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LOS
CASTILLOS DE ESPAÑA
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sobre la Cultura Española a pie de página
HISTORIA DE LOS CASTILLOS
Término
procedente de la palabra latina castellum, que significa ´fuerte´,
el cual a su vez es un diminutivo del vocablo -también
latino- castra, que designaba al ´campamento militar
fortificado´. El castillo es un lugar fuerte, cercado de
murallas, baluartes y fosos, construido casi siempre en un
lugar dominante, para la defensa de pueblos o comarcas, o
simplemente del señor que vivía en él. En otras ocasiones,
los castillos también se edificaban dentro de los núcleos
urbanos, dominando así, desde su parte alta, la villa, la
cual solía estar también amurallada, formando todo un
conjunto defensivo, donde sobresalía el castillo.
Aunque
el origen de estas fortalezas se remonta a los tiempos más
primitivos de la historia del hombre, los primeros
precedentes de la arquitectura castrense se hallan
claramente en las fortificaciones de la antigüedad clásica.
En estos primeros castillos se alojaban los caudillos y las
imágenes de sus dioses y objetos sagrados, lo que confería a
estas construcciones un doble sentido: militar y religioso.
Al amparo de estos castillos se fueron conformando los
diferentes núcleos de población, que con el tiempo
constituyeron las primeras ciudades de importancia, tales
como Tirinto, Atenas, Tebas, Corinto, Troya, Nicomedia...
Para la construcción de estos castillos se requería un
terreno elevado, pero cuando éste no ofrecía elevaciones
naturales se creaban artificialmente, amontonando tierras y
formando grandes terraplenes de hasta veinticinco metros de
altura. Las murallas no eran muy altas, por lo que su
eficacia defensiva no era la idónea. Por encima de las
murallas se construían una serie de torres almenadas desde
donde se podía hacer frente al enemigo una vez que éste ya
hubiera traspasado las murallas. El foso, muy común en los
castillos medievales, sólo se construía en aquellos
castillos situados en un llano. Los romanos establecieron a
lo largo del limes (frontera) todo un sistema de campamentos
militares permanentes. A partir del siglo III d.C. las
incursiones bárbaras fueron aumentando considerablemente,
por lo que las guarniciones romanas tuvieron que prepararse
para resistir los continuos ataques de los pueblos del norte
sin poder contar con refuerzos. Debido a esto, los
campamentos militares se reforzaron sobremanera, surgiendo
así los llamados castillos fronterizos, los cuales sirvieron
de modelo para los posteriores castillos medievales.
Actualmente las condiciones de conservación de los castillos
de la época romana no son óptimas. Sin embargo, sus ruinas
permiten concluir que tenían forma regular, eran construidos
con piedra y estaban dominados por una torre principal
coronada de almenas.
La
auténtica edad de oro de los castillos fue, sin lugar a
dudas, la Edad Media; destaca sobre todo el período
correspondiente al florecimiento del feudalismo. En un
principio abundaron las defensas de madera, construidas a
base de empalizadas, pero, a medida que se implantaba el
sistema feudal, estos castillos se fueron construyendo con
piedra, puesto que su finalidad era totalmente militar. El
derecho a tener un castillo, con murallas, torre y foso era,
en principio, muy limitado y constituía un privilegio que
tan sólo concedía el monarca a los más altos dignatarios del
reino, ya fueran parientes, alta nobleza o colaboradores
próximos. En Francia, desde el año 960, la nobleza logró
arrancar al rey la autorización para levantar estas
fortalezas, de tal modo que hacia el siglo XIV había
construidos unos cuarenta mil; muchos de ellos no pasaban de
ser meras torres defensivas.
El
castillo medieval fue producto de una evolución constante a
partir de unos elementos esenciales, que eran la torre y la
muralla. En un primer momento, solía construirse una simple
torre rodeada por un cerca defensiva.
Paulatinamente, esa cerca era sustituida por una muralla
mucho más complicada y con mejores materiales. El foso se
hizo más general en la construcción de los nuevos castillos,
a la par que la torre se ensanchaba. La torre principal,
llamada torre del homenaje, era la residencia señorial y el
símbolo del poder del castillo, a la vez que también era el
reducto más fortificado y difícil de conquistar en un
presumible ataque del enemigo. La muralla formaba una
recinto exterior cerrado y continuo que protegía a las
diferentes torres. A la muralla se le adosaron torres
(cilíndricas, cuadradas, etc), que aseguraban una defensa
más efectiva del castillo y posibilitaba una gran capacidad
de tiro a sus defensores. Con bastante frecuencia, el
exterior del muro era rodeado con un foso, natural o
artificial, el cual sólo podía salvarse con un puente
levadizo. Los diferentes accesos al castillo solían estar
flanqueados de peines y torreones, con portales cerrados con
rastrillos. Sobre la muralla, coronada de almenas,
barbacanas y matacanes, corría el adarve, que era un pasillo
por el que podían circular los defensores y dominar todo el
perímetro externo de la muralla. Frecuentemente hubo también
un paso subterráneo que daba salida al campo y que se usaba
para las ocasiones más extremas de un asedio. En el interior
del recinto, a medida que las necesidades se sucedían, se
construyeron las diversas dependencias; no faltaban
cisternas para recoger el agua, los almacenes para guardar
el grano y los diferentes víveres, la capilla, el aula
mayor, la sala de recepciones, las caballerizas y
dependencias de los vasallos, etc. Muchos castillos eran
verdaderos centros de autosuficiencia, lo mismo que sucedía
con los monasterios más grandes e importantes.
Los
castillos fueron auténticas fortalezas inexpugnables. Pero a
partir del siglo XIII, la fisonomía de estos castillos
empezó a variar gracias, sobre todo, a la mejora en el
armamento ofensivo empleado para los ataques, concretamente
las armas de fuego. Con la aparición de la artillería
militar se podían abrir brechas importantes en las débiles
murallas de los castillos. Por otra parte, en estos siglos,
se produjo un paulatino robustecimiento del poder regio que
tendió a suprimir esa profusión de fortalezas que sólo
podían servir para favorecer el desarrollo de facciones y
grupos de nobles descontentos con el poder real. La
posterior consecuencia de todo esto fue la paulatina
desaparición de los castillos. Además, dentro de la nobleza
se produjo un afán por conseguir una vida más cómoda y
suntuosa, por lo que se concedió más importancia a las
partes residenciales del castillo. Como consecuencia éste se
convirtió en castillo-palacio y perdió su primigenia función
defensiva y militar. A partir del siglo XVI, el declive del
castillo ya era evidente, quedó sustituido por el "fuerte"
moderno.
Las
particularidades antes citadas y las diferentes exigencias
dispuestas por el terreno favorecen la gran diversidad de
tipos de castillos y dificultan una mínima clasificación que
pudiera abarcarlos a todos.
En la
península hispana, gracias a los siglos de permanente
presencia islámica, se impusieron los términos de alcazaba,
alcázar y zuda para referirse a estas fortalezas. La primera
era utilizada para referirse a la gran fortaleza endosada en
la parte más alta de una ciudad. El segundo vocablo se
refería al palacio principesco, mientras que la zuda era una
alcazaba urbana. Más tarde, también se designó a los
castillos con el término de fortaleza, sobre todo para
referirse a las construcciones con un marcado sentido
militar. De todas formas, debido a las peculiares
circunstancias históricas, ya desde el siglo IX hubo una
gran variedad de influencias en la construcción de los
castillos. La época de apogeo de éstos se dio entre los años
1000 a 1500.
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CASTILLO DE LOARRE
-
HUESCA
Los
castillos de la Marca Hispánica, y sobre todo los pirenaicos,
respondían a la tipología francesa, como por ejemplo los de
Mur y Lluça, ambos del siglo XI. También se difundieron
pródigamente las fortificaciones musulmanas en Andalucía,
influidas por las fortalezas de tipo bizantino. Las diversas
etapas de la Reconquista dieron lugar al establecimiento de
verdaderas líneas de castillos que se iban erigiendo a
medida que se avanzaba territorialmente hacia el sur. La
Corona de Aragón, en sus múltiples empresas mediterráneas,
construyó castillos en Sicilia, Apulia, Chipre e incluso
Grecia. Pero fue en la Corona de Castilla (de la gran
profusión de castillos le viene el nombre), donde se
levantaron los castillos más grandiosos y de mayor valor
artístico, sobre todo por la decoración de sus interiores a
cargo de artistas mudéjares: Coca, la Mota, alcázar de
Segovia, etc.
