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Éxodo 1
1 Estos son los nombres de
los israelitas que entraron con Jacob en Egipto, cada uno con su
familia:
2 Rubén, Simeón, Leví,
Judá,
3 Isacar, Zabulón,
Benjamín,
4 Dan, Neftalí, Gad y Aser.
5 El número de los
descendientes de Jacob era de setenta personas. José estaba ya
en Egipto.
6 Murió José, y todos sus
hermanos, y toda aquella generación;
7 pero los israelitas
fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos
y fuertes y llenaron el país.
8 Se alzó en Egipto un
nuevo rey, que nada sabía de José;
9 y que dijo a su pueblo:
«Mirad, los israelitas son un pueblo más numeroso y fuerte que
nosotros.
10 Tomemos precauciones
contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso
de guerra se una también él a nuestros enemigos para luchar
contra nosotros y salir del país.»
11 Les impusieron pues,
capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y así
edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés.
12 Pero cuanto más les
oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de modo que los
egipcios llegaron a temer a los israelitas.
13 Y redujeron a cruel
servidumbre a los israelitas,
14 les amargaron la vida
con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de
labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían
por crueldad.
15 El rey de Egipto dio
también orden a las parteras de las hebreas, una de las cuales
se llamaba Sifrá, y la otra Puá,
16 diciéndoles: «Cuando
asistáis a las hebreas, observad bien las dos piedras: si es
niño, hacedle morir; si es niña dejadla con vida.»
17 Pero las parteras
temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de
Egipto, sino que dejaban con vida a los niños.
18 Llamó el rey de Egipto
a las parteras y les dijo: «¿ Por qué habéis hecho esto y dejáis
con vida a los niños?»
19 Respondieron las
parteras a Faraón: «Es que las hebreas no son como las egipcias.
Son más robustas, y antes que llegue la partera, ya han dado a
luz.»
20 Y Dios favoreció a las
parteras. El pueblo se multiplicó y se hizo muy poderoso.
21 Y por haber temido las
parteras a Dios, les concedió numerosa prole.
22 Entonces Faraón dio a
todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al
Río; pero a las niñas las dejaréis con vida.»
Éxodo 2
1 Un hombre de la casa de
Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví.
2 Concibió la mujer y dio
a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo tuvo escondido
durante tres meses.
3 Pero no pudiendo
ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la
calafateó con betún y pez, metió en ella al niño, y la puso
entre los juncos, a la orilla del Río.
4 La hermana del niño se
apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.
5 Bajó la hija de Faraón a
bañarse en el Río y, mientras sus doncellas se paseaban por la
orilla del Río, divisó la cestilla entre los juncos, y envió una
criada suya para que la cogiera.
6 Al abrirla, vio que era
un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de
los niños hebreos.»
7 Entonces dijo la hermana
a la hija de Faraón: «¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza
de entre las hebreas para que te críe este niño?»
8 «Vete», le contestó la
hija de Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño.
9 Y la hija de Faraón le
dijo: «Toma este niño y críamelo que yo te pagaré.» Tomó la
mujer al niño y lo crió.
10 El niño creció, y ella
lo llevó entonces a la hija de Faraón, que lo tuvo por hijo, y
le llamó Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado.»
11 En aquellos días,
cuando Moisés ya fue mayor, fue a visitar a sus hermanos, y
comprobó sus penosos trabajos; vio también cómo un egipcio
golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos.
12 Miró a uno y a otro
lado, y no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la
arena.
13 Salió al día siguiente
y vio a dos hebreos que reñían. Y dijo al culpable: «¿Por qué
pegas a tu compañero?»
14 El respondió: «¿Quién
te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás
pensando en matarme como mataste al egipcio?» Moisés, lleno de
temor, se dijo: «La cosa ciertamente se sabe.»
15 Supo Faraón lo sucedido
y buscaba a Moisés para matarle; pero él huyó de la presencia de
Faraón, y se fue a vivir al país de Madián. Se sentó junto a un
pozo.
16 Tenía un sacerdote de
Madián siete hijas, que fueron a sacar agua y llenar los pilones
para abrevar las ovejas de su padre.
17 Pero vinieron los
pastores y las echaron. Entonces, levantándose Moisés, salió en
su defensa y les abrevó el rebaño.
18 Al volver ellas a donde
su padre Reuel, éste les dijo: «Cómo es que venís hoy tan
pronto?»
19 Respondieron: «Un
egipcio nos libró de las manos de los pastores, y además sacó
agua para nosotras y abrevó el rebaño.»
20 Preguntó entonces a sus
hijas: «¿Y dónde está? ¿Cómo así habéis dejado a ese hombre?
Llamadle para que coma.»
21 Aceptó Moisés morar con
aquel hombre, que dio a Moisés su hija Séfora.
22 Esta dio a luz un hijo
y llamóle Guersom, pues dijo: «Forastero soy en tierra extraña.»
23 Durante este largo
período murió el rey de Egipto; los israelitas, gimiendo bajo la
servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su
esclavitud, subió a Dios.
24 Oyó Dios sus gemidos, y
acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.
25 Y miró Dios a los hijos
de Israel y conoció...
Éxodo 3
1 Moisés era pastor del
rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó
las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la
montaña de Dios.
2 El ángel de Yahveh se le
apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio
que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
3 Dijo, pues, Moisés: «Voy
a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la
zarza.»
4 Cuando vio Yahveh que
Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza,
diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí.»
5 Le dijo: «No te acerques
aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que
estás es tierra sagrada.»
6 Y añadió: «Yo soy el
Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios
de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7 Dijo Yahveh: «Bien vista
tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su
clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus
sufrimientos.
8 He bajado para librarle
de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una
tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al
país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los
perizitas, de los jivitas y de los jebuseos.
9 Así pues, el clamor de
los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión
con que los egipcios los oprimen.
10 Ahora, pues, ve; yo te
envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de
Egipto.»
11 Dijo Moisés a Dios:
¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los
israelitas?»
12 Respondió: «Yo estaré
contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando
hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este
monte .»
13 Contestó Moisés a Dios:
«Si voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres
me ha enviado a vosotros”; cuando me pregunten: “¿Cuál es su
nombre?”, ¿qué les responderé?»
