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CROTALOGÍA O CIENCIA DE LAS CASTAÑUELAS
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sobre la Cultura Española a pie de página.
QUÉ COSA SEA CROTALOGÍA Y NOCIÓN DE ESTE NOMBRE
Qué cosa sea
Crotalogía y noción de este nombre
Definición I. Crotalogía es una ciencia que enseña a tocar
debidamente las castañuelas.
Explicación. Es bien notorio que la castañuela es un
instrumento tan vocinglero y charlador, que por su
naturaleza y esencia serviría más bien a turbar y confundir
la armonía de la música o del baile, que a ser la regla por
donde hayan de regirse sus compases y movimientos. No
obstante el ingenio ha llegado a domar su dureza en tal
forma, que vemos por la experiencia ser las castañuelas la
regla, el criterio, la norma, la pauta, el arancel, la ley,
la razón y la medida por donde se calculan, rigen, moderan,
ordenan, componen, arreglan, equilibran y perfeccionan los
varios y difíciles movimientos de un cuerpo bailante; y
además de esto se sostienen, se aceleran o prolongan los
compases y tiempos de los otros músicos instrumentos.
Observación I. Hasta la hora presente no se ha podido
sujetar la voz de la castañuela a que diga clara y
distintamente mi, ut, fa, re, u otra voz determinada y fija
perteneciente a las leyes musicales; por lo que se ve
claramente que la Crotalogía es una ciencia sencilla, que es
ciencia por sí misma distinta de la música, no solamente ut
quo, sino ut quod, esto es, como otra cosa; porque la música
es solamente arte, y la Crotalogía es ciencia.
Observación II. Una ciencia que arregla un baile, como la
escuadra los maderos, y la plomada las paredes; que
distingue y señala los golpes o compases por donde debe
dirigirse la música, parece que es superior a la misma
música. Pudiera por tanto llamarse, y no importunamente,
supermúsica, o Ciencia supermusical; pero nos hemos
contentado con insinuarlo, haciendo a las castañuelas uno de
los músicos instrumentos.
Definición II. El objeto de la Crotalogía son las
castañuelas debidamente tocadas.
Explicación. Toda ciencia recibe su especie del objeto de
que trata, y no tratando la Crotalogía de otro asunto que
del manejo de las castañuelas, estas son, y no otra cosa
alguna, las que deben hacer que la Crotalogía sea ciencia de
las castañuelas; porque si suponemos que ni hay, ni hubo, ni
habrá castañuelas en el mundo, se sigue por legítima
consecuencia, que ni habrá, ni hay, ni hubo ciencia llamada
Crotalogía.
Observación I. Siempre que no se verifique el real y
verdadero tocamiento o tocación de las castañuelas, no se
verificará el objeto perfecto y adecuado, de esta ciencia;
por tanto se dice que el objeto de la Crotalogía son las
castañuelas debidamente tocadas, cuyas últimas palabras
deben entenderse con todo el rigor y precisión de ideas que
suministra la Metafísica.
Nota I. Dirigiéndose esta ciencia a la comodidad y provecho
de personas, que no están muy acostumbradas a levantar la
imaginación dos dedos más arriba de lo que puede y debe,
según regla, alzar, levantar o ascender una cabriola, debe
advertirse, que aunque se diga Metafísica, no hay precisión
de que todos entiendan esta voz de una misma manera, así
como no la hay de que la entiendan todos con un mismo
entendimiento. Pero siempre será verdad que cada cual sacará
su resultado a proporción de su ingenio; porque las ciencias
son según se tratan, y hacen sabios y científicos en razón
proporcional al talento, disposiciones y aplicación del
sujeto que las estudia.
Observación II. El objeto material de la Crotalogía son las
castañuelas materialmente tomadas, ahora sean de madera,
ahora sean de marfil, plata u oro, ahora se traigan en la
faltriquera, o estén metidas en un buró, que antiguamente
llamábamos armario.
Observación III. El objeto material por sí mismo no
especifica una ciencia, y así se necesita el objeto formal,
que es aquella razón, orden, tendencia o manera particular
con que se habla o trata de una cosa, o con que una cosa se
refiere a otra, para formar un objeto total, perfecto y
adecuado.
Observación IV. Este objeto formal, o razón, que junto con
las castañuelas compone el objeto total de la Crotalogía, es
la tocabilidad, o por mejor decir, el tocamiento o tocación
actual de las mismas castañuelas, porque ni la Crotalogía
trata ni puede tratar de otra cosa que de las castañuelas
tocadas, ni estas pueden ser dirigidas especulativamente en
sus movimientos y sonido por las leyes de otra ciencia que
de la Crotalogía.
Observación V. Las castañuelas tocadas de cualquiera manera
pertenecen a esta ciencia crotalógica, aunque
imperfectamente: esto es, en cuanto son dirigibles por los
preceptos crotalógicos; porque como la ciencia es de lo más
arreglado y perfecto, por tanto, mientras no se verifiquen
castañuelas debidamente tocadas, tampoco se verificará
Crotalogía con su objeto total, adecuado, material, formal y
específicamente perfecto.
Corolario I. Supuesta la definición y nociones anteriores de
la ciencia, que enseña a tocar debidamente las castañuelas,
con razón y oportunidad se explica esta ciencia con el
nombre Crotalogía.
Demostración. Para significar la mencionada ciencia era
necesaria una voz, que sobre no ser común y vulgar, tuviese
a un mismo tiempo algo de misterioso, y algo de sonoro y
exótico: era necesaria una voz que se resistiese un tanto
cuanto a los oídos, sin permitir que las orejas rústicas y
plebeyas se hiciesen incontinenti señoras absolutas de su
significado.
Era necesaria una voz que llevase consigo algo de novedad, y
pusiese en arma los entendimientos para engolfarse en un mar
científico desconocido de los Magallanes, de los Davides, de
los Ulloas, de los Cookes, y de los Malespinas literatos.
Era necesaria una voz semejante a las de las otras ciencias,
que todas las tienen griega por todos cuatro costados, sin
que se pueda permitir entre sabios ciencia alguna, que no
traiga nombre y apellido de la Grecia, aunque su nacimiento
y alcurnia haya sido en medio de la Mancha.
Era finalmente necesaria una voz que nos dijese en dos o
tres vocablos griegos pegados, lo que nos pueden decir otros
tantos castellanos, con tal que estén o separados o unidos.
Todas estas circunstancias y condiciones tan precisas en la
nominación, o bien sea nombramiento de una ciencia nueva,
desconocida de Pitágoras, de Platón, de Aristóteles, y aun
de los célebres Bacon, Goudin, Roselli, Santo Tomás, Newton,
Wolfio, Le-Land, se encuentran cabalmente en la voz, nombre
o vocablo, con que se ha bautizado a esta ciencia, y se la
da a conocer a todo el orbe bolero. Su composición es de la
voz griega , y de la otra también griega . La primera
significa las castañuelas, y la segunda significa lo mismo
que razón, tratado o cosa semejante; de manera, que entre
las dos, pegadas por un extremo, vienen a decir cabalmente
Ciencia de las Castañuelas o Crotalogía, que es lo mismo.
Esta voz no deja de tener de lo desusado y de lo desconocido,
porque aunque la pudieran conocer por el logia, son ya
tantas las cosas a que se aplica el tal logia que se
quedarán en ayunas los que no sepan que crotalon significa
castañuela. Por lo mismo tiene un tufillo de novedad, y
rareza que no se puede dudar que petará a toda casta de
ingenios y de gustos, porque a la verdad, Crotalogía es un
nombre extraño; y esto es lo que se aprueba aun en los
colores.
Con que tenemos: que el nombre no puede tacharse por ningún
título; que con él se dice perfectamente la esencia y
naturaleza de la ciencia que tratamos, y esto no en
castellano, sino en griego puro.
Corolario. Por las mismas razones que se usa la voz
Crotalogía, es permitido y libre a todo género de personas
usar de las voces crotálogo y crotalógico, según más les
vinieren a cuento para explicarse con gracia, y dar un
cierto aire de novedad y de cultura a sus pensamientos; que
no hay duda que realzan mucho un discurso unas cuantas voces
exóticas, estrafalarias y desconocidas, con tal que tengan
algo de sonoro y crotalógico, y además enriquecen el idioma.
Nota. Un diario de 17 de noviembre usa oportunamente la voz
gérmenes en este sentido, y merece imitarse.
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NOCIONES
FUNDAMENTALES DE LA CROTALOGÍA
Axioma I. En suposición de tocar, mejor es tocar bien que
tocar mal.
Escolio. Tocar bien o mal, todo es tocar; pero como será un
necio el que pudiendo comer bien coma mal, de la misma
manera será un mentecato el que pudiendo tocar las
castañuelas bien, las toque, por su culpa, mal. Mas: la idea
del bien es preferible a la del mal en cualquiera materia
que sea, ¡cuánto mejor en una, que además de ser útil por la
conexión que tiene con la cultura de las costumbres, es tan
agradable por su dulzura y armonía!
Nota. Siempre que hablando de castañuelas se usa de la voz
armonía, se debe entender, no una armonía delicada, fina y
sutil como encajes de Holanda, sino una armonía gorda,
agranzonada y perceptible, a semejanza de la que forman dos
asnos cuando rebuznan a porfía, y en juicio contradictorio.
Axioma II. Toda tocación de castañuela hecha según reglas,
es preferible a la que se hace sin conocimiento de las leyes
y reglas crotalógicas.
Escolio. Las reglas son el alma, el espíritu, el ser, la
substancia y la vida de las castañuelas, y por legítima
consecuencia del baile bolero. Las castañuelas tocadas según
reglas bastan a hacer lucido un festín, aun cuando per
possibile vel impossibile, se compusiese solamente de
gibadas y de cojos. Pónganse dos bailarines: uno malo, pero
que toca y baila por principios; y otro bueno, sin haber
aprendido de memoria doscientas o trescientas reglas
siquiera, de las que se dan en este libro. Los sabios, los
eruditos que tengan dos dedos de frente estimarán más un par
de coces dado por principios, que cuantos tejidos, repiques,
castañeteos y cabriolas ejecute el segundo. Pues nuestros
eruditos no son bobos.
Axioma III. La mejor tocación es la que mejor se adapta al
son de la guitarra, a la música de las seguidillas, y al
genio del bolero.
Escolio. Cualquiera de las tres cosas que falte será defecto
substancial que rebaje el mérito y lucimiento del cuerpo
boleri-bailante; pero como todas las cosas de este mundo
tienen su más y su menos, de la misma manera le tiene
también el axioma, y no dejará de tocar las castañuelas el
que las toque sin aquellas condiciones; si bien faltará a
las reglas, y será reo crotalógico.
Observación. El son de la guitarra y la música de las
seguidillas son una cosa bien sensible para todo el que
tenga oídos. El genio del bolero está algo más obscuro e
imperceptible; no obstante, la observación y la experiencia
manifestarán su índole y cualidades, mientras que las hace
ver un tratado completo que va a seguir la Crotalogía.
Axioma IV. El bailarín que toca las castañuelas hace dos
cosas; y el que baila y no toca, no hace más que una cosa.
Lema. Así como en la buena y acendrada Física se verifica
que un mismo cuerpo puede tener diferentes formas, v. g. ser
grave por la forma de gravedad, sólido por la forma de
solidez, colorado por la forma de color, etc., del mismo
modo un cuerpo mismo podrá bailar solamente, o bailar y
tocar las castañuelas al mismo tiempo.
Nota. Hemos adoptado las voces tocación y boleri-bailante,
porque además de ser bastante sonoras, explican con
exactitud las ideas que se las sujetan. Además de esto, es
menester considerar, que una ciencia nueva no puede hacerse
sin voces nuevas. En este arte ya hemos recomendado el
Diario, y no nos olvidaremos de sus estupendas invenciones
siempre que venga al caso manifestar nuestra gratitud en
nombre del público por lo bien que lo hace. A él debemos la
noticia de que hay libros encuadernados en pasta siguiente.
16 de septiembre.
