DICCIONARIO DE LA
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y OTROS...
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palabra en el diccionario DRAE
Diccionario - Libro de referencia en el que se
recogen y explican de forma ordenada palabras de una o más lenguas o de
una determinada materia: la mayoría de los diccionarios escolares
desatienden por completo la competencia lingüística del público al que
van dirigidos.
2. Ordenación de términos o palabras en un
determinado aspecto: me he comprado un diccionario de sinónimos y otro
ideológico.
3. Catálogo ordenado de nombres, hechos o
noticias referentes a un campo específico de conocimiento: uno de los
diarios adjuntaba a su suplemento dominical los fascículos de un
diccionario biográfico de los autores musicales más importantes.
En su sentido básico y originario, un
diccionario es una ordenación alfabética de los elementos léxicos de una
lengua acompañados de su definición y otras informaciones adyacentes,
como su pronunciación, su etimología, la categoría gramatical a la que
pertenecen, ejemplos ilustrativos de su uso —que pueden ser citas
literarias acompañadas de su fecha—, las locuciones en las que
intervienen, sus sinónimos y sus antónimos. En el ámbito de la gramática
generativa, se llama diccionario (o lexicón) a la información léxica que
lleva incorporada en su competencia todo hablante de una lengua.
Los diccionarios, al igual que las enciclopedias, son obras de
referencia que se consultan para solucionar dudas y obtener información
acerca de las palabras y los conceptos a ellas asociados. La diferencia
entre ellos resulta fácil de establecer en teoría —el diccionario define
"palabras" y la enciclopedia define las "cosas" a las que esas palabras
se refieren—, aunque a la hora de llevarla a la práctica se producen
interferencias mutuas, puesto que hay obras de referencia que participan
de las características de ambas: son los llamados diccionarios
enciclopédicos, muy habituales en el mundo anglosajón. La función básica
del diccionario es la explicación del significado de las palabras de
forma "sistemática" (en donde este adjetivo se refiere al hecho de que
el significado de un vocablo surge por oposición al de otros con los que
forma una misma clase léxica, algo que no siempre se tiene en
consideración). La enciclopedia, por el contrario, no busca establecer
oposiciones contrastivas entre las palabras, sino que pretende aportar
información adicional y útil acerca de conceptos referidos a las ramas
del saber, independiente de su contenido semántico. Por otro lado, no
todos los términos enciclopédicos poseen su correspondiente definición
de diccionario (piénsese por ejemplo en los nombres propios, los
topónimos, los tecnicismos y las expresiones extranjeras), y lo mismo
ocurre a la inversa (elementos léxicos "vacíos" como las preposiciones o
las conjunciones, que sólo pueden ser ampliados enciclopédicamente como
categoría gramatical global). Actualmente, se han impuesto los
diccionarios en soportes magnéticos y ópticos, al igual que sucede con
las enciclopedias, dado que ofrecen enormes ventajas para el manejo de
los mismos, al tiempo que resuelven problemas de actualización, espacio,
etc.
En latín clásico y en la Alta Edad Media se empleaba el término
glossarium como sinónimo de diccionario, mientras que vocabularium y
dictionarium eran términos equivalentes que se emplearon durante la Baja
Edad Media. Posteriormente, el significado y uso de estos términos
evolucionó. En la actualidad, aunque las palabras vocabulario, glosario
y léxico se emplean en ocasiones de forma indistinta como equivalentes
de diccionario, es posible establecer en rigor las diferencias
semánticas y de aplicación entre ellas. Se llama glosario al vocabulario
de palabras poco conocidas o desusadas, o al de términos de una misma
disciplina; como en un principio dichos vocablos iban acompañados de una
explicación o glosa que facilitaba su comprensión, con el tiempo pasó a
significar la explicación misma. El léxico de una lengua es el conjunto
de palabras que la componen; originariamente, este término se empleó
para referirse a la colección de formas raras o difíciles, aunque en la
actualidad se aplica también al repertorio de voces propias de un autor
(como el léxico de Galdós, el léxico de Góngora, etc.). Se denomina
vocabulario al inventario que contiene pocas palabras, que suelen ir
acompañadas de escasas o nulas explicaciones; la selección y
discriminación de estos términos dependerá, en gran medida, de si se
aplica a una obra general, especializada o referida a un ámbito cultural
determinado.
