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EL ABANICO Y SU
HISTORIA
Sigue los demás temas
sobre la Cultura Española a pie de página.
Historia del Abanico
Instrumento utilizado para abanicar o dar aire. La raíz
etimológica del término es el vocablo latino vanus, que
designa un instrumento que se usaba para aventar el grano y
avivar el fuego. Además de para este último uso, el actual
abanico sirve para librarse de los insectos y para
proporcionar cierta sensación de frescura, mediante los
movimientos de vaivén que se le imprimen. En la antigüedad
también fue usado como objeto ceremonial que denotaba cierto
estado social y, a través de la Historia, fue adoptando esta
doble función: ornamento útil y símbolo de prestigio social.
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ORIGEN
No existen noticias sobre el origen exacto de este
artilugio, pero es de suponer que ha existido desde el
comienzo de los tiempos. Una hoja de palma pudo ser el
primer objeto que el hombre utilizó para abanicarse, y los
países cálidos fueron los primeros en utilizarlo; luego se
usaron las plumas de avestruz, las sedas, etc., y el abanico
se convirtió en obra de arte, hasta llegar a ser un objeto
de culto y un accesorio establecido de la moda femenina,
como los guantes o el bolso.
Sin embargo, existen muchas leyendas para explicar el origen
del abanico. Una de las más bellas es una leyenda china
cuenta que el invento del abanico se debe al exceso de calor
durante la "Fiesta de las antorchas", en la que las mujeres
tenían que acudir con el rostro cubierto por un antifaz para
preservarse de las miradas de los hombres, completamente
prohibidas. Cuentan que la joven Kau-si, hija de un rico
mandarín, no pudiendo resistir más el calor, se quitó el
antifaz y lo agitó rápidamente delante de su rostro para
darse aire, actitud que imitaron inmediatamente el resto de
las mujeres. Otra leyenda dice que el abanico surgió de los
amores de Cupido que, al tratar de congraciarse con Psique,
arrancó una pluma de la espalda de Zéfiro con el propósito
de refrescar a la diosa mientras dormía.
TIPOLOGÍAS
Los tipos de abanico son fundamentalmente dos: el abanico
fijo y el plegable.
EL ABANICO FIJO
Es el tipo de abanico más antiguo; consta de un mango más o
menos largo de madera, marfil o asta, unido a una montura
que puede ser de hoja de palma, piel, etc., y que en algunos
casos es sustituida por plumas. Tiene tres modalidades:
pantalla o aventador, bandera o veleta y rueda.
Este abanico ha sido utilizado en todos los tiempos y en
todas las culturas. Los faraones egipcios, entre quienes
gozó de una alta consideración, lo utilizaron ya desde el
siglo XVIII a.C. Los bajorrelieves del Antiguo Egipto
muestran grandes abanicos ceremoniales detrás del carro de
los faraones, y se han encontrado dos abanicos en el tesoro
de Tutankamón. De los asirios pasó a los medos y los persas.
Los árabes lo adoptaron más tarde, en los primeros siglos de
nuestra era. Los griegos recibieron el abanico de los
asirios por la intromisión de los fenicios; era costumbre
entre los griegos recién casados abanicar a su esposa
mientras ésta dormía como muestra de atención. Los romanos
lo denominaron flabellum, y lo utilizaban en las termas,
teatros, etc. Los antiguos se sirvieron del abanico para
activar el fuego de los sacrificios y preservar de insectos
las obras sagradas. La Iglesia cristiana, durante la Edad
Media, hizo del flabellum un instrumento de culto, que cayó
en desuso después del siglo XIV.
Los climas cálidos favorecieron el uso del abanico, por lo
que fue muy común entre los aztecas, quienes al igual que
los orientales lo consideraron un símbolo de autoridad.
Sirva como ejemplo el hecho de que Moctezuma regalase a
Hernán Cortés dos abanicos de plumas de rico varillaje.
