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LA PAELLA
LA PAELLA es quizás el plato más conocido de la rica
y variada gastronomía española. Es una elaboración
culinaria muy conocida internacionalmente y es
habitual encontrarla en las cartas y en los menús de
miles de restaurantes de todo el mundo. Pero
curiosamente,el desconocimiento sobre la verdadera
receta de la paella es generalizado.
Aquí podréis encontrar una receta fiable de la
auténtica paella valenciana, puesto que el que
suscribe estas líneas además de valenciano, es
cocinero de profesión y vocación.
Un poco de historia: Se supone que inicialmente el
consumo de arroz en Valencia estaría limitado a su
uso en forma de harina o sémola. En el s. XVI ya se
consumía en Valencia arroz al horno en cazuela de
barro y, desde el s. XVIII, ya hay documentación
sobre el plato conocido como la paella.
El origen de la paella,
como el de todos los platos de la cocina popular de
cada zona, no es más que la conjunción de los
elementos que cada pueblo tenía a su alrededor. En
la zona de Valencia había y hay (aunque cada vez
menos) una rica zona de huerta de regadío que
proveía a los habitantes de la zona de verduras
frescas. También era habitual criar pollos y conejos
para el consumo familiar y la cercanía de la
Albufera y sus arrozales colindantes proveían de
arroz, y ofrecía además la posibilidad de añadir a
la paella, de vez en cuando, algún elemento
cinegético. Si a esta fabulosa despensa le añadimos
el marisco y el pescado de las zonas más costeras,
así como el aceite de oliva propio
de toda la cuenca mediterránea, ya tenemos todos los
ingredientes con los que se realizan la mayoría de
las paellas clásicas. Solo nos faltará una cosa más,
el recipiente para cocinarlas. Y este recipiente, no
es otro que la paella.
“Paella”, sí, y no “paellera” como se dice en otras
zonas de España y de la propia Comunidad Valenciana.
Porque “paellera” en todo caso, sería la mujer
encargada de cocinarla y no el recipiente donde se
cocina... En la lengua valenciana, a la sartén se le
llama “paella”, de ahí viene el nombre del plato más
famoso de la cocina española. Aunque la Real
Academia Española de la Lengua admite ambas
acepciones.
En resumen, la paella, no es más que una sartén,
normalmente realizada en acero pulido, a la que se
le ha quitado el mango y en su lugar se le han
fijado dos asas para que soporte el peso del guiso.
Ha de ser de un diámetro mínimo de unos 22 cm. y no
muy honda, con unos bordes de 5 a 10 cm.,
dependiendo de su diámetro.
Teóricamente cada paella está dimensionada para una
cantidad de arroz, aunque las dimensiones varían
mucho según el gusto o forma de elaborar las paellas
de cada cocinero. Yo personalmente prefiero que el
contenido de la paella una vez terminada no se
acerque en exceso a la altura a la que se encuentran
los remaches de las asas del recipiente.
Los ingredientes básicos:
Así que ya tenemos los
ingredientes posibles y el recipiente adecuado,
ahora sólo nos falta combinarlos correctamente para
obtener la paella. Y aquí es donde empiezan las
polémicas porque, entre los valencianos, no existe
ningún consenso en los asuntos culturales,
lingüístico o de identidad; por tanto el origen,
composición y forma de elaboración de la paella, no
queda al margen de todas estas disputas.
Personalmente creo que no existe la receta de la
auténtica paella, es un plato popular y cada uno
utilizaba lo que tenía más a mano en ese momento. Si
tenía alcachofas, judía verde y pollo, pues la hacía
con eso; que no tenía alcachofas, pues le ponía
pimientos o lo que tuviera en ese momento en la
despensa... y a toda esa barroca mezcolanza de
ingredientes, le añadían unos puñados de arroz y ya
tenían la comida del día arreglada, elaborada toda
ella en un sólo recipiente y que, además servía de
plato comunitario. Tradicionalmente la paella se
comía, y se come, en el mismo recipiente en que se
cocinaba con el consiguiente ahorro de trabajo para
la sufrida cabeza de familia. Y con los arroces de
pescado o marisco, ocurría lo mismo, se cocinaba lo
que la barca traía del mar, cigalas, sepias,
cangrejos, galeras, langostas, gambas, rape...
Según los más puristas hay dos clases de paellas:
Paella valenciana, hecha con pollo y conejo, garrofó
(una variedad local de alubia), tomate, judías
verdes (en Valencia le ponemos "tavella", "rotjet" y
"ferraura", que son variedades locales de judías
verdes), pimentón dulce, aceite de oliva y azafrán
o, en sudefecto, colorante alimentario y, por
supuesto, el arroz. En temporada también admite
alcachofa y
guisantes.
Paella de marisco o paella marinera, la que además
del consabido arroz se realiza con productos del mar
como la sepia, calamares, mejillón o clótxina (variedad
mediterránea del mejillón, pero mas pequeño, fino y
sabroso) gambas, cigalas, galeras, langosta, almejas,
ajo, aceite de oliva, tomate, pimentón dulce,
azafrán o colorante y un caldo realizado con
pescados pequeños que en Valencia llamamos morralla.
Pero la paella en Valencia
es mucho más que un par de guisos con arroz, hay
cientos de recetas que son fiel reflejo de las
tradiciones culinarias de la zona donde se elaboran.
En esta web podréis encontrar una selección de estas
recetas, espero que os gusten y que lleguéis a
apreciar y disfrutar el arroz tanto como los
valencianos lo hacemos.
LA PAELLA
MARINERA
INGREDIENTES
250 gramos de pulpo; 6 tazas de agua y 4
cucharaditas de sal para cocinarlo; 300 gramos de
camarones; 6 a 8 langostinos que se utilizarán
finalmente como adorno; 250 gramos de calamares
pequeños o chipirones; 250 gramos de mejillones ya
limpios o adquiridos congelados ya completamente
limpios y abiertos, preferiblemente sin concha; 250
gramos de algún pescado blanco y de buen sabor,
preferiblemente pargo; unos 300 gramos del pescado
llamado escorfano, especial para hacer caldo de
pescado, unos 3 ó 4; 5 tazas de agua; 1 cebolla
grande cortada en dos; 1 cabeza de ajo cortada
transversalmente en dos y semipelada; 3 cebollines
con algo de lo verde; 3 tallos de celerí con algo de
sus hojas; 2 ajo porros con algo de lo verde; 3
ramitas de perejil; 1 pimentón rojo sin venas y sin
semillas; 1 zanahoria mediana pelada y cortada
longitudinalmente en dos; 10 granos enteros de
pimienta negra; 2 hojas de laurel; 3/4 de taza de
aceite de oliva; 1 1/2 taza de cebolla picadita; 10
dientes de ajo machacados; 3/4 de taza de la parte
blanca de ajo porro picadito; 3 ajíes dulces
picaditos sin venas y sin semillas; 1 taza de
pimentón rojo picadito sin venas y sin semillas; 1
lata de 250 gramos (peso escurrido) de pimientos
morrones, de los cuales se apartan unas 20 tiritas y
el resto picaditos; 1 taza de tomate picadito sin
piel y sin semillas; 4 cucharaditas de sal; 3/8 de
cucharadita de pimienta molida; 1 taza de vino
blanco seco; 2 tazas de arroz; 2 tazas de arroz; 3
tazas de caldo de pescado preparado como se indicará
posteriormente; unas 40 hebras de azafrán; 3
cucharadas de alcaparras pequeñas; 1/2 taza de
petit-pois.
1.-Se limpian y lavan el pulpo y los calamares,
previamente arrancándole el pico o parte dura con
orificio que tienen entre los tentáculos se les
voltea el cuerpo o bolsa y se eliminan todo su
interior y las vísceras, se lesw eliminan los ojos y
la arena que puedan tener en las ventosas de los
tentáculos, se frotan con limón y se enjuagan. Se
limpian los mejillones, pescados y los camarones y
langostinos cuyas conchas se ponen aparte, y el
resto también aparte.
2.- En una olla se ponen las 6 tazas de agua y las 4
cucharaditas de sal, se lleva a un hervor y
agarrando el pulpo por la cabeza se sumerge y saca
de inmediato por 3 veces consecutivas el pulpo y se
deja luego cocinar por 5 a 10 minutos o hasta
ablandar. Se escurre, se corta en trozos de 1 a 2
centímetros de largo y se pone aparte.
3.- Se cortan los chipirones en trozos de 1 a 2
centímetros de largo se ponen aparte.
4.- Se corta el pescado en pedazos medianos y se
lavan los escorfanos con cuidado de no hincarse las
espinas exteriores que tienen.
5.- Se prepara un caldo poniendo en una olla las 5
tazas de agua, la cebolla cortada en dos, la cabeza
de ajo cortada en dos,el cebollón, el celerí, el ajo
porro, el perejil, el pimentón, la zanahoria, los
granos enteros de pimienta y el laurel . Se lleva a
un hervor y se cocina por 35 minutos. Se agregan los
escorfanos y las conchas de los camarones y
langostino, se lleva nuevamente a un hervor y se
cocina por 15 minutos más. Se retira del fuego, los
escorfanos se ponen aparte y el caldo se cuela y se
ponen aparte las 3 tazas que se hierven por 1 minuto
con las hebras de azafrán que se han calentado por
unos 5 minutos sobre la tapa de una olla caliente,
caldo que se utilizará en la preparación del arroz.
Se ponen aparte.
6.- Se procede a hacer un sofrito en una paellera de
unos centímetros de diámetro, poniendo en ella el
aceite a calentar, se agregan la cebolla picadita,
el ajo machacado el ajo porro picadito, el ají dulce
picadito, se cocinan unos 3 ó 4 minutos hasta
marchitar, se agregan el tomate picadito, los
morrones picaditos las 4 cucharaditas de sal y 3/8
de cucharadita de pimienta molida y se cocina unos 5
minutos mas. Se agregan los camarones, langostinos y
calamares, se cocinan 2 minutos y se ponen aparte.
Con una cuchara perforada se retiran los camarones,
langostinos y calamares y se ponen aparte.
7.- Se agrega el vino a la paellera con el sofrito,
se cocina hasta reducir a la cuarte parte de su
volumen. Se agrega el arroz, se revuelve y fríe 1
minuto, se agregan las 3 tazas de caldo con azafrán
y se acomodan encima todos los pescados, incluso la
parte comestible de los escorfanos a la que se les
eliminan cuidadosamente las espinas, las tiritas de
pimientos morrones y las alcaparras y se cocina
hasta secar. Se agregan los petit-pois, se cubre la
paellera con papel de aluminio y se mete en horno
precalentado a 300 grados F. y se hornea por 15
minutos mas.
8.- Se saca la paellera del horno, se descubre y se
lleva la paella a la mesa en la paellera.
PAELLA VALENCIANA
Preparación: Hay que tener
en cuenta que el arroz ideal para una buena paella
es el característico valenciano, llamado arroz bomba
con el que las paellas alcanzan su grado óptimo si
bien en su defecto pueden emplearse otras variedades.
Primeramente situaremos este reciente o 'paella'
sobre la cocina y verteremos sobre ella aceite que
deberá quedar en el centro del recipiente.