Axioma V. Un mismo cuerpo no puede a un mismo tiempo tocar y
no tocar las castañuelas.
Escolio. Aunque Monsieur Lock dijo que estas y otras
semejantes proposiciones son unas verdades de Perogrullo; y
que no son necesarias para la consecución de una ciencia; lo
cierto es, que sin ellas ninguno podrá llamarse crotalógico;
y el que sean dependientes de otras verdades anteriormente
conocidas, ni las quita, ni las ha quitado, ni las quitará
el justo nombre de axiomas, que es lo mismo que decir que se
las debe creer sobre su palabra.
Axioma VI. El que no toca las castañuelas, no se puede decir
que las toca bien ni mal.
Lema. Uno de los axiomas más esenciales de la Filosofía es
el que establece y asegura, que lo que no existe, ni es
blanco ni negro, ni rucio, ni bayo, ni malo ni bueno; y de
este importantísimo invento nacen infinitas luces para
la propagación de los conocimientos naturales. Nuestro
axioma VI está fielmente copiado, si no es idéntico con el
de la Filosofía; y aunque a primera vista parece que no dice
más que una verdad sencilla, y tan obvia, que cualquiera se
la tiene sabida sin ciencia alguna; con todo eso, esta casta
de verdades que llaman en griego axiomas encierran allá
dentro un minero de consecuencias y verdades apuradas, tan
copioso que de sus entrañas sale todo el meollo y substancia
de las ciencias; y así sin axiomas sería imposible poder
formar ni un mediano matemático, ni un pasadero astrónomo,
ni un crotálogo razonable.
Nota. Los conocimientos fijos que resultan de los axiomas
propuestos son otros tantos principios primigenios de
nuestra ciencia, y no los deberá echar en saco roto el que
se haya determinado a aprenderla; que a la verdad, tanto los
estimo yo para tocar las castañuelas, como pudieron apreciar
para la Física, Boscovich sus puntos fabulosos, y Leibnitz
sus solitarias monas.
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Castañuelas
IDEA O
NOCIÓN ESENCIAL DE LAS CASTAÑUELAS
Definición. Castañuela es un sonoro instrumento formado de
varia materia, cuyas partes cóncavas producen con la
colisión el debido sonido.
Nota I. No hemos querido adoptar la definición de cierto
escritor, que dice que las castañuelas es un instrumento
pequeño, el cual se compone de dos mitades cóncavas, que
juntas forman la figura de una castaña, y se unen con un
cordón o cinta que pasa por dos agujeros, que por la parte
superior tiene cada mitad.
Las razones que nos han movido son muchas, pero las
principales son estas. 1. Porque no dice si es instrumento
músico, o qué casta de instrumento es. 2. Porque de dos
mitades se componen todas los cosas; y de dos mitades
cóncavas todos los instrumentos que sirven a la música,
además de otras mil cosas que contiene la naturaleza. El
cielo mismo partido por medio, y atadas las dos mitades
cóncavas con una de las cinco zonas, formaría una buena
castañuela. 3. Castaña, según el mismo autor, es, además de
cierta fruta conocida, una vasija o vaso grande de vidrio o
barro, y no hay en toda la Crotalogía una castañuela que
tenga afinidad con vasijas grandes, aunque sean de cristal.
Nota II. Nuestra definición a la verdad no explica qué cosa
sea castañuela, mejor que la que acabamos de confutar; pero
lo implica, esto es, lo contiene, porque a beneficio de
ciertas palabras escogidas y pomposas es fácil hacer una
definición, que con muchas palabras no dice nada, y deja la
cosa más confusa al parecer; pero en el cuerpo lo tiene.
Ejemplo. ¿Qué cosa es protección? La protección consiste,
responde un erudito enigmático, en las luces que se deben
propagar: y en los alientos que se deben conceder. No se
puede decir una cosa más clara con mayor obscuridad,
pedantismo y fantasmería, si se da oídos a cierta casta de
gentes malhumoradas, que todo lo tildan y critican,
pretendiendo que se digan las cosas a las claras, llamando
pan al pan, y al vino vino. Pero las ciencias tienen sus
misterios, y su Sancta Sanctorum, y con mucha más razón lo
debe tener un Diario, que anda en las manos de todos, y no
es razón que todos le entiendan, ni penetren los endiablados
escondrijos de donde se producen tan bellas cosas. A la
verdad, es un acabijo sorprendente aquello de luces que se
deben propagar, y alientos que se deben conceder: cada cual
tiene licencia para entender lo que quiera, porque allí no
se dice nada; y ve aquí lo que nosotros intentamos imitar en
nuestra definición, aunque con el temor de que acaso no lo
lograremos.
Explicación. La castañuela es instrumento sonoro, porque
realmente suena, aunque su sonido no es de los más gratos; y
así Petronio decía que las cigüeñas imitan con el castañeteo
del pico la voz del crótalo, en lo que no solamente nos dejó
un testimonio de la calidad del sonido de la castañuela,
sino un fundamento ineluctable, con que aclarar las
tinieblas que han esparcido muchos autores sobre la esencia
y naturaleza del crótalo, que no fue ni pudo ser otra cosa
que la castañuela; pues solo este instrumento imita
perfectamente el canto, bien que algo fastidioso, de la
cigüeña. Y esta importantísima noticia se hace todavía más
clara y cierta, atendiendo a que un hombre tan grande como
Cicerón se valió de la alusión a la voz del crótalo y del
tamboril para significar un pelma fastidioso, charlatán y
vocinglero cuando decía in Pisonem: Neque collegae tui
cymbala, et Crotala fugi. Así que sobre este punto tenemos
conformes unísonos, y amigos al señor Petronio, y al señor
Marco Tulio.
Formado de varia materia, quiere decir que la castañuela se
puede hacer de muchas y diversas materias, como se hizo en
lo antiguo, sin que haya razón que nos pueda obligar a
deferir al parecer común, de que castañuela se debe llamar
en latín crotalum ligneum, aunque las castañuelas sean de
marfil, de plata o de oro: o aunque sean unas tarreñas o
tejas que se ponen entre los dedos, y suenan y se repican
como las castañuelas. A la verdad, que si siguiéramos este
modo de pensar, se ofendería nuestra lengua castellana, y no
sé cómo lo llevarían la latina y la griega.
Cuyas partes cóncavas producen con la colisión el debido
sonido, son las palabras que hacen el oficio de diferencia
en esta definición, porque solamente la castañuela tiene
partes cóncavas que suenen hiriéndose mutuamente, y cuando
esto no bastara para diferencia, en no dándome el debido
sonido, tampoco concederé yo que se dé una real y verdadera
castañuela.
Corolario I. Esta definición, sin embargo de ser la más
exacta que se ha hecho hasta ahora, no dice muchas cosas
necesarias para la inteligencia de la esencia del crótalo o
castañuela; pero las propiedades in quarto modo, y otras
tales no entran en una definición, y a esta la basta, según
todo buen lógico, que conste de género y diferencia, sin que
nos hayamos de parar a ver si se entiende o no se entiende
lo que se intenta explicar, porque esa es cuenta larga.
Corolario II. En la definición de la castañuela se contiene
virtualmente cuanto pertenece a su formación, a su sonido, a
la regulación de este, y al uso que puede hacerse en el
baile, de este instrumento; pero como cada una, de estas
cosas pide un tratado serio, por eso aquí no se hace otra
cosa que apuntarlas.
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Castañuelas
DESCRIPCIÓN DE LAS
CASTAÑUELAS
Nota. La materia objeto de este capítulo se evacuaría mejor
ofreciendo en una lámina la figura de las castañuelas por el
anverso, en otra el reverso, en otra delicadamente grabada
una mano derecha, figurando la sucesión y desliz con que
forman los dedos el repique de la castañuela, en otra no
menos fina la mano izquierda con aquel aire viril y forzudo
que necesita para dar un castañetazo seco; y últimamente
otra lámina en que se representaran dos bailarines bolero y
bolera con aquel aire, garbo y gentileza nacional que pide
este baile, y que parece concedió de balde la naturaleza a
los españoles. Todo esto era necesario, y además sería de
mucho adorno y recomendación a esta obra. Yo, si he de decir
la verdad, ya las tenía dibujadas y trazadas a mi modo, y
había empleado todo el abecedario en poner letras aquí y
allí, sin que me quedase ángulo, esquina, línea, dedo, ni
coyuntura que no tuviese su letra distinta; de manera, que
por estas letras se explicaba la cosa matemáticamente, y se
formaban unas comparaciones y combinaciones tan curiosas y
exquisitas que hacían honor a la Ciencia; no obstante que
había en ello algo de algarabía, como acostumbra siempre que
andan a vueltas, y se mezclan y revuelven con rayas las
letras del abecedario. Pero además de haberme sorprendido un
amigo, diciéndome que si no enviaba los dibujos a Volpato,
me llevarían en Madrid por grabar una sola castañuela más de
setenta doblones, he desistido de mi proyecto, reservándolo
para mejor ocasión; esto es, para cuando salga la segunda
parte, que contendrá cuanto hay que saber acerca del baile
bolero, con láminas, y otras cosas de mi invención.
Observación. Supuesto que la castañuela presente es lo mismo
que el antiguo crótalo, se hace necesario decir primero la
figura que tenía este, para que de ella se deduzca mejor la
identidad de ambas cosas, y el sensible progreso que ha
hecho nuestra nación en esta materia; bien que sin el
auxilio de una ciencia metódica, y por principios, como es
la que al presente damos.
Definición I. El crótalo antiguo pudo ser de diversas
magnitudes; pero lo regular es que fuese de un grandor
proporcionado a su uso.
Definición II. Consta por testimonios auténticos que en
varias ocasiones, después que la docta y venerable
antigüedad estaba un tanto cuanto calamocana, se divertía
bailando, y tocando el crótalo al mismo tiempo para regir
los compases y movimientos del baile.
Demostración I. La primera y más autorizada razón que
tenemos para asegurar que el crótalo era de un tamaño
regular, y además que se usó en lo antiguo después que la
gente estaba algo caliente del vino, es el testimonio de
Virgilio, quien, según dicen algunos libros, compuso ciertos
versos a una señorita bolera, que tocaba las castañuelas, y
bailaba primorosamente en aquellos tiempos. La señorita se
llamaba doña Copa Syrisca, de cuyas circunstancias y
cualidades se hablará en otra ocasión. Los versos dicen así:
Copa Syrisca, caput Graia redimita mitella
crispum sub crotalo docta movere latus:
ebria famosa saltat lasciva taberna
ad cubitum raucos excutiens calamos.
Aunque entiendo poco de versos, y menos de traducciones,
según las grandes dificultades que han querido atribuir a
este ejercicio los que no saben otro, fiados en Fr. Luis de
León, que quieren que sea su protector: con todo eso me
determino a decir la substancia de lo que dijo Virgilio en
los siguientes versos, salgan como salieren.
Copa Syrisca, cuya frente adorna
un griego sombrerillo primoroso,
y sabe acomodar el cuerpo airoso
al repique del crótalo sonante,
salta lasciva cuando está borracha,
bailando a lo bolero la muchacha.
No se puede poner en duda que de estos versos de Virgilio se
deduce claramente que la Syrisca tocaba las castañuelas; y
con ellas se acompañaba aquel baile y género de danza, que
el poeta llama lascivo; no al baile por sí solo, que en este
sentido, ni el baile es honesto ni lascivo; sino según le
ejecutaba aquella borrachuela.
Corolario. De aquí se infiere que el crótalo o castañuela
debía ser un instrumento manejable, y que no embarazase ni
molestase la delicada mano de una joven, que se afanaba
demasiado en los intrincados saltos del bolero.
Corolario II. Se infiere igualmente que este género de baile
acompañado de las castañuelas se bailaba en las tabernas, y
tenía su mayor perfección cuando el vino comenzaba a
producir en las cabezas de los bailarines sus acostumbrados
efectos, los cuales se explican en aquella enfática palabra
lasciva.
