.
16 Subirás contra mi
pueblo Israel como un nublado que recubre la tierra. Será al fin de
los días; yo te haré venir entonces contra mi tierra para que las
naciones me conozcan, cuando yo manifieste mi santidad a sus ojos, a
costa tuya, Gog.
17 Así dice el Señor
Yahveh: Tú eres aquel de quien yo hablé antaño, por medio de mis
siervos los profetas de Israel, que profetizaron en aquel tiempo,
durante años, que yo te haría venir contra ellos.
18 Aquel día, cuando Gog
avance contra el suelo de Israel - oráculo del Señor Yahveh -
estallará mi furor. En mi cólera,
19 en mis celos, en el
ardor de mi furia lo digo: Sí, aquel día habrá un gran terremoto en
el suelo de Israel.
20 Temblarán entonces ante
mí los peces del mar y los pájaros del cielo, las bestias del campo
y todos los reptiles que serpean por el suelo, y todos los hombres
de sobre la haz de la tierra. Se desplomarán los montes, caerán las
rocas, todas las murallas caerán por tierra.
21 Convocaré contra él
toda clase de terrores, oráculo del Señor Yahveh. Volverán la espada
unos contra otros.
22 Le castigaré con la
peste y la sangre, haré caer una lluvia torrencial, granizos, fuego
y azufre, sobre él, sobre sus huestes y sobre los numerosos pueblos
que van con él.
23 Manifestaré mi grandeza
y mi santidad, me daré a conocer a los ojos de numerosas naciones y
sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel 39
1 Y tú, hijo de hombre,
profetiza contra Gog. Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy
contra ti, Gog, príncipe supremo de Mések y Túbal.
2 Yo te haré dar media
vuelta, te conduciré, te haré subir desde el extremo norte y te
guiaré a los montes de Israel.
3 Romperé tu arco en tu
mano izquierda y haré caer tus flechas de tu mano derecha.
4 En los montes de Israel
caerás tú, tus huestes y los pueblos que van contigo. Te he
entregado como pasto a toda clase de aves de rapiña y a las fieras
del campo.
5 En la haz del campo
caerás, porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
6 Mandaré fuego sobre
Magog y sobre los que viven seguros en las islas, y sabrán que yo
soy Yahveh.
7 Manifestaré mi santo
nombre en medio de mi pueblo Israel, no dejaré que vuelva a ser
profanado mi santo nombre, y las naciones sabrán que yo soy Yahveh,
santo en Israel.
8 He aquí que todo esto
llega y se va a realizar - oráculo del Señor Yahveh -: éste es el
día que yo he anunciado.
9 Entonces los habitantes
de las ciudades de Israel saldrán a quemar y a entregar a las llamas
las armas, paveses y escudos, arcos y flechas, mazas y lanzas. Harán
fuego con ello durante siete años.
10 No irán ya a buscar
leña en el campo, ni la recogerán en el bosque, porque harán el
fuego con las armas. Saquearán a sus saqueadores y harán botín de
sus depredadores, oráculo del Señor Yahveh.
11 Aquel día, yo daré a
Gog como sepulcro en Israel un lugar famoso, el valle de los Oberim,
al este del mar, el que corta el paso a los viajeros: allí será
enterrado Gog con toda su multitud, y se le llamará valle de Hamón
Gog.
12 La casa de Israel los
enterrará para purificar la tierra, durante siete meses.
13 Todo el pueblo de la
tierra será movilizado para enterrarlos, y ello les dará renombre el
día que yo manifieste mi gloria, oráculo del Señor Yahveh.
14 Luego se escogerán
hombres que recorran constantemente el país y entierren a los que
hayan quedado por el suelo, para purificarlo. Al cabo de siete meses
empezarán su búsqueda.
15 Cuando, al recorrer el
país, alguno de ellos vea huesos humanos, pondrá al lado una señal
hasta que los sepultureros los entierren en el valle de Hamón Gog,
16 (Hamoná es también el
nombre de una ciudad) y purifiquen así la tierra.
17 En cuanto a ti, hijo de
hombre, así dice el Señor Yahveh: Di a los pájaros de todas clases y
a todas las fieras del campo: Congregaos, venid, reuníos de todas
partes para el sacrificio que yo os ofrezco, un gran sacrificio
sobre los montes de Israel; comeréis carne y beberéis sangre.
18 Carne de héroes
comeréis, sangre de príncipes de la tierra beberéis. Todos son
carneros, corderos, machos cabríos, pingües toros de Basán.
19 Comeréis grasa hasta la
saciedad y beberéis sangre hasta la embriaguez, en este sacrificio
que yo os brindo.
20 Os hartaréis a mi mesa
de caballos y caballeros, de héroes y de toda clase de guerreros,
oráculo del Señor Yahveh.
21 Así manifestaré yo mi
gloria entre las naciones, y todas las naciones verán el juicio que
voy a ejecutar y la mano que pondré sobre ellos.
22 Y la casa de Israel
sabrá desde ese día en adelante que yo soy Yahveh su Dios.
23 Y sabrán las naciones
que la casa de Israel fue deportada por sus culpas, que, por haberme
sido infieles, yo les oculté mi rostro y los entregué en manos de
sus enemigos, y cayeron todos a espada.
24 Los traté como lo
merecían sus impurezas y sus crímenes, y les oculté mi rostro.
25 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: Ahora voy a hacer volver a los cautivos de Jacob, me
compadeceré de toda la casa de Israel, y me mostraré celoso de mi
santo nombre.
26 Ellos olvidarán su
ignominia y todas las infidelidades que cometieron contra mí, cuando
vivan seguros en su país, sin que nadie los inquiete.
27 Cuando yo los haga
volver de entre los pueblos y los recoja de los países de sus
enemigos, manifestaré en ellos mi santidad a los ojos de numerosas
naciones,
28 y sabrán que yo soy
Yahveh su Dios, cuando, después de haberlos llevado al cautiverio
entre las naciones, los reúna en su suelo sin dejar allí a ninguno
de ellos.
