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Isaías 1
1 Visión que Isaías,
hijo de Amós, vio tocante a Judá y Jerusalén en tiempo de Ozías,
Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
2 Oíd, cielos,
escucha, tierra, que habla Yahveh; «Hijos crié y saqué adelante, y
ellos se rebelaron contra mí.
3 Conoce el buey a su
dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo
no discierne.»
4 ¡Ay, gente
pecadora, pueblo tarado de culpa. semilla de malvados, hijos de
perdición! Han dejado a Yahveh, han despreciado al Santo de Israel,
se han vuelto de espaldas.
5 ¿En dónde golpearos
ya, si seguís contumaces? La cabeza toda está enferma, toda entraña
doliente.
6 De la planta del
pie a la cabeza no hay en él cosa sana: golpes, magulladuras y
heridas frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con aceite.
7 Vuestra tierra es
desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego; vuestro suelo
delante de vosotros extranjeros se lo comen, y es una desolación
como devastación de extranjeros.
8 Ha quedado la hija
de Sión como cobertizo en viña, como albergue en pepinar, como
ciudad sitiada.
9 De no habernos
dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a
Gomorra nos pareceríamos.
10 Oíd una palabra de
Yahveh, regidores de Sodoma. Escuchad una instrucción de nuestro
Dios, pueblo de Gomorra.
11 «¿A mí qué, tanto
sacrificio vuestro? - dice Yahveh -. Harto estoy de holocaustos de
carneros y de sebo de cebones; y sangre de novillos y machos cabríos
no me agrada,
12 cuando venís a
presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de vosotros esa pateadura
de mis atrios?
13 No sigáis trayendo
oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable.
Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad.
14 Vuestros
novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han resultado un
gravamen que me cuesta llevar.
15 Y al extender
vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no veros. Aunque
menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están de sangre
llenas:
16 lavaos, limpiaos,
quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer
el mal,
17 aprended a hacer
el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced
justicia al huérfano, abogad por la viuda.
18 Venid, pues, y
disputemos - dice Yahveh -: Así fueren vuestros pecados como la
grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el
carmesí, cual la lana quedarán.
19 Si aceptáis
obedecer, lo bueno de la tierra comeréis.
20 Pero si rehusando
os oponéis, por la espada seréis devorados, que ha hablado la boca
de Yahveh.
21 ¡Cómo se ha hecho
adúltera la villa leal! Sión llena estaba de equidad, justicia se
albergaba en ella, pero ahora, asesinos.
22 Tu plata se ha
hecho escoria. Tu bebida se ha aguado.
23 Tus jefes,
revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el soborno y va
tras los regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el pleito de la
viuda no llega hasta ellos.
24 Por eso - oráculo
del Señor Yahveh Sebaot, el Fuerte de Israel -: ¡Ay! Voy a
desquitarme de mis contrarios, voy a vengarme de mis enemigos.
25 Voy a volver mi
mano contra ti y purificaré al crisol tu escoria, hasta quitar toda
tu ganga.
26 Voy a volver a tus
jueces como eran al principio, y a tus consejeros como antaño. Tras
de lo cual se te llamará Ciudad de Justicia, Villa-leal.
27 Sión por la
equidad será rescatada, y sus cautivos por la justicia.
28 Padecerán
quebranto rebeldes y pecadores a una, y los desertores de Yahveh se
acabarán.
29 Porque os
avergonzaréis de las encinas que anhelabais, y os afrentaréis de los
jardines que preferíais.
30 Porque seréis como
encina que se le cae la hoja, y como jardín que a falta de agua
está.
31 El hombre fuerte
se volverá estopa, y su trabajo, chispa: arderán ambos a una, y no
habrá quien apague.
Isaías 2
1 Lo que vio Isaías,
hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
2 Sucederá en días
futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima
de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él
todas las naciones,
3 y acudirán pueblos
numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del
Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos
sus senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra
de Yahveh.
4 Juzgará entre las
gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas
azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación
contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.
5 Casa de Jacob,
andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.
6 Has desechado a tu
pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban llenos de adivinos y
evocadores, como los filisteos, y con extraños chocan la mano;
7 se llenó su tierra
de plata y oro, y no tienen límite sus tesoros; se llenó su tierra
de caballos, y no tienen límite sus carros;
8 se llenó su tierra
de ídolos, ante la obra de sus manos se inclinan, ante lo que
hicieron sus dedos.
9 Se humilla el
hombre, y se abaja el varón: pero no les perdones.
10 Entra en la peña,
húndete en el polvo, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del
esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la
tierra.
11 Los ojos altivos
del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será
exaltado Yahveh solo en aquel día.
12 Pues será aquel
día de Yahveh Sebaot para toda depresión, que sea enaltecida, y para
todo lo levantado, que será rebajado:
13 contra todos los
cedros del Líbano altos y elevados, contra todas las encinas del
Basán,
14 contra todos los
montes altos, contra todos los cerros elevados,
15 contra toda torre
prominente, contra todo muro inaccesible,
16 contra todas las
naves de Tarsis, contra todos los barcos cargados de tesoros.
17 Se humillará la
altivez del hombre, y se abajará la altanería humana; será exaltado
Yahveh solo, en aquel día,
18 y los ídolos
completamente abatidos.
19 Entrarán en las
grietas de las peñas y en las hendiduras de la tierra, lejos de la
presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando
él se alce para hacer temblar la tierra.
20 Aquel día arrojará
el hombre a los musgaños y a los topos los ídolos de plata y los
ídolos de oro que él se hizo para postrarse ante ellos,
21 y se meterá en los
agujeros de las peñas y en las hendiduras de las piedras, lejos de
la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad,
cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
22 Desentendeos del
hombre, en cuya nariz sólo hay aliento, porque ¿qué vale él?
Isaías 3
1 Pues he aquí que el
Señor Yahveh Sebaot está quitando de Jerusalén y de Judá todo
sustento y apoyo: (todo sustento de pan y todo sustento de agua);
2 el valiente y el
guerrero, el juez y el profeta, el augur y el anciano,
3 el jefe de escuadra
y el favorito, el consejero, el sabio hechicero y el hábil
encantador.
4 Les daré mozos por
jefes, y mozalbetes les dominarán.
5 Querrá mandar la
gente, cada cual en cada cual, los unos a los otros y cada cual en
su compañero. Se revolverá el mozo contra el anciano, y el vil
contra el hombre de peso.
6 Pues agarrará uno a
su hermano al de su mismo apellido, diciéndole: «Túnica gastas:
príncipe nuestro seas, toma a tu cargo esta ruina.»
7 Pero el otro
exclamará aquel día: «No seré vuestro médico; en mi casa no hay pan
ni túnica: no me pongáis por príncipe del pueblo.»
8 Así que tropezó
Jerusalén, y Judá ha caído; pues sus lenguas y sus fechorías a
Yahveh han llegado, irritando los ojos de su majestad.
9 La expresión de su
rostro les denuncia, y sus pecados como Sodoma manifiestan, no se
ocultan. ¡Ay de ellos, porque han merecido su propio mal!
10 Decid al justo que
bien, que el fruto de sus acciones comerá.
11 ¡Ay del malvado!
que le irá mal, que el mérito de sus manos se le dará.
12 A mi pueblo le
oprime un mozalbete, y mujeres le dominan. Pueblo mío, tus regidores
vacilan y tus derroteros confunden.
13 Se levanta a
pleitear Yahveh y está en pie para juzgar a los pueblos.
14 Yahveh demanda en
juicio a los ancianos de su pueblo y a sus jefes. «Vosotros habéis
incendiado la viña, el despojo del mísero tenéis en vuestras casas.
15 Pero ¿qué os
importa? Machacáis a mi pueblo y moléis el rostro de los pobres» -
oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
16 Dice Yahveh: «Por
cuanto son altivas las hijas de Sión, y andan con el cuello estirado
y guiñando los ojos, y andan a pasitos menudos, y con sus pies hacen
tintinear las ajorcas»,
17 rapará el Señor el
cráneo de las hijas de Sión, y Yahveh destapará su desnudez.
18 Aquel día quitará
el Señor el adorno de las ajorcas, los solecillos y las lunetas;
19 los aljófares, las
lentejuelas y los cascabeles;
20 los peinados, las
cadenillas de los pies, los ceñidores, los pomos de olor y los
amuletos,
21 los anillos y
aretes de nariz;
22 los vestidos
preciosos, los mantos, los chales, los bolsos,
23 los espejos, las
ropas finas, los turbantes y las mantillas.
24 Por debajo del
bálsamo habrá hedor, por debajo de la faja, soga, por debajo de la
peluca, rapadura, y por debajo del traje, refajo de arpillera. y por
debajo de la hermosura, vergüenza.
25 Tus gentes a
espada caerán, y tus campeones en guerra.
26 Y darán ayes y se
dolerán a las puertas, y tú, asolada, te sentarás por tierra.
Isaías 4
1 Asirán siete
mujeres a un hombre en aquel día diciendo: «Nuestro pan comeremos, y
con nuestras túnicas nos vestiremos. Tan sólo déjanos llevar tu
nombre: quita nuestro oprobio.»
2 Aquel día el germen
de Yahveh será magnífico y glorioso, y el fruto de la tierra será la
prez y ornato de los bien librados de Israel.
3 A los restantes de
Sión y a los que quedaren de Jerusalén, se les llamará santos: serán
todos los apuntados como vivos en Jerusalén.
4 Cuando haya lavado
el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, y las manchas de sangre
de Jerusalén haya limpiado del interior de ella con viento
justiciero y viento abrasador,
5 creará Yahveh sobre
todo lugar del monte de Sión y sobre toda su reunión, nube y humo de
día, y resplandor de fuego llameante de noche. Y por encima la
gloria de Yahveh será toldo
6 y tienda para
sombra contra el calor diurno, y para abrigo y reparo contra el
aguacero y la lluvia.
Isaías 5
1 Voy a cantar a mi
amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en
un fértil otero.
2 La cavó y
despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en
medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese
uvas, pero dio agraces.
3 Ahora, pues,
habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi
viña y yo:
4 ¿Qué más se puede
hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que
diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?
5 Ahora, pues, voy a
haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será
quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.
6 Haré de ella un
erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y
a las nubes prohibiré llover sobre ella.
7 Pues bien, viña de
Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su
plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad;
honradez, y hay alaridos.
8 ¡Ay, los que
juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo
el sitio y quedaros solos en medio del país!
9 Así ha jurado a mis
oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes
y hermosas, pero sin moradores!
10 Porque diez
yugadas de viña darán sólo una medida, y una carga de simiente
producirá una medida.»
11 ¡Ay, los que
despertando por la mañana andan tras el licor; los que trasnochan,
encandilados por el vino!
12 Sólo hay arpas y
cítaras, pandero y flauta en sus libaciones, y no contemplan la obra
de Yahveh, no ven la acción de sus manos.
13 Por eso fue
deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban muertos de
hambre, y su plebe se resecaba de sed.
14 Por eso ensanchó
el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y
su plebe y su turba gozosa.
15 Se humilla el
hombre, se abaja el varón, los ojos de los altivos son abajados;
16 es ensalzado
Yahveh Sebaot en juicio, el Dios Santo muestra su santidad por su
justicia.
17 Pacerán los
corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos cabritos
ramonearán.
18 ¡Ay, los que
arrastran la culpa con coyundas de engaños y el pecado como con
bridas de novilla!
19 Los que dicen:
«¡Listo, apresure su acción, de modo que la veamos. Acérquese y
venga el plan del Santo de Israel, y que lo sepamos!»
20 ¡Ay, los que
llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz
por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!
21 ¡Ay, los sabios a
sus propios ojos, y para sí mismos discretos!
22 ¡Ay, los campeones
en beber vino, los valientes para escanciar licor,
23 los que absuelven
al malo por soborno y quitan al justo su derecho.
24 Tal devora las
espigas una lengua de fuego y el heno en llamas se derrumba: la raíz
de ellos será como podre, y su flor subirá como tamo. Pues recusaron
la enseñanza de Yahveh Sebaot y despreciaron el dicho del Santo de
Israel.
25 Por eso se ha
encendido la ira de Yahveh contra su pueblo, extendió su mano sobre
él y le golpeó. Y mató a los príncipes: sus cadáveres yacían como
basura en medio de las calles. Con todo eso, no se ha calmado su
ira, y aún sigue extendida su mano.
26 Iza bandera a un
pueblo desde lejos y le silba desde los confines de la tierra: vedlo
aquí, rápido, viene ligero.
27 No hay en él quien
se canse y tropiece, quien se duerma y se amodorre; nadie se suelta
el cinturón de los lomos, ni se rompe la correa de su calzado.
28 Sus saetas son
agudas y todos sus arcos están tensos. Los cascos de sus caballos
semejan pedernal y sus ruedas, torbellino.
29 Tiene un rugido
como de leona, ruge como los cachorros, brama y agarra la presa, la
arrebata, y no hay quien la libre.
30 Bramará contra él
aquel día como el bramido del mar, y oteará la tierra, y habrá densa
oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla.
Isaías 6
1 El año de la muerte
del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y
sus haldas llenaban el templo.
2 Unos serafines se
mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con
un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con
el otro par aleteaban,
3 Y se gritaban el
uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la
tierra de su gloria.».
4 Se conmovieron los
quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se
llenó de humo.
5 Y dije: «¡Ay de mí,
que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un
pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto
mis ojos!»
6 Entonces voló hacia
mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las
tenazas había tomado de sobre el altar,
7 y tocó mi boca y
dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu
culpa, tu pecado está expiado.»
8 Y percibí la voz
del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte
nuestra»? Dije: «Heme aquí: envíame.»
9 Dijo: «Ve y di a
ese pueblo: “Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no
comprendáis.”
10 Engorda el corazón
de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea
con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se
convierta y se le cure.»
11 Yo dije: «¿Hasta
dónde, Señor?» Dijo: «Hasta que se vacíen las ciudades y queden sin
habitantes, las casas sin hombres, la campiña desolada,
12 y haya alejado
Yahveh a las gentes, y cunda el abandono dentro del país.
13 Aun el décimo que
quede en él volverá a ser devastado como la encina o el roble, en
cuya tala queda un tocón: semilla santa será su tocón.»
Isaías 7
1 En tiempo de Ajaz,
hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram,
con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para
atacarla, más no pudieron hacerlo.
2 La casa de David
había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se
estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se
estremecen los árboles del bosque por el viento.
3 Entonces Yahveh
dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de
la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al
encuentro de Ajaz,
4 y dile: «¡Alerta,
pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazón por ese par de cabos
de tizones humeantes,
5 ya que Aram, Efraím
y el hijo de Remalías han maquinado tu ruina diciendo:
6 Subamos contra Judá
y desmembrémoslo, abramos brecha en él y pongamos allí por rey al
hijo de Tabel.”
7 Así ha dicho el
Señor Yahveh: No se mantendrá, ni será así;
8 porque la capital
de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco, Rasón; Pues bien: dentro
de sesenta y cinco años, Efraím dejará de ser pueblo.
9 La capital de
Efraím es Samaría, y el cabeza de Samaría, el hijo de Remalías. Si
no os afirmáis en mí no seréis firmes.»
10 Volvió Yahveh a
hablar a Ajaz diciendo:
11 «Pide para ti una
señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del seol o en lo más alto.»
12 Dijo Ajaz: «No la
pediré, no tentaré a Yahveh.»
13 Dijo Isaías: «Oíd,
pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que
cansáis también a mi Dios?
14 Pues bien, el
Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está
encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.
15 Cuajada y miel
comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno.
16 Porque antes que
sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el
territorio cuyos dos reyes te dan miedo.
17 Yahveh atraerá
sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales
no los hubo desde aquel en que se apartó Efraím de Judá (el rey de
Asur).
18 Aquel día silbará
Yahveh al enjambre que hay en los confines de los ríos de Egipto, y
a las abejas que hay en tierra de Asur;
19 vendrán y se
posarán todas ellas en las quebradas, en los resquicios de las
peñas, en todas las corrientes y en todos los arroyos.
20 Aquel día rapará
el Señor con navaja alquilada allende el Río, con el rey de Asur, la
cabeza y el vello de las piernas y también la barba afeitará,
21 Aquel día criará
cada uno una novilla y un par de ovejas.
22 Y así de tanto dar
leche, comerá cuajada, porque «cuajada y miel comerá todo el que
quedare dentro del país».
23 Aquel día,
cualquier lugar donde antes hubo mil cepas por valor de mil piezas
de plata, será de la zarza y el abrojo.
24 Con flechas y arco
se entrará allí, pues zarza y abrojo será toda la tierra,
25 y en ninguno de
los montes que se desbrozan con la azada se podrá entrar por temor
de las zarzas y abrojos; será dehesa de bueyes y pastizal de
ovejas.»
Isaías 8
1 Yahveh me dijo:
«Toma una placa grande, escribe en ella con buril: de Maher Salal
Jas Baz,
2 y toma por fieles
testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Baraquías.»
3 Me acerqué a la
profetisa, que concibió y dio a luz un hijo, Yahveh me dijo:
«Llámale Maher Salal Jas Baz,
4 pues antes que sepa
el niño decir “papá” y “mamá”, la riqueza de Damasco y el botín de
Samaría serán llevados ante el rey de Asur.»
5 Volvió Yahveh a
hablarme de nuevo:
6 «Porque ha rehusado
ese pueblo las aguas de Siloé que van de vagar y se ha desmoralizado
ante Rasón y el hijo de Remalías,
7 por lo mismo, he
aquí que el Señor hace subir contra ellos las aguas del Río
embravecidas y copiosas. Desbordará por todos sus cauces, (el rey de
Asur y todo su esplendor) invadirá todas sus riberas.
8 Seguirá por Judá
anegando a su paso, hasta llegar al cuello. Y la envergadura de sus
alas abarcará la anchura de tu tierra, Emmanuel.
9 Sabedlo, pueblos:
seréis destrozados; escuchad, confines todos de la tierra; en
guardia: seréis destrozados; en guardia: seréis destrozados.
10 Trazad un plan:
fracasará. Decid una palabra: no se cumplirá. Porque con nosotros
está Dios.
11 Pues así me ha
dicho Yahveh cuando me tomó de la mano y me apartó de seguir por el
camino de ese pueblo:
12 No llaméis
conspiración a lo que ese pueblo llama conspiración, ni temáis ni
tembléis de lo que él teme.
13 A Yahveh Sebaot, a
ése tened por santo, sea él vuestro temor y él vuestro temblor.
14 Será un santuario
y piedra de tropiezo y peña de escándalo para entrambas Casas de
Israel; lazo y trampa para los moradores de Jerusalén.
15 Allí tropezarán
muchos, caerán, se estrellarán y serán atrapados y presos.
16 Envuelve el
testimonio, sella la enseñanza entre mis discípulos.
17 Aguardaré por
Yahveh, el que vela su faz de la casa de Jacob, y esperaré por él.
18 Aquí estamos yo y
los hijos que me ha dado Yahveh, por señales y pruebas en Israel, de
parte de Yahveh Sebaot, el que reside en el monte Sión.
19 Y cuando os
dijeren: «Consultad a los nigromantes y a los adivinos que bisbisean
y murmujean; ¿es que no consulta un pueblo a sus dioses, por los
vivos a los muertos?»:
20 en pro de la
enseñanza y el testimonio ¡Vaya si dirán cosa tal! Lo que no tiene
provecho.
21 Pasará por allí
lacerado y hambriento, y así que le dé el hambre, se enojará y
faltará a su rey y a su Dios. Volverá el rostro a lo alto,
22 la tierra oteará,
y sólo habrá cerrazón y negrura, lobreguez prieta y tiniebla espesa.
23 Pues, ¿no hay
lobreguez para quien tiene apretura? Como el tiempo primero ultrajó
a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero
honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de los
Gentiles.
Isaías 9
1 El pueblo que
andaba a oscuras
2 vio una luz grande.
Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos.
Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu
presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan
repartiendo botín.
3 Porque el yugo que
les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de su tirano - has
roto, como el día de Madián.
4 Porque toda bota
que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la
quema, pasto del fuego.
5 Porque una criatura
nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su
hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios
Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz».
6 Grande es su
señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su
reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia,
Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.
7 Una palabra ha
proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel.
8 Sabedla, pueblo
todo, Efraím y los habitantes de Samaría, los que con arrogancia y
engreimiento dicen:
9 «Los ladrillos han
caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros fueron talados,
pero por cedros los cambiaremos.»
10 Pues bien, Yahveh
ha dado ventaja a su adversario, Rasón, y azuzó a sus enemigos:
11 Aram por delante y
los filisteos por detrás, devoraron a Israel a boca llena. Con todo
eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
12 Pero el pueblo no
se volvió hacia el que le castigaba, no buscaron a Yahveh Sebaot.
13 Por eso ha
cercenado Yahveh a Israel cabeza y cola, palmera y junco, en un
mismo día.
14 El anciano y
honorable es la cabeza, y el profeta impostor es la cola.
15 Los directores de
este pueblo han resultado desviadores, y sus dirigidos, extraviados.
16 Por eso, de sus
jóvenes no se apiadará el Señor, con sus huérfanos y viudas no
tendrá misericordia, pues todos son impíos y malvados, y toda boca
profiere majadería Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue
su mano extendida.
17 Porque ha ardido
como fuego la maldad, zarza y espino devora, y va a prender en las
espesuras del bosque: ya se estiran en columna de humo.
18 Por el arrebato de
Yahveh la tierra ha sido quemada, y es el pueblo como pasto de
fuego; nadie tiene piedad de su hermano,
19 Corta a diestra y
queda con hambre, come a siniestra y no se sacia; cada uno se come
la carne de su brazo.
20 Manasés devora a
Efraím Efraím a Manasés, y ambos a una van contra Judá. Con todo eso
no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
Isaías 10
1 ¡Ay! los que
decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben
vejaciones,
2 excluyendo del
juicio a los débiles, atropellando el derecho de los míseros de mi
pueblo, haciendo de las viudas su botín, y despojando a los
huérfanos.
3 Pues ¿qué haréis
para el día de la cuenta y la devastación que de lontananza viene?
¿a quién acudiréis para pedir socorro? ¿dónde dejaréis vuestra
gravedad?