Según la naturaleza de los términos que se incluyen y su orientación
metodológica, se distinguen varias clases de diccionario, que se
engloban dentro de dos grupos principales: diccionarios diacrónicos y
diccionarios sincrónicos.
1) Diccionario diacrónico. El que se ocupa del desarrollo del
léxico de una determinada lengua a lo largo del tiempo. A su vez, puede
ser de dos tipos: diccionario histórico y diccionario etimológico. El
primero estudia las diferentes fases evolutivas que se producen en el
significado, la forma y el uso de las palabras. La realización de una
obra de este tipo entraña una gran dificultad, ya que requiere un
estudio detallado de la historia de una lengua, por lo que se suele
centrar en una época determinada. En la actualidad, la Real Academia
Española está elaborando un Diccionario Histórico que, gracias al apoyo
de la informática, estará concluido en breve. El diccionario etimológico,
por el contrario, especifica la forma originaria de cada una de sus
entradas léxicas junto con sus modificaciones fonéticas y semánticas a
lo largo del tiempo. Por lo general, aparecen agrupadas las palabras que
derivan de un mismo étimo. La mejor obra de este tipo en español es el
Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (1954), de Joan
Corominas.
2) Diccionario sincrónico.
Recoge el léxico de uso de una determinada lengua correspondiente a un
período concreto de su desarrollo (generalmente el momento actual). Se
distinguen varios tipos:
Diccionario monolingüe. El que recoge palabras de una sola lengua
y explica su significado.
Diccionario plurilingüe (bilingüe,
trilingüe, etc.). El que establece las equivalencias entre palabras
pertenecientes a dos o más lenguas. La principal dificultad a la hora de
componer un diccionario de este tipo es la ausencia de un isomorfismo
total entre lenguas distintas, por lo que para traducir los términos de
una a otra hay que tener en cuenta no sólo la forma y el significado de
las palabras, sino su uso y su contexto lingüístico. Un tipo particular
de diccionario plurilingüe es el llamado diccionario multilingüe, que
suele referirse a una disciplina científica o artística concreta, cuyos
términos no poseen la polisemia que caracteriza a la lengua general.
Diccionario enciclopédico. El que
contiene, además de la definición lingüística de las palabras de un
idioma, artículos relativos a distintos campos de conocimiento. Por su
carácter universal, constituye una de las principales obras de
referencia de las bibliotecas.
Diccionario técnico (o científico).
Compilación alfabetizada de los términos empleados en una determinada
disciplina científica o actividad profesional, tanto los que son
exclusivos de la misma como aquellos otros de la lengua general que
poseen un sentido especial.
Diccionario de abreviaturas. El que
recoge todas las siglas, acrónimos y demás acortamientos formales de los
términos que componen una lengua, así como los de cualquier ciencia o
disciplina de conocimiento.
Diccionario biográfico. Catálogo
ordenado de personalidades pertenecientes a un determinado campo, a un
solo país o a todo el mundo.
Diccionario geográfico y de topónimos.
Posee información general sobre los lugares que describe.
Diccionario ideológico. El que reúne en grupos
conceptualmente homogéneos todas las palabras que guardan relación con
una determinada idea. Una gran obra de este tipo en español es el
Diccionario ideológico de la lengua española (1993), de Julio Casares.
Diccionario de sinónimos y antónimos.
Acompaña cada término de otros con los que comparte una relación
semántica de sinonimia o antonimia.
Diccionario de rimas. Ordenación
alfabética de las palabras teniendo en cuenta su terminación y su
derivación.