Seguidamente nivelaremos y encendemos el fuego.
Una vez tengamos el aceite calentado pondremos
conejo y pollo y lo sofreiremos hasta que adquiera
un color dorado, dándole vuelta para que se haga
uniformemente.
A continuación echamos las verduras y las sofreímos
igualmente pasando seguidamente a verter el tomate
que doraremos del mismo modo removiendo
constantemente.
Seguidamente le añadiremos el pimentón y tras
removerlo apenas un instante pondremos el agua para
evitar que se queme. La proporción de agua debe ser
hasta cubrir los remaches de las asas del recipiente.
Ahora le pondremos el azafrán y el romero y
añadiremos la sal.
Una vez el agua llegue a hervir, la dejaremos unos 5
minutos en ebullición con fuego vivo. Seguidamente
bajaremos a fuego medio y dejaremos cocer por
espacio de 20 a 30 minutos.
Finalmente avivaremos el fuego y añadiremos el arroz.
La forma tradicional de ponerlo es haciendo una cruz
en el agua que esta hirviendo y repartiéndolo de
modo uniforme por la superficie del recipiente.
Aprovecharemos ahora para probar y rectificar de sal.
Mantenemos el fuego fuerte durante unos diez minutos
y reducimos el fuego a la mitad durante un tiempo
parecido hasta que el arroz quede en su punto de
cocción.
Ingredientes(4 personas)
1 Kg. de pollo troceado.
500 gramos de conejo troceado.
200 gramos de judías verdes.
100 gramos de garrofón fresco.
100 gramos de tomate troceado
5 tazas de arroz.
6 cucharadas de aceite de oliva.
Azafrán.
Pimentón rojo molido.
Una ramita de romero.
Agua
Sal.
EL RECIPIENTE:
El término paella proviene
del latín “patella”, y significa “sartén” en
valenciano, balear o catalán, y de ahí le viene el
nombre a este famoso plato. ¿Pero cuál es el nombre
correcto “paella” o “paellera”? Veámos lo que dice
la Real Academia Española de la lengua:
Paellera
1. f. Recipiente de hierro
a modo de sartén, de poco fondo y con dos asas, que
sirve para hacer la paella.
Como podemos observar, ambas acepciones son válidas,
aunque en mi opinión el término que debería
prevalecer es el que dio su nombre al plato, paella.
Una vez aclarado este, para algunos, controvertido
asunto, prosigamos con la explicación.
En resumen, la paella es una sartén a la que se le
ha quitado el mango y en su lugar se le han fijado
dos asas para que soporte el peso del guiso. Es por
tanto un recipiente metálico, normalmente realizado
en acero pulido, aunque actualmente las hay de acero
inoxidable y de otros muchos materiales.
Debe tener un diámetro mínimo de unos 20 cm. y no
ser muy honda, con unos bordes de 5 a 15 cm.,
dependiendo de su diámetro. El diámetro máximo puede
ser el que se desee, mientras se mantengan las
proporciones.
Para confeccionar paellas gigantes de miles de
raciones, se utilizan recipientes de varios metros
de diámetro. El diámetro máximo que podemos comprar
con facilidad está alrededor de 130 cm.
Teóricamente cada paella está dimensionada para una
cantidad de arroz, aunque las dimensiones varían
mucho según el gusto o forma de elaborar las paellas
de cada cocinero. Yo, personalmente, prefiero que el
grosor del arroz de una paella una vez terminada no
se acerque en exceso a la altura a la que se
encuentran los remaches de las asas.
Mucha gente no sabe cuál es la relación adecuada
entre el diámetro de la paella y la cantidad de
raciones que podemos cocinar. En la tabla inferior
se puede observar esa relación, aunque ésto es
meramente aproximado, ya que se pueden aumentar las
raciones si se desea. En mi opinión, la paella sale
más buena si el grosor del arroz no es excesivo. No
obstante espero que estas medidas sirvan de ayuda.
TRUCOS Y CONSEJOS PARA HACER UNA
PAELLA DE CHUPARSE LOS DEDOS
Lo más complicado de
realizar para los inexpertos es la cocción del arroz;
conseguir llevar la paella a la mesa y que no
termine en la basura
o en el comedero del perro (los perros no son nada
escrupulosos con el
punto de cocción del arroz). Porque elaborar un
sofrito y posteriormente dejarlo cocer, no es muy
difícil, pero conseguir que el arroz quede en su
punto, eso es otro cantar.
Espero que en estas líneas
encontréis la ayuda y el consuelo que estábais
buscando. De todos modos, el mejor consejo lo da la
experiencia, así que, ya sabéis, practicad todos y
veréis como al final os salen riquísimas, ánimo.
Consejos
generales sobre la cocción del arroz
En el momento de
incorporar el arroz, si hemos elegido el recipiente
adecuado, tomado correctamente la referencia de los
remaches de las asas, simplemente haciendo un surco
con el arroz que sobresalga un par de centímetros
sobre el caldo, habremos conseguido la relación
perfecta de arroz y caldo para el recipiente en el
que estamos cocinando. Esa es la medida exacta de
arroz que necesita la paella, si deseamos añadir más
arroz, deberemos subir el nivel del caldo agregando
agua. Pero ya estaremos forzando la relación
líquido-arroz para esa paella. Lo ideal sería
utilizar una paella de mayor diámetro.
Todas estas referencias son aproximadas, la dureza
del agua, la
potencia del fuego, la variedad de arroz e incluso
la altitud, modifican en mayor o menor medida las
proporciones líquido-arroz que debemos utilizar para
cada recipiente. No obstante, espero que esta
explicación sirva como ayuda para aquellos más
inexpertos.
Aproximadamente debe de haber algo entre el doble y
triple de volumen de agua que de arroz a la hora de
incorporarlo a la paella.
A más fuego, mayor evaporación del caldo. Si veis
que os va a quedar duro el arroz, bajad el fuego y
si veis que os va sobrar caldo, aumentadlo.
Más vale pasarse con el agua que quedarse corto,
además, siempre se puede retirar algo de caldo si
vemos que va a sobrar. Un arroz caldosito es
comestible, uno duro o requemado ni el gato lo
querrá. Si el arroz os ha quedado un poco duro, a
veces se puede arreglar salpicando un poco de agua o
caldo con la mano y/o tapando la paella con papel de
aluminio, dejando que repose unos minutos.
Proporciones de
agua, diámetro de recipiente, cantidad de arroz
Respecto a las
proporciones de agua, es evidente que el diámetro
del recipiente y la potencia del fuego inciden
claramente en la cantidad de líquido que nos quedará
en la paella a la hora de incorporar el arroz. No
puedo garantizar que la cantidad de líquido que
quede en el recipiente tras la media hora de cocción
sea la adecuada para realizar la paella
satisfactoriamente. La paella no es un plato
sencillo, y la práctica y el ojo del cocinero son
imprescindibles para llevar el guiso a buen fin.
Será la experiencia la que nos diga la cantidad de
agua que debemos añadir si fuera necesario, aumentar
la potencia del fuego o reducirla. No obstante hasta
que llegue ese momento en que la practica le permita
utilizar el “ojímetro”, tiene dos posibilidades:
1º Mida la cantidad de agua con la que elabora
actualmente la paella, viértala sobre la paella
vacía con el fuego apagado e incorpore la carne y la
verdura cruda. Fíjese a qué altura llega el agua y
marque bien mentalmente o físicamente ese punto.
Luego seque la carne para utilizarla cuando haga la
paella y ya tiene una referencia con la que empezar
a trabajar.
2º Una vez haya cocido la paella y esté a punto de
echar el arroz, tome las asas como nivel al que debe
estar el caldo en cocción. Vaya echando el arroz en
la paella trazando con arroz el diámetro de la
paella, de tal modo que quede como un montículo
semi-sumergido que atraviese la paella y que
sobresalga aproximadamente 1 dedo sobre la
superficie de la paella. Si la potencia del fuego es
la correcta es una referencia muy válida, de hecho
es la que yo utilizo. El problema que se puede
encontrar si la paella es de tamaño inadecuado para
las raciones que está preparando, es que el arroz
quede algo duro si el recipiente es pequeño o, si es
demasiado grande, el arroz quede apelmazado y pasado
de punto debido a un exceso de caldo en el guiso. No
me queda más remedio que volver a apelar a la
experiencia para poder afinar bien.
¿La paella la
elaboro con agua o con caldo?
Mucha gente se pregunta si
es mejor utilizar caldo o agua para elaborar una
paella, y la respuesta es que depende. Me explico:
si estamos cocinando una paella con carne y verduras,
normalmente necesitamos dejar cocer estos
ingredientes más de 25 minutos para conseguir
extraerles sus aromas y que éstos se transfieran al
caldo para, posteriormente, al ser absorbido el
líquido por el arroz, se impregne el grano a su vez
del sabor de los ingredientes de la paella.
Otro dato importante que
debemos tener en cuenta es el tiempo que los
productos cárnicos necesitan para estar en su punto.
El pollo con
huesos, las costillas de cerdo o el conejo,
necesitan también más de 25
minutos de cocción para no terminar siendo un trozo
de carne dura. Por
otro lado, si únicamente sofreímos y sólo dejamos
que cueza los 15 min. del arroz (más otros 10 min.
del sofrito completan los 25 min.), no damos a los
productos cárnicos y a algunas verduras tiempo
suficiente ni para que se enternezcan ni para que
impregnen con su esencia la paella.
Por supuesto, podemos
deshuesar la carne, trocear más pequeñas las
verduras y/o sofreír el conjunto a fuego suave
durante más tiempo consiguiendo así prolongar el
tiempo total de cocción de los alimentos, y si
además están en trozos más pequeños, quedan tiernos
en menor tiempo. Ahora simplemente podríamos agregar
el arroz y agua hirviendo, y conseguiríamos un buen
plato de arroz. Pero no debemos pasar por alto un
importante detalle, faltaría el sabor que también
aportan los huesos a la paella. Para compensar este
desfase, se añade caldo y así se refuerza el sabor
del plato.
En el caso de los arroces
elaborados con productos del mar no ocurre lo
mismo; para el pescado y el marisco, con 20 minutos
de cocción es más
que suficiente para que estén cocinados, aunque si
el sofrito no lleva una muy abundante cantidad de
pescado, moluscos o mariscos, necesitaremos agregar
un buen caldo de pescado para que el arroz resulte
sabroso.
No obstante, la paella
tradicional valenciana, elaborada con carne y
verduras como la receta que puedes leer en esta
misma web, se elabora en un sólo recipiente. Si
añadimos caldo, procuraremos que no sea un caldo con
productos cárnicos o verduras muy fuertes y que
éstos sean similares a los ingredientes con los que
se elabora la paella. Pero, insisto, la receta
tradicional valenciana es la que indico en la web.
La paella de marisco en la actualidad se elabora de
forma habitual con un caldo o fondo de pescado,
aunque antaño simplemente se cocinaba con
un sofrito bien surtido, generoso en su composición,
y con agua como único caldo.
Consejos para
cocinar arroces en el horno
Es muy importante que el
horno esté bien caliente, y que el caldo esté
hirviendo a la hora de incorporarlo al arroz, ya que
en caso de que no sea así, las probabilidades de que
el arroz se pase son muy altas. También es
fundamental una correcta medición de las cantidades
de caldo y de arroz, ya que al ser un arroz al horno,
no podremos jugar con el fuego como haríamos con una
paella.