En
cuanto a los musulmanes dejaron como ejemplo supremo de su
maestría y refinamiento, todo un sorprendente conjunto de
patios, salas, jardines y fuentes que se extendieron por los
muros interiores de sus alcázares y alcazabas. Baste como
ejemplo la suntuosa y refinada construcción que levantaron
en la Granada de los nazaríes: la Alhambra.
Los
motivos para levantar castillos se pueden resumir en tres
fundamentalmente. Por un lado estaban los deseos
imperialistas de los señores, querían tener controlado el
territorio que se iba reconquistando a los musulmanes. El
segundo motivo respondía a aspectos puramente defensivos y
de seguridad, ya que las fronteras eran excesivamente
móviles e inseguras. Y por último, el factor de prestigio,
ya que estos castillos pertenecían a la alta nobleza de los
reinos cristianos, desde donde imponía su dominio
jurisdiccional sobre los vasallos.
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Castillos - Palacio - Torres
CASTILLO DE ALARCÓN
-
CUENCA
El castillo de
Alarcón forma parte del conjunto de fortificaciones
establecidas en torno a la villa conquense de Alarcón. Esta
plaza fuerte consta de un recinto amurallado que alberga el
núcleo de población y el castillo propiamente dicho, y de
cinco torres exteriores aisladas y estratégicamente
dispuestas.
De origen árabe, dependió inicialmente la fortaleza del
emirato de Córdoba. Tras la descomposición del califato
cordobés y la formación de los reinos taifas, se subordinó
al de Toledo. Durante su permanencia en poder de los
musulmanes sirvió de bastión defensivo en sus pugnas
internas. En 1184, Fernán Martínez de Ceballos, capitán de
las tropas de Alfonso VIII, asedió la fortaleza durante
nueve meses y la ganó finalmente para su rey. Se vio
recompensado con el privilegio de tomar el nombre de la
villa por apellido, cosa que hizo, pasando a llamarse
Martínez de Alarcón y dando con ello origen a este nuevo
linaje.
A partir de entonces, el castillo de Alarcón mereció la
atención de los sucesivos reyes de Castilla que lo
engrandecieron y reforzaron, a la par que le dotaron de un
fuero propio (1186) y le otorgaron el señorío de amplios
territorios circundantes. Todo ello fue puesto en manos de
la Orden Militar de Santiago por Alfonso VIII. Cuando en
1212 se libra la trascendental batalla de Las Navas de
Tolosa, el concejo de Alarcón concurre a la misma sumando
sus propias tropas a las del rey. A principios del siglo
XIV, el Infante don Juan Manuel recibió de Fernando IV el
señorío de Alarcón, castillo incluido. En este noble retiro
escribió alguna de sus obras literarias. A la muerte del
infante retornó al patrimonio real, para ser cedido ya en el
siglo XV a don Juan Pacheco, marqués de Villena. El
marquesado, en las personas de don Juan y de su hijo don
Diego López Pacheco, tomó partido por Juana la Beltraneja y
se enfrentó a los Reyes Católicos; en esta porfía perdió los
castillos de Belmonte y Garcimuñoz, pero logró mantener el
de Alarcón.
Superada la edad media, el castillo de Alarcón sufre el
deterioro propio de un inmueble abandonado y en desuso.
Recientemente ha sido rehabilitado conforme a las
condiciones en que lo tuvo el marqués de Villena y está
actualmente dedicado a Parador Nacional de Turismo.
Se tiene noticia que un descendiente directo de Martínez de
Alarcón, actualmente reside en Perú, y cuyo nombre de pila
es Aland Roberto, ha iniciado un proceso judicial para que
se le otoguen los derechos de sucesión del Castillo de
Alarcón.
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Castillos - Palacio - Torres
LA ALCAZABA
DE ALMERÍA -
ALMERÍA
La AlcazabaLa ciudad de Almería (en la comunidad autónoma de
Andalucía, España) fue fundada en el siglo X por el rey
Hakim como atalaya defensiva de la ciudad prominente en ese
momento, Pechina (de ahí el nombre en árabe Al-Mariyya
Bayāna. La ciudad tenía un castillo fortaleza o alcazaba y
una muralla que rodeaba toda la medina y los arrabales.
La alcazaba [editar]Edificación de defensa ubicada dentro de
la ciudad de Almería, exactamente en el barrio Pescaderia.
Una alcazaba es una ciudadela construida en varios niveles
que suele ocupar toda una elevación de terreno. Tiene muros
con torres de defensa, calles, casas y mezquita.
En el año 995 Abderramán III concede a Almería la categoría
de medina. Es en ese momento cuando se comienza a construir
la alcazaba. Se construye también la mezquita mayor y las
murallas que rodean la ciudad. La alcazaba fue una fortaleza
militar y al mismo tiempo sede del gobierno. Desde este
lugar se domina la ciudad y el mar.
Se perfeccionó todo el conjunto y se engrandeció con
Almanzor y más tarde alcanzó su máximo esplendor con Al-Jairán,
primer rey independiente taifa (1012-1028).
Primer recinto
AlmenasEs un
amplio lugar que corresponde a lo que fue campamento militar
y refugio para la población en caso de asedio. Contaba con
buenos aljibes. En el extremo más oriental está el Baluarte
del Saliente.
El Muro de la Vela separa el primer recinto del segundo. Se
llama así porque allí se levantaba la campana de la vela,
que anunciaba varios eventos cuando tenían lugar: barcos que
entraban en la bahía, peligro, fuego, etc. Fue mandado
construir por el rey Carlos III. La campana reunía con su
toque a los defensores de la fortaleza. En otras épocas
sirvió para marcar la hora del agua a los regantes, como
toque de queda y como cierre de las puertas de las murallas
y salida de las patrullas. También se la oía en las noches
de tormenta. Está cobijada por una cruz y tiene un nombre:
Santa María de los Dolores. (Todas las campanas tienen un
nombre propio).
Segundo recinto [editar]Era la residencia para gobernantes,
guardia y servidores. En realidad era la ciudad palaciega
con dependencias como mezquita, baños, aljibes, tiendas,
etc. Sólo quedan ruinas pero ofrece un gran yacimiento
arqueológico.
Tercer recinto [editar]Se trata de la parte más moderna de
todo el conjunto. Tras la toma de Almería en 1489, los Reyes
Católicos mandaron construir un castillo en la parte más
occidental y elevada, adaptado a las nuevas necesidades
militares y a la artillería.
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Castillos - Palacio - Torres
ALCÁZAR DE
SEGOVIA (SEGOVIA)
La situación
del Alcázar de Segovia, sobre una roca labrada por los ríos
Eresma y Clamores, indica el origen militar de esta
fortaleza durante siglos inexpugnable.
El testimonio más antiguo de la existencia del Alcázar de
Segovia es un documento de principios del siglo XII, fechado
en 1122, poco después de la reconquista de la ciudad por
Alfonso VI, que menciona la fortaleza como un castro sobre
el Eresma. En una carta algo posterior (1155) ya se le da el
nombre de Alcázar. No obstante, es muy probable que la
fortificación existiese en tiempos más remotos, quizá desde
la dominación romana, pues en recientes excavaciones se ha
encontrado sillares de granito análogos a los del Acueducto.
En la Edad Media, el Alcázar, tanto por la belleza de su
situación y su indiscutible seguridad militar, como por la
proximidad a famosos cazaderos en los bosques serranos, se
convirtió en una de las residencias favoritas de los Reyes
de Castilla.
No se han encontrado vestigios arquitectónicos notables de
este Palacio Real anteriores a la época de Alfonso VIII "el
de Las Navas", aproximadamente a finales del siglo XII y
principios del siglo XIII. Sin embargo, lo cierto es que se
consolida el proceso que de forma progresiva va convirtiendo
la fortaleza en residencia cortesana. La reforma se hizo
cuando se iniciaba la transición del románico al gótico, con
la sobriedad elegante del estilo del Císter. Sin duda
pertenece a este tiempo la gran grujía del lado norte,
compuesta por una gran estancia, flanqueada en los extremos
por gabinetes, al estilo oriental, llamada "sala del Palacio
Mayor". Al mismo impulso constructivo, que constituye el
núcleo del Alcázar, corresponde la gran torre del poniente,
llamada "Del Homenaje", con su estancia cubierta de cañón
apuntado, que sirvió de sala de armas, y sus ventanales
germinados. A pesar del tono cisterciense de estas
construcciones, lo morisco aparece en la decoración
pictórica, con zócalos de lacerías pintadas de rojo sobre el
fondo claro del estuco.
