1
|
2
|
3
|
4
|
5
|
6
|
7
|
8
|
9
|
10
|
11
|
12
|
13
|
14
|
15
|
16
|
17
|
18
|
19
|
20
|
21
|
22
|
23
|
24
|
25
|
26
|
27
|
28
|
29
|30
|
31
|
32
|
33
|
34
|
35
|
36
|
37
|
38
|
39
|
40
Busca una palabra en este apartado con
Ctrl+F
Éxodo 1
1 Estos son los nombres de
los israelitas que entraron con Jacob en Egipto, cada uno con su
familia:
2 Rubén, Simeón, Leví,
Judá,
3 Isacar, Zabulón,
Benjamín,
4 Dan, Neftalí, Gad y Aser.
5 El número de los
descendientes de Jacob era de setenta personas. José estaba ya
en Egipto.
6 Murió José, y todos sus
hermanos, y toda aquella generación;
7 pero los israelitas
fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos
y fuertes y llenaron el país.
8 Se alzó en Egipto un
nuevo rey, que nada sabía de José;
9 y que dijo a su pueblo:
«Mirad, los israelitas son un pueblo más numeroso y fuerte que
nosotros.
10 Tomemos precauciones
contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso
de guerra se una también él a nuestros enemigos para luchar
contra nosotros y salir del país.»
11 Les impusieron pues,
capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y así
edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés.
12 Pero cuanto más les
oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de modo que los
egipcios llegaron a temer a los israelitas.
13 Y redujeron a cruel
servidumbre a los israelitas,
14 les amargaron la vida
con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de
labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían
por crueldad.
15 El rey de Egipto dio
también orden a las parteras de las hebreas, una de las cuales
se llamaba Sifrá, y la otra Puá,
16 diciéndoles: «Cuando
asistáis a las hebreas, observad bien las dos piedras: si es
niño, hacedle morir; si es niña dejadla con vida.»
17 Pero las parteras
temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de
Egipto, sino que dejaban con vida a los niños.
18 Llamó el rey de Egipto
a las parteras y les dijo: «¿ Por qué habéis hecho esto y dejáis
con vida a los niños?»
19 Respondieron las
parteras a Faraón: «Es que las hebreas no son como las egipcias.
Son más robustas, y antes que llegue la partera, ya han dado a
luz.»
20 Y Dios favoreció a las
parteras. El pueblo se multiplicó y se hizo muy poderoso.
21 Y por haber temido las
parteras a Dios, les concedió numerosa prole.
22 Entonces Faraón dio a
todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al
Río; pero a las niñas las dejaréis con vida.»
Éxodo 2
1 Un hombre de la casa de
Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví.
2 Concibió la mujer y dio
a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo tuvo escondido
durante tres meses.
3 Pero no pudiendo
ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la
calafateó con betún y pez, metió en ella al niño, y la puso
entre los juncos, a la orilla del Río.
4 La hermana del niño se
apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.
5 Bajó la hija de Faraón a
bañarse en el Río y, mientras sus doncellas se paseaban por la
orilla del Río, divisó la cestilla entre los juncos, y envió una
criada suya para que la cogiera.
6 Al abrirla, vio que era
un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de
los niños hebreos.»
7 Entonces dijo la hermana
a la hija de Faraón: «¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza
de entre las hebreas para que te críe este niño?»
8 «Vete», le contestó la
hija de Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño.
9 Y la hija de Faraón le
dijo: «Toma este niño y críamelo que yo te pagaré.» Tomó la
mujer al niño y lo crió.
10 El niño creció, y ella
lo llevó entonces a la hija de Faraón, que lo tuvo por hijo, y
le llamó Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado.»
11 En aquellos días,
cuando Moisés ya fue mayor, fue a visitar a sus hermanos, y
comprobó sus penosos trabajos; vio también cómo un egipcio
golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos.
12 Miró a uno y a otro
lado, y no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la
arena.
13 Salió al día siguiente
y vio a dos hebreos que reñían. Y dijo al culpable: «¿Por qué
pegas a tu compañero?»
14 El respondió: «¿Quién
te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás
pensando en matarme como mataste al egipcio?» Moisés, lleno de
temor, se dijo: «La cosa ciertamente se sabe.»
15 Supo Faraón lo sucedido
y buscaba a Moisés para matarle; pero él huyó de la presencia de
Faraón, y se fue a vivir al país de Madián. Se sentó junto a un
pozo.
16 Tenía un sacerdote de
Madián siete hijas, que fueron a sacar agua y llenar los pilones
para abrevar las ovejas de su padre.
17 Pero vinieron los
pastores y las echaron. Entonces, levantándose Moisés, salió en
su defensa y les abrevó el rebaño.
18 Al volver ellas a donde
su padre Reuel, éste les dijo: «Cómo es que venís hoy tan
pronto?»
19 Respondieron: «Un
egipcio nos libró de las manos de los pastores, y además sacó
agua para nosotras y abrevó el rebaño.»
20 Preguntó entonces a sus
hijas: «¿Y dónde está? ¿Cómo así habéis dejado a ese hombre?
Llamadle para que coma.»
21 Aceptó Moisés morar con
aquel hombre, que dio a Moisés su hija Séfora.
22 Esta dio a luz un hijo
y llamóle Guersom, pues dijo: «Forastero soy en tierra extraña.»
23 Durante este largo
período murió el rey de Egipto; los israelitas, gimiendo bajo la
servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su
esclavitud, subió a Dios.
24 Oyó Dios sus gemidos, y
acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.
25 Y miró Dios a los hijos
de Israel y conoció...
Éxodo 3
1 Moisés era pastor del
rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó
las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la
montaña de Dios.
2 El ángel de Yahveh se le
apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio
que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
3 Dijo, pues, Moisés: «Voy
a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la
zarza.»
4 Cuando vio Yahveh que
Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza,
diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí.»
5 Le dijo: «No te acerques
aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que
estás es tierra sagrada.»
6 Y añadió: «Yo soy el
Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios
de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7 Dijo Yahveh: «Bien vista
tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su
clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus
sufrimientos.
8 He bajado para librarle
de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una
tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al
país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los
perizitas, de los jivitas y de los jebuseos.
9 Así pues, el clamor de
los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión
con que los egipcios los oprimen.
10 Ahora, pues, ve; yo te
envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de
Egipto.»
11 Dijo Moisés a Dios:
¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los
israelitas?»
12 Respondió: «Yo estaré
contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando
hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este
monte .»
13 Contestó Moisés a Dios:
«Si voy a los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros padres
me ha enviado a vosotros”; cuando me pregunten: “¿Cuál es su
nombre?”, ¿qué les responderé?»
14 Dijo Dios a Moisés: «Yo
soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: “Yo soy”
me ha enviado a vosotros.»
15 Siguió Dios diciendo a
Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros
padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob,
me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él
seré invocado de generación en generación.»
16 «Ve, y reúne a los
ancianos de Israel, y diles: “Yahveh, el Dios de vuestros
padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció
y me dijo: Yo os he visitado y he visto lo que os han hecho en
Egipto.
17 Y he decidido sacaros
de la tribulación de Egipto al país de los cananeos, los
hititas, los amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos, a una
tierra que mana leche y miel.”
18 Ellos escucharán tu
voz, y tú irás con los ancianos de Israel donde el rey de
Egipto; y le diréis: “Yahveh, el Dios de los hebreos, se nos ha
aparecido. Permite, pues, que vayamos camino de tres días al
desierto, para ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios.”
19 Ya sé que el rey de
Egipto no os dejará ir sino forzado por mano poderosa.
20 Pero yo extenderé mi
mano y heriré a Egipto con toda suerte de prodigios que obraré
en medio de ellos y después os dejará salir.»
21 «Yo haré que este
pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, de modo que
cuando partáis, no saldréis con las manos vacías,
22 sino que cada mujer
pedirá a su vecina y a la que mora en su casa objetos de plata,
objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a
vuestras hijas, y así despojaréis a los egipcios.»
Éxodo 4
1 Respondió Moisés y dijo:
«No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: “No se te
ha aparecido Yahveh.”»
2 Díjole Yahveh: «¿Qué
tienes en tu mano?» «Un cayado», respondió él.
3 Yahveh le dijo: «Échalo
a tierra.» Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y
Moisés huyó de ella.
4 Dijo Yahveh a Moisés:
«Extiende tu mano y agárrala por la cola.» Extendió la mano, la
agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
5 «Para que crean que se
te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
6 Y añadió Yahveh: «Mete
tu mano en el pecho.» Metió él la mano en su pecho y cuando la
volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
7 Y le dijo: «Vuelve a
meter la mano en tu pecho.» La volvió a meter y, cuando la sacó
de nuevo, estaba ya como el resto de su carne.
8 «Así pues, si no te
creen ni escuchan la voz por la primera señal, creerán por la
segunda.
9 Y si no creen tampoco
por estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del Río
y la derramarás en el suelo; y el agua que saques del Río se
convertirá en sangre sobre el suelo.»
10 Dijo Moisés a Yahveh:
«¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil,
ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy
torpe de boca y de lengua.»
11 Le respondió Yahveh:
«¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al
sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
12 Así pues, vete, que yo
estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir.»
13 El replicó: «Por favor,
envía a quien quieras.»
14 Entonces se encendió la
ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: «¿No tienes a tu hermano
Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente
ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
15 Tu le hablarás y
pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la
suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
16 El hablará por ti al
pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
17 Toma también en tu mano
este cayado, porque con él has de hacer las señales.»
18 Moisés volvió y regresó
a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: «Con tu permiso, me
vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven
todavía.» Dijo Jetró a Moisés: «Vete en paz.»
19 Yahveh dijo a Moisés en
Madián: «Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que
buscaban tu muerte.»
20 Tomó, pues, Moisés a su
mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la
tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su
mano.
21 Y dijo Yahveh a Moisés:
«Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los
prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte,
endureceré su corazón, y no dejará salir al pueblo.
22 Y dirás a Faraón: Así
dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Yo te he dicho: “Deja
ir a mi hijo para que me dé culto,” pero como tú no quieres
dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu
primogénito.»
24 Y sucedió que en el
camino le salió al encuentro Yahveh en el lugar donde pasaba la
noche y quiso darle muerte.
25 Tomó entonces Seforá un
cuchillo de pedernal y, cortando el prepucio de su hijo, tocó
los pies de Moisés, diciendo: «Tú eres para mí esposo de
sangre.»
26 Y Yahveh le soltó; ella
había dicho: «esposo de sangre», por la circuncisión.
27 Dijo Yahveh a Aarón:
«Vete al desierto al encuentro de Moisés.» Partió, pues, y le
encontró en el monte de Dios y le besó.
28 Moisés contó a Aarón
todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las
señales que le había mandado hacer.
29 Fueron, pues, Moisés y
Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
30 Aarón refirió todas las
palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las
señales delante del pueblo.
31 El pueblo creyó, y al
oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su
aflicción, se postraron y adoraron
Éxodo 5
1 Después se presentaron
Moisés y Aarón a Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios
de Israel: Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta
en el desierto.»
2 Respondió Faraón: «¿Quién
es Yahveh para que yo escuche su voz y deje salir a Israel? No
conozco a Yahveh y no dejaré salir a Israel.»
3 Ellos dijeron: «El Dios
de los hebreos se nos ha aparecido; permite, pues, que vayamos
camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios a
Yahveh, nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o
espada.»
4 El rey de Egipto les
replicó: «¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, apartáis al pueblo
de sus trabajos? Idos a vuestra tarea.»
5 Y añadió Faraón: «Ahora
que el pueblo de esa región es numeroso ¿queréis interrumpir sus
trabajos?»
6 Aquel mismo día dio
Faraón esta orden a los capataces del pueblo y a los escribas:
7 «Ya no daréis como antes
paja al pueblo para hacer ladrillos; que vayan ellos mismos a
buscársela.
8 Pero que hagan la misma
cantidad de ladrillos que hacían antes, sin rebajarla; pues son
unos perezosos. Y por eso claman diciendo: Vamos a ofrecer
sacrificios a nuestro Dios.
9 Que se aumente el
trabajo de estos hombres para que estén ocupados en él y no den
oídos a palabras mentirosas.
10 Salieron los capataces
del pueblo diciendo: «Esto dice Faraón: No os daré ya más paja;
11 id vosotros mismos a
buscárosla donde la podáis hallar. Pero vuestra tarea no se
disminuirá en nada.»
12 Esparcióse, pues, el
pueblo por el país de Egipto en busca de rastrojo para emplearlo
como paja.
13 Los capataces por su
lado los apremiaban, diciendo: «Terminad la tarea que os ha sido
fijada para cada día, como cuando había paja.»
14 A los escribas de los
israelitas, que los capataces de Faraón habían puesto al frente
de aquéllos, se les castigó, diciéndoles: «¿Por qué no habéis
hecho, ni ayer ni hoy, la misma cantidad de ladrillos que
antes?»
15 Los escribas de los
israelitas fueron a quejarse a Faraón, diciendo: «¿Por qué
tratas así a tus siervos?
16 No se da paja a tus
siervos y sin embargo nos dicen: “Haced ladrillos.” Y he aquí
que tus siervos son castigados...»
17 El respondió:
«Haraganes sois, grandes haraganes; por eso decís: “Vamos a
ofrecer sacrificios a Yahveh.”
18 Pues, id a trabajar; no
se os dará paja, y habéis de entregar la cantidad de ladrillos
señalada.»
19 Los escribas de los
israelitas se vieron en grande aprieto, pues les ordenaron: «No
disminuiréis vuestra producción diaria de ladrillos.»
20 Encontráronse, pues,
con Moisés y Aarón, que les estaban esperando a la salida de su
entrevista con Faraón,
21 y les dijeron: Que
Yahveh os examine y que él os juzgue por habernos hecho odiosos
a Faraón y a sus siervos y haber puesto la espada en sus manos
para matarnos.»
22 Volvióse entonces
Moisés a Yahveh y dijo: «Señor, ¿por qué maltratas a este
pueblo? ¿por qué me has enviado?
23 Pues desde que fui a
Faraón para hablarle en tu nombre está maltratando a este
pueblo, y tú no haces nada por librarle.»
Éxodo 6
1 Respondió Yahveh a
Moisés: «Ahora verás lo que voy a hacer con Faraón; porque bajo
fuerte mano tendrá que dejarles partir y bajo fuerte mano él
mismo los expulsará de su territorio.»
2 Habló Dios a Moisés y le
dijo: «Yo soy Yahveh.
3 Me aparecí a Abraham, a
Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahveh no se
lo di a conocer.
4 También con ellos
establecí mi alianza, para darles la tierra de Canaán, la tierra
en que peregrinaron y en la que moraron como forasteros.
5 Y ahora, al oír el
gemido de los israelitas, reducidos a esclavitud por los
egipcios, he recordado mi alianza.
6 Por tanto, di a los
hijos de Israel: Yo soy Yahveh; Yo os libertaré de los duros
trabajos de los egipcios, os libraré de su esclavitud y os
salvaré con brazo tenso y castigos grandes.
7 Yo os haré mi pueblo, y
seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios,
que os sacaré de la esclavitud de Egipto.
8 Yo os introduciré en la
tierra que he jurado dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la
daré en herencia. Yo, Yahveh.»
9 Moisés dijo esto a los
israelitas; pero ellos no escucharon a Moisés, consumidos por la
dura servidumbre.
10 Entonces Yahveh habló a
Moisés diciendo:
11 «Ve a hablar con
Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los israelitas
fuera de su territorio.»
12 Respondió Moisés ante
Yahveh: «Si los israelitas no escuchan: ¿cómo me va a escuchar
Faraón, a mí que soy torpe de palabra?»
13 Pero Yahveh habló a
Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para
Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar del país de Egipto a los
israelitas.
14 Estos son los jefes de
sus casas paternas: Hijos de Rubén, primogénito de Israel:
Henoc, Pallú, Jesrón y Karmí, éstas son las familias de Rubén.
15 Hijos de Simeón:
Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea;
éstas son las familias de Simeón.
16 Y éstos son los nombres
de los hijos de Leví por sus linajes: Guerson, Quehat, Merarí.
Los años de la vida de Leví fueron 137.
17 Hijos de Guerson: Libní
y Simei según sus familias.
18 Hijos de Quehat: Amram,
Yishar, Hebrón y Uzziel. Los años de la vida de Quehat fueron
133 años.
19 Hijos de Merarí: Majlí
y Musí. Estas son las familias de los levitas, por sus linajes.
20 Amram tomó por mujer a
Yokébed, su tía, de la cual nacieron Aarón y Moisés. Y los años
de la vida de Amram fueron 137.
21 Hijos de Yishar: Coré,
Néfeg y Zikrí.
22 Hijos de Uzziel:
Missael, Elsafán y Sitrí.
23 Aarón tomó por mujer a
Isabel, hija de Amminadab, hermana de Najsón; de la cual le
nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
24 Hijos de Coré: Assir,
Elcaná y Abiasaf. Estas son la familias de los coreítas.
25 Eleazar, hijo de Aarón,
tomó por mujer a una de las hijas de Putiel y de ella nació
Pinjás. Estos son los jefes de las casas paternas de los
levitas, según sus familias.
26 Estos son, pues, aquel
Aarón y aquel Moisés a quienes dijo Yahveh: «Sacad a los
israelitas de la tierra de Egipto en orden de campaña.»
27 Estos son los que
hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar de Egipto a los
israelitas. Estos son Moisés y Aarón.
28 El día en que Yahveh
habló a Moisés en el país de Egipto,
29 le dijo: «Yo soy Yahveh;
di a Faraón, rey de Egipto, cuanto yo te diga.»
30 Moisés respondió ante
Yahveh: «Siendo yo torpe de palabra, ¿cómo me va a escuchar
Faraón?»
Éxodo 7
1 Dijo Yahveh a Moisés:
«Mira que te he constituido como dios para Faraón y Aarón, tu
hermano, será tu profeta;
2 tú le dirás cuanto yo te
mande; y Aarón, tu hermano, se lo dirá a Faraón, para que deje
salir de su país a los israelitas.
3 Yo, por mi parte,
endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré mis señales y
mis prodigios en el país de Egipto.
4 Faraón no os escuchará,
pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de
Egipto a mi ejército, mi pueblo, los israelitas, a fuerza de
duros castigos.
5 Y los egipcios
reconocerán que yo soy Yahveh, cuando extienda mi mano sobre
Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel.»
6 Moisés y Aarón hicieron
lo que les mandó Yahveh.
7 Tenía Moisés ochenta
años, y Aarón 83 cuando hablaron a Faraón.
8 Habló Yahveh a Moisés y
Aarón, y dijo:
9 «Cuando Faraón os diga:
Haced algún prodigio, dirás a Aarón: “Toma tu cayado y échalo
delante de Faraón, y que se convierta en serpiente.”»
10 Presentáronse, pues,
Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Yahveh había
ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus
servidores, y se convirtió en serpiente.
11 También Faraón llamó a
los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los sabios
egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas.
12 Echó cada cual su vara,
y se trocaron en serpientes; pero el cayado de Aarón devoró sus
varas.
13 Sin embargo el corazón
de Faraón se endureció, y no les escuchó, conforme había
predicho Yahveh.
14 Entonces dijo Yahveh a
Moisés: «El corazón de Faraón es obstinado; se niega a dejar
salir al pueblo.