14 Dijo Dios a Moisés: «Yo
soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy”
me ha enviado a vosotros.»
15 Siguió Dios diciendo a
Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros
padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob,
me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él
seré invocado de generación en generación.»
16 «Ve, y reúne a los
ancianos de Israel, y diles: “Yahveh, el Dios de vuestros
padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció
y me dijo: Yo os he visitado y he visto lo que os han hecho en
Egipto.
17 Y he decidido sacaros
de la tribulación de Egipto al país de los cananeos, los
hititas, los amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos, a una
tierra que mana leche y miel.”
18 Ellos escucharán tu
voz, y tú irás con los ancianos de Israel donde el rey de
Egipto; y le diréis: “Yahveh, el Dios de los hebreos, se nos ha
aparecido. Permite, pues, que vayamos camino de tres días al
desierto, para ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios.”
19 Ya sé que el rey de
Egipto no os dejará ir sino forzado por mano poderosa.
20 Pero yo extenderé mi
mano y heriré a Egipto con toda suerte de prodigios que obraré
en medio de ellos y después os dejará salir.»
21 «Yo haré que este
pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, de modo que
cuando partáis, no saldréis con las manos vacías,
22 sino que cada mujer
pedirá a su vecina y a la que mora en su casa objetos de plata,
objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a
vuestras hijas, y así despojaréis a los egipcios.»
Éxodo 4
1 Respondió Moisés y dijo:
«No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: “No se te
ha aparecido Yahveh.”»
2 Díjole Yahveh: «¿Qué
tienes en tu mano?» «Un cayado», respondió él.
3 Yahveh le dijo: «Échalo
a tierra.» Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y
Moisés huyó de ella.
4 Dijo Yahveh a Moisés:
«Extiende tu mano y agárrala por la cola.» Extendió la mano, la
agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
5 «Para que crean que se
te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
6 Y añadió Yahveh: «Mete
tu mano en el pecho.» Metió él la mano en su pecho y cuando la
volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
7 Y le dijo: «Vuelve a
meter la mano en tu pecho.» La volvió a meter y, cuando la sacó
de nuevo, estaba ya como el resto de su carne.
8 «Así pues, si no te
creen ni escuchan la voz por la primera señal, creerán por la
segunda.
9 Y si no creen tampoco
por estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del Río
y la derramarás en el suelo; y el agua que saques del Río se
convertirá en sangre sobre el suelo.»
10 Dijo Moisés a Yahveh:
«¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil,
ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy
torpe de boca y de lengua.»
11 Le respondió Yahveh:
«¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al
sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
12 Así pues, vete, que yo
estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir.»
13 El replicó: «Por favor,
envía a quien quieras.»
14 Entonces se encendió la
ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: «¿No tienes a tu hermano
Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente
ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
15 Tu le hablarás y
pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la
suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
16 El hablará por ti al
pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
17 Toma también en tu mano
este cayado, porque con él has de hacer las señales.»
18 Moisés volvió y regresó
a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: «Con tu permiso, me
vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven
todavía.» Dijo Jetró a Moisés: «Vete en paz.»
19 Yahveh dijo a Moisés en
Madián: «Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que
buscaban tu muerte.»
20 Tomó, pues, Moisés a su
mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la
tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su
mano.
21 Y dijo Yahveh a Moisés:
«Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los
prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte,
endureceré su corazón, y no dejará salir al pueblo.
22 Y dirás a Faraón: Así
dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Yo te he dicho: “Deja
ir a mi hijo para que me dé culto,” pero como tú no quieres
dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu
primogénito.»
24 Y sucedió que en el
camino le salió al encuentro Yahveh en el lugar donde pasaba la
noche y quiso darle muerte.
25 Tomó entonces Seforá un
cuchillo de pedernal y, cortando el prepucio de su hijo, tocó
los pies de Moisés, diciendo: «Tú eres para mí esposo de
sangre.»
26 Y Yahveh le soltó; ella
había dicho: «esposo de sangre», por la circuncisión.
27 Dijo Yahveh a Aarón:
«Vete al desierto al encuentro de Moisés.» Partió, pues, y le
encontró en el monte de Dios y le besó.
28 Moisés contó a Aarón
todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las
señales que le había mandado hacer.
29 Fueron, pues, Moisés y
Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
30 Aarón refirió todas las
palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las
señales delante del pueblo.
31 El pueblo creyó, y al
oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su
aflicción, se postraron y adoraron
Éxodo 5
1 Después se presentaron
Moisés y Aarón a Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios
de Israel: Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta
en el desierto.»
2 Respondió Faraón: «¿Quién
es Yahveh para que yo escuche su voz y deje salir a Israel? No
conozco a Yahveh y no dejaré salir a Israel.»
3 Ellos dijeron: «El Dios
de los hebreos se nos ha aparecido; permite, pues, que vayamos
camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios a
Yahveh, nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o
espada.»
4 El rey de Egipto les
replicó: «¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, apartáis al pueblo
de sus trabajos? Idos a vuestra tarea.»
5 Y añadió Faraón: «Ahora
que el pueblo de esa región es numeroso ¿queréis interrumpir sus
trabajos?»
6 Aquel mismo día dio
Faraón esta orden a los capataces del pueblo y a los escribas:
7 «Ya no daréis como antes
paja al pueblo para hacer ladrillos; que vayan ellos mismos a
buscársela.
8 Pero que hagan la misma
cantidad de ladrillos que hacían antes, sin rebajarla; pues son
unos perezosos. Y por eso claman diciendo: Vamos a ofrecer
sacrificios a nuestro Dios.
9 Que se aumente el
trabajo de estos hombres para que estén ocupados en él y no den
oídos a palabras mentirosas.
10 Salieron los capataces
del pueblo diciendo: «Esto dice Faraón: No os daré ya más paja;
11 id vosotros mismos a
buscárosla donde la podáis hallar. Pero vuestra tarea no se
disminuirá en nada.»
12 Esparcióse, pues, el
pueblo por el país de Egipto en busca de rastrojo para emplearlo
como paja.
13 Los capataces por su
lado los apremiaban, diciendo: «Terminad la tarea que os ha sido
fijada para cada día, como cuando había paja.»
