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Jeremías 1
1 Palabras de Jeremías,
hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, en la tierra de
Benjamín,
2 a quien fue dirigida la
palabra de Yahveh en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en
el año trece de su reinado,
3 y después en tiempo de
Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año
undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, o sea, hasta la
deportación de Jerusalén en el mes quinto.
4 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
5 Antes de haberte formado
yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía
consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.
6 Yo dije: «¡Ah, Señor
Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.»
7 Y me dijo Yahveh: No
digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás, y
todo lo que te mande dirás.
8 No les tengas miedo, que
contigo estoy yo para salvarte - oráculo de Yahveh -.
9 Entonces alargó Yahveh
su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: Mira que he puesto mis
palabras en tu boca.
10 Desde hoy mismo te doy
autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y
destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar.
11 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo,
Jeremías?» «Una rama de almendro estoy viendo.»
12 Y me dijo Yahveh: «Bien
has visto. Pues así soy yo, velador de mi palabra para cumplirla.»
13 Nuevamente me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás
viendo?» «Un puchero hirviendo estoy viendo, que se vuelca de norte
a sur.»
14 Y me dijo Yahveh: «Es
que desde el norte se iniciará el desastre sobre todos los moradores
de esta tierra.
15 Porque en seguida llamo
yo a todas las familias reinos del norte - oráculo de Yahveh - y
vendrán a instalarse a las mismas puertas de Jerusalén, y frente a
todas sus murallas en torno, y contra todas las ciudades de Judá,
16 a las que yo
sentenciaré por toda su malicia: por haberme dejado a mí para
ofrecer incienso a otros dioses, y adorar la obra de sus propias
manos.
17 Por tu parte, te
apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te
mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de
ellos;
18 pues, por mi parte,
mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro,
en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los
reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de
la tierra.
19 Te harán la guerra, mas
no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo de Yahveh - para
salvarte.»
Jeremías 2
1 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
2 Ve y grita a los oídos
de Jerusalén: Así dice Yahveh: De ti recuerdo tu cariño juvenil, el
amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el desierto, por la
tierra no sembrada.
3 Consagrado a Yahveh
estaba Israel, primicias de su cosecha. «Quienquiera que lo coma,
será reo; mal le sucederá» - oráculo de Yahveh -.
4 Oíd la palabra de
Yahveh, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.
5 Así dice Yahveh: ¿Qué
encontraban vuestros padres en mí de torcido, que se alejaron de mi
vera, y yendo en pos de la Vanidad se hicieron vanos?
6 En cambio no dijeron:
«¿Dónde está Yahveh, que nos subió de la tierra de Egipto, que nos
llevó por el desierto, por la estepa y la paramera, por tierra seca
y sombría, tierra por donde nadie pasa y en donde nadie se asienta?»
7 Luego os traje a la
tierra del vergel, para comer su fruto y su bien. Llegasteis y
ensuciasteis mi tierra, y pusisteis mi heredad asquerosa.
8 Los sacerdotes no
decían: «¿Dónde está Yahveh?»; ni los peritos de la Ley me conocían;
y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaban
por Baal, y en pos de los Inútiles andaban.
9 Por eso, continuaré
litigando con vosotros - oráculo de Yahveh - y hasta con los hijos
de vuestros hijos litigaré.
10 Porque, en efecto,
pasad a las islas de los Kittim y ved, enviad a Quedar quien
investigue a fondo, pensadlo bien y ved si aconteció cosa tal:
11 si las gentes cambiaron
de dioses - ¡aunque aquéllos no son dioses! -. Pues mi pueblo ha
trocado su Gloria por el Inútil.
12 Pasmaos, cielos, de
ello, erizaos y cobrad gran espanto - oráculo de Yahveh -.
13 Doble mal ha hecho mi
pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse
cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen.
14 ¿Es un esclavo Israel,
o nació siervo? Pues ¿cómo es que ha servido de botín?
15 Contra él rugieron
leoncillos, dieron voces y dejaron su país hecho una desolación, sus
ciudades incendiadas, sin habitantes.
16 Hasta los hijos de Nof
y de Tafnis te han rapado el cráneo.
17 ¿No te ha sucedido esto
por haber dejado a Yahveh tu Dios cuando te guiaba en tu camino?
18 Y entonces, ¿qué cuenta
te tiene encaminarte a Egipto para beber las aguas del Nilo?, o ¿qué
cuenta te tiene encaminarte a Asur para beber las aguas del Río?
19 Que te enseñe tu propio
daño, que tus apostasías te escarmienten; reconoce y ve lo malo y
amargo que te resulta el dejar a Yahveh tu Dios y no temblar ante mí
- oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
20 Oh tú, que rompiste
desde siempre el yugo y, sacudiendo las coyundas, decías: «¡No
serviré!», tú, que sobre todo otero prominente y bajo todo árbol
frondoso estabas yaciendo, prostituta.
21 Yo te había plantado de
la cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo te has
mudado en sarmiento de vid bastarda?
22 Porque, así te
blanquees con salitre y te des cantidad de lejía, se te nota la
culpa en mi presencia - oráculo del Señor Yahveh -.
23 Cómo dices: «No estoy
manchada; en pos de los Baales no anduve?» ¡Mira tu rastro en el
Valle! Reconoce lo que has hecho, camellita liviana que trenza sus
derroteros,
24 irrumpe en el desierto
y en puro celo se bebe los vientos: su estro, ¿quién lo calmará?
Cualquiera que la busca la topa, ¡bien acompañada la encuentra!
25 Guarda tu pie de la
descalcez y tu garganta de la sed. Pero tú dices: «No hay remedio: a
mí me gustan los extranjeros, y tras ellos he de ir.»
26 Cual se avergüenza el
ladrón cuando es sorprendido, así se ha avergonzado la casa de
Israel: ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas,
27 los que dicen al
madero: «Mi padre eres tú», y a la piedra: «Tú me diste a luz.» Tras
de volverme la espalda, que no la cara, al tiempo de su mal dice:
«¡Levántate y sálvanos!»
28 Pues ¿dónde están tus
dioses, los que tú mismo te hiciste? ¡Que se levanten ellos, a ver
si te salvan en tiempo de desgracia! Pues cuantas son tus ciudades,
otros tantos son tus dioses, Judá; (y cuantas calles cuenta
Jerusalén, otros tantos altares hay de Baal).
29 ¿Por qué os querelláis
conmigo, si todos vosotros os habéis rebelado contra mí? - oráculo
de Yahveh -.
30 En vano golpeé a
vuestros hijos, pues no aprendieron. Ha devorado vuestra espada a
vuestos profetas, como el león cuando estraga.
31 ¡Vaya generación la
vuestra!; atended a la palabra de Yahveh: ¿Fui yo un desierto para
Israel o una tierra malhadada? ¿Por qué, entonces, dice mi pueblo:
«¡Bajemos! No vendremos más a ti.»?
32 ¿Se olvida la doncella
de su aderezo, la novia de su cinta? Pues mi pueblo sí que me ha
olvidado días sin número.
33 ¡Qué hermoso te parece
tu camino en busca del amor! A la verdad, hasta con maldades
aprendiste tus caminos.
34 En tus mismas haldas se
encontraban manchas de sangre de las almas de pobres inocentes: no
los sorprendiste en escalo. Y con todo eso,
35 dices: «Soy inocente;
basta ya de ira contra mí.» Pues bien, aquí me tienes para discutir
contigo eso que has dicho: «No he pecado.»
36 ¡Cuánta ligereza la
tuya para cambiar de dirección! También de Egipto te avergonzarás
como te avergonzaste de Asur.
37 También de ésta saldrás
con las manos en la cabeza. Porque Yahveh ha rechazado aquello en
que confías, y no saldrás bien de ello.
Jeremías 3
1 «Supongamos que despide
un marido a su mujer; ella se va de su lado y es de otro hombre:
¿podrá volver a él? ¿no sería como una tierra manchada?» Pues bien,
tú has fornicado con muchos compañeros, ¡y vas a volver a mí! -
oráculo de Yahveh -.
2 Alza los ojos a los
calveros y mira: ¿en dónde no fuiste gozada? A la vera de los
caminos te sentabas para ellos, como el árabe en el desierto, y
manchaste la tierra con tus fornicaciones y malicia.
3 Se suspendieron las
lloviznas de otoño, y faltó lluvia tardía; pero tú tenías rostro de
mujer descarada, rehusaste avergonzarte.
4 ¿Es que entonces mismo
no me llamabas: «Padre mío; el amigo de mi juventud eres tú?;
5 ¿tendrá rencor para
siempre?, ¿lo guardará hasta el fin?» Ahí tienes cómo has hablado;
las maldades que hiciste las has colmado.
6 Yahveh me dijo en
tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata?
Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol
frondoso, fornicando allí.
7 En vista de lo que había
hecho, dije: «No vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana
Judá, la pérfida;
8 vio que a causa de todas
las fornicaciones de Israel, la apóstata, yo la había despedido
dándole su carta de divorcio; pero no hizo caso su hermana Judá, la
pérfida, sino que fue y fornicó también ella,
9 tanto que por su
liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y
con el leño.
10 A pesar de todo, su
hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino
engañosamente - oráculo de Yahveh.
11 Y me dijo Yahveh: Más
justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida.
12 Anda y pregona estas
palabras al Norte y di: Vuelve, Israel apóstata, - oráculo de Yahveh
-; no estará airado mi semblante contra vosotros, porque piadoso soy
- oráculo de Yahveh - no guardo rencor para siempre.
13 Tan sólo reconoce tu
culpa, pues contra Yahveh tu Dios te rebelaste, frecuentaste a
extranjeros bajo todo árbol frondoso, y mi voz no oísteis - oráculo
de Yahveh -.
14 Volved, hijos apóstatas
- oráculo de Yahveh - porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo
uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os traeré
a Sión.
15 Os pondré pastores
según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia.
16 Y luego, cuando seáis
muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días - oráculo de
Yahveh - no se hablará más del arca de la alianza de Yahveh, no
vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será
reconstruida jamás.
17 En aquel tiempo
llamarán a Jerusalén «Trono de Yahveh» y se incorporarán a ella
todas las naciones en el nombre de Yahveh, en Jerusalén, sin seguir
más la dureza de sus perversos corazones.
18 En aquellos días,
andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde
tierras del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.
19 Yo había dicho: «Sí, te
tendré como a un hijo y te daré una tierra espléndida, flor de las
heredades de las naciones.» Y añadí: «Padre me llamaréis y de mi
seguimiento no os volveréis.»
20 Pues bien, como engaña
una mujer a su compañero, así me ha engañado la casa de Israel,
oráculo de Yahveh.
21 Voces sobre los
calveros se oían: rogativas llorosas de los hijos de Israel, porque
torcieron su camino, olvidaron a su Dios Yahveh.
22 - Volved, hijos
apóstatas; yo remediaré vuestras apostasías. - Aquí nos tienes de
vuelta a ti, porque tú, Yahveh, eres nuestro Dios.
23 ¡Luego eran mentira los
altos, la barahúnda de los montes! ¡Luego por Yahveh, nuestro Dios,
se salva Israel!
24 La Vergüenza se comió
la laceria de nuestros padres desde nuestra mocedad: sus ovejas y
vacas, sus hijos e hijas.
25 Acostémonos en nuestra
vergüenza, y que nos cubra nuestra propia confusión, ya que contra
Yahveh nuestro Dios hemos pecado nosotros como nuestros padres desde
nuestra mocedad hasta hoy, y no escuchamos la voz de Yahveh nuestro
Dios.
Jeremías 4
1 ¡Si volvieras, Israel!,
oráculo de Yahveh, ¡si a mí volvieras!, si quitaras tus Monstruos
abominables, y de mí no huyeras!
2 Jurarías: «¡Por vida de
Yahveh!» con verdad, con derecho y con justicia, y se bendecirían
por él las naciones, y por él se alabarían.
3 Porque así dice Yahveh
al hombre de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el barbecho y no
sembréis sobre cardos.
4 Circuncidaos para Yahveh
y extirpad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y
habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi saña, y arda
y no haya quien la apague, en vista de vuestras perversas acciones.
5 Avisad en Judá y que se
oiga en Jerusalén. Tañed el cuerno por el país, pregonad a voz en
grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes!
6 ¡Izad bandera hacia
Sión! ¡Escapad, no os paréis! Porque yo traigo una calamidad del
norte y un quebranto grande.
7 Se ha levantado el león
de su cubil, y el devorador de naciones se ha puesto en marcha:
salió de su lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades
quedarán arrasadas, sin habitantes.
8 Por ende, ceñíos de
sayal, endechad y plañid: - «¡No; no se va de nosotros la ardiente
ira de Yahveh!»
9 Sucederá aquel día -
oráculo de Yahveh - que se perderá el ánimo del rey y el de los
príncipes, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán.
10 Y yo digo: «¡Ay, Señor
Yahveh! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén diciendo: “Paz
tendréis”, y ha penetrado la espada hasta el alma!»
11 En aquella sazón se
dirá a este pueblo y a Jerusalén: - Un viento ardiente viene por el
desierto, camino de la hija de mi pueblo, no para beldar, ni para
limpiar.
12 Un viento lleno de
amenazas viene de mi parte. Ahora me toca a mí alegar mis razones
respecto a ellos.
13 Ved cómo se levanta
cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que
águilas sus corceles. - ¡Ay de nosotros, estamos perdidos!
14 - Limpia de malicia tu
corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en ti
tus pensamientos torcidos?
15 Una voz avisa desde Dan
y da la mala nueva desde la sierra de Efraím.
16 Pregonad: «¡Los
gentiles! ¡Ya están aquí!»; hacedlo oír en Jerusalén. Los enemigos
vienen de tierra lejana y dan voces contra las ciudades de Judá.
17 Como guardas de campo
se han puesto frente a ella en torno, porque contra mí se rebelaron
- oráculo de Yahveh -.
18 Tu proceder y fechorías
te acarrearon esto; esto tu desgracia te ha penetrado hasta el
corazón porque te rebelaste contra mí.
19 - ¡Mis entrañas, mis
entrañas!, ¡me duelen las telas del corazón, se me salta el corazón
del pecho! No callaré, porque mi alma ha oído sones de cuerno, el
clamoreo del combate.
20 Se anuncia quebranto
sobre quebranto, porque es saqueada toda la tierra. En un punto son
saqueadas mis tiendas, y en un cerrar de ojos mis toldos.
21 ¿Hasta cuándo veré
enseñas, y oiré sones de cuerno?
22 - Es porque mi pueblo
es necio: A mí no me conocen. Criaturas necias son, carecen de
talento. Sabios son para lo malo, ignorantes para el bien.
23 Miré a la tierra, y he
aquí que era un caos; a los cielos, y faltaba su luz.
24 Miré a los montes, y
estaban temblando, y todos los cerros trepidaban.
25 Miré, y he aquí que no
había un alma, y todas las aves del cielo se habían volado.
26 Miré, y he aquí que el
vergel era yermo, y todas las ciudades estaban arrasadas delante de
Yahveh y del ardor de su ira.
27 Porque así dice Yahveh:
Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella.
28 Por eso ha de enlutarse
la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba; pues tengo resuelta
mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de ella.
29 Al ruido de jinetes y
flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y trepaban
por las peñas. Toda ciudad quedó abandonada, sin quedar en ellas
habitantes.
30 Y tú, asolada, ¿qué vas
a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de
oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te
han rechazado tus amantes: ¡tu muerte es lo que buscan!
31 Y entonces oí una voz
como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija
de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: «¡Ay, pobre de mí, que mi
alma desfallece a manos de asesinos!»
Jeremías 5
1 Recorred las calles de
Jerusalén, mirad bien y enteraos; buscad por sus plazas, a ver si
topáis con alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y
yo la perdonaría.
2 Pues, si bien dicen:
«¡Por vida de Yahveh!», también juran en falso.
3 - ¡Oh Yahveh! tus ojos,
¿no son para la verdad? Les heriste, mas no acusaron el golpe;
acabaste con ellos, pero no quisieron aprender. Endurecieron sus
caras más que peñascos, rehusaron convertirse.
4 Yo decía: «Naturalmente,
el vulgo es necio, pues ignora el camino de Yahveh, el derecho de su
Dios.
5 Voy a acudir a los
grandes y a hablar con ellos, porque ésos conocen el camino de
Yahveh, el derecho de su Dios.» Pues bien, todos a una habían
quebrado el yugo y arrancado las coyundas.
6 Por eso los herirá el
león de la selva, el lobo de los desiertos los destrozará, el
leopardo acechará sus ciudades: todo el que saliere de ellas será
despedazado. - Porque son muchas sus rebeldías, y sus apostasías son
grandes.
7 ¿Cómo te voy a perdonar
por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el no - dios. Yo los
harté, y ellos se hicieron adúlteros, y el lupanar frecuentaron.
8 Son caballos lustrosos y
vagabundos: cada cual relincha por la mujer de su prójimo.
9 ¿Y de esto no pediré
cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi
alma?
10 Escalad sus murallas,
destruid, mas no acabéis con ella. Quitad sus sarmientos porque no
son de Yahveh.
11 Porque bien me
engañaron, la casa de Judá y la casa de Israel - oráculo de Yahveh
-.
12 Renegaron de Yahveh
diciendo: «¡El no cuenta!, ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni
espada ni hambre veremos!
13 Cuanto a los profetas,
el viento se los lleve, pues carecen de Palabra.» - Así les será
hecho.
14 Por tanto, así dice
Yahveh, el Dios Sebaot: Por haber hablado ellos tal palabra, he aquí
que yo pongo las mías en tu boca como fuego, y a este pueblo como
leños, y los consumirá.
15 He aquí que yo traigo
sobre vosotros, una nación de muy lejos, ¡oh casa de Israel! -
oráculo de Yahveh -; una nación que no mengua, nación antiquísima
aquélla, nación cuya lengua ignoras y no entiendes los que habla;
16 cuyo carcaj es como
tumba abierta: todos son valientes.
17 Comerá tu mies y tu
pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus ovejas y vacas, comerá
tus viñas e higueras; con la espada destruirá tus plazas fuertes en
que confías.
18 Por lo demás, en los
días aquellos - oráculo de Yahveh - todavía no acabaré con vosotros.
19 - Y cuando dijereis:
«¿Por qué nos hace Yahveh nuestro Dios todo esto?», les dirás: «Lo
mismo que me dejasteis a mí y servisteis a dioses extraños en
vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra.»
20 Anunciad esto a la casa
de Jacob y hacedlo oír en Judá:
21 - Ea, oíd esto, pueblo
necio y sin seso - tienen ojos y no ven, orejas y no oyen -:
22 ¿A mí no me temeréis? -
oráculo de Yahveh -, ¿delante de mí no temblaréis, que puse la arena
por término al mar, límite eterno, que no traspasará? Se agitará,
mas no lo logrará; mugirán sus olas, pero no pasarán.
23 Pero este pueblo tiene
un corazón traidor y rebelde: traicionaron llegando hasta el fin.
24 Y no se les ocurrió
decir: «Ea, temamos a Yahveh nuestro Dios, que da la lluvia
tempranera y la tardía a su tiempo; que nos garantiza las semanas
que regulan la siega.»
25 Todo esto lo
trastornaron vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del
bien.
26 Porque se encuentran en
mi pueblo malhechores: preparan la red, cual paranceros montan
celada: ¡hombres son atrapados!
27 Como jaula llena de
aves, así están sus casas llenas de fraudes. Así se engrandecieron y
se enriquecieron,
28 engordaron, se
alustraron. Ejecutaban malas acciones. La causa del huérfano no
juzgaban y el derecho de los pobres no sentenciaban.
29 ¿Y de esto no pediré
cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi
alma?
30 Algo pasmoso y horrendo
se ha dado en la tierra:
31 los profetas
profetizaron con mentira, y los sacerdotes dispusieron a su guisa.
Pero mi pueblo lo prefiere así. ¿A dónde vais a parar?
Jeremías 6
1 Escapad, hijos de
Benjamín, de dentro de Jerusalén, en Técoa tañed el cuerno, y sobre
Bet Hakkérem izad bandera, porque una desgracia amenaza del norte y
un quebranto grande.
2 ¿Acaso a una deliciosa
pradera te comparas, hija de Sión?
3 A ella vienen pastores
con sus rebaños, han montado las tiendas, junto a ella en derredor,
y apacientan cada cual su manada.
4 - «¡Declaradle la guerra
santa! ¡En pie y subamos contra ella a mediodía!... ¡Ay de nosotros,
que el día va cayendo, y se alargan las sombras de la tarde!...
5 ¡Pues arriba y subamos
de noche y destruiremos sus alcázares!»
6 Porque así dice Yahveh
Sebaot: «Talad sus árboles y alzad contra Jerusalén un terraplén.»
Es la ciudad de visita. Todo el mundo se atropella en su interior.
7 Cual mana un pozo sus
aguas, tal mana ella su malicia. «¡Atropello!», «¡despojo!» - se oye
decir en ella; ante mí de continuo heridas y golpes.
8 Aprende, Jerusalén, no
sea que se despegue mi alma de ti, no sea que te convierta en
desolación, en tierra despoblada.
9 Así dice Yahveh Sebaot:
Busca, rebusca como en una cepa en el resto de Israel; vuelve a
pasar tu mano como el vendimiador por los pámpanos.
10 - ¿A quiénes que me
oigan voy a hablar y avisar? He aquí que su oído es incircunciso y
no pueden entender. He aquí que la palabra de Yahveh se les ha
vuelto oprobio: no les agrada.
11 También yo estoy lleno
de la saña de Yahveh y cansado de retenerla. La verteré sobre el
niño de la calle y sobre el grupo de mancebos juntos. También el
hombre y la mujer serán apresados, el viejo con la anciana.
12 Pasarán sus casas a
otros, campos y mujeres a la vez, cuando extienda yo mi mano sobre
los habitantes de esta tierra - oráculo de Yahveh -.
13 Porque desde el más
chiquito de ellos hasta el más grande, todos andan buscando su
provecho, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el
fraude.
14 Han curado el quebranto
de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!», cuando no había
paz.
15 ¿Se avergonzaron de las
abominaciones que hicieron? Avergonzarse, no se avergonzaron;
sonrojarse, tampoco supieron; por tanto caerán con los que cayeren;
tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh.
16 Así dice Yahveh: Paraos
en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos, cuál
es el camino bueno, y andad por él, y encontraréis sosiego para
vuestras almas. Pero dijeron: «No vamos.»
17 Entonces les puse
centinelas: «¡Atención al toque de cuerno!» Pero dijeron: «No
atendemos.»
18 Por tanto, oíd,
naciones, y conoce, asamblea, lo que vendrá sobre ellos;
19 oye, tierra: He aquí
que traigo desgracia a este pueblo, como fruto de sus pensamientos,
porque a mis razones no atendieron, y por lo que respecta a mi Ley,
la desecharon.
20 - ¿A qué traerme
incienso de Seba y canela fina de país remoto? Ni vuestros
holocaustos me son gratos, ni vuestros sacrificios me complacen.
21 Por tanto, así dice
Yahveh: Mirad que pongo a este pueblo tropiezos y tropezarán en
ellos padres e hijos a una, el vecino y su prójimo perecerán.
22 Así dice Yahveh: Mirad
que un pueblo viene de tierras del norte y una gran nación se
despierta de los confines de la tierra.
23 Arco y lanza blanden,
crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo van
montados, ordenados como un solo hombre para la guerra contra ti,
hija de Sión.
24 - Oímos su fama,
flaquean nuestras manos, angustia nos asalta, dolor como de
parturienta.
25 No salgáis al campo, no
andéis por el camino, que el enemigo lleva espada: terror por
doquier.
26 - Hija de mi pueblo,
cíñete de sayal y revuélcate en ceniza, haz por ti misma un duelo de
hijo único, una endecha amarguísima, porque en seguida viene el
saqueador sobre nosotros.
27 - A ti te puse en mi
pueblo por inquisidor sagaz para que examinaras y probaras su
conducta.
28 - Todos ellos son
rebeldes que andan difamando; bronce y hierro; todos son
degenerados.
29 Jadeó el fuelle, el
plomo se consumió por el fuego. En vano afinó el afinador, porque la
ganga no se desprendió.
30 Serán llamados «plata
de desecho», porque Yahveh los desechó.
Jeremías 7
1 Palabra que llegó de
parte de Yahveh a Jeremías:
2 Párate en la puerta de
la Casa de Yahveh y proclamarás allí esta palabra. Dirás: Oíd la
palabra de Yahveh, todo Judá, los que entráis por estas puertas a
postraros ante Yahveh.
3 Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os
quedéis en este lugar.
4 No fiéis en palabras
engañosas diciendo: «¡Templo de Yahveh, Templo de Yahveh, Templo de
Yahveh es éste!»
5 Porque si mejoráis
realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia
mutua
6 y no oprimís al
forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en
este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño,
7 entonces yo me quedaré
con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres
desde siempre hasta siempre.
8 Pero he aquí que
vosotros fiáis en palabras engañosas que de nada sirven,
9 para robar, matar,
adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses
que no conocíais.
10 Luego venís y os paráis
ante mí en esta Casa llamada por mi Nombre y decís: «¡Estamos
seguros!», para seguir haciendo todas esas abominaciones.
11 ¿En cueva de bandoleros
se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi
Nombre? ¡Que bien visto lo tengo! - oráculo de Yahveh -.
12 Pues andad ahora a mi
lugar de Silo, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que
hice con él ante la maldad de mi pueblo Israel.
13 Y ahora, por haber
hecho vosotros todo esto - oráculo de Yahveh - por más que os hablé
asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no
respondisteis,
14 yo haré con la Casa que
se llama por mi Nombre, en la que confiáis, y con el lugar que os di
a vosotros y a vuestros padres, como hice con Silo,
15 y os echaré de mi
presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la
descendencia de Efraím.
16 En cuanto a ti, no
pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración, ni me
insistas, porque no te oiré.
17 ¿Es que no ves lo que
ellos hacen en las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén?
18 Los hijos recogen leña,
los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas a la
Reina de los Cielos, y se liba en honor de otros dioses para
exasperarme.
19 ¿A mí me exasperan
ésos? - oráculo de Yahveh -, ¿no es a sí mismos, para vergüenza de
sus rostros?
20 Por tanto, así dice el
Señor Yahveh: He aquí que mi ira y mi saña se vuelca sobre este
lugar, sobre hombres y bestias bestias, sobre los árboles del campo
y el fruto del suelo; arderá y no se apagará.