15 Preséntate a Faraón por
la mañana, cuando vaya a la ribera. Le saldrás al encuentro a la
orilla del Río, llevando en tu mano el cayado que se convirtió
en serpiente.
16 Y le dirás: Yahveh, el
Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: “Deja
partir a mi pueblo, para que me den culto en el desierto”; pero
hasta el presente no has escuchado.
17 Así dice Yahveh: En
esto conocerás que yo soy Yahveh: Mira que voy a golpear con el
cayado que tengo en la mano las aguas del Río, y se convertirán
en sangre.
18 Los peces del Río
morirán, y el Río quedará apestado de modo que los egipcios no
podrán ya beber agua del Río.»
19 Yahveh dijo a Moisés:
«Di a Aarón: Toma tu cayado, y extiende tu mano sobre las aguas
de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas
y sobre todos sus depósitos de agua. Se convertirán en sangre; y
habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los árboles y
la piedras.»
20 Moisés y Aarón hicieron
lo que Yahveh les había mandado: alzó el cayado y golpeó las
aguas que hay en el Rió en presencia de Faraón y de sus
servidores, y todas las aguas del Rió se convirtieron en sangre.
21 Los peces del Río
murieron, el Río quedó apestado de modo que los egipcios nos
pudieron beber el agua del Río; hubo sangre en todo el país de
Egipto.
22 Pero lo mismo hicieron
con sus encantamientos los magos de Egipto; y el corazón de
Faraón se endureció y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
23 Se volvió Faraón y
entró en su casa sin hacer caso de ello.
24 Y todos los egipcios
tuvieron que cavar en los alrededores del Río en busca de agua
potable, porque no podían beber las aguas del Río.
25 Pasaron siete días
desde que Yahveh hirió el Río.
26 Y dijo Yahveh a Moisés:
«Preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh: “Deja salir a mi
pueblo para que me dé culto.”
27 Si te niegas a dejarle
partir infestaré de ranas todo tu país.
28 El Río bullirá de ranas,
que subirán y entrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu
lecho, en las casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus
hornos y en tus artesas.
29 Subirán la ranas sobre
ti, sobre tu pueblo, y sobre tus siervos.»
Éxodo 8
1 Dijo Yahveh a Moisés:
«Di a Aarón: Extiende tu mano con tu cayado sobre los canales,
sobre los ríos y sobre las lagunas, y haz que suban las ranas
sobre la tierra de Egipto.»
2 Aarón extendió su mano
sobre las aguas de Egipto; subieron la ranas y cubrieron la
tierra de Egipto.
3 Pero los magos hicieron
lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir las ranas
sobre la tierra de Egipto.
4 Faraón llamó a Moisés y
a Aarón y dijo: «Pedid a Yahveh que aparte las ranas de mí y de
mi pueblo, y yo dejaré salir al pueblo para que ofrezca
sacrificios a Yahveh.»
5 Respondió Moisés a
Faraón: «Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus
siervos y por tu pueblo, para que se alejen las ranas de ti y de
tus casas, y queden solamente en el Río.»
6 «Mañana», contestó el.
Replicó Moisés: «Será conforme a tu palabra, para que sepas que
no hay como Yahveh, nuestro Dios.
7 Las ranas se apartarán
de ti, de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo, y quedarán
sólo en el Río.»
8 Salieron Moisés y Aarón
de la presencia de Faraón, invocó Moisés a Yahveh acerca de las
ranas que afligían a Faraón,
9 y Yahveh hizo lo que
Moisés pedía: murieron las ranas de las casas, de los patios y
de los campos.
10 Las juntaron en
montones y el país apestaba.
11 Pero Faraón viendo que
tenía este respiro, endureció su corazón, y no les escuchó como
había predicho Yahveh.
12 Dijo Yahveh a Moisés:
«Di a Aarón: extiende tu cayado y golpea el polvo de la tierra
que se convertirá en mosquitos sobre todo el país de Egipto.»
13 Así lo hicieron: Aarón
extendió su mano con el cayado y golpeó el polvo de la tierra; y
hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los ganados. Todo el
polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país
de Egipto.
14 Los magos intentaron
con sus encantamientos hacer salir mosquitos, pero no pudieron.
Hubo, pues, mosquitos sobre hombres y ganados.
15 Dijeron los magos a
Faraón: «¡es el dedo de Dios!» Pero el corazón de Faraón se
endureció, y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
16 Yahveh dijo a Moisés: «Levántate
muy de mañana, preséntate a Faraón cuando vaya a la ribera, y
dile: Así dice Yahveh: “Deja salir a mi pueblo, para que me dé
culto.”
17 Si no dejas salir a mi
pueblo, mira que voy a enviar tábanos contra ti, contra tus
siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las casas de los
egipcios y hasta el suelo sobre el cual están se llenarán de
tábanos.
18 Pero exceptuaré ese día
la región de Gosen, donde está mi pueblo, para que no haya allí
tábanos, a fin de que sepas que yo soy Yahveh en medio de la
tierra;
19 haré distinción entre
mi pueblo y el tuyo. Este prodigio sucederá mañana.»
20 Así lo hizo Yahveh, y
un enorme enjambre de tábanos vino sobre la casa de Faraón y la
casas de sus siervos; y toda la tierra de Egipto; la tierra fue
devastada por los tábanos.
21 Entonces llamó Faraón a
Moisés y a Aarón y les dijo: «Id y ofreced sacrificios a vuestro
Dios en este país.»
22 Moisés respondió: «No
conviene que se haga así, porque el sacrificio que ofrecemos a
Yahveh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. ¿No nos
apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un
sacrificio que para ellos es abominable?
23 Iremos tres jornadas de
camino por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios a Yahveh,
nuestro Dios, según él nos ordena.»
24 Contestó Faraón: «Os
dejaré ir, para que ofrezcáis en el desierto sacrificios a
Yahveh, vuestro Dios, con tal que no vayáis demasiado lejos.
Rogad por mí.»
25 Moisés respondió: «En
cuanto salga rogaré a Yahveh, y mañana los tábanos se alejarán
de Faraón, de sus siervos y de su pueblo; pero que no nos siga
engañando Faraón, impidiendo que el pueblo vaya a ofrecer
sacrificios a Yahveh.»
26 Salió, pues, Moisés de
la presencia de Faraón, y rogó a Yahveh.
27 Hizo Yahveh lo que
Moisés pedía, y alejó los tábanos del Faraón, de sus siervos y
de su pueblo, sin quedar ni uno.
28 Pero también esta vez
endureció Faraón su corazón y no dejó salir al pueblo.
Éxodo 9
1 Yahveh dijo a Moisés: «Preséntate
a Faraón y dile: Así dice Yahveh, el Dios de los hebreos: “Deja
salir a mi pueblo para que me den culto.”
2 Si te niegas a dejarles
salir y los sigues reteniendo,
3 mira que la mano de
Yahveh caerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos,
sobre los asnos, sobre los camellos, sobre la vacadas y sobre
las ovejas; habrá una grandísima peste.
4 Pero Yahveh hará
distinción entre el ganado de Israel y el ganado de los egipcios,
de modo que nada perecerá de lo perteneciente a Israel.»
5 Y Yahveh fijó el plazo,
diciendo: «Mañana hará esto Yahveh en el país.»
6 Al día siguiente cumplió
Yahveh su palabra y murió todo el ganado de los egipcios; mas
del ganado de los israelitas no murió ni una sola cabeza.
7 Faraón mandó hacer
averiguaciones, y se vio que del ganado de Israel no había
muerto ni un solo animal. Sin embargo, se endureció el corazón
de Faraón y no dejó salir al pueblo.
8 Dijo Yahveh a Moisés y a
Aarón: «Tomad dos grandes puñados de hollín de horno, y que
Moisés lo lance hacia el cielo, en presencia de Faraón;
9 se convertirá en polvo
fino sobre todo el territorio de Egipto, y formará erupciones
pustulosas, en hombres y ganados, por toda la tierra de Egipto.»
10 Tomaron, pues, hollín
de horno y presentándose ante Faraón, lo lanzó Moisés hacia el
cielo, y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados.
11 Ni los magos pudieron
permanecer delante de Moisés a causa de las erupciones; pues los
magos tenían las mismas erupciones que todos los egipcios.
12 Pero Yahveh endureció
el corazón de Faraón, que nos les escuchó, según Yahveh había
dicho a Moisés.
13 Dijo Yahveh a Moisés: «Levántate
de mañana, preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh, el Dios
de los hebreos: “Deja salir a mi pueblo para que me den culto.”
14 Porque esta vez voy a
enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu
pueblo para que sepas que no hay como yo en toda la tierra.
15 Si yo hubiera extendido
mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con peste, ya
habrías desaparecido de la tierra;
16 pero te he dejado con
vida, para hacerte ver mi poder, y para que sea celebrado mi
nombre sobre toda la tierra.
17 Tú te opones todavía a
mi pueblo, para no dejarle salir.
18 Pues mira que mañana, a
esta hora, haré llover una granizada tan fuerte, como no hubo
otra en Egipto desde el día en que fue fundado hasta el
presente.
19 Ahora, pues, manda
poner a salvo tu ganado y cuanto tienes en del campo; porque el
granizo descargará sobre todos los hombres y animales que se
hallan en el campo, y cuantos no se hayan recogido bajo
techumbre perecerán.»
20 Aquéllos de los siervos
de Faraón que temieron la palabra de Yahveh pusieron al abrigo a
sus siervos y su ganado;
21 mas los que no hicieron
caso de la palabra de Yahveh, dejaron en el campo a sus siervos
y su ganado.
22 Dijo Yahveh a Moisés:
«Extiende tu mano hacia el cielo, y que caiga granizo en toda la
tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los ganados y sobre
todas las hierbas del campo que hay en la tierra de Egipto.»
23 Extendió Moisés su
cayado hacia el cielo, y Yahveh envió truenos y granizo; cayeron
rayos sobre la tierra, y Yahveh hizo llover granizo sobre el
país de Egipto.
24 El granizo y los rayos
mezclados con el granizo cayeron con fuerza tan extraordinaria
que nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que
comenzó a ser nación.
25 El granizo hirió cuanto
había en el campo en todo el país de Egipto, desde los hombres
hasta los ganados. El granizo machacó también toda la hierba
del campo, y quebró todos los árboles del campo.
26 Tan sólo en la región
de Gosen, donde habitaban los israelitas, no hubo granizo.
27 Faraón hizo llamar a
Moisés y a Aarón y les dijo: «Ahora sí, he pecado; Yahveh es el
justo, y yo y mi pueblo somos inicuos.
28 Rogad a Yahveh que
cesen ya los truenos y el granizo; y os dejaré salir. No
tendréis que quedaros más tiempo aquí.»
29 Moisés le respondió:
«Cuando salga de la ciudad extenderé mis manos hacia Yahveh,
cesarán los truenos, y no habrá más granizo, para que sepas que
la tierra es de Yahveh.
30 Pero bien sé que ni tú
ni tus siervos teméis todavía a Yahveh, Dios.»
31 Fueron destrozados el
lino y la cebada, pues la cebada estaba ya en espiga, y el lino
en flor.
32 El trigo y la espelta
no fueron destrozados por ser tardíos.
33 Dejando a Faraón, salió
Moisés de la ciudad, extendió las manos hacia Yahveh, y cesaron
los truenos y granizos, y no cayó más lluvia sobre la tierra.
34 Cuando Faraón vio que
había cesado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a
pecar, endureciendo su corazón, tanto él como sus siervos.
35 Endurecióse, pues, el
corazón de Faraón y no dejó salir a los israelitas como Yahveh
había dicho por boca de Moisés
Éxodo 10
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Ve
a Faraón, porque he endurecido su corazón y el corazón de sus
siervos, para obrar estas señales mías en medio de ellos;
2 y para que puedas contar
a tu hijo, y al hijo de tu hijo, cómo me divertí con Egipto y
las señales que realicé entre ellos, y sepáis que yo soy Yahveh.»
3 Fueron, pues, Moisés y
Aarón donde Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de
los hebreos: ¿Hasta cuándo te resistirás a humillarte ante mí?
Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
4 Si te niegas a dejar
salir a mi pueblo, mira que mañana traeré langostas sobre tu
territorio;
5 y cubrirán la superficie
del país, de suerte que ni podrá verse el suelo. Devorarán lo
que os quedó de la granizada, y comerán todos los árboles que os
crecen en el campo.
6 Llenarán tus casas, las
casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres, ni
los padres de tus padres, desde el día en que existieron sobre
la tierra hasta el día de hoy.» Y retirándose salió de la
presencia de Faraón.
7 Dijeron entonces a
Faraón sus siervos: «¿Hasta cuándo ha de ser este hombre causa
de nuestra ruina? Deja salir a esa gente y que den culto a
Yahveh, su Dios. ¿Te darás cuenta a tiempo de que Egipto se
pierde?»
8 Hicieron, pues, volver a
Moisés y a Aarón a la presencia de Faraón; el cual les dijo: «Id
a dar culto a Yahveh, vuestro Dios. ¿Quiénes van a ir?»
9 Respondió Moisés:
«Saldremos con nuestros niños y nuestros ancianos, con nuestros
hijos y nuestras hijas, con nuestras ovejas y nuestras vacadas;
porque es nuestra fiesta de Yahveh.»
10 Contestóles: «¡Así esté
Yahveh con vosotros como voy a dejaros salir a vosotros con
vuestros pequeños! Ved cómo a la vista están vuestras malas
intenciones.
11 No será así; salid si
queréis los varones solos y dad culto a Yahveh, pues eso es lo
que buscabais.» Y fueron echados de la presencia de Faraón.
12 Yahveh dijo a Moisés:
«Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para que venga la
langosta; que suba sobre el país de Egipto y coma toda la
hierba del país, todo lo que dejó el granizo.»
13 Moisés extendió su
cayado sobre la tierra de Egipto; y Yahveh hizo soplar el solano
sobre el país todo aquel día y toda la noche. Y cuando amaneció,
el solano había traído la langosta.
14 La langosta invadió
todo el país de Egipto, y se posó en todo el territorio egipcio,
en cantidad tan grande como nunca había habido antes tal plaga
de langosta ni la habría después.
15 Cubrieron toda la
superficie del país hasta oscurecer la tierra; devoraron toda la
hierba del país y todos los frutos de los árboles que el granizo
había dejado; no quedó nada verde ni en los árboles ni en las
hierbas del campo en toda la tierra de Egipto.
16 Entonces Faraón llamó a
toda prisa a Moisés y a Aarón, y dijo: «He pecado contra Yahveh,
vuestro Dios, y contra vosotros.
17 Ahora, pues, perdonad
por favor mi pecado, siquiera por esta vez; rogad a Yahveh,
vuestro Dios, que aparte de mí al menos esta mortandad.»
18 Salió Moisés de la
presencia de Faraón y rogó a Yahveh.
19 Yahveh hizo que soplara
con gran violencia un viento del mar que se llevó la langosta y
la echó al mar de Suf. No quedó ni una langosta en todo el
territorio de Egipto.
20 Pero Yahveh endureció
el corazón de Faraón, que no dejó salir a los israelitas.
21 Yahveh dijo a Moisés: «Extiende
tu mano hacia el cielo, y haya sobre la tierra de Egipto
tinieblas que puedan palparse.»
22 Extendió, pues, Moisés
su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas en
todo el país de Egipto.
23 No se veían unos a
otros, y nadie se levantó de su sitio por espacio de tres días,
mientras que todos los israelitas tenían luz en sus moradas.
24 Llamó Faraón a Moisés y
dijo: «Id y dad culto a Yahveh; que se queden solamente vuestras
ovejas y vuestras vacadas. También vuestros pequeños podrán ir
con vosotros.»
25 Respondió Moisés: «Nos
tienes que conceder también sacrificios y holocaustos, para que
los ofrendemos a Yahveh, nuestro Dios.
26 También nuestro ganado
ha de venir con nosotros. No quedará ni una pezuña; porque de
ellos hemos de tomar para dar culto a Yahveh, nuestro Dios. Y no
sabemos todavía qué hemos de ofrecer a Yahveh hasta que
lleguemos allá.»
27 Yahveh endureció el
corazón de Faraón, que no quiso dejarles salir.
28 Y dijo Faraón a Moisés:
«¡Retírate de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi rostro,
pues el día en que veas mi rostro, morirás!»
29 Respondió Moisés: «Tú
lo has dicho: no volveré a ver tu rostro.»
Éxodo 11
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Todavía
traeré una plaga más sobre Faraón y sobre Egipto; tras de lo
cual os dejará marchar de aquí y cuando, por fin, os deje salir
del país, él mismo os expulsará de aquí.
2 Habla, pues, al pueblo y
que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina,
objetos de plata y objetos de oro.»
3 Yahveh hizo que el
pueblo se ganase el favor de los egipcios. Además, Moisés era un
gran personaje en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los
servidores de Faraón como a los ojos del pueblo.
4 Moisés dijo: «Así dice
Yahveh: hacia media noche pasaré yo a través de Egipto;
5 y morirá en el país de
Egipto todo primogénito, desde el primogénito de Faraón que se
sienta en su trono hasta el primogénito de la esclava encargada
de moler, así como todo primer nacido del ganado.
6 Y se elevará en todo el
país de Egipto un alarido tan grande como nunca lo hubo, ni lo
habrá.
7 Pero entre los
israelitas ni siquiera un perro ladrará ni contra hombre ni
contra bestia; para que sepáis cómo Yahveh hace distinción
entre Egipto e Israel.
8 Entonces vendrán a mí
todos estos siervos tuyos y se postrarán delante de mí,
diciendo: Sal, tú y todo el pueblo que te sigue. Y entonces,
saldré.» Y, ardiendo en cólera, salió de la presencia de Faraón.
9 Y dijo Yahveh a Moisés:
«no os escuchará Faraón, para que así pueda yo multiplicar mis
prodigios en la tierra de Egipto.»
10 Moisés y Aarón obraron
todos estos prodigios ante Faraón; pero Yahveh endureció el
corazón de Faraón, que no dejó salir de su país a los
israelitas.
Éxodo 12
1 Dijo Yahveh a Moisés y
Aarón en el país de Egipto:
2 «Este mes será para
vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses
del año.
3 Hablad a toda la
comunidad de Israel y decid: El día diez de este mes tomará cada
uno para sí una res de ganado menor por familia, una res de
ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese
demasiado reducida para una res de ganado menor, traerá al
vecino más cercano a su casa, según el número de personas y
conforme a lo que cada cual pueda comer.
5 El animal será sin
defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o
los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el
día catorce de este mes; y toda la asamblea de la comunidad de
los israelitas lo inmolará entre dos luces.
7 Luego tomarán la sangre
y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche
comerán la carne. La comerán asada al fuego, con ázimos y con
hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis
crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus
entrañas.
10 Y no dejaréis nada de
él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo habéis de comer:
ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, y el bastón
en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche
por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del
país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré
justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra
señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré
de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga
exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un día
memorable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor
de Yahveh de generación en generación. Decretaréis que sea
fiesta para siempre».
15 «Durante siete días
comeréis ázimos; ya desde el primer día quitaréis de vuestras
casas la levadura. Todo el que desde el día primero hasta el
día séptimo coma pan fermentado, ese tal será exterminado de en
medio de Israel.
16 El primer día tendréis
reunión sagrada; también el día séptimo os reuniréis en reunión
sagrada. Ningún trabajo se hará en esos días, salvo la comida
para cada uno. Esto es lo único que podréis hacer.