Lo ideal es medir el arroz
en tazas de café o en un cacillo pequeño de servir
sopa. La relación ideal es el doble menos uno de
caldo que de arroz. Por ejemplo... para cuatro tazas
de arroz, usaríamos entre seis tazas y media de
caldo y siete.
E insisto, es importante
que tanto la cazuela de barro y el resto de los
ingredientes estén tibios y el caldo esté bien
caliente a la hora de introducir la cazuela en el
horno. De lo contrario el arroz irá soltando el
almidón sin llegar a cocerse, con lo cual el arroz
se pasaría de punto y quedaría blando y pastoso.
Si no te atreves a
intentarlo porque te da miedo estropear el guiso,
haz
tus prácticas con arroz blanco, que es menos costoso
y si finalmente sale bien, lo puedes usar para hacer
arroz a la cubana, ensaladas de arroz o utilizarlos
como guarnición para otro plato.
La altitud y la
dureza del agua
La altitud también influye
en el tiempo de cocción del arroz. A mayor altitud,
más tiempo tarda en cocer el arroz. A nivel del mar
una paella estará lista en 13-14 minutos, en cambio
en plena meseta castellana (aprox. 700 m de altitud)
necesitará 2 minutos más aproximadamente.
Un factor a tener en
cuenta es la dureza del agua. Las aguas con un
altocontenido en calcio y magnesio (aguas duras) son
mucho mejores para la paella, que aquellas que
contienen niveles más bajos de estos minerales (aguas
blandas).
Se entiende por dureza del
agua a la concentración de sales incrustantes de
calcio y magnesio (bicarbonatos, carbonatos,
sulfatos, cloruros y nitratos fundamentalmente)
presentes en el agua. Todos estos minerales tienen
su origen en las formaciones rocosas calcáreas y
pueden ser encontrados en la mayoría de las aguas
naturales. Suele medirse en unidades de
concentración de miligramo por litro (mg/l). El
total se indica en grados de dureza. En España
utilizamos el grado francés, que equivale a 10 mg/l
de sales incrustantes.
EL GAZPACHO
El origen de esta sopa
fría es imposible de situarla dentro de la historia
de la gastronomía desde una perspectiva cronológica
y la razón es muy sencilla, nada que proviene de las
clases sociales más desfavorecidas, los ignorados
por la historia, tiene cabida dentro de esa memoria
escrita de la humanidad, pese a que esa clase
social, que en algunos momentos llegó a vivir casi
esclavizada, es, fue y será la base en la que se han
sustentado todas las otras historias, esas que
llamamos oficiales, la vivida por salvadores de la
patria, los oportunistas y los aprovechados que,
desde que tenemos constancia como seres humanos,
han sobrevivido gracias al trabajo de un pueblo que
había que mantener inculto y ajeno a las decisiones
globales y al que se le dio la espalda tantas veces,
a ellos sólo se recurría en los momentos difíciles,
para la leva, de carne de cañón o como en los
tiempos modernos para ser papeleta de votación que
se compra con palabras vacías de promesas que nunca
se cumplirán.
Está comprobado que su
origen geográfico, nos referimos al gazpacho, está
ubicado en la región sur de España llamada Andalucía,
lugar olvidado de todas las administraciones y
condenada, hasta hace poco, al mero papel de
despensa agrícola, piscícola y ganadera, ya lo fue
con los romanos que la llamaban el granero de Roma y
que sólo alcanzó su esplendor con la invasión árabe
para pasar, tras su expulsión, a su época mas oscura;
sus tierras eran y son en su mayoría grandes
latifundios consecuencia de la reconquista y donde
sus dueños vivían en la corte, lejos y ajenos a las
necesidades de sus ciudadanos y jornaleros y donde
la injusticia social fue de las más brutales de las
conocidas en la 'oficial'
historia de España.
Andalucía, para aquel que
no la conozca, yo vivo en ella, es consecuencia de
una depresión natural de la península ibérica que la
separa del resto del país por una larga y angosta
cadena montañosa y que está dividida a su vez en dos
en dirección norte-sur por un gran río, el
Guadalquivir, cuyo valle es muy feraz gracias a sus
limos ricos en minerales y a sus crecidas que
renuevan toda la tierra. Su zona costera es
riquísima, aunque en la actualidad los bancos
pesqueros, sobre todo los japoneses, están casi
esquilmados como consecuencia de una pésima política
en la época reciente, ya los fenicios y romanos
hicieron famosas su fábricas de salazones de la zona
de Cádiz (ver mi artículo dedicado a los salazones).
Muy montañosa, era rica en minerales tales como
hierro, cobre, plata y oro, ya en la Biblia se habla
que el rey Salomón cubrió el templo con cedros del
Líbano y plata de Thartessos (zona comprendida en un
triángulo teórico entre las provincias de Cádiz,
Huelva y Sevilla) y su riqueza agrícola era famosa
en todo el mundo conocido de la antigüedad, de hecho
uno de los trabajos de Hércules fue el robar el
ganado (toros) del legendario rey Gerión tartésico y
el romano Avieno (siglo IV D.C..) nos cuenta de la
riqueza de estas tierras en su obra Ora marítima en
la que nos habla del poderoso rey Argantonio.
El clima es variado, ya
que la zona del nacimiento del gazpacho es tórrida
en verano y con temperaturas suaves en invierno, lo
que hace que la alimentación en la época de la
recogida de la siembra fuera necesario ingerir
alimentos muy ricos en agua y sales para evitar la
deshidratación y cuyos componentes esenciales fueran
productos de temporada, todos vegetales y de fácil
preparación, no debemos olvidar que en esta región,
y de forma paradójica, se pasaba hambre mientras era
el mayor abastecedor de alimentos de todo el reino.
No hay duda que en todas
las épocas se ha experimentado en la cocina, uno de
los más grandes laboratorios de la humanidad, y
hemos encontrado una cita de Virgilio, en la égola
segunda, en la que nos cuenta como Testilis
preparaba como agasajo a los fatigados segadores la
siguiente receta: Allia, serpyllumque, herbas
contundit olentes, o lo que es lo mismo, majaba ajos,
serpol y otras hierbas olorosas, algo lejanamente
parecido a lo que llamamos gazpacho, pero sin duda
el origen de esta receta.
En la dominación árabe,
los grandes gastrónomos, existía un gazpacho, el que
ahora se denomina blanco, que se sigue consumiendo
en muchos lugares, que estaba hecho, y se sigue
haciendo, con componentes ajenos a los traídos de
América, es tan simple que su fórmula se
circunscribe a cuatro dientes de ajo, almendras,
migas de pan, vinagre, clara de huevo, habas secas,
aceite, sal y agua, teniendo como guarnición manzana
troceada. Con el tiempo le fueron añadiendo otros
componentes que se sumaban a la cocina española
traídos desde las Indias, como fueron el tomate y el
pimientos, pero esto fue ya, seguramente, en el
siglo XVII ( ver mi estudio dedicado al tomate).
Sea su origen en la época
árabe o castellana no nos parece tan importante, ya
que el pueblo era el mismo, de origen
mayoritariamente árabe, tanto es así que el cante
flamenco es una forma castellanizada de las
canciones que se cantan en el Magreb.
El gazpacho en su historia
es una muestra del mestizaje en la que siempre
vivieron los pobladores de Andalucía, tan
acostumbrados a todo tipo de invasiones, pero
siempre conservando una base el pan duro que se moja
en el agua y que se estruja con las manos para
quitarle algo de agua, el aceite de oliva, ajo (ver
mi historia sobre el ajo), pepino, vinagre y sal. Ya
en época muy reciente y tras el 'boom' que
experimentó este alimento, como consecuencia del
descubrimiento de España como destino turístico (a
principios del tercer cuarto del siglo XX), pasó de
ser sustento de gente humilde a plato estrella de la
cocina nacional, a la misma altura que la sopa
castellana o la paella. Con el redescubrimiento del
gazpacho los grades chefs han introducido variantes
muy imaginativas, como puede ser el gazpacho de
mariscos o el de jamón serrano, incluso de frutas.
No hay dudas que hay
tantas clases de gazpachos clásicos como provincias
hay en Andalucía, incluso me atrevemos a decir que
como localidades agrícolas existen, para muestra
visite nuestra página dedicada a recetas de
gazpachos la cual pensamos ampliar en breve. Sólo
tener en cuenta que existen el 'zoque' malagueño, el
'aguaíllo' de Lora, el gazpacho 'cortijero' del
campo cordobés, el gazpacho 'con papas' de Jaén, el
'ajo caliente' de Cádiz o la 'gazpachuela' malagueña,
sin olvidar ese especie de gazpacho sin caldo que
son las 'porras' de Antequera y el famoso 'salmorejo'
de Córdoba.
El gazpacho se hace en una
especie de cuenco grande de barro cocido, para
conservar la frescura, se sirve en otros cuencos más
pequeños del mismo material y originariamente se
tomaba a sorbos o con el pan a modo de cuchara, ya
que no se llevan cubiertos al campo.
Hay otro tipo de gazpacho,
los galianos o de los pastores, que está hecho con
componentes más recios y grasos (pienso hacer un
artículo sobre ellos) de los cuales comenta Xavier
Domingo: cada vez que he visto hacer un gazpacho
manchego con su torta, he recordado inmediatamente
escenas mexicanas bien parecidas y páginas
magistrales de gran fray Bernardino de Sahagún sobre
la cocina precolombina de los aztecas.
Para terminar haré una
cita del escritor romántico Juan Valera (1824-1905)
que nos habla del gazpacho lo siguiente: 'Este plato
es saludable en tiempos de calor y después de las
faenas de la siega y tiene algo de clásico y de
poético', o la opinión que de él tenía Gregorio
Marañón cuando opinaba que era un alimento completo,
perfectamente adecuado a las duras condiciones
climáticas con las que se enfrenta el labrador
andaluz en los cálidos meses de verano. Carlos
Azcoytia
RECETA DE GAZPACHO
Ingredientes para 4
personas
6 tomates maduros grandes y carnosos
2 pimientos verdes
1 pimiento rojo
1 pepino
1 corazón de cebolla grande, 1 diente de ajo (opcional)
2 rebanadas de pan del día anterior sin la corteza
sal, aceite de oliva virgen extra, vinagre
Tiempo de realización 20 minutos
Preparación
1. Poner a remojo las rebanadas de pan. Se colocan
en un cuenco con agua hasta cubrirlas, añadiéndoles
un poco de sal y aceite. Se reservan.
2. Pelar y trocear los tomates, los pimientos, el
pepino, la cebolla y el ajo. A los pimientos se les
quita las semillas. Mezcle todos los ingredientes.
3. En la batidora eléctrica, coloque la mezcla de
ingredientes (en una tanda o en varias tandas),
añada un poco de agua y triture hasta conseguir una
crema. Se añade el pan con el agua, el vinagre y se
bate nuevamente hasta conseguir que todo esté bien
triturado y emulsionado.
4. Añadir agua fría y mezclar bien. Comprobar el
punto de sal y vinagre.