21 Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel. Añadid vuestros holocaustos a vuestros
sacrificios y comeos la carne.
22 Que cuando yo saqué a
vuestros padres del país de Egipto, no les hablé ni les mandé nada
tocante a holocausto y sacrificio.
23 Lo que les mandé fue
esto otro: «Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis
mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os
vaya bien.»
24 Mas ellos no escucharon
ni prestaron el oído, sino que procedieron en sus consejos según la
pertinacia de su mal corazón, y se pusieron de espaldas, que no de
cara;
25 desde la fecha en que
salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os
envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente.
26 Pero no me escucharon
ni aplicaron el oído, sino que atiesando la cerviz hicieron peor que
sus padres.
27 Les dirás, pues, todas
estas palabras, mas no te escucharán. Les llamarás y no te
responderán.
28 Entonces les dirás:
Esta es la nación que no ha escuchado la voz de Yahveh su Dios, ni
ha querido aprender. Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su
boca.
29 Córtate tus guedejas y
tíralas, y entona por los calveros una elegía; que Yahveh ha
desechado y repudiado a la generación objeto de su cólera.
30 Los hijos de Judá han
hecho lo que me parece malo - oráculo de Yahveh -: han puesto sus
Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre
profanándola,
31 y han construido los
altos de Tófet - que está en el valle de Ben Hinnom - para quemar a
sus hijos e hijas en el fuego, cosa que nos les mandé ni me pasó por
las mientes.
32 Por tanto, he aquí que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de Tófet,
ni del valle de Ben Hinnom, sino del “valle de la Matanza”. Se
harán enterramientos en Tófet por falta de sitio,
33 y los cadáveres de este
pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la
tierra, sin que haya quien las espante.
34 Suspenderé en las
ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén toda voz de gozo y
alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque toda la
tierra quedará desolada.
Jeremías 8
1 En aquel tiempo -
oráculo de Yahveh - sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de
Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes,
los huesos de los profetas y los huesos de los moradores de
Jerusalén,
2 y los dispersarán ante
el sol, la luna y todo el ejército celeste a quienes amaron y
sirvieron, a quienes siguieron, consultaron y adoraron, para no ser
recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz de
la tierra.
3 Y será preferible la
muerte a la vida para todo el resto que subsistiere de este linaje
malo adondequiera que yo les relegue - oráculo de Yahveh Sebaot -.
4 Les dirás: Así dice
Yahveh: Los que caen ¿no se levantan? y si uno se extravía ¿no cabe
tornar?
5 Pues ¿por qué este
pueblo sigue apostatando, Jerusalén con apostasía perpetua? Se
aferran a la mentira, rehúsan convertirse.
6 He escuchado
atentamente: no hablan a derechas. Nadie deplora su maldad diciendo:
«¿Qué he hecho?» Todos se extravían, cada cual en su carrera, cual
caballo que irrumpe en la batalla.
7 Hasta la cigüeña en el
cielo conoce su estación, y la tórtola, la golondrina o la grulla
observan la época de sus migraciones. Pero mi pueblo ignora el
derecho de Yahveh.
8 ¿Cómo decís: «Somos
sabios, y poseemos la Ley de Yahveh?» Cuando es bien cierto que en
mentira la ha cambiado el cálamo mentiroso de los escribas.
9 Los sabios pasarán
vergüenza, serán abatidos y presos. He aquí que han desechado la
palabra de Yahveh, y su sabiduría ¿de qué les sirve?
10 Así que yo daré sus
mujeres a otros, sus campos a nuevos amos, porque del más chiquito
al más grande todos andan buscando su provecho, y desde el profeta
hasta el sacerdote, todos practican el fraude.
11 Han curado el quebranto
de la hija de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!», cuando
no había paz.
12 ¿Se avergonzaron de las
abominaciones que hicieron? ¡Avergonzarse, no se avergonzaron;
sonrojarse, tampoco supieron! Por tanto caerán con los que cayeren;
tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh -.
13 Quisiera recoger de
ellos alguna cosa - oráculo de Yahveh - pero no hay racimos en la
vid ni higos en la higuera, y están mustias sus hojas. Es que yo les
he dado quien les despoje.
14 - «¿Por qué nos
quedamos tranquilos? ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes para
enmudecer allí, pues Yahveh nuestro Dios nos hace morir y nos
propina agua envenenada, porque hemos pecado contra Yahveh!
15 Esperábamos paz, y no
hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta el miedo.
16 Desde Dan se deja oír.
el resuello de sus caballos. Al relincho sonoro de sus corceles
tembló la tierra toda. Vendrán y comerán el país y sus bienes, la
ciudad y sus habitantes.»
17 - Sí, he aquí que yo
envío contra vosotros sierpes venenosas contra las que no existe
encantamiento, y os picarán - oráculo de Yahveh -.
18 Sin remedio el dolor me
acomete, el corazón me falla;
19 he aquí el grito
lastimero de la hija de mi pueblo desde todos los rincones del país:
«¿No está Yahveh en Sión? ¿su Rey no mora ya en ella? (¿Por qué me
han irritado con sus ídolos, con esas Vanidades traídas del
extranjero?)
20 La siega pasó, el
verano acabó, mas nosotros no estamos a salvo.»
21 Me duele el quebranto
de la hija de mi pueblo; estoy abrumado, el pánico se apodera de mí.
22 ¿No hay sandáraca en
Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿cómo es que no llega el
remedio para la hija de mi pueblo?
23 ¡Quién convirtiera mi
cabeza en llanto, mis ojos en manantial de lágrimas para llorar día
y noche a los muertos de la hija de mi pueblo!
Jeremías 9
1 ¡Quién me diese en el
desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y
alejarme de su compañía! Porque todos ellos son adúlteros, un hatajo
de traidores
2 que tienden su lengua
como un arco. Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en
esta tierra. Van de mal en peor, y a Yahveh desconocen.
3 ¡Que cada cual se guarde
de su prójimo!, ¡desconfiad de cualquier hermano!, porque todo
hermano pone la zancadilla, y todo prójimo propala la calumnia.
4 Se engañan unos a otros,
no dicen la verdad; han avezado sus lenguas a mentir, se han
pervertido, incapaces
5 de convertirse. Fraude
por fraude, engaño por engaño, se niegan a reconocer a Yahveh.
6 Por ende, así dice
Yahveh Sebaot: He aquí que yo voy a afinarlos y probarlos; mas ¿cómo
haré para tratar a la hija de mi pueblo?
7 Su lengua es saeta
mortífera, las palabras de su boca, embusteras. Se saluda al
prójimo, pero por dentro se le pone celada.
8 Y por estas acciones,
¿no les he de castigar? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no
se vengará mi alma?
9 Alzo sobre los montes
lloro y lamento, y una elegía por las dehesas del desierto, porque
han sido incendiadas; nadie pasa por allí, y no se oyen los gritos
del ganado. Desde las aves del cielo hasta las bestias, todas han
huido, se han marchado.
10 Voy a hacer de
Jerusalén un montón de piedras, guarida de chacales, y de las
ciudades de Judá haré una soledad sin ningún habitante.
11 ¿Quién es el sabio?,
pues que entienda esto; a quién ha hablado la boca de Yahveh?, pues
que lo diga; ¿por qué el país se ha perdido, incendiado como el
desierto donde no pasa nadie?
12 Yahveh lo ha dicho: Es
que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi
voz ni la han seguido;
13 sino que han ido en pos
de la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales que
sus padres les enseñaron.
14 Por eso, así dice
Yahveh Sebaot, el dios de Israel: He aquí que voy a dar de comer a
este pueblo ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada.
15 Les voy a dispersar
entre las naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré
detrás de ellos la espada hasta exterminarlos.
16 Así habla Yahveh
Sebaot: ¡Hala! Llamad a las plañideras, que vengan: mandad por las
más hábiles, que vengan.
17 ¡Pronto! que entonen
por nosotros una lamentación. Dejen caer lágrimas nuestros ojos, y
nuestros párpados den curso al llanto.
18 Sí, una lamentación se
deja oír desde Sión: «¡Ay, que somos saqueados!, ¡qué vergüenza tan
grande, que se nos hace dejar nuestra tierra, han derruido nuestros
hogares!»
19 Oíd, pues, mujeres, la
palabra de Yahveh; reciba vuestro oído la palabra de su boca:
Enseñad a vuestras hijas esta lamentación, y las unas a las otras
esta elegía:
20 «La muerte ha trepado
por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, barriendo de
la calle al chiquillo, a los mozos de las plazas.
21 ¡Habla! Tal es el
oráculo de Yahveh: Los cadáveres humanos yacen como boñigas por el
campo, como manojos detrás del segador, y no hay quien los reúna.»
22 Así dice Yahveh: No se
alabe el sabio por su sabiduría, ni se alabe el valiente por su
valentía, ni se alabe el rico por su riqueza;
23 mas en esto se alabe
quien se alabare: en tener seso y conocerme, por que yo soy Yahveh,
que hago merced, derecho y justicia sobre la tierra, porque en eso
me complazco - oráculo de Yahveh -.
24 He aquí que vienen días
- oráculo de Yahveh - en que he de visitar a todo circuncidado que
sólo lo sea en su carne:
25 a Egipto, Judá, Edom y
a los hijos de Ammón, a Moab, y a todos los de sien rapada, los que
moran en el desierto. Porque todas estas gentes lo son. Pero también
los de la casa de Israel son incircuncisos de corazón.
Jeremías 10
1 Oíd la palabra que os
dedica Yahveh, oh casa de Israel.
2 Así dice Yahveh: Al
proceder de los gentiles no os habituéis, ni de los signos celestes
os espantéis. ¡Que se espanten de ellos los gentiles!
3 Porque las costumbres de
los gentiles son vanidad: un madero del bosque, obra de manos del
maestro que con el hacha lo cortó,
4 con plata y oro lo
embellece, con clavos y a martillazos se lo sujeta para que no se
menee.
5 Son como espantajos de
pepinar, que ni hablan. Tienen que ser transportados, porque no
andan. No les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal.
6 No hay como tú, Yahveh;
grande eres tú, y grande tu Nombre en poderío.
7 ¿Quién no te temerá, Rey
de las naciones? Porque a ti se te debe eso. Porque entre todos los
sabios de las naciones y entre todos sus reinos no hay nadie como
tú.
8 Todos a la par son
estúpidos y necios: lección de madera la que dan los ídolos.
9 Plata laminada, de
Tarsis importada, y oro de Ofir; hechura de maestro y de manos de
platero (de púrpura violeta y escarlata es su vestido): todos son
obra de artistas.
10 Pero Yahveh es el Dios
verdadero; es el Dios vivo y el Rey eterno. Cuando se irrita,
tiembla la tierra, y no aguantan las naciones su indignación.
11 (Así les diréis: «Los
dioses que no hicieron el cielo ni la tierra, perecerán de la tierra
y de debajo del cielo.»)
12 El es quien hizo la
tierra con su poder, el que estableció el orbe con su saber, y con
su inteligencia expandió los cielos.
13 Cuando da voces, hay
estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el
extremo de la tierra. El hace los relámpagos para la lluvia y saca
el viento de sus depósitos.
14 Todo hombre es torpe
para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus
estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.
15 Vanidad son, cosa
ridícula; al tiempo de su visita perecerán.
16 No es así la «Parte de
Jacob», pues él es el plasmador del universo, y aquel cuyo heredero
es Israel; Yahveh Sebaot es su nombre.
17 Recoge del suelo tu
mercancía, oh tú, que estás sitiada:
18 porque así dice Yahveh:
He aquí que yo voy a hondear a los moradores del país - ¡esta vez va
de veras! - y les apremiaré de modo que den conmigo.
19 - «¡Ay de mí, por mi
quebranto! ¡me duele la herida! Y yo que decía: “Ese es un
sufrimiento, pero me lo aguantaré”...
20 Mi tienda ha sido
saqueada, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos me han sido
quitados y no existen. No hay quien despliegue ya mi tienda ni quien
ice mis toldos.»
21 - Es que han sido
torpes los pastores y no han buscado a Yahveh; así no obraron
cuerdamente, y toda su grey fue dispersada.
22 ¡Se oye un rumor! ¡ya
llega!: un gran estrépito del país del norte, para trocar las
ciudades de Judá en desolación, guarida de chacales.
23 Yo sé, Yahveh, que no
depende del hombre su camino, que no es del que anda enderezar su
paso.
24 Corrígeme, Yahveh, pero
con tino, no con tu ira, no sea que me quede en poco.
25 Vierte tu cólera sobre
las naciones que te desconocen, y sobre los linajes que no invocan
tu Nombre. Porque han devorado a Jacob hasta consumirle, lo han
devorado y su mansión han desolado.
Jeremías 11
1 Palabra que llegó de
parte de Yahveh a Jeremías:
2 Oíd los términos de esta
alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de
Jerusalén,
3 y diles: Así dice
Yahveh, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los
términos de esta alianza
4 que mandé a vuestros
padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro,
diciéndoles: «Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y
así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios,
5 en orden a cumplir el
juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana
leche y miel - como se cumple hoy.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahveh!
6 Y me dijo Yahveh:
Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las
calles de Jerusalén: «Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos:
7 que bien advertí a
vuestros padres el día que les hice subir de Egipto, y hasta la
fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz!
8 Mas no oyeron ni
aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de
su corazón malo. Y así he aplicado contra ellos todos los términos
de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron.»
9 Y me dijo Yahveh: Se ha
descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los
habitantes de Jerusalén.
10 Han reincidido en las
culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han
ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la casa de
Israel y la casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres.
11 Por ende, así dice
Yahveh: He aquí que yo les traigo una desgracia a la que no podrán
hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré.
12 ¡Que vayan las ciudades
de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a
quienes inciensan!, que lo que es salvarles, no les salvarán al
tiempo de su desgracia.
13 Pues cuantas son tus
ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; y cuantas calles cuenta
Jerusalén, otros tantos altares a la Vergüenza, otros tantos altares
hay de Baal.
14 En cuanto a ti, no
pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración,
porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia.
15 ¿Qué hace mi amada en
mi Casa?; su obrar ¿no es pura doblez? ¿Es que los votos y la carne
consagrada harán pasar de ti tu desgracia? Entonces sí que te
regocijarías.
16 «Olivo frondoso,
lozano, de fruto hermoso» te había puesto Yahveh por nombre. Pero
con gran estrépito le ha prendido fuego, y se han quemado sus guías.
17 Yahveh Sebaot, que te
plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la casa de
Israel y la casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.
18 Yahveh me lo hizo
saber, y me enteré de ello. Entonces me descubriste, Yahveh, sus
maquinaciones.
19 Y yo que estaba como
cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tramaban
maquinaciones: «Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la
tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»
20 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez
de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu
venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi causa.
21 Y en efecto, así dice
Yahveh tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte diciendo: «No
profetices en nombre de Yahveh, y no morirás a nuestras manos».
22 Por eso así dice Yahveh
Sebaot: He aquí que yo les voy a visitar. Sus mancebos morirán por
la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre,
23 y no quedará de ellos
ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año en
que sean visitados.
Jeremías 12
1 Tu llevas la razón,
Yahveh, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un
punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los malos, y son felices
todos los felones?
2 Los plantas, y enseguida
arraigan, van a más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero
lejos de sus riñones.
3 En cambio a mí ya me
conoces, Yahveh; me has visto y has comprobado que mi corazón está
contigo. Llévatelos como ovejas al matadero, y conságralos para el
día de la matanza.
4 (¿Hasta cuándo estará de
luto la tierra y la hierba de todo el campo estará seca? Por la
maldad de los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.)
Porque han dicho: «No ve Dios nuestros senderos.»
5 - Si con los de a pie
corriste y te cansaron, ¿cómo competirás con los de a caballo? Y si
en tierra abierta te sientes seguro. ¿qué harás entre el boscaje del
Jordán?
6 Porque incluso tus
hermanos y la casa de tu padre, ésos también te traicionarán y a tus
espaldas gritarán. No te fíes de ellos cuando te digan hermosas
palabras.
7 Dejé mi casa, abandoné
mi heredad, entregué el cariño de mi alma en manos de sus enemigos.
8 Se ha portado conmigo mi
heredad como un león en la selva: me acosaba con sus voces; por eso
la aborrecí.
9 ¿Es por ventura un
pájaro pinto mi heredad? Las rapaces merodean sobre ella. ¡Andad,
juntaos, fieras todas del campo: id al yantar!
10 Entre muchos pastores
destruyeron mi viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campa en
un yermo desolado.
11 La convirtieron en
desolación lamentable, en inculta para mí. Totalmente desolado está
todo el país porque no hay allí nadie que lo sienta.
12 Sobre todos los
calveros del desierto han venido saqueadores (porque una espada
tiene Yahveh devorada), de un cabo al otro de la tierra no hubo
cuartel para alma viviente.
13 Sembraron trigo, y
espinos segaron, se afanaron sin provecho. Vergüenza les dan sus
cosechas, por causa de la ira ardiente de Yahveh.
14 Así dice Yahveh: En
cuanto a todos los malos vecinos que han tocado la heredad que di en
precio a mi pueblo Israel, he aquí que yo los arranco de su solar.
(Y a la casa de Judá voy a arrancarla de en medio de ellos.)
15 Pero luego de haberlos
arrancado, me volveré y les tendré lástima, y les haré retornar,
cada cual a su heredad y a su tierra.
16 Y entonces, si de veras
aprendieron el camino de mi pueblo jurando en mi Nombre: «¡Por vida
de Yahveh!» - lo mismo que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por
Baal - serán restablecidos a la par de mi pueblo.
17 Mas si no obedecen,
arrancaré a aquella gente y arrancada quedará y la haré perecer -
oráculo de Yahveh -.
Jeremías 13
1 Yahveh me dijo así:
«Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero
no la metas en agua.»
2 Compré la faja, según la
orden de Yahveh, y me la puse a la cintura.
3 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh por la segunda vez:
4 «Toma la faja que has
comprado y que llevas a la cintura, levántate y vete al Eufrates y
la escondes allí en un resquicio de la peña.»
5 Yo fui y la escondí en
el Eufrates como me había mandado Yahveh.
6 Al cabo de mucho tiempo
me dijo Yahveh: «Levántate, vete al Eufrates y recoges de allí la
faja que te mandé que escondieras allí.»
7 Yo fui al Eufrates,
cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y he aquí
que se había echado a perder la faja: no valía para nada.
8 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
9 «Así dice Yahveh: Del
mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén.
10 Ese pueblo malo que
rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus
corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles,
serán como esta faja que no vale para nada.
11 Porque así como se pega
la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda
la casa de Israel y a toda la casa de Judá - oráculo de Yahveh - con
idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero
ellos no me oyeron.
12 Diles este refrán: Así
dice Yahveh, el Dios de Israel: «Todo cántaro se puede llenar de
vino.» Ellos te dirán: «¿No sabemos de sobra que todo cántaro se
puede llenar de vino?»
13 Entonces les dices:
«Pues así dice Yahveh: He aquí que yo lleno de borrachera a todos
los habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el
trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de
Jerusalén,
14 y los estrellaré, a
cada cual contra su hermano, padres e hijos a una - oráculo de
Yahveh - sin que piedad, compasión y lástima me quiten de
destruirlos.»
15 Oíd y escuchad, no
seáis altaneros, porque habla Yahveh.
16 Dad gloria a vuestro
Dios Yahveh antes que haga oscurecer, y antes que se os vayan los
pies sobre la sierra oscura, y esperéis la luz, y él la haya
convertido en negrura, la haya trocado en tiniebla densa.
17 Pero si no le oyereis,
en silencio llorará mi alma por ese orgullo, y dejarán caer mi ojos
lágrimas, y verterán copiosas lágrimas, porque va cautiva la grey de
Yahveh.
18 Di al rey y a la Gran
Dama: Humillaos, sentaos, porque ha caído de vuestras cabezas
vuestra diadema preciosa.
19 Las ciudades del Négueb
están cercadas, y no hay quien abra. Todo Judá es deportado,
deportado en masa.
20 Alza tus ojos,
Jerusalén, y mira a los que vienen del norte. ¿Dónde está la grey
que se te dio, tus preciosas ovejas?
21 ¿Qué dirás cuando te
visiten con autoridad sobre ti? Pues lo que tú les enseñabas a hacer
sobre ti eran caricias. ¿No te acometerán dolores como de
parturienta?
22 Pero acaso digas en tus
adentros: «¿Por qué me ocurren estas cosas?» Por tu gran culpa han
sido alzadas tus faldas y han sido forzados tus calcañales.
23 ¿Muda el kusita su
piel, o el leopardo sus pintas? ¡También vosotros podéis entonces
hacer el bien, los avezados a hacer el mal!
24 Por eso os esparcí como
paja liviana al viento de la estepa.
25 Esa es tu suerte, el
tanto por tu medida que te toca de mi parte - oráculo de Yahveh -:
por cuanto que me olvidaste y te fiaste de la Mentira.
26 Pues también yo te he
levantado las faldas sobre tu rostro, y se ha visto tu indecencia.
27 ¡Ah, tus adulterios y
tus relinchos, la bajeza de tu prostitución! Sobre los altos, por la
campiña he visto tus Monstruos abominables. ¡Ay de ti, Jerusalén,
que no estás pura! ¿Hasta cuándo todavía...?
Jeremías 14
1 Palabra de Yahveh a
Jeremías, a propósito de la sequía.
2 Judá está de luto, y sus
ciudades lánguidas: están sórdidas de tierra, y sube el alarido de
Jerusalén.
3 Sus nobles mandaban a
los pequeños por agua: llegaban a los aljibes y no la encontraban;
volvían con sus cántaros vacíos. Quedaban confundidos y avergonzados
y se cubrían la cabeza.
4 El suelo está
consternado por no haber lluvia en la tierra. Confusos andan los
labriegos, se han cubierto la cabeza.
5 Hasta la cierva en el
campo parió y abandonó, porque no había césped.
6 Los onagros se paraban
sobre los calveros, aspiraban el aire como chacales, tenían los ojos
consumidos por falta de hierba.
7 Aunque nuestras culpas
atesten contra nosotros, Yahveh, obra por amor de tu Nombre. Cierto,
son muchas nuestras apostasías, contra ti hemos pecado.
8 ¡Oh esperanza de Israel,
Yahveh, Salvador suyo en tiempo de angustia! ¿Por qué has de ser
cual forastero en la tierra, o cual viajero que se tumba para hacer
noche?
9 ¿Por qué has de ser como
un pasmado, como un valiente incapaz de ayudar? Pues tú estás entre
nosotros, Yahveh, y por tu Nombre se nos llama, ¡no te deshagas de
nosotros!
10 Así dice Yahveh de este
pueblo: ¡Cómo les gusta vagabundear!, no contienen sus pies. Pero
Yahveh no se complace en ellos: ahora se va a acordar de su culpa y
a castigar su pecado.
11 Y me dijo Yahveh: «No
intercedas en pro de este pueblo.
12 Así ayunen, no
escucharé su clamoreo; y así levanten holocausto y ofrenda, no me
complacerán; sino que con espada, con hambre y con peste voy a
acabarlos.»
13 Dije yo: «¡Ah, Señor
Yahveh! Pues he aquí que los profetas están diciéndoles: No veréis
espada, ni tendréis hambre, sino que voy a daros paz segura en este
lugar.»
14 Y me dijo Yahveh:
«Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no les he enviado
ni dado instrucciones, ni les he hablado. Visión mentirosa, augurio
fútil y delirio de sus corazones os dan por profecía.
15 Por tanto, así dice
Yahveh: Tocante a los profetas que profetizan en mi nombre sin
haberles enviado yo, y que dicen: No habrá espada ni hambre en este
país, con espada y con hambre serán rematados los tales profetas,
16 y el pueblo al que
profetizan yacerá derribado por las calles de Jerusalén, por causa
del hambre y de la espada, y no habrá sepulturero para ellos ni para
sus mujeres, sus hijos y sus hijas; pues volcaré sobre ellos mismos
su maldad.»
17 Les dirás esta palabra:
Dejen caer mis ojos lágrimas de noche y de día sin parar, porque de
quebranto grande es quebrantada la doncella, hija de mi pueblo, de
golpe gravísimo,
18 Si salgo al campo
encuentro heridos de espada; y si entro en la ciudad, encuentro
desfallecidos de hambre. Y aun el mismo profeta, aun el mismo
sacerdote andan errantes por el país y nada saben.
19 - ¿Es que has desechado
a Judá? ¿o acaso de Sión se ha hastiado tu alma? ¿Por qué nos has
herido, que no tenemos cura? Esperábamos paz, y no hubo bien alguno;
el tiempo de la cura, y se presenta el miedo.
20 Reconocemos, Yahveh,
nuestras maldades, la culpa de nuestros padres; que hemos pecado
contra ti.
21 No desprecies, por amor
de tu Nombre, no deshonres la sede de tu Gloria. Recuerda, no anules
tu alianza con nosotros.
22 ¿Hay entre las
Vanidades gentílicas quienes hagan llover? ¿o acaso los cielos dan
de suyo la llovizna? ¿No eres tú mismo, oh Yahveh? ¡Dios nuestro,
esperamos en ti, porque tú hiciste todas estas cosas!
Jeremías 15
1 Y me dijo Yahveh: Aunque
se me pongan Moisés y Samuel por delante, no estará mi alma por este
pueblo. Échales de mi presencia y que salgan.
2 Y como te digan: «¿A
dónde salimos?», les dices: Así dice Yahveh: Quien sea para la
muerte, a la muerte; quien para la espada, a la espada; quien para
el hambre, al hambre, y quien para el cautiverio, al cautiverio.
3 Haré que se encarguen de
ellos cuatro géneros (de males) - oráculo de Yahveh -: la espada
para degollar, los perros para despedazar, las aves del cielo y las
bestias terrestres para devorar y estragar.
4 Los convertiré en
espantajo para todos los reinos de la tierra, por culpa de Manasés,
hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
5 ¿Quién, pues, te tendrá
lástima, Jerusalén? ¿quién meneará la cabeza por ti? ¿quién se
alargará a saludarte?
6 Tú me has abandonado -
oráculo de Yahveh - de espaldas te has ido. Pues yo extiendo mi mano
sobre ti y te destruyo. Estoy cansado de apiadarme,
7 y voy a beldarlos con el
bieldo en las puertas del país. He dejado sin hijos, he malhadado a
mi pueblo, porque de sus caminos no se convertían.
8 Yo les he hecho más
viudas que la arena de los mares. He traído sobre las madres de los
jóvenes guerreros al saqueador en el pleno mediodía. He hecho caer
sobre ellos de pronto sobresalto y alarma.