29 No les ocultaré más mi
rostro, porque derramaré mi Espíritu sobre la casa de Israel,
oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 40
1 El año veinticinco de
nuestra cautividad, al comienzo del año, el día diez del mes,
catorce años después de la caída de la ciudad, el mismo día, la
mano de Yahveh fue sobre mí, y me llevó allá.
2 En visiones divinas, me
llevó a la tierra de Israel, y me posó sobre un monte muy alto, en
cuya cima parecía que estaba edificada una ciudad, al mediodía.
3 Me llevó allá, y he aquí
que había allí un hombre de aspecto semejante al del bronce. Tenía
en la mano una cuerda de lino y una vara de medir, y estaba de pie
en el pórtico.
4 El hombre me dijo: «Hijo
de hombre, mira bien, escucha atentamente y presta atención a todo
lo que te voy a mostrar, porque has sido traído aquí para que yo te
lo muestre. Comunica a la casa de Israel todo lo que vas a ver.»
5 Y he aquí que por el
exterior de la Casa había un muro, todo alrededor. La vara de medir
que el hombre tenía en la mano era de seis codos de codo y palmo.
Midió el espesor de la construcción: una vara, y su altura: una
vara.
6 Vino luego al pórtico
que miraba a oriente, subió sus gradas y midió el umbral del
pórtico: una vara de profundidad.
7 La lonja: una vara de
largo por una vara de ancho; la pilastra entre las lonjas: cinco
codos; el umbral del pórtico por el lado del vestíbulo del pórtico,
hacia el interior: una vara.
9 Midió el vestíbulo del
pórtico: ocho codos; su pilastra: dos codos; el vestíbulo del
pórtico estaba situado hacia el interior.
10 Las lonjas del pórtico
oriental eran tres por cada lado, todas ellas de la misma dimensión;
las pilastras tenían también las mismas dimensiones por cada lado.
11 Midió la anchura del
vano del pórtico: diez codos, y la longitud del pórtico: trece
codos.
12 Había un parapeto
delante de las lonjas; cada parapeto tenía un codo por ambos lados.
Y la lonja tenía seis codos por cada lado.
13 Midió el pórtico desde
el fondo de una lonja hasta el fondo de la otra; anchura:
veinticinco codos de una entrada a la otra.
14 Midió el vestíbulo:
veinte codos; el atrio giraba todo alrededor del pórtico.
15 Desde la fachada del
pórtico donde estaba la entrada, hasta el fondo del vestíbulo
interior del pórtico, había cincuenta codos.
16 Había ventanas
enrejadas sobre las lonjas y sobre sus pilastras, hacia el interior
del pórtico, todo alrededor, e igualmente el vestíbulo tenía, por el
interior, ventanas todo alrededor; y sobre las pilastras había
palmeras.
17 Me llevó al atrio
exterior, y he aquí que allí había salas y un enlosado tirado
alrededor del atrio: treinta salas daban a este enlosado.
18 El enlosado que
flanqueaba los pórticos correspondía a la profundidad de los mismos:
esto es el enlosado inferior.
19 Midió la anchura del
atrio, desde la fachada del pórtico inferior hasta la fachada del
atrio interior, por fuera: cien codos (a oriente y al norte).
20 Midió después la
longitud y la anchura del pórtico que daba al norte del atrio
exterior.
21 Sus lonjas eran tres
por cada lado; sus pilastras y vestíbulos tenían las mismas
dimensiones que los del primer pórtico: cincuenta codos de largo y
veinticinco de ancho.
22 Sus ventanas, su
vestíbulo y sus palmeras tenían las mismas dimensiones que las del
pórtico que daba a oriente. Se subía a él por siete gradas y su
vestíbulo estaba situado hacia el interior.
23 Había un pórtico en el
atrio interior, frente al pórtico septentrional, lo mismo que en el
pórtico oriental. Midió la distancia de un pórtico a otro: cien
codos.
24 Me condujo luego hacia
el lado del mediodía: había allí un pórtico en dirección del
mediodía; midió sus lonjas, sus pilastras y su vestíbulo: tenían las
mismas dimensiones.
25 Tenía, lo mismo que su
vestíbulo, ventanas todo alrededor, iguales que las otras ventanas;
dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho;
26 su escalera tenía siete
gradas; su vestíbulo estaba situado hacia el interior, y tenía
palmeras, una a cada lado, sobre sus pilastras.
27 El atrio interior tenía
también un pórtico hacia el mediodía; midió la distancia de un
pórtico a otro, en dirección del mediodía: cien codos.
28 Luego me llevó al
atrio, por el pórtico meridional; midió el pórtico meridional: tenía
las mismas dimensiones.
29 Sus lonjas, pilastras y
vestíbulo tenían estas mismas dimensiones. Lo mismo que su
vestíbulo, tenía ventanas todo alrededor; dimensiones: cincuenta
codos de largo y veinticinco de ancho.
30 Y el perímetro del
vestíbulo: veinticinco codos de largo y cinco de ancho.
31 Su vestíbulo daba al
atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras y su escalera
tenía ocho gradas.
32 Me llevó al pórtico
interior, hacia oriente, y midió el pórtico:
33 tenía las mismas
dimensiones. Sus lonjas, pilastras y vestíbulo tenían estas mismas
dimensiones. Tenía, así como su vestíbulo, ventanas alrededor.
Dimensiones: cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.
34 Su vestíbulo daba al
atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras, a cada lado, y
su escalera tenía ocho gradas.
35 Me llevó luego al
pórtico septentrional y lo midió: tenía las mismas dimensiones:
36 tenía alrededor, sus
lonjas, sus pilastras, su vestíbulo y sus ventanas. Dimensiones:
cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho.
37 Su vestíbulo daba al
atrio exterior. Había palmeras sobre sus pilastras, a cada lado, y
su escalera tenía ocho gradas.
38 Había una sala cuya
entrada estaba en el vestíbulo del pórtico. Allí se lavaba el
holocausto.
39 Y en el vestíbulo del
pórtico había, a cada lado, dos mesas para inmolar sobre ellas el
holocausto, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de
expiación.
40 Por el lado exterior de
quien sube hacia la entrada del pórtico, al norte, había dos mesas,
y al otro lado, hacia el vestíbulo del pórtico, dos mesas.
