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EL ABANICO Y SU
HISTORIA - ABANICAR MODELOS DE ABANICOS
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Historia del Abanico -
LA TRAYECTORIA
DEL ABANICO
-
abanicos
Instrumento utilizado para abanicar o dar aire. La raíz
etimológica del término es el vocablo latino vanus, que
designa un instrumento que se usaba para aventar el grano y
avivar el fuego. Además de para este último uso, el actual
abanico sirve para librarse de los insectos y para
proporcionar cierta sensación de frescura, mediante los
movimientos de vaivén que se le imprimen. En la antigüedad
también fue usado como objeto ceremonial que denotaba cierto
estado social y, a través de la Historia, fue adoptando esta
doble función: ornamento útil y símbolo de prestigio social.
ORIGEN
No existen noticias sobre el origen exacto de este
artilugio, pero es de suponer que ha existido desde el
comienzo de los tiempos. Una hoja de palma pudo ser el
primer objeto que el hombre utilizó para abanicarse, y los
países cálidos fueron los primeros en utilizarlo; luego se
usaron las plumas de avestruz, las sedas, etc., y el abanico
se convirtió en obra de arte, hasta llegar a ser un objeto
de culto y un accesorio establecido de la moda femenina,
como los guantes o el bolso.
Sin embargo, existen muchas leyendas para explicar el origen
del abanico. Una de las más bellas es una leyenda china
cuenta que el invento del abanico se debe al exceso de calor
durante la "Fiesta de las antorchas", en la que las mujeres
tenían que acudir con el rostro cubierto por un antifaz para
preservarse de las miradas de los hombres, completamente
prohibidas. Cuentan que la joven Kau-si, hija de un rico
mandarín, no pudiendo resistir más el calor, se quitó el
antifaz y lo agitó rápidamente delante de su rostro para
darse aire, actitud que imitaron inmediatamente el resto de
las mujeres. Otra leyenda dice que el abanico surgió de los
amores de Cupido que, al tratar de congraciarse con Psique,
arrancó una pluma de la espalda de Zéfiro con el propósito
de refrescar a la diosa mientras dormía.
TIPOLOGÍAS
Los tipos de abanico son fundamentalmente dos: el abanico
fijo y el plegable.
EL ABANICO FIJO
Es el tipo de abanico más antiguo; consta de un mango más o
menos largo de madera, marfil o asta, unido a una montura
que puede ser de hoja de palma, piel, etc., y que en algunos
casos es sustituida por plumas. Tiene tres modalidades:
pantalla o aventador, bandera o veleta y rueda.
Este abanico ha sido utilizado en todos los tiempos y en
todas las culturas. Los faraones egipcios, entre quienes
gozó de una alta consideración, lo utilizaron ya desde el
siglo XVIII a.C. Los bajorrelieves del Antiguo Egipto
muestran grandes abanicos ceremoniales detrás del carro de
los faraones, y se han encontrado dos abanicos en el tesoro
de Tutankamón. De los asirios pasó a los medos y los persas.
Los árabes lo adoptaron más tarde, en los primeros siglos de
nuestra era. Los griegos recibieron el abanico de los
asirios por la intromisión de los fenicios; era costumbre
entre los griegos recién casados abanicar a su esposa
mientras ésta dormía como muestra de atención. Los romanos
lo denominaron flabellum, y lo utilizaban en las termas,
teatros, etc. Los antiguos se sirvieron del abanico para
activar el fuego de los sacrificios y preservar de insectos
las obras sagradas. La Iglesia cristiana, durante la Edad
Media, hizo del flabellum un instrumento de culto, que cayó
en desuso después del siglo XIV.
Los climas cálidos favorecieron el uso del abanico, por lo
que fue muy común entre los aztecas, quienes al igual que
los orientales lo consideraron un símbolo de autoridad.
Sirva como ejemplo el hecho de que Moctezuma regalase a
Hernán Cortés dos abanicos de plumas de rico varillaje.
El abanico fue adoptado en las ceremonias cortesanas de los
soberanos orientales, convertido en una forma de aventador
grande con un mango largo para poderlo agitar. Así se
muestra en los bajorrelieves persas del palacio de
Persépolis. La misma costumbre se puede apreciar en todo
Oriente, Asiria, India y Egipto. En África y en Asia, los
abanicos de plumas también connotaban el estado social de un
gobernante, y estaban dotados de un gran simbolismo que
supieron apreciar los integrantes de la corte portuguesa.
Desde las islas Seychelles a Filipinas, los abanicos se
asociaron siempre con el poder.
El abanico fijo más usado en Europa fue el abanico de plumas
que traían los conquistadores desde el Nuevo Mundo como
parte del botín. Este tipo de abanico fue el que se utilizó
en todas las cortes europeas durante el siglo XVI y la
primera mitad del siglo XVII, tal y como puede apreciarse en
los retratos de corte. A finales del siglo XVI también
empezó a usarlo la burguesía.
EL ABANICO PLEGABLE
El abanico plegable, tal y como se conoce en la actualidad,
se inventó en Corea en el siglo IX y fue introducido en
China en el siglo XV por los embajadores coreanos. Se
produjo en grandes cantidades para la corte del emperador
Ch´eng Tsu (1403-1412). En el siglo XVI llegó a Europa por
vía comercial: de China a Portugal, desde este último país a
España e Italia y, unos pocos años después, a Francia y
Alemania.