Corolario III. También se infiere, y con evidencia, que para
bailar con castañuelas con aquel primor de saltos que
admiraba y celebraba el príncipe de la epopeya, nada impedía
el que la cabeza de Syrisca tuviese un precioso sombrerillo,
o prendido a la griega: que según se ve en varios relieves
era un peinado muy semejante al que usan hoy nuestras damas.
Como ni tampoco impedían estos adornos para que se
enardeciesen las señoritas en el baile hasta el punto de
emborracharse, y parecer poco decentes a los ojos de un
tétrico como Virgilio.
Observación. El mundo siempre ha sido uno mismo.
Observación II. Siempre ha sido la juventud loca, y llevada
decididamente a la diversión, al lujo, al festín, a la
bulla, y por legítima consecuencia a la indecencia; pero
siempre ha habido también hombres maduros, que lo han
gruñido, lo han regañado, y que se han ofendido del ruido de
un baile, y de la armonía de unas castañuelas.
Observación III. Jamás los vestidos ni adornos han sido
causa de las costumbres. Con el adorno y pompa de una dama
iba Copa Syrisca a bailar y emborracharse en una taberna; y
hoy día se advierten los mismos excesos en un magnífico
prendido, que en una redecilla: en una peluca que en un moño,
cuando la buena educación y la virtud no rigen los corazones.
Nota. Aunque parezca que es ajeno de la Crotalogía, ciencia
alegre, risueña, y de cascabel gordo, la severidad con que
se explica en las precedentes observaciones, con todo eso no
se ha de vituperar absolutamente, ni se la ha de condenar
sin oírla, pues es muy fácil el verificarse en estos tiempos
de una misma cosa propiedades muy contrarias y extravagantes.
El coser, lavar, y guisar medias de seda para un hombre solo
es un fenómeno bien raro y caprichoso a lo menos por lo que
toca a guisarlas; con todo eso lo supone factible el Diario
de 24 de noviembre.
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Castañuelas
EN QUE SE DETERMINA LA FIGURA ANTIGUA DEL CRÓTALO O
CASTAÑUELA
Problema. Supuesto que el crótalo debía ser de un tamaño y
figura proporcionados al uso de la danza, ¿cuál sería esta
figura y este tamaño? ¿Serían acaso las castañuelas
triangulares, cuadrilongas, pentágonas, heptágonas, etc.? ¿Serían
del peso de una arroba, de media, de una libra, o de una
onza?
Resolución. En esta, no menos intrincada que importantísima
controversia acerca de una antigüedad, que debía ser el
objeto de los eruditos del día en atención al alto punto de
honor, de estimación y de necesidad a que han subido las
castañuelas, hallamos solamente unos débiles fragmentos de
erudición, que puedan contribuir al desenlace de tan
dificultoso y obscuro problema. Los filósofos [25] callan,
los naturalistas callan, callan los historiadores, los
poetas, y hasta la ciencia numismática observa en esta parte
un profundo silencio. Pregúntese a don Antonio Agustín, a
Vaillant y al P. Flórez, ¿qué cosa eran las castañuelas
antiguas con que precisamente bailarían los asidos, los
abderitas, los carteienses y los gaditanos? Hágase la misma
pregunta a Platón, a Sócrates, a Estrabón, a Cartesio, a
Wolfio, a Buffon, a Baronio, a Fleuri y a Mariana,
incluyendo las notas que le han puesto nuevamente. Apuesto
los ojos a que todos ellos se encogen de hombros, sin saber
siquiera dónde tenían su mano derecha, en este
importantísimo ramo de literatura y de Antigüedad. Yo
resuelvo así:
El crótalo antiguo, o la castañuela era, sobre poco más o
menos, del mismo peso, y de la misma figura que las que se
usan hoy día.
Demostración. es voz griega que viene sin duda de , que
significa lo mismo que pulso o verbero en latín, según
Plutarco. Pulsare, verberare, herir, azotar o castañetear
allá se van, y podemos llamar con bastante propiedad,
pulsación o toque, lo que en la Crotalogía deberá llamarse
castañetazo. Esto se comprueba de la seña que tenían los
antiguos romanos para pedir al criado el orinal cuando
estaban en cama, la cual seña no era otra, como nos dice
Marcial en dos distintos lugares, que dar un castañetazo con
los dedos, a la manera que lo hacen ahora nuestros
bailadores. En el Libro 3, Epig. 40 dice así:
Digiti crepantis signa novit Eunuchus.
Y en el Lib. 6. Epig. 89, dice así:
Cum peteret seram media jam nocte matillam
Arguto madidus pollice Panaretus.
Se dejan de traducir estos versos por ciertos respetos, y
porque no es necesario para nuestro asunto.
Con que tenemos, que siendo el oficio o crótalo o de la
castañuela dar castañetazos, y dándolos los romanos con los
dedos cuando estaban borrachos, como asegura Marcial, caso
que les viniese la gana de hacer aguas menores, se infiere
que la cantidad y figura del crótalo o castañuela debería
ser poco diferente del dedo pulgar, que es el que nombra
Marcial, y no sin misterio, porque hay hombres que tienen
los dedos pulgares de figura de castañuela, o crótalo.
Confirmación. Sipontino dice, que el crótalo es un
instrumento hecho de láminas redondas que se tocan con la
mano. Celio Rhodigino, l. 19, c. 4, asegura haber encontrado
quien dijese, que el crótalo fue instrumento de que usaban
los egipcios en las ceremonias de los dioses. A esto mismo
alude aquel verso de Propercio en la Elegía 9 del lib. 4 que
según le leen algunos dice así:
Nile tuus tibicen erat crotalistria Philis.
y en castellano quiere decir:
¡Nilo, río dichoso,
que en tus orillas
era la hermosa Filis
tu Crotalistria!
De todo lo cual se deduce, que el crótalo era un instrumento
que constaba de dos láminas redondas: que usaban de él los
egipcios en las músicas de sus dioses, y como instrumento
sagrado se le aplica Propercio al río Nilo por las manos de
la señora bailarina Filis, lo que convence que no debía ser
muy pesado.
Por otra parte vemos también que en las celebradas pirámides
u obeliscos egipcios en que grababan los instrumentos de los
sacrificios, y los inventos de las ciencias, están grabadas
las castañuelas o crótalos, como se puede ver en el obelisco
que está en la plaza de San Juan de Letrán, y en el de la
plaza del Pópulo en Roma, ambos de granito oriental, ambos
colocados por Augusto en el Circo Máximo para ostentación de
su poder inmenso, y ambos destinados por la suerte para
eterno monumento de la antigüedad y forma del crótalo, o
bien sea castañuela, que está grabada en diferentes partes
de estos soberbios testimonios de la ambición del hombre. Lo
mismo se ve en la Isis arrodillada, que trae el Odeschalco,
y de que hace mención Juvenal en la Sátira IV. En ella se ve,
al pie, una tablilla donde hay grabada una cosa, que a
algunos les parecerá una flor o una fruta, y no es así; sino
que es una castañuela real y verdadera, o un crótalo, de que
usaban los egipcios en sus sacrificios, como ya queda dicho;
y era cosa muy natural y hacedera, que al pensar en formar
estatuas de sus dioses, principalmente de Isis, que no
entraba con aquella turba que nacía en los huertos, según
dice el satírico ya nombrado, pensasen en grabar, esculpir y
modelar aquel sonoro instrumento de que más se deleitaban
sus delicadas orejas; y si no pusieron el sistro sería
porque la tabla era chica, y no cabía: además que no lo
habían de poner allí todo.
Corolario I. El crótalo era de figura circular, y no era
simple, sino que constaba de dos partes iguales, que
Sipontino llama láminas redondas.
Corolario II. La castañuela era instrumento sagrado entre
los egipcios, dedicado al Nilo, tañido por la ninfa Filis, y
colocado con la efigie de Isis debajo de la serpiente como
signo sagrado.
Corolario III. El sonido de la castañuela, llamado
castañetazo, no pierde nada de su estimación, porque los
señores antiguos romanos le adoptasen para señal con que
pedían el orinal al criado; porque esto lo hacían cuando
estaban borrachos, como se trasluce de los versos de Marcial,
y es de creer que cuando estuviesen en su acuerdo estimasen
cómo era razón, no solamente las castañuelas, sino el
castañetazo, que las representaba.
Corolario IV. Por rara disposición de la fortuna vemos
conservada la memoria y la figura de la antigua castañuela
en aquellos obeliscos, con que se adornaron las más
soberbias ciudades de Egipto, y con que manifestó su poder y
soberbia el mayor de los emperadores.
Corolario V. Justamente son hoy las castañuelas digno objeto
de las atenciones de un caballero, y de una dama, y digno
empleo de todo un sabio, y de toda una Ciencia.
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Castañuelas
DESATANSE ALGUNAS OBJECIONES CONTRA LA MATERIA DEL CAPÍTULO
PRECEDENTE
Advertencia. Para desvanecer cualquier escrúpulo, que
pudiera acometer a la delicadeza de los eruditos de nuestros
días, queremos poner aquí las objeciones, que se pueden
alegar contra lo que dejamos establecido en orden a la
antigua forma de la castañuela. En punto de antigüedad somos
del parecer de los más famosos anticuarios, esto es, de que
nada interesa tanto como desenterrar pedazos de piedras, y
algunos otros trozos de manos, piernas y cabezas de estatuas
antiguas, con que se hace una pepitoria erudita que sabe
mejor a un anticuario que un plato de torreznos. Parece que
es una chilindrina; pero las piernas hablan, las losas
enseñan, y a lo menos se mantiene por este medio el
espíritu de la Astrología judiciaria, que se iba ya
desterrando del mundo. Los obeliscos de Egipto, las
ligaduras misteriosas de sus momias, sus endiablados
jeroglíficos, las inscripciones más recónditas, abstrusas y
enigmáticas son un tesoro de conocimientos, de luces y de
invenciones para quien tiene el estro o la dichosa manía de
interpretarlo todo, según aquello de que está poseído. Los
verdaderos sabios son únicamente los que conocen el precio
del más mínimo fragmento de antigüedad, y cuánto mejor nos
estaría encontrar en un sepulcro antiquísimo cubierto de una
gruesa lámina de plomo la atroz calavera de la mujer de Caco
con una inscripción en caracteres tagalos o musulmanes, que
dijera CACA; que no el que se descubriera por ahí en alguna
montaña aquella copiosa mina del verdadero Ophir, de donde
se sacaban tejos de oro puro, de sesenta quilates, tan
grandes como mamparas.
Al estudio de la antigüedad debemos la noticia cierta de
cómo eran las castañuelas; y si yo, u otro hombre curioso y
erudito, no hubiera investigado y mirado, con atención los
monumentos de la antigüedad, no sabrían nuestras damiselas y
nuestros majos, que cuando se presentan en una sala armados
de sus castañuelas para bailar un bolero, están
haciendo los respetables papeles de la famosa Filis, y de
los sacerdotes egipcios, que desempeñarán acaso mejor que
ellos. La nota es algo larga, pero desde que nuestros
modernos las han dado lugar en lo principal de las obras,
los autores quedamos a cubierto de su longitud solamente con
anunciarlas, poniendo antes del gran párrafo: Nota.
Objeción I. El verso que se alega de Propercio, según está
en los mejores originales no dice: Nile tuus tibicen; sino
Nilotes tibicen erat, crotalistria Philis; y a la verdad que
de este segundo modo parece que está más acorde con el
intento de la Elegía. En ella dice Propercio, que habiendo
querido una vez tener una barrumbada y solazarse con Theya y
con Filis, los sorprendió su amiga Cintia a todos, y los
sacudió valientes cintarazos. ¿Qué tiene que ver con esto el
río Nilo? Además siendo el nombre de Filis nombre griego, y
ella por consecuencia moza griega, ¿cómo es creíble que se
fuese a Egipto y anduviese danzando con sus castañuelas a
las orillas del río Nilo? Se deberá, pues, confesar, que el
tal Nilo era un criado llamado Nilotes, y la Filis una
muchacha romana, y no de las que conservaban el fuego en el
templo de Vesta.