Diccionario de autoridades. Contiene
citas de autores, generalmente literarios, que con su autoridad avalan
el sentido y el uso del término que se ilustra.
Diccionario de dudas. Obra de consulta,
de carácter generalmente normativo, que expone las respuestas a las
dudas o problemas que pueda tener el usuario acerca de su lengua. La
principal obra en español de este tipo es el Diccionario de dudas y
dificultades de la lengua española (1986), de Manuel Seco.
En el mundo antiguo no puede hablarse de
estudios lexicográficos propiamente dichos, puesto que la lexicografía
(arte de componer diccionarios) no existía aún como tal. Hubo, eso sí,
algunos intentos por crear catálogos y tratados que condensaran de forma
ordenada el saber de la época. El rey asirio Assurbanipal, que reinó
entre los años 668 y 627 a.C., fundó en Nínive una de las primeras
bibliotecas conocidas, y ordenó a sus escribas que recogieran y copiaran
textos antiguos a lo largo de todo el reino. Este archivo incluye más de
20.000 tablillas en escritura cuneiforme, que recogen la sabiduría
mesopotámica en distintas materias: además de literatura, religión,
matemáticas, botánica, química y otras, contiene una de las primeras
descripciones lexicográficas que se conocen. Se sabe también de la
existencia de repertorios léxicos en otras lenguas antiguas (especialmente
el sánscrito).
Durante la época clásica grecorromana continúa
la producción de tratados y catálogos, aunque no existe aún obra alguna
que recoja todas las palabras del griego, el latín u otra lengua.
Calímaco (siglo III a.C.), erudito griego que trabajó en la biblioteca
de Alejandría, confeccionó una de las primeras obras de referencia que
se conocen: un catálogo literario denominado Pinakes, elaborado a partir
de los fondos de la biblioteca, que contenía toda la literatura griega
de la época. Por su intención histórico-literaria, los distintos géneros
estaban clasificados por separado y las obras aparecían ordenadas
alfabéticamente (acompañadas de una breve noticia acerca de la
personalidad del autor). Fue, sin embargo, el erudito latino Marco
Terencio Varrón (siglo I a.C.) el primer gramático que se dedicó de
pleno a los estudios léxicos; en su tratado De lingua latina estudia la
analogía (moderna morfología), origen y relaciones de las palabras, por
lo que resulta una obra fundamental para la investigación filológica del
latín. El gramático Verrio Flaco, contemporáneo de Augusto, compuso De
verborum significatione, obra que supone un gran avance lexicográfico
puesto que contiene palabras ordenadas alfabéticamente y una gran
información sobre la gramática y el saber de su tiempo. Valerio
Apocration (siglo IV) llevó a cabo una recopilación del vocabulario
empleado por diez grandes oradores griegos (Antifonte, Hipéredes,
Andonidas, Lisias, Isócrates, Iseo, Esquines, Licurgo, Demóstenes y
Dinarco) titulada Harpocration.
A lo largo de la Edad Media se siguieron
elaborando obras de referencia similares, aunque no era posible aún
hablar de diccionarios propiamente dichos. San Isidoro (560-636), cuyas
obras representaron un punto de referencia básico para el saber
medieval, compiló en sus Etymologiæ todo el saber de su tiempo. En otros
textos suyos como Synonima y Differentiæ se muestra igualmente su
interés por los estudios léxicos. En el siglo IX aparecen los grandes
vocabularios árabes, y en el siglo XI el Vocabularium latinum de Papias
y el léxico hebreo de Judas Huig. Sin embargo, la mejor compilación
medieval es el Catholicon, compuesto en 1286 por el dominico italiano
Giovanni Balbi (1220-1298); se trata de una especie de enciclopedia
latina que contiene un tratado de gramática, otro de retórica y un
vocabulario.