41 Cuatro mesas a un lado
y cuatro mesas al otro lado del pórtico, o sea ocho mesas sobre las
que se hacía la inmolación.
42 Además cuatro mesas
para el holocausto, de piedra de sillería, de codo y medio de largo,
codo y medio de ancho y un codo de alto, sobre las cuales se
colocaban los instrumentos con los que se inmolaba el holocausto y
el sacrificio.
43 Las ranuras, de un
palmo de anchura, estaban dispuestas en el interior, todo en torno.
Sobre estas mesas se ponía la carne de las ofrendas.
44 Me llevó al atrio
interior; había allí, en el atrio interior, dos salas, una al lado
del pórtico septentrional, con su fachada al mediodía, y la otra al
lado del pórtico meridional, con su fachada al norte.
45 Me dijo: «Esta sala que
mira al mediodía está destinada a los sacerdotes que cumplen el
ministerio de la Casa.
46 Y la sala que mira al
norte está destinada a los sacerdotes que cumplen el ministerio del
altar. Son los hijos de Sadoq, los que, entre los hijos de Leví, se
acercan a Yahveh para servirle.»
47 Midió el atrio. Tenía
cien codos de largo y cien codos de ancho, o sea un cuadrado, y el
altar estaba delante de la Casa.
48 Me llevó al Vestíbulo
de la Casa y midió las pilastras del Vestíbulo: cinco codos por cada
lado; luego la anchura del pórtico: catorce codos; y las paredes
laterales del pórtico: tres codos por cada lado.
49 La longitud del
Vestíbulo era de veinte codos y su anchura de doce codos. Se subía a
él por diez gradas, y tenía columnas junto a las pilastras, una a
cada lado.
Ezequiel 41
1 Me llevó dentro del
Santo y midió sus pilastras: seis codos de ancho por un lado y seis
codos de ancho por el otro.
2 Anchura de la entrada:
diez codos. Las paredes laterales de la entrada: cinco codos de
ancho por un lado y cinco por el otro. Midió su longitud: cuarenta
codos; y su anchura: veinte codos.
3 Penetró en el interior y
midió la pilastra de la entrada: dos codos; después la entrada: seis
codos; y las paredes laterales de la entrada: siete codos.
4 Midió su longitud:
veinte codos; y su anchura: veinte codos delante del Santo; y me
dijo: «Esto es el Santo de los Santos.»
5 Midió el muro de la
Casa: seis codos; y la anchura de la parte lateral: cuatro codos,
todo alrededor de la Casa.
6 Las celdas laterales
estaban superpuestas en tres pisos de treinta celdas cada uno. Se
habían dispuesto en el muro de la Casa salientes para estribar las
celdas por todo el ámbito: así las celdas no estribaban en el muro
de la Casa.
7 La anchura de las celdas
aumentaba a medida que se subía, ensanchamiento que se lograba, a
costa del muro, según se subía, y todo alrededor de la Casa; por
eso el interior se ensanchaba por arriba. Del piso inferior se subía
al del medio, y de éste al superior.
8 Y vi que la Casa tenía
un talud todo alrededor. Era la base de las celdas laterales, de una
vara entera de seis codos.
9 El espesor del muro de
las celdas laterales, por el exterior, era de cinco codos; quedaba
un pasadizo entre las celdas laterales de la Casa.
10 Entre las salas había
una anchura de veinte codos, por todo el ámbito de la Casa.
11 Y las celdas laterales
tenían dos entradas sobre el pasadizo, una hacia el norte y otra
hacia el mediodía. La anchura del pasadizo era de cinco codos todo
alrededor.
12 El edificio que
bordeaba el patio por el lado occidental tenía setenta codos de
anchura; y la pared de este edificio tenía un espesor de cinco
codos, todo alrededor, con una longitud de noventa codos.
13 Midió la Casa: su
longitud era de cien codos. El patio más el edifico y sus muros
tenían una longitud de cien codos.
14 Anchura de la fachada
de la Casa más el patio hasta oriente: cien codos.
15 Midió la longitud del
edificio a lo largo del patio que tenía detrás, y sus galerías a
cada lado: cien codos. El interior del Santo y los vestíbulos del
atrio,
16 los umbrales, las
ventanas enrejadas, las galerías de los tres lados, alrededor,
frente al umbral, estaban recubiertos de madera por todo el ámbito,
desde el suelo hasta las ventanas, y las ventanas estaban
guarnecidas de un enrejado.
17 Desde la entrada hasta
el interior de la Casa, y por fuera, así como en todo el ámbito del
muro, por fuera y por dentro,
18 había representado
querubines y palmeras, una palmera entre querubín y querubín; cada
querubín tenía dos caras:
19 una cara de hombre
vuelta hacia la palmera de un lado y una cara de león hacia la
palmera del otro lado; así por todo el ámbito de la Casa.
20 Desde el suelo hasta
encima de la entrada estaban representados los querubines y las
palmeras en el muro.
21 El jambaje del Santo
era cuadrado. Delante del Santuario se veía algo como
22 un altar de madera de
tres codos de alto, dos codos de largo y dos de ancho. Sus ángulos,
su base y sus lados eran de madera. El hombre me dijo: «Esta es la
mesa que está delante de Yahveh.»
23 El Santo tenía una
puerta doble, y el Santuario una puerta doble.
24 Eran puertas de dos
hojas movibles, dos hojas en una puerta y dos en la otra.
25 Y por encima (sobre las
puertas del Santo), había representados querubines y palmeras como
los representados en los muros. Sobre la fachada del Vestíbulo, por
el exterior, había un arquitrabe de madera.
26 Ventanas enrejadas y
palmeras había a ambos lados, en las paredes laterales del
Vestíbulo, las celdas laterales de la Casa y los arquitrabes.
Ezequiel 42
1 Luego me hizo salir al
atrio exterior, hacia el norte, y me llevó a las salas situadas cara
al patio, es decir frente al edificio, al norte.
2 La longitud era de cien
codos, hacia el norte, y la anchura de cincuenta codos.
