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El abanico

 

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Cultura Española - Abanico

   

EL ABANICO Y SU HISTORIA - ABANICAR  MODELOS DE ABANICOS

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Historia del Abanico - LA TRAYECTORIA DEL ABANICO - abanicos

Instrumento utilizado para abanicar o dar aire. La raíz etimológica del término es el vocablo latino vanus, que designa un instrumento que se usaba para aventar el grano y avivar el fuego. Además de para este último uso, el actual abanico sirve para librarse de los insectos y para proporcionar cierta sensación de frescura, mediante los movimientos de vaivén que se le imprimen. En la antigüedad también fue usado como objeto ceremonial que denotaba cierto estado social y, a través de la Historia, fue adoptando esta doble función: ornamento útil y símbolo de prestigio social.

ORIGEN

No existen noticias sobre el origen exacto de este artilugio, pero es de suponer que ha existido desde el comienzo de los tiempos. Una hoja de palma pudo ser el primer objeto que el hombre utilizó para abanicarse, y los países cálidos fueron los primeros en utilizarlo; luego se usaron las plumas de avestruz, las sedas, etc., y el abanico se convirtió en obra de arte, hasta llegar a ser un objeto de culto y un accesorio establecido de la moda femenina, como los guantes o el bolso.

Sin embargo, existen muchas leyendas para explicar el origen del abanico. Una de las más bellas es una leyenda china cuenta que el invento del abanico se debe al exceso de calor durante la "Fiesta de las antorchas", en la que las mujeres tenían que acudir con el rostro cubierto por un antifaz para preservarse de las miradas de los hombres, completamente prohibidas. Cuentan que la joven Kau-si, hija de un rico mandarín, no pudiendo resistir más el calor, se quitó el antifaz y lo agitó rápidamente delante de su rostro para darse aire, actitud que imitaron inmediatamente el resto de las mujeres. Otra leyenda dice que el abanico surgió de los amores de Cupido que, al tratar de congraciarse con Psique, arrancó una pluma de la espalda de Zéfiro con el propósito de refrescar a la diosa mientras dormía.

TIPOLOGÍAS

Los tipos de abanico son fundamentalmente dos: el abanico fijo y el plegable.

EL ABANICO FIJO

Es el tipo de abanico más antiguo; consta de un mango más o menos largo de madera, marfil o asta, unido a una montura que puede ser de hoja de palma, piel, etc., y que en algunos casos es sustituida por plumas. Tiene tres modalidades: pantalla o aventador, bandera o veleta y rueda.

Este abanico ha sido utilizado en todos los tiempos y en todas las culturas. Los faraones egipcios, entre quienes gozó de una alta consideración, lo utilizaron ya desde el siglo XVIII a.C. Los bajorrelieves del Antiguo Egipto muestran grandes abanicos ceremoniales detrás del carro de los faraones, y se han encontrado dos abanicos en el tesoro de Tutankamón. De los asirios pasó a los medos y los persas. Los árabes lo adoptaron más tarde, en los primeros siglos de nuestra era. Los griegos recibieron el abanico de los asirios por la intromisión de los fenicios; era costumbre entre los griegos recién casados abanicar a su esposa mientras ésta dormía como muestra de atención. Los romanos lo denominaron flabellum, y lo utilizaban en las termas, teatros, etc. Los antiguos se sirvieron del abanico para activar el fuego de los sacrificios y preservar de insectos las obras sagradas. La Iglesia cristiana, durante la Edad Media, hizo del flabellum un instrumento de culto, que cayó en desuso después del siglo XIV.

Los climas cálidos favorecieron el uso del abanico, por lo que fue muy común entre los aztecas, quienes al igual que los orientales lo consideraron un símbolo de autoridad. Sirva como ejemplo el hecho de que Moctezuma regalase a Hernán Cortés dos abanicos de plumas de rico varillaje.

El abanico fue adoptado en las ceremonias cortesanas de los soberanos orientales, convertido en una forma de aventador grande con un mango largo para poderlo agitar. Así se muestra en los bajorrelieves persas del palacio de Persépolis. La misma costumbre se puede apreciar en todo Oriente, Asiria, India y Egipto. En África y en Asia, los abanicos de plumas también connotaban el estado social de un gobernante, y estaban dotados de un gran simbolismo que supieron apreciar los integrantes de la corte portuguesa. Desde las islas Seychelles a Filipinas, los abanicos se asociaron siempre con el poder.