14 A los escribas de los
israelitas, que los capataces de Faraón habían puesto al frente
de aquéllos, se les castigó, diciéndoles: «¿Por qué no habéis
hecho, ni ayer ni hoy, la misma cantidad de ladrillos que
antes?»
15 Los escribas de los
israelitas fueron a quejarse a Faraón, diciendo: «¿Por qué
tratas así a tus siervos?
16 No se da paja a tus
siervos y sin embargo nos dicen: “Haced ladrillos.” Y he aquí
que tus siervos son castigados...»
17 El respondió:
«Haraganes sois, grandes haraganes; por eso decís: “Vamos a
ofrecer sacrificios a Yahveh.”
18 Pues, id a trabajar; no
se os dará paja, y habéis de entregar la cantidad de ladrillos
señalada.»
19 Los escribas de los
israelitas se vieron en grande aprieto, pues les ordenaron: «No
disminuiréis vuestra producción diaria de ladrillos.»
20 Encontráronse, pues,
con Moisés y Aarón, que les estaban esperando a la salida de su
entrevista con Faraón,
21 y les dijeron: Que
Yahveh os examine y que él os juzgue por habernos hecho odiosos
a Faraón y a sus siervos y haber puesto la espada en sus manos
para matarnos.»
22 Volvióse entonces
Moisés a Yahveh y dijo: «Señor, ¿por qué maltratas a este
pueblo? ¿por qué me has enviado?
23 Pues desde que fui a
Faraón para hablarle en tu nombre está maltratando a este
pueblo, y tú no haces nada por librarle.»
Éxodo 6
1 Respondió Yahveh a
Moisés: «Ahora verás lo que voy a hacer con Faraón; porque bajo
fuerte mano tendrá que dejarles partir y bajo fuerte mano él
mismo los expulsará de su territorio.»
2 Habló Dios a Moisés y le
dijo: «Yo soy Yahveh.
3 Me aparecí a Abraham, a
Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahveh no se
lo di a conocer.
4 También con ellos
establecí mi alianza, para darles la tierra de Canaán, la tierra
en que peregrinaron y en la que moraron como forasteros.
5 Y ahora, al oír el
gemido de los israelitas, reducidos a esclavitud por los
egipcios, he recordado mi alianza.
6 Por tanto, di a los
hijos de Israel: Yo soy Yahveh; Yo os libertaré de los duros
trabajos de los egipcios, os libraré de su esclavitud y os
salvaré con brazo tenso y castigos grandes.
7 Yo os haré mi pueblo, y
seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios,
que os sacaré de la esclavitud de Egipto.
8 Yo os introduciré en la
tierra que he jurado dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la
daré en herencia. Yo, Yahveh.»
9 Moisés dijo esto a los
israelitas; pero ellos no escucharon a Moisés, consumidos por la
dura servidumbre.
10 Entonces Yahveh habló a
Moisés diciendo:
11 «Ve a hablar con
Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los israelitas
fuera de su territorio.»
12 Respondió Moisés ante
Yahveh: «Si los israelitas no escuchan: ¿cómo me va a escuchar
Faraón, a mí que soy torpe de palabra?»
13 Pero Yahveh habló a
Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para
Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar del país de Egipto a los
israelitas.
14 Estos son los jefes de
sus casas paternas: Hijos de Rubén, primogénito de Israel:
Henoc, Pallú, Jesrón y Karmí, éstas son las familias de Rubén.
15 Hijos de Simeón:
Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea;
éstas son las familias de Simeón.
16 Y éstos son los nombres
de los hijos de Leví por sus linajes: Guerson, Quehat, Merarí.
Los años de la vida de Leví fueron 137.
17 Hijos de Guerson: Libní
y Simei según sus familias.
18 Hijos de Quehat: Amram,
Yishar, Hebrón y Uzziel. Los años de la vida de Quehat fueron
133 años.
19 Hijos de Merarí: Majlí
y Musí. Estas son las familias de los levitas, por sus linajes.
20 Amram tomó por mujer a
Yokébed, su tía, de la cual nacieron Aarón y Moisés. Y los años
de la vida de Amram fueron 137.
21 Hijos de Yishar: Coré,
Néfeg y Zikrí.
22 Hijos de Uzziel:
Missael, Elsafán y Sitrí.
23 Aarón tomó por mujer a
Isabel, hija de Amminadab, hermana de Najsón; de la cual le
nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
24 Hijos de Coré: Assir,
Elcaná y Abiasaf. Estas son la familias de los coreítas.
25 Eleazar, hijo de Aarón,
tomó por mujer a una de las hijas de Putiel y de ella nació
Pinjás. Estos son los jefes de las casas paternas de los
levitas, según sus familias.
26 Estos son, pues, aquel
Aarón y aquel Moisés a quienes dijo Yahveh: «Sacad a los
israelitas de la tierra de Egipto en orden de campaña.»
27 Estos son los que
hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar de Egipto a los
israelitas. Estos son Moisés y Aarón.
28 El día en que Yahveh
habló a Moisés en el país de Egipto,
29 le dijo: «Yo soy Yahveh;
di a Faraón, rey de Egipto, cuanto yo te diga.»
30 Moisés respondió ante
Yahveh: «Siendo yo torpe de palabra, ¿cómo me va a escuchar
Faraón?»
Éxodo 7
1 Dijo Yahveh a Moisés:
«Mira que te he constituido como dios para Faraón y Aarón, tu
hermano, será tu profeta;
2 tú le dirás cuanto yo te
mande; y Aarón, tu hermano, se lo dirá a Faraón, para que deje
salir de su país a los israelitas.
3 Yo, por mi parte,
endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y
mis prodigios en el país de Egipto.
4 Faraón no os escuchará,
pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de
Egipto a mi ejército, mi pueblo, los israelitas, a fuerza de
duros castigos.
5 Y los egipcios
reconocerán que yo soy Yahveh, cuando extienda mi mano sobre
Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel.»
6 Moisés y Aarón hicieron
lo que les mandó Yahveh.
7 Tenía Moisés ochenta
años, y Aarón 83 cuando hablaron a Faraón.
8 Habló Yahveh a Moisés y
Aarón, y dijo:
9 «Cuando Faraón os diga:
Haced algún prodigio, dirás a Aarón: “Toma tu cayado y échalo
delante de Faraón, y que se convierta en serpiente.”»