El abanico fue adoptado en las ceremonias cortesanas de los
soberanos orientales, convertido en una forma de aventador
grande con un mango largo para poderlo agitar. Así se
muestra en los bajorrelieves persas del palacio de
Persépolis. La misma costumbre se puede apreciar en todo
Oriente, Asiria, India y Egipto. En África y en Asia, los
abanicos de plumas también connotaban el estado social de un
gobernante, y estaban dotados de un gran simbolismo que
supieron apreciar los integrantes de la corte portuguesa.
Desde las islas Seychelles a Filipinas, los abanicos se
asociaron siempre con el poder.
El abanico fijo más usado en Europa fue el abanico de plumas
que traían los conquistadores desde el Nuevo Mundo como
parte del botín. Este tipo de abanico fue el que se utilizó
en todas las cortes europeas durante el siglo XVI y la
primera mitad del siglo XVII, tal y como puede apreciarse en
los retratos de corte. A finales del siglo XVI también
empezó a usarlo la burguesía.
EL
ABANICO PLEGABLE
El abanico plegable, tal y como se conoce en la actualidad,
se inventó en Corea en el siglo IX y fue introducido en
China en el siglo XV por los embajadores coreanos. Se
produjo en grandes cantidades para la corte del emperador
Ch´eng Tsu (1403-1412). En el siglo XVI llegó a Europa por
vía comercial: de China a Portugal, desde este último país a
España e Italia y, unos pocos años después, a Francia y
Alemania.
El abanico plegable se compone de dos partes: el varillaje y
el país. El varillaje está compuesto por un número variable
de varillas (casi siempre par), según el vuelo que se quiera
dar al abanico, y por dos guardas o caberas que protegen el
abanico cuando éste permanece cerrado. Los materiales más
utilizados son el nácar, el marfil, el hueso, la madera, el
carey, etc. La fuente que es la parte visible del varillaje
situada debajo del país, al igual que las guardas, se
ornamenta con calados, grabados, incrustaciones,
policromías, dorados, etc. La pajilla o espiga, que es la
parte de la varilla más estrecha y fina (en algunos casos de
un material más pobre que el resto del varillaje), permanece
oculta entre los dos países cuando éste es doble, y a la
vista cuando el país es simple. El clavillo es un alambre
grueso que ensarta las varillas a través de los agujeros en
ellas perforados, y se remacha en ambos extremos, en algunos
casos por encima de la virola (arandela de marfil, nácar?),
para que las varillas no puedan salirse.
El país es un sector de forma anular o semicircular, que
sirve para dar coherencia al varillaje. Cuando su amplitud
alcanza los 180º se denomina "abanico de amplio vuelo".
Puede ser de vitela, papel, seda, etc., y suele estar
decorado con pinturas, grabados, bordados etc.
Cabe destacar por su peculiaridad el abanico de baraja, que
no tiene país y está compuesto solamente de varillas unidas
en la parte superior por una estrecha cinta. Los materiales
más empleados son el marfil, el carey, el hueso, el asta,
etc., a veces con calados, grabados, pinturas,
incrustaciones, etc., y la cinta suele ser de vitela o de
seda, en algunos casos decorada con pintura.
DIFUSIÓN DEL ABANICO
PLEGABLE
SIGLO XVI
Catalina de Médicis llevó el abanico desde Italia a Francia
en 1533, al casarse con Enrique II de Francia, pero fue su
hijo Enrique III de Francia quien lo puso de moda en la
corte francesa como algo refrescante, a la vez que un
accesorio exquisito y novedoso, lo que provocó un notable
auge y difusión del abanico a finales del siglo XVI.
Aunque el primer informe sobre el abanico plegable aparece
en torno a 1578, es evidente que este abanico plegable
oriental era ya utilizado por las mujeres de la aristocracia
anteriormente a 1552, como se puede comprobar en el retrato
de María de Portugal (1527-1545) del Museo del Prado.
Italia fue la pionera en la fabricación de abanicos, y
algunos pintores de renombre de este país, como los Carracci,
pintaron y decoraron abanicos ya a finales del siglo XVI y
principios del XVII. Los temas predilectos de estos pintores
italianos procedían de la mitología, de la Biblia y de la
historia de Roma, y estos primeros abanicos italianos solían
ir suspendidos de la cintura por medio de una cadena de oro.
