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HISTORIA DE LA MÚSICA
Sigue los demás
apartados sobre la Cultura Española a pie de página
Concepto E HISTORIA de LA
Música
La palabra Música procede del latín Musica, derivada, a su
vez, del griego Mousike, palabra esta última que tenía en su
origen dos significados: uno general que abarcaba todo lo
relacionado con la educación del espíritu (colocada bajo la
advocación de las nueve Musas o diosas de las artes), que se
complementaba con la educación física o gymnastike, y otro
específico de arte sonoro, que es el que ha llegado hasta
nosotros.
La dificultad para definir la música ha sido siempre
proverbial. Ya Aristóteles llegó a la conclusión de que,
aunque la noción de Música era comprendida por todo el
mundo, resultaba extremadamente difícil llevar a cabo una
definición. No obstante, podemos definir la música como el
arte que se ocupa del material sonoro y de su distribución
en el tiempo. La unidad mínima de la organización musical es
la nota, un sonido con un tono y una duración específicos,
de cuya combinación surgen melodías y acordes. La
organización de la música implica por lo general la
presentación de un material básico que podrá luego repetirse
con precisión o con cambios (variaciones), alternarse con
otros materiales o seguir actuando continuamente para
presentar nuevo material.
Tenemos, por lo tanto, dos componentes básicos dentro de la
música: el sonoro y el temporal que se presentan unidos de
forma inseparable, tanto en la creación como en la ejecución
y en la audición. Junto con ellos, es preciso tener también
en cuenta el componente intelectual, es decir, cómo influye
la música sobre el estado de ánimo de los oyentes.
Estos tres componentes, los dos primeros referidos a la
música en sí y el tercero a su influencia sobre el oyente,
han recibido diferente importancia en los autores que se han
preocupado de la materia. Algunos, como San Agustín o San
Isidoro, han hecho hincapié en el primer aspecto (Ciencia de
bien medir será la definición de San Agustín y Ciencia de
armonía medida la de San Isidoro), en tanto que otros han
considerado más importante el segundo. Este es el caso del
filósofo y compositor Jean-Jacques Rousseau que definió la
música como "Arte de expresar determinados sentimientos de
un modo agradable al oído" o el compositor Héctor Berlioz
que la definió como "Arte de conmover por la combinación de
los sonidos a los hombres inteligentes y dotados de una
organización especial".
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Filosofía y
Estética de la Música
Es la disciplina que se ocupa del estudio histórico de las
distintas formas en las que se ha entendido la música, es
decir, de la evolución histórica del concepto "música".
A lo largo de la historia, han sido diversas las maneras en
las que los compositores y escritores que se han ocupado de
la música la han definido, aunque, básicamente, quepa
distinguir dos tendencias.
La primera de ellas, procede de la filosofía pitagórica y
considera que la música está relacionada con las
matemáticas, dado que se basa en correspondencias numéricas
que se muestran en las distancias entre las notas y la
longitud de las cuerdas en los instrumentos. Dichas
correspondencias no serían sino el reflejo de la armonía
universal, que se basaba toda ella en la proporción
matemática. A causa de esto, se suponía también la
existencia de una música cósmica, la "Armonía de las
Esferas", que sería el sonido que harían los astros al
girar.
La segunda de las tendencias se pone, por el contrario, en
el lado del oyente y considera fundamental la capacidad de
conmover de la música. La conciencia del poder de la música
llevará a numerosos autores a clasificar melodías e
instrumentos según el tipo de sentimiento que puedan
despertar en el oyente e incluso a buscar modelos de música
adecuados para cosas tan diversas como la educación o la
medicina.
Estas dos ideas, adoptadas por el Cristianismo, permanecerán
en la formación de los músicos hasta entrado el siglo XVIII.
La segunda tendrá una importancia especial, toda vez que se
verá influida por la idea de que el arte debía imitar a la
Naturaleza, que será la base de la teoría artística europea
hasta comienzos del siglo XX. El resultado es que la música
será considerada como un arte de importancia secundaria, que
debía ir subordinada a un texto al que se limitaría a
ilustrar. Las causas de esto son dos: la primera, la escasa
capacidad de la música para imitar, salvo ruidos concretos y
de forma muy limitada, y la segunda, relacionada con la
capacidad de conmover, el poder que la música podía llegar a
tener sobre el alma. Todo ello hace que se considere a la
música como un arte potencialmente peligroso, ya que no se
dirigía al intelecto, sino al sentimiento del hombre. Por
ello, se la subordina al texto y se compara su papel con el
del color dentro de un cuadro. Dentro de esta tendencia cabe
citar a escritores tan distantes en el tiempo como San
Agustín, Leibniz o Rousseau, que incluso llegó a componer
una ópera en la que ponía en práctica su teoría.
Por otra parte, la idea pitagórica hará de la música una
rama de las matemáticas y, como tal, se enseñará en la
Universidad desde la Edad Media dentro de las Artes
Liberales que integraban el Quadrivium, Aritmética, Música,
Geometría y Astronomía. Más delante, teóricos como Gioseffo
Zarlino y compositores como Jean Phillipe Rameau o Johann
Sebastian Bach continuarán en la estela del pitagorismo. De
la mano de éstos, comenzará a extenderse la música
instrumental.
Ya a finales del siglo XVIII, el inicio de las corrientes
filosóficas que darán lugar al Romanticismo y la importancia
que conceden a lo irracional se plasmará en una
consideración completamente opuesta: la música ahora pasa a
ser la más importante de las artes por cuanto habla al
sentimiento y no a la razón y con ello apela a lo más
profundo del ser del hombre. En palabras de Schopenhauer,
uno de los muchos filósofos que, ya en el siglo XIX, se
ocuparon del tema, "La música expresa lo que hay de
metafísico en el mundo, la cosa en sí de cada fenómeno".
Esta idea será la que predomine a lo largo de todo el siglo
XIX.
A comienzos del siglo XX, la gran ruptura que supone el arte
de vanguardia llevará a una diversificación de teorías en
las que, no obstante, será posible observar atisbos de las
tendencias básicas ya mencionadas, así como de la concepción
romántica de la música. Así, el formalismo de la obra de
Stravinsky es heredero de la corriente pitagórica en tanto
que la música como sentimiento pervive en la obra de Richard
Strauss.
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música y los cantantes
Crítica Musical
Forma parte de la Estética de la Música y se ocupa de juzgar
tanto la composición como la ejecución de la música. Está
relacionada, además, con la industria musical, dado que
surge durante el siglo XVIII al calor de los primeros
conciertos públicos y de las primeras publicaciones
periódicas y se desarrolla a lo largo de los siglos
siguientes.
Historia
breve de la Música Occidental
Se conservan testimonios referidos a la música desde las
civilizaciones más antiguas, aunque de ninguna de ellas nos
ha llegado testimonio práctico alguno. Sí se conservan, en
cambio, instrumentos y escritos sobre música que dan una
idea aproximada de la práctica musical de estas
civilizaciones (Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma). Se ha
conservado alguna composición aislada, aunque la
transcripción al sistema de notación actual resulta siempre
problemática. La música de Egipto y Mesopotamia es
desconocida en buena medida. Algo más se sabe de la griega y
la romana, descendiente directa esta última de la griega.
En general, nos han llegado testimonios sobre la música que
iba unida a la práctica religiosa de estas civilizaciones,
sin que sepamos nada de la música profana hasta llegar a
Grecia y a las civilizaciones antiguas que, como la china o
la hindú, han perdurado hasta nuestros días. En general,
estas civilizaciones otorgan a la música un origen divino y
la suponen capaz de poner al hombre en contacto con los
dioses, así como de curar. También es habitual, al menos
desde Mesopotamia, la idea de relacionar la música con el
ciclo de la naturaleza (las estaciones del año, el
movimiento de los astros, etc.), que se plasma de inmediato
en el tipo de escalas que emplean (escalas que se deducen de
los instrumentos conservados). Tales escalas son de cinco y
siete sonidos en los casos de Mesopotamia y Grecia, las dos
civilizaciones de las que se ha llegado a saber algo.
Los instrumentos son de tres tipos: de viento (flautas por
lo general), arpas de cuerda y, sobre todo, gran variedad de
instrumentos de percusión. De Grecia y Roma han llegado a
nuestros días más testimonios, lo que permite conocer mayor
variedad de instrumentos, de entre ellos destacan la cítara
y la lira (ambas de cuerda pulsada) y, ya en Roma, la
aparición de instrumentos de viento fabricados en metal, así
como la aparición del órgano, todavía movido por agua.