3 Frente a los pórticos
del atrio interior, y frente al enlosado del atrio exterior, había
una galería a lo largo de la galería triple,
4 y, por delante de las
salas, un corredor de diez codos de ancho hacia el interior, y cien
codos de largo; sus puertas daban al norte.
5 Las salas superiores
eran estrechas, porque las galerías les comían parte de su espacio,
más estrechas que las de abajo y las del medio del edificio,
6 porque estaban divididas
en tres pisos y no tenían columnas como el atrio. Por eso, se iban
estrechando con relación a las de abajo y las del medio (a partir
del suelo).
7 Y el muro exterior,
paralelo a las salas, en dirección al atrio exterior, frente a las
salas, tenía cincuenta codos de longitud.
8 Pues la longitud de las
salas que daban al atrio exterior era de cincuenta codos, mientras
que las que miraban al Santo tenían cien codos.
9 Por debajo de las salas
había una entrada del lado de oriente, que daba acceso desde el
atrio exterior.
10 A todo lo largo del
muro del atrio, en dirección del mediodía, cara al patio y al
edificio, había salas.
11 Un corredor pasaba por
delante de ellas, como en las salas situadas en dirección norte;
tenían igual longitud e igual anchura; iguales salidas, igual
disposición y entradas iguales.
12 Por debajo de las salas
orientadas al mediodía había una entrada al comienzo de cada
corredor, frente al muro situado hacia oriente, según se entra.
13 El me dijo: «Las salas
del norte y las salas del mediodía que miran al patio son las salas
del Santuario, donde los sacerdotes que se acercan a Yahveh comerán
las cosas sacratísimas. Allí depositarán las cosas sacratísimas, la
oblación, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de expiación,
porque es un lugar santo.
14 Y cuando los sacerdotes
entren allí, no saldrán del santuario al atrio exterior sin haber
dejado allí sus vestiduras litúrgicas, porque estas vestiduras son
santas; para acercarse a los lugares destinados al pueblo se
pondrán otras ropas.»
15 Cuando acabó de medir
el interior de la Casa, me hizo salir en dirección al pórtico que
mira a oriente y midió todo el ámbito.
16 Midió el lado oriental
con su vara de medir: quinientos codos de perímetro, con la vara de
medir.
17 Luego midió el lado
norte con la vara de medir: quinientos codos de perímetro.
18 Después midió el lado
sur con la vara de medir: quinientos codos
19 de perímetro. Por el
lado occidental midió con la vara de medir: quinientos codos.
20 Midió por fin por los
cuatro lados el muro que lo cercaba, todo alrededor: longitud,
quinientos; anchura, quinientos; para separar lo sagrado de lo
profano.
Ezequiel 43
1 Me condujo luego hacia
el pórtico, el pórtico que miraba a oriente,
2 y he aquí que la gloria
del Dios de Israel llegaba de la parte de oriente, con un ruido como
el ruido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria.
3 Esta visión era como la
que yo había visto cuando vine para la destrucción de la ciudad, y
también como lo que había visto junto al río Kebar. Entonces caí
rostro en tierra.
4 La gloria de Yahveh
entró en la Casa por el pórtico que mira a oriente.
5 El espíritu me levantó y
me introdujo en el atrio interior, y he aquí que la gloria de Yahveh
llenaba la Casa.
6 Y oí que alguien me
hablaba desde la Casa, mientras el hombre permanecía en pie junto a
mí.
7 Me dijo: Hijo de hombre,
este es el lugar de mi trono, el lugar donde se posa la planta de
mis pies. Aquí habitaré en medio de los hijos de Israel para
siempre; y la casa de Israel, así como sus reyes, no contaminarán
más mi santo nombre con sus prostituciones y con los cadáveres de
sus reyes,
8 poniendo su umbral junto
a mi umbral y sus jambas junto a mis jambas, con un muro común entre
ellos y yo. Ellos contaminaron mi santo nombre con las
abominaciones que cometieron; por eso los he devorado en mi cólera.
9 De ahora en adelante
alejarán de mí sus prostituciones y los cadáveres de sus reyes, y yo
habitaré en medio de ellos para siempre.
10 «Y tú, hijo de hombre,
describe este Templo a la casa de Israel, para que queden
avergonzados de sus culpas y tomen nota de su plano.
11 Se avergüenzan de toda
su conducta, enséñales la forma del Templo y su plano, sus salidas y
entradas, su forma y todas sus disposiciones, toda su forma y todas
sus leyes. Pon todo esto por escrito ante sus ojos, para que guarden
con exactitud todas sus leyes y disposiciones, y las pongan en
práctica.
12 Este es el fuero del
Templo: En la cumbre del monte, todo el territorio en su ámbito es
santísimo. (Tal es el fuero del Templo.)»
13 Y estas son las
dimensiones del altar en codos de codo y palmo: su cavidad, un codo
por un codo de ancha. El reborde junto a la ranura, todo alrededor,
un palmo. Y está la altura del altar:
14 desde la cavidad del
suelo hasta el zócalo inferior, dos codos por un codo de ancho;
desde el zócalo pequeño hasta el grande, cuatro codos por un codo
de ancho.
15 El fóculo tenía cuatro
codos, y por encima del fóculo había cuatro cuernos.
16 El fóculo medía doce
codos de largo por doce codos de ancho: era cuadrado por sus cuatro
lados.
17 Y el zócalo: catorce
codos de largo por catorce de ancho: un cuadrado. El reborde todo
alrededor: medio codo; y la cavidad, todo alrededor: un codo. Las
gradas estaban vueltas hacia oriente.
18 Y me dijo: Hijo de
hombre, así dice el Señor Yahveh: Estas son las disposiciones del
altar el día en que sea erigido para ofrecer en él el holocausto y
derramar la sangre.
19 A los sacerdotes
levitas - los de la descendencia de Sadoq que se acercan a mí para
servirme, oráculo del Señor Yahveh - les darás un novillo en
sacrificio por el pecado.
20 Tomarás su sangre, y
rociarás los cuatro cuernos, los cuatro ángulos del zócalo y el
reborde todo alrededor. Así quitarás el pecado y harás expiación
por él.
