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HISTORIA DE LA T ELEVISIÓN EN ESPAÑA - TVE - TELE MADRID
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2.
Introducción - LA TELEVISIÓN EN LA
ÚLTIMA DÉCADA...
Barcelona
y Madrid fueron, en 1948, las primeras
ciudades en acceder a la experiencia televisiva, y en 1956
se establece un servicio regular de emisiones. A pesar de
todo, no será hasta la segunda mitad de la década de los
sesenta cuando la TV consolide su posición preeminente
entre las opciones de ocio del ciudadano español.
En esta misma época se inicia lo
que se conocerá como la “Edad de oro” de TVE, que
contará ya con dos canales y un modelo de financiación
basado en los ingresos por publicidad. Es la época de
programas como Gran Parada y series como El
Fugitivo o
Los Vengadores.
La televisión nos acompañó durante
el periodo de transición a la democracia
y amuebló nuestro imaginario con los nuevos valores de la
libertad recién estrenada a través de series como a o Los
gozos y las sombras.
Los
años ochenta
traen una profunda transformación desde el punto de vista
organizativo a la televisión, van apareciendo los canales
autonómicos, un proceso de expansión que se consolidará en
la última década del siglo XX con la aparición de los
canales privados de televisión.
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2.1
La prehistoria de la televisión en España
La prehistoria de la televisión en
España está, como en tantos otros países, firmemente
imbricada en la historia de la radio. En los años treinta,
como corresponde al reducido nivel industrial de nuestro
país, no existen pruebas experimentales de televisión, pero
como corresponde a la efervescencia cultural de la
II República se producen vivos debates sobre las
características del nuevo medio. Las revistas radiofónicas
tales como Radio Sport, Radiosola, TSH, e incluso
la prensa como en los diarios La Libertad, El Imparcial,
La Vanguardia, El Liberal, se hacen eco de muchas de
las noticias que la todavía no nacida Televisión está
generando a lo ancho de todo el mundo; y ello hasta tal
punto, que un repaso de los debates de aquellos años revela
una intensidad de la discusión que no volverá a verse hasta
los años sesenta. Asimismo, es frecuente la publicación de
libros sobre temas técnicos del mundo de la televisión.
La aparición en Madrid, en marzo de 1933, de la
revista Radio Televisión es el ejemplo más
modélico del atractivo que suscitaba la televisión en los
lejanos tiempos de la II República. La publicación como tal
tuvo una vida efímera pero no dejará de sorprender que en
España circulara una revista dedicada a la televisión cuando
no existían emisiones regulares en ningún lugar del mundo.
En el número 1 de ese año de 1933 en el editorial de
presentación se leía: “La televisión vendrá a
sumarse al número de inventos que hacen la vida más
complicada si se quiere, pero más interesante también”.
Visionarios excepcionales sus promotores si recordamos que
TVE tardaría prácticamente veinticinco años en comenzar sus
programaciones.
La primera exhibición de televisión en suelo español (es
decir transmisión a distancia de imágenes y sonidos) se
produjo por los técnicos alemanes durante el desarrollo de
la Guerra Civil (noviembre de 1938). Los nazis presentaron a
Francisco Franco y uno de sus ayudantes la
Fonovisión, un sistema de ‘videoteléfono’
que diríamos hoy; se ignora la calidad de la prueba a pesar
de que existen fotografías que dan fe de su realización.
Hubo que esperar diez años para que en 1948,
en Barcelona y en Madrid,
se produzcan las primeras demostraciones de lo que hoy en
día entendemos por televisión. En ese año únicamente existen
emisiones regulares en Gran Bretaña y en Estados Unidos y a
pesar de que se apunta el doble modelo televisivo: público
para Europa y privado para América, todavía no están fijadas
definitivamente sus características. De hecho las
exhibiciones que se hicieron en España fueron realizadas por
empresas privadas como la holandesa Philips y la
norteamericana RCA en ambos casos con el objetivo de
convencer a las autoridades de la bondad de sus ofertas.
Philips organizó en junio de 1948
durante quince días y en el marco de la Feria de Muestras de
Barcelona unas pruebas televisivas que
alcanzaron un enorme éxito de público, hasta el punto que
los primeros espectadores aguardaban pacientes colas durante
horas para poder ver la maravilla de la televisión. Las
pruebas consistieron en la emisión en directo desde un
estudio de unos programas de actuaciones musicales y
humorísticas diversas.
Por su parte la RCA intentó en
Madrid en agosto de 1948 la
retrasmisión de una corrida de toros recibida por los
televidentes, en el Círculo de Bellas Artes.
El fiasco fue total. Se vio y se oyó poco y mal. Los
espectadores crispados exigieron y consiguieron que les
devolvieran el precio de las entradas que habían pagado. Un
comentarista escribió: “Dentro de unos años esto de la
televisión será una gran cosa. Hoy es un juguetito”.
A partir de una fecha indeterminada entre 1951 y 1952, lo
que años más tarde se denominará TVE comenzará sus emisiones
en prueba. Las emisiones regulares se
iniciarán en 1956: la prehistoria de la
televisión en España había finalizado.
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2.2 El nacimiento y la llegada de la televisión
El 28 de octubre de 1956
comenzaron oficialmente las emisiones regulares en España.
Los programas inaugurales se iniciaron a las 20:30 y el
contenido consistió en la retrasmisión de una misa, unos
discursos oficiales, la exhibición de dos entregas del
NO-DO, unos reportajes filmados y las actuaciones de unas
orquestas y de los ‘Coros y Danzas falangistas’. Las
emisiones se hacía desde una ‘chaletito’ del Paseo
de la Habana madrileño que disponía de un minúsculo
plató de unos cien metros cuadrados. Durante casi tres años
TVE fue una televisión local con ámbito de cobertura
limitado exclusivamente a la ciudad de Madrid.
Dos años y medio más tarde, en febrero de 1959, coincidiendo
con un partido de fútbol Real Madrid - F.C.
Barcelona se estrena el servicio en las ciudades de
Barcelona y Zaragoza. A pesar de que parece una exageración,
la prensa de la época subrayó que se acabaron todos
los televisores que estaban a la venta en la Ciudad
Condal.
