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Eclesiastés 1
1 Palabras de Cohélet,
hijo de David, rey en Jerusalén.
2 ¡Vanidad de vanidades! -
dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad!
3 ¿Qué saca el hombre de
toda la fatiga con que se afana bajo el sol?
4 Una generación va, otra
generación viene; pero la tierra para siempre permanece.
5 Sale el sol y el sol se
pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir.
6 Sopla hacia el sur el
viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y
vuelve el viento a girar.
7 Todos los ríos van al
mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá
vuelven a fluir.
8 Todas las cosas dan
fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído
de oír.
9 Lo que fue, eso será; lo
que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.
10 Si algo hay de que se
diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos
que nos precedieron.
11 No hay recuerdo de los
antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que
después vendrán.
12 Yo, Cohélet, he sido
rey de Israel, en Jerusalén.
13 He aplicado mi corazón
a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el
cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en
él se ocuparan!
14 He observado cuanto
sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.
15 Lo torcido no puede
enderezarse, lo que falta no se puede contar.
16 Me dije en mi corazón:
Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis
predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría
y ciencia.
17 He aplicado mi corazón
a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad,
he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos,
18 pues: Donde abunda
sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor.
Eclesiastés 2
1 Hablé en mi corazón:
¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar!
Pero vi que también esto es vanidad.
2 A la risa la llamé:
¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale?
3 Traté de regalar mi
cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría, y
entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de
los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de
su vida.
4 Emprendí mis grandes
obras; me construí palacios, me planté viñas;
5 me hice huertos y
jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.
6 Me construí albercas con
aguas para regar la frondosa plantación.
7 Tuve siervos y esclavas:
poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor
cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.
8 Atesoré también plata y
oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y
cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros.
9 Seguí engrandeciéndome
más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi sabiduría
se mantenía.
10 De cuanto me pedían mis
ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda
vez que mi corazón se solazaba de todas mis fatigas, y esto me
compensaba de todas mis fatigas.
11 Consideré entonces
todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi que
todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca
bajo el sol.
12 Yo me volví a
considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre
que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron?
13 Yo vi que la sabiduría
aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
14 El sabio tiene sus ojos
abiertos, mas el necio en las tinieblas camina. Pero también yo sé
que la misma suerte alcanza a ambos.
15 Entonces me dice: Como
la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi
sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad.
16 No hay recuerdo
duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son
olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio.
17 He detestado la vida,
porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y
atrapar vientos.
18 Detesté todos mis
fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor.
19 ¿Quién sabe si será
sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé
con fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.
20 Entregué mi corazón al
desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol,
21 pues un hombre que se
fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se
fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave.
22 Pues ¿qué le queda a
aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el
sol?
23 Pues todos sus días son
dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa.
También esto es vanidad.
24 No hay mayor felicidad
para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus
fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios,
25 pues quien come y quien
bebe, lo tiene de Dios.
26 Porque a quien le
agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la
tarea de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios.
También esto es vanidad y atrapar vientos.
Eclesiastés 3
1 Todo tiene su momento, y
cada cosa su tiempo bajo el cielo:
2 Su tiempo el nacer, y su
tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo
plantado.
3 Su tiempo el matar, y su
tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar.
4 Su tiempo el llorar, y
su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar.
5 Su tiempo el lanzar
piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su
tiempo el separarse.
6 Su tiempo el buscar, y
su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar.
7 Su tiempo el rasgar, y
su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar.
8 Su tiempo el amar, y su
tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz.
9 ¿Qué gana el que trabaja
con fatiga?
10 He considerado la tarea
que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen.
11 El ha hecho todas las
cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus
corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha
hecho de principio a fin.
12 Comprendo que no hay
para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en
su vida.
13 Y que todo hombre coma
y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.
14 Comprendo que cuanto
Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así
hace Dios que se le tema.
15 Lo que es, ya antes
fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado.
16 Todavía más he visto
bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el
sitial del justo, allí el impío.
17 Dije en mi corazón:
Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada
cosa y para toda obra.
18 Dije también en mi
corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que
Dios los pruebe y les demuestre que son como bestias.