21 Luego tomarás el
novillo del sacrificio por el pecado: se le quemará en una
dependencia de la Casa, fuera del Santuario.
22 El segundo día,
ofrecerás un macho cabrío sin defecto en sacrificio por el pecado y
se quitará el pecado del altar como se hizo con el novillo.
23 Cuando hayas acabado de
quitar el pecado, ofrecerás un novillo sin defecto y un carnero del
rebaño sin defecto.
24 Los ofrecerás delante
de Yahveh, y los sacerdotes les echarán sal y los ofrecerán en
holocausto a Yahveh.
25 Durante siete días
ofrecerás el macho cabrío del sacrificio por el pecado, cada día; se
hará también el sacrificio del novillo y del carnero sin defecto
tomado del rebaño.
26 Así, durante siete días
se hará la expiación del altar, se le purificará y se le consagrará.
27 Pasados estos días,
desde el octavo en adelante, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar
vuestros holocaustos y vuestros sacrificios de comunión. Y yo os
seré propicio, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 44
1 Me volvió después hacia
el pórtico exterior del santuario, que miraba a oriente. Estaba
cerrado.
2 Y Yahveh me dijo: Este
pórtico permanecerá cerrado. No se le abrirá, y nadie pasará por él,
porque por él ha pasado Yahveh, el Dios de Israel. Quedará, pues,
cerrado.
3 Pero el príncipe sí
podrá sentarse en él para tomar su comida en presencia de Yahveh.
Entrará por el vestíbulo del pórtico y por el mismo saldrá.
4 Luego me llevó por el
pórtico septentrional hacia la fachada de la Casa; miré, y he aquí
que la gloria de Yahveh llenaba la Casa de Yahveh, y caí rostro en
tierra.
5 Yahveh me dijo: Hijo de
hombre, presta atención, mira bien y escucha con cuidado lo que te
voy a decir acerca de todas las disposiciones de la Casa de Yahveh y
de todas sus leyes. Te fijarás bien en lo que respecta a la admisión
en la Casa y a la exclusión del santuario.
6 Y dirás a esta casa de
rebeldía, la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Ya pasan de
la raya todas vuestras abominaciones, casa de Israel,
7 que habéis cometido
introduciendo extranjeros incircuncisos de corazón y de cuerpo para
que estuvieran en mi santuario y profanaran mi Casa, cuando me
ofrecíais mi alimento, grasa y sangre; así habéis roto mi alianza
con todas vuestras abominaciones.
8 En lugar de atender al
ministerio de mis cosas santas, habéis encargado a otros el
ejercicio de mi ministerio en mi Santuario, en lugar vuestro.
9 Así dice el Señor
Yahveh: Ningún extranjero, incircunciso de corazón y de cuerpo,
entrará en mi santuario, ninguno de los extranjeros que viven en
medio de los israelitas.
10 En cuanto a los
levitas, que me abandonaron cuando Israel se descarriaba lejos de mí
para ir en pos de sus basuras, soportarán el peso de sus culpas.
11 Serán en mi Santuario
los encargados de la guardia de las puertas de la Casa y ministros
del servicio de la Casa. Ellos inmolarán el holocausto y el
sacrificio por el pueblo, y estarán a su disposición para servirle.
12 Por haberse puesto a su
servicio delante de sus basuras y haber sido para la casa de Israel
ocasión de culpa, por eso, yo levanto la mano contra ellos -
oráculo del Señor Yahveh - y soportarán el peso de su culpa.
13 No se acercarán más a
mí para ejercer ante mí el sacerdocio ni para tocar mis cosas santas
y las cosas sacratísimas: soportarán el peso de su ignominia y de
las abominaciones que cometieron.
14 Les encargaré de
ejercer el ministerio en la Casa, en lo que atañe a su servicio y a
todo lo que allí se hace.
15 Pero los sacerdotes
levitas, hijos de Sadoq, que cumplieron mi ministerio en el
santuario cuando los israelitas se descarriaban lejos de mí, ellos
sí se acercarán a mí para servirme, y estarán en mi presencia para
ofrecerme la grasa y la sangre, oráculo del Señor Yahveh.
16 Ellos entrarán en mi
Santuario y se acercarán a mi mesa para servirme; ellos cumplirán mi
ministerio.
17 Cuando entren por los
pórticos del atrio interior, llevarán hábitos de lino; no irán
vestidos de lana cuando oficien en los pórticos del atrio interior,
y en la Casa.
18 Llevarán en la cabeza
turbantes de lino, y fajas de lino a los riñones; no se ceñirán nada
que transpire el sudor.
19 Cuando salgan al atrio
exterior, donde el pueblo, se quitarán las vestiduras con que hayan
oficiado, las dejarán en las salas del Santo, y se pondrán otras
ropas, con el fin de no santificar al pueblo con sus vestiduras.
20 No se raparán la
cabeza, ni dejarán crecer libremente su cabellera, sino que se
cortarán cuidadosamente el pelo.
21 Ningún sacerdote beberá
vino el día que tenga que entrar en el atrio interior.
22 No tomarán por esposa
ni una viuda ni una mujer repudiada, sino una virgen de la raza de
Israel; una viuda sólo en el caso de que sea viuda de un sacerdote.
23 Enseñarán a mi pueblo a
distinguir lo sagrado de lo profano y le harán saber la diferencia
entre lo puro y lo impuro.
24 En los pleitos serán
ellos los jueces; juzgarán conforme a mi derecho; observarán en
todas mis fiestas mis leyes y preceptos, y santificarán mis sábados.
25 No se acercarán a un
muerto, para no contaminarse, pero por un padre, una madre, un hijo,
una hija, un hermano, o una hermana no casada podrán contaminarse.
26 Después de haberse
purificado, se contará una semana,
27 y luego, el día en que
entre en el Santo, en el atrio interior para oficiar en el Santo,
ofrecerá su sacrificio por el pecado, oráculo del Señor Yahveh.
28 No tendrán heredad
alguna: yo seré su heredad. No les daréis propiedad en Israel: yo
seré su propiedad particular.
29 Ellos comerán la
oblación, el sacrificio por el pecado y el sacrificio de expiación.