La expectación, ya al margen del fútbol, de ‘la noche del
estreno’ se repitió en todos los sitios. Un único ejemplo
aparecido en la prensa canaria con motivo de la llegada de
la televisión a las Islas Afortunadas: a grandes columnas
podía leerse en primera página: “Canarias ante una
jornada trascendental. Va a ser inaugurada oficialmente la
TV en el Archipiélago”. En todos los lugares y
tiempos la llegada de la televisión, el primer día de
programas, levantó una riada de comentarios y un éxito sin
precedentes; entre muchos ejemplos puede citarse la
narración que el que escritor leonés Julio
Llamazares hace en uno de sus libros (Escenas
del cine mudo) sobre la catarsis que supuso a
los habitantes de su pueblo la visión de los primeros
programas de televisión en 1963.
Los argumentos explicativos del éxito de la televisión son
diversos pero al margen de los deseos de la industria
electrónica o del poder político quizá se encuentren el que
la pequeña pantalla parece satisfacer una demanda mayúscula
de ocio cuasi gratuito y doméstico no satisfecha
completamente por otras formas de entretenimiento social.
Sea como fuere, se tardó años en que la gran mayoría de los
españoles tuviera acceso a los programas. La televisión
llegó a ‘las dos castillas’ aprovechando el repetidor
colocado en la Bola del Mundo en la sierra
de Guadarrama, en octubre de 1959, a Valencia en febrero de
1960, a Bilbao en diciembre de 1960 (desde agosto los
bilbaínos recibían programas... con un día de retraso), a
Galicia y Sevilla en octubre de 1961 y, dando por cerrada la
red, a Canarias en febrero de 1964 (también en este caso se
emitían los programas un día más tarde que en la península).
Muchos comentaristas de prensa, por lo menos hasta 1960,
dudaban de que la televisión se consolidara en nuestro país.
Las gotas de escepticismo llegaban hasta voces autorizadas:
Enrique de las Casas, jefe de programas de
TVE y más tarde director de la primera cadena, escribió en
1959 que “no olvidemos que por una serie de razones
etnológicas y definitorias, el pueblo español no parece ser
un consumidor nato de TV. Ni el clima, ni el estilo de vida,
ni las cualidades imaginativas de la gran masa española
parecen hacer de ella un buen cliente para la TV”.
Por fortuna, el excelente profesional se equivocó en sus
predicciones.
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2.3 La expansión de los años sesenta
Hasta 1959 en España no se produjeron
televisores: eran un producto de gran lujo que había que
importar desde el extranjero, y accesible por ello
únicamente a una reducidísima minoría de la población. Se
calcula que a comienzos de la década de los años sesenta, en
todo el país sólo unas cincuenta mil
familias, básicamente de Madrid y Barcelona, poseen el
preciado electrodoméstico.
A partir de primeros de los años
sesenta, los poderes públicos se plantean políticas para
incentivar el consumo y potenciar la penetración del medio
en la sociedad. El Estado incitó con diversas medidas al
consumo; por ejemplo, en 1961 anuló el impuesto de lujo a
los aparatos, en 1962 se permitió la venta a plazos
de los televisores (hasta ese momento existía un
aceptable mercado de alquiler de aparatos);
y durante toda la década de los sesenta los anuncios
publicitarios de los receptores contaban con tarifas
inferiores a la de los otros productos.
Al final de la década, y a pesar de que las
cifras no parecen elevadas para los parámetros estadísticos
actuales, se considera que la televisión tiene una amplia
cobertura en España. No existen cifras absolutamente fiables
pero se considera que en ese tiempo hay unos tres
millones y medio de aparatos que equivalen al 40%
de los hogares del país; se dan grandes desniveles de
penetración según las zonas geográficas que van desde el
75-80 por ciento de las territorios más urbanos como Madrid,
Barcelona o el País Vasco y porcentajes que apenas llegan al
25% de la España rural.
El parque de televisores sólo es uno de los
factores que miden la implantación social de la televisión.
En la década de los sesenta, para conocer la expansión del
medio debe combinarse, Indudablemente, el número de aparatos
con la cantidad de televidentes que cada televisor acoge.
Nadie puede negar razonablemente que en esos años el consumo
de televisión no es sólo familiar sino, relativamente,
público si consideramos la práctica extendida en las
ciudades de los primeros años sesenta, de ver programas en
la casa de familiares y amigos o, ya en la segunda mitad de
la década, el habitual consumo en bares o en la red de
teleclubs en las zonas rurales.
La primera de las situaciones mencionadas fue inmortalizada
en una secuencia genial de la película Atraco a las
tres (José María Forque, 1962) en la que Gracita
Morales cobra cinco pesetas a sus vecinos por entrar en su
casa y ver los programas televisivos nocturnos. Por su
parte, los teleclubs constituyeron uno de los asuntos más
recurrentes de la política cultural sobre la televisión. Los
teleclubs, que con frecuencia estaban
gestionados por los párrocos, formaron una red de varios
miles, pero su éxito fue muy limitado y su actividad muy
irregular; de hecho, su misma continuidad quedaba en
entredicho según crecía el parque de televisores.
Los españoles también fueron cambiando sus ideas sobre la
televisión. A la altura de 1966 el aparato televisivo ocupa
en las encuestas oficiales un discreto séptimo lugar en los
deseos de posesión de bienes de consumo en las ciudades y
nada menos que un duodécimo en las localidades rurales. Para
aquellos españoles de los sesenta la televisión se considera
menos necesaria que la radio, el agua caliente, la nevera
eléctrica, la máquina de coser o la lavadora, aunque más
necesaria que la moto, el coche o el teléfono –en los
pueblos- (véase, palacio, 2001). Las cosas, ya se sabe, han
cambiado mucho; en la actualidad únicamente el número de
frigoríficos supera al de televisores y la penetración del
medio abarca porcentajes superiores al 99% de los hogares.
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2.4 La Edad de Oro de TVE
En la segunda mitad de la década de los
años sesenta, cuando los españoles han legitimado a la
televisión como su principal forma de ocio, TVE vive su
particular edad de oro. Sin problemas
financieros significativos, la televisión española se ha
convertido, en poco más de una década, en una máquina de
hacer dinero, con capacidad de producción para elaborar
programas competitivos en el contexto de los festivales
europeos. Probablemente, el salto adelante se basó en que en
España, a diferencia del resto de las emisoras europeas en
donde la publicidad televisiva estaba prohibida o muy
limitada. Los ingresos se consiguen a
partir de lo que se recauda por los anuncios emitidos, por
lo que si necesitan mayores presupuestos, basta con aumentar
el tiempo de publicidad o subir las
tarifas de los anuncios.