SIGLO XVII
A principios de este siglo, Holanda, Francia e Inglaterra se
establecieron como grandes naciones comerciantes y crearon
una serie de correos a través del lejano Oriente,
infiltrándose así en un mercado hasta ahora dominado por
Italia, Portugal y España. En 1600, Inglaterra estableció la
Compañía Comercial de Indias, que fue imitada por Holanda y,
algunos años más tarde, por Francia.
Durante la primera mitad del siglo, aunque ya existían los
abanicos plegables, se continuaban usando los de plumas. Los
abanicos plegables ingleses y holandeses no alcanzaron la
calidad de los italianos y franceses. En un primer momento,
según se ha dicho anteriormente, Italia estuvo a la cabeza
en cuanto a la fabricación de abanicos, pero a partir del
siglo XVII París llegó a ser el gran centro de manufactura
de los abanicos. Luis XIV de Francia promulgó diferentes
edictos para la regulación de la industria abaniquera. En
abril de 1670, el Parlamento de París confirmó que todos
aquellos que trabajaban en la realización de abanicos podían
reunirse en un mismo gremio, y en 1678 se formo el gremio de
abaniqueros. En 1685, la revocación del Edicto de Nantes por
Luis XIV produjo una afluencia masiva de inmigrantes a los
estados protestantes de Alemania, Holanda e Inglaterra.
Muchos de estos inmigrantes eran abaniqueros.
En Francia, los abanicos alcanzaron precios de artículos de
lujo y sus países sirvieron de base para el trabajo de
grandes pintores, aunque ocasionalmente se utilizaban países
grabados en lugar de pintados. En Inglaterra y Alemania no
se introdujo el grabado en los países hasta el siglo XVIII,
con el propósito de que todo el mundo, desde la dama hasta
la mujer de clase media, usara abanico.
En España, el gusto por todo lo francés era tal que el
pintor español Juan Cano y Arévalo tuvo que fingir que los
abanicos pintados por él eran franceses para poderlos
vender. Aun así, fue nombrado pintor de la reina.
En la segunda mitad del siglo, el abanico plegable alcanzó
la condición de accesorio imprescindible en el vestido de la
dama de categoría y, al finalizar dicho periodo, llegó a ser
una parte integrante de su vestuario.
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SIGLO XVIII
El siglo XVIII es la época del esplendor del abanico, que
llegó a ser un accesorio indispensable en el atuendo
femenino (ningún vestido estaba completo sin el abanico). Su
uso se generalizó tanto que el escritor inglés Joseph
Addison afirmó que una mujer sin abanico estaba tan incómoda
como un hombre sin espada. Se convirtió en aliado de los
asuntos amorosos y mediante su mudo lenguaje los amantes
descifraban el mensaje que les enviaban sus damas: presentar
el abanico cerrado, por ejemplo, significaba "¿me quieres?",
etc.
A finales de siglo aparecieron manuales que instruían a las
mujeres sobre el lenguaje del abanico. Charles Francis
Bodini publicó en 1797 el libro El telégrafo de Cupido, en
el que establece un auténtico alfabeto. Pero, a pesar de
todo este auge, a principios del siglo no existía aún un
patrón establecido sobre el comercio y la fabricación de
abanicos.
En Inglaterra, en 1709, parte de los fabricantes de abanicos
emigrados a Francia formaron una corporación: la Compañía de
Abanicos de Worshiptul, y en abril de ese mismo año, cuando
la compañía hubo conseguido sus fueros, su función más
importante fue la de proteger el comercio y la manufactura
de los abanicos en Inglaterra. A pesar de ello, se
continuaban importando muchos abanicos de Oriente vendidos
por vía de la Compañía de las Indias Orientales a través del
puerto de Cantón. En repetidas ocasiones, los fabricantes de
abanicos protestaron por la importación de éstos y
solicitaron la prohibición de su importación. En esta época,
los abanicos que más se importaban de China eran los
abanicos de baraja, de marfil grabado y calado, que parecían
de encaje.