4 Con tal de no
arrodillarse entre los prisioneros, entre los muertos caerían. Con
todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
5 ¡Ay, Asur, bastón
de mi ira, vara que mi furor maneja!
6 Contra gente impía
voy a guiarlo, contra el pueblo de mi cólera voy a mandarlo, a
saquear saqueo y pillar pillaje, y hacer que lo pateen como el lodo
de las calles.
7 Pero él no se lo
figura así, ni su corazón así lo estima, sino que su intención es
arrasar y exterminar gentes no pocas.
8 Pues dice: «¿No son
mis jefes todos ellos reyes?
9 ¿No es Kalnó como
Karkemis? ¿No es Jamat como Arpad? ¿No es Samaría como Damasco?
10 Como alcanzó mi
mano a los reinos de los ídolos - cuyas estatuas eran más que las de
Jerusalén y Samaría -
11 como hice con
Samaría y sus ídolos, ¿no haré asimismo con Jerusalén y sus
simulacros?»
12 Pues bien, cuando
hubiere dado remate el Señor a todas sus empresas en el monte Sión y
en Jerusalén, pasará revista al fruto del engreimiento del rey de
Asur y al orgullo altivo de sus ojos.
13 Porque dijo: «Con
el poder de mi mano lo hice, y con mi sabiduría, porque soy
inteligente, he borrado las fronteras de los pueblos, sus almacenes
he saqueado, y he abatido como un fuerte a sus habitantes.
14 Como un nido ha
alcanzado mi mano la riqueza de los pueblos, y como se recogen
huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra, y no hubo quien
aleteara ni abriera el pico ni piara.»
15 ¿Acaso se jacta el
hacha frente al que corta con ella? ¿o se tiene por más grande la
sierra que el que la blande? ¡como si la vara moviera al que la
levanta! ¡como si a quien no es madera el bastón alzara!
16 Por eso enviará
Yahveh Sebaot entre sus bien comidos, enflaquecimiento, y, debajo de
su opulencia, encenderá un incendio como de fuego.
17 La luz de Israel
vendrá a ser fuego, y su Santo, llama; arderá y devorará su espino y
su zarza en un solo día,
18 y el esplendor de
su bosque y de su vergel en alma y en cuerpo será consumido: será
como el languidecer de un enfermo.
19 Lo que quede de
los árboles de su bosque será tan poco, que un niño los podrá
contar.
20 Aquel día no
volverán ya el resto de Israel y los bien librados de la casa de
Jacob a apoyarse en el que los hiere, sino que se apoyarán con
firmeza en Yahveh.
21 Un resto volverá,
el resto de Jacob, al Dios poderoso.
22 Que aunque sea tu
pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo un resto de él volverá.
Exterminio decidido, rebosante de justicia.
23 Porque es un
exterminio decidido lo que Yahveh Sebaot realizará en medio de toda
la tierra.
24 Por tanto, así
dice el Señor Yahveh Sebaot: «No temas, pueblo mío que moras en
Sión, a Asur que con la vara te da golpes y su bastón levanta contra
ti (en el camino de Egipto).
25 Porque un poquito
más y se habrá consumado el furor, y mi ira los consumirá.»
26 Despertará contra
él Yahveh Sebaot un azote, como cuando la derrota de Madián en la
peña de Horeb, o cuando levantó su bastón contra el mar en el camino
de Egipto.
27 Aquel día te
quitará su carga de encima del hombro y su yugo de sobre tu cerviz
será arrancado. Y el yugo será destruido (...)
28 Vino sobre Ayyat,
pasó por Migrón, en Mikmás pasó revista.
29 Han pasado el
Vado: «Haremos noche en Gueba.» Temblaba Ramá, Guibeá de Saúl huía.
30 ¡Da gritos de
júbilo, Bat Gallim, escucha Laisa! ¡Respóndele, Anatot!
31 Se desbandó
Madmená. Los habitantes de Guebim se han puesto a salvo.
32 Hoy mismo en Nob
haciendo alto menea su mano contra el Monte de la hija de Sión, la
colina de Jerusalén.
33 He aquí que el
Señor Yahveh Sebaot sacude el ramaje con estrépito; las guías más
altas están partidas y las elevadas van a caer.
34 Golpeará las
espesuras del bosque con el hierro, y por los golpes de un Poderoso,
caerá.
Isaías 11
1 Saldrá un vástago
del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.
2 Reposará sobre él el
espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu
de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh.
3 Y le inspirará en el
temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de
oídas.
4 Juzgará con justicia a
los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra.
Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus
labios matará al malvado.
5 Justicia será el ceñidor
de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.
6 Serán vecinos el lobo y
el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el
cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.
7 La vaca y la osa
pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes,
comerá paja.
8 Hurgará el niño de pecho
en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién
destetado meterá la mano.
9 Nadie hará daño, nadie
hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de
conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.
10 Aquel día la raíz de
Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la
buscarán, y su morada será gloriosa.
11 Aquel día volverá el
Señor a mostrar su mano para recobrar el resto de su pueblo que haya
quedado de Asur y de Egipto, de Patrós, de Kus, de Elam, de Senaar,
de Jamat y de las islas del mar.
12 Izará bandera a los
gentiles, reunirá a los dispersos de Israel, y a los desperdigados
de Judá agrupará de los cuatro puntos cardinales.
13 Cesará la envidia de
Efraím, y los opresores de Judá serán exterminados. Efraím no
envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraím.
14 Ellos se lanzarán sobre
la espalda de Filistea Marítima, a una saquearán a los hijos de
Oriente. Edom y Moab bajo el dominio de su mano, y los ammonitas
bajo su obediencia.
15 Secará Yahveh el golfo
del mar de Egipto y agitará su mano contra el Río. Con la violencia
de su soplo lo partirá en siete arroyos, y hará posible pasarlo en
sandalias;
16 habrá un camino real
para el resto de su pueblo que haya sobrevivido de Asur, como lo
hubo para Israel, cuando subió del país de Egipto.
Isaías 12
1 Y dirás aquel día: «Yo
te alabo, Yahveh, pues aunque te airaste contra mí, se ha calmado tu
ira y me has compadecido.
2 He aquí a Dios mi
Salvador: estoy seguro y sin miedo, pues Yahveh es mi fuerza y mi
canción, él es mi salvación,»
3 Sacaréis agua con gozo
de los hontanares de salvación.»
4 y diréis aquel día: «Dad
gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus
hazañas, pregonad que es sublime su nombre.
5 Cantad a Yahveh, porque
ha hecho algo sublime, que es digno de saberse en toda la tierra.
6 Dad gritos de gozo y de
júbilo, moradores de Sión, que grande es en medio de ti el Santo de
Israel.»
Isaías 13
1 Oráculo contra
Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós.
2 Sobre el monte pelado
izad la bandera, levantad la voz a ellos, agitad la mano y que
entren por las puertas de los nobles.
3 Yo he mandado a mis
consagrados y también he llamado a mis valientes, para ejecutar mi
ira a mis gallardos.
4 ¡Ruido estruendoso en
los montes, como de mucha gente! ¡Ruido estrepitoso de reinos,
naciones reunidas! Yahveh Sebaot pasa revista a su tropa de combate.
5 Vienen de tierra lejana,
del cabo de los cielos, Yahveh y los instrumentos de su enojo para
arrasar toda la tierra.
6 Ululad, que cercano está
el Día de Yahveh, como la destrucción de Sadday viene.
7 Por eso todos los brazos
decaen y todo corazón humano se derrite.
8 Se empavorecen,
angustias y apuros les sobrecogen, cual parturienta se duelen. Cada
cual se asusta de su prójimo. Son los suyos rostros llameantes.
9 He aquí que el Día de
Yahveh viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a
convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores.
10 Cuando las estrellas
del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido
el sol en su salida y no brille la luz de la luna,
11 pasaré revista al orbe
por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la
arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados
humillaré.
12 Haré que el hombre sea
más escaso que el oro fino, y la humanidad más que metal de Ofir.
13 Por eso haré temblar
los cielos, y se removerá la tierra de su sitio, en el arrebato de
Yahveh Sebaot, en el día de su ira hirviente.
14 Será como gacela
acosada, como ovejas cuando no hay quien las reúna: cada uno
enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su tierra.
15 Todo el que fuere
descubierto será traspasado, y todo el que fuere apresado caerá por
la espada.
16 Sus párvulos serán
estrellados ante sus ojos, serán saqueadas sus casas, y sus mujeres
violadas.
17 He aquí que yo
despierto contra ellos a los medos, que no estiman la plata, ni
desean el oro.
18 Machacarán a todos sus
muchachos, estrellarán a todas sus muchachas, del fruto del vientre
no se apiadarán ni de las criaturas tendrán lástima sus ojos.
19 Babilonia, la flor de
los reinos, prez y orgullo de Caldea, será semejante a Sodoma y
Gomorra, destruidas por Dios.
20 No será habitada jamás
ni poblada en generaciones y generaciones, ni pondrá tienda allí el
árabe, ni pastores apacentarán allí.
21 Allí tendrán aprisco
bestias del desierto y se llenarán sus casas de mochuelos. Allí
morarán las avestruces y los sátiros brincarán allí.
22 Se responderán las
hienas en sus alcázares y los chacales en sus palacios de recreo. Su
hora está para llegar y sus días no tendrán prórroga.
Isaías 14
1 Cuando se compadezca
Yahveh de Jacob y prefiera todavía a Israel, los afincará en el
solar de ellos, y se les juntarán forasteros, que serán incorporados
a la casa de Jacob.
2 Tomarán a otros pueblos
y, llevándoselos a su lugar, se los apropiará la casa de Israel
sobre el solar de Yahveh como esclavos y esclavas. Harán cautivos a
sus cautivadores, y dominarán sobre sus tiranos.
3 Entonces, cuando te haya
calmado Yahveh de tu disgusto y tu desazón y de la dura servidumbre
a que fuiste sometido,
4 dirigirás esta sátira al
rey de Babilonia. Dirás: ¡Cómo ha acabado el tirano, cómo ha cesado
su arrogancia!
5 Ha quebrado Yahveh la
vara de los malvados, el bastón de los déspotas,
6 que golpeaba a los
pueblos con saña golpes sin parar, que dominaba con ira a las
naciones acosándolas sin tregua.
7 Está tranquila y quieta
la tierra toda, prorrumpe en aclamaciones.
8 Hasta los cipreses se
alegran por ti, los cedros del Líbano: «Desde que tú has caído en
paz, no sube el talador a nosotros.»
9 El seol, allá abajo, se
estremeció por ti saliéndote al encuentro; por ti despierta a las
sombras, a todos los jerifaltes de la tierra; hace levantarse de sus
tronos a los reyes de todas las naciones.
10 Todos ellos responden y
te dicen: «¡También tú te has vuelto débil como nosotros, y a
nosotros eres semejante!
11 Ha sido precipitada al
seol tu arrogancia al son de tus cítaras. Tienes bajo ti una cama de
gusanos, tus mantas son gusanera.
12 ¡Cómo has caído de los
cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra,
dominador de naciones!
13 Tú que habías dicho en
tu corazón: «Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de
Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el
extremo norte.
14 Subiré a las alturas
del nublado, me asemejaré al Altísimo.
15 ¡Ya!: al seol has sido
precipitado, a lo más hondo del pozo.»
16 Los que te ven, en ti
se fijan; te miran con atención: «¿Ese es aquél, el que hacía
estremecer la tierra, el que hacía temblar los reinos,
17 el que puso el orbe
como un desierto, y asoló sus ciudades, el que a sus prisioneros no
abría la cárcel?»
18 Todos los reyes de las
naciones, todos ellos yacen con honor, cada uno en su morada.
19 Pero tú has sido
arrojado fuera de tu sepulcro, como un brote abominable, recubierto
de muertos acuchillados, arrojados sobre las piedras de la fosa,
como cadáver pisoteado.
20 No tendrás con ellos
sepultura, porque tu tierra has destruido, a tu pueblo has
asesinado. No se nombrará jamás la descendencia de los malhechores.
21 Preparad a sus hijos
degollina por la culpa de sus padres: no sea que se levanten y se
apoderen de la tierra, y llenen de ciudades la haz del orbe.
22 Yo me alzaré contra
ellos - oráculo de Yahveh Sebaot - y suprimiré en Babilonia el
nombre y resto, hijos y nietos - oráculo de Yahveh.
23 La convertiré en
patrimonio de erizos y tierra pantanosa, la barreré con escoba
exterminadora - oráculo de Yahveh Sebaot.
24 Ha jurado Yahveh Sebaot
diciendo: «Tal como lo había ideado, así fue. Y como lo planeé, así
se cumplirá:
25 Quebrantaré a Asur en
mi tierra, sobre mis montes le pisotearé. Se apartará su yugo de
sobre ellos, su fardo de sobre sus hombros se apartará.»
26 Este es el plan tocante
a toda la tierra, y ésta la mano extendida sobre las naciones.
27 Si Yahveh Sebaot toma
una decisión, ¿quién la frustrará? Si él extiende su mano, ¿quién se
la hará retirar?
28 El año en que murió el
rey Ajaz hubo esta oráculo:
29 No te alegres, Filistea
toda, porque se haya quebrado la vara del que te hería; pues de raíz
de culebra saldrá víbora, y su fruto será dragón volador.
30 Los débiles pacerán en
mis pastos y los pobres en seguro se acostarán, mientras que haré
morir de hambre tu posteridad, y mataré lo que de ti reste
31 ¡Ulula, puerta! ¡grita,
ciudad! ¡derrítete, Filistea toda, que del norte una humareda viene,
y nadie deserta en sus columnas!
32 ¿Y qué se responderá a
los mensajeros de esa gente?: «Que Yahveh fundó a Sión, y en ella se
refugiarán los pobres de su pueblo.»
Isaías 15
1 Oráculo sobre Moab.
Porque de noche ha sido saqueada, Ar Moab ha perecido Porque de
noche ha sido saqueada, Quir Moab ha perecido.
2 Subía la hija de Dibbón
a los oteros llorando: sobre el Nebo y sobre Medba Moab ulula. En
todas sus cabezas, calvicie; toda barba, raída.
3 En sus calles se han
ceñido sayal, sobre sus azoteas y en sus plazas todo el mundo ulula,
baja llorando.
4 Gritaban Jesbón y Elalé,
hasta Yahas se oía su voz. Por eso los guerreros de Moab tiemblan,
su alma le tiembla dentro.
5 Su corazón por Moab
clama, sus fugitivos van hasta Soar (Eglat Selisiyyá). ¡La cuesta de
Lujit la suben llorando, y por el camino de Joronáyim dan gritos
desgarrados!
6 ¡Las aguas de Nimrim son
un sequedal, y se ha secado la hierba, se agostó el césped, no hay
verdor!
7 Por eso hicieron
ahorros... y sus reservas allende el arroyo de los Sauces se las
llevan.
8 ¡Los gritos han rodeado
las fronteras de Moab; hasta Egláyim llega su ulular, en Beer Elim
su ulular!
9 ¡Las aguas de Dimón van
llenas de sangre! ¡Aún más añadiré sobre Dimón! ¡Contra los
escapados de Moab, y contra los que queden en su suelo un león!
Isaías 16
1 Enviad corderos al señor
del país desde la Roca del Desierto al monte de la hija de Sión.
2 Como aves espantadas,
nidada dispersa, serán las hijas de Moab cabe los vados del Arnón.
3 Presenta algún plan,
toma una decisión. Haz tu sombra como la noche en pleno mediodía;
esconde a los acosados, al fugitivo no delates.
4 Acójanse en ti los
acosados de Moab; sé para ellos cobijo ante el devastador. Cuando no
queden tiranos, acabe la devastación, y desaparezcan del país los
opresores,
5 será establecido sobre
la piedad el trono, y se sentará en él con lealtad - en la tienda de
David - un juez que busque el derecho, y sea presto a la justicia.
6 Hemos oído la arrogancia
de Moab: ¡una gran arrogancia! Su altanería, su arrogancia y su
furor y sus bravatas sin fuerza.
7 Por eso, que ulule Moab
por Moab; ulule todo él. Por los panes de uvas de Quir Jaréset
gimen: «¡Ay, abatidos!»
8 Pues la campiña de
Jesbón se ha marchitado, el viñedo de Sibmá, cuyas cepas majaron los
señores de las gentes. Hasta Yazer alcanzaban, se perdían por el
desierto, sus frondas se extendían, pasaban la mar.
9 Por eso voy a llorar
como llora Yazer, viña de Sibmá. Te regaré con mis lágrimas, Jesbón
y Elalé, porque sobre tu cosecha y sobre tu segada se ha extinguido
el clamor,
10 y se retira del vergel
alegría y alborozo, y en las viñas no se lanzan cantos de júbilo, ni
gritos. Vino en los lagares no pisa el pisador: el clamor ha cesado.
11 Por eso mis entrañas
por Moab como el arpa resuenan, y mi interior por Quir Jeres.
12 Luego, cuando vea Moab
que se cansa sobre el alto, entrará a su santuario a orar, pero nada
podrá.
13 Esta es la palabra que
en un tiempo pronunció Yahveh acerca de Moab.
14 Y ahora ha hablado
Yahveh diciendo: «Dentro de tres años, como años de jornalero, será
despreciada la gloria de Moab con toda su numerosa muchedumbre, y el
resto será pequeñísimo, insignificante.»
Isaías 17
1 Oráculo contra Damasco.
He aquí que Damasco deja de ser ciudad, y va a ser montón de
derribo.
2 Abandonadas sus ciudades
para siempre, serán para los ganados; se acostarán allí y no habrá
quien los espante.
3 Dejará de existir el
baluarte de Efraím y el reinado de Damasco, y el resto de Aram
vendrá a ser como la gloria de los israelitas - oráculo de Yahveh
Sebaot -.
4 Aquel día, será
debilitada la gloria de Jacob, y su gordura enflaquecerá.
5 Será como cuando apuña
un segador la mies, y su brazo las espigas siega; será como
espigador en el valle de Refaím,
6 - que quedan en él
rebuscos -; como en el vareo del olivo: dos, tres bayas en la punta
de la guía; cuatro, cinco en sus ramas fructíferas - oráculo de
Yahveh, el Dios de Israel -.
7 Aquel día se dirigirá el
hombre a su Hacedor, y sus ojos hacia el Santo de Israel mirarán.
8 No se fijará en los
altares, obras de sus manos, ni lo que hicieron sus dedos mirará:
los cipos y las estelas solares.
9 Aquel día estarán tus
ciudades abandonadas, como cuando el abandono de los bosques y
matorrales, ante los hijos de Israel: habrá desolación.
10 Porque olvidaste a Dios
tu salvador, y de la Roca de tu fortaleza no te acordaste. Por eso
plantabas plantíos deleitosos, y de mugrón extranjero los sembraste.
11 Hoy tu plantío veías
crecer, y florecer desde la mañana tu simiente. Pero desaparecerá la
mies el día de la enfermedad, y el dolor será incurable.
12 ¡Ay!, bramar de muchos
pueblos, como bramar de mares braman. Retumbar de naciones que
retumban como retumbo de crecidas aguas.
13 (De naciones que
retumban como retumbo de crecidas aguas.) Pero él las increpa, y de
lejos huyen, y son perseguidas como el tamo de los montes por el
viento, y como torbellino por el huracán.
14 A la hora del atardecer
se presenta el miedo, antes de la mañana ya no existen. Esea sea la
parte de nuestros despojadores, la suerte de nuestros saqueadores.
Isaías 18
1 ¡Ay, tierra de susurro
de alas, la de allende los ríos de Kus,
2 la que envía por mar
embajadores, y en barcos de juncos sobre la haz de las aguas! Id,
mensajeros ligeros, a la nación esbelta y de brillante piel, al
pueblo temible desde siempre, nación vigorosa y dominadora, cuya
tierra surcan ríos.
3 Todos los moradores del
orbe y habitantes de la tierra, al izarse pendón en los montes,
mirad, al tañerse el cuerno, escuchad;
4 que así me ha dicho
Yahveh: Estaré quedo y observaré desde mi puesto, como calor
ardiente al brillar la luz, como nube de rocío en el calor de la
siega.
5 Pues antes de la siega,
al acabar la floración, cuando su fruto en cierne comience a
madurar, cortará los sarmientos con la podadera y los pámpanos
viciosos arrancará y podará.
6 Serán dejados juntamente
a merced de las aves rapaces de los montes y de las bestias de la
tierra; pasarán allí el verano las rapaces y toda bestia terrestre
allí invernará.
7 En aquel tiempo se
presentará un obsequio a Yahveh Sebaot, al lugar del nombre de
Yahveh Sebaot, el monte Sión, de parte de un pueblo esbelto y de
brillante piel, y de parte de un pueblo temible desde siempre,
nación vigorosa y dominadora, cuya tierra surcan ríos.
Isaías 19
1 Oráculo contra Egipto.
Allá va Yahveh cabalgando sobre nube ligera y entra en Egipto, se
tambalean los ídolos de Egipto ante él y el corazón de Egipto se
derrite en su interior.
2 Revolveré a egipcios
contra egipcios, peleará cada cual con su hermano, y cada uno con su
compañero, ciudad contra ciudad, reino contra reino.
3 Se trastornará el
espíritu de Egipto en su interior, y sus planes anularé. Consultarán
a los ídolos, a los brujos, a los nigromantes y los adivinos.
4 Entregaré a Egipto en
manos de un señor duro, y un rey cruel los dominará - oráculo del
Señor Yahveh Sebaot -.
5 Se desecarán las aguas
del mar, y el Río se secará y quedará seco; hederán los ríos,
6 menguarán y se secarán
los canales de Egipto. La caña y el junco se marchitarán.
7 Los prados junto al
canal, junto al borde del canal, y todo sembrado del canal se
secarán, serán aventados y desaparecerán.
8 Gemirán los pescadores,
y se lamentarán todos los que echan en el canal anzuelo; y los que
extienden red sobre las aguas, languidecerán.
9 Estarán confusos los que
trabajan el lino, cardadoras y tejedores palidecerán.
10 Estarán sus tejedores
abatidos, todos los jornaleros desanimados.