El abanico fijo más usado en Europa fue el abanico de plumas que traían los conquistadores desde el Nuevo Mundo como parte del botín. Este tipo de abanico fue el que se utilizó en todas las cortes europeas durante el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, tal y como puede apreciarse en los retratos de corte. A finales del siglo XVI también empezó a usarlo la burguesía.

EL ABANICO PLEGABLE

El abanico plegable, tal y como se conoce en la actualidad, se inventó en Corea en el siglo IX y fue introducido en China en el siglo XV por los embajadores coreanos. Se produjo en grandes cantidades para la corte del emperador Ch´eng Tsu (1403-1412). En el siglo XVI llegó a Europa por vía comercial: de China a Portugal, desde este último país a España e Italia y, unos pocos años después, a Francia y Alemania.

El abanico plegable se compone de dos partes: el varillaje y el país. El varillaje está compuesto por un número variable de varillas (casi siempre par), según el vuelo que se quiera dar al abanico, y por dos guardas o caberas que protegen el abanico cuando éste permanece cerrado. Los materiales más utilizados son el nácar, el marfil, el hueso, la madera, el carey, etc. La fuente que es la parte visible del varillaje situada debajo del país, al igual que las guardas, se ornamenta con calados, grabados, incrustaciones, policromías, dorados, etc. La pajilla o espiga, que es la parte de la varilla más estrecha y fina (en algunos casos de un material más pobre que el resto del varillaje), permanece oculta entre los dos países cuando éste es doble, y a la vista cuando el país es simple. El clavillo es un alambre grueso que ensarta las varillas a través de los agujeros en ellas perforados, y se remacha en ambos extremos, en algunos casos por encima de la virola (arandela de marfil, nácar?), para que las varillas no puedan salirse.

El país es un sector de forma anular o semicircular, que sirve para dar coherencia al varillaje. Cuando su amplitud alcanza los 180º se denomina "abanico de amplio vuelo". Puede ser de vitela, papel, seda, etc., y suele estar decorado con pinturas, grabados, bordados etc.

Cabe destacar por su peculiaridad el abanico de baraja, que no tiene país y está compuesto solamente de varillas unidas en la parte superior por una estrecha cinta. Los materiales más empleados son el marfil, el carey, el hueso, el asta, etc., a veces con calados, grabados, pinturas, incrustaciones, etc., y la cinta suele ser de vitela o de seda, en algunos casos decorada con pintura.

DIFUSIÓN DEL ABANICO PLEGABLE

SIGLO XVI

Catalina de Médicis llevó el abanico desde Italia a Francia en 1533, al casarse con Enrique II de Francia, pero fue su hijo Enrique III de Francia quien lo puso de moda en la corte francesa como algo refrescante, a la vez que un accesorio exquisito y novedoso, lo que provocó un notable auge y difusión del abanico a finales del siglo XVI.

Aunque el primer informe sobre el abanico plegable aparece en torno a 1578, es evidente que este abanico plegable oriental era ya utilizado por las mujeres de la aristocracia anteriormente a 1552, como se puede comprobar en el retrato de María de Portugal (1527-1545) del Museo del Prado.

Italia fue la pionera en la fabricación de abanicos, y algunos pintores de renombre de este país, como los Carracci, pintaron y decoraron abanicos ya a finales del siglo XVI y principios del XVII. Los temas predilectos de estos pintores italianos procedían de la mitología, de la Biblia y de la historia de Roma, y estos primeros abanicos italianos solían ir suspendidos de la cintura por medio de una cadena de oro.

SIGLO XVII

A principios de este siglo, Holanda, Francia e Inglaterra se establecieron como grandes naciones comerciantes y crearon una serie de correos a través del lejano Oriente, infiltrándose así en un mercado hasta ahora dominado por Italia, Portugal y España. En 1600, Inglaterra estableció la Compañía Comercial de Indias, que fue imitada por Holanda y, algunos años más tarde, por Francia.

