 Ciudad de
España, capital de la provincia de Guipúzcoa, en la Comunidad Autónoma
del País Vasco, situada en la costa, que se ciñé a la bahía de la Concha
y a lo largo de la ría que forma el Urumea hasta su desembocadura, a 5 m
de altitud, y a tan sólo 25 km de la frontera con Francia. Está
protegida por el monte Urgull, en el centro de la bahía, y los de
Igueldo y Ulía en los extremos de la misma. Dista 465 km de la capital
nacional, Madrid, y cuenta con 178.377 habitantes (2001), que reciben el
gentilicio de donostiarras o easonenses, sobre una extensión de 71,09
km².
HISTORIA
DE GUPÚZCOA
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Capital de
Guipúzcoa, tiene dos nombres oficiales: San Sebastián en español y Donostia en euskera. La lengua nativa del País Vasco es el "Vascuence"
o "Euskera" que es una lengua muy antigua y hay muchas
teorías sobre sus orígenes.
Las primeras noticias escritas de Donostia-San Sebastián hacen
referencia a un monasterio, situado en el barrio que aún hoy se denomina
San Sebastián El Antiguo. A aquel lugar se le conoció primitivamente,
según algunos historiadores, como Izurum. Olentzero, personaje
tradicional de la Navidad en Euskal Herria, cuyo origen se pierde en los
anales de la Historia Donostia surge etimológicamente de la evolución de
la palabra Donebastian (de Done=Santo, y Sebastián).
Si bien desconocemos su fundación, el primer dato lo aporta un falso
documento del año 1014 de Sancho el Mayor de Navarra, según el cual, el
monasterio de San Sebastián se pone en manos del abad de Leyre y obispo
de Pamplona. Dicho documento será confirmado, en 1101, por el rey Pedro
Ramírez (Pedro Sánchez I, rey de Navarra y Aragón). En los siglos XI y
XII, el monasterio de San Sebastián El Antiguo, al mismo tiempo que
centro espiritual lo era de la naciente vida social y administrativa de
la población de esta zona, que, con el tiempo, de no ser por los
avatares que a continuación referiremos, habría cristalizado en un
municipio. De este modo, hoy en día, el centro de San Sebastián estaría
ubicado en la colina donde en la actualidad se alza hoy el Palacio Real
de Miramar.
Con vistas a reforzar las fronteras y hacer realidad un viejo sueño, la
creación de un puerto por el cual pudiera comerciar y explotar las lanas
navarras y aragonesas, y dado que tal puerto precisaría ser defendido
por un burgo amurallado, el monarca navarro Sancho VI decidió aplicar a
San Sebastián, hacia 1180, el mismo Fuero que tan eficazmente había
servido para repoblar Jaca (1135) y Estella (1164). De este modo el
centro del núcleo urbano, que estaba en vías de formación en el Antiguo,
se desplaza al pie del monte Urgull, por obra del citado Fuero.
Baiona, que funcionó durante mucho tiempo como puerto de Navarra, se
encontró en el siglo XI con un puerto inservible, cegado por las arenas
de las landas. Estos acontecimientos, unidos a las ventajas del reciente
fuero, dieron lugar a una importante emigración gascona (burguesía de
armadores y comerciantes de Bayona), que pronto ocupó y rigió la vieja Izurum romana, al amparo de las murallas, que por entonces ya se conocía
como villa de San Sebastián. Los nombres de estos emigrantes gascones
aparecerán en las listas de los miembros del cabildo municipal hasta
principios del siglo XV, y aún hoy en día existen calles (Narrica,
Embeltrán,...) de procedencia gascona.
