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HISTORIA DE LA MODA Desde la
préhistoria
PRÉHISTORIA
En 1.886, en la pequeña
gruta de Cro-Magnon fueron encontrados varios
esqueletos que permitieron afirmar que el hombre de
esa raza alcanzaba una talla de 1,80 m, era robusto
y vigoroso, de cráneo alargado y voluminoso,
ligeramente aplanado en el occipucio, con una frente
alta y arcos superciliares apenas salientes. El
rostro, algo ancho en los pómulos, mostraba una
nariz estrecha y larga. La mandíbula inferior tenia
un mentón bastante pronunciado.
Los hombres y las mujeres de esa raza - qué vivió
durante el periodo Paleolítico - cubrían el cuerpo
con pieles a manera de taparrabos, que sujetaban con
tiras de cuero crudo; se adornaban con collares
hechos con las uñas y los dientes de los animales
que cazaban para su sustento, así como también de
caracolillos, que enhebraban en finas tiras de
cuero. Es posible afirmar que conocían el
fuego, el cual era conservado ritualmente
Ante el avance de los glaciares, el hombre tuvo que
refugiarse en las cavernas naturales para poder
soportar los crueles fríos que sobrevinieron.
Comenzó a utilizar nuevos elementos para la
confección de las ropas de abrigo que se vio forzado
a vestir. Con astillas pulidas de hueso creó la
aguja y cosió sus prendas, con las que llegó a
cubrir enteramente su cuerpo.
También empleó el marfil, que tallaba dándole formas
diversas, y comenzó a decorar el interior de las
cavernas que lo cobijaban con figuras de animales
primorosamente dibujados y pintados. Estas
manifestaciones de arte marcan los albores de una
cultura que revela cómo las circunstancias crean en
el hombre la renovación de sus ideas para una vida
mejor.
Al retirarse los glaciares, el hombre primitivo
buscó climas más benignos y templados, lo que le
permitió conocer y desarrollar la agricultura, así
como también emplear la lana de ciertos animales
para la confección de tejidos que reemplazaran a las
pieles. Los grupos de familias y, por consiguiente,
de viviendas, fueron conformando poblaciones, y así
nació la primitiva ciudad.
La vida en sociedad y el trabajo en colaboración
lograron un relativo refinamiento, pues ya por
entonces las mujeres se adornaban con pulseras y se
pintaban el rostro, lo cual puso de relieve un
naciente bienestar y seguridad con relación a la
supervivencia. Además, como ejemplo de su incipiente
artesanía, nos dejó valiosas muestras de una
alfarería preciosamente decorada.
LOS SUMERIOS
La larga noche del salvajismo paleolítico y la
plomiza claridad de la barbarie neolítica dieron
paso, hace cinco milenios, en la Mesopotamia del
Oriente Medio, a la primera civilización y, con ella
a la historia. Una historia que comienza con la
invención de la escritura.
Fueron las ciudades del país de Sumer, tales como la
sagrada Nipur, la opulenta Ur y la orgullosa Nagash,
las que nos dejaron, documentos escritos y obras de
arte, la manifiesta fiebre creadora de aquellos
hombres.
Los sumerios inventaron la rueda, construyeron
palacios y templos en donde adoraban a sus dioses;
fueron ellos quienes extrajeron el cobre,
trabajándolo con fines útiles, mas tarde añadiéndole
estaño, dieron con el bronce, aleación superior en
resistencia y dureza. Fueron expertos artesanos y
grandes escultores y dejaron elocuentes muestras de
cincelado en plata y oro.
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BABILONIA Y ASIRIA
En el año 1.917 a. de C., los tres reinos de Elam,
Asiria y Siria fueron unidos bajo el imperio de
Babilonia. Asiria conquistó el imperio en 1.250 a.
de C.; alcanzando su apogeo en las culturas mixtas
de los siglos VIII y VII a. de C.
La indumentaria de los babilonios y asirios se
componía de dos prendas: una túnica de talle recto
con bordes guarnecidos con flecos, unas veces larga
y otras corta, denominada candys, y un chal adornado
de diferentes dimensiones.
Hombres y mujeres llevaban las mismas ropas, con la
única diferencia de que los chales de las mujeres
eran más amplios.Se usó el lino, aunque la lana era
más común, con diversos bordados artísticamente
diseñados.
Los vestidos llevaban borlas y flecos. Abundaban los
colores brillantes, rojos, azules, verdes. El
púrpura era usado solamente por los reyes, cuyas
tiaras estaban adornadas con alhajas.El cabello
largo y las barbas eran cuidadosamente dispuestos en
forma de bucles prietos y ajustados.Poco se sabe de
la indumentaria femenina. Las mujeres vivían
retiradas de la vida publica, y no figuran en los
bajorrelieves y esculturas que nos han dejado.
EGIPCIOS
La vestimenta de los egipcios consistía en pocas
prendas que, por virtud del clima cálido y siempre
igual, eran de lino y algodón. Las clases pudientes
usaban una fina muselina translúcida que se tejía
con el lino cultivado en las ricas llanuras fangosas
del río Nilo.
La principal prenda masculina se llamaba shenti. Era
una larga faja que se enrollaba en las caderas,
sujetándose con un lazo o cinturón que remataba en
un nudo. El vestido de las mujeres tenia corte recto
y estrecho, como una vaina, y pendía por debajo del
pecho hasta los tobillos, sostenido por uno o dos
tirantes. Las sandalias eran fabricadas con suelas
de cuero, papiro o madera y se ataban con cordones
de cuero, metal o fibras de plantas.
Tanto los hombres como las mujeres se afeitaban la
cabeza y usaban pelucas postizas. Las barbas de
algunos dignatarios también eran postizas. Se
decoraban los ojos, coloreaban sus mejillas y se
pintaban los labios de color carmesí. Era muy común
el uso de cosméticos y perfumes.
Entre los objetos que se empleaban para combatir el
calor figuraban abanicos de hojas o plumas y
parasoles de mando muy largo.
LOS HEBREOS
Luego de establecerse en la tierra prometida, los
hebreos conservaron algunas prendas egipcias, tales
como el delantal y la camisa. La tórrida temperatura
de Canaán, obligo a los hombres a adoptar el
kalasiris y el manto suelto. El kaftán y el ephod
fueron las típicas vestiduras de este pueblo.
En los tiempos de David y Salmón, los hebreos
acostumbraban a adornar mucho sus prendas. Los reyes
usaban, para su traje de ceremonias, circulo o
corona y largo bastón o venablo. Los sacerdotes
vestían camisa talar, con aberturas a los costados.
Sobre la túnica que prescribía el culto, el sumo
sacerdote se ponía vestidura azul sin mangas, con el
borde guarnecido de granates y campanillas, encima
del ephod bordado en rojo y azul. Llevaba un
casquete con una placa de oro con la inscripción: "
Consagrado a Jehová".
Las mujeres hebreas vestían una camisa blanca con
mangas y se cubrían con mantas de colores. Rizaban
sus cabellos formando pequeños bucles, que trenzaban
o los disponían en diadema alrededor de la raya.
Usaban sandalias con correas, cadenillas de oro y
lentejuelas.
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LOS PERSAS - SIGLO VI A.C. AL SIGLO XIII D.C
La vestimenta de los persas, que tomaron importancia
histórica a mediados del siglo VI antes de J: C.,
estaba basada en la de los asirios y los babilonios,
con algunos elementos propios.
La prenda típica era el "candys", especie de túnica
de lana hilo o seda importada del Lejano Oriente,
que se adaptaba al cuerpo y tenia mangas amplias. El
gran rey y los sátrapas o gobernadores vestían
solamente el "candys" y el del monarca era de
púrpura. Generalmente usaba la saya o túnica amplia
sostenida con un cinturón. Por primera vez en la
historia de la humanidad, aparece el uso de la ropa
interior. Los persas fueron los creadores del
bordado de aplicación, técnica que se introdujo en
Europa después de las Cruzadas. Calzaban zapatos
flexibles de cuero amarillo y de forma anatómica,
atados a los tobillos con correas y botones. Los
hombres tenían cabellos y barbas largos y rizados, y
los nobles los espolvoreaban con polvo de oro. Los
reyes adornaban su cabeza con tiaras y mitras. Otra
prenda típica era el paño de barbilla, de hilo
blanco, que se envolvía en la cabeza y el cuello. De
la indumentaria femenina se conoce muy poco, pues
las mujeres llevaban una vida de reclusión
Hasta el siglo XIII la vestimenta de los persas fue
semejante a la que usaban en la época de su gran
imperio. Su prenda característica era la túnica de
lana o de seda, traída del Lejano Oriente, que, por
lo general, les llegaba a los tobillos. Debajo de
ella usaban prendas interiores, camisa y
calzoncillos. Otra innovación eran las prendas
cortadas y cosidas, con mangas aplicadas y gran
amplitud en los puños. La túnica del monarca era de
color púrpura, azul oscuro o blanca y el cinturón
era tejido con hilos de oro. Las mujeres llevaban
una vida recluida, por eso no S~ conocen muchos
aspectos de su indumentaria. Por lo general, las
damas nobles vestían una túnica talar y un amplio
manto con adornos en los bordes. El calzado era de
cuero flexible sujeto con cintas o cordones de
cuero. Los soberanos o personajes principales, como
los gobernadores o sátrapas, llevaban sobre su
cabeza tiaras, mitras o sombreros altos de fieltro.
LOS GRIEGOS
Entre los siglos VII y I antes de la era cristiana,
la prenda que usaban los hombres y las mujeres era
el chitón, trozo rectangular de lana, que se recogía
en los hombros con una fíbula, que era una hebilla o
broche.
Las mujeres usaban un chitón largo, que les llegaba
hasta los tobillos; en cambio, el de los hombres era
corto y alcanzaba solo a las rodillas.
Los sacerdotes y algunos ciudadanos, en las
ceremonias importantes se ponían chitón largo.
Encima del chitón, las mujeres llevaban el peplo,
que era un paño en forma de chal que colgaba desde
el hombro hasta la cintura. Como abrigo se ponían el
clamide, manto de lana de forma rectangular con
pesos en las puntas para impedir que el viento los
levantara; se ajustaba con una hebilla en el hombro
o en el pecho. Tanto los hombres como las mujeres
llevaron el himation, pieza de genero de un metro y
medio por tres que solo cubría el hombro. Un adorno
característico.
El teatro tuvo en Grecia una enorme importancia y
los actores usaban una vestimenta especial, pues el
teatro era al aire libre y debían hacerse oír y ver,
desde las graderías donde se sentaba el publico. Los
actores se ponían caretas especiales, según se
tratara de una tragedia o una comedia, y calzaban
coturnos, zapatos que tenían una suela alta para
aumentar la estatura. Tanto los hombres como las
mujeres eran aficionados a los perfumes. El cabello
era corto en los hombres y sujetado con una cinta.