10 Presentáronse, pues,
Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Yahveh había
ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus
servidores, y se convirtió en serpiente.
11 También Faraón llamó a
los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los sabios
egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas.
12 Echó cada cual su vara,
y se trocaron en serpientes; pero el cayado de Aarón devoró sus
varas.
13 Sin embargo el corazón
de Faraón se endureció, y no les escuchó, conforme había
predicho Yahveh.
14 Entonces dijo Yahveh a
Moisés: «El corazón de Faraón es obstinado; se niega a dejar
salir al pueblo.
15 Preséntate a Faraón por
la mañana, cuando vaya a la ribera. Le saldrás al encuentro a la
orilla del Río, llevando en tu mano el cayado que se convirtió
en serpiente.
16 Y le dirás: Yahveh, el
Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: “Deja
partir a mi pueblo, para que me den culto en el desierto”; pero
hasta el presente no has escuchado.
17 Así dice Yahveh: En
esto conocerás que yo soy Yahveh: Mira que voy a golpear con el
cayado que tengo en la mano las aguas del Río, y se convertirán
en sangre.
18 Los peces del Río
morirán, y el Río quedará apestado de modo que los egipcios no
podrán ya beber agua del Río.»
19 Yahveh dijo a Moisés:
«Di a Aarón: Toma tu cayado, y extiende tu mano sobre las aguas
de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas
y sobre todos sus depósitos de agua. Se convertirán en sangre; y
habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los árboles y
la piedras.»
20 Moisés y Aarón hicieron
lo que Yahveh les había mandado: alzó el cayado y golpeó las
aguas que hay en el Rió en presencia de Faraón y de sus
servidores, y todas las aguas del Rió se convirtieron en sangre.
21 Los peces del Río
murieron, el Río quedó apestado de modo que los egipcios nos
pudieron beber el agua del Río; hubo sangre en todo el país de
Egipto.
22 Pero lo mismo hicieron
con sus encantamientos los magos de Egipto; y el corazón de
Faraón se endureció y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
23 Se volvió Faraón y
entró en su casa sin hacer caso de ello.
24 Y todos los egipcios
tuvieron que cavar en los alrededores del Río en busca de agua
potable, porque no podían beber las aguas del Río.
25 Pasaron siete días
desde que Yahveh hirió el Río.
26 Y dijo Yahveh a Moisés:
«Preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh: “Deja salir a mi
pueblo para que me dé culto.”
27 Si te niegas a dejarle
partir infestaré de ranas todo tu país.
28 El Río bullirá de ranas,
que subirán y entrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu
lecho, en las casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus
hornos y en tus artesas.
29 Subirán la ranas sobre
ti, sobre tu pueblo, y sobre tus siervos.»
Éxodo 8
1 Dijo Yahveh a Moisés:
«Di a Aarón: Extiende tu mano con tu cayado sobre los canales,
sobre los ríos y sobre las lagunas, y haz que suban las ranas
sobre la tierra de Egipto.»
2 Aarón extendió su mano
sobre las aguas de Egipto; subieron la ranas y cubrieron la
tierra de Egipto.
3 Pero los magos hicieron
lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir las ranas
sobre la tierra de Egipto.
4 Faraón llamó a Moisés y
a Aarón y dijo: «Pedid a Yahveh que aparte las ranas de mí y de
mi pueblo, y yo dejaré salir al pueblo para que ofrezca
sacrificios a Yahveh.»
5 Respondió Moisés a
Faraón: «Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus
siervos y por tu pueblo, para que se alejen las ranas de ti y de
tus casas, y queden solamente en el Río.»
6 «Mañana», contestó el.
Replicó Moisés: «Será conforme a tu palabra, para que sepas que
no hay como Yahveh, nuestro Dios.
7 Las ranas se apartarán
de ti, de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo, y quedarán
sólo en el Río.»
8 Salieron Moisés y Aarón
de la presencia de Faraón, invocó Moisés a Yahveh acerca de las
ranas que afligían a Faraón,
9 y Yahveh hizo lo que
Moisés pedía: murieron las ranas de las casas, de los patios y
de los campos.
10 Las juntaron en
montones y el país apestaba.
11 Pero Faraón viendo que
tenía este respiro, endureció su corazón, y no les escuchó como
había predicho Yahveh.
12 Dijo Yahveh a Moisés:
«Di a Aarón: extiende tu cayado y golpea el polvo de la tierra
que se convertirá en mosquitos sobre todo el país de Egipto.»
13 Así lo hicieron: Aarón
extendió su mano con el cayado y golpeó el polvo de la tierra; y
hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los ganados. Todo el
polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país
de Egipto.
14 Los magos intentaron
con sus encantamientos hacer salir mosquitos, pero no pudieron.
Hubo, pues, mosquitos sobre hombres y ganados.
15 Dijeron los magos a
Faraón: «¡es el dedo de Dios!» Pero el corazón de Faraón se
endureció, y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
16 Yahveh dijo a Moisés: «Levántate
muy de mañana, preséntate a Faraón cuando vaya a la ribera, y
dile: Así dice Yahveh: “Deja salir a mi pueblo, para que me dé
culto.”
17 Si no dejas salir a mi
pueblo, mira que voy a enviar tábanos contra ti, contra tus
siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las casas de los
egipcios y hasta el suelo sobre el cual están se llenarán de
tábanos.
18 Pero exceptuaré ese día
la región de Gosen, donde está mi pueblo, para que no haya allí
tábanos, a fin de que sepas que yo soy Yahveh en medio de la
tierra;
19 haré distinción entre
mi pueblo y el tuyo. Este prodigio sucederá mañana.»
20 Así lo hizo Yahveh, y
un enorme enjambre de tábanos vino sobre la casa de Faraón y la
casas de sus siervos; y toda la tierra de Egipto; la tierra fue
devastada por los tábanos.
21 Entonces llamó Faraón a
Moisés y a Aarón y les dijo: «Id y ofreced sacrificios a vuestro
Dios en este país.»
22 Moisés respondió: «No
conviene que se haga así, porque el sacrificio que ofrecemos a
Yahveh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. ¿No nos
apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un
sacrificio que para ellos es abominable?