11 En verdad, están locos
los príncipes de Soán, los sabios consejeros de Faraón forman un
estúpido consejo. ¿Cómo decís a Faraón: «Hijo de sabios soy, hijo de
reyes antiguos?»
12 Pues entonces, ¿dónde
están tus sabios? Que te manifiesten, pues, y te hagan conocer lo
que ha planeado Yahveh Sebaot tocante a Egipto.
13 Han enloquecido los
príncipes de Soán, han sido engañados los príncipes de Nof; los
jefes de sus tribus extravían a Egipto.
14 Yahveh ha infundido en
ellos espíritu de vértigo que hace dar tumbos a Egipto en todas sus
empresas, como se tambalea el ebrio en su vomitona.
15 Y no le sale bien a
Egipto empresa alguna que haga la cabeza o la cola, la palmera o el
junco.
16 Aquel día será Egipto
como las mujeres. Temblará y se espantará cada vez que Yahveh Sebaot
menee su mano contra él.
17 El territorio de Judá
será la afrenta de Egipto: cada vez que se lo mienten, se espantará
ante los planes que Yahveh Sebaot está trazando contra él.
18 Aquel día habrá cinco
ciudades en tierra de Egipto que hablarán la lengua de Canaán y que
jurarán por Yahveh Sebaot: Ir Haheres se llamará una de ellas.
19 Aquel día habrá un
altar de Yahveh en medio del país de Egipto y una estela de Yahveh
junto a su frontera.
20 Estará como señal y
testimonio de Yahveh Sebaot en el país de Egipto. Cuando clamen a
Yahveh a causa de los opresores, les enviará un libertador que los
defenderá y librará.
21 Será conocido Yahveh de
Egipto, y conocerá Egipto a Yahveh aquel día, le servirán con
sacrificio y ofrenda, harán votos a Yahveh y los cumplirán.
22 Yahveh herirá a Egipto,
pero al punto le curará. Se convertirán a Yahveh, y él será propicio
y los curará.
23 Aquel día habrá una
calzada desde Egipto a Asiria. Vendrá Asur a Egipto y Egipto a
Asiria, y Egipto servirá a Asur.
24 Aquel día será Israel
tercero con Egipto y Asur, objeto de bendición en medio de la
tierra,
25 pues le bendecirá
Yahveh Sebaot diciendo: «Bendito sea mi pueblo Egipto, la obra de
mis manos Asur, y mi heredad Israel.»
Isaías 20
1 El año en que vino el
copero mayor a Asdod - cuando le envió Sargón, rey de Asur, y atacó
a Asdod y la tomó -,
2 en aquella sazón habló
Yahveh por medio de Isaías, hijo de Amós, en estos términos: «Ve y
desata el sayal de tu cintura, y quítate las sandalias de los
pies.» El lo hizo así, y anduvo desnudo y descalzo.
3 Dijo Yahveh: «Así como
ha andado mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años como señal y
presagio respecto a Egipto y Kus,
4 así conducirá el rey de
Asur a los cautivos de Egipto y a los deportados de Kus, mozos y
viejos, desnudos, descalzos y nalgas al aire - desnudez de Egipto.
5 Se quedarán asustados y
confusos por Kus, su esperanza, y por Egipto, su prez.
6 Y dirán los habitantes
de esta costa aquel día: «Ahí tenéis en qué ha parado la esperanza
nuestra, adonde acudíamos en busca de auxilio para librarnos del rey
de Asur. Pues ¿cómo nos escaparemos nosotros?
Isaías 21
1 Oráculo sobre el
Desierto Marítimo. Como torbellinos pasando por el Négueb vienen del
desierto, del país temible.
2 Una visión dura me ha
sido mostrada: El saqueador saquea y el devastador devasta. Sube
Elam; asedia, Media. He hecho cesar todo suspiro.
3 Por eso mis riñones se
han llenado de espanto. En mí hacen presa dolores, como dolores de
parturienta. Estoy pasmado sin poder oír, me estremezco sin ver.
4 He perdido el sentido,
escalofríos me sobrecogen. El crepúsculo de mis anhelos se me
convierte en sobresalto.
5 Se prepara la mesa, se
despliega el mantel, se come y se bebe. - ¡Levantaos, jefes,
engrasad el escudo!
6 Pues así me ha dicho el
Señor: «Anda, pon un vigía que vea y avise.
7 Cuando vea carros,
troncos de caballos, jinetes en burro, jinetes en camello, preste
atención, mucha atención.»
8 Y exclamó el vigía:
«Sobre la atalaya, mi señor, estoy firme a lo largo del día, y en mi
puesto de guardia estoy firme noches enteras.
9 Pues bien: por ahí
vienen jinetes, troncos de caballos.» Replicó y dijo: «¡Cayó, cayó
Babilonia, y todas las estatuas de sus dioses se han estrellado
contra el suelo!»
10 Trilla mía y parva de
mi era: lo que he oído de parte de Yahveh Sebaot, Dios de Israel, os
lo he anunciado.
11 Oráculo sobre Duma.
Alguien me grita desde Seír: «Centinela, ¿qué hay de la noche?
centinela, ¿qué hay de la noche?»
12 Dice el centinela: «Se
hizo de mañana y también de noche. Si queréis preguntar, volveos,
venid.»
13 Oráculo en la estepa.
En el bosque, en la estepa, haced noche, caravanas de dedanitas.
14 Al encuentro del
sediento llevad agua, habitantes del país de Temá; salid con pan al
encuentro del fugitivo.
15 Pues de las espadas
huyen, de la espada desnuda, del arco tendido, de la pesadumbre de
la guerra.
16 Pues así me ha dicho el
Señor: «Al cabo de un año como año de jornalero se habrá consumido
toda la gloria de Quedar.
17 Del resto de los
arqueros, de los paladines, de los bravos de los hijos de Quedar,
quedarán pocos, porque Yahveh, Dios de Israel, lo ha dicho.»
Isaías 22
1 Oráculo contra el valle
de la Visión. ¿Qué tienes ahora, que has subido en pleno a las
azoteas,
2 de rumores henchida,
ciudad alborotada, villa bullanguera? Tus caídos no son caídos a
espada ni muertos en guerra.
3 Todos sus jefes huyeron
a una: del arco escapaban. Todos tus valientes fueron apresados a
una: lejos huían.
4 Por eso he dicho:
«¡Apartaos de mí! Voy a llorar amargamente. No os empeñéis en
consolarme por la devastación de la hija de mi pueblo.»
5 Porque es día de
perturbación, de extravío y de aplastamiento para el Señor Yahveh
Sebaot. En el valle de la Visión se zapa un muro y el grito de
socorro llega a la montaña,
6 Elam lleva el carcaj,
Aram monta a caballo, Quir desnuda el escudo.
7 Tus mejores valles se
vieron llenos de carros, y los de a caballo formaron frente a la
puerta.
8 Entonces cayó la defensa
de Judá. Contemplasteis aquel día el arsenal de la Casa del Bosque.
9 Y las brechas de la
ciudad de David visteis que eran muchas, y reunisteis las aguas de
la alberca inferior.
10 Las casas de Jerusalén
contasteis, y demolisteis casas para fortificar la muralla.
11 Un estanque hicisteis
entre ambos muros para las aguas de la alberca vieja; pero no os
fijasteis en su Hacedor, al que desde antiguo lo ideó de lejos no le
visteis.
12 Llamaba el Señor Yahveh
Sebaot aquel día a lloro y a lamento y a raparse y ceñirse de sayal,
13 mas lo que hubo fue
jolgorio y alegría, matanza de bueyes y degüello de ovejas, comer
carne y beber vino: «¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!»
14 Entonces me reveló al
oído Yahveh Sebaot: «No será expiada esa culpa hasta que muráis» -
ha dicho el Señor Yahveh Sebaot -.
15 Así dice el Señor
Yahveh Sebaot: Preséntate al mayordomo, a Sebná, encargado del
palacio,
16 el que labra en alto su
tumba, el que se talla en la peña una morada: «¿Qué es tuyo aquí y a
quién tienes aquí, que te has labrado aquí una tumba?»
17 He aquí que Yahveh te
hace rebotar, hombre, y te vuelve a agarrar.
18 Te enrolla en ovillo,
como una pelota en tierra de amplios espacios. Allí morirás, y allí
irán tus carrozas gloriosas, vergüenza del palacio de tu señor.
19 Te empujaré de tu
peana y de tu pedestal te apearé.
20 Aquel día llamaré a mi
siervo Elyaquim, hijo de Jilquías.
21 Le revestiré de tu
túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y
será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de
Judá.
22 Pondré la llave de la
casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y
nadie abrirá.
23 Le hincaré como clavija
en lugar seguro, y será trono de gloria para la casa de su padre.
24 Colgarán allí todo lo
de valor de la casa de su padre - sus descendientes y su posteridad
-, todo el ajuar menudo, todas las tazas y cántaros.
25 Aquel día - oráculo de
Yahveh Sebaot - se removerá la clavija hincada en sitio seguro,
cederá y caerá, y se hará añicos el peso que sostenía, porque Yahveh
ha hablado.
Isaías 23
1 Oráculo sobre Tiro.
Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza.
De vuelta del país de Kittim les ha sido descubierto.
2 Quedad mudos, habitantes
de la costa, mercaderes de Sidón, cuyos viajantes atravesaban el mar
3 por las aguas inmensas.
La siembra del canal, la siega del Nilo, era su riqueza, y ella era
el mercado de las naciones.
4 Avergüénzate, Sidón,
porque ha dicho la mar: «No tuve dolores ni di a luz, ni crié
mancebos, ni eduqué doncellas.»
5 En cuanto se oiga la
nueva en Egipto, se dolerán de las nuevas de Tiro.
6 Pasad a Tarsis, ululad,
habitantes de la costa:
7 ¿Es ése vuestro emporio
arrogante, de remota antigüedad, cuyos pies le llevaron lejos en sus
andanzas?
8 ¿Quién ha planeado esto
contra Tiro, la coronada cuyos comerciantes eran príncipes, cuyos
traficantes eran nobles de la tierra?
9 Es Yahveh Sebaot quien
ha planeado profanar el orgullo de toda su magnificencia y envilecer
a todos los nobles de la tierra.
10 Cultiva tu tierra, hija
de Tarsis: no hay puerto ya.
11 Su mano extendió él
sobre la mar, hizo estremecer los reinos. Yahveh mandó respecto a
Canaán, demoler sus castillos,
12 y dijo: No vuelvas más
a rebullir, doncella oprimida, hija de Sidón. Levántate y vete a
Kittim, que tampoco allí tendrás reposo.
13 Ahí tienes la tierra de
los caldeos; no eran un pueblo; Asur la fundó para las bestias del
desierto. Levantaron torres de asalto, demolieron sus alcázares, la
convirtieron en ruinas.
14 Ululad, naves de
Tarsis, porque ha sido destruida vuestra fortaleza.
15 Aquel día quedará en
olvido Tiro durante setenta años. En los días de otro rey, al cabo
de setenta años, le sucederá a Tiro como en la canción de la ramera:
16 «Toma el arpa, rodea la
ciudad, ramera olvidada: tócala bien, canta a más y mejor, para que
seas recordada.»
17 Bien, al cabo de los
setenta años visitará Yahveh a Tiro, y ella volverá a su ganancia y
se prostituirá a todos los reinos de la tierra sobre la haz de la
tierra.
18 Será su mercadería y su
ganancia consagrada a Yahveh. No será atesorada ni almacenada, sino
que para los que moren delante de Yahveh será su mercadería, para
comer a saciedad y para cubrirse espléndidamente.
Isaías 24
1 He aquí que Yahveh
estraga la tierra, la despuebla, trastorna su superficie y dispersa
a los habitantes de ella:
2 al pueblo como al
sacerdote; al siervo como al señor; a la criada como a su señora; al
que compra como al que vende; al que presta como al prestatario; al
acreedor como a su deudor.
3 Devastada será la tierra
y del todo saqueada, porque así ha hablado Yahveh.
4 En duelo se marchitó la
tierra, se amustia, se marchita el orbe, el cielo con la tierra se
marchita.
5 La tierra ha sido
profanada bajo sus habitantes, pues traspasaron las leyes, violaron
el precepto, rompieron la alianza eterna.
6 Por eso una maldición ha
devorado la tierra, y tienen la culpa los que habitan en ella. Por
eso han sido consumidos los habitantes de la tierra, y quedan pocos
del linaje humano.
7 El mosto estaba triste,
la viña mustia: se trocaron en suspiros todas las alegrías del
corazón.
8 Cesó el alborozo de los
tímpanos, suspendióse el estrépito de los alegres, cesó el alborozo
del arpa.
9 No beben vino cantando:
amarga el licor a sus bebedores.
10 Ha quedado la villa
vacía, ha sido cerrada toda casa, y no se puede entrar.
11 Se lamentan en las
calles por el vino. Desapareció toda alegría, emigró el alborozo de
la tierra.
12 Ha quedado en la ciudad
soledad, y de desolación está herida la puerta.
13 Porque en medio de la
tierra, en mitad de los pueblos, pasa como en el vareo del olivo,
como en los rebuscos cuando acaba la vendimia.
14 Ellos levantan su voz y
lanzan hurras; la majestad de Yahveh aclaman desde el mar.
15 Por eso, en Oriente
glorificad a Yahveh, en las islas del mar el nombre de Yahveh, Dios
de Israel.
16 Desde el confín de la
tierra cánticos hemos oído: «¡Gloria al justo!» Y digo: «¡Menguado
de mí, menguado de mí! ¡Ay de mí, y de estos malvados que hacen
maldad, los malvados que han consumado la maldad!»
17 ¡Pánico, hoya y trampa
contra ti, morador de la tierra!
18 Sucederá que el que
escape del pánico, caerá en la hoya, y el que suba de la hoya, será
preso en la trampa. Porque las esclusas de lo alto han sido
abiertas, y se estremecen los cimientos de la tierra,
19 Estalla, estalla la
tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida se bambolea la tierra,
20 vacila, vacila la
tierra como un beodo, se balancea como una cabaña; pesa sobre ella
su rebeldía, cae, y no volverá a levantarse.
21 Aquel día castigará
Yahveh al ejército de lo alto en lo alto y a los reyes de la tierra
en la tierra;
22 serán amontonados en
montón los prisioneros en el pozo, serán encerrados en la cárcel y
al cabo de muchos días serán visitados.
23 Se afrentará la luna
llena, se avergonzará el pleno sol, cuando reine Yahveh Sebaot en el
monte Sión y en Jerusalén, y esté la Gloria en presencia de sus
ancianos.
Isaías 25
1 Yahveh, tú eres mi Dios,
yo te ensalzo, alabo tu nombre, porque has hecho maravillas y planes
muy de antemano que no fallan.
2 Porque has puesto la
ciudad como un majano, y la villa fortificada, hecha como una ruina;
el alcázar de orgullosos no es ya ciudad, y nunca será reedificado.
3 Por eso te glorificará
un pueblo poderoso, villa de gentes despóticas te temerá.
4 Porque fuiste fortaleza
para el débil, fortaleza para el pobre en su aprieto, parapeto
contra el temporal, sombra contra el calor. Porque el aliento de los
déspotas es como lluvia de invierno.
5 Como calor en sequedal
humillarás el estrépito de los poderosos; como el calor a la sombra
de una nube, el himno de los déspotas se debilitará.
6 Hará Yahveh Sebaot a
todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos,
convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados;
7 consumirá en este monte
el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a
todos los gentes;
8 consumirá a la Muerte
definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los
rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra,
porque Yahveh ha hablado.
9 Se dirá aquel día: «Ahí
tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahveh en
quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su
salvación.»
10 Porque la mano de
Yahveh reposará en este monte, Moab será aplastado en su sitio como
se aplasta la paja en el muladar.
11 Extenderá en medio de
él sus manos como las extiende el nadador al nadar, pero Yahveh
abajará su altivez y el esfuerzo de sus manos.
12 La fortificación
inaccesible de tus murallas derrocará, abajará, la hará tocar la
tierra, hasta el polvo.
Isaías 26
1 Aquel día se cantará
este cantar en tierra de Judá: «Ciudad fuerte tenemos; para
protección se le han puesto murallas y antemuro.
2 Abrid las puertas, y
entrará una gente justa que guarda fidelidad;
3 de ánimo firme y que
conserva la paz, porque en ti confió.
4 Confiad en Yahveh por
siempre jamás, porque en Yahveh tenéis una Roca eterna.
5 Porque él derroca a los
habitantes de los altos, a la villa inaccesible; la hace caer, la
abaja hasta la tierra, la hace tocar el polvo;
6 la pisan pies, pies de
pobres, pisadas de débiles.»
7 La senda del justo es
recta; tú allanas la senda recta del justo.
8 Pues bien, en la senda
de tus juicios te esperamos, Yahveh; tu nombre y tu recuerdo son el
anhelo del alma.
9 Con toda mi alma te
anhelo en la noche, y con todo mi espíritu por la mañana te busco.
Porque cuando tú juzgas a la tierra, aprenden justicia los
habitantes del orbe.
10 Aunque se haga gracia
al malvado, no aprende justicia; en tierra recta se tuerce, y no
teme la majestad de Yahveh.
11 Yahveh, alzada está tu
mano, pero no la ven; verán tu celo por el pueblo y se avergonzarán,
tu ira ardiente devorará a tus adversarios.
12 Yahveh, tú nos pondrás
a salvo, que también llevas a cabo todas nuestras obras.
13 Yahveh, Dios nuestro,
nos han dominado otros señores fuera de ti, pero no recordaremos
otro Nombre sino el tuyo.
14 Los muertos no vivirán,
las sombras no se levantarán, pues los has castigado, los has
exterminado y has borrado todo recuerdo de ellos.
15 Has aumentado la
nación, Yahveh, has aumentado la nación y te has glorificado, has
ampliado todos los límites del país.
16 Yahveh, en el aprieto
de tu castigo te buscamos; la angustia de la opresión era tu castigo
para nosotros.
17 Como cuando la mujer
encinta está próxima al parto sufre, y se queja en su trance, así
éramos nosotros delante de ti, Yahveh.
18 Hemos concebido,
tenemos dolores como si diésemos a luz viento; pero no hemos traído
a la tierra salvación, y no le nacerán habitantes al orbe.
19 Revivirán tus muertos,
tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los
moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra
echará de su seno las sombras.
20 Vete, pueblo mío, entra
en tus cámaras y cierra tu puerta tras de ti, escóndete un instante
hasta que pase la ira.
21 Porque he ahí a Yahveh
que sale de su lugar a castigar la culpa de todos los habitantes de
la tierra contra él; descubre la tierra sus manchas de sangre y no
tapa ya a sus asesinados.
Isaías 27
1 Aquel día castigará
Yahveh con su espada dura, grande, fuerte, a Leviatán, serpiente
huidiza, a Leviatán, serpiente tortuosa, y matará al dragón que hay
en el mar.
2 Aquel día se dirá: Viña
deliciosa, cantadla.
3 Yo, Yahveh, soy su
guardián. A su tiempo la regaré. Para que no se la castigue, de
noche y de día la guardaré.
4 - Ya no tengo muralla.
¿Quién me ha convertido en espinos y abrojos? - Yo les haré guerra y
los pisotearé, los quemaré todos a una,
5 o que se acojan a mi
amparo, que hagan la paz conmigo, que conmigo hagan la paz.
6 En los días que vienen
arraigará Jacob, echará Israel flores y frutos, y se llenará la haz
de la tierra de sus productos.
7 ¿Acaso le ha herido como
hirió a quien le hería? ¿ha sido muerto él como fueron muertos sus
matadores?
8 Te querellaste con ella
y la echaste, la despediste; la echó con su aliento áspero como
viento de Oriente.
9 En verdad, con esto
sería expiada la culpa de Jacob, y éste sería todo el fruto capaz de
apartar su pecado; dejar todas las piedras que le sirven de ara de
altar como piedras de cal desmenuzadas. Cipos y estelas del sol no
se erigirán,
10 pues la ciudad
fortificada ha quedado solitaria, mansión dejada y abandonada como
un desierto donde el novillo pace, se tumba y ramonea.
11 Cuando se seca su
ramaje es quebrado en astillas: vienen mujeres y le prenden fuego.
Por no ser éste un pueblo inteligente, por eso no le tiene piedad su
Hacedor, su Plasmador no le otorga gracia.
12 Aquel día vareará
Yahveh desde la corriente del Río hasta el torrente de Egipto, y
vosotros seréis reunidos de uno en uno, hijos de Israel.
13 Aquel día se tocará un
cuerno grande, y vendrán los perdidos por tierra de Asur y los
dispersos por tierra de Egipto, y adorarán a Yahveh en el monte
santo de Jerusalén.
Isaías 28
1 ¡Ay, corona de
arrogancia - borrachos de Efraím - y capullo marchito - gala de su
adorno - que está en el cabezo del valle fértil, aficionados al
vino!
2 He aquí que uno, fuerte
y robusto, enviado por el Señor, como una granizada, como huracán
devastador, como aguacero torrencial de desbordadas aguas, los
echará a tierra con la mano.
3 Con los pies será
hollada la corona de arrogancia, los borrachos de Efraím,
4 y el capullo marchito,
gala de su adorno, que está en el cabezo del valle fértil; y serán
como la breva que precede al verano, que, en cuanto la ve uno, la
toma con la mano y se la come.
5 Aquel día será Yahveh
Sebaot corona de gala, diadema de adorno para el resto de su pueblo,
6 espíritu de juicio para
el que se siente en el tribunal, y energía para los que rechazan
hacia la puerta a los atacantes.
7 También ésos por el vino
desatinan y por el licor divagan: sacerdotes y profetas desatinan
por el licor, se ahogan en vino, divagan por causa del licor,
desatinan en sus visiones, titubean en sus decisiones.
8 Porque todas las mesas
están cubiertas de vómito asqueroso, sin respetar sitio.
9 «¿A quién se instruirá
en el conocimiento? ¿a quién se le hará entender lo que oye? A los
recién destetados, a los retirados de los pechos.
10 Porque dice: = Sau la
sau, sau la sau, cau la cau, cau la cau, zeer sam, zeer sam. =»
11 Sí, con palabras
extrañas y con lengua extranjera hablará a este pueblo
12 él, que les había
dicho: «¡Ahora, descanso! Dejad reposar al fatigado. ¡Ahora, calma!»
