



La
lingüística tradicional ha venido considerando esta variante
lingüística como un dialecto del portugués, concepto que puede
resultar cuestionable tanto en la forma como en el fondo, aunque
resulta válido dentro de una clasificación genético-tipológica de
las lenguas del mundo, que es precisamente la que se persigue en la
Enciclopedia Universal.
Hasta el siglo XIV, gallego y
portugués eran una misma lengua, conocida como galaicoportugués,
originario romance peninsular que empezó a desarrollarse al norte
del río Duero. A partir de esa fecha, sin embargo, con la
independencia del reino de Portugal y la progresiva influencia del
castellano sobre el gallego, ambas lenguas empezaron a distanciarse
hasta poder ser consideradas en la actualidad como variantes
lingüísticas diferentes (aunque relacionadas). De forma estricta,
ninguna puede considerarse como el origen o la lengua madre de la
otra, ya que ambas derivan del galaicoportugués. No obstante, la
mayor importancia en la actualidad del portugués estándar hace que
la lingüística haya elegido este término ("portugués", y no "lengua
portuguesa" o "lengua de Portugal"), entendido sin connotaciones
políticas, para agrupar a las tres variedades románicas más
importantes derivadas del primitivo galaicoportugués: portugués
estándar (en Portugal), portugués brasileño (en Brasil) y gallego
(en Galicia). Se trata de una situación parecida a la del "español"
estándar (que no es sólo "lengua de España", ni muchísimo menos),
con dos variedades principales: peninsular y americano. Los
conceptos lingüísticos y los sociopolíticos no siempre coinciden.
El hecho de que a un hablante actual le resulte raro escuchar que el
gallego es un dialecto del portugués se debe a los erróneos y
confusos conceptos de “lengua” y “dialecto”. En lingüística, un
dialecto no tiene por qué ser una variante oral “inferior” o
“dependiente” de una lengua superior, ni tampoco históricamente
derivada de ella. Las lenguas, afortunada o desgraciadamente, no
evolucionan ni se clasifican como las personas, no presentan un
desarrollo lineal y claro a lo largo de la historia, sino que se
forman por la actuación simultánea de múltiples factores. Nadie
puede decir cuándo desapareció el latín y cuando apareció el
castellano, por ejemplo.
Decir que el gallego es un
“dialecto” del portugués no debería ser peyorativo: se trata
simplemente de un procedimiento taxonómico para relacionar dos
entidades lingüísticas afines dentro de una clasificación genético-tipológica
de las lenguas del mundo (que es la que se persigue en la
Enciclopedia Universal, como se explica en la entrada Lenguas del
Mundo). Una clasificación de este tipo es la que relaciona las
lenguas en función de criterios gramaticales (sintácticos,
fonéticos, morfológicos, léxicos) dentro de grupos, ramas, familias
y troncos, de forma similar a la zoología. La evolución histórica de
las lenguas es importante para conformar su esquema general de
relaciones (el llamado "árbol de las lenguas"), aunque se tiene más
en cuenta su estado presente. Desde este punto de vista, la
lingüística actual tiende a agrupar el gallego y el portugués (junto
con el “brasileiro”) dentro de un mismo subgrupo, por motivos
históricos aunque sobre todo por su tipología gramatical. A falta de
una etiqueta mejor, más neutra o “apolítica”, se usa el término
“portugués” para referirse a este tronco común. Algo similar ocurre
en el caso del catalán, el valenciano y el balear, lenguas todas
ellas pertenecientes al mismo tronco y llamadas de forma global
“catalán”, aunque en este caso es más claro que poseen un mismo
sistema gramatical.
En resumen, la "polémica" entre el
portugués y el gallego puede reducirse a las siguientes
puntualizaciones:
1) Tanto el gallego como el portugués
modernos derivan en última instancia del galaicoportugués, antigua
lengua románica hablada en el reino de Galicia y al norte de la
Lusitania.
2) Durante la Reconquista, el galaicoportugués se
fue extendiendo al sur del río Duero hasta enlazar con los dialectos
mozárabes de las zonas de Coimbra y Lisboa, con lo que dio origen al
portugués medieval.
3) Hasta el siglo XIV, el portugués y el
galaicoportugués de Galicia (¿gallego?) fueron prácticamente la
misma lengua. Con la independencia política de Portugal y la
influencia de los dialectos mozárabes del sur, el portugués se fue
distanciando poco a poco. El gallego, por su parte, se formó a
partir de esa misma fecha en un marco de aislamiento geográfico y de
creciente influencia del castellano (sobre todo en la ortografía).
4) En la actualidad, gallego, portugués y brasileño son tres
variedades lingüísticas diferentes aunque pertenecientes al mismo
grupo, que por comodidad se denomina "portugués" (aunque no hay que
confundirlo con el “portugués” como lengua portuguesa). En cualquier
caso, hay que reconocer que las diferencias gramaticales entre estas
tres lenguas son mucho mayores que las que existen dentro del grupo
catalán (catalán, valenciano, balear) o español (castellano,
americano).
5) Por tanto, desde el punto de vista histórico,
resulta incorrecto decir tanto que el gallego deriva del portugués
como que el portugués deriva del gallego: ambas lenguas “proceden”
del galaicoportugués.
Evolución histórica del gallego
El galaicoportugués (siglos IX-XIV)
(En la entrada
portugués puede encontrarse una extensa discusión acerca de la
evolución del primitivo galaicoportugués con anterioridad a su
fragmentación en gallego y portugués)
El
gallego medieval y los "Séculos Escuros" (siglos XVI, XVII y XVIII)
Tras la separación del gallego y el portugués a partir del siglo XIV,
el primero deja de cultivarse como lengua literaria y queda
reservado al ámbito oral. Algunos factores que se han señalado como
causantes de esta situación son los siguientes: 1) el asentamiento
en Galicia de una nobleza castellana, intransigente con la cultura y
la lengua locales, que vino a sustituir a la nobleza local,
derrotada tras apoyar a los perdedores en las luchas dinásticas por
la corona de Castilla (primero a Pedro I contra Enrique II de
Trastámara y más tarde a Juana la Beltraneja frente a la futura
Isabel la Católica); 2) la ausencia de una burguesía capaz de
defender los intereses económicos de Galicia; 3) la disminución de
la población tras un período de guerras y epidemias; 4) la pérdida
de autonomía de la Iglesia gallega. Estos hechos, sumados a la
creciente política centralista e intervencionista de Castilla y a la
progresiva formación del concepto de "Estado español", coartaron la
evolución del gallego como lengua literaria. El castellano de la
época era el símbolo del poder político y económico, y la única
lengua que posibilitaba el acceso a un mejor nivel social. Es la
época conocida como Séculos Escuros (Siglos Oscuros), que abarca los
siglos XVI, XVII y XVIII. A pesar de que el gallego apenas se
cultiva como lengua literaria, la lírica popular de carácter oral
continúa viva en forma de cantigas de cuna, de ciego, "entroidos",
adivinanzas, leyendas, romances, cuentos, farsas, etc.
El "Rexurdimento" (siglo XIX)
En el siglo XVIII, los llamados "ilustrados" elevan
su voz para denunciar el estado de dejadez al que se halla sometido
el gallego. Dentro de este minoritario grupo de intelectuales
sobresale la figura del padre fray Martín Sarmiento (1695-1771),
erudito polifacético que planteó la normalización lingüística del
gallego y su empleo en la enseñanza, en la Administración y en la
Iglesia. Destacan igualmente el padre fray Benito Jerónimo Feijoo
(1676-1764), el primero en rechazar la condición de "dialecto" para
el gallego, y el padre Sobreira, continuador de la labor
lexicográfica de Sarmiento.
Esta inquietud lingüística se
reflejó plenamente en el siglo XIX, cuando el Rexurdimento
(Renacimiento) literario recuperó la dignidad de las letras
gallegas. A raíz de la invasión francesa en 1809 y de los
enfrentamientos entre absolutistas y liberales por el gobierno de
España, surgen una serie de textos propagandísticos escritos en
gallego, impresos en hojas sueltas o en periódicos, que llaman al
campesinado a la defensa del país y a la defensa de las ideas
liberales. Tras el final del absolutismo y el inicio de la monarquía
constitucional, surgen en Galicia distintos movimientos
socioculturales que defienden la singularidad propia de la región
(como el "Provincialismo" y el "Regionalismo"), por lo cual se
potencia el uso de la cultura y la lengua gallegas. Dentro de este
marco, se celebran en La Coruña los primeros "Juegos Florales" en
1861, concurso literario de poesía gallega cuyas composiciones
premiadas se recogen al año siguiente en una antología titulada
Álbum de la caridad, primer testimonio literario del Rexurdimento.
Sin embargo, este movimiento cultural comienza verdaderamente en
1863, con la publicación de Cantares gallegos, de Rosalía de Castro
(1837-1885), obra escrita íntegramente en gallego. 1880 es una fecha
clave, con la publicación de obras tan importantes como Follas
novas, de la anterior poetisa, Aires da miña terra, de Manuel Curros
Enríquez (1851-1908), y Saudades gallegas, de Valentín Lamas
Carvajal (1849-1906). Seis años después aparece otra obra clave:
Queixumes dos pinos, de Eduardo Pondal (1835-1917).
Los
autores del Rexurdimento desconocen la existencia de la rica
tradición lírica medieval del gallego, y escriben con el
convencimiento de ser los iniciadores del cultivo literario de su
lengua. Carecen, pues, de una norma literaria anterior, lo cual les
obliga a partir de los usos orales del gallego. La literatura deja
de ser únicamente lírica y amplía su campo de acción a la prosa, la
narrativa y el ensayo. A finales del siglo XIX se empiezan a
componer las primeras novelas en gallego, como Maxina ou a filla
espúrea (1880), de Marcial Valladares, O catecismo do labrego
(1889), de Lamas Carvajal, A tecedeira de Bonaval (1894) y O niño de
Pombas (1895), ambas de Antonio López Ferreiro (1837-1910). El
género teatral fue escasamente cultivado en el siglo XIX: desde la
publicación de A casamenteira en 1812 hasta la década de los 80 no
hubo apenas actividad editorial relacionada con el teatro.
A
finales del siglo XIX aparecen las primeras gramáticas y
diccionarios gallegos, esenciales en la moderna normalización de la
lengua. Compendio de gramática gallega-castellana (1864), de
Francisco Mirás, y Gramática gallega (1868), de Juan Antonio Saco y
Arce (1835-1881), son los estudios lingüísticos más importantes de
esta época. En 1876 se edita, promovido por Lamas Carvajal, el
pionero de los periódicos gallegos: O tío Marcos da Portela. Su gran
éxito promueve la aparición de otras publicaciones en Galicia entre
1886 y 1888: O Galiciano (Pontevedra), A Monteira (Lugo), As Burgas
(Orense), etc. Una de las últimas manifestaciones culturales del
Rexurdimento fue la creación en 1905 de la Real Academia Galega,
principal órgano regulardor de la lengua.
El gallego contemporáneo (siglo XX)
A comienzos del siglo XX, la sociedad gallega se
caracterizaba aún por la concentración del poder económico en
sectores minoritarios de la población, un sistema agrícola de base
feudal y una creciente emigración del campesinado fuera de Galicia.
La toma de conciencia del campesinado, unida a un incipiente
nacionalismo, provoca un salto cualitativo en la utilización del
gallego. De esta forma, a partir de 1916 surgen las llamadas
"Irmandades da fala", sociedades que promueven la defensa,
dignificación y cultivo del idioma propio. Para la difusión de su
ideología, estas "irmandades" crean un periódico llamado A Nosa
Terra. Algunos miembros destacados son Antón Villar Ponte
(1881-1936), Vicente Risco (1884-1963) y Ramón Cabanillas
(1876-1959). Las "irmandades" promovieron la elaboración de
diccionarios y gramáticas y reivindicaron la presencia del gallego
en la Administración y la enseñanza. También impulsaron la actividad
editorial en las principales ciudades gallegas; de esta forma,
surgen publicaciones como Céltiga (Ferrol), Lar (La Coruña) y
Alborada (Pontevedra). La revista Nós, fundada por Vicente Risco,
Ramón Otero Pedrayo (1888-1976) y Florentino Cuevas, con el impulso
del polifacético Alfonso Rodríguez Castelao (1886-1950), tiene como
finalidad la supresión del lastre floclorista de la lengua gallega
mediante su actualización, normalización lingüística y
universalización. Esto hace que se introduzcan en el gallego
extranjerismos (sobre todo franceses y portugueses), neologismos y
términos científicos.
Los movimientos europeos de vanguardia
no le resultan ajenos a la lírica gallega, y de esta forma surge la
llamada "Xeración del 25", cuya originalidad creativa pasa por un
abierto rechazo de las formas tradicionales de poesía. Sus
escritores emblemáticos son Manuel Antonio (1900-1928), Amado
Carballo (1901-1927) y Fermín Bouza Brey.
En 1931 se crea el
Partido Galeguista, que consigue la aprobación del Estatuto de
Autonomía de Galicia, en el que se reconoce por vez primera al
gallego como "idioma oficial de Galicia". Sin embargo, este
importantísimo logro no tiene continuidad debido al estallido en
1936 de la Guerra Civil Española, que supuso un período de retroceso
en el uso del gallego. El franquismo proscribió el uso de esta
lengua en la educación y los medios de comunicación e impuso el
español como lengua de cultura. A mediados de los años 40, la lengua
gallega volvió a dar muestras de vitalidad con la aparición de
distintas publicaciones y editoriales (especialmente Bibliófilos
Gallegos y Editorial Galaxia). A partir de los años 50, el gallego
comienza a introducirse en el ámbito universitario, proceso que
culmina en 1965 con la creación de la primera Cátedra de Lengua y
Literatura Gallegas, en la universidad de Santiago de Compostela, a
cargo de Ricardo Carballo Calero. En 1971 nace el Instituto da
Lingua Galega, dedicado a la investigación lingüística. En 1982,
este organismo, junto con la Real Academia Galega, propone unas
Normas ortográficas e morfolóxicas do idioma galego, que constituyen
la base del gallego estándar contemporáneo. A pesar de estos
esfuerzos, la difícil penetrabilidad de la Galicia rural ha
conducido a un proceso de diglosia en la lengua: por un lado se
halla el gallego tradicional del campo y por otro el "neogallego"
literario normalizado que se está imponiendo en la ciudad.
Uso y extensión del gallego
En la actualidad, se estima que el gallego es hablado
de forma habitual por alrededor de un 80% de la población de Galicia
(especialmente en el ámbito rural), y entendido por prácticamente
todos los habitantes de esta región. Este hecho lo diferencia de
otras lenguas locales de España, como el catalán y el vasco, de
menor difusión en sus respectivas comunidades.
Según un censo
de 1991 acerca del conocimiento y uso del gallego, promovido por la
Xunta de Galicia a través de la Dirección Xeral de Política
Lingüística, un 91,02% de la población lo entiende, un 84,19% sabe
hablarlo, un 46,86% sabe leerlo y un 32,97% sabe escribirlo. Por
provincias, estos mismos niveles se distribuyen de la siguiente
manera: A Coruña (90,08%, 83,09%, 47,32%, 32,93%), Lugo (88,26%,
84,87%, 49,46%, 37,31%), Ourense (93,84%, 87,49%, 41,49%, 28,83%),
Pontevedra (92,53%, 84,21%, 47,43%, 32,86%). Por ciudades, el mayor
porcentaje de comprensión del gallego se da en Ourense (89,68%), el
de habla en Pontevedra (78,62%), el de lectura en Santiago (52,28%)
y el de escritura en Lugo (38,46%). Según esta misma encuesta
sociolingüística, un 48,35% de la población de Galicia usa siempre
el gallego como medio de comunicación, un 35,58% lo emplea
ocasionalmente y tan sólo un 7,7% (incluidos los inmigrantes) no lo
usa nunca. La provincia en la que más se usa en todas las ocasiones
es Lugo (64,34%), mientras que Pontevedra es la más
"castellanoparlante" (el 9,50% de la población no usa nunca el
gallego). Desde el punto de vista generacional, el 99% de los
abuelos de los entrevistados hablan entre sí gallego, mientras que
esta proporción se reduce en los padres al 80%. A pesar de que estas
cifras pudieran indicar que el uso del gallego se está perdiendo
progresivamente, en la actualidad puede hablarse de una
estabilización lingüística de la lengua, impulsada por los sectores
culturales y políticos de Galicia. La lengua y la literatura
gallegas son obligatorias como materia de estudio en todos los
niveles educativos no universitarios de la región, y los jóvenes
aceptan el gallego y lo hablan con naturalidad.
Tras la
aprobación de la Constitución Española en 1978, el gallego disfruta
de la condición de lengua oficial en Galicia, con una gran difusión
en la educación, la prensa y la vida política. La promulgación del
Estatuto de Autonomía de Galicia en 1981 instituye el gallego como
lengua propia de Galicia "que todos teñen o dereito de coñecer e
usar". La Ley de Normalización Lingüística de 1983 regula los
derechos de los ciudadanos a emplear el gallego e insta a su empleo
en la Administración, la enseñanza y los medios de comunicación. Con
posterioridad a la promulgación de esta ley se fueron aprobando
órdenes y decretos que completan el marco legal y aseguran la plena
recuperación del uso del idioma gallego en otros ámbitos de la vida
sociopolítica de Galicia. Incluso algunos topónimos gallegos del
español han visto cambiada su forma a su ortografía gallega en la
denominación oficial o co-oficial (A Coruña, Ourense, Vilagarcía de
Arousa, Sanxenxo, etc.).
Fuera del entorno geográfico de Galicia, el gallego se
extiende por una amplia zona de Asturias (hasta el río Navia), el
Bierzo leonés (hasta Villafranca) y zonas de Zamora.
Características gramaticales del gallego
Lo que diferencia al gallego del portugués es,
fundamentalmente, la pérdida de la nasalidad vocálica, la
confusión de los fonemas alveolares /s/ y /z/ en la variante
sorda, la existencia del sonido africado [|] y la pérdida de los
fricativos [v] y [¥]. Además, mantiene los finales de palabra en
-ón y -án (frente al portugués -ão). También existen diferencias
morfológicas, como la conservación en gallego del pronombre
personal dativo de tercera persona che (que en portugués se ha
asimilado a la forma de acusativo te) y algunas formas arcaicas
de la flexión verbal. Por cuestiones sociopolíticas, el gallego
no evolucionó tan libremente como el portugués, ya que sufrió el
constante influjo cultural del español, y esto se ha reflejado
en su léxico.
Con relación al español, el gallego es una
variedad románica menos evolucionada y más próxima al latín, lo
cual se observa desde el punto de vista fonético en la
conservación de la F- inicial (ej.: fariña 'harina', fouce
'hoz'), las vocales breves E y O en sílaba tónica (ej.: pedra
'piedra', ponte 'puente'), la resolución en EI y OU de los
diptongos latinos AI y AU, respectivamente (ej.: leigo 'lego',
touro 'toro') y la palatalización en CH- de los grupos latinos
PL-, CL- y FL- (ej.: chao 'llano', chamar 'llamar', chama 'llama
(de fuego)'). Una de las características del gallego frente al
resto de lenguas románicas es la caída de la L y la N
intervocálicas (ej.: lua 'luna', mao 'mano').

La
literatura gallega escrita presenta unas señas de identidad muy
originales, en su cronología y su ámbito de creación. En primer
lugar, abarca dos periodos históricos entre los que media un
marcado hiato: la época medieval y la literatura gallega
moderna, desde el Posromanticismo o Rexurdimento hasta nuestros
días; no obstante, los estudios eruditos desde el siglo XVIII
(concretamente, el padre Martín Sarmiento) en adelante mostraron
cómo, durante esos siglos intermedios, hubo unas manifestaciones
literarias orales, populares o folklóricas, del mayor interés.
En segundo lugar, otro rasgo determinante de la literatura
gallega es su uso generalizado como lengua de la poesía lírica
(o lírico-narrativa) no sólo en Galicia y Portugal sino en el
conjunto del Reino de Castilla desde las postrimerías del siglo
XII hasta la primera mitad del siglo XIII; de hecho, esta
verdadera moda (a la que alude el Marqués de Santillana en su
Prohemio e carta al condestable Pedro de Portugal, de 1449)
continuó vigente en la segunda mitad del siglo XIV y aún se
percibe, aunque sea en casos aislados al traspasar la barrera
del 1400, en algunos de los poetas de la época de oro de la
poesía de cancionero, la del reinado de Juan II (el último
testimonio conocido de esta moda poética pertenece,
concretamente, al propio Íñigo López de Mendoza).
Edad Media
Orígenes y periodización
Hasta el siglo XIII, la literatura gallega y la literatura
portuguesa fueron, en esencia, una sola; por ello, es común
referirse en bloque a la literatura gallego-portuguesa o
galaico-portuguesa. Esta unidad lingüística se mantuvo, aun
cuando sólo se diera en el ámbito literario (lo que permite
hablar de un claro distanciamiento entre la lengua hablada en
Galicia y Portugal y esta lengua literaria), durante un siglo
más en el ámbito de la poesía lírica, no sólo entre poetas
gallegos y portugueses sino también entre otros pertenecientes a
diferentes regiones del Reino de Castilla, que empleaban un
gallego-portugués tan artificial como lingüísticamente limitado.
Éste es el panorama que refleja el relativo bilingüismo del
Cancionero de Baena y que ratifica el Marqués de Santillana en
su Prohemio e carta al Condestable don Pedro de Portugal (1449):
E después fallaron esta arte que mayor se llama e el arte común
—creo— en los reynos de Gallizia e de Portogal, donde no es de
dubdar que el exerçiçio destas sçiençias más que en ningunas
otras regiones e prouinçias de la España se acostunbró en tanto
grado que non ha mucho tienpo qualesquier dezidores e trobadores
destas partes, agora fuessen castellanos, andaluzes o de la
Estremadura, todas sus obras conponían en lengua gallega o
portuguesa.
Ya en el siglo XV, el artificioso
gallego-portugués de los poetas de cancionero se esfumó para
siempre tras un último poemilla compuesto, precisamente, por don
Íñigo López de Mendoza (el susodicho Marqués de Santillana).
Desde ese momento y hasta cuatro siglos después, la lengua de
Galicia perdió su condición de literaria, marcando así un
curioso y paradójico hiato, de compararlo con su pasado
esplendor, en el que coincide con la literatura occitana o
provenzal, eclipsada casi por completo desde el siglo XIV hasta
el advenimiento de Frédéric Mistral y su grupo.
Los cancioneiros gallego-portugueses
A finales del siglo XIX, los romanistas dieron con la
fascinante tradición poética de los cancioneros
gallego-portugueses, claro reflejo de una escuela que estuvo
vigente desde fines del siglo XII hasta mediados del siglo XIV;
más concretamente, la fecha de referencia ad quem es la de 1350,
año en que hizo testamento don Pedro, Conde de Barcelos, en que
lega su "Libro de canciones" a su sobrino, el monarca castellano
Alfonso XI. La cronología que se deriva de este último
testimonio coincide aproximadamente con la que sugiere el poeta
Juan de León al referirse a la muerte del rey Denis de Portugal,
acaecida en 1325: "Os trobadores [...] nunca pois de sa morte
trobaron". La época dorada de la poesía gallego-portuguesa acabó
en la primera mitad del siglo XIV; en la segunda mitad de la
centuria se produjo, de forma paulatina, el relevo, que de ahí
en adelante portarían los poetas de cancionero (véase
cancioneros españoles). En esa transición, se asiste a casos tan
paradigmáticos como el de Alfonso Álvarez de Villasandino, que
se sirvió del gallego-portugués hasta finales del siglo XIV para
pasar a emplear el castellano sistemáticamente con el albor de
la siguiente centuria.
Entre los libros que conservan
testimonios poéticos, son de especial importancia los más
tardíos. De hecho, las copias ligadas a Angelo Coloccio
(llevadas a cabo ca. 1500) ofrecen ejemplos de los tres géneros
característicos a los que más abajo se hará referencia. Estos
manuscritos tardíos son el Cancioneiro da Biblioteca Nacional,
que recibe el nombre del centro en que se custodia (aunque
también se conoce como el Cancionero Colocci-Brancuti); el
Cancioneiro da Vaticana, conservado en esa biblioteca italiana;
el Cancioneiro de Berkeley, descubierto en 1986 en los libros de
la colección de Fernán Núñez comprados por la Universidad de
California; y la lista de obras y autores denominada Tavola
Colocciana. Frente a esas copias renacentistas, los códices de
época son monogenéricos o individuales: el Cancioneiro d'Ajuda
(custodiado en la biblioteca lisboeta que le da nombre) fue
copiado a finales del siglo XIII y sólo recoge cantigas de amor,
mientras el llamado Rótulo Vindel (también del siglo XIII y
conservado en la Pierpont Morgan Library de Nueva York) guarda
copia de las cantigas de amigo de Martin Codax junto con su
notación musical; el último de los hallazgos es también un
cancionero individual copiado en el Medievo: el llamado Códice
Sharrer, que contiene cantigas del rey don Dionís (o Denis) de
Portugal con su correspondiente notación musical.
Principales trovadores
La
poesía gallego-portuguesa arranca con un primer testimonio
conocido —aunque de seguro contó con predecesores— en Johan
Soarez de Paiva, por medio de una sátira contra el rey de
Navarra, Ora faz ost'o senhor de Navarra, que se data en torno
al cambio de siglo (concretamente, tras otras dataciones más
tempranas, la fecha de 1209 es la aceptada hoy por la mayor
parte de la crítica). La seguridad de que éste no fue el primer
poeta se deriva de los ecos que encontramos en un trovador
foráneo de la talla del provenzal Raimbaut de Vaqueiras, quien,
unos años antes, compuso una chanson de femme con diseño de
marina o marinheira, a la manera del subgénero
gallego-portugués; además, una estrofa de su descort plurilingüe
parece haber sido escrita precisamente en esta lengua.
Como quiera que sea, si la poesía cortesana gallego-portuguesa
había surgido con seguridad a finales del siglo XII, los poemas
tradicionales que alimentan muchas de sus composiciones
(particularmente las cantigas de amigo) son necesariamente
anteriores; puede incluso que los temas y la forma de tales
piezas líricas (que no conocemos sino de esta forma indirecta)
se hubiesen venido desarrollando desde más de un siglo atrás.
Así las cosas, el orto de esta corriente trovadoresca coincide
en el tiempo con una Galicia pujante que tiene en Santiago la
meca de Occidente y en la que destaca la figura del arzobispo
Diego Gelmírez (1068-1139). En la nómina conocida, igual que
había pasado con los trovadores provenzales y ocurriría más
tarde con los poetas castellanos, se percibe una notable
"democracia", pues el rey y la alta nobleza se codean con los
ministriles y poetas a sueldo de más baja condición social.
Al inicio del siglo XIII, esta escuela contaba ya con unos
cuantos poetas de renombre, como Johan Soares de Pavha o Payva,
Bernal de Bonaval, Vasco Fernandez Praga de Sandin, Pedr'Eanes
Solaz, Fernan Rodriguez de Calheyros y Pay Soarez de Taveiros.
Tras estos inicios, la época dorada de la escuela
gallego-portuguesa tiene dos momentos: el primero corresponde al
reinado de Alfonso X, cuya cronología abarca desde 1245 hasta
1280; cerca del Rey Sabio se encuentran escritores como Pero da
Ponte, Afons'Eanes do Coton, Ayras Nunes, Johan Ayras de
Santiago, Pero Gomez Barroso, Pero Garcia Burgales, Pedr'Amigo
de Sevilha, Martin Soares, Pay Gomez Charinho, Pero Garcia
d'Ambroa, don Afonso Lopez de Bayan y Roy Queymado; en la corte
portuguesa de Alfonso III estaban otros como Johan Lopez d'Ulhoa,
Johan Garcia de Guilhade, Johan Soarez Coelho o Johan Perez
d'Avoyn. Dentro de la producción lírica del propio Alfonso X el
Sabio se encuentran un puñado de cantigas de amor y de escarnio,
algún poema de difícil adscripción genérica ("Non me posso pagar
tanto") y ese deslumbrante corpus formado por las Cantigas de
Santa María.
El segundo momento dorado pertenece a los
años de Sancho IV en Castilla y de don Dionís en Portugal, desde
1280 hasta comienzos del siglo XIV (aunque este último murió en
1325); por sus años, y en las cortes portuguesa o castellana, se
sitúan algunos de los grandes poetas, aunque apenas se conozcan
datos sobre ellos, como Meendinho, Nuno Fernandez Torneol,
Fernand'Esquyo, Johan Zorro y, especialmente, esa pareja de
poetas espléndidos que fueron Martin Codax y Pero Meogo. Por
fin, el ocaso de esta escuela parece percibirse, a la luz de los
materiales conocidos, desde la primera mitad de dicha centuria,
de acuerdo con lo expuesto más arriba. El eclipse de esta
corriente tendrá lugar al alcanzar la mitad de siglo; desde
entonces, tan sólo quedarán los vestigios señalados en los
cancioneros castellanos.
Poética de las
cantigas
De las 1.679 composiciones conservadas en los
cancioneros gallego-portugueses, 501 son cantigas de amigo (468
de ellas de refrán), 704 de amor (381 de refrán y 316 de
meestria) y el resto corresponde a la cantiga de escarnho e
maldizer y a otros géneros menores, como las llamadas cantigas
de vilão e de seguir (estas cantigas son, lógicamente, de
meestria). Lo que resulta común a toda la producción poética
gallego-portuguesa es su brevedad, lejos de las composiciones
extensas de las otras tradicionales poéticas de la Romania. A
continuación se ilustran las características principales de los
géneros mentados de acuerdo con el Arte de trovar inserto en el
Cancioneiro Colocci-Brancuti, también llamado Cancioneiro da
Biblioteca Nacional:
Capitulo iiijº
E porque algûas
cantigas hy ha en que falam eles e elas outrosy, por en he bem
de entenderdes se som d'amor se d'amigo, porque sabede que se
elles falam na prima cobra e elas na outra he d'amor, porque se
moue a rrazon dela, como nos ante dissemos, e se elas falam na
primeira cobra he outrosy d'amigo, e se ambos falam en hûa cobra
outrosy he segundo qual deles fala na cobra primeiro.
Capitulo vº
Cantigas d'escarneo som aquelas que os trobadores
fazen querendo dizer mal d'alguem en elas, e dizenlho palauras
cubertas, que aiam dous entendymentos pera lhe lo non entenderen
... ligeyramente [...]
Capitulo vjº
Cantigas de mal dizer
son aquelas que fazen os trobadores mais descubertamente; en
elas entrã palauras que queren dizer mal e non auer outro
entendimiento senon aquel que queren dizer chaãmente.
Las
cantigas de amigo constituyen uno de los principales testimonios
para el estudio de la poesía popular europea: se conservan más
de quinientas de estas auténticas chansons de femme, vestigios
de una tradición lírica peninsular de carácter popular que se
completa con las jarchas y los villancicos. Los poetas de corte,
en sus cantigas de amigo, se sirvieron de un material
preexistente cuya forma y contenido usaron para componer unas
piezas líricas que quedaban en deuda con tales canciones
populares; a ese respecto, hay que convenir en que lo conservado
en los cancioneros gallego-portugueses no es poesía folclórica
sino poesía que se ha compuesto con su misma técnica e idénticos
temas. De otro modo, no se entendería que tales composiciones
estén firmadas por poetas áulicos, aunque algunos de ellos hayan
podido añadir bien poco: acaso alguna copla del conjunto, cierta
variación sobre unos versos conocidos o tal vez sólo la música.
Los
recursos poéticos de las cantigas de amigo remiten igualmente a esa
misma tradición popular, documentada no sólo en Galicia sino también
en el resto de la Península e incluso en toda la literatura romance
europea, como se verá enseguida. Estos útiles son el paralelismo y
el leixa-pren, procedimiento éste que lleva a que el primer verso de
la tercera copla comience con el último de la primera, mientras el
primero de la cuarta es también repetición del que cierra la
segunda, et sic via. Ese gran estudioso que fue Eugenio Asensio
explicó cuál era la esencia de la poética de la cantiga de amigo en
su libro Poética y realidad en el cancionero peninsular de la Edad
Media; en ese lugar, concluye: "El paralelismo es la cualidad
dominante que estructura los cancioneros. El sistema paralelístico
condiciona no sólo el esquema de versificación y de rimas, sino
también la retórica, el estilo, la sintaxis y el vocabulario".
Ciertamente, el sistema poético a que se acaba de aludir necesita de
estrofas muy breves, con no más de dos rimas alternantes (cuando se
combinan paralelismo y leixa-pren) y un léxico característico que
afecta con frecuencia a la propia rima, como se verá algo más tarde.
A algunos de esos procedimientos característicos en el plano
retórico se refieren los poetas medievales, en los citados Arte de
trovar y Prohemio e carta del Marqués de Santillana; entre todos
tantos, cabe destacar, en especial, el uso del dobre (vale decir, la
anáfora) y el mozdobre (o políptoton, característico también de la
poesía de cancionero castellana).
El paralelismo adopta varias formas, pues puede ser verbal,
pero también estructural o sólo semántico; no obstante, las cantigas
de amigo más características responden al primer modelo, pues
observan un paralelismo verbal absoluto. Este principio poético —la
conjunción de paralelismo y leixa-pren— se pone de manifiesto con
absoluta claridad en una cantiga reconstruida (a la que,
evidentemente, le falta la estrofa IV, cuya restauración se indica
entre corchetes):
I Ma madre velida, vou-m'a la bailia do amor.
II Ma madre loada, vou-m'a la bailada do amor.
III Vou-m'a la bailia que fazen en vila do amor.
IV [Vou-m'a la bailada que fazen en casa do amor.]
V Que fazen en vila do que eu ben queria do amor.
VI Que fazen en casa do que eu muit'amava do amor.
VII Do que eu ben queria, chamar-m'an garrida do amor.
VIII Do que eu muit'amava, chamar-m'an per-jurada do
amor.
|
La combinación del paralelismo literal y el leixa-pren se da
también, aunque en menor medida, en el centro de la Península
(por ejemplo, en "Al alba venid, buen amigo", del Cancionero
musical de Palacio, y otros testimonios estudiados por Asensio),
en el área catalana ("No'l prenatz lo fals marit", entre otras
recogidas por J. Romeu Figueras, "El cantar paralelístico en
Cataluña", Anuario Musical, 9 [1954], pp. 3-55) y en el
cancionero tradicional sefardí (como se ve en Cantos de boda
judeo-españoles o en Poesía tradicional de los judíos españoles
de Manuel Alvar). En cambio, ambos fenómenos, característicos de
la chanson de femme en el noroeste español, rara vez coinciden
en otras zonas de Europa, aunque el paralelismo sea también
característico de la poesía femenina de tipo popular, como en
una Canzone della malmaritata italiana del siglo XIII:
Alla mala mort mora le mavas marí! Et a mala
mort mora.
E sastu che m'à fato le malvas
marí, che per çelusia m'à partí da sí?
Alla mala mort mora le mavas marí! Et a mala mort
mora.
E sastu che m'à fato le malvas çelos che per çelusia
m'à partí da l'us?
Alla mala mort mora le mavas marí! Et a mala mort
mora.
E sastu che m'à fato le malvas çurà che per çelusia
m'à chaçà de chà?
|
Como quieren los comparatistas, es el paralelismo un
fenómeno poético universal; pero nunca antes ni después se
constituyó, junto con el leixa-pren, en norma poética por
excelencia, lo que sucede en la cantiga de amigo
gallego-portuguesa. Por lo demás, la composición se fundamenta
en un léxico limitado en el que, a menudo, aparecen las palabras
clave, "amigo", "amado", que determinan la rima más frecuente
(basada en la alternancia -ío / -ao). En el resto de sus
componentes, la poética de la cantiga de amigo apela a pocos
recursos, todos ellos basados en la repetición, aunque éstos
resultan muy efectivos desde el punto de vista estético, pues
las cantigas aún atraen al lector contemporáneo. Modalidades de
la cantiga de amigo fundamentales son la marinera y la cantiga
de romería, entre las que, a menudo, se producen cruces o
hibridaciones (como en el célebre poema de Meendinho en que la
joven es acosada por las olas en la ermita de San Simón); no
faltan tampoco otros géneros panrománicos, como la alborada
(también llamada albada o canción de alba, aunque aquel término
se utiliza sobre todo para identificar las canciones de alba en
que los amantes se encuentran —no se separan— al amanecer) o la
canción de mayo.
En las cantigas de amor, de carácter
masculino, se siente con fuerza la impronta de la canço de los
trovadores provenzales, que impusieron su norma en Europa a lo
largo del siglo XIII; de todos modos, este género
gallego-portugués tiene rasgos distintivos que lo diferencian
claramente de otras formas próximas y que a veces muestran el
influjo que sobre él ejerció la cantiga de amigo. Tal vez, esta
última justifique el tono amoroso, en clave de lamento, que
caracteriza a la cantiga de amor frente a la lírica provenzal,
pero sin duda su presión impuso el esquema paralelístico con
que, en ocasiones, se construyeron. No obstante, lo
característico de la cantiga de amor, como su hermana occitana,
es la queja o recuesta de amor a una mujer, dama o doncella
(minha senhor), por parte de un poeta-amante que no se siente
correspondido.
El género, así las cosas, se presenta como
más claramente cortesano o, si se prefiere, aristocrático; de su
raigambre queda buena muestra en aquellos versos del Rey don
Denis que rezan: "Quer'eu en maneira de proençal / fazer agora
un cantar d'amor". El amor cortés característico de este género
sirve a veces para la burla y, por tanto, para facilitar el
encuentro entre la cantiga de amor y la cantiga de escarnio (a
los hibridismos genéricos se aludirá enseguida). Eso es lo que
se puede leer, por poner dos ejemplos muy claros, en un poema de
Pero Garcia Burgales al poeta Roy Queymado, por morir una y otra
vez en sus poemas amorosos, y en otro en que Alfonso X critica
al poeta Pero da Ponte. Parecida es la queja de don Denis ante
quienes dicen que hace poesía por deporte y no por amor (lo que
llega a poner en duda incluso que esté enamorado de veras):
Senhor, dizem vos por meu mal que nom trobo com
voss'amor, mais ca m'ei de trobar sabor; e nom
mi valha Deus nem al se eu trobo por m'em pagar,
mais faz-me voss'amor trobar.
|
Por su parte, las cantigas de escarnio y maldecir se unen, por
su asunto, al sirventés provenzal y al conjunto de la lírica del
realismo de la Europa medieval, tal como denomina a la poesía
satírica y de burlas Peter Dronke (aunque la crítica suele unir
ambas modalidades, la cantiga de maldecir constituye un cuarto
grupo, claramente independiente de la cantiga de escarnio, en el
Arte de trovar); sin embargo, una vez más son muchos los rasgos
de esta modalidad poética que la distinguen al contrastarla con
otros géneros similares dentro y fuera de la Península. En
conjunto, se percibe un predominio absoluto de la sátira
personal o de las burlas cruzadas, con abundantes referencias
procaces u obscenas, algo que imprime carácter a estas
composiciones. Los destinatarios de estos dardos son los poetas
más modestos, como la soldadera María Pérez Balteira, pero de
ellos no estaba libre ni el propio monarca. En segundo orden,
abunda también la sátira política, alusiva a acontecimientos
como las guerras civiles, las luchas entre reinos cristianos o
la guerra contra el musulmán.
A pesar de la separación
que, de hecho, existe entre los géneros indicados por el Arte de
trovar, se pueden rastrear conexiones entre las distintas formas
de las cantigas: así, es un hecho conocido desde antiguo que la
presencia de ciertas modalidades paralelísticas en la cantiga de
amor se justifica por influjo de su hermana, la cantiga de
amigo; y al contrario: el virtuosismo estrófico de algunas
cantigas de amigo, alejadas de la poética del paralelismo, se
explica gracias a la presión de la cantiga de amor. Esta última
aceptó a menudo algunos de los contenidos que caracterizan a la
cantiga de escarnio, algo que también parece suceder en contadas
ocasiones con la cantiga de amigo. No deben extrañar estos
contactos si se considera que muchos de los autores de los que
se tiene noticia cultivaban las tres modalidades principales de
la poesía gallego-portuguesa.
La cantiga de amor tiene
una estructura básica, pues se compone de un preámbulo (con un
apóstrofe generalmente dirigido a la dama, mia senhor) seguido
de materiales que pertenecen a los campos semánticos siguientes
(pueden darse varios e incluso todos):
a) elogio de la
dama; b) amor del poeta por ella;
c) cautela o bien rechazo hacia él (es la sempiterna
desmesura); d) pena por un amor no correspondido (recuérdese
que, de los cuatro grados de relación erótica característicos
del universo erótico cortés, la lírica gallego-portuguesa carece
del último de los grados, donde la dama pertenece ya al amante o
poeta: fenhedor, precador, entendedor y drudo).
Como queda indicado, la cantiga de amor es más compleja en su
forma y rehúye el paralelismo y el leixa-pren, fuera de unos
pocos casos (como la poesía 159 de la célebre Antología de Alvar-Beltrán);
la complejidad estrófica y sintáctica de la cantiga de amor con
respecto a la cantiga de amigo justifica que unas cuantas
precisen de un desarrollo (un encadenamiento de ideas o un
encabalgamiento, en determinados casos) que puede durar hasta el
final de la composición, como indica el Arte de trovar al
referirse a una cierta cantiga atehuda o ata a fiinda (como las
número 30 y 181 del corpus seleccionado por Alvar-Beltrán).
Géneros poéticos menores
Tal como se muestra en los cancioneiros, existen dos géneros
híbridos claramente caracterizados: la canción de alba o albada
y la pastorela. La forma básica relata el encuentro y la
recuesta amorosa de un caballero hacia una pastora y las
respuestas inteligentes de la misma con que esquiva al
caballero. Sin embargo, los testimonios conocidos de Johan Perez
d'Avoyn y de Ayras Nunes sólo tienen una escena en que un
caballero oye cantar a una pastora. Por tanto, ya de entrada hay
que echar por tierra los postulados de De Lollis, Rodrigues Lapa
y otros que defendían que la pastorela provenzal es un puro
calco de la ultrapirenaica. ¿Es la gallego-portuguesa una forma
peninsular distinta, más primitiva, o una adaptación de la
foránea? Desde luego, cabe la posibilidad de que la pastorela
provenzal, que tiene marcas cortesanas, parta de un género
popular evidente en la Península; obvio es que, tal como se
conoce, ese talante popular no se da por ninguna parte, a pesar
de lo que creían los investigadores de otras épocas.
Hacia mediados del siglo XIII surge en Francia, por imitación de
ésta, la pastourelle; aquí, el caballero logra a la pastora, a
diferencia de la occitana, donde ella se burla de los
requiebros. Tal como se presenta, tiene sentido que Henry R.
Lang la estudie como una cantiga de amigo más con voz de un
narrador masculino/femenino; sin embargo, José Joaquim Nunes,
teniendo en cuenta el Arte de trovar, las cataloga como cantigas
de amor. Realmente, sólo hay dos pastorelas propiamente dichas:
la de Johan Ayras y la de Pedr'Amigo.
Hay siete en total:
tres de Don Denis (Hunha pastor ben talhada, Hunha pastor se
queixava y Vi oj'eu cantar d'amor), la de Ayras Nunes (Oy og'eu
hûa pastor cantar, 163 Alvar-Beltrán), la de Johan Ayras (Pelo
souto de Crexente, 120 de Alvar-Beltrán, diálogo de pastora
esquiva para preservar su honra, muy próximo al patrón
occitano), la de Johan Perez d'Avoyn (Cavalgava n'outro dia, 113
de Alvar-Beltrán, sin diálogo, pues el caballero sólo escucha a
una joven pastora en su charla con otras tres; las dos coplas se
cierran con un lamento de amigo) y Pedr'Amigo (Quand'eu hun dia
fuy en Compostela, 69 de Alvar-Beltrán, mezcla de pastorela y
romería, en que la joven acepta amores y tiene diálogo; hay
oferta de regalos, como en el género de serrana).
Lo que
hay de común a todas las composiciones enumeradas y permitiría
llamarlas pastorelas es sólo la presencia de una pastora. Hay en
ellas mezcla de los tres géneros: perspectiva masculina de una
cantiga de amor, tema y léxico de cantiga de amigo y algún que
otro improperio al amante propio de la de escarnio. La única de
estas composiciones que se tilda a sí misma de pastorela y que
se asemeja mucho a la galo-románica es la de Pedr'Amigo, que
tiene debate y acaba con la aceptación de la pastora. El resto
de su desarrollo es también muy gallego, incluso en esta
composición, la más próxima a la pastorela ultramontana.
En el Marqués de Santillana, la más idealizada es la vaquera de
la Hinojosa, única que rechaza claramente la oferta o invitación
amorosa del poeta. Hay un interés obvio por la serrana en su
obra, según se desprende de la alusión a las serranas de su
abuelo y al Cancioneiro gallego-portugués de su abuela,
compuesto por serranas. En Galicia y Portugal, el rechazo del
caballero lo tenemos en Johan Ayras y Don Denis (sólo lo acepta
la serrana de Pedr'Amigo); en cambio, el caballero sólo escucha
en Ayras Nunes, Johan Perez d'Avoyn y en Don Denis.
El
segundo orden en importancia entre los géneros menores lo ocupa
el pranto o planh, en que se llora la pérdida de algún personaje
de relieve. En este caso, se percibe una fuerte unidad entre las
composiciones gallego-portuguesas y el resto de la tradición
románica, incluida la latina, que le sirve de modelo; no
obstante, en el puñado de prantos conservados hay rasgos de una
notable originalidad, particularmente en su estructura métrica.
En conjunto, son cinco los prantos conservados, y de ellos nada
menos que cuatro han sido escritos por Pero da Ponte (el quinto
le corresponde al leonés Johan, con su poema a la muerte de Don
Denis de Portugal); de este pobre panorama, algunos deducen
aunque no quepa ser taxativos a ese respecto que el intento de
aclimatación de este género se frustró al no ser aceptado por
ninguno de los grandes autores de cancioneiro.
Otros
géneros menores son la tenção y el partimen, que remiten al rico
universo de los debates poéticos, con infinitas muestras a lo
largo del Medievo en el conjunto de la Romania. Otro género es
el descordo o descort (literalmente, 'desacuerdo'), realmente
extendido gracias a los poetas provenzales, que se sirvieron del
mismo desde el primer momento; en el descort provenzal, es
obligado el principio de la variatio rítmica, lingüística o
temática a lo largo de la composición y como muestra de dominio
y maestría. Por lo demás, poco es lo que se sabe aunque las
hipótesis sean muy variadas sobre las cantigas de vilãos y las
cantigas de seguir de que habla el Arte de trobar: si las
primeras se han puesto en relación con villancicos (entendido
como glosa de un poemilla popular) y villancetes, en las
segundas se ha visto una técnica muy semejante. Por fin, hay
subgéneros o registros, más que géneros, que responden a
tendencias poéticas tan universales como locales, como la
bailada o la canción de alba, alborada o albada.
La prosa medieval en Galicia
Como en otras literaturas, los primeros textos
conservados son de tipo legal, con cartas y documentos privados,
fueros y cartas de población; de entre todos ellos, el más
madrugador es el célebre Testamento de Afonso II de 1214. No
obstante, desde el final de esa centuria, la literatura gallega
y su hermana, la literatura portuguesa, muestran un
extraordinario vigor, que se percibe en la aclimatación y
desarrollo de algunas de las principales materias foráneas, como
las ligadas a la leyenda troyana o al mundo artúrico.
En
pleno siglo XIV fue traducida la Crónica troyana desde el
castellano al gallego, como se desprende de los dos testimonios
que lo conservan (un manuscrito de la Biblioteca Menéndez Pelayo
de Santander y otro de la Biblioteca Nacional de Madrid que
perteneció al Marqués de Santillana); el prólogo de esta obra
muestra que se trata de una traducción de la obra castellana de
idéntico título que mandó verter Alfonso XI desde el Roman de
Troie de Benoit de Sainte-Maure (en concreto, la obra gallega
parece proceder del ms. h.j.6 de El Escorial o de otro similar).
La llamada materia de Bretaña cuenta con varios testimonios en
el ámbito gallego-portugués; no obstante, los textos que se
conocen han sido redactados en su conjunto en tierras de
Portugal, y muestran rasgos lingüísticos en los que ya se
percibe una ligera, aunque clara, separación del gallego. Por
ello, su consideración hasta aquí les ha correspondido a los
especialistas en la literatura portuguesa, aunque apartar
radicalmente ambas literaturas carece de fundamentos científicos
(como se ha indicado al comienzo).
Por lo que al Tristán
de Leonís gallego se refiere, el códice que, hace años, se
conservaba en el Archivo Histórico Nacional (y que, en concreto,
fue editado por José Luis Pensado en 1973) se encuentra hoy en
paradero desconocido; de hecho, todos los esfuerzos de los
facultativos de ese centro para saber dónde se hallaba tan
preciado documento han resultado baldíos. La dificultad de su
búsqueda deriva de que el único bifolio que se ha conservado
sirve de pastas a un documento de la Casa de Osuna fechado en
1551 que contiene una copia del testamento del Marqués de
Santillana (por ello, lógicamente, debe haber sido trasladado al
Hospital de Tavera de Toledo entre los fondos documentales
pertenecientes a las casas nobiliarias).
La datación más
plausible para este fragmento es la de mediados del siglo XIV;
no obstante, si en este punto hay un cierto acuerdo, no lo hay
tanto en su adscripción geográfica, pues algunos piensan que la
lengua en que el texto ha sido escrito remite a un copista
castellano de una obra gallega en origen; otros, por su parte,
consideran que el texto debe relacionarse claramente con la
corte portuguesa sin más. Como quiera que sea, cabe postular la
existencia de una familia textual gallego-portuguesa que
mostraría un mayor apego al modelo francés que la tradición
castellana.
Otros
testimonios que muestran la relativa riqueza de la prosa medieval en
Galicia son los manuscritos conservados del Forum Iudicum
visigótico, de las Siete Partidas, la Estoria de España (que, a su
vez, inspiró la portuguesa Crónica Geral de 1344, que por su parte
influyó en la gallega Crónica general de 1404) y la General Estoria
de Alfonso X, de la Legenda aurea de Jacobo de Vorágine y hasta de
un Livro da albeiteria. Los citados son materiales que remiten
claramente al territorio de Galicia, pero hay otros que deben
considerarse propiamente portugueses, aunque los escritorios en los
que vieron la luz y los medios en que circularon fuesen, en no pocas
ocasiones, los mismos. Con todo, el desarrollo de la historia obliga
al estudioso a separar contra lógica ambas literaturas, para
considerar que la prosa gallega cuenta sólo con las citadas y alguna
joya de particular belleza como son los Miragres de Santiago, bello
romanceamiento del Codex calixtinus.
Los siglos oscuros
Esta
denominación, que alcanza a las manifestaciones literarias que
vieron la luz entre el siglo XV y el Rexurdimento, ha hecho fortuna
en la historia de la literatura gallega. El término sirve,
fundamentalmente, para marcar un tremendo hiato que resulta
imposible de colmar si no se acude a algunos testimonios indirectos,
al rico venero de la literatura folclórica, popular o tradicional,
cuando no a algunos trabajos eruditos desarrollados en el siglo
XVIII por el padre Martín Sarmiento, muchos de ellos inéditos. La
castellanización de Galicia entre la burguesía y los intelectuales
ha sido una realidad hasta alcanzar las postrimerías del siglo XX;
de hecho, sólo en este final de siglo se ha vuelto a recuperar y a
dignificar como nunca antes el uso del gallego hablado o escrito.
En los terrenos acotados, la lírica popular ha seguido
perfectamente viva a lo largo de los siglos, como lo pone de
manifiesto la labor de campo de folcloristas y musicólogos, que han
documentado canciones de mayo, de trabajo y un sinfín de poemas
jocosos. En ese ámbito popular, tradicional o folclórico, se ha
estudiado con particular detenimiento el Romancero gallego (véase
Romancero); también se conoce un amplio número de cuentos y
leyendas, que a menudo aparecen, de forma literal o recreados, en
los relatos de algunos prosistas gallegos que se han servido del
castellano (como Valle Inclán, Cunqueiro o Torrente Ballester, entre
otros). El primero de los estudiosos de este rico venero fue el
padre Martín Sarmiento, recién citado; después, ha sido determinante
el esfuerzo de los modernos estudios de antropología y folclore.
El Rexurdimento
El "Resurgimiento" en Galicia coincide
en el tiempo con el Posromanticismo europeo, con señas de identidad
comunes en las artes plásticas, la música y, en parte, en la
literatura; sin embargo, los años que van desde 1863 —en que ven la
luz los Cantares gallegos de Rosalía de Castro— hasta el final de la
centuria son también los del arte realista, que pesa notablemente en
los creadores gallegos. Como la Renaixença catalana, el Rexurdimento
gallego está claramente imbuido de un espíritu nacionalista que la
literatura escrita en esa lengua nunca llegará a perder ni tan
siquiera durante la dictadura franquista.
Romanticismo y Posromanticismo
Es el Romanticismo, gracias a su talante nacionalista y su
reivindicación de la Edad Media, el responsable de la resurrección
del gallego para la literatura. A Nicomedes Pastor Díaz (1811-1863),
Francisco Añón Paz (1812-1878), Alberto Camino (1820-1861) y Xoán
Manuel Pintos Villar (1811-1876), poetas de un temprano romanticismo
que tiñen sus poemas de nostalgia al tiempo que encumbran a su
tierra gallega, se deben algunos experimentos en este sentido; con
toda justicia, todos ellos son conocidos con el calificativo de los
“precursores”. De todos ellos, Pastor Díaz fue el primer poeta del
Rexurdimento y su “Alborada” (1828) fue recibida como la clara señal
de una nueva época para Galicia (en concreto, fue Murguía quien
dedujo todo el programa nacionalista que se derivaba de la
composición).
Un año de importancia extraordinaria fue el de
1861, pues el 2 de julio se celebraron los primeros Juegos Florales
de Galicia, al igual que estaba ocurriendo en Provenza con los
poetas del grupo de Mistral. El resultado de esta reunión fue el
Álbum de la Caridad (1862), que incorporaba un Mosaico poético de
nuestros mejores vates gallegos contemporáneos, donde se recogen
poemas escritos no sólo en gallego sino también en castellano. En
cambio, desde 1891, en los Juegos Florales de Tuy, la única lengua
de composición aceptada fue el gallego.
No obstante, fue
Rosalía de Castro (1837-1885), con su lírica bilingüe, quien
potenció decisivamente el uso de la lengua de su tierra natal; en
particular, una fecha que marcó un importante hito histórico es la
de la publicación de sus Cantares gallegos, en 1863; otra más, 1880,
corresponde a la aparición de Follas novas. En último término,
fueron decisivos los estudios histórico-literarios de Manuel Murguía
(1833-1923), el autor de la monumental Historia de Galicia
(1901-1907), y Benito Vicetto (1824-1878), padres del mito celta y
ossiánico en Galicia.
En fin, Eduardo Pondal (1835-1917), con
Queixumes dos pinos (1886), fue capaz de trasladar ese universo de
referencias a su poesía social; por su parte, Manuel Curros Enríquez
(1851-1908), con Aires de minha terra (1880) y otras obras, defendió
un ideario nacionalista que potenció más tarde, y en un ámbito
político, Alfonso Rodríguez Castelao (1886-1950). Otro autor notable
fue Alberto García Ferreiro (1860-1902).
La reivindicación
del alma gallega, de los mitos celtas y la exaltación patria
inundan, en mayor o menor medida, la obra de los poetas previamente
citados; no obstante, si hubiese que escoger entre todas las
composiciones una que representase mejor el espíritu creador del
arte romántico, ésta sería sin duda el poema “Os pinos” de Pondal,
que dispuso a modo de himno gallego. Esta composición fue musicada
por Pascual Veiga (1842-1906), célebre también por su Alborada; en
ella, el personaje principal es la naturaleza gallega, que proclama
la valía de su gente y les indica que están llamados a altas
empresas:
Galegos, sedes fortes, prontos á grandes feitos;
aparellade os peitos a glorioso afan; fillos
dos nobres celtas, fortes e peregrinos,
luitade po los destinos dos eidos de Breogan.
|
El nacionalismo gallego había recibido suficiente energía a lo
largo de estas décadas, pero el final de siglo asistió a varios
fenómenos de extraordinaria importancia: la aparición de la
colección de textos titulada “Biblioteca Gallega”, en 1885, bajo
el impulso de Andrés Martínez Salazar, y la aparición de la
revista Patria gallega, que impulsó los Juegos Florales de
Galicia en el marco de un Consistorio, a la manera de los
antiguos trovadores del Medievo. La transición hacia el siglo XX
viene marcada, además, por varios eventos de carácter político,
como la creación de la Liga Regional Gallega, presidida por
Murguía, las “Irmandades da Fala”, del año 1916, y el Partido
Galleguista.
De
acuerdo con el parecer de la crítica, el último autor del
Rexurdimento es Valentín Lamas Carvajal (1849-1906), periodista de
oficio que se sirvió tanto del verso como de la prosa. Como poeta,
tras sus Espiñas, follas e frores (1876), el éxito le vino con
Saudades gallegas (1880); este ciclo poético concluyó en A musa das
aldeas (1890), libro que atiende igualmente al costumbrismo gallego,
pero teñido ahora de nostalgia y de reivindicación social. En la
obra de Lamas Carvajal, destaca también su labor como editor de O
tío Marcos da Portela (1876-1890), revista satírica.
Aunque
la literatura gallega, desde sus orígenes medievales hasta la
segunda mitad del siglo XX, sólo abunda en grandes poetas (hasta la
llegada de Cunqueiro y Blanco Amor), hubo incluso una prosa del
Rexurdimento. A pesar del olvido que aún sufre esta modalidad de la
literatura gallega, conviene recordar que en estos años se
escribieron dos obras de obligado recuerdo: la primera novela
gallega, una obra romántica y folletinesca escrita por Marcial
Valladares y titulada Maxina, ou a filla espúrea (1880); poco
después, apareció el Catecismo do Labrego (1889) de fray Marcos da
Portela, seudónimo de Valentín Lamas Carvajal (autor mencionado
anteriormente y al que se volverá a hacer referencia más adelante),
que aquí abunda en una sátira social muy del gusto de este momento y
hasta los años de la Guerra Civil (en especial, en publicaciones
periódicas y en artes plásticas).
Siglo XX
Grupo NOS y
Vanguardia
A comienzos de este siglo, se va fraguando una nueva
y poderosa lírica en Galicia, por medio de la obra de Antón Noriega
Varela (1869-1947), con su libro de poemas bucólicos titulado Do
ermo (1920), y Ramón Cabanillas (1876-1959), gracias a su
reivindicativa Da terra asoballada (1917). Tras estos autores,
vienen otros que traen una segunda Edad de Oro de las letras
gallegas, al dar vida al denominada "Grupo NOS", una ambiciosa
empresa cultural animada por el mentado Alfonso Rodríguez Castelao,
el admirado poeta y erudito Ramón Otero Pedrayo (1888-1976), el
poeta vanguardista Vicente Risco (1884-1963) y otros como Florentino
Cuevas; a su amparo, crecerán algunos de los grandes escritores
gallegos de este siglo, como Fermín Bouza Brey.
El gran
vanguardista gallego es Manuel Antonio Pérez Sánchez, o simplemente
Manuel Antonio (1900-1928), autor Máis Alá (1928), que se puede
considerar un auténtico manifiesto literario; en ese medio, surgen
otros dos grandes de la poesía gallega: Amado Carballo (1901-1927),
de tan corta vida como el anterior, y Ricardo Carballo Calero,
especialmente famoso tras la publicación de su libro de poemas
Vieiros (1931).
El Neotrovadorismo
Fascinados por el encuentro con el poemario medieval
gallego-portugués, y muy en particular con las cantigas de amigo,
fueron muchos los poetas de preguerra que se dieron a su imitación.
Al respecto, fue determinante la labor desarrollada por los
estudiosos, con la antología de Varnhagen del Cancioneiro da
Vaticana (1870), del Cancioneiro Colloci-Brancuti (1880) y del
Cancioneiro de Ajuda, hasta alcanzar a la magna edición de J. J.
Nunes de las cantigas de amigo (1932). La gran paradoja, no
obstante, es que el primero en cultivar esa técnica de composición
no fue un gallego sino un catalán, Carles Riba (1893-1959), con sus
25 cantigas de amor y sus 5 cantigas de amigo de 1911 (a su memoria,
escribirá un poema Iglesia Albariño años más tarde); por otra parte,
tampoco nació en Galicia, sino en Granada, el más afamado escritor
de tales composiciones: nada menos que Federico García Lorca, con
sus Seis poemas galegos (1935).
No obstante, el
Neotrovadorismo surgió de inmediato en numerosos escritores gallegos
tras los experimentos de poetas tan veteranos como Pondal, que sumó
la belleza y nostalgia de la cantiga al tono reivindicativo
característico de la mayor parte de su poemario; del aire de las
viejas cantigas, Pondal sólo ha dejado un puñado de versos en su
poema “Canto do vixía”. Tras su estela se halla el principal
precursor de los neotrovadores propiamente dichos: Xoán Vicente
Viqueira, con su Poemeto da vida (1930); tras él, vienen Fermín
Bouza Brey, con Nao senlleira (1925-1933), y Álvaro Cunqueiro
(1911-1981), que se moverá en este universo poético a lo largo de
muchos años, entre Cantiga nova que se chama riveira (1933) y Herba
aquí e acolá (1980), a través de Dona do corpo delgado (1950).
De la Guerra Civil a nuestros días
La persecución de los nacionalismos, especialmente
marcada durante la Posguerra, supuso el eclipse de la escritura
gallega durante más o menos una década. Desde comienzos de los años
cincuenta en adelante, la literatura gallega fue afianzándose
paulatinamente; el proceso, no obstante, se aceleró de forma
extraordinaria tras la muerte de Franco y, muy en particular, desde
mediados de los ochenta hasta nuestros días, cuando se comenzaron a
recoger los frutos de una reivindicación de la lengua gallega que se
ha sentido tanto en la calle como en las aulas: el gallego ha pasado
de ser una lengua popular, rural y marinera, a convertirse en una
lengua culta, de uso común en los medios de comunicación, la vida
política y académica. Como puede deducirse, las consecuencias de
esta transformación han sido extraordinarias en el mundo del libro
en todos los órdenes, en el periodismo, el ensayo o la creación
literaria.
Tradición y renovación poética
Como se puede comprobar, son muchos los escritores
crecidos al arrimo de la Vanguardia y el Neotrovadorismo que
continúan perfectamente activos más allá de la muerte del
general Franco (tal es el caso de Cunqueiro). No obstante, la
publicación de obras en lengua gallega habrá de esperar una
década para retomar el camino abandonado tras la victoria de las
fuerzas nacionales. Una vez superado este escollo, sorprende
comprobar cómo los poetas se muestran ora fieles continuadores
de las modas de la Preguerra, ora deseosos de acometer nuevos
experimentos poéticos y de seguir los comunes derroteros de la
poesía europea y española, como el existencialismo de Manuel
Cuña Novas en su Fabulario novo (1952), que dio origen a esa
corriente que muchos siguen llamando Escola da Tebra.
Antes de y tras la Guerra Civil aparecerán los poemas de
Xosé Díaz Jácome, con sus Primeiras cantigas de amor de 1963 y
una mezcla del género de amor y amigo en Pombal (1963).
Idénticas son las coordenadas vitales de Aquilino Iglesias
Alvariño (1909-1961), autor de Señardá (1930), Corazón ao vento,
poemas galegos (1933), Cómaros verdes (1947), Lanza de soledá
(1961) y su póstuma Leva o seu cantare (1963); si en la primera
de esas obras se empapa en la literatura portuguesa, pronto
atenderá al paisaje gallego y a su gente; no obstante, en su
lírica hay un influjo permanente de la gran poesía clásica,
española y latina (era catedrático de latín).
Otros
escritores comenzarán a publicar pasada ya la Guerra, como es el
caso del erudito Xosé Fernando Filgueira Valverde (1906-1996),
autor de varias cantigas fechadas entre 1941 —año en que dio a
la estampa sus 6 canciones— y la década de los ochenta. Del
mismo modo que el Neotrovadorismo caló hondo y siguió vigente en
la Posguerra, las tendencias poéticas de los años veinte y
treinta aún fueron cultivadas por autores como Luis Vázquez
Fernández Pimentel (1895-1958), en Triscos (1950) y en varios
libros aparecidos de forma póstuma, como Sombra do aire na herba
(1959) y Barco sin luces (1960); en Pimentel, es fácil percibir
los ecos del poeta austriaco Rainer Maria Rilke. Galicia sigue
siendo el asunto primordial de la mayor parte de estos poetas,
como se ve igualmente en Xosé María Díaz Castro (1917-), autor
de Nimbos (1961).
Con todo, ya se ha hecho referencia a una renovación poética
en coincidencia con lo que están haciendo los poetas del resto
de España. Por ejemplo, hubo también en Galicia una corriente de
poesía social y reivindicativa (que continuaba en parte con su
propia tradición), escrita a menudo desde el exilio, donde
vieron la luz publicaciones tan afamadas como la revista Galicia
emigrante, publicada en Buenos Aires por Luis Seoane
(1910-1979), autor del libro Fardel de esiliado (1952). También
cultivó esta vena poética Lorenzo Varela (1916-1978), aunque
éste encontró su inspiración en la pintura en Catro poemas pra
catro grabados (1944).
El gran poeta de esos años es, sin
ningún género de duda, Celso Emilio Ferreiro (1914-1979), autor
de los mejores poemas sociales en gallego —de acuerdo con el
parecer de muchos— en Longa noite de pedra (1962); tras la
Guerra, la vuelta a la escritura en gallego tuvo lugar con O
sono sulagado (1955), donde ya se descubren los que serán sus
principales temas en la poesía que compondrá hasta su muerte, de
denuncia y compromiso. No obstante, su lirismo buscó nuevos
cauces en sus últimos años, en que vuelve a la infancia y sus
paisajes, aunque sin desprenderse en ningún momento de su
militancia gallega, como se ve en Onde o mundo chámase Celanova
(1975) y en el póstumo Homenaxes (1979). La labor de Ferreiro
fue también importantísima como editor, al recoger algunas de
las mejores páginas de los poetas gallegos en la colección
"Benito Soto".
Por lo demás, la nómina es muy larga desde
los años sesenta hasta nuestros días, con autores de valía
indudable, entre los que destacan, en generaciones diversas,
Antonio Tovar, Pura Vázquez, Arcadio López Casanova o Manuel
Vilanova. Con el paso de los años, los escritores gallegos se
han adentrado en otros ámbitos literarios, dentro y fuera del
dominio del verso; entre los autores que mayor diversidad
literaria presentan está Manuel María (1930-), que ha escrito,
además de poesía, novela, relato breve, teatro y hasta
narraciones infantiles. No obstante, cabe admitir que tal vez
sus obras más conocidas caen dentro del ámbito de la lírica, ya
sea de tipo existencial —como Morrendo a cada intre (1952) y
Advento (1954)—, ya de contenido social —como Proba documental
(1968) y Remol (1970).
La prosa y el
teatro contemporáneos
La literatura gallega se ha mostrado especialmente
dinámica en el terreno de la poesía lírica, pero también tiene
prosistas afamados; entre todos ellos, brilla con especial
magnitud la obra de Álvaro Cunqueiro, tan fascinante por su rico
bagaje literario como por eso que ha dado en llamarse "la magia
de Cunqueiro". El punto de partida es su célebre Merlín e
familia i outras historias (1955), seguida inmediatamente por As
crónicas do Sochantre (1956), Si o vello Sinbad volvese ás illas
(1961) y Tesouros novos e vellos (1964).
Ambos universos,
el literario y el mágico, coinciden en las tradiciones
literarias por las que apuesta Cunqueiro: el viejo roman
courtois, los libros de viajes medievales de Oriente y
Occidente, y hasta los bestiarios de ese mismo periodo. Otro
camino paralelo le llevará a una Galicia real y mágica, como lo
es para muchos, en Escola de menciñeiros (1960), Xente de aqui e
de acolá (1971) y Os outros feirantes (1979), con claves
aceptadas igualmente por otro gran autor gallego, Gonzalo
Torrente Ballester, en su castellana La saga / fuga de J.B.
(1972).
El otro grande de la prosa gallega del siglo XX es Eduardo
Blanco Amor (1897-1979), autor formado en Buenos Aires que
cultivó los principales géneros literarios, incluido el ensayo.
Como novelista, su obra está empapada de temas sociales y
tardonaturalistas que la recorren toda, desde A Esmorga (1959)
hasta Xente ao lonxe (1972). Otros autores que se mueven en la
corriente del realismo social característico de la Posguerra son
Ánxel Fole (1903-) y Xosé Neira Vilas (1928-). Por fin, la
moderna generación de prosistas incluye los nombres de Xohana
Torres (1931-), autora que también ha cultivado el teatro en Un
hotel de primeira sobre o río (1968), Gonzalo Mourullo (1935-),
Xosé Luis Méndez-Ferrín (1938-), Antón Risco (1926-1998) y
Carlos Casares (1941-), entre otros.
El teatro en lengua
gallega ha sido un género escasamente cultivado. El punto de
partida para todo lo que después se ha hecho en este ámbito
deriva de la obra de Alfonso Rodríguez Castelao Os vellos no
deben de namorarse (1941), estrenada en Buenos Aires. Desde ese
momento hasta el final de los sesenta no aparece ninguna otra
muestra, hasta la presentación de la obra de Xohana Torres
recién citada; después, han sido especialmente notables los
esfuerzos de la Escola Dramática Galega y otros grupos, junto a
nombres como el del dramaturgo y director de escena Agustín
Magán (1918-1998). La obra de Magán ha sido determinante para el
desarrollo del teatro en Galicia desde que fundara la compañía
Ditea en 1960 y desde que, a finales de esa década, se diera a
la puesta en escena de algunas obras propias y de clásicos
españoles y foráneos traducidos al gallego.
A. Gómez Moreno
Última hora de la literatura gallega
El fin del franquismo supuso una nueva edad para la
lengua gallega. Galicia, que había vivido en medio de un proceso
de clara digloxia (convivencia parcial de dos lenguas con
preponderancia evidente de una, en este caso el castellano)
experimentó en los primeros años de la democracia una serie de
acontecimientos que venían a reconocer oficialmente su carácter
de comunidad con un hecho diferencial propio y una base cultural
e histórica, siendo el más importante de ellos la aprobación, en
1980, del Estatuto de Autonomía. Pero ya un año antes, en 1979,
la lengua gallega había dado un paso de gigante con la
aprobación del Decreto de Bilingüismo que reconocía la
existencia de dos lenguas, el gallego y el castellano, en las
cuatro provincias, y el derecho de todos los ciudadanos a
emplear ambas indistintamente y siempre sin perjuicio de la
otra. En 1982 tuvo lugar otro hecho de importancia para la
normalización lingüística: la aprobación de las Normas
Ortográficas y Morfológicas de la Lengua Gallega. Era
absolutamente necesario establecer un corpus de reglas que
sirviese para unificar las decenas de zonas dialectales
existentes en territorio gallego y sirviese como guía para el
aprendizaje del idioma, sobre todo en las escuelas. Durante
estos años tuvo una gran importancia la progresiva implantación
del gallego en los planes de estudio, proceso que no culminó de
verdad hasta el curso 1987/1988, con la inclusión del ejercicio
de Lengua Gallega en el examen de Selectividad.
Hablar de
la existencia del gallego como asignatura en los colegios es
esencial para comprender el momento que vive actualmente la
literatura gallega. Su importancia va más allá de proporcionar a
los escolares una oportunidad de aprendizaje del llamado
"gallego normativo", y estriba también en que la asignatura de
lengua gallega alimenta cada año a una buena parte del próspero
mercado editorial gallego, donde la literatura infantil y
juvenil, como veremos más adelante, tiene un destacadísimo
papel. Al citar la pujanza del negocio editorial en Galicia
tenemos también que hablar de la generosa política de ayudas de
la Xunta de Galicia destinada a impulsar la producción editorial
en gallego. Pero, por desgracia, esta actitud ha acabado por
convertirse en un arma de doble filo, pues ha llegado a crearse
un segmento de mercado editorial que podríamos llamar ficticio y
encaminado a vender más ejemplares a la administración que a los
lectores.
Narrativa
Críticos, editores, y en especial los lectores, no
dudan en asegurar que la narrativa gallega pasa por momentos de
buena salud. La consolidación de editoriales como Galaxia y
Xerais, las políticas promocionales, la convocatoria de premios
como el Blanco Amor, el Xerais y el Torrente Ballester y, sobre
todo, la calidad de determinados autores, provocan que la
narrativa en gallego haya traspasado fronteras convirtiéndose en
un referente para lectores de otras lenguas.
Es el caso,
desde luego, del coruñés Manuel Rivas, cuyas últimas obras se
editaron casi simultáneamente en gallego y en castellano. Su
volumen de cuentos ¿Qué me queres, amor? supuso todo un
acontecimiento literario, encabezando las listas de libros más
vendidos en castellano y en gallego y obteniendo el premio
Nacional de Literatura. Rivas es también autor de Un millón de
vacas, En salvaxe compaña, Ela, maldita alma, O lapis do
carpinteiro, A man dos paíños y As chamadas perdidas, y está
considerado uno de los mejores cuentistas del momento.
Podemos destacar también la obra de Xosé Carlos Caneiro, autor
de Infortunio da soidade, Un xogo de apócrifos o La rosa de
Borges, y la de Suso de Toro, autor entre otros de Ambulancia,
Tic Tac, Calzados Lola, Non volvas y Trece badaladas, además de
un ensayo sobre la cultura celta titulado "O país da brétema".
Hay que citar también la importancia de la obra de Carlos
Casares, autor que destacó tanto con su obra (Deus sentado nun
sillón azul, Os escuros sonos de Clío, Os mortos daquel verán,
Xoguetes para un tempo prohibido), como con su trabajo en el
campo de la investigación. Presidente del Consello da Cultura
Galega hasta su muerte, Carlos Casares es también autor de una
importante obra ensayística en la que destacan sus estudios
sobre Ánxel Fole, Vicente Risco y el Padre Sarmiento.
Algunos autores han usado indistintamente el gallego y el
castellano en sus escritos. Es el caso del escritor Carlos G.
Reigosa, autor de Homes de tras da corda, O doutor Livingstone,
supoño, A guerra do tabaco y Crime en Compostela, ejemplo de
novela de género, como también puede calificarse el libro de
Xosé Miranda Morning Star, que es buena muestra de novela de
aventuras. También empleó los dos idiomas el escritor Alfredo
Conde, que alcanzó un singular éxito editorial con su novela Xa
vai o griffon no vento, con la que obtuvo el Premio Nacional de
Literatura; Conde, que obtuvo el Nadal con su novela en
castellano Los otros días, es además autor de una biografía
novelada del marqués de Sargadelos titulada Azul Cobalto.
También Víctor Freixanes ha buceado en la historia para rescatar
argumentos. En A cidade dos Césares, Freixanes recrea la epopeya
de una serie de trabajadores gallegos que, en época de Carlos
III, formaron parte de una expedición para repoblar la Patagonia.
Del mismo autor podemos destacar O triángulo na circunferencia.
Por su parte, Darío Xohan Cabana hace su particular revisión de
las sagas artúricas en Galván en Saor, además de haber publicado
las obras Morte de Rei y O cervo na torre, y traducido al
gallego la Divina Comedia.
Podemos citar otros autores como Xavier Alcalá, autor de
Alén da desventura, A nosa Cinza o Contos das Américas; Miguel
Anxo Murado, con Bestiario dos descontentos, De soños e
derribos, Días impares e outros días y Ruido, donde relata su
experiencia como corresponsal de guerra en los Balcanes. También
conviene destacar a Xurxo Borrazás, autor de Eu é y Contos
malvados, y a Jaureguizar, cuya novela Fridom Spik puede
encuadrarse dentro de lo que se ha dado en llamar "literatura
bravú". Junto a estos autores, sigue manteniéndose la presencia
de escritores consagrados de generaciones anteriores como
Méndez-Ferrín, autor de clásicos como O crepúsculo e as formigas
o Amor de Artur, y que en los últimos años ha seguido cosechando
éxitos editoriales con obras como Celanova y No ventre do
silencio, o María Xosé Queizán, que ya cosolidada como escritora
publicó Sentinela Alerta.
Poesía
No podemos desdeñar tampoco
la actividad poética en la misma lengua, aunque la poesía siga
siendo un fenómeno minoritario. Es justo citar la importante
actividad que, durante los años setenta y ochenta, tuvieron tres
colectivos: "Cravo Fondo", "Rompente" y "Alén", que trabajaron
para la difusión y promoción de la poesía en gallego. También
hay que destacar la labor de revistas como Grial, Nordés,
Coordenadas o Dorna, así como la vanguardista Luzes de Galiza,
fundada en 1985 por Manuel Rivas y que recogió los trabajos
poéticos de muchos autores jóvenes. La convocatoria de premios
como el "Esquío", "Cidade de Ourense" o "Celso Emilio Ferreiro"
sirvieron también de estímulo a los poetas gallegos.
En 1976 se produce una inflexión en la poética en gallego
con la aparición de dos libros fundamentales: "Con pólvora e
magnolias", de Méndez-Ferrín, y Mesteres, de Arcadio López
Casanova. A partir de entonces, la renovación continúa en cuanto
a elementos formales y temáticos, y van surgiendo autores que
hoy podemos considerar ya como absolutamente consagrados. Tal es
el caso de Miguel Anxo Fernán Vello, autor de Do desexo en corpo
e sombra, Entre auga e fogo o As certezas do clima, y fundador
del sello editorial Espiral Maior. Citaremos también a Claudio
Rodríguez Fer, con Poemas de amor e morte, Tigres de Ternura,
Historia da lúa y Lugo Blues. El también narrador Darío Xohan
Cabana es autor de poemarios como A fraga amurallada. Fiz
Vergara Vilariño publicó Poeta muiñeiro á deriva y Pastora de
sonrisos.
Otros autores destacados en las décadas de los
ochenta y noventa son Xavier Rodríguez Barrio, Manuel Rivas,
Carme Kruckemberg, Alfonso Pexegueiro, Xosé Manuel López
Valcárcel, Román Raña, Luisa Castro, Manuel Vilanova, Víctor
Vaqueiro, Lino Braxe, Anxo Quintela y Xavier Seoane (1955).Entre
los autores más jóvenes, Yolanda Castaño con Elevar as pálpebras
y Delicias, y Olga Novo, autora de Nos nus, conforman lo que se
considera la nueva generación de poetas en gallego.
Literatura infantil y juvenil
Esta
cuestión merece su propio capítulo, porque como ya se dijo el
mercado de literatura para niños y jóvenes es en Galicia
extraordinariamente próspero. Además de una notable calidad en
los textos (que se puede cotejar sin mucho esfuerzo comprobando
simplemente la gran cantidad de traducciones a otras lenguas
nacionales) a esta pujanza han contribuido de forma importante
premios como el "Merlín de Literatura Infantil e Xuvenil"
convocado por la editorial Xerais, o el "Raíña Lupa", que
concede la Diputación de la Coruña. Debemos destacar además que
muchos de los autores consagrados en la literatura para adultos
(como Suso de Toro, Carlos Casares o Darío Xohan Cabana) han
hecho también sus incursiones en el campo de la literatura para
los más jóvenes.
Entre los autores de literatura
infantil podemos citar por ejemplo a Antonio Reigosa, autor de
Resalgario y Memorias dun Raposo, y a Xosé Miranda, autor de Lúa
e os nubeiros, que junto al también escritor Xoan Ramiro Cuba
están desarrollando un interesante trabajo de investigación
etnográfica sobre mitos y cuentos de tradición oral gallegos,
materializado en su Diccionario dos seres míticos galegos. No
podemos olvidar tampoco a Fina Casalderrey, autora, entre otros,
de As de mosca para Anxo, O estanque dos parrulos pobres o O
misterios dos fillos da lúa, con el que consiguió el Premio
Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. El mismo premio se
llevó también el escritor Paco Martín con Das cousas de Ramón
Lamote, volumen que fue un éxito de ventas tanto en su versión
en gallego como en la posterior traducción al castellano.
Otros autores a tener en cuenta son Xelís de Toro con O neno
perdido o Paco pequeno pequeneiro e o mundo ó reves, y Marilar
Aleixandre (1947) con O chapiro verde. En lo que se refiere a
literatura para adolescentes, podemos destacar As cousas claras,
de Xosé A. Neira Cruz; Salitre, de Jaureguízar; o Unha estrela
no vento, de Ledicia Costas.
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