
Murcia (Historia)

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Comunidad autónoma uniprovincial de España con 1.197.646 habitantes
(2001) y 11.314 km². Limita al N con las provincias de Albacete y
Alicante, al E con la de Alicante, al SE con el mar Mediterráneo y
la provincia de Almería, y al O con las de Almería, Granada y
Albacete. Capital, Murcia. Estatuto de Autonomía, aprobado por Ley
Orgánica de 9 de junio de 1982. Presidente del Consejo de Gobierno
de Murcia, Ramón Luis Valcárcel Siso.
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HISTORIA DE LA REGIÓN DE MURCIA |
El
espacio geográfico de Murcia ha registrado importantes cambios en
sus límites a lo largo de su historia. Su situación estratégica –región
de fronteras entre Castilla-La Mancha, La Comunidad Valenciana,
Andalucía y el Mediterráneo- le ha conferido una personalidad
histórica y geográfica contrastada. Por el Tratado de Almizra de
1244 surgió el reino de Murcia que incluía la actual provincia de
Albacete. Su extensión territorial no varió del siglo XIV al siglo XVIII, si bien durante los siglos XIX y XX Murcia sufrió
modificaciones. Por el Estatuto de Autonomía de 1982, Murcia se
convirtió en comunidad autónoma y quedó excluida la provincia de
Albacete.
Prehistoria
Los primeros restos encontrados en la región de Murcia datan del
Paleolítico Inferior, y pusieron de manifiesto la existencia de
asentamientos humanos que fueron aumentando progresivamente hasta el
período neolítico. Se han descubierto restos prehistóricos en el eje
de Yecla, Jumilla, Cieza, Totana, Lorca y Mazarrón. Desde finales
del Neolítico la región murciana fue cobrando importancia y han
quedado importantes piezas de cerámica cardial y del vaso
campaniforme. Bajo la cultura de los Millares (2000-1700 a. C.) y de
El Argar (1700-1200 a. C.) las minas de la región permitieron el
desarrollo de una próspera industria. Durante la Edad del Bronce, la
afluencia de pobladores se tradujo en el elevado número de
yacimientos encontrados en la región.
La influencia de Tartesos llegó a extenderse hasta Mastia, ciudad
cercana al emplazamiento de la actual Cartagena. Entre el siglo VIII
y el V a.C., una serie de pueblos autóctonos se establecieron en la
región murciana y se dedicaron al comercio con griegos y fenicios,
así como a la metalurgia basada en la explotación de los recursos
mineros de la zona (galena, piritas o plata). De esta época se han
conservado varios yacimientos arqueológicos como el santuario
ibérico del siglo V a.C. de El Cigarralejo (Mula). De los pueblos
ibéricos, los cosetanos se asentaron en el Levante, los basetanos en
Almería y los deitanos en la cuenca del Segura. Hacia el año 600 a.C.,
los griegos se establecieron en Murcia procedentes de Marsella y
fundaron colonias como la de Argos (actual Cehegín), Ladecenemonia (castillo
de Luchena) o Elis (actual cerro de los Santos). Centraron sus
actividades en el ámbito de los intercambios comerciales. La
relación entre griegos y fenicios por el control del Mediterráneo
occidental se recrudeció debido a la alianza griega con Roma y a la
fenicia con Cartago. En el siglo IV a. C. la ciudad de Murcia se
convirtió en el límite de separación de los intereses griegos y
fenicios.
Edad Antigua
En el año 223 a.C. los cartagineses fundaron la ciudad de Qart-
hadasat (Cartago Nova) lo que influyó notablemente en el desarrollo
económico de la región; además estimularon la explotación minera de
la zona (plomo y especialmente plata). El puerto actual de Cartagena
se convirtió en un importante punto estratégico, puesto que fue el
más transitado del Mediterráneo y fue elegido por el general
Asdrúbal como lugar de residencia. El desencadenamiento de la
Segunda Guerra Púnica motivó el desembarco y la conquista de Cartago
Nova por el general Escipión en el año 209 a.C. A pesar de la
resistencia mostrada por los cartagineses, tras la batalla de Munda
el territorio pasó a formar parte de la Hispania Citerior
republicana.
La romanización del territorio se produjo rápidamente y se fundaron
nuevas ciudades como Eliocroca (Lorca) en la Vía Augusta. Debido a
la importante situación estratégica de la región, Roma le otorgó la
distinción de colonia y el derecho de acuñar moneda. De este modo la
región se convirtió en la primera colonia romana de la Península
Ibérica. En época imperial pasó a formar parte de la Tarraconense.
Fue un momento de importantes construcciones; se levantaron templos,
foros, acueductos y teatros. Durante el Bajo Imperio Romano el
emperador Diocleciano alteró la configuración provincial con la
finalidad de dinamizar y controlar las instituciones. De esta manera,
Cartago Nova se convirtió en la capital de la Cartaginense. El
puerto de Portmán, los utensilios mineros hallados en Mazarrón y
Cehegín o las trazas del Teatro de Cartagena han testimoniado la
romanización del territorio. Desde finales del siglo III y comienzos
del siglo IV d.C. la cristianización del territorio se consolidó, si
bien perduraron algunas tradiciones y costumbres prerromanas.
Las invasiones bárbaras que se sucedieron a partir del siglo III d.
C. causaron una profunda crisis social, así como una sensación de
desorden y confusión (el bandolerismo y la violencia callejera eran
muy frecuentes). Los núcleos urbanos comenzaron a despoblarse y este
fenómeno se acrecentó con la llegada de los pueblos bárbaros al
territorio murciano entre el 409 y el 411. En el año 411 el
territorio de la actual Cartagena fue ocupado por los alanos que
fueron expulsados en el 418 por el visigodo Valia. De nuevo, en el
año 422 la región fue atacada por los vándalos. El hecho de que la
población estuviese completamente romanizada influyó en el rechazo
hacia los nuevos invasores visigodos, puesto que éstos practicaban
el arrianismo. El territorio quedó dividido en las sedes episcopales
de Basti, Mentessa, Oretana, Valeria, Saetabi, Begastri, Ello, Ilici
y Cartago Spartaria. Realmente, la invasión de los visigodos no
afectó seriamente a la población allí establecida y conservaron su
independencia.