El abanico plegable se compone de dos partes: el varillaje y
el país. El varillaje está compuesto por un número variable
de varillas (casi siempre par), según el vuelo que se quiera
dar al abanico, y por dos guardas o caberas que protegen el
abanico cuando éste permanece cerrado. Los materiales más
utilizados son el nácar, el marfil, el hueso, la madera, el
carey, etc. La fuente que es la parte visible del varillaje
situada debajo del país, al igual que las guardas, se
ornamenta con calados, grabados, incrustaciones,
policromías, dorados, etc. La pajilla o espiga, que es la
parte de la varilla más estrecha y fina (en algunos casos de
un material más pobre que el resto del varillaje), permanece
oculta entre los dos países cuando éste es doble, y a la
vista cuando el país es simple. El clavillo es un alambre
grueso que ensarta las varillas a través de los agujeros en
ellas perforados, y se remacha en ambos extremos, en algunos
casos por encima de la virola (arandela de marfil, nácar?),
para que las varillas no puedan salirse.
El país es un sector de forma anular o semicircular, que
sirve para dar coherencia al varillaje. Cuando su amplitud
alcanza los 180º se denomina "abanico de amplio vuelo".
Puede ser de vitela, papel, seda, etc., y suele estar
decorado con pinturas, grabados, bordados etc.
Cabe destacar por su peculiaridad el abanico de baraja, que
no tiene país y está compuesto solamente de varillas unidas
en la parte superior por una estrecha cinta. Los materiales
más empleados son el marfil, el carey, el hueso, el asta,
etc., a veces con calados, grabados, pinturas,
incrustaciones, etc., y la cinta suele ser de vitela o de
seda, en algunos casos decorada con pintura.
DIFUSIÓN DEL ABANICO
PLEGABLE
SIGLO XVI
Catalina de Médicis llevó el abanico desde Italia a Francia
en 1533, al casarse con Enrique II de Francia, pero fue su
hijo Enrique III de Francia quien lo puso de moda en la
corte francesa como algo refrescante, a la vez que un
accesorio exquisito y novedoso, lo que provocó un notable
auge y difusión del abanico a finales del siglo XVI.
Aunque el primer informe sobre el abanico plegable aparece
en torno a 1578, es evidente que este abanico plegable
oriental era ya utilizado por las mujeres de la aristocracia
anteriormente a 1552, como se puede comprobar en el retrato
de María de Portugal (1527-1545) del Museo del Prado.
Italia fue la pionera en la fabricación de abanicos, y
algunos pintores de renombre de este país, como los
Carracci, pintaron y decoraron abanicos ya a finales del
siglo XVI y principios del XVII. Los temas predilectos de
estos pintores italianos procedían de la mitología, de la
Biblia y de la historia de Roma, y estos primeros abanicos
italianos solían ir suspendidos de la cintura por medio de
una cadena de oro.
SIGLO XVII
A principios de este siglo, Holanda, Francia e Inglaterra se
establecieron como grandes naciones comerciantes y crearon
una serie de correos a través del lejano Oriente,
infiltrándose así en un mercado hasta ahora dominado por
Italia, Portugal y España. En 1600, Inglaterra estableció la
Compañía Comercial de Indias, que fue imitada por Holanda y,
algunos años más tarde, por Francia.
Durante la primera mitad del siglo, aunque ya existían los
abanicos plegables, se continuaban usando los de plumas. Los
abanicos plegables ingleses y holandeses no alcanzaron la
calidad de los italianos y franceses. En un primer momento,
según se ha dicho anteriormente, Italia estuvo a la cabeza
en cuanto a la fabricación de abanicos, pero a partir del
siglo XVII París llegó a ser el gran centro de manufactura
de los abanicos. Luis XIV de Francia promulgó diferentes
edictos para la regulación de la industria abaniquera. En
abril de 1670, el Parlamento de París confirmó que todos
aquellos que trabajaban en la realización de abanicos podían
reunirse en un mismo gremio, y en 1678 se formo el gremio de
abaniqueros. En 1685, la revocación del Edicto de Nantes por
Luis XIV produjo una afluencia masiva de inmigrantes a los
estados protestantes de Alemania, Holanda e Inglaterra.
Muchos de estos inmigrantes eran abaniqueros.
En Francia, los abanicos alcanzaron precios de artículos de
lujo y sus países sirvieron de base para el trabajo de
grandes pintores, aunque ocasionalmente se utilizaban países
grabados en lugar de pintados. En Inglaterra y Alemania no
se introdujo el grabado en los países hasta el siglo XVIII,
con el propósito de que todo el mundo, desde la dama hasta
la mujer de clase media, usara abanico.
En España, el gusto por todo lo francés era tal que el
pintor español Juan Cano y Arévalo tuvo que fingir que los
abanicos pintados por él eran franceses para poderlos
vender. Aun así, fue nombrado pintor de la reina.