Todo lo que sea consagrado al anatema en Israel será para ellos.
30 Lo mejor de todas
vuestras primicias y de toda clase de ofrendas reservadas que
ofrezcáis, será para los sacerdotes; y lo mejor de vuestras
moliendas, se lo daréis a los sacerdotes, para que la bendición
repose sobre vuestra casa.
31 Los sacerdotes no
comerán carne de ningún ave ni bestia muerta o desgarrada.
Ezequiel 45
1 Cuando os repartáis por
sorteo esta tierra en heredad, reservaréis como ofrenda para Yahveh
un recinto sagrado de la tierra, de una longitud de veinticinco mil
codos por una anchura de veinte mil. Será sagrado en toda su
extensión.
2 De aquí se tomará para
el santuario un cuadrado de quinientos codos por quinientos,
alrededor del cual habrá un margen de cincuenta codos.
3 También de su área
medirás una longitud de veinticinco mil codos por una anchura de
diez mil: aquí estará el santuario, el Santo de los Santos.
4 Será el recinto sagrado
de la tierra, destinado a los sacerdotes, que ejercen el ministerio
del santuario y que se acercan a Yahveh para servirle. Para ellos
será este lugar, para que construyan sus casas y como lugar sagrado
para el santuario.
5 Un terreno de
veinticinco mil codos de largo por diez mil de ancho será reservado
a los levitas, servidores de la Casa, en propiedad, con ciudades
para vivir.
6 Y como propiedad de la
ciudad fijaréis un terreno de cinco mil codos de ancho por
veinticinco mil de largo, junto a la parte reservada del santuario:
esto será para toda la casa de Israel.
7 Al príncipe le tocará, a
ambos lados del recinto de la parte reservada para el santuario y de
la propiedad de la ciudad, a lo largo de la parte reservada para el
santuario y de la propiedad de la ciudad, por el lado occidental
hacia occidente, y por el oriental hacia oriente, una longitud igual
a cada una de las partes, desde la frontera occidental hasta la
frontera oriental
8 de la tierra. Esto será
su propiedad en Israel. Así mis príncipes no oprimirán más a mi
pueblo: dejarán la tierra a la casa de Israel, a sus tribus.
9 Así dice el Señor
Yahveh: Ya es demasiado, príncipes de Israel. Desistid de la
opresión y de la violencia, practicad el derecho y la justicia,
liberad a mi pueblo de vuestros impuestos, oráculo del Señor Yahveh.
10 Usad balanzas justas,
una arroba justa, una medida justa.
11 La arroba y la medida
sean iguales, de suerte que la medida contenga un décimo de carga y
la arroba un décimo de carga. A partir de la carga serán fijadas
las medidas.
12 El siclo será de veinte
óbolos. Veinte siclos, veinticinco siclos y quince siclos harán una
mina.
13 Esta es la ofrenda que
reservaréis: un sexto de arroba por cada carga de trigo y un sexto
de arroba por cada carga de cebada.
14 Regla para el aceite,
para la medida de aceite: una medida de aceite por cada diez
medidas, es decir, por un tonel de diez medidas, o de una carga,
pues diez medidas hacen una carga.
15 Se reservará una oveja
por cada rebaño de doscientas de las praderas de Israel, para la
oblación, el holocausto y el sacrificio de comunión, como expiación
por ellos, oráculo del Señor Yahveh.
16 Todo el pueblo de la
tierra contribuirá a esta ofrenda reservada para el príncipe de
Israel.
17 El príncipe se
encargará de los holocaustos, de la oblación y de la libación en las
fiestas, novilunios y sábados, en todas las solemnidades de la casa
de Israel. El proveerá lo necesario para el sacrificio por el
pecado, para la oblación, el holocausto y los sacrificios de
comunión, para la expiación de la casa de Israel.
18 Así dice el Señor
Yahveh: El primer mes, el día uno del mes, tomarás un novillo sin
defecto, para quitar el pecado del santuario.
19 El sacerdote tomará la
sangre de la víctima por el pecado y la pondrá en las jambas del
pórtico de la Casa, en los cuatro ángulos del zócalo del altar, y
en las jambas de los pórticos del atrio interior.
20 Lo mismo harás el día
siete del mes, en favor de todo aquel que haya pecado por
inadvertencia o irreflexión. Así haréis la expiación de la Casa.
21 El día catorce del
primer mes será para vosotros la fiesta de la Pascua. Durante siete
días se comerá el pan sin levadura.
22 Aquel día, el príncipe
ofrecerá por sí mismo y por todo el pueblo de la tierra un novillo
en sacrificio por el pecado.
23 Durante los siete días
de la fiesta, ofrecerá en holocausto a Yahveh siete novillos y
siete carneros sin defecto, cada uno de los siete días, y en
sacrificio por el pecado, un macho cabrío cada día.
24 Como oblación, ofrecerá
una medida por novillo y una medida por carnero, y de aceite un
sextario por medida.
25 El día quince del
séptimo mes, en la fiesta, hará lo mismo durante siete días,
ofreciendo el sacrificio por el pecado, el holocausto, la oblación y
el aceite.
Ezequiel 46
1 Así dice el Señor
Yahveh: El pórtico del atrio interior que mira a oriente estará
cerrado los seis días laborables. El sábado se le abrirá, así como
el día del novilunio;
2 y el príncipe entrará
desde el exterior por el vestíbulo del pórtico y se quedará de pie
junto a las jambas del pórtico. Entonces los sacerdotes ofrecerán su
holocausto y su sacrificio de comunión. El se postrará en el umbral
del pórtico, luego saldrá, y no se cerrará el pórtico hasta la
tarde.
3 El pueblo de la tierra
se postrará ante Yahveh a la entrada de este pórtico, los sábados y
los días de novilunio.
4 El holocausto que el
príncipe ofrecerá a Yahveh el sábado, será de seis corderos sin
defecto y de un carnero sin defecto;
5 y como oblación una
medida por carnero; por los corderos, una oblación que queda a
discreción, y de aceite un sextario por medida.
6 En el día del novilunio:
un novillo sin defecto, seis corderos y un carnero sin defecto.