Durante la primera mitad del siglo, aunque ya existían los abanicos plegables, se continuaban usando los de plumas. Los abanicos plegables ingleses y holandeses no alcanzaron la calidad de los italianos y franceses. En un primer momento, según se ha dicho anteriormente, Italia estuvo a la cabeza en cuanto a la fabricación de abanicos, pero a partir del siglo XVII París llegó a ser el gran centro de manufactura de los abanicos. Luis XIV de Francia promulgó diferentes edictos para la regulación de la industria abaniquera. En abril de 1670, el Parlamento de París confirmó que todos aquellos que trabajaban en la realización de abanicos podían reunirse en un mismo gremio, y en 1678 se formo el gremio de abaniqueros. En 1685, la revocación del Edicto de Nantes por Luis XIV produjo una afluencia masiva de inmigrantes a los estados protestantes de Alemania, Holanda e Inglaterra. Muchos de estos inmigrantes eran abaniqueros.

En Francia, los abanicos alcanzaron precios de artículos de lujo y sus países sirvieron de base para el trabajo de grandes pintores, aunque ocasionalmente se utilizaban países grabados en lugar de pintados. En Inglaterra y Alemania no se introdujo el grabado en los países hasta el siglo XVIII, con el propósito de que todo el mundo, desde la dama hasta la mujer de clase media, usara abanico.

En España, el gusto por todo lo francés era tal que el pintor español Juan Cano y Arévalo tuvo que fingir que los abanicos pintados por él eran franceses para poderlos vender. Aun así, fue nombrado pintor de la reina.

En la segunda mitad del siglo, el abanico plegable alcanzó la condición de accesorio imprescindible en el vestido de la dama de categoría y, al finalizar dicho periodo, llegó a ser una parte integrante de su vestuario.

SIGLO XVIII

El siglo XVIII es la época del esplendor del abanico, que llegó a ser un accesorio indispensable en el atuendo femenino (ningún vestido estaba completo sin el abanico). Su uso se generalizó tanto que el escritor inglés Joseph Addison afirmó que una mujer sin abanico estaba tan incómoda como un hombre sin espada. Se convirtió en aliado de los asuntos amorosos y mediante su mudo lenguaje los amantes descifraban el mensaje que les enviaban sus damas: presentar el abanico cerrado, por ejemplo, significaba "¿me quieres?", etc.

A finales de siglo aparecieron manuales que instruían a las mujeres sobre el lenguaje del abanico. Charles Francis Bodini publicó en 1797 el libro El telégrafo de Cupido, en el que establece un auténtico alfabeto. Pero, a pesar de todo este auge, a principios del siglo no existía aún un patrón establecido sobre el comercio y la fabricación de abanicos.

En Inglaterra, en 1709, parte de los fabricantes de abanicos emigrados a Francia formaron una corporación: la Compañía de Abanicos de Worshiptul, y en abril de ese mismo año, cuando la compañía hubo conseguido sus fueros, su función más importante fue la de proteger el comercio y la manufactura de los abanicos en Inglaterra. A pesar de ello, se continuaban importando muchos abanicos de Oriente vendidos por vía de la Compañía de las Indias Orientales a través del puerto de Cantón. En repetidas ocasiones, los fabricantes de abanicos protestaron por la importación de éstos y solicitaron la prohibición de su importación. En esta época, los abanicos que más se importaban de China eran los abanicos de baraja, de marfil grabado y calado, que parecían de encaje.

El abanico impreso fue una especialidad de Inglaterra, que importó abanicos a toda Europa; gracias a la implantación en 1734 del Copyright Act, que recomendaba a los impresores que pusieran su nombre, dirección y fecha de fabricación, quedan documentos precisos relativos a estos abanicos. Los abanicos ingleses de este periodo tenían mucho en común con algunos de los franceses, aunque su disposición era más espaciosa y, en general, tenían mucho menos colorido que sus contemporáneos del continente.

Fue una época de decoración inventiva considerable; las chinerías y los grabados se enriquecieron fuertemente, y aparecieron nuevas formas de abanicos plegables, por ejemplo los denominados Vernis Martín, que eran abanicos de baraja, de pequeño tamaño, de marfil, con chinerias y recubiertos por un barniz que imitaba las lacas chinas, inventado por los hermanos franceses Martín a principios del siglo.

