Edad Moderna

Edad Moderna - Arte Barroco - España - Velázquez - Las Hilanderas o La fábula de Aracne.

 

LA EDAD MODERNA Y TODO LO QUE LA HA COMPUESTO...

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Tradicionalmente, se ha denominado como Edad Moderna al período histórico comprendido entre los siglos XV y XVIII de nuestra era. A pesar de que la periodización de la Historia siempre entraña unos riesgos evidentes, generalmente se atiende a criterios educativos para marcar ciertas etapas en el estudio de la ciencia histórica, con el único fin de establecer el contorno de un período que comparte características similares y que, aunque es evidente que las cosas no cambian de la noche a la mañana, ayuda a la hora de la comprensión global de las variaciones temporales. Por ello, en nuestro análisis intentaremos establecer cuáles han sido los criterios por los que en diferentes épocas se ha atendido a la clasificación cronológica de los hechos.

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La Historia de siempre, esto es, la que establecía su criterio en elevar el hecho histórico único como factor de ruptura, daba unas fechas que todos en alguna ocasión hemos conocido: la Edad Moderna comenzaba en el año 1453, fecha de la toma de Constantinopla por el imperio turco, y finalizaba en 1789, fecha de comienzo de la Revolución francesa. Para el caso de España, la datación se alargaba un poco más: teníamos el inicio situado en 1492, emblemática fecha del Descubrimiento del Nuevo Mundo y de la toma de Granada por los Reyes Católicos, y finalizaba en 1812, fin de la invasión francesa en España y reunión de las Cortes de Cádiz. Es evidente que los criterios de datación estaban muy influidos por el pensamiento Ilustrado del siglo XVIII y por la época de erudición que, en el ámbito de los historiadores, reinó durante todo el siglo XIX. Se pensaba que el Humanismo, la corriente intelectual que comenzó en el siglo XV y que continuó, desde su nacimiento italiano, expandiéndose por toda Europa durante la centuria siguiente, significaba el punto de ruptura de una sociedad desindividualizada y religiosa (como era la feudal) para pasar a ser individualista y laica. Pero el hecho decisivo que fundamentó dichas dataciones fue la aceptación, por parte de la comunidad científica en general, de las teorías evolucionistas del científico británico Charles Darwin. Si aplicamos el evolucionismo a la Historia de la humanidad, observamos que sólo las sociedades que sepan dar el cambio adecuado para su futuro lograrán evolucionar (en el sentido darwinista). Por ello, la Edad Moderna era la época del cambio, en la que los Estados europeos se preparan para lograr su preponderante presencia en el mundo a partir de entonces. Se trata de una historia lineal, en la que cada etapa mejora la pasada y en la que el hecho histórico se revela como un muro infranqueable a través del cual, como diría Darwin, sólo los más fuertes y preparados pueden pasar.

Esta periodización de la historiografía tradicional se ha mantenido durante bastante tiempo debido a que, apelando al criterio educativo que mencionábamos más atrás, ofrece un marco cronológico concreto para que la historia sea comprensible. Sin embargo, es obvio decir que muchos de sus postulados han quedado difuminados en el tiempo, merced a las nuevas investigaciones llevadas a cabo en el siglo XX.
 

Si anteriormente observábamos cómo las ideas de Charles Darwin habían influido en la periodización de la Historia, en el siglo XX, pese a que ya contaba con algún antecedente en el siglo anterior, fue el pensamiento de un filósofo el que contribuyó a crear una nueva periodización. En efecto, las ideas del gran pensador alemán Karl Marx dieron lugar a un pensamiento político-filosófico (Marxismo) y, lo que interesa para nuestro análisis, a una corriente historiográfica denominada Materialismo histórico, que nunca hay que confundir con el pensamiento político. Para no entrar en la complejidad filosófico-teórica de las ideas de Marx, únicamente diremos que dicha corriente historiográfica apelaba a la lucha de clases como motor de la Historia, es decir, que la lucha de un grupo de inferior categoría social por obtener el poder (lo que Marx llamaba medios de producción) era, una vez alcanzado el fin último, lo que definía el cambio de una sociedad a otra. Así pues, al establecer la periodización en un cambio estructural, los historiadores afines al materialismo histórico rechazaban la Edad Moderna como etapa de la Historia. Creen que, realmente, no había ningún cambio entre el modo de producción feudal, lo que entendemos como Edad Media, y el modo de producción capitalista, que actualmente está asociado con la Edad Contemporánea, puesto que una de las cosas que pedía el pueblo alzado en el hipotético fin de la Edad Moderna, según la historiografía tradicional (1789), era ni más ni menos que la abolición de los derechos feudales. Ni que decir tiene que el estudio de la economía era un claro puntal de los historiadores materialistas, puesto que en ellos encontraban su criterio básico con el que establecer su periodización. De cualquier forma, el materialismo histórico engloba a tanta cantidad de criterios heterogéneos que muchos de sus historiadores aceptan la Edad Moderna como ámbito en que realizar sus estudios e investigaciones. Nuestra panorámica sólo pretende ser un breve bosquejo general, a veces demasiado general para entender la complejidad de la periodización cronológica.

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Trataremos de englobar aquí cómo ha visto la historiografía más reciente la periodización de la Edad Moderna. No podemos ni siquiera detenernos en establecer la influencia del pensamiento filosófico, puesto que la gran cantidad de pensadores/as que en ello influyen (Ranke-aunque vivió en el siglo XIX-, Foucault, Derrida o Rossi Braidotti, por citar unos cuantos nombres) haría nuestro análisis demasiado extenso. Por ello, sólo estableceremos unos puntos generales en los que parecen estar de acuerdo casi todos los historiadores que investigan sobre el período moderno. La mayoría de ellos opta por no seguir el criterio cerrado que hacía del hecho histórico un muro infranqueable, sino que establecen una especie de cesura en la cual comienzan a generalizarse ciertos cambios que se han producido con anterioridad en unos pocos lugares. La historiografía actual defiende una evolución regresiva, en contraposición con la evolución lineal defendida por la historiografía tradicional, pues los cambios no afectan a las sociedades ni al mismo tiempo, ni en el mismo marco geográfico, ni a todos los niveles sociales. Incluso cuando éstos se producen, existen épocas o ámbitos geográficos en los que no sucede o, incluso, en los que se produce una regresión de lo conseguido.