Puede decirse que la edad de oro se inicia con la
inauguración de los estudios de Prado del Rey
en 1964, que acaban con la precariedad
técnica de los orígenes, y continúa con la puesta en marcha
de la oferta complementaria de TVE 2 (conocida popularmente
durante lustros como “el UHF”). De una
forma convencional se acepta que con la crisis económica de
primeros de los setenta y el fallecimiento de Francisco
Franco finalizan los buenos tiempos de la televisión.
Al contar con dos cadenas, los responsables televisivos
pudieron dividir la oferta de programas
para satisfacer las demandas de la audiencia: la segunda,
como veremos en el epígrafe 5, se concibe como una cadena
pensada para las audiencias culturalmente más exigentes; por
su parte, la primera será la cadena de los programas más
populares.
Un repaso a los macrogéneros programativos imperantes, y con
mayor éxito de audiencia en aquellos años, indicaría que los
gustos televisivos no son muy distintos de los del presente,
aunque, por supuesto, la estructura formal de los programas
ha variado desde la época de la edad de oro. Existen, en las
parrillas programativas, por supuesto, producciones
extranjeras largometrajes y series. Algunas de ellas
consiguieron enorme popularidad entre los españoles como el
contenedor cinematográfico de Sesión de Noche o las series,
muchas de ellas convertidas en película décadas después,
como Bonanza, Los Intocables, Dr. Kildare,
Mannix, El Santo, Los vengadores, Misión
Imposible, Belphegor –El fantasma del Louvre-, Los
Picapiedras, El fugitivo, etc.
Sin embargo, lo más significativo siempre es la producción
propia española.
En primer lugar, los programas de variedades como
Gran Parada (el primer gran éxito de la televisión
en España), Amigos de los lunes, Salto a la fama
(pensado para encontrar nuevas figuras de la canción) o
Galas del sábado, entre otros. Los programas de variedades,
en su mezcla de actuaciones musicales y pequeños números de
humor, usualmente se programaban en la noche de los viernes
o en la de los sábados. Ayer como hoy tendencialmente eran
presentados por una pareja de hombre y mujer.
En un segundo bloque encontraríamos los concursos de
preguntas y respuestas como Cesta y puntos, Un millón para
el mejor o en los primeros años setenta el célebre
Un, dos, tres... responda otra vez; pero también
los programas divulgativos como los de Félix Rodríguez de la
Fuente o los infantiles.
Y sobre todo la ficción propia como Novela
de treinta minutos de duración por capítulo a lo largo de
una o más semanas programadas después del telediario del
mediodía o antes del de la noche y Estudio 1,
representación televisiva de una obra de teatro y verdadero
buque insignia durante más de una década de los dramáticos
grabados en vídeo. En este campo de la ficción, y si
exceptuamos el primer premio del Festival de la
Canción de Eurovisión que consiguió Massiel en
1968, TVE consiguió algunos de los más
prestigiosos premios internaciones con obras como El asfalto
(1966) o Historias de la frivolidad (1967), ambas de Chicho
Ibáñez Serrador o El irreal Madrid (Valerio Lazarov, 1969).
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2.5. La Segunda cadena; una emisora para la
inmensa minoría
En los primeros meses de 1965
comenzaron las emisiones en pruebas de la segunda
cadena y el 15 de noviembre de 1966 las emisiones
regulares. Ciertamente, no parece que la creación de este
segundo programa televisivo estuviese en un lugar
preeminente de la agenda del régimen franquista, obviamente
más preocupado por que la oferta televisiva dirigida a las
grandes audiencias de la primera cadena cubriese sus
expectativas ideológicas. Quizá por ello, la segunda cadena
nació con unos medios ridículos: un par de despachos en
Prado del Rey, una unidad móvil construida por módulos, un
estudio de cincuenta metros cuadrados con una mesa, una
silla y poco más. De hecho, hasta el Mundial de fútbol de
1982, el UHF no tendrá una cobertura verdaderamente estatal.
El elemento clave de los buenos resultados de la TVE
2 consistió en que durante años fue completamente
autónoma de la política programativa y de
producción que emanaba de TVE 1. Por ejemplo, el cuadro de
realizadores y técnicos no era intercambiable: se era y se
trabaja para la primera o para la segunda. En suma, que
aprovechándose de su carácter extraordinariamente
minoritario, los hombres y mujeres del UHF supieron hacer
una verdadera edad de oro de la creación televisiva en
España y luego, en el periodo 1982-1986, aproximadamente,
una edad de plata.
A la altura de mediados de 1967, la parrilla del UHF tenía
una primera consolidación: cuenta con tres horas diarias de
programación y cinco el fin de semana. Un horario que no se
aumentará significativamente en veinte años. Desde la oferta
programática se articula una primera estrategia basada en la
emisión de espacios que tengan un importante legitimación
social como música clásica (Dirige Von
Karajan, Música en la intimidad), pero sobre todo una
política muy consistente de exhibición
cinematográfica (Cine Club, Filmoteca TV, Sombras
recobradas –dedicado a emitir clásicos del cine mudo-).
En este último aspecto, piénsese que por vez primera el
espectador hogareño tenía acceso a grandes films de
la historia del cine, muchos de los cuales ni
siquiera habían sido exhibidos en las salas. Los cinéfilos
todavía recuerdan ciclos míticos como el neorrealismo
italiano, expresionismo alemán, o cine japonés, entre otros.
La producción propia de los realizadores de la 2, muchos de
ellos cineastas reconocidos en la actualidad como Emilio
Martínez Lázaro, Pilar Miró, Josefina Molina, Claudio
Guerín, Mario Camus, Pedro Olea, Iván Zulueta o José Luis
Borau, revolucionaron los dramáticos poniendo en antena
adaptaciones de autores vanguardistas como Ionesco, Beckett
o Kafka. Asimismo, dirigieron ficciones en soporte
cinematográfico formalmente muy arriesgadas (series como
Cuentos y leyendas, Los libros o Los Pintores del Prado)
No menos destacadas fueron las series documentales y
pedagógicas que se hicieron como Fiesta o Rito y
geografía del cante, los programas de base musical
como Ultimo grito o Popgrama, ya en el periodo histórico de
la Transición democrática. No olvidamos los espacios de
arte y literatura, o ya en los años
ochenta, tiempo que hemos denominado como edad de plata de
la segunda cadena, La bola de cristal, La
edad de oro y Metrópolis.