Bajo el reinado de Luis XV de Francia, el abanico alcanza su máximo esplendor y llega a ser un objeto de lujo. Aumenta su tamaño hasta alcanzar vuelos de 180º. Los temas más frecuentes de su decoración eran mitológicos, históricos, etc., sobre países de vitela o papel y varillajes de nácar, marfil..., calados, grabados, pintados... Hacia mitad de su reinado aparece el abanico cabriolé, con dos o tres países. Poco a poco, el estilo se transforma, y con Luis XVI de Francia aparece la montura esqueleto, cuyas varillas están muy separadas unas de otras, con país generalmente de seda y composición distribuida en cartelas con lentejuelas y escenas galantes.

Hacia mediados del siglo se usa cada vez más el abanico plegable, porque era más cómodo que el abanico de plumas o de baraja. Se consolida también el modelo y uso del abanico de boda, que llevaba pintados los retratos de los contrayentes o sus iniciales bordadas y que se mantuvo como habitual regalo de compromiso matrimonial desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX.

Holanda también contaba con una floreciente industria de abanicos centrada en Amsterdam, que desapareció en 1785. Se utilizaban sobre todo como abanicos de iglesia, y los temas de los países estaban inspirados en el Antiguo Testamento.

A finales del siglo se redujo el tamaño de los abanicos y su decoración se centró cada vez más en motivos y personajes de la historia griega y romana, según el estilo neoclásico. La Revolución Francesa prohibió el comercio exterior de abanicos y la importación de materiales de calidad, por lo que la mayoría de los abanicos del periodo revolucionario tienen el varillaje de asta o de madera.

SIGLO XIX

A lo largo del siglo XIX era frecuente que las jóvenes de buena familia recibieran clases de baile, en casa o en escuelas preparadas para ello; al mismo tiempo, sobre todo en Inglaterra, las señoritas eran instruidas en el manejo del abanico. Según opinión francesa, por la manera de coger un abanico "se distinguía a la princesa de la condesa".

El desarrollo tecnológico produjo por aquel entonces la invención de la litografía y, más tarde, de la cromolitografía, que se aplicó también a la decoración de los países de los abanicos, lo que abarató los costos. Los principales temas eran las escenas campestres y pastoriles con indumentaria del siglo XVIII o escenas históricas con trajes de los siglos XVI y XVII.

Con el primer Imperio francés, a comienzos del siglo XIX, el formato del abanico disminuyó en tamaño, el país de papel, seda, etc. se decoraba con litografías, a veces recamado con lentejuelas y varillaje de asta, y en algunos casos con guardas de bronce. El abanico español denominado cristino (1830-1840) está influido precisamente por este abanico de estilo Imperio francés.

Si el siglo XVIII fue la Edad de Oro del abanico, el siglo XIX fue sin duda el momento más apasionante de su historia. Es el siglo en el que se fabricó toda clase de abanicos: pequeños, pericones (de gran tamaño), de baraja, de encaje, de plumas... A mediados del XIX se puso de moda el abanico de encaje, tanto de bolillos como a la aguja. También se realizaron trabajos a máquina o combinados: a máquina y a mano. En 1820 se inventó el tul mecánico.

La fabricación española de abanicos, despreciada durante el siglo XVIII, se empezó a desarrollar en Valencia a partir de 1830 y, en el año 2000, este centro se había convertido en núcleo fundamental de la industria del abanico europea, con la implantación de empresas familiares en los pueblos valencianos de Aldaya y Godeya, entre otros.

En la segunda mitad del siglo XIX renació el abanico. Su fabricación alcanzó cotas de gran perfección; los abanicos de esta época se caracterizaban por su gran tamaño y amplio vuelo, y los países solían ser de papel con litografía o de seda pintada, y varillajes de madreperla, hueso o madera. Se imitaban los estilos Luis XV y Luis XVI, pero industrializados y con materiales más pobres. En España se denominaron abanicos isabelinos (1843-1868). Al finalizar el siglo tomaron el nombre de alfonsinos (1868-1888), con gran influencia del estilo Modernista.