Y después de ésto ¿qué es lo que queda?. Aunque a tenor de lo dicho parezca que ninguna periodización es válida, lo cierto es que se ha recurrido a la multiplicidad de criterios para intentar datar la Edad Moderna. Más que una periodización exacta, lo que la historiografía actual define es una especie de líneas maestras sobre las que se asientan los cambios acontecidos durante los siglos XV al XVIII, caracterizadas en los siguientes puntos:

- Fin de los conflictos bélicos de larga duración, como el caso de la guerra de los Cien Años.

- Recuperación de la crisis demográfica propiciada por la epidemia de peste del año 1348.

- Recuperación de los campos y de los cultivos, además de un incremento notable de los intercambios comerciales. Asimismo, dicho incremento se destina, en su mayor parte, al consumo. Esto nos habla perfectamente sobre un crecimiento de la economía monetaria, sobre todo después de que, tras el descubrimiento de América, Europa se llene de oro y plata procedente del Nuevo Mundo.

-Afirmación de los Estados Nacionales como poder equivalente al que en la época medieval únicamente ostentaban el Imperio y el Papado.

- Como consecuencia de lo anterior, un mayor control sobre las acciones reaccionarias llevadas a cabo tanto por la nobleza como por el clero. También, a nivel social, hay quien ha definido que la Edad Moderna se caracteriza por ser la época en la que los vasallos pasan a ser súbditos.

-La institucionalización del poder centralizado conlleva el desarrollo de unas estructuras administrativas y burocráticas con las que llevar a cabo dicho control sobre los grupos sociales. Así pues, la Edad Moderna asiste al nacimiento de los Consejos Reales, de la organización de la Hacienda de los Estados y al nacimiento de los ejércitos estatales permanentes, lo que conlleva un cierto recorte del poder que en épocas anteriores habían tenido las asambleas nobiliarias representativas y el poder de los concejos urbanos.

- Uno de los factores que más caracterizan a primera vista la Edad Moderna es lo que los historiadores han denominado la Universalización de la Historia. Efectivamente, las anteriores etapas cronológicas se centraban en la descripción de los acontecimientos de los ámbitos europeo y mediterráneo, llegando como mucho a tocar el norte de África y Asia central. Por el contrario, la Edad Moderna es la época de los grandes descubrimientos: Cristóbal Colón descubre América en 1492, los navegantes portugueses bordean toda la costa africana y los mercaderes venecianos y genoveses (recordemos los viajes de Marco Polo) llegan hasta los confines del Lejano Oriente. Las motivaciones de los descubrimientos son diversas: políticas, económicas, religiosas, etc., pero todos los descubrimientos nos llevan a una ampliación del mundo conocido que bien pudiera ser tomado como el criterio principal a la hora de establecer la periodización de la Edad Moderna.

- Naturalmente, como consecuencia de lo anterior, también tenemos que señalar como factor importante los avances técnicos y científicos que posibilitaron las grandes travesías oceánicas. La navegación sufre importantísimos cambios que la elevan sobre el resto de ciencias (brújula, mapas oceánicos, sistema de propulsión, velas...), pero igual ocurre con las armas de fuego, donde el descubrimiento de la pólvora desempeña un papel fundamental, o con las nuevas fortificaciones, toda vez que el uso de las armas de fuego dejaba al descubierto las carencias de las fortalezas medievales.

- En cuanto a la sociedad, ya desde los primeros inicios de la época del Renacimiento se sintió fuertemente separada de lo medieval. Es una época en la que se inicia el imparable ascenso de un grupo social (la burguesía) que le llevará a las más altas cotas de poder económico y a poner cerco continuo al sistema estamental en que estaba basada la organización social (tres estamentos: nobleza, clero y estado llano). Este sistema, conocido como Antiguo Régimen, será el preponderante en toda la Edad Moderna, y quizá tengamos que recurrir a estudiar su caída o su pervivencia para saber realmente cuándo finaliza la época que hemos denominado Edad Moderna.

-Por lo que se refiere al arte y a la cultura, la invención de la imprenta en el siglo XV posibilita que los escritos tengan un público de mayor acceso, dejando de lado el yugo religioso que prácticamente había monopolizado la cultura durante los siglos anteriores. Se produce una cierta laicización de los acontecimientos culturales, toda vez que el incremento de riqueza del estamento burgués posibilita que los artistas tengan unos mecenas a los que recurrir. Además, la Edad Moderna nos ha dejado una de las corrientes culturales más importantes de la Historia, como es el Reformismo Ilustrado del siglo XVIII, donde la idea de universalizar la cultura pretendió agrupar todos los conocimientos del hombre en obras para su difusión popular. El éxito o fracaso de dicha labor no quita para que reconozcamos su enorme mérito.
Todo lo expuesto anteriormente nos permite dibujar un boceto de lo que fue la Edad Moderna y la sociedad de su tiempo.

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En este punto final, señalaremos aquellas subdivisiones que se hacen en el seno de la Edad Moderna y los principales acontecimientos que las definen:

1492-1571- Es la etapa de la hegemonía española. La época viene definida por la lucha entre los protestantes que quieren llevar a cabo la Reforma de la Iglesia y los católicos, encabezados por los españoles, que son los campeones de la Contrarreforma. Es la época de esplendor económico y financiero de Europa, aunque el dominio turco sobre el Mediterráneo comienza a tener efectos graves sobre las economía europeas.

