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Extremadura es una Comunidad Autónoma situada en el cuadrante
suroeste de la península Ibérica entre los 37° 57' N y los 85° 85' N
de latitud y entre los 4° 39' O y los 7° 33' O de longitud.
Extremadura limita al norte con Castilla y León (provincias de
Salamanca y Ávila); al sur, con Andalucía (provincias de Huelva,
Sevilla y Córdoba); al este, con Castilla-La Mancha (provincias de
Toledo y Ciudad Real); al oeste, con Portugal.
Se divide en dos provincias: provincia de Cáceres (al norte) y
provincia de Badajoz (al sur). La capital es Mérida.
La Comunidad Autónoma de Extremadura permitió la transmisión de
diferentes corrientes culturales peninsulares. Punto de encuentro
para la fusión de los modos de vida del norte y del sur español, la
tierra de los conquistadores colaboró activamente en la expansión
castellana por el Atlántico. La región es fiel testimonio de la
posibilidad de aglutinar las más variadas tradiciones.
Prehistoria
Los primeros pobladores de la región extremeña penetraron en el
territorio durante el Paleolítico Inferior, estos grupos se
asentaron a lo largo del Paleolítico Inferior y Medio en torno a las
cuencas del Alagón y del Jerte. Los yacimientos aquí estudiados
revelarían el establecimiento de individuos relacionados con las
industrias salmantinas de la Meseta Norte achelenses o musterienses
de tradición achelense, estos primeros pobladores se desarrollaron
por las cuencas del Guadiana y Tajo. Las pinturas rupestres de la
cueva cacereña de Maltravieso, una de las primeras representaciones
artísticas de la región, señalan la presencia de establecimientos
humanos durante el Paleolítico Superior. Finalizada la fase glaciar
grupos de individuos de culturas mesolíticas de los cocheros de Muge
se asentaron en torno a las cuencas bajas del Tajo y del Sado. Los
hallazgos de hachas pulimentadas por todo el solar extremeño son
síntoma de la presencia de comunidades neolíticas aún poco definidas,
estas gentes desarrollarían una economía fundamentalmente agrícola
aunque con una incipiente actividad pastoril, a tenor de las
pinturas y grabados hallados en torno a Las Batuecas. Con la
aparición de la cultura megalítica Extremadura se convirtió en un
foco de expansión hacia el resto del territorio, los sepulcros
megalíticos encontrados en Lácara y en la Vega del Guadanil
reflejarían la riqueza y expresividad de su industria lítica,
beneficiada por la variedad mineralógica de la región; los
yacimientos de Garrovillas y Granja de Céspedes, en Cáceres y Lobón,
en Badajoz pertenecerían también a este período.
Paralela a la configuración de la cultura megalítica, en los
conchales de las serranías extremeñas, se configuró una pintura
esquemática. Las últimas fases de esta etapa se distinguieron por la
presencia de lajas megalíticas en forma de estelas como la de la
Granja de Toñinuelo. El descenso demográfico que se sucedió a
mediados del II milenio coincidió con la aparición en el terreno
extremeño de la cultura del Vaso Campaniforme. A finales del II
milenio aparecieron en la región sociedades de economía pastoril que
asimilaron los elementos culturales de tradición indígena como
demuestra la continuidad en los temas decorativos de las cerámicas
del Vaso Campaniforme. En el Bronce Final se configuró en el
territorio una comunidad conocida como “Pueblo de las espadas”.
Instrumentos y armas de bronce aparecen representadas en estelas
funerarias, dichas estelas muestran el armamento usual de un
guerrero y sus pertenencias junto a un carro funerario; la
concentración de estelas a lo largo de todo el territorio extremeño
en localidades como Sagrajas, Bodornal de la Sierra, Serradilla y
Medellín señala un período de expansión y apogeo de un grupo o
corriente cultural fuertemente jerarquizante. La Edad del Hierro
significó la aparición, en la Alta Extremadura principalmente, de
una cultura castreña característica en la Meseta Norte peninsular.
Situadas en lugares de fácil defensa natural, estas fortificaciones
se presentaban reforzados por un sistema natural de torres, fosos y
murallas, con dos recintos bien diferenciados; uno para vivienda y
otro, más extenso, para el ganado. La llamada “Ruta de La Plata” que
atravesaba Extremadura de norte a sur introdujo a las poblaciones
del sur extremeño dentro de las culturas mediterráneas emergentes
durante este período. La cultura Tartésica penetró en las tierras de
la Baja Extremadura a través de esta vía de comunicación y dejó
vestigios de su civilización en conjuntos como el de Medellín o
Aliseda, según fuentes posteriores fueron los túrdulos quienes
introdujeron esta civilización. Las esculturas de granito de
verracos y jabalíes hallados en localidades de la Alta Extremadura
reafirman la tradición pastoril de esta sociedad y el comienzo de
una forma de actividad ganadera de tipo trashumante a través de unos
itinerarios que perduraron en épocas sucesivas. Estos grupos
protoceltas que habitaban en la región se agruparon en baja época y
configuraron el pueblo denominado por los historiadores latinos de
los Vettones extendidos a lo largo de la región sudoriental de la
Meseta y con el asentamiento de Coria, la Caurium romana, como
núcleo principal. Estos grupos, unidos a los lusitanos del mediodía
peninsular, conformaron la estructura socio-política del territorio
durante la época prerromana.
Edad Antigua
El actual territorio de Extremadura fue ocupado por las legiones
romanas tras una larga resistencia manifestada principalmente con
ocasión de las guerras lusitanas que asolaron este territorio entre
los años 155 y 138 a. de C. y cuyo máximo exponente fue el caudillo
lusitano Viriato.
La
región fue incorporada dentro de la Hispania Ulterior. A lo largo de
la centuria siguiente el territorio también fue escenario de la
guerra civil sostenida entre Sertorio y Quinto Cecilio Metelo, este
último estableció una red de campamentos alrededor de la Ruta de la
Plata. Con la llegada del Imperio la región quedó encuadrada en la
provincia de la Lusitania a raíz de la reorganización administrativo-territorial
llevada a cabo por el Emperador Augusto para todo el territorio
peninsular. Durante la época romana Extremadura conoció un
desarrollo notable al amparo de la ciudad de Emérita Augusta, la
actual Mérida, que se convirtió en una de las ciudades más
importantes de la península.
Este
núcleo urbano fue fundado en 25 a.C. por Publio Carisio para
establecer a los veteranos soldados vencedores de las guerras
cántabras. Su fundación respondía además a la necesidad de crear un
asentamiento que sirviera de puente entre la Bética, la región más
romanizada de la península, y las tierras del Norte peninsular
todavía poco colonizadas. Desde su fundación Mérida se convirtió en
la capital de todo el oeste peninsular y se vio favorecida por la
confección de una nutrida red de calzadas que la unían a todos los
puntos peninsulares. En el proceso global de romanización de la
región la extensión de la actividad ganadera y el pujante desarrollo
de una agricultura basada en el cultivo de secano determinó un
paulatino aumento demográfico y la creación y configuración de
nuevas ciudades como Orba Caesarina, la actual Cáceres, Badajoz,
llamada por los romanos Pax Augusta, Fregenal de la Sierra, Medellín,
Zafra o Alange.
A lo
largo del siglo V los pueblos germánicos que invadieron la península
asolaron la región, que fue circunstancialmente ocupada por alanos y
después por los suevos, lo que provocó la desaparición y el
despoblamiento de muchas ciudades hasta que en el año 468 se
incorporó al reino visigodo. El rey Agila situó en Mérida la capital
de su reino entre los años 549 y 555, y la ciudad recuperó durante
algunos años el esplendor cultural y artístico que le precedió en la
época romana. Finalmente la guerra religioso-civil que enfrentó al
monarca visigodo Leovigildo con su hijo Hermenegildo acabó por
arruinar el territorio, Mérida, que había apoyado a Hermenegildo,
fue arrasada e igual suerte se aplicó a Cáceres.
Edad Media
Tras la derrota de Guadalete se produjo la invasión árabe del
territorio. Musa ibn Nusayr ocupó Mérida tras un largo asedio en
713, suscribiendo, según la costumbre musulmana, un acuerdo mediante
el cual garantizaba a la población el mantenimiento de sus derechos
y organización tradicionales. Los miembros de la aristocracia árabe
se establecieron en la Baja Extremadura, mientras en la Alta se
asentó una población de origen bereber y de economía
fundamentalmente pastoril. La población cristiana emigró
paulatinamente hacia los territorios cristianos más septentrionales.
A lo largo de los siglos VIII y IX la rivalidad entre estos dos
grupos sociales marcaría los principales acontecimientos sociales de
la región. Las guerras civiles y las revueltas se sucedieron durante
estos siglos. En estas agitaciones la ciudad de Mérida, fiel a su
tradición hispano-cristiana, se manifestó siempre como el centro
neurálgico de la rebeldía al califato, situación que la llevó a la
ruina. La primera rebelión acaeció en el año 768. Más tarde Mérida
se mantuvo levantada por espacio de siete años hasta que se entregó
voluntariamente en el año 813; cuatro años más tarde volvió a
alzarse nuevamente hasta su sometimiento definitivo con Abd al-Rahmán
I. En el año 828 la ciudad se rebeló de nuevo esta vez contra Abd
al-Rahmán II quien hubo de sitiarla por dos ocasiones, a
consecuencia de esta rebelión el emir mandó arrasar el barrio
próximo al puente para construir una alcazaba. En el 868 surgió un
nuevo foco de rebelión en la urbe emeritense, su principal
protagonista fue el árabe Abd al-Rahmán ibn Marwan. Rendida la
ciudad, el caudillo musulmán volvió a rebelarse desde el castillo de
Alange donde se había refugiado tras huir de Córdoba. Estableció un
pequeño principado independiente con centro en Badajoz que perduró
hasta el año 929.