Las mujeres se dejaban caer el cabello y lo llevaban
unas veces rizado y otras sujeto en forma de
tirabuzón, con horquillas de hueso o de marfil y
oro. Cuando salían de viaje, los hombres usaban
sombreros de fieltro, con alas muy anchas que se
sujetaban con una correa a la barbilla; este
sombrero se llamó petasos. El calzado más común para
hombres y mujeres eran las sandalias de suela
gruesa. Los adornos(pendientes , collares,
brazaletes y anillos) tenían gran importancia y eran
de una belleza incomparable, como todas las obras
artísticas que nos dejo Grecia.
LOS ROMANOS
Desde el siglo I a. de J.C., la vestimenta principal
de los romanos fue la toga, tanto para las mujeres
como para los hombres. Mas tarde; la prenda femenina
se llamó palla. La toga era semejante al himation
griego, pero más amplia, y media unos 2,5 metros de
ancho por 5,2 de largo. Se disponía sobre el cuerpo
formando pliegues; un extremo se colocaba sobre el
pecho y, atravesando por encima del hombro
izquierdo, rodeaba la espalda, volvía hacia adelante
pasando por debajo del brazo derecho, de allí
tornaba otra vez sobre el hombro izquierdo y se
ataba a la espalda. La toga de los senadores era
blanca, con franjas de color púrpura. Los
emperadores vestían una túnica bordada en oro y una
toga bordeada de púrpura.
Desde sus orígenes, Roma luchó contra los pueblos
vecinos y fue extendiendo paulatinamente sus
dominios, hasta organizar el imperio más grande de
la antigüedad. Para ello necesito contar con un buen
ejercito. La unidad militar se llamaba legión, que
equivalía al recluta o llamado a las armas; de allí
el nombre de legionario dado a los soldados. Estos
llevaban coraza, casco, escudo, perneras lanza o
pilo y una espada corta llamada gladius. La
primitiva coraza de bronce macizo fue sustituida por
otra mas ligera - la loriga - , formada por pequeñas
laminas de metal. Los soldados romanos, llevaban
consigo todo lo necesario para subsistir, tanto las
armas como los utensilios de cocina y su provisión
de trigo para 15 días. Se los llamaba entonces
impeditus (impedidos).Cuando iban a la batalla,
dejaban sus bultos y eran expeditus, es decir listos
para combatir. Cada legión portaba sus insignias
particulares, que consistían en largas picas llenas
de adornos y coronadas con la figura del águila.
Entre los antiguos romanos los gladiadores, eran por
lo general, prisioneros, esclavos o condenados a
muerte que combatían entre si o contra animales
feroces en espectáculos que atraían a gran multitud
en los anfiteatros. Esa costumbre data del siglo II
antes de J.C., pero se hizo muy popular en época de
los emperadores. Los romanos distinguían a los
gladiadores por sus armas y su manera de combatir.
Así estaban los mirmillones, que tenían un casco con
una pieza de metal que cubría totalmente la cara y
podía levantarse; los reciarios, que llevaban un
tridente y una red con la que trataban de envolver
la cabeza del adversario; los traces armados con
escudo redondo y puñal; los secutores, con escudo y
puñal, adversarios tradicionales de los reciarios.
También había gladiadores que combatían a caballo.
Cuando un gladiador era vencido, solo podía salvar
la vida si así lo decidía el emperador o el pueblo.
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LOS GALOS
Los galos eran un pueblo bárbaro, que habitaba en el
actual territorio de Francia. Fuertes guerreros,
fueron dominados tras larga lucha por Julio Cesar.
La vestimenta que usaban era semejante a la de otros
bárbaros que ocupaban Europa central y nórdica. Los
hombres vestían pantalones, túnica corta con mangas,
manta de lana, y en invierno capa de pieles. Las
mujeres lucían túnica larga y, como abrigo, una
manta cuadrada de lana gruesa fijada sobre el hombro
con un broche. La túnica caía en suaves pliegues
ajustada por un cinturón colocado debajo del pecho.
Les gustaba usar alhajas - collares, brazaletes,
pectorales, hebillas, etc. -, por lo general de
bronce, pero también de oro, sabían forjar muy bien
los metales, como lo prueban, además de las joyas,
los cascos y las espadas de los guerreros. El
calzado era sencillo, de tipo mocasín o sandalias
que se ataba al pie con correas, también botas de
cuero sin curtir, con bonitos adornos, los
sacerdotes vestían amplia túnica y capa de color
blanco.
LOS GERMANOS
Los germanos eran pueblos arios o indoeuropeos que
habitaban en el centro de Europa. Entre ellos se
distinguían los francos, burgundios, vándalos,
visigodos, ostrogodos, anglos, sajones y otros, que
irrumpieron violentamente en el Imperio Romano de
Occidente y lo destruyeron en el año 476. Los
germanos eran bravos soldados que cubrían su cuerpo
con un simple trozo de piel, sujeto con un cinturón
ancho de cuero, que llevaba a veces, adornos de
metal. Protegían la cabeza con un casco también de
metal. El calzado era sencillo: un mocasín sujeto
con tiras de cuero cruzadas, que servían para
sostener, en las piernas una especie de media de
piel. Los adornos (por lo general, brazaletes) y los
pectorales eran de bronce, lo mismo que los escudos.
LOS SÁRMATAS Y LOS DACIOS
Los sármatas y los dacios eran pueblos bárbaros que
lucharon contra los romanos, y fueron estos quienes
nos proporcionaron datos sobre la vestimenta de
aquellos. Los sármatas, que habitaron en Rusia
meridional, usaban pantalones más bien anchos,
túnica con mangas ajustadas, sombrero en forma de
gorro frigio y manto cuadrado o semioval que se
prendía en el hombro derecho. Los guerreros usaban
una túnica larga y, sobre ella, una túnica plegada
sin mangas y una gorra en forma de casco.
Los dacios vivían en el mar Negro, los monte
Cárpatos y el río Danubio. Su vestimenta era
semejante a la de los sármatas: pantalón sujeto al
tobillo, túnica estrecha y manto. Las mujeres usaban
dos largos vestidos con mangas; en lugar de
cinturón, un manto cuyo borde superior rodeaba las
caderas y se ataba por delante.
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LOS ESCITAS
Los escitas eran pueblos bárbaros, que habitaban en
el norte del mar Negro. Sus costumbres eran
semejantes a las de los nómadas mongoles. El traje
de los hombres se componía de pantalón más o menos
ancho, justillo abierto por delante y sostenido por
un cinturón que sujetaba el pantalón,
borceguíes(zapatos) encordonados en los tobillos y
gorro alto, semejante al gorro frigio. Las prendas
eran cosidas con finas tiras de cuero. Los escitas
de la península de Crimea adornaban sus vestiduras
con placas de oro. La gente común llevaba una túnica
cerrada, abierta en el pecho. Las principales armas
de los escitas eran el arco y la flecha. El primero
era fabricado por dos cuernos unidos por el medio
por un palo, con las flechas metidas en un carcaj de
cuero labrado y suspendido de un cinturón. Llevaban,
asimismo, espadas cortas y curvas, lanzas y hondas.
Se adornaban con joyas de gusto bárbaro.
LOS PARTOS
Los partos fueron antiguos pueblos escitas que en el
siglo III antes de J.C. organizaron un imperio, que
fue abatido tras largas luchas por el emperador
romano Trajano. Eran buenos jinetes y especialmente
peligrosos cuando, fingiendo huir, disparaban por
sobre el hombro flechas al enemigo que los
perseguía. Por ello la retirada era peor que el
ataque. Los partos usaban pantalones de diversos
anchos, y sayos abiertos en toda su longitud a
partir de la cintura o con un corte en el pecho y
una banda alrededor del cuello.
La manga izquierda era mas larga que la derecha y
cubría la mano, característica muy singular. Usaban
sombreros altos. Los hombres que pertenecían a la
nobleza usaban sayo, pantalón doble forrado de
blanco y manto de color púrpura. L vestimenta de los
reyes era semejante a la de los persas; sobre la
túnica usaban un manto púrpura y corona.
LOS BIZANTINOS
Se llamo Imperio bizantino al Imperio Romano de
Oriente creado a la muerte de Teodosio en el año
395, cuando el antiguo Imperio Romano, lo dividió en
dos partes entre sus hijos Arcadio y Honorio,
correspondiéndole al primero la región oriental.
Este imperio duró hasta el año 1.453, cuando su
capital, Constantinopla, cayó en poder de los
turcos. El periodo más brillante de tan largo
imperio fue el del emperador Justiniano, en el siglo
VI. En esa época se importo de china la cría del
gusano de seda, pues dos monjes - con el apoyo real
- introdujeron, ocultos en una caña de bambú, huevos
de gusano de seda y semilla de morera, planta con la
que se alimentan los gusanos. La indumentaria real
tenia influencias grecolatinas y magnificencia
oriental. Tanto los hombres como las mujeres vestían
túnicas de seda, damasco, brocado y otras telas
suntuosas, ceñidas con anchos cinturones de cuero,
muy trabajados. Sobre la túnica usaban una capa de
forma semicircular, y sobre el costado izquierdo se
colocaban una insignia o clavus. Las mujeres lucían
vistosas joyas con piedras preciosas.
El Imperio Bizantino duro poco mas de diez siglos y,
naturalmente, en tan largo periodo de debió defender
muchas veces sus fronteras amenazadas por otros
pueblos. En el orden interno eran frecuentes las
intrigas palaciegas y rebeliones. De allí la
necesidad de contar con un fuerte ejercito, y para
formarlo se recurrió casi siempre a tropas
mercenarias. Los soldados usaban una coraza de metal
hasta la cintura con caídas de cuero. Los jefes
principales llevaban una rica capa semicircular,
sostenida por el clavus o insignia de dignatarios.
El calzado era de cuero suave, y las calzas de seda
labrada. La espada fue alargándose y los escudos
adoptaron una forma ojival muy característica. Los
soldados usaban una túnica corta y protegían su
cabeza con cascos lisos de metal, escudo y espada.
Algunos cuerpos eran muy hábiles en el manejo de las
lanzas. Cada escudaron tenia su estandarte con
diversas insignias, pero en la mayoría aparecían
símbolos cristianos.
La civilización bizantina dio el primer paso para
adaptar la vestimenta a las líneas naturales del
cuerpo, ya que en la antigüedad era muy holgada. El
atuendo masculino y femenino estaba constituido por
tres prendas: la túnica, que alcanzaba la rodilla en
los hombres y el tobillo en las mujeres, la
dalmática, o capa de algodón o lana según las
estaciones, larga y recta pero plegable, y otra
especie de echarpe de seda recta echada sobre los
hombros y recogida en el lado derecho con un broche.
Las damas de la corte usaban túnicas de sedas ricas
y sedas labradas. Recogían su cabellera con una
cofia de seda o una red de perlas, costumbre que se
adopto luego en el resto de Europa.
En las joyas usaban mucho las perlas que combinaban
con diamantes y otras piedras preciosas. El traje
sacerdotal era parecido al de los laicos, pero la
túnica talar era blanca. Sobre ella colgaban la
casulla, con una cruz bordada en la parte posterior.
Los obispos usaban una larga banda blanca con una
cruz negra.