En la segunda mitad del siglo, el abanico plegable alcanzó
la condición de accesorio imprescindible en el vestido de la
dama de categoría y, al finalizar dicho periodo, llegó a ser
una parte integrante de su vestuario.
SIGLO XVIII
El siglo XVIII es la época del esplendor del abanico, que
llegó a ser un accesorio indispensable en el atuendo
femenino (ningún vestido estaba completo sin el abanico). Su
uso se generalizó tanto que el escritor inglés Joseph
Addison afirmó que una mujer sin abanico estaba tan incómoda
como un hombre sin espada. Se convirtió en aliado de los
asuntos amorosos y mediante su mudo lenguaje los amantes
descifraban el mensaje que les enviaban sus damas: presentar
el abanico cerrado, por ejemplo, significaba "¿me quieres?",
etc.
A finales de siglo aparecieron manuales que instruían a las
mujeres sobre el lenguaje del abanico. Charles Francis
Bodini publicó en 1797 el libro El telégrafo de Cupido, en
el que establece un auténtico alfabeto. Pero, a pesar de
todo este auge, a principios del siglo no existía aún un
patrón establecido sobre el comercio y la fabricación de
abanicos.
En Inglaterra, en 1709, parte de los fabricantes de abanicos
emigrados a Francia formaron una corporación: la Compañía de
Abanicos de Worshiptul, y en abril de ese mismo año, cuando
la compañía hubo conseguido sus fueros, su función más
importante fue la de proteger el comercio y la manufactura
de los abanicos en Inglaterra. A pesar de ello, se
continuaban importando muchos abanicos de Oriente vendidos
por vía de la Compañía de las Indias Orientales a través del
puerto de Cantón. En repetidas ocasiones, los fabricantes de
abanicos protestaron por la importación de éstos y
solicitaron la prohibición de su importación. En esta época,
los abanicos que más se importaban de China eran los
abanicos de baraja, de marfil grabado y calado, que parecían
de encaje.
El abanico impreso fue una especialidad de Inglaterra, que
importó abanicos a toda Europa; gracias a la implantación en
1734 del Copyright Act, que recomendaba a los impresores que
pusieran su nombre, dirección y fecha de fabricación, quedan
documentos precisos relativos a estos abanicos. Los abanicos
ingleses de este periodo tenían mucho en común con algunos
de los franceses, aunque su disposición era más espaciosa y,
en general, tenían mucho menos colorido que sus
contemporáneos del continente.
Fue una época de decoración inventiva considerable; las
chinerías y los grabados se enriquecieron fuertemente, y
aparecieron nuevas formas de abanicos plegables, por ejemplo
los denominados Vernis Martín, que eran abanicos de baraja,
de pequeño tamaño, de marfil, con chinerias y recubiertos
por un barniz que imitaba las lacas chinas, inventado por
los hermanos franceses Martín a principios del siglo.
Bajo el reinado de Luis XV de Francia, el abanico alcanza su
máximo esplendor y llega a ser un objeto de lujo. Aumenta su
tamaño hasta alcanzar vuelos de 180º. Los temas más
frecuentes de su decoración eran mitológicos, históricos,
etc., sobre países de vitela o papel y varillajes de nácar,
marfil..., calados, grabados, pintados... Hacia mitad de su
reinado aparece el abanico cabriolé, con dos o tres países.
Poco a poco, el estilo se transforma, y con Luis XVI de
Francia aparece la montura esqueleto, cuyas varillas están
muy separadas unas de otras, con país generalmente de seda y
composición distribuida en cartelas con lentejuelas y
escenas galantes.
Hacia mediados del siglo se usa cada vez más el abanico
plegable, porque era más cómodo que el abanico de plumas o
de baraja. Se consolida también el modelo y uso del abanico
de boda, que llevaba pintados los retratos de los
contrayentes o sus iniciales bordadas y que se mantuvo como
habitual regalo de compromiso matrimonial desde el siglo
XVIII hasta principios del siglo XX.
Holanda también contaba con una floreciente industria de
abanicos centrada en Amsterdam, que desapareció en 1785. Se
utilizaban sobre todo como abanicos de iglesia, y los temas
de los países estaban inspirados en el Antiguo Testamento.
A finales del siglo se redujo el tamaño de los abanicos y su
decoración se centró cada vez más en motivos y personajes de
la historia griega y romana, según el estilo neoclásico. La
Revolución Francesa prohibió el comercio exterior de
abanicos y la importación de materiales de calidad, por lo
que la mayoría de los abanicos del periodo revolucionario
tienen el varillaje de asta o de madera.
SIGLO XIX
A lo largo del siglo XIX era frecuente que las jóvenes de
buena familia recibieran clases de baile, en casa o en
escuelas preparadas para ello; al mismo tiempo, sobre todo
en Inglaterra, las señoritas eran instruidas en el manejo
del abanico. Según opinión francesa, por la manera de coger
un abanico "se distinguía a la princesa de la condesa".
El desarrollo tecnológico produjo por aquel entonces la
invención de la litografía y, más tarde, de la
cromolitografía, que se aplicó también a la decoración de
los países de los abanicos, lo que abarató los costos. Los
principales temas eran las escenas campestres y pastoriles
con indumentaria del siglo XVIII o escenas históricas con
trajes de los siglos XVI y XVII.