Pero ellos no han querido escuchar.
13 Ahora Yahveh les dice:
«= Sau la sau, sau la sau, cau la cau, cau la cau, zeer sam, zeer
sam =», de suerte que vayan y caigan hacia atrás y se fracturen,
caigan en la trampa y sean presos.
14 Por tanto oíd la
palabra de Yahveh, hombres burlones, señores de este pueblo de
Jerusalén.
15 Porque habéis dicho:
«Hemos celebrado alianza con la muerte, y con el seol hemos hecho
pacto, cuando pasare el azote desbordado, no nos alcanzará, porque
hemos puesto la mentira por refugio nuestro y en el engaño nos hemos
escondido.»
16 Por eso, así dice el
Señor Yahveh: «He aquí que yo pongo por fundamento en Sión una
piedra elegida, angular, preciosa y fundamental: quien tuviere fe en
ella no vacilará.
17 Pondré la equidad como
medida y la justicia como nivel.» Barrerá el granizo el refugio de
mentira y las aguas inundarán el escondite.
18 Será rota vuestra
alianza con la muerte y vuestro pacto con el seol no se mantendrá.
Cuando pasare el azote desbordado, os aplastará.
19 Siempre que pase os
alcanzará. Porque mañana tras mañana pasará, de día y de noche, y
habrá estremecimiento sólo con oírlo.
20 La cama será corta para
poder estirarse y el cobertor será estrecho para poder taparse.
21 Porque como en el monte
Perasim surgirá Yahveh, como en el valle de Gabaón se enfurecerá
para hacer su acción, su extraña acción, y para trabajar su trabajo,
su exótico trabajo.
22 Ahora no os burléis, no
sea que se aprieten vuestras ligaduras. Porque cosa concluida y
decidida he oído de parte de Yahveh Sebaot, tocante a toda la
tierra.
23 Escuchad y oíd mi voz,
atended y oíd mi palabra.
24 ¿Acaso cada día ara al
arador para sembrar, abre y rompe su terreno?
25 Luego que ha igualado
su superficie, ¿no esparce la neguilla, y desparrama el comino, y
pone trigo, cebada y espelta, cada cosa en su tablar?
26 Quien le enseña esta
usanza, quien le instruye es su Dios.
27 Porque no con el trillo
es trillada la neguilla, ni se hace girar rueda de carreta sobre el
comino; sino que con el bastón es apaleada la neguilla, y el comino
con la vara.
28 ¿Se tritura el grano?
No. No se le trilla indefinidamente; se hace girar la rueda de la
carreta, y se le limpia, pero sin triturarlo.
29 También esto de Yahveh
Sebaot ha salido: trazar un plan maravilloso, llevar a un gran
acierto.
Isaías 29
1 ¡Ay, Ariel, Ariel, villa
donde acampó David! Añadid año sobre año, las fiestas completen su
ciclo,
2 y pondré en angustias a
Ariel, y habrá llanto y gemido. Ella será para mí un Ariel;
3 acamparé en círculo
contra ti, estrecharé contra ti la estacada, y levantaré contra ti
trinchera;
4 serás abatida, desde la
tierra hablarás, por el polvo será ahogada tu palabra, tu voz será
como un espectro de la tierra, y desde el polvo tu palabra será como
un susurro.
5 Y será como polvareda
fina la turba de tus soberbios, y como tamo que pasa la turba de tus
potentados. Sucederá que, de un momento a otro,
6 de parte de Yahveh
Sebaot serás visitada con trueno, estrépito y estruendo, turbión,
ventolera y llama de fuego devoradora,
7 Será como un sueño,
visión nocturna, la turba de todas las gentes que guerrean contra
Ariel, todas sus milicias y las máquinas de guerra que la oprimen.
8 Será como cuando el
hambriento sueña que está comiendo, pero despierta y tiene el
estómago vacío; como cuando el sediento sueña que está bebiendo,
pero se despierta cansado y sediento. Así será la turba de todas las
gentes, que guerrean contra el monte Sión.
9 Idiotizaos y quedad
idiotas, cegaos y quedad ciegos; emborrachaos, pero no de vino,
tambaleaos, y no por el licor.
10 Porque ha vertido sobre
vosotros Yahveh espíritu de sopor, he pegado vuestros ojos
(profetas) y ha cubierto vuestras cabezas (videntes).
11 Toda revelación será
para vosotros como palabras de un libro sellado, que da uno al que
sabe leer diciendo: «Ea, lee eso»; y dice el otro: «No puedo, porque
está sellado»;
12 y luego pone el libro
frente a quien no sabe leer, diciendo: «Ea, lee eso»; y dice éste:
«No sé leer»
13 Dice el Señor: Por
cuanto ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me han honrado
con sus labios, mientras que su corazón está lejos de mí, y el temor
que me tiene son preceptos enseñados por hombres,
14 por eso he aquí que yo
sigo haciendo maravillas con ese pueblo, haciendo portentosas
maravillas; perderé la sabiduría de sus sabios, y eclipsaré el
entendimiento de sus entendidos.
15 Ay de los que se
esconden de Yahveh para ocultar sus planes, y ejecutan sus obras en
las tinieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, quién nos conoce?»
16 ¡Qué error el vuestro!
¿Es el alfarero como la arcilla, para que diga la obra a su hacedor:
«No me ha hecho», y la vasija diga de su alfarero: «No entiende el
oficio?»
17 ¿Acaso no falta sólo un
poco, para que el Líbano se convierta en vergel, y el vergel se
considere una selva?
18 Oirán aquel día los
sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la
oscuridad los ojos de los ciegos las verán,
19 los pobres volverán a
alegrarse en Yahveh, y los hombres más pobres en el Santo de Israel
se regocijarán.
20 Porque se habrán
terminado los tiranos, se habrá acabado el hombre burlador, y serán
exterminados todos los que desean el mal;
21 los que declaran
culpable a otro con su palabra, y tienden lazos al que juzga en la
puerta, y desatienden al justo por una nonada.
22 Por tanto, así dice
Yahveh, Dios de la casa de Jacob, el que rescató a Abraham: «No se
avergonzará en adelante Jacob, ni en adelante su rostro palidecerá;
23 porque en viendo a sus
hijos, las obras de mis manos, en medio de él, santificarán mi
Nombre.» Santificarán al Santo de Jacob, y al Dios de Israel tendrán
miedo.
24 Los descarriados
alcanzarán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.
Isaías 30
1 ¡Ay de los hijos
rebeldes - oráculo de Yahveh - para ejecutar planes, que no son
míos, y para hacer libaciones de alianza, mas no a mi aire,
amontonando pecado sobre pecado!
2 Los que bajan a Egipto
sin consultar a mi boca, para buscar apoyo en la fuerza de Faraón y
ampararse a la sombra de Egipto.
3 La fuerza del Faraón se
os convertirá en vergüenza, y el amparo de la sombra de Egipto, en
confusión.
4 Cuando estuvieron en
Soán sus jefes, y cuando sus emisarios llegaron a Janés,
5 todos llevaron presentes
a un pueblo que les será inútil, a un pueblo que no sirve de ayuda -
ni de utilidad - sino de vergüenza y de oprobio.
6 Oráculo sobre los
animales del Négueb. Por tierra de angustia y aridez, de leona y de
león rugiente, de áspid y dragón volador, llevan a lomos de pollinos
su riqueza, y sobre jiba de camellos sus tesoros hacia un pueblo que
no les será útil,
7 a Egipto, cuyo apoyo es
huero y vano. Por eso he llamado a ese pueblo «Ráhab la cesante.»
8 Ahora ven, escríbelo en
una tablilla, grábalo en un libro, y que dure hasta el último día,
para testimonio hasta siempre:
9 Que es un pueblo terco,
criaturas hipócritas, hijos que no aceptan escuchar la instrucción
de Yahveh;
10 que han dicho a los
videntes: «No veáis»; y a los visionarios: «No veáis para nosotros
visiones verdaderas; habladnos cosas halagüeñas, contemplad
ilusiones.
11 Apartaos del camino,
desviaos de la ruta, dejadnos en paz del Santo de Israel.»
12 Por tanto, así dice el
Santo de Israel: Por cuanto habéis rechazado vosotros esta palabra,
y por cuanto habéis fiado en lo torcido y perverso y os habéis
apoyado en ello,
13 por eso será para
vosotros esta culpa como brecha ruinosa en una alta muralla, cuya
quiebra sobrevendrá de un momento a otro,
14 y va a ser su quiebra
como la de una vasija de alfarero, rota sin compasión, en la que al
romperse no se encuentra una sola tejoleta bastante grande para
tomar fuego del hogar o para extraer agua del aljibe.
15 Porque así dice el
Señor Yahveh, el Santo de Israel: «Por la conversión y calma seréis
liberados, en el sosiego y seguridad estará vuestra fuerza.» Pero no
aceptasteis,
16 sino que dijisteis:
«No, huiremos a caballo.» ¡Pues, bien, huid! Y «sobre rápidos carros
montaremos». ¡Pues bien, rápidamente seréis perseguidos!
17 Mil temblarán ante la
amenaza de uno solo; ante la amenaza de cinco huiréis, hasta que
seáis dejados como mástil en la cúspide del monte y como gallardete
sobre una colina.
18 Sin embargo aguardará
Yahveh para haceros gracia, y así se levantará para compadeceros,
porque Dios de equidad es Yahveh: ¡dichosos todos los que en él
esperan!
19 Sí, pueblo de Sión que
habitas en Jerusalén, no llorarás ya más; de cierto tendrá piedad de
ti, cuando oiga tu clamor; en cuanto lo oyere, te responderá.
20 Os dará el Señor pan de
asedio y aguas de opresión, y después no será ya ocultado el que te
enseña; con tus ojos verás al que te enseña,
21 y con tus oídos oirás
detrás de ti estas palabras: «Ese es el camino, id por él», ya sea a
la derecha, ya a la izquierda.
22 Declararás impuro el
revestimiento de tus ídolos de plata y el ornato de tus imágenes
fundidas en oro. Los rechazarás como paño inmundo: «¡Fuera de
aquí!», les dirás.
23 El dará lluvia a tu
sementera con que hayas sembrado el suelo, y la tierra te producirá
pan que será pingüe y sustancioso. Pacerán tus ganados aquel día en
pastizal dilatado;
24 los bueyes y asnos que
trabajan el suelo comerán forraje salado, cribado con bieldo y con
criba.
25 Habrá sobre todo monte
alto y sobre todo cerro elevado manantiales que den aguas perennes,
el día de la gran matanza, cuando caigan las fortalezas.
26 Será la luz de la luna
como la luz del sol meridiano, y la luz del sol meridiano será siete
veces mayor - con luz de siete días - el día que vende Yahveh la
herida de su pueblo y cure la contusión de su golpe.
27 He aquí que el nombre
de Yahveh viene de lejos, ardiente su ira y pesada su opresión. Sus
labios llenos están de furor, su lengua es como fuego que devora,
28 y su aliento como
torrente desbordado que cubre hasta el cuello. Cribará a las
naciones con criba nefasta, pondrá el bocado de sus bridas en la
mandíbula de sus pueblos.
29 Vosotros cantaréis como
en la noche de santificar fiesta; se os alegrará el corazón como el
de quien va al son de flauta a entrar en el monte de Yahveh, a la
Peña de Israel.
30 Hará oír Yahveh la
majestad de su voz, y mostrará la descarga de su brazo con ira
inflamada y llama de fuego devoradora, turbión, aguacero y granizo.
31 Pues por la voz de
Yahveh será hecho añicos Asur: con un bastón le golpeará.
32 A cada pasada de la
vara de castigo que Yahveh descargue sobre él - con adufes y con
arpas - y con guerras de sacudir las manos guerreará contra él.
33 Porque de antemano está
preparado un Tófet - también para el rey - un foso profundo y ancho;
hay paja y madera en abundancia. El aliento de Yahveh, cual torrente
de azufre, lo enciende.
Isaías 31
1 ¡Ay, los que bajan a
Egipto por ayuda! En la caballería se apoyan, y fían en los carros
porque abundan y en los jinetes porque son muchos; mas no han puesto
su mirada en el Santo de Israel, ni a Yahveh han buscado.
2 Pero también él es
sabio, hará venir el mal, y no retirará sus palabras; se levantará
contra la casa de los malhechores y contra la ayuda de los que obran
la iniquidad.
3 En cuanto a Egipto, es
humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu; Yahveh
extenderá su mano, tropezará el ayudador y caerá el ayudado y todos
a una perecerán.
4 Porque así me ha dicho
Yahveh: Como ruge el león y el cachorro sobre su presa, y cuando se
convoca contra él a todos los pastores, de sus voces no se intimida,
ni de su tumulto se apoca: tal será el descenso de Yahveh Sebaot
para guerrear sobre el monte Sión y sobre su colina.
5 Como pájaros que vuelan,
así protegerá Yahveh Sebaot a Jerusalén, protegerá y librará,
perdonará y salvará.
6 Volveos a aquel de quien
profundamente os apartasteis, hijos de Israel.
7 Porque aquel día
repudiará cada uno las divinidades de plata y las divinidades de oro
que hicieron vuestras manos pecadoras.
8 Caerá Asur por espada no
de hombres, y por espada no humana serán devorados; se dará a la
fuga ante la espada, y sus mejores guerreros serán destinados a
trabajos.
9 Aterrado, abandonará su
tropa, y sus jefes espantados abandonarán su estandarte. Oráculo de
Yahveh, que tiene fuego en Sión, y horno en Jerusalén.
Isaías 32
1 He aquí que para hacer
justicia reinará un rey, y los jefes juzgarán según derecho.
2 Será cada uno como un
sitio abrigado contra el viento y a cubierto del temporal; como
fluir de aguas en sequedal, como sombra de peñón en tierra agostada.
3 No se cerrarán los ojos
de los videntes, y los oídos de los que escuchan percibirán;
4 el corazón de los
alocados se esforzará en aprender, y la lengua de los tartamudos
hablará claro y ligero.
5 No se llamará ya noble
al necio, ni al desaprensivo se le llamará magnífico.
6 Porque el necio dice
necedades y su corazón medita el mal, haciendo impiedad y
profiriendo contra Yahveh desatinos, dejando vacío el estómago
hambriento y privando de bebida al sediento.
7 Cuanto al desaprensivo,
sus tramas son malas, se dedica a inventar maquinaciones para
sorprender a los pobres con palabras engañosas, cuando el pobre
expone su causa.
8 Mientras que el noble
medita nobles cosas, y en las cosas nobles está firme.
9 Mujeres indolentes,
¡arriba!, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi palabra.
10 Dentro de un año y
algunos días temblaréis las que confiáis, pues se habrá acabado la
vendimia para no volver más.
11 Espantaos, indolentes,
temblad, confiadas, desvestíos, desnudaos, ceñid vuestra cintura,
12 golpeaos el pecho, por
los campos atrayentes, por las viñas fructíferas.
13 Sobre el solar de mi
pueblo zarza y espino crecerá, y también sobre todas las casas de
placer de la villa alegre,
14 porque el alcázar habrá
sido abandonado, el genio de la ciudad habrá desaparecido; Ofel y el
Torreón quedarán en adelante vacíos por siempre, para delicia de
asnos y pastizal de rebaños.
15 Al fin será derramado
desde arriba sobre nosotros espíritu. Se hará la estepa un vergel, y
el vergel será considerado como selva.
16 Reposará en la estepa
la equidad, y la justicia morará en el vergel;
17 el producto de la
justicia será la paz, el fruto de la equidad, una seguridad
perpetua.
18 Y habitará mi pueblo en
albergue de paz, en moradas seguras y en posadas tranquilas.
19 - La selva será abatida
y la ciudad hundida.
20 Dichosos vosotros, que
sembraréis cabe todas las corrientes, y dejaréis sueltos el buey y
el asno.
Isaías 33
1 ¡Ay, tú que saqueas, y
no has sido saqueado, que despojas, y no has sido despojado! En
terminando tú de saquear, serás saqueado; así que acabes de
despojar, serás despojado;
2 Yahveh, ten piedad de
nosotros, en ti esperamos. Sé nuestro brazo por las mañanas y
nuestra salvación en tiempo de apretura.
3 Al fragor del estrépito
se dispersan los pueblos, al alzarte tú se desperdigan las gentes,
4 se amontona el botín
como quien amontona saltamontes, se abalanzan sobre él, como se
abalanzan las langostas.
5 Exaltado sea Yahveh,
pues reposa en lo alto; llene a Sión de equidad y de justicia.
6 Sean tus días estables;
la riqueza que salva son la sabiduría y la ciencia, el temor de
Yahveh sea tu tesoro.
7 ¡Mirad! Ariel se lamenta
por las calles, los embajadores de paz amargamente lloran.
8 Han quedado desiertas
las calzadas, ya no hay transeúntes por los caminos. Han violado la
alianza, han recusado los testimonios, no se tiene en cuenta a
nadie.
9 La tierra está en duelo,
languidece; el líbano está ajado y mustio. Ha quedado el Sarón como
la estepa, se van pelando el Basán y el Carmelo.
10 «Ahora me levanto -
dice Yahveh - ahora me exalto, ahora me elevo.
11 Concebiréis forraje,
pariréis paja, y mi soplo como fuego os devorará;
12 los pueblos serán
calcinados, espinos cercenados que en fuego arderán.
13 Oíd, los alejados, lo
que he hecho; enteraos, los cercanos, de mi fuerza.»
14 Se espantaron en Sión
los pecadores, sobrecogió el temblor a los impíos: ¿Quién de
nosotros podrá habitar con el fuego consumidor? ¿quién de nosotros
podrá habitar con las llamas eternas?
15 El que anda en justicia
y habla con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que
se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se
tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para
no ver el mal.
16 Ese morará en las
alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le
dará su pan y tendrá el agua segura.
17 Tus ojos contemplarán
un rey en su belleza, verán una tierra dilatada.
18 Tu corazón musitará con
sobresalto: «¿Dónde está el que contaba, dónde el que pesaba, dónde
el que contaba torres?»
19 Y no verás al pueblo
audaz, pueblo de lenguaje oscuro, incomprensible, al bárbaro cuya
lengua no se entiende.
20 Contempla a Sión, villa
de nuestras solemnidades: tus ojos verán a Jerusalén, albergue fijo,
tienda sin trashumancia, cuyas clavijas no serán removidas nunca y
cuyas cuerdas no serán rotas.
21 Sino que allí Yahveh
será magnífico para con nosotros; como un lugar de ríos y amplios
canales, por donde no ande ninguna embarcación de remos, ni navío de
alto bordo lo atraviese.
22 (Porque Yahveh es
nuestro juez, Yahveh nuestro legislador, Yahveh nuestro rey: él nos
salvará.)
23 Se han distendido las
cuerdas, no sujetan derecho el mástil, no despliegan estandarte.
Entonces será repartido un botín numeroso: hasta los cojos tendrán
botín,
24 y no dirá ningún
habitante: «Estoy enfermo»; al pueblo que allí mora le será
perdonada su culpa.
Isaías 34
1 Acercaos, naciones, a
oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el orbe
y cuanto en él brota,
2 que ira tiene Yahveh
contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las
ha anatematizado, las ha entregado a la matanza.
3 Sus heridos yacen
tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean
sangre;
4 se esfuma todo el
ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo
su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una
hoja mustia de higuera.
5 Porque se ha
emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende sobre Edom y
sobre el pueblo de mi anatema para hacer justicia.
6 La espada de Yahveh está
llena de sangre, engrasada de sebo, de sangre de carneros y machos
cabríos, de sebo de riñones de carneros, porque tiene Yahveh un
sacrificio en Bosrá, y gran matanza en Edom.
7 En vez de búfalos caerán
pueblos, y en vez de toros un pueblo de valientes. Se emborrachará
su tierra con sangre, y su polvo será engrasado de sebo.
8 Porque es día de
venganza para Yahveh, año de desquite del defensor de Sión.
9 Se convertirán sus
torrentes en pez, su polvo en azufre, y se hará su tierra pez
ardiente.
10 Ni de noche ni de día
se apagará, por siempre subirá el humo de ella. De generación en
generación quedará arruinada, y nunca jamás habrá quien pase por
ella.
11 La heredarán el
pelícano y el erizo, el ibis y el cuervo residirán en ella. Tenderá
Yahveh sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío.
12 Los sátiros habitarán
en ella, ya no habrá en ella nobles que proclamen la realeza, y
todos sus príncipes serán aniquilados.
13 En sus alcázares
crecerán espinos, ortigas y cardos en sus fortalezas; será morada de
chacales y dominio de avestruces.
14 Los gatos salvajes se
juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí
reposará Lilit y en él encontrará descanso.
15 Allí anidará la víbora,
pondrá, incubará y hará salir del huevo. También allí se juntarán
los buitres.
16 Buscad el libro de
Yahveh y leed; no faltará ninguno de ellos, ninguno de ellos echará
en falta a otro. Pues su misma boca lo ha ordenado y su mismo
espíritu los junta.
17 Es él mismo el que los
echa a suertes, con su mano les reparte el país a cordel; lo
poseerán por siempre y morarán en él de generación en generación.
Isaías 35
1 Que el desierto y el
sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor;
2 estalle en flor y se
regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha
sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria
de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios.
3 Fortaleced las manos
débiles, afianzad las rodillas vacilantes.
4 Decid a los de corazón
intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene
vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará.
5 Entonces se despegarán
los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán.
6 Entonces saltará el cojo
como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues
serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa,
7 se trocará la tierra
abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la
guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro.
8 Habrá allí una senda y
un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni
los necios por ella vagarán.
9 No habrá león en ella,
ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los
rescatados la recorrerán.
10 Los redimidos de Yahveh
volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría
eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán!
¡Adiós, penar y suspiros!
Isaías 36
1 En el año catorce del
rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asur, contra todas las
ciudades fortificadas de Judá y se apoderó de ellas.
2 El rey de Asur envió
desde Lakís a Jerusalén, donde el rey Ezequías, al copero mayor con
un fuerte destacamento. Se colocó éste en el canal de la alberca
superior, que está junto al camino del campo del Batanero.