Alfonso X El Sabio demostró hacia Segovia una extrema
predilección e hizo del Alcázar una de sus residencias
favoritas, hasta los últimos años de su vida, en los que
celebró Cortes en esta ciudad que le había permanecido fiel.
En el siglo XIV, Segovia fue testigo de combates entre
bandos nobiliarios a los que no fue ajeno el Alcázar,
obligando el nuevo empleo de la artillería a reforzar sus
murallas y ampliar su sistema defensivo.
Los reyes de la dinastía de Trastámara aprovecharon la nueva
crujía, construida paralelamente a la primitiva, para
convertirla en un suntuoso conjunto de salones al estilo de
los alcázares andaluces. La decoración gótico- mudéjar de
estas salas se inicia con la reina Catalina de Lancaster,
regente de su hijo Juan II. Durante el reinado de este
último tuvieron lugar en el Alcázar las grandes fiestas
cortesanas evocadas por Jorge Manrique en sus célebres "Coplas".
Enrique IV, tan amante de Segovia, continuó embelleciéndolo
y en su reinado debió terminarse la gran torre que lleva el
nombre de su padre. Fue el Alcázar fortaleza clave para el
dominio de Castilla y de él salió Isabel la Católica para
ser proclamada reina en la Plaza Mayor. También tuvo
importancia este castillo en las luchas civiles de todas las
épocas sucesivas, desde el reinado de Juana la Loca y la
Guerra de las comunidades hasta la Guerra de Sucesión en el
siglo XVIII y las guerras Carlista en el XIX.
Los reyes de la Casa de Austria lo visitaron frecuentemente
y Felipe II celebró en él la boda de velaciones con su
cuarta esposa, Ana de Austria. Este rey realizó importantes
obras en el Alcázar, como el patio herreriano o cubrir las
techumbres con agudos chapiteles de pizarra al estilo de los
castillos centroeuropeos.
Más tarde comienza a utilizarse la fortaleza como prisión de
Estado, donde estuvieron confinados importantes personajes.
Así permaneció hasta que en 1762 Carlos III fundó en Segovia
el Real Colegio de Artillería, cuyo primer Director fue el
conde Félix Gazola, quedando instalado en el Alcázar en
1764. Este centro permaneció aquí, con leves paréntesis
hasta el 6 de mazo de 1862, día en el que un incendio
destruyó las techumbres. A partir de esta fecha el Colegio,
luego la Academia de Artillería, pasó al Convento de San
Francisco de Segovia, El Alcázar fue restaurado, en 1898 se
instaló en la primera plante del edificio el Archivo General
Militar y en 1953 se creó el Patronato del Alcázar de
Segovia, responsable del actual Museo.
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Castillos - Palacio - Torres
PALACIO DE LA ALJAFERÍA
-
ZARAGOZA
La época islámica -la Sarakosta o Medina Albaida de los
árabes fue capital de la Marca Superior de Al-Andalus y una
de las más importantes y belicosas taifas en el momento de
la desmembración del califato de Córdoba- tiene en Zaragoza
uno de los más hermosos, complejos y únicos exponentes
monumentales del momento de constitución de los reinos de
taifas: el palacio de la Aljafería, considerado como el más
importante de Occidente de su época, el siglo XI.
El nombre del palacio deriva de su constructor, Abu Jafar
Ahmed Almoctadir Bilá (de jafar, al-jafaría y, después
Aljafería), gobernador de la taifa zaragozana entre 1047 y
1081.
La fábrica primitiva de este palacio o quinta de recreo,
construída a extramuros junto a la margen derecha del Ebro,
era de planta rectangular, con una sólida muralla exterior
con torreones y sufrío distintas modificaciones e
irreversibles destrucciones con el paso del tiempo. Las dos
épocas de modificaciones de la fábrica primitiva
corresponden a los reinados de Pedro IV y los de los Reyes
Católicos, siendo, desde la reconquista de Zaragoza por
Alfonso el Batallador en 1118, alcázar de los reyes
cristianos.
Fue cárcel de la Inquisición en tiempos de los austrias
mientras que los borbones hacían gala de un absoluto
desprecio por la obra, especialmente Isabel II, bajo cuyo
reinado se praticó la más bárbara destrucción de la obra al
destinarse el palacio a cuartel -carácter que mantuvo hasta
hace tan sólo algunas decadas.
Actualmente, el palacio ha experimentado una restauración en
profundidad con motivo de su destino a sede del parlamento
autónomo regional, las Cortes de Aragón.
Al palacio se accede por su ala oriental, a través de una
puerta con arco de herradura que da entrada al llamado patio
de la iglesia por levantarse allí, a mano derecha, la
iglesia de San Martín, obra de estilo mudéjar, del siglo
XIV. Desde allí se accede ya a la parte central de la época
primitiva del palacio, un patio llamado de Santa Isabel. Es
de planta rectangular, con pórticos en los lados más cortos
restaurados con copias de la decoración original, que se
custodia en el Museo Arqueológico Nacional.
En la parte derecha o norte del recinto se encuentran las
dependencias más antiguas y mejor conservadas de la fábrica,
sobre todo la pequeña y hermosísima mezquita, que es de
planta cuadrada en la base y octogonal en altura, con un
esbeltísimo arco de herradura en el hueco del mihrab. Este
pequeño oratorio es una auténtica joya en su género y si
bien la cúpula no es la primitiva de la obra, los arcos
mixtilineos, los bellísimos capiteles de alabastro y la
complicada decoración de ataurique dan cuenta de la
riquisima cultura y sensibilidad artística de los
hispanomusulmanes del Valle del Ebro en el lejano tiempo de
la undécima centuria.
Las otras dependencias de obligada visita se hallan en la
primera planta del palacio, en su ala oeste. Por una
majestuosa escalinata se accede al llamado Palacio de los
Reyes Católico, donde existen dos piezas fundamentales: el
Salón del Trono y las salas anexas conocidas como de los
pasos perdidos.
Los vanos de las puertas y ventanas presentan bellísimas
yeserías, pero quizá la pieza más majestuosa sean las
hermosísimas techumbres mudéjares realizadas en madera
dorada y policromada. La obra concluyó en 1492 y es junto, a
la Lonja, un magnífico exponente del llamado estilo Reyes
Católicos en Aragón.
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Castillos - Palacio - Torres
EL CASTILLO
DE ALMANSA -
ALACETE
Para quien quiera que camine por la carretera que desde
Albacete se dirige a Murcia y Alicante, la mole del castillo
de Almansa, como un varado navío en medio de los resecos
campos, aparece enristrado de orgullo y belleza. Su frente
se alza, de piedra, sobre el caserío sosegado, y el sonido
de la roca en que se apoya nos evoca fácilmente la historia
de la fortaleza, una de las más bellas de toda Castilla‑La
Mancha.
Es su origen remoto como el de la mayoría de los castillos
de nuestra tierra. Los romanos tuvieron en la cumbre del
cerro una torre que todavía en el siglo XVII, según nos
cuenta Ceán Bermúdez en el Sumario de las antigüedades
romanas de España, podía verse con nitidez. Después, muchos
siglos después, fueron los árabes quienes la ocuparon y
mejoraron: era la Almanxa de las crónicas árabes, lugar ya
por entonces fronterizo entre taifas, y que más tarde acusó
ese carácter con la pertenencia a los reinos cristianos.
Tras la reconquista de la villa y comarca, pasó a pertenecer
a la Orden de los Templarios, saliendo de la misma para
volver a la Corona castellana en 1310. Antes de esa fecha,
concretamente en 1248, y en el salón de Consejos de la
fortaleza, el rey Jaime I de Aragón y el infante de Castilla
Don Alfonso, su yerno, declararon a Almansa como límite
concreto entre Murcia y Valencia. También por entonces pasó
a ser considerada como puerta entre Valencia y Castilla. Esa
función de frontera marcaría siempre la historia de la villa
y su castillo, siendo disputado en numerosas ocasiones por
uno y otro reino, o por uno y otro de sus nobles más
representativos.