17 Guardad la fiesta de
los Ázimos, porque en ese mismo día saqué yo vuestros ejércitos
de la tierra de Egipto. Guardad este día de generación en
generación como decreto perpetuo.
18 Comeréis ázimos en el
mes primero, desde la tarde del día catorce del mes hasta la
tarde del día veintiuno.
19 No habrá levadura en
vuestras casas por espacio de siete días; todo aquel que coma
algo fermentado, sea forastero o natural del país, será
exterminado de la comunidad de Israel.
20 No comeréis nada
fermentado; en todo lugar donde habitéis, comeréis ázimos.»
21 Llamó Moisés a todos
los ancianos de Israel y les dijo: «Id en busca de reses menores
para vuestras familias e inmolad la pascua.
22 Tomaréis un manojo de
hisopo, lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y
untaréis el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija;
y ninguno de vosotros saldrá de la puerta de su casa hasta la
mañana.
23 Yahveh pasará y herirá
a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos
jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no
permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir.
24 Guardad este mandato
como decreto perpetuo para vosotros y vuestros hijos.
25 También guardaréis este
rito cuando entréis en la tierra que os dará Yahveh, según su
promesa.
26 Y cuando os pregunten
vuestros hijos: “¿Qué significa para vosotros este rito?”,
27 responderéis: “Este es
el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de largo por las
casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y
salvó nuestras casas.”» Entonces el pueblo se postró para
adorar.
28 Fueron los israelitas e
hicieron lo que había mandado Yahveh a Moisés y a Aarón; así lo
hicieron.
29 Y sucedió que, a media
noche, Yahveh hirió en el país de Egipto a todos los
primogénitos, desde el primogénito de Faraón, que se sienta
sobre su trono, hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a
todo primer nacido del ganado.
30 Levantóse Faraón
aquella noche, con todos sus servidores y todos los egipcios; y
hubo grande alarido en Egipto, porque no había casa donde no
hubiese un muerto.
31 Llamó Faraón a Moisés y
a Aarón, durante la noche, y les dijo: «Levantaos y salid de en
medio de mi pueblo, vosotros y los israelitas, e id a dar culto
a Yahveh, como habéis dicho.
32 Tomad también vuestros
rebaños y vuestras vacadas, como dijisteis. Marchaos y
bendecidme también a mí.»
33 Los egipcios por su
parte instaban al pueblo para acelerar su salida del país, pues
decían. «Vamos a morir todos.»
34 Tomó, pues, el pueblo
la masa, antes que fermentara y, envolviendo en los mantos las
artesas de la harina, se las cargaron a hombros.
35 Los israelitas hicieron
lo que les dijo Moisés y pidieron a los egipcios objetos de
plata, objetos de oro y vestidos.
36 Yahveh hizo que el
pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales se los
prestaron. Así despojaron a los egipcios.
37 Los israelitas
partieron de Ramsés hacia Sukkot, unos 600.000 hombres de a pie,
sin contar los niños.
38 Salió también con ellos
una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños de ovejas y vacas.
39 De la masa que habían
sacado de Egipto cocieron tortas ázimas, porque no había
fermentado todavía; pues al ser echados de Egipto no pudieron
tomar víveres ni provisiones para el camino.
40 Los israelitas
estuvieron en Egipto 430 años.
41 El mismo día que se
cumplían los 430 años, salieron de la tierra de Egipto todos los
ejércitos de Yahveh.
42 Noche de guardia fue
ésta para Yahveh, para sacarlos de la tierra de Egipto. Esta
misma noche será la noche de guardia en honor de Yahveh para
todos los israelitas, por todas sus generaciones.
43 Dijo Yahveh a Moisés y
a Aarón: «Estas son las normas sobre la Pascua: no comerá de
ella ningún extranjero.
44 Todo siervo, comprado
por dinero, a quien hayas circuncidado, podrá comerla.
45 Pero el residente y el
jornalero no la comerán.
46 Se ha de comer dentro
de casa; no sacaréis fuera de casa nada de carne, ni le
quebraréis ningún hueso.
47 Toda la comunidad de
Israel la celebrará.
48 Si un forastero que
habita contigo quiere celebrar la Pascua de Yahveh, que se
circunciden todos sus varones, y entonces podrá acercarse para
celebrarla, pues será como los nativos; pero ningún incircunciso
podrá comerla.
49 Una misma ley habrá
para el nativo y para el forastero que habita en medio de
vosotros.»
50 Así lo hicieron todos
los israelitas. Tal como había mandado Yahveh a Moisés y a Aarón,
así lo hicieron.
51 Y en aquel mismo día
sacó Yahveh del país de Egipto a los israelitas en orden de
campaña.
Éxodo 13
1 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
2 «Conságrame todo
primogénito, todo lo que abre el seno materno entre los
israelitas. Ya sean hombres o animales, míos son todos.»
3 Dijo, pues, Moisés al
pueblo: «Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la
casa de servidumbre, pues Yahveh os ha sacado de aquí con mano
fuerte; y no comáis pan fermentado.
4 Salís hoy, en el mes de
Abib.
5 Así, cuando Yahveh te
haya introducido en la tierra de los cananeos, de los hititas,
de los amorreos, de los jivitas y de los jebuseos, que juró a
tus padres que te daría, tierra que mana leche y miel,
celebrarás ese rito en este mes.
6 Siete días comerás
ázimos y el día séptimo será fiesta de Yahveh.
7 Se comerán ázimos
durante siete días, y no se verá pan fermentado en tu casa, ni
levadura en tu casa, en todo tu territorio.
8 En aquel día harás saber
a tu hijo: “Esto es con motivo de lo que hizo conmigo Yahveh
cuando salí de Egipto.”
9 Y esto te servirá como
señal en tu mano, y como recordatorio ante tus ojos, para que la
ley de Yahveh esté en tu boca; porque con mano fuerte te sacó
Yahveh de Egipto.
10 Guardarás este
precepto, año por año, en el tiempo debido.»
11 Cuando Yahveh te haya
introducido en la tierra del cananeo, como lo tiene jurado a ti
y a tus padres, y te la haya dado,
12 consagrarás a Yahveh
todo lo que abre el seno materno. Todo primer nacido de tus
ganados, si son machos, pertenecen también a Yahveh.
13 Todo primer nacido del
asno lo rescatarás con un cordero; y si no lo rescatas lo
desnucarás. Rescatarás también todo primogénito de entre tus
hijos.
14 Y cuando el día de
mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué significa esto?”, le dirás:
“Con mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de
servidumbre.”
15 Como Faraón se obstinó
en no dejarnos salir, Yahveh mató a todos los primogénitos en el
país de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el
primogénito del ganado. Por eso sacrifico a Yahveh todo macho
que abre el seno materno, y rescato todo primogénito de mis
hijos.
16 Esto será como señal en
tu mano y como insignia entre tus ojos; porque con mano fuerte
nos sacó Yahveh de Egipto.»
17 Cuando Faraón dejó
salir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de
los filisteos, aunque era más corto; pues se dijo Dios: «No sea
que, al verse atacado, se arrepienta el pueblo y se vuelva a
Egipto.»
18 Hizo Dios dar un rodeo
al pueblo por el camino del desierto del mar de Suf. Los
israelitas salieron bien equipados del país de Egipto.
19 Moisés tomó consigo los
huesos de José, pues éste había hecho jurar solemnemente a los
israelitas, diciendo: « Ciertamente Dios os visitará, y entonces
llevaos de aquí mis huesos con vosotros.”
20 Partieron de Sukkot y
acamparon en Etam, al borde del desierto.
21 Yahveh iba al frente de
ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino, y
de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que
pudiesen marchar de día y de noche.
22 No se apartó del pueblo
ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la
noche.
Éxodo 14
1 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
2 «Di a los israelitas que
se vuelvan y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el mar,
enfrente de Baal Sefón. Frente a ese lugar acamparéis, junto al
mar.
3 Faraón dirá de los
israelitas: “Andan errantes en el país, y el desierto les cierra
el paso.”
4 Yo endureceré el corazón
de Faraón, y os perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a
costa de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios
que yo soy Yahveh.» Así lo hicieron.
5 Cuando anunciaron al rey
de Egipto que había huido el pueblo, se mudó el corazón de
Faraón y de sus servidores respecto del pueblo, y dijeron:
«¿Qué es lo que hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro
servicio?»
6 Faraón hizo enganchar su
carro y llevó consigo sus tropas.
7 Tomó seiscientos carros
escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus
combatientes.
8 Endureció Yahveh el
corazón de Faraón rey de Egipto, el cual persiguió a los
israelitas, pero los israelitas salieron con la mano alzada.
9 Los egipcios los
persiguieron: todos los caballos, los carros de Faraón, con la
gente de los carros y su ejército; y les dieron alcance mientras
acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot, frente a Baal
Sefón.
10 Al acercarse Faraón,
los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios
marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron
a Yahveh.
11 Y dijeron a Moisés:
«¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído
a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos
de Egipto?
12 ¿No te dijimos
claramente en Egipto: Déjanos en paz, queremos servir a los
egipcios? Porque mejor nos es servir a los egipcios que morir en
el desierto.»
13 Contestó Moisés al
pueblo: «No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que
Yahveh os otorgará en este día, pues los egipcios que ahora
veis, no los volveréis a ver nunca jamás.
14 Yahveh peleará por
vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos.»
15 Dijo Yahveh a Moisés:
«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se
pongan en marcha.
16 Y tú, alza tu cayado,
extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los
israelitas entren en medio del mar a pie enjuto.
17 Que yo voy a endurecer
el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré
de gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, de sus carros
y de los guerreros de los carros.
18 Sabrán los egipcios que
yo soy Yahveh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de
Faraón, de sus carros y de sus jinetes.
19 Se puso en marcha el
Ángel de Yahveh que iba al frente del ejército de Israel, y pasó
a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó
de allí y se colocó detrás,
20 poniéndose entre el
campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La
nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran
trabar contacto unos con otros en toda la noche.
21 Moisés extendió su mano
sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un
fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las
aguas.
22 Los israelitas entraron
en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban
muralla a derecha e izquierda.
23 Los egipcios se
lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del
mar, todos los caballos de Faraón, y los carros con sus
guerreros.
24 Llegada la vigilia
matutina, miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el
ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército
egipcio.
25 Trastornó la ruedas de
sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y
exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel, porque Yahveh
pelea por ellos contra los egipcios.»
26 Yahveh dijo a Moisés:
Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los
egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros.»
27 Extendió Moisés su mano
sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de
modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las
aguas. Así precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar,
28 pues al retroceder las
aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército de
Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó
ni uno siquiera.
29 Mas los israelitas
pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas
hacían muralla a derecha e izquierda.
30 Aquel día salvó Yahveh
a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios
muertos a orillas del mar.
31 Y viendo Israel la mano
fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios, temió el
pueblo a Yahveh, y creyeron en Yahveh y en Moisés, su siervo.
Éxodo 15
1 Entonces Moisés y los
israelitas cantaron este cántico a Yahveh. Dijeron: «Canto a
Yahveh pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y
carro.
2 Mi fortaleza y mi
canción es Yah. El es mi salvación. El, mi Dios, yo le
glorifico, el Dios de mi padre, a quien exalto.
3 ¡Un guerrero Yahveh,
Yahveh es su nombre!
4 Los carros de Faraón y
sus soldados precipitó en el mar. La flor de sus guerreros tragó
el mar de Suf;
5 cubriólos el abismo,
hasta el fondo cayeron como piedra.
6 Tu diestra, Yahveh,
relumbra por su fuerza; tu diestra, Yahveh, aplasta al enemigo.
7 En tu gloria inmensa
derribas tus contrarios, desatas tu furor y los devora como
paja.
8 Al soplo de tu ira se
apiñaron las aguas, se irguieron las olas como un dique, los
abismos cuajaron en el corazón del mar.
9 Dijo el enemigo:
«Marcharé a su alcance, repartiré despojos, se saciará mi alma,
sacaré mi espada y los aniquilará mi mano.»
10 Mandaste tu soplo,
cubriólos el mar; se hundieron como plomo en las temibles aguas.
11 ¿Quién como tú, Yahveh,
entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso en santidad, terrible
en prodigios, autor de maravillas?
12 Tendiste tu diestra y
los tragó la tierra.
13 Guiaste en tu bondad al
pueblo rescatado. Tu poder los condujo a tu santa morada.
14 Oyéronlo los pueblos,
se turbaron, dolor como de parto en Filistea.
15 Los príncipes de Edom
se estremecieron, se angustiaron los jefes de Moab y todas las
gentes de Canaán temblaron.
16 Pavor y espanto cayó
sobre ellos. La fuerza de tu brazo los hizo enmudecer como una
piedra, hasta que pasó tu pueblo, oh Yahveh, hasta pasar el
pueblo que compraste.
17 Tú le llevas y le
plantas en el monte de tu herencia, hasta el lugar que tú te has
preparado para tu sede, ¡oh Yahveh! Al santuario, Adonay, que
tus manos prepararon.
18 ¡Yahveh reinará por
siempre jamás!»
19 Porque cuando los
caballos de Faraón y los carros con sus guerreros entraron en el
mar, Yahveh hizo que las aguas del mar volvieran sobre ellos,
mientras que los israelitas pasaron a pie enjuto por medio del
mar.
20 María, la profetisa,
hermana de Aarón tomó en sus manos un tímpano y todas la mujeres
la seguían con tímpanos y danzando en coro.
21 Y María les entonaba el
estribillo: «Cantad a Yahveh pues se cubrió de gloria. arrojando
en el mar caballo y carro.»
22 Moisés hizo partir a
los israelitas del mar de Suf y se dirigieron hacia el desierto
de Sur: caminaron tres días por el desierto sin encontrar agua.
23 Luego llegaron a Mará,
porque era amarga. Por eso se llama aquel lugar Mará.
24 El pueblo murmuró
contra Moisés, diciendo: «¿Qué vamos a beber?»
25 Entonces Moisés invocó
a Yahveh, y Yahveh le mostró un madero que Moisés echó al agua,
y el agua se volvió dulce. Allí dio a Israel decretos y normas,
y allí le puso a prueba.
26 Y dijo: «Si de veras
escuchas la voz de Yahveh, tu Dios, y haces lo que es recto a
sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus
preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié
sobre los egipcios; porque yo soy Yahveh, el que te sana.»
27 Después llegaron a
Elim, donde hay doce fuentes de agua y setenta palmeras, y
acamparon allí junto a las aguas.
Éxodo 16
1 Partieron de Elim, y
toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin,
que está entre Elim y el Sinaí, el día quince del segundo mes
después de su salida del país de Egipto.
2 Toda la comunidad de los
israelitas empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el
desierto.
3 Los israelitas les
decían: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la tierra
de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne,
cuando comíamos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis traído
a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.»
4 Yahveh dijo a Moisés:
«Mira, yo haré llover sobre vosotros pan del cielo; el pueblo
saldrá a recoger cada día la porción diaria; así le pondré a
prueba para ver si anda o no según mi ley.
5 Mas el día sexto, cuando
preparen lo que hayan traído, la ración será doble que la de los
demás días.»
6 Dijeron, pues, Moisés y
Aarón a toda la comunidad de los israelitas: «Esta tarde sabréis
que es Yahveh quien os ha sacado del país de Egipto;
7 y por la mañana veréis
la gloria de Yahveh. Porque ha oído vuestras murmuraciones
contra Yahveh; pues ¿qué somos nosotros para que murmuréis
contra nosotros?»
8 Y añadió Moisés: «Yahveh
os dará esta tarde carne para comer, y por la mañana pan en
abundancia; porque Yahveh ha oído vuestras murmuraciones contra
él; pues ¿qué somos nosotros? No van contra nosotros vuestras
murmuraciones, sino contra Yahveh.»
9 Dijo entonces Moisés a
Aarón: «Ordena a toda la comunidad de los israelitas: Acercaos a
Yahveh, pues él ha oído vuestras murmuraciones.»
10 Aún estaba hablando
Aarón a toda la comunidad de los israelitas, cuando ellos
miraron hacia el desierto, y he aquí que la gloria de Yahveh se
apareció en forma de nube.
11 Y Yahveh habló a
Moisés, diciendo:
12 «He oído las
murmuraciones de los israelitas. Diles: Al atardecer comeréis
carne y por la mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que yo
soy Yahveh, vuestro Dios.»
13 Aquella misma tarde
vinieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la
mañana había una capa de rocío en torno al campamento.
14 Y al evaporarse la capa
de rocío apareció sobre el suelo del desierto una cosa menuda,
como granos, parecida a la escarcha de la tierra.
15 Cuando los israelitas
la vieron, se decían unos a otros: «¿Qué es esto?» Pues no
sabían lo que era. Moisés les dijo: «Este es el pan que Yahveh
os da por alimento.
16 He aquí lo que manda
Yahveh: Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, un gomor
por cabeza, según el número de los miembros de vuestra familia;
cada uno recogerá para la gente de su tienda.»
17 Así lo hicieron los
israelitas; unos recogieron mucho y otros poco.
18 Pero cuando lo midieron
con el gomor, ni los que recogieron poco tenían de menos. Cada
uno había recogido lo que necesitaba para su sustento.
19 Moisés les dijo: «Que
nadie guarde nada para el día siguiente.»
20 Pero no obedecieron a
Moisés, y algunos guardaron algo para el día siguiente; pero se
llenó de gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó contra ellos.
21 Lo recogían por las
mañanas, cada cual según lo que necesitaba; y luego, con el
calor del sol, se derretía.
22 El día sexto recogieron
doble ración, dos gomor por persona. Todos los jefes de la
comunidad fueron a decírselo a Moisés;
23 él les respondió: «Esto
es lo que manda Yahveh: Mañana es sábado, día de descanso
consagrado a Yahveh. Coced lo que se deba cocer, hervid lo que
se tenga que hervir; y lo sobrante, guardadlo como reserva para
mañana.»
24 Ellos lo guardaron para
el día siguiente, según la orden de Moisés; y no se pudrió, ni
se agusanó.
25 Dijo entonces Moisés:
«Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yahveh; y en tal día no
hallaréis nada en el campo.
26 Seis días podéis
recogerlo, pero el día séptimo, que es sábado, no habrá nada.»
27 A pesar de todo,
salieron algunos del pueblo a recogerlo el séptimo día, pero no
encontraron nada.
28 Yahveh dijo a Moisés:
«¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mi mandatos y mis leyes?
29 Mirad que Yahveh os ha
puesto el sábado; por eso el día sexto os da ración para dos
días. Quédese cada uno en su sitio, y que nadie se mueva de su
lugar el día séptimo.»
30 Y el día séptimo
descansó el pueblo.
31 La casa de Israel lo
llamó maná. Era como semilla de cilantro, blanco, y con sabor a
torta de miel.
32 Dijo Moisés: «Esto
manda Yahveh: Llenad un gomor de maná, y conservadlo, para
vuestros descendientes, para que vean el pan con que os alimenté
en el desierto cuando os saqué del país de Egipto.»
33 Dijo, pues, Moisés a
Aarón: «Toma una vasija, pon en ella un gomor lleno de maná, y
colócalo ante Yahveh, a fin de conservarlo para vuestros
descendientes.»
34 Tal como Yahveh se lo
mandó a Moisés, Aarón lo puso ante el Testimonio para
conservarlo.