Desde el punto de vista económico, tuvieron especial importancia las
actividades agrícolas (vid, olivo e higuera) y la exportación de
determinados productos como la vettonica (planta medicinal), el vino
o el esparto. El comercio también tuvo un peso específico y fueron
especialmente intensos los intercambios comerciales con las islas
Baleares, los dominios bizantinos y los territorios italianos.
Edad Media
A mediados del siglo V el rey visigodo Ataúlfo ocupó la parte
septentrional de la provincia, mientras que el territorio meridional
se puso bajo la protección de los bizantinos que practicaban el
cristianismo. De esta forma la región se convertía en provincia
imperial (Oróspeda); recuperaba parte de su esplendor y quedaba
incluida dentro del imperio de Bizancio. Se tienen noticias de
algunos gobernadores de Cartago Nova como Comentiolus (589-599) y
Cesario (615). En el año 621, el imperio bizantino fue
definitivamente expulsado del territorio por el ejército visigodo.
Suintila incorporó la región al reino hispanogodo de Toledo con el
nombre de Auraiola. La sede arzobispal de Orihuela (Alicante)
sustituyó a Cartagena como centro de una región, que en aquellos
momentos se encontraba ruralizada y empobrecida. Paulatinamente,
estos territorios del noble Teodomiro fueron conquistados por los
musulmanes.
En el 713, Abd al-Aziz invadió estas tierras y firmó un pacto de
vasallaje con Teodomiro: el ducado mantenía su independencia
política, eclesiástica y civil a cambio de un tributo anual tanto en
metálico como en especie. Al morir el duque en el año 743, la región
de Todmir perdió su autonomía no sin antes sufrir un intento de
ocupación por parte de Ibn Habib al Fenri. Tras la muerte de
Atanagildo –sucesor de Teodomiro-- los Omeyas conquistaron el
territorio de Murcia que pasó a formar parte del Califato de Córdoba.
La subida al poder de Abd al-Rahmán I se tradujo en el desarrollo de
una política encaminada a expulsar a las poderosas familias
cristianas y favorecer de este modo el establecimiento de musulmanes
en la zona. Durante el califato de Abd al-Rahmán II la comarca
sufrió una disminución territorial considerable Lorca, Cartagena,
Murcia y el valle del Segura pasaron a integrar la cora de Almería,
mientras que Albacete se repartía entre Toledo, Albarracín y
Valencia. El Califato de Córdoba se estaba desmoronando. En 1013
Cartagena se independizó y posteriormente Zohair –señor de Murcia-
expandió sus dominios, llegando a recuperar parte de la antigua cora.
Mientras que los Taifas de Toledo y Denia se disputaban el
territorio de Albacete, en el año 1078 el emir de Sevilla Ebn Amed
se apoderaba de Murcia y los cristianos tomaban el castillo de
Aledo. En 1091, la región quedaba integrada en el imperio almorávide.
A principios del siglo XIII, y tras un breve período en que Murcia
pasó a ser posesión del señor de Levante (Ibn Mardanis), la
provincia fue conquistada por los almohades. Tras la disolución del
imperio almohade, la poderosa familia zaragozana de los Banu Hud
gobernó en Murcia y buena parte de Andalucía entre 1228 y 1269. Los
violentos enfrentamientos de musulmanes favorecieron la presencia
cristiana en la región y su rápida asimilación por la Corona de
Castilla. Muhammad ibn-Alí –con el fin de sofocar los
enfrentamientos callejeros- pidió ayuda al rey castellano Fernando
III, pasando a convertirse dicho territorio en un protectorado de la
Corona de Castilla. Un año después, en 1243 el infante Alfonso (el
futuro Alfonso X el Sabio) ocupó gran parte de los territorios
murcianos sin demasiadas dificultades. Fernando III entregó los
territorios que habían pertenecido hasta ese momento a las comarcas
del Segura, a la Orden de Santiago. Estas concesiones fueron
ratificadas en 1242 por Alfonso X y en 1245 por el Papa Inocencio
IV. Por el Tratado de Almizra de 1244 se delimitaron los territorios
de la Corona de Aragón (el límite aragonés se estableció en Alicante).
Durante la etapa de dominación árabe –especialmente durante los
siglos X al XIII- el territorio de Murcia desarrolló una floreciente
cultura.
Durante el reinado de Fernando IV se recrudecieron las desavenencias
entre la Corona de Aragón y la Corona de Castilla por la
delimitación de sus reinos. Tras una breve ocupación del territorio
murciano por las tropas de Jaime II (1296-1304), la sentencia de
Torrellas (1304) –en la que actuaron como intermediarios el rey de
Portugal y Jimeno de Luna- asignó las zonas de Candente, Yecla,
Jumilla, y la parte meridional de Albacete al reino de Aragón, y el
resto del antiguo reino de Murcia a la Corona de Castilla. La
incorporación de Murcia a la Corona castellana provocó importantes
modificaciones en el régimen de propiedad, mediante la concentración
parcelaria en grandes señoríos y latifundios controlados por las
órdenes militares. En el año 1392, los musulmanes de Granada
ocuparon el territorio pero, finalmente, fueron expulsados por los
propios murcianos en el año 1406. Un nuevo intento de ocupación mora
fue abortado por las huestes de Alfonso Fajardo, adelantado de
Murcia. A partir de este momento, el principal peligro para el
litoral murciano provenía de los piratas berberiscos, cuyas
incursiones no finalizarían hasta comienzos del siglo XVI.