23 Iremos tres jornadas de
camino por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios a Yahveh,
nuestro Dios, según él nos ordena.»
24 Contestó Faraón: «Os
dejaré ir, para que ofrezcáis en el desierto sacrificios a
Yahveh, vuestro Dios, con tal que no vayáis demasiado lejos.
Rogad por mí.»
25 Moisés respondió: «En
cuanto salga rogaré a Yahveh, y mañana los tábanos se alejarán
de Faraón, de sus siervos y de su pueblo; pero que no nos siga
engañando Faraón, impidiendo que el pueblo vaya a ofrecer
sacrificios a Yahveh.»
26 Salió, pues, Moisés de
la presencia de Faraón, y rogó a Yahveh.
27 Hizo Yahveh lo que
Moisés pedía, y alejó los tábanos del Faraón, de sus siervos y
de su pueblo, sin quedar ni uno.
28 Pero también esta vez
endureció Faraón su corazón y no dejó salir al pueblo.
Éxodo 9
1 Yahveh dijo a Moisés: «Preséntate
a Faraón y dile: Así dice Yahveh, el Dios de los hebreos: “Deja
salir a mi pueblo para que me den culto.”
2 Si te niegas a dejarles
salir y los sigues reteniendo,
3 mira que la mano de
Yahveh caerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos,
sobre los asnos, sobre los camellos, sobre la vacadas y sobre
las ovejas; habrá una grandísima peste.
4 Pero Yahveh hará
distinción entre el ganado de Israel y el ganado de los egipcios,
de modo que nada perecerá de lo perteneciente a Israel.»
5 Y Yahveh fijó el plazo,
diciendo: «Mañana hará esto Yahveh en el país.»
6 Al día siguiente cumplió
Yahveh su palabra y murió todo el ganado de los egipcios; mas
del ganado de los israelitas no murió ni una sola cabeza.
7 Faraón mandó hacer
averiguaciones, y se vio que del ganado de Israel no había
muerto ni un solo animal. Sin embargo, se endureció el corazón
de Faraón y no dejó salir al pueblo.
8 Dijo Yahveh a Moisés y a
Aarón: «Tomad dos grandes puñados de hollín de horno, y que
Moisés lo lance hacia el cielo, en presencia de Faraón;
9 se convertirá en polvo
fino sobre todo el territorio de Egipto, y formará erupciones
pustulosas, en hombres y ganados, por toda la tierra de Egipto.»
10 Tomaron, pues, hollín
de horno y presentándose ante Faraón, lo lanzó Moisés hacia el
cielo, y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados.
11 Ni los magos pudieron
permanecer delante de Moisés a causa de las erupciones; pues los
magos tenían las mismas erupciones que todos los egipcios.
12 Pero Yahveh endureció
el corazón de Faraón, que nos les escuchó, según Yahveh había
dicho a Moisés.
13 Dijo Yahveh a Moisés: «Levántate
de mañana, preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh, el Dios
de los hebreos: “Deja salir a mi pueblo para que me den culto.”
14 Porque esta vez voy a
enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu
pueblo para que sepas que no hay como yo en toda la tierra.
15 Si yo hubiera extendido
mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con peste, ya
habrías desaparecido de la tierra;
16 pero te he dejado con
vida, para hacerte ver mi poder, y para que sea celebrado mi
nombre sobre toda la tierra.
17 Tú te opones todavía a
mi pueblo, para no dejarle salir.
18 Pues mira que mañana, a
esta hora, haré llover una granizada tan fuerte, como no hubo
otra en Egipto desde el día en que fue fundado hasta el
presente.
19 Ahora, pues, manda
poner a salvo tu ganado y cuanto tienes en del campo; porque el
granizo descargará sobre todos los hombres y animales que se
hallan en el campo, y cuantos no se hayan recogido bajo
techumbre perecerán.»
20 Aquéllos de los siervos
de Faraón que temieron la palabra de Yahveh pusieron al abrigo a
sus siervos y su ganado;
21 mas los que no hicieron
caso de la palabra de Yahveh, dejaron en el campo a sus siervos
y su ganado.
22 Dijo Yahveh a Moisés:
«Extiende tu mano hacia el cielo, y que caiga granizo en toda la
tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los ganados y sobre
todas las hierbas del campo que hay en la tierra de Egipto.»
23 Extendió Moisés su
cayado hacia el cielo, y Yahveh envió truenos y granizo; cayeron
rayos sobre la tierra, y Yahveh hizo llover granizo sobre el
país de Egipto.
24 El granizo y los rayos
mezclados con el granizo cayeron con fuerza tan extraordinaria
que nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que
comenzó a ser nación.
25 El granizo hirió cuanto
había en el campo en todo el país de Egipto, desde los hombres
hasta los ganados. El granizo machacó también toda la hierba
del campo, y quebró todos los árboles del campo.
26 Tan sólo en la región
de Gosen, donde habitaban los israelitas, no hubo granizo.
27 Faraón hizo llamar a
Moisés y a Aarón y les dijo: «Ahora sí, he pecado; Yahveh es el
justo, y yo y mi pueblo somos inicuos.
28 Rogad a Yahveh que
cesen ya los truenos y el granizo; y os dejaré salir. No
tendréis que quedaros más tiempo aquí.»
29 Moisés le respondió:
«Cuando salga de la ciudad extenderé mis manos hacia Yahveh,
cesarán los truenos, y no habrá más granizo, para que sepas que
la tierra es de Yahveh.
30 Pero bien sé que ni tú
ni tus siervos teméis todavía a Yahveh, Dios.»
31 Fueron destrozados el
lino y la cebada, pues la cebada estaba ya en espiga, y el lino
en flor.
32 El trigo y la espelta
no fueron destrozados por ser tardíos.
33 Dejando a Faraón, salió
Moisés de la ciudad, extendió las manos hacia Yahveh, y cesaron
los truenos y granizos, y no cayó más lluvia sobre la tierra.
34 Cuando Faraón vio que
había cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a
pecar, endureciendo su corazón, tanto él como sus siervos.