9 Mal lo pasó la madre de
siete hijos: exhalaba el alma, se puso su sol siendo aún de día, se
avergonzó y se abochornó. Y lo que queda de ellos, a la espada voy a
entregarlo delante de sus enemigos - oráculo de Yahveh -.
10 ¡Ay de mí, madre mía,
porque me diste a luz varón discutido y debatido por todo el país!
Ni les debo, ni me deben, ¡pero todos me maldicen!
11 Di, Yahveh, si no te he
servido bien: intercedí ante ti por mis enemigos en el tiempo de su
mal y de su apuro.
12 ¿Se mella el hiero, el
hierro del norte, y el bronce?
13 Tu haber y tus tesoros
al pillaje voy a dar gratis, por todos tus pecados en todas tus
fronteras,
14 y te haré esclavo de
tus enemigos en un país que no conoces, porque un fuego ha saltado
en mi ira que sobre vosotros estará encendido.
15 Tú lo sabes. Yahveh,
acuérdate de mí, visítame y véngame de mis perseguidores. No dejes
que por alargarse tu ira sea yo arrebatado. Sábelo: he soportado por
ti el oprobio.
16 Se presentaban tus
palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y
alegría de corazón, porque se me llamaba por tu Nombre Yahveh, Dios
Sebaot.
17 No me senté en peña de
gente alegre y me holgué: por obra tuya, solitario me senté, porque
de rabia me llenaste.
18 ¿Por qué ha resultado
mi penar perpetuo, y mi herida irremediable, rebelde a la medicina?
¡Ay! ¿serás tú para mí como un espejismo, aguas no verdaderas?
19 Entonces Yahveh dijo
así: Si te vuelves por que yo te haga volver, estarás en mi
presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Que
ellos se vuelvan a ti, y no tú a ellos.
20 Yo te pondré para este
pueblo por muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero
no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte -
oráculo de Yahveh -.
21 Te salvaré de mano de
los malos y te rescataré del puño de esos rabiosos.
Jeremías 16
1 La palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2 No tomes mujer ni tengas
hijos ni hijas en este lugar.
3 Que así dice Yahveh de
los hijos e hijas nacidos en este lugar, de sus madres que los
dieron a luz y de sus padres que los engendraron en esta tierra:
4 De muertes miserables
morirán, sin que sean plañidos ni sepultados. Se volverán estiércol
sobre la haz del suelo. Con espada y hambre serán acabados, y serán
sus cadáveres pasto para las aves del cielo y las bestias de la
tierra.
5 Sí, así dice Yahveh: No
entres en casa de duelo, ni vayas a plañir, ni les consueles; pues
he retirado mi paz de este pueblo - oráculo de Yahveh - la merced y
la compasión.
6 Morirán grandes y chicos
en esta tierra. No se les sepultará, ni nadie les plañirá, ni se
arañarán ni se raparán por ellos,
7 ni se partirá el pan al
que está de luto para consolarle por el muerto, ni le darán a beber
la taza consolatoria por su padre o por su madre.
8 Y en casa de convite
tampoco entres a sentarte con ellos a comer y beber.
9 Que así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que voy a hacer desaparecer de
este lugar, a vuestros propios ojos y en vuestros días, toda voz de
gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia.
10 Luego, cuando hayas
comunicado a este pueblo todas estas palabras, y te digan: «¿Por qué
ha pronunciado Yahveh contra nosotros toda esta gran desgracia?
¿cuál es nuestra culpa, y cuál nuestro pecado que hemos cometido
contra Yahveh nuestro Dios?»,
11 tú les dirás: «Es
porque me dejaron vuestros padres - oráculo de Yahveh - y se fueron
tras otros dioses y les sirvieron y adoraron, y a mí me dejaron, y
mi Ley no guardaron.
12 Y vosotros mismos
habéis hecho peor que vuestros padres, pues he aquí que va cada uno
en pos de la dureza de su mal corazón, sin escucharme.
13 Pero yo os echaré lejos
de esta tierra, a otra que no habéis conocido vosotros ni vuestros
padres, y serviréis allí a otros dioses día y noche, pues no os
otorgaré perdón.»
14 En efecto, mirad que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se dirá más: «¡Por vida
de Yahveh, que subió a los hijos de Israel de Egipto!»,
15 sino: «¡Por vida de
Yahveh, que subió a los hijos de Israel del país del norte, y de
todos los países a donde los arrojara!» Pues yo los devolveré a su
solar, que di a sus padres.
16 He aquí que envío a
muchos pescadores - oráculo de Yahveh - y los pescarán. Y luego de
esto enviaré a muchos cazadores, y los cazarán de encima de cada
monte y de cada cerro y de los resquicios de las peñas.
17 Porque mis ojos están
puestos sobre todos sus caminos: no se me ocultan, ni se zafa su
culpa de delante de mis ojos.
18 Pagaré doblado por su
culpa y su pecado, porque ellos execraron mi tierra con la carroña
de sus Monstruos abominables, y de sus Abominaciones llenaron mi
heredad.
19 ¡Oh Yahveh, mi fuerza y
mi refuerzo, mi refugio en día de apuro! A ti las gentes vendrán de
los confines de la tierra y dirán: ¡Luego Mentira recibieron de
herencia nuestros padres, Vanidad y cosas sin provecho!
20 ¿Es que va a hacerse el
hombre dioses para sí? ¡aunque aquellos no son dioses!
21 Por tanto, he aquí que
yo les hago conocer - esta vez sí - mi mano y mi poderío, y sabrán
que mi nombre es Yahveh.
Jeremías 17
1 El pecado de Judá está
escrito con buril de hierro; con punta de diamante está grabado
sobre la tabla de su corazón y en los cuernos de sus aras,
2 así, recordarán sus
hijos sus aras y sus cipos cabe los árboles frondosos, sobre los
oteros altos,
3 mi monte, en la campiña.
Tu haber y todos tus tesoros al pillaje voy a dar, en pago por todos
tus pecados de los altos, en todas tus fronteras.
4 Tendrás que deshacerte
de tu heredad que yo te di, y te haré esclavo de tus enemigos en un
país que no conoces, porque un fuego ha saltado en mi ira que para
siempre estará encendido.
5 Así dice Yahveh: Maldito
sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y de
Yahveh se aparta en su corazón.
6 Pues es como el
tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. Vive en los
sitios quemados del desierto, en saladar inhabitable.
7 Bendito sea aquel que
fía en Yahveh, pues no defraudará Yahveh su confianza.
8 Es como árbol plantado a
las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa sus
raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje
frondoso; en año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto.
9 El corazón es lo más
retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?
10 Yo, Yahveh, exploro el
corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino,
según el fruto de sus obras.
11 La perdiz incuba lo que
no ha puesto; así es el que hace dinero, mas no con justicia: en
mitad de sus días lo ha de dejar y a la postre resultará un necio.
12 Solio de Gloria,
excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario...
13 Esperanza de Israel,
Yahveh: todos los que te abandonan serán avergonzados, y los que se
apartan de ti, en la tierra serán escritos, por haber abandonado el
manantial de aguas vivas, Yahveh.
14 Cúrame, Yahveh, y sea
yo curado; sálvame, y sea yo salvo, pues mi prez eres tú.
15 Mira que ellos me
dicen: «¿Dónde está la palabra de Yahveh? ¡vamos, que venga!»
16 Yo nunca te apremié a
hacer daño; el día irremediable no he anhelado; tú lo sabes: lo
salido de mis labios enfrente de tu faz ha estado.
17 No seas para mí
espanto, ¡oh tú, mi amparo en el día aciago!
18 Avergüéncense mis
perseguidores, y no me avergüence yo; espántense ellos, y no me
espante yo. Trae sobre ellos el día aciago, y con doble
quebrantamiento quebrántalos.
19 Yahveh me dijo así: Ve
y te paras a la puerta de los Hijos del pueblo, por la que entran
los reyes de Judá y por la que salen, y asimismo en todas las
puertas de Jerusalén,
20 y les dices: Oíd la
palabra de Yahveh, reyes de Judá, y todo Judá y los habitantes de
Jerusalén que entráis por estas puertas.
21 Así dice Yahveh:
«Guardaos, por vida vuestra, de llevar carga en día de sábado y
meterla por las puertas de Jerusalén.
22 No saquéis tampoco
carga de vuestras casas en sábado, ni hagáis trabajo alguno, antes
bien santificad el sábado como mandé a vuestros padres.
23 Mas no oyeron ni
aplicaron el oído, sino que atiesaron su cerviz sin oír ni aprender.
24 Que si me hacéis caso -
oráculo de Yahveh - no metiendo carga por las puertas de esta ciudad
en sábado y santificando el día de sábado sin realizar en él
trabajo alguno,
25 entonces entrarán por
las puertas de esta ciudad reyes que se sienten sobre el trono de
David, montados en carros y caballos, ellos y sus oficiales, la
gente de Judá y los habitantes de Jerusalén. Y durará esta ciudad
para siempre.
26 Y vendrán de las
ciudades de Judá, de los aledaños de Jerusalén, del país de
Benjamín, de la Tierra Baja, de la Sierra y del Négueb a traer
holocaustos, sacrificios, oblaciones e incienso y a traer ofrendas
de acción de gracias a la Casa de Yahveh.
27 Pero si no me oyereis
en cuanto a santificar el sábado y no llevar carga ni meterla por
las puertas de Jerusalén en sábado, entonces prenderé fuego a sus
puertas, que consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.
Jeremías 18
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías de parte de Yahveh:
2 Levántate y baja a la
alfarería, que allí mismo te haré oír mis palabras.
3 Bajé a la alfarería, y
he aquí que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno.
4 El cacharro que estaba
haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero, y éste volvió
a empezar, trasformándolo en otro cacharro diferente, como mejor le
pareció al alfarero.
5 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
6 ¿No puedo hacer yo con
vosotros, casa de Israel, lo mismo que este alfarero? - oráculo de
Yahveh -. Mirad que como el barro en la mano del alfarero, así sois
vosotros en mi mano, casa de Israel.
7 De pronto hablo contra
una nación o reino, de arrancar, derrocar y perder;
8 pero se vuelve atrás de
su mal aquella gente contra la que hablé, y yo también desisto del
mal que pensaba hacerle.
9 Y de pronto hablo,
tocante a una nación o un reino, de edificar y plantar;
10 pero hace lo que parece
malo desoyendo mi voz, y entonces yo también desisto del bien que
había decidido hacerle.
11 Ahora, pues, di a la
gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así dice Yahveh:
«Mirad que estoy ideando contra vosotros cosa mala y pensando algo
contra vosotros. Ea, pues; volveos cada cual de su mal camino y
mejorad vuestra conducta y acciones.»
12 Pero van a decir: «Es
inútil; porque iremos en pos de nuestros pensamientos y cada uno de
nosotros hará conforme a la terquedad de su mal corazón.»
13 Por tanto, así dice
Yahveh: Vamos, preguntad entre las naciones: ¿Quién oyó tal cosa?
¡Bien fea cosa ha hecho la virgen de Israel!
14 ¿Faltará acaso de la
peña excelsa la nieve del Líbano? ¿o se agotarán las aguas crecidas,
frescas, corrientes?
15 Pues bien, mi pueblo me
ha olvidado. A la Nada inciensan. Han tropezado en sus caminos,
aquellos senderos de siempre, para irse por trochas, por camino no
trillado.
16 Es para trocar su
tierra en desolación, en eterna rechifla: todo el que pasare se
asombrará de ella y meneará la cabeza.
17 Como el viento solano
los esparciré delante del enemigo. La espalda, que no la cara, les
mostraré el día de su infortunio.
18 Entonces dijeron:
«Venid y tramemos algo contra Jeremías, porque no va a faltarle la
ley al sacerdote, el consejo al sabio, ni al profeta la palabra.
Venid e hirámosle por su propia lengua: no estemos atentos a todas
sus palabras.»
19 Estáte atento a mí,
Yahveh, y oye lo que dicen mis contrincantes.
20 ¿Es que se paga mal por
bien? (Porque han cavado una hoya para mi persona.) Recuerda cuando
yo me ponía en tu presencia para hablar en bien de ellos, para
apartar tu cólera de ellos.
21 Por tanto, entrega a
sus hijos al hambre y desángralos a filo de espada; queden sus
mujeres sin hijos y viudas, sean sus varones asesinados, sus
mancebos acuchillados en la guerra.
22 Oigase griterío en sus
casas, cuando traigas sobre ellos pillaje repentino. Porque han
cavado una hoya para prenderme, y trampas han escondido para mis
pies.
23 Pero tú, Yahveh,
conoces todo su plan de muerte contra mí. ¡No disimules su culpa, no
borres de tu presencia su pecado! ¡Que caigan ante ti, al tiempo de
tu ira, descarga en ellos!
Jeremías 19
1 Entonces Yahveh dijo a
Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica; tomas contigo a algunos
ancianos del pueblo y algunos sacerdotes,
2 sales al valle de Ben
Hinnom, a la entrada de la puerta de las Tejoletas, y pregonas allí
las palabras que voy a decirte.
3 Dirás: Oíd la palabra de
Yahveh, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: «He aquí que yo traigo sobre este lugar
una desgracia, que a todo el que la oyere le zumbarán los oídos.
4 Porque me han dejado,
han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses
que ni ellos ni sus padres conocían. Los reyes de Judá han llenado
este lugar de sangre de inocentes,
5 y han construido los
altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego, en holocausto a
Baal, - lo que no les mandé ni les dije ni me pasó por las mientes
-.
6 Por tanto, he aquí que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de Tofet
ni del valle de Ben Hinnom, sino del “Valle de la Matanza”.
7 Vaciaré la prudencia de
Judá y Jerusalén a causa de este lugar: les haré caer a espada ante
sus enemigos por mano de los que busquen su muerte; daré sus
cadáveres por comida a las aves del cielo y a las bestias de la
tierra,
8 y convertiré esta ciudad
en desolación y en rechifla: todo el que pase a su vera se quedará
atónito y silbará en vista de sus heridas.
9 Les haré comer la carne
de sus hijos y la carne de sus hijas, y comerán cada uno la carne de
su prójimo, en el aprieto y la estrechez con que les estrecharán sus
enemigos y los que busquen su muerte.»
10 Luego rompes el jarro a
la vista de los hombres que vayan contigo
11 y les dices: Así dice
Yahveh Sebaot: «Asimismo quebrantaré yo a este pueblo y a esta
ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene
arreglo. «Y se harán enterramientos en Tófet, hasta que falte sitio
para enterrar.
12 Así haré con este lugar
- oráculo de Yahveh - y con sus habitantes, hasta dejar a esta
ciudad lo mismo que Tófet,
13 y que sean las casas de
Jerusalén y las de los reyes de Judá como el lugar de Tófet: una
inmundicia; todas las casas en cuyas azoteas incensaron a toda la
tropa celeste y libaron libación a otros dioses.»
14 Partió Jeremías de
Tófet a donde le había enviado Yahveh a profetizar y, parándose en
el atrio de la Casa de Yahveh, dijo a todo el pueblo:
15 «Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo traigo a esta ciudad y a
todos sus aledaños toda la calamidad que he pronunciado contra
ella, porque ha atiesado su cerviz, desoyendo mis palabras.»
Jeremías 20
1 El sacerdote Pasjur,
hijo de Immer, que era inspector jefe de la Casa de Yahveh, oyó a
Jeremías profetizar dichas palabras.
2 Pasjur hizo dar una
paliza al profeta Jeremías y le hizo meter en el calabozo de la
Puerta Alta de Benjamín - la que está en la Casa de Yahveh -.
3 Al día siguiente sacó
Pasjur a Jeremías del calabozo. Díjole Jeremías: No es Pasjur el
nombre que te ha puesto Yahveh, sino «Terror en torno».
4 Porque así dice Yahveh:
«He aquí que yo te convierto en terror para ti mismo y para todos
tus allegados, los cuales caerán por la espada de sus enemigos, y
tus ojos lo estarán viendo. Y asimismo a todo Judá entregaré en
manos del rey de Babilonia, que los deportará a Babilonia y los
acuchillará.
5 Y entregaré todas las
reservas de esta ciudad y todo lo atesorado, todas sus preciosidades
y todos los tesoros de los reyes de Judá, en manos de sus enemigos
que los pillarán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia.
6 En cuanto a ti, Pasjur,
y todos los moradores de tu casa, iréis al cautiverio. En Babilonia
entrarás, allí morirás y allí mismo serás sepultado tú y todos tus
allegados a quienes has profetizado en falso.»
7 Me has seducido, Yahveh,
y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He sido la
irrisión cotidiana: todos me remedaban.
8 Pues cada vez que hablo
es para clamar: «¡Atropello!», y para gritar: «¡Expolio!». La
palabra de Yahveh ha sido para mí oprobio y befa cotidiana.
9 Yo decía: «No volveré a
recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón
algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo
trabajada por ahogarlo, no podía.
10 Escuchaba las calumnias
de la turba: «¡Terror por doquier!, ¡denunciadle!, ¡denunciémosle!»
Todos aquellos con quienes me saludaba estaban acechando un traspiés
mío: «¡A ver si se distrae, y le podremos, y tomaremos venganza de
él!»
11 Pero Yahveh está
conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis perseguidores tropezarán
impotentes; se avergonzarán mucho de su imprudencia: confusión
eterna, inolvidable.
12 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez
de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu
venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
13 Cantad a Yahveh, alabad
a Yahveh, porque ha salvado la vida de un pobrecillo de manos de
malhechores.
14 ¡Maldito el día en que
nací! ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito!
15 ¡Maldito aquel que
felicitó a mi padre diciendo: «Te ha nacido un hijo varón», y le
llenó de alegría!
16 Sea el hombre aquel
semejante a las ciudades que destruyó Yahveh sin que le pesara, y
escuche alaridos de mañana y gritos de ataque al mediodía.
17 ¡Oh, que no me haya
hecho morir desde el vientre, y hubiese sido mi madre mi sepultura,
con seno preñado eternamente!
18 ¿Para qué haber salido
del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la vergüenza mis
días?
Jeremías 21
1 Palabra dirigida a
Jeremías de parte de Yahveh, cuando el rey Sedecías mandó donde él a
Pasjur, hijo de Malkiyías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías,
a decirle:
2 «Ea, consulta de nuestra
parte a Yahveh, porque el rey de Babilonia, Nabucodonosor, nos
ataca. A ver si nos hace Yahveh un milagro de los suyos, y aquél se
retira de encima de nosotros.»
3 Díjoles Jeremías: «Así
diréis a Sedecías:
4 Esto dice Yahveh, el
Dios de Israel: Mirad que yo hago rebotar las armas que tenéis en
las manos y con las que os batís contra el rey de Babilonia y contra
los caldeos que os cercan extramuros, y las amontonaré en medio de
esta ciudad.
5 Yo voy a batirme contra
vosotros con mano fuerte y tenso brazo, con ira, con cólera y con
encono grande.
6 Heriré a los habitantes
de esta ciudad, hombres y bestias, con una gran peste; ¡morirán!
7 Y tras de esto - oráculo
de Yahveh - entregaré al rey de Judá, Sedecías, a sus siervos y al
pueblo que en esta ciudad quedare de la peste, de la espada y del
hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de
sus enemigos y de los que buscan su muerte. El los herirá a filo de
espada. No les dará cuartel, ni les tendrá clemencia ni lástima.»
8 Y a ese pueblo le dirás:
«Así dice Yahveh: Mirad que yo os propongo el camino de la vida y el
camino de la muerte.
9 Quien se quede en esta
ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste. El que salga y caiga
en manos de los caldeos que os cercan, vivirá, y eso saldrá
ganando.
10 Porque me he fijado en
esta ciudad para su daño, no para su bien - oráculo de Yahveh -:
será puesta en manos del rey de Babilonia, que la incendiará.»
11 A la casa real de Judá.
¡Oíd la palabra de Yahveh,
12 casa de David! Así dice
Yahveh: Haced justicia cada mañana, y salvad al oprimido de mano del
opresor, so pena de que brote como fuego mi cólera, y arda y no haya
quien apague, a causa de vuestras malas acciones.
13 Mira que por ti va,
población del valle, la Roca del Llano - oráculo de Yahveh -:
vosotros, los que decís: «¿Quién se nos echará encima? ¿quién
entrará en nuestras guaridas?»
14 (Yo os visitaré según
el fruto de vuestras acciones - oráculo de Yahveh -.) Encenderé
fuego en su bosque, y devorará todos sus contornos.
Jeremías 22
1 Yahveh dijo así: Baja a
la casa real de Judá y pronuncias allí estas palabras.
2 Dirás: Oye la palabra de
Yahveh, tú, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y tus
servidores y pueblo - los que entran por estas puertas -.
3 Así dice Yahveh:
Practicad el derecho y la justicia, librad al oprimido de manos del
opresor, y al forastero, al huérfano y a la viuda no atropelléis;
no hagáis violencia ni derraméis sangre inocente en este lugar.
4 Porque si ponéis en
práctica esta palabra, entonces seguirán entrando por las puertas de
esta casa reyes sucesores de David en el trono, montados en carros
y caballos, junto con sus servidores y su pueblo.
5 Mas si no oís estas
palabras, por mí mismo os juro - oráculo de Yahveh - que en ruinas
parará esta casa.
6 Pues así dice Yahveh
respecto a la casa real de Judá: Galaad eras tú para mí, cumbre del
Líbano: pero ¡vaya si te trocaré en desierto, en ciudades
deshabitadas!
7 Voy a consagrar contra
ti a quienes te destruyan: ¡cada uno a sus hachas! Talarán lo
selecto de tus cedros, y lo arrojarán al fuego.
8 Muchas gentes pasarán a
la vera de esta ciudad y dirán cada cual a su prójimo: «¿Por qué ha
hecho Yahveh semejante cosa a esta gran ciudad?»
9 Y les dirán: «Es porque
dejaron la alianza de su Dios Yahveh, y adoraron a otros dioses y
les sirvieron.»
10 No lloréis al muerto ni
plañáis por él: llorad, llorad por el que se va, porque jamás
volverá ni verá su patria.
11 Pues así dice Yahveh
respecto a Sallum, hijo de Josías, rey de Judá y sucesor de su padre
Josías en el reino, el cual salió de este lugar: «No volverá más
aquí,
12 sino que en el lugar a
donde le deportaron, allí mismo morirá, y no verá jamás este país.»
13 ¡Ay del que edifica su
casa sin justicia y sus pisos sin derecho! De su prójimo se sirve de
balde y su trabajo no le paga.
14 El que dice: «Voy a
edificarme una casa espaciosa y pisos ventilados», y le abre sus
correspondientes ventanas; pone paneles de cedro y los pinta de
rojo.
15 ¿Serás acaso rey porque
seas un apasionado del cedro? Tu padre, ¿no comía y bebía? -
«También hizo justicia y equidad.» - Pues mejor para él.
16 «- Juzgó la causa del
cuitado y del pobrecillo.» - Pues mejor. ¿No es esto conocerme? -
oráculo de Yahveh -.
17 Pero tus ojos y tu
corazón no están más que a tu granjería, - ¡Y a la sangre inocente!
- Para verterla. - ¡Y al atropello y al entuerto! - Para hacer tú lo
propio.
18 Por tanto, así dice
Yahveh respecto a Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No plañirán
por él: «¡Ay hermano mío!, ¡ay hermana mía!»; no plañirán por él:
«¡Ay Señor!, ¡ay su Majestad!»
19 El entierro de un
borrico será el suyo: arrastrarlo y tirarlo fuera de las puertas de
Jerusalén.
20 Sube al Líbano y clama,
por Basán da voces y clama desde Abarim, porque han sido
quebrantados todos tus amantes.
21 Te había hablado en tu
prosperidad. Dijiste: «No oigo.» Tal ha sido tu costumbre desde tu
mocedad, nunca oíste mi voz.
22 A todos tus pastores
les pastoreará el viento, y tus amantes cautivos irán. Entonces sí
que estarás avergonzada y confusa de toda tu malicia.
23 Tú, que te asentabas en
el Líbano, que anidabas en los cedros, ¡cómo suspirarás, en
viniéndote los dolores, el trance como de parturienta!
24 Por mi vida - oráculo
de Yahveh -, aunque fuese Konías, el hijo de Yoyaquim, rey de Judá,
un sello en mi mano diestra, de allí te arrancaría.
25 Yo te pondré en manos
de los que buscan tu muerte, y en manos de los que te atemorizan: en
manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos;
26 y te arrojaré a ti y a
la madre que te engendró a otra tierra donde no habéis nacido, y
allí moriréis.
27 Pero a la tierra a
donde anhelan volver, no volverán.
28 ¿Es algún trasto
despreciable, roto, este individuo, Konías?; ¿quizá un objeto sin
interés? Pues entonces, ¿por qué han sido arrojados él y su prole,
y echados a una tierra, que no conocían?
29 ¡Tierra, tierra,
tierra! oye la palabra de Yahveh.
30 Así dice Yahveh:
Inscribid a este hombre: «Un sin hijos, un fracasado en la vida»;
porque ninguno de su descendencia tendrá la suerte de sentarse en el
trono de David y de ser jamás señor en Judá.
Jeremías 23
1 ¡Ay de los pastores que
dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! - oráculo
de Yahveh -.
2 Pues así dice Yahveh, el
Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo:
Vosotros habéis dispersado las ovejas mías, las empujasteis y no las
atendisteis. Mirad que voy a pasaros revista por vuestras malas
obras - oráculo de Yahveh -.
3 Yo recogeré el Resto de
mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las haré tornar
a sus estancias, criarán y se multiplicarán.
4 Y pondré al frente de
ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni
asustadas, ni faltará ninguna - oráculo de Yahveh -.
5 Mirad que días vienen -
oráculo de Yahveh - en que suscitaré a David un Germen justo:
reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la
tierra.
6 En sus días estará a
salvo Judá, e Israel vivirá en seguro. Y este es el nombre con que
te llamarán: «Yahveh, justicia nuestra.»
7 Por tanto, mirad que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se dirá más: «¡Por vida
de Yahveh, que subió a los hijos de Israel de Egipto!»,
8 sino: «¡Por vida de
Yahveh, que subió y trajo la simiente de la casa de Israel de
tierras del norte y de todas las tierras a donde los arrojara!», y
habitarán en su propio suelo.
9 A los profetas. Se me
partió el corazón en mis adentros, estremeciéronse todos mis huesos,
me quedé como un borracho, como aquél a quien le domina el vino, por
causa de Yahveh, por causa de sus santas palabras.