Sin embargo, el verdadero germen de la
lexicografía moderna se halla en el tratamiento de ciertos textos
latinos en la Alta Edad Media, algunas de cuyas palabras más difíciles
de entender eran glosadas con equivalentes romances para permitir su
comprensión por parte de monjes con un conocimiento imperfecto del latín.
Estas glosas se escribían en los propios manuscritos, entre las líneas
de los textos litúrgicos o al margen. No obstante, dado que era una
pérdida de tiempo tener que representar el significado de una misma
palabra una y otra vez, surgió la costumbre de crear glosarios de
palabras clave o términos especializados. A medida que estas colecciones
de palabras y nombres latinos aumentaban de tamaño, se hizo necesaria la
ordenación de este material léxico para facilitar su consulta. Desde el
punto de vista histórico, esto dio lugar a dos clases de inventarios
léxicos: el nomenclátor, un catálogo sistemático de palabras agrupadas
en torno a materias de interés (que representa el inicio de los
diccionarios técnicos), y el diccionario propiamente dicho, una lista
alfabética de palabras junto con sus definiciones. En la historia de los
diccionarios, por tanto, las obras plurilingües han precedido a las
monolingües.
Puede decirse que el nacimiento de la
lexicografía como ciencia tuvo lugar en el siglo XV, coincidiendo con el
movimiento humanista y la invención de la imprenta. Hasta esa época no
estuvo acompañada de un aparato científico y docente y una concepción
verdaderamente moderna, ya que los vocabularios, glosarios y repertorios
léxicos compuestos anteriormente se limitaban a ensayos filológicos
incompletos. El religioso italiano Ambrosio Calepino (1435-1511) publicó
en 1502 un diccionario latino-italiano al que posteriormente se le
añadieron las correspondencias de hasta once lenguas. Fue tan popular
esta obra que se llegó incluso a acuñar el término calepino como nombre
genérico de los diccionarios latinos. Robert Étienne (1503-1559), famoso
impresor francés, publicó el Dictionarium sive latinæ linguæ thesaurus
(1531), y su hijo Henri (1531-1598) el Thesaurus græcæ linguæ (1573).
Estas dos obras sirvieron de modelo para otras posteriores, como el
Lexicon totius latinitatis (1771), de Egidio Forcellini (1688-1768), y
los Glossarium mediæ et infimæ latinitatis (1678) y Glossarium mediæ et
infimæ græcitatis (1688), de Charles Du Fresne (1610-1688).
En España, uno de los precursores en el
terreno de la lexicografía fue Alonso Fernández de Palencia (1423-1492),
creador del Universal vocabulario en latín y romance (1490). Antonio de
Nebrija (1444-1522) compuso el primer diccionario castellano-latino,
Dictionarium latinum-hispanum et hispanum-latinum (1495), que constituye
una de las primeras compilaciones bilingües realizadas de forma metódica.
El Diccionario de vocablos castellanos (1587), de Alonso Sánchez de la
Ballesta, contiene refranes castellanos con su equivalencia latina. El
auge de las lenguas vernáculas que acompañó a la creación de los estados
modernos dio lugar a repertorios plurilingües como el Tesoro de las dos
lenguas, francesa y española (1607), del francés Cesar Oudin —formado
eminentemente con textos literarios—, y el Diccionario castellano.
Dictionnaire français. Diccionari català (1641), de Antonio Lacavallería
—que aporta como novedad la descripción de estas tres lenguas romances
en sí mismas, no como modelo preceptivo para el estudio del latín. Sin
embargo, la obra más importante de la lexicografía española de esta
época es el Tesoro de la lengua castellana o española (1611), de
Sebastián de Covarrubias (1539-1613), que recogía tanto los términos
clásicos como las palabras actuales. Ya en el siglo XVIII, la Real
Academia Española publicó su Diccionario de Autoridades (5 vols.,
1726-1739), que a partir de entonces se constituiría en la principal
obra de referencia lexicográfica en España. Su nombre se debe a que cada
término justificaba su inclusión con referencias y ejemplos de uso de
las principales autoridades literarias españolas. Incluía todas las
palabras de uso común así como algunos términos científicos, y
prescindía de las etimologías que se consideraban inciertas. La Academia
llevó a cabo mediante esta obra un gran esfuerzo para fijar el idioma
común, depurándola especialmente de los galicismos que se habían
introducido durante la época de Felipe V. En 1780 publicó el Diccionario
de la Academia —basado fundamentalmente en el Diccionario de autoridades—,
que en sus sucesivas ediciones fue experimentando cambios metodológicos
e incluyendo las reformas ortográficas aprobadas en cada momento.