Con el primer Imperio francés, a comienzos del siglo XIX, el
formato del abanico disminuyó en tamaño, el país de papel,
seda, etc. se decoraba con litografías, a veces recamado con
lentejuelas y varillaje de asta, y en algunos casos con
guardas de bronce. El abanico español denominado cristino
(1830-1840) está influido precisamente por este abanico de
estilo Imperio francés.
Si el siglo XVIII fue la Edad de Oro del abanico, el siglo
XIX fue sin duda el momento más apasionante de su historia.
Es el siglo en el que se fabricó toda clase de abanicos:
pequeños, pericones (de gran tamaño), de baraja, de encaje,
de plumas... A mediados del XIX se puso de moda el abanico
de encaje, tanto de bolillos como a la aguja. También se
realizaron trabajos a máquina o combinados: a máquina y a
mano. En 1820 se inventó el tul mecánico.
La fabricación española de abanicos, despreciada durante el
siglo XVIII, se empezó a desarrollar en Valencia a partir de
1830 y, en el año 2000, este centro se había convertido en
núcleo fundamental de la industria del abanico europea, con
la implantación de empresas familiares en los pueblos
valencianos de Aldaya y Godeya, entre otros.
En la segunda mitad del siglo XIX renació el abanico. Su
fabricación alcanzó cotas de gran perfección; los abanicos
de esta época se caracterizaban por su gran tamaño y amplio
vuelo, y los países solían ser de papel con litografía o de
seda pintada, y varillajes de madreperla, hueso o madera. Se
imitaban los estilos Luis XV y Luis XVI, pero
industrializados y con materiales más pobres. En España se
denominaron abanicos isabelinos (1843-1868). Al finalizar el
siglo tomaron el nombre de alfonsinos (1868-1888), con gran
influencia del estilo Modernista.
SIGLO XX
A principios del siglo XX seguía en auge en el mundo
occidental la influencia del arte japonés que había
comenzado a mediados del siglo XIX. Los abanicos se seguían
fabricando con una gran variedad de formas y dimensiones: el
abanico de ballon, el abanico de fontagne, el de baraja...
Vuelven las lentejuelas doradas y plateadas, los encajes
alrededor de cartelas de seda pintadas y las plumas de
avestruz. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial,
el abanico perdió su esplendor durante un tiempo.
De todo lo expuesto, se deduce que los cambios de estilo y
época han quedado reflejados en los temas de los países y
varillajes de este artilugio.
Existen abanicos de señora, de señorita, de caballero, de
invierno, de verano, de mañana, de casa, de teatro, de luto,
de boda, de comunión, de bolsillo, de olor, de careta, de
engaño, etc. Muchos de ellos y diversas piezas de valor
histórico pueden contemplarse en el Museo del Abanico,
inaugurado en Londres en 1990.
Bibliografía
Abanicos. La
colección del museo municipal de Madrid,
Museo Municipal de Madrid, Diciembre, 1995-Febrero, 1996,
Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 1995.
BLONDEL, Spire:
Histoire des éventails chez tous les peuples et à toutes
les èpoques, París: Libraire Renouard, 1875.
VOLET,
Maryse-BEENJES, Annette: Ëventails: Colletion du Musée d'art
et d'histoire de Genève, Slatkine, 1987.
Maruja Merino
Cáceres. (Conservadora del Museo Nacional de Artes
Decorativas).Enciclopedia
Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006
El Abanico en
España
La Historia del Abanico en España. – I – De los inicios al
Renacimiento. Por : Virginia Seguí.
La historia del Abanico en España, por Virginia Seguí,
desarrolla en este primer capítulo la introducción de este
adorno estético en la Península Ibérica desde la Antigüedad
hasta el Renacimiento. Un recorrido histórico del empleo en
nuestro país de este adorno estético y funcional, que recoge
tanto fuentes documentales de la época (códices,
inventarios) como estudios actuales, así como imágenes
representativas que ilustran los datos.
La Historia del Abanico en España. – I- De los Inicios al
Renacimiento. Por : Virginia Seguí
Para fijar la aparición del abanico en la península Ibérica
los expertos se remontan a la Antigüedad y a cada uno de los
momentos históricos en que los pueblos y culturas, que en
ella se desarrollaron, fueron asentándose en sus costas y a
la vez transmitiendo sus costumbres a los naturales del
país; principalmente los fenicios, los cartagineses y los
griegos; sus metrópolis ubicadas al este del continente
europeo y en las costas minorasiáticas tenían una situación
de privilegio para el desarrollo del comercio con Oriente, y
pronto se convirtieron en los intermediarios de ambos
mundos; sobre todo los griegos que se adentraron en Asia y
llegando, en algunos momentos, a dominar política y
territorialmente amplias zonas y culturas así como sus rutas
comerciales.