Edad Moderna
La subida al poder de los Reyes Católicos vino acompañada de una
política encaminada, a conseguir la unidad territorial bajo la
Corona de Castilla mediante la división del territorio en
corregimientos. Los Reyes Católicos limitaron el poder de los
adelantados y de las órdenes militares, incrementaron la agricultura
con la roturación de nuevas tierras de regadío, se explotaron nuevas
minas, se revitalizó el tradicional cultivo del esparto, y se inició
la exportación de seda y lana. Por el edicto del 31 de marzo de 1432
se dictaba la expulsión de los judíos de la región, y en el año 1477
se le concedía a la ciudad de Murcia el título de muy noble y muy
leal, debido al apoyo que los habitantes habían prestado a la
Corona. El establecimiento de la Inquisición en 1489 y la
persecución de los conversos creó un clima de inestabilidad en la
región murciana, y provocó una disminución considerable de la
población. Por otra parte, el puerto de Cartagena fue cobrando
importancia con un gran tráfico de personas y mercancías. Felipe II
lo mandó fortificar en el año 1570, sin embargo no impidió la
devastación de la ciudad de Cartagena por el corsario Francis Drake.
La expulsión de los moriscos de la Península decretada en el siglo
XVII afectó notablemente al territorio murciano. Felipe II había
establecido que los mudéjares de Murcia permanecieran en la zona,
debido a su imprescindible aportación al desarrollo de las
actividades agrÍcolas e industriales. Al igual que en el resto de la
PenÍnsula Ibérica, finalmente los moriscos del Val de Ricote fueron
expulsados en el año 1603. A lo largo del siglo XVI se habían
producido epidemias, hambrunas y catástrofes naturales (inundaciones
de 1544, 1551; peste de 1558), que agravaron la situación económica
de la región. La crisis generalizada continuó afectando a la
provincia de Murcia durante el siglo XVII: en el año 1651 la
devastadora inundación del río Segura provocó centenares de muertes
y causó importantes daños a las viviendas de la ciudad. Junto a esto,
los brotes de peste resurgieron en los años 1600, 1677 y 1678. En el
transcurso de los siglos XVI y XVII se delimitaron las fronteras
entre Murcia y Alicante; tras diferentes reformas, el territorio
quedó dividido en los cuatro corregimientos de Murcia, Lorca,
Chinchilla y Hellín.
El siglo XVIII comenzó con la Guerra de Sucesión que se vivió con
especial intensidad en la región murciana, y desde el primer momento
Murcia se decantó por Felipe V frente al archiduque Carlos de
Austria. El obispo de Murcia participó activamente en la contienda
en las batallas de Almansa y Chinchilla, abrió las presas de los
pantanos y ríos e impidió la entrada del ejército austríaco. En
1709, tuvo lugar en las proximidades de Murcia la batalla de Huerto
de las Bombas entre las tropas de Felipe V y el archiduque Carlos.
Al finalizar la Guerra de Sucesión, la región murciana se recuperó
económicamente: se inició la desecación de las tierras pantanosas y
se embellecieron las ciudades de la región (especialmente Murcia)
gracias a la labor desempeñada por el ministro de Felipe V, Macanaz.
En 1767 los jesuitas fueron expulsados de Cartagena. El ministro de
Carlos III –conde de Floridablanca- en el año 1776 estableció una
nueva división provincial e incluyó en la provincia de Murcia a:
Albacete, Cartagena, Cieza, Chinchilla, Hellín, Lorca, Murcia,
Segura de la Sierra y Villena.
El desarrollo industrial que habían promovido los Borbones benefició
a la ciudad de Murcia: en 1779 se estableció en la región la Real
Fábrica de Sedas de Piamonte. La industria textil (lino, seda, lana)
fue muy floreciente en Lorca; el puerto de Cartagena desde 1762 se
abrió al tráfico con América, y la huerta, así como la explotación
minera, alcanzaron elevados niveles de especialización y desarrollo.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, los territorios
murcianos experimentaron un periodo de auge artístico, político y
social. El desarrollo demográfico, económico y cultural de los años
anteriores permitió una profunda transformación de las estructuras
urbanas.
Edad Contemporánea
Durante la Guerra de la Independencia, la región de Murcia opuso
gran resistencia a la tropas de Napoleón. En el año 1808 el cónsul
francés se vio obligado a huir de Cartagena, ante el peligro de
perder la vida. En 1809 el territorio se organizó como Departamento
del Río Segura cuya capital era la provincia de Murcia, y un año
después, en 1810, se convirtió en la Prefectura de Murcia. La
reforma administrativa que dividía las provincias de Murcia y
Albacete no se produjo hasta 1833, sin embargo los lazos que unieron
a ambas en el contexto de la región de Murcia fueron escasos, ya que
ninguna de las divisiones administrativas españolas (militar,
jurídica, eclesiástica), excepto la universitaria, englobaría a
ambas provincias. Los movimientos revolucionarios del siglo XIX
afectaron a la zona de Murcia, al igual que al resto de la Península
Ibérica: en 1820 con el inicio del trienio liberal se produjo la
excarcelación de cientos de personas; en 1834 fue reprimida una
conspiración carlista y un año después (1835) fueron asaltadas
varias iglesias.
La desamortización de los bienes eclesiásticos protagonizada por
Mendizábal a mediados del siglo XIX influyó de una manera clara en
el marco social de la región, si bien no modificó sustancialmente el
carácter latifundista de la zona. En 1872, fue mitigada una
sublevación protagonizada por el sector republicano de la región.
Durante la Primera República, Murcia fue escenario de la revolución
cantonalista iniciada en Cartagena en 1873: la explotación del plomo
había convertido a dicho territorio en un centro de concentración
proletaria y, contribuyó en gran medida a la rápida extensión del
movimiento cantonalista por la región murciana. El diputado Antonio
Gálvez, apoyado por los generales Contreras y Ferrer, se hizo con la
placa de la población, hecho que marcó el inicio de unos meses muy
intensos. Tras la dimisión del general Martínez Campos -ante la
imposibilidad de doblegar a los amotinados- el almirante Lobo
bloqueó Cartagena por mar y, tras cuatro meses de asedio y violentos
combates, el ejército del general López Domínguez ocupó la ciudad.