5. Pasarlo por un colador chino o un pasapurés, para
eliminar la piel de pimiento. Al haberlos triturado
con piel, (es muy difícil pelarlos en crudo, sin
llevarse la mitad del pimiento), ésta queda flotando
y es muy desagradable al paladar.
6 . Añadir más agua si fuera necesario, tiene que
quedar una textura de crema líquida. Introducirlo en
la nevera hasta conseguir la temperatura deseada y
en el momento de servir rociar con un chorrito de
aceite de oliva virgen extra, que mezclaremos con
una cuchara de madera.
7 . Se sirve con una guarnición de pepino crudo
cortado en dados, cuadraditos de pan (normal o
tostado), pimiento cortado en cuadraditos y cebolla
picada. Cada elemento en un platito aparte para que
los comensales puedan servirse a su gusto.
CHOCOLATE CON CHURROS
El chocolate con churros es un plato típico de la
gastronomía de España difundido en países como
Argentina, Chile, México y Venezuela desde hace más
de un siglo. Se consume como desayuno a horas muy
tempranas y en algunas ocasiones se sirve como
merienda. Es un alimento típico de España que se
toma frecuentemente durante los meses fríos de
invierno. Este desayuno es un contraste de sabores
equilibrado, la dulzura amarga del chocolate
mezclada con los aromas salados y aceitosos del
crujiente churro hacen una pareja ideal.
Se denomina chocolate con churros indicando que el
chocolate caliente (generalmente entre los 75º y
80º) se sirve en una tacita de porcelana acompañado
de un plato con churros recién hechos (es habitual
que una ración contenga entre seis y ocho churros
dependiendo del tamaño). En algunas ocasiones se
sirve con porras en lugar de churros, y esto depende
fundamentalmente del gusto del comensal. Dependiendo
de los recintos donde se sirve, suele acompañarse al
plato de churros un sobre con azúcar para que se
espolvoree sobre los churros. En algunas ocasiones
se sirve en el mismo instante del pedido una jarra
con agua fría para apagar la repentina sed que
aparece tras haber tomado este desayuno (quizás por
la sal contenida en el churro).
El consumo de este plato se realiza de manera
simple, se toma un churro y se moja en el chocolate
caliente de la taza, en algunas ocasiones —dependiendo
del gusto del comensal— se espolvorea antes el
azúcar sobre los churros. El resto de chocolate que
queda tras la ingesta de los churros (ya más frío)
se suele tomar bebido.
El churro se puede servir frío o caliente. Es más
común que en el norte de España se sirva frío
mientras que en el sur se sirve caliente.
Desayunar con churros en Madrid se remonta casi a
comienzos del siglo XIX, es muy posible que el
churro fuera dado a conocer en las ferias ambulantes
que rondaban frecuentemente por la capital. Seguro
que la popularidad del churro —o de su variante más
grande, la porra— como desayuno fue creciendo hasta
ser altamente popular debido a su bajo coste, por
aquellos entonces se denominaba fruta de sartén. Por
otra parte el chocolate por sí solo como bebida
tiene una historia más larga, derivado del cacao
originario de América donde en su momento fue moneda
de uso corriente entre algunos pueblos precolombinos.
Dados estos dos elementos (chocolate y churros) se
desconoce el instante exacto entre el siglo XIX y
comienzos del XX en el que se inventa esta pareja de
desayuno (algunos dicen sin detalles que pudo haber
nacido en torno a los años 1920), quizás la
sabiduría popular fuera la que indicó de forma
espontánea la idoneidad de este emparejamiento.
Es de notar que el chocolate con churros es, aparte
de un desayuno o una merienda, un acto puramente
social. Se suele tomar sentado en las mesas de
mármol, si es desayuno se toma como una oportunidad
de conversación con el vecino, si es merienda como
una reunión planeada. Suele ser el ingrediente
secundario del famoso Roscón de Reyes en Navidad, el
cual se suele tomar igual que el chocolate con
churros, sólo que en vez de mojar el churro se moja
una porción del roscón.
En algunos países como Cuba se asocia a un alimento
servido durante los "velorios".
El lugar donde se puede tomar un chocolate con
churros es lo que se denomina "churrería", suele ser
un local con abundante decoración de mármol (sobre
todo las mesas y el suelo) que recuerda en parte a
los años de inicio de siglo XIX o XX, la estructura
de estos locales suele ser la típica de antaño: una
persona delante de una caja (cajera) recibe la
petición del número de raciones de churros, cobra y
entrega al cliente un recibo que sirve de
justificante para solicitar en la barra el pedido.
No se tarda mucho, generalmenete en un par de
minutos ya se está servido. En algunas churrerías de
Madrid debido a la gran afluencia de público existe
la costumbre desde antaño de compartir la mesa. El
olor de estas churrerías es una extraña mezcla entre
la fritura de los churros y el hervir del cacao. En
las churrerías puede pedirse también café con leche
y churros (otra variante), anís, coñac, etc. Existe
la posibilidad de hacer un "take away" y llevarse en
un recipiente el chocolate y los churros, algunas de
las chocolaterías tradicionales ofrecen ya este
servicio.
Las churrerías están abiertas desde muy temprano, su
uso popular hacía que los trabajadores de primera
hora de la mañana (5:00 o 6:00 de la mañana)
pudieran servirse sus desayunos. Hoy en día el
concepto ha ido cambiando poco a poco y los jóvenes
que trasnochan durante los fines de semana o en las
fiestas locales suelen acabar sentados desayunando
en estas tempranas churrerías.
El chocolate con churros se sirve también en
cualquier cafetería o terraza. Poco a poco el ritmo
rápido de las ciudades va haciedo que se demanden
puestos callejeros para servir los churros, de esta
forma no es difícil ver cada vez más puestos de este
tipo junto a las estaciones de ferrocarril. Algunas
empresas de catering a empresas llegan a ofrecer,
entre sus múltiples servicios culinarios desayunos
con chocolate y churros.
Cada churrería tiene un ambiente propio y una forma
distinta de hacer los churros, en algunos sitios se
hacen alargados, en otros doblados, acanalados,
friendo más o menos la masa, con o sin azúcar
espolvoreada, etc. Todo es cuestión de los gustos
del propietario y de los comensales que asisten
frecuentemente a ellas. Por regla general se prepara
el churro en el momento de ser solicitado, esto hace
que esté crujiente.
En Madrid una de las más famosas es la Chocolateria
San Gines, ubicada en el centro de la ciudad, al
celebrar el fin de año parece ser una visita típica,
La Mallorquina en plena Puerta del Sol. En Palma de
Mallorca es muy famosa Ca'n Joan de S'Aigo,
inaugurada en el año 1700. En Málaga el sitio más
tradicional para tomar chocolate con churros es Casa
Aranda en la calle Herrera del Rey.
Fuera de España también pueden encontrarse
chocolaterías que sirven churros. En Buenos Aires,
Argentina, es tradicional la cafetería (inicialmente
bar lácteo) La Giralda, en la Avenida Corrientes,
que se hizo conocida no sólo por su inconfundible
chocolate con churros, sino por ser también el lugar
de encuentro de notables artistas del tango. También
en la Avenida de Mayo, enclave de la colectividad
española en Buenos Aires, varios cafés sirven
chocolate con churros, destacándose el tradicional
Café Tortoni, el consumo de chocolate con churros es
frecuente también en otras ciudades y poblaciones
del "Interior" argentino (por ejemplo Córdoba,
Rosario, Mendoza, Mar del Plata etc.) especialmente
en los meses fríos de invierno (es decir
aproximadamente entre mayo y agosto).
RECETA DE CHURROS
INGREDIENTES:
1 l. de leche
4 cucharadas de sal
800 gr. de harina
4 huevos
Azúcar
PREPARACIÓN:
CHURROS: En una cazuela de
unos dos litros de capacidad poner a hervir la leche
y la sal. En el momento del hervor, añadir la harina
previamente tamizada, batiendo fuertemente la mezcla
con una cuchara de madera. No retirar el recipiente
del fuego hasta que al agitar notemos que la masa no
se pega a las paredes del mismo. A continuación,
añadir los huevos enteros, agitando enérgicamente
hasta que quede todo muy bien mezclado. En una
sartén honda con aceite abundante y muy caliente,
escudillar la masa con ayuda de una manga de
boquilla rizada, o mejor aún con un aparato adecuado,
dejando que los churros queden bien dorados. Una vez
los churros estén crujientes al tacto, retíralos de
la sartén, ponerlos en una fuente y espolvorearlos
con azúcar.
COCIDO MADRILEÑO
El cocido madrileño es, quizás, el plato más
representativo de la cocina de Madrid. Consiste en
un barroco guiso cuyo ingrediente principal son los
garbanzos y los secundarios, aunque con gran
protagonismo, diversas verduras y carnes. Es, junto
con el "cocido montañés", la "escudella y carn
d'olla" o el cocido maragato, entre otros cocidos y
potajes que se realizan en toda la geografía
española, una evolución de la adafaina judía.
Es un plato único, potente y habitual en el tiempo
frío. La forma tradicional de servirlo es en tres
sevicios, denominados vuelcos: El primero es la sopa
resultante de la cocción de todos los ingredientes,
el segundo le corresponde a los garbanzos junto con
las verduras y patatas y el tercero, llamado el de
las viandas, es el de las carnes.
Fueron los judíos sefardíes, no los ashkenazis, los
que introdujeron el plato en la cultura española. La
adafaina ya se puede considerar un cocido o un
potaje tal y como los que ahora se realizan por todo
España. Tenía unas pocas variaciones como, por
ejemplo, que no usaban carne de cerdo, y la carne,
básicamente ternera y aves, era desangrada según la
tradición kosher. Otra diferencia era que se cocían
unos huevos que luego eran presentados partidos en
cuatro trozos junto con los garbanzos y verduras. Se
cree, sin embargo, que el uso de carne de cerdo no
fue un añadido "cristiano", sino que fueron los
marranos (nombre con el que se conocía a los judíos
conversos) los que comenzaron a introducir chorizo,
tocino y, sobre todo, morcilla (que por contener
sangre era el manjar porcino doblemente prohibido
por su religión) todo ello para acreditar su
conversión y evitar problemas con la Inquisición.
El plato ya tenía los tres vuelcos que todavía
conserva el cocido madrileño y muchos otros cocidos
españoles.
Al igual que ocurre con casi todas las recetas, no
existe una receta auténtica del cocido madrileño. En
cada casa se realiza de una manera y tan auténtico
lo es uno sitio como en el otro. Sin embargo, se
rige por unos parámetros comunes, así pues, se puede
decir cuáles son los ingredientes habituales de un
cocido madrileño y cuáles, siendo menos frecuentes,
no lo desvirtúan. Los vuelcos pueden ser presentados
en la mesa de uno en uno o todos a la vez, dependerá
de la costumbre de cada casa o del espacio
disponible en la mesa.
Al resultado de la cocción de todos los ingredientes,
es decir el caldo. Se le añaden fideos o arroz para
realizar una sopa, aunque tampoco es raro realizarla
con panes. También es habitual aromatizarla con
hierbabuena y añadirle unas hebras de azafrán para
dar color. Es el primer servicio que sale a la mesa
y suele ir acompañado de cebolletas cortadas en
bastones y verdes en vinagre, para ir mordiendo
mientras se come la sopa. Hay gente a quien le gusta
añadir a la sopa los garbanzos del segundo vuelco.