La expansión occidental, de estos pueblos, les llevó hasta
las costas españolas instalando en ellas sus factorías y
colonias, enclaves estratégicos que les permitían realizar
sus transacciones de mercaderías a la vez que continuaban su
expansión. De manera natural al instalarse dieron a conocer
sus usos y costumbres a los habitantes peninsulares, su
cultura y sus objetos de uso cotidiano, entre los que se
encontraría el abanico, pues además el clima meridional
favorecería su uso. Existen pruebas de que los griegos lo
habían aclimatado a su propia cultura y que, llegado un
momento, el abanico se había convertido en un objeto de uso
habitual y cotidiano así lo demuestran algunos objetos
artísticos que han llegado hasta nosotros: vasos, estelas
y/o sus famosas tanagras, figuras femeninas realizadas en
arcilla (Fig.1-2). Y qué decir de los romanos quienes no
sólo se instalaron en nuestras costas sino que se apropiaron
del territorio incorporándolo a su Imperio como una
provincia más, implantando también sus usos y costumbres.
Bajo su denominación romana: flabelum fue como más se
extendió su uso, por un lado en su aspecto litúrgico o
ceremonial y, por otro, como artículo de lujo incorporado a
la vida social.
Las invasiones bárbaras desmembraron la zona occidental del
Imperio Romano interrumpiendo el comercio con oriente,
aislando a Europa y sumiéndola en un período difícil para el
desarrollo del abanico; cabría pensar, por tanto, que hasta
que estos pueblos invasores no se instalaron de manera
permanente en los territorios conquistados, iniciando su
propia evolución cultural con el consiguiente proceso de
sincretismo con las culturas preexistente, no volvieron a
darse las condiciones adecuadas para que reapareciera el uso
del abanico. En el caso español y refiriéndonos a los
visigodos que se instalaron en la península mencionar la
influencia que, en su cultura, tuvieron las costumbres
romanas; habría que hablar de sus primeros contactos en las
fronteras del Imperio, cuando establecidos en la zona del
Danubio pactaron con Roma y uniéndose a sus legiones
defendieron los limes de otros pueblos bárbaros más
belicosos. Desde el año 332 fueron arrianos, estableciéndose
en España hacia el 415, y más tarde en el 589 Recaredo
convocó el III Concilio de Toledo y abjurando del arrianismo
se convirtió al catolicismo; con ello volvieron a cobrar
auge los oficios religiosos cristianos, apoyados nuevamente
desde el poder político, recuperando vigencia los rituales
litúrgicos occidentales, así como el boato y magnificencia
del periodo anterior tardo romano o paleocristiano, en
Bizancio seguía utilizándose un abanico tipo espantamoscas
elaborado con plumas de pavo real denominado rhipidion.
El texto del Arzobispo de Córdoba, Cipriano, fechado a
finales del siglo IX y, en parte, traducido por Gómez Moreno
en sus estudios sobre la España musulmana, prueba el uso del
abanico en ceremoniales cortesanos en la España de su época
ya que en él podemos leer: <[...] luce en mano del próvido
Conde el abanico marcado con letras áureas que consignan el
nombre de Guifredo, puesto en la sacra fuente. A fines de
que las auras expulsen al estío a invitación del abanico,
entrégalo gustoso, oh Conde, a tu gloriosa cónyuge para que
de igual modo disipe el abrumador estío de la dicha
Guisinda, pegada a tu costado [...] adorna oh abanico, la
diestra de la ilustre Guisindis: menester es que ofrezcas
artificioso viento, para que reanimando los decaídos
miembros se modere el ardor en tiempo de verano, y abierto
(sic), cumplas en todo con tu oficio.>
En cuanto a muestras artísticas de este período tenemos las
arquetas de marfil realizadas en talleres cordobeses
conservadas en el Museo de Kensington o en la Catedral de
Pamplona, este utilizado como relicario de las santas
Nunilona y Alodia (Fig.3), datadas ya en el siglo XI, o el
denominado Bote de Almoguira del Louvre (Fig.4), que Gómez
Moreno y otros expertos consideran también obra de los
talleres de eboraria califales, todos ellos permiten
observar el uso habitual del abanico por la población
musulmana y dejan clara la existencia de, al menos, tres
tipos de abanicos: el amoscador, el de palma abanderado y el
redondo; morfologías que hay que relacionar con los
contactos establecidos por el mundo islámico con Oriente
desde el momento en que las monarquías omeyas y/o abbasíes,
en su fase de desarrollo y expansión, arrebataron al Imperio
Bizantino el control de las rutas comerciales de la zona.
Otro modo de entrada de abanicos de procedencia oriental era
a través de los Cruzados; quienes al finalizar las
contiendas regresaban a sus países trayendo recuerdos
exóticos comprados en su recorrido de vuelta desde
Jerusalén. Con el paso del tiempo la situación fue
estabilizándose y los intercambios comerciales en Europa y
el Mediterráneo se normalizaron con lo cual la llegada de
abanicos orientales volvió a ser frecuente. Entraban en
España de forma variada.
Inicialmente habría que destacar la actividad comercial de
la Corona de Aragón que le llevó a establecer contactos, e
incluso factorías, en los puertos y ciudades más importantes
del Mediterráneo, sobre todo en algunas italiana
consideradas emporios comerciales como: Nápoles, Venecia o
Génova, abastecidas de todo tipo de objetos desde
Constantinopla y Asia. Serán, por tanto, los puertos del
levante español y los del archipiélago Balear, una vez
reconquistado por Jaime I de Aragón, los principales puntos
de entrada de productos orientales en la península.