Responsión o satisfacción. Es cierto que la lección más
común del verso citado, es la que dice el argumento; pero en
beneficio de las Ciencias, y para poder alguna vez dar una
noticia nueva y curiosa, está ya admitida entre gente
erudita la facultad de leer las cosas a su modo, y de manera
que hayan de decir, mal que les pese, aquello que se intenta.
Además que para el asunto de Propercio, que era estar solo
con Filis y con Theya, mejor viene el río Nilo que no el
criado Nilotes, que los criados siempre son unos testigos
molestísimos, que acabarán la mayor parte de los gustos.
Tampoco hace fuerza la dificultad de que el nombre de Filis
sea griego, ni el que no se sepa cómo o cuándo fue desde
Grecia a Egipto; porque el nombre tan griego era en Egipto
como en Roma; y si no hay dificultad en conceder, que estaba
una moza griega en Roma, ¿por qué la ha de haber en confesar
que estuviese en Egipto? Además que es muy factible que
cuando fue Tales Milesio desde Grecia a Egipto, como unos
seiscientos años antes de la era vulgar, a estudiar la
Filosofía, llevase consigo alguna griega; porque no hemos de
creer que fuese solo como un espárrago, sino que llevaría
aquella muchacha, que Propercio llama Filis, para que
enseñase a los egipcios a tocar las castañuelas: y cuando
Tales anduviese ejercitando la Geometría, con que volvió
rico a su patria, por las orillas del Nilo después de las
inundaciones, Filis andaría con él bailando, y tocando el
crótalo o las castañuelas: y no hay duda en que fue así,
pues de esta manera, ademas de la instrucción de Tales, se.
les enseñaba recíprocamente a los egipcios un modo de
celebrar el abono y fertilidad que les dejaba el Nilo en la
tierra, y un trozo de ceremonia y culto para sus dioses.
Objeción II. Don Antonio Agustín, lib. 3. Icon. ex
marmoribus, etc. dice, hablando del crótalo, que era lo
mismo que lo que llamamos sonajas. Juan Luis de la Cerda,
fundado en que Eurípides en la Helena llama a los crótalos,
bachicos, , es de parecer que el crótalo era lo mismo que
cascabel, porque en las fiestas de Baco se usaban los
instrumentos llamados tintinábulos, que sin duda eran
cascabeles. Lo mismo se deduce de lo que dice el Escoliastes
de Aristófanes, y Protagórides Cyzicenus apud Atheneum, l. 4
donde trata de los instrumentos músicos: Ergo totum nostrum
fundamentum non valet tres ases.
Satisfacción. Distingue tempora, et concordabis jura. Sin
más diligencia que atender al tiempo en que escribieron los
autores citados en el argumento se desata este.
Entonces no había habido en el mundo quien desenterrase los
huesos de los muertos, ni desmontase tantos escombros como
en la edad presente para averiguar la verdadera esencia del
crótalo o castañuelas. Por eso, ni D. Antonio Agustín, ni
ninguno de los otros señores tuvieron presentes los
obeliscos de Egipto, ni la estatua de la diosa Isis, que
convencen claramente que el crótalo era redondo. Si a esto
se añaden las cuatro pinturas antiquísimas, que están en los
cuatro ángulos de la bóveda, que tiene en su centro la
pirámide de Cayo Cestio, que sin duda son cuatro bailarinas
con castañuelas, por más que diga el señor Falconieri, que
son cuatro victorias: cesa toda dificultad y se desvanecen
cuantas dudas puedan suscitarse sobre la materia.
Fuera de esto, como los anticuarios presentes tienen las
mismas facultades que los pasados y los futuros, ningún
inconveniente tenemos en decir, que la decisión de los
señores, que se alegan en el argumento no es ningún canon de
un Concilio general, y que cada cual puede pensar del
crótalo, según y como mejor le viniere a las mientes, con
tal que lo apoye en figuras o rótulos de pirámides, urnas,
relieves, pinturas o medallas antiguas, y esto mismo es lo
que aquí se ejecuta.
Otras objeciones, que se pudieran hacer, son de menos fuerza
todavía que las propuestas, y por lo tanto se omite. También
hemos omitido el uso de ciertas distinciones, que solamente
en dos términos escolásticos puros envuelven toda la
substancia de un Tratado entero, y sirven para aplicarlas en
los actos públicos a aquella proposición en que pone toda la
fuerza de su razón el arguyente, y dejarle con tanta boca
abierta cuando le parecía estar más satisfecho y acalorado.
Si esta ciencia llegase a tanta prosperidad que se funden
por ahí dos o tres Universidades en que se expliquen sus
preceptos repartidos en diversas Cátedras, como en efecto lo
esperamos; entonces nos será preciso hacer otra edición
añadida, corregida, y aumentada de muchas cosas que faltaban
en la primera, como es usanza y costumbre de todo libro que
llega a imprimirse dos o tres veces.
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Castañuelas
EXPOSICIÓN DE UN LUGAR FAMOSO DE PLINIO
Exposición de
un lugar famoso de Plinio de donde se deducen hasta los
agujeros y cintas de las castañuelas, y se ve el lujo y
riqueza de las matronas romanas en este punto.
Definición. Las mujeres han sido siempre las que han llevado
tras sí con una irresistible atracción la mayor parte de los
proyectos, destinos y ocupaciones de los hombres, y de
consiguiente son las que han modificado las costumbres de
los países. Según han sido las mujeres han sido los hombres
por una legítima consecuencia. Aunque el deseo de agradarse
mutuamente sea igual, la resolución en elegir los medios es
privativa del hombre; o porque la naturaleza le ha hecho por
sus humores más determinado, o porque el natural pudor y
encogimiento de la belleza da lugar, y espera a que se
explique antes el viril denuedo. De aquí es que el hombre
observa con atención al sexo que quiere complacer, y cuyos
gustos, inclinaciones, y aun caprichos, procura imitar para
producir aquella semejanza en que consiste el amor. Mujeres
guerreras han hecho a los hombres guerreros, sabias han
hecho sabios, políticas políticos, y crotalógicas harán
hombres crotálogos, si Dios no lo remedia.
A lo menos así se observó unos mil y ochocientos años hace
en lo que pertenece a las castañuelas, y lo mismo sucedería
en las ciencias serias, si no fuera porque no gusta de ello
un diarista, según el negro humor con que mira y escribe de
la bella mitad del género humano, como dice él mismo. No sé
yo qué ciencia más sublime que la de la religión, ni qué
misterios tenga la política que no se hayan manejado en
todos tiempos dignamente por el delicado ingenio de muchas
mujeres, que han hecho dichosas a muchas naciones. ¡Válgate
Dios por diarista! Él debe de haber nacido de alguna tigre
según las trata. Ya las llama heroínas, ya las tacha de
débiles: unas veces parece que quiere honrar el sexo, y
otras le deprime hasta lo sumo; las atribuye el secreto de
haber domesticado a los hombres, bien que, valga la
verdad, esto solo se concede a las damas, con quienes supone
que tratan los pastores, los mozos de la limpieza, y los
hombres más soeces de la plebe, (Diario de 16 de noviembre).
Y las prohíbe todo otro ejercicio y conocimiento que no se
reduzca a parir, y limpiar la caca a los niños, que es un
augusto empleo, dice el tal enemigo de las mujeres.
Definición II. Supuesto que los hombres han mirado siempre
como una obligación dictada por la misma Naturaleza, el
complacer a las señoras mujeres, amarlas y servirlas, se han
visto también precisados a sufrir algún otro exceso en que
las ha hecho caer su natural propensión a adornarse, y a
emplear en su servicio las mayores preciosidades de la
Naturaleza.
Teorema. Uno de estos excesos fue, sin duda, el que
cometieron las señoras romanas en tiempo de Trajano, uno de
los españoles que más han amado a las mujeres. Llegaron
estas a tal extremo de lujo, que escogían entre muchas
perlas preciosas, o margaritas, aquellas que además de ser
de una grandeza extraordinaria, tenían la figura redonda por
un extremo, y piramidal por el otro: de modo, que se
asemejasen a la figura de una almendra. A estas perlas
preciosas las hacían sus agujeritos por la parte superior, y
de este modo juntaban en una sarta dos, tres o más, y
las traían pendientes en los dedos de las manos y en las
orejas, agradándose sumamente del sonido que hacían, dando
unas con otras: de este modo se formaban un preciosísimo
instrumento que tocaban con los dedos, y un adorno gracioso
y rico semejante al que nuestras damas usan con el nombre de
pendientes, y a lo uno y lo otro llamaban crotalia, esto es,
castañuelas.
Demostración. No es menester mas para demostrar que las
damas romanas usaban estas preciosísimas castañuelas, que
alegar las palabras de Plinio Segundo, que es quien lo dice.
En el lib. 9 cap. 35 dice así: Proceriores margaritas
elencos appellant, fastigiata longitudine, alabastrorum
figura in pleniorem orbem desinentes. Hos digitis suspendere,
et binos ac ternos auribus faeminarum gloria est. Subeunt
luxuriae ejus nomina, et tedia exquisita perditiore portatu:
siquidem cum id fecere, Crotalia appellant, ceu sono quoque
gaudeant, et collisu ipso margaritarum.
Advertencia. Como la Crotalogía se escribe para todo género
de personas, haríamos muy mal en no traducir al castellano
lo que se alega en otras lenguas; pero la autoridad de
Plinio se deja así porque el teorema contiene toda la
substancia, y bien exprimida. Por lo demás, si se ofreciese poner alguna autoridad de Píndaro, de Aristófanes, de
Confucio, o del Diario, procuraremos traducirla al
castellano para que se entienda.
Corolario I. De lo dicho se infiere claramente que la figura
de las castañuelas que usaron en lo antiguo, era, sobre
corta diferencia, la misma que la que tienen las de nuestros
días.
Corolario II. Se infiere igualmente que las damas romanas se
ataban con cintas a los dedos las castañuelas, que hacían de
perlas finísimas, y del mayor oriente.
Corolario III. Últimamente se infiere que nuestras
castañuelas son mejores y más cómodas por causa de las
orejas que se las ha añadido: pues todas las de la venerable
antigüedad consta que eran desorejadas, por los monumentos
hasta ahora descubiertos. Si algún profundo anticuario se
quisiese emplear en ilustrar este ramo de literatura civil,
hará un servicio importante al público, nuestra obra
adquirirá nuevo lustre, nueva extensión y nuevos
resplandores, y le serán eternamente deudores a su trabajo
el bolero, y las castañuelas.
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CONSTRUCCIÓN DE
LAS CASTAÑUELAS
Definición I. Siendo las castañuelas objeto de la Crotalogía
en cuanto debidamente tocadas, (P. I, L. I, Sec. I, Art. I,
Parág. I, Cap. I, Definic. 2.), y siendo mejor tocar bien
que tocar mal, en suposición de tocar, (Part. I, Lib. I,
Sec. I, Trat. I, Art. I, Parág. I, Cap. 2, Axiom. I) deberá
buscarse, al tiempo de construirlas, aquella materia que sea
más a propósito, y aquella configuración que arregle mejor
su sonido.
Problema. Determinar las diferentes materias de que se deben
construir las castañuelas.
Resolución. Si se atiende a la costumbre de los antiguos
podrán construirse las castañuelas de cualquier materia con
tal que sea sólida; y así vemos que las usaban de oro, plata,
perlas y de otras materias menos costosas; pero como en la
construcción debe el artífice tener presente que toda
tocación de castañuela hecha según reglas, es preferible a
la que se hace sin conocimiento de las leyes crotalógicas,
(P. I, Lib. I, Trat. I, Sec. I, Art. I, Parág. I, Cap. I,
Axiom. 2) de consiguiente deberán elegirse aquellas materias
que sean más proporcionadas para lograr las dichas
tocaciones.
II. Estas deben ser arregladas, no solamente al son de la
guitarra, sino también al genio y carácter del bolero. (P.
I, Lib. I, Trat. I, Sec. I, Art. I, Parág. I, Cap. 2, Axiom.
3). Por tanto deberá buscarse en todo no solamente el efecto
que se intenta, sino también algo de rareza y extravagancia.