7 Y hará oblación de una
medida por novillo y de una medida por carnero; por los corderos, lo
que pueda, y de aceite un sextario por medida.
8 Cuando el príncipe
entre, entrará por el vestíbulo del pórtico y por el mismo saldrá.
9 Y cuando el pueblo de la
tierra venga ante Yahveh en las solemnidades, los que entren por el
pórtico septentrional para postrarse, saldrán por el pórtico
meridional, y los que entren por el pórtico meridional saldrán por
el pórtico septentrional. Nadie volverá a salir por el pórtico por
donde entró, sino que saldrá por el de enfrente.
10 Y el príncipe irá en
medio de ellos; entrará como ellos y saldrá como ellos.
11 En las fiestas y
solemnidades, la oblación será de una medida por novillo, de una
medida por carnero, por los corderos a discreción, y de aceite, un
sextario por medida.
12 Cuando el príncipe
ofrezca un holocausto voluntario o un sacrificio de comunión
voluntario a Yahveh, se le abrirá el pórtico que mira a oriente,
ofrecerá su holocausto y su sacrificio de comunión, de la misma
manera que el día de sábado, saldrá luego, y el pórtico se cerrará
en cuanto haya salido.
13 Ofrecerás cada día en
holocausto a Yahveh un cordero de un año sin defecto: lo ofrecerás
cada mañana.
14 Ofrecerás además cada
mañana, como oblación, un sexto de medida, y de aceite, un tercio de
sextario, para amasar la flor de harina. Esto es la oblación a
Yahveh, decreto eterno, fijo para siempre.
15 Se ofrecerá el cordero,
la oblación y el aceite, cada mañana, como holocausto perpetuo.
16 Así dice el Señor
Yahveh: Si el príncipe hace un regalo a alguno de sus hijos,
tomándolo de su heredad, el regalo pertenecerá a sus hijos, será su
propiedad por derecho de herencia.
17 Pero si hace de su
heredad un regalo a uno de sus siervos, pertenecerá a éste sólo
hasta el año de la liberación, luego retornará al príncipe.
Solamente a sus hijos podrá pasar su heredad.
18 El príncipe no tomará
nada de la heredad del pueblo despojándole de su propiedad; sólo de
su propiedad particular legará partes a sus hijos, para que nadie de
mi pueblo sea privado de su propiedad.
19 Luego me llevó, por la
entrada que estaba al lado del pórtico, a las salas del Santo
reservadas a los sacerdotes, las que miraban al norte. Allí, en la
extremidad occidental, había un espacio.
20 Me dijo: «Este es el
lugar donde los sacerdotes cocerán las víctimas de los sacrificios
de expiación y de los sacrificios por el pecado, y donde cocerán la
oblación, a fin de que no se saque nada al atrio exterior y se ve
santifique así al pueblo.»
21 Me sacó luego al atrio
exterior y me hizo pasar junto a los cuatro ángulos del atrio; en
cada uno de los ángulos del atrio había un patio:
22 esto es, en los cuatro
ángulos del atrio, cuatro pequeños patios de cuarenta codos de
longitud y treinta de anchura, los cuatro de las mismas dimensiones.
23 Una tapia cercaba los
cuatro, y en la parte baja de la tapia había levantados unos
fogones, todo alrededor.
24 Y me dijo: «Estos son
los fogones donde los servidores de la Casa cocerán los sacrificios
del pueblo.»
Ezequiel 47
1 Me llevó a la entrada de
la Casa, y he aquí que debajo del umbral de la Casa salía agua, en
dirección a oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia
oriente. El agua bajaba de debajo del lado derecho de la Casa, al
sur del altar.
2 Luego me hizo salir por
el pórtico septentrional y dar la vuelta por el exterior, hasta el
pórtico exterior que miraba hacia oriente, y he aquí que el agua
fluía del lado derecho.
3 El hombre salió hacia
oriente con la cuerda que tenía en la mano, midió mil codos y me
hizo atravesar el agua: me llegaba hasta los tobillos.
4 Midió otros mil codos y
me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta las rodillas. Midió mil
más y me hizo atravesar el agua: me llegaba hasta la cintura.
5 Midió otros mil: era ya
un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido
hasta hacerse un agua de pasar a nado, un torrente que no se podía
atravesar.
6 Entonces me dijo: «¿Has
visto, hijo de hombre?» Me condujo, y luego me hizo volver a la
orilla del torrente.
7 Y a volver vi que a la
orilla del torrente había gran cantidad de árboles, a ambos lados.
8 Me dijo: «Esta agua sale
hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en
el agua hedionda, y el agua queda saneada.
9 Por dondequiera que pase
el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Los peces
serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea
todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente.
10 A sus orillas vendrán
los pescadores; desde Engadí hasta Eneglayim se tenderán redes. Los
peces serán de la misma especie que los peces del mar Grande, y muy
numerosos.
11 Pero sus marismas y sus
lagunas no serán saneadas, serán abandonadas a la sal.
12 A orillas del torrente,
a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales cuyo
follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán: producirán
todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del santuario.
Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina.»
13 Así dice el Señor
Yahveh: Esta es la frontera de la tierra que os repartiréis entre
las doce tribus de Israel, dando a José dos partes.
14 Recibiréis cada uno por
igual vuestra parte, porque yo juré, mano en alto, dársela a
vuestros padres, y esta tierra os pertenecerá en heredad.
15 Esta es la frontera de
la tierra: lado septentrional: desde el mar Grande, el camino de
Jetlón hasta la Entrada de Jamat, Sedad,
16 Berotá, Sibráyim, que
está entre el territorio de Damasco y el de Jamar, Jaser Hattikón
hacia el territorio del Jaurán;
17 la frontera correrá
desde el mar hasta Jasar Enán, quedando al norte el territorio de
Damasco, así como el territorio de Jamat. Este, el lado
septentrional.
18 Lado oriental: entre el
Jaurán y Damasco, entre Galaad y la tierra de Israel, el Jordán
servirá de frontera hacia el mar oriental, hasta Tamar: Este, el
lado oriental.