10 «Porque de fornicadores
se ha henchido la tierra. (A causa de una maldición se ha enlutado
la tierra, se han secado los pastos de la estepa.) Se ha vuelto la
carrera de ellos mala y su esfuerzo no recto.
11 Tanto el profeta como
el sacerdote se han vuelto impíos; en mi misma Casa topé con su
maldad - oráculo de Yahveh -.
12 Por ende su camino
vendrá a ser su despeñadero: a la sima serán empujados y caerán en
ella. Porque voy a traer sobre ellos una calamidad, al tiempo de su
visita» - oráculo de Yahveh -.
13 En los profetas de
Samaría, he observado una inepcia: profetizaban por Baal y hacían
errar a mi pueblo Israel.
14 Mas en los profetas de
Jerusalén he observado una monstruosidad: fornicar y proceder con
falsía, dándose la mano con los malhechores, sin volverse cada cual
de su malicia. Se me han vuelto todos ellos cual Sodoma, y los
habitantes de la ciudad, cual Gomorra.
15 Por tanto, así dice
Yahveh Sebaot tocante a los profetas: He aquí que les voy a dar de
comer ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada. Porque a
partir de los profetas de Jerusalén se ha propagado la impiedad por
toda la tierra.
16 Así dice Yahveh Sebaot:
No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Os
están embaucando. Os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca
de Yahveh.
17 Dicen a los que me
desprecian: «Yahveh dice: ¡Paz tendréis!» y a todo el que camina en
terquedad de corazón: «No os sucederá nada malo.»
18 (Porque ¿quién asistió
al consejo de Yahveh y vio y oyó su palabra?, ¿quién escuchó su
palabra y la ha oído?)
19 Mirad que una tormenta
de Yahveh, su ira, ha estallado, un torbellino remolinea, sobre la
cabeza de los malos descarga.
20 No ha de apaciguarse la
ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los designios de su
corazón. En días futuros os percataréis de ello.
21 Yo no envié a esos
profetas, y ellos corrieron. No les hablé, y ellos profetizaron.
22 Pues si asistieron a mi
consejo, hagan oír mi palabra a mi pueblo, y háganle tornar de su
mal camino y de sus acciones malas.
23 ¿Soy yo un Dios sólo de
cerca - oráculo de Yahveh - y no soy Dios de lejos?
24 ¿O se esconderá alguno
en escondite donde yo no le vea? - oráculo de Yahveh -. ¿Los cielos
y la tierra no los lleno yo? - oráculo de Yahveh -.
25 Ya he oído lo que dicen
esos profetas que profetizan falsamente en mi nombre diciendo: «¡He
tenido un sueño, he tenido un sueño!»
26 ¿Hasta cuándo va a
durar esto en el corazón de los profetas que profetizan en falso y
son profetas de la impostura de su corazón?,
27 ¿los que piensan hacer
olvidarse a mi pueblo de mi Nombre por los sueños que se cuentan
cada cual a su vecino, como olvidaron sus padres mi Nombre por Baal?
28 Profeta que tenga un
sueño, cuente un sueño, y el que tenga consigo mi palabra, que hable
mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? -
oráculo de Yahveh -.
29 ¿No es así mi palabra,
como el fuego, y como un martillo golpea la peña?
30 Pues bien, aquí estoy
yo contra los profetas - oráculo de Yahveh - que se roban mis
palabras el uno al otro.
31 Aquí estoy yo contra
los profetas - oráculo de Yahveh - que usan de su lengua y emiten
oráculo.
32 Aquí estoy yo contra
los profetas que profetizan falsos sueños - oráculo de Yahveh - y
los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus falsedades y su
presunción, cuando yo ni les he enviado ni dado órdenes, y ellos de
ningún provecho han sido para este pueblo - oráculo de Yahveh -.
33 Y cuando te pregunte
este pueblo - o un profeta o un sacerdote -. «¿Cuál es la carga de
Yahveh?» les dirás: «Vosotros sois la carga, y voy a dejaros en el
suelo - oráculo de Yahveh -.»
34 Y el profeta, el
sacerdote o cualquiera que dijere: «Una carga de Yahveh», yo me las
entenderé con él y con su casa.
35 Así os diréis cada uno
a su prójimo, y cada uno a su hermano: «¿Qué ha respondido Yahveh?,
¿qué ha dicho Yahveh?»
36 Pero de eso de la
«carga de Yahveh» no os acordaréis más, porque tal carga sería para
cada uno su propia palabra. Porque trastornáis las palabras del Dios
vivo, Yahveh Sebaot nuestro Dios.
37 Así diréis al profeta:
«¿Qué te ha respondido Yahveh?, ¿qué ha dicho Yahveh?»
38 Pero como habléis de
«carga de Yahveh», entonces así dice Yahveh: «Por haber dicho eso de
carga de Yahveh por más que os avisé que no dijerais carga de
Yahveh,
39 por lo mismo, he aquí
que yo os levanto en alto y os dejo caer a vosotros y a la ciudad
que os di a vosotros y a vuestros padres.
40 Y os pondré encima
oprobio eterno y baldón eterno que no será olvidado.»
Jeremías 24
1 Hízome ver Yahveh, y he
aquí que había un par de cestos de higos presentados delante del
Templo de Yahveh - esto era después que Nabucodonosor, rey de
Babilonia, hubo deportado de Jerusalén al rey de Judá, Jeconías,
hijo de Yoyaquim, a los principales de Judá y a los herreros y
cerrajeros de Jerusalén, y los llevó a Babilonia -.
2 Un cesto era de higos
muy buenos, como los primerizos, y el otro de higos malos, tan malos
que no se podían comer.
3 Y me dijo Yahveh: «¿Qué
estás viendo Jeremías?» Dije: «Higos. Los higos buenos son muy
buenos; y los higos malos, muy malos, que no se dejan comer de puro
malos.»
4 Entonces me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
5 Así habla Yahveh, Dios
de Israel: Como por estos higos buenos, así me interesaré en favor
de los desterrados de Judá que yo eché de este lugar al país de los
caldeos.
6 Pondré la vista en ellos
para su bien, los devolveré a este país, los reconstruiré para no
derrocarlos y los plantaré para no arrancarlos.
7 Les daré corazón para
conocerme, pues yo soy Yahveh, y ellos serán mi pueblo y yo seré su
Dios, pues volverán a mí con todo su corazón.
8 Pero igual que a los
higos malos, que no se pueden comer de malos - sí, así dice Yahveh
-, así haré al rey Sedecías, a sus principales y al resto de
Jerusalén: a los que quedaren en este país, y a los que están en el
país de Egipto.
9 Haré de ellos el
espantajo, una calamidad, de todos los reinos de la tierra; el
oprobio y el ejemplo, la burla y la maldición por dondequiera que
los empuje,
10 daré suelta entre ellos
a la espada, al hambre y a la peste, hasta que sean acabados de
sobre el solar que di a ellos y a sus padres.
Jeremías 25
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías tocante a todo el pueblo de Judá el año cuarto de
Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, - o sea el año primero de
Nabucodonosor, rey de Babilonia -,
2 la cual pronunció e
profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a toda la población de
Jerusalén, en estos términos:
3 Desde el año trece de
Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, veintitrés años
hace que me es dirigida la palabra de Yahveh, y os la he comunicado
puntualmente (pero no habéis oído.
4 También os envió Yahveh
puntualmente a todos sus siervos los profetas, y tampoco oísteis ni
aplicasteis el oído),
5 diciendo: Ea, volveos
cada cual de su mal camino y de sus malas acciones, y volveréis al
solar que os dio Yahveh a vosotros y a vuestros padres, desde
siempre hasta siempre.
6 (No vayáis en pos de
otros dioses para servirles y adorarles, no me provoquéis con las
hechuras de vuestras manos, y no os haré mal.)
7 Pero no me habéis oído
(- oráculo de Yahveh - de suerte que con las hechuras de vuestras
manos me provocasteis, para vuestro mal).
8 Por eso, así dice Yahveh
Sebaot: Puesto que no habéis oído mis palabras,
9 he aquí que yo mando a
buscar a todos los linajes del norte (- oráculo de Yahveh - y a mi
siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia), y los traeré contra esta
tierra y contra sus moradores (y contra todas estas gentes de
alrededor); los anatematizaré y los pondré por pasmo, rechifla y
ruinas eternos,
10 y haré desaparecer de
ellos voz de gozo y voz de alegría, la voz del novio y la voz de la
novia, el ruido de la muela y la luz de la candela.
11 Será reducida toda esta
tierra a pura desolación, y servirán estas gentes al rey de
Babilonia setenta años.
12 (Luego, en cumpliéndose
los setenta años, visitaré al rey de Babilonia y a dicha gente por
su delito - oráculo de Yahveh - y a la tierra de los caldeos
trocándola en ruinas eternas).
13 Y atraeré sobre aquella
tierra todas las palabras que he hablado respecto a ella, todo lo
que está escrito en este libro. Lo que profetizó Jeremías tocante a
la generalidad de las naciones.
14 (Pues también a ellos
los reducirán a servidumbre muchas naciones y reyes grandes, y les
pagaré según sus obras y según la hechura de sus manos.)
15 Así me ha dicho Yahveh
Dios de Israel: Toma esta copa de vino de furia, y hazla beber a
todas las naciones a las que yo te envíe;
16 beberán, y trompicarán,
y se enloquecerán ante la espada que voy a soltar entre ellas.
17 Tomé la copa de mano de
Yahveh, e hice beber a todas las naciones a las que me había enviado
Yahveh:
18 (a Jerusalén y a las
ciudades de Judá, a sus reyes y a sus principales, para trocarlo
todo en desolación, pasmo, rechifla y maldición, como hoy está
sucediendo);
19 a Faraón, rey de
Egipto, a sus siervos, a sus principales y a todo su pueblo,
20 a todos los mestizos (a
todos los reyes de Us); a todos los reyes de Filistea: a Ascalón,
Gaza, Ecrón y al residuo de Asdod;
21 a Edom, Moab, y los
ammonitas,
22 a (todos) los reyes de
Tiro, a (todos) los reyes de Sidón y a los reyes de las islas de
allende el mar;
23 a Dedán, Temá, Buz; a
todos los que se afeitan las sienes,
24 a todos los reyes de
Arabia y a todos los reyes de los mestizos habitantes del desierto;
25 (a todos los reyes de
Zimrí) a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media,
26 a todos los reyes del
norte, los próximos y los remotos, cada uno con su hermano, y a
todos los reinos que hay sobre la haz de la tierra. (Y el rey de
Sesak beberá después de ellos.)
27 Y les dirás: Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Bebed, emborrachaos, vomitad, caed
y no os levantéis delante de la espada que yo voy a soltar entre
vosotros.
28 Y si rehúsan tomar la
copa de tu mano para beber, les dices: Así dice Yahveh Sebaot:
Tenéis que beber sin falta,
29 porque precisamente por
la ciudad que lleva mi Nombre empiezo a castigar; ¿y vosotros,
quedaréis impunes?: ¡no, no quedaréis!, porque a la espada llamo yo
contra todos los habitantes de la tierra - oráculo de Yahveh Sebaot
-.
30 Tú, pues, les
profetizas todas estas palabras y les dices: Yahveh desde lo alto
ruge, y desde su santa Morada da su voz. Ruge contra su aprisco:
grita como los lagareros. A todos los habitantes de la tierra
31 llega el eco, hasta el
fin de la tierra. Porque pleitea Yahveh con las naciones y vence en
juicio a toda criatura. A los malos los entrega a la espada -
oráculo de Yahveh -.
32 Así dice Yahveh Sebaot:
Mirad que una desgracia se propaga de nación a nación, y una gran
tormenta surge del fin del mundo.
33 Habrá víctimas de
Yahveh en aquel día de cabo a cabo de la tierra; no serán plañidos
ni recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz
de la tierra.
34 Ululad, pastores, y
clamad; revolcaos, mayorales, porque se han cumplido vuestros días
para la matanza, y caeréis como objetos escogidos.
35 No habrá evasión para
los pastores ni escapatoria para los mayorales.
36 Se oye el grito de los
pastores, el ulular de los mayorales, porque devasta Yahveh su
pastizal,
37 y son aniquiladas las
estancias más seguras por la ardiente cólera de Yahveh.
38 Ha dejado el león su
cubil, y se ha convertido su tierra en desolación ante la cólera
irresistible, ante la ardiente cólera.
Jeremías 26
1 Al principio del reinado
de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida a Jeremías
esta palabra de Yahveh:
2 Así dice Yahveh: Párate
en el patio de la Casa de Yahveh y habla a todas las ciudades de
Judá, que vienen a adorar en la Casa de Yahveh, todas las palabras
que yo te he mandado hablarles, sin omitir ninguna.
3 Puede que oigan y se
torne cada cual de su mal camino, y yo me arrepentiría del mal que
estoy pensando hacerles por la maldad de sus obras.
4 Les dirás, pues: «Así
dice Yahveh: Si no me oís para andar según mi Ley que os propuse,
5 oyendo las palabras de
mis siervos los profetas que yo os envío asiduamente (pero no habéis
hecho caso),
6 entonces haré con esta
Casa como con Silo, y esta ciudad entregaré a la maldición de todas
las gentes de la tierra.»
7 Oyeron los sacerdotes y
profetas y todo el pueblo a Jeremías decir estas palabras en la Casa
de Yahveh,
8 y luego que hubo acabado
Jeremías de hablar todo lo que le había ordenado Yahveh que hablase
a todo el pueblo, le prendieron los sacerdotes, los profetas y todo
el pueblo diciendo: «¡Vas a morir!
9 ¿Por qué has profetizado
en nombre de Yahveh, diciendo: “Como Silo quedará esta Casa, y esta
ciudad será arrasada, sin quedar habitante”?» Y se juntó todo el
pueblo en torno a Jeremías en la Casa de Yahveh.
10 Oyeron esto los jefes
de Judá, y subieron de la casa del rey a la Casa de Yahveh, y se
sentaron a la entrada de la Puerta Nueva de la Casa de Yahveh.
11 Y los sacerdotes y
profetas, dirigiéndose a los jefes y a todo el pueblo, dijeron:
«¡Sentencia de muerte para este hombre, por haber profetizado contra
esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos!»
12 Dijo Jeremías a todos
los jefes y al pueblo todo: «Yahveh me ha enviado a profetizar sobre
esta Casa y esta ciudad todo lo que habéis oído.
13 Ahora bien, mejorad
vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de Yahveh vuestro
Dios, y se arrepentirá Yahveh del mal que ha pronunciado contra
vosotros.
14 En cuanto a mí, aquí me
tenéis en vuestras manos: haced conmigo como mejor y más acertado os
parezca.
15 Empero, sabed de fijo
que si me matáis vosotros a mí, sangre inocente cargaréis sobre
vosotros y sobre esta ciudad y sus moradores, porque en verdad
Yahveh me ha enviado a vosotros para pronunciar en vuestros oídos
todas estas palabras.»
16 Dijeron los jefes y
todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: «No merece este hombre
sentencia de muerte, porque en nombre de Yahveh nuestro Dios nos ha
hablado.»
17 Y se levantaron algunos
de los más viejos del país y dijeron a toda la asamblea del pueblo:
18 «Miqueas de Moréset
profetizaba en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el
pueblo de Judá: Así dice Yahveh Sebaot: = Sión será un campo que se
ara, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte de la Casa un
otero salvaje. =
19 ¿Por ventura le mataron
Ezequías, rey de Judá, y todo Judá?, ¿no temió a Yahveh y suplicó a
la faz de Yahveh, y se arrepintió Yahveh del daño con que les había
amenazado? Mientras que nosotros estamos haciéndonos mucho daño a
nosotros mismos.»
20 Pero también hubo otro
que decía profetizar en nombre de Yahveh - Urías hijo de Semaías de
Quiryat Yearim - el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta
tierra enteramente lo mismo que Jeremías,
21 y oyó el rey Yoyaquim y
todos sus grandes señores y jefes sus palabras, y el rey buscaba
matarle. Enteróse Urías, tuvo miedo, huyó y entró en Egipto.
22 Pero envió el rey
Yoyaquim a Elnatán, hijo de Akbor, y otros con él a Egipto,
23 y sacaron a Urías de
Egipto y lo trajeron al rey Yoyaquim, quien lo acuchilló y echó su
cadáver a la fosa común.
24 Gracias a que Ajicam,
hijo de Safán, defendió a Jeremías, impidiendo entregarlo en manos
del pueblo para matarle.
Jeremías 27
1 (Al principio del
reinado de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta
palabra a Jeremías de parte de Yahveh:)
2 Así me ha dicho Yahveh:
«Hazte unas coyundas y un yugo, póntelo sobre la cerviz,
3 y envíalos al rey de
Edom, al rey de Moab y al rey de los ammonitas, al rey de Tiro y al
rey de Sidón por medio de los embajadores que vienen a Jerusalén a
ver a Sedecías, rey de Judá,
4 y dales estas
instrucciones para sus señores: «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de
Israel: Así diréis a vuestros señores:
5 Yo hice la tierra, el
hombre y las bestias que hay sobre la haz de la tierra, con mi gran
poder y mi tenso brazo, y lo di a quien me plugo.
6 Ahora yo he puesto todos
estos países en manos de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia,
y también los animales del campo le he dado para servirle
7 (y todas las naciones le
servirán a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que llegue
también el turno a su propio país - y le reducirán a servidumbre
muchas naciones y reyes grandes -).
8 Así que las naciones y
reinos que no sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no
sometan su cerviz al yugo del rey de Babilonia, con la espada, con
el hambre y con la peste los visitaré - oráculo de Yahveh - hasta
acabarlos por medio de él.
9 Vosotros, pues, no
oigáis a vuestros profetas, adivinos, soñadores, augures ni
hechiceros que os hablan diciendo: “No serviréis al rey de
Babilonia”,
10 porque cosa falsa os
profetizan para alejaros de sobre vuestro suelo, de suerte que yo os
arroje y perezcáis.
11 Pero la nación que
someta su cerviz al yugo de Babilonia y le sirva, yo la dejaré
tranquila en su suelo - oráculo de Yahveh - y lo labrará y morará en
él.»
12 A Sedecías, rey de
Judá, le hablé en estos mismos términos, diciendo: «Someted vuestras
cervices al yugo del rey de Babilonia, servidle a él y a su pueblo,
y quedaréis con vida.
13 (¿A qué morir tú y tu
pueblo por la espada, el hambre y la peste, como ha amenazado Yahveh
a aquella nación que no sirva al rey de Babilonia?)
14 ¡No oigáis, pues, las
palabras de los profetas que os dicen: “No serviréis al rey de
Babilonia”, porque cosa falsa os profetizan,
15 pues yo no les he
enviado - oráculo de Yahveh - y ellos andan profetizando en mi
Nombre falsamente; no sea que yo os arroje, y perezcáis vosotros y
los profetas que os profetizan.»
16 Y a los sacerdotes y a
todo este pueblo les hablé diciendo: «Así dice Yahveh: No oigáis las
palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: “He aquí
que el ajuar de la Casa de Yahveh va a ser devuelto de Babilonia en
seguida”, porque cosa falsa os profetizan.
17 (No les hagáis caso.
Servid al rey de Babilonia y quedaréis con vida. ¿Para qué ha de
quedar esta ciudad arrasada?)
18 Y si ellos son profetas
y la palabra de Yahveh les acompaña, que conjuren, ea, a Yahveh
Sebaot para que los objetos que quedaron en la Casa de Yahveh, en la
casa del rey de Judá y en Jerusalén no vayan a Babilonia.
19 Porque así dice Yahveh
Sebaot de las columnas, del Mar, de las basas y de los demás objetos
que quedaron en esta ciudad,
20 de los cuales no se
apoderó Nabucodonosor, rey de Babilonia, al deportar a Jeconías,
hijo de Yoyaquim, rey de Judá, de Jerusalén a Babilonia (así como a
todos los nobles de Judá y Jerusalén).
21 Sí, porque así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, respecto a los objetos que
quedaron en la Casa de Yahveh, en la casa del rey de Judá y en
Jerusalén:
22 A Babilonia serán
llevados (y allí estarán hasta el día que yo los visite) - oráculo
de Yahveh - (y entonces los subiré y devolveré a este lugar).»
Jeremías 28
1 Aconteció en aquel mismo
año - al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año
cuarto, en el mes quinto - que se dirigió a mí el profeta Jananías,
hijo de Azzur, que era de Gabaón, en la Casa de Yahveh, a vista de
los sacerdotes y de todo el pueblo diciendo:
2 «Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia.
3 Dentro de dos años
completos yo hago devolver a este lugar todos los objetos de la Casa
de Yahveh que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tomó de este
lugar y llevó a Babilonia;
4 y a Jeconías, hijo de
Yoyaquim, rey de Judá, y a todos los deportados de Judá que han ido
a Babilonia, yo les hago volver a este lugar - oráculo de Yahveh -
en cuanto rompa el yugo del rey de Babilonia.»
5 Dijo el profeta Jeremías
al profeta Jananías, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo,
que estaban parados en la Casa de Yahveh;
6 dijo, pues, el profeta
Jeremías: «¡Amen! Así haga Yahveh. Confirme Yahveh las palabras que
has profetizado, devolviendo de Babilonia a este lugar los objetos
de la Casa de Yahveh, y a todos los deportados.
7 Pero, oye ahora esta
palabra que pronunció a oídos tuyos y de todo el pueblo:
8 Profetas hubo antes de
mí y de ti desde siempre, que profetizaron a muchos países y a
grandes reinos la guerra, el mal y la peste.
9 Si un profeta profetiza
la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, se reconocerá que
le había enviado Yahveh de verdad.»
10 Entonces tomó el
profeta Jananías el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías y
lo rompió;
11 y habló Jananías
delante de todo el pueblo: «Así dice Yahveh: Así romperé el yugo de
Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años completos, de
sobre la cerviz de todas las naciones.» Y se fue el profeta Jeremías
por su camino.
12 Entonces fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos, después que el
profeta Jananías hubo roto el yugo de sobre la cerviz del profeta
Jeremías:
13 «Ve y dices a Jananías:
Así dice Yahveh: Yugo de palo has roto, pero tú lo reemplazarás por
yugo de hierro.
14 Porque así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: Yugo de hierro he puesto sobre la cerviz
de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y le servirán (y también los animales del campo le he
dado...).»
15 Dijo también el profeta
Jeremías al profeta Jananías: «Oye, Jananías: No te envió Yahveh, y
tú has hecho confiar a este pueblo en cosa falsa.
16 Por eso, así dice
Yahveh: He aquí que yo te arrojo de sobre la haz del suelo. Este año
morirás (porque rebelión has predicado contra Yahveh).»
17 Y murió el profeta
Jananías aquel mismo año, en el mes séptimo.
Jeremías 29
1 Este es el tenor de la
carta que envió el profeta Jeremías desde Jerusalén al resto de los
ancianos de la deportación, a los sacerdotes, profetas y pueblo en
general, que había deportado Nabucodonosor desde Jerusalén a
Babilonia
2 - después de salir de
Jerusalén el rey Jeconías y la Gran Dama, los eunucos, los jefes de
Judá y Jerusalén, los herreros y cerrajeros -,
3 por mediación de Elasá,
hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jilquías, a quienes Sedecías,
rey de Judá, envió a Babilonia, donde Nabucodonosor, rey de
Babilonia:
4 «Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel, a toda la deportación que deporté de Jerusalén a
Babilonia:
5 Edificad casas y
habitadlas; plantad huertos y comed su fruto;
6 tomad mujeres y
engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas
a maridos para que den a luz hijos e hijas, y medrad allí y no
mengüéis;
7 procurad el bien de la
ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahveh, porque su
bien será el vuestro.
8 Así dice Yahveh Sebaot,
el dios de Israel: No os embauquen los profetas que hay entre
vosotros ni vuestros adivinos, y no hagáis caso de vuestros
soñadores que sueñan por cuenta propia,
9 porque falsamente os
profetizan en mi Nombre. Yo no los he enviado - oráculo de Yahveh -.
10 «Pues así dice Yahveh:
Al filo de cumplírsele a Babilonia setenta años, yo os visitaré y
confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa de volveros a este
lugar;
11 que bien me sé los
pensamientos que pienso sobre vosotros - oráculo de Yahveh -
pensamientos de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de
esperanza.
12 Me invocaréis y
vendréis a rogarme, y yo os escucharé.
13 Me buscaréis y me
encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón;
14 me dejaré encontrar de
vosotros (- oráculo de Yahveh -; devolveré vuestros cautivos, os
recogeré de todas las naciones y lugares a donde os arrojé - oráculo
de Yahveh - y os haré tornar al sitio de donde os hice que fueseis
desterrados).
15 «En cuanto a eso que
decís: “Nos ha suscitado Yahveh profetas en Babilonia”,
16 así dice Yahveh del rey
que se sienta sobre el solio de David y de todo el pueblo que se
asienta en esta ciudad, los hermanos vuestros que no salieron con
vosotros al destierro;
17 así dice Yahveh Sebaot:
He aquí que yo suelto contra ellos la espada, el hambre y la peste,
y los pondré como aquellos higos reventados,, tan malos que no se
podían comer.
18 Los perseguiré con la
espada, el hambre y la peste, y los convertiré en espantajo para
todos los reinos de la tierra: maldición, pasmo, rechifla y oprobio
entre todas las naciones a donde los arroje,
19 por cuanto que no
oyeron las palabras - oráculo de Yahveh - que les envié por mis
siervos los profetas asiduamente; pero no oísteis - oráculo de
Yahveh -.
20 Vosotros, pues, oíd la
palabra de Yahveh, todos los deportados que envié de Jerusalén a
Babilonia.
21 «Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel, sobre Ajab, hijo de Colaías, y sobre
Sedecías, hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi
Nombre: He aquí que yo los pongo en manos de Nabucodonosor, rey de
Babilonia; él los herirá ante vuestros ojos,
22 y de ellos tomarán esta
maldición todos los deportados de Judá que se encuentran en
Babilonia: “Vuélvate Yahveh como a Sedecías y como a Ajab, a
quienes asó al fuego el rey de Babilonia”,
23 porque obraron con
fatuidad en Jerusalén, cometieron adulterio con las mujeres de sus
prójimos y fingieron pronunciar en mi Nombre palabras que yo no les
mandé. Yo soy sabedor y testigo - oráculo de Yahveh -.»