La villa de San Sebastián nace para ser puerto de Navarra, e
inicialmente cumple su misión como tal. Pero no habían transcurrido
muchos años, cuando en 1194, al acceder al trono Sancho el Fuerte en
Navarra, se plantea una crisis entre ésta y San Sebastián. Gipuzkoa a
partir del año 1200 rinde vasallaje al rey castellano Alfonso VIII,
enemigo de Sancho el Fuerte. Para los comerciantes de San Sebastián este
cambio será positivo, dado que pasa de ser el puerto de un pequeño
estado en decadencia (Navarra), abocado a caer bajo la dinastía
francesa, a servir de salida al mar de una monarquía, la castellana,
mucho mayor, más rica, y en plena expansión.
Los Reyes de Castilla contarán en 1248 por primera vez con fuerzas
navales de San Sebastián, que tomarán parte en inutilizar la escuadra de
moros y el puente de Triana, cuyo resultado fue la rendición de la
ciudad de Sevilla. Alfonso VIII jurará los fueros e iniciará la
larga serie de privilegios otorgados a San Sebastián, tendentes a
mantener unos vivo el tráfico navarro y otros una situación privilegiada
de los comerciantes donostiarras en el mercado castellano. Sus sucesores,
Fernando III y, en 1256, Alfonso X el Sabio, efectuarán nuevas
fundaciones de villas, cuyo objetivo, entre otros, será garantizar la
seguridad y dotar de una infraestructura al camino que, atravesando Alava y Gipuzkoa, une a Castilla con el puerto de San Sebastián. Ello
posibilitó un tráfico comercial mayor y más fluido procedente de
Castilla, que, junto con el de Navarra, serán la base de la prosperidad
de San Sebastián.
Esta prosperidad es la que la hará resurgir de los multiples incendios
que padecerá a partir de 1266, llegando a arder por completo seis veces
en dos siglos y cuarto. El antagonismo anglo-francés dará lugar a la
Guerra de los Cien años. Ambas potencias buscarán la alianza con
Castilla, debido a su potencial naval, inclinándose Alfonso XI
abiertamente por el lado francés (tratado de 1336 y posteriores de
1345). Pero todo ello sin romper con los ingleses, manteniéndose de esta
forma las relaciones comerciales entre Aquitania, de dominio inglés, y Gipuzkoa.
La lucha fraticida de los reyes Pedro el Cruel y Enrique el de las
Mercedes, provocó en Gipuzkoa la división del resto de la provincia
frente a San Sebastián, Mutriku y Getaria. Mientras que Gipuzkoa, que ya
contaba con una Hermandad dominada por los "Parientes Mayores", opta por
Enrique, San Sebastián, población burguesa, limpia de linajes
oligárquicos, y que viene adoptando una postura activa contra los "Parientes
Mayores", optará por Pedro I. A la muerte de éste, en 1369, asesinado
por su hermanastro Enrique de Trastamara, y tras la subida al trono del bastardo Enrique, la Corona de Castilla se entregará a una decidida
alianza con el monarca francés. Esta toma de postura originó una
frontera de tensión con la Aquitania inglesa, viéndose, por tal motivo,
fuertemente afectadas las relaciones comerciales entre Aquitania y San
Sebastián.
Por otra parte, el periodo de los Trastamaras es para Gipuzkoa el de
máximo desorden dentro de la Guerra de los Bandos; la etapa en que
oñacinos y gamboínos se entregan a sus trágicas rivalidades, lo que
significará para los donostiarras dificultades en el comercio interior.
Un nuevo elemento, negativo, se unirá a estos dos, y es, que Navarra,
parte principal y rica del comercio con el puerto de San Sebastián,
evolucionará, por motivos dinásticos, en dirección francesa.
Estas tres causas trajeron para San Sebastián, en la segunda mitad del
siglo XIV, una consecuencia grave, el desplazamiento de las principales
líneas de tráfico hacia Bilbao, sustituyendo a San Sebastián como centro
de gravedad del tráfico comercial. Durante este largo periodo, en el que
la provincia entera está ensangrentada con la Guerra de los Bandos, y en
el que las villas intentan coaligarse para hacerles frente, San
Sebastián es un reducto de paz. Dentro de sus murallas los burgueses
donostiarras pueden vivir tranquilos, pero fuera de ellas y en sus
contornos más inmediatos, la prepotencia dinástica y económica de los "Parientes
Mayores", oligarquías que obtenían su poder de la naciente industria
ferrona, va debilitando la periferia donostiarra, dando lugar a una
reducción del término municipal. Primero será Hondarribia, más tarde
Oiartzun, después Hernani, Andoain, Orio, Usúrbil,... etc., los
municipios que sucesivamente se segregarán de San Sebastián.