El abanico impreso fue una especialidad de Inglaterra, que
importó abanicos a toda Europa; gracias a la implantación en
1734 del Copyright Act, que recomendaba a los impresores que
pusieran su nombre, dirección y fecha de fabricación, quedan
documentos precisos relativos a estos abanicos. Los abanicos
ingleses de este periodo tenían mucho en común con algunos
de los franceses, aunque su disposición era más espaciosa y,
en general, tenían mucho menos colorido que sus
contemporáneos del continente.
Fue una época de decoración inventiva considerable; las
chinerías y los grabados se enriquecieron fuertemente, y
aparecieron nuevas formas de abanicos plegables, por ejemplo
los denominados Vernis Martín, que eran abanicos de baraja,
de pequeño tamaño, de marfil, con chinerias y recubiertos
por un barniz que imitaba las lacas chinas, inventado por
los hermanos franceses Martín a principios del siglo.
Bajo el reinado de Luis XV de Francia, el abanico alcanza su
máximo esplendor y llega a ser un objeto de lujo. Aumenta su
tamaño hasta alcanzar vuelos de 180º. Los temas más
frecuentes de su decoración eran mitológicos, históricos,
etc., sobre países de vitela o papel y varillajes de nácar,
marfil..., calados, grabados, pintados... Hacia mitad de su
reinado aparece el abanico cabriolé, con dos o tres países.
Poco a poco, el estilo se transforma, y con Luis XVI de
Francia aparece la montura esqueleto, cuyas varillas están
muy separadas unas de otras, con país generalmente de seda y
composición distribuida en cartelas con lentejuelas y
escenas galantes.
Hacia mediados del siglo se usa cada vez más el abanico
plegable, porque era más cómodo que el abanico de plumas o
de baraja. Se consolida también el modelo y uso del abanico
de boda, que llevaba pintados los retratos de los
contrayentes o sus iniciales bordadas y que se mantuvo como
habitual regalo de compromiso matrimonial desde el siglo
XVIII hasta principios del siglo XX.
Holanda también contaba con una floreciente industria de
abanicos centrada en Amsterdam, que desapareció en 1785. Se
utilizaban sobre todo como abanicos de iglesia, y los temas
de los países estaban inspirados en el Antiguo Testamento.
A finales del siglo se redujo el tamaño de los abanicos y su
decoración se centró cada vez más en motivos y personajes de
la historia griega y romana, según el estilo neoclásico. La
Revolución Francesa prohibió el comercio exterior de
abanicos y la importación de materiales de calidad, por lo
que la mayoría de los abanicos del periodo revolucionario
tienen el varillaje de asta o de madera.
SIGLO XIX
A lo largo del siglo XIX era frecuente que las jóvenes de
buena familia recibieran clases de baile, en casa o en
escuelas preparadas para ello; al mismo tiempo, sobre todo
en Inglaterra, las señoritas eran instruidas en el manejo
del abanico. Según opinión francesa, por la manera de coger
un abanico "se distinguía a la princesa de la condesa".
El desarrollo tecnológico produjo por aquel entonces la
invención de la litografía y, más tarde, de la
cromolitografía, que se aplicó también a la decoración de
los países de los abanicos, lo que abarató los costos. Los
principales temas eran las escenas campestres y pastoriles
con indumentaria del siglo XVIII o escenas históricas con
trajes de los siglos XVI y XVII.
Con el primer Imperio francés, a comienzos del siglo XIX, el
formato del abanico disminuyó en tamaño, el país de papel,
seda, etc. se decoraba con litografías, a veces recamado con
lentejuelas y varillaje de asta, y en algunos casos con
guardas de bronce. El abanico español denominado cristino
(1830-1840) está influido precisamente por este abanico de
estilo Imperio francés.