SIGLO XX

A principios del siglo XX seguía en auge en el mundo occidental la influencia del arte japonés que había comenzado a mediados del siglo XIX. Los abanicos se seguían fabricando con una gran variedad de formas y dimensiones: el abanico de ballon, el abanico de fontagne, el de baraja... Vuelven las lentejuelas doradas y plateadas, los encajes alrededor de cartelas de seda pintadas y las plumas de avestruz. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, el abanico perdió su esplendor durante un tiempo.

De todo lo expuesto, se deduce que los cambios de estilo y época han quedado reflejados en los temas de los países y varillajes de este artilugio.

Existen abanicos de señora, de señorita, de caballero, de invierno, de verano, de mañana, de casa, de teatro, de luto, de boda, de comunión, de bolsillo, de olor, de careta, de engaño, etc. Muchos de ellos y diversas piezas de valor histórico pueden contemplarse en el Museo del Abanico, inaugurado en Londres en 1990.

El Abanico en España

     Pese al creer popular, la existencia y uso del abanico en España no se remonta a épocas muy antiguas. Aunque si que es cierto que en su lugar se utilizaban otros instrumentos rígidos que ayudaban a mitigar el calor de nuestras tierras. Por tanto, no hay que insistir en que los abanicos que se usaron hasta que se abrieron las rutas comerciales con Oriente a finales del siglo XV eran rígidos en su forma. Cuando hicieron su aparición los primeros abanicos plegables, éstos se introdujeron en Europa a través de España. La innovación que aportó el nuevo diseño fue rápidamente copiada y se inició su fabricación primero en España, y luego en el resto de Europa. Con todo, los maestros abaniqueros italianos y franceses superaron paulatinamente la factura española debido a la perfección con que trabajaban y a las medidas protectoras de sus respectivos gobiernos. En la actualidad, sin embargo, estos países ya hace tiempo que dejaron de fabricar abanicos, mientras que en España aún perdura la artesanía abaniquera.

     La industria en España tuvo diversas dificultades hacia finales del siglo XVII, cuya causa principal fue la falta de perfección de innovación técnica con respecto a los otros países. En un menor grado fue también determinante la falta de protección del gobierno.

      En tiempos de Carlos II se intenta remediar esta situación; en 1679 se quiere reforzar la industria abaniquera española, poniendo trabas a la entrada de abanicos de Francia e Italia y modernizando los talleres. Es significativo que el Marqués del Carpio reciba el encargo real de buscar en el extranjero algún buen maestro que conozca todos los secretos del oficio. Fruto de este encargo fue el establecimiento, ya en el siglo XVIII, de un maestro abaniquero que enseñaba el oficio en la Red de San Luis de Madrid.

     Bajo la protección del Conde de Floridablanca se instala en España un maestro francés, Eugenio Prost, con el fin de instalar una fábrica de donde salieron toda clase de abanicos con la misma calidad y diseños que los se confeccionaban en los otros países de Europa.

     A finales del siglo XVIII ya se fabrican abanicos en toda España, aunque el mayor centro de producción estaba radicado en Valencia. También en este siglo se consolida un gremio de abaniqueros de ámbito nacional. La culminación de todos estos esfuerzos en favor de la industria abaniquera se produjo en el año 1802 con la inauguración de la Real Fábrica de Abanicos.

     Al llegar el siglo XIX la industria del abanico en Levante es una de las primeras de Europa, cuya producción mostraba ya señales de declive. El uso del abanico en España estaba por entonces tan extendido que el escritor francés Teófilo Gautier llegó a escribir «nunca, he visto una mujer sin su abanico. La sigue a todas partes, hasta en la iglesia, las veo en grupos de todas las edades, arrodilladas o sentadas, con zapatos de tela, rezan y se abanican con el mismo fervor».

     La influencias de la moda y la entrada de nuevas costumbres hacen que decaiga la demanda, pero aun así, por los condicionantes climáticos de España, ha perdurado el uso del abanico no sólo como elemento de adorno y moda, sino también por necesidad. De ahí que, no sólo sea utilizado desde siempre tanto por las mujeres como por los hombres, aunque éstos hasta principios del siglo XX utilizaban abanicos más pequeños que guardaban discretamente en los bolsillos de sus levitas.