35 Endurecióse, pues, el
corazón de Faraón y no dejó salir a los israelitas como Yahveh
había dicho por boca de Moisés
Éxodo 10
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Ve
a Faraón, porque he endurecido su corazón y el corazón de sus
siervos, para obrar estas señales mías en medio de ellos;
2 y para que puedas contar
a tu hijo, y al hijo de tu hijo, cómo me divertí con Egipto y
las señales que realicé entre ellos, y sepáis que yo soy Yahveh.»
3 Fueron, pues, Moisés y
Aarón donde Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de
los hebreos: ¿Hasta cuándo te resistirás a humillarte ante mí?
Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
4 Si te niegas a dejar
salir a mi pueblo, mira que mañana traeré langostas sobre tu
territorio;
5 y cubrirán la superficie
del país, de suerte que ni podrá verse el suelo. Devorarán lo
que os quedó de la granizada, y comerán todos los árboles que os
crecen en el campo.
6 Llenarán tus casas, las
casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres, ni
los padres de tus padres, desde el día en que existieron sobre
la tierra hasta el día de hoy.» Y retirándose salió de la
presencia de Faraón.
7 Dijeron entonces a
Faraón sus siervos: «¿Hasta cuándo ha de ser este hombre causa
de nuestra ruina? Deja salir a esa gente y que den culto a
Yahveh, su Dios. ¿Te darás cuenta a tiempo de que Egipto se
pierde?»
8 Hicieron, pues, volver a
Moisés y a Aarón a la presencia de Faraón; el cual les dijo: «Id
a dar culto a Yahveh, vuestro Dios. ¿Quiénes van a ir?»
9 Respondió Moisés:
«Saldremos con nuestros niños y nuestros ancianos, con nuestros
hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestras vacadas;
porque es nuestra fiesta de Yahveh.»
10 Contestóles: «¡Así esté
Yahveh con vosotros como voy a dejaros salir a vosotros con
vuestros pequeños! Ved cómo a la vista están vuestras malas
intenciones.
11 No será así; salid si
queréis los varones solos y dad culto a Yahveh, pues eso es lo
que buscabais.» Y fueron echados de la presencia de Faraón.
12 Yahveh dijo a Moisés:
«Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para que venga la
langosta; que suba sobre el país de Egipto y coma toda la
hierba del país, todo lo que dejó el granizo.»
13 Moisés extendió su
cayado sobre la tierra de Egipto; y Yahveh hizo soplar el solano
sobre el país todo aquel día y toda la noche. Y cuando amaneció,
el solano había traído la langosta.
14 La langosta invadió
todo el país de Egipto, y se posó en todo el territorio egipcio,
en cantidad tan grande como nunca había habido antes tal plaga
de langosta ni la habría después.
15 Cubrieron toda la
superficie del país hasta oscurecer la tierra; devoraron toda la
hierba del país y todos los frutos de los árboles que el granizo
había dejado; no quedó nada verde ni en los árboles ni en las
hierbas del campo en toda la tierra de Egipto.
16 Entonces Faraón llamó a
toda prisa a Moisés y a Aarón, y dijo: «He pecado contra Yahveh,
vuestro Dios, y contra vosotros.
17 Ahora, pues, perdonad
por favor mi pecado, siquiera por esta vez; rogad a Yahveh,
vuestro Dios, que aparte de mí al menos esta mortandad.»
18 Salió Moisés de la
presencia de Faraón y rogó a Yahveh.
19 Yahveh hizo que soplara
con gran violencia un viento del mar que se llevó la langosta y
la echó al mar de Suf. No quedó ni una langosta en todo el
territorio de Egipto.
20 Pero Yahveh endureció
el corazón de Faraón, que no dejó salir a los israelitas.
21 Yahveh dijo a Moisés: «Extiende
tu mano hacia el cielo, y haya sobre la tierra de Egipto
tinieblas que puedan palparse.»
22 Extendió, pues, Moisés
su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas en
todo el país de Egipto.
23 No se veían unos a
otros, y nadie se levantó de su sitio por espacio de tres días,
mientras que todos los israelitas tenían luz en sus moradas.
24 Llamó Faraón a Moisés y
dijo: «Id y dad culto a Yahveh; que se queden solamente vuestras
ovejas y vuestras vacadas. También vuestros pequeños podrán ir
con vosotros.»
25 Respondió Moisés: «Nos
tienes que conceder también sacrificios y holocaustos, para que
los ofrendemos a Yahveh, nuestro Dios.
26 También nuestro ganado
ha de venir con nosotros. No quedará ni una pezuña; porque de
ellos hemos de tomar para dar culto a Yahveh, nuestro Dios. Y no
sabemos todavía qué hemos de ofrecer a Yahveh hasta que
lleguemos allá.»
27 Yahveh endureció el
corazón de Faraón, que no quiso dejarles salir.
28 Y dijo Faraón a Moisés:
«¡Retírate de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi rostro,
pues el día en que veas mi rostro, morirás!»
29 Respondió Moisés: «Tú
lo has dicho: no volveré a ver tu rostro.»
Éxodo 11
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Todavía
traeré una plaga más sobre Faraón y sobre Egipto; tras de lo
cual os dejará marchar de aquí y cuando, por fin, os deje salir
del país, él mismo os expulsará de aquí.
2 Habla, pues, al pueblo y
que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina,
objetos de plata y objetos de oro.»
3 Yahveh hizo que el
pueblo se ganase el favor de los egipcios. Además, Moisés era un
gran personaje en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los
servidores de Faraón como a los ojos del pueblo.
4 Moisés dijo: «Así dice
Yahveh: hacia media noche pasaré yo a través de Egipto;
5 y morirá en el país de
Egipto todo primogénito, desde el primogénito de Faraón que se
sienta en su trono hasta el primogénito de la esclava encargada
de moler, así como todo primer nacido del ganado.
6 Y se elevará en todo el
país de Egipto un alarido tan grande como nunca lo hubo, ni lo
habrá.
7 Pero entre los
israelitas ni siquiera un perro ladrará ni contra hombre ni
contra bestia; para que sepáis cómo Yahveh hace distinción
entre Egipto e Israel.
8 Entonces vendrán a mí
todos estos siervos tuyos y se postrarán delante de mí,
diciendo: Sal, tú y todo el pueblo que te sigue. Y entonces,
saldré.» Y, ardiendo en cólera, salió de la presencia de Faraón.