En Enero de 1489 un incendio redujo a cenizas la villa. Este desgraciado
acontecimiento tuvo como medida la construcción en piedra de la villa.
Este incendio sería el último de la época medieval de San Sebastián. Ya
no se producirá una quema total hasta 1813. Tras la catástrofe de 1489,
más que de una reconstrucción de la villa hay que hablar de una nueva
forma de vida de la colectividad donostiarra. A partir del último cuarto
del siglo XV, San Sebastián, de ser un emporio mercantil, pasará, por su
situación estrátegica, a ser plaza militar; y su puerto principal,
Pasajes, pasará de ser esencialmente comercial, a cumplir las funciones
de base naval de la Escuadra Cantábrica, fuerza marítima que mantendrá
durante siglos (hasta el XIX) la lucha contra las escuadras francesas,
holandesas y británicas.
Este nuevo papel de San Sebastián como fortaleza, encargada de frenar
las acometidas de los franceses, dará lugar a que la villa tome nuevos
derroteros, por los cuales ganó los títulos de Noble y Leal. En el
periodo entre los Reyes Católicos y Felipe V, trescientos años
aproximadamente, la villa sufrirá numerosos sitios. Este continuo estado
de guerra supone para San Sebastián un fuerte deterioro de su economía,
motivado por los gastos en las fortificaciones, el mantenimiento de la
guarnición, y la continua caída del comercio marítimo, que, a partir de
1573, se agrava aún más, pues Sevilla adquirirá el monopolio de las
transacciones con América.
Después de llevar dos siglos cumpliendo heroicamente su misión bélica,
Felipe IV, en 1662, le concede el título de Ciudad. Con este mismo
monarca, Felipe IV, en 1659 se logra la paz con Francia, llamada "de los
Pirineos", motivo por el cual las clases dirigentes de San Sebastián se
aprestan a su antigua dedicación mercantil. Así se funda en 1682 el
Iltre. Consulado y la Casa de Contratación, que prestará notables
servicios al comercio y navegación de Gipuzkoa. Pero todo ha sido un
espejismo, la guerra continúa, y debe fortificarse la ciudad, surgiendo
así una enconada discusión entre quienes son partidarios de mantener las
murallas como elemento defensivo y quienes abogan por centrar la defensa
en el castillo.
Estando en esta discusión, llegan al año 1719 en que, por primera vez,
San Sebastián es tomado por un fuerte ejército francés mandado por el
Duque de Berwik, quien se encontró una ciudad débil en fortificaciones,
y una pequeña guarnición con escasez de víveres y munición. La ciudad
estuvo ocupada por una guarnición de 2.000 soldados franceses, hasta el
25 de agosto de 1721 en que, por la Paz de la Haya, fue evacuada.
Los siguientes setenta años de paz, con la fundación de la Compañía
Guipuzcoana de Caracas en 1728, y el restablecimiento en 1788 del libre
comercio con América, serán también años de recuperación económica. En
dicha fundación están presentes los intereses del Estado, que quiere
volver a controlar el comercio americano, y los intereses del grupo
comerciante donostiarra, que busca una salida a su vapuleado comercio al
perder el tráfico de la lana castellana (monopolio de Bilbao) y navarra
(desviado a Baiona). Paralelamente se da una dejación de las defensas de
la ciudad, cada vez más anticuadas e inservibles, y un crecimiento de la
población, originándose un problema serio de espacio en el interior de
las murallas, llegando a plantearse un primer ensanche, que no se
ejecutará hasta el s. XIX.