Todos ellos consiguieron un prestigio, entre social y
cultural, que llega hasta hoy en día y que los comentaristas
recuerdan como un verdadero ‘paraíso perdido’
de la estética televisiva.
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2.6 La televisión durante la Transición democrática
A pesar de que existe una coincidencia
generalizada sobre la importancia histórica que posee el
periodo conocido como la Transición de la
dictadura a la democracia (1976-1982), lo
cierto es que no se ha subrayado suficientemente el decisivo
papel que jugo el medio televisivo en el
conjunto del proceso político. Y eso que, excusado es
decirlo, la televisión era ya en ese tiempo la principal
manera de entretenimiento en nuestro país y en muchas
ocasiones la principal (o única) forma de información y
conocimiento de millones de españoles.
Vista desde la contemporaneidad la Transición en TVE
consistió en varias operaciones.
En primer lugar, se trató de erosionar los valores
sociales que la dictadura había permeabilizado en la
sociedad española. No debe olvidarse que hasta el año 1977 o
1978 las encuestas indican que los valores de paz, orden y
estabilidad prevalecen frente a los de libertad y
democracia. Ciertamente, los responsables de TVE se
esforzaron, y mucho, en contrarrestar para los ojos y oídos
de la “España profunda” los riesgos de la parálisis o de la
involución política. Un ejemplo entre muchos: durante los
trágicos días de enero de 1977, con atentados terroristas de
extrema derecha y extrema izquierda, el rostro compungido de
los presentadores de los Telediarios comunicaba a los
españoles, más quizá que los discursos oficiales, lo
inadecuado de la violencia como arma política.
En segundo lugar, se necesitó legitimar
simbólicamente desde las antenas televisivas el incipiente
régimen de libertades; para ello se creó un estatuto
nuevo para la clase política y para sus actividades
públicas al margen del rancio oficialismo del franquismo.
Excepcionalmente ilustrativa resulta, en este sentido, la
asociación que TVE hizo entre elecciones y la alegría de un
hecho extraordinario. La frase de ‘fiesta de la
democracia’, que aun hoy se escucha, y que no tiene
equivalente en otros países europeos, adquiere su sentido al
comprobar las tácticas programativas
televisivas para las noches electorales. Por ejemplo, el 15
de junio de 1977, día de las primeras votaciones
democráticas, para amenizar la espera de los resultados, en
TVE programan un espacio que con el título de Esta noche
fiesta reunió, cual especial de nochevieja, a cantantes de
la época como Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Manolo
Escobar, Georgie Dann o Karina.
En tercer lugar, en la Transición se trató de
elaborar, a partir de la producción de series, una política
pedagógica de los nuevos valores democráticos. Si
desplegamos el póquer de las cinco series de mayor
repercusión social del periodo, aparecen Curro
Jiménez, Cañas y barro, Fortunata y Jacinta, Los gozos y las
sombras y Verano azul. Y como el investigador Juan
Carlos Ibáñez ha indicado, en todos los casos, sean
adaptaciones de novelas o guiones originales, y
especialmente en aquellas que más han perdurado a lo largo
de las décadas como Curro Jiménez o Verano azul, se trata en
sus argumentos de presentar personajes y actitudes que
tienen relación con una sociedad en plena transformación,
que aprende de sus errores y que busca un nuevo escenario de
convivencia.
Desde otra perspectiva, también puede utilizarse TVE como
una herramienta histórica que permite evaluar el peso de los
mismos cambios sociales. Puede observarse en ese sentido la
simple mutación de los gustos de los espectadores. En el
arco temporal que va desde 1976 a 1982, en la lista de los
programas más valorados los españoles pasaron de disfrutar
con Heidi (puesto primero de la lista; no es broma), La casa
de la Pradera (cuarto puesto) o El circo de TVE (octavo
puesto) a hacerlo con Más vale prevenir (primero), Los gozos
y las sombras (cuarto), Verano azul (séptimo), Informe
semanal (décimo). Es decir, que en siete años puede
comprobarse la desaparición de programas familiares, y en
muchos casos ñoños, sustituidos por otros que reflejan
gustos más cercanos a la sensibilidad contemporánea.
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2.7 La Televisión en España en los años ochenta
La década de los ochenta está
determinada por la promulgación del Estatuto de la
Radio y la Televisión. El Estatuto, aunque en vías
de modificación, sigue vigente en la actualidad, y es la
primera reglamentación con rango de Ley de la historia de la
televisión en España. El Estatuto nació con el objetivo de
establecer una normativa jurídica
democrática que ordenase el conjunto del sistema televisivo
español. Es decir que sus disposiciones se refieren por
igual a TVE que a las emisoras de titularidad privada. La
gestación del Estatuto a lo largo de 1979 fue el
resultado del consenso entre el partido del
gobierno (en ese momento UCD) y el principal partido de la
oposición (PSOE). Entre ambos coincidieron en considerar que
“la televisión en España es un servicio público
esencial cuya titularidad corresponde al Estado”.
Sea como fuere, el Estatuto, al igual que luego harán las
normativas de las distintas televisiones autonómicas,
establece un control del quehacer televisivo por el gobierno
de turno que parece incompatible con las reglas de un
régimen democrático. Lo más llamativo del Estatuto es que el
gobierno elige a su albur, y sin ninguna cortapisa de
importancia, a un Director General con poderes casi
omnímodos. Hace más de una década que todo partido
en la oposición reivindica la imitación del
que existe en todos los países europeos: la creación
de un ‘Consejo Superior’, un órgano
independiente de los poderes públicos que organice
el sector televisivo tanto en lo referente a las emisoras
públicas como en las privadas, pero todavía nadie lo ha
creado.
Desde la perspectiva de la oferta, toda la valoración sobre
la producción de los años ochenta debería señalar tanto los
deseos institucionales de trasladar a la pequeña pantalla el
nuevo imaginario de la España democrática, cuanto el impulso
de una política de decidido apoyo a la producción de series
con vocación de calidad internacional. Por ejemplo, como
cuando en 1982 se modificaron todos los
presentadores de Telediarios y de otros programas
para trasladar con esos cambios la visibilidad de las
propuestas de cambio a la audiencia. Allí estaban algunos de
los que siguen hoy día como Paco Lobatón, Mercedes Milá,
Ángeles Caso, Pepe Navarro, Manuel Campo Vidal, Rosa María
Mateo o Concha García Campoy.