En 1875 comenzó la etapa de restauración borbónica que supuso la
recuperación de poder por parte de la burguesía conservadora y
latifundista, así como el inicio de un periodo de estabilidad para
todo el país. La segunda mitad del siglo XIX conoció un impulso
económico con el desarrollo de la minería en la Sierra de Cartagena
y el cultivo de cítricos y de la vid en Yecla y Jumilla. La
construcción del ferrocarril de Murcia a Madrid en 1865 contribuyó
al despegue económico.
A comienzos del siglo XX el territorio de Murcia quedó incluido en
la España anarquista. La emigración campesina aumentó
considerablemente puesto que la situación de los trabajadores era
bastante precaria. El aumento de la extensión de los regadíos y los
planes hidráulicos no solucionaron el problema. Entre los años 1924
y 1936 el proceso de industrialización capitalista se aceleró en la
región murciana. El aumento de la población provocó importantes
emigraciones del campo a la ciudad lo que llevó consigo un aumento
considerable de los núcleos urbanos. La política agraria de Primo de
Rivera, basada en la extensión de regadíos, no mejoró la precaria
situación de campo murciano. Por otra parte, los planes de
redistribución de tierras programados por la Ley de Reforma Agraria
durante la Segunda República, no pudieron desarrollarse como
consecuencia del estallido de la guerra civil. Durante la contienda,
Murcia perteneció a la zona republicana hasta el final del conflicto
bélico. El 29 de marzo las tropas nacionales ocuparon Murcia, y dos
días después Cartagena. Murcia no logró recuperarse hasta bien
entrados los años 60. El cultivo del esparto se extendió por amplias
zonas, junto a los tradicionales cultivos de cítricos y vid. Las
fundiciones de hierro y bronce, así como la industria de harina
comenzaron a tener importancia. El desarrollo del turismo a partir
de los años 60 ha seguido creciendo.
La Comunidad Autónoma actual
La llegada de la democracia y el desarrollo de los planes
autonómicos permitió que la provincia de Albacete, que hasta ese
momento había formado parte de la provincia de Murcia, se integrara
en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha (6 de octubre de
1978). De esta forma, la antigua provincia de Murcia se constituía
en Comunidad Autónoma uniprovincial. La Asamblea Regional de Murcia
elaboró el Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes el 9 de
julio de 1982, por el cual Murcia se convertía en Comunidad Autónoma.
En las elecciones autonómicas de 1983 los murcianos respaldaron
mayoritariamente al PSOE, por lo que fue elegido presidente de la
Comunidad Andrés Hernández Ros. Su sucesor en el cargo fue el
también socialista Carlos Collado Mena, que dimitió como
consecuencia de un escándalo de corrupción. En las elecciones de
mayo del 91, el PSOE consiguió de nuevo la mayoría absoluta y asumió
la presidencia autonómica María Antonia Martínez García. En las
elecciones autonómicas de mayo del 95, el PP consiguió por primera
vez la presidencia de la Comunidad Autónoma. Ramón Valcárcel Siso
fue elegido presidente, cargo que renovó tras las elecciones de 1999
y 2003.
La región murciana reúne un importante conjunto de pinturas
prehistóricas de estilo levantino y esquemático. Destacan las
representaciones de Cañaíca del Calar, la Risca (Morotalla), Cantos
de la Visera (Yecla), la Higuera en Cartagena y Peña Rubia (Cehegín).
De la época ibérica se han conservado excelentes piezas en el Museo
Arqueológico de Murcia, como los exvotos de bronce del santuario de
La Luz, el ajuar funerario de Cabecico del Tesoro (cuya pieza más
importante es la Dama Sentada), y la Dama Ibérica de Cehegín.
Importante es también la colección de vasos ibéricos y armamento,
conservados en el Museo Municipal de Jumilla. De la época romana,
existen numerosos restos arquitectónicos entre los que destacan
Cartago Nova, la iglesia de la Encarnación de Caravaca, la Huerta
del Paturro y Los Cipreses. Las muestras de restos materiales se
conservan en el Museo Arqueológico de Murcia (conjunto escultórico
de Mazarrón, colección de utensilios mineros y de epigrafía clásica).
Del período paleocristiano son significativos el martyrium de La
Alberca (siglo IV) y la basílica de Aljerazes (siglos VI-VII).
El período de ocupación musulmana ha
dejado como principales muestras los restos de unos baños árabes en Archena y
los Alcázares, así como importantes colecciones cerámicas conservadas en el
Museo Arqueológico de Murcia. Como consecuencia de la tardía ocupación cristiana,
el estilo románico es prácticamente inexistente en el territorio murciano. En
estilo gótico se comenzó a construir la catedral de Murcia y perduró el estilo
en el siglo XVI, con derivaciones mudéjares y renacentistas. El convento Real de
Santa Clara fue fundado en 1284 por Alfonso X el Sabio y presenta varios estilos
como el gótico y el mudéjar. En tiempos de Felipe II, se construyó la Iglesia de
la Compañía, o Colegio de San Esteban, que cuenta con un magnífico retablo de
piedra pintada. Del siglo XVII destacan las construcciones palaciegas y las
casas consistoriales de Lorca, Cehegín y Caravaca. Durante el siglo XVIII las
construcciones civiles y eclesiásticas de estilo barroco son abundantes, y
sobresale el monasterio de los Jerónimos, las iglesias de San Nicolás, Santa
Eulalia y Santa Ana, el Palacio Episcopal (obra de Baltasar Canestro) y los
colegios de la Anunciata y de San Isidoro. En Cartagena, las construcciones del
Palacio Cuartel de Guardamarinas, el Hospital Real o el Casino son de estilo
neoclásico.