35 Los israelitas comieron
el maná por espacio de cuarenta años, hasta que llegaron a
tierra habitada. Lo estuvieron comiendo hasta que llegaron a los
confines del país de Canaán.
36 El gomor es la décima
parte de la medida.
Éxodo 17
1 Toda la comunidad de los
israelitas partió del desierto de Sin, a la orden de Yahveh,
para continuar sus jornadas; y acamparon en Refidim, donde el
pueblo no encontró agua para beber.
2 El pueblo entonces se
querelló contra Moisés, diciendo: «Danos agua para beber.»
Respondióles Moisés: «¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por qué
tentáis a Yahveh?»
3 Pero el pueblo,
torturado por la sed, siguió murmurando contra Moisés: «¿Nos has
hecho salir de Egipto para hacerme morir de sed, a mí, a mis
hijos y a mis ganados?»
4 Clamó Moisés a Yahveh y
dijo: «¿ Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen.»
5 Respondió Yahveh a
Moisés: «Pasa delante del pueblo, llevando contigo algunos de
los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con
que golpeaste el Río y vete,
6 que allí estaré yo ante
ti, sobre la piña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella
agua para que beba el pueblo.» Moisés lo hizo así a la vista de
los ancianos de Israel.
7 Aquel lugar se llamó
Massá y Meribá, a causa de la querella de los israelitas, y por
haber tentado a Yahveh, diciendo: «¿Está Yahveh entre nosotros o
no?»
8 Vinieron los amalecitas
y atacaron a Israel en Refidim.
9 Moisés dijo a Josué:
«Elígete algunos hombres, y sal mañana a combatir contra Amalec.
Yo me pondré en la cima del monte, con el cayado de Dios en mi
mano.»
10 Josué cumplió las
órdenes de Moisés, y salió a combatir contra Amalec. Mientras
tanto, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
11 Y sucedió que, mientras
Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; pero cuando
las bajaba, prevalecía Amalec.
12 Se le cansaron las
manos a Moisés, y entonces ellos tomaron una piedra y se la
pusieron debajo; él se sentó sobre ella, mientras Aarón y Jur le
sostenían las manos, uno a un lado y otro al otro. Y así
resistieron sus manos hasta la puesta del sol.
13 Josué derrotó a Amalec
y a su pueblo a filo de espada.
14 Yahveh dijo Moisés:
«Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, y haz
saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec
de debajo de los cielos.»
15 Después edificó Moisés
un altar, al que puso por nombre Yahveh Nissí
16 diciendo: «La bandera
de Yahveh en la mano; Yahveh está en guerra con Amalec de
generación en generación.»
Éxodo 18
1 Jetró, sacerdote de
Madián, suegro de Moisés, se enteró de lo que había hecho Dios
en favor de Moisés y de Israel, su pueblo, y cómo Yahveh había
sacado a Israel de Egipto.
2 Entonces Jetró, suegro
de Moisés, tomó a Séfora, mujer de Moisés, a la que Moisés había
despedido,
3 y a sus hijos; el uno se
llamaba Guersom, pues Moisés dijo: «Forastero soy en tierra
extraña,»
4 y el otro se llamaba
Eliezer, pues dijo Moisés: «El Dios de mi padre es mi protector
y me ha librado de la espada de Faraón.»
5 Llegó, pues, Jetró,
suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de Moisés, al
desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios.
6 Y dijo a Moisés: Yo,
Jetró, tu suegro, vengo a ti con tu mujer y sus dos hijos.»
7 Moisés salió al
encuentro de su suegro, se postró y le besó. Se saludaron ambos
y entraron en la tienda.
8 Moisés contó a su suegro
todo lo que Yahveh había hecho a Faraón y a los egipcios, en
favor de Israel; todos los trabajos sufridos en el camino y cómo
Yahveh les había librado de ellos.
9 Jetró se alegró de todo
el bien que Yahveh había hecho a Israel, librándole de la mano
de los egipcios.
10 Y dijo Jetró: «¡Bendito
sea Yahveh, que os ha librado de la mano de los egipcios y de la
mano de Faraón y ha salvado al pueblo del poder de los egipcios!
11 Ahora reconozco que
Yahveh es más grande que todos los dioses...»
12 Después Jetró, suegro
de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios; y Aarón y
todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de
Moisés en presencia de Dios.
13 Al día siguiente, se
sentó Moisés para juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo ante
Moisés desde la mañana hasta la noche.
14 El suegro de Moisés vio
el trabajo que su yerno se imponía por el pueblo, y dijo: «¿Cómo
haces eso con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo haciendo
que todo el pueblo tenga que permanecer delante de ti desde la
mañana hasta la noche?»
15 Contestó Moisés a su
suegro: «Es que el pueblo viene a mí para consultar a Dios.
16 Cuando tienen un
pleito, vienen a mí; yo dicto sentencia entre unos y otros, y
les doy a conocer los preceptos de Dios y sus leyes.»
17 Entonces el suegro de
Moisés le dijo: «No está bien lo que estás haciendo.
18 Acabarás agotándote, tú
y este pueblo que está contigo; porque este trabajo es superior
a tus fuerzas; no podrás hacerlo tú solo.
19 Así que escúchame; te
voy a dar un consejo, y Dios estará contigo. Sé tú el
representante del pueblo delante de Dios y lleva ante Dios sus
asuntos.
20 Enséñales los preceptos
y las leyes, dales a conocer el camino que deben seguir y las
obras que han de practicar.
21 Pero elige de entre el
pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres fieles e
incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de
mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez.
22 Ellos juzgarán al
pueblo en todo momento; te presentarán a ti los asuntos más
graves, pero en los asuntos de menor importancia, juzgarán
ellos. Así se aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a
llevarla.
23 Si haces esto, Dios te
comunicará sus órdenes, tú podrás resistir, y todo este pueblo
por su parte podrá volver en paz a su lugar.»
24 Escuchó Moisés la voz
de su suegro e hizo todo lo que le había dicho.
25 Eligió, pues, hombres
capaces de entre todo Israel, y los puso al frente del pueblo,
como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta, y jefes
de diez.
26 Estos juzgaban al
pueblo en todo momento; los asuntos graves se los presentaban a
Moisés, mas en todos los asuntos menores juzgaban por sí mismos.
27 Después Moisés despidió
a su suegro, que se volvió a su tierra.
Éxodo 19
1 Al tercer mes después de
la salida de Egipto, ese mismo día, llegaron los hijos de Israel
al desierto de Sinaí.
2 Partieron de Refidim, y
al llegar al desierto de Sinaí acamparon en el desierto. Allí
acampó Israel frente al monte.
3 Moisés subió hacia Dios.
Yahveh le llamó desde el monte, y le dijo: «Así dirás a la casa
de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:
4 “Ya habéis visto lo que
he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre
alas de águila y os he traído a mí.
5 Ahora, pues, si de veras
escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi
propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda
la tierra;
6 seréis para mí un reino
de sacerdotes y una nación santa.” Estas son las palabras que
has de decir a los hijos de Israel.»
7 Fue, pues, Moisés y
convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas
palabras que Yahveh le había mandado.
8 Todo el pueblo a una
respondió diciendo: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.» Y
Moisés llevó a Yahveh la respuesta del pueblo.
9 Dijo Yahveh a Moisés:
«Mira: Voy a presentarme a ti en una densa nube para que el
pueblo me oiga hablar contigo, y así te dé crédito para
siempre.» Y Moisés refirió a Yahveh las palabras del pueblo.
10 Yahveh dijo a Moisés:
«Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; que
laven sus vestidos
11 y estén preparados para
el tercer día; porque al día tercero descenderá Yahveh a la
vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.
12 Deslinda el contorno de
la montaña, y di: Guardaos de subir al monte y aun de tocar su
falda. Todo aquel que toque el monte morirá.
13 Pero nadie pondrá la
mano sobre el culpable, sino que será lapidado o asaeteado; sea
hombre o bestia, no quedará con vida. Cuando resuene el cuerno,
subirán ellos al monte.»
14 Bajó, pues, Moisés del
monte, adonde estaba el pueblo, y ellos lavaron sus vestidos.
15 Y dijo al pueblo:
«Estad preparados para el tercer día, y absteneos de mujer.»
16 Al tercer día, al rayar
el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el
monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que
estaba en el campamento se echó a temblar.
17 Entonces Moisés hizo
salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y
se detuvieron al pie del monte.
18 Todo el monte Sinaí
humeaba, porque Yahveh había descendido sobre él en el fuego.
Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con
violencia.
19 El sonar de la trompeta
se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía
con el trueno.
20 Yahveh bajó al monte
Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahveh a Moisés a la cima de
la montaña y Moisés subió.
21 Dijo Yahveh a Moisés:
«Baja y conjura al pueblo que no traspase las lindes para ver a
Yahveh, porque morirían muchos de ellos;
22 aun los sacerdotes que
se acercan a Yahveh deben santificarse para que Yahveh no
irrumpa contra ellos.»
23 Moisés respondió a
Yahveh: «El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos
lo has prohibido, diciendo: Señala un límite alrededor del
monte y decláralo sagrado.»
24 Yahveh le dijo: «Anda,
baja, y luego subes tú y Aarón contigo; pero los sacerdotes y el
pueblo no traspasarán las lindes para subir hacia Yahveh a fin
de que no irrumpa contra ellos.”
25 Bajó, pues, Moisés
adonde estaba el pueblo y les dijo...
Éxodo 20
1 Entonces pronunció Dios
todas estas palabras diciendo:
2 «Yo, Yahveh, soy tu
Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de
servidumbre.
3 No habrá para ti otros
dioses delante de mí.
4 No te harás escultura ni
imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo
que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo
de la tierra.
5 No te postrarás ante
ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios
celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos
hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian,
6 y tengo misericordia por
millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 No tomarás en falso el
nombre de Yahveh, tu Dios; porque Yahveh no dejará sin castigo a
quien toma su nombre en falso.
8 Recuerda el día del
sábado para santificarlo.
9 Seis días trabajarás y
harás todos tus trabajos,
10 pero el día séptimo es
día de descanso para Yahveh, tu Dios. No harás ningún trabajo,
ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu
ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad.
11 Pues en seis días hizo
Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y
el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día del sábado y
lo hizo sagrado.
12 Honra a tu padre y a tu
madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que
Yahveh, tu Dios, te va a dar.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No robarás.
16 No darás testimonio
falso contra tu prójimo.
17 No codiciarás la casa
de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su
siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de
tu prójimo.»
18 Todo el pueblo percibía
los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y el monte
humeante, y temblando de miedo se mantenía a distancia.
19 Dijeron a Moisés:
«Habla tú con nosotros, que podremos entenderte, pero que no
hable Dios con nosotros, no sea que muramos.»
20 Respondió Moisés al
pueblo: «No temáis, pues Dios ha venido para poneros a prueba,
para que su temor esté ante vuestros ojos, y no pequéis».
21 Y el pueblo se mantuvo
a distancia, mientras Moisés se acercaba a la densa nube donde
estaba Dios.
22 Dijo Yahveh a Moisés:
Así dirás a los israelitas: Vosotros mismos habéis visto que os
he hablado desde el cielo.
23 No haréis junto a mí
dioses de plata, ni os haréis dioses de oro.
24 Hazme un altar de
tierra para ofrecer sobre él tus holocaustos y tus sacrificios
de comunión, tus ovejas y tus bueyes. En todo lugar donde haga
yo memorable mi nombre, vendré a ti y te bendeciré.
25 Y si me haces un altar
de piedra, no lo edificarás de piedras labradas; porque al alzar
tu cincel sobre ella queda profanada.
26 Tampoco subirás por
gradas a mi altar, para que no se descubra tu desnudez sobre él.
Éxodo 21
1 Estas con las normas que
has de dar:
2 Cuando compres un
esclavo hebreo, servirá seis años, y el séptimo quedará libre
sin pagar rescate.
3 Si entró solo, solo
saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él.
4 Si su amo le dio mujer,
y ella le dio a luz hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán
del amo, y él saldrá solo.
5 Si el esclavo declara:
«Yo quiero a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; renuncio a la
libertad»
6 su amo le llevará ante
Dios y, arrimándolo a la puerta o a la jamba, su amo le horadará
la oreja con una lezna; y quedará a su servicio para siempre.
7 Si un hombre vende a su
hija por esclava, ésta no saldrá de la esclavitud como salen los
esclavos.
8 Si no agrada a su señor
que la había destinado para sí, éste permitirá su rescate; y no
podrá venderla a gente extraña, tratándola con engaño.
9 Si la destina para su
hijo, le dará el mismo trato que a sus hijas.
10 Si toma para sí otra
mujer, no le disminuirá a la primera la comida, ni el vestido ni
los derechos conyugales.
11 Y si no le da estas
tres cosas, ella podrá salirse de balde sin pagar rescate.
12 El que hiera
mortalmente a otro, morirá;
13 pero si no estaba al
acecho, sino que Dios se lo puso al alcance de la mano, yo te
señalaré un lugar donde éste pueda refugiarse.
14 Pero al que se atreva a
matar a su prójimo con alevosía, hasta de mi altar le arrancarás
para matarle.
15 El que pegue a su padre
o a su madre morirá.
16 Quien rapte a una
persona - la haya vendido o esté todavía en su poder - morirá.
17 Quien maldiga a su
padre o a su madre morirá.
18 Si dos hombres riñen y
uno hiere a otro con una piedra o con el puño, pero no muere,
sino que, después de guardar cama,
19 puede levantarse y
andar por la calle, apoyado en su bastón, el que le hirió
quedará exculpado, pero pagará el tiempo perdido y los gastos de
la curación completa.
20 Si un hombre golpea a
su siervo o a su sierva con un palo y muere a sus manos, cae
bajo la ley de venganza.
21 Pero si sobrevive un
día o dos, no será vengado, pues lo había comprado con dinero.
22 Si unos hombres, en el
curso de una riña, dan un golpe a una mujer encinta, y provocan
el parto sin más daño, el culpable será multado conforme a lo
que imponga el marido de la mujer y mediante arbitrio.
23 Pero si resultare daño,
darás vida por vida,
24 ojo por ojo, diente por
diente, mano por mano, pie por pie,
25 quemadura por
quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal.
26 Si un hombre hiere a su
siervo o a su sierva en el ojo y le deja tuerto, le dará
libertad en compensación del ojo.
27 Si uno salta un diente
a su siervo o a su sierva, le pondrá en libertad en compensación
del diente.
28 Si un buey acornea a un
hombre o a una mujer, y le causa la muerte, el buey será
apedreado, y no se comerá su carne, pero el dueño del buey
quedará exculpado.
29 Mas si el buey
acorneaba ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no
le vigiló, y ese buey mata a un hombre o a una mujer, el buey
será apedreado, y también su dueño morirá.
30 Si se le impone un
precio por ello, dará en rescate de su vida cuanto le impongan.
31 Si acornea a un
muchacho o a una muchacha, se seguirá esta misma norma.
32 Si el buey acornea a un
siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al
dueño de ellos, y el buey será apedreado.
33 Si un hombre deja
abierto un pozo, o si cava un pozo y no lo tapa, y cae en él un
buey o un asno,
34 el propietario del pozo
pagará al dueño de ellos el precio en dinero, y el animal muerto
será suyo.
35 Si el buey de uno
acornea al buey de otro, causándole la muerte, venderán el buey
vivo y se repartirán el precio, repartiendo igualmente el buey
muerto.
36 Pero si era notorio que
el buey acorneaba desde tiempo atrás, y su dueño no le vigiló,
pagará buey por buey y el buey muerto será suyo.
37 Si un hombre roba un
buey o una oveja, y los mata o vende, pagará cinco bueyes por el
buey, y cuatro ovejas por la oveja.
Éxodo 22
1 Si el ladrón,
sorprendido al perforar la pared, es herido mortalmente, no
habrá venganza de sangre.
2 Mas si esto sucede
salido ya el sol, su sangre será vengada. - Debe restituir; si
no tiene con qué, será vendido para restituir por su robo.
3 Si lo robado, sea buey,
asno u oveja, fuere hallado vivo en su poder, restituirá el
doble.
4 Si un hombre causa daño
en un campo o en una viña, dejando suelto su ganado de modo que
pazca en campo ajeno, restituirá con lo mejor de su propio campo
y lo mejor de su propia viña.
5 Si se declara un fuego,
y se incrementa con zarzales de modo que se abrasen las hacinas,
la mies, o el campo, el autor del incendio deberá resarcir el
daño.
6 Cuando un hombre dé a
otro dinero o utensilios en depósito para que se lo guarde, y
son robados de la casa de éste, el ladrón, si es hallado,
restituirá el doble.
7 Pero si no es hallado,
el dueño de la casa se presentará ante Dios para declarar que no
ha puesto su mano sobre los bienes de su prójimo.
8 En todo caso delictivo,
ya se trate de buey, asno, oveja, ropa o de cualquier cosa
desaparecida, de la que uno diga: «Es esto», la causa de ambos
se llevará ante Dios; y aquel a quien Dios declare culpable,
restituirá el doble a su prójimo.
9 Si un hombre entrega a
otro un asno, buey, oveja, o cualquier otro animal para su
custodia, y éstos mueren o sufren daño o son robados sin que
nadie lo vea,
10 mediará entre los dos
el juramento de Yahveh para atestiguar que el depositario no ha
puesto su mano sobre la hacienda de su prójimo; el dueño tomará
lo que quede y el otro no tendrá que restituir.
11 Pero si el animal le ha
sido robado estando él cerca, restituirá a su dueño.
12 Si el animal ha sido
despedazado, que traiga como testimonio los despojos y no tendrá
que restituir.
13 Si un hombre pide a
otro que le preste un ganado y éste sufre un daño o muere, en
ausencia de su dueño, tendrá que restituir.
14 Si estaba presente su
dueño, nada se restituirá. Si lo había alquilado, el dueño
recibirá el precio del alquiler.
15 Si un hombre seduce a
una virgen, no desposada, y se acuesta con ella, le pagará la
dote, y la tomará por mujer.
16 Y si el padre de ella
no quiere dársela, el seductor pagará el dinero de la dote de
las vírgenes.
17 A la hechicera no la
dejarás con vida.
18 Todo el que peque con
bestia, morirá.
19 El que ofrece
sacrificios a otros dioses, será entregado al anatema.
20 No maltratarás al
forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en
el país de Egipto.
21 No vejarás a viuda ni a
huérfano.
22 Si le vejas y clama a
mí, no dejaré de oír su clamor,
23 se encenderá mi ira y
os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros
hijos huérfanos.
24 Si prestas dinero a uno
de mi pueblo, al pobre que habita contigo, no serás con él un
usurero; no le exigiréis interés.
25 Si tomas en prenda el
manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol,
26 porque con él se
abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si
no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.
27 No blasfemarás contra
Dios, ni maldecirás al principal de tu pueblo.
28 No tardarás en
ofrecerme de tu abundancia y de tus jugos. Me darás el
primogénito de tus hijos.
29 Lo mismo has de hacer
con el de tus vacas y ovejas. Siete días estará con su madre, y
al octavo me lo darás.
30 Hombres santos seréis
para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el
campo; echádsela a los perros.
Éxodo 23
1 No levantes testimonio
falso, ni ayudes al malvado dando testimonio injusto.
2 No sigas a la mayoría
para hacer el mal; ni te inclines en un proceso por la mayoría
en contra de la justicia.
3 Tampoco favorecerás al
pobre en su pleito.
