PRÉHISTORIA - LA MODA - NORMANDA - IRLANDESA -
FRANCA
En 1.886, en la pequeña
gruta de Cro-Magnon fueron encontrados varios
esqueletos que permitieron afirmar que el hombre de
esa raza alcanzaba una talla de 1,80 m, era robusto
y vigoroso, de cráneo alargado y voluminoso,
ligeramente aplanado en el occipucio, con una frente
alta y arcos superciliares apenas salientes. El
rostro, algo ancho en los pómulos, mostraba una
nariz estrecha y larga. La mandíbula inferior tenia
un mentón bastante pronunciado.
Los hombres y las mujeres de esa raza - qué vivió
durante el periodo Paleolítico - cubrían el cuerpo
con pieles a manera de taparrabos, que sujetaban con
tiras de cuero crudo; se adornaban con collares
hechos con las uñas y los dientes de los animales
que cazaban para su sustento, así como también de
caracolillos, que enhebraban en finas tiras de
cuero. Es posible afirmar que conocían el
fuego, el cual era conservado ritualmente
Ante el avance de los glaciares, el hombre tuvo que
refugiarse en las cavernas naturales para poder
soportar los crueles fríos que sobrevinieron.
Comenzó a utilizar nuevos elementos para la
confección de las ropas de abrigo que se vio forzado
a vestir. Con astillas pulidas de hueso creó la
aguja y cosió sus prendas, con las que llegó a
cubrir enteramente su cuerpo.
También empleó el marfil, que tallaba dándole formas
diversas, y comenzó a decorar el interior de las
cavernas que lo cobijaban con figuras de animales
primorosamente dibujados y pintados. Estas
manifestaciones de arte marcan los albores de una
cultura que revela cómo las circunstancias crean en
el hombre la renovación de sus ideas para una vida
mejor.
Al retirarse los glaciares, el hombre primitivo
buscó climas más benignos y templados, lo que le
permitió conocer y desarrollar la agricultura, así
como también emplear la lana de ciertos animales
para la confección de tejidos que reemplazaran a las
pieles. Los grupos de familias y, por consiguiente,
de viviendas, fueron conformando poblaciones, y así
nació la primitiva ciudad.
La vida en sociedad y el trabajo en colaboración
lograron un relativo refinamiento, pues ya por
entonces las mujeres se adornaban con pulseras y se
pintaban el rostro, lo cual puso de relieve un
naciente bienestar y seguridad con relación a la
supervivencia. Además, como ejemplo de su incipiente
artesanía, nos dejó valiosas muestras de una
alfarería preciosamente decorada.
LOS SUMERIOS
La larga noche del salvajismo paleolítico y la
plomiza claridad de la barbarie neolítica dieron
paso, hace cinco milenios, en la Mesopotamia del
Oriente Medio, a la primera civilización y, con ella
a la historia. Una historia que comienza con la
invención de la escritura.
Fueron las ciudades del país de Sumer, tales como la
sagrada Nipur, la opulenta Ur y la orgullosa Nagash,
las que nos dejaron, documentos escritos y obras de
arte, la manifiesta fiebre creadora de aquellos
hombres.
Los sumerios inventaron la rueda, construyeron
palacios y templos en donde adoraban a sus dioses;
fueron ellos quienes extrajeron el cobre,
trabajándolo con fines útiles, mas tarde añadiéndole
estaño, dieron con el bronce, aleación superior en
resistencia y dureza. Fueron expertos artesanos y
grandes escultores y dejaron elocuentes muestras de
cincelado en plata y oro.
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BABILONIA Y ASIRIA
En el año 1.917 a. de C., los tres reinos de Elam,
Asiria y Siria fueron unidos bajo el imperio de
Babilonia. Asiria conquistó el imperio en 1.250 a.
de C.; alcanzando su apogeo en las culturas mixtas
de los siglos VIII y VII a. de C.
La indumentaria de los babilonios y asirios se
componía de dos prendas: una túnica de talle recto
con bordes guarnecidos con flecos, unas veces larga
y otras corta, denominada candys, y un chal adornado
de diferentes dimensiones.
Hombres y mujeres llevaban las mismas ropas, con la
única diferencia de que los chales de las mujeres
eran más amplios.Se usó el lino, aunque la lana era
más común, con diversos bordados artísticamente
diseñados.
Los vestidos llevaban borlas y flecos. Abundaban los
colores brillantes, rojos, azules, verdes. El
púrpura era usado solamente por los reyes, cuyas
tiaras estaban adornadas con alhajas.El cabello
largo y las barbas eran cuidadosamente dispuestos en
forma de bucles prietos y ajustados.Poco se sabe de
la indumentaria femenina. Las mujeres vivían
retiradas de la vida publica, y no figuran en los
bajorrelieves y esculturas que nos han dejado.
EGIPCIOS
La vestimenta de los egipcios consistía en pocas
prendas que, por virtud del clima cálido y siempre
igual, eran de lino y algodón. Las clases pudientes
usaban una fina muselina translúcida que se tejía
con el lino cultivado en las ricas llanuras fangosas
del río Nilo.
La principal prenda masculina se llamaba shenti. Era
una larga faja que se enrollaba en las caderas,
sujetándose con un lazo o cinturón que remataba en
un nudo. El vestido de las mujeres tenia corte recto
y estrecho, como una vaina, y pendía por debajo del
pecho hasta los tobillos, sostenido por uno o dos
tirantes. Las sandalias eran fabricadas con suelas
de cuero, papiro o madera y se ataban con cordones
de cuero, metal o fibras de plantas.
Tanto los hombres como las mujeres se afeitaban la
cabeza y usaban pelucas postizas. Las barbas de
algunos dignatarios también eran postizas. Se
decoraban los ojos, coloreaban sus mejillas y se
pintaban los labios de color carmesí. Era muy común
el uso de cosméticos y perfumes.
Entre los objetos que se empleaban para combatir el
calor figuraban abanicos de hojas o plumas y
parasoles de mando muy largo.
LOS HEBREOS
Luego de establecerse en la tierra prometida, los
hebreos conservaron algunas prendas egipcias, tales
como el delantal y la camisa. La tórrida temperatura
de Canaán, obligo a los hombres a adoptar el
kalasiris y el manto suelto. El kaftán y el ephod
fueron las típicas vestiduras de este pueblo.
En los tiempos de David y Salmón, los hebreos
acostumbraban a adornar mucho sus prendas. Los reyes
usaban, para su traje de ceremonias, circulo o
corona y largo bastón o venablo. Los sacerdotes
vestían camisa talar, con aberturas a los costados.
Sobre la túnica que prescribía el culto, el sumo
sacerdote se ponía vestidura azul sin mangas, con el
borde guarnecido de granates y campanillas, encima
del ephod bordado en rojo y azul. Llevaba un
casquete con una placa de oro con la inscripción: "
Consagrado a Jehová".
Las mujeres hebreas vestían una camisa blanca con
mangas y se cubrían con mantas de colores. Rizaban
sus cabellos formando pequeños bucles, que trenzaban
o los disponían en diadema alrededor de la raya.
Usaban sandalias con correas, cadenillas de oro y
lentejuelas.
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LOS PERSAS - SIGLO VI A.C. AL SIGLO XIII D.C
La vestimenta de los persas, que tomaron importancia
histórica a mediados del siglo VI antes de J: C.,
estaba basada en la de los asirios y los babilonios,
con algunos elementos propios.
La prenda típica era el "candys", especie de túnica
de lana hilo o seda importada del Lejano Oriente,
que se adaptaba al cuerpo y tenia mangas amplias. El
gran rey y los sátrapas o gobernadores vestían
solamente el "candys" y el del monarca era de
púrpura. Generalmente usaba la saya o túnica amplia
sostenida con un cinturón. Por primera vez en la
historia de la humanidad, aparece el uso de la ropa
interior. Los persas fueron los creadores del
bordado de aplicación, técnica que se introdujo en
Europa después de las Cruzadas. Calzaban zapatos
flexibles de cuero amarillo y de forma anatómica,
atados a los tobillos con correas y botones. Los
hombres tenían cabellos y barbas largos y rizados, y
los nobles los espolvoreaban con polvo de oro. Los
reyes adornaban su cabeza con tiaras y mitras. Otra
prenda típica era el paño de barbilla, de hilo
blanco, que se envolvía en la cabeza y el cuello. De
la indumentaria femenina se conoce muy poco, pues
las mujeres llevaban una vida de reclusión
Hasta el siglo XIII la vestimenta de los persas fue
semejante a la que usaban en la época de su gran
imperio. Su prenda característica era la túnica de
lana o de seda, traída del Lejano Oriente, que, por
lo general, les llegaba a los tobillos. Debajo de
ella usaban prendas interiores, camisa y
calzoncillos. Otra innovación eran las prendas
cortadas y cosidas, con mangas aplicadas y gran
amplitud en los puños. La túnica del monarca era de
color púrpura, azul oscuro o blanca y el cinturón
era tejido con hilos de oro. Las mujeres llevaban
una vida recluida, por eso no S~ conocen muchos
aspectos de su indumentaria. Por lo general, las
damas nobles vestían una túnica talar y un amplio
manto con adornos en los bordes. El calzado era de
cuero flexible sujeto con cintas o cordones de
cuero. Los soberanos o personajes principales, como
los gobernadores o sátrapas, llevaban sobre su
cabeza tiaras, mitras o sombreros altos de fieltro.
LOS GRIEGOS
Entre los siglos VII y I antes de la era cristiana,
la prenda que usaban los hombres y las mujeres era
el chitón, trozo rectangular de lana, que se recogía
en los hombros con una fíbula, que era una hebilla o
broche.
Las mujeres usaban un chitón largo, que les llegaba
hasta los tobillos; en cambio, el de los hombres era
corto y alcanzaba solo a las rodillas.
Los sacerdotes y algunos ciudadanos, en las
ceremonias importantes se ponían chitón largo.
Encima del chitón, las mujeres llevaban el peplo,
que era un paño en forma de chal que colgaba desde
el hombro hasta la cintura. Como abrigo se ponían el
clamide, manto de lana de forma rectangular con
pesos en las puntas para impedir que el viento los
levantara; se ajustaba con una hebilla en el hombro
o en el pecho. Tanto los hombres como las mujeres
llevaron el himation, pieza de genero de un metro y
medio por tres que solo cubría el hombro. Un adorno
característico.
El teatro tuvo en Grecia una enorme importancia y
los actores usaban una vestimenta especial, pues el
teatro era al aire libre y debían hacerse oír y ver,
desde las graderías donde se sentaba el publico. Los
actores se ponían caretas especiales, según se
tratara de una tragedia o una comedia, y calzaban
coturnos, zapatos que tenían una suela alta para
aumentar la estatura. Tanto los hombres como las
mujeres eran aficionados a los perfumes. El cabello
era corto en los hombres y sujetado con una cinta.
Las mujeres se dejaban caer el cabello y lo llevaban
unas veces rizado y otras sujeto en forma de
tirabuzón, con horquillas de hueso o de marfil y
oro. Cuando salían de viaje, los hombres usaban
sombreros de fieltro, con alas muy anchas que se
sujetaban con una correa a la barbilla; este
sombrero se llamó petasos. El calzado más común para
hombres y mujeres eran las sandalias de suela
gruesa. Los adornos(pendientes , collares,
brazaletes y anillos) tenían gran importancia y eran
de una belleza incomparable, como todas las obras
artísticas que nos dejo Grecia.
LOS ROMANOS
Desde el siglo I a. de J.C., la vestimenta principal
de los romanos fue la toga, tanto para las mujeres
como para los hombres. Mas tarde; la prenda femenina
se llamó palla. La toga era semejante al himation
griego, pero más amplia, y media unos 2,5 metros de
ancho por 5,2 de largo. Se disponía sobre el cuerpo
formando pliegues; un extremo se colocaba sobre el
pecho y, atravesando por encima del hombro
izquierdo, rodeaba la espalda, volvía hacia adelante
pasando por debajo del brazo derecho, de allí
tornaba otra vez sobre el hombro izquierdo y se
ataba a la espalda. La toga de los senadores era
blanca, con franjas de color púrpura. Los
emperadores vestían una túnica bordada en oro y una
toga bordeada de púrpura.
Desde sus orígenes, Roma luchó contra los pueblos
vecinos y fue extendiendo paulatinamente sus
dominios, hasta organizar el imperio más grande de
la antigüedad. Para ello necesito contar con un buen
ejercito. La unidad militar se llamaba legión, que
equivalía al recluta o llamado a las armas; de allí
el nombre de legionario dado a los soldados. Estos
llevaban coraza, casco, escudo, perneras lanza o
pilo y una espada corta llamada gladius. La
primitiva coraza de bronce macizo fue sustituida por
otra mas ligera - la loriga - , formada por pequeñas
laminas de metal. Los soldados romanos, llevaban
consigo todo lo necesario para subsistir, tanto las
armas como los utensilios de cocina y su provisión
de trigo para 15 días. Se los llamaba entonces
impeditus (impedidos).Cuando iban a la batalla,
dejaban sus bultos y eran expeditus, es decir listos
para combatir. Cada legión portaba sus insignias
particulares, que consistían en largas picas llenas
de adornos y coronadas con la figura del águila.
Entre los antiguos romanos los gladiadores, eran por
lo general, prisioneros, esclavos o condenados a
muerte que combatían entre si o contra animales
feroces en espectáculos que atraían a gran multitud
en los anfiteatros. Esa costumbre data del siglo II
antes de J.C., pero se hizo muy popular en época de
los emperadores. Los romanos distinguían a los
gladiadores por sus armas y su manera de combatir.
Así estaban los mirmillones, que tenían un casco con
una pieza de metal que cubría totalmente la cara y
podía levantarse; los reciarios, que llevaban un
tridente y una red con la que trataban de envolver
la cabeza del adversario; los traces armados con
escudo redondo y puñal; los secutores, con escudo y
puñal, adversarios tradicionales de los reciarios.
También había gladiadores que combatían a caballo.
Cuando un gladiador era vencido, solo podía salvar
la vida si así lo decidía el emperador o el pueblo.
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LOS GALOS
Los galos eran un pueblo bárbaro, que habitaba en el
actual territorio de Francia. Fuertes guerreros,
fueron dominados tras larga lucha por Julio Cesar.
La vestimenta que usaban era semejante a la de otros
bárbaros que ocupaban Europa central y nórdica. Los
hombres vestían pantalones, túnica corta con mangas,
manta de lana, y en invierno capa de pieles. Las
mujeres lucían túnica larga y, como abrigo, una
manta cuadrada de lana gruesa fijada sobre el hombro
con un broche. La túnica caía en suaves pliegues
ajustada por un cinturón colocado debajo del pecho.
Les gustaba usar alhajas - collares, brazaletes,
pectorales, hebillas, etc. -, por lo general de
bronce, pero también de oro, sabían forjar muy bien
los metales, como lo prueban, además de las joyas,
los cascos y las espadas de los guerreros. El
calzado era sencillo, de tipo mocasín o sandalias
que se ataba al pie con correas, también botas de
cuero sin curtir, con bonitos adornos, los
sacerdotes vestían amplia túnica y capa de color
blanco.
LOS GERMANOS
Los germanos eran pueblos arios o indoeuropeos que
habitaban en el centro de Europa. Entre ellos se
distinguían los francos, burgundios, vándalos,
visigodos, ostrogodos, anglos, sajones y otros, que
irrumpieron violentamente en el Imperio Romano de
Occidente y lo destruyeron en el año 476. Los
germanos eran bravos soldados que cubrían su cuerpo
con un simple trozo de piel, sujeto con un cinturón
ancho de cuero, que llevaba a veces, adornos de
metal. Protegían la cabeza con un casco también de
metal. El calzado era sencillo: un mocasín sujeto
con tiras de cuero cruzadas, que servían para
sostener, en las piernas una especie de media de
piel. Los adornos (por lo general, brazaletes) y los
pectorales eran de bronce, lo mismo que los escudos.
LOS SÁRMATAS Y LOS DACIOS
Los sármatas y los dacios eran pueblos bárbaros que
lucharon contra los romanos, y fueron estos quienes
nos proporcionaron datos sobre la vestimenta de
aquellos. Los sármatas, que habitaron en Rusia
meridional, usaban pantalones más bien anchos,
túnica con mangas ajustadas, sombrero en forma de
gorro frigio y manto cuadrado o semioval que se
prendía en el hombro derecho. Los guerreros usaban
una túnica larga y, sobre ella, una túnica plegada
sin mangas y una gorra en forma de casco.
Los dacios vivían en el mar Negro, los monte
Cárpatos y el río Danubio. Su vestimenta era
semejante a la de los sármatas: pantalón sujeto al
tobillo, túnica estrecha y manto. Las mujeres usaban
dos largos vestidos con mangas; en lugar de
cinturón, un manto cuyo borde superior rodeaba las
caderas y se ataba por delante.
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LOS ESCITAS
Los escitas eran pueblos bárbaros, que habitaban en
el norte del mar Negro. Sus costumbres eran
semejantes a las de los nómadas mongoles. El traje
de los hombres se componía de pantalón más o menos
ancho, justillo abierto por delante y sostenido por
un cinturón que sujetaba el pantalón,
borceguíes(zapatos) encordonados en los tobillos y
gorro alto, semejante al gorro frigio. Las prendas
eran cosidas con finas tiras de cuero. Los escitas
de la península de Crimea adornaban sus vestiduras
con placas de oro. La gente común llevaba una túnica
cerrada, abierta en el pecho. Las principales armas
de los escitas eran el arco y la flecha. El primero
era fabricado por dos cuernos unidos por el medio
por un palo, con las flechas metidas en un carcaj de
cuero labrado y suspendido de un cinturón. Llevaban,
asimismo, espadas cortas y curvas, lanzas y hondas.
Se adornaban con joyas de gusto bárbaro.
LOS PARTOS
Los partos fueron antiguos pueblos escitas que en el
siglo III antes de J.C. organizaron un imperio, que
fue abatido tras largas luchas por el emperador
romano Trajano. Eran buenos jinetes y especialmente
peligrosos cuando, fingiendo huir, disparaban por
sobre el hombro flechas al enemigo que los
perseguía. Por ello la retirada era peor que el
ataque. Los partos usaban pantalones de diversos
anchos, y sayos abiertos en toda su longitud a
partir de la cintura o con un corte en el pecho y
una banda alrededor del cuello.
La manga izquierda era mas larga que la derecha y
cubría la mano, característica muy singular. Usaban
sombreros altos. Los hombres que pertenecían a la
nobleza usaban sayo, pantalón doble forrado de
blanco y manto de color púrpura. L vestimenta de los
reyes era semejante a la de los persas; sobre la
túnica usaban un manto púrpura y corona.
LOS BIZANTINOS
Se llamo Imperio bizantino al Imperio Romano de
Oriente creado a la muerte de Teodosio en el año
395, cuando el antiguo Imperio Romano, lo dividió en
dos partes entre sus hijos Arcadio y Honorio,
correspondiéndole al primero la región oriental.
Este imperio duró hasta el año 1.453, cuando su
capital, Constantinopla, cayó en poder de los
turcos. El periodo más brillante de tan largo
imperio fue el del emperador Justiniano, en el siglo
VI. En esa época se importo de china la cría del
gusano de seda, pues dos monjes - con el apoyo real
- introdujeron, ocultos en una caña de bambú, huevos
de gusano de seda y semilla de morera, planta con la
que se alimentan los gusanos. La indumentaria real
tenia influencias grecolatinas y magnificencia
oriental. Tanto los hombres como las mujeres vestían
túnicas de seda, damasco, brocado y otras telas
suntuosas, ceñidas con anchos cinturones de cuero,
muy trabajados. Sobre la túnica usaban una capa de
forma semicircular, y sobre el costado izquierdo se
colocaban una insignia o clavus. Las mujeres lucían
vistosas joyas con piedras preciosas.
El Imperio Bizantino duro poco mas de diez siglos y,
naturalmente, en tan largo periodo de debió defender
muchas veces sus fronteras amenazadas por otros
pueblos. En el orden interno eran frecuentes las
intrigas palaciegas y rebeliones. De allí la
necesidad de contar con un fuerte ejercito, y para
formarlo se recurrió casi siempre a tropas
mercenarias. Los soldados usaban una coraza de metal
hasta la cintura con caídas de cuero. Los jefes
principales llevaban una rica capa semicircular,
sostenida por el clavus o insignia de dignatarios.
El calzado era de cuero suave, y las calzas de seda
labrada. La espada fue alargándose y los escudos
adoptaron una forma ojival muy característica. Los
soldados usaban una túnica corta y protegían su
cabeza con cascos lisos de metal, escudo y espada.
Algunos cuerpos eran muy hábiles en el manejo de las
lanzas. Cada escudaron tenia su estandarte con
diversas insignias, pero en la mayoría aparecían
símbolos cristianos.
La civilización bizantina dio el primer paso para
adaptar la vestimenta a las líneas naturales del
cuerpo, ya que en la antigüedad era muy holgada. El
atuendo masculino y femenino estaba constituido por
tres prendas: la túnica, que alcanzaba la rodilla en
los hombres y el tobillo en las mujeres, la
dalmática, o capa de algodón o lana según las
estaciones, larga y recta pero plegable, y otra
especie de echarpe de seda recta echada sobre los
hombros y recogida en el lado derecho con un broche.