19 Porque el hombre y la
bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos
tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la
bestia, pues todo es vanidad.
20 Todos caminan hacia una
misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.
21 ¿Quién sabe si el
aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento
de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra?
22 Veo que no hay para el
hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga.
Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de
él?
Eclesiastés 4
1 Yo me volví a considerar
todas las violencias perpetradas bajo el sol: vi el llanto de los
oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus
verdugos, sin tener quien los vengue.
2 Felicité a los muertos
que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven.
3 Más feliz aún que
entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la
iniquidad que se comete bajo el sol.
4 He visto que todo afán y
todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro.
También esto es vanidad y atrapar vientos.
5 El necio se cruza de
manos, y devora su carne.
6 Más vale llenar un
puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos.
7 Volví de nuevo a
considerar otra vanidad bajo el sol:
8 a saber, un hombre solo,
sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin que
sus ojos se harten de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a
mi vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio.
9 Más valen dos que uno
solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo.
10 Pues si cayeren, el uno
levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene
quien lo levante.
11 Si dos se acuestan,
tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará?
12 Si atacan a uno, los
dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper.
13 Más vale mozo pobre y
sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar.
14 Pues de prisión salió
quien llegó a reinar, aunque pobre en sus dominios naciera.
15 Veo a todos los
vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el
sucesor, el que ocupará su puesto.
16 Era sin fin la multitud
a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él.
También esto es vanidad y atrapar vientos.
17 Guarda tus pasos cuando
vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el
sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal.
Eclesiastés 5
1 No te precipites a
hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante
Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por
tanto pocas tus palabras.
2 Porque, los sueños
vienen de las muchas tareas. la voz necia, de las muchas palabras.
3 Si haces voto a Dios, no
tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has
hecho, cúmplelo.
4 Es mejor no hacer votos
que hacerlos y no cumplirlos.
5 No permitas que tu boca
haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue
inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y
destruir la obra de tus manos?
6 Cuantos los sueños,
tantas las vanidades y las muchas palabras. Pero tú teme a Dios.
7 Si en la región ves la
opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no
te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra
dignidad, y otra más dignas sobre ambas.
8 Se invocará el interés
común y el servicio del rey.
9 Quien ama el dinero, no
se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias.
También esto es vanidad.
10 A muchos bienes, muchos
que los devoren; y ¿de qué más sirven a su dueño que de espectáculo
para sus ojos?
11 Dulce el sueño del
obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja
dormir.
12 Hay un grave mal que yo
he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo
sirve para su mal,
13 pues las riquezas
perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya
en su mano.
14 Como salió del vientre
de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de
sus fatigas que pueda llevar en la mano.
15 También esto es grave
mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse para
el viento?
16 Todos los días pasa en
oscuridad, pena, fastidio, enfermedad y rabia.
17 Esto he experimentado:
lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos sus
fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que
Dios le da; porque esta es su paga.
18 Y además: cuando a
cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de
ellos, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un
don de Dios.
19 Porque así no recuerda
mucho los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el
corazón.
Eclesiastés 6
1 Hay otro mal que observo
bajo el sol, y que pesa sobre el hombre:
2 Un hombre a quien Dios
da riquezas, tesoros y honores; nada le falta de lo que desea, pero
Dios no le deja disfrutar de ello, porque un extraño lo disfruta.
Esto es vanidad y gran desgracia.
3 Si alguno que tiene cien
hijos y vive muchos años, y por muchos que sean sus años, no se
sacia su alma de felicidad y ni siquiera halla sepultura, entonces
yo digo: Más feliz es un aborto,
4 pues, entre vanidades
vino y en la oscuridad se va; mientras su nombre queda oculto en las
tinieblas.
5 No ha visto el sol, no
lo ha conocido, y ha tenido más descanso que el otro.
6 Y aunque hubiera vivido
por dos veces mil años, pero sin gustar la felicidad, ¿no caminan
acaso todos al mismo lugar?
7 Todo el mundo se fatiga
para comer, y a pesar de todo nunca se harta.
8 ¿En qué supera el sabio
al necio? ¿En qué, al pobre que sabe vivir su vida?
9 Mejor es lo que los ojos
ven que lo que el alma desea. También esto es vanidad y atrapar
vientos.