Perteneció, desde los inicios del siglo XIV, al infante don
Juan Manuel, uno de los señores feudales más aficionados a
coleccionar castillos. Aquí se coaligó, en 1328, el citado
infante con el Rey de Aragón para atacar Castilla. Y en
1341, aproximadamente, fue cuando al compás de diversas
medidas repobladoras, inició la construcción del castillo
con el mismo aspecto o estructura con que hoy le vemos. fue
Enrique III, a finales de la XIV centuria, quien de manera
efectiva cobró la fortaleza para la Corona. Pero un nuevo y
poderoso magnate se haría en el siguiente siglo con el poder
de la meseta: don Juan Pacheco, marqués de Villena, heredero
por diversas artes de los bienes de don Juan Manuel, se hizo
con la posesión de Almansa.
Durante las guerras civiles del siglo XV, los Reyes
Católicos premiaron la fidelidad de la villa y su fortaleza,
con la entrega de un privilegio que impediría en adelante su
enajenación de la Corona. Ello fue por haber permanecido
afín a los monarcas, frente a la Beltraneja y sus
partidarios, a pesar de seguir perteneciendo al marqués de
Villena. El rey Felipe IV, en 1640, la concedió los títulos
de Muy Noble y Muy Leal, y en los comienzos del siglo XVIII,
tras la batalla que lleva su nombre, celebrada el 25 de
abril de 1707, en la que fueron victoriosas las fuerzas de
Felipe V comandadas por el duque de Berwick, éste le añadió
el título de Fidelísima, por su apoyo a la causa hispánica
que representaba el Borbón.Después de tanta batalla, de
tanto suceso bélico y tanta reforma, los modernos tiempos
olvidaron a este hermoso surtidor de almenas, y el castillo
de Almansa fue siendo vencido del tiempo y los elementos,
arruinándose progresivamente hasta hacer pensar al alcalde
de la población, en 1919, en que lo más seguro y saludable
para todos sería la demolición completa del edificio. La
Academia de la Historia, a instancias de la administración
central, elaboró un informe que fue encargado al docto
investigador don José Ramón Mélida, quien tras el detenido
análisis de las ruinas vino a apoyar no sólo su salvaguarda,
sino la necesidad y conveniencia de su restauración. En 1921
era declarado "Tesoro Artístico Nacional", y poco después se
iniciaba su arreglo que a lo largo de los últimos años se ha
consumado, mostrando hoy en toda su gracia y belleza la
estampa primitiva que los siglos medievales le concedieron.
Descripción
Dispuesto sobre el agudo cerro rocoso que domina la
población, rodeado de un bosquecillo y de algunas manzanas
de casas, el castillo de Almansa ofrece una estampa de reto
y fiereza, no exenta de belleza plástica que fácilmente
evoca la época medieval en que fue construido.
Tiene unas dimensiones de 91,5 mts. de longitud, por unos
30,5 de anchura. Toda su obra es de sillería. Sus
estructuras concéntricas se disponen siguiendo los
desniveles del roquedal. Y así muestra fundamentalmente un
recinto externo que, formado por densos muros de mampostería,
rematados por torreones semicilíndricos adosados en las
esquinas, y coronados por almena dos adarves, va
adaptándose de forma irregular a la forma de la peana rocosa,
ofreciendo por el norte un camino de acceso a la fortaleza,
que va protegido por fuerte murallón y torreón delantero.
El cuerpo principal del castillo, subido en lo más alto de
la roca, consta de un cuerpo alargado, extendido sobre la
aguda eminencia del apoyo pétreo. Este cuerpo presenta en su
parte central la magnífica torre del homenaje, a la que se
accede por sendas puertas que la penetran en su base desde
los adarves del cuerpo principal. Estos están almenados, lo
mismo que el remate de la torre, a cuya altura puede subirse
desde el interior de la torre por medio de la
correspondiente escalera.
En años recientes, el castillo de Almansa ha recibido una
muy adecuada restauración, que le ha devuelto en gran parte
su antigua estructura, y le ha rescatado la belleza de su
perfil almenado. Sus grandes algibes, que fueron cegados por
los sucesivos derribos, han vuelto a ser descubiertos.
Durante las obras referidas, en 1952, se descubrió una
bonita escalera de estilo gótico, tallada en la misma roca,
y que daba acceso a la torre del homenaje.
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CASTILLO DE SANTAN CATALINA -
JAÉN
El Castillo de
Santa Catalina es una construcción defensiva de origen
cristiano medieval, que corona el cerro del mismo nombre y
desde el que se divisa toda la ciudad de Jaén, los olivares
y las montañas circundantes de la zona.
El nombre le viene dado por la capilla que se construiría en
el castillo tras su conquista. La Capilla de Santa Catalina
es de estilo gótico, y fue construida entre los siglos XIII
y XIV
En una peña de Jaén, estribación de Jabalcuz y dominante por
sus 820 metros de altitud, decidieron los musulmanes alzar
su propia fortaleza. Así pues, donde hoy está el denominado
Castillo de Santa Catalina, existió una fortaleza de origen
árabe (el castillo de Abrehuy), de la que aun quedan algunas
evidencias. No obstante, la construcción visible actual es
de origen cristiano, siendo erigida tras la conquista de la
ciudad por Fernando III el Santo en 1246, quien por tanto se
la arrebató al rey moro Al-Ahmar.
Llegarían pues a existir tres fortalezas, o fortificaciones,
que fueron construidas a lo largo de los siglos; el Castillo
Viejo, el Alcázar Nuevo y el de Abrehuy.
Durante el siglo XV se llevaron a cabo unas reformas
impulsadas por el Condestable de Castilla Don Miguel Lucas
de Iranzo, que dio lugar a la unión del Alcázar Nuevo y el
Alcázar de Abrehuy, separados hasta entonces por una
explanada. Estas obras finalizarían con la construcción de
la Torre del Homenaje.
Aunque el Alcázar Nuevo fue mandado construir por Fernando
III, fueron Alfonso X y Fernando IV los reyes que
intensificaron y culminaron las obras en el siglo XVII.
En el siglo XIX, cuando Napoleón Bonaparte entra en España y
sus tropas llegan hasta la ciudad de Jaén, el Castillo de
Santa Catalina fue modificado por las tropas napoleónicas,
que destruirían parte del aljibe, con objeto de albergar en
su interior un polvorín, donde surgirían dos habitaciones
usadas como caballerizas. Un hospital sería construido por
los franceses, que se asentaron con gusto en este castillo
durante la ocupación francesa, de tal forma que se
realizaron varias reformas dentro de las cuales están los
pabellones para el gobernador, una plataforma artillera o
incluso un área de oficinas.
En la actualidad tan sólo se conserva el Alcázar Nuevo, así
como resquicios y evidencias de otras construcciones del
pasado.
El 3 de junio de 1931, se declaró mediante un Decreto
Monumento Histórico Artístico. Sobre los restos que ocupaban
las otras dos fortalezas, se construyó en 1965 el actual
Parador Nacional de Turismo.
Es famosa la Cruz que se erige al otro lado del cerro, no
por su valor artístico en sí mismo, sino por ser un perenne
símbolo de la ciudad. Esta cruz monumental hace memoria a la
que en aquel mismo lugar mandó colocar Fernando III tras
arrebatar la fortaleza al rey Alhamar.
El día de Santa Catalina (25 de noviembre), la tradición es
subir a pie al castillo y asar sardinas. Además de
convertirse en lugar de encuentro y de paseo, el castillo ha
dado lugar a varias leyendas populares.
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CASTILLO DE
BELMONTE
-
CUENCA
La atención principal del poderoso magnate Don Juan Pacheco
se centró en Belmonte en fortalecer la población ciñéndola
con dilatado y recio muro, y en construir para sí una morada
en lo alto del cerro de San Cristóbal en la parte oriental
de la villa: El Castillo, donde se volcará la fantasía y el
poder del marqués en una construcción "tan bella, tan
magnífica, tan robusta en su armazón y tan marcial en su
apostura" que es la traza más original de los Castillos de
España.
Belmonte, que
indudablemente es la querida villa natal de Don Juan Pacheco
manda que "sea cercada e rodeada en derredor con una cerca
de cal e canto" hasta su suntuoso Castillo, mezcla de lujoso
palacio y recia fortaleza, donde refugiarse y descansar de
su ajetreada y frenética actividad.