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LOS GODOS
Los godos conservaron el traje a la usanza germana
ya que no fueron vencidos por los romanos, y
solamente al final fueron adoptando las modas de
estos últimos.
Llevaban anchos y largos pantalones con adorno
dentellado. Los pantalones con franjas iban sujetos
debajo de la rodilla, y los que eran lisos en los
tobillos. Las prenda del cuerpo era cerrada y a
menudo tenia un corte en el pecho y presilla en el
cuello. Otras veces estaba abierta por delante o
cerrada desde la cintura con botones.
Se ponían también un manto atado en hombro derecho
con las puntas de arriba. Las mujeres llevaban
vestiduras semejantes al "chitón " de las griegas y
manto atado al hombro izquierdo. No usaron ni
sombrero ni calzado.
LONGOBARDOS Y FRANCOS
Los longobardos y los francos eran pueblos bárbaros
que penetraron en el Imperio Romano de occidente en
la época de las grandes invasiones. Los primeros se
establecieron en Italia y los segundos en el actual
territorio de Francia, que precisamente, debe su
nombre a este pueblo. Entre sus primeros reyes
figuró Meroveo, que dio origen a la dinastía de los
merovingios, en los comienzos de la edad media.
Tanto los longobardos como los francos vestían como
los antiguos germanos y su prenda principal era una
túnica corta ceñida al talle sobre una prenda
interior con mangas largas. Los reyes o jefes
principales lucían un manto abrochado por delante
sobre el hombro derecho. Los guerreros se protegían
con una coraza de placas metálicas y durante las
campañas invernales se cubrían con mantos de piel.
Protegían su cabeza con cascos de metal, y a veces
con una especie de capucha para resguardarse del
frío. Los longobardos sabían trabajar muy bien el
hierro y hacían joyas con este metal.
LOS FRANCOS
En el siglo VIII, Pipino el Breve destronó al ultimo
rey merovingio, iniciando la dinastía de los
carolingios, cuyo mayor representante fue
Carlomagno, el cual fue coronado emperador en la
Navidad del año 800. En esa época, la prenda
interior o chainse evolucionó hasta convertirse en
una camisa o ropa corporal de hilo o lana, que fue
origen de nuestra ropa interior o ropa blanca. Sobre
ella se colocaba una túnica corta que cubría las
calzas. El emperador y los personajes principales
usaban una capa que caía rectamente, tanto por
delante como por detrás, y se abrochaba al costado.
Los hombres solían llevar el cabello y la barba
largos, las mujeres dos trenzas largas con una raya
en el centro de la cabeza que patria el cabello. Las
joyas eran de oro y plata con piedras preciosas
incrustadas. Las mujeres cubrían la cabeza con un
paño cuadrado de algodón, y en las iglesias usaban
velos. Los reyes y el emperador lucían hermosas
coronas con piedras preciosas.
LOS NORMANDOS
Los normandos (de north, norte, y man hombre) eran
pueblos de origen germano que habitaron la península
de Escandinavia y Dinamarca conocidos también con el
nombre de vikingos. Hábiles y arriesgados marinos,
los vikingos navegaron por el mar del Norte y el
océano Atlántico, y se supone que llegaron a América
mucho antes que Colon. En sus expediciones asolaban
las costas y saqueaban las aldeas. Para tratar de
detener las invasiones, el rey de Francia, Carlos el
Simple, cedió, en el año 911, territorios al jefe
vikingo Rolón, los que actualmente se denominan
Normandía.
Debido a su actividad guerrera, el traje de los
vikingos se componía esencialmente de una cota de
malla de metal, gruesos pantalones de lana y capa
también de lana sujeta a un costado.
Las pesadas espadas eran sostenidas por gruesas
correas de cuero. Protegían la cabeza con cascos de
metal, y cuando no luchaban llevaban gorros y
chaquetas de piel.
Los normandos se habían establecido, a principios
del siglo X, en el norte de Francia, en la región
llamada Normandía. De allí partio Guillermo el
conquistador, quien invadió Inglaterra y se impuso
en la bata1la de Hastings en el año 1066. La
conquista normanda abrió un nuevo período en la
historia inglesa mejorando la organización y la
cultura del país. La vestimenta se hizo más rica y
comenzaron a usarse tejidos de seda, pieles y joyas.
Durante el reinado de Guillermo l l apareció el
primer vestido femenino de estilo princesa. Los
hombres usaban guantes adornados con joyas, y los
pantalones amplios fueron reemplazados por calzas
ajustada. Los soldados protegían su cuerpo con casco
y cota de malla de metal y túnica de cuero. En la
lucha empleaban espadas, lanzas y hachas de metal y
se cubrían con escudos metálicos.
En el siglo XII, después de la invasión de los
normandos, apareció en las islas Británicas un nuevo
vestido femenino llamado pelliza, que era una larga
bata, suelta, con mangas que se ensanchaban en el
borde y se ceñía en la cintura. Por lo general se
usaban telas ricas y suntuosas, como paños de lana
de Flandes o brocados de Venecia. También se adoptó
el gabán o surcoat, que usaban tanto hombres como
mujeres y que se sujetaba con un cinturón de cordel
o por una pretina. Las mujeres cubrían su cabeza con
un manto, y por el año 1200 peinaban sus cabellos
hacia arriba protegiéndolos con una toca y un
barboquejo de hilo blanco. Las clases populares
seguían usando túnicas de rústicas telas de lana
ceñidas con cinturones de cuero. Las capas amplias
tenían caperuza. El calzado era de cuero blando o
tejido con bordados. Las clases altas usaban guantes
de cuero también bordados y con adornos de joyas.
La conquista normanda en Inglaterra tuvo gran
influencia en la vestimenta, que se hizo más lujosa.
Comenzaron a usarse telas adamascadas con diseños de
estrellas, medialunas, etc., y los nobles usaron
finos tejidos bordados con hilos de oro. Sobre la
túnica, tanto hombres como mujeres usaban el gabán
abierto a los costados, ceñido con un cinturón de
cuero, y calzaban zapatos tejidos o de cuero
bordados.
Los campesinos seguían usando rústicas túnicas de
lana con caperuzas. Había diferentes tipos de
mantos: unos largos y sueltos, con capuchón o sin
él, y otros con amplio cuello. A veces llevaban
cuello de piel haciendo juego con gorros de piel o
con las alas de los sombreros. Los hombres llevaban
un cintur6n de cuero del que pendían una bolsita con
dinero y una daga. Los hombres usaban, por lo
general, el cabello largo, pero era también
característico raparse los costados y la parte
posterior de la cabeza.
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LOS IRLANDESES
Los primitivos habitantes de Irlanda, isla rodeada
por el océano Atlántico y el mar de Irlanda, que la
separa de Inglaterra, fueron los pictos, dominados
luego por los celtas. Estos fornidos invasores
lograron imponerse y formaron pequeños reinos. Por
acción de esforzados misioneros se convirtieron al
cristianismo y muchos de ellos se consagraron a
evangelizar a los paganos. Irlanda soportó muchas
invasiones a lo largo de su historia, y los
irlandeses debieron defender con bravura sus
tierras. Pueblo guerrero y de hábitos sencillos, su
indumentaria era también simple: chaqueta y gorra de
lana o de cuero en los crudos inviernos, pantalón de
lana que cubría toda la pierna. Sabían trabajar muy
bien los metales, con los que fabricaban sus armas.
Hachas, espadas, etcétera. La vestimenta femenina
también era muy sencilla: túnicas de lana ceñidas a
la cintura con cinturones de cuero.
LOS ANGLOSAJONES
Los anglos y los sajones eran pueblos de raza blanca
que habitaban en el continente europeo y que a
mediados del siglo V de la era cristiana invadieron
las islas Británicas. Se impusieron a los celtas y
galeses y organizaron un reino. En estos pueblos la
vestimenta tiene la influencia de los bárbaros y
también de los romanos. Los hombres vestían una
túnica corta de lana que en los nobles tenia
diversos adornos. El manto o capa, también de lana
gruesa, estaba sujeta a un costado por un broche.
Usaban cabellos largos sujetos con una estructura de
metal. Las mujeres llevaban, sujeta a la cintura,
una larga túnica que cubría enteramente el cuerpo, y
en la cabeza un manto semejante a la pella romana.
Para ambos sexos las prendas principales eran la
estola, la túnica y la palla, pero además, una
prenda interior de hilo blanco o lana llamada
camisola y que dio origen a la camisa. Los hombres
calzaban zapatos de cuero bajos y las mujeres
zapatos suaves de cuero o de genero.
LOS ESCOCESES
Escocia ocupa la parte norte de la isla de Gran
Bretaña, y en el año 80 después de Jesucristo fue
sometida por los romanos. Después de la caída del
Imperio Romano de Occidente, el territorio se
dividió entre los pictos, escotos, anglos y
britanos, pero en el siglo VI el país se unió con la
supremacía de los pictos. Durante siglos los
escoceses lucharon contra los ingleses y noruegos
para mantener su independencia. Los pictos se
envolvían en una tela a cuadros llamada kilt, que a
veces plegaban y sujetaban con un broche de metal en
la cintura. El resto de la tela lo llevaban sobre el
hombro izquierdo. Los colores de la tela indicaba la
categoría del que los ostentaba. El rey podía usar 7
colores; la alta nobleza 5; la baja nobleza 4; los
jefes de primera categoría 3; los de segunda
categoría, 2 y los labradores y soldados un solo
color. Usaban medias a cuadros que dejaban libres
las rodillas.
Escocia está situada en la parte más septentrional
de las Islas Británicas. En tiempos primitivos
estuvo habitada por los pictos, que se opusieron a
la conquista romana. Durante la Edad Media y
comienzos de la Edad Moderna, los escoceses
mantuvieron su independencia hasta que las coronas
inglesa y escocesa se unieron bajo el reinado de
Jacobo I. Pero los escoceses se mantuvieron fieles a
sus trajes típicos, hechos con telas de cuadros de
diferentes colores. Los hombres usaban el kilt,
falda que llegaba hasta las rodillas; medias de lana
también de cuadros, y un jubón ajustado con mangas
acuchilladas. El traje masculino tuvo
características bien definidas que perduraron a
través de los siglos. En cambio, la vestimenta
femenina varió de acuerdo con la moda europea.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS ALEMANES
Los alemanes eran pueblos que habitaban en el centro
de Europa. Entre los siglos XI y XIII vestían una
túnica que era igual para ambos sexos, pero en los
hombres llegaba, por lo general hasta las rodillas;
en cambio, en las mujeres hasta el suelo. Con el
tiempo la túnica femenina se convirtió en un vestido
muy ajustado, con mangas flotantes, que se usaba
sobre una prenda interior o camisa. El clima frío
obligo a usar tejidos gruesos y pesados. Los jefes y
nobles vestían túnicas largas y capas amplias con
algunos adornos. Los hombres se cubrían la cabeza
con un típico sombrero de paño de una sola pieza y
con ala ancha. Sobre la túnica se colocaban una capa
corta, no muy amplia, abierta en los costados, lo
que les permitía gran libertad de movimientos. Ambos
sexos calzaban zapatos ajustados, pero muy
flexibles, de cuero o de lona.