24 Semaías el najlamita
despachó en su propio nombre cartas (a todo el pueblo que hay en
Jerusalén) a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías (y a todos los
sacerdotes), diciendo:
26 «Yahveh te ha puesto
por sacerdote en vez del sacerdote Yehoyadá como inspector en la
Casa de Yahveh de todos los locos y seudoprofetas: tú debes
meterlos en los cepos y en el calabozo.
27 Pues entonces, ¿por qué
no has sancionado a Jeremías de Anatot que se os hace pasar por
profeta?
28 Porque, en efecto, nos
ha enviado a Babilonia un mensaje diciendo: “Es para largo. Edificad
casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto”»
29 El sacerdote Sofonías
leyó esta carta a oídos del profeta Jeremías.
30 Entonces fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos:
31 «Envía este mensaje a
todos los deportados: Así dice Yahveh respecto a Semaías el
najlamita, por haberos profetizado sin haberle yo enviado,
inspirándoos una falsa seguridad.
32 Sí, por cierto, así
dice Yahveh: He aquí que yo voy a visitar a Semaías el najlamita y a
su descendencia. No habrá en ella ninguno que se siente en medio de
este pueblo ni que vea el bien que yo haga a mi pueblo - oráculo de
Yahveh - porque predicó la desobediencia a Yahveh.»
Jeremías 30
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías de parte de Yahveh:
2 Así dice Yahveh el Dios
de Israel: Escríbete todas las palabras que te he hablado en un
libro.
3 Pues he aquí que vienen
días - oráculo de Yahveh - en que haré tornar a los cautivos de mi
pueblo Israel (y de Judá) - dice Yahveh - y les haré volver a la
tierra que di a sus padres en posesión.
4 Estas son las palabras
que dirigió Yahveh a Israel (y a Judá).
5 Así dice Yahveh: Voces
estremecedoras oímos: ¡Pánico, y no paz!
6 Id a preguntar, y ved si
pare el macho. Entonces ¿por qué he visto a todo varón con las manos
en las caderas, como la que da a luz, y todas las caras se han
vuelto amarillas?
7 ¡Ay! porque grande es
aquel día, sin semejante, y tiempo de angustia es para Jacob; pero
de ella quedará salvo.
8 (Acontecerá aquel día -
oráculo de Yahveh Sebaot - que romperé el yugo de sobre tu cerviz y
tus coyundas arrancaré, y no te servirán más los extranjeros,
9 sino que Israel y Judá
servirán a Yahveh su Dios y a David su rey, que yo les suscitaré.)
10 Pero tú no temas,
siervo mío Jacob - oráculo de Yahveh - ni desmayes, Israel, pues
mira que yo acudo a salvarte desde lejos y tu linaje del país de su
cautiverio; volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no
habrá quien le inquiete,
11 pues contigo estoy yo -
oráculo de Yahveh - para salvarte: pues acabaré con todas las
naciones entre las cuales te dispersé. pero contigo no acabaré;
aunque sí te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.
12 Porque así dice Yahveh:
Irremediable es tu quebranto, incurable tu herida.
13 Estás desahuciado; para
una herida hay cura, para ti no hay remedio.
14 Todos tus amantes te
olvidaron, por tu salud no preguntaron. Porque con herida de enemigo
te herí, castigo de hombre cruel, (por tu gran culpa, porque son
enormes tus pecados).
15 ¿Por qué te quejas de
tu quebranto? Irremediable es tu sufrimiento; por tu gran culpa, por
ser enormes tus pecados te he hecho esto.
16 No obstante todos los
que te devoran serán devorados, y todos tus opresores, todos ellos,
irán al cautiverio; serán tus despojadores despojados, y a todos tus
saqueadores los entregaré al saqueo.
17 Sí; haré que tengas
alivio, de tus llagas te curaré - oráculo de Yahveh -. Porque «La
Repudiada» te llamaron. «Sión de la que nadie se preocupa».
18 Así dice Yahveh: He
aquí que yo hago volver a los cautivos de las tiendas de Jacob y de
sus mansiones me apiadaré; será reedificada la ciudad sobre su
montículo de ruinas y el alcázar tal como era será restablecido.
19 Y saldrá de entre ellos
loor y voz de gente alegre; los multiplicaré y no serán pocos, los
honraré y no serán menguados,
20 sino que serán sus
hijos como antes, su comunidad ante mí estará en pie, y yo visitaré
a todos sus opresores.
21 Será su soberano uno de
ellos, su jefe de entre ellos saldrá, y le haré acercarse y él
llegará hasta mí, porque ¿quién es el que se jugaría la vida por
llegarse hasta mí? - oráculo de Yahveh -.
22 Y vosotros seréis mi
pueblo, y yo seré vuestro Dios.
23 Mirad que una tormenta
de Yahveh ha estallado, un torbellino remolinea: sobre la cabeza de
los malos descarga.
24 No ha de apaciguarse el
ardor de la ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los
designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ello.
Jeremías 31
1 En aquel tiempo -
oráculo de Yahveh - seré el Dios de todas las familias de Israel, y
ellos serán mi pueblo.
2 Así dice Yahveh: Halló
gracia en el desierto el pueblo que se libró de la espada: va a su
descanso Israel.
3 De lejos Yahveh se me
apareció. Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia
para ti.
4 Volveré a edificarte y
serás reedificada, virgen de Israel; aún volverás a tener el adorno
de tus adufes, y saldrás a bailar entre gentes festivas.
5 Aún volverás a plantar
viñas en los montes de Samaría: (plantarán los plantadores, y
disfrutarán).
6 Pues habrá un día en que
griten los centinelas en la montaña de Efraím: «¡Levantaos y subamos
a Sión, adonde Yahveh, el Dios nuestro!»
7 Pues así dice Yahveh:
Dad hurras por Jacob con alegría, y gritos por la capital de las
naciones; hacedlo oír, alabad y decid: «¡Ha salvado Yahveh a su
pueblo, al Resto de Israel!»
8 Mirad que yo los traigo
del país del norte, y los recojo de los confines de la tierra. Entre
ellos, el ciego y el cojo, la preñada y la parida a una. Gran
asamblea vuelve acá.
9 Con lloro vienen y con
súplicas los devuelvo, los llevo a arroyos de agua por camino llano,
en que no tropiecen. Porque yo soy para Israel un padre, y Efraím es
mi primogénito.
10 Oíd la palabra de
Yahveh, naciones, y anunciad por las islas a lo lejos, y decid: «El
que dispersó a Israel le reunirá y le guardará cual un pastor su
hato.»
11 Porque ha rescatado
Yahveh a Jacob, y le ha redimido de la mano de otro más fuerte.
12 Vendrán y darán hurras
en la cima de Sión y acudirán al regalo de Yahveh: al grano, al
mosto, y al aceite virgen, a las crías de ovejas y de vacas, y será
su alma como huerto empapado, no volverán a estar ya macilentos.
13 Entonces se alegrará la
doncella en el baile, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré su
duelo en regocijo, y les consolaré y alegraré de su tristeza;
14 empaparé el alma de los
sacerdotes de grasa, y mi pueblo de mi regalo se hartará - oráculo
de Yahveh -.
15 Así dice Yahveh: En
Ramá se escuchan ayes, lloro amarguísimo. Raquel que llora por sus
hijos, que rehúsa consolarse - por sus hijos - porque no existen.
16 Así dice Yahveh:
Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque hay paga para
tu trabajo - oráculo de Yahveh -: volverán de tierra hostil,
17 y hay esperanza para tu
futuro - oráculo de Yahveh -: volverán los hijos a su territorio.
18 Bien he oído a Efraím
lamentarse: «Me corregiste y corregido fui, cual becerro no domado.
Hazme volver y volveré, pues tú, Yahveh, eres mi Dios.
19 Porque luego de
desviarme, me arrepiento, y luego de darme cuenta, me golpeo el
pecho, me avergüenzo y me confundo luego, porque aguanto el oprobio
de mi mocedad.»
20 ¿Es un hijo tan caro
para mí Efraím, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que
hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han
conmovido mis entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme -
oráculo de Yahveh -.
21 Plántate hitos, ponte
jalones de ruta, presta atención a la calzada al camino que
anduviste. Vuelve, virgen de Israel, vuelve a estas ciudades.
22 ¿Hasta cuándo darás
rodeos, oh díscola muchacha? Pues ha creado Yahveh una novedad en la
tierra: la Mujer ronda al Varón.
23 Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel: Todavía dirán este refrán en tierra de Judá y en
sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos: «¡Bendígate
Yahveh, oh estancia justa, oh monte santo!»
24 Y morarán allí Judá y
todas sus ciudades juntamente, los labradores y los que trashuman
con el rebaño,
25 porque yo empaparé el
alma agotada y toda alma macilenta colmaré.
26 En esto, me desperté y
vi que mi sueño era sabroso para mí.
27 He aquí que días vienen
- oráculo de Yahveh - en que sembraré la casa de Israel y la casa de
Judá de simiente de hombres y ganados.
28 Entonces, del mismo
modo que anduve presto contra ellos para extirpar, destruir,
arruinar, perder y dañar, así andaré respecto a ellos para
reconstruir y replantar - oráculo de Yahveh -.
29 En aquellos días no
dirán más: «Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos
sufren de dentera»;
30 sino que cada uno por
su culpa morirá: quienquiera que coma el agraz tendrá la dentera.
31 He aquí que días vienen
- oráculo de Yahveh - en que yo pactaré con la casa de Israel (y con
la casa de Judá) una nueva alianza;
32 no como la alianza que
pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de
Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos
- oráculo de Yahveh -.
33 Sino que esta será la
alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días
- oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus
corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
34 Ya no tendrán que
adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo:
«Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al
más grande - - oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su
pecado no vuelva a acordarme.
35 Así dice Yahveh, el que
da el sol para alumbrar el día, y gobierna la luna y las estrellas
para alumbrar la noche, el que agita el mar y hace bramar sus olas,
cuyo nombre es Yahveh Sebaot.
36 Si fallaren estas
normas en mi presencia - oráculo de Yahveh - también la prole de
Israel dejaría de ser una nación en mi presencia a perpetuidad.
37 Así dice Yahveh: Si
fueren medidos los cielos por arriba, y sondeadas las bases de la
tierra por abajo, entonces también yo renegaría de todo el linaje de
Israel por todo cuanto hicieron - oráculo de Yahveh -.
38 He aquí que vienen días
- oráculo de Yahveh - en que será reconstruida la ciudad de Yahveh
desde la torre de Jananel hasta la Puerta del Angulo;
39 y volverá a salir la
cuerda de medir toda derecha hasta la cuesta de Gareb, y torcerá
hasta Goá,
40 y toda la hondonada de
los Cuerpos Muertos y de la Ceniza, y toda la Campa del Muerto hasta
el torrente Cedrón, hasta la esquina de la Puerta de los Caballos
hacia oriente será sagrado de Yahveh: no volverá a ser destruido ni
dado al anatema nunca jamás.
Jeremías 32
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías de parte de Yahveh el año diez de Sedecías, rey de Judá -
o sea, el año dieciocho de Nabucodonosor:
2 A la sazón las fuerzas
del rey de Babilonia sitiaban a Jerusalén, mientras el profeta
Jeremías estaba detenido en el patio de la guardia de la casa del
rey de Judá,
3 donde le tenía detenido
Sedecías, rey de Judá, bajo esta acusación: «¿Por qué has
profetizado: Así dice Yahveh: He aquí que yo entrego esta ciudad en
manos del rey de Babilonia, que la tomará,
4 y el rey de Judá,
Sedecías, no escapará de manos de los caldeos, sino que será
entregado sin remisión en manos del rey de Babilonia, con quien
hablará boca a boca, y sus ojos se encontrarán con sus ojos,
5 y a Babilonia llevará a
Sedecías, y allí estará (hasta que yo le visite - oráculo de Yahveh.
¡Aunque luchéis con los caldeos, no triunfaréis!)»
6 Dijo Jeremías: He
recibido una palabra de Yahveh que dice así:
7 «He aquí que Janamel,
hijo de tu tío Sallum, va a dirigirse a ti diciendo: “Ea, cómprame
el campo de Anatot, porque a ti te toca el derecho de rescate para
comprarlo.”»
8 Vino, pues, a mí
Janamel, hijo de mi tío, conforme al dicho de Yahveh, al patio de la
guardia, y me dijo: «Ea, cómprame el campo de Anatot - que cae en
territorio de Benjamín - porque tuyo es el derecho de adquisición y
a ti te toca el rescate. Cómpratelo.» Yo reconocí en aquello la
palabra de Yahveh,
9 y compré a Janamel, hijo
de mi tío, el campo que está en Anatot. Le pesé la plata: diecisiete
siclos de plata.
10 Lo apunté en mi
escritura, sellé, aduje testigos y pesé la plata en la balanza.
11 Luego tomé la escritura
de la compra, el documento sellado según ley y la copia abierta,
12 y pasé la escritura de
la compra a Baruc, hijo de Neriyías, hijo de Majseías, a vista de mi
primo Janamel y de los testigos firmantes en la escritura de la
compra, y a vista de todos los judíos presentes en el patio de la
guardia,
13 y a vista de todos
ellos di a Baruc este encargo:
14 Así dice Yahveh Sebaot
el Dios de Israel: Toma estas escrituras: la escritura de compra, el
documento sellado y la copia abierta, y las pones en un cántaro de
arcilla para que duren mucho tiempo.
15 Porque así dice Yahveh
Sebaot el Dios de Israel: «Todavía se comprarán casas y campos y
viñas en esta tierra.»
16 Después de haber
entregado la escritura de propiedad a Baruc, hijo de Neriyías, oré a
Yahveh diciendo:
17 «¡Ay, Señor Yahveh! He
aquí que tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y tenso
brazo: nada es extraordinario para ti,
18 el que hace merced a
millares, que se cobra la culpa de los padres a costa de los hijos
que les suceden, el Dios grande, el Fuerte, cuyo nombre es Yahveh
Sebaot,
19 grande en designios y
rico en recursos, que tiene los ojos fijos en la conducta de los
humanos, para dar a cada uno según su conducta y el fruto de sus
obras;
20 tú que has obrado
señales y portentos en Egipto, hasta hoy, y en Israel y en la
humanidad entera, y te has hecho un nombre, como hoy se ve;
21 y sacaste a tu pueblo
Israel de Egipto con señales y prodigios y con mano fuerte y tenso
brazo y con gran aparato,
22 y les diste esta tierra
que habías jurado darla a sus padres: tierra que mana leche y miel.
23 Entraron en ella y la
poseyeron, pero no hicieron caso de tu voz, ni conforme a tus leyes
anduvieron: nada de lo que les mandaste hacer hicieron, y les
conminaste con esta calamidad.
24 He aquí que los
terraplenes llegan a la ciudad para tomarla y la ciudad está ya a
merced de los caldeos que la atacan, por causa de la espada y del
hambre y de la peste; lo que habías dicho, ha sido, y tú mismo lo
estás viendo.
25 ¡Precisamente tú me has
dicho, oh Señor Yahveh: “Cómprate el campo y aduce testigos” cuando
la ciudad está entregada a manos de los caldeos!»
26 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh como sigue:
27 Mira que yo soy Yahveh,
el Dios de toda carne. ¿Habrá cosa extraordinaria para mi?
28 Pues así dice Yahveh:
He aquí que yo pongo esta ciudad en manos de los caldeos y en manos
de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la tomará,
29 y entrarán los caldeos
que atacan a esta ciudad y le prenderán fuego incendiándola junto
con las casas en cuyos terrados se incensaba a Baal y se libaban
libaciones a otros dioses para provocarme.
30 Porque los hijos de
Israel y los hijos de Judá no han hecho otra cosa sino lo que me
disgusta desde sus mocedades (porque los hijos de Israel no han
hecho más que provocarme con las obras de sus manos - oráculo de
Yahveh -).
31 Porque motivo de mi
furor y de mi ira ha sido para mí esta ciudad, desde el día en que
la edificaron hasta hoy, que es como para quitármela de delante,
32 por toda la maldad de
los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que, para provocarme,
obraron ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y profetas, el
hombre de Judá y el habitante de Jerusalén,
33 y me volvieron la
espalda, que no la cara. Yo les adoctriné asiduamente, mas ellos no
quisieron aprender la lección,
34 sino que pusieron sus
Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre,
profanándola,
35 y fraguaron los altos
del Baal que hay en el Valle de Ben Hinnom para hacer pasar por el
fuego a sus hijos e hijas en honor del Moloc - lo que no les mandé
ni me pasó por las mientes -, obrando semejante abominación con el
fin de hacer pecar a Judá.
36 Ahora, pues, en verdad
así dice Yahveh, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad que - al
decir de vosotros - está ya a merced del rey de Babilonia por la
espada, por el hambre y por la peste.
37 He aquí que yo los
reúno de todos los países a donde los empujé en mi ira y mi furor y
enojo grande, y les haré volver a este lugar, y les haré vivir en
seguridad,
38 serán mi pueblo, y yo
seré su Dios;
39 y les daré otro corazón
y otro camino, de suerte que me teman todos los días para bien de
ellos y de sus hijos después de ellos.
40 Les pactaré alianza
eterna - que no revocaré después de ellos - de hacerles bien, y
pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto
a mí;
41 me dedicaré a hacerles
bien, y los plantaré en esta tierra firmemente, con todo mi corazón
y con toda mi alma.
42 Porque así dice Yahveh:
Como he traído sobre este pueblo todo este gran perjuicio, así yo
mismo voy a traer sobre ellos todo el beneficio que pronuncio sobre
ellos,
43 y se comprarán campos
en esta tierra de la que decís vosotros que es una desolación, sin
personas ni ganados, y que está a merced de los caldeos;
44 se comprarán campos con
dinero, anotándose en escritura, sellándose y llamando testigos, en
la tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, en las
ciudades de Judá, en las de la Montaña, en las de la Tierra Baja y
en las del Négueb, pues haré tornar a sus cautivos - oráculo de
Yahveh -.
Jeremías 33
1 De nuevo fue dirigida la
palabra de Yahveh a Jeremías, que estaba aún detenido en el patio de
la guardia, en estos términos:
2 Así dice Yahveh, hacedor
de la tierra, que la formó para hacerla subsistir, Yahveh es su
nombre:
3 Llámame y te responderé
y mostraré cosas grandes, inaccesibles, que desconocías.
4 Porque así dice Yahveh,
el Dios de Israel, tocante a las casas de esta ciudad y a las de los
reyes de Judá que han sido derruidas. Junto a los terraplenes y a la
espada,
5 se traba combate con los
caldeos para llenar la ciudad de cadáveres humanos, a los que herí
en mi ira y mi furor, y por cuya malicia oculté mi rostro de esta
ciudad.
6 He aquí que yo les
aporto su alivio y su medicina. Los curaré y les descubriré una
corona de paz y seguridad.
7 Haré tornar a los
cautivos de Judá y a los cautivos de Israel y los reedificaré como
en el pasado,
8 y los purificaré de toda
culpa que cometieron contra mí, y perdonaré todas las culpas que
cometieron contra mí, y con que me fueron rebeldes.
9 Jerusalén será para mí
un nombre evocador de alegría, será prez y ornato para todas las
naciones de la tierra que oyeren todo el bien que voy a hacerle, y
se asustarán y estremecerán de tanta bondad y de tanta paz como voy
a concederle.
10 Así dice Yahveh: Aún se
oirá en este lugar, del que vosotros decís que está abandonado, sin
personas ni ganados, en todas las ciudades de Judá y en las calles
de Jerusalén desoladas, sin personas ni habitantes ni ganados,
11 voz de gozo y de
alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de cuantos
traigan sacrificios de alabanza a la Casa de Yahveh diciendo:
«Alabad a Yahveh Sebaot, porque es bueno Yahveh, porque es eterno su
amor», pues haré tomar a los cautivos del país, y volverán a ser
como antes - dice Yahveh -.
12 Así dice Yahveh Sebaot:
Aún habrá en este lugar abandonado de hombres y ganados y en todas
sus ciudades, dehesa de pastores que hagan acostarse a las ovejas:
13 en las ciudades de la
Montaña, y en las de la Tierra Baja, en las del Négueb y en la
tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén y en las ciudades
de Judá, volverán a pasar ovejas ante la mano del que las cuente -
dice Yahveh.
14 Mirad que días vienen -
oráculo de Yahveh - en que confirmaré la buena palabra que dije a la
casa de Israel y a la casa de Judá.
15 En aquellos días y en
aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, y practicará
el derecho y la justicia en la tierra.
16 En aquellos días estará
a salvo Judá, y Jerusalén vivirá en seguro. Y así se la llamará:
«Yahveh, justicia nuestra.»
17 Pues así dice Yahveh:
No le faltará a David quien se siente en el trono de la casa de
Israel;
18 y a los sacerdotes
levíticos no les faltará quien en presencia mía eleve holocaustos y
queme incienso de oblación y haga sacrificio cada día.
19 Fue dirigida la palabra
de Yahveh a Jeremías como sigue:
20 Así dice Yahveh: Si
llegareis a romper mi alianza con el día y con la noche, de suerte
que no sea de día o de noche a su debido tiempo,
21 entonces también mi
alianza romperíais con mi siervo David, de suerte que le falte un
hijo que reine sobre su trono y con los levitas sacerdotes, mis
servidores.
22 Así como es incontable
el ejército de los cielos, e incalculable la arena de la mar, así
multiplicaré el linaje de mi siervo David y de los levitas que me
sirven.
23 Fue dirigida la palabra
de Yahveh a Jeremías como sigue:
24 ¿No has visto qué ha
dicho este pueblo?: «Los dos linajes que había elegido Yahveh, los
ha rechazado», y a mi pueblo menosprecian, como que ni lo tienen
por nación.
25 Pues bien, dice Yahveh:
Si no he creado el día y la noche, ni las leyes de los cielos y la
tierra he puesto,
26 en ese caso también
rechazaré el linaje de Jacob y de mi siervo David, para no escoger
más de su linaje a quienes imperen sobre el linaje de Abraham,
Isaac y Jacob, cuando yo haga tornar a sus cautivos y les tenga
misericordia.
Jeremías 34
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías de parte de Yahveh, mientras Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y todas sus fuerzas y todos los reinos de la tierra
sometidos a su poder y todos los pueblos atacaban a Jerusalén y a
todas sus ciudades:
2 Así dice Yahveh el Dios
de Israel: Ve y dices a Sedecías, rey de Judá; le dices: Así dice
Yahveh: «Mira que yo entrego esta ciudad en manos del rey de
Babilonia, y la incendiará.
3 En cuanto a ti, no te
escaparás de su mano, sino que sin falta serás capturado, y en sus
manos te pondré y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y su
boca hablará a tu boca, y a Babilonia irás.
4 Empero, oye una palabra
de Yahveh, oh Sedecías, rey de Judá: Así dice Yahveh respecto a ti:
No morirás por la espada.
5 En paz morirás. Y como
se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te
precedieron, así los quemarán por ti, y con el «¡ay, señor!» te
plañirán, porque lo digo yo - oráculo de Yahveh -.
6 Y habló el profeta
Jeremías a Sedecías, rey de Judá, todas estas palabras en Jerusalén,
7 mientras las fuerzas del
rey de Babilonia atacaban a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá
que quedaban: a Lakís y Azecá, pues estas dos plazas fuertes habían
quedado de todas las ciudades de Judá.
8 Palabra que fue dirigida
a Jeremías de parte de Yahveh, después de llegar el rey Sedecías a
un acuerdo con todo el pueblo de Jerusalén, proclamándoles una
manumisión,
9 en orden a dejar cada
uno a su siervo o esclava hebreos libres dándoles la libertad de
suerte que ningún judío fuera siervo de su hermano.
10 Todos los jefes y todo
el pueblo que entraba en el acuerdo obedecieron, dejando libres
quién a su siervo, quién a su esclava, dándoles la libertad de modo
que no hubiese entre ellos más esclavos: obedecieron y les dejaron
libres.
11 Pero luego volvieron a
apoderarse de los siervos y esclavas que habían manumitido y los
redujeron a servidumbre y esclavitud.
12 Entonces fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos:
13 Así dice Yahveh, el
Dios de Israel: yo hice alianza con vuestros padres el día que los
saqué de Egipto, de la casa de servidumbre, diciendo:
14 «Al cabo de siete años
cada uno de vosotros dejará libre al hermano hebreo que se le
hubiera vendido. Te servirá por seis años, y le enviarás libre de
junto a ti.» Pero no me hicieron caso vuestros padres ni aplicaron
el oído.
15 Vosotros os habéis
convertido hoy y habéis hecho lo que es recto a mis ojos proclamando
manumisión general, y llegando a un acuerdo en mi presencia, en la
Casa que se llama por mi Nombre;
16 pero os habéis echado
atrás y profanado mi Nombre, os habéis apoderado de vuestros
respectivos siervos y esclavas a quienes habíais manumitido,
reduciéndolos de nuevo a esclavitud.
17 Por tanto, así dice
Yahveh: Vosotros no me habéis hecho caso al proclamar manumisión
general. He aquí que yo proclamo contra vosotros manumisión de la
espada, de la peste y del hambre - oráculo de Yahveh - y os doy por
espantajo de todos los reinos de la tierra.
18 Y a los individuos que
traspasaron mi acuerdo, aquellos que no han hecho válidos los
términos del acuerdo que firmaron en mi presencia, yo los volveré
como el becerro que cortaron en dos y por entre cuyos pedazos
pasaron:
19 a los jefes de Judá,
los jefes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo
de la tierra que han pasado por entre los pedazos del becerro,
20 les pondré en manos de
sus enemigos y de quienes buscan su muerte y sus cadáveres serán
pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.
21 Y a Sedecías, rey de
Judá, y a sus jefes les pondré en manos de sus enemigos y de quienes
buscan su muerte y del ejército del rey de Babilonia que se ha
retirado de vosotros.
22 Mirad que yo lo ordeno
- oráculo de Yahveh - y les hago volver sobre esta ciudad, y la
atacarán, la tomarán y le darán fuego, y las ciudades de Judá las
trocaré en desolación sin habitantes.
Jeremías 35
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías de parte de Yahveh, en tiempo de Yoyaquim, hijo de
Josías, rey de Judá.
2 «Ve a la casa de los
rekabitas y les hablas. Les llevas a la Casa de Yahveh, a una de las
cámaras, y les escancias vino.»