III. El granadillo, el nogal, el boj, y otras maderas
semejantes son buenas para castañuelas por su solidez y
hermosura; pero tienen el defecto de ser maderas que se
encuentran en cualquiera parte de España: y así deberán ser
preferidas la caoba, el palo santo, el sándalo, el tindalo,
y mucho más el marfil, porque todo lo que es, o a lo menos
tiene un airecillo de extranjero adquiere una recomendación
tan particular, que basta para acreditar a un sujeto entre
personas de gusto.
IV. Por esta razón debe ponerse sumo cuidado en que, o las
castañuelas, o las cintas, o el bailarín a lo menos tengan
algún adefesio, que sorprenda y haga reír a cuantos haiga en
la sala.
Ejemplo o Confirmación. ¿No es una gracia ver, en uno que
está tomando café, cómo revierte aquella agua negra, de modo
que llene también el plato, y no pueda agarrar la taza sin
mancharse? Pues a la verdad que pudiera excusarse semejante
incomodidad y porquería, usando de una taza mayor, o
bebiendo dos tazas; ¿pero esto qué gracia ni qué novedad
tenía? Así lo hacían los de calzas atacadas, que usaban para
los refrescos de unos vasos tan grandes como sus almas,
capaces de empobrecer a una familia; y ahora con un
cuartillo de bebida se forma un refresco, a beneficio de los
vasos, que son tan monos.
II. Un centenar de medias blancas nada tiene que ver más,
que unas solas medias del mismo color; pero siendo de
diversos y extravagantes colores, ¡qué extrañeza y
diversidad de medias, y qué hermosura de piernas no resulta!
Hay piernas que parecen apretadores de tabaco, otras semejan
vivamente lagartos o culebras, otras parecen apedreadas,
otras que acaban de tener viruelas, otras que las han
mandado teñir aposta de los más endemoniados colores, de
manera que todas ellas parece que están llenas de
llagas. Pero las personas de gusto encuentran un no sé qué
en esta extravagancia extranjera, que será un necio quien
lleve sus piernas blancas, como su cara, al estrado de una
señora de juicio, que esté educada por principios.
III. A ti te lo digo suegra, entiéndelo tú mi nuera. Lo que
se verifica de las medias y del café, se verifica igualmente
de las castañuelas, y con mucha más razón, pues el baile del
bolero las ha hecho mucho más necesarias.
Canon I. Las maderas de España no valen nada para
castañuelas, aunque hagan el mismo efecto que las
extranjeras.
Canon II. Siempre que la castañuela pueda tener alguna
particularidad, en el color, o en la hechura, que llame la
atención, no se ha de omitir para lograrlo, ni gasto ni
diligencia, aunque sea menester encargarlas a París.
Canon III. Los colores y vestidos de las damas deben ser
particularmente atendidos. Las que son morenas deben usar de
castañuelas blancas o de marfil; y las blancas deben
procurárselas de palo santo, de ébano, o de marfil teñido.
Canon IV. Las cintas o cordones con que se atan a los dedos
han de guardar la perfecta simetría, que está establecida
por ley, en los adornos conocidos con el nombre de cabos.
Sería un crimen de lesa Crotalogía el que un bailarín y
mucho más una bailarina se presentase en una sala con unas
castañuelas atadas con cintas del color de los zapatos, o de
las cofias, garvines, redes, redecillas, albanegas o
catafalcos: que todos estos nombres tiene una misma cosa,
que sirve para recoger el pelo.
Excepción. Los cordones de plata y oro dicen bien con todos
los colores, y con todas las castañuelas.
Excepción II. La pobreza es de todos los colores, y así no
se comprende en estas Reglas o Cánones, porque esta ciencia
se dirige muy particularmente a la comodidad y provecho de
las personas (P. I, L. I, Sec. I, Art. I, Parág. I, Cap. I,
Nota I).
Nota. El modo de citar geométricamente que usamos en este
capítulo no es muy del genio de esta ciencia, que a la
verdad, requiere espíritus vivos y ligeros; pero hemos
preferido este modo de citas a la sencilla exhibición de la
página con números árabes, porque así lo practican los
hombres eruditos, que saben mucho; por lo demás, por mucho
más arábigo tenemos este modo de distribuir y citar en los
libros, que el arábigo mismo.
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Castañuelas
TRATA DEL SONIDO DE LAS CASTAÑUELAS
Preámbulo. Ya se ha manifestado suficientemente que el
intento de esta obra no es otro que la instrucción y
utilidad del público, tomado en toda su extensión, en orden
a tocar las castañuelas. Por tanto aquí no vamos a dar unas
nociones, que necesiten de los auxilios de la Física para su
inteligencia, como sería necesario si se hubiese de tratar
del sonido de la castañuela con todo rigor. En no
entendiéndose mi Crotalogía desde los pies hasta la cabeza
en medio de la Plazuela del Rastro, en el Avapiés, Barquillo
y Maravillas, no doy por ella tres pitos. Así que el chiste
está en que sea ciencia, y que con todo eso baste para
entenderla, a lo más más, un poco de Gramática parda. En
esta inteligencia hemos de tratar del sonido de la
castañuela, según el ruido que hace, y nada más.
Definición. Todo sonido consiste en la vibración del aire, y
esta vibración en el movimiento más o menos veloz de las
partes pequeñísimas, de que constan, y se componen las
castañuelas.
Definición II. Según sean más o menos frecuentes las
vibraciones de las castañuelas, será el sonido más grave o
más agudo, y tendrán entre sí la proporción de consonancia y
armonía, que tienen las cuerdas de la guitarra.
Definición III. La mayor o menor velocidad, y frecuencia de
vibraciones en las castañuelas será a proporción de la
solidez de la materia de que estén formadas, y de la
concavidad mayor o menor, que ahogue más o menos el sonido.
Definición IV. La cantidad de la madera o materia de que se
fabrican, concurre también a hacer el sonido más grave o más
agudo.
Observación. Hasta ahora, como ya hemos advertido en otra
parte (P. I, L. I, Sec. I, Art. I, Parág. I, Cap. I, Observ.
I) no ha sido posible hacer a la castañuela que deje aquella
voz bronca, parda, garraspeña y alborotadora, afinándose y
adelgazándose algún tanto para ir acercándose a la
consonancia.
Observación II. Las incansables fatigas de los sabios
descubren cada día nuevas cosas, que nos estaban ocultas.
Antes de ahora todos sabían que había álamos; pero no que
estos tenían sus hembras, y que contraían con ellas
matrimonio. En el día sabemos que hay álamos y álamas,
ciruelos y ciruelas, camuesas y camuesos, naranjas y
naranjos, y hasta las encinas tienen sus encinos, y los
robles sus roblas. A esta manera los modernos han
descubierto que entre las castañuelas hay diversidad de
sexos, y han demostrado que hay castañuelos machos, así como
hay castañuelas hembras. Yo por más anatomías que he hecho,
y por más microscopios que he empleado, no he podido
encontrar el distintivo de castañuelos y castañuelas; pero
conozco que semejantes distintivos suelen estar muy ocultos,
y suelen manifestarse más fácilmente a un tonto afortunado,
que a un sabio laborioso.
Teorema. Estando por la opinión común, sin meternos en más
averiguaciones, castañuela macho es aquella que es mayor en
cantidad, y tiene por consecuencia la voz más grave y más
bronca; y castañuela hembra, la que la tiene más delgada,
sutil o aguda. Porque como en la especie humana, la mujer es
muy distinta del hombre, como nos dice eruditamente un
Diario de 29 de noviembre; y una de las [50] distinciones es
la voz gorda en el hombre, y en la hembra delgada, lo mismo
sucede en las castañuelas. Q. E. D.
Teorema II. Siendo las dos castañuelas de una misma materia,
aquella será hembra que sea más chica; porque la voz será
más aguda a causa de la mayor velocidad de vibraciones
(Part. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. I, Def. 4) Q.
E. D.
Canon I. Es una cosa muy fea el que un bailarín se presente
en un festín con dos castañuelas machos, o con dos
castañuelas hembras.
Canon II. El chiste y la gracia está en que la voz de ambas
esté en una proporción armónica, de modo que hagan
consonancia entre sí, y con las voces de la guitarra.
Canon III. Para lograr un fin, o un efecto de tanto primor
en el baile bolero hay un medio bastante fácil, y de que
tenemos ejemplos en la Antigüedad. En una de aquellas
antiquísimas pinturas, que encontró el Caballero Diel de
Marsilly, sin que se sepa dónde, vemos tres mujeres
danzantes, y al lado de ellas un cesto entero y verdadero de
castañuelas; que aunque el señor Winkelmann dice que es un
canasto de fruta, mis ojos no ven allí otra cosa que
castañuelas, y lo mismo me sucede con cuantas figuras veo,
con tal que estén bailando; de modo que no parece sino que
algún sabio crotálogo me ha encantado los ojos.
Pues ahora bien, decía yo, así como, aquellas tres
danzarinas antiguas llevaban al baile un cesto de
castañuelas, ¿no podrían nuestros boleros y boleras llevar
una cesta, unas alforjas, una talega, o cosa semejante
llenita hasta arriba de castañuelas de todos tamaños,
machos, y hembras, cuyas voces diferentes (Part. I, L. 2,
Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. I, Teorem. 2), serían muy
fáciles de arreglar a la guitarra, y de concertarse entre sí
mismas?
Corolario. Esta especie no la deben echar los boleros en
saco roto.
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Castañuelas
MODO NUEVO
HASTA AHORA NO INVENTADO...
Modo nuevo, hasta ahora no inventado, de hacer unas
castañuelas, que puedan templarse según el sonido de la
guitarra, y ponerse la una respecto de la otra en tercera,
cuarta, quinta, etc.
Advertencia. Cuando mi Crotalogía no tuviera otra cosa que
este capítulo, solo él bastaba para interesar al público, y
para acreditar hasta donde puede rayar el ingenio de un
hombre pensador, y meditante, cuando se empeña en ser útil a
sus semejantes, y en aumentar los ornamentos de su patria.
Perdónese este desahogo a la complacencia que he tenido en
el feliz invento de las castañuelas armónicas, que así se
han de llamar de aquí en adelante a distinción de las
castañuelas rudas, groseras, monótonas, y fastidiosas que se
han usado hasta hora.
Advertencia II. A fin de facilitar a mi patria la alcarria
los materiales para mi oración fúnebre, había pensado en
acompañar esta obra de una memoria, que contuviese los
molestos trabajos, experimentos, gastos, diligencias,
consultas, correspondencias extranjeras, y otras muchas
cosas, que me ha sido necesario practicar para vencer las
insuperables dificultades, que trae consigo una obra
original, y de una materia tan útil y tan delicada; pero
como era regular poner al principio mi retrato, y un
catálogo de los museos, monetarios, bibliotecas, y
manuscritos que hemos tenido presentes, y ni lo uno ni lo
otro está todavía concluido, y casi si usted me apura, ni
aun principiado; por eso no hemos podido llevar, por ahora,
a debido efecto nuestros deseos. Contemplo que los
extranjeros ahora, y dentro de poco los venideros desearán
saber si el autor de la Crotalogía era tuerto gibado, gordo,
o cenceño, y no basta decir, es un hombre de dos varas, y
dos dedos, magro, carilargo, buena boca, nariz proporcionada,
algo ancha por arriba, ojos entre garzos, negros y pícaros,
pobladas las cejas, ancha la frente, y el pelo escaso, de
tal modo dispuesto, que cubre y disimula unos muy buenos
principios de calva. Nada de esto equivale a un retrato;
pero no se me quedará en el tintero cuando salga la segunda
parte.
Advertencia III. En suposición de que mi benévolo lector
haya de tener el trabajo de leer Advertencias, que ofenderán
más su paciencia, que la modestia del que las dicta, menos
malo es que sea en este lugar, que no al principio, pues así
estará más libre de preocupación en toda la obra, y llegará
neto, limpio y puro a juzgar la invención de mis castañuelas
armónicas.