En el listado de las series de la década encontramos rarezas
como series de historia social, que no
habían abundado en el pasado de TVE tal como La huella del
crimen (1985) o El Lute (1988); biografías
de mujeres como Mariana Pineda (1984) o Teresa de Jesús
(1984) y por supuesto series concebidas como reflejo
social del aire del tiempo como Anillos de
oro (1983) o Segunda Enseñanza (1986) . Lo más
llamativo de la ficción de los años ochenta
es la visión sobre los prolegómenos condicionantes de la
guerra civil, verdadero eje vertebral de toda la década: La
plaza del diamante (1982), Los gozos y las sombras (1982),
Crónica del alba (1983), Lorca, la muerte de un poeta
(1987), La forja de un rebelde (1990), Los jinetes del alba
(1990), entre otras.
Pero sobre todo, la década de los ochenta puede recordarse
porque allí se inició, aunque de una manera embrionaria, lo
que fraguó como característico de la televisión
contemporánea: por un lado un crecimiento
exponencial de las horas de emisión, por ejemplo la
televisión por la mañana que puso en funcionamiento Jesús
Hermida en 1987, y la ordenación del sistema a partir de las
cifras de audiencia.
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2.8 Las
televisiones autonómicas
En los países europeos la actividad
televisiva se articuló desde sus inicios a partir de la
actividad de monopolios de titularidad pública. Sin embargo,
a partir de la década de los años setenta pareció
imprescindible que esos monopolios dieran cabida en su
oferta a una tercera cadena que respondiera
a visiones más cercanas a los intereses de los ciudadanos;
así es lo que se hizo, por ejemplo, en Francia (FR 3) o en
Italia (RAI 3) y es lo que internacionalmente se llamó
‘televisión de proximidad’ (véase bloque I epígrafe
8).
En la España democrática de primeros de los años ochenta
parecía evidente que la estructura organizativa y de
producción de TVE no podía dar razón de las
inquietudes descentralizadoras del nuevo Estado de
la autonomías. En primer lugar por lo más evidente: con una
segunda cadena con grandes deficiencias para que su
cobertura llegase a toda España, pensar en poner en marcha
una tercer programa no era más que una quimera. Pero en
segundo lugar porque la clase política de los partidos
nacionales y la de los partidos de actuación autonómica no
pensaron seriamente en las vías para resolver el problema.
Finalmente, el Congreso de los diputados aprobó la
ley de los terceros canales de televisión en
diciembre de 1983; pero EITB, Euskal Irratí Televista, la
televisión vasca, aprobada previamente por una prerrogativa
de su Estatuto de Autonomía y TV 3, la catalana, se había
creado meses antes (mayo de 1982 y mayo de 1983,
respectivamente).
Sea como fuere, a lo largo de la década de los años ochenta
fue apareciendo una primera generación de televisiones
autonómicas que constituyeron la FORTA,
Federación de Televisiones Autonómicas: EITB (que comenzó
sus emisiones el 31 de diciembre de 1982) TV3 (inauguración
en enero de 1984), TVGa, (Televisión de Galicia, julio de
1985), Canal Sur (Andalucía, 1987), Tele Madrid (Madrid,
1989), Canal 9 (Comunidad Valencia, 1989). A lo que en la
segunda mitad de los años noventa se han incorporado las
televisiones autonómicas de las Islas Canarias (TVC) y de
Castilla La Mancha (CMT), y antes los segundos canales de
las emisoras de ‘primera generación’ (ETB 2, Canal 33/K3,
Punt 2, Canal 2 Andalucía, La Otra).
La FORTA se ha consolidado como una
verdadera tercera cadena nacional que comparte
entre sus afiliados la compra de programas como los derechos
de la liga de fútbol, series internacionales o
largometrajes, y que posee una cobertura que abarca casi
todo España.
En las televisiones autonómicas, y al margen de su indudable
eficacia en la cohesión social de los territorios y en los
procesos identitarios de sus ciudadanos, se
ha producido uno de los fenómenos más interesantes del
sector televisivo español de la última década. Fueron las
televisiones vasca y catalana con Goenkale (1994) y Poble
Nou (1994), sendas series de treinta minutos de duración
programadas en el horario de sobremesa, quienes descubrieron
un enorme nicho que no había sido previsto por las emisoras
de cobertura estatal: los televidentes autonómicos parecían
muy dispuestos a congraciarse con el visionado de ficciones
locales propias, que en sus lenguas reforzaran los
mecanismos de autoidentidad.
El inesperado éxito se ha venido prolongando en otras series
como Nissaga de poder (1995-1998) o Plats Bruts (1998) en TV
3, Benta Berri en ETB. Asimismo, se ha extendido a otras
televisiones autonómicas en las que productos autóctonos se
han convertido en formidables éxitos como Mareas vivas
(1999) en TVGa o Plaza Alta (1998) en Canal Sur y se ha
convertido en la principal seña de identidad de la
oferta de las televisiones autonómicas.
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2.9 Las emisoras privadas
Sin duda el hecho más decisivo de la
última década, y con una enorme repercusión en el mercado
televisivo español, fue la aparición a primeros de los
noventa de tres televisiones privadas de cobertura
estatal. Dos de ellas de programación en abierto y
de programación generalista similar a la de
TVE 1: Antena 3 y Tele 5,
que iniciaron sus emisiones en diciembre de 1989 y marzo de
1990 respectivamente; y una tercera de pago, Canal +
que comenzó su programación en septiembre de 1990,
codificada en lo más significativo de su emisión pero con
varias horas en abierto y también con una programación de
tendencia generalista.
Por la multiplicación de emisoras, en muy poco tiempo todas
las emisoras con vocación de liderazgo (TVE 1, Antena 3,
Tele 5 y la FORTA) tuvieron que adaptarse a nuevas
reglas y a un marco competitivo
que obligó a definir la posición de cada una de ellas en un
mercado como el español en el que el dominio de TVE 1 era
casi absoluto. Tras la despreocupación que hicieron del tema
los poderes públicos, el factor clave y determinante de la
nueva situación fue el acuerdo implícito de todos los
agentes implicados (emisoras e industria publicitaria) de
organizar el funcionamiento del sector a partir de
los datos de audiencia que proporciona la empresa
de audiometría SOFRES.