A mediados del siglo X se organizó en el centro de
Europa el Sacro Imperio Romano Germánico, que
comprendía lo que hoy es Bélgica, Holanda, este de
Francia, Suiza, Alemania, Austria, Checoslovaquia,
norte de Italia y parte de Hungría y Polonia. La
mayoría de sus habitantes eran descendientes de las
tribus germanas; de modo que su vestimenta
característica era la túnica de lana corta y la capa
gruesa sujeta a un costado. Pero el emperador y las
clases elevadas comenzaron a usar telas más ricas
fabricadas en Flandes, ciudad que pronto se destacó
en la industria textil. La túnica femenina fue
evolucionando hasta convertirse en un vestido
propiamente dicho, adornado con oro y piedras
preciosas. En la cabeza las mujeres usaban toca -ó
corona en el caso de la emperatriz- y barboquejo de
tela o bien redecilla de lana tejida con adornos de
oro, plata y piedras preciosas. Los flamencos se
destacaron también en tejidos de hilo y algodón y
fabricaban velos de muselina y gasa empleados en
tocas, barboquejos y pañuelos, que lucían las damas.
Durante la Edad Media, los caballeros y nobles
alemanes cubrían su cuerpo con un conjunto de piezas
defensivas que constituían la armadura. Ésta se
componía, principalmente, de escudo, casco y cota de
malla. Las armaduras fueron evolucionando en el
transcurso de los siglos. Hasta mediados del siglo
XII, el cuerpo y la cabeza se cubrían con una malla
de metal denominada loriga. Más tarde se protegieron
también las piernas y los pies con un tejido de
malla de anillos de hierro. Posteriormente, las
armaduras se formaron con placas de metal
articuladas. Los cascos eran de metal de formas
redondeadas y a veces puntiagudas y con un protector
sobre la nariz. Encima de la cota de malla se
colocaban la sobreveste o túnica de paño, de colores
vivos, que servia para proteger del calor y del
polvo, y la cual fue tomada, probablemente, de los
turcos durante las cruzadas que se hicieron para
rescatar el Santo Sepulcro de Jerusalén. Los escudos
eran gruesas piezas de metal de forma triangular.
Las principales armas ofensivas era la lanza y la
espada de acero.
Las damas del Sacro Imperio Romano Germánico
utilizaban para sus trajes telas fabricadas en
Flandes, región en la que la industria textil de
lanas, sedas, terciopelos e hilo fino había
alcanzado gran desarrollo.
El atuendo principal consistía en un vestido largo
que hacia el siglo XI l comenzó a usarse ceñido en
la cintura, con mangas flotantes y sobre un corsé.
Sobre éste se colocaba una túnica de escote alto,
sin mangas, o un gabán con grandes bocamangas. Las
telas eran suntuosas y de brillante colorido. Se
adornaban con joyas de oro incrustadas con piedras
preciosas, como collares, aros, anillos, brazaletes
y cinturones. Los cabellos se usaban largos,
formando trenzas sujetas, a veces, con largas
cintas, o bien recogidos bajo una toca con
barboquejo. El calzado era de cuero flexible
adornado con tiritas de oro y perlas. Las mujeres
del pueblo vestían túnicas de tela rústica sobre
faldas amplias y capas sujetas en el pecho.
A fines de la Edad Media, los talleres de Flandes
eran considerados los mejores de Europa, y ellos
abastecían de ricas telas a los nobles. La mejor
lana llegaba hasta esa región, donde hábiles
artesanos fabricaban paños suaves y abrigados. Su
cercanía con Alemania influyó decisivamente en la
moda del Sacro Imperio Romano Germánico. La prenda
principal continuó siendo la túnica, pero la del
emperador y personajes principales llevaba adornos
de pieles o tejidos de oro. El turbante o caperuza
protegía la cabeza de los hombres; la cofia o
redecilla, la de las mujeres. Éstas, por lo general,
no usaban cosméticos. Todos calzaban zapatos de
cuero suave y flexible bien ajustado. Las telas eran
de colores brillantes, y tenían, como adorno
característico, grandes festones en forma de pétalo.
Un detalle muy importante para la moda: la aguja de
acero se fabricó por primera vez en 1370 en la
ciudad alemana de Nuremberg.
En los últimos siglos de la Edad Media, el Sacro
Imperio Romano Germánico conservaba su importancia
política y económica; de allí que también la moda
alemana, basada en las ricas telas elaboradas en
Flandes, se impusiera, sobre todo, en el centro y
norte de Europa. Los vestidos femeninos eran ceñidos
al cuerpo con cinturones de cuero anchos, y como
abrigo se empleaban amplias capas de lana. Las
mujeres usaban el cabello largo, suelto o recogido a
los costados y en forma de trenzas sujetas como
espirales. Sobre este peinado se colocaban una toca
o redecillas con hilos de oro. La túnica de los
hombres se transformó en una chaqueta forrada, de
falda corta, y calzas largas y ajustadas. Hacia el
siglo XIV los trajes perdieron la amplitud que
tenían en los siglos anteriores y eran ceñidos al
cuerpo. Los hombres protegían su cabeza con
caperuzas de paño que a veces llevaban un reborde de
piel de terciopelo.
La armadura protectora de los guerreros fue usada
desde la más remota antigüedad, pero se generalizó
en la Edad Media convirtiéndose en una pieza muy
elaborada de gran calidad, no sólo técnica sino
también artística. Los alemanes, que sabían trabajar
muy bien los metales, fabricaron excelentes
armaduras.
Un tipo muy común era la llamada cota de malla,
hecha con anillos de alambre que luego se unían para
formar un tejido continuo. Una buena cota de malla
tenía entre 200 y 300 mil eslabones, y por eso su
confección era realmente costosa. Pero protegía sólo
contra puñales, flechas, espadas y lanzas, brindando
poca protección contra los golpes de maza. Hasta
comienzos del siglo XIII se usó este tipo de
armadura, sobre la que se colocaba una túnica de
cuero y luego se le fueron añadiendo planchas de
metal en el pecho y la espalda para aumentar su
valor. La cabeza estaba protegida con un casco de
metal.
Desde fines de la Edad Media, los habitantes de la
región de Flandes fueron considerados los más
hábiles artesanos en las industrias que estaban
relacionadas con la moda, en especial las telas, los
encajes y los bordados. La túnica era la prenda de
vestir más común para varones y mujeres, pero hacia
el Renacimiento se notó una evolución. En los
hombres la túnica se acortó y se hizo más ajustada.
Esta prenda llegaba hasta la rodilla o mitad del
muslo y se abotonaba adelante. Las mangas ofrecían
gran variedad: eran muy amplias, abollonadas hasta
el codo y abotonadas desde allí hasta la muñeca; en
otros casos eran muy amplias y terminaban con el
borde festoneado o con diversos adornos. Las calzas
eran ajustadas y cubrían las piernas y el pie a modo
de medias. Sobre ellas se colocaba el calzado, que
era de cuero flexible. Los hombres usaban los
cabellos largos hasta el hombro y cubiertos por
pequeñas tocas o por especie de turbantes
primorosamente plegados, hechos de terciopelo y
seda.
En el siglo XV comenzó en Italia un importante
movimiento renovador llamado Renacimiento, que se
extendió luego a otros países del continente. La
moda experimentó también notables cambios y apareció
una neta diferenciación en las prendas. Ello se
notaba en la vestimenta femenina de Alemania, pues
la túnica se transformó en un vestido propiamente
dicho. Este era ajustado en el talle, sin cuello,
con la falda amplia y las mangas de forma muy
variable. A veces eran flotantes y llegaban hasta el
suelo, y otras muy amplias, abullonadas, pero
sujetas con un puño a la muñeca. Debajo se usaba una
prenda interior o camisa. Sobre el traje se colocaba
otra prenda llamada gabán, que a veces era muy
suntuosa, estaba bordada con hilos de oro y se
sujetaba por delante con cintas. Como abrigo se
llevaba un manto de lana gruesa forrado con pieles y
sostenido por una cadenita o cordón en el pecho. Los
cabellos se llevaban largos, pero por lo general
recogidos por medio de redecillas o tocas de formas
muy variadas.
En el siglo XV la industria textil había alcanzado
gran desarrollo en Flandes, región que proveía de
telas no sólo a Alemania sino también a Francia,
Inglaterra y aun a Italia, donde había también
importantes fábricas de tejidos. Hacia esa época,
los hombres usaban una túnica ajustada que se
extendía hasta la mitad del muslo, abotonada
adelante. Con el tiempo, esta túnica se transformó
en l una chaqueta forrada con faldellín corto. Una
característica distintiva de la moda de ese siglo
fue la combinación de dos o más colores formando
rayas, y se combinaban rayas horizontales con rayas
verticales. Los nobles usaban como complemento,
pequeñas capas de terciopelo, de seda o de otras
telas suntuosas. La túnica corta presentaba enormes
variaciones y adornos: bordados, pieles, etc.Los
burgueses siguieron usando túnicas amplias y más
largas. En invierno se usaban gruesos paños de lana,
en la que los flamencos eran hábiles tejedores, pero
también sabían fabricar telas de hilo y algodón.
En el siglo XV la túnica casi había desaparecido
para dejar paso a una chaqueta corta, en el
vestuario masculino, y a un vestido propiamente
dicho, en la vestimenta femenina. El corte ajustado
de la prenda en la cintura obligó a llevar debajo un
corsé. El escote era, por lo general, redondo y sin
adornos. Las mangas, en cambio, presentaban gran
variedad. Las del vestido eran flotantes, con los
bordes trabajados, y dejaban ver las mangas de la
camisa, abullonadas y sujetas en el puño. Las
prendas interiores se hacían de algodón o de hilo y
también se usaban pañuelos y tocas de gasa,
muselina, etc. Las mujeres usaban el cabello largo y
liso, dividido por una raya al medio y peinado con
dos trenzas que caían sobre el cuello, o bien
formaban espirales a ambos lados del rostro. Sobre
el peinado se colocaba una cofia o corona de oro
sobre una gorrita de hilo, o redecillas de lana
tejidas, o hilos anudados de oro y de seda, o
turbantes de seda o terciopelo con adornos de plumas
o piedras preciosas.
En Hacia el siglo XV apareció en Alemania una
especie de túnica ajustada que se extendió hasta la
mitad del muslo. Se llevaba abotonada en el frente,
de arriba hacia abajo, y tenía las mangas muy
ajustadas y, por lo general, abotonadas desde el
codo hasta el dedo meñique. Las mujeres usaban
también una prenda semejante que, además, tenía un
faldellín que caía hasta el suelo formando pliegues.
Los tejidos eran, por lo común, de lana gruesa para
soportar los climas rigurosos. También se empleaban
telas suntuosas, como terciopelos, brocados, lanas
bordadas con hilos de oro, etc. Las túnicas cortas
se usaban forradas con telas de colores
contrastantes o de pieles. Las pieles cubrían,
también, el borde de las túnicas y el cuello. Para
proteger la cabeza lucían sombreros con adornos de
plumas, tocas, turbantes plegados, etc. El calzado
era muy sencillo, ajustado al pie y de cuero
flexible.