Postulado. La concavidad que se forma en cada una de las dos
partes, de que consta la castañuela, puede tener el aire más
o menos libre, y de consiguiente susceptible de vibraciones
más aceleradas, o más remisas.
Postulado II. Siendo la causa de la mayor, o menor agudeza
del sonido, la mayor, o menor intensión, y número de
vibraciones que se hacen en un mismo tiempo señalado, se
verificará que aquella causa que produzca en una castañuela
mayor número de vibraciones, causará necesariamente un
sonido más agudo.
Postulado III. La elasticidad, o inercia de las materias
hace que los cuerpos sonoros den mayor o menor número de
vibraciones con un mismo impulso: de consiguiente dos
castañuelas perfectamente iguales en todo, tocadas
igualmente; pero que la una sea de una materia doblemente
elástica y movible que la otra, sonarán en octava, o
con la proporción de dos a uno.
Postulado IV. Por la misma razón de cualquiera principio que
provenga la proporción de vibraciones entre las dos
castañuelas, siempre que se verifique que se exceden de
manera, que en un mismo tiempo una haga tres vibraciones
mientras la otra dos, estas castañuelas estarán en quinta, o
la una en ut, y la otra en sol. Si la una hace cuatro
vibraciones mientras la otra tres, estarán en cuarta: y la
que hace cinco mientras la otra cuatro está en tercera menor,
etc.
Problema. Supuesta la igualdad, o desigualdad de la mole, y
de la cualidad de la materia de dos castañuelas, señalar una
o dos causas naturales, o artificiales, que las fije en
tonos determinados, los que se quieran.
Resolución. Siendo las dos castañuelas de diversa materia,
v. gr. la una de marfil, y la otra de nogal, pueden estar en
tal proporción por causa de la elasticidad, que la una,
necesaria, y esencialmente atendida su naturaleza, forme en
un mismo tiempo tres vibraciones mientras la otra menos
elástica no puede formar más que dos: (P. I, Lib. 2, Secc.
I, Trat. I, Art. I, Cap. 2, Post. 2). Esta diferencia
facilísima de encontrar, y de combinarse producirá el efecto
de que las dos castañuelas estén en quinta. (P. I, L. 2,
Secc. I, Trat. I, Art. I, Cap. 2, Post. 4). Luego, supuesta
la desigualdad de la materia de dos castañuelas, tenemos una
causa natural, que necesariamente las fijará en tonos
determinados, los que se quieran. La misma razón hay
verificándose la igualdad de materia con la desigualdad de
la mole: (P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. I, Defin.
4). Luego de cualquiera manera tenemos los tonos fijos y
combinados armónicamente entre sí, sin más diligencia, que
la elección de la materia diferente; o en caso de que ambas
castañuelas sean de una madera o metal, con variar
proporcionalmente la magnitud de las castañuelas, quedarán
necesariamente, por una causa natural, sus tonos fijos en
tercera, quinta, octava, etc. Q. E. D.
Resolución II. La mayor o menor concavidad que se forma en
las dos partes de una castañuela, es causa de que las
vibraciones sean mas o menos, dentro de un mismo tiempo, y
de consiguiente de que las voces más graves o más agudas (P.
I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. 2, Post. I). Este
efecto se produce todavía más sensiblemente siempre que por
medio de algún artificio se estanque el aire dentro de la
castañuela para que la voz sea más grave, o que por él mismo
se le comunique mayor elasticidad dejándole libre, para que
dé la voz más aguda (P. I, Lib. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I,
Parág. I,. Cap. I, Definic. 1 y 2). Este a artificio puede
lograrse sin menoscabo de la comodidad, manejo y figura de
la castañuela: antes bien aumentando su primor y su
hermosura. Luego por medio de una causa artificial pueden
fijarse en las castañuelas los tonos que se quieran supuesta
la igualdad de la mole, y de la cualidad de la materia. Q.
E. D.
Operación. Háganse unas castañuelas de marfil, u otra
materia suficientemente sólida. Las concavidades podían
ejecutarse en ambas a dos partes de la castañuela; pero será
mejor que solamente se haga cóncava la una cuanto sea
posible, sin aumentar la mole de manera que desdiga o que
moleste. Guarnézcase después todo el labio, o toda la
circunferencia por la parte interior, de una lámina sutil de
oro, plata, latón, etc. Hágase después una hendidura que
penetre un semicírculo o la mitad de la castañuela en el
borde del labio; lo que es sumamente fácil de hacer al poner
la lámina o ribete, porque la mitad de esta ajusta
perfectamente con el labio de la castañuela, y la otra mitad
no la toca, y así forma la hendidura. Acomódese en esta, una
lámina del tamaño de la concavidad de la castañuela, de
manera que [58] pueda abrirse y cerrarse. Es evidente que si
la castañuela es medianamente cóncava, podrá bajarse o
levantarse su voz una octava entera, y de consiguiente
templarse armónicamente con la voz de la guitarra, y con las
de otras cualesquiera castañuelas.
El mismo efecto podrá lograrse atravesando diametralmente la
castañuela con un tornillo sutil y curioso, el cual tenga
una hendidura ocupada de una lámina, que coja todo el hueco
de la castañuela, cuando está vuelta de plano; y que le
descubra más o menos, y aun todo, cuando dando media vuelta
al tornillo, presente la laminilla de canto: de cualquiera
de las dos maneras se lograrán unas castañuelas armónicas,
capaces de arreglarse a todas las voces y diferencias de la
música, porque pueden aumentarse o disminuirse las
vibraciones (P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. I,
Defin. 2).
Corolario. Con este simplicísimo artificio quedan las
castañuelas más bonitas y más extrañas; y su construcción
deberá interesar a los ingenios y curiosidad de los artistas,
a proporción que punce y ponga en movimiento el tesón
caprichoso y empeñado de las damas de gusto, las cuales no
deberán bailar jamás sino con castañuelas armónicas.
Corolario II. Por medio de esta feliz invención está ya
desterrada la indocilidad y dureza de las castañuelas, que
serán de hoy más, un ramo esencial de la armonía razonada o
sublime: y quedan inhibidos todos los oradores y poetas de
poder imitar a Cicerón, Juvenal, y otros tales, llamando
roncos a los crótalos.
Escolio. Si nuestra ilustración no estuviera mucho más alta
y subida de punto que la de los griegos, pudiera temer que
el público multase mi invención, como los éforos de Esparta
multaron a Timoteo Milesio, por haber añadido cuatro cuerdas
a las siete, que tenía la cítara, según nos cuentan
Pausanias, y Ateneo; pero yo espero, que el público no
solamente no me multará, sino que en agradecimiento bailará
cuatro seguidillas boleras, al son de las castañuelas
armónicas, por mi salud.
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Castañuelas
EN QUE SE TRATA
DEL TIRIRÁ-TI-TÁ
Definición I. Mucho interesa la Crotalogía en la observación
escrupulosa de las Reglas dadas hasta aquí para la noción
completa de las castañuelas; pero como estas no son su
objeto, sino en cuanto debidamente tocadas (P. I, L. I, Sec.
I, Trat. I, Art. I, Parág. I, Cap. I, Defin. 2), por tanto
debe darse en esta obra un lugar muy distinguido a un
capítulo, que trate del actual tocamiento, o tocación de las
castañuelas, en que interesa más acaso el público que en
todo el resto de la obra, bien que utilísima.
Definición II. Toda guitarra, si se toca bien, se toca con
determinado compás, que es la medida del tiempo, y la regla,
que deben seguir la voz del que canta, y la de las
castañuelas armónicas.
Definición III. Este compás se contiene puntualmente en
estas voces: tirirá-tirirá-tirirá tirirá-ti tá-ti tá, el
cual se repite sucesivamente, y con igualdad, y de este modo
se forma el sonido de las castañuelas, el compás esencial de
las seguidillas, y el timón, guía, y norte, que deben seguir
en el baile los brazos, los pies, las piernas, y hasta la
cabeza y las tripas del buen crotálogo, que por fuerza será
buen bolero.
Problema. Señalar la causa porque en las voces dichas,
conviene a saber: tirirá-tirirá tirirá tirirá tirirá ti-tá
titá, se contiene el compás del baile bolero, y
consiguientemente el arreglado y perfecto ejercicio de la
Crotalogía mirada, o considerada en sí misma.
Resolución. Las seguidillas españolas, y más sensiblemente
las boleras, se componen sobre el compás, que llaman los
músicos de tres por cuatro. Esto quiere decir, que así como
tres multiplicados por cuatro hacen doce, cuya mitad es seis,
del mismo modo el compás de las seguidillas debe constar de
seis voces, figuras, o notas príncipes. Estas voces o notas
están significadas en las vocales á á del tirirá, que son
seis, y forman puntualmente un compás; pues el tiri,
antecede al rá, no significa más que el repique de la
castañuela derecha, y el ti, que está antes del tá,
significa un golpe seco, que se da con la castañuela derecha
para prevenir el gran castañetazo, que sin intermisión ha de
continuar en tiempos iguales la mano izquierda.
Con que tenemos que en las voces señaladas tirirá, etc. se
contiene el compás de las seguidillas boleras, y de la
tocación de las castañuelas, porque consta de seis vocales a
a a a a a, que en distancias iguales equivalen a las seis
corcheas con que notan los músicos el compás de las
seguidillas.
De la Doctrina hasta aquí dada se deducen los Cánones
siguientes.
Canon I. Todo castañetazo seco, o redondo es acción de la
castañuela izquierda.
Canon II. Todo repique es privativo de la castañuela derecha.
Canon III. Todo castañetazo remiso, o preventivo pertenece a
la castañuela, cuyo era el repique antecedente.
Canon IV. El castañetazo, sea seco, y duro, o remiso y
blando, que suele llamarse también preventivo, corresponde
en el tirirá, a una de las vocales a a, bien se explique con
rá, o bien con tá.
Canon V. En habiendo tirirá, debe haber repique, y no puede
haber repique, a que no corresponda rigurosamente su tirirá.
Canon VI. El ti de los dos últimos ti-tá ti-tá toca y
pertenece a la mano derecha en calidad de castañetazo
preventivo.
Canon VII. Tanto los castañetazos como los repiques deben
guardar una perfecta correspondencia con los saltos, tejidos,
enlaces, cabriolas, suspensiones, y demás diferencias de
ejecución, que se verifiquen en los pies y piernas del
bailarín.
Canon VIII. Según el Canon antecedente, pueden y deben
suspenderse muchas veces, no solamente los repiques, sino
también los castañetazos.
Canon IX. La suspensión no tiene más tiempo, que el que
había de emplearse en aquello que no se ejecuta.
Canon X. Puede suspenderse el repique; pero no el
castañetazo seco o redondo.
Canon XI. Toda suspensión debe recaer sobre el tiri, y tal
vez sobre el ti; pero nunca sobre el tá.
Canon XII. El tiempo y el compás es siempre inalterable,
bien se suspendan tiriríes, o bien suenen acompañados de sus
taes.
Observación. Aunque el dar reglas es cosa muy fácil, y
hacedera, y la mayor dificultad está en observarlas, y en
comprobar con los hechos, y modelos arreglados, que el ser
legislador literario no se identifica muchas veces con ser
pedante, charlatán, y vocinglero, como quieren decir algunos;
con todo eso, el pretender que para criticar una cosa haya
de darse hecha por el crítico otra tan buena o mejor, es
pretender que no digamos que nos aprieta el zapato sin ser
primero zapateros; y por la misma razón habría pocos que
pudiesen decir de un niño si era romo, corcovado o narigudo.
Observación II. Los Cánones establecidos en este capítulo
son esencialmente necesarios para constituir un verdadero
crotálogo, porque aunque se puedan tocar las castañuelas sin
estas reglas, como real y verdaderamente las han tocado, y
las tocan cuantos boleros y boleras hay y ha habido; esa
tocación no vale nada; no porque ella sea mala, sino porque
es tocación sin principios.
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Castañuelas
SE ENSEÑA
UN MODO FACILÍSIMO DE TOCAR...