En la más de una década de existencia de emisoras privadas
se han producido cambios tan significativos que parece
difícil hablar sin contradicciones de su proceso evolutivo.
El ejemplo más llamativo es Antena 3 de la que pueden
encontrarse hasta tres etapas, y ahora parece que comienza
una cuarta, pero también hay diferencias en Tele 5 (al menos
dos periodos). Veámoslo.
Poco tiene que ver la Antena 3 de hoy día
con la que comenzó su andadura. Desde luego no se parecen
para nada ni sus accionistas y profesionales ni lo que más
importante su propia línea de producción. En su haber
histórico debe apuntarse que fue la primera emisora privada
en apostar por la producción propia de ficción de
telecomedias y la que consiguió un éxito que
modificó el hilo conductor de la televisión en los años
noventa: Farmacia de Guardia (Antonio Mercero,
1991-1995). Luego siguieron otras destacadas como Lleno por
favor, Quien da la vez, Manos a la obra o Compañeros.
También Antena 3 fue la primera cadena de televisión que
emitió un debate entre los dos candidatos a la presidencia
de gobierno (Felipe González, José María Aznar, 1993).
Para la opinión común Tele 5 es la cadena
del magnate y primer ministro italiano Silvio Berlusconi. En
la actualidad no sería una afirmación completamente cierta;
sin embargo, no puede negarse que la manera de concebir la
televisión de los ‘italianos’ estableció buena parte de las
formas de la primera época de una Tele 5 que dejó en fuera
de juego las maneras de TVE 1. En una segunda etapa Tele 5
ha sido reconocida por series como
Médico de Familia, Periodistas, Al salir de clase o Siete
Vidas y por su insistencia en diversos programas
basados en el formato del reality show,
sucedáneos todos del original Gran Hermano.
Por su parte Canal + ha permanecido
bastante estable en los diez últimos años. Su modelo de
emisora está basado en producción ajena
(largometrajes, retrasmisiones deportivas o series) pero ha
conseguido una cierta notoriedad por las innovaciones de la
realización de sus retrasmisiones, por sus
piezas promocionales y por el magazine
deportivo El día después.
Como no podía ser de otro modo, en más de diez años se han
producido cambios en los rankings de las audiencias de las
tres emisoras más importantes. En los últimos tiempos parece
que el liderazgo de TVE 1 es bastante consistente; la lista
continúa por Tele 5 y se cierra con Antena 3.
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Televisión Española
2.10
La última década
La televisión en España ha
cambiado drásticamente en el última década. Al
margen de los cambios económicos y la proliferación de
ofertas de pago digitales o la misma presencia de
televisiones de cobertura local, si nos centramos en la
oferta, puede decirse que hace diez años primaba una
lógica que en Europa se denominaba de
servicio público, que a grandes rasgos definiríamos
como aquella en la que destacaba el deseo de incidir
cultural o políticamente en la audiencia. Las estrategias
programativas de las cadenas públicas estatales o
autonómicas estaban aceptablemente al margen de las leyes
del mercado y de hecho el éxito o fracaso de un programa no
se valoraba por la audiencia conseguida o por la publicidad
que conseguía.
La aparición de la concurrencia establece una nueva lógica
para el conjunto del sistema televisivo español.
Ahora, el criterio básico consiste en
programar lo que el público pretendidamente demanda
y tiene interés en consumir. Se trata de buscar en todos los
casos el mayor número de audiencia (o al
menos crear un equilibrio entre lo que cuesta un programa y
lo que recauda por los ingresos publicitarios) y así
privilegiar en cada una de las bandas horarias los programas
dirigidos a los grandes consumidores de televisión. Se
abandona por tanto el deseo de crear una dieta equilibrada
para todos los segmentos sociales y llegar al máximo de
público disponible en cada franja horaria. Por este motivo
han desaparecido de las parrillas o han sido enviados a
horarios muy marginales de las televisiones generalistas
muchos géneros o programas parcialmente minoritarios como el
cine en blanco y negro o los programas infantiles de la
tarde.
El efecto más evidente de lo dicho es que la oferta
televisiva de la última década se ha escorado hacia los
gustos e intereses de los grandes consumidores
estadísticamente hablando: personas mayores, de clases bajas
y zonas rurales.
Desde el punto de vista de los gustos del público, también
se han visto mutaciones en el transcurso de los últimos diez
años. Si contemplamos la lista de los programas más vistos
de cada año, observaremos que a finales de los
ochenta existía un predominio de los largometrajes de origen
estadounidense; por ejemplo en 1989 trece de los
veinte primeros programas eran películas norteamericanas.
Empero a lo largo de toda la década de los noventa y
hasta la actualidad la balanza de los éxitos se ha
inclinado hacia los programas deportivos,
líderes indiscutibles desde 1994 (de hecho casi
exclusivamente fútbol y en tiempos de Miguel Indurain
ciclismo) cuanto menos diez de los veinte programas más
vistos son deportivos, y a las series de producción
propia (tres o cuatro presentes en la lista de cada
año, en los últimos años Cuéntame, cómo pasó).
Con menos presencia, nunca han dejado de aparecer en el
ranking programas especiales muy unidos a
acontecimientos singulares tales como debates electorales,
bodas reales o galas extraordinarias como las de Operación
Triunfo o el Festival de la canción de Eurovisión (años 2002
y 2003). Y como productos raros de temporada también se
encuentran algunas telenovelas (Cristal) o
realities (¿Quién sabe donde? Y, recientemente,
Gran Hermano).
En una especie de resumen que resulta inevitablemente
provisional podría decirse que en la última década
se han podido observar dos fases claramente
delimitadas: una primera, coincidente con
la primera mitad de la década de los noventa, en donde la
inédita situación de competencia del sistema produjo un
funcionamiento desajustado del sistema
televisivo español; y una segunda etapa
caracterizada por una cierta estabilización
de la actividad televisiva centrada a partir del éxito de
las series de producción propia.