Durante el siglo XIX, todavía se
conserva en arquitectura el estilo neoclásico en la ciudad de Murcia. El
Ayuntamiento, la iglesia de San Lorenzo (obra de Ventura Rodríguez), el palacio
de Floridablanca o el Teatro Romea, constituyen importantes ejemplos de este
período. Dentro del estilo modernista, Cartagena posee edificios significativos
como el Ayuntamiento, las casas Cervantes, el Palacio Aguirre o el Gran Hotel; y
en Murcia destacan el Museo de Bellas Artes o el modernista colegio de las
Luisas. En el siglo XX, la llamada generación de los años 20 adoptó posiciones
vanguardistas, especialmente en el ámbito de la pintura. La generación de
posguerra proporcionó algunas iniciativas renovadoras como las de Vicente Viudes,
Sofía Morales y Eloy Moreno. A partir de los años 60 se formó el Grupo Puente
con la figura de José Lucas como máximo representante.
Desde
el punto de vista cultural, la comunidad murciana ha presentado a lo
largo de su historia una clara conciencia regionalista, que incluso
ha trascendido el ámbito nacional. Murcia ha progresado, y lo sigue
haciendo, en las artes y en las instituciones; se crean centros de
enseñanza y en 1915 surge la Universidad de Murcia, que se ha
convertido en el centro cultural, profesional y de investigación más
importante de la región. Del mismo modo ha mantenido sus tradiciones,
sus festejos (Bando de la Huerta o el Famoso Entierro de la Sardina)
y sus signos de identidad. Las instituciones, tanto culturales como
oficiales, han mantenido un alto nivel de actividad, tendente a
desarrollar todos los ámbitos de la cultura, investigación,
periodismo, arte, música o literatura.
HIMNO DE MURCIA
|
LETRA
DEL HIMNO DE MURCIA
¡Murcia!, la
Patria bella de la Huerta sultana; novia rica y lozana
siempre llena de azahar.
De tu cielo esplendente el dosel se despliega, desde el
mar a la vega, desde la vega al mar. Reina de la
matronas, demuestras la hidalguía de tu blasón, pues
llevas en tu escudo entre siete coronas un corazón.
Desde tu torre cristiana que baña su cruz de oro en la
luz de la mañana, parece el sol un rey moro que
requiebra a su sultana. Y entre una senda de flores que
va tejiendo el estío, murmurando sus amores perezoso
cruza el río.
Cuna florida del sol joya del suelo español. Venga,
divino tesoro, entre tus verdes maizales vibra como arpa
de oro el manto de tus trigales.
En tus naranjos se llena un incensario de azahar para la
Virgen morena que hizo en la sierra su altar.
Parranda sonadora siempre henchida de gozo; copla
madrugadora que suena retadora en los cielos del mozo.
Oyendo la armonía que tu guitarra guarda toda la vida
mía a la sombra estaría de tu torre gallarda.
De tu torre gigante que a los cielos asoma y en un tapiz
fragante duerme como paloma Murcia joya del rico suelo
español, soñado paraíso, cuna del sol. ¡Murcia!, la
patria bella, de la Huerta sultana, novia rica y lozana
siempre llena de azahar.
Rico tesoro, bella ciudad Sagrario de la Santa
fecundidad
|
Tradicionalmente la economía de la Región de
Murcia se ha sustentado sobre los pilares de la agricultura. Sin
embargo, en la actualidad, como ha ocurrido en otras comunidades
españolas, es el sector servicios el que ostenta el primer puesto en la
economía regional. No obstante, en el caso murciano, el desarrollo de
los servicios se ha visto propiciado en gran medida por la propia
agricultura, dado que la necesidad de comercialización y exportación de
los productos agrarios ha originado un notable desarrollo del comercio y
de los transportes, sectores que han convertido a Murcia en una de las
regiones exportadoras más importantes de España.
Agricultura
La agricultura ocupa, hoy día, el último lugar por su contribución a la
producción de la región, sin embargo, sigue desempeñando un papel
destacado en cuanto al empleo, ya que proporciona trabajo a un 15% de la
población activa, muy por debajo del 60% que representó en otras épocas,
pero aún superior a la media española.
La profunda transformación del ámbito agrario murciano se inicia en los
años ochenta y está motivada, fundamentalmente, por la introducción en
el campo de los avances tecnológicos y el abandono de las tierras de
cultivos de baja rentabilidad (secanos marginales). De hecho, se
caracteriza por un distanciamiento cada vez mayor entre los cultivos de
secano y de regadío. Mientras que los primeros se encuentran en franco
retroceso, pues su rentabilidad ha descendido, los cultivos de regadío
han ido aumentado progresivamente su superficie hasta llegar a abarcar
más del 30% de la superficie total cultivada. Como datos, el número de
explotaciones agrícolas de frutales y cítricos, según Orientación
Técnico Económica (OTE), del año 1995 ascendía a 27.168; de horticultura,
según la misma fuente, 5.075; y viticultura, 3.346; mientras que al
olivar correspondían 523; a los cereales, 1.485; y a cultivos leñosos
diversos, 2.166.
Este aumento de los regadíos se ha visto favorecido por la adopción y
puesta en marcha de nuevas tecnologías de riego, tendentes a aprovechar
al máximo los escasos recursos hídricos existentes, así como por la
introducción de plantas seleccionadas que se adaptan tanto a las
condiciones medioambientales como a las necesidades de los consumidores.
Además, las benignas temperaturas invernales que se registran en
determinados sectores de Murcia permiten el cultivo de frutas y
hortalizas en una época del año en la que resulta imposible en otras
regiones de España, por lo que la producción tiene asegurada su
comercialización.
En cuanto al régimen de propiedad de la tierra, el 85% de las
explotaciones es de administración directa. El tradicional arrendamiento
ha retrocedido bastante, si bien, aún subsiste la aparcería a medias
ligada a cultivos hortícolas como tomates, melones y alcachofas. En los
regadíos tradicionales este predominio de explotadores directos ha
provocado la atomización del suelo en pequeñísimas parcelas, algunas de
ellas de 0,1 a 1 ha, tal y como se puede observar en las huertas que
aprovechan el caudal de los ríos Segura y Guadalentín. En cambio, en las
zonas de explotación más recientes, como son las surgidas al amparo del
trasvase Tajo-Segura, abundan las grandes propiedades (más de 100 ha)
que, por lo general, pertenecen a importantes empresas agroalimentarias
o a entidades financieras.