Desde fines de la Edad Media y durante la época del
Renacimiento, el tocado femenino adquirió gran
importancia como complemento del atavío. La
utilización de diversos materiales contribuyó a
darle gran variedad y atractivo. En una época en que
el vestido comenzaba a aparecer como tal,
diferenciándose de la túnica el tocado contribuía a
realzarlo y, en cierta manera, Indicaba la condici6n
social de quien lo llevaba. Las damas de la nobleza
usaban una gorrita de hilo con barboquejo y sobre
ella una corona. Otras veces, la corona se colocaba
sobre una redecilla de lana tejida o cordones
anudados de seda, oro o plata. También se usaban
turbantes de dos o más telas combinadas, como
terciopelo, brocado, seda, etc., bordados y
adornados con piedras preciosas, plumas de garza,
etc. Los cabellos se usaban largos, con raya al
medio y formando trenzas, que se arrollaban en
espirales a ambos lados del rostro.
A principios del siglo XV se usó en Alemania una
túnica ajustada que se extendía mas o menos hasta la
mitad del muslo, abotonada de arriba hacia abajo.
Las mangas eran largas y estrechas y, por lo
general, se abotonaban desde el codo hasta la
muñeca. Encima de la túnica se usaba un gabán de
grandes bocamangas adornadas con piel, lo mismo que
el ruedo. La túnica de los hombres fue evolucionando
lentamente y se transformo en una chaqueta forrada
con un faldellín, que se prolongaba hasta la mitad
muslo o hasta las rodillas. El pantalón era muy
ajustado y se prolongaba hasta el pie. Sobre el s
colocaba un zapato suave y de cuero flexible. Las
capas de abrigo eran amplias, pero cortas. En la
cabeza usaban un sombrero con alas, tocas, turbantes
con primorosos pliegues, y caperuzas unidas a las
capas.En la cintura llevaban gruesos cinturones de
cuero con adornos de metal de donde pendían las
armas (espadas o puñales); también, llaveros o
bolsitas con dinero.
El tocado fue una prenda de gran importancia en la
moda femenina. En Alemania y Flandes se utilizaron
diversos materiales, sedas, brocados y otras telas
suntuosas, lo que contribuyó a darle gran variedad.
Pero el tocado no sólo realzaba el vestido sino que
era también símbolo distintivo de la condición
social de la mujer Las damas peinaban el cabello
tirándolo hacia atrás, alisado sobre la cabeza, con
largas trenzas que formaban espirales a ambos lados
de la cabeza. Las damas de la nobleza usaban
turbantes, gorritos y especies de coronas de
terciopelo con bordados de oro, plata y piedras
preciosas. Las mujeres de condición humilde usaban
velos o pañuelos de color que cubrían los cabellos.
Las alemanas y las flamencas no empleaban
cosméticos, pero en cambio tenían afición por los
colores brillantes. Las joyas preferidas eran
cadenas y medallas de oro con incrustaciones de
piedras preciosas.
En la segunda mitad del siglo XV la moda en Alemania
se caracterizaba por la utilización de paños de
diferentes colores. La túnica corta o las capas, así
como también las calzas, se confeccionaban de paño
combinando franjas con colores contrastantes y
diferentes entre las dos mitades. A veces una pierna
era lisa, de un solo tono, y la otra de dos o tres
tonos. El traje era también un símbolo de la
jerarquía o de la ocupación de la persona, pero la
prenda más corriente era la túnica corta que llegaba
hasta las rodillas o la chaqueta ajustada que se
prolongaba hasta las caderas. Las armaduras de la
época ofrecían también un aspecto muy curioso por la
combinación de las diversas piezas, que presentaban
notables diferencias entre el lado derecho y el
izquierdo. El cabello se usaba, por lo general,
largo, cayendo sobre los hombros, y en las
ceremonias los nobles usaban tocados con adornos de
plumas. El calzado era muy simple y de cuero suave y
flexible, pegado al pie y, por lo general, sin
ningún tipo de adorno.
En la segunda mitad del siglo XV en Alemania y en
los diversos países europeos, la vestimenta era un
signo distintivo de las clases sociales. La de los
nobles estaba confeccionada con ricas telas y paños
de Flandes, con bordados y adornos de pieles o
incrustaciones de joyas. En esa época las ciudades
comenzaron a florecer, y sus habitantes o burgueses
prosperaron por el desarrollo del comercio y la
industria. Sus trajes, si bien tendían a asemejarse
con los de la nobleza, carecían de la suntuosidad de
los de ésta. Los campesinos y los artesanos usaban
túnicas cortas o chaquetas que caían hasta la cadera
y que se prolongaban con una capucha o caperuza que
cubría la cabeza. Las campesinas vestían faldas
amplias, que, a diferencia de las de las damas,
llegaban sólo hasta media pierna. Como abrigo usaban
una chaqueta corta y ajustada de paño grueso. El
tocado era sencillo y cubría los cabellos, que, por
lo general, eran largos y sujetos formando trenzas.
El centro de la moda para los alemanes en la época
del Sacro Imperio Romano Germánico se encontraba en
la región de Flandes, donde había fábricas de
tejidos de paño de lana y también de sedas,
brocados, terciopelos, etc. A principios del siglo
XVI surgió la moda llamada de los acuchillados, que
tuvo un origen muy curioso. En el año 1477, los
soldados suizos mercenarios al servicio del
emperador alemán obtuvieron una gran victoria sobre
el duque de Borgoña, y entonces remendaron sus
uniformes con jirones tomados de las tiendas de
campaña, banderas y otras piezas que los borgoñones
habían abandonado en su huida.
Pronto imitaron esta moda otros soldados,
especialmente los mercenarios llamados lansquenetes.
Por eso su uniforme llegó a ser estrafalario: los
pantalones eran acuchillados y no sólo de diferentes
tonos en cada pierna, sino de dos o más colores en
cada pierna. Las mangas, que sobresalían del capote
ajustado, eran también acuchilladas, lo mismo que el
sombrero adornado con plumas.
En el siglo XVI, el Sacro Imperio Romano Germánico
fue gobernado por monarcas de la casa de los
Habsburgo, como Maximiliano l y Carlos V (este
último era rey de España con el nombre de Carlos I,
antes de ser electo emperador). En esta época el
imperio pasó por luchas internas, provocadas por la
reforma religiosa y por levantamientos de
campesinos, que atravesaban por una angustiosa
situación económica. Los campesinos vestían telas
gruesas y burdas, túnica corta que, a veces, se
prolongaba en una caperuza que protegía la cabeza, y
pantalón ajustado. A veces, la caperuza se extendía
como una especie de capa que cubría los hombros y
llegaba hasta la mitad del pecho y la espalda. El
calzado era de cuero; algunos llevaban botas o tiras
de cuero arrolladas alrededor de la pierna hasta la
rodilla. Los zapatos eran cuadrados en la parte
delantera y muy estrechos en el talón. Los hombres
usaban los cabellos largos que les llegaban hasta
los hombros, y las mujeres sujetaban el cabello con
redecillas.
En el siglo XVI, época de gran esplendor del Sacro
Imperio Romano Germánico, las damas de la nobleza
utilizaban telas suntuosas para la confección de su
vestimenta. Las telas, por lo general, venían de
Flandes: lanas, sedas, brocados, terciopelos y
encajes. También de allí provenían telas suaves de
hilo, muselina y gasa que se empleaban para
confeccionar tocas, velos y pañuelos. Este accesorio
comenzó a tomar mayor importancia en esta época y se
le empleó no sólo para la higiene sino como un
adorno. Existieron pañuelos de mano con bordados,
puntillas, etc., y otros más grandes que se
colocaban alrededor del cuello. El vestido era
ajustado en el talle y con la falda muy amplia. Las
mangas se usaban acuchilladas, en dos tonos
contrastantes. Las mujeres llevaban el cabello
largo, alisado, y sujeto con dos largas trenzas que
se arrollaban en espiral a ambos lados de la cabeza,
la cual, por lo general, se cubría con un amplio
tocado de hilo blanco, liso, bordado o con
aplicaciones.
En el siglo XVI, el traje femenino en Alemania (que
formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico) se
destacaba por su suntuosidad. A ello contribuían las
ricas telas procedentes de Flandes, como
terciopelos, sedas, brocados y encajes. El vestido
era ajustado en el busto y el talle, y con un escote
amplio en forma de óvalo que llegaba hasta el
extremo de los hombros, o bien cuadrado o redondo.
La falda era amplia, con pliegues, y llegaba hasta
el suelo. Las mangas eran muy ajustadas en el brazo,
y en el hombro y codo presentaban pliegues o cortes
del tipo acuchillado. Los tocados eran muy diversos
y a veces, cubrían la larga cabellera. Por lo
general, eran de tela fina y tenían adornos de hilos
de oro, bordados y alguna piedra preciosa incrustada
en el centro, sobre la frente. También se usaban
amplios sombreros de terciopelo acuchillados, con
vistosas plumas. Las joyas preferidas eran los
collares de oro y plata en forma de cadenas. Algunos
detalles de la vestimenta distinguían a las mujeres
casadas de las solteras.
LOS ITALIANOS
Durante los primeros tiempos de la Edad Media, los
hombres y las mujeres de Italia continuaban
vistiéndose de manera semejante a la de los antiguos
romanos. Pero poco a poco la vestimenta se fue
modificando por influencia de los bizantinos. Al
principio se usaba una túnica larga y sobre ella una
capa que se cerraba sobre el pecho con un largo
alfiler o hebilla. Los hombres se ponían largas
calzas ajustadas y sostenidas por un cinturón de
cuero. Hacia el siglo XI comenzó a usarse la túnica
interior de lana, hilo o seda cerrada en el cuello y
puños con lazos. En esa época las telas empleadas en
las túnicas eran más de seda o lana bordada, y
forradas con pieles en el invierno. El calzado era
de cuero suave, adornado a veces con bordados y
hasta con joyas. La cabeza masculina era protegida
con cascos de metal y también con caperuzas de lana
y gorros con adornos de piel.
Hacia el siglo XIII, es decir a fines de la Edad
Media, la vestimenta de los nobles italianos se
confeccionaba con telas pesadas y ricas, con
bordados, y forradas con pieles en invierno. La
túnica superior de los hombres se fue haciendo más
corta y cubría sólo las rodillas. Así la usaban
principalmente los jóvenes, que por eso fueron
tachados de "indecentes" por los mayores. Esta
túnica Iba acompañada, a menudo, por calzas largas y
ceñidas, de color rojo, con ligas con adornos de oro
y piedras preciosas. El brocado y el terciopelo eran
las telas más empleadas. Tanto los hombres como las
mujeres llevaban capas muy amplias y suntuosas. La
túnica femenina llegaba hasta los pies y tenia cola.