(Extractos a partir de un texto de Caridad Sánchez González)

      En la actualidad, en el umbral del siglo XXI, existe en Valencia una floreciente industria abaniquera que exporta a todo el mundo. El estilo de los abanicos que salen de sus talleres es muy variado, ya que recopilan y se inspiran en modelos que van desde los más antiguos hasta los que representan pinturas de los artistas mas vanguardistas.

La Escuela de Cádiz

     Las aportaciones innovadoras que la Escuela de Cádiz ha llevado a cabo son de enorme trascendencia en la historia del abanico ya que por primera vez la forma tradicional se modifica con distintas variantes tanto en el abanico de uso habitual como en el de uso meramente decorativo.  

     La forma del abanico ha permanecido inalterable a través de los siglos. Lo único que ha variado según los dictados de la moda ha sido el país, llamada así a la parte alta del abanico, compuesta de tela o papel, esta es la parte que normalmente se ha venido decorando con representaciones de escenas costumbristas de la vida española o con todo tipo de motivos florales. El país, según las épocas podía ser de tules, gasas, etc., o adornado con pedrería o marfiles. La parte baja del abanico, normalmente de madera se llama baraja, hay abanicos que carecen de país recibiendo el nombre de abanicos de baraja. 

     El único taller-escuela de abaniquería estrictamente artesanal que existe hoy en España es el de Cádiz a éste le cabe el prestigio y puede ufanarse de haber modificado por primera vez en la historia la forma del abanico. Esto ha sido fruto de una laboriosa investigación y de un trabajo esforzado y continuo a manos de un reducido grupo de alumnos que han ahondado al máximo las posibilidades de diseño en torno al abanico.

     En el taller, los alumnos empiezan diseñando sobre el papel formas que, posteriormente, podrán ser modificadas según la dificultad que entrañen; seguidamente éstas se aplican a la materia prima: madera, celuloide, cartón... En la concepción y diseño de los abanicos, la Escuela de Cádiz centra su interés en las formas que, aun no siendo funcionales, en virtud de su categoría pictórica, compositiva, creativa o por su originalidad, hacen del abanico una obra de arte.

     En esta exposición ofrecemos una serie de abanicos pintados a mano. Cada uno de ellos es una pieza única, que hace patente cómo es posible romper con formas establecidas actualizando un elemento tradicional y de uso tan común en España.

Abanicos de la Escuela de Cádiz

     El abanico fue siempre un leal compañero de la mujer en el arte de seducir.

Abanico de Cádiz

     No fumes para entretener tus manos, coge un abanico, alíviate del calor y disfruta de la gracia de movimientos y formas que él te permite.

Abanico de Cádiz

     El abanico no sólo es para abanicarse; además es un objeto de arte codiciado por más de un enamorado coleccionista.

EL LENGUAJE DEL ABANICO

     Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a los bailes eran acompañadas por su madre o por una señorita de compañía, que en la colonias recibía el nombre de chaperona, con el fin de que éstas velasen por su comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas. Para ello usaban su abanico de diferentes maneras de modo que éste les servía de instrumento para pasar mensajes al galán que las cortejaba. 

  • 1. Abanicarse rápidamente. Te amo con intensidad.

  • 2. Abanicarse lentamente. Abanicarse de forma pausada, significa soy una señora casada y me eres indiferente. También si se abre y cierra muy despacio significa esto.

  • 3. Cerrar despacio. Este cierre significa un "Sí". Si se abre y cierra rápidamente significa, "Cuidado, estoy comprometida".

  • 4. Cerrar rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un "No".

  • 5. Caer el abanico. Dejar caer el abanico significa: te pertenezco.

  • 6. Levantar los cabellos. Si levanta los cabellos o se mueve el flequillo con el abanico significa que piensa en ti, que no te olvida.

  • 7. Contar varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los dedos por ellas quiere decir que quiere hablar con nosotros.

  • 8. Cubrirse del sol. Significa que eres feo, que no la gustas.

  • 9. Apoyarlo sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha significa "Si". Sobre la mejilla izquierda es "No".