Las damas de la corte usaban túnicas de sedas ricas
y sedas labradas. Recogían su cabellera con una
cofia de seda o una red de perlas, costumbre que se
adopto luego en el resto de Europa.
En las joyas usaban mucho las perlas que combinaban
con diamantes y otras piedras preciosas. El traje
sacerdotal era parecido al de los laicos, pero la
túnica talar era blanca. Sobre ella colgaban la
casulla, con una cruz bordada en la parte posterior.
Los obispos usaban una larga banda blanca con una
cruz negra.
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LOS GODOS
Los godos conservaron el traje a la usanza germana
ya que no fueron vencidos por los romanos, y
solamente al final fueron adoptando las modas de
estos últimos.
Llevaban anchos y largos pantalones con adorno
dentellado. Los pantalones con franjas iban sujetos
debajo de la rodilla, y los que eran lisos en los
tobillos. Las prenda del cuerpo era cerrada y a
menudo tenia un corte en el pecho y presilla en el
cuello. Otras veces estaba abierta por delante o
cerrada desde la cintura con botones.
Se ponían también un manto atado en hombro derecho
con las puntas de arriba. Las mujeres llevaban
vestiduras semejantes al "chitón " de las griegas y
manto atado al hombro izquierdo. No usaron ni
sombrero ni calzado.
LONGOBARDOS Y FRANCOS
Los longobardos y los francos eran pueblos bárbaros
que penetraron en el Imperio Romano de occidente en
la época de las grandes invasiones. Los primeros se
establecieron en Italia y los segundos en el actual
territorio de Francia, que precisamente, debe su
nombre a este pueblo. Entre sus primeros reyes
figuró Meroveo, que dio origen a la dinastía de los
merovingios, en los comienzos de la edad media.
Tanto los longobardos como los francos vestían como
los antiguos germanos y su prenda principal era una
túnica corta ceñida al talle sobre una prenda
interior con mangas largas. Los reyes o jefes
principales lucían un manto abrochado por delante
sobre el hombro derecho. Los guerreros se protegían
con una coraza de placas metálicas y durante las
campañas invernales se cubrían con mantos de piel.
Protegían su cabeza con cascos de metal, y a veces
con una especie de capucha para resguardarse del
frío. Los longobardos sabían trabajar muy bien el
hierro y hacían joyas con este metal.
LOS FRANCOS
En el siglo VIII, Pipino el Breve destronó al ultimo
rey merovingio, iniciando la dinastía de los
carolingios, cuyo mayor representante fue
Carlomagno, el cual fue coronado emperador en la
Navidad del año 800. En esa época, la prenda
interior o chainse evolucionó hasta convertirse en
una camisa o ropa corporal de hilo o lana, que fue
origen de nuestra ropa interior o ropa blanca. Sobre
ella se colocaba una túnica corta que cubría las
calzas. El emperador y los personajes principales
usaban una capa que caía rectamente, tanto por
delante como por detrás, y se abrochaba al costado.
Los hombres solían llevar el cabello y la barba
largos, las mujeres dos trenzas largas con una raya
en el centro de la cabeza que patria el cabello. Las
joyas eran de oro y plata con piedras preciosas
incrustadas. Las mujeres cubrían la cabeza con un
paño cuadrado de algodón, y en las iglesias usaban
velos. Los reyes y el emperador lucían hermosas
coronas con piedras preciosas.
LOS NORMANDOS
Los normandos (de north, norte, y man hombre) eran
pueblos de origen germano que habitaron la península
de Escandinavia y Dinamarca conocidos también con el
nombre de vikingos. Hábiles y arriesgados marinos,
los vikingos navegaron por el mar del Norte y el
océano Atlántico, y se supone que llegaron a América
mucho antes que Colon. En sus expediciones asolaban
las costas y saqueaban las aldeas. Para tratar de
detener las invasiones, el rey de Francia, Carlos el
Simple, cedió, en el año 911, territorios al jefe
vikingo Rolón, los que actualmente se denominan
Normandía.
Debido a su actividad guerrera, el traje de los
vikingos se componía esencialmente de una cota de
malla de metal, gruesos pantalones de lana y capa
también de lana sujeta a un costado.
Las pesadas espadas eran sostenidas por gruesas
correas de cuero. Protegían la cabeza con cascos de
metal, y cuando no luchaban llevaban gorros y
chaquetas de piel.
Los normandos se habían establecido, a principios
del siglo X, en el norte de Francia, en la región
llamada Normandía. De allí partio Guillermo el
conquistador, quien invadió Inglaterra y se impuso
en la bata1la de Hastings en el año 1066. La
conquista normanda abrió un nuevo período en la
historia inglesa mejorando la organización y la
cultura del país. La vestimenta se hizo más rica y
comenzaron a usarse tejidos de seda, pieles y joyas.
Durante el reinado de Guillermo l l apareció el
primer vestido femenino de estilo princesa. Los
hombres usaban guantes adornados con joyas, y los
pantalones amplios fueron reemplazados por calzas
ajustada. Los soldados protegían su cuerpo con casco
y cota de malla de metal y túnica de cuero. En la
lucha empleaban espadas, lanzas y hachas de metal y
se cubrían con escudos metálicos.
En el siglo XII, después de la invasión de los
normandos, apareció en las islas Británicas un nuevo
vestido femenino llamado pelliza, que era una larga
bata, suelta, con mangas que se ensanchaban en el
borde y se ceñía en la cintura. Por lo general se
usaban telas ricas y suntuosas, como paños de lana
de Flandes o brocados de Venecia. También se adoptó
el gabán o surcoat, que usaban tanto hombres como
mujeres y que se sujetaba con un cinturón de cordel
o por una pretina. Las mujeres cubrían su cabeza con
un manto, y por el año 1200 peinaban sus cabellos
hacia arriba protegiéndolos con una toca y un
barboquejo de hilo blanco. Las clases populares
seguían usando túnicas de rústicas telas de lana
ceñidas con cinturones de cuero. Las capas amplias
tenían caperuza. El calzado era de cuero blando o
tejido con bordados. Las clases altas usaban guantes
de cuero también bordados y con adornos de joyas.
La conquista normanda en Inglaterra tuvo gran
influencia en la vestimenta, que se hizo más lujosa.
Comenzaron a usarse telas adamascadas con diseños de
estrellas, medialunas, etc., y los nobles usaron
finos tejidos bordados con hilos de oro. Sobre la
túnica, tanto hombres como mujeres usaban el gabán
abierto a los costados, ceñido con un cinturón de
cuero, y calzaban zapatos tejidos o de cuero
bordados.
Los campesinos seguían usando rústicas túnicas de
lana con caperuzas. Había diferentes tipos de
mantos: unos largos y sueltos, con capuchón o sin
él, y otros con amplio cuello. A veces llevaban
cuello de piel haciendo juego con gorros de piel o
con las alas de los sombreros. Los hombres llevaban
un cintur6n de cuero del que pendían una bolsita con
dinero y una daga. Los hombres usaban, por lo
general, el cabello largo, pero era también
característico raparse los costados y la parte
posterior de la cabeza.
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LOS IRLANDESES
Los primitivos habitantes de Irlanda, isla rodeada
por el océano Atlántico y el mar de Irlanda, que la
separa de Inglaterra, fueron los pictos, dominados
luego por los celtas. Estos fornidos invasores
lograron imponerse y formaron pequeños reinos. Por
acción de esforzados misioneros se convirtieron al
cristianismo y muchos de ellos se consagraron a
evangelizar a los paganos. Irlanda soportó muchas
invasiones a lo largo de su historia, y los
irlandeses debieron defender con bravura sus
tierras. Pueblo guerrero y de hábitos sencillos, su
indumentaria era también simple: chaqueta y gorra de
lana o de cuero en los crudos inviernos, pantalón de
lana que cubría toda la pierna. Sabían trabajar muy
bien los metales, con los que fabricaban sus armas.
Hachas, espadas, etcétera. La vestimenta femenina
también era muy sencilla: túnicas de lana ceñidas a
la cintura con cinturones de cuero.
OTROS PUEBLOS
LOS ANGLOSAJONES
Los anglos y los sajones eran pueblos de raza blanca
que habitaban en el continente europeo y que a
mediados del siglo V de la era cristiana invadieron
las islas Británicas. Se impusieron a los celtas y
galeses y organizaron un reino. En estos pueblos la
vestimenta tiene la influencia de los bárbaros y
también de los romanos. Los hombres vestían una
túnica corta de lana que en los nobles tenia
diversos adornos. El manto o capa, también de lana
gruesa, estaba sujeta a un costado por un broche.
Usaban cabellos largos sujetos con una estructura de
metal. Las mujeres llevaban, sujeta a la cintura,
una larga túnica que cubría enteramente el cuerpo, y
en la cabeza un manto semejante a la pella romana.
Para ambos sexos las prendas principales eran la
estola, la túnica y la palla, pero además, una
prenda interior de hilo blanco o lana llamada
camisola y que dio origen a la camisa. Los hombres
calzaban zapatos de cuero bajos y las mujeres
zapatos suaves de cuero o de genero.
LOS ESCOCESES
Escocia ocupa la parte norte de la isla de Gran
Bretaña, y en el año 80 después de Jesucristo fue
sometida por los romanos. Después de la caída del
Imperio Romano de Occidente, el territorio se
dividió entre los pictos, escotos, anglos y
britanos, pero en el siglo VI el país se unió con la
supremacía de los pictos. Durante siglos los
escoceses lucharon contra los ingleses y noruegos
para mantener su independencia. Los pictos se
envolvían en una tela a cuadros llamada kilt, que a
veces plegaban y sujetaban con un broche de metal en
la cintura. El resto de la tela lo llevaban sobre el
hombro izquierdo. Los colores de la tela indicaba la
categoría del que los ostentaba. El rey podía usar 7
colores; la alta nobleza 5; la baja nobleza 4; los
jefes de primera categoría 3; los de segunda
categoría, 2 y los labradores y soldados un solo
color. Usaban medias a cuadros que dejaban libres
las rodillas.
Escocia está situada en la parte más septentrional
de las Islas Británicas. En tiempos primitivos
estuvo habitada por los pictos, que se opusieron a
la conquista romana. Durante la Edad Media y
comienzos de la Edad Moderna, los escoceses
mantuvieron su independencia hasta que las coronas
inglesa y escocesa se unieron bajo el reinado de
Jacobo I. Pero los escoceses se mantuvieron fieles a
sus trajes típicos, hechos con telas de cuadros de
diferentes colores. Los hombres usaban el kilt,
falda que llegaba hasta las rodillas; medias de lana
también de cuadros, y un jubón ajustado con mangas
acuchilladas. El traje masculino tuvo
características bien definidas que perduraron a
través de los siglos. En cambio, la vestimenta
femenina varió de acuerdo con la moda europea.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS ALEMANES
Los alemanes eran pueblos que habitaban en el centro
de Europa. Entre los siglos XI y XIII vestían una
túnica que era igual para ambos sexos, pero en los
hombres llegaba, por lo general hasta las rodillas;
en cambio, en las mujeres hasta el suelo. Con el
tiempo la túnica femenina se convirtió en un vestido
muy ajustado, con mangas flotantes, que se usaba
sobre una prenda interior o camisa. El clima frío
obligo a usar tejidos gruesos y pesados. Los jefes y
nobles vestían túnicas largas y capas amplias con
algunos adornos. Los hombres se cubrían la cabeza
con un típico sombrero de paño de una sola pieza y
con ala ancha. Sobre la túnica se colocaban una capa
corta, no muy amplia, abierta en los costados, lo
que les permitía gran libertad de movimientos. Ambos
sexos calzaban zapatos ajustados, pero muy
flexibles, de cuero o de lona.
A mediados del siglo X se organizó en el centro de
Europa el Sacro Imperio Romano Germánico, que
comprendía lo que hoy es Bélgica, Holanda, este de
Francia, Suiza, Alemania, Austria, Checoslovaquia,
norte de Italia y parte de Hungría y Polonia. La
mayoría de sus habitantes eran descendientes de las
tribus germanas; de modo que su vestimenta
característica era la túnica de lana corta y la capa
gruesa sujeta a un costado. Pero el emperador y las
clases elevadas comenzaron a usar telas más ricas
fabricadas en Flandes, ciudad que pronto se destacó
en la industria textil. La túnica femenina fue
evolucionando hasta convertirse en un vestido
propiamente dicho, adornado con oro y piedras
preciosas. En la cabeza las mujeres usaban toca -ó
corona en el caso de la emperatriz- y barboquejo de
tela o bien redecilla de lana tejida con adornos de
oro, plata y piedras preciosas. Los flamencos se
destacaron también en tejidos de hilo y algodón y
fabricaban velos de muselina y gasa empleados en
tocas, barboquejos y pañuelos, que lucían las damas.
Durante la Edad Media, los caballeros y nobles
alemanes cubrían su cuerpo con un conjunto de piezas
defensivas que constituían la armadura. Ésta se
componía, principalmente, de escudo, casco y cota de
malla. Las armaduras fueron evolucionando en el
transcurso de los siglos. Hasta mediados del siglo
XII, el cuerpo y la cabeza se cubrían con una malla
de metal denominada loriga. Más tarde se protegieron
también las piernas y los pies con un tejido de
malla de anillos de hierro. Posteriormente, las
armaduras se formaron con placas de metal
articuladas. Los cascos eran de metal de formas
redondeadas y a veces puntiagudas y con un protector
sobre la nariz. Encima de la cota de malla se
colocaban la sobreveste o túnica de paño, de colores
vivos, que servia para proteger del calor y del
polvo, y la cual fue tomada, probablemente, de los
turcos durante las cruzadas que se hicieron para
rescatar el Santo Sepulcro de Jerusalén. Los escudos
eran gruesas piezas de metal de forma triangular.
Las principales armas ofensivas era la lanza y la
espada de acero.
Las damas del Sacro Imperio Romano Germánico
utilizaban para sus trajes telas fabricadas en
Flandes, región en la que la industria textil de
lanas, sedas, terciopelos e hilo fino había
alcanzado gran desarrollo.
El atuendo principal consistía en un vestido largo
que hacia el siglo XI l comenzó a usarse ceñido en
la cintura, con mangas flotantes y sobre un corsé.
Sobre éste se colocaba una túnica de escote alto,
sin mangas, o un gabán con grandes bocamangas. Las
telas eran suntuosas y de brillante colorido. Se
adornaban con joyas de oro incrustadas con piedras
preciosas, como collares, aros, anillos, brazaletes
y cinturones. Los cabellos se usaban largos,
formando trenzas sujetas, a veces, con largas
cintas, o bien recogidos bajo una toca con
barboquejo. El calzado era de cuero flexible
adornado con tiritas de oro y perlas. Las mujeres
del pueblo vestían túnicas de tela rústica sobre
faldas amplias y capas sujetas en el pecho.
A fines de la Edad Media, los talleres de Flandes
eran considerados los mejores de Europa, y ellos
abastecían de ricas telas a los nobles. La mejor
lana llegaba hasta esa región, donde hábiles
artesanos fabricaban paños suaves y abrigados. Su
cercanía con Alemania influyó decisivamente en la
moda del Sacro Imperio Romano Germánico. La prenda
principal continuó siendo la túnica, pero la del
emperador y personajes principales llevaba adornos
de pieles o tejidos de oro. El turbante o caperuza
protegía la cabeza de los hombres; la cofia o
redecilla, la de las mujeres. Éstas, por lo general,
no usaban cosméticos. Todos calzaban zapatos de
cuero suave y flexible bien ajustado. Las telas eran
de colores brillantes, y tenían, como adorno
característico, grandes festones en forma de pétalo.
Un detalle muy importante para la moda: la aguja de
acero se fabricó por primera vez en 1370 en la
ciudad alemana de Nuremberg.
En los últimos siglos de la Edad Media, el Sacro
Imperio Romano Germánico conservaba su importancia
política y económica; de allí que también la moda
alemana, basada en las ricas telas elaboradas en
Flandes, se impusiera, sobre todo, en el centro y
norte de Europa. Los vestidos femeninos eran ceñidos
al cuerpo con cinturones de cuero anchos, y como
abrigo se empleaban amplias capas de lana. Las
mujeres usaban el cabello largo, suelto o recogido a
los costados y en forma de trenzas sujetas como
espirales. Sobre este peinado se colocaban una toca
o redecillas con hilos de oro. La túnica de los
hombres se transformó en una chaqueta forrada, de
falda corta, y calzas largas y ajustadas. Hacia el
siglo XIV los trajes perdieron la amplitud que
tenían en los siglos anteriores y eran ceñidos al
cuerpo. Los hombres protegían su cabeza con
caperuzas de paño que a veces llevaban un reborde de
piel de terciopelo.
La armadura protectora de los guerreros fue usada
desde la más remota antigüedad, pero se generalizó
en la Edad Media convirtiéndose en una pieza muy
elaborada de gran calidad, no sólo técnica sino
también artística. Los alemanes, que sabían trabajar
muy bien los metales, fabricaron excelentes
armaduras.
Un tipo muy común era la llamada cota de malla,
hecha con anillos de alambre que luego se unían para
formar un tejido continuo. Una buena cota de malla
tenía entre 200 y 300 mil eslabones, y por eso su
confección era realmente costosa. Pero protegía sólo
contra puñales, flechas, espadas y lanzas, brindando
poca protección contra los golpes de maza. Hasta
comienzos del siglo XIII se usó este tipo de
armadura, sobre la que se colocaba una túnica de
cuero y luego se le fueron añadiendo planchas de
metal en el pecho y la espalda para aumentar su
valor. La cabeza estaba protegida con un casco de
metal.
Desde fines de la Edad Media, los habitantes de la
región de Flandes fueron considerados los más
hábiles artesanos en las industrias que estaban
relacionadas con la moda, en especial las telas, los
encajes y los bordados. La túnica era la prenda de
vestir más común para varones y mujeres, pero hacia
el Renacimiento se notó una evolución. En los
hombres la túnica se acortó y se hizo más ajustada.
Esta prenda llegaba hasta la rodilla o mitad del
muslo y se abotonaba adelante. Las mangas ofrecían
gran variedad: eran muy amplias, abollonadas hasta
el codo y abotonadas desde allí hasta la muñeca; en
otros casos eran muy amplias y terminaban con el
borde festoneado o con diversos adornos. Las calzas
eran ajustadas y cubrían las piernas y el pie a modo
de medias. Sobre ellas se colocaba el calzado, que
era de cuero flexible. Los hombres usaban los
cabellos largos hasta el hombro y cubiertos por
pequeñas tocas o por especie de turbantes
primorosamente plegados, hechos de terciopelo y
seda.
En el siglo XV comenzó en Italia un importante
movimiento renovador llamado Renacimiento, que se
extendió luego a otros países del continente. La
moda experimentó también notables cambios y apareció
una neta diferenciación en las prendas. Ello se
notaba en la vestimenta femenina de Alemania, pues
la túnica se transformó en un vestido propiamente
dicho. Este era ajustado en el talle, sin cuello,
con la falda amplia y las mangas de forma muy
variable. A veces eran flotantes y llegaban hasta el
suelo, y otras muy amplias, abullonadas, pero
sujetas con un puño a la muñeca. Debajo se usaba una
prenda interior o camisa. Sobre el traje se colocaba
otra prenda llamada gabán, que a veces era muy
suntuosa, estaba bordada con hilos de oro y se
sujetaba por delante con cintas. Como abrigo se
llevaba un manto de lana gruesa forrado con pieles y
sostenido por una cadenita o cordón en el pecho. Los
cabellos se llevaban largos, pero por lo general
recogidos por medio de redecillas o tocas de formas
muy variadas.
En el siglo XV la industria textil había alcanzado
gran desarrollo en Flandes, región que proveía de
telas no sólo a Alemania sino también a Francia,
Inglaterra y aun a Italia, donde había también
importantes fábricas de tejidos. Hacia esa época,
los hombres usaban una túnica ajustada que se
extendía hasta la mitad del muslo, abotonada
adelante. Con el tiempo, esta túnica se transformó
en l una chaqueta forrada con faldellín corto. Una
característica distintiva de la moda de ese siglo
fue la combinación de dos o más colores formando
rayas, y se combinaban rayas horizontales con rayas
verticales. Los nobles usaban como complemento,
pequeñas capas de terciopelo, de seda o de otras
telas suntuosas. La túnica corta presentaba enormes
variaciones y adornos: bordados, pieles, etc.Los
burgueses siguieron usando túnicas amplias y más
largas. En invierno se usaban gruesos paños de lana,
en la que los flamencos eran hábiles tejedores, pero
también sabían fabricar telas de hilo y algodón.
En el siglo XV la túnica casi había desaparecido
para dejar paso a una chaqueta corta, en el
vestuario masculino, y a un vestido propiamente
dicho, en la vestimenta femenina. El corte ajustado
de la prenda en la cintura obligó a llevar debajo un
corsé. El escote era, por lo general, redondo y sin
adornos. Las mangas, en cambio, presentaban gran
variedad. Las del vestido eran flotantes, con los
bordes trabajados, y dejaban ver las mangas de la
camisa, abullonadas y sujetas en el puño. Las
prendas interiores se hacían de algodón o de hilo y
también se usaban pañuelos y tocas de gasa,
muselina, etc. Las mujeres usaban el cabello largo y
liso, dividido por una raya al medio y peinado con
dos trenzas que caían sobre el cuello, o bien
formaban espirales a ambos lados del rostro. Sobre
el peinado se colocaba una cofia o corona de oro
sobre una gorrita de hilo, o redecillas de lana
tejidas, o hilos anudados de oro y de seda, o
turbantes de seda o terciopelo con adornos de plumas
o piedras preciosas.