Conocemos por los estudios especializados de Roig Flores que
algunos artesanos de ciudades de la zona, ya desde el siglo
XIV, se interesaron por el abanico comenzando su fabricación
en España; Eugenio Larruga al estudiar frutos del comercio y
las fábricas españolas, a fines del siglo XVIII, menciona la
existencia de gremios de abaniqueros en el país indicando su
especial desarrollo en zonas controladas por la corona de
Aragón.
Otra vía de entrada del abanico en España fue la ruta
americana; tras el descubrimiento de América los diferentes
expedicionarios y conquistadores españoles trajeron a su
regreso a España diversos presentes y objetos utilizados por
las diferentes culturas del continente americano como
aztecas y mayas, entre estos objetos había diversos tipos de
abanico; Ruth de la Puerta en sus estudios sobre el abanico
valenciano menciona que Cristóbal Colón ofreció un abanico
de plumas a la reina Isabel la Católica a su regreso de
América en 1493, y Hernán Cortés hizo entrega al emperador
Carlos V del que, según relata la Crónica mexicana de
Alvarado Tezozomoc, recibió como regalo de Moctezuma I,
emperador azteca, cuando este supo de su desembarco en las
costas mexicanas; no tenemos imágenes de estos actos pero
podemos comprobar la presencia y uso del abanico en la
cultura azteca a través uno de sus más famosos manuscritos
el Códice Mendoza.
La entrada del abanico plegable, supuestamente procedente de
Japón, se vincula a Portugal, ya que fueron sus
expedicionarios los primeros europeos en llegar a sus
costas; durante el reinado de D. Juan Manuel se abrió la
ruta de las Indias cruzando el Cabo de Buena Esperanza,
fundando colonias en Goa, Macao y desde mediados del siglo
XVI con Japón; a ellos se adjudica pues la llegada a
occidente del abanico plegable, que obtuvo gran éxito en las
cortes europeas adquiriendo con el tiempo gran
preponderancia y popularidad triunfando sobre el resto de
tipos que fueron quedando en desuso, esto afectó sobre todo
al de bandera (Fig.7); aunque algunos de ellos dadas sus
características y posibilidades se recuperaron en épocas
posteriores sobre todo para ocasiones especiales en las que
se requería mayor lujo y suntuosidad.
En la difusión del abanico plegable, y en general en
cualquier tipo de abanico, tuvo mucha importancia la
relación entre las monarquías reinantes en Europa; y debemos
atribuirle a la mujer gran parte del merito de su difusión;
ya que, aunque el objeto en sí es de uso indistinto en
géneros, es mucho más frecuente, al menos en Occidente, que
sea el genero femenino el que le de un uso mas frecuente; de
este modo los miembros femeninos de las casas reales
europeas al desplazarse al país de sus futuros esposos para
desposarse lo hacían llevando el ajuar y muchos otros
objetos de uso personal entre los que muy habitualmente
había abanicos contribuyendo así a su difusión en otras
cortes. Esto es lo que debió suceder cuando María de
Portugal vino, en el año 1543, a España para casarse con
Felipe, segundo hijo del emperador Carlos V; la Biblioteca
Nacional española conserva un Códice, el 4013, en el que se
encuentra la relación de su viaje a nuestro país,
mencionándose detalladamente su atuendo y los diferentes
ornamentos de sus ropajes, Ezquerra del Bayo recoge la cita:
“Tenia en la mano on pedazo de Terciopelo Blanco hecho como
aventalle con que algunas veces se hacía ayre y se ataba el
rostro. Pareció a todos muy hermosa y no nada empachada“,
añadiendo que estamos ante un tipo de abanico a la moda
italiana, que el narrador considera hecho como aventalle.
Sandoval, es otro contemporáneo que narra la entrada de la
misma princesa, ahora en Salamanca, donde se casó y donde la
vería por primera vez su futuro esposo, de la siguiente
manera: “Después que la princesa entró en la ciudad, el
príncipe se puso en casa del Dr. Olivares cerca de San
Isidro y la princesa lo supo y quiso al pasar cubrirse el
rostro con un avanillo que llevaba, y Perico, el del Conde
de Benavente[...] hizo que quitase el avanillo para que el
príncipe la viese“. En esta cita puede observarse que el
narrador nos habla de un avanillo, quizás para diferenciarlo
del tipo anterior aventalle, dejándonos intuir que en este
caso estamos ante un tipo distinto de abanico: el de
varillaje plegable, y dada la fecha, ante uno de los
primeros de este tipo visto en la corte española. Durante
el siglo XVI será habitual en los retratos de damas
españolas la presencia de este tipo de abanico algo que no
sucede en otros países hasta el siglo siguiente.