1571-1619- La segunda etapa se caracteriza por el incremento de las tensiones nacionalistas entre los distintos países europeos. Es, además, una época de crisis coyuntural económica y de recrudecimiento de los problemas religiosos. Todo ello llevará al enfrentamiento bélico entre los estados de Europa.

1619-1688- Etapa lamentablemente marcada por la Guerra de los Treinta Años, en la que se vieron involucradas de un modo u otro todas las naciones europeas. El conflicto distó mucho de finalizar con la Paz de Westfalia (1648), debido a que sus efectos perniciosos influyeron hasta el último tercio del siglo XVII. Es la época de la hegemonía francesa, en detrimento de la casa Habsburgo, dinastía reinante en España y en el Imperio Germánico.

1688-1725- Tras los últimos coletazos de la guerra, se procede a una reorganización general de las fronteras europeas en la que dos naciones salen ampliamente fortalecidas: Inglaterra y Rusia. El colonialismo cobra especial importancia en esta etapa, lanzándose las naciones en una carrera de conquistas transeuropeas.

1725-1789- Es la etapa que caracteriza al fenómeno del Despotismo Ilustrado. Ciertamente, las estructuras del Antiguo Régimen ya daban muestras de flaqueza, por lo que bien pudiera ser la época de las tímidas reformas por mantener el antiguo status social. Sin embargo, siguiendo la opinión de algunos historiadores, tras la independencia de las colonias británicas de América en 1776 y el levantamiento francés de 1789, estamos asistiendo al nacimiento de una nueva etapa: la Edad Contemporánea.

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Estilo artístico que se desarrolla durante el siglo XVII y los primeros decenios del XVIII, su difusión alcanza toda Europa y América Latina, y su disolución acontece en diversos momentos en cada país. Con este nombre también se conocen todas las manifestaciones culturales de ese momento. En el surgimiento de este nuevo estilo dos hechos son decisivos, la afirmación de los estados nacionales, y la consagración de la monarquía absoluta de derecho divino como forma de gobierno en ellos. Durante esta época en Europa se asiste a hechos y procesos tan diversos como el enfrentamiento de los distintos países que buscan la hegemonía, la decadencia de los grandes estados ya con identidad nacional, como Francia y España, y el inicio de la pugna por el dominio comercial entre los países del Norte e Inglaterra, con el ascenso de nuevas grupos sociales de poder. Mientras, en la Europa central se desarrolla la guerra de los Treinta Años, producto de las tensiones religiosas entre protestantes y católicos.

El primer desarrollo del estilo se produce en Roma y va unido a la Contrarreforma católica, aunque rápidamente se extenderá por toda Europa, adaptándose a las necesidades de cada sociedad. La Iglesia católica, tras las tensiones y la ruptura que había supuesto la Reforma, desarrolla una importante política de reafirmación mediante la diplomacia, la enseñanza, las predicaciones, la guerra y el arte, como un elemento fundamental. En esta nueva visión tendrá un importante papel la recién fundada Compañía de Jesús.

El arte va a tomar parte activa en la contienda ideológica, convirtiéndose en una de las formas de lucha, siendo utilizado como medio de propaganda y difusión de la fe. Igualmente, como instrumento propagandístico estará también al servicio de la exaltación de las monarquías y de las clases que la sustentan. Frente a la función del arte como instrumento de conocimiento de la naturaleza, la medida, el cálculo y el orden, propios del Renacimiento, el Barroco será un movimiento que desarrolle el gusto por el efecto y los contrastes, por lo escenográfico y por lo teatral. Estos aspectos se manifiestan en todas las artes; la complicación y el adorno de los conceptos, así como la mezcla de la realidad y la ilusión, como medios de convencer, la contradicción para atraer, la alegoría para aludir a las cosas a través de lo que no son y el ilusionismo para alcanzar el efectismo, son las armas utilizadas. El ideal artístico del barroco es una obra de conjunto, en la que la arquitectura aparece como la más importante de las artes, subordinándose las demás a un todo unitario. La obra barroca es dinámica en su ejecución y en su relación con el espectador, que abandona su posición de observador para pasar a ser un elemento partícipe imprescindible. Junto a la arquitectura se desarrolla de forma fundamental el urbanismo, creando perspectivas fundamentales en las principales ciudades europeas.

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Arquitectura barroca

Las características básicas son: el rechazo de la simplicidad y la búsqueda de lo complejo; el papel del movimiento y la luz, como elementos determinantes de la misma; la creación de espacios dinámicos; la creación de nuevas tipologías para edificios concretos; el gusto por lo infinito, por lo teatral, y lo efectista; la subordinación del resto de todas las artes al todo arquitectónico. La génesis de la arquitectura barroca se inicia en Italia, con figuras tan determinantes como Bernini y Borromini. En Francia el barroco adquiere caracteres más sobrios que en Italia, con plantas menos complicadas, fachadas más severas, mayor respeto por las proporciones y renuncia a los efectos violentos es un arte fundamentalmente al servicio de la monarquía absoluta, y su gran realización será el Palacio de Versalles (véase en Versalles). En España, la arquitectura barroca va a estar presidida por el gusto por la desornamentación y la sobriedad que había introducido el estilo herreriano, con importantes edificios en los que impera un estilo mesurado y casi clásico.

En Alemania y en Austria, la inspiración italiana combinada con la francesa creará edificios de gran exuberancia decorativa, sobre todo en los interiores, de luminosidad brusca, que darán paso al estilo Rococó. En Inglaterra predomina el equilibrio y la austeridad.

El urbanismo

La ciudad del barroco se ve como la imagen de su gobernante, cuya importancia se mide por su tamaño y por el número de sus habitantes. En las cortes más poderosas de Europa, la estructura urbana intentará ostentosamente asentar los valores y la estructura política creada por los dirigentes. La ciudad se va a estructurar en torno a un centro, como el poder absoluto tiene como centro el Rey, al que confluyen grandes vías, rectas de amplias perspectivas. Las plazas serán uno de los grandes elementos, reflejo y símbolo del poder civil o religioso, entendidas como escenarios de fiestas y representación.