La influencia de estas civilizaciones en la música posterior
se limitó a la teoría, dado que su tradición musical se
perdió con el paso del tiempo. Sí influyó, en cambio, el
primitivo canto cristiano, iniciado en los primeros tiempos
de esta religión, todavía en la clandestinidad y
desarrollado en las comunidades del Mediterráneo Oriental,
en especial Antioquía. Dos fueron las influencias básicas a
la hora de crear este canto: la música con la que la
comunidad hebrea entonaba los Salmos (básica en los núcleos
iniciales del Cristianismo, todavía de mayoría hebrea) y la
música de los pueblos de cultura griega que rodeaban al
pueblo judío y con el que se mezclaron pronto los primeros
propagadores del Cristianismo. Se trataba de un canto vocal,
dado que los instrumentos estaban prohibidos en el templo,
en el que se entonaban tanto los salmos bíblicos como los
himnos de nueva creación. La diferencia en la interpretación
estaba marcada por el carácter del texto, de medida fija en
los salmos y variable en los himnos. La forma de
interpretación era habitualmente responsorial: un solista
entonaba el canto y la comunidad respondía con un
estribillo.
Tras la proclamación del Cristianismo como religión oficial
del Imperio por parte del emperador Constantino (Edicto de
Milán, 312), el canto de la liturgia cristiana se difundió y
comenzó a mezclarse con las tradiciones musicales de las
diferentes regiones que formaban el Imperio. Tras la
división del Imperio llevada a cabo por Teodosio en el año
395, también el canto litúrgico se dividió en dos, una de
ellas dio origen al rito romano occidental (en cuyo seno
surgió, ya en la Edad media, en canto gregoriano) y la otra
al que fue, tras el Cisma de Oriente, rito ortodoxo
oriental.
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música y los cantantes
La
Música en la Edad Media
Abarca los siglos IV a XVI y comienza por una etapa de
orígenes (siglos VI a X) en la que se configura el canto
gregoriano (monodia) dentro de la Iglesia y en la que
aparecen los primeros ejemplos conocidos de música a varias
voces (polifonía), en general sobre temas del canto
gregoriano, que sólo se escribía para una voz (monodia).
Poco después, comienzan a aparecer los primeros compositores
profanos, los trovadores (s. XI) y troveros (trouveres)
franceses y los Minnesänger o Minnesinger alemanes (s. XII).
Todos ellos componen sus propias melodías y sus textos.
Al mismo tiempo, la polifonía religiosa va avanzando y llega
a una primera madurez en las llamadas Escuela de St. Martial
de Limoges y Escuela de Nôtre-Dame de París, en la que
destacan los maestros Leonin y Perotin. Cercana a la Escuela
de Notre-Dame (y a veces identificada con ella) se encuentra
el Ars Antiqua (Arte Antiguo, ca. 1240-ca. 1320) en la que
se desarrollan géneros como el motete y la canción
polifónica y en la que destacan compositores como Jacobus de
Lieja, Franco de Colonia o Adam de la Halle.
A continuación, nos encontramos con el Ars Nova (Arte Nuevo,
ca. 1320-ca. 1380) Tiene su centro en París y debe su nombre
a la obra del compositor Philippe de Vitry, en la que se
criticaba la forma de componer del Ars Antiqua (a la que se
da este nombre por primera vez) y se proponía la composición
a partir de un arte nuevo que buscaría una mayor dificultad
formal y que llegaría a su extremo con el Ars Subtilior
(Arte más sutil) del siglo XIV. Durante este período, se
perfecciona el sistema de escritura musical y se llega a
tales atrevimientos en la composición para la Iglesia que el
papa Juan XXII llegó a prohibir su interpretación. Ello
llevará a la composición de una música más sencilla, aunque
la orden papal no parezca haber sido obedecida de forma
total, dado que la polifonía prosiguió su desarrollo hasta
finales del siglo XVI. De entre los compositores del Ars
Nova, destacan el mencionado Vitry y Guillaume de Machaut y
de sus logros formales cabe destacar el comienzo de la
composición de misas completas. La más antigua conservada es
la Misa de Nôtre-Dame de Machaut.
En la primera mitad del siglo XIV, comienza a desarrollarse
en Italia el madrigal, género profano compuesto en principio
a dos voces que llegará hasta entrado el siglo XVII y que
logrará gran éxito, ya que se compuso, en su estilo, por
toda Europa. Es el género que marca la transición hacia el
Renacimiento.
La Música en el
Renacimiento
Se suele indicar como iniciadores del Renacimiento musical
al grupo de compositores que se encuentran en la corte de
Borgoña bajo los duques Felipe el Bueno (1419-1467) y Carlos
el Temerario (1467-1477), donde se encuentran reunidos,
entre otros, Guillaume Dufay, Pierre Fontaine, Robert Morton
y Gilles Binchois. Por los mismos años, en Inglaterra, John
Dunstable compuso según un estilo que, algo anticuado para
los compositores del continente, va a inspirarles un aire
nuevo, más sencillo, que busca distanciarse del preciosismo
formal del Ars Subtilior. Serán Binchois y Dufay los
primeros en fijarse en el modelo inglés para imitarlo. Ello
se va a traducir en una melodía más fluida y un ritmo más
sencillo, con frecuencia de danza. Se conoce a estos
compositores como Escuela Franco-Flamenca y dentro de ella
destacarán Antonie Busnois, Johannes Ockeghem en la segunda,
en la tercera Jean Mouton, Heinrich Isaak, Jacob Obrecht,
Josquin Desprez, Nicolás Gombert y Orlando de Lassus.
El viaje de muchos de estos compositores a Italia (así
Josquin, Verdelot, Lassus o Willaert) hace que su estilo
influya en el de los compositores italianos, detenidos en la
tradición del madrigal primitivo. Esta influencia se hará
palpable en la Escuela Romana que florece a mediados del XVI
y en la que destacan Constanzio Festa, Giovanni Maria
Nannino y, sobre todo, Giovanni Pierluigi da Palestrina.
Estos compositores se caracterizarán por mezclar elementos
de la tradición franco-flamenco con una sonoridad diferente,
así como por lo abundante de su producción religiosa,
adecuada ya a las normas musicales del Concilio de Trento.
Algo posterior en el tiempo y ya de transición hacia el
Barroco es la Escuela Veneciana, que se caracteriza por el
empleo de combinaciones de varios coros y por una música de
sonoridades ricas y coloristas en la que las voces humanas
se mezclan con instrumentos. Destacan en ella Cipriano da
Rore, Baldasare Donato y los dos Gabrieli (Andrea y
Giovanni).
Los problemas religiosos del Renacimiento se muestran en la
música tanto en el lado católico (como hemos visto con la
Escuela Romana) como en el protestante, donde se adaptará la
música a las necesidades del nuevo culto, que preferirá
piezas simples, de estructura sencilla y de carácter
popular. Destacan compositores como Hans Leo Hassler,
Michael Praetorius o Lukas Ossiander.
En la España del Renacimiento destaca la obra de Cristóbal
de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luis de Victoria,
tres de los principales compositores del período.
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música y los cantantes
La Música en el Barroco
El período barroco se extiende en la música entre,
aproximadamente, 1600 y 1750 y se caracteriza,
principalmente, por el empleo del bajo continuo, que
consiste en que la voz más grave de la pieza suene
continuamente y con sus notas imponga la armonía del resto
de las partes. Junto a ello, va a destacar el gusto por el
contraste, que en el campo musical se muestra en el mayor
empleo de instrumentos frente al predominio de las
agrupaciones vocales que se habían dado hasta entonces
(aunque ya en el Renacimiento se comiencen a publicar obras
para conjunto instrumental). Poco a poco, los instrumentos
van adquiriendo la misma importancia que los géneros
vocales, haciéndose finalmente independientes de éste en el
concerto grosso que enfrenta dos grupos de instrumentos, uno
más grande que otro, entre los que se busca el contraste de
sonido.
Junto a este gusto por el contraste, el interés del Barroco
por la representación y por lo espectacular va a dar lugar
al nacimiento de dos géneros de gran importancia: la ópera y
el oratorio, ambos géneros cantados en los que se desarrolla
una historia que en el segundo de los casos no llega a
representarse por ser de tema religioso y cantarse en la
iglesia. El éxito popular de la ópera hace que la música
religiosa acerque a aquella sus estructuras en géneros
preexistentes como la misa, el motete o la pasión.