En líneas generales se distinguen en la Región de Murcia
las siguientes áreas agrícolas:
La franja costera, donde se han producido las mayores transformaciones
agrícolas de toda la región. Esta tradicional zona de secano es, en la
actualidad, dominio de los cultivos de regadío, que aprovechan las aguas
subterráneas y las del trasvase. La agricultura en esta zona se ha
especializado en cultivos hortícolas bajo plásticos y cítricos. Destacan
los monocultivos de tomate de Mazarrón y Águilas.
- La depresión prelitoral, donde se localizan las áreas de huerta de
mayor tradición, como es la Huerta Murciana. Los cultivos de regadío
dominantes son los cítricos (limones) y hortalizas (pimientos y
alcachofas), y de secano, el almendro, al que se dedican grandes
extensiones.
La Vega Alta del Segura, regada con las aguas del
trasvase, ha conseguido triplicar la superficie de regadío. También se
ha especializado en el cultivo de cítricos, en las zonas regadas que se
extienden en los piedemontes de las solanas, y otras frutas como
albaricoques, melocotón y ciruela, en las restantes áreas regadas. Los
cultivos de secano están en claro retroceso, tan sólo el almendro ocupa
importantes extensiones.
- La cuenca del río Mula, aquí los cereales han experimentado un notable
retroceso ante el avance de los agrios. Han desaparecido el cáñamo y
casi la morera, y son residuales la viña y el olivo.
- El altiplano de Jumilla-Yecla, con características completamente
distintas a las anteriores, dado que las heladas de invierno impiden el
cultivo de las hortalizas y frutas, y, además, sus dotaciones de aguas
son muy escasas. Es la zona de predominio de los cereales, en especial,
la viña y el olivo.
- Los fondos de los valles de los ríos Quijar, Argós, Benamor y
Moratalla son tierras especializadas en cultivos de regadío como el
albaricoque, y de secano, como almendros y cereales.
Minería
Otra de las actividades económicas de Murcia es la minería. El mejor
exponente de la moderna minería en las sierras costeras es el núcleo de
La Unión, surgido al amparo exclusivo de la minería del plomo, cinc y
hierro. La fuerte dependencia del mercado exterior, el agotamiento de
buena parte de los filones más productivos y la escasez de inversiones
son algunos de los factores negativos que condicionan su desarrollo.
Industria
La tradición industrial de la comunidad murciana se remonta, en alguna
de sus manifestaciones, a la baja Edad Media, como es el caso de la seda.
Sin embargo, no se puede hablar de auténtica actividad industrial hasta
los siglos XVIII (instalación de los astilleros de Cartagena y fábricas
de salitre de Lorca) y XIX (metalúrgicas, cordelerías y conservas).
En la segunda mitad del siglo XIX se produce la progresiva desaparición
de los salitrales, la paralización de los astilleros cartageneros y la
crisis sedera, como consecuencia de la fuerte competencia de la seda
oriental y del atraso técnico. En pocos años el moreral terminará por
desaparecer o por convertirse en cultivo residual. En contrapartida, se
asiste a la modernización del tejido de lana, a la evolución favorable
de las manufacturas de alpargatas y curtidos, al inicio de la industria
conservera, al fuerte aumento de la producción vinícola y al rápido
despertar de la minería en las sierras costeras. Ahora bien, a la hora
de hablar de industria alpargatera es conveniente puntualizar que como
tal no aparece hasta el último tercio del siglo XIX, las importaciones
de yute y la aplicación de la lona en su confección son hechos decisivos
en el auge de la alpargatería.
A mediados del siglo XX ya existen diversos tipos de industrias, bien
definidas, cuyo desarrollo se ha producido en estrecha dependencia con
las materias primas de la región, como son: metalúrgica, energética e
industria pesada en Cartagena; conservera en el valle del Segura (Alcantarilla,
Molina de Segura y Abarán); y metálicas, curtidos y confección en
Murcia, Lorca y Molina de Segura.
Las industrias metalúrgicas del plomo y cinc tienen su origen en la
extracción de galena, blenda y piritas en las sierras de Almenara y
Cartagena. Además, las ventajas portuarias de Cartagena han propiciado
la instalación de los astilleros Empresa Nacional Bazán, dedicada
primordialmente a construcciones navales militares y con carácter
complementario a reparaciones de barcos; la refinería Petróleos de
Escombreras, que trata los crudos y suministra una serie de productos
derivados, tales como propano, butano y abonos nitrogenados, al tiempo
que proporciona combustible a la central térmica de Escombreras.
Las industrias agroalimentarias se han especializado fundamentalmente en
las conservas vegetales, alimentos precocinados y congelados vegetales.
Las industrias conserveras surgieron a finales del siglo XIX y su
expansión se vio favorecida por el avance de las prunáceas y la
ampliación de los cultivos hortícolas. En un principio se localizaron en
Murcia y Abarán, si bien en la década de los cincuenta y sesenta se
extendieron a otros municipios como Alcantarilla, Molina de Segura,
Alguazás y Las Torres de Cotillas.
Dentro de este grupo de industrias hay que mencionar también las
vitivinícolas que tienen sus centros más importantes en Jumilla, Yecla,
Cartagena y Vega Media. Este sector ha experimentado en los últimos años
una interesante evolución al amparar sus vinos bajo la denominación de
origen "Jumilla" y "Yecla".
Otras industrias derivadas de la producción agraria son el pimentón en
Murcia, la chacinería en Lorca, Alhama y Vega Media del Segura, y la
cervecera.