10 De lo que existe, ya se
anunció su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede litigar
con quien es más fuerte que él.
11 A más palabras, más
vanidades. ¿Qué provecho saca el hombre?
12 Porque, ¿quién sabe lo
que conviene al hombre en su vida, durante los días contados de su
vano vivir, que él los vive como una sombra? Pues ¿quién indicará al
hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?
Eclesiastés 7
1 Más vale el renombre que
óleo perfumado; y el día de la muerte más que el día del nacimiento.
2 Más vale ir a casa de
luto que ir a casa de festín; porque allí termina todo hombre, y
allí el que vive, reflexiona.
3 Más vale llorar que
reír, pues tras una cara triste hay un corazón feliz.
4 El corazón de los sabios
está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la
casa de alegría.
5 Más vale oír reproche de
sabio, que oír alabanza de necios.
6 Porque como crepitar de
zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es
vanidad.
7 El halago atonta al
sabio, y el regalo pervierte el corazón.
8 Más vale el término de
una cosa que su comienzo, más vale el paciente que el soberbio.
9 No te dejes llevar del
enojo, pues el enojo reside en el pecho de los necios.
10 No digas: ¿Cómo es que
el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios
preguntar sobre ello.
11 Tan buena es la
sabiduría como la hacienda, y aprovecha a los que ven el sol.
12 Porque la sabiduría
protege como el dinero, pero el saber le aventaja en que hace vivir
al que lo posee.
13 Mira la obra de Dios:
¿quién podrá enderezar lo que él torció?
14 Alégrate en el día
feliz y, en el día desgraciado, considera que, tanto uno como otro,
Dios lo hace para que el hombre nada descubra de su porvenir.
15 En mi vano vivir, de
todo he visto: justos perecer en su justicia, e impíos envejecer en
su iniquidad.
16 No quieras ser justo en
demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte?
17 No quieras ser
demasiado impío, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tu
tiempo?
18 Bueno es que mantengas
esto sin dejar aquellos de la mano, porque el temeroso de Dios con
todo ello se sale.
19 La sabiduría da más
fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.
20 Cierto es que no hay
ningún justo en la tierra que haga el bien sin nunca pecar.
21 Tampoco hagas caso de
todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te denigra.
22 Que tu corazón bien
sabe cuántas veces también tú has denigrado a otros.
23 Todo esto lo intenté
con la sabiduría. Dije: Seré sabio. Pero eso estaba lejos de mí.
24 Lejos está cualquier
cosa, y profundo, lo profundo: ¿quién lo encontrará?
25 He aplicado mi corazón
a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como
una necedad, y la necedad como una locura.
26 He hallado que la mujer
es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón
como un lazo, y sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se
libra de ella, mas el pecador cae en su trampa.
27 Mira, esto he hallado,
dice Cohélet, tratando de razonar, caso por caso.
28 Aunque he seguido
buscando, nada más he hallado. Un hombre entre mil, sí que lo hallo;
pero mujer entre todas ellas, no la encuentro.
29 Mira, lo que hallé fue
sólo esto: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con
muchas razones.
Eclesiastés 8
1 ¿Quién como el sabio?
¿Quién otro sabe explicar una cosa? La sabiduría del hombre hace
brillar su rostro, y sus facciones severas transfigura.
2 Aténte al dictado del
rey, y por causa del juramento divino
3 no te apresures a irte
de su presencia; no te mezcles en conspiración, pues todo cuanto le
plazca puede hacerlo,
4 ya que la palabra regia
es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces?
5 Quien se atiene al
mandamiento, no sabe de conspiraciones. Y el corazón del sabio sabe
el cuándo y el cómo.
6 Porque todo asunto tiene
su cuándo y su cómo. Pues es grande el peligro que acecha al hombre,
7 ya que éste ignora lo
que está por venir, pues lo que está por venir, ¿quién va a
anunciárselo?
8 No es el hombre señor
del viento para domeñar al viento. Tampoco hay señorío sobre el día
de la muerte, ni hay evasión en la agonía, ni libra la maldad a sus
autores.
9 Todo esto tengo visto al
aplicar mi corazón a cuanto pasa bajo el sol, cuando el hombre
domina en el hombre para causarle el mal.