3 Tomé, pues, a Yazanías,
hijo de Jeremías, hijo de Jabassinías, y a sus hermanos, a todos sus
hijos y a toda la casa de los rekabitas,
4 y les llevé a la Casa de
Yahveh, a la cámara de Ben Yojanán, hijo de Yigdalías, hombre de
Dios, la cual cámara está al lado de la de los jefes, y encima de la
de Maaseías, hijo de Sallum, guarda del umbral,
5 y presentando a los
hijos de la casa de los rekabitas unos jarros llenos de vino y
tazas, les dije: «¡Bebed vino!»
6 Dijeron ellos: «No
bebemos vino, porque nuestro padre Yonadab, hijo de Rekab, nos dio
este mandato: “No beberéis vino ni vosotros ni vuestros hijos nunca
jamás,
7 ni edificaréis casa, ni
sembraréis semilla, ni plantaréis viñedo, ni poseeréis nada, sino
que en tiendas pasaréis toda vuestra existencia, para que viváis
muchos días sobre la faz del suelo, donde sois forasteros.”
8 Nosotros hemos obedecido
a la voz de nuestro padre Yonadab, hijo de Rekab, en todo cuanto nos
mandó, absteniéndonos de beber vino de por vida, nosotros, nuestras
mujeres, nuestros hijos y nuestras hijas,
9 y no edificando casas
donde vivir, ni poseyendo viña ni campo de sementera,
10 sino que hemos vivido
en tiendas, obedeciendo y obrando en todo conforme a lo que nos
mandó nuestro padre Yonadab.
11 Pero al subir
Nabucodonosor, rey de Babilonia, contra el país, dijimos: “Venid y
entremos en Jerusalén, para huir de las fuerzas caldeas y de las de
Arán”, y nos instalamos en Jerusalén.»
12 Entonces fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue:
13 Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel: Ve y dices a los hombres de Judá y a los
habitantes de Jerusalén: ¿ No aprenderéis la lección que os invita a
escuchar mis palabras? - oráculo de Yahveh -.
14 Se ha cumplido la
palabra de Yonadab, hijo de Rekab, que prohibió a sus hijos beber
vino, y no han bebido hasta la fecha, porque obedecieron la orden de
su padre. Yo me afané en hablaros a vosotros y no me oísteis.
15 Me afané en enviaros a
todos mis siervos los profetas a deciros: Ea, tornad cada uno de
vuestro mal camino, mejorad vuestras acciones y no andéis en pos de
otros dioses para servirles, y os quedaréis en la tierra que os di a
vosotros y a vuestros padres; mas no aplicasteis el oído ni me
hicisteis caso.
16 Así, los hijos de
Yonadab, hijo de Rekab, han cumplido el precepto que su padre les
impuso, mientras que este pueblo no me ha hecho caso.
17 Por tanto, así ha dicho
Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo traigo
contra Judá y contra los habitantes de Jerusalén todo el mal que
pronuncié respecto a ellos, por cuanto les hablé y no me oyeron, les
llamé y no me respondieron.
18 A la casa de los
rekabitas dijo Jeremías: «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel:
Por cuanto que habéis hecho caso del precepto de vuestro padre
Yonadab y habéis guardado todos esos preceptos y obrado conforme a
cuanto os mandó,
19 por lo mismo, así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: No faltará a Yonadab, hijo de
Rekab, quien siga ante mi faz todos los días.»
Jeremías 36
1 Aconteció que en el año
cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta
palabra a Jeremías de parte de Yahveh:
2 Tómate un rollo de
escribir, y apuntas en él todas las palabras que te he hablado
tocante a Israel, a Judá y a todas las naciones, desde la fecha en
que te vengo hablando - desde los tiempos de Josías hasta hoy -.
3 A ver si la casa de Judá
se entera de todo el mal que he pensado hacerle, de modo que se
convierta cada uno de su mal camino, y entonces yo perdonaría su
culpa y su pecado.
4 Llamó, pues, Jeremías a
Baruc, hijo de Neriyías, y apuntó Baruc al dictado de Jeremías todas
las palabras que Yahveh le había hablado, en un rollo de escribir.
5 Dio Jeremías a Baruc
estas instrucciones: «Yo estoy detenido; no puedo ir a la Casa de
Yahveh.
6 Así que, vete tú, y lees
en voz alta el rollo en que has apuntado al dictado mío las palabras
de Yahveh, a oídos del público de la Casa de Yahveh el día del
ayuno, y las lees también a oídos de todos los de Judá que vienen de
sus ciudades;
7 a ver si presentan sus
súplicas a Yahveh, y se vuelven cada uno de su mal camino; porque
grande es la ira y el furor que ha expresado Yahveh contra este
pueblo.»
8 Hizo Baruc, hijo de
Neriyías, conforme a todo cuanto le había mandado el profeta
Jeremías, y leyó en el libro las palabras de Yahveh en la Casa de
Yahveh.
9 Precisamente en el año
quinto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, el mes noveno, se
proclamaba ayuno general delante de Yahveh, tanto para el pueblo de
Jerusalén como para toda la gente venida de las ciudades de Judá a
Jerusalén.
10 Baruc, pues, leyó en el
libro las palabras de Jeremías en la Casa de Yahveh, en la cámara de
Guemarías, hijo de Safán el escriba, en el patio alto, a la entrada
de la Puerta Nueva de la Casa de Yahveh, a oídos de todo el pueblo.
11 Oye Miqueas, hijo de
Guemarías, hijo de Safán, todas las palabras de Yahveh según el
libro,
12 baja a la casa del rey,
al cuarto del escriba, y se encuentra con que allí estaban todos los
jefes sentados: el escribano Elisamá, Delaías, hijo de Semaías,
Elnatán, hijo de Akbor, Guemarías, hijo de Safán, Sedecías, hijo de
Jananías, y todos los demás jefes.
13 Y Miqueas declaró todas
las palabras que había oído leer a Baruc en el libro a oídos del
pueblo.
14 Entonces todos los
jefes enviaron a Yehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de
Kusí a decir a Baruc: «Toma en tus propias manos el rollo en el que
has leído en voz alta al pueblo y vente.» Baruc, hijo de Neriyías,
tomó el rollo en sus manos y se dirigió adonde ellos.
15 Dícenle: «Ea, siéntate
y ten a bien leérnoslo a nosotros.» Y Baruc se lo leyó.
16 Como oyeron todas
aquellas palabras, se asustaron y dijeron cada cual a su vecino:
«Anunciemos sin falta al rey todas estas palabras.»
17 Y a Baruc le pidieron:
«Explícanos cómo has escrito todas estas palabras.»
18 Díceles Baruc: «Al
dictado. El me recitaba todas estas palabras y yo las iba
escribiendo en el libro con tinta.»
19 Dicen los jefes a
Baruc: «Vete, escondeos tú y Jeremías, y que nadie sepa dónde
estáis.»
20 Y entraron adonde el
rey, a la corte (el rollo lo consignaron en la cámara de Elisamá el
escriba) y anunciaron a oídos del rey todas aquellas palabras.
21 Entonces envió el rey a
Yehudí a apoderarse del rollo, y éste lo tomó del cuarto de Elisamá
el escriba. Y Yehudí lo leyó en voz alta al rey y a todos los jefes
que estaban en pie en torno al rey.
22 El rey estaba sentado
en la casa de invierno, - era en el mes noveno -, con un brasero
delante encendido.
23 Y así que había leído
Yehudí tres hojas o cuatro, él las rasgaba con el cortaplumas del
escriba y las echaba al fuego del brasero, hasta terminar con todo
el rollo en el fuego del brasero.
24 Ni se asustaron ni se
rasgaron los vestidos el rey ni ninguno de sus siervos que oían
todas estas cosas,
25 y por más que Elnatán,
Delaías y Guemarías suplicaron el rey que no quemara el rollo, no
les hizo caso.
26 Luego el rey ordenó a
Yerajmeel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías,
hijo de Abdel, apoderarse del escriba Baruc y del profeta Jeremías,
pero Yahveh los ocultó.
27 Entonces fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías - tras de haber quemado el rey el
rollo y las cosas que había escrito Baruc al dictado de Jeremías -
como sigue:
28 «Vuelve a tomar otro
rollo y escribe en él todas las cosas que antes había en el primer
rollo que quemó Yoyaquim, rey de Judá.
29 Y a Yoyaquim, rey de
Judá, le dices: Así dice Yahveh: Tú has quemado aquel rollo,
diciendo: “¿Por qué has escrito en él: Vendrá sin falta el rey de
Babilonia y destruirá esta tierra y se llevará cautivos de ella a
hombres y bestias?”
30 Por tanto, así dice
Yahveh a propósito de Yoyaquim, rey de Judá: No tendrá quien le
suceda en el trono de David y su propio cadáver yacerá tirado,
expuesto al calor del día y al frío de la noche.
31 Yo pasaré revista a sus
culpas y las de su linaje y sus siervos, y traeré sobre ellos y
sobre todos los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá todo
el mal que les dije, sin que hicieran caso.»
32 Entonces Jeremías tomó
otro rollo, que dio al escriba Baruc, hijo de Neriyías, y éste
escribió al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que
había quemado Yoyaquim, rey de Judá, e incluso se añadió a aquéllas
otras muchas por el estilo.
Jeremías 37
1 Vino a reinar, en vez de
Konías, hijo de Yoyaquim, el rey Sedecías, hijo de Josías, al que
Nabucodonosor, rey de Babilonia, puso por rey en tierra de Judá,
2 pero tampoco él ni sus
siervos, ni el pueblo de la tierra, hicieron caso de las palabras
que Yahveh había hablado por medio del profeta Jeremías.
3 El rey Sedecías envió a
Yukal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías,
a decir al profeta Jeremías: «¡Ea! Ruega por nosotros a nuestro
Dios Yahveh.»
4 Y Jeremías iba y venía
en público, pues no le habían encarcelado.
5 Las fuerzas de Faraón
salieron de Egipto, y al oír hablar de ellos los caldeos que
sitiaban a Jerusalén, levantaron el sitio de Jerusalén.
6 Entonces fue dirigida la
palabra de Yahveh al profeta Jeremías:
7 Así dice Yahveh, el Dios
de Israel: Así diréis al rey de Judá que os envía a mí, a
consultarme: He aquí que las fuerzas de Faraón que salían en vuestro
socorro se han vuelto a su tierra de Egipto,
8 y volverán los caldeos
que atacan a esta ciudad, la tomarán y la incendiarán.
9 Así dice Yahveh: No
cobréis ánimos diciendo: «Seguro que los caldeos terminarán por
dejarnos y marcharse»; porque no se marcharán,
10 pues aunque hubieseis
derrotado a todas las fuerzas de los caldeos que os atacan y les
quedaren sólo hombres acribillados, se levantarían cada cual en su
tienda e incendiarían esta ciudad.
11 Cuando las tropas
caldeas estaban levantando el sitio de Jerusalén, replegándose ante
las tropas del Faraón, aconteció que
12 Jeremías salía de
Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a asistir a un reparto en el
pueblo.
13 Y encontrándose él en
la puerta de Benjamín, donde había un vigilante llamado Yiriyías,
hijo de Selemías, hijo de Jananías, éste prendió al profeta Jeremías
diciendo: «¡Tú te pasas a los caldeos!»
14 Dice Jeremías: «¡Falso!
Yo no me paso a los caldeos.» Pero Yiriyías no le hizo caso, y
poniendo preso a Jeremías, le llevó a los jefes,
15 los cuales se irritaron
contra Jeremías, le dieron de golpes y le encarcelaron en casa del
escriba Jonatán, convertida en prisión.
16 Así que Jeremías
ingresó en el calabozo y en las bóvedas y permaneció allí mucho
tiempo.
17 El rey Sedecías mandó
traerle, y le interrogó en su casa, en secreto: «¿Hay algo de parte
de Yahveh?» Dijo Jeremías: «Lo hay.» Y añadió: «En mano del rey de
Babilonia serás entregado.»
18 Y dijo Jeremías al rey
Sedecías: «¿En qué te he faltado a ti, a tus siervos y a este
pueblo, para que me hayáis puesto en prisión?
19 ¿Pues dónde están
vuestros profetas que os profetizaban: “No vendrá el rey de
Babilonia contra vosotros ni contra esta tierra?
20 Ahora, pues, oiga el
rey mi señor, caiga bien en tu presencia mi petición de gracia y no
me vuelvas a casa del escriba Jonatán, no muera yo allí.»
21 Entonces el rey
Sedecías mandó que custodiasen a Jeremías en el patio de la guardia
y se le diese un rosco de pan por día de la calle de los panaderos,
hasta que se acabase todo el pan de la ciudad. Y Jeremías permaneció
en el patio de la guardia.
Jeremías 38
1 Oyeron Sefatías, hijo de
Mattán, Guedalías, hijo de Pasjur, hijo de Malkiyías, las palabras
que Jeremías hablaba a todo el pueblo:
2 «Así dice Yahveh: Quien
se quede en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste, mas
el que se entregue a los caldeos vivirá, y eso saldrá ganando.
3 Así dice Yahveh: Sin
remisión será entregada esta ciudad en mano de las tropas del rey de
Babilonia, que la tomará.»
4 Y dijeron aquellos jefes
al rey: «Ea, hágase morir a ese hombre, porque con eso desmoraliza a
los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe,
diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto
el bien del pueblo, sino su daño.»
5 Dijo el rey Sedecías:
«Ahí le tenéis en vuestras manos, pues nada podría el rey contra
vosotros.»
6 Ellos se apoderaron de
Jeremías, y lo echaron a la cisterna de Malkiyías, hijo del rey, que
había en el patio de la guardia, descolgando a Jeremías con sogas.
En el pozo no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en el
fango.
7 Pero Ebed Mélek el
kusita - un eunuco de la casa del rey - oyó que habían metido a
Jeremías en la cisterna. El rey estaba sentado en la puerta de
Benjamín.
8 Salió Ebed Mélek de la
casa del rey, y habló al rey en estos términos:
9 «Oh mi señor el rey,
está mal hecho todo cuanto esos hombres han hecho con el profeta
Jeremías, arrojándole a la cisterna. Total lo mismo se iba a morir
de hambre, pues no quedan ya víveres en la ciudad.»
10 Entonces ordenó el rey
a Ebed Mélek el kusita: «Toma tú mismo de aquí treinta hombres, y
subes al profeta Jeremías del pozo antes de que muera.»
11 Ebed Mélek tomó consigo
a los hombres y entrando en la casa del rey, al vestuario del
tesoro, tomó allí deshechos de paños y telas, y con sogas los
descolgó por la cisterna hasta Jeremías.
12 Dijo Ebed Mélek el
kusita a Jeremías: «Hala, ponte los deshechos de paños y telas entre
los sobacos y las sogas.» Así lo hizo Jeremías,
13 y halando a Jeremías
con las sogas le subieron de la cisterna. Y Jeremías se quedó en el
patio de la guardia.
14 Entonces el rey
Sedecías mandó traer al profeta Jeremías a la entrada tercera que
había en la Casa de Yahveh, y dijo el rey a Jeremías: «Yo te
pregunto una cosa: no me ocultes nada.»
15 Dijo Jeremías a
Sedecías: «Si te soy sincero, seguro que me matarás; y aunque te
aconseje, no me escucharás.»
16 El rey Sedecías juró a
Jeremías en secreto: «Por vida de Yahveh, y por la vida que nos ha
dado, que no te haré morir ni te entregaré en manos de estos
hombres que andan buscando tu muerte.»
17 Dijo Jeremías a
Sedecías: «Así dice Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: Si
sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, vivirás tú
mismo y esta ciudad no será incendiada: tanto tú como los tuyos
viviréis.
18 Pero si no te entregas
a los jefes del rey de Babilonia, esta ciudad será puesta en manos
de los caldeos e incendiada, y tú no escaparás de sus manos.»
19 Dijo el rey Sedecías a
Jeremías: «Me preocupan los judíos que se han pasado a los caldeos,
no vaya a ser que me entreguen en sus manos, y éstos hagan mofa de
mí.»
20 Pero replicó Jeremías:
«No te entregarán. ¡Ea!, oye la voz de Yahveh en esto que te digo,
que te resultará bien y quedarás con vida.
21 Mas si rehusas a salir,
esto es lo que me ha mostrado Yahveh.
22 Mira que todas las
mujeres que han permanecido en la casa del rey de Judá serán sacadas
adonde los jefes del rey de Babilonia, e irán diciendo: Te empujaron
y pudieron contigo aquellos con quienes te saludabas. Se hundieron
en el lodo tus pies, hiciéronse atrás.
23 Y a todas tus mujeres y
tus hijos irán sacando adonde los caldeos, y tú no escaparás de
ellos, sino que en manos del rey de Babilonia serás puesto, y esta
ciudad será incendiada.»
24 Entonces dijo Sedecías
a Jeremías: «Que nadie sepa nada de esto, y no morirás.
25 Aunque se enteren los
jefes de que he estado hablando contigo, y viniendo a ti te digan:
“Decláranos qué has dicho al rey sin ocultárnoslo, y así no te
mataremos, como también lo que el rey te ha hablado”,
26 tú les dirás: “He
pedido al rey la gracia de que no se me devuelva a casa de Jonatán a
morirme allí.”»
27 En efecto, vinieron
todos los jefes a Jeremías, le interrogaron, y él les respondió
conforme a lo que queda dicho que le había mandado el rey: y ellos
quedaron satisfechos, porque nada se sabía de lo hablado.
28 Así quedó Jeremías en
el patio de la guardia, hasta el día en que fue tomada Jerusalén.
Ahora bien, cuando fue tomada Jerusalén...
Jeremías 39
1 En el año nueve de
Sedecías, rey de Judá, el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de
Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.
2 En el año once de
Sedecías, el cuarto mes, el nueve del mes, se abrió una brecha en la
ciudad,
3 y entraron todos los
jefes del rey de Babilonia y se instalaron en la Puerta Central:
Nergal Sareser, Samgar Nebo, Sar Sekim, jefe superior, Nergal
Sareser, alto funcionario y todos los demás jefes del rey de
Babilonia.
4 Al verles Sedecías, rey
de Judá, y todos los guerreros, huyeron de la ciudad salieron de
noche camino del parque del rey por la puerta que está entre los dos
muros, y se fueron por el camino de la Arabá.
5 Las tropas caldeas les
persiguieron y dando alcance a Sedecías en los llanos de Jericó, le
prendieron y le subieron a Riblá, en tierra de Jamat, adonde
Nabucodonosor, rey de Babilonia, que lo sometió a juicio.
6 Y el rey de Babilonia
degolló a los hijos de Sedecías en Riblá a la vista de éste; luego
el rey de Babilonia degolló a toda la aristocracia de Judá,
7 y habiendo cegado los
ojos a Sedecías le ató con doble cadena de bronce para llevárselo a
Babilonia.
8 Los caldeos incendiaron
la casa del rey y las casas del pueblo y demolieron los muros de
Jerusalén;
9 cuanto al resto del
pueblo que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían
pasado a él y a los artesanos restantes los deportó Nebuzaradán,
jefe de la guardia, a Babilonia.
10 En cuanto a la plebe
baja, los que no tienen nada, hízoles quedar Nebuzaradán, jefe de la
guardia, en tierra de Judá, y en aquella ocasión les dio viñas y
parcelas.
11 Nabucodonosor, rey de
Babilonia, había dado instrucciones a Nebuzaradán, jefe de la
guardia, respecto a Jeremías en este sentido:
12 «Préndele y tenle a la
vista; y no le hagas daño alguno, antes harás con él lo que él mismo
te diga.»
13 Entonces (Nebuzaradán,
jefe de la guardia) Nebusazbán, jefe superior, Nergal Sareser,
oficial superior, y todos los grandes del rey de Babilonia
14 enviaron en busca de
Jeremías, y lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán,
para que le hiciese salir a casa, y permaneció entre la gente.
15 Estando Jeremías
detenido en el patio de la guardia, le había sido dirigida la
palabra de Yahveh en estos términos:
16 Vete y dices a Ebed
Mélek el kusita: Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mira que
yo hago llegar mis palabras a esta ciudad para su daño, que no para
su bien, y tú serás testigo en aquel día,
17 pero yo te salvaré a ti
aquel día - oráculo de Yahveh - y no serás puesto en manos de
aquellos cuya presencia evitas temeroso,
18 antes bien te libraré,
y no caerás a espada. Saldrás ganando la propia vida, porque
confiaste en mí - oráculo de Yahveh.
Jeremías 40
1 Palabra dirigida a
Jeremías de parte de Yahveh, luego que Nebuzaradán, jefe de la
guardia, le dejó libre en Ramá, cuando le tomó aparte, estando él
esposado con todos los deportados de Jerusalén y Judá que iban
camino de Babilonia.
2 En efecto, el jefe de la
guardia tomó aparte a Jeremías y le dijo: «Tu Dios Yahveh había
predicho esta desgracia a este lugar,
3 y lo ha cumplido. Yahveh
ha hecho conforme había predicho. Y esto os ha sucedido porque
pecasteis contra Yahveh y no oísteis su voz.
4 Ahora bien, desde hoy te
suelto las esposas de tus muñecas. Si te parece bien venirte conmigo
a Babilonia, vente, y yo miraré por ti. Pero si te parece mal
venirte conmigo a Babilonia, déjalo. Mira, tienes toda la tierra por
delante; adonde mejor y más cómodo te parezca ir, vete.»
5 Aún no había dado media
vuelta cuando le dijo: «Vuelve adonde Godolías, hijo de Ajicam, hijo
de Safán, a quien el rey de Babilonia ha encargado de las ciudades
de Judá, y quédate a vivir con él entre esta gente. En suma, vete
adonde mejor te acomode.» Luego el jefe de la guardia le proporcionó
algunos víveres y ayuda de costa y le despidió.
6 Jeremías, por su parte,
vino al lado de Godolías, hijo de Ajicam, a Mispá, y se quedó a
vivir con él entre la población que había quedado en el país.
7 Todos los jefes de
guerrilleros, así como sus hombres, oyeron cómo el rey de Babilonia
había encargado del país a Godolías, hijo de Ajicam, y cómo le
había encargado de los hombres, mujeres, niños y de aquella gente
baja de la tierra, que no habían sido deportados a Babilonia,
8 y fueron donde Godolías,
a Mispá, Ismael, hijo de Netanías, Yojanán y Jonatán, hijo de
Caréaj, Seraías, hijo de Tanjumet, los hijos de Efay el netofita y
Yaazanías de Maaká en compañía de sus hombres.
9 Godolías, hijo de
Ajicam, hijo de Safán, les hizo un juramento a ellos y a sus
hombres: «No temáis ser siervos de los caldeos. Quedaos en el país y
servid al rey de Babilonia, y os irá bien.
10 Por mi parte, aquí me
tenéis establecido en Mispá, para responder a los caldeos que vengan
a nosotros; y vosotros cosechad vino, mieses y aceite, metedlo en
vuestras vasijas, y vivid en las ciudades que hayáis recuperado.»
11 También todos los
judíos que había en Moab, entre los ammonitas, y en Edom, y los que
había en todos los demás países oyeron que había dejado el rey de
Babilonia un resto a Judá y que había encargado de él a Godolías,
hijo de Ajicam, hijo de Safán.
12 Todos estos judíos
regresaron de los distintos lugares adonde se habían refugiado y
venidos al país de Judá, junto a Godolías, a Mispá, cosecharon vino
y mieses en gran abundancia.
13 Entonces Yojanán, hijo
de Caréaj, y todos sus jefes de guerrilleros vinieron adonde
Godolías a Mispá
14 y le dijeron: «¿Sabes
que Baalís, rey de los ammonitas, ha enviado a Ismael, hijo de
Netanías, para asesinarte?» Godolías, hijo de Ajicam, no les dio
crédito.
15 Entonces Yojanán, hijo
de Caréaj, dijo a Godolías secretamente en Mispá: «Ea, iré yo y
asestaré el golpe a Ismael, hijo de Netanías, sin que nadie lo sepa.
¿Por qué tiene que asesinarte él a ti, lo que supondría la
desbandada de todo Judá, apiñado en torno tuyo, y la pérdida del
resto de Judá?»
16 Godolías, hijo de
Ajicam, replicó a Yojanán, hijo de Caréaj: «No hagas eso, porque es
falso lo que dices de Ismael.»
Jeremías 41
1 Pues bien, el mes
séptimo, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, de linaje real,
se dirigió en compañía de algunos grandes del rey y diez hombres a
Godolías, hijo de Ajicam, a Mispá, y allí en Mispá comieron juntos.
2 Se levantó Ismael, hijo
de Netanías, y los diez que estaban con él, y acuchillaron a
Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y dieron muerte a aquel a
quien el rey de Babilonia había encargado del país.
3 También mató Ismael a
todos los judíos que estaban con él, con Godolías, en Mispá y a los
guerreros caldeos que se hallaban allí.
4 Era al día siguiente del
asesinato de Godolías, y nadie lo sabía.
5 Unos hombres venían de
Siquem de Silo y de Samaría, ochenta entre todos, la barba raída,
harapientos y arañados, portadores de oblaciones e incienso que
traían a la Casa de Yahveh.
6 Salió Ismael, hijo de
Netanías, a su encuentro desde Mispá. Iba llorando mientras
caminaba, y llegando junto a ellos, les dijo: «Venid adonde
Godolías, hijo de Ajicam.»
7 Y así que hubieron
entrado dentro de la ciudad, Ismael, hijo de Netanías, los degolló
con la ayuda de sus hombres, y los echó dentro de una cisterna.
8 Entre aquellos hombres
hubo diez que dijeron a Ismael: «No nos mates, que en el campo
tenemos escondites de trigo, cebada, aceite y miel.» Y no les mató
como a sus hermanos.
9 La cisterna adonde echó
Ismael todos los cadáveres de los hombres que mató, era la cisterna
grande. Es la que hizo el rey Asá para prevenirse contra Basá, rey
de Israel; Ismael, hijo de Netanías, la llenó de asesinados.
10 Luego Ismael hizo
prisioneros a todo el resto del pueblo que quedaba en Mispá, a las
hijas del rey y a todo el pueblo que quedaba en Mispá, que
Nebuzaradán, jefe de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo
de Ajicam; y de madrugada se fue Ismael, hijo de Netanías, a pasarse
a los ammonitas.
11 Oyó Yojanán, hijo de
Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban, todos
los crímenes que había hecho Ismael, hijo de Netanías.
12 Tomando a todos sus
hombres fueron a luchar con Ismael, hijo de Netanías, al que
encontraron junto a la gran alberca, que está en Gabaón.