4 Si encuentras el buey de
tu enemigo o su asno extraviado, se lo llevarás.
5 Si ves caído bajo la
carga el asno del que te aborrece, no rehúses tu ayuda. Acude a
ayudarle.
6 No tuerzas el derecho de
tu pobre en su pleito.
7 Aléjate de causas
mentirosas, no quites la vida al inocente y justo; y no
absuelvas al malvado.
8 No recibas regalos;
porque el regalo ciega a los perspicaces y pervierte las causas
justas.
9 No oprimas al forastero;
ya sabéis lo que es ser forastero, porque forasteros fuisteis
vosotros en la tierra de Egipto.
10 Seis años sembrarás tu
tierra y recogerás su producto;
11 al séptimo la dejarás
descansar y en barbecho, para que coman los pobres de tu pueblo,
y lo que quede lo comerán los animales del campo. Harás lo mismo
con tu viña y tu olivar.
12 Seis días harás tus
trabajos, y el séptimo descansarás, para que reposen tu buey y
tu asno, y tengan un respiro el hijo de tu sierva y el
forastero.
13 Guardad todo lo que os
he dicho. No invocarás el nombre de otros dioses: ni se oiga en
vuestra boca.
14 Tres veces al año me
celebrarás fiesta.
15 Guardarás la fiesta de
los Ázimos. Durante siete días comerás ázimos, como te he
mandado, en el tiempo señalado, en el mes de Abib; pues en él
saliste de Egipto. Nadie se presentará delante de mí con las
manos vacías.
16 También guardarás la
fiesta de la Siega, de las primicias de tus trabajos, de lo que
hayas sembrado en el campo; y la fiesta de la Recolección al
término del año, al recoger del campo los frutos de tu trabajo.
17 Tres veces al año se
presentarán tus varones delante de Yahveh, el Señor.
18 No ofrecerás la sangre
de mi sacrificio con pan fermentado ni guardarás hasta el día
siguiente la grasa de mi fiesta.
19 Llevarás a la Casa de
Yahveh, tu Dios, las mejores primicias de tu suelo. No cocerás
el cabrito en la leche de su madre.
20 He aquí que yo voy a
enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y
te conduzca al lugar que te tengo preparado.
21 Pórtate bien en su
presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará
vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre.
22 Si escuchas atentamente
su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis
enemigos y tus adversarios mis adversarios.
23 Mi ángel caminará
delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de
los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y
de los jebuseos; y yo los exterminaré.
24 No te mostrarás ante
sus dioses, ni les darás culto, ni imitarás su conducta; al
contrario, los destruirás por completo y romperás sus estelas.
25 Vosotros daréis culto a
Yahveh, vuestro Dios, yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré
de ti las enfermedades.
26 No habrá en tu tierra
mujer que aborte ni que sea estéril; y colmaré el número de tus
días.
27 «Sembraré delante de ti
mi terror; llenaré de turbación a todos los pueblos donde
llegues; y haré que todos tus enemigos huyan ante ti.
28 Enviaré avispas delante
de ti que ahuyentarán de tu presencia al jivita, al cananeo y al
hitita.
29 No les expulsaré de tu
presencia en un solo año, no sea que al quedar desierta la
tierra se multipliquen contra ti las fieras del campo.
30 Les expulsaré de tu
vista poco a poco, hasta que tú te multipliques y te apoderes de
la tierra.
31 Y fijaré tus confines
desde el mar de Suf hasta el mar de los filisteos, y desde el
desierto hasta el Río, pues entregaré en tus manos a los
habitantes del país para que los arrojes de tu presencia.
32 No hagas pacto con
ellos ni con sus dioses.
33 No habitarán en tu
tierra, no sea que te hagan pecar contra mí, pues dando culto a
sus dioses caerías en un lazo.»
Éxodo 24
1 Dijo a Moisés: «Sube
donde Yahveh, tú, Aarón, Nadab y Abihú, con setenta de los
ancianos de Israel; os postraréis desde lejos.
2 Sólo Moisés se acercará
a Yahveh; ellos no se acercarán. Tampoco el pueblo subirá con
ellos.»
3 Vino, pues, Moisés y
refirió al pueblo todas las palabras de Yahveh y todas sus
normas. Y todo el pueblo respondió a una voz: «Cumpliremos
todas las palabras que ha dicho Yahveh.»
4 Entonces escribió Moisés
todas las palabras de Yahveh; y, levantándose de mañana, alzó al
pie del monte un altar y doce estelas por las doce tribus de
Israel.
5 Luego mandó a algunos
jóvenes, de los israelitas, que ofreciesen holocaustos e
inmolaran novillos como sacrificios de comunión para Yahveh.
6 Tomó Moisés la mitad de
la sangre y la echó en vasijas; la otra mitad la derramó sobre
el altar.
7 Tomó después el libro de
la Alianza y lo leyó ante el pueblo, que respondió:
«Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yahveh.»
8 Entonces tomó Moisés la
sangre, roció con ella al pueblo y dijo: «Esta es la sangre de
la Alianza que Yahveh ha hecho con vosotros, según todas estas
palabras.»
9 Moisés subió con Aarón,
Nadab y Abihú y setenta de los ancianos de Israel,
10 y vieron al Dios de
Israel. Bajo sus pies había como un pavimento de zafiro tan puro
como el mismo cielo.
11 No extendió él su mano
contra los notables de Israel, que vieron a Dios, comieron y
bebieron.
12 Dijo Yahveh a Moisés:
«Sube hasta mí, al monte; quédate allí, y te daré las tablas de
piedra - la ley y los mandamientos - que tengo escritos para su
instrucción.»
13 Se levantó Moisés, con
Josué, su ayudante; y subieron al monte de Dios.
14 Dijo a los ancianos:
«Esperadnos aquí que volvamos a vosotros. Ahí quedan con
vosotros Aarón y Jur. El que tenga alguna cuestión que recurra a
ellos.»
15 Y subió Moisés al
monte. La nube cubrió el monte.
16 La gloria de Yahveh
descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días.
Al séptimo día, llamó Yahveh a Moisés de en medio de la nube.
17 La gloria de Yahveh
aparecía a la vista de los hijos de Israel como fuego devorador
sobre la cumbre del monte.
18 Moisés entró dentro de
la nube y subió al monte. Y permaneció Moisés en el monte
cuarenta días y cuarenta noches.
Éxodo 25
1 Yahveh habló a Moisés
diciendo:
2 Di a los israelitas que
reserven ofrendas para mí. Me reservaréis la ofrenda de todo
aquel a quien su corazón mueva.
3 De ellos reservaréis lo
siguiente: oro, plata y bronce;
4 púrpura violeta y
escarlata, carmesí, lino fino y pelo de cabra;
5 pieles de carnero
teñidas de rojo, cueros finos y maderas de acacia;
6 aceite para el
alumbrado, aromas para el óleo de la unción y para el incienso
aromático;
7 piedras de ónice y
piedras de engaste para el efod y el pectoral.
8 Me harás un Santuario
para que yo habite en medio de ellos.
9 Lo haréis conforme al
modelo de la Morada y al modelo de todo su mobiliario que yo voy
a mostrarte.
10 Harás un arca de madera
de acacia de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y
codo y medio de alto.
11 La revestirás de oro
puro; por dentro y por fuera la revestirás; y además pondrás en
su derredor una moldura de oro.
12 Fundirás para ella
cuatro anillas de oro, que pondrás en sus cuatro pies, dos
anillas a un costado, y dos anillas al otro.
13 Harás también varales
de madera de acacia, que revestirás de oro,
14 y los pasarás por las
anillas de los costados del arca, para transportarla.
15 Los varales deben
quedar en las anillas del arca, y no se sacarán de allí.
16 En el arca pondrás el
Testimonio que yo te voy a dar.
17 Harás asimismo uno
propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo
y medio de ancho.
18 Harás, además, dos
querubines de oro macizo; los harás en los dos extremos del
propiciatorio:
19 haz el primer querubín
en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formarán
un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos.
20 Estarán con las alas
extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno
frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio.
21 Pondrás el
propiciatorio encima del arca; y pondrás dentro del arca el
Testimonio que yo te daré.
22 Allí me encontraré
contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos
querubines colocados sobre el arca del Testimonio, te comunicaré
todo lo que haya de ordenarte para los israelitas.
23 Harás una mesa de
madera de acacia, de dos codos de largo, uno de ancho, y codo y
medio de alto.
24 La revestirás de oro
puro y le pondrás alrededor una moldura de oro.
25 Harás también en torno
de ella un reborde de una palma de ancho, con una moldura de oro
alrededor del mismo.
26 Le harás cuatro anillas
de oro, y pondrás las anillas en los cuatro ángulos
correspondientes a sus cuatro pies.
27 Estarán las anillas
junto al reborde, para pasar por ellas los varales y transportar
la mesa.
28 Harás los varales de
madera de acacia y los revestirás de oro. Con ellos se
transportará la mesa.
29 Harás también las
fuentes, los vasos, los jarros y las tazas para las libaciones.
De oro puro los harás.
30 Y sobre la mesa pondrás
perpetuamente delante de mí el pan de la Presencia.
31 Harás también un
candelabro de oro puro. Harás de oro macizo el candelabro, su
pie y su tallo. Sus cálices - corolas y flores - formarán un
cuerpo con él.
32 Saldrán seis brazos de
sus lados: tres brazos de un lado y tres del otro.
33 El primer brazo tendrá
tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor;
también el segundo brazo tendrá tres cálices en forma de flor de
almendro, con corola y flor; y así los seis brazos que salen
del candelabro.
34 En el mismo candelabro
habrá cuatro cálices en forma de flor de almendro, con sus
corolas y sus flores:
35 una corola debajo de
los dos primeros brazos que forman cuerpo con el candelabro; una
corola, debajo de los dos siguientes, y una corola, debajo de
los dos últimos brazos; así con los seis brazos que salen del
candelabro.
36 Las corolas y los
brazos formarán un cuerpo con el candelabro. Todo ello formará
un cuerpo de oro puro macizo.
37 Harás sus siete
lámparas que colocarás encima de manera que den luz al frente.
38 Sus despabiladeras y
sus ceniceros serán de oro puro.
39 Se empleará un talento
de oro puro para hacer el candelabro con todos estos utensilios.
40 Fíjate para que lo
hagas según los modelos que te han sido mostrados en el monte.
Éxodo 26
1 Harás la Morada con diez
tapices, de lino fino torzal, de púrpura violeta y escarlata y
de carmesí; bordarás en ellos unos querubines.
2 La longitud de cada
tapiz será de veintiocho codos y la anchura de cuatro. Todos los
tapices tendrán las mismas medidas.
3 Cinco tapices estarán
unidos entre sí y lo mismo los otros cinco.
4 Pondrás lazos de púrpura
violeta en el borde del tapiz con que termina la primera serie,
y lo mismo harás en el borde del tapiz con que termina el
segundo conjunto.
5 Pondrás cincuenta lazos
en el primer tapiz y otros cincuenta en el borde del último
tapiz del segundo conjunto, correspondiéndose los lazos unos a
otros.
6 Harás cincuenta broches
de oro y con los broches enlazarás entre sí los tapices, para
que la Morada forme un espacio único.
7 Tejerás también piezas
de pelo de cabra para que a modo de tienda cubran la Morada.
Tejerás once de estas piezas.
8 La longitud de cada
pieza será de treinta codos; de cuatro, la anchura. Las once
piezas tendrán las mismas medidas.
9 Juntarás cinco piezas en
una parte y seis en la otra y doblarás la sexta pieza ante la
fachada de la Tienda.
10 Harás cincuenta lazos
en el borde de la última pieza del primer conjunto, y cincuenta
lazos en el borde de la última pieza del segundo conjunto.
11 Harás cincuenta broches
de bronce e introducirás los broches en los lazos, uniendo así
la Tienda de modo que forme un espacio único.
12 Como las piezas de la
Tienda exceden en amplitud, harás extender la mitad de la pieza
excedente por detrás de la Morada.
13 Lo que excede en
longitud de las piezas de la Tienda - un codo por cada lado - se
extenderá a ambos lados de la Morada, a un lado y a otro, para
cubrirla.
14 También harás para la
Tienda un toldo de pieles de carnero teñidas de rojo; y encima
otro toldo de cueros finos.
15 También harás para la
Morada tableros de madera de acacia, y los pondrás de pie.
16 Cada tablero tendrá
diez codos de largo y codo y medio de ancho.
17 Tendrá además dos
espigas paralelas. Harás lo mismo para todos los tableros de la
Morada.
18 Pondrás veinte de los
tableros en el flanco del Négueb, hacia el sur.
19 Harás cuarenta basas de
plata para colocarlas debajo de los veinte tableros: dos basas
debajo de un tablero para sus dos espigas y dos basas debajo del
otro tablero para sus dos espigas.
20 Para el segundo flanco
de la Morada, la parte del norte, otros veinte tableros,
21 con sus cuarenta basas
de plata: dos basas debajo de un tablero y dos basas debajo de
otro tablero.
22 Para la parte posterior
de la Morada, hacia el occidente, harás seis tableros;
23 y para los ángulos de
la Morada, en su parte posterior, dos más,
24 que estarán unidos,
desde abajo hasta arriba, hasta la primera anilla. Así se hará
con los dos tableros destinados a los dos ángulos.
25 Serán, pues, ocho
tableros con sus basas de plata; dieciséis basas, dos debajo del
otro tablero.
26 Harás, además, cinco
travesaños de madera de acacia para los tableros de un flanco de
la Morada,
27 cinco travesaños para
los tableros del otro flanco, y cinco travesaños para los
tableros de la parte posterior de la Morada, hacia el
occidente.
28 El travesaño central
pasará a media altura de los tableros, de un extremo al otro.
29 Revestirás de oro los
tableros y les harás anillas de oro, para pasar los travesaños.
También revestirás de oro los travesaños.
30 Erigirás la Morada
según la norma que te ha sido mostrada en el monte.
31 Harás un velo de
púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal;
bordarás en él unos querubines.
32 Lo colgarás de cuatro
postes de acacia, revestidos de oro, provistos de ganchos de oro
y de sus cuatro basas de plata.
33 Colgarás el velo debajo
de los broches; y allá, detrás del velo, llevarás el arca del
Testimonio, y el velo os servirá para separar el Santo del Santo
de los Santos.
34 Pondrás el
propiciatorio sobre el arca del Testimonio, en el Santo de los
Santos.
35 Fuera del velo
colocarás la mesa, y frente a la mesa, en el lado meridional de
la Morada, el candelabro; pondrás la mesa en el lado norte.
36 Harás para la entrada
de la Tienda una cortina de púrpura violeta y escarlata, de
carmesí y lino fino torzal, labor de recamador.
37 Para la cortina harás
cinco postes de acacia, que revestirás de oro; sus ganchos serán
también de oro, y fundirás para ellos cinco basas de bronce.
Éxodo 27
1 Harás el altar de madera
de acacia de cinco codos de largo y cinco de ancho; será
cuadrado y tendrá tres codos de alto.
2 Harás sobresalir de sus
cuatro ángulos unos cuernos, que formarán un cuerpo con él; lo
revestirás de bronce.
3 Le harás ceniceros para
la grasa incinerada, badiles y acetres, tenedores y braseros.
Fundirás de bronce todos estos utensilios.
4 Fabricarás para él una
rejilla de bronce, en forma de red; y en los cuatro extremos de
la red fijarás cuatro anillas de bronce.
5 La colocarás bajo la
cornisa inferior del altar, de modo que llegue desde abajo hasta
la mitad del altar.
6 Harás varales para el
altar, varales de madera de acacia, que revestirás de bronce.
7 Para transportar el
altar, se pasarán estos varales por las anillas de ambos lados
del altar.
8 Harás el altar hueco, de
paneles; conforme a lo que se te ha mostrado en el monte, así lo
harás.
9 También harás el atrio
de la Morada. Del lado del Négueb, hacia el sur, el atrio tendrá
un cortinaje de lino fino torzal, en una longitud de cien codos
a uno de los lados.
10 Sus veinte postes
descansarán sobre veinte basas de bronce; sus ganchos y varillas
serán de plata.
11 A lo largo del lado
septentrional habrá igualmente un cortinaje en una longitud de
cien codos, con sus veinte postes que descansarán sobre veinte
basas de bronce; los ganchos de los postes y sus varillas serán
de plata.
12 A lo ancho del atrio,
por el lado occidental, habrá un cortinaje de cincuenta codos;
sus postes serán diez, y diez igualmente las basas en que
descansarán.
13 La anchura del atrio,
al este, al oriente, será de cincuenta codos.
14 Quince codos tendrá el
cortinaje de un lado, con sus tres postes y sus tres basas.
15 Por el otro lado, otro
cortinaje de quince codos, con sus tres postes y sus tres basas.
16 La puerta del atrio
tendrá un tapiz de veinte codos, de púrpura violeta y escarlata,
de carmesí y lino fino torzal, labor de recamador. Tendrá cuatro
postes y cuatro basas.
17 Todos los postes que
rodean al atrio tendrán varillas de plata; sus ganchos serán de
plata y sus basas de bronce.
18 El atrio tendrá cien
codos de largo, cincuenta codos de ancho y cinco codos de alto;
todo de lino fino torzal y con sus basas de bronce.
19 Todos los utensilios de
la Morada para toda clase de servicios con todo su clavazón y
toda la clavazón del atrio, serán de bronce.
20 Mandarás a los
israelitas que te traigan aceite puro de oliva molida para el
alumbrado, para alimentar continuamente la llama.
21 Aarón y sus hijos lo
tendrán dispuesto delante de Yahveh desde la tarde hasta la
mañana en Tienda del Encuentro, fuera del velo que cuelga
delante del Testimonio. Decreto perpetuo será éste para las
generaciones de los israelitas.
Éxodo 28
1 Manda acercarse a ti de
en medio de los israelitas a tu hermano Aarón, con sus hijos,
para que ejerza mi sacerdocio: Aarón, con Nadab y Abihú, Eleazar
e Itamar, hijos de Aarón.
2 Harás para Aarón, tu
hermano, vestiduras sagradas, que le den majestad y esplendor.
3 Hablarás tú con todos
los artesanos hábiles a quienes he llenado de espíritu de
sabiduría; ellos harán las vestiduras de Aarón para que sea
consagrado sacerdote mío.
4 Harán las vestiduras
siguientes: un pectoral, un efod, un manto, una túnica bordada,
una tiara y una faja. Harán, pues, a tu hermano Aarón y a sus
hijos vestiduras sagradas para que ejerzan mi sacerdocio.
5 Tomarán para ello oro,
púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino.
6 Bordarán el efod de oro,
púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino torzal.
7 Se le pondrán dos
hombreras y se fijará por sus dos extremos.
8 La cinta con que se ciña
el efod será de la misma hechura y formará con él una misma
pieza: de oro, púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino
torzal.
9 Tomarás dos piedras de
ónice, sobre las cuales grabarás los nombres de los hijos de
Israel:
10 seis de sus nombres en
una piedra y los seis restantes en la otra, por orden de
nacimiento.
11 Como se tallan las
piedras y se graban los sellos, así harás grabar esas dos
piedras con los nombres de los hijos de Israel; las harás
engarzar en engastes de oro.
12 Después pondrás las dos
piedras sobre las hombreras del efod, como piedras que me hagan
recordar a los hijos de Israel, y así llevará Aarón sus nombres
sobre sus dos hombros para recuerdo delante de Yahveh.