  • 10. Prestar el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos presagios. Si se lo da a su madre, quiere decir "Te despido, se acabó".

  • 11. Dar un golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto, significa impaciencia.

  • 12. Sujetar con las dos manos. Si sujeta el abanico abierto con las dos manos, significa "es mejor que me olvides".

  • 14. Cubrirse los ojos. Con el abanico abierto, significa "Te quiero". Si se cubre el rostro puede significar "Cuidado, nos vigilan.

  • 15. Pasarlo por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos significa, Lo siento. Si cierra el abanico tocándose los ojos quiere decir, "Cuando te puedo ver".

  • 16. Abrir el abanico y mostrarlo. Significa, "Puedes esperarme".

  • 17. Cubrirse la cara. Cubrirse la cara con el abanico abierto, significa: Sígueme cuando me vaya.

  • 18. A medio abrir. Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios quiere decir "Puede besarme".

  • 19. Apoyar los labios. Si apoya los labios sobre el abanico o sus padrones, significa desconfianza, "No me fío".

  • 20. Pasarlo por la mejilla. Significa, "Soy casada".

  • 21. Deslizarlo sobre los ojos.

TIPOS DE ABANICOS

Hay que indicar que existen abanicos, fabricados solamente con varillas, sin el país o paisaje. Suelen estar hechos de marfil, nacar, carey, madera ... o cualquier otro material, con varillas de pala ancha, y por lo general, con calados. Estas varillas suelen ser unidas con un pequeño tope, e incluso pueden estar unidas por una pequeña cinta. Estos abanicos se conocen como de baraja o reversibles, por que abren tanto hacia la derecha como hacia la izquierda.

Los abanicos de violín son abanicos, generalmente ribeteados con plumas o lentejuelas y que cerrados nos recuerdan a este instrumento musical. En las plazas de toros podemos ver los abanicos de vara y media de alto, entre la gente de los tendidos de sol. Son abanicos grandes, que les sirven para guardarse del sol, mientras empieza la corrida. También contamos con los abanicos de olor, inventados por la casa Kimmel de Londres, cuyo varillaje está hecho de maderas olorosas o perfumadas.

Un abanico a destacar es el abanico mágico, cuya novedad más grande consiste en que es reversible y puede presentar en su país (o paisaje) dos motivos diferentes, uno por cada cara. El truco está en que este abanico solo tiene un sector de papel en vez de dos como los tradicionales. Otra de las características de este abanico es que presenta varillas dobles en los trapecios múltiplos de 4, de ahí su reversibilidad pudiendo presentar una escena por un lado y otra diferente por el otro.

Aunque existen gran variedad de abanicos, y esto no es un tratado sobre el, podemos hacer referencia a los abanicos indios muy elegantes, hechos generalmente de marfil o maderas de gran calidad tallados, con arte y esmero propios de grandes artistas. Cada varilla puede presentar una labor diferente, siendo verdaderas obras de arte. Los chinos también cuentan con una reputada fama en la fabricación de abanicos de gran calidad. Son más propensos a utilizar papeles de arroz y de adornarlos con profusos motivos de las más diversas índoles.

Actualmente. En la actualidad, la fabricación de abanicos ha quedado reducida a unos pocos fabricantes, amenazados por la competencia exterior. Los precios son muy variables en función de la talla y calado de las varillas, del material utilizado, del tipo de país (o paisaje) utilizado (tela, papel ...), del tamaño del abanico, etc. El gran centro de producción de abanicos, en la actualidad, es China. Se pueden encontrar verdaderas creaciones artísticas tanto originales, como verdaderas obras maestras con pinturas y diseños clásicos.

GALERÍA DE IMÁGENES

Fuente  de  estas  fotos  y  artículos: Tienda ROMERODIAZ.COM  / PROTOCOLO.ORG  /  WIKIPEDIA /  TODOABANICOS.COM

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Estos son los mejores datos del idioma español que he encontrado en internet. Los mismos no son de mi autoría y tampoco me pertenecen, los he recopilado desde de la red. He intentado dentro de mis posibilidades poner todas las fuentes posibles, sin embargo puede que inadvertidamente me haya olvidado de alguna, si es así, podéis enviarme un correo a: esf@espanolsinfronteras.com

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