Otras fuentes documentales que nos ayudan a verificar la
presencia y el uso del abanico en España son los inventarios
de bienes, bastante habituales en la época, sobre todo en
personas de cierta categoría y básicamente con fines
testamentarios y para tasaciones de herencias. Por ejemplo
en el inventario de los bienes propiedad del pintor
valenciano Bartolomé Abellá, en 1429, comprobamos la
existencia de abanicos indicándose en él: “[...] Item dos
ventalls de palma guarnits de aluda”; citando el objeto en
lengua valenciana. Un inventario importante es el de la
Reina D.ª Juana, realizado en 1565 diez años después de su
muerte, en el que se describen varios abanicos, casi con
toda probabilidad, pertenecientes a su madre la reina
Isabel, ya que ella pasó la mayor parte de su vida en la
ciudad de Tordesillas retirada de la vida social teniendo,
por tanto, pocas ocasiones de lucirlos en la corte; en las
partidas de Cargo y en la Data se mencionan realizando sus
descripciones <un ventalle de oro y aljófar, otro de oro y
plumas de pabón, con dos rosas de oro esmaltadas en blanco,
uno con mango de oro trabajado con filigrana, dos de pala
labrados de seda de colores>; probablemente de procedencia
italiana, quizás similares al que podemos apreciar en manos
de Laura la Pola en el retrato realizado por Lorenzo Lotto
en 1543.
Vemos que el abanico inició su andadura como artículo de
lujo dado su exotismo y la riqueza de los materiales que
inicialmente se empleaban en su realización, circunstancias
que, sin duda, restringían su uso a la aristocracia y las
capas altas de la sociedad, los únicos que podían permitirse
el lujo de comprarlos. Pero poco a poco, el abanico fue
haciéndose popular, hay que considerar que, en España, el
clima favorece su uso; y que pronto hubo artesanos que
iniciaron su fabricación interesándoles aumentar la
producción con vistas a obtener mayores ganancias, lo que se
irá consiguiendo; poco a poco a medida se consigue abaratar
los costes de producción de los diferentes elementos que
intervienen en su confección, tanto en los materiales de
fabricación como en los sistemas empleados para su
realización en los países; el desarrollo de la imprenta fue
también determinante en este último aspecto ya que permitió
realizar series iguales prácticamente con el mismo coste al
utilizar la misma plancha o litografía para varios abanicos,
en lugar de que un pintor iluminará uno a uno cada uno de
ellos. Naturalmente el proceso no acabaría hasta la llegada
de la revolución industrial que afectó directamente a la
fabricación de prácticamente todos sus elementos. En el
siguiente capítulo iremos viendo sus avances en este sentido
y estudiando las partes esenciales del abanico plegable.
La Escuela de Cádiz
Las aportaciones innovadoras que la Escuela de Cádiz ha
llevado a cabo son de enorme trascendencia en la historia
del abanico ya que por primera vez la forma tradicional se
modifica con distintas variantes tanto en el abanico de uso
habitual como en el de uso meramente decorativo.
La forma del abanico ha permanecido inalterable a través de
los siglos. Lo único que ha variado según los dictados de la
moda ha sido el país, llamada así a la parte alta del
abanico, compuesta de tela o papel, esta es la parte que
normalmente se ha venido decorando con representaciones de
escenas costumbristas de la vida española o con todo tipo de
motivos florales. El país, según las épocas podía ser de
tules, gasas, etc., o adornado con pedrería o marfiles. La
parte baja del abanico, normalmente de madera se llama
baraja, hay abanicos que carecen de país recibiendo el
nombre de abanicos de baraja.
El único taller-escuela de abaniquería estrictamente
artesanal que existe hoy en España es el de Cádiz a éste le
cabe el prestigio y puede ufanarse de haber modificado por
primera vez en la historia la forma del abanico. Esto ha
sido fruto de una laboriosa investigación y de un trabajo
esforzado y continuo a manos de un reducido grupo de alumnos
que han ahondado al máximo las posibilidades de diseño en
torno al abanico.
En el taller, los alumnos empiezan diseñando sobre el papel
formas que, posteriormente, podrán ser modificadas según la
dificultad que entrañen; seguidamente éstas se aplican a la
materia prima: madera, celuloide, cartón... En la concepción
y diseño de los abanicos, la Escuela de Cádiz centra su
interés en las formas que, aun no siendo funcionales, en
virtud de su categoría pictórica, compositiva, creativa o
por su originalidad, hacen del abanico una obra de arte.
En esta exposición ofrecemos una serie de abanicos pintados
a mano. Cada uno de ellos es una pieza única, que hace
patente cómo es posible romper con formas establecidas
actualizando un elemento tradicional y de uso tan común en
España.
Abanicos de la
Escuela de Cádiz
El
abanico fue siempre un leal compañero de la mujer en el arte
de seducir.
No fumes para entretener tus manos, coge un abanico,
alíviate del calor y disfruta de la gracia de movimientos y
formas que él te permite.
El abanico no sólo es para abanicarse; además es un objeto
de arte codiciado por más de un enamorado coleccionista.
EL LENGUAJE DEL ABANICO
Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a
los bailes eran acompañadas por su madre o por una señorita
de compañía, que en la colonias recibía el nombre de
chaperona, con el fin de que éstas velasen por su
comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas
en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo
que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder
comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas.
Para ello usaban su abanico de diferentes maneras de modo
que éste les servía de instrumento para pasar mensajes al
galán que las cortejaba.
-
1.
Abanicarse rápidamente. Te amo con intensidad.
-
2.