Los vegetales añadidos dependerán mucho de cada
cocinero pero, entre los que son habituales, se
encuentran el repollo, la zanahoria, el nabo, la
judía verde, la acelga, el cardo y las patatas.
Dictan los cánones que ninguna de las verduras, a
excepción de las patatas[1], deben cocer con los
garbanzos, sino junto a la morcilla, el chorizo y la
bola si se utiliza, aunque no es extraño que en
muchas casas se obvien y se cocine todo en la misma
olla.
Este será el segundo servicio que aparezca en la
mesa. Consiste en todos los vegetales junto a los
garbanzos. Se suele acompañar con una salsa de
tomate con comino que servirá para añadir a los
garbanzos. Las verduras se suelen regar con un
refrito de ajos picados con algo de pimentón.
Las carnes usadas se pueden dividir en tres clases:
la carne de cerdo, las aves y la ternera.
La carne de cerdo es la principal a la hora de
realizar el cocido. Hay algunas partes que son casi
indispensables y otras que van en función del buen
saber hacer del cocinero o del gusto de los
comensales.
Entre las casi obligatorias tenemos el tocino,
preferiblemente fresco, aunque hay "templos" del
cocido como el restaurante "Malacatín" en el que
usan tocino rancio.
La siguiente sería el
chorizo, preferiblemente sin ahumar, tal y como
ocurre en preparaciones leonesas, astures o gallegas.
Tenemos también la morcilla, en este caso de cebolla,
un cocido que quiera llevar el apellido madrileño se
cuidará mucho de no usarla de arroz.
El siguiente será un hueso
de jamón, que conferirá sabor al caldo, por supuesto
este no se presentará en el plato.
Por último tenemos el
jamón y las manos de cerdo saladas previamente
desaladas en agua durante 24 horas. Estas últimas,
en caso de echarse, conferirán al caldo una mayor
untuosidad debido a la gelatina que contienen.
Las partes de la ternera
usadas en el cocido no son de lo más noble, pero si
de las más sabrosas, la más ortodoxa sería el
morcillo o jarrete y, de poder ser, es preferible el
trasero al delantero. Como sustituto el más habitual
es la espalda, aunque pierde ortodoxia. Al igual que
con el hueso de jamón, se usa hueso de caña (el de
la pata) como elemento rápido para el caldo. Por
último tendríamos la carne picada para realizar la
bola, una especie de albóndiga grande que se añade
en el sancocho al final de la cocción.
Las aves añadidas al caldo
casi se pueden reducir a una, la gallina, aunque es
habitual cambiarla por pollo, si esta no se
encuentra en el comercio. Sin embargo, hasta finales
del siglo XIX era más habitual usar el pollo y se
recomendaba cambiarlo por capón. Es habitual entre
los cazadores, realizarlos también con palomas
zuritas o perdices, pero se sale de la ortodoxia.
Lo habitual es servir las
carnes troceadas, junto con los huesos de caña.
Estos últimos conviene servirlos rápidamente y
consumirlos al principio junto con la sopa y los
garbanzos, ya que el tuétano que contienen se enfría
rápidamente.
Durante los tiempos de carestía fue habitual
desarrollar una cocina en el que las sobras eran
aprovechadas para realizar nuevos platos. El cocido
(en general), quizás sea el plato que más cocina de
aprovechamiento ha acumulado. Las razones son que
era antes un plato muy habitual, semanal, incluso un
par de veces por semana, y que se realizaba por todo
España, por lo que las posibilidades de crear nuevos
platos aumentaban.
Entre los platos más destacados se puede citar, la
ropa vieja, consistente en un refrito de cebolla,
ajo y un poco de harina al que se le añaden
garbanzos, tocino, chorizo y algo de carne. Con las
sobras de gallina o jamón se solían y suelen
realizar las sempiternas croquetas. Otro plato es la
pringá, en unos molletes de pan blanco al que se le
quita la miga, se añaden muy picado todos los trozos
de carne, se aprieta para que el pan se empape con
todas las sustancias y se deja reposar unas horas;
se deglute después de añadírsele un chorro de aceite.
Otro plato derivado del cocido es la sopa, a partir
del caldo se pueden realizar diversas sopas. Aunque
más que sobra lo que se suele hacer es colocar un
cazo con agua hirviendo mientras se realiza el
cocido e ir eliminando caldo a un tercer cazo,
mientras se repone del segundo con agua. El
resultado suele ser un caldo menos sustancioso y
gustoso, pero en una mayor cantidad.
RECETA DE COCIDO MADRILEÑO
garbanzo, 400 gramos
pollo, 1/4 unidad
hueso de jamón, 1 unidad
hueso de caña, 1 unidad
chorizo(de guisar), 100 gramos
repollo (pequeño), 1 unidad
morcillo, 400 gramos
punta de jamón, 1 unidad
hueso de rodilla, 1 unidad
tocino fresco de cerdo, 150 gramos
morcilla de cebolla, 1 unidad
diente de ajo, 3 unidades
patata, 2 unidades
zanahoria, 2 unidades
aceite de oliva, 4 cucharadas
sal, al gusto
PREPARACIÓN:
Poner en remojo los garbanzos, la noche anterior, en
agua templada con sal. Poner 2 litros de agua en una
olla grande y agregar el morcillo, el tocino, todos
los huesos y la punta de jamón, previamente lavados.
Acercar al fuego y cuando rompa a hervir, retirar la
espuma con una espumadera.
Escurrir los garbanzos y meterlos en una red;
introducirla en la olla. El tiempo de cocción varía
según la calidad de la legumbre, entre 2 y 3 horas.
Dejarlos cocer a fuego lento. Mientras, lavar, picar
el repollo y cocerlo aparte en un poco del caldo del
cocido con la morcilla y el chorizo; reservarlo al
calor.
A mitad de la cocción (1,30 horas) agregar las
zanahorias y las patatas, peladas y lavadas pero
enteras y el cuarto de pollo o gallina. Continuar la
cocción; si hace falta, añadir agua caliente, para
que no se encallen los garbanzos.
Una vez tiernos los garbanzos, sacar el caldo y
hacer la sopa con fideos, sémola o arroz; servirla
de primer plato. Hacer un refrito de ajos y
agregarlo al repollo. Servir los garbanzos junto con
las carnes troceadas y las verduras, como segundo
plato.
TORTILLA DE PATATAS
La tortilla de patatas o
tortilla española o (en América, Canarias y el sur
de la España peninsular)[1] tortilla de papas, es
una tortilla de huevos (no confundir con la de
harina) con patatas fritas. Frecuentemente lleva
también cebolla, dependiendo de la zona o del gusto.
Las patatas deben estar más bien cocidas en aceite (preferiblemente
de oliva) que fritas, y se deben dejar en remojo con
el huevo batido un tiempo -no menos de 10 minutos,
aunque mejor si está media hora- para que se empapen
y adquieran la consistencia adecuada.
El primer documento conocido en el que aparece una
referencia a la tortilla de patatas es navarro. Se
trata de un anónimo: "Memorial de la ratonera",
dirigido a las Cortes en 1817, en él se explican las
míseras condiciones en las que viven los
agricultores comparándolos con los habitantes de
Pamplona y de la Ribera. Después de una larga
enumeración de los míseros alimentos tomados por los
montañeses aparece la siguiente cita: "...dos o tres
huevos en tortilla para cinco o seis, porque
nuestras mujeres la saben hacer grande y gorda con
pocos huevos mezclando patatas, atapurres de pan u
otra cosa..."
Se conocen muchas variantes en las que a la receta
base se añaden pimientos verdes, o chorizo, o
champiñones, etc. Una variante peculiar es la
tortilla paisana que además de las patatas y el
huevo lleva chorizo, pimiento rojo y guisantes. Otra
variante singular es la tortilla de patatas sin
huevo (apta para veganos) , que utiliza una mezcla
de agua y harina para cuajar las patatas en vez de
huevo. Se sirven en Madrid las tortillas bravas que
tienen una salsa similar a las de las patatas
bravas(también conocidas como "papas bravas) y
suelen ser de un tamaño reducido.
En Argentina está muy difundida la tortilla de papas
cuya preparación es prácticamente idéntica a su
ancestral española, una pequeña diferencia es que
suele llevar algo más de cebolla (cortada en finas
tiras) y, como en el caso de las tortillas de acelga
y de espinaca, para darle forma suelen usarse a
guisa de molde dos platos comunes.
Una receta semejante es conocida como rösti en la
cocina suiza de lengua alemana, la diferencia con la
tortilla de patatas está en el alto contenido de
ellas que tiene.
RECETA
DE TORTILLA - Para seis personas
1 kilo de patatas.
9 huevos.
1 cebolla mediana.
Aceite de oliva.
Sal.
Poner al fuego una sartén honda con abundante aceite
y cuando está caliente, echar las patatas, peladas y
cortadas en láminas pequeñas y la cebolla cortada en
juliana, salar y tapar la sartén. Mantener el fuego
no muy fuerte, para que las patatas y la cebolla, se
cuezan en el aceite. Cuando estén bien blandas y
ligeramente doradas, pero antes de que se frían del
todo, sacar de la sartén y escurrir el aceite.
En un bol batir los huevos, hay quien recomienda
batir primero las claras, casi hasta punto de nieve,
añadir luego las yemas y seguir batiendo hasta
conseguir una buena mezcla. Yo bato los huevos a la
manera clásica, con un tenedor, pero se puede hacer
con un batidor manual, yo no lo haría con la
batidora eléctrica.
Echar las patatas y la cebolla sobre los huevos
batidos y remover bien para que quede todo bien
mezclado. Rectificar de sal.
Poner al fuego una sartén, que tenga un buen fondo
para que no se pegue, echar dos cucharadas de aceite
y cuando esté caliente, mover la sartén para que
quede bien aceitada, entonces echar la mezcla de
huevos, patatas y cebolla y extenderla bien. Bajar
el fuego y mover con movimientos circulares para que
la tortilla "baile" y no se pegue. Dejar cocer hasta
que se vea que empieza a burbujear.
Dar la vuelta a la
tortilla (aparte de otras connotaciones), tiene un
arte, yo se la doy con un plato llano, pero se puede
usar una tapadera plana, e incluso hay artilugios de
aluminio o de cerámica para voltear tortillas.
Si la sartén ha quedado muy seca, echar otras 2
cucharadas de aceite y cuando esté bien caliente,
echaremos de nuevo la tortilla, dejándola resbalar
cuidadosamente, desde el plato a la sartén. Bailarla
de nuevo con movimientos circulares y dejarla cocer
entre 1 y 2 minutos, dependiendo del gusto de los
comensales, pues a unos les gusta que quede tostada
por fuera y casi cruda por dentro y por el contrario
a otros les gusta bien cocida. Hay quien emplea la
prueba de pinchar con un palillo de dientes y cuando
salga seco ya estará.