13 Apenas toda la gente
que esta con Ismael vio a Yojanán, hijo de Caréaj, y a todos los
jefes de las fuerzas que le acompañaban, se llenaron de gozo,
14 y dando media vuelta
toda aquella gente que Ismael llevaba prisionera de Mispá,
regresaron al lado de Yojanán, hijo de Caréaj,
15 en tanto que Ismael,
hijo de Netanías, se escapaba de Yojanán con ocho hombres, rumbo a
los ammonitas.
16 Yojanán, hijo de
Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban
recogieron de Mispá a todo el resto de la gente que Ismael, hijo de
Netanías, había hecho prisionera después que hubo matado a Godolías,
hijo de Ajicam - hombres, gente de guerra, mujeres, niños y eunucos
-, a los cuales hizo volver de Gabaón.
17 Ellos se fueron y se
instalaron en el Refugio de Kimham, que está al lado de Belén, para
seguir luego hasta Egipto
18 huyendo de los caldeos,
pues les temían por haber matado Ismael, hijo de Netanías, a
Godolías, hijo de Ajicam, a quien el rey de Babilonia había
encargado del país.
Jeremías 42
1 Entonces se llegaron
todos los jefes de las fuerzas, así como Yojanán, hijo de Caréaj,
Azarías, hijo de Hosaías y el pueblo en masa, del chico al grande,
2 y dijeron al profeta
Jeremías: «Caiga bien nuestra demanda de favor ante ti, y ruega a tu
Dios Yahveh por nosotros, por todo este resto, pues hemos quedado
pocos de muchos que éramos, como tus ojos están viendo,
3 y que nos indique tu
Dios Yahveh el camino por donde hemos de ir y lo que hemos de
hacer.»
4 Díceles el profeta
Jeremías: «De acuerdo: ahora mismo me pongo a rogar a vuestro Dios
Yahveh como decís, y sea cual fuere la respuesta de Yahveh para
vosotros, yo os la declararé sin ocultaros palabra.»
5 Y ellos dijeron a
Jeremías: «Séanos Yahveh testigo veraz y leal, si no obramos
conforme a cualquier mensaje que tu Dios Yahveh te envía para
nosotros.
6 Sea grata o sea ingrata,
nosotros oiremos la voz de nuestro Dios Yahveh a quien te enviamos,
por cuanto que bien nos va cuando oímos la voz de nuestro Dios
Yahveh.»
7 Pues bien, al cabo de
diez días fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías.
8 Este llamó a Yojanán,
hijo de Caréaj, a todos los jefes de las fuerzas que había con él y
al pueblo todo, del chico al grande,
9 y les dijo: «Así dice
Yahveh, el Dios de Israel, a quien me habéis enviado en demanda de
su favor:
10 Si os quedáis a vivir
en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no
os arrancaré, porque me pesa del mal que os he hecho.
11 No temáis al rey de
Babilonia, que tanto os asusta: no temáis nada de él - oráculo de
Yahveh - que con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su
mano.
12 Haré que se os tenga
compasión y él os la tendrá y os devolverá a vuestro suelo.
13 Pero si decís vosotros:
“No nos quedamos en este país”, desoyendo así la voz de vuestro Dios
Yahveh,
14 diciendo: “No, sino que
al país de Egipto iremos, donde no veamos guerra, ni oigamos toque
de cuerno, ni tengamos hambre de pan, y allí nos quedaremos”;
15 ¡pues bien! en ese
caso, oíd la palabra de Yahveh, oh resto de Judá. Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: Si vosotros enderezáis rumbo a Egipto, y
entráis como refugiados allí,
16 entonces la espada que
teméis os alcanzará allí en Egipto, y el hambre que receláis, allá
os irá pisando los talones; y allí, en Egipto mismo, moriréis.
17 Así sucederá que todos
los que enderecen rumbo a Egipto como refugiados morirán por la
espada, por el hambre y por la peste, y no les quedará superviviente
ni evadido del daño que yo traiga sobre ellos.
18 Porque así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: Como se vertió mi ira y mi cólera sobre
los habitantes de Jerusalén, así se verterá mi cólera contra
vosotros como entréis en Egipto, y seréis tema de imprecación y
asombro, de maldición y oprobio, y no veréis más este lugar.
19 Ha dicho Yahveh
respecto a vosotros, resto de Judá: “No entréis en Egipto.” Podéis
estar seguros que os lo he avisado hoy,
20 que os estáis engañando
a vosotros mismos, pues que vosotros me habéis enviado a vuestro
Dios Yahveh diciendo: “Ruega por nosotros a nuestro Dios Yahveh, y
cuanto diga nuestro Dios Yahveh nos lo declaras, que lo haremos.”
21 Yo os lo he declarado
hoy, pero no hacéis caso de vuestro Dios Yahveh en nada de cuanto me
ha enviado a deciros.
22 Ahora, pues, podéis
estar seguros de que por la espada, el hambre y la peste moriréis en
aquel lugar adonde deseáis refugiaros.»
Jeremías 43
1 Ahora bien, así que hubo
acabado Jeremías de transmitir a todo el pueblo el recado de Yahveh
su Dios, que Yahveh le había dado para ellos,
2 dijo Azarías, hijo de
Hosaías, y también Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los hombres
insolentes se pusieron a decir a Jeremías: «Estás mintiendo. No te
ha encargado nuestro Dios Yahveh decir: “No vayáis a Egipto como
refugiados allí”».
3 Sino que Baruc, hijo de
Neriyías, te azuza contra nosotros con objeto de ponernos en manos
de los caldeos para que nos hagan morir y nos deporten a Babilonia.
4 Además, ni Yojanán, hijo
de Caréaj, ni ninguno de los jefes de las tropas, ni nadie del
pueblo escuchó la voz de Yahveh que mandaba quedarse en tierra de
Judá;
5 antes bien, Yojanán,
hijo de Caréaj, y todos los jefes de las tropas tomaron consigo a
todo el resto de Judá, los que habían regresado, para habitar en
tierra de Judá, de todas las naciones adonde habían sido rechazados:
6 a hombres, mujeres,
niños, a las hijas del rey y a toda persona que Nebuzaradán, jefe de
la guardia, había dejado en paz con Godolías, hijo de Ajicam, hijo
de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Neriyías,
7 y entrando en la tierra
de Egipto, - pues desoyeron la voz de Yahveh -, se adentraron hasta
Tafnis.
8 Entonces fue dirigida la
palabra de Yahveh a Jeremías en Tafnis como sigue:
9 Toma en tus manos
piedras grandes, y las hundes en el cemento de la terraza que hay a
la entrada del palacio de Faraón en Tafnis, a vista de los judíos,
10 y les dices: Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo mando en busca de
mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y pondrá su sede por
encima de estas piedras que he enterrado, y desplegaré su pabellón
sobre ellas.
11 Vendrá y herirá a
Egipto, quien sea para la muerte, a la muerte; quien para el
cautiverio, al cautiverio; quien para la espada, a la espada;
12 y prenderá fuego a los
templos de los dioses de Egipto, los incendiará, y a los dioses les
hará cautivos. Despiojará a Egipto como despioja un pastor su
zalea, y saldrá de allí victorioso.
13 Romperá los cipos de
Bet Semes que hay en Egipto, y los templos de los dioses egipcios
abrasará.
Jeremías 44
1 Palabra que fue dirigida
a Jeremías con destino a todos los judíos establecidos en territorio
egipcio en Migdol, Tafnis, Nof, y en territorio de Patrós.
2 Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel: Vosotros habéis visto la calamidad que he
acarreado a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, y ahí las
tenéis arruinadas hoy en día, sin que haya en ellas habitante,
3 en vista de la maldad
que hicieron para irritarme, yendo a incensar y servir a otros
dioses desconocidos de ellos, de vosotros y de vuestros padres.
4 Yo me afané por enviaros
a todos mis siervos, los profetas, a deciros: «Ea, no hagáis esta
abominación que detesto.»
5 Mas no oyeron ni
aplicaron el oído para convertirse de su malicia y dejar de incensar
a otros dioses.
6 Derramóse mi cólera y mi
ira y ardió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén,
que fueron reducidas a ruinas desoladas, como lo están hoy día.
7 Ahora, pues, así dice
Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: ¿Por qué os hacéis tanto
daño a vosotros mismos, hasta borraros a hombre y mujer, niño y
lactante de en medio de Judá sin que os quede resto,
8 irritándome con las
hechuras de vuestras manos, quemando incienso a otros dioses en
Egipto, adonde habéis venido como refugiados, como queriendo acabar
de borraros a vosotros mismos y acabar en tema de maldición y
oprobio en todas las naciones de la tierra?
9 ¿Si será que habéis
olvidado las maldades de vuestros padres y las de los reyes de Judá
y de sus caudillos, y las propias vuestras y las de vuestras
mujeres; maldades que hacían en tierra de Judá y en las calles de
Jerusalén?
10 No se han compungido
hasta la fecha, ni han temido ni andado en la Ley y los preceptos
que propuse a vosotros y a vuestros padres.
11 Por tanto, así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mirad que yo me fijo en vosotros
para mal, y para raer a todo Judá.
12 Echaré mano al resto de
Judá - los que enderezaron rumbo a Egipto, para entrar allí como
refugiados - y serán acabados todos ellos en Egipto, y caerán por
la espada, por el hambre serán acabados. Del chico al grande por la
espada y por el hambre morirán, y serán tema de imprecación y
asombro, de maldición y oprobio.
13 Visitaré a los que
viven en Egipto, lo mismo que visité a Jerusalén: con la espada, el
hambre y la peste,
14 y del resto de Judá,
que, como refugiados vinieron acá a Egipto, no quedará evadido ni
superviviente para volver a tierra de Judá, adonde se prometen
volver para quedarse allí, porque ya no volverán más que algunos
huidos.
15 Respondieron a Jeremías
todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a
otros dioses, y todas las mujeres presentes - una gran concurrencia
- y todo el pueblo establecido en territorio egipcio, en Patrós:
16 «En eso que nos has
dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso,
17 sino que cumpliremos
precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la
Reina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo
nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las
ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de
pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía.
18 En cambio, desde que
dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle
libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos
acabados.»
19 «Pues y cuando nosotras
quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a
hacerle libaciones, ¿ acaso sin contar con nuestros maridos le
hacíamos pasteles con su efigie derramando libaciones?»
20 Jeremías dijo a todo el
pueblo, a hombres, a mujeres y a todos sus interlocutores:
21 «¿No es aquel incienso
que ofrecíais en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén
vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y jefes y el pueblo de la
tierra lo que ha recordado Yahveh y le ha venido a las mientes?
22 ¿Y no pudiendo Yahveh
aguantar más el espectáculo de vuestras malas acciones, de las
abominaciones que habíais hecho, ha venido a ser la tierra vuestra
una ruina, tema de pasmo y maldición y sin habitantes - como lo es
hoy día -;
23 y porque ofrecisteis
incienso y pecasteis contra Yahveh y desoísteis la voz de Yahveh, y
no os condujisteis según su Ley, sus preceptos y sus estatutos,
pronunció contra vosotros esta calamidad, como sucede hoy día?»
24 Y dijo Jeremías a todo
el pueblo y a todas las mujeres: «Oíd la palabra de Yahveh - todo
Judá, los que vivís en Egipto -.
25 Así dice Yahveh Sebaot,
el Dios de Israel: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con
vuestras bocas, y con vuestras manos cumplisteis lo dicho: “Sin
falta realizaremos los votos que hicimos de quemar incienso a la
Reina de los Cielos y de hacerle libaciones.” Mantened, pues,
vosotras vuestros votos y realizad vuestros votos sin falta.
26 Empero, oíd la palabra
de Yahveh, todo Judá, los que vivís en Egipto. Mirad que yo he
jurado por mi gran Nombre - dice Yahveh - que no será más mi Nombre
pronunciado por boca de ninguno de Judá que diga: “¡Por vida del
Señor Yahveh!” en toda la tierra de Egipto.
27 Mirad que yo estoy
alerta sobre ellos para mal, no para bien, y serán consumidos todos
los de Judá que están en Egipto, por la espada y el hambre hasta su
acabamiento,
28 sólo unos pocos,
escapados de la espada, volverán de Egipto a Judá y sabrá todo el
resto de Judá, los que han venido a Egipto como refugiados aquí, qué
palabra se mantendrá: si la mía o la suya.
29 Y esto será para
vosotros señal - oráculo de Yahveh - de que os visito yo en este
lugar, de suerte que sepáis que han de mantenerse sin falta mis
palabras para desgracia vuestra.
30 Así dice Yahveh: Mirad
que yo entrego al Faraón Jofrá, rey de Egipto, en manos de sus
enemigos y de los que buscan su muerte, como entregué a Sedecías,
rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su
enemigo, que buscaba su muerte.»
Jeremías 45
1 Palabra que dijo el
profeta Jeremías a Baruc, hijo de Neriyías, cuando éste copiaba
estas palabras en un libro al dictado de Jeremías, en el año cuarto
de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá.
2 Así dice Yahveh, el Dios
de Israel, respecto a ti, oh Baruc:
3 Tú dijiste: «¡Ay de mí,
que añade Yahveh congoja a mi sufrimiento! Me he agotado en mi
jadeo, pero sosiego no hallé.»
4 Así le dirás: Esto dice
Yahveh: Mira que lo que edifiqué, yo lo derribo, y aquello que
planté, yo lo arranco, esto por toda la tierra.
5 ¡Y tú andas buscándote
grandezas! No las busques porque mira que yo traigo desgracia sobre
toda carne - oráculo de Yahveh - pero a ti te daré la vida salva por
botín a donde quiera que vayas.
Jeremías 46
1 Lo que fue dicho por
Yahveh al profeta Jeremías sobre las naciones.
2 Para Egipto. Sobre el
ejército del Faraón Nekó, rey de Egipto, que estuvo sobre el río
Eufrates, en Karkemis, al cual batió Nabucodonosor, rey de
Babilonia, el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá.
3 Ordenad escudo y pavés,
y avanzad a la batalla.
4 Uncid los caballos y
montad, caballeros. Poneos firmes con los cascos, pulid las lanzas,
vestíos las cotas.
5 ¡Pero qué veo! Ellos se
desmoralizan, retroceden, y sus valientes son batidos y huyen a la
desbandada sin dar la cara. Terror por doquier - oráculo de Yahveh
-.
6 No huirá el ligero, ni
escapará el valiente: al norte, a la orilla del Eufrates, tropezaron
y cayeron.
7 ¿Quién es ése que como
el Nilo sube, y como los ríos de entrechocantes aguas?
8 Egipto como el Nilo
sube, y como ríos de entrechocantes aguas. Y dice: «Voy a subir, voy
a cubrir la tierra. Haré perecer a la ciudad y a los que viven en
ella.
9 Subid, caballos, y
enfureceos, carros, y salgan los valientes de Kus y de Put que
manejan escudo, y los ludios que asestan el arco.»
10 Aquel día será para el
Señor Yahveh, día de venganza para vengarse de sus adversarios.
Devorará la espada y se hartará y se abrevará de su sangre; pues
será la matanza de Yahveh Sebaot en la tierra del norte, cabe el río
Eufrates.
11 Sube a Galaad y recoge
bálsamo, virgen, hija de Egipto; en vano menudeas las curas: alivio
no hay para ti.
12 Han oído las naciones
tu deshonra, y tu alarido llenó la tierra, porque valiente contra
valiente tropezaron, a una cayeron entrambos.
13 La palabra que habló
Yahveh al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey
de Babilonia, para atacar a Egipto.
14 Anunciad en Egipto y
hacedlo oír en Migdol, y hacedlo en Nof y en Tafnis. Decid: Tente
tieso y erguido, que ha devorado la espada tus contornos.
15 ¡Cómo es que ha huido
Apis y tu forzudo no se ha sostenido! Es que Yahveh le empujó.
16 Hizo menudear los
tropezones, hasta hacer caer al uno sobre el otro; y decía: «Arriba,
y volvamos a nuestro pueblo y a nuestra patria, ante la espada
irresistible.»
17 Llamad a Faraón, rey de
Egipto: «Ruido. - Dejó pasar la ocasión.»
18 ¡Por vida mía! -
oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot - que cual el Tabor
entre los montes, y como el Carmelo sobre el mar ha de venir.
19 Avíos de destierro haz
para ti, población, hija de Egipto, porque Nof parará en desolación,
y quedará arrasada sin habitantes.
20 Novilla hermosísima era
Egipto: un tábano del norte vino sobre ella.
21 Asimismo sus
mercenarios que había en ella eran como novillos de engorde. Pues
también ellos volvieron la cara, huyeron a una, sin pararse, cuando
el día de su infortunio les sobrevino, el tiempo de su castigo.
22 Una voz emite como de
serpiente que silba, mientras en torno suyo andan y con hachas le
acometen, como leñadores.
23 Talaron su selva -
oráculo de Yahveh - porque era impenetrable, pues eran más numerosos
que la langosta, y no se les podía contar.
24 Han puesto en vergüenza
a la hija de Egipto: ha sido entregada al pueblo del norte.
25 Dice Yahveh Sebaot, el
Dios de Israel: He aquí que yo visito a Amón de No, a Faraón y a
Egipto y a sus dioses y reyes, a Faraón y a los que confían en él,
26 y los pongo en manos de
los que buscan su muerte, en manos de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y en manos de sus siervos; tras de lo cual será
repoblado como antaño - oráculo de Yahveh.
27 Pero tú no temas,
siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel, pues mira que yo acudo a
salvarte desde lejos y a tu linaje del país de su cautiverio;
volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le
inquiete.
28 Tú no temas, siervo mío
Jacob, - oráculo de Yahveh - que contigo estoy yo, pues acabaré con
todas las naciones adonde te empujé, pero contigo no acabaré; aunque
sí te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.
Jeremías 47
1 Lo que fue dicho por
Yahveh al profeta Jeremías sobre los filisteos, en vísperas de batir
el Faraón a Gaza.
2 Así dice Yahveh: He aquí
unas aguas que suben del norte y se hacen torrente inundante, y van
a inundar la tierra y lo que la llena, la ciudad y los que moran en
ella; y clamará la gente, y ululará todo morador de la tierra
3 al son del galopar de
los caballos de sus adalides, al ruido de sus carros y al estrépito
de sus ruedas. No se volverán padres a hijos, por el cansancio de
sus brazos,
4 hasta que llegue el día
de asolar a toda Filistea, y de raer a Tiro y a Sidón todo auxiliar
fugado, porque va a asolar Yahveh a Filistea, residuo de la isla de
Kaftor.
5 Llegó la rapadura a
Gaza, muda ha quedado Ascalón; tú, el resto de su valle, ¿hasta
cuándo te arañarás?
6 ¡Ay, espada de Yahveh!
¿Cómo va a estarse quieta? Recógete a tu vaina, date reposo y calla.
7 ¿Cómo va a estarse
quieta, si Yahveh la mandó? En Ascalón y el litoral marítimo, allá
la citó.
Jeremías 48
1 Sobre Moab. Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: ¡Ay de Nebo, porque ha sido
saqueada! Está confusa, ha sido tomada Quiryatáyim. Está confusa la
acrópolis y anonadada.
2 Ya no existe la prez de
Moab. En Jesbón han planeado su ruina: «Vamos y borrémosla de entre
las naciones.» También a ti, Madmén, se te hará callar. La espada te
va a la zaga.
3 Gritos desde Joronáyim,
devastación y quebranto grande.
4 Quebrantada fue Moab.
Hácense oír los gritos de sus pequeños.
5 La cuesta de Lujit,
llorando se la suben, y a la bajada de Joronáyim gritos desgarrados
se oyen.
6 «Huid, poneos en salvo,
haced como el onagro en el desierto.»
7 En réplica a tu
confianza en tus obras y tus tesoros, también tú eres tomada, y sale
Kemós desterrado, sus sacerdotes y jefes a una,
8 Viene el devastador a
todas las ciudades, y ni una ciudad se salva. Y se pierde el valle,
y es asolada la meseta: tal ha dicho Yahveh.
9 Dad alas, a Moab, porque
ha de salir volando, y sus ciudades se volverán desolación sin nadie
que las habite.
10 (Maldito quien haga el
trabajo de Yahveh con dejadez, y maldito el que prive a sus espada
de sangre).
11 Tranquilo estaba Moab
desde su mocedad, y quieto se estaba en sus atalayas. Nunca fue
trasegado, ni al destierro marchó. Por eso le duraba su gusto, y su
sabor no se picó.
12 Empero, he aquí que
días vienen, - oráculo de Yahveh - en que yo le he de enviar
decantadores que lo decanten. Sus vasijas vaciarán, y sus odres
reventarán.
13 Se avergonzará Moab de
Kemós, como se avergonzó la casa de Israel de Betel, en el que
confiaba.
14 ¿Cómo decís: «Valientes
somos, y hombres fuertes para la guerra»?
15 Moab está devastado;
han escalado sus ciudades, y la flor de sus mancebos bajaron a la
matanza - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot.
16 El infortunio de Moab
es inminente, y su calamidad se precipita.
17 Lloradle, todos sus
vecinos y todos los que conocen su nombradía. Decid: «¿Cómo ha sido
quebrantada la vara poderosa, el báculo precioso?»
18 Desciende del honor y
siéntate en la tierra seca, población hija de Dibón, porque el
devastador de Moab ha subido contra ti, ha destruido tus fortalezas.
19 En el camino párate y
otea, población de Aroer; pregunta al fugitivo y al escapado; di:
«¿Qué ha sucedido?»
20 Confuso está Moab
porque fue destruido. Ululad y clamad. Anunciad en el Arnón que ha
sido saqueado Moab.
21 Y la sentencia ha
llegado a la meseta, a Jolón, a Yahsá y a Mefaat,
22 a Dibón, a Nebo y a Bet
Diblatáyim,
23 a Quiryatáyim, a Bet
Gamul y a Bet Maón,
24 a Queriyyot, a Bosrá y
a todas las ciudades de la tierra de Moab, las lejanas y las
cercanas.
25 «Se partió el cuerno de
Moab y su brazo se rompió», - oráculo de Yahveh -.
26 Emborrachadle porque
contra Yahveh se engrandeció. Moab se revolcará en su vómito, y
quedará en ridículo él también.
27 Pues qué, ¿no te
pareció a ti ridículo Israel? ¿o quizá entre ladrones fue
sorprendido, que siempre que hablas de él meneas la cabeza?
28 «Dejad las ciudades y
acomodaos en la peña, habitantes de Moab, sed como la paloma cuando
anida en las paredes de las simas...»
29 Hemos oído la
arrogancia de Moab: ¡es muy arrogante!, su orgullo, su arrogancia,
su altanería y la soberbia de su corazón.
30 Conozco - oráculo de
Yahveh - su presunción, y que sus bravatas no son como sus hechos.
31 Así que, por Moab
ulularé y por Moab entero gritaré; por los hombres de Quir Jeres
suspiraré:
32 Más que se lloró a
Yazer lloraré por ti, ¡oh viña de Sibmá! Tus sarmientos pasaban la
mar, hasta Yazer alcanzaban. Sobre tu cosecha y sobre tu vendimia el
saqueador se abatió,
33 y fue quitada alegría y
alborozo de Carmelo y del país de Moab, y el vino a los trujales he
quitado, no se oye el grito alegre del pisador, ya no se oyen
gritos.
34 De tanto gritar en
Jesbón, hasta Elalé, hasta Yahas llegaron las voces desde Soar hasta
Joronáyim, - Eglat Selisiyyá -, porque también las aguas de Nimrim
se han trocado en aridez.
35 Quitaré a Moab -
oráculo de Yahveh - de subirse al alto e incensar a sus dioses.
36 Por eso mi corazón por
Moab como flauta resuena, porque cuanto habían guardado se perdió,
37 pues toda cabeza ha
sido rapada y toda barba raída: en todas las manos arañazos y en
todos los lomos saco,
38 en todos los terrados
de Moab y por sus calles todo el mundo se lamentaba, porque he
quebrantado a Moab como vaso de desecho - oráculo de Yahveh -.
39 ¡Cómo has sido
destruida! ululad. ¡Cómo ha vuelto la espalda Moab con vergüenza, y
ha venido a ser Moab la burla y el espanto de todos sus vecinos!
40 Porque así ha dicho
Yahveh: (Ved cómo cual un águila se remonta y extiende sus alas
sobre Moab.)
41 Tomadas fueron las
plazas, y las fortalezas ocupadas. (Vendrá a ser el corazón de los
valientes de Moab en aquel día como corazón de mujer en parto.)
42 Devastado está Moab que
ya no es pueblo, porque contra Yahveh se engrandeció.
43 Pánico, hoya y trampa
contra ti, morador de Moab, - oráculo de Yahveh.
44 El que huya del pánico,
caerá en la hoya y el que suba de la hoya será preso en la trampa,
porque voy a hacer que se llegue a ella, a Moab, el año de su
castigo - oráculo de Yahveh -.
45 A la sombra de Jesbón
se pararon sin fuerza los fugitivos, cuando fuego salió de Jesbón y
llama de la casa de Sijón, y devoró las sienes de Moab y el cráneo
de los hijos del ruido.
46 ¡Ay de ti Moab! Pereció
el pueblo de Kemós, pues han sido tomados sus hijos en cautiverio y
sus hijas en cautividad.
47 Pero yo haré volverse a
los cautivos de Moab en días futuros - oráculo de Yahveh -. Hasta
aquí la sentencia de Moab.
Jeremías 49
1 A los ammonitas. Así
dice Yahveh: ¿Hijos no tiene Israel? ¿o heredero no tiene? Entonces
¿por qué ha heredado Milkom a Gad, y su pueblo en las ciudades de
éste habita?
2 Por eso, he aquí que
días vienen - oráculo de Yahveh - en que haré oír a Rabbá de los
ammonitas el clamoreo del combate y ella parará el montículo de
ruinas; y sus hijas serán abrasadas y heredará Israel a los que le
heredaron - oráculo de Yahveh -.
3 Ulula, Jesbón, porque Ar
ha sido devastada. Gritad, hijas de Rabbá, ceñíos de sayal,
lamentaos y discurrid por las cercas. Porque Milkom al destierro va,
sus sacerdotes y sus jefes a una.
4 ¿Por qué te jactas de tu
Valle, criatura independiente, confiada en sus tesoros: «¿Quién
llegará hasta mí?»
5 Mira que yo traigo sobre
ti espanto - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - por todos tus
alrededores, y seréis ahuyentados cada uno por su lado y no habrá
quien reúna a los errantes.
6 (Tras de lo cual haré
volverse a los cautivos, de los ammonitas - oráculo de Yahveh -.)
7 A Edom. Así dice Yahveh
Sebaot: ¿No queda ya sabiduría en Temán? ¿Pereció la prudencia de
los entendidos, se evaporó su sabiduría?