Italia fue uno de los países precursores en los estudios lexicográficos
modernos. El Vocabulario degli Accademici della Crusca (1612), publicado
por la Academia de la Lengua Italiana, es el diccionario más antiguo de
Italia, y sirvió como modelo para los grandes vocabularios europeos de
los siglos XVII y XVIII. Se trata de una obra normativa, basada en la
lengua literaria empleada por los principales escritores italianos del
siglo XIV (Dante, Petrarca, Boccaccio, etc.), que durante mucho tiempo
fue tenida como código de la lengua.
En Francia, la Academia Francesa fue el principal órgano que impulsó la
publicación del Dictionnaire de la langue française (1694), cuyo
objetivo fundamental fue la codificación de la lengua contemporánea,
para lo cual se excluyeron los arcaísmos, los vulgarismos y los
neologismos del francés.
En Inglaterra, el primer diccionario monolingüe fue A Table
Alphabeticall (1604), de Robert Cawdrey, que contenía cerca de tres mil
palabras de un marcado carácter culto. En 1616 aparece An English
Expositor, de John Bullokar, obra en la que aparecen numerosos arcaísmos
señalados mediante un asterisco para indicar que no pertenecían al
inglés hablado. Siguiendo esta misma tradición cultista, se publican
posteriormente The English Dictionarie: or, an Interpreter of Hard
English Words (1623), de Henry Cockeram, y Glossographia (1656), de
Thomas Blount. Todos los esfuerzos puristas de la segunda mitad del
siglo XVII por fijar las reglas de un inglés culto dieron como resultado
diferentes obras lexicográficas de carácter normativo. La principal fue
el Dictionary of the English Language (1755), de Samuel Johnson, basado
en el habla de las clases altas. Se trata del primer intento puramente
lexicográfico de registrar la lengua inglesa sobre la base de un corpus
lingüístico: el Dr. Johnson ofrece razones para excluir ciertas palabras
(altamente especializadas o polisílabas) y, fundamentalmente, decide
excluir de su obra los nombres propios, iniciando de esta forma lo que
durante siglos iba a ser una de las principales diferencias entre la
lexicografía británica y la americana. Al igual que otros grandes
diccionarios europeos, el del Dr. Johnson se basa en las citas de los
escritores clásicos; de esta forma, se convirtió en el primer
lexicógrafo inglés en deducir el significado de las palabras a partir de
un muestreo sistemático de su uso real. A partir de ese momento, los
diccionarios ingleses asumen una función normativa. En el continente
americano, el lexicógrafo Noah Webster publicó An American Dictionary of
the English Language (1828), basado en el principio de que el uso de las
palabras debería derivar de la lengua hablada; la obra, duramente
criticada en su momento por sus americanismos y por sus preferencias
ortográficas poco convencionales, representa la base del inglés
americano moderno.