Abanicarse lentamente. Abanicarse de forma pausada,
significa soy una señora casada y me eres indiferente.
También si se abre y cierra muy despacio significa esto.
-
3. Cerrar
despacio. Este cierre significa un "Sí". Si se abre y
cierra rápidamente significa, "Cuidado, estoy
comprometida".
-
4. Cerrar
rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un
"No".
-
5. Caer el
abanico. Dejar caer el abanico significa: te pertenezco.
-
6. Levantar
los cabellos. Si levanta los cabellos o se mueve el
flequillo con el abanico significa que piensa en ti, que
no te olvida.
-
7. Contar
varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los
dedos por ellas quiere decir que quiere hablar con
nosotros.
-
8. Cubrirse
del sol. Significa que eres feo, que no la gustas.
-
9. Apoyarlo
sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha
significa "Si". Sobre la mejilla izquierda es "No".
-
10. Prestar
el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos
presagios. Si se lo da a su madre, quiere decir "Te
despido, se acabó".
-
11. Dar un
golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto,
significa impaciencia.
-
12. Sujetar
con las dos manos. Si sujeta el abanico abierto con las
dos manos, significa "es mejor que me olvides".
-
14.
Cubrirse los ojos. Con el abanico abierto, significa "Te
quiero". Si se cubre el rostro puede significar
"Cuidado, nos vigilan.
-
15. Pasarlo
por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos
significa, Lo siento. Si cierra el abanico tocándose los
ojos quiere decir, "Cuando te puedo ver".
-
16. Abrir
el abanico y mostrarlo. Significa, "Puedes esperarme".
-
17.
Cubrirse la cara. Cubrirse la cara con el abanico
abierto, significa: Sígueme cuando me vaya.
-
18. A medio
abrir. Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios
quiere decir "Puede besarme".
-
19. Apoyar
los labios. Si apoya los labios sobre el abanico o sus
padrones, significa desconfianza, "No me fío".
-
20. Pasarlo
por la mejilla. Significa, "Soy casada".
-
21.
Deslizarlo sobre los ojos.
TIPOS DE ABANICOS
Hay que indicar
que existen abanicos, fabricados solamente con varillas, sin
el país o paisaje. Suelen estar hechos de marfil, nacar,
carey, madera ... o cualquier otro material, con varillas de
pala ancha, y por lo general, con calados. Estas varillas
suelen ser unidas con un pequeño tope, e incluso pueden
estar unidas por una pequeña cinta. Estos abanicos se
conocen como de baraja o reversibles, por que abren tanto
hacia la derecha como hacia la izquierda.
Los abanicos de violín son abanicos, generalmente ribeteados
con plumas o lentejuelas y que cerrados nos recuerdan a este
instrumento musical. En las plazas de toros podemos ver los
abanicos de vara y media de alto, entre la gente de los
tendidos de sol. Son abanicos grandes, que les sirven para
guardarse del sol, mientras empieza la corrida. También
contamos con los abanicos de olor, inventados por la casa
Kimmel de Londres, cuyo varillaje está hecho de maderas
olorosas o perfumadas.
Un abanico a destacar es el abanico mágico, cuya novedad más
grande consiste en que es reversible y puede presentar en su
país (o paisaje) dos motivos diferentes, uno por cada cara.
El truco está en que este abanico solo tiene un sector de
papel en vez de dos como los tradicionales. Otra de las
características de este abanico es que presenta varillas
dobles en los trapecios múltiplos de 4, de ahí su
reversibilidad pudiendo presentar una escena por un lado y
otra diferente por el otro.
Aunque existen gran variedad de abanicos, y esto no es un
tratado sobre el, podemos hacer referencia a los abanicos
indios muy elegantes, hechos generalmente de marfil o
maderas de gran calidad tallados, con arte y esmero propios
de grandes artistas. Cada varilla puede presentar una labor
diferente, siendo verdaderas obras de arte. Los chinos
también cuentan con una reputada fama en la fabricación de
abanicos de gran calidad. Son más propensos a utilizar
papeles de arroz y de adornarlos con profusos motivos de las
más diversas índoles.
Actualmente. En la actualidad, la fabricación de abanicos ha
quedado reducida a unos pocos fabricantes, amenazados por la
competencia exterior. Los precios son muy variables en
función de la talla y calado de las varillas, del material
utilizado, del tipo de país (o paisaje) utilizado (tela,
papel ...), del tamaño del abanico, etc. El gran centro de
producción de abanicos, en la actualidad, es China. Se
pueden encontrar verdaderas creaciones artísticas tanto
originales, como verdaderas obras maestras con pinturas y
diseños clásicos.

Fuente:
Tienda ROMERODIAZ.COM - Regalos personalizados - donde cada
detalle será único..
OTRAS FUENTES SOBRE
EL ABANICO: http://www.abanicosartesanos.com/
Estos son los mejores datos del idioma
español que he encontrado en internet. Los mismos no son de mi autoría y tampoco me pertenecen, los he recopilado
desde de la red. He intentado dentro de mis
posibilidades poner todas las fuentes posibles, sin embargo
puede que inadvertidamente me haya olvidado de alguna, si es
así, podéis enviarme un correo a:
esf@espanolsinfronteras.com
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