Por su parte, la ópera será el mejor testigo de la evolución
de la sociedad del Barroco. Las polémicas en torno a la
licitud de la ópera como espectáculo y el nacimiento de la
ópera bufa, retrato de la sociedad burguesa que empieza a
crearse, marcan la transición hacia el Clasicismo.
En toda la música del Barroco tiene gran importancia de
llamada "Teoría de los Afectos", que pretendía que cada tipo
de música correspondía con un estado anímico diferente. Ello
se plasmará sobre todo en la ópera, pero será frecuente
también en la música instrumental, pues se asignaba a cada
instrumento una de las situaciones anímicas.
En el período barroco aparece la mayor parte de los géneros
que llegan hasta el siglo XX. Así, además de la ópera y el
oratorio ya mencionados, surgen géneros instrumentales como
la sinfonía, el concierto, la sonata o la suite. Asimismo,
es en la época barroca cuando se consolida el sistema tonal
que ha de emplear la música europea hasta comienzos del
siglo XX.
De entre los compositores principales de este período,
destacan Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel,
Antonio Vivaldi, Henry Purcell o Georg Philipp Telemann.
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La
Música en el Clasicismo
El Clasicismo abarca aproximadamente la segunda mitad del
siglo XVIII y supone el período que en el resto de las artes
es conocido como Neoclasicismo. En música, al no existir
apenas vestigios musicales de la antigüedad grecorromana, se
emplea el término Clasicismo y se toma como referencia su
doctrina estética: medida, número y orden son los cánones
clásicos de la composición. Se pretenderá imitar la
naturaleza incluso en la música; para ello, se tiende a la
simplicidad de formas y a la claridad de líneas.
Desde el Barroco, se llega hasta el Clasicismo a través del
llamado Período Galante, que se oponía a la rigidez y la
complejidad del Barroco y buscaba una música fácil de
comprender en la que la melodía tenía un papel principal.
Esta facilidad da paso a la claridad de líneas mencionada,
claridad que no significa falta de sentimiento, muy al
contrario, pronto serán evidentes en la música las huellas
del movimiento poético Sturm und Drang (Tormenta e Impulso)
que se plasmarán en el llamado Estilo Sentimental que
primará en la música de la Escuela de Manheim. Finalmente,
se entiende por Clasicismo Pleno el que abarca los años de
Haydn, Mozart y Beethoven, que constituyen la llamada
Primera Escuela en Viena.
En los géneros se producen algunos cambios y mientras
desaparecen la suite y el concerto grosso y cristalizan la
sonata y la sinfonía, se mantienen la ópera, el oratorio,
aunque con transformaciones debidas a los cambios en los
gustos del público, que se diversifica y busca también
argumentos cómicos. Asimismo, se evidencia la importancia
del público en la abundancia de música de cámara compuesta y
publicada para que los aficionados la interpretaran en
veladas domésticas.
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música y los cantantes
La Música en el
Romanticismo
El período romántico abarca en la música desde 1800, fecha
de la Primera Sinfonía de Beethoven, hasta 1914, fecha del
inicio de la Primera Guerra Mundial. Beethoven será el autor
que sirva de bisagra entre el Clasicismo y el Romanticismo,
pues su formación y buena parte de su obra serán clásicas,
pero su actitud como artista será ya plenamente romántica.
Beethoven será, además, la figura paradigmática que sirve
como modelo a todos los románticos.
El Romanticismo se caracteriza por la búsqueda de lo
absoluto que se plasma en la reacción contra los cánones
clásicos, la prioridad de la expresión de la propia
intimidad y el deseo de conmocionar afectivamente al
público. La mencionada búsqueda de lo absoluto se plasma en
la consideración de la música como un lenguaje privilegiado
capaz de llegar al sentimiento sin pasar por la razón. De
esta manera, la música instrumental tendrá gran desarrollo,
marcado en buena medida por el deseo del compositor de
hacerse con un lenguaje propio, aunque la música vocal
conozca también un auge merced a la importancia que se
otorga a géneros como la ópera y la canción.
El público se convierte en árbitro del éxito. Los
compositores no escriben ya para la nobleza o la Iglesia,
sino para el gran público. Al mismo tiempo, los avances
tecnológicos en el campo de los instrumentos musicales les
otorga una mejor sonoridad y una mayor capacidad técnica. El
piano será el instrumento más afectado por estas mejoras y,
a la vez, el que tenga un mayor éxito social, tanto en salas
de concierto como en salones particulares.
Los compositores van a buscar un estilo que les distinga y
para ello harán un uso muy personal de los procedimientos de
composición heredados del Clasicismo. Ello redundará en una
debilitación del sistema tonal que se había creado a partir
del Barroco.
El Romanticismo se inicia, musicalmente hablando, en la
Viena de principios del XIX para acabar alcanzando a Europa
entera y a los puntos más europeizados de otros continentes
y se caracterizará por los contrastes: el intimismo de la
música de cámara o la canción junto a lo aparatoso de la
ópera o de la gran orquesta sinfónica, que aumenta cada vez
más a lo largo del siglo, o el universalismo y la búsqueda
de lo absoluto del genio romántico frente al interés por el
folclore que se muestra en la aparición de las escuelas
nacionalistas rusa o checa.
También será el siglo XIX el que vea el comienzo de los
estudios musicológicos de carácter histórico que permiten
conocer numerosas obras del pasado que se habían olvidado.
De entre los compositores destacan, además del mencionado
Beethoven, Franz Schubert, Robert Schumann, Johannes Brahms,
Férenc Liszt, Felix Mendelssohn, Richard Wagner, Hector
Berlioz, Gioacchimo Rossini o Giuseppe Verdi.
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música y los cantantes
La Música en el siglo XX
El siglo XX se va a caracterizar, como en el resto de las
artes, por la ruptura con la tradición cultural anterior y
por la diversidad de estilos que surge de tal ruptura.
Ya dentro del siglo XIX, comienzan a surgir compositores que
buscan un camino nuevo que se aparta de la tradición seguida
hasta aquí. Cabe destacar en este aspecto a Claude Debussy y
a Maurice Ravel, principales integrantes del Impresionismo
francés o a los compositores del Expresionismo alemán. Junto
a ellos, aparecen compositores que, como Gustav Mahler o
Richard Strauss, llevan a sus últimas consecuencias los
logros del Romanticismo en el llamado Post-romanticismo.
No obstante, esta situación se romperá con el deseo de las
Vanguardias de romper con la tradición para buscar un
sistema musical nuevo. En este campo destacarán los
integrantes de la Segunda Escuela de Viena, Alban Berg,
Arnold Schönberg y Anton Webern, que cultivarán el
Dodecafonismo o uso libre de los doce sonidos de la escala
cromática, estilo que se seguirá usando años después de la
muerte de sus primeros cultivadores. Ejemplo de estos
continuadores serán Luigi Dallapiccola y Olivier Mesiaen.
Otra forma de oposición al espíritu del Romanticismo es el
Neoclasicismo, que surge hacia 1920 y que incluye los logros
compositivos del Impresionismo y el Expresionismo. La
actitud antirromántica se muestra en la importancia que se
da a la forma frente al predominio del sentimiento en la
música del XIX. Destacan entre sus cultivadores Igor
Stravinsky, Sergei Prokoviev, Darius Milhaud y Arthur
Honegger.
Tras la Segunda Guerra Mundial, se produce un deseo de
recuperación que se manifiesta en una creación que busca
agrupar tendencias, desde la tradición clásica a los logros
de la Vanguardia, pasando por la música ligera y el empleo
de los avances tecnológicos en el campo de la reproducción
del sonido. Será excelente ejemplo de esta tendencia el
británico Benjamin Britten, que emplea de forma ecléctica
los estilos más diversos de acuerdo con el espíritu de la
obra a la que se enfrente.
Otras tendencias de postguerra serán la Música Concreta de
Pierre Schaeffer, la Música Experimental (obras musicales
que a menudo se interrelacionan con el teatro, la danza, la
plástica y otras artes) del estadounidense John Cage, el
Serialismo en el que trabajan Geörgy Ligeti y Kristof
Penderecki, la Música Electroacústica, iniciada por Eimert y
continuada por Stockhausen o el Minimalismo de La Monte
Young, Terry Rirey, Steve Reich y Philip Glass.