Durante
estos primeros siglos la Alta Extremadura formó parte del sistema de
marcas que delimitaba la frontera entre al-Andalus y el Reino de
León. De Mérida partían las expediciones musulmanas que, a través de
la Ruta de La Plata, penetraban en el territorio oriental del reino
cristiano, aunque, tras la derrota de los árabes sufrida en Simancas
en 939, las razzias musulmanas desde las tierras extremeñas
disminuyeron en detrimento de la vía oriental a través del valle del
Ebro. Tampoco las tierras extremeñas se libraron de las incursiones
que los reyes astur-leoneses organizaron por las tierras andalusíes
a lo largo de los primeros siglos de reconquista. En el año 881
Alfonso III atravesó la región para llegar al monte Oxifer, en el
corazón de Sierra Morena.
En el
verano del 915 Ordoño II dirigió un ataque sobre las tierras
norteñas de Mérida que culminó con la ocupación de Castro de la
Culebra y Medellín. Tras la disolución del califato en 1031, Badajoz
se convirtió en la capital del reino Taifa de los aftasíes en
detrimento de Mérida. La consolidación del reino de Castilla y León
llevada a cabo por Alfonso VI originó un período, en la segunda
mitad del siglo XI, de rápida expansión territorial que culminó con
la conquista de Toledo en 1085. La pérdida de esta ciudad alentó a
algunos reinos de Taifas, entre ellos al de Badajoz, a buscar la
ayuda en el exterior. El rey de Badajoz pidió la intervención
norteafricana ante la amenaza de ocupación leonesa y en 1086 en
Sagrajas, cerca de Badajoz, los almorávides derrotaron al rey
Alfonso VI. La penetración de este pueblo del Magreb en la península
supuso a la postre el final del reino aftasí. En 1094 los
almorávides conquistaron Badajoz, último reino de taifa en ser
sometido. Con ocasión de la invasión almohade del territorio durante
la primera década del siglo XII la Alta Extremadura experimentó un
desarrollo mantenido a lo largo de todo el siglo. Cáceres, nombre
derivado de la fortificación “Hizn Qazris”, se convirtió en un
centro que adquirió gran importancia por su situación estratégica,
al igual que las fortalezas de Trujillo y Galisteo. A este período
corresponderían la muralla y alcazaba de Badajoz, edificadas en
1169, y la alcazaba de Reina.
Los
esfuerzos expansionistas del reino de León durante el siglo XII se
centraron fundamentalmente en el sometimiento de esta región, su
ocupación resultaba fundamental para consolidar el dominio cristiano
sobre la Meseta oriental. Con tal motivo en 1142 Alfonso VII
conquistó Coria a la que dotó de fuero e instituyó allí una sede
episcopal. La región de Cáceres fue el territorio de disputa durante
la segunda década del siglo XII. En 1166 un noble castellano,
Geraldo Sampedor, se apoderó de la ciudad por un corto espacio de
tiempo. En 1169, con Fernando II, volvió a ser reconquistada. En
1173 pasó de nuevo a formar parte del imperio almohade dentro de
cuyo dominio se mantuvo hasta 1227, en que fue definitivamente
reconquistada por Alfonso IX de León.
La
ocupación total de Extremadura culminó en 1228 con la toma de
Badajoz. Las órdenes militares aparecieron vinculadas a esta
expansión leonesa a través del territorio en conflicto con los
intereses del Reino de Portugal. Las tierras cacereñas del norte de
Extremadura quedaron guarnecidas por caballeros salmantinos de la
Orden de San Julián de Pereiro, aprobada por el Papa en 1177 y que
cambiarían su nombre por el de Alcántara en 1213. Estas órdenes
organizaron un poderoso entramado defensivo gracias al cual se
agilizó el final del imperio almohade. La repoblación de la tierra
extremeña corrió a cargo de estas particulares comunidades
religiosas, además de la Orden de Alcántara también la de Santiago,
San Juan y los Templarios vieron acrecentar sus propiedades a lo
largo del solar extremeño, lo que trajo consigo la creación de
grandes latifundios. Los conflictos entre las órdenes militares y
los concejos municipales definirían la evolución posterior del
territorio. Cáceres recibió su primer fuero dos años después de ser
conquistada; Badajoz, tras una etapa breve bajo el dominio de la
Orden de Santiago, logró privilegios concejiles otorgados por Sancho
IV. Durante este siglo las banderías entre los principales linajes
nobiliarios también supusieron un foco de conflicto. Sancho IV, en
1289 hubo de sitiar Badajoz para sofocar una contienda que duraba
varios años entre dos facciones nobiliarias de la ciudad.
En el
terreno económico, durante este período convivieron en la región dos
sistemas de explotación perfectamente diferenciados. Por un lado,
las grandes extensiones territoriales, propiedad de la aristocracia
castellana y de las órdenes militares; en el siglo XIV prácticamente
la mitad de las tierras de Extremadura pertenecían a la familia de
los Estúñiga; y por otro, propiedades comunales que disfrutaban los
concejos municipales, en algunos casos como en Cáceres, Plasencia o
Badajoz de considerable extensión. Esta situación derivó en
continuos enfrentamientos entre los dos poderes, el concejil y el
poder nobiliario, disputas que frecuentemente contaron con el
arbitrio del rey. El conflicto entre los propietarios de las tierras
y los ganaderos se inició a partir del auge experimentado por la
actividad ganadera. Esta expansión se debió fundamentalmente a
factores como la escasa densidad demográfica de la región, la
inestabilidad que padecía, dado su carácter fronterizo con el reino
portugués y el territorio musulmán, y a intereses nobiliarios.
Cuando en los siglos XII y XIII la trashumancia comenzó a dirigirse
hacia los invernaderos de la región extremeña la monarquía inició
una política proteccionista mediante la concesión de privilegios de
paso, las cañadas, así como privilegios de pasto a órdenes militares,
concejos y nobles, actitud que perjudicaba sobre todo a los pequeños
propietarios. Las disputas entre los dueños de las tierras y los
ganaderos acabaron por decantarse a favor de estos últimos con la
creación del Honrado concejo de la Mesta en 1273. Aunque en un
principio la monarquía intentó contrarrestar su poder, ante los
beneficios económicos que reportaba activó un progresivo apoyo. En
virtud de esta protección se realizaron concesiones feriales en
localidades como Badajoz en 1258 y Cáceres en 1300. Como
consecuencia de la protección ganadera en Extremadura se formaron
enormes extensiones de tierras dedicadas a pasto deshabitadas y, con
ello, apareció un numeroso grupo de campesinos sin tierras que
ofrecía su trabajo a los grandes señores en la época de la siega a
cambio de un jornal.
A partir de la primera mitad del siglo XIV y durante toda la
centuria, Extremadura se vio afectada por la amenaza expansionista
del Reino de Portugal. Badajoz por ello sufriría continuos asedios,
lo que provocó el establecimiento de una tupida red de
fortificaciones a lo largo de toda la frontera luso-extremeña.
Edad Moderna
Durante la Edad Media el marco geográfico de la Corona castellana
había configurado una pluralidad territorial en la unión de
distintos reinos y territorios; con los Reyes Católicos se produjo
la unificación de Castilla y de Aragón. En esta realidad múltiple de
la Monarquía Hispánica, Extremadura dispuso de un territorio difícil
de definir y delimitar. El territorio extremeño quedó
progresivamente reducido a la parte occidental del reino de Toledo,
entre Castilla, León, Andalucía y Portugal (con la que se había
fijado fronteras en el año 1297). La organización política y
administrativa se definió a lo largo de los siglos XVI, XVII y
XVIII; la Alta y Baja Extremadura fueron una realidad hasta el
reinado de Carlos III, quien redujo sus límites en 1765. La
aportación de Extremadura, como ente territorial, a la política
española fue muy escasa; por ejemplo, la representación en Cortes de
las ciudades extremeñas estaba confiada a Salamanca. Sólo a finales
del siglo XVII, y de manera casi honorífica, las ciudades de Badajoz,
Cáceres, Trujillo, Plasencia y Alcántara tuvieron la concesión de
voto en Cortes. Como consecuencia de la reconquista existió una
multiplicidad de poderes, repartidos y complementarios, entre el rey,
señores de la alta nobleza, titulares de encomiendas de las Órdenes
Militares, oligarquías señoriales establecidas en los municipios y
los poderes clericales; todos ellos crearon una interrelación de
jurisdicciones en una tierra marginada de los intereses políticos, a
lo que se unió una economía basada en la propiedad latifundista, en
la que los campesinos no tenían posibilidad de acceder a la
propiedad de la tierra, y una ganadería trashumante, dominada por la
Mesta, que impidió el desarrollo de la agricultura; el resultado se
manifestó en una fuerte migración a las nuevas tierras americanas.