Si el siglo XVIII fue la Edad de Oro del abanico, el siglo
XIX fue sin duda el momento más apasionante de su historia.
Es el siglo en el que se fabricó toda clase de abanicos:
pequeños, pericones (de gran tamaño), de baraja, de encaje,
de plumas... A mediados del XIX se puso de moda el abanico
de encaje, tanto de bolillos como a la aguja. También se
realizaron trabajos a máquina o combinados: a máquina y a
mano. En 1820 se inventó el tul mecánico.
La fabricación española de abanicos, despreciada durante el
siglo XVIII, se empezó a desarrollar en Valencia a partir de
1830 y, en el año 2000, este centro se había convertido en
núcleo fundamental de la industria del abanico europea, con
la implantación de empresas familiares en los pueblos
valencianos de Aldaya y Godeya, entre otros.
En la segunda mitad del siglo XIX renació el abanico. Su
fabricación alcanzó cotas de gran perfección; los abanicos
de esta época se caracterizaban por su gran tamaño y amplio
vuelo, y los países solían ser de papel con litografía o de
seda pintada, y varillajes de madreperla, hueso o madera. Se
imitaban los estilos Luis XV y Luis XVI, pero
industrializados y con materiales más pobres. En España se
denominaron abanicos isabelinos (1843-1868). Al finalizar el
siglo tomaron el nombre de alfonsinos (1868-1888), con gran
influencia del estilo Modernista.
SIGLO XX
A principios del siglo XX seguía en auge en el mundo
occidental la influencia del arte japonés que había
comenzado a mediados del siglo XIX. Los abanicos se seguían
fabricando con una gran variedad de formas y dimensiones: el
abanico de ballon, el abanico de fontagne, el de baraja...
Vuelven las lentejuelas doradas y plateadas, los encajes
alrededor de cartelas de seda pintadas y las plumas de
avestruz. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial,
el abanico perdió su esplendor durante un tiempo.
De todo lo expuesto, se deduce que los cambios de estilo y
época han quedado reflejados en los temas de los países y
varillajes de este artilugio.
Existen abanicos de señora, de señorita, de caballero, de
invierno, de verano, de mañana, de casa, de teatro, de luto,
de boda, de comunión, de bolsillo, de olor, de careta, de
engaño, etc. Muchos de ellos y diversas piezas de valor
histórico pueden contemplarse en el Museo del Abanico,
inaugurado en Londres en 1990.
El Abanico en España
Pese al creer popular, la existencia y uso del abanico en
España no se remonta a épocas muy antiguas. Aunque si que es
cierto que en su lugar se utilizaban otros instrumentos
rígidos que ayudaban a mitigar el calor de nuestras tierras.
Por tanto, no hay que insistir en que los abanicos que se
usaron hasta que se abrieron las rutas comerciales con
Oriente a finales del siglo XV eran rígidos en su forma.
Cuando hicieron su aparición los primeros abanicos
plegables, éstos se introdujeron en Europa a través de
España. La innovación que aportó el nuevo diseño fue
rápidamente copiada y se inició su fabricación primero en
España, y luego en el resto de Europa. Con todo, los
maestros abaniqueros italianos y franceses superaron
paulatinamente la factura española debido a la perfección
con que trabajaban y a las medidas protectoras de sus
respectivos gobiernos. En la actualidad, sin embargo, estos
países ya hace tiempo que dejaron de fabricar abanicos,
mientras que en España aún perdura la artesanía abaniquera.
La industria en España tuvo diversas dificultades hacia
finales del siglo XVII, cuya causa principal fue la falta de
perfección de innovación técnica con respecto a los otros
países. En un menor grado fue también determinante la falta
de protección del gobierno.
En tiempos de Carlos II se intenta remediar esta situación;
en 1679 se quiere reforzar la industria abaniquera española,
poniendo trabas a la entrada de abanicos de Francia e Italia
y modernizando los talleres. Es significativo que el Marqués
del Carpio reciba el encargo real de buscar en el extranjero
algún buen maestro que conozca todos los secretos del
oficio. Fruto de este encargo fue el establecimiento, ya en
el siglo XVIII, de un maestro abaniquero que enseñaba el
oficio en la Red de San Luis de Madrid.