Nuevamente, y con motivo de la guerra contra la Convención Francesa, San
Sebastián, mal defendida por aquellas ineficaces murallas, y sin contar
con ningún intento de defensa por parte del Gobernador Militar, el
General Molina, fue ocupada por los franceses el 4 de agosto de 1794.
Las tropas de la Convención dejaron un ejemplar de la guillotina,
instalada posteriormente en la Plaza Nueva (hoy de la Constitución), y
que fue utilizada con algunos desertores. Ocupada San Sebastián, en
1808, por las tropas napoleónicas y nombrado José I (José Bonaparte)
soberano de España, entró el 9 de junio en San Sebastián, recorriendo la
calle Narrica, en la que permanecieron todas las ventanas cerradas.
El 22 de junio de 1813, mientras el grueso del ejército napoleónico en
retirada cruzaba la frontera, el general francés Emmanuel Rey se hizo
cargo con 2.600 soldados del mando de la plaza. Los aliados, las tropas
anglo-portuguesas, bajo el mando directo de Sir Thomas Graham y teniendo
por generalísimo al Duque de Wellington, con un fuerte contingente de
tropas y armas, sitiaron y dejaron aislada a la ciudad. Desde este
momento y hasta la toma de la ciudad el 31 de Agosto, se dan, por ambas
partes, los movimientos tácticos previos al combate. Mientras los
franceses desalojan de la plaza a millares de afrancesados que se habían
alojado en San Sebastián, invitan a la población a evacuarla, toman el
convento de San Bartolomé, e incendian las casas extramuros. Las tropas
anglo-portuguesas van cerrando el cerco y posicionando todas las
baterías.
El primer asalto a la ciudad se produce el 25 de Julio, una vez que han
considerado que los proyectiles lanzados han abierto una brecha
suficientemente amplia, asalto que es rechazado por los franceses
produciendo numerosas pérdidas a las tropas anglo-portuguesas. El día 4
de agosto, veintiún vecinos que habían podido salir de San Sebastián
antes de producirse el sitio, envían al Duque de Wellington una
exposición de la situación en la que se encuentra la ciudad, debido al
asedio, e interceden por sus vecinos y por la propia ciudad. Dicha nota
nunca llegó a manos del generalísimo inglés, pues el general español,
Alava, no lo consideró oportuno.
A las dos de la madrugada del día 31 de agosto de 1813, y despues de
varios días de intenso bombardeo, en que se logra un mayor
ensanchamiento de la brecha (la misma por donde entraron en 1719 las
tropas francesas), se inició la operación de asalto formada por una
columna de voluntarios, denominados "los desesperados". Estos, cuando
llegan a la parte alta de la brecha abierta en la muralla, se encuentran
con la sorpresa de hallarse a cuatro metros de altura sobre el suelo del
interior de la misma; aprovechando los franceses este desconcierto para
acribillarlos sin titubeos. Cuando una nueva retirada parece lo más
acertado, un incendio fortuito y el estallido de un depósito de munición
francés crea la confusión en este bando. Suceso que es aprovechado por
los asaltantes, obligando a replegarse a las tropas francesas hacia el
Castillo, donde capitularán el 8 de Septiembre.
En este período de tiempo la tropa aliada incendió, saqueó, violó y
asesinó. El saqueo duró seis días y medio, salvándose del incendio sólo
las dos parroquias y treinta y cinco casas, situadas en la calle
Trinidad, que por tal motivo en la actualidad lleva el nombre de 31 de
Agosto. Estas casas no fueron quemadas porque servían de alojamiento
para los oficiales británicos y portugueses, mientras iniciaban el
ataque al Castillo. El censo de habitantes, que antes del asedio
ascendía a unos 5.500, había descendido a 2.600.