BEBIDAS ESPAÑOLAS
LA HORCHATA
Desde hace miles de años, con orígenes probables en
la región de Chuf en el Sudán, se viene cultivando
la chufa, el tubérculo «Cyperus Sculentus» del que
han llegado a nuestros días las variedades «llargueta»
y «armela».
Se sabe que a orillas del Nilo, cuando el tiempo aun
no tenía nombre, se consumía una bebida blanca y
lechosa hecha con chufas cultivadas en sus riberas.
Escudo de Alboraya
Cuando el Rey Jaime I
llega a Valencia, estando reposando de sus fatigas
en la lengua de tierra que va desde las murallas de
la Ciudad al mar, se le acercó una doncella para
ofrecerle un cuenco lleno de una bebida fresca,
blanca, dulce y sana.
Al beberla el Rey exclamó «Axó es or, xata» (esto es
oro, chata).
Algunos atribuyen la palabra horchata a este evento
y desde entonces se utiliza para designar la bebida
obtenida de la chufa.
Como la chufa requiere tierra suelta y arenosa para
su cultivo y temperaturas suaves desde la primavera
en que se planta hasta el invierno en que se
recolecta, Alboraya, donde se dan las mejores
circunstancias, ha asitido a un espectacular
desarrollo de su cultivo.
Hoy la horchata de Alboraya es una bebida entrañable
para todos los valencianos y para quienes nos
visitan y la conocen.
HORCHATA
DE CHUFA
La horchata (del latín "hordeāta", "de cebada") es
una bebida refrescante (también postre), preparada
con agua, azúcar y chufas. Las chufas son unos
pequeños tubérculos subterráneos con forma de nudos
que proceden de las raíces de la juncia avellanada (Cyperus
esculentus) que se llama así por la forma de su
fruto parecido a la avellana.
La chufa era muy usada en tierra de Egipto y se han
encontrado jarrones con chufas en las tumbas de los
faraones. Asimismo, diversos autores persas y árabes
mencionaban ya en sus escritos los beneficios
digestivos y desinfectantes de la chufa. En aquella
época se utilizaba como bebida medicinal ya que es
muy beneficiosa para la salud por ser altamente
energética y diurética, la horchata es rica en
minerales y vitaminas, entre los que destacan el
fósforo, el potasio y las vitaminas C y E. Pero, fue
especialmente en el siglo VIII, cuando los árabes
introducen su cultivo en la zona mediterránea;
denominándola «leche de chufa», antecedente directo
de lo que más tarde pasó a llamarse horchata, siendo
la huerta de Valencia muy apropiada para su cultivo,
ya que requiere tierra suelta y arenosa así como
temperaturas suaves.
Una leyenda popular dice que su nombre proviene de
los tiempos de la conquista de Valencia. La bebida
fue ofrecida al rey de la corona aragonesa Jaime I
el Conquistador en la entrada de Valencia por una
moza de las huertas valencianas. Al probar su sabor,
Jaume contestó «Això és or, xata», que significa «Esto
es oro, chata». Sin embargo esta pintoresca historia
es falsa. La etimología auténtica nos lleva al latín
hordeata, de hordeum, que significa cebada.
Originalmente, pues, la horchata era un agua de
cebada. Con el tiempo, el nombre se aplicó
exclusivamente a la elaborada con chufa.
Elaboración [editar]La elaboración de la horchata
empieza con el lavado del tubérculo, posteriormente
pasando a un molino para su trituración, se deja un
tiempo en maceración, se prensa varias veces y se
obtiene el extracto final. Para finalizar el proceso
se le añade azúcar y se vuelve a tamizar.
Información nutricional de la horchata de chufa (por
100 ml)
Es rica en minerales, como el fósforo, el calcio, el
magnesio y el hierro, y en vitaminas, entre las que
destacan las vitaminas C y E. También aporta
numerosas enzimas que facilitan la digestión.
Su valor energético (100
kcal/100 g) la convierte en una buena bebida
energética. Contiene bajo sodio. No contiene
lactosa ni caseína ni gluten.
Existe un Consejo
Regulador de la Denominación de Origen en la
Comunidad Valenciana, que garantiza la procedencia y
elaboración de esta bebida.
RECETA
DE HORCHATA
1 Kg. de chufas
¼ Kg. de azúcar
4,5 litros de agua mineral
PREPARACIÓN
Lavar bien las chufas en varias aguas. Cuando
estén completamente limpias, dejarlas en remojo en
abundante agua fría durante un período de 12 a 14
horas.
Pasado ese tiempo, volver
a lavarlas bien, cambiando el agua hasta que salga
completamente clara y escurrir las chufas.
Machacarlas en la trituradora adecuada.
Añadir a la pasta que
hemos hecho antes 1,5 litros de agua, dejar reposar
unos 10 min. en lugar fresco. Seguidamente, pasarlo
por un lienzo fino, previamente humedecido con agua
y retorcerlo hasta sacar todo el jugo posible.
Seguidamente repetir el paso 5 y 6 dos veces más.
Incorporar el azúcar,
removiendo bien para que se disuelva completamente,
con un utensilio de madera. Se obtiene así un
liquido lechoso que se pone en la nevera para
servirlo bien frío, en botellas de cristal tumbadas.
La horchata de chufas
también se puede servir granizada, helándola como
haríamos con un mantecado, teniendo la precaución de
remover de vez en cuando para romper los cristales
que se forman hasta lograr el granulado deseado.
En el instante de tomarla batirla 15 segundos en la
batidora si no es granizada, si es en granizada
batirla solo 5 segundos.
NOCIONES BÁSICAS SOBRE EL MUNDO DEL VINO.
A continuación
plantearemos algunas preguntas (y sus respuestas)
que suelen hacerse los que se empiezan a interesar
por el mundo del vino.
¿Cuántos vinos deben servirse a lo
largo de una comida?
En un almuerzo o cena
informal lo normal es tomarse sólo un vino, pero en
las comidas especiales, en celebraciones, deben
servirse al menos dos, blanco y tinto (por este
orden). Cada uno debe tener su propia copa.
¿Qué vino debe acompañar a cada plato?
Sobre gustos no hay nada
escrito y cada cual puede elegir según sus
preferencias, pero es verdad que unos vinos van
mejor con unas comidas que otros. A grandes rasgos
podemos decir que es preferible beber:
-
Los tintos con crianza en
madera (crianzas, reservas y grandes reservas) casan bien con aves,
carnes rojas y carnes de caza mayor, o platos de elaboración más
compleja.
-
El champán o cava se sirve
con los aperitivos. También puede ser un excelente acompañante de toda
la comida, siempre que sea Brut, Extra Brut o Brut Nature (esto es , muy
seco). El término Seco es los cavas no quiere decir que realmente lo
sea, son mucho más dulces que los que los tipo Brut.
¿Cómo deben ser
las copas?
Lo ideal es que sean finas
y transparentes (para apreciar el color) y curvas,
un poco cerradas en la parte superior, para retener
el aroma. El pie será largo, para no calentar el
líquido. Las de blanco suelen ser en forma de tulipa,
y las de tinto más redondeadas. Las copas de colores
no son recomendables.
¿A qué temperatura debe servirse?
Ninguno demasiado frío. El
vino blanco y el rosado se sirven frescos (entre 6 y
10 grados), al igual que el cava. El tinto se sirve
a temperatura ambiente, pero cuidado con esta
expresión; se empezó a usar cuando la temperatura en
las casas se situaba entre 14 y 18 ºC. Pero todos
sabemos que la temperatura de nuestras casas o de
los restaurantes en verano supera esa temperatura.
Si hay que enfriar o calentar, se hace lentamente.
Lo más indicado es dejar que se enfríe en un cubo
con hielo (hablamos del vino tinto), donde se
mantienen el blanco y el cava durante las comidas.
Si es necesario, también se puede temperar sobre un
calientaplatos o un radiador; pero jamás
directamente sobre el fuego.
¿Cuándo y dónde debe abrirse la
botella de vino?
En la mesa, manteniendo
quieta la botella y secando el cuello para que las
partículas de polvo o plomo no pasen a las copas. Si
se desprende corcho, será necesario verter una
pequeña cantidad con un golpe seco. Si el vino es un
tinto con crianza en barril conviene airearlo,
descorchándolo una o dos horas antes. No hay que
perforar del todo el corcho, ni olvidar cortar la
cápsula de plomo por debajo del gollete, el anillo
prominente de cristal (para evitar la caída de
partículas de plomo en la copa).
¿En qué orden deben servirse los
vinos?
Lo correcto es beber antes
los blancos que los tintos, los fríos que los
templados, y los de baja graduación que los de alta.
¿Qué diferencia existe entre un
crianza, un reserva y un gran reserva?
Un tinto de Crianza es el
que ha pasado un mínimo de 6 meses en barrica de
roble y un año o año y medio en botella. . Un
Reserva es el que ha pasado un año en tonel de roble
y dos en botella. Por último, un Gran Reserva es un
vino que ha estado un mínimo de dos años en el
barril y tres en botella. Las siglas C.V.C indican
que el vino es una mezcla de varias cosechas. Suele
ser más barato.
¿Dónde puede almacenarse en casa?
En lugares de humedad
constante, con luz tenue y temperatura fresca (entre
13º y 15º C). Las botellas deben colocarse en
horizontal, para mantener húmedo el corcho y que el
vino no se eche a perder.
¿Cuánto puede durar un vino?
La duración óptima de los
jóvenes es un año; dos como mucho. Los tintos de
crianza aguantan de 15 a 20 años si se tratan bien,
y pueden mejorar con el tiempo. El cava pierde
propiedades a los 6 meses.
¿Cómo saber si está en un buen estado?
El corcho debe oler
únicamente a vino: si hay algo de olor a moho, es
mal síntoma. El color es el que más delata los
defectos: un tinto amarillento indica que está en
decadencia; un rosado pálido, sin luz, que ha
perdido vigor; y un blanco con tonos rojizos o
castaños, que se ha oxidado en exceso.
¿Un vino con posos está en mal estado?
En absoluto: es bastante
normal que los vinos añejos tengan posos. En ese
caso, antes de servirlo será conveniente colarlo,
existen coladores especiales para ello - y
presentarlo en la mesa en una jarra.
¿Se puede brindar con vino?
Sí, pero alzando la copa,
no chocándola: el vino pasa mucho tiempo en reposo y
pierde propiedades al agitarse. Se aspira el olor
moviendo levemente la copa y se bebe a pequeños
tragos, mascándolo.
VINOS DE
ALGUNAS PARTES DE ESPAÑA
Vinos de Galicia
El vino de Galicia está
marcado por unas condiciones climáticas que lo
diferencian con el de otras regiones de España. La
elevada pluviosidad de esta comunidad hace que sus
caldos presenten una característica ligereza y
acidez al no llegar la uva a obtener dosis altas de
azúcar. A pesar de ello, la tradición histórica del
viñedo en esta zona es muy antigua y la calidad de
los vinos incontestable.
La razón principal para la calidad de los vinos
galaicos hay que buscarla en la enorme categoría de
algunas de sus variedades de uva: la albariño, la
treixadura y la godello entre las blancas y la
mencía entre las tintas.
Cinco son las regiones con Denominación de Origen (D.O)
en territorio gallego:, Ribeiro, Rías Baixas,
Valdeorras, Ribeira Sacra y Monterrey.