En Hacia el siglo XV apareció en Alemania una
especie de túnica ajustada que se extendió hasta la
mitad del muslo. Se llevaba abotonada en el frente,
de arriba hacia abajo, y tenía las mangas muy
ajustadas y, por lo general, abotonadas desde el
codo hasta el dedo meñique. Las mujeres usaban
también una prenda semejante que, además, tenía un
faldellín que caía hasta el suelo formando pliegues.
Los tejidos eran, por lo común, de lana gruesa para
soportar los climas rigurosos. También se empleaban
telas suntuosas, como terciopelos, brocados, lanas
bordadas con hilos de oro, etc. Las túnicas cortas
se usaban forradas con telas de colores
contrastantes o de pieles. Las pieles cubrían,
también, el borde de las túnicas y el cuello. Para
proteger la cabeza lucían sombreros con adornos de
plumas, tocas, turbantes plegados, etc. El calzado
era muy sencillo, ajustado al pie y de cuero
flexible.
Desde fines de la Edad Media y durante la época del
Renacimiento, el tocado femenino adquirió gran
importancia como complemento del atavío. La
utilización de diversos materiales contribuyó a
darle gran variedad y atractivo. En una época en que
el vestido comenzaba a aparecer como tal,
diferenciándose de la túnica el tocado contribuía a
realzarlo y, en cierta manera, Indicaba la condici6n
social de quien lo llevaba. Las damas de la nobleza
usaban una gorrita de hilo con barboquejo y sobre
ella una corona. Otras veces, la corona se colocaba
sobre una redecilla de lana tejida o cordones
anudados de seda, oro o plata. También se usaban
turbantes de dos o más telas combinadas, como
terciopelo, brocado, seda, etc., bordados y
adornados con piedras preciosas, plumas de garza,
etc. Los cabellos se usaban largos, con raya al
medio y formando trenzas, que se arrollaban en
espirales a ambos lados del rostro.
A principios del siglo XV se usó en Alemania una
túnica ajustada que se extendía mas o menos hasta la
mitad del muslo, abotonada de arriba hacia abajo.
Las mangas eran largas y estrechas y, por lo
general, se abotonaban desde el codo hasta la
muñeca. Encima de la túnica se usaba un gabán de
grandes bocamangas adornadas con piel, lo mismo que
el ruedo. La túnica de los hombres fue evolucionando
lentamente y se transformo en una chaqueta forrada
con un faldellín, que se prolongaba hasta la mitad
muslo o hasta las rodillas. El pantalón era muy
ajustado y se prolongaba hasta el pie. Sobre el s
colocaba un zapato suave y de cuero flexible. Las
capas de abrigo eran amplias, pero cortas. En la
cabeza usaban un sombrero con alas, tocas, turbantes
con primorosos pliegues, y caperuzas unidas a las
capas.En la cintura llevaban gruesos cinturones de
cuero con adornos de metal de donde pendían las
armas (espadas o puñales); también, llaveros o
bolsitas con dinero.
El tocado fue una prenda de gran importancia en la
moda femenina. En Alemania y Flandes se utilizaron
diversos materiales, sedas, brocados y otras telas
suntuosas, lo que contribuyó a darle gran variedad.
Pero el tocado no sólo realzaba el vestido sino que
era también símbolo distintivo de la condición
social de la mujer Las damas peinaban el cabello
tirándolo hacia atrás, alisado sobre la cabeza, con
largas trenzas que formaban espirales a ambos lados
de la cabeza. Las damas de la nobleza usaban
turbantes, gorritos y especies de coronas de
terciopelo con bordados de oro, plata y piedras
preciosas. Las mujeres de condición humilde usaban
velos o pañuelos de color que cubrían los cabellos.
Las alemanas y las flamencas no empleaban
cosméticos, pero en cambio tenían afición por los
colores brillantes. Las joyas preferidas eran
cadenas y medallas de oro con incrustaciones de
piedras preciosas.
En la segunda mitad del siglo XV la moda en Alemania
se caracterizaba por la utilización de paños de
diferentes colores. La túnica corta o las capas, así
como también las calzas, se confeccionaban de paño
combinando franjas con colores contrastantes y
diferentes entre las dos mitades. A veces una pierna
era lisa, de un solo tono, y la otra de dos o tres
tonos. El traje era también un símbolo de la
jerarquía o de la ocupación de la persona, pero la
prenda más corriente era la túnica corta que llegaba
hasta las rodillas o la chaqueta ajustada que se
prolongaba hasta las caderas. Las armaduras de la
época ofrecían también un aspecto muy curioso por la
combinación de las diversas piezas, que presentaban
notables diferencias entre el lado derecho y el
izquierdo. El cabello se usaba, por lo general,
largo, cayendo sobre los hombros, y en las
ceremonias los nobles usaban tocados con adornos de
plumas. El calzado era muy simple y de cuero suave y
flexible, pegado al pie y, por lo general, sin
ningún tipo de adorno.
En la segunda mitad del siglo XV en Alemania y en
los diversos países europeos, la vestimenta era un
signo distintivo de las clases sociales. La de los
nobles estaba confeccionada con ricas telas y paños
de Flandes, con bordados y adornos de pieles o
incrustaciones de joyas. En esa época las ciudades
comenzaron a florecer, y sus habitantes o burgueses
prosperaron por el desarrollo del comercio y la
industria. Sus trajes, si bien tendían a asemejarse
con los de la nobleza, carecían de la suntuosidad de
los de ésta. Los campesinos y los artesanos usaban
túnicas cortas o chaquetas que caían hasta la cadera
y que se prolongaban con una capucha o caperuza que
cubría la cabeza. Las campesinas vestían faldas
amplias, que, a diferencia de las de las damas,
llegaban sólo hasta media pierna. Como abrigo usaban
una chaqueta corta y ajustada de paño grueso. El
tocado era sencillo y cubría los cabellos, que, por
lo general, eran largos y sujetos formando trenzas.
El centro de la moda para los alemanes en la época
del Sacro Imperio Romano Germánico se encontraba en
la región de Flandes, donde había fábricas de
tejidos de paño de lana y también de sedas,
brocados, terciopelos, etc. A principios del siglo
XVI surgió la moda llamada de los acuchillados, que
tuvo un origen muy curioso. En el año 1477, los
soldados suizos mercenarios al servicio del
emperador alemán obtuvieron una gran victoria sobre
el duque de Borgoña, y entonces remendaron sus
uniformes con jirones tomados de las tiendas de
campaña, banderas y otras piezas que los borgoñones
habían abandonado en su huida.
Pronto imitaron esta moda otros soldados,
especialmente los mercenarios llamados lansquenetes.
Por eso su uniforme llegó a ser estrafalario: los
pantalones eran acuchillados y no sólo de diferentes
tonos en cada pierna, sino de dos o más colores en
cada pierna. Las mangas, que sobresalían del capote
ajustado, eran también acuchilladas, lo mismo que el
sombrero adornado con plumas.
En el siglo XVI, el Sacro Imperio Romano Germánico
fue gobernado por monarcas de la casa de los
Habsburgo, como Maximiliano l y Carlos V (este
último era rey de España con el nombre de Carlos I,
antes de ser electo emperador). En esta época el
imperio pasó por luchas internas, provocadas por la
reforma religiosa y por levantamientos de
campesinos, que atravesaban por una angustiosa
situación económica. Los campesinos vestían telas
gruesas y burdas, túnica corta que, a veces, se
prolongaba en una caperuza que protegía la cabeza, y
pantalón ajustado. A veces, la caperuza se extendía
como una especie de capa que cubría los hombros y
llegaba hasta la mitad del pecho y la espalda. El
calzado era de cuero; algunos llevaban botas o tiras
de cuero arrolladas alrededor de la pierna hasta la
rodilla. Los zapatos eran cuadrados en la parte
delantera y muy estrechos en el talón. Los hombres
usaban los cabellos largos que les llegaban hasta
los hombros, y las mujeres sujetaban el cabello con
redecillas.
En el siglo XVI, época de gran esplendor del Sacro
Imperio Romano Germánico, las damas de la nobleza
utilizaban telas suntuosas para la confección de su
vestimenta. Las telas, por lo general, venían de
Flandes: lanas, sedas, brocados, terciopelos y
encajes. También de allí provenían telas suaves de
hilo, muselina y gasa que se empleaban para
confeccionar tocas, velos y pañuelos. Este accesorio
comenzó a tomar mayor importancia en esta época y se
le empleó no sólo para la higiene sino como un
adorno. Existieron pañuelos de mano con bordados,
puntillas, etc., y otros más grandes que se
colocaban alrededor del cuello. El vestido era
ajustado en el talle y con la falda muy amplia. Las
mangas se usaban acuchilladas, en dos tonos
contrastantes. Las mujeres llevaban el cabello
largo, alisado, y sujeto con dos largas trenzas que
se arrollaban en espiral a ambos lados de la cabeza,
la cual, por lo general, se cubría con un amplio
tocado de hilo blanco, liso, bordado o con
aplicaciones.
En el siglo XVI, el traje femenino en Alemania (que
formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico) se
destacaba por su suntuosidad. A ello contribuían las
ricas telas procedentes de Flandes, como
terciopelos, sedas, brocados y encajes. El vestido
era ajustado en el busto y el talle, y con un escote
amplio en forma de óvalo que llegaba hasta el
extremo de los hombros, o bien cuadrado o redondo.
La falda era amplia, con pliegues, y llegaba hasta
el suelo. Las mangas eran muy ajustadas en el brazo,
y en el hombro y codo presentaban pliegues o cortes
del tipo acuchillado. Los tocados eran muy diversos
y a veces, cubrían la larga cabellera. Por lo
general, eran de tela fina y tenían adornos de hilos
de oro, bordados y alguna piedra preciosa incrustada
en el centro, sobre la frente. También se usaban
amplios sombreros de terciopelo acuchillados, con
vistosas plumas. Las joyas preferidas eran los
collares de oro y plata en forma de cadenas. Algunos
detalles de la vestimenta distinguían a las mujeres
casadas de las solteras.
LOS ITALIANOS
Durante los primeros tiempos de la Edad Media, los
hombres y las mujeres de Italia continuaban
vistiéndose de manera semejante a la de los antiguos
romanos. Pero poco a poco la vestimenta se fue
modificando por influencia de los bizantinos. Al
principio se usaba una túnica larga y sobre ella una
capa que se cerraba sobre el pecho con un largo
alfiler o hebilla. Los hombres se ponían largas
calzas ajustadas y sostenidas por un cinturón de
cuero. Hacia el siglo XI comenzó a usarse la túnica
interior de lana, hilo o seda cerrada en el cuello y
puños con lazos. En esa época las telas empleadas en
las túnicas eran más de seda o lana bordada, y
forradas con pieles en el invierno. El calzado era
de cuero suave, adornado a veces con bordados y
hasta con joyas. La cabeza masculina era protegida
con cascos de metal y también con caperuzas de lana
y gorros con adornos de piel.
Hacia el siglo XIII, es decir a fines de la Edad
Media, la vestimenta de los nobles italianos se
confeccionaba con telas pesadas y ricas, con
bordados, y forradas con pieles en invierno. La
túnica superior de los hombres se fue haciendo más
corta y cubría sólo las rodillas. Así la usaban
principalmente los jóvenes, que por eso fueron
tachados de "indecentes" por los mayores. Esta
túnica Iba acompañada, a menudo, por calzas largas y
ceñidas, de color rojo, con ligas con adornos de oro
y piedras preciosas. El brocado y el terciopelo eran
las telas más empleadas. Tanto los hombres como las
mujeres llevaban capas muy amplias y suntuosas. La
túnica femenina llegaba hasta los pies y tenia cola.
En esta época aparece el color negro como señal de
luto, pero también este estado se expresaba con
cintitas blancas colocadas sobre el manto. La cabeza
estaba protegida por tocas de gasa, y los cabellos
se llevaban largos o recogidos con trenzas..
A fines de la época medieval, la vestimenta va
adquiriendo en Italia características propias. Hacia
el siglo XIII, la túnica masculina, que era amplia y
larga, se va acortando y cubre solamente las
rodillas. A veces, la túnica caía derecha y otras se
sujetaba con un cinturón, dejando un faldellín
debajo de la cintura. Los varones usaban calzas
largas, hechas al sesgo, con ligas de oro y adornos
con joyas. Tanto las mujeres como los hombres
gustaban de las telas suntuosas, como sedas,
brocados y terciopelos de color escarlata, azul,
verde o púrpura. En esa época, los brocados de la
isla de Sicilia eran considerados los más bellos del
mundo. Se usaban amplias capas flotantes que en
invierno llevaban adornos de pieles, siendo las de
armiño las preferidas por los príncipes o jefes de
Estado. La cabeza de los hombres estaba protegida
por una capucha que, por lo general, terminaba en
una punta muy larga que se envolvía en el cuello, en
un brazo o en torno de la cabeza, a modo de
turbante. Pero esto era sólo privilegio de los
nobles.
Al regresar de Tierra Santa, los cruzados trajeron a
Occidente telas y accesorios usados en los países
orientales con los que habían estado en contacto. En
Europa, y principalmente en Italia, se pusieron de
moda bolsos, zapatos, guantes y cinturones ricamente
bordados. En las telas se aplicaban perlas,
lentejuelas y bordados de estilo persa. Hacia el
siglo XIV comenzaron a usarse prendas divididas en
cuartos y mitades; cada parte tenía colores
contrastantes e inclusive cada media o cada zapato
era de color distinto. El calzado era suave y
flexible, de cuero o de terciopelo, con bordados en
colores y aplicaciones de oro y piedras preciosas.
Las puntas de los zapatos de los hombres eran tan
alargadas que hasta se llegó a sujetarlas en lo alto
por medio de cadenitas. El peinado femenino era de
estilo madona, es decir, los largos cabellos
divididos en el centro, ceñidos a la cabeza y
rematados con una corona de trenzas. Sobre ellos se
colocaba un velo, redecilla o casquete.
A fines de la Edad Media y principios de la Edad
Moderna el lujo oriental entró en Europa a través de
Italia. Comenzaron a usarse sedas, brocados, telas
con diseños adamascados, joyas y accesorios
suntuosos. En esa época el traje indicaba el rango
social y, por ello, las autoridades fijaron por
decreto quiénes podían usar prendas de costo
elevado, y hasta se fijó el largo que debían tener
las colas de los trajes.
Hacia los siglos XIV y XV se operó un cambio notable
en la indumentaria masculina. El traje se componía
de una camisa, una túnica y calzas. Encima de la
túnica se llevaba una chaqueta o jubón.
La camisa o prenda interior era amplia, fruncida en
el escote y los puños. Los nobles vestían camisas
bordadas con hilos de oro. En invierno se usaban
capas enteras que se continuaban con capuchas para
proteger la cabeza. Entre los accesorios más
costosos figuraban los guantes perfumados y los
pañuelos de seda, que se llevaban como signo de
ostentación.
ALa situación privilegiada de Italia en el centro
del Mar Mediterráneo permitía realizar un activo
comercio entre Oriente y Occidente, en especial a
fines de la Edad Media y principios de la Edad
Moderna. Del Asia se trajeron telas suntuosas,
sedas, brocados, etc., y accesorios como abanicos,
guantes perfumados, espejos, etc. En Italia fue
donde primero se usaron abanicos, algunos de los
cuales estaban adornados con plumas de avestruz o de
pavo real y con mangos de oro o marfil. Las joyas
eran pesadas, de oro macizo, cadenas con pendientes
y cinturones. La gran demanda de seda determinó la
instalación de la primera fábrica de seda en
Palermo, sur de Italia, en el año 1148.
Lospuertos de Venecia y Génova eran los más activos,
y por ellos se introducían mercaderías suntuosas que
luego se llevaban a otros países europeos. Venecia
alcanzó suma prosperidad, y la moda veneciana tuvo,
hacia el siglo XIV gran influencia en el resto del
continente.
El movimiento renovador conocido con el nombre de
Renacimiento comenzó en Italia en los siglos XIII y
XIV y alcanzó su apogeo en los siglos XV y XVI.
Muchos factores determinaron que en la península se
iniciara la búsqueda de los modelos grecorromanos
menospreciados durante la Edad Media. Entre los más
importantes figuran los mecenas, príncipes, nobles,
pontífices, que ayudaban a los artistas. Lorenzo el
Magnífico, duque de Médicis, en Florencia, fue un
generoso mecenas que impuso, además, cambios en la
indumentaria masculina. Los hombres usaban camisa,
calzas y una prenda denominada jubón o chaqueta. El
jubón podía ser corto, llegando hasta la cadera, o
bien largo, alcanzando casi las rodillas, pero
siempre sujeto a la cintura por medio de un
cinturón. El escote era redondo o en forma de V, y
las mangas presentaban gran variedad. Al principio,
las mangas estaban ajustadas al brazo y luego
ajustadas en el antebrazo y abullonadas arriba.
Otras veces las mangas eran cortas y amplias,
adornadas con rebordes de piel.
El cambio en la indumentaria fue notable durante el
Renacimiento. Las damas de la nobleza usaban
vestidos confeccionados en ricas telas,
especialmente sedas, terciopelos y brocados traídos
de Oriente y luego fabricados en la misma Península.
Los bordados con hilos de, oro y perlas les
conferían aún mayor suntuosidad. Del norte de Europa
se importaban pieles de marta, armiño, zorro, que se
utilizaban para confeccionar capas o bien cuellos u
otros adornos del traje. Por lo general, el vestido
era de talle corto, con cinturón debajo del busto.
Los escotes se hacían redondos, cuadrados o en forma
de V. Las mangas eran muy amplias en la muñeca y
caían casi hasta el borde del vestido. El vestido de
las criadas o personas humildes era más corto y,
naturalmente, de tela rústica. El cabello se usaba
largo, partido en el medio al estilo madona, o con
trenzas que formaban una especie de tocado a ambos
lados de la cabezal.
En la época del Renacimiento, los vestidos de las
damas de la nobleza estaban realizados con telas
suntuosas (sedas, rasos, brocados, terciopelos) y
bordados con hilos de oro, perlas y piedras
preciosas.
Las perlas traídas de Oriente eran muy solicitadas y
se convirtieron en el adorno principal de la
vestimenta. De las regiones nórdicas de Europa
llegaban pieles finas, como el armiño, lince, zorro
y marta, para adornar los mantos y las capas. El
vestido era de talle corto y ajustado y las faldas
muy amplias. Las mangas se usaban ajustadas a
principios del siglo XVI, pero luego se impuso la
moda de las mangas muy hinchadas y acuchilladas, lo
que permitía ver una ropa interior de fino hilo
blanco. A veces se usaba un cinturón cubierto de
alhajas y se suspendía de el un rosario, un abanico
o un monedero. El cabello se llevaba largo, pero
recogido en la nuca con un moño o bien formando una
trenza atada con una cinta.
También se usaba otro estilo, en el que el cabello
estaba partido en la frente y caían a los costados
rulos de cierta longitud.
En el siglo XVI, la moda se caracterizó por su
fastuosidad y por el empleo de telas suntuosas
adornadas con bordados. Los trajes, tanto de los
hombres como de las mujeres de la nobleza, tenían
bordados con hilos de oro y plata y también con
hilos de color rojo y negro. En esa época se
difundió en Europa el uso de la aguja de acero, que
habían introducido los moros en España. Este
instrumento permitió realizar bordados mas finos y
delicados. Italia y Flandes rivalizaban con este
tipo de trabajo, del que surgió luego el encaje.
Durante la primera mitad del siglo XVI, los encajes
eran simples galoncitos o trencillas que se usaban
para entrelazar diversas partes de la vestimenta.
Luego, se fabricaban utilizando hasta quince hebras
de hilos diferentes. Las damas adornaban su cabeza
con redecillas sujetas con cintas: también lucían
pequeñas tocas o velos de gasa ondulante. Las novias
llevaban sobre sus largos cabellos sueltos,
guirnaldas de flores. Un adorno muy difundido
consistía en una sola joya que pendía sobre la
frente con una fina cadenita. Este detalle puede
verse en un cuadro de Leonardo da Vinci.
El traje de la dama de la época del Renacimiento en
Italia era sumamente artístico en su diseño y
realizado con telas muy costosas. Las preferidas
eran las sedas, rasos, terciopelos, brocados,
damascos, enriquecidas aún más por los bordados con
hilos de plata y oro, y con el agregado de perlas y
piedras preciosas. El corpiño era de talle corto y
la falda amplia. A veces se usaba una especie de
sobrevestido con sisas muy grandes por donde pasaban
las mangas ajustadas o bien muy amplias y
acuchilladas. En estos casos el escote tenia forma
de V y llegaba hasta la cintura, dejando ver una
pechera ajustada y con cuello redondeado. En
invierno se usaban capas forradas con pieles de
marta, armiño, zorro, etc. La difusión de la aguja
de acero introducida por los moros en España
permitió realizar bordados más finos y delicados, e
Italia, junto con Flandes, fue la región donde se
realizaron los más bellos. Los abanicos volvieron a
estar de moda, y en Venecia se usaban hermosos
abanicos de plumas.