A pesar de todos los cambios acontecidos, la ópera sigue
viva como género e institución. Entre sus principales
representantes están el mencionado Benjamin Britten y Hans
Werner Henze. No se trata, no obstante, de óperas
convencionales, o no siempre, sino que buscan experimentar a
la vez con las nuevas tendencias dramáticas y musicales.
Asimismo, se recurre otra vez a los antiguos géneros
(sinfonías, cuartetos de cuerda) y también a combinaciones
de los mismos, aunque sin las profusas explicaciones que la
vanguardia de los años cincuenta y sesenta, se sentía
obligada a dar para justificar su pluralidad musical.
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música y los cantantes
Elementos básicos
de la Música
Los elementos básicos de la música son aquellos que se
emplean para organizar cualquier tipo de pieza musical,
desde una melodía simple con una escala de tres notas y una
duración mínima (como sucede en la música folclórica más
simple), hasta las obras más complejas imaginables. Los dos
elementos básicos son el sonido y el ritmo. Ambos aparecen
de forma conjunta en la música ordenados a partir de
estructuras sonoras y rítmicas que son distintas en los
diferentes sistemas musicales que conviven en el mundo. Las
estructuras rítmicas básicas son el pulso y el compás y las
melódicas, la melodía y la armonía.
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música y los cantantes
Sonido musical
Características del sonido musical
En principio, todo sonido es susceptible de convertirse en
música, aunque cada uno de los sistemas musicales
correspondientes a las diferentes culturas tiende a
seleccionar un tipo de sonido en el que basar su música.
En el sistema musical occidental en el que, todavía hoy, se
mueve nuestra música, la base es el tono, que se distingue
del ruido por su autonomía sonora, esto es, porque son sus
características las que lo definen y no, como sucede con el
resto de los sonidos, su procedencia. De esta manera, en
tanto que reconocemos el sonido de una puerta al cerrarse o
el de un pájaro que canta, el tono se reconoce por la
regularidad y la altura de sus frecuencias, aunque su timbre
sí que venga determinado, en buena medida, por el del
instrumento que lo emita.
Tradicionalmente se han señalado cuatro características del
sonido musical: su altura en la melodía y la armonía, su
duración en el tiempo que dura la pieza, su intensidad en el
movimiento de ésta y el timbre, que procede del instrumento
y dará un color peculiar al conjunto en el que se integre.
Cuando dos tonos suenan a la vez, nos encontramos con un
intervalo. Los intervalos pueden medirse en unidades
llamadas cents Los intervalos más pequeños de la música
occidental, los semitonos (que corresponden a la mitad de un
tono) equivalen 100 cents, pero en otras culturas musicales
también pueden encontrarse intervalos de alrededor de 50,
150 ó 240 cents, por poner algunos ejemplos. El oído humano
puede distinguir intervalos de hasta 14 cents.
Se llama afinación al ajuste de las frecuencias y altura del
tono. Un tono en su punto concreto de frecuencias sonoras y
de altura será un sonido afinado. Para afinar los
instrumentos, se toma un nota de la escala como base. En la
tradición musical occidental, esta nota es el La de la
escala y su altura (medida en Herzios por segundo) ha ido
transformándose a lo largo del tiempo. El La actual es el
que se encuentra a 440 Herzios por segundo de frecuencia.
La afinación de dos sonidos se comprueba, por tanto, por la
igualdad de sus frecuencias. Esta comprobación es la que se
lleva a cabo en las orquestas antes de los conciertos: el
concertino de la orquesta da la nota La que sirve como base,
y todos los instrumentistas comprueban que el de sus
instrumentos coincide con el que se les ha dado.
Melodía, escala y tonalidad
La melodía es un conjunto de sonidos que forman una frase
reconocible como tal por el oyente. Forma parte de todo
sistema musical, incluso del más simple, y está relacionada,
en su origen, con el propio lenguaje del hombre (hay
estudios al respecto que la emparientan con el parloteo de
los niños que aún no saben hablar). Sus características son
diferentes en culturas, pueblos, regiones y aun clases
sociales distintas.
La escala es un grupo de notas separadas por unos intervalos
específicos que se sitúan siempre en el mismo orden y que se
agrupan en torno a una de ellas, por lo general la primera,
que constituye su centro y a la que se conoce como tónica.
De esta manera, la escala constituye un esquema básico que
se emplea al construir la música desde sus estados más
primitivos. Todos los sistemas musicales, aun los más
rudimentarios, cuentan, por tanto, con una escala que es la
base de su música.
El sistema occidental cuenta con dos escalas: una diatónica,
de siete sonidos, y otra cromática, de doce, y constituye
una octava, es decir, va desde uno de los siete sonidos de
la diatónica hasta su repetición (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La,
Si, Do). Hasta principios de nuestro siglo se entendió que
la escala cromática procedía de la diatónica y que las cinco
notas de diferencia entre ambas eran producto de la
alteración de las siete notas naturales. Ambas escalas
pueden encontrarse en modo mayor o en modo menor, según se
ordenen sus intervalos. Las siete notas que constituyen la
escala reciben el nombre de grados. Los dos más importantes
son la tónica, o primer grado, y la dominante, o quinto
grado. Su importancia reside en que la primera inicia y
concluye la escala en tanto que la segunda la divide en dos
mitades desiguales. Musicalmente hablando, la tónica supone
un punto de reposo, dado que es el límite de la escala, y la
dominante un punto de tensión, dado que está en la mitad y
entre los dos puntos de reposo. Este equilibrio entre
tensión y reposo es la base de la música occidental. El
resto de los grados de la escala ocupan su puesto en función
de estos dos.
Otros sistemas cuentan con escalas distintas que, a veces,
han influido en nuestra música, así la escala pentatónica o
de cinco sonidos propia de la música de Extremo Oriente o la
escala de tonos enteros de Oceanía que consta de seis
sonidos. Ambas escalas pueden oírse en obras de ambientación
oriental de autores como Debussy o Stravinsky.
La relación entre melodía y escala es muy cercana, dado que
la escala se deduce habitualmente de los hábitos melódicos
de un determinado sistema musical. De hecho, los modos de
cada escala (recordemos que los de la escala occidental son
el mayor y el menor) no son sino variedades melódicas muy
desarrolladas que no se pueden reducir a excepciones al
esquema que supone la escala.
En algunos sistemas musicales, las escalas constituyen
patrones fijos que no se pueden alterar de ninguna forma. En
algunos casos, es necesario que la escala comience en una
determinada nota y sólo en ella. De este modo pueden
aparecer, por ejemplo, escalas de Sol o de Re. En el sistema
occidental, en cambio, las escalas pueden transponerse a
cualquier altura tonal. Esta posibilidad da lugar a las
distintas tonalidades que no son sino la misma escala a
diferentes alturas de sonido.
Armonía
La armonía constituye la dimensión vertical de la música,
dado que aparece cuando aparecen dos sonidos o más de forma
simultánea. Cuando son dos sonidos hablamos de intervalos y
cuando son más de dos, de acordes. El desarrollo armónico
del sistema occidental ha sido mucho mayor que el del resto
de los sistemas conocidos, centrados más en aspectos
rítmicos o melódicos.
Ritmo
Se entiende por ritmo la alternancia de elementos fuertes y
débiles. El ritmo forma parte del mundo del hombre, e
incluso de su propia anatomía. En efecto, el ritmo de la
respiración o los latidos del corazón muestran ya un ritmo
dentro del que vive el hombre. De acuerdo con ello, en todas
las artes aparece un sentido rítmico que es especialmente
claro en la arquitectura, donde los espacios y los volúmenes
se sitúan de forma ordenada.
No obstante, en música el ritmo se entiende como la división
de un espacio de tiempo en partes perceptibles por el oído.
Aunque en música el tiempo se expresa básicamente mediante
las longitudes de las notas y su ausencia (silencios) y las
relaciones entre ellas, también la melodía y la armonía
influyen sobre el ritmo situando determinados elementos
sobre una parte fuerte y otros, sobre la débil. La mayor
parte de la música occidental está construida sobre una
estructura de pulsos que aparecen de forma regular.
Pulso, medida y compás
Son los elementos en los que se plasma el ritmo. El pulso es
la unidad acentual básica de una pieza. Esta unidad se
concreta en la medida, que es la forma en que se distribuyen
los pulsos dentro de un pieza determinada. Esta distribución
da importancia diferente a los pulsos, estableciendo una
diferencia entre pulsos fuertes y pulsos débiles y creando
el esquema rítmico de la pieza, que es lo que se conoce como
compás. El compás se indica al comienzo de una pieza y cada
vez que, en su transcurso, cambia la medida. La forma de
indicarlo es un quebrado cuyo numerador indica el número de
pulsos por compás y el denominador la nota que vale un
compás completo.