9 Y dijo Yahveh a Moisés:
«no os escuchará Faraón, para que así pueda yo multiplicar mis
prodigios en la tierra de Egipto.»
10 Moisés y Aarón obraron
todos estos prodigios ante Faraón; pero Yahveh endureció el
corazón de Faraón, que no dejó salir de su país a los
israelitas.
Éxodo 12
1 Dijo Yahveh a Moisés y
Aarón en el país de Egipto:
2 «Este mes será para
vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses
del año.
3 Hablad a toda la
comunidad de Israel y decid: El día diez de este mes tomará cada
uno para sí una res de ganado menor por familia, una res de
ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese
demasiado reducida para una res de ganado menor, traerá al
vecino más cercano a su casa, según el número de personas y
conforme a lo que cada cual pueda comer.
5 El animal será sin
defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o
los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el
día catorce de este mes; y toda la asamblea de la comunidad de
los israelitas lo inmolará entre dos luces.
7 Luego tomarán la sangre
y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche
comerán la carne. La comerán asada al fuego, con ázimos y con
hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis
crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus
entrañas.
10 Y no dejaréis nada de
él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo habéis de comer:
ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, y el bastón
en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche
por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del
país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré
justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra
señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré
de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga
exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un día
memorable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor
de Yahveh de generación en generación. Decretaréis que sea
fiesta para siempre».
15 «Durante siete días
comeréis ázimos; ya desde el primer día quitaréis de vuestras
casas la levadura. Todo el que desde el día primero hasta el
día séptimo coma pan fermentado, ese tal será exterminado de en
medio de Israel.
16 El primer día tendréis
reunión sagrada; también el día séptimo os reuniréis en reunión
sagrada. Ningún trabajo se hará en esos días, salvo la comida
para cada uno. Esto es lo único que podréis hacer.
17 Guardad la fiesta de
los Ázimos, porque en ese mismo día saqué yo vuestros ejércitos
de la tierra de Egipto. Guardad este día de generación en
generación como decreto perpetuo.
18 Comeréis ázimos en el
mes primero, desde la tarde del día catorce del mes hasta la
tarde del día veintiuno.
19 No habrá levadura en
vuestras casas por espacio de siete días; todo aquel que coma
algo fermentado, sea forastero o natural del país, será
exterminado de la comunidad de Israel.
20 No comeréis nada
fermentado; en todo lugar donde habitéis, comeréis ázimos.»
21 Llamó Moisés a todos
los ancianos de Israel y les dijo: «Id en busca de reses menores
para vuestras familias e inmolad la pascua.
22 Tomaréis un manojo de
hisopo, lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y
untaréis el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija;
y ninguno de vosotros saldrá de la puerta de su casa hasta la
mañana.
23 Yahveh pasará y herirá
a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos
jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no
permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir.
24 Guardad este mandato
como decreto perpetuo para vosotros y vuestros hijos.
25 También guardaréis este
rito cuando entréis en la tierra que os dará Yahveh, según su
promesa.
26 Y cuando os pregunten
vuestros hijos: “¿Qué significa para vosotros este rito?”,
27 responderéis: “Este es
el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de largo por las
casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y
salvó nuestras casas.”» Entonces el pueblo se postró para
adorar.
28 Fueron los israelitas e
hicieron lo que había mandado Yahveh a Moisés y a Aarón; así lo
hicieron.
29 Y sucedió que, a media
noche, Yahveh hirió en el país de Egipto a todos los
primogénitos, desde el primogénito de Faraón, que se sienta
sobre su trono, hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a
todo primer nacido del ganado.
30 Levantóse Faraón
aquella noche, con todos sus servidores y todos los egipcios; y
hubo grande alarido en Egipto, porque no había casa donde no
hubiese un muerto.
31 Llamó Faraón a Moisés y
a Aarón, durante la noche, y les dijo: «Levantaos y salid de en
medio de mi pueblo, vosotros y los israelitas, e id a dar culto
a Yahveh, como habéis dicho.
32 Tomad también vuestros
rebaños y vuestras vacadas, como dijisteis. Marchaos y
bendecidme también a mí.»
33 Los egipcios por su
parte instaban al pueblo para acelerar su salida del país, pues
decían. «Vamos a morir todos.»
34 Tomó, pues, el pueblo
la masa, antes que fermentara y, envolviendo en los mantos las
artesas de la harina, se las cargaron a hombros.
35 Los israelitas hicieron
lo que les dijo Moisés y pidieron a los egipcios objetos de
plata, objetos de oro y vestidos.
36 Yahveh hizo que el
pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales se los
prestaron. Así despojaron a los egipcios.
37 Los israelitas
partieron de Ramsés hacia Sukkot, unos 600.000 hombres de a pie,
sin contar los niños.
38 Salió también con ellos
una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños de ovejas y vacas.
39 De la masa que habían
sacado de Egipto cocieron tortas ázimas, porque no había
fermentado todavía; pues al ser echados de Egipto no pudieron
tomar víveres ni provisiones para el camino.
40 Los israelitas
estuvieron en Egipto 430 años.
41 El mismo día que se
cumplían los 430 años, salieron de la tierra de Egipto todos los
ejércitos de Yahveh.
42 Noche de guardia fue
ésta para Yahveh, para sacarlos de la tierra de Egipto. Esta
misma noche será la noche de guardia en honor de Yahveh para
todos los israelitas, por todas sus generaciones.
43 Dijo Yahveh a Moisés y
a Aarón: «Estas son las normas sobre la Pascua: no comerá de
ella ningún extranjero.
44 Todo siervo, comprado
por dinero, a quien hayas circuncidado, podrá comerla.
45 Pero el residente y el
jornalero no la comerán.
46 Se ha de comer dentro
de casa; no sacaréis fuera de casa nada de carne, ni le
quebraréis ningún hueso.
47 Toda la comunidad de
Israel la celebrará.
48 Si un forastero que
habita contigo quiere celebrar la Pascua de Yahveh, que se
circunciden todos sus varones, y entonces podrá acercarse para
celebrarla, pues será como los nativos; pero ningún incircunciso
podrá comerla.
49 Una misma ley habrá
para el nativo y para el forastero que habita en medio de
vosotros.»
50 Así lo hicieron todos
los israelitas. Tal como había mandado Yahveh a Moisés y a Aarón,
así lo hicieron.