3 El mayordomo de palacio,
Elyaquim, hijo de Jilquías, el secretario Sebná y el heraldo Yoaj,
hijo de Asaf, salieron donde él.
4 El copero mayor les
dijo: «Decid a Ezequías: Así habla el gran rey, el rey de Asur: ¿Qué
confianza es ésa en la que fías?
5 Te has pensado que meras
palabras de los labios son consejo y bravura para la guerra. Pero
ahora ¿en quién confías, que te has rebelado contra mí?
6 Mira: te has confiado al
apoyo de esa caña rota, de Egipto, que penetra y traspasa la mano
del que se apoya sobre ella. Pues así es Faraón, rey de Egipto, para
todos los que confían en él.
7 Pero vais a decirme:
“Nosotros confiamos en Yahveh nuestro Dios.” ¿No ha sido él,
Ezequías, quien ha suprimido los altos y los altares y ha dicho a
Judá y a Jerusalén: “Os postraréis delante de este altar?”
8 Pues apuesta ahora con
mi señor, el rey de Asur: te daré dos mil caballos si eres capaz de
encontrarte jinetes para ellos.
9 ¿Cómo harías retroceder
a uno solo de los más pequeños servidores de mi señor? ¡Te fías de
Egipto para tener carros y gentes de carro!
10 Y ahora ¿acaso he
subido yo contra esta tierra para destruirla, sin contar con Yahveh?
Yahveh me ha dicho: “Sube contra esta tierra y destrúyela.”»
11 Dijeron Elyaquim, Sebná
y Yoaj al copero mayor: «Por favor, háblanos a nosotros tus siervos
en arameo, que lo entendemos; no nos hables en lengua de Judá a
oídos del pueblo que está sobre la muralla.»
12 El copero mayor dijo:
«¿Acaso mi señor me ha enviado a decir estas cosas a tu señor, o a
ti, y no a los hombres que se encuentran sobre la muralla, que
tienen que comer sus excrementos y beber sus orinas con vosotros?»
13 Se puso en pie el
copero mayor y gritó con gran voz en lengua judía, diciendo:
«Escuchad las palabras del gran rey, el rey de Asur.
14 Así dice el rey: No os
engañe Ezequías, porque no podrá libraros.
15 Que Ezequías no os haga
confiar en Yahveh diciendo: “De cierto nos librará Yahveh, y esta
ciudad no será entregada en manos del rey de Asur.”
16 No escuchéis a
Ezequías, porque así dice el rey de Asur: Haced paces conmigo,
rendíos a mí, y comerá cada uno de su viña y de su higuera, y beberá
cada uno de su cisterna,
17 hasta que yo llegue y
os lleve a una tierra como vuestra tierra, tierra de trigo y de
mosto, tierra de pan y de viñas.
18 Que no os engañe
Ezequías, diciendo: “Yahveh nos librará.” ¿Acaso los dioses de las
naciones han librado cada uno a su tierra de la mano del rey de
Asur?
19 ¿Dónde están los dioses
de Jamat y de Arpad, dónde los dioses de Sefarváyim, dónde están los
dioses de Samaría? ¿Acaso han librado a Samaría de mi mano?
20 ¿Quiénes, de entre
todos los dioses de los países, los han librado de mi poder, para
que libre Yahveh a Jerusalén de mi mano?»
21 Calló el pueblo y no le
respondió una palabra, porque el rey había dado esta orden diciendo:
«No le respondáis.»
22 Elyaquim, hijo de
Jilquías, mayordomo de palacio, el secretario Sebná y el heraldo
Yoaj, hijo de Asaf, fueron donde Ezequías, desgarrados los vestidos,
y le relataron las palabras del copero mayor.
Isaías 37
1 Cuando lo oyó el rey
Ezequías desgarró sus vestidos, se cubrió de sayal y se fue a la
Casa de Yahveh.
2 Envió a Elyaquim,
mayordomo, a Sebná, secretario, y a los sacerdotes ancianos
cubiertos de sayal donde el profeta Isaías, hijo de Amós.
3 Ellos le dijeron: «Así
habla Ezequías: Este día es día de angustia, de castigo y de
vergüenza. Los hijos están para salir del seno, pero no hay fuerza
para dar a luz.
4 ¿No habrá oído Yahveh tu
Dios las palabras del copero mayor al que ha enviado el rey de Asur,
su señor, para insultar al Dios vivo? ¿No castigará Yahveh tu Dios
las palabras que ha oído? Dirige una plegaria en favor del Resto
que aún queda!»
5 Cuando los siervos del
rey Ezequías llegaron donde Isaías,
6 éste les dijo: «Así
diréis a vuestro señor: Esto dice Yahveh: No tengas miedo por las
palabras que has oído, con las que me insultaron los criados del
rey de Asur.
7 Voy a poner en él un
espíritu, oirá una noticia y se volverá a su tierra, y en su tierra
yo lo haré caer a espada.»
8 El copero mayor se
volvió y encontró al rey de Asur atacando a Libná , pues había oído
que había partido de Lakís,
9 porque había recibido
esta noticia acerca de Tirhacá, rey de Kus: «Ha salido a guerrear
contra ti.» Senaquerib volvió a enviar mensajeros para decir a
Ezequías:
10 «Así hablaréis a
Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu Dios en el que confías
pensando: “No será entregada Jerusalén en manos del rey de Asur”.
11 Bien has oído lo que
los reyes de Asur han hecho a todos los países, entregándolos al
anatema, ¡y tú te vas a librar!
12 ¿Acaso los dioses de
las naciones salvaron a aquellos que mis padres aniquilaron, a
Gozán, a Jarán, a Résef, a los edenitas que estaban en Tel Basar?
13 ¿Dónde está el rey de
Jamat, el rey de Arpad, el rey de Laír, de Sefarváyim, de Hená y de
Ivvá?»
14 Ezequías tomó la carta
de manos de los mensajeros y la leyó. Luego subió a la Casa de
Yahveh y Ezequías la desenrolló ante Yahveh.
15 Hizo Ezequías esta
plegaria ante Yahveh:
16 «Yahveh Sebaot, Dios de
Israel, que estás sobre los Querubines, tú sólo eres Dios en todos
los reinos de la tierra, tú el que has hecho los cielos y la tierra.
17 «Tiende, Yahveh, tu
oído y escucha; abre, Yahveh, tus ojos y mira. Oye las palabras con
que Senaquerib ha enviado a insultar al Dios vivo.
18 Es verdad, Yahveh, que
los reyes de Asur han exterminado a todas las naciones y su
territorio,
19 y han entregado sus
dioses al fuego, porque ellos no son dioses, sino hechuras de mano
de hombre, de madera y de piedra, y por eso han sido aniquilados.
20 Ahora, pues, Yahveh,
Dios nuestro, sálvanos de su mano, y sabrán todos los reinos de la
tierra que sólo tú eres Dios, Yahveh.»
21 Isaías, hijo de Amós,
envió a decir a Ezequías: «Así dice Yahveh, Dios de Israel, a quien
has suplicado acerca de Senaquerib, rey de Asur.
22 Esta es la palabra que
Yahveh pronuncia contra él: Ella te desprecia, ella te hace burla,
la virgen hija de Sión. Mueve la cabeza a tus espaldas la hija de
Jerusalén.
23 ¿A quién has insultado
y blasfemado? ¿Contra quién has alzado tu voz y levantas tus ojos
altaneros? ¡Contra el Santo de Israel!
24 Por tus siervos
insultas a Adonay y dices: “Con mis muchos carros subo a las cumbres
de los montes, a las laderas del Líbano, derribo la altura de sus
cedros, la flor de sus cipreses, alcanzo el postrer de sus refugios
su jardín del bosque.
25 Yo he cavado y bebido
en extranjeras aguas. Secaré bajo la planta de mis pies, todos los
Nilos del Egipto.”
26 ¿Lo oyes bien? Desde
antiguo lo tengo preparado; desde viejos días lo había planeado,
ahora lo ejecuto. Tú has convertido en cúmulos de ruinas las fuertes
ciudades.
27 Sus habitantes, de
débiles manos, confusos y aterrados, son planta del campo, verdor de
hierba, hierba de tejados, pasto quemado por el viento de Oriente.
28 Si te alzas o te
sientas, si sales o entras, yo lo sé; (y que te alzas airado contra
mí).
29 Pues que te alzas
airado contra mí y tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a poner
mi anillo en tus narices, mi brida en tu boca, y voy a devolverte
por la ruta por la que has venido.
30 La señal será ésta:
Este año se comerá lo que rebrote, lo que nazca de sí al año
siguiente. Al año tercero sembrad y segad, plantad las viñas y comed
su fruto.
31 El resto que se salve
de la casa de Judá echará raíces por debajo y fruto en lo alto.
32 Pues saldrá un Resto de
Jerusalén, y supervivientes del monte Sión; el celo de Yahveh Sebaot
lo hará.
33 Por eso, así dice
Yahveh del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no lanzará
flechas en ella, no le opondrá escudo, ni alzará en contra de ella
empalizada.
34 Volverá por la ruta que
ha traído. No entrará en esta ciudad, oráculo de Yahveh.
35 Yo protegeré a esta
ciudad para salvarla, por quien soy y por mi siervo David.»
36 Aquella misma noche
salió el Angel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a ciento
ochenta y cinco mil hombres; a la hora de despertarse, por la
mañana, no había más que cadáveres.
37 Senaquerib, rey de
Asiria, partió y, volviéndose, se quedó en Nínive.
38 Y sucedió que estando
él postrado en el templo de su dios Nisrok, sus hijos Adrammélek y
Saréser le mataron a espada y se pusieron a salvo en el país de
Ararat. Su hijo Asarjaddón reinó en su lugar.
Isaías 38
1 En aquellos días
Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós,
vino a decirle: «Así habla Yahveh: Haz testamento, porque muerto
eres y no vivirás.»
2 Ezequías volvió su
rostro a la pared y oró a Yahveh.
3 Dijo: «¡Ah, Yahveh!
Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y
corazón perfecto haciendo lo recto a tus ojos.» Y Ezequías lloró
con abundantes lágrimas.
4 Entonces le fue dirigida
a Isaías la palabra de Yahveh, diciendo:
5 «Vete y di a Ezequías:
Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he
visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la
Casa de Yahveh. Añadiré quince años a tus días.
6 Te libraré a ti y a esta
ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.»
7 Isaías respondió: «Esta
será para ti de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh hará lo que
ha dicho.
8 Mira, voy a hacer
retroceder a la sombra diez gradas de las que ha descendido el sol
por las gradas de Ajaz. Y desanduvo el sol diez gradas por las que
había descendido.
9 Cántico de Ezequías, rey
de Judá cuando estuvo enfermo y sanó de su mal:
10 Yo dije: A la mitad de
mis días me voy; en las puertas del seol se me asigna un lugar para
el resto de mis años.
11 Dije: No veré a Yahveh
en la tierra de los vivos; no veré ya a ningún hombre de los que
habitan el mundo.
12 Mi morada es arrancada,
se me arrebata como tienda de pastor. Enrollo como tejedor mi vida,
del hilo del tejido me cortaste. De la noche a la mañana acabas
conmigo;
13 grité hasta la
madrugada: Como león tritura todos mis huesos. De la noche a la
mañana acabas conmigo.
14 Como grulla, como
golondrina chirrío, zureo como paloma. Se consumen mis ojos de mirar
hacia arriba. Yahveh, estoy oprimido, sal por mí.
15 ¿Qué diré? ¿De qué le
hablaré, cuando él mismo lo ha hecho? Caminaré todos mis años en la
amargura de mi alma.
16 El Señor está con
ellos, viven y todo lo que hay en ellos es vida de su espíritu. Tú
me curarás, me darás la vida.
17 Entonces mi amargura se
trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de la
nada, porque te echaste a la espalda todos mis pecados.
18 Que el Seol no te alaba
ni la Muerte te glorifica, ni los que bajan al pozo esperan en tu
fidelidad.
19 El que vive, el que
vive, ése te alaba, como yo ahora. El padre enseña a los hijos tu
fidelidad.
20 Yahveh, sálvame, y mis
canciones cantaremos todos los días de nuestra vida junto a la Casa
de Yahveh.
21 Isaías dijo: «Traed una
masa de higos, aplicadla sobre la úlcera y sanará.»
22 Ezequías dijo: «¿Cuál
será la señal de que subiré a la Casa de Yahveh?»
Isaías 39
1 En aquel tiempo, Merodak
Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un
presente a Ezequías porque había oído que había estado enfermo y se
había curado.
2 Se alegró Ezequías por
ello y enseñó a los enviados su cámara del tesoro, la plata, el oro,
los aromas, el aceite precioso, su arsenal y todo cuanto había en
los tesoros; no hubo nada que Ezequías no les mostrara en su casa y
en todo su dominio.
3 Entonces el profeta
Isaías fue donde el rey Ezequías y le dijo: «¿Qué han dicho esos
hombres y de dónde han venido a ti?» Respondió Ezequías: «Han
venido de un país lejano, de Babilonia.»
4 Dijo: «¿Qué han visto en
tu casa?» Respondió Ezequías: «Han visto cuanto hay en mi casa; nada
hay en los tesoros que no les haya enseñado.»
5 Dijo Isaías a Ezequías:
«Escucha la palabra de Yahveh Sebaot:
6 Vendrán días en que todo
cuanto hay en tu casa y cuanto reunieron tus padres hasta el día de
hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará, dice Yahveh.
7 Y se tomará de entre tus
hijos, los que han salido de ti, los que has engendrado, para que
sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia.»
8 Respondió Ezequías a
Isaías: «Es buena la palabra de Yahveh que me dices.» Pues pensaba:
«¡Con tal que haya paz y seguridad en mis días!»
Isaías 40
1 Consolad, consolad a mi
pueblo - dice vuestro Dios.
2 Hablad al corazón de
Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia, ya ha
satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano de Yahveh castigo
doble por todos sus pecados.
3 Una voz clama: «En el
desierto abrid camino a Yahveh, trazad en la estepa una calzada
recta a nuestro Dios.
4 Que todo valle sea
elevado, y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano,
y las breñas planicie.
5 Se revelará la gloria de
Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha
hablado.»
6 Una voz dice: «¡Grita!»
Y digo: «¿Qué he de gritar?» - «Toda carne es hierba y todo su
esplendor como flor del campo.
7 La flor se marchita, se
seca la hierba, en cuanto le dé el viento de Yahveh (pues, cierto,
hierba es el pueblo).
8 La hierba se seca, la
flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece por
siempre.
9 Súbete a un alto monte,
alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre mensajero
para Jerusalén, clama sin miedo. Di a las ciudades de Judá: «Ahí
está vuestro Dios.»
10 Ahí viene el Señor
Yahveh con poder, y su brazo lo sojuzga todo. Ved que su salario le
acompaña, y su paga le precede.
11 Como pastor pastorea su
rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y
trata con cuidado a las paridas.
12 ¿Quién midió los mares
con el cuenco de la mano, y abarcó con su palmo la dimensión de los
cielos, metió en un tercio de medida el polvo de la tierra, pesó con
la romana los montes, y los cerros con la balanza?
13 ¿Quién abarcó el
espíritu de Yahveh, y como consejero suyo le enseñó?
14 ¿Con quién se aconsejó,
quién le explicó y le enseñó la senda de la justicia, y le enseñó la
ciencia, y el camino de la inteligencia le mostró?
15 Las naciones son como
gota de un cazo, como escrúpulo de balanza son estimadas. Las islas
como una chinita pesan.
16 El Líbano no basta para
la quema, ni sus animales para holocausto.
17 Todas las naciones son
como nada ante él, como nada y vacío son estimadas por él.
18 Pues ¿con quién
asemejaréis a Dios, qué semejanza le aplicaréis?
19 El fundidor funde la
estatua, el orfebre con oro la recubre y funde cadenas de plata.
20 El que presenta una
ofrenda de pobre escoge madera incorruptible, se busca un hábil
artista para erigir una estatua que no vacile.
21 ¿No lo sabíais? ¿No lo
habíais oído? ¿No os lo había mostrado desde el principio? ¿No lo
entendisteis desde que se fundó la tierra?
22 El está sentado sobre
el orbe terrestre, cuyos habitantes son como saltamontes; él expande
los cielos como un tul, y los ha desplegado como una tienda que se
habita.
23 El aniquila a los
tiranos, y a los árbitros de la tierra los reduce a la nada.
24 Apenas han sido
plantados, apenas sembrados, apenas arraiga en tierra su esqueje,
cuando sopla sobre ellos y se secan, y una ráfaga como tamo se los
lleva.
25 ¿Con quién me
asemejaréis y seré igualado?, dice el Santo.
26 Alzad a lo alto los
ojos y ved: ¿quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al
ejército celeste, y a cada estrella por su nombre llama. Gracias a
su esfuerzo y al vigor de su energía, no falta ni una.
27 ¿Por qué dices, Jacob,
y hablas, Israel: «Oculto está mi camino para Yahveh, y a Dios se le
pasa mi derecho?»
28 ¿Es que no lo sabes?
¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahveh, creador de
los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya
inteligencia es inescrutable.
29 Que al cansado da
vigor, y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta.
30 Los jóvenes se cansan,
se fatigan, los valientes tropiezan y vacilan,
31 mientras que a los que
esperan en Yahveh él les renovará el vigor, subirán con alas como de
águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse.
Isaías 41
1 Hacedme silencio, islas,
y renueven su fuerza las naciones. Alléguense y entonces hablarán,
reunámonos todos a juicio.
2 ¿Quién ha suscitado de
Oriente a aquel a quien la justicia sale al paso? ¿Quién le entrega
las naciones, y a los reyes abaja? Conviértelos en polvo su espada,
en paja dispersa su arco;
3 les persigue, pasa
incólume, el sendero con sus pies no toca.
4 ¿Quién lo realizó y lo
hizo? El que llama a las generaciones desde el principio: yo,
Yahveh, el primero, y con los últimos yo mismo.
5 Ved, islas, y temed;
confines de la tierra, y temblad. Acercaos y venid.
6 El uno ayuda al otro y
dice a su colega: «¡Animo!»
7 Anima el fundidor al
orfebre, el que pule a martillo al que bate en el yunque, diciendo
de la soldadura: «Está bien.» Y fija el ídolo con clavos para que no
se mueva.
8 Y tú, Israel, siervo
mío, Jacob, a quien elegí, simiente de mi amigo Abraham;
9 que te así desde los
cabos de la tierra, y desde lo más remoto te llamé y te dije:
«Siervo mío eres tú, te he escogido y no te he rechazado»:
10 No temas, que contigo
estoy yo; no receles, que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te
he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera.
11 ¡Oh! Se avergonzarán y
confundirán todos los abrasados en ira contra ti. Serán como nada y
perecerán los que buscan querella.
12 Los buscarás y no los
hallarás a los que disputaban contigo. Serán como nada y nulidad los
que te hacen la guerra.
13 Porque yo, Yahveh tu
Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: «No
temas, yo te ayudo.»
14 No temas, gusano de
Jacob, gente de Israel: yo te ayudo - oráculo de Yahveh - y tu
redentor es el Santo de Israel.
15 He aquí que te he
convertido en trillo nuevo, de dientes dobles. Triturarás los montes
y los desmenuzarás, y los cerros convertirás en tamo.
16 Los beldarás, y el
viento se los llevará, y una ráfaga los dispersará. Y tú te
regocijarás en Yahveh, en el Santo de Israel te gloriarás.
17 Los humildes y los
pobres buscan agua, pero no hay nada. La lengua se les secó de sed.
Yo, Yahveh, les responderé, Yo, Dios de Israel, no los desampararé.
18 Abriré sobre los
calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré
el desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas.
19 Pondré en el desierto
cedros, acacias, arrayanes y olivares. Pondré en la estepa el
enebro, el olmo y el ciprés a una,
20 de modo que todos vean
y sepan, adviertan y consideren que la mano de Yahveh ha hecho eso,
el Santo de Israel lo ha creado.
21 «Aducid vuestra defensa
- dice Yahveh - allegad vuestras pruebas - dice el rey de Jacob.
22 Alléguense e
indíquennos lo que va a suceder. Indicadnos cómo fue lo pasado, y
reflexionaremos; o bien hacednos oír lo venidero para que lo
conozcamos.
23 Indicadnos las señales
del porvenir, y sabremos que sois dioses. En suma, haced algún bien
o algún mal, para que nos pongamos en guardia y os temamos.
24 ¡Oh! Vosotros sois
nada, y vuestros hechos, nulidad, lo mejor de vosotros,
abominación.»
25 Le he suscitado del
norte, y viene, del sol naciente le he llamado por su nombre. Ha
hollado a los sátrapas como lodo, como el alfarero patea el barro.
26 ¿Quién lo indicó desde
el principio, para que se supiese, o desde antiguo, para que se
dijese: «Es justo»? Ni hubo quien lo indicase, ni hubo quien lo
hiciese oír, ni hubo quien oyese vuestras palabras.
27 Primicias de Sión:
«¡Aquí están, aquí están!» envío a Jerusalén la buena nueva.
28 Miré, y no había nadie;
entre éstos no había consejeros a quienes yo preguntara y ellos
respondieran.
29 ¡Oh! Todos ellos son
nada; nulidad sus obras, viento y vacuidad sus estatuas.
Isaías 42
1 He aquí mi siervo a
quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He
puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones.
2 No vociferará ni alzará
el tono, y no hará oír en la calle su voz.
3 Caña quebrada no
partirá, y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia;
4 no desmayará ni se
quebrará hasta implantar en la tierra el derecho, y su instrucción
atenderán las islas.
5 Así dice el Dios Yahveh,
el que crea los cielos y los extiende, el que hace firme la tierra y
lo que en ella brota, el que da aliento al pueblo que hay en ella, y
espíritu a los que por ella andan.
6 Yo, Yahveh, te he
llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado
a ser alianza del pueblo y luz de las gentes,
7 para abrir los ojos
ciegos, para sacar del calabozo al preso, de la cárcel a los que
viven en tinieblas.
8 Yo, Yahveh, ese es mi
nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos.
9 Lo de antes ya ha
llegado, y anuncio cosas nuevas; antes que se produzcan os las hago
saber.