En esta época aparece el color negro como señal de
luto, pero también este estado se expresaba con
cintitas blancas colocadas sobre el manto. La cabeza
estaba protegida por tocas de gasa, y los cabellos
se llevaban largos o recogidos con trenzas..
A fines de la época medieval, la vestimenta va
adquiriendo en Italia características propias. Hacia
el siglo XIII, la túnica masculina, que era amplia y
larga, se va acortando y cubre solamente las
rodillas. A veces, la túnica caía derecha y otras se
sujetaba con un cinturón, dejando un faldellín
debajo de la cintura. Los varones usaban calzas
largas, hechas al sesgo, con ligas de oro y adornos
con joyas. Tanto las mujeres como los hombres
gustaban de las telas suntuosas, como sedas,
brocados y terciopelos de color escarlata, azul,
verde o púrpura. En esa época, los brocados de la
isla de Sicilia eran considerados los más bellos del
mundo. Se usaban amplias capas flotantes que en
invierno llevaban adornos de pieles, siendo las de
armiño las preferidas por los príncipes o jefes de
Estado. La cabeza de los hombres estaba protegida
por una capucha que, por lo general, terminaba en
una punta muy larga que se envolvía en el cuello, en
un brazo o en torno de la cabeza, a modo de
turbante. Pero esto era sólo privilegio de los
nobles.
Al regresar de Tierra Santa, los cruzados trajeron a
Occidente telas y accesorios usados en los países
orientales con los que habían estado en contacto. En
Europa, y principalmente en Italia, se pusieron de
moda bolsos, zapatos, guantes y cinturones ricamente
bordados. En las telas se aplicaban perlas,
lentejuelas y bordados de estilo persa. Hacia el
siglo XIV comenzaron a usarse prendas divididas en
cuartos y mitades; cada parte tenía colores
contrastantes e inclusive cada media o cada zapato
era de color distinto. El calzado era suave y
flexible, de cuero o de terciopelo, con bordados en
colores y aplicaciones de oro y piedras preciosas.
Las puntas de los zapatos de los hombres eran tan
alargadas que hasta se llegó a sujetarlas en lo alto
por medio de cadenitas. El peinado femenino era de
estilo madona, es decir, los largos cabellos
divididos en el centro, ceñidos a la cabeza y
rematados con una corona de trenzas. Sobre ellos se
colocaba un velo, redecilla o casquete.
A fines de la Edad Media y principios de la Edad
Moderna el lujo oriental entró en Europa a través de
Italia. Comenzaron a usarse sedas, brocados, telas
con diseños adamascados, joyas y accesorios
suntuosos. En esa época el traje indicaba el rango
social y, por ello, las autoridades fijaron por
decreto quiénes podían usar prendas de costo
elevado, y hasta se fijó el largo que debían tener
las colas de los trajes.
Hacia los siglos XIV y XV se operó un cambio notable
en la indumentaria masculina. El traje se componía
de una camisa, una túnica y calzas. Encima de la
túnica se llevaba una chaqueta o jubón.
La camisa o prenda interior era amplia, fruncida en
el escote y los puños. Los nobles vestían camisas
bordadas con hilos de oro. En invierno se usaban
capas enteras que se continuaban con capuchas para
proteger la cabeza. Entre los accesorios más
costosos figuraban los guantes perfumados y los
pañuelos de seda, que se llevaban como signo de
ostentación.
ALa situación privilegiada de Italia en el centro
del Mar Mediterráneo permitía realizar un activo
comercio entre Oriente y Occidente, en especial a
fines de la Edad Media y principios de la Edad
Moderna. Del Asia se trajeron telas suntuosas,
sedas, brocados, etc., y accesorios como abanicos,
guantes perfumados, espejos, etc. En Italia fue
donde primero se usaron abanicos, algunos de los
cuales estaban adornados con plumas de avestruz o de
pavo real y con mangos de oro o marfil. Las joyas
eran pesadas, de oro macizo, cadenas con pendientes
y cinturones. La gran demanda de seda determinó la
instalación de la primera fábrica de seda en
Palermo, sur de Italia, en el año 1148.
Lospuertos de Venecia y Génova eran los más activos,
y por ellos se introducían mercaderías suntuosas que
luego se llevaban a otros países europeos. Venecia
alcanzó suma prosperidad, y la moda veneciana tuvo,
hacia el siglo XIV gran influencia en el resto del
continente.
El movimiento renovador conocido con el nombre de
Renacimiento comenzó en Italia en los siglos XIII y
XIV y alcanzó su apogeo en los siglos XV y XVI.
Muchos factores determinaron que en la península se
iniciara la búsqueda de los modelos grecorromanos
menospreciados durante la Edad Media. Entre los más
importantes figuran los mecenas, príncipes, nobles,
pontífices, que ayudaban a los artistas. Lorenzo el
Magnífico, duque de Médicis, en Florencia, fue un
generoso mecenas que impuso, además, cambios en la
indumentaria masculina. Los hombres usaban camisa,
calzas y una prenda denominada jubón o chaqueta. El
jubón podía ser corto, llegando hasta la cadera, o
bien largo, alcanzando casi las rodillas, pero
siempre sujeto a la cintura por medio de un
cinturón. El escote era redondo o en forma de V, y
las mangas presentaban gran variedad. Al principio,
las mangas estaban ajustadas al brazo y luego
ajustadas en el antebrazo y abullonadas arriba.
Otras veces las mangas eran cortas y amplias,
adornadas con rebordes de piel.
El cambio en la indumentaria fue notable durante el
Renacimiento. Las damas de la nobleza usaban
vestidos confeccionados en ricas telas,
especialmente sedas, terciopelos y brocados traídos
de Oriente y luego fabricados en la misma Península.
Los bordados con hilos de, oro y perlas les
conferían aún mayor suntuosidad. Del norte de Europa
se importaban pieles de marta, armiño, zorro, que se
utilizaban para confeccionar capas o bien cuellos u
otros adornos del traje. Por lo general, el vestido
era de talle corto, con cinturón debajo del busto.
Los escotes se hacían redondos, cuadrados o en forma
de V. Las mangas eran muy amplias en la muñeca y
caían casi hasta el borde del vestido. El vestido de
las criadas o personas humildes era más corto y,
naturalmente, de tela rústica. El cabello se usaba
largo, partido en el medio al estilo madona, o con
trenzas que formaban una especie de tocado a ambos
lados de la cabezal.
En la época del Renacimiento, los vestidos de las
damas de la nobleza estaban realizados con telas
suntuosas (sedas, rasos, brocados, terciopelos) y
bordados con hilos de oro, perlas y piedras
preciosas.
Las perlas traídas de Oriente eran muy solicitadas y
se convirtieron en el adorno principal de la
vestimenta. De las regiones nórdicas de Europa
llegaban pieles finas, como el armiño, lince, zorro
y marta, para adornar los mantos y las capas. El
vestido era de talle corto y ajustado y las faldas
muy amplias. Las mangas se usaban ajustadas a
principios del siglo XVI, pero luego se impuso la
moda de las mangas muy hinchadas y acuchilladas, lo
que permitía ver una ropa interior de fino hilo
blanco. A veces se usaba un cinturón cubierto de
alhajas y se suspendía de el un rosario, un abanico
o un monedero. El cabello se llevaba largo, pero
recogido en la nuca con un moño o bien formando una
trenza atada con una cinta.
También se usaba otro estilo, en el que el cabello
estaba partido en la frente y caían a los costados
rulos de cierta longitud.
En el siglo XVI, la moda se caracterizó por su
fastuosidad y por el empleo de telas suntuosas
adornadas con bordados. Los trajes, tanto de los
hombres como de las mujeres de la nobleza, tenían
bordados con hilos de oro y plata y también con
hilos de color rojo y negro. En esa época se
difundió en Europa el uso de la aguja de acero, que
habían introducido los moros en España. Este
instrumento permitió realizar bordados mas finos y
delicados. Italia y Flandes rivalizaban con este
tipo de trabajo, del que surgió luego el encaje.
Durante la primera mitad del siglo XVI, los encajes
eran simples galoncitos o trencillas que se usaban
para entrelazar diversas partes de la vestimenta.
Luego, se fabricaban utilizando hasta quince hebras
de hilos diferentes. Las damas adornaban su cabeza
con redecillas sujetas con cintas: también lucían
pequeñas tocas o velos de gasa ondulante. Las novias
llevaban sobre sus largos cabellos sueltos,
guirnaldas de flores. Un adorno muy difundido
consistía en una sola joya que pendía sobre la
frente con una fina cadenita. Este detalle puede
verse en un cuadro de Leonardo da Vinci.
El traje de la dama de la época del Renacimiento en
Italia era sumamente artístico en su diseño y
realizado con telas muy costosas. Las preferidas
eran las sedas, rasos, terciopelos, brocados,
damascos, enriquecidas aún más por los bordados con
hilos de plata y oro, y con el agregado de perlas y
piedras preciosas. El corpiño era de talle corto y
la falda amplia. A veces se usaba una especie de
sobrevestido con sisas muy grandes por donde pasaban
las mangas ajustadas o bien muy amplias y
acuchilladas. En estos casos el escote tenia forma
de V y llegaba hasta la cintura, dejando ver una
pechera ajustada y con cuello redondeado. En
invierno se usaban capas forradas con pieles de
marta, armiño, zorro, etc. La difusión de la aguja
de acero introducida por los moros en España
permitió realizar bordados más finos y delicados, e
Italia, junto con Flandes, fue la región donde se
realizaron los más bellos. Los abanicos volvieron a
estar de moda, y en Venecia se usaban hermosos
abanicos de plumas.
A mediados del siglo V el Imperio Romano de
Occidente estaba amenazado por hordas de pueblos
bárbaros que cruzaban sus fronteras. Los hunos, al
mando del cruel Atila, asolaban todo a su paso; en
busca de refugio, los pobladores del Norte se
agruparon en una lengua de tierra que emergía en la
zona del Véneto. Allí levantaron casas, cuyos
cimientos estaban debajo del agua, y por medio de
puentes unieron las diversas islas. Por los canales
que había entre ellas circulaban barcas, y pronto la
ciudad de Venecia tomó una fisonomía particular. Con
el paso de los siglos la ciudad se convirtió en
centro de un activo comercio por el mar
Mediterráneo, transformándose en un rico emporio. La
república de Venecia estaba gobernada por una
oligarquía de familias nobles. El jefe o dux ejercía
el poder asesorado por un Consejo Mayor. En el siglo
XV, Venecia conservaba aún su gran esplendor y los
nobles usaban una rica vestimenta. Se preferían las
telas suntuosas, como rasos, sedas, brocados y
terciopelos, combinándose los colores para dar mayor
atractivo al conjunto.