A mediados del siglo V el Imperio Romano de
Occidente estaba amenazado por hordas de pueblos
bárbaros que cruzaban sus fronteras. Los hunos, al
mando del cruel Atila, asolaban todo a su paso; en
busca de refugio, los pobladores del Norte se
agruparon en una lengua de tierra que emergía en la
zona del Véneto. Allí levantaron casas, cuyos
cimientos estaban debajo del agua, y por medio de
puentes unieron las diversas islas. Por los canales
que había entre ellas circulaban barcas, y pronto la
ciudad de Venecia tomó una fisonomía particular. Con
el paso de los siglos la ciudad se convirtió en
centro de un activo comercio por el mar
Mediterráneo, transformándose en un rico emporio. La
república de Venecia estaba gobernada por una
oligarquía de familias nobles. El jefe o dux ejercía
el poder asesorado por un Consejo Mayor. En el siglo
XV, Venecia conservaba aún su gran esplendor y los
nobles usaban una rica vestimenta. Se preferían las
telas suntuosas, como rasos, sedas, brocados y
terciopelos, combinándose los colores para dar mayor
atractivo al conjunto.
Como ya hemos señalado en notas anteriores, la
vestimenta de los italianos en la época del
Renacimiento se caracterizó por su fastuosidad. A
ella contribuían las telas suntuosas (sedas,
brocados, terciopelos) y los bordados realizados con
hilos de oro o plata, a los que se añadían perlas y
piedras preciosas. El vestido femenino tenía el
busto ajustado, el escote amplio y la falda hasta el
suelo. También su usaban vestidos exteriores con
cintura y sin mangas, y sayas interiores con mangas
largas ajustadas o bien acuchilladas. La cintura era
muy alta y la falda se prolongaba, a veces, en una
cola corta. Otra prenda común era la "giornea",
ropaje sin mangas, abierta a los lados, que dejaba
ver el vestido interior y las mangas. Las mujeres
usaban los cabellos largos, cubiertos por un pequeño
velo, a veces sueltos y sujetos por una fina
cadenita que cruzaba la frente, o bien recogidos
debajo de una toca o turbante. Las damas de la
nobleza lucían coronas con perlas o sujetaban los
cabellos con cintas bordadas y lazos.
Con anterioridad hemos destacado la importancia que
tuvo la moda en Italia en la época del Renacimiento.
Los nobles usaban una vestimenta suntuosa
confeccionada con ricas telas de brocado,
terciopelo, seda, etc., enriquecida con bordados de
hilos de oro y plata, con perlas y piedras
preciosas. Una característica del traje femenino fue
una especie de doble vestido, como se ve en el
modelo de la página; el exterior es de seda con
flecos dorados y el interior es de brocado. La
chalina es de muselina y el tocado es un birrete
bordado con hilos de oro y perlas. El traje
masculino ilustrado es de terciopelo con cuello de
pieles, jubón cerrado con cordoncillos sobre camisa
blanca, mangas acuchilladas y gorrito de terciopelo.
Las calzas están parcialmente coloreadas. Los
tocados eran muy variados y consistían, por lo
general, en coronas o diademas con perlas o piedras
preciosas y cintas. También se usaban botas de
género abotonadas en el lado interior de la pierna.
En la Italia del Renacimiento comenzó a
diferenciarse netamente la vestimenta de las
diversas clases sociales. La de la nobleza, en
particular, se destacó por su suntuosidad y la
utilización de ricas telas, bordados y pieles. Pero
también empezaron a adquirir caracteres típicos las
vestimentas de los habitantes de las diversas
regiones, cada una de las cuales tiene un detalle
singular. Así se distinguían las ropas de los
campesinos del norte (Florencia, Milán, Venecia,
Mantua), de los del centro y de los del sur
(Nápoles, Calabria, Sicilia). Los aldeanos usaban
calzas ajustadas y capas amplias y cortas,
reforzadas con una especie de sobrecapa que cubría
los hombros. El vestido femenino tenía falda amplia
y larga, talle ajustado y, sobre el mismo, se usaba
un delantal que cubría casi enteramente la falda.
Los cabellos se llevaban recogidos y protegidos con
una toca o pañuelo que se prolongaba alrededor del
cuello. Las tocas eran pequeñas y de formas
variadas. El calzado era de cuero suave y carecía de
adornos.
partir del Renacimiento comenzó a diferenciarse la
vestimenta de las diversas clases sociales. La de la
nobleza se destacó por su suntuosidad y por la
utilización de hermosas telas y bordados. En aquella
época, Italia era uno de los más importantes países
que fabricaban telas suntuosas con métodos que
habían copiado de Oriente. Pero también comenzaron a
adquirir caracteres típicos las vestiduras de los
diversos reinos y ciudades de la península itálica.
En el siglo XVII las damas nobles usaban un vestido
ajustado en la cintura con la falda amplia que
llegaba hasta los pies. Sobre él llevaban un abrigo
de terciopelo con hilos de oro. El tocado era
sencillo y comenzaron a usar sombreros con plumas
igual que los caballeros. La gorguera se popularizó
en esta época: adquirió una forma especial de cuello
rizado y pasó a ser parte de la indumentaria
masculina. En el siglo siguiente, la gorguera
alcanzó tamaño desmesurado; en las mujeres, forma de
abanico.
partir de la época del Renacimiento comenzó en
Italia a diferenciarse la vestimenta de las diversas
clases sociales. Pero además se fue imponiendo la
influencia de la moda francesa. La moda basada en
telas suntuosas traídas de Oriente y que usaban los
venecianos, florentinos y romanos se modificó por el
agregado de encajes y plumas provenientes de
Francia. La casaca tenía mangas acuchilladas, con
botones que dejaban ver gran parte de la camisa; por
lo tanto, ésta requería esmerada confección. Los
cuellos eran amplios y se ataban por delante con
cintas y cordones con borlas de seda, Las bragas
eran cortas y amplias y se colocaban sobre medias de
seda roja. Las botas de cuero se distinguían por la
amplitud de la parte superior. Sobre la chaqueta,
cruzaba el pecho el tahalí (de cuero o de raso)
sujeto desde el hombro derecho hasta la cadera
izquierda. El sombrero era de fieltro con las alas
onduladas y adornadas con plumas.
LOS MOROS
A principios del siglo VIII los árabes invadieron
España y allí permanecieron hasta fines del siglo
XV, en que fueron expulsados tras cientos de años de
lucha. En la península ibérica los musulmanes
recibieron el nombre de moros, y su influencia en la
cultura fue notable, ya que, a manera de puente,
vinculaban las antiguas civilizaciones de Oriente
con las de Occidente. Su vestimenta era sencilla y
voluminosa, de pura lana, y destinada principalmente
a protegerles del calor excesivo. Llevaban dos
túnicas: una larga y recta, que les llegaba hasta
los tobillos y carecía de mangas, y otra más amplia,
que tenía largas mangas flotantes. Un cinturón de
cuero recogía la túnica exterior. Cubrían la cabeza
con una caperuza que estaba adherida a la túnica
exterior y que se conoce con el nombre de albornoz.
Tanto los hombres como las mujeres vestían
pantalones. Los personajes distinguidos usaban telas
suntuosas, como sedas, damascos, brocados, etc. El
tocado característico era el turbante, arrollado de
diversas maneras.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS SUIZOS
Suiza es un país situado en la zona montañosa de los
Alpes y paso obligado entre Francia, Italia,
Alemania y Austria. Sus primitivos habitantes fueron
los helvecios, sometidos por Julio Cesar en el año
58 antes de J.C. Durante cuatro siglos la región
estuvo en poder del imperio romano, pero al
producirse las invasiones de los bárbaros, el
territorio fue ocupado por tribus germánicas. En el
año 553, los francos se impusieron y Suiza pasó a
formar parte del reino merovingio y luego del
imperio carolingio. Desde el siglo IX integró el
imperio alemán; por lo tanto, las costumbres, los
usos y hasta la moda germanos tuvieron gran
influencia en Suiza. La prenda principal de la
indumentaria masculina era la túnica de lana, que
llegan hasta la mitad de la pierna. Los nobles se
abrigaban con capas de paño que, durante el
invierno, recubrían con pieles. Los servidores
usaban túnicas cortas con caperuza para proteger la
cabeza. Las piernas se cubrían con medias, y el
calzado era muy simple y de cuero suave.
Desde el siglo IX, Suiza formó parte del sacro
Imperio Romano Germánico, y desde ese momento la
influencia alemana se hizo sentir en las costumbres
y la moda. Debido al clima, los tejidos eran gruesos
y pesados, con diseños muy elaborados. Había
preferencia por los paños de lana y de terciopelo, y
por los brocados de colores brillantes. El traje
femenino se caracterizaba por estar ceñido a la
cintura, con los hombros estrechos y las faldas
amplias. La capa, corta o larga y forrada de piel,
fue el principal abrigo invernal. Las mangas eran
muy amplias, acuchilladas, y sujetas en la muñeca
por una especie de puño. Los cabellos se usaban
largos, sueltos o recogidos, y por lo general
alisados sobre la cabeza y con trenzas arrolladas en
espiral a los costados. La cabeza se cubría con un
manto o con una cofia de tela fina de hilo
almidonada que presentaba formas muy diversas. El
calzado era ajustado y flexible de cuero suave.
LOS INGLESES
En los comienzos de la época medieval, tanto los
hombres como las mujeres ingleses usaban una túnica
y un manto y ropa interior de hilo blanco denominada
camisola. Pero con la llegada de los normandos, en
el siglo XI, las vestimentas se hicieron más ricas,
prefiriéndose telas más suntuosas y, además, pieles
y joyas. La medida de longitud inglesa, denominada
yarda, se fijó durante el reinado de Enrique 11,
entre los años 1154 y 1189, y se tomó como patrón la
longitud del brazo del monarca. En el siglo XII se
adoptó el gabán, que vestían tanto los hombres como
las mujeres. Los primeros lo usaban sobre la
armadura de cota de malla. El gabán se sujetaba a la
cintura por un cinturón de cuero grueso que llevaba
adornos de metal y en el que pendía la espada. Los
guantes se hacían de cuero o lana, y el calzado era
muy simple, de cuero suave y muy ceñido al pie. Las
damas de la nobleza lo usaban bordado. De izquierda
a derecha, se ha representado un barón, el rey, un
guardia, un consejero y un canciller.
La conquista normanda en las Islas Británicas tuvo,
como ya hemos señalado, gran influencia en la moda.
La vestimenta se hizo más rica y variada. Bajo el
reinado de Guillermo II; en el siglo XI, apareció el
vestido femenino llamado "princesa", de corte ceñido
y con una abertura que iba desde la cintura hasta la
parte superior de la espalda sujeta con lazos. Del
ancho cinturón de cuero o tela gruesa se colgaba un
monedero y 1lavero. El peinado y el tocado femeninos
adquirieron una modalidad especial que perduró
durante largo tiempo. El cabello se separaba en el
centro por medio de una raya y se sujetaba en dos
largas trenzas, engrosadas con cabellos postizos y
adornadas con cintas. Otras veces, los cabe 1los se
sujetaban con redecillas -en ocasiones muy
suntuosas, ya que eran de hilos de oro- o una
pequeña toca de hilo blanco almidonado. Los tejidos
más usados eran las lanas de Flandes y las sedas y
brocados de Venecia.
Las armaduras como elementos defensivo fueron
conocidas desde la antigüedad y ya se habla de ellas
en la "Ilíada" y la "Odisea", del poeta griego
Homero. Los soldados griegos, macedonios y romanos
también las usaron y fueron perfeccionándolas, pero
fue en la Edad Media, cuando las armaduras se
hicieron más completas. Como hemos señalado en otros
capítulos de esta serie, primeramente se usó la cota
de malla, pero luego se utilizaron las piezas
enteras de metal que cubrían no sólo el pecho y la
espalda, sino también los brazos, las piernas y,
sobre todo, la cabeza y la cara. Ésta se hallaba
protegida por una especie de visera que podía
levantarse, lo que permitía reconocer a la persona.
Es interesante señalar que el característico saludo
de quitarse el sombrero proviene, precisamente, del
ademán de levantarse la visera cuando un caballero
se enfrentaba con otro. Sobre la armadura se
colocaba una túnica de paño grueso o cuero sujeta
con un ancho cinturón, del que pendía la espada de
metal.
La dinastía de los Tudor corresponde al período del
Renacimiento en Inglaterra. En los primeros años del
reinado de Enrique VII perduraba la tendencia de la
moda medieval, y los hombres usaban largas calzas
ajustadas y túnicas cortas de tela gruesa que, en
invierno, se reforzaban con forro de pieles o
adornos de este material. Debajo de la túnica
llevaban una camisa blanca, de hilo, con mangas
abullonadas. Pero luego la túnica se alargó y se
abría sobre un chaleco o pechera de un material
vistosamente bordado; sobresaliendo del chaleco
aparecía la camisa. Por encima se llevaba un traje o
gabán de mangas muy amplias y sueltas. Las mangas
tenían características especiales: las del traje o
gabán eran acuchilladas y dejaban ver las mangas de
la túnica, que también eran acuchilladas y dejaban
ver la camisa. El gabán se ceñía con un cinturón de
cuero. Las calzas eran ajustadas y largas, y el
calzado era de cuero suave y liso. La cabeza se
cubría con tocados que presentaban diversas formas o
bien con capuchas o caperuzas.
En la época del Renacimiento, en Inglaterra, la
túnica de los hombres se acortó. Debajo de ella se
usaba un chaleco o pechera de tela suntuosa y
bordada. Este chaleco se abrochaba adelante en forma
entrecruzada, y también se sujetaba por detrás.
Sobre el cuerpo se llevaba una camisa blanca de puro
hilo, cuyo cuello sobresalía del chaleco. Otra
prenda muy común era el gabán largo con mangas
amplias y sueltas, acuchilladas, que dejaban ver las
mangas de la túnica y de la camisa. Los cabellos se
usaban, por lo general, cortos, con flequillo y
cayendo sobre los hombros. Los sombreros tenían
diversas formas: comúnmente eran de terciopelo, con
ala pequeña y adornados con plumas y alhajas. El
calzado, tanto el femenino como el masculino, era
muy sencillo y estaba confeccionado de cuero, de
paño o de terciopelo. Los guantes, cinturones y
otros accesorios tenían ricos bordados.
En la época del Renacimiento, el vestido femenino
tenía falda amplia y larga hasta el suelo. También
se usaba una falda interior de cañamazo de forma
acampanada, predecesora del miriñaque. El corpiño
era ajustado y el escote redondeado o cuadrado. Pero
eran las mangas las que ofrecían mayor variedad. Se
las usaba largas y ajustadas o muy amplias y
forradas con telas de color diferente. A veces la
falda se abría por delante en el medio, dejando ver
una suntuosa falda de brocado. También el corpiño se
abría en forma de V permitiendo admirar una pechera
delicadamente bordada. Como abrigo se usaban largas
capas forradas de pieles. Para la vestimenta se
empleaban telas suntuosas, como sedas y brocados
importados de Oriente, terciopelos de Venecia, lanas
de Flandes y batistas de Francia. Las joyas más
comunes eran los collares de oro; también piedras
preciosas o cruces pendientes de una cinta fina de
seda.
En la época del Renacimiento y, particularmente,
hasta 1550 se usó en Inglaterra un tipo singular de
sombrero femenino. Se trataba de un sombrero a dos
aguas, con caídas a ambos lados, que se colocaba
sobre una cofia o toca de hilo blanco muy ajustada y
que se dejaba ver sobre la frente. Las caídas
estaban ricamente bordadas con perlas, piedras
preciosas e hilos de oro y de plata. Otros modelos
constaban de una gran caída que partía desde lo alto
de la cabeza y que, a veces, llegaba hasta el suelo.
Los hombres usaban también tocas de terciopelo con
estas largas caídas, o birretes de terciopelo
adornados con plumas. Los accesorios tenían gran
importancia, como el cuello de la camisa de los
hombres, que tenía delicados bordados negros, y los
guantes de seda acuchillados. Las joyas más comunes
eran gruesas cadenas de oro de las que pendían
piedras preciosas y perlas. Estas últimas eran las
preferidas, sobre todo en época de Enrique VIII, ya
que el mismo monarca las usaba.
En esta época se preferían telas suntuosas para
confeccionar los vestidos femeninos y masculinos. A
Inglaterra llegaban telas de diversas partes de
Europa, y el activo comercio estaba apoyado en una
marina mercante cada vez más floreciente. Desde
Oriente se importaban brocados y sedas muy suntuosos
con dibujos vistosos y de vivos colores; de Venecia
se traían terciopelos lisos y bordados con hilos de
oro; de Flandes llegaban telas de lana, seda y raso;
de Francia, las delicadas batistas utilizadas en
camisas y tocados. En tiempos del rey Enrique VIII,
la moda masculina se dividió en dos corrientes. La
primera se caracterizaba por el estilo cuadrado y
los hombros acolchados; la segunda, por una línea
más bien delgada.
Las mangas eran muy abultadas y acuchilladas, tanto
en la vestimenta femenina como en la masculina. Las
clases más humildes continuaron usando vestidos
sencillos, con mangas y busto ajustados, y falda
amplia que llegaba hasta los pies. Los cabellos eran
cubiertos por una toca.
La túnica masculina experimentó un cambio notable en
Inglaterra a partir del siglo XIV, ya que se acortó
llegando sólo hasta la rodilla. Debajo de ella se
usaba un chaleco que, generalmente, se abrochaba en
forma entrecruzada. Una prenda muy característica
era la camisa blanca de puro hilo, sin cuello y con
el escote alto y fruncido que sobresalía del
chaleco. Los nobles usaban un gabán largo con mangas
amplias y sueltas, acuchilladas, y que dejaban ver
las mangas de la túnica o de la camisa. Los hombres
usaban los cabellos largos, cayendo sobre los
hombros y con flequillo. El calzado, tanto el
femenino como el masculino, era muy sencillo y por
lo general se confeccionaba de cuero, de paño o de
terciopelo. Hacia el siglo XV se realizaron
importantes innovaciones y se introdujo la fantasía
en las prendas de vestir. Así se combinaban telas y
colores en una misma prenda, que tenía, entonces,
gran colorido.
Una prenda característica de la vestimenta masculina
inglesa del siglo XV era la chaqueta corta muy
ajustada hasta el talle y con un faldón amplio que
cubría la cadera. Esta chaqueta tenía un cuello alto
y pequeño, y mangas muy trabajadas. La parte
superior de la manga era muy abullonada y
acuchillada, dejando ver la camisa de hilo blanco.
En el codo había otra parte más pequeña, también
abullonada y acuchillada, y desde allí hasta la
muñeca la manga era muy ajustada. Los pantalones
eran también muy ajustados, y sobre ellos se
colocaban botas de cuero que se prendían al costado.
Las puntas de las botas se prolongaban
desmesuradamente, y el extremo se sujetaba debajo de
la rodilla con un cinto de cuero. El sombrero era
muy variable, pero una de las formas más comunes era
el de ala ancha levantada atrás y con adornos de
plumas. Los tocados femeninos presentaban gran
variedad.
En la segunda mitad del siglo XV las telas para la
vestimenta femenina y masculina llegaban a
Inglaterra desde diversas partes de Europa y de
Oriente. De Venecia se importaban terciopelos lisos
y adornados con brocados de hilos de oro; de
Flandes, lanas y sedas; de Francia, delicadas
batistas; y de Asia, sedas y brocados.
La moda tuvo caracteres muy marcados durante el
reinado de Enrique VIII: las calzas eran largas y
cosidas, abultadas y acuchilladas; los zapatos eran
de horma cuadrada y acuchillada, y la túnica estaba
hermosamente bordada y acuchillada. El cuello de la
camisa tenía un volante estrecho bordado en seda
negra. La pechera de la camisa tenía bordados en
seda negra combinando con seda roja e hilos de oro.
Las mujeres usaban una camisa que se llevaba por
encima de un miriñaque más amplio, y una falda de
raso bordado o terciopelo guarnecido de brocado y de
un color que contrastaba con el resto del vestido.
Las mangas se hicieron muy amplias en los puños y
con adornos de piel o terciopelo. El tocado era muy
variable y se usaban también los turbantes..
En la época de Enrique VIII, los hombres usaban
largas calzas cosidas, abultadas y acuchilladas, y
una túnica bordada que llegaba hasta las rodillas.
La camisa también era una prenda muy común, y el
cuello tenía un volante estrecho o un dobladillo
recto bordado en seda negra. Algunas camisas tenían
la pechera bordada en negro y también con hilos
rojos y dorados. Tanto las damas como los
caballeros, usaban anillos en los dedos de ambas
manos, preferentemente en el pulgar, el índice y el
del medio. Del cuello pendían pesadas cadenas de oro
con medallas o piedras preciosas y perlas. Por
influencia de la moda francesa, los hombres
empezaron a usar el cabello corto y la barba
recortada. Los sombreros adoptaron formas muy
variadas: los había de ala ancha con adornos de
plumas, gorros pequeños, birretes de punta como un
techo a dos aguas, etcétera. El calzado era de cuero
fino, y también de terciopelo acuchillado, con la
punta cuadrada y adornos de piedras preciosas.