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música y los cantantes
Grafía musical
El método habitual para recordar y transmitir la música es
oral; la mayor parte de la música del mundo se aprende de
oído. La mayor parte de la música popular, especialmente la
de culturas no occidentales, se compone en la mente del
compositor y se transmite y memoriza oralmente. Los actos
creativos de la música incluyen la improvisación, es decir,
la creación de nueva música en el curso de la interpretación,
en general a partir de alguna estructura previamente
determinada, como las ragas de la India o los maqams del
Próximo Oriente.
Por su parte, el sistema occidental ha desarrollado, en
cambio, un complejo sistema de la notación que indica
principalmente el movimiento del sonido y el tiempo que éste
dura, con una capacidad limitada para regular otros
elementos más sutiles, como el timbre. Con todo, permite
transcribir un mayor número de elementos que el resto de los
sistemas de grafía musical. Precisamente ha sido tal
detallismo el que ha permitido el mayor desarrollo armónico
de la música occidental y, en general, una mayor libertad
creativa, pues el intérprete precisa mantener menos datos en
la memoria que en otros sistemas.
Para la expresión gráfica de los sonidos, la música emplea
el pentagrama, estructura de cinco líneas que precisa la
altura de la nota a cuyo principio se coloca una clave que
indica el nombre que toman las notas en el pentagrama.
Pentagrama y lineas adicionales

Las notas que se colocan en este pentagrama indican con
precisión tanto su altura como su duración. Lo habitual es
que aparezcan agrupadas en compases que se indican mediante
un quebrado que se sitúa a la derecha de la clave.
Claves

Además de estos elementos, el sistema occidental emplea
varios signos y frases de carácter convencional que indican
aspectos como el aumento o disminución de fuerza expresiva,
el carácter de la pieza o el fraseo, que se indica mediante
ligaduras y otros signos de articulación y acentuación.
Además de la notación general, existen diferentes signos
particulares de los diferentes instrumentos.
En la actualidad, según su altura, las notas tienen los
siguientes nombres: do, re, mi, fa, sol, la, si. Las
alteraciones de los sonidos se nombran añadiendo las
palabras sostenido (semitono ascendente) y bemol (semitono
descendente) al nombre de la nota. Si, de alterada, vuelve
ésta a su posición natural, se llama becuadro a la
alteración.
Redonda, negra y blanca.

Corchea, semicorchea, fusa y semifusa.

Silencios
Géneros y Formas
Los conceptos musicales de género y forma se hallan muy
cercanos y pueden llegar a confundirse en casos como la
sonata, que es género, pero también forma. Para
distinguirlos podemos decir que, en tanto que la forma se
refiere sólo a la ordenación del material sonoro de acuerdo
con una serie de patrones que proceden de una tradición
musical, el género abarca aspectos tan variados como la
instrumentación a la que se somete a dicho material, el
texto que se le pone, si se da la circunstancia, el lugar en
el que se interpreta, etc. De este modo, una forma como el
aria puede ser vocal o instrumental y, según lo sea, pasará
a formar parte de géneros como la ópera o el oratorio (según
su texto sea profano o religioso) en el primer caso y de una
suite o de un concierto en el segundo.
De acuerdo con los instrumentos que forman parte de ellos,
los géneros se dividen en vocales e instrumentales y, por
otro lado, en sinfónicos y de cámara.
Géneros vocales son aquellos en los que la voz humana ocupa
parte protagonista, con o sin acompañamiento instrumental,
ya solo, ya en conjunto. Los principales son la ópera (representación
dramática cantada y acompañada toda ella de música; cuenta
con una serie de géneros cercanos como la opereta, la
comedia musical o la zarzuela en los que se mezclan partes
habladas y partes cantadas), el oratorio (desarrolla una
historia de tema religioso que no se representa y que, a
veces, cuenta con un narrador; agrupa también a misas,
pasiones y otras piezas de texto religioso compuestas con
solistas, coro y orquesta), la canción y diversos géneros
corales como el motete o el madrigal.
Dentro de los géneros vocales, se distingue entre géneros
grandes (ópera, oratorio) y géneros pequeños (canción,
madrigal) en atención tanto a su duración como a los
efectivos que son necesarios para interpretarlos. No existe,
a pesar de ello, un término que englobe a estos dos.
Géneros instrumentales son los que están escritos sólo para
instrumentos. Dentro de ellos se distingue entre géneros
sinfónicos, que son aquellos que precisan de una orquesta
para su ejecución, y géneros de cámara, que son los
compuestos para una plantilla musical reducida. De entre los
primeros destacan la sinfonía (obra para orquesta en cuatro
movimientos) y el concierto (obra en tres movimientos en la
que alternan uno o varios solistas y la orquesta). Los
géneros camerísticos suelen recibir el nombre a partir del
número de sus integrantes (trío, cuarteto, quinteto, octeto,
etc.), aunque algunos reciben el nombre de su función
original (serenata, divertimento).
Por su parte, las formas musicales son patrones estilísticos
que permanecen con el paso del tiempo y que aparecen como
estructura de diferentes géneros. La más importante de todas
es la forma sonata, que se constituye a partir de un tema
inicial, al que sigue un segundo tema, un desarrollo de
ambos y una reexposición del primer tema que conduce a la
coda final y que sirve como esquema de desarrollo, por
ejemplo, a la sinfonía. No obstante, la sonata es también un
género camerístico en el que uno o dos instrumentos tocan
como solistas con un tercero que les acompaña. Es el esquema
de estas sonatas el que acabará convirtiéndose en forma.
Otras formas de importancia son la fuga, el rondó, el aria y
el aema con variaciones.
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música y los cantantes
Estilos Musicales
Dentro de nuestro sistema musical, a partir del siglo XIX,
se han ido creando una serie de estilos que proceden ya del
cruce de nuestro sistema clásico con otros sistemas
musicales ya con un deseo de novedad. Se conoce a éstos por
estilos populares tanto por su origen como porque forman la
base del estilo internacionalmente reconocido como tal.
Los principales estilos son el country, que procede de la
música que los emigrantes irlandeses y escoceses de los
estados del Medio Oeste norteamericano, el jazz y la música
afroamericana, que surge del contacto entre la s los
esclavos africanos del sur de los Estados Unidos y el estilo
clásico, la música afrocaribeña, el rock, el pop y el folk,
los tres derivados de los anteriores a partir de diferentes
fusiones y transformaciones derivadas tanto de fenómenos
musicales como de acontecimientos sociales. De ellos derivan
otros estilos que, a veces, suponen una fusión de varios de
los principales. Por otro lado, estos estilos han influido
también en la evolución del estilo clásico. La
característica principal de estos estilos es su difusión más
allá de su ámbito original.
Por otro lado, encontramos también estilos que no se han
apartado de sus orígenes ni en lo que a su sonido se refiere
ni en cuanto a su lugar de cultivo. Es el caso del flamenco
y de la música étnica.
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música y los cantantes
Enseñanza de la Música
Todos los elementos materiales de la música tienen en su
sistema técnico una traducción oral y otra gráfica, así como
también un léxico y una escritura propios.
En la actualidad, la enseñanza musical se lleva a cabo en el
Conservatorio y se centra en la práctica de la lectura y
análisis de partituras unida al manejo de uno o varios
instrumentos. Los niveles habituales en esta enseñanza son
dos: el primero, en el que se aprende a reconocer los signos
musicales y los principales géneros y estilos de la
tradición musical occidental. Las disciplinas principales de
esta etapa son el solfeo, que consiste en el reconocimiento
de los signos musicales y en su lectura, la armonía, que
estudia los acordes y sus relaciones, y el contrapunto, que
estudia la conducción de las diferentes voces a la vez en
sus dimensiones melódica y armónica. A estos estudios de
tipo teórico acompaña la formación técnica y de carácter
interpretativo aplicada a un instrumento.
El segundo nivel de los estudios musicales cuenta con tres
ramas principales: el perfeccionamiento en el manejo de un
instrumento, la composición en la que se busca potenciar lo
que de creativo haya en el alumno más allá de su faceta como
intérprete y la musicología, centrada en los estudios de
carácter histórico y teórico.