Por último, en la década de los setenta y ochenta experimentaron un
considerable auge diversas actividades industriales, como los curtidos
de Lorca, impulsados por la industria del calzado de la Comunidad
Valenciana; la industria textil (Murcia, Campo de Cartagena, Lorca y
Molina de Segura); la industria del cemento de Lorca; y la del calzado y
del mueble en Yecla, igualmente beneficiadas por la proximidad de las
tierras valencianas.
La Comunidad Autónoma de la Región de Murcia se
encuentra situada en el sureste de la Península Ibérica, en las
estribaciones orientales de la cordilleras Béticas en su contacto con el
mar Mediterráneo. La personalidad de la región viene dada, más que por
la uniformidad, por la existencia de contrastes de todo tipo: montañas-llanos,
litoral-altiplanos, tierras cálidas del litoral-zonas frías del
interior, secanos-regadíos, poblamiento concentrado-disperso, y todo
ello desarrollado en un territorio de reducidas dimensiones (11.317
km2).
Debido a su situación geográfica, el territorio
murciano aparece extraordinariamente compartimentado, si bien, para
facilitar su estudio se puede simplificar a grandes rasgos como sigue:
al sur de la región se extiende el extremo oriental de la cordillera
Penibética; al norte, el de las sierras Subbéticas; y entre ambas, la
depresión Prelitoral. Además, entre las alineaciones montañosas o en sus
márgenes aparecen otras zonas llanas, de entre las que sobresalen el
valle del Segura, que atraviesa Murcia en dirección noroeste-sureste; la
estrecha franja litoral, que alcanza su máximo desarrollo en la comarca
del Campo de Cartagena; y el valle del Guadalentín o Sangonera, afluente
del Segura que fluye por la depresión Prelitoral.
La cordillera Penibética: cordilleras litorales
La alineación costera murciana se extiende desde los confines
almerienses al cabo de Palos, con dirección SO-NE. Forman parte de ella
las sierras de los Aljibes, Aguaderas, Almenara (Talayón Grande, 881 m),
Cantal, Algarrobo y Cartagena, que constituyen un conjunto de cumbres,
poco elevadas y desnudas, pertenecientes al segmento oriental penibético,
tal y como atestigua la naturaleza paleozoica de su núcleo. La masa de
materiales antiguos fue levantada y rota por los esfuerzos alpinos, y a
través de las fracturas ocasionadas se produjeron ascensos lávicos ricos
en menas metálicas. Las vertientes de estas sierras aparecen cortadas
por numerosos valles secos de funcionamiento espasmódico, por lo que los
cauces se encajan en las desertizadas laderas y en sus lechos predominan
gravas empastadas en fangos arcillosos.
Desde el cabo de Palos hasta el Sudoeste, la
cercanía de las cadenas montañosas al mar impide el desarrollo de
llanuras litorales amplias y da origen a una costa alta y articulada,
salpicada de calas y promontorios rocosos. Al Norte de la sierra de
Cartagena y al Oeste del mar Menor, el Campo de Cartagena forma la única
llanura litoral extensa, tendida como un gran plano inclinado desde los
relieves monoclinales de Villorio, Miravete y Altaona, a las orillas del
mar Menor, amplia albufera cerrada desde cabo de Palos por la restringa
de la Manga.
La depresión prelitoral
En el interior del territorio, fuera del área costera, se suceden una
serie de variadas alineaciones orográficas, que aparecen
individualizadas por cuencas y altiplanos intermedios.
Estrechamente vinculada con la cordillera litoral murciano-almeriense,
la sierra de Carrascoy cierra hacia el sudeste la depresión Prelitoral
murciana, que sigue el Guadalentín hasta enlazar con el Segura. El tramo
oriental de la depresión Prelitoral forma un plano inclinado en descenso
hacia el nordeste, que pierde 442 m de altura entre Puerto Lumbreras y
Orihuela. Con sus 1.100 km2 de extensión es la mayor de las depresiones
interiores y constituye el dilatado campo de inundación del Guadalentín
y su sistema afluente. Una serie de elevaciones de tectónica muy
compleja establece el límite interior de la depresión Prelitoral, que
desde el Cabezo de la Jara se continúan, con rumbo SN-NE, por las
sierras de Peñarrubia, de la Tercia, Espuña, de la Muela, del Cura,
Canteras de Espinardo y Monteagudo, para seguir, fuera ya de los límites
murcianos. La sierra de la Tercia se hunde, a causa de las variaciones
locales de altura que acompañaron a su plegamiento, poco antes de
alcanzar Lorca, para reaparecer hacia el suroeste en la sierra de
Peñarrubia y en el macizo de las Estancias. El Guadalentín aprovecha el
punto de mayor descenso del eje para penetrar en la Depresión prelitoral.
Las cordilleras subbéticas
En posición más septentrional aparece un extenso y complejo dominio
subbético donde, con frecuencia, la orientación general SO-NE queda
enmascarada por dislocaciones y depósitos modernos. Así sucede en un
amplio sector central de la provincia de Murcia, que se supone cruzado
por dos alineaciones fundamentales. A la primera pertenecen las sierras
del Gigante y de Ponce o Cambrón, entre las que discurre el alto
Guadalentín, y, en posición más oriental, la de Ricote, separada del
macizo de Ponce por los valles de los ríos Pliego y Mula. Al sur, la
extensa cuenca del Mula se interpone entre las sierras de Ponce y Ricote,
de una parte, y la de Espuña, por otra. Al noroeste de la sierra de
Ponce destacan tres eslabones montañosos paralelos; el más occidental de
ellos es la sierra de Ceperos, separada hacia el este por el río Mula de
las Cuchillas y de la Lavia. Fuera ya de este último conjunto orográfico
que integran las sierras de Bureta, Ceperos y Lavia, la sierra de la
Puerta marca la transición hacia los terrenos penibéticos que forman la
cobertura meridional de la meseta central.
Las máximas altitudes de la región se encuentran en el área montañosa
occidental, prolongación hacia el nordeste del núcleo orográfico de La
Sagra y sierra Segura, que cuenta entre sus accidentes con las sierras
Seca, del Taibilla y de las Cabras.