Se enseña un modo facilísimo de tocar primorosamente las
castañuelas a la primera vez, y sin tener necesidad de
Maestro
Observación. Después que los señores Conde de Buffon, y Abad
de Condillac, dieron en el chiste de imaginarse el primero
un hombre nuevo, y el otro su estatua animada, para explicar
por principios la progresión de los conocimientos humanos,
no hay duda que no se debiera consentir que saliese a la
plaza escritor alguno, que no adoptase este bellísimo método
de instruir al público. El arte mismo de Cocina debía
presentarse con sus estatuas de masa, de carne, o de pescado,
que se irían después adornando de mil cosas por medio de
Teoremas, Postulados, Corolarios y Problemas hechos de
perejil, cominos, y manteca de puerco. Pero no hay que darle
vueltas: los españoles somos, y seremos siempre unos
tontazos; tenemos delante el bien y la ocasión, y nos
quedamos con la boca abierta, sin saber aprovecharnos de lo
que más nos interesa.
Observación II. Puntualmente me ha cogido a mí de pies a
cabeza este vicio nacional en la presente obra. Yo debiera
imaginarme aquí una estatua, y poner tanta Definición,
Corolario, Hipótesis, y Problema que la hiciera bailar el
bolero, y tocar perfectísimamente las castañuelas. Pero sepa
el público que no lo omito, ni por falta de habilidad, ni
por falta de ganas, sino por lo que se omiten ahora otras
muchas cosas que saldrán a luz a su tiempo: esto es, por
falta de estampas. En pudiendo yo dar a mis lectores y
discípulos un libro con dos o tres docenas de papeles
encogidos a lo último, en que vean clara y distintamente
demostrados con rayas derechas y torcidas, y con todas las
letras mayúsculas y minúsculas del abecedario, los Teoremas,
Cánones, y Preceptos de mi Crotalogía, entonces haré que me
grabe el más célebre profesor una Estatua animada o un
Hombre nuevo, para explicar yo también, con novedad, mis
inventos crotalógicos. Porque aunque es lo mismo para el
caso hablar de las primeras nociones crotalógicas, tan
primeras que no supongan otras ni vivas ni muertas; así como
es lo mismo hablar o tratar de las primeras ideas y
conocimientos del hombre, como lo hicieron Platón,
Aristóteles, y otros tres o cuatro mil filósofos hasta
Descarte; esto de introducir una estatua que hable, y piense,
y un hombre nuevo que no desciende de Adán, ni tiene padre
ni madre, y con todo eso conoce, sabe, habla, toca las
castañuelas y baila el bolero, ni más ni menos, que se pinta
en la estampa tantas, figura cuantas, es mucha novedad,
mucha gracia, y mucho progreso de conocimientos humanos.
Pero hasta que llegue esta feliz época nos habremos de
contentar con una buena explicación, que en mi juicio
bastará, y aun sobrará, para que pueda cualquiera aprender a
tocar las castañuelas científicamente sin Maestro, que le
enseñe.
Definición I. Habiendo de servir el toque de las castañuelas
precisamente para bailar el baile bolero, suponemos un
sujeto hábil, ni cojo, ni manco, con sus dos castañuelas
armónicas, atadas a los dos dedos pulgares de las dos manos,
bien templadas con la guitarra, con las del compañero, y
entre sí mismas, según la doctrina dada: P. I, L. 2, Sec. I,
Trat. I, Art. I, Cap. 2, Resol. 1 y 2.
Definición II. Suponemos un buen tocador de guitarra, el
cual aunque alguna otra vez arañe la tabla, y saque tal cual
astilla entre las uñas, con todo eso no pierda el compás, ni
desampare aquel golpeo, que aunque en distinto idioma, es un
formal equivalente del crotalógico
tirirá-tirirá-tirirá-tirirá-ti-tá-ti-tá: voces de plata,
voces de oro con que se explican las castañuelas.
Problema. Tocar a la primera vez las castañuelas con las
reglas hasta aquí dadas, tan perfectamente como si se
hubieran estado tocando toda la vida, y esto sin Maestro.
Resolución. No hay seguidillas boleras, que no consten de
los seis tiempos de su compás sucesivamente repetidos: (P.
I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. 3, Resol. I). Estas
seguidillas deben acompañarse de una guitarra, que, si se
toca bien, se toca, con determinado compás, que es la medida
del tiempo, y la regla que deben seguir la voz del que canta,
y la de las castañuelas armónicas: (P. I, L. 2, Sec. i, Trat.
I, Art. I, Cap. 3, Defin. 2). Este compás, esta regla, o
distribución de tiempo se contiene puntualmente en estas
voces: tirirá-tirirá-tirirá-tirirá-ti-tá-ti-tá, repetidas
sucesivamente con igualdad: (P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I,
Art. I, Cap. 3, Defin. 3). El mismo tirirá, [69] que diga la
guitarra deben decir las castañuelas, aunque en distinto
idioma: (P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. 2, Cap. I, Def.
2). Luego aplicando los tiriríes de la guitarra, y los taes
y raes a sus raes y taes respectivos, necesariamente han de
resultar unas castañuelas perfectamente tocadas, según todas
las reglas crotalógicas, y esto a la primera vez, y sin
necesidad de Maestro. Q. E. D.
Operación. El buen crotálogo debe tener en la memoria uno
por uno cuantos Cánones y Preceptos dejamos establecidos. En
este supuesto es cosa facilísima atender a la guitarra, y
observar que es lo que dice: Si es tiri, ya sé que esto
quiere decir, que haga un repique con la mano derecha, según
el Canon II y V de la I P., Lib. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I,
Cap. 3. El cual repique se forma deslizando sucesivamente
los cuatro dedos meñique, anular, del corazón, e índice de
modo que cada uno haga su sonido en la castañuela; pero que
todos cuatro sonidos juntos con el que forma la castañuela
izquierda, no consuman más tiempo que una de las seis partes,
de que debe constar cada compás.
Hecho esto, se pone a mirar con cuidado cuándo debe dar
castañetazo preventivo, y cuando seco o redondo, y siguiendo
puntualmente los pasos a la guitarra, da un castañetazo seco
siempre que en la serie del compás acabado el tiri, se debe
señalar con la castañuela izquierda el rá, o el tá, según la
regla (P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. 3, Can. I)
que dice: Todo castañetazo seco, o redondo es acción de la
castañuela izquierda.
De ta misma manera, siempre que el bailarín previene que va
a sonar un ti, sabe que este toca y atañe a la misma mano y
castañuela derecha, no como quiera, sino con calidad de
castañetazo preventivo: (P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art.
I, Cap. 3. Can, 4.) y de consiguiente da un castañetazo no
muy grande con la mano derecha, al cual sabe que ha de
seguirse otro señalado con la voz tá, castañetazo seco que
pertenece a la mano izquierda, (P. I, L. 2, Sec. I, Art. I,
Cap. 3, Can. I) y con que se remata un compás para comenzar
con otro.
Observando todo esto quedará nuestro crotálogo alerta para
que no se le pasen en blanco las suspensiones, por las
cuales deberá, en tiempos, omitir, no solamente los
castañetazos, sino también los repiques, (P. I, L. 2, Sec.
I, Trat. I, Art. I, Cap. 3, Can. 8) advirtiendo, que los
castañetazos omitidos no pueden ser otros que los
preventivos señalados en el ti, (P. I, L. 2, Sec. I, Trat.
I, Art. I, [71] Cap. 3, Can. XI) pues el seco
correspondiente al tá nunca se suspende, según el Can. X. En
estas suspensiones nada tiene que temer, ni hay nada en que
errar, pues sabe que la suspensión no tiene más tiempo, que
el que había de emplearse en aquello que no se ejecuta, (P.
I, Lib. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. 3, Can. IX) porque
el tiempo y el compás es siempre inalterable, bien se
suspendan tiriríes, o bien suenen acompañados de sus taes.
(P. I, L. 2, Sec. I, Trat. I, Art. I, Cap. 3, Can. XII) Y he
aquí que observado todo esto, y ejecutándolo con exactitud,
podrá cualquiera tocar las castañuelas por sí mismo con la
mayor perfección, y sin tener necesidad de que le enseñe
nadie, sino las reglas que se prescriben en este libro.
Además de estas ventajas conseguirá igualmente la de tocar a
la primera vez tan primorosamente como si hubiera estado
tocando toda su vida, porque como las reglas no crecen ni
menguan, lo mismo es observarlas la primera vez que la
última, y siempre producen un mismo efecto, que son las
castañuelas debidamente tocadas, objeto de la Crotalogía, y
de la solución del Problema. Q. E. D.
Observación. Para ser buen crotálogo, es absolutamente
necesario que se observen todos, y cada uno de los preceptos,
que se han dado; y primero consentiré que me saquen un ojo,
que dar el nombre de crotálogo al que tome las castañuelas
sin saber perfectamente esta ciencia; y la razón es clara:
para ser un buen médico no basta curar y sanar cualquier
dolencia perfectamente; se necesita además, saber toda la
jerga de la facultad, según y como se contiene en Hipócrates
y Galeno; saber formar sus recetas con jeroglíficos egipcios,
y saber finalmente, que el que se muere, se muere según
reglas. Para ser un buen poeta cómico no basta hacer una
tragedia o comedia llena de invención y de entusiasmo, ni
que el verso sea natural y sonoro, las imágenes propias, los
pensamientos llenos de novedad, de viveza, y de aquel mágico
secreto, con que mueve, encanta, y domina los corazones, y
sus sentimientos la poesía; es indispensable saber, y
observar dos o tres millones de reglas, que tienen en la uña
los esbirros de Apolo para cuando cogen un ingenio antiguo,
o moderno juzgarle por ellas, y darle la recompensa, o
castigo. Lo mismo pudiéramos decir de otras mil cosas; pero
de todas ellas se deduce que para tocar las castañuelas, de
nada sirve tocarlas, sino se sabe la Crotalogía, porque
entonces se tocará, pero será sin principios.
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Castañuelas
DE LAS TRES
UNIDADES CROTALÓGICAS
Prevención. Algunos tétricos, y mal sufridos, que no tienen
todavía amoldado el cerebro, ni están hechos a atar siquiera
dos ideas, sino que todos sus pensamientos van como cuentas
de Rosario, dirán al ver tanta regla para tocar las
castañuelas, que más importan las puntas que el manto, que
se podía tomar el caldo por las tajadas, y perdonar el bollo
por el coscorrón: quiero decir, que habrá hombres tan mal
sufridos, que tendrán por más fácil tocar las castañuelas,
que el aprender tanto Canon, tanto Teorema, y tanto
Corolario, que no sirven en su juicio más que para devanarse
los sesos, y confundirse con tanta algarabía.
Otros piensan que para hacer una ciencia, y llenarla de
muchas y complicadas reglas, que hayan de tener su autoridad
con el tiempo no es menester más que un autor esté bien
desocupado, que tenga el genio necesario para imaginarlas, y
que haiga después una tropa de puristas, o materialistas
literarios, que les hagan observar, trayendo a los
escritores maniatados, y vendados los ojos, como ladrones,
al potro de sus reglas, donde los atormentan hasta
condenarlos, aunque estén inocentes, al suplicio más
afrentoso, o a lo menos más molesto, que hay en el mundo,
que es el haber de sufrirlos por fuerza.
Pero todos los que piensan así, ¿qué son ni pueden ser? Una
gente sin gusto, sin ilustración, en una palabra, indigna
del siglo en que vivimos: siglo feliz en que todo se sabe, y
no como quiera, sino por principios. Y así la multitud de
reglas es indispensable para que una ciencia sea ciencia, y
para que sea dificultosa conseguir.
Los que han compuesto dramas en estos tiempos, ¿por qué
causa han echado la pierna a los Calderones, a los Lopes, a
los Moretos, a los Cañizares, y demás turbamulta de viejos
cómicos? ¿En qué consistirá que sus composiciones, sin
embargo de ser por la mayor parte sosas, frías, sin enredo,
y sin aquella muchedumbre de cosas buenas, que no pueden
menos de producir los genios, que elige para sí la poesía,
aunque no hayan visto una regla en su vida; con todo eso son
tan celebradas, tan primorosas, tan aprobadas, tan
aplaudidas, y tan superiores a las antiguas como nos dicen?