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música y los cantantes
Grabación y reproducción musical mecánica
Reproducción del sonido
Los primeros logros en la reproducción del sonido son los
autómatas. Se conservan noticias sobre autómatas desde fecha
tan temprana como el año 1500 a.C. en Egipto. En fechas más
cercanas, los carillones de los relojes se conocen desde el
siglo XIV y su mecanismo (un cilindro de metal con púas que
impulsa un teclado o similar que produce el sonido, tal y
como funcionan las cajas de música) permitía repetir una
serie de melodías previamente preparadas.
Posteriores son los instrumentos mecánicos, tales como el
órgano hidráulico o el organillo, para los que llegaron a
componer piezas autores de la talla de Haydn, Mozart o
Beethoven. De entre ellos destaca la pianola, que permitía
también que los autores grabaran su sonido tocando en ellas
(gracias a ello hemos conservado testimonios de la forma de
tocar de Edvard Grieg, Gustav Mahler o Claude Debussy.
A mediados del siglo XIX, se comenzó a investigar la
posibilidad de reproducir de forma mecánica el sonido real
de un intérprete, así, en 1857, el francés Léon Scott
inventó un Fonoautógrafo que no tuvo demasiado éxito. El
resultado definitivo lo obtendría Thomas Alva Edison al
inventar el fonógrafo en 1877. La grabación se llevaba a
cabo sobre unos cilindros de hoja de lata (que pronto fueron
sustituidos por otros de cera) que después reproducían lo
grabado merced a una aguja que "leía" los surcos en los que
se había registrado el sonido. El sonido era ampliado por un
altavoz con forma de embudo. Poco después, en 1888, Emile
Berliner optó por grabar sobre un disco también de cera.
Aunque ésta sería la forma que acabaría por triunfar (sobre
todo por la mayor facilidad para realizar copias), disco y
cilindro compitieron durante cerca de veinticinco años.
El aparato de Edison, perfeccionado y con un nuevo nombre,
gramófono, será ya objeto relativamente frecuente hacia
1920. Pronto se le añaden elementos que lo mejoran, tales
como controladores de tono y volumen, altavoces y un
mecanismo automático de cambio de disco. Con todo ello
aparece un nuevo nombre, tocadiscos, con el que llega hasta
nuestros días. No obstante, también el sonido se perfecciona
paso a paso hasta llegar a la grabación estereofónica en
1957. De este modo, el oyente podía tener la misma sensación
que en el concierto o la representación, toda vez que
contaba con dos canales de sonido.
Parecida evolución sufre el disco que pasa a fabricarse en
pizarra (y más adelante en laca) y con una mayor duración.
No será, sin embargo, hasta 1948 cuando aparezca el
microsurco que, merced a una distancia menor entre los
surcos y un mayor número de revoluciones por minuto (33,
frente a las 78 empleadas hasta ahora) alcanzaba una
duración de cerca de media hora por cada cara. Será el disco
de larga duración también conocido como LP (siglas de Long
Play, ´larga duración´) que llegará, con leves
transformaciones hasta la actualidad. La principal de entre
ellas será el empleo del vinilo y el poletileno (más
flexibles y, por ello, más difíciles de romper que la
pizarra o la laca) como materiales.
Finalmente, a principios de los años ochenta, comenzó a
desarrollarse la aplicación del láser a la reproducción del
sonido. Gracias a ella, las distorsiones debidas a las
agujas que los tocadiscos empleaban para "leer" los surcos,
desaparecen. El láser "lee" la información codificada en el
soporte (protegido por una carcasa de plástico que impide su
desgaste) sin provocar la menor distorsión. Su éxito se ha
visto repetido en lo que a la grabación y emisión de
imágenes se refiere.
Respecto del empleo de técnicas magnetofónicas, sus orígenes
son casi tan antiguos como los del cilindro y el disco,
aunque comenzase por aplicarse sólo al envío de telegramas.
Su desarrollo fue más lento que el del disco y no fue hasta
finales de los años cuarenta cuando comenzó a haber cierto
interés en los magnetófonos. La aparición del sonido
estereofónico fue un importante inconveniente para su
desarrollo, pues los aparatos monofónicos no estaban
capacitados para emitir en estéreo. No será hasta que estas
dificultades se solucionen, ya en los años sesenta, cuando
los cassettes tengan una difusión importante.
Posteriormente, el desarrollo de la grabación magnética se
ha aplicado también con éxito a la reproducción de imágenes.
Técnicas de grabación
Las primeras grabaciones se llevaban a cabo de forma
analógica: el intérprete debía colocarse lo más cerca
posible de una embocadura que llevaba la voz hasta los
mecanismos de grabación y tocar o cantar al mayor volumen
posible para evitar que el sonido se perdiese. Una aguja
grababa sobre el soporte las vibraciones del sonido que
pasaba por la embocadura. No será hasta 1924 cuando el uso
de micrófonos y amplificadores eléctricos permitirá una
mayor calidad del sonido y unas condiciones más cómodas para
la grabación.
En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se dará
gran importancia al perfeccionamiento del sonido, para lo
que será de gran ayuda la evolución de la radio. Un paso de
gran importancia se dará en 1957, cuando se dé paso a la
grabación estereofónica, obtenida a partir de dos micrófonos
en lugar del único utilizado hasta ahora. Posteriormente, se
emplearán cuatro y más micrófonos de modo que aumente más
cada vez la sensación de sonido real.
Supondrá un gran paso en este aspecto, a finales de los
setenta, el desarrollo de la técnica digital, que convierte
la señal acústica en una serie de impulsos codificados que
sustituyen con ventaja a la grabación analógica empleada
hasta ese momento, grabación que se limitaba a "copiar" el
sonido real. De esta manera, se evitan distorsiones y el
sonido se hace todavía más parecido al original.
Mientras, el empleo de la cinta magnetofónica en las
grabaciones facilita en gran medida el trabajo de montaje,
toda vez que no sólo es un material más fácil de manejar,
sino que permite también un montaje más sencillo de las
tomas finalmente seleccionadas.
Para más información véase Grabación y reproducción de
sonido y vídeo.
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música y los cantantes
La industria musical
Desde que un compositor concluye una obra hasta que ésta se
interpreta en público son precisos ciertos pasos que van
desde el registro de la obra por parte del autor para evitar
el plagio hasta la búsqueda de intérpretes y de local donde
llevar a cabo la interpretación o de una editora musical
donde imprimir o grabar la obra. Estos aspectos, junto con
la construcción de instrumentos, constituyen la industria
musical.
Dichos mecanismos se centran en cuatro
industrias diferentes:
Construcción de instrumentos
También conocida como luthería, la construcción de
instrumentos se lleva a cabo de forma especializada. Los
constructores o luthiers construyen una sola clase de
instrumentos de los que conocen todas las peculiaridades,
desde el material más adecuado para su construcción hasta
las mejores condiciones de conservación. En ocasiones, los
constructores forman grandes compañías, sobre todo cuando se
trata de fabricar instrumentos con gran número de piezas
(como el órgano o el piano), o bien instrumentos de los que
hay gran demanda. Sin embargo, junto a ellos existe un
número importante de constructores artesanos que construyen
de encargo no sólo instrumentos actuales, sino
reproducciones de instrumentos antiguos. Muy cercanos a
ellos se encuentran los restauradores que devuelven a su
estado primitivo instrumentos dañados por el paso del
tiempo.
En la actualidad, la construcción presenta una nueva faceta
en lo referente a los instrumentos electrónicos, que se
fabrican en serie y en los que el sonido tiende a
estereotiparse, con detrimento de la calidad de la
interpretación. No obstante, su mayor facilidad de uso y su
amplísima gama de posibilidades ha hecho que tengan gran
éxito y que sean empleados cada vez con mayor frecuencia.
Publicación de partituras
La publicación de partituras se ha llevado a cabo desde
siempre por una serie de casas especializadas que han
satisfecho las exigencias del mercado y que han contactado
directamente con los compositores. Poco después del
establecimiento de la imprenta, algunos impresores
comenzaron a editar libros de música. Dos eran, en
principio, los grandes receptores de la música impresa, por
un lado la Iglesia, que contaba así con un material mejor
para sus coros y, por otro, la incipiente burguesía urbana,
que disfruta haciendo música en casa y que compra obras de
no demasiada dificultad con las que pasar la velada.