Bajo la protección del Conde de Floridablanca se instala en
España un maestro francés, Eugenio Prost, con el fin de
instalar una fábrica de donde salieron toda clase de
abanicos con la misma calidad y diseños que los se
confeccionaban en los otros países de Europa.
A finales del siglo XVIII ya se fabrican abanicos en toda
España, aunque el mayor centro de producción estaba radicado
en Valencia. También en este siglo se consolida un gremio de
abaniqueros de ámbito nacional. La culminación de todos
estos esfuerzos en favor de la industria abaniquera se
produjo en el año 1802 con la inauguración de la Real
Fábrica de Abanicos.
Al llegar el siglo XIX la industria del abanico en Levante
es una de las primeras de Europa, cuya producción mostraba
ya señales de declive. El uso del abanico en España estaba
por entonces tan extendido que el escritor francés Teófilo
Gautier llegó a escribir «nunca, he visto una mujer sin su
abanico. La sigue a todas partes, hasta en la iglesia, las
veo en grupos de todas las edades, arrodilladas o sentadas,
con zapatos de tela, rezan y se abanican con el mismo
fervor».
La influencias de la moda y la entrada de nuevas costumbres
hacen que decaiga la demanda, pero aun así, por los
condicionantes climáticos de España, ha perdurado el uso del
abanico no sólo como elemento de adorno y moda, sino también
por necesidad. De ahí que, no sólo sea utilizado desde
siempre tanto por las mujeres como por los hombres, aunque
éstos hasta principios del siglo XX utilizaban abanicos más
pequeños que guardaban discretamente en los bolsillos de sus
levitas.
(Extractos a
partir de un texto de Caridad Sánchez González)
En la actualidad, en el umbral del siglo XXI, existe en
Valencia una floreciente industria abaniquera que exporta a
todo el mundo. El estilo de los abanicos que salen de sus
talleres es muy variado, ya que recopilan y se inspiran en
modelos que van desde los más antiguos hasta los que
representan pinturas de los artistas mas vanguardistas.
La Escuela de Cádiz
Las aportaciones innovadoras que la Escuela de Cádiz ha
llevado a cabo son de enorme trascendencia en la historia
del abanico ya que por primera vez la forma tradicional se
modifica con distintas variantes tanto en el abanico de uso
habitual como en el de uso meramente decorativo.
La forma del abanico ha permanecido inalterable a través de
los siglos. Lo único que ha variado según los dictados de la
moda ha sido el país, llamada así a la parte alta del
abanico, compuesta de tela o papel, esta es la parte que
normalmente se ha venido decorando con representaciones de
escenas costumbristas de la vida española o con todo tipo de
motivos florales. El país, según las épocas podía ser de
tules, gasas, etc., o adornado con pedrería o marfiles. La
parte baja del abanico, normalmente de madera se llama
baraja, hay abanicos que carecen de país recibiendo el
nombre de abanicos de baraja.
El único taller-escuela de abaniquería estrictamente
artesanal que existe hoy en España es el de Cádiz a éste le
cabe el prestigio y puede ufanarse de haber modificado por
primera vez en la historia la forma del abanico. Esto ha
sido fruto de una laboriosa investigación y de un trabajo
esforzado y continuo a manos de un reducido grupo de alumnos
que han ahondado al máximo las posibilidades de diseño en
torno al abanico.
En el taller, los alumnos empiezan diseñando sobre el papel
formas que, posteriormente, podrán ser modificadas según la
dificultad que entrañen; seguidamente éstas se aplican a la
materia prima: madera, celuloide, cartón... En la concepción
y diseño de los abanicos, la Escuela de Cádiz centra su
interés en las formas que, aun no siendo funcionales, en
virtud de su categoría pictórica, compositiva, creativa o
por su originalidad, hacen del abanico una obra de arte.