10 Por ejemplo, he visto a
gente mala llevada a la tumba. Partieron del Lugar Santo, y se dio
al olvido en la ciudad que hubiesen obrado de aquel modo. ¡Otro
absurdo!:
11 que no se ejecute en
seguida la sentencia de la conducta del malo, con lo que el corazón
de los humanos se llena de ganas de hacer el mal;
12 que el pecador haga el
mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que
les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro
temen,
13 y que no le va bien al
malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el
rostro de Dios.
14 Pues bien, un absurdo
se da en la tierra: Hay justos a quienes les sucede cual corresponde
a las obras de los malos, y malos a quienes sucede cual corresponde
a las obras de los buenos. Digo que este es otro absurdo.
15 Y yo por mí alabo la
alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el
sol, si no es comer, beber y divertirse; y eso es lo que le
acompaña en sus fatigas en los días de vida que Dios le hubiera dado
bajo el sol.
16 Cuanto más apliqué mi
corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el ajetreo que se da
sobre la tierra - pues ni de día ni de noche concilian los ojos el
sueño -
17 fui viendo que el ser
humano no puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se
realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar, nada
descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de
descubrirlo.
Eclesiastés 9
1 Pues bien, a todo eso he
aplicado mi corazón y todo lo he explorado, y he visto que los
justos y los sabios y sus obras están en manos de Dios. Y ni de amor
ni de odio saben los hombres nada: todo les resulta
2 absurdo. Como el que
haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado,
el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace,
así el bueno como el pecador, el que jura como el que se recata de
jurar.
3 Eso es lo peor de todo
cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así
el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus
corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos!
4 Pues mientras uno sigue
unido a todos los vivientes hay algo seguro, pues vale más perro
vivo que león muerto.
5 Porque los vivos saben
que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga
para ellos, pues se perdió su memoria.
6 Tanto su amor, como su
odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte
nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol.
7 Anda, come con alegría
tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con
tus obras.
8 En toda sazón sean tus
ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza.
9 Vive la vida con la
mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha
dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas
con que te afanas bajo el sol.
10 Cualquier cosa que esté
a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá
obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te
encaminas.
11 Vi además que bajo el
sol no siempre es de los ligeros el correr ni de los esforzados la
pelea; como también hay sabios sin pan, como también discretos sin
hacienda, como también hay doctos que no gustan, pues a todos les
llega algún mal momento.
12 Porque, además, el
hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como
pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el
infortunio cuando les cae encima de improviso.
13 También he visto otro
acierto bajo el sol, y grande, a juicio mío:
14 Una ciudad chiquita,
con pocos hombres en ella. Llega un gran rey y le pone cerco,
levantando frente a ella empalizadas potentes.
15 Encontrábase allí un
hombre pobre y sabio. El pudo haber librado la ciudad gracias a su
sabiduría, ¡pero nadie paró mientes en aquel pobre!
16 Y yo me digo: Más vale
sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus
palabras no se escuchan.
17 Mejor se oyen las
palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los
necios.
18 Más vale sabiduría que
armas de combate, pero un solo yerro echa a perder mucho bueno.
Eclesiastés 10
1 Una mosca muerta pudre
una copa de ungüento de perfumista; monta más un poco de necedad que
sabiduría y honor.
2 El sabio tiene el
corazón a la derecha, el necio tiene el corazón a la izquierda.
3 Además, en cualquier
camino que tome el necio, su entendimiento no le da de sí y dice de
todo el mundo: «Ese es un necio.»
4 Si el enojo del que
manda se abate sobre ti, no abandones tu puesto, que la flema libra
de graves yerros.
5 Otra calamidad he visto
bajo el sol, como error que emana de la autoridad:
6 La necedad elevada a
grandes dignidades, mientras ricos se sentaban abajo.
7 He visto siervos a
caballo, y príncipes que iban a pie, como los siervos.
8 El que cava la hoya cae
en ella, y al que atraviesa el seto le muerde la culebra.
9 El que saca piedras se
lastima con ellas, el que raja maderos puede hacerse daño.
10 Si se embota el hierro
y no se afilan sus caras, hay que acrecentar los bríos: también
supone ganancia afinar en sabiduría.
