Historia de la Moda

09/05/2008

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Moda Otoño - Invierno - Jesús del Pozo

 

HISTORIA DE LA MODA Desde la préhistoria

PRÉHISTORIA

En 1.886, en la pequeña gruta de Cro-Magnon fueron encontrados varios esqueletos que permitieron afirmar que el hombre de esa raza alcanzaba una talla de 1,80 m, era robusto y vigoroso, de cráneo alargado y voluminoso, ligeramente aplanado en el occipucio, con una frente alta y arcos superciliares apenas salientes. El rostro, algo ancho en los pómulos, mostraba una nariz estrecha y larga. La mandíbula inferior tenia un mentón bastante pronunciado.

Los hombres y las mujeres de esa raza - qué vivió durante el periodo Paleolítico - cubrían el cuerpo con pieles a manera de taparrabos, que sujetaban con tiras de cuero crudo; se adornaban con collares hechos con las uñas y los dientes de los animales que cazaban para su sustento, así como también de caracolillos, que enhebraban en finas tiras de cuero.  Es posible afirmar que conocían el fuego, el cual era conservado ritualmente

Ante el avance de los glaciares, el hombre tuvo que refugiarse en las cavernas naturales para poder soportar los crueles fríos que sobrevinieron. Comenzó a utilizar nuevos elementos para la confección de las ropas de abrigo que se vio forzado a vestir. Con astillas pulidas de hueso creó la aguja y cosió sus prendas, con las que llegó a cubrir enteramente su cuerpo.

También empleó el marfil, que tallaba dándole formas diversas, y comenzó a decorar el interior de las cavernas que lo cobijaban con figuras de animales primorosamente dibujados y pintados. Estas manifestaciones de arte marcan los albores de una cultura que revela cómo las circunstancias crean en el hombre la renovación de sus ideas para una vida mejor.

Al retirarse los glaciares, el hombre primitivo buscó climas más benignos y templados, lo que le permitió conocer y desarrollar la agricultura, así como también emplear la lana de ciertos animales para la confección de tejidos que reemplazaran a las pieles. Los grupos de familias y, por consiguiente, de viviendas, fueron conformando poblaciones, y así nació la primitiva ciudad.

La vida en sociedad y el trabajo en colaboración lograron un relativo refinamiento, pues ya por entonces las mujeres se adornaban con pulseras y se pintaban el rostro, lo cual puso de relieve un naciente bienestar y seguridad con relación a la supervivencia. Además, como ejemplo de su incipiente artesanía, nos dejó valiosas muestras de una alfarería preciosamente decorada.

LOS SUMERIOS

La larga noche del salvajismo paleolítico y la plomiza claridad de la barbarie neolítica dieron paso, hace cinco milenios, en la Mesopotamia del Oriente Medio, a la primera civilización y, con ella a la historia. Una historia que comienza con la invención de la escritura.

Fueron las ciudades del país de Sumer, tales como la sagrada Nipur, la opulenta Ur y la orgullosa Nagash, las que nos dejaron, documentos escritos y obras de arte, la manifiesta fiebre creadora de aquellos hombres.

Los sumerios inventaron la rueda, construyeron palacios y templos en donde adoraban a sus dioses; fueron ellos quienes extrajeron el cobre, trabajándolo con fines útiles, mas tarde añadiéndole estaño, dieron con el bronce, aleación superior en resistencia y dureza. Fueron expertos artesanos y grandes escultores y dejaron elocuentes muestras de cincelado en plata y oro.

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BABILONIA Y ASIRIA

En el año 1.917 a. de C., los tres reinos de Elam, Asiria y Siria fueron unidos bajo el imperio de Babilonia. Asiria conquistó el imperio en 1.250 a. de C.; alcanzando su apogeo en las culturas mixtas de los siglos VIII y VII a. de C.

La indumentaria de los babilonios y asirios se componía de dos prendas: una túnica de talle recto con bordes guarnecidos con flecos, unas veces larga y otras corta, denominada candys, y un chal adornado de diferentes dimensiones.

Hombres y mujeres llevaban las mismas ropas, con la única diferencia de que los chales de las mujeres eran más amplios.Se usó el lino, aunque la lana era más común, con diversos bordados artísticamente diseñados.

Los vestidos llevaban borlas y flecos. Abundaban los colores brillantes, rojos, azules, verdes. El púrpura era usado solamente por los reyes, cuyas tiaras estaban adornadas con alhajas.El cabello largo y las barbas eran cuidadosamente dispuestos en forma de bucles prietos y ajustados.Poco se sabe de la indumentaria femenina. Las mujeres vivían retiradas de la vida publica, y no figuran en los bajorrelieves y esculturas que nos han dejado.

EGIPCIOS

La vestimenta de los egipcios consistía en pocas prendas que, por virtud del clima cálido y siempre igual, eran de lino y algodón. Las clases pudientes usaban una fina muselina translúcida que se tejía con el lino cultivado en las ricas llanuras fangosas del río Nilo.

La principal prenda masculina se llamaba shenti. Era una larga faja que se enrollaba en las caderas, sujetándose con un lazo o cinturón que remataba en un nudo. El vestido de las mujeres tenia corte recto y estrecho, como una vaina, y pendía por debajo del pecho hasta los tobillos, sostenido por uno o dos tirantes. Las sandalias eran fabricadas con suelas de cuero, papiro o madera y se ataban con cordones de cuero, metal o fibras de plantas.

Tanto los hombres como las mujeres se afeitaban la cabeza y usaban pelucas postizas. Las barbas de algunos dignatarios también eran postizas. Se decoraban los ojos, coloreaban sus mejillas y se pintaban los labios de color carmesí. Era muy común el uso de cosméticos y perfumes.

Entre los objetos que se empleaban para combatir el calor figuraban abanicos de hojas o plumas y parasoles de mando muy largo.

LOS HEBREOS

Luego de establecerse en la tierra prometida, los hebreos conservaron algunas prendas egipcias, tales como el delantal y la camisa. La tórrida temperatura de Canaán, obligo a los hombres a adoptar el kalasiris y el manto suelto. El kaftán y el ephod fueron las típicas vestiduras de este pueblo.

En los tiempos de David y Salmón, los hebreos acostumbraban a adornar mucho sus prendas. Los reyes usaban, para su traje de ceremonias, circulo o corona y largo bastón o venablo. Los sacerdotes vestían camisa talar, con aberturas a los costados. Sobre la túnica que prescribía el culto, el sumo sacerdote se ponía vestidura azul sin mangas, con el borde guarnecido de granates y campanillas, encima del ephod bordado en rojo y azul. Llevaba un casquete con una placa de oro con la inscripción: " Consagrado a Jehová".

Las mujeres hebreas vestían una camisa blanca con mangas y se cubrían con mantas de colores. Rizaban sus cabellos formando pequeños bucles, que trenzaban o los disponían en diadema alrededor de la raya. Usaban sandalias con correas, cadenillas de oro y lentejuelas.

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LOS PERSAS - SIGLO VI A.C. AL SIGLO XIII D.C

La vestimenta de los persas, que tomaron importancia histórica a mediados del siglo VI antes de J: C., estaba basada en la de los asirios y los babilonios, con algunos elementos propios.

La prenda típica era el "candys", especie de túnica de lana hilo o seda importada del Lejano Oriente, que se adaptaba al cuerpo y tenia mangas amplias. El gran rey y los sátrapas o gobernadores vestían solamente el "candys" y el del monarca era de púrpura. Generalmente usaba la saya o túnica amplia sostenida con un cinturón. Por primera vez en la historia de la humanidad, aparece el uso de la ropa interior. Los persas fueron los creadores del bordado de aplicación, técnica que se introdujo en Europa después de las Cruzadas. Calzaban zapatos flexibles de cuero amarillo y de forma anatómica, atados a los tobillos con correas y botones. Los hombres tenían cabellos y barbas largos y rizados, y los nobles los espolvoreaban con polvo de oro. Los reyes adornaban su cabeza con tiaras y mitras. Otra prenda típica era el paño de barbilla, de hilo blanco, que se envolvía en la cabeza y el cuello. De la indumentaria femenina se conoce muy poco, pues las mujeres llevaban una vida de reclusión

Hasta el siglo XIII la vestimenta de los persas fue semejante a la que usaban en la época de su gran imperio. Su prenda característica era la túnica de lana o de seda, traída del Lejano Oriente, que, por lo general, les llegaba a los tobillos. Debajo de ella usaban prendas interiores, camisa y calzoncillos. Otra innovación eran las prendas cortadas y cosidas, con mangas aplicadas y gran amplitud en los puños. La túnica del monarca era de color púrpura, azul oscuro o blanca y el cinturón era tejido con hilos de oro. Las mujeres llevaban una vida recluida, por eso no S~ conocen muchos aspectos de su indumentaria. Por lo general, las damas nobles vestían una túnica talar y un amplio manto con adornos en los bordes. El calzado era de cuero flexible sujeto con cintas o cordones de cuero. Los soberanos o personajes principales, como los gobernadores o sátrapas, llevaban sobre su cabeza tiaras, mitras o sombreros altos de fieltro.

LOS GRIEGOS

Entre los siglos VII y I antes de la era cristiana, la prenda que usaban los hombres y las mujeres era el chitón, trozo rectangular de lana, que se recogía en los hombros con una fíbula, que era una hebilla o broche.

Las mujeres usaban un chitón largo, que les llegaba hasta los tobillos; en cambio, el de los hombres era corto y alcanzaba solo a las rodillas.

Los sacerdotes y algunos ciudadanos, en las ceremonias importantes se ponían chitón largo. Encima del chitón, las mujeres llevaban el peplo, que era un paño en forma de chal que colgaba desde el hombro hasta la cintura. Como abrigo se ponían el clamide, manto de lana de forma rectangular con pesos en las puntas para impedir que el viento los levantara; se ajustaba con una hebilla en el hombro o en el pecho. Tanto los hombres como las mujeres llevaron el himation, pieza de genero de un metro y medio por tres que solo cubría el hombro. Un adorno característico.

El teatro tuvo en Grecia una enorme importancia y los actores usaban una vestimenta especial, pues el teatro era al aire libre y debían hacerse oír y ver, desde las graderías donde se sentaba el publico. Los actores se ponían caretas especiales, según se tratara de una tragedia o una comedia, y calzaban coturnos, zapatos que tenían una suela alta para aumentar la estatura. Tanto los hombres como las mujeres eran aficionados a los perfumes. El cabello era corto en los hombres y sujetado con una cinta. Las mujeres se dejaban caer el cabello y lo llevaban unas veces rizado y otras sujeto en forma de tirabuzón, con horquillas de hueso o de marfil y oro. Cuando salían de viaje, los hombres usaban sombreros de fieltro, con alas muy anchas que se sujetaban con una correa a la barbilla; este sombrero se llamó petasos. El calzado más común para hombres y mujeres eran las sandalias de suela gruesa. Los adornos(pendientes , collares, brazaletes y anillos) tenían gran importancia y eran de una belleza incomparable, como todas las obras artísticas que nos dejo Grecia.