13 Harás engarces de oro;
14 y también dos
cadenillas de oro puro; las harás trenzadas a manera de
cordones, y fijarás las cadenillas trenzadas en los engarces.
15 Bordarás también el
pectoral del juicio; lo harás al estilo de la labor del efod. Lo
harás de oro, púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino
fino torzal.
16 Será cuadrado y doble,
de un palmo de largo y otro de ancho.
17 Lo llenarás de
pedrería, poniendo cuatro filas de piedras: en la primera fila,
un sardio, un topacio y una esmeralda;
18 en la segunda fila, un
rubí, un zafiro y un diamante;
19 en la tercera fila, un
ópalo, una ágata y una amatista;
20 en la cuarta fila, un
crisólito, un ónice y un jaspe; todas estarán engastadas en oro.
21 Las piedras
corresponderán a los nombres de los hijos de Israel: doce, como
los nombres de ellos. Estarán grabadas como los sellos, cada
una con su nombre, conforme a las doce tribus.
22 Para el pectoral harás
cadenillas de oro puro, trenzadas a manera de cordones;
23 y harás también para el
pectoral dos anillas de oro que fijarás en sus dos extremos.
24 Pasarás los dos
cordones de oro por las dos anillas, en los extremos del
pectoral;
25 unirás los dos extremos
de los dos cordones a los dos engarces, y los fijarás en la
parte delantera de las hombreras del efod.
26 Harás otras dos anillas
de oro que pondrás en los dos extremos del pectoral, en el borde
interior que mira hacia el efod.
27 Harás otras dos anillas
de oro y las fijarás en la parte inferior de las dos hombreras
del efod, por delante, cerca de su unión encima de la cinta del
efod.
28 Sujetarán el pectoral
por sus anillas a las anillas del efod, con un cordón de púrpura
violeta, para que el pectoral quede sobre la cinta del efod y no
se desprenda del efod.
29 Así llevará Aarón sobre
su corazón los nombres de los hijos de Israel, en el pectoral
del juicio, siempre que entre en el Santuario, para recuerdo
perpetuo delante de Yahveh.
30 En el pectoral del
juicio pondrás el Urim y el Tummim, que estarán sobre el corazón
de Aarón cuando se presente ante Yahveh. Así llevará Aarón
constantemente sobre su corazón, delante de Yahveh, el oráculo
de los hijos de Israel.
31 Tejerás el manto del
efod todo él de púrpura violeta.
32 Habrá en su centro una
abertura para la cabeza; esta abertura llevará en derredor una
orla, tejida como el cuello de una cota, para que no se rompa.
33 En todo su ruedo
inferior harás granadas de púrpura violeta y escarlata, de
carmesí y lino fino torzal; y entre ellas, también alrededor,
pondrás campanillas de oro:
34 una campanilla de oro y
una granada; otra campanilla de oro y otra granada; así por todo
el ruedo inferior del manto.
35 Aarón lo llevará en su
ministerio y se oirá el tintineo cuando entre en el Santuario,
ante Yahveh, y cuando salga; así no morirá.
36 Harás, además, una
lámina de oro puro y en ella grabarás como se graban los sellos:
«”Consagrado a Yahveh.»
37 La sujetarás con un
cordón de púrpura violeta, de modo que esté fija sobre la tiara;
estará en la parte delantera de la tiara.
38 Quedará sobre la frente
de Aarón; pues Aarón cargará con las faltas cometidas por los
israelitas en las cosas sagradas; es decir, al ofrecer toda
clase de santas ofrendas. La tendrá siempre sobre su frente,
para que hallen favor delante de Yahveh.
39 Tejerás la túnica con
lino fino; harás también la tiara de lino fino, y la faja con
brocado.
40 Para los hijos de Aarón
harás túnicas. Les harás también fajas y mitras que les den
majestad y esplendor.
41 Vestirás así a tu
hermano Aarón y a sus hijos; los ungirás, los investirás y los
consagrarás para que ejerzan mi sacerdocio.
42 Hazles también calzones
de lino, para cubrir su desnudez desde la cintura hasta los
muslos.
43 Aarón y sus hijos los
llevarán al entrar en la Tienda del Encuentro, o al acercarse al
altar para oficiar en el Santuario, para que no incurran en
culpa y mueran. Decreto perpetuo será éste para él y su
posteridad.
Éxodo 29
1 Para consagrarlos a mi
sacerdocio has de proceder con ellos de esta manera. Toma un
novillo y dos carneros sin defecto,
2 panes ázimos y tortas
sin levadura: unas, amasadas con aceite, y otras, untadas en
aceite. Las harás con flor de harina de trigo.
3 Las pondrás en un
canastillo y las presentarás en él junto con el novillo y los
dos carneros.
4 Mandarás que Aarón y sus
hijos se acerquen a la entrada de la Tienda del Encuentro, donde
los bañarás con agua.
5 Tomarás las vestiduras y
vestirás a Aarón con la túnica, el manto del efod, el efod y el
pectoral, que ceñirás con la cinta del efod.
6 Pondrás la tiara sobre
su cabeza, y sobre la tiara colocarás la diadema sagrada.
7 Entonces tomarás el óleo
de la unción, lo derramarás sobre su cabeza y así le ungirás.
8 Harás igualmente que se
acerquen sus hijos y los vestirás con túnicas;
9 ceñirás a Aarón y a sus
hijos las fajas y les pondrás las mitras. A ellos les
corresponderá el sacerdocio por decreto perpetuo. Así investirás
a Aarón y a sus hijos.
10 Presentarás el novillo
ante la Tienda del Encuentro, y Aarón y sus hijos impondrán las
manos sobre la cabeza del novillo.
11 Luego inmolarás el
novillo delante de Yahveh, a la entrada de la Tienda del
Encuentro.
12 Tomando sangre del
novillo, untarás con tu dedo los cuernos del altar, y derramarás
toda la sangre al pie del altar.
13 Saca todo el sebo que
cubre las entrañas, el que queda junto al hígado, y los dos
riñones con el sebo que los envuelve, para quemarlo en el altar.
14 Pero quemarás fuera del
campamento la carne del novillo, con su piel y sus excrementos.
Es sacrificio por el pecado.
15 Después tomarás uno de
los carneros y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre la
cabeza del carnero.
16 Una vez inmolado el
carnero, tomarás su sangre y la derramarás en torno al altar.
17 Luego despedazarás el
carnero, lavarás sus entrañas y sus patas; las pondrás sobre sus
porciones y sobre su cabeza,
18 y quemarás todo el
carnero en el altar. Es holocausto para Yahveh, calmante aroma
de manjares abrasados en honor de Yahveh.
19 Tomarás también el
segundo carnero, y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre
la cabeza del carnero.
20 Una vez inmolado,
tomarás su sangre y untarás con ella el lóbulo de la oreja
derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos;
el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho, y
derramarás la sangre alrededor del altar.
21 Tomarás luego sangre de
la que está sobre el altar, y óleo de la unción, para rociar a
Aarón y sus vestiduras, a sus hijos y las vestiduras de sus
hijos juntamente con él. Así quedará consagrado él y sus
vestiduras y con él sus hijos y las vestiduras de sus hijos.
22 Toma después el sebo de
este carnero: la cola, el sebo que cubre las entrañas, el que
queda junto al hígado, los dos riñones con el sebo que lo
envuelve y la pierna derecha, porque se trata del carnero de la
investidura.
23 Toma del canastillo de
los ázimos que está delante de Yahveh un pan redondo, una torta
de pan de aceite y otra, untada de aceite.
24 Lo pondrás todo sobre
las palmas de las manos de Aarón y de sus hijos; y lo mecerás
como ofrenda mecida delante de Yahveh.
25 Después lo tomarás de
sus manos y lo quemarás en el altar junto al holocausto como
calmante aroma ante Yahveh. Es un manjar abrasado en honor de
Yahveh.
26 Tomarás también el
pecho del carnero inmolado por la investidura de Aarón, y lo
mecerás como ofrenda mecida delante de Yahveh; esa será tu
porción.
27 Así santificarás el
pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la ofrenda reservada,
es decir, lo que ha sido mecido y reservado del carnero de la
investidura de Aarón y de sus hijos;
28 según decreto perpetuo,
pertenecerán a Aarón y a sus hijos, como porción recibida de los
israelitas, porque es ofrenda reservada; será reservada de lo
que ofrecen los israelitas, en sus sacrificios de comunión como
ofrenda reservada a Yahveh.
29 Las vestiduras sagradas
de Aarón serán, después de él, para sus hijos, de modo que,
vestidos con ellas, sean ungidos e investidos.
30 Por siete días las
vestirá aquel de sus hijos que le suceda como sacerdote y entre
en la Tienda del Encuentro para oficiar en el Santuario.
31 Tomarás después el
carnero de la investidura y cocerás su carne en lugar sagrado;
32 Aarón y sus hijos
comerán a la entrada de la Tienda del Encuentro la carne del
carnero y el pan del canastillo.
33 Comerán aquello que ha
servido para su expiación al investirlos y consagrarlos; pero
que ningún laico coma de ello, porque es cosa sagrada.
34 Si a la mañana
siguiente sobra algo de la carne o del pan de la investidura,
quemarás este resto; no ha de comerse, porque es cosa sagrada.
35 Harás, pues, con Aarón
y con sus hijos de esta manera, según todo lo que te he mandado.
Siete días invertirás en la investidura.
36 Cada día ofrecerás un
novillo en expiación como sacrificio por el pecado; y
purificarás, mediante tu expiación, el altar, que ungirás para
consagrarlo.
37 Siete días harás la
expiación por el altar, y lo santificarás; el altar será cosa
sacratísima; todo cuanto toque al altar quedará consagrado.
38 He aquí lo que has de
ofrecer sobre el altar: dos corderos primales cada día,
perpetuamente.
39 Ofrecerás un cordero
por la mañana y el otro entre dos luces;
40 y con el primer
cordero, una décima de medida de flor de harina, amasada con un
cuarto de sextario de aceite de oliva molida, y como libación un
cuarto de sextario de vino.
41 Ofrecerás el otro
cordero entre dos luces; lo ofrecerás con la misma oblación que
a la mañana y con la misma libación, como calmante aroma del
manjar abrasado en honor de Yahveh,
42 en holocausto perpetuo,
de generación en generación, ante Yahveh, a la entrada de la
Tienda del Encuentro, donde me encontraré contigo, para hablarte
allí.
43 Me encontraré con los
israelitas en ese lugar que será consagrado por mi gloria.
44 Consagraré la Tienda
del Encuentro y el altar, y consagraré también a Aarón y a sus
hijos para que ejerzan mi sacerdocio.
45 Moraré en medio de los
israelitas, y seré para ellos Dios.
46 Y reconocerán que yo
soy Yahveh, su Dios, que los saqué del país de Egipto para morar
entre ellos. Yo, Yahveh, su Dios.
Éxodo 30
1 Harás también un altar
para quemar el incienso. De madera de acacia lo harás.
2 Será cuadrado: de un
codo de largo y otro de ancho; su altura será de dos codos. Sus
cuernos formarán un solo cuerpo con él.
3 Lo revestirás de oro
puro, tanto su parte superior como sus costados, así como sus
cuernos. Pondrás en su derredor una moldura de oro,
4 y debajo de la moldura,
a los costados, harás dos anillas. Las harás a ambos lados, para
meter por ellas los varales con que transportarlo.
5 Harás los varales de
madera de acacia y los revestirás de oro.
6 Colocarás el altar
delante del velo que está junto al arca del Testimonio y ante el
propiciatorio que cubre el Testimonio, donde yo me encontraré
contigo.
7 Aarón quemará en él
incienso aromático; lo quemará todas la mañanas, al preparar las
lámparas,
8 y lo quemará también
cuando al atardecer alimente las lámparas. Será incienso
continuo ante Yahveh, de generación en generación.
9 No ofrezcáis sobre él
incienso profano, ni holocausto ni oblación, ni derraméis sobre
él libación alguna.
10 Aarón una vez al año
hará expiación sobre los cuernos de este altar. Con la sangre
del sacrificio por el pecado, es decir, el de la expiación, una
vez cada año hará expiación por él en vuestras sucesivas
generaciones. Cosa sacratísima es el altar en honor de Yahveh.
11 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
12 Cuando cuentes el
número de los israelitas para hacer su censo, cada uno pagará a
Yahveh el rescate por su vida al ser empadronado, para que no
haya plaga entre ellos con motivo del empadronamiento.
13 Esto es lo que ha de
dar cada uno de los comprendidos en el censo: medio siclo, en
siclos del Santuario. Este siclo es de veinte óbolos. El tributo
reservado a Yahveh es medio siclo.
14 Todos los comprendidos
en el censo, de veinte años en adelante, pagarán el tributo
reservado a Yahveh.
15 El rico no dará más, ni
el pobre menos del medio siclo, al pagar el tributo a Yahveh
como rescate de vuestras vidas.
16 Tomarás el dinero del
rescate de parte de los israelitas, y lo darás para el servicio
de la Tienda del Encuentro; y será para los israelitas como
recordatorio ante Yahveh por el rescate de sus vidas.
17 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
18 Haz una pila de bronce,
con su base de bronce, para las abluciones. Colócala entre la
Tienda del Encuentro y el altar, y echa agua en ella,
19 para que Aarón y sus
hijos se laven las manos y los pies con su agua.
20 Antes de entrar en la
Tienda del Encuentro se han de lavar con agua para que no
mueran; también antes de acercarse al altar para el ministerio
de quemar los manjares que se abrasan en honor de Yahveh.
21 Se lavarán las manos y
los pies, y no morirán. Este será decreto perpetuo para ellos,
para Aarón y su posteridad, de generación en generación.
22 Habló Yahveh a Moisés,
diciendo:
23 Toma tú aromas
escogidos: de mirra pura, quinientos siclos; de cinamomo, la
mitad, o sea, 250; de caña aromática, 250;
24 de casia, quinientos,
en siclos del Santuario, y un sextario de aceite de oliva.
25 Prepararás con ello el
óleo para la unción sagrada, perfume aromático como lo prepara
el perfumista. Este será el óleo para la unción sagrada.
26 Con él ungirás la
Tienda del Encuentro y el arca del Testimonio,
27 la mesa con todos sus
utensilios, el candelabro con todos sus utensilios, el altar del
incienso,
28 el altar del holocausto
con todos sus utensilios y la pila con su base.
29 Así los consagrarás y
serán cosa sacratísima. Todo cuanto los toque quedará
santificado.
30 Ungirás también a Aarón
y a sus hijos y los consagrarás para que ejerzan mi sacerdocio.
31 Hablarás a los
israelitas, diciendo: Este será para vosotros el óleo de la
unción sagrada de generación en generación.
32 No debe derramarse
sobre el cuerpo de ningún hombre; no haréis ningún otro de
composición parecida a la suya. Santo es y lo tendréis por cosa
sagrada.
33 Cualquiera que prepare
otro semejante, o derrame de él sobre un laico, será exterminado
de su pueblo.
34 Dijo Yahveh a Moisés:
Procúrate en cantidades iguales aromas: estacte, uña marina y
gálbano, especias aromáticas e incienso puro.
35 Prepara con ello, según
el arte del perfumista, un incienso perfumado, sazonado con sal,
puro y santo;
36 pulverizarás una parte
que pondrás delante del Testimonio, en la Tienda del Encuentro,
donde yo me encontraré contigo. Será para vosotros cosa
sacratísima.
37 Y en cuanto a la
composición de este incienso que vas a hacer, no la imitéis para
vuestro uso. Lo tendrás por consagrado a Yahveh.
38 Cualquiera que prepare
otro semejante para aspirar su fragancia, será exterminado de en
medio de su pueblo.
Éxodo 31
1 Habló Yahveh a Moisés
diciendo:
2 Mira que he designado a
Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá;
3 y le he llenado del
espíritu de Dios concediéndole habilidad, pericia y experiencia
en toda clase de trabajos;
4 para concebir y realizar
proyectos en oro, plata y bronce;
5 para labrar piedras de
engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor.
6 Mira que yo le he dado
por colaborador a Oholiab, hijo de Ajisamak, de la tribu de Dan;
y además, en el corazón de todos los hombres hábiles he
infundido habilidad para que hagan todo lo que te he mandado:
7 la Tienda del Encuentro,
el arca del Testimonio, el propiciatorio que la cubre y todos
los utensilios de la Tienda;
8 la mesa con sus
utensilios, el candelabro con todos sus utensilios, el altar del
incienso,
9 el altar del holocausto
con todos sus utensilios, la pila con su base;
10 las vestiduras de
ceremonia, las vestiduras sagradas del sacerdote Aarón, y las
vestiduras de sus hijos para las funciones sacerdotales:
11 el óleo de la unción y
el incienso aromático para el Santuario. Ellos lo harán conforme
a todo lo que te he ordenado.
12 Habló Yahveh a Moisés
diciendo:
13 Habla tú a los
israelitas y diles: No dejéis de guardar mis sábados; porque el
sábado es una señal entre yo y vosotros, de generación en
generación, para que sepáis que yo, Yahveh, soy el que os
santifico.
14 Guardad el sábado,
porque es sagrado para vosotros. El que lo profane morirá. Todo
el que haga algún trabajo en él será exterminado de en medio de
su pueblo.
15 Seis días se trabajará;
pero el día séptimo será día de descanso completo, consagrado a
Yahveh. Todo aquel que trabaje en sábado, morirá.
16 Los israelitas
guardarán el sábado celebrándolo de generación en generación
como alianza perpetua.
17 Será entre yo y los
israelitas una señal perpetua; pues en seis días hizo Yahveh los
cielos y la tierra, y el día séptimo descansó y tomó respiro.
18 Después de hablar con
Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas del Testimonio,
tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios.
Éxodo 32
1 Cuando el pueblo vio que
Moisés tardaba en bajar del monte, se reunió el pueblo en torno
a Aarón y le dijeron: «Anda, haznos un dios que vaya delante de
nosotros, ya que no sabemos qué ha sido de Moisés, el hombre
que nos sacó de la tierra de Egipto.»
2 Aarón les respondió:
«Quitad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres,
de vuestros hijos y vuestras hijas, y traédmelos.»
3 Y todo el pueblo se
quitó los pendientes de oro que llevaba en las orejas, y los
entregó a Aarón.
4 Los tomó él de sus
manos, hizo un molde y fundió un becerro. Entonces ellos
exclamaron: «Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la
tierra de Egipto.»
5 Viendo esto Aarón,
erigió un altar ante el becerro y anunció: «Mañana habrá fiesta
en honor de Yahveh.»
6 Al día siguiente se
levantaron de madrugada y ofrecieron holocaustos y presentaron
sacrificios de comunión. Luego se sentó el pueblo a comer y
beber, y después se levantaron para solazarse.
7 Entonces habló Yahveh a
Moisés, y dijo: «¡Anda, baja! Porque tu pueblo, el que sacaste
de la tierra de Egipto, ha pecado.
8 Bien pronto se han
apartado el camino que yo les había prescrito. Se han hecho un
becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido
sacrificios y han dicho: “Este es tu Dios, Israel, el que te ha
sacado de la tierra de Egipto.”»
9 Y dijo Yahveh a Moisés:
«Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.
10 Déjame ahora que se
encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio,
haré un gran pueblo.»