Dos lápidas se pusieron con motivo de aquel triste suceso, una en la
entrada de la calle San Jerónimo, en la que se culpa claramente a los
aliados, y otra que fue descubierta por el embajador del Reino Unido en
el patio de armas del Castillo, el 31 de Agosto de 1963. Los vecinos más
representativos se reunieron en las afueras, en Zubieta, y decidieron
reconstruir la ciudad. Digno de resaltar, en esta labor de
reconstrucción, será el arquitecto Pedro Manuel de Ugartemendía. En 1816
se aprueba la planta definitiva y se producirá un enfrentamiento entre
militares y civiles, sobre cómo debía plantearse la ciudad, sobre la
conveniencia o no de mantener las murallas como elemento defensivo. La
obra se hará bajo la rotección del rey Fernando VII, quien mantendrá las
murallas.
La división del reino en cincuenta y dos provincias, establece la
capitalidad de Gipuzkoa en San Sebastián, hasta entonces ésta se había
turnado entre San Sebastián, Tolosa, Azpeitia y Azkoitia, en función de
dónde se realizaban las reuniones de Juntas y residiera el Corregidor
(representante del rey en la Provincia). Con la invasión en 1823 de los
Cien Mil Hijos de San Luis, se establecerá el régimen absolutista, que
traerá como consecuencia el traslado de la capitalidad de Gipuzkoa a
Tolosa. En 1854 se declara a San Sebastián capital de la provincia. Se
decide el retroceso de las aduanas al Ebro, medida que beneficia a la
provincia, y el cierre de San Sebastián como puerto habilitado para el
comercio con América.
En la provincia se van formando dos bandos, carlistas y liberales, estos
últimos partidarios de la Constitución. Ambos defendían los fueros, pero
de diferente manera. San Sebastián optará por el liberalismo frente a la
mayor parte de la Gipuzkoa rural. El 29 de setiembre de 1833, a la
muerte de Fernando VII, hereda el trono su hija Isabel, de tres años.
Dos días después de la muerte de su hermano, Carlos reivindicará sus
derechos al trono. El Ayuntamiento de San Sebastián será el primero que
reconozca a Isabel como soberana de España, proclamándola reina ante su
retrato, en la Plaza Nueva (hoy de la Constitución), el día 2 de Octubre.
Producto de esta situación es el comienzo de la Primera Guerra Carlista,
llamada "La de los Siete Años". El 6 de diciembre de 1835 los carlistas
se situarán a las puertas de la ciudad, solicitando su rendición. Ante
su negativa comenzarán a bombardearla. San Sebastián, que para proteger
la causa liberal contaba desde el 10 de julio de 1835 con una legión
inglesa al mando del general sir Lacy Evans, defendió la ciudad
sufriendo numerosas bajas. Cumplido su cometido, la legión inglesa fue
disuelta y volvió a su patria en 1838, dejando detrás numerosos muertos
y heridos.
En su honor se inauguró, el 28 de setiembre de 1924 el denominado
Cementerio de los Ingleses, que se instaló en el monte Urgull. El
alojamiento de esta tropa estuvo en Ategorrieta, donde posteriormente se
levantó el colegio de Notre-Dame, a cuya plaza vecina denominaban
Constitution Hill. Como protesta contra el absolutismo carlista los
caseros de la zona lo traducirán como "muera la Constitución", (hil en
euskara significa muerte). En 1839 se da el Convenio de Bergara entre
Maroto, jefe de las fuerzas carlistas, y Espartero, poniéndose fin a la
guerra. Cumpliendo lo establecido en el Convenio, una vez reunidas las
Cortes Españolas, reconocerán el régimen foral de las provincias vascas.
El crecimiento demográfico donostiarra, 9.000 vecinos en el casco
urbano, genera serios problemas de hacinamiento a quienes viven dentro
de sus murallas. Fueron necesarios ocho años de gestiones y
enfrentamientos con los militares, que se aferraban a mantener las
murallas, para que al fin y gracias a la intercesión de los generales
Prim y Lerchundi, llegue la noticia tan esperada por el cabildo
municipal y los vecinos: la orden de derribo de las murallas. Esta será
recibida por el alcalde Eustasio Amilibia, quien estando en el Teatro
Principal, recibe un telegrama del duque de Mandas, comunicándole el
acuerdo del Gobierno accediendo al derribo de las mismas.