Los cambios se van a reflejar mejor en las pequeñas cortes europeas, donde las realizaciones pueden cambiar y determinar la imagen de toda la ciudad, como es el caso de Würzburg, mientras que en los grandes organismos urbanos como París o Roma, la complejidad y la aparatosidad de los proyectos va a chocar con la ciudad preexistente, que dificulta en gran medida la transformación pretendida, consiguiéndose mejores resultados en las nuevas residencias de los soberanos, fuera de la ciudad, como es el caso de Versalles.

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Escultura barroca

Predomina el gusto por el movimiento, la realización de esquemas compositivos libres del geometrismo, la inquietud que se manifiesta en personajes y escenas, la importancia de los ropajes, etc. Se realizaran grupos compositivos que permitan un contraste entre luz y sombra, donde los personajes se representen con un gran realismo, pero al mismo tiempo acentuando los efectos de teatralidad y efectismo. La escultura se desarrolla, ante todo, ligada a la arquitectura y a su visión de conjunto.

Pintura barroca

Durante este período artístico, la pintura adquiere un papel prioritario dentro de las manifestaciones artísticas, siendo la expresión más característica del peso de la religión en los países católicos; y del gusto burgués en los países protestantes.

Se desarrollan nuevos géneros como los bodegones, paisajes, retratos, cuadros de género o costumbristas, así como se enriquece la iconografía de asunto religioso. Existe una tendencia y una búsqueda del realismo que se conjuga con lo teatral y lo efectista.

El color, la luz y el movimiento son los elementos que definen la forma pictórica. Mientras que la dinámica del espacio, la visión de las escenas en profundidad, la estructuración de las composiciones mediante diagonales y la distribución de manchas de luz y de color, configuran el espacio como algo dinámico, donde los contornos se diluyen y las figuras pierden relevancia frente a la unidad de la escena. En Italia se desarrolla, sobre todo, una pintura religiosa y decorativa, con una figura clave, Caravaggio. En Francia, la pintura es fundamentalmente mitológica y retratística, con Poussin como su mejor representante.

En Flandes domina el panorama la figura de Rubens, desarrollando una pintura aristocrática y religiosa, mientras que en Holanda, la pintura será burguesa, dominando los temas de paisaje, retratos y vida cotidiana, con la figura de Rembrandt como su mejor exponente.

En España, el barroco supone el momento culmen de la actividad pictórica, destacando sobre un magnifico plantel de pintores la genialidad y maestría de Velázquez.

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Arte barroco en Europa

Se desarrolla en Europa a lo largo del siglo XVII y los primeros años del XVIII. Surge en Italia, concretamente en la ciudad de Roma, ligado a las nuevas ideas contrarreformistas de la iglesia católica, aunque rápidamente se extiende por toda Europa, adoptando en cada país formas peculiares. Su disolución sigue una cronología diferente en cada uno de los estados europeos.

Barroco en Italia

Arquitectura barroca en Italia

Se caracteriza por su dinámica espacial, es un juego de integración de elementos en el que todos los componentes se subordinan a la idea de conjunto. Los edificios, de complicadas plantas, bóvedas y cúpulas originales, presentan interiores de recargados y coloristas decorados. Al exterior las fachadas dejan de ser planas, articulándose con curvas y nichos, que determinan sombras y movimiento, se integran en la trama urbana con la función de atraer la atención hacia el edificio. El centro de la arquitectura barroca italiana será la ciudad de Roma, donde se producen grandes trasformaciones urbanas que se van a concretar en dos sentidos: la transformación puntual sobre el tejido urbano, y una trasformación que se puede denominar "ornamental", ya que consiste en el embellecimiento de la ciudad mediante fuentes, arquitecturas efímeras, perspectivas, paisajes, etc. La arquitectura barroca se inicia en esta ciudad en la segunda mitad del siglo XVI, bajo el pontificado de Sixto V, que desarrolla los planes que en su día había proyectado Julio II. Se realizan nuevas avenidas, como la vía Julia, prevista ya por Julio II, en un intento de unir todos los centros devocionales de Roma, mediante nuevas vías trazadas a cordel. Sixto V inicia esta transformación con motivo del gran jubileo, lo que supondrá la realización, también, de lugares de encuentro que sirvan como relajo del peregrino, entendido como relajo físico y visual. Así se realizaron grandes plazas, como la de San Pedro o la del Popolo, o simples lugares de encuentro en la unión de dos vías. Toda esta transformación de la ciudad supone al mismo tiempo la transformación de sus edificios que adoptan el nuevo estilo barroco.

Una de las primeras y más singulares obras es la fachada de la iglesia de Santa Susana de Maderno, que tipológicamente responde al tipo de fachada que puso de moda la Compañía de Jesús, con la iglesia de Gesú realizada por Giacomo della Porta. Las fachadas representan un gran cambio a la hora de concebir los edificios, ya que no son proyectadas como elementos aislados, sino como parte de un entorno. Se utilizan para realzar las perspectivas de las calles, como camuflaje de otros edificios, etc., en una palabra, se entienden como un elemento determinante en el escenario urbano.

De este concepto se deriva la realización de las denominadas "fachadas telón", utilizadas para camuflar estructuras preexistentes. La arquitectura barroca va a ser en Italia ante todo una arquitectura de fachadas, proyectadas para un lugar concreto de la ciudad. Dentro del nuevo concepto de la ciudad se introducirán elementos de referencia espacial, de entre los que destaca la colación de fuentes, dispuestas bajo un plan previo de ordenación urbana; una de las más famosas es la Fuente del Acua Paola, realizada con un criterio totalmente escenográfico y con carácter arquitectónico (no olvidemos que la arquitectura va a ser la expresión artística por excelencia y que a ella estarán sujetas las demás artes). Con idéntico criterio se coloca la famosa Fontana di Trevi.