El Castillo es
de traza o planta completamente singular y, en todo caso,
única. El artista que lo trazó da rienda suelta a su
imaginación, aún sin olvidar en ningún momento las reglas
clásicas de construcción castrense. ¿Quién fue su arquitecto?
La época en que está construido, algunos elementos
decorativos exactamente igual que los de la Colegiata y
sobre todo las marcas de los canteros que se aprecian en el
Castillo que son las mismas de la Colegiata, hace pensar en
el Maestro Hanequín de Bruselas.
El Castillo se
compone de un cuerpo principal y de una barrera o muralla
exterior que le ciñe por completo y de la que por ambos
lados arrancan y descienden las murallas de la villa. Este
cuerpo principal está trazado sobre un triángulo equilátero
que es el patio de armas del castillo, a cuyos lados van
adosados dos cuerpos rectangulares de tres pisos que
componen la parte noble y residencial. El tercer lado es la
torre del homenaje, que proteje y guarda la parte más
accesible donde se alojaba la tropa. El conjunto se forma
por una planta estrellada en cuyas seis puntas se levantan
otros tantos torreones cilíndricos, y así el castillo de
Belmonte es una construcción rara y única en la arquitectura
civil y militar. Por ello es necesario entrar dentro de él,
visitarlo con detención y comprobar su importancia como uno
de los grandes monumentos del arte gótico-mudéjar de España,
y sin género de dudas, el mejor de todos ellos.
Al franquear el
umbral del Castillo por la puerta llamada del Campo, nos
encontramos con un anchuroso espacio libre o patio entre el
castillo y su muralla, que se llama albacara, servía de
refugio a los habitantes de la Villa en caso de ataque de
los enemigos, y allí con sus enseres y ganados se veían
protegidos por el señor.
Pasada la
segunda puerta llegamos al patio triangular donde se asoman
dos galerías de arcos ojivales, y geminados los del segundo
piso. Por la escalera señorial y sorprendente, por el
fastuoso despliegue de ornamentación, llegamos a las salas
interiores donde la escasa decoración se centra en las
jambas de las puertas y ventanas, algunas de grandísima
fastuosidad, y en los frontales de las chimeneas de campana.
Las propias sombras del edificio con su inmenso y desolador
silencio, ponen otra nota característica del Castillo, y a
pesar de ello su belleza arquitectónica adquiere un
esplendor rutilante. Porque la gloria del Castillo de
Belmonte, se ha dicho, son sus artesonados, sin duda alguna
los más variados y bellos de España en edificios civiles.
Policromados todos ellos, juegan los colores rojos,
amarillos y azules, alternando con los ocres y tonos
naturales de la madera de pino, creando un efecto
maravilloso y de ensueño al contacto con la luz exterior.
Los motivos de los artesonados son sorprendentes, nacidos
todos de la rica imaginación mudéjar: casetones
rectangulares y cuadrados, alternando con modelos
geométricos estrellados y otras piezas de lazos y cruces con
decoración floral. Ricas tirantas apoyadas en ménsulas
bellamente decoradas. En otras salas aparecen célebres
pinjantes o mocárabes suspendidos en los centros de ricos
rosetones. La fantasía alcanza extremos inauditos donde, se
dice, eran las habitaciones de los señores: la cúpula era
giratoria, y enriquecida por la presencia de pequeños
cristales de colores, producía un juego de reflejos al
devolver los rayos de luz desde los fondos de los casetones,
mientras sonaban tenues campanillas de plata.
Junto con toda
su belleza, el Castillo estaba provisto de los medios
necesarios de defensa para sostener un largo asedio. Sabemos
que en tiempos de Don Jorge Manrique cuando éste cae herido
en la batalla de Alcañavate en 1479 había en el Castillo de
Belmonte 100 lanzas de a pie. En 1672 todavía quedan en el
Castillo siete morteros y cinco pedreros de hierro con un
gran número de piezas de artillería del mayor calibre que
entonces se conocía.
Indudable parece la tradición que este Castillo sirvió de
refugio a la princesa doña Juana la Beltraneja, y cuenta la
misma tradición que doña Juana escapó del Castillo por una
ventana en plena noche.
El Castillo fue
objeto de una restauración importante por orden de la
Emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba y esposa de
Napoleón III en el año 1857. Se hizo cargo de la dirección
de las obras el arquitecto español Sureda. A la caída del
Imperio los trabajos se interrumpieron, y se reanudaron años
después por orden del Duque de Peñaranda, sobrino de la
Emperatriz. Más tarde fue ocupado el Castillo por una
comunidad de frailes Dominicos a los que se los cedió la
emperatriz, y en él permanecieron hasta el año 1885. La
emperatriz Eugenia habitó temporadas en el Castillo, después
de muerto su esposo Napoleón III, realizando algunas
reformas en el interior del recinto.
En la Guerra
Civil Española, y después de ella, sirvió de cárcel del
Partido Judicial de Belmonte y por último se habilitó como
academia de mandos del Frente de Juventudes. En los años
1991 y 1992 se han hecho obras importantes de restauración
en el Castillo, tales como reposición de sillares en almenas
y muros con llagueado y reparación de mampostería y sillería;
reparación de cubiertas, torres, chimeneas. Limpieza y
restauración de artesonados; ventanales de nueva
construcción con vidrieras emplomadas, repaso general y
arreglo de puertas; rescates de estucos en diferentes
dependencias. Esta restauración la hizo la Escuela Taller de
Belmonte, del Fondo Social Europeo del I.N.E.M., bajo la
dirección técnica del arquitecto D. Casto García García y el
aparejador D. Juan J. Pacheco Pacheco.
Y el Castillo de Belmonte sigue luciendo su impresionante
traza de solidez y armonía en los Campos de La Mancha bajo
el cielo limpio e inmenso de Castilla.
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TORRE
DE LA CALAHORRA -
CÓRDOBA
La Torre de la
Calahorra es una fortaleza de origen islámico concebida como
entrada y protección del Puente Romano de Córdoba (España).
Vista de la Torre de la Calahorra y del Puente RomanoLa
torre, que se levanta en la orilla izquierda del río
Guadalquivir, fue reformada por orden de Enrique II de
Trastámara para defenderse de su hermano Pedro I de Castilla.
A las dos torres existentes, se le añadió una tercera,
uniéndose todas ellas por dos cilindros con la misma altura
que aquéllas.
Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1931.
Más tarde fue cedida al Instituto para el Diálogo de las
Culturas (Fundación Roger Garaudi) quien ha instalado un
museo audiovisual. Este museo presenta una panorámica
cultural del apogeo medieval de Córdoba, del siglo IX al
siglo XIII, basado en la convivencia de las culturas
cristiana, judía y musulmana.
CASTILLO E IGLESIA DE LA CALATRAVA LA NUEVA -
CIUDAD REAL
El
Sacro-convento Castillo de Calatrava la Nueva se halla
situado en el cerro Alacranejo, dentro del término municipal
de Aldea del Rey, a pocos km de Almagro, en la provincia de
Ciudad Real (España). La ciudad de Almagro perteneció a la
orden de Calatrava.
En lo que hoy es el aparcamiento (final del camino de acceso),
se han encontrado restos de la Edad del bronce y de un
poblado visigodo. La fortaleza se halla situada en la cima
de un cerro en forma de cono a 936 m de altitud, con una
densa vegetación autóctona en sus laderas y en su base
rodeado de grandes pedrizas o canchales que hacen difícil su
acceso. El camino empedrado hoy existente se hizo para la
visita de Felipe II a la fortaleza en 1560 y nos lleva hasta
la base del castillo. Su situación controla uno de los pasos
naturales hacia Sierra Morena. No se conoce con exactitud el
año inicial de su construcción, sí bien hay referencias de
su uso por Nuño de Lara en 1187 como antiguo Castillo de
Dueñas y más tarde pasaría a la Orden de Calatrava.
Es una fortaleza de grandes dimensiones (46.000 metros
cuadrados), construida por los caballeros calatravos en los
años 1213 a 1217, después de la batalla de las Navas de
Tolosa, empleando como mano de obra a buena parte de
prisioneros tomados en dicha batalla. Una vez erigida, se
convirtió en sede de la Orden de Calatrava, y en una de las
más importantes fortalezas de Castilla. Su historia corre
pareja a la de la propia Orden.
Fue construido para sustituir como sede maestral a la ciudad
de Calatrava la Vieja, situada más al norte, en la margen
izquierda del río Guadiana, lugar donde a mediados del s.