Pero no sólo fueron campesinos, la baja nobleza buscó fortuna en un
nuevo mundo lleno de posibilidades. A partir de 1502 los barcos que
se dirigían a América estaban llenos de extremeños dispuestos a
colonizar unas tierras que necesitaban de ellos para crear una
sociedad peninsular que habitara las ciudades. El gobernador de las
Indias, que en ese momento era el extremeño fray Nicolás de Orando,
abrió el camino de América a sus paisanos. Extremadura proporcionó
gran número de hombres a la tarea de la conquista. De la provincia
de Cáceres partieron: Pizarro hacia Perú, Orellana al Amazonas, y
Paredes a Venezuela; de Badajoz partieron: Hernán Cortés hacia
México, Valdivia a Chile, Balboa al Pacífico, Soto a Florida,
Alvarado a Guatemala y Belalcázar a Quito. El flujo de riqueza de
los conquistadores americanos que entró en Extremadura vino con
vocación de atesoramiento, producto del cual se desarrolló un
embellecimiento de las ciudades cuyo más claro ejemplo es el actual
barrio antiguo de Cáceres.
Tras
tornar Portugal en 1640 a su condición de reino independiente (en
1581 Felipe II había sido reconocido rey de Portugal por las Cortes
portuguesas reunidas en Tomar), Extremadura fue escenario de la
guerra hispano-lusa, que asoló las tierras extremeñas. La contienda
transcurrió entre diciembre de 1640 y el 13 de febrero de 1668, año
en que Castilla reconoció la independencia de Portugal. En 1657
Portugal inició una ofensiva que fue respondida por el gobernador de
Extremadura, duque de San Germán, que recibió desde Madrid orden de
atacar. Sitió Olivenza, que se rindió el 30 de mayo de 1657, y el
castillo de Morau, que fue tomado el 13 de junio de ese mismo año.
En tanto, el general luso San Lorenzo intentó apoderarse de Badajoz,
pero la ciudad rechazó el ataque. La reina portuguesa Luisa de
Guzmán dio el mando de su ejército a Juan Méndez de Vasconcellos,
dado que San Lorenzo no logró detener el avance español; Méndez se
aprovechó de la debilidad del ejército español (más pendiente de la
guerra con Francia), y sitió en 1658 la ciudad de Badajoz, al tiempo
que recuperaba el castillo de Morau. El conflicto terminó tras la
paz de 1668. En los primeros meses del problema sucesorio que
enfrentó a Felipe V con el archiduque Carlos, Portugal permaneció
neutral, pero pronto apoyó la causa del Austria, tanto por las
presiones de las potencias enemigas de Felipe de Anjou como por la
promesa de la anexión de los territorios de la Baja Extremadura, en
concreto Alcántara y Badajoz, que le fue hecha. El 30 de abril de
1704 Felipe V declaraba la guerra a Portugal y Extremadura se
convirtió en el principal centro de operaciones; los portugueses
tomaron Valencia de Alcántara, Alburquerque, Jerez de los Caballeros
y otras villas menores, pero fracasó en sus intentos de tomar
Badajoz (que soportó los dos asedios a que fue sometida en 1705).
Tras la derrota de A Gudiña (en Galicia) y de Almansa en el año
1709, Portugal se vio obligada a pactar por vía diplomática con
España. Según los tratados firmados en los años 1713-14 se ponía fin
a la guerra y Portugal tuvo que devolver las plazas ocupadas (aunque
recuperaba Olivenza), a cambio de la colonia americana de
Sacramento. El siglo XVIII se acrecentaron los problemas que durante
los siglos XVII y XVIII habían impedido el progreso económico
extremeño; la gran propiedad, las migraciones y la preponderancia de
la ganadería, personificada en la Mesta, sumieron a Extremadura en
el retraso, con un estancamiento de la población que a lo largo del
siglo XVIII se mantuvo en cuotas cercanas a los 400.000 habitantes.
Los ilustrados tomaron conciencia de esta situación y durante los
reinados de Carlos III y Carlos IV se iniciaron proyectos como los
de la repoblación de las tierras de Trujillo y Plasencia o las
tierras de Ciudad Rodrigo. Los informes de los corregidores, en
especial del extremeño Vicente Payno en favor de la agricultura y
control de la ganadería, hicieron que se levantara un pleito entre
el concejo de la Mesta y Extremadura sobre el problema agrario,
pleito en el participó activamente Campomanes . De este litigio
derivaron discusiones sobre la posibilidad de plantear una ley
agraria que solucionara la problemática. Esta situación de
confrontación llegó a provocar motines en contra de la Mesta, como
los de 1776, mientras se continuaban emitiendo informes sobre el
campo extremeño, tales fueron los de la Junta Central de Comercio en
1771 y del Consejo de Castilla en 1783. De este conflicto salieron
resoluciones y disposiciones para que se llevase a cabo el reparto
de tierras baldías y concejiles entre los vecinos que más
necesidades tuvieran, así como la aprobación del cercamiento de los
campos para defenderse del paso del ganado, lo que significó un
durísimo ataque a los, hasta entonces, intocables privilegios de la
Mesta. En 1778 fue otorgado un fuero para los extremeños. El llamado
fuero del bailío fue dado a la villa de Alburquerque, como derecho
local, por su fundador don Alfonso Téllez. Este fuero se extendió
luego a Jerez de los Caballeros y otros pueblos de Extremadura.
Carlos III en este año de 1778 lo declaró válido y de aplicación en
la zona de Extremadura. El año 1790 supuso la creación de la Real
Audiencia de Extremadura, cuya sede se fijó en Cáceres y de la cual
se originaron nuevas divisiones, tanto en aspectos judiciales como
administrativos.
Edad Contemporánea
La Edad Contemporánea se inició con un nuevo conflicto entre España
y Portugal, la denominada guerra de las Naranjas, que se situó en el
contexto del conflicto que enfrentaba a franceses e ingleses, ya que
Portugal era aliada de los británicos y España de los galos.
Napoleón presionó a Carlos IV para que declarara la guerra a
Portugal si no abandonaba su alianza con Inglaterra. El monarca
español envió un ultimátum a los lusos que respondieron
negativamente. El 27 de febrero de 1801 estalló la guerra; Carlos IV
envió al extremeño Manuel Godoy con un ejército de 80.000 hombres
(60.000 españoles y 20.000 franceses), que entró en Portugal sin
ninguna dificultad y conquistó Olivenza sin resistencia, al igual
que otras fortalezas del Alentejo. Antes de cruzar el Tajo el rey
portugués se rindió temiendo ver su país invadido por los franceses.
El 6 de junio de 1801, Godoy y Luis Pinto firmaron el Tratado de
Badajoz por el que Portugal prometió cerrar sus puertos a Inglaterra
(lo cual no se llevó a la práctica) y en su artículo tercero cedió
la plaza de Olivenza y su distrito a España. La guerra de
Independencia tuvo en Extremadura importantes acciones bélicas, ya
que la región estaba en medio del grueso del ejército francés en
España y las tropas expedicionarias en Portugal. En 1809 el general
francés Víctor derrotó al general Cuesta en Medellín, lo que
propició el avance francés y la retirada hacia el interior de
Portugal de Wellington. En el año 1811 los franceses iniciaron una
ofensiva bajo las órdenes de Soult, en la que tomaron Olivenza el 22
de enero y Badajoz el 11 de mayo; el avance fue imparable y así,
tras derrotar al general Mendizábal, llegaron a Alburquerque y a
Villanueva de Alcántara. Pero una inesperada contraofensiva de
Wellington derrotó a los franceses en Fuentes de Oñoro. Por otra
parte, Beresford, al frente de un ejército hispano-portugués, se
dirigió a Badajoz para liberarla. Allí de enfrentó con Soult el 16
de mayo de 1811 en la batalla de la Albuera; la batalla fue una de
las más sangrientas de la guerra. Las tropas aliadas contaron entre
muertos y heridos 5.000 víctimas, mientras que la cifra se elevó a
7.000 entre los franceses. Tras la batalla, las tropas de Napoleón
quedaron muy debilitadas en la zona, así en 1812 Wellington
recuperaba Badajoz, y Extremadura quedaría liberada de la ocupación
francesa. En 1833 el ministro Javier de Burgos estableció la
división territorial de España en 49 provincias; en Extremadura se
crearon las provincias de Cáceres y Badajoz, que venían a ser las
antiguas Alta y Baja Extremadura, con un jefe político y un
intendente al frente de cada una de ellas. Las provincias fueron
divididas en distritos denominados partidos judiciales: Cáceres
contó con 13 y Badajoz con 15. Durante el siglo XIX las condiciones
del Antiguo Régimen en el campo se mantuvieron y, por ende, la
emigración, que aumentó su proceso. La población de Extremadura a
mediados del siglo XIX era de 817.000 habitantes. A este retraso
secular se unió la falta de inversión industrial, a excepción de los
curtidos de Zafra y Cáceres, la harinera de Castuera y la industrial
de fundición de Villanueva de la Serena; el único producto que se
exportó de manera significativa fue el corcho, que tenía como
destino Cataluña y Andalucía. En cambio sí se puede hablar en estos
años de un comercio intenso centrado en las ferias de Zafra, Mérida,
Trujillo, Zalamea y Cabeza del Buey. El ferrocarril llegó entre 1860
y 1868 comunicando Ciudad Real con Badajoz, y en 1881 se abrió la
línea Madrid-Cáceres-Lisboa.
El
siglo XX se inició marcado por el fuerte peso de la estructura
caciquil sobre los latifundios y la administración civil, que
actuaron en ciudades y aldeas; fueron tiempos de frecuente
corrupción. En la Segunda República se manifestó un movimiento
campesino con significativa fuerza, que puso sus esperanzas en la
reforma de la ley agraria que observaba el reparto de las tierras.