En esta exposición ofrecemos una serie de abanicos pintados
a mano. Cada uno de ellos es una pieza única, que hace
patente cómo es posible romper con formas establecidas
actualizando un elemento tradicional y de uso tan común en
España.
Abanicos de la
Escuela de Cádiz
El
abanico fue siempre un leal compañero de la mujer en el arte
de seducir.
No fumes para entretener tus manos, coge un abanico,
alíviate del calor y disfruta de la gracia de movimientos y
formas que él te permite.
El abanico no sólo es para abanicarse; además es un objeto
de arte codiciado por más de un enamorado coleccionista.
EL LENGUAJE DEL ABANICO
Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a
los bailes eran acompañadas por su madre o por una señorita
de compañía, que en la colonias recibía el nombre de
chaperona, con el fin de que éstas velasen por su
comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas
en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo
que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder
comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas.
Para ello usaban su abanico de diferentes maneras de modo
que éste les servía de instrumento para pasar mensajes al
galán que las cortejaba.
-
1.
Abanicarse rápidamente. Te amo con intensidad.
-
2.
Abanicarse lentamente. Abanicarse de forma pausada,
significa soy una señora casada y me eres indiferente.
También si se abre y cierra muy despacio significa esto.
-
3. Cerrar
despacio. Este cierre significa un "Sí". Si se abre y
cierra rápidamente significa, "Cuidado, estoy
comprometida".
-
4. Cerrar
rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un
"No".
-
5. Caer el
abanico. Dejar caer el abanico significa: te pertenezco.
-
6. Levantar
los cabellos. Si levanta los cabellos o se mueve el
flequillo con el abanico significa que piensa en ti, que
no te olvida.
-
7. Contar
varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los
dedos por ellas quiere decir que quiere hablar con
nosotros.
-
8. Cubrirse
del sol. Significa que eres feo, que no la gustas.
-
9. Apoyarlo
sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha
significa "Si". Sobre la mejilla izquierda es "No".
-
10. Prestar
el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos
presagios. Si se lo da a su madre, quiere decir "Te
despido, se acabó".
-
11. Dar un
golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto,
significa impaciencia.
-
12. Sujetar
con las dos manos. Si sujeta el abanico abierto con las
dos manos, significa "es mejor que me olvides".
-
14.
Cubrirse los ojos. Con el abanico abierto, significa "Te
quiero". Si se cubre el rostro puede significar
"Cuidado, nos vigilan.
-
15. Pasarlo
por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos
significa, Lo siento. Si cierra el abanico tocándose los
ojos quiere decir, "Cuando te puedo ver".
-
16. Abrir
el abanico y mostrarlo. Significa, "Puedes esperarme".
-
17.
Cubrirse la cara. Cubrirse la cara con el abanico
abierto, significa: Sígueme cuando me vaya.
-
18. A medio
abrir. Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios
quiere decir "Puede besarme".
-
19. Apoyar
los labios. Si apoya los labios sobre el abanico o sus
padrones, significa desconfianza, "No me fío".
-
20. Pasarlo
por la mejilla. Significa, "Soy casada".
-
21.
Deslizarlo sobre los ojos.
TIPOS DE ABANICOS
Hay que indicar
que existen abanicos, fabricados solamente con varillas, sin
el país o paisaje. Suelen estar hechos de marfil, nacar,
carey, madera ... o cualquier otro material, con varillas de
pala ancha, y por lo general, con calados. Estas varillas
suelen ser unidas con un pequeño tope, e incluso pueden
estar unidas por una pequeña cinta. Estos abanicos se
conocen como de baraja o reversibles, por que abren tanto
hacia la derecha como hacia la izquierda.
Los abanicos de violín son abanicos, generalmente ribeteados
con plumas o lentejuelas y que cerrados nos recuerdan a este
instrumento musical. En las plazas de toros podemos ver los
abanicos de vara y media de alto, entre la gente de los
tendidos de sol. Son abanicos grandes, que les sirven para
guardarse del sol, mientras empieza la corrida. También
contamos con los abanicos de olor, inventados por la casa
Kimmel de Londres, cuyo varillaje está hecho de maderas
olorosas o perfumadas.