10 Cantad a Yahveh un
cántico nuevo, su loor desde los confines de la tierra. Que le cante
el mar y cuanto contiene, las islas y sus habitantes.
11 Alcen la voz el
desierto y sus ciudades, las explanadas en que habita Quedar.
Aclamen los habitantes de Petra, desde la cima de los montes
vociferen.
12 Den gloria a Yahveh, su
loor en las islas publiquen.
13 Yahveh como un bravo
sale, su furor despierta como el de un guerrero; grita y vocifera,
contra sus enemigos se muestra valeroso.
14 «Estaba mudo desde
mucho ha, había ensordecido, me había reprimido. Como parturienta
grito, resoplo y jadeo entrecortadamente.
15 Derribaré montes y
cedros, y todo su césped secaré; convertiré los ríos en tierra firme
y las lagunas secaré.
16 Haré andar a los ciegos
por un camino que no conocían, por senderos que no conocían les
encaminaré. Trocaré delante de ellos la tiniebla en luz, y lo
tortuoso en llano. Estas cosas haré, y no las omitiré.»
17 Haceos atrás, confusos
de vergüenza, los que confiáis en ídolos, los que decís a la estatua
fundida: «Vosotros sois nuestros dioses.»
18 ¡Sordos, oíd! ¡Ciegos,
mirad y ved!
19 ¿Quién está ciego, sino
mi siervo? ¿y quién tan sordo como el mensajero a quien envío?
(¿Quién es tan ciego como el enviado y tan sordo como el siervo de
Yahveh?)
20 Por más que has visto,
no has hecho caso; mucho abrir las orejas, pero no has oído.
21 Yahveh se interesa, por
causa de su justicia, en engrandecer y dar lustre a la Ley.
22 Pero es un pueblo
saqueado y despojado, han sido atrapados en agujeros todos ellos, y
en cárceles han sido encerrados. Se les despojaba y no había quien
salvase; se les depredaba y nadie decía: «¡Devuelve!»
23 ¿Quién de vosotros
escuchará esto, atenderá y hará caso para el futuro?
24 ¿Quién entregó al
pillaje a Jacob, y a Israel a los saqueadores? ¿No ha sido Yahveh,
contra quien pecamos, rehusamos andar por sus caminos, y no
escuchamos sus instrucciones?
25 Vertió sobre él el
ardor de su ira, y la violencia de la guerra le abrasó, por todos
lados sin que se apercibiese, le consumió, sin que él reflexionase.
Isaías 43
1 Ahora, así dice Yahveh
tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel. «No temas, que yo te he
rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío.
2 Si pasas por las aguas,
yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por el
fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti.
3 Porque yo soy Yahveh tu
Dios, el Santo de Israel, tu salvador. He puesto por expiación tuya
a Egipto, a Kus y Seba en tu lugar
4 dado que eres precioso a
mis ojos, eres estimado, y yo te amo. Pondré la humanidad en tu
lugar, y los pueblos en pago de tu vida.
5 No temas, que yo estoy
contigo; desde Oriente haré volver tu raza, y desde Poniente te
reuniré.
6 Diré al Norte:
“Dámelos”; y al Sur: “No los retengas”, Traeré a mis hijos de lejos,
y a mis hijas de los confines de la tierra;
7 a todos los que se
llamen por mi nombre, a los que para mi gloria creé, plasmé e hice.»
8 Haced salir al pueblo
ciego, aunque tiene ojos, y sordo, aunque tiene orejas.
9 Congréguense todas las
gentes y reúnanse los pueblos. ¿Quién de entre ellos anuncia eso, y
desde antiguo nos lo hace oír? Aduzcan sus testigos, y que se
justifiquen; que se oiga para que se pueda decir: «Es verdad.»
10 Vosotros sois mis
testigos - oráculo de Yahveh - y mi siervo a quien elegí, para que
me conozcáis y me creáis a mí mismo, y entendáis que yo soy: Antes
de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá.
11 Yo, yo soy Yahveh, y
fuera de mí no hay salvador.
12 Yo lo he anunciado, he
salvado y lo he hecho saber, y no hay entre vosotros ningún extraño.
Vosotros sois mis testigos - oráculo de Yahveh - y yo soy Dios;
13 yo lo soy desde
siempre, y no hay quien libre de mi mano. Yo lo tracé, y ¿quién lo
revocará?
14 Así dice Yahveh que os
ha rescatado, el Santo de Israel. Por vuestra causa he enviado a
hacer caer todos sus cerrojos de las prisiones de Babilonia, y se
volverán en ayes los hurras de los caldeos
15 Yo, Yahveh vuestro
Santo, el creador de Israel, vuestro Rey.
16 Así dice Yahveh, que
trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas.
17 El que hizo salir
carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para
no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron.
18 ¿No os acordáis de lo
pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo?
19 Pues bien, he aquí que
yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el
desierto un camino, ríos en el páramo.
20 Las bestias del campo
me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en
el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo
elegido.
21 El pueblo que yo me he
formado contará mis alabanzas.
22 Tú no me has invocado,
Jacob, porque te has fatigado de mí, Israel.
23 No me has traído tus
ovejas en holocausto ni me has honrado con tus sacrificios. No te
obligué yo a servirme con oblación ni te he fatigado a causa del
incienso.
24 No me has comprado
cañas con dinero ni con la grasa de tus sacrificios me has saciado;
hasta me has convertido en siervo con tus pecados, y me has cansado
con tus iniquidades.
25 Era yo, yo mismo el que
tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar tus
pecados.
26 Házmelo recordar y
vayamos a juicio juntos, haz tú mismo el recuento para justificarte.
27 Pecó tu primer padre y
tus intérpretes se rebelaron contra mí.
28 Destituía los príncipes
de mi santuario; por eso entregué a Jacob al anatema y a Israel a
los ultrajes.
Isaías 44
1 Ahora, pues, escucha,
Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo elegí.
2 Así dice Yahveh que te
creó, te plasmó ya en el seno y te da ayuda: «No temas, siervo mío,
Jacob, Yesurún a quien yo elegí.
3 Derramaré agua sobre el
sediento suelo, raudales sobre la tierra seca. Derramaré mi espíritu
sobre tu linaje, mi bendición sobre cuanto de ti nazca.
4 Crecerán como en medio
de hierbas, como álamos junto a corrientes de aguas.
5 El uno dirá: “Yo soy de
Yahveh”, el otro llevará el nombre de Jacob. Un tercero escribirá en
su mano: “De Yahveh” y se le llamará Israel.»
6 Así dice Yahveh el rey
de Israel, y su redentor, Yahveh Sebaot: «Yo soy el primero y el
último, fuera de mí, no hay ningún dios.
7 ¿Quién como yo? Que se
levante y hable. Que lo anuncie y argumente contra mí; desde que
fundé un pueblo eterno, cuanto sucede, que lo diga, y las cosas del
futuro, que las revele.
8 No tembléis ni temáis;
¿no lo he dicho y anunciado desde hace tiempo? Vosotros sois
testigos; ¿hay otro dios fuera de mí? ¡No hay otra Roca, yo no la
conozco!»
9 ¡Escultores de ídolos!
Todos ellos son vacuidad; de nada sirven sus obras más estimadas;
sus testigos nada ven y nada saben, y por eso quedarán abochornados.
10 ¿Quién modela un dios o
funde un ídolo, sin esperar una ganancia?
11 Mas ved que todos sus
devotos quedarán abochornados y sus artífices, que no son más que
hombres; se reunirán todos y comparecerán; y todos temblarán
avergonzados.
12 El forjador trabaja con
los brazos, configura a golpe de martillo, ejecuta su obra a fuerza
de brazo; pasa hambre y se extenúa; no bebe agua y queda agotado.
13 El escultor tallista
toma la medida, hace un diseño con el lápiz, trabaja con la gubia,
diseña a compás de puntos y le da figura varonil y belleza humana,
para que habite en un templo.
14 Taló un cedro para sí,
o tomó un roble, o una encima y los dejó hacerse grandes entre los
árboles del bosque; o plantó un cedro que la lluvia hizo crecer.
15 Sirven ellos para que
la gente haga fuego. Echan mano de ellos para calentarse. O
encienden lumbre para cocer pan. O hacen un dios, al que se adora,
un ídolo para inclinarse ante él.
16 Quema uno la mitad y
sobre las brasas asa carne y come el asado hasta hartarse. También
se calienta y dice: «¡ Ah! ¡me caliento mientras contemplo el
resplandor!»
17 Y con el resto hace un
dios, su ídolo, ante el que se inclina, le adora y le suplica,
diciendo: «¡Sálvame, pues tú eres mi dios!»
18 No saben ni entienden,
sus ojos están pegados y no ven; su corazón no comprende.
19 No reflexionan, no
tienen ciencia ni entendimiento para decirse: «He quemado una mitad,
he cocido pan sobre las brasas; he asado carne y la he comido; y
¡voy a hacer con lo restante algo abominable! ¡voy a inclinarme ante
un trozo de madera!
20 A quien se apega a la
ceniza, su corazón engañado le extravía. No salvará su vida. Nunca
dirá: «¿Acaso lo que tengo en la mano es engañoso?»
21 Recuerda esto, Jacob, y
que eres mi siervo, Israel. ¡Yo te he formado, tú eres mi siervo,
Israel, yo no te olvido!
22 He disipado como una
nube tus rebeldías, como un nublado tus pecados. ¡Vuélvete a mí,
pues te he rescatado!
23 ¡Gritad, cielos, de
júbilo, porque Yahveh lo ha hecho! ¡Clamad, profundidades de la
tierra! ¡Lanzad gritos de júbilo, montañas, y bosque con todo su
arbolado, pues Yahveh ha rescatado a Jacob y manifiesta su gloria en
Israel!
24 Así dice Yahveh, tu
redentor, el que te formó desde el seno. Yo, Yahveh, lo he hecho
todo, yo, solo, extendí los cielos, yo asenté la tierra, sin ayuda
alguna.
25 Yo hago que fallen las
señales de los magos y que deliren los adivinos; hago retroceder a
los sabios y convierto su ciencia en necedad.
26 Yo confirmo la palabra
de mi siervo y hago que triunfe el proyecto de mis mensajeros. Yo
digo a Jerusalén: «Serás habitada», y a las ciudades de Judá:
«Seréis reconstruidas.» ¡Yo levantaré sus ruinas!
27 Yo digo al abismo:
«¡Sécate! Yo desecaré tus ríos.»
28 Yo soy el que dice a
Ciro: «Tú eres mi pastor y darás cumplimiento a todos mis deseos,
cuando digas de Jerusalén: “Que sea reconstruida” y del santuario:
“¡Echa los cimientos!”»
Isaías 45
1 Así dice Yahveh a su
Ungido Ciro, a quien he tomado de la diestra para someter ante él a
las naciones y desceñir las cinturas de los reyes, para abrir ante
él los batientes de modo que no queden cerradas las puertas.
2 Yo marcharé delante de
ti y allanaré las pendientes. Quebraré los batientes de bronce y
romperé los cerrojos de hierro.
3 Te daré los tesoros
ocultos y las riquezas escondidas, para que sepas que yo soy Yahveh,
el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre.
4 A causa de mi siervo
Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre y te he
ennoblecido, sin que tú me conozcas.
5 Yo soy Yahveh, no hay
ningún otro; fuera de mí ningún dios existe. Yo te he ceñido, sin
que tú me conozcas,
6 para que se sepa desde
el sol levante hasta el poniente, que todo es nada fuera de mí. Yo
soy Yahveh, no ningún otro;
7 yo modelo la luz y creo
la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, yo soy Yahveh, el
que hago todo esto.
8 Destilad, cielos, como
rocío de lo alto, derramad, nubes, la victoria. Abrase la tierra y
produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, Yahveh, lo
he creado.
9 ¡Ay de quien litiga con
el que la ha modelado, la vasija entre las vasijas de barro! ¿Dice
la arcilla al que la modela: «¿Qué haces tú?», y «¿Tu obra no está
hecha con destreza?»
10 ¡Ay del que dice a su
padre!: «¿Qué has engendrado?» y a su madre: «¿Qué has dado a luz?»
11 Así dice Yahveh, el
Santo de Israel y su modelador: «¿Vais a pedirme señales acerca de
mis hijos y a darme órdenes acerca de la obra de mis manos?
12 Yo hice la tierra y
creé al hombre en ella. Yo extendí los cielos con mis manos y doy
órdenes a todo su ejército.
13 Yo le he suscitado para
la victoria y he allanado todos sus caminos. El reconstruirá mi
ciudad y enviará a mis deportados sin rescate y sin recompensa»,
dice Yahveh Sebaot.
14 Así dice Yahveh: Los
productos de Egipto, el comercio de Kus y los sebaítas, de elevada
estatura, vendrán a ti y tuyos serán. Irán detrás de ti,
encadenados, ante ti se postrarán, y te suplicarán: «Sólo en ti hay
Dios, no hay ningún otro, no hay más dioses.»
15 De cierto que tú eres
un dios oculto, el Dios de Israel, salvador.
16 Quedarán abochornados,
afrentados, marcharán con ignominia los fabricadores de ídolos.
17 Israel será salvado por
Yahveh, con salvación perpetua. No quedaréis abochornados ni
afrentados nunca jamás.
18 Pues así dice Yahveh,
creador de los cielos, él, que es Dios, plasmador de la tierra y su
hacedor, él, que la ha fundamentado, y no la creó caótica, sino que
para ser habitada la plasmó: «Yo soy Yahveh, no existe ningún otro.
19 No he hablado en oculto
ni en lugar tenebroso. No he dicho al linaje de Jacob: Buscadme en
el caos. Yo soy Yahveh, que digo lo que es justo y anuncio lo que es
recto.»
20 Reuníos y venid,
acercaos todos, supervivientes de las naciones. No saben nada los
que llevan sus ídolos de madera, los que suplican a un dios que no
puede salvar.
21 Exponed, aducid
vuestras pruebas, deliberad todos juntos: «¿Quién hizo oír esto
desde antiguo y lo anunció hace tiempo? ¿No he sido yo Yahveh? No
hay otro dios, fuera de mí. Dios justo y salvador, no hay otro fuera
de mí.
22 Volveos a mí y seréis
salvados confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe
ningún otro.
23 Yo juro por mi nombre;
de mi boca sale palabra verdadera y no será vana: Que ante mí se
doblará toda rodilla y toda lengua jurará
24 diciendo: ¡Sólo en
Yahveh hay victoria y fuerza! A él se volverán abochornados todos
los que se inflamaban contra él.
25 Por Yahveh triunfará y
será gloriosa toda la raza de Israel.
Isaías 46
1 Bel se desploma, Nebó se
derrumba, sus ídolos van sobre animales y bestias de carga; llevados
como fardos sobre un animal desfallecido.
2 Se derrumbaron, se
desplomaron todos, no pudieron salvar la carga; ellos mismos van
cautivos.
3 Escuchadme, casa de
Jacob, y todos los supervivientes de la casa de Israel, los que
habéis sido transportados desde el seno, llevados desde el vientre
materno.
4 Hasta vuestra vejez, yo
seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os llevaré.
Ya lo tengo hecho, yo me encargaré, yo me encargo de ello, yo os
salvaré.
5 ¿A quién me podréis
asemejar o comparar? ¿A quién me asemejaréis para que seamos
parecidos?
6 Sacan el oro de sus
bolsas, pesan la plata en la balanza, y pagan a un orfebre para que
les haga un dios, al que adoran y ante el cual se postran.
7 Se lo cargan al hombro y
lo transportan, lo colocan en su sitio y allí se queda. No se mueve
de su lugar. Hasta llegan a invocarle, mas no responde, no salva de
la angustia.
8 Recordad esto y sed
hombres, tened seso, rebeldes,
9 recordad lo pasado desde
antiguo, pues yo soy Dios y no hay ningún otro, yo soy Dios, no hay
otro como yo.
10 Yo anuncio desde el
principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha
sucedido. Yo digo: Mis planes se realizarán y todos mis deseos
llevaré a cabo.
11 Yo llamo del Oriente un
ave rapaz de un país lejano al hombre en quien pensé. Tal como lo he
dicho, así se cumplirá; como lo he planeado, así lo haré.
12 Escuchadme vosotros,
los que habéis perdido el corazón, los que estáis alejados de lo
justo.
13 Yo hago acercarse mi
victoria, no está lejos, mi salvación no tardará. Pondré salvación
en Sión, mi prez será para Israel.
Isaías 47
1 Baja, siéntate en el
polvo, virgen, hija de Babel! ¡Siéntate en tierra, destronada, hija
de los caldeos! Ya no se te volverá a llamar la dulce, la exquisita.
2 Toma el molino y muele
la harina. Despójate de tu velo, descubre la cola de tu vestido,
desnuda tus piernas y vadea los ríos.
3 Descubre tu desnudez y
se vean tus vergüenzas. Voy a vengarme y nadie intervendrá.
4 Nuestro redentor, cuyo
nombre es Yahveh Sebaot, el Santo de Israel, dice:
5 Siéntate en silencio y
entra en la tiniebla, hija de los caldeos, que ya no se te volverá a
llamar señora de reinos.
6 Irritado estaba yo
contra mi pueblo, había profanado mi heredad y en tus manos los
había entregado; pero tú no tuviste piedad de ellos; hiciste caer
pesadamente tu yugo sobre el anciano.
7 Tú decías: «Seré por
siempre la señora eterna.» No has meditado esto en tu corazón no te
has acordado de su fin.
8 Pero ahora, voluptuosa,
escucha esto, tú que te sientas en seguro y te dices en tu corazón:
«¡Yo, y nadie más! No seré viuda, ni sabré lo que es carecer de
hijos.»
9 Estas dos desgracias
vendrán sobre ti en un instante, en el mismo día. Carencia de hijos
y viudez caerán súbitamente sobre ti, a pesar de tus numerosas
hechicerías y del poder de tus muchos sortilegios.
10 Te sentías segura en tu
maldad, te decías: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu misma ciencia te
han desviado. Dijiste en tu corazón: «¡Yo, y nadie más!»
11 Vendrá sobre ti una
desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no
podrás evitar. Vendrá sobre ti súbitamente una devastación que no
sospechas.
12 ¡Quédate, pues, con tus
sortilegios y tus muchas hechicerías con que te fatigas desde tu
juventud! ¿Te podrán servir de algo? ¿Acaso harás temblar?
13 Te has cansado de tus
planes. Que se presenten, pues, y que te salven los que describen
los cielos, los que observan las estrellas y hacen saber, en cada
mes, lo que te sucederá.
14 Mira, ellos serán como
tamo que el fuego quemará. No librarán sus vidas del poder de las
llamas. No serán brasas para el pan ni llama ante la cual sentarse.
15 Eso serán para ti tus
hechiceros por los que te has fatigado desde tu juventud. Cada uno
errará por su camino, y no habrá quien te salve.
Isaías 48
1 Escucha esto, casa de
Jacob, los que lleváis el nombre de Israel, los que habéis salido de
las aguas de Judá. Los que juráis por el nombre de Yahveh, los que
invocáis al Dios de Israel, mas no según verdad y justicia.
2 Porque lleváis el nombre
de la ciudad santa y os apoyáis en el Dios de Israel, cuyo nombre es
Yahveh Sebaot.
3 Yo anuncié desde hace
tiempo las cosas pasadas, salieron de mi boca y las di a conocer; de
pronto, las hice y se cumplieron.
4 Yo sabía que tú eres
obstinado, que es tu cerviz una barra de hierro y tu frente de
bronce.
5 Por eso te anuncié las
cosas hace tiempo y antes que ocurrieran te las di a conocer, no sea
que dijeras: «Las hizo mi ídolo, mi estatua, mi imagen fundida lo
ordenó.»
6 Tú has oído todo esto,
¿no vas a admitirlo? Ahora te hago saber cosas nuevas, secretas, no
sabidas,
7 que han sido creadas
ahora, no hace tiempo, de las que hasta ahora nada oíste, para que
no puedas decir: «Ya lo sabía.»
8 Ni las oíste ni las
hiciste ni de antemano te fue abierto el oído, pues sé muy bien que
tú eres pérfido y se te llama rebelde desde el seno materno.
9 Por amor de mi nombre
retardé mi cólera, a causa de mi alabanza me contuve para no
arrancarte.
10 Mira que te he apurado,
y no había en ti plata, te he probado en el crisol de la desgracia.
11 Por mí, por mí, lo
hago, pues ¿cómo mi nombre sería profanado? No cederé a otro mi
gloria.
12 Escúchame, Jacob,
Israel, a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y también soy el
último.
13 Sí, es mi mano la que
fundamentó la tierra y mi diestra la que extendió los cielos. Yo los
llamo y todos se presentan.
14 Reuníos todos y
escuchad: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas? «Mi amigo
cumplirá mi deseo contra Babilonia y la raza de los caldeos.»
15 Yo mismo le he hablado,
le he llamado, le he hecho que venga y triunfe en sus empresas.
16 Acercaos a mí y
escuchad esto: Desde el principio no he hablado en oculto, desde que
sucedió estoy yo allí. Y ahora el Señor Yahveh me envía con su
espíritu.
17 Así dice Yahveh, tu
redentor, el Santo de Israel. Yo, Yahveh, tu Dios, te instruyo en lo
que es provechoso y te marco el camino por donde debes ir.
18 ¡Si hubieras atendido a
mis mandatos, tu dicha habría sido como un río y tu victoria como
las olas del mar!
19 ¡Tu raza sería como la
arena los salidos de ti como sus granos! ¡Nunca habría sido
arrancado ni borrado de mi presencia su nombre!
20 ¡Salid de Babilonia!
¡Huid de los caldeos! ¡Anunciad con voz de júbilo, hacedlo saber,
proclamad hasta el extremo de la tierra, decid: Yahveh ha rescatado
a su siervo Jacob!
21 No padecieron sed en
los sequedales a donde los llevó; hizo brotar para ellos agua de la
roca. Rompió la roca y corrieron las aguas.
22 No hay paz para los
malvados, dice Yahveh.
Isaías 49
1 ¡Oídme, islas, atended,
pueblos lejanos! Yahveh desde el seno materno me llamó; desde las
entrañas de mi madre recordó mi nombre.
2 Hizo mi boca como espada
afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta
aguda, en su carcaj me guardó.