Tras la fundación, a principios del siglo XIX, de la filología románica,
cambió radicalmente el enfoque en el estudio de las lenguas y la
metodología en la redacción de diccionarios. Friedrich Diez adaptó al
estudio de los idiomas románicos el método histórico-comparativo que
Franz Bopp y Jakob Grimm habían aplicado a las lenguas germánicas, y
como resultado de ello publicó en 1853 su Etymologisches Wörterbuch der
romanischen Sprachen, una de las primeras comparaciones sistemáticas de
las lenguas románicas. Dentro de esta línea historicista se enmarcan
igualmente el Deutsches Wörterbuch (1852-61), el Dizionario della lingua
italiana (1858-79) y el Oxford English Dictionary (1895), uno de los
mejores diccionarios que existen de una lengua occidental, con cerca de
2.400.000 citas de escritores en lengua inglesa de todos los tiempos. El
Dictionnaire de la langue française (1863-73), de Émile Littré, está
considerado como uno de los primeros diccionarios científicos.
El estudio comparativo de las lenguas románicas hizo que cobraran gran
importancia los diccionarios etimológicos. Los precursores en este
terreno fueron los filólogos Wilhelm Meyer-Lübke —autor del Romanisches
Etymologisches Wörterbuch (1911-20)— y Wilhelm von Wartburg —con su
monumental Französisches Etymologisches Wörterbuch (1922). En España, el
Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana (1954), de Joan
Corominas, es la obra fundamental en este terreno. Merece igualmente
mención especial el Diccionari Català-valencià-balear (1926-62), de
Alcover y Moll, repertorio exhaustivo de todo el léxico catalán con
especial mención a las formas dialectales, con sus correspondencias
fonéticas.
La lexicografía es la disciplina lingüística que estudia la elaboración
de diccionarios, a partir de los supuestos teóricos que derivan de la
lexicología. La labor del lexicógrafo consiste precisamente en aplicar
criterios sistemáticos que permitan la elaboración rigurosa de un
diccionario, puesto que de otro modo éste se convertiría en un mero
inventario de palabras: debe reflejar el caudal léxico de una lengua,
pero también tiene que codificarlo mediante reglas. Según Hartmann,
existen cinco postulados generales en la lexicografía:
1) La lexicografía se centra en la descripción y explicación del
vocabulario de una lengua o variedad lingüística; los diccionarios
bilingües son subproductos de los monolingües, que constituyen el
objetivo fundamental del lexicógrafo.
2) La unidad básica de la lexicografía es el lexema (o lemma), una
familia de unidades léxicas o una combinación homogénea de formas
léxicas y sentidos distintos. En general, dos o más unidades léxicas
formarán parte del mismo lexema si existe una regla léxica que permita
deducir el sentido de una a partir del de la otra (por ejemplo, infeliz,
felicidad y felizmente son unidades léxicas relacionadas por derivación
con el lexema {feliz}).
3) Los diccionarios pueden describir el vocabulario completo de una
lengua o concentrarse en uno o más aspectos del mismo (ésta es la
diferencia entre los diccionarios generales y los enciclopédicos).
4) La lexicografía ha de emplear un metalenguaje válido para el manejo y
la presentación de la información contenida en él.
5) En última instancia, son las necesidades léxicas de los hablantes las
que motivan y juzgan la validez de un diccionario.
En primer lugar, en un diccionario se distinguen la macroestructura (o
disposición relativa de las unidades léxicas, según un orden alfabético)
y la microestructura (o estructura interna de las mismas). La
microestructura posee dos niveles fundamentales:
1) Entrada léxica. Incluye el encabezamiento de la unidad léxica e
información acerca de su morfología, su pronunciación, su etimología y
su categoría gramatical; si varias de estas categorías aparecen en la
misma entrada deben ser claramente diferenciadas.
2) Definición. Consta de una o varias acepciones señaladas mediante
números arábigos en negrita; cada acepción está formada por una
definición apropiada del sentido de la palabra o una paráfrasis (o
ambas), y también puede añadirse un ejemplo ilustrativo de su uso.
Resulta igualmente habitual el empleo de etiquetas que faciliten
información enciclopédica, como su localización geográfica, registro de
habla, nivel de lengua, notas de uso, etc.
Los modismos y frases hechas en los que pueda intervenir una entrada
léxica se incluyen a continuación, puesto que son extensiones
sintácticas de su significado. Por último, resulta práctica habitual en
lexicografía adjuntar los sinónimos y antónimos de las palabras que se
definen.