A partir del siglo XVII y sobre todo desde el
siguiente, la vestimenta de la nobleza en Europa
occidental era semejante. El intercambio comercial
de telas suntuosas era frecuente, pero también la
creación de manufacturas reales y propias en España,
Francia, Inglaterra, Italia y Flandes permitía la
utilización de tejidos que hacían posibles algunas
diferenciaciones. Hacia el 1700 los nobles ingleses
usaban unas bragas cortas con un faldellín de cuero
y una chaqueta con mangas acuchilladas. Todo esto
permitía lucir una camisa de seda natural o de hilo
blanco con mangas abullonadas. Las botas de cuero se
abrían como una corola y dejaban ver medias de seda
que llegaban hasta la rodilla. Los hombres usaban el
cabello largo y sombrero de fieltro adornado con
plumas.
Los marinos ingleses del siglo XVIII vestían trajes
compuestos por una chaqueta larga con amplios
bolsillos y bragas cortas que cubrían la rodilla. La
camisa era una prenda muy importante de la
vestimenta y tenía en el cuello una cascada de
encaje. Los puños también terminaban en un volante
de encaje. Las medias eran de seda y los zapatos
clásicos, sobre los que se destacaba una hebilla
dorada. Sobre el traje se usaba un abrigo que
llegaba hasta las rodillas. Era costumbre usar
pelucas sujetas con lazos o empolvarse los cabellos
de blanco y sostenerlos con cintas. Las mujeres de
la nobleza continuaron usando corpiño ajustado, que
terminaba en gorguera, y sombrero de copa alta con
ala levantada en un costado.
También usaban una toca de lino blanco y un cuello
amplio del mismo material. El peinado era sencillo y
dejaba la frente despejada.
LOS FRANCESES
Las prendas básicas de la indumentaria usada en
Francia por hombres y mujeres eran dos túnicas y un
manto. En el siglo XII la túnica interior evolucionó
hasta concretarse en una camisa o ropa interior
hecha de batista, tela suave que lleva el nombre de
su inventor, Bautista Chambray. La túnica exterior
dio origen al gabán, especie de capa recta con una
abertura superior para la cabeza, sin mangas y con
amplias bocamangas que se abrochaban a los costados.
Durante el invierno se usaba también una chaqueta
corta forrada con piel. A partir del siglo XIII se
impuso el gabán, que llegaba debajo de las rodillas
y se usó ceñido con un cinturón. En esta época las
mangas presentaban gran variación, tenían amplias
aberturas que llegaban hasta el suelo y los bordes
terminaban en festones en forma de pétalos. Los
hombres usaban calzas largas muy ajustadas en las
piernas y calzado de cuero suave con punta.
Cuando se estudia la evolución del traje y de las
prendas de vestir se sigue, por lo general, la
experimentada por la gente de mayores recursos, los
soberanos y personajes de la nobleza. Pero,
naturalmente, siempre hubo diferencias entre ricos y
pobres, y en la antigüedad ellas se notaban en el
tipo de tela utilizada, mucho más rústica, que en el
corte. Pero en la Edad Media las diferencias entre
las clases sociales quedaron marcadas también en la
indumentaria. Los campesinos usaban un sayo de tela
gruesa de lana o una chaqueta de cuero de mangas
cortas sobre una túnica corta. Cubrían la cabeza con
una capucha de lana o un gorro de fieltro. El
calzado era de cuero suave; las medias, de lana
gruesa. También usaban calzas cortas sujetas a las
rodillas.
Como hemos señalado en el capítulo anterior, durante
la Edad Media comienzan a perfilarse de manera
evidente las diferencias entre la vestimenta de la
nobleza y la de las clases populares. Pero a partir
del siglo XII las ciudades o burgos van cobrando
nueva importancia, lo mismo que sus pobladores o
burgueses, muchos de los cuales se enriquecen por la
industria y el comercio. Los burgueses adoptaron
múltiples usos y costumbres de las clases altas. En
el siglo XIII el gabán era la prenda más usada; el
de los hombres se extendió algo más abajo de las
rodillas, con mangas cortas o sin ellas. Los
campesinos usaban un sayo de tela rústica y cubrían
la cabeza con una caperuza. Las mujeres usaban una
túnica o un gabán largo y una capa de lana. Cubrían
la cabeza con un paño cuadrado de algodón llamado
griñón, que ocultaba el cabello, o lucían una toca
con una corbata que cubría lateralmente la cara y el
mentón.
La sociedad medieval estaba constituida por clases
muy diferentes entre sí y que, de acuerdo con sus
actividades, comprendían a los que rezaban, es decir,
al clero; a los que combatían, o sea la nobleza, y a
los que trabajaban: campesinos, artesanos y siervos.
Naturalmente, estas clases sociales se distinguían
por su atuendo, y en la nobleza es donde se notaba
con más evidencia la evolución de la vestimenta y de
los tejidos empleados en la confección de la misma.
Los campesinos y artesanos usaban una especie de
túnica corta con mangas hecha de tela rústica y
colores apagados y oscuros, calzas largas ajustadas
y calzado de cuero liso. Cubrían la cabeza can un
capuchón de lana gruesa o un sombrero. Los
sacerdotes se colocaban una especie de casulla corta,
de mangas amplias, y los monjes una túnica sencilla
y capa. Los caminantes y viajeros llevaban una
especie de bastón que, por lo general, era un palo
rústico.
En el siglo XIV, la moda en Francia fue
evolucionando lentamente. El gabán continuó siendo
la prenda más usada: se extendía por debajo de las
rodillas y se ceñía a la cintura con un cinturón de
cuero. La prenda tenía mangas cortas, pero en este
siglo se usaron más largas y a veces tan exageradas,
que pendían hasta el suelo. Los hombres llevaban
calzas largas cosidas, y ajustadas a las piernas.
También comenzó a usarse una túnica estrechamente
ceñida al cuerpo que se abotonaba por delante y
tenía, también, mangas largas provistas con una
hilera de botones. El cinturón se usaba, por lo
general, debajo de la cintura, apoyado en la cadera.
Donde se advertía una gran variedad fue en los
tocados, tanto femeninos como masculinos, para los
que se empleaban diversos materiales, como fieltro,
terciopelo, seda, hilos de oro, plumas, etc.
La indumentaria femenina en Francia durante el siglo
XIV adquirió mayor variedad, si bien se mantuvieron
las líneas generales provenientes del siglo
anterior. La prenda más usada era el gabán, de
aspecto semejante al de los hombres, es decir, una
túnica larga y amplia que se ceñía en el talle. A
veces tenía mangas largas y falsas, pues se
abrochaban en los hombros y caían hasta el suelo.
Estas mangas extravagantes fueron una característica
de la época, durante la cual el gabán fue
evolucionando y se abrió a los costados para dejar
ver una prenda ajustada llamada "cotehardie". Ésta
se cerraba con botones o lazos en el frente, desde
el cuello hasta la cintura; las mangas largas eran
muy ajustadas y, por lo común, tenían botones desde
el codo hasta la muñeca. Sobre la "cotehardie" se
llevaba un cinturón bajo, apoyado sobre las caderas
y que, por lo general, era lujoso, pues tenía
incrustaciones de piedras preciosas. Las trenzas
largas, caídas a los costados o arrolladas en
espiral a ambos lados de la cabeza, eran el arreglo
más común de los cabellos, protegidos, además, por
diferentes tipos de tocados.
En el siglo XIV la vestimenta femenina y masculina
se componía de dos prendas principales: una túnica
ajustada que se abotonaba por delante, llamada "cotehardie",
y el gabán o túnica más amplia, abierta a los
costados. En los hombres, el gabán se extendía algo
más abajo de las rodillas y tenía mangas abiertas
por la mitad de sus largos, por donde asomaban los
brazos. También usaban calzas largas cosidas y
ajustadas en las piernas, por lo general de color
rojo. Las mangas extravagantes fueron la
característica distintiva de este siglo; a veces
eran tan largas que llegaban hasta el suelo. En el
siglo siguiente el atuendo femenino se va
modificando y surge el verdadero vestido con el
corpiño ajustado, las mangas estrechas y la falda
amplia ceñida en la cintura. Las damas elegantes
calzaban zapatos de terciopelo, abrochados mediante
un bot6n o una hebilla con piedras, y bordados con
hilos de oro o de colores. El cabello se protegía
debajo de una redecilla o toca.
En el siglo XIV apareció en Europa, y principalmente
en Francia, una moda muy decorativa basada en la
utilización de ricas telas bordadas. El gabán, la
prenda más empleada hasta entonces por hombres y
mujeres, fue reemplazado de forma paulatina. Las
mujeres usaban un vestido ajustado en el talle y
falda amplia con cinturón. La manga era abultada en
la parte superior y ajustada en la inferior. Los
hombres comenzaron a usar una chaqueta ajustada en
la cintura, con mangas cortas muy abultadas,
confeccionada por lo general con telas suntuosas.
Debajo de esta chaqueta se colocaba una especie de
chaleco, que se cerraba con lazos por delante o por
detrás. La chaqueta o jubón también fue usado por
las mujeres, y entonces adquirió mayor variedad. En
invierno estaba forrada con piel o levaba adornos de
pieles finas. La gente del pueblo usaba chaquetas de
telas de lana rústica y pantalones ajustados. El
calzado era de cuero suave, y la delgada suela se
protegía con chanclos de madera.
Hasta comienzos del siglo XIII, la cota de malla fue
la forma principal de la armadura. Ésta contenía más
de 200.000 eslabones de metal, y por ello su
confecci6n era muy costosa. La cota protegía contra
las armas punzantes (espadas, puñales, flechas o
lanzas), pero en cambio, por ser muy flexible, no
resultaba eficaz contra los golpes de maza. Más
tarde la armadura se fue perfeccionando y se le
añadieron piezas de metal para darle mayor solidez.
Sobre la cota de malla se usaba una túnica de paño,
de lana gruesa, sujeta por un cinturón ancho de
cuero, del que pendía la espada, daga o puñal. La
cabeza estaba protegida por un casco de cuero o
yelmo con visera. El escudo de metal continu6 siendo
la principal arma defensiva; por lo general, era de
forma rectangular y de más de un metro de alto.
También se usaban escudos triangulares con los lados
ligeramente curvos. Las principales armas ofensivas
eran la espada, la daga, el puñal, la flecha, el
sable, la jabalina y la maza. En la ilustraci6n
figuran, de izquierda a derecha: Soldado con largo
escudo y lanza, duque con yelmo y bast6n de mano y
soldado con yelmo de metal.
Uno de los detalles más característicos de la
vestimenta femenina en la época medieval,
especialmente a partir del siglo XIII, fue el tocado.
Al principio, el cabello de las mujeres se ocultó
debajo de un pañuelo o toca con una corbata o
barboquejo que cubría la cabeza y el cuello. Más
tarde, vino la moda de una pequeña toca semejante a
una coronita de tela blanca sujeta por medio de una
cinta a la barbilla. En el siglo XV hicieron su
aparición los turbantes, que cubrían enteramente los
cabellos. Algunos presentaban formas extravagantes y
consistían en grandes rollos rellenos. Los tocados
puntiagudos o hennins ofrecían formas y tamaños
diversos, pero en la mayoría de los casos iban
acompañados por un velo que flotaba libremente. Es
curioso señalar que estos tocados alcanzaron tal
extravagancia, que debió ser reglamentado su tamaño
de acuerdo con la posición social de las mujeres que
los llevaban. Los materiales más empleados para el
tocado eran sedas, terciopelo e hilos de oro.
En el siglo XV el tocado adquirió gran importancia
dentro de la vestimenta, tanto femenina como
masculina. Los hombres se cubrían la cabeza con
característicos sombreros de fieltro en forma de pan
de azúcar con alas, y también usaban sombreretes,
capuchos y caperuzas. Las plumas como adorno del
sombrero comenzaron a usarse en la alta Edad Media,
y en ese siglo estuvieron muy de moda, especialmente,
las de pavo real que los grandes señores hacían
traer de Oriente. La caperuza era una continuación
del manto y tenía una punta prolongada que a veces
llegaba hasta el suelo. También se usaron turbantes
o rollos rellenos. Otro detalle característico de
los siglos XIV y XV fue la moda de los pequeños
cascabeles de plata que se suspendían del cinturón,
cuello u otras partes del traje. Ambos sexos usaban
cadenas de oro y cinturones de cuero con adornos de
oro, plata y piedras preciosas. En los trajes, los
nobles llevaban bordados con hilos de oro sus
escudos nobiliarios.
En el siglo XV se advirtió una profunda
transformación en la moda femenina. El gabán, la
prenda más usada en los siglos anteriores, fue
reemplazado por un verdadero vestido, llamado en
francés "robe". Se caracterizaba por tener un
corpiño ajustado, el talle alto y ceñido, escote
amplio, mangas ajustadas y falda con mucho vuelo. El
tocado, como hemos señalado en notas anteriores,
adquirió gran importancia y variedad. Los turbantes
ocultaban totalmente el cabello y el "hennin",
introducido en Francia por Isabel de Baviera, era
usado por las damas de alcurnia. Los rollos se
adornaban con velos muy tenues o telas gruesas
armadas. El calzado era de terciopelo adornado con
bordados, y en esta época tenían una gran punta. A
veces, esa descomunal punta se sujetaba al tobillo
con una cadenita de oro o metal. A la nobleza se le
permitió usar punta de unos 60 cm de largo; a los
caballeros, de 30 cm de largo y a la gente del
pueblo, de sólo 5 ó 6 cm de largo. El calzado
indicaba pues la clase social.
En la Edad Media los trabajadores estaban
organizados en gremios, asociaciones voluntarias
cuyo fin era el de proteger, ayudar y relacionar a
los que realizaban un mismo oficio o actividad. A
partir del siglo XI los gremios se multiplicaron y
se separaron los de los obreros o artesanos de los
de los comerciantes. Para poder ejercer su oficio el
artesano debía pertenecer a un gremio y naturalmente
someterse a sus reglas, que eran muy estrictas.
Primero debía pasar por un periodo de aprendizaje y
realizar pruebas de suficiencia. Después de un
tiempo el aprendiz pasaba al grado de oficial y
luego al de maestro. La vida en común en los
talleres creaba una gran hermandad y similitud hasta
en la vestimenta. El traje de los artesanos era
naturalmente sencillo. Por lo general, consistía en
una túnica corta de paño grueso sujeta con un
cinturón de cuero. El pantalón, ajustado, bajaba
hasta el tobillo y sobre el mismo se ponían medias
gruesas o calzado de cuero flexible con tiras de
cuero cruzadas en las piernas hasta debajo de las
rodillas.
En el siglo XV se advierte una mayor diferenciación
en la vestimenta de las distintas clases sociales.
En la nobleza aparece la robe femenina o vestido
propiamente dicho, ajustado al talle, con falda
amplia y escote redondeado. Las mujeres vistieron
una enorme capa o manto que en invierno forraban con
pieles. Los hombres usaban capas de diferentes
estilos, algunas eran amplias, con cuello y
abrochadas en el hombro. También se usaba la
hopalanda de origen holandés con mangas flotantes y
ceñida a la cintura con un cinturón de cuero. Se
cubrían la cabeza con sombreros de fieltro,
caperuzas o capuchas. La gente del pueblo vestía
sencillas túnicas de tela rústica que caían hasta
las rodillas y se cubrían la cabeza con una caperuza
que se prolongaba y caía sobre los hombros. Bajo la
misma se usaban pantalones ajustados y botas de
cuero flexible.
El siglo XV tiene gran importancia en la historia
francesa. Desde el año 1337 había comenzado la
guerra con los ingleses llamada de los Cien Años que
concluyó en el año 1453. A principios de ese siglo
surgió la figura de Juana de Arco, humilde
campesina, quien impulsada por un mandato divino
ingresó en el ejército y obtuvo notables triunfos.
Sin embargo, víctima de las intrigas políticas, fue
condenada a morir en la hoguera en el año 1431. El
fin de tan largas hostilidades aceleró el
debilitamiento del poder feudal en beneficio de la
autoridad del rey, quien a su vez se apoyó en la
burguesía. Esta clase social iba adquiriendo cada
vez mayor importancia y el restablecimiento de la
Industria y el comercio aumentó su riqueza. Los
burgueses adoptaron la vestimenta de la nobleza,
aunque no siempre con el gusto y refinamiento de
aquélla. Las mujeres usaban la robe o vestido
ajustado en el busto y talle, con faldas amplias.
Los hombres vestían una túnica corta, con mangas
amplias, sujeta con un cinturón de cuero. En la
cabeza, sombreros de diversos tipos y caperuzas.
Las universidades como institutos de enseñanza
superior surgieron en la Edad Media. Al principio
eran simples asociaciones de estudiantes que
contrataban a sus profesores para que les enseñasen.
La primera universidad se creó en Bolonia, Italia,
en 1119, y la segunda en París, Francia, en 1150. La
palabra universidad viene del latín "universitas",
que significa universal, es decir, que comprendía
todos los conocimientos. Los cursos consistían en
explicaciones y comentarios de textos antiguos, y
después de varios exámenes se otorgaban los grados
de bachiller, licenciado y maestro. Los estudiantes,
llegados de distintos países, se agrupaban en
naciones o colegios distinguiéndose por la
vestimenta por detalles de las mismas. Los
profesores vestían una túnica larga y un abrigo con
adorno de pieles. También se cubrían con una especie
de capa con aberturas a los costados para dejar
pasar los brazos.
A partir del siglo XV como ya hemos señalado en
notas anteriores, las mujeres comenzaron a usar un
verdadero vestido llamado robe. El mismo tenia las
características del vestido moderno: corpiño y talle
ajustado, falda amplia, mangas estrechas y escote
grande. La cabeza estaba siempre cubierta por una
toca que presentaba diversas formas y tamaños, desde
los simples velos hasta los voluminosos turbantes
con rollos rellenos. En invierno las mujeres se
cubrían con una capa amplia, con adornos en los
bordes y forradas de pieles. Las joyas más usadas
eran pesadas cadenas de oro y cinturones de cuero
con piedras preciosas y también de oro. En esta
época empezaron a generalizarse los guantes, que se
fabricaban con cuero de gamo u otros ciervos, de
cabrito o liebre. Las telas cobraron también gran
significación; los tejidos de lana procedían de
Inglaterra o Flandes y las sedas vistosas, de
Italia. Pero a partir del siglo XIII se
establecieron las primeras tejedurías de seda en
Lyon y de terciopelo en París, con lo que la moda
francesa adquirió notable importancia.
Al comenzar el siglo XV, Francia se hallaba envuelta
en una larga contienda con Inglaterra, llamada la
Guerra de los Cien Años. Esta había comenzado en
1340 y finalizó en 1453, aunque no se luchó de forma
continuada. Durante la misma se libraron batallas en
las que se fue evolucionando desde los encuentros
entre caballeros que parecían torneos medievales,
hasta combates donde tuvieron decisiva importancia
la infantería y la naciente artillería. La armadura
constituía no sólo una protección para quien la
llevaba sino que era también un signo distintivo, ya
que sólo los nobles eran lo bastante ricos como para
comprarla. Los mejores obreros eran los fabricantes
de armaduras, pues con gran habilidad debían forjar
una resplandeciente coraza que protegiera pero no
paralizara al que la llevase. Las armaduras se
hicieron más complicadas, y sobre la cota de malla
se colocaban chapas de acero que cubrían casi
totalmente las diversas partes del cuerpo.
Durante la Edad Media las luchas adquirieron
carácter épico y consistían en contiendas entre
caballeros que eran más bien duelos entre las armas
ofensivas espada, lanza, flecha, daga, maza,
etcétera y la armadura. Ésta alcanzó gran perfección
en el siglo XV y como una caja de hierro cubría
enteramente el cuerpo del caballero. Claro que la
armadura era muy costosa y por ello sólo los nobles
la poseían. También era muy pesada, y para llevarla
y colocársela necesitaban de la ayuda del escudero.
Los armeros debían tener mucha habilidad para
hacerla de modo que no restara movilidad a su dueño;
por eso tenían articulaciones en los hombros, codos
y rodillas. La cabeza estaba protegida por un yelmo
y visera; ésta se levantaba para ver el rostro del
adversario. La armadura se utilizaba en la guerra y
también en los torneos o justas donde los caballeros
demostraban su destreza. A veces, sobre la armadura
se colocaba un jubón de mangas abiertas por donde
pasaban los brazos.
La armadura usada por los caballeros de la época
medieval, como ya hemos señalado en otras
oportunidades, fue evolucionando y de la cota de
malla o loriga se pasó a la armadura de placas, que
protegían distintas partes del cuerpo. En el siglo
XIII comenzó a usarse la sobreveste de tela o cuero
que resguardaba contra el polvo y que probablemente
se inspiró en la que usaban los moros en la época de
las Cruzadas. Hacia el siglo XV apareció la armadura
denominada "de punta en blanco". Era un traje
completo de planchas de metal, por lo general de
acero templado. Las planchas ajustaban entre si
perfectamente y estaban unidas por remaches que
pasaban por hendiduras cortas para permitir cierta
libertad de movimientos. Los codos, las rodillas y
debajo de los brazos se protegían con cota de malla.
Los cascos presentaban gran diversidad de formas; al
principio eran cónicos, luego se hicieron esféricos
o aplanados. El yelmo estaba rematado por una
cimera.