3 Me dijo: «Tú eres mi
siervo (Israel), en quien me gloriaré.»
4 Pues yo decía: «Por poco
me he fatigado, en vano e inútilmente mi vigor he gastado. ¿De veras
que Yahveh se ocupa de mi causa, y mi Dios de mi trabajo?»
5 Ahora, pues, dice
Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno para siervo suyo,
para hacer que Jacob vuelva a él, y que Israel se le una. Mas yo era
glorificado a los ojos de Yahveh, mi Dios era mi fuerza.
6 «Poco es que seas mi
siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver
los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes,
para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.»
7 Así dice Yahveh, el que
rescata a Israel, el Santo suyo, a aquel cuya vida es despreciada, y
es abominado de las gentes, al esclavo de los dominadores: Veránlo
reyes y se pondrán en pie, príncipes y se postrarán por respeto a
Yahveh, que es leal, al Santo de Israel, que te ha elegido.
8 Así dice Yahveh: En
tiempo favorable te escucharé, y en día nefasto te asistiré. Yo te
formé y te he destinado a ser alianza del pueblo, para levantar la
tierra, para repartir las heredades desoladas,
9 para decir a los presos:
«Salid», y a los que están en tinieblas: «Mostraos». Por los caminos
pacerán y en todos los calveros tendrán pasto.
10 No tendrán hambre ni
sed, ni les dará el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad de
ellos los conducirá, y a manantiales de agua los guiará.
11 Convertiré todos mis
montes en caminos, y mis calzadas serán levantadas.
12 Mira: Estos vienen de
lejos, esos otros del norte y del oeste, y aquéllos de la tierra de
Sinim.
13 ¡Aclamad, cielos, y
exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues
Yahveh ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido.
14 Pero dice Sión: «Yahveh
me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.»
15 - ¿Acaso olvida una
mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.
16 Míralo, en las palmas
de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí
perpetuamente.
17 Apresúrense los que te
reedifican, y salgan de ti los que te arruinaron y demolieron.
18 Alza en torno los ojos
y mira: todos ellos se han reunido y han venido a ti. ¡Por mi vida!
- oráculo de Yahveh - que con todos ellos como con velo nupcial te
vestirás, y te ceñirás con ellos como una novia.
19 Porque tus ruinas y
desolaciones y tu tierra arrasada van a ser ahora demasiado
estrechas para tanto morador, y se habrán alejado tus devoradores.
20 Todavía te dirán al
oído los hijos de que fuiste privada: «El lugar es estrecho para mí,
Cédeme sitio para alojarme.»
21 Y dirás para ti misma:
«¿Quién me ha dado a luz éstos? Pues yo había quedado sin hijos y
estéril, desterrada y aparte, y a éstos ¿quién los crió? He aquí que
yo había quedado sola, pues éstos ¿dónde estaban?»
22 Así dice el Señor
Yahveh: He aquí que yo voy a alzar hacia las gentes de mi mano, y
hacia los pueblos voy a levantar mi bandera; traerán a tus hijos en
brazos, y tus hijas serán llevadas a hombros.
23 Reyes serán tus
tutores, y sus princesas, nodrizas tuyas. Rostro en tierra se
postrarán ante ti, y el polvo de tus pies lamerán. Y sabrás que yo
soy Yahveh; no se avergonzarán los que en mí esperan.
24 ¿Se arrebata al
valiente la presa, o se escapa el prisionero del guerrero?
25 Pues así dice Yahveh:
Sí, al valiente se le quitará el prisionero, y la presa del guerrero
se le escapará; con tus litigantes yo litigaré, y a tus hijos yo
salvaré.
26 Haré comer a tus
opresores su propia carne, como con vino nuevo, con su sangre se
embriagarán. Y sabrá todo el mundo que yo, Yahveh, soy el que te
salva, y el que te rescata, el Fuerte de Jacob.
Isaías 50
1 Así dice Yahveh: ¿Dónde
está esa carta de divorcio de vuestra madre a quien repudié? o ¿a
cuál de mis acreedores os vendí? Mirad que por vuestras culpas
fuisteis vendidos, y por vuestras rebeldías fue repudiada vuestra
madre.
2 ¿Por qué cuando he
venido no había nadie, cuando he llamado no hubo quien respondiera?
¿Acaso se ha vuelto mi mano demasiado corta para rescatar o quizá no
habrá en mí vigor para salvar? He aquí que con un gesto seco el mar,
convierto los ríos en desierto; quedan en seco sus peces por falta
de agua y mueren de sed.
3 Yo visto los cielos de
crespón y los cubro de sayal.
4 El Señor Yahveh me ha
dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra
alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como
los discípulos;
5 el Señor Yahveh me ha
abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás.
6 Ofrecí mis espaldas a
los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi
rostro no hurté a los insultos y salivazos.
7 Pues que Yahveh habría
de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como
el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado.
8 Cerca está el que me
justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es
mi demandante? ¡que se llegue a mí!
9 He aquí que el Señor
Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un
vestido se gastarán, la polilla se los comerá.
10 El que de entre
vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a
oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese
en su Dios.
11 ¡Oh vosotros, todos los
que encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre de
vuestro propio fuego y a las brasas que habéis encendido. Esto os
vendrá de mi mano: en tormento yaceréis.
Isaías 51
1 Prestadme oído,
seguidores de lo justo, los que buscáis a Yahveh. Reparad en la peña
de donde fuisteis tallados, y en la cavidad de pozo de donde
fuisteis excavados.
2 Reparad en Abraham
vuestro padre, y en Sara, que os dio a luz; pues uno solo era cuando
le llamé, pero le bendije y le multipliqué.
3 Cuando haya consolado
Yahveh a Sión, haya consolado todas sus ruinas y haya trocado el
desierto en Edén y la estepa en Paraíso de Yahveh, regocijo y
alegría se encontrarán en ella, alabanza y son de canciones.
4 Préstame atención,
pueblo mío, mi nación, escúchame; que una instrucción saldrá de mí,
y juicio mío para luz de las naciones. Inminente,
5 cercana está mi
justicia, saldrá mi liberación, y mis brazos juzgarán a los pueblos.
Las islas esperan en mí y cuentan con mi brazo.
6 Alzad a los cielos
vuestros ojos y contemplad la tierra abajo, pues los cielos como
humareda se disiparán, la tierra como un vestido se gastará y sus
moradores como el mosquito morirán. Pero mi salvación por siempre
será, y mi justicia se mantendrá intacta.
7 Prestadme oído,
sabedores de lo justo, pueblo consciente de mi ley. No temáis las
injurias de los hombres, y de sus ultrajes no os asustéis;
8 pues como un vestido se
los comerá la polilla, y como lana los comerá la tiña. Pero mi
justicia por siempre será, y mi salvación por generaciones de
generaciones.
9 ¡Despierta, despierta,
revístete de poderío, oh brazo de Yahveh! ¡Despierta como en los
días de antaño, en las generaciones pasadas! ¿No eres tú el que
partió a Ráhab, el que atravesó al Dragón?
10 ¿No eres tú el que secó
la Mar, las aguas del gran Océano, el que trocó las honduras del mar
en camino para que pasasen los rescatados?
11 Los redimidos de Yahveh
volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría
eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán!
¡Adiós, el penar y suspiros!
12 Yo, yo soy tu
consolador. ¿Quién eres tú, que tienes miedo del mortal y del hijo
del hombre, al heno equiparado?
13 Olvidas a Yahveh, tu
hacedor, el que extendió los cielos y cimentó la tierra; y te estás
despavorido todo a lo largo del día ante la furia del opresor, en
cuanto se aplica a destruir. Pues ¿dónde está esa furia del opresor?
14 Pronto saldrá libre el
que está en la cárcel, no morirá en la hoya, no le faltará el pan.
15 Yo soy Yahveh tu Dios,
que agito el mar y hago bramar sus olas; Yahveh Sebaot es mi nombre.
16 Yo he puesto mis
palabras en tu boca y te he escondido a la sombra de mi mano, cuando
extendía los cielos y cimentaba la tierra, diciendo a Sión: «Mi
pueblo eres tú.»
17 ¡Despierta, despierta!
¡Levántate, Jerusalén! Tú, que has bebido de mano de Yahveh la copa
de su ira. El cáliz del vértigo has bebido hasta vaciarlo.
18 No hay quien la guíe de
entre todos los hijos que ha dado a luz, no hay quien la tome de la
mano de entre todos los hijos que ha criado.
19 Estas dos cosas te han
acaecido - ¿quién te conduele? - saqueo y quebranto, hambre y espada
- ¿quién te consuela? -
20 Tus hijos desfallecen,
yacen, en la esquina de todas las calles como antílope en la red,
llenos de la ira de Yahveh, de la amenaza de tu Dios.
21 Por eso, escucha esto,
pobrecilla, ebria, pero no de vino.
22 Así dice tu Señor
Yahveh, tu Dios, defensor de tu pueblo. Mira que yo te quito de la
mano la copa del vértigo, el cáliz de mi ira; ya no tendrás que
seguir bebiéndolo.
23 Yo lo pondré en la mano
de los que te afligían, de los que a ti misma te decían: «Póstrate
para que pasemos», y tú pusiste tu espalda como suelo y como calle
de los que pasaban.
Isaías 52
1 ¡Despierta, despierta!
¡Revístete de tu fortaleza, Sión! ¡Vístete tus ropas de gala,
Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no volverán a entrar en ti
incircuncisos ni impuros.
2 Sacúdete el polvo,
levántate, cautiva Jerusalén, Líbrate de las ligaduras de tu cerviz,
cautiva hija de Sión.
3 Porque así dice Yahveh:
De balde fuisteis vendidos, y sin plata seréis rescatados.
4 Sí, así dice el Señor
Yahveh: A Egipto bajó mi pueblo en un principio, a ser forastero
allí, y luego Asiria le oprimió sin motivo.
5 Y ahora, ¿qué voy a
hacer aquí - oráculo de Yahveh - pues mi pueblo ha sido arrebatado
sin motivo? Sus dominadores profieren gritos - oráculo de Yahveh - y
todo a lo largo del día mi nombre es blasfemado.
6 Por eso mi pueblo
conocerá mi nombre en aquel día y comprenderá que yo soy el que
decía: «Aquí estoy.»
7 ¡Qué hermosos son sobre
los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae
buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu
Dios!»
8 ¡Una voz! Tus vigías
alzan la voz, a una dan gritos de júbilo, porque con sus propios
ojos ven el retorno de Yahveh a Sión.
9 Prorrumpid a una en
gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque ha consolado Yahveh
a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
10 Ha desnudado Yahveh su
santo brazo a los ojos de todas las naciones, y han visto todos los
cabos de la tierra la salvación de nuestro Dios.
11 ¡Apartaos, apartaos,
salid de allí! ¡Cosa impura no toquéis! ¡Salid de en medio de ella,
manteneos limpios, portadores del ajuar de Yahveh!
12 Pues sin prisa habréis
de salir, no iréis a la desbandada, que va al frente de vosotros
Yahveh, y os cierra la retaguardia el Dios de Israel.
13 He aquí que prosperará
mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera.
14 Así como se asombraron
de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía
hombre, ni su apariencia era humana -
15 otro tanto se admirarán
muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que
nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.
Isaías 53
1 ¿Quién dio crédito a
nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló?
2 Creció como un retoño
delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni
presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
3 Despreciable y desecho
de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante
quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.
4 ¡Y con todo eran
nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que
soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y
humillado.
5 El ha sido herido por
nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el
castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido
curados.
6 Todos nosotros como
ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó
sobre él la culpa de todos nosotros.
7 Fue oprimido, y él se
humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado,
y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él
abrió la boca.
8 Tras arresto y juicio
fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue
arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo
ha sido herido;
9 y se puso su sepultura
entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo
atropello ni hubo engaño en su boca.
10 Mas plugo a Yahveh
quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá
descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se
cumplirá por su mano.
11 Por las fatigas de su
alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi
Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.
12 Por eso le daré su
parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que
indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado,
cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.
Isaías 54
1 Grita de júbilo, estéril
que no das a luz, rompe en gritos de júbilo y alegría, la que no ha
tenido los dolores; que más son los hijos de la abandonada, que los
hijos de la casada, dice Yahveh.
2 Ensancha el espacio de
tu tienda las cortinas extiende, no te detengas; alarga tus sogas,
tus clavijas asegura;
3 porque a derecha e
izquierda te expandirás, tu prole heredará naciones y ciudades
desoladas poblarán.
4 No temas, que no te
avergonzarás, ni te sonrojes, que no quedarás confundida, pues la
vergüenza de tu mocedad olvidarás, y la afrenta de tu viudez no
recordarás jamás.
5 Porque tu esposo es tu
Hacedor, Yahveh Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el Santo
de Israel, Dios de toda la tierra se llama.
6 Porque como a mujer
abandonada y de contristado espíritu, te llamó Yahveh; y la mujer de
la juventud ¿es repudiada? - dice tu Dios.
7 Por un breve instante te
abandoné, pero con gran compasión te recogeré.
8 En un arranque de furor
te oculté mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he
compadecido - dice Yahveh tu Redentor.
9 Será para mí como en
tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas de Noé más sobre
la tierra, así he jurado que no me irritaré mas contra ti ni te
amenazaré.
10 Porque los montes se
correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se
apartará y mi alianza de paz no se moverá - dice Yahveh, que tiene
compasión de ti.
11 Pobrecilla, azotada por
los vientos, no consolada, mira que yo asiento en carbunclos tus
piedras y voy a cimentarte con zafiros.
12 Haré de rubí tus
baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de
piedras preciosas.
13 Todos tus hijos serán
discípulos de Yahveh, y será grande la dicha de tus hijos.
14 En justicia serás
consolidada. Manténte lejos de la opresión, pues ya no temerás, y
del terror, pues no se acercará a ti.
15 Si alguien te ataca, no
será de parte mía; quienquiera que te ataque, contra ti se
estrellará.
16 He aquí que yo he
creado al herrero, que sopla en el fuego las brasas y saca los
instrumentos para su trabajo.
17 Yo he creado al
destructor para aniquilar. Ningún arma forjada contra ti tendrá
éxito, e impugnarás a toda lengua que se levante a juicio contigo.
Tal será la heredad de los siervos de Yahveh y las victorias que
alcanzarán por mí - oráculo de Yahveh -.
Isaías 55
1 ¡Oh, todos los
sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y
comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche!
2 ¿Por qué gastar plata en
lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso
y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso.
3 Aplicad el oído y acudid
a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una
alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David.
4 Mira que por testigo de
las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones.
5 Mira que a un pueblo que
no conocías has de convocar, y un pueblo que no te conocía, a ti
correrá por amor de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel, porque
te ha honrado.
6 Buscad a Yahveh mientras
se deja encontrar, llamadle mientras está cercano.
7 Deje el malo su camino,
el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh, que tendrá
compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.
8 Porque no son mis
pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis
caminos - oráculo de Yahveh -.
9 Porque cuanto aventajan
los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y
mis pensamientos a los vuestros.
10 Como descienden la
lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan
la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al
sembrador y pan para comer,
11 así será mi palabra, la
que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya
realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.
12 Sí, con alegría
saldréis, y en paz seréis traídos. Los montes y las colinas romperán
ante vosotros en gritos de júbilo, y todos los árboles del campo
batirán palmas.
13 En lugar del espino
crecerá el ciprés, en lugar de la ortiga crecerá el mirto. Será para
renombre de Yahveh, para señal eterna que no será borrada.
Isaías 56
1 Así dice Yahveh: Velad
por la equidad y practicad la justicia, que mi salvación está para
llegar y mi justicia para manifestarse.
2 Dichoso el mortal que
tal haga, el hombre que persevere en ello, guardándose de profanar
el sábado, guardando su mano de hacer nada malo.
3 Que el extranjero que se
adhiera a Yahveh, no diga: «¡De cierto que Yahveh me separará de su
pueblo!» No diga el eunuco: «Soy un árbol seco.»
4 Pues así dice Yahveh:
Respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello que
me agrada y se mantienen firmes en mi alianza,
5 yo he de darles en mi
Casa y en mis muros monumento y nombre mejor que hijos e hijas;
nombre eterno les daré que no será borrado.
6 En cuanto a los
extranjeros adheridos a Yahveh para su ministerio, para amar el
nombre de Yahveh, y para ser sus siervos, a todo aquel que guarda
el sábado sin profanarle y a los que se mantienen firmes en mi
alianza,
7 yo les traeré a mi monte
santo y les alegraré en mi Casa de oración. Sus holocaustos y
sacrificios serán gratos sobre mi altar. Porque mi Casa será llamada
Casa de oración para todos los pueblos.
8 Oráculo del Señor Yahveh
que reúne a los dispersos de Israel. A los ya reunidos todavía
añadiré otros.
9 Bestias todas del campo,
venid a comer, bestias todas del bosque.
10 Sus vigías son ciegos,
ninguno sabe nada; todos son perros mudos, no pueden ladrar; ven
visiones, se acuestan, amigos de dormir.
11 Son perros voraces, no
conocen hartura, y ni los pastores saben entender. Cada uno sigue su
propio camino cada cual, hasta el último, busca su provecho
12 «Venid, voy a sacar
vino y nos emborracharemos de licor, que el día de mañana será como
el de hoy, o muchísimo mejor.»
Isaías 57
1 El justo perece, y no
hay quien haga caso; los hombres buenos son arrebatados, y no hay
quien lo considere. Cuando ante la desgracia es arrebatado el justo,
2 se va en paz. ¡Descansen
en sus lechos todos los que anduvieron en camino recto!
3 Pero vosotros venid acá,
hijos de hechicera, raza adúltera que te prostituyes:
4 ¿De quién os mofáis?
¿Contra quién abrís la boca y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros
engendros de pecado, prole bastarda?
5 Los que entráis en calor
entre terebintos, bajo cualquier árbol frondoso, degolladores de
niños en las torrenteras, debajo de los resquicios de las peñas.
6 En las piedras lisas del
torrente tengas tu parte: ¡ellas, ellas te toquen en suerte! Que
también sobre ellas vertiste libaciones, hiciste oblación. ¿Acaso
con estas cosas me voy a aplacar?
7 Sobre montaña alta y
empinada pusiste tu lecho. Hasta allí subiste a hacer el sacrificio.
8 Detrás de la puerta y de
la jamba pusiste tu memorial. Sí, te desnudaste, subiste, y no
conmigo, a tu lecho, y lo extendiste. Llegaste a un acuerdo con
aquellos con quienes te plugo acostarte, mirando el monumento.
9 Te has acercado con
aceite para Mélek, multiplicaste tus aromas. Enviaste a tus
emisarios muy lejos, y los hiciste bajar hasta el seol.
10 De tanto caminar te
cansaste, pero sin decir: «Me rindo.» Hallaste el vigor de tu mano,
y así no quedaste debilitada.
11 Pues bien, ¿de quién te
asustaste y tuviste miedo, que fuiste embustera, y de mí no te
acordaste, no hiciste caso de ello? ¿No es que porque me callé desde
siempre, a mí no me temiste?
12 Yo voy a denunciar tu
virtud y tus hechos, y no te aprovecharán.
13 Cuando grites, que te
salven los reunidos en torno a ti, que a todos ellos los llevará el
viento, los arrebatará el aire. Pero aquel que se ampare en mí
poseerá la tierra y heredará mi monte santo.
14 Entonces se dirá:
Reparad, reparad, abrid camino, quitad los obstáculos del camino de
mi pueblo.
15 Que así dice el Excelso
y Sublime, el que mora por siempre y cuyo nombre es Santo. «En lo
excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y
abatido de espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para
avivar el ánimo de los humillados.
16 Pues no disputaré por
siempre ni estaré eternamente enojado, pues entonces el espíritu
ante mí desmayaría y las almas que yo he creado.
17 Por culpa de su codicia
me enojé y le herí, ocultándome en mi enojo. Pero el rebelde seguía
su capricho.
18 Sus caminos vi. Yo le
curaré y le guiaré, y le daré ánimos a él y a los que con él
lloraban,
19 poniendo alabanza en
los labios: ¡Paz, paz al de lejos y al de cerca! - dice Yahveh -. Yo
le curaré.»
20 Los malos son como mar
agitada cuando no puede calmarse, cuyas aguas lanzan cieno y lodo.
21 «No hay paz para los
malvados» - dice mi Dios
Isaías 58
1 Clama a voz en grito, no
te moderes; levanta tu voz como cuerno y denuncia a mi pueblo su
rebeldía y a la casa de Jacob sus pecados.
2 A mí me buscan día a día
y les agrada conocer mis caminos, como si fueran gente que la virtud
practica y el rito de su Dios no hubiesen abandonado. Me preguntan
por las leyes justas, la vecindad de su Dios les agrada.
3 - ¿Por qué ayunamos, si
tú no lo ves? ¿Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? - Es que
el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a
todos vuestros trabajadores.
4 Es que ayunáis para
litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunéis como
hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz.
5 ¿Acaso es éste el ayuno
que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que
doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A
eso llamáis ayuno y día grato a Yahveh?
6 ¿No será más bien este
otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer
las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y
arrancar todo yugo?
7 ¿No será partir al
hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que
cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?
8 Entonces brotará tu luz
como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu
justicia, la gloria de Yahveh te seguirá.
9 Entonces clamarás, y
Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy.» Si
apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad,
10 repartes al hambriento
tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las
tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.
11 Te guiará Yahveh de
continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus
huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas
nunca faltan.
12 Reedificarán, de ti,
tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas
generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de
senderos frecuentados.
13 Si apartas del sábado
tu pie, de hacer tu negocio en el día santo, y llamas al sábado
«Delicia», al día santo de Yahveh «Honorable», y lo honras evitando
tus viajes, no buscando tu interés ni tratando asuntos,
14 entonces te deleitarás
en Yahveh, y yo te haré cabalgar sobre los altozanos de la tierra.
Te alimentaré con la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de
Yahveh ha hablado.
Isaías 59
1 Mirad, no es demasiado
corta la mano de Yahveh para salvar, ni es duro su oído para oír,
2 sino que vuestras faltas
os separaron a vosotros de vuestro Dios, y vuestros pecados le
hicieron esconder su rostro de vosotros para no oír.