El 4 de mayo de 1863, a los acordes de una marcha expresamente realizada
para tal acontecimiento, se procede a quitar la primera piedra que,
hecha pedazos, se repartirá entre los invitados de primera fila. Este es
otro de los momentos importantes a través de la historia, en que San
Sebastián cambia de orientación. Terminada su etapa como fortaleza
pasará a cumplir la función de capital de la provincia, comenzando su
expansión reflejada en el Plan de Antonio Cortázar para la nueva ciudad.
Plan que generará fuertes polémicas entre los partidarios de un
boulevard o alameda que separe lo antiguo de lo nuevo (boulevaristas) y
los no partidarios (antiboulevaristas).
En 1872 comienza la Tercera Guerra Carlista. Ante esta nueva amenaza San
Sebastián construyó en 1873 un nuevo muro defensivo desde Santa Catalina
hasta San Bartolomé, en sustitución de las desaparecidas murallas. En
1875 unos 5.000 carlistas inician el bombardeo de la ciudad. Desde el
monte Urgull se avistaban los fogonazos, hecho que era puesto en
conocimiento de la población con una campana, lo que concedía catorce
segundos para que los donostiarras se pusieran bajo resguardo de los
proyectiles. El día de San Sebastián de 1876, uno de ellos cayó en el
Teatro Principal, en la vivienda que como conserje ocupaba el popular
poeta vasco Indalecio Bizkarrondo, conocido por Bilintx, destrozándole
las dos piernas, lo que dará lugar a su muerte.
En 1876, terminada la última guerra carlista, queda abolido el régimen
foral, que será sustituido por diferentes Conciertos Económicos,
vigentes hasta 1936. A la muerte del rey Alfonso XII, en 1885, su viuda
la Reina Regente M. Cristina traslada todos los veranos la corte a San
Sebastián, residiendo en el Palacio de Miramar. El Ayuntamiento de San
Sebastián en reconocimiento a la gran labor en favor de la ciudad, le
nombrará alcaldesa honoraria. Más adelante, ya en pleno desarrollo del
Ensanche Cortázar, la construcción del Casino en 1887 aumentará el
número de veraneantes.
A principios del siglo XX San Sebastián mantiene la tendencia de finales
del siglo anterior, en la línea de su perfeccionamiento como capital de
verano y centro administrativo y político de la provincia, cuyos
municipios experimentan un fuerte aumento demográfico y un importante
avance en su industrialización. Serán años también de consolidación de
la Banca, con la constitución de diferentes bancos y cajas de ahorro.
Asímismo a principios de siglo, en 1904, surgen en San Sebastián los
primeros núcleos del nacionalismo. En la capital guipuzcoana se llevarán
a cabo iniciativas en diferentes áreas: parques y espacios de ocio (Ulía,
Igeldo, playa de Ondarreta, adquisición de la fortaleza de Urgull...),
instalaciones asistenciales, transporte público...; llegando en los años
veinte a intervenir incluso en las áreas de su entorno, con la
construcción del golf y del circuito automovilístico en Lasarte y del
hipódromo en Zubieta.
En 1914, y con el inicio de la 1ª Guerra Mundial, San Sebastián se
convierte en la ciudad más cosmopolita de Europa. En su Casino se darán
cita todos los personajes de la vida europea, Mata Hari, León Trosky,
Ravel, Romanones, Pastora Imperio, el torero de fama, el banquero
ostentoso...; son los tiempos de la "belle epoque" donostiarra, y en San
Sebastián actúan la compañía francesa de opereta, los ballets rusos,
cantantes de ópera y muchos otros artistas famosos. A consecuencia de la
Primera Guerra Mundial se consolida la creciente industrialización de la
comarca, dando lugar a un importante movimiento migratorio, base de
importantes grupos proletarios de donde surge el movimiento obrero. Ante
la represíon de la dictadura de Primo de Rivera (1923 a 1930), las
organizaciones obreras vascas atravesarán un período de crisis,
descendiendo el número de afiliados de UGT en San Sebastián de 4.000 a
2.700.
En 1925 se prohibe el juego y el Casino es cerrado. El factor veraneo
también va perdiendo fuerza, mientras va creciendo la función de San
Sebastián como capital de provincia en sus tareas de administración
pública y servicios, cada día más crecientes. En esta década la capital
cuenta con más de 61.000 habitantes. En 1930 los jefes de los distintos
partidos políticos republicanos se reunen en San Sebastián para acordar
un frente y un ideario comunes, conocido como el Pacto de San Sebastián,
que dará al traste con la monarquía y traerá la epública.
Al poco de estallar la Guerra Civil, el 13 de septiembre de 1936, San
Sebastián cae en manos de los nacionales. Siguen unos años críticos, con
escasez de alimentos y gasolina, racionamiento de tabaco, falta de
material en las industrias, colas para la adquisición de muchos
artículos... Una vez finalizada la guerra, se crea en 1939 la Quincena
Musical, cuya sede inicial se fija en el Teatro Kursaal, desplazándose
en 1940 al Teatro Victoria Eugenia. A través de ella se ofrecerán
grandes espectáculos y la actuación de grandes figuras de la música.
El franquismo mantendrá a San Sebastián el papel de ciudad veraneante.
Franco residirá el mes de agosto desde 1940 a 1975 en el Palacio de
Ayete, que comprado por el Ayuntamiento fue ofrecido al Jefe del Estado.
Durante este período se celebran en dicho lugar los Consejos de
Ministros.En la década de los años cuarenta e inicio de los cincuenta se
reemprende el desarrollo de la ciudad, con el royecto de Ensanche del
barrio de Egia y el inicio de la construcción del de Amara, en las
marismas del Urumea.
En 1950 Donostia cuenta con 113.776 habitantes, lo que supone un 30% del
total provincial. En esta época comienza a configurarse la idea de
una caracterización del artista vasco. Surge en San Sebastián la
Asociación Artística Guipuzcoana. Son años dorados para el teatro
amateur de la ciudad, estrenándose todos los domingos una nueva obra.
Con la celebración del primer Festival de Cine en 1953, San Sebastián
será lugar de encuentro de gentes del "séptimo arte", pasando por ella
Ava Gardner, Vittorio Gasman, Charlton Heston...
En estos años el entonces Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón,
y su hermano el Infante Don Alfonso residen en el Palacio de Miramar. En
la década de los sesenta se desencadena un fuerte proceso de expansión
urbana, con la construcción de gran antidad de viviendas, debido a un
importante fenómeno de inmigración que atraía la naciente industria y al
incremento del índice de natalidad en la provincia. La ciudad continúa
su consolidación con el desarrollo del Ensanche de Amara.
Tanto San Sebastián como su área periférica se convierten en receptores
de importantes corrientes migratorias, procediendo más del 40% de fuera
del País Vasco. Los barrios de Altza, Amara, Gros y Egia, de mayor
volumen demográfico, son los que reciben mayor porcentaje de emigrantes.
Este flujo migratorio, unido al carácter de capital veraniega de la
ciudad, provocarán una fuerte demanda de suelo, convirtiendo a la
inversión inmobiliaria en una fuente segura y lucrativa de ingresos.
En 1965 Donostia sufrirá uno de los temporales más fuertes del siglo;
las olas de más de 15 m de altura pasarán por encima del puente del
Kursaal, quedando la calles de la Parte Vieja inundadas a la hora de la
pleamar. El Ayuntamiento donostiarra se sumará en 1966 a la iniciativa
de aprobar una moción, solicitando la supresión del decreto de 1937 por
el que se dejaba a Gipuzkoa sin los Conciertos Económicos.
En esta misma fecha se creará el Festival de Jazz, único existente en
España durante años. En la década de los sesenta San Sebastián, núcleo
del renacimiento cultural vasco y del movimiento político nacionalista,
será escenario de numerosas manifestaciones, con estados de excepción
por decreto en 1968 y 1969. Dicha situación se prolongará durante los
años setenta, en especial una vez llegado el final de la etapa
franquista (1975).
Con la reforma política surgida tras dicho período y con la aprobación
del Estatuto de Gernika, se establece un nuevo Concierto Económico en
1981. La capital seguirá desempeñando sus funciones administrativas,
culturales, comerciales y turísticas; mientras lgunos barrios y los
pueblos de la comarca asumirán funciones industriales, de pequeños
servicios y residenciales para la clase trabajadora.
La antigua
Casa Consistorial, Iglesia de Santa María del Coro, Iglesia de San
Vicente, Monasterio de San Telmo, Convento de Santa Teresa, En el
Palacio del Mar, Castillo de Santa Cruz de la Mota o El Macho, El
Ayuntamiento, Catedral del Buen Pastor, Plaza de Guipúzcoa, Palacio de
Miramar...
Semana Grande
o el Aste Nagusia, Las comparsas de calderero, San Sebastián...
La ciudad y el casco antiguo, los monumentos, las
playas...
La pasión
por la gastronomía es una constante en la vida social vasca y una de las
razones más poderosas para visitar el País Vasco.
La Nueva Cocina Vasca, parte de los fundamentos tradicionales,
utilizando productos frescos de primerísima calidad, propios de cada
estación, para experimentar nuevas texturas, formas de preparación,
colores y sabores, que elevan la cocina a la categoría de arte.
Los restaurantes de la costa guipuzcoana, típicamente marineros, ofrecen
deliciosos platos de pescado, preparados según su propio sabor y asados
en parrillas instaladas en plena calle. Los caseríos y asadores de las
zonas rurales son fieles ejemplos de la cocina vasca más tradicional y
presentan una extensa variedad de platos de verduras, pescados y carnes.
Por otro lado, una original forma de conocer la llamada cocina "en
miniatura" es realizando un recorrido por bares típicos de la Parte
Vieja donostiarra, donde podrá degustar deliciosos "pintxos" (tapas) y
cazuelitas, que se presentan alineadas en la barra, a su alcance y
elección.
La
Sidra
La sidra es
la bebida más popular de Gipuzkoa. Este vino de manzana, de aspecto
inofensivo pero con una graduación alcohólica suficiente como para dar
más de una sorpresa si no se tiene cuidado, se consume preferentemente
en el año.
La comarca de Tolosaldea, y en especial el municipio de Astigarraga y
sus alrederores (comarca de Donostialdea), siguen manteniendo la antigua
tradición guipuzcoana de elaboración de la sidra.
Esta comienza fundamentalmente con una delicada selección de las
manzanas, las cuales quedarán introducidas en el tolare (prensa). Tras
su trituración y prensado, se llenan las kupelas (barricas de madera).
La duración de fermentación del líquido será de unos 3 meses, tras los
cuales estará listo para su degustación.
Para que destaquen todas sus propiedades aromáticas, la sidra debe
servirse a 13 ó 15 grados de temperatura, ser conservada en botellas
oscuras que preserven esta frágil bebida de la luz, y servida en el
vaso, como el txakoli, desde una distancia de 30 o 40 centímetros, para
que al batir contra el cristal suelte todos sus matices. La sidra es un
vino del que suele decirse que nunca debe permanecer demasiado tiempo en
el vaso.
Recetas
Cordero en
Cazuela, Cochinillo Asado, Ropa Vieja, Pintxo Veraniego, Txipirón
Encebollado, Brandada de Bacalao, Pasta Flora...

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