11 Pero Moisés trató de
aplacar a Yahveh su Dios, diciendo: “¿Por qué, oh Yahveh, ha de
encenderse tu ira contra tu pueblo, el que tú sacaste de la
tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte?
12 ¿Van a poder decir los
egipcios: Por malicia los ha sacado, para matarlos en las
montañas y exterminarlos de la faz de la tierra? Abandona el
ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo.
13 Acuérdate de Abraham,
de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a los cuales juraste por ti
mismo: Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del
cielo; toda esta tierra que os tengo prometida, la daré a
vuestros descendientes, y ellos la poseerán como herencia para
siempre.»
14 Y Yahveh renunció a
lanzar el mal con que había amenazado a su pueblo.
15 Volvióse Moisés y bajó
del monte, con las dos tablas del Testimonio en su mano, tablas
escritas por ambos lados; por una y otra cara estaban escritas.
16 Las tablas eran obra de
Dios, y la escritura, grabada sobre las mismas, era escritura de
Dios.
17 Cuando Josué oyó la voz
del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: «Gritos de guerra en el
campamento.»
18 Respondió Moisés: «No
son gritos de victoria, ni alarido de derrota. Cantos a coro es
lo que oigo.»
19 Cuando Moisés llegó
cerca del campamento y vio el becerro y las danzas, ardió en
ira, arrojó de su mano las tablas y las hizo añicos al pie del
monte.
20 Luego tomó el becerro
que habían hecho, lo quemó y lo molió hasta reducirlo a polvo,
que esparció en el agua, y se lo dio a beber a los israelitas.
21 Y dijo Moisés a Aarón:
«¿Qué te hizo este pueblo para que hayas traído sobre él tan
gran pecado?»
22 Aarón respondió: «No se
encienda la ira de mi señor. Tú mismo sabes que este pueblo es
inclinado al mal.
23 Me dijeron: “Haznos un
dios que vaya delante de nosotros, ya que no sabemos qué le ha
sucedido a Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de
Egipto.”
24 Yo les contesté: “El
que tenga oro despréndase.” Ellos se lo quitaron y me lo dieron;
yo lo eché al fuego y salió este becerro.»
25 Vio Moisés al pueblo
desenfrenado - pues Aarón les había permitido entregarse a la
idolatría en medio de sus adversarios -
26 y se puso Moisés a la
puerta del campamento, y exclamó: «¡A mí los de Yahveh!» y se le
unieron todos los hijos de Leví.
27 El les dijo: «Así dice
Yahveh, el Dios de Israel: Cíñase cada uno su espada al costado;
pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad
cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente.»
28 Cumplieron los hijos de
Leví la orden de Moisés; y cayeron aquel día unos 3000 hombres
del pueblo.
29 Y dijo Moisés: «Hoy
habéis recibido la investidura como sacerdotes de Yahveh, cada
uno a costa de vuestros hijos y vuestros hermanos, para que él
os dé hoy la bendición.»
30 Al día siguiente dijo
Moisés al pueblo: «Habéis cometido un gran pecado. Yo voy a
subir ahora donde Yahveh; acaso pueda obtener la expiación de
vuestro pecado.»
31 Volvió Moisés donde
Yahveh y dijo: «¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado al
hacerse un dios de oro.
32 Con todo, si te dignas
perdonar su pecado..., y si no, bórrame del libro que has
escrito.»
33 Yahveh respondió a
Moisés: Al que peque contra mí, le borraré yo de mi libro.
34 Ahora ve y conduce al
pueblo adonde te he dicho. He aquí que mi ángel irá delante de
ti, mas en el día de mi visita los castigaré yo por su pecado.»
35 Y Yahveh castigó al
pueblo a causa del becerro fabricado por Aarón.
Éxodo 33
1 Dijo Yahveh a Moisés:
«Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de Egipto, a la
tierra que yo prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a
Jacob, diciendo: “A tu posteridad se la daré.”
2 Enviaré delante de ti un
ángel y expulsaré al cananeo, al amorreo, al hitita, al
perizita, al jivita y al jebuseo.
3 Sube a una tierra que
mana leche y miel; que yo no subiré contigo, pues eres un pueblo
de dura cerviz; no sea que te destruya en el camino.»
4 Al oír el pueblo estas
duras palabras, hizo duelo y nadie se vistió sus galas.
5 Dijo entonces Yahveh a
Moisés: «Di a los israelitas: Vosotros sois un pueblo de dura
cerviz. Si yo saliera contigo, aunque fuera un solo momento, te
destruiría. Ahora, pues, quítate tus galas, para que yo sepa qué
he de hacer contigo.»
6 Y los israelitas se
despojaron de sus galas a partir del monte Horeb.
7 Tomó Moisés la Tienda y
la plantó para él a cierta distancia fuera del campamento; la
llamó Tienda del Encuentro. De modo que todo el que tenía que
consultar a Yahveh salía hacia la Tienda del Encuentro, que
estaba fuera del campamento.
8 Cuando salía Moisés
hacia la Tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie
a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta
que entraba en la Tienda.
9 Y una vez entrado Moisés
en la tienda, bajaba la columna de nube y se detenía a la puerta
de la Tienda, mientras Yahveh hablaba con Moisés.
10 Todo el pueblo veía la
columna de nube detenida a la puerta de la Tienda y se levantaba
el pueblo, y cada cual se postraba junto a la puerta de su
tienda.
11 Yahveh hablaba con
Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Luego
volvía Moisés al campamento, pero su ayudante, el joven Josué,
hijo de Nun, no se apartaba del interior de la Tienda.
12 Dijo Moisés a Yahveh:
«Mira, tú me dices: Haz subir a este pueblo; pero no me has
indicado a quién enviarás conmigo; a pesar de que me has dicho:
“Te conozco por tu nombre”, y también: “Has hallado gracia a mis
ojos.”
13 Ahora, pues, si
realmente he hallado gracia a tus ojos, hazme saber tu camino,
para que yo te conozca y halle gracia a tus ojos, y mira que
esta gente es tu pueblo.»
14 Respondió él: «Yo mismo
iré contigo y te daré descanso.»
15 Contestóle: «Si no
vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí.
16 Pues ¿en qué podrá
conocerse que he hallado gracia a tus ojos, yo y tu pueblo, sino
en eso, en que tú marches con nosotros? Así nos distinguiremos,
yo y tu pueblo, de todos los pueblos que hay sobre la tierra.»
17 Respondió Yahveh a
Moisés: «Haré también esto que me acabas de pedir, pues has
hallado gracia a mis ojos, y yo te conozco por tu nombre.»
18 Entonces dijo Moisés:
«Déjame ver, por favor, tu gloria.»
19 El le contestó: «Yo
haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de
ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y
tengo misericordia con quien tengo misericordia.»
20 Y añadió: «Pero mi
rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir
viviendo.»
21 Luego dijo Yahveh:
«Mira, hay un lugar junto a mí; tú te colocarás sobre la peña.
22 Y al pasar mi gloria,
te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano
hasta que yo haya pasado.
23 Luego apartaré mi mano,
para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver.»
Éxodo 34
1 Dijo Yahveh a Moisés.
«Labra dos tablas de piedra como las primeras, sube donde mí, al
monte y yo escribiré en las tablas las palabras que había en las
primeras tablas que rompiste.
2 Prepárate para subir
mañana temprano al monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te
presentarás a mí.
3 Que nadie suba contigo,
ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el
monte.»
4 Labró Moisés dos tablas
de piedra como las primeras y, levantándose de mañana, subió al
monte Sinaí como le había mandado Yahveh, llevando en su mano
las dos tablas de piedra.
5 Descendió Yahveh en
forma de nube y se puso allí junto a él. Moisés invocó el nombre
de Yahveh.
6 Yahveh pasó por delante
de él y exclamó: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y
clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad,
7 que mantiene su amor por
millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado,
pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padres
en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y
cuarta generación.»
8 Al instante, Moisés cayó
en tierra de rodillas y se postró,
9 diciendo: «Si en verdad
he hallado gracia a tus ojos, oh Señor, dígnese mi Señor venir
en medio de nosotros, aunque sea un pueblo de dura cerviz;
perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y recíbenos por
herencia tuya.»
10 Respondió él: «Mira,
voy a hacer una alianza; realizaré maravillas delante de todo tu
pueblo, cono nunca se han hecho en toda la tierra ni en nación
alguna; y todo el pueblo que te rodea verá la obra de Yahveh;
porque he de hacer por medio de ti cosas que causen temor.
11 Observa bien lo que hoy
te mando. He aquí que voy a expulsar delante de ti al amorreo,
al cananeo, al hitita, al perizita, al jivita y al jebuseo.
12 Guárdate de hacer pacto
con los habitantes del país en que vas a entrar, para que no
sean un lazo en medio de ti.
13 Al contrario,
destruiréis sus altares, destrozaréis sus estelas y romperéis
sus cipos.
14 No te postrarás ante
ningún otro dios, pues Yahveh se llama Celoso, es un Dios
celoso.
15 No hagas pacto con los
moradores de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan
tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten a ti y
tú comas de sus sacrificios;
16 y no sea que tomes sus
hijas para tus hijos, y que al prostituirse sus hijas tras sus
dioses, hagan también que tus hijos se prostituyan tras los
dioses de ellas.
17 No te harás dioses de
fundición.
18 Guardarás la fiesta de
los Ázimos; siete días comerás ázimos como te he mandado, al
tiempo señalado, esto es, en el mes de Abib, pues en el mes de
Abib saliste de Egipto.
19 Todo lo que abre el
seno es mío, todo primer nacido, macho, sea de vaca o de oveja,
es mío.
20 El primer nacido de
asno lo rescatarás con una oveja; y si no lo rescatas, lo
desnucarás. Rescatarás todos los primogénitos de tus hijos, y
nadie se presentará ante mí con las manos vacías.
21 Seis días trabajarás,
mas en el séptimo descansarás; descansarás en tiempo de siembra
y siega.
22 Celebrarás la fiesta de
las Semanas: la de las primicias de la siega del trigo, y
también la fiesta de la recolección al final del año.
23 Tres veces al año se
presentarán todos tus varones ante Yahveh, el Señor, el Dios de
Israel.
24 Pues cuando yo expulse
a los pueblos delante de ti y ensanche tus fronteras, nadie
codiciará tu tierra cuando tres veces al año subas a presentarte
ante Yahveh, tu Dios.
25 No inmolarás con pan
fermentado la sangre de mi sacrificio, ni quedará hasta el día
siguiente la víctima de la fiesta de Pascua.
26 Llevarás a la casa de
Yahveh, tu Dios, lo mejor de las primicias de los frutos de tu
suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.»
27 Dijo Yahveh a Moisés:
«Consigna por escrito estas palabras, pues a tenor de ellas hago
alianza contigo y con Israel.»
28 Moisés estuvo allí con
Yahveh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber
agua. Y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las
diez palabras.
29 Luego, bajó Moisés del
monte Sinaí y, cuando bajó del monte con las dos tablas del
Testimonio en su mano, no sabía que la piel de su rostro se
había vuelto radiante, por haber hablado con él.
30 Aarón y todos los
israelitas miraron a Moisés, y al ver que la piel de su rostro
irradiaba, temían acercarse a él.
31 Moisés los llamó. Aarón
y todos los jefes de la comunidad se volvieron a él y Moisés
habló con ellos.
32 Se acercaron a
continuación todos los israelitas y él les conminó cuanto Yahveh
le había dicho en el monte Sinaí.
33 Cuando Moisés acabó de
hablar con ellos, se puso un velo sobre el rostro.
34 Siempre que Moisés se
presentaba delante de Yahveh para hablar con él, se quitaba el
velo hasta que salía, y al salir decía a los israelitas lo que
Yahveh había ordenado.
35 Los israelitas veían
entonces que el rostro de Moisés irradiaba, y Moisés cubría de
nuevo su rostro hasta que entraba a hablar con Yahveh.
Éxodo 35
1 Moisés reunió a toda la
comunidad de los israelitas y les dijo: «Esto es lo que Yahveh
ha mandado hacer.
2 Durante seis días se
trabajará, pero el día séptimo será sagrado para vosotros, día
de descanso completo en honor de Yahveh. Cualquiera que trabaje
en ese día, morirá.
3 En ninguna de vuestras
moradas encenderéis fuego en día de sábado.»
4 Moisés habló así a toda
la comunidad de los israelitas: «Esta es la orden de Yahveh:
5 Reservad de vuestros
bienes una ofrenda para Yahveh. Que reserven ofrenda para Yahveh
todos aquellos a quienes su corazón mueva: oro, plata y bronce,
6 púrpura violeta y
escarlata, carmesí, lino fino, pelo de cabra,
7 pieles de carnero
teñidas de rojo, cueros finos y maderas de acacia,
8 aceite para el
alumbrado, aromas para el óleo de la unción y para el incienso
aromático,
9 piedras de ónice y
piedras de engaste para el efod y el pectoral.
10 Que vengan los
artífices hábiles de entre vosotros a realizar cuanto Yahveh ha
ordenado:
11 la Morada, su Tienda y
su toldo, sus broches, sus tableros, sus travesaños, sus postes
y sus basas;
12 el Arca y sus varales,
el propiciatorio y el velo que lo cubre;
13 la mesa con sus varales
y todos sus utensilios, el pan de la Presencia,
14 el candelabro para el
alumbrado con sus utensilios, y sus lámparas, y el aceite del
alumbrado;
15 el altar del incienso
con sus varales; el óleo de la unción, el incienso aromático, la
cortina del vano de la entrada a la Morada,
16 el altar de los
holocaustos con su rejilla de bronce, sus varales y todos su
utensilios; la pila con su base;
17 los cortinajes del
atrio con sus postes y sus basas; el tapiz de la entrada del
atrio;
18 la clavazón de la
Morada y la clavazón del atrio y sus cuerdas;
19 los ornamentos de
ceremonia para oficiar en el Santuario; las vestiduras sagradas
para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos para sus
funciones sacerdotales.»
20 Entonces, toda la
comunidad de los israelitas se retiró de la presencia de Moisés;
21 todos aquellos a
quienes impulsaba su corazón y movía su espíritu vinieron a
traer la ofrenda reservada a Yahveh, para los trabajos de la
Tienda del Encuentro, para todo su servicio y para las
vestiduras sagradas.
22 Venían hombres y
mujeres: todos los que eran movidos por su corazón traían
zarcillos, pendientes, anillos de oro, el oro que cada uno
presentaba como ofrenda mecida para Yahveh.
23 Cuantos poseían púrpura
violeta y escarlata, y carmesí, lino fino, pelo de cabra, pieles
de carnero teñidas de rojo y cueros finos, los traían también.
24 Cuantos pudieron
reservar una ofrenda de plata o de bronce, la llevaron como
ofrenda reservada a Yahveh. Lo mismo hicieron los que poseían
madera de acacia, que sirviera para los trabajos de la obra.
25 Todas las mujeres
hábiles en el oficio hilaron con sus manos y llevaron la púrpura
violeta y escarlata, el carmesí y lino fino que habían hilado.
26 Todas las mujeres
hábiles en hilar, hilaron pelo de cabra, movidas por su corazón.
27 Los jefes trajeron
piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el
pectoral;
28 aromas y aceite para el
alumbrado, para el óleo de la unción y para el incienso
aromático.
29 Todos los israelitas,
hombres y mujeres, cuyo corazón les había impulsado a llevar
algo para cualquiera de los trabajos que Yahveh, por medio de
Moisés, les había encomendado, presentaron sus ofrendas
voluntarias a Yahveh.
30 Moisés dijo entonces a
los israelitas: «Mirad, Yahveh ha designado a Besalel, hijo de
Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá,
31 y le ha llenado del
espíritu de Dios, confiriéndole habilidad, pericia y experiencia
en toda clase de trabajos,
32 para concebir y
realizar proyectos en oro, plata y bronce,
33 para labrar piedras de
engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor de
artesanía;
34 a él y Oholiab, hijo de
Ajisamak de la tribu de Dan, les ha puesto en el corazón el don
de enseñar.
35 Les ha llenado de
habilidad para toda clase de labores en talla y bordado, en
recamado de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino,
y en labores de tejidos. Son capaces de ejecutar toda clase de
trabajos y de idear proyectos.»
Éxodo 36
1 Así, pues, Besalel,
Oholiab y todos los hombres hábiles en quienes Yahveh había
infundido habilidad y pericia para saber realizar todos los
trabajos en servicio del Santuario, ejecutaron todo conforme
había mandado Yahveh.
2 Llamó Moisés a Besalel y
a Oholiab y a todos los hombres hábiles en cuyo corazón Yahveh
había infundido habilidad, a todos los que su corazón movía a
ponerse al trabajo para realizarlo.
3 Recibieron de Moisés
todas las ofrendas que los israelitas habían reservado para la
ejecución de la obra del Santuario. Entre tanto los israelitas
seguían entregando a Moisés cada mañana ofrendas voluntarias.
4 Por eso, todos los
artífices dedicados a los trabajos del Santuario dejaron cada
cual su trabajo,
5 y fueron a hablar con
Moisés, diciendo: «El pueblo entrega más de lo que se precisa
para la realización de las obras que Yahveh ha mandado hacer.»
6 Entonces Moisés mandó
correr la voz por el campamento: «Ni hombre ni mujer reserve ya
más ofrendas para el Santuario.» Suspendió el pueblo su
aportación,
7 pues había material
suficiente para ejecutar todos los trabajos; y aun sobraba.
8 Entonces los artífices
más expertos de entre los que ejecutaban el trabajo hicieron la
Morada. La hizo con diez tapices de lino fino torzal, de púrpura
violeta y escarlata y de carmesí con querubines bordados.
9 La longitud de cada
tapiz era de veintiocho codos y la anchura de cuatro. Todos los
tapices tenían las mismas medias.
10 Unió cinco tapices
entre sí y lo mismo los otros cinco.
11 Puso lazos de púrpura
violeta en el borde del tapiz con que termina el primer
conjunto; los puso también en el borde del tapiz con que termina
el segundo conjunto.
12 Puso cincuenta lazos en
el primer tapiz y otros cincuenta en el borde del último tapiz
del segundo conjunto, correspondiéndose los lazos unos a otros.
13 Hizo también cincuenta
broches de oro, y con los broches enlazó entre sí los tapices,
de modo que la Morada vino a formar un espacio único.
14 Tejió también piezas de
pelo de cabra para que, a modo de tienda, cubrieran la Morada.
Tejió once de estas piezas.
15 La longitud de cada
pieza era de treinta codos y de cuatro la anchura. Las once
piezas tenían las mismas medidas.
16 Juntó cinco piezas en
una parte y seis en la otra.
17 Hizo cincuenta lazos en
el borde de la última pieza del primer conjunto, y cincuenta
lazos en el borde de la última pieza del segundo conjunto.
18 Hizo cincuenta broches
de bronce para unir la Tienda, formando un espacio único.
19 Hizo además para la
Tienda un toldo de pieles de carnero teñidas de rojo, y encima
otro toldo de cueros finos.
20 Para la Morada hizo los
tableros de madera de acacia y los puso de pie.
21 Cada tablero tenía diez
codos de largo, y codo y medio de ancho.
22 Tenía además dos
espigas paralelas. Hizo lo mismo todos los tableros de la
Morada.
23 Puso los tableros para
la Morada: veinte para el flanco del Négueb, hacia el sur;
24 hizo cuarenta basas de
plata para colocarlas debajo de los veinte tableros: dos basas
debajo de un tablero para sus dos espigas y dos basas debajo
del otro tablero para sus dos espigas.