La gran trasformación se realiza mediante la apertura de nuevas avenidas y plazas. Gian Lorenzo Bernini, el primer gran arquitecto barroco es creador de esta arquitectura, al mismo tiempo que el gran urbanista de Roma, inspirado por la lección de Miguel Ángel y en la Roma antigua, reconvierte esta lección con criterios de teatralidad, escenográficos y urbanos. Su arquitectura será sencilla, pero de gran monumentalidad y criterio escenográfico. Realiza la columnata de San Pedro, la Plaza del Popolo, la Plaza Navona; obras suyas serán también la fachada de la Basílica de San Pedro, la Escala Regia y el Palacio Barberini, o San Andrés del Quirinal. Junto a Bernini destaca la importante obra de Francesco Borromini, con la realización del Baldaquino de San Pedro, la iglesia de San Carlos o el Oratorio de los Filipenses; Pietro da Cortona que realiza el pórtico de Santa María de la Paz. Otros arquitectos destacados serán Carlo Rainaldi, Carlo Fontana, Francisco de Santis y Nicola Salvi. Fuera de Roma destaca la obra de Baldassarre Longhena; en Venecia, Guarino Guarini en el Piamonte y Felipe Juvara.

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Pintura barroca en Italia

Desde 1600, se forman dos corrientes bien diferenciadas, el naturalismo y el clasicismo, corrientes que no se excluyen y que tendrán como protagonistas a Caravaggio, en el naturalismo, y a los hermanos Carracci en el clasicismo. La corriente clasicista se inspira en los grandes maestros del siglo XVI, en concreto en Rafael y en Miguel Ángel, influencia que se manifiesta en todos los artistas, y que se va a ver matizada por las experiencias del momento, como la luz y el color venecianos. El naturalismo, por su parte, se caracteriza por el tratamiento de cualquier tema, acercándose a la realidad cotidiana. Acentúa los efectos lumínicos, convirtiendo la luz en el elemento determinante que consigue efectos muy teatrales y fuertes contrastes. En los años veinte del siglo XVII, las dos tendencias se hayan perfectamente codificadas, y se van a utilizar indistintamente en todos los países europeos, fundiéndose y utilizándose aleatoriamente. En los años treinta se llega al denominado "barroco decorativo", en él todas las experiencias anteriores se ponen al servicio de la arquitectura, desarrollándose, sobre todo, la pintura de techos con temas alegóricos que acentúa los efectos ilusionistas. Esta pintura de techos se mantendrá en Europa a lo largo de todo el siglo XVIII.

Tras la pintura de Caravaggio, de gran éxito tanto en Italia como en Europa, la de sus discípulos presenta ya importantes incorporaciones de la corriente clasicista, como la de Orazio Gentileschi, Orazio Borgianni, Giovanni Battista Crespi o Carlo Saraceni. En la tendencia clasicista los hermanos Carracci (Agostino Carracci y Ludovico Carracci), sobre todo Anibale Carracci, dominan el panorama. Tras ellos, sus principales discípulos serán Guercino, Domenichino, Guido Reni, Pietro da Cortona, Lucas Jordan y Andrea Pozzo.

Escultura barroca en Italia

Se caracteriza por el sometimiento a la arquitectura, que se va articular con grandes relieves, fuentes, estatuas, etc. Fundamentalmente van a ser objetos pensados para acompañar a la arquitectura. Tendrá un carácter monumental, que ofrece toda la sensación de lujo, suntuosidad y riqueza barroca. Colabora en la trasformación espacial del mundo barroco y en su percepción. Bernini, como en la arquitectura, será el gran escultor del momento y a él pertenecen las mejores realizaciones barrocas. Sus modelos serán copiados en toda Italia y en Europa hasta el siglo XVIII. En un tono más clásico se sitúa la obra de Alessandro Algardi y de Francesco Duquesnoy, que no pueden competir con la talla de Gian Lorenzo Bernini.

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Barroco en Francia

Arquitectura barroca en Francia

Al iniciarse el siglo XVII, Francia se encuentra con las principales ciudades destruidas, incluida París, tras la guerras civiles y religiosa entre católicos y hugonotes, con lo que una de sus principales preocupaciones artísticas será la reconstrucción arquitectónica y urbanística. La recuperación de París se plantea con dos objetivos concretos: ser la capital fija y ser la expresión del modelo político centralista imperante en el momento. Con un sentido de utilidad y funcionalidad surgen importantes plazas como la Plaza del Delfín, la Plaza de los Vosgos y la Plaza Vendôme, de clara simbología absolutista. Se abren grandes avenidas radiales, convergentes en las nuevas plazas, donde los jardines adquieren un creciente valor. Estos primeros ejemplos de arquitectura sobria se modifican con los trabajos de arquitectos que conocen las realizaciones en Italia creando modelos de mayor esplendor. Durante el reinado de Luis XIII, se funda la Academia para el Fomento de las Artes y las Ciencias, y el cardenal Richelieu se convierte en el rector de la política francesa.

La consolidación del estado absolutista marca la evolución del arte francés. Las grandes arquitecturas de Jacques Lemercier y François Mansart, interpretan el arte barroco con un gusto típicamente francés. Como arquitectos reales se encuentran Louis le Vau, Jules Hardouin-Mansart y Le Brun, así como Jacques-François Blondel y Liberal Bruant.

Escultura barroca en Francia

Es heredera de la escultura italiana en sus lineas estructurales, en las decoraciones palaciegas y en los jardines. Su aportación será el desarrollo de una escultura oficial, que se plasmará en bustos, estatuas ecuestres, alegorías y temas mitológicos, que presentan al rey como símbolo del absolutismo.
Muy importante va a ser toda la decoración del palacio de Versalles, dirigida por Charles Le Brun, donde trabajan escultores tan importantes como François Girardon, Antonio Coysevox y Pierre Puget.