XII se había fundado esta Orden militar.
El castillo pervivió hasta el siglo XIX, en que fue
abandonado tras las desamortizaciones religiosas emprendidas
por el ministro Mendizábal para sanear las cuentas estatales
en 1835.
Se conservan documentos en que se detalla todo el edificio y
la distribución de las habitaciones. En realidad se trata de
un complejo recinto compuesto por iglesia, convento,
hospedería, puebla y recinto externo, todo fuertemente
fortificado. Desde la llanura se asciende a la fortaleza
bordeando sus murallas exteriores y se llega una explanada
donde se abre la puerta exterior del siglo XV, que permite
entrar en el recinto externo o liza que está limitada por
dos murallas casi paralelas. Este recinto se utilizaba para
guardar el ganado, para alojar tropas en tránsito y para
refugio de campesinos en caso de peligro.
El recinto visto desde la llanuraDesde la liza se accede a
la zona del convento por una enorme cámara situada junto a
la muralla, semi-subterránea. En esta cámara se situaba el
cuerpo de guardia y las caballerizas. Sobre ella se
levantaba la hospedería que hoy se halla muy destruida. Al
salir de las caballerizas se entra en un espacio defensivo
intermedio, que era un lugar de paso. A la derecha se
encuentra el convento del que sólo quedan los suelos y parte
de los muros.
El camino continúa hacia el castillo cuyos altos muros se
levantan ante el espectador. A la izquierda pueden verse
diversas estancias semi-subterráneas que se pueden visitar.
Se trata de antiguos almacenes sobre los que se levanta hoy
la vivienda del guarda, que a su vez ocupa parte de la
antigua hospedería. Continuando por el camino, a la derecha
pueden verse enormes rocas cortadas a pico que forman la
base de las murallas del castillo y a la izquierda una
explanada acondicionada hoy con mesas para uso de los
visitantes. Desde aquí se domina el recinto de la puebla que
conserva las murallas completas por cuyo adarve se puede
circular. En dicha puebla había calles y casas y era donde
vivían los servidores del castillo y del convento. Está
situada en un gran saliente rectangular de la muralla y
tiene sus torrecillas y un portillo de los llamados secretos.
La iglesia
Es de estilo cisterciense. Tiene un gran rosetón en su
fachada, del tiempo de los Reyes Católicos. Los
contrafuertes son a modo de torreones. En el interior se ven
tres amplias naves cubiertas con bóvedas de ladrillo y tres
ábsides con arcos apuntados. En el lado izquierdo había
capillas funerarias que luego fueron tapiadas y destruidas y
que están por restaurar. A la izquierda de la fachada estaba
el palomar y el pozo de nieve. Había una entrada desde la
liza. A la derecha se encuentra el Campo de los Mártires (cementerio),
con su capilla, y también enormes aljibes subterráneos y el
camino de subida al castillo.
Al claustro del convento se accede por una puerta de la nave
lateral derecha. Quedan vestigios de los soportes de arcadas.
Detrás de este claustro hay un paso entre sus muros y los
cimientos del castillo por el cual se llega a la primera
puerta del recinto del castillo propiamente dicho.
El castillo propiamente dicho
Se encuentra en el centro y en lo más alto de toda la
fortaleza. Su primera puerta, con arco apuntado, funcionaba
como barbacana que protegía la segunda puerta a la que se
llega tras un recorrido en codo y a cielo raso.
La segunda puerta se abre en los muros del castillo y da
acceso a una gran caballeriza con bóveda de cañón apuntado,
separada del patio de armas por pilares.
Una vez situados en el patio de armas, a la derecha hay una
escalera moderna de caracol, de piedra, que accede al
antiguo archivo de la Orden. A la izquierda está la entrada
de la cámara del Maestre, con la Cruz de Calatrava sobre el
arco apuntado. Debajo hay un aljibe. En frente, se encuentra
el acceso principal a las dependencias del castillo; se
trata de una gran escalera que conduce a diversas cámaras.
Esta escalera conduce a cuatro niveles:
Primer nivel: A la derecha se entra en una cámara abovedada
que se comunicaba con el piso de arriba por una trampilla en
el techo. Al fondo, por una estrecha entrada se accede a un
aljibe. Hay que volver a la escalera para continuar la
ascensión.
Segundo nivel:
Allí se encuentra una cámara larga y estrecha que estuvo
dividida en dos plantas por un suelo de madera. A la segunda
planta de suelo de madera se accedía desde la plataforma en
que va a desembocar la escalera si seguimos por ella.
Tercer nivel:
Esta plataforma era la planta principal. Sólo conserva sus
muros y ventanas. Está a 20 m desde el suelo exterior. Desde
ella se puede llegar al archivo, (cámara abovedada con una
ventana que mira al castillo de Salvatierra que está a poca
distancia). Por el lado opuesto se llega al último nivel.
Último nivel:
Desde aquí se domina todo el recinto. La vista desde la zona
de los mástiles es impresionante: Al sur se ve Sierra Morena,
al este, el castillo de Salvatierra y Calzada de Calatrava
(pueblo concebido como granero de la fortaleza). Wikipedia
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CASTILLO DE CORTEGANA
-
HUELVA
Se debió construir hacia 1293 por orden del rey Sancho IV El
Bravo, como parte de la llamada «Banda Gallega», línea
defensiva paralela a la frontera portuguesa. En este punto
concreto, se defendía a la ciudad de Sevilla ante posibles
invasiones desde el país vecino, ya que en la época existió
una fuerte disputa sobre las fronteras de ambos reinos.
Otros castillos de este mismo sector son los de Aroche,
Aracena (Huelva) y El Castillo de las Guardas (Sevilla). El
sistema defensivo se completaba con una serie de torres
intercomunicadas con ahumadas de día y hogueras durante la
noche.
Hay que destacar que el castillo no fue asentamiento feudal,
sino que está más en la línea de fortificaciones construidas
en apoyo de la reconquista, o para estabilizar las fronteras
entre reinos peninsulares. Estuvo regido por un Alcaide, y a
lo largo de su historia sufrió numerosos deterioros,
motivados unos por el progresivo abandono en que fue cayendo
al cesar su finalidad militar, y otros, debidos a causas
naturales, como los ocasionados por el terremoto de Lisboa
de 1755. Ha sido objeto de varias reparaciones, la más
importante de las cuales fue la restauración realizada en
los primeros años de la década de los setenta, que lo
devolvió a su primitivo estado.
El castillo Fortaleza consta de dos sectores: una primera
muralla defensiva, la Barbacana, restaurada parcialmente, y
el Castillo propiamente dicho. Este se divide a su vez en
dos partes: el patio de armas y el alcázar, flanqueados por
seis torres. Bajo el patio se halla un gran aljibe que se
conserva casi intacto, y que servía de suministro de agua al
castillo. El Alcázar consta de dos plantas superpuestas que
sirvieron para habitación del Alcaide, almacén y mazmorra.
Una terraza corrida sirve de techo al Alcázar. En ella
sobresale la Torre del Homenaje, de construcción ligeramente
posterior al resto del edificio, y que es su punto más alto.
Un largo paseo de ronda circunvala toda la construcción.
En la actualidad, continúa perteneciendo al Ayuntamiento de
Sevilla, pero los organismos ocupados de su mantenimiento
son el Ayuntamiento de Cortegana (tf. 959 23 25 50-51) y la
Asociación de Amigos del Castillo (Apartado de correos 38,
tf. 649 26 51 26), junto con otras instituciones autonómicas
y nacionales. Está declarado como Bien de Interés Cultural,
con la categoría de Monumento. Fuente; http://www.cepalcala.org
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CASTILLO DE MANZANARES EL REAL -
MADRID
El castillo de
Manzanares el Real es el mejor conservado de la Comunidad de
Madrid. Es un auténtico emblema de la Comunidad de Madrid.
El Castillo se construyó en el Siglo XV.
La fortaleza fue levantada sobre una antigua ermita
románico-mudéjar a finales del siglo XV (inicio de las obras
entre 1475 y 1478) que aún se conserva adosada al este del
edificio en estado ruinoso, sin techumbre. Actualmente
pueden observarse aún las tres naves que componían su
planta.
El Castillo fue reconstruido en 1914 por Lampérez y en 1977
por Valcarcer. Por tanto, el castillo actual es una
restauración del segundo castillo de la familia Mendoza.