Como ya hemos señalado en notas anteriores, la
vestimenta de los italianos en la época del
Renacimiento se caracterizó por su fastuosidad. A
ella contribuían las telas suntuosas (sedas,
brocados, terciopelos) y los bordados realizados con
hilos de oro o plata, a los que se añadían perlas y
piedras preciosas. El vestido femenino tenía el
busto ajustado, el escote amplio y la falda hasta el
suelo. También su usaban vestidos exteriores con
cintura y sin mangas, y sayas interiores con mangas
largas ajustadas o bien acuchilladas. La cintura era
muy alta y la falda se prolongaba, a veces, en una
cola corta. Otra prenda común era la "giornea",
ropaje sin mangas, abierta a los lados, que dejaba
ver el vestido interior y las mangas. Las mujeres
usaban los cabellos largos, cubiertos por un pequeño
velo, a veces sueltos y sujetos por una fina
cadenita que cruzaba la frente, o bien recogidos
debajo de una toca o turbante. Las damas de la
nobleza lucían coronas con perlas o sujetaban los
cabellos con cintas bordadas y lazos.
Con anterioridad hemos destacado la importancia que
tuvo la moda en Italia en la época del Renacimiento.
Los nobles usaban una vestimenta suntuosa
confeccionada con ricas telas de brocado,
terciopelo, seda, etc., enriquecida con bordados de
hilos de oro y plata, con perlas y piedras
preciosas. Una característica del traje femenino fue
una especie de doble vestido, como se ve en el
modelo de la página; el exterior es de seda con
flecos dorados y el interior es de brocado. La
chalina es de muselina y el tocado es un birrete
bordado con hilos de oro y perlas. El traje
masculino ilustrado es de terciopelo con cuello de
pieles, jubón cerrado con cordoncillos sobre camisa
blanca, mangas acuchilladas y gorrito de terciopelo.
Las calzas están parcialmente coloreadas. Los
tocados eran muy variados y consistían, por lo
general, en coronas o diademas con perlas o piedras
preciosas y cintas. También se usaban botas de
género abotonadas en el lado interior de la pierna.
En la Italia del Renacimiento comenzó a
diferenciarse netamente la vestimenta de las
diversas clases sociales. La de la nobleza, en
particular, se destacó por su suntuosidad y la
utilización de ricas telas, bordados y pieles. Pero
también empezaron a adquirir caracteres típicos las
vestimentas de los habitantes de las diversas
regiones, cada una de las cuales tiene un detalle
singular. Así se distinguían las ropas de los
campesinos del norte (Florencia, Milán, Venecia,
Mantua), de los del centro y de los del sur
(Nápoles, Calabria, Sicilia). Los aldeanos usaban
calzas ajustadas y capas amplias y cortas,
reforzadas con una especie de sobrecapa que cubría
los hombros. El vestido femenino tenía falda amplia
y larga, talle ajustado y, sobre el mismo, se usaba
un delantal que cubría casi enteramente la falda.
Los cabellos se llevaban recogidos y protegidos con
una toca o pañuelo que se prolongaba alrededor del
cuello. Las tocas eran pequeñas y de formas
variadas. El calzado era de cuero suave y carecía de
adornos.
partir del Renacimiento comenzó a diferenciarse la
vestimenta de las diversas clases sociales. La de la
nobleza se destacó por su suntuosidad y por la
utilización de hermosas telas y bordados. En aquella
época, Italia era uno de los más importantes países
que fabricaban telas suntuosas con métodos que
habían copiado de Oriente. Pero también comenzaron a
adquirir caracteres típicos las vestiduras de los
diversos reinos y ciudades de la península itálica.
En el siglo XVII las damas nobles usaban un vestido
ajustado en la cintura con la falda amplia que
llegaba hasta los pies. Sobre él llevaban un abrigo
de terciopelo con hilos de oro. El tocado era
sencillo y comenzaron a usar sombreros con plumas
igual que los caballeros. La gorguera se popularizó
en esta época: adquirió una forma especial de cuello
rizado y pasó a ser parte de la indumentaria
masculina. En el siglo siguiente, la gorguera
alcanzó tamaño desmesurado; en las mujeres, forma de
abanico.
partir de la época del Renacimiento comenzó en
Italia a diferenciarse la vestimenta de las diversas
clases sociales. Pero además se fue imponiendo la
influencia de la moda francesa. La moda basada en
telas suntuosas traídas de Oriente y que usaban los
venecianos, florentinos y romanos se modificó por el
agregado de encajes y plumas provenientes de
Francia. La casaca tenía mangas acuchilladas, con
botones que dejaban ver gran parte de la camisa; por
lo tanto, ésta requería esmerada confección. Los
cuellos eran amplios y se ataban por delante con
cintas y cordones con borlas de seda, Las bragas
eran cortas y amplias y se colocaban sobre medias de
seda roja. Las botas de cuero se distinguían por la
amplitud de la parte superior. Sobre la chaqueta,
cruzaba el pecho el tahalí (de cuero o de raso)
sujeto desde el hombro derecho hasta la cadera
izquierda. El sombrero era de fieltro con las alas
onduladas y adornadas con plumas.
LOS MOROS
A principios del siglo VIII los árabes invadieron
España y allí permanecieron hasta fines del siglo
XV, en que fueron expulsados tras cientos de años de
lucha. En la península ibérica los musulmanes
recibieron el nombre de moros, y su influencia en la
cultura fue notable, ya que, a manera de puente,
vinculaban las antiguas civilizaciones de Oriente
con las de Occidente. Su vestimenta era sencilla y
voluminosa, de pura lana, y destinada principalmente
a protegerles del calor excesivo. Llevaban dos
túnicas: una larga y recta, que les llegaba hasta
los tobillos y carecía de mangas, y otra más amplia,
que tenía largas mangas flotantes. Un cinturón de
cuero recogía la túnica exterior. Cubrían la cabeza
con una caperuza que estaba adherida a la túnica
exterior y que se conoce con el nombre de albornoz.
Tanto los hombres como las mujeres vestían
pantalones. Los personajes distinguidos usaban telas
suntuosas, como sedas, damascos, brocados, etc. El
tocado característico era el turbante, arrollado de
diversas maneras.
Vover al inicio de la
Historia de la moda
LOS SUIZOS
Suiza es un país situado en la zona montañosa de los
Alpes y paso obligado entre Francia, Italia,
Alemania y Austria. Sus primitivos habitantes fueron
los helvecios, sometidos por Julio Cesar en el año
58 antes de J.C. Durante cuatro siglos la región
estuvo en poder del imperio romano, pero al
producirse las invasiones de los bárbaros, el
territorio fue ocupado por tribus germánicas. En el
año 553, los francos se impusieron y Suiza pasó a
formar parte del reino merovingio y luego del
imperio carolingio. Desde el siglo IX integró el
imperio alemán; por lo tanto, las costumbres, los
usos y hasta la moda germanos tuvieron gran
influencia en Suiza. La prenda principal de la
indumentaria masculina era la túnica de lana, que
llegan hasta la mitad de la pierna. Los nobles se
abrigaban con capas de paño que, durante el
invierno, recubrían con pieles. Los servidores
usaban túnicas cortas con caperuza para proteger la
cabeza. Las piernas se cubrían con medias, y el
calzado era muy simple y de cuero suave.
Desde el siglo IX, Suiza formó parte del sacro
Imperio Romano Germánico, y desde ese momento la
influencia alemana se hizo sentir en las costumbres
y la moda. Debido al clima, los tejidos eran gruesos
y pesados, con diseños muy elaborados. Había
preferencia por los paños de lana y de terciopelo, y
por los brocados de colores brillantes. El traje
femenino se caracterizaba por estar ceñido a la
cintura, con los hombros estrechos y las faldas
amplias. La capa, corta o larga y forrada de piel,
fue el principal abrigo invernal. Las mangas eran
muy amplias, acuchilladas, y sujetas en la muñeca
por una especie de puño. Los cabellos se usaban
largos, sueltos o recogidos, y por lo general
alisados sobre la cabeza y con trenzas arrolladas en
espiral a los costados. La cabeza se cubría con un
manto o con una cofia de tela fina de hilo
almidonada que presentaba formas muy diversas. El
calzado era ajustado y flexible de cuero suave.
LOS INGLESES
En los comienzos de la época medieval, tanto los
hombres como las mujeres ingleses usaban una túnica
y un manto y ropa interior de hilo blanco denominada
camisola. Pero con la llegada de los normandos, en
el siglo XI, las vestimentas se hicieron más ricas,
prefiriéndose telas más suntuosas y, además, pieles
y joyas. La medida de longitud inglesa, denominada
yarda, se fijó durante el reinado de Enrique 11,
entre los años 1154 y 1189, y se tomó como patrón la
longitud del brazo del monarca. En el siglo XII se
adoptó el gabán, que vestían tanto los hombres como
las mujeres. Los primeros lo usaban sobre la
armadura de cota de malla. El gabán se sujetaba a la
cintura por un cinturón de cuero grueso que llevaba
adornos de metal y en el que pendía la espada. Los
guantes se hacían de cuero o lana, y el calzado era
muy simple, de cuero suave y muy ceñido al pie. Las
damas de la nobleza lo usaban bordado. De izquierda
a derecha, se ha representado un barón, el rey, un
guardia, un consejero y un canciller.
La conquista normanda en las Islas Británicas tuvo,
como ya hemos señalado, gran influencia en la moda.
La vestimenta se hizo más rica y variada. Bajo el
reinado de Guillermo II; en el siglo XI, apareció el
vestido femenino llamado "princesa", de corte ceñido
y con una abertura que iba desde la cintura hasta la
parte superior de la espalda sujeta con lazos. Del
ancho cinturón de cuero o tela gruesa se colgaba un
monedero y 1lavero. El peinado y el tocado femeninos
adquirieron una modalidad especial que perduró
durante largo tiempo. El cabello se separaba en el
centro por medio de una raya y se sujetaba en dos
largas trenzas, engrosadas con cabellos postizos y
adornadas con cintas. Otras veces, los cabe 1los se
sujetaban con redecillas -en ocasiones muy
suntuosas, ya que eran de hilos de oro- o una
pequeña toca de hilo blanco almidonado. Los tejidos
más usados eran las lanas de Flandes y las sedas y
brocados de Venecia.
Las armaduras como elementos defensivo fueron
conocidas desde la antigüedad y ya se habla de ellas
en la "Ilíada" y la "Odisea", del poeta griego
Homero. Los soldados griegos, macedonios y romanos
también las usaron y fueron perfeccionándolas, pero
fue en la Edad Media, cuando las armaduras se
hicieron más completas. Como hemos señalado en otros
capítulos de esta serie, primeramente se usó la cota
de malla, pero luego se utilizaron las piezas
enteras de metal que cubrían no sólo el pecho y la
espalda, sino también los brazos, las piernas y,
sobre todo, la cabeza y la cara. Ésta se hallaba
protegida por una especie de visera que podía
levantarse, lo que permitía reconocer a la persona.
Es interesante señalar que el característico saludo
de quitarse el sombrero proviene, precisamente, del
ademán de levantarse la visera cuando un caballero
se enfrentaba con otro. Sobre la armadura se
colocaba una túnica de paño grueso o cuero sujeta
con un ancho cinturón, del que pendía la espada de
metal.