Es muy pronto para valorar
adecuadamente que tipo de repercusión histórica tendrá, pero
en los últimas dos o tres años se ha podido percibir un
progresivo crecimiento
de la oferta de programas cuyos colaboradores o invitados
trasmiten agresividad y malos modos.
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Televisión Española
MITOS Y
VERDADES SOBRE LA TV EN LOS NIÑOS
Primera parte
La televisión y los Niños -
Licenciada Maria Pia Bacchi - Psicologa Infantil - Staff
Zona Pediatrica
Seguramente se habrá preguntado : Hasta qué punto es verdad
que los programas de TV son los responsables de las
actitudes de violencia en los chicos?. Es malo que miren
mucha TV? En qué los afecta, cómo? Altera o modifica su
constitución subjetiva?
En primer lugar cabe señalar que no todo lo que pueden ver
es lo que miran, ya que actualmente el bombardeo de
información hacia nuestros sentidos es muchísimo mayor a la
capacidad de procesamiento del pensamiento. Pensemos por
ejemplo en esta imagen: un adolescente conectado a su
walkman, esperando el subte en el andén ,mientras mira la
tv. ,rodeado de afiches de publicidades gráficas, cuidando
que no le abran su mochila y chequeando la llegada del
subte. Es demasiado,no?.
Por esto no se mira todo lo que está al alcance de la vista
, ni siquiera se lo ve. Para que una imagen que impacta
sobre los órganos de la percepción llegue a ser procesada e
interpretada debe sobrepasar el umbral atencional, es decir
debe en primera instancia llamar la atención. En esto
influye tanto la configuración del estímulo perceptual, su
forma, como la motivación personal, el interés particular de
una persona hacia determinada temática.
En síntesis el primer filtro que se interpone a los
estímulos del ambiente es el del foco atencional, y si lo
sabrán las maestras!!
Pero el poder de las imágenes que difunden los medios de
comunicación masivos , en especial la omnipresente TV. es
muy superior a esta barrera , no podemos engañarnos.
Así lo han entendido investigaciones sociológicas realizadas
sobre la influencia de los medios masivos de comunicación en
las personas y las personalidades. Sus resultados son:
- A corto plazo: Tienen un poder de influencia o persuasión
- En el largo plazo: producen efectos cognitivos
- Como los procesos simbólicos y comunicativos tienen una
gran importancia en el proceso de socialización, los
omnipresentes medios participan en el proceso de
construcción de la realidad, acarreando efectos acumulativos
de significación juegan su papel en la constitución de
imágenes de la realidad.
Entonces en qué afecta la Cultura de la imagen a la
constitución subjetiva?
G.Sartori en su libro ”Homo videns. La sociedad
teledirigida” postula que el niño recibe su primera impronta
educacional en imágenes provenientes del televisor, registra
y absorbe indiscriminadamente todo lo que ve. (Absorbe
indiscriminadamente, pues aún no cuenta con un desarrollo
del pensamiento).Considera que luego se transforma en un
adulto empobrecido, que no lee, “sordo al saber trasmitido
por la cultura escrita “, que responde a estímulos casi
exclusivamente audiovisuales.
Y si esto fuera así ,cuál es el problema? Que el niño
educado en el video no crece desarrollando sus
potencialidades simbólicas, de ser pensante.
Por qué?
1. El lenguaje hecho de palabras es el instrumento del
pensar, comunicar y conocer. A tal punto es así que el
pensar no requiere del ver, y si dudamos imaginemos el caso
de una persona ciega.
2. La traducción de algunos conceptos a imágenes es siempre
insuficiente, por ejemplo cómo connotar democracia ,
derechos, libertad . Sartori muestra en un ejemplo cómo la
imagen de un hombre sin trabajo no permite comprender las
causas del desempleo ni permite reflexionar sobre soluciones
a la marginación social.
3. La cultura audiovisual invierte la evolución de lo
sensible a lo inteligible, altera la relación entre entender
y ver promoviendo reduccionismos que dificultan la
comprensión de abstracciones y de conceptos, va atrofiando
la capacidad de abstracción.
Segunda Parte
Según investigaciones sociológicas la influencia de los
medios masivos de comunicación en las personas y las
personalidades son:
-A corto plazo: Tienen un poder de influencia o persuasión
- En el largo plazo: producen efectos cognitivos
Los medios participan en el proceso de construcción de
imágenes de la realidad acarreando efectos acumulativos de
significación Así mismo la cultura de la imagen afecta a la
constitución subjetiva ya que el niño educado en el video no
crece desarrollando sus potencialidades simbólicas, de ser
pensante. Esto es así porque:
-El lenguaje hecho de palabras es el instrumento del pensar,
comunicar y conocer
-La traducción de algunos conceptos a imágenes es
insuficiente, por ejemplo: democracia
-La cultura audiovisual invierte la evolución de lo sensible
a lo inteligible, promoviendo reduccionismos que dificultan
la comprensión de abstracciones y de conceptos, va
atrofiando la capacidad de abstracción.
Mitos y Verdades de la Cultura de la Imágen
- Uno de ellos es la creencia deque “El mundo es lo que veo
“.Todo lo que se ve es lo que existe. Se considera la TV.
ventana al mundo tomando engañosamente la parte por el todo,
no se piensa en aquello que no se ve, ya que no existe Esto
es una distorsión en el conocimiento de la realidad
- Otro mito es la creencia de que las imágenes hablan por si
solas.
Un primer plano de por ej.: un hombre disparando, sacado de
contexto, qué es? Lo que vemos no produce ideas, son éstas
las que encuadran y significan las percepciones.
- El video dependiente tiene menos sentido critico.
Para tomar una posición crítica respecto a la fuerza de la
imagen dada hay que contar con un background de
conocimientos conceptuales (por ende no apoyados en imagen)
que posibiliten pararse en otro lugar de aquél propuesto por
la escena montada.
Una teoría acerca de los efectos de la cultura de la imagen
, de De Fleur y Bal Rockrachpone de manifiesto que produce
dependencia en cuanto a la necesidad de orientación del
individuo, convirtiéndose la tv en un proveedor de
arquetipos y modelos del ser. Así mismo generaría
dependencia en relación al consumo del tiempo libre, del
ocio. Es mucho menor el esfuerzo de ver que el de por
ejemplo leer, aún si otro lee debemos hacer el trabajo de
imaginar, a todas luces en una actividad predomina una
actitud de receptor más pasivo y en otra más activa.