La importancia del segundo receptor se hará más y más
importante con el paso del tiempo, en tanto que las obras
grandes (óperas, oratorios, conciertos o sinfonías) o no se
editaban o conocían ediciones minoritarias que se llevaban a
cabo para el estudio y la ayuda a la interpretación. La
edición, en cambio, de música para la ejecución doméstica
será la base comercial de estas grandes casas.
Ya en el siglo XX, la difusión de la música grabada y de la
radio hizo disminuir la publicación de este tipo de piezas.
A causa de esto, las grandes casas editoras se han
especializado en la edición de partituras de estudio y en la
edición crítica de música clásica.
Organización de conciertos y festivales
A pesar del papel cada vez mayor de la música grabada, la
importancia de la música en directo no ha decrecido. Muy al
contrario, los discos suelen ser excelente medio de
publicidad para los conciertos de los artistas de éxito. Es
frecuente que dichos conciertos no se celebren aislados,
sino en el marco de festivales y encuentros muchas veces de
importancia mundial.
La costumbre de celebrar conciertos públicos comenzó en la
Inglaterra del siglo XVIII y se generalizó durante el siglo
XIX. Desde entonces hasta la actualidad, ha sido cada vez
mayor la diversificación de locales y programas posibles.
También es de origen inglés la celebración de festivales, en
los que la música cuenta con una parte importante, cuando no
exclusiva. De entre los festivales de música más importantes
del mundo se encuentran los de Salzburgo, Edimburgo,
Bayreuth y Lucerna. Dentro de España, destacan el Festival
de Música de Canarias, el de Perelada y el Festival de Jazz
de Vitoria.
Los instrumentos musicales
Los medios materiales de interpretación de la música son los
instrumentos musicales. Éstos pueden ser naturales o
fabricados. De los primeros es el más importante (además de
ciertos tipos de percusión corporal) la voz humana.
Historia de los instrumentos
Todas las sociedades tienen música vocal y, con alguna
excepción, instrumentos. Entre los más sencillos están los
palos que se golpean entre sí, los palos con muescas que se
frotan, las carracas y las partes del cuerpo que se usan
para producir sonido, como las palmas. Estos instrumentos
simples se encuentran en muchas de las culturas tribales. En
todo el mundo se pueden utilizar como juguetes o para
participar en rituales arcaicos.
Los instrumentos con los que contamos en la actualidad
proceden, en su mayor parte, de las civilizaciones de la
Antigüedad. Muchos de ellos, especialmente de viento y
percusión, procedían del Mediterráneo Oriental y llegaron a
Europa ya a través de Bizancio, ya por influencia de los
musulmanes españoles. Los instrumentos de cuerda que han
llegado hasta nosotros se desarrollan, en cambio, a lo largo
de los siglos VIII y IX y son de factura europea. No están
emparentados por lo tanto (al menos que se sepa) con las
arpas sumerias, egipcias o hebreas de las que nos han
llegado noticia y reproducciones, pero de las que se
desconoce tanto el número exacto de cuerdas como el método
de afinación.
Las civilizaciones antiguas cuentan básicamente con
instrumentos de percusión y, en estadios algo más avanzados,
de viento de fabricación simple y destinados a funciones
concretas, tales como la celebración de fiestas o actos
religiosos. Los instrumentos de cuerda, en cambio,
pertenecen a un estadio más avanzado y, por su menor
sonoridad, parecen destinados al cultivo doméstico de la
música.
A lo largo de la Edad Media, los instrumentos van a
permanecer casi sin cambios. En el Renacimiento se crean las
familias completas de instrumentos que conocemos hoy,
(cuerda, viento metal, viento madera y percusión), aunque no
estén integradas todavía por los mismos instrumentos que en
la actualidad, y se perfeccionan el mecanismo y la afinación
de los instrumentos más graves. El perfeccionamiento de los
mismos instrumentos prosigue a lo largo del Barroco sin que,
sustancialmente, se cree ninguno nuevo. Sí que hay, en
cambio, nuevas denominaciones debidas a los
perfeccionamientos mencionados. El más conocido es el del
violín, que pasa de ser conocido como viola alta o viola
aguda a recibir el nombre que le damos en la actualidad.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, se van introduciendo
novedades como las llaves en las flautas y se van creando
nuevos instrumentos, algunos de larga vida como el clarinete
y otros más efímeros como el baritón o el arpeggione. Al
mismo tiempo, instrumentos con ciertas dificultades se ven
progresivamente sustituidos por otros de la misma familia.
Éste será el caso de la viola da gamba (uno de los
instrumentos graves de la familia de la cuerda), que perderá
su lugar en favor del violonchelo.
Fundamental será, en el mismo XVIII, la creación del piano
para sustituir al mucho menos sonoro clave. Las
posibilidades que el nuevo instrumento abría (mayores aun
tras sucesivos perfeccionamientos) serán ampliamente
explotadas por los compositores a lo largo de los siglos XIX
y XX y darán un aire completamente nuevo tanto a la música
para teclado como a la música de cámara. Asimismo, dentro de
los instrumentos de tecla, tiene gran interés el desarrollo
del órgano. Instrumento ligado a la música de iglesia,
seguirá, no obstante, el desarrollo de la música. De este
modo, a lo largo del XIX, sumará a su sonoridad
característica numerosos registros que tienden a acercar su
sonido al de la orquesta.
El siglo XIX es también el siglo de los inicios del
coleccionismo, la catalogación y el estudio exhaustivo de
los instrumentos. El desarrollo de la musicología y el
interés por la música de épocas anteriores se manifestará
también en el estudio de esta faceta.
Ya en el siglo XX, será fundamental la creación de
instrumentos electrónicos con mucha más potencia sonora y,
en ocasiones, con capacidad para imitar a varios
instrumentos clásicos. Particularmente importante será el
desarrollo del sintetizador, instrumento musical
electrónico, que cuenta con un teclado musical y un tablero
de control, con el que se pueden diseñar sonidos por la
combinación de distintos elementos.
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música y los cantantes
La voz humana
Se produce al rozar el aire procedente de los pulmones con
las membranas conocidas como cuerdas Vocales, situadas en la
laringe. La voz humana es un instrumento melódico, pues sólo
puede producir sonidos sucesivos. Comprende una escala de
sonidos cuya extensión es, aproximadamente, de seis octavas,
desde las voces más agudas hasta las más graves. Las
primeras corresponden a voces de mujer o de niño y las
segundas, a voces de hombre. De agudo a grave, la voz recibe
el nombre de soprano, mezzosoprano y contralto (voces de
mujer), tenor, barítono y bajo (voces de hombre). La ventaja
de la voz humana sobre los instrumentos musicales está en
que es el único instrumento que puede unir la palabra al
sonido.
Instrumentos de cuerda o Cordófonos
Son aquellos que suenan a través de cuerdas. Se clasifican
de la siguiente forma:
a) De arco: violín, viola, violoncelo, contrabajo, viola de
amor y viola da gamba.
b) De cuerdas punteadas: arpa, mandolina, bandurria,
guitarra y clave.
Arpa, instrumento de cuerda. (9 Kb)
c) De cuerdas percutidas: piano y clavicémbalo.
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Instrumentos de viento
Suenan cuando se sopla a través de ellos. Se clasifican
merced al material del que estaban fabricados. Con el paso
del tiempo, algunos de ellos, como la flauta, han pasado a
ser fabricados con otros materiales, aunque se ha buscado
que su sonoridad no se alterase. Por esta causa, se les
sigue situando en el mismo grupo.
a) Viento madera: flautín, flauta, clarinete, oboe, corno
inglés y fagot
b) Viento metal: trompeta, corneta, tuba, trompa, saxofón,
cornófono.
Forman capítulo aparte instrumentos como el órgano o el
acordeón en los que el aire es impulsado por teclas y la
armónica, en cuyo sonido interviene de forma fundamental la
lengua.
Instrumentos de Percusión
Suenan al ser golpeados y se clasifican de acuerdo a la
forma de producción del sonido en Idiófonos (que resuenan en
sí mismos, tales como las maracas, los crótalos, etc.) y
Membranófonos (que resuenan a través de una membrana (tambores,
timbales, etc.).
Una segunda clasificación se lleva a cabo según sean capaces
de emitir sonidos afinados o siempre emitan el mismo:
a) De sonidos determinados: timbales, campanas, carillones,
juegos de timbales y xilófono.
b) De sonidos indeterminados: bombo, tambor militar,
redoblante, pandero, tamboril, platillos, triángulo, tamtam,
castañuelas, etc.