La dinastía de los Tudor corresponde al período del
Renacimiento en Inglaterra. En los primeros años del
reinado de Enrique VII perduraba la tendencia de la
moda medieval, y los hombres usaban largas calzas
ajustadas y túnicas cortas de tela gruesa que, en
invierno, se reforzaban con forro de pieles o
adornos de este material. Debajo de la túnica
llevaban una camisa blanca, de hilo, con mangas
abullonadas. Pero luego la túnica se alargó y se
abría sobre un chaleco o pechera de un material
vistosamente bordado; sobresaliendo del chaleco
aparecía la camisa. Por encima se llevaba un traje o
gabán de mangas muy amplias y sueltas. Las mangas
tenían características especiales: las del traje o
gabán eran acuchilladas y dejaban ver las mangas de
la túnica, que también eran acuchilladas y dejaban
ver la camisa. El gabán se ceñía con un cinturón de
cuero. Las calzas eran ajustadas y largas, y el
calzado era de cuero suave y liso. La cabeza se
cubría con tocados que presentaban diversas formas o
bien con capuchas o caperuzas.
En la época del Renacimiento, en Inglaterra, la
túnica de los hombres se acortó. Debajo de ella se
usaba un chaleco o pechera de tela suntuosa y
bordada. Este chaleco se abrochaba adelante en forma
entrecruzada, y también se sujetaba por detrás.
Sobre el cuerpo se llevaba una camisa blanca de puro
hilo, cuyo cuello sobresalía del chaleco. Otra
prenda muy común era el gabán largo con mangas
amplias y sueltas, acuchilladas, que dejaban ver las
mangas de la túnica y de la camisa. Los cabellos se
usaban, por lo general, cortos, con flequillo y
cayendo sobre los hombros. Los sombreros tenían
diversas formas: comúnmente eran de terciopelo, con
ala pequeña y adornados con plumas y alhajas. El
calzado, tanto el femenino como el masculino, era
muy sencillo y estaba confeccionado de cuero, de
paño o de terciopelo. Los guantes, cinturones y
otros accesorios tenían ricos bordados.
En la época del Renacimiento, el vestido femenino
tenía falda amplia y larga hasta el suelo. También
se usaba una falda interior de cañamazo de forma
acampanada, predecesora del miriñaque. El corpiño
era ajustado y el escote redondeado o cuadrado. Pero
eran las mangas las que ofrecían mayor variedad. Se
las usaba largas y ajustadas o muy amplias y
forradas con telas de color diferente. A veces la
falda se abría por delante en el medio, dejando ver
una suntuosa falda de brocado. También el corpiño se
abría en forma de V permitiendo admirar una pechera
delicadamente bordada. Como abrigo se usaban largas
capas forradas de pieles. Para la vestimenta se
empleaban telas suntuosas, como sedas y brocados
importados de Oriente, terciopelos de Venecia, lanas
de Flandes y batistas de Francia. Las joyas más
comunes eran los collares de oro; también piedras
preciosas o cruces pendientes de una cinta fina de
seda.
En la época del Renacimiento y, particularmente,
hasta 1550 se usó en Inglaterra un tipo singular de
sombrero femenino. Se trataba de un sombrero a dos
aguas, con caídas a ambos lados, que se colocaba
sobre una cofia o toca de hilo blanco muy ajustada y
que se dejaba ver sobre la frente. Las caídas
estaban ricamente bordadas con perlas, piedras
preciosas e hilos de oro y de plata. Otros modelos
constaban de una gran caída que partía desde lo alto
de la cabeza y que, a veces, llegaba hasta el suelo.
Los hombres usaban también tocas de terciopelo con
estas largas caídas, o birretes de terciopelo
adornados con plumas. Los accesorios tenían gran
importancia, como el cuello de la camisa de los
hombres, que tenía delicados bordados negros, y los
guantes de seda acuchillados. Las joyas más comunes
eran gruesas cadenas de oro de las que pendían
piedras preciosas y perlas. Estas últimas eran las
preferidas, sobre todo en época de Enrique VIII, ya
que el mismo monarca las usaba.
En esta época se preferían telas suntuosas para
confeccionar los vestidos femeninos y masculinos. A
Inglaterra llegaban telas de diversas partes de
Europa, y el activo comercio estaba apoyado en una
marina mercante cada vez más floreciente. Desde
Oriente se importaban brocados y sedas muy suntuosos
con dibujos vistosos y de vivos colores; de Venecia
se traían terciopelos lisos y bordados con hilos de
oro; de Flandes llegaban telas de lana, seda y raso;
de Francia, las delicadas batistas utilizadas en
camisas y tocados. En tiempos del rey Enrique VIII,
la moda masculina se dividió en dos corrientes. La
primera se caracterizaba por el estilo cuadrado y
los hombros acolchados; la segunda, por una línea
más bien delgada.
Las mangas eran muy abultadas y acuchilladas, tanto
en la vestimenta femenina como en la masculina. Las
clases más humildes continuaron usando vestidos
sencillos, con mangas y busto ajustados, y falda
amplia que llegaba hasta los pies. Los cabellos eran
cubiertos por una toca.
La túnica masculina experimentó un cambio notable en
Inglaterra a partir del siglo XIV, ya que se acortó
llegando sólo hasta la rodilla. Debajo de ella se
usaba un chaleco que, generalmente, se abrochaba en
forma entrecruzada. Una prenda muy característica
era la camisa blanca de puro hilo, sin cuello y con
el escote alto y fruncido que sobresalía del
chaleco. Los nobles usaban un gabán largo con mangas
amplias y sueltas, acuchilladas, y que dejaban ver
las mangas de la túnica o de la camisa. Los hombres
usaban los cabellos largos, cayendo sobre los
hombros y con flequillo. El calzado, tanto el
femenino como el masculino, era muy sencillo y por
lo general se confeccionaba de cuero, de paño o de
terciopelo. Hacia el siglo XV se realizaron
importantes innovaciones y se introdujo la fantasía
en las prendas de vestir. Así se combinaban telas y
colores en una misma prenda, que tenía, entonces,
gran colorido.
Una prenda característica de la vestimenta masculina
inglesa del siglo XV era la chaqueta corta muy
ajustada hasta el talle y con un faldón amplio que
cubría la cadera. Esta chaqueta tenía un cuello alto
y pequeño, y mangas muy trabajadas. La parte
superior de la manga era muy abullonada y
acuchillada, dejando ver la camisa de hilo blanco.
En el codo había otra parte más pequeña, también
abullonada y acuchillada, y desde allí hasta la
muñeca la manga era muy ajustada. Los pantalones
eran también muy ajustados, y sobre ellos se
colocaban botas de cuero que se prendían al costado.
Las puntas de las botas se prolongaban
desmesuradamente, y el extremo se sujetaba debajo de
la rodilla con un cinto de cuero. El sombrero era
muy variable, pero una de las formas más comunes era
el de ala ancha levantada atrás y con adornos de
plumas. Los tocados femeninos presentaban gran
variedad.
En la segunda mitad del siglo XV las telas para la
vestimenta femenina y masculina llegaban a
Inglaterra desde diversas partes de Europa y de
Oriente. De Venecia se importaban terciopelos lisos
y adornados con brocados de hilos de oro; de
Flandes, lanas y sedas; de Francia, delicadas
batistas; y de Asia, sedas y brocados.
La moda tuvo caracteres muy marcados durante el
reinado de Enrique VIII: las calzas eran largas y
cosidas, abultadas y acuchilladas; los zapatos eran
de horma cuadrada y acuchillada, y la túnica estaba
hermosamente bordada y acuchillada. El cuello de la
camisa tenía un volante estrecho bordado en seda
negra. La pechera de la camisa tenía bordados en
seda negra combinando con seda roja e hilos de oro.
Las mujeres usaban una camisa que se llevaba por
encima de un miriñaque más amplio, y una falda de
raso bordado o terciopelo guarnecido de brocado y de
un color que contrastaba con el resto del vestido.
Las mangas se hicieron muy amplias en los puños y
con adornos de piel o terciopelo. El tocado era muy
variable y se usaban también los turbantes..
En la época de Enrique VIII, los hombres usaban
largas calzas cosidas, abultadas y acuchilladas, y
una túnica bordada que llegaba hasta las rodillas.
La camisa también era una prenda muy común, y el
cuello tenía un volante estrecho o un dobladillo
recto bordado en seda negra. Algunas camisas tenían
la pechera bordada en negro y también con hilos
rojos y dorados. Tanto las damas como los
caballeros, usaban anillos en los dedos de ambas
manos, preferentemente en el pulgar, el índice y el
del medio. Del cuello pendían pesadas cadenas de oro
con medallas o piedras preciosas y perlas. Por
influencia de la moda francesa, los hombres
empezaron a usar el cabello corto y la barba
recortada. Los sombreros adoptaron formas muy
variadas: los había de ala ancha con adornos de
plumas, gorros pequeños, birretes de punta como un
techo a dos aguas, etcétera. El calzado era de cuero
fino, y también de terciopelo acuchillado, con la
punta cuadrada y adornos de piedras preciosas.
A partir del siglo XVII y sobre todo desde el
siguiente, la vestimenta de la nobleza en Europa
occidental era semejante. El intercambio comercial
de telas suntuosas era frecuente, pero también la
creación de manufacturas reales y propias en España,
Francia, Inglaterra, Italia y Flandes permitía la
utilización de tejidos que hacían posibles algunas
diferenciaciones. Hacia el 1700 los nobles ingleses
usaban unas bragas cortas con un faldellín de cuero
y una chaqueta con mangas acuchilladas. Todo esto
permitía lucir una camisa de seda natural o de hilo
blanco con mangas abullonadas. Las botas de cuero se
abrían como una corola y dejaban ver medias de seda
que llegaban hasta la rodilla. Los hombres usaban el
cabello largo y sombrero de fieltro adornado con
plumas.
Los marinos ingleses del siglo XVIII vestían trajes
compuestos por una chaqueta larga con amplios
bolsillos y bragas cortas que cubrían la rodilla. La
camisa era una prenda muy importante de la
vestimenta y tenía en el cuello una cascada de
encaje. Los puños también terminaban en un volante
de encaje. Las medias eran de seda y los zapatos
clásicos, sobre los que se destacaba una hebilla
dorada. Sobre el traje se usaba un abrigo que
llegaba hasta las rodillas. Era costumbre usar
pelucas sujetas con lazos o empolvarse los cabellos
de blanco y sostenerlos con cintas. Las mujeres de
la nobleza continuaron usando corpiño ajustado, que
terminaba en gorguera, y sombrero de copa alta con
ala levantada en un costado.
También usaban una toca de lino blanco y un cuello
amplio del mismo material. El peinado era sencillo y
dejaba la frente despejada.
LOS FRANCESES
Las prendas básicas de la indumentaria usada en
Francia por hombres y mujeres eran dos túnicas y un
manto. En el siglo XII la túnica interior evolucionó
hasta concretarse en una camisa o ropa interior
hecha de batista, tela suave que lleva el nombre de
su inventor, Bautista Chambray. La túnica exterior
dio origen al gabán, especie de capa recta con una
ab |