Un abanico a destacar es el abanico mágico, cuya novedad más
grande consiste en que es reversible y puede presentar en su
país (o paisaje) dos motivos diferentes, uno por cada cara.
El truco está en que este abanico solo tiene un sector de
papel en vez de dos como los tradicionales. Otra de las
características de este abanico es que presenta varillas
dobles en los trapecios múltiplos de 4, de ahí su
reversibilidad pudiendo presentar una escena por un lado y
otra diferente por el otro.
Aunque existen gran variedad de abanicos, y esto no es un
tratado sobre el, podemos hacer referencia a los abanicos
indios muy elegantes, hechos generalmente de marfil o
maderas de gran calidad tallados, con arte y esmero propios
de grandes artistas. Cada varilla puede presentar una labor
diferente, siendo verdaderas obras de arte. Los chinos
también cuentan con una reputada fama en la fabricación de
abanicos de gran calidad. Son más propensos a utilizar
papeles de arroz y de adornarlos con profusos motivos de las
más diversas índoles.
Actualmente. En la actualidad, la fabricación de abanicos ha
quedado reducida a unos pocos fabricantes, amenazados por la
competencia exterior. Los precios son muy variables en
función de la talla y calado de las varillas, del material
utilizado, del tipo de país (o paisaje) utilizado (tela,
papel ...), del tamaño del abanico, etc. El gran centro de
producción de abanicos, en la actualidad, es China. Se
pueden encontrar verdaderas creaciones artísticas tanto
originales, como verdaderas obras maestras con pinturas y
diseños clásicos.
Esta es una página de recopilación de los mejores datos del español
que he encontrado en Internet para mis estudios. Aquí hay
muchos artículos e incluso muchas fotos que me bajé de la red hace
mucho tiempo y no acuerdo de donde.
Perdoname por la publicación sin tu permiso. Al
ponerlas aquí creía que me ibas a encontrar y pedirme una referencia
o que retirara las imágenes.
esf@espanolsinfronteras.com
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Azpiroz
(PP) propone crear una agencia española de
protección a la |
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El candidato del PP al Congreso por Guipúzcoa, José Eugenio Azpiroz,
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Cultura
quiere hacer del Emperador Centro Nacional
de Arte Históricas |
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Acogerá representaciones, seminarios y encuentros, y editará una... |
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Retablo
Hispánico demuestra la devoción por España
del exilio... |
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El libro 'Retablo Hispánico', una miscelánea de ensayos de casi una |
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Ministro
Cultura recuerda PP aprobó canon digital |
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El ministro de Cultura, César Antonio Molina, ha recordado hoy en |
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Elecciones 2008: la música y la cultura en los
programas de los partidos |
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El Confidencial Musical publica hoy lunes un amplio reportaje que |
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El
último gran desafío de Villar |
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El fútbol español decidirá hoy si desafía al CSD o si por el
contrario |
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La
ciudad de Palermo reúne en abril la mejor
pintura española |
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España 1957-2007: el arte español de
Picasso, Miró, Dalí y Tàpies a la |
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Touriño
advierte de que el galleguismo no es hacer
tiras y aflojas |
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El secretario general del PSdeG y presidente de la Xunta, Emilio
Pérez |
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Nuevo
ciclo de conferencias sobre la cultura
española del siglo XX |
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El Centro Cultural Peñalba acoge varias sesiones de “El Arte... |
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Un Oscar
cruza la campaña electoral |
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El problema ahora será pasar el Oscar por las aduanas
estadounidenses |
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El programa
Industrias Culturales del PSOE quiere
impulsar la libertad |
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Difundir la cultura de España en el exterior, la democratización, la |
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¿Quién es más
independiente y plural? |
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Basándose en la teoría de que todo lo que no es de su gusto es ETA... |
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El español
será la segunda lengua de uso e
intercambio económico |
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El español será la segunda lengua de uso e intercambio económico en |
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