19 Lado meridional, al
sur: desde Tamar hasta las aguas de Meribá de Cadés, hacia el
torrente, hasta el mar Grande. Este, el lado meridional, al sur.
20 Lado occidental: el mar
Grande será la frontera hasta enfrente de la Entrada de Jamat. Este,
el lado occidental.
21 Os repartiréis esta
tierra, según las tribus de Israel.
22 Os la repartiréis como
heredad para vosotros y para los forasteros que residan con vosotros
y que hayan engendrado hijos entre vosotros, porque los
consideraréis como al israelita nativo. Con vosotros participarán en
la suerte de la heredad, en medio de las tribus de Israel.
23 En la tribu donde
resida el forastero, allí le daréis su heredad, oráculo del Señor
Yahveh.
Ezequiel 48
1 Y estos son los nombres
de las tribus. Desde el extremo norte, a lo largo del camino de
Jetlón, hacia la Entrada de Jamat, Jasar Enán, quedando al norte el
territorio de Damasco, a lo largo de Jamat: será para él desde el
lado oriental hasta el lado occidental: Dan, una parte.
2 Limitando con Dan, desde
el lado oriental hasta el lado occidental: Aser, una parte.
3 Limitando con Aser,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Neftalí, una parte.
4 Limitando con Neftalí,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Manasés, una parte.
5 Limitando con Manasés,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Efraím, una parte.
6 Limitando con Efraím,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Rubén, una parte.
7 Limitando con Rubén,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Judá, una parte.
8 Limitando con Judá,
desde el lado oriental hasta el lado occidental, estará la ofrenda
sagrada que reservaréis, de veinticinco mil codos de ancha, y de
larga como cada una de las otras partes desde el lado oriental hasta
el lado occidental. Y en medio estará el santuario.
9 La ofrenda sagrada que
reservaréis para Yahveh tendrá veinticinco mil codos de longitud y
diez mil de anchura.
10 A ellos, a los
sacerdotes, pertenecerá la ofrenda santa reservada: veinticinco mil
codos al norte, diez mil codos de anchura al oeste, diez mil codos
de anchura al este, y veinticinco mil codos de longitud al sur; y el
santuario de Yahveh estará en el medio;
11 a los sacerdotes
consagrados, aquellos de entre los hijos de Sadoq que cumplieron mi
ministerio, y que no se descarriaron al descarriarse los
israelitas, como se descarriaron los levitas,
12 a ellos les
corresponderá una parte de la tierra reservada como ofrenda
sacratísima, junto al territorio de los levitas.
13 Los levitas, a
semejanza del territorio de los sacerdotes, tendrán un territorio de
veinticinco mil codos de largo y diez mil de ancho - longitud total,
veinticinco mil, y anchura, diez mil.
14 No podrán vender ni
cambiar ni ceder nada de esta parte de la tierra, porque está
consagrada a Yahveh.
15 Los cinco mil codos de
anchura que quedan a lo largo de los veinticinco mil, serán un
terreno profano para la ciudad, para viviendas y pastizales. La
ciudad quedará en medio.
16 Y estas serán sus
dimensiones: por el lado norte, cuatro mil quinientos codos; por el
lado sur, cuatro mil quinientos codos; por el lado este, cuatro mil
quinientos codos; por el lado oeste, cuatro mil quinientos codos.
17 Y los pastizales de la
ciudad se extenderán hacia el norte doscientos cincuenta codos,
hacia el sur doscientos cincuenta, hacia el este doscientos
cincuenta y hacia el oeste doscientos cincuenta.
18 Quedará una extensión,
a lo largo de la ofrenda santa reservada, de diez mil codos hacia
oriente y diez mil hacia occidente, a lo largo de la ofrenda santa
reservada: sus productos servirán para la alimentación de los
trabajadores de la ciudad.
19 Los trabajadores que
trabajen en la ciudad serán tomados de todas las tribus de Israel.
20 El total de la ofrenda
reservada será de veinticinco mil codos por veinticinco mil.
Reservaréis un cuarto de la ofrenda santa reservada para la
propiedad de la ciudad.
21 Lo que quede será para
el príncipe, a uno y otro lado de la ofrenda santa reservada y de la
propiedad de la ciudad, a lo largo de los veinticinco mil codos al
este, hasta la frontera oriental, y al oeste a lo largo de los
veinticinco mil codos hasta la frontera occidental, para el
príncipe, en correspondencia a las demás partes; y en el medio
estará la ofrenda santa res reservada y el santuario de la Casa.
22 Así, desde la propiedad
de los levitas y la propiedad de la ciudad que están en medio de la
parte del príncipe, entre la frontera de Judá y la de Benjamín,
pertenecerá al príncipe.
23 Y las demás tribus:
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Benjamín, una
parte.
24 Limitando con Benjamín,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Simeón, una parte.
25 Limitando con Simeón,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Isacar, una parte.
26 Limitando con Isacar,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Zabulón, una parte.
27 Limitando con Zabulón,
desde el lado oriental hasta el lado occidental: Gad, una parte.
28 Y limitando con Gad,
por el lado meridional, al sur, la frontera correrá desde Tamar
hacia las aguas de Meribá de Cadés, el torrente, hasta el mar
Grande.
29 Tal es la tierra que
repartiréis en heredad entre las tribus de Israel y tales serán sus
partes, oráculo del Señor Yahveh.
30 Y estas son las salidas
de la ciudad: por el lado norte, se medirán cuatro mil quinientos
codos.
31 Las puertas de la
ciudad llevarán los nombres de las tribus de Israel. Al norte tres
puertas: la puerta de Rubén, la puerta de Judá y la puerta de Leví.
32 Por el lado oriental,
cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de José, la
puerta de Benjamín y la puerta de Dan.
33 Por el lado meridional,
cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de Simeón, la
puerta de Isacar y la puerta de Zabulón.
34 Por el lado occidental,
cuatro mil quinientos codos y tres puertas: la puerta de Gad, la
puerta de Aser y la puerta de Neftalí.
35 El perímetro total será
de dieciocho mil codos. Y en adelante el nombre de la ciudad será: «Yahveh
está allí.»
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