51 Y en aquel mismo día
sacó Yahveh del país de Egipto a los israelitas en orden de
campaña.
Éxodo 13
1 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
2 «Conságrame todo
primogénito, todo lo que abre el seno materno entre los
israelitas. Ya sean hombres o animales, míos son todos.»
3 Dijo, pues, Moisés al
pueblo: «Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la
casa de servidumbre, pues Yahveh os ha sacado de aquí con mano
fuerte; y no comáis pan fermentado.
4 Salís hoy, en el mes de
Abib.
5 Así, cuando Yahveh te
haya introducido en la tierra de los cananeos, de los hititas,
de los amorreos, de los jivitas y de los jebuseos, que juró a
tus padres que te daría, tierra que mana leche y miel,
celebrarás ese rito en este mes.
6 Siete días comerás
ázimos y el día séptimo será fiesta de Yahveh.
7 Se comerán ázimos
durante siete días, y no se verá pan fermentado en tu casa, ni
levadura en tu casa, en todo tu territorio.
8 En aquel día harás saber
a tu hijo: “Esto es con motivo de lo que hizo conmigo Yahveh
cuando salí de Egipto.”
9 Y esto te servirá como
señal en tu mano, y como recordatorio ante tus ojos, para que la
ley de Yahveh esté en tu boca; porque con mano fuerte te sacó
Yahveh de Egipto.
10 Guardarás este
precepto, año por año, en el tiempo debido.»
11 Cuando Yahveh te haya
introducido en la tierra del cananeo, como lo tiene jurado a ti
y a tus padres, y te la haya dado,
12 consagrarás a Yahveh
todo lo que abre el seno materno. Todo primer nacido de tus
ganados, si son machos, pertenecen también a Yahveh.
13 Todo primer nacido del
asno lo rescatarás con un cordero; y si no lo rescatas lo
desnucarás. Rescatarás también todo primogénito de entre tus
hijos.
14 Y cuando el día de
mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué significa esto?”, le dirás:
“Con mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de
servidumbre.”
15 Como Faraón se obstinó
en no dejarnos salir, Yahveh mató a todos los primogénitos en el
país de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el
primogénito del ganado. Por eso sacrifico a Yahveh todo macho
que abre el seno materno, y rescato todo primogénito de mis
hijos.
16 Esto será como señal en
tu mano y como insignia entre tus ojos; porque con mano fuerte
nos sacó Yahveh de Egipto.»
17 Cuando Faraón dejó
salir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de
los filisteos, aunque era más corto; pues se dijo Dios: «No sea
que, al verse atacado, se arrepienta el pueblo y se vuelva a
Egipto.»
18 Hizo Dios dar un rodeo
al pueblo por el camino del desierto del mar de Suf. Los
israelitas salieron bien equipados del país de Egipto.
19 Moisés tomó consigo los
huesos de José, pues éste había hecho jurar solemnemente a los
israelitas, diciendo: « Ciertamente Dios os visitará, y entonces
llevaos de aquí mis huesos con vosotros.”
20 Partieron de Sukkot y
acamparon en Etam, al borde del desierto.
21 Yahveh iba al frente de
ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y
de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que
pudiesen marchar de día y de noche.
22 No se apartó del pueblo
ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la
noche.
Éxodo 14
1 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
2 «Di a los israelitas que
se vuelvan y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el mar,
enfrente de Baal Sefón. Frente a ese lugar acamparéis, junto al
mar.
3 Faraón dirá de los
israelitas: “Andan errantes en el país, y el desierto les cierra
el paso.”
4 Yo endureceré el corazón
de Faraón, y os perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a
costa de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios
que yo soy Yahveh.» Así lo hicieron.
5 Cuando anunciaron al rey
de Egipto que había huido el pueblo, se mudó el corazón de
Faraón y de sus servidores respecto del pueblo, y dijeron:
«¿Qué es lo que hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro
servicio?»
6 Faraón hizo enganchar su
carro y llevó consigo sus tropas.
7 Tomó seiscientos carros
escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus
combatientes.
8 Endureció Yahveh el
corazón de Faraón rey de Egipto, el cual persiguió a los
israelitas, pero los israelitas salieron con la mano alzada.
9 Los egipcios los
persiguieron: todos los caballos, los carros de Faraón, con la
gente de los carros y su ejército; y les dieron alcance mientras
acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot, frente a Baal
Sefón.
10 Al acercarse Faraón,
los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios
marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron
a Yahveh.
11 Y dijeron a Moisés:
«¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído
a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos
de Egipto?
12 ¿No te dijimos
claramente en Egipto: Déjanos en paz, queremos servir a los
egipcios? Porque mejor nos es servir a los egipcios que morir en
el desierto.»
13 Contestó Moisés al
pueblo: «No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que
Yahveh os otorgará en este día, pues los egipcios que ahora
veis, no los volveréis a ver nunca jamás.
14 Yahveh peleará por
vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos.»
15 Dijo Yahveh a Moisés:
«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se
pongan en marcha.
16 Y tú, alza tu cayado,
extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los
israelitas entren en medio del mar a pie enjuto.
17 Que yo voy a endurecer
el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré
de gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, de sus carros
y de los guerreros de los carros.
18 Sabrán los egipcios que
yo soy Yahveh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de
Faraón, de sus carros y de sus jinetes.
19 Se puso en marcha el
Ángel de Yahveh que iba al frente del ejército de Israel, y pasó
a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó
de allí y se colocó detrás,
20 poniéndose entre el
campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La
nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran
trabar contacto unos con otros en toda la noche.
21 Moisés extendió su mano
sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un
fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las
aguas.
22 Los israelitas entraron
en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban
muralla a derecha e izquierda.
23 Los egipcios se
lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del
mar, todos los caballos de Faraón, y los carros con sus
guerreros.
24 Llegada la vigilia
matutina, miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el
ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército
egipcio.
25 Trastornó la ruedas de
sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y
exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel, porque Yahveh
pelea por ellos contra los egipcios.»
26 Yahveh dijo a Moisés:
Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los
egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros.»
27 Extendió Moisés su mano
sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de
modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las
aguas. Así precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar,
28 pues al retroceder las
aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo