
Logroño (Historia)

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San Millán de la Cogolla
(Historia)

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Província y
comunidad autónoma uni provincial de España con 276.702 habitantes
(2001), conocidos por el gentilicio de riojanos, y 5.045 km². Limita al
N con las provincias de Álava y Navarra, al E con las de Navarra y
Zaragoza, al S con la de Soria y al O con la de Burgos. Capital, Logroño.

La
Comunidad Autónoma de Extremadura permitió la transmisión de diferentes
corrientes culturales peninsulares. Punto de encuentro para la fusión de
los modos de vida del norte y del sur español, la tierra de los
conquistadores colaboró activamente en la expansión castellana por el
Atlántico. La región es fiel testimonio de la posibilidad de aglutinar
las más variadas tradiciones.
Prehistoria
Los primeros pobladores de la región extremeña penetraron en el
territorio durante el Paleolítico Inferior, estos grupos se asentaron a
lo largo del Paleolítico Inferior y Medio en torno a las cuencas del
Alagón y del Jerte. Los yacimientos aquí estudiados revelarían el
establecimiento de individuos relacionados con las industrias
salmantinas de la Meseta Norte achelenses o musterienses de tradición achelense, estos primeros pobladores se desarrollaron por las cuencas
del Guadiana y Tajo. Las pinturas rupestres de la cueva cacereña de Maltravieso, una de las primeras representaciones artísticas de la
región, señalan la presencia de establecimientos humanos durante el
Paleolítico Superior. Finalizada la fase glaciar grupos de individuos de
culturas mesolíticas de los cocheros de Muge se asentaron en torno a las
cuencas bajas del Tajo y del Sado. Los hallazgos de hachas pulimentadas
por todo el solar extremeño son síntoma de la presencia de comunidades
neolíticas aún poco definidas, estas gentes desarrollarían una economía
fundamentalmente agrícola aunque con una incipiente actividad pastoril,
a tenor de las pinturas y grabados hallados en torno a Las Batuecas. Con
la aparición de la cultura megalítica Extremadura se convirtió en un
foco de expansión hacia el resto del territorio, los sepulcros
megalíticos encontrados en Lácara y en la Vega del Guadanil reflejarían
la riqueza y expresividad de su industria lítica, beneficiada por la
variedad mineralógica de la región; los yacimientos de Garrovillas y
Granja de Céspedes, en Cáceres y Lobón, en Badajoz pertenecerían también
a este período.
Paralela a la configuración de la cultura megalítica, en los conchales
de las serranías extremeñas, se configuró una pintura esquemática. Las
últimas fases de esta etapa se distinguieron por la presencia de lajas
megalíticas en forma de estelas como la de la Granja de Toñinuelo. El
descenso demográfico que se sucedió a mediados del II milenio coincidió
con la aparición en el terreno extremeño de la cultura del Vaso
Campaniforme. A finales del II milenio aparecieron en la región
sociedades de economía pastoril que asimilaron los elementos culturales
de tradición indígena como demuestra la continuidad en los temas
decorativos de las cerámicas del Vaso Campaniforme. En el Bronce Final
se configuró en el territorio una comunidad conocida como “Pueblo de las
espadas”. Instrumentos y armas de bronce aparecen representadas en
estelas funerarias, dichas estelas muestran el armamento usual de un
guerrero y sus pertenencias junto a un carro funerario; la concentración
de estelas a lo largo de todo el territorio extremeño en localidades
como Sagrajas, Bodornal de la Sierra, Serradilla y Medellín señala un
período de expansión y apogeo de un grupo o corriente cultural
fuertemente jerarquizante. La Edad del Hierro significó la aparición, en
la Alta Extremadura principalmente, de una cultura castreña
característica en la Meseta Norte peninsular. Situadas en lugares de
fácil defensa natural, estas fortificaciones se presentaban reforzados
por un sistema natural de torres, fosos y murallas, con dos recintos
bien diferenciados; uno para vivienda y otro, más extenso, para el
ganado. La llamada “Ruta de La Plata” que atravesaba Extremadura de
norte a sur introdujo a las poblaciones del sur extremeño dentro de las
culturas mediterráneas emergentes durante este período. La cultura Tartésica penetró en las tierras de la Baja Extremadura a través de esta
vía de comunicación y dejó vestigios de su civilización en conjuntos
como el de Medellín o Aliseda, según fuentes posteriores fueron los
túrdulos quienes introdujeron esta civilización. Las esculturas de
granito de verracos y jabalíes hallados en localidades de la Alta
Extremadura reafirman la tradición pastoril de esta sociedad y el
comienzo de una forma de actividad ganadera de tipo trashumante a través
de unos itinerarios que perduraron en épocas sucesivas. Estos grupos protoceltas que habitaban en la región se agruparon en baja época y
configuraron el pueblo denominado por los historiadores latinos de los Vettones extendidos a lo largo de la región sudoriental de la Meseta y
con el asentamiento de Coria, la Caurium romana, como núcleo principal.
Estos grupos, unidos a los lusitanos del mediodía peninsular,
conformaron la estructura socio-política del territorio durante la época
prerromana.
Edad Antigua
El actual territorio de Extremadura fue ocupado por las legiones romanas
tras una larga resistencia manifestada principalmente con ocasión de las
guerras lusitanas que asolaron este territorio entre los años 155 y 138
a. de C. y cuyo máximo exponente fue el caudillo lusitano Viriato.
La región fue incorporada dentro de la Hispania Ulterior. A lo largo de
la centuria siguiente el territorio también fue escenario de la guerra
civil sostenida entre Sertorio y Quinto Cecilio Metelo, este último
estableció una red de campamentos alrededor de la Ruta de la Plata. Con
la llegada del Imperio la región quedó encuadrada en la provincia de la Lusitania a raíz de la reorganización administrativo-territorial llevada
a cabo por el Emperador Augusto para todo el territorio peninsular.
Durante la época romana Extremadura conoció un desarrollo notable al
amparo de la ciudad de Emérita Augusta, la actual Mérida, que se
convirtió en una de las ciudades más importantes de la península.
Este núcleo urbano fue fundado en 25 a.C. por Publio Carisio para
establecer a los veteranos soldados vencedores de las guerras cántabras.
Su fundación respondía además a la necesidad de crear un asentamiento
que sirviera de puente entre la Bética, la región más romanizada de la
península, y las tierras del Norte peninsular todavía poco colonizadas.
Desde su fundación Mérida se convirtió en la capital de todo el oeste
peninsular y se vio favorecida por la confección de una nutrida red de
calzadas que la unían a todos los puntos peninsulares. En el proceso
global de romanización de la región la extensión de la actividad
ganadera y el pujante desarrollo de una agricultura basada en el cultivo
de secano determinó un paulatino aumento demográfico y la creación y
configuración de nuevas ciudades como Orba Caesarina, la actual Cáceres,
Badajoz, llamada por los romanos Pax Augusta, Fregenal de la Sierra,
Medellín, Zafra o Alange.
A lo largo del siglo V los pueblos germánicos que invadieron la
península asolaron la región, que fue circunstancialmente ocupada por
alanos y después por los suevos, lo que provocó la desaparición y el
despoblamiento de muchas ciudades hasta que en el año 468 se incorporó
al reino visigodo. El rey Agila situó en Mérida la capital de su reino
entre los años 549 y 555, y la ciudad recuperó durante algunos años el
esplendor cultural y artístico que le precedió en la época romana.
Finalmente la guerra religioso-civil que enfrentó al monarca visigodo
Leovigildo con su hijo Hermenegildo acabó por arruinar el territorio,
Mérida, que había apoyado a Hermenegildo, fue arrasada e igual suerte se
aplicó a Cáceres.
Edad Media
Tras la derrota de Guadalete se produjo la invasión árabe del territorio.
Musa ibn Nusayr ocupó Mérida tras un largo asedio en 713, suscribiendo,
según la costumbre musulmana, un acuerdo mediante el cual garantizaba a
la población el mantenimiento de sus derechos y organización
tradicionales. Los miembros de la aristocracia árabe se establecieron en
la Baja Extremadura, mientras en la Alta se asentó una población de
origen bereber y de economía fundamentalmente pastoril. La población
cristiana emigró paulatinamente hacia los territorios cristianos más
septentrionales. A lo largo de los siglos VIII y IX la rivalidad entre
estos dos grupos sociales marcaría los principales acontecimientos
sociales de la región. Las guerras civiles y las revueltas se sucedieron
durante estos siglos. En estas agitaciones la ciudad de Mérida, fiel a
su tradición hispano-cristiana, se manifestó siempre como el centro
neurálgico de la rebeldía al califato, situación que la llevó a la ruina.
La primera rebelión acaeció en el año 768. Más tarde Mérida se mantuvo
levantada por espacio de siete años hasta que se entregó voluntariamente
en el año 813; cuatro años más tarde volvió a alzarse nuevamente hasta
su sometimiento definitivo con Abd al-Rahmán I. En el año 828 la ciudad
se rebeló de nuevo esta vez contra Abd al-Rahmán II quien hubo de
sitiarla por dos ocasiones, a consecuencia de esta rebelión el emir
mandó arrasar el barrio próximo al puente para construir una alcazaba.
En el 868 surgió un nuevo foco de rebelión en la urbe emeritense, su
principal protagonista fue el árabe Abd al-Rahmán ibn Marwan. Rendida la
ciudad, el caudillo musulmán volvió a rebelarse desde el castillo de
Alange donde se había refugiado tras huir de Córdoba. Estableció un
pequeño principado independiente con centro en Badajoz que perduró hasta
el año 929.
Durante estos primeros siglos la Alta Extremadura formó parte del
sistema de marcas que delimitaba la frontera entre al-Andalus y el Reino
de León. De Mérida partían las expediciones musulmanas que, a través de
la Ruta de La Plata, penetraban en el territorio oriental del reino
cristiano, aunque, tras la derrota de los árabes sufrida en Simancas en
939, las razzias musulmanas desde las tierras extremeñas disminuyeron en
detrimento de la vía oriental a través del valle del Ebro. Tampoco las
tierras extremeñas se libraron de las incursiones que los reyes
astur-leoneses organizaron por las tierras andalusíes a lo largo de los
primeros siglos de reconquista. En el año 881 Alfonso III atravesó la
región para llegar al monte Oxifer, en el corazón de Sierra Morena.
En el verano del 915 Ordoño II dirigió un ataque sobre las tierras
norteñas de Mérida que culminó con la ocupación de Castro de la Culebra
y Medellín. Tras la disolución del califato en 1031, Badajoz se
convirtió en la capital del reino Taifa de los aftasíes en detrimento de
Mérida. La consolidación del reino de Castilla y León llevada a cabo por
Alfonso VI originó un período, en la segunda mitad del siglo XI, de
rápida expansión territorial que culminó con la conquista de Toledo en
1085. La pérdida de esta ciudad alentó a algunos reinos de Taifas, entre
ellos al de Badajoz, a buscar la ayuda en el exterior. El rey de Badajoz
pidió la intervención norteafricana ante la amenaza de ocupación leonesa
y en 1086 en Sagrajas, cerca de Badajoz, los almorávides derrotaron al
rey Alfonso VI. La penetración de este pueblo del Magreb en la península
supuso a la postre el final del reino aftasí. En 1094 los almorávides
conquistaron Badajoz, último reino de taifa en ser sometido. Con ocasión
de la invasión almohade del territorio durante la primera década del
siglo XII la Alta Extremadura experimentó un desarrollo mantenido a lo
largo de todo el siglo. Cáceres, nombre derivado de la fortificación
“Hizn Qazris”, se convirtió en un centro que adquirió gran importancia
por su situación estratégica, al igual que las fortalezas de Trujillo y
Galisteo. A este período corresponderían la muralla y alcazaba de
Badajoz, edificadas en 1169, y la alcazaba de Reina.
Los esfuerzos expansionistas del reino de León durante el siglo XII se
centraron fundamentalmente en el sometimiento de esta región, su
ocupación resultaba fundamental para consolidar el dominio cristiano
sobre la Meseta oriental. Con tal motivo en 1142 Alfonso VII conquistó
Coria a la que dotó de fuero e instituyó allí una sede episcopal. La
región de Cáceres fue el territorio de disputa durante la segunda década
del siglo XII. En 1166 un noble castellano, Geraldo Sampedor, se apoderó
de la ciudad por un corto espacio de tiempo. En 1169, con Fernando II,
volvió a ser reconquistada. En 1173 pasó de nuevo a formar parte del
imperio almohade dentro de cuyo dominio se mantuvo hasta 1227, en que
fue definitivamente reconquistada por Alfonso IX de León.
La ocupación total de Extremadura culminó en 1228 con la toma de Badajoz.
Las órdenes militares aparecieron vinculadas a esta expansión leonesa a
través del territorio en conflicto con los intereses del Reino de
Portugal. Las tierras cacereñas del norte de Extremadura quedaron
guarnecidas por caballeros salmantinos de la Orden de San Julián de Pereiro, aprobada por el Papa en 1177 y que cambiarían su nombre por el
de Alcántara en 1213. Estas órdenes organizaron un poderoso entramado
defensivo gracias al cual se agilizó el final del imperio almohade. La
repoblación de la tierra extremeña corrió a cargo de estas particulares
comunidades religiosas, además de la Orden de Alcántara también la de
Santiago, San Juan y los Templarios vieron acrecentar sus propiedades a
lo largo del solar extremeño, lo que trajo consigo la creación de
grandes latifundios. Los conflictos entre las órdenes militares y los
concejos municipales definirían la evolución posterior del territorio.
Cáceres recibió su primer fuero dos años después de ser conquistada;
Badajoz, tras una etapa breve bajo el dominio de la Orden de Santiago,
logró privilegios concejiles otorgados por Sancho IV. Durante este siglo
las banderías entre los principales linajes nobiliarios también
supusieron un foco de conflicto. Sancho IV, en 1289 hubo de sitiar
Badajoz para sofocar una contienda que duraba varios años entre dos
facciones nobiliarias de la ciudad.
En el terreno económico, durante este período convivieron en la región
dos sistemas de explotación perfectamente diferenciados. Por un lado,
las grandes extensiones territoriales, propiedad de la aristocracia
castellana y de las órdenes militares; en el siglo XIV prácticamente la
mitad de las tierras de Extremadura pertenecían a la familia de los
Estúñiga; y por otro, propiedades comunales que disfrutaban los concejos
municipales, en algunos casos como en Cáceres, Plasencia o Badajoz de
considerable extensión. Esta situación derivó en continuos
enfrentamientos entre los dos poderes, el concejil y el poder nobiliario,
disputas que frecuentemente contaron con el arbitrio del rey. El
conflicto entre los propietarios de las tierras y los ganaderos se
inició a partir del auge experimentado por la actividad ganadera. Esta
expansión se debió fundamentalmente a factores como la escasa densidad
demográfica de la región, la inestabilidad que padecía, dado su carácter
fronterizo con el reino portugués y el territorio musulmán, y a
intereses nobiliarios. Cuando en los siglos XII y XIII la trashumancia
comenzó a dirigirse hacia los invernaderos de la región extremeña la
monarquía inició una política proteccionista mediante la concesión de
privilegios de paso, las cañadas, así como privilegios de pasto a
órdenes militares, concejos y nobles, actitud que perjudicaba sobre todo
a los pequeños propietarios. Las disputas entre los dueños de las
tierras y los ganaderos acabaron por decantarse a favor de estos últimos
con la creación del Honrado concejo de la Mesta en 1273. Aunque en un
principio la monarquía intentó contrarrestar su poder, ante los
beneficios económicos que reportaba activó un progresivo apoyo. En
virtud de esta protección se realizaron concesiones feriales en
localidades como Badajoz en 1258 y Cáceres en 1300. Como consecuencia de
la protección ganadera en Extremadura se formaron enormes extensiones de
tierras dedicadas a pasto deshabitadas y, con ello, apareció un numeroso
grupo de campesinos sin tierras que ofrecía su trabajo a los grandes
señores en la época de la siega a cambio de un jornal.
A partir de la primera mitad del siglo XIV y durante toda la centuria,
Extremadura se vio afectada por la amenaza expansionista del Reino de
Portugal. Badajoz por ello sufriría continuos asedios, lo que provocó el
establecimiento de una tupida red de fortificaciones a lo largo de toda
la frontera luso-extremeña.
Edad Moderna
Durante la Edad Media el marco geográfico de la Corona castellana había
configurado una pluralidad territorial en la unión de distintos reinos y
territorios; con los Reyes Católicos se produjo la unificación de
Castilla y de Aragón. En esta realidad múltiple de la Monarquía
Hispánica, Extremadura dispuso de un territorio difícil de definir y
delimitar. El territorio extremeño quedó progresivamente reducido a la
parte occidental del reino de Toledo, entre Castilla, León, Andalucía y
Portugal (con la que se había fijado fronteras en el año 1297). La
organización política y administrativa se definió a lo largo de los
siglos XVI, XVII y XVIII; la Alta y Baja Extremadura fueron una realidad
hasta el reinado de Carlos III, quien redujo sus límites en 1765. La
aportación de Extremadura, como ente territorial, a la política española
fue muy escasa; por ejemplo, la representación en Cortes de las ciudades
extremeñas estaba confiada a Salamanca. Sólo a finales del siglo XVII, y
de manera casi honorífica, las ciudades de Badajoz, Cáceres, Trujillo,
Plasencia y Alcántara tuvieron la concesión de voto en Cortes. Como
consecuencia de la reconquista existió una multiplicidad de poderes,
repartidos y complementarios, entre el rey, señores de la alta nobleza,
titulares de encomiendas de las Órdenes Militares, oligarquías
señoriales establecidas en los municipios y los poderes clericales;
todos ellos crearon una interrelación de jurisdicciones en una tierra
marginada de los intereses políticos, a lo que se unió una economía
basada en la propiedad latifundista, en la que los campesinos no tenían
posibilidad de acceder a la propiedad de la tierra, y una ganadería
trashumante, dominada por la Mesta, que impidió el desarrollo de la
agricultura; el resultado se manifestó en una fuerte migración a las
nuevas tierras americanas. Pero no sólo fueron campesinos, la baja
nobleza buscó fortuna en un nuevo mundo lleno de posibilidades. A partir
de 1502 los barcos que se dirigían a América estaban llenos de
extremeños dispuestos a colonizar unas tierras que necesitaban de ellos
para crear una sociedad peninsular que habitara las ciudades. El
gobernador de las Indias, que en ese momento era el extremeño fray
Nicolás de Orando, abrió el camino de América a sus paisanos.
Extremadura proporcionó gran número de hombres a la tarea de la
conquista. De la provincia de Cáceres partieron: Pizarro hacia Perú,
Orellana al Amazonas, y Paredes a Venezuela; de Badajoz partieron:
Hernán Cortés hacia México, Valdivia a Chile, Balboa al Pacífico, Soto a
Florida, Alvarado a Guatemala y Belalcázar a Quito. El flujo de riqueza
de los conquistadores americanos que entró en Extremadura vino con
vocación de atesoramiento, producto del cual se desarrolló un
embellecimiento de las ciudades cuyo más claro ejemplo es el actual
barrio antiguo de Cáceres.
Tras tornar Portugal en 1640 a su condición de reino independiente (en
1581 Felipe II había sido reconocido rey de Portugal por las Cortes
portuguesas reunidas en Tomar), Extremadura fue escenario de la guerra
hispano-lusa, que asoló las tierras extremeñas. La contienda transcurrió
entre diciembre de 1640 y el 13 de febrero de 1668, año en que Castilla
reconoció la independencia de Portugal. En 1657 Portugal inició una
ofensiva que fue respondida por el gobernador de Extremadura, duque de
San Germán, que recibió desde Madrid orden de atacar. Sitió Olivenza,
que se rindió el 30 de mayo de 1657, y el castillo de Morau, que fue
tomado el 13 de junio de ese mismo año. En tanto, el general luso San
Lorenzo intentó apoderarse de Badajoz, pero la ciudad rechazó el ataque.
La reina portuguesa Luisa de Guzmán dio el mando de su ejército a Juan
Méndez de Vasconcellos, dado que San Lorenzo no logró detener el avance
español; Méndez se aprovechó de la debilidad del ejército español (más
pendiente de la guerra con Francia), y sitió en 1658 la ciudad de
Badajoz, al tiempo que recuperaba el castillo de Morau. El conflicto
terminó tras la paz de 1668. En los primeros meses del problema
sucesorio que enfrentó a Felipe V con el archiduque Carlos, Portugal
permaneció neutral, pero pronto apoyó la causa del Austria, tanto por
las presiones de las potencias enemigas de Felipe de Anjou como por la
promesa de la anexión de los territorios de la Baja Extremadura, en
concreto Alcántara y Badajoz, que le fue hecha. El 30 de abril de 1704
Felipe V declaraba la guerra a Portugal y Extremadura se convirtió en el
principal centro de operaciones; los portugueses tomaron Valencia de
Alcántara, Alburquerque, Jerez de los Caballeros y otras villas menores,
pero fracasó en sus intentos de tomar Badajoz (que soportó los dos
asedios a que fue sometida en 1705). Tras la derrota de A Gudiña (en
Galicia) y de Almansa en el año 1709, Portugal se vio obligada a pactar
por vía diplomática con España. Según los tratados firmados en los años
1713-14 se ponía fin a la guerra y Portugal tuvo que devolver las plazas
ocupadas (aunque recuperaba Olivenza), a cambio de la colonia americana
de Sacramento. El siglo XVIII se acrecentaron los problemas que durante
los siglos XVII y XVIII habían impedido el progreso económico extremeño;
la gran propiedad, las migraciones y la preponderancia de la ganadería,
personificada en la Mesta, sumieron a Extremadura en el retraso, con un
estancamiento de la población que a lo largo del siglo XVIII se mantuvo
en cuotas cercanas a los 400.000 habitantes. Los ilustrados tomaron
conciencia de esta situación y durante los reinados de Carlos III y
Carlos IV se iniciaron proyectos como los de la repoblación de las
tierras de Trujillo y Plasencia o las tierras de Ciudad Rodrigo. Los
informes de los corregidores, en especial del extremeño Vicente Payno en
favor de la agricultura y control de la ganadería, hicieron que se
levantara un pleito entre el concejo de la Mesta y Extremadura sobre el
problema agrario, pleito en el participó activamente Campomanes . De
este litigio derivaron discusiones sobre la posibilidad de plantear una
ley agraria que solucionara la problemática. Esta situación de
confrontación llegó a provocar motines en contra de la Mesta, como los
de 1776, mientras se continuaban emitiendo informes sobre el campo
extremeño, tales fueron los de la Junta Central de Comercio en 1771 y
del Consejo de Castilla en 1783. De este conflicto salieron resoluciones
y disposiciones para que se llevase a cabo el reparto de tierras baldías
y concejiles entre los vecinos que más necesidades tuvieran, así como la
aprobación del cercamiento de los campos para defenderse del paso del
ganado, lo que significó un durísimo ataque a los, hasta entonces,
intocables privilegios de la Mesta. En 1778 fue otorgado un fuero para
los extremeños. El llamado fuero del bailío fue dado a la villa de
Alburquerque, como derecho local, por su fundador don Alfonso Téllez.
Este fuero se extendió luego a Jerez de los Caballeros y otros pueblos
de Extremadura. Carlos III en este año de 1778 lo declaró válido y de
aplicación en la zona de Extremadura. El año 1790 supuso la creación de
la Real Audiencia de Extremadura, cuya sede se fijó en Cáceres y de la
cual se originaron nuevas divisiones, tanto en aspectos judiciales como
administrativos.
Edad Contemporánea
La Edad Contemporánea se inició con un nuevo conflicto entre España y
Portugal, la denominada guerra de las Naranjas, que se situó en el
contexto del conflicto que enfrentaba a franceses e ingleses, ya que
Portugal era aliada de los británicos y España de los galos. Napoleón
presionó a Carlos IV para que declarara la guerra a Portugal si no
abandonaba su alianza con Inglaterra. El monarca español envió un
ultimátum a los lusos que respondieron negativamente. El 27 de febrero
de 1801 estalló la guerra; Carlos IV envió al extremeño Manuel Godoy con
un ejército de 80.000 hombres (60.000 españoles y 20.000 franceses), que
entró en Portugal sin ninguna dificultad y conquistó Olivenza sin
resistencia, al igual que otras fortalezas del Alentejo. Antes de cruzar
el Tajo el rey portugués se rindió temiendo ver su país invadido por los
franceses. El 6 de junio de 1801, Godoy y Luis Pinto firmaron el Tratado
de Badajoz por el que Portugal prometió cerrar sus puertos a Inglaterra
(lo cual no se llevó a la práctica) y en su artículo tercero cedió la
plaza de Olivenza y su distrito a España. La guerra de Independencia
tuvo en Extremadura importantes acciones bélicas, ya que la región
estaba en medio del grueso del ejército francés en España y las tropas
expedicionarias en Portugal. En 1809 el general francés Víctor derrotó
al general Cuesta en Medellín, lo que propició el avance francés y la
retirada hacia el interior de Portugal de Wellington. En el año 1811 los
franceses iniciaron una ofensiva bajo las órdenes de Soult, en la que
tomaron Olivenza el 22 de enero y Badajoz el 11 de mayo; el avance fue
imparable y así, tras derrotar al general Mendizábal, llegaron a
Alburquerque y a Villanueva de Alcántara. Pero una inesperada
contraofensiva de Wellington derrotó a los franceses en Fuentes de Oñoro.
Por otra parte, Beresford, al frente de un ejército hispano-portugués,
se dirigió a Badajoz para liberarla. Allí de enfrentó con Soult el 16 de
mayo de 1811 en la batalla de la Albuera; la batalla fue una de las más
sangrientas de la guerra. Las tropas aliadas contaron entre muertos y
heridos 5.000 víctimas, mientras que la cifra se elevó a 7.000 entre los
franceses. Tras la batalla, las tropas de Napoleón quedaron muy
debilitadas en la zona, así en 1812 Wellington recuperaba Badajoz, y
Extremadura quedaría liberada de la ocupación francesa. En 1833 el
ministro Javier de Burgos estableció la división territorial de España
en 49 provincias; en Extremadura se crearon las provincias de Cáceres y
Badajoz, que venían a ser las antiguas Alta y Baja Extremadura, con un
jefe político y un intendente al frente de cada una de ellas. Las
provincias fueron divididas en distritos denominados partidos judiciales:
Cáceres contó con 13 y Badajoz con 15. Durante el siglo XIX las
condiciones del Antiguo Régimen en el campo se mantuvieron y, por ende,
la emigración, que aumentó su proceso. La población de Extremadura a
mediados del siglo XIX era de 817.000 habitantes. A este retraso secular
se unió la falta de inversión industrial, a excepción de los curtidos de
Zafra y Cáceres, la harinera de Castuera y la industrial de fundición de
Villanueva de la Serena; el único producto que se exportó de manera
significativa fue el corcho, que tenía como destino Cataluña y Andalucía.
En cambio sí se puede hablar en estos años de un comercio intenso
centrado en las ferias de Zafra, Mérida, Trujillo, Zalamea y Cabeza del
Buey. El ferrocarril llegó entre 1860 y 1868 comunicando Ciudad Real con
Badajoz, y en 1881 se abrió la línea Madrid-Cáceres-Lisboa.
Véase España, Historia de (12): 1808-1874.
El siglo XX se inició marcado por el fuerte peso de la estructura
caciquil sobre los latifundios y la administración civil, que actuaron
en ciudades y aldeas; fueron tiempos de frecuente corrupción. En la
Segunda República se manifestó un movimiento campesino con significativa
fuerza, que puso sus esperanzas en la reforma de la ley agraria que
observaba el reparto de las tierras. Fue también en ese momento cuando
se plasmaron las bases del futuro Plan Badajoz con el que se pretendía
un aprovechamiento agrario de las aguas del Guadiana. Tras el alzamiento
del 18 de junio de 1936 y el inicio de la Guerra Civil, Extremadura
quedó muy pronto bajo el mando nacional. El general Yagüe se apoderó de
Badajoz el 14 de agosto de 1936 y el territorio extremeño permaneció en
relativa paz durante todo el conflicto.
En el año 1952 se publicaron las condiciones del Plan Badajoz, que
supuso una transformación de la economía y paisaje extremeño. El
objetivo que perseguía era la regulación de las aguas del Guadiana (lo
cual se consiguió con la construcción del embalse de Zúgara en 1965).
Tras esto, se colonizaron las tierras puestas en regadío con la creación
de nuevos pueblos que han dejado su impronta en la toponimia. El Plan
también comprendió un proyecto de repoblación forestal; en 1969 se
sobrepasó ya el límite fijado como objetivo. Fueron importantes los
trabajos de infraestructuras con la creación de 598 kilómetros nuevos de
carreteras y caminos vecinales, y se mejoraron 442 kilómetros más. La
emigración fue muy acusada y casi alarmante a partir de 1950 y de forma
especial desde 1960, lo que indicaba que el estado de la economía
extremeña no permitía absorber el incremento de la población, de hecho a
inicios de los años setenta Cáceres y Badajoz ocupaban los niveles de
rentas provinciales más bajos en el conjunto del Estado español. Las
zonas más industrializadas de España (Madrid, Barcelona y País Vasco)
fueron los principales focos de atracción nacional, mientras que Francia
y Alemania fueron los países a donde más se dirigieron los extremeños.
Con el fin de la dictadura, Extremadura mostró sus inquietudes
regionalistas, así el 30 de julio del año 1977 se constituyó en Mérida
una Junta de Parlamentarios Extremeños con el fin de pedir para la
región el régimen preautonómico del que ya gozaban otros territorios y
regiones del Estado español; se convirtió éste en asunto prioritario. El
13 de julio de 1978 se publicó el Real Decreto en el que se aprobaba un
régimen administrativo preautonómico y se creó la Junta Regional de
Extremadura, cuyo presidente fue el senador de Unión de Centro
Democrático (UCD) Luis Ramallo. Se iniciaba así de modo oficial el
camino hacia la autonomía. Las tensiones entre los miembros del partido
centrista repercutieron en las relaciones del gobierno central con el
preautonómico, lo que retrasó la redacción de un estatuto de autonomía
definitivo. La situación vino a complicarse con las elecciones generales
de 1979 en las que UCD obtuvo 7 diputados, y el Partido Socialista
Obrero Español (PSOE) 5. Bermejo, diputado de UCD, fue nombrado
presidente del gobierno autonómico tras lo que se aceleraron los
trámites para la redacción del estatuto que, según lo pactado por PSOE y
UCD en julio de 1981, se elaboró en el ámbito del artículo 143 de la
Constitución.
La Comunidad Autónoma actual
La aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura en Cortes se
produjo el 25 de enero de 1983. Las primeras elecciones autonómicas se
realizaron ese mismo año; obtuvo el PSOE 35 escaños; la coalición AP-PDP-UL,
20 escaños; el Partido Regionalista de Extremadura Unida, 6; y el
Partido Comunista de España, 4. Juan Carlos Rodríguez Ibarra fue elegido
presidente del gobierno autónomo (Junta de Extremadura), cargo que desde
entonces renovó en cinco ocasiones consecutivas. Desde los primeros
momentos preautonómicos ya hubo iniciativas para ubicar la capitalidad
del ente autonómico extremeño en la ciudad de Mérida, atendiendo a
criterios históricos, funcionales y de centralidad. Disputas entre los
partidos políticos y las capitales provinciales al respecto hizo que se
levantaran fuertes polémicas. Al fin, se decidió por consenso que Mérida
fuera la capital de Extremadura, en las que se fijaron las sedes del
Tribunal Superior de Justicia de Extremadura y del Parlamento regional,
cuyos órganos personales se concretan en la Junta de Extremadura, que es
la denominación específica que en el Estatuto se da al órgano ejecutivo
autonómico. Está configurada por el presidente y los consejeros,
limitado por el propio Estatuto a diez su número máximo. La grave
situación económica se mantuvo durante los años ochenta por lo que la
Junta el 6 de febrero de 1990 pretendió una reforma agraria, basándose
en la escasa legislación al respecto, por medio de expropiaciones. La
respuesta se plasmó en numerosos recursos aceptados por el Tribunal
Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma, lo que llevó a un
enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el judicial. Extremadura ha
recibido subvenciones del fondo de cohesión europea tras haber superado
las condiciones que la CE había impuesto sobre la corrección de los
impactos ecológicos producidos por su Plan de Desarrollo, que han
permitido afrontar diversas actuaciones dirigidas a relanzar la economía
y la industria.
Arte y Cultura
Extremadura conserva algunas muestras de arte prehistórico como los
megalíticos dólmenes de Garrovillas y de Prado de Lácara, o las pinturas
rupestres de Hornachos o Alange entre otros. Importante es el tesoro de
Aliseda (siglo VII a.C.), en el que hay piezas tartesas junto a otras de
origen oriental. La época romana supuso un período de gran brillantez,
cuyo foco principal fue Augusta Emerita (Mérida), fundada en año 25 a.C.
y pronto se convirtió en la capital de la provincia de la Lusitania. Por
esta condición, la ciudad fue dotada de grandes edificios públicos cuyas
ruinas se conservan en parte. Entre éstas destacan las del teatro y el
anfiteatro. El primero fue construido por orden de Agripa y tiene cabida
para 5.000 espectadores. Destaca la belleza de su escena, de orden
corintio, que estaba decorada con numerosas estatuas. Otros monumentos
son el circo, un templo, varias mansiones, los acueductos de Los
Milagros y de San Lorenzo y una amplia muestra escultórica. Otros
ejemplos romanos son los puentes de Alcántara y de Alconétar; y del
período paleocristiano destaca la basílica de Santa Eulalia (siglo IV)en Mérida.
El foco emeritense también tuvo en época visigoda una gran importancia
al ser receptora de la cultura bizantina en la península, que se plasmó
en ejemplos arquitectónicos y, sobre todo, votivos, en el arte de los
visigodos. El arte musulmán en Extremadura dejó en Badajoz sus mejores
muestras: la muralla, la alcazaba, la torre de Espantaperros. Igualmente
interesantes son las murallas de Jerez de los Caballeros y de Plasencia
y las alcazabas de Mérida, Reina y Trujillo. El gótico refleja la
influencia de los núcleos toledano y salmantino y es el período más
fructífero en la creación artística de Extremadura. El monumento más
destacado es la catedral de Badajoz, del siglo XIII (con elementos de
los siglos XVI y XVII). Otras importantes construcciones góticas son las
iglesias de San Juan y de Santa María la Mayor y el convento de San
Pablo en Cáceres; las catedrales Vieja y Nueva (siglos XIV-XV) y las
iglesias de Santa María Magdalena y San Nicolás en Plasencia; la
catedral de Coria (siglo XVI, con portadas platerescas); los castillos
de Trujillo o Medellín; al alcázar de Zafra (siglo XV); el monasterio de
Yuste (siglos XV-XVI). El arte mudéjar tuvo en estos tiempos un
brillante ejemplo en el monasterio de Guadalupe , que reúne el arte
gótico, el gótico-mudéjar, plateresco y el renacentista, con una hermosa
sacristía barroca decorada con cuadros de Zurbarán.
La
conquista y colonización de América representó para Extremadura un
marcado renacer artístico que se plasmó en numerosos edificios
civiles, sobre todo mansiones y palacios, así como obras de
infraestructura y ayuntamientos. El barroco en Extremadura no se
desarrolló con plenitud, y los ejemplos se centran en la decoración
del interior de las iglesias. El siglo XIX transcurrió sin grandes
obras de arte y del siglo XX hay que destacar obras en Almendralejo
de M. Fisac; el nuevo poblado de Vegaviana de J.L. Fernández del
Amo, o el Museo nacional de arte romano de Mérida, obra de Rafael
Moneo.
De la historia de los artistas plástico extremeños hay que empezar
por Luis de Morales, en el siglo XVI, que tuvo taller abierto en
Badajoz durante más de veinticinco años. Este pintor alcanzó fama
por sus versiones de la Piedad y del Ecce Homo. El extremeño
Francisco de Zurbarán fue uno de los máximos representantes del
barroco español. A partir del barroco, la actividad artística decayó
notablemente en Extremadura. En el siglo XIX, Antonio Pérez Rubio
pintó cuadros de historia. Ya en el siglo XX, destacó sobre todo la
obra de Juan Barjola, cuya pintura se halla en la frontera entre la
abstracción y una nueva figuración. Enríquez Pérez Comendador y Juan
de Ávalos han cultivado la escultura monumental.
En tiempos de los Reyes Católicos hubo un importante grupo de
humanistas patrocinado por el mecenazgo del maestre de Alcántara,
Juan de Zúñiga. Entre estos humanistas destacó Arias Barbosa, de
origen portugués, y en el grupo se incluye Antonio de Nébrija, que
estuvo en la ciudad de Alcántara entre los años 1503 y 1504. En el
reinado de Carlos I sobresalieron personajes como el cronista
oficial Bernabé del Busto, el historiador placentino Luis de Ávila y
Zúñiga, y el obispo Pedro Ruiz de la Mota, quien presidió las cortes
de La Coruña en el año 1520. En la Edad Contemporánea, hay que
destacar las figuras del prerromántico Meléndez Valdés, en el siglo
XIX, que sobresalió sobre todo en los trabajos poéticos de carácter
anacreóntico (poesía que canta con delicadeza al amor y otros
placeres); y a inicios del siglo José María Gabriel y Galán, autor
de las Extremeñas, este autor, aunque salmantino de nacimiento,
llevó la voz de Extremadura a la literatura castellana.
|
PERSONAJES CÉLEBRES DE LA RIOJA |
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Marco Fabio
Quintiliano, c.35-c.95
Marco Aurelio Prudencio Clemens
San Millán
Santa Oria
San Gregorio Ostiense
Santo Domingo de Silos
Santo Domingo de la Calzada
Gonzalo de Berceo
Juan de San Millán
Francisco de Ampuero
Pedro Ruiz del Castillo
Fray Juan Ramírez
Juan Fernández de Navarrete
Juan Ramírez de Velasco
Antonio Segura
Esteban de Torrecilla y Manso
Francisco López de Zarate,
Juan de Torrecilla Briones
Esteban Manuel Villegas
Rodrigo de Arriaga
Pedro de Murga
Antonio de Brocarte y Sáenz
Fr. José Sáenz de Aguirre
José Manso de Velasco |
Francisco Moreno
Juan de Balmaceda y Zensano
Zenón de Somovilla
Francisco Javier García Fajer, el Españoleto. Músico
D. Francisco Mateo Aguiriano y Gómez
Antonio Valdés y Fernandez-Bazán
Mateo Albéniz
Fausto Delhúyar y Lubice
Martín Fernández de Navarrete
Manuel García Herreros
Manuel Agustín Heredia Martínez
Martín Zurbano
Joaquín Baldomero Fernández Álvarez
Pedro Albéniz y Basanta
José Cámara y Moreno
Manuel Bretón de los Herreros
Martín Larios y Herreros
Cosme Marrodan Rubio
Domingo Dulce Garay
Salustiano Olozaga y Almandoz
Santos Tornero Montero
Mariano de la Paz Graells
Pedro Duro
|
Y otros....
Datos básicos
Nombre oficial: Comunidad Autónoma de La Rioja.
División administrativa: Uniprovincial.
Capital: Logroño.
Extensión: 5.045 km².
Población
Población: 276.702 (2001)
Natalidad: 2.301 (2000)
Mortalidad: 2.496 (2000)
Crecimiento vegetativo: -195
Residentes extranjeros: 5.915 (2000)
Gentilicio: riojano.
Desarrollo económico y laboral
PIB a precios de mercado: 4.459 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 6 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 105.800 (2001)
Población inactiva: 113.400 (2001)
Población ocupada: 98.400 (2001)
Población parada: 7.400 (2001)
Tasa de paro: 7% (2001)
Paro registrado: 7.160 (2001)
Administración y Gobierno
Estatuto de autonomía: LO 3/1982, de 9 de junio (BOE nº146, de 19 de
junio de 1982). Reformado por LO 3/1994, de 24 de marzo y LO 2/1999, de
7 de enero.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Consejo de Gobierno de La Rioja. Presidente: Pedro Sanz
Alonso.
Legislativo: Diputación General de La Rioja: 33 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de La Rioja.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de
mayo de 2003):
PP: 17 escaños; PSOE: 14; PR: 2 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 14.949
Admón. Estatal: 6.847
Admón. Autonómica: 5.744
Admón. Local: 2.125
Universidades: 233
Enlaces en Internet
http://www.larioja.org; Página oficial de la Comunidad Riojana.
Otros datos de interés
Fiesta autonómica: 9 de junio, Día de La Rioja.
Fuente de algunos de estos artículos:
ENCICLONET
- La Enciclopedia Universal

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