¿Concretamente, se pueden ver algunos ejemplos?
1. Si bien el tema de este escrito ha pasado
fundamentalmente por la alteración de los procesos del
pensar, no se puede dejar de mencionar la influencia de la
perfección de la imagen del cuerpo femenino en el incremento
de los transtornos de la alimentación en edades cada vez más
tempranas, en esto se puede ver un aspecto de la dependencia
hacia de la imagen como modelo del ser, en donde lo
destacado no es desde una producción que hace la persona,
sino una imagen que hace a la persona, pasando por lo tanto
del lugar de sujeto de la acción a posicionarse en el de
objeto de la mirada.
2. Volviendo a los efectos cognitivos, me gustaría compartir
algunas cuestiones que he notado en reiteradas evaluaciones
psicológicas realizadas dentro del contexto de una selección
de personal, es decir dentro de los ámbitos de “la
normalidad” ( y no de cierta disfunción implícita en la
consulta psicológica).He observado en adultos jóvenes una
llamativa necesidad de que el otro desde afuera organice su
producción, diseñándole los pasos a seguir para realizar la
tarea. Hay falta de iniciativa, tendencias a la pasividad,
dificultad para manejarse con autonomía y resolver
situaciones con criterio propio. Son pocos los capaces de
considerar el análisis de una situación desde distintos
puntos de vista y desde ya, son contados aquellos que pueden
aportar una mirada original.
3. En los juegos : En los videojuegos ya se sabe qué es lo
que viene, el paso siguiente, sólo es necesaria la práctica
repetitiva para adquirir destreza para ganarle a la máquina.
En vez en un juego de ingenio, hay que adquirir
conocimientos, en otros juegos de mesa diagramar estrategias
contra el adversario, intentar ponerse de acuerdo con otro,
engañar, ocultarse del otro.
En un juego dramático se ocupan diferentes roles, se
inventan personajes y formas de ser para cada uno y además
nunca se sabe cuál es el próximo paso , se contruye la
escena.
En la próxima y última parte de este artículo se tratará
cómo integrar la palabra al mundo de la imagen para
favorecer el mejor desarrollo de los chicos
Tercera parte
Pensemos cómo es dejarse llevar
por imágenes, se suceden unas a otras, el orden está fijado,
se trata fragmentariamente cada tema y no hay espacio para
reflexionar (darle vueltas al asunto, examinar el contexto
global en que se produce un acontecimiento, integrarlo con
otros aspectos de la realidad con los que interactúa).
Y esto es así tanto por necesidades propias del formato de
la imagen, como por el tiempo con que se dispone, porque la
rapidez en el salto de diversidad de imágenes es necesaria
para no aburrir, ya que el contenido, el significado, lo que
se dice es breve y superficial. En otras palabras si lo que
estoy haciendo es mirar, más que pensar o reflexionar, si no
miro cosas distintas me aburro porque no tengo qué mirar,
puesto que ya lo vi. No digo esto con ánimo de criticar a
una muy buena fuente de entretenimiento como lo es la TV,
pero no es tan buen instrumento para conocer la realidad.
La situación cognoscitiva anteriormente descripta es
concomitante desde la perspectiva emocional, a una tendencia
a la falta de diferenciación entre el yo y el otro, una
tendencia al establecimiento de relaciones simbióticas, que
anulan la diferencia yo- otro, la búsqueda de apoyo en el
otro es masiva
Desde el psiconálisis se encuentra en los procesos de
constitución subjetiva, que el lactante llega un momento en
que se reconoce en el espejo, pero reconoce su imagen, no
porque la vea, puesto que verla también la veía antes, sino
que la discrimina de la del otro y la recorta como unidad a
partir de la palabra, eje simbólico que atraviesa la
relación intersubjetiva, poniendo el espacio entre el yo y
el otro, espacio simbólico hecho de palabras. Una vez más y
desde el origen de la formación del yo comprobamos que las
imágenes son necesarias pero no hablan por si solas, solas
no alcanzan
¿Pero es posible integrar palabra e imagen, que sumen sus
riquezas?
Es necesario que se integren ,es imprescindible que la
imagen se explique , pero para esto es fundamental el rol
del adulto , que acompañe , que oriente, que interrogue y
sobre todo que enseñe a formular preguntas, a preguntarse.
Que promueva a su vez la propia producción de imágenes,
porqué no? No era esto acaso lo que hacían nuestras abuelas
después de contarnos un cuento? Nos sugerían que dibujemos?
.Porqué no filmar, grabar, fotografiar? Cuántas veces
pedimos a los chicos que nos cuenten de qué se trata Pokemon,
Dragonball o Los caballeros del Zodíaco?. ¿Porqué no hacer
reflexionar sobre cuál es la diferencia entre los buenos y
los malos de su dibujito preferido si, por ejemplo ,todos
matan? . El interés y la curiosidad, el espíritu lúdico e
innovador del adulto es el punto de partida, como lo ha sido
siempre, del proceso de socialización del niño y por ende
del incremento de su capacidad simbólica y desarrollo del
pensamiento crítico. Que un adulto libidinice el campo para
que se transforme en campo de juego, de acción .
Por esto es inconcebible achacar nuestros males al avance
tecnológico, las nuevas tecnologías modelan las
problemáticas y perfilan cambios en la constitución
subjetiva, sin embargo el poder de creación , de innovar, de
formar y participar en los procesos de subjetivación sigue
siendo exclusivamente nuestro, y como siempre el vínculo
interpersonal es el factor determinante en el desarrollo y
uso de las potenciales capacidades intelectuales. Con
nuestro, me refiero a las madres, padres o quienes cumplan
esas funciones, a los docentes y los distintos profesionales
que desde el ámbito de la salud o educación trabajen con
chicos y adolescentes. Licenciada Maria Pia Bacchi -
Psicologa Infantil - Staff Zona Pediatrica.

Fuentes: http://www.formulatv.com
http://www.rtve.es/television/series-tve/
Estos son los mejores datos del idioma
español que he encontrado en internet. Los mismos no son de mi autoría y tampoco me pertenecen, los he recopilado
desde de la red. He intentado dentro de mis
posibilidades poner todas las fuentes posibles, sin embargo
puede que inadvertidamente me haya olvidado de alguna, si es
así, podéis enviarme un correo a:
esf@espanolsinfronteras.com
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