11 Si pica culebra por
falta de encantamiento no hay ganancia para el encantador.
12 Palabras de boca de
sabio agradan, mas los labios del necio a él lo engullen.
13 Empieza diciendo
necedades, para acabar en locura de las malas.
14 Y el necio dice más y
más palabras. Nadie sabe lo que vas venir, y el remate de todo,
¿quién puede pronosticárselo?
15 Lo que más molesta al
necio es que no sabe ir a la ciudad.
16 ¡Ay de ti, tierra, cuyo
rey es un chiquillo, y cuyos príncipes comen de mañana!
17 ¡Dichosa tú, tierra,
cuyo rey es hidalgo y cuyos príncipes comen a la hora, por cobrar
vigor y no por banquetear!
18 Por estar mano sobre
mano se desploma la viga, y por brazos caídos la casa se viene
abajo.
19 Para holgar preparan su
banquete, y el vino alegra la vida, y el dinero todo lo allana.
20 Ni aun en tu rincón
faltes al rey, ni en tu misma alcoba faltes al rico, que un pájaro
del cielo hace correr la voz, y un ser alado va a contar la cosa.
Eclesiastés 11
1 Echa tu pan al agua, que
al cabo de mucho tiempo lo encontrarás.
2 Reparte con siete, y
también con ocho, que no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.
3 Si las nubes van llenas,
vierten lluvia sobre la tierra, y caiga el árbol al sur o al norte,
donde cae el árbol allí se queda.
4 El que vigila el viento
no siembra, el que mira a las nubes no siega.
5 Como no sabes cómo viene
el espíritu a los huesos en el vientre de la mujer encinta, así
tampoco sabes la obra de Dios que todo lo hace.
6 De madrugada siembra tu
simiente y a la tarde no des paz a tu mano. Pues no sabes si es
menor esto o lo otro o si ambas cosas son igual de buenas.
7 Dulce es la luz y bueno
para los ojos ver el sol.
8 Si uno vive muchos años,
que se alegre en todos ellos, y tenga en cuenta que los días de
tinieblas muchos serán, que es vanidad todo el porvenir.
9 Alégrate, mozo, en tu
juventud, ten buen humor en tus años mozos, Vete por donde te lleve
el corazón y a gusto de tus ojos; pero a sabiendas de que por todo
ello te emplazará Dios a juicio.
10 Aparta el mal humor de
tu pecho y aleja el sufrimiento de tu carne, pero juventud y pelo
negro, vanidad.
Eclesiastés 12
1 Acuérdate de tu Creador
en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen
encima años en que dirás: «No me agradan»;
2 mientras no se nublen el
sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la
lluvia;
3 cuando tiemblen los
guardas de palacio y se doblen los guerreros, se paren las
moledoras, por quedar pocas, se queden a oscuras las que miran por
las ventanas,
4 y se cierren las puertas
de la calle, ahogándose el son del molino; cundo uno se levante al
canto del pájaro, y se enmudezcan todas las canciones.
5 También la altura da
recelo, y hay sustos en el camino, florece el almendro, está grávida
la langosta, y pierde su sabor la alcaparra; y es que el hombre se
va a su eterna morada, y circulan por la calle los del duelo;
6 mientras no se quiebre
la hebra de plata, se rompa la bolita de oro, se haga añicos el
cántaro contra la fuente, se caiga la polea dentro del pozo,
7 vuelva el polvo a la
tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo
dio.
8 ¡Vanidad de vanidades! -
dice Cohélet -: ¡todo vanidad!
9 Cohélet, a más de ser un
sabio, enseñó doctrina al pueblo. Ponderó e investigó, compuso
muchos proverbios.
10 Cohélet trabajó mucho
en inventar frases felices, y escribir bien sentencias verídicas.
11 Las palabras de los
sabios son como aguijadas, o como estacas hincadas, puertas por un
pastor para controlar el rebaño.
12 Lo que de ellas se
saca, hijo mío, es ilustrarse. Componer muchos libros es nunca
acabar, y estudiar demasiado daña la salud.
13 Basta de palabras. Todo
está dicho. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser
hombre cabal.
14 Porque toda obra la
emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o
malo.
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