El fenómeno semántico más común en los
diccionarios es la polisemia o relación de una única unidad léxica con
diferentes sentidos. No obstante, la estructura semántica de una palabra
polisémica no debe ser considerada como una cadena desordenada de
sentidos: se trata más bien de una serie de núcleos semánticos alrededor
de los cuales giran los significados secundarios como satélites. Estos
últimos aparecen introducidos por etiquetas del tipo [Por extensión], [Por
especialización], [Por metonimia], [Uso figurado], etc. La principal
dificultad de este sistema consiste en saber cuándo un sentido puede ser
considerado una extensión semántica de otro o cuándo posee un carácter
independiente.
Otro problema con el que se enfrenta el
lexicógrafo es el llamado conocimiento enciclopédico. Lo ideal sería que
un diccionario proporcionara, además de la información puramente
lingüística, datos prácticos acerca de su empleo en situaciones
concretas para ayudar a aclarar su significado. El conocimiento
enciclopédico es una consecuencia a la vez inevitable y necesaria de lo
anterior. No obstante, el lexicógrafo ha de intentar ser lo más preciso
posible, y proporcionar definiciones de carácter analítico que sirvan
para organizar sistemáticamente el corpus del diccionario. Esto implica
que cada término conceptual (técnicamente llamado definiendum) ha de
poseer una o varias definiciones (definiens) formadas por un concepto
básico cercano al definiendum (genus proximum) y al menos un rasgo
distintivo característico de él (differentia specifica). La metodología
que el lexicógrafo emplea a la hora de llevar a cabo el análisis
semántico de las palabras es de carácter contrastivo: para poder aislar
las unidades léxicas es necesario compararlas y agruparlas en clases que
posean rasgos semánticos en común.
Sinónimos: Vocabulario, léxico, lexicón,
glosario, tesoro, tesauro, nomenclátor, nomenclatura, enciclopedia.
Fuente de estos artículos:diccionariosdigitales.net
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LIBROS GRATIS - Algunos Autores ya disponibles
aquí... |
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Adam,
Auguste |
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Escritor francés
que figura entre los predecesores del
simbolismo |
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Adams,
Caridad Bravo |
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Escritora y actriz. Su
obra incluyó poesía, novela, periodismo y cine |
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Adams, Douglas |
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Es un autor inglés que ha
escrito, entre otras cosas... |
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Aguilar, Hector |
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Es un empresario,
novelista e historiador
mexicano |
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Bach,
Richard |
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Es un escritor
estadounidense |
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Bailey,
Alice |
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Fue una
escritora inglesa nació en Manchester |
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Bakunin, Mijail |
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Fue
un conocido anarquista
ruso contemporáneo |
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Ballard,
J. G. |
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Es un escritor británico
de ciencia ficción |
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Baroja, Pio |
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Fue un escrito español de la
generación de 98 |
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Caballero Fernán |
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Era
el apodo
usado por la escritora
española Cecilia B.de F.
y Larrea |
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Cabrera
Infante, Guillermo |
|
Escritor y guionista cubano |
|
Para bajarse los
demás autores dale aquí |
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PERIÓDICOS - REVISTAS - TVS OLINE |
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La Telemadrid |
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programación |
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La CNN en
español |
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programación |
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La TVE |
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- Programación |
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Telecorazon |
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- programación
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La Televisión de
Valencia |
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Programación |
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La Televisión del
País Vasco |
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La Televisión de
Segovia |
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Programación |
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La televisión de
Castellón |
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Programación |
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La Televisión La
Otra - Madrid |
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Programación |
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La Televisión de
Galicia |
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Programación |
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La Televisión de
Ferrol |
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Programación |
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RTVV en Directo
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Programación |
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ETB Sat en
Directo - Canal Vasco
en directo |
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Programación |
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