3 Porque vuestras manos
están manchadas de sangre y vuestros dedos de culpa, vuestros labios
hablan falsedad y vuestra lengua habla perfidia.
4 No hay quien clame con
justicia ni quien juzgue con lealtad. Se confían en la nada y hablan
falsedad, conciben malicia y dan a luz iniquidad.
5 Hacen que rompan su
cascarón las víboras y tejen telas de araña; el que come de sus
huevos muere, y si son aplastados sale una víbora.
6 Sus hilos no sirven para
vestido ni con sus tejidos se pueden cubrir. Sus obras son obras
inicuas y acciones violentas hay en sus manos.
7 Sus pies corren al mal y
se apresuran a verter sangre inocente. Sus proyectos son proyectos
inicuos, destrucción y quebranto en sus caminos.
8 Camino de paz no
conocen, y derecho no hay en sus pasos. Tuercen sus caminos para
provecho propio, ninguno de los que por ellos pasan conoce la paz.
9 Por eso se alejó de
nosotros el derecho y no nos alcanzó la justicia. Esperábamos la
luz, y hubo tinieblas, la claridad, y anduvimos en oscuridad.
10 Palpamos la pared como
los ciegos y como los que no tienen ojos vacilamos. Tropezamos al
mediodía como si fuera al anochecer, y habitamos entre los sanos
como los muertos.
11 Todos nosotros gruñimos
como osos y zureamos sin cesar como palomas. Esperamos el derecho y
no hubo, la salvación, y se alejó de nosotros.
12 Porque fueron muchas
nuestras rebeldías delante de ti, y nuestros pecados testifican
contra nosotros, pues nuestras rebeldías nos acompañan y conocemos
nuestras culpas:
13 rebelarse y renegar de
Yahveh, apartarse de seguir a nuestro Dios, hablar de opresión y
revueltas, concebir y musitar en el corazón palabras engañosas.
14 Porque ha sido
rechazado el juicio y la justicia queda lejos. Porque la verdad en
la plaza ha tropezado y la rectitud no puede entrar.
15 La verdad se echa en
falta y el que se aparta del mal es despojado. Lo vio Yahveh y
pareció mal a sus ojos que no hubiera derecho.
16 Vio que no había nadie
y se maravilló de que no hubiera intercesor. Entonces le salvó su
brazo y su justicia le sostuvo.
17 Se puso la justicia
como coraza y el casco de salvación en su cabeza. Se puso como
túnica vestidos de venganza y se vistió el celo como un manto.
18 Según los merecimientos
así pagará: ira para sus opresores y represalia para sus enemigos.
Dará a las islas su merecido.
19 Temerán desde Occidente
el nombre de Yahveh y desde el Oriente verán su gloria, pues vendrá
como un torrente encajonado contra el que irrumpe con fuerza el
soplo de Yahveh.
20 Vendrá a Sión para
rescatar, a aquellos de Jacob que se conviertan de su rebeldía. -
Oráculo de Yahveh -.
21 Cuanto a mí, esta es la
alianza con ellos, dice Yahveh. Mi espíritu que ha venido sobre ti y
mis palabras que he puesto en tus labios no caerán de tu boca ni de
la boca de tu descendencia ni de la boca de la descendencia de tu
descendencia, dice Yahveh, desde ahora y para siempre.
Isaías 60
1 ¡Arriba, resplandece,
que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahveh sobre ti ha amanecido!
2 Pues mira cómo la
oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti
amanece Yahveh y su gloria sobre ti aparece.
3 Caminarán las naciones a
tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada.
4 Alza los ojos en torno y
mira: todos se reúnen y vienen a ti. Tus hijos vienen de lejos, y
tus hijas son llevadas en brazos.
5 Tú entonces al verlo te
pondrás radiante, se estremecerá y se ensanchará tu corazón, porque
vendrán a ti los tesoros del mar, las riquezas de las naciones
vendrán a ti.
6 Un sin fin de camellos
te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de Sabá
vienen portadores de oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahveh.
7 Todas las ovejas de
Quedar se apiñarán junto a ti, los machos cabríos de Nebayot estarán
a tu servicio. Subirán en holocausto agradable a mi altar, y mi
hermosa Casa hermosearé aún más.
8 ¿Quiénes son éstos que
como nube vuelan, como palomas a sus palomares?
9 Los barcos se juntan
para mí, los navíos de Tarsis en cabeza, para traer a tus hijos de
lejos, junto con su plata y su oro, por el nombre de Yahveh tu Dios
y por el Santo de Israel, que te hermosea.
10 Hijos de extranjeros
construirán tus muros, y sus reyes se pondrán a tu servicio, porque
en mi cólera te herí, pero en mi benevolencia he tenido compasión de
ti.
11 Abiertas estarán tus
puertas de continuo; ni de día ni de noche se cerrarán, para dejar
entrar a ti las riquezas de las naciones, traídas por sus reyes.
12 Pues la nación y el
reino que no se sometan a ti perecerán, esas naciones serán
arruinadas por completo.
13 La gloria del Líbano
vendrá a ti, el ciprés, el olmo y el boj a una, a embellecer mi
Lugar Santo y honrar el lugar donde mis pies reposan.
14 Acudirán a ti
encorvados los hijos de los que te humillaban, se postrarán a tus
pies todos los que te menospreciaban, y te llamarán la Ciudad de
Yahveh, la Sión del Santo de Israel.
15 En vez de estar tú
abandonada, aborrecida y sin viandantes, yo te convertiré en lozanía
eterna, gozo de siglos y siglos.
16 Te nutrirás con la
leche de las naciones, con las riquezas de los reyes serás
amamantada, y sabrás que yo soy Yahveh tu Salvador, y el que
rescata, el Fuerte de Jacob.
17 En vez de bronce traeré
oro, en vez de hierro traeré plata, en vez de madera, bronce, y en
vez de piedras, hierro. Te pondré como gobernantes la Paz, y por
gobierno la Justicia.
18 No se oirá más hablar
de violencia en tu tierra, ni de despojo o quebranto en tus
fronteras, antes llamarás a tus murallas «Salvación» y a tus puertas
«Alabanza».
19 No será para ti ya
nunca más el sol luz del día, ni el resplandor de la luna te
alumbrará de noche, sino que tendrás a Yahveh por luz eterna, y a tu
Dios por tu hermosura.
20 No se pondrá jamás tu
sol, ni tu luna menguará, pues Yahveh será para ti luz eterna, y se
habrán acabado los días de tu luto.
21 Todos los de tu pueblo
serán justos, para siempre heredarán la tierra; retoño de mis
plantaciones, obra de mis manos para manifestar mi gloria.
22 El más pequeño vendrá a
ser un millar, el más chiquito, una nación poderosa. Yo, Yahveh, a
su tiempo me apresuraré a cumplirlo.
Isaías 61
1 El espíritu del Señor
Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar
la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones
rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la
libertad;
2 a pregonar año de gracia
de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos
los que lloran,
3 para darles diadema en
vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza en
vez de espíritu abatido. Se les llamará robles de justicia,
plantación de Yahveh para manifestar su gloria.
4 Edificarán las ruinas
seculares, los lugares de antiguo desolados levantarán, y
restaurarán las ciudades en ruinas, los lugares por siempre
desolados.
5 Vendrán extranjeros y
apacentarán vuestros rebaños, e hijos de extraños serán vuestros
labradores y viñadores.
6 Y vosotros seréis
llamados «sacerdotes de Yahveh», «ministros de nuestro Dios» se os
llamará. La riqueza de las naciones comeréis y en su gloria les
sucederéis.
7 Por cuanto su vergüenza
había sido doble, y en lugar de afrenta, gritos de regocijo fueron
su herencia, por eso en su propia tierra heredarán el doble, y
tendrán ellos alegría eterna.
8 Pues yo, Yahveh, amo el
derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el salario de su
trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos.
9 Será conocida en las
naciones su raza y sus vástagos entre los pueblos; todos los que los
vean reconocerán que son raza bendita de Yahveh.
10 «Con gozo me gozaré en
Yahveh, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas
de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se
pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos.
11 Porque, como una tierra
hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el
Señor Yahveh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de
todas las naciones.»
Isaías 62
1 Por amor de Sión no he
de callar, por amor de Jerusalén no he de estar quedo, hasta que
salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como
antorcha.
2 Verán las naciones tu
justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre
nuevo que la boca de Yahveh declarará.
3 Serás corona de adorno
en la mano de Yahveh, y tiara real en la palma de tu Dios.
4 No se dirá de ti jamás
«Abandonada», ni de tu tierra se dirá jamás «Desolada», sino que a
ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada».
Porque Yahveh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada.
5 Porque como se casa
joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de
esposo por su novia se gozará por ti tu Dios.
6 Sobre los muros de
Jerusalén he apostado guardianes; ni en todo el día ni en toda la
noche estarán callados. Los que hacéis que Yahveh recuerde, no
guardéis silencio.
7 No le dejéis descansar,
hasta que restablezca, hasta que trueque a Jerusalén en alabanza en
la tierra.
8 Ha jurado Yahveh por su
diestra y por su fuerte brazo: «No daré tu grano jamás por manjar a
tus enemigos. No beberán hijos de extraños tu mosto por el que te
fatigaste,
9 sino que los que lo
cosechen lo comerán y alabarán a Yahveh, y los que los recolecten lo
beberán en mis atrios sagrados.»
10 ¡Pasad, pasad por las
puertas! ¡Abrid camino al pueblo! ¡Reparad, reparad el camino, y
limpiadlo de piedras! ¡Izad pendón hacia los pueblos!
11 Mirad que Yahveh hace
oír hasta los confines de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira
que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le
precede.
12 Se les llamará “Pueblo
Santo”, “Rescatados de Yahveh”; y a ti se te llamará “Buscada”,
“Ciudad no Abandonada”.»
Isaías 63
1 - ¿Quién es ése que
viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo? ¿Ese del vestido
esplendoroso, y de andar tan esforzado? - Soy yo que hablo con
justicia, un gran libertador.
2 - Y ¿por qué está de
rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero?
3 - El lagar he pisado yo
solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los
pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi
vestimenta he manchado.
4 ¡Era el día de la
venganza que tenía pensada, el año de mi desquite era llegado!
5 Miré bien y no había
auxiliador; me asombré de que no hubiera quien apoyase. Así que me
salvó mi propio brazo, y fue mi furia la que me sostuvo.
6 Pisoteé a pueblos en mi
ira, los pise con furia e hice correr por tierra su sangre.
7 Las misericordias de
Yahveh quiero recordar, las alabanzas de Yahveh, por todo lo que nos
ha premiado Yahveh, por la gran bondad para la casa de Israel, que
tuvo con nosotros en su misericordia, y por la abundancia de sus
bondades.
8 Dijo él: «De cierto que
ellos son mi pueblo, hijos que no engañarán.» Y fue él su Salvador
9 en todas sus angustias.
No fue un mensajero ni un ángel: él mismo en persona los liberó. Por
su amor y su compasión él los rescató: los levantó y los llevó todos
los días desde siempre.
10 Mas ellos se rebelaron
y contristaron a su Espíritu santo, y él se convirtió en su enemigo,
guerreó contra ellos.
11 Entonces se acordó de
los días antiguos, de Moisés su siervo. ¿Dónde está el que los sacó
de la mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en él su
Espíritu santo,
12 el que hizo que su
brazo fuerte marchase al lado de Moisés, el que hendió las aguas
ante ellos para hacerse un nombre eterno,
13 el que les hizo andar
por los abismos como un caballo por el desierto, sin que tropezaran,
14 cual ganado que
desciende al valle? El Espíritu de Yahveh los llevó a descansar. Así
guiaste a tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso.
15 observa desde los
cielos y ve desde tu aposento santo y glorioso. ¿Dónde está tu celo
y tu fuerza, la conmoción de tus entrañas? ¿Es que tus entrañas se
han cerrado para mí?
16 Porque tú eres nuestro
Padre, que Abraham no nos conoce, ni Israel nos recuerda. Tú,
Yahveh, eres nuestro Padre, tu nombre es «El que nos rescata» desde
siempre.
17 ¿Por qué nos dejaste
errar, Yahveh, fuera de tus caminos, endurecerse nuestros corazones
lejos de tu temor? Vuélvete, por amor de tus siervos, por las tribus
de tu heredad.
18 ¿Por qué el enemigo ha
invalido tu santuario, tu santuario han pisoteado nuestros
opresores?
19 Somos desde antiguo
gente a la que no gobiernas, no se nos llama por tu nombre. ¡Ah si
rompieses los cielos y descendieses - ante tu faz los montes se
derretirían,
Isaías 64
1 como prende el fuego en
la hojarasca, como el fuego hace hervir al agua - para dar a conocer
tu nombre a tus adversarios, y hacer temblar a las naciones ante ti,
2 haciendo tú cosas
terribles, inesperadas. (Tú descendiste: ante tu faz, los montes se
derretirán.)
3 Nunca se oyó. No se oyó
decir, ni se escuchó, ni ojo vio a un Dios, sino a ti, que tal
hiciese para el que espera en él.
4 Te haces encontradizo de
quienes se alegran y practican justicia y recuerdan tus caminos. He
aquí que estuviste enojado, pero es que fuimos pecadores; estamos
para siempre en tu camino y nos salvaremos.
5 Somos como impuros todos
nosotros, como paño inmundo todas nuestras obras justas. Caímos como
la hoja todos nosotros, y nuestras culpas como el viento nos
llevaron.
6 No hay quien invoque tu
nombre, quien se despierte para asirse a ti. Pues encubriste tu
rostro de nosotros, y nos dejaste a merced de nuestras culpas.
7 Pues bien, Yahveh, tú
eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, la
hechura de tus manos todos nosotros.
8 No te irrites, Yahveh,
demasiado, ni para siempre recuerdes la culpa. Ea, mira, todos
nosotros somos tu pueblo.
9 Tus ciudades santas han
quedado desiertas, Sión desierta ha quedado, Jerusalén desolada.
10 Nuestra Casa santa y
gloriosa, en donde te alabaron nuestros padres, ha parado en hoguera
de fuego, y todas nuestras cosas más queridas han parado en ruinas.
11 ¿Es que ante esto te
endurecerás, Yahveh, callarás y nos humillarás sin medida?
Isaías 65
1 Me he hecho encontradizo
de quienes no preguntaban por mí; me he dejado hallar de quienes no
me buscaban. Dije: «Aquí estoy, aquí estoy» a gente que no invocaba
mi nombre.
2 Alargué mis manos todo
el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado en pos
de sus pensamientos;
3 pueblo que me irrita en
mi propia cara de continuo, que sacrifican en los jardines y queman
incienso sobre ladrillos;
4 que habitan en tumbas y
en antros hacen noche; que comen carne de cerdo y bazofia
descompuesta en sus cacharros;
5 los que dicen: «Quédate
ahí, no te llegues a mí, que te santificaría.» Estos son humo en mi
nariz, fuego que abrasa siempre.
6 Mirad que está escrito
delante de mí: no callaré hasta no haber puesto su paga en su seno,
7 la de vuestras culpas y
las de vuestros padres juntamente - dice Yahveh - que quemaron
incienso en los montes y en las colinas me afrentaron; pero yo voy a
medirles la paga de su obra y se la pondré en su seno.
8 Así dice Yahveh: Como
cuando se encuentra mosto en el racimo y se dice: «No lo eches a
perder, porque es una bendición», así haré yo por amor de mis
siervos, evitando destruirlos a todos.
9 Sacaré de Jacob simiente
y de Judá heredero de mis montes; los heredarán mis elegidos y mis
siervos morarán allí.
10 Sarón será majada de
ovejas y el valle de Akor corral de vacas para mi pueblo, los que me
buscaron.
11 Mas vosotros, los que
abandonáis a Yahveh, los que olvidáis mi monte santo, los que ponéis
una mesa a Gad y llenáis una copa a Mení,
12 Yo os destino a la
espada y todos vosotros caeréis degollados, porque os llamé y no
respondisteis, hablé y no oísteis, sino que hicisteis lo que me
desagrada, y lo que no me gusta elegisteis.
13 Por tanto, así dice el
Señor Yahveh: Mirad que mis siervos comerán, mas vosotros tendréis
hambre; mirad que mis siervos beberán, mas vosotros tendréis sed;
mirad que mis siervos se alegrarán, mas vosotros padeceréis
vergüenza;
14 mirad que mis siervos
cantarán con corazón dichoso, mas vosotros gritaréis con corazón
triste, y con espíritu quebrantado gemiréis.
15 Dejaréis vuestro nombre
a mis elegidos para que sirva de imprecación: «¡Así te haga morir el
Señor Yahveh...!», pero a sus siervos les dará un nombre nuevo
16 tal que, quien desee
ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén, y
quien jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén; cuando se
hayan olvidado las angustias primeras, y cuando estén ocultas a mis
ojos.
17 Pues he aquí que yo
creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán mentados los primeros
ni vendrán a la memoria;
18 antes habrá gozo y
regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Pues he aquí que
yo voy a crear a Jerusalén «Regocijo», y a su pueblo «Alegría»;
19 me regocijaré por
Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, sin que se oiga allí jamás
lloro ni quejido.
20 No habrá allí jamás
niño que viva pocos días, o viejo que no llene sus días, pues morir
joven será morir a los cien años, y el que no alcance los cien años
será porque está maldito.
21 Edificarán casas y las
habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto.
22 No edificarán para que
otro habite, no plantarán para que otro coma, pues cuanto vive un
árbol vivirá mi pueblo, y mis elegidos disfrutarán del trabajo de
sus manos.
23 No se fatigarán en vano
ni tendrán hijos para sobresalto, pues serán raza bendita de Yahveh
ellos y sus retoños con ellos.
24 Antes que me llamen, yo
responderé; aún estarán hablando, y yo les escucharé.
25 Lobo y cordero pacerán
a una, = el león comerá paja como el buey =, y la serpiente se
alimentará de polvo, = no harán más daño ni perjuicio en todo mi
santo monte - dice Yahveh.
Isaías 66
1 Así dice Yahveh: Los
cielos son mi trono y la tierra el estrado de mis pies, Pues ¿qué
casa vais a edificarme, o qué lugar para mi reposo,
2 si todo lo hizo mi mano,
y es mío todo ello? - Oráculo de Yahveh -. Y ¿en quién voy a
fijarme? En el humilde y contrito que tiembla a mi palabra.
3 Se inmola un buey, se
abate un hombre, se sacrifica una oveja, se desnuca un perro, se
ofrece en oblación sangre de cerdo, se hace un memorial de incienso,
se bendice a los ídolos. Ellos mismos eligieron sus propios caminos
y en sus monstruos abominables halló su alma complacencia.
4 También yo elegiré el
vejarlos y sus temores traeré sobre ellos, por cuanto que llamé y
nadie respondió, hablé y no escucharon, sino que hicieron lo que me
parece mal y lo que no me gusta eligieron.
5 Escuchad la palabra de
Yahveh, los que tembláis a su palabra. Dijeron vuestros hermanos que
os aborrecen, que os rechazan por causa de mi nombre: «Que Yahveh
muestre su gloria y veamos vuestra alegría.» Pero ellos quedarán
avergonzados.
6 Voz estruendosa viene de
la ciudad, voz del Templo: la voz de Yahveh que paga el merecido a
sus enemigos.
7 Antes de tener dolores
dio a luz, antes de llegarle el parto dio a luz varón.
8 ¿Quién oyó tal? ¿Quién
vio cosa semejante? ¿Es dado a luz un país en un solo día? ¿O nace
un pueblo todo de una vez? Pues bien: Tuvo dolores y dio a luz Sión
a sus hijos.
9 ¿Abriré yo el seno sin
hacer dar a luz - dice Yahveh - o lo cerraré yo, que hago dar a luz?
- Dice tu Dios.
10 Alegraos, Jerusalén, y
regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría por
ella todos los que por ella hacíais duelo;
11 de modo que maméis y os
hartéis del seno de sus consuelos, de modo que chupéis y os
deleitéis de los pechos de su gloria.
12 Porque así dice Yahveh:
Mirad que yo tiendo hacia ella, como río la paz, y como raudal
desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos
seréis llevados y sobre las rodillas seréis acariciados.
13 Como uno a quien su
madre le consuela, así yo os consolaré (y por Jerusalén seréis
consolados).
14 Al verlo se os
regocijará el corazón, vuestros huesos como el césped florecerán, la
mano de Yahveh se dará a conocer a sus siervos, y su enojo a sus
enemigos.
15 Pues he aquí que Yahveh
en fuego viene y como torbellino son sus carros, para desfogar su
cólera con ira y su amenaza con llamas de fuego.
16 Porque con fuego
Yahveh va a juzgar y con su espada a toda carne, y serán muchas las
víctimas de Yahveh.
17 Los que se consagran y
los que se purifican en los jardines, detrás de uno que está en
medio, que comen carne de cerdo, cosas inmundas y de rata, a una
serán eliminados con sus acciones y sus pensamientos, - oráculo de
Yahveh -.
18 Yo vengo a reunir a
todas las naciones y lenguas; vendrán y verán mi gloria.
19 Pondré en ellos señal y
enviaré de ellos algunos escapados a las naciones: a Tarsis, Put y
Lud, Mések, Ros, Túbal, Yaván; a las islas remotas que no oyeron mi
fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.
20 Y traerán a todos
vuestros hermanos de todas las naciones como oblación a Yahveh - en
caballos, carros, literas, mulos y dromedarios - a mi monte santo de
Jerusalén - dice Yahveh - como traen los hijos de Israel la oblación
en recipiente limpio a la Casa de Yahveh.
21 Y también de entre
ellos tomaré para sacerdotes y levitas - dice Yahveh.
22 Porque así como los
cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mi
presencia - oráculo de Yahveh - así permanecerá vuestra raza y
vuestro nombre.
23 Así pues, de luna en
luna nueva y de sábado en sábado, vendrá todo el mundo a
prosternarse ante mí - dice Yahveh.
24 Y en saliendo, verán los cadáveres de aquellos que se rebelaron
contra mí; su gusano no morirá su fuego no se apagará, y serán el
asco de todo el mundo.
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