Insignia máxima de la localidad de Manzanares
el Real.
El castillo se
alza majestuoso entre las aguas del embalse de Santillana y
las alturas rocosas de La Pedriza. El Castillo-palacio tiene
un aspecto señorial. Para su construcción se emplearon parte
de los materiales del primer castillo de los Mendoza.
La historia de Manzanares el Real está muy unida a la de la
familia Mendoza. La familia Mendoza comenzó construyendo el
primer castillo de Manzanares el Real.
En 1383 la Corona (Juan I) dona a Pedro González de Mendoza
(1340-1385) las tierras que conforman el Real de Manzanares.
Se cree que fue su hijo, Diego Hurtado de Mendoza
(1365-1404), quién mando construir el primer castillo
(castillo viejo), del que solo quedan unas ruinas de su
planta. Esté sería, hasta 1470 la residencia de los Mendoza.
Se cree que fue Don Iñigo López de Mendoza (1398-1458), el
Primer Marqués de Santillana, el que empezó a pensar en la
necesidad de la construcción del segundo castillo de
Manzanares el Real, pero las obras del segundo castillo
fueron iniciadas por su hijo Don Diego Hurtado de Mendoza
(1415-1479), al que los Reyes Católicos concedieron el
título de Primer Duque del Infantado, que construyó el
cuerpo principal y las cuatro torres. A su hijo Don Iñigo
López de Mendoza (1438-1500) se debe su conclusión.
Del castillo original se conservan el exterior y parte de
los elementos estructurales del interior, el resto ha sido
restaurado por la Comunidad de Madrid, como hemos señalado,
entre los años 1974 y 1977.
El segundo castillo se erigió como recinto
militar
aunque pronto
se convirtió en residencia familiar de los Mendoza. Se trata
de un singular edificio castillo-palacio del último gótico,
diferente al resto de castillos. Aunque tiene un aspecto
general de fortaleza, es un castillo más noble y culto que
fiero y hosco, la residencia ideal del caballero
renacentista, mitad poeta y mitad soldado. El castillo es de
doble recinto, pudiéndose recorrer el camino entre el
palacio y las murallas, y el adarve, sobre éstas. La parte
residencial se organizó alrededor de un patio central
interior de plata rectangular.
El castillo-palacio se concibió con lujosos
salones en torno a un patio central
La planta es
cuadrangular (44 por 36 metros.) y consta de un patio
central porticado y dos galerías sobre columnas octogonales,
con torres en los ángulos, tres cubos cilíndricos y un
torreón cuadrado, conocido como la Torre del Homenaje. Las
torres están almenadas y adornadas con bolas calizas de
estilo isabelino, que también se encuentran en la cornisa,
decorada con los escudos de los Mendoza, Luna y Enríquez. La
Torre del Homenaje se encuentra rematada por una torreta
octogonal. Todo el edificio está rodeado de una barbacana
almenada que posee saeteras cuya parte superior termina en
una cruz potenzada, símbolo del Santo Sepulcro de Jerusalén,
título que poseyó Don Pedro González de Mendoza
(1.428-1.495) que residió a finales del siglo XV en el
Castillo. El edificio también tuvo un foso que no se
conserva.
La fachada sur tiene una especial belleza
A los elementos
defensivos se unen otros de carácter cortesano como la
exquisita galería meridional gótica, con estupendas vistas
al embalse de Santillana, considerada como una de las más
bellas de España. La fachada meridional muestra una galería
cubierta en cuya cara se incluyeron arcos rebajados con
ventanas góticas entre columnas ricamente decoradas, en
medio de los cuales se ubicó una pilastra de estilo gótico
flamígero. La fachada sur, la galería y el patio con
arquerías son de estilo gótico mudéjar, realizadas por Juan
Guas. Esta galería gótica renacentista es el elemento de
mayor encanto en el aspecto exterior del castillo, además es
un mirador incomparable sobre el panorama del pie de sierra
madrileña.
Juan Guas también completó el patio del castillo con pilares
y arcos conopiales. Del mismo modo las decoraciones de Juan
Guas también se observan en las torres, rematadas con bolas
esculpidas y un festón de piedra ricamente labrado bajo las
almenas.
El interior del Castillo tiene un
equipamiento moderno
Las estancias
interiores han sido muy remodeladas siguiendo las
directrices del siglo XV, pero cumplen funciones culturales
y así cuenta con varias salas de exposición equipadas con
las últimas tecnologías como circuito cerrado de TV. o
traducciones simultaneas.
Este edificio madrileño representa el ideal de fortaleza
señorial. Es una de las joyas del último gótico civil
hispano aunque con influencias renacentistas italianas.
El castillo está rodeado por una barbacana con saeteras en
las que se ha esculpido en bajorrelieve la cruz del Santo
Sepulcro de Jerusalén. En el castillo de Manzanares el Real
se firmó el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid.
En la actualidad se utiliza para actividades culturales,
reuniones y congresos. Este bello edificio de Manzanares el
Real es visitado por unas 60.000 personas al año.
Con el declive de los Mendoza acaba la historia del castillo
como residencia señorial. Dejo de utilizarse debido a las
desavenencias producidas a la muerte del cuarto duque del
Infantado (1566). La falta de utilización llevó el
castillo-palacio a casi la ruina, a pesar de que en 1931 fue
declarado Monumento de Interés Histórico Artístico.
En 1965 el castillo fue cedido a la Diputación de Madrid por
parte del duque del Infantado Iñigo de Arteaga y Folquera.
En 1974 se iniciaron las obras de restauración que dan lugar
al edificio actual. En 1977 abrió sus puertas al público.
Debido al abandono secular casi no se conservan objetos
originales de los Mendoza.
Sin embargo, la Comunidad de Madrid ha ido adquiriendo
distintos elementos decorativos: Destacan los diez tapices
barrocos del siglo XVII, que describen la vida de Julio
Cesar y distintos pasajes bíblicos. También merecen ser
citadas las armaduras de estilo gótico y la biblioteca
dedicada a castillología española.
Actualmente el castillo está abierto al público y se
celebran en el exposiciones, asambleas, congresos, etc.,
alquilándose incluso a particulares o empresas privadas.
Fuente: http://greenfield.fortunecity.com/
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CASTILLO DE NOGALES -
BADAJÓZ
El castillo de
Nogales se eleva ligeramente, ya que está situado en un
pequeño cerro desde el que domina el territorio circundante,
en la localidad de Nogales, provincia de Badajoz, muy cerca
a Portugal y a las localidades de Jerez de los Caballeros y
Zafra. Se localiza en la parte centro-sur de la provincia de
Badajoz y posee una buena comunicación con las poblaciones
vecinas.
Según algunas fuentes, la primera fundación del pueblo data
del año 1340, cuando es objeto de unas transacciones entre
Lorenzo Vázquez de la Fuentseca y el rey Alfonso XI, que a
su vez lo dona a don Pedro Carrillo, y éste ultimo lo empeña
a Enrique Enríquez el Mozo, quien se quedaría con la
propiedad en 1344 por impago del préstamo (40.000 maravedíes).
Los herederos de Enrique Enríquez el Mozo, después de
litigar con Diego Martínez de Cáceres ante la audiencia de
Valladolid, vendieron Nogales en el año 1395 al primer señor
de Feria, don Gómez Súarez de Figueroa.
Según consta en el documento que se guarda en el Archivo de
la Casa Ducal de Medinacelli, el 30 de mayo de 1448, el
asentamiento, hasta entonces emplazando en la parte baja del
cerro, fue refundado sobre el cabezo o atalaya de Nogales,
por Lorenzo Suárez de Figueroa. Comenzó entonces a
repoblarse el territorio, construyéndose además un castillo
para garantizar su protección.
En una inscripción que hay sobre la puerta de la torre del
castillo de Nogales se señala que la fortaleza fue
construida, entre los años 1458 y 1464, por mandato del
entonces Señor de Villalba don Lorenzo Súarez de Figueroa,
hijo de Gómez Suárez de Figueroa, nieto de Lorenzo Suárez de
Figueroa y de Diego Hurtado de Mendoza, campeando encima los
escudos de Figueroa y de su esposa María Manuel. Este
Lorenzo, primer Conde de Feria, murió en el año 1461 y le
sucedió su hijo Gómez que terminó el castillo y colocó otra
inscripción, ésta en el recinto exterior, en la que se
indica que fue terminada por este Gómez Suarez de Figueroa
en el año 1464, quien coloca dos escudos, uno con las armas
de Figueroa y Manuel que le son propias y otro con las de su
esposa Constanza Osorio y Rojas.