Históricamente, decir vino de Galicia significaba
hablar de Ribeiro. Ésta D.O, situada en la parte
occidental de la provincia de Orense, ha sido
siempre popular por elaborar vinos blancos ligeros,
frescos, secos y aromáticos, de elevada acidez;
vinos excelentes para el alterne y la mesa.
La D.O Rías Baixas se caracteriza por elaborar casi
exclusivamente vinos blancos (lógico por la
influencia atlántica que hace muy elevada la humedad
de esta zona de la provincia de Pontevedra).
Destacan entre ellos los monovarietales a base de
Albariño, que dan lugar a uno de los mejores y más
elegantes vinos blancos del mundo. Se caracterizan
por sus aromas frutales y florales, su equilibrada
acidez, su ligereza y moderada graduación alcohólica,
lo que los hace complemento ideal de pescados y
mariscos. Los más reputados de estos albariños
suelen ser los fermentados en barrica, con fama de
grandísima calidad, no sólo en España, sino también
a nivel internacional.
La región D.O Valdeorras se extiende por tierras de
la provincia de Orense. Si hay algo diferencia a
estos vinos de los demás vinos de Galicia es su
mayor graduación alcohólica y menor grado de acidez
por su situación microclimática más continental, con
lo que los valores pluviométricos son aquí más bajos.
Destacan en ella los vinos elaborados a base de la
cepa autóctona más antigua del país, la godello; uva
blanca que da lugar a caldos de fino aroma afrutado,
con una acidez natural bastante alta pero muy
equilibrados al paladar. En cuanto a los tintos,
destacan los que se elaboran con la variedad mencía,
que da lugar a uno de los mejores vinos jóvenes de
España (tampoco envejece mal).
La D.O. Ribeira Sacra se extiende por el S de la
provincia de Lugo y el N de la de Ourense. Es de
resaltar la dureza con la que se realiza el cultivo
de sus uvas, ya que los viñedos se ubican en
aterrazamientos escarpados con lo que la vendimia es
realmente difícil. La modernización se va asentando
en la zona y se empiezan a hacer vinos de mayor
calidad y marcada personalidad. Se trata
fundamentalmente de tintos, con la variedad mencía
como protagonista, y de blancos, con la albariño o
la godella, que no desmerecen a los tintos.
La D.O. Monterrei , en la parte oriental de Ourense,
se caracteriza por la elaboración de vinos blancos y
tintos ligeros, de moderada graduación alcohólica,
frescos y frutales. Las variedades más usadas son la
tinta mencía y las blancas treixadura y verdello.
Vinos del País
Vasco
A pesar de la dificultad
que tiene la vid para aclimatarse a la zona de la
Cornisa cantábrica, entre las montañas y el mar, en
las provincias vascas de Vizcaya y Guipúzcoa
históricamente se ha cultivado la vid. Eso sin
contar las tierras de la Rioja Alavesa, marco de
elaboración de algunos de los mejores vinos del
mundo.
En la zona cantábrica vasca se han elaborado
históricamente los tradicionales txacolíes. Dos son
las denominaciones de origen que amparan este vino
tan característico: D.O Txacolí de Getaria y de
Bizkaia.
La D.O Txacolí de Getaria elabora vinos con las
variedades autóctonas hondarrabi zur (blanca) y
hondarrabi beltza (tinta). La mayor producción se da
en los vinos blancos, que se caracterizan por su
logrado equilibrio entre azúcares y acidez. Son
vinos jóvenes y afrutados, de destacada personalidad,
que se suelen servir como se hace con la sidra:
rompiéndolos en el vaso para que las notas
carbónicas, que le dan una ligera aguja, desprendan
sus delicados aromas varietales.
Son vinos muy comunes en el tradicional chateo y
también suelen acompañar perfectamente a pescados y
mariscos.
La D.O Txacolí de Bizkaia presenta características
idénticas al de Getaria en cuanto a variedades y
características de los vinos elaborados.
La Rioja Alavesa se suele analizar como parte de la
Rioja, pero geográfica y administrativamente
pertenece al País Vasco. Es por ello que hacemos
aquí un breve comentario de esta subzona
caracterizada por su microclima de veranos suaves y
breves inviernos, de tierras accidentadas y
calcáreas de escasa fertilidad que son el perfecto
marco para el desarrollo de la variedad de uva más
popular en el territorio español: la uva tempranillo.
Pero no podemos hablar de un vino característico de
esta subzona porque es moneda corriente en las
bodegas de toda la Rioja el denominado coupage o
mezcla de vinos de las tres partes en las que se
divide la D.O. Rioja.
Vinos de La Rioja
En la actualidad, a
comienzos del s. XXI, hablar de vino español es
hablar de vino de Rioja. La D.O.C Rioja (Denominación
de Origen Cualificada, la única así considerada en
toda España) se ha convertido en la abanderada de
los vinos españoles a nivel nacional e internacional.
Aunque históricamente La Rioja siempre fue tierra de
vinos, no es hasta la crisis de la filoxera en
Francia en el s. XIX cuando esta región empieza a
elaborar vinos de calidad, siguiendo procedimientos
de elaboración usados en las comarcas francesas (técnicas
propias de los châteaux bordeleses), a fin de
abastecer los mercados del país vecino. Tras un
periodo de decaimiento, es en las últimas décadas
cuando esta región ha resurgido con todo su
potencial pasando a convertirse en la referencia de
los vinos tintos de calidad, sobre todo los vinos
con crianza en barril.
La región engloba tres subzonas, cada una con sus
peculiaridades edafológicas y climáticas. Hablamos
de: La Rioja Alavesa, La Rioja Alta y La Rioja Baja.
Trasladadas, sin embargo, al vino, las tres Riojas
nos significan mucho ya que es moneda corriente la
mezcla de vinos de las tres procedencias.
La característica básica de sus vinos es la de tener
como uva base la variedad tempranillo (que en esta
región se desarrolla en su mejor expresión), tanto
en sus monovarietales como en sus coupages (mezcla
de vinos procedentes de diferentes variedades), con
la que se consiguen crianzas y reservas que se
cuentan entre los mejores del mundo.
Otras variedades con las que suele acompañar a la
tempranillo suelen ser graciano, mazuelo y garnacha.
La primera aporta brillo al color y gusto afrutado,
la segunda taninos tan necesarios para el
envejecimiento, la tercera cuerpo y grado alcohólico.
A pesar de los problemas que la región pueda tener
relacionados con la competencia de las nuevas
regiones productoras nacionales o el exceso de
tamaño y falta de la necesaria calidad de algunos de
los vinos elaborados con este nombre (que hacen
difícil la competencia en un mercado cada vez más
exigente), la D.O Rioja está consiguiendo conservar
una línea de elaboración clásica para mantener a sus
fieles consumidores a la vez que crear una nueva que
se ajusta más al gusto del público actual. Todo esto
garantiza un futuro prometedor a la región.
Vinos de Navarra
y Aragón
La cuenca del río Ebro es
el marco en el que se encuadran las comarcas vitivinícolas
navarroaragonesas. Todos los vinos producidos en este territorio tienen
en común su dilatada presencia histórica y su cada vez mayor prestigio,
aunque presentan bastantes aspectos que los diferencian.
La D.O. Navarra se ha
enfrentado en las últimas décadas a la difícil empresa de encontrar una
personalidad propia que la defina frente al enorme potencial de su
vecina y competidora Rioja. En un primer momento, su opción fue la de
apostar por los vinos rosados ligeros con fundamento en la uva garnacha,
que se adueñaron del mercado de los vinos frescos, aptos tanto para el
chateo como para las comidas veraniegas. Sin embargo, con la aparición
de rosados de calidad en otras zonas, Navarra se ha visto en la
necesidad de iniciar la aventura de los tintos de crianza, con
variedades como la comentada garnacha más la tempranillo, la cavernet
sauvignon y otras, buscando diferenciarse de su vecinos riojanos (en
algunos casos con notable éxito). Otro camino ha sido el de crear tintos
jóvenes de garnacha mediante maceración carbónica, al estilo de los
populares Beaujolais franceses.
Los vinos de Aragón, tras
una dilatada andadura, se han convertido, por méritos propios, en un
referente dentro del marco vinícola nacional. Cuatro son las regiones
con Denominación de Origen (Campo de Borja, Cariñena, Calatayud y
Somontano), la más popular de todas ellas Somontano, a cuyo éxito se han
sumado las restantes luchando para que sus vinos gocen de la misma fama.
La D.O. Somontano ocupa una
comarca de la provincia de Huesca, transición entre las estribaciones
pirenaicas y el río Ebro. En la última década se ha convertido en una de
las zonas vinícolas más atractivas para los amantes del vino (a nivel
nacional e internacional), gracias por un lado a la notable calidad de
la mayor parte de sus vinos y por otro a la enorme variedad de tipos y
estilos que allí se hacen. Es una zona vinícola de prestigio a la que no
es fácil colgar una 'etiqueta' determinada: tanto blancos, como tintos y
rosados, muestran un gran nivel. Y además, los precios de la mayoría de
sus vinos son realmente buenos, mostrando una relación calidad-precio
excelentes. Sus tintos (elaborados con las variedades garnacha y
tempranillo o con las locales moristell o parreleta, así como las cada
vez más comunes y exitosas cepas foráneas francesas) presentan una gran
estructura y riqueza de aromas, son elegantes y, en muchos casos, tienen
una excelente vida por delante. En los blancos también se está dando la
tendencia a introducir variedades foráneas (chardonay,
gewurtztraminer...) que mejoran los blancos caracterizados por el
afrutamiento que proporciona el uso de la tradicional macabeo y el
frescor y acidez de la autóctona alcañón. Sus bodegas más importantes
(Enate, Viñas del Vero y Bodegas Pirineos) se están convirtiendo en
referencia en el competitivo mercado de los vinos.
La D.O. Campo de Borja se
extiende por tierras del Ebro en la provincia de Zaragoza. Esta comarca,
como otras de la región, tiene una tradición vitivinícola que se remonta
a muchas siglos atrás (monasterio de Veruela). Los tintos y rosados
procedentes de la uva garnacha (es obligatorio un mínimo de un 50 % de
esta variedad según establece el reglamento de la D.O) son vinos muy
equilibrados, con cuerpo, enérgicos pero singulares y de buena
graduación alcohólica. Los rosados y los blancos viura son afrutados y
de hermoso color.
La D.O. Calatayud se
encuentra en el S.O de la provincia de Zaragoza. Sus vinos son más
suaves y de menor graduación alcohólica que los de las comarcas vecinas.
Aquí también es la garnacha la protagonista junto con otras variedades
españolas y francesas.
La D.O. Cariñena también se
encuentra en la provincia de Zaragoza. Es la más antigua de Aragón y una
de las más históricas de España (la producción de vinos se remonta a la
época romana). A sus vinos, además de los robustos con elevada
graduación alcohólica para su público más fiel, se les están sumando
otros más afrutados, sabrosos, con buen equilibrio y una graduación
alcohólica no tan elevada, más adecuada a los gustos del nuevo
consumidor. Su variedad principal también es la garnacha, acompañada de
otras uvas mejorantes que le dan nuevos matices a sus caldos. Todas
estas innovaciones en la zona se ven reflejadas en un incremento de las
ventas en los mercados nacionales e internacionales.