25 Para el segundo flanco
de la Morada, la parte del norte, hizo otros veinte tableros,
26 con sus cuarenta basas
de plata; dos basas debajo de un tablero y dos basas debajo del
otro tablero.
27 Para la parte posterior
de la Morada, hacia el occidente, hizo seis tableros;
28 para los ángulos de la
Morada en su parte posterior, dos más,
29 que estaban unidos
desde abajo hasta arriba, hasta la primera anilla. Así lo hizo
con los dos tableros destinados a los dos ángulos.
30 Eran, pues, ocho
tableros con sus basas de plata; dieciséis basas, dos debajo de
cada tablero.
31 Después hizo travesaños
de madera de acacia: cinco travesaños para los tableros de un
flanco de la Morada;
32 y cinco travesaños para
los tableros del otro flanco de la Morada; y otros cinco para
los tableros de la parte posterior de la Morada hacia el
occidente.
33 Hizo el travesaño
central de tal suerte que pasase a media altura de los tableros,
de un extremo al otro.
34 Revistió de oro los
tableros; de oro hizo también sus anillas para pasar los
travesaños, y los revistió igualmente de oro.
35 Hizo el velo de púrpura
violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal; bordó en él
unos querubines.
36 Hizo para colgarlo
cuatro postes de acacia, revestidos de oro y provistos de
ganchos de oro; fundió para ellos cuatro basas de plata.
37 Hizo para la entrada de
la Tienda una cortina de púrpura violeta y escarlata, de carmesí
y lino fino torzal, labor de recamador,
38 con sus cinco postes y
sus ganchos. Revistió de oro sus capiteles y sus varillas y
fundió en bronce sus cinco basas.
Éxodo 37
1 Besalel hizo el arca de
madera de acacia, de dos codos y medio de largo, codo y medio de
ancho, y codo y medio de alto.
2 La revistió de oro puro,
por dentro y por fuera, y además puso en su derredor una moldura
de oro.
3 Fundió cuatro anillas de
oro para sus cuatro pies, dos anillas a un costado y dos anillas
al otro.
4 Hizo también varales de
madera de acacia, que revistió de oro;
5 pasó los varales por las
anillas de los costados del arca, para transportarla.
6 Después hizo un
propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo, y de
codo y medio de ancho.
7 Hizo igualmente dos
querubines de oro macizo; los hizo en los dos extremos del
propiciatorio;
8 el primer querubín en un
extremo y el segundo en el otro; hizo los querubines formando un
cuerpo con el propiciatorio en sus dos extremos.
9 Estaban los querubines
con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el
propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia
el propiciatorio.
10 Hizo, además, la mesa
de madera de acacia, de dos codos de largo, un codo de ancho y
codo y medio de alto.
11 La revistió de oro puro
y le puso alrededor una moldura de oro.
12 Hizo además, en torno
de ella, un reborde de una palma de ancho, con una moldura de
oro alrededor del mismo.
13 Le hizo cuatro anillas
de oro y puso las anillas en los cuatro ángulos,
correspondientes a sus cuatro pies.
14 Junto al reborde se
hallaban las anillas para pasar por ellas los varales y
transportar la mesa.
15 Hizo los varales de
madera de acacia y los revistió de oro.
16 Asimismo hizo de oro
puro los utensilios que habían de estar sobre la mesa; sus
fuentes, sus vasos, sus tazas y sus jarros con los que se hacían
las libaciones.
17 Hizo el candelabro de
oro puro. Hizo el candelabro de oro macizo, su pie y su tallo.
Sus cálices - corolas y flores - formaban con él un cuerpo.
18 De sus lados salían
seis brazos: tres brazos de un lado, y tres brazos de otro.
19 El primer brazo tenía
tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor; y
así los seis brazos que salían del candelabro.
20 En el mismo candelabro
había cuatro cálices, en forma de flor de almendro, con sus
corolas y flores;
21 una corola debajo de
los dos primeros brazos que formaban cuerpo con él, una corola
debajo de los siguientes, y una corola debajo de los dos últimos
brazos; así con los seis brazos que salían del mismo.
22 Las corolas y los
brazos formaban un cuerpo con el candelabro; todo ello formaba
un cuerpo de oro puro macizo.
23 Hizo también de oro
puro sus siete lámparas, sus despabiladeras y sus ceniceros.
24 Empleó un talento de
oro puro para el candelabro y todos sus utensilios.
25 Hizo también de madera
de acacia el altar del incienso, de un codo de largo y uno de
ancho, cuadrado, y de dos codos de alto. Sus cuernos formaban un
solo cuerpo con él.
26 Lo revistió de oro
puro, por su parte superior, sus costados y también sus cuernos.
Puso en su derredor una moldura de oro.
27 Y debajo de la moldura,
a los costados, hizo dos anillas a sus dos lados, para meter por
ellas los varales con que transportarlo.
28 Hizo los varales de
madera de acacia y los revistió de oro.
29 Preparó también el óleo
sagrado de la unción, y el incienso aromático puro, como lo
prepara el perfumista.
Éxodo 38
1 Hizo el altar de los
holocaustos de madera de acacia, de cinco codos de largo y cinco
de ancho, cuadrado, y de tres codos de alto.
2 Hizo sobresalir de sus
cuatro ángulos unos cuernos que formaban un cuerpo con él, y lo
revistió de bronce.
3 Hizo, además, todos los
utensilios del altar: Los ceniceros, los badiles, los acetres,
los tenedores y los braseros. Fundió de bronce todos sus
utensilios.
4 Fabricó para el altar
una rejilla de bronce en forma de red, bajo la cornisa inferior,
de modo que llegaba hasta la mitad del altar.
5 Fijó cuatro anillas para
los cuatro extremos de la rejilla de bronce, para meter los
varales.
6 Hizo los varales de
madera de acacia, y los revistió de bronce,
7 y pasó los varales por
las anillas a los flancos del altar, para transportarlo así.
Hizo el altar hueco, de paneles.
8 Hizo la pila y la basa
de bronce, con los espejos de las mujeres que servían a la
entrada de la Tienda del Encuentro.
9 Hizo también el atrio;
por el lado del Négueb, hacia el sur, estaba el cortinaje del
atrio, de lino fino torzal, de cien codos.
10 Sus postes eran veinte,
y veinte sus basas de bronce; los ganchos de los postes y sus
varillas eran de plata.
11 Por el lado
septentrional había igualmente un cortinaje de cien codos. Sus
postes eran veinte, y veinte sus basas de bronce; los ganchos
de los postes y sus varillas eran de plata.
12 En el lado occidental
había un cortinaje de cincuenta codos. Sus postes eran diez, y
diez sus basas; los ganchos de los postes y sus varillas eran de
plata.
13 En el lado Este, al
oriente, colgaban también cincuenta codos de cortinaje.
14 El cortinaje era de
quince codos, con tres columnas y tres basas, por un lado de la
entrada;
15 y por el otro lado - a
ambos lados de la entrada del atrio - había un cortinaje de
quince codos; sus postes eran tres, y tres sus basas.
16 Todos los cortinajes
del recinto del atrio eran de lino fino torzal.
17 Las basas de los postes
eran de bronce, sus ganchos y sus varillas de plata. También sus
capiteles estaban revestidos de plata, y todos los postes del
atrio llevaban varillas de plata.
18 El tapiz de la puerta
del atrio era labor de recamador y estaba recamado de púrpura
violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal. Tenía veinte
codos de largo; su altura - en el ancho - era de cinco codos, lo
mismo que los cortinajes del atrio.
19 Sus cuatro postes y sus
cuatro basas eran de bronce; sus ganchos de plata, como también
el revestimiento de sus capiteles y sus varillas.
20 Toda la clavazón de la
Morada y del atrio que la rodeaba era de bronce.
21 Este es el inventario
de la Morada, de la Morada del testimonio, realizado por orden
de Moisés, y hecho por los levitas bajo la dirección de Itamar,
hijo del sacerdote Aarón.
22 Besalel, hijo de Urí,
hijo de Jur, de la tribu de Judá, hizo todo cuanto Yahveh había
mandado a Moisés,
23 juntamente con Oholiab,
hijo de Ajisamak, de la tribu de Dan, que era artífice, bordador
y recamador en púrpura violeta y escarlata, en carmesí y lino
fino.
24 El total del oro
empleado en el trabajo, en todo el trabajo del Santuario, es
decir, el oro de la ofrenda reservada, fue de veintinueve
talentos y 730 siclos, en siclos del Santuario;
25 la plata de los
incluidos en el censo de la comunidad, cien talentos y 1.775
siclos, en siclos del Santuario:
26 un becá por cabeza, o
sea medio siclo, en siclos del Santuario, para cada hombre
comprendido en el censo de los 603.550 hombres, de veinte años
en adelante.
27 Los cien talentos de
plata se emplearon en fundir las basas del Santuario y las basas
del velo; cien basas correspondientes a los cien talentos, un
talento por basa.
28 De los 1.775 siclos
hizo ganchos para los postes, revistió sus capiteles y los unió
con varillas.
29 El bronce de la ofrenda
reservada fue de setenta talentos y 2.400 siclos.
30 Con él hizo las basas
para la entrada de la Tienda del Encuentro, el altar de bronce
con su rejilla de bronce y todos los utensilios del altar,
31 las basas del recinto
del atrio y las basas de la entrada del atrio, toda la clavazón
de la Morada y toda la clavazón del atrio que la rodeaba.
Éxodo 39
1 Hicieron para el
servicio del Santuario vestiduras de ceremonia de púrpura
violeta y escarlata, de carmesí y lino fino. Hicieron también
las vestiduras sagradas de Aarón, como Yahveh había mandado a
Moisés.
2 Hicieron, pues, el efod,
de oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino
torzal.
3 Batieron oro en láminas
y las cortaron en hilos para hacer bordado junto con la púrpura
violeta y escarlata, con el carmesí y el lino fino.
4 Pusieron al efod
hombreras y lo fijaron por sus dos extremos.
5 La cinta con que se ciñe
el efod era de la misma hechura y formaba con él una sola pieza:
era de oro, púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino
torzal, como Yahveh se lo había mandado a Moisés.
6 Prepararon igualmente
las piedras de ónice engastadas en engastes de oro y grabadas
como se graban los sellos, con los nombres de los hijos de
Israel;
7 las colocaron sobre las
hombreras del efod, como piedras que sirvieran a Yahveh de
recuerdo de los hijos de Israel, según Yahveh había ordenado a
Moisés.
8 Bordaron también el
pectoral, al estilo de la labor del efod, de oro, púrpura
violeta y escarlata, carmesí y lino fino torzal.
9 El pectoral era cuadrado
y lo hicieron doble; tenía un palmo de largo y otro de ancho;
era doble.
10 Lo llenaron de cuatro
filas de piedras. En la primera fila había un sardio, un topacio
y una esmeralda;
11 en la segunda fila: un
rubí, un zafiro y un diamante;
12 en la tercera fila: un
ópalo, una ágata y una amatista;
13 y en la cuarta: un
crisólito, un ónice y un jaspe. Todas ellas estaban engastadas
en engarces de oro.
14 Las piedras eran doce,
correspondientes a los nombres de los hijos de Israel, grabadas
con sus nombres como se graban los sellos, cada una con su
nombre, conforme a las doce tribus.
15 Hicieron para el
pectoral cadenillas de oro puro, trenzadas a manera de cordones.
16 Hicieron dos engastes
de oro y dos anillas de oro; fijaron las dos anillas en los dos
extremos del pectoral.
17 Pasaron después las dos
cadenillas de oro por las dos anillas en los extremos del
pectoral.
18 Unieron los otros dos
extremos de las dos cadenillas a los dos engarces, que fijaron
del efod.
19 Hicieron otras dos
anillas de oro y las pusieron en los otros dos extremos del
pectoral en el borde interior que mira hacia el efod.
20 E hicieron otras dos
anillas de oro, que fijaron en la parte inferior de las dos
hombreras del efod, por delante, cerca de su unión, encima de la
cinta del efod.
21 Y por medio de sus
anillas sujetaron el pectoral a las anillas del efod, con un
cordón de púrpura violeta, para que quedase el pectoral sobre la
cinta del efod y no se desprendiese del efod, como Yahveh había
mandado a Moisés.
22 Tejieron el manto del
efod, todo de púrpura violeta.
23 Había una abertura en
el centro del manto, semejante al cuello de una cota, con una
orla alrededor de la abertura para que no se rompiese.
24 En el ruedo inferior
del manto hicieron granadas de púrpura violeta y escarlata, de
carmesí y lino fino torzal.
25 Hicieron campanillas de
oro puro, colocándolas entre las granadas, en todo el ruedo.
26 Una campanilla y una
granada alternaban con otra campanilla y otra granada, en el
ruedo inferior del manto. Servía para oficiar, como Yahveh
había ordenado a Moisés.
27 Tejieron también las
túnicas de lino fino para Aarón y sus hijos;
28 la tiara de lino fino,
los adornos de las mitras de lino fino y también los calzones de
lino fino torzal,
29 lo mismo que las fajas
recamadas de lino fino torzal, de púrpura violeta y escarlata y
de carmesí, tal como Yahveh había ordenado a Moisés.
30 E hicieron de oro puro
una lámina, la diadema sagrada en la que grabaron, como se
graban los sellos: «Consagrado a Yahveh.»
31 Fijaron en ella un
cordón de púrpura violeta para sujetarla en la parte superior de
la tiara, como Yahveh había mandado a Moisés.
32 Así fue acabada toda la
obra de la Morada y de la Tienda del Encuentro. Los israelitas
hicieron toda la obra conforme a lo que Yahveh había mandado a
Moisés. Así lo hicieron.
33 Presentaron a Moisés la
Morada, la Tienda y todos sus utensilios; los broches, los
tableros, los travesaños, los postes y las basas;
34 el toldo de pieles de
carnero teñidas de rojo, el toldo de cueros finos y el velo
protector;
35 el arca del Testimonio
con sus varales y el propiciatorio;
36 la mesa con todos sus
utensilios y el pan de la Presencia;
37 el candelabro de oro
puro con sus lámparas - las lámparas que habían de colocarse en
él -, todos sus utensilios y el aceite del alumbrado;
38 el altar de oro, el
óleo de la unción, el incienso aromático y la cortina para la
entrada de la Tienda;
39 el altar de bronce con
su rejilla de bronce, sus varales y todos sus utensilios; la
pila con su base;
40 el cortinaje del atrio,
los postes con sus basas, el tapiz para la entrada del atrio,
sus cuerdas, su clavazón y todos los utensilios del servicio de
la Morada para la Tienda del Encuentro;
41 las vestiduras de
ceremonia para el servicio en el Santuario: los ornamentos
sagrados para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos
para ejercer el sacerdocio.
42 Conforme a cuanto
Yahveh había ordenado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel
toda la obra.
43 Moisés vio todo el
trabajo y comprobó que lo habían llevado a cabo; tal como había
mandado Yahveh, así lo habían hecho. Y Moisés los bendijo.
Éxodo 40
1 Yahveh habló así a
Moisés:
2 «El día primero del
primer mes alzarás la Morada de la Tienda del Encuentro.
3 Allí pondrás el arca del
Testimonio y cubrirás el arca con el velo.
4 Llevarás la mesa y
colocarás lo que hay que ordenar sobre ella; llevarás también el
candelabro y pondrás encima las lámparas.
5 Colocarás el altar de
oro para el incienso delante del arca del Testimonio y colgarás
la cortina a la entrada de la Morada.
6 Colocarás el altar de
los holocaustos ante la entrada de la Morada de la Tienda del
Encuentro.
7 Pondrás la pila entre la
Tienda del Encuentro y el altar, y echarás agua en ella.
8 En derredor levantarás
el atrio y tenderás el tapiz a la entrada del atrio.
9 Entonces tomarás el óleo
de la unción y ungirás la Morada y todo lo que contiene. La
consagrarás con todo su mobiliario y será cosa sagrada.
10 Ungirás además el altar
de los holocaustos con todos sus utensilios. Consagrarás el
altar, y el altar será cosa sacratísima.
11 Asimismo ungirás la
pila y su base, y la consagrarás.
12 Después mandarás que
Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la Tienda del
Encuentro y los lavarás con agua.
13 Vestirás a Aarón con
las vestiduras sagradas, le ungirás, y le consagrarás para que
ejerza mi sacerdocio.
14 Mandarás también que se
acerquen sus hijos; los vestirás con túnicas,
15 los ungirás, como
ungiste a su padre, para que ejerzan mi sacerdocio. Así se hará
para que su unción les confiera un sacerdocio sempiterno de
generación en generación.»
16 Moisés hizo todo
conforme a lo que Yahveh le había mandado. Así lo hizo.
17 En el primer mes del
año segundo, el día primero del mes, fue alzada la Morada.
18 Moisés alzó la Morada,
asentó las basas, colocó sus tableros, metió sus travesaños y
erigió sus postes.
19 Después desplegó la
Tienda por encima de la Morada y puso además por encima el toldo
de la Tienda, como Yahveh había mandado a Moisés.
20 Luego tomó el
Testimonio y lo puso en el arca; puso al arca los varales y
sobre ella colocó el propiciatorio en la parte superior.
21 Llevó entonces el arca
a la Morada, colgó el velo de protección y cubrió así el arca
del Testimonio, como Yahveh había mandado a Moisés.
22 Colocó también la mesa
en la Tienda del Encuentro, al lado septentrional de la Morada,
fuera del velo.
23 Dispuso sobre ella las
filas de los panes de la Presencia delante de Yahveh, como
Yahveh había ordenado a Moisés.
24 Luego instaló el
candelabro en la Tienda del Encuentro, frente a la mesa, en el
lado meridional de la Morada,
25 y colocó encima las
lámparas delante de Yahveh, como Yahveh había mandado a Moisés.
26 Asimismo puso el altar
de oro en la Tienda del Encuentro, delante del velo;
27 y quemó sobre él
incienso aromático como Yahveh había mandado a Moisés.
28 A la entrada de la
Morada colocó la cortina,
29 y en la misma entrada
de la Morada de la Tienda del Encuentro colocó también el altar
de los holocaustos, sobre el cual ofreció el holocausto y la
oblación, como Yahveh había mandado a Moisés.
30 Situó la pila entre la
Tienda del Encuentro y el altar, y echó en ella agua para las
abluciones;
31 Moisés, Aarón y sus
hijos se lavaron en ella las manos y los pies.
32 Siempre que entraban en
la Tienda del Encuentro y siempre que se acercaban al altar, se
lavaban, como Yahveh había mandado a Moisés.
33 Por fin alzó el atrio
que rodeaba la Morada y el altar, y colgó el tapiz a la entrada
del atrio. Así acabó Moisés los trabajos.
34 La Nube cubrió entonces
la Tienda del Encuentro y la gloria de Yahveh llenó la Morada.
35 Moisés no podía entrar
en la Tienda del Encuentro, pues la Nube moraba sobre ella y la
gloria de Yahveh llenaba la Morada.
36 En todas las marchas,
cuando la Nube se elevaba de encima de la Morada, los israelitas
levantaban el campamento.
37 Pero si la Nube no se
elevaba, ellos no levantaban el campamento, en espera del día en
que se elevara.
38 Porque durante el día
la Nube de Yahveh estaba sobre la Morada y durante la noche
había fuego a la vista de toda la casa de Israel. Así sucedía
en todas sus marchas.