Pintura barroca en Francia

La pintura italiana que había recogido la manierista escuela de Fontainebleau, se mantendrá en Francia durante esta época, añadiéndose las nuevas corrientes barrocas mediante viajes a Italia de los pintores.

La escuela clasicista será la que mejor se ajuste al gusto francés de solemne equilibrio, propio de un arte oficial. Los artistas más destacados son Simón Vouet, Nicolás Poussin, Claudio Lorena, Philippe de Champaigne, como cultivadores del retrato de aparato, Nicolás Mignard, Pierra Mignard, Nicolás de Larguillière, Hyacinthe Rigaud, Georges de la Tour y Le Nain.

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Barroco en la Europa Central. Alemania y Austria

Esta época se caracteriza por el enfrentamiento bélico. La difusión del protestantismo provoca las guerras de religión en el Sacro Imperio Romano Germánico. Austria y Alemania, permanecen fieles al catolicismo, y sólo entre 1555 y 1619 se produce un paréntesis bélico debido al agotamiento general. Alemania queda apartada de la competencia por el comercio, decae socialmente y se debilita la autoridad imperial. Entre 1618 y 1648 se desarrolla la Guerra de los Treinta Años, que se inicia como un conflicto religioso y termina como una lucha por la hegemonía europea. Sólo la paz de Westfalia permite la restauración de los pequeños estados, destacando Prusia, Baviera, Sajonia y Hannover. Es en este momento cuando se inicia el Barroco alemán, que se difundirá por Polonia, Estados Bálticos y Rusia, con dos notas propias, la exuberante decoración y la luminosidad difusa que darán paso al Rococó. En Austria destacan arquitectos como Fischer von Erlach, Johann Lucas Von Hildebrandt y Jacob Prandtauer. En Sajonia la figura más destacada será Daniel Pöppelmann y en Prusia Andreas Schlüter.

Barroco en Inglaterra

Inglaterra permaneció durante largo tiempo inmersa en las formas artísticas medievales, adoptando tardíamente formas clásicas de origen italiano, un Renacimiento de escaso desarrollo. El Barroco tampoco será un estilo especialmente importante en Inglaterra, donde adopta un tono sereno y clásico. Se centra fundamentalmente en la arquitectura, con artista como Íñigo Jones, que también cultiva formas renacentistas, y Christopher Wren.

Barroco en Holanda

Las ciudades holandesas mantienen la independencia de las ciudades medievales, siendo controladas por su poderosa burguesía mercantil, y manteniéndose alejadas de la organización centralizada de los estados absolutos. Separadas de Flandes, se mantienen dentro del calvinismo, con un desarrollo burgués que crea una cultura original, muy rica y antimonumental. Su gusto arquitectónico sigue las formas clásicas de Palladio, en una línea moderada. La realización más importante es la ampliación de la ciudad de Amsterdam, que destaca por su funcionalidad, su falta de monumentalidad, su calidad y la riqueza de soluciones. Se trata de un urbanismo y una arquitectura más acorde con el hombre, que se aleja de las realizaciones de los estados absolutos. Pero la expresión más genuina del arte holandés y de su sociedad burguesa será la pintura, donde se van a desarrollar géneros nuevos acordes con los gustos y los intereses de los burgueses. Serán cultivados los paisajes de ciudades, que manifiestan el sentido de satisfacción y orgullo del burgués por sus prosperas e independientes ciudades, un ejemplo magistral es La Vista de la ciudad de Delf de Vermeer.

La pintura de interiores, que plasma en imagen la vida intima y cotidiana, los retratos colectivos, los individuales, los paisajes y los temas festivos y moralizantes, serán los asuntos tratados por una pintura realizada para hombres de negocios y comerciantes, que quieren ver reflejada su forma de entender el mundo, alejado de las grandes manifestaciones de poder o majestad. Pintores como Frans Hals, Jan Vermeer, Hércules Pietersz Seghers, Jan Van Goyen, Paulus Potter, Meindert Hobbema y Jacob Van Ruisdael, serán los encargados de desarrollar estos géneros.

Pero la culminación de la pintura barroca holandesa viene de la mano de la genial figura de Rembrandt, uno de los más grandes pintores de la historia del arte.

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Barroco en Flandes

Frente a Holanda, Flandes permanece católico y bajo la influencia española. En arquitectura el gótico dará paso al barroco, debido al escaso desarrollo del Renacimiento. En barroco se construirán un gran número de conventos y abadías de las numerosas ordenes religiosas que allí se instalaron, con estructuras suntuosas que recogen los ecos de las construcciones principescas.

Pero como en épocas anteriores, la manifestación artística más destacada y rica es la pictórica, que enlaza con la pintura flamenca tradicional y muestra un desarrollo paralelo a la holandesa, incluyendo los nuevos géneros que en ella se desarrollan.

Se mantendrá la preocupación por el arte italiano y la continua relación sobre todo con pintores venecianos. La figura más destacada, y uno de los genios de la pintura universal de todas la épocas, es Pedro Pablo Rubens, cuya obra tendrá una importancia trascendental en el resto de Europa. Junto a él trabajan pintores de una gran calidad como Jacob Jordaens, David Teniers y Antón Van Dyck.

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Barroco en España

En España, el Barroco coincide con el período cultural que se ha denominado el Siglo de Oro, que se inicia en los últimos años del siglo XVI y termina en el último tercio del siglo XVII. Es un período de máximo desarrollo de las letras y las artes, que contrasta con la profunda y compleja crisis política, social y económica que se vive en España.