El arrumbamiento general SO-NE aparece con mucha más nitidez en las
tierras del norte y nordeste de la provincia, donde se individualizan
hasta cuatro alineaciones. La más septentrional, que arranca de las
sierras de las Cabras, encuadra las de la Cingla y de la Magdalena; al
sur quedan las alineaciones del Picacho, Molar, Jumilla y Buey; esta
línea montañosa queda separada de la más meridional de sierra Larga y
Santa Ana por la rambla del Judío y el altiplano de Jumilla. Aún al sur
sigue la última de estas alineaciones por las sierras de la Pila, Quibas
y La Espada.
El acusado predominio litológico de las calizas en los sectores
montañosos, donde también la pluviosidad es mayor, confiere gran
importancia a los procesos erosivos por disolución. De tal manera que
las formaciones cársticas abundan en toda la región y, especialmente, en
las montañas occidentales, dado que poseen estructura idónea y una
abundante pluviometría.
Por su parte, las depresiones interpuestas entre las líneas montañosas
ofrecen, con algunas variantes, una tipología bastante uniforme. Las
acumulaciones de materiales recientes suscitadas por la topografía se
efectúan en sustratos horizontales o subhorizontales, disposición que,
generalmente, sólo ha sido alterada por los esfuerzos tectónicos en la
periferia. Estas alteraciones pueden traducirse en relieves marginales
plegados o monoclinales que contrastan con la morfología tabular propia
de los sectores centrales. Con frecuencia, el descenso de las
alineaciones que flanquean el fondo de las depresiones se realiza por
rampa de erosión de declive longitudinal bien perceptible y pendiente
lateral nula; estas formas, a veces embutidas unas en otras, adquieren
verdadera categoría en la Depresión prelitoral y pasillos interiores.
Por último, conviene destacar que, bajo las condiciones climáticas
imperantes, la erosión lineal ataca a los materiales blandos a mayor
velocidad que la areolar, poco eficaz en la suavización de las formas
agudas de abarrancamiento característicos de los extensos sectores de "malas
tierras" de las depresiones interiores. Enciclopedia Universal DVD ©Micronet
S.A. 1995-2006.
La Región de Murcia se extiende por el sureste peninsular abarcando un
territorio atravesado por las estribaciones de las Cordilleras Béticas y
un sector costero que ocupa parte del Mar Menor. Gran parte de la región
se incluye en la zona bautizada como "murciano-almeriense".
Pese a la aridez dominante,la región murciana cuenta con hasta once
series diferentes de vegetación. Abundan las áreas Subdesérticas y de
matorral, con especies como el esparto, palmera pita, chumbera, palmito,
espino, cambrón y espárrago silvestre. En el interior del territorio,
con un clima mas similar al de la meseta, se dan formaciones de garriga,
con coscoja, acebuche y lentisco, junto a la que aparecen encinares, la
masa arbórea mas común en esta zona.
Las áreas de montaña, muy alteradas por el hombre, están cubiertas
principalmente por repoblaciones de pino carrasco mezclado con negral y
laricio. Tambien se pueden encontrar algunos encinares y bosquetes de
pinsapo. En los cursos fluviales se localizan bosques de ribera bien
conservados, con especies como el álamo blanco, chopo, sauce. fresno y
taray.
Por lo que respecta a la fauna, las zonas de montaña, como Sierra Espuña
o Carrascoy, son ricas en rapaces. Podemos citar al águila real, águila
perdicera, halcón peregrino. gavilán, ratonero común y búho real. La
representación de reptiles y anfibios es muy interesante, con especies
como el eslizón ibérico. el galápago leproso o el sapo corredor.
Entre las aves acuáticas que invernan o se reproducen en los humedales y
costas murcianas destacan el flamenco, charrán común, charrancito.
avoceta, tarro blanco, cigüeñuela y chorlitejo patinegro.
La sequia y la
desertización son los principales problemas ecológicos que afectan a
la Comunidad de Murcia, derivados en gran medida de las
características climáticas expuestas anteriormente.
Especialmente preocupante es la sobreexplotación de los acuíferos
subterráneos existentes en la región, que podría llegar a un
agotamiento de los mismos. A estos problemas hay que sumar la
masificación del turismo cn las zonas costeras y la contaminación de
la zona de Cartagena, donde se concentran la mayor parte de los
recursos industriales murcianos.
Datos básicos
Nombre oficial: Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Murcia.
Extensión: 11.314 km².
Población
Población: 1.197.646 (2001)
Natalidad: 14.177 (2000)
Mortalidad: 9.280 (2000)
Crecimiento vegetativo: 4.907
Residentes extranjeros: 22.823 (2000)
Gentilicio: murciano.
Desarrollo económico y laboral
PIB a precios de mercado: 14.022 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 5 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 472.000 (2001)
Población inactiva: 424.800 (2001)
Población ocupada: 411.500 (2001)
Población parada: 60.500 (2001)
Tasa de paro: 12,8% (2001)
Paro registrado: 36.056 (2001)
Administración y Gobierno
Estatuto de autonomía: LO 4/1982, de 9 de junio (BOE nº146, de 19 de
junio de 1982). Reformado por LO 4/1994, de 24 de marzo y por LO 1/1998,
de 15 de junio.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Consejo de Gobierno de Murcia. Presidente: Ramón-Luis
Valcárcel Siso.
Legislativo: Asamblea Regional de Murcia: 45 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Murcia.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de
mayo de 2003):
PP: 28 escaños; PSOE: 16 escaños; IU-RM: 1 escaño.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 65.646
Admón. Estatal: 26.825
Admón. Autonómica: 23.101
Admón. Local: 14.258
Universidades: 1.462
Enlaces en Internet
http://www.carm.es; Página oficial de la Región de Murcia.
Otros datos de interés
Fiesta autonómica: 9 de junio, Día de la Región de Murcia.
Fuente de algunos de estos artículos:
ENCICLONET
- La Enciclopedia Universal

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