8 Huid, dad media vuelta,
buscad profunda morada, moradores de Dedán, porque el infortunio de
Esaú he traído sobre él, la hora de su visita.
9 Si vinieran a ti
vendimiadores, ¿no dejarían rebuscos? Si ladrones por la noche,
dañarían hasta donde les bastase.
10 Pues bien, yo he
desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos, estar oculto no
puede. Ha sido aniquilado su linaje, sus hermanos y vecinos, y él
mismo no aparece.
11 Deja a tus huérfanos,
yo haré que vivan, y tus viudas en mí confiarán.
12 Pues así dice Yahveh:
Conque los que no tienen por qué beber la copa la beben, ¿y tú
precisamente vas a quedar impune? No quedarás impune, antes sin
falta la beberás.
13 Porque por mí lo he
jurado - oráculo de Yahveh - que en desolación se convertirá Bosrá,
y todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas.
14 Una nueva he oído de
parte de Yahveh, un mensajero entre las naciones enviado: «Juntaos y
venid contra él y poneos en pie de guerra.»
15 Porque es cierto que
pequeño te hice yo entre las naciones, despreciable entre los
hombres.
16 El espanto que
infundías te engañó, la soberbia de tu corazón, tú, el que habitas
en las hendiduras de la roca, que ocupas lo alto de la cuesta.
Aunque pongas en alto, como el águila, tu nido, de allí te haré
bajar - oráculo de Yahveh -.
17 Edom parará en
desolación: todo el que pase a su vera se asombrará y silbará al ver
todas sus heridas.
18 Cual la catástrofe de
Sodoma y Gomorra y sus vecinas - dice Yahveh - donde no vive nadie,
ni reside en ellas ser humano.
19 Vedlo como león que
sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un
instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me
plazca. Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el
pastor que aguante en mi presencia?
20 Así pues, oíd la
decisión que Yahveh ha tomado sobre Edom y sus planes sobre los
moradores de Temán. Juro que les han de llevar a rastras las crías
de los rebaños, que asolarán sobre ellos sus pastizales.
21 Al son de su caída
retumbó la tierra y el griterío hasta el mar de las Cañas se dejó
oír.
22 Ved cómo cual un águila
sube, se remonta y extiende sus alas sobre Bosrá; y vendrá a ser el
corazón de los valientes de Edom en aquel día como corazón de mujer
en parto.
23 A Damasco. Avergonzadas
están Jamat y Arpad. Porque una noticia mala oyeron, su corazón
tembló de espanto; como el mar que no se puede calmar.
24 Flaqueó Damasco, dio
vuelta para huir y escalofríos la sobrecogieron: apuro y dolores la
acometieron como a parturienta.
25 ¡Cómo! ¿No fue
abandonada la ciudad celebrada, la villa de mi contento?
26 En verdad, caerán sus
jóvenes escogidos en sus plazas, y todos los guerreros perecerán
aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot -.
27 Prenderé fuego a la
muralla de Damasco, y consumirá los alcázares de Ben Hadad.
28 A Quedar y a los reinos
de Jasor, que batió Nabucodonosor, rey de Babilonia. Así dice
Yahveh: Alzaos, subid a Quedar y saquead a los hijos de oriente.
29 Sus tiendas y rebaños
serán tomados; sus toldos y todo su ajuar y sus camellos les serán
arrebatados, y a ellos se les llamará «Terror por doquier».
30 Huid, emigrad muy
lejos, buscad profunda morada, moradores de Jasor - oráculo de
Yahveh - porque ha tomado contra vosotros Nabucodonosor, rey de
Babilonia, una decisión, y ha trazado un plan contra vosotros.
31 Alzaos, subid contra la
nación pacífica que vive confiada - oráculo de Yahveh -. Ni puertas
ni cerrojos tiene. En aislamiento viven.
32 Y serán sus camellos
objeto del pillaje y el tropel de sus ganados para botín, y
esparciré a todo viento a los que se afeitan las sienes, y de todos
sus aledaños traeré su infortunio - oráculo de Yahveh -.
33 Y vendrá a ser Jasor
guarida de chacales, desolación sempiterna, donde no se asienta
nadie y en la que no reside ser humano.
34 Lo que fue dicho por
Yahveh al profeta Jeremías tocante a Elam en el principio del
reinado de Sedecías, rey de Judá.
35 Así dice Yahveh Sebaot:
He aquí que yo rompo el arco de Elam, primicia de su fuerza
36 y voy a traer sobre
Elam los cuatro vientos desde los cuatro cabos de los cielos, y a
ellos les esparciré a todos estos vientos, y no habrá nación a donde
no lleguen los arrojados de Elam.
37 Haré desmayar a Elam
ante sus enemigos y ante los que buscan su muerte y traeré sobre
ellos cosa mala, el ardor de mi ira - oráculo de Yahveh - y soltaré
tras ellos la espada hasta acabarlos.
38 Pondré mi trono en Elam
y haré desaparecer de allí a rey y jefes - oráculo de Yahveh -.
39 Luego, en días futuros,
haré volver a los cautivos de Elam - oráculo de Yahveh -.
Jeremías 50
1 La palabra que habló
Yahveh contra Babilonia, contra el país de los caldeos, por medio
del profeta Jeremías.
2 Anunciadlo y hacedlo oír
entre las gentes; levantad bandera; hacedlo oír; no lo calléis;
decid: Ha sido tomada Babilonia, está confuso Bel, desmayó Marduk,
están confusos sus ídolos, (desmayaron sus inmundicias).
3 Porque subió contra ella
una gente del norte, que va a convertir su territorio en desolación,
y no habrá en él habitante. Tanto personas como bestias emigraron,
se fueron.
4 En aquellos días y en
aquella sazón - oráculo de Yahveh - vendrán los hijos de Israel, (y
los hijos de Judá junto con ellos), andando y llorando, en busca de
Yahveh su Dios.
5 De Sión preguntaron por
el camino, allá se dirigen: «Venid y aliémonos a Yahveh con pacto
eterno, inolvidable.»
6 Ovejas perdidas era mi
pueblo. Sus pastores las descarriaron, extraviándolas por los
montes. De monte en collado andaban, olvidaron su aprisco.
7 Cualquiera que les
topaba los devoraba, y sus contrarios decían: «No cometemos ningún
delito, puesto que ellos pecaron contra Yahveh, ¡el pastizal de
justicia y la esperanza de sus padres - Yahveh!»
8 Emigrad de Babilonia, y
del país de los caldeos salid. Sed como los machos cabríos al frente
del rebaño.
9 Porque mirad que yo hago
que despierte y suba contra Babilonia una confederación de grandes
naciones del norte, que se organizarán contra ella. Y por allí será
tomada. Sus saetas, cual de valiente experto, no volverán de vacío.
10 Entonces será entregada
Caldea al saqueo: todos los que la saqueen se hartarán, - oráculo de
Yahveh.
11 Porque os alegrasteis,
porque gozasteis, depredadores de mi heredad, porque dabais corcovos
como novilla en dehesa, y relinchos como animales fuertes.
12 Vergonzosa está vuestra
madre sobremanera, abochornada la que os dio a luz. Es ahora la
última de las naciones: desierto, sequedad y paramera.
13 Por la cólera de Yahveh
no será poblada, mas estará desolada toda ella. Todo el que pase a
la vera de Babilonia quedará atónito, y silbará al ver todas sus
heridas.
14 Ordenaos contra
Babilonia en derredor, todos los que asestáis arco; tirad contra
ella, no escatiméis las flechas pues ha pecado contra Yahveh.
15 Dad gritos contra ella
en derredor. Ella tiende su mano. Fallaron sus cimientos, se
derrumbaron sus muros. Era la venganza de Yahveh. Tomad venganza de
ella: Tal cual hizo, haced con ella.
16 Suprimid de Babilonia
al sembrador y al que maneja la hoz al tiempo de la siega. Ante la
espada irresistible, cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno
huirá a su tierra.
17 Rebaño disperso es
Israel: leones lo ahuyentaron. El rey de Asiria lo devoró el
primero, y Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo quebrantó después.
18 Por tanto, así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo visito al rey de
Babilonia y su territorio, lo mismo que visité al rey de Asiria.
19 Y devolveré a Israel a
sus pastizal, y pacerá el Carmelo y el Basán, y en la montaña de
Efraím y Galaad se saciará.
20 En aquellos días y en
aquella sazón - oráculo de Yahveh -, se buscará la culpa de Israel y
no la habrá, y el pecado de Judá y no se hallará, porque seré
piadoso con el resto que yo deje.
21 «Sube a la tierra de
Meratáyim, sube contra ella; y a los habitantes de Pecod pásalos a
espada y dalos al anatema hasta el último - oráculo de Yahveh -: haz
en todo según te lo he mandado.»
22 Ruido de guerra en el
país y quebranto grande.
23 ¡Cómo se partió y fue
quebrado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo vino a ser pasmo
Babilonia entre las naciones!
24 Te puse lazo y quedaste
atrapada, Babilonia, sin darte cuenta; se dio contigo y fuiste
capturada, porque contra Yahveh te sublevaste.
25 Abrió Yahveh su arsenal
y sacó las armas de su ira. Era la tarea del Señor Yahveh Sebaot en
tierra de caldeos.
26 «Venid a ella desde el
confín, abrid sus almacenes. Haced con ellos montones y dadlos al
anatema: no quede de ella reliquia.
27 Acuchillad todos sus
bueyes, bajen a la degollina. ¡Ay de ellos, que llegó su día, la
hora de su castigo!»
28 ¡Voces de huidos y
escapados del país de Babilonia anunciando en Sión la venganza de
Yahveh nuestro Dios, la venganza de su santuario!
29 Haced leva de flecheros
contra Babilonia, todos los que asestáis arco acampad en torno suyo.
Que no se escape nadie. Pagadle lo que vale su trabajo, Tal cual
hizo, haced con ella, porque contra Yahveh se insolentó, contra el
Santo de Israel.
30 En verdad, caerán sus
mancebos escogidos en sus plazas, y todos sus guerreros perecerán
aquel día - oráculo de Yahveh -.
31 Heme aquí contra ti,
«Insolencia», - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - porque ha llegado
tu día, la hora en que yo te castigue.
32 Tropezará «Insolencia»
y caerá, sin tener quien la levante. Prenderé fuego a sus ciudades,
y devorará todos sus contornos.
33 Así dice Yahveh Sebaot:
Oprimidos estaban los hijos de Israel y los hijos de Judá a una.
Todos sus cautivadores los retenían, se negaban a soltarlos.
34 Su Redentor esforzado,
Yahveh Sebaot se llama. El tomará la defensa de su causa hasta hacer
temblar la tierra y estremecerse a los habitantes de Babilonia.
35 ¡Espada a los caldeos -
oráculo de Yahveh - y a los habitantes de Babilonia, a sus jefes y a
sus sabios!
36 Espada a sus adivinos,
y quedarán por necios. Espada a sus valientes, y desmayarán.
37 Espada a sus caballos y
a sus carros, a toda la mezcolanza de gentes que hay dentro de
ella, y serán como mujeres. Espada a sus tesoros y serán saqueados.
38 ¡Sequía a sus aguas y
se secarán; porque tierra de ídolos es aquélla, y por sus Espantos
pierden la cabeza!
39 Por eso vivirán las
hienas con los chacales y vivirán en ella las avestruces, y no será
habitada nunca jamás ni será poblada por siglos y siglos.
40 Como en la catástrofe
causada por Dios a Sodoma, Gomorra y sus vecinas - oráculo de Yahveh
- donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano.
41 Mirad que un pueblo
viene del norte, una gran nación, y muchos reyes se despiertan de
los confines de la tierra.
42 Arco y lanza blanden,
crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo van
montados, ordenados como un solo hombre para la guerra contra ti,
hija de Babel.
43 Oyó el rey de Babilonia
nuevas de ellos y flaquean sus manos. Angustia le asaltó, dolor como
de parturienta.
44 Vedlo como león que
sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un
instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me
plazca. Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el
pastor que aguante en mi presencia?
45 Así pues, oíd la
decisión que Yahveh ha tomado sobre Babilonia y sus planes sobre el
país de los caldeos. Juro que les han de llevar a rastras las crías
de los rebaños, que asolarán sobre ellos sus pastizales.
46 Al son de la conquista
de Babilonia retumbó la tierra, y el griterío de las naciones se
dejó oír.
Jeremías 51
1 Así dice Yahveh: Mirad
que yo despierto contra Babilonia y los habitantes de Leb Camay un
viento destructor.
2 Enviaré a Babilonia
beldadores que la bielden y dejen vacío su territorio, porque se la
acosará por todas partes el día aciago.
3 El arquero que no aseste
su arco, ni se jacte de su cota. No tengáis piedad para sus jóvenes
escogidos: dad al anatema todo su ejército.
4 Caerán heridos en tierra
de Caldea, y traspasados en sus calles.
5 Pero no ha enviudado
Israel ni Judá de su Dios, de Yahveh Sebaot. Sus tierras estaban
llenas de delitos contra el Santo de Israel.
6 Huid del interior de
Babilonia, (y salvad cada cual vuestra vida), no perezcáis por su
culpa, pues es hora de venganza para Yahveh: le está pagando su
merecido.
7 Copa de oro era
Babilonia en la mano de Yahveh, que embriagaba toda la tierra. De su
vino bebieron las naciones, lo que las hizo enloquecer.
8 De pronto cayó Babilonia
y se rompió. Ululad por ella, tomad bálsamo para su sufrimiento, a
ver si sana.
9 Hemos curado a
Babilonia, pero no ha sanado, dejadla y vayamos, cada cual a su
tierra, porque ha llegado a los cielos el juicio contra ella, se ha
elevado hasta las nubes.
10 Yahveh hizo patente
nuestra justicia; venid y cantemos en Sión las obras de Yahveh
nuestro Dios.
11 Aguzad las saetas,
llenad las aljabas. Ha despertado Yahveh el espíritu de los reyes de
Media, porque sobre Babilonia está su designio de destruirla,
porque esta será la venganza de Yahveh, la venganza de su santuario.
12 Sobre las murallas de
Babilonia izad bandera, reforzad la guardia, apostad centinelas,
preparad celadas; que también Yahveh ha tomado un acuerdo, también
él va a cumplir lo que dijo sobre los habitantes de Babilonia.
13 Tú, la que estás
instalada sobre ingentes aguas, la de ingentes tesoros, llegó tu
fin, el término de tus ganancias.
14 Lo ha jurado Yahveh
Sebaot por sí mismo: Yo he de colmarte de hombres como de langostas,
y entonarán contra ti el cantar de los lagareros.
15 El es quien hizo la
tierra con su poder, el que estableció el orbe con su saber, y con
su inteligencia expandió los cielos.
16 Cuando da voces, hay
estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el
extremo de la tierra. El hace los relámpagos para la lluvia y saca
el viento de sus depósitos.
17 Todo hombre es torpe
para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus
estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.
18 Vanidad son, cosa
ridícula; al tiempo de su visita perecerán.
19 No es así la «Parte de
Jacob», pues él es el plasmador del universo, y aquel cuy heredero
es Israel; Yahveh Sebaot es su nombre.
20 Un martillo eras tú
para mí, un arma de guerra: contigo machaqué naciones, contigo
destruí reinos,
21 contigo machaqué
caballo y caballero, contigo machaqué el carro y a quien lo monta.
22 contigo machaqué a
hombre y mujer, contigo machaqué al viejo y al muchacho, contigo
machaqué al joven y a la doncella,
23 contigo machaqué al
pastor y su hato, contigo machaqué al labrador y su yunta, contigo
machaqué a gobernadores y magistrados.
24 Y haré que Babilonia y
todos los habitantes de Caldea paguen por todo el daño que hicieron
en Sión, delante de vuestros ojos - oráculo de Yahveh -.
25 Heme aquí en contra
tuya, montaña destructora - oráculo de Yahveh -, destructora toda la
tierra. Voy a echarte mano y a hacerte rodar desde las peñas, y a
convertirte en montaña quemada.
26 No tomarán de ti piedra
angular ni piedra de cimientos, porque desolación por siempre serás
- oráculo de Yahveh -.
27 Alzad bandera en la
tierra, tocad cuerno en las naciones. Haced leva santa contra ella
en las naciones, citad contra ella a los reinos. de Ararat, Minní y
Askenaz, estableced contra ella reclutador, haced que ataque la
caballería cual langosta.
28 Haced leva santa contra
ella en las naciones, los reyes de Media, sus gobernadores y todos
sus magistrados y todo el país de su dominio.
29 Y retiembla la tierra,
y da vueltas, por haberse cumplido contra Babilonia los planes de
Yahveh, de convertir la tierra de Babel en desolación sin
habitantes.
30 Cesaron de guerrear los
valientes de Babilonia, se han quedado en las fortalezas. Agotóse su
bravura, se volvieron mujeres; quemaron sus aposentos, se rompieron
sus barras.
31 Correo al alcance de
correo corre, e informador al alcance de informador, para informar
al rey de Babilonia que ha sido tomada su ciudad de cabo a cabo,
32 y sus vados fueron
ocupados y los cañaverales incendiados, y los guerreros se
atemorizaron.
33 Porque así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: La hija de Babel es como era al tiempo de
apisonarla; un poco más, y le habrá llegado el tiempo de la siega.
34 Me comió, me arrebañó
el rey de Babilonia, me dejó como cacharro vacío, me tragó como un
dragón, llenó su vientre con mis buenos trozos, me expulsó.
35 «Mi atropello y mis
sufrimientos sobre Babilonia», dirá la población de Sión; y «mi
sangre sobre los habitantes de Caldea», dirá Jerusalén.
36 Por tanto, así dice
Yahveh: Heme aquí, que defiendo tu causa y vengo tu venganza, y
deseco el mar de el y dejo enjuto su hontanar,
37 y vendrá a ser
Babilonia montón de piedras, guarida de chacales, tema de pasmo y
rechifla, sin ningún habitante.
38 A una cual leones
rugen, gruñen como cachorros de leonas.
39 En teniendo ellos calor
les serviré su bebida y les embriagaré de modo que se alegren, y
dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo de Yahveh -.
40 Les haré bajar como
corderos al matadero, como carneros y machos cabríos.
41 ¡Cómo fue tomada Sesac,
y ocupada la prez de toda la tierra! ¡Cómo vino a ser pasmo
Babilonia entre las naciones!
42 Subió contra Babilonia
el mar, por el tropel de sus olas quedó cubierta.
43 Vinieron a quedar sus
ciudades devastadas, tierra reseca y yerma, no vive en ellas nadie,
ni discurre por ellas ser humano.
44 Visitaré a Bel en
Babilonia, y le sacaré su bocado de la boca, y no afluirán a él ya
más las naciones. Hasta la muralla de Babilonia ha caído.
45 Salid de en medio de
ella, pueblo mío, que cada cual salve su vida del ardor de la ira de
Yahveh.
46 Y que no se marchite
vuestro corazón y tengáis miedo por el rumor que se oirá en la
tierra. Cierto correrá un año tal rumor, y luego al año siguiente,
otro distinto: violencia en la tierra, y domeñador sobre domeñador.
47 Pues bien, mirad que
vienen días en que visitaré a los ídolos de Babilonia, y todo su
territorio se abochornará, y todos sus heridos caerán en medio de
ella.
48 Y harán corro contra
Babilonia cielos y tierra y todo cuanto hay en ellos, cuando del
norte lleguen los devastadores - oráculo de Yahveh -.
49 También Babilonia
caerá, oh heridos de Israel. También por Babilonia cayeron los
heridos de toda la tierra.
50 Escapados de la espada,
andad, no os paréis, recordad desde lejos a Yahveh, y que Jerusalén
os venga en mientes.
51 - «Quedamos
abochornados al oír tal afrenta; cubrió la vergüenza nuestros
rostros. ¡Habían penetrado extranjeros hasta los santuarios de la
Casa de Yahveh!»
52 - Pues bien, mirad que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que visitaré a sus ídolos, y en
todo su territorio se quejarán los heridos.
53 Aunque suba Babilonia a
los cielos y encastille en lo alto su poder, de mi parte llegarán
saqueadores hasta ella - oráculo de Yahveh -.
54 Suenan gritos de
socorro desde Babilonia, y un fragor desde Caldea.
55 Es que devasta Yahveh a
Babilonia, apaga de ella el gran ruido, y mugen sus olas como las de
alta mar, cuyo son es estruendoso.
56 Es que viene sobre
ella, sobre Babilonia el devastador, van a ser apresados sus
valientes, se han aflojado sus arcos. Porque Dios retribuidor es
Yahveh: cierto pagará.
57 Yo embriagaré a sus
jefes y a sus sabios, a sus gobernadores y a sus magistrados y a sus
valientes, y dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo
del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot -.
58 Así dice Yahveh Sebaot:
Aquella ancha muralla de Babilonia ha de ser socavada, y aquellas
sus altas puertas con fuego han de ser quemadas, y se habrán
fatigado pueblos para nada, y naciones para el fuego se habrán
cansado.
59 Orden que dio el
profeta Jeremías a Seraías, hijo de Neriyías, hijo de Majseías, al
partir éste de junto a Sedecías, rey de Judá, para Babilonia el año
cuarto de su reinado, siendo Seraías jefe de etapas.
60 Escribió, pues,
Jeremías todo el mal que había de sobrevenir a Babilonia en un libro
- todas estas palabras arriba escritas acerca de Babilonia -
61 y dijo Jeremías a
Seraías: «En llegando tú a Babilonia, mira de leer en voz alta todas
estas palabras,
62 y dirás: “Yahveh, tú
has hablado respecto a este lugar, de destruirlo sin que haya en él
habitante, ya sea persona o animal, sino que soledad por siempre
será.”
63 Luego, en acabando tú
de leer en voz alta ese libro, atas a él una piedra y lo arroja al
Eufrates,
64 y dices: “Así se
hundirá Babilonia y no se recobrará del mal que yo mismo voy a traer
sobre ella.”» Hasta aquí las palabras de Jeremías.
Jeremías 52
1 Veintiún años tenía
Sedecías cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén; el
nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
2 Hizo el mal a los ojos
de Yahveh, enteramente como había hecho Yoyaquim.
3 Esto sucedió a causa de
la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó de
su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.
4 En el año noveno de su
reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey
de Babilonia, con todo su ejército, contra Jerusalén, acampó contra
ella, y la cercaron con una empalizada.
5 La ciudad estuvo sitiada
hasta el año once del rey Sedecías.
6 El mes cuarto, el nueve
del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para
la gente del pueblo,
7 se abrió una brecha en
la ciudad y al verlo el rey y todos los guerreros, huyeron de la
ciudad saliendo de noche, por el camino de la puerta que está entre
los dos muros que dan al jardín del rey, mientras los caldeos
estaban alrededor de la ciudad, y se fueron por el camino de la
Arabá.
8 Las tropas caldeas
persiguieron al rey Sedecías y le dieron alcance en los llanos de
Jericó; entonces todo el ejército se dispersó de su lado.
9 Capturaron al rey y lo
subieron a Riblá, en la tierra de Jamat, donde el rey de Babilonia,
que le sometió a juicio.
10 Los hijos de Sedecías
fueron degollados a su vista, y lo mismo a todos los jefes de Judá
degolló en Riblá.
11 A Sedecías le sacó los
ojos, lo encadenó con cadenas de bronce, y el rey de Babilonia lo
llevó a Babilonia, donde lo tuvo en prisión hasta el día de su
muerte.
12 En el mes quinto, el
diez del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la guardia, uno de los que servían
ante el rey de Babilonia, vino a Jerusalén.
13 Incendió la Casa de
Yahveh y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén.
14 Todas las tropas
caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas
que rodeaban a Jerusalén.
15 Cuanto (a una parte de
los pobres del país) al resto del pueblo que quedaba en la ciudad,
los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y el resto
de los artesanos, Nebuzaradán, jefe de la guardia, los deportó,
16 Nebuzaradán el jefe de
la guardia, dejó algunos de entre la gente pobre como viñadores y
labradores.
17 Los caldeos rompieron
las columnas de bronce que había en la Casa de Yahveh, las basas, el
Mar de bronce de la Casa de Yahveh, y se llevaron todo el bronce a
Babilonia.
18 Tomaron también los
ceniceros, las paletas, los cuchillos, los acetres, las cucharas y
todos los utensilios de bronce de que se servían.
19 El jefe de la guardia
tomó las vasijas, los incensarios y los aspersorios, los ceniceros,
los candeleros, las cucharas y las tazas, cuanto había de oro y
plata.
20 Cuanto a las dos
columnas, el Mar, los doce bueyes de bronce que estaban bajo el Mar
y las basas que Salomón había hecho para la Casa de Yahveh, no se
pudo calcular el peso de bronce de todos aquellos objetos.
21 La altura de una
columna era de dieciocho codos, un hilo de doce codos medía su
perímetro; su grosor era de cuatro dedos y era hueca por dentro,
22 y encima tenía un
capitel de bronce; la altura del capitel era de cinco codos; había
un trenzado y granadas en torno al capitel, todo de bronce. Lo mismo
para la segunda columna.
23 Había noventa y seis
granadas que pendían a los lados. En total había cien granadas
rodeando el trenzado.
24 El jefe de la guardia
tomó preso a Seraías, primer sacerdote, y a Sefanías, segundo
sacerdote, y a los tres encargados del umbral.
25 Tomó a un eunuco de la
ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, siete hombres de
los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al
secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del
pueblo de la tierra y sesenta hombres de la tierra que se hallaban
en la ciudad.
26 Nebuzaradán, jefe de la
guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia,
27 y el rey de Babilonia
los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el país de Jamat. Así fue
deportado Judá, lejos de su tierra.
28 Este es el número de
los deportados por Nabucodonosor. El año séptimo: 3.023 de Judá;
29 el año dieciocho de
Nabucodonosor fueron llevadas de Jerusalén 832 personas;
30 el año veintitrés de
Nabucodonosor, Nebuzaradán, jefe de la guardia, deportó a 745 de
Judá. En total: 4.600 personas.
31 En el año treinta y
seis de la deportación de Joaquín, rey de Judá, en el mes doce, el
veinticinco del mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, hizo gracia en
el año en que comenzó a reinar, a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de
la cárcel.
32 Le habló con
benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes
que estaban con él en Babilonia.
33 Joaquín se quitó sus
vestidos de prisión y comió siempre en la mesa del rey, todos los
días de su vida.
34 Le fue dado
constantemente su sustento de parte del rey de Babilonia, día tras
día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.
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