El siglo XVII supone una profunda decadencia y crisis en el Imperio español, con una continua pérdida de posiciones en el concierto internacional. En la Península se produce una regresión demográfica y un importante retroceso económico, con una disminución de la producción interior, alza de precios, disminución de la plata americana y falta de una burguesía de carácter capitalista. Al tiempo, se desarrollan una crisis política, con una pérdida de posiciones en el concierto internacional, una crisis financiera y sucesión de bancarrotas de la corona, abandono del poder en manos de validos, desarrollo de intrigas y cuestionamiento de la unidad peninsular, la pérdida de Portugal y la sublevación de Cataluña. Esta situación se empieza a remontar al inicio del siglo XVIII, coincidiendo con el cambio de dinastía. Frente a ese estado de crisis, se produce un proceso de florecimiento cultural que hunde sus raíces en el siglo anterior, y que va a expresar la sensibilidad general de un país y no sólo de unas minorías.

Arquitectura barroca en España

Durante este período no se desarrollan las espléndidas reestructuraciones urbanísticas o de edificios singulares que se realizan en Europa. La crisis económica y social determina una arquitectura en general de materiales pobres; pese a ello, la necesidad de lujo, al menos para mantener una apariencia ilusoria, se impone. La iglesia será la institución que encarga un mayor volumen de obras artísticas por su fuerza económica, además, el espíritu contrarreformista, el auge de la Compañía de Jesús, y en general de las ordenes religiosas, imponen la necesidad de nuevos edificios religiosos. Como contraste, hay una escasez de edificios civiles. El urbanismo europeo no encuentra equivalente en Madrid, donde hay una ausencia de grandes planes urbanísticos que remodelen los viejos barrios. Las ciudades españolas cambian de aspecto parcialmente, y es en el siglo XVIII cuando se produce un cambio más profundo en la imagen de las mismas. La plaza mayor de Madrid es uno de los grandes logros de la arquitectura y el urbanismo del momento, separándose de la plaza desarrollada en Italia o en Francia.

En el siglo XVIII, el cambio de dinastía no supone la desaparición del estilo barroco, sino que éste se mantiene hasta medidos de siglo, cuando se funda la Real Academia de San Fernando, que consigue imponer la norma neoclásica.

Los grandes centros del barroco español serán Castilla, con Madrid como capital del reino, Andalucía y Galicia. En Madrid, pese a considerarse el centro de la monarquía y reflejo del poder del príncipe, se va a realizar una arquitectura doméstica, de sencillos edificios religiosos. Su mayor reforma es La Plaza Mayor, construida por el arquitecto Gómez de Mora e inaugurada en 1620. De este mismo arquitecto son obras como la reconstrucción del Alcázar de Madrid, la realización de la Cárcel de la Corte, y el Convento de la Encarnación.

Otra de las grandes realizaciones madrileñas es el Palacio del Buen Retiro, diseñado por Alonso de Carbonell, concebido como lugar de recreo, fiesta y diversión de la corte, a las afueras de Madrid. Frente a la sobriedad de Gómez de Mora o de Carbonell, Pedro de Ribera desarrolla en Madrid las características más dinámicas y decorativas del barroco. A él se deben la ermita de la Virgen del Puerto, la fuente de la fama, el Cuartel del Conde-Duque, la fachada de la iglesia de Montserrat o el ajardinamiento de la ribera y el Hospicio de Madrid.

En esta misma línea están las obras de arquitectos como Pedro Sánchez, Francisco Bautista o Pedro de la Torre. Fuera de Madrid, en el ámbito castellano, Francisco de Mora trabajará en uno de los más importantes conjuntos de arquitectura del momento, la Villa Ducal de Lerma. Además, construye importantes casonas en Valladolid, Salamanca y norte de Castilla. Posteriormente estas ciudades, al igual que Madrid, se verán enriquecidas por el estilo churrigueresco. En Andalucía, trabajan arquitectos como Leonardo de Figueroa, Ignacio de Sala, López de Rojas o Francisco Hurtado.

Galicia se va a separar del resto de la península por el gran auge de la arquitectura barroca, realizada con materiales nobles, como el granito, y caracterizada por innumerables construcciones, tanto civiles como religiosas. La arquitectura barroca es uno de los períodos más brillantes del arte gallego; en ella intervienen arquitectos de la talla de Fernando de Casas Novoa, Ferro Caveiro, José Peña y Toro y Domingo de Andrade.

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Churrigueresco

En el siglo XVIII, coincidiendo con el cambio de dinastía, se produce una reactivación social y económica, que en el arte se refleja en un número mayor de encargos, con ello se llega a la culminación del barroquismo español, con un estilo opuesto al desarrollo del resto de Europa, el denominado churrigueresco. Este término se deriva del estilo desarrollado por la familia Churriguera, que desarrolla su actividad por todas la regiones españolas. En este estilo las formas decorativas se adueñan de la arquitectura, integrando elementos ornamentales propios de la tradición hispánica, árabe, gótica, hispanoflamenca o plateresca. A ello unirán las influencias recibidas del barroco italiano y francés. Seguidores de este estilo serán los arquitectos Narciso Tomé, Conrado Rudolfo, Jaime Bort, Herrera el Mozo e Ignacio de Vergara.

Escultura barroca en España

Presenta una serie de características especiales que vienen determinadas por la profunda crisis social y económica, que disminuye y, en algunos casos, casi anula los encargos de la burguesía y de la aristocracia, que se conforman con las grandes decoraciones barrocas de pintura. Por tanto, es la iglesia el principal cliente, y las ideas de la Contrarreforma las que la escultura debe manifestar. Se encargarán retablos, sillerías de coro, pasos procesionales, imágenes de nuevos santos, etc.