Fue también en ese momento cuando se plasmaron las bases del futuro
Plan Badajoz con el que se pretendía un aprovechamiento agrario de
las aguas del Guadiana. Tras el alzamiento del 18 de junio de 1936 y
el inicio de la Guerra Civil, Extremadura quedó muy pronto bajo el
mando nacional. El general Yagüe se apoderó de Badajoz el 14 de
agosto de 1936 y el territorio extremeño permaneció en relativa paz
durante todo el conflicto.
En el año 1952 se publicaron las condiciones del Plan Badajoz, que
supuso una transformación de la economía y paisaje extremeño. El
objetivo que perseguía era la regulación de las aguas del Guadiana
(lo cual se consiguió con la construcción del embalse de Zúgara en
1965). Tras esto, se colonizaron las tierras puestas en regadío con
la creación de nuevos pueblos que han dejado su impronta en la
toponimia. El Plan también comprendió un proyecto de repoblación
forestal; en 1969 se sobrepasó ya el límite fijado como objetivo.
Fueron importantes los trabajos de infraestructuras con la creación
de 598 kilómetros nuevos de carreteras y caminos vecinales, y se
mejoraron 442 kilómetros más. La emigración fue muy acusada y casi
alarmante a partir de 1950 y de forma especial desde 1960, lo que
indicaba que el estado de la economía extremeña no permitía absorber
el incremento de la población, de hecho a inicios de los años
setenta Cáceres y Badajoz ocupaban los niveles de rentas
provinciales más bajos en el conjunto del Estado español. Las zonas
más industrializadas de España (Madrid, Barcelona y País Vasco)
fueron los principales focos de atracción nacional, mientras que
Francia y Alemania fueron los países a donde más se dirigieron los
extremeños. Con el fin de la dictadura, Extremadura mostró sus
inquietudes regionalistas, así el 30 de julio del año 1977 se
constituyó en Mérida una Junta de Parlamentarios Extremeños con el
fin de pedir para la región el régimen preautonómico del que ya
gozaban otros territorios y regiones del Estado español; se
convirtió éste en asunto prioritario. El 13 de julio de 1978 se
publicó el Real Decreto en el que se aprobaba un régimen
administrativo preautonómico y se creó la Junta Regional de
Extremadura, cuyo presidente fue el senador de Unión de Centro
Democrático (UCD) Luis Ramallo. Se iniciaba así de modo oficial el
camino hacia la autonomía. Las tensiones entre los miembros del
partido centrista repercutieron en las relaciones del gobierno
central con el preautonómico, lo que retrasó la redacción de un
estatuto de autonomía definitivo. La situación vino a complicarse
con las elecciones generales de 1979 en las que UCD obtuvo 7
diputados, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) 5. Bermejo,
diputado de UCD, fue nombrado presidente del gobierno autonómico
tras lo que se aceleraron los trámites para la redacción del
estatuto que, según lo pactado por PSOE y UCD en julio de 1981, se
elaboró en el ámbito del artículo 143 de la Constitución.
La Comunidad Autónoma actual
La aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura en Cortes se
produjo el 25 de enero de 1983. Las primeras elecciones autonómicas
se realizaron ese mismo año; obtuvo el PSOE 35 escaños; la coalición
AP-PDP-UL, 20 escaños; el Partido Regionalista de Extremadura Unida,
6; y el Partido Comunista de España, 4. Juan Carlos Rodríguez Ibarra
fue elegido presidente del gobierno autónomo (Junta de Extremadura),
cargo que desde entonces renovó en cinco ocasiones consecutivas.
Desde los primeros momentos preautonómicos ya hubo iniciativas para
ubicar la capitalidad del ente autonómico extremeño en la ciudad de
Mérida, atendiendo a criterios históricos, funcionales y de
centralidad. Disputas entre los partidos políticos y las capitales
provinciales al respecto hizo que se levantaran fuertes polémicas.
Al fin, se decidió por consenso que Mérida fuera la capital de
Extremadura, en las que se fijaron las sedes del Tribunal Superior
de Justicia de Extremadura y del Parlamento regional, cuyos órganos
personales se concretan en la Junta de Extremadura, que es la
denominación específica que en el Estatuto se da al órgano ejecutivo
autonómico. Está configurada por el presidente y los consejeros,
limitado por el propio Estatuto a diez su número máximo. La grave
situación económica se mantuvo durante los años ochenta por lo que
la Junta el 6 de febrero de 1990 pretendió una reforma agraria,
basándose en la escasa legislación al respecto, por medio de
expropiaciones. La respuesta se plasmó en numerosos recursos
aceptados por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad
Autónoma, lo que llevó a un enfrentamiento entre el poder ejecutivo
y el judicial. Extremadura ha recibido subvenciones del fondo de
cohesión europea tras haber superado las condiciones que la CE había
impuesto sobre la corrección de los impactos ecológicos producidos
por su Plan de Desarrollo, que han permitido afrontar diversas
actuaciones dirigidas a relanzar la economía y la industria.
HISTORIA RECIENTE
-
26
de febrero de 1985 se promulga la Ley Orgánica 1/83 de 25 de
febrero del Estatuto de Autonomía. Extremadura se convierte en
una comunidad autónoma.
-
8
de mayo de 1985 primeras Elecciones a la Asamblea de Extremadura
con victoria por mayoría absoluta del PSOE que obtiene el 53,34
% de los votos y 35 diputados.
-
8
de junio de 1985 es nombrado presidente de la Junta de
Extremadura a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, siendo el primer
presidente del Ejecutivo Autonómico.
-
8
de septiembre de 1985 Día de Extremadura en Guadalupe. Primera
celebración tras su designación institucional.
-
23
de noviembre de 1985 Cáceres es nombrada Ciudad Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO y Tercer Conjunto Monumental de Europa
por el Consejo de Europa.
-
26
de mayo de 1991 Elecciones a la Asamblea de Extremadura:
victoria del PSOE con 39 escaños.
-
31
de diciembre de 1994 se declara, mediante la Ley 40/1994, de 30
de diciembre, la paralización definitiva del proyecto de
construcción de la Central Nuclear de Valdecaballeros. La
reclamación ciudadana de esta paralización es considerado como
uno de los primeros símbolos de la identidad regional.
-
28
de mayo de 1995 Elecciones a la Asamblea de Extremadura, el PSOE
con 31 escaños, obtiene una mayoría minotiraria, que le permite
gobernar en solitario durante toda la legislatura.
-
25
de febrero de 1998 Debate de Política General en la Asamblea de
Extremadura, en el que el Presidente de la Junta Juan Carlos
Rodríguez Ibarra lanza su proyecto de atrochar en el modelo de
desarrollo y lanzarse a la conquista de la sociedad de la
información, anunciando la incorporación del ordenador en el
aula como medida estratégica general.
-
21
de junio de 1999, al constituirse el Consejo de Gobierno, se
crea la Consejería de Educación, Ciencia y Tecnología, primera
con esa denominación en España, que asume las competencias, de
nueva creación, relativas a Sociedad de la Información.
-
17
de abril de 2002 LinEx, la distribución de software libre
realizada por la Consejería de Educación, Ciencia y Tecnología
de la Junta de Extremadura, es presentada públicamente en Mérida.
Este acontecimiento obtiene gran repercusión mundial al hacerse
eco de la noticia la prestigiosa revista Wired con el artículo
Extremadura Measures: Linux
-
3
de noviembre de 2002 Extremadura ocupa portada dominical en el
prestigioso diario estadounidense The Washington Post con un
amplio reportaje sobre la implantación del software libre en la
región, titulado Europe's Microsoft Alternative.
-
11
de abril de 2003 los presidentes de Extremadura y Andalucía,
Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Manuel Chaves, firman en Mérida
un protocolo general sobre colaboración en materia de uso y
difusión de software libre. El acuerdo establece una
colaboración mutua, para que la comunidad andaluza aplique en su
territorio un modelo similar al que ya se emplea en Extremadura
con LinEx.
-
25
de mayo de 2003 Elecciones a la Asamblea de Extremadura, el PSOE
amplia su mayoría absoluta obteniendo 36 escaños.
-
22
de abril de 2004 Extremadura recibe el Premio Europeo a la
Innovación Regional en su modalidad de Sociedad de la
Información, concedido por la Comisión Europea, por el Proyecto
GNU/LinEx
-
24
de junio de 2004 La Asamblea de Extremadura aprueba por
unanimidad una Proposición no de ley manifestándose Contraria a
las Patentes de Software.
-
31
de julio de 2004 El Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez
Zapatero da a conocer en Mérida el Plan Especial de Dinamización
Económica y Empleo para Extremadura.
-
1
de diciembre de 2005 Tras algo menos de un año de trabajos
preparatorios, se inician las emisiones de la televisión y la
radio públicas autonómicas de Extremadura, Canal Extremadura TV
y Canal Extremadura Radio. Unos medios de comunicación de
titularidad pública que apuestan por un modelo de explotación
diferente y que son los de menor presupuesto, con enorme
diferencia, del panorama de entes públicos españoles.
-
25
de julio de 2006. El Consejo de Gobierno de la Junta de
Extremadura adopta el uso de formatos estándar (OASIS Open
Document Format, sobre la norma ISO/IEC DIS 26300) y PDF/A (Protable
Document Format ISO 19005-1:2005), fijando el plazo de un año
para que todos los PC's de la Administración Regional, hayan
sido migrados a gnuLinEx
-
29
de agosto de 2006. El modelo de Extremadura es expuesto en el
seminario-simposio "Cuestiones normativas de las TIC para el
Desarrollo", organizado por el United Nations Institute for
Training and Research (UNITAR) y la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en la sede central
del ONU en Nueva York.
-
19
de septiembre de 2006. Tras 23 años siendo presidente de la
Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra anuncia la
decisión de no volver a presentarse a las elecciones a la Junta
como candidato.
-
7
de febrero de 2007. Richard Stallman recibe de manos del
Presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra el Premio Internacional
Extremadura de Conocimiento Libre, en el acto inaugural de la
Conferencia Internacional de Software Libre 3.0 que tuvo lugar
en el Palacio de Congresos "Manuel Rojas" de Badajoz y donde
acudieron casi tres mil participantes de diferentes lugares del
mundo
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Extremadura conserva algunas muestras de arte prehistórico como los
megalíticos dólmenes de Garrovillas y de Prado de Lácara, o las
pinturas rupestres de Hornachos o Alange entre otros. Importante es
el tesoro de Aliseda (siglo VII a.C.), en el que hay piezas tartesas
junto a otras de origen oriental. La época romana supuso un período
de gran brillantez, cuyo foco principal fue Augusta Emerita (Mérida),
fundada en año 25 a.C. y pronto se convirtió en la capital de la
provincia de la Lusitania. Por esta condición, la ciudad fue dotada
de grandes edificios públicos cuyas ruinas se conservan en parte.
Entre éstas destacan las del teatro y el anfiteatro. El primero fue
construido por orden de Agripa y tiene cabida para 5.000
espectadores. Destaca la belleza de su escena, de orden corintio,
que estaba decorada con numerosas estatuas. Otros monumentos son el
circo, un templo, varias mansiones, los acueductos de Los Milagros y
de San Lorenzo y una amplia muestra escultórica. Otros ejemplos
romanos son los puentes de Alcántara y de Alconétar; y del período
paleocristiano destaca la basílica de Santa Eulalia (siglo IV), en
Mérida.
El foco
emeritense también tuvo en época visigoda una gran importancia al
ser receptora de la cultura bizantina en la península, que se plasmó
en ejemplos arquitectónicos y, sobre todo, votivos, en el arte de
los visigodos. El arte musulmán en Extremadura dejó en Badajoz sus
mejores muestras: la muralla, la alcazaba, la torre de Espantaperros.
Igualmente interesantes son las murallas de Jerez de los Caballeros
y de Plasencia y las alcazabas de Mérida, Reina y Trujillo. El
gótico refleja la influencia de los núcleos toledano y salmantino y
es el período más fructífero en la creación artística de Extremadura.
El monumento más destacado es la catedral de Badajoz, del siglo XIII
(con elementos de los siglos XVI y XVII). Otras importantes
construcciones góticas son las iglesias de San Juan y de Santa María
la Mayor y el convento de San Pablo en Cáceres; las catedrales Vieja
y Nueva (siglos XIV-XV) y las iglesias de Santa María Magdalena y
San Nicolás en Plasencia; la catedral de Coria (siglo XVI, con
portadas platerescas); los castillos de Trujillo o Medellín; al
alcázar de Zafra (siglo XV); el monasterio de Yuste (siglos XV-XVI).
El arte mudéjar tuvo en estos tiempos un brillante ejemplo en el
monasterio de Guadalupe , que reúne el arte gótico, el
gótico-mudéjar, plateresco y el renacentista, con una hermosa
sacristía barroca decorada con cuadros de Zurbarán.
La conquista y colonización de América representó para Extremadura
un marcado renacer artístico que se plasmó en numerosos edificios
civiles, sobre todo mansiones y palacios, así como obras de
infraestructura y ayuntamientos. El barroco en Extremadura no se
desarrolló con plenitud, y los ejemplos se centran en la decoración
del interior de las iglesias. El siglo XIX transcurrió sin grandes
obras de arte y del siglo XX hay que destacar obras en Almendralejo
de M. Fisac; el nuevo poblado de Vegaviana de J.L. Fernández del Amo,
o el Museo nacional de arte romano de Mérida, obra de Rafael Moneo.
De la
historia de los artistas plástico extremeños hay que empezar por
Luis de Morales, en el siglo XVI, que tuvo taller abierto en Badajoz
durante más de veinticinco años. Este pintor alcanzó fama por sus
versiones de la Piedad y del Ecce Homo. El extremeño Francisco de
Zurbarán fue uno de los máximos representantes del barroco español.
A partir del barroco, la actividad artística decayó notablemente en
Extremadura. En el siglo XIX, Antonio Pérez Rubio pintó cuadros de
historia. Ya en el siglo XX, destacó sobre todo la obra de Juan
Barjola, cuya pintura se halla en la frontera entre la abstracción y
una nueva figuración. Enríquez Pérez Comendador y Juan de Ávalos han
cultivado la escultura monumental.
En tiempos de los Reyes Católicos hubo un importante grupo de
humanistas patrocinado por el mecenazgo del maestre de Alcántara,
Juan de Zúñiga. Entre estos humanistas destacó Arias Barbosa, de
origen portugués, y en el grupo se incluye Antonio de Nébrija, que
estuvo en la ciudad de Alcántara entre los años 1503 y 1504. En el
reinado de Carlos I sobresalieron personajes como el cronista
oficial Bernabé del Busto, el historiador placentino Luis de Ávila y
Zúñiga, y el obispo Pedro Ruiz de la Mota, quien presidió las cortes
de La Coruña en el año 1520. En la Edad Contemporánea, hay que
destacar las figuras del prerromántico Meléndez Valdés, en el siglo
XIX, que sobresalió sobre todo en los trabajos poéticos de carácter
anacreóntico (poesía que canta con delicadeza al amor y otros
placeres); y a inicios del siglo José María Gabriel y Galán, autor
de las Extremeñas, este autor, aunque salmantino de nacimiento,
llevó la voz de Extremadura a la literatura castellana.
HIMNO DE EXTEMADURA
Escucha
el himno
Letra del himno de Extremadura:
Nuestras voces se alzan,
nuestros cielos se llenan
de banderas, de banderas
verde, blanca y negra.
Extremadura patria de glorias.
Extremadura suelo de historias.
Extremadura tierra de encinas.
Extremadura libre camina.
Nuestras voces
se alzan,
nuestros cielos se llenan
de banderas, de banderas
verde, blanca y negra.
El aire limpio,
las aguas puras,
cantemos todos:
¡Extremadura!
Gritemos todos en libertad:
¡Extremadura tierra de paz!
Nuestras voces se alzan,
nuestros cielos se llenan
de banderas, de banderas
verde, blanca y negra.
Extremadura, alma.
Extremadura, tierra.
Extremadura de vida llena.
Nuestras
voces se alzan,
nuestros cielos se llenan
de banderas, de banderas
verde, blanca y negra. |
La tradicional importancia
económica de la agricultura en la región extremeña, al igual que ha
ocurrido en otras muchas regiones de España, ha sido superada por los
servicios -en especial, la construcción, el comercio, la administración
pública y el turismo rural-, así como por el sector secundario, y esto a
pesar de que alrededor de un tercio de la población activa aún se ocupa
en el sector primario.
Agricultura
En general, las explotaciones agrarias extremeñas pertenecen al grupo de
grandes propiedades de aprovechamiento extensivo; es la dehesa el modelo
tradicional más típico del paisaje extremeño, si bien es cierto que no
es el único, ya que también se dan sistemas productivos como el regadío,
el olivar-viñedo, el secano cerealista y el sector forestal. Todo ello
habla de la existencia en Extremadura de un paisaje agrario plural y
variado en consonancia con las posibilidades que brinda el medio físico
y los recursos naturales.
La dehesa, pese a encontrarse en retroceso, tiene todavía un
considerable peso específico en la producción agraria final, que incluso
ha sido potenciado por la administración (Ley de la Dehesa promulgada
por la Junta de Extremadura en el año 1986) con el propósito de obtener
una mayor rentabilidad ganadera. En la dehesa se crían en régimen
extensivo cabañas ganaderas, sobre todo porcino, al tiempo que se dedica
al aprovechamiento forestal, en especial de alcornoques para la
obtención de corcho, y al cultivo de cereales.
La trilogía mediterránea (cereal, olivo y vid) posee igualmente un
significado dominante en las actividades agrarias, tal y como se deduce
a la vista de los datos referidos al número de explotaciones según
Orientación Técnico Económica (OTE) del año 1995: olivar, 17.953;
cereales, oleaginosas y leguminosas, 7.592; y cultivos leñosos diversos
5.521.
Las principales zonas productoras de trigo son Tierra de Barros y La
Serena, ambas en la provincia de Badajoz. La cebada, al coincidir su
área de extensión con la del trigo, figura como uno de los más
destacados cereales dedicados a la elaboración de piensos; al mismo
tiempo, su producción se ve favorecida por su mayor resistencia a la
sequía frente al trigo, lo que le convierte en uno de los cultivos más
preciados por los agricultores. La avena, por su parte, tiene la ventaja
de preparar convenientemente la tierra para otras cosechas, coincidiendo
las zonas de máxima producción con las partes más altas y húmedas de las
grandes regiones trigueras y de cebada. El centeno, cereal resistente a
la sequía y cuyo cultivo puede realizarse en aquellas áreas donde el
trigo y la cebada no se cambian, ofrece la doble ventaja de que agota
poco la tierra y exige pocas labores, por lo que encaja perfectamente en
aquellas zonas de la región extremeña donde los suelos son especialmente
pobres, tal y como ocurre en la provincia de Cáceres, que cuenta con
mayor extensión cultivada de centeno que la de Badajoz. También abunda
el corgo, cultivado como planta de importancia local con los nombres de
mijo, tamizo, etc, dada su facilidad de adaptación a suelos y climas.
Otro de los principales cultivos de la región extremeña es el arroz,
reducido, eso sí, a la provincia de Badajoz, y en concreto a aquellas
zonas beneficiarias del Plan Badajoz, es decir, Don Benito y zona de los
canales de Montijo y Lobón.
Las leguminosas, como plantas que se intercalan en la rotación de los
cultivos especialmente en combinación con los cereales, se adaptan
también bien a la agricultura extremeña. Se cultivan en períodos
intercalados de siembra de un mismo cereal, aprovechándose así la tierra
que, en un principio, quedaría en barbecho. Extremadura es una de las
mayores zonas productoras de garbanzos, principalmente Badajoz (Zafra y
Almendralejo). Las habas y guisantes, para grano, son otros de los
cultivos que abundan, junto con las algarrobas, almortas, yeros, etc.,
estos dedicados sobre todo a la alimentación del ganado.
Tierra de Barros, con el gran centro de Almendralejo, es la zona más
importante en el cultivo de la vid. También tienen importancia Montijo,
Mérida, la sierra de Montánchez y Trujillo, esta última en la provincia
de Cáceres.
Asimismo, el olivo se adapta perfectamente a las condiciones climáticas
y de suelos de la región. Aguanta unas temperaturas superiores a los 40
ºC y una pluviosidad incluso inferior a 200 mm, en suelos calcáreos
siliceo-arcillosos, ligeros y profundos. El olivar está bien
representado sobre todo en la provincia de Badajoz, en Tierra de Barros,
en las comarcas circundantes de Mérida y Almendralejo y en La Serena; en
mucho menor grado, en Cáceres, en las estribaciones de la Sierra de Gata
y en Las Hurdes.
Las hortalizas se cultivan en las zonas de regadío existentes en la
región, en especial, en las cercanas a los centros de consumo, aunque
una de sus principales proyecciones es el comercio exterior. El
principal cultivo hortícola de la zona es el tomate.
La cosecha de algodón puede ascender a casi el 20% del total nacional;
es la segunda región productora. En Badajoz destacan los secanos de
Tierra de Barros y los nuevos regadíos del Canal de Montijo y Plan
Badajoz. En Cáceres las zonas más rentables son los regadíos del Tiétar
y de la Vera Baja, que se prolongan hasta Candeleda (Vera Alta).
Hay que destacar igualmente la importante producción de tabaco que se
obtiene en Extremadura, sin duda, una de las principales zonas
tabacaleras peninsulares, si bien los cultivos se concentran en la Vera
de Plasencia (Cáceres).
Otras zonas que hay que destacar por su especialización frutícola son el
valle del Jerte (cerezos) y el valle de Ambroz (campos de fresas).
Así pues, los regadíos con mayores rendimientos económicos se localizan
en la vega del Guadiana. En esta zona se cultivan tomates, espárragos,
patatas, tabaco, algodón y, en menor medida, arroz y plantas forrajeras,
productos todos ellos que han contribuido a mejorar considerablemente el
nivel de vida de los agricultores extremeños.
Ganadería
Los datos referidos al número de explotaciones según Orientación Técnico
Económica (OTE) del año 1995, reflejan el predominio de las dedicadas al
ganado ovino, caprino y otros herbívoros (11.112).
La oveja merina es una de las razas básicas de la ganadería extremeña,
si bien resulta económicamente inadecuada por ser un animal pequeño y de
poca carne. El ganado caprino tiene gran importancia a nivel regional,
ya que son Cáceres y Badajoz dos de las cinco primeras provincias a
nivel nacional en cuanto al numero de cabezas. El cerdo, una de las
especies más importantes de la economía pecuaria española, también se da
en Extremadura, donde existe una concentración considerable de cerdo de
"raza ibérica", de color negro y talla baja. Finalmente, hay que citar
la ganadería equina, es la cría de ganado mular una de las más
importantes a nivel nacional junto con Andalucía.
Bosque
En el sector forestal, las tradicionales dehesas de encinas, como ya se
ha mencionado anteriormente, están en proceso de rápida transformación
debido, fundamentalmente, a que el empleo de carburantes ha reducido el
consumo de leña y de carbón vegetal, por lo que ha disminuido la
utilidad de la encina y, en consecuencia, su precio, y a la peste
porcina que dificulta el aprovechamiento de la montanera. Una vez
destruido el bosque las tierras se dedican al cultivo mecanizado de
cereales. No obstante, es importante la producción de corcho; Cáceres y
Badajoz se encuentran entre las primeras provincias productoras a nivel
nacional.
Industria
La escasa industria existente en la región extremeña sigue siendo
básicamente agropecuaria, si bien la comercialización de algunos de sus
productos ha experimentado una considerable mejora, tal es el caso de
las conservas vegetales, los derivados lácteos y los jamones y embutidos,
de reconocida fama y calidad.
En el sector secundario destaca especialmente el aprovechamiento
hidráulico, ya que en Extremadura se encuentran los principales embalses
del Tajo, a excepción del de Entrepeñas y Buendía, como son el
Valdecañas, el de Torrejón y el de Alcántara, así como el del Guadiana,
el del Cíjara y la Orellana, cuyo aprovechamiento para la obtención de
energía eléctrica, aparte de regadíos, desarrolla en cierta medida la
actividad industrial de la región.
Las industrias alimenticias tienen su base en el aprovechamiento sobre
todo de la ganadería, principalmente la ovina y la porcina. Las
industrias textiles son prácticamente inexistentes, pese a la aceptable
producción de lana bruta registrada en la región. Son de destacar las
industrias relacionadas con el cultivo del tabaco, sobre todo en Cáceres,
donde existen numerosos secaderos y se producen algunas marcas de
cigarrillos.
En cuanto a la minería, debe decirse que la prolongación de Sierra
Morena en Badajoz hace que existan en esta provincia, aunque en menor
medida que en la vecina Ciudad Real, algunas pequeñas zonas hulleras y
unos cuantos yacimientos de plomo. Por otra parte, en Cáceres existen
algunas zonas donde se encuentra volframio y estaño, además de fosforita.
Finalmente, el aprovechamiento forestal también es muy limitado, a pesar
de las grandes explotaciones forestales existentes sobre todo en Badajoz;
se obtienen, aparte de la madera, resinas para la elaboración de otros
productos, pero en muy pequeña escala.
Por el contrario, sí se conservan en Extremadura numerosas actividades
artesanales de arraigada tradición. Se sigue trabajando el barro (alfarería),
los tejidos (bordados, encajes), metales (cobre, latón) y materiales
como el cuero, la madera y la piel, entre otros, en los más de
quinientos talleres esparcidos por toda la Comunidad Autónoma.
Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.
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La Comunidad Autónoma de
Extremadura se encuentra situada en el sector suroccidental de España,
junto a la frontera con Portugal, formando parte de la Meseta Sur. Su
territorio ocupa una extensión de 41.634 km2, lo que la convierte en la
quinta región del país por su superficie, y está formada por las dos
provincias más extensas de todo el territorio español: Cáceres (19.868
km2) y Badajoz (21.766 km2). El curso bajo del Guadiana divide la
Comunidad en casi dos mitades, en las cuales predominan las llanuras, si
bien ninguna de ellas está exenta de áreas montañosas o de suaves cerros
cubiertos de vegetación herbácea y salpicados de árboles.
Su nombre proviene de la Edad Media, Extrema Durii, por haber sido
durante mucho tiempo la parte extrema del territorio conquistado en la
Reconquista al sur del valle del Duero, cuyo dominio y control se apoyó,
primero, en los grandes concejos urbanos (Coria, Plasencia, Cáceres,
Trujillo, Badajoz, Zafra...) y, después, en la nobleza y órdenes
militares (Santiago, Alcántara y El Temple).
Geología
Hasta hace pocos años se dudaba de la existencia en la Península Ibérica
de materiales procedentes de macizos precámbricos. Hoy, una serie de
estudios permiten confirmar su existencia en la mayor parte del
occidente de la Meseta y, por tanto, en Extremadura, con dirección
NO-SE. Sobre estos antiguos macizos se adosan, después, los materiales
paleozoicos y, debido a la orogénesis herciniana, surgen nuevos relieves
en la misma dirección que los anteriores. La existencia de estos macizos
en Extremadura queda constatada por la presencia de bandas graníticas
formando la raíz de estos antiguos relieves, que aparecen intercaladas
entre pizarras y cuarcitas cámbricas y silúricas.
Durante el Mesozoico no se dio en la zona ningún movimiento importante.
Destaca el arrasamiento que produjo la erosión cuyo resultado fue una
penillanura, representada hoy día por algunas superficies de cumbres,
tal y como se puede observar en la Sierra de Guadalupe.
En la Era Terciaria tiene lugar la orogenia alpina que, por sus empujes,
produce fracturas y abombamientos en el macizo cristalino de la Meseta,
quedando como horts o zonas elevadas el Sistema Central, que penetra por
la zona norte de Cáceres, y los Montes de Toledo, que son producto del
rejuvenecimiento de antiguos relieves hercinianos. Las fosas producidas
son las que actualmente ocupan los dos ríos principales que recorren la
Meseta Sur, que durante el Mioceno fueron colmatándose de sedimentos,
llegando a tener en algunas zonas un espesor de unos 1.000 m,
desarrollándose un sistema fluvial endorreico. Posteriormente, y debido
al basculamiento de la Meseta, se establecen redes hidrográficas
organizadas mediante dos ejes Este-Oeste, que se encajan sobre estos
sedimentos blandos, los cuales, debido al enorme poder erosivo de la
red, llegan a desaparecer en las zonas más cercanas al mar o, a lo sumo,
quedan restos escasos, más abundantes en el Tajo que en el Guadiana, por
su mayor caudal y cercanía al mar. Todo esto implica el rejuvenecimiento
del paisaje que se impone tras el establecimiento de ambos ríos y su
acción erosiva, que arrasa la segunda penillanura formada en estas zonas.
A lo largo de la Era Cuaternaria y debido a las glaciaciones, se
producen dos fenómenos de importancia: el modelado glaciar, que se da en
la zona extremeña del Sistema Central, y la formación de las terrazas en
las márgenes de los ríos de alguna importancia, reconociéndose a lo
largo del cauce de estos ríos hasta un número de cuatro. No obstante,
estas terrazas han sido muy atacadas por la erosión remontante de los
ríos, quedando más restos cuanto más se adentra en el interior de la
Meseta.
Relieve
El territorio extremeño está constituido, como ya se ha mencionado
anteriormente, por el sector occidental de la Meseta Sur, que presenta
en esta zona una altitud media inferior (unos 400 m) a la de Castilla-La
Mancha. Tal circunstancia se traduce en la existencia de grandes
llanuras, a menudo, interrumpidas por valles encajados (300 m o menos) y
sierras que sobrepasan los 500-600 m. Sin embargo, tanto en el norte,
como en el centro y sur de la región se levantan las estribaciones más
occidentales de cordilleras tan importantes como el Sistema Central, los
Montes de Toledo y Sierra Morena.
El Sistema Central quiebra la zona septentrional de la región extremeña;
destaca la penetración que desde Ávila se produce de la Sierra de Gredos,
que cerca del puerto de Tornavacas se divide en dos cordales en
dirección suroeste, denominados de Jarandilla y Tras la Sierra, entre
ambos se sitúa el valle del Jerte. Al Oeste de estos sistemas montañosos,
el río Alagón discurre por una fractura, que constituye un paso natural
de gran importancia entre las dos mesetas, ya utilizado en la
Prehistoria. Más hacia el Oeste se localizan la Sierra de Gata y Peña de
Francia, estribaciones del Sistema Central con una altura máxima de
1.723 m.
Al sur del Sistema Central y cercano al límite con Badajoz se localizan
en Cáceres una serie de relieves fragmentarios pertenecientes a los
Montes de Toledo. Destacan la Sierra de Altamira, que sirve de límite
entre Cáceres y Toledo, y las Villuercas, que con 1.601 m suponen la
altura máxima de este sistema montañoso. Más al Oeste se localizan las
últimas estribaciones con montes más anchos, planos y de menor altura,
como la Sierra de Montánchez (994 m), Sierra de San Pedro (700 m) y, ya
en la frontera lusa, la sierra de São Mamede (1.128 m).
Al Sur de la provincia de Badajoz se encuentran algunas pequeñas sierras
que forman parte de Sierra Morena, entre las que destacan las sierras
del Pedroso, de Hornachos y Tentudia, que con 1.104 m presenta la altura
máxima de estas sierras en Extremadura.
Entre el Sistema Central y los Montes de Toledo se localiza la cuenca
del Tajo, que constituye la penillanura extremeña que va decreciendo
paulatinamente hacia el Oeste. Lo mismo ocurre con la cuenca del
Guadiana entre los Montes de Toledo y Sierra Morena. Estas penillanuras
sólo se ven interrumpidas por algunos relieves residuales como crestones
de cuarcita y algunos montes islas de escasa importancia, aunque alguno
alcanza los 400 m sobre el nivel del mar.
Hidrografía
En Extremadura existen, como ya se ha dicho, dos grandes ríos que drenan
casi la totalidad de las tierras de la región: el Tajo y el Guadiana,
que discurren por las provincias de Cáceres y Badajoz, respectivamente.
Algunos arroyos de la zona sur de Badajoz son afluentes del Guadalquivir,
pero carecen de excesiva importancia.
La cuenca del río Tajo ocupa casi toda la provincia de Cáceres,
cruzándola de Este a Oeste a lo largo de unos 200 km. Sus orillas son
escarpadas, áridas y desiertas. No presentan facilidades para el riego,
pero sí para la producción de energía eléctrica.
El Tajo penetra en la región tras atravesar Puente del Arzobispo y, poco
después, sus aguas son represadas en el embalse de Valdecañas. Algo más
adelante, en el Parque Natural de Monfragüe, su cauce forma un valle
encajado, y seguidamente vuelve a ser represado en el embalse de
Alcántara. A continuación, el río hace frontera con Portugal durante un
largo tramo. Sus afluentes principales son: en la margen derecha, el
Tiétar, el Alagón y el Eljas; y en la margen izquierda, el Ibor, el
Tamuja y el Salor, estos de menor importancia que los afluentes de la
margen derecha.
La cuenca del río Guadiana, por su parte, ocupa la mayor parte de la
provincia de Badajoz. El río discurre por un valle amplio y un cauce
anchísimo y divagante, engendrando numerosas islas fluviales. Penetra en
Extremadura desde la provincia de Ciudad Real para discurrir en
dirección sur hasta Orellana la Vieja, una vez superado el pequeño arco
de dirección sureste-noroeste-suroeste que marca al principio. A partir
de Orellana la Vieja se dirige hacia el oeste, atravesando Mérida y
Badajoz antes de constituir frontera con Portugal. Los afluentes de su
margen derecha son de recorrido menor que los de la margen izquierda;
son los más destacados el Estona, Guadalupe, Ruocas, etc. Por la
izquierda recibe el Zújar, Guadamoz, Matachel, Guadajura y Albuera.
Climatología
Extremadura presenta, en líneas generales, un clima mediterráneo de
rasgos continentales, similar al conjunto de la Meseta, si bien retocado
por las influencias atlánticas, dada la apertura del territorio por el
Oeste, lo que va a determinar parte de las características climáticas.
Por estar abierta a las influencias de los vientos húmedos atlánticos,
la pluviosidad es mayor que en el resto de la Meseta Sur, aunque, a
pesar de la proximidad del océano Atlántico, las precipitaciones no son
demasiado abundantes. La media de precipitaciones en la región se sitúa
en torno a los 600 mm; es más húmedo el valle del Tajo que el del
Guadiana, donde en comarcas como Tierra de Barros o las Vegas del
Guadiana, no alcanza los 400 mm, precisamente aquí las temperaturas
medias anuales son más elevadas, lo que determina su mayor aridez. Así
pues, mientras que la mayor parte del valle del Tajo está clasificada
como zona semihúmeda, el del Guadiana lo está como zona semiárida.
También debido a la influencia atlántica, las temperaturas son menos
rigurosas que en el interior de la Meseta. En invierno la media del mes
de enero es de 6,8 ºC en Cáceres y 8,1 ºC en Badajoz. El verano está
algo más marcado, las temperaturas medias de agosto oscilan entre 22 y
26 ºC; es mayor la temperatura en la provincia de Badajoz que en la de
Cáceres.
Por la latitud en la que se encuentra Extremadura, al igual que el resto
de la Península, los vientos dominantes son del Oeste, que penetran aquí
fácilmente debido a la casi inexistencia de relieves montañosos que lo
dificulten.
-
En invierno, el
anticiclón de las Azores se aleja de la costa atlántica de la
Península, pero se dan altas presiones relativas por el
enfriamiento del suelo. Cuando se debilitan estas altas
presiones relativas, dejan paso a frentes polares que barren
Extremadura con más fuerza que en el interior.
En otoño y primavera, las altas presiones relativas desaparecen
al tiempo que comienza la pugna entre las masas de aire cálido y
frío que provocan series de perturbaciones que penetran sin
ninguna dificultad. Esta situación alterna con días de dominio
del anticiclón de las Azores.
En verano, domina claramente el anticiclón de las Azores. En la
zona meridional de la Península, y por tanto en zonas de
Extremadura, como consecuencia del calentamiento del suelo se
producen bajas presiones relativas que no llegan a dar lluvias
generalizadas, sino tormentas generalmente de carácter local.
Enciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006
Extremadura es una de las zonas de Europa que mejor conserva su
paisaje natural. Desde siempre, sus gentes han sido respetuosos con
el entorno natural y han sabido conservar sus bosques, dehesas,
montes, vegas, zonas húmedas, etc.
La manifestación más clara de la riqueza natural de Extremadura
queda refrendada por la existencia de numerosos parajes naturales
protegidos.
Los espacios naturales protegidos más importantes de Extremadura son
los siguientes:
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El
Parque Natural de Monfragüe está situado en el centro de la
provincia de Cáceres (comarca de Monfragüe), concretamente en la
confluencia de los ríos Tajo y Tiétar, y abarca una extensión de
17.852 ha, de las cuales cerca de diez mil están declaradas
Reserva Integral, por lo que su acceso está destinado
exclusivamente a las actividades científicas.
Fue creado en el año 1979 y es uno de los enclaves más
representativos del bosque mediterráneo, con una gran
biodiversidad, tanto animal como vegetal, cuyo eje vertebrador
es el curso fluvial del río Tajo, que discurre encajonado en una
estrecha garganta entre dos alineaciones de sierras bajas
compuestas de cuarcitas y pizarras.
Aquí, las principales especies vegetales autóctonas conforman
densos bosques típicamente mediterráneos y entre las especies
más representativas destacan la encina (Quercus rotundifolia),
el alcornoque (Quercus suber) y el quejigo (Quercus faginea). A
menudo, estas especies aparecen acompañadas de mirto (Mirtus
communis) y acebuche (Olea europaea sylvestris).
En las zonas de umbría, sin embargo, se desarrollan densos
matojos de madroño (Arbutus unedo), durillo (Viburnun tinus) y
cornicabra (Pistacea terebinthus). Según se gana en altitud
todas estas formaciones tienden a ser reemplazadas por bosques
de encinas con enebro (Juniperus communis).
El matorral, típicamente mediterráneo, también acusa las
extremas diferencias existentes entre las vertientes de solana y
las de umbría. Así, en los dominios de solana se forma con jaras
(Cistus ladanifer) y aulagas (Genista hirsuta), mientras que en
las zonas más umbrías aparecen de nuevo la jara y el brezo
(Erica australis)
Finalmente, en los márgenes de los diversos cursos fluviales se
desarrolla una densa orla de bosque-galería sobre el que se
encuentran alisos (Alnus glutinosa), fresnos (Fraxinus
angustifolia) y sauces (Salix alba).
Estos diversos ecosistemas son refugio de una abundante y
variada fauna. Dentro del perímetro del Parque se han
cuantificado unas 286 especies diferentes de vertebrados, 173 de
aves, 20 de reptiles, 15 de anfibios y 26 de peces.
El Parque Natural de Monfragüe alberga importantes poblaciones
de buitre negro (Aegypius monachus); buitre leonado (Gyps fulvus);
halcón peregrino (Falco peregrinus); búho real (Bubo bubo);
alimoche (Neophron percnocterus); águila imperial ibérica (Aquila
heliaca adalberti) y cigüeña negra (Ciconia nigra), especie
protegida de la que se han contabilizado hasta 20 nidos. Además,
Monfragüe protege a otras muchas especies ya extinguidas o raras
en el resto de Europa.
Los mamíferos más destacados son el lince (Lynx pardina), el
meloncillo (Herpestes ichneumon) y la nutria (Lutra lutra),
además del jabalí (Sus scrofa), la jineta (Genetta genetta), el
gato montés (Felis sylvestris), el hurón (Mustela nigripes), la
liebre (Lepus sp.), el conejo, el zorro (Vulpes vulpes), el
tejón (Meles meles), etc. También abundan reptiles como la
culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) y de escalera (Elaphe
scalaris), el lagarto ocelado (Lacerta lepida) y el galápago
leproso (Chrysemys caspica). En invierno, además, aparece un
elevado número de patos, cercetas (Anas crecca), cormoranes (Phalacrocorax
sp.), etc. Finalmente, en las aguas de los ríos Tajo y Tiétar
existen barbos, anguilas y carpas.
-
El
Parque Natural de Cornalvo se encuentra en la provincia de
Badajoz, a unos 15 km al este de la ciudad de Mérida, y tiene
una superficie de 10.570 ha.
Los valores naturales más relevantes de este Parque, que fue
fundado en el año 1988, son las dehesas de encina y alcornoque,
las reservas de agua y los bosques de ribera.
Entre los animales más representativos figuran la cigüeña negra
(Ciconia nigra), el halcón abejero (Pernis apivorus), el elanio
azul (Elanus caeruleus), el alimoche (Neophron percnopterus), el
buitre negro (Aegypius monachus), el águila culebrera (Circaetus
gallicus), el gato montés (Felis sylvestris), el meloncillo (Herpestes
ichneumon) y la nutria (Lutra lutra).
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La
Reserva Regional de Caza de Cíjara está situada en la zona
noreste de la provincia de Badajoz, en el límite con las
provincias de Cáceres, Toledo y Ciudad Real, y abarca una
extensión de 24.999 ha.
El embalse de Cíjara y el curso del río Guadiana constituyen los
ejes vertebradores de esta región extremeña. El río Guadiana
atraviesa la reserva en dirección sureste-noroeste, hasta la
sierra de la Lobera, y el embalse recoge aguas de los ríos
Guadiana, Estenilla, Guadarranque, Estomiza y arroyo de
Encinarejo.
El 75% de los suelos de la Reserva se ha destinado a
repoblaciones de pino piñonero (Pinus pinea) y pino negral (P.pinaster).
Además hay pequeñas extensiones repobladas con eucalipto (Eucaliptus
camaldulensis y E. viminalis), pino de Monterrey o pino insigne
(P. radiata), cedros y cipreses.
La vegetación original de la zona queda reducida a algunos
bosquetes de alcornoque (Quercus suber), quejigo (Q. faginea), y
en menor proporción encina (Q. ilex) y rebollo o roble melojo
(Q. pyrenaica). En algunas zonas la vegetación arbórea original
ha sido sustituida por matorrales de jara pringosa (Cistus
ladanifer), brezo blanco (Erica arborea), madroño (Arbutus unedo),
labiérnago (Phyllirea angustifolia), lentisco (Pistacia
lentiscus), así como de romero, cantueso, aulaga, torvisco, y
retama.
Las herbáceas más comunes son el trébol, el caracolillo, la
serradella, el bromo, la espiguita, el rabillo de cordero y la
achicoria.
En el embalse abundan barbos (Barbus sp.) y dos introducciones,
el "Black-bass" (Micropterus salmoides) y el lucio (Esox lucius).
Ligados a los cursos de agua aparecen la nutria (Lutra lutra) y
el relativamente abundante galápago leproso (Mauremys caspica).
Entre los vertebrados terrestres destaca la población de lince
ibérico (Lynx pardina) y la de meloncillo (Herpestes ichneumon).
También existen poblaciones de gato montés (Felix silvestris),
gineta (Genetta genetta) y garduña (Martes foina).
Aunque con poca densidad de población, entre la fauna cinegética
destacan el ciervo (Cervus elaphus), el jabalí (Sus scrofa), el
gamo (Dama dama), el corzo (Capreolus capreolus), el conejo (Oryctolagus
(Dama dama), el corzo (Capreolus capreolus), el conejo (Oryctolagus
cuniculus) y la perdiz roja (Alectoris rufa).
La avifauna de la Reserva está representada por el buitre
leonado (Gyps fulvus), el águila real (Aquila chrysaetos), el
alimoche (Neophron percnopterus), la cigüeña negra (Ciconia
nigra), el buitre negro (Aegypius monachus), el águila perdicera
(Hieraetus fasciatus) y búho real (Bubo bubo).
Otros espacios naturales protegidos son la Reserva Natural de la
Garganta del Infierno, en la provincia de Cáceres; el Monumento
Natural de la Mina La Jayona, que se encuentra en la comarca de
La Llerena y, en concreto, en el municipio de Fuente del Arco (Badajoz),
sobre una antigua zona de explotación minera de entre los años
1900 y 1921; el Monumento Natural de los Barruecos, un lugar
calificado como "obra de arte de la naturaleza", por el artista
alemán Wolf Vostell y donde fundó el museo que lleva su nombre
en el año 1979, durante su estancia en la localidad de
Malpartida de Cáceres; y el Monumento Natural de la cueva del
Castañar de Ibor, también en la provincia de Cáceres.
nciclopedia Universal DVD ©Micronet S.A. 1995-2006.
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Datos básicos
Nombre oficial: Comunidad Autónoma de Extremadura.
División administrativa: Dos provincias.
Capital: Mérida.
Extensión: 41.634 km².
Población
Población: 1.058.503 (2001)
Natalidad: 10.025 (2000)
Mortalidad: 9.940 (2000)
Crecimiento vegetativo: 85
Residentes extranjeros: 10.508 (2000)
Gentilicio: extremeño.
Desarrollo económico y laboral
PIB a precios de mercado: 10.538 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 4 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 433.400 (2001)
Población inactiva: 449.400 (2001)
Población ocupada: 335.500 (2001)
Población parada: 98.000 (2001)
Tasa de paro: 22,6% (2001)
Paro registrado: 53.625 (2001)
Administración y Gobierno
Estatuto de autonomía: LO 1/1983, de 25 de febrero (BOE nº49, de 26
de febrero de 1983). Reformado por LO 5/1991, de 13 de marzo; LO
8/1994, de 24 de marzo y LO 12/1999, de 6 de mayo.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Junta de Extremadura. Presidente: Juan Carlos Rodríguez
Ibarra.
Legislativo: Asamblea de Extremadura: 65 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Extremadura.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25
de mayo de 2003):
PSOE: 36 escaños; PP: 26 escaños; IU: 3 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 75.026
Admón. Estatal: 24.156
Admón. Autonómica: 26.748
Admón. Local: 21.663
Universidades: 2.459
Enlaces en Internet
http://www.juntaex.es; Página oficial de la Junta de Extremadura.
http://www.asambleaex.es; Página oficial del Parlamento de
Extremadura.
Fuente de algunos de estos artículos:
ENCICLONET
- La Enciclopedia Universal

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