La armadura formada por planchas de metal que
cubrían casi por completo el cuerpo, excepto las
partes que se asentaban sobre la montura de su
caballo, reemplazó a la primitiva armadura de cota
de malla, aunque este tipo de tejido se usaba para
proteger las articulaciones, como los codos y las
rodillas. Durante los siglos XIV y XV se usaron
también otros dos tipos de armaduras. Una consistía
en láminas de metal unidas a un traje interior de
paño y otra en la que las láminas o planchas iban
remachadas dentro de un jubón de brillantes colores.
Las usaban los soldados y algunos capitanes, pues la
armadura completa era muy costosa y por eso sólo los
nobles podían adquirirla. En el siglo XV la llamada
armadura gótica, con las superficies lisas y sólo
decoradas en los bordes, llegó a su perfección. En
el siglo siguiente el estilo cambió: los cascos y
las guardas de los brazos y piernas presentaban
superficies estriadas y las de los dedos de los pies
se hicieron muy anchas. Esta armadura se llamó
"maximiliana", pues fue Maximiliano, emperador del
Sacro Imperio Romano Germánico su creador.
Los nobles vestían armaduras no sólo durante las
guerras, sino también en los torneos, que eran
fiestas en las que se celebraban simulacros de
combate entre caballeros armados. Por lo general,
dos caba1leros armados con sus lanzas en ristre se
acometían hasta derribarse. El vencido debía
entregar su caballo o su armadura, o su equivalencia
en dinero. Pero tanto era el valor que un caballero
daba a su armadura, que a veces algunos hipotecaban
o malvendían sus tierras para poder rescatarla. Para
las distintas clases de torneos se idearon armaduras
especiales, y como solamente se contaban como puntos
los golpes dados en el cuerpo, brazo izquierdo y
cabeza, estas partes se protegían con placas
suplementarias atorni1ladas. Para los combates en
pie se hacían armaduras especiales, hechas con
placas de metal de acero deslizante que permitían
una total libertad de movimientos. La aparición de
las armas de fuego creó otras condiciones en las
luchas, y las armaduras dejaron de usarse.
El siglo XVII fue una época de transición. Las
naciones europeas, encamadas en sus respectivas
familias reales, luchaban por la hegemonía en el
antiguo continente. En Francia se agudizaron las
cuestiones sociales, lo que provocó la intervención
constante del Estado en la vida económica. Se
fomentó la política de establecer manufacturas de
telas suntuosas (sedas, brocados, terciopelos,
rasos, encajes) y también tapices, prohibiéndose al
mismo tiempo la importación de los mismos.
Los nobles deseaban destacarse por su indumentaria,
y sus trajes estaban confeccionados con ricas telas
y finos adornos. La mujer siguió usando el corpiño
ajustado y el escote bien abierto, que dejaba el
cuello libre. Las mangas eran amplias y se plegaban
sosteniéndolas con piedras preciosas. A veces, el
vestido simulaba una doble falda con guardas
bordadas con hilos de oro. Las cofias con el ala
plegada completaban el atuendo femenino. En la
indumentaria masculina se destacaban la chaqueta
acuchillada, la capa corta y el sombrero con plumas.
Desde mediados del siglo XVII y especialmente en el
siglo XVIII - que corresponden a los reinados de
Luis XIV (el Rey Sol), de Luis XV y de Luis XVI y su
esposa María Antonieta, la moda francesa se impuso
en diversos países europeos. Los vestidos femeninos
tenían un corpiño ajustado, escote bajo que se
prolongaba en una pechera de encaje y estaban
adornados con cintas y lazos. Las mangas, ajustadas
hasta el codo, terminaban con un volante de encaje.
La falda era amplia, sostenida con enaguas
acolchadas. En el atuendo, la peluca usada tanto por
hombres como por mujeres tuvo gran importancia. Por
lo común era blanca con varios bucles, y en la parte
posterior terminaba en un rodete o trenza. También
las joyas tenían gran importancia como complemento
de la magnífica vestimenta. Por lo general, las
damas lucían anillos y pulseras muy espléndidos.
Es indudable que la moda es un reflejo de los
tiempos y que por ello, después de una revolución o
de una gran transformación política, la vestimenta
sufre un cambio radical. Esto fue bien claro después
de la Revolución Francesa, en que se abandonaron los
vestidos de telas lujosas, con amplias enaguas
acolchadas, volantes de encaje y pelucas, La
Revolución Francesa pasó por varias etapas, En 1796,
con el gobierno del Directorio, la moda cambió
totalmente, acercándose a los modelos clásicos
grecorromanos. En los hombres, las bragas se
hicieron ajustadas, sostenidas con botones y lazos.
La chaqueta era ajustada, por delante llegaba hasta
la cintura y se prolongaba atrás hasta las rodillas,
La solapa, muy amplia, contrastaba con los colores
del abrigo. El sombrero era un bicornio de
terciopelo con la escarapela tricolor. Las medias
eran de seda de varios colores. A estas gentes se
las llamaba "increíbles".
La llegada de Napoleón al gobierno como cónsul y
luego su coronación como emperador tuvo gran
importancia no sólo en la historia europea sino
también en la americana. En 1804, el Consejo de
Estado proclamó a Napoleón como emperador con cargo
hereditario. En una solemne ceremonia, en la que
estuvo presente el Papa pío VII, Napoleón se coronó
con sus propias manos y luego coronó a la emperatriz
Josefina, También se produjeron cambios en las
estructuras sociales, que la Revolución había
tratado de desterrar. La moda volvió a experimentar
nuevos cambios. El vestido femenino era de busto
ajustado, escote amplio y talle alto sin marcar la
cintura. Los cabellos eran cortos y anudados con
cintas y lazos, Napoleón, por una serie de decretos,
confirió títulos de nobleza a los miembros de su
familia y a los generales de sus ejércitos. Así se
formó una corte cuya pompa y boato eran semejantes a
las de los antiguos reyes.
En el año 1804, Napoleón Bonaparte - que era Primer
Cónsul y luego fue Cónsul Vitalicio- logró la
dignidad imperial. En una solemne ceremonia
realizada en la catedral de Notre Dame y con la
presencia del Papa pío VII, Napoleón se coronó
emperador con sus propias manos y luego coronó a la
emperatriz Josefina. La instauración del imperio no
sólo exigió modificaciones constitucionales sino
también reformas en la estructura social que la
Revolución había tratado de crear. Mediante una
serie de decretos, Napoleón confirió títulos de
nobleza a los miembros de su familia, a los
generales de sus ejércitos y a los altos dignatarios
imperiales. A causa de esto la moda adquirió, en las
damas, gran suntuosidad. En los caballeros la
vestimenta era más sobria, aunque siempre elegante.
Para la mujer se usó el traje llamado "estilo
imperio", con el busto ajustado y que caía
blandamente hasta el suelo sin ajustar la cintura.
El Romanticismo fue un movimiento intelectual y
artístico propio del siglo XIX, y su influencia
perduró hasta el siglo XX. La palabra romanticismo
procede de «roman» (novela) y se manifestó en todos
los dominios de las ciencias, las artes, las letras,
la política y la vida social. En primer lugar se
impuso en la literatura, en forma de un renacimiento
de la poesía lírica y en especial de la poesía de la
naturaleza. La moda no podía permanecer ajena a este
movimiento renovador. Las damas usaban faldas
amplias, pero más cortas. El corpiño era ajustado,
con encajes y telas suaves que le daban un aspecto
etéreo. Los sombreros eran capotas con lazos y
cintas de terciopelo. Los caballeros usaban largos
chaquetones entallados, con cuello amplio y adornos
ajustados. El sombrero era de copa alta y la corbata
amplia. Un elegante bastón completaba el atuendo.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS ESPAÑOLES
spaña fue invadida a principios del siglo VIII por
los árabes, que permanecieron en la península
durante casi ocho siglos. En todo ese tiempo los
cristianos lucharon contra los invasores, librando
numerosos combates, y lentamente lograron
reconquistar el territorio y fundar reinos. Pero si
bien los árabes fueron perdiendo poder político, su
influencia cultural se mantuvo y aun se afianzó con
el tiempo. En las artes y ciencias, así como en la
técnica, los árabes introdujeron notables adelantos,
y también dejaron su sello en las armas, armaduras,
telas, joyas y perfumes. Y un detalle muy curioso en
el terreno de la moda: las agujas fueron
introducidas en España (y por lo tanto en Europa)
por los moros. Entre los cristianos la indumentaria
fue semejante a la de los franceses, aunque las
telas eran más sencillas. La vestimenta de los moros
era sencilla y voluminosa y consistía,
principalmente, en dos túnicas: una de ellas, recta
y sin mangas, cala hasta los tobillos; la exterior,
con largas mangas flotantes, se recogía con un
cinturón.
Como ya hemos dicho, España fue invadida a
principios del siglo VIII por los árabes, quienes
dominaron casi toda la península excepto una pequeña
región del norte. Allí comenzó la reconquista, que
duró hasta el año 1492, en que Isabel de Castilla y
Fernando de Aragón, a quienes se les 1lamó Reyes
Católicos, entraron en la ciudad de Granada, último
reducto de los moros. Durante la reconquista se
fueron organizando reinos cristianos, como León,
Castilla, Aragón y Navarra. La lucha contra los
moros exigió grandes sacrificios y las costumbres
fueron sencillas. Por ello la moda fue, en general,
austera. La vestimenta consistía en túnicas, por lo
común lisas. {Se consideraban indignas de los
cristianos las telas de seda y bordados que usaban
los moros.) Algunos caballeros vestían una túnica
corta hasta las rodillas y armaduras de cota de
malla. El tocado femenino consistía en un velo que
cubría los cabellos.
La influencia de los árabes (que durante muchos años
ocuparon la Península Ibérica) se notaba también en
la vestimenta de los españoles. El negro era
considerado el color más elegante y se usaba en las
fiestas y en las celebraciones especiales. Los
hombres vestían un jubón o vestidura ajustada a modo
de chaleco, con un faldellín corto y mangas
acolchadas sobre una camisa blanca de hilo o seda
bordada. Las bragas eran cortas y abultadas: el
calzado llevaba adornos y las medias eran tejidas y
de seda. En invierno usaban una capa corta o un
capote, con cuello grande, que les llegaba hasta la
mitad de las piernas. Las mujeres llevaban un
vestido con miriña que daba amplitud a las faldas.
Por lo general era de terciopelo o de raso, adornado
con cintas y bordados. Las golillas, guarnecidas de
encajes en los bordes, remataban el cuello y los
puños. Tanto los hombres como las mujeres lucían
pesados collares de oro con piedras preciosas
engarzadas.
LOS TURCOS
Entre los turcos, el traje femenino se diferenciaba
del masculino no tanto por el corte como por los
tocados y los adornos. Las mujeres también usaban
pantalones largos, muy anchos y sujetos a la cintura
con un cordón y también en los tobillos, y una
camisa debajo del pantalón o sobre el mismo. La
camisa se confeccionaba en hilo blanco o telas muy
suaves y finas de diversos colores y negras. Solían
tener bordados de seda en el cuello y bocamangas y
encajes en la abertura del pecho. Debajo de la
camisa se usaba un camisolín muy escotado que bajaba
hasta las rodillas y que, por lo general, no tenía
mangas. Encima se colocaba un sayo que caía hasta
los tobillos, con mangas cortas y anchas o largas y
ceñidas. Las mujeres usaban velos de gasa o de
muselina blanca. A veces, el velo se fijaba en la
gorra y se echaba por la cara, dejando libres sólo
los ojos, y se volvía a prender en el punto de
salida.
En el año 1452 los turcos tomaron la ciudad de
Constantinopla y con ello cayó el imperio romano de
Oriente, que había durado más de 10 siglos. La
irrupción en Europa de este pueblo tuvo gran
influencia no sólo en la política y en la economía
sino también en la moda. La vestimenta de los
hombres consistía en pantalones, dos sayos largos,
cinturón, zapatos, gorra y turbante. Los pantalones
eran, al principio, anchos y largos y parecían dos
bolsas cosidas por la parte superior y sujetas por
un cinturón ancho. También iban sujetados en las
rodillas o los tobillos. Más adelante, los
pantalones iban sujetos a media pierna. La camisa se
usaba encima de los pantalones, y era bastante
larga, ya que caía hasta la cadera. Los soldados
vestían sobre los pantalones, que tenían forma de
amplias bombachas sujetas en la pantorrilla, una
túnica corta prendida adelante, con mangas anchas, y
un grueso cinturón de cuero.
Los jenízaros eran soldados de la infantería de la
guardia de los emperadores de Turquía. Estos cuerpos
se formaron, primero, con tropas nacionales turcas
y, luego, con cristianos que desde la niñez habían
sido convertidos al islamismo. Por lo general,
vestían de azul y llevaban un sombrero alto, de
fieltro blanco, con adornos de acuerdo con la
categoría del portador. Las armas de los jenízaros
eran el sable, la lanza y el hacha; luego, la
escopeta. Los deli eran soldados de caballería que
tenían un aspecto tremendamente salvaje; los jinetes
y caballos estaban cubiertos con pieles de panteras
y leones, en el escudo llevaban alas de águila y el
casco de combate también estaba forrado con pieles.
Los sables tenían hoja recta o curva; el verdadero
sable turco es el clisch, muy curvo, delgado y fino.
Las armas defensivas se reducían a corazas, cascos
metálicos y escudos también de metal con
incrustaciones.
La toma de Constantinopla, capital del Imperio
Romano de Oriente, por los turcos, dio a este pueblo
una notable influencia en Europa y, como ha ocurrido
en otros momentos de la historia, los usos, las
costumbres y la vestimenta de los vencedores se
impusieron sobre otras poblaciones. Así comenzó a
difundirse una especie de sobretodo largo hasta el
suelo y de igual corte, tanto en el pecho como en la
espalda. La prenda iba abierta por delante en su
totalidad, tenía mangas anchas y cortas o bien sólo
aberturas para los brazos. A veces presentaba mangas
largas y estrechas, adornadas con tiras o cintas de
seda de colores contrastantes que se sujetaban casi
cerca del hombro. La gente del pueblo o los
campesinos usaban una especie de ropón suelto que
les llegaba hasta las rodillas o mitad de la pierna,
sujeto a veces en la cintura con un ancho cinturón
de cuero o material más flexible.
Durante mucho tiempo, la vestimenta femenina se
diferenciaba de la masculina no tanto por el corte,
sino por los adornos y tocados. Mujeres y hombres
usaban pantalones largos, muy anchos y cosidos entre
las piernas y sujetos en la cintura y en los
tobillos por medio de cordones. Las mujeres vestían
una camisa en contacto directo con el cuerpo, debajo
del pantalón o sobre él, la cual era ceñida en el
cuello y las muñecas.
A veces las mangas eran anchas y sueltas y, por lo
general, se confeccionaba de hilo fino y blanco o de
"crepé" negro. Las bocamangas, la abertura del
pecho, los extremos de las mangas, etc., estaban
bordados de seda. Sobre ella se colocaban un
camisolín, que llegaba hasta medio muslo, entallado
y escotado por delante, y el sayo, que caía hasta
los tobillos o los pies. Este sayo podía tener
mangas cortas y anchas o largas y ajustadas. Los
trajes ricamente bordados se realzaban con collares
y otras alhajas.
Una prenda característica de los turcos y que la
usaban tanto los hombres como las mujeres era el
ropón con mangas colgantes, cerrado en la parte
delantera, sin cinturón y con una abertura a cada
lado. Las mujeres usaban un velo de gasa o de
muselina blanca colocado de diversas maneras. A
veces, el velo se fijaba en la gorra, se echaba en
la cara, dejando sólo libres los ojos, y se volvía a
prender en el punto de partida o se pasaba por
encima de la gorra, cruzando las puntas por debajo o
por encima de la cara. En las mujeres de alta
categoría, el velo tenía una abertura enrejada por
la que ellas podían ver sin que les vieran el
rostro. Luego, el velo se sostuvo por medio de dos
tiras muy largas y anchas de muselina blanca, que se
envolvían alrededor de la cabeza y debajo de la
barbilla. La cabeza se cubría con tocados o gorras
de diversas formas: redondas, chatas, cilíndricas,
puntiagudas, etc. Las gorras de las mujeres de
categoría tenían adornos de oro, piedras preciosas y
colgantes de perlas.
Los tocados de los turcos, tanto de los hombres como
de las mujeres, eran muy característicos aunque
presentaban gran variedad. En el siglo XVI se usaban
gorras de formas distintas: redondas, chatas,
puntiagudas, cilíndricas, etc. Los tocados de las
mujeres de clase rica tenían adornos de oro, piedras
preciosas e hilos de perlas. Era común, también, la
diadema, de la que pendía un velo blanco de gasa u
otra tela muy leve. Las mujeres usaban, por lo
general, el cabello largo y suelto, sujeto con una
cinta que rodeaba la frente y la nuca. Pero cuando
salían a la calle se hacían trenzas que ocultaban
debajo de un gorrito. En la casa, la mujer usaba
calzado de cuero suave y zapatos con pequeños zancos
cubiertos de terciopelo y con adornos de oro y de
plata. Para salir, preferían las botas altas y los
zapatos de cuero o piel con zancos. Entre los
hombres era común el turbante en forma de calabaza,
que variaba de acuerdo con las clases sociales. Para
ello rodeaban la gorra con mucha muselina blanca.
Los turcos cubrían su cabeza con una gorra cuadrada
o redonda de fieltro que, según se cree, tomaron de
los tártaros y que por lo general tenía guarnición
de piel. Los funcionarios usaban gorras de distintas
formas, pero de paño rojo. En el siglo XV,
especialmente después de la toma de Constantinopla,
capital del imperio romano de Oriente, comenzaron a
usar un turbante en forma de calabaza. Para ello
rodeaban la gorra con gran cantidad de muselina
blanca. Este tipo de turbante llegó a ser insignia
de los distintos funcionarios, cada uno de los
cuales tenía asignada con exactitud una forma, un
color y un tipo de adorno. Además, las gorras
servían de distintivo a las diversas actividades o
trabajos. Por ejemplo, los cocineros del sultán
llevaban gorras muy grandes y muy huecas, terminadas
por debajo en cuatro puntas. En los días de lluvia
se usaban gorras que se ensanchaban en forma de
paraguas y que calan por encima del turbante. Los
nobles colocaban en el centro piedras preciosas y
oro.
La indumentaria es el reflejo exacto de una raza, de
una comarca, en un momento determinado. Al trasponer
el mundo medieval, los turcos adoptaron el ropón con
mangas colgantes, que fue característico en hombres
y mujeres. En el caso del Mozo del Tren de
Impedimenta, que aparece en el grabado, este abrigo
le llega hasta las rodillas. Por debajo lleva calzas
ajustadas, túnica de pesado material con adornos y
ancho cinturón. El tocado tiene forma de cilindro,
con pequeñas alas. Muy distinta es la vestimenta del
fraile secular, que lleva un amplio tocado, calzas
arriba de las rodillas y una especie de dolmán, sin
mangas, en tela rústica. El calzado es muy diferente
en los dos personajes. Mientras uno de ellos lleva
sencillas sandalias sujetas al pie con vueltas de
correas, el otro busca un sólido soporte para
amparar sus pies del frío, de la humedad y de las
asperezas del suelo.
Entre los turcos, el turbante era utilizado tanto
por el sultán como por los funcionarios y la gente
del pueblo, pero la forma, el color y los adornos de
perlas y borlas de colores variaban según la clase
social. El turbante de los sultanes era de color
verde y tenía unos 30 cm de alto. La gorra también
variaba de acuerdo con la posición o actividad de
quien la lucía. Los cocineros del sultán, por
ejemplo, la usaban muy grande y muy hueca y
terminada abajo por cuatro puntas. En general, los
hombres llevaban la cabeza rapada, dejando un mechón
sobre la nuca. La barba era considerada como un
adorno venerable, y el corte de la misma estaba
determinado también por la posición social del
individuo. El traje de los hombres de clase baja se
componía de sayo y de pantalones o de una camisa
larga. En la época fría usaban una capa de piel o
tela gruesa. El calzado era muy simple: una babucha
que cubría sólo el empeine.
Los detalles de la vestimenta entre los turcos
tenían gran importancia para indicar la condición
social de los mismos. El traje de los hombres de
clase baja se componía de camisa, pantalones y sayo,
pero estas prendas eran más estrechas y cortas que
las usadas por la clase alta. Entre la gente humilde,
los pantalones y el sayo llegaban hasta las rodillas,
donde se ataban. Los soldados llevaban un caftán
largo y recogían los faldones metiéndolos debajo del
cinturón para poder moverse o accionar con mayor
libertad. También debe destacarse que el traje de
las mujeres se distinguía del de los hombres por los
adornos y tocados, pues el corte era similar. Ellas
usaban pantalones largos y muy anchos, provistos en
la cintura de un cordón para sujetarlos; lo mismo
ocurría en los tobillos. Los jenízaros o guardias
del sultán usaban un sayo de color azul y un alto
sombrero de fieltro blanco, el cual lucía un penacho
de plumas verdes si el que lo llevaba se había
destacado por su valor en las batallas o en defensa
del soberano.
La vestimenta de la mujer turca incluía pantalones
anchos y largos ajustados en los tobillos, una
camisa ceñida al cuello y las muñecas, confeccionada
con hilo fino de color blanco o de gasa negra y con
adornos de encaje. Además de la camisa, cubría el
cuerpo un camisolín que llegaba hasta la mitad del
muslo y que tenía mangas cortas o carecía de ellas.
El sayo, abierto por delante, caía hasta los
tobillos, con mangas cortas y anchas o bien largas y
ceñidas. Como cinturón usaban tiras largas de tela
de muchos colores o un chal que rodeaba el talle.
Las mujeres cubrían el rostro con un velo de gasa
blanca o de muselina negra que se fijaba en el
tocado o en la gorra y que dejaba ver sólo los ojos.
Las gorras tenían formas muy diversas: redondas o
chatas, puntiagudas y cilíndricas. Las de las damas
de clase alta se destacaban por sus hermosos
bordados de piedras preciosas y perlas. Llevaban el
cabello largo, pero para salir se hacían trenzas que
ocultaban debajo del gorrito o dejaban caer sobre
los hombros.
LOS CHINOS
Entre los chinos el traje
femenino, salvo en algunos detalles, era semejante
al masculino. Las damas de categoría usaban una
redecilla de malla espesa de seda, camisa corta
abierta por delante, anchos pantalones sujetos a los
tobillos para que resalten los pies pequeños, o
túnica larga. Sobre ella se colocaban una prenda
amplia, abierta por delante y cruzada que podía
abrocharse a un lado, con mangas muy anchas que
servían de manguito, ya que para una china era algo
desagradable mostrar las manos o los pies. Un adorno
característico era una bufanda larga con las puntas
caídas o una banda cruzada en el pecho que se ataba
a un lado. Los zapatos eran de suela gruesa, plana o
inclinada de tal modo que el pie llegaba a
sostenerse por la punta de los dedos. En invierno
esta prenda estaba forrada con pieles. El peinado
variaba de acuerdo con la localidad, pero en general
se hacían una o varias trenzas y las arrollaban en
un rodete sobre la cabeza sujetándolas con dos
agujas. En las sienes usaban adornos de flores o de
perlas.
China es uno de los países más extensos de la Tierra
y de más antigua cultura. Se cree que estuvo
habitada desde tiempos muy remotos, pero los
primeros datos históricos se remontan,
aproximadamente, al año 1000 antes de Jesucristo.
China se mantuvo aislada y casi desconocida para los
europeos hasta los viajes de Marco Polo en los
siglos XIII y XIV. A partir de entonces comenzaron a
difundirse muchos descubrimientos de los chinos,
como la seda, y también sus costumbres tradicionales
e ideas religiosas. La vida social tenía un gran
refinamiento, y en la época contrastaba con la de
los occidentales. Sus hábitos estáticos se
reflejaban también en la moda, que experimentó pocos
cambios en el transcurso de los siglos. Tanto los
hombres como las mujeres usaban una túnica semilarga
con mangas anchas y cuello alto. Las damas de la
clase alta vestían un sayo que les llegaba hasta los
pies; sobre él, una túnica abierta adelante que
descendía hasta las rodillas y con adornos de seda
en el ruedo.
Dadas las características del pueblo chino, apegado
a sus costumbres y tradiciones, la moda no
experimentó muchas variantes en el transcurso de los
siglos. Los nobles vestían una larga túnica de seda
o de brocado, abierta abajo por un lado con cuello
tipo pelerina y mangas anchas y largas que cubrían
las manos. Sobre la cabeza una cofia y una pañoleta
de seda o raso que caía sobre los hombros. También
usaban pantalones anchos y cortos, sujetos debajo de
las rodillas hasta donde llegaban las botas. Sobre
ellos se colocaban una túnica que llegaba hasta las
rodillas con mangas largas y estrechas y una
chaqueta corta de mangas anchas. Era común usar un
casquete redondo, ajustado con tiras de terciopelo
de diferentes colores, con una abertura en lo alto
para sacar la trenza larga con la que sujetaban los
cabellos. Las clases más humildes llevaban pantalón
amplio, sujeto debajo de las rodillas, y chaqueta
corta y suelta.
El traje del emperador en la China era de
extraordinaria belleza no sólo por las ricas telas
sino por los suntuosos adornos. Por lo general
constaba de tres túnicas, una sobre otra, sin
mangas. La más corta se colocaba sobre las más
largas y dejaba pasar las mangas. Esta túnica
exterior corta estaba bordada en sedas de colores y
prevalecía el amarillo. La segunda túnica tenía
también bordados y aplicaciones y la tercera se
destacaba, además de los bordados, por una ancha
cenefa de terciopelo azul. Botones de oro y de nácar
completaban el adorno de las túnicas. En la cabeza
el emperador llevaba un casco de oro en forma de
embudo, con piedras preciosas aplicadas, y en la
parte superior un penacho de plumas. El calzado era
de cuero suave con la suela de la parte delantera
levantada hacia arriba y un borde rojo en el
empeine. Medias de seda dorada cubrían el pie y la
pierna y como adorno se llevaba una cadena de oro en
el tobillo. Las mujeres de clase noble se apretaban
los pies con vendas para achicárselos.
El uniforme de los soldados de infantería, tanto de
diario como de gala, consistía en dos chaquetas, una
más larga que la otra del color del pabellón o
regimiento al que pertenecían y podían ser
amarillas, blancas, rojas o azules. En la parte de
delante y en la de atrás de la chaqueta se colocaba
un disco de tela con las insignias de la división y
la palabra "ping" que quiere decir: soldado. Sobre
el pecho cruzaban dos correas: de una de ellas
colgaba el sable y de la otra una cartuchera con
arco y flechas. En la infantería se distinguía una
división que, por su uniforme, se llamaba "tigre" .
El sayo era de color amarillo con rayas de color
café, y la cabeza se cubría con un casquete redondo
con orejeras que imitaban la cabeza de ese felino.
Los soldados de caballería vestían sayo que cubría
los muslos y estaba guarnecido con planchitas de
hierro. Los pantalones eran de algodón y llegaban
hasta media pierna. La cabeza estaba protegida por
un casco en forma de embudo con adornos según el
grado militar.
En China se llamaba mandarines a los altos
funcionarios y consejeros del emperador.(También se
les decía kivan.) Se dividían en nueve categorías de
dos clases cada una. Se distinguían por los botones
esféricos en lo alto del birrete y que eran
encarnados (de coral o de piedras preciosas) en la
primera y segunda categoría: azules (de cristal o de
piedras preciosas) en la tercera y cuarta; blancos
(de cristal o de vidrio) en la quinta y sexta, y
amarillos (de oro o dorados) en las tres últimas
categorías. Para las ceremonias los mandarines
usaban una túnica abierta hasta los pies por
delante, guarnecida por galones anchos. A los
servidores de mérito el emperador les concedía
algunos distintivos especiales, como ropas de color
amarillo (el tono preferido del soberano), cordones
o collares de coral y plumas de pavo real. Las
sombrillas y bastones eran también distintivos
honoríficos, y los embajadores imperiales se
distinguían por un bastón de bambú amarillo.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS INDIOS
La India está situada en
una gran península del Centro - Sur de Asia. Está
habitada desde tiempos prehistóricos, pero hacia el
año 2000 antes de Cristo se produjo la invasión de
los pueblos arios, que lograron imponerse y
constituyeron reinos en los cuales la sociedad
estaba regida por un sistema de castas. De las
épocas primitivas tenemos poca documentación, pero
en algunos vasos y pinturas murales se advierte que
antiguamente ni los nobles ni los reyes se cubrían
el toro. Los hombres se rodeaban las caderas con un
paño llamado dhotis, la única prenda que usaban
muchos pobladores.Los guerreros tenían desnuda la
parte superior del cuerpo y como manto usaban un
estrecho pedazo de tela que echaban hacia atrás por
encima de los hombros. La primera de las castas
gobernantes era la de los sacerdotes; la segunda, la
de los guerreros; la tercera, la de los comerciantes
y obreros. El signo distintivo de cada una de ellas,
que se consideraba sagrado, era un cordón que
cruzaba desde el hombro izquierdo, pasando por
debajo del brazo derecho y que se componía de tres
hilos de distinto material, según las castas. En los
sacerdotes, el cordón era de algodón; en los
guerreros, de cáñamo;de lana para los demás.
En la India, la vestimenta femenina fue naturalmente
evolucionando a través del tiempo. De las épocas
primitivas han quedado algunas esculturas que
permiten conocer c6mo era la indumentaria en los
tiempos remotos y que por lo general dejaba sin
cubrir el torso.
De acuerdo con ellas, las mujeres usaban también una
especie de taparrabos y una falda sujeta por una
faja a la cintura y un cubre pecho de lana o algodón.
A veces un lienzo admirablemente plegado cubría la
cadera, el busto y la cabeza. Las mujeres de castas
inferiores iban descalzas, pero las demás usaban
sandalias sobre pies desnudos, calzado alto de
cáñamo o de cuero blanco con tacones altos. Pero la
prenda más nota, colocado de diversas maneras según
el gusto o las necesidades. El atuendo femenino era
el sarí, un pedazo de tela rectangular con guardas
en los bordes y sabiamente plegado alrededor del
cuerpo y la cabeza que confiere a quien lo lleva
particular encanto.
Entre los antiguos indios, los trajes tenían ciertas
particularidades que permitían distinguir a los
componentes de las distintas castas. El signo
distintivo entre la de los sacerdotes, la de los
guerreros la de los comerciantes era un cordón que
cruzaba desde el hombro izquierdo, pasando por
debajo del brazo derecho, y que se componía de tres
hilos: de algodón para los sacerdotes; de cáñamo
para los guerreros, y de lana para los demás. Los de
las castas inferiores debían vestir un sayo de lana,
un cinturón de cáñamo, manto de piel de chivo y
bastón alto de rama de higuera; de esta manera, eran
identificados fácilmente. Los sacerdotes o brahmanes
llevaban vestidura blanca de cáñamo, cinturón hecho
con la albura de la caña de azúcar y un alto bastón
de bambú. Según las ordenanzas, los guerreros eran
los que gozaban de mayor libertad para vestirse.
Los príncipes o rajaes vestían túnicas sujetas con
un cinturón con adornos de oro que colgaban a los
lados, y completaban el traje con botas y babuchas.
La India ofreció, en el transcurso de los siglos,
una gran variedad de prendas de vestir tanto por las
diferentes castas como por los distintos pueblos que
se establecieron en su territorio. Así varia desde
la desnudez casi completa hasta el equipo de todas
las partes del cuerpo, y junto con telas muy
armadas, como los brocados, hasta las tenues
muselinas. Algunas prendas se endosaban y aplicaban
al cuerpo, como el dhotis - delantal usado por los
hombres en torno de las caderas- y el sarí, con que
se envuelven las mujeres de arriba abajo. Entre las
prendas cosidas masculinas estaban el pantalón, el
sayo y la veste o túnica. El atuendo típico de las
mujeres era el sarí o sarí, que consistía en una
tela rectangular que se colocaba alrededor del
cuerpo, cruzando las piernas y cubriendo hasta las
rodillas, para pasar el otro extremo por la cabeza.
Generalmente, el sarí no estaba realizado con telas
teñidas y sólo tenia una orla alrededor, pero las
damas de las castas superiores lo usaban de telas
multicolores con guardas de oro.
En la India existía, disperso, un pueblo llamado
parsi, descendiente de los antiguos persas y
adorador del fuego. El traje de los hombres era muy
cómodo y adecuado al clima. Se componía de anchos
pantalones de seda, camisa de muselina y ancho sayo
de seda o de algodón. Las mujeres usaban una toca y
se echaban encima el sarí. Los niños se cubrían con
el sadra, camisa semejante a una cota de malla que
llevaban consigo los antiguos persas. Existen
miniaturas de los siglos XVI y XVII que representan
á príncipes indo - mongoles y sus mujeres. Según
ellas, los hombres sujetos a los tobillos y túnicas
ajustadas con mangas, cuello que tapaba la nuca y
abertura en el pecho. El distintivo del poder entre
los rajaes eran la faja y el turbante; éste era
pequeño y, por lo general, de color blanco, sujeto
detrás de la cabeza por una ancha cinta. Las mujeres
usaban el mismo traje, pero sin sus insignias.
Muchos detalles de la indumentaria masculina y
femenina en la India durante los siglos XVI y XVII
los conocemos por miniaturas hechas por artistas
indígenas. Entre ellas figuran las de príncipes
indomongoles, llamados moguls. Los hombres llevaban
amplios pantalones sujetos al tobillo y túnica
ajustada, generalmente con mangas, cuello alto que
tapaba la nuca y abertura en el pecho. La túnica era
de tela transparente, caía de las caderas hasta las
pantorrillas y tenia muchos pliegues. Los príncipes
indios resguardaban sus pies con medias, pero
llevaban también calzado alto con punta de pico. Los
indios brahmanes se pintaban el rostro: las mujeres
se untaban el cabello con pomadas y se ennegrecían
las cejas con carbón.
Cada india llevaba en la cabeza tres clases de
adornos, que eran los símbolos del agua, del viento
y del aire y debían corresponder al carácter
lacrimoso, borrascoso o etéreo de la mujer. El
adorno de la cabeza de los hombres era cuadrado y
triangular: simbolizaba la tierra y el fuego, como
expresión de la naturaleza firme y ardiente del
hombre. Las mujeres usaban joyas en las orejas,
cuello, brazos, etcétera.
LOS RUSOS
Los antiguos pobladores de
Rusia fueron los eslavos, pueblos que habitaban
desde el mar Báltico hasta el mar Negro. Del modo de
vestirse en los tiempos primitivos no existen muchos
datos, pero igual que los sármatas y escitas, usaban
pantalones, calzado de correas, sayo, manto y gorro.
Hacia los siglos VIII al XII, el traje de los
hombres se componía de camisa de tela con mangas
largas y anchas, sayo hasta las rodillas, sin mangas,
abierto por delante y sujeto en el pecho por una
hebilla y en las caderas por un cinturón. Los
pantalones eran anchos, y en épocas de mucho frío se
ponían uno encima de otro, atados por debajo de las
rodillas o de los tobillos. De la espalda pendía un
manto sujeto por cadenitas. Las mujeres usaban una
camisa que llegaba hasta media pierna, cerrada en el
pecho con una hebilla, ajustada con un cinturón en
las caderas, y bordada igual que el manto. En la
cabeza, el típico adorno femenino era un aro.
En la época medieval la vestimenta de los rusos
sufrió una gran influencia de los bizantinos, de
modo que los trajes se hicieron suntuosos. En lugar
de los hábitos cortos, abiertos por delante, se
llevaron al estilo de Bizancio: largos, cerrados y
con adornos de colores en los bordes. Los nobles
usaban un manto que se sujetaba en un hombro por
medio de un broche. En la cabeza los hombres usaban
una gorra con adorno de pieles, y las mujeres un
manto con ricos bordados. Las invasiones de hordas
mogólicas provenientes del Este de Asia quebraron la
influencia bizantina, y si bien las clases
inferiores conservaron su sencilla manera de vestir,
las clases altas adoptaron la moda de los vencedores.
Entonces comenzó a usarse un ropón abierto adelante
y abrochado, y en lugar de manto un caftán con
mangas cortas y anchas o bien largas y estrechas. En
la parte superior había una abertura para pasar, si
se quería, el brazo, de modo que el resto de la
manga colgaba libremente, detalle que resultaba muy
original.
La transformación del traje en su parte principal en
Rusia se produjo en el siglo XVIII; sobre todo,
durante el reinado de Pedro el Grande. Los hombres
usaban camisas con cuello estrecho, ancha, corta,
lisa, alrededor del cuello y en la espalda. En la
abertura del pecho y alrededor de las bocamangas
tenían bordados de colores de seda, oro y perlas.
Los pantalones eran anchos, y sobre la camisa se
colocaban un caftán estrecho que les llegaba hasta
las rodillas, con mangas tableadas en el extremo.
Para salir vestían, además, un ropón de damasco,
raso o brocado que llegaba hasta el pie. Este ropón
iba adornado con botones o cordones y borlas y un
cuello de piel. En la cabeza usaban gorras de
fieltro blanco con guarniciones de piel, y cuya
forma variaba según la dignidad del personaje. Así,
la de los príncipes era alta y adornada con piel de
zorro o marta y adornos de oro y perlas. Las damas
de posición elevada llevaban un largo ropón, y sobre
el mismo una capa adornada con pieles en los bordes.
En la época de Pedro el Grande (fines del siglo XVII
y comienzos del siglo XVIII), los hombres usaban
anchos pantalones de seda, paño o tela que se metían
en las botas (altas y de piel), ropón largo de seda
o de lana, según las estaciones, y que podía
cruzarse por delante. Las mangas eran anchas por
arriba y estrechas en las muñecas. Para salir se
colocaban un sobrerropón largo, con cuello alto
forrado de pieles y abierto en la parte delantera.
El traje se completaba con una gorra de pieles o un
sombrero redondo, también con ribetes de piel. Este
traje largo, que hasta lo vestían los labradores mas
acomodados, dejó de usarse por orden de Pedro el
Grande, quien también ordenó a sus soldados que por
mandato imperial lo cortaran hasta las rodillas. Las
mujeres de posición de esa época llevaban una camisa
con mangas anchas y abullonadas que se estrechaban
hacia abajo; luego, un ropón, abierto por delante y
con botones o borlas y cordones. El traje femenino
se completaba con un manto forrado y guarnecido de
pieles.
La influencia bizantina, con ricas telas, bordados
y. adornos, se mantuvo durante mucho tiempo en la
moda femenina rusa. Las mujeres usaban un ropón
abierto por delante, con botones a todo lo largo del
pecho y también con cordones y borlas. Sobre él se
colocaban un amplio manto adornado en el cuello y
los bordes con pieles finas, y a veces también
forrados con ellas. El tocado consistía en gorra de
brocado, raso o damasco con guarnición de castor o
cordones de oro. En el siglo XVII, las damas de
categoría llevaban un adorno en forma de diadema y
velos alrededor del cuello con adornos de perlas.
Las mujeres usaban el cabello largo, enrollado
debajo de la gorra. El uso de las joyas estaba muy
generalizado; las damas pudientes lucían alhajas de
oro y de plata y piedras preciosas; las de condición
inferior, de latón. El calzado era de cuero suave y
con tacos elevados, de modo que los pies descansaban
sobre los dedos.
La influencia de los bizantinos y de los mogoles
asiáticos en la moda rusa se advertía especialmente
en la vestimenta de los zares. Éstos llevaban un
caftán, abrochado por delante, con cuello alto; en
lugar de botones tenía perlas o piedras preciosas.
En la cabeza calzaban una corona o gorro redondo con
guarnición de pieles; aquélla remataba con una cruz.
L8 corona de la zarina carecía de pieles, pero en
cambio tenía un velo que se sostenía alrededor del
cuello. En las grandes recepciones, el zar lucía un
collar con imágenes de santos y una cadena de oro
con una cruz doble. Los soldados y algunos nobles
usaban cascos de metal, escudos puntiagudos forrados
de cuero rojo, lanzas largas y flechas. También se
colocaban corseletes de cuero a modo de corazas. Los
escudos eran de varias formas, aunque el más usual
era el redondo, que tenía cuerdas de color en forma
de espiral alrededor del centro. Los soldados de
infantería estaban armados con sable ancho, de hoja
de doble filo, a veces dentada; los de caballería,
sable curvo.
LOS
HOLANDESES
A fines de la Edad Media y
comienzo de la Edad Moderna, los países bajos
estuvieron sometidos a las influencias francesa,
alemana y más tarde, española. En el siglo XIV,
mientras Inglaterra y Francia se debilitaban tras la
larga guerra de los Cien Años. Los Países Bajos
adelantaron mucho en la fabricación de tejidos de
lana, hilo, seda y algodón. A fines de los siglos
XIII y XIV, la túnica se acortó hasta media pierna y
se sujetaba con un cinturón. La prenda más común de
abrigo para las distintas clases sociales era un
sobretodo corto, pero los nobles usaban una capa
amplia que les llegaba hasta los muslos y que iba
forrada con pieles o con telas finas y bordados. Las
calzas eran largas y estrechas; sobre ellas, unos
calzones amplios con acuchillados de seda. La camisa
era de hilo blanco con una amplia gorguera que
sobresalía del jubón o chaqueta. El sombrero más
característico era de fieltro con copa alta y con
adorno de cintas y alguna joya. El calzado era de
cuero suave y cubría completamente el empeine.
A principios del siglo XVI, por influencia de la
moda italiana, dejó de usarse el traje ceñido para
dar paso, en cambio, al ancho. Los hombres adoptaron
los calzones amplios, con cuchilladas forradas de
seda. El jubón de escote cuadrado se rasgaba por
pecho y espalda, horizontal y perpendicularmente, y
las aberturas se rellenaban de seda de colores. Las
mangas se acuchillaban de la misma manera en hombros
y codos, y se ponían faldetas postizas que llegaban
hasta las rodillas. El cabello se llevaba cortado
por la frente en línea recta y cubierto con una toca
ancha. El traje femenino era abierto en el pecho, y
las aberturas se cubrían con colores: las mangas
estaban llenas de adornos; el borde del escote,
guarnecido con un bordado. En la segunda mitad del
siglo XVI, a las alegres modas con sus colores y
cuchilladas sucedieron otras de origen español, más
rígidas y severas, y de tintas oscuras. Las mangas
se hicieron más estrechas y con pespuntes formando
dibujos muy originales y variados.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS
PORTUGUESES
La vestimenta de los
nobles portugueses era semejante a la de los
españoles, pero tenia también influencia de los
ingleses. Los hombres usaban una chaqueta larga que
cubría las bragas anchas, metidas dentro de botas
altas ensanchadas en la parte superior. En la
cintura llevaban un cinturón ancho que terminaba en
largos flecos. Los cuellos eran amplios, con
bordados y encajes. También se usaban las golillas o
gorgueras. La anchura de la gorguera elegante era,
aproximadamente, de unos 25 cm y contenía desde 16 a
17 o más metros de linón de hilo muy fino o de
batista. Las mujeres usaban vestido largo con falda
amplia y un abrigo con las mangas acuchilladas.
Lucían cabellos largos uy la frente despejada. Los
personajes de la nobleza ostentaban joyas con
piedras traídas de Oriente y de Brasil.
EUROPA
OCCIDENTAL
A fines del siglo XIX, la moda se fue unificando en
Europa Occidental y su influencia llegaba también al
Nuevo Mundo. París se convirtió en la ciudad donde
residían los más famosos creadores. Las casas de
moda atraían a personajes de la nobleza o burgueses
ricos, de modo que en las clases altas la moda era
semejante en Francia, el Reino Unido, Italia, España
y Alemania. Naturalmente, en muchos de esos países
se conservaron detalles tradicionales en la
vestimenta y los trajes típicos de ciertas regiones.
Las damas usaban falda ajustada adelante y amplia
atrás sostenida con enaguas que terminaban en
delicados encajes. Las blusas eran también ajustadas,
con el cuello alto y estrecho con adornos de encajes
y puntillas. El abrigo más común era una capa de
paño corta, a veces con dos partes. El sombrero era
pequeño y con adornos de cintas en forma de lazo,
flores y tul. La vestimenta masculina se hizo más
sobria, prefiriéndose los trajes de telas oscuras.
A fines del siglo XIX y principios del siglo XX la
moda masculina se hizo muy sobria en los países de
Europa occidental y de América. La vestimenta
masculina y femenina de las clases altas era
semejante, y los modelos básicos eran creados en
París. El traje masculino constaba de tres piezas:
chaqueta larga con cuello y solapa: el chaleco, por
lo general de la misma tela o de gamuza, y pantal6n
con dobladillo hacia afuera. La camisa era
generalmente de seda blanca, lisa, con cuello duro y
se usaba con una corbata fina o un lazo.
El sombrero de fieltro tenía alas anchas levantadas
en los bordes. Completaban el atuendo guantes de
cuero y bast6n con mangas de diversas formas y
materiales. El cabello se usaba corto, y los bigotes
eran grandes e inclinados hacia arriba.
Hacia el año 1910 la vestimenta femenina abandonó la
austeridad característica de fines del siglo
anterior y se hizo más suntuosa. Volvieron las telas
como el terciopelo, el brocado, las sedas brillantes,
los encajes y los bordados, La falda, ya sin
miriñaque, se recogía con pliegues que le daban un
movimiento particular La chaqueta de brocado llegaba
hasta la cintura y tenía adornos de piel de zorro
blanco en el cuello, en los puños o en manguitos
para abrigar las manos.
Los sombreros tenían gran importancia en la
indumentaria. Por lo general eran de ala ancha: en
invierno, de fieltro o terciopelo con adornos de
pieles y plumas: en verano, de paja con flores,
pequeñas frutas de tela y tul. El accesorio más
común era el bolso y se confeccionaba de terciopelo
o de raso bordado con piedras o perlas. El calzado
era, por lo general, de raso o de gamuza con tacones
altos.
EUROPA Y
AMERICA
Hacia el año 1910 la vestimenta femenina abandonó la
austeridad característica de fines del siglo
anterior y se hizo más suntuosa. Volvieron las telas
como el terciopelo, el brocado, las sedas brillantes,
los encajes y los bordados, La falda, ya sin
miriñaque, se recogía con pliegues que le daban un
movimiento particular La chaqueta de brocado llegaba
hasta la cintura y tenía adornos de piel de zorro
blanco en el cuello, en los puños o en manguitos
para abrigar las manos.
Los sombreros tenían gran importancia en la
indumentaria. Por lo general eran de ala ancha: en
invierno, de fieltro o terciopelo con adornos de
pieles y plumas: en verano, de paja con flores,
pequeñas frutas de tela y tul. El accesorio más
común era el bolso y se confeccionaba de terciopelo
o de raso bordado con piedras o perlas. El calzado
era, por lo general, de raso o de gamuza con tacones
altos.
Hacia el año 1925 la falda en el atuendo femenino
llegó hasta la rodilla, Nunca, hasta entonces, en la
historia de la moda la mujer elegante había llegado
a usar una falda tan corta. Pero luego volvió a
descender y a mediados de la década de los '30 los
vestidos de día estaban a unos 25cm del suelo y los
de fiesta tocaban el mismo. La línea de la cintura
duró hasta los últimos años de la década, en que
comenzó a subir lentamente y la cintura recuperó su
lugar normal. El cabello - que en la década anterior
se usaba corto- volvió a usarse más largo. Se
generalizó el empleo de cosméticos tanto para la
mujer joven como para la de más edad. El calzado
escotado y el escarpín se usaban durante todo el año.
Los caballeros llevaban trajes de franela,
principalmente con rayas blancas sobre fondo gris,
camisa blanca y corbata de colores. El rancho era,
en verano, el típico sombrero masculino.
Entrevista
con Jesús del Pozo
|
Ha
estado con nosotros ...22 de Septiembre de
2004Jesús del Pozo
1. Hola Jesús.
Quería felicitarte por la colección que
presentaste ayer y sobre todo decirte que el
vestido que hiciste para la infanta Cristina en
la cena de gala antes de la boda del Príncipe,
es precioso y creo que es la vez en la que más
guapa he visto a la infanta Cristina.
Enhorabuena y gracias por tu trabajo.
Muchísimas gracias. Tuvimos suerte en acertar
con los trajes que le hicimos para la boda del
Príncipe, y creo que la infanta también está muy
contenta con el trabajo que hicimos. Me alegra
mucho que te hayan gustado y espero que sigas
siempre nuestro trabajo.
2. ¿Podría usted definirnos la
elegancia?
La elegancia es algo innato, ni se aprende ni se
compra. O naces con ella, o te mueres sin saber
lo que es.
3. me encanta el aire que tiene
la moda esta temporada. ¿Sugerencias para ir
genial sin convertirme en una fashion victim??
Ponte lo que más te guste, con lo que mejor te
sientas y olvídate de todo lo demás.
4. Hola Jesús. Sólo quería
agradecerte que tus precios están más o menos
controlados, ya que otros diseñadores, con ropa
menos trabajada que la tuya (tejidos más baratos,
patrones más fáciles) cobran muchísimo más!! Así
que gracias por hacer que el diseño esté al
alcance de todos...
Es uno de los objetivos que yo me he propuesto,
que nuestra ropa sea asequible. Tengo que luchar
mucho para conseguirlo pues los costes de
nuestro patronaje son muy altos.
5. ¿El vestido para el cuerpo, o
el cuerpo para el vestido?
El vestido para el cuerpo siempre. Para sentirle
y para disfrutarle, nunca para sufrirle.
6. ¿Puede la moda ser democrática
o perdería glamour y elitismo si todos
pudiéramos llevarlo todas?
Nunca podemos todos llevar todo. Pues no tenemos
el mismo cuerpo, y sobre todo no tenemos la
misma forma de pensar, que es lo más importante
a la hora de elegir un vestuario.
7. Corren rumores de que esta
edición está siendo muy floja, ¿cómo la ve usted?
Yo no la he visto. Habrá que esperar a que acabe
la pasarela para sacar una conclusión.
8. ¿Qué recomendarías a
diseñadores jóvenes que quieran llegar alto sin
tener que ser "víctimas" de la moda? Besos,
Blanca
Lo que menos debe ser un diseñador es víctima de
la moda. Lo que sí desde luego tiene que ser es
víctima del trabajo. Solo en el diccionario
éxito viene antes que trabajo.
9. Cuáles son sus tres prendas
eternas
Camisa blanca, pantalón negro y pañuelos de
cuello.
10. A qué mujer le gustaría
vestir? Con nombres y apellidos, digo
Hay tantas mujeres a las que me gustaría vestir,
que no puedo decir ni nombres ni apellidos.
Sobre todo pido que sean inteligentes.
11. Desde abajo de la pasarela,
las modelos se ven como diosas, ¿cómo es su vida
cuando se las mira de cerca? son princesas sin
príncipe o son chicas normales? No tiene un
precio esa profesión? Porque todo tan perfecto
da un poco de miedo ¿no?
Hay
de todo. Hay chicas absolútamente normales, hay
chicas que se creen diosas y no lo son, y hay
diosas que no lo saben. Si tiene un precio:
viajar demasiado y estar siempre fuera de casa.
Para mi sería lo más terrible.
12. Recomiéndeme 3 prendas
básicas para este invierno, por favor.
Enhorabuena por sus maravillosos trajes para la
Infanta en la boda de su hermano.
Aunque sin conocerte, me resulta difícil, yo te
diría que una buena falda tableada, un sueter de
cashemire y unas botas cómodas.
13. Nos imaginamos como trabaja
un periodista, un abogado pero ¿cómo es la vida
de un diseñador de moda? ¿cómo se llega a lo
ma´s alto en un mundo tan subjetivo y que mueve
tanto dinero*?
Trabajando, trabajando y trabajando. Pero mi
vida es absolútamente normal y apasionante
porque cada día me puedo permitir el lujo de
trabajar en algo distinto.
14. Su colección de ayer fue
mucho más fresca y juvenil de lo que estamos
acostumbrados a ver ¿a qué se debe ese giro?
Enhorabuena!
A que renovarse o morir. Estoy pasando una buena
época en mi vida profesional y personal, y creo
que eso se nota en el trabajo.
15. Buenos días. Una preguntita,
influye el color de piel, o de pelo a la hora de
elegir un color para vestir buscando la
elegancia?. Qué colores van más con el pelo
moreno rizado y la piel oscura?. Gracias
Efectivamente influye el color de pelo y de piel
para los tonos que te pongas pero es difícil
recomndarte uno sin verlo. Por regla general
nunca te sentarán bien los colores ácidos, y por
el contrario funcionarán los pasteles.
16. El hecho de tener dos
pasarelas en España, ¿no es dividir fuerzas en
lugar de unirlas?
Pues efectivamente llevas toda la razón y es
algo por lo que llevamos luchando muchos años.
Pero es un problema más político y económico de
ciertos sectores que de nosotros los diseñadores.
17. ¿Qué prenda jamás llevaría
usted?
Nunca digo jamás.
18. Cómo situaría la moda
española en el resto del mundo. Estamos
marginados o es que nos apocamos nosotros solos,
porque cada día más diseñadores patrios
conquistan las pasarelas internacionales
En
diseño España está en uno de los primeros
lugares del mundo y en estos momentos, en lo que
estamos trabajando es en conseguir una industria
y unos empresarios capaces de colocar nuestro
producto igual que lo hacen los franceses,
italianos o americanos.
19. Felicidades por la nueva
colección, tiene un toque cinematográfico que me
encanta. Dónde puedo ver la colección en
internet?
En estos momentos está colocada en el mundo.es y
en vogue.com, y dentro de muy poco tiempo en
nuestra página web que esta en proceso de
reforma.
20. Es un subidón que tus
diseñadores clásicos se renueven. No hay nada
como la experiencia paseando de la mano con la
vanguardia. Dígame dónde puedo comprar las
prendas que vi ayer ¡las quiero todas!
En mis tiendas (por ejemplo en Almirante, 9, 1º
izda de Madrid), en muchos de los centros de El
Corte Inglés, en tiendas multimarcas, pero
tendrás que esperar a febrero de 2005 para
poderlas comprar. Si necesitas más información
ponte en comunicación con nosotros en el 91 531
36 46.
21. Cual es el largo de falda
esta temporada?
Justo cubriendo la rodilla. Pero cada uno debe
de ponerse el largo que le favorezca y mejor le
siente.
22. ¿Me recomienda algo para que
no se me marquen los pezones en un traje de
novia? Tengo ese problema, y no sé qué haré ese
día. Saludos y enhorabuena.
Vete a mi tienda a comprar el traje de novia,
allí te solucionarán el problema.
23. Soy un apasionado de la moda.
Ayer vi que su línea ha dado un gran giro. ¿Aceptaría
que le dijese que vi influencias de La Casita de
Wendy y Ágatha Ruiz de la Prada?. El estilo
resultante me pareció muy similar.
Acepto todo lo que me digas pero no comparto tu
opinión.
24. Altas, delgadas para la
pasarela fenomenal, pero en la calle hay otra
realidad, o así lo percibo, ¿las gorditas no
visten? hablo de talla 48, 50
El problema de que no se encuentren tallas no es
de los diseñadores sino de los responsables de
tienda. Ellos son los que compran las tallas que
creen van a vender. Nosotros fabricamos hasta
incluso talla 48.
25. Me está encantando como
contestas. joder, me pareces un tipo listo,
inteligente y NORMAL. Qué delicia, esta es la
verdadera forma de acercar la moda a la gente,
no sólo en pasarelas y revsitas femeninas ¡yo
soy un hombre!
Como me gusta que te guste. ¿Tú como eres?
26. No soy una experta pero
siempre he pensado que lo que Vd. hace es
diferente a todo y que su ropa podría triunfar
en el extranjero porque no hay nada igual, ¿es
difícil exportar?, ¿le faltan apoyos o ganas de
complicarse?. Un saludo, espero algún día ganar
suficiente dinero para comprarme ropa suya.
Hay un poco de todo. Pero ya mi ropa se puede
comprar también en el extranjero, por ejemplo en
EEUU, Japón, Arabia Saudí, Argentina y Méjico.
Otros productos, como perfumes y accesorios, se
comercializan en 120 países. Muchas gracias por
pensar así de mi trabajo.
27. A mi modo de ver los
diseñadores/as ingleses llegan mejor al gran
público, ¿ que piensa ?. ¿ No deberían los
diseñadores/as españoles seguir el modelo inglés
y no fijarse tanto en Francia o Italia ?
No creo que sea así. Prueba de ello es que la
Fashion Week de Londres cada día pierde fuerza.
Sin embargo, Francia y EEUU si creo que son
modelos a seguir, incluso más que Italia.
28. ¿Qué opina de las nuevas
generaciones de diseñadores españoles?
Hay como todo en esta vida, los hay buenos y
menos buenos. Habrá que esperar para saber que
pasa.
29. ¿Qué opina de la crisis
desatada por las Ministras al posar para la
revista Vogue?
Que se le ha dado demasiada importancia.
30. Sólo una apreciación: ¡eres
el más grande!
Gracias. Seguro que tu también.
31. ¿Como compaginar una vida
activa, intelectual con una imagen cuidada?
Sinceramente, lleva mucho tiempo no?
No, no lleva mucho tiempo. Las cosas tienen que
salir naturalmente.
32. Hola Jesús, ¿Nos vestimos
adecuadamente los españoles o pecamos de
horteras?
No se puede generalizar, creo que en España cada
vez se viste mejor, pues cada vez tenemos más
información y una mayor cultura de moda.
33. Buenos dias, Ha dejado algun
diseño a medias por falta de acuerdo con la
clienta? como es esta negociacion?...gracias!
No, no he dejado ningún diseño a medias porque
si el acuerdo con la clienta no ha llegado, no
se ha empezado el diseño. He dejado muchos
diseños a medias para mis colecciones porque los
resultados no me convencían.
34. ¿Trinidad Jiménez o Ana
Botella?
Las dos y ninguna.
35. ¿Cómo ve la crítica de moda
española? ¿Qué personas me recomendaría que
leyese?
La crítica de moda inmediata a las colecciones
no hay que tenerla muy en cuenta, es muy
subjetiva. Creo más conveniente los consejos de
las revistas especializadas.
36. Me gusta la moda, no soy
fashion victim pero vamos, me gasto toda la
proporción que puedo de mi sueldo en ropa,
aunque sea en Zara. Ahora bien, a veces me
descubro gustos un poco horteras a mí misma ¿se
puede uno salir por la tangente de vez en cuando
con ese bolso rosa fucsia de lunares que le ha
conquistado o hay que reprimir nuestro lado
kitch?
No te reprimas, sal por donde quieras y disfruta
que es lo importante.
37. ¿Qué te parece que los
presentadores de TVE informativos hayan
prescindido de la corbata?
Depende de que presentadores, a unos les puede
ir bien por su personalidad y a otros, no.
38. A tu industria se le
relaciona con muchos males como vanidad,
anorexia, clasismo, despilfarro...Defiendete!
Que es lo mejor que aporta la moda a la sociedad?
Gusto y placer. Todo lo demás es la gente que no
sabe utilizar la moda como algo que tiene que
servir para facilitarnos la vida y no para
complicárnosla.
39. Hola jesus,que consejos le
das a una novia?
Que se vista de novia porque es un día especial,
pero que nunca se DISFRACE de novia.
40. ¿Porqué implícitamente,
incluso en tus contestaciones, al hablar de moda
se nos va la cabeza a la moda femenina?, ¿no va
siendo hora de decir qué el hombre también
existe?
Claro que el hombre existe, tanto como la mujer.
Y sin los hombres ¿qué harían las mujeres? Hoy
día la moda masculina es tan importante como la
femenina.
41. En las artes podemos ver
colaboraciones, duetos, etc., por ejemplo Ana y
Víctor cantando con Sabina, o Dragó prologando
un libro de García Márquez, pero lo que nunca he
visto es un diseño "a medias" entre dos
diseñadores importantes. ¿Se te ocurre con quién
te apetecería hacer un dueto de diseño?
Creo que son artes muy distintas, tampoco se me
ocurriría ver una pintura hecha por dos pintores
diferentes.
42. Hace años coincidíamos casi a
diario comiendo en Estrella Campos, también
llamado Julián, que luego cerraron de mala
manera. Siempre me quedé con ganas de hablar más
contigo. Pregunta: por qué es más fácil ir bien
vestida con dinero y sin michelines? Mil
gracias...
Con dinero casi todo es más fácil. Pero hay
gente con mucho dinero que viste fatal y gente
que con muy poco dinero se sabe buscar la vida
bien. Lo de los michelines, o te los quitas, o
los sabes disimular, o vives con ellos encantada.
43. Sr. Del Pozo, he visto fotos
de su desfile de ayer y fue a verle la Infanta
Cristina. Creo que nunca había ido a una
pasarela. Qué detallazo. ¿Le sorprendió o se lo
esperaba?. Besos desde Valencia.
A mis desfiles, la Infanta ya ha ido más veces.
Tengo el honor de vestirla desde hace mucho
tiempo. Y si a algunos años no viene es porque
tiene otros compromisos.
44. Hola! una prenda imprescindible para este
otoño y un color. Es un encanto de hombre.
Un color, el negro. Si eres chica, falda. Y si
eres chico, también.
45. Buenos días. Hay algunos
diseñadores españoles que desfilan en Cibeles y
Gaudí que me parece que no aportan absolutamente
nada nuevo. No es su caso. ¿No cree que habría
que barrer en los calendarios?
Yo no soy quien barre aunque muchas veces me
gustaría.
46. Solo queria darte las
gracias. Me case hace dos años con un vestido
tuyo y todavia mis amigas me dicen que no han
vuelto a ver otro mas bonito (ni yo, por
supuesto). Eres el mejor. Un beso. Cristina -
Santander
Gracias a ti por elegir un vestido mío y espero
que dentro de 20 años te sigas viendo igual de
guapa.
47. Después de un recital de Ana
Belen, soñé que yo también llevaría un vestido
tuyo...El sueño no se ha cumplido...pero gracias
por hacerme soñar...Me encanta todas tus
creaciones. Besos
No hay que perder la esperanza. Todo llegará.
48. ¿Qué modelos le gustan
especialmente?.
Las inteligentes.
49. Buenos días, guste o o lo que
hagas, eres de los modistos que enorgullece
tener en un país, por tu gran profesionalidad y
buen hacer ¿por qué España no termina de
despuntar en el mundo?¿es cuestión de
industria?¿mal marketing? Estoy segura de que si
no fueras Español serías 100 veces más
reconocido. Besos.
Muchas gracias por tu opinión pero España
todavía es un país muy joven en moda y nos queda
mucho camino por recorrer. Sobre todo,
efectivamente como tu dices, en marketing e
industria.
50. Buenos días, ¿existe mucho
plagio en el mundo de la moda?. ¿se ve
perjudicado por esto? gracias
Si, existe mucho plagio pero yo no me siento
perjudicado, todo lo contrario. Me parece que el
día que no me copien, me tendré que retirar.
51. Buenas! Le parecerá ridículo
pero, ¿cree que empezar desde cero a los casi 27
años para ser diseñadora, es ya tarde? ¿Usted por
dónde daría el primer paso? Enhorabuena por su
trabajo!
Nunca es tarde. Yo empecé en la moda a los 28
años. Estás en la mejor edad para aprender y
para asimilar.
Despedida
Muchas gracias a todos por haber estado conmigo
durante más de una hora. Yo me lo he pasado muy
bien y os aseguro que me encantaría chatear con
cada uno de vosotros. Espero poder, en la
próxima temporada, ponerme en contacto y seguir
charlando. Besos... |
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Historia de la moda