Los retablos y los pasos procesionales serán elementos donde se manifieste la mejor escultura española y el espíritu de la Contrarreforma. Hasta la mitad del siglo los retablos van a ser de corte clasicista, con tres pisos horizontales y varias calles, donde se van a ir alternando esculturas y pinturas. En la segunda mitad del siglo los retablos se van a hacer plenamente barrocos, introduciéndose el orden de columnas salomónicas, desapareciendo las calles y los pisos, y realizándose un único grupo escultórico central. Uno de los mejores ejemplos es el Retablo de la Caridad de Sevilla realizado por Pedro Roldán. La imaginería española se realiza para ser exhibida, tanto como para acentuar el contacto con los fieles y hacer vibrar su sensibilidad religiosa en un época de crisis general de valores. Las figuras evidencian un dramatismo y una preocupación por lo anecdótico y lo sentimental que pretende fomentar una piedad antierasmista, al tiempo que tiende al máximo realismo, tanto en el estudio anatómico del cuerpo como en los detalles, utilizándose ojos de cristal, pelo, paños que cubren, etc. El material más habitualmente empleado es la madera policromada.

La excelente imaginería española tendrá dos focos fundamentales: la escuela castellana, donde se desarrollan imágenes de gran espectacularidad, en la que destaca el realismo y la expresividad; y la escuela andaluza, donde el dramatismo casi patético de Castilla se hace más amable mediante la búsqueda de una belleza más formal. El resto de las regiones tendrán una menor importancia, salvo Murcia, donde a principios del siglo XVIII aparece la figura de Salcillo. En Valladolid, la escuela escultórica se había iniciado con artistas de la talla de Berruguete o Juan de Juni. Esta tradición, aun dentro de las coordenadas barrocas, será continuada por hombres como Gregorio Fernández.

En Sevilla destacan los artistas Juan Martínez Montañés y Juan de Mesa, mientras que en Granada trabajan figuras como Alonso Cano y Pedro de Mena. A partir de mediados de siglo se introducen las formas romanas de Bernini, con hombres como José de Arce, formado en Italia, o Pedro Roldán y Luisa Roldán. Seguidores de éstos serán Pedro Duque Cornejo, José Risueño y Torcuato Ruiz del Peral. En la zona de Levante trabajan, además de Salcillo, Agustín Pujol y Nicolás de Bussi.

Pintura barroca en España

Es la manifestación más notable del arte barroco español. El siglo XVII ha sido denominado el "Siglo de Oro de la pintura española", al igual que lo es de la literatura, tanto por el numero de artistas y de obras como por su elevada calidad técnica, teniendo en Velázquez el máximo exponente.

La pintura es casi exclusivamente religiosa, siendo la iglesia el cliente más importante y casi el único. Fuera del tema religioso, sólo el retrato, bodegones y algunas escenas costumbristas, adquieren algún desarrollo. Únicamente Velázquez, que viaja a Italia, con una posición privilegiada en la corte se permite alguna libertad temática que enlaza con el desarrollo de otros países.

Durante la primera mitad del siglo, predomina el naturalismo tenebrista, existiendo tres focos o escuelas importantes: Andalucía, Valencia y Castilla. La iluminación nocturna que se había empezado a utilizar en la decoración pictórica de El Escorial, invade toda España, nacionalizándose las formas y enriqueciéndose con la aportación caravaggesca.

En la segunda mitad del siglo, la difusión de los modelos de Rubens y el establecimiento de un sentido más colorista y opulento, dan paso al barroco pleno que abandona el tenebrismo para pasar a un colorismo luminoso. En este momento, la importancia que había tenido el foco valenciano desaparece, quedando solo Madrid y Sevilla como centros artísticos de primer orden.

En la primera mitad del siglo, en centros castellanos como Toledo o Madrid, la conexión con El Escorial es muy directa. Algunos de los más importantes pintores son italianos, como Bartolomé y Vicente Carducci, que introducen un realismo que humaniza la figura religiosa sin perder el decoro y la nobleza de tales representaciones. Junto a los Carducci, trabajan en Madrid artistas como Eugenio Cajés o Juan Van der Hamen y sobre todo el dominico Juan Bautista Mayno, que estuvo en Italia y conoció a Caravaggio y Annibale Carracci. En Toledo trabajan Luis Tristán y Juan Sánchez Cotán. Pero el paso hacia el tenebrismo lo dan pintores como Francisco Ribalta, en la zona valenciana, Jerónimo Jacinto de Espinosa y la singularísima obra de José de Ribera, que desarrolla la mayor parte de su actividad en Italia.

En Andalucía, en la primera parte del siglo, pervive la tradición de la pintura del siglo XVI, empapada con la influencia de la pintura flamenca. Pintores como Francisco Pacheco, Juan de Roelas y Francisco de Herrera el Viejo se mantendrán dentro de estas coordenadas. Pero en el primer tercio del siglo XVII Sevilla es el centro donde se educan tres de las figuras más importantes de la pintura española: Zurbarán, Velázquez y Alonso Cano.

En la segunda mitad del siglo el panorama cambia por completo, al tenebrismo y naturalismo de la primera mitad le sigue el dinamismo colorista del pleno barroco. En este período se empieza a desarrollar un tipo de pintura mural y de bóvedas, completamente nuevo en España. En Madrid se constituye la llamada escuela madrileña, con pintores como Antonio de Pereda, Francisco Collante, Francisco de Herrera el Mozo, Francisco Ricci y Juan Carreño de Miranda; o los discípulos de estos, José Antolínez, Juan Antonio Escalante, Mateo Cerezo y Juan Martín Cabezalero. El último gran maestro madrileño es Claudio Coello, y sus seguidores Luca Giordano, Palomino, Antonio, Juan Arellano y Bartolomé Pérez.

En Sevilla se encuentran dos importantes y contrapuestas personalidades, Bartolomé Esteban Murillo y Valdés Leal, artistas que tendrán importantes seguidores, entre los que destaca Pedro Núñez de Villavicencio. Fuente de estos artículos: Enciclonet

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Este sitio se actualizó por última vez el 16/06/2008