El castillo de Nogales es uno de los tantos castillos que
poseía la familia Figueroa. Entre ellos, podemos señalar el
de Los Arcos (de la misma época que el de Nogales), el de
Zafra, el de Salvatierra de los Barros y el de Villalba de
Barros. Esta familia era una de las más poderosas de la zona,
así lo demuestra la posesión de todos estos castillos y sus
territorios circundantes. Mantuvieron con los Reyes
Católicos una serie de disputas por el poder.
El castillo y toda la zona fue también escenario de los
enfrentamientos que se mantuvieron contra franceses y
portugueses.
El castillo de Nogales es una de las realizaciones militares
más destacadas de la región, por la regularidad de su traza,
buena construcción y armonía arquitectónica.
La planta del castillo se ajusta a uno de los modelos más
frecuentes de castillos señoriales del siglo XV, un recinto
cuadrangular murado con lienzos de moderada altura, a modo
de cerca perimetral, con cubos redondos o baluartes en las
esquinas, y una esbelta torre de Homenaje en el centro,
disponiéndose un patio a la redonda entre uno y otro
elementos y un foso, ya desaparecido, que circundaba el
recinto exterior. Todo el recinto está almenado y
perimetrado por una cornisa de canecillos de ladrillo de
particular valor plástico.
Como elemento defensivo básico destacan sus fuertes muros de
piedra de más de dos metros de espesor, en los que se abren
pequeños vanos o saeteras, que aparecen también surcando los
muros de la torre del Homenaje que se levanta gloriosa por
encima de todo el entramado arquitectónico. En los vértices
de la muralla hay cuatro torres circulares, y toda ella
estaba rodeada por un foso que no se conserva en la
actualidad.
La torre del Homenaje es de planta cuadrada, de 13 metros de
lado por 35 de altura, con varios pisos y una terraza. Sus
muros son de gran grosor y en ellos se abren al exterior una
serie de vanos. De todas las plantas, la tercera es la más
hermosa. Todas ellas presentan la misma estructura y sus
techos están cubiertos por bóvedas de crucería. Estaba
rematada por almenas troncopiramidales, que en su mayoría se
han perdido.
Se simultanean en la obra los detalles eminentemente
defensivos de tradición medieval, o las grandes troneras
propias de la guerra y la artillería modernas, junto con
algunas muestras de mayor refinamiento y calidad plástica,
como las cornisas de ladrillo con bandas y canecillos que
recorren lo alto de todos los muros y sobre las que se
levanta el almenaje de la cerca exterior y de la torre de
Homenaje.
Destaca la decoración de la elegante puerta de acceso, donde
se fusiona el arte gótico con el árabe. Gótico por su arco y
sus pilastras y árabe por su alfiz. En el interior
proliferan los motivos árabes realizados en ladrillo, madera
y azulejos. Hoy en día, esto se ha ido perdiendo. Encima de
la puerta campea la inscripción y los escudos, ya citados,
del matrimonio promotor de las obras.
Otros elementos destacables de esta fortaleza son los
escudos de armas de los Suárez de Figueroa, lápidas con
inscripciones y otros elementos que se sitúan en diversos
puntos de la construcción.
El material que se utiliza es la piedra. Se emplean dos
sistemas constructivos que son los más habituales en este
tipo de edificaciones: la mampostería para los muros y los
sillares bien elaborados para los ángulos. Para adornar las
ventanas y para otros detalles, se usa el ladrillo; esto
muestra la influencia que tuvieron los árabes en estas zonas.
La Junta de Extremadura ha realizado recientemente obras de
restauración e esta fortaleza. Hasta hace poco su estado no
era muy bueno. No se encontraba en ruinas pero había sufrido
el abandono y la desidia durante mucho tiempo. Se mantuvo en
perfecto estado incluso en las contiendas bélicas que España
mantuvo con franceses y portugueses. Llegó a recuperar su
posición estratégica pero, más tarde, cayó en el descuido.
Adosado al castillo se encuentra el cementerio del pueblo.
Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de
22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio
Histórico Español.
Otros monumentos importantes de Nogales son la iglesia
parroquial de San Cristóbal (siglo XV), la ermita de las
Santas Justa y Rufina, las fuentes Vieja, Grande y Nueva,
las dos primeras originarias de principios del XVII y
situadas por debajo del nivel del suelo, el antiguo crucero
de piedra sobre grada de ladrillo, al final de la calle
Calvario.
También el puente, que data del siglo XVI, está edificado
con mampostería y ladrillo, contan de seis arcos de
diferentes modelos, y tajamares y estribos también distintos
entre sí. Aún manteniéndose en servicio, y su estado de
conservación es bueno. Fuente: castillosnet
CASTILLO DE
SÁDABA -
ZARAGOZA
El castillo se
Sádaba se alza sobre un pequeño cerro de la localidad del
mismo nombre, en la comarca de Cinco Villas, a 90 kilómetros
al norte de Zaragoza, y en la frontera con la provincia
vecina, Navarra. Cerca a ella corre el río Arba, afluente
del Ebro, uno de los principales ríos españoles. El castillo
se localiza en un pequeño cerro y la villa estuvo en un
principio a sus pies, pero en el siglo XV se trasladó al
otro lado del río. Entre las localidades más próximas se
encuentra Ejea de los Caballeros, renombrada población de
carácter militar.
La zona de Sádaba se empezó a repoblar en el siglo XI. Un
castillo más primitivo que el actual data del año 1125.
Posteriormente, en 1158, pasó a manos de Don Pedro García.
En 1215 el rey de Navarra, Sancho VII, lo incluyó en sus
territorios por la proximidad de la localidad de Sádaba a su
reino. Fue escenario de numerosas guerras. En el siglo XVI
se mantuvo en buen estado pero se abandonó en los siglos
siguientes.
El Castillo de Sádaba es de estilo bajomedieval con
decoraciones claramente cistercienses (siglo XIII). Es
atípico por la carencia de elementos defensivos, como la
torre del homenaje o la muralla. No existe foso ni tampoco
barrera. Las saeteras y los vanos son escasos y no posee
matacanes. Sus únicas defensas son el grosor de sus muros,
con sus torres cuadradas rematadas en almenas, y los adarves.
El recinto amurallado es de planta rectangular bastante
regular, de 38 x 30 metros de lados, y ocupa una superficie
de más de 1.000 metros cuadrados. Su altura uniforme y
considerable. Presenta en torno a su patio siete torres
también de planta rectangular y muy diferentes unas de otras,
cuatro de ellas en las esquinas. La torre situada en la
parte suroeste es un poco mayor que las restantes y es la
que tiene la puerta de ingreso al recinto fortificado sin
que por ello pueda considerarse como la del homenaje.
Destacan la escasez de vanos y su remate en almenas
rectangulares. En el patio de armas destaca el aljibe, de
gran capacidad, con tres arcos apuntados que sostenían una
bóveda que actualmente no se conserva. El castillo fue
propiedad, durante algún tiempo, de la Orden de San Juan y
así lo constata la cruz que aparece en una puerta de la
Capilla del patio. Un estrecho camino de ronda atraviesa las
torres, da entrada a una especie de zagúan descubierto por
el que se accede al patio de armas, bastante extenso.
Sobre todo destaca la gran sobriedad que presentan los muros,
construidos en piedra labrada, en sillares perfectamente
trabajados y colocados en hileras horizontales que sólo
rompen su estructura para la formación de las torres que se
colocan en los puntos defensivos claves del edificio.
Etimológicamente, Sádaba viene de "Sabub", término de origen
árabe que con el tiempo derivó en Sádaba. Por lo tanto, su
nombre no es de origen latino, como se pudiera pensar, sino
que su ascendencia se remonta a la época del dominio
musulmán en la península Ibérica.
Durante muchos años la fortaleza de Sádaba se mantuvo en
total y absoluto abandono. En la actualidad ha pasado a
manos de la administración provincial de la Diputación
General de Aragón que es quien se está encargando de
restaurarla y mantenerla en óptimo estado de conservación.
Fuente: http://www.castillosnet.org
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en su sitio web con AdSense de Google

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