Pues no consiste en otra cosa más, sino en que guardan
exactamente todas las reglas.
Siendo esto así, que lo es, y más claro que la luz de medio
día, ¿qué atención merecerán los tales críticos ceñudos? ¿Ni
qué caso deberé yo hacer de sus clamores para dejar de
cargar bien mi Crotalogía de Cánones y preceptos, mas que no
haiga después quien les ponga por obra? Su alma en su palma.
Yo escribo una ciencia; escribo en los últimos periodos del
siglo XVIII, siglo alumbrado: escribo no solamente para
majos y majas, sino para petimetres y petimetras, que es
decir, para la flor, y la nata de la erudición misma; con
que yo debo escribir como sabio, y así, al asunto de este
capítulo que son las tres unidades, que para prevención ya
basta.
Definición. Nada hay de provecho en cuanto hace el crotálogo,
si no observa las tres unidades. De nada sirve el ruido más
acendrado y puro de las más bien templadas castañuelas
armónicas, si le falta alguna de las tres unidades. Sin las
tres unidades quedarán vanas todas mis reglas, e inútiles
los altos conocimientos, que enseña la Crotalogía.
Definición II. Por unidades se entienden las tres famosas,
las que han llenado tantos pliegos de papel, las que han
alborotado los teatros, y la Poesía entera, y las que
caracterizan todas las cosas de buenas o de malas, según que
se hallan, o abandonadas, o admitidas; conviene a saber:
unidad de acción, unidad de tiempo, y unidad de lugar.
Definición III. Estas tres unidades son tan esenciales a
todas las cosas, que sin ellas, no digo yo las comedias, y
todo género de dramas, sino la misma Crotalogía sería una
confusión ciega, a pesar de la claridad y perfección con que
la hemos colocado entre las Ciencias exactas. Aun la
Naturaleza misma se honra, digámoslo así, de estar
constituida, asentada, y reposada sobre las dichas tres
unidades.
El sol guarda escrupulosamente la unidad de acción con que
gira alrededor de la tierra, mal que le pese a Copérnico, ni
más ni menos que un macho, alrededor de una noria: la unidad
de tiempo, esto es, veinticuatro horas clavadas; y la unidad
de lugar, que es allá arribota, donde no nos puede chamuscar
nada. Quítese cualquiera de ellas, y vaya Vm. a buscar el
sol.
Los elementos tienen las tres unidades; los animales, los
vegetables, y hasta las cosas inanimadas tienen la unidad de
acción, aunque no sea más que en la atracción general
recíproca, la de tiempo, que es el de su duración, y la de
lugar; porque no hay cosa criada que pueda naturalmente
existir en dos lugares.
El hombre mismo no puede subsistir si no conserva y observa
exactísimamente en todas sus operaciones las tres unidades;
porque si come, no puede beber; si duerme, no puede velar;
si llora, no puede reír; que es la unidad de acción:
cualquiera cosa que haga, no puede ser hecha en el año
pasado, y en el presente la misma [en] número; que es la
unidad de tiempo; y últimamente un mismo hombre no puede en
un momento, estar cenando en Madrid, y almorzando en
Cochinchina, que es la unidad de lugar.
Definición IV. A semejanza e imitación de la poesía
dramática, y de toda la Naturaleza, debe el crotálogo,
atarse, ceñirse, envolverse, y estrecharse con las tres
referidas unidades: debe encargar a sus piernas que no
bailen, ni den más cabriolas y saltos que los que manden las
tres unidades; y a sus castañuelas que no toquen ni repiquen
sino cuando y como las unidades lo ordenen.
Definición V. Las tres unidades se verifican en el crotálogo,
o tocador de castañuelas de la manera siguiente: = La unidad
de acción quiere decir, que cuando se hace un repique, se
hace uno, y no dos: y lo mismo cuando se da un castañetazo,
que no se da más que uno. La de tiempo quiere decir: que no
se ha de tocar una castañuela por la mañana, y otra por la
tarde; sino que ambas castañuelas deben sonar en el tiempo
en que se baila. La unidad de lugar consiste en que si una
castañuela se toca en la sala, la otra no se ha de tocar en
el patio; sino que ambas se han de tocar en un lugar mismo,
sea el baile en la plaza, en una sala, o en la cocina.
Nota. Como observes exactamente las tres unidades, échate a
tocar las castañuelas por ese mundo de Dios, que no
encontrarás quien te tache con razón ni una tilde, ni una
coma de cuantos castañetazos y repiques vayas dando, aunque
se hallara presente en el baile el autor mismo de esta
Crotalogía; bien que en esto hay mucho que decir.
Observación. Digo que hay mucho que decir, porque siempre ha
sido y es regia, fija, y consecuencia segura: Es autor, que
escribe un libro, y da reglas: luego sabrá lo que escribe, y
observará en la práctica aquello mismo que enseña. Y así no
se puede poner duda en que tantos legisladores, como
aparecen diariamente, armados de los códigos de Aristóteles
y de Horacio, como de unos depósitos de Oráculos dichos
desde el trípode: que muerden, critican, y aun desprecian a
aquellos pobres, que, a lo menos imitan los buenos dramas
italianos y franceses para desterrar los malos ejemplos: que
en tono magistral y decisivo, fallan llenos de hiel y
vinagre: Tal comedia no vale nada, porque contraviene, a tal
reglilla de Aristóteles; tal libro es despreciable, está mal
escrito, porque en lugar de tristeza pone tristura, y por
donde, usa do, y otras voces rancias solamente usables por
Cervantes, Fr. Luis de León, Garcilaso, u otro viejo de su
calaña. No se puede dudar que todos estos son muy sabios, ni
que además de estar calados y empapados en las cosas, que
dicen en sus libros, saben de memoria otros muchos, como son
todos aquellos que citan; y tienen en la uña, no solamente
las noticias y doctrina que contienen, sino la página, el
libro, el parágrafo, y el número en donde lo dicen, con
tanta puntualidad como se ve cada día, y se puede advertir
en esta Crotalogía, que yo no atestiguo con muertos.
Observación II. Esta doctrina se debe entender de los
autores que son llanos y triviales, porque cuando se habla
de autores enrevesados, y particularmente griegos, suele
haber sus trabajos. Por tanto los discípulos novatos no se
deben apesadumbrar al oír los nombres de Aristófanes,
Eurípides, Sipontino, y otros semejantes. Los autores nos
solemos ver en [80] la negra necesidad de citar a otros
autores para dos cosas: la primera para que nos tengan por
lo que somos, esto es, por eruditos y sabios, lo cual no se
puede ser sin haber leído, y tener en la uña a todos los
autores, que hay en el mundo; o a lo menos sin saber, sus
nombres para poder citarlos, ya que por una casualidad no se
hayan leído ni visto jamás. La segunda, para que lo que
decimos se crea, y se sepa que no lo decimos de nuestro
capricho, sino que hay gravísimos autores que lo testifican,
los cuales, aunque nosotros no los hayamos leído ni visto,
no dejan de ser autores por eso, ni de dar al escrito mucha
recomendación y estima.
Corolario. De lo dicho en este capítulo se pudieran formar
tantos Corolarios, que bastasen a encorolariar el alma a
cuantos tengan la fortuna de instruirse leyéndole; pero
todos se pueden perdonar por uno bueno, que es el siguiente;
se infiere de todo lo dicho que no hay falta en el mundo,
sea en Crotalogía, sea en cualquiera otra cosa, que se pueda
comparar con la más mínima falta contra las tres unidades, y
baste para convencerlo un ejemplo.
Por quebrantar, el Sol una, que es la de lugar, levemente ni
hay día con día, ni noche con noche, ni tiempo con tiempo.
Unas veces hiela, nieva, graniza; y otras se tuesta
uno los sesos. Ya parece que todo produce flores, y que se
desata en frutos la Naturaleza; y otras veces no parece sino
que va a aniquilarse de modo, que hasta las hojas de los
árboles no están seguras: y esto, ¿por qué sucede? Pues no
es más, sino por quebrantar un sí es no es la unidad de
lugar. Sí: ándate a fiestas con las tres unidades.
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Castañuelas
TRATA DE LA
CONCLUSIÓN DE ESTA OBRA
Cuando yo me acuerdo de que Homero tuvo que andar cantando
de puerta en puerta ciego y pobre aquellos sublimes versos
que depositaban las leyes y la religión de su patria, y las
primicias de la verdadera Poesía: cuando contemplo la cabeza
de Cicerón cortada por su mismo cliente Popilio Lena, y a
Demóstenes apurando un vaso de veneno para defenderse, de
este modo, del furor de los atenienses, a quienes había
defendido con sus victoriosos elocuencia contra Filipo,
confieso que me tiembla la barba temiendo igual de mis
crotálogos. No porque me hayan de cortar real y
verdaderamente la cabeza, ni sacarme los ojos, ni hacerme
otro daño semejante, sino porque tal vez el público, siempre
raro y caprichoso, mirará con indiferencia una ciencia de
donde depende la mayor parte de la ilustración de mis
semejantes, y la civilización de la mejor y más escogida
porción de mi patria.
En materia de invención y de Literatura no hay cosa pequeña.
Las centellas más imperceptibles suelen convertirse con el
tiempo en inmensos globos de luz: una sospecha lleva a todo
un hombre a buscar un nuevo mundo, y aunque le encuentra, ni
él ni Colón disfrutan las bien merecidas recompensas, con
que las honra la posteridad. Cartesio, Galileo, Cortés
fueron infelices en conquistar mundos, y en encontrar
verdades; pero ahora forman en la Historia ellos solos más
siglos de admiraciones y de gratitud, que instantes se
tributan a la memoria de aquellos personajes obscuros, que
no se dignaron de dirigirlos siquiera una amistosa mirada.
Todo esto quiere decir que podrá suceder, que mi Crotalogía,
a pesar de su conocida e innegable utilidad, no tenga aquel
séquito que debería tener, porque al principio todas las
cosas son dificultosas: podrá suceder que los ricos y
poderosos la dejen sin su protección, y sin procurar que en
las Sociedades, en las Juntas, y en tales Congresos se
propongan premios a los que salgan más aventajados
crotálogos: podrá suceder que los boleros se contenten, como
hasta ahora, con unas castañuelas broncas, groseras,
monótonas, y sin chiste ni gracia alguna. Pero yo he hecho
lo que debo por la humanidad, por la civilización, y por la
cultura; y no soy de tan poco espíritu que haya de dejar
comenzada la proyectada obra metódica y científica que
tantas veces he citado en esta obra.
Estoy seguro de que la docta posteridad celebrará y estimará
mis trabajos; pero al mismo tiempo no me arrojaré a
anticipar un juicio poco favorable a los presentes,
mayormente cuando veo sus luces, sus progresos, su
ilustración, y su empeño en fomentar a los ingenios para que
emprendan y ejecuten cosas grandes. A la verdad, si los
antiguos hubieran pensado como nosotros, ya tendríamos todas
las cosas, todos los oficios, y hasta los ejercicios más
mínimos, reducidos a un método rigurosamente científico. Un
aguador, un comprador, un cochero, un lacayo, un revendedor,
un asador de castañas tendrían sus libros metódicos
científicos, y se sabrían todas las cosas por principios. Y
si esto se puede verificar de esos oficios con conocido
provecho, ¡qué ventajas no resultarían en los oficios de
sastre, peluquero, aplanchadora, modista, etc. si los
supieran por principios! ¡Qué peinados tan bonitos! ¡Qué
calzones tan ajustados! ¡Qué boleras tan gachonas! ¡Qué
prendidos tan magníficos, y tan arreglados al respectivo
corte de cara! Reflexiónese bien sobre el arte de Cocina, el
arte de Repostería, y la Coreografía, ilustrados por los
franceses, y sobre la Crotalogía de un español, y se podrá
formar alguna idea del proyecto. ¡Afortunadas gentes las que
le vean con vista de sus ojos, reducido a la obra!
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