Instrumentos mecánicos
Aquellos que reproducen música que ha sido previamente
preparada y que se activa mediante algún mecanismo. Son
instrumentos como el organillo o la pianola.
Los electrófonos son instrumentos en los que se emplea la
corriente eléctrica para hacerlos sonar. Su empleo en las
variantes de pop y rock, así como en la llamada Música
Electroacústica les convierte en verdaderos protagonistas de
la música de nuestros días, cuyas posibilidades no han hecho
sino comenzar a desarrollarse.
Agrupaciones musicales
Los instrumentos no actúan solos, sino agrupados en
conjuntos ya vocales, como el Coro o instrumentales como la
Orquesta, ya mixtos como el Ensemble.
Disciplina que se encarga del estudio de las posibilidades
tímbricas de los instrumentos y de su disposición dentro de
una obra concreta. Por su papel en el resultado final de la
obra, se ha comparado al color en la pintura. Cuando la
instrumentación se realiza para una orquesta, se habla de
Orquestación.
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Sistemas musicales
Las diferentes culturas que conviven en el mundo tienen
también su reflejo en la música. Junto al sistema tonal en
el que se mueve la música occidental, culturas como la
musulmana, la hindú o la china mantienen unos sistemas
musicales diferentes que, aunque cuentan con los mismos
elementos básicos, se basan en principios diferentes.
El sistema musical occidental
El sistema occidental abarca a toda Europa y a aquellos
puntos del resto del planeta de cultura afín a la europea.
Se caracteriza por el empleo de escalas de tonos y semitonos
iguales (lograda durante el siglo XVIII) y un desarrollo
armónico e instrumental mayor que el del resto de los
sistemas.
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música y los cantantes
Otras culturas musicales
Conocemos también la existencia de otros sistemas musicales
basados ya en escalas, ya en sistemas de afinación
diferentes, y que emplean una instrumentación adecuada a
ellos. En general, corresponden a grandes áreas unidas por
razones ya geográficas (como en el caso de África o de los
países del Extremo Oriente asiático), ya culturales (como
sucede con la música de los países islámicos).
Los principales grupos son la música africana, que se
caracteriza por la importancia del ritmo y por la tendencia
a la repetición de sus estructuras, la música del Extremo
Oriente, basada en un sistema de cinco sonidos o pentatónico
que identifican con las esferas del cielo y al que dan un
sentido filosófico, la música hindú, que se basa en una
escala de siete grados conocidos como "shruti" y que
equivalen, aproximadamente, a la cuarta parte del tono
occidental; su interpretación se asocia a la conservación de
los himnos védicos, la música islámica, que se caracteriza
también por el empleo de escalas divididas en cuartos de
tono conocidas como "Maqam" y la música de Oceanía que ha
sufrido un fuerte contacto con los misioneros europeos, lo
que le ha llevado a un curioso estilo intermedio.
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música y los cantantes
Los
profesionales de la música
La complejidad de las actuales composiciones e
interpretaciones musicales exige la formación y
especialización de los músicos en diferentes disciplinas,
con frecuencia complementarias. De entre los profesionales
relacionados con la música los más destacados son:
Compositor
Se llama compositor al que crea una obra musical. Aunque
cualquier persona es capaz de crear una obra musical, se
suele entender por compositor al que ha llevado a cabo
estudios de dicha disciplina en el Conservatorio. Dichos
estudios se realizan como último escalón de una formación
que comienza con el conocimiento y la imitación de las
reglas, formas y géneros de la música clásica occidental y
buscan el entrenamiento del estudiante para despertar su
creatividad y su capacidad para crear dentro o fuera de
dichos géneros, formas y reglas.
Arreglista
Se encarga de adaptar una obra ajena para una formación
diferente de la original (por ejemplo, la adaptación para
orquesta de una obra escrita originalmente para piano). En
el ámbito del pop, se llama arreglista al encargado de la
instrumentación de una melodía de otro autor. La mayor parte
de los compositores de música pop cuentan con arreglistas
que instrumentan el acompañamiento, habitualmente realizado
para un solo instrumento.
Intérprete
Es el que lleva a cabo la ejecución de la obra musical.
Habitualmente, el intérprete se especializa en un
instrumento o estilo concreto. Esta especialización puede
ser sólo fruto de una disposición natural (como sucede en el
caso de los intérpretes de música folclórica) o bien de una
preparación técnica y estilística que le permite comprender
los detalles del instrumento o estilo al que se dedica. Esta
preparación se lleva a cabo en el Conservatorio o en
escuelas de música especializadas en determinados estilos,
tal y como sucede con frecuencia con el jazz o el pop. Los
intérpretes pueden ser solistas o miembros de algún grupo,
asimismo pueden ser directores de coro y orquesta,
encargados de transmitir su visión de la partitura al
conjunto que ha de interpretarla.
Profesor
Se encarga de la enseñanza de la música. Su formación es la
habitual en cualquier músico, aunque se especialice en la
pedagogía. Los profesores de música son, básicamente, de dos
tipos, los encargados de la enseñanza instrumental y los que
se ocupan de materias técnicas (solfeo, armonía etc.).
Técnico de sonido
Se encarga de cuidar los elementos técnicos que acompañan a
la grabación e interpretación de la música. Su trabajo
comenzó con el desarrollo de la música grabada, campo en el
que era el responsable de cosas tan variadas como la
colocación de los micrófonos durante la grabación, la
repetición de tomas, o el asesoramiento a los intérpretes en
la selección final de las tomas realizadas.
Con el desarrollo de la microfonía y, más adelante, de los
instrumentos electrónicos, el técnico de sonido ha ampliado
su campo de acción a la interpretación de la música en vivo.
Se encarga de la colocación de los micrófonos y de los
amplificadores de sonido, así como del equilibrio de su
sonido para que el resultado sea el deseado.
Musicólogo
Estudia los diferentes géneros y estilos musicales a lo
largo de la historia, así como las diferentes técnicas de
escritura e interpretación musical que han existido a lo
largo del tiempo. Su labor es fundamental a la hora de
conocer el contexto técnico e histórico en el que una obra
se ha compuesto e interpretado. El musicólogo lleva a cabo
sus estudios dentro del grado superior del Conservatorio. En
ellos, estudia la evolución histórica y técnica de la música
occidental en sus diferentes géneros y formas, así como
amplía sus estudios a otros sistemas musicales, tanto por el
interés de éstos. como por la influencia que hayan tenido
sobre el sistema occidental.
Luthier
Palabra francesa (procedente del español antiguo Laudero)
con la que se conoce al constructor de instrumentos
musicales. Aunque en su origen, tal y como indica la palabra
española, se empleaba para el constructor de laúdes, hoy se
emplea para referirse al constructor de cualquier tipo de
instrumento. Aunque la palabra se puede emplear para
constructores industriales, lo más frecuente es que se use
para referirse a constructores de tipo artesano
especializados por lo general en un tipo concreto de
instrumento.
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La
difusión y conservación de la Música
Dado el carácter sonoro de la música, ha sido siempre un
problema su conservación. Por ello, se ha recurrido a
diferentes medios de escritura conservados en libros,
habitualmente de gran formato, dado que debían servir para
la interpretación conjunta. Tras la llegada de la imprenta,
se recurre al empleo de particellas, en las que se incluía
cada voz por separado. Ello permitía un tamaño menor y
facilitaba la impresión, pero dejaba a cada intérprete sin
referencias de lo que hacían los demás. Además, con el paso
del tiempo, este sistema ha dado lugar a un problema de
conservación, dado que el extravío de una de las particellas
supone la pérdida de la obra entera.
Ya en el siglo XVII, comienzan a publicarse partituras, es
decir libros en los que se contienen todas las voces de una
obra. A pesar de esto, por razones de comodidad, se seguirá
empleando el sistema de particellas hasta que el desarrollo
de la impresión en el siglo XX ha hecho más sencilla la
edición de partituras completas.
Otro medio de conservación de la música son los diferentes
soportes de reproducción de sonido.
La difusión de la música se realiza hoy día, además de en
directo, a través de los medios de comunicación
audiovisuales como la radio y la televisión.
La música impresa se conserva en bibliotecas, ya en grandes
bibliotecas como las nacionales, ya en bibliotecas
específicas como las de los conservatorios. La música
grabada se conserva en Fonotecas, habitualmente asociadas a
las anteiores.
Fuente de estos artículos:
ENCICLONET
- La Enciclopedia Universal - G. Fernández San
Emeterio
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