Vinos de Cataluña
Cataluña es, junto con Andalucía, la región con
mayor tradición vitivinícola de España. Griegos y
romanos introdujeron la práctica de la viticultura;o
en la Edad Media los monasterios catalanes
continuaron con esta tradición productora de vinos (
a ellos se debe, en buena parte, la aclimatación de
algunas cepas nobles que más tarde pasarían a
Francia y llegarían a ser con el tiempo las madres
de los vinos más apreciados del mundo -por ejemplo,
la cabernet-sauvignon-). Es cierto que la cultura
del vino decayó en siglos posteriores, pero en este
siglo se ha producido un despertar vitícola en
Cataluña, en gran parte debido a la introducción en
siglo pasado del método champenoise para la
elaboración de vinos espumosos que dio lugar a la
creación del cava.
El momento actual nos presenta a unas nuevas
generaciones de bodegueros que empiezan a sacar al
mercado todos los conocimientos que han heredado de
sus antecesores, unidos a los que han obtenido en
sus estudios por todo el mundo. Con todo ello, el
potencial de esta comunidad parece imparable:
gracias a la extensión de su viñedo, tiene una gran
diversidad de elaboraciones y una gama muy completa
de todo tipo de vinos. Esto le ha hecho valedor de
un gran prestigio, tanto nacional como internacional,
en un corto espacio de tiempo; prestigio que va en
aumento, no sólo ya por sus cavas y blancos
tradicionales, sino también por los soberbios tintos
que han traído la modernidad y el interés por los
experimentos realizados con cepas foráneas nobles.
Estamos ante la región con más denominaciones de
origen, para un total de once. A continuación
pasaremos revista a estas denominaciones.
La D.O. Penedés, en las provincias de Barcelona y
Tarragona, ha sido siempre la de más prestigio
nacional e internacional de la región. La razón de
esta popularidad: sus famosos blancos frescos,
afrutados y aromáticos, que constituyen la base de
sus cavas, (con las variedades blancas autóctonas
catalanas macabeo, xarel.lo y parellada). Pero no
sólo estos vinos espumosos son reseñables. En los
últimos años se han destapado vinos tintos de una
calidad excepcional, de suavidad aterciopelada,
finura y excelentes condiciones para el
envejecimiento de variedades francesas como la
cavernet sauvignon o la muy hispana tempranillo (conocida
como ull de llebre en Cataluña), que han cambiado la
imagen de la denominación de origen. Fundamental en
la expansión de la comarca ha sido la acertada
dimensión de sus bodegas insignias. Quién no conoce
marcas como Codorniú, Freixenet o Torres..
La D.O. Priorat, en Tarragona, es especialísima
porque elabora unos vinos únicos en el mundo, de una
elevada graduación alcohólica, sumamente oscuros,
densos, robustos y contundentes, con aromas muy
particulares. Se hacen con las variedades garnacha y
cariñena, con el apoyo estratégico de otras uvas
nobles como la merlot, la syrah o la cabernet
sauvinon. Son vinos que en el momento actual se
encuentran en boca de todos, tanto a nivel nacional
como internacional, incluso de aquellos que todavía
no los han probado, puesto que han sabido crear una
imagen de excelencia que hace que los consumidores
estén dispuestos a pagar los altos precios que los
caracterizan. Este alto valor de sus vinos parece
que va a ser reconocido a nivel oficial en breve con
la aprobación del estatus de Denominación de Origen
Calificada por parte del gobierno español (sólo La
Rioja lo tiene hasta ahora), lo que habla de la
importancia que han alcanzado.
El resto de denominaciones de origen hasta completar
las once son: D.O. Ampurdán-Costa Brava en Girona.
Tradicionalmente ha destacado por elaborar rosados
ligeros y frescos así como tintos jóvenes afrutados,
los famosos Vi de l'Any, con las tintas garnacha y
mazuela.
D.O. Conca de Barberá , Tarragona. Zona de vinos
blancos, entre los que se cotizan sobremanera los
muy ligeros y transparentes obtenidos de la uva
parellada.
D.O. Costers del Segre, en la provincia de Lleida.
Es una región con 4 subzonas que tienen en común
bastante poco, por ello lo característico de ella es
la diversidad, acrecentada por la vocación
experimental e innovadora de más de un bodeguero;
destaca sobre todo la subzona de Raimat, que produce
algunos de los mejores vinos de España, como son los
tintos Reserva varietales de cabernet-sauvignon y
tempranillo, el también varietal blanco chardonnay y
los diferentes cavas.
La D.O. Tarragona presenta dos subzonas bien
diferenciadas: el Camp de Tarragona, especializada
en blancos para cava provenientes de las tres
variedades autóctonas catalanas y la Ribera, donde
además de los blancos se hacen tintos y vinos
licorosos. Una tercera subzona era la de Falset,
ahora escindida y denominada Monsant.
D.O. Terra Alta, en la provincia de Tarragona.
Abundan los vinos de cooperativa caracterizados por
su alta graduación alcohólica, su cuerpo, firmeza y
baja acidez.
D.O. Alella, situada al norte de Barcelona. Es una
de las comarcas vitivinícolas más pequeñas de España,
pero no por ello exenta de calidad, tanto en sus
blancos hechos con las variedades locales o foráneas
francesas, como en sus tintos, de buena calidad a
partir de variedades como la tempranillo, la merlot
o la cabernet sauvignon.
D.O. Pla de Bages, en la provincia de Barcelona. Se
trata de una pequeña e histórica zona vinícola que
ha experimentado un renacimiento por el trabajo
tanto de las pequeñas bodegas familiares como las
grandes cooperativas que están experimentando con
nuevas variedades (uvas francesas que se están
adaptando perfectamente a la región) que acompañen a
las autóctonas picapoll y macabeo.
La D.O. Catalunya presenta la peculiaridad de ser la
primera denominación de ámbito autonómico. Nació con
la intención de dar cabida a distintas bodegas de
toda Cataluña que producen vinos de cierta calidad (las
bodegas Torres la más importante y principal
impulsora de la denominación).
La última de las denominaciones catalanas es la D.O.
Monsant, antes perteneciente como subzona a la D.O.
Tarragona y denominada Falset. Se caracteriza por
sus tintos concentrados y robustos de
características parecidas a los de su vecina Priorat
, hechos con las variedades populares en la zona
garnacha negra y cariñeña, así como tempranillo. Se
trata de una región de gran futuro por la calidad de
sus vinos y sus buenos precios.
Un punto aparte merece la D.O. Cava. Se produce en
diferentes municipios de varias provincias de España
(Barcelona, Tarragona, Lleida, Girona, La Rioja,
Álava, Zaragoza, Navarra, Valencia y Badajoz), pero
el grueso más importante del total de su producción
se elabora en el municipio de Sant Sadurni d'Anoia,
Barcelona. Por eso lo incluimos en este resumen
sobre los vinos de Cataluña. Se elabora normalmente
con las variedades tradicionales macabeo, parellada
y xarel-lo o la borgoñona chardonay. En la
mencionada localidad del Penedés, Sant Sadurni
d'Anoia, a finales del s. XIX, varias familias
estudiaron y aplicaron el método champenoise a las
variedades autóctonas de uva blanca, dando lugar así
a este vino espumoso, con un carbónico natural que
hace las delicias de todo el mundo y que ha
alcanzado fama internacional. Bodegas como Codorniú
o Freixenet conquistan los mercados de los cinco
continentes. Las perspectivas de futuro de estos
vinos son prometedoras puesto que (sin olvidar los
productos de baja gama por los que históricamente se
ha apostado por parte de las bodegas punteras para
ser consumidos en fechas muy determinadas -celebraciones
y Navidades-), parece que la tendencia es a elaborar
cavas de mayor calidad que no sólo se consuman al
final de las comidas sino en el transcurso de las
mismas y todo el año, no en las comentadas fechas.
Parece que el consumidor está respondiendo y la
demanda de los Brut o Brut Nature (los tipos de cava
con menor contenido de azúcar y de más calidad) va
en aumento.
Vinos del
Levante
Las dos comunidades autónomas de la zona levantina
presentan un total de 6 comarcas con Denominación de
Origen. La Comunidad Valenciana tiene tres zonas
productoras de vino: Alicante, Utiel-Requena y
Valencia. La renovación es una constante en las
bodegas y consejos reguladores. Este cambio está
dando buenos resultados, al saber entremezclar la
tradición con las nuevas técnicas de elaboración de
vinos.
La D.O. Alicante se encuentra en la provincia del
mismo nombre. Zona con gran historia, entre sus
vinos más afamados en todo el mundo están los dulces
moscateles y los fondillones pasificados elaborados
con la muy popular y mayoritaria en esta zona uva
monastrell (El Fondillón es el vino rancio típico de
Alicante, elaborado tradicionalmente con uvas
asoleadas sobre cañizos, con un proceso de
fermentación y crianza muy determinados que los
hacen ser muy peculiares, de alta graduación e
ideales para postre). También los tintos han
conseguido un gran prestigio en los últimos años
merced a la introducción de nuevas variedades que se
han adaptado muy bien a las estupendas condiciones
climáticas y de suelo de la zona.
La D.O. Utiel-Requena se sitúa en el interior de la
provincia de Valencia. Se elaboran tintos y rosados
principalmente, que tienen como uva principal la
tinta bobal, variedad autóctona que caracteriza la
región puesto que es una de las pocas zonas
productoras del mundo que cultiva esta uva. Sus
tintos son de mucho cuerpo y color, buena acidez y
ligeros de alcohol. Las buenas condiciones para el
cultivo de la vid de esta región hacen que, junto
con la gran renovación que se está produciendo en
las bodegas, sus perspectivas de futuro sean muy
buenas.
La D.O. Valencia se divide en cuatro subzonas que se
extienden por la provincia del mismo nombre. La gran
variedad en las características de estas subzonas
hace muy difícil hablar de unos rasgos comunes. Los
tradicionales moscateles, vinos amistelados, dulces
y de excelente envejecimiento en madera, se dan en
la subzona Moscatel de Valencia. Los blancos de cepa
merseguera, afrutados, ligeros y aromáticos, se
encuentran en el Alto Turia, aunque también en las
subzonas de Glariano y Valentino. Los tintos de uva
local monastrell, con su fuerte color y su buen
cuerpo, se dan en Glariano. Finalmente, los rosados
de Glariano y Valentino, recientemente considerados
con frecuencia entre los mejores de España, en buena
medida porque, además de la tradicional garnacha,
emplean la excelente uva local bobal, con el
resultado de unos vinos fragantes, afrutados y
aromáticos, muy al gusto europeo.
Los vinos de la Comunidad de Murcia han tenido fama
en el pasado de ser recios, duros al paladar y
alcohólicos. Pero hoy día ésta no es la tónica que
caracteriza sus vinos. Se apuesta por la frutosidad
y la potencia de aromas en sus afamados jóvenes y el
buen ensamblaje de la barrica en sus crianzas.
Tres son las Denominaciones de Origen de la región:
Jumilla, |