LOS ROMANOS

Desde el siglo I a. de J.C., la vestimenta principal de los romanos fue la toga, tanto para las mujeres como para los hombres. Mas tarde; la prenda femenina se llamó palla. La toga era semejante al himation griego, pero más amplia, y media unos 2,5 metros de ancho por 5,2 de largo. Se disponía sobre el cuerpo formando pliegues; un extremo se colocaba sobre el pecho y, atravesando por encima del hombro izquierdo, rodeaba la espalda, volvía hacia adelante pasando por debajo del brazo derecho, de allí tornaba otra vez sobre el hombro izquierdo y se ataba a la espalda. La toga de los senadores era blanca, con franjas de color púrpura. Los emperadores vestían una túnica bordada en oro y una toga bordeada de púrpura.

Desde sus orígenes, Roma luchó contra los pueblos vecinos y fue extendiendo paulatinamente sus dominios, hasta organizar el imperio más grande de la antigüedad. Para ello necesito contar con un buen ejercito. La unidad militar se llamaba legión, que equivalía al recluta o llamado a las armas; de allí el nombre de legionario dado a los soldados. Estos llevaban coraza, casco, escudo, perneras lanza o pilo y una espada corta llamada gladius. La primitiva coraza de bronce macizo fue sustituida por otra mas ligera - la loriga - , formada por pequeñas laminas de metal. Los soldados romanos, llevaban consigo todo lo necesario para subsistir, tanto las armas como los utensilios de cocina y su provisión de trigo para 15 días. Se los llamaba entonces impeditus (impedidos).Cuando iban a la batalla, dejaban sus bultos y eran expeditus, es decir listos para combatir. Cada legión portaba sus insignias particulares, que consistían en largas picas llenas de adornos y coronadas con la figura del águila.

Entre los antiguos romanos los gladiadores, eran por lo general, prisioneros, esclavos o condenados a muerte que combatían entre si o contra animales feroces en espectáculos que atraían a gran multitud en los anfiteatros. Esa costumbre data del siglo II antes de J.C., pero se hizo muy popular en época de los emperadores. Los romanos distinguían a los gladiadores por sus armas y su manera de combatir. Así estaban los mirmillones, que tenían un casco con una pieza de metal que cubría totalmente la cara y podía levantarse; los reciarios, que llevaban un tridente y una red con la que trataban de envolver la cabeza del adversario; los traces armados con escudo redondo y puñal; los secutores, con escudo y puñal, adversarios tradicionales de los reciarios. También había gladiadores que combatían a caballo. Cuando un gladiador era vencido, solo podía salvar la vida si así lo decidía el emperador o el pueblo.

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LOS GALOS

Los galos eran un pueblo bárbaro, que habitaba en el actual territorio de Francia. Fuertes guerreros, fueron dominados tras larga lucha por Julio Cesar. La vestimenta que usaban era semejante a la de otros bárbaros que ocupaban Europa central y nórdica. Los hombres vestían pantalones, túnica corta con mangas, manta de lana, y en invierno capa de pieles. Las mujeres lucían túnica larga y, como abrigo, una manta cuadrada de lana gruesa fijada sobre el hombro con un broche. La túnica caía en suaves pliegues ajustada por un cinturón colocado debajo del pecho. Les gustaba usar alhajas - collares, brazaletes, pectorales, hebillas, etc. -, por lo general de bronce, pero también de oro, sabían forjar muy bien los metales, como lo prueban, además de las joyas, los cascos y las espadas de los guerreros. El calzado era sencillo, de tipo mocasín o sandalias que se ataba al pie con correas, también botas de cuero sin curtir, con bonitos adornos, los sacerdotes vestían amplia túnica y capa de color blanco.

LOS GERMANOS

Los germanos eran pueblos arios o indoeuropeos que habitaban en el centro de Europa. Entre ellos se distinguían los francos, burgundios, vándalos, visigodos, ostrogodos, anglos, sajones y otros, que irrumpieron violentamente en el Imperio Romano de Occidente y lo destruyeron en el año 476. Los germanos eran bravos soldados que cubrían su cuerpo con un simple trozo de piel, sujeto con un cinturón ancho de cuero, que llevaba a veces, adornos de metal. Protegían la cabeza con un casco también de metal. El calzado era sencillo: un mocasín sujeto con tiras de cuero cruzadas, que servían para sostener, en las piernas una especie de media de piel. Los adornos (por lo general, brazaletes) y los pectorales eran de bronce, lo mismo que los escudos.

LOS SÁRMATAS Y LOS DACIOS

Los sármatas y los dacios eran pueblos bárbaros que lucharon contra los romanos, y fueron estos quienes nos proporcionaron datos sobre la vestimenta de aquellos. Los sármatas, que habitaron en Rusia meridional, usaban pantalones más bien anchos, túnica con mangas ajustadas, sombrero en forma de gorro frigio y manto cuadrado o semioval que se prendía en el hombro derecho. Los guerreros usaban una túnica larga y, sobre ella, una túnica plegada sin mangas y una gorra en forma de casco.

Los dacios vivían en el mar Negro, los monte Cárpatos y el río Danubio. Su vestimenta era semejante a la de los sármatas: pantalón sujeto al tobillo, túnica estrecha y manto. Las mujeres usaban dos largos vestidos con mangas; en lugar de cinturón, un manto cuyo borde superior rodeaba las caderas y se ataba por delante.

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LOS ESCITAS

Los escitas eran pueblos bárbaros, que habitaban en el norte del mar Negro. Sus costumbres eran semejantes a las de los nómadas mongoles. El traje de los hombres se componía de pantalón más o menos ancho, justillo abierto por delante y sostenido por un cinturón que sujetaba el pantalón, borceguíes(zapatos) encordonados en los tobillos y gorro alto, semejante al gorro frigio. Las prendas eran cosidas con finas tiras de cuero. Los escitas de la península de Crimea adornaban sus vestiduras con placas de oro. La gente común llevaba una túnica cerrada, abierta en el pecho. Las principales armas de los escitas eran el arco y la flecha. El primero era fabricado por dos cuernos unidos por el medio por un palo, con las flechas metidas en un carcaj de cuero labrado y suspendido de un cinturón. Llevaban, asimismo, espadas cortas y curvas, lanzas y hondas. Se adornaban con joyas de gusto bárbaro.

LOS PARTOS

Los partos fueron antiguos pueblos escitas que en el siglo III antes de J.C. organizaron un imperio, que fue abatido tras largas luchas por el emperador romano Trajano. Eran buenos jinetes y especialmente peligrosos cuando, fingiendo huir, disparaban por sobre el hombro flechas al enemigo que los perseguía. Por ello la retirada era peor que el ataque. Los partos usaban pantalones de diversos anchos, y sayos abiertos en toda su longitud a partir de la cintura o con un corte en el pecho y una banda alrededor del cuello.

La manga izquierda era mas larga que la derecha y cubría la mano, característica muy singular. Usaban sombreros altos. Los hombres que pertenecían a la nobleza usaban sayo, pantalón doble forrado de blanco y manto de color púrpura. L vestimenta de los reyes era semejante a la de los persas; sobre la túnica usaban un manto púrpura y corona.


LOS BIZANTINOS

Se llamo Imperio bizantino al Imperio Romano de Oriente creado a la muerte de Teodosio en el año 395, cuando el antiguo Imperio Romano, lo dividió en dos partes entre sus hijos Arcadio y Honorio, correspondiéndole al primero la región oriental. Este imperio duró hasta el año 1.453, cuando su capital, Constantinopla, cayó en poder de los turcos. El periodo más brillante de tan largo imperio fue el del emperador Justiniano, en el siglo VI. En esa época se importo de china la cría del gusano de seda, pues dos monjes - con el apoyo real - introdujeron, ocultos en una caña de bambú, huevos de gusano de seda y semilla de morera, planta con la que se alimentan los gusanos. La indumentaria real tenia influencias grecolatinas y magnificencia oriental. Tanto los hombres como las mujeres vestían túnicas de seda, damasco, brocado y otras telas suntuosas, ceñidas con anchos cinturones de cuero, muy trabajados. Sobre la túnica usaban una capa de forma semicircular, y sobre el costado izquierdo se colocaban una insignia o clavus. Las mujeres lucían vistosas joyas con piedras preciosas.

El Imperio Bizantino duro poco mas de diez siglos y, naturalmente, en tan largo periodo de debió defender muchas veces sus fronteras amenazadas por otros pueblos. En el orden interno eran frecuentes las intrigas palaciegas y rebeliones. De allí la necesidad de contar con un fuerte ejercito, y para formarlo se recurrió casi siempre a tropas mercenarias. Los soldados usaban una coraza de metal hasta la cintura con caídas de cuero. Los jefes principales llevaban una rica capa semicircular, sostenida por el clavus o insignia de dignatarios. El calzado era de cuero suave, y las calzas de seda labrada. La espada fue alargándose y los escudos adoptaron una forma ojival muy característica. Los soldados usaban una túnica corta y protegían su cabeza con cascos lisos de metal, escudo y espada. Algunos cuerpos eran muy hábiles en el manejo de las lanzas. Cada escudaron tenia su estandarte con diversas insignias, pero en la mayoría aparecían símbolos cristianos.

La civilización bizantina dio el primer paso para adaptar la vestimenta a las líneas naturales del cuerpo, ya que en la antigüedad era muy holgada. El atuendo masculino y femenino estaba constituido por tres prendas: la túnica, que alcanzaba la rodilla en los hombres y el tobillo en las mujeres, la dalmática, o capa de algodón o lana según las estaciones, larga y recta pero plegable, y otra especie de echarpe de seda recta echada sobre los hombros y recogida en el lado derecho con un broche. Las damas de la corte usaban túnicas de sedas ricas y sedas labradas. Recogían su cabellera con una cofia de seda o una red de perlas, costumbre que se adopto luego en el resto de Europa.

En las joyas usaban mucho las perlas que combinaban con diamantes y otras piedras preciosas. El traje sacerdotal era parecido al de los laicos, pero la túnica talar era blanca. Sobre ella colgaban la casulla, con una cruz bordada en la parte posterior. Los obispos usaban una larga banda blanca con una cruz negra.

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LOS GODOS

Los godos conservaron el traje a la usanza germana ya que no fueron vencidos por los romanos, y solamente al final fueron adoptando las modas de estos últimos.

Llevaban anchos y largos pantalones con adorno dentellado. Los pantalones con franjas iban sujetos debajo de la rodilla, y los que eran lisos en los tobillos. Las prenda del cuerpo era cerrada y a menudo tenia un corte en el pecho y presilla en el cuello. Otras veces estaba abierta por delante o cerrada desde la cintura con botones.

Se ponían también un manto atado en hombro derecho con las puntas de arriba. Las mujeres llevaban vestiduras semejantes al "chitón " de las griegas y manto atado al hombro izquierdo. No usaron ni sombrero ni calzado.

LONGOBARDOS Y FRANCOS

Los longobardos y los francos eran pueblos bárbaros que penetraron en el Imperio Romano de occidente en la época de las grandes invasiones. Los primeros se establecieron en Italia y los segundos en el actual territorio de Francia, que precisamente, debe su nombre a este pueblo. Entre sus primeros reyes figuró Meroveo, que dio origen a la dinastía de los merovingios, en los comienzos de la edad media. Tanto los longobardos como los francos vestían como los antiguos germanos y su prenda principal era una túnica corta ceñida al talle sobre una prenda interior con mangas largas. Los reyes o jefes principales lucían un manto abrochado por delante sobre el hombro derecho. Los guerreros se protegían con una coraza de placas metálicas y durante las campañas invernales se cubrían con mantos de piel. Protegían su cabeza con cascos de metal, y a veces con una especie de capucha para resguardarse del frío. Los longobardos sabían trabajar muy bien el hierro y hacían joyas con este metal.

LOS FRANCOS

En el siglo VIII, Pipino el Breve destronó al ultimo rey merovingio, iniciando la dinastía de los carolingios, cuyo mayor representante fue Carlomagno, el cual fue coronado emperador en la Navidad del año 800. En esa época, la prenda interior o chainse evolucionó hasta convertirse en una camisa o ropa corporal de hilo o lana, que fue origen de nuestra ropa interior o ropa blanca. Sobre ella se colocaba una túnica corta que cubría las calzas. El emperador y los personajes principales usaban una capa que caía rectamente, tanto por delante como por detrás, y se abrochaba al costado. Los hombres solían llevar el cabello y la barba largos, las mujeres dos trenzas largas con una raya en el centro de la cabeza que patria el cabello. Las joyas eran de oro y plata con piedras preciosas incrustadas. Las mujeres cubrían la cabeza con un paño cuadrado de algodón, y en las iglesias usaban velos. Los reyes y el emperador lucían hermosas coronas con piedras preciosas.

LOS NORMANDOS

Los normandos (de north, norte, y man hombre) eran pueblos de origen germano que habitaron la península de Escandinavia y Dinamarca conocidos también con el nombre de vikingos. Hábiles y arriesgados marinos, los vikingos navegaron por el mar del Norte y el océano Atlántico, y se supone que llegaron a América mucho antes que Colon. En sus expediciones asolaban las costas y saqueaban las aldeas. Para tratar de detener las invasiones, el rey de Francia, Carlos el Simple, cedió, en el año 911, territorios al jefe vikingo Rolón, los que actualmente se denominan Normandía.

Debido a su actividad guerrera, el traje de los vikingos se componía esencialmente de una cota de malla de metal, gruesos pantalones de lana y capa también de lana sujeta a un costado.

Las pesadas espadas eran sostenidas por gruesas correas de cuero. Protegían la cabeza con cascos de metal, y cuando no luchaban llevaban gorros y chaquetas de piel.

Los normandos se habían establecido, a principios del siglo X, en el norte de Francia, en la región llamada Normandía. De allí partio Guillermo el conquistador, quien invadió Inglaterra y se impuso en la bata1la de Hastings en el año 1066. La conquista normanda abrió un nuevo período en la historia inglesa mejorando la organización y la cultura del país. La vestimenta se hizo más rica y comenzaron a usarse tejidos de seda, pieles y joyas. Durante el reinado de Guillermo l l apareció el primer vestido femenino de estilo princesa. Los hombres usaban guantes adornados con joyas, y los pantalones amplios fueron reemplazados por calzas ajustada. Los soldados protegían su cuerpo con casco y cota de malla de metal y túnica de cuero. En la lucha empleaban espadas, lanzas y hachas de metal y se cubrían con escudos metálicos.

En el siglo XII, después de la invasión de los normandos, apareció en las islas Británicas un nuevo vestido femenino llamado pelliza, que era una larga bata, suelta, con mangas que se ensanchaban en el borde y se ceñía en la cintura. Por lo general se usaban telas ricas y suntuosas, como paños de lana de Flandes o brocados de Venecia. También se adoptó el gabán o surcoat, que usaban tanto hombres como mujeres y que se sujetaba con un cinturón de cordel o por una pretina. Las mujeres cubrían su cabeza con un manto, y por el año 1200 peinaban sus cabellos hacia arriba protegiéndolos con una toca y un barboquejo de hilo blanco. Las clases populares seguían usando túnicas de rústicas telas de lana ceñidas con cinturones de cuero. Las capas amplias tenían caperuza. El calzado era de cuero blando o tejido con bordados. Las clases altas usaban guantes de cuero también bordados y con adornos de joyas.

La conquista normanda en Inglaterra tuvo gran influencia en la vestimenta, que se hizo más lujosa.

Comenzaron a usarse telas adamascadas con diseños de estrellas, medialunas, etc., y los nobles usaron finos tejidos bordados con hilos de oro. Sobre la túnica, tanto hombres como mujeres usaban el gabán abierto a los costados, ceñido con un cinturón de cuero, y calzaban zapatos tejidos o de cuero bordados.

Los campesinos seguían usando rústicas túnicas de lana con caperuzas. Había diferentes tipos de mantos: unos largos y sueltos, con capuchón o sin él, y otros con amplio cuello. A veces llevaban cuello de piel haciendo juego con gorros de piel o con las alas de los sombreros. Los hombres llevaban un cintur6n de cuero del que pendían una bolsita con dinero y una daga. Los hombres usaban, por lo general, el cabello largo, pero era también característico raparse los costados y la parte posterior de la cabeza.

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LOS IRLANDESES

Los primitivos habitantes de Irlanda, isla rodeada por el océano Atlántico y el mar de Irlanda, que la separa de Inglaterra, fueron los pictos, dominados luego por los celtas. Estos fornidos invasores lograron imponerse y formaron pequeños reinos. Por acción de esforzados misioneros se convirtieron al cristianismo y muchos de ellos se consagraron a evangelizar a los paganos. Irlanda soportó muchas invasiones a lo largo de su historia, y los irlandeses debieron defender con bravura sus tierras. Pueblo guerrero y de hábitos sencillos, su indumentaria era también simple: chaqueta y gorra de lana o de cuero en los crudos inviernos, pantalón de lana que cubría toda la pierna. Sabían trabajar muy bien los metales, con los que fabricaban sus armas. Hachas, espadas, etcétera. La vestimenta femenina también era muy sencilla: túnicas de lana ceñidas a la cintura con cinturones de cuero.

LOS ANGLOSAJONES

Los anglos y los sajones eran pueblos de raza blanca que habitaban en el continente europeo y que a mediados del siglo V de la era cristiana invadieron las islas Británicas. Se impusieron a los celtas y galeses y organizaron un reino. En estos pueblos la vestimenta tiene la influencia de los bárbaros y también de los romanos. Los hombres vestían una túnica corta de lana que en los nobles tenia diversos adornos. El manto o capa, también de lana gruesa, estaba sujeta a un costado por un broche. Usaban cabellos largos sujetos con una estructura de metal. Las mujeres llevaban, sujeta a la cintura, una larga túnica que cubría enteramente el cuerpo, y en la cabeza un manto semejante a la pella romana. Para ambos sexos las prendas principales eran la estola, la túnica y la palla, pero además, una prenda interior de hilo blanco o lana llamada camisola y que dio origen a la camisa. Los hombres calzaban zapatos de cuero bajos y las mujeres zapatos suaves de cuero o de genero.

LOS ESCOCESES

Escocia ocupa la parte norte de la isla de Gran Bretaña, y en el año 80 después de Jesucristo fue sometida por los romanos. Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, el territorio se dividió entre los pictos, escotos, anglos y britanos, pero en el siglo VI el país se unió con la supremacía de los pictos. Durante siglos los escoceses lucharon contra los ingleses y noruegos para mantener su independencia. Los pictos se envolvían en una tela a cuadros llamada kilt, que a veces plegaban y sujetaban con un broche de metal en la cintura. El resto de la tela lo llevaban sobre el hombro izquierdo. Los colores de la tela indicaba la categoría del que los ostentaba. El rey podía usar 7 colores; la alta nobleza 5; la baja nobleza 4; los jefes de primera categoría 3; los de segunda categoría, 2 y los labradores y soldados un solo color. Usaban medias a cuadros que dejaban libres las rodillas.

Escocia está situada en la parte más septentrional de las Islas Británicas. En tiempos primitivos estuvo habitada por los pictos, que se opusieron a la conquista romana. Durante la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, los escoceses mantuvieron su independencia hasta que las coronas inglesa y escocesa se unieron bajo el reinado de Jacobo I. Pero los escoceses se mantuvieron fieles a sus trajes típicos, hechos con telas de cuadros de diferentes colores. Los hombres usaban el kilt, falda que llegaba hasta las rodillas; medias de lana también de cuadros, y un jubón ajustado con mangas acuchilladas. El traje masculino tuvo características bien definidas que perduraron a través de los siglos. En cambio, la vestimenta femenina varió de acuerdo con la moda europea.

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LOS ALEMANES

Los alemanes eran pueblos que habitaban en el centro de Europa. Entre los siglos XI y XIII vestían una túnica que era igual para ambos sexos, pero en los hombres llegaba, por lo general hasta las rodillas; en cambio, en las mujeres hasta el suelo. Con el tiempo la túnica femenina se convirtió en un vestido muy ajustado, con mangas flotantes, que se usaba sobre una prenda interior o camisa. El clima frío obligo a usar tejidos gruesos y pesados. Los jefes y nobles vestían túnicas largas y capas amplias con algunos adornos. Los hombres se cubrían la cabeza con un típico sombrero de paño de una sola pieza y con ala ancha. Sobre la túnica se colocaban una capa corta, no muy amplia, abierta en los costados, lo que les permitía gran libertad de movimientos. Ambos sexos calzaban zapatos ajustados, pero muy flexibles, de cuero o de lona.

A mediados del siglo X se organizó en el centro de Europa el Sacro Imperio Romano Germánico, que comprendía lo que hoy es Bélgica, Holanda, este de Francia, Suiza, Alemania, Austria, Checoslovaquia, norte de Italia y parte de Hungría y Polonia. La mayoría de sus habitantes eran descendientes de las tribus germanas; de modo que su vestimenta característica era la túnica de lana corta y la capa gruesa sujeta a un costado. Pero el emperador y las clases elevadas comenzaron a usar telas más ricas fabricadas en Flandes, ciudad que pronto se destacó en la industria textil. La túnica femenina fue evolucionando hasta convertirse en un vestido propiamente dicho, adornado con oro y piedras preciosas. En la cabeza las mujeres usaban toca -ó corona en el caso de la emperatriz- y barboquejo de tela o bien redecilla de lana tejida con adornos de oro, plata y piedras preciosas. Los flamencos se destacaron también en tejidos de hilo y algodón y fabricaban velos de muselina y gasa empleados en tocas, barboquejos y pañuelos, que lucían las damas.

Durante la Edad Media, los caballeros y nobles alemanes cubrían su cuerpo con un conjunto de piezas defensivas que constituían la armadura. Ésta se componía, principalmente, de escudo, casco y cota de malla. Las armaduras fueron evolucionando en el transcurso de los siglos. Hasta mediados del siglo XII, el cuerpo y la cabeza se cubrían con una malla de metal denominada loriga. Más tarde se protegieron también las piernas y los pies con un tejido de malla de anillos de hierro. Posteriormente, las armaduras se formaron con placas de metal articuladas. Los cascos eran de metal de formas redondeadas y a veces puntiagudas y con un protector sobre la nariz. Encima de la cota de malla se colocaban la sobreveste o túnica de paño, de colores vivos, que servia para proteger del calor y del polvo, y la cual fue tomada, probablemente, de los turcos durante las cruzadas que se hicieron para rescatar el Santo Sepulcro de Jerusalén. Los escudos eran gruesas piezas de metal de forma triangular. Las principales armas ofensivas era la lanza y la espada de acero.

Las damas del Sacro Imperio Romano Germánico utilizaban para sus trajes telas fabricadas en Flandes, región en la que la industria textil de lanas, sedas, terciopelos e hilo fino había alcanzado gran desarrollo.

El atuendo principal consistía en un vestido largo que hacia el siglo XI l comenzó a usarse ceñido en la cintura, con mangas flotantes y sobre un corsé. Sobre éste se colocaba una túnica de escote alto, sin mangas, o un gabán con grandes bocamangas. Las telas eran suntuosas y de brillante colorido. Se adornaban con joyas de oro incrustadas con piedras preciosas, como collares, aros, anillos, brazaletes y cinturones. Los cabellos se usaban largos, formando trenzas sujetas, a veces, con largas cintas, o bien recogidos bajo una toca con barboquejo. El calzado era de cuero flexible adornado con tiritas de oro y perlas. Las mujeres del pueblo vestían túnicas de tela rústica sobre faldas amplias y capas sujetas en el pecho.

A fines de la Edad Media, los talleres de Flandes eran considerados los mejores de Europa, y ellos abastecían de ricas telas a los nobles. La mejor lana llegaba hasta esa región, donde hábiles artesanos fabricaban paños suaves y abrigados. Su cercanía con Alemania influyó decisivamente en la moda del Sacro Imperio Romano Germánico. La prenda principal continuó siendo la túnica, pero la del emperador y personajes principales llevaba adornos de pieles o tejidos de oro. El turbante o caperuza protegía la cabeza de los hombres; la cofia o redecilla, la de las mujeres. Éstas, por lo general, no usaban cosméticos. Todos calzaban zapatos de cuero suave y flexible bien ajustado. Las telas eran de colores brillantes, y tenían, como adorno característico, grandes festones en forma de pétalo. Un detalle muy importante para la moda: la aguja de acero se fabricó por primera vez en 1370 en la ciudad alemana de Nuremberg.

En los últimos siglos de la Edad Media, el Sacro Imperio Romano Germánico conservaba su importancia política y económica; de allí que también la moda alemana, basada en las ricas telas elaboradas en Flandes, se impusiera, sobre todo, en el centro y norte de Europa. Los vestidos femeninos eran ceñidos al cuerpo con cinturones de cuero anchos, y como abrigo se empleaban amplias capas de lana. Las mujeres usaban el cabello largo, suelto o recogido a los costados y en forma de trenzas sujetas como espirales. Sobre este peinado se colocaban una toca o redecillas con hilos de oro. La túnica de los hombres se transformó en una chaqueta forrada, de falda corta, y calzas largas y ajustadas. Hacia el siglo XIV los trajes perdieron la amplitud que tenían en los siglos anteriores y eran ceñidos al cuerpo. Los hombres protegían su cabeza con caperuzas de paño que a veces llevaban un reborde de piel de terciopelo.

La armadura protectora de los guerreros fue usada desde la más remota antigüedad, pero se generalizó en la Edad Media convirtiéndose en una pieza muy elaborada de gran calidad, no sólo técnica sino también artística. Los alemanes, que sabían trabajar muy bien los metales, fabricaron excelentes armaduras.

Un tipo muy común era la llamada cota de malla, hecha con anillos de alambre que luego se unían para formar un tejido continuo. Una buena cota de malla tenía entre 200 y 300 mil eslabones, y por eso su confección era realmente costosa. Pero protegía sólo contra puñales, flechas, espadas y lanzas, brindando poca protección contra los golpes de maza. Hasta comienzos del siglo XIII se usó este tipo de armadura, sobre la que se colocaba una túnica de cuero y luego se le fueron añadiendo planchas de metal en el pecho y la espalda para aumentar su valor. La cabeza estaba protegida con un casco de metal.

Desde fines de la Edad Media, los habitantes de la región de Flandes fueron considerados los más hábiles artesanos en las industrias que estaban relacionadas con la moda, en especial las telas, los encajes y los bordados. La túnica era la prenda de vestir más común para varones y mujeres, pero hacia el Renacimiento se notó una evolución. En los hombres la túnica se acortó y se hizo más ajustada. Esta prenda llegaba hasta la rodilla o mitad del muslo y se abotonaba adelante. Las mangas ofrecían gran variedad: eran muy amplias, abollonadas hasta el codo y abotonadas desde allí hasta la muñeca; en otros casos eran muy amplias y terminaban con el borde festoneado o con diversos adornos. Las calzas eran ajustadas y cubrían las piernas y el pie a modo de medias. Sobre ellas se colocaba el calzado, que era de cuero flexible. Los hombres usaban los cabellos largos hasta el hombro y cubiertos por pequeñas tocas o por especie de turbantes primorosamente plegados, hechos de terciopelo y seda.

En el siglo XV comenzó en Italia un importante movimiento renovador llamado Renacimiento, que se extendió luego a otros países del continente. La moda experimentó también notables cambios y apareció una neta diferenciación en las prendas. Ello se notaba en la vestimenta femenina de Alemania, pues la túnica se transformó en un vestido propiamente dicho. Este era ajustado en el talle, sin cuello, con la falda amplia y las mangas de forma muy variable. A veces eran flotantes y llegaban hasta el suelo, y otras muy amplias, abullonadas, pero sujetas con un puño a la muñeca. Debajo se usaba una prenda interior o camisa. Sobre el traje se colocaba otra prenda llamada gabán, que a veces era muy suntuosa, estaba bordada con hilos de oro y se sujetaba por delante con cintas. Como abrigo se llevaba un manto de lana gruesa forrado con pieles y sostenido por una cadenita o cordón en el pecho. Los cabellos se llevaban largos, pero por lo general recogidos por medio de redecillas o tocas de formas muy variadas.

En el siglo XV la industria textil había alcanzado gran desarrollo en Flandes, región que proveía de telas no sólo a Alemania sino también a Francia, Inglaterra y aun a Italia, donde había también importantes fábricas de tejidos. Hacia esa época, los hombres usaban una túnica ajustada que se extendía hasta la mitad del muslo, abotonada adelante. Con el tiempo, esta túnica se transformó en l una chaqueta forrada con faldellín corto. Una característica distintiva de la moda de ese siglo fue la combinación de dos o más colores formando rayas, y se combinaban rayas horizontales con rayas verticales. Los nobles usaban como complemento, pequeñas capas de terciopelo, de seda o de otras telas suntuosas. La túnica corta presentaba enormes variaciones y adornos: bordados, pieles, etc.Los burgueses siguieron usando túnicas amplias y más largas. En invierno se usaban gruesos paños de lana, en la que los flamencos eran hábiles tejedores, pero también sabían fabricar telas de hilo y algodón.


En el siglo XV la túnica casi había desaparecido para dejar paso a una chaqueta corta, en el vestuario masculino, y a un vestido propiamente dicho, en la vestimenta femenina. El corte ajustado de la prenda en la cintura obligó a llevar debajo un corsé. El escote era, por lo general, redondo y sin adornos. Las mangas, en cambio, presentaban gran variedad. Las del vestido eran flotantes, con los bordes trabajados, y dejaban ver las mangas de la camisa, abullonadas y sujetas en el puño. Las prendas interiores se hacían de algodón o de hilo y también se usaban pañuelos y tocas de gasa, muselina, etc. Las mujeres usaban el cabello largo y liso, dividido por una raya al medio y peinado con dos trenzas que caían sobre el cuello, o bien formaban espirales a ambos lados del rostro. Sobre el peinado se colocaba una cofia o corona de oro sobre una gorrita de hilo, o redecillas de lana tejidas, o hilos anudados de oro y de seda, o turbantes de seda o terciopelo con adornos de plumas o piedras preciosas.

En Hacia el siglo XV apareció en Alemania una especie de túnica ajustada que se extendió hasta la mitad del muslo. Se llevaba abotonada en el frente, de arriba hacia abajo, y tenía las mangas muy ajustadas y, por lo general, abotonadas desde el codo hasta el dedo meñique. Las mujeres usaban también una prenda semejante que, además, tenía un faldellín que caía hasta el suelo formando pliegues. Los tejidos eran, por lo común, de lana gruesa para soportar los climas rigurosos. También se empleaban telas suntuosas, como terciopelos, brocados, lanas bordadas con hilos de oro, etc. Las túnicas cortas se usaban forradas con telas de colores contrastantes o de pieles. Las pieles cubrían, también, el borde de las túnicas y el cuello. Para proteger la cabeza lucían sombreros con adornos de plumas, tocas, turbantes plegados, etc. El calzado era muy sencillo, ajustado al pie y de cuero flexible.

Desde fines de la Edad Media y durante la época del Renacimiento, el tocado femenino adquirió gran importancia como complemento del atavío. La utilización de diversos materiales contribuyó a darle gran variedad y atractivo. En una época en que el vestido comenzaba a aparecer como tal, diferenciándose de la túnica el tocado contribuía a realzarlo y, en cierta manera, Indicaba la condici6n social de quien lo llevaba. Las damas de la nobleza usaban una gorrita de hilo con barboquejo y sobre ella una corona. Otras veces, la corona se colocaba sobre una redecilla de lana tejida o cordones anudados de seda, oro o plata. También se usaban turbantes de dos o más telas combinadas, como terciopelo, brocado, seda, etc., bordados y adornados con piedras preciosas, plumas de garza, etc. Los cabellos se usaban largos, con raya al medio y formando trenzas, que se arrollaban en espirales a ambos lados del rostro.

A principios del siglo XV se usó en Alemania una túnica ajustada que se extendía mas o menos hasta la mitad del muslo, abotonada de arriba hacia abajo. Las mangas eran largas y estrechas y, por lo general, se abotonaban desde el codo hasta la muñeca. Encima de la túnica se usaba un gabán de grandes bocamangas adornadas con piel, lo mismo que el ruedo. La túnica de los hombres fue evolucionando lentamente y se transformo en una chaqueta forrada con un faldellín, que se prolongaba hasta la mitad muslo o hasta las rodillas. El pantalón era muy ajustado y se prolongaba hasta el pie. Sobre el s colocaba un zapato suave y de cuero flexible. Las capas de abrigo eran amplias, pero cortas. En la cabeza usaban un sombrero con alas, tocas, turbantes con primorosos pliegues, y caperuzas unidas a las capas.En la cintura llevaban gruesos cinturones de cuero con adornos de metal de donde pendían las armas (espadas o puñales); también, llaveros o bolsitas con dinero.

El tocado fue una prenda de gran importancia en la moda femenina. En Alemania y Flandes se utilizaron diversos materiales, sedas, brocados y otras telas suntuosas, lo que contribuyó a darle gran variedad. Pero el tocado no sólo realzaba el vestido sino que era también símbolo distintivo de la condición social de la mujer Las damas peinaban el cabello tirándolo hacia atrás, alisado sobre la cabeza, con largas trenzas que formaban espirales a ambos lados de la cabeza. Las damas de la nobleza usaban turbantes, gorritos y especies de coronas de terciopelo con bordados de oro, plata y piedras preciosas. Las mujeres de condición humilde usaban velos o pañuelos de color que cubrían los cabellos. Las alemanas y las flamencas no empleaban cosméticos, pero en cambio tenían afición por los colores brillantes. Las joyas preferidas eran cadenas y medallas de oro con incrustaciones de piedras preciosas.

En la segunda mitad del siglo XV la moda en Alemania se caracterizaba por la utilización de paños de diferentes colores. La túnica corta o las capas, así como también las calzas, se confeccionaban de paño combinando franjas con colores contrastantes y diferentes entre las dos mitades. A veces una pierna era lisa, de un solo tono, y la otra de dos o tres tonos. El traje era también un símbolo de la jerarquía o de la ocupación de la persona, pero la prenda más corriente era la túnica corta que llegaba hasta las rodillas o la chaqueta ajustada que se prolongaba hasta las caderas. Las armaduras de la época ofrecían también un aspecto muy curioso por la combinación de las diversas piezas, que presentaban notables diferencias entre el lado derecho y el izquierdo. El cabello se usaba, por lo general, largo, cayendo sobre los hombros, y en las ceremonias los nobles usaban tocados con adornos de plumas. El calzado era muy simple y de cuero suave y flexible, pegado al pie y, por lo general, sin ningún tipo de adorno.

En la segunda mitad del siglo XV en Alemania y en los diversos países europeos, la vestimenta era un signo distintivo de las clases sociales. La de los nobles estaba confeccionada con ricas telas y paños de Flandes, con bordados y adornos de pieles o incrustaciones de joyas. En esa época las ciudades comenzaron a florecer, y sus habitantes o burgueses prosperaron por el desarrollo del comercio y la industria. Sus trajes, si bien tendían a asemejarse con los de la nobleza, carecían de la suntuosidad de los de ésta. Los campesinos y los artesanos usaban túnicas cortas o chaquetas que caían hasta la cadera y que se prolongaban con una capucha o caperuza que cubría la cabeza. Las campesinas vestían faldas amplias, que, a diferencia de las de las damas, llegaban sólo hasta media pierna. Como abrigo usaban una chaqueta corta y ajustada de paño grueso. El tocado era sencillo y cubría los cabellos, que, por lo general, eran largos y sujetos formando trenzas.

El centro de la moda para los alemanes en la época del Sacro Imperio Romano Germánico se encontraba en la región de Flandes, donde había fábricas de tejidos de paño de lana y también de sedas, brocados, terciopelos, etc. A principios del siglo XVI surgió la moda llamada de los acuchillados, que tuvo un origen muy curioso. En el año 1477, los soldados suizos mercenarios al servicio del emperador alemán obtuvieron una gran victoria sobre el duque de Borgoña, y entonces remendaron sus uniformes con jirones tomados de las tiendas de campaña, banderas y otras piezas que los borgoñones habían abandonado en su huida.

Pronto imitaron esta moda otros soldados, especialmente los mercenarios llamados lansquenetes. Por eso su uniforme llegó a ser estrafalario: los pantalones eran acuchillados y no sólo de diferentes tonos en cada pierna, sino de dos o más colores en cada pierna. Las mangas, que sobresalían del capote ajustado, eran también acuchilladas, lo mismo que el sombrero adornado con plumas.

En el siglo XVI, el Sacro Imperio Romano Germánico fue gobernado por monarcas de la casa de los Habsburgo, como Maximiliano l y Carlos V (este último era rey de España con el nombre de Carlos I, antes de ser electo emperador). En esta época el imperio pasó por luchas internas, provocadas por la reforma religiosa y por levantamientos de campesinos, que atravesaban por una angustiosa situación económica. Los campesinos vestían telas gruesas y burdas, túnica corta que, a veces, se prolongaba en una caperuza que protegía la cabeza, y pantalón ajustado. A veces, la caperuza se extendía como una especie de capa que cubría los hombros y llegaba hasta la mitad del pecho y la espalda. El calzado era de cuero; algunos llevaban botas o tiras de cuero arrolladas alrededor de la pierna hasta la rodilla. Los zapatos eran cuadrados en la parte delantera y muy estrechos en el talón. Los hombres usaban los cabellos largos que les llegaban hasta los hombros, y las mujeres sujetaban el cabello con redecillas.

En el siglo XVI, época de gran esplendor del Sacro Imperio Romano Germánico, las damas de la nobleza utilizaban telas suntuosas para la confección de su vestimenta. Las telas, por lo general, venían de Flandes: lanas, sedas, brocados, terciopelos y encajes. También de allí provenían telas suaves de hilo, muselina y gasa que se empleaban para confeccionar tocas, velos y pañuelos. Este accesorio comenzó a tomar mayor importancia en esta época y se le empleó no sólo para la higiene sino como un adorno. Existieron pañuelos de mano con bordados, puntillas, etc., y otros más grandes que se colocaban alrededor del cuello. El vestido era ajustado en el talle y con la falda muy amplia. Las mangas se usaban acuchilladas, en dos tonos contrastantes. Las mujeres llevaban el cabello largo, alisado, y sujeto con dos largas trenzas que se arrollaban en espiral a ambos lados de la cabeza, la cual, por lo general, se cubría con un amplio tocado de hilo blanco, liso, bordado o con aplicaciones.

En el siglo XVI, el traje femenino en Alemania (que formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico) se destacaba por su suntuosidad. A ello contribuían las ricas telas procedentes de Flandes, como terciopelos, sedas, brocados y encajes. El vestido era ajustado en el busto y el talle, y con un escote amplio en forma de óvalo que llegaba hasta el extremo de los hombros, o bien cuadrado o redondo. La falda era amplia, con pliegues, y llegaba hasta el suelo. Las mangas eran muy ajustadas en el brazo, y en el hombro y codo presentaban pliegues o cortes del tipo acuchillado. Los tocados eran muy diversos y a veces, cubrían la larga cabellera. Por lo general, eran de tela fina y tenían adornos de hilos de oro, bordados y alguna piedra preciosa incrustada en el centro, sobre la frente. También se usaban amplios sombreros de terciopelo acuchillados, con vistosas plumas. Las joyas preferidas eran los collares de oro y plata en forma de cadenas. Algunos detalles de la vestimenta distinguían a las mujeres casadas de las solteras.

LOS ITALIANOS

Durante los primeros tiempos de la Edad Media, los hombres y las mujeres de Italia continuaban vistiéndose de manera semejante a la de los antiguos romanos. Pero poco a poco la vestimenta se fue modificando por influencia de los bizantinos. Al principio se usaba una túnica larga y sobre ella una capa que se cerraba sobre el pecho con un largo alfiler o hebilla. Los hombres se ponían largas calzas ajustadas y sostenidas por un cinturón de cuero. Hacia el siglo XI comenzó a usarse la túnica interior de lana, hilo o seda cerrada en el cuello y puños con lazos. En esa época las telas empleadas en las túnicas eran más de seda o lana bordada, y forradas con pieles en el invierno. El calzado era de cuero suave, adornado a veces con bordados y hasta con joyas. La cabeza masculina era protegida con cascos de metal y también con caperuzas de lana y gorros con adornos de piel.

Hacia el siglo XIII, es decir a fines de la Edad Media, la vestimenta de los nobles italianos se confeccionaba con telas pesadas y ricas, con bordados, y forradas con pieles en invierno. La túnica superior de los hombres se fue haciendo más corta y cubría sólo las rodillas. Así la usaban principalmente los jóvenes, que por eso fueron tachados de "indecentes" por los mayores. Esta túnica Iba acompañada, a menudo, por calzas largas y ceñidas, de color rojo, con ligas con adornos de oro y piedras preciosas. El brocado y el terciopelo eran las telas más empleadas. Tanto los hombres como las mujeres llevaban capas muy amplias y suntuosas. La túnica femenina llegaba hasta los pies y tenia cola. En esta época aparece el color negro como señal de luto, pero también este estado se expresaba con cintitas blancas colocadas sobre el manto. La cabeza estaba protegida por tocas de gasa, y los cabellos se llevaban largos o recogidos con trenzas..

A fines de la época medieval, la vestimenta va adquiriendo en Italia características propias. Hacia el siglo XIII, la túnica masculina, que era amplia y larga, se va acortando y cubre solamente las rodillas. A veces, la túnica caía derecha y otras se sujetaba con un cinturón, dejando un faldellín debajo de la cintura. Los varones usaban calzas largas, hechas al sesgo, con ligas de oro y adornos con joyas. Tanto las mujeres como los hombres gustaban de las telas suntuosas, como sedas, brocados y terciopelos de color escarlata, azul, verde o púrpura. En esa época, los brocados de la isla de Sicilia eran considerados los más bellos del mundo. Se usaban amplias capas flotantes que en invierno llevaban adornos de pieles, siendo las de armiño las preferidas por los príncipes o jefes de Estado. La cabeza de los hombres estaba protegida por una capucha que, por lo general, terminaba en una punta muy larga que se envolvía en el cuello, en un brazo o en torno de la cabeza, a modo de turbante. Pero esto era sólo privilegio de los nobles.

Al regresar de Tierra Santa, los cruzados trajeron a Occidente telas y accesorios usados en los países orientales con los que habían estado en contacto. En Europa, y principalmente en Italia, se pusieron de moda bolsos, zapatos, guantes y cinturones ricamente bordados. En las telas se aplicaban perlas, lentejuelas y bordados de estilo persa. Hacia el siglo XIV comenzaron a usarse prendas divididas en cuartos y mitades; cada parte tenía colores contrastantes e inclusive cada media o cada zapato era de color distinto. El calzado era suave y flexible, de cuero o de terciopelo, con bordados en colores y aplicaciones de oro y piedras preciosas. Las puntas de los zapatos de los hombres eran tan alargadas que hasta se llegó a sujetarlas en lo alto por medio de cadenitas. El peinado femenino era de estilo madona, es decir, los largos cabellos divididos en el centro, ceñidos a la cabeza y rematados con una corona de trenzas. Sobre ellos se colocaba un velo, redecilla o casquete.

A fines de la Edad Media y principios de la Edad Moderna el lujo oriental entró en Europa a través de Italia. Comenzaron a usarse sedas, brocados, telas con diseños adamascados, joyas y accesorios suntuosos. En esa época el traje indicaba el rango social y, por ello, las autoridades fijaron por decreto quiénes podían usar prendas de costo elevado, y hasta se fijó el largo que debían tener las colas de los trajes.

Hacia los siglos XIV y XV se operó un cambio notable en la indumentaria masculina. El traje se componía de una camisa, una túnica y calzas. Encima de la túnica se llevaba una chaqueta o jubón.

La camisa o prenda interior era amplia, fruncida en el escote y los puños. Los nobles vestían camisas bordadas con hilos de oro. En invierno se usaban capas enteras que se continuaban con capuchas para proteger la cabeza. Entre los accesorios más costosos figuraban los guantes perfumados y los pañuelos de seda, que se llevaban como signo de ostentación.

ALa situación privilegiada de Italia en el centro del Mar Mediterráneo permitía realizar un activo comercio entre Oriente y Occidente, en especial a fines de la Edad Media y principios de la Edad Moderna. Del Asia se trajeron telas suntuosas, sedas, brocados, etc., y accesorios como abanicos, guantes perfumados, espejos, etc. En Italia fue donde primero se usaron abanicos, algunos de los cuales estaban adornados con plumas de avestruz o de pavo real y con mangos de oro o marfil. Las joyas eran pesadas, de oro macizo, cadenas con pendientes y cinturones. La gran demanda de seda determinó la instalación de la primera fábrica de seda en Palermo, sur de Italia, en el año 1148.

Lospuertos de Venecia y Génova eran los más activos, y por ellos se introducían mercaderías suntuosas que luego se llevaban a otros países europeos. Venecia alcanzó suma prosperidad, y la moda veneciana tuvo, hacia el siglo XIV gran influencia en el resto del continente.

El movimiento renovador conocido con el nombre de Renacimiento comenzó en Italia en los siglos XIII y XIV y alcanzó su apogeo en los siglos XV y XVI. Muchos factores determinaron que en la península se iniciara la búsqueda de los modelos grecorromanos menospreciados durante la Edad Media. Entre los más importantes figuran los mecenas, príncipes, nobles, pontífices, que ayudaban a los artistas. Lorenzo el Magnífico, duque de Médicis, en Florencia, fue un generoso mecenas que impuso, además, cambios en la indumentaria masculina. Los hombres usaban camisa, calzas y una prenda denominada jubón o chaqueta. El jubón podía ser corto, llegando hasta la cadera, o bien largo, alcanzando casi las rodillas, pero siempre sujeto a la cintura por medio de un cinturón. El escote era redondo o en forma de V, y las mangas presentaban gran variedad. Al principio, las mangas estaban ajustadas al brazo y luego ajustadas en el antebrazo y abullonadas arriba. Otras veces las mangas eran cortas y amplias, adornadas con rebordes de piel.

El cambio en la indumentaria fue notable durante el Renacimiento. Las damas de la nobleza usaban vestidos confeccionados en ricas telas, especialmente sedas, terciopelos y brocados traídos de Oriente y luego fabricados en la misma Península. Los bordados con hilos de, oro y perlas les conferían aún mayor suntuosidad. Del norte de Europa se importaban pieles de marta, armiño, zorro, que se utilizaban para confeccionar capas o bien cuellos u otros adornos del traje. Por lo general, el vestido era de talle corto, con cinturón debajo del busto. Los escotes se hacían redondos, cuadrados o en forma de V. Las mangas eran muy amplias en la muñeca y caían casi hasta el borde del vestido. El vestido de las criadas o personas humildes era más corto y, naturalmente, de tela rústica. El cabello se usaba largo, partido en el medio al estilo madona, o con trenzas que formaban una especie de tocado a ambos lados de la cabezal.

En la época del Renacimiento, los vestidos de las damas de la nobleza estaban realizados con telas suntuosas (sedas, rasos, brocados, terciopelos) y bordados con hilos de oro, perlas y piedras preciosas.

Las perlas traídas de Oriente eran muy solicitadas y se convirtieron en el adorno principal de la vestimenta. De las regiones nórdicas de Europa llegaban pieles finas, como el armiño, lince, zorro y marta, para adornar los mantos y las capas. El vestido era de talle corto y ajustado y las faldas muy amplias. Las mangas se usaban ajustadas a principios del siglo XVI, pero luego se impuso la moda de las mangas muy hinchadas y acuchilladas, lo que permitía ver una ropa interior de fino hilo blanco. A veces se usaba un cinturón cubierto de alhajas y se suspendía de el un rosario, un abanico o un monedero. El cabello se llevaba largo, pero recogido en la nuca con un moño o bien formando una trenza atada con una cinta.

También se usaba otro estilo, en el que el cabello estaba partido en la frente y caían a los costados rulos de cierta longitud.

En el siglo XVI, la moda se caracterizó por su fastuosidad y por el empleo de telas suntuosas adornadas con bordados. Los trajes, tanto de los hombres como de las mujeres de la nobleza, tenían bordados con hilos de oro y plata y también con hilos de color rojo y negro. En esa época se difundió en Europa el uso de la aguja de acero, que habían introducido los moros en España. Este instrumento permitió realizar bordados mas finos y delicados. Italia y Flandes rivalizaban con este tipo de trabajo, del que surgió luego el encaje. Durante la primera mitad del siglo XVI, los encajes eran simples galoncitos o trencillas que se usaban para entrelazar diversas partes de la vestimenta. Luego, se fabricaban utilizando hasta quince hebras de hilos diferentes. Las damas adornaban su cabeza con redecillas sujetas con cintas: también lucían pequeñas tocas o velos de gasa ondulante. Las novias llevaban sobre sus largos cabellos sueltos, guirnaldas de flores. Un adorno muy difundido consistía en una sola joya que pendía sobre la frente con una fina cadenita. Este detalle puede verse en un cuadro de Leonardo da Vinci.

El traje de la dama de la época del Renacimiento en Italia era sumamente artístico en su diseño y realizado con telas muy costosas. Las preferidas eran las sedas, rasos, terciopelos, brocados, damascos, enriquecidas aún más por los bordados con hilos de plata y oro, y con el agregado de perlas y piedras preciosas. El corpiño era de talle corto y la falda amplia. A veces se usaba una especie de sobrevestido con sisas muy grandes por donde pasaban las mangas ajustadas o bien muy amplias y acuchilladas. En estos casos el escote tenia forma de V y llegaba hasta la cintura, dejando ver una pechera ajustada y con cuello redondeado. En invierno se usaban capas forradas con pieles de marta, armiño, zorro, etc. La difusión de la aguja de acero introducida por los moros en España permitió realizar bordados más finos y delicados, e Italia, junto con Flandes, fue la región donde se realizaron los más bellos. Los abanicos volvieron a estar de moda, y en Venecia se usaban hermosos abanicos de plumas.

A mediados del siglo V el Imperio Romano de Occidente estaba amenazado por hordas de pueblos bárbaros que cruzaban sus fronteras. Los hunos, al mando del cruel Atila, asolaban todo a su paso; en busca de refugio, los pobladores del Norte se agruparon en una lengua de tierra que emergía en la zona del Véneto. Allí levantaron casas, cuyos cimientos estaban debajo del agua, y por medio de puentes unieron las diversas islas. Por los canales que había entre ellas circulaban barcas, y pronto la ciudad de Venecia tomó una fisonomía particular. Con el paso de los siglos la ciudad se convirtió en centro de un activo comercio por el mar Mediterráneo, transformándose en un rico emporio. La república de Venecia estaba gobernada por una oligarquía de familias nobles. El jefe o dux ejercía el poder asesorado por un Consejo Mayor. En el siglo XV, Venecia conservaba aún su gran esplendor y los nobles usaban una rica vestimenta. Se preferían las telas suntuosas, como rasos, sedas, brocados y terciopelos, combinándose los colores para dar mayor atractivo al conjunto.

Como ya hemos señalado en notas anteriores, la vestimenta de los italianos en la época del Renacimiento se caracterizó por su fastuosidad. A ella contribuían las telas suntuosas (sedas, brocados, terciopelos) y los bordados realizados con hilos de oro o plata, a los que se añadían perlas y piedras preciosas. El vestido femenino tenía el busto ajustado, el escote amplio y la falda hasta el suelo. También su usaban vestidos exteriores con cintura y sin mangas, y sayas interiores con mangas largas ajustadas o bien acuchilladas. La cintura era muy alta y la falda se prolongaba, a veces, en una cola corta. Otra prenda común era la "giornea", ropaje sin mangas, abierta a los lados, que dejaba ver el vestido interior y las mangas. Las mujeres usaban los cabellos largos, cubiertos por un pequeño velo, a veces sueltos y sujetos por una fina cadenita que cruzaba la frente, o bien recogidos debajo de una toca o turbante. Las damas de la nobleza lucían coronas con perlas o sujetaban los cabellos con cintas bordadas y lazos.

Con anterioridad hemos destacado la importancia que tuvo la moda en Italia en la época del Renacimiento. Los nobles usaban una vestimenta suntuosa confeccionada con ricas telas de brocado, terciopelo, seda, etc., enriquecida con bordados de hilos de oro y plata, con perlas y piedras preciosas. Una característica del traje femenino fue una especie de doble vestido, como se ve en el modelo de la página; el exterior es de seda con flecos dorados y el interior es de brocado. La chalina es de muselina y el tocado es un birrete bordado con hilos de oro y perlas. El traje masculino ilustrado es de terciopelo con cuello de pieles, jubón cerrado con cordoncillos sobre camisa blanca, mangas acuchilladas y gorrito de terciopelo. Las calzas están parcialmente coloreadas. Los tocados eran muy variados y consistían, por lo general, en coronas o diademas con perlas o piedras preciosas y cintas. También se usaban botas de género abotonadas en el lado interior de la pierna.

En la Italia del Renacimiento comenzó a diferenciarse netamente la vestimenta de las diversas clases sociales. La de la nobleza, en particular, se destacó por su suntuosidad y la utilización de ricas telas, bordados y pieles. Pero también empezaron a adquirir caracteres típicos las vestimentas de los habitantes de las diversas regiones, cada una de las cuales tiene un detalle singular. Así se distinguían las ropas de los campesinos del norte (Florencia, Milán, Venecia, Mantua), de los del centro y de los del sur (Nápoles, Calabria, Sicilia). Los aldeanos usaban calzas ajustadas y capas amplias y cortas, reforzadas con una especie de sobrecapa que cubría los hombros. El vestido femenino tenía falda amplia y larga, talle ajustado y, sobre el mismo, se usaba un delantal que cubría casi enteramente la falda. Los cabellos se llevaban recogidos y protegidos con una toca o pañuelo que se prolongaba alrededor del cuello. Las tocas eran pequeñas y de formas variadas. El calzado era de cuero suave y carecía de adornos.

partir del Renacimiento comenzó a diferenciarse la vestimenta de las diversas clases sociales. La de la nobleza se destacó por su suntuosidad y por la utilización de hermosas telas y bordados. En aquella época, Italia era uno de los más importantes países que fabricaban telas suntuosas con métodos que habían copiado de Oriente. Pero también comenzaron a adquirir caracteres típicos las vestiduras de los diversos reinos y ciudades de la península itálica. En el siglo XVII las damas nobles usaban un vestido ajustado en la cintura con la falda amplia que llegaba hasta los pies. Sobre él llevaban un abrigo de terciopelo con hilos de oro. El tocado era sencillo y comenzaron a usar sombreros con plumas igual que los caballeros. La gorguera se popularizó en esta época: adquirió una forma especial de cuello rizado y pasó a ser parte de la indumentaria masculina. En el siglo siguiente, la gorguera alcanzó tamaño desmesurado; en las mujeres, forma de abanico.

partir de la época del Renacimiento comenzó en Italia a diferenciarse la vestimenta de las diversas clases sociales. Pero además se fue imponiendo la influencia de la moda francesa. La moda basada en telas suntuosas traídas de Oriente y que usaban los venecianos, florentinos y romanos se modificó por el agregado de encajes y plumas provenientes de Francia. La casaca tenía mangas acuchilladas, con botones que dejaban ver gran parte de la camisa; por lo tanto, ésta requería esmerada confección. Los cuellos eran amplios y se ataban por delante con cintas y cordones con borlas de seda, Las bragas eran cortas y amplias y se colocaban sobre medias de seda roja. Las botas de cuero se distinguían por la amplitud de la parte superior. Sobre la chaqueta, cruzaba el pecho el tahalí (de cuero o de raso) sujeto desde el hombro derecho hasta la cadera izquierda. El sombrero era de fieltro con las alas onduladas y adornadas con plumas.

LOS MOROS

A principios del siglo VIII los árabes invadieron España y allí permanecieron hasta fines del siglo XV, en que fueron expulsados tras cientos de años de lucha. En la península ibérica los musulmanes recibieron el nombre de moros, y su influencia en la cultura fue notable, ya que, a manera de puente, vinculaban las antiguas civilizaciones de Oriente con las de Occidente. Su vestimenta era sencilla y voluminosa, de pura lana, y destinada principalmente a protegerles del calor excesivo. Llevaban dos túnicas: una larga y recta, que les llegaba hasta los tobillos y carecía de mangas, y otra más amplia, que tenía largas mangas flotantes. Un cinturón de cuero recogía la túnica exterior. Cubrían la cabeza con una caperuza que estaba adherida a la túnica exterior y que se conoce con el nombre de albornoz. Tanto los hombres como las mujeres vestían pantalones. Los personajes distinguidos usaban telas suntuosas, como sedas, damascos, brocados, etc. El tocado característico era el turbante, arrollado de diversas maneras.

Vover al inicio de la Historia de la moda

LOS SUIZOS

Suiza es un país situado en la zona montañosa de los Alpes y paso obligado entre Francia, Italia, Alemania y Austria. Sus primitivos habitantes fueron los helvecios, sometidos por Julio Cesar en el año 58 antes de J.C. Durante cuatro siglos la región estuvo en poder del imperio romano, pero al producirse las invasiones de los bárbaros, el territorio fue ocupado por tribus germánicas. En el año 553, los francos se impusieron y Suiza pasó a formar parte del reino merovingio y luego del imperio carolingio. Desde el siglo IX integró el imperio alemán; por lo tanto, las costumbres, los usos y hasta la moda germanos tuvieron gran influencia en Suiza. La prenda principal de la indumentaria masculina era la túnica de lana, que llegan hasta la mitad de la pierna. Los nobles se abrigaban con capas de paño que, durante el invierno, recubrían con pieles. Los servidores usaban túnicas cortas con caperuza para proteger la cabeza. Las piernas se cubrían con medias, y el calzado era muy simple y de cuero suave.

Desde el siglo IX, Suiza formó parte del sacro Imperio Romano Germánico, y desde ese momento la influencia alemana se hizo sentir en las costumbres y la moda. Debido al clima, los tejidos eran gruesos y pesados, con diseños muy elaborados. Había preferencia por los paños de lana y de terciopelo, y por los brocados de colores brillantes. El traje femenino se caracterizaba por estar ceñido a la cintura, con los hombros estrechos y las faldas amplias. La capa, corta o larga y forrada de piel, fue el principal abrigo invernal. Las mangas eran muy amplias, acuchilladas, y sujetas en la muñeca por una especie de puño. Los cabellos se usaban largos, sueltos o recogidos, y por lo general alisados sobre la cabeza y con trenzas arrolladas en espiral a los costados. La cabeza se cubría con un manto o con una cofia de tela fina de hilo almidonada que presentaba formas muy diversas. El calzado era ajustado y flexible de cuero suave.

LOS INGLESES

En los comienzos de la época medieval, tanto los hombres como las mujeres ingleses usaban una túnica y un manto y ropa interior de hilo blanco denominada camisola. Pero con la llegada de los normandos, en el siglo XI, las vestimentas se hicieron más ricas, prefiriéndose telas más suntuosas y, además, pieles y joyas. La medida de longitud inglesa, denominada yarda, se fijó durante el reinado de Enrique 11, entre los años 1154 y 1189, y se tomó como patrón la longitud del brazo del monarca. En el siglo XII se adoptó el gabán, que vestían tanto los hombres como las mujeres. Los primeros lo usaban sobre la armadura de cota de malla. El gabán se sujetaba a la cintura por un cinturón de cuero grueso que llevaba adornos de metal y en el que pendía la espada. Los guantes se hacían de cuero o lana, y el calzado era muy simple, de cuero suave y muy ceñido al pie. Las damas de la nobleza lo usaban bordado. De izquierda a derecha, se ha representado un barón, el rey, un guardia, un consejero y un canciller.

La conquista normanda en las Islas Británicas tuvo, como ya hemos señalado, gran influencia en la moda. La vestimenta se hizo más rica y variada. Bajo el reinado de Guillermo II; en el siglo XI, apareció el vestido femenino llamado "princesa", de corte ceñido y con una abertura que iba desde la cintura hasta la parte superior de la espalda sujeta con lazos. Del ancho cinturón de cuero o tela gruesa se colgaba un monedero y 1lavero. El peinado y el tocado femeninos adquirieron una modalidad especial que perduró durante largo tiempo. El cabello se separaba en el centro por medio de una raya y se sujetaba en dos largas trenzas, engrosadas con cabellos postizos y adornadas con cintas. Otras veces, los cabe 1los se sujetaban con redecillas -en ocasiones muy suntuosas, ya que eran de hilos de oro- o una pequeña toca de hilo blanco almidonado. Los tejidos más usados eran las lanas de Flandes y las sedas y brocados de Venecia.

Las armaduras como elementos defensivo fueron conocidas desde la antigüedad y ya se habla de ellas en la "Ilíada" y la "Odisea", del poeta griego Homero. Los soldados griegos, macedonios y romanos también las usaron y fueron perfeccionándolas, pero fue en la Edad Media, cuando las armaduras se hicieron más completas. Como hemos señalado en otros capítulos de esta serie, primeramente se usó la cota de malla, pero luego se utilizaron las piezas enteras de metal que cubrían no sólo el pecho y la espalda, sino también los brazos, las piernas y, sobre todo, la cabeza y la cara. Ésta se hallaba protegida por una especie de visera que podía levantarse, lo que permitía reconocer a la persona. Es interesante señalar que el característico saludo de quitarse el sombrero proviene, precisamente, del ademán de levantarse la visera cuando un caballero se enfrentaba con otro. Sobre la armadura se colocaba una túnica de paño grueso o cuero sujeta con un ancho cinturón, del que pendía la espada de metal.

La dinastía de los Tudor corresponde al período del Renacimiento en Inglaterra. En los primeros años del reinado de Enrique VII perduraba la tendencia de la moda medieval, y los hombres usaban largas calzas ajustadas y túnicas cortas de tela gruesa que, en invierno, se reforzaban con forro de pieles o adornos de este material. Debajo de la túnica llevaban una camisa blanca, de hilo, con mangas abullonadas. Pero luego la túnica se alargó y se abría sobre un chaleco o pechera de un material vistosamente bordado; sobresaliendo del chaleco aparecía la camisa. Por encima se llevaba un traje o gabán de mangas muy amplias y sueltas. Las mangas tenían características especiales: las del traje o gabán eran acuchilladas y dejaban ver las mangas de la túnica, que también eran acuchilladas y dejaban ver la camisa. El gabán se ceñía con un cinturón de cuero. Las calzas eran ajustadas y largas, y el calzado era de cuero suave y liso. La cabeza se cubría con tocados que presentaban diversas formas o bien con capuchas o caperuzas.

En la época del Renacimiento, en Inglaterra, la túnica de los hombres se acortó. Debajo de ella se usaba un chaleco o pechera de tela suntuosa y bordada. Este chaleco se abrochaba adelante en forma entrecruzada, y también se sujetaba por detrás. Sobre el cuerpo se llevaba una camisa blanca de puro hilo, cuyo cuello sobresalía del chaleco. Otra prenda muy común era el gabán largo con mangas amplias y sueltas, acuchilladas, que dejaban ver las mangas de la túnica y de la camisa. Los cabellos se usaban, por lo general, cortos, con flequillo y cayendo sobre los hombros. Los sombreros tenían diversas formas: comúnmente eran de terciopelo, con ala pequeña y adornados con plumas y alhajas. El calzado, tanto el femenino como el masculino, era muy sencillo y estaba confeccionado de cuero, de paño o de terciopelo. Los guantes, cinturones y otros accesorios tenían ricos bordados.

En la época del Renacimiento, el vestido femenino tenía falda amplia y larga hasta el suelo. También se usaba una falda interior de cañamazo de forma acampanada, predecesora del miriñaque. El corpiño era ajustado y el escote redondeado o cuadrado. Pero eran las mangas las que ofrecían mayor variedad. Se las usaba largas y ajustadas o muy amplias y forradas con telas de color diferente. A veces la falda se abría por delante en el medio, dejando ver una suntuosa falda de brocado. También el corpiño se abría en forma de V permitiendo admirar una pechera delicadamente bordada. Como abrigo se usaban largas capas forradas de pieles. Para la vestimenta se empleaban telas suntuosas, como sedas y brocados importados de Oriente, terciopelos de Venecia, lanas de Flandes y batistas de Francia. Las joyas más comunes eran los collares de oro; también piedras preciosas o cruces pendientes de una cinta fina de seda.

En la época del Renacimiento y, particularmente, hasta 1550 se usó en Inglaterra un tipo singular de sombrero femenino. Se trataba de un sombrero a dos aguas, con caídas a ambos lados, que se colocaba sobre una cofia o toca de hilo blanco muy ajustada y que se dejaba ver sobre la frente. Las caídas estaban ricamente bordadas con perlas, piedras preciosas e hilos de oro y de plata. Otros modelos constaban de una gran caída que partía desde lo alto de la cabeza y que, a veces, llegaba hasta el suelo. Los hombres usaban también tocas de terciopelo con estas largas caídas, o birretes de terciopelo adornados con plumas. Los accesorios tenían gran importancia, como el cuello de la camisa de los hombres, que tenía delicados bordados negros, y los guantes de seda acuchillados. Las joyas más comunes eran gruesas cadenas de oro de las que pendían piedras preciosas y perlas. Estas últimas eran las preferidas, sobre todo en época de Enrique VIII, ya que el mismo monarca las usaba.

En esta época se preferían telas suntuosas para confeccionar los vestidos femeninos y masculinos. A Inglaterra llegaban telas de diversas partes de Europa, y el activo comercio estaba apoyado en una marina mercante cada vez más floreciente. Desde Oriente se importaban brocados y sedas muy suntuosos con dibujos vistosos y de vivos colores; de Venecia se traían terciopelos lisos y bordados con hilos de oro; de Flandes llegaban telas de lana, seda y raso; de Francia, las delicadas batistas utilizadas en camisas y tocados. En tiempos del rey Enrique VIII, la moda masculina se dividió en dos corrientes. La primera se caracterizaba por el estilo cuadrado y los hombros acolchados; la segunda, por una línea más bien delgada.

Las mangas eran muy abultadas y acuchilladas, tanto en la vestimenta femenina como en la masculina. Las clases más humildes continuaron usando vestidos sencillos, con mangas y busto ajustados, y falda amplia que llegaba hasta los pies. Los cabellos eran cubiertos por una toca.

La túnica masculina experimentó un cambio notable en Inglaterra a partir del siglo XIV, ya que se acortó llegando sólo hasta la rodilla. Debajo de ella se usaba un chaleco que, generalmente, se abrochaba en forma entrecruzada. Una prenda muy característica era la camisa blanca de puro hilo, sin cuello y con el escote alto y fruncido que sobresalía del chaleco. Los nobles usaban un gabán largo con mangas amplias y sueltas, acuchilladas, y que dejaban ver las mangas de la túnica o de la camisa. Los hombres usaban los cabellos largos, cayendo sobre los hombros y con flequillo. El calzado, tanto el femenino como el masculino, era muy sencillo y por lo general se confeccionaba de cuero, de paño o de terciopelo. Hacia el siglo XV se realizaron importantes innovaciones y se introdujo la fantasía en las prendas de vestir. Así se combinaban telas y colores en una misma prenda, que tenía, entonces, gran colorido.

Una prenda característica de la vestimenta masculina inglesa del siglo XV era la chaqueta corta muy ajustada hasta el talle y con un faldón amplio que cubría la cadera. Esta chaqueta tenía un cuello alto y pequeño, y mangas muy trabajadas. La parte superior de la manga era muy abullonada y acuchillada, dejando ver la camisa de hilo blanco. En el codo había otra parte más pequeña, también abullonada y acuchillada, y desde allí hasta la muñeca la manga era muy ajustada. Los pantalones eran también muy ajustados, y sobre ellos se colocaban botas de cuero que se prendían al costado. Las puntas de las botas se prolongaban desmesuradamente, y el extremo se sujetaba debajo de la rodilla con un cinto de cuero. El sombrero era muy variable, pero una de las formas más comunes era el de ala ancha levantada atrás y con adornos de plumas. Los tocados femeninos presentaban gran variedad.

En la segunda mitad del siglo XV las telas para la vestimenta femenina y masculina llegaban a Inglaterra desde diversas partes de Europa y de Oriente. De Venecia se importaban terciopelos lisos y adornados con brocados de hilos de oro; de Flandes, lanas y sedas; de Francia, delicadas batistas; y de Asia, sedas y brocados.

La moda tuvo caracteres muy marcados durante el reinado de Enrique VIII: las calzas eran largas y cosidas, abultadas y acuchilladas; los zapatos eran de horma cuadrada y acuchillada, y la túnica estaba hermosamente bordada y acuchillada. El cuello de la camisa tenía un volante estrecho bordado en seda negra. La pechera de la camisa tenía bordados en seda negra combinando con seda roja e hilos de oro. Las mujeres usaban una camisa que se llevaba por encima de un miriñaque más amplio, y una falda de raso bordado o terciopelo guarnecido de brocado y de un color que contrastaba con el resto del vestido. Las mangas se hicieron muy amplias en los puños y con adornos de piel o terciopelo. El tocado era muy variable y se usaban también los turbantes..

En la época de Enrique VIII, los hombres usaban largas calzas cosidas, abultadas y acuchilladas, y una túnica bordada que llegaba hasta las rodillas. La camisa también era una prenda muy común, y el cuello tenía un volante estrecho o un dobladillo recto bordado en seda negra. Algunas camisas tenían la pechera bordada en negro y también con hilos rojos y dorados. Tanto las damas como los caballeros, usaban anillos en los dedos de ambas manos, preferentemente en el pulgar, el índice y el del medio. Del cuello pendían pesadas cadenas de oro con medallas o piedras preciosas y perlas. Por influencia de la moda francesa, los hombres empezaron a usar el cabello corto y la barba recortada. Los sombreros adoptaron formas muy variadas: los había de ala ancha con adornos de plumas, gorros pequeños, birretes de punta como un techo a dos aguas, etcétera. El calzado era de cuero fino, y también de terciopelo acuchillado, con la punta cuadrada y adornos de piedras preciosas.

A partir del siglo XVII y sobre todo desde el siguiente, la vestimenta de la nobleza en Europa occidental era semejante. El intercambio comercial de telas suntuosas era frecuente, pero también la creación de manufacturas reales y propias en España, Francia, Inglaterra, Italia y Flandes permitía la utilización de tejidos que hacían posibles algunas diferenciaciones. Hacia el 1700 los nobles ingleses usaban unas bragas cortas con un faldellín de cuero y una chaqueta con mangas acuchilladas. Todo esto permitía lucir una camisa de seda natural o de hilo blanco con mangas abullonadas. Las botas de cuero se abrían como una corola y dejaban ver medias de seda que llegaban hasta la rodilla. Los hombres usaban el cabello largo y sombrero de fieltro adornado con plumas.

Los marinos ingleses del siglo XVIII vestían trajes compuestos por una chaqueta larga con amplios bolsillos y bragas cortas que cubrían la rodilla. La camisa era una prenda muy importante de la vestimenta y tenía en el cuello una cascada de encaje. Los puños también terminaban en un volante de encaje. Las medias eran de seda y los zapatos clásicos, sobre los que se destacaba una hebilla dorada. Sobre el traje se usaba un abrigo que llegaba hasta las rodillas. Era costumbre usar pelucas sujetas con lazos o empolvarse los cabellos de blanco y sostenerlos con cintas. Las mujeres de la nobleza continuaron usando corpiño ajustado, que terminaba en gorguera, y sombrero de copa alta con ala levantada en un costado. También usaban una toca de lino blanco y un cuello amplio del mismo material. El peinado era sencillo y dejaba la frente despejada.


LOS FRANCESES

Las prendas básicas de la indumentaria usada en Francia por hombres y mujeres eran dos túnicas y un manto. En el siglo XII la túnica interior evolucionó hasta concretarse en una camisa o ropa interior hecha de batista, tela suave que lleva el nombre de su inventor, Bautista Chambray. La túnica exterior